
-Bájate de cama, no voy a dejar que te metas aquí – insistía la voz de Herman de una manera perezosa. Intenté despejarme un poco para escuchar aquella voz que le respondía, y que sonaba tan lejana como la suya. -Pero si a Erika no le parece mal. Venga… siempre venías conmigo antes de casarte con ella… tengo miedo, Her… -Berta, vas a despertarla. Vuelve a tu cuarto y duérmete. Tienes trece años, ya no eres una niña. Si tienes miedo, entonces pregúntate; “¿a qué tengo miedo?” Y enfréntalo, anda… seguro que puedes – le contestó acomodándose en […]



















