
Pasó el segundo mes y el abogado vino a pagarme el tercero, y a anunciarme que ya tenía mi nacionalidad española (no hay nada como el dinero y las influencias), entregándome toda la documentación. Los siguientes días estuve ocupado obteniendo mi documento de identidad. Me apunté a una academia para recordar y aprender nuevas señales de tráfico y normas de circulación españolas, con el fin de pasar las pruebas de aptitud para homologar mi carnet de conducir. Las cuatro amigas se hicieron habituales todos los viernes en el local. A Marisa le prohibí ir a mi casa si no la […]



















