
Amanecí con una resaca terrible y dudando que fuera real lo que mis ojos habían visto por aquella ventana la noche anterior. Tal vez había sido un sueño, pero entonces ¿por qué la maceta del pasillo lucia maltrecha? y ¿por qué las huellas de tierra se apuntaba al cuarto de mi prima?. Dejando estos pensamientos para momentos de mayor claridad mental, me fui a desayunar. Al lado, mi padre me miraba con una cara de pocos amigos. Anita también apareció, me miro con ternura: – Primito, ¿te sientes bien?… pregunto preocupada. – Sí, es solo un pequeño dolor de cabeza… […]


















