
Mi más que obvia presunción quedó pronto confirmada. Sentí el contacto de su húmedo miembro contra mi sexo y cómo el desgraciado lo hacía jugar un poco sobre mi entrada pero aún sin introducirlo. A pesar de que me resistía a hacerlo, tal situación me hizo excitar y soltar una bocanada de aliento. Él se dio cuenta y rio: había logrado su objetivo. A continuación, me entró sin más trámite y esta vez lo que me arrancó fue un profundo grito que no logré contener. Teniéndome entonces a cuatro patas, Inchausti inició su bombeo sin piedad alguna y sin darme […]



















