
I. Año 2332 Cientos de dragones sobrevolaban en el cielo nocturno, dibujando un gigantesco círculo de al menos doce anillos de grosor; era un ejército numeroso que incluso había ocultado la luna, ennegreciéndolo todo. De vez en cuando, dos lagartos se desprendían del grupo y arrasaban entre los soldados del Norte, quienes no podían hacer nada ante las feroces embestidas de las bestias que los arrojaban por los aires. Cunningham levantó la mirada y apretó los dientes. Se sintió sobrepasado, pillado de sorpresa y, viendo la bestialidad con la que actuaban los dragones, todas las ideas y estrategias que tenía […]



















