
Entré en la habitación, me desabroché dos botones de la camisa para estar más cómoda, lo que provocó algunas miradas sobre mi escote, tomé aire, me armé de valor y dije: ¡Estoy embarazada! Mi hermana fue la primera en llegar hasta mí para abrazarme. ¡Enhorabuena!, me dijo y me besó en la boca. No fue un beso casto, propio de hermanas, su lengua rozó la mía. Tras ella mi cuñado hizo lo propio. Aquí el morreo se produjo sin ningún recato. Estaba muy contento, lo que era normal: él era el padre. Parecía que mi vida oscilaba entre periodos de […]

