
CAPITULO 3 Para celebrar mi triunfo, me fui a comer a una pizzería cercana a la oficina. Estaba tan concentrado mirando la carta, que no me di cuenta que María acababa de entrar por la puerta del restaurante. -José, ¿puedo sentarme?-, me preguntó sonriendo. -Sí, claro-, respondí, pensando que cómo habían cambiado las cosas. Antes a esa rubia no se le hubiera pasado por la cabeza, pedirme permiso para sentarse en mi mesa. –Gracias, creía que iba a comer sola, es una suerte que hoy hayas decidido comer aquí-. Ese fue el inicio de una conversación insustancial durante la cual, […]



















