
Fabricio estaba completamente harto de hacerse cargo de Juliana. Alguna vez pensó que ser padre soltero no sería tan complicado, pero Juliana se había encargado de ser lo más insoportable posible. Había empezado a ser así desde tan chica que su padre comprendió en parte porque su madre se había borrado de la faz de la tierra cuando la niña tenía apenas ocho años. Adicta al chocolate y a los videojuegos, insoportable profesional, grosera e inmadura. Así era su hija. No podía creer, que a su edad, aún lloriqueara por el hecho de que su padre le ocultara el azúcar. Fabricio […]



















