
Acurrucados en el toldo, esperamos que la gente abandone las giradas, que el ruido se disipe y nos diera a entender que no había moros en la costa. Adormecidos, casi acalambrados pero felices, nos prodigábamos besos y caricias sin imaginar lo que pasara después. – Dany ya salieron todos creo, ya no escucho ruido… – Si hay que salir mejor antes que cierren el coliseo y nos dejen encerrados… Nos acicalamos como pudimos y salimos discretamente por la puerta debajo de la grada, entre juegos cariñosos, abrazos y besos… felices nos creíamos las únicas personas en el coliseo hasta que… […]

