
Quedé como tonta con el impacto. Y al mirar fugazmente de soslayo hacia Floriana comprobé que su expresión de sorpresa no era menor. Evelyn nos miró, sonriente y, según lo entendí, exultante, notándose claramente que de las dos a quien más miraba era a mí; la sonrisa dibujada en su rostro sólo trasuntaba triunfo. Más diplomática que yo, fue Floriana la primera en saludarla: “¡Evelyn! ¿Otra vez por acá? ¡Una alegría tenerte…!” Si hubo falsedad en el saludo, Flori no lo evidenció; yo, en cambio, estaba mucho más turbada y no era para menos: tartamudeé, el labio inferior me tembló. […]


















