
Un hombre que se vanaglorie de serlo solo puede contestar a esa pregunta con un rotundo ¡NO! Da lo mismo que la mujer sea guapa, fea, gorda, flaca, alta o baja. Incluso es irrelevante que nos apetezca o no el hacerlo: ¡Siempre hay que contestar que no! Si la que lo pregunta está buena con mayor razón pero, aunque sea un callo malayo, un engendro del demonio o realmente vomitiva, deberás responder negando la mayor. Si te la quieres tirar, está claro. Pero aun en el caso que lo que desees sea salir huyendo, nunca debes decir que sí. Sería […]

