
Al llegar al coche, María e Isabel se llevaron a los asientos traseros al hombretón y por eso a Ricardo no le quedó más remedio que pedir a su hermana que condujera. Elisa observando las ganas que tenía de ponerme al volante de ese cacharro, me dio las llaves. ―Se nota que lo estás deseando. No tengo qué decir que me sentí realizado al encender el Maserati y escuchar el rugido de su motor. Jamás había sentido en mis manos algo así y por eso al principio, aceleré con cautela. O eso pensé, ya que la rapidez con el […]



















