
Dos horas tardó la arpía en volver al nido y cuando lo hizo lejos de mostrar arrepentimiento, se dedicó a comentar el cachondeo con el que se habían tomado las tetonas la broma que me había hecho, añadiendo además que esas tres brujas le habían señalado un efecto secundario en el que no había caído. ― ¿Cuál? ― pregunté preocupado no fuera a ser que ese antiséptico tuviese algún ingrediente nocivo para la integridad de mi aparato. Despelotada de risa, respondió: ―Me han comentado que no me tiene que preocuparme que, intentando vengarte, me pongas los cuernos, porque […]

