
El robot que llevaba en volandas a Laureen, una vez traspuesto el umbral, se movió en la casa como si la conociese. No le costó ningún trabajo hallar el camino al dormitorio en el cual justamente se hallaba la cama matrimonial. Delicadamente pero a la vez con un toque de animal salvajismo, depositó sobre el somier a Laureen, quien aún no terminaba de asimilar una situación que la superaba. Los juguetes tecnológicos aplicados a la vida sexual siempre le habían despertado una cierta resistencia y muy especialmente a partir del episodio que casi había enviado a la tumba a […]

