El pueblo

El pueblo de mis abuelos. Ahí, tuve mis primeras historias sexuales de verdad. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Ahora tengo 28 años, han pasado 10, no, 11 años, madre mía como pasa el tiempo

Yo era la típica empollona, estudiante de 1º de bachillerato, resultona, bueno la verdad es que más que resultona, ya que en esos años tenía casi el mismo cuerpo que tengo ahora, pero con cara de niña tonta.

Hasta ese momento yo no había tenido ningún escarceo, solo besitos con algún chico de mi edad, me habían tocado las tetas, ya que eran un reclamo y poca cosa más, o sea bastante mojigata. Si, me gustaban los chicos de mi edad, y me calentaba pensando en algún chico guapo, pero lo que realmente me ponía, es que alguna persona mayor, me tirara piropos, o me devorara con la vista, o intentara puntearme en el autobús, o en el metro, o a lo mejor era simplemente lo que deseaba y lo deseaba tanto que a veces me pensaba que pasaba en realidad.
La verdad no lo entendía, pero era así, no lo podía evitar. Uno de mis preferidos era cuando hacía de canguro e imaginaba al padre de turno sobándome por todas partes.

Bueno, retrocedamos poco más de 10 años y nos ponemos en situación, había acabado el instituto, era finales de junio, y hacía mucho calor en mi Valencia natal.

Por fin empezaba el verano soñado. Y …

27 de Junio

Acaba de llamar el tío de mi madre, anunciando que a la tía le había dado una embolia el mes de febrero, y estaba mal, se ve que ella preguntaba por si mi madre podría hacerle el favor de subir a cuidarla durante el verano.

Mi madre que es muy solicita, ha contestado que no había problema, siempre que yo pudiera ir con ella, ya que no quería dejarme con mi padre, el tío no puso pegas. A mí me hacia un palo enorme, porque me perdería estar con mis amigos, pero ante la posibilidad de quedarme con mi padre, y estar como una esclava, recogiendo, haciendo la comida, etc., para él, después de que mi madre insistiera y sopesara los pros y los contras, le he dicho que sí.

Los tíos los cuales solo conozco por teléfono viven en un pueblecito muy pequeño de Huesca, en el valle del rio Gállego, o la Galliguera como lo llaman ellos, al cual mi madre va una vez al año, normalmente en invierno. Ellos son la única familia que le queda a mi madre, ella, la tía era la hermana de mi abuela, casi era uña y carne, hasta que se casó con mi abuelo y vinieron a Valencia.
Mi madre siempre ha sentido la obligación y la necesidad de ayudarlos siempre que puede, al igual que lo hacia mi abuela.

Mi madre siempre me ha explicado que es un pueblecito triste, con solo unas cuantas casas, donde solo viven viejos, y si se ve algún joven es porque han ido de visita, o porque se han perdido por los bosques desde un camping que hay en una localidad cercana.

Mi padre odia al tío, por motivos que yo no sé, pero después me enteraría. Aún recuerdo la discusión bastante fuerte entre mis padres, él no quería que ella fuera de ninguna de las maneras, pero ella decía que era por su tía. Por tanto, por ser verano, al haber acabado el instituto y al no tener vacaciones mi padre, acabaríamos haciendo el viaje desde Valencia mi madre y yo.

Al preguntar a mi madre que tipo de ropa llevarme

  •           fresquita ya que hace mucho calor en verano
  •           ¿Traigo los bikinis?
  •           no hay piscina, por tanto, no hace falta que traigas traje de baño, a no ser que quieras tomar el sol.
  •           ¿Habrá algún muchacho de mi edad?
  •          No creo cariño
  •          Bueno, shorts, tops y deportivas, ¿no?
  •           Si, creo que eso es todo

29 de Junio

El viaje no resulta muy tedioso, pero hace tanto calor que no podemos bajar ni la ventana.

Al llegar al pueblecito de marras, me doy cuenta de que mi madre tenía razón, solo son unas cuantas casas y no en muy buen estado, algunas parecen abandonadas, y lo están, solo un par parecen recién arregladas. Unas cuantas calles que dan a una calle ancha, una iglesia cerrada a cal y canto y nada más.

Las calles están vacías, el calor es asfixiante, las únicas almas que hay son de un par de perros husmeando entre unos matorrales

Me pregunto qué narices haré yo, con mis ya diecisiete años, sola, todo un verano en ese pueblo perdido de la mano de dios.

Entramos en la calle de los tíos y me enseña la casa, es bonita, de principios de siglo XX. Mi madre me explica que el año pasado reformaron la fachada, o sea que parecía casi la más arreglada del pueblo. Descargamos el coche, abrimos los portones de la gran puerta y se nos cae un jarro de agua fría. Estaba en un estado deplorable, todo sucio, descuidado, dejado, vaya hecho una porquería, con una peste a cerrado que tira para atrás.

Cuando aparece el tío Vicente, vemos que esta igual que la casa, con la barba de varios días, desaliñado, y hace una peste como si no se hubiese dado un baño en semanas. Tiene una cara de apenado, de desmoralizado, de decaído, que parece enfermo.

Mi madre, enseguida se pone manos a la obra, primero ha enviado al tío a bañarse y afeitarse, que disgustado obedece, después a ver a la tía, que está muy mal, apenas responde

  •           Ha venido el doctor?
  •           Si, anteayer, pero ella estaba mejor
  •           ¿Desde cuándo esta así?
  •           Desde ayer
  •           ¿Y no has vuelto a avisar al doctor?
  •           ¡Para que, vendrá mañana!
  •           Madre de dios. Venga dúchese y vístase con ropa limpia, mañana la llevo a Huesca.

Nos ocupamos de ayudar a la tía, la hemos lavado, le hemos hecho la cama, y mi madre me ha ordenado a limpiar la casa, o lo que pueda, mientras ella acaba de dar los cuidados a la tía y llama al doctor.

Me ha dicho que empiece por nuestra habitación, en el piso de arriba. La casa es la típica casa rural, de finales del XIX o principios del XX, con paredes de medio metro, y fresquísima, y más al tener en cuenta el calor que hacia afuera. La escalera está llena de telarañas por todas partes como el resto de la casa, una de ellas se me engancha en el pelo y decido ponerme moño y un pañuelo para evitar que el pelo me quede hecho una piltrafa.

Al subir la escalera y empezar a asomarme al primer piso, veo que el tío pasa del baño a su habitación totalmente en pelotas, joder, que impacto, no es que yo hubiera visto muchas, de hecho, solo dos, la de mi padre una vez sin querer en la ducha, y la de un escarceo el año pasado con un chaval en el cole, que decidió, bajarse los pantalones para que yo viese como lo ponía, pero a mis diecisiete años yo no había visto nada como aquello, y él ni se dio cuenta de que yo estaba ahí, pero estoy segura que aquello no era normal, era gruesa como un salchichón. La verdad note un hormigueo ya sabéis donde.

Al llegar arriba, aún estaba peor, ya el arriba no subía nunca, la puerta atrancada, bichos por todas partes, sobre todo arañitas y tres o cuatro escorpiones de esos negros pequeñitos, a la empujar la puerta más de lo mismo, intente levantar el colchón, para llevarlo junto a la ventana, ventilarlo y sacarle el polvo, pero era de esos de matrimonio de lana que pesan un montón y yo sola no podía, al hacer gemidos por el esfuerzo, subió mi tío.

Se quedo boquiabierto ya que yo estaba con las piernas abierta intentando levantar el colchón del suelo, y tenia el culo todo en pompa, además con el esfuerzo el top se me subió dejando ver un par de centímetros de mis pechos. Cuando giré la cabeza, lo vi, estaba literalmente babeando, viendo mi culo, totalmente absorto. Le reclamé, y entre los dos sacamos el colchón al balcón. Acabé de hacer la habitación y el se me quedo repasando arriba y abajo todo el rato, la verdad me empecé a calentar, solo de ver como babeaba por mi cuerpo, tanto que cuando me di cuenta del estado de mi top lo dejé tal cual.

Yo ese día llevaba un top i unos shorts fresquitos de color blanco, y después de dejar impoluta nuestra habitación, estos ya transparentaban un poco debido al sudor. Me fui a las zonas comunes, cocina, comedor, durante la ardua faena, el tío no para de mirarme, yo creo que hasta se excitaba al verme fregando platos, barriendo el suelo, recogiendo cosas, hasta creo que en algún momento, involuntariamente, o mejor dicho inconscientemente sacaba el culo o me agachaba sin doblar las rodillas o intentaba alcanzar alguna cosa en la alacena de la cocina, o … para marcar alguna posición indecorosa.

Al cabo de tres horas, la casa ya tiene otro aspecto muy diferente.

El tío ha quedado tan contento, que me ha dado 30 euros, por las horas trabajadas, yo ni me lo puedo creer, estaba muy contenta, ahora encontraba un motivo para estar en ese pueblucho, y más aún cuando mi tío me comenta que tiene varios amigos que, si les limpiaba la casa, estarían igual de contentos.

Yo feliz le di un beso, y él me apretó aferrándose a mi culo como si no hubiera un mañana.

Por la tarde acordamos con mi madre que ella haría el baño y yo el cuarto del tio, que era lo que nos quedaba por hacer.

Al entrar me lo encontré espatarrado en la cama con solo un calzoncillo viejo, donde se le notaba una buena erección, y salía un poco el glande por alguna de las aberturas.

Al cabo de unos segundos me di cuenta de que ahora era yo la que babeada para poder ver otra vez aquello, lo dejé dormir la siesta.

En la cena mi madre nos comenta que ha hablado con el doctor, y que le ha pedido que no se preocupara, que el iría a la mañana siguiente sin falta.

30 de Junio

Ha venido el doctor, y tal y como ha entrado la saluda y le pega un morreo a mi madre, le magrea el culo a consciencia. Mi madre al ver que yo estaba por ahí le saca la mano rápidamente, y lo lleva a ver a la tía. La examina a consciencia, aunque yo diría que la vista la tenía en el traje semitransparente de algodón de mí madre, y mi pequeño top, que deja el ombligo al aire. Le explica a mi madre lo que tiene que hacer, pero que, si sigue así en un par de días, que la lleve al hospital de Huesca o de Jaca. Al irse, le dice a mi tío.

          Que buenas están las dos, no te quejaras, ¿eh?

          No, no me quejo – dice mi tío con una sonrisa socarrona

Abro un paréntesis, para describirme, me llamo Ana, yo mido poco más de 1,70, estoy delgada, pero no seca, o sea que tengo algo de carne, para que se hagan una idea, tengo una 40, aunque también es porque tengo las caderas anchas y un buen culo. De lo que mejores comentarios he tenido es mi pecho y sus pezones. Son una talla 100, y con una buena copa, y los pezones son gruesos como la punta del dedo meñique, una melena casi pelirroja, algunas amigas dicen que el color en la noche es como las llamas de un fuego de campo, entre rojizo y cobrizo, ojos verdes, y carita angelical.

Mi madre se parece bastante de cuerpo, un poco más de culo, ahora un poco caído, una talla menos de pecho, morena y ojos azabache, se llama Sofia.

1 de Julio

Me he pasado dos días aquí metida ayudando a mi madre, acabando de limpiar, haciendo la colada, preparando las comidas, cenas, etc. El tío me persigue allí donde voy y sus miradas son cada vez más de deseo, de lascivia, parece que me desnuda con la mirada, estoy incomodísima, y encima con una erección permanente bajo el pantalón que me roba la mirada de tanto en cuando. Mi tío es, como decirlo, pues panzón, el típico hombretón de campo con barriga cervecera, curtido por el sol, más bien bajo, como mínimo un poco menos que yo, medio calvo, y con canas, mi madre me ha dicho que tiene 66 años, pero aparenta bastante más. Aunque ahora, desde que mi madre y yo le preparamos sus 4 comidas diarias, y se ducha cada día, ya tiene un aspecto mucho más saludable que el día en que llegamos.

Por suerte mi madre tiene que ir a la farmacia, y yo aprovecho para acompañarla y poder salir de casa, además, me resultaría un poco incomodo quedarme sola con el viejo verde este.

Resulta que en el pueblo no hay farmacia, bueno ni farmacia ni tiendas, solo un pequeño colmado, pero claro no llega a los 30 habitantes y tenemos que ir a un pueblo cercano, que está a unos 10 km del nuestro. Las dos nos hemos puesto ligeritas de ropa, ya que hace mucho calor, sin sostén y con un ligero conjunto de verano. Al salir de casa, los dos hombres que hay en la plaza donde tenemos el coche aparcado, nos devoran con la mirada. El otro pueblo solo tiene unos doscientos habitantes, pero ya tiene otro aspecto, gente por la calle, jóvenes de mi edad, tiendas, etc.

Al volver al pueblo mi madre me ve la cara de decepción, y me propone:

  •          Me apetece un helado, ¿Quieres uno?
  •          ¿Pero dónde iremos a comprar uno?
  •          Pasaremos por casa Pepe.
  •          ¿Casa Pepe?
  •          Si, es un amigo, que ha montado una especie de bar en su casa. 

Al mencionar “amigo”, se le iluminado la cara, pero no le hago mucho caso, al entrar en casa Pepe, veo lo que quería decir con “una especie de bar”, realmente era una casa normal del pueblo, pero con un patio precioso, adornado con un Roble en medio del patio y bastantes flores y plantas, unas cuantas mesas de tres o cuatro sillas, y dos barriles con un tablón a modo de barra.

Al entrar notamos todas miradas clavadas en nuestro cuerpo.

Casa Pepe

Casa Pepe era el local donde se reúne la gente del pueblo, no es ni un Bar, es simplemente una terraza de un pueblerino que vende refrescos, vinos y cervezas, para sacarse unos euros, y tiene 4 o 5 mesas para hacer partidillos de domino o tute. Hay una decena de viejos jugando, pero al entrar nosotras, se han levantado, como si tuvieran un resorte, a saludar a mi madre, que a sus 42 años parece una jovenzuela al lado de todos ellos, alguno con el saludo y los besos aprovechan para tocarle el culo con total impunidad y ella se deja como si no pasara nada, hasta le dan algunos picos, bueno más que picos morreos de alta categoría, y ella hasta cierra los ojos, la verdad me da un poco de asco. Cuando cada uno de ellos le ha dado el debido “saludo”, piden por su acompañante, o sea por mí.

Mi madre me presenta a todos como su hija, y evidentemente también me dan unos besos a modo de saludo, por suerte son en la mejilla, no hay roces, ni tocamientos, la verdad me respetan y me alegra mucho, ya que había algunos con una pinta de viejo verdes que tiran para atrás. Aunque lo peor es el aliento a borrachines que llevaban todos.
No tiene helado y acabamos tomando unas Coca-Colas, en un momento dado mi madre entra en la casa, mientras me agasajan, me hacen sentar encima de la falda de uno, se me ponen en corrillo y voy hablando ahora con uno ahora con otro, sus miradas iban del culo a la cara, de la cara al escote, o me repasaban de arriba abajo, ahora al no estar mi madre, tengo todas las miradas clavadas en mi cuerpo y voy notando algo que crece en mis posaderas. La verdad es que, con los conjuntos, sin sujetador, estábamos bastante provocativas y no sé porque me daba morbo y mis pezones lo delataban poniéndose durísimos y marcando la camiseta, cosa que a ellos les encantaba. Ellos estaban nerviosos, algunos de ellos, yo diría que, hasta empalmados, no paraban de intentar mirar el escote, o debajo de la falda, o a través de mis transparencias, haciendo como si se cayesen cosas.

Al rato, calculo que casi media hora, llega mi madre con dos o tres viejitos, me extraña, pero hago caso omiso. Nos ponemos a jugar alguna partida de domino, un par se pusieron de pie, detrás de mi madre. Y yo mirando la partida iba de las piernas de uno a la de otro, me hacían cambiar tanto que ni me daba cuenta.

Un rato después, al levantarme y pasar por detrás de mi madre, me doy cuenta de que el escote es tan amplio, que casi se le ven los pezones, pero como todos están cerca, prefiero no hablar. Me disculpo, voy al baño, y escucho a través de la fina pared, al tal Pepe hablando con alguien por teléfono, diciendo:

  •          La Sofia ya se ha saciado con unos cuantos. Uf, como nos vamos a divertir este verano.
  •          
  •          Por cierto, joder con tu sobrinita, esta rebuena, para mojar pan, ¿cuántos años dices que tiene?
  •          
  •          ¿Diecisiete? Joder, pues tiene un par de melones, mejores que los de su madre. Y has visto los pezones son como aceitunas arbequinas.
  •          
  •          Sí, yo también le daría un buen repaso. Me la follaria bien follada, por todas partes.
  •          
  •          Si, tienes razón, esa boca está hecha para hacer mamadas. Tenemos que preparar alguna cosa, pero la tenemos que hacer caer, como a la madre y a la abuela en su día, recuerda que la Sofia nos lo debe a todos.
  •          
  •          Vale este plan me parece perfecto, avisaré a los otros.
  •  
  • Al oírlo, me encierro en el baño, muerta de vergüenza, durante un buen rato no me atrevo a salir, hasta que golpean a la puerta, pidiendo para mear.

Cuando salgo, hay unos cuantos, agasajando a mi madre, tocando todo lo que pueden, pero el Pepe me devora con los ojos a mí, y la verdad del resto unos cuantos también.

Estoy tan nerviosa que le pido por favor a mi madre que nos vayamos, y ella, a regañadientes accede, y volvemos a casa.

  •           Ay, hija eres una sosa, llevas días encerrada en casa, respiremos un poco, un poco de distracción no viene mal.
  •           Pero si te estaban sobando por todas partes.

Se hace la ofendida y anda delante de mí, hasta la puerta de casa. 

Por la noche, mi madre me encuentra contrariada, estoy excitada y asqueada, es un estado contradictorio total y le explico la conversación del teléfono y todos los “saludos” y tocamientos que se ha dejado hacer en Casa Pepe.

Ella me explica que …

  •           es normal que estén tan salidos, ya que la mayoría son viudos, divorciados o simplemente abandonados. Hay pocas mujeres que aguanten las condiciones en este pueblo tan solitario.

          ¿Cómo que normal?, que va a ser normal!

          Si, hija no pasa nada

          Pero si nos han sobado por todas partes – ahora yo exageraba, pues a mí excepto unos besos no me habían tocado

          ¿Cómo que “nos”?

          ¡Bueno, a ti!

          Los hombres tienen necesidades, y en este pueblo van un poco salidos, al no haber casi mujeres. Además, si se contentan con tocar un poco el culo, no pasa nada. Y si miran, que miren, que no hace ningún daño a nadie. Nosotras somos guapas, y claro, es una tentación. En cuanto a los tocamientos, eran inocentes – me dice – no eran para hacerme daño, si no que eran divertidos, y estaban jugando un poco. La verdad, yo me encuentro perfectamente, y no me ha pasado nada, y si volviera a estar otra vez en la misma situación lo volvería a hacer, tampoco es la primera vez. Si fuese Valencia estaría escandalizada, pero aquí … déjalos hija, pobretes, mira hasta te invito a que te dejes tocar tú también si te apetece.

          El tal Pepe dice que te has saciado con unos cuantos, ¿qué quería decir?

          Ay, no se hija – me dice roja como un tomate Cherry.

          ¿Y eso de que tienen un plan para hacerme caer, que?

          No les hagas tanto caso, que hacen el fantoche, mucha boca, y después, nada.

Yo la verdad me quedo un poco de piedra al escucharla, pero claro, la veo tan segura que intento entender el punto de vista de mi madre, aunque la verdad, me cuesta un poco y me da un poco de asco, ver que ella con su cuarentena, se ha llevado al catre a una panda de viejos de setentas.

En cuanto a la conversación de Pepe en su casa, me ha dicho que hablaría con el tío para que me pidiera disculpas, que esa no era forma de hablar, y menos en presencia de una niña, yo le he dicho que no hacía falta, que ya lo había olvidado, pero ella ha insistido.

Empieza todo. 2 de Julio

Era una bonita mañana, después de hacer los quehaceres de la casa, salgo a caminar temprano, después ya en casa, preparando el desayuno, oigo un ruido, me giro, y veo a mi tío, solo con calzoncillos, viejos, desgastados, un poco raídos, claro con la visión del otro día, fijo la vista en ese sitio, y ya la tenía semi empalmada.  Él se ha dado cuenta y encima me ha sonreído, y se ha tocado a gusto sus cojones. Supongo que al ver la cara de asco que le he dado, ha desviado su vista al culo de mi madre. He notado como un hormigueo, al verle tocarse los cojones de una manera tan soez. Momentos más tarde, mientras le servía el desayuno me ha rozado el culo, yo creo que expresamente, y al notarlo he sentido un calambrazo, de gusto, en serio, no lo entiendo.

Estando todos sentados en la mesa, nos dice, así, de improviso, que vendrían unos amigos suyos a almorzar, que traerán todo un costillar, en total seriamos con nosotras dos, unos nueve, todos de su misma edad.

Después de ver un poco la tele, me pongo a cocinar unas migas, y un gazpacho.

No se si por la conversación de mi madre, pero me pongo un top pequeñito, y unos shorts muy ajustados., al bajar las escaleras, noto una mirada de aprobación de mi madre.

A la una en punto como un reloj, van llegando, y tal como llegan, le dan otro repaso a mi madre, y a mi dos castos besos en las mejillas, bueno, castos, castos, me parece que no, porque a alguno se le escapa el beso en todos los morros, pidiéndome disculpas inmediatamente, claro, pero la escena se repite con unos cuantos, hasta hay uno que me levanta la barbilla para plantarme el morreo. Charlamos de cosas intrascendentes, que si el tiempo, que algún, si yo tuviera 40 años menos tú no te escapaba, y cosas así, que si tengo novio, que voy muy fresquita.

Se sientan a la mesa, y empecé a servir la comida. Mientras iban comiendo, preparé unos chuletones con patatas de guarnición, me ayudaron a separar chuletones y entrecotes del costillar, ya que yo no estaba acostumbrada, todos estaban disfrutando, y les gustó mucho.

Al acabar, mi madre les ha pedido que hicieran el favor de recoger la mesa, que yo había sido la cocinera y ya había trabajado suficiente, yo evidentemente decía que no hacía falta, pero al final recogen la mesa.

Mi madre se va al salón, les sirve unas copas, pone música y baila con ellos, ahora uno, ahora otro, manos largas por aquí y por allá. Me proponen para bailar, pero niego con la cabeza y para escapar de allí, me voy a la cocina y me pongo a lavar platos. El tal Pablo entra con la bandeja llena de vasos, este es el más joven de todos ellos, y tiene unos sesenta y pico años, es del tipo de mi tío, barrigón, medio calvo, casi amarillento, aunque un poco más apuesto. Se queda detrás mío, arrimándome y me pregunta casi en la oreja, donde puede dejar los vasos, yo llena de vergüenza se lo señalo y sin salir de su posición los deja donde le he dicho. Se separa y ni corto ni perezoso me da una fuerte palmada en el culo, me quedo perpleja, el al ver que yo tenía las manos ocupadas lavando y no digo nada, me deja su mano ahí, en pleno trasero, abierta, magreando mi culo en su esplendor, yo muevo el culo para sacarla de ahí, pues tengo las manos llenas de jabón, y parece que esto él se lo toma como una insinuación y aún le gusta más, después, por suerte entra Ricardo, Pablo saca la mano y se marcha contrariado, mirando a Ricardo con cara de malos amigos. No he sido capaz de decir nada. ¿Por qué?

Ya se han marchado todos, cansada, me voy a mi habitación, al desnudarme, me doy cuenta de que estoy excitada, muy excitada, ya que tengo la braga chorreando, el morbo de ser, ahora que estoy desinhibida, junto a mi madre, el centro de atención de ocho viejos ha sido alucinante, las miradas, las alabanzas, los comentarios picantes, los roces “involuntarios”, la palmada en el culo, joder, estoy mojadísima, aunque es un poco difícil de asimilar que lo este, con esa panda de viejos, pero no lo puedo negar, estoy excitada. Me estiro en la cama, desnuda, bajo la mano, y empiezo a tocarme muy suavemente, moviendo mis pelitos como si fueran terciopelo. Al cabo de unos minutos tuve un orgasmo largo, intenso, super agradable. Y otros minutos después vuelvo a explotar de una manera brutal, increíble, como pocas veces.

Me he quedado dormida un par de horas, pero al despertar noto una presencia, como si hubiera alguien en la habitación, estaba a punto de desestimarlo, pero lo vuelvo a notar, y opto por entreabrir los ojos muy despacio, y lo veo, al tío con los ojos clavados en mi culo. Yo para dormir me pongo solo un camisón bastante corto, con un grandioso escote, y al moverme este se levanta. Ahora era el caso, mi tío me observaba el culo todo desnudo, medio tapado con la sabana. Yo estaba cabeza abajo, medio de lado con el culo en pompa, cierro los ojos, ya que noto la excitación incipiente, y la verdad me da un poco de morbo, ver que un vejestorio me está mirando el culo, en este momento no sé qué me pasa por la cabeza, y lo dejo, deseo, si, deseo ver hasta donde es capaz de llegar.

Los minutos pasan, se me hacen eternos, parecía, que todo se acababa aquí, que no tendría el valor suficiente, pero no, se acerca a la cama, estoy nerviosa, pero intento aparentar calma, para que no lo note, se sienta al borde de la cama muy despacio, muy suavemente va levantando un poco la sabana, y acaba destapando mi culo del todo, me mira, intenta ver en mi un signo de que me vaya a despertar, pero por suerte me sale mi mejor actuación, y consigo que me crea dormida. Me lo acaricia, primero un cachete, después el otro, me lo huele, pasa el dedo por la línea, y me lo abre un poco. Mete la mano desde atrás, y acaricia con sus dedos, muy suavemente toda mi raja, me besa el culo, se besa los dedos con los jugos de mi raja, entonces, parece, que se despierta de un sueño y vuelve a tapar mi culete con la sabana y se levanta de golpe, cuando está en la puerta, me dice:

  •          Ana, despierta, venía a avisarte que la cena ya está lista, también te quería pedir perdón por los comentarios soeces y picantes de los amigos de Pepe.
  • Y yo pienso y los tuyos ayer con Pepe que, puñetero. Y el sigue diciendo:
  • Es que …, claro …, piensa que …, no vienen muchas chiquillas por el pueblo, y menos tan bonitas como tú, y que somos mayores, y humanos, y estamos solos, y …
  • Mientras habla, empieza a bajar la cabeza, como apenado, como triste, hasta se le quedan los ojos vidriosos, como si fuera a llorar.
  • Tranquilo tío, lo entiendo, no pasa nada
  • La verdad es que me daba pena verlo así.
  • Por cierto, Pablo me ha dicho lo que te ha hecho en la cocina, y le he comentado que no lo vuelva a hacer – y de lo que acabas de hace tú, pienso.
  • Joder, no solo se contentó con darme una palmada, y magrearme el culo, sino que encima se lo cuenta a todos.

En la cena, Vicente, que así se llama mi tío nos comenta, que mañana empiezan las fiestas del pueblo y que durarán un par de días, que harán un campeonato de petanca, y que ellos, sus amigos y el son siete, y siempre se quedaba uno sin jugar, ya que jugaban en parejas, y que como este año estamos nosotras, me pide, si yo o mi madre podríamos jugar con ellos.

Mi madre explica que se quedaba a cuidar a la tía. A mí que me da un poco de corte, le digo evidentemente que no, ya que no había jugado nunca, pero vuelve a la carga y pone su cara de apenado y triste, recordando que no había querido bailar y esta vez conmueve a mi madre, que me insiste una y otra vez, para que me apunte, y como la verdad, no tengo nada que hacer, le he dicho que si, que me apunte. También nos comenta que, por la noche, en el patio de Casa Pepe había baile.

Petanca

Vicente me da a escoger que con quien me gustaría hacer pareja para la petanca, dije que, con él, pero me dijo que él hacía pareja con Pablo desde hacía siglos, y que escogiera otro, le dije que me lo pensaría.

  •           ¿Y para el baile?, comentó
  •           Yo no bailo
  •          Pero si es la única ocasión en que vienen jóvenes, tanto chicas, como chicos, a ver a sus viejos.
  •          Bueno, ya sacaremos la cabeza, dijo mi madre.

Por la noche empecé a repasar sus amigos, para ver con quien me podía tocar jugar:

  1.              Mi tío.
  2.              El fresco de Pablo de unos 65. Es el que me ha dado una palmada en el culo.
  3.           El saleroso de Juan, 72 años, barrigón, muy bajito, y era todo labia, vaya como el Tenorio ese. Te engatusaba de todo. También tenía las manos un poco largas.
  4.            Pepe, 75 años, obsesionado con las tetas, mientras estuvieron en casa, nos pedía agua constantemente a mi madre y a mí, desde el sofá, para que, al dársela, nos agacháramos, y nos pudiera ver el escote. Era enorme, 1,85 y una espalda de más de un metro de ancho
  5.           Pedro, delgado y muy alto, debe medir como 1,90, me parece que dijeron que tenía 68, tenía una voz dulce, pero varonil, como aquellas que escuchamos por la radio, a parte parecía muy elegante, tanto en el vestir, como en la forma de ser y por último muy educado, casi podría decir que el único.
  6.            Francisco, Fran, el vejete del grupo, 85 añitos, al entrar dejo el bastón, y se apoyó en todo momento en mi madre o en mí, para ir de un lado al otro, hasta nos pidió, en un momento que, si lo podíamos acompañar al baño, aún no habíamos llegado al wáter, que se bajaba los pantalones, yo me marche enseguida, mi madre se quedó tres o cuatro minutos más, y volvió a entrar para subirle los pantalones, esta vez se quedó un buen rato, y los dos salieron muy contentos.
  7.           Pero el peor de todos, era Víctor, 79 años, vivaracho, delgado, de alto como yo, y lleno de arrugas, se notaba a la legua, que era un viejo verde, estuvo todo el rato, repasándonos de arriba abajo, casi babeando, y rozando todo lo que podía. Hubo un momento que mientras mi madre preparaba las bebidas que había pedido se puso detrás de ella, le subió la falda del vestido, y la punteo, y yo diría que con la tranca fuera, pero esto no lo puedo corroborar.
  8.          Ricardo, no jugaría a la petanca, pues era de otro pueblo que también estaban en fiestas, y debía cumplir con su familia.

Me decidí por Pedro, que parecía el más inocente, el más educado, limpio y elegante.

3 de Julio

Al día siguiente, me hago la remolona en la cama, hasta las diez, pues a las once tengo que estar en un campo que tiene Juan, donde hay tres pistas de petanca.

Abro la ventana y el calor que entra es tremendo, debemos estar casi a 40 grados, por tanto, opto por ponerme bien fresquita, unos shorts pequeños tejanos, que no me puedo abrochar ni el botón, una camisa fresca anudada por encima del ombligo y unas menorquinas. Cuando me veo en el espejo, me veo demasiado provocativa, ya que no me había puesto bragas, y me marcaba muchísimo el culo. Y la camisa tenía tanto escote que dejaban mis melones casi fuera. Decido cambiarme, pero ya era demasiado tarde. Bajo deprisa las escaleras, y noto las tetas rebotando.

Al bajar a desayunar, a mi tío casi le da un infarto, pues la camisa está mal anudada y casi tengo un pecho fuera, lo veo, me arreglo, pero ya es tarde, está mirándome todo el rato, intentando desanudar la camisa con la vista. 

Desayunamos, y nos vamos al campeonato, mientras vamos hacia allí, se le ocurre poner la mano en mi cintura e ir andando así. Pero el viejo va bajando la mano hasta el nacimiento de mi culo, se la subí dos veces, pero la volvió a bajar por tercera vez, y decidí dejarla ahí.

Cuando llegamos ya tenía la mano en toda la nalga. Nos inscribimos. En total eramos ocho parejas, dos matrimonios y una pareja de jóvenes que no había visto, de unos 30, de pueblos cercanos, un par de vejetes que vi el otro día en el bar de Pepe y nosotros 8.

Se reparten las pistas y nos toca jugar contra los vejetes del bar de Pepe, el juego no se me da muy bien, pero Pedro, era un experto, y me hace prometer, que, si consigue ganar la partida, le concedería un baile, para la noche, acepto y ganamos.

En otra partida esta Pepe con Juan y la pareja de jóvenes, que eran muy malos, pero la chica se contoneaba de tal manera que los vejetes expertos juegan fatal, mirando el culo de la chica y pierden.

Víctor y Fran pierden con el primer matrimonio.

Después está el otro de los matrimonios, que se ve que él es campeón de petanca de no sé qué, supongo que, de su pueblo, y mi tío con Pablo, estos últimos ganan al ser la mujer una negación y en una mala tirada les da la partida.

Se ha improvisado una pequeña barra, me tomo un refresco, mientras todos ellos se toman cervezas a mansalva, hasta me convencen para tomar una pero no me gusta sola, y me la mezclan con limonada. Se habla de las partidas, de cómo ha ido, hasta que oímos a la pareja de viejos eliminados.

  •           Joder si no estuvieras tan obsesionado con los culos
  •           Es que lo tenía delante, tan sabroso, tan perfecto, que ….
  •           ¿Perfecto?, perfecto lo tiene la otra, eso sí es un buen culo y unas buenas tetas

Al oír eso, todos, clavan la mirada en mi culo, en mis tetas, en mi cuerpo, me siento tan incómoda, que me quiero tapar, pedro, mi “pareja” de petanca, me toma de la mano, la levanta y me hace hacer un par de vueltas. Ahora sí, estoy roja como un tomate, alcanzo una cerveza y me la tomo de un trago.

Esperamos a la segunda ronda, y claro después de un par de cervezas bien fresquitas, teniendo en cuenta de que yo no bebo nunca, se me han subido un poco a la cabeza.

El próximo partido nos ha tocado contra el primer matrimonio, y decidí hacer lo mismo que había hecho la chica, contonearme, total con las cervezas, me estaba poniendo cachonda. Al principio el viejo no miraba, pero en un momento que la mujer apuntaba el resultado, aprovecho para enseñarle un poco las tetas, y subirme los shorts, hasta separar los labios mayores. Evidentemente dio resultado, la mujer no paraba de increparle, y el a mirarme el culo, el coño y todo el resto de mi cuerpo. Aquí la promesa era un baile agarrao, y Pedro junto a mi cuerpo han hecho que ganemos otra vez.

Mi tío y Pablo les toca jugar con el matrimonio joven, aquí los dos vejetes, aunque miraban el culito de la chica, no se dejan robar la partida, aunque mirar, miran a consciencia.

Ya queda la final. Un par de cervezas más.

Ya solo quedamos nosotros y mi tío con Pablo, saco todas las armas de mujer, para desestabilizar a Pablo, y lo consigo, aunque tuve que desabrochar un poco el nudo de la camisa, para dejar mis melones un poco sueltos, y es que las cervezas han hecho mucho trabajo.

Hemos ganado el dichoso campeonato, me han manteado y he notado que alguna mano se escapaba y tocaba lo que no tenía que tocar. Después como recompensa me han dado un beso cada uno, más cerca de los labios de lo que yo hubiera querido, excepto Víctor, que me ha dado, por sorpresa un beso en todos los morros. La verdad es que me ha gustado, será por las cervezas, o por la euforia de haber ganado, no sé, repiten y les dejo hacer, me pegan unos morreos, que no veas, cada uno diferente, unos apasionados, duros y fuertes, otros suaves y tiernos, hasta se apuntan los vejetes y el joven y un matrimonio, si he de decir la verdad el beso de la chica fue el mejor. Encima me han hecho prometer, después de pedírmelo treinta veces, un baile con la campeona para cada uno de ellos. 

El baile

Llegué a casa muy cansada, y me fui a la cama, al cabo de unas horas me tomo un café bien cargado, salgo a la plaza, es una suerte porque he visto a un par de chavales de mi edad, bueno deben tener unos veinte años, guapísimos los dos, al verme se han acercado para hablar conmigo.

  •           Que haces por aquí preciosa
  •       Estoy con mis tíos, ¿y vosotros?
  •           Hemos venido por la fiesta, ¿iras al baile con nosotros?
  •           Si me lo pedís, claro que voy, pero no tengo nada para ponerme.
  •           Tranquila que con cualquier cosa estarás divina
  •           Gracias
  •           Somos los nietos de la señora del colmado.

          Le voy a pedir a mi madre si puedo ir con vosotros

Me voy a casa, se lo digo a mi madre. Estoy tan entusiasmada que convenzo a mi madre para buscar algo muy sexy para ponerme, y poder bailar con los chicos de la plaza.

Me pongo un vestido rojo de mi madre, con mucho escote, que parece que mis tetas vayan a salir, con minifalda, de esos que apenas acaba de tapar el culo, se me pega muchísimo, y marca todas las curvas de mi cuerpo. Al caminar se me va subiendo, al tener el mismo número de pie también me deja los tacos de diez centímetros a juego, se me ve espectacular. Decido ponerme un tanga a juego por si las moscas, pero no me pongo sostén, y los pezones se ponen duros, solo de verme.

Mi madre lleva un vestido parecido al mío, con la falda casi hasta las rodillas y sin tanto escote.

Cuando llego a casa Pepe, es una decepción, ya que solo hay una veintena de viejos y viejas, y una oronda joven de unos 25 años, resulta que los chicos tuvieron que volver a Teruel.

Viene el tío Vicente, que ya llevaba, tres o cuatro cervezas, y al verme grita, ¡que empiece la música!, me agarra, y empezamos a bailar varias piezas, incluido el paso doble en cuestión.

Éramos 5 mujeres, dos viejas, mi madre, la joven y yo, para casi 20 viejos.

Mi tío me hace bailar, la verdad que, bastante bien, y conmigo se ha comportado correctamente.

A mi madre, por el contrario, le agarraron el culo, y no se lo dejaron hasta el final de cada canción.

Nunca había bailado clásicos, pero había dos, Pedro y Víctor, que eran casi bailarines profesionales, aquí es como me di cuenta, que, en este tipo de bailes, solo que la mujer sepa moverse un poco, si el sabe, sale perfecto, solo tienes que tener la suficiente confianza como para dejarte llevar. Tanto mi madre como yo bailamos un montón de piezas con ellos, Pedro se comportaba, pero Víctor, era un rufián, metía mano todo lo que podía, que si una teta estrujada, que meter la mano bajo la falda, o subirla del todo, porque llevábamos unas faldas tan ajustadas que para bailar un tango no era adecuadas, y Víctor las subió a medio culo. Mi madre llevaba una braga de encaje negra, pero yo llevaba ese tanga rojo a juego con el vestido, por tanto, estaba enseñando el culo a la concurrencia.

Fueron pasando las horas, llegó un momento en que la mayoría se fue a casa, así todo nos quedamos unos cuentos, mi madre, yo, y unos 9 ancianos.

Al empezar los agarrados se envalentonan y también toman mi culo para reposar sus manos, yo les sacaba las manos cada vez, hasta que me tocó con un vejete que no media ni metro y medio, yo me di cuenta después, pero tengo el escote demasiado abierto y su barbilla coincide con mi canalillo, y sus manos directamente en mi culo, yo no sé si es que me empezaba a excitar, al tocarme culo y sus labios en mis tetas o que ya iba un poco tomada, pero le deje sobarme el culo y melones. Ese ha sido el detonante, a partir de ahí todos han hecho lo mismo, unos más osados otros menos, pero todos me han sobado los cachetes del culo. Algunos me han atrevido a tocarme el culo por debajo de la falda, y al tener tanga, me tocaban el culo a su merced. De tanto en cuanto también me pegaban morreos más o menos libidinosos.

Hubo un momento, bailando con Víctor que me aferro la mano y la puso encima de su paquete, yo me sobresalte, pero después de hacerlo tres veces mientras me decía, no pasa nada, a mí también me gusta que me toquen, como yo te toco el culo. Va tócame un poquito, venga, casi suplicaba, no sé si fue a la cuarta o la quinta vez que lo probo y la deje ahí. Al cabo de 5 minutos tanto mi madre que hacía unos movimientos rítmicos con la mano, como yo estábamos tocando paquetes. Cuando mi madre se dio cuenta de que yo estaba mas o menos igual que ella decidió, no sé si por protegerme o por envidia, que la fiesta con nosotras ya había acabado. La verdad esta vez, soy yo la que no quería irme, pero no le he dicho nada.

Al llegar a casa estaba tan excitada que me he tenido que masturbar un par de veces.

Al día siguiente me lo tomo de descanso, empiezan a pasar muchas cosas y me cuesta digerirlo. Era medianoche, cuando debido al calor que necesito bajar a tomar agua fresca, en el último tramo de escaleras oigo unos gemidos, ¿joder con quien está mi tío, si mi madre está en el hospital desde esta mañana?, me pregunto. Me acerco sigilosamente y al pasar por el comedor, me doy cuenta de que mi tío se hace una paja viendo una peli porno.

Yo había visto algunos videos de XVideos.com con mis amigas, y alguna vez sola en mi habitación, pero son videos de 6 minutos y ya está. Pero este me ha dejado paralizada.

El cabrón está mirando una peli donde una jovencita esta arrodillada mamando dos vergas a dos viejos, y encima la jovencita se parece a mí.

Unas escenas después, uno se la folla por la boca y otro por el culo, y después intercambian, estoy tan ensimismada, que empiezo a tocarme, cuando estoy a punto de correrme, me entra el miedo de que me vea y subo a la habitación.
Cuando ya estoy en la cama me empiezo a imaginar cómo debe ser estar en el lugar de la chica, ella estaba disfrutando con los viejos panzones esos, entonces me vienes a la cabeza el manteo, los besos, el baile, mi culo magreado, y me imagino como debe ser estar con alguno de los siete, que puñeta con los siete a la vez intentando tocarme, acariciarme, no me hace ya tanto asco, si no al revés, me mojo solo de pensarlo, pero claro del dicho al hecho, hay un trecho.

 

 

 

 

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