
Al irse Luis Eduardo y quedarme sola en la casita, me invadió un sentimiento intuitivo que me hizo tomar la decisión de regresar a mi casa. Ni Arturo ni los demás todavía habían aparecido por allí, así que me vestí con la ropa seca otra vez y emprendí el camino hacia la villa. Y nada fue más acertado. Al llegar, a lo lejos noté luz en mi casa y me pareció extraño no ver a mis hermanos afuera jugando. Al pasar por frente de la casa de Rosa salió a mi encuentro y me dijo sonriendo: – ¡Tienes una sorpresa! […]
















