
Los hombres somos por lo general unos idiotas confiados. Aunque seamos proclives a cepillarnos a cuantas mujeres se nos pongan a tiro, por lo contrario, somos capaces de poner nuestra mano en el fuego porque nuestras parejas jamás nos pondrían los cuernos. Da igual que sea nuestra esposa, novia o compañera, en cuanto formalizamos una unión de cualquier clase, pensamos que no se les pasa por la cabeza estar con otro que no seamos nosotros. Da igual que, por naturaleza, en cuanto conocemos a una mujer desatendida por su pareja no podemos verla como persona sino como un posible objetivo […]
