
-No puedes pedirme eso. Es demasiado. -Puedo hacer lo que me dé la gana… -Es el doble de lo que le pagaba a Suárez. No puedo pagar tanto. -Podrás. -Levanta la mano para que no responda, mirándome arrogante, como el lagarto al mosquito que se va a zampar. -Suárez es historia. Tienes una casa que funciona a las mil maravillas, con cinco chicas fenomenales, buena clientela y contactos. Podrás pagar. Sé que pagarás. Ambos lo sabemos. Trato de mantenerme segura, tragarme la indignación, sentada tras mi escritorio aparentando ser la empresaria que afirmo, pero acabo bajando la mirada. La de […]














