
No tuve más visitas durante la noche y, por cierto, ya tenía suficiente. La golpiza recibida de parte de Loana por mi desobediencia con respecto al celular había sido la frutilla del postre. Ya no me quedaban más energías ni físicas ni morales y tenía aún que delinear el trabajo. Terminé haciendo algo como pude: un borrador bastante precario con algunas líneas fundamentales: no debe ser difícil para el lector imaginar que yo no estaba en condiciones de tener demasiada capacidad de concentración ni inventiva. En un momento tuve ganas de ir a orinar y recién caí en la […]



















