
Cristina ratificó lo que significaba para ella el haber estado conmigo cuando al despedirse me susurró al oído:―Gracias, me has hecho la mujer más feliz del mundo.Su alegría hacía más dura mi vergüenza. No en vano era consciente que mi secretaria me había revelado sus sentimientos por mi error y que, de no haber estado bajo los efectos del afrodisiaco escondido en la leche de Simona, jamás se hubiese atrevido a hacerlo. Por ello y mientras volvía a casa, no dejé de lamentar ese despiste, ajeno totalmente a que mi criada me iba a recibir con una sorpresa que […]
