
Beatriz miró nerviosa la cajita de cartón que le ofrecía su compañera Silvia. De nuevo, faltaban a penas cinco minutos para empezar otra vez su sesión de noticias por la TV. – Venga, ábrelo. ¿No tenías tantas ganas de ver lo que había dentro? Sí, se moría de ganas, pero al mismo tiempo le asustaba, porque se lo había mandado su Amo Alex, dispuesto a someterla y humillarla en directo. Seguro que lo que había dentro la pondría delante de las cámaras en una situación todavía más vergonzosa. Pero su coño hambriento necesitaba todavía emociones más fuertes. Nerviosa, abrió la caja. […]



















