
El primer crimen. Despierto suavemente. Apenas hay ruido en la calle, por lo que tiene que ser aún temprano. Mi brazo izquierdo abraza la cinturita de Maby, quien tiene sus desnudas nalgas contra mi cadera. Pam duerme apoyando su cabeza rojiza sobre mi pecho, con mi otro brazo como almohada. Lo saco con mucho cuidado, pero Pam abre los ojos. Me mira y sonríe, los labios hinchados. ― ¿Dónde vas? ― A correr un rato. Sigue durmiendo – y la beso suavemente. Me hago el firme propósito de comprarme unas buenas zapatillas para correr. No puedo seguir con estas botas […]



















