
Cuando cumplí los 18 me fui a vivir a casa de Rita. María y Julio me ayudaron en la mudanza. ¿De verdad te parece bien que viva con tu hermana?, le pregunté a mi “cuñada”, recordando que en mi casa había tenido que fingir que iba a compartir piso con una amiga por aquello de repartir los gastos, para evitar una tragedia. Claro, tú la haces feliz y eres un encanto. Rita tiene suerte. Dicho esto me cogió por la cintura y me dio un sonoro beso en la mejilla. Había que ver que diferentes eran nuestras familias. Los críos […]



















