
I. 2 de enero de 2332 Ámbar estaba absorta, viendo la sucesión de pequeñas imágenes tridimensionales que proyectaba el dispositivo de transmisión holográfica sobre el escritorio. Su oscuro cuarto se teñía de los colores de las fotografías conforme estas se sucedían una tras otra a cada pulsación de su dedo índice. Sentada en un mullido sofá, se inclinó hacia adelante, como si quisiera observar mejor los detalles. Un paseo en el parque con su niña, una visita al lago en donde su esposo perseguía a la sonriente pequeña. Prosiguió una tanda de su hija, ya joven, cocinando para el cumpleaños […]



















