
Luego de la “justa” en que me tocó salir derrotada, volvimos a nuestro trabajo, teniendo que soportar el descontrolado frenesí de la colorada, quien no cabía en sí por el premio ganado. El sabor amargo del semen seguía en mi boca como un humillante recordatorio de mi derrota. La mujerona que hacía la limpieza llegó en un momento; agradecí estar en presencia de Loana: me sentía más protegida. En efecto, la abominable bruja no se extralimitó en modo alguno en sus funciones sino que simplemente se dedicó a ubicar tres cuencos en el piso a unos cinco metros de donde nos hallábamos; […]
















