
Debe ser mi pasado como deportista, pero cuando veo un desafío soy como Jesús Calleja, no cejo hasta que lo conquisto y la primera vez que la vi, acompañada de su vigilante madre, sabía que era gordo como los catorce ochomiles. Cuando me crucé con ella por primera vez, el pañuelo blanco severamente ajustado al delicado óvalo de su cabeza no impedía que un pequeño mechón negro y brillante como el ala de un cuervo escapase por el borde superior. Aprovechando mis gafas de espejo, disminuí un poco el ritmo de mis pasos y me dediqué a observar a la […]



















