Detroit, apartamento de Mikoto Amy, última hora de la tarde.

Jill, la agente de policía, entró en el apartamento de Amy visiblemente alterada. Declinó el vaso de agua que le ofreció la chica y fue directamente al grano.

-Tenemos un problema. Un problema muy grande. Y sólo tu puedes ayudarnos.

Aquellas palabras eran lo último que necesitaba escuchar la japonesa, suficientes problemas tenía ya como para preocuparse por los de otros. Aún así, decidió escuchar lo que quería decirle la agente.

-Supongo que estarás enterada que llevan varias semanas desapareciendo chicas en la ciudad.

Amy asintió, lo sabía demasiado bien. Jill prosiguió, se sentó en la mesa del comedor y abrió una carpeta que llevaba, sacando varios archivos. Le mostró a Amy una fotografía.

-Según hemos podido averiguar, cierto individuo calvo que tu y yo conocemos bien ha vuelto a su actividad. ¿Has visto alguna vez a ese tipo?

La japonesa negó con la cabeza. La fotografía mostraba un individuo corpulento, como si fuera un culturista hinchado de esteroides. Llevaba el torso desnudo y marcaba músculos que Amy ni siquiera sabía que existieran. Pero no eran los músculos lo que le llamó la atención. La piel del torso y los brazos del individuo, extremadamente morena, contrastaba con la palidez de la piel de su rostro, dándole un aspecto fantasmal.

-Se hace llamar Skull, pero desconocemos su nombre real. De hecho, este tipo debería estar muerto.

Amy la miró extrañada. Jill prosiguió.

-Hace unos años, una agencia cuya existencia el gobierno niega realizó experimentos que oficialmente no existieron sobre distintas personas. El propósito de ello era crear químicamente un soldado perfecto, con habilidades sobrehumanas y cuya fuerza, resistencia y capacidad de regeneración no tuviera paragón. Con ello el Pentágono creía poder crear una fuerza de élite que infiltrar tras la línea enemiga o en las regiones más hostiles para eliminar a los terroristas más peligrosos. Como no podían ir por ahí pidiendo voluntarios para someterse a las pruebas, tuvieron una genial idea: utilizarían condenados a muerte para sus experimentos. Gente por la que nadie preguntaría si la cosa salía mal. En teoría el proyecto fue un fracaso y todos los sujetos de pruebas fallecieron. El Pentágono le dio carpetazo y oficialmente no existió. Salvo que, al parecer, ocultaron que uno de los experimentos funcionó. Y que además el sujeto de pruebas escapó de las instalaciones y campó a sus anchas por el país. Su siniestro aspecto es fruto de los duros experimentos a que fue sometido.

Jill señaló al individuo de la fotografía y acto seguida prosiguió:

-Ese individuo lleva tiempo eludiendo a las principales agencias gubernamentales. Hasta el punto que muchos lo creen muerto. Pero aquí lo tienes, vivo y actuando en nuestra ciudad. No sabemos como, pero al parecer se ha asociado con nuestro calvo amigo.

Amy la miró extrañada

-¿Por qué? ¿Qué interés podría tener ese tal Skull con el negocio de la prostitución?

-Dinero- Respondió Jill directa.- ¿Sabes la cantidad de dinero que mueve diariamente la prostitución ilegal? Dinero más que suficiente para que Skull pueda desaparecer definitivamente e instalarse cómodamente en cualquier lugar del globo. Lejos del alcance del gobierno.

La agente continuó su explicación.

-Skull y el calvo contrataron a Acero Negro para que eliminara a todos quienes pudieran interferir en su actividad. Mientras todos estábamos pendientes de ese asesino, esos dos individuos empezaron a reestructurar la red de prostitución ilegal de Detroit. La situación es mucho más preocupante de lo que parece, pero para no poner a esos individuos en alerta, decidimos ocultar cierta información a la prensa. Hacernos creer despistados mientras poníamos coto a sus actividades. No fue publicado, pero hace dos días, en lo que creíamos un golpe de suerte, logramos entrar en uno de sus locales y capturar a Skull. Aunque aquello no fue más que una treta.

Amy escuchaba cada vez más intrigada, seguramente el tal Skull era el socio del que el Calvo le había hablado en varias ocasiones pero que nunca había visto. Le asombraba que la captura de Skull no hubiera causado ningún tipo de alboroto en la Red. Con un gesto, indicó a Jill que prosiguiera.

-Encerramos a Skull en la prisión de Black Rock, en Peche Island. Lo que no sabíamos era que justamente era lo que quería. Ayer Skull escapó de su celda, liberó a la mayoría de reclusos y ahora se ha atrincherado en la prisión con varios de los presos.

Jill sacó una tablet y mostró a Amy un vídeo de las cámaras de seguridad de la prisión. Se veía al misterioso villano romper de una patada la puerta de su celda y enfrentándose sólo a varios guardias.

-¡¿Como?!- Dijo Amy asombrada.- ¡Ese tipo tiene super-fuerza! ¿Me estás diciendo que una organización gubernamental dio superpoderes a un condenado a muerte?

-No intentes entenderlo.- Respondió Jill.- A saber qué otras habilidades más tiene. Hemos pedido información acerca de Skull al Pentágono, pero nuestras peticiones vienen devueltas con el mismo argumento: “Información Clasificada”.

Amy la apremió a que continuara.

-Anoche varios de los presos estuvieron campando a sus anchas por la ciudad, provocando el caos. Demasiado tarde supimos que aquello no era más que un señuelo. Aprovechando los disturbios, la red que dirigen el Calvo y Skull logró sacar a las chicas que tienen en sus distintos centros, y las encerraron en Black Rock. Ahora están allí atrincherados con las chicas secuestradas. Han elaborado un plan para sacarlas del país. Supongo que sabrás que en ciertos países africanos, hay organizaciones que compran y venden chicas como si de un mercado de animales se tratara. Supongo también que sabrás que en esos lugares se pagan auténticas fortunas por adquirir a una joven occidental.

Amy asintió, tiempo atrás había leído algo al respecto.

-Logramos capturar a uno de los miembros de la banda. A cambio de librarse de la cadena perpetua, nos dio cierta información. Según nos contó ese tipo, la Red logró contactar con un magnate africano. Al parecer hay un dictador, podrido de dinero, que está dispuesto a pagar una auténtica fortuna en diamantes por comprar a sus chicas. Están planeando sacar a las chicas que tienen secuestradas de la ciudad y venderlas como esclavas. Los beneficios que ahora están obteniendo se multiplicarían exponencialmente. Nuestros esfuerzos para acabar con sus actividades, lo han precipitado todo. Al ver que sus centros de actividad en la ciudad estaban en peligro, han decidido trasladar las chicas a la prisión para tenerlas aseguradas mientras esperan la ocasión para sacarlas de la ciudad. El tipo que hemos detenido nos contó que planeaban sacarlas con un jet privado. Una vez el avión despegue no podremos hacer nada, nadie derribará un avión con rehenes dentro.

Amy seguía sin entender nada y la miró intrigada.

-Eso no tiene ningún sentido.- dijo la japonesa.- ¿Por qué retener a las chicas en una isla que está tan apartada del aeropuerto de Detroit? Para llegar hasta allí tendrían que cruzar media cuidad. Es un sin sentido.

Jill la interrumpió.

-Para empezar, Black Rock es como una fortaleza. Mientras tengan dominada la prisión, no podemos entrar allí y liberar a las chicas sin ponerlas en peligro. En Peche Island están relativamente seguros. Seguramente usarán una embarcación para llegar al Aeropuerto Municipal de Grosse Ile.

Amy conocía suficientemente la zona como para saber que aquello no tenía lógica. Algo se les escapaba.

-¿De cuantas chicas secuestrados estamos hablando?- Le preguntó a la agente.

-Unas treinta, tal vez más. En esas últimas semanas en que has estado inactiva los secuestros se han incrementado. De momento lo hemos silenciado a la prensa para no generar más alarma social. Lo último que necesitamos es una estampida de ciudadanos entrando en pánico.

Amy hizo un suspiro, alarmada, al escuchar esa cifra. Aquello no podía ser real. El maldito Calvo se las había apañado para secuestrar a una treintena de chicas ante sus mismas narices. Apretó los puños llena de rabia.

-Lo que me estás contando no tiene ningún sentido.- le dijo a Jill- Sabes perfectamente que el aeropuerto de Grosse Ile sólo puede operar pequeñas avionetas. No tiene pista de despegue suficiente para ningún avión con tamaño y autonomía de vuelo suficiente para llevar a treinta chicas más sus secuestradores hasta la costa africana.

Jill asintió, lo que le decía la chica tenía todo el sentido del mundo, y ella misma así lo consideraba. Pero por alguna razón, sus jefes daban por buena la información facilitada. La verdad es que sacar a las chicas en avión era el plan más seguro para los secuestradores. Tal vez pensaran usar un hidroavión, con ello podrían usar el río como pista de despegue y aterrizaje. Pero lo cierto es que había muy pocos modelos con capacidad y autonomía suficiente para lo que se proponía la Red. Amy interrumpió sus pensamientos.

-Es obvio que no has venido sólo para darme una charla. ¿Qué quieres de mi?

-Seguramente entre esta noche y mañana, van a sacar a las chicas de la ciudad. Nuestro plan es aprovechar que sabemos dónde están para entrar y rescatarlas. Pero no podemos hacerlo sin alguien dentro. Black Rock es un edificio antiguo, con gruesas paredes de hormigón armado, ni nuestros drones ni nuestros infrarrojos pueden penetrar en el edificio como para determinar en qué punto están retenidas las chicas. Necesitamos que alguien se infiltre en la prisión, localice dónde las tienen retenidas y las proteja el tiempo que tarde nuestra Fuerza de Asalto en entrar. Hemos pedido ayuda a la CIA y otras agencias gubernamentales pero sus equipos de respuesta llegarían demasiado tarde. Debemos entrar esta noche, antes de que consigan sacar a las chicas de allí. Por precaución hemos bloqueado ambos aeropuertos, ningún avión va a despegar pero no vamos a dejar a las chicas en manos de esa Red ni un minuto más del necesario.

Amy suspiró. ¿Cómo podían complicarse tanto las cosas? Precisamente ahora que había conseguido elaborar un plan. Todo eso la superaba completamente.

-Si logro entrar, y alguien me ve dentro, con mi aspecto no pasaré desapercibida. Varios de vuestros hombres en cambio podrían infiltrarse sin problema haciéndose pasar por reclusos…

-¿Crees que no lo hemos intentado?- La interrumpió Jill.- Esta mañana infiltramos a tres de nuestros mejores agentes. Esta tarde sus cuerpos han aparecido flotando en el río. Sólo nos queda recurrir a ti.

-¿Pretendes que, yo sola, me infiltre en una prisión, llena de individuos armados? ¿Y que además proteja a treinta chicas, no sólo de esos tipos sino también de una especie de superhéroe? Eso es trabajo para Superman, yo sólo soy una chica normal y corriente.

-No te pido que te enfrentes sola contra todos ellos. Tan solo debes entrar, localizar a las chicas, avisarnos y esconderte. Nosotros nos encargaremos del resto. Una vez entremos en acción únicamente debes procurar que nadie se acerque a ellas. Calculamos que en menos de dos minutos podremos llegar hasta tu posición y auxiliarte. Sólo te tenemos a ti. Te necesitamos más que nunca.

Amy se negó rotundamente. Esa actitud por parte de la heroína, sorprendió a la policía, que finalmente formuló la pregunta que llevaba rato intrigándola.

-No entiendo como algo así te ha podido pasar desapercibido. Estoy segura que, pese a que lo hemos ocultado a la información pública, habrás notado el reciente incremento de chicas secuestradas. Los disturbios de anoche no te habrán pasado desapercibidos. Llevas meses enfrentándote a peligrosos criminales. ¡No puedes dejarnos tirados ahora que hay tanto en juego!

Al escuchar aquello, la japonesa se derrumbó. Le contó a Jill que no se había enterado de la fuga de la prisión porque la última noche la había pasado satisfaciendo a un millonario pervertido. Que llevaba semanas desconectada de las noticias. Que ella no podía hacer nada, que estaba atada de pies y manos, que conocían su identidad, y el precio que había tenido que pagar para liberar a Claire. Que Shadow Angel últimamente no hacía otra cosa que satisfacer individuos viciosos que pagaban auténticas fortunas por dominarla, que simulaba peleas dónde ella tenía que dejarse ganar para que luego el cliente disfrutara de su cuerpo. Jill la escuchaba atentamente con un nudo en la garganta. Tal vez estuviera poniendo demasiado peso en las espaldas de una atormentada joven. Pero también sabía que ahora mismo, Shadow Angel era la única persona que podía conseguir con éxito entrar en esa maldita cárcel y localizar a las chicas. Cuando Amy terminó de contar su historia, Jill se quedó con una sensación agridulce en el cuerpo. Lamentaba estar presionando a la chica en lugar de intentar ayudarla.

-Siento mucho lo que estás pasando, de verdad… En cuanto a tu amiga, mira, siento mucho lo que te voy a decir pero creo que debes saberlo… No creo que la recogiera ninguna de nuestras patrullas… Esta tarde nadie ha reportado que hayan recogido a ninguna chica. Creo que quienes se la llevaron, o se hacían pasar por policías o estaban a sueldo de esa maldita red.

Amy tuvo que realizar un gran esfuerzo para evitar estallar en lágrimas al escuchar aquello. Su débil plan se desmoronaba ante sus ojos, entregar a Felina no había servido de nada. Después de todo lo que había sufrido, ni tan siquiera había logrado apartar a Claire de ellos. Y lo peor de todo, es que ella estaba allí cuando se la llevaron. Si tan sólo hubiera estado más atenta, era obvio que había algo extraño en esa oportuna aparición del coche patrulla… La rabia se adueñaba de su cuerpo. Jill habló primero

-¿En ese tiempo en que has estado sometida a ellos, no te has enterado de nada al respecto? ¿No has detectado nada extraño? Me sorprende que no…

-No lo entiendes, me tienen totalmente apartada de su centro de actividades.- Respondió la ninja.- Únicamente contactan conmigo para citarme con tal o cual persona y decirme cómo debo vestirme o como debo actuar. Me acompañan hasta el cliente y me recogen, pero no me dicen ni media palabra. Claire tampoco sabe nada, la tienen encerrada y su interacción con ellos es mínima. Han montado todo eso completamente a mis espaldas. Ahora me doy cuenta que mientras planeaban su salida del país, a mi pretendían exprimirme como un limón hasta el último momento. Con el beneficio que sacaban usándome, seguro que cubrían con creces las pérdidas por el desmantelamiento de la actividad y traslado de las chicas. Siento no poder serte de mucha utilidad en eso.

Jill, agotada, se dispuso a abandonar el apartamento. Amy tenía toda la razón, ella no era Wonder Woman, tan solo una chica con una habilidad extraordinaria. Pero una chica normal al fin y al cabo. Una chica asustada y atormentada. No tenía derecho a pedirle aquello. Tendrían que buscar otra alternativa. Justo cuando se dirigía a la puerta, Amy la interrumpió

-Lo haré.- Dijo con voz firme.- Esta noche entraré allí y aguantaré el tiempo suficiente hasta que lleguéis vosotros. Cueste lo que me cueste.

-Cuando tengas localizadas a las chicas, usa esto para contactar con nosotros.- Dijo Jill mientras le tendía un pequeño comunicador así como un mapa de la prisión y la isla.- Tu haz tu parte y nosotros haremos la nuestra. Ten mucho cuidado ¿vale? Ese Skull es muy peligroso, no es similar a nada a lo que te hayas enfrentado.

-Lo tendré. Y tu vigila en quién confías-. Le dijo Amy justo cuando Jill abandonaba el apartamento.

Cuando se quedó sola de nuevo, Amy dedicó unos minutos a ordenar sus pensamientos. La situación se estaba precipitando más de lo previsto y temía verse arrastrada a un abismo del que no pudiera salir. No le costó mucho tomar la decisión, la vida de las chicas era mucho más importante que su propia dignidad. Cuando el Calvo se enterase que Shadow Angel había irrumpido en la prisión, no dudaría en publicar sus humillantes imágenes. Pero era un precio que creía dispuesta a pagar, su mejor amiga y las otras chicas valían más que su dignidad. Una vez aquello terminara, si salía bien, volvería a Japón. Con esas imágenes circulando por internet sería la vergüenza para su familia, sus padres seguramente la encerrarían en un monasterio budista. Pero estaba dispuesta a pagar ese precio.

La chica seguía agotada tras su pelea con Felina. Así que se tumbó en la cama. Necesitaba descansar un par de horas y recuperar fuerzas.

Jill no supo que había fallado.Hacía tiempo que tomaba todo tipo de precauciones. Esa Red ya la había secuestrado una vez y ahora se había vuelto cauta, muy cauta. Estaba completamente segura que nadie la había seguido hasta allí. Lo que no sabía, era que la Red hacía días que había averiguado dónde residía Mikoto Amy y mantenían una constante vigilancia en el edificio. Pese a todas las precauciones, Jill poco pudo hacer para defenderse. La habían visto entrar y ya la estaban esperando.

Justo cuando salía del edificio varios tipos se abalanzaron sobre ella, golpeándola y metiendo un saco por encima de su cabeza. La chica se debatió con todas sus fuerzas, dio un fuerte pisotón a uno, intentando librarse de su abrazo y alcanzar su arma, pero entonces una fuerte descarga eléctrica sacudió todo su cuerpo. Instantes después, la joven policía se desplomaba entre los brazos de sus atacantes. La terminaron de introducir en el saco y la metieron en el maletero de un coche. Pese a que el sol de la tarde aún brillaba, la calle estaba desierta, al parecer nadie vio nada.

Una hora más tarde.

Jill se despertó en un frío sótano, desprovisto de ventanas y alumbrado por una sola bombilla. Estaba firmemente atada en forma de X atada a los postes de una mugrienta cama. Vestía únicamente su ropa interior, que por algún extraño motivo no le había sido arrebatada. Cuatro individuos la contemplaban sonrientes.

-Vaya vaya, después de tanto tiempo volvemos a encontrarnos.- Dijo una voz conocida.

Por toda respuesta, Jill escupió en la calva cabeza del individuo que acababa de hablar.

-Esas no son maneras.- Dijo divertido mientras se limpiaba el escupitajo con las sábanas.- Sólo te lo preguntaré una vez. ¿Cuál es vuestro plan? Porque se de sobras que tras el percance de tus tres compañeros, seguís tramando algo.

Por toda respuesta, la policía volvió a escupir en la cara de tipo.

-Bien, tendremos que hacerlo a las malas entonces.- Dijo mientras hacía un gesto a los otros tres individuos.

Jill se asustó al ver uno de ellos sacar una navaja. Se debatió y luchó contra sus ataduras pero aquello ni sirvió más que para divertir a sus captores. El filo de la navaja se acercó a su cuerpo y empezó a cortar su ropa interior. La agente chilló pidiendo auxilio, alguien tenía que escucharla.

El tipo fue cortando a tiras sus finas braguitas, sin prisa, deleitándose en ello. Haciendo que la chica notara en su piel el frío contacto del acero al cortar su ropa. El principal propósito, a parte de deleitar a los presentes con el hermoso cuerpo de la agente, era asustarla lo máximo posible. Cuando su pequeña prenda había sido reducido a un amasijo de tiras y cortes, con un gesto brusco, terminó de arrebatársela. Le tocaba el turno al sujetador, cortó las finas tiras para luego, bajando por su escote terminar de cortar el punto de unión entre las dos copas, revelando unos firmes pechos.

Una vez cortada toda la ropa, el tipo se divirtió, pasando la parte plana de la hoja por la piel de la chica, recorriendo sus pechos, deteniéndose un momento para apoyar suavemente la punta en uno de sus pezones, descendiendo por su barriga, jugando con su vello púbico…

Jill aguantaba toda aquella humillación con los ojos cerrados, prefería no ver lo que le hacían para no quedar presa del miedo. Su cuerpo en cambio le revelaba en todo momento lo que le hacían. Su piel se estremecía cada vez que notaba el frío metal de la hoja. Al final, decidió dejar de chillar. Era obvio que si no la habían amordazado era porque sabían que nadie iba a acudir en su auxilio. Sus gritos se convirtieron en sollozos desesperados.

Ninguno de los cuatro individuos quedaron indiferentes ante el atlético y moreno cuerpo de la agente de policía. El Calvo susurró unas palabras a uno de sus compañeros.

El pánico se adueñó de Jill al escuchar un sonido muy característico. Asustada abrió los ojos y contempló como uno de ellos cargaba su arma reglamentaria y se la acercaba a su cabeza. ¿Iban a asesinarla fríamente? Con los ojos vidriosos les imploró que no lo hicieran, que no la mataran. El cañón de su arma presionaba sus labios cuando el Calvo habló.

-¡Chúpala! Humedécela bien o no entrará.- Le dijo.

Jill no terminó de comprender aquellas palabras, pero se tranquilizó al saber que únicamente pretendían humillarla. Los cuatro hombres estallaron en carcajadas al ver como la agente abría su boca e introducía en ella el cañón de la pistola. Como si de un falo se tratara, la chica empezó a recorrer el arma con sus labios y su lengua, metiéndose el cañón hasta el fondo de su boca, lamiendo su lateral con la lengua, jugando con los labios como si disfrutara en ello. Entre lágrimas pensó que tal vez si los divertía lo suficiente, no le harían daño.

El Calvo, empezó a acariciar suavemente el castaño cabello de la agente. Como si intentara tranquilizarla.

-Shht, tranquila… lo estás haciendo bien.- Le iba susurrando.- Sé que eres una chica dura, pero más tarde o más pronto, nos vas a dar lo que queremos.

Aquél espectáculo estaba excitando a los cuatro hombres. A veces, no hace falta hacer daño a alguien para conseguir la información que se desea. De hecho, conseguir la información que deseaban podría ser incluso placentero para los cinco.

Jill suspiró aliviada al ver como retiraban el arma de su boca. El Calvo no desaprovechó la ocasión, esta vez no se quedaría mirando. Retirando su mano de la cabeza de la chica, se desabrochó los pantalones, revelando un enorme y grueso falo. La policía fingió una mirada de deseo, indicándole con sus labios, que deseaba tener ese endurecido miembro en su boca. Jill sabía que estaba acabada, pero tal vez, si los divertía lo suficiente, podría ganar el tiempo necesario para que Shadow Angel se infiltrara en la prisión.

El Calvo no se hizo rogar y con un gesto brusco la introdujo completamente en la boca de la agente. La sabía suficientemente asustada como para no temer que pudiera morderlo.

-Vaya vaya, la agente Jill es toda una experta en eso.- Dijo uno de los individuos

-Sí, al parecer se le da mejor el trabajo de puta que de policía.- Se burló otro.

Sí, Jill sería toda una puta con tal de ganar el máximo tiempo posible y evitar que le hicieran daño. Mientras su boca se esforzaba en complacer al Calvo, notó algo extraño introduciéndose en su vagina, algo frío y metálico. Sobresaltada, se quitó el pene de la boca para mirar lo que estaba haciendo el individuo de la pistola.

-No… por favor… eso no…- Imploró al ver que, divertido, pretendía penetrarla con el cañón de su arma.

-Sht, ¿quién te ha dicho que pares? No querrás que mi amigo se distraiga y por un error apriete el gatillo ¿verdad?- Le dijo el Calvo agarrándola fuertemente de su castaña melena.

La agente le imploró, le suplicó que no la penetraran con la pistola.

-Por favor… deseo vuestras firmes pollas… penetradme con ellas… ¿no queréis gozar conmigo?- Imploró, humillándose, esperando excitarlos lo suficiente como para que apartaran su pistola de ella.

-Todo a su debido momento.- Dijo el Calvo mientras volvía a introducir su pene en la boca de Jill.

La asustada chica puso toda su habilidad en satisfacer al Calvo, dando lo mejor de si con sus labios y su lengua. Pasado el momento de terror inicial, su cuerpo se relajó al notar como retiraban el arma. Varios dedos eran los que ahora se introducían en su vagina, dilatándola, recorriéndola en toda su extensión. Sin saber porque, su cuerpo reaccionó al estímulo, humedeciéndose poco a poco. La chica se avergonzó de si misma, incapaz de comprender como su cuerpo podía reaccionar de esa manera ante esa situación.

La potente eyaculación del Calvo en su boca interrumpió súbitamente sus pensamientos. Ella estaba acostumbrada a que sus eventuales parejas retiraran el miembro de su boca justo antes de eyacular, así que aquello le sobrevino repentinamente. Por un momento sintió que se ahogaba por el espeso líquido. Instintivamente apartó su boca del falo intentando tomar aire, pero en lugar de ello únicamente consiguió tragarse todo el semen vertido en su boca. Los hombres, divertidos, la contemplaban engullir hasta la última gota de semen de su boca.

El Calvo se sentó sobre la barriga de Jill y mientras frotaba su miembro entre los pechos de la chica, terminando de limpiar los últimos restos de semen y saliva, volvió a insistir.

-Bien, ahora que me he divertido, ¿Nos vas a contar lo que queremos?

Jill negó con la cabeza. El individuo de la pistola introdujo el cañón del arma profundamente en su vagina mientras el Calvo sonreía con malicia. Contemplar ese gesto, esa mirada, fue más que suficiente para que la joven policía se derrumbara. Aquello hizo temblar todo su cuerpo de puro terror. Su voluntad finalmente se quebró. Demasiado había resistido. Con lágrimas en los ojos, les contó todo su plan. El Calvo sonrió satisfecho después de escuchar aquello.

El individuo, cogió el arrugado uniforme de la policía y lo metió en una bolsa. Encendió el comunicador de la agente y marcó el canal que ella había indicado para conectar con la central. Jill escuchó como decía:

-¡Hola! tengo aquí una bonita socia vuestra, si mañana queréis verla con vida que nadie se acerque esta noche a Peche Island, o os la devolveremos a pedazos.

Mientras ignoraba las protestas de los agentes al otro lado de la línea, el Calvo acercó el comunicador a Jill. Apretó uno de los pezones de la chica hasta que ella no pudo evitar un chillido, suficientemente claro como para que los otros agentes supieran que era ella y que estaba viva.

-Portaros bien, y no le va a pasar nada. Y no, no la tenemos retenida en Black Rock, así que no intentéis nada o ella lo pasará francamente mal.- Dijo para acto seguido destruir el aparato con su bota y dirigirse a los otros tres tipos que contemplaban a Jill como si fuera un caramelo.

-Chicos, divertíos con ella pero no os paséis. Si mañana por la mañana no tenéis noticias mías, es que alguien no se ha portado bien. Ya sabéis lo que tenéis que hacer entonces. Si todo va bien, pronto tendréis novedades mías. Cuando os llame, quiero que me la traigáis. Alguien pagará mucho dinero por una auténtica agente de policía

Mientras el Calvo abandonaba el sótano, Jill escuchó como llamaba por teléfono y decía “socio, ten cuidado, viene hacia tí”.

Jill tenía preocupaciones más inmediatas como para pensar en las consecuencias de la información que acababa de revelar. Pese a que su pesadilla no había hecho más que empezar, el alivio se adueñó de su cuerpo cuando notó como retiraban el arma de su vagina.

-¡Vaya! parece que eso te ha gustado.- Dijo el tipo sorprendido al notar el cañón impregnado con sus fluidos.- Dime ¿haces esto a menudo?

“Maldita sea Jill, qué le pasa a tu cuerpo” pensó la chica incapaz de comprender porque su cuerpo reaccionaba así. Era incapaz de asimilar que pudiera excitarse en una situación así. ¿Le habrían dado algún tipo de droga mientras estaba inconsciente? Por un momento, un pensamiento cruzó su mente “¿Shadow Angel también sentía ese placer en la derrota?”

-Vamos a divertirnos con eso.- Dijo otro tipo mientras cogía su porra reglamentaria y se la introducía en la empapada y dilatada vagina.- Tu equipo policial parece un juguete sexual, ¿verdad?

Con la porra fue distinto. La goma con que estaba hecha penetraba mucho mejor, estimulando toda su cavidad vaginal uniformemente. Sí, aunque parezca mentira, para Jill le producía la misma sensación que cuando alguna vez, para autosatisfacerse, se había introducido un grueso consolador de goma. La situación sentimental y sexual de Jill era bastante aburrida, su trabajo no le permitía relacionarse demasiado.

Indefensa como estaba, toda resistencia era inútil, al final terminó por asimilar su situación y no ocultar sus sensaciones. Su respiración no tardó en volverse entrecortada mientras movía su cadera para acompañar el movimiento de la porra. No la molestó en lo más mínimo que uno de aquellos tipos introdujera su miembro en su boca. Al cabo de un rato, notó como retiraban la porra y otro tipo introducía su miembro en su vagina, penetrándola con fuerza.

Lo que había empezado con sollozos, terminó en gemidos por parte de todos los presentes, especialmente la chica.

Los tres tipos, fueron turnándose varias veces, ver como la chica respondía favorablemente a la penetración los excitaba enormemente. Su jefe les había prohibido eyacular dentro de su vagina, pero ello no fue obstáculo alguno a su diversión. Encantados, llenaron su boca abundantemente.

Fuera del sótano, el Calvo sonrió complacido, todo marchaba sobre ruedas. Meses antes, cuando la policía y aquella maldita heroína habían desmantelado toda la red de prostitución en Detroit, el tipo creyó que estaba acabado. Por suerte, la policía no había descubierto uno de los escondites de la banda, gracias a ello, de una escondida caja fuerte, pudo recuperar suficiente dinero como para salir de la ciudad.

Detroit se había vuelto demasiada peligrosa. Así que se instaló en Louisville, una ciudad suficientemente grande como para retomar la actividad y suficientemente tranquila como para que la policía no estuviera demasiado al acecho. En ningún momento dejó de pensar en volver a Detroit y vengarse de esa maldita Shadow Angel que lo había fastidiado todo, pero primero debía hacerse fuerte. La fortuna quiso que en aquella recóndita ciudad, tropezara con un individuo cuya mera presencia infundía pavor. El Calvo consiguió ganárselo con la promesa de dinero más que abundante como para instalarse cómodamente fuera del país. Al parecer varias agencias gubernamentales estaban estrechando el cerco contra él. Fue Skull quien tuvo la idea de retomar la actividad en Detroit que, por su privilegiada situación, ofrecía muchas más ventajas que Louisville. Pero primero deberían preparar el terreno. Con el dinero que el Calvo tenía acumulado, contrataron los servicios de Acero Negro, para que “limpiara” la ciudad de aquellos agentes de a ley que pudieran entorpecer sus planes. Skull fue tajante en un punto, el supervillano no debería aparecer en público o llamarían demasiado la atención, era un perfecto guardaespaldas y con una astucia casi sin parangón, pero no podía ser él quien cometiera los asesinatos o la CIA se les echaría encima. Dentro de un falso camión cisterna, sacaron las chicas que tenían en Louisville y se dirigieron a Detroit. Mientras Acero Negro cometía los asesinatos, ellos fueron reconstruyendo los restos de la antigua Red de prostitución ilegal de la ciudad.

El hecho que Acero Negro no pudiera completar su trabajo entorpeció un poco sus planes. Pero entre ambos salieron adelante. Formaban un buen equipo, el Calvo tenía todos los contactos necesarios, y Skull la astucia para organizar perfectas trampas y emboscadas para capturar a distintas chicas. Falsas discotecas, asaltos en plena noche con precisión casi militar que duraban pocos segundos, entradas silenciosas en residencias de estudiantes… Además era experto en cubrir sus huellas, mandando mails o mensajes de texto a las familias, haciéndose pasar por las chicas, diciendo que iban a pasar unos días con unos amigos… Sí, la red se iba extendiendo mucho más rápido de lo previsto.

Y entonces, mientras poco a poco reorganizaban el negocio, uno de sus mejores clientes les hizo una propuesta en nombre de un dictador africano que no pudieron rechazar: trasladar a las chicas a cierto país del golfo de Guinea. Lo que estaban dispuestos a pagar allí por ellas si las vendían como esclavas multiplicaba por diez los beneficios que podrían obtener en Detroit durante varios años. Mientras planeaban cómo sacar algunas de las chicas de la ciudad, creyó que Shadow Angel volvía a interferir en sus actividades. El Calvo ya contaba con la interferencia de la heroína, esta vez estaba preparado.Tendieron una perfecta trampa a la heroína. Aunque aquello no salió como esperaba, finalmente consiguieron tener a la ninja totalmente controlada, y además sacaban una pequeña fortuna explotándola para sus clientes más ricos.Ahora tan solo tendrían que preocuparse de un frente: la policía.

Llevaban un tiempo planeando evacuar a las chicas, su idea inicial era venderlas por lotes y trasladarlas en varios viajes en aviones privados. Pese a que el “comprador” era un dictador, la ONU lo había reconocido como un gobierno “legítimo”, yaquello facilitaba las cosas. Pero habían infravalorado la astucia de la policía. Su intromisión lo precipitó todo. Gracias a varios infiltrados que tenían dentro, se enteraron a tiempo de la redada, pudiendo convertir lo que era una operación contra su negocio, en algo favorable a sus planes. El único inconveniente era que ya no podrían sacar a las chicas de forma escalonada, tendrían que hacerlo en un solo viaje. Por suerte, el Calvo era hombre de recursos. Había dejado que la policía capturara uno de sus miembros al que le había contado un falso plan de evacuación. Gracias a esa desinformación, se escurrirían ante las mismas narices de la policía sin que ellos pudieran impedirlo. Además, gracias a Skull, disponían de otro as en la manga.

Dos horas más tarde. Prisión de Hard Rock, Peche Island

El sol hacía rato que se había puesto y el agua del río estaba oscura como una mancha de aceite. Una canoa de recreo llevó a Shadow Angel hasta la pequeña isla. Escondió el bote entre la frondosa vegetación y se acercó al recinto penitenciario. Tenía casi toda la noche por delante, así que no había prisa. Ocultándose entre las sombras y la maleza, no le fue difícil evadir los reclusos que montaban guardia al exterior del recinto. A los pocos minutos se plantó ante el edificio penitenciario, una mole de cemento armado que se asemejaba a un castillo medieval. El edificio tenía únicamente dos entradas, fuertemente vigiladas por varios tipos. La prisión disponía de cinco plantas con pequeñas ventanas al exterior provistas de barrotes y coronaba sus altos muros una red de alambre de espino. Los focos hacían extraños círculos, alumbrando la densa vegetación y la pequeña ensenada que servía de embarcadero.

A Amy no le hizo falta consultar el mapa que le había facilitado Jill, lo había memorizado completamente. Sabía que el edificio se estructuraba en cuatro bloques independientes alrededor de un patio central cerrado con una claraboya. A parte de las dependencias del alcaide y los vigilantes,cada uno de los bloques o alas, estaba dividido en dos mitades por una escalera que comunicaba las cinco plantas, dividiendo cada planta en dos módulos de celdas completamente independientes. La idea de ello era poder aislar con facilidad el resto de alas e incluso los distintos módulos de una misma ala, en caso de fuga en uno de ellos. La prisión tenía capacidad para unos 500 reclusos y su ocupación antes de la fuga era del 50%. La mayoría habían escapado pero varios de ellos aún estaban en el interior, vigilando.

Los agentes que se habían intentado infiltrar, lo habían hecho a través de una antigua canalización de desagüe que conectaba con un aljibe que recogía el agua de la lluvia. Usar esa vía de nuevo sería un suicidio.

Usando su arco corto, ató su garfio a una flecha y disparó hacia la azotea. El confiable garfio de la ninja se agarró bien a la cornisa del edificio y la chica empezó a escalar la pared. Gracias a sus años de entrenamiento y preparación física y el agarre de sus guantes y sus botas, llegó hasta arriba sin dificultad. No fue difícil sortear el alambre y esquivar los distintos cables que conectaban con la alarma. Una vez allí, oteó a través de la gran claraboya. No se apreciaba ningún movimiento por el patio interior. Tal vez estuviera de suerte y todos los villanos tuvieran sus ojos puestos en el exterior. Extrajo de su cinturón una pequeña herramienta multiusos y se acercó a los aparatos que renovaban el aire del interior del edificio. Esa sería su vía de entrada, esos conductos eran lo único que comunicaban la totalidad del edificio. Gracias a su extrema agilidad y flexibilidad y su pequeña estatura, la ninja podría escurrirse sin ser vista por los conductos de ventilación. Y a través de ellos, podría llegar hasta las chicas. Algo así estaba fuera de las capacidades de cualquiera de los agentes de policía de Detroit. Jill había hecho bien en confiar en la habilidad de la ninja.

Al cabo de unos minutos, había retirado los tornillos que sujetaban la pensada máquina. No sin esfuerzo, logró apartarla, revelando un estrecho y largo conducto. La duda invadió a la chica ¿Cabría por allí? Para estar segura, se desprendió de su katana y su arco corto que llevaba sujetos a la espalda. Quedándose con el mínimo equipamiento posible. Los dejó a la azotea, envueltos en una tela y atados a una fina y larga cuerda que se anudó a la cintura para poder recuperarlos después. Suspiró con alivio al ver que su cuerpo, no sin esfuerzo, se iba introduciendo en el conducto. Sería un descenso duro, pero la chica había sido bien entrenada.

Gracias a la capacidad de agarre de sus guantes y sus botas, fue descendiendo poco a poco, escuchando atentamente en cada intersección. La ventaja de utilizar los conductos era que, al estar conectados a todas y cada una de las estancias de la prisión, cualquier ruido dentro del edificio se canalizaba a través de ellos. Mientras descendía, la chica recordó una película que había visto hacía tiempo, en ella un policía se introducía en un conducto similar, alumbrado por un mechero. Amy recordó como la luz del mechero había advertido a uno de los terroristas de la presencia del policía. Por suerte a la ninja no le hacía falta ningún tipo de luz para orientarse en la oscuridad.

Shadow Angel no tardó en identificar los sollozos de las chicas, se dirigió hacia el ala del que provenían. Una vez allí, en una intersección, a la altura del primer piso, los sollozos se hicieron más nítidos. Para su decepción, a partir de allí el conducto se estrechaba, impidiéndole llegar hasta las chicas. Retrocedió por el conducto hasta llegar a una rendija. Frente a ella había unas escaleras y amplio rellano. En el rellano había una puerta cerrada que comunicaba con un pasillo lleno de celdas dónde estaban las chicas. Frente a la puerta, había dos tipos fuertemente armados. La chica se sabía la distribución de memoria. Los módulos de la cárcel únicamente tenían un único acceso, si controlaba esa puerta, lograría mantener las chicas a salvo.

Antes de hacer nada, la chica recorrió los conductos en la máxima extensión que pudo, localizando diversas estancias con varios individuos, algunos de ellos los identificó como reclusos por el uniforme naranja que vestían, otros eran matones de la Red. Haciendo gala de su extrema habilidad, saltando a través de las rendijas de ventilación, dejó fuera de combate los grupos de individuos más cercanos al módulo de las chicas. No logró localizar a Skull en ningún sitio. Tal vez la suerte le sonreía y el supervillano estuviera en una ala distinta del edificio, tal vez controlando una entrada.

La chica volvió a subir por el conducto, tiró de la pequeña cuerda, hasta recuperar sus armas principales, que cazó al vuelo sin hacer el mínimo ruido. Con cautela, quitó los tornillos de la rendija. Antes de retirarla, sacó de su cinturón un par de dardos tranquilizantes que lanzó contra los guardias a través del pequeño espacio entre las láminas. La precisión de la chica era absoluta, ambos dardos impactaron en el cuello de los tipos, instantes después se desplomaban sobre el suelo. Rápidamente, la ninja retiró la rendija, sin hacer el menor ruido, saltó al rellano y escondió los cuerpos en un rincón. Se equipó con su katana y su arco y se puso frente a la puerta. Sí, desde allí estaba en una posición casi inmejorable. Dominaba las escaleras y la puerta que tenía enfrente y comunicaba con otro módulo. Cualquier enemigo sólo podría venir de dos direcciones distintas y podría abatirlos fácilmente con su arco. La ninja no llegó a plantearse que había algo extraño en que hubieran recluido a todas las chicas en el mismo módulo, lo inteligente hubiera sido retenerlas en distintos grupos y módulos. Simplemente creyó estar de suerte.

Una duda pasó por su mente ¿Le convenía entrar, localizar a Felina y liberarla? La habilidad de la villana en el combate podría ser de enorme ayuda para la ninja. Pero también sabía que la ladrona era completamente imprevisible y le guardaría un gran resentimiento por haberla puesto en manos de esa Red. Si la sacaba, ¿la ayudaría temporalmente en solidaridad por las otras chicas o únicamente intentaría vengarse de ella? Decidió aparcar esa decisión de momento, demasiada incertidumbre tenía ya como para añadirle otro elemento imprevisible.Si la situación se ponía demasiado peligrosa ya se lo volvería a plantear. Resistió el impulso de entrar y liberar a Claire, pese a que la chica tenía su habilidad, no quería poner más en peligro a su amiga. No, de momento actuaría sola. Sacó y encendió el comunicador, que hasta ahora lo había mantenido apagado para evitar ruidos, y marcó el canal indicado por Jill. Ante su asombro, nadie respondió a su llamada. Volvió a insistir. ¿Qué sucedía, porque no respondía nadie? La chica empezó a ponerse nerviosa.

Fue entonces cuando el sonido de unos pasos, acompañado de un siniestro aplauso subiendo las escaleras, la dejó completamente helada. “Maldita sea, estaba escondido entre las sombras, debajo de las escaleras” pensó la ninja asustada. La oscura piel del villano favorecía su camuflaje, tan solo tenía que cubrir su pálido rostro con sus brazos y acurrucado en un rincón oscuro era casi indetectable.

-No esperaba menos de la famosa Shadow Angel.- Dijo una voz grave mientras la chica se daba la vuelta.- Debo reconocer que, de no haber sido advertidos de tu llegada, nunca hubiéramos detectado tu entrada. Sí, casi podrías haber logrado tu objetivo y todo.

Ante ella estaba el tipo más corpulento que Amy hubiera visto nunca. Debía medir más de dos metros, vestía únicamente unos pantalones negros cortos y unas botas oscuras. Su cuerpo era puro músculo. Viéndolo de cerca, la heroína entendió el porque de su apodo. En comparación con la oscuridad de su piel, la palidez de su cara, daba a su rostro un tinte cadavérico. Sí, Skull era un apodo que le hacía justicia.

Si podía, Shadow Angel no iba a permitir que esa mole de músculo se le acercara. Con un rápido gesto, sacó el arco de su espalda, lo armó con una flecha y la disparó al torso de su adversario. Para su sorpresa, Skull con su mano agarró la flecha al vuelo, aplastándola con los dedos. “Es rápido, muy rápido” pensó Amy mientras él se acercaba a ella.

La ninja arrojó el arco a un lado y desenvainó su katana. La visión del frío acero no pareció amedrentar a su rival, que seguía acercándose. Aquello extrañó a la chica, nadie en su sano juicio se acercaría con sus manos desnudas a una afilada hoja. La chica no se confió, puso sus músculos en tensión y se preparó para lanzar un letal corte al cuello de su enemigo justo cuando lo tuvo a la distancia adecuada.

Skull ni tan siquiera intentó parar el golpe. La mortífera hoja trazó un rápido arco hacia su yugular, deteniéndose súbitamente. Como si hubiera golpeado una columna de cemento. El villano soltó una carcajada.

“¿Qué diablos?” pensó la chica alarmada. Le bastó un rápido vistazo para entender lo que sucedía. De alguna forma, Skull había endurecido la piel de su cuello, como si de un extraño quiste se tratara, protegiendo así su cuerpo. La sensación de Amy fue la de haber golpeado el caparazón de una tortuga.

Antes de que el villano pudiera agarrarla con la mano, la ninja con un rápido movimiento saltó hacia el hueco de las escaleras. “Maldita sea, ese tipo realmente tiene superpoderes” pensó frustrada. No intentó entenderlo, simplemente Skull podía blindar su piel a placer. Si quería dañarlo, tendría que esforzarse y mucho.

Si el villano conseguía agarrarla una sola vez, la pelea estaría sentenciada. Para enfrentarse a un rival así, Shadow Angel necesitaba espacio para moverse. El amplio vestíbulo en el que acababa de aterrizar, le parecía un lugar más idóneo para luchar que la estrecha escalera.

Justo cuando la heroína terminaba de levantarse, Skull aterrizó ante suyo con un fuerte ruido. Con una agilidad nada acorde con su enorme masa muscular, el villano embistió. Aquella rápida maniobra cogió a la chica por sorpresa, que súbitamente se vio empujada hacia la puerta que llevaba al patio.

Con una rápida y afortunada voltereta consiguió librarse del villano justo cuando ambos cruzaban la puerta, la chica con la agilidad de un gato, aterrizó de cuatro patas. Skull al ver que se le había escurrido la presa, se volteó para encarar nuevamente a la heroína.

Los ruidos de la pelea llamaron la atención de diversos reclusos que Skull había dejado como refuerzo en caso que la policía decidiera actuar. Intrigados, acudieron al patio a contemplar la escena, acercándose a ambos contendientes. A la heroína aquello cada vez le hacía menos gracia. Aunque consiguiera vencer a Skull, tendría que enfrentarse a otros veinte tipos. No tenía tiempo para preocuparse por ello, el supervillano volvió al ataque.

Esta vez la chica reaccionó a tiempo. El rápido y fuerte puñetazo pasó a escasos centímetros de la ninja. Mientras la corpulenta mole pasaba a su lado, la chica deslizó su hoja, intentando cortar el vientre de su enemigo. Otra vez la katana se encontró con una dura superficie.

Aquél tipo tenía que tener un punto débil, todo su cuerpo no podía ser invulnerable. La cuestión era si Shadow Angel lograría dar con ese punto. En una maniobra arriesgada, la heroína fingió huir, dejándose acorralar contra una esquina. Cuando Skull embistió, la ninja, aprovechando la pared, se impulsó en un salto hacia delante. Con una ágil maniobra en el aire, logró su objetivo, situarse detrás de su rival. Tal vez su espalda fuera su punto débil. Amy lanzó una estocada, pero de nuevo, la endurecida piel del villano detuvo el letal golpe. Esta vez Skull fue demasiado rápido para la ninja.

La golpeó de refilón, un fuerte revés que a duras penas ella pudo esquivar. La inercia del golpe impulsó a la chica unos metros atrás, deteniéndose cuando su cuerpo golpeó contra varios curiosos que contemplaban la escena. Los reclusos al ver como la atractiva chica chocaba entre ellos, no desaprovecharon la situación.

Shadow Angel forcejeó como pudo al notar como múltiples brazos intentaban sujetarla. Pateó y araño con fuerza. Su mellada hoja golpeó varios cuerpos, causando gritos de dolor. Pero simplemente, había caído entre más hombres de los que podía manejar. No tardó en verse firmemente sujeta contra el suelo. Varios tipos le arrebataron su arma y sin contenerse, le pisaron las manos para sujetarlas. La chica intentó girar la cabeza para ver lo que sucedía a sus espaldas. Entre cuatro tipos sujetaban sus piernas mientras otros dos empezaban a despojarla de sus oscuros y ceñidos pantalones.

La chica se debatió con todas sus fuerzas, pateando y mordiendo con furia. Cuando sus pantalones bajaron a la altura de sus tobillos, consiguió liberar sus manos, para acto seguido dirigirlas a su cintura para evitar que le arrebataran también su ropa interior. Varios brazos la volvieron a sujetar mientras contemplaba impotente como su tanga bajaba por sus piernas. Otros brazos intentaban subirle la parte superior de su uniforme, revelando su bonita barriga… Hasta que un autoritario grito los detuvo.

-¡Basta!- Inmediatamente, al escuchar la fuerte voz de Skull, los tipos la soltaron.- ¡Nuestra pelea aún no ha terminado! ¿O prefieres rendirte ya y ahorrarte una buena vapuleada?

Shadow Angel no era de las que se rendía fácilmente. Sabía que tenía todas las de perder, pero aún así, no iba a dejar de intentarlo hasta las últimas energías. Se incorporó como pudo, adecentándose de nuevo su traje entre las risitas de los varios reclusos. Recogió su katana y su cinturón del suelo. Tan seguro estaba Skull de su victoria que no hizo nada para impedir que la chica se volviera a equipar, e incluso le permitió unos segundos para que pudiera tomar aire. Cuando consideró que la heroína estaba lista, le hizo un gesto con la mano para que se encarase a él.

Amy ya no sabía por dónde atacarlo. Tanto su frente como su espalda parecían estar blindados como un armadillo. Había intentado atacar su cabeza, pensado que tal vez su pálida piel estuviera menos protegida, pero sin resultado alguno. Su hoja estaba mellada por varios puntos pero aún aguantaba. Entonces la chica tuvo una idea. Su maestro le había enseñado un arriesgado golpe final que implicaba lanzar una estocada directamente hacia la boca del rival. Era un movimiento demasiado difícil y casi nunca usado en combate. Pero tal vez, si él podía endurecer su piel exterior, su interior sería blando. “Sí, igual que una tortuga” pensó Amy esperanzada. Aún había posibilidades de inclinar la pelea a su favor.

Cauta, sujetó su arma con una mano, mientras con la otra sacaba varios shuriken de su cinturón. Con un rápido movimiento los arrojó hacia los ojos de su rival. Skull subió su mano para proteger su rostro y detuvo los afilados filos con la palma de su mano. “Perfecto, si protege sus ojos, es porque su interior es vulnerable” pensó la ninja mientras con un rápido movimiento acortó la distancia hacia su rival, con la punta de la hoja dirigiéndose hacia la abierta boca del villano. Lo que sucedió entonces, dejó a la heroína completamente paralizada.

Con un rápido gesto, Skull cerró la boca, deteniendo la mortífera punta entre sus dientes. Con sus manos, agarró la hoja de la katana. Y tal como había hecho instantes antes con la flecha, rompió la forjada arma por varios puntos.

Amy, con la mirada desencajada, retrocedió unos pasos, sujetando su rota e inservible katana. Todo su cuerpo temblaba, aquello no podía estar pasando. Un tipo así se supone que sólo debería existir en las películas. Amy logró esquivar el envite de Skull en el último instante. En un nuevo ataque desesperado, la ninja sacó una granada cegadora de su cinturón y la lanzó fuertemente al suelo. Un potente destello alumbró todo el patio. La ninja, esperando haber generado una distracción suficiente, intentó escapar.

De nuevo su rival fue demasiado rápido. En el último instante, Skull la agarró firmemente por el pelo, deteniendo a la ninja con un súbito tirón.

-¿Qué intentas?- Le dijo mientras tiraba de su pelo hasta tenerla frente a frente.

Shadow Angel aulló de dolor, con un rápido movimiento, saco de su cinturón dos cuchillos arrojadizos y los dirigió al rostro del villano. Con una sola mano libre, el tipo solo podría detener uno de ellos. Pero Skull tenía unos reflejos sobrehumanos. Soltando el pelo de la chica, agarró ambas manos de la chica al vuelo. Poco a poco empezó a apretar sus puños, haciendo fuerza contra los nudillos de la chica, que soltó un grito de dolor. Parecía como si sus manos hubieran quedado atrapadas por una prensa hidráulica.

-¿Te rindes o prefieres que te rompa tus preciosas manitas?

A la ninja no le costó decidirse, si Skull le rompía sus manos ya no había nada que hacer. Necesitaba conservar como fuera su capacidad para luchar.

-Tu ganas… eres demasiado fuerte.- Al escuchar esas palabras, el resto de reclusos estallaron en un fuerte aplauso. La pelea había sido un bonito espectáculo.

-Bien…- Dijo Skull con una sonrisa.- Ahora tu decides… conmigo… o con ellos.

Amy giró la vista hacia los reclusos que la miraban con unos ojos llenos de ansia y lujuria. Reconoció algunos de ellos, tipos que estaban entre rejas gracias a la acción de Shadow Angel. La chica tembló con sólo pensar que querrían hacerle a su joven cuerpo. Se arrodilló al suelo y miró implorante al vencedor.A veces la única elección que queda es entre el mal menor o un mal mayor. Ella enseguida tomó su decisión.

-Tu… hazme lo que quieras… pero no dejes que ellos se acerquen.- Le imploró ante la sonrisa triunfal del villano.

-Venga chica, ya sabes lo que toca entonces.- Le dijo Skull mientras le daba un ligero bofetón.- Estoy seguro que no es tu primera vez.

La chica sin rechistar empezó a desprenderse de su ropa. De reojo no cesaba en ningún momento de mirar a los otros tipos. Tenía miedo que se acercaran demasiado, pero al parecer respetaron la decisión del “macho-Alfa”. Aunque todos se morían de ganas de tener a la heroína entre sus manos, o mejor dicho, entre sus piernas, ninguno tuvo el valor de arrebatar al poderoso villano su presa. Así que tuvieron que conformarse con deleite como la chica que meses antes era el terror de cualquier criminal, se desnudaba ante ellos y quedaba reducida a una simple furcia cualquiera.

Con un brusco gesto, Skull le indicó que se dejara la máscara puesta. Shadow Angel se desprendió del resto de ropa.

-Creo que no hace falta que te diga lo que tienes que hacer.- Dijo el villano.- Si no me satisfaces, dejaré que sean ellos quienes se satisfagan contigo.

No hizo falta que se lo repitiera dos veces. Amy empezó a desabrochar el cinturón de Skull y a bajarle los pantalones y su ropa interior. La heroína se quedó asombrada al contemplar el duro y enormemiembro que tenía ante sí. Aunque, pensándolo mejor, no habría de que asombrarse, simplemente era acorde con su enorme y musculosa complexión.

La heroína empezó por la boca, humedeciéndose los labios, no sin esfuerzo, se introdujo aquel enorme miembro en su boca. Con calma, dejando que su rival disfrutara con el momento, la chica fue humedeciendo aquel poderoso falo. Pasados unos instantes, algo preocupó a la chica, nada parecía indicar que su enemigo gozara con ello. Se limitaba a mirarla con una total indiferencia, sin emitir ningún gemido de placer, sin tan siquiera tocar su cuerpo. La amenaza que minutos antes había proferido, retumbó en su cabeza. Frotar su miembro con sus jugosos y firmes pechos tampoco pareció excitar al villano.

Shadow Angel cambió de táctica. Se recostó en el suelo, frente al supervillano, abriendo las piernas todo lo posible. La chica se introdujo dos dedos en la boca, humedeciéndolos para luego dirigirlos a su vagina y empezar a jugar con ella, humedeciéndola y dilatándola. Sí, tenía que prepararse para lo que vendría.

Una vez su cuerpo empezó a reaccionar a sus propios estímulos, notando como sus fluidos la lubricaban, la chica cambió de postura. Se incorporó y se puso a cuatro patas, con sus genitales rozando los de Skull y moviendo las caderas, buscando excitar a su enemigo con el roce. Cerró sus ojos para no ver las miradas y las muecas de burla que le dirigían los otros individuos. No le importaba humillarse de esta forma, sólo con que Skull no la arrojara contra los otros tipos, se sentiría satisfecha. Lo que ellos podrían hacerle sería mucho peor que la autohumillación que la chica se infligía.

A Skull, en un principio la ninja le pareció patética. Si todo lo que sabía hacer era una torpe felación o frotar su miembro con sus pechos, no tardaría en arrojarla a los otros individuos. Cualquiera de las chicas que tenían encerradas haría eso mucho mejor que ella, menuda decepción. Aunque enseguida cambió su perspectiva. Le gustó ver como la chica jugaba con sus dedos mientras lo miraba fijamente. Y cuando completamente sumisa se puso a cuatro patas, frotando su hermoso trasero con su grueso miembro, Skull solo quiso hacerla suya. Ninguna chica se le había ofrecido voluntariamente de esa forma, si no las obligaba, no querían tener su enorme miembro dentro. Aquello lo excitó de verdad.

Para sorpresa de la heroína, el grueso miembro del villano entró con más facilidad de la prevista. En lugar del dolor esperado, arrancó un gemido de placer a la chica. Unas fuertes manos la agarraron por las caderas mientras la penetraba con firmeza.

Los otros tipos, miraban extasiados como los firmes pechos de la heroína se balanceaban al ritmo de la penetración del villano. Algunos, disimuladamente empezaron a masturbarse ante aquella erótica escena. Otros se aguantaron, con la esperanza de que, una vez terminado Skull, les dejara gozar con aquél hermoso cuerpo. No entendían como aquella desnuda chica que, a cuatro patas, tanto se esforzaba por complacer a Skull había logrado meterlos a ellos entre rejas.

El villano súbitamente interrumpió sus embestidas, dejando a la heroína extasiada. Unos brazos fuertes la levantaron del suelo y apoyaron su espalda contra la pared. Skull quería ver su expresión mientras la penetraba. A través de la máscara, unos ojos vidriosos le indicaron que no se detuviera, que continuara. La respiración entrecortada de la chica delataba su excitación. La propia chica mantenía sus piernas abiertas al máximo, su flexibilidad era asombrosa. Skull no se hizo rogar demasiado.

Amy se mordió la mano para ahogar un gemido al notar como el villano nuevamente la penetraba. Con un manotazo, él se la apartó.

-¡Eh! Se supone que te estoy violando. ¿No vas a intentar resistirte ni tan solo un poco?- Dijo mientras notaba que su enorme miembro hacía estremecer a la chica de placer- Si no vas a resistirte, no intentes disimular lo que sientes.

Shadow Angel asintió y los gemidos acompañaron las embestidas de Skull. En un momento dado, la chica rodeó el grueso y musculoso cuello del villano con sus manos apretando su cuerpo contra el suyo. Él sentía los gemidos de ella directamente a su oreja, el contacto sus suaves y cálidos pechos con sus fuertes y duros pectorales, la suavidad de su piel a través de sus endurecidas manos… No tardó en alcanzar el clímax ante una abundante y potente eyaculación que inundó a la chica por dentro.

Que eyaculara dentro suyo no preocupó en absoluto a Amy. La chica, a parte de que tomaba precauciones, estaba concentrada en el intenso clímax que estaba experimentando. Aquél grueso miembro estimulaba cada rincón de su húmeda vagina. La chica nunca había experimentado algo así. Nunca nadie la había hecho gozar tanto sin necesidad de ninguna sustancia. El eco de sus gemidos resonó por todo el patio, alcanzando todas las plantas del edificio, hasta llegar a las celdas de las chicas.

Una agotada Shadow Angel se desplomó en los brazos de Skull. El villano sonreía satisfecho, lo que había empezado como una decepción, se había convertido en algo mucho más estimulante de lo que él esperaba. La flexibilidad del cuerpo de la chica se adaptó perfectamente con su grueso miembro. Skull nunca antes había gozado tanto con una chica, y tampoco ninguna chica había gozado tanto en sus brazos. Sí, aquella chica tenía que ser suya, pero primero tenía que realizar un trámite.

-Bueno, bueno, eso ha sido francamente divertido. Ahora tengo que pedirte que hagas algo por nosotros. No te preocupes, no será nada doloroso. Únicamente vas a tener que decir la verdad.

Skull le contó al detalle lo que quería que hiciera. Como si realmente se preocupara por ella, estuvo acariciando su enmarañado cabello, rodeando su cuerpo con los brazos en un falso gesto protector. Amy, aturdida por el intenso orgasmo, asintió a todo. ¿Qué más podía hacer en ese estado? Luchar ya había luchado y no había servido de nada. Ya no le importaba nada. Shadow Angel estaba definitivamente acabada. Con un poco de suerte, si lograba que identidad no fuera expuesta, Mikoto Amy tal vez tuviera alguna oportunidad de retomar su vida. Sólo si la policía lograba sacarlas de allí…

-¡Vístete!- Le dijo autoritariamente mientras arrojaba su arrugado traje a su lado.

-De.. déjame que al menos… me limpie un poco.- Imploró la chica mirándolo con ojos suplicantes mientras agarraba fuertemente su ropa. Parecía una conejita asustada. Skull casi se compadeció de ella.

-¿Por que? ¿Acaso quieres disimular lo que realmente eres?- Dijo el villano con una sonrisa, todo estaba saliendo a la perfección.- No, ya te lavaremos después. Para lo que vas a hacer, nadie te va a criticar por no estar recién salida de la ducha.

Con sus manos temblando de los nervios, la chica enfundó de nuevo en su uniforme. Los fluidos pegajosos que empezaban a resbalar por sus piernas le dificultaron subirse correctamente sus mallas. Al final, la chica se adecentó lo mejor que pudo. Notaba la tela de la parte inferior de su uniforme pegada a su piel como si tuviera las piernas pringadas de cola.

-¡Sígueme!- Ordenó Skull.

Amy, con la mirada perdida, lo siguió hacia el interior del edificio. Ni tan siquiera miró sus armas, tiradas en el suelo como meros e inútiles juguetes. Skull la guió hasta una sala desprovista de muebles salvo por una mesita en la que dos individuos trasteaban un ordenador portátil.

-Bien, colócate allí- Dijo el villano señalando un rincón bien iluminado.- Ya sabes lo que tienes que hacer y que tienes que decir.

La asustada Amy asintió con la cabeza. Uno de los reclusos conectó la cámara web del ordenador. Se trababa de un modelo nuevo, y la calidad de la imagen era totalmente nítida. Empezó a grabar. No hizo falta realizar varias tomas. Las palabras y los gestos salieron solos de Shadow Angel.

-Buenas noches ciudadanos de Detroit. Soy Shadow Angel, muchos me conocéis por mi vocación de heroína. Pero muy pocos conocéis mi verdadera pasión. Lo que realmente me gusta es que la gente, especialmente los hombres, utilicen mi cuerpo a placer. Por eso, mi verdadera vocación ha sido siempre la prostitución. Son muchos los villanos que han disfrutado de mi cuerpo a placer. Y ahora cada vez serán más las personas que me harán gozar.

A partir de ese punto, Amy fue quitándose poco a poco su ropa, empezando por sus botas y sus guantes. Siguieron su camiseta y sus mallas, que salieron torpemente y no sin cierto esfuerzo debido a que habían quedado casi totalmente adheridas a su piel por los fluidos que la impregnaban. A un gesto de Skull, la chica dio una vuelta sobre si misma antes de proceder a quitarse su ropa interior. El villano quería que la gente contemplara que tipo de prendas usaba su heroína favorita debajo del uniforme. Una vez estuvo totalmente desnuda, la chica resistió el impulso de cubrir su cuerpo con sus manos. El villano le había dejado muy claro que no debía hacerlo, y que si lo intentaba, sería castigada.

-¿Os gusta lo que veis?- Prosiguió la chica, en voz neutra, con su preparado discurso.- Pues a partir de mañana, me voy a dedicar única y exclusivamente a mi verdadera pasión. La prostitución. Tal vez algunos de vosotros, afortunados, podáis pagar mis servicios y disfrutar de mi cuerpo como han hecho numerosos delincuentes durante todo este tiempo. Sí, me encanta perder expresamente las peleas y que mi cuerpo quede a merced del vencedor.

Justo cuando terminó de decir eso, la última frase que le había ordenado Skull que dijera, la chica estaba tan nerviosa que no notó que el villano se había situado detrás suyo y que la cámara seguía grabando. No se dio cuenta de que el vídeo no se había detenido hasta que notó como el fuerte brazo de Skull sujetaba firmemente sus brazos por detrás mientras con un rápido y sorpresivo gesto, arrebataba a Shadow Angel su última prenda de ropa. La máscara.

La chica gritó de sorpresa, intentó escapar, mover su cabeza, intentar dar una imagen lo más borrosa posible de su rostro. Pero fue inútil. El mal ya estaba hecho. La potente cámara había captado con todo detalle el rostro de Mikoto Amy que se ocultaba tras la máscara de Shadow Angel.

Con un brazo, Skull sujetaba a la chica por la cintura mientras con la otra mano la agarraba por el mentón, asegurándose que la cámara registraba su hermosa cara con todo detalle. Los gritos y súplicas de la heroína quedaron ahogados por las fuertes palabras del villano.

-Ciudadanos de Detroit, como veis, vuestra tan amada heroína no es más que una vulgar prostituta. Ahora nadie os va a proteger. Nadie os protegerá de las bombas que hay escondidas en la ciudad.- Dijo terminando el vídeo con una sonrisa mientras sujetaba firmemente una desenmascarada y desnuda Shadow Angel.

Entre gritos y sollozos Skull sacó a la chica de la habitación mientras los otros dos tipos subían el vídeo a internet. Para poder sacar con seguridad a las chicas de la ciudad, Skull y el Calvo necesitaban generar una situación de caos en la ciudad que distrajera a la policía. Y bien que lo lograron.

El vídeo fue subido con varias etiquetas y hashtags para favorecer su divulgación. En menos de media hora, ya era trending topic no solo en Detroit sino también en Chicago, Indianápolis, Pittsburgh y muchas otras ciudades. A medida que avanzaba el tiempo, fue expandiéndose como la pólvora por todo el país. Detroit se sumió en el caos.

CONTINUARA

PD: Gracias a todos los lectores que han seguido hasta aquí las aventuras de Shadow Angel, sin vuestros comentarios y vuestras valoraciones, la historia no hubiera podido seguir avanzando. Ahora que sus aventuras llegan a su final, no dudéis en dejar vuestros atentos comentarios. ¿Está todo perdido para Shadow Angel? ¿Logrará encontrar alguna forma de sobreponerse? ¿Qué será de las chicas?

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