
Navidad, Navidad, dulce Navidad. El viaje a Salamanca es un tanto silencioso. Hemos salido de Madrid casi al mediodía, decidiendo parar en algún punto del camino para almorzar. Las chicas están meditabundas, reservadas, incluso algo tristes. No solo piensan en cuanto ha sucedido en estos días, sino que, a pesar de que nos queda una semana, más o menos, para estar juntos, regreso a la granja. De repente, Pam empieza a hablar. ― He visto, mientras hacía la maleta, que solo hay un cinturón con vibrador en el cajón. ¿Alguno de vosotros ha cogido el otro? ― No, yo no […]

