
Que tu mujer te haga esa pregunta es al menos extraño por no decir rarísimo y más aún cuando la relación con su progenitora es casi inexistente. Desde que nos casamos solo había coincidido con esa bruja un par de ocasiones y siempre por alguna causa mayor: La primera fue en el funeral de su marido y la segunda en el bautizo de una sobrina. El resto del tiempo, mi suegra era un ser inexistente que hacía su vida al margen nuestro. Profundamente ególatra, creía que todos le debían rendir pleitesía y como sus dos hijas, asqueadas quizás […]



















