
Amy salió del “trabajo” a primera hora de la mañana. Un coche ya la esperaba para conducirla de vuelta a la ciudad. Llamarlo “trabajo” era una forma menos humillante de asumir lo que otros llamarían “prostitución”. La chica se autoconvencía de que todo aquello lo hacía por el bienestar de su amiga, pero lo cierto era que tras los primeros días, había ido acostumbrándose a su nueva situación. El “cliente” que acababa de atender era un rico empresario. Un filántropo enamorado de la cultura japonesa. Por supuesto, había pedido los servicios de la aristócrata con sangre real Mikoto Amy y […]












