Amy salió del “trabajo” a primera hora de la mañana. Un coche ya la esperaba para conducirla de vuelta a la ciudad. Llamarlo “trabajo” era una forma menos humillante de asumir lo que otros llamarían “prostitución”. La chica se autoconvencía de que todo aquello lo hacía por el bienestar de su amiga, pero lo cierto era que tras los primeros días, había ido acostumbrándose a su nueva situación.

El “cliente” que acababa de atender era un rico empresario. Un filántropo enamorado de la cultura japonesa. Por supuesto, había pedido los servicios de la aristócrata con sangre real Mikoto Amy y había pedido que la chica fuera vestida de forma tradicional. Así que Amy, vistiendo uno de sus más elegantes kimonos y maquillada como una gheisha, había acudido a la cita la tarde anterior.

La chica nunca se reunía con los clientes en ninguno de los centros de actividad de la red. El Calvo no quería riesgos. Ella siempre trabajaba en otras localizaciones: habitaciones de hotel, pisos alquilados para el encuentro… Esta vez, el cliente había deseado que la chica acudiera a su domicilio. Una moderna mansión a las afueras de la ciudad. Uno de los secuaces del Calvo había recogido a Amy a un punto predeterminado para llevarla con el cliente, y ahora esperaba para recogerla.

A cambio de esos “servicios”, a Amy le dejaban hablar con Claire, e incluso un par de veces dejaron que estuvieran juntas. Dentro de lo desesperada de la situación, su amiga parecía estar bien.

En un desesperado intento de evitar que Claire se viera usada por aquella maldita red, Mikoto Amy había ofrecido al Calvo trabajar voluntariamente. Fueron sus exactas palabras, las que terminaron de convencer al individuo: “Podrás ofreceer a tus clientes, no sólo a la famosa heroína Shadow Angel sino también a la aristócrata Mikoto Amy. Si lo hago voluntariamente, estoy segura que sacarás mucho más dinero que forzándome junto a ella. Porque al final, sólo te importa el dinero ¿verdad?”. Sí, el Calvo tenía un lucrativo negocio entre manos, algo que Shadow Angel no podía ni imaginarse. Aquella propuesta le daba una doble tranquilidad. Por un lado, se aseguraba de tener controlada a la temible ninja y por el otro, sacaba un buen puñado de dinero por cada cliente que pedía el servicio de cualquiera de sus dos identidades. Con diferencia, Shadow Angel y Mikoto Amy eran sus chicas más caras.

Con esa propuesta, al menos había conseguido que su amiga Claire quedara fuera “del mercado”. La japonesa, aunque no confiaba en ese maldito proxeneta, tampoco tenía motivos para dudar de que incumpliera su palabra. Él era un hombre práctico, le interesaba mucho más tener a Shadow Angel subyugada que enfurecida. Amy creía haber asegurado también la identidad de Shadow Angel. El Calvo le había prometido que su doble identidad quedaría a salvo. Ningún cliente gozaría de sus dos identidades.

Mientras la heroína no supiera dónde retenían a Claire, no le quedaba otra que plegarse a las exigencias de esa banda. Además, ¿qué podía hacer contra quienes no sólo tenían como rehén a su mejor amiga sino que además sabían su verdadera identidad? Acudir a la policía no era una opción, sabía de sobras que podrían tener comprados a varios de sus miembros. Eso no le dejaba muchas salidas.

No hace falta decir que en todos esos días, Amy no se había acercado a la Universidad, ni había tenido contacto alguno con sus amigos. Sería incapaz de mirarles a la cara sin derrumbarse ante ellos. No, si algo necesitaba, era conservar la serenidad. Además, si acudía a las clases, la red podría averiguar qué amistades tenía. No podía poner a más amigos en peligro.

Había llamado a Tom un día, comunicándole que había tenido un ataque de apendicitis que se le había complicado y que debía guardar reposo absoluto durante unas semanas. El chico se había mostrado muy preocupado, insistiendo en verla. Al final había logrado convencerlo de que su salud no podía permitirse visitas.

Pese a todo, la heroína no había cesado en ningún momento de buscar una forma de rescatar a Claire y recuperar su identidad. Después de meditarlo profundamente, la ninja sólo tenía un plan. Un plan francamente malo, y con muchas más posibilidades de salir mal que de salir bien. Pero como le había enseñado su maestro, “un mal plan, es mejor que no tener ningún plan”.

Fue la última contra propuesta que le hizo el Calvo, lo que abrió a Amy esa arriesgada posibilidad. Si le salía mal, todo estaría perdido. Pero con un poco de suerte, la cosa podría funcionar. Además, mataría dos pájaros de un tiro, como se solía decir.

Después de llegar a su apartamento y descansar unas horas, Amy abrió un compartimiento oculto bajo su cama. De nuevo contempló el uniforme y artilugios de Shadow Angel. Pero por primera vez en varios días, usaría su uniforme para lo que fue diseñado y no para satisfacer a un hombre vicioso.

Mientras seleccionaba los artilugios que mejor le servirían, rememoró sus actuaciones des de que había llegado a Detroit. Hasta llegar a esa ciudad, nunca nadie la había vencido, en cambio en los meses que ya llevaba aquí, había sufrido varias derrotas y perdido diversos trajes. Ese era el último que le quedaba, y esperaba no perderlo.

Sacó también una afilada katana, con empuñadura y vaina de pulida madera. Un arma diferente a la que solía usar.La desenvainó y la sostuvo unos instantes en su mano. Comprobó su filo e hizo un par de rápidos movimientos de práctica. Cumpliría su función a la perfección.

Esa arma se había hecho a medida para ella, adaptándose perfectamente a su mano como una extremidad más. Pero la katana favorita de Shadow Angel era otra distinta, una provista de una oscura vaina de madera lacada y empuñadura recubierta de piel de raya, obsequio de su maestro al finalizar su entrenamiento como ninja. Por desgracia, esa arma había quedado en manos de ese maldito Calvo. Otra humillación más.

Mientras se enfundaba en el uniforme, Amy sintió por primera vez en varios días, como su sangre hervía de nuevo. Sí, volvía a notar la emoción, la tensión que llevaba semanas sin sentir. Finalmente iba a producirse un enfrentamiento que su cuerpo y su mente hacía meses que ansiaban.

En ese mismo momento, en una lujosa urbanización de Detroit

Stacy Clayton a sus 29 años podía decirse que lo tenía todo. Con su pelo rubio, su más de metro setenta de estatura y su buena forma física, era muy atractiva. Y también era rica. Vivía en una amplio chalet de dos plantas, con blancas paredes y amplios ventanales situada en el área metropolitana de Detroit. Su casa estaba situado justo en la orilla de Orchad Lake, gozando de una privilegiada vista sobre las tranquilas aguas del lago.

En ese día primaveral, el sol del mediodía calentaba con fuerza, así que ellavestía un apretado y diminuto bikini con estampado de tigre. A Stacy Clayton le gustaba pasearse en ese atuendo que dejaba poco lugar a su imaginación, sabía que su cuerpo era objeto de deseo por parte no sólo de sus vecinos sino también del jardinero que tres veces a la semana se encargaba de que su jardín luciera siempre verde y con flores. Sí, a ella le gustaba sentirse deseada.

Despidió al jardinero y decidió darse un momento de descanso. Se preparó un cóctel y se dispuso a tomar el sol en una tumbona al lado de una amplia piscina climatizada en la que pasaba horas nadando.

Bastet, su pequeña gatita persa correteaba entre sus piernas. Desde pequeña siempre le habían gustado esos suaves animalitos. Y actualmente Stacy era la principal benefactora de la protectora de felinos de la ciudad.

Mientras se relajaba, pensó en cómo había logrado llegar a obtener esa vida apacible y desocupada. Su infancia no había sido fácil. Sus padres, siempre metidos en problemas y deudas, no se preocuparon en absoluto por su hija. Eso hizo que la pequeña Stacy pronto quedara bajo la tutela del Estado de Michigan, viviendo y estudiando en un internado público. Stacy pronto odió estar encerrada en esa institución, así que un buen día, aprovechó para escapar.

Su vida en la calle tampoco fue mucho mejor, se rodeó de compañías no demasiado buenas y subsistió como pudo. Durante varios años, la única compañía agradable que tuvo fue una pequeña colonia de gatos que cohabitaban con ella en el almacén abandonado que había convertido en su hogar. No era el estilo de vida que ella deseaba, pero prefería la libertad de la calle que la vida encerrada en el internado.

En la calle aprendió varias cosas, sobretodo a defenderse, pero también una forma de ganarse la vida a costa de los demás. Aprendió a forzar la cerradura de una vivienda, como entrar por una claraboya, a los doce años ya había abierto su primera caja fuerte. Quitar a los demás sus posesiones era mucho mejor que trabajar y ganarse el pan. Pero Stacy Clayton pronto aprendió otra cosa, que su cuerpo podía llegar a ser su mayor herramienta. Con dieciocho años recién cumplidos logró seducir a un rico empresario. Luego, afirmando ser menor de edad, mediante la extorsión y la amenaza de denunciarlo, consiguió exprimir al hombre hasta lo indecible. Gracias a ello, amasó una pequeña fortuna que le permitió salir de la calle y alquilar una bonita casa.

Gracias al pobre hombre, Stacy Clayton ya no tuvo que preocuparse más por el dinero. Pero pronto notó una preocupación inmediata: el aburrimiento. No soportaba el tedio de una vida sin preocupaciones, necesitaba acción, la vida cómoda le parecía soporífera. Y así que prosiguió con sus golpes a ricas residencias gracias a los cuales pudo cortar el vínculo con el millonario al que extorsionaba y que ya empezaba a aburrirle. Su vida volvía a estar llena de acción y rápidamente consiguió incrementar su incipiente fortuna.

Pronto se dio cuenta que era cuestión de tiempo que tarde o temprano alguien la descubriera o que la policía diera con ella. Así fue como poco a poco, Stacy Clayton creó la identidad de Felina. Con el dinero que había amasado compró una lujosa casa en las afueras, dotándola de un oculto sótano. También adquirió un traje táctico, varias herramientas punteras y una máscara que ocultara su rostro. En un pícaro impulso, mientras daba a su máscara el aspecto de su animal favorito, un nombre acudió a su mente: “Felina”. Sí, sonaba bien.

Sus primeras acciones como Felina, no fueron hacia el patrimonio de nadie, sino para asegurarse su propia seguridad. Sabía que si quería estar tranquila, debía mantener a raya a sus posibles perseguidores. No le fue difícil adentrarse en la intimidad de los principales jefes de policía, fiscales, jueces y políticos de la ciudad. Todos tenían algo que ocultar, algo oscuro que no deseaban que saliera a la luz. Un oscuro pasado, una amante, vergonzosas preferencias sexuales, corruptelas… Stacy Clayton fue averiguándolo todo, y bajo amenaza logró que la dejaran tranquila. Eso le permitió, dedicarse a lo que siempre había deseado: los grandes robos. Piezas singulares de museo, colecciones privadas de joyas, las más modernas cajas de seguridad de las grandes industrias… Nada de ello era obstáculo para la hábil ladrona que disfrutaba del riesgo sintiéndose inmune a la persecución policial. Mientras conservara sus archivos y su identidad no fuera revelada públicamente, se sentía segura.

Al final, todo aquello terminó por aburrirla un poco. Sus golpes cada vez eran más arriesgados pero ya no la satisfacían como antes. Todo cambió con la llegada a Detroit de un extraño personaje a quién la prensa bautizó como Shadow Angel. Sí, aquél sí que era un rival digno de ella. Desde que Felina supo de su existencia no hizo más que planear un enfrentamiento con el misterioso individuo. “¿Quién sería?” no dejaba de especular la villana “¿Un detective privado? ¿Un huérfano millonario?”. Finalmente Felina logró vencer y someter a Shadow Angel, descubriendo que bajo su identidad se ocultaba una recién llegada estudiante japonesa con sangre imperial.

Desde entonces, Mikoto Amy había sido su víctima favorita. Había seguido de cerca sus actividades, rescatándola una vez, forzándola a cumplir una misión para ella, había entrado en su vida privada… Sí, Felina podría decirse que empezaba a sentir cierta obsesión por Shadow Angel/Mikoto Amy. En cierto modo, envidiaba la vida regalada de la japonesa. Stacy Clayton había tenido que luchar duramente para llegar a dónde estaba. A Mikoto Amy nunca le había faltado de nada.

Mientras apuraba su cóctel, pensó en el atractivo novio de su sumisa heroína. Sí, ese chico era francamente atractivo. Pensando en como había acariciado su cuerpo hacía ya un par de meses, una placentera sensacióninvadió su cuerpo. “¿Por que no?” pensó divertida Felina. Al fin y al cabo, ella tenía a Shadow Angel en su poder, sabía que la japonesa no podría hacer nada contra ella mientras tuviera ciertos archivos de ella.

Con una sonrisa en la cara, cogió su teléfono móvil y tecleó un corto mensaje a Amy. “Quiero una cita con tu chico, a solas. Consiguemela y no hagas ninguna tontería o todos tus vídeos saldrán a la luz”. Satisfecha, se tumbó de nuevo al sol deseando leer la respuesta de la ninja. Fue su mente entrenada, la que le advirtió, casi en el último momento de que estaba en peligro.

En ese mismo instante.

Felina saltó ágilmente de la tumbona, plantándose al borde de la piscina y se encaró a su enemigo.

-¡Tu!- Gritó de sorpresa al ver a Shadow Angel frente a ella. Era obvio que algo había ocurrido para que la ninja se atreviera a plantarle cara. Pero no era el momento de hacer preguntas. Su preocupación inmediata era vencer a su rival.

Felina sabía que, vistiendo únicamente un pequeño traje de baño, estaba en clara inferioridad frente a la bien equipada heroína. La villana optó por un recurso que las pondría a ambas en igualdad de condiciones, con todas sus fuerzas embistió a la heroína.

Shadow Angel esperaba una maniobra así y actuó en consecuencia, girando el cuerpo intentó sujetar y derribar a su rival contra el suelo. Justo el tipo de maniobra que Felina esperaba que hiciera.Aprovechando la propia inercia de su cuerpo, la villana, tomando una bocanada de aire, realizó una voltereta. Voltereta que impulsó a ambas chicas a la tibia agua de la piscina.

La ninja enseguida notó como a medida que su tela se empapaba, sus movimientos se hacían torpes y lentos. No así los de la ladrona, que iba mucho mejor equipada para un combate en el agua. Felina atrapó la cabeza de Amy entre sus muslos, sumergiéndola mientras sus manos sujetaban los brazos de la ninja, impidiendo que pudiera alcanzar ninguno de sus artilugios.

La heroína estaba en inferioridad de condiciones, su rival la estaba llevando al fondo de la piscina y poco a poco empezaba a notar su falta de aire. Con una fuerza que nadie esperaría de una chica de su complexión, Felina la sujetaba firmemente impidiéndole alcanzar ninguna de sus armas. La ninja movía desesperadamente sus piernas, pero sus golpes eran lentos y apenas causaban daño a su enemiga. Aún así, no se rindió.

Felina aulló de dolor y soltando burbujas de aire alnotar los dientes de Shadow Angel morder su muslo con fuerza. Instintivamente, aflojó su agarre, dándole a la ninja la oportunidad de librarse de ella.

Amy tocó el fondo de la piscina, su prioridad máxima era conseguir una bocanada de aire, los pulmones le ardían y pronto se quedaría sin fuerzas. Impulsándose con las piernas, intentó emerger a la superficie, pero un tirón le impidió alcanzar el anhelado oxígeno. Furiosa, se dio la vuelta y vio a Felina agarrándola por el tobillo, y tirando fuertemente de ella, hacia el fondo.

Felina empezaba a acusar la falta de aire, pero sus pulmones, entrenados por las múltiples horas que se pasaba nadando en la piscina, estaban mucho mejor preparados para permanecer bajo el agua que los de la ninja. Justo cuando la tuvo a su alcance, le propinó una fuerte patada en el vientre.

La súbita patada hizo expulsar a Amy el poco aire que le quedaba en los pulmones, su cuerpo reaccionó instintivamente, intentando tomar una nueva bocanada. Amy notó desesperada, como el agua inundaba su tráquea. Como no lograse salir a la superficie, la pelea estaría sentenciada.

A la desesperada, aprovechando que momentáneamente se había separado de su rival, la ninja sacó dos shuriken de su cinturón, que usó para defenderse de su enemiga justo cuando intentaba agarrarla de nuevo.

Esta vez fue a Felina a quién se le escaparon burbujas del preciado aire al notar un fino corte en su mano. Aunque dentro del agua no viera con nitidez, tampoco le hacía falta, era obvio que la ninja la había atacado con alguna de sus cuchillas.

La villana comprendió que había perdido su ventaja. Su enemiga estaba armada, dejándola en clara inferioridad. Necesitaba algo con que igualar la pelea. Impulsándose con los pies, se apartó de la ninja, nadando rápidamente hacia la superficie.

Amy con sus últimas fuerzas, se dispuso a perseguir a su enemiga, pero su ropa limitaba sus movimientos. Felina salió del agua segundos antes que ella. La ninja debía impedir a toda costa que la villana lograse entrar en su casa y armarse.

Felina ni tan siquiera intentó impedir que Shadow Angel emergiera. No quería arriesgarse a otro corte con esas afiladas armas. Debía conseguir un arma y rápido. Rauda se dirigió al interior de su vivienda.

Torpemente, Amy salió del agua, tosiendo, escupiendo, y finalmente, recuperando el ansiado oxígeno. Pero su rival ya había cruzado la amplia vidriera que conducía al salón. Desesperadamente, lanzó contra ella sus afilados shuriken.

El reflejo en un espejo, advirtió a Felina justo a tiempo, haciendo una voltereta pudo esquivar a tiempo los peligrosos filos. Pero Shadow Angel contaba con ello. Justo cuando la ladrona se levantaba, la empapada ninja se abalanzó sobre ella, arrojándola contra un amplio sofá.

-Vaya, ¿tanta prisa tienes?- Dijo Felina permitiéndose una broma.- ¿No quieres esperar a llegar al dormitorio?

Con una patada bien dirigida a la entrepierna de la heroína, la villana se la sacudió de encima, y se dirigió hacia una panoplia de armas antiguas que tenía situada encina de una lujosa chimenea. Sus manos se aferraron a la primera arma que encontró, no tenía tiempo para escoger ya que la ninja se acercaba a ella con la katana desenvainada.

Felina paró la embestida con un antiguo khopesh de bronce, “obsequio” que había conseguido en un museo de Chicago. La arcaica arma, forjada con un metal menos resistente que la afilada hoja de la ninja, aguantó bien el envite.Sin conceder respiro a su enemiga, la villana contraatacó.

Shadow Angel desvió, no sin esfuerzo, los mortales golpes dirigidos por la antigua reliquia. Ambas chicas parecían auténticas fieras enzarzadas en una lucha a muerte. Una, vestida completamente de negro, parecía una ágil pantera. La otra, más alta, con su melena rubia y su bikini estampado, parecía una fuerte tigresa. Y como furias luchaban una contra la otra. Sobraban las palabras, ya llegaría el momento de hablar cuando una se proclamara vencedora.

La fuerza y el tamaño de la tigresa, parecieron imponerse por un momento ante la furiosa pantera, haciéndola retroceder. Felina no sólo era una maestra en el uso del látigo, también era una experta espadachina. Shadow Angel se sorprendió por la técnica de su rival, teniendo en cuenta que blandía un arma milenaria. Poco a poco, la pantera retrocedió hasta casi tocar la pared. La tigresa sonrió, lanzando su ofensiva final.

Pero por mucha fuerza e ímpetu que tenga una tigresa, siempre estará en inferioridad de condiciones si lucha en un terreno que no es el suyo. En la lucha a espadas, la pantera tenía el dominio absoluto. Ella, que había logrado vencer a enemigos cuya técnica de esgrima era muy superior a la de su actual enemiga, no iba a perder esa pelea. El acometimiento de Felina era justo la maniobra que esperaba.

Shadow Angel desvió el filo del khopesh con su katana mientras realizaba un pequeño movimiento curvo, acercándose a su enemiga mientras su mano izquierda sacaba un pequeño dardo de su cinturón.

Felina vio como, por pocos centímetros, el filo de su arma se desviaba de su objetivo. Demasiado tarde vio la maniobra de la ninja. Intentó sujetar la mano de su rival, pero la japonesa fue más rápida.

La ladrona notó un súbito pinchazo en su antebrazo derecho. Furiosa, levantó de nuevo su arma, pero notó como su brazo se entumecía por momentos, perdiendo toda su fuerza. Mientras el khopesh caía inofensivo al suelo, la visión de la villana se iba nublando.

-Maldita seas… ¿qué…?- Logró pronunciar antes de caer inconsciente a los brazos de su enemiga.

El dardo tranquilizante, había funcionado a la perfección. La ninja, no sin esfuerzo, llevó a la inconsciente rival hasta el sofá. Tumbándose en él instantes después. La pelea había sido más dura de lo esperado, y la ninja necesitaba descansar y recuperar aire para lo que quedaba por venir.

Una hora más tarde.

Cuando Felina volvió en si no pudo reprimir un grito de sorpresa. Pese a tener sus piernas libres, sus manos estaban esposadas al cabecero de su cama, y ante ella tenía una sonriente Shadow Angel. Aunque a decir verdad, no podía decirse que ante ella estuviera la heroína con la que había luchado antes.

-Hay que reconocer que tienes una casita preciosa.- Dijo Amy burlona.- La de cosas que una encuentra en tu sótano… Si es que se puede llamar sótano a ese amplio escondrijo que tienes oculto bajo el garaje. ¿Fue allí dónde me tuviste en un par de ocasiones? Por cierto, no me dices nada de mi nuevo atuendo ¿Crees que me queda bien?

Mikoto Amy vestía un atuendo táctico de cuero negro que le quedaba apretado contra su cuerpo, un atuendo que Stacy Clayton conocía bien, demasiado bien.

Amy había aprovechado el tiempo en que la villana había estado inconsciente para investigar la casa. Casi de casualidad había dado con el escondite secreto, oculto tras una falsa caldera. La ninja se había desprendido de su empapada ropa y como burla a su rival, había decidido vestir el atuendo de Felina. Incluyendo la característica máscara gatuna así como el látigo que sostenía entre sus manos.

Pese a que Amy era un poco más baja que la villana, aquél uniforme de cuero le quedaba bastante ceñido.

-Me pregunto como te lo haces para moverte con tanta agilidad. Si a mi me aprieta, a ti…

Felina la interrumpió con una burlona carcajada.

-¿Cómo lograste dar conmigo?- Le preguntó cambiando de tema.- No hace falta que te diga lo que ocurrirá si a mi me sucede algo, ¿verdad? Así que se una buena chica y sácame de aquí antes de que me enfade de verdad.

Le había costado mucho tiempo de investigación, semanas pateando las calles de Detroit esperando cruzarse con su presa. Si se lo proponía, Mikoto Amy podía pasar completamente desapercibida: un tinte de pelo castaño, cambio de peinado, gafas de sol que ocultaran sus rasgos asiáticos, maquillaje para broncear su pálida piel… y era una chica completamente distinta. Después de in intenso rastreo, finalmente lo había conseguido. Shadow Angel había dado con la identidad y residencia de Felina.

Amy torció una sonrisa. La adrenalina y la emoción sacudían su cuerpo. Había anhelado tanto este encuentro, tantas ganas tenía de darle una lección a la villana, que Claire, el Calvo y sus preocupaciones se habían esfumado de su mente. Ahora mismo sólo existían ella y Felina. Nada ni nadie iba a impedir que se deleitase con ese momento.

-¿Sabes? Para ir con esos aires de superioridad, no eres demasiado precavida. ¿Sabes lo singular que es tu voz?- Dijo Amy, que desde hacía unos meses bajo su máscara llevaba un modificador de voz para evitar que la reconocieran, obsequio de una antigua rival.- En cuanto a mis vídeos, ya llegaremos a eso…

Felina la interrumpió.

-Mira gatita, has demostrado tu carácter y eso está bien. Pero ahora suéltame y sólo te castigaré un poquito. No me hagas enfadar más o tu castigo será aún peor. En cuanto a tus vídeos, ni por un instante pienses que por tenerme esposada tu identidad está a salvo. Están en una carpeta privada en la nube, pero cada día debo introducir un código para que siga siendo privada. Cabréame un poquitín más y esta noche pasará a ser pública. Cualquiera que realice una búsqueda de google sobre Mikoto Amy o Shadow Angel le aparecerán tus interesantes vídeos y fotografías en los primeros resultados. ¿Qué te parece? Pórtate bien y no hagas más el tonto.

Amy meditó unos instantes, la idea de recibir un “pequeño castigo” por parte de Felina parecía incluso tentadora. Pero no, ella había venido aquí con un objetivo concreto y de hecho ya se esperaba algo así de su enemiga. Tan solo tenía que sonsacarle la contraseña y poder eliminar esos archivos. Sí, podría ser divertido y todo, pensó Amy mientras acariciaba suavemente el látigo de Felina.

-Date la vuelta. ¡Boca abajo!- Ordenó autoritariamente a la villana.

Felina aprovechando que tenía sus piernas libres, intentó propinar una patada en el rostro de Shadow Angel, movimiento que la ninja intuyó y evitó sin dificultad.

-Tu misma.- Le dijo en tono indiferente.- O te azoto por delante o por detrás, tu eliges. Sea del modo que sea, tu cuerpo va a probar tu látigo.

La mirada de la heroína no dejaba lugar a dudas. La chica iba en serio. Así que, puestos a elegir, la ladrona prefirió no poner su rostro ni sus pezones en peligro. Refunfuñando y murmurando se dio la vuelta, dando la espalda a la japonesa.

-¿Todo eso es por él, verdad? Porque me aproveché de tu estúpido novio… Hace unos meses no te abrías atrevido ni a alzarme la mirada.- Dijo Felina antes de hundir su cara en el cojín.

-Todos tenemos un tope de humillación que podemos aguantar. Personalmente, lo habría aguantado todo de ti, todo menos ver impotente como ponías tus lascivas manos en la piel de Tom.- Respondió Amy preparando el látigo.

-¿Así que todo eso es por un hombre?- Dijo Felina burlona girando la cabeza.- Aún te queda mucho por aprender muchacha. Tu amado Tom no es diferente a los otros, ahora te dice que te quiere, que te ama, pero en cuando se canse de ti…

La villana no pudo terminar su frase. El chasquido del látigo cerca de su oreja le indicó que era mejor callarse. Había tocado un tema sensible y en su actual postura tenía todas las de perder.

-Qué sabrás tu de Tom.- Respondió la ninja visiblemente enfadada.- Aunque no es el único motivo por el que estoy aquí…

Aunque Amy decidió callar, no quería dar demasiada información a la ladrona o todo podía irse al traste. Por un momento se había dejado llevar por las emociones y eso era algo que no podía permitirse. Con una soga sujetó los pies de la villana a las patas de la cama, y acariciando suavemente su piel, empezó a soltarle los nudos del pequeño bikini.

La heroína se detuvo unos instantes a contemplar el cuerpo desnudo de su enemiga. Después de tantos meses de su primera derrota, ahora los papeles se habían intercambiado. Los dedos de la japonesa recorrieron la espalda de la ladrona, acariciando sus marcadas curvas, deteniéndose en el firme culo de Felina, acariciando la zona de piel en la que se apreciaba la pálida marca del bañador. Menos de un tercio de la tersa piel del culito de la villana tenía un claro tono pálido. El resto del glúteo tenía una tonalidad morena. A Stacy Clayton le gustaba presumir de su envidiable culo. Amy sonrió, aquello prometía ser entretenido.

-Tienes dos opciones, me das ahora la contraseña y permitas que acceda y borre mis archivos y todo se termina aquí. O, me lo pones difícil y me fuerzas a obligarte.- Dijo Shadow Angel imperativa.

Una sonrisa afloró en el rostro de Felina. Sí, su “gatita” estaba demostrando tener más determinación de lo que ella contaba. Pero la conocía bien, luchando se aprende mucho de una persona. Alguien que había invertido parte del tiempo en que había estado inconsciente en vendarle la pequeña herida producida por el shuriken, no iba a hacerle daño de verdad. Por otro lado, Felina notaba como la libido iba apoderándose poco a poco de su cuerpo. Su carrera como ladrona había estado sembrada de victorias, las únicas veces que se había sentido dominada por alguien había sido en juegos sexuales previamente consensuados. Así que esa era la primera vez que Felina/Stacy Clayton se sentía realmente impotente, a merced de una persona que podría hacer con ella lo que deseara. Y aquello la excitaba. Un pensamiento cruzó su mente “¿así también se sintió ella cuando la derroté en aquella fábrica?”.

Su decisión estaba tomada.

-¿Quieres tus malditos archivos? ¡Lucha por ellos!- Le dijo burlona.- Demuestra hasta dónde eres capaz de llegar.

Felina sabía que Amy se estaba marcando un farol. No, la heroína no era de las que torturarían a una persona indefensa.

Shadow Angel frunció el cejo al escuchar las últimas palabras de la villana. Así que tendría que ser por el camino difícil entonces. Sujetando firmemente el látigo, lo levantó por encima de su cabeza y lo lanzó contra la esposada chica.

Felina ahogó un alarido al notar la punta de su propio látigo impactar en su desprotegido trasero. Para su sorpresa, le dolió más la humillación de verse indefensa, azotada por su propia arma que el azote en sí. Amy debería esforzarse un poco más si quería conseguir lo que anhelaba.

-¿Eso es todo lo que sabes hacer? Deberás esforzarte un poco más, gatita.- Dijo burlona mientras movía su trasero de forma provocativa.

La mueca burlona de Felina la impulsó a darle otro azote.

Felina se burló cada vez que se sentía fustigada, incitando más a su enemiga. Si Shadow Angel pretendía excitarla, lo estaba consiguiendo, cosa distinta es que con ello lograse que la villana se amedrentase.

Cualquier otra persona no se habría divertido tanto de estar en la situación de la ladrona. Los golpes de Amy eran suficientemente fuertes como para hacer chillar de dolor a cualquier chica, pero no a Stacy Clayton. Ella quede pequeña había soportado todo tipo de penurias y maltratos, había aprendido a resistir bien el dolor.

-¿Sabes? Creo que tu novio sabría usar conmigo el látigo mucho mejor que tu.- Dijo Felina con una sonrisa.

Aquél comentario hizo que Amy incrementara la fuerza de sus azotes, pero su enemiga seguía burlándose de ella. Al final optó por dejar el látigo en una mesilla e ir a buscar su cinturón.

La ventaja de “trabajar” para cierto individuo calvo, era que Amy tenía acceso a cierta substancia para facilitar su interacción con los “clientes”. Sustancia que ahora podría serle de gran utilidad. De uno de sus compartimientos, sacó un pequeño frasco y se acercó a la indefensa chica.

La ninja acarició suavemente el culito de su enemiga, recorriendo con sus dedos cada una de las marcas causadas por el látigo. La japonesa, experimentó otra sensación, una comezón que poco a poco se adueñaba de ella. Sí, azotar a la desnuda e indefensa villana la había excitado.

Antes de ponerse el uniforme de su enemiga, se había desprendido de toda su empapada ropa. Ahora pensaba que tal vez no había sido buena prescindir también de sus piezas de ropa más íntimas. El uniforme de Felina se adhería a su húmedo cuerpo como una segunda piel, presionando sus labios vaginales, lo que favorecía su excitación. Se contempló por unos instantes en el espejo de la habitación. El apretado traje no dejaba mucho lugar a la imaginación, marcando sus pezones y su entrepierna. “¿Cómo se lo hará para combatir con agilidad con ese uniforme tan apretado?” se preguntó nuevamente en silencio.

La diferencia que marcaba llevar el traje de forma cómoda como Felina o tan apretado como Amy, no estaba en la estatura sino en la talla de busto. Los pechos de Amy eran un par de tallas superiores a los de la villana. De hecho a la ninja le había costado bastante cerrar la cremallera del uniforme. Stacy Clayton con unos firmes pero pequeños pechos, únicamente precisaba una talla 85 de sujetador.

Aunque no todo podía achacarse al apretado traje. Era la segunda vez que Amy se veía dominante ante una enemiga vencida, y aquello le producía cierta excitación fetichista. Saber que podría hacer cualquier cosa con la villana, llenaba su cabeza de excitantes ideas.

Felina no pudo reprimir un gemido espontáneo cuando notó los dedos de Shadow Angel adentrarse con facilidad en su vagina.

-Vaya vaya… a la gatita le gustan los azotes.- Dijo Amy al percatarse de la excitación de su rival.

-No tanto como te gustarán a ti cuando me libere.- Replicó la ladrona.

-Eso ya lo veremos…- Respondió la japonesa mientras quitaba el tapón al frasco y lo acercaba a la húmeda vagina de la esposada chica.

Stacy Clayton primero notó un contacto duro y frío. Movida por la curiosidad, intentó voltear su cabeza para ver qué tramaba la heroína, pero sus firmes sujeciones le impedían verlo con claridad. Instantes después notó como una cálida sustancia la inundaba por dentro, como si la japonesa estuviera vertiendo aceite o gel de baño en su interior. Pero pronto notó como aquello no era ninguna de ambas cosas. Aquél fluido le provocaba una extraña sensación, un súbito escalofrío recorrió su cuerpo para enseguida notar ciertos cambios. La villana notó como sus músculos vaginales se endurecían a la vez que su vagina dilataba. Notó como su cuerpo segregaba mayor cantidad de fluido y como su clítoris se endurecía. Inconscientemente, se vio frotando su sexo con las sábanas de su cama, buscando incrementar su estimulación. Buscando un orgasmo. Sin ser consciente, empezó a gemir.

Amy desató las piernas de su enemiga, indicándole que se tumbara boca arriba. Felina obedientemente giró su cuerpo, y mirando lascivamente a su vencedora, abrió sus piernas. La villana, sumisa, dejó que la heroína volviera a atar firmemente sus piernas, de forma que no pudiera cerrarlas. Erróneamente, creía que la ninja quería tenerla de frente para poder gozar de su cuerpo, tal como ella había gozado del suyo cuando la tuvo prisionera. Pero Amy tenía otras intenciones.

Amy, comprobó que sus esposas estuvieran firmemente sujetas al bonito cabecero de forja estilo modernista. Precisamente las filigranas metálicas del cabecero se lo habían puesto fácil a la ninja a la hora de esposar a su rival.

Mientras Felina se contorsionaba, insinuándose ante ella, Amy contempló detalladamente el bonito cuerpo de su rival. Su cabello rubio contrastaba con unos oscuros y seductores ojos. Su piel a base de tomar el sol había adquirido un tono uniformemente moreno salvo en las zonas íntimas que cubría el bañador. Sus pechos pálidos y firmes, aunque no voluminosos, tenían un sensual atractivo. A base de horas de intenso ejercicio, la chica tenía unos tonificados músculos, y unas seductoras caderas. Amy no pudo evitar acariciar el pálido pubis de la villana, perfectamente rasurado salvo por un pequeño triangulo de corto vello.

Amy resistió el impulso de tumbarse encima de Felina y hacerla suya. No había puesto a la ladrona en esa postura para su deleite. Boca arriba, le sería imposible provocarse el orgasmo que su cuerpo ansiaba. Amy necesitaba un dato concreto de su enemiga, y para ello tenía que hacerla sufrir. El castigo físico había demostrado ser inútil, pero por suerte, había otros métodos mucho más eficaces.

Felina conocía su cuerpo a la perfección como para saber que su intensa libido se debía a algún tipo de sustancia que le había aplicado su enemiga. Ello hacía su situación muy desesperada, era obvio que la heroína no iba a concederle lo que deseaba, no hasta que ella le diera cierta información. La villana también sabía cuando había sido derrotada. Sus pezones estaban endurecidos, su piel empezaba a sudar, su respiración era agitada, se mordía con fuerza el labio para no dar el placer a Shadow Angel de escuchar sus gemidos desesperados.

-Podemos seguir así toda la tarde.- le susurró Amy mientras sus hábiles dedos masajeaban el húmedo clítoris de la villana para instantes después detenerse.- Tarde o temprano tu voluntad se va a quebrar. Dime, ¿cuánto tiempo más crees poder resistir? ¿Me vas a dar ahora lo que quiero? ¿O te hago sufrir un poco más?

Amy volvió a rozar con su mano la entrepierna de su rival, un contacto ligero, lo justo para que Felina se estremeciera de placer frustrado. Su dedo índice frotaba intermitentemente su clítoris, privándola constantemente de su anhelado clímax. La ladrona ya no podía resistir los gemidos de frustración. No tenía ningún sentido continuar resistiendo, tarde o temprano su voluntad se quebraría. Así que no tuvo más remedio que claudicar y decirle a Amy lo que deseaba, únicamente lo que ella quería.

Con una sonrisa de victoria, Shadow Angel se apartó de la cama y se dirigió a la bonita estancia que Stacy utilizaba como despacho. Justo cuando volvía a la habitación, llevando consigo el moderno ordenador portátil de la villana, el sonido del timbre sobresaltó a ambas chicas.

Aquello dio a Amy una idea.

-Lo siento, pero necesito que estés calladita unos minutos. Debo atender una visita.- Dijo mientras introducía la parte inferior del bikini en la boca de Felina para acto seguido terminarla de amordazar con la parte superior.

Sí, no era la mejor mordaza, pero cumpliría su propósito. Satisfecha, la japonesa bajó las escaleras y se dirigió al vestíbulo.

La villana, entre excitada e intrigada intentó parar la oreja. ¿Quién sería a estas horas? ¿Qué tramaba la heroína? Escuchó como se abría la puerta.

-Ho… hola creo que antes me dejé mi teléfono.- Escuchó decir a una conocida y joven voz masculina.

-Adelante, pasa pasa… oh ¿este atuendo? estábamos haciendo una pequeña fiesta de disfraces… Ven, sube, te está esperando…- Stacy atisbaba a escuchar frases sueltas de Amy mientras escuchaba como los pasos se iban acercando al dormitorio.

Su excitada mente estaba furiosa, le atraía la perspectiva de ser dominada por su enemiga victoriosa, pero no por un jovenzuelo afortunado. Cuando saliera de allí, Shadow Angel se las pagaría muy caras. Si las miradas pudieran matar, las dos personas hubieran caído fulminadas en el mismo instante en que cruzaron la puerta de la habitación.

-¿Te gusta como la ves?- Dijo una sonriente Amy a un sorprendido chico.

Acompañando a la ninja, acababa de entrar en escena el jardinero de Stacy Clayton. Un chico joven, de 19 años, que se pagaba sus estudios cuidando del amplio jardín de la villana tres días a la semana.

Pese a que el chico era de complexión flaca, con su tez morena y su metro ochenta de altura, no se podía considerar poco agraciado. Pese a ello, Stacy nunca había sentido ningún tipo de atracción física hacia su jardinero. Demasiado tímido y poco espabilado para los gustos de la villana. Aún así, a ella le gustaba sentirse deseada por el tímido jardinero que no tenía el descaro suficiente para intentar aprovecharse de la situación. A la rubia, deleitaba sorprender al chico mirándola embobado mientras ella realizaba intrincadas posturas de yoga con su top y su pantaloncito de chándal ajustado.

En otras ocasiones, se ponía a tomar el sol en diminutos atuendos mientras el chico estaba trabajando cerca de la piscina. Le encantaba ver como el chico se ruborizaba cada vez que ella le pedía que untase la piel de su espalda de crema solar. Sí, a Stacy le encantaba sentirse objeto de deseo, saber que lo primero que haría el chico al llegar a casa sería masturbarse pensando en su atractiva “empleadora”.

Pero tenerlo enfrente mientras ella estaba completamente desnuda y atada, no le hacía ninguna gracia.

Ambas chicas contemplaron, con distinta expresión, como el bulto en la entrepierna del chico aumentaba de tamaño al contemplar a su “jefa” en tan sugerente postura.

-¿Te gusta lo que ves?- Le susurró picarona Amy.- Pues es toda tuya.

El chico la miró extrañado.

-¿Se te ha comido la lengua el gato? ¡Venga! no te va a morder.- Insistió Amy mientras se sentaba cómodamente en una butaca con el ordenador en el regazo.

No hizo falta que le insistiera por tercera vez. Oportunidades como aquella no se presentaban todos los días. Torpe y apresuradamente, el chico se desprendió de su camiseta y sus pantalones, para después quitarse la ropa interior, revelando un duro y erecto miembro.

Ver como Amy lo contemplaba divertida, no le hizo demasiada gracia. Aunque para él no sería su primera experiencia sexual, sí que era la primera vez que lo hacía con una tercera persona mirando la escena. Pasado el primer momento de corte, aquello incluso le pareció estimulante. Sería como actuar bajo la atenta mirada de una maestra.

Sin más preámbulos, el chico se tumbó encima de Stacy e introdujo su miembro en la húmeda vagina. Sorprendiéndose de lo fácilmente que entró y por el intenso gemido de placer que la chica no pudo reprimir a través de la improvisada mordaza. El chico, por primera vez se deleitó con aquellos firmes y pálidos pechos que siempre había tenido vedados y que tantas fantasías le habían dado. Acariciándolos, pellizcando los endurecidos pezones de la villana, primero con suavidad, luego con más firmeza. El chico hacía auténticos esfuerzos para retrasar al máximo su eyaculación. Demasiado tiempo anhelando un momento así como para desperdiciarlo en pocos segundos.

Shadow Angel observaba de reojo a la pareja mientras accedía a la carpeta con sus archivos. Por un instante se sintió tentada de examinar aquellos vídeos, allí estaba todo, su primera derrota, su peor humillación, la sumisión de Estrella Polar… Pero resistió la curiosidad. “No, mejor no saber nada de eso” pensó mientras borraba los archivos para acto seguido formatear el disco duro del ordenador. Satisfecha, suspiró aliviada, había recuperado una parte de su vida. Luego centró su atención en la villana y el chico.

Felina pese a no estar en riesgo de quedar embarazada, rabiaba por dentro. Una cosa era que la victoriosa heroína usara su cuerpo a placer, tal como ella había hecho meses antes, y otra muy distinta que la dejara a merced de un advenedizo chico. Su cuerpoen cambio reaccionaba placenteramente a cada estímulo del chico. La mordaza poco disimulaba sus gemidos de placer al notar el duro miembro del chico penetrar en su húmedo interior. Su cuerpo se arqueó al notar los labios del chico succionar sus pezones mientras sus temblorosas manos recorrían todo su cuerpo, deteniéndose en ese trasero que tantas veces había untado de crema solar. La chica se estremeció unos instantes al notar como pellizcaba su azotado glúteo, pero con la mirada indicó al chico que no se detuviera.

Ver como el chico se aprovechaba de la indefensa villana. Contemplar como su enemiga soportaba el abuso entre silenciados jadeos, llevó a Amy a la excitación. Ella nunca hubiera dicho que se podría sentir excitada al contemplar a dos personas teniendo sexo. Pero aquella no era una situación ordinaria. Era la satisfacción de saborear la derrota de su enemiga, verla sucumbir al placer como ella había sucumbido, lo que estimulaba a la heroína.

Notándose cada vez más húmeda, decidió desabrocharse la cremallera frontal del apretado uniforme de felina. Cremallera que llegaba hasta su sexo. Para acto seguido, darse placer a si misma mientras contemplaba excitada la escena. Excitada como estaba por el roce del traje, por haber desnudado y azotado a Felina, no tardó en alcanzar el orgasmo. Ni tan siquiera intentó disimular sus gemidos de placer, al contrario, le divirtió exagerarlos ante el inexperto chico.

El chico miró a la enmascarada chica de reojo. Había algo en todo aquello que le inquietaba. ¿Qué extraño juego había entre ambas chicas? Pero su mente no estaba como para poder pensar en muchas cosas. La villana alcanzó un intenso clímax, mordiendo con fuerza la pieza de ropa que tenía entre los dientes mientras hacía fuerza con los brazos y las piernas para exprimir al máximo su momento de placer. El afrodisíaco había llevado su libido al límite y ahora gozaba como nunca lo había hecho. Hasta el punto que el chico se sorprendió al ver como su bonita empleadora se fundía en un abundante squirting.

Él nunca había visto a ninguna chica experimentar algo así, y se sorprendió al ver la cantidad de líquido incoloro que afloraba de la vagina de Stacy mientras la seguía penetrando. Pese a que hacía auténticos esfuerzos para retrasar al máximo su eyaculación y poder gozar así de aquél hermoso cuerpo, no tardó en llegar al límite. Inundando la vagina de la chica con su abundante eyaculación. Él nunca había experimentado algo tan intenso.

Agotado, se tumbó en la cama al lado de la villana, mientras sus manos, inconscientemente recorrían su morena piel. Pensando que tal vez, después de aquello, la actitud de Stacy con él cambiara. Tal vez a partir de ahora podría gozar a menudo del sensual cuerpo de la rubia. Pero simplemente el chico estaba dejando volar demasiado sus fantasías.

Entonces giró su cabeza hacia la otra, contemplando como la enmascarada lidiaba con la cremallera del uniforme. Intentando subirla, había quedado encallada justo un poco más arriba de su ombligo. Con el traje medio abierto, los bonitos pechos de Amy quedaban parcialmente al descubierto, ella no tardó en reparar en la mirada del chico.

-¡Tú!- Escuchó como le decía imperativamente.- ¿Se puede saber qué estás haciendo? Ven y ayúdame con eso.

El chico se incorporó sobresaltado, mirando intrigado a la chica vestida como una dominatrix gatuna. Mientras él intentaba liberar la cremallera, su mirada no se apartaba de aquellos sugerentes pechos que se movían al ritmo de la respiración de la japonesa. Stacy Clayton tenía un cuerpo envidiable, pero aquella enigmática chica que se ocultaba tras una máscara gatuna tenía unos pechos perfectos. El chico no pudo evitar dirigir una de sus manos hasta aquellos sensuales senos.

Amy no pudo reprimir un gemido al notar la mano del chico meterse dentro del cuero y acariciar su pecho izquierdo. Por un instante estuvo tentada de apartarlo de un manotazo, pero por un extraño motivo, se dejó hacer. El chico, al ver que ella no rechazaba su contacto sino que además parecía acomodarse en la butaca, se recreó en ello, pellizcando su endurecido pezón.

Aquello a Amy se le estaba escapando de las manos. No entraba en sus planes dejarse tomar por ese jovenzuelo, pero en cambio su mirada no se apartaba del nuevamenteerecto falo. La japonesa consultó su reloj, aún disponía de un poco de tiempo.

Hizo un gesto al chico para que lo ayudara, esta vez a desprenderse del apretado traje de cuero. El chico encantado pareció no tener problemas con bajar la cremallera que instantes antes tanto costaba subir. Y pronto, la japonesa se vio totalmente desnuda salvo por su máscara y unas botas de cuero de caña alta.

Inclinándose un poco en el asiento, la heroína abrió sus piernas. El chico se detuvo unos instantes a contemplar el desnudo cuerpo de aquella desconocida. Su pálida piel y su cabello oscuro contrastaban con la morena piel de la rubia. Su mirada subió de las botas, pasando por los firmes muslos desnudos de la chica. Cuando posó sus ojos sobre un diminuto tatuaje, la chica lo abofeteó súbitamente.

-¡Mírame a la cara! O las tetas, si prefieres…- Le ordenó mientras el chico se recostaba encima de ella.

Amy dejó escapar un suspiro de placer al notar como el miembro del chico penetraba suavemente dentro de ella.

Para el joven jardinero sería imposible determinar cuál de ambas chicas le parecía más atractiva. Ambas poseían una belleza salvaje. Nunca había tenido a su disposición dos chicas tan atractivas y a la vez tan distintas. Mientras que con Stacy había disfrutado enormemente de la sensación de tener una chica indefensa, a su plena disposición, poder hacer con su cuerpo cuanto había deseado… Con la enmascarada chica fue distinto, ella fue pura pasión desenfrenada. Amy no dejó en ningún momento que el chico la besara ni recorriera su cuerpo con sus manos. Era ella la que mordía con dureza los pezones, el cuello, el lóbulo de su oreja, arañando la piel de su espalda. El chico primero se sorprendió de tanta brusquedad, pero pronto encontró en ello cierto placer, incrementando sus embestidas a la chica.

Amy dirigió una pícara mirada a Felina al percatarse que la estaba observando copular con su jardinero. Y de pronto, como una revelación, comprendió que no era el chico quién la estaba excitando tanto, sino sentir el sabor de la victoria. Lo que le concedía tanto placer era ver como la indefensa villana no podía hacer otra cosa que contemplarla mientras ella gozaba libremente, copulando en su habitación mientras vestía su uniforme. Con un gesto brusco, apartó el chico.

El chico estaba frustrado por su interrumpido coito, e intentó insistir a la chica que aún no había terminado. Pero la mirada de Amy no dejaba lugar a dudas. Se había acabado la diversión, o al menos, parte de ella.

-Si quieres, túmbate en la butaca y disfruta el espectáculo.- Le dijo Amy lascivamente mientras se dirigía a la cama.

El chico, obedeció, viendo como la enigmática enmascarada retiraba la improvisada mordaza de Stacy, para acto seguido sentarse encima de su cara. Stacy al verse libre de la mordaza intentó decir algo pero sus palabras fueron ahogadas por la húmeda entrepierna de la ninja presionando contra su cara. Instintivamente, la villana empezó a lamer aquello que se le ofrecía.

Shadow Angel miraba divertida al chico mientras movía suavemente sus caderas, restregándose por toda la cara de Felina. Involuntariamente, el jardinero dirigió su mano hacia su palpitante miembro y empezó a masturbarse ante aquél espectáculo.

Ni en sus mayores sueños se habría imaginado nunca que podría participar de algo así. La escena que contemplaba era infinitamente más excitante que cualquier vídeo que hubiera visto nunca.

Amy no dejó en ningún momento de contemplar al chico. Pronto, el hábil movimiento de la lengua de Felina, el contacto de su nariz y la emoción de su total victoria fue demasiado. Mientras el chico eyaculaba, vio como la enmascarada se tapaba la boca con la mano para mitigar su intenso orgasmo.

Sí, aquello había sido intenso. La mente de Shadow Angel pronto recuperó la compostura, se apartó de la villana y de nuevo volvió a amordazarla. Bruscamente se dirigió al chico que se había tumbado relajadamente en la butaca.

-¡Vístete!.- le dijo imperativamente.

Fue suficiente con que la pantera volviera a coger el látigo para que el jardinero comprendiera que la fiesta había terminado para él. Así que procedió a vestirse apresuradamente para, después de recoger sus cosas, dirigirse a la salida.

La japonesa desistió de volver a enfundarse en el uniforme de Felina, no quería volver a pelear de nuevo con esa maldita cremallera. Así que, desnuda, salvo por la máscara y las botas, interceptó al chico justo cuando alcanzaba la puerta.

-¡Dime! ¿Crees que ella hubiera tolerado que te aprovecharas de ese modo de su cuerpo?.- Le preguntó.

-N… no… ella nunca…- balbuceó el chico, que no comprendía a donde quería llegar la enigmática desconocida.

-Bien, así que dime, ¿Cómo crees que se va a tomar el hecho que hayas abusado de ella mientras estaba indefensa?- Volvió a preguntarle.

-¿Co…cómo? si… si yo solo… es decir tu…- Balbuceó el chico sin comprender.

-Sí, yo he atado a tu “jefa” a la cama y mientras estaba indefensa, tu en lugar de liberarla te has aprovechado de ella. Así que ¿crees que estará muy contenta contigo?

-Yo… yo no… no…- El chico cada vez estaba más asustado y no sabía que responder. Stacy nunca había mostrado ningún tipo de interés por él más allá de su trabajo como jardinero. Ahora estaba convencido que, de alguna forma, había sido un error terrible aprovecharse de la chica.

-Bien, sigue mi consejo, será mejor que no te acerques por aquí en una buena temporada.- Le dijo Amy mientras lo arrojaba fuera y cerraba la puerta.

El joven jardinero, asustado por las últimas palabras de la chica, subió nervioso a su furgoneta, perdiéndose rápidamente en las calles de la urbanización. No, mejor no aparecer por esa casa en una temporada.

Amy hizo un suspiro de resignación. Llegaba la parte más difícil de todas. Se dirigió al lavadero de Felina y recogió de la secadora el uniforme de Shadow Angel junto con su ropa interior. Se sintió nuevamente cómoda al vestir otra vez su resistente traje. A diferencia del de la villana, este se adaptaba perfectamente a su silueta sin apretarla por ningún sitio. La heroína había tenido la precaución de llevar el pequeño modificador de voz bajo la máscara gatuna, así que estaba convencida que el joven jardinero no podría identificarla.

Shadow Angel volvió a la habitación dónde había dejado a Felina y, se acomodó de nuevo su cinturón y sus artilugios. La chica sacó un teléfono móvil de un compartimiento estanco y marcó un número que se sabía de memoria. Los ojos de Felina se abrieron como platos al escuchar lo que decía la heroína.

-He cumplido mi parte, tengo una chica… Sí, ahora os mando la dirección por mensaje… Espero que cumpláis vuestra parte.

Aquello no podía estar sucediendo. Felina no se creía que Shadow Angel estuviera dispuesta a venderla, seguro que aquello no era más que una broma de mal gusto por parte de la ninja. No, la heroína era una chica buena, nunca se atrevería a ello. Las palabras que le dirigió la ninja la dejaron helada.

-Lo siento, ya no soy la chica inocente a la que una vez derrotaste. En este mundo siempre hay un depredador más grande, y yo he caído en manos de uno.

Shadow Angel, después de recoger el uniforme y el látigo de Felina, abandonó la habitación dejando a la villana sola intentando gritar enfurecida a través de la mordaza. En una mesita localizó el teléfono de la villana, que destruyó de un taconazo. Aquello le estaba siendo más difícil de lo que la heroína había previsto. Así que subió al tejado, esperando que llegaran.

El Calvo únicamente le había prometido la libertad de Claire a cambio de algo. Que capturara una chica para su “negocio”. Él deseaba que Shadow Angel se ensuciara las manos. El cuerpo de la heroína y de la aristócrata a cambio de no publicar sus humillantes imágenes y no explotar a su amiga. Pero para liberar a Claire, le exigió, otra chica a cambio. Oculta en el tejado vio una pequeña embarcación de recreo se acercaba por el lago.

La barca de detuvo enfrente de la mansión, dos tipos bajaron a tierra y entraron en la mansión. Minutos después salieron sujetando a una inconsciente Stacy Clayton. La ninja se preparó para saltar sobre ellos. No iba a permitir que entraran a la rubia en la embarcación si antes no veía a Claire. Pero no hizo falta. Alguien empujó a la asustada pelirroja por la borda. La chica, chapoteó en el agua y empezó a correr calle abajo. Claire vestía un chándal deportivo y parecía estar bien. La ninja se dispuso a salir de su escondite e ir a su encuentro cuando vio aparecer un coche patrulla por la esquina que recogió a su amiga.

Al ver aparecer el vehículo policial, la pequeña embarcación desapareció en la solitaria agua de Orchad Lake. La heroína decidió que allí ya no podía hacer nada y se dirigió a su domicilio.

Eran las seis de la tarde y el sol aún brillaba con fuerza. Shadow Angel no estaba acostumbrada a salir a plena luz. Lo más prudente sería que fuera Mikoto Amy y no Shadow Angel quien circulara por la calle. Así que la ninja volvió a entrar en la amplia vivienda, cambiándose nuevamente de ropa. Localizó una enorme bolsa de deporte provista de ruedas, pensada para llevar todo un voluminoso equipo deportivo.

La ninja no cayó en ello, había pasado casi una eternidad para ella, pero esa bolsa era la misma en la que la villana meses antes, había metido a una asustada Shadow Angel para sacarla de una fábrica de golosinas.

Amy metió en la amplia bolsa su uniforme y todas sus armas, y, después de pensarlo unos instantes, metió también en ella el traje de Felina. Acto seguido, se vistió con un cómodo chándal que encontró en el vestidor de Stacy y, asegurándose que nadie la veía, salió a la calle.

Mientras se dirigía a su apartamento, Amy meditó profusamente sobre que le había impulsado a llevarse también el uniforme de la villana. Tal vez fuera el mismo impulso por el que los cazadores de antaño decidían quedarse como trofeo la piel de de la fiera que tanto les había costado cazar. Sí, Shadow Angel lo había logrado, había vencido a Felina y había eliminado los vídeos con los que la villana podía coaccionarla. Aquello cerraba una etapa para la chica, y como trofeo de su agridulce victoria, se llevaba la piel de la salvaje tigresa.

Una hora más tarde

Amy llegó bastante agotada a su apartamento. La primera parte de su plan estaba en marcha. Sin saberlo, el Calvo con su inflexible propuesta, le había dado a Shadow Angel una arriesgada salida a su situación. La heroína era plenamente consciente que, mientras aquella banda tuviera a Claire, no podía actuar contra ellos. La única forma que tenía de sacar a Claire de allí era entregar a otra inocente chica. En principio aquello estuvo fuera de las intenciones de la ninja. No, pese a haber aceptado inicialmente, ella no iba a entregar a nadie a aquél asqueroso individuo. Ni siquiera como “cambio de cromos” por su amiga. Simplemente era incapaz de hacerlo.

Entonces una loca idea había acudido a su mente mientras se lamentaba en su cama. ¿Y si les entregaba una chica no tan inocente? Entonces en su cabeza se había empezado a trazar un plan. Ella conocía perfectamente a Felina, sabía que era una luchadora. Era alguien que no se quedaría de brazos cruzados mientras aquellos tipos pretendían prostituirla. Sin que ellos lo supieran, Amy había metido una peligrosa fiera justo en el centro de actividades de aquellos despreciables individuos.

Sí, Felina lucharía, y, como había hecho Shadow Angel meses antes, seguramente encontraría la forma de liberarse, causándoles a aquellos tipos un problema que no podrían ignorar. Aquello daría a Shadow Angel la oportunidad de localizar su guarida y entrar a rescatar al resto de chicas que tuvieran retenidas y conseguir aquellos archivos que tenían de ella. Era un plan arriesgado y con demasiados inconvenientes, pero era el único que tenía ciertas posibilidades de éxito. Tan solo esperaba que Claire, una vez libre, en su modo de actuar impulsivo, no echara su débil plan por los aires.

Lo que no sabía Amy, era que el Calvo no había cumplido su palabra. Aunque si hubiera meditado un poco sobre ello, se habría dado cuenta que había algo raro en la súbita aparición de ese coche patrulla.Los “agentes” que habían recogido a la pelirroja estaban a sueldo de la banda. En lugar de llevar a Claire a un lugar seguro, la habían conducido de nuevo hacia su guarida. Sí, el Calvo pensaba exprimir a Shadow Angel hasta lo indecible, tenía ciertos planes para ella, y para eso precisaba a esa bonita pelirroja que tanto importaba a la heroína.

Mientras meditaba sobre su plan, Amy encendió su teléfono móvil. La mayoría de mensajes eran de sus amigos, preocupados por su estado de salud, a los que despachó con un simple “bien”. Pero pronto se centró en un mensaje enviado horas antes por un contacto desconocido. Un contacto cuya foto de perfil era una huella de gato, que la japonesa reconoció perfectamente. Mientras lo leía, los colores se le subieron a la cara:

“Quiero una cita con tu chico, a solas. Consíguemela y no hagas ninguna tontería o todos tus vídeos saldrán a la luz”

-¡Que de den Felina!- Gritó enfurecida la chica. Ahora ya no le apenaba tanto haberla entregado.- ¡Sea lo que sea lo que te hagan, te estará bien empleado!

El timbre de la puerta interrumpió los pensamientos de Amy. Por un momento estuvo tentada de no acercarse y hacer ver como si no estuviera en casa. Pero al final su curiosidad pudo con ella. “Cómo sean Tom y los chicos no pienso abrir” pensó mientras oteaba por la mirilla.

A veces, cuando elaboras un plan con todas las probabilidades en contra, las cosas simplemente no salen como las has planeado. Los acontecimientos estaban a punto de precipitarse mucho más rápido de lo que ella había previsto y de forma totalmente arrolladora.

Frente a su puerta, estaba Jill, vistiendo el uniforme de policía. Intrigada Amy abrió, dejando entrar a la alterada agente.

-Disculpa que te aborde de esta forma, pero tenemos un problema. Un problema muy grande. Y sólo tu puedes ayudarnos.

CONTINUARA

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