Museo ciencias naturales de Detroit, viernes por la noche.

La lluvia repicaba con fuerza sobre el techo de cristal del museo de ciencias naturales de Detroit. El museo está en silencio, vacío. Solo se oyen los pasos del vigilante de seguridad que hace su ronda. Pero el vigilante no está solo esta noche. Una oscura figura monta guardia, agazapada entre las sombras en un rincón de la sala de minerales, esperando algo.

Mikoto Amy había seguido con interés ciertas noticias que habían aparecido en la prensa las semanas anteriores. Al parecer, en diversos museos del país, se habían producido robos. Al parecer, el ladrón o ladrones solo se habían llevado muestras de un mineral, el silitio. Un mineral raro pero sin valor aparente. ¿Quién estaría interesado en un trozo de mineral sin valor económico? Aquella pregunta llevaba carcomiendo a Shadow Angel des de hacía días.

Curiosamente, el museo de Ciencias Naturales de Detroit tenía una de las muestras más grandes de silitio de Estados Unidos. Amy había ido siguiendo la trayectoria de robos de dicho mineral en un mapa y había comprobando como efectivamente, el autor de los robos se iba acercando a Detroit.

Las autoridades policiales tenían asuntos más importantes que preocuparse por la desaparición de un mineral sin valor. Pero Shadow Angel estaba segura que detrás de los robos había una mente calculadora y que había un motivo para que alguien tomara tantas molestias en un mineral con tan poco valor. Por ello, llevaba días vigilando el museo. Sabía que tarde o temprano el supuesto ladrón intentaría dar el golpe. Y en esa lluviosa noche de otoño, Shadow Angel estaba de suerte.

Un fino ruido, casi imperceptible, pero que no pasó desapercibido al entrenado oído de la ninja, la puso en alerta. No era un ruido de pasos sino como si hubiera un enorme insecto aleteando por el museo. Shadow Angel se puso tensa pero no abandonó su escondite. Desde allí dominaba perfectamente la vitrina donde estaba expuesto el silitio. La ninja sacó un arco corto que llevaba en la espalda y empezó a tensarlo.

Al cabo de unos minutos la heroína contempló como dos drones del tamaño de un gato, proveídos de hélices entraban en la sala. Uno de los drones extendió un brazo provisto de un pequeño láser y empezó a cortar el cristal de la vitrina donde se guardaba el silitio. El otro dron sacó un brazo con unas pinzas con intención de coger el mineral una vez el primero hubiera terminado.

Shadow Angel no se movía de su escondite, esperaba que en un momento a otro entrara el autor del robo, pero todo apuntaba a que el verdadero ladrón se encontraba alejado del recinto, controlando los drones por control remoto. La ninja suspiró fastidiada por no poder atrapar al ladrón y colocó una flecha en el arco.

Con un certero disparo la flecha golpeó la hélice del dron que estaba cortando el cristal, derribándolo al suelo. El otro dron, cambió de postura y apuntó a la ninja con una pequeña pistola silenciada que tenía en su frontal. La heroína no esperaba aquello, aunque afortunadamente sus reflejos le permitieron apartarse a tiempo y las balas disparadas por el dron se incrustaron en la pared donde segundos antes se encontraba agachada la ninja.

Shadow Angel volteó por el suelo y con un rápido movimiento disparó una segunda flecha contra el dron que la estaba disparando, acertando de pleno y derribándolo en el suelo.

Amy se acercó cuidadosamente a los drones, el primero, con la hélice rota se movía por el suelo, el segundo estaba completamente inmóvil. Con una rápida estocada con su katana la ninja atravesó el primer dron, dejándolo inmóvil. Recogió ambos artilugios y los examinó. Aquellos drones eran obra de la más avanzada tecnología, la ninja no entendía como unos aparatos que debían costar una verdadera fortuna se empleaban en el robo de un mineral sin valor económico.

La ninja los envolvió en una pequeña mochilla que llevaba a su espalda, dispuesta a analizarlos más detenidamente cuando llegara a su apartamento y abandonó el museo.

Shadow Angel, después de un par de semanas de descanso, volvía a patrullar la ciudad. Sus últimas actuaciones habían sido contra criminales vulgares, atracadores, violadores… El crimen organizado de Detroit aún no se había repuesto del duro golpe que le había dado la heroína meses antes. Pero ahora, por primera vez en semanas, Shadow Angel parecía estar detrás de algo gordo. La ninja estaba convencida que tras el robo de ese mineral de poco valor se ocultaba un plan más grande. Hasta ahora no tenía pruebas de ello pero esa noche en el museo acababa de confirmar sus sospechas, nadie usaría drones de última generación para robar una bagatela.

A pocos kilómetros de distancia, en un camión aparcado en una zona industrial abandonada.

Por fuera parecía un camión destinado al transporte de mercancías como cualquier otro. Pero su interior era muy distinto. La caja del camión no la ocupaban ningún tipo de mercancías. El interior del camión estaba dividido en dos estancias. Una estancia parecía la de una autocaravana, con una pequeña cama, una cocina con algunos armarios y un pequeño lavabo provisto de ducha. Lo realmente sorprendente era la otra estancia, un laboratorio altamente tecnificado, con un ordenador y una impresora 3D de alta potencia y una gran pantalla. Sentada en una silla, enfrente la pantalla había una chica con una expresión de ira en su rostro.

Kirie, contempló como su plan se frustraba. Todos sus anteriores robos de silitio habían salido a la perfección, pero en este una maldita figura entrometida no solo había frustrado sus planes sino que había derribado dos de sus más preciadas creaciones. Aquellos dos drones los había fabricado ella personalmente, en su impresora 3D y eran fruto de su esfuerzo y les tenía un aprecio similar al que cualquier persona puede sentir por una mascota. Y lo peor de todo, habían sido vilmente atravesados por una flecha, un arma primitiva.

Kirie se calmó unos instantes, aquello no iba a quedar así. Sus drones habían quedado inutilizados pero el rastreador GPS que llevaban aún funcionaba. Con un pequeño silbido, un diminuto dron con forma de libélula y una potente cámara por ojos se posó en su mano. Kirie abrió un compartimiento en el techo del camión y alzó su pequeño dron como quien libera un canario.

-Vuela pequeño, busca, encuentra.- Susurró sola.

Lunes por la tarde, residencia universitaria de Detroit

Terminadas las clases, Claire se dirigió aburrida hacia su pequeño apartamento en la residencia de estudiantes del campus. Aquella tarde estaba especialmente apática y no tenía ganas de salir con sus amigos.

El hecho de ver a Tom y Amy, dos de sus mejores amigos tan pegados el uno al otro le producía sentimientos contradictorios. Por un lado se alegraba por la pareja, ya que ambos eran felices el uno con el otro. Por otro lado no podía evitar sentir un ataque de celos cada vez que veía a la japonesa besar a Tom. Aunque nunca lo había admitido, Claire, llevaba años enamorada de Tom, a quien la mayoría de chicas consideraban el chico más atractivo de la facultad. Y el hecho que Mikoto Amy que sólo llevaba unos meses en Detroit, se hubiera llevado al chico, hacía arder a Claire de celos.

Por otro lado, Amy era su mejor amiga, y además, días antes había arriesgado su vida para salvar la suya. Claire le debía la vida y no estaba dispuesta a que un sentimiento tan infantil como los celos se interpusiera en su amistad. Pero no podía evitar una punzada de celos cada vez que la veía abrazándose con Tom.

Así que al salir de clase se fue directa a su apartamento, sin nada que hacer, se metió en la ducha, y allí estuvo, durante varios minutos notando como el agua caliente relajaba su cuerpo y la hacía sentir mejor.

Lo que Claire no sabía era que mientras se duchaba, dos tipos encapuchados habían entrado sigilosamente en el apartamento. Sus intenciones no eran buenas.

Claire salió de la ducha, cubrió su cuerpo con una toalla y antes de secarse el pelo fue a encender la tele. “A ver si dan algo que me distraiga” pensó.

Pero justo salir del baño, dos tipos la agarraron fuerte. Uno la cogió por detrás, inmovilizando sus brazos mientras el otro le tapaba la boca.

Claire no era una chica débil, su entrenamiento diario en el gimnasio le había dado un cuerpo atlético. Intentó luchar con todas sus fuerzas contra aquellos tipos. Seguramente hubiera podido derrotar sin problemas a uno de ellos, pero los dos juntos eran demasiado para la chica. Mientras Claire se debatía intentando librarse del agarre, mordiendo la mano del otro tipo intentando gritar, uno de ellos le acercó un paño en la nariz. Un paño que desprendía un olor que tranquilizó a Claire, un olor que la hacía cerrar los ojos…

Finalmente la chica se desplumó inconsciente en los brazos de los tipos. Ambos suspiraron aliviados, por un momento habían temido que la chica se les escapase. En la refriega la toalla se había desprendido del cuerpo de Claire, dejándola completamente desnuda ante ellos, con una sonrisa de satisfacción contemplaron el cuerpo de la pelirroja. Una voz metálica a sus espaldas los detuvo en sus intenciones.

– ¡Ya conocéis las órdenes! Nada de maltratar a la chica si no os digo lo contrario, desobedeced y os meteré una bala entre los sesos.

La voz provenía de una especie de robot, del tamaño de un perro, que se movía también con unas patas articuladas. En la frente tenía una potente cámara con un altavoz y un cañón con silenciador que apuntaba a ambos tipos.

El robot no perdió de vista a los dos hombres mientras ellos cogían a la chica en brazos y la llevaron a su habitación. Allí, la ataron a los postes de su cama. Uno de ellos hurgó en los cajones de Claire hasta encontrar unas bonitas braguitas de encaje, que metió a la boca de la chica.

– Eso la mantendrá callada cuando despierte.- Dijo uno de los tipos.

– Muy bien, ahora quietecitos y esperad mis órdenes. Si os comportáis recibiréis el dinero prometido y tal vez os lo podáis pasar en grande ella. Incumplid mis instrucciones y lo lamentaréis.- Dijo el dron en forma de perro.

Una hora después. Azoteas de Detroit

Densas nubes cubrían el cielo y de vez en cuando se oía algún trueno. Parecía que iba a llover en cualquier momento. Shadow Angel iba de azotea en azotea con un objetivo claro.

El museo de ciencias naturales estaba a punto de cerrar. La ninja tenía intención de seguir montando guardia al misterioso trozo de silitio que se custodiaba en el interior. Estaba segura que tarde o temprano el misterioso ladrón intentaría dar otro golpe. Había algo que incomodaba a la heroína, en todo el rato que llevaba saltando de azotea en azotea no había dejado de oír un potente zumbido, como de un ventilador a toda potencia.

Amy se paró en la azotea y escuchó atenta. El zumbido se iba acercando. Sin amedrentarse, la ninja sacó su pequeño arco compuesto y cargó una flecha, dispuesta a afrontar lo que fuera ese ruido.

Su sorpresa fue enorme cuando al cabo de unos instantes vio aterrizar a una chica. A primera vista parecía de la misma edad de Amy aunque más flaca y también de nacionalidad japonesa, pero por su aspecto era evidente que no se trataba de una chica normal y corriente. Sus manos parecían estar recubiertas por una malla metálica, sus botas parecían también de metal. Y sus ojos, uno de ellos era normal, pero el otro tenía un extraño brillo rojo, parecía más el objetivo de una cámara que un ojo humano.

La misteriosa chica llevaba un vestido negro que terminaba en una minifalda, cubría las piernas con unas medias blancas que le llegaban a los muslos, dejando una franja de un palmo de piel al descubierto entre la falda y las medias. Amy pensó que vestía entre provocativa y una viuda del siglo pasado.

– Y ahora qué, una lolita gótica?- Preguntó Amy

Kisaragi Kirie no respondió, descendió suavemente hasta la azotea donde estaba la chica que tanto empeño había puesto en evitar que se adueñara del silito. De sus hombros salían un par de potentes hélices que le habían permitido seguir a la ninja a través de la ciudad. Con su ojo cibernético contempló a su enemiga, localizando todas sus armas ocultas.

– Parece que por fin nos vemos cara a cara Shadow Angel o ¿debería decir Mikoto Amy?.- Dijo Kirie.

– ¡¿Cómo conoces mi identidad?!- Gritó la ninja.- ¿¡Quién demonios eres?!

Kirie soltó una carcajada.

– Pobrecita… no notaste un zumbido en tu apartamento esos días? Como una libélula?- Dijo Kirie mientras estiraba su mano y un pequeño dron con forma de libélula se depositaba en ella.- Ese pequeñín te ha estado haciendo compañía desde el viernes. Gracias a él supe quien eras, por dónde te movías, qué amigos tienes…

Amy al escuchar aquello estalló de ira y disparó la flecha. Kirie ni se inmutó. Un disparo desde un pequeño cañón ubicado en la palma de su mano detuvo la flecha. Aquello habría amedrentado a cualquiera, pero no a Shadow Angel.

La ninja dejó el arco, desembainó la katana y como una exhalación se impulsó hacia adelante. Kirie no tuvo tiempo de efectuar un segundo disparo ya que tenía a la ninja enfrente amenazándola con la punta de su arma. Kirie con sus manos desnudas desvió la afilada hoja.

“Ya me parecía a mi que esa malla metálica no era decorativa” pensó la ninja al ver que su cuchillada no había causado ningún rasguño en la malla metálica que recubría las manos de su enemiga. ¿Recubría? Más bien parecía que la malla metálica FUERAN sus manos.

La ninja continuó lanzando cortes y estocadas hacia su enemiga. Fuere quien fuere, conocía su identidad, con el peligro que ello conllevaba para ella, su familia y sus amigos. No iba a permitir que se le escapara.

Kirie desviaba los ataques de la ninja no sin dificultad. Aunque su técnica cuerpo a cuerpo no era tan buena como la de su rival, su implante cibernético en el ojo estaba focalizado en los músculos de Shadow Angel, permitiéndole predecir con facilidad los movimientos de la heroína, anticipándose por instantes a cada golpe.

Kirie lo negaría, pero en algún momento tuvo que realizar un esfuerzo para no distraerse demasiado con la visión de los perfectos músculos de su rival en plena tensión por el combate. Se sorprendió desviando, durante unos instantes, su atención de la pelea imaginándose como sería el cuerpo de la ninja bajo su traje. Por suerte, Kirie pudo reaccionar a tiempo, desviando en el último instante un par de estocadas. No, no era momento de distraerse, había demasiado en juego. Una vez venciera a esa entrometida ya tendría tiempo para deleitarse con ella.

La pelea había llegado a un punto muerto. Shadow Angel empezaba a estar agotada, aunque su enemiga parecía igual de fresca que al inicio. Su rival era capaz de anticipar todos sus movimientos, aquello no era normal. La ninja decidió un último movimiento desesperado.

Kirie anticipó la cuchillada que la ninja dirigía a su cuello y movió sus manos para interceptarla. Pero en el último segundo, con un pequeño movimiento de dedos, la ninja cambió la orientación de su afilada hoja. Lo que en principio era una cuchillada al cuello se convirtió en una estocada, dirigida de pleno a su rostro. Kirie se asustó por primera vez, dio un paso atrás y se apartó en el último segundo.

Kirie recuperó aire. Aquél engaño la había cogido totalmente desprevenida. Se palpó el rostro, estaba ilesa salvo un fino corte en la mejilla por el que corría un hilillo de sangre. Estaba harta de aquella pelea y decidió ponerle fin por las malas. Ya había tanteado suficiente la habilidad de Shadow Angel y no quería perder más el tiempo. Había asuntos más importantes que atender.

– Yo de tí no lo volvería intentar. No queremos que tu amiga Claire sufra ningún daño, ¿verdad?

– ¿Claire? Pero qué…¡Maldita! Como le hayas hecho daño te juro que…

– Shht Relájate, ese comportamiento tuyo no es propio de la nobleza japonesa. ¿No te enseñó modales tu familia?- La interrumpió Kirie.

– Parece que lo sabes todo sobre mí, pero tú ni me has dicho tu nombre.- Replicó Shadow Angel.

– Si quieres saber mi nombre real, deberás esforzarte tu misma. Por el momento puedes llamarme Queen Drone. Y esta noche yo seré la reina y tu la sirvienta.

Acto seguido el ojo cibernético de Queen Drone proyectó unas imágenes en el suelo de la azotea. En ellas se veía a una desnuda Claire, atada a su cama, luchando contra sus ataduras mientras dos tipos encapuchados contemplaban la escena.

– ¿¡Qué le han hecho a Claire!?- Gritó la heroína.

– Nada… de momento… El hecho que esté desnuda fue una deliciosa coincidencia. Esos tipos la cogieron cuando tu amiguita salía de la ducha. Tienen órdenes precisas de no hacerle nada salvo que yo les ordene lo contrario. Y mis órdenes, dependerán de tu actitud, Shadow Angel.

– ¿Qué quieres de mí?- Respondió la ninja.

– Nada, que esta noche estés quietecita y no te acerques a cierto museo.

– Tienes mi palabra. No me acercaré al museo y no impediré que te lleves ese trozo de roca. Por qué de eso se trata ¿verdad?- Respondió Amy.

– Aunque estoy segura que eres una chica de palabra y cumplirás la promesa, no me basta con eso. Quiero un gesto de buena voluntad por tu parte.- Respondió Queen Drone.

Amy la miró extrañada.

-¿Por que no empiezas tirando tus armas y quitándote la ropa? Quiero asegurarme que no lleves ninguna arma oculta.- Dijo Kirie divertida.

Shadow Angel lo pensó unos instantes. Las situaciones con rehenes nunca habían sido su punto fuerte, pero ahora además había el añadido que la rehén se encontraba a kilómetros de la heroína. Amy no tenía muchas opciones. Queen Drone la miraba fijamente, apuntándola con el cañón de su mano.

Con un suspiro la ninja arrojó su preciada katana suelo. Luego tiró también su cinturón. Aco seguido se despojó de sus botas y sus guantes.

-Ya está, te prometo que no llevo ninguna otra arma escondida.- Dijo Amy esperando que fuera suficiente para su enemiga.

La mirada de Queen Drone decía todo lo contrario, ella siempre había sentido un odio especial para la clase dirigente japonesa. Ahora tenía la oportunidad de humillar a un miembro de su aristocracia. Mikoto Amy iba a resarcir años de humillaciones a Kirie.

-Me gustaría creerte. Hagamos un trato, tu mantienes tu ropa y a cambio dejo a mis dos amigos disfrutar del cuerpo de tu amiguita.- Respondió Queen Drone con una sonrisa.

Para Amy aquello no era una opción. Así que se quitó la oscura camiseta y sus mallas, quedando cubierta por un top deportivo y un tanga negro. Amy se quitó el top, quedando únicamente con el tanga y su máscara, esperando que aquello satisficiera a su enemiga.

-Aún veo ropa- Dijo Queen Drone.

-Por favor, basta. Estoy casi completamente desnuda. Ya te has divertido suficiente.- Imploró Shadow Angel.

-Esta bien, puedo decir a mis chicos que violen, sólo un poco, a tu amiga.- Respondió la villana.

Amy captó el mensaje y se quitó el tanga, revelando un depilado pubis marcado con un tatuaje en forma de huella de gatito. Ese diminuto tatuaje no pasó desapercibido a Kirie.

-Vaya vaya con la princesita. Resulta escondía un secretito. ¿Quién te hizo esto? Un chico al que no querías presentar a tus padres? Una amiga muy íntima? Y lo más importante, por qué te lo hiciste? Si te lo has hecho es por que alguien lo vea, verdad? Te excita que te miren el tatuaje? Te gusta mostrarlo a tus novios? Qué bajo has caído Mikoto Amy. Pensar que eres un ídolo para mucha gente…-

Aunque el estigma por el tatuaje estaba superado, Amy no pudo evitar sentirse avergonzada por aquellas palabras. Des de que Felina la forzara a llevar ese tatuaje, Amy nunca se había sentido tan humillada por llevarlo. Claire, su mejor amiga le dijo que le quedaba muy bien. Incluso Tom, su novio, lo encontró muy sexy. Durante un tiempo Amy había olvidado que en Japón los tatuajes están muy mal vistos.

-Ya basta, ¿no?- Imploró con lágrimas en los ojos- Por favor… déjalo, haz lo que quieras conmigo, pero basta de esos comentarios…

-Lo siento putita, por que ya no tiene sentido llamarte princesa, ¿verdad? Ahora pareces más una puta que una aristócrata. Por cierto, he dicho que te quites TODA la ropa.

Amy durante unos segundos no entendió qué más quería su enemiga. Estaba totalmente desnuda. Entonces comprendió a lo que se refería.

-No, la máscara no, por favor

-Venga Mikoto, que somos mayorcitas y nos conocemos, al menos yo a tí. Qué mas te da tu máscara si ya conozco tu identidad? Aunque a cambio de conservar tu máscara puedo decir a mis chicos que…

-De acuerdo.- Queen Drone no pudo acabar su frase, Amy la interrumpió y con sus manos se quitó la oscura máscara que cubría su rostro. Revelando a su enemiga el rostro de la heroína oculto bajo la máscara. Totalmente humillada y avergonzada, Amy dejó su preciada máscara en el suelo junto con su ropa. Ahora la ninja estaba completamente desnuda ante su enemiga. Kirie sonrió triunfalmente.

-Veo que nos entendemos putita. Ahora ponte junto a la barandilla.- Dijo Queen Drone.

Amy no entendía lo que pretendía su enemiga. Pero llegado este punto, no tenía sentido oponerse a sus órdenes. Se había quitado toda su ropa y su máscara, nada que pudiera ordenarle sería peor. Por suerte era casi de noche y la azotea estaba poco iluminada. Difícilmente alguien podría verla desde el edificio cercano. Amy se puso de espaldas a la barandilla mirando a su enemiga. Queen Drone sonrió y le lanzó unas esposas.

-Espósate a la barandilla.- Le ordenó.- Quiero asegurarme que esta noche no me vas a molestar.

Amy contempló las esposas, no tenían ninguna cerradura, únicamente una pequeña luz roja parpadeante.

-No! No voy a hacerlo! Ya me he desnudado por tí, estoy indefensa, no puedo hacerte nada, si ahora te marchas no podré detenerte. El silitio es tuyo.

-Creo que no estás en posición de ordenarme nada putita.- Respondió Queen Drone.

-No soy una puta!- Replicó Amy.

Su enemiga soltó una carcajada

-Y me lo dices así? después de desnudarte ante mí y llevando ese vergonzoso tatuaje en tu parte más íntima del cuerpo? Vuélveme a repetir que no eres una putita.

Amy calló, avergonzada. Al ver que no decía nada, Queen Drone prosiguió.

-Quiero asegurarme que no me sigues. No te preocupes, esas esposas se cierran con un dispositivo controlado a distancia. Cuando tenga el silitio en mis manos y haya salido del museo apretaré un botón y te liberaré de tus esposas. Parece que va a llover así que con suerte nadie va a venir por aquí a contemplar tu desnudez. Putita. Luego diré a mis chicos que abandonen el apartamento de tu amiga y tu podrás ir a rescatarla y comprobar que soy persona de palabra.

Amy no dijo nada, comprendió que no tenía ninguna opción. Desnuda y desarmada no era rival para Queen Drone, y aunque pudiera vencerla no quería arriesgar la vida de Claire. Así que la ninja, avergonzada, se sentó en el frío cemento de la azotea, buscando una postura lo más cómoda posible y a salvo de cualquier ventana del edificio de enfrente. Alzando sus manos por encima de su cabeza las esposó a la barandilla.

-Así me gusta, que seas una putita obediente.- Dijo Queen Drone mientras recogía la ropa y armas de la ninja y se las llevaba.

-Espera! Por favor… no te lleves mi ropa…por favor.- Suplicó Amy.

-¿Llevármela? Para qué quiero yo este atuendo? Voy a dejarlo al lugar al que pertenece. Voy a tirarlo a la papelera de la calle. Con un poco de suerte podrás recuperarla cuando te libere. Sé buena mientras estoy fuera- Bromeó la villana mientras alzaba el vuelo con sus hélices.

Amy se quedó sola, sollozando ante su situación. Al cabo de unos minutos, que parecieron horas, empezó a llover. El agua empapaba el cabello y el cuerpo de la chica. Amy con todas sus fuerzas intentó liberarse de sus esposas, intentando forzar la barandilla, sin éxito, y luego aprovechando la lluvia intentó deslizar sus muñecas por las esposas sin resultado. Resignada, se quedó sentada, notando como el agua de lluvia recorría y empapaba su cuerpo. Hasta que finalmente dejó de llover. Afortunadamente para la heroína, pese a ser pleno otoño, el frío aún no había llegado a Detroit, de forma que la salud de la chica no corrió peligro.

Amy se sintió aliviada cuando dejó de llover y se relajó un poco. ¿Cuanto tiempo quedaría para que Queen Drone se hiciera con el mineral? ¿Y si la villana no respetaba su palabra y la dejaba allí esposada indefinidamente? Al fin y al cabo no tenía ningún motivo para confiar en que su enemiga respetaría lo que había dicho. ¿Estaría bien Claire, no le estarían haciendo daño esos tipos?. Un ruido sacó a Amy de sus pensamientos.

La puerta de la azotea se abrió y la ninja oyó el ruido de unas pisadas acercándose. Aliviada comprobó que eran un chico y una chica rubia de unos veinte años que habían subido a la azotea a hacerse unas fotos de pareja aprovechando el paisaje que ofrecía sobre la ciudad el cielo nublado después de la tormenta. En su rincón Amy no hizo ningún ruido. La pareja tardó en reparar en la chica.

-Eh, ¿estás bién?- Preguntó la chica mientras se acercaba a Amy. La expresión de su rostro cambió al comprobar que la japonesa estaba completamente desnuda.

-Qué te ha pasado? Alguna novatada de universitarios?- Preguntó el chico comiéndose con la mirada el cuerpo desnudo de Amy.

-Por favor, ayudadme, sacadme de aquí, debéis…- Pero Amy calló. Que debían hacer, pedir ayuda y que más gente la viera en esta situación?

Por fortuna para Amy, ninguno de los dos la había reconocido como la aristócrata japonesa que meses antes había aparecido en los periódicos de Detroit. El chico intentó sin éxito romper la barandilla. Luego intentó inútilmente romper las esposas.

-Basta, me haces daño.- Dijo Amy.- No podéis conseguir alguna herramienta para cortar la barandilla? una sierra o algo?… ¿Chicos?

Amy vio que algo había cambiado en la mirada de la pareja, después de comprobar que ella no podía soltarse, la preocupación había desaparecido de su rostro. En su lugar había otra expresión. Ambos chicos no apartaban la mirada de sus pezones, endurecidos por el contacto del agua de la lluvia. A decir verdad, Amy desnuda, con el pelo empapado y las gotas de agua resbalando por su fina piel ofrecía una visión muy seductora.

La chica se quitó los zapatos y empezó a acariciar los muslos de Amy con su pie desnudo. Comiéndose a la japonesa con la mirada mientras notaba como su pie descalzo se deslizaba fácilmente por la pálida piel de Amy. Mientrastanto el chico había sacado su teléfono móvil.

-No vais a ayudarme… ¿Verdad?- Dijo Amy resignada a la evidencia.

Por toda respuesta el chico empezó a sacar fotografías a la indefensa Amy. La japonesa intentó tapar como pudo su desnudez, pero sus manos esposadas por encima de su cabeza hacían inútil cualquier intento. Por el contrario, aquello parecía divertir a la joven pareja.

-Qué hashtag le pondrías a esa foto? #bellezamojada, #desnudabajolalluvia?- Dijo el chico divertido mientras toqueteaba su teléfono móvil.

-Qué tal si pones #paisajelluvioso o #bellezaotoñal? estoy segura que en pocos minutos será trending topic mundial- Respondió la chica.

La indiferencia con la que aquellos chicos pensaban publicar en internet su cuerpo desnudo enfureció a Amy. Puede que ellos no la reconocieran, pero si aquellas fotos circulaban por la red, era cuestión de minutos que alguien reconociera su rostro y aquello sería el fin de su reputación. Esas imágenes darían la vuelta al mundo y no podría esconderlas de su familia. Por suerte para Amy, los chicos estaban muy cerca de ella.

Con una rápida patada Amy arrojó el teléfono por la barandilla, sonriendo satisfecha al escuchar como segundos después se estrellaba contra el asfalto. Por el contrario la pareja le dirigió una mirada furiosa.

-¿Sabes lo que vale ese teléfono? ¿Ahora como convenzo a mis padres para que me compren otro?- Dijo el chico.

Amy fue a responder pero tan pronto abrió la boca, la chica introdujo su pie en ella.

-Tiene razón, esto ha estado muy mal de tu parte. Y pensar que hemos intentado ayudarte- Dijo la chica.- Qué piensas hacer para arreglarlo?

Amy con el pie de la chica en su boca no podía responder, intentó morderlo pero aquello en vez de dolor parecía provocar cosquillas en la chica, que introdujo más su pie en la boca de la japonesa.

-Creo que primero nos debes una explicación. ¿Qué haces aquí desnuda? ¿Qué eres, algún tipo de escort al que su cliente se ha olvidado desatar?- Dijo divertido el chico.

La chica retiró el pie de la boca de Amy pero la japonesa no respondió a ninguna de aquellas absurdas preguntas. Era plenamente consciente de lo que parecía, desnuda, esposada y sin ningún tipo de ropa alrededor. Cualquier excusa que diera no la iban a creer. La chica iba recorriendo con su pie la piel desnuda de Amy, deteniéndose a acariciar suavemente sus pechos y sus endurecidos pezones.

-Creo que le gusta mi pie.- Dijo divertida mientras iba bajando sus caricias hasta detenerse en el pubis de la japonesa.

– Te gusta ¿Verdad?- Insistió la chica al notar con su pie la húmeda vagina de Amy.

– Claro que no! Mi cuerpo únicamente reacciona pero eso no significa que me guste lo más mínimo.- Replicó Amy, aunque pronto se dio cuenta de su error. Su respuesta, intentando disimular lo obvio, había hecho estallar en carcajadas a la pareja.

– Pues claro que te gusta, no nos mientas. Dime, cuando decidiste quedar esposada y desnuda, fue por que esperabas que alguien te encontrar así, ¿verdad?- Dijo el chico.

– Pues claro que sí, debe ser de esas chicas que les gusta ese rollo de tener sexo en espacios públicos con desconocidos. Estoy segura que eras plenamente consciente de lo que haría con tu lindo cuerpo quien te encontrara, ¿verdad?- Replicó la chica.

Amy no dijo nada. La verdad es que, aunque en un inicio se había sentido muy avergonzada de que la encontraran así, las palabras de ambos chicos la estaban empezando a excitar. El contacto del pie de la chica por todo el cuerpo de Amy no la ayudaba a disimular su excitación.

– Creo que ya se como me cobraré mi teléfono.- Dijo el chico mientras se acercó a Amy y empezó a palpar su cuerpo.

A diferencia del contacto de la chica, el del chico no produjo ninguna reacción en el cuerpo de la heroína. Torpemente la besaba en el cuello, le mordisqueaba los pezones y le manoseaba su culo, pero a diferencia de la chica, que con el mero contacto de su pie la había estimulado, el chico no le causaba ninguna excitación. El chico con sus manos y su boca fue explorando cada rincón del cuerpo de Amy. La ninja lo miraba con indiferencia, notando como su éxtasis inicial iba remitiendo.

– ¡Aparta! Tu no sabes tractar a una chica.- La rubia de un empujón apartó al chico de Amy.- Está claro que a tí te gusta más el pescado que la carne.

Amy no dijo nada, aunque aquello no era del todo verdad, lo cierto es que tampoco era mentira. Amy sentía atracción por los hombres, pero la verdad es que varias mujeres la habían hecho vibrar como pocos chicos habían conseguido.

La chica sacó a Amy de sus pensamientos. Con su lengua, recorriendo suavemente el cuello de la japonesa había conseguido volver a excitar a la cautiva. Amy ahogó un gemido cuando las manos de la chica palparon su clítoris y empezaron a masajear su vagina, sonriendo al notar su humedad.

– Lo ves, le gusto más yo que tú- Dijo burlona para acto seguido succionar un pezón a la heroína, haciéndola soltar un gemido de placer.

El chico observaba atento el espectáculo y no podía evitar masturbarse bajo el pantalón. Ver a su novia montárselo con aquella belleza japonesa lo excitaba enormemente. Aunque por un lado, se sentía decepcionado por no poder proporcionar a Amy el placer que su chica conseguía darle.

La chica dirigió sus labios hasta la vagina de Amy. Ya no tenía sentido intentar disimular la excitación que notaba así que Amy acompañaba con sus gemidos las caricias y los lametones de la rubia. Un intenso gemido por parte de la heroína indicó que había alcanzado el clímax.

La chica se levantó y poco a poco se quitó los pantalones y sus bragas.

– ¿Crees que hemos terminado?- Susurró a Amy, que extasiada negó con la cabeza.

La rubia suavemente cogió el pie de Amy y poco a poco lo acercó a su vagina. La japonesa enseguida comprendió lo que deseaba y con su pie empezó a acariciarla. El contacto del frío pie de Amy con la húmeda vagina de la chica, hizo estallar a la rubia en gemidos de placer. La chica acercó su pie a la boca de Amy, sonriendo al ver como la japonesa sin necesidad de pedirlo, empezó a lamerle y chuparle los pequeños dedos de sus pies.

El chico lamentaba haber perdido su teléfono, su novia había dejado el suyo en el piso de sus padres. Estaba presenciando un espectáculo que no había imaginado ni en sus mejores fantasías, cuando lo contara nadie le creería.

El hábil pie de Amy provocó en la rubia un sonoro orgasmo. La chica sonreía mientras gritaba de placer, no le importaba que alguien los viera, ella podría irse rápidamente. En cambio para Amy sería una vergüenza si aparecía otro vecino. Cuando alcanzó el clímax apartó su pie de la boca de Amy y se volvió a vestir.

– Toda tuya, ahora te toca a tí divertirte.- De dijo al chico.

Pero antes que el chico pudiera tocar a Amy, ocurrió un golpe de suerte para la japonesa. Con un pequeño ruido, sus esposas se soltaron. Para suerte de Amy, Queen Drone no había tenido demasiados problemas para apoderarse del silitio.

Con una patada en el estómago dejó al chico sin aire en el suelo y acto seguido se dirigió a la rubia que intentaba huir por las escaleras. Sin ninguna dificultad Amy la dejó también fuera de sentido. Acto seguido los desnudó a los dos. Dedicando unos segundos a contemplar el lindo cuerpo desnudo de la rubia “una lástima, si tuviera tiempo tal vez…” pero no, Amy no tenía tiempo. Claire necesitaba su ayuda.

La japonesa se vistió con la ropa de la chica y arrojó la del chico por la cornisa, dejándolos a ambos desnudos y sin sentido en la azotea.

– Así aprenderéis!- Dijo antes de bajar las escaleras a toda prisa.

Por suerte para la ninja, encontró rápidamente su atuendo en una cercana papelera con todos sus artilugios. Se cambió de ropa en la sombra de un portal y a los pocos segundos Shadow Angel cruzaba la ciudad a toda velocidad.

Residencia universitaria. Minutos después

Shadow Angel entró katana en mano como una exhalación en el pequeño apartamento de Claire. Desafortunadamente, ambos secuestradores ya se habían ido, el piso estaba vacío. Vacío salvo por una desnuda Claire, atada y amordazada en su propia cama.

Amy se acercó a la chica. Claire tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Con su katana cortó las cuerdas que la ataban y retiró sus bragas de la boca de la pelirroja. Claire al verse libre, abrazó a su rescatadora entre sollozos.

– Gra… Gracias… sabía que vendrías, que no dejarías que me pasara nada malo.

Shadow Angel no se atrevió a decirle nada por miedo a que Claire reconociera su voz. Eran íntimas amigas en la universidad y estaba segura que identificaría la voz de Amy a través de la máscara. Amy la abrazó fuertemente, por suerte, esos tipos no le habían hecho nada.

Entonces ocurrió algo que sorprendió a Shadow Angel. De imprevisto, Claire la besó intensamente en los labios mientras continuaba abrazándola. Amy no supo como reaccionar, podría quitarse fácilmente a la pelirroja de encima pero no quería parecer brusca, la chica había pasado un infierno y estaría confundida.

Claire continuó besando a su rescatadora, primero encontró cierta resistencia al beso por parte de la ninja pero al cabo de unos segundos, sus labios respondieron a sus besos. Claire fue bajando las manos por el cuerpo de la ninja, hasta llegar a su cintura, y poco a poco, introdujo sus manos por debajo de la ropa de Shadow Angel.

Aquello estaba yendo demasiado lejos para Amy, Claire ya no sólo la estaba besando sino que estaba acariciando la piel de su espalda y su barriga por debajo de su ropa. Intentó quitarse a la pelirroja de encima cuando Claire, hábilmente, bajó su mano y por debajo las mallas de la ninja, palpó su entrepierna.

Amy notó como su cuerpo la traicionaba. Por un lado quería apartar a Claire, sabía que aquello no estaba bien, era su amiga. Pero por otro lado, su cuerpo reaccionó al recordar a Claire en cierta partida de póker y cómo la había hecho gozar. Shadow Angel notó como rápidamente se humedecía y se excitaba ante las caricias de Claire.

Claire al notar como la heroína no oponía resistencia a sus caricias, y al notar como se excitaba tanto como ella, fue un paso más allá. Retiró su mano de la entrepierna de Shadow Angel y le quitó su oscura camiseta. La ninja no se resistió al ver que Claire la desnudaba.

La mente de Amy le decía que debía parar aquello, pero su cuerpo no le respondía de la misma manera. Su cuerpo le pedía más, así que cuando Claire le quitó la camiseta, Amy se dejó hacer, devolviendo los besos a la pelirroja y empezando también a acariciar su cuerpo.

Shadow Angel incluso facilitó que Claire pudiera quitarle sus botas y sus mallas. La ninja procedió a quitarse sus guantes pero Claire no dejó que se quitara nada más. Estaba claro que quería desnudar a la heroína personalmente.

En un gesto de cordura por parte de Amy, cuando Claire empezó a quitarle el tanga, con el pie apagó la luz de la habitación dejándolas totalmente a oscuras. Aquello pareció incluso gustar a Claire, que intensificó sus besos y sus caricias sobre la japonesa.

Cuando Amy, totalmente desnuda, notó que Claire intentaba quitarle su máscara, lo intentó evitar.

– Tranquila, no encenderé la luz, tu rostro será un secreto para mí. Pero quiero cumplir la fantasía de haber quitado la máscara de Shadow Angel.- Le dijo con un susurro mientras colocaba su muslo entre las piernas de Amy, frotando suavemente el clítoris de la ninja.

La verdad es que Claire sabía como anular la voluntad de Amy, las palabras de Claire, acompañadas de pequeños mordiscos en su oreja y el estímulo que el muslo de la pelirroja causaba en la entrepierna de la ninja fueron suficientes para que desistiera en su empeño. Poco a poco notó como su máscara salía por encima de su cabeza. Ambas chicas se tumbaron en la cama, explorando sus cuerpos.

Amy estaba totalmente confundida. No debería haber llegado a aquello, en cualquier momento Claire podría abrir la luz y descubrirla. Pero la pelirroja parecía tener otros asuntos más importantes. No cesaba de besar, lamer, acariciar todo el cuerpo de su salvadora. Poco a poco Amy sucumbió a las caricias de Claire y se sumó al éxtasis.

Ambas chicas exploraron cada rincón del cuerpo de la otra, experimentando múltiples orgasmos. Con los dedos, con la lengua, en posición de 69. De mil formas distintas cada una llenaba de placer a la otra. Amy había olvidado por completo a Queen Drone y Claire ni siquiera recordaba el miedo cuando la tenían secuestrada. Ambas chicas solo tenían atenciones para la otra.

Finalmente, en la total oscuridad, ambas chicas se colocaron entre las piernas de la otra, en posición de tijera, frotándose mutuamente sus clítoris. Ambas no cesaban en sus gemidos de placer. Al cabo de unos intensos minutos, ambas chicas llegaron simultáneamente al clímax, quedándose tumbadas en la cama, abrazadas durante unos instantes.

Amy fue la primera en reaccionar, rápidamente se levantó y palpó el suelo en busca de su máscara y su ropa. Cuando segundos más tarde Claire abrió la luz de la habitación, Amy volvía a ser Shadow Angel, con su máscara y su ropa cubriendo su cuerpo. Si hubiera sido unos segundos más lenta en vestirse, Claire hubiera descubierto de pleno su identidad.

– Gracias por todo… ¿Cuando podré volver a verte?- Preguntó Claire al ver que su heroína se disponía a salir por la ventana.

Aquella pregunta descolocó a Amy. Sin atreverse a pronunciar palabra, negó con la cabeza y saltó por la ventana para perderse en la oscuridad de la noche. Cuando Amy llegó a su apartamento, su mente estaba totalmente confusa y llena de sentimientos y pensamientos contradictorios. Estaba segura que había sido un grave error acostarse con Claire. Amy tenía un novio del que estaba enamoradísima, no entendía como había ocurrido aquello. Por otro lado, había seguido el dictado de su cuerpo, Claire le había hecho sentir un placer distinto al que le proporcionaba Tom, el dominio que la pelirroja tenía sobre el cuerpo de la japonesa era asombroso.

Confundida Amy se fue a dormir prometiéndose que no volvería a cometer el mismo error.

Martes por la mañana. Gimnasio de la universidad de Detroit

El intenso entrenamiento matutino de Amy la ayudó a poner sus ideas en orden. Aunque técnicamente no había sido infiel a Tom, ya que no había sido Amy sino Shadow Angel quien se había acostado con la chica, tenía claro que aquello no volvería a pasar.

Por otro lado, se centró en Queen Drone, ¿quién era la misteriosa villana que usaba tecnología de última generación? Los drones que usaba y su implante ocular y sus manos cibernéticas eran tecnología al alcance de muy pocos gobiernos. Su única pista era que se trataba de una chica japonesa, como ella, tal vez eso facilitara las cosas. La villana la había vencido porque había contado de algún modo con aquellos tipos que habían secuestrado a Claire. Shadow Angel necesitaría algún tipo de ayuda si quería vencer a su enemiga. Pero ¿quién? No cesaba de preguntarse. ¿Quién podría ayudarla? Al terminar el entrenamiento y dirigirse al vestuario, se le había acudido una idea.

En el vestuario encontró a Claire charlando con otra chica.

– Ayer conocí a alguien interesante- A Amy le picó la curiosidad y paró la oreja.

– ¿Tu? La eterna soltera ha conocido a alguien especial? Seguramente antes de mañana ya será otro “ex-alguien interesante”.- Bromeó la otra chica mientras salía del vestuario.

– Quien sabe- Respondió Claire.

Amy estaba confundida, pero la curiosidad pudo con ella.

– Así que has conocido a alguien? Se puede saber quien es?- Preguntó la japonesa llena de curiosidad.

Claire antes de responder se cercioró que ambas chicas estaban solas y se acercó a Amy.

– A tí sé que puedo contártelo, eres mi mejor amiga y en la que más confío. Por favor, no te rías.

Amy negó con la cabeza y Claire prosiguió.

– Es Shadow Angel.- Amy no pudo disimular su asombro, Claire continuó.- Anoche me salvó de un apuro y tuve la oportunidad de compartir un momento íntimo con ella, es tan fuerte, tan valiente, tan dulce… tan… Sabes en mi vida he tenido muchos novios pero nunca pensé que sentiría algo así en una chica. Ojalá algún día puedas conocerla, Shadow Angel es…

Amy ya no la escuchaba, aquello era peor de lo que pensó en un principio. Claire, su mejor amiga, parecía completamente seducida por su alter ego Shadow Angel. La japonesa no sabía como tomarse aquello. Aquel día acudió a clase con un nudo en el estómago.

Martes por la noche

Kirie llevaba días trabajando sin descanso en el pequeño laboratorio de su camión. Muy poca gente conocía las propiedades del silitio, no sólo era un material duro y resistente sino que además era un gran conductor de energía. El mineral perfecto para crear nanochips.

Sólo el silitio tenía las propiedades para crear los micro drones que llevaba meses diseñando. Con ellos finalmente se cobraría su venganza.

Que hubiera elegido Detroit como lugar de su último golpe no era casualidad. Dentro de un mes se celebraría un evento en su palacio de congresos. Evento al que asistiría su más jurado enemigo. Por fin, después de tantos años, Kisaragi Kirie se cobraría la venganza por la muerte de su amado Himura, y por la destrucción y posterior apropiación del trabajo de su vida. Kirie disponía de tiempo para planear su venganza hasta el último detalle, tiempo que no iba a desperdiciar.

Kirie no lo sabía, pero en su afán por hacerse con el silitio a toda costa, había desperdiciado una oportunidad de oro para intentar recuperar los dos drones que Shadow Angel había derribado con su arco.

Epílogo. Miércoles, última hora de la tarde. Universidad de Detroit, facultad de ingeniería.

Había sido un día duro, sus estudiantes seguían suspendiendo su asignatura. O ellos no terminaban de entender la mecánica de los últimos avances en tecnología o él no sabía transmitir ese saber a sus alumnos. Había estado toda la tarde en su despacho en la universidad, resolviendo dudas a los alumnos que habían acudido allí. Le gustaba su trabajo y no le importaba destinar horas de tiempo libre para hacer que sus alumnos entendieran su asignatura. Insistía siempre a sus compañeros profesores que el tiempo invertido hoy en enseñar bien a un estudiante siempre beneficiaría el futuro.

Finalmente, casi entrada la noche, había atendido las dudas del último alumno. Cerró su despacho con llave y se dispuso a salir de la facultad e irse a casa, a prepararse una bien merecida cena y un sueño reparador. Mañana sería otro día. Iba absorto en sus pensamientos cuando una figura apareció por la puerta del pasillo. Su primer pensamiento fue que se trataría de un alumno rezagado.

– ¿Tiene un momento? Necesito hablar con usted- Dijo una voz femenina.

El Profesor, sorprendido, casi deja caer su carpeta. Ante él había una figura femenina, cubierta con ropa oscura y con una máscara cubriendo su rostro. Su temor inicial se desvaneció en un instante. Cómo olvidar al ángel que meses antes le había salvado la vida. En su primer encuentro, su ángel tenía otra apariencia, su traje estaba desgarrado, mostrando su linda piel sin dejar casi nada a la imaginación del Profesor. Ahora en cambio, el ángel aparecía ante él con su uniforme impecable, llevando una mochila oscura.

– Por su puesto, adelante pasa.- Dijo el Profesor mientras retrocedía el pasillo y volvía a abrir la puerta de su despacho. Aunque fuese tarde, no podía negarle su tiempo a quién le debía la vida.

Cuando Shadow Angel cruzó el umbral del despacho, un recuerdo acudió a ella. La última vez que había estado allí, una bomba casi los había matado a los dos. Esta vez, cuando la puerta se abrió, no hubo explosión, solo el chirriar de las nuevas bisagras. La ninja cerró la puerta detrás suyo, asegurándose que no había nadie observando en el pasillo.

– Tengo un problema con alguien, y creo que usted puede ayudarme.- Dijo la ninja.

CONTINUARA

¿Cuál será el desenlace de esta historia? ¿Quién es la misteriosa Queen Drone y por qué tiene implantes de última generación? ¿Por qué odia tanto la villana la aristocracia japonesa? ¿Conseguirá su objetivo? Sigan mis futuros relatos para ver el desenlace de esta historia.

PD: Gracias de nuevo a Meperteneces2 por el personaje de Queen Drone. Me encantó la idea de enfrentar una ninja, con su estilo de lucha ancestral, con una villana que usa tecnología casi futurista.

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