
Las hermanitas no dejan de sorprenderme. Apenas me dejaron dormir esa noche, cuando no era Irene la que pedía mis caricias, era Ana la que se lanzaba sobre mí buscando que la tomara, de forma que el reloj ya había marcado mas de las tres cuando por fin pude descansar. Aunque agotado, antes de conciliar el sueño, me quedé pensando que, ya que la suerte había llamado a mi puerta, no la iba a dejar pasar de largo y que, a partir de ese día, me debería concentrar en hacer gozar a esas hermanas para que nunca tuvieran la tentación […]

