
Salió de la ducha y se miró al espejo. No quería reconocerlo pero estaba más nerviosa que una adolescente. Después de mirarse detenidamente y rociarse ligeramente el cuello los pechos y la entrepierna con su mejor perfume, abrió la puerta del armario y eligió la ropa detenidamente. Escogió una blusa de satén gris perla y una falda de tubo que le llegaba justo por debajo de las rodillas y con el talle alto y ajustado para disimular su pequeña barriga y realzar sus caderas. Lo que más le costó fue decidir la ropa interior. Pensó en un conjunto blanco muy […]

















