
Simona me recibe asumiendo en casa que es mi pareja. Tal y cómo había predicho Simona, no tenía hambre y por eso me dediqué a deambular por la ciudad durante horas. Sin dar crédito alguno a las palabras de mi amigo, me ratifiqué en la idea inicial que la actitud de esa mujercita escondía únicamente su instinto de madre. «Lo demás son tonterías», sentencié mientras sin darme cuenta, me dirigía de vuelta a mi hogar. Fue cuando me vi frente al chalet cuando me percaté que había conducido hasta allí. «¡Qué raro!», me dije y no dándole mayor importancia, aparqué […]
