
HISTORIAS (3ª parte): El viernes desperté dolorida y agotada. Me dolía hasta el último centímetro de piel, que había sido sobada y manoseada a placer por un buen puñado de hombres. Con ese recuerdo revoloteando en mi cabeza, miré en la penumbra del dormitorio al bulto durmiente bajo las sábanas que era mi novio. No pude evitar sonreír al mirarle, recordando que la noche anterior se había portado como un campeón. Por una vez, la perrita se había acostado bien satisfecha. – Pues nada – dije para mí – lo único que necesito para dormir como un bebé es que […]
















