
Cuando llegué al lugar, se trataba simplemente de una casa de dos plantas o, al menos, eso fue lo que me pareció; quizás hubiera más de una vivienda. Toqué el portero; una voz adolescent e (diferente de la que escuchara en el teléfono) preguntó quién era. Una vez que me presenté como la doctora Ryan, simplemente me dijeron que pasara y se accionó la apertura de la puerta de entrada. No había ascensor en el lugar: mucho lujo para sólo dos plantas, así que encaré las escaleras y con cada paso que daba oía retumbar mi propio taconeo y […]

















