
Esa noche, las dos primas no se cortaron en absoluto y olvidando la supuesta parquedad de su raza, exigieron a su marido que derramara su simiente dentro de sus cuerpos como temiendo que, a la mañana siguiente, ese cuento de hadas en el que estaban viviendo desapareciera sin dejar rastro. Las horas de pasión que viví con ellas me dejaron agotado y por eso eran más de las once cuando amanecí. Samali y Dhara se habían despertado mucho antes pero no queriendo perturbar mi sueño, se levantaron sin hacer ruido para ocuparse de la casa mientras tanto. Llevaba menos […]


















