
9 Me senté sobre la cama y acomodé mi melena echándola hacia atrás, pasándome por ella los dedos mientras mis tres mosqueteros me observaban expectantes. Me sentía profundamente bien, relajada, completa y satisfecha, aunque me moría de sed por tanto gemido y jadeo. – ¿Quién me prepara una copa? – les dije. Me habéis dejado seca. Luis se ofreció al instante, y salió hacia la cocina para coger hielos y preparar un combinado con la bebida que había quedado en el salón. – Ufff – suspiré-, y lo que daría por poder fumarme ahora un cigarrillo… – Alicia siempre tiene […]

