
Mi prima preñada y su dinero, mis mejores afrodisiacos 2 Antes de salir de casa, ya me había acostado con la preciosa secretaria de mi prima. La rapidez con la que esa oriental se había echado entre mis brazos me dejó claro que no era casual y que esa ligereza escondía otras intenciones. «No he sido nunca un ligón», me repetí continuamente para no creer que esa mujer se había sentido afectada por mi atractivo. Tenía claro que Teresa se había abierto de piernas y que ello solo se podía deber a dos motivos: El primero, mi prima se lo […]
