
-Hola me llamo Caterina, pero puedes llamarme Cat, soy tu nueva psicóloga. –dijo la mujer mientras cogía una carpeta del respetable montón que había encima del escritorio. -Hola –respondió hosco el hombre mientras valoraba a aquella mujer. Sus gafas de pasta negra agrandaban los ojos verde oliva y le daban una ligera expresión de sorpresa. Vestía un traje chaqueta de un discreto color negro, pero que se ceñía a su figura como una segunda piel. Los botones de su camisa inmaculadamente blanca estiraban la tela entorno a su generoso busto creando finas arrugas y pequeños huecos entre ellos por los […]



















