
Esa noche, tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para evitar que la criada durmiera en mi cama. A pesar de que todas mis neuronas me exigían llamar a Simona, conseguí no hacerlo. Por ello, apenas descansé y a la mañana siguiente amanecí todavía más cansado. No debía llevar mucho tiempo durmiendo cuando el ruido del jacuzzi llenándose me despertó. Quise seguir durmiendo por la certeza que esa bruja estaba en el baño y que ella había abierto el grifo, pero me resultó imposible. El recuerdo de las horas de sexo y entrega que habíamos protagonizado la noche anterior […]



















