
La luz de la luna entra por la ventana del departamento y baña su piel perlada de sudor. Allí está, parada frente a mí, deleitándome con su caminar sensual, con sus ojos picarones y dedicándome su sonrisa tan oscura como una noche de cielo negro. Como aquella lejana noche de cielo negro. Y se aleja, deja de ser “ella” y empieza a ser quien verdaderamente es. Es allí cuando cuecen los recuerdos, son mi eterna condena de la que no puedo librarme ni en mis sueños. Hace tanto… tanto tiempo. Todo parece sanar cuando la veo, cuando me hundo en […]



















