
Bajó los cadáveres al salón. María se sobresaltó emitiendo un quejido trágico. “¿Te has vuelto loco?. ¿Qué iban a hacerte?. Estaban desnudos y desarmados por el amor de Dios”. Jaime los arrinconó en una esquina ante la puerta de salida. Se secó el sudor provocado por el esfuerzo y miró el reguero de sangre dejado por sus cabezas agujereadas. Había pasado una media hora desde que se encerrara con ellos en la habitación de su madre. “Limpia la sangre” María se acercó con un gesto teatral, que intentaba transmitir incredulidad con un atisbo de desesperación. “¿Me has oído?, ¿por qué […]

