
Al día siguiente, me levanté todavía cansado. Simona y María apenas me habían dejado dormir y a pesar de que al final conseguí zafarme de su acoso, tampoco pude descansar al saber que en cuanto llegara a la oficina tendría que verme las caras con Cristina. Supe que debía sincerarme con ella y explicarle cómo había llegado a ser mía antes de hacerles saber de su existencia a las otras dos. Por ello, tratando de mantener una normalidad y tras desayunar en casa, cogí las botellas de leche que Simona había recolectado para que no pasara hambre y salí rumbo […]



















