
A la noche al llegar a casa había un papelito debajo de la puerta, me pedía que llevara la casetera a su departamento, la desconecté y subí al tercer piso. Me abrió entusiasmada, vestía una bata, le di un beso y me puse a conectar la máquina en el televisor que estaba en el living, mientras ella servía dos whiskies con hielo, trajo unas cinco o seis películas, “¿tantas?” pregunté sorprendido, “ así tenemos para un par de días” respondió sonriendo con picardía. – “¿Cómo te fue con el dueño del videoclub?” dije como al pasar, – “Sos un hijo […]



















