
El Ferrari estaba aparcado frente a mi casa cuando llegamos. Con la ayuda de Dhara metí las bolsas con las compras. Al entrar en el chalé, el olor que salía de la cocina me informó que llevaban ya tiempo dentro y que a Samali le había dado tiempo de meterse a preparar la comida. «Ana debe conducir a toda castaña», sentencié porque a pesar de ser consciente que debido a las caricias que había recibido mi ritmo había sido lento, tanta diferencia solo podía deberse si esa rubia manejaba como una loca. La certeza que me habían sacado al menos […]



















