
Llegó a casa cansada y confusa, no podía parar de darle vueltas a lo que había pasado. Durante el camino de vuelta estuvo a punto de pegársela tres veces con el Alfa. Con un impulso repentino, cogió el teléfono dispuesta a contárselo todo a su jefe y dimitir. Si lo hacía así quizás y sólo quizás, no la denunciaran y la quitaran la licencia para siempre. El auricular se quedó a medio camino de su boca. No podía hacerlo, aún tenía el cuerpo estremecido por lo que había pasado unas horas […]


















