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	<title>PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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	<description>---TU WEB DE RELATOS ERÓTICOS--- (SOLO MAYORES DE +18 AÑOS)</description>
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	<title>PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>Relato erótico: &#8220;De la cama de mi esposa a la de mi cuñada (1 de 2)&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 10:36:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La historia que os voy a contar puede parecer una fantasía de dolescente pero me ocurrió y aunque resulte un tanto hipócrita, no me siento culpable de lo que pasó porque fue Alicia no solo la que propició ese traslado sino la única responsable que yo hundiera mi cara entre sus muslos. Antes de nada tengo que presentarme, me llamo Alejandro y soy un hombre maduro y del montón. Con casi cuarenta y cinco años, no tengo un cuerpo de modelo y aunque he perdido más pelo de lo que me gustaría, lo que no ha menguado con los años [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><br />
<span style="font-size: 14pt;">La historia que os voy a contar puede parecer una fantasía de dolescente pero me ocurrió y aunque resulte un tanto hipócrita, no me siento culpable de lo que pasó porque fue Alicia no solo la que propició ese traslado sino la única responsable que yo hundiera mi cara entre sus muslos.</span></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Antes de nada tengo que presentarme, me llamo Alejandro y soy un hombre maduro y del montón. Con casi cuarenta y cinco años, no tengo un cuerpo de modelo y aunque he perdido más pelo de lo que me gustaría, lo que no ha menguado con los años son mis ganas de follar.&nbsp;&nbsp; Reconozco que estoy bruto todo el tiempo. Cuando no estoy mirando las piernas de las mujeres que pasan a mi lado es porque estoy mirándolas el culo. Me confieso un salido y mi mujer que lo sabe me tiene vigilado y a la menor sospecha, me monta un escándalo para que vuelva al redil. Por eso no comprendo cómo durante unas vacaciones cometió el error de no advertir las maniobras de su caprichosa hermana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://images2.imgbox.com/25/ed/C1PSqGKU_o.jpg" width="423" height="586">Mi querida cuñada es una de las personas más volubles que conozco. Con&nbsp; treinta y cinco tacos y a pesar de estar bastante buena, no ha conseguido una pareja estable por su carácter.&nbsp; Pasa de un estado de euforia a la mayor de las tristezas sin motivo aparente y lo mismo le ocurre con los hombres, un día está enamorada por un tipo y al día siguiente, ese amor se convierte en odio feroz. Siempre he opinado que estaba un poco loca pero no por ello dejaba de reconocer que esa morena tenía un par de pechos dignos de ser mordisqueados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Por todo ello, no creáis que me hizo mucha gracia cuando María me contó que ese verano Alicia iba a acompañarnos a Gandía. Pensé que esa pesada iba a resultar un estorbo sin saber que su presencia iba a cambiar mi vida, dándole un giro de ciento ochenta grados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>El viaje en coche.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para los que no lo sepáis Gandía es la típica ciudad de veraneo del mediterráneo español que multiplica su población en agosto gracias a los miles de turistas que recibe.&nbsp; A principios de ese mes, tal y como mi esposa y su hermanita habían planeado, toda la familia salimos rumbo a esa ciudad y cuando digo toda la familia en ella incluyo a mi esposa, mi hijo de ocho años, el puto perro, mi cuñada y por supuesto a mí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya desde el inicio del viaje, la bruja de Alicia se tuvo que hacer notar al negarse a viajar en la parte trasera, alegando que le daba miedo el chucho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Será puta!», pensé al oírla porque mi perro lo que daba era lástima. Ejemplar de pura raza callejera, el pobre bicho además de escuálido y enano, era un pedazo de marica que tenía miedo hasta de su sombra. Sabiendo que era una mera excusa para ir delante, no dije nada cuando mi mujer se pasó atrás por no discutir con su hermana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sé que esa zorra se dio cuenta de mi cabreo porque al sentarse en el asiento del copiloto, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No te enfades de verdad tengo miedo de ese dinosaurio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Encima con recochineo», mascullé al oír el apelativo con el que se dirigía mi pobre “Fortachón” antes de percatarme que yo mismo al ponerle el nombre me había reído de su tamaño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Durante todo el trayecto el sol nos dio de frente, de modo que el habitáculo no tardó en calentarse por mucho que teníamos el aire acondicionado a tope. Mi esposa, mi hijo y la advenediza de mi cuñada no pararon de quejarse pero fue la puta de Alicia la que aprovechando que había parado a repostar en una gasolinera, la que aprovechó para ponerse un bikini con el que ir el resto del viaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Os juro que al verla sentarse de esa forma en su asiento tuve que hacer un esfuerzo para no babear:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Menudas tetas!», exclamé mentalmente al observar de reojo esos dos enormes melones apenas cubiertos por dos trozos de tela negra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Lo peor fue que al encender el coche y ponerse en funcionamiento el aire, este pegaba directamente sobre sus pechos e inconscientemente sus pezones se le pusieron duros como piedras. Fue entonces cuando aprovechando que mi mujer no había llegado con el crío, decidí soltarle una andanada diciendo de broma mientras señalaba sus pitones:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Cuñadita, ¿te pongo cachonda?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tras la sorpresa inicial, esa zorra me sonrió soltando:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Ya te gustaría a ti. Tú eres el último hombre con el que me acostaría.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Muerto de risa al ver el color que habían adquirido sus mejillas, contesté sin dejar de mirar los dos bultos que pedían a gritos ser tocados bajo su bikini:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― En eso tienes razón, preferiría ser eunuco a acostarme contigo. ¡Con tu hermana tengo suficiente!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://images2.imgbox.com/e5/79/L6ky61aD_o.jpg" width="424" height="580">La expresión de cabreo con la que me miró me tenía que haber puesto en preaviso. Sin duda fue entonces cuando al herir su amor propio, esa guarra decidió hacerme ver cuán equivocado estaba&nbsp; y solo la llegada de María impidió que esa caprichosa mujer iniciara su ataque sobre mí en ese instante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tampoco tardó mucho porque una vez habíamos reiniciado la marcha, ese engendro del demonio aludiendo a la temperatura que hacía se dedicó a remojarse el escote con el propósito de ponerme verraco. Ni que decir tiene ¡que lo consiguió! Ningún heterosexual hubiera permanecido indiferente a la calenturienta escena de ver a esa monada acariciándose los pechos mojados una y otra vez mientras observaba de&nbsp; reojo mi reacción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Espero que sepáis comprender que mi sobre estimulado pene reaccionara alzándose nervioso bajo mi pantalón mientras yo intentaba infructuosamente prestar atención a la carretera en vez de a ella. Pero por mucho que lo intenté mi ojos volvían inapelablemente a fijarse en el modo que Alicia se pellizcaba los pezones a pesar de saber que lo hacía para joderme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El colmo fue que casi llegando a nuestro destino y aprovechando que su hermana mayor se había quedado dormida,&nbsp; me soltó mientras rozaba con su mano mi inflada entrepierna:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pues va a ser que no eres eunuco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Si mi verga ya estaba intranquila por su exhibicionismo, al sentir su leve roce alcanzó de golpe una brutal erección sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Alicia, descojonada al percatarse de mi erección, acercó su boca a mi oído y me susurró:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Nunca debías haberme retado. De Gandía no me voy sin haberte follado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su amenaza me dejó paralizado porque conocía de sobra su carácter caprichoso y que cuando se proponía algo, esa zorra no paraba hasta que lo conseguía…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>El apartamento tampoco ayuda.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://images2.imgbox.com/4e/97/HM8Bf0r7_o.jpg" width="425" height="566">Ya en nuestro destino, mi querida cuñadita volvió a montarla gorda al descubrir que el piso que habíamos alquilado y que en teoría era para seis adultos, en realidad era un pequeño apartamento con dos habitaciones y que cada una de ellas solo contaba con una cama de matrimonio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿No esperareis que duerma con Alejandrito?― soltó quejándose no tanto por no disponer ni de un cuarto para ella sola como por el hecho de tener que compartir colchón con su sobrino.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Maria, mi mujer, que había sido la quien se había ocupado de rentarlo, se trató de disculpar enseñándole el folleto donde se veía que había al menos tres camas. Fue entonces cuando mi cuñadita cayó en la cuenta que una de las camas que aparecían era un sofá y creyendo que se había librado de dormir con el chaval, intentó abrirlo y descubrió que estaba roto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Mierda― exclamó de muy mala leche― ¡mañana mismo vamos a la agencia y que nos cambien de piso!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su cabreo era tal que me abstuve de hacer ningún comentario y huyendo de la quema, cogí a mi crio y me lo llevé a nadar a la piscina. Al cabo de unos quince minutos, las cosas se debían haber&nbsp; calmado un poco porque vi entrar a María con Alicia. Mi esposa venía apesadumbrada por lo que no me costó entender que la bronca había sido total pero en cambio mi querida cuñadita venía feliz y contenta, como si nada hubiese ocurrido. Si había sospechado que era bipolar, el comportamiento de ese día me lo confirmó; una vez se había desahogado con su hermana, la morena había pasado página y se puso a jugar con Alejandrito con una alegría tal que nadie hubiera podido afirmar que minutos antes esa mujer estaba hecha un basilisco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tratando de calmar a mi mujer me acerqué a ella y le pregunté si quería que le pusiera bronceador. María me lo agradeció el detalle y olvidándome de su hermanita, comencé a untar la crema por su cuerpo, desconociendo que desde el agua Alicia no perdía detalle y que esa pérfida mujer querría que lo repitiera con ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La paz duró una media hora hasta que cansada de jugar con mi hijo, volvió a donde estaban nuestras tumbonas y comenzó a discutir con mi esposa por un motivo que la verdad ni recuerdo. Lo que si me consta es que María se levantó y hecha una furia se subió al piso sin despedirse. La sonrisa que descubrí en la cara de Alicia me alertó que se avecinaban problemas y dicho y hecho, en cuanto comprobó que su hermana había desaparecido, se acomodó en la tumbona y llamando mi atención me pidió que le pusiera protector tal y como había hecho antes con mi esposa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Medio cortado pero ante todo alertado del peligro, me acerqué a regañadientes y comencé a echarle crema en la espalda mientras ella me provocaba con gemidos de placer cada vez que sentía mis manos recorriendo su piel.</span></p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No te pases― susurré en su oído, temiendo que sus suspiros llegaran a los oídos de los vecinos y creyeran estos que entre Alicia y yo había una relación que no existía.</span></li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La muy guarra, lejos de cerrar la boca y dejar de abochornarme,&nbsp; siguió mostrando su satisfacción con mugidos más propios de una vaca que de una mujer decente. Viendo su actitud, di por terminado lo que estaba haciendo con un azote en su culo diciendo:</span></p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Pareces una cría. ¡No sé a qué juegas!</span></li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Alicia al sentir mi indoloro manotazo sobre sus nalgas, me regaló una sonrisa mientras decía:</span></p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">¡Qué rico! ¿Te he dicho alguna vez que me encanta que los hombres me premien con una buena azotaina después de hacer el amor?</span></li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Las palabras de mi cuñada consiguieron sonrojarme al imaginarme por primera vez haciendo uso de su espléndido cuerpo pero rápidamente me sobrepuse y en voz baja le contesté que se quedaría con las ganas porque entre ella y yo nunca pasaría nada. &nbsp;Muerta de risa, la muy cretina respondió mientras se daba la vuelta y se quitaba la parte de arriba del bikini:</span></p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sabes perfectamente que te haré caer y que antes de que te des cuentas estarás mamando de mis peras mientras me follas.</span></li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sorprendido por su descaro no pude más que deleitarme mirando esas tetazas casi perfectas mientras ella las terminaba de untar con bronceador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Con esas pechugas tendré que andarme con cuidado si no quiero caer en sus garras!», pensé al tiempo que retenía en mi retina la belleza de los pezones negros y duros que decoraban su pecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sumido en una especie de trancé permanecí como un pazguato viendo como mi cuñada embadurnaba esas dos maravillas hasta que mi hijo me pidió que le acompañara a nadar a la piscina. Al levantarme, el bulto de mi entrepierna dejó claro a mi acosadora que sus maniobras habían tenido éxito y decidida a no dejar de pasar la oportunidad de restregármelo, al pasar a su lado, me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Tu pajarito necesitan que le den de comer, si me necesitas ya sabes dónde encontrarme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa nada velada invitación a desfogarme con ella, me terminó de excitar y queriendo disminuir mi calentura, me tiré al agua esperando que eso me calmara. Desgraciadamente la imagen de esa maldita y de sus peras ya se había quedado grabada en mi cerebro y por mucho que intenté borrarla jugando con mi chaval, al salir de la piscina seguía allí reconcomiéndome. Por fortuna, para entonces mi cuñadita había vuelto al apartamento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Alicia es peligrosa, ¡debo andar con cuidado!”, recapacité a mi pesar al&nbsp; percatarme del disgusto con el que había descubierto su ausencia, « ¡Está loca!».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Alicia sigue cerrando la soga alrededor de mi cuello.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://images2.imgbox.com/a3/76/GuZkdRGb_o.jpg" width="425" height="566">Dos horas más tarde y asumiendo que era la hora de cenar y que no podía postergar mi vuelta, agarré a mi chaval y subí con él al piso alquilado.&nbsp; Al entrar todo parecía haber vuelto a la normalidad porque María y Alicia estaban charlando animadamente en el salón sin que nada revelara tirantez alguna entre ellas dos. La concordia de las hermanas me hizo temer que mi cuñada había solo aplazado su ataque y que debía de permanecer atento sino quería que mi matrimonio fuera directo al precipicio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Por eso directamente me metí a duchar, deseando que al salir esa zumbada se hubiese olvidado de su capricho. Para mi desgracia, al sentir el chorro de agua caliente cayendo por mi cuerpo me relajé y me puse a recordar los pitones de Alicia:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Estará loca pero también está buena», mascullé entre dientes mientras por acto reflejo mi miembro se despertaba entre mis piernas. &nbsp;Todavía hoy me arrepiento de haberme dejado llevar por la imaginación pero reconozco que, al notar mi erección, cogí mi pene y mientras me imaginaba mordisqueando los pechos de la hermana de mi mujer, no pude evitar el pajearme visualizando en mi mente a ella ofreciéndome sus tetas como anticipo al resto de su cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi estado febril hizo que acelerara el movimiento de mis manos al verme mordisqueando las areolas de sus senos mientras ella no paraba de ronronear como un cachorrito. En mi cabeza, mi cuñada ya no era esa mujer caprichosa y bipolar sino una hembra ardiente que reaccionaba con lujuria a mis caricias. Estaba a punto de correrme cuando un ruido me hizo despertar y al girarme hacia la puerta, pillé a esa morena observándome desde la puerta. Asustado traté de taparme pero entonces soltando una carcajada esa arpía me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Veo que estabas pensando en mí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El bochorno que sentía al haber sido cazado de esa forma, no me permitió responderle una fresca y por eso me sentí todavía más avergonzado cuando me dijo antes de irse:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Por cierto, tienes un pene apetitoso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Si de por sí eso era embarazoso más lo fue que me lo dijera relamiéndose los labios. La ausencia de moral de mi cuñada consiguió desmoronarme y de muy mala leche, salí de la ducha sabiendo que esa puta no iba a dejar de acosarme. Por su carácter, tenía claro que Alicia no iba a cejar hasta meterme en problemas. Hundido en la miseria, terminé de vestirme y salí al salón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Supe que mis problemas no habían hecho nada más que empezar, cuando mi niño me informó que después de cenar les iba a llevar a su tía y a él al cine. Tratando de escaquearme, pregunté a mi mujer si ella no prefería ir por mí pero entonces María me contestó que se encontraba muy cansada y que prefería quedarse leyendo un libro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Mierda!», exclamé para mis adentros sin demostrar mi disgusto, no fuera a ser que con ello mi esposa se mosqueara y empezara a sospechar. Si ya era incómodo el acoso de Alicia, no quería empeorarlo con los celos de María.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Entre tanto y desde el sofá, mi cuñadita sonreía satisfecha previendo que, sin la presencia de su hermana, yo sería una presa fácil. Confieso que en ese instante me sentía como cordero que va hacia el matadero y por eso hice el último intento que María nos acompañara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Te prometo que estoy muy cansada― respondió la aludida dando por zanjado el tema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El tono cansino que usó al contestarme no me dio más alternativa que aceptar, creyendo que la presencia de su sobrino haría que esa arpía se contuviera y retrasara sus planes. Desgraciadamente nada más terminar de cenar y salir hacia el coche rumbo al cine, Alicia me sacó de mi error porque sin importarle que Alejandrito pudiera oírla, susurró en mi oído:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Te voy a poner como una moto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://images2.imgbox.com/bc/1d/dQhvd9ju_o.jpg" width="426" height="640">Su amenaza consiguió hacerme anticipar el suplicio que esa noche iba a tener que soportar pero simulando una tranquilidad que no tenía, me abstuve de contestarla y sin más me subí al vehículo. De camino al centro comercial, mi cuñadita se entretuvo subiéndose la minifalda que llevaba para obligarme, aunque fuera de reojo, a mirarle sus piernas y no contenta con ello, aprovechando que mi hijo llevaba cascos, me preguntó si me gustaba la ropa interior que llevaba puesta.&nbsp; Girando mi cabeza, descubrí que:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;¡La muy puta no se había puesto bragas!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su sexo completamente depilado se mostraba en plenitud. Confieso que me sorprendió su exhibicionismo y supe que de haber estado solo con ella hubiese hundido mi cara entre sus piernas aunque me hubiese costado mi matrimonio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Tápate― murmuré separando mi vista de sus muslos, – ¡te puede ver el crio!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A pesar que sabía que esa maldita estaba jugando conmigo, la visión de su coño me excitó de sobremanera y temí por primera vez que si Alicia seguía jugando conmigo, tarde o temprano caería en la tentación y terminaría follándomela. En ese momento, deseé estar a mil kilómetros de mi cuñada y así estar a salvo de sus manejos. En cambio por su sonrisa, se notaba que ella estaba feliz haciéndome sufrir y más cuando se fijó que bajo mi pantalón mi apetito crecía sin control. Al percatarse de ello, incrementó mi turbación pasando su mano por encima de mi bragueta mientras me decía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No sabes las ganas que tiene mi conejo de comerse tu zanahoria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sudando la gota gorda, conseguí&nbsp; de alguna manera llegar a nuestro destino sin lanzarme sobre esa puta y enseñarle que conmigo no se jugaba. Mi cabreo era tal que había decidido que devolverle con creces mi angustia. Curiosamente el tomar esa decisión me tranquilizó y por ello ya no me escandalizó su forma de abrazarme al bajarme del coche ni que se pegara a mí mientras hacíamos la cola para entrar en el cine.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Una vez dentro de la sala, como teníamos tiempo, compré palomitas y refrescos para los tres porque con mi chaval entretenido, le pasaría inadvertido lo que pasara a su lado. Cuando me senté entre los dos, mi queridísima cuñada se mostró encantada pensando que así, con su sobrino alejado, iba a poder seguir con su acoso una vez se hubiesen apagado las luces.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tal y como había previsto, al hacerse la oscuridad, la muy ramera ni siquiera esperó a que empezara la película para posar <img decoding="async" class="alignleft" src="https://images2.imgbox.com/74/30/aO1hDV0F_o.jpg" width="423" height="563">su mano sobre mi pierna. Disimulando mis planes, no reaccioné a su contacto y ella, saboreando su triunfo, fue subiendo sus dedos lentamente hasta mi entrepierna. Mi falta de rechazo le dio alas y no tardé en sentir su palma agarrando mi pene mientras con los ojos fijos en la pantalla, veía los primeros compases de la película.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Tú sigue que luego te arrepentirás», rumié interiormente satisfecho cuando esa zorrita metió su mano en mi bragueta y comenzó a pajearme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Reconozco que para entonces el morbo de disfrutar de una paja hecha por la hermana pequeña de mi mujer ya me tenía dominado y por eso esperé a que incrementara la velocidad con la que me estaba masturbando para dejar caer mi mano entre sus muslos. Mi cuñada pegó un grito al sentir que directamente mis dedos separaban los labios de su sexo y comenzaban a acariciarle el clítoris. Tras el susto inicial, intentó sin éxito que parara pero afianzándome en mi ataque, me dediqué a masajear con mayor énfasis ese botón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al notarlo, nuevamente buscó rechazarme usando las dos manos pero solo consiguió que metiera una de mis falanges en el fondo de su coño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Por favor, ¡para! – susurró en mi oído al comprender que el cazador se había convertido en presa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su nerviosismo pero sobretodo la humedad que manaba de entre sus piernas fueron el aliciente que necesitaba para comenzar a follármela con los dedos mientras tenía a mi derecha a mi hijo absorto con la película. Sin darle tiempo a acostumbrarse comencé a meter y a sacar mi dedo de su interior mientras seguía masturbándola.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para entonces mi victima ya había comprendido que nada podía hacer por evitar mis caricias porque para ello tendría que montar un escándalo. Poco a poco se fue relajando,&nbsp; al notar que su cuerpo empezaba a reaccionar e involuntariamente colaboró conmigo separando sus rodillas. Su nueva postura y el hecho de no llevar bragas me permitieron irla calentando lentamente de manera que al cabo de unos minutos, cada vez que metía mi yema dentro de su chocho, este chapoteaba encharcado. Al advertirlo, decidí dar un paso más y sacando un hielo de mi refresco, lo llevé hasta su sexo y sin pedirle opinión se lo introduje dentro de su vagina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Dios!― escuché que gemía descompuesta antes que el contraste de temperatura la hiciera llegar a un placentero pero silencioso orgasmo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Seguí jugando con el hielo en su interior hasta que su propia calentura lo derritió y entonces le incrusté otro para así seguir con mi maniobra. Para entonces Alicia estaba disfrutando como una loca y sin importarle que la señora de al lado pudiese verla, llevó sus manos hasta los pechos y comenzó a pellizcarse los pezones. Uno tras otro, su chocho absorbió diez hielos que se disolvieron al tiempo que ella unía un orgasmo con el siguiente, completamente entregada a mí, su cuñado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://images2.imgbox.com/88/2f/4scJrQ5v_o.jpg" width="426" height="567">Desconozco cuantas veces se corrió sobre la butaca de ese cine, solo puedo deciros que ya estaba terminando el coñazo de película que habíamos ido a ver cuándo acercando mi boca a su oído, le mordí la oreja mientras le susurraba:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No debiste jugar con fuego. Ahora lo comprendes, ¿verdad putita?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mis palabras la llevaron por enésima vez al orgasmo y sacando mi mano de entre sus piernas, la dejé convulsionando de placer sobre su asiento. Habiéndome vengado, presté atención a lo que sucedía en la gran pantalla y me olvidé de ella porque sabía que había recibido su merecido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al encenderse las luces, mi cuñada estaba colorada y sudorosa pero ante todo avergonzada porque era incapaz de levantarse al tener la falda empapada. Comprendiendo su problema, le cedí mi rebeca para que se tapara y que así mi chaval no se diera cuenta que su tía parecía haberse meado encima. Ella me agradeció el detalle y tras anudársela a la cintura, sonriendo se acercó a mí y me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Eres un cabrón. Ten por seguro que me vengaré.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El tono meloso y en absoluto enfadado con el que imprimió a su amenaza, me informó que no estaba cabreada pero también que tendría que estar en alerta para cuando esa guarrilla quisiera devolverme la afrenta con creces.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A la salida, la arpía se había vuelto una corderita y se mantuvo callada todo el viaje&nbsp; de vuelta. Ya en la casa, se despidió de mí meneando su trasero con descaro y aprovechando que Alejandrito iba adelante, se levantó la falda para que pudiera contemplar en toda su plenitud sus desnudas nalgas. La visión de ese culo elevó la temperatura de mi cuerpo de manera tal que nada más entrar en mi habitación me pegué a mi mujer que dormía plácidamente en su cama.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">María al notar mi presencia se acurrucó contra mí, permitiendo que mis manos recorrieran su pecho. Por mi parte, comencé a acariciar sus pezones buscando despertarla. Sabía que mi mujer no se iba a oponer y deseando hacerle el amor, empecé a acariciarla. Su trasero, duro y respingón me tenía subyugado desde que la conocí pero como en ese momento lo que realmente me apetecía era una sesión de sexo tranquila, pegándome a su espalda, le acaricié el estómago. Subiendo por su dorso me encontré con el inicio de sus pechos, Siendo delgada, lo mejor de María eran sus senos. Grandes pero suaves al tacto, a pesar de sus cuarenta años se mantenían en su sitio y aunque parezca una exageración seguían pareciendo los de una veinteañera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al pasar mis dedos por sus pezones, tocándolos levemente, escuché un jadeo que me hizo saber que estaba despierta. Mi esposa&nbsp; que se había mantenido quieta, presionó sus nalgas contra mi miembro, descubriendo que estaba listo para que ella lo usase.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Estás bruto cariño?― preguntó desperezándose.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al escuchar su pregunta, no dudé en alojarlo entre sus piernas, sin meterlo. Ella, moviendo sus caderas con una lentitud exasperante, expresó sin palabras su aceptación.&nbsp; Cuando deslicé mi mano hasta su sexo, curiosamente me lo encontré empapado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Por lo que veo, tú también― respondí acariciando su clítoris.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No llevaba ni medio minuto cuando mi esposa me sorprendió levantando una de sus piernas e incrustándose mi verga en su interior. Me sentí feliz al comprobar que su sexo recibió al mío con facilidad, de forma que pude disfrutar de como mi glande iba rozando con sus pliegues hasta que por fin hubo sido totalmente devorado por ella. &nbsp;Fue entonces cuando cogí un pezón entre mis dedos y se lo apreté. María al sentirlo, creyó ver en ello el banderazo de salida, y acelerando sus movimientos, buscó nuestro mutuo placer mientras su vagina recibía golosa mi pene.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué tal la película?― susurró en mi oído mientras&nbsp; forzaba mi penetración con sus caderas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Separando su pelo, besé su cuello y respondiendo con un leve mordisco, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Hasta los cojones de tu hermana. Estaba deseando volver contigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mis palabras la alegraron y con su respiración entrecortada, comenzó a gemir&nbsp; mientras el interior de su pubis hervía de excitación. Sus jadeos se&nbsp; incrementaron a la par que el movimiento con el que respondía a cada uno de mis ataques:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Fóllame Cabrón― chilló al notar que se corría.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Descojonado por su entrega, le di la vuelta y forzando su boca con mi &nbsp;lengua, llevé mis manos hasta su culo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Eres un poco calentorra, putita mía, ¿lo sabías?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Sí― me contestó al tiempo que sin esperar mi aceptación&nbsp; se sentaba a horcajadas sobre mí, empalándose.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://images2.imgbox.com/44/e7/5khJYfip_o.jpg" width="426" height="567">María aulló al sentirse llena y notar mi glande chocando con la pared de su vagina justo cuando un ruido me hizo levantar la mirada y descubrir a su hermana espiando desde la puerta entre abierta. Os reconozco que me calentó ver a esa zorrita en plan voyeur e incrementando el morbo que sentía al follarme a mi mujer con ella espiando, solté a María para que lo oyera Alicia:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No se te ocurra gritar, no vaya a ser que esa loca se despierte y quiera unirse a nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi mujer ajena a estar siendo observada, muerta de risa, contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Por eso no te preocupes, estoy segura que mi hermana además de medio sorda es frígida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sonreí al observar el gesto de cabreo con el que la aludida escuchó la burrada y disfrutando del momento, incrementé la velocidad de mis cuchilladas mientras me afianzaba cogiendo sus tetas con mis manos. El nuevo ritmo hizo que el cuerpo de Maria mostrara los primeros síntomas del orgasmo y por eso seguí machacando su interior sin dejar de mirar de reojo a mi cuñada. Justo en ese momento, me percaté de un detalle que hasta entonces me había pasado desapercibido:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">“¡Alicia se estaba masturbando de pie en el pasillo!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin llegarme a creer lo que estaba viendo, no dije nada y mirando fijamente a esa espía, cambié de posición para que María no pudiese verla y poniéndola a cuatro patas, le pedí que se agarrara del cabecero. Mi mujer pegó un aullido al hundir mi verga de un solo golpe en su interior pero rápidamente se rehízo y con lujuria, me rogó que no parara de tomarla. Como comprenderéis lo le hice ascos a sus deseos y con mayor énfasis, seguí acuchillando su coño al tiempo que sonreía a su hermanita. Alicia, desde su privilegiado lugar, estaba desbocada y hundiendo sus dedos en su coño, no paraba de torturar el botón que escondían los pliegues de su sexo, siendo consciente de su pecado y sabiendo que yo la estaba retando al dejarla ser testigo de cómo me tiraba a mi mujer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando María comenzó a agitarse gritando de placer presa de un gigantesco orgasmo. Deseando que mi cuñada se muriera de envidia y se diera cuenta que con mi esposa tenía suficiente, aceleré aún más el compás de mis caderas. Producto de ello, mi mujer unió un clímax con el siguiente mientras su cuerpo convulsionaba entre mis piernas. Con mi insistencia la llevé al límite y ya totalmente agotada, me rogó que me corriera diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Lléname de tu leche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su ruego junto con el cúmulo de sensaciones que se habían ido acumulando en mi interior desde que masturbé a la zorrita de mi cuñada, hicieron que pegando un gemido descargara mis huevos, regando con mi semen su conducto. María al sentir su conducto anegado, se desplomó sobre la cama dando tiempo a Alicia a huir rumbo a su cuarto. Satisfecho, me tumbé junto a ella abrazándola deseando que con esa demostración esa perturbada se diese por enterada, pero con el convencimiento que al día siguiente tendría que seguir lidiando con su caprichoso carácter.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignnone size-full" src="https://images2.imgbox.com/4d/e1/ZPlzgdcg_o.jpg" width="2000" height="1502">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://sexomio.com/">&nbsp;</a></span></p>
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		<title>&#8220;Mi nueva criada negra&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (por Golfo)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 07:19:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B012Y10VTC"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18610" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2.png" alt="" width="2968" height="1112" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2.png 2968w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2-300x112.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2-768x288.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2-1024x384.png 1024w" sizes="(max-width: 2968px) 100vw, 2968px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 24pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Una amiga viendo que era un desastre, me contrata una criada para que al menos organice la pocilga que es mi casa. Sin saber que la presencia de Meaza, cambiaría para siempre mi vida al descubrir junto a ella una nueva clase de erotismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B012Y10VTC">http://www.amazon.es/gp/product/B012Y10VTC</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 24pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo uno.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">-Necesitas alguien fijo en tu casa- dijo Maria viendo el desastre de suciedad y polvo que cubría hasta el último rincón de mi apartamento.-Es una vergüenza como vives, deberías contratar a una chacha que te limpie toda esta porquería.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Traté de defenderme diciéndola que debido a mi trabajo no lo uso nada más que para dormir pero fue en vano. Insistió diciendo que si no me daba vergüenza traer a una tía a esta pocilga, y que además me lo podía permitir. Busqué escaparme explicándole que no tenía tiempo de buscarla ni de entrevistarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No te preocupes yo te la busco-soltó zanjando la discusión.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mi amiga es digna hija de su padre, un general franquista, y cuando se le mete algo entre ceja y ceja, no hay manera, siempre gana. Suponiendo que se le iba a olvidar, contesté que si ella se ocupaba y no me daba el tostón, que estaba de acuerdo, y como tantas otras cosas, mandé esta conversación al baúl de los recuerdos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por eso, cuando ese sábado a las diez de la mañana, me despertó el timbre de la puerta, lo último que me esperaba era encontrármela acompañada de una mujer joven, de raza negra.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Menuda carita- me espetó nada más abrirla y apartándome de la entrada, pasó al interior del piso diciendo: &#8211; Se nota que ayer te bebiste escocia.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué coño quieres?- respondí ya enfadado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Te he traído a Meaza- dijo señalando a la muchacha que sumisamente la seguía: &#8211; No habla español pero su tía me ha asegurado que es muy buena cocinera.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por primera vez me fijé en ella. Era un estupendo ejemplar de mujer. Muy alta, debía de medir cerca de uno ochenta, delgada, con una figura al borde de la anorexia y unos pequeños pero bien puestos pechos. Pero lo que hizo que se derribaran todos mis reparos fue su mirada. Tras esos profundos ojos negros se encerraba una tristeza brutal, producto de las penurias que debió pasar antes de llegar a España. Estaba bien jodido, fui incapaz de protestar y dando un portazo, me metí en mi cuarto, a seguir durmiendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cuando salí de mi habitación tres horas después, mi amiga ya se había ido dejando a la negrita limpiando todo el apartamento. Parecía otro, el polvo, la suciedad y las botellas vacías habían desaparecido y encima olía a limpio.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Coño!- exclamé dándome cuenta de la falta que le hacía una buena limpieza.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Pero mi mayor sorpresa fue al entrar en la cocina y ver el estupendo desayuno que me había preparado. Sobre la mesa estaba un café recién hecho y unos huevos revueltos con jamón que devoré al instante. Meaza, debía de estar en su cuarto, porque no la vi durante todo el desayuno.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Con la panza llena, decidí ir a ver dónde estaba. Me la encontré en mi cuarto de baño. De rodillas en el suelo, con un trapo estaba secando el agua que había derramado al ducharme. No sé qué me pasó, quizás fue el corte de hallarla totalmente empapada, descalza sobre los fríos baldosines, pero sin hablarla me di la vuelta y cogiendo las llaves de mi coche salí del apartamento.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Nunca había tenido ni una mascota, y ahora tenía en casa a una mujer, que ni siquiera hablaba mi idioma. Tratando de olvidarme de todo, pero sobre todo de la imagen de ella, moviendo sus caderas al ritmo con el que pasaba la bayeta, llamé a un amigo y me fui con él a comer a un restaurante.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Alejandro no paró de reírse cuando le conté el lío en que me había metido Maria, llevándome a casa a esa tentación.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No será para tanto- soltó tratando de quitar hierro al asunto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Que sí, que no te puedes imaginar lo buena que está.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Pues, entonces ¿de qué te quejas? Fóllatela y ya.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No soy tan cabrón de aprovecharme- contesté bastante poco convencido en mi capacidad de soportar esa tentación dentro de casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> El caso es que terminado de comer nos enfrascamos en una partida de mus, que al ser bien regada de copas, hizo que me olvidara momentáneamente de la muchacha.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Totalmente borracho, volví a casa a eso de las nueve. No había terminado de meter las llaves en la cerradura cuando me abrió la puerta para que pasara. Casi me caigo al verla únicamente vestida con un traje típico de su país, consistente en una tela de algodón marrón, que anudada al cuello dejaba al aire sus dos pechos. Para colmo, lejos de incomodarse por mi borrachera y su desnudez, me recibió con una sonrisa y echando una mano a mi cintura me llevó a la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Sentir su cuerpo pegado al mío alborotó mis hormonas y solo el nivel etílico que me impedía incluso el mantenerme de pie, hizo que no saltara sobre ella violándola. Solo tengo de esa noche, confusas imágenes de la negrita desnudándome sobre la cama, pero nada más porque debí de quedarme dormido al momento.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> A la mañana siguiente, al despertarme, me creía morir. Era como si un clavo estuviera atravesando mis sienes mientras algún hijo de puta lo calentaba al rojo vivo. Por eso tardé en darme cuenta que no estaba solo en la habitación y que sobre la alfombra a un lado de mi cama dormía la muchacha a rienda suelta.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza usando como almohada su vestido, estaba totalmente desnuda y ajena a mi examen, descansaba sobre el duro suelo. Estuve a punto de despertarla pero algo en mi me indujo a aprovechar la situación para dar gusto a mis ojos. Durante más de media hora estuve explorándola con la mirada. Era perfecta, sus piernas eternas terminaban en un duro trasero que llamaba a ser acariciado. Luego un vientre duro, firme, rematado por dos bellos pechos que se notaba que nunca habían dado de mamar. El pezón negro era algo más que decoración, era como si estuviera dibujado por un maestro. Redondo, bien marcado, invitaba a ser mordisqueado. Y su cara aun siendo negra tenía unas facciones finas, bellísimas. Poco a poco me fui calentando y solo el corte de que me pillara, evitó que me hiciera una paja mirándola.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> De improviso, abrió los ojos. Sus negras pupilas reaccionaron al verme y levantándose de un salto abandonó la habitación. Decidí quedarme en la cama esperando que se me bajara el calentón. Por eso, todavía estaba ahí cuando al cabo de tres minutos, la muchacha volvió con mi desayuno.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> No se había molestado en taparse. Desnuda, me traía en una bandeja, el café y unas tostadas. Sin saber qué hacer, me tapé con la sabanas mientras desayunaba y reconozco que no paré de mirar de soslayo a la muchacha.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Ella, como si fuera lo más natural del mundo, se agachó por su vestido y atándoselo al cuello, esperó arrodillada mientras comía. A base de señas, le pregunté si no quería y sonriendo abrió su boca para que le diera de comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Estaba alucinado, cuando todavía no me había repuesto de ese gesto, vi como sus blancos dientes mordían la tostada tras lo cual su dueña volvió a arrodillarse a mi lado, satisfecha de que hubiese compartido con ella mi comida. Su postura me recordaba a la de una sumisa en las películas de serie B. Con las manos en la espalda y los pechos hacía delante, mantenía su culo ligeramente en pompa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué buena está!», maldije al percatarme que me estaba volviendo a poner cachondo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Tratando de evitarlo, me levanté a darme una ducha fría sin importarme que al hacerlo ella me pudiera ver desnudo. No sé si fue idea mía pero me pareció que ella se quedaba mirándome el trasero. De poco me sirvió meterme debajo de chorro del agua, no podía dejar de pensar en su olor y su cuerpo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «No puede ser», mascullé entre dientes al pensar que aunque nunca había cruzado una palabra con ella y ni siquiera me entendí, me resultara hasta doloroso el comprender en lo difícil que me iba a resultar el respetar la relación criada-patrón si esa niña no dejaba de andar medio en pelotas por la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Al salir de la ducha fue aún peor, Meaza me esperaba en mitad del baño con la toalla esperando secarme. Traté de protestar pero me resultó imposible hacerla entender que quería hacerlo yo solo por lo que al final, no tuve más remedio que dejar que ella agachándose empezara a secarme los pies.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Esto no es normal», sentencié observando sus manos y la tela recorriendo mis piernas mientras su dueña con la mirada gacha miraba al suelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Interiormente aterrorizado de lo que iba a pasar cuando esa mujer llegara hasta mi sexo, me quedé quieto. Al hacerlo, me tranquilizó ver su profesionalidad cuando se entretuvo secando todos y cada uno de mis recovecos sin que en su cara se reflejara nada sexual.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> También os he de decir que aunque Meaza no mostró ningún rubor, mi pene en cambio no pudo más que reaccionar al contacto endureciéndose. La muchacha haciendo caso omiso a mi calentura sonrió y levantándose del suelo terminó de secarme todo el cuerpo para acto seguido salir después con la toalla mojada hacía la cocina.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Parezco nuevo», murmuré avergonzado. Me había comportado como un niño recién salido de la adolescencia. Cabreado conmigo mismo me vestí y saliendo al salón, encendí la tele.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Allí me resultó imposible concentrarme al ver a esa negrita limpiando la casa vestida únicamente con ese trapo. Confieso a mi pesar que aunque lo intenté que estuve más atento a cuando se agachaba que al programa que estaban poniendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Todo es culpa de Maria», sentencié hecho una furia con mi amiga por habérmela traído.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cabreado hasta la medula, cerré los ojos mientras buscaba relajarme. No debía de llevar ni tres minutos en esa postura cuando sentí que tocaban mi pierna. Tardé unos segundos en abrir mis párpados y cuando lo hice me encontré a Meaza hincada a mi lado con un plato de comida entre sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No tengo hambre- dije tratando de hacerme entender.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras le debieron resultar inteligibles porque obviando mis protestas, esa muchacha no hacía más que alargarme el plato.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> &#8211; No quiero- contesté molesto por su insistencia y señalando con el dedo el jamón y el queso, y posteriormente a mi estómago, le hice señas diciéndole que no.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Imposible, la negrita seguía erre que erre.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Coño! ¡Que no quiero!- grité ya desesperado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Entonces ella hizo algo insólito, agarrando mi mano me obligó a coger una loncha para posteriormente llevársela a su boca. Por fin entendí que lo que quería es que le diera de comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Seguramente en su tribu, los hombres alimentan a las mujeres y obligada por su cultura espera que yo haga lo mismo», me dije y pensando que ya tendría tiempo de explicarle que en España no hacía falta, agarré otro trozo y se lo metí en la boca.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Agradecida, esa monada sonrió mostrándome toda su dentadura. Reconozco que estaba encantadora con una sonrisa en la cara y ya más seguro de mí mismo, seguí dándole de comer como a un bebé. Contra todo pronóstico comprendí que era una gozada el hacerlo porque de alguna manera eso me hacía sentir importante. Lo quisiera o no, era agradable que alguien dependiera de ti hasta los más mínimos detalles por lo que cuando se acabó todo lo que había traído, fui al frigorífico a por algo de leche.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cuando volví seguía en el mismo sitio, en el suelo al lado del sillón. Más interesado de lo que nunca había estado con una mujer, acercándole el vaso a los labios, le di de beber. Meaza debía de estar sedienta por que se tomó el líquido a grandes tragos de manera que una parte se le derramó por las mejillas, yendo a caer en uno de sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Juro que lo hice sin pensar, no fue mi intención el hacerlo pero como acto reflejo mi mano recorrió su seno y recogiendo la gota entre mis dedos me lo llevé a mis labios saboreándolo. Sus pezones se endurecieron de golpe al verme chupar mis dedos y con ellos, mi entrepierna. Cuando nuestras dos miradas se cruzaron, creí descubrir el deseo en sus ojos pero decidí que me había equivocado por lo que levantándome de un salto, traté de calmarme, diciéndome para mis adentros que debía de ser un caballero.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Puta madre, ¡es preciosa!- pensé mientras combatía la lujuria que se estaba adueñando de mi cuerpo y sabiendo que eso no podía continuar así y que al menos debía de ir decentemente vestida para intentar que no la asaltara en cualquier momento, la cogí del brazo y la llevé a su cuarto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Una vez allí, busqué algo con que vestirla pero al ver el armario totalmente vacío, descubrí que esa muchacha solo había poseía la blusa y la falda con la que había llegado a casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Necesitas ropa- le dije.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Con los ojos fijos en mí, se echó a reír dándome a saber que no había entendido nada.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> « Es primer domingo de mes», pensé, «luego los grandes almacenes deben de estar abiertos».</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual, la obligué a ponerse esas ajadas pertenencias y la llevé de compras. Mi siguiente problema fue subirla al coche. Asumiendo que sabía hacerlo abrí las puertas con mi mando y me subí para descubrir al sentarme que ella seguía de pie fuera del automóvil.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Joder!- exclamé saliendo y abriéndole la puerta, la hice sentarse.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente en mi asiento y antes de encender el motor, tuve que colocarle el cinturón y al hacerlo rocé sus pechos con mi mano, los cuales se rebelaron a mi caricia, marcando sus pezones debajo de su blusa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Tengo que comprarte un sujetador, ¡me estas volviendo loco! Cómo sigas con tus pechos al aire no sé si podré aguantarme las ganas de comértelos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza, no me entendió pero me dio igual. Me gustaba como sonreía mientras le hablaba y por eso , le expliqué lo mucho que me excitaba el verla. Recreándome en su ignorancia, alabé su maravilloso cuerpo sin parar de decir burradas. Durante unos minutos, se mantuvo atenta a mis palabras pero al salir a la calle y tomar la Castellana, empezó a mirar por la ventanilla señalándome cada fuente y cada plaza. Para ella, todo era nuevo y estaba disfrutando, por eso al llegar al Corte Inglés y meternos en el parking, con un gesto me mostró su disgusto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Lo siento bonita pero hay que comprarte algo que te tape.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Como una zombie, se dejó llevar por la primera planta, pero al tratar de que montara en la escalera mecánica tuve que emplearme duro porque le tenía miedo. Cómo no había más remedio, la obligué y ella asustada se abrazó a mí en busca de protección, de forma que pude oler su aroma penetrante y sentir como sus pechos se pegaban al mío al hacerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué voy hacer contigo?- dije acariciándole la cabeza: -Estás sola e indefensa, y yo solo puedo pensar en cómo llevarte a la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Sentí pena cuando llegamos al final, porque eso significaba que se iba a retirar, pero en contra de lo que suponía no hizo ningún intento de separarse por lo que la llevé de la cintura a buscar ropa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> El segundo problema fue elegir su talla. Incapaz de comunicarme con ella, le pedí a una señorita que me ayudara inventándome una mentira y diciéndole que la negrita era parte de un intercambio y que necesitaba que le comprara unos trapos. Me daba no sé qué, el decirle que era mi criada.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> La empleada se dio cuenta que iba a hacer el agosto a mis expensas y rápidamente le eligió un montón de camisas, pantalones y vestidos, de forma que en poco tiempo, me vi con todo un ajuar en el probador de señoras.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por medio de la mímica, le expliqué que debía de probársela para comprobar que le quedaba. Meaza me miró asombrada, y haciendo un círculo sobre la ropa, me dio a entender que si era todo para ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Si- asentí con la cabeza.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Dando un gritito de satisfacción, se abrazó a mí pegando sus labios a mi mejilla. Se la veía feliz, cuando se encerró en el probador. Ya más tranquilo, esperé que saliera pero al hacerlo lo hizo vistiendo únicamente un pantalón, dejando para escándalo de las mujeres presentes y gozo de sus maridos, todo su torso y sus pechos al aire.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Obviando el hecho que la presencia de hombres está mal vista en un probador de mujeres, la agarré del brazo y me metí con ella. Si no lo hacía, nos iban a echar del local. De tal forma que en menos de dos metros cuadrados estuve disfrutando de la niña mientras se cambiaba de ropa. Pero lo mejor fue que al darle un sujetador, se lo puso en la cabeza, por lo que tuve que ser yo, quien le explicara cómo usarlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Tienes unas tetas de locura- susurré mientras acomodaba sus perfectas tetas dentro de la copa: &#8211; Me encantaría sentir tus pezones en mi lengua y estrujártelas mientras te hago el amor.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> La muchacha ajena a las bestialidades que salían de mi boca, se dejaba hacer confiada en mi buena voluntad. Todavía hoy me avergüenza mi comportamiento pero no pude evitar hacerlo porque estaba disfrutando. Pero todo lo bueno tiene un final y saliendo del probador con Meaza vestida como una modelo, pagué una cuenta carísima alegremente al percibir que hombres y mujeres no podían dejar de admirar al pedazo de hembra que tenía a mi lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Parece una modelo».</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente tuve que abrirle la puerta y de igual forma y aunque la negrita se había fijado como lo había hecho, en plan coqueta dejó que fuera yo quien le abrochara el cinturón. Creo que incluso provocó que nuevamente rozara su pecho al incorporarse mientras lo hacía.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Eres un poco traviesa, ¿lo sabias?- dije mirándola a los ojos sin retirar mis manos de sus senos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Soltó una carcajada como si me entendiera y dándome un beso en la mejilla, se acomodó en el asiento.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Esta mujer está alterando mis neuronas y encima lo sabe- medité mientras conducía.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mirándola de reojo, no podía más que maravillarme de sus formas y la tersura que parecía tener su piel. Sus piernas parecían no tener fin, todo en ella era delicado, bello. Haciendo un esfuerzo retiré mi mirada y traté de concentrarme en el volante al sentir que mi entrepierna empezaba a reaccionar. No sé si ella se dio cuenta de mi embarazo pero tocándome la rodilla, me dijo algo que no entendí.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Yo también te deseo- contesté haciéndome ilusiones. Realmente quería con toda el alma que así fuera.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Como iba a ser un raro espectáculo el darla de comer en la boca en un restaurante, decidí irnos de nuevo a mi apartamento. Al menos allá, nadie iba a sentirse extrañado de nuestra relación. Ya en el garaje de mi casa y habiendo aparcado el coche, la negrita insistió en ser ella quien llevara las bolsas con la ropa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Debe ser lo normal en su país», pensé mientras acptaba que fuera ella quien cargara, tras lo cual y manteniéndose a una distancia de unos dos metros de mí me siguió con la cabeza gacha.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Su actitud me hizo recordar a las indias lacandonas en Chiapas que son ellas las que cargan todo y siguen a su hombre por detrás. Ya en el piso, lo primero que hizo fue acomodar su ropa en su cuarto mientras yo me servía una cerveza helada. Nunca he comprendido a los del norte de Europa, cuando la toman caliente, una cerveza, para ser cerveza, tiene que estar gélida, muerta, fría y si encima se bebe en casa, con una mujer espléndida, mejor que mejor. Ensimismado mientras la bebía, no me di cuenta que Meaza había terminado de colocar sus trapos y que se había metido a duchar, por eso me sobresaltó oír un desgarrador grito proveniente de su cuarto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Salí corriendo a ver qué pasaba. El tipo de chillido indicaba que debía de ser algo grave por lo que cuando entrando en el baño, me la encontré llorando desnuda pensé que se había caído y nerviosamente empecé a revisarla en busca de un golpe o una herida, sin encontrar el motivo de su grito.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué ha pasado?- pregunté. La muchacha señalando la ducha y posteriormente a su cuerpo, me explicó lo ocurrido. Cuando comprendí que la pobre se había escaldado con el agua caliente, no me pude contener y me destornillé de risa con su infortunio.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cuanto más me reía, más indignada se mostraba. Me había visto duchándome, y no se había percatado de que había que usar las dos llaves, para conseguir una temperatura óptima. Solo conseguí parar cuando vi que no paraba de llorar y sintiéndome cucaracha, por reírme de su desgracia, la llevé a la cama para darle una crema anti-quemaduras.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Ven, túmbate- dije dando una palmada en el colchón.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> La negrita me miraba, alucinada, de pie, a mi lado, pero sin tumbarse. Tuve que levantarme y obligarla a hacerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Quédate ahí, mientras busco algo que echarte- solté en voz autoritaria para que entendiera.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Dejándola en su cuarto, me dirigí a donde tengo las medicinas. Y entre los diferentes tarros, y pomadas encontré la que buscaba, &#8220;Vitacilina&#8221;, una especialmente indicada contra las quemaduras. Cuando volví, Meaza seguía tumbada sin dejar de llorar. Sentándome en la cama, me eché en la mano un poco de pomada, pero al intentar aplicárselo, gritó asustada y encogiendo las piernas, trató de evitar mi contacto. Estaba tan histérica que por mucho que intenté calmarla seguía llorando. Sin saber que hacer pero sobretodo sin pensármelo dos veces le solté un sonoro bofetón. Bendito remedio, gracias al golpe, se relajó sobre las sabanas.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por primera vez, tenía ese cuerpo a mi completa disposición y aunque fuera para darle crema, no pensé en desaprovechar la ocasión de disfrutar. La piel de su pecho, estómago y el principio de sus piernas estaba colorada por efecto del agua, luego era allí donde tenía que echarle la pomada en primer lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza, tumbada, me miró sin decir nada mientras vertía un poco sobre su estómago, para suspirar aliviada al darse cuenta de efecto refrescante al irla extendiendo por su vientre. Viendo que se le había pasado el miedo y que no se oponía, derramé al menos medio tubo sobre ella, y con cuidado fui repartiéndola.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Aun sabiendo que me iba a excitar, lo hice desesperadamente despacio, disfrutando de la tersura de su piel y de la rotundidad de sus formas. Lentamente me fui acercando a sus pechos. Eran preciosos, duros al tacto pero suaves bajo mis palmas. Sus negros pezones se contrajeron al sentir que mis dedos se acercaban de forma que cuando los toqué, ya estaban erectos, producto pensé en ese momento de la vergüenza.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Quizás debía de haberme entretenido menos esparciendo la crema sobre sus senos pero era una delicia el hacerlo y sin darme cuenta mi pene reaccionó irguiéndose debajo de mi pantalón. Por eso, no caí en que la mujer había apartado su cara para que no viera como se mordía el labio por el deseo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Ajeno a lo que estaba sintiendo, me fui acercando a sus piernas. Quizás era la zona más quemada por lo que abriéndolas un poco, le empecé a untar esa parte. Tenía un pubis exquisitamente depilado, su dueña se había afeitado todo el pelo dejando solo un pequeño triangulo que parecía señalar el inicio de sus labios.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Era una tentación, brutal el estarle acariciando cerca de su cueva, sin hollarla. Varias veces mis dedos rozaron su botón del placer, como si fuera por accidente, pero siendo consciente de que yo cada vez estaba más salido. No dejaba de pensar que mi criada era la hembra con mejor tipo que nunca había acariciado pero que era indecente el abusar de su indefensión. Por eso no me esperaba oír, de sus labios, un gemido.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Al alzar la cara y mirarla, de improviso me di cuenta que se había excitado y que con sus manos se estaba pellizcando los pechos mientras me devolvía la mirada con deseo. Fue el banderazo de salida, sin poderme retener, tomé entre mis dedos su clítoris para descubrir que me esperaba totalmente empapado. La muchacha al sentirlo, separó sus rodillas para facilitar mis maniobras, hecho que yo aproveche para introducirle un primer dedo en su vagina.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza, o bien se había cansado de fingir, o realmente estaba excitada, ya que de manera cruel retorció sus pezones, intentando a la vez que profundizara con mis caricias, presionando con sus caderas sobre mi mano. Acercando mi boca a su pubis, saqué mi lengua para probar por vez primera su sexo. Siempre se habla del olor tan fuerte de los negros, por lo que me sorprendí al descubrir lo delicioso que me resultó su flujo. Mi lengua fue sustituida por mis dientes y como si fuera un hueso de melocotón me hice con su clítoris, mordisqueándolo mientras con mi dedo no dejaba de penetrarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> No sé cuánto tiempo estuve comiéndole su coño, antes que sintiera como se anticipaba su orgasmo. Ella, al notarlo, presionó mi cabeza, con el afán de buscar el máximo placer.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> De pronto, su cueva empezó a manar el néctar de su pasión desbordándose por mis mejillas. Por mucho que trataba de beberme su flujo, este no dejaba de salir empapando las sabanas. Meaza se estremecía, sin dejar de gemir, cada vez que su fuente echaba un chorro sobre mi boca. Parecía una serpiente retorciéndose hasta que pegando un fuerte grito, se desplomó sobre la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Menuda forma de correrse!- exclamé al ver que se había desmayado y sin darle importancia aproveché la coyuntura para desnudarme y tumbarme a su lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Tardó unos minutos en volver en sí, tiempo que usé para mirarla como dormitaba. Al abrir los ojos, me dedicó la más maravillosa de las sonrisas, como premio al placer que le había dado y sin mediar palabra, tampoco la hubiese entendido, me besó la cara para acto seguido y sin dejar de hacerlo, bajar por mi cuello recreándose en mi pecho.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mi pene esperaba erguido su llegada, totalmente excitado por sus caricias pero cuando ya sentía su aliento sobre mi extensión, sonó el teléfono. Por vez primera me arrepentí de haber elegido su alcoba, ya que en mi cuarto había una extensión y contra mi voluntad me levanté para ir a descolgarlo al salón al no pararparaba de sonar.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cabreado contesté diciendo una impertinencia de las mías, pero al percatarme que era María la que estaba al otro lado de la línea, cambié el tono no fuera a descubrirme.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué quieres, cariño?- le solté.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Ella me estaba preguntando como me había ido con la muchacha cuando vi salir a Meaza a gatas de la habitación y ronroneando irse acercando adonde yo estaba. No salía de mi asombro al ver como seductoramente se acercaba mientras yo seguía disimulando al teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Bien, es una muchacha muy limpia- contesté a Maria, observando a la vez como la negrita se arrodillaba a mi vera y sin hacer ningún ruido empezaba a lamer mi pene.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mi amiga, un poco mosqueada, me amenazó con dejarme de hablar si me portaba mal con ella, insistiendo que era una muchacha tradicional de pueblo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No te preocupes, sería incapaz de explotarla- dije irónicamente al sentir que Meaza abriendo su boca se introducía toda mi extensión en su interior y que con sus manos empezaba a masajear mis testículos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Era incómodo pero a la vez muy erótico, estar tranquilizando a Maria mientras su objeto de preocupación me estaba haciendo una mamada de campeonato.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Que sí. No seas cabezota, me voy a ocupar que coma bien- respondí por su insistencia de lo desnutrida que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Vale, te dejo, que están llamándome al móvil- tuve que mentir para que me dejara colgar, porque estaba notando que las maniobras de la mujer estaban teniendo su efecto y que estaba a punto de correrme.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Habiendo cortado la comunicación, pude al fin dedicarme en cuerpo y alma a lo importante. Y sentándome en el sofá, me relajé para disfrutar plenamente de sus caricias. Pero ella, malinterpretó mi deseos y soltando mi pene, se sentó a horcajadas sobre mí, empalándose lentamente.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Fue tanta su lentitud al hacerlo, que pude percatarme de cómo mi extensión iba rozando y superando cada uno de sus pliegues. Su cueva me recibió empapada pero deliciosamente estrecha, de manera que sus músculos envolvieron mi tallo presionándolo. No cejó hasta que la cabeza de mi glande tropezó con la pared de su vagina y mis huevos acariciaban su trasero, entonces y solo entonces se empezó a mover lentamente sobre mí y llevando mis manos a sus pechos me pidió por gestos que los estrujara…</span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La suegra de mi hijo me entregó su culo&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2026 17:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[maduras]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Reconozco que la primera vez que vi a esa señora no me llamó la atención. Para entonces y recién divorciado, mis intereses iban por alguien más joven. A raíz que mi mujer me dejara por un antiguo novio, llevaba la vida de soltero maduro y era rara la semana que no conseguía levantar a una treintañera en busca de pareja. Quizás por eso no me fijé en la suegra de mi hijo. Cuando me la presentó pocos días antes de la boda, Helga me pareció la típica noruega de cincuenta años. Con su metro ochenta era demasiado alta para mí [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Reconozco que la primera vez que vi a esa señora no me llamó la atención. Para entonces y recién divorciado, mis intereses iban por alguien más joven. A raíz que mi mujer me dejara por un antiguo novio, llevaba la vida de soltero maduro y era rara la semana que no conseguía levantar a una treintañera en busca de pareja.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Quizás por eso no me fijé en la suegra de mi hijo. Cuando me la presentó pocos días antes de la boda, Helga me pareció la típica noruega de cincuenta años. Con su metro ochenta era demasiado alta para mí y a pesar de tener un buen par de pechos, solo le eché un par de miradas. Todavía recuerdo que pensé al ver su tamaño:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">« ¡Menuda yegua!».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Aunque era el prototipo de nórdica, rubia con ojos azules, nada en ella me atrajo y más cuando mi chaval me comentó que se había quedado viuda hacía diez años y que desde entonces no había tenido pareja alguna. Hoy sé que me equivoqué al juzgar precipitadamente a esa mujer y que me dejé llevar por su apariencia sin valorar que detrás de esa envergadura se escondía una dama divertida y coqueta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">No enmendé mi error hasta que con la excusa de celebrar su segundo aniversario, José y Britta nos invitaron a los dos a pasar el verano con ellos en el chalet que habían alquilado en Haugenes, un pequeño pueblo de Noruega. También os reconozco que en un primer momento, el pasar mi mes de vacaciones enterrado en mitad de un fiordo no me atraía para nada, sobretodo porque temía el frio clima de esas tierras. Fue mi hijo el que me convenció al comentarme que la temperatura iba rondar los veinticinco grados.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Por eso el primero de agosto me vi cogiendo un avión hacia ese remoto lugar sin prever que, durante mi estancia allí, mi vida daría un giro de ciento ochenta grados…</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><b><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Mi húmeda llegada a Haugenes</span></b></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_002_47e6.jpg" width="460" height="653">El día que llegué a esa aldea de pescadores estaba lloviendo. Sin ser una lluvia torrencial, fue lo suficiente para que me empapara esperando al taxi que me llevaría hasta la casa donde iba a pasar ese mes.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Mierda de clima!», en silencio maldije al sentir ateridos hasta el último de mis huesos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Para colmo el puñetero taxista, al ver que me estaba muriendo de frio, se rio de mí preguntándome en inglés qué narices hacía allí cuando me podía estar tostando en cualquier playa del litoral español.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-El imbécil- contesté de muy mala leche.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al llegar a mi destino y aunque era un paraje de ensueño, mi cabreo se incrementó hasta niveles insoportables al comprobar que ese chalet con su embarcadero estaba alejado de la civilización. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¿Dónde me he metido?», pensé mirando&nbsp; el espectacular fiordo donde estaba construido, «¡no hay nada más que montañas y agua!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Con un mosqueo evidente, pregunté al conductor donde podía tomarme una copa. La respuesta del sujeto no pudo ser más esclarecedora, soltando una carcajada me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-El bar más cercano&nbsp; está en el pueblo, a cinco kilómetros.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Mi cara debió de ser un poema.&nbsp; Ya estaba meditando seriamente dar la vuelta y volver a mi amada España, cuando mi chaval y su mujer salieron a darme la bienvenida. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Aguantaré un par de días y luego buscaré cualquier excusa para huir de aquí», decidí mientras los saludaba con una alegría que no sentía y mentalmente me cagaba en sus muertos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Tras los saludos iniciales entré con ellos en la casa, si es que se puede llamar así a esa cabaña de madera. Aun teniendo tres habitaciones, su pequeño tamaño me pareció minúsculo sobre todo si como en teoría iba a compartirlo con otras tres personas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Voy a terminar hasta los cojones de ellos», me dije al observar&nbsp; que los elementos comunes se limitaban a un salón de poco más quince metros cuadrados. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Acostumbrado a mi piso de soltero, comprendí que esa “choza” me resultaría una ratonera a los pocos días. Afortunadamente al entrar en la que iba a ser mi habitación, comprobé que al menos la cama era grande y que tenía un baño para uso exclusivo mío. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Menos mal», refunfuñé al deshacer mi maleta, «hubiese sido horrible el encontrarme las bragas usadas de la elefanta».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Fue entonces cuando me percaté que no había visto a la suegra de mi hijo. Por eso cuando salí y me encontré con mi nuera cocinando, pregunté dónde estaba su madre:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Ha salido a pescar y todavía no ha vuelto- Britta respondió tranquilamente. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-¿Pero si está lloviendo?- alucinado contesté.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La chavala riendo me comentó que su vieja estaba habituada a salir con el barco en mitad de las tormentas y que esa llovizna no era nada para ella. Parafraseando a Obelix, pensé: « ¡Están locos estos noruegos!». En mi mentalidad mediterránea me parecía absurdo salir de casa un día como ese. Con ese clima yo no saldría ni a la esquina sino mediara una urgencia.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Hundido en la miseria y sin nada qué hacer, sacando un libro, me senté en el sofá a leer mientras mi nuera terminaba la cena. No llevaba ni diez minutos enfrascado en la lectura cuando el ruido de la puerta abriéndose me hizo levantar la mirada. Era Helga que llegaba enfundada en el típico traje de hule amarillo que usan los pescadores y que tantas veces había visto en los reportajes del National Geografic pero nunca me había puesto.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Ya llegó el cachalote», rumié en silencio mientras me levantaba a saludar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La mujer al verme, se acercó a mí y sin importarle el hecho que estaba&nbsp; empapada, me abrazó efusivamente. Al hacerlo sentí sus pechos presionando el mío y por primera vez supe que esa giganta era una mujer. &nbsp;Ella con las botas que llevaba puestas y yo con mi metro setenta y seis, me sentí ridículamente enano al percatarme que mis ojos quedaban a la altura de su boca.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Es enorme!», exclamé en silencio mientras intentaba recuperar el resuello, «¡Y sus tetas todavía más!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Helga, o no se dio cuenta de mi cara de asombro, o quiso evitarme el sonrojo de darse por aludida y dirigiéndose a su hija, le dio una bolsa con lo que había pescado durante el día. Tras lo cual, se marchó a su habitación a cambiarse.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">A los pocos minutos, escuché el ruido de la ducha y curiosamente me pregunté cómo estaría esa mujer en pelotas. Mi imaginación me jugó una mala pasada al visualizar a la noruega enjabonando esas dos ubres, ya que producto de esa imagen en mi cerebro entre mis piernas sentí a mi pene creciendo sin control. Asustado por que mi nuera se diese cuenta, volví a mi sofá esperando que la lectura terminara de espantar el recuerdo de su madre desnuda.<img decoding="async" class="size-full alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_004_064b.jpg" width="460" height="653"></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Media hora más tarde, ya estaba tranquilo cuando de pronto vi a Helga saliendo de su cuarto enfundada en un traje de terciopelo negro muy corto. Hasta ese momento, siempre había pensado que mi consuegra debía de tener dos gruesas moles, en vez de las dos maravillosas piernas que gracias a la poca tela de ese vestido estaba admirando. &nbsp;Babeando descaradamente, me quedé absorto contemplando a la madre de mi nuera mientras ella charlaba en noruego con su hija.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Fue mi propio chaval quien me devolvió a la realidad cuando en voz baja me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Papá, ¿le estás mirando el culo a mi suegra?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al girarme hacia él, descubrí que José estaba descojonado y que lejos de cabrearle el asunto, le hacía gracia. Al saberme descubierto, mi rostro se tornó colorado y buscando una excusa, dije:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Estaba intentando entender su idioma pero es totalmente inteligible.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Por supuesto, mi hijo no me creyó y recreándose en mi vergüenza, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Helga no es tu tipo. Es toda una señora y no una zorrita con las que andas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Que José me diera clases de moral, me cabreó pero sabiendo que tenía razón y que todas mis amiguitas eran bastante casquivanas, preferí como dicen en Madrid “hacer mutis por el foro” y no contestar. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Mientras esto ocurría, mi nuera había sacado una botella de aquavit y unos arenques escabechados como aperitivo. No habiendo probado nunca esa bebida, tomé precauciones antes de apurar mi copa y dándole un sorbo, comprobé que era fuerte y que su sabor no me desagradaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Está bueno- comenté mientras alzaba mi vaso y brindaba con Helga.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Skal- sonriendo contestó la nórdica bebiéndoselo de un trago.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al imitarla, los cuarenta grados de alcohol de ese mejunje abrasaron mi garganta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Coño, ¡Está fuerte!», mentalmente protesté mientras veía que esa cincuentona volvía a rellenar nuestras copas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">No me quedó duda que esa mujer estaba más que habituada al aquavit cuando en español con un fuerte acento brindó por el joven matrimonio para acto seguido volver a vaciar su copa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«A este paso me voy a emborrachar», sentencié mientras observaba de reojo los enormes pechos que el escote de su vestido dejaba entrever. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Producto del alcohol el ambiente se fue relajando y&nbsp; por eso al sentarnos a cenar, las risas y las bromas eran constantes. La gran mayoría aludían a las diferencias culturales entre España y Noruega, y mientras las dos mujeres se metían con el estereotipo del latino desorganizado, nosotros bromeábamos con el carácter frio y cuadriculado de los habitantes de ese país.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">En un momento dado,&nbsp; Britta, queriéndose defenderse de una burrada que había soltado su marido, dijo muerta de risa:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Es falso que las noruegas seamos frígidas. Piensa que en invierno, con el frio que hace, nos pasamos seis meses sin salir de la cama.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Fue entonces cuando interviniendo a favor de su hija, Helga comentó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Ningún hombre que ha probado mis besos se ha quejado. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Sin darme cuenta de lo duro que sonaría al ser viuda, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Con las tetas que calzas, ¡han muerto de sobredosis!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Durante unos instantes, se hizo el silencio en la habitación hasta que, soltando una carcajada, mi consuegra&nbsp; me rellenó por enésima vez la copa y demostrando que no se había ofendido por mi comentario, contestó mientras adornaba sus palabras agarrándose los pechos:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Aunque según dicen tienes una vasta experiencia, no te aconsejo probarlos, llevo tanto tiempo sin que nadie lo haya intentado que podría dejarte agotado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La barbaridad de su comentario hizo que su hija la reprendiera diciendo que se comportara, pero entonces su madre se defendió diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Él ha empezado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Mediando entre las dos, comenté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Helga tiene razón. No debía haberlo dicho.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La cincuentona me miró con una sonrisa en los labios y cambiando de tema, preguntó a José que tenían pensado para nosotros al día siguiente. Mi chaval se disculpó diciendo que iban a visitar a un amigo y que por lo tanto, íbamos a quedarnos solos Helga y yo. Curiosamente, mi consuegra se tomó con alegría esa circunstancia y como si fuéramos amigos de toda la vida, me preguntó si quería acompañarla a la playa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Por supuesto que iré &#8211; comenté &#8211; ¡siempre que Dios y el clima nos lo permitan!&#8230;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><b><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Con Helga en la playa.</span></b></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_009_0e65.jpg" width="460" height="653">Al día siguiente me levanté cansado debido a que mi hijo y su flamante esposa no cayendo en que estábamos en una cabaña, se pasaron toda la noche haciendo el amor y por sus gritos supe que mi nuera había disfrutado aunque a mí no me dejaron dormir. Por eso cuando vi entrar a Helga sonriendo en la cocina mientras desayunaba, me extrañó verla tan descansada porque si a mí me habían despertado las voces de su hija, a ella que su habitación estaba pegada a la de los muchachos debió de resultarle&nbsp; insoportable.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Si estaba enfadada no lo demostró. Es más, comportándose con una energía desbocada, me contó que la playa que íbamos a ir estaba a dos kilómetros de la casa y que había que ir allí en bicicleta. Al quejarme, Helga se destornilló de risa al oír mis lamentos y acercándose a mí, me pasó una taza con café mientras me decía que el ejercicio era bueno para mantenerse joven.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">En ese momento al tenerla tan cerca pude admirar el profundo canalillo que se formaba entre sus tetas, por eso el único deporte en que mi mente podía pensar era el de sumergirme entre sus pechos. La cincuentona se debió de percatar de cómo la miraba porque vi crecer entusiasmado sus pezones.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Voy a cambiarme- comentó totalmente colorada&nbsp; dejándome solo en la cocina.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Menos mal que se fue!», sentencié agradecido al notar que bajo mi bragueta mi apetito crecía sin control, « esa nórdica me pone bruto».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Como yo ya iba vestido para la playa, terminé de desayunar tranquilamente mientras trataba de alejar de mi mente la imagen de esa madura de grandes tetas desnuda poniéndose el traje de baño.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Debe de estar estupenda en bikini», pensé dejando en el olvido que esa mujer era más alta que yo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Cuando al cabo de cinco minutos, Helga apareció sonriendo y luciendo un escueto conjunto morado, creí estar contemplando una diosa mitológica. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-¡Estás impresionante!- exclamé casi gritando al verificar que me había quedado corto y que en carne y hueso, esa mujer era todavía mas atractiva.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Dotada de un culo grande y sin apenas celulitis, mi consuegra parecía sacada de un cuadro vikingo y solo le faltaba un hacha en la mano para representar con realismo la imagen que tenemos todos de una guerrera escandinava.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Muerta de vergüenza pero alagada a la vez, bajó la mirada mientras me daba las gracias por las lisonjas que salían de mi boca. Su timidez me permitió recorrer su cuerpo con la mirada. De esa forma, verifiqué que ella, al sentir la caricia de mis ojos acariciando sus muslos, se ponía más nerviosa y que involuntariamente dos pequeños montículos crecían bajo la parte de arriba de su bikini. Al comprender que me estaba pasando y que de enfadarse conmigo podía tener problemas con mi hijo, dejé de examinarla y pregunté si nos íbamos a la playa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Todavía con el rubor coloreando su rostro, la cincuentona agarró el bolso con sus cosas y señalando una de las bicis, me dijo que la cogiera. Os confieso que obedecí como un zombie porque en ese instante al subirse en la suya, me imaginé que era mi pene en vez del sillín el que se acomodaba entre sus nalgas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Quién se la follara!», rumié entre dientes al saber que era algo prohibido al ser la madre de mi nuera y nuevamente intenté olvidarme de ella.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Desgraciadamente, al pedalear, el vaivén de sus pechos lo hicieron imposible y lo que debía de ser un tranquilo paseo hasta la playa se convirtió en un infierno. No pude dejar de observarla aunque ello supuso que al bajarme de la bici, bajo mi traje de baño, luciera una tremenda erección que no le pasó inadvertida.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Joder! ¡Parezco un crío!», me quejé en silencio, abochornado por la falta de sensatez que estaba demostrando.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">A la noruega, o no le molestó comprobar el efecto que ella causaba en mí, o lo que es más seguro su timidez le impidió comentar nada. Lo cierto es que abriendo el camino, me guio a través de un prado hasta una coqueta cala. Os juro que no me esperaba encontrarme en ese recóndito y frio lugar un arenal blanco, al que las montañas cercanas protegían del viento creando un entorno casi paradisiaco y borrando de mi mente momentáneamente a mi consuegra, con la boca abierta me puse a admirar el paisaje.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-¿Es precioso verdad?- Helga comentó mientras me imitaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El verde casi fosforito de la hierba que llegaba hasta el borde de la playa, el blanco de la arena y el azul de esas aguas cristalinas dotaban a ese paisaje de una belleza sin igual.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Sí que lo es- respondí y señalando una poza en un extremo de esa playa sin darme cuenta que había pasado mi brazo por la cintura de esa mujer, dije en plan de broma: -Seguro que ahí, el agua estará más caliente: ¡puede que hasta me bañe!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">A Helga se le iluminó su cara al escuchar mi broma y cogiéndome de la mano, corrió hasta la orilla para una vez allí salpicarme con el pie mientras me decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-Está buena, lo que pasa es que eres un friolero.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Muerto de risa, la abracé para evitar que siguiera mojándome con esa gélida agua con tal mala suerte que trastabilló y caímos sobre la arena. El contacto de su piel contra mi pecho fue el acicate que necesitaba para besarla aprovechando que la tenía totalmente pegada. La cincuentona al sentir quizás por primera vez en años una lengua forzando sus labios, respondió con pasión y dejó que esta jugara con la suya mientras presionaba mi entrepierna con su sexo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La pasión que demostró me permitió incrementar el ardor con el que la besaba y llevar una de mis manos hasta su pecho. Helga al sentir la caricia de mis dedos sobre la parte de arriba de su bikini, gimió de placer. Si ya había dejado clara su calentura, cuando retirando la tela toqueteé con mis yemas su pezón berreó como una cierva en celo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Todavía sin saber dónde me metía, usé mi lengua para deslizándome por su cuello irme aproximando hasta su pecho. La noruega, al experimentar esa húmeda caricia, clavó sus uñas en mi trasero denotando una excitación que creía olvidada. Su entrega azuzó mi lujuria y me puse a mamar de esas dos ubres mientras su dueña se estremecía de gozo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">-¡Me enloquece que comas de mis tetas!- aulló como loca mientras se despojaba de su bikini y ponía la otra en mi boca.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al comprobar que sin el sostén del sujetador seguían firmes, me volví loco y alternando de un seno al otro, mordisqueé sus pezones sin parar. Mi consuegra al sentir la presión de mis dientes sobre sus erectos botones, pegó un chillido y llevando sus manos a mi pantalón, me trató de desnudar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La urgencia de esa rubia me demostró que en su interior existía una mujer ardiente que las circunstancias de la vida no habían dejado aflorar y por ello tras ayudar a despojarme de mi traje de baño, hice lo propio con la braguita de su bikini.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Durante unos segundos me quedé embelesado mirando a mi consuegra desnuda. No fue hasta que fijé mi mirada en su sexo, cuando descubrí que al contrario de las mujeres de su edad Helga llevaba su pubis totalmente depilado.<img decoding="async" class="size-full alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_010_5d66.jpg" width="460" height="653"></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-¡Que belleza!- exclamé <span style="color: #333333;">pero como estaba lanzado no pude evitar recorrer con mi mano su entrepierna. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Os juro que no sé qué me resultó más excitante, si oír su gemido o descubrir que tenía su coño empapado.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-No seas malo, llevo mucho tiempo sin que un hombre me toque-&nbsp; protestó con los ojos inyectados de lujuria.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Sabiendo que no había marcha atrás,&nbsp; mis dedos se apoderaron de su clítoris y recreándome con una caricia circular sobre ese botón, observé a Helga apretando sus mandíbulas para no gritar. Totalmente indefensa, sufrió en silencio la tortura de su botón mientras observaba de reojo mi pene totalmente tieso. Por mi parte, estaba alucinado de mi valentía al estar masturbando a la madre de mi nuera pero al comprobar que poco a poco mis toqueteos estaban elevando el nivel de la temperatura de su cuerpo, no paré hasta que mis oídos escucharon su brutal orgasmo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-¡Eres un cabrón!- me dijo con una sonrisa al recuperar el resuello y arrodillándose frente a mí, me soltó al tiempo que sus manos agarraban mi pene: -Ahora, ¡me toca a mí!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Aunque parezca raro, esa viuda no se lo pensó dos veces al tener mi pene entre sus dedos y sin esperar mi permiso, se lo introdujo&nbsp; en la boca. Os juro que creí morir al comprobar que no se le había olvidado como se mama y esperanzado pensé que al final ese verano en esas gélidas tierras no sería tan mala idea al acreditar que era tanta su necesidad que esa rubia no iba a parar hasta que recuperara los años perdidos. Ajena a lo que estaba pasando por mi cabeza, Helga me demostró su maestría,&nbsp; cogiendo entre sus yemas mis testículos e imprimiendo un suave masaje mientras su lengua recorría los pliegues de mi glande. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-¡Cèst magnifique!- exclamó en francés al comprobar la longitud que había alcanzado mi verga y abriendo sus labios, la fue devorando lentamente hasta que acomodó toda mi extensión en su garganta.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">El elogio me supo doblemente dulce porque en ese instante y usando su boca como si de su sexo se tratara, empezó a meter y a sacar mi polla de su interior con un ritmo endiablado. Deslumbrado por su mamada todo mi ser reaccionó incrementando la presión sobre mis genitales. Estos explotaron en continuas explosiones &nbsp;de placer mientras mi consuegra, arrodillada sobre la arena, no&nbsp; dejaba que se desperdiciara nada y golosamente fue tragándose mi semen a la par que mi pene lo expulsaba.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Acababa de ordeñarme cuando las risas de unos críos nos avisó de su llegada. Muertos de risa, apresuradamente nos vestimos para que no nos pillaran en pelotas. Una vez vestida, me dijo sonriendo antes de salir corriendo hacia las bicis:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-¡Volvamos a casa! ¡El primero se ducha primero!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Al ver esas dos tetonas rebotando mientras trotaba de salida, reavivó mi deseo y aunque traté de alcanzarla antes que cogiera la suya al llegar donde las habíamos dejado, Helga ya pedaleaba de vuelta. Montándome en la bicicleta, salí tras ella pero nuevamente el mejor estado físico de esa cincuentona provocó que ella entrara primero a la cabaña. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Medio minuto después y con la lengua fuera, llegué a la casa. Una vez allí, dejé tirado el rudimentario vehículo en el porche y me senté a recuperar el aliento, mientras me decía que tenía que dejar de fumar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">«Estoy hecho una pena».</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Ya descansado, pasé dentro y el ruido del agua cayendo me informó que mi consuegra se estaba duchando. Con nuevo ánimos, abrí la puerta para encontrarme a esa mujer apoyada contra los azulejos mientras me miraba. Si me quedaba alguna duda que intentaba provocarme,&nbsp;esta desapareció cuando se empezó a acariciar las tetas y a mientras sonreía. Era una invitación imposible de rehusar y por eso a toda prisa, me desnudé sin dejar de mirar a esa zorra.<img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_008_e5ca.jpg" width="460" height="653"></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me encantan tus tetas!- dije mientras pasaba dentro de la ducha.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Descojonada y alagada por mi exabrupto, se pellizcó los pezones diciendo: </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿No los tengo muy caídos?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Para nada- respondí. –Me pasaría la vida comiéndotelos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Helga soltó una carcajada al ver que mi pene ya estaba tieso y&nbsp; dando una vuelta completa sobre el plato de la ducha, me &nbsp;volvió a preguntar:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Y mi culo no te gusta?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Es maravilloso- admití babeando al observar que se separaba ambas nalgas con las manos y me regalaba con la visión de un ojete casi virginal.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi respuesta le agradó y tirando de mí, me metió junto a ella bajo el grifo. Al sentir su piel mojada sobre la mía, mi miembro alcanzó de golpe toda su extensión. Hecho que no le pasó desapercibido y partiéndose de risa, me soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Parece que te pone cachondo esta vieja!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Al escucharla me reí y mientras llevaba mis manos hasta sus pechos, contesté:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No eres una vieja, ¡tienes mi edad! Y sí, me pones bruto pero tú también tienes los pezones duros -mientras agachaba mi cabeza y cogía al primero entre mis dientes.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Disfrutando con el tratamiento que estaban recibiendo sus pechos, &nbsp;pegó un gemido de placer, cuando masajeé su otra teta mientras con la mano que me quedaba libre iba bajando por su cuerpo. Mi consuegra separó sus rodillas al sentir mi caricia cerca de su entrepiernas. &nbsp;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Te necesito!- exclamó con su respiración entrecortada por la excitación que la dominaba.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Para ser casi abuela, eres un poco puta–solté riendo mientras su coño se empapaba producto de mis maniobras. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Y tú para ser un abuelo eres muy pervertido! &#8211; gritó ya totalmente dominada por la lujuria.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Incrementando su calentura, me arrodillé frente a ella y usando mis dedos, separé sus labios para acto seguido quedarme embobado con su inmaculado sexo mientras pasaba una de mis yemas por la raja de&nbsp; su coño antes de volverlo a introducir en su interior. El chillido que pegó a notar como la súbita penetración, me informó que Helga estaba disfrutando y por eso me atreví a preguntarle:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Hace cuánto que no&nbsp; te lo han comido?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Apoyándose en la pared, me explicó que desde que había muerto su marido nadie se había ocupado de ello.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Diez años? ¡Ahora lo soluciono!– respondí mientras sacando mi lengua le daba un primer lametazo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Viéndome arrodillado a sus pies y con mi boca en su sexo, mi consuegra aulló como loca. Al escuchar su gemido, aumenté la velocidad con la que mi dedo se estaba follando su coño mientras con mis dientes mordisqueaba su clítoris Helga al sentir la doble caricia se estremeció bajo la ducha. Sabiendo que su entrega era total, metí un segundo dedo en su interior alargando &nbsp;los preparativos. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Lo que no había previsto era que mi consuegra, buscando aliviar la calentura que la consumía, &nbsp;pegara su sexo a mi cara mientras movía rítmicamente sus caderas restregándome su sexo por la cara. Satisfecho, sacando la lengua le pegué un segundo lametazo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Cómelo ya!, ¡Lo estoy deseando!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Muerto de risa, la chantajeé diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Te lo como ya, si luego me dejas follarte.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Me respondió separando sus rodillas. Siguiendo el plan previsto, la penetré añadiendo otro dedo. La rubia en vez de quejarse, no paró de sacudir las caderas restregando su sexo contra mi boca. Su cuerpo tiritando de placer me permitió meter el &nbsp;cuarto.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me duele pero me gusta!- berreó la mujer al experimentar que tantos dedos forzaban su entrada.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi lado perverso me indujo a mordisquear el botón que escondía entre sus pliegues con tanta fuerza que la noruega mientras daba un tuvo que apoyarse contra los azulejos al notar que estaba perdiendo fuerza en sus piernas.<img decoding="async" class="size-full alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_012_a7fc.jpg" width="460" height="653"></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡No pares! ¡Sígue comiendo! – aulló al tiempo que con sus manos presionaba mi cabeza contra su coño.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Alternando penetraciones con lametazos, hice que la rubia alcanzara una excitación desconocida. Al comprender que estaba a punto de correrse, seguí sacando y metiendo mis dedos cada vez más rápido. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Dios! ¡Me corro!– aulló casi llorando de placer gimoteó mientras la seguía masturbando. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Ya que hacía tantos años que no se lo comían, decidí que era hora que&nbsp; esa mujer sintiera lo que era una buena comida de coño y por eso, &nbsp;continué lamiendo su clítoris con mayor intensidad si cabe pero en ese instante, rocé su ojete con una de mis yemas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Ese es mi culo!- protestó pero contra toda lógica, llevó su mano a la mía y me obligó a seguir acariciando su esfínter mientras mi boca se llenaba con su flujo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su orgasmo fue brutal y con su flujo por mis mejillas, usé mi lengua para beber del riachuelo en que se convirtió su chocho, al tiempo que relajaba los músculos&nbsp; de su entrada trasera. Helga, con un dedo ya dentro de su culo, convulsionó en mi boca mientras de su garganta no paraban de surgir berridos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Tras su clímax, se dejó caer &nbsp;sobre el plato de la ducha y sonriendo, me soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Nunca nadie me había nadie comido mientras me metía un dedo por el ojete!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Te ha gustado?- pregunté tanteando el terreno.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La suegra de mi chaval agachando su cabeza avergonzada contestó que sí, momento que aproveché para darle la vuelta y separando sus dos cachetes, volver a juguetear con una de mis yemas en su entrada trasera:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Tienes un culo precioso!- susurré en su oído mientras hurgaba sensualmente con mi dedo su interior: -¿Te gustaría que te lo rompiera?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Al oír su suspiro, comprendí que mi fantasía era compartida por esa cincuentona y por eso relajando poco a poco su ano, decidí usar toda mi experiencia para hacerla realidad. Para entonces la noruega estaba cachonda de nuevo y sin poder soportar la excitación que le nacía de dentro, me rogó que la tomara. Dudé unos instantes porque también me apetecía follarla al modo tradicional y mientras decidía qué hacer, &nbsp;seguí masajeando su esfínter mientras con la otra mano le empezaba a frotar su clítoris.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me vuelves loca! – chilló mordiéndose los labios y sin dejar de su culo contra mi dedo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Aunque estaba ya bruta, comprendí &nbsp;que debía de relajarlo antes de dar otro paso, pero entonces Helga comportándose como una perra en celo, lanzó su mano hacia atrás y cogiendo mi pene, intentó ensartarse con él. &nbsp;Al percatarme de sus prisas, le solté un sonoro azote mientras le decía;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;-Tranquila, putilla mía. No quiero destrozarte el ojete.<img decoding="async" class="size-full alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_016_63a7.jpg" width="460" height="282"></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi consuegra gimió descompuesta al sentir mi dura caricia y poniendo cara de puta, me rogó que le diera otra nalgada.&nbsp; Sorprendido por su pedido, en un principio hice oídos sordos a us petición y seguí relajando su esfínter hasta que comprobé que se encontraba suficiente relajado. Fue entonces cuando Helga presionando sus nalgas contra mi pene, me mostró su aprobación. Como no deseaba provocarle más daño del necesario, introduje suavemente la cabeza de mi miembro en su interior. Ella al sentir mi glande forzando su entrada trasera, no hizo ningún intento de separarse y esperó pacientemente a que se diluyera su dolor para con un breve movimiento de sus caderas, írselo introduciendo lentamente en su interior. La pausada forma en que se fue empalando, me hizo disfrutar de cómo mi extensión iba constriñendo los pliegues de su ano al hacerlo. Curiosamente, ese castigo azuzó su lujuria &nbsp;y echándose hacia atrás, consiguió embutírselo por completo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Duele!- gritó pero, pasados unos segundos,&nbsp; retomó con mayor frenesí el zarandeo de sus caderas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">El compás&nbsp; parsimonioso que marcó permitió que mi sexo deambulara libremente por el interior de sus intestinos mientras esa rubia me rogaba una y otra vez que la poseyera. Obedeciendo sus deseos, me agarré de &nbsp;sus pechos e incrementando el ritmo con el que tomaba posesión de su culo, cabalgué sobre mi consuegra usado mi pene como ariete. Helga, con lujuria en sus ojos, gimió su placer mientras me pedía la follara sin contemplaciones.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Me parecía imposible que esa mujer, que parecía tan dulce y recatada, se estuviera comportando como una zorra. Su calentura era tal que a voz en grito me repitió que necesitaba ser usada.&nbsp; Su confidencia extinguió todas mis dudas y forzando su culo al máximo, decidí recrearme ferozmente en la entrada trasera de esa mujer y mientras ella no paraba de berrear, &nbsp;usé, gocé y exploté su ojete con largas y profundas cuchilladas. La noruega, absolutamente poseída por una olvidada pasión, &nbsp;se apoyó en los azulejos de la ducha y gritando, me imploró que siguiera machacando su esfínter con mi polla. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Me corro- escuché que decía al usar sus pechos como apoyo para incrementar el ritmo de mi follada.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Aullando como una loba a la que le está montando su macho, Helga me reclamó que siguiera porque todavía no estaba satisfecha. Deseando complacerla, comprendí que podía dejar atrás todas mis precauciones y usarla de un modo más salvaje. Por eso descargando un mandoble sobre una de sus nalgas, solté una carcajada y mordiéndole la oreja, le solté:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Puta! ¡Mueve el culo y demuéstrame lo zorras que son las noruegas!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Al oir Merceditas a su vecino reclamándole su poca pasión, aceleró el movimiento de sus caderas mientras no dejaba de gemir con &nbsp;cada penetración con la que forzaba su esfínter.&nbsp; La violencia de mi asalto hizo que sus brazos se doblaran y centímetro a centímetro fui acercando su cara a la pared, hasta que aprisionada tuvo que soportar que el frio de las baldosas contra la su piel de sus mejillas mientras se derretía por el duro trato. Casi sin respiración, me imploró que la dejara descansar. Su rendición me sonó a gloria bendita y negándome a hacerla caso, le grité:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Puta! ¿Primero me provocas y ahora me pides que pare? ¡No pienso hacerlo!</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/124/63997159/63997159_014_e931.jpg" width="460" height="282"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Azuzada por mi orden y no queriendo dejar en mal lugar a sus compatriotas, mi consuegra se abrió los cachetes con sus manos y me dijo gritando:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Rómpele el culo a tu guarra!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">En ese instante, era tal la cantidad de flujo que brotaba de entre sus piernas que con cada cuchillada sobre sus grandes nalgas, este salpicaba&nbsp; mis piernas y aromatizaba con su olor a hembra excitada el ambiente</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Dios! ¡Cómo me gusta!- ladró mientras chillaba de placer.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La excitación que llevaba acumulando durante el día provocó que no pudiese aguantar mas sin descargar mi simiente y por ello cogiéndola de los hombros, profundicé mi ataque mientras castigaba sus cuartos traseros con mi polla. No tardé en correrme esparciendo mi semilla en el interior de sus intestinos y Helga al notar como rellenaba su conducto con mi semen, convirtió su culo en una ordeñadora y moviéndolo con desenfreno buscó sacar hasta la última gota depositada en mis testículos. Satisfecho y exhausto, cuando sentí que mi verga iba ya perdiendo fuelle, di la vuelta a esa mujer y la besé. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi beso fue el de un amante agradecido pero el de Helga al responder lo fue aún más y con una ternura brutal, dejó que mi lengua jugueteara con la suya hasta que con una sonrisa en sus labios, me preguntó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Qué van a decir los muchachos cuando sepan lo nuestro?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No lo sé- respondí- pero piensa una excusa porque acabo de escuchar la puerta.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">En un principio, Helga pensó que le estaba tomando el pelo pero abriendo la puerta un poco comprobó que su hija y mi chaval no solo habían llegado sino que estaban sentados en el salón esperando que saliéramos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Qué hacemos?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Estaba abochornada, sabiendo que la había escuchado gritar mientras la poseía, Se sentía incapaz de enfrentarse con Britta y por eso me imploró a que una vez vestido, fuera yo quien saliera del baño. Aunque tampoco era un plato de mi gusto, decidí hacerla caso y ser yo quien diera la cara.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Con ganas de fugarme a España por el corte de enfrentarme con mi nuera después de haberme follado a su madre, salí del baño. Pensaba que Britta estaría encabronada pero al verme salió corriendo a mis brazos y tras darme un beso en la mejilla, me dio las gracias. Si la actitud de ella era de por sí extraña, mas lo fue ver llegar a mi hijo y después de darme un abrazo que con una sonrisa, me dijera:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-Gracias Papá, sabía que podía confiar en ti pero tengo que reconocer que me ha sorprendido la prisa que te has dado.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Os juro que estaba tan nervioso y confundido que no comprendí sus palabras y por eso le pregunté a qué se refería. José muerto de risa me respondió:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-Mi esposa estaba preocupada por madre porque llevaba mucho tiempo sin pareja y conociéndote, le dije que bastaba con invitaros a pasar una temporada juntos para solucionar ese tema.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;"><br />
Cabreado por&nbsp; el modo que nos habían manipulado, quise cerciorarme de sus intenciones y por eso dirigiéndome a su esposa le pregunté:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-¿Planeaste esto con mi hijo?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Muerta de risa, la chavala contestó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-Al principio no estaba segura pero, &nbsp;sabiendo que eres un buen hombre, no tenía nada que perder si probábamos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Al evidenciar que habíamos sido unas marionetas en manos de los muchachos &nbsp;me divirtió y aprovechando que Helga estaba saliendo en ese momento del baño, la agarré de la cintura y dándola un beso de tornillo en la boca, susurré en su oído:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-Todo va bien, tu hija y mi hijo nos han invitado a este viaje esperando que nos acostáramos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-No te creo- respondió pero al ver el rubor que coloreaba las mejillas de Britta, supo que era verdad.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Entonces soltando una carcajada, la llevé rumbo a mi habitación mientras decía a la intrigante pareja:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-Espero que os hayais traído tapones para las orejas porque esta noche no os pensamos dejar dormir- y dando&nbsp; un azote en el trasero a mi consuegra, le pregunté: -Cariño, ¿estás de acuerdo?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Mirando a su retoño, contestó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">-Por supuesto, vamos a enseñar a estos dos cómo con nuestra edad, ¡se puede follar sin parar!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;"><b>Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;"><b>golfoenmadrid@hotmail.es</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;">&nbsp;</span></div>
<div style="font-size: 14px;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"></div>
<div></div>
<div style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background-color: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><span style="color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial;"><span style="font-size: 14.4444446563721px;"><b>¡SEGURO QUE TE GUSTARÁ!</b></span></span><br />
<span style="color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial;"><span style="font-size: 14.4444446563721px;"><b><br />
</b></span></span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignnone " src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/124/63997159/63997159_015_6a3d.jpg" width="574" height="383"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial;"><span style="font-size: 14.4444446563721px;"><b>&nbsp;</b></span></span></p>
</div>
</div>
</div>
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		<title>&#8220;Dueño inesperado de la madre y de la esposa de un amigo&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2026 13:14:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: El destino es caprichoso y cruel pero también magnánimo. A Gonzalo Alazán nada podía haberle hecho prever las consecuencias de una petición de auxilio por parte de un buen amigo. Enfermo y moribundo, Julio le informó que le había nombrado su heredero a pesar que tenía una mujer y que su madre seguía viva. Extrañado por esa decisión pero a la vez,interesado porque además de inmensamente rico, la madre de su amigo había poblado sus sueños en la adolescencia y para colmo era el marido de un bellezón. Al preguntar por los motivos que tenía para desheredarlas, Julio le [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01LZ7YUUR"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-21868" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado.png" alt="" width="4204" height="1104" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado.png 4204w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-300x79.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-1024x269.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-768x202.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-1536x403.png 1536w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-2048x538.png 2048w" sizes="(max-width: 4204px) 100vw, 4204px" /></a>Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El destino es caprichoso y cruel pero también magnánimo. A Gonzalo Alazán nada podía haberle hecho prever las consecuencias de una petición de auxilio por parte de un buen amigo. Enfermo y moribundo, Julio le informó que le había nombrado su heredero a pesar que tenía una mujer y que su madre seguía viva.<br />
Extrañado por esa decisión pero a la vez,interesado porque además de inmensamente rico, la madre de su amigo había poblado sus sueños en la adolescencia y para colmo era el marido de un bellezón. Al preguntar por los motivos que tenía para desheredarlas, Julio le contestó que ambas eran incapaces de administrar su dinero por lo que había pensado en él para que nada les faltase.<br />
No deseando aceptar esa responsabilidad, llegó al acuerdo de visitar la finca donde vivían los tres y así comprobar si tenía razón al pedirle ayuda..</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>MÁS DE&nbsp;100&nbsp;PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los TRES&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 1 – LA ENFERMEDAD DE JULIO</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El destino es caprichoso y cruel pero también magnánimo. Hombres y mujeres estamos en sus manos y estamos impotentes ante sus muchas sorpresas. A veces son malas, otras pésimas y en la menor de las ocasiones, te sorprende con una campanada que te cambia la vida de un modo favorable. Curiosamente un buen día para Fernando Alazán, una mala noticia se convirtió en pésima sin saber que con el tiempo, esa desgracia se convertiría en lo mejor que le había ocurrido jamás.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nada podía haberle hecho prever las consecuencias de una petición de auxilio por parte de un buen amigo. Como tantas mañanas, estaba en el despacho cuando Lidia, su secretaria, le avisó que tenía visita. Extrañado miró su agenda y al ver que no tenía nada programado, preguntó quién deseaba verle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Julio LLopis― contestó la mujer y viendo su extrañeza, aclaró: ― Dice que es un amigo de su infancia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dígale que pase― inmediatamente respondió porque no en vano, ese sujeto no solo era uno de sus más íntimos conocidos sino que para colmo estaba forrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras esperaba su aparición, Fernando se quedó pensando en él. Llevaba al menos seis meses sin verle porque sin despedirse de nadie, se había marchado a vivir a su finca que tenía en Extremadura. Aunque a todos sus amigos esa desaparición les había resultado rara, él siempre había objetado que si lo pensaba bien, no lo era tanto:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Con una esposa tan impresionante, no me importaría dejar todo e irme al fin del mundo con ella― comentó a uno que le preguntó, recordando a Lidia, su mujer. Debido a que sin pecar de exagerado, para él, Lidia era la mujer más impresionante con la que se he topado jamás. Morenaza, de un metro setenta, la naturaleza la ha dotado de unos encantos tan brutales que en el interior de su cerebro sostenía que nadie en su sano juicio perdería la oportunidad de pasar una noche con ella aunque eso suponga perder una amistad de años.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras espera su llegada, tuvo que confesarse a sí mismo que si Julio seguía siendo su amigo, se debía únicamente a que jamás había tenido la ocasión de echarle los tejos y que de haber visto en sus ojos alguna posibilidad, se hubiese lanzado en picado sobre ella. Tenía para colmo las sospechas que detrás de esa cara angelical, se escondía una mujer apasionada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Por ella sería capaz de hacer una tontería sentenció al rememorar ese cuerpo de lujuria que hacía voltear a cuanto hombre que se cruzaba con ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No solo tiene unos pechos grandes y bien parados sino que van enmarcados por un cintura de avispa, que es solo la antesala del mejor culo que he visto nunca», pensó justo en el momento que su marido cruzaba su puerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El aspecto enfermizo de mi amigo le sobresaltó. El Don Juan de apenas unos meses antes se había convertido en un anciano renqueante que necesitaba de un bastón para caminar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué te ha pasado?― exclamó al percatarse de su estado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Julio, antes de poder contestar, se sentó con gran esfuerzo en la silla de confidente que tenía frente a su mesa. Esa sencilla maniobra le resultó increíblemente difícil y por eso con un rictus de dolor en su rostro, tuvo que tomar aliento durante un minuto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cómo puedes ver, me estoy muriendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La tranquilidad con la que le informó de su precario estado de salud, le desarmó e incapaz de contestar ni de inventarse una gracia que relajara el frío ambiente que se había formado entre ellos, solo pudo preguntarle en que le podía ayudar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Necesito tus servicios ― contestó echándose a toser.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su agonía quedó meridianamente clara al ver la mancha de sangre que tiñó el delicado pañuelo que sostenía entre las manos. El dolor de mi amigo le hizo compadecerse de él y olvidando la profesionalidad que siempre mostraba en el bufete, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si quieres un abogado, búscate a otro. ¡Yo soy tu amigo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tomando su tiempo, el saco de huesos que pocos meses antes era un destacado deportista, insistió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Exactamente por eso y porque eres el único en que confío, vengo a informarte que te he nombrado mi heredero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Las palabras del recién llegado le parecieron una completa insensatez y por ello no tuvo que meditar para espetarle de malos modos:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Estás loco! ¡No puedo aceptar! Tienes a Lidia y si no crees que se lo merece, todavía te queda tu madre…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fernando no se esperaba que con una parsimonia que le dejó helado, Julio le rogara que permaneciera callado:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ninguna de las dos tiene capacidad para afrontar lo que se avecina y por eso, quiero pedirte ese favor. Necesito que una vez haya muerto, queden bajo tu amparo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rotundidad con la que hablo, diluyó parcialmente sus dudas y sin sospechar la verdadera causa de esa decisión y asumiendo una responsabilidad que no debía haber nunca aceptado, accedió siempre y cuando pudiera ceder en un momento dado la herencia a sus legítimas dueñas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Por eso no te preocupes! En el testamento, he dispuesto que de ser voluntad de Lidia o de mi madre el hacerse cargo de la herencia, esta pase automáticamente a ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No comprendo», rumió como abogado, «si les da ese poder, realmente y en la práctica, solo seré su albacea hasta que decidan que ellas se pueden valer por sí mismas».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su fuero interno, Fernando creyó que lo que su amigo le estaba pidiendo es que le ayudara a que su esposa y su madre no hicieran ninguna tontería una vez fallecido y por ello, más tranquilo, aceptó ya sin ningún reparo. El enfermo al oír que su amigo accedía a tomar esa responsabilidad y haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban, le invitó a pasar ese fin de semana a su finca para que así tener la oportunidad de cerrar todos los flecos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cuenta con ello― Fernando respondió y temiendo por el estado de Julio, únicamente cerró el trato con un ligero apretón de manos, debido a que hasta el más suave abrazo podía dañar su delicada anatomía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Quedando que ese mismo viernes iría, le acompañó hasta un taxi. Mientras le veía marchar, no pudo dejar de pensar en lo jodido que estaba y que como uno de sus mejores amigos, no le pensaba fallar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 2 ― VISITA A “EL VERGEL” Y ESO LE DEPARA NUEVAS SORPRESAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tal y como habían acordado, ese viernes al mediodía Fernando Alazán cogió su coche y se dirigió hacia Montánchez, un pequeño pueblo de Cáceres donde estaba ubicada el cortijo de su cliente y amigo. Ya en la carretera de Extremadura y mientras recorría los trescientos kilómetros que separaban Madrid de esa localidad, se puso a recordar los tiempos en los que estando en la universidad, toda su pandilla tenía esa finca como refugio para sus múltiples correrías.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eran tiempos felices― concluyó al llegar a su memoria como siendo unos putos críos cada vez que querían hacer una fiesta un poco subida de tono, los seis amigotes invitaban a ese lugar cuanta incauta o puta se dejara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al rememorar una de esas reuniones, una anécdota sobresalió de sus recuerdos y muerto de risa, se acordó de la brutal metedura de pata de unos de esos colegas. El cual, con algunas copas de más, una tarde vio entrar a una espectacular rubia de unos cuarenta años y creyendo que Julio se había enrollado a una madura, se auto presentó diciendo que si el anfitrión no podía satisfacerla, pasara por su cama para que le diera un buen repaso.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Pobre cabrón», sonrió ya que ese culito era Nuria, la madre de Julio y dueña de ese lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El pobre muchacho al enterarse de ello, le pidió perdón pero totalmente abochornado por su falta de tacto, hizo las maletas y volvió a Madrid con el rabo entre las piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Eso fue hace diez años y el tiempo es cruel», se dijo interesado por vez primera en encontrarse con esa madura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si bien en aquella época Nuria tenía un polvo de escándalo, dudaba que se mantuviera tan atractiva como entonces.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No tardaré en averiguarlo», concluyó mientras involuntariamente reducía la velocidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo supiera o no en ese momento, se veía con pocas ganas de enfrentarme tanto a ella como a Lidia, ya que por mucho que Julio le hubiese asegurado que tanto su mujer como su madre estaban de acuerdo con la decisión de dejarle a él al mando, no se lo terminaba de creer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Al menor problema, renuncio», sentenció no queriendo formar parte de un circo familiar y menos de las rencillas que tan extraño testamento a buen seguro acarrearían.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La soledad y la pesadez de la distancia, le permitieron también recordar distintos lances e historias que había compartido con Julio, desde las típicas borracheras de juventud a conquistas sexuales. Aunque su amigo siempre se había mostrado tradicional en ese aspecto, rememoró con especial satisfacción en que le descubrió con una hembra atada en su cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ese día, Julio de sorprendió», masculló divertido porque al verle entrar sin llamar, había supuesto que le iba a montar un escándalo pero en vez de hacerlo, se sentó sin ni siquiera echar una mirada a la zorra que yacía sobre el colchón y sonriendo, únicamente preguntó si podía mirar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tú mismo― había contestado sin dejar de ocuparse de la insensata sumisa que llevada por la calentura, había accedido a que la inmovilizara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ahora que lo pienso es curioso que a pesar de la forma tan rara en que Julio conoció mi faceta de dominante y que sin perder ojo fue testigo de esa sesión, al salir de la habitación jamás ha vuelto a mencionarlo», pensó mientras aceleraba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa tarde, a las dos horas y cuarenta cinco minutos de salir de su oficina, llegó a las puertas del cortijo. Al entrar por el camino de tierra que daba acceso a la casa principal, le sorprendió gratamente comprobar que lejos de haber perdido su esplendor con los años, “El Vergel” hacía honor a su nombre y parecía un pedazo de edén colocado en mitad de la sierra extremeña.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque no iba a ser el verdadero dueño de ese paraíso, el joven abogado tuvo que reconocer que se sentía feliz de descubrir el estado de sus campos. Al llegar al casón, esa primera impresión quedó refrendada al observar que conservaba la clase y belleza que tan buenos recuerdos me habían brindado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni siquiera había aparcado cuando vio abrirse el enorme portón de madera y salir de su interior, tanto Lidia como su suegra. Si descubrir que la esposa de Julio seguía siendo el estupendo ejemplar de mujer que recordaba y que no había caído en una depresión le animó pero lo que realmente le encantó, fue comprobar que Nuria parecían no haber pasado los años y que aunque sin duda debía de rozar los cincuenta nadie le echaría más de cuarenta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Sigue siendo un monumento!» exclamó mentalmente al verla llegar enfundada con unos pantalones de montar que realzaban su trasero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su turbación se incrementó cuando ambas mujeres le recibieron con un cariño desmesurado y sin que pudiera siquiera sacar el equipaje del coche, le hicieron pasar adentro. Mientras Lidia le conducía del brazo a la habitación donde permanecía postrado su marido, la madre de su amigo iba delante. El que me fuera mostrando el camino le permitió admirar el movimiento de sus nalgas al caminar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está impresionante!», sentenció mientras disimuladamente se recreaba en la rotundidad de los cachetes de la madura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su amiga debió percatarse del rumbo estaban tomando los pensamientos del joven porque pegándose él más de lo que la familiaridad de la que gozábamos permitía, dijo en voz baja:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No parece tener cuarenta y nueve.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―La verdad es que no –respondió avergonzado que hubiese descubierto el modo en que la miraba y tratando de ser educado, quiso arreglarlo por medio de un piropo: ―Sigue siendo muy guapa pero la que está cañón eres tú.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lidia al oírlo, soltó una carcajada y pasando al interior del cuarto de su marido, le llevó a su lado. Desde la cama, Julio con aspecto cansado preguntó el motivo de su risa y su esposa sin cortarse ni un pelo respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Fernando , mientras le miraba el culo a tu madre, me ha dicho que estoy guapísima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si de por sí el que su íntimo amigo se enterara de ese error era duro, mucho más lo fue ver que Nuria se ruborizaba al escuchar que le había estado examinando con mi mirada esa parte tan sensible de su anatomía. Cuando ya estaba a punto de buscar una excusa, Julio respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Siempre ha tenido buen gusto― y haciéndoles señas, le pidió que nos dejaran a solas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En cuanto se quedaron solos en la habitación, el enfermo le llamó a su lado y con voz quejumbrosa, le fue detallando los aspectos esenciales de su herencia. Haciendo como si estuviera interesado, Fernando Alazán escuchó de sus labios que no solo tenía esa finca sino una cantidad de efectivo suficiente para que ninguna de las dos mujeres, pasara nunca ningún tipo de peNuria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dada su experiencia, al explicarle las medidas que había tomado para asegurar un modo de vida elevado a cada una de las dos, el letrado estaba confuso porque pensaba que no tenía ningún sentido que le nombrara heredero porque Julio lo había previsto todo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por ello y aun sabiendo que podía perder un buen negocio, preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Julio, no entiendo. Tu madre y tu esposa no me necesitan. ¡Pueden valerse por ellas solas!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Te equivocas! Aunque nunca hayas siquiera sospechado nada, tengo un secreto que compartir contigo…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tono misterioso que adoptó al decírselo, le hizo permanecer callado mientras tomaba un sorbo del vaso que tenía en su mesilla. Esos pocos segundos que mediaron hasta que volvió a hablar se hicieron eternos al imaginarse unas deudas de las que no hubiera hablado. Ni siquiera sus años de ejercicio le prepararon para lo que vino a continuación y es que, con una sonrisa en sus labios, el enfermo bajó su voz para susurrar en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Durante cuatro generaciones, todas las mujeres de mi familia han sido sumisas y por lo tanto han necesitado de un amo que las dirigiera. Al morir mi padre me legó a su mujer y ahora cómo no tengo descendencia, quiero que tú me sustituyas con mi madre y con Lidia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solo el dolor que se reflejaba en los ojos de su amigo evitó que creyera que era broma y pensara que le estaba tomando el pelo. Aun así, no pudo más que pensar que la enfermedad había hecho mella en su mente y que Julio no era consciente de lo que había dicho. Suponiendo que era un desvarío decidió cambiar de tema pero Julio cogiendo su mano insistió diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Necesito que te hagas cargo de ellas. Solo tú sabes lo que significaría que de pronto se vieran sin alguien que las dirija… ¡podrían caer en manos de un desaprensivo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esas palabras le hicieron pensar que de ser ciertas, el moribundo tenía razón en estar preocupado porque dos sumisas sin dueño era una presa fácil y si como era el caso eran un espectáculo de mujer, abría cola esperando que Julio muriera para tomar su lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tenemos tiempo para discutir sobre ello― contestó y quitando hierro al asunto, en plan de guasa, comentó: ―No creo que nos dejes durante este fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tanta emoción pasó su factura al esqueleto andante que yacía sobre las sábanas y cerrando los ojos, pidió que le dejara descansar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ese momento, ese desvanecimiento fue recibido por Fernando con alegría porque lo último que le apetecía era seguir con esa conversación y por ello, despidiéndose de su amigo, salió de su habitación mientras intentaba sacar de su mente el supuesto secreto que le había sido revelado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Pobre, la enfermedad le está haciendo delirar», sentenció con el corazón en el puño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 3.― ADMIRANDO A SUS ANFITRIONAS</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al no encontrar ni a Lidia ni a su suegra por ninguna parte, buscó la habitación que le habían reservado. Como Nuria le había dicho que se iba a quedar en el cuarto de al lado de la piscina y aunque llevaba muchos años sin estar en “El Vergel”, no tuvo problemas en orientarse, por lo que no le costó encontrarlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya dentro, se percató que lo habían reformado y que donde antiguamente había una serie de literas, se hallaba una enorme cama King Size.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Voy a dormir cojonudamente», se dijo a si mismo mientras buscaba por la estancia su equipaje.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para su sorpresa, alguien se había ocupado de deshacer su maleta y halló sus pertenencias, perfectamente ordenadas en uno de los armarios. Sin nada mejor que hacer decidió que le vendría bien darse un baño, sacando de uno de los cajones su traje de baño, se lo puso y salió al jardín.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente nada más cerrar la puerta, escuchó voces al otro lado de la barda de separación de la piscina y reconociendo que eran sus anfitrionas, las saludó avisando de su llegada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ambas le devolvieron el saludo con alegría pero fue la madre de Julio, la que viniendo hacía él, le dio la bienvenida con un beso en la mejilla como si no se hubiesen visto en mucho tiempo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Y esto?», se preguntó extrañado pero sobre todo preocupado por si Nuria o su nuera se hubiesen percatado del modo en que involuntariamente se había quedado prendado con el cuerpo que lucía la madura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menudo polvo tiene la condenada!», reconoció para sí al contemplar el movimiento de los descomunales pechos de la señora.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y es que a pesar de ya saber que esa rubia se conservaba estupendamente, al verla en bikini constató sin ningún género de duda que la cuarentona se mantenía en forma y donde me esperaba ver una tripa incipiente o al menos unas cartucheras, se encontró con un estomago plano y un culo de fantasía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», masculló entre dientes al advertir que se había quedado con la boca abierta al contemplarla y haciendo un esfuerzo, retiró sus ojos de ese cuerpo que cualquier veinteañera envidiaría y querría para sí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Confundido y sin saber qué hacer, dejó que la madre de Julio le condujera hasta una tumbona. Al hacerlo, Fernando se permitió echarle un vistazo a la nuera que nadaba ajena a que la estaba observando y a regañadientes, reconoció que siendo completamente distinta no sabía cuál de las dos era más atractiva.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No te vas a bañar con el calor que hace?― preguntó la madura con una entonación que provocó que hasta el último de sus vellos se erizaran, al reconocer una especie de súplica más propia de una de sus conquistas que de la progenitora de su amigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Deja que me acomode y voy― contestó sin dejar de mirar la seductora imagen que le estaba regalando Nuria en ese instante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cuarentona sonrió y en plan coqueta se tiró al agua mientras el joven intentaba olvidar los pechos y las redondas caderas que llevaban siendo su obsesión desde niño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «La culpa es de los desvaríos de Julio», meditó avergonzado al darse cuenta que bajo su pantalón, crecía desbocada su lujuria, «me ha puesto cachondo con sus locuras».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No se había repuesto del calentón cuando su turbación se incrementó hasta niveles insoportables al admirar la sensual visión de Lidia saliendo de la piscina.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Joder, ¡cómo estoy hoy!», maldijo para sí al contemplar la impresionante sensualidad de la mujer de su amigo y es que a pesar de ser más plana y menos exuberante que su suegra, esa morena era una tentación no menos insoportable.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero lo que realmente le avergonzó a Fernando fue comprobar que Lidia se había puesto roja como un tomate al sentir el roce de su mirada sobre sus pechos. Saberse descubierto le abochornó pero lo que hizo saltar todas sus alarmas, fue descubrir qué los pezones de la morena se le había puesto duros como piedras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lleno de pavor, se tiró al agua esperando quizás que un par de largos en la piscina calmaran la excitación que nublaba su mente. Desgraciadamente cuando ya iba a salir de la piscina, vio a Nuria quitándose el cloro por medio de una ducha. Al contemplar a esa madura se creyó morir porque la tela de su bikini se transparentaba dejando entrever el color de sus aureolas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Coño! ¡No puedo salir así!», protestó mentalmente al sentir la erección de su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para evitar que sus anfitrionas advirtieran la tienda de campaña de su traje de baño, cogió una toalla y haciendo como si se secaba, tapó con ella sus vergüenzas mientras se acercaba a donde Lidia estaba tumbada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Supo que a esa morena no le había pasado inadvertido su problema cuando con una pícara sonrisa, le pidió que le trajera una cerveza. Creyendo que eso le daba la oportunidad de alejarse sin que se notara, se acercó a la barra de bar y sacó tres botellas. Rápidamente se dio cuenta del error, porque al mirar atrás advirtió que suegra y nuera disimulando con una charla, no perdían comba de lo que ocurría entre sus piernas. Alucinado por ser el objeto de ese escrutinio, decidió disimular y hacer como si no hubiese enterado de lo lascivo de sus miradas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Estas tipas de qué van?», se preguntó mientras les hacía entrega de sus bebidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su vergüenza se trastocó en cabreo cuando Nuria, mirando fijamente su paquete, comentó a la esposa de su hijo que al fin comprendía el éxito de Fernando con las mujeres.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Mi marido siempre ha dicho que es el mejor armado de sus amigotes― la morena contestó sin dejar de esparcir la crema por sus muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa conversación sobre sus atributos molestó de sobremanera a Fernando que decidido a castigar la osadía de ambas, les devolvió el piropo diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―En cambio yo he tenido que veros en bikini para darme cuenta del culo y de las tetas que tenéis porque Julio se lo tenía bien callado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa táctica le falló porque Nuria al oír la burrada, se acomodó en la silla y exhibiendo sus enormes pechugas, se puso a untarlas con bronceador mientras preguntaba:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tenemos los pechos muy diferentes, ¿cuáles te gustan más?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En la mente del joven abogado se entabló una lucha a muerte entre la vergüenza que sentía por la pregunta y el morbo que le daba quién se la había hecho. No queriendo quedar cómo un cretino y menos cómo un salido, prefirió mantenerse en silencio y no contestar. Desgraciadamente, Lidia envalentonada por el éxito de su suegra, decidió poner su granito de arena. En silencio se levantó de su tumbona y acercándose hasta donde estaba su víctima, empezó a bailar mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Nuria las tiene más grandes pero yo tengo un trasero más bonito. ¿No es verdad?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pálido ante el descaro de esa dos, comprendió que debía huir si no quería seguir siendo el pelele en el que descargaran sus golpes y sin importar la protuberancia que lucía bajo el traje de baño, tomó rumbo a su cuarto mientras a sus oídos llegaban las risas de sus anfitrionas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Sumisas? ¡Una leche! ¡Parecen unas perras en celo!», pensó mientras cerraba la puerta tras de sí…</span></p>
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		<title>&#8220;¡Robison Crusoe no estuvo solo! La historia de las mujeres que marcaron su vida&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2026 15:23:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[SINOPSIS Todos habréis visto multitud de películas sobre Robinson Crusoe y algunos menos, habréis leído el libro de Daniel Defoe. Me consta que su vida ha sido retratada miles de veces y que actualmente es un personaje de la cultura popular. No creo que nadie ignore que ese hombre estuvo tirado como náufrago en una isla desierta junto con su fiel salvaje “Viernes”. Como su lejano descendiente y guardián de sus verdaderas memorias, os tengo que informar que es una vil “patraña” y que su verdadera vida fue aún más interesante. Mas de trescientas páginas de fino erotismo, sin una [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>SINOPSIS</strong></p>



<p><strong><em>Todos habréis visto multitud de películas sobre Robinson Crusoe y algunos menos, habréis leído el libro de Daniel Defoe. Me consta que su vida ha sido retratada miles de veces y que actualmente es un personaje de la cultura popular. No creo que nadie ignore que ese hombre estuvo tirado como náufrago en una isla desierta junto con su fiel salvaje “Viernes”. Como su lejano descendiente y guardián de sus verdaderas memorias, os tengo que informar que es una vil “patraña” y que su verdadera vida fue aún más interesante.</em></strong></p>



<p>Mas de trescientas páginas de fino erotismo, sin una solo palabrota y usando la forma de escribir de antiguo, sin perder su esencia GOLFA.</p>



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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los capítulos sobre su madrastra:</strong></em></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p><strong><em>Todos habréis visto multitud de películas sobre Robinson Crusoe y algunos menos, habréis leído el libro de Daniel Defoe. Me consta que su vida ha sido retratada miles de veces y que actualmente es un personaje de la cultura popular.&nbsp; No creo que nadie ignore que ese hombre estuvo tirado como náufrago en una isla desierta junto con su fiel salvaje “Viernes”. Como su lejano descendiente y guardián de sus verdaderas memorias, os tengo que informar que es una vil “patraña” y que su verdadera vida fue aún más interesante.&nbsp; Es cierto que se pasó veintiocho años en esa isla, pero todo lo demás es mentira porque allí estuvo bien acompañado y si no os lo creéis, solo tenéis que leer la traducción que he hecho de su manuscrito, empezando por los capítulos que dedicó a Elizabeth Claire, su amada madrastra.</em></strong></p>



<p><strong>24 de marzo del año de nuestro señor 1695.</strong></p>



<p>Con sesenta y tres años cumplidos y gozando de buena salud, yo, Robinson Crusoe, fiel súbdito de su majestad británica la reina Ana comienzo a escribir mis vivencias con la esperanza de no queden en el olvido y se conozcan las dificultades y vicisitudes que he pasado. Para ello debo comenzar desde el día en que mi madre me dio a luz. &nbsp;Nací en la bella ciudad de York en 1632 siendo entonces rey de Inglaterra Carlos I, bajo cuyo reinado convulso viví hasta los veintidós. A raíz de detención y posterior ejecución, me tocó huir con lo puesto por la participación de mi padre en el bando del derrocado. Me da pena reconocer que no lo creí cuando llegó mi viejo con la noticia de que lo habían apresado y que teníamos que desaparecer, no fuera a ser que sus enemigos se mantuvieran en el poder y quisieran vengar las afrentas realizadas en su nombre.</p>



<p>―No te olvides de nuestro origen –me recordó James Crusoe, mi padre, cuando me quejé que éramos hombres honorables que éramos y que por tanto no teníamos que huir: ―Oliver Cromwell odia todo lo que huela a alemán y no dudará en pasar por la horca a cualquier hombre fiel a don Carlos y más si nació en Bremen.</p>



<p>Conociendo el destino del depuesto monarca, no me quedó duda que la postura de mi padre era prudente y por eso lo acompañé a vender la casa y el negocio a un amigo, si es que se le puede llamar así al malnacido que abusando de nuestra premura pagó solo un tercio de lo que valían. Con la bolsa parcialmente llena y sin dejar nada atrás, cogimos el primer barco hacia Londres. Ese fue mi primer contacto con el mar. Fue entonces cuando, enamorado de las olas y del viento, decidí convertirme en marinero. Mi amado progenitor intentó hacerme recapacitar pidiéndome que al llegar a la capital del reino retomara mis estudios de derecho, pero la semilla ya estaba sembrada y tras otro año de dura lucha tras los pupitres de la universidad, comprendí que estaba perdiendo el tiempo y que mi destino era el océano.</p>



<p>―Hijo, al mar van solo quienes buscan la aventura y pueden pagarla o quienes no tienen otra opción porque son demasiado pobres― rechazando nuevamente mis pretensiones, mi padre comentó.</p>



<p>Incapaz de convencerlo, me quedé otra temporada con él hasta que el destino me obligó a dejar esa confortable vida y poner tierra de por medio. Esta vez no fueron las luchas palaciegas las que provocaron mi marcha, sino algo menos heroico. Siendo viudo, el anciano se fijó en una moza de buenas hechuras y mayores pechos con la que pasar su vejez y tras pedir mi opinión, se casó con ella. Hoy me arrepiento de haber dado mi beneplácito porque la tal Elizabeth no tardó en convertirse en la causa de nuestra imprevista separación. Recuerdo la felicidad de mi progenitor al salir de la iglesia de su brazo cuando de repente ese engendro del diablo queriendo congraciarse con su hijastro, me abrazó y sentí sobre mi cuerpo la rotundidad de unos pechos que a buen seguro hubiesen palidecer al más santo.</p>



<p>«Vade retro, satanás», pensé tratando de expulsar de mí la tentación mientras la culpable de mi lujuria era ajena al atractivo que sus dos cántaros provocaban en mí. Ni mi viejo ni mi nueva madrastra se percataron de la felonía que crecía debajo de mis bombachos. Erección que esas holgadas prendas lograron ocultar, pero cuyo recuerdo me martirizó durante la noche, cuando tal y como se esperaba de un caballero mi padre intentó formalizar la boda desflorando a su mujer.</p>



<p>Sé que fue algo deshonroso y que quizás como buen cristiano debía de haberme ausentado de la casa o al menos haber usado las manos para tapar mis oídos, cuando a través de las paredes escuché llamaba a la pelirroja para que acudiera ante él.</p>



<p>―Ya voy, mi señor― contestó su esposa al pensar que por fin su cuerpo disfrutaría de esas caricias que tanto ansiaba.</p>



<p>Su tono, la picardía que denotó cuando haciendo gala de sus curvas susurró lo mucho que deseaba entregarse a él, me hicieron espiarles y todavía me avergüenza reconocer que me puse a vigilar lo que ocurría en su habitación y que mi corazón se puso a palpitar aceleradamente cuando esa joven se despojó de sus enaguas revelando que, además de poseer unos senos duros y apetecibles, era dueña de unos perniles dignos de mordisquear.</p>



<p>«¡Menudo trasero!», exclamé en mi mente y sin fuerzas para separarme del agujero por el que veía la escena, me quedé observando cómo esa mujer se iba desprendiendo pausadamente del resto de su ropa.</p>



<p>Jamás en mi vida había contemplado el cuerpo de una descendiente de Eva en su plenitud y por ello cuando a la luz de la luna llena Elizabeth se despojó de la camisola que todavía ocultaba sus encantos no pude más que suspirar al admirar la belleza de esas ubres llenas de pecas.&nbsp;</p>



<p>«¡Dios mío! ¡Son maravillosas!», suspiré impresionado por el tamaño de los rosados botones que las decoraban.</p>



<p>Si de por sí, me costaba ya hasta respirar, ni que comentar tiene mi turbación cuando luciéndose esa criatura demoníaca empezó a pellizcarlas mientras preguntaba a su recién estrenado marido si le gustaban:</p>



<p>―Me encantan― respondió mi progenitor sin perder detalle de esa exhibición.</p>



<p>Tampoco yo pude abstraerme a la pecaminosa belleza de mi madrastra y pensando en que mi padre se iba a poner las botas con semejantes pitones, no pude dejar de reparar en el poblado bosque que crecía entre sus piernas al irse acercando hacia donde su marido la esperaba.</p>



<p>«¡Estará delicioso!», sentencié babeando ya al imaginarme recorriendo con la lengua el prohibido fruto de su femineidad mientras la veía subirse en la cama.</p>



<p>Ese leviatán pelirrojo tentó a su esposo poniendo a la disposición de su boca los hinchados labios que bordeaban su sexo, pero la educación tradicional aprendida de niño impidió a mi progenitor entender que era lo que le estaba pidiendo y en vez de regalarle un largo lametazo que era lo que Elizabeth buscaba, comentó que quería ya culminar el matrimonio poseyéndola.</p>



<p>―James, ¿no te apetece jugar un poco con tu amada? – insistió ésta cogiendo el falo erecto de su marido entre las manos.</p>



<p>La edad de mi viejo, las botellas de vino que llevaba acuestas y las largas horas que habían pasado desde que se había levantado juntas desencadenaron el desastre y de improviso, el antiguamente vigoroso miembro explotó derramando sus andanadas sobre la cara de mi madrastra mientras el mío seguía pidiendo guerra bajo mi calzón. Elizabeth demostró ante mí lo mucho que había escuchado acerca de cómo satisfacer a un hombre porque, tras reponerse de la sorpresa y saborear el néctar que corría por sus mejillas, quiso levantar el ánimo del decaído aparato de su señor con la boca.</p>



<p>Para su desgracia, la pelirroja se encontró con los ronquidos de su James, pero eso no detuvo su afán de disfrute y tumbándose a su lado, comenzó a acariciarse los senos en busca del placer que no había obtenido. Nada de mis pasadas experiencias me preparó para ver a esa diablesa despatarrada, frente a la rendija de la pared desde la que la observaba, hundiendo las yemas una y otra vez en su cueva mientras en voz alta se quejaba de la poca fogosidad de su marido.</p>



<p>―Mi cuerpo necesita un desahogo y si tú no me lo das, tendré que buscarlo yo misma― escuché que le decía al dormido.</p>



<p>No pude evitar coger mi virilidad entre los dedos al oírla. Aunque sabía que no se refería a un tercero, por primera vez deseé ser yo quien saltando sobre ella le proporcionara el placer que requería y contagiado por el sonido de sus gemidos, imprimí a mi mano un ritmo constante sin dejar de espiarla.</p>



<p>―Soy tu mujer, pero me gustaría que me trataras como a una de las putas con las que alternas en la taberna― continuó hablando sola: ―Quiero que, al llegar a casa, mi hombre me suba la falda y sin preguntar, me empotre contra la mesa mientras me pregunta qué le he hecho de comer.</p>



<p>El chapoteo de sus yemas al introducirse en su interior, junto con lo osado de sus palabras, me hizo acelerar la velocidad de mi muñeca y soñando con ser ese sujeto, esparcí mi simiente contra la pared mientras el objeto de mis deseos se corría en la cama de mi padre.</p>



<p>―Deseo ser yo ese hombre― susurré en voz baja viéndola estremecer sobre las sabanas.</p>



<p>Mi madrastra se levantó asustada creyendo haber escuchado que alguien respondía a su ruego, pero tras comprobar que debía haberlo soñado volvió al lado de su marido. Confieso que me aterró ser descubierto y por eso permanecí inmóvil en ese lugar hasta que la respiración pausada de la pelirroja me hizo saber que se había quedado dormida. Solo entonces, en completo silencio, retorné a mi cuarto y sintiendo el filo de la espada de mis pecados balanceándose sobre mí, intenté conciliar el sueño…</p>



<p>…A la mañana siguiente me desperté temprano, pero aun así estaba todavía lavando mis sobacos con el agua de una palangana cuando escuché a alguien deambular por el pasillo y sin saber que me encontraría con Elizabeth, salí a ver quién andaba a esas horas por la casa. Juro que no esperaba ver a la mujer del viejo limpiando arrodillada la pared donde había dejado la muestra palpable de mi iniquidad. Consciente de mi pecado y temiendo que le llegara a mi padre con la noticia de que su hijo los espiaba por las noches, volví a mi cuarto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¿Qué voy a decir cuando me restriegue en la cara mi comportamiento?» me pregunté sudando por las axilas que acababa de refrescar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aterrorizado, comprendí que en cuando se enterara por su forma de pensar no dudaría en expulsarme de la casa. Medité anticiparme y reconocer ante él mi pecado antes de que su esposa me delatara, para que al confesar voluntariamente se mostrara magnánimo conmigo. Mi falta de valor me lo impidió y por eso creí que la hora de mi apocalipsis personal había llegado, cuando escuché a Elizabeth tocar mi puerta diciendo que fuera a desayunar. Temblando de cabeza a pies, bajé al comedor donde sin lugar a dudas tendría que responder de mis actos. La sonrisa de mi progenitor esa mañana me destanteó. Parcialmente aliviado, tomé asiento al ver llegar a su mujer con la bandeja del desayuno.</p>



<p>«Ahora se lo va a decir», temí totalmente avergonzado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para alivio mío, Elizabeth comenzó a servir una desmesurada ración en mi plato sin hacer mención a la mancha que había tenido que limpiar esa mañana. Mi padre se rio al ver la cantidad que me había puesto, dudando que consiguiera terminarla, pero entonces su mujer se defendió aludiendo que siendo su hijastro un hombre tan joven y corpulento era su deber darme suficiente de comer. Si ya de por sí estaba alucinado con que mantuviera silencio respecto a mi inmoral actuación, me sorprendió ver que me guiñaba un ojo mientras me decía:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Como la mujer de esta casa, el bienestar de los hombres que habitan en ella es mi responsabilidad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Creí intuir en esas palabras su perdón y por eso me obligué a no faltarla al respeto nuevamente dejando sin terminar el descomunal desayuno que me había puesto. La sonrisa de esa pelirroja al devolverle el plato completamente limpio me perturbó al realzar su atractivo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Es la mujer de tu padre», me tuve que repetir en un intento de apaciguar la calentura creciente que sentía por ella. Tras despedirme y sintiendo nuevamente el pecado rondando por mi mente, salí del hogar de mi señor padre en dirección a la universidad donde cursaba leyes con la esperanza que los estudios me hicieran olvidar a la ninfa que el demonio había puesto en mi camino.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El destino o quizás nuestro Dios en su inmensa sabiduría quiso avisarme de antemano acerca de ella porque al llegar y sentarme en el pupitre, mi primera clase era teología y vi que en la pizarra el pastor Bronson había anotado un versículo de la biblia:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― La desnudez de la esposa de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre. Levítico 18:8</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta el último vello de mi cuerpo se erizó a leerlo y sintiendo que mi pecado era conocido por ese hombre santo, me quedé callado mientras empezaba su disertación. Sus enseñanzas no por conocidas me resultaron indiferentes y con el corazón encogido, decidí que debía evitar sucumbir ante el maligno. Por ello me hice la firme promesa de no volver a mirar a mi madrastra con ojos libidinosos y respetarla como mujer. Buscando consuelo en la oración, pedí a nuestro creador que me diera fuerzas para alejar de mí la atracción que sentía por Elizabeth y ya reconfortado, me sumergí en el estudio el resto de la mañana.</p>



<p>Habiéndome congraciado con nuestro Dios, comprendí que no debía tentar a la suerte y en vez de volver directamente, fui a la tienda que había abierto mi viejo al llegar a Londres para en su compañía retornar a nuestro hogar. Fue en el almacén donde lo encontré departiendo con otro comerciante y por eso tuve que esperar a que terminara de negociar un cargamento dirigido a las colonias, antes de comentar que era la hora de comer.</p>



<p>―No me puedo creer que tengas hambre después de lo que has tragado en el desayuno― respondió mientras cogía de un estante una bolsita con especias recién traídas del Caribe como obsequio a su nueva esposa.</p>



<p>Durante la caminata, se le veía radiante y eso me hizo sentir culpable. Mi angustia se incrementó cuando entramos a la casa y observé a la pelirroja trasteando en la cocina, al recordar el deseo que había exteriorizado mientras se tocaba, respecto a las ganas que tenía de ser empotrada contra la mesa sin más.</p>



<p>«Debes rechazar esa imagen», mi propia conciencia me aconsejó cuando mis ojos se posaron en el trasero de Elizabeth y me vi alzando su falda como sabía que le gustaría ser saludada, «es territorio vedado».</p>



<p>Ajeno al sufrimiento de su hijo, mi padre besó cariñosamente a su mujer mientras le preguntaba cómo le había ido en su primer día de casada. La joven sin advertir mi presencia susurró en plan coqueta que le había echado de menos y que deseaba sentir nuevamente sus caricias. Confieso que de haber sido yo el destinatario de sus palabras la hubiera llevado a rastras hasta la cama a satisfacer sus anhelos, pero para su esposo ese deseo le pareció fuera de tono y únicamente preguntó qué había preparado de comer.</p>



<p>«Dios le da pan a quien no tiene dientes», pensé al ver el desconsuelo de la pelirroja y asumiendo que debía dejarlos solos, subí a mi cuarto.</p>



<p>Al pasar por el pasillo donde había pecado, ratifiqué que jamás volvería a cometer tal ignominia. Mi seguridad se hizo añicos al descubrir que Elizabeth había dejado sobre mi cama las enaguas que llevaba la noche anterior. Pensando que era un desliz involuntario, las cogí para llevarlas al cesto de la ropa sucia, pero el olor que manaban de ellas me hizo cometer un nuevo atentado a mis deberes filiales e incapaz de contenerme, llevé esa prenda femenina a mi nariz.</p>



<p>«Dios, ¡qué bien huelen!», exclamé en mi mente al reconocer en ella el aroma de hembra insatisfecha.</p>



<p>Si ya de por sí ese acto era indigno, la reacción de mi virilidad alzándose bajo mi pantalón me hundió en la miseria y cayendo de rodillas, recé por mi salvación. Apenas llevaba un par de padrenuestros, cuando a través de los delgados muros escuché a mi padre tomando posesión de su esposa. La envidia que sentía por no ser yo el dueño de esa belleza me hizo continuar pidiendo la intercesión de nuestro señor Jesucristo para alejar de mí la tentación. La fatalidad quiso que oyera claramente a mi padre culminando antes de tiempo y a mi madrastra disculpando la rapidez de su marido:</p>



<p>―No te preocupes, estás cansado― con tono tierno, comentó.</p>



<p>La comprensión que esa mujer mostró ante la nueva pifia de mi viejo no pudo ocultar su insatisfacción.</p>



<p>«Eso le ocurre por buscarse alguien tan joven», pensé sin reconocer que secretamente me alegraba la torpeza de mi progenitor con ella: «¿A quién se le ocurre casarse con una mujer que por edad podría ser su hija?», me pregunté asumiendo que Elizabeth no tardaría en darse cuenta del error que había cometido al unirse con un viejo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unos pocos minutos después de ese penoso encuentro me llamaron a la mesa y mientras mi señor padre no hacía ningún esfuerzo por congraciarse con su esposa, no pude dejar de ver en ella la desazón que la embargaba. Por ello, no vi nada malo en tratarla de alegrar alabando su comida. La sonrisa que me regaló al escuchar mi halago me perturbó al darme cuenta que debía andarme con cuidado, no fuera a ser que ante el desinterés de su marido buscara en mí un ancla al que aferrarse. Mis sospechas parecieron confirmarse cuando entre plato y plato tras preguntarme si tenía novia, contesté que no y en su rostro adiviné su alegría.</p>



<p>―Todavía es pronto para que piense en mujeres, Robín debe centrarse en sus estudios― interviniendo en la conversación, sentenció mi padre ante mi consternación ya que, aunque me siguiera viendo un niño, en pocos meses cumpliría los veinticuatro.</p>



<p>Mi madrastra no quiso llevarle la contraria, pero consciente de mi enfado me guiñó un ojo haciéndome saber que me comprendía. Ese gesto de complicidad provocó que el rubor coloreara mis mejillas y lo que es peor que mi corazón comenzara a bombear sangre hacia el traidor que se escondía entre mis piernas.&nbsp; Consciente del bulto de mi pantalón usé la servilleta para ocultarlo, pero supe que mi maniobra había llegado tarde al ver emerger bajo su vestido dos pequeños y reveladores montículos.</p>



<p>«No se ha enfadado», musité para mí mientras recreaba la mirada en esas ánforas que la ancianidad de su marido desaprovechaba.</p>



<p>Tras el postre y viendo que había llegado la hora de volver a su negocio, mi viejo se despidió dejándome solo con su mujer. Aprovechando que estaba recogiendo la mesa, como siempre hacía antes de que llegara a nuestras vidas, puse mis libros en la mesa del comedor para estudiar allí al ser la habitación con mayor luz natural.</p>



<p>― ¿Te importa que me quede? No quiero molestar― Elizabeth me preguntó con un ovillo de lana entre sus manos.&nbsp;</p>



<p>No pude negarme, no en vano desde que se había casado se podía decir que era la dueña de la casa y por tanto con derecho a usar la habitación que le viniera en gana.</p>



<p>―Por supuesto, solo te pido silencio― respondí mientras abría un legajo con los apuntes que tenía que repasar para el día siguiente.</p>



<p>Sin apenas hacer ruido, la pelirroja se sentó en una butaca cerca de la ventana y se puso a tejer. Su elección me pareció lógica antes de percatarme que los rayos del sol, atravesando la tela de su vestido, dejaban entrever las sinuosas curvas de su cuerpo y contra mi voluntad, me vi observando de reojo cada vez con mayor frecuencia la voluptuosidad de su forma sin que ella se diera cuenta.</p>



<p>«Estudia y no mires», me repetí intentando olvidar las dos enormes moles que formaban su pecho. Mis tentativas resultaron infructuosas y en un momento dado, mis pupilas se quedaron fijas recreándose en sus senos. «¿Quién los pillara?», soñando con que un día tuviera algo tan perfecto en mis labios, acababa de pensar cuando de repente Elizabeth se giró descubriendo que su hijastro la miraba con la boca abierta.</p>



<p>― ¿Quieres algo? ¿Te apetece un vaso de agua? ¿Qué te haga un té? ― quiso saber con una sonrisa.</p>



<p>―Un poco de agua― respondí deseando apagar el creciente incendio que crecía en mí.</p>



<p>Queriendo complacerme, se levantó rumbo a la cocina meneando el trasero. La voluptuosidad de ese par de nalgas moviéndose al caminar me dejó hipnotizado y con la respiración acelerada, intenté que no se me notara haciendo que leía al oír que volvía.</p>



<p>―Aquí tienes― susurró en mi oído mientras dejaba sobre la mesa una jarra llena con su vaso.</p>



<p>Al hacerlo, mi madrastra rozó mi espalda con sus impresionantes atributos. Juro que no supe si lo hizo premeditadamente o por el contrario fue algo casual, pero lo cierto es que mi pene reaccionó como impulsado por un resorte y contra mi voluntad, alcanzó su cenit. La tenue risita que salió de sus labios me hizo saber que mi erección no le había pasado inadvertida, pero no dijo nada. Como si nada hubiese pasado, volvió a la butaca y se puso a tejer.</p>



<p>«¡Qué vergüenza! ¡Debe de pensar que su hijastro es un degenerado!», me lamenté con la cabeza gacha.</p>



<p>Llevaba unos minutos tratando de tranquilizarme cuando de repente esa tentación andante se quejó del calor y sin que yo pudiese hacer nada al respecto, desabrochó un par de botones de su vestido mientras se abanicaba.&nbsp; El profundo canalillo de su escote me pareció algo sublime, algo solo al alcance de los dioses y siniestramente agradecí al destino haberme dado la oportunidad de contemplarlo mientras respondía a la mujer de mi padre que también yo estaba totalmente acalorado. Obviando que era ella la razón por la que mi cuerpo estaba a punto de entrar en combustión metió más leña al fuego diciendo que necesitaba refrescarse. Tras lo cual, acercándose a la palangana del comedor, metió su pañuelo y ya mojado, recorrió con él su cuello.</p>



<p>«¡Dios me salve!», suspiré al contemplar unas gotas cayendo a través de la gruta formada entre sus dos melones.</p>



<p>Al escuchar mi suspiro, su sonrisa no hizo más que maximizar mi confusión al reparar que la humedad sobre su vestido lo había hecho transparente y que lucía sin aparente vergüenza sus hermosísimos pezones ante mí.</p>



<p>―Por favor, tápate― alcancé a decir mientras me giraba: ―Eres demasiado hermosa.</p>



<p>Elizabeth cogió su costura y con ella ocultó de mis ojos la causa de mi exabrupto. Es más, haciéndose la sorprendida me pidió perdón alegando que no se había dado cuenta de que se había mojado hasta que yo de lo dije.&nbsp; Por supuesto que no la creí y menos cuando al cabo de unos minutos, me preguntó si era verdad que la consideraba bella.</p>



<p>―Solo Salomé es comparable a ti― respondí aludiendo a la princesa que pidió a Herodes la cabeza de Juan Bautista.</p>



<p>Que la equiparara con una de las mujeres más bellas y perversas de la biblia lejos de molestarla, la hizo reír. Oyendo sus carcajadas, cerré los libros y me marché a dar una vuelta por el puerto con la esperanza que la brisa del mar consiguiera hacerme olvidar a la arpía que se había casado con mi padre y que era un instrumento con el que Satanás me tentaba.</p>



<p>El muelle de Londres hervía de actividad. Las risas de los marineros descargando las mercancías al saber que tras desembarcarlas tendrían un merecido descanso hacían todavía más dura mi zozobra. Su alegría era un recordatorio funesto de la lujuria que me corroía y por ello, preferí dejar el puerto e irme a la playa. Ya sobre la arena, las olas rompiendo en la orilla momentáneamente sosegaron mi ánimo, pero el príncipe del mal no iba a dejar a este pecador y sin darme cuenta, ese sonido me hizo rememorar al chapoteo que hacían los dedos de mi madrastra al introducirse en su cueva una y otra vez.&nbsp; Huyendo de ese recuerdo, intenté centrarme en el vuelo de una gaviota mientras pescaba, en la forma que caía en picado, en como emergía con un pequeño pez en su pico cuando de repente una más joven se lo arrebató.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;«No debo ser yo el que robe a mi padre», pensé sintiéndome ese oportunista animal que aprovechando su gallardía y juventud había sustraído la presa de su legítimo dueño.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con ese pensamiento en mi cabeza al comprobar que el sol no tardaría en desaparecer, volví a la casa. Imaginé que mi viejo debía acabar de llegar y que había santificado su matrimonio aprovechando mi ausencia, al ver a Elizabeth acomodándose la ropa mientras su marido sonreía de oreja a oreja. La cara de enojo de su mujer me hizo sospechar que nuevamente la había dejado insatisfecha.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Dios, dale fuerzas para complacerla y así no busque pecar conmigo», apesadumbrado pedí mientras me lavaba las manos en la misma palangana que había usado para tentarme.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―He recogido tus libros, espero que no te moleste― susurró cerca de mi oído esa pérfida criatura mientras disimuladamente restregaba sus hinchadas noblezas contra mi espalda.</p>



<p>Al notar esa escandalosa caricia, sentí mis piernas flaquear mientras mi amado progenitor permanecía ajeno al libertino comportamiento de su esposa. &nbsp;Un buen hijo debería haber revelado esa infamia, pero la certeza que gran parte de ella se debía a la desesperación de alguien que no recibía las caricias a las que tenía derecho me hizo callar:</p>



<p>«El que esté libre de pecado que tire la primera piedra», llegó a mí la advertencia de nuestro señor y consciente de que mi interior albergaba un pecado aún mayor preferí permanecer al margen y que fuera el destino quien descorriera la cortina que tapaba los ojos del anciano.</p>



<p>Hoy sé que con mi silencio di alas al siniestro y que su enviada lo interpretó ese mutismo cómplice como prueba del deseo que su hijastro albergaba por ella, ya que, valiéndose de la miopía de mi señor padre, respecto a todo aquello que no fuera hacer dinero, preguntó si podía ordenar a su retoño que al día siguiente la acompañara a recoger unos vestidos que había dejado en su antiguo hogar.</p>



<p>―Por supuesto― respondió escuetamente.</p>



<p>La sonrisa de oreja a oreja que lució la pécora muchacha me preocupó y tratando de escaquearme de ese trance, me revolví aduciendo que tenía clases. Desgraciadamente, James Crusoe era hombre de palabra y habiéndola dado, se negó a escuchar mis excusas y mirándome a los ojos, me obligó a que al día siguiente acompañara a mi madrastra.</p>



<p>―Así lo haré― musité derrotado mientras la causante de mi turbación llenaba mi plato con el guisado que había preparado de cena.</p>



<p>La aflicción que poblaba mi pecho me impidió reconocer la calidad de los manjares que Elizabeth puso sobre la mesa y por ello tuvo que ser ella quien preguntara a los dos hombres con los que compartía morada si acaso no estaban ricos.</p>



<p>―Está todo buenísimo― reconoció su marido y recordando que desde que se había quedado viudo yo había sido el encargado de elaborar nuestros alimentos, comentó: ―Cocinas bastante mejor que mi hijo.</p>



<p>La vergüenza de que Elizabeth conociera esa función reservada a las mujeres en toda casa decente me hizo enmudecer, pero saliendo al quite y demostrando sus licenciosas intenciones respondió mientras tomaba nuestras manos:</p>



<p>―Ahora que estoy yo aquí, no volverá a pisar la cocina. Satisfacer cualquier deseo de mis hombres es y será mi obligación.</p>



<p>Su marido no vio nada obsceno en ese gesto, al contrario que yo, que anonadado observé la forma tan poco filial con la que ese impío ser me acariciaba.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Mi señor, te pido que me guardés de toda tentación y me des la fortaleza para huir de ella, cuando ésta se presente», en silencio recé mientras las yemas de mi madrastra dejaban un surco de dolor sobre mi palma.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante el resto de la cena, apenas levanté la mirada de mi plato y tras el postre, excusándome en lo mucho que tenía que estudiar cogí un candil y me marché al cuarto mientras mi padre abría una botella de su mejor licor.&nbsp; La tenue luz de esa lámpara de aceite me acompañó por las escaleras y ya en mi cuarto, intenté concentrarme en los libros, pero las risas de mi viejo y los gemidos de su esposa me hicieron comprender que de alguna manera había conseguido satisfacerla y eso en vez de animarme, contra todo pronóstico me entristeció. Al advertir la inmoralidad que suponía, rápidamente reculé:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Me alegro no solo por ellos dos, sino también por mí», me mentí y viendo la inutilidad de mis tentativas de estudiar, decidí cambiarme y ponerme el pijama.</p>



<p>Llevaba una media hora tratando de conciliar el sueño cuando un grito de mi madrastra me alertó y sin abrochar la camisola que usaba para dormir, bajé a ver qué pasaba. Sospeché lo que había ocurrido al ver a Elizabeth con los pechos al aire y a mi padre desvanecido en el suelo, totalmente borracho.</p>



<p>―James estaba intentando santificar nuestro matrimonio cuando se desmayó― sollozó mientras escondía esas magnificas ubres de mi vista.</p>



<p>&nbsp;La debilidad de mi progenitor no impidió que recreara la mirada en las manos de Elizabeth metiéndose los senos en su vestido y deseando que hubieran sido las mías las encargadas de hacerlo, agarré a su marido y lo llevé en volandas hasta su cuarto. Una vez ahí lo deposité sobre la cama mientras su mujer no paraba de llorar pidiéndome perdón por haber forzado en exceso al anciano. La genuina angustia de la pelirroja me impulsó a consolarla y abrazándola contra mí, susurré en su oído que nada malo había hecho al buscar a su James.</p>



<p>―Solo debes tener más cuidado― suspiré sintiendo su cara contra mi piel.</p>



<p>Las lágrimas de mi madrastra me hicieron ver que a pesar de la diferencia de edad lo tenía en gran estima y quizás por ello, tardé en percatarme que usando sus manos tímidamente comenzaba a recorrer mi pecho mientras me pedía consejo de cómo afrontar la siguiente vez que el deseo la hiciera pedir esas caricias.</p>



<p>―Habla con el pastor, él sabrá guiarte― repliqué sin moverme a pesar que en ese preciso instante mi naturaleza engordaba a pasos agigantados bajo el pijama.</p>



<p>Sus mejillas se colorearon de rojo al sentir ese anómalo crecimiento presionando contra ella y alzando sus ojos hacia mí, me besó en los labios para a continuación separarse diciendo:</p>



<p>―Mañana mismo, iré a consultarle. Solo espero que se apiade de mí y sus palabras me conforten.</p>



<p>Con el abrasador recuerdo de su boca no dije nada que pudiera turbar todavía más el sufrimiento de esa desdichada mujer y me marché sin cerrar la puerta. Ya en la cama, escuché su ropa caer y la imagen de su cuerpo desnudo volvió a provocar que mi virilidad se alzara bajo las sábanas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El señor es mi pastor, nada me falta. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque él va conmigo: su vara y su cayado me sosiegan» ― comencé a orar mientras a través del pasillo llegaba hasta mí el sonido de ese pelirrojo ser tocándose.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas ― recité con más fuerza intentando acallar los gemidos de mi madrastra cuando de pronto un chillido de placer atravesó la noche:</p>



<p>― ¡Robinson!&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Las horas nocturnas no consiguieron apaciguar mi desdicha y completamente agotado, me desperté esa mañana con el convencimiento que debía marchar lejos, antes de que la insensatez de mi padre a la hora de escoger una mujer tan joven y bella junto a su incapacidad de satisfacerla hicieran de mí un instrumento del diablo y llevara a su casa la indignidad. Sin darme cuenta de que estaba descargando la culpa de ella y que se la estaba adjudicando totalmente a mi viejo, concluí que era que lógico esa mozuela buscara en mí lo que su marido no le daba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Es su deber tener relaciones y dejarla contenta; no vaya a ser que, al no poder controlar sus deseos, Satanás la haga caer en una trampa», me dije recordando un pasaje de Corintios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar al comedor, el causante de tanta tristeza devoraba el desayuno mientras la víctima de su falta de hombría estaba sentada a su lado. Cuando me vieron entrar, mi padre me recordó la promesa que le había hecho a su mujer y por eso, pregunté a qué hora deseaba que la acompañase.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo he pensado mejor y no me hace falta tu ayuda― contestó ésta sin mirarme.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su timidez me hizo comprender que esa belleza se arrepentía de lo que había ocurrido y por eso comuniqué a ambos que no tenía hambre y que me marchaba a la universidad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―De eso nada. Sería una descortesía por mi parte dejar que mi esposa cargue con todo el equipaje, teniendo un hijo sano y fuerte que pueda hacerlo― elevando el tono de su voz, bramó el anciano.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Te prometo que yo puedo, déjale que se vaya a clase― insistió incómoda la pelirroja.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―He dicho que Robín va y no se hable más― sentenció el dueño de la casa sin darnos otra opción que obedecer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mirándola percibí en ella miedo a quedarse sola conmigo y queriendo tranquilizarla respondí a mi viejo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― No dudes que cumpliré tu orden. Como tu hijo es mi deber evitar cualquier sufrimiento a la mujer que has elegido como esposa.</p>



<p>Elizabeth malinterpretó mis palabras y en vez de ver en ellas mi decisión de honrar a su marido, debió intuir que me había referido a su necesidad insatisfecha y ante mis ojos, sus senos florecieron como si hubiesen sido objeto de mis caricias. Debo de confesar que ver la señal de sus areolas erectas bajo el vestido hizo que mi corazón saltara de alegría al saber que a pesar de sus reparos esa delicada criatura soñaba con que un hombre, que vivía entre los mismos muros que ella, la colmara de atenciones.</p>



<p>«Mejor yo, que otro», medité sin advertir en lo cerca que estaba de hacerla caer conmigo en el pecado.</p>



<p>Tras el desayuno, mi viejo se dirigió a su negocio mientras en dirección contraria, la carne de su carne acompañaba a Elizabeth a recoger la ropa que había dejado en su antigua morada. Llevábamos apenas un par de calles recorridas cuando, al pasar por la Iglesia, la joven me pidió permiso para entrar a hablar con el pastor.</p>



<p>―Ve ― respondí mientras me sentaba en la escalinata del templo.</p>



<p>&nbsp;Mi espera se prolongó durante media hora, pero no me importó al saber que esa mujer estaba haciendo caso de mi consejo y que en esos momentos estaba consiguiendo el consuelo del altísimo. Al verla salir supe que lo había hallado al ver su sonrisa. No queriendo pecar de indiscreto, me abstuve de preguntar que le había dicho y únicamente le ofrecí el brazo, para ayudarla a caminar entre las empedradas calles londinenses. La misma pelirroja que antes de entrar había mantenido un metro de distancia de mí se agarró firmemente al apoyo que le ofrecía mientras me informaba que el sacerdote había ratificado punto por punto mis palabras y que lejos de echárselo sobre sus espaldas, había culpabilizado a su marido.</p>



<p>―Según el pastor, no hay pecado en que una mujer casada busque carnalmente al hombre que vive con ella― me comunicó sin advertir que tomando literalmente lo que había dicho, yacer conmigo no estaba penado bajo la ley de Dios.</p>



<p>No quise enturbiar su alegría aclarando ese precepto y acelerando el paso me dirigí con ella a la casita de las afueras donde había pasado su niñez. Estábamos ya cerca de su calle, cuando una vecina salió y abrazándola nos felicitó por nuestro casamiento. Por un momento creí que debía explicar que yo no era su marido sino su hijastro, pero entonces comprendí que al verla colgada de otro hombre la gente hablaría mal de ella y por ello, respondí:</p>



<p>―Muchas gracias, no sabe lo dichoso que estoy de compartir mi vida con Elizabeth.</p>



<p>&nbsp; Aunque el rubor cubrió sus mejillas, no quiso o no pudo rectificarme y tras despedirse de la mujer, esperó a que nos alejáramos de ella para recriminarme esa mentira.</p>



<p>―No falté a la verdad. Soy feliz viviendo bajo tu mismo techo ― respondí muerto de risa y viendo sus ojos abiertos de par en par, pregunté: ― ¿Acaso no vives conmigo? Mi querida y bella madrastra.</p>



<p>Una carcajada iluminó su cara y reanudando la caminata, pícaramente respondió mientras me tomaba de la cintura:</p>



<p>&nbsp;―Así es, tengo la suerte de habitar la misma casa que el amado y varonil hijo del hombre con el que me desposé.</p>



<p>Confieso que, atrayéndola hacía mí, estuve a punto de besarla, pero cuando mis labios ya rozaban los suyos, lo pensé mejor y me separé de ella. El mosqueo con el que esa belleza recibió mi natural y piadoso rechazo me hizo sonreír mientras recorríamos el centenar de metros que nos separaban del hogar de sus padres.</p>



<p>Al llegar ante la verja de entrada, su madre y su hermana salieron a saludarnos. Aunque las había conocido en la ceremonia, nunca me había percatado del parecido de Elizabeth con Mary, la pequeña de la familia y recreándome en sus curvas, he de reconocer que dado que la mayor me estaba prohibida no me hubiese importado el compartir con esa monada algo más que caricias. El deseo de mi rostro alertó a mi acompañante y sacando sus garras al exterior, recriminó a la chavala su comportamiento cuando en realidad ella nada había hecho.</p>



<p>―Compórtate como una mujer decente y deja de revolotear alrededor de Robín― le exigió de malos modos.</p>



<p>Sin entender el berrinche de su hermana, la pelirroja de largas trenzas y mayores atributos se recluyó en la cocina y no volvió a salir de ella en el tiempo que permanecimos en la casa. Ocultando que me había sentido halagado por sus celos, pregunté qué había que cargar. El alma se me cayó a los pies cuando la madre me señaló el enorme baúl en el que había metido los vestidos de su hija, pero me abstuve de hacer ningún comentario y cogiéndolo de su asa, intenté levantarlo. Me da vergüenza reconocer que mi espalda casi se quiebra y que preso de dolor caí sobre la alfombra. Las risas de mi madrastra incrementaron el bochorno que sentía y más cuando viendo mi estado, no les quedó otro remedio que pedir un carromato que nos llevara de vuelta a nuestro hogar.</p>



<p>―Estoy deseando ver llegar a mi marido y contarle lo debilucho que eres― sin piedad se mofó de mí mientras el paisano que había contratado me ayudaba a subir.</p>



<p>―También dile que la coquetería de su esposa pesaba media tonelada― protesté tumbándome a lo largo sobre el asiento.</p>



<p>&nbsp;Tras decir adiós a su progenitora, Elizabeth se percató que mi postura la obligaría a permanecer de pie todo el trayecto a no ser que se sentara junto a mí y sin preguntar qué opinaba, aposentó a duras penas su trasero a mi lado.</p>



<p>―Mierda, no ves que me duele― rezongué al sentir que con sus nalgas me empujaba.</p>



<p>―Pobrecito― desternillada de risa, replicó conquistando otro par de centímetros de espacio con otro empellón de caderas.</p>



<p>Confieso que vi las estrellas, pero temiendo su guasa me abstuve de volverme a quejar e intenté relajarme. El continuo traquetear del carruaje cruzando las calles de Londres incrementó mi dolencia y por ello al llegar, sufrí nuevamente la humillación de ser transportado entre el conductor y mi madrastra hasta la cama.</p>



<p>―Ahora vuelvo, mi amor. Deja que acomode mis cosas y vengo a darte un masaje― susurró en mi oído.</p>



<p>Era tanto el dolor de mi costado que no me percaté de la forma en que se había referido a mí hasta que al cabo de unos diez minutos llegó con unas toallas y un balde de agua caliente y abriéndome la camisa, me soltó:</p>



<p>―Eso te ocurre por andar de hombretón. Deja que tu mujercita te ponga unas compresas que alivien tu sufrimiento.</p>



<p>Fue entonces cuando caí en ello y en que encima se autodenominaba como mi mujer. Sus manos recorriendo mi espalda no hicieron más que incrementar mi espanto al advertir lo mucho que me gustaba sentir sus yemas.</p>



<p>&nbsp;―Menudo desastre de hombres tengo en casa. Uno viejo y el otro, una nenaza que no aguanta nada― insistió mientras incrementaba la fuerza de su masaje.</p>



<p>Desmoralizado al saber que tenía razón, me quedé inmóvil sintiendo que sus palmas se iban haciendo cada vez más osadas y que incluso con una de ellas profundizaba bajo mi pantalón, rozándome el trasero. Sé que debería haberla echado de mi lado, pero el deleite que experimenté con ello me lo impidió y cerrando los ojos, deseé que ese instante fuese eterno y que, en vez de estar postrado boca abajo, sus yemas corretearan por mi pecho.</p>



<p>― ¡Qué mala he sido al obligarte a cargar tú solo mi baúl! ― escuché que, cambiando de tono, tiernamente me decía mientras masajeaba mis adoloridos músculos.</p>



<p>Malinterpretando el gemido de placer que brotó de garganta, creyó que me había hecho más daño del necesario y posando sus labios sobre mi piel, me rogó que la perdonara. La tersura de sus labios maximizó el ardor que sentía y comportándome como un bellaco, pedí casi murmurando que repitiera ese tratamiento por el resto de mi espalda. Por un momento, mi improvisada enfermera dudó si continuar al percatarse del peligro que eso supondría y totalmente colorada, me avisó que así lo haría solo si yo me comprometía a guardar silencio.</p>



<p>―Nada saldrá de mí, te lo juro – respondí deseoso de esas impúdicas caricias.</p>



<p>Creyendo en mi palabra, Elizabeth se subió a horcajadas y comenzó a besar mis hombros mientras con las manos proseguía con el masaje. La calidez y la cantidad de sus besos me hicieron sospechar que al igual que ocurría conmigo, la calentura la había poseído y que no habría retorno. Por ello, no pude echarle en cara que sacando la lengua la usara para calmar mi dolor.</p>



<p>―Mi amado hombretón, tu padre nunca debe enterarse― la escuché sollozar un segundo antes de notar su pecho desnudo en mi espalda.</p>



<p>Para entonces, mis creencias y mis reparos estaban bajo buen recaudo en un rincón de mi cerebro y sintiéndola mi mujer, permití que restregara sus dos portentosos prodigios contra mí. El notar bajo sus enaguas la humedad de su femineidad demolió cualquier resquicio de culpa y alargando la mano, palpé por primera vez los muslos de mi madrastra.</p>



<p>―No me dejes seguir― imploró al darse cuenta que con sus caderas se lanzaba desbocada hacia el placer mientras su respiración se aceleraba.</p>



<p>Sus jadeos me dieron el valor suficiente para darme la vuelta y mientras mi columna vertebral protestaba por el esfuerzo, mis ojos recorrieron embelesados su belleza.</p>



<p>―Eres preciosa― murmuré con la mirada fija en la tentación que para mí suponían los rosados pezones que lucía.</p>



<p>Avergonzada, Elizabeth hundió su cara en mi pecho sin pensar en que, con ello, sus senos entrarían en contacto con los míos, como tampoco en que dada nuestra postura mi virilidad iba a quedar prisionera entre sus piernas.</p>



<p>―No debemos― gimoteó incapaz de separarse mientras se frotaba con la dureza que crecía inmoralmente en mis muslos.</p>



<p>―Lo sé― reteniéndola con mis manos en sus cachetes respondí.</p>



<p>Su sed de caricias le impidió huir y llorando sobre mi pecho, descargó su insatisfacción acelerando el ritmo de sus caderas. Solo la presencia de la tela de mi pantalón evitó que profundizáramos nuestro pecado y hundiera mi hombría dentro de ella antes que su insistencia en restregarse provocara que su cuerpo colapsara.</p>



<p>―El señor nos perdone― chilló al sentir la humedad de sus entrañas desbordándose.</p>



<p>Abochornada por el placer que experimentaba, pero demasiado débil para contenerse, siguió exprimiendo mi tallo hasta que tras dos nuevas dosis de gozo se desplomó agotada sobre mí. Desconozco el tiempo que pasamos abrazados sin hablar, al saber ambos lo bajo que habíamos caído, aunque yo no hubiera conseguido culminar y mi pantalón siguiera mostrando al mundo entero la urgencia que tenía de descargar mi simiente.&nbsp;&nbsp; Quizás notando su presión entre los muslos, la pelirroja me besó y llena de rubor, me dio las gracias por haber saciado su hambre sin buscar mi placer.</p>



<p>―Sabré compensártelo, amado mío― suspiró mientras desaparecía por la puerta.</p>



<p>La llegada de mi padre exigiendo la comida sin hacer caso a su mujer y tratándola como si fuera solo una cocinera contratada para satisfacer su apetito provocó mi indignación y lejos de fustigarme por lo que había pasado, creció en mí el rencor y creí loable el ser yo quien la consolara carnalmente. Por ello cuando llegó ante mi puerta y se rio de mi sufrimiento, decidí castigar su desplante arrebatándole su bien más preciado.</p>



<p>&nbsp;«Tu mujercita será mía», me prometí.</p>



<p>Esa determinación se afianzó cuando obviando mis dolores, el malnacido que me había engendrado se negó a que Elizabeth me subiera una bandeja y me obligó a bajar a comer.</p>



<p>―Esposo, Robin está sufriendo― acudiendo a ampararme, comentó la pelirroja.</p>



<p>―Si quiere una sirvienta, que se vaya de casa y forme otro hogar― bufó contra mí sin darse cuenta que al hacerlo se llevaba entre las patas a su esposa.</p>



<p>―Ya bajo― levantándome de la cama, respondí.</p>



<p>Al ver que lo hacía, la ofendida creyó que la necesitaba y pasando su brazo por mi cintura, intentó auxiliarme.</p>



<p>―Gracias, pero puedo solo― rehusando su favor, musité no fuera a ser que con ello levantáramos las sospechas de su marido.</p>



<p>&nbsp;El guiño cómplice que me regaló me hizo ver que había entendido mis temores y adelantándose, fue a preparar las fuentes con la comida. Apenas nos habíamos sentado en la mesa cuando alzando la voz para que se enterara su parienta, me informó que por negocios debía ausentarse una semana y que, por lo tanto, debía de acudir yo a sustituirlo en la tienda.</p>



<p>―No se preocupe, padre. Me ocuparé de sus obligaciones y cuando vuelva, verá que su ausencia no se ha notado― respondí mientras de reojo miraba la reacción de mi madrastra.</p>



<p>―Eso espero― con su habitual mal humor, bramó mi puñetero viejo sin advertir la alegría que su marcha provocaba en Elizabeth.</p>



<p>― ¿Cuándo me dejarás sola? ― contestó ésta haciéndole creer lo mucho que le disgustaba la idea de que la abandonara.</p>



<p>―Al terminar de comer, he quedado que venga un carruaje― sin advertir la hipocresía de su mujer, replicó: ―Además no te dejo sola. Cualquier cosa que necesites, pídesela a Robin y él te la proporcionará, ¿verdad hijo mío?</p>



<p>―Ni lo dude, padre. Desde ahora me comprometo a que no le falte nada.</p>



<p>Tras cebarse como un cerdo con el guiso que amorosamente le había preparado, James Crusoe se acomodó el pañuelo a su cuello y sin despedirse de ella, se subió al coche de caballos. Elizabeth esperó un tiempo prudente por si mi anciano progenitor se había olvidado algo para con una sonrisa en los labios decirme que debía volver a la cama. No caí en sus intenciones hasta que, apoyándome en ella, subimos al piso superior y en vez de encaminarse a mi cuarto entró al suyo.</p>



<p>―Tu padre te exigió que lo sustituyeras en todo― susurró en mi oído mientras me obligaba a tumbar en el colchón donde dormía el ausente.</p>



<p>&nbsp;Si ya de por sí me habían quedado claro, sus manos despojándome de la ropa me hicieron ver la urgencia que tenía por saborear nuevamente el placer que la había brindado. Al bajarme el pantalón y ver por vez primera mis atributos varoniles, no pudo reprimir decir con un gemido:</p>



<p>―Qué bella se ha vuelto la cosa de mi hombre. ¿Será cosa de magia?</p>



<p>Replicando su guasa, pedí ver en plenitud el cuerpo de mi mujer aludiendo a que no era lo mismo contemplarlo bajo la luz de la luna que hacerlo a plena luz del sol.</p>



<p>―Mi maridin no solo se ha convertido en un robusto mozo, sino que también me está demostrando ser un poco pervertido― riendo, comenzó a desabrochar su vestido.</p>



<p>Queriendo azuzar la velocidad con la que sus dedos iban abriendo los ojales, contesté:</p>



<p>―Solo espero que, al dejar caer tu ropa, los años que he perdido no se te hayan pegado, esposa mía.</p>



<p>La sonrisa de sus labios mientras se despojaba lentamente de la ropa me hizo entrever que quería jugar un poco antes de entregarse a mí y recordando la actitud de mi viejo cuando se negó a satisfacer ese deseo, apoyé la cabeza en la almohada, murmuré en plan despectivo:</p>



<p>―No tengas prisa en mostrarme tus arrugas ni esas lágrimas a las que llamas pechos.</p>



<p>Mis palabras consiguieron avivar su espíritu juguetón y deslizando uno de sus tirantes, se sacó un seno diciendo:</p>



<p>―Siento que a mi hombre no les gusten, había pensado en ponérselos en la boca.</p>



<p>― De forma no están mal, pero respecto a su sabor nada puedo decir sin probarlos antes― declaré mientras sacaba la lengua y lamía mis labios, anunciando que pensaba recorrer con ella las rojizas pecas que decoraban sus bellezas.</p>



<p>Mi audacia fue recompensada y acercándose a mí, puso a mi disposición el primero de sus esos hinchados cántaros mientras contestaba que era cierto que no podía opinar antes de catarlos. Durante un minuto relamí los contornos de su areola hasta que, oyendo sus sollozos, la metí totalmente en mi boca.</p>



<p>―Mi niño― gimió al ver que me ponía a mamar de ella y que no contento con ello, usaba mis dientes para mordisquearla tiernamente.</p>



<p>―Soy tu marido hasta que mi padre vuelva, ¡recuérdalo! ― la corregí mientras repetía la misma maniobra sobre su otro seno.</p>



<p>―Y yo, la mujer que desea complacerte― rugió de placer con sus ojos en blanco.</p>



<p>Permanecí largo rato sin hacer nada más que saciar mi sed en esas maravillas hasta que consciente de que debía dar otro paso, la separé de mí diciendo:</p>



<p>―Ya he comprobado que los años no han hecho mella en tus pechos, pero no sé si has acumulado grasa alrededor de tu cintura desde la última vez que te vi.</p>



<p>La jovialidad con la que asumió mis risas me hizo saber que estaba bien encaminado al no dejarme vencer por la pasión y disfrutar de los prolegómenos antes de poseerla. Por eso no me extrañó que volviendo a la mitad de la habitación y sin dejar de observar mi trabuco pidiendo guerra, la pelirroja continuara desnudándose como tampoco que, tras descubrir un par de centímetros de su piel me preguntara si acaso era verdad que estaba gorda.</p>



<p>―Por ahora nada me hace sospechar lo contrario. Pienso que puede que la camisola que llevas puede esconder unas lorzas que nunca me has mostrado.</p>



<p>―Mi señor solo tiene que ordenármelo y la dejaré caer – murmuró llena de deseo.</p>



<p>―Antes quiero ver tus piernas― respondí desde la comodidad del colchón.</p>



<p>Divertida por la ausencia de pasión que intentaba reflejar, lentamente deslizó sus enaguas y ya con ellas en el suelo, me preguntó si estaba satisfecho.</p>



<p>―Todavía no, deseo contemplar el trasero que deberé azotar el día que lo merezcas― comenté.</p>



<p>Confieso que lamenté haberlo dicho pensando que dada su educación se negaría a complacerme y que se enojaría, pero entonces se giró y con la voz tomada, murmuró:</p>



<p>―Si alguna falla cometo, mi señor no debe dudar en reprenderme usándolo a su antojo.</p>



<p>Alabando la ausencia de sebo en sus blancos cachetes, le pedí que se acercara y para mi sorpresa, lo hizo diciendo:</p>



<p>―Pruebe su resistencia, dando un azote.</p>



<p>Ni que decir tiene que no pude rechazar esa petición y propinando una sonora nalgada, comprobé que no mentía y que los tenía tan duros como se vanagloriaba.</p>



<p>―Tienes razón, mantienen su firmeza― reí mientras la veía frotar su adolorida posadera.</p>



<p>&nbsp;―Nunca le mentiré, mi señor― refunfuñó molesta por la violenta caricia.</p>



<p>Al comprobar que no se había retirado usé las manos para darle la vuelta y absorto observé de cerca el denso y pelirrojo bosque que había solo visto de lejos.&nbsp; Elizabeth al sentir mi mirada fija en los labios de su vagina, preguntó con picardía si con la vista me bastaba o, por el contrario, deseaba como había hecho con sus pechos catar su sabor.</p>



<p>―Debo saber todo de mi señora― rugí como tigre hambriento.</p>



<p>Denotando que lo mucho que le apetecía ser devorada por mí, se subió a la cama y pasando una pierna sobre mí, no dudó en dejarme admirar su feminidad antes de preguntar qué esperaba a probar su tesoro.</p>



<p>―Antes tengo meter mi lengua en él, debo tocarlo y olerlo no vaya a ser que esté descompuesto― respondí mientras usaba dos yemas para separar sus pliegues.</p>



<p>El aroma de la hembra deseosa de ser montada por su macho que descubrí me dejó anonadado y acercando la nariz, recreé mi olfato en el agridulce olor que desprendía.</p>



<p>―No me haga sufrir, mi señor. Necesito saber si mi sabor le gusta o le repele― gimió desesperada no pudiendo esperar a experimentar que sentiría cuando enterrara mi lengua en ella.</p>



<p>Estaba pensando en complacerla cuando de repente observé entre esos labios un erecto botón y queriendo comprobar la función que desempeñaba en una mujer, lo tomé entre mis dedos y pellizqué. El chillido de placer que brotó de su garganta me hizo ver la razón por la cual Dios lo había creado y recreándome en él, seguí torturándolo con breves pero certeros pellizcos hasta que incapaz de contenerla una densa humedad emergió de su interior:</p>



<p>― ¡Qué me haces! ¡Me estás matando! ― exteriorizando su gozo, Elizabeth aulló.</p>



<p>La certeza de que había descubierto la tecla exacta que la haría encadenarse a mí me llevó a acercar la boca y usando tanto la lengua como mis dientes, comprobar la resistencia de mi madrastra ante el placer.&nbsp; Creo sinceramente que Elizabeth jamás había sospechado que fuera posible que, sin mediar una penetración, su cuerpo reaccionara de esa forma y por eso no dudé en complacerla cuando presionando su vulva contra mi cara, me imploró que continuara.</p>



<p>―No pararé hasta que la zorra de esposa me lo pida― cerrando la boca sobre ese inesperado regalo comenté.</p>



<p>―Os amo, mi señor. Juro que dedicaré mi vida a hacerlo feliz― claudicando en el placer formuló su derrota.</p>



<p>No contento con haber vencido en esa escaramuza, la tumbé sobre la cama y cuando ella ya se esperaba ser tomada, me deslicé por su cuerpo y separando sus muslos, volví a sumergir mi lengua en su rojiza gruta. El renovado entusiasmo con el que devoraba ese manjar elevó su natural lujuria a límites insospechados y pegando un grito que debió oírse hasta en el puente de Londres cayó temblando sobre las sábanas. Confieso que me asustó ver la forma en que retorcía su cuerpo mientras derrama su placer por el colchón y por ello, dejando a mi pesar de saborear el dulce de entre sus piernas, pregunté aterrorizado si se encontraba bien. Tardó un par de minutos en responder al verse azotada por las sensaciones que mandaba su cerebro y tras gozar al menos en otras dos ocasiones, consiguió las fuerzas necesarias para decirme con tono enamorado que nunca se había encontrado mejor, pero que seguía deseando entregarse a mí. Comprendí que no mentía cuando tomando mi virilidad entre sus yemas, apuntó con ella a su vulva y de un solo arreón, se empaló. La feminidad de mi madrastra me pareció un edén hogareño y familiar al que estaba predestinado y del cual no podía y no debía huir. El largo gemido que pegó al sentirse mía no hizo más que afianzar ese sentimiento y soñando que realmente era mi esposa, esperé a que se acostumbrara a tenerme dentro para empezar a moverme.</p>



<p>― ¡Mi verdadero hombretón! ― sollozó sintiéndose llena por primera vez mientras comenzaba a imprimir un suave ritmo a sus caderas.</p>



<p>A pesar de mi edad, mi única experiencia con las damas consistía en un par de visitas que, en compañía de unos compañeros de estudios, había realizado a un lupanar y por ello, la estrechez de su vulva presionando mi falo me dejó obnubilado. En nada se parecía esa acogedora gruta a las sobreexplotadas cuevas de las putas con las que había estado y temiendo desgarrar algo de su interior, dejé que ella llevara la voz cantante. Lentamente Elizabeth fue entrando en confianza, acelerando la velocidad con la que se acuchillaba hasta convertir su pausado trote en un galope desbocado.</p>



<p>―Os amo, mi señor― rugió descompuesta al notar mi estoque golpeando las paredes de sus entrañas.</p>



<p>No pude dejar de sentirme en el paraíso al ver sus senos rebotando arriba y abajo frente a mi cara. Esos recipientes destinados a producir leche me llamaron con una intensidad que no pude repeler y acercando mi boca a ellos, elevé su calentura metiéndomelos en la boca mientras mi espada seguí haciendo estragos en su vagina.</p>



<p>―Soy tuya y solo tuya― suspiró dominada por la pasión y olvidando que el hombre que la estaba haciendo gozar no era su marido sino su hijastro, me imploró que derramara mi simiente en su fértil sembrado.</p>



<p>Ni siquiera lo pensé y llevando mis manos hasta las nalgas cuyo dueño no era yo, azucé a mi amazona a incrementar aún más si cabe la velocidad con la que me montaba. Nada más sentir mis yemas recorriendo sus maravillosas ancas, la pelirroja se vio sumergida nuevamente en el gozo y mientras vertía su esencia sobre mis muslos, me volvió a rogar que la hiciera madre:</p>



<p>―Por favor, haz que mi vientre germine― chilló turbada por el placer.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;Su insistencia en que me desahogara dentro de ella fueron demoliendo mis reparos y cerrando las mandíbulas entorno a sus areolas, dejé que la naturaleza se apoderara de mí y en potentes andanadas, descargué mi cañón contra la mujer que amaba. La potencia y la cuantía de mis descargas en nada se parecían a las pobres y exiguas de mi viejo, por eso su infiel esposa no pudo más que comenzar a llorar sabiendo su pecado:</p>



<p>―Mi vida, mi amor, mi dueño.</p>



<p>La intensidad de sus sentimientos me dejó anonadado y más cuando sin ni siquiera haber sacado el instrumento de perdición de su interior, me rogó que jamás la dejara y que cuando volviera su marido, siguiera amándola porque, para ella, yo era su único y verdadero señor.</p>



<p>―Nunca dejaré de quererte― respondí consciente de que nuestra traición no se iba a reducir a la momentánea ausencia de mi padre, sino que continuaría cuando esté retornara al hogar.</p>



<p>Su sollozo retumbó en la habitación…</p>



<p>No recuerdo haber sido tan feliz como esos días en los que disfruté de Elizabeth para mí solo y nos comportamos a todos los efectos como marido y mujer. Fue una semana dichosa, hicimos el amor sin límites. Juntos descubrimos nuestros cuerpos, unidos exploramos cada una de las teclas que nos hacían gozar y creyendo ingenuamente que jamás nada ni nadie nos podría separar, nos entregamos a cumplir nuestros sueños ocultos con alegría. Prueba de ello, fue al día siguiente cuando al retornar a casa después de sustituir al viejo en su negocio, llegué y me encontré a la pelirroja trasteando en la cocina. La felicidad con la que se esmeraba en preparar los alimentos que íbamos a compartir no impidió que recordara el sueño que había exteriorizado y sin hacer ruido, me acerqué.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Buenos días, cariño― escuché que reconociendo mis pasos decía desconociendo la sorpresa que le tenía preparada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siguiendo a rajatabla su deseo, me puse a su espalda y tras levantar su falda, le bajé las enaguas mientras preguntaba qué me había hecho de comer para a continuación y sin esperar su respuesta, hundir mi hombría en ella. La violencia de mi asalto la pilló desprevenida, pero en vez de quejarse se sintió dichosa al saber que su hombre había llegado a casa reclamando sus caricias. Con mi falo campeando en su interior, gimió encantada que estaba horneando un pastel de carne.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Yo habría preferido una zorrita pelirroja― respondí mientras me apoderaba de sus ubres con las manos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa falta de consideración hacía una dama como ella lejos de molestarla azuzó su vertiente menos piadosa y actuando como una empleada de prostíbulo en vez de como se comportaría una mujer decente, dejó sus manos sobre la mesa y me reconoció lo mucho que siempre había deseado ser poseída así.</p>



<p>―Mueve tu trasero y demuestra lo que vales, o no te pagaré al terminar― susurré en su oído haciéndola ver que en ese momento no era su marido sino un cliente.</p>



<p>Supe que estaba haciendo realidad su sueño más osado cuando su interior se mojó haciendo más fáciles mis embestidas y recreándome en mi papel de habitual de un putero, comencé a alabar la mercancía mientras le decía que al terminar hablaría con la Madame para alquilarla en exclusiva.</p>



<p>―Nada me haría más feliz que ser su puta de por vida― exclamó mientras su humedad recibía esos nada amorosos envites.</p>



<p>No tardé en notar que sus piernas flaqueaban al verse sumida por el placer. Haciéndole ver mi enojo le prohibí llegar antes que yo, ya que era su deber era satisfacer al que pagaba y viendo que no respondía, con un sonoro azote, la interpelé a obedecer.</p>



<p>― ¡Tómeme sin misericordia! ― rugió al sentir el escozor que mi palma le había provocado y sabiendo que le resultaría imposible no disfrutar con antelación a que descargara mis reservas en su ser, me rogó que la castigara.</p>



<p>La entrega de la pelirroja me enervó y repitiendo la brusca caricia sobre su trasero, aceleré el compás con el que la usaba sin que ella mostrara el mínimo pesar por esa salvaje monta. Por ello, me permití aferrarme a su melena y usándola como riendas con las que dominar a mi desbocada montura, proseguí acuchillando su interior sin importarme los desesperados gritos con los que expresaba su placer.</p>



<p>―Sigue ordeñando a tu cliente, ¡zorra! ― molesto al contemplar que presa del gozo había caído postrada sobre la mesa, ordené.</p>



<p>Mi adoraba madrastra recibió ese nuevo improperio con satisfacción y sacando fuerzas de su interior, convirtió sus caderas en un torbellino ardiente que zarandeó mi hombría con una potencia nunca sentida. Por ello, no pude retrasar lo inevitable y cogiéndome a sus hombros, disparé una serie de blancos proyectiles en su interior mientras se retorcía aullando lo mucho que le gustaba el hombre que había llegado esa mañana al burdel.</p>



<p>Aún agotado no dejé de seguir actuando y sacando de mi morral una moneda de cobre, pagué. El puchero de Elizabeth, haciéndome ver que se merecía algo más que esos dos míseros peniques, me hizo reír y mordiendo con avidez sus carnosos labios, respondí que si deseaba un mejor salario debería afanarse más en satisfacer a la clientela.</p>



<p>―Mi señor, le juro que esta noche pondré más esmero― desternillada de risa, replicó mientras se libraba de mi abrazo y sacaba del horno, el pastel.</p>



<p>Sabiendo que así sería me senté y degusté el manjar que cocinó esa hembra celestial que el maligno había puesto en mi camino mientras intentaba olvidar que nuestra felicidad llegaría a su fin cuando el dueño de la casa retornara de su viaje.</p>



<p>Tras esa opípara comida y a pesar que deseaba quedarme retozando con la que consideraba mi señora, no me quedó otro remedio que volver al negocio. Mi llegada al mismo fue providencial porque nada más aposentar mi trasero en el despacho, recibí la visita de un borrachín tratando de vender una joya. Sus ajadas vestiduras reflejaban que algún día habían sido lujosas y presentándose como Lord Percival Brompton, me pidió que la comprara. Desconociendo su valor, decidí pesarla y únicamente valorar el oro y no así la piedra verde que llevaba engastada, a pesar de su insistencia en que era una esmeralda traída desde Turquía y que esa gema tenía mucho valor. Al mantenerme firme, no le quedó más remedio que aceptar mi oferta y con cinco chelines se dio por satisfecho, dejándome solo para irse a beber su herencia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Pobre diablo», medité enfrascándome en el día a día de la tienda, pero no pude olvidarlo y queriendo comprobar su verdadero valor, al cerrar en vez de ir directamente a casa, fui a tasarla a un joyero que conocía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para mi sorpresa, el experto me reveló que había pagado solo una insignificante parte de su precio y que él me podía abonar por ella doce libras. Juro que me quedé angustiado al saber que había estafado al noble y cogiendo el dinero, fui a buscarle para darle lo que realmente era justo. Tuve que recorrer al menos cinco tugurios antes de dar con sus huesos y cuando digo dar con sus huesos, fue literal ya que ese desdichado se había bebido todo el contenido de su bolsa y cuando lo encontré tirado a la salida de un pub, descubrí horrorizado que no respiraba. Por mucho que intenté reanimarle, ya había muerto y no pudiendo terminar mi buena obra, no me quedó otra que volver a casa con la bolsa llena.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «El viejo no se podrá quejar», pensé mientras abría la puerta de su hogar y queriendo darle una sorpresa, guardé esa inesperada ganancia en mi cuarto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ajena a la pequeña fortuna que había obtenido, Elizabeth me recibió con unas caricias, a las cuales no dudé en corresponder y alzándola entre mis brazos, acudí con ella a su cama matrimonial para renovar nuestro amor…</p>



<p>El destino se alió a nuestro favor y la ausencia de su marido, se prolongó más allá de la fecha acordada y fueron diez días en los que dimos rienda suelta a la fogosidad de nuestros jóvenes cuerpos a todas horas. Mientras plasmo en letra esos dichosos días, solo puedo añorar el ímpetu con el que la amé al despertar, la fuerza con la que disfruté de ella los medio días y mi renovado entusiasmo con el que la hice mía esas noches mientras esperábamos el retorno del viejo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He de confesar que llegué a acostumbrarme a sus besos y debido a ello, casi provoco con mi lujuria nuestra perdición, la aciaga jornada en la que la realidad volvió a nuestras vidas. Llegaba tras trabajar arduamente detrás del mostrador con ganas de disfrutar entre sus piernas y al no verla en la planta baja, pensé que me esperaba dispuesta en la cama. Dominado por mi recurrente hambre de sus besos, subí las escaleras mientras me despojaba de la ropa y estaba a punto de abrir la puerta de su cuarto cuando nuestro señor se apiadó de este pecador y escuché la voz de mi padre exigiendo de malos modos a su mujer que deseaba poseerla. Todo mi ser se erizó y por un instante, estuve tentado de entrar y acabar con mi rival, pero entonces comprendí con rencor que el anciano estaba en su derecho y que era yo el errado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi mundo se desmoronó aún más al escuchar que cumpliendo su deber, mi adorada Elizabeth se entregaba a él sin demora. Reculé hacia mi cuarto y con el sonido del matrimonio compartiendo ese íntimo momento, lloré sin parar hasta que una hora después, mi madrastra me informó que la cena estaba lista y que mi padre quería verme. Consciente de que había escuchado los gemidos, no pudo mirarme a la cara y eso hizo más doloroso el momento en que me enfrenté con mi progenitor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cuéntame hijo, ¿qué tal el negocio? Me imagino que mal ya que por tu cara no pueden haber ido bien― me soltó malinterpretando mi angustia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Te equivocas, padre. En tu ausencia, he cerrado varios tratos y respecto a ello no tendrás queja alguna de mi comportamiento― repliqué hundido mientras de reojo observaba el nerviosismo de su joven, bella e infiel compañera.</p>



<p>―Entonces, ¿a qué viene esa cara? ― preguntó.</p>



<p>No pudiendo confesar mi traición porque con ello solo conseguiría manchar el buen nombre de la mujer que amaba, rápidamente repliqué que había dejado de lado mis estudios y que me costaría un mundo, ponerme al día con ellos. En vez de comprender que si lo había hecho había sido por cumplir sus órdenes, James Crusoe se dedicó a echarme en cara el dinero que malgastaba con mi educación y a amenazarme con dejar de sufragarla si no aprobaba el curso.</p>



<p>―No se preocupe, lo aprobaré― contesté mientras tomaba la decisión de no contarle nada acerca de la generosa ganancia que había obtenido comprando esa joya.</p>



<p>Sintiéndose satisfecho con mis palabras, dirigió sus iras contra su esposa y le hizo ver que tenía hambre, descargando un desconsiderado azote en su trasero. Nuevamente estuve a punto de saltarle al cuello al ver las lágrimas con las que Elizabeth recibía ese impropio castigo.</p>



<p>―Deme unos minutos― sollozó la pelirroja rumbo a la cocina al saber que la felicidad de esos días había desaparecido para no volver.</p>



<p>Durante la cena y mientras rumiaba qué hacer, mi viejo se pavoneó de las correrías que él y su socio habían protagonizado durante el viaje, haciendo especial referencia al maravilloso ganado que había disfrutado en un prostíbulo de Cambridge, sin importarle la presencia de la mujer a la que había unido su vida y que, sin alzar la mirada del plato, reía sus gracias.</p>



<p>«¿Cómo puede ser tan ruin?», me pregunté en silencio sintiendo como mío ese menosprecio.</p>



<p>Estábamos ya en el postre cuando mi adorada se levantó de improviso y corriendo hasta la palangana del rincón, comenzó a vomitar. Por un breve instante, creí que su malestar se debía a la humillación que sentía, pero mi padre más avispado que yo en las cosas femeninas preguntó si acaso se debía a estar preñada.&nbsp;</p>



<p>―Tengo un retraso. Ya me debía haber llegado― respondió mi adorada buscando con la mirada mi consuelo.</p>



<p>La alegría de su marido contrastó con mi dolor, pero eso no fue óbice para que al descorchar una botella y brindar por su nuevo retoñó, pudiese elevar mi copa y felicitarles a los dos.</p>



<p>―Se llamará Charles― sentenció lleno de dicha.</p>



<p>No pude más que agradecer que no bautizara a mi retoño con su nombre y acercándome a su mujer, le di la enhorabuena.</p>



<p>―Es tuyo, nunca lo dudes― susurró en mi oído mientras el cornudo vaciaba su bebida, orgulloso de haber conseguido procrear a su edad.</p>



<p>―Lo sé, mi amada― conseguí balbucear mientras me desmoronaba en mi asiento.</p>



<p>Desconociendo nuestra traición, el anciano acabó con esa botella y con otras dos antes de caer de bruces totalmente borracho. Llevándolo hasta la cama donde había sido feliz, comprendí que no podía quedarme en esa casa y tomé la decisión de tomar el primer barco.</p>



<p>―Llévame contigo― cayendo a mis pies, Elizabeth lloró cuando se lo comuniqué.</p>



<p>―No puedo involucrarte en esta locura, pero te juro que me haré rico y entonces volveré a reclamarte como mi esposa― contesté mientras hacía el equipaje. Su dolor estuvo a punto de hacerme recapacitar, pero consciente de no poder mantener una mujer y un hijo, le pedí que me esperara y que cuidara de nuestro retoño.</p>



<p>Con el sonido de sus lamentos resonando en mi cerebro, esa misma noche me embarqué hacia Canarias pagando mi pasaje con el dinero que había obtenido del borrachín sin saber que no volvería a pisar esa ciudad en mucho tiempo.</p>



<p>―Volveré por ti― juré desde la borda del bergantín mientras veía desaparecer Londres por el horizonte…</p>
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		<title>Relato erótico:&#8221; La ex esposa de un amigo nos folló en un congreso&#8221;. (POR GOLFO Y PAULINA)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2026 13:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Segunda parte de La ex esposa de un amigo me abordó en un congreso y como el anterior ha sido escrito con la ayuda de Paulina O. A la mañana siguiente, me desperté con Paulina en mis brazos y al sentir sus pechos presionando el mío, comprendí que había sido real y no un sueño. «¡Me he tirado a la ex de Alberto!», pensé mientras con la mirada recorría su cuerpo desnudo. Con la luz del día sus nalgas eran todavía más atractivas. Duras y firmes eran un paraíso terrenal solo al alcance de unos pocos. Recordando su promesa de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><b><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Segunda parte de La ex esposa de un amigo me abordó en un congreso y como el anterior ha sido escrito con la ayuda de Paulina O.</span></b></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">A la mañana siguiente, me desperté con Paulina en mis brazos y al sentir sus pechos presionando el mío, comprendí que había sido real y no un sueño.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Me he tirado a la ex de Alberto!», pensé mientras con la mirada recorría su cuerpo desnudo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Con la luz del día sus nalgas eran todavía más atractivas. Duras y firmes eran un paraíso terrenal solo al alcance de unos pocos. Recordando su promesa de convertirse en mi amante, decidí comprobar si era una mujer de palabra y sin copas mantenía esa decisión. Para ello lentamente retiré su brazo y posándola sobre el colchón, durante un&nbsp; instante, me quedé admirando su belleza mientras entre mis piernas mi pene se acababa de despertar.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Qué buena está!», exclamé mentalmente ya con una erección brutal.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Sabiendo que corría el riesgo que al abrir los ojos, esa mujer se diera cuenta de lo que había hecho y se arrepintiera, acerqué mi cara a su trasero y sacando la lengua, comencé a lamer el canalillo formado por sus cachetes.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«¡Menudo culo tiene!», sentencié al acercarme poco a poco a mi objetivo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Comprendí que Paulina se había despertado al escuchar un primer gemido cuando sintió mi húmeda caricia recorriendo los pliegues de su rosado ano.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Eres malo― susurró con voz sensual al notar mi respiración entre sus nalgas.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Y tú, una putita muy cerda a la que le encanta que la use― contesté dotando a mi voz de un tono morboso no carente de autoridad.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al escuchar ese cariñoso insulto Paulina sonrió y separando sus rodillas, me informó en silencio que&nbsp; deseaba que renovara con ella los votos de la noche anterior, por eso y mientras le separaba las dos partes de su trasero con mis manos, azucé su calentura mientras introducía la punta de mi apéndice en su ojete diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Recuerda que juraste que durante todo este fin de semana serías mía y que me pediste que te usara como la guarra que eres.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Sí― respondió casi llorando de placer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al recibir un permiso que no necesitaba&nbsp; y sin esperar un rechazo de su parte, introduje la punta de mi apéndice en su ojete mientras le echaba mi aliento.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Sí, ¿Qué?― pregunté hundiendo mi lengua como si de mi pene se tratara en su trasero.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La amiga de mi mujer, berreó como cierva en celo al experimentar esa intrusión en su interior y pegando un grito, confirmó su disposición diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Quiero que me comas el culo!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La total entrega de Paulina me permitió ir acariciando por dentro los músculos que pensaba hoyar y que con ello, poco a poco se fuera relajando. Su respiración entrecortada ratificó que le estaba gustando y por eso, añadiendo un dedo a mi ataque seguí profundizando mi ataque.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Me vuelve loca!―chilló al sentir esa segunda intrusión en sus intestinos y sin que yo se lo tuviera que exigir, llevó una mano a su sexo para comenzarse a masturbar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al comprobar su calentura y mientras introducía una segunda falange en su entrada trasera, mordiendo su oreja le susurré:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Disfruta mientras puedas, porque pienso romperte ese culito tierno que tienes.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Añadiendo más picante a esa escena, recorrí con mi lengua su oído al tiempo que metía y sacaba cada vez más rápido mis dedos de su trasero. Al experimentar esas desconocidas sensaciones, Paulina se giró y mirándome con su boca abierta y babeando lujuria, me rogó:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Hazme tuya.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La necesidad que lucía en su rostro me hizo gracia al recordar que Alberto la había dejado por poco fogosa y recreándome en ese recuerdo, le metí un tercer dedo mientras ordenaba a la que ya consideraba mi puta:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Usa tu otra mano para pellizcarte los pezones.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Cumpliendo mi orden de inmediato, agarró su areola entre sus dedos y presionando duramente aceptó gustosa mi dominio sobre ella.&nbsp; Al escuchar sus aullidos de placer, decidí dar mi siguiente paso y dejé que fuera ella quien con un pequeño movimiento de sus caderas se lo introdujera unos centímetros.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Me duele!― gritó con su culo adolorido.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">En ese instante supe que no podía dar marcha atrás porque de hacerlo esa muñeca nunca me daría una segunda oportunidad y por ello la agarré firmemente mientras presionaba mi verga. Lentamente el culo de Paulina absorbió toda mi extensión hasta que con ella rellenando su conducto por entero, decidí darme el gustazo de sodomizarla en mitad de la ducha.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Cogiéndola entre mis brazos y sin sacar mi pene de sus intestinos, la llevé al baño. Una vez allí abrí la ducha y mientras se caldeaba el agua, la besé forzando sus labios para que no se enfriara al sentir mi lengua fornicando con la suya mientras su ojete se terminaba de acostumbrar a tener mi verga insertada.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Eres un cerdo!― protestó sonriendo ya más tranquila.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://i.imgbox.com/3lcxv6fR"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/3lcxv6fR" width="426" height="640" border="0"></a></div>
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<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Metiéndola en la ducha, la obligué a apoyarse con sus brazos en la pared antes de comenzar a moverme. Con cuidado en un principio fui extrayendo mi verga de su hasta unos minutos virginal agujero para acto seguido volver a metérsela. Paulina que hasta entonces soportaba con resignación el dolor que surgía de sus entrañas, respiró aliviada al percatarse que iba desapareciendo y que era sustituido por placer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Su relajación me permitió presionar su cuerpo contra los azulejos e inmovilizarla para que sintiera el frio de ese material sobre sus excitados pezones. Una vez allí y sin dejar de horadar su culito, acerqué mi boca&nbsp; y mordí su oreja al tiempo que le susurraba:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―El idiota de tu marido no sabe lo perra que eres.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Mi nueva ofensa la hizo gemir de lujuria y reflejando lo puta que era en su rostro, me pidió que siguiera diciéndole guarradas al oído.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Ves lo que te digo, eres una perrita que solo necesitaba de un dueño para renacer― y forzando mi dominio, ordené: ―Ládrame mientras te enculo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Increíblemente la ex de Alberto me hizo caso y de su garganta salió un ladrido que fue el banderazo de salida para que la sodomizara en plan salvaje. Asiéndome a sus tetas con las manos incrementé el ritmo de mis penetraciones, provocando que con cada meneo la cara de Paulina se golpeara contra la pared. Estaba ya desbocado cuando mi móvil empezó a sonar y conociendo lo celosa y malpensada que era mi esposa, decidí para e ir a contestar dejando a la zorrita despatarrada y caliente bajo la ducha.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Es tu marido― grité y cabreado por la interrupción tomé tres decisiones cruciales. La primera fue no contestar, la segunda que terminaría lo empezado y la tercera y más importante que lo grabaría para que ese capullo se jodiera.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Pero entonces su mujer me alcanzó en la habitación y tirándome en la cama, me rogó que descolgara porque le ponía brutísima saber que Alberto estaba al otro lado del teléfono.&nbsp; Su descaro me hizo reír y contestando saludé al cornudo que nada más oírme me preguntó si ya había visto a su mujer.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―No jodas, no son las ocho de la mañana― y entonces con toda la intención, le pregunté: ―¿No creerás que soy yo el amante de tu esposa y que ella ha dormido en mi cama?</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―No, ¡Cómo crees! –protestó― ¡Eres mi amigo! </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Tras lo cual me explicó que no había conseguido dormir y que se había pasado la noche viendo el video en el que Paulina se la comía a un desconocido una y otra vez. Descojonado en mi interior pero con voz seria, respondí mientras la aludida se ponía mi verga entre sus tetas y aprovechando que las seguía teniendo mojadas, me empezaba a regalar una cubana:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡No es sano que te comas el tarro mirando a esa puta mamando verga!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Su ex no pudo reprimir una risita al escuchar que Alberto estaba sufriendo y incrementando sus maniobras, agachó su cabeza para que cada vez que mi pene se acercaba a su boca lanzarme lametazo.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Te juro que lo sé pero no puedo dejar de verlo. Esa guarra nunca puso conmigo tanto énfasis.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">No queriendo seguir con esa conversación, me despedí de él asegurándole que iba a investigar quién era el capullo que se estaba tirando a Paulina. Ya sin él, cogí a la zorra de su mujer de la melena y acercando sus labios a los míos, metí mi lengua hasta su garganta antes de decirle:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Alberto se lo ha buscado. Pienso grabar cómo te sodomizo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Colocando mi móvil de forma que no se me viera la cara, lo encendí y poniendo a cuatro patas a mi amante, le grité antes de ensartarla con fiereza:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Respira hondo, ¡Qué te voy a romper el culo!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">No se esperaba la violencia de mi ataque y sus brazos cedieron ante él de forma que su cara se hundió en la almohada. Sin respetar su dolor, azucé a mi montura con un severo azote en sus nalgas diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Puta, ¡Muévete!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">No hizo falta que repitiera la orden, Paulina superó mis expectativas aullando de placer y pidiéndome que no parara de usar su trasero mientras me decía con voz de santa:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¿Soy una buena puta?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Ni que decir tiene que su pregunta me permitió seguir montándola con mayor ardor mientras ella mordía con sus dientes la almohada para no gritar y que desde la habitación&nbsp; de al lado supieran lo zorra que era. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Usando a mi antojo a esa mujer, mordí su cuello, azoté sus nalgas y pellizqué sus pezones sin parar hasta que por primera vez en sus treinta y tres años de vida, Paulina disfrutó de un orgasmo total y como si fuera su coño una fuente eyaculó sin parar mientras ella era la primera sorprendida.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Parece un geiser!― me reí al observar el chorro que por oleada salía de su chocho y jalando de su pelo, llevé su boca a la mía y dando un leve mordisco en sus labios, la besé preguntando: ¿De quién eres?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Mi pregunta la hizo comprender quien era su dueño y respondiendo con una pasión sin igual, sintió que todo su cuerpo se licuaba mientras me decía:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Soy tuya. ¡Eternamente tuya!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Su confesión me dejó claro que a nuestra vuelta a Madrid esa zorra seguiría siendo mía y por eso sacando mi pene de su culo, le di la vuelta y dejándome ir, eyaculé sobre sus tetas mientras le decía:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Úntate mi semen por tu cuerpo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Nadie había eyaculado sobre ella y por eso le sorprendió sentir la calidez de mis explosiones recorriendo sus pezones pero una vez repuesta, comprendió que le encantaba al sentir que desde dentro de su vulva renacía con fuerza su orgasmo y pegando un gemido de placer, esparció mi simiente por sus pechos mientras entre sus piernas nuevamente brotaba su flujo con una fuerza inusual.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al&nbsp; ver esa maravilla, hundí mi cara entre sus muslos y sacando mi lengua, me puse a secar ese arroyo. El sabor agridulce de su coño invadió por completo mi mente y como un ser sin voluntad seguí agarrado a sus nalgas bebiendo su néctar mientras Paulina gemía sin parar presa del placer. Desconozco cuanto tiempo estuve comiendo, mordiendo y lamiendo ese manjar ni cuantas veces su dueña disfrutó del éxtasis de un orgasmo pero lo cierto fue que en un momento dado y casi llorando, esa zorrita me pidió que parara diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡No puedo más! ¡Estoy agotada!</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://i.imgbox.com/SEoz6Xdb"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/SEoz6Xdb" width="426" height="640" border="0"></a></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al saber que aunque no fuera plenamente consciente esa mujer era mía y que tendría muchas más oportunidades de deleitarme con su cuerpo, cedí y tumbándome junto a ella, descansé entre sus brazos. Durante diez minutos, nos quedamos en esa posición hasta que mirando el reloj de la mesilla, me di cuenta que llegábamos tarde a la primera conferencia y por eso, acariciando una de sus nalgas le dije que era hora de levantarnos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Paulina frunció su ceño pero asumiendo que tenía yo razón, me dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―De acuerdo pero a la hora de comer, quiero que me hagas nuevamente tuya.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Partiéndome de risa, contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¿No decía tu marido que eras poco fogosa? ¡Lo que eres es una ninfómana!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al recoger su ropa del suelo, riendo respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Para él, yo era su mujer. Para ti, ¡Soy tu puta!&#8230;.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><b><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El doctorcito sexy.</span></b></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Como la ropa de Paulina seguía en su habitación, se despidió de mí y quedamos en vernos en el buffet del hotel. Por eso una vez me había vestido, bajé a desayunar y allí me encontré con el doctorcito sexy.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Alonso estaba tomándose un café y nada más verme, me llamó para que compartiera con él su mesa. Al sentarme, mi compinche en tantas aventuras, poniendo un tono pícaro,&nbsp; preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Raúl, ¿Cómo está este año el ganado?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Poniendo cara triste, contesté que había tenido poco tiempo de comprobar su calidad porque había tenido el férreo marcaje de una amiga de mi mujer. El muy cabrón soltó una carcajada al escuchar de mis labios que se habían chafado mis planes y con lágrimas en los ojos, se rio de mí diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Qué putada! Tendré que ocuparme yo de todas esas pobres mujeres necesitadas de caricias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Haciéndome el apenado, le expliqué que era Paulina era una arpía frígida y chismosa a la que mi mujer le había ordenado traerme bien corto. Mi amigo sin apiadarse de mí, dijo fingiendo una indignación que no sentía:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Al menos estará buena!</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Qué va!― respondí: ¡Es una gorda asquerosa con un trasero lleno de grasa y las tetas caídas!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Alonso me estaba diciendo que lo sentía por mí&nbsp; y que en compensación él se tiraría a las que me tocaban cuando la aludida me preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¿No me vas a presentar a tu amigo?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Muerto de risa, me levanté para acercarle la silla mientras respondía:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Paulina te presento a Alonso.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El doctorcito sexy miró alucinado al bombón que supuestamente era un adefesio y devolviendo la andanada, comentó en plan ligón:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Encantado de saber que Dios existe y que nos ha mandado uno de sus ángeles.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El descarado piropo surtió el efecto que deseaba su autor y la recién divorciada le regaló una sonrisa sin poder evitar que el rubor coloreara sus mejillas.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Será cabrón», pensé más celoso de lo que nunca reconocería, «no pierde el tiempo andándose por las ramas».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Como experimentado Don Juan, Alonso usó toda su simpatía para hacer de ese desayuno una fiesta en honor de Paulina mientras desde mi sitio, me estaba poniendo malo al comprobar las risas de mi nueva amante ante las bromas y galanteos de mi amigo. Paulatinamente mi cabreo fue in crescendo hasta que ya claramente enfadado, levantándome les informé que llegábamos tarde a la primera conferencia.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Por mi tono, la ex de Alberto comprendió que estaba rojo de celos y disfrutando de la sensación de poder que le hacía sentir el ponerme de los nervios, susurró en mi oído:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―No seas tonto. ¿No ves que estoy disimulando?― para acto seguido y sin preguntar mi opinión, colgarse del brazo del doctorcito sexy camino del auditorio.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">« ¡Será&nbsp; puta!», maldije asumiendo que esa mujer estaba jugando conmigo y que estaba ganando.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">En ese momento, hubiese estrangulado a Alonso aunque fuese inocente y a pesar que sabía que no tenía motivos para quejarme puesto que entre Paulina y yo no existía contrato alguno. Os reconozco que de haberme parado a pensar un poco, hubiese comprendido que tanto esa mujer como el doctorcito eran libres y que el único de los tres que estaba casado era yo. La lógica decía que me tenía que callar y disfrutar de las migajas que dejara caer esa mujer pero no pude y por eso cuando al llegar al auditorio me senté en la última fila y Paulina se puso entre los dos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El cabronazo del doctor que desconocía que ya había hecho mía a la ex de Alberto, no perdió comba y en cuanto colocó sus posaderas en el asiento, reinició su ataque a base de bromas y chascarrillos que mas de una vez provocaron la risa de la mujer. Para entonces estaba encabronadísimo pero como no me convenía descubrir mi infidelidad ni dejar en mal lugar a Paulina, me mordí un huevo cuando lo que realmente me apetecía era soltarle un guantazo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El colmo fue ver que ese don juan de tres al cuarto, asumiendo que ella era una presa fácil, comenzaba a acariciar disimuladamente la pierna de mi amiga y que ella aunque se puso colorada como un tomate, no opuso ningún tipo de resistencia.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Será cabrón», pensé y conociendo la fama de ligón que se había granjeado durante años, temí por vez primera que me la levantara al ver que sin retirar su mano se acercaba a Paulina y en voz baja le susurraba algo al oído.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La sonrisa de oreja a oreja que apareció en el rostro de la mujer y el hecho que no se alejara de él, agrandó mis celos por lo que aprovechando que tenía hambre, les pregunté si nos íbamos a comer. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Ambos aceptaron de inmediato, Alonso porque así podía culminar su conquista y mi amiga creí para librarse del acoso del doctorcito. Los deseos del tipo me quedaron claros cuando aprovechando que Paulina se había ido al baño me preguntó si,&nbsp; al terminar de comer, podía hacerme el desaparecido para que así se quedara un par de horas a solas con la que él suponía que era la espía que me había mandado mi mujer.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―No hay problema― contesté tragándome el orgullo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La pericia en las artes amatorias de Alonso quedaron plenamente ratificadas con la elección del restaurant ya que no solo era coqueto y romántico sino que permanecía en una penumbra ideal para una primera cita. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Ni a mi peor enemigo le deseo la comida que ese capullo me dio porque nada más sentarse frente a ella, empezó a tontear con Paulina sin que pudiese hacer nada por evitarlo ya que corría el riesgo que en mi hospital se corriera la voz que tenía una amante y que además era la mejor amiga de mi esposa.&nbsp; Por eso tuve que reírle las gracias cuando me percaté que por debajo de la mesa, Alonso se había quitado el zapato y descaradamente acariciaba los tobillos de Paulina. Mirando de reojo al objeto de tal ataque descubrí que. Aunque tenía las mejillas rojas, sonreía.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Será zorrón, ¡le está gustando!», dije entre dientes más que molesto.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Habiendo terminado el segundo plato, al llegar el camarero y preguntarnos qué queríamos de postre, Alonso se quedó mirando fijo a Paulina, insinuando que ella era los que deseaba. La ex de Alberto al comprender la indirecta, se ruborizó aún más y bajando la cara, intentó que yo no me diera cuenta que a ella también le apetecía ser su golosina.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Aquí sobro», maldije mentalmente y haciendo como si se me hubiera olvidado que había quedado con otro asistente del congreso, los dejé solos mientras me llevaban los demonios.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Absolutamente derrotado, salí del restaurant y me fui a aligerar mis penas con un copazo. En el bar en que entré, intenté infructuosamente ligar con una rubia pero tras media hora de cháchara, tuve que rendirme e irme a mi habitación con la cola entre las patas. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Esa tarde me sentía fatal, no solo había perdido a una amante sino que para colmo había sido en manos de un amigo. Hundido en la miseria, pasé por una tienda y compré una botella de whisky que beberme a solas en mi cuarto, maldiciendo mi suerte. Llevaba dos copas cuando reconocí la voz de los dos riendo en el pasillo. </span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―No puede ser― exclamé al comprobar que el destino había querido que la habitación de Alonso fuera la contigua a la mía.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://i.imgbox.com/pvC6ESd6"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/pvC6ESd6" width="426" height="640" border="0"></a><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Todavía hoy me avergüenzo de lo que os voy a contar pero en ese momento, era tal el odio que sentía que solo se me ocurrió salir al balcón y al descubrir que podía pasar al otro lado,&nbsp;&nbsp; cruzar hasta el de Alonso. Nada más hacerlo, me encontré con&nbsp; que esos dos se estaban besando apasionadamente.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Menuda puta. ¡Qué rápido ha cambiado de macho!», pensé y queriendo vengar su afrenta saqué el móvil y me puse a grabarlos mientras me decía: «Veras la cara de Alberto cuando vea a su recatada esposa follando con otro».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Dentro en el cuarto, el doctorcito estaba intentando desabrochar la blusa de Paulina pero entonces le retiró sus manos y dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Júrame que Raúl no se enteraré de lo que ocurra aquí. No quiero que piense que me acuesto con el primero que pasa por la calle.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Alonso al oírla, la besó hundiendo su lengua dentro de la boca de ella y mientras le agarraba el culo, contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Te lo juro, pero ahora enséñame las tetonas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Os confieso que me dolió ver como Paulina le sonreía y como mientras se quitaba la camisa, le miraba con cara de vicio. Alonso enmudeció al ver ese robusto par de tetas apenas cubierto por un brassiere negro y tras unos instantes en que solo pudo observar embelesado, se agachó y hundió su cara en el canalillo que discurría entre esas maravillas.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Ahhh― escuché gemir a mi amiga mientras con sus manos presionaba la cabeza de Alonso contra su pecho.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Ese gemido fue el acicate que necesitaba el doctorcito para usando sus dedos irle bajando los tirantes del sujetador mientras no paraba de lamer la tersa piel de la mujer.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Tienes unas tetas preciosas― soltó ya claramente excitado mi conocido al admirar los pezones rosados que decoraban sus senos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Sintiéndome un voyeur por la excitación que empezaba a dominarme, pegué mi cara al cristal para ver mejor como Alonso la iba desnudando. </span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Dios, ¡Qué culo tiene!», pensé apesadumbrado al ver como caía su falda y sus bragas al suelo por la acción de unas manos que no eran las mías.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El ardor de esos dos iba en aumento y los jadeos se iban incrementando mientras yo me tenía que conformar con ver y grabar sin ser partícipe de esa escena. Justo cuando Paulina cogía entre sus manos la verga del doctorcito, este le dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Quiero tomarte la temperatura― y acto seguido se chupó uno de sus dedos y girándola contra la mesa, se lo metió en el ojete.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">El aullido de placer que salió de la garganta de Paulina al sentir su entrada trasera hoyada de ese modo tan pícaro, me recordó sus gritos cuando hacía unas pocas horas era yo quien la sodomizaba.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Vamos a la cama― rogó la mujer deseando ser tomada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Lo que no ella ni yo nos esperábamos fue que Alonso aprovechara su caminar para ir metiendo y sacando su dedo del culo de la mujer mientras le decía:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Pienso follarte ese culito tan duro que no te vas a poder sentar en una semana.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La vulgaridad de sus palabras lejos de cortar o disminuir la calentura de Paulina pareció incrementarla porque tirándose sobre el colchón, se puso a cuatro patas diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¿Me prometes que vas a montarme el culo hasta que no me pueda ni sentar?</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Sí. ¡Tu trasero no te va a servir ni para cagar!― respondió a la vez que le soltaba un azote y se colocaba en su espalda.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Ay― soltó mi amiga al notar el escozor de esa ruda caricia, tras lo cual se dejó caer con los brazos hacia adelante y respingando el trasero, giró su cabeza y le dijo: ―Fóllame como una puta. Soy tu guarra.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Alonso al escuchar que esa mujer le pedía caña, no se lo pensó dos veces y colocando su glande a la altura de su entrada trasera, de un solo golpe la ensartó haciéndola gritar por la violencia de ese asalto. Una vez con toda su verga rellenando los intestinos de Paulina ni siquiera la dejó asimilarla y por medio de una serie de duras nalgadas, le fue marcando el ritmo mientras ella no paraba de chillar de placer y de dolor.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Sigue, no pares― la oí decir mientras no dejaba de mover su culo en círculos como queriendo ordeñar la verga que la estaba en ese momento empalando contra la cama.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Para entonces, el sudor había hecho su aparición en Paulina y desde el balcón tuve que retenerme para no entrar y ser yo quien se la follara al ver como con el pelo pegado sobre su frente, esa mujer que había sido mi amante disfrutaba del sexo como nunca.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Necesito que vuelva a ser mía», reconocí mientras me colocaba el paquete bajo mi pantalón.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Paulina ajena a que la estaba observando, se giró sobre las sabanas y sacándose la verga del doctorcito del trasero, se abrió de piernas y señalando su vulva, ordenó a mi sorprendido amigo:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―¡Fóllame por el coño!&#8230;¡Mi coño necesita una verga ahora!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Alonso no tardó en saltar sobre ella y usando su pene como ariete, comenzó a tumbar una a una las defensas de esa mujer mientras se asía con rudeza a sus pechos. La ex de Alberto disfrutó como una perra de ese ataque y relamiéndose los labios, gritó:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―</span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Ahhh sigue&#8230;. ¡Trátame como tu puta!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La entrega del bellezón rubio hizo despertar el lado&nbsp; morboso del doctorcito y dando un doloroso pellizco a uno de sus pezones, le soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Y el pobre de Raúl que creía que eras una dama, cuando en realidad eres una sucia guarra.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Paulina recibió ese insulto con mayor excitación y con todas sus neuronas trabajando a mil por hora, contestó mientras no dejaba de retorcerse buscando mas placer:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―Me has jurado que no le ibas a decir nada. </span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">―No hará falta― rio el puñetero.―Cuando te vea la cara de zorra sabrá que te he follado.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://i.imgbox.com/q3bYabFA"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/q3bYabFA" width="426" height="640" border="0"></a></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">La tensión acumulada por el continuado martilleo contra la pared de su vagina, hizo que el cuerpo de Paulina colapsara y pegando un grito, se corriera sobre el colchón. Alonso viendo su orgasmo, siguió torpedeando sin parar los bajos fondos de la mujer provocando que esta uniera un clímax con el siguiente hasta que sintiendo que le llegaba el momento a él, se la sacó del coño&nbsp; y metiéndosela en la boca, le ordenó que se la mamara. La zorra de la ex de Alberto, esa mujer que en teoría era una pazguata, no tuvo reparos en embutirse el miembro del doctorcito hasta el fondo de su garganta mientras este le presionaba su cabeza con las manos. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Al verlo, supe que estaban a punto de terminar y no queriendo que descubrieran mi presencia en el balcón, volví a mi habitación totalmente deshecho.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">«Mierda», pensé, «¡he perdido a Paulina!».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; line-height: 115%;">Ya en mi cuarto, mi desesperación me llevó a realizar un acto del que todavía hoy me arrepiento porque cabreado hasta la médula, agarré mi móvil y mandé al otro cornudo la evidencia de su cornamenta.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">«¡Qué sepa lo puta que es su mujer!», exclamé mientras apretaba el botón culminando mi venganza.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Sin saber qué hacer, me serví otra copa al tiempo que intentaba sacarme de la mente a Paulina porque, lo quisiera o no reconocer, esa mujer me tenía subyugado. Su belleza, su cuerpo y sobre todo su habilidad entre las sábanas habían conseguido conquistarme. Al darme cuenta que estaba enamorado de ella, me eché a llorar como un crio. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Durante una hora, alterné el whisky con las lágrimas hasta que alguien tocó la puerta. Medio borracho me levanté y fui a ver quién llamaba. </span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">―Paulina, ¿qué haces aquí?― Pregunté al verla con una sonrisa de pie en el pasillo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Muerta de risa, saltó en mis brazos mientras respondía:</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">―Venir a que me expliques porqué me has dejado tan sola.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Su alegría diluyó mi cabreo y mientras cerraba la puerta, supe que no podía vivir sin sus besos aunque eso supusiera el tener que llevar con la mayor entereza posible los cuernos.</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">«¡Seré un cornudo pero la tendré a ella!».</span></div>
<div style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: Arial, sans-serif; font-size: medium;">Para contactar con Paulina, la co-autora,&nbsp;</span><span style="color: #333333; font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: 19px;">mandadla</span></span><span style="color: #333333; font-family: Arial, sans-serif; font-size: medium;">&nbsp;un email a:</span></b></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><a href="mailto:Paulina.ordeix@hotmail.com"><b><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt;">Paulina.ordeix@hotmail.com</span></b></a><b></b></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"></div>
<p><a href="http://www.amazon.es/dp/B00TQ5I73M">&nbsp;</a></p>
<div><b style="font-size: 22px;">Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;"><b><a href="mailto:golfoenmadrid@hotmail.es">golfoenmadrid@hotmail.es</a></b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b></b></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://i.imgbox.com/yrE6GThd"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/yrE6GThd" width="426" height="640" border="0"></a></div>
</div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La ex esposa de un amigo me abordó en un congreso&#8221; (POR PAULINA Y GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 15:32:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
		<category><![CDATA[PAULINA]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; Relato escrito entre Paulina y Golfo. De todas los millones de mujeres separadas o divorciadas que hay en España buscando alguien con quien compartir aunque sea una noche de pasión fue a ella a quien me encontré. Nada más verla en el hall del hotel donde iba a tener lugar el congreso, se me cayó el alma a&#160; los pies porque, con ella deambulando por esos pasillos, me sería imposible echar una cana al aire tal y como tenía planeado. Al salir de casa y tomar el avión que me llevaría a Barcelona, había hecho planes para zumbarme a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Relato escrito entre Paulina y Golfo. De todas los millones de mujeres separadas o divorciadas que hay en España buscando alguien con quien compartir aunque sea una noche de pasión fue a ella a quien me encontré. Nada más verla en el hall del hotel donde iba a tener lugar el congreso, se me cayó el alma a&nbsp; los pies porque, con ella deambulando por esos pasillos, me sería imposible echar una cana al aire tal y como tenía planeado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al salir de casa y tomar el avión que me llevaría a Barcelona, había hecho planes para zumbarme a un par de pediatras antes de volver a casa, pero la presencia de esa castaña era un contratiempo inesperado que los truncó sin&nbsp; remedio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«¡Mierda!», pensé cuando la vi dirigirse a donde yo estaba charlando con unos colegas porque no en vano, además de ser la ex de Alberto, era una de las mejores amigas de mi esposa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Disimulando mi decepción, saludé a Paulina de un beso y aunque sabía que también era doctora y que por eso estaba allí, pregunté qué hacía en Barcelona. Con una sonrisa, contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿No te dijo tu mujer que me verías aquí?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No quise decirle que no me había dicho nada porque comprendí que lo había hecho a propósito para que su amigota le sirviera de espía y en vez de ello, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sí, me lo avisó pero me he despistado- y cambiando de tema, le pregunté si ya se había registrado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sé que no me creyó pero no hizo ningún comentario y respondiendo a mi pregunta, me dijo que ya había dejado su equipaje en la habitación y que se iba a dar una vuelta antes de cenar pero que sí quería me esperaba. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No hace falta- respondí tratando de evitar que su compañía se volviera agobiante.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Aceptó a regañadientes el irse sola por esa ciudad pero justo cuando se despedía, me preguntó con quién iba a cenar. Al responderle que solo, sonriendo me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Te equivocas, cenas conmigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su actitud posesiva no era normal y por eso no me costó asumir que mi mujer le había encomendado el tenerme corto mientras durara ese congreso. Haciendo como si estuviera encantado de ello, quedé con ella en el restaurante del hotel a las nueve. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Satisfecha por mi rápida claudicación, se despidió de mí y salió rumbo a la calle.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Serán putas!”, cabreado exclamé al saber que no habría modo de liberarme de su escrutinio sino quería tener bronca al volver a casa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ya en mi cuarto y después de deshacer mi maleta, me puse a recordar que mi amigo nunca me explicó las razones que le habían llevado a separarse de ella. Estaba claro que no era por su físico porque Paulina era una castaña espectacular ni por su inteligencia ya que todo el mundo sabía que era una lumbrera en medicina. Tampoco era por su carácter ya que muy a mi pesar tenía que reconocer que la compinche de mi señora era una mujer divertida. No sabiendo a ciencia cierta los motivos, decidí como buen hombre que debía de ser una desgracia en la cama.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«¡Seguro que no se la mamó bien!», sentencié mientras encendía la ducha.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ya bajo el agua, me olvidé de esa arpía y me puse a planear como darle esquinazo. Para ello, decidí que la única manera que podría librarme de su acoso sería el presentarle un colega soltero que intentará seducirla. Tras mucho cavilar, el candidato idóneo&nbsp; me llegó a la cabeza pero para mi desgracia, recordé que Alonso llegaba al día siguiente.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Joder, ¡Tendré que aguantar a esa pelmaza esta noche!- maldije cabreado y en voz alta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La esperanza que el doctorcito sexy, como le llamaban en el hospital, me la quitara de encima fue suficiente para que abordara con mayor tranquilidad el tener que malgastar una de mis cinco noches con ella.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«Ese cabrón me debe un favor», me dije rememorando cuando le libré de una demanda de acoso al testificar en su favor.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="size-full alignright" src="http://i.imgbox.com/actAGaIZ" width="400" height="600"></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ya ilusionado con que el congreso se enderezara y pudiera echar algún polvo, me terminé de vestir y fui al encuentro de mi amiga. Como buena mujer, Paulina llegó tarde pero no pude recriminarle el retraso porque me quedé embobado viéndola aparecer vestida con un discreto traje de chaqueta blanco ya que curiosamente, esa indumentaria la hacía todavía más apetecible.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«Está buenísima», pensé viéndola quizás por primera vez como mujer. «¿Por qué Alberto se habrá deshecho de un bombón así?».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Paulina ajena a lo que corría por mi mente, me saludó y cogiéndome del brazo, me llevó hasta uno de los tres restaurantes que había en ese hotel. Su elección me agradó porque eligió un japonés y ese tipo de comida siempre me apetecía. Todavía hoy en día me parece increíble que hayan elevado el pescado crudo a la categoría de arte pero sabiendo que pocos somos los que nos gusta, me sorprendió que esa fuera su elección.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ya en la mesa, la ex de mi amigo esperó de pie a que le acercara la silla. Ese gesto de coquetería femenino me debió de poner alerta y hacerme comprender que Paulina estaba en el mercado pero estaba tan mediatizado con la idea de que mi esposa la había mandado a controlarme que no caí en ello hasta que había pasado más de media hora y las cinco copas de vino que había bebido, la habían relajado hasta el punto de preguntarme directamente si sabía porque Alberto la había dejado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No lo sé- respondí sinceramente.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Fue entonces cuando medio en risa, medio en serio, la castaña me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Según ese cretino, necesitaba una mujer y no un cerebro.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Asumiendo que mi amigo la había dejado porque le dedicaba más tiempo a su trabajo que a él, contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Piensa que a muchos hombres no les gusta que sus mujeres sean mejores profesionales que ellos. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mis palabras por mucho que fueran verdad también eran duras y por eso no me resultó extraño ver unas lágrimas brotar de sus ojos azules. Creyendo que había dado en el clavo, proseguí diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sé que todavía te duele pero la vida es larga y seguro que encontrarás alguien que te valore y que disfrute de tus éxitos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Fue entonces cuando Paulina indignada respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No fue eso, ¡Joder! &nbsp;¡Alberto se quejaba que era una estrecha!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Lo delicado del asunto, me hizo intentar evitar el tema y llamando al camarero, le pedí que nos trajera unas copas. Desafortunadamente para mí esa interrupción solo sirvió para que la amiga de mi esposa cargara su escopeta con reproches y ya con su ron en la mano, me soltara:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sigo sin comprender, hacíamos el amor todos los sábados. Nunca me negué a disfrutar de sus caricias. Si a él le apetecía hacerlo otro día siempre accedía e intentaba que fuera lo más gratificante para ambos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su confesión me permitió detectar el problema y eligiendo con cuidado mi respuesta, dije:</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="size-full alignleft" src="http://i.imgbox.com/acb6Y1eR" width="400" height="600"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No solo es cuestión de frecuencia. También es importante la pasión. El sexo no es algo que se deba planificar, surge espontáneamente. Paulina, ¡No eres un robot! – y entrando al origen de su divorcio, le solté: -¿Cuántas veces recibiste a Alberto desnuda para que te hiciera el amor?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Ninguna- reconoció pero contratacando me preguntó: -¿Tu esposa lo hace?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No pude evitar soltar una carcajada al contestar:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Aunque menos veces de las que me gustaría, ¡Sí!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi confidencia la desarmó y se quedó pensativa mientras pagaba la cuenta al suponer que esa velada había terminado pero entonces Paulina vació su copa de un solo trago y con una sonrisa, dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Dónde vamos?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su pregunta me hizo comprender que necesita explayarse y soltar toda la amargura que llevaba dentro. Asumiendo que era mi amiga y que no podía negarme a servir de su paño de lágrimas, elegí un pub bastante tranquilo que conocía a la vuelta del hotel.&nbsp; El sino quiso que nada más entrar me percatara de mi error al ver en una de sus mesas a dos asistentes al congreso tonteando entre ellos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Callado como una puta, busqué alejarme de ellos y nos sentamos en una cerca de la pista. Ya en nuestros sitios, Paulina no tardó en descubrir a la pareja y escandalizada exclamó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿No les dará vergüenza? ¡Están casados!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No queriendo que se enteraran de que hablábamos de ellos, le susurré:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No juzgues para que no te juzguen.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Por su cara comprendí que no me había entendido y con ganas de perturbar su supuesta decencia, dije en su oído:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Qué crees que pensaran ellos al verte conmigo? </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La expresión con la que recibió mi comentario me hizo saber que por fin había comprendido que a los ojos de unos extraños, parecíamos estar en mitad de una cita. Totalmente colorada intentó defenderse diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Tú y yo somos amigos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Riendo, contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Pero ellos no lo saben y a buen seguro si nos ven pensarán que esta noche vamos a echar un polvo- y profundizando en su bochorno, le solté: &#8211; Al menos por mi parte, estoy a salvo porque lo único que pueden decir de mí es que me han visto con una mujer bellísima. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Cortada tanto por el piropo como el hecho que alguien pudiera pensar que era mi amante, se quedó callada. No tuve que ser un premio nobel para adivinar que Paulina estaba debatiéndose entre salir huyendo o quedarse porque una rápida huida certificaría de alguna forma que nos habían cogido en un renuncio. Por eso no me extrañó cuando dejando su bolso, pidió una copa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Estaban trayéndonos nuestras bebidas cuando desde la mesa donde estaban, nuestros dos colegas nos hicieron señas de que nos uniéramos a ellos. Estaba a punto de negarme pero entonces Paulina cogiendo mi mano, me dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Ya que creen que somos amantes, vamos a reírnos un rato.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El tono con el que imprimió a su voz me puso los pelos de punta al no saber a lo que iba a enfrentarme y por eso nada convencido la seguí hasta ese rincón. Una vez allí en plan descarado me agarró de la cintura y al sentarnos dejó su mano sobre mi muslo, dando a entender que entre nosotros había una relación que no existía.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">A la mujer no le pasó inadvertido ese gesto y con más confianza, puso la suya sobre la de su pareja. &nbsp;En ese momento, se despertó el diablo que tengo dentro y decidí darle el mayor corte de su vida. Sin previo aviso, acerqué mis labios a los suyos y le planté un beso. La pobre de Paulina roja como un tomate, solo abrió su boca para decirme:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No habíamos quedado en esto.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Muerto de risa, le susurré:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Solo te seguía la corriente.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su pasividad me dio alas y recreándome en su estado casi catatónico, acaricié con mi lengua su oreja mientras suavemente dejaba caer mi mano sobre su muslo. Mi descaro frente a la otra pareja la sacó de las casillas y sin saber qué hacer, solo atinó a mirarme a los ojos indignada. Pero ya habiendo cruzado el precipicio, decidí ir a degüello y cogiendo su cabeza forcé sus labios nuevamente. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">En esta ocasión, Paulina abrió su boca dejando que mi lengua jugara con la suya y sintiendo mis dedos acariciando su pierna bajo la mesa, no pudo reprimir un profundo suspiro mientras me decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No sigas, por favor.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No acababa de pedirme que cesara en mi acoso cuando de pronto sentí como sacando su lengua empezó a recorrer la comisura de mis labios. No esperándome esa reacción me quedé impresionado por que al parar, descubrí que bajo su blusa mi amiga tenía sus pezones erectos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«Le está gustando» confirmé al ver que acomodándose en la silla, Paulina se había colocado de tal forma que me dio un enfoque perfecto de sus pechos. “¡Menudo canalillo!”, exclamé mentalmente mientras era incapaz de retirar mi mirada de esas dos bellezas.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://i.imgbox.com/abrb0Hjw"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/abrb0Hjw" width="426" height="640" border="0"></a></span></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Revelándose como una depredadora sexual, mi amiga cogió su copa y haciendo como si sentía mucho calor, pasó el frio vaso por sus senos. Al advertir que bajo mi pantalón mi pene crecía sin control, dejó caer su bebida sobre su camisa y poniendo cara de desconsuelo, me preguntó dónde podía secarse.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«Lo ha hecho a propósito!» sentencié pero no queriendo descubrir su juego le dije que si quería le acompañaba al baño,</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Paulina sin dejar de mirarme a los ojos y en silencio, se levantó de su silla y enfiló por mitad de la pista rumbo a la salida dotanto a su trasero de un meneo que me resultó una clara invitación a seguirla.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«Tiene un culo de campeonato», admití babeando mientras me levantaba y la seguía. «¡Qué imbécil fue&nbsp; Alberto al dejarla!»</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Como un ser si voluntad corrí tras ella con mi mente fija en esa parte de su anatomía y por eso cuando la alcancé casi en la puerta, agarré sus duras nalgas mientras le recriminaba:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿No pensarías escapar de mí?&nbsp; ¡Fuiste tú quien empezó a provocarme!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Yo? ¡Pero si has sido tú el que me ha besado!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Reconozco que me quedé helado en un principio y más cuando saliendo del local, Paulina caminó por la acera.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« ¿Qué he hecho?», pensé creyendo que le iba a ir a mi esposa con el cuento.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Justo cuando ya me veía hundido, la castaña se paró y sonriendo me hizo una seña. Ni que decir tiene que me faltó tiempo para llegar hasta donde ella seguía andando y dándole la vuelta, estampé mis labios contra los suyos como la vez primera pero en ese momento su respuesta fue distinta. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Pegando su pubis contra mi sexo,&nbsp; empezó a frotar su cuerpo en el mío mientras admitía de buen grado que mi lengua fornicara con la suya en el interior de su boca. Durante más de un minuto, nos dejamos llevar por la pasión hasta que separándose de mí y mientras se limpiaba sonriendo el hilo de babas que todavía unía nuestras dos bocas, me preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Qué esperas para follarme? Quiero demostrarte que además de cerebro soy una mujer ardiente- y recalcando sus palabras llevó su mano hasta mi entrepierna&nbsp; para con gran desvergüenza comenzar a pajearme en mitad de la calle.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Como comprenderéis mi respuesta no pudo ser otra que con mis dedos por dentro de su falda, le estrujara el culo mientras presionaba mi dureza contra su vulva. El gemido de placer que surgió de su garganta fue el aliciente que necesitaba para contestar mientras la llevaba a rastras hasta el hotel:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Paulina, esta noche podrás demostrarlo porque no te pienso dejar hasta haber follado todos tus agujeros.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sus ojos brillaron al oírme pero aun más&nbsp; al sentir mi polla entre sus nalgas mientras andábamos pegados hacia el hotel.&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Como te eches atrás pienso contarle a tu mujer que te has tirado a un travesti!- muerta de risa me soltó ya totalmente cachonda.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Los cinco minutos que tardamos en llegar a mi habitación fueron un suplicio para los dos, por eso al cerrar la puerta la arrinconé contra la pared y&nbsp; de pie, empecé a comerle la boca mientras mis manos recorrían con avidez sus enormes pechos y su exuberante culo. Los aullidos con los que me regaló, esa zorrita me hicieron comprender que estaba totalmente entregada y por eso sin darle tiempo a que se arrepintiera de tirarse al marido de su mejor amiga, desgarré su blusa dejando al aire el coqueto sujetador de encaje que decoraban sus tetas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Me encanta! ¡Cabrón! – gritó al sentir mi lengua recorriendo sus erizados pezones. </span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Dominada por el cúmulo de sensaciones que creía olvidadas después de tanto tiempo sin un hombre en su cama, Paulina se agachó y arrodillándose a mis pies, llevó sus manos hasta mi bragueta. Mi pene reaccionó al instante a sus maniobras y gracias a la sangre bombeada por mi acelerado corazón, se irguió en su máxima expresión aun antes que consiguiera bajar la cremallera y lo liberara de su encierro.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Al ver mi erección, cerró&nbsp; su palma alrededor de su presa y mientras&nbsp; tanteaba su grosor,&nbsp; con su lengua recorrió los bordes de mi glande en un intento de saborear de antemano mi semen. No contenta con ello, usó su otra mano para sobarme los testículos antes de acercando su cara a mi verga, dejar que esta recorriera sus mejillas hasta llegar a su boca. Una vez allí, le dio un beso suave y mirándome a los ojos, susurró:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-No sabes cómo necesitaba esto.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Tras lo cual se dedicó a dar leves mordiscos a lo largo de mi extensión para ya satisfecha separar sus labios y lentamente embutírsela hasta el fondo.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">No os podéis imaginar mi gozo al comprobar que la amiga de mi mujer me miraba fijamente a los ojos mientras movía su cabeza arriba y abajo, metiendo y sacando mi verga. Si eso no fuera suficiente, esa putita usó su lengua para presionar mi miembro en el interior de su boca.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">&nbsp;-Eres una zorra mamona- &nbsp;dije impresionado por su maestría.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://i.imgbox.com/acgpGkjq"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/acgpGkjq" width="426" height="640" border="0"></a></span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Paulina al escuchar mi insulto vio compensada su decisión de demostrarse a sí misma que era una mujer ardiente y eso la compelió a incrementar la velocidad de su mamada mientras &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; se quitaba el tanga por sus pies.&nbsp; Al comprobar que la ex de Alberto, al contrario de mi mujer,&nbsp; no tenía un&nbsp; solo pelo en su coño me puso cachondo y por eso quise levantarla del suelo y follármela ahí mismo pero negándose siguió chupando y succionando mi verga con mayor énfasis.&nbsp; Viendo la inutilidad de mis esfuerzos, me relajé y cogiendo su cabeza, colaboré con ella subiendo y bajándola mientras ella se la encajaba hasta el fondo de su garganta.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Cuando mi calentura era máxima y todas las células de mi cuerpo me pedían liberar mi semilla en su boca, mi amiga sacando mi verga de su garganta me miró diciendo:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Me encantaría que mi ex me viera comiendo polla.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Descojonado, saqué mi móvil y sin darle tiempo a opinar empecé a grabarla mientras le decía:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Eso puede arreglarse. En cuanto me corra, te mando el video y tú decides si se la mandas.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">La idea cargada de morbo azuzó a esa mujer y queriendo vengar el abandono de su marido, buscó con mayor ahínco su recompensa. Como no quería arriesgarme a ser reconocido si Paulina al fin se la enviaba a Alberto, no pude avisarle de la inminencia de mi orgasmo y por ello, la explosión de mi pene la cogió desprevenida y se tuvo que tragar parte de mi semen. Sorprendiéndome por enésima vez, una vez repuesta y con restos de lefa en sus labios, sonrió a la cámara mientras comentaba:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Cariño, mira lo que te has perdido por irte con tu secretaria- tras lo cual forzó que mi eyaculación le salpicara en el rostro y sacando la lengua se puso a lamer mi glande.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Comportándose como una zorra, mi amiga siguió ordeñando mi miembro hasta dejarlo seco. Con su objetivo ya cumplido, se dedicó con sus dedos a recoger mi blanca simiente de sus mejillas y a llevársela a la boca, dejando que mi móvil inmortalizara su lujuria. Una vez hubo terminado, comentó frente al teléfono:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Este es mi primer mensaje. No te preocupes, te iré retrasmitiendo mis avances. Sé que te van a molestar pero te ruego que esperes el que grabaré mientras mi nuevo amante estrena mi culito. </span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Nada más escuchar la amenaza que lanzó a su ex apagué la grabación y antes de enviársela, le pregunté si estaba segura. Paulina muerta de risa, contestó:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Por supuesto. ¡Quiero que ese cabrón se entere de que lo he sustituido! </span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Obviando los sentimientos del que consideraba mi amigo, usé el WhatsApp para hacérsela llegar porque me interesaba más saber si eso incluía la&nbsp; promesa de regalarme la virginidad de su trasero.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Eso tendrás que ganártelo- contestó mientras se terminaba de desnudar y me llevaba hasta la cama.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://i.imgbox.com/adtIWLQ1"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/adtIWLQ1" width="426" height="640" border="0"></a></span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Todavía no me había tumbado junto a ella cuando mi teléfono empezó a sonar. Al cogerlo, leí el nombre de Alberto en la pantalla. Fue entonces cuando comprendí que esa bruja se lo había mandado y cayendo en la gravedad de lo que habíamos hecho, la informé que era su marido quien me llamaba:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Contesta. ¿Quiero saber qué quiere?- ordenó con una sonrisa diabólica en su rostro.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Sin estar seguro, obedecí y saludé a su ex. Mi amigo estaba hecho una furia y directamente me preguntó si había visto a su mujer:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Me la encontré esta tarde en el hall- respondí acojonado al saber el motivo de su llamada.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Fuera de sí, insistió tratando de sonsacar si la había visto acompañada. &nbsp;Haciendo como si o supiera nada, le dije que no y le pregunté si pasaba algo:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Esa puta me acaba de mandar un video donde me restriega que tiene un amante.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-No entiendo- contesté antes de tapar el auricular al escuchar que &nbsp;su esposa se estaba masturbando y gemía mientras yo hablaba con él.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Al otro lado del teléfono, Alberto me estaba explicando que había recibido un archivo en el que su mujer se la estaba mamando a un tipo cuando Paulina se acercó hasta mí y aprovechando que no podía hacer nada por evitarlo, frotó su culo contra mi sexo hasta conseguir ponerlo nuevamente erecto y poniéndose a cuatro patas, se empezó a empalar con él. Sabiendo que si cortaba la comunicación mi amigo sospecharía de mí, decidí disimular mientras la zorra de su ex se iba introduciendo mi miembro lentamente. </span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-No te creo- contesté al cornudo para que me oyera ella. –Siempre me has dicho que tu mujer es una mojigata, estrecha y falta de pasión.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">La aludida recibió con indignación mi descripción e intentó zafarse pero entonces agarrándola de la cintura, lo evité y de un solo golpe, le clavé mi extensión hasta el fondo. Paulina no pudo evitar que un gemido surgiera de su garganta cuando escuchó que le decía a mi amigo mientras mi glande chocaba una y otra vez contra la pared de su vagina:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Ahora no puedo buscarla- y soltando una carcajada, le conté que me estaba tirando a una puta que había encontrado en un bar.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Mi insulto la llenó de insana lujuria y viendo que era incapaz de dejar de gemir, hundió su cara en la almohada para evitar que Alberto reconociera sus gemidos mientras comenzaba a mover sus caderas buscando su propio placer. &nbsp;Dominado por el morbo de la situación, le solté un duro azote en su trasero mientras su ex seguía descargando su frustración al otro lado del teléfono. Al comprobar que esa morena no se quejaba, descargué una serie de nalgadas sobre ella sabiendo que no podía evitarlo. Curiosamente esas rudas caricias la excitaron aún más y ante mi atónita mirada, se corrió brutalmente. Su orgasmo me obligó a terminar la llamada aunque antes tuve que prometer a su marido que investigaría con quien andaba.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Habiendo colgado me dediqué cien por cien a ella, cabalgando su cuerpo mientras mis manos seguían una y otra vez castigando sus nalgas. Para entonces Paulina se había convertido en un incendio y uniendo un clímax con el siguiente, convulsionó sobre esas sábanas mientras gritaba como una energúmena que no parara. </span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-¡Te gusta que te traten duro! ¿Verdad puta?-&nbsp; pregunté a mi montura.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-¡Sí!- sollozó y dominada por el placer, no puso reparos a que cogiendo su melena la usara como riendas mientras elevaba el ritmo con el que la montaba.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://i.imgbox.com/abgPbRvz"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/abgPbRvz" width="426" height="640" border="0"></a></span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Para entonces su sexo estaba encharcado y con cada acometida de mi pene, su flujo salía disparado de su coño impregnando con su placer todo el colchón. Era tanto el caudal que brotaba de su vulva que ambos terminamos empapados antes de que mi propio orgasmo me dominara y pegando un grito, descargara toda mi simiente en su vagina.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Paulina al sentir mis descargas se volvió loca y moviendo sus caderas a una velocidad de vértigo, convirtió su coño en una batidora mientras se unía a mí corriéndose reiteradamente hasta que agotado me dejé caer sobre la cama con mi pene todavía incrustado en su interior. Allí tumbado, disfruté de los estertores de su placer sin dejar que se la sacara.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Durante unos minutos, la mejor amiga de mi esposa, la ex de Alberto y mi nueva amante se fundieron en una mientras todo su cuerpo temblaba por el placer que había sentido y no fue hasta pasado un buen rato cuando todavía abrazada a mí, luciendo una sonrisa me dijo:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Eres un cabrón. Nadie me había tratado así.</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">Al comprobar su alegría, comprendí que esa zorrita había descubierto conmigo una faceta de ella misma que desconocía tener y deseando afianzar mi dominio sobre esa preciosa morena, pellizqué sus negros pezones al tiempo que le contestaba:</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-A partir de hoy, no quiero que nadie más que yo te toque. Seré tu único dueño. ¿Has comprendido?</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">-Sí, mi amo- declaró satisfecha al notar que su sexo se volvía a licuar producto de la presión que mis dedos ejercían sobre sus areolas….</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="border: 1pt none windowtext; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; padding: 0cm;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;">
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 21.4667px; text-align: start;">&nbsp;</span><b style="font-size: 22px; text-align: start;"><strong>Para contactar con Paulina, la co-autora, mandadle un mail a:</strong></b></span></p>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="mailto:paulina.ordeix@hotmail.com">paulina.ordeix@hotmail.com</a></span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><br />
Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><b><a href="mailto:golfoenmadrid@hotmail.es">golfoenmadrid@hotmail.es</a></b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"></div>
<div style="color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 14px; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="font-size: 14px; text-align: start;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: start;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: start;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: start;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background-color: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>¡SEGURO QUE TE GUSTARÁ!</b></span></div>
</div>
</div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<div style="background: white; line-height: 19.7pt; margin-bottom: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://i.imgbox.com/abm5Lfsj"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/abm5Lfsj" width="640" height="426" border="0"></a></span></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
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		<title>&#8220;Un pequeño gran hombre y sus compañeras de clase&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 09:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Este libro trata sobre el descubrimiento de la sexualidad de Pedro, un enano. Pero antes un aviso a los HATERS, solo encontraran superación y no menosprecio hacia el héroe de la historia. En , nuestro protagonista tiene con luchar contra todo, pero también contra sí mismo para salir adelante y llevar una vida normal. Para ello cuenta con la ayuda de dos compañeras de clase, las cuales lo acogen como amigo sin importarlas ese trastorno genético. Aunque en un principio las dos jóvenes son incapaces de verlo como hombre, todo cambia cuando llega una mulata y se enamora de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.amazon.es/dp/B08TVL77N3"><img decoding="async" width="1024" height="267" src="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/01/un-pequeno-gran-hombre-1-1024x267.jpg" alt="" class="wp-image-24471" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/01/un-pequeno-gran-hombre-1-1024x267.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/01/un-pequeno-gran-hombre-1-300x78.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/01/un-pequeno-gran-hombre-1-768x201.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/01/un-pequeno-gran-hombre-1-1536x401.jpg 1536w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/01/un-pequeno-gran-hombre-1-2048x535.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>



<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>Este libro trata sobre el descubrimiento de la sexualidad de Pedro, un enano. Pero antes un aviso a los HATERS, solo encontraran superación y no menosprecio hacia el héroe de la historia. En , nuestro protagonista tiene con luchar contra todo, pero también contra sí mismo para salir adelante y llevar una vida normal. Para ello cuenta con la ayuda de dos compañeras de clase, las cuales lo acogen como amigo sin importarlas ese trastorno genético. Aunque en un principio las dos jóvenes son incapaces de verlo como hombre, todo cambia cuando llega una mulata y se enamora de su “mascota”. Sintiendo que las está intentando robar algo suya, se lanzan a recuperarlo, dejando a Jorge entre dos fuegos.<br>Historia llena de erotismo y superación al estilo GOLFO.</p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-amazon wp-block-embed-amazon"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Un pequeño gran hombre y sus compañeras de clase" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_2w4CYcYKo4quSp&#038;asin=B08TVL77N3&#038;tag=kpembed-20"></iframe>
</div></figure>



<p>para<strong> que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Nacer con acondroplasia es una putada. No seré yo quien lo dude, ya que nací con esa mierda de trastorno genético que provoca al que lo sufre enanismo. Sí, ¡soy un enano! Uno de esos que la gente políticamente correcta llama gente pequeña. Desde siempre me ha tocado los cojones esa denominación porque es un paternalismo de la peor especie. La aceptación pasa por llamar a las cosas por su nombre y me niego a usar la forma “educada”, prefiero la mía… nací enano, crecí enano y moriré enano. Que asuma el hecho de lo que soy, no me permite olvidar las dificultades que he tenido para reconocer mi situación. Es más, confieso que mi infancia y mi adolescencia se vieron marcadas por ese trastorno.</p>



<p>No creo tener que explicar lo que sentía cuando veía que mis amigos me doblaban en altura o la rabia que me corroía cuando no podía correr como los demás debido a la cortedad de mis piernas. Pero lo peor fue durante la adolescencia cuando mis hormonas se empezaron a desarrollar y tuve que tragar la evidencia de que resultaba físicamente repulsivo para la gran mayoría del sexo opuesto.</p>



<p>Fue una época dura horrible, que me llenó de inseguridades y de rencor. Odiaba mis minúsculas piernas, mis irrisorios brazos, mi cuerpo rechoncho y mi cabezota. Fueron unos años en los que no podía mirarme al espejo. A algunos les sonará raro, a otros lógico, pero no me reconocía en él.</p>



<p>Mi madre siempre me intentaba consolar diciendo que, aunque la naturaleza me había hecho esa cerdada, me había dado una gran inteligencia. Mi padre al contrario nunca me consoló. El muy cabrón, y ahora se lo agradezco, me obligó a superar mis limitaciones. Me inscribió en una academia de karate, me mandó a un gimnasio y me exigió acompañarle en sus salidas en bicicleta. Para un hombre deportista y de uno ochenta, el hecho que su hijo no superara el metro veinte era durísimo y decidió que, dado que era un enano, al menos fuera un enano sano, fuerte y en cierta medida atlético, sin tomar en cuenta las burlas que mi físico despertaba entre mis compañeros cuando me enfrentaba a ellos sobre el tatami o el cabreo que provocaba mi ritmo entre sus colegas cuando no podía seguirles en la carretera. Sé que hizo bien en no tratarme como un inútil, pero su puñetero carácter no me ayudó en ese momento a superar mis miedos.</p>



<p>Tengo pocos amigos de ese periodo y gran parte por culpa mía, ya que como reacción a mi minusvalía me convertí en un ser irascible y violento, que era incapaz de controlar su mal genio. Incluso con Manuel, el más cercano y que jamás me ha dado la espalda, me pegué en innumerables ocasiones. Daba igual el motivo, cuando se me cruzaban los cables, me convertía en un huracán con ganas de sangre. Las chicas eran algo en lo que no pensaba, para no sufrir y de mi paso por el colegio, no puedo asegurar que hablé con una más de cinco minutos seguidos. Las tenía miedo y las miraba con tirria al enfocar en ellas todo mi resentimiento.</p>



<p>Afortunadamente al final de la adolescencia, mis padres aceptaron matricularme en magisterio. Ahí conocí a Ana y a Cayetana, dos de las chavalas más guapas de la clase, las cuales, y como no podía ser de otra forma, en un principio me ignoraron. Y solo cuando un profesor les insinuó que me pidieran ayuda para aprobar matemáticas, fue cuando por primera vez intimé con ellas.</p>



<p>&nbsp;Todavía recuerdo que fue durante un descanso cuando se acercaron a mí y haciéndome un favor, me exigieron que les diese clase porque si no iban a repetir. Para mí fue un shock porque nunca una fémina me había pedido ayuda y menos dos bellezas como aquellas. Aun así, tragándome mi mala leche acepté y eso fue lo mejor que he hecho en mi vida, porque su amistad me permitió en gran medida ahuyentar mis temores y reconciliarme con el sexo opuesto.</p>



<p>Confieso que no fue fácil el darles clase porque mientras les explicaba los diferentes teoremas o hacíamos un problema, no podía dejar de mirarles las tetas o sus espléndidos culos. &nbsp;Sé de sobra que tanto Ana como Cayetana se daban cuenta, pero lejos de ofenderse se lo tomaron como a cachondeo y me adoptaron como su mascota. Para aclararos por qué digo que me trataban como mascota solo tengo que narraros la primera tarde en las que repasé con ellas esa materia.</p>



<p>Como quería evitar el inevitable chascarrillo de mis viejos si dos crías tan guapas aparecían por casa, decidí que quedáramos en casa de Cayetana. Al llegar al enorme piso de Serrano donde esa niña pija vivía, las dos cabronas todavía no habían llegado.</p>



<p>«No me extraña que suspendan, si a dos días del examen se van de compras», me dije cabreado al tener que aguardar en un salón en el que bien cabría el piso de mis padres.</p>



<p>Media hora tarde, aparecieron por la puerta sin disculparse y en vez de ponernos a estudiar, se dedicaron a lucirme los modelitos que habían comprado. Sé que debería haberme negado y obligarlas a empezar, pero me resultó imposible al ver su alegría por lo que me senté en una silla con la intención de pasar ese trago cuanto antes.</p>



<p>Si bien en un principio estaba a disgusto, ese sentimiento se transformó en excitación al ver a Ana salir del cuarto de baño con una minifalda, que bien podía definirse como un cinturón ancho.</p>



<p>«¡Está para comérsela!», recuerdo que exclamé al admirar sus muslos desnudos mientras se lucía ante mí.</p>



<p>Cualquiera en mi situación hubiese sentido lo mismo al ver a ese pedazo de hembra meneando su trasero mientras sus tetas rebotaban arriba y abajo.</p>



<p>«No puede ser», murmuré absortó mirando su culo pequeño y respingón sin advertir que, a mi lado, Cayetana miraba muerta de risa mi reacción.</p>



<p>―Ponte el top rojo― comentó ésta observándome de reojo.</p>



<p>&nbsp;Su amiga, ajena al alboroto de mis hormonas, volvió al baño a cambiarse la blusa. Cuando la vi volver con sus pechos comprimidos bajo esa prenda no pude más que adorarla como a una diosa:</p>



<p>―¡Quien fuera tu novio!― grité olvidando cualquier recato.</p>



<p>Curiosamente, mi exabrupto no la incomodó y en plan de guasa, se acercó a mí luciendo esas dos moles mientras se quitaba la coleta.</p>



<p>―¿Por qué lo dices?― preguntó meneando su larga melena en plan sensual.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dominado por un deseo que jamás había sentido, contesté:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Porque estás buenísima.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque nunca esperó que le respondiera de esa forma, al oírme sonrió. Interviniendo y en plan coqueta, Cayetana me hizo saber que ella existía al murmurar en mi oído si no la encontraba a ella tan bien guapa. Tratando de esconder la erección de caballo que crecía bajo mi pantalón, repliqué:</p>



<p>―Las dos sois bellísimas.</p>



<p>Y no mentí porque aun siendo diferentes, en ese momento no supe discernir cuál de las dos me gustaba más, si Ana con su metro setenta o la rubia con su metro sesenta. Para mí, ¡ambas eran inalcanzables!</p>



<p>Mi piropo no satisfizo a Cayetana. La muy cabrona quería verme babeando con ella al igual que con su amiga y yéndose a cambiar apareció con unas licras que dejaban poco a la imaginación.</p>



<p>«¡Su puta madre!», entre dientes mascullé con la vista fija entre sus piernas al comprobar que iba tan pegada que se le marcaban los labios de su coño.</p>



<p>No contenta con la expresión que leyó en mi rostro, se puso a bailar frente a mí. La diferencia de altura y el hecho de que estuviera sentado hicieron que su pandero quedara a la altura de mis ojos.</p>



<p>―Verdad que soy tan bonita como Ana― en plan meloso comentó mientras movía sus cachetes a escasos centímetros de mi cara.</p>



<p>He de decir que, en ese momento, en lo único que pensaba era en darles un mordisco. Por eso me descuidé y la morena descubrió el bulto de mi pene empinado bajo mi ropa.</p>



<p>―Parece que tu amiguito se alegra de vernos― a carcajada limpia, comentó mientras señalaba mi pecado.</p>



<p>Colorado hasta decir basta, les pedí que dejaran de hacer tonterías y que nos pusiéramos a estudiar. Por un momento creí que me iban a hacer caso, pero rápidamente descubrí que no iban a dejar de cachondearse de mí. Mientras hacía un verdadero esfuerzo en concentrarme y explicarles el tema uno, las dos aprovecharon cualquier momento para mostrarme el canalillo o complacerme con la visión de su trasero.</p>



<p>Ni que decir tiene que ambas suspendieron, pero a partir de esa tarde me pegué a ellas como una lapa y cuando aparecían ellas solas, todo el mundo sabía que tarde o temprano llegaría yo a acompañarlas. Mis padres vieron en ese par una bendición y por ello cuando quería pedirles un permiso solo tenía que decir que había quedado con ellas. En cambio, mis amigotes tuvieron celos de ellas y se cabrearon al percatarse que cada vez que me llamaban perdía el culo por ir con ellas.</p>



<p>Como le gustaba Ana, Manuel no solo lo aceptó, sino que insistió en que se las presentara. Durante un par de meses me negué porque las sentía mías y no quería que nadie se interpusiese entre nuestra amistad, pero fue tanta su insistencia que al final accedí.</p>



<p>Se la presenté un viernes en Cats, un disco bar de la Moncloa que frecuentan los niños bien, que era y es uno de los sitios favoritos de Cayetana porque Borja, su novio de siempre, era relaciones públicas de ahí. Cuando llegué con Manuel, ya nos estaba esperando en la puerta y desde el primer momento surgió el flechazo entre los dos. Me consta que no se liaron en ese momento, porque por el aquel entonces Ana estaba tonteando con un imbécil. Aun así, se pasaron toda la noche bailando y riéndose las gracias.</p>



<p>Recuerdo que al salir del local Manuel estaba pletórico e ilusionado y desde ese día, no hubo modo de sacármelo de encima. En cuanto llegaba el viernes, me llamaba para ver por dónde iba a ir con “mis amigas” e irremisiblemente, se hacía el encontradizo. Fue un flechazo por coñazo. Tal fue su insistencia que no tardó en sustituir al cretino y comenzó a salir con ella.</p>



<p>No puedo dejar de reconocer que no me gustó, sobre todo porque creía que iba a perderla, pero curiosamente nada cambió. Para todos yo era un pagafantas que se podía dar con un canto en los diente por ser parte del grupo, pero para mí Cayetana, Ana y yo éramos los tres magníficos a los que se pegaban sus novios.</p>



<p>Interiormente sabía, pero no lo quería reconocer que para ellas yo era como el amigo gay al cual podían contar sus andanzas. Puede parecer raro, pero estaba cómodo con ese papel, ya que siendo su confidente conocía de primera mano sus movidas de todo tipo, incluidas las sexuales. Tanto Ana como Cayetana disfrutaban contándome éstas últimas, ya que les divertía comprobar que me excitaban. Para poner un ejemplo de estas confidencias, me tengo que retrotraer a los meses en que Ana salía con el fulano: &nbsp;</p>



<p>Una tarde que estábamos tomando una cerveza en Santa Barbara, llegó cabreada y al preguntarle el motivo, dijo que tenía un novio que era un parado.</p>



<p>―No te entiendo― recuerdo que respondí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Indignada y tomando aire, replicó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Te puedes creer que, después de haberse corrido antes de tiempo, no ha querido repetir?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juro que pensé que conmigo no le hubiese pasado, pero en vez de decirle que lo dejara y que me autonombraba candidato a sucederle, contesté:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No me lo creo. Algo le debe haber pasado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Sí, que es un mamón. Cómo mis padres estaban en el pueblo, quedamos en casa y le estaba esperando vestida únicamente con una camiseta ancha y unas braguitas.</p>



<p>La imagen que se formó en mi mente era demasiado tentadora para no preguntar si no llevaba sujetador. Al oírme y poniendo cara de mala, me dijo que no y que encima estaba tan cachonda que se le marcaban los pezones.</p>



<p>―Yo te hubiera saltado al cuello― le solté visualizando la escena.</p>



<p>―Pues, él no. Al llegar y verme así, en vez de empotrarme contra la mesa, me pidió una Coca Cola.</p>



<p>―Menudo idiota― comenté.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―Estoy de acuerdo, pero espera que te cuente. Indignada y con mi chocho chorreando, voy a la cocina y se la traigo. Al dársela, va y me dice que si quería podíamos echar uno rápido porque se tiene que ir a estudiar.</p>



<p>«Ese tío es gilipollas», recuerdo que pensé mientras daba un sorbo a mi cerveza.</p>



<p>Mi silencio le permitió continuar diciendo:</p>



<p>―Debí mandarle en ese instante a la mierda, pero estaba tan necesitada que preferí uno que nada y cogiéndolo de la mano, me lo llevé al cuarto.</p>



<p>Pensando en que Dios da pan a quien no tiene dientes, &nbsp;la azucé a continuar:</p>



<p>―Una vez allí tomé la iniciativa y mientras él se tumbaba en la cama, me puse a bailar mientras le hacía un striptease.</p>



<p>Nuevamente la escena me puso como una moto, pero no dije nada para que Ana siguiera explayándose.</p>



<p>―Te prometo que, si llego a saber lo que me haría, nunca me hubiera quitado la camiseta en plan sensual y menos le hubiese provocado de esa forma.</p>



<p>―¿De qué forma?― dejé caer sabiendo lo mucho que le gustaba recrearse en sus encuentros sexuales.</p>



<p>―Ya sin ella y mostrándole mis pechitos, me los pellizqué con ganas de calentarlo.</p>



<p>―Se debió poner a mil― musité sin aclarar que en ese momento el que estaba hirviendo era yo.</p>



<p>―Mas o menos. La tenía morcillona pero como lo necesitaba erecto, tuve que azuzarlo quitándome las bragas y poniendo mi coño en su cara.</p>



<p>―¿Te lo habrá comido? Yo al menos sería lo que hubiese hecho― pregunté dejando claro mi interés.</p>



<p>―¡Qué mono eres! – y sin ofenderse por mi burrada, me dio un beso en la mejilla, antes de proseguir: ―Eso era lo que pretendía, pero olvidándose de mí el muy cabrón se quitó los pantalones y se puso a pajear pensando que eso era lo que tocaba.</p>



<p>―¿Teniéndote en pelotas y dispuesta, se masturbó? – exclamé indignado.</p>



<p>―Pues sí― confesó.</p>



<p>―Ese tío es bobo.</p>



<p>―Lo sé, pero no se queda ahí. Viendo que se le había puesto tiesa, decidí que al menos erecta me podía empalar con ella y subiéndome a horcajadas sobre él, le pedí que me diese caña mientras me lo clavaba hasta el fondo.</p>



<p>Para entonces, el que estaba como berraco era yo y Ana lo sabía, pero en vez de cortarse se recreó en los detalles diciendo:</p>



<p>―Estaba tan mojada que me empalé sin que el tuviese que hacer nada y ya con eso dentro, me puse a cabalgarlo como a mí me gusta.</p>



<p>Conociendo la predilección de mi amiga por ejercer de cowgirl en el sexo mientras sus parejas se quedan quietos sobre las sábanas, no dije nada mientras soñaba que un día fuera yo a quien montara. Mis ojos debieron traicionarme porque me tomó la mano diciendo:</p>



<p>―Para colmo, tras un par de segundos, el muy imbécil se corrió y cuando quise repetir, me dijo que tenía prisa. Imagínate mi cara cuando veo que se viste y que se va, dejándome cachonda e insatisfecha.</p>



<p>Venciendo mis temores y tan caliente como ella, se me ocurrió decirle que yo le podía ayudar.</p>



<p>―Y lo haces. Sabes escuchar, por eso eres mi mejor amigo. Contigo tengo la confianza de contarte mis cosas sin correr el riesgo que vayas con el cuento a otros o que pienses de mí que soy una puta― dijo mientras se tomaba de un trago su cerveza.</p>



<p>«Como soy un enano, no piensa en mí como hombre», pensé mientras la imitaba vaciando la mía.</p>



<p>Cayetana en cambio era más modosita y tardó más en abrirse, pero cuando lo hizo descubrí que tras esa cara de ángel se escondía una mujer ardiente que también tenía una sexualidad desbordada.</p>



<p>Recuerdo que la primera vez que contó una escena de cama, estábamos los tres en su casa y Ana al ver que estaba extrañamente alegre, preguntó qué le pasaba. Un tanto cortada me miró y sabiendo que nunca me había ido de la lengua, contestó:</p>



<p>―Hoy he hecho mi primera mamada.</p>



<p>―No jodas, cuéntanos― replicó Ana mientras yo me quedaba paralizado porque siempre había soñado con disfrutar de sus gruesos labios mientras me hacía una felación.</p>



<p>Cayetana estaba tan emocionada con la experiencia que no dudó en contestar:</p>



<p>―Borja llevaba tiempo pidiéndome que se la hiciera y hoy se han dado todos los elementos que necesitaba para dar el paso.</p>



<p>Desternillada de risa, la morena le espetó:</p>



<p>―Déjate de monsergas y al grano.</p>



<p>Con una picardía que hasta entonces no había mostrado, replicó:</p>



<p>―Estábamos en la piscina de sus padres y aprovechando que no estaban, nos empezamos a besar. De una cosa pasamos a otra y de pronto me encontré haciéndole una paja.</p>



<p>«Joder con la mojigata», murmuré para mí porque hasta ese momento creí que el sexo era algo vedado en su mentalidad.</p>



<p>―Detalles, quiero detalles― la azuzó Ana.</p>



<p>Colorada hasta decir basta, Cayetana continuó:</p>



<p>―No sé lo que me pasó, pero al verla totalmente dura me apeteció darle un besito.</p>



<p>―Y del beso, pasaste a comértela― riendo la morena le soltó mientras en mi cerebro era mi polla la que recibía esas caricias.</p>



<p>―No fue así. Al posar mis labios en ella, la encontré tan sedosa que no vi nada de malo en sacar la lengua y lamerla.</p>



<p>―Serás cursi. Tan sedosa… di la verdad, era tentador mamársela.</p>



<p>―Yo no soy tan puta― protestó con una sonrisa: ―Era tan suave que usando la puntita recorrí su glande mientras Borja se quedaba callado.</p>



<p>«Qué suerte tienen algunos», exclamé en mi interior.</p>



<p>La rubia ya lanzada prosiguió diciendo:</p>



<p>―Poco a poco, seguí lamiéndosela hasta que de pronto me vi abriendo los labios y metiéndola en mi boca.</p>



<p>―Mentirosa, lo estabas deseando― nuevamente Ana comentó.</p>



<p>―No lo sé, pero os tengo que confesar que, al tenerla ahí, quise experimentar que se sentía al mamársela.</p>



<p>―¿Y qué sentiste?― me atreví a preguntar.</p>



<p>Con las mejillas coloradas, contestó:</p>



<p>―Me gustó y por eso la metí un poco más.</p>



<p>―¿Tu novio qué hizo?</p>



<p>―Nada, Borja es un caballero y se quedó quieto, dejando que yo fuera a mi ritmo. Al no sentirme presionada, comencé a metérmela y a sacármela cada vez más rápido mientras sentía una humedad brutal en mi coñito.</p>



<p>Para entonces, he de decir que, si hubiese habido más confianza, hubiese sacado mi polla y me hubiera puesto a pajear del calentón que llevaba, pero en vez de eso me quedé en silencio.</p>



<p>―Sigue cabrona. Que esta noche, cómo me encuentre con mi novio, me lo follo― señaló también excitada nuestra amiga.</p>



<p>&nbsp;Alucinando con el estado de Ana, pensé en decirle que, si no se lo topaba con él que me tenía a mí para desfogarse, pero no queriendo que dejara de narrar su experiencia tampoco dije nada.</p>



<p>&nbsp;A Cayetana esa burrada le dio el empujoncito que necesitaba para confesar que, ya entrada en faena, continuó lamiendo el trabuco de su novio hasta que este le avisó que se iba a correr.</p>



<p>―¿Y?― preguntó Ana sin advertir que bajo su camiseta lucía los pitones en punta.</p>



<p>Con tono dulce pero picante, la rubia prosiguió con su relato:</p>



<p>―Tantas veces has alabado su sabor que me dieron ganas de tragármelo, pero al final no me atreví y me lo saqué de la boca… y eso fue peor.</p>



<p>―No te entiendo – interviniendo replicó su amigota.</p>



<p>Muerta de risa, Cayetana explicó que al correrse su novio fue tanta la potencia con la que explotó que le llenó la cara de esperma.</p>



<p>Por unos segundos, la imagen de los blancos borbotones recorriendo sus mejillas me impactaron y sin poderme contener, a carcajada limpia me uní a ellas …</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>El noviazgo de Manuel y Ana no varió en absoluto la amistad con ellas. Al igual que Borja no era un impedimento para ser amigo de Cayetana, que mi colega de la infancia saliera con la morena solo provocó que, en vez de cuatro, saliéramos cinco de copas teniéndome a mí de enano sujeta velas. Es más, la confianza que me unía a él desde niño determinó que mi conocimiento de las andanzas sexuales de mi amiga se incrementase, al contar con la versión de ambos. Un claro ejemplo de ello fue la primera vez que tuvieron relaciones. Manuel me había anticipado que una tarde iba a intentar tirársela aprovechando que sus viejos no estaban en casa, por ello al día siguiente le pedí que me contara cómo le había ido.</p>



<p>―De puta madre― contestó: ―Fue increíble.</p>



<p>Andando con pies de plomo para que no advirtiera mi desaforado interés en saber cómo era Ana en la cama, le llamé exagerado.</p>



<p>―¿Exagerado? Todo lo que cuente es poco porque ha resultado una fiera insaciable que solo me dejó en paz cuando comprobó que había descargado completamente los huevos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Menos lobos― insistí en desdeñar sus logros.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cabreado al ver que no le creía, se envalentonó y me contó que se había preparado a conciencia para que cuando su novia llegara todo estuviera listo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ya me conoces, música, unos cubatas y sobre todo una caja de condones.</p>



<p>―Eso sí te lo creo― riendo comenté azuzando la locuacidad de mi colega.</p>



<p>―Serás cabrón― respondió herido en su amor propio: ―Tu amiguita debía saber a qué venía porque nada más abrirle la puerta, saltó sobre mí buscando mis besos.</p>



<p>―No será para tanto, a lo mejor fueron solo unos piquitos― le repliqué encantado por lo fácil que me estaba siendo sonsacarle.</p>



<p>―¡Piquitos! ¡Mis huevos! Tú que la consideras tan casta, debes saber que me empujó contra la pared y antes de que me diese cuenta, me estaba bajando la bragueta.</p>



<p>Desternillado de risa, quité hierro al asunto, diciéndole que seguro de que, al ver el tamaño de su polla, Ana debió de perder todo el interés.</p>



<p>―No solo no se quejó, pedazo capullo, sino que al ver que la tenía tiesa me regaló una mamada de campeonato.</p>



<p>Volviendo a minusvalorar su éxito, le dije que seguro que esa mamada de la que se vanagloriaba realmente había consistido en un par de lametazos mal dados.</p>



<p>―Te he de decir que hasta mí me sorprendió su maestría y es que lo suyo fue de manual de una película porno. Tras sacármela, acercó su cara y comenzó a darle besitos mientras le decía las ganas que tenía de conocerla.</p>



<p>―¿Me estás diciendo que se puso a hablar con tu verga?― pregunté impresionado porque eso sí era algo que no me esperaba.</p>



<p>―Sí, pero no se quedó en eso y mientras la tomaba entre sus dedos, tu santa amiguita susurró a mi glande que si se portaba bien se verían casi todos los días.</p>



<p>―¡Qué animal eres! Te lo estás inventando― dije desternillado, aunque en mi fuero interno sabía que no mentía.</p>



<p>Mis dudas acentuaron su necesidad de darme detalles y obviando mis palabras, prosiguió diciendo:</p>



<p>―Crees que también me inventé que contenta del tamaño de mi erección, Ana mirándome se lamió los labios y me dijo que iba a dejarme seco.</p>



<p>En esa ocasión, me quedé callado porque bastante tenía con evitar que Manuel se diese cuenta del calentón que esa imagen había provocado en mí. Mi mutismo azuzó su descaro y recreándose en lo sucedido, me explicó que acto seguido la morena se la había metido hasta la garganta.</p>



<p>«Joder», pensé en silencio y lleno de envidia.</p>



<p>Envalentonado al ver mi cara, siguió narrando la experiencia dando una vital importancia a la expresión de puta de Ana mientras se la comía.</p>



<p>―Parecía dominada por la lujuria. No te imaginas el brillo de sus ojos al mamármela. Estaba obsesionada en conseguir ordeñarme.</p>



<p>Aunque me cuadraba con la desmedida sexualidad que ella me había confirmado en “petite comité”, no dije nada y dejé que mi amigote continuara describiendo la escena.</p>



<p>―Como te puedes imaginar, yo encantado y más cuando sentí que usaba la lengua para presionar mi polla mientras se la comía.</p>



<p>«¡Cómo me gustaría haber sido yo!», exclamé para mí mientras Manuel seguía erre que erre tratándome de convencer de lo sucedido.</p>



<p>―Pedrito, aunque no te lo creas, la muy zorra ni siquiera se cortó cuando le informé que me iba a correr, sino todo lo contrario y como si le fuera la vida en ello, siguió mamándomela todavía más rápido.</p>



<p>―Ahora me dirás que eyaculaste en su boca.</p>



<p>―Sí, puñetero cretino. Te parecerá imposible pero tu inseparable amiga al sentir que me venía, se la sacó solo un momento para decirme que me corriera dentro porque quería saborear mi semen.</p>



<p>«Hijo de puta suertudo», murmuré para mí dando total veracidad a su relato, sin sentir curiosamente ningún rastro de celos.</p>



<p>Ya interesado le pedí que me contara si al final se lo había tragado, a lo que no pudo ni quiso negarse y con todo lujo de pormenores, me describió la cara de satisfacción de mi morena mientras devoraba ansiosamente toda la leche que él expulsaba.</p>



<p>Desmoralizado al saber que Ana nunca se fijaría en mí al ser un enano, perdí el hilo de lo que me narraba hasta que, pegándome un puñetazo en el hombro, Manuel me hizo reaccionar para decirme que después de la mamada y sin más prolegómeno, su novia le había llevado casi a trompicones hasta la cama y que una vez allí le había hecho un striptease.</p>



<p>―Fue alucinante. Imagínate la situación: conmigo desnudo sobre la cama, tu amiga encendió el equipo y siguiendo el ritmo de la música, se puso a bailar mientras se iba desabrochando uno a uno los botones de la camisa.</p>



<p>―Supongo que te volviste a poner como una moto.</p>



<p>Despelotado y nunca mejor dicho, confirmó mis palabras diciendo:</p>



<p>―Como burro en primavera. Creo que jamás la había tenido tan dura.</p>



<p>Tras lo cual, me explicó que, aunque ya le había tocado las tetas, al verlas rebotando al compás de la canción le parecieron maravillosas. Nuevamente la envidia corroyó mi diminuto cuerpo al visualizar la escena y es que los pechos de esa morena eran mi escondida obsesión.</p>



<p>Ajeno a lo que yo, su colega, estaba sintiendo, Manuel me explicó su sorpresa cuando Ana se quitó las bragas y descubrió que llevaba el coño totalmente depilado.</p>



<p>«Ya lo sabía», dije entre dientes mientras él detallaba con lujo la belleza de esos labios húmedos confesando que jamás en su vida había estado con una niña sin un pelo en el chocho.</p>



<p>«Yo en cambio, nunca he estado con una», amargamente me quejé en silencio.</p>



<p>Entusiasmado con la narración, se puso a fanfarronear que Ana había llegado hasta él y que sin que tuviera que hacer nada, se había empalado y usando su pene como silla de montar, se había puesto a cabalgar desbocada.</p>



<p>«Eso también debió ser cierto», medité excitado al coincidir con lo que confidencialmente ella me había contado:&nbsp; «Le encanta ser ella la que lleva la iniciativa en el sexo»</p>



<p>―Macho, ¡qué fiera es esa chavala! Incluso me pellizcó los pezones mientras meneaba su pandero.</p>



<p>―¿Al menos habrás cumplido?― pregunté inmerso en una espiral autodestructiva pensando que yo al menos no hubiese desaprovechado ese momento.</p>



<p>―Claro que me corrí, cabrón,…¡ no soy un eunuco!</p>



<p>Con ganas de abofetear a mi amigo, rehíce la pregunta diciendo:</p>



<p>―Me refería a si la llevaste al orgasmo.</p>



<p>Mis palabras causaron una conmoción en Manuel y totalmente colorado, me reconoció que no se había fijado.</p>



<p>Como esa misma tarde tenía que darles clase y sabía que a buen seguro me enteraría,&nbsp; preferí no ahondar en la herida y zanjé el asunto cambiando de tema:</p>



<p>―¿Te apetece una cerveza?</p>



<p>―Una no, ¡media docena!― exclamó agradeciendo que no hiciera leña de él y cogiendo su chamarra, nos fuimos al bar de la esquina.</p>



<p>Sobre las seis de la tarde y con cuatro birras en el cuerpo, llegué a casa de Cayetana donde hallé a mis dos amigas charlando animadamente.</p>



<p>―¿De qué habláis?― dije a modo de saludo.</p>



<p>―Esta zorra que me está contando el polvo que ha echado con Manuel― dijo muerta de risa la rubia haciendo el clásico gesto de follar.</p>



<p>Disimulando como si no supiera nada, mirando a Ana le pregunté cómo se lo había pasado, a lo que, sin ganas de extenderse en el tema, me contestó que podía haber ido mejor.</p>



<p>―¡Que te diga! Tu amigo ha resultado ser otro flácido que no les llega a los zapatos.</p>



<p>―No seas mala, Manuel es un buen chico. Ha puesto mucho interés y a buen seguro las próximas veces lo hará mejor.</p>



<p>―No mientas, dile la verdad. Reconoce que te ha dejado con ganas de más y que tras una tarde follando, solo te corriste una vez― insistió Cayetana ante la brevedad de la morena.</p>



<p>―Quizás la culpa fue mía, porque llegaba tan cachonda que solo se me ocurrió a mí mamársela en vez de follármelo directamente.</p>



<p>―Claro y lo dejaste sin fuerzas― riéndose de ella, comentó su mejor amiga.</p>



<p>―Eso no es cierto, le hice un pequeño striptease y rápidamente se puso a tono― protestó Ana defendiendo a su novio mientras yo confirmaba punto por punto lo que me había dicho mi colega.</p>



<p>―Ya pero luego al montarte a horcajadas sobre él, no tardó en correrse, apenas te dio tiempo a cabalgarlo un par de veces.</p>



<p>―Tenemos que acostumbrarnos el uno al otro― reconoció molesta y nuevamente a la defensiva, me contó que luego su recién estrenado novio le había hecho una buena comida de coño.</p>



<p>«Eso se lo ha callado el muy cabrón», medité mientras ponía cara de póker para que no supiera que habíamos hablado.</p>



<p>Riéndose de ella y de su mala suerte con los hombres, Cayetana le insinuó que, si quería conocer un buen macho, un día le podía prestar a Borja.</p>



<p>―¿A ese pijo? Antes me tiro a Pedro.― replicó indignada, pero al ver mi cara de enfado, rápidamente me pidió perdón y tratando que olvidara sus palabras, sacó sus libros y nos rogó que tenía prisa y que había mucho que estudiar.</p>



<p>«Ni siquiera como segundo plato, me toma en cuenta», desangrándome por dentro pensé.</p>



<p>Y sin volver a mencionar el tema, comencé a darles clase…</p>
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		<title>&#8220;Doce noches, dos mujeres, una isla desierta&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2026 06:44:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Tras un naufragio, Manuel se queda varado en una isla desierta con María y con Rocío. La fantasía de todo hombre y de muchas mujeres, es tener a dos bellezas a su entera disposición. Si encima una de ellas es su prima y la otra, la clásica amiga buenorra todavía más. En este relato os cuento eso, como el protagonista hace realidad su sueño y como ese accidente terrible, se convierte a la larga en lo mejor que le ha ocurrido en la vida. Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/puta-cu%C3%B1ada-Fernando-Neira-Golfo-ebook/dp/B00ZAKWOKY/ Para que podías echarle [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07CLP59X4"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-20006 size-full" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/03/doce-noches-2-2.png" alt="" width="1000" height="296" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/03/doce-noches-2-2.png 1000w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/03/doce-noches-2-2-300x89.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/03/doce-noches-2-2-768x227.png 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a>Sinopsis:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif;"><span style="font-size: 18.6667px;"><b>Tras un naufragio, Manuel se queda varado en una isla desierta con María y con Rocío. La fantasía de todo hombre y de muchas mujeres, es tener a dos bellezas a su entera disposición. Si encima una de ellas es su prima y la otra, la clásica amiga buenorra todavía más. En este relato os cuento eso, como el protagonista hace realidad su sueño y como ese accidente terrible, se convierte a la larga en lo mejor que le ha ocurrido en la vida.</b></span></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a title="LA PUTA DE MI CUÑADA EN AMAZON" href="http://www.amazon.es/puta-cu%C3%B1ada-Fernando-Neira-Golfo-ebook/dp/B00ZAKWOKY/">http://www.amazon.es/puta-cu%C3%B1ada-Fernando-Neira-Golfo-ebook/dp/B00ZAKWOKY/</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La fantasía de todo hombre y de muchas mujeres, es tener a dos bellezas a su entera disposición. Si encima una de ellas es su prima y la otra, la clásica amiga buenorra todavía más. En este relato os cuento eso, como hice realidad mi sueño y como un accidente terrible, se convierte a la larga en lo mejor que me ha ocurrido en la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> Esta historia tuvo lugar durante unas vacaciones familiares en Indonesia. Mi tío Enrique es un capullo al que la suerte y el trabajo constante le han hecho millonario. Decidido a hacer gala de su dinero, anualmente invita a mi familia y a otros amigos a acompañarle en un viaje a un lugar exótico. Para lo que no lo sepan, ese país consta de más de 17.000 islas de las cuales apenas unas quinientas están habitadas, el resto o bien nunca han tenido presencia humana o actualmente están desiertas. La historia que os voy a contar trata sobre una de ellas, Woholu un islote de treinta kilómetros cuadrados que estuvo habitado pero que desde hace más de cincuenta años solo viven en ella, monos, cerdos y pájaros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ese verano, el caprichoso de mi pariente decidió que fuéramos a Bali y no solo se llevó a mis viejos y a mí, sino que invitó a Rocío, la mejor amiga de mi prima María. El plan era cojonudo, nos pasaríamos un mes navegando entre las islas teniendo como base un hotel alucinante en la capital, Denpasar. El “Four Season” donde nos alojábamos era enorme, además de seis piscinas, no sé cuántos restaurantes y discotecas, tenía embarcadero propio. De allí salían los yates de pesca que los huéspedes alquilaban por horas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como el tío quería dejar claro que él era un personaje importante, alquiló, durante todo el mes: ¡Dos! Uno enorme en el que salían los mayores y uno de ocho metros para los jóvenes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como podréis comprender, no puse reparo alguno a esa clara marginación porque tanto mi prima como su amiga estaban buenísimas. Reconozco que eran unas pijas insoportables, que se lo tenían creído, pero verlas en bikini hacía que se me olvidaran todos los feos que ese par acostumbraban a hacerme. Para ellas, yo era el primo pobre; el mendigo que recogía las migas que caían de la mesa, pero me daba igual.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> María, por ejemplo, era una diosa de veintidós años, rubia teñida y un cuerpo de los que hacen voltear a cualquiera al pasar a tu lado. Daba igual que tuviera poco pecho, su trasero te hacía obviar la falta de glándulas mamarias porque era todo vicio. Al mirarlo, os juro que hacía que me sintiera en el paraíso vikingo, deseando que ella fuera mi valkiria particular.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Rocío, su amiga, no se quedaba atrás. Castaña de pelo y con la piel morena, tenía una cara de morbo que me hacía suspirar cada vez que me pedía que le trajera, aunque fuera un puto refresco. Dotaba por la naturaleza con más pecho, su breve cintura maximizaba no solo este sino el magnífico culo que movía sin parar. En suma, yo, con mis veinte años recién cumplidos, me creía dueño de un harén, aunque realmente mi función fuera la de bufón. Sabía que el hermano de mi padre me invitaba para así no tenerse que ocupar de su hija.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Ocúpate de qué se lo pase bien! ― me soltó mi tío hace dos veranos y a partir de ahí siempre había sido ese mi cometido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Daba igual el capricho que se le ocurriera a mi adorada prima, ahí estaba yo para pedirle una copa, echarle crema o incluso conseguirle el teléfono de algún macizo con el que quisiera ligar. Era su sirviente veinticuatro horas al día, siete días a la semana, pero no me quejaba porque también tenía sus recompensas. Por ejemplo, en Suecia durante un crucero la había visto desnuda por un segundo o en Australia le tuve que quitar de un pecho un alacrán y donde me permití el lujo de que mis manos se recrearan en sus tetas buscando otro que pudiera haberse quedado en ellas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> María sabía que me gustaba y por eso no perdía ocasión de excitarme. Continuamente se mostraba casi desnuda con el afán de turbar a su primo “pequeño” y por eso, no sé la cantidad de pajas que me había hecho en su honor. Si intentaba cualquier acercamiento, esa zorra se reía de mí e incluso me chantajeaba con decírselo a sus padres.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Todo eso cambió un feliz y desgraciado día en que los viejos quisieron ir a visitar unos templos, mi prima se negó a ir diciendo que prefería hacer submarinismo a una zona de la que le habían hablado. Lógicamente, su esclavo tuvo que acompañarlas y por eso estaba yo en el yate cuando en mitad de la travesía el capitán, un balinés entrado en años le informó que teníamos que volver porque se anticipaba tormenta. No os podeos imaginar el berrinche de niña malcriada que se cogió cuando el profesional le explicó que era peligroso. Enfurruñada y con el apoyo de su amiga hicieron de todo para ralentizar nuestra huida, de modo que cuando al final partimos de vuelta hacía puerto era demasiado tarde. Supe que estábamos en problemas cuando vi la cara de terror de Wong.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Luchando contra olas de seis metros y un viento huracanado, el marino intentó evitar el tifón, pero no pudo, por lo que en un momento dado decidió que nuestra única esperanza era embarrancar contra la primera isla que nos encontráramos. En un inglés penoso, el indonesio nos pidió que nos pusiéramos los salvavidas e histérico, explicó cuáles eran sus intenciones. María y Rocío fueron tan bobas que no se creyeron el peligro hasta pocos segundos antes que chocáramos con el arrecife.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Entonces y solo entonces se pusieron a gritar muertas de miedo. El choque fue tan brutal que nuestro barco se partió en dos. Yo, por mi parte, me vi lanzado por la borda y durante un instante creí que moría al no poder respirar. Afortunadamente, conseguí salir a flote y nadar hacia los restos del yate.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Me encontré a mi prima con una brecha en la cabeza y a su amiga desmayada. Aterrorizado, conseguí agarrarme a un trozo de quilla que flotaba cerca, lo que me permitió recoger a mis acompañantes, pero cuando intenté ayudar al capitán, lo hallé muerto con un golpe que se le había llevado media cabeza. No comprendo todavía como conseguí llevar a mi prima y a su amiga hasta la orilla. La tempestad era tal que nadamos a ciegas y cuando ya creía que no íbamos a sobrevivir, apareció de la nada la playa. Haciendo un último esfuerzo, toqué la arena y caí agotado sobre ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desconozco cuanto tiempo, me quedé tumbado mientras me recuperaba. Solo sé que mientras trataba de tomar aire, ese par no hacía otra cosa que llorar. Cabreado, me levanté y sin mirar atrás busqué un cobijo donde guarecernos. Cosa que fue fácil porque a pocos metros de la playa se alzaba una iglesia y los restos de un antiguo poblado. Creyendo que estábamos a salvo, llamé a las dos muchachas mientras entraba en el lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reconozco que se me cayó el alma al suelo al comprobar que estaba en ruinas, pero asumiendo que cuando amainase el temporal encontraríamos ayuda, busqué en la sacristía un sitio donde evitar el seguirnos mojando. Aunque no sea lógico, no llevábamos más de cinco minutos a resguardo cuando la arpía de mi prima me ordenó que saliera en busca de auxilio. Como comprenderéis me la quedé mirando como si estuviese ida y me negué. María, furiosa al comprobar que no le obedecía, me juro que me arrepentiría de ello. Sus reproches en ese momento me entraron por un oído y me salieron por el otro, pero lo que realmente me sacó de quicio fue cuando me exigió de malos modos que hiciera una hoguera porque tenía frio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―A ver cariño. ¿Cómo cojones quieres que haga fuego? ― repelé con muy mala leche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por su cara, comprendió lo inútil de su exigencia y hundiéndose en la desesperación, se echó a llorar. Por suerte, en ese momento, Rocío se buscó en el short que llevaba y con una expresión de alegría en su cara, se sacó el encendedor del bolsillo con el que le había visto encenderse un par de porros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Esto servirá? ― dijo con tono tímido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Por supuesto― contesté y mirando a mi alrededor, caí en que los asientos de la iglesia, nos podía servir de leña.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Poniéndome de pie, rompí un par de ellos y recogiendo las astillas y unos periódicos, al cabo de un rato, los tres disfrutamos del reconfortante calor de una fogata. Ni siquiera entonces mi primita me dejó en paz porque viendo que había reducido su intensidad la tormenta, quiso que me adentrara en la oscuridad y buscara ayuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Tú estás loca! ― contesté muy cabreado― Si te fijas no hay una jodida luz que confirme que alguien vive por los alrededores. Mañana buscaré una carretera o una casa, pero ahora, ¡me niego!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eres un maldito cobarde― respondió –No sé cómo mi padre confió, en un niño, nuestro cuidado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Perdona, bonita. Primero no soy un niño y segundo, lo único que me ordenó mi tío fue que os cumpliera todos vuestros caprichos, nunca se imaginó que la idiota de su hija fuera tan irresponsable de hacernos naufragar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi respuesta la indignó y dándose la vuelta, buscó acomodo entre los brazos de su amiga. Rocío, comprendió que estaba entre dos frentes y decidió no optar por ninguno de los bandos. Mientras acogía a su amiga, me lanzó una mirada comprensiva cómo pidiéndome tiempo para que recapacitara. Todavía no lo sabía, pero tiempo era lo único que podríamos obtener de esa jodida isla. Esa noche dormí fatal, porque además de dormir en el suelo cada vez que lo conseguía, me venía a la mente la inútil muerte del capitán.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">A la mañana siguiente con el albor del día me desperté. Ya no llovía y tras recargar la hoguera, decidí ir a dar una vuelta por los alrededores. Os tengo que reconocer que fui un idiota porque en vez de recoger de la playa los restos del naufragio, busqué un lugar alto desde donde buscar ayuda. Al ser una isla de coral, no había una maldita montaña desde donde otear el horizonte por lo que decidí continuar por la playa, no fuera a perderme. Al cabo de dos horas, me quedé petrificado porque sin darme cuenta había dado la vuelta al islote sin encontrar más que cocoteros y un pequeño arroyo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Estamos jodidos», pensé al ver la torre de la iglesia porque o mucho me equivocaba o en todo ese maldito lugar no había más almas que las tres que ya conocía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al entrar en el edificio, me las encontré hablando tranquilamente. Mirándolas no solo me di cuenta de que no estaban asustadas como yo, sino que sus ropas, es decir sus bikinis estaban desgarrados y por eso, lo único que les preocupó al verme fue taparse sus vergüenzas. Haciendo caso omiso al espectáculo que me ofrecían, les expliqué a las dos lo ocurrido. Mientras Rocío comprendió al instante, pero la idiota de María dijo sin ser consciente de nuestras dificultades que no había que preocuparse porque su padre la encontraría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eso espero, pero lo dudo. No tuvimos tiempo de dar la alarma y para colmo estoy seguro de que, aunque supieran cual era nuestro destino, nadie sabe dónde estamos o si hemos sobrevivido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No entiendo― replicó todavía muy segura de sí misma.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―María, ¿tienes idea de cuantas islas hay en este archipiélago? Primero buscarán el barco y luego al cabo de los días, empezarán por las grandes y habitadas. ¡Hazte a la idea! ¡Si queremos sobrevivir tenemos que hacerlo solos!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A la princesa se le cayó hechos pedazos el castillo que su mente había construido para evitar enfrentarse con su realidad y llegando a mi lado, me lanzó un tortazo mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Mentiroso! Nos has mentido para asustarnos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Si eso crees, haz lo que yo. Coge la playa y da la vuelta a la isla. Yo te espero aquí, tratando de recuperar algo que nos sirva del barco.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> María sin dar su brazo a torcer, cogió a su amiga y enfiló hacía la playa. Por la actitud de Rocío, comprendí que me creía, pero no queriendo contrariarla, decidió acompañarla. Las tres horas que tardaron en regresar, las usé para salvar todo lo que pudiera del naufragio. Afortunadamente, conseguí sacar de los restos, aparejos de pesca, cañas, cuatro mantas e incluso dos ollas con las que el marino pensaba prepararnos la cena. También encontré un par de cuchillos, pero, aunque lo intenté nada del yate nos servía para comunicarnos con el exterior. Al acabar de rescatar todo lo útil que encontré, recargué la fogata y cogiendo las ollas me dirigí hacía el arroyo que había visto esa mañana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Una vez nuevo en la iglesia, calenté el agua que había traído y sacando las cañas, me puse a pescar. Estaba tranquilamente sentado en la playa esperando que algún pez picara cuando las vi venir en dirección contraria a su marcha. Venían con los ojos rojos, síntoma que habían llorado y por eso las dejé descansar antes de decirles:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Como habéis comprobado, no he mentido. Estamos en una maldita isla desierta. Si queremos sobrevivir hay varias cosas que tenemos por narices que hacer. Primero, la fogata siempre tiene que estar encendida. No sabemos el tiempo que pasará hasta que nos encuentren y no podemos malgastar el gas del mechero. Segundo, hay que beber agua hervida por lo que todos los días una de vosotras tendrá que ir a por agua. Tercero, mientras yo pesco, la otra debe de buscar cocos o cualquier vegetal consumible ya que no podemos depender de la pesca únicamente. Quinto….</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Pero tú quien te crees para mandarnos! ― respondió hecha una energúmena mi prima –Hay que ahorrar fuerzas y me niego a cumplir tus órdenes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como me esperaba esa reacción, la dejé terminar de explayarse y solo cuando ya había acabado, le respondí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tu misma. Hay dos cañas, dos cuchillos, cuatro mantas y un mechero. Yo pienso que es mejor que lo hagamos en común, pero si queréis nos dividimos lo poco que tenemos. Yo quiero una caña, un cuchillo y una manta, lo demás quedároslo vosotras, pero desde ahora te digo que no pienso trabajar para vosotras sin que me prestéis ayuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Y cogiendo la parte que me correspondía busqué una choza donde guarecerme mientras Rocía se debatía entre que bando elegir. Viendo que se quedaba con mi prima, apilé un montón de leña y cogiendo un rescoldo de la de ellas, encendí mi propia hoguera. Tras lo cual, agarré mi caña y me puse a pescar. Afortunadamente, se me dio bien y a la hora de comer ya tenía dos jureles en mi poder. Os reconozco que disfruté al ver sus caras hambrientas mientras yo me daba un banquetazo bien regado del agua de un coco que había conseguido partir. Sé que fui un poco cabrón, pero me deleité haciendo ruido al comer, diciendo lo buenos que estaban mientras a cincuenta metros ellas seguían discutiendo sobre como lanzar la caña. Al terminar, esperé que se enfriaran los pescados y ya helados, se los llevé para que comieran. Era una labor de zapa y si las cosas venían mal dadas iba a necesitarlas sanas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> María ni siquiera me miró cuando le acerqué la comida, pero su amiga me lo agradeció con un beso en la mejilla mientras dejaba que su pecho se pegara al mío en agradecimiento. Al percatarme que lo había hecho a propósito, ni corto no perezoso, acaricié uno de sus pezones, diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Rocío, si quieres dormir calentito esta noche, ya sabes dónde me encuentro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras lo cual, me fui a dar una vuelta por los alrededores mientras ellas dos se enfrascaban en una agría discusión. Mi prima le echaba en cara el haberse dejado magrear por mí mientras la otra le recriminaba nuestra delicada situación. Sonreí al escucharlas e internándome en el bosque, busqué algo de comer. Tal y como había previsto, aunque la isla estuviera deshabitada, sus antiguos habitantes debían de haber plantado árboles frutales por lo que, a la media hora, volví a mi choza con una cantidad ingente de mangos e incluso una penca de plátanos. Pero lo mejor no fue lo que recogí sino lo que vi en un claro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Alertado por el ruido, descubrí una piara de cerdos salvajes que, careciendo de enemigos naturales, se habían acercado a mí a curiosear. Si hubiese tenido el cuchillo, podía haber matado a un par de crías, pero como me lo había dejado en el poblado, tuve que conformarme con el mero descubrimiento</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De vuelta a la hoguera, la recargué y sentándome en una sombra, me puse a comer fruta. Rocío no tardó en acercarse y pedirme que le compartiera parte de lo recolectado, pero me negué a hacerlo hasta que en compensación me trajera un poco de leña. Ni siquiera protestó y al cabo de diez minutos volvió con lo que le había pedido. María viendo que estábamos comiendo, llegó a nuestro lado y pidió su parte, pero nuevamente me cerré en banda a no ser que trajera agua que calentar. Tal y como había previsto, me mandó a la mierda y dejándonos solos, siguió intentando pescar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Crees que no rescatarán? ― preguntó su amiga mientras daba buena cuenta de uno de los mangos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sin duda― contesté – el problema es cuando. Tenemos que mantenernos vivos mientras tanto y la idiota de mi prima no quiere comprenderlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Dale tiempo, ¡se tiene que dar cuenta que te necesitamos! ― murmuró en mi oído mientras se pegaba en plan meloso –Yo confío en ti.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque sabía que esa zorrita se acercaba a mí por conveniencia, me dejé querer y abrazándola, le planté un beso en la boca. Me respondió con pasión y por eso mientras nuestras lenguas jugaban, mis manos recorrieron su cuerpo palpando y disfrutando de cada centímetro de su piel. Descubrí que María nos miraba alucinada cuando mi boca ya había hecho presa en uno de los pezones de su amiga. Con los gemidos de la morena como música ambiente, me puse a lamer y a morder esas dos maravillas mientras mi prima se hacía la digna, pero seguía observando. Ni siquiera hice intento alguno de ocultarnos, a la vista, bajé la parte inferior del bikini de Rocío dejándole claro que a partir de ese instante ella era mía. Al hacerlo me encontré con el sexo que llevaba días soñando y metiendo mi lengua entre sus pliegues, me puse a mordisquear su clítoris mientras ella no paraba de aullar complacida por la mamada que le estaba obsequiando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No sé si fue la propia desesperación que sentía la muchacha por nuestra desgracia, pero la verdad es que llevaba menos de un minuto enfrascado entre sus piernas cuando escuché los primeros síntomas de su orgasmo. Incrementando su deseo con pequeñas incursiones de mis dedos en su vulva, la llevé hasta el borde del abismo en poco tiempo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Me corro! ― gritó sin importarle que su amiga la escuchara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi propia calentura me hizo salirme de su entrepierna y bajándome el traje de baño, saqué mi miembro de su encierro y colocando mi glande en su entrada, lo inserté de un solo golpe hasta el fondo de su vagina.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Dios! ― chilló de placer la otrora niña pija y meneando sus caderas en plan goloso, convirtió su sexo en una especie de batidora con la que vapuleó mi pene.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con mayor intensidad, seguí machacando su cuerpo al notar su excitación. Cada vez que la empalaba de su garganta salía un berrido de hembra en celo y por eso uniendo una descarga de placer con la siguiente, Rocío se entregó por entero a mí. Todavía no había descargado mi simiente en su interior cuando poniéndose enfrente, María le reclamó que se estaba tirando a su primo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sin separarse de mí y con sus piernas forzando otra penetración, la morena le contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Lo querías para ti sola? ¡Pues te jodes! Me ha elegido a mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi pariente no se debía esperar semejante respuesta porque completamente indignada salió huyendo con el sonido de nuestra pasión rebotando en sus oídos. Absortos en una danza ancestral, seguimos disfrutando de nuestra unión hasta que me derramé en su interior dando gritos. Acababa de sacarla y ni siquiera me había dado tiempo a descansar cuando poniendo una sonrisa de oreja a oreja, esa muchacha me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Espero que te acuerdes que yo fui la primera, no quiero que luego me dejes insatisfecha por follarte a esa tonta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ni se me había pasado por la cabeza, beneficiarme a mi prima porque siempre había sido un objeto de deseo fuera de mi alcance, pero las palabras de su amiga me hicieron plantearme que era posible y solo imaginármelo, levantó mi alicaído miembro. Ella se rio al advertir que estaba nuevamente dispuesto y mientras bajaba por mi pecho en dirección a mi entrepierna, exclamó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Creo que, aunque haya poca comida, ¡no voy a echar de menos el exterior!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Aproveché el resto del día para restaurar como pude una cerca donde encerrar a los cerdos que había visto esa mañana. Comportándose como una buena asistente, mi nueva amante colaboró sin protestar y lo más raro sin preguntar para que la necesitaba. María debía de seguir enfadada porque no apareció hasta la hora de cenar. Cuando quiso acercarse a compartir nuestra comida, fue la propia Rocío la que se negó de plano y le exigió que al menos trajese más leña. Sin querer dar su brazo a torcer, la mandó a la mierda y volviendo a la iglesia, nos dejó en paz.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reconozco que me dio pena y por eso al terminar, me acerqué con un racimo de plátanos y se los di sin exigirle contrapartida alguna. Mi prima me miró con angustia, pero su orgullo le impidió darme las gracias. No me importó, quedaba bien poco para que claudicara y corriera a nuestro lado, implorando ayuda. El resto de la fruta la coloqué dentro de la cerca, pero antes instalé una trampa para que, si algún animal entraba, se cerrara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al llegar a mi choza, acababa de empezar a llover y previendo que la noche iba a ser muy larga, me dispuse a recargar la hoguera cuando observé con satisfacción que Rocío lo había hecho en mi ausencia. Al mirarla, me quedé extasiado al comprobar que me esperaba desnuda y que con gestos me pedía que la estrechara entre mis brazos. No me lo tuvo que repetir, cogiendo su barbilla le di un beso mientras mis dedos recorrían esos preciosos pechos que no me cansaría jamás de disfrutar. La morena ni siquiera me dejó tumbarme, cogiendo mi pene entre sus manos, me empezó a besar mi extensión sin dejar de masajear mis huevos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿No has cenado bien? ― pregunté con recochineo al ver que abriendo su boca se lo metía sin hablar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como respuesta, lentamente se fue introduciendo mi falo mientras su lengua jugueteaba con mi extensión. Dotando a sus maniobras de una sensualidad brutal, no cejó hasta que, con el enterrado en su garganta, besó la base de mi miembro con sus labios. Sorprendido por la facilidad que lo hubiera conseguido sin sufrir arcadas, me quedé quieto mientras ella daba un ritmo lento a su mamada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Poco a poco, fue acelerando el compás con el que se metía y sacaba el pene hasta que ya parecía que en vez de una boca era un sexo el que lo hacía. Sabiendo que estaba al mando y que esa cría seguiría estando al día siguiente, no intenté retener mi eyaculación y al poco tiempo, exploté en el interior de su boca. Rocío disfrutó de cada explosión y de cada gota hasta que, relamiéndose de gusto, dejó mi polla inmaculada sin resto de semen</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mientras ella, sin dejarme descansar, intentaba reanimar mi sexo, le pregunté por su urgencia. Al oírme soltó una carcajada diciéndome:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No quiero que esa puta disfruté de ti sin habérselo trabajado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sin entender a qué se refería, no me importó que se empalara con mi miembro, pero al verla saltando sobre mí, no pude dejar de preguntar porque lo decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Esta noche, ¡tu prima vendrá a por auxilio! No ves que la muy idiota no ha echado leña a su fogata. Cuando lo intente, no encontrará nada seco y por eso empapada pedirá nuestro calor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Muerto de risa, comprendí que tenía toda la razón, pero advirtiendo que había usado nuestro en vez de tu calor, le pregunté directamente a que se refería. Mientras se pellizcaba un pezón, me respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Yo he trabajado y no esperarás que le deje entrar en nuestra manta: ¡Sin pedirle una compensación!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El sonido de la lluvia ocultó el sonido de mi risa al asimilar que esa muchacha era bisexual y que compartiría gozosa conmigo el cuerpo de su amiga. Después de hacer el amor, la aguardamos desnudos. Nuestra espera se alargó hasta cerca de las dos de la mañana y por eso cuando María hizo su aparición en la choza, Rocío estaba dormida. Completamente empapada y con los labios amoratados por el frio, me pidió permiso para entrar. Sin hacer ruido se acercó a la hoguera y temblando alargó sus manos al reconfortante calor del fuego.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ven, metete entre nosotros para calentarte― dije sin especificar lo que le teníamos preparado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Totalmente colorada, se percató de nuestra desnudez aun antes de sentir nuestra piel contra su piel. Intentando no forzarla en demasía, la abracé dándole ese calor que tanto necesitaba. Tímidamente apoyó su cabeza en mi pecho y dejó que mi mano se aposentara en su culo sin quejarse. La morena que se había despertado también la abrazó, diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Pobrecita, ¡Estás helada!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras lo cual, sin pedirle permiso empezó a acariciar su cuerpo, dando a sus caricias un sentido más allá del mero auxilio. Me di cuenta de que mi prima estaba escandalizada por esos mimos no pedidos al mirarme con los ojos abiertos. No dejé que protestara porque cerrando su boca con mis labios la besé mientras mis propias manos empezaban a sobrepasarse con ella. Pálida tuvo que soportar que mis besos fueran bajando por su cuello al estar más preocupada porque las manos de su amiga habían separado sus rodillas y esta se dedicaba a lo mismo que yo, pero en sus muslos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Por favor― rogó muerta de miedo cuando sintió que me apoderaba de sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Obviando sus protestas, seguí mamando de esos pechos de ensueño mientras de sus ojos brotaban unas lágrimas de vergüenza. Rocío hizo lo propio, recreándose en el cuerpo que la casualidad le había puesto a su disposición, se dedicó a dar pequeños mordiscos en el camino hacia su meta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No soy lesbiana― protestó sin éxito al sentir el aliento de su amiga acercándose a su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Completamente excitado, seguí bebiendo de esos pechos que me encantaban desde niño y que nunca soñé en poseer, mientras la morena separaba los pliegues de nuestra víctima. Entonces, mi prima hizo el último intento de zafarse de nuestras caricias, pero se quedó quieta cuando reteniéndola entre mis brazos, le expliqué con voz suave:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Somos tres en una isla desierta, si quieres que te cuidemos y te demos de comer, debes compartir con nosotros todo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Vencida y humillada, esperó tensa y asqueada que la lengua de su amiga llegara hasta su clítoris. Al hacerlo no solo se limitó a lamer ese botón de placer, sino que, incrementando su angustia, le metió dos dedos en el interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Qué rico lo tienes! ― sonriendo le soltó – Llevo años deseando comerme tu coño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La escena de por si cachonda subió enteros al ver que la morena se empezaba a masturbar mientras daba rienda suelta a deseos de antaño. Por mucho que mi prima intentó mantenerse al margen, nuestros mimos fueron derribando una a una las murallas que se había auto impuesto e inconscientemente, empezó a reaccionar moviendo sus caderas. Rocío al comprobar que ese sexo se empezaba a llenar de flujo, incrementó la acción de su lengua y usándola como si fuera un pene, traspasó con ella esa entrada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su primer gemido también venció mis reparos y llevando su mano a mi entrepierna, le exigí que me hiciera una paja. Lentamente como cogiendo confianza, mi prima me empezó a masturbar con los ojos cerrados. Sus dedos se habían cerrado sobre mi extensión mientras su dueña se debatía entre la moralidad de lo que estábamos haciendo y las sensaciones que estaba sintiendo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Comprendí que la pasión iba ganando cuando acelerando su muñeca me pidió que la besara. Sé que estuvo mal y que fui un egoísta con mi primer amante, pero absorbido por la lujuria, separé a Roció y obligando a mi prima a subirse a horcajadas sobre mí, le exigí que se empalara. Me encantó ver la indecisión en su cara antes de alzarse y cogiendo mi pene, empezárselo a meter. Solo el saber que por mucho que viviera esa imagen iba a quedar en mi retina, hacía que ese naufragio hubiese valido la pena. No sé si fue que, en secreto, me deseaba o que su excitación era fruto de esa cuasi violación, lo cierto es que nada más sentir mi pene abriéndose camino en su vagina, mi prima empezó a aullar como loca y a retorcer su cuerpo sobre el mío.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Ves que no era tan difícil! ― exclamó su amiga, dándole un beso en los morros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esta vez María no le hizo ascos a su boca y devolviendo pasión con más pasión, gritó pidiendo nuestras caricias. La morena no solo respondió mamando de sus pechos, sino que al hacerlo puso su coño en mis labios. Comprendí que era lo que quería y separando los pliegues de su sexo, cogí entre mis dientes su clítoris. Rocío al experimentar el suave mordisco, rogó que continuara torturando su botón. No solo le hice caso y con mis dientes apreté fuertemente, sino que usando mis dedos empecé a acariciar el oscuro objeto de deseo que se escondía entre sus dos nalgas. El orgasmo de mi prima coincidió en el tiempo con la incursión de mis falanges en su ojete y mientras se dedicaba en cuerpo y alma a las tetas de la rubia, gritó de placer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Me enloquece que me den por detrás! ― espetó descompuesta sin dejar de mover su culo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No sé si fueron sus palabras o la sobreexcitación que absorbía a María lo que provocó que esta, uniera un clímax con el siguiente sin dar tregua. Con la cara empapada de los flujos de Rocío y mi pene siendo maltratado por una prima convertida en loba en celo, os tengo que reconocer que me corrí tan brutalmente que dudé que me quedaran fuerzas para el resto de la noche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desgraciadamente no tuve oportunidad de comprobarlo, porque en el preciso instante que Rocío y María intentaban recuperar la vitalidad de mi miembro, escuchamos un alboroto en el exterior. Los bufidos y los gruñidos solo podían provenir de una piara que hubiese caído en la trampa, por lo que me levanté de un salto y en pelotas corrí a asegurar la puerta de la cerca con una cuerda. Al volver empapado, las vi sonriendo desde dentro y nada más acercarme, Rocío me agradeció la captura diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No te basta con dos cerdas, ¡Que has tenido que capturar más!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Me solté a reír y cogiendo entre mis brazos a mi par de guarras de dos patas, las llevé hasta la manta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">El segundo día, me desperté al alba con una a cada lado. Os juro que si no llega a ser porque tenía que comprobar cuantos cerdos habían caído en la trampa y asegurarme de que estaban bien encerrados, me hubiese quedado con ellas. Sin hacer ruido, me levanté y salí a ver los bichos. Os podréis imaginar la alegría que sentí al ver que eran una cochina con sus cinco lechones, los cautivos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tenemos carne para más de un mes», me dije sin caer en la dificultad de conservarla en un ambiente tan húmedo y caluroso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Después de revisar la cerca, volví a la choza de un humor inmejorable o eso creía porque nada más entrar, me encontré que mis dos mujercitas se habían despertado y que en ese momento Rocío estaba comiéndose el coño de mi prima. Descojonado por lo rápido que María se había habituado a que su amiga fuera también su amante y aunque me apetecía unirme a esas dos, decidí que era más importante el ponernos en actividad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Cacho zorras! ¡Levantaos que tenemos cosas que hacer!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No hice caso ni a sus protestas ni a sus peticiones de que me tumbara con ellas. Enojadas porque les había cortado el placer que buscaban, me obedecieron a regañadientes. Rápidamente, dividí los deberes y mientras María se debía ocupar de ir a por agua, recoger leña y de mantener la hoguera, Rocío y yo debíamos ir a por más fruta tanto para nosotros como para nuestros invitados de cuatro patas. Esta vez no hubo una sola queja y poniéndonos manos a la obra, salí con la amiga de mi prima rumbo a la plantación abandonada. Sin obviar lo delicado de nuestra situación, tengo que confesar que mi estancia en esa isla iba mejor de lo que había supuesto en un principio. Con carne, pescado y fruta a raudales, teníamos asegurado lo básico. El único problema real era saber si algún día nos rescatarían por lo que debíamos actuar como si eso no fuera a suceder.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿En qué piensas? ― preguntó la morena al ver que estaba pensativo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Cómo de nada servía ocultarle que quizás nos pasáramos mucho tiempo en ese lugar, le expliqué que quería acondicionar la choza y construir una cama donde dormir, lejos de la humedad, de los insectos e incluso de alguna serpiente que decidiera hacernos una visita.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Por eso no te preocupes, de algo ha tenido que servir mis diez años como boicot. No creo que tener problemas en levantar un sitio decente donde dormir.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Dormir? ― señalé muerto de risa al comprender que esa cría acababa de resolver uno de nuestros grandes problemas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Y follar― respondió encantada – No creas que me conformo con lo de ayer. Pienso explotarte a base de bien.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Anticipando su promesa, se pegó a mí y antes de que pudiera reaccionar ya me estaba besando. Su comportamiento pasado y como se restregaba contra mi sexo, me convenció de que me hallaba frente a una verdadera ninfómana. Sin importarle que estuviéramos en plena selva, me tumbó en el suelo y casi sin ningún prolegómeno, se empaló con mi pene mientras pedía que la tomara en plan salvaje. Su calentura era tal que ya tenía encharcado el coño antes siquiera de coger mi extensión entre sus manos y por eso, mi glande entró en su interior con una facilidad pasmosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Estás cachonda! ― le recriminé de guasa al advertirlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Rocío, dotando a su voz de una lujuria inaudita, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sí y ¡la culpa es tuya! Me cortaste cruelmente cuando estaba comiéndome el chochito de María y desde entonces, ando verraca.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras lo cual y con una urgencia total, comenzó a saltar sobre mi sexo mientras se pellizcaba los pezones. La velocidad excesiva que imprimió a su cuerpo me obligó a sujetarla, poniendo mis manos en su culo, para evitar que me hiciera daño. La morena al sentir mis garras en sus nalgas, lejos de ralentizar su cabalgar, lo aceleró. Cabreado por su brutalidad, le di un azote mientras le pedía calma. Lo súbito de mi caricia, le hizo parar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sigue, pero tranquila― reclamé mientras le lanzaba otro viaje a su trasero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque sea difícil de creer, en ese momento, un torrente cálido brotó de su sexo empapando mis piernas por completo. Fue entonces cuando comprendí que le excitaba la rudeza y dándole otra nalgada, le pregunté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Te gusta!, ¿Verdad, putita?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Sí! ― gimió descompuesta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su afirmación confirmó lo evidente y por eso, a base de palmadas en su trasero, fui marcando el ritmo mientras ella no paraba de aullar de placer ante cada caricia. El morbo de la situación, pero sobre todo el oír cómo se corría una y otra vez, me obligó a acelerar sus incursiones de modo que, en poco tiempo, Rocío se empalaba aún más rápido que antes. Con sus pechos rebotando arriba y abajo siguiendo el compás de sus caderas, esa zorra buscó mi placer mientras gritaba a los cuatro vientos lo mucho que estaba disfrutando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi excitación, su entrega y ese elevado ritmo hicieron que en pocos minutos estuviera a punto de explotar. Al notar que mi orgasmo era inminente, agarré sus nalgas con fuerza. Roció chilló como posesa al sentir mi glande presionando la pared de su vagina y cayendo sobre mi cuerpo, se corrió sonoramente mientras mi pene expulsaba mi placer a base de blancos proyectiles de semen.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Dios! ― aulló forzando la penetración.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Completamente exhausta, disfrutó de las ultimas sacudidas de mi miembro, tras lo cual, se desplomó sobre mi pecho. Una vez había saciado mi calentura, la eché a un lado y me incorporé.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tenemos cosas que hacer― le dije mientras la levantaba del suelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Rocío, con una sonrisa en los labios, me miró satisfecha y saltando de alegría se adelantó. Al ver que se tocaba las nalgas coloradas por los azotes, me reí diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― Si te duele, espera. Esta noche pienso obligarte a cumplir tu promesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Qué promesa te hice? ― preguntó.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Qué tu culo sería mío! ― respondí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Si pensaba que eso la sorprendería, me equivoqué, porque retrocediendo sobre sus pasos, se apoyó en un árbol mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡No tienes que esperar! Mi culo es tuyo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Solté una carcajada al observar la cara de putón verbenero que puso mientras con sus manos se separaba sus cachetes y sin negar que me apeteciera poseer ese rosado esfínter, decidí no hacerlo en ese momento porque nos habíamos comprometido con María en recoger la fruta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Vamos, guapa. ¡Tenemos cosa que hacer!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Hizo un breve intento de amotinarse, pero al ver que me alejaba, corrió tras de mí como si nada hubiese pasado. Ya en la plantación, nos pusimos a recolectar dos bolsones, de forma que, tras una hora de trabajo, decidimos que era suficiente por ese día. Estábamos cerca del poblado cuando de improviso, escuchamos un alarido. Comprendiendo que la única persona que podía haber emitido semejante grito era mi prima, salimos corriendo hacia ella. Esos quinientos metros en plena carrera se me hicieron eternos al pensar que María debía estar en peligro y por eso cuando vi lo que ocurría me eché a reír histéricamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Imbécil! ― me gritó al ver que me descojonaba de ella― ¡Quítamelo!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reconozco que no pude, tronchado de risa, observé que un macaco se les había subido a los hombros y tal como hacen con otros miembros de su especie, la estaba espulgando el pelo. Rocío en cambio fue mucho más práctica, pues al llegar y ver el “gran problema”, con una sonrisa en su cara, sacó un plátano y llamando al mono se lo dio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como si fuera amaestrado, el jodido primate se bajó de mi prima y cogiendo la fruta se la puso a comer mientras su “victima” nos echaba en cara nuestro cachondeo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Me podía haber mordido! ― reclamó furiosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El problema fue que cuanto más repelaba y más indignada se mostraba, nuestro jolgorio se incrementaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Es un animal salvaje! ― gritó ya hecha una energúmena.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En ese momento, el bicho pareció darse por aludido y acercándose a mi prima, se agarró a su pierna y comenzó a frotarse contra ella como si se estuviera apareando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Y en celo! ― recalqué.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Lo grotesco de la escena y nuestras continuas risas, terminaron de contagiar a María que, cogiendo otro plátano, se lo lanzó lejos para que la dejara en paz. Ya más tranquila, peló otro y haciendo como si en vez de una fruta fuera un pene, lo empezó a lamer mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿A ti, primito? ¿No te pongo bruto?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No hizo falta más para que mi polla saliera de su letargo y cogiéndola entre mis brazos, la besé mientras le decía que era una puta. Mi insulto no solo no la calmo sino azuzó su lujuria y bajando por mi pecho, me empezó a dar pequeños mordiscos. Sus actos que en otro momento me hubiesen parecido imposibles, me recordaron mi papel en esa isla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> “Tenía que complacer a las dos mujeres por igual”</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Habiendo retozado esa mañana con Rocío, me pareció lógico hacerlo con mi prima y por eso, la apoyé contra la pared de la choza y separando sus nalgas, me puse a lamer el precioso coño de mi pariente. La postura me permitió también comprobar que su entrada trasera era virgen y tal descubrimiento me determinó a que dejara de serlo. Alternando las lamidas entre sus dos agujeros, fui elevando la temperatura de la cría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya inmersa en el placer, no se quejó cuando introduje mi lengua en su ojete, sino que, pegando un gemido, me dio vía libre para continuar. Al mirar su reacción, me percaté que María tenía sus ojos fijos en algo que sucedía a mis espaldas. Girando la cabeza, comprobé que Rocío, su amiga y amante, se estaba masturbando, viéndonos hacer. Decidido a desflorar esa maravilla, seguí follando su culo con mi lengua mientras mis dedos recogían entre ellos su clítoris.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su orgasmo no tardó en llegar y recogiendo parte del flujo que salía de su sexo, embadurné dos dedos y con ellos empapados, me dediqué a relajar el culito que me iba a beneficiar. Mi prima, en cuanto sintió mis yemas en su interior, berreó pidiéndome que me la follara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Princesa, eso después. Ahora me apetece estrenar tu otro hoyo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Increíblemente, no había caído en cuales eran mis intenciones hasta que se lo dije y muy nerviosa, me confesó que nunca había hecho el sexo anal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Esa enfermedad es fácil de curar― le espeté mientras cogía mi pene entre mis manos y lo acercaba a su trasero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Temblando, esperó que mi glande forzara su esfínter. Sabiendo que le iba a doler decidí no prolongar su angustia y con un movimiento de caderas, penetré en su interior. El grito que pegó fue muestra del dolor que sintió, pero no se apartó y por eso fui introduciendo lentamente toda mi extensión hasta que rellené por completo sus intestinos. Con lágrimas en los ojos soportó el sufrimiento y cuando esté llegó a hacerla temer que se iba desmayar, sintió que paulatinamente se hacía más soportable. Decidida a no dejarse vencer, empezó a moverse con mi pene dentro de su culo. Rocío, que hasta entonces se había mantenido a la expectativa, se acercó y mientras le daba un beso, bajó la mano a la entrepierna de mi prima. Cogiendo entre sus dedos el botón de María lo empezó a acariciar sin dejar de consolarla al oído.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Cómo duele! ― murmuró convencida de que el suplicio debía de cesar en algún momento.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su amiga forzando sus caricias, le dijo que se relajara. Al oírlas, con cuidado empecé a mover mis caderas, sacando y metiendo mi miembro. Los gemidos de dolor se incrementaron momentáneamente pero cuando llegado un momento que se creía morir, el dolor se fue transformando en placer sin darse cuenta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Cariño, ¡déjate llevar! ― insistió Rocío al ver que seguía tensa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reconozco que, gracias a esa morena, mi prima consiguió relajarse, llegando incluso a ir marcando ella misma el ritmo. Sé que gran parte del mérito se debió a las caricias que su amiga estaba obsequiando a su amiga, pero la realidad es que fui incrementando mi compás hasta que el lento trote de un inicio se convirtió en un galope desenfrenado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Me encanta! ― gritó sorprendida de la manera que su cuerpo estaba gozando y ya dominada por la excitación, me rogó que continuara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sus palabras fueron el acicate que necesitaba para cogiéndola de los hombros, forzar aún más si cabe la profundidad de mis embistes. Con mi sexo trocado en una maza, seguí golpeando su espléndido culo hasta que, con su cuerpo convertido en una pira ardiente, mi prima logró llegar a un clímax desconocido para ella y pegando un aullido, se corrió ferozmente. Su flujo fue tal que parecía que se estaba meando. Su entrega elevó mi lujuria y uniéndome a ella, exploté en sus intestinos. María al advertir que mi esperma se adueñaba de su culo, chilló de placer y extenuada, se dejó caer sobre la arena.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Rocío haciendo un berrinche ficticio, se quejó de que hubiese estrenado el pandero de María antes que el suyo y mientras descansábamos nos amenazó diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Esta noche, espero que los dos, ¡os ocupéis de mí!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Y si no lo hacemos? ― respondí muerto de risa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Llamaré al mono!</span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Una amiga me ayuda con el cabrón de mi vecino&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2026 06:30:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160; &#160; Me pone super cachonda el cabrón de mi vecino 2. &#160; Mi desesperación creció de manera exponencial al saberme en sus manos y aunque sabía que la manera en que ese maldito me dosificaba sus caricias era con el objeto de volverme loca, no pude evitar que cómo un tsunami mi calentura alcanzara unos límites ridículos. Considerándome una mujer atractiva, sus continuos rechazos me estaban hundiendo en la miseria y tratando de sacudirme su influjo, nada mas llegar a casa llamé a una amiga y le pedí que me sacara de copas. Alicia no puso reparo alguno en [&#8230;]]]></description>
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<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="line-height: 115%;">Me pone super cachonda el cabrón de mi vecino 2.</span></b></span></p>
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<div style="text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;"><br />
Mi desesperación creció de manera exponencial al saberme en sus manos y aunque sabía que la manera en que ese maldito me dosificaba sus caricias era con el objeto de volverme loca, no pude evitar que cómo un tsunami mi calentura alcanzara unos límites ridículos.</span></span></p>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Considerándome una mujer atractiva, sus continuos rechazos me estaban hundiendo en la miseria y tratando de sacudirme su influjo, nada mas llegar a casa llamé a una amiga y le pedí que me sacara de copas. Alicia no puso reparo alguno en acompañarme y quedé con ella en una hora.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Decidida a triunfar esa noche, me puse un sexy vestido rojo que me sentaba de vicio y unos tacones de trece centímetros con los que aliviar mi&nbsp; impotencia. Antes de salir me tomé un par de chupitos para ir calentando y ya medio entonada, llamé al ascensor.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Para mi desgracia en ese preciso momento, José salió de su piso y dando un repaso a mis pintas,&nbsp; con descaro comentó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¿Te he dejado tan caliente que vas en busca de guerra?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Más que una pregunta era una afirmación y humillada hasta decir basta porque aunque me costara reconocerlo era verdad, contesté muy cabreada:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-No eres el único.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Muerto de risa, ese cabrón me levantó la falda y dejándome claro el poder que ejercía en mí, manoseó mi culo mientras decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Lo sé pero soy el mejor.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Si&nbsp; ya estaba bruta de por sí, cuando sentí sus dedos hurgando en mi trasero,&nbsp; creí que me iba a dar un sofoco por la temperatura tan alta que alcanzó mi chumino e intentando zafarme de su abrazo, le solté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-He quedado con uno que si cumple, ¡No cómo tú!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Nada más decirlo me arrepentí porque de mis palabras se podía deducir que aceptaba que me ponía cachonda. Mi inútil rebelión le divirtió y mientras me daba un suave pellizco en las nalgas, me informó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Mañana, no quedes con nadie. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La promesa que se escondía detrás de esa orden, terminó de ponerme como una moto y babeando ante la perspectiva de pasar toda una noche con él, salí huyendo&nbsp; rumbo a las escaleras sin esperar que llegara el ascensor. No había recorrido ni el primer tramo, cuando escuché que me gritaba:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Recuerda, te quiero sin bragas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Con mi mente hecha un lio, caminé hasta el bar donde había quedado con mi amiga. Durante el trayecto, me recriminé mi falta de autoestima por no haberle soltado una bofetada cuando me tocó y debido a eso, estaba casi llorando cuando saludé a Alicia.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¿Qué te ocurre?- preguntó al verme en ese estado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Incapaz de quedarme con ese dolor dentro, le expliqué lo mal que me sentía por culpa del capullo de mi vecino. Con todo lujo de detalles, narré mi desgracia mientras ella se iba enfadando cada vez más hasta que ya hecha una furia, me comentó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-No te comprendo. Eres un cañón de mujer y mírate, ¡Parece que disfrutas humillándote!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Dejándome llevar por la desesperación, empecé a berrear en sus brazos mientras la música del local amortiguaba mis gemidos. Alicia me estuvo consolando durante un rato hasta que harta de mi insensatez, me soltó;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Vamos a emborracharnos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Tras lo cual, llamó al camarero y pidió un par de copas. No sé si fue el cariño que me demostró o el efecto del alcohol que recorría mis venas pero poco a poco fui olvidándome de José mientras bailábamos como locas en mitad de la pista. Varios cafres se nos acercaron pero en ese momento lo que nos apetecía era divertirnos entre nosotras y por eso no hicimos caso a sus ataques. Tres horas más tarde, ya bastante borrachitas, salimos del bar y sin ganas de seguir deambulando por las calles, pregunté a mi amiga:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¿Nos tomamos la última en mi casa? </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Alicia aceptó sin pensárselo y por eso a los quince minutos estábamos abriendo la puerta de mi apartamento. Al entrar no tardamos en oir el sonido de un berrido que venía de casa del vecino.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Lo ves. Ese cabrón todas las noches se folla a una diferente- comenté y muerta de risa, dije: -Si no me equivoco esta es la gritona.</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Joder, ¡Se oye todo!- Alicia respondió pidiéndome que me callara.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Acostumbrada a ese tipo de serenatas, la dejé en mitad del salón y me fui a servir un par de copas. Ya de vuelta, no tardé en descubrir que mi amiga se había visto afectada por la demostración de mi vecino al ver que estaba completamente colorada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Es alucinante, ¿Verdad?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">El volumen de los gemidos de la pareja de esa noche de mi vecino lejos de menguar, habían aumentado y por eso tras pensárselo un momento, me contestó mientras cogía su vaso de mis manos:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Ahora comprendo cómo te tiene. ¡Ese tipo es un semental! Reconozco que me ha puesto cachonda.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Esa confesión no hubiera tenido importancia si en ese momento, no se hubiera acercado a mí y pegando su cara a la mía, preguntara: </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¿Qué te apetece hacer?</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/adknFXSB" width="426" height="639"></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;">Aunque nunca me he considerado lesbiana, la cercanía de sus labios entreabiertos me excitó y </span><span style="line-height: 115%;">no pude resistir acariciar sus pechos por encima de la tela. Fue entonces cuando Alicia sonrió al ver mis labios tan cerca de los suyos y cogiendo mi cabeza entre sus manos, me besó. Sentir su lengua introduciéndose en mi boca fue maravilloso, pero aún más el notar sus pechos posándose delicadamente contra los míos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Desinhibida por el alcohol y azuzada por el ruido que venía del apartamento de mi vecino, deslicé los tirantes del vestido de mi amiga, dejando al aire sus bonitos pechos. Ella no solo no puso impedimento alguno sino que luciendo una extraña sonrisa, alentó descaradamente mis maniobras diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Vamos a enseñar a ese cabrón que también en esta casa ¡Sabemos gritar!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sus palabras me permitieron continuar y por eso recorrí con mi lengua su cuello en dirección a sus oscuros pezones que erizados esperaban con ansía mi llegada. Alicia no pudo reprimir un suspiro cuando sintió la humedad de mi boca recorriendo sus areolas. Yo por mi parte, deseaba aunque fuera con ella liberar la excitación que llevaba acumulando durante meses aunque al día siguiente nos odiáramos &nbsp;por caer en la tentación.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Me encanta!- gritó al notar que con mis dientes estaba mordisqueando sus pechos mientras la terminaba de desnudar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ya desnuda, mi amiga me miró con el deseo reflejado en sus ojos y sin pedir mi permiso, fue desabrochando los botones de mi traje mientras permitía que mi mano se apoderara de su trasero.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Nunca he estado con otra mujer- reconocí al quedar en pelotas frente a ella.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Para mí, también es mi primera vez-, respondió y sin dar importancia a que ambas fuéramos nuevas en esas lides, me cogió de la mano y me llevó hasta mi cama.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Una vez allí, levantando mi trasero, me despojó del tanga dejándome totalmente desnuda. Para entonces, éramos dos mujeres necesitadas y nuestra excitación inundó la habitación con su sonido.</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Te deseo- susurró en mi oído mientras se quitaba sus bragas y se acostaba a mi lado. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La confianza que nos teníamos le permitió apoderarse con su boca&nbsp; de mis pechos mientras sus dedos se iban acercando cautelosamente a mi sexo. Os juro que al experimentar la suavidad de su piel sobre la mía, me hizo olvidarme de José y respondiendo a sus caricias, me tumbé sobre las sábanas mientras gemía de placer. Alicia al percatarse de mi entrega, &nbsp;separando mis piernas, fue bajando por mi cuerpo. Cuando su lengua entretuvo jugando con mi ombligo, creí que me moría y pegando un aullido, le grité:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Hazme sentir nuevamente viva!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi amiga ya imbuida por su papel, abrió con sus dedos los labios de mi sexo y dejó mi botón al descubierto. Fue entonces cuando llevando su cabeza hasta mi entrepierna, la punta de su lengua se aproximó a mi coño. La dudas de lo que estábamos haciendo vinieron a mi mente y suspirando le pregunté si estaba segura. Alicia, sonriendo, comprendió mis reparos y dejándolos a un lado, con una exasperante lentitud se fue acercando. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Dios!-gemí al sentir su aliento. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Con los nervios a flor de piel pero ya dispuesta, le pedí que tomara posesión de su feudo y para recalcar mi deseo, acerqué su cabeza a mi sexo mientras le rogaba que no me dejara a medias.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No pienso hacerlo- respondió &nbsp;mientras recorría &nbsp;mis pliegues y se concentraba en mi erecto botón.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tanto tiempo a dieta y la ternura de mi amiga hicieron que el efecto de sus caricias fuese inmediato y retorciéndome en la cama, &nbsp;me corrí salvajemente. Sorprendida pero igualmente encantada por la violencia de mi orgasmo, mi amante se fue bebiendo mi flujo al ritmo que brotaba de mi chocho. Su insistencia prolongó mi placer en un éxtasis continuado que me hizo desear &nbsp;más. &nbsp;Fuera de sí y con las hormonas de una hembra en celo, Alicia cambio de postura y &nbsp;entrelazó nuestras piernas, pegando mi torturado sexo al suyo. Esa maniobra que tantas veces había visto en las películas pero que nunca había practicado, fue el banderazo de salida a una loca carrera de ambas por encontrar el placer. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://i.imgbox.com/acoeR99E" width="424" height="636"></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fundidas nuestras pieles por la fuerza de nuestra pasión nos lanzamos al galope. Rozando nuestros coños con un frenesí sin igual, compartimos la humedad de nuestros sexos mientras como si estuviéramos lejos de la civilización, no dejábamos de gritar.&nbsp; El escándalo de nuestros gritos debía de oírse en toda la planta y aun así, no sentí ningún reparo porque de esa manera estaba haciendo partícipe a José, mi vecino, que también yo tenía compañía.</span></p>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Alicia debió pensar algo parecido porque mientras posaba sus manos sobre mis pechos y así forzarme a acelerar mis movimientos, me dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Mas alto! ¡Qué se entere de lo puta que es su vecina!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sus palabras me contagiaron de un fervor mayor y lanzándome al galope, busqué tanto su placer como el mío. Chocando continuamente mi coño contra el suyo, conseguí desbordar la pasión de mi amiga y al cabo de unos minutos, la oí gemir de gozo. Su orgasmo aceleró el mío y anegándome por segunda vez en la noche, me desplomé entre sus brazos. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya relajadas, nos quedamos abrazadas una a la otra y en esa postura, nos dormimos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A la mañana siguiente al despertarme, Alicia seguía abrazada a mí y observando su cuerpo desnudo, rememoré el placer que había disfrutado con un sentimiento extraño. Por una parte me era complicado porque no en vano, había sido mi amiga durante años y no sabía cómo iba a reaccionar cuando abriera los ojos, pero por otra no podía negar el placer que sus caricias me habían provocado y por eso me mantuve quieta y que fuera ella quien diera el primer paso.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No llevaba ni cinco minutos despierta cuando noté que se movía y no queriendo que me descubriera cerré mis ojos y me hice la dormida. Os reconozco que estaba horrorizada porque pensaba que sin el aliciente del alcohol tanto ella como yo íbamos a hacer como si nada hubiese ocurrido pero Alicia me sacó de mi error, cuando en silencio y con una ternura sin igual, empezó a acariciar mi cuerpo aprovechando que para ella, estaba todavía soñando.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Eres un putón- susurré al notar sus dedos recorriendo mis pechos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El tono dulce con el que le solté ese improperio, le hizo saber que no ponía ningún reparo a reanudar lo de la noche anterior&nbsp; y por eso ya confiada, usando su lengua recorrió todos mis pliegues y se apoderó del clítoris que tanto le había gustado unas horas antes. Imbuida por la lujuria, usó su lengua para recrearse en mi almeja. Su sabor agridulce la cautivó y por eso no le pareció extraño usarla para follarme como si de su pene se tratara. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al sentir que el placer se iba acumulando en mi entrepierna fue cuando me percaté que aunque nunca me hubiera dado cuenta era bisexual disfrutaba siéndolo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Por favor! ¡Sigue!- aullé al experimentar la caricia de uno de sus dedos en mi ojete.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Decidida a darme nuevamente&nbsp; placer, metió una de sus yemas en mi ojete mientras escuchaba como mi respiración se aceleraba. Alicia estaba tan ansiosa por servirme que no anticipó mi orgasmo hasta que mi flujo empapó sus mejillas y entonces completamente cachonda y con su propio coño anegado de placer, se dedicó a satisfacer a mi gozo.&nbsp; Sus renovadas ganas &nbsp;me llevaron a alcanzar un orgasmo tras otro retorciéndome en la cama y justo cuando caía rendida en el colchón, Alicia comentó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Llevo desde anoche pensando en tu vecino- y poniendo cara de putilla, me preguntó: -¿Te apetece que hoy nos lo follemos entre las dos?&#8230;.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>Como “buenas amigas” decidimos enfrentarnos con José.</b></span></p>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/abimK6mr" width="425" height="638"></p>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Abusando de la fascinación que sentía por él, mi vecino me había citado esa tarde nuevamente en el portal, poniéndome como condición que debía acudir sin bragas. Su idea era como tantas veces aprovechar el trayecto en ascensor para volver&nbsp; a ponerme bruta y después dejarme rumiando sola mi excitación pero en esa ocasión todo iba a ser diferente porque aunque no lo supiera ese día no iba a ir sola.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">¡Alicia me acompañaría!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tal y como había quedado José llegó al portal puntualmente y sonrió al verme esperándole sin percatarse de la presencia de mi amiga. Ella se comportó como si fuera una vecina que casualmente esperaba también al ascensor.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como otros días, el ruín de ese tipo esperó a que entrara en él para ponerse detrás de mí y empezar a tocarme. Lo que no se esperaba es que al sentir sus manos rozando mis pezones, me diese la vuelta y sin darle tiempo a reaccionar bajándole su bragueta, saqué su miembro todavía morcillón de su encierro.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Qué haces!- protestó cortado al no estar preparado pero sobre todo por la presencia de Alicia.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esta ni siquiera se lo pensó y colocándose a su lado, me ayudó a bajarle el pantalón. La sorpresa que se llevó no le dio tiempo a reaccionar y para cuando se quiso enterar, ya le habíamos quitado los pantalones y le habíamos dejado en calzones.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Será una broma?- exclamó cuando le dejamos allí en mitad del ascensor medio desnudo y sin llaves de su piso.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Entonces y desde la puerta de mi piso, mi amiga le respondió:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Para nada. Si quieres que te devolvamos las llaves, antes tendrás que comportarte y dejarnos satisfechas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual entrando en el apartamento, lo dejó abierto para que José entrara detrás. Mi vecino tardó solo&nbsp; unos instantes en comprender que no le quedaba más remedio que acompañarnos e intentando recuperar sus pertenencias, accedió al piso de muy mal genio.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Dadme mis cosas- exclamó al ver que Alicia le esperaba sentada en el sofá.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Con la tranquilidad del que sabe que tiene al otro en su poder, sonrió y abriéndose de piernas, le mostró su sexo desnudo y dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Cállate y empieza a comer.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Indignado, se negó amenazando con llamar a la policía. A ello e interviniendo, contesté pasándole el teléfono:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Toma, llama. Explícales que dos jovencitas te han desnudado en el ascensor y te han quitado las llaves de tu casa. Ja jajá&#8230;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Lo absurdo del planteamiento le hizo recapacitar y todavía de mala leche, preguntó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Si accedo, ¿Al terminar me daréis mis llaves?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Por supuesto- respondí- una vez que nos hayas satisfecho, no nos sirves para nada.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi promesa le tranquilizó y aunque era humillante para él, al final accedió y quitándose la camisa, nos soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Con cuál de las dos putas comienzo?</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Muerta de risa, me senté junto a Alicia y levantándome la falda del vestido, contesté:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Nos da igual. Para que te dejemos ir tendrás que habernos complacido a ambas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Alicia, hurgando en su herido, apoyó mis palabras diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Date prisa que se enfrían los conejos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Derrotado por las circunstancias, a José no le quedó más remedio que arrodillarse frente a nosotras y separándole las piernas a mi amiga, empezar a lamer su sexo. Lo que no se esperaba fue que la rubia le parara y pusiera uno de sus pies a la altura de su cara, diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Empieza por mis dedos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa nueva humillación le encolerizó más pero aun así, abriendo su boca, sacó la lengua y comenzó a recorrer con ella las comisuras de sus dedos. Alicia, no contenta con ese pequeño triunfo, me abrazó y me besó mientras José obedecía sus órdenes. Os juro que ver a ese cabrón prostrado, me excitó y bajando los tirantes de mi vestido, puse mis pechos a disposición de mi amiga. La rubia no les hizo ascos y se puso a mamar de ellos mientras mi vecino seguía lamiéndole los pies. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Qué boca tienes! ¡Cabrona!- exclamé al sentir la húmeda caricia de su lengua recorriendo mis areolas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Alicia al escuchar mis gemidos, incrementó su lactancia mientras separaba sus rodillas, diciendo a José de ese modo que ya podía subir por sus piernas. El moreno quizás azuzado por la escena lésbica que estaba contemplando, fue dejando un mojado surco por sus pantorrillas en dirección a su meta. Para entonces ya estaba brutísima y por eso llevé mis manos hasta las tetas de la rubia y sacándolas por el escoté, me dediqué a acariciarlas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al recibir ese doble estímulo, la rubia no pudo más que empezar a gemir de placer y mordiendo uno de mis pezones, incitó mi morbo diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Puta mía, ¡Necesito comerte el coño!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ni que decir tiene que al oírla, la complací y poniéndome a horcajadas sobre ella, puse mi sexo en su cara. Alicia en cuanto vio mi vulva a su alcance, usó sus dedos para separarme los pliegues y ya con mi botón al descubierto, sacó su lengua y empezó a relamerlo con fruición. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Cómo me gusta!- gemí olvidando momentáneamente a ese moreno que para entonces ya iba por los muslos de mi amiga.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="color: #333333;"><br />
<img decoding="async" class="alignleft" src="http://i.imgbox.com/aduNKPCS" width="425" height="638">Mi aullido aguijoneó la excitación de la rubia que mientras seguía mordisqueándome el clítoris, con un dedo comenzó a penetrar mi conducto con una rapidez que no tardó en sacar de mi garganta nuevos chillidos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Sigue que me estás volviendo loca!- grité sintiendo que mi coño se encharcaba.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Dispuesta a darme placer, Alicia incrementó la velocidad con la que sus yemas me follaban mientras entre&nbsp; sus piernas, José ya había alcanzado su sexo. Al notar que mi vecino se apoderaba de su propio botón, gimió descompuesta diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-A mí, ¡No! ¡Fóllate a mi zorrita!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi vecino tardó en comprender los deseos de mi amiga, por lo que tuvo que ser ella quien me bajara de su cara y pusiera mis nalgas a su disposición. Aunque intenté protestar, Alicia no cedió y con tono dominante, me ordenó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Deja que te folle mientras tú me comes el chumino.</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para entonces José ya se había repuesto y colocando su glande entre mis labios, comprobó que mi sexo estaba suficientemente lubricado y de un solo empujón, hundió todo su miembro en mí.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Dios!- chillé al notar mi conducto invadido y la cabeza de mi pene chocando contra la pared de mi vagina.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Increíblemente excitada, me agaché entre las piernas de mi amiga y me puse a saborear su flujo mientras ese cabrón comenzaba un mete saca de lo más estimulante.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Te gusta, ¿Verdad?, putita- susurró la rubia en mi oído.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Síííí..- gemí ya dominada por el placer que asolaba mis entrañas y recreándome en el chocho de Alicia, bebí sin parar del néctar que manaba de sus entrañas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A mi espalda, José cada vez se sentía más cómodo y menos humillado por lo que ya sumido en la acción, no tuvo reparo para darme un duro azote diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Mete dos de tus dedos en esa puta.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su sugerencia lejos de molestarme, me estimuló y cumpliendo sus deseos, introduje dos de mis yemas en el coño hirviendo de la rubia. Mi amiga al sentir esa invasión separó aún más sus rodillas comunicándome su aceptación.&nbsp; </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi vecino viendo su entrega, volvió a azotar mi culo incitándome a sumar un tercer dedo a los otros dos. Alicia estaba tan mojada que su sexo no tuvo problemas en aceptar las caricias de tres falanges moviéndose en su interior.&nbsp; La facilidad con la que los absorbió y los gemidos de placer que salieron de su garganta, incrementaron el morbo que sentía y sin que tuviera José que pedírmelo, metí un cuarto.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Eres muy mala- chilló llena de gozo al experimentar la presión de tantos dedos en su interior.</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando decidí probar su resistencia y mientras sentía que me estaba derritiendo por el acoso de la verga de mi vecino dentro de mí, introduje el último.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me encanta!- oí que Alicia decía mordiéndose los labios de placer.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya puesta y observando que el coño de mi amiga era capaz de todo, presioné mi mano e introduje toda ella en su interior.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me duele pero me gusta!- bramó como cierva en celo al sentir mi puño dentro de su vagina y retorciéndose sobre el sofá, gritó: -¡Hazme más puta de lo que soy!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Comprendí lo que me pedía y cerrando mi mano en su interior comencé a mover mi puño&nbsp; golpeando suavemente las paredes de su sexo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡No pares!- chilló y mientras todo su ser se licuaba, insistió: ¡Hazlo duro! </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sus palabras me terminaron de convencer y con rápidos movimientos de muñeca, como si fuera un martillo asolé sus defensas hasta que pidiendo una tregua se desplomó sobre el sofá. El observar su orgasmo no solo no apaciguó mi morbo sino que lo aceleró y mientras le exigía a José que siguiera follándome, usando mi puño golpeé sin parar su interior.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Por favor!- aulló al notar que su clímax se prologaba uniéndose con el siguiente- ¡No puedo más!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La sensación de tenerla en mis manos fue tan placentera que sin dejarla de machacar pedí a mi vecino que derramara su simiente dentro de mí. El moreno ya contagiado de nuestra pasión me cogió&nbsp; de las caderas y comenzó un cruel asalto que no tardó en conseguir sus frutos:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me corro!- berreé gritando al sentir que todo ese cúmulo de sensaciones me estaban desbordando y que mi cuerpo estaba a punto de estallar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">José al escuchar mis gritos, aceleró aún más si cabe el ritmo de sus incursiones y coincidiendo con mi orgasmo, noté las brutales explosiones de su pene bañando con su lefa mi vagina.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Cabrón, ¡No te has puesto condón!- grité asustada al caer que me estaba follando a pelo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como comprenderéis trate de zafarme pero olvidando cualquier recato, me agarró de las tetas e inmovilizándome, prosiguió esparciendo su simiente en mi interior. La angustia de poder quedarme embarazada y la imposibilidad de evitarlo, amplificó ´mi placer regalándome un orgasmo tan brutal que caí sobre mi amiga, babeando e incapaz de moverme.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando José sacando su verga, no soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Ya he cumplido, ¿Dónde están mis cosas?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Agotadas y satisfechas, le dijimos donde estaban y sin movernos del sofá, observamos cómo se ponía el pantalón y revisaba si tenía las llaves. Habiendo comprobado que podía irse, mi vecino se acercó a nosotras y mientras nos pellizcaba un pezón a cada una, se despidió diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Mañana, os espero a las ocho. ¡Venid sin bragas y con ganas que os dé por culo!</span></div>
<p><span style="background-color: white; color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; text-align: justify; font-size: 14pt;">Tras lo cual, nos dejó allí tiradas sabiendo que al día siguiente ni Alicia ni yo podríamos evitar estar allí puntuales.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><br />
</b><b>Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><b>golfoenmadrid@hotmail.es</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"></div>
<div style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 14px; text-align: justify;"></div>
<div><img decoding="async" class="alignnone size-full" src="http://i.imgbox.com/abpcjchD" width="1600" height="1067"></div>
<div style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background-color: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;"></div>
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		<title>&#8220;JUGANDO A SER DIOSES: Experimento fuera de control&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR LOUISE RIVERSIDE Y GOLFO)</title>
		<link>https://pornografoaficionado.com/jugando-a-ser-dioses-experimento-fuera-de-control-libro-para-descargar-de-louise-riverside-y-fernando-neira</link>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2026 07:29:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
		<category><![CDATA[LOUISE RIVERSIDE]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Un magnate de bolsa, cansado y asustado por los continuos ingresos de su única heredera en clínicas de desintoxicación, ve en las novedosas teorías de Jack Mcdowall, un neuropsiquiatra con un oscuro pasado como agente de la CIA, la única forma de que su hija deje las drogas. No le importa que el resto de la comunidad científica las tache de peligrosas y decide correr el riesgo. Para ello no solo lo contrata, sino que pone a su disposición el saber y la intuición de una joven química, pensando que esas dos eminencias serán capaces de tener éxito donde [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07G3HDBHN"><img decoding="async" width="1024" height="364" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-1024x364.jpg" alt="" class="wp-image-18413" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-1024x364.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-300x107.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-768x273.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p><span style="font-size: 18pt;">Sinopsis:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt; font-family: georgia, palatino, serif;">Un magnate de bolsa, cansado y asustado por los continuos ingresos de su única heredera en clínicas de desintoxicación, ve en las novedosas teorías de Jack Mcdowall, un neuropsiquiatra con un oscuro pasado como agente de la CIA, la única forma de que su hija deje las drogas. No le importa que el resto de la comunidad científica las tache de peligrosas y decide correr el riesgo. Para ello no solo lo contrata, sino que pone a su disposición el saber y la intuición de una joven química, pensando que esas dos eminencias serán capaces de tener éxito donde los demás han fracasado.<br>Desde el principio existen claras desavenencias entre ellos pero no amenazan el resultado porque lo quieran o nó, sus mentes se complementan&#8230;. hasta que el experimento se sale de control.<br>En este libro, Louise Riverside y Fernando Neira se unen para crear una atmósfera sensual donde los protagonistas tienen que lidiar con sus miedos sin saber que el destino y la ciencia les tiene reservada una sorpresa..</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>MÁS DE 200 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07G3HDBHN"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>https://www.amazon.es/dp/B07G3HDBHN</em></span></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Capítulo 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Jack McDowall se había quedado sin trabajo. Hasta que publicó su último ensayo en Journal of Psychology, todo el mundo reconocía su valía como neuro psiquiatra, pero las controvertidas propuestas que se había atrevido a enunciar en esa revista lo habían convertido en un paria, un peligroso iluminado.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Y si supieran que dichas teorías las desarrollé en gran parte gracias a mi labor en la CIA, querrían lapidarme», se dijo pensando en la mala prensa que tenían todos aquellos que habían servido en Afganistán.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Todavía recordaba la defensa que había hecho del tema cuando el decano de la prestigiosa universidad en la que colaboraba le había comunicado que debía tomarse una excedencia.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―John, no he dicho nada que la gente no supiera― comentó al verse acorralado por la polémica: ―Solo sistematicé una serie de técnicas que se vienen utilizando desde hace años y les di una aplicación práctica en un problema que acucia a toda la sociedad.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No me jodas, Jack. Siempre te ha gustado provocar y hasta el título de tu artículo “Violencia coercitiva y uso de sustancias en la desintoxicación de drogadictos” es una muestra de ello.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Defendiéndose, el neuro psiquiatra respondió que su ensayo que estaba dirigido a un público informado y no a la plebe.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Exactamente por eso, ¿no te das cuenta de que lo que sostienes es el uso de drogas sustitutivas y el lavado de cerebro como medio para desenganchar a los enfermos? ¿Qué pasaría si tus técnicas las usara un desaprensivo que se cree un mesías?&#8230; ¡No tendría problemas en convertir a sus acólitos en zombis incapaces de pensar!</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Acaso Seaborg o McMillan son responsables de las bombas atómicas por haber descubierto el plutonio? Los científicos tenemos que estar por encima de eso― protestó acaloradamente: ―Por supuesto que los métodos que propongo pueden ser usados en otros fines, pero no por ello dejan de ser menos válidos. Piensa en los millones de personas que dependen de las drogas en nuestra sociedad, ¡les estoy dando una salida a sus miserables vidas!</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¡Te equivocas! Lo que realmente has hecho es sistematizar y perfeccionar una herramienta con la que se puede controlar a las masas y eso crearía una sociedad cautiva, sometida y sin libertad. ¡Una dictadura perfecta!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que le acusaran veladamente de nazi le indignó porque no en vano había dedicado dos años de su vida a combatir los estragos que los talibanes habían provocado en la mente de los americanos que habían caído en su poder.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No acepto una simplificación como esa. Si un presidente quiere un lavado de cerebro en masa solo tiene que coger el teléfono y llamar al dueño de Facebook.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Esa es tu opinión, pero no la del consejo. Por eso hemos decidido que debes tomar un año sabático mientras todo se calma― sentenció su jefe dando por terminada la conversación.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Sigo sin poder aceptar que los miembros de la élite cultural de este país sean tan estrechos de mente», murmuró preocupado porque llevaba una semana buscando otra universidad que le diera cobijo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Y todas con la que había contactado le habían dado largas cuando no le habían rechazado directamente. Por ello esa mañana, estaba en casa intentando hacer algo para romper la monotonía en que se había instalado desde que le habían notificado su cese, cuando escuchó el sonido agudo del timbre.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«¿Quién será?», se preguntó extrañado de que alguien, rompiendo su aislamiento, estuviera llamando a su puerta.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Al abrirla, se encontró con un chofer que tras cerciorarse de quien era, señalando la limusina que conducía, le pidió educadamente que le acompañara porque su jefe quería verle.</span><br><span style="font-size: 14pt;">La sorpresa no le dejó reaccionar y antes de poder recapacitar, se vio dentro del lujoso vehículo con rumbo desconocido.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Ni siquiera le he preguntado quién le manda», murmuró para sí mientras decidía si pedirle que parara o dejar que le llevara hasta su superior. La ausencia de otras ocupaciones le hizo comprender que nada tenía que perder y por eso relajándose, disfrutó de la comodidad de su asiento mientras a través de la ventana observaba la ajetreada vida de los neoyorquinos, sabiendo que muchos de ellos necesitaban una pastilla o una dosis de cocaína para levantarse todas las mañanas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Si me dejaran terminar mis estudios, ¡podría salvarlos!», se lamentó sintiéndose una víctima de la hipocresía reinante entre la clase pensante de ese país.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Seguía torturándose con lo que consideraba una injusticia equivalente a la que había que había sufrido Copérnico por hablar de heliocentrismo cuando de pronto el conductor paró frente a un impresionante edificio de la Quinta Avenida.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«¡Menuda choza tiene por oficina el que vengo a ver!», sentenció mientras junto al uniformado recorría el hall de entrada.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Si el lujo de esa construcción le había dejado apantallado, más lo hizo el que el sujeto que fuera a ver tuviera un ascensor privado cuyo único destino era su despacho.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Esto huele a servicio secreto», dijo para sí pensando que quizás algún jerarca de una oscura agencia de seguridad había sabido de sus teorías, y escamado tras su experiencia en la Agencia, pensó: «Si es así, ¡me voy! ¡No voy a trabajar más para el gobierno!».</span><br><span style="font-size: 14pt;">Los veinte segundos que ese elevador tardó en llegar a la planta superior le parecieron eternos y por eso se animó cuando por fin sus puertas se abrieron. La alegría le duró poco al reconocer al tipo que se acercaba renqueando hacía él.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«¡No puede ser!», murmuró en silencio confundido porque el hecho de que quien casi lo había secuestrado fuera uno de los más famosos magnates de Wall Street, «¿Qué cojones querrá de mí Larry Gabar?».</span><br><span style="font-size: 14pt;">Su cara y su nombre eran habituales en los periódicos financieros de todo el mundo, pero también en los sensacionalistas por los continuos escándalos que su hija Diana provocaba cada dos por tres. No sabiendo a qué atenerse y tras saludarlo con un apretón de mano, lo siguió hasta su despacho.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«En persona, parece más viejo», sentenció fijándose en las profundas arrugas que surcaban la cara del ricachón.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Acababa de sentarse cuando ese hombre acostumbrado a enfrentarse con tiburones de la peor especie, con el dolor reflejado en su rostro, le soltó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Muchas gracias por venir, necesito su ayuda.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que un sujeto como aquel se rebajara a hablar con un profesor de universidad ya era suficientemente extraño, pero que encima casi llorando le pidiera auxilio le dejó pasmado. Desconociendo en qué podía socorrerlo, Jack espero a que continuase.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Mis contactos me han explicado que usted está desarrollando una novedosa terapia para desenganchar a drogodependientes.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Así es, pero todavía está en pañales.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Levantando su ceja, Larry Gabar le taladró con la mirada:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No es eso lo que me han dicho. Según mis fuentes, solo está a expensas de que alguien financie la puesta en práctica de sus teorías y ¡ese voy a ser yo!&#8230; Siempre que acepte mis condiciones.</span><br><span style="font-size: 14pt;">A pesar de que para él era vital que alguien sufragara los enormes gastos de sus estudios, supo de inmediato que el interés de ese hombre no era mero altruismo, sino que era debido por algo que estaba a punto de conocer. Por eso, controlando el tono de su voz, para no revelar su alegría, Jack le preguntó cuáles eran esos requisitos que tenía que cumplir.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Como me imagino que sabe, tengo una hija drogadicta. Quiero que la desenganche de esa mierda y que no vuelva a recaer.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El neurólogo comprendió lo peligroso que podría resultar tratar a la hija de uno de los hombres más poderosos de todo Estados Unidos, pero también que, de tener éxito, al hacerlo se le abrirían las puertas que de otra forma permanecerían cerradas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No tengo problema en tratarla una vez se haya confirmado la validez de mis métodos― contestó aceptando implícitamente el hacerse cargo de su vástago.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¡Mi hija no puede esperar! ¡Cualquier día la encontrarán tirada en un rincón víctima de una sobredosis! ¡Debe usted empezar de inmediato!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Esa era la contestación que más temía. No en vano sus planteamientos seguían siendo eso, planteamientos que jamás habían sido puestos en práctica. Tratando de no perder esa financiación, pero también que el millonario aquel comprendiera lo novedoso de los métodos que proponía, le preguntó si sabía en qué consistía la terapia.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Para su sorpresa y sacando un dosier, se lo dio diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Me he informado y si acepto que un antiguo interrogador de la CIA le lave el cerebro a mi pequeña, es porque lo he intentado todo. Me trae al pairo como lo consiga, solo quiero a Diana lejos de las jeringuillas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">No supo que decir. Se suponía que nadie sabía que, además de ayudar a las víctimas de los Talibanes, la compañía lo había utilizado para sonsacar los planes a esos fanáticos. Jack mismo intentaba olvidarlo porque le avergonzaba el haber usado sus conocimientos como torturador.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que ese hombre estuviera al tanto de ese papel, lo dejó acojonado al comprender que había tenido que usar todo su poder para conseguir esa información. Tras reponerse de la sorpresa, supo que de nada serviría fingir ni minorar el riesgo que ser la cobaya con la que experimentarían por primera vez sus arriesgadas teorías, replicó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Es consciente que la llevaré al borde del colapso físico y psíquico para poder manipular su mente y del peligro que se corre.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Con una mueca amarga en su boca, Larry Gabar contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Lo sé y antes de verla un día más tirada como piltrafa, prefiero correr el riesgo de que muera.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Impresionado por el valor del viejo, insistió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Sabe que para ello propongo usar unas drogas que todavía no están plenamente desarrolladas?</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Eso cree, pero no es cierto. Tras leer su artículo, puse a mi gente a indagar y descubrí que existen.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No es posible, ¡yo lo sabría! ― el neurólogo contestó casi gritando porque, de ser cierto, podría poner en práctica sin más dilación sus teorías.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Apretando un botón, el ricachón pidió a su secretario que hiciese pasar a su otro invitado.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jack, le presentó a J.J., la investigadora que ha creado unos compuestos que se adecuan a sus requerimientos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Le costó creerse que esa joven rubia fuera experta en química orgánica. Por su juventud parecía más una colegiala que una científica y tampoco ayudaba que el jersey de cuello que llevaba fuera el que usaría una militante de ultraizquierda.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Encantado de conocerla ― aun así, se presentó como si fuera una colega.</span><br><span style="font-size: 14pt;">La recién llegada masculló a duras penas un hola, tras lo cual se hundió en un sillón como si esa conversación no fuera con ella. Gabar sin duda debía conocer las limitadas habilidades sociales de la muchacha porque olvidándose de la autora, empezó a explicar sus descubrimientos leyendo un documento que tenía en sus manos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Llevaba menos de un minuto, relatando las propiedades de las diversas sustancias cuando impresionado por lo que estaba oyendo, Jack le arrebató los papeles y se los puso a estudiar en silencio.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El ricachón obvió la mala educación del neurólogo y sabiendo que lo había deslumbrado, esperó sonriendo que terminara.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«No me lo puedo creer, ¡ha modificado la metadona añadiendo unas moléculas que nunca había visto!», exclamó mentalmente mientras repasaba una y otra vez las supuestas propiedades de ese compuesto.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Lo novedoso de ese desarrollo lo tenía alucinado porque saliéndose de la línea que se estudiaba en todo el mundo, esa niña había planteado una nueva vía que se ajustaba plenamente a sus requerimientos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Quién es usted? ― le espetó al no entender que jamás hubiese oído hablar de ella, de ser cierto todo aquello, esa pazguata era el químico más brillante que jamás conocería.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jota .</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Tendrá apellido? ― molesto Jack preguntó.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jota ― sin levantar su mirada replicó ésta con un marcado acento español.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Interviniendo, el ricachón explicó al neurólogo que, en el acuerdo que había llegado con ella, estaba mantener su identidad oculta porque quería seguir viviendo anónimamente una vez acabara su colaboración.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack estaba a punto de protestar cuando de improviso escuchó a la cría alzar la voz:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Como comprenderá, de saberse, los cárteles de la droga llamarían a mi puerta porque mis compuestos se podrían fabricar a una ínfima parte de los que ellos distribuyen. Solo he accedido a desarrollar lo que usted necesitaba porque me interesa que tenga éxito y consiga sacar de las drogas a la gente.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Me está diciendo que los ha hecho exprofeso para mi investigación? ¡Eso es imposible! De ser verdad, ¡solo ha tenido un mes para conseguirlo!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Levantado su mirada por unos momentos, contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Tardé quince días. La verdad es que me resultó fácil porque, con su artículo, usted mismo me fue guiando.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El cerebro que debía poseer esa criatura para llevarlo a cabo hizo crecer en una desconfianza creciente porque nunca había escuchado algo igual. Por ello y dirigiéndose al magnate, preguntó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Usted se creé esta mascarada. Me parece una estafa. Es técnicamente imposible.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Riendo a carcajadas, Gabar le respondió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jota lleva trabajando para mí desde los dieciséis años y si ella dice que sus compuestos cumplen las condiciones que usted planteaba, le puedo asegurar que es así. Confío en ella y usted deberá hacerlo porque, si acepta mi oferta, trabajarán juntos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que esa veinteañera fuera un genio que llevaba en su nómina desde niña le intimidó, pero también le hizo comprender que, junto a ella, su proyecto avanzaría a pasos agigantados y venciendo sus reticencias, se puso a negociar con el magnate las condiciones en las que se llevaría a cabo ese experimento.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Contra todo pronóstico, Larry Gabar no discutió apenas los términos y en lo único que se impuso fue en que quería que la desintoxicación de su hija tuviera lugar en una de sus instalaciones.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Al explicarle que estaba alejada más de cincuenta kilómetros del pueblo más cercano y que Diana no la conocía, Jack aceptó porque era necesario aislar al sujeto de todo lo que le resultara familiar, así como de cualquier estímulo que le hiciera recaer.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Lo que no le gustó tanto fue que, al cerrar el acuerdo, la tal Jota preguntara al magnate si era seguro que se quedarán ellas dos solas ¡con un torturador!&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Capítulo 2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Larry Gabar tenía previsto que aceptara el encargo y por eso, cuando Jack estampó su firma en el contrato que le uniría al magnate, apenas le dejó tiempo para ir a casa a preparar su maleta. Para su sorpresa, la finca donde pasarían los siguientes tres meses ya estaba completamente equipada para la labor.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Diana llegará en tres días. Para entonces espero que todo esté listo para comenzar su desintoxicación― informó al neurólogo: ―Por lo que, si encuentra algo a faltar, dígamelo y se lo haré llegar.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Una pregunta, ¿su hija está de acuerdo con internarse?</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Acaso importa? ― replicó el padre.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Lo digo por mero formalismo legal porque desde el punto de vista del tratamiento, da igual.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El sesentón respiró aliviado al escuchar que no hacía en principio falta el consentimiento de la paciente, pero sacando un papel, se lo entregó a Jack diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Diana fue incapacitada por un juez y como su tutor soy yo el que lo autoriza.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack ni siquiera leyó el documento porque sabía que en caso de un percance de nada serviría tenerlo al tenerse que enfrentar con los mejores abogados del país. Aun así, se lo guardó. Tras despedirse del ricachón, se percató que Jota le seguía y girándose hacia ella, le preguntó si le iba a acompañar al avión.</span><br><span style="font-size: 14pt;">La rubia contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Considero necesario estar desde el principio porque además de crear las sustancias que usted vaya necesitando, mi otra función será informar a nuestro jefe de los avances que vayamos teniendo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">A Jack le gustó que reconociera sin tapujos que era una infiltrada del magnate porque así sabría a qué atenerse. Quizás por ello, en plan gentil, le cedió el paso mientras salían del despacho, sin saber que al hacerlo la muchacha malentendería ese gesto y cabreada le exigiría que fuera esa la última vez que se comportara como un cerdo machista.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Mira niña, antes me acusaste de torturador y me quedé callado. Pero el colmo es que ahora me insultes tildándome de sexismo sin conocerme. Intenté ser educado, pero ya que lo prefieres así: ¡mueve tu puto culo que tenemos prisa!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Nadie la había tratado jamás con tanta falta de consideración y como no estaba acostumbrada a ese trato, anotó esa afrenta para hacerle saber lo que pensaba en un futuro, pero no dijo nada.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Si cree que me puede tratar así, va jodido», sentenció sin dirigirle la palabra.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack deploró el haberse dejado llevar por su carácter, pero tampoco hizo ningún intento por disculparse.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Menudo infierno va a ser tener que vivir con esta imbécil. Sería darle la razón, pero lo que me pide el cuerpo es ponerla en mis rodillas y darle una tunda para que aprenda a tener más respeto», pensó fuera de sí…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Una hora después el avión personal de Gabar estaba despegando del aeropuerto de LaGuardia con el neurólogo y la joven química en su interior. La falta de sintonía entre los dos quedó de manifiesto al sentarse cada uno en una punta para así no tener que hablar siquiera entre ellos. Es más, por si le quedaba alguna duda, Jota sacó de su bolso dos libros y se los puso a leer, dándole a entender que no deseaba entablar ningún tipo de comunicación.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack reconoció por sus tapas que eran libros de psicoanálisis y eso le dejó perplejo porque lo especializado de su temario hacía que solo alguien versado en la materia pudiera entenderlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Tratando de devolver veladamente sus insultos, desde su asiento ofreció a la rubia su ayuda diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Si necesitas que te aclare algún concepto, solo tienes que pedirlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Levantando su mirada y por un momento, la cría le pareció humana, pero fue un espejismo porque al momento, luciendo una sonrisa de superioridad, esa bruja contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No creo que me haga falta, solo estoy repasando conceptos que tengo un poco oxidados. Piense que ya hace cuatro años que me doctoré en psiquiatría y desde entonces apenas he tocado estos temas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">No sabiendo que le jodía más, si que ese cerebrito fuese doctora en su misma rama o que lo hubiese dejado caer sin darle importancia, Jack replicó molesto que, ya que sabía del tema, quería escuchar su opinión sobre el método que él proponía para desenganchar de las drogas a los pacientes.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Sin separar los ojos del libro, Jota respondió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Es un enfoque que en un principio me escandalizó, pero tras meditarlo, comprendí que podía ser acertado el planteamiento. Hasta ahora todos los psiquiatras han tratado a los drogodependientes por medio de la persuasión, pero usted propone algo más. Mientras ellos se conformaban con se alejen de las drogas, usted desea que piensen y se sientan libres de ellas, aunque para ello tenga que usar la coerción para moldear los flujos de información de sus cerebros.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Al oír sus palabras, esa criatura lo había descolocado porque había sintetizado en apenas treinta segundos su teoría. Por ello, menos molesto, le preguntó qué pasos creía que iba a seguir para conseguirlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Nuevamente, me toma por novata― respondió Jota: ―cualquier estudiante de primero puede responder a esa pregunta: Lo primero que va a hacerle es una revisión física completa mientras sigue confusa por hallarse en un ambiente hostil. Me imagino que además de los análisis normales, le hará unos escáneres para comprobar el daño que las drogas han hecho en su cerebro.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Así es― confirmó el neurólogo: ― por mi experiencia si sabemos que el estado de sus lóbulos y cómo funcionan, nos resultará más sencillo detectar las debilidades que vamos a usar para manipular su mente.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Qué espera encontrar en Diana?</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Deterioros en su capacidad cognitiva, memoria dañada, falta de autocontrol… nada que no haya visto antes― contestó.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Confirmando a su interlocutor que conocía a su futura paciente, Jota insistió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Diana no es la típica drogata. Además de ser una mujer bellísima, de tonta no tiene un pelo. Se ha llevado a la cama a todos y cada uno de los terapeutas que su viejo ha puesto en su camino.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No dice nada en su historial― cabreado señaló Jack mientras revisaba su expediente ― ¿Cómo nadie me ha avisado de algo así? ¡Es importantísimo!</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Me imagino porque esos papeles han sido escritos por los mismos que sedujo y nadie es tan honesto de dejar al descubierto sus pecados.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Sabrás lo importante que es el sexo en el sistema de recompensas cerebrales. El placer puede ser la herramienta con la que hacerla cambiar. Las dosis de dopamina que se producen en cada orgasmo las podemos aprovechar para desmoronar su adicción a otras sustancias.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Está hablando de hacerla adicta al sexo? ¿Eso sería cambiar una adicción por otras?</span><br><span style="font-size: 14pt;">―En un principio puede ser, pero cuando ya esté recuperada de las sintéticas será más fácil tratarla y no existen casi contraindicaciones. ¡A todos nos viene bien echar un polvo!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jota estuvo a punto de protestar porque siempre había tenido dudas sobre los efectos beneficiosos del sexo más allá de los meramente físicos. Además, ella nunca se había visto atraída por otra persona, con independencia de su sexo, pero considerando que su vida personal no tenía nada que ver en el tratamiento, se lo quedó guardado.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«No me interesa que este capullo sepa que soy virgen y menos que nunca he sentido un impulso sexual. Como el manipulador que es, lo usaría en mi contra», decidió en el interior de su mente.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Asumiendo que era una anomalía, no por ello podía negar que la lujuria era común a la mayoría de los humanos. Y dando la razón en principio al neurólogo, aceptó desarrollar un compuesto que incrementara el deseo físico y la profundidad de los orgasmos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Por lo que deduzco, quiere una especie de “Viagra femenino” con los efectos que supuestamente produce el “Éxtasis”, mayor sensibilidad táctil, disminución de ansiedad e incremento del deseo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Sí y no me vale con un coctel de serotonina. Necesito que pienses en algo que incremente exponencialmente el placer. Tienes cuatro días para diseñarlo y producirlo, quiero usarlo en nuestra paciente en mitad de su síndrome de abstinencia para que psicológicamente su impacto sea mayor.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Lo que me manda es complicado por falta de tiempo, pero intentaré que al menos ese día tenga algo con lo que trabajar, aunque luego perfeccione la fórmula― respondió la rubia mientras sacaba su portátil y se ponía a trabajar.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Mirandola de reojo, Jack observó cómo se concentraba en la misión mientras se preguntaba cuántos químicos que conocía hubiesen aceptado ese imposible.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Ninguno», sentenció, «todos me hubiesen mandado a la mierda y llamándome loco, ni siquiera lo hubiesen intentado» …</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Me pone super cachonda el cabrón de mi vecino&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2026 00:45:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160; &#160; &#160;Toda mujer que se precie debería de huir de mi vecino si quiere mantener un mínimo de dignidad. Desgraciadamente desde casi niña me han gustado los “malotes” y por mucho que intento evitarlos, siempre caigo en sus redes.&#160; Me imagino que si algún día se lo contara a un psicólogo, este me vendría con la típica explicación freudiana pero yo me conozco y sin entrar en más detalles, sé que me vuelven loca los tipos golfos. Ya en el instituto solo salía con los más mujeriegos y si encima eran repetidores, mucho mejor. Un claro ejemplo es el [&#8230;]]]></description>
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<div style="clear: both; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/W/13kWe/malena-morgan-masturbandose-piscina-01.jpg">&nbsp;</a></span><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Toda mujer que se precie debería de huir de mi vecino si quiere mantener un mínimo de dignidad. Desgraciadamente desde casi niña me han gustado los “malotes” y por mucho que intento evitarlos, siempre caigo en sus redes.&nbsp; Me imagino que si algún día se lo contara a un psicólogo, este me vendría con la típica explicación freudiana pero yo me conozco y sin entrar en más detalles, sé que me vuelven loca los tipos golfos.</span></p>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Ya en el instituto solo salía con los más mujeriegos y si encima eran repetidores, mucho mejor. Un claro ejemplo es el imbécil que me desvirgó. No es que esté muy orgullosa de esa etapa pero, para que me comprendáis mejor, debo contároslo. Fue en el penúltimo curso y tenía apenas dieciséis años cuando Tato me pidió salir.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">El tal Tato era tres años mayor que yo, borracho, impresentable y&nbsp; un desastre en los estudios pero tenía dos grandes virtudes: Era relaciones de una discoteca y para colmo, guapo. Por eso no es de extrañar que mi primera relación sexual fuera en los baños de un bar y sin preservativo. Nunca creí que ese subnormal fuera mi príncipe azul pero tampoco que al terminar y todavía con mi coñito sangrando, me dejara.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Como os imaginaréis, me pasé quince días temiendo haberme quedado preñada. Por suerte, no fue así y pude seguir con mi vida.&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Mi segundo noviete fue el capitán del equipo de futbol de mi curso, otro idiota. Don Juan en ciernes, Eduardo repartía sus favores a cuantas tontas podía, sin importarle que ellas sí estuvieran enamoradas. Una de esas tontas fui yo. Ver a ese chaval en un pasillo era motivo suficiente para que mi entrepierna se mojara. Por eso cuando después de un partido, él y sus amigos lo estaban celebrando, le di mi primer beso y durante tres meses fui su puta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Me follaba cuando y donde quería. Daba igual que fuera el cole, su casa o el parque, en cuanto Edu me tocaba las tetas sabía que lo siguiente era quitarme las bragas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Terminó ese noviazgo como empezó, un día de partido ese mocoso descubrió que estaba cansado de mí y mandándome a la mierda, se fue con mi mejor amiga.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Aunque puedo seguir enumerando mis parejas, en realidad, no importa, porque el objeto de este relato es mi vecino del octavo. Se llama José y para haceros el cuento corto, si cogéis todos los defectos posibles en un hombre y los metéis en una envoltura atractiva, así es él.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Golfo, dominante, egoísta, manipulador… pero para mi desgracia amante cojonudo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Conozco a ese mal bicho desde que llegué a Madrid cuando el destino quiso que el piso que había alquilado fuera el contiguo al suyo. Mi mal fario empezó el día de mi mudanza cuando al salir cargada del ascensor con dos cajas, me topé con él y luciendo una espléndida sonrisa y mirándome con sus negros ojos, me preguntó si podía ayudarme. Pesaban tanto los dos bultos que no pude negarme y por eso, ese cabrón entró no solo en mi casa sino en mi vida.&nbsp;&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">&nbsp;Reconozco que me encantó su profunda y varonil voz pero lo que realmente me puso a mil fue observar sus músculos cuando me quitó las cajas y las llevó hasta mi salón.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Muchas gracias- alcancé a decir mientras sentía que mi respiración se aceleraba.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Quitándole importancia, ese moreno comentó:</span><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://www.pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/01/03-200x300.jpg"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/t/1GktF/Chelsea.pavlo26%20%2812%29.jpg" width="424" height="635"></a><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://www.pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/01/06-200x300.jpg"><br />
</a><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://www.pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/01/08-200x300.jpg"><br />
</a><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://www.pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/01/09-200x300.jpg"><br />
</a><a style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;" href="http://www.pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/01/11-200x300.jpg"><br />
</a></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Los vecinos estamos para ayudarnos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Os juro que mis braguitas se mojaron al oír que ese machote vivía en el mismo edificio pero pensé que me había meado al verle entrar en la puerta de al lado de la mía diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Por cierto, me llamo José- tras lo cual sin darme tiempo de decirle&nbsp; el mío, cerró la puerta dejándome con las palabras en la boca.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Lo peor fue al volver a mi apartamento y descubrir que antes de irse, ese “señor” había dejado su aroma por doquier. Con los restos de su colonia perfumando mi habitación, comencé a desembalar mis cosas pero su recuerdo hizo que mis hormonas se alteraran.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">“¡Qué bueno está!” pensé mientras involuntariamente me iba calentando al rememorar el volumen de sus bíceps.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Al poco, me tumbé en la cama y ya cachonda perdida, llevé una de mis manos hasta mi pecho mientras la otra se hundía en el calor de mi chochito. La humedad que descubrí en mi sexo fue la confirmación de la atracción que sentía por ese desconocido y recreándome con caricias en el clítoris, me imaginé como sería su miembro.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">“Sera enorme y sabroso”, me dije soñando con el pedazo de verga que suponía habitaba entre las piernas de ese moreno.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi propia calentura y lo que sentí al notar mis dedos hurgando dentro de mi vulva, me hicieron comprender que estaba bien jodida si alguna vez llegaba a convencerlo de compartir mi cama. Dejándome llevar, incrementé mi toqueteó figurándome que era él quien me tocaba. Aun sabiendo que no era más que una ilusión, sentí un latigazo en mi entrepierna al soñar con su caricia. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En mi imaginación, José pellizcó mis aureolas de una forma tan sensual con la que asoló de inmediato mis defensas. Caliente como una perra, soñé con su lengua recorriendo los bordes de mis pechos mientras sus manos bajaban por mi espalda.&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Mierda!, estoy brutísima- grité al visualizar a mi vecino comiéndome a besos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La temperatura de mi cuerpo subía por momentos. La imagen de semental me estaba volviendo loca y rendida a sus supuestos encantos, gemí fantaseando con que sus dedos se hacían fuertes en mi trasero. Verraca como pocas veces, traté de acelerar mi masturbación y gimiendo de placer, cerré mis ojos mientras soñaba con el pene de mi vecino tomando posesión de mi coñito.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Fóllame- chillé por mucho que sabía que era irreal.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Que no estuviera a mi lado &nbsp;no consiguió enfriar mi pasión y por eso cuando en mi mente, José aceleró sus caderas,&nbsp; me corrí. Mi excitación no concluyó con ese orgasmo y profundizando en mi ensoñación, imaginé &nbsp;que su mano había vuelto a apoderarse de mi pecho y lo acariciaba rozándolo con sus yemas. Sonriendo, me miró diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Qué putita es mi vecina!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me mordí los labios al oír su masculina voz y sabiéndome suya, mi deseo volvió a alcanzar límites desconocidos cuando el moreno me agarró de la cintura y me acomodó sobre sus rodillas. &nbsp;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><br />
<img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/t/1GktG/Chelsea.pavlo26%20%2813%29.jpg" width="425" height="638">-¿Me vas a dar tu culo o tendré que buscarme otro? &#8211; me soltó con descaro mientras sus manos se apoderaban de mis nalgas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">“¡No puedo ser tan zorra!”, pensé al disfrutar por anticipado del placer y del dolor que ese enorme aparato me iba a regalar y tragando saliva, esperé su siguiente paso. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Entonces, José viendo mi entrega, cogió su pene y acercándolo&nbsp; a mi entrada trasera, susurró en mi oído:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No me has contestado.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su pregunta me sacó lo perra y chillando,&nbsp; grité:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Tómalo, cabrón.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi insulto espoleó su lujuria y presionando mi esfínter con la punta de su enorme glande, fue forzándolo lentamente. Adolorida pero más excitada de lo que me gustaría reconocer, sentí el paso de su gigantesca extensión mientras invadía mi estrecho conducto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><br />
-¡Dios! ¡Cómo duele!- aullé &nbsp;al notar que su pene me rompía el culito.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A partir de ahí, el dolor fue menguando y ya dominada por el placer, disfruté como una cerda de sus huevos rebotando contra mi culo con cada embestida.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Muévete! ¡Zorra!- susurró y recalcando sus palabras con hechos, me soltó un sonoro azote.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Obedeciendo sus deseos, salté sobre su verga empalándome con rapidez hasta que, de improviso, su verga explotó en mi interior. Y aunque era imposible, sentí su semen como si fuera real rellenando mi conducto trasero. Cada una de las explosiones con las que regó mi interior provocaron que mi deseo se tornara en placer y temblando sobre mi colchón, me corrí nuevamente.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Agotada me desplomé en la cama. Durante largos minutos, fui incapaz de levantarme y solo cuando comprendí que había mucho que hacer, me incorporé. Con mi mente a años luz y mi chocho chorreando, terminé de deshacer mi equipaje. El convencimiento que ante cualquier avance de mi vecino, me sería imposible evitar caer entre sus brazos, me llevó a &nbsp;evitarle a partir de ese día.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="line-height: 115%;">José se entera de la atracción que genera en mí.</span></b><b style="text-align: center;"></b></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;"><br />
<img decoding="async" class="alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/t/1GktI/Chelsea.pavlo26%20%2814%29.jpg" width="425" height="638">Sabiendo del peligro, durante dos semanas conseguí no toparme con él pero el calor del mes de agosto en Madrid y el tiempo trascurrido, hicieron que bajara mis defensas. Todavía recuerdo que esa tarde llegué a casa sudando y sin pensar en que José podía aparecer por ahí, bajé a la piscina comunitaria. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Aunque ya eran las seis de la tarde, el sol seguía cayendo a plomo sobre la capital. Por eso al comprobar que no había nadie en esa zona, directamente me tiré al agua.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¡Qué gozada!- grité al notar que estaba fresca y por eso disfrutando del cambio de temperatura, durante un rato, disfruté del baño sin percatarme de su llegada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Al salir, vi que mi vecino venía acompañado de una rubia tetona. Os reconozco que en un primer momento agradecí que no estuviera solo y por eso no me importó que habiendo al menos dos docenas de tumbonas, hubiesen elegido unas pegadas a mí para tumbarse. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Obviando su presencia, fui hasta la mía y cerrando mis ojos,&nbsp; me puse a tomar el sol.&nbsp; No llevaba ni dos minutos allí, cuando oí que el putón con voz sensual le decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Cariño, ¿Me puedes poner crema?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">El tono de la pregunta me mosqueó y más cuando descojonado el tipo le contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-De acuerdo aunque dudo que tengas bronceador suficiente para tus tetas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Sé que me comporté como una autentica voyeur y que eso estuvo mal pero entreabriendo mis ojos, me puse a espiarlos. Desconozco si José se dio cuenta desde el principio que les estaba observando o por el contrario si me pilló más tarde pero lo cierto es que recreándose en ello, le pidió que se quitara la parte de arriba del bikini.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La rubia al escuchar su orden, no le importó que estuviera a su lado y con gran descaro, se despojó de la prenda. El tamaño de sus senos me pareció todavía más grande cuando al quitárselo rebotaron ya libres de la prisión que suponía esa tela.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Tienes un par de tetas muy ricas- exclamó mi vecino entusiasmado y cogiendo el bronceador, lo comenzó a extender por su piel.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Si al principio sus manos evitaron esas moles y todo parecía normal, la situación cambió en cuanto mi vecino se acercó a las tetas de la rubia porque la muchacha al sentir la cercanía de sus dedos, pegó un gemido apagado. Al escucharlo, José se rio y cogiendo más crema, se puso a extenderla por sus pezones.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Ummm- volvió a gemir la amiga al sentir que extralimitándose en sus funciones, el tipo le estaba pellizcando ambos pezones.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Reconozco que en ese momento lo correcto hubiese sido levantarme pero algo me lo impidió y cada vez más interesada, seguí observándolos de reojo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Durante unos minutos, José se contentó con solo los pechos pero el continuo concierto de gemidos y sollozos le debió azuzar su lado oscuro y por eso, dejando caer una de las manos por el cuerpo de la rubia, la llevó hasta su entrepierna.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Quítate las bragas- escuché que le ordenaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Medio escandalizada abrí los ojos sin llegarme a creer que esa puta fuera capaz de obedecer esa sugerencia. Mi sorpresa fue total al observar que señalando mi presencia, la chavala se las quitó mientras le decía muerta de risa:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¡Estás loco! ¡Tenemos público!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando José, mirándome a los ojos, le respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Cállate y abre las piernas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La sonrisa que lucía en su rostro me dejó paralizada y por eso fui testigo de cómo la rubia separaba sus rodillas dejando el campo libre a sus maniobras. El descaro de ese tipo fue total y sacando de su bolsillo un chupa-chups, le quitó el papel y metiéndoselo en la boca, lo embardunó con su saliva mientras con la otra mano comenzaba a pajearla.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Para entonces, mis hormonas estaban más que alborotadas y perdiendo parte de mi vergüenza, me acomodé en la tumbona para no perder nada de lo que ocurriera. Lo que no me esperaba fue que ese cabrón disfrutando del momento, me diese ese dulce diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Es para ti.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La escena me había puesto tan cachonda que no dudé en cogerlo y llevándolo hasta mi boca, abrí mis labios y me puse a chuparlo como si fuera un micropene. Mi rápida respuesta le satisfizo y olvidándose de mí, se concentró en su amiguita. Dando una clase magistral de cómo se masturba a una mujer, mi vecino separó los pliegues de la rubia y cogió entre sus dedos&nbsp; su clítoris mientras le decía:</span></div>
<div style="clear: both; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Tu público espera que le demuestres lo puta que eres.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La dulce tortura que imprimió a su erecto botón y la certeza de estar siendo observada por mí, excitó a la tetona, la cual llevando sus manos hasta sus pezones, los empezó a retorcer entre sus dedos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Así me gusta- comentó su amante y recalcando el poder sobre ella, le dijo: -Córrete.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La orden provocó un terremoto en la chavala y berreando como si estuviese en celo, descargó su tensión con un sonoro orgasmo. La facilidad con la que ese hombre la manejaba me fascinó y por eso deseé ser yo el objeto de sus caricias. Sin darme cuenta, había retirado una de las copas de la parte superior de mi bikini y me estaba acariciando con el caramelo y su palito.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Para entonces, José se sentía dueño de la situación y sentándose en la tumbona, se bajó el traje de baño y cogiendo a su amiga, le soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Ya sabes que tienes que hacer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">El putón sin cortarse un pelo, se arrodilló frente a él y sacando la lengua, comenzó a lamer su hermoso talle. Ya dominada por el ardor que me quemaba el chochito, me empecé a masturbar mientras admiraba la belleza del sexo de ese Don Juan.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">“¡Menuda polla!”, exclamé mentalmente valorando que diría mi vecino si me sumaba a esa mujer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Conocedora de un buen número de penes, ese en particular me pareció un sueño. No solo era grande y gordo sino tenía una apariencia tan dura que me hizo derretir al imaginarla retozando en mi interior. Visualizando mi entrega, babeé tanto como la rubia con las venas hinchadas de esa verga que temiendo ser capaz de arrodillarme frente a José, preferí usar el puñetero chupa-chups como consuelo y llevándolo hasta mi sexo, lo sumergí entre mis muslos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">“Joder, ¡No puedo ser tan zorra!”, maldije mi calentura al percatarme de lo caliente que me ponía ese capullo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La verdad es que si en ese momento, mi vecino me hubiese pedido que me pusiera a cuatro patas, lo hubiera&nbsp; hecho pero para mi desgracia no solo no lo hizo, sino que viendo lo perra que estaba, se levantó y cogiéndome en los brazos, me tiró a la piscina.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Al salir del agua, recriminé su actitud pero entonces, soltando una carcajada, José me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Tu chocho estaba al rojo vivo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Tras lo cual dejándome empapada y frustrada, se llevó a esa rubia a su apartamento a terminar lo que habían empezado. Nunca en mi vida me había sentido más humillada y aunque esa noche tuve que pajearme sin parar, me juré que aunque fuera el último hombre en el mundo, ¡Nunca cedería ante mi vecino!&#8230;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="line-height: 115%;">José se recrea con mi cachondez.</span></b></span></div>
<div style="text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/t/1GktL/Chelsea.pavlo26%20%2817%29.jpg" width="425" height="638"></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Los siguientes dos meses fueron una jodida tortura. Noche tras noche y semana tras semana, ese maldito tenía siempre compañía. Si ya de por sí era duro saber que al menos una docena de mujeres disfrutaban alternativamente de sus caricias, esa época coincidió con una absoluta sequía de amantes en lo que a mí respecta.</span></p>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">No os podéis imaginar lo que me molestaba cuando al llegar a la cama, tenía que soportar los gritos y gemidos que ese cabrón conseguía sacar de su hembra de turno. Al estar mi piso mal insonorizado parecía que José se las tiraba en mi oreja y eso solo pudo incrementar mi desasosiego.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Las paredes eran tan delgadas que al cabo de los días, comencé a reconocer a sus parejas por sus berridos y aunque intenté no oírlas, al final les puse hasta mote. La rubia era la gritona, una morena que al final de cada polvo se echaba a llorar era la infiel. Luego estaba una que le gustaban los azotes a la que llamé&nbsp; la sumisa, otra que no paraba de recriminarle que anduviera con más mujeres era la mojigata y así hasta completar la extensa lista.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">En contraposición con su éxito, estaba mi infortunio. Por mucho que intenté llevarme a varios tipos a la cama, solo obtuve fracaso&nbsp; tras fracaso. El que no era gay, tenía pareja y mientras tanto mi almejita desfallecía por la ausencia de caricias.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Si eso ya era frustrante, lo peor comenzó a partir de una tarde en que al llegar a mi edificio, me topé con él y con una vecina al tomar el ascensor. Mascullando un breve saludo, entré en él. Como nuestra vecina llevaba la compra, observé a José ayudando tras lo cual se colocó a mi lado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Todavía no había llegado a cerrarse cuando de pronto sentí su mano acariciando mi trasero. Creo que de haber ido sola con él, le hubiese abofeteado pero la presencia de esa viejita me hizo callar por miedo al escándalo.&nbsp; Mi ausencia de respuesta le animó y poniéndose a mi espalda, llevó sus manos hasta mis muslos y levantando mi falda, dejó mi culo al aire.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">“¡Sera hijo de perra!” exclamé mentalmente al notarlo pero increíblemente no hice nada y permití que con descaro, magreara ambas nalgas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La sensación de estar siendo cuasi violada frente a esa vecina me puso como una moto y pegando mi trasero contra su sexo, descubrí que mi agresor estaba también excitado. Ese descubrimiento me hizo sonrojar y sin meditar las consecuencias, comencé a rozarme&nbsp; con su miembro mientras la señora no paraba de quejarse de lo caro que estaba el supermercado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Mi actitud se vio recompensada al bajarse la vecina en el segundo. Sin cambiar de posición, José metió su mano entre mis piernas y mientras se hacía fuerte en mi clítoris, susurró en mi oído:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Te espero todas las tardes a las ocho aquí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/t/1GktS/Chelsea.pavlo26%20%2821%29.jpg" width="426" height="639">Su repetida caricia durante los siguientes seis pisos, hizo que al llegar a nuestro destino mi sexo ya estuviera chorreando. Sin salir del ascensor, mi agresor introdujo dos de sus dedos en mi agujerito y con movimientos rápidos me llevó en volandas hasta el placer. La violencia de mi orgasmo me dejó noqueada y cuando ya creía que iba a tener la suerte de acompañarle a su piso, mi odioso vecino se despidió de mí diciendo:</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Hasta mañana, zorrita.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">No comprendí que había sido todo por ese día hasta que me vi sola en el ascensor y a José abriendo la puerta de su casa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¡No pensaras dejarme así!- protesté insatisfecha.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">El muy cretino se giró y luciendo la sonrisa que también conocía, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Como bien sabes soy un hombre muy ocupado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Os juro que al llegar a mi salón, de haberlo tenido enfrente, lo hubiese matado y por eso decidí por enésima vez, no permitir que me usara a su antojo. Muy a mi pesar su aroma me acompañó durante toda esa tarde-noche y continuamente venían a mi mente, las imágenes de ese maldito jugando con mi cuerpo. No sé las veces que recreé el instante en que empezó a magrear con sus manos mis nalgas o el momento en que asaltó con sus yemas mi coñito, lo cierto es que al llegar a mi cama ya estaba nuevamente cachonda y aprovechando los gritos de la pareja de esa noche, me hice un dedito soñando que era yo la que berreaba entre sus brazos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Ni que decir tiene que al día siguiente, esperé puntualmente a que llegara. José nada más verme, sonrió y galantemente me cedió el paso al ascensor. Esa cortesía terminó justo cuando se cerraron las puertas y atrayéndome hacia él, me cogió de la cintura diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¿Cuántas pajas te has hecho en mi honor?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-¡Ninguna!- cabreada exclamé.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Mi respuesta lejos de molestarle, exacerbó sus ánimos y abriéndome la camisa, sacó uno de mis pechos mientras me decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-No te creo. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Su cara de recochineo no menguó al escuchar mis protestas y regodeándose en humillarme, comenzó a mamar de esa teta sin importar que no estuviera dispuesta. Durante ocho largos pisos, ese tipejo me manoseó por entero hasta que al parar el ascensor, soltando una carcajada, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">-Mañana, sin bragas.</span></div>
<div style="text-align: justify;">
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La seguridad de sus palabras me destanteó y llorando a moco tendido, busqué la seguridad de mis sabanas porque supe que aunque mi mente me aconsejara desobedecer, el resto de las células de mi cuerpo me pedían lo contrario.</span></p>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">La calentura que atenazaba todo mi ser, me llevó a creer una buena paja era lo que necesitaba y por eso con esmero, preparé el escenario. Para ello, llené la bañera con agua caliente, cogí un libro y al más fiel de mis amantes, un patito rosa que también era un suave vibrador y con esos tres elementos juntos, me sumergí en la lectura.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Si os he de ser sincera, ni siquiera recuerdo el libro solo sé que letra a letra, palabra a palabra me fui imbuyendo en la historia mientras mi “amiguito” se dedicaba a hacer carantoñas sobre mi coño. La dulzura de sus caricias sumado al calor de la espuma lentamente incrementaron mi deseo y cerrando los ojos me imaginé que yo era la heroína de la novela.&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">No tardé en verme en los brazos del&nbsp; apuesto príncipe. Todo iba genial hasta que sus enormes bíceps me hicieron recordar los de mi “simpático” vecino y a partir de ahí, su cara sustituyó a la del protagonista y nuevamente deseé con fiereza que me hiciera suya. &nbsp;Usando el pico de mi inanimado amante busqué su consuelo con un ardor hasta entonces desconocido pero desgraciadamente su pequeño tamaño, aunque consiguió que me corriera un par de veces, me dejó totalmente frustrada y por eso en mitad de mi locura, hice algo de lo que me arrepentiré toda la vida.</span></div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%; font-size: 14pt;">Sin secarme el pelo, me puse un albornoz y descalza, fui a tocar a la puerta del que me traía tan excitada. José abrió la puerta y con su típica sonrisa autosuficiente, me preguntó que deseaba. Mi respuesta no pudo ser más elocuente, dejando caer mi bata me quedé desnuda frente a él. Comprendió a la primera mis intenciones y tirando de mi brazo me metió en su piso.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Me siento sola- dije entre sollozos reconociendo mi claudicación.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al oír mi confesión, me besó. Y lo que en un inicio fue un beso suave se tornó en posesivo. Necesitada de sus caricias, empecé a desnudarle. Su ropa cayó al suelo sin que José expresara ni aceptación ni rechazo. Su rostro no reflejaba ninguna emoción. Asustada por la posibilidad de que me echara, llorando le rogué:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Necesito que me folles.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Azuzado por mi urgencia, me cogió en brazos y me llevó hasta el comedor. Al sentir que me depositaba en la mesa, agarré su pene con mis manos y lo coloqué a la entrada de mi sexo. Muerto de risa, mi vecino se entretuvo jugando con los pliegues de mi coño mientras yo intentaba que me penetrara de una puta vez.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Tranquila- me espetó satisfecho por el poder que ejercía sobre mí.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Reconozco que su renuencia me estaba volviendo loca y por eso acomodando mis caderas, busqué forzar su contacto pero él reteniéndome llevó sus manos hasta mis pechos diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Estás demasiado bruta… mejor lo dejamos para otro día.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No- grité descompuesta. La mera perspectiva de volver a mi casa sin haber conseguido ser suya era demasiado humillante y por eso con lágrimas en los ojos, le pedí: -Por favor, ¡Tómame!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="color: #333333;"><br />
<img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/u/1Gku1/Chelsea.pavlo26%20%2822%29.jpg" width="426" height="639">Su respuesta fue física y cogiendo mis pezones entre sus dedos, me los pellizcó saboreando su triunfo. Tras esa ruda caricia, introdujo un par de centímetros de su hermosa verga en mi coñito haciéndome gozar por vez primera de la forma que semejante aparato iba rellenando mi conducto. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Qué maravilla!- chillé anticipando el placer que el moreno me iba a dar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La humedad de mi cueva le confirmó mi estado y por eso no le extrañó que exigiendo más acción le clavara mis uñas en su espalda mientras me retorcía de placer. &nbsp;Obviando mis deseos, José siguió tomando lentamente posesión de mi cuerpo y por eso pude experimentar cómo su polla iba abriéndose paso en mi interior.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En un vano intento de acelerar las cosas, le solté&nbsp; un tortazo. Cabreado por mi golpe, mi odioso vecino sacó su pene &nbsp;y dándome la vuelta sobre el tablero, me&nbsp; azotó el trasero diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Esto es lo que quieres?</span></div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fuera de mí, todavía me permití enfrentarme a él:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No, cabronazo. Castígame lo que quieras pero fóllame ya.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi descaro le terminó de enfadar y sin mediar palabra, insertó toda su extensión en mi cueva sin dejar de fustigar su culo con mis manos. El dolor que sentí al ser objeto de tanta violencia, me compensó porque estaba demasiado cachonda que necesitaba sentirme sucia, humillada pero ¡llena!. Mi sumisión afloró su lado oscuro y agarrándome del cuello, empezó a estrangularme. El sentir sus dedos presionando sobre mi garganta me aterrorizó y pateando intenté librarme de su acoso pero José incrementando la fuerza de sus yemas, me inmovilizó.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Asustada por la falta de aire pero a mi modo totalmente verraca, creí que me había orinado al sentir el río que brotando de mi coño recorría mis piernas. Fue entonces cuando como si fuera una llamarada, una corriente eléctrica discurrió por mi cuerpo y de improviso fui presa de un brutal orgasmo. Mi siniestro amante se percató del clímax que estaba experimentando y soltando una carcajada, comenzó a galopar sobre mí alargando una y otra vez mi placer. No contento con ello, usó mis pechos como asas mientras incrementaba la velocidad de su asalto sobre mi anegada cueva.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No pares- imploré &nbsp;temiendo que acabara y nunca volviera a disfrutar de él –¡Quiero más!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sé que mi frase me delató y José queriendo mantener el control abusivo que estaba ejerciendo en mí, sacó su pene de mi interior y dándome nuevamente la vuelta, me soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Quiero correrme en tu boca.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Olvidándome de todo, me agaché y metiendo mi cara entre sus piernas, empecé a besar sus huevos mientras mi mano le pajeaba.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Puta, ¡Te he dicho que uses tu boca!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Indefensa ante mi vecino pero ante todo sobre excitada, me dejé de tonterías y lamí su glande. Su gigantesco tamaño despertó mis dudas que me cupiera. José enfadado por mi tardanza, se incorporó y pellizcó con fuerza uno de mis pezones, exigiendo que introdujera su verga en mi boca. No me quedó mas remedio que abrirla por completo para que entrara y venciendo las arcadas, conseguí hacerlo desaparecer en mi garganta mientras él se jactaba de la sucia sumisa que estaba hecha su vecina. Ninguno de mis antiguos novios me había tratado así pero en vez de escandalizarme ese trato, mi coño nuevamente anegado me confirmó que me gustaba. Por eso imprimiendo velocidad a mi mamada, quise complacerle por el placer que me estaba regalando.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/u/1Gku7/Chelsea.pavlo26%20%2824%29.jpg" width="426" height="639"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Usando mi boca como si fuera mi sexo, metí y saqué ese tronco con rapidez hasta que conseguí que ese cabrón se vaciara en mi boca. El sabor de su semen me pareció riquísimo y no queriendo que tuviese ninguna queja, &nbsp;intenté tragarme toda su eyaculación mientras José se reía. Sus oleadas eran tan brutales que&nbsp; mi lengua no dio abasto a recoger el semen que brotaba de su interior y por eso al terminar de exprimir su virilidad, con la cara manchada de su lefa y con el estómago lleno,&nbsp; observé que una vez saciado se levantaba y se empezaba a vestir.</span></p>
</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Humillada, le imité y recogiendo mi bata del suelo, me quedé callada. Abriendo la puerta de su casa, me miró y me dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Mañana, te quiero en el ascensor sin bragas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual, me echó de su apartamento dejándome sola y medio desnuda en el rellano&nbsp; de la escalera. Asustada por la fuerza de la atracción que ese maldito ejercía sobre mí, corrí hasta mi cuarto y desplomándome sobre la cama, me puse a llorar. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Te odio!- grité deseando que me oyera.</span></div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi vida había quedado destrozada por &nbsp;ese hombre y hundiéndome en la desesperación, comprendí que a partir de esa noche sería un juguete en sus manos y que &nbsp;a no ser que me suicidara, al día siguiente, a las ocho, estaría esperándole en el portal con mi sexo desnudo deseando ser tomada.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><b>Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><b>golfoenmadrid@hotmail.es</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"></div>
<div style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background-color: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;">
<div style="margin: 0px;">
<div style="clear: both; text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignnone size-full" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/7/7/5/5/77553/1/G/k/v/1Gkvw/Chelsea.pavlo26%20%2842%29.jpg" width="683" height="1024"></div>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>&nbsp;</b></span></p>
</div>
</div>
</div>
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		<title>¿Me darías un azote? LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2026 14:34:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160;Sinopsis: A raíz de una película, el&#160;protagonista descubre que su compañera tiene entre sus fantasias el sentirse dominada. Aunque en un principio se escandaliza, poco a poco se deja contagiar por&#160;el morbo de ser su dueño y&#160;a través de el sexo, su relación se consolida y juntos descubren sus límites. Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/%C2%BFMe-dar%C3%ADas-azote-Descubriendo-sumisa-ebook/dp/B00ZDDQQO8/ref=sr_1_1?s=digital-text&#38;ie=UTF8&#38;qid=1434704096&#38;sr=1-1 Para que podías echarle un vistazo, os anexo&#160;el primer capítulo: Capítulo 1 &#160; « ¿Me darías un azote?». No creo que exista ningún hombre que no se haya imaginado alguna vez que una mujer le hiciera esa pregunta. Todos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="https://www.amazon.es/dp/B00ZDDQQO8"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-19851 size-full" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1.png" alt="" width="7216" height="2248" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1.png 7216w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1-300x93.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1-768x239.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1-1024x319.png 1024w" sizes="(max-width: 7216px) 100vw, 7216px" /></a>&nbsp;<strong><span style="font-family: Arial Black; font-size: xx-large;">Sinopsis:</span></strong></h2>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>A raíz de una película, el&nbsp;protagonista descubre que su compañera tiene entre sus fantasias el sentirse dominada. Aunque en un principio se escandaliza, poco a poco se deja contagiar por&nbsp;el morbo de ser su dueño y&nbsp;a través de el sexo, su relación se consolida y juntos descubren sus límites.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">http://www.amazon.es/%C2%BFMe-dar%C3%ADas-azote-Descubriendo-sumisa-ebook/dp/B00ZDDQQO8/ref=sr_1_1?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1434704096&amp;sr=1-1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="font-size: 24pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</span></strong></span></p>
<h1 style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><a name="_Toc421633748"></a><span style="font-size: 14pt;">Capítulo 1</span></span></h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Me darías un azote?».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No creo que exista ningún hombre que no se haya imaginado alguna vez que una mujer le hiciera esa pregunta. Todos sin distinción, deseamos experimentar nuevos horizontes sexuales. Pienso que es difícil encontrar a alguien que no haya barajado saber que se siente teniendo atada en su cama a una persona del sexo opuesto. Pero como casi todas las fantasías, o bien nos ha dado miedo el realizarla o bien no hemos encontrado con quien hacerla realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Hasta hace seis meses, yo era uno de esos. Aunque se me había pasado por la cabeza el intentarlo, sabía que era un sueño casi imposible de cumplir. El que encima fuera Susana quien me lo preguntara, no entraba ni en mis más descabelladas utopías. Las razones son muchas, en primer lugar porque por entonces tenía novia y esa rubia además de ser mi compañera de piso, era pareja de un buen amigo, pero lo que más inverosímil lo hacía era que esa mujer es un bombón espectacular mientras que yo soy un tipo del montón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya de por sí, que viviera con&nbsp; esa rubia se debía a un cúmulo de casualidades. Todavía recuerdo cómo llegamos a compartir ese apartamento y sigo sin creérmelo. En septiembre de hace dos años, el muchacho que era mi compañero suspendió todas y sus padres le hicieron volver a su ciudad, dejándome tirado y por mucho que busqué alguien con el que dividir el alquiler, me resultó imposible.&nbsp; Estaba tan desesperado que me planteé volver a un colegio mayor o irme a otro más alejado de la universidad. La casualidad hizo que a la novia de Manel, un chaval de Barcelona, una semana antes de empezar las clases el piso de al lado donde vivía se incendiara y dejara hecho cenizas todo el edificio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Cuando me enteré y dejé caer a mi amigo, que me sobraba un habitación. La verdad es que nunca creí que ni siquiera se lo planteara pero ese culé, no solo vio la oportunidad de que su chica se ahorrara unos euros sino que al ser yo,&nbsp; no pondría inconveniente en que él se quedara en casa las noches que quisiera. Por lo visto, me reconoció que había tenido problemas con las compañeras de Susana porque no veían bien la presencia de un hombre en un piso habitado solo por mujeres.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como a mí, eso me daba igual, le insistí en que se lo preguntara en ese momento porque me urgía dar una solución a mi precaria economía. Lo cierto es que cogiendo el teléfono, la llamó y en menos de cinco minutos, la convenció de venirse a vivir a mi apartamento. Como comprenderéis no me importó que ese cabrón me cobrara el favor pidiendo dos copas porque los veinte euros que me gasté valieron la pena por los que me ahorraría teniéndola a ella. Lo que ni mi amigo el catalán ni yo imaginamos mientras nos la bebíamos era las consecuencias que su presencia tendría en nuestros mutuos noviazgos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Os anticipo que mi novia me dejó y al él lo mandaron a volar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Susana llega a casa.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como nunca había vivido con ninguna mujer que no fuera mi madre, pensé que iba a resultar más difícil de lo que fue y eso que no pudo empezar peor, porque la que entonces era mi novia me montó un escándalo cuando se enteró:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No me parece bien que esa tipa se quede en tu casa― &nbsp;me dijo María al conocer de que iba a ser mi nueva compañera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Si no la conoces, además es la novia de Manel― &nbsp;dije tratando de que no me jodiera el trato.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tras más de una hora discutiendo, aceptó pero a regañadientes y eso que no la advertí de que Susana era un maravilloso ejemplar de su sexo. Sé que si se lo hubiera dicho, nunca hubiera cedido y pensando que cuando la conociera y se diera cuenta de lo enamorada que estaba de mi amigo, cambiaría de opinión, se lo oculté</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo cierto es que aunque el día que la vio por primera vez, se volvió a enfadar, gracias al comportamiento afable de la muchacha y a la continua presencia de su novio en la casa, su cabreo no fue a más y al cabo de una semana, ya eran amigas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Para mí, no fue tan sencillo. Aunque Susana desde el primer día se mostró como una persona ordenada y dispuesta y nunca tuve queja de ella, os tengo que confesar que por su belleza empezó a ser protagonista frecuente de mis sueños. La perfección de su rostro pero sobre todo los enormes pechos que esa cría lucía, se volvieron habituales en mis oníricas fantasías. Noche tras noche, saber que esa preciosidad dormía en la puerta de al lado, hizo que su culo y sus piernas se introdujeran a hurtadillas en mi mente y que olvidándome de María y de Manel, soñara con que algún día sería mía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si lo que os imagináis es que el roce la hizo descuidarse y que un día la pillé o me pilló en bolas, os equivocáis. Como teníamos dos baños, nunca tuve ocasión de que ocurriera y es más, esa chavala siempre salía perfectamente arreglada de su habitación.&nbsp; Durante los primeros seis meses en los que convivimos, nunca la vi en pijama o en camisón. Cuando ponía el pie fuera de sus aposentos, ya salía pintada, vestida y lista para salir a la calle. Curiosamente, su costumbre cambió incluso mis hábitos porque no queriendo parecer un patán, adopté yo también ese comportamiento, llegando al extremo de siempre afeitarme antes de desayunar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Por lo demás, Susana era perfecta. Educada, simpática y ordenada hasta el exceso, hizo que mi piso que antaño cuando convivía con hombres era un estercolero, pudiese pasar incluso la inspección de la madre más sargento. Ni un papel tirado en el suelo, ni una mota de polvo en los muebles e incluso mejoró sensiblemente mi alimentación&nbsp;&nbsp; porque una vez repartidas las funciones, se cumplieron a rajatabla y como ella se pidió la cocina, no tardé en comprobar lo buena cocinera que era.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su comportamiento, tal como prometí sin creerlo, derribó las suspicacias de María y se hicieron íntimas enseguida, de forma que al cabo de un mes era raro el fin de semana que no salíamos juntos a tomar una copa. Mientras eso ocurría, poco a poco me fui encoñando con ella:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« No puede ser tan perfecta», me decía una y otra vez buscando un defecto o fallo que la bajara del altar al que la había elevado. Estudiante modélica, culta, graciosa y bella. Era tal mi obsesión que incluso traté&nbsp; de hallar infructuosamente en la ropa sucia unas bragas usadas por ella, para al olerlas, su tufo me resultara desagradable.&nbsp; Limpia y pulcra hasta decir basta, mi compañera de piso lavaba sus braguitas en el lavabo antes de llevarlas a la lavadora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A lo que si me llevó esa búsqueda, fue a comprobar que bajo su discreta vestimenta, Susana usaba unos tangas tan minúsculos que solo con imaginármela con ellos puestos, me excitara hasta el extremo de tener que encerrarme en mi cuarto a dar rienda suelta a mi lujuria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aprovechando un día que había salido con su novio, me metí en su cuarto y tras revisar su ropa interior, elegí el tanga más sexi que encontré y tumbándome en mi cama, me lo puse de antifaz. De esa ridícula manera y mientras aspiraba el aroma a suavizante, me imaginé que la hacía mía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">En mi mente, Susana llegaba borracha y caliente a nuestra casa. Olvidándose de Manel, se ponía uno de los sensuales camisones que había descubierto en sus cajones y se acercaba a mi cuarto. Sin pedirme permiso, se acurrucaba a mi lado mientras me decía si estaba despierto. Os parecerá raro pero incluso en mi sueño esa mujer me imponía y en vez de saltar sobre ella, me hice el dormido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Dejando correr mi imaginación, la vi desabrochando mi pijama y bajando por mi pecho, sacar de su encierro mi pene. En mi mente, con su&nbsp; boca fue absorbiendo toda mi virilidad mientras con sus dedos acariciaba mis testículos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Despierta que te necesito― &nbsp;me susurró al oído buscando que me excitara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No le hizo falta nada más para que mi sexo alcanzara su máximo tamaño, tras lo cual, recorriendo con la lengua mi glande, la exploró meticulosamente. Tan perfeccionista como en la vida real, lamió mi talle&nbsp; estudiando cada centímetro de su piel. Ya convencida de conocerlo al detalle, abrió los labios y usando su boca como si de una vagina se tratara, se lo introdujo hasta la garganta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué maravilla!», pensé al soñar que sus labios llegaban a tocar la base de mi órgano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sin darme tiempo a reaccionar, esa rubia empezó a sacarlo y a meterlo en su interior hasta que sintió que lo tenía suficientemente duro. Entonces &nbsp;se sentó a horcajadas sobre mí, empalándose lentamente. Fue tanta su lentitud al hacerlo, que pude percatarme de cómo mi extensión iba rozando y superando cada uno de sus pliegues. Su cueva me recibió empapada, pero deliciosamente estrecha, de manera que sus músculos envolvieron mi tallo, presionándolo. No cejó hasta que la cabeza de mi glande tropezó con la pared de su vagina y mis huevos acariciaban su trasero. Olvidándome de que en teoría estaba dormido, la sonreí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al verme despierto, se empezó a mover lentamente sobre mí, y llevando mis manos a sus pechos me pidió por gestos que los estrujara. En mi sueño, Susana no dejaba de gemir en silencio al moverse. Sus manos, en cambio, me exigían que apretara su cuerpo. No me hice de rogar, y apoderándome de sus pezones, los empecé a pellizcar entre mis dedos. La ficticia rubia gimió al sentir como los torturaba, estirándolos cruelmente para llevarlos a mi boca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Y gritó su excitación nada más notar a mi lengua jugueteando con su aureola. La niña perfecta &nbsp;había desaparecido totalmente, y en su lugar apareció una hembra ansiosa de ser tomada que, restregando su cuerpo contra el mío, intentaba incrementar su calentura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al darme cuenta que mi fantasía no se ajustaba a la realidad, intenté reconducir y que su personaje fuera más tierno pero mi mente decidió ir por otros caminos y me vi con mis dientes mordiendo sus pechos. Su berrido fue impresionante pero más aún sentir como su coño se anegaba. Sin poder aguantar mucho más, y apoyando mis manos en sus hombros forcé mi penetración, mientras me licuaba en su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mientras&nbsp; mi pene se vaciaba en su cueva, &nbsp;me di cuenta de la hora y temiendo que Susana volviera, devolví su tanga al cajón sin dejar de saber que volvería a usarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Una película trastocó a Susana</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La tranquilidad con la que ambos llevábamos el compartir piso sin ser pareja se rompió por el motivo más absurdo. Un sábado en la noche, los dos con nuestras respectivas parejas nos quedamos en casa para ver una película que trajo Manel. El novio &nbsp;sin saber que acarrearía esa decisión fue a un videoclub y alquiló “la secretaria”, una cinta que narraba la truculenta historia de Lee: Una chica peculiar que cuando se siente superada por los acontecimientos se relaja auto agrediéndose. Tras excederse en uno de los castigos que se inflige a sí misma, pasa algún tiempo en una clínica psiquiátrica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si ya de por sí ese argumento no era precisamente romántico, a su salida, consigue un trabajo en un despacho de abogado y su jefe resultó ser al menos tan especial como ella y ante sus fallos la regaña de una forma humillante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Acabábamos de empezar a ver que la joven descubre en ello una forma de placer muy superior a sus autoagresiones cuando tanto mi novia como mi amigo nos pidieron que dejáramos de verla porque era demasiado dura. Tanto Susana como yo, al principio nos negamos pero ante la insistencia de nuestras parejas tuvimos que ceder y salir a tomar unas copas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Esa noche al volver a casa fue la primera vez que oí sus gritos al hacer el amor con su novio. Sin todavía adivinar el motivo, mi rubia compañera no se contuvo y con tremendos alaridos de placer, amenizó mi noche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué le ocurre a esta?― &nbsp;preguntó María destornillándose de risa al escuchar la serie de orgasmos con las que nos regaló: ― ¡Nunca gritaba!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Por mi parte, tengo que confesar que sus berridos me calentaron aún más y deseé ser yo, quien estuviera entre sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A la mañana siguiente, la casualidad hizo que Maria y Manel se tuvieran que ir temprano. Por eso, Susana y yo comimos juntos en comandita sin que nadie nos molestara. Fue en el postre cuando tomándola el pelo, le conté que la había escuchado a través de las paredes. Muerta de vergüenza, me pidió perdón. Habiendo obtenido carnaza, decidí no soltar la presa y por eso le pregunté que le había pasado.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No lo sé― &nbsp;contestó –quizás esa película me afectó más de lo que creía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como había visto que su novio se la había dejado olvidada, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Te parece que al terminar de comer, la veamos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque se hizo de rogar, adiviné por su mirada que le apetecía y por eso, después de recoger los platos, no la di opción y la puse en el DVD. Si bien habíamos visto los primeros veinte minutos, decidí ponerla desde el principio. Nada más empezar, Susana se acomodó en el sofá y&nbsp; se concentró de tal forma viéndola que pude observarla sin que ella se diera cuenta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Dios, ¡está excitada!», exclamé mentalmente al percatarme de los dos bultos que aparecieron bajo su blusa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">En contra toda mi experiencia anterior con ella, descubrí en su mirada un brillo especial que no me pasó inadvertido y olvidándome de la película, me quedé observando su comportamiento al ver que los protagonistas empiezan a rebasar los límites de lo profesional. Cuando en la cinta, el jefe, enfadado, llama a la muchacha a su despacho para reprenderla, la vi morderse los labios y cuando, ese tipo la ordena inclinarse sobre la mesa y comienza a leer la carta, propinándole un sonoro azote por cada error, alucinado, la observé removerse inquieta en su asiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« No puede ser», pensé al darme cuenta de que esa cría tan perfecta estaba pasando un mal rato intentando que no advirtiera su calentura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo peor o lo mejor según se mire, todavía no había llegado porque Susana se quedó con la boca abierta cuando la muchacha, al llegar a casa, echa de menos las palizas de su jefe y se golpea a sí misma con un cepillo. Os reconozco que al verla, me contagié de su excitación y tuve que tapar mi erección con una manta. Lo creáis o no, esa rubia que nunca había dado un escándalo no pudo retirar su mirada de la tele mientras la actriz y el actor incrementaban su relación de dominación y sumisión con un fervor casi religioso y ya al final cuando tras una serie de vicisitudes, se quedan juntos, como si hubiera visto una película romanticona, ¡lloró!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Te sientes bien?― &nbsp;tuve que preguntar al ver las lágrimas de sus ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pero Susana en vez de contestar, salió corriendo y se encerró en su cuarto, dejándome perplejo por su comportamiento. Tras la puerta, escuché que seguía llorando y sin comprender su actitud, la dejé que se explayara sin acudir a consolarla. En ese momento no lo supe pero mi compañera al ver esa película, sintió que algo se rompía en su interior al descubrir lo mucho que le atraía esa sexualidad. Su educación tradicional no podía aceptar que disfrutara viendo la sumisión de la protagonista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pensando que se calmaría, la dejé sola en casa y me fui a dar una vuelta con mi novia. Como era domingo y al día siguiente teníamos clase, llegué temprano a nuestro apartamento. No me esperaba encontrarme con mi amiga y menos verla tumbada en el salón viendo nuevamente esa cinta. Cuando la saludé estaba tan concentrada en la tele que ni siquiera me devolvió el saludo. Extrañado, no dije nada y me fui a la cocina a preparar una ensalada para la cena.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al cabo de diez minutos, habiéndola aliñado, volví al salón y me puse a poner la mesa. Aunque siempre Susana me ayudaba a colocar los platos, en esta ocasión siguió pegada a la pantalla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué cosa más rara!», pensé mientras acomodaba el mantel, « ¡Le ha pegado fuerte!».&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con la mesa ya puesta, esperé a que terminara el film. Fue entonces cuando mi compañera advirtió mi presencia y se levantó a ayudarme. Reconozco que cuando observé que tenía las mejillas coloradas, supuse que estaba sonrojada por que la hubiese pillado viéndola nuevamente y no como luego supe por la calentura que sentía en todo su cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mientras cenábamos, se mantuvo extrañamente callada y al terminar, me pidió si podía yo ocuparme de los platos porque se sentía mal. Como siempre ella se ocupaba de todo, le dije que no se preocupara. Susana al oírme, sonrió y directamente se encerró en su cuarto. Todavía en la inopia, metí todo en el lavavajillas y me fui a acostar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Nada más cerrar la puerta de mi habitación, escuché a través de la pared, unos gemidos callados que si bien en un principio, los adjudiqué a su supuesto malestar, al irse elevando la intensidad y la frecuencia de los mismos, comprendí que su origen era otro:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Se está masturbando!».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La certeza de que ese bombón estaba dando rienda suelta a su lujuria, me excitó a mí también y aunque resulte embarazoso, os tengo que reconocer que pegué mi oído a la pared y sacando mi pene, me hice una paja con sus berridos como inspiración. Si pensaba al escucharla llegar al orgasmo que esa sinfonía había acabado, me equivoqué por que al cabo de un pequeño rato, escuché que la rubia reiniciaba sus toqueteos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Ahí va otra vez!», me dije al oírla e imitándola llevé mi mano a mi entrepierna para disfrutar de sus suspiros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sin llegarme a creer que lo que estaba ocurriendo, acompasé mis movimientos con los que alcanzaba a distinguir del cuarto de al lado. Increíblemente, Susana bajando del altar en la que la había colocado, gritaba de placer con autenticó frenesí. Mi segunda eyaculación coincidió con unos sonidos secos que no me costó reconocer:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Son azotes!», advertí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ese descubrimiento fue la gota que colmó mi vaso y derramando mi placer sobre las sábanas de mi cama, obtuve mi dosis de placer imaginado que era yo quien se los daba. Francamente alucinado, fui testigo de que esa serie de azotes se prolongaron unos minutos más y de que solo cesaron cuando pegando un auténtico alarido, esa intachable niña se corrió.&nbsp; Tras lo cual, sus gemidos fueron sustituidos por un llanto que me confirmó su sufrimiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con sus lloriqueos como música ambiente, intenté dormir pero me resultó difícil ya que su dolor me afectó y compartiendo su dolor, supe que aunque fuera una locura estaba enamorado de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Su novio es mi amigo!», sentencié y ratificando mis pensamientos, decidí que jamás contaría a nadie lo que había descubierto esa noche. Esa decisión me sirvió para conciliar el sueño y con la cabeza tapada por la almohada para no escucharla, me dormí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Susana se deja llevar por su descubrimiento.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A la mañana siguiente, mi compañera se quedó dormida. Aunque eso no era típico de ella, vacilé antes de despertarla. Dudé si hacerlo pero recordando que cuando eso había ocurrido al revés, ella había tocado a mi puerta, decidí imitarla. Con los nudillos toqué en la suya. A la primera, escuché que se levantaba y todavía medio atontada, me abrió preguntándome qué hora era. Tardé en responderla porque esa fue la primera vez que la vi despeinada.&nbsp; Os reconozco que me quedé absorto contemplando sus pechos a través de la translucida tela de su camisón, afortunadamente su propio sopor le impidió darse cuenta la forma tan obsesiva con la que mis ojos acariciaron su anatomía y tras unos segundos, la respondí riendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Son la ocho, ¡vaga! Tienes el desayuno preparado, daté prisa y te llevo a clase.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con su rostro trasluciendo una inmensa tristeza, me dijo que no la esperara porque no iba a ir a la universidad. No le pregunté la razón y despidiéndome de ella con un beso en la mejilla, la dejé sola con su sufrimiento. Ya en el ascensor, su aroma seguía presente en mi mente y estuve a punto de rehacer mis pasos para hacerle compañía pero supe que debía de pasar ese trago en soledad. Molesto y preocupado, salí rumbo a clase mientras una parte de mí se quedaba con ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sobre las doce, la llamé a ver como seguía y al no contestarme, decidí volver a casa. Aunque no fue mi intención sorprenderla, al llegar abrí la puerta con cuidado. Desde el recibidor, escuché que la tele estaba puesta y al asomarme me encontré con Susana desnuda viendo por tercera vez la jodida película mientras con sus manos entre las piernas, se masturbaba con ardor.&nbsp; Os parecerá extraño pero al descubrir a esa mujer que tanto había soñado con ella en esa situación, lejos de ponerme cachondo, me preocupó y no queriendo hacerla sufrir, di la vuelta y en silencio, me fui del piso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Necesitaba airearme y por eso deambulé sin rumbo fijo hasta la hora de comer, mientras intentaba asimilar lo ocurrido y buscaba qué hacer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Susana necesita ayuda!― &nbsp;comprendí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El problema era como hacerlo. No podía llegar y decirle de frente que sabía lo que ocurría y menos contárselo a su novio. Si lo hacía tenía claro que no solo perdería un amigo sino también a la persona con la que compartía el alquiler y por eso, zanjé el tema decidiendo darle tiempo al pensar que se le pasaría.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al volver al apartamento, llamé primero para avisarle que llegaba porque no quería volver a encontrarla en una posición incómoda. Supe que había hecho lo correcto porque reconocí a través del teléfono que Susana no estaba lista y por eso tardé unos quince minutos en subir del portal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Entrando en la casa, saludé desde el recibidor antes de atreverme a pasar. Al no obtener respuesta, pasé al salón y me lo encontré desordenado. Sin decir nada, recogí la taza y los restos de su desayuno pero al pasar por delante de su puerta y ver que ni siquiera había hecho la cama, entendí que el asunto era serio y que mi compañera seguía igual.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tengo que sacarla a comer, no puede quedarse encerrada― &nbsp;dije entre dientes apesadumbrado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Justo en ese momento, salió del baño Susana y al verla, fortalecí mi decisión: ¡Seguía en camisón!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Haciendo como si no tuviese importancia, me reí y le dije que se fuera a vestir porque quería invitarla a un restaurante. Al principio la rubia intentó negarse pero entonces, y os juro por lo más sagrado que no fue mi intención, jugando con ella le di un azote en su trasero azuzándola a obedecer.&nbsp; Su reacción me dejó pálido, pegando un aullido, se acarició la nalga en la que había soportado esa ruda caricia y sonriendo, me pidió cinco minutos para hacerlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Pero que he hecho!», maldije totalmente confundido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Estaba todavía reconcomiéndome por lo sucedido cuando mi compañera salió. La Susana que apareció no fue la depresiva de las últimas veinticuatro horas sino la alegre muchacha que tan bien conocía por lo que olvidando el tema, la cogí del brazo y la llevé a comer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La comida resultó un éxito porque mi compañera se comportó divertida y atenta, riéndome las gracias e incluso permitiéndose soltar un par de bromas respecto a Manel, su novio. Muerta de risa, se quejó de lo serio y tradicional que era. Como el ambiente era de guasa, no advertí la crítica que estaba haciendo de su pareja ni que escondía un trasfondo de disgusto por no comprenderla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como había quedado en pasar por María, me despedí de ella en la puerta del restaurante, ya tranquilo. Creía firmemente que su mal rato se le había pasado&nbsp; y por eso, no me preocupó dejarla sola. Lo cierto es que cuando ya estaba con mi novia, me entraron las dudas y disimulando en el baño, la llamé para ver como seguía. Susana me respondió a la primera pero justo cuando ya la iba a colgar, me dijo que llegara pronto a casa porque había alquilado una película. Os juro que al escucharla se me pusieron los pelos de punta y tartamudeando le pregunté si Manel iba a acompañarnos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su respuesta me dejó aterrorizado porque bajando el tono de su voz, me respondió:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No porque no creo que le guste.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No me atreví a insistir y averiguar el título de la misma, en vez de ello, le prometí que llegaría pronto y casi temblando, volví a la mesa donde María me esperaba. Mi novia se olió que me ocurría algo pero aunque quiso saber el qué, desviando el tema, no se lo dije.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">¡No podía contarle lo que sabía de mi compañera de piso! Por eso el resto de la tarde fue un auténtico suplicio porque aunque físicamente estaba con mi novia, la realidad es que mi mente estaba en otro lado. Deseando pero temiendo a la vez, lo que me encontraría al llegar a casa, me hice el cansado para dejarla rápido en su casa. Admito que en el camino, estaba nervioso y dando vueltas continuamente a aquello. En mi mente las preguntas se me amontonaban:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Qué película será? ¿Por qué quiere verla conmigo? ¿Cómo debo actuar?&#8230;».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si ya eso era suficiente motivo para estar acojonado, mi turbación se vio incrementada cuando al entrar en casa me encontré con que Susana no solo había preparado una cena por todo lo alto sino que había movido los muebles del salón para que desde los dos sillones orejeros pudiéramos ver la tele como si en un cine se tratara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;― ¿Y esto?― &nbsp;pregunté al ver el montaje.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con una sonrisa en los labios, me contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― Quería que estuviésemos cómodos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando me percaté en un detalle que me había pasado inadvertido, mi compañera de piso obviando su tradicional modo de vestir, se había puesto un jersey rosa súper pegado y unos pantalones de cuero negro, tan ajustados que marcaban a la perfección los labios de su sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Viene vestida para matar!», me dije al admirar su vestimenta y con sigilo, quedarme observando la sensualidad de sus movimientos. Contra lo que era su costumbre, esa mujer se movía con una lentitud que realzaba su belleza dotándola de una femineidad desbordante. Si ya de por si esa mujer era impresionante, en ese papel, era un diosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué buena está!», pensé mientras admiraba su culo al caminar. Como si fuera la primera vez que lo contemplaba, me quedé entusiasmado con su forma de corazón y relamiéndome, comprendí estudiando la segunda piel, que eran esos pantalones, que era imposible que llevara ropa interior. Admito que me puso verraco y tratando de no evidenciar el bulto bajo mi bragueta, me senté a la mesa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sé a ciencia cierta que se dio cuenta porque sus ojos no pudieron reprimir su sorpresa al ver mi erección, pero no dijo nada y con una sonrisa en sus labios, me preguntó si quería algo de vino. Antes de que la contestara, sirvió mi copa y al hacerlo, dejó que sus senos rozaran mi espalda. Sin entender su actitud pero completamente excitado, soporté ese breve gesto con entereza, porque aunque lo que me apeteció en ese instante fue saltar sobre ella y follármela sin más, me quedé callado en mi asiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿A que juega?», me pregunté al sentir que estaba tonteando conmigo, no en vano esa preciosidad era la novia de un amigo. Durante la cena pero sobre todo al terminar, no me pasó inadvertido otro sutil cambio que experimentó Susana. ¡Sus ganas de agradar rayaban la sumisión! Un ejemplo de lo que hablo fue que cuando acabamos, se negó a que la ayudara a recoger los platos. Si eso ya era raro, más lo fue cuando estando en la butaca sentado, llegó ella y para ponerme la copa, se arrodilló junto a mí. Tengo que confesar que aunque me puso como una moto, pensé que estaba jugando y por eso de muy mala leche, le pedí que se dejara de tonterías y pusiera la película.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Susana, al oír mi tono seco, reaccionó entornando los ojos con satisfacción y levantándose del suelo me obedeció. Tras lo cual y mientras empezaba los tráileres de promoción, se acurrucó en la otra butaca tapándose con una manta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Por qué se tapa? ¡Si hace un calor endemoniado!» me dije, pero entonces la película empezó y nada más ver la primera escena, supe cuál era: « ¡Ha elegido El Juez!».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi sorpresa fue total porque aunque me esperaba y temía una película algo fuerte, nunca creí que fuera esa la que eligiera. Tratando de recordar el argumento de esa producción belga, palidecí&nbsp; al acordarme porque era la historia de un juicio al que someten a un juez, cuyo único delito es que su mujer le confiesa décadas atrás que deseaba experimentar lo que se siente en una relación sadomasoquista y le convence de probar. El pobre tipo es reacio en un principio pero como no quiere perderla, termina cediendo y juntos se lanzan a una vorágine de azotes y castigos que me impresionó cuando la vi con dieciocho años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pensando que se había equivocado, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Sabes de qué va?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí y ¡Nos va a encantar!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su respuesta prolongó mis dudas. No me entraba en la cabeza que hubiese seleccionado a propósito una cinta tan dura pero además ese “NOS VA A ENCANTAR”, significaba que compartía de algún modo su nuevo gusto por ese tipo de sexo.&nbsp; Aunque alguna vez había fantaseado con ello, la dominación era algo que no me atraía y menos aún la sumisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Llevaba apenas cinco minutos puesta cuando mirando a Susana, advertí que se estaba empezando a excitar:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Y solo acaba de empezar», mascullé entre dientes al ver que bajo su jersey dos pequeños montículos eran una señal evidente de su calentura. Intrigado hasta donde llegaría, me olvidé de la película y me concentré en observar a mi compañera. Con curiosidad morbosa, me fijé en que el sudor había hecho su aparición en su frente al escuchar a la protagonista reconocerle a su marido que desde niña había disfrutado con el dolor. Confieso que me sentí como el Juez, un tipo que jamás pensó en practicar ese tipo de sexo y que escandalizado se negó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La temperatura interior de esa rubia se incrementó brutalmente cuando la actriz convenció a su pareja que la azotara y mordiéndose los labios, me miró diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿No te da morbo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No supe que contestar porque aunque lo que ocurría en la tele no me lo daba, verla excitándose a mi lado, sí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Mucho― &nbsp;respondí mintiendo a medias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Susana sonrió al escuchar mi respuesta y concentrándose nuevamente en la escena, pegó un suave gemido al ver que el juez ataba a su mujer desnuda y con los brazos hacia arriba a un soporte del techo. &nbsp;Para entonces bajo mi pantalón mi pene me pedía que le hiciera caso pero el corte de que esa mujer me viera, me lo impidió. Si ya me resultaba difícil permanecer sin hacer nada, cuando llegó a mis oídos el sonido de su respiración entrecortada, quedarme quieto me resultó imposible y tuve que acomodar dentro de mi calzón, mi polla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Voy a terminar con dolor de huevos!», intuí&nbsp; al ser incapaz de darle salida a esa lujuria que iba asolando una a una las barreras que mi mente ponía en su camino. Entre tanto, no me cupo duda alguna de que mi compañera también lo estaba pasando mal al ver que &nbsp;se iba agitando por momentos. Removiéndose en su sillón,&nbsp; debía de estar luchando una cruenta batalla porque observé que intentando que no advirtiera su excitación, la rubia juntó sus rodillas mientras sus pezones se erizaban cada vez más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Dios!― &nbsp;escuché que susurraba cuando en la pantalla el juez cogía una fusta y daba a su mujer el primer &nbsp;azote.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Comprendí que mientras su cerebro se debatía sobre si se dejaba llevar, su cuerpo ya le había tomado la delantera porque siguiendo un impulso involuntario, sus muslos se empezaron a frotar uno contra el otro intentando calmar el picor que sentía.&nbsp; En ese instante para mí, lo que ocurriera en la tele sobraba y como un auténtico voyeur, me quedé fijamente mirando a lo que ocurría a un metro escaso de mí. Me consta que Susana trató de evitar tocarse porque sus manos se aferraron al sillón intentando calmarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pero fue inútil porque para el aquel entonces en la tele, los protagonistas pedían ayuda a un profesional y con su colaboración, empezaba a aprender los rudimentos con los que dar inicio una sesión. Disimulando la vi entrecruzar sus piernas y ladearse hacia la izquierda para dificultar que me diera cuenta de que había llevado una de sus manos hasta sus pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Se va a masturbar!», pensé en absoluto escandalizado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tal y como había previsto, Susana agarró entre sus dedos un pezón cuando el juez hacía lo mismo en la película con el de su mujer, haciendo mi propia excitación insoportable. Mi pene me exigía que lo liberara de su encierro y por eso cogí una manta y me tapé porque no sabía cuánto tiempo iba a aguantar. Mi movimiento no le pasó inadvertido a la muchacha que sonriendo me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Verdad que hace frio?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ni siquiera la contesté porque de cierta manera, mi compañera de piso me estaba dando permiso para pajearme yo también.&nbsp; Aunque no lo sé a ciencia cierta, creo que fue entonces cuando ella llevó sus dedos a la entrepierna porque vi que realizaba un gesto raro bajo su manta. Mirándola de reojo, &nbsp;vislumbré sus pechos bajo su jersey y creí morir al descubrir el tamaño que habían adquirido sus areolas mientras una de sus manos lo acariciaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Un profundo gemido que escapó de su garganta fue el detonante por el cual me atreví a bajar mi bragueta. Con mi miembro fuera del pantalón, seguía sin poder tocarlo porque quisiera o no, me seguía dando corte pajearme en su presencia. Aun sabiendo que en ese momento Susana tenía sus dedos dentro de las bragas, me parecía incorrecto masturbarme ante la novia de mi amigo y por eso, sufrí como una tortura no caer en la tentación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Justo cuando en la pantalla, el juez estaba dando una tunda al culo de su mujer, advertí que la espalda de Susana se arqueaba mientras a intervalos irregulares sus piernas se abrían y cerraban bajo la franela, los continuos suspiros que llegaban a mis oídos, me hicieron asumir que en su sexo comenzaba a gestarse una explosión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sintiendo que si prolongaba más el suplicio de mi pene, me lanzaría sobre esa mujer, lo cogí y con una mano, empecé a pajearme.&nbsp; Tan concentrado estaba en la búsqueda de placer que no me percaté que Susana se había corrido y que ya más tranquila, se había dado la vuelta y con sus ojos fijos en mí, me miraba. Ajeno a ser objeto de su examen, con mi extensión bien agarrada, mi muñeca imprimió un ritmo creciente. Todo mi cuerpo necesitaba llegar al orgasmo y por eso, cerré los ojos totalmente abstraído. Esa fue la razón por la que no advertí que mi compañera se mordía los labios mientras mi mano subía y bajaba sin pausa bajo la franela y que tampoco reparara en el brillo de su mirada cuando en silencio derramé mi simiente sobre la misma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya saciado, me relajé y al volver a la realidad, no noté nada raro porque disimulando la muchacha se había puesto a ver la película otra vez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Soy un idiota. ¡Me podía haber pillado!», maldije para dentro mientras me cerraba la bragueta y trataba de hacer como si no hubiera pasado nada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Dos metros más allá, Susana estaba en la gloria al saber que conmigo podría hacer realidad sus fantasías. Su única duda es como lo conseguiría y cuando.&nbsp; Por mi parte, seguía sin comprender las intenciones de la cría, quizás porque si durante seis meses&nbsp; ese bombón no me había hecho caso, me costaba asimilar que a raíz de una película lo hiciera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al terminar y cuando ya nos íbamos cada uno a su habitación, mi compañera se acercó a mí y sonriendo, me preguntó poniendo su culo en pompa:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Me darías un azote como “buenas noches”?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Creyendo que era una broma producto de lo que habíamos visto, solté una carcajada y se lo di. Pegando un grito de alegría al sentir mi mano sobre sus nalgas, me dio un beso en la mejilla, diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Por hoy, me basta pero mañana quiero más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual, entró en su cuarto dejándome en mitad del pasillo, totalmente aterrorizado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La Hermandad, el poder oculto que amenaza Europa 9&#8221; (POR GOLFO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2026 10:35:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[15 A las ocho y un minuto, mi móvil comenzó a sonar. Saber que la operación de rescate acababa de empezar y que debía mantenerme al margen, me tenía de los nervios. A través de los mensajes que iban entrando, supe que los operativos que la desconocida había preparado no se circunscribían a España, sino que estaban teniendo lugar por toda Europa. Tengo que confesar que nunca esperé que esa mujer hubiese puesto de acuerdo a las policías de todo el continente bajo el disfraz de la lucha contra el terrorismo islámico. «Alguien con experiencia en estrategia y versado en [&#8230;]]]></description>
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<p>15</p>



<p>A las ocho y un minuto, mi móvil comenzó a sonar. Saber que la operación de rescate acababa de empezar y que debía mantenerme al margen, me tenía de los nervios. A través de los mensajes que iban entrando, supe que los operativos que la desconocida había preparado no se circunscribían a España, sino que estaban teniendo lugar por toda Europa. Tengo que confesar que nunca esperé que esa mujer hubiese puesto de acuerdo a las policías de todo el continente bajo el disfraz de la lucha contra el terrorismo islámico.</p>



<p>«Alguien con experiencia en estrategia y versado en combate es quien ha planeado esta acción», me dije al comprobar que se estaba llevando a cabo a la misma hora y en lugares tan dispares como Berlín o Estambul.</p>



<p>Estas sospechas se incrementaron cuando a los pocos minutos pude comprobar a través del teléfono el éxito que estaban teniendo en todos los países:</p>



<p>«Zarqai no se debía esperar un ataque de este calibre», concluí al leer que solo en España habían capturado a veinte de sus seguidores, dejando tres muertos sin que se hubiesen producido heridos en las fuerzas del orden.</p>



<p>&nbsp;Con el alma en vilo esperé a que uno de esos mensajes me informara de la liberación de las secuestradas, pero el tiempo pasaba, los SMS se sucedían y ninguno me notificaba su rescate. Consciente de que no era mi operación y que por tanto una interferencia por mi parte sería podía ser contraproducente, seguí los acontecimientos en la pantalla con creciente pesimismo. A los veinte minutos de empezar todo acabó y los mensajes de felicitación de los líderes de la hermandad por la victoria estuvieron a punto de colapsar mi movil sin que hubiese recibido noticia alguna de las mujeres.&nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_027_e677.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Desmoralizado, decidí llamar a Camilo por si podía informarme de su destino. Llevaba tres intentos fallidos de contactar con él cuando de pronto me llamaron desde un número oculto. Pensando que sería el agente devolviendo la llamada, descolgué:</p>



<p>― ¡Maldito hijo de puta! No es esto lo que habíamos pactado― escuché que me gritaban.</p>



<p>― ¿De qué pacto habla? ― respondí sin saber siquiera quién estaba al otro lado del teléfono.</p>



<p>Con el sonido de tiros entorpeciendo la conversación, mi interlocutor se quejó de solo estar cumpliendo mis órdenes</p>



<p>― ¿Quién es usted y a qué ordenes se refiere? ― todavía creyendo que hablaba con un líder policial, pregunté.</p>



<p>Aunque nunca contestó a mi pregunta, no me hizo falta para saber qué se trataba de Ibrahim. Y es que, dejando la conversación abierta, se lanzó metralleta en mano contra los que le atacaban gritando la conocida expresión “<em>Allahu akba”. Tras un breve intercambio de disparos, unas voces en alemán me confirmaron que el islamista había muerto, dejándome en un estado total de confusión.</em></p>



<p><em>«No entiendo nada», reconocí para mí mientras trataba de encontrar un sentido a lo sucedido. Si hacía caso a sus últimas palabras, ese hombre había sido una vulgar herramienta y no el responsable último del secuestro.</em></p>



<p><em>Poniendo mi cerebro a funcionar, traté de hallar al cabecilla de ese complot buscando a quién le beneficiaba lo sucedido. La respuesta me llegó de Consuelo cuando me informó que en televisión española había cortado la emisión para dar una noticia donde me mencionaban. Sorprendido, encendí el televisor cuando el comentarista estaba informando al público en general del operativo organizado por el nuevo director del CNI en colaboración con el resto de las agencias europeas.</em></p>



<p><em>«Me están otorgando el mérito de lo ocurrido», pensé mientras me metía en internet a ver qué decían al respecto los demás medios de información.</em></p>



<p><em>Confieso que aluciné cuando todos los españoles y la mayoría de los europeos abrían sus portadas con la noticia.</em></p>



<p><em>«¡Esto está orquestado!», comprendí al comprobar que el “Le Monde” francés, “El Times” británico y el “Bild” alemán incluían incluso una biografía mía.</em></p>



<p><em>Si ya estaba convencido de que había mano negra tras ello, la confirmación fue escuchar durante una conferencia de prensa a la Presidenta de la Comisión Europea vanagloriándose del resultado de esa acción contraterrorista realizada por el nuevo organismo de seguridad continental creado por la fusión de Europol y la Agencia Europea de Seguridad. Curado de espanto, me senté a ver que más decía por si en alguna respuesta a las preguntas de los periodistas podía descubrir quién era la Gran Dama.</em></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_012_9ade.jpg" alt=""/></figure></div>


<p><em>«Si ha organizado semejante pifostio, tiene que haber algún motivo», medité con la esperanza de que su nombre saliera a relucir. Menos mal que estaba cómodamente sentado. De no haber sido así, con seguridad me hubiese caído de culo cuando cuestionada por un reportero del “Abc” acerca de quién dirigía ese nuevo organismo, la política alemana contestó:</em></p>



<p><em>―Tengo el placer de informarles que ese puesto lo desempeña un español, Don Juan Urbieta&#8230;</em></p>



<p><em>Con la certeza de que la desconocida había tejido esa maraña de acontecimientos con el único propósito de entronizarme como máximo responsable europeo de Inteligencia, me puse una copa por si las musas del alcohol me daban la inspiración que tanto necesitaba.</em></p>



<p><em>«Ninguna de las mujeres con las que me he acostado tiene la capacidad para montar algo así», sentencié y descartándolas, resolví cambiar de enfoque y centrarme en féminas que hubiesen pasado por mi vida. Mujeres cuyo desarrollo profesional les permitiera conocer todos los resortes tanto políticos como militares necesarios, con independencia de si había pasado por mi cama.</em></p>



<p><em>Bajo esa óptica, me llegó a la mente el nombre de una antigua compañera de armas, una morena muy guapa que había dejado una prometedora carrera en el ejército para irse a los Estados Unidos donde se convirtió en una altísima ejecutiva de un emporio de Wall Street.</em></p>



<p><em>«¡No puede ser ella! ¡Se supone que es lesbiana!», me dije mientras buceaba en la web para rellenar los datos que me faltaban.</em></p>



<p><em>Durante una hora, estuve investigando lo que ahí se decía de Mariana Calatayud y poco a poco mis dudas fueron desapareciendo al comprobar que el conglomerado que dirigía tenía sus tentáculos en las mayores empresas de defensa occidentales. Pero lo que derramó el vaso y que me convenció de que era quién buscaba, fue leer en un foro que era la dueña de una empresa de mercenarios presente en los cinco continentes. Seguía tratando de asimilar todos esos datos cuando pasando a mi lado Consuelo se fijó en una foto en mi pantalla donde aparecía ella y comentó que la conocía.</em></p>



<p><em>― ¿De qué la conoces? ― conteniendo la ansiedad, pregunté sin alzar la voz.</em></p>



<p><em>― Xavi me la presentó como su socia― inocentemente, respondió.</em></p>



<p><em>&nbsp;Como al morir, su marido me había nombrado albacea de su fortuna y por tanto conocía al detalle sus inversiones, supe de inmediato que le había mentido:</em></p>



<p><em>«Si no es en ninguna de sus empresas, debe de ser en la Hermandad», concluí y revisando los dosieres que había cogido en su casa, localicé la carpeta en la que hablaba de esa mujer: «¿Cómo es posible que no haya empezado por aquí?» me lamenté al leer el apodo escrito en su solapa: «Zorra avariciosa y jamás preñada».</em></p>



<p><em>Ya convencido de su identidad, me puse a estudiar los diferentes papeles recolectados por el difunto sobre Mariana para hacerme una idea de a qué me enfrentaba. Confieso que me quedé helado al descubrir en ellos que esa mujer llevaba obsesionada conmigo desde la academia y que, a pesar de no haberla visto en años, ella había dedicado todo tipo de recursos para conocer de primera mano a qué me dedicaba, con quién me acostaba e incluso había dirigido desde el anonimato mi trayectoria profesional.</em></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_072_7a2f.jpg" alt=""/></figure></div>


<p><em>«Se ha gastado una verdadera fortuna en darme los mejores puestos y en mantenerme vivo», indignado, sentencié al leer que sus sobornos incluían tanto a los mandos de las unidades donde había prestado servicio como a las altas esferas del enemigo.</em></p>



<p><em>Tras llegar a la conclusión de que mi carrera militar era un fraude y que a pesar de haberme creído “Rambo”, jamás me había enfrentado a un peligro real, tomé el toro por los cuernos y decidí emanciparme de su tutela a partir de ese momento:</em></p>



<p><em>«Le voy a demostrar que no soy la marioneta de nadie», sentencié mientras marcaba el teléfono de Mariana que había encontrado en esos documentos.</em></p>



<p>La rapidez con la que contestó confirmó que la mujer debía estar esperando mi llamada:</p>



<p><em>―Me tenías preocupada. Pensé que tardarías menos en saber quién soy― comentó nada más descolgar.</em></p>



<p><em>El recochineo de su voz consiguió me sacó de las casillas y sin tratar de ocultar mi cabreo, le exigí que liberara a las cautivas.</em></p>



<p><em>―No están secuestradas. Son mis invitadas― respondió desternillada.</em></p>



<p><em>―Vete a la mierda― repliqué molesto, para acto seguido preguntar qué coño era lo que quería de mí.</em></p>



<p><em>― ¿Todavía no lo sabes? ¡Lo quiero todo!</em></p>



<p><em>Disimulando la mala leche que corría por mis entrañas, bajé el tono e intentando congraciarme con ella, dejé caer que debíamos vernos para hablar.&nbsp; Aun intuyendo que esa propuesta de paz era forzada, no trató de ocultar la satisfacción que sentía y con voz melosa me citó al medio día en un restaurante de Malasaña.</em></p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ahí estaré― contesté molesto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pensando en usar los recursos del CNI para averiguar más de esa zorra, me dirigí a la oficina. Una vez ahí, tuve que postergar mis pesquisas ya que nada más pisar esas instalaciones todo el mundo con el que me crucé quiso felicitarme por el éxito de la operación. Sin poder revelar que no había participado en ella, me vi desbordado por las muestras de respeto.</p>



<p>«Todo el mundo da por sentado que fui yo quien la planeó», me dije mientras me abría paso entre aplausos.</p>



<p>Lo que más me enfadó fue que mis colaboradores tampoco pusieran en duda mi participación y previendo que mi nombramiento como responsable de la seguridad europea supusiera un empujón en sus carreras, al llegar a mi despacho me hicieran el paseíllo.</p>



<p>―No es hora de celebrar― dije cortando por lo sano esa inmerecida bienvenida y dirigiéndome a una de las secretarias, exigí que llamara a Ordoñez para que viniera a verme.</p>



<p>Cinco minutos después, Camilo apareció por la puerta disculpándose por no haber conseguido rescatar a las mujeres. Asumiendo que en principio no corrían peligro, pasé por alto su fracaso y le pedí que recabara toda la información disponible sobre mi antagonista. Al escuchar el nombre de la persona que me interesaba, dio un respingo y luciendo una enigmática sonrisa, tomo su movil y me mandó un archivo.&nbsp;</p>



<p>―Revise su correo. Hace menos de un mes, su antecesor me ordenó hacer un seguimiento de Mariana Calatayud.</p>



<p>Que Morgado hubiese estado interesado en ella me extrañó, pero antes de decir nada me puse a leer el dossier por si en él hallaba algo que utilizar en su contra. Habituado a los informes de inteligencia, pasé por alto las primeras páginas sabiendo que los datos ahí recogidos podían hallarse con facilidad en la red, me centré primero en las fotos.</p>



<p>«Sigue estando buena», me dije observando lo bien que le habían tratado los años. La monada que conocí de joven había madurado y ahora con treinta y cuatro era un espectáculo.</p>



<p>Que contra todo pronóstico fuera una belleza me perturbó porque eso hacía todavía menos entendible que estuviera obsesionada conmigo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_049_255a.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«Con un cuerpo como ese, puede tener bebiendo de sus manos a quien le apetezca», concluí mientras estudiaba una imagen de ella en bikini que le habían sacado a borde de un yate.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La perfección de su trasero y el tamaño de sus pechos no impidieron que me fijara en el nombre de la embarcación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Esta tía de que va? ― exclamé al leer que la había denominado como el bar donde pasábamos las noches libres durante nuestra estancia en la academia de Zaragoza.</p>



<p>Tratando de buscar un sentido, me puse a repasar lo que recordaba de esa época y fue entonces cuando recordé que durante un permiso ella y yo nos habíamos cogido una borrachera tal que al día siguiente se me había borrado lo que habíamos hecho.</p>



<p>«Solo me acuerdo de las risas de Xavi metiéndose conmigo por la forma en que había tonteado con ella», me dije y por primera vez, comprendí que durante esa velada habíamos hecho algo más que beber demasiado.</p>



<p>Sospechando que nos habíamos enrollado y que producto de ello, Mariana se había encaprichado conmigo, concluí que debía andarme con pies de plomo para que no pasara de la atracción al odio. Preocupado, pero teniendo al menos algo a que agarrarme, seguí leyendo el dossier. Así comprobé que sus empresas eran proveedoras de armamento de la mayoría de los países de la OTAN y muy en especial de España.</p>



<p>«De ahí el interés de Morgado en ella», concluí.</p>



<p>El capítulo donde se detallaban sus operaciones financieras y de lobby dio paso a su vida personal y fue entonces cuando realmente aluciné, ya que a pesar de que nadie le conocía una relación seria, esa mujer siempre decía que tenía novio desde su paso por el ejército. Y es que el autor del informe dando credibilidad a sus comentarios señalaba que al menos dos semanas al año, desaparecía de la vista pública y se iba de viaje. Ya con la mosca detrás de la oreja, repasé las fechas de sus ausencias con mis vacaciones y ¡cuadraban!</p>



<p>«Ésta loca me ha estado persiguiendo por medio mundo», sintiéndome espiado concluí antes de leer en la siguiente página mi nombre como el de un serio candidato a ser su amante.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Intrigado sobre cómo el CNI había llegado a esa conclusión, busqué los nexos y no me resultó raro que hubiesen comparado las identidades de aquellos que hubiesen estado en los mismos hoteles que ella.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Yo hubiera dado por hecho que éramos pareja», pensé tras comprobar que durante los últimos cinco años habíamos pasado las vacaciones en los mismos lugares.</p>



<p>Desmoralizado al no haberme percatado de su obsesión por mí, levanté la mirada de esos papeles y a bocajarro pregunté a Camilo, si le habían llegado rumores o habladurías sobre Mariana que no hubiese puesto por escrito.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_103_9ccf.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;―Usted mejor que nadie debe conocerla, no en vano llevan años juntos― contestó desconociendo por completo qué tipo de relación nos unía.</p>



<p>El cachondeo de su tono me advirtió que sabía algo y que por prudencia se abstenía de comentarlo. Tanteando el terreno, pedí que no se anduviera con rodeos y que me dijera lo que conocía de ella.</p>



<p>―Si va al documento anejo, sabrá de lo que hablo.</p>



<p>Lleno de curiosidad abrí el archivo que decía y casi me caigo de culo al comprobar que esa mujer tenía por costumbre contratar una vez al mes los servicios de un prostituto especializado en dominación y que para colmo bien podía ser mi gemelo.</p>



<p>― ¿Esto está verificado? ― pregunté usando la jerga del departamento.</p>



<p>―Al 100%, y si no me cree, revise los pagos mensuales que le hace al sujeto― contestó muerto de risa: ―Su amiga es aficionada a los juegos de rol y a que la manden.</p>



<p>Asumiendo que esa información valía su peso en oro, despedí a Camilo y ya solo en el despacho, me metí en internet a verificar en persona la página web donde ese hombre se promocionaba. Tras comprobar que entre sus servicios había una serie de prácticas de dominación y sumisión cercanas al sadomasoquismo, no vi nada malo en abusar de mi puesto. Llamando a uno de los hackers que teníamos contratados, le pedí que localizara desde donde operaba. Cinco minutos después y su localización real en mi movil, salí de las instalaciones del consejo rumbo a su casa en compañía de dos uniformados.</p>



<p>Al ver al chalet donde vivía, supe que a ese malnacido le iba de cojones y que por nada en el mundo querría perder ese nivel de vida. Así fue, en cuanto me vio llegar se cagó en los pantalones al reconocerme como el hombre que representaba a solicitud de su clienta. Por eso, apenas tuve que amenazarle para que cantara la clase de sexo que practicaba con ella.</p>



<p>«Joder con Marianita», sonreí sorprendido al escuchar de sus labios que, en sus encuentros sexuales, ella se comportaba como sumisa, dejando que el vividor la usara del modo que le venía en gana.</p>



<p>―Le encanta que simule que soy usted y que la trate como una vil fulana― añadió mirando de reojo a mis acompañantes.</p>



<p>Lejos de enfadarme la obsesión de esa mujer, me divirtió y sin mostrar mis intenciones, seguí interrogándolo para que desembuchara todo aquello que me pudiese servir para contratacar y librarme de su acoso. Así me enteré de sus más íntimos secretos, secretos que había ocultado al mundo y que por nada del mundo desearía que alguien sacara a la luz. Tras averiguar todo lo relevante y comprender que nada más podía sacar de él, con tono duro, le avisé que, si no quería perder todo lo que había conseguido como gigolo, esa conversación debía quedar entre nosotros.</p>



<p>―No se preocupe― escuché que decía mientras me iba.</p>



<p>Ya en el coche de vuelta, me costó asimilar que una ejecutiva conocida por ser un tiburón en los negocios y capaz de manipular a la gente a su antojo pudiese tener al mismo tiempo esas inclinaciones. Temiendo quizás que fuera solo un divertimiento, decidí actuar con prudencia y no revelar mis cartas directamente, no fuera a ser que, dándolo por sentado, me llevase un revolcón</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_093_1125.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp; &nbsp;«Esa tipa es peligrosa», pensé sabiendo que aun así debía sondear si era cierto.</p>



<p>Acababa de llegar a mi despacho cuando mi teléfono comenzó a sonar. Al mirar la pantalla del móvil, vi que era Rocío quien llamaba:</p>



<p>― ¿Pasa algo? ― pregunté.</p>



<p>―Están aquí― casi tartamudeando respondió.</p>



<p>― ¿De qué hablas? ― insistí no muy seguro del significado de sus palabras.</p>



<p>―Patricia y Consuelo&#8230; ¡acaban de aparecer en el piso!</p>



<p>La noticia de su liberación me pilló con el pie cambiado al no esperármela. Tras unos segundos sin saber qué decir, le pedí que me pasara a mi novia. Al escucharme, la viuda le pasó el teléfono:</p>



<p>―Mi amor, creí que jamás iba a volver a oír tu voz― &nbsp;susurró Patricia.</p>



<p>― ¿Cómo te encuentras? ― quise saber recordando que según sabía había resultado herida en el enfrentamiento.</p>



<p>―Adolorida y cansada, pero estoy bien.</p>



<p>Por el sonido de su voz, supe que mentía y que sus heridas eran todo menos superficiales. Sabiéndolo, sugerí que se fuese a dormir.</p>



<p>― ¿No vienes?</p>



<p>―Ahora no puedo, tengo una cita a la que no puedo faltar― contesté absteniéndome de dar detalles.</p>



<p>―Ten cuidado, esa mujer se cree tu dueña― demostrando que sabía con quién había quedado, señaló.</p>



<p>No quise confirmarle nada y despidiéndome de ella, prometí ir a verla en cuanto me liberara.</p>



<p>―Vuelve con nosotras― cortando la comunicación, se despidió llorando.</p>



<p>Parcialmente aliviado al saberlas a salvo, me puse a cavilar sobre las posibles razones por las que Mariana había decidido perder la baza de tenerlas en su poder. Asumiendo que esa zorra no daba un paso en falso:</p>



<p>«Si las ha dejado libres, es porque le conviene», me dije y es que aun aceptando que era un gesto de buena voluntad, también comprendí que su propósito era ponerme receptivo para manipularme mejor.</p>



<p>«Menuda sorpresa se va a llevar», sentencié ―mientras volvía a ponerme a revisar su expediente&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">16</h1>



<p>Habituado a seguir un protocolo de seguridad cada vez que me reunía con alguien de poca confianza, decidí llegar con tiempo a la cita y así poder revisar el local antes que ella llegara. Una vez allí y tras hablar con el maître, conseguí que nos diera una mesa del fondo desde la que podría controlar la llegada de una visita no deseada. Acababa de sentarme cuando la vi entrar. Las fotos no le hacían justicia. En persona, esa zorra era todavía más atractiva. Consciente de su atractivo, sonreía a los presentes dejando claro que era una mujer acostumbrada a mandar.</p>



<p>«La verdad es que, si no fuera un peligro, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima”, sentencié molesto.</p>



<p>&nbsp;Al comprobar que había llegado, se acercó contorneando su cintura. La sensualidad que trasmitía, dejó embobados a todos los clientes varones del restaurante. Yo no fui una excepción. Completamente absorto, vi cómo recorría la sala. Mientras se acercaba, tuve que recordar la personalidad de esa mujer y los problemas que me había creado. Aunque me había preparado mentalmente para no parecer un payaso cuando la tuviese enfrente, tengo que confesar que me resultó imposible al tener que admitir que era pura lujuria y babeé como todos. Si el diablo hubiera decidido crear un ser que llevara a la perdición a los humanos, la hubiese tomado como modelo. Guapa, atlética y con clase.</p>



<p>―Juan, ¡qué ilusión el verte! ― comentó mientras me regalaba un beso en la mejilla.</p>



<p>Tratando de confundirla, sonreí y pasando una mano por su cintura, la atraje hacía mí:</p>



<p>―Estas preciosa― le solté mientras le devolvía un rudo beso en los labios.</p>



<p>Extrañada por ese recibimiento, sus ojos color miel dejaron entrever una mezcla de curiosidad. No en vano, nunca y tras tantos años de no vernos, nunca previó algo así. Pero reponiéndose al instante, pegó su cuerpo contra el mío mientras se quejaba de que estuviésemos en un lugar público.</p>



<p>―Si tanto te incomoda, podemos ir a tu casa― contesté sin sospechar que su proximidad iba a provocar que mi sexo se irguiera bajo el pantalón.</p>



<p>Siendo para ella evidente mi erección, busqué que nadie más se diese cuenta que estaba empalmado y agarrándola del brazo, la obligué a sentarse mientras caballerosamente, le preguntaba qué quería tomar.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_118_de39.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Un vino blanco― respondió.</p>



<p>Llamando al camarero, pedí que le trajera su consumición y para mí, ordené una cerveza. Con tranquilidad, aguardé a que volviera con nuestras bebidas. Con ellas sobre la mesa, entré al trapo:</p>



<p>― ¿Me puedes explicar por qué estás obsesionada por mí y desde cuándo?</p>



<p>Debió prever que le iba a hacer esa pregunta, porque riendo contestó:</p>



<p>―Desde que me desvirgaste en la academia.</p>



<p>―Jamás te follé― respondí totalmente alucinado aunque eso confirmara mis sospechas.</p>



<p>Riendo tras tanto tiempo, me sacó del error:</p>



<p>―Por supuesto que sí, lo malo es que ibas tan borracho que al día siguiente no te acordabas.</p>



<p>―Nunca lo supe― contra las cuerdas, reconocí.</p>



<p>―Eso no te libera de tu obligación. Esa noche me hiciste tuya y desde entonces espero que cumplas tu palabra.</p>



<p>― ¿De qué hablas?</p>



<p>Desternillada, me informó que entre polvo y polvo le había jurado que tendríamos un futuro juntos.</p>



<p>―Era el alcohol el que hablaba― protesté.</p>



<p>―Aun así, fue la palabra de honor dada por un cadete. Yo nunca lo olvidé y por eso cuando Xavi me contactó, acordé colaborar con él si me garantizaba que tú cumplirías esa promesa.</p>



<p>Con ganas de abofetearla, pregunté si era razón suficiente para fundar una sociedad como la Hermandad:</p>



<p>―La Hermandad es solo un instrumento para que seamos los dueños del mundo. Lo importante somos tú y yo.</p>



<p>Tratando de rebajar el tono de la conversación al considerarla una loca, le comenté que por qué no había ido de frente y me había contado lo sucedido.</p>



<p>―Cariño, tus conquistas se miden por docenas. Para ti, las mujeres son de usar y tirar. Nunca te hubieses quedado conmigo.</p>



<p>&nbsp;― ¿Y de este modo sí? ― pregunté ya cabreado.</p>



<p>―Por supuesto. Con la inestimable ayuda de tu amigo y mientras él creía que su función era devolver el poder a Europa, he creado las bases de tu rendición.</p>



<p>―No te entiendo― reconocí.</p>



<p>―Amor mío, dediqué estos años a estudiarte. Sin que te dieses cuenta te sometí a todo tipo de exámenes psicológicos y ya conociendo cómo funciona tu mente, te di lo que jamás hubieses conseguido por ti solo.</p>



<p>―Me he vuelto a perder― nuevamente confesé.</p>



<p>Luciendo la mejor de sus sonrisas, añadió:</p>



<p>―Te he dado un futuro, una familia, unos hijos y un harén.</p>



<p>Todavía manteniendo algo de calma, le di las gracias para acto seguido señalar que ahora que ya lo tenía cómo pensaba asegurarse que no la dejara en la estacada o decidiera deshacer su obra. Mi pregunta la hizo llorar de risa:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_121_3c8f.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Mejor que nadie sabes que no tienes otra salida. ¡La hermandad seguirá contigo o sin ti! O aceptas llevar conmigo su jefatura y los que amas tienen un porvenir, o renuncias y te atienes a las consecuencias.</p>



<p>Al recordarme algo que ya sabía, me indigné y tratando de llevar de nuevo el agua a mi terreno, la espeté con ganas de hacerle reaccionar:</p>



<p>―Solo tengo una duda. No sé si estrangularte o follarte contra la mesa.</p>



<p>No debía esperarse esa burrada y poniéndose colorada, contestó que si le daba a elegir prefería la segunda opción. Sin darle un respiro, metí las manos bajo su falda mientras le preguntaba de qué color eran sus bragas.</p>



<p>―Llevo un tanga rojo― confesó con una mezcla de enfado y morbo.</p>



<p>― ¿Y qué esperas para enseñármelo? ― le solté con toda la mala leche del mundo.</p>



<p>― ¿Tú de qué vas? ― protestó airadamente al escucharlo.</p>



<p>En vez de responder, llevé mis yemas a su entrepierna y sin cortarme en lo más mínimo por estar en un lugar tan concurrido, empecé a recorrer esa tela de encaje. Como accionada por un resorte, Mariana intentó cerrar las piernas, pero se lo impedí.</p>



<p>―Hasta este momento, yo he bailado al son que tocabas, pero eso se ha terminado. No soy un hombre que se deja dominar― añadí riendo al sentir que la humedad se hacía presente entre sus muslos.</p>



<p>Humillada pero excitada a la vez, estuvo a punto de salir huyendo. Cuando ya pensaba que iba a marcharse, en vez de hacerlo, puso su bolso en sus piernas para ocultar al público que atestaba el lugar que la estaba masturbando y contestó:</p>



<p>―Vas a pagar esto.</p>



<p>Descojonado al verla tan azorada y señalando el sudor de su escote, seguí tocándola mientras esa morena miraba a su alrededor temiendo en cada instante que alguien se percatara de lo que estaba sintiendo. Sé que me porté como un verdadero cabrón, pero os tengo que reconocer que disfruté de cómo su cabreo se iba transmutando en deseo y el deseo en placer. El primer síntoma de su calentura fue que a tenor de mis caricias comenzara a costarle el respirar.</p>



<p>― ¿Te gusta? ― susurré a su oído mientras mis dedos se habían apoderado de su clítoris.</p>



<p>No pudo contestar. Mordiéndose los labios, se retorció al sentir que jugaba con su botón mientras cerraba los ojos para evitar que me diera cuenta que estaba a punto de correrse. Desgraciadamente para ella, al cerrar los parpados, se magnificaron sus sensaciones y sin poderse reprimir, su cuerpo colapsó en un callado orgasmo.</p>



<p>―Ves como no era tan difícil― sonreí sacando la mano de entre sus piernas.</p>



<p>Sabiendo que tenía que hacer algo o definitivamente iba a quedar en mi poder, me miró desafiante y llena de ira, me retó diciendo que si eso era lo único que sabía hacer. &nbsp;Comprendiendo que debía aprovechar su enfado, le solté:</p>



<p>―Tienes razón, vete al baño y espérame ahí.</p>



<p>Supe que estaba indignada y confusa, pero también excitada. Durante casi medio minuto, la ejecutiva se debatió entre la rabia y su tendencia sumisa.&nbsp; Finalmente venció el placer verse dominada por el que tanto tiempo llevaba añorando.</p>



<p>―Eres un hijo de puta― gruñó.</p>



<p>Sin saber a ciencia cierta qué iba a hacer, la vi levantarse y dirigirse hacia el servicio ubicado al final del local. Apurando mi copa, la observé mientras se marchaba.&nbsp; Sus pasos eran inseguros, su mente protestaba por mi trato. Pero al sentir que la humedad anegaba su cueva, la mujer comprendió que deseaba con locura entregarse a mi juego y por eso, al cerrar la puerta se puso a esperar que llegara. Buscando ahondar su excitación, la dejé unos minutos sola y cuando comprendí que había llegado el momento, me acerqué donde estaba y tocando en su puerta, le exigí que me abriera.</p>



<p>Al ver sus ojos inyectados con una lujuria sin límite comprendí que estaba dispuesta. Sin hablar me bajé los pantalones y sacando mi miembro de su encierro, le di la vuelta y comencé a jugar con mi glande en su sexo. Mariana estuvo a punto de derretirse al sentir mi verga recorriendo sus pliegues. Agachada sobre el lavabo, solo podía imaginarse lo que ocurría a su espalda.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/361/30108114/30108114_128_7425.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Qué me vas a hacer? ― preguntó al sentir que le separaba los cachetes.</p>



<p>Tras comprobar que estaba empapada, cogiendo un poco de su flujo, embadurné su esfínter.</p>



<p>―Demostrarte quien manda― respondí.</p>



<p>Según el prostituto, en dos ocasiones había tenido sexo anal con ella a pesar de que era algo que le encantaba. Por eso no me extrañó que, sin tenérselo que pedir, esa maldita separara sus nalgas con sus manos para facilitar mi labor. No había metido ni medio dedo en el interior de su ojete cuando escuché sus primeros gemidos. Incapaz de contenerse, moviendo su cintura, Mariana buscó profundizar el contacto. Al sentir su entrega, llevé otro dedo a su interior y recorriendo sus bordes durante unos instantes, relajé sus músculos.</p>



<p>―Fóllame ya ― gritó fuera de sí.</p>



<p>No tuvo que repetírmelo dos veces, acercando mi glande lo puse sobre su entrada trasera y forzando con una pequeña presión de mis caderas, lo fui introduciendo a través de ese rosado anillo.&nbsp; Poco a poco, mi extensión fue desapareciendo en su interior mientras, apretando sus mandíbulas, Mariana hacía verdaderos esfuerzos para no gritar.</p>



<p>―Ufff― exclamó a sentir que finalmente había terminado ― ¡Es enorme! Creí que no iba a caberme.</p>



<p>Contra toda lógica, el culo de esa morena había absorbido tanto el grosor como la longitud de mi miembro sin quejarse y felicitándola con un pequeño azote, empecé a moverme. Lentamente en un principio, fui incrementando el ritmo mientras ella no dejaba de susurrar en voz baja lo mucho que le gustaba. Os tengo que reconocer que no me había dado cuenta que mientras metía y sacaba mi pene de su estrecho conducto, la morena se las había ingeniado para con una mano masturbarse sin perder el equilibrio.</p>



<p>―Más duro― me pidió dando un grito.</p>



<p>Fue entonces cuando recordé que según el informe a esa mujer le iba la caña y por ello aceleré mis caderas, convirtiendo mi tranquilo trote en un alocado galope.</p>



<p>―Los años que llevo soñando esto― gimió al sentir mis huevos rebotando contra su sexo.</p>



<p>La entrega de esa mujer me dio alas y olvidando cualquier tipo de prudencia, seguí apuñalándola sin compasión mientras le estrujaba los pechos.</p>



<p>―Mi destino ha sido siempre ser tuya― chilló descompuesta al verse empalada.</p>



<p>Esa exclamación me recordó su papel en el secuestro y con renovado ímpetu, mi pene forzó más allá de lo concebible su trasero. La causante de tanto dolor aulló al notar que su esfínter había sobrepasado su límite, pero en vez de apartarse dejó que continuara cabalgándola sin descanso.&nbsp;</p>



<p>―Puta, ¡muévete! ― grité al sentir que se aproximaba mi propio orgasmo y con la tarea hecha, me dejé llevar&nbsp;derramándome&nbsp;en el interior de su culo.</p>



<p>Tras unos minutos de reposo, nos acomodamos la ropa y disimulando, salimos del servicio. Se veía a la legua que Mariana estaba encantada. Aun así, lo que jamás imaginé fue que, de camino hacia la mesa, esa zorra me dijera que esa noche firmaríamos definitivamente la paz cuando con ayuda de mis putas ella desvirgara mi culo&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/361/30108114/30108114_081_8110.jpg" alt="" width="649" height="432"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La Hermandad, el poder oculto que amenaza Europa 8&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2026 11:54:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sin dejar de pensar en la desconocida y en lo que podría hacer para liberar a las secuestradas, me pasé la tarde dedicado a mimar al trio de mocosas que me había caído encima.&#160; Horas en las que por primera vez me sentí padre. Nada habituado a las carantoñas de féminas de un metro de altura, esa sensación era tan extraña como cautivadora. Contra todo pronóstico, me vi riendo sus gracias y, sobre todo, ¡maleducándolas! Cómo sería a cosa que Rosa me llegó a recriminar mi falta de criterio: &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―No son tus nietas, sino tus hijas. Debes imponerte o [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Sin dejar de pensar en la desconocida y en lo que podría hacer para liberar a las secuestradas, me pasé la tarde dedicado a mimar al trio de mocosas que me había caído encima.&nbsp; Horas en las que por primera vez me sentí padre. Nada habituado a las carantoñas de féminas de un metro de altura, esa sensación era tan extraña como cautivadora. Contra todo pronóstico, me vi riendo sus gracias y, sobre todo, ¡maleducándolas!</p>



<p>Cómo sería a cosa que Rosa me llegó a recriminar mi falta de criterio:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No son tus nietas, sino tus hijas. Debes imponerte o te tomarán el pelo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aun reconociendo que tenía razón, me resultaba imposible el regañarlas. Por eso cuando se negaron a ir a cenar al querer seguir jugando, opté por lo más sensato&#8230; huir como un cobarde y dejar la disciplina a la viuda.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ya habéis oído a vuestra madre. Levantad el culo e id a cenar― acudiendo en su auxilio Verónica ordenó con voz tierna pero firme.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Curiosamente, esas tres piojosas criaturas obedecieron y dejando los juguetes, se sentaron en la mesa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Gracias, preciosa― Rosa le agradeció la ayuda con una caricia en su mejilla.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese piropo unido al roce de los dedos de la mujer que consideraba sagrada provocaron la felicidad de Verónica y mirándola con adoración, contestó que era su obligación.</p>



<p>―Educarlas es deber de Juan y mira&#8230; ¡se ha escaqueado! ― replicó mientras me lanzaba una advertencia: ―Sé de uno que, si no se ocupa de bañarlas, esta noche no dormirá con nosotras.</p>



<p>&nbsp;Esa afirmación dirigida a mí fue un misil que impactó bajo la línea de flotación de la mulata y roja como un tomate, comentó que había preparado la habitación de servicio para ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/1/363/21521233/21521233_003_5f7a.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―De eso nada. Eres una mujer de la familia y tu puesto está en mi cama.</p>



<p>No pude más que advertir el desconcierto de la mulata y que bajo la blusa, tenía los pezones erizados al responder:</p>



<p>―Mi señora, ese es un honor que no merezco.</p>



<p>Reaccionando a esa muestra de humildad, Rosa se acercó y tomándola de la cintura, le susurró al oído si acoso no la encontraba atractiva.</p>



<p>―Al contrario, usted es bellísima― casi llorando, contestó.</p>



<p>Satisfecha con la respuesta, decidió incrementar la turbación de la muchacha mientras me ponía los dientes largos:</p>



<p>―Después de lo que has sufrido, no sería justo que durmieses sola. Te mereces recibir mi cariño&#8230;― comentó y dando su lugar a la desconcertada morena, añadió riendo: ―&#8230; siempre que quieras.</p>



<p>― ¡Claro que quiero! ― sollozó ilusionada.</p>



<p>Sellando la promesa con un breve beso en sus labios, Rosa se puso a dar de cenar a las pequeñas.</p>



<p>Todavía sumida en un estado de confusión, Verónica la ayudó mientras se preguntaba si era real o había soñado esas palabras. Desde mi silla, comprendí que, esa noche, mi papel sería de comparsa:</p>



<p>«Debo dejar que Rosa marque el ritmo», me dije recordando que para la mulata era casi una diosa.</p>



<p>Tras una cena en la que la madre de Lara repartió sonrisas y mimos a todos menos a mí, me tocó el turno del baño sabiendo que, si no cumplía, durante las siguientes horas pasaría frío. Para mi sorpresa, la experiencia con esas arpías fue maravillosa y tres cuartos de horas después, aparecí en el salón creyendo que ahí estarían. Al no encontrarlas, pensé que estaban acurrucadas entre ellas y que yo sobraba. Por ello, me serví una copa para darles tiempo antes de ir a la habitación pidiendo refugio.</p>



<p>&nbsp; No llevaba ni medio whisky cuando las vi entrar en camisón.</p>



<p>―Os habéis cambiado― balbuceé impresionado por la sensualidad de las picardías que llevaban puestos: ―Estáis guapísimas.</p>



<p>&nbsp;Todavía seguía babeando cuando Rosa me pidió que les pusiese de beber mientras ella se ocupaba de las canciones. Como seguía paralizado observándolas, tuvo que ser ella quien me hiciera reaccionar y yendo hacia el equipo de música, me soltó un suave azote en el culo diciendo:</p>



<p>―Date prisa. Tus mujercitas tienen sed.</p>



<p>Nervioso ante la perspectiva de poseer a esas dos bellezas, les serví esa primera copa mientras en los altavoces comenzaba a sonar una canción lenta. &nbsp;tango.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/1/363/21521233/21521233_006_b163.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Baila conmigo― oí que me decía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sonriendo, me acerqué y tomándola de la cintura, comenzamos a bailar. sin importarle la presencia de mi secretaria, la viuda pegó su pubis contra mi sexo al tiempo que empezaba a restregar su coño contra mí.</p>



<p>.&nbsp;</p>



<p>«¡Quiere ponerme cachondo!», pensé y no queriendo excitarse antes de tiempo, intenté retirarme un poco, pero ella me lo impidió llevando la mano hasta mi trasero.</p>



<p>Con la copa entre sus dedos, Verónica se emocionando. Excitada, decidió unirse a nosotros. Cogiendo una de mis manos, se la colocó en el pandero mientras nos abrazaba. Sonriendo al ver su entrega, Rosa no quiso quedarse atrás e imitándola llevó la otra a sus nalgas. Disfrutando de ambos traseros por igual, las atraje hacia mí y me puse a bailar. Esa maniobra, obligó a que las dos pegaran sus pechos una contra la otra y aprovechándolo, la madre de Lara decidió regalarle un suave pellizco en una teta.</p>



<p>― ¡Mi dueña! ― Verónica susurró.</p>



<p>&nbsp;En la siguiente vuelta,&nbsp;deseando quizás devolverle esa caricia, agarró entre sus dedos una de las areolas de Rosa y apretó. Mientras ese sutil duelo ocurría, no me enteraba de nada al tratar de evitar que advirtieran la erección que lucía entre mis piernas.&nbsp; El que la mulata se la hubiese devuelto, le hizo reír:</p>



<p>―Serás puta― &nbsp;comentó mientras sin cortarse le deslizaba los tirantes, dejando al descubierto&nbsp;sus pechos.</p>



<p>Al comprobar la calidad y cantidad de sus ubres, añadió que para ser tan joven estaba bien dotada. Verónica no hizo ningún intento de ocultarlos y simulando un cabreo que no sentía, contratacó liberando la delantera de su agresora. Viendo que esa lucha no me incumbía, aplaudiendo me senté en el sofá―</p>



<p>―Estáis preciosas. ¡Bailad para mí las dos juntitas! ― añadí mientras bebía de mi copa.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Picada en su orgullo, Rosa agarró con sus manos el trasero de la mulata y pegándole un buen magreo, señaló que se notaba la cantidad de ejercicio que hacía:</p>



<p>―Tienes el culo durísimo.</p>



<p>Al escuchar el piropo, Verónica sintió un pinchazo en la entrepierna, pero no quiso o no pudo rechazarla. Sin perder la iniciativa, la viuda deslizó los dedos hacia el sexo de la acólita. Recordando el bosquecillo que lucía, quiso jalar de los vellos púbicos de la chavala, pero lo único que se encontró fue con un sexo totalmente depilado. Recuperada de la sorpresa, le preguntó cuándo se había depilado mientras metía una de sus yemas entre esos pliegues:</p>



<p>―Esta tarde, no quería que me viera hecha un mono― respondió sorprendida.</p>



<p>Tras recuperarse, pensando quizás que lo que quería la mujer que adoraba era que yo viese a Rosa metiéndole mano, no tardó en separar sus rodillas y suspirando, sollozó:</p>



<p>―Soy suya.</p>



<p>&nbsp;Esa afirmación de entrega, recordó a la viuda los sentimientos que albergaba la chavala hacia ella y sin dejar de acariciar con sus yemas el clítoris de Verónica, replicó:</p>



<p>―Esta noche tomaré posesión de lo que es mío.</p>



<p>Tal era la excitación de las dos que ninguna se percató que desde el sofá yo sonreía. La mulata no se esperaba esa promesa y mientras disfrutaba de la forma en que la estaba masturbando, decidió cambiar de estrategia. Exteriorizando la calentura que experimentaba, llevó sus labios a los de su diosa mientras le decía:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/1/363/21521233/21521233_004_c7a6.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―La razón de mi vida es servirla.</p>



<p>Al sentir el beso, Rosa intuyó que la muchacha no tardaría en correrse. Al ser lo que iba buscando, forzó su boca con la lengua mientras seguía torturando su botón. Sintiéndose realizada, mi secretaria dejó que la mujer jugueteara un rato en el interior de su boca antes de llevar una de sus manos hasta el pecho de su señora. Tras encontrar su pezón erecto, vio la oportunidad de devolverle la calentura que ya se acumulaba en su entrepierna. Decidida a devolverle el placer, la fue besando por el cuello con la intención de apoderarse de él.</p>



<p>―Sigue― murmuró agradecida al notar que se ponía a mordisquear su botón.</p>



<p>Alborozada al oír esa sensual orden, la mulata no pudo reprimir un gemido de placer y mirando hacia mí, buscó mi apoyo.</p>



<p>―Ya has oído, sigue amando a mi mujer― señalé.</p>



<p>&nbsp;Mi permiso la tranquilizó y sin el riesgo de que sus actos me molestaran, se entregó en cuerpo y alma a complacer a la viuda. Tomando los pechos de Rosa nuevamente entre sus labios, incrementó las caricias de sus dedos sobre el ya erecto botón de la mujer. Ese doble estímulo provocó que un calambrazo recorría su cuerpo al ritmo con el que la estaba pajeando.</p>



<p>«Esto se está poniendo interesante», pensé mientras mi amiga contratacaba cogiendo uno de los pezones de Verónica entre sus dientes y pegándole un suave mordisco, intentaba que se contagiara de la misma calentura que ya la atormentaba. El gemido de placer que brotó de su garganta le dio los ánimos suficientes para atreverse a aprovechar la ventaja para obligar a la muchacha a rebajarse a lamerle los pechos. Azuzada por la lujuria, la mulata se lanzó como una posesa a chupar&nbsp;los duros senos de su dueña.</p>



<p>―Continua, ¡me encanta! ― boqueando reconoció.</p>



<p>Mi secretaria se sintió recompensada al escucharlo y disfrutando de los aullidos de placer de su señora, incrementó la intensidad con la que mamaba de sus pezones. Instintivamente, Rosa se defendió dejando caer sobre las negras nalgas de Verónica un sonoro azote. Ese azote terminó de asolar lo poco que le quedaba de cordura y antes que se diera cuenta, se vio desgarrando el coqueto tanga que llevaba su señora.</p>



<p>―Me costó treinta euros― protestó al verlo hecho trizas y llevando sus dedos a las bragas de encaje de la mulata, se las destrozó.</p>



<p>Desde el asiento, no pude más que sonreír al ver la evolución de ese baile y comprender que ambas estaban disfrutando de ese sensual enfrentamiento:</p>



<p>«A este paso van a llegar a las manos», me dije rellenando mi copa.</p>



<p>&nbsp;A pesar de ello, me sorprendió que, al verse desnuda, Verónica olvidara quien era su oponente y que, aprovechando su altura y peso, violentamente la tumbara contra su voluntad en el suelo.</p>



<p>― ¡Zorra! ― gritó Rosa al sentir que no contenta con ello, las yemas de la chavala se sumergían entre sus pliegues.</p>



<p>&nbsp;Confieso que aluciné al observar que, abusando de su fuerza, la mulata la obligaba a separar las rodillas mientras hundía la cara entre las piernas de su indefensa víctima.</p>



<p>«¿Cómo va a terminar esto?», me pregunté», viéndola saborear el fruto prohibido que la viuda escondía entre sus piernas.</p>



<p>Tan sorprendida como yo, Rosa tuvo que reconocer el placer que sentía cuando Verónica recogió entre sus dientes el ya erecto clítoris que el destino había puesto en su camino y con un celo enfermizo, se ponía a disfrutar de su sabor:</p>



<p>&nbsp;― ¡Puta!</p>



<p>Pasando por alto que su propio cuerpo se estaba viendo afectado en demasía con el roce de la tersa piel de su adversaria, la mulata vio en ese aullido un aliciente para seguir y retomando la iniciativa, introdujo dos yemas dentro del coño de su señora mientras la premiaba a base de lengüetazos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―Puedo ser una puta, pero ante todo soy su sierva― cesando brevemente en el ataque, refutó la morena.</p>



<p>―Ahora mismo, no eres su acólita sino su amante―&nbsp; comenté desternillado desde el sofá.</p>



<p>Azuzada por mí y por la humedad que empapaba sus dedos, con nuevos ánimos, siguió pajeándola mientras Rosa palidecía al saberse incapaz de contener el placer que amenazaba con explotar en su interior.</p>



<p>&nbsp;«¡Todavía no! ¡Necesito más tiempo!», pidió a su cuerpo que esperara mientras recordaba que ella misma se volvía loca cuando se acercaba el clímax y le mordían el clítoris.</p>



<p>Decidida a vender cara su derrota, consiguió girarse y poner el coño de la mulata a su alcance. En un arranque de desesperación, cerró sus dientes sobre el hinchado botón de la mujer.</p>



<p>―Mi señora― sollozó Verónica desprevenida.</p>



<p>Si de por sí, ese mordisco había sido una carga de profundidad en la mente de la morena, se sintió llevada al cielo cuando Rosa comenzó a azotar su culo.</p>



<p>&nbsp;―Mi señora― repitió al notar el latigazo de placer que recorría su cuerpo y feliz, se dejó llevar por las explosivas sensaciones que la embargaban.</p>



<p>Desde mi privilegiado puesto de observación, vi que al mismo tiempo que ella se corría, la arpía que tenía entre las piernas hacía lo mismo quizás con mayor énfasis. Los gritos de ambas retumbaron en las paredes del salón al ritmo que sus cuerpos convulsionaban sobre la alfombra. Sin saber a ciencia cierta quien había ganado y quien había perdido, observé la belleza de esa escena lésbica y es que, sellando la paz, volvieron a entrelazar sus cuerpos en una danza tan ancestral como prohibida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/1/363/21521233/21521233_012_f7e1.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Una vez liberadas de sus prejuicios, unieron sus bocas con renovado ardor durante unos segundos hasta que con una sonrisa Rosa susurró en el oído de su rival que podía darle la revancha en la cama ya que la había vencido sobre la alfombra:</p>



<p>―Mi señora, ¡ha sido usted la primera en correrse! ― muerta de risa, contestó la mulata.</p>



<p>Viendo que no llegaban a un acuerdo, me pidieron que declarara quién había ganado. Para no decantarme por una de ellas, preferí optar por el empate. Ese fallo no satisfizo a ninguna y ambas protestaron airadamente. Observando su terquedad, propuse una solución:</p>



<p>―Como la noche es larga, pienso que lo mejor es que mañana veamos cuál de las dos ha conseguido que la otra se corra más veces.</p>



<p>Ayudando a la acólita a levantarse del suelo, Rosa contestó:</p>



<p>―Acepto― y dirigiéndose a la mujer que llevaba asida de la cintura añadió: ― Cariño, te aviso que en el amor y en la guerra todo vale.</p>



<p>― ¿A qué se refiere? ― Verónica preguntó.</p>



<p>―A esto― luciendo una sonrisa de oreja a oreja, la aludida chascó los dedos: ― Ahora ¡córrete!</p>



<p>Indefensa ante esa orden, su acólita obedeció&#8230;.</p>



<p>Ya de madrugada, el sonido de un mensaje entrando al movil me despertó. Algo me dijo que era importante y medio adormilado, decidí leerlo. Al descubrir que me había llegado de un número que no tenía registrado, decidí abrirlo. Reconozco que tuve que repasarlo un par de veces al ver que era de la desconocida:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¿Esta tía de que va?», me pregunté indignado al leer su contenido y es que, tras señalar que nuestro destino era estar juntos y autonombrarse como “mi” Gran Dama, me informaba que había puesto en marcha la maquinaria para recuperar a las miembros de “nuestro” harén que habían sido secuestradas.</p>



<p>Que diera por sentado que iba a ser mi pareja y se atribuyera la propiedad de esas mujeres me molestó, pero aún más su advertencia para que me abstuviera de actuar, no fueran a chocar nuestros esfuerzos. Cabreado hasta decir basta, marqué a Camilo, el agente al que había encargado la investigación, para que me informara de sus avances.</p>



<p>-Tal y como ordenó, las cuatro escuadras se han desplegado y esperan que den las ocho para atacar- respondió.</p>



<p>-¡De qué coño hablas!- exclamé.</p>



<p>Confuso, contestó:</p>



<p>-De los Geos que vía email me ordenó lanzar contra las bases que usted había localizado de nuestro enemigo.</p>



<p>&nbsp;Lleno de ira, le informé que yo no había sido el responsable del correo.</p>



<p>-¿Entonces quién?</p>



<p>-La puta que se hace llamar mi Gran Dama- repliqué.</p>



<p>No sabiendo a qué atenerse, Ordoñez me pidió instrucciones sobre cómo actuar y si debía retirar los operativos. Todo mi cuerpo me pedía hacerlo, pero asumiendo que eran parte de un plan global, le pedí que no lo hiciera y que me mantuviese informado.</p>



<p>-Así lo haré- afirmó, despidiéndose.</p>



<p>Sabiendo que el destino de Patricia, Consuelo y Danka pendía de un hilo y que cualquier movimiento de mi parte podía ser perjudicial, decidí intentar dormir. Desgraciadamente, me resultó imposible. No podía dejar de pensar, de tratar de averiguar quién era la mujer que manejaba los hilos de la hermandad. Desesperado al no hallar en mi vida una pista que me permitiera sospechar de nadie, decidí despertar a Rosa que permanecía acurrucada junto a mí. &nbsp;Todavía somnolienta, la viuda de Xavi creyó que deseaba reanudar los besos de la noche anterior.&nbsp; Al rechazarla y decirle que necesitaba su ayuda, se fijó en la mulata que seguía desnuda al otro lado de la cama y se levantó:</p>



<p>-¿Dónde Vas?- quise saber al verla ponerse una bata.</p>



<p>-Amor, deja que siga durmiendo. Tras el tute que le dimos, debe de estar agotada.</p>



<p>Siguiéndola a través del piso, llegamos a la cocina y mientras preparaba café, me preguntó qué quería de ella.</p>



<p>-Nadie me conoce y sabe de mis correrías mejor que tú- respondí para acto seguido pedirle que me ayudara a repasar las mujeres que habían pasado por mi alcoba por si entre los dos podíamos descubrir quién era la desconocida.</p>



<p>Comprendiendo al fin las razones de su abrupto despertar, se echó a reír y cogiendo un papel y un bolígrafo, sugirió hacer una lista antes de nada para no olvidarnos de ninguna. Asumiendo que era lo más sensato, comencé a enumerarlas por orden cronológico, empezando por las últimas.</p>



<p>-Antes de Patricia, salí con Maria y antes de ella, con Milena&#8230;- iba enumerando nombres mientras ella los anotaba en el folio.</p>



<p>Aun sabiendo que Rosa había seguido mis andanzas, me sorprendió que varias veces me rectificara añadiendo a alguna que mi memoria había olvidado. Pero lo que realmente me dejó petrificado fue, cuando finalmente terminamos, el número de féminas que había en esa lista.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/1/363/21521233/21521233_010_fb24.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Son treinta y cuatro- murmuré asumiendo que quizás había más.</p>



<p>A pesar de la seriedad del asunto, la expresión desolada de mi cara la hizo reír y quitando hierro a mi desaforada vida sexual, comentó que debíamos empezar a descartar a las candidatas menos probables.</p>



<p>-Yo borraría a todas aquellas cuyos trabajos no cuadren.</p>



<p>-¿A qué te refieres?- todavía avergonzado, pregunté:</p>



<p>Tachando el nombre de Lizeth, respondió:</p>



<p>-¿No esperarás que una vedette, cuya mayor virtud era tener las tetas operadas, pueda ser la Gran Dama?</p>



<p>-También tenía un culo estupendo- repliqué muerto de risa al comprender que tenía razón y cogiendo la lista, descarté a otras cinco por motivos parecidos.</p>



<p>Tras rebajar la lista a veintiocho, todavía eran demasiadas.&nbsp; Buscando otra característica que las descartara, señalé:</p>



<p>-Yo me olvidaría de las que hayan tenido familia. No tendría sentido que la mujer que buscamos ya tenga hijos naturales.</p>



<p>-Estoy de acuerdo-&nbsp; contestó y mientras eliminaba a otras tres, añadió: -Por el motivo contrario borra también a Paloma.</p>



<p>-Me he perdido- reconocí.</p>



<p>-Juan, seguimos en contacto y hace tres años que se casó con su novia polaca-&nbsp; respondió muerta de risa.</p>



<p>&nbsp;-No lo sabía- confesé.</p>



<p>-También quita a Ivanna. Se quedó tan tocada cuando cortasteis que se metió a monja.</p>



<p>-¿Estás de coña?- pregunté al no cuadrarme que esa fiera insaciable capaz de agotar a cualquier hombre se hubiese retirado del mercado para refugiarse en un convento.</p>



<p>-Para nada. Estuve presente cuando tomó los votos.</p>



<p>Alucinado, la taché con lo que aún quedaban veintitrés.</p>



<p>-Sin ser determinante, ¿te parece que eliminemos a las casadas o que tengan pareja estable?- propuse no muy seguro.</p>



<p>-Sí, pero ponles un asterisco. No podemos descartarlas totalmente.</p>



<p>Con esa precaución, excluí a otras ocho.</p>



<p>-Ya solo quedan quince- murmuró en el preciso instante en que Verónica aparecía por la cocina y preguntaba qué hacíamos.</p>



<p>Al explicárselo, sugirió tachar a todas aquellas que actualmente tuviesen menos de veinticinco años y que pusiésemos un asterisco a las menores de treinta.</p>



<p>-¿Y eso por qué?- cuestionó Rosa.</p>



<p>Sirviéndose un café, la mulata nos explicó que, si tomábamos en cuenta que la Gran Dama llevaba maniobrando en segundo plano al menos seis años, deberíamos asumir que por entonces no era una niña.</p>



<p>Apoyándola, Rosa comentó:</p>



<p>-No creo que ande demasiado desencaminada. Para que Xavi se haya fijado en ella y la haya sumado a su proyecto, en esa época debería de haber destacado ya en su profesión.</p>



<p>Al no poder poner un “pero” a ese argumento, borré a diez de las candidatas al no cumplir el requisito de edad.</p>



<p>-¡Eres un maldito asaltacunas!- desternillada señaló la viuda al ver que quitaba tantas de un golpe.</p>



<p>Contraatacando, pregunté a Verónica cuántos años tenía. Al contestar que veintitrés, sonreí mirando a la viuda:</p>



<p>-No soy el único al que le gustan las jovencitas, ¿verdad? Sé de una que tampoco le dice no a la carne joven.</p>



<p>Sin darse por aludida, Rosa se echó a reír y tomando la lista, me preguntó qué sabía de las cinco mujeres que quedaban y cómo las había conocido.&nbsp; Comenzando por la primera, expliqué que Azra había sido una interprete que había tenido en Bosnia.</p>



<p>-¿Cómo terminaste con ella?</p>



<p>-Más bien, ella terminó conmigo cuando me vió confraternizando con el enemigo.</p>



<p>-Cuando dices confraternizando, me imagino que te cazó en la cama con otra.</p>



<p>Un tanto avergonzado, reconocí que fue así, que no aguantó pillarme con Katarina, una ortodoxa de origen serbio de veintidós años a la cual ya había eliminado por su edad.</p>



<p>-Descartémosla entonces. No me cuadra que la mujer que andamos buscando sea celosa y menos que se deje llevar por prejuicios religiosos.</p>



<p>Al ser de su misma opinión, borré también a Judith una alemana con la que acabé básicamente por no ser judío.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/1/363/21521233/21521233_008_049b.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Con solo tres candidatas sobre el papel, no hallé ninguna razón para excluirlas. Ya que todas daban el perfil. Por eso, les hablé de la primera de ellas, una ejecutiva húngara de nombre Dorina, con la que había tenido una tormentosa relación llena de sexo y a la que había dejado por ser demasiado intensa:</p>



<p>-Terminé hasta las narices de su mal carácter- comenté: -Estaba todo el dia cabreada.</p>



<p>-¡Cómo si tú fueras un santo!- murmuró Rosa para a continuación decirme que yo también tenía mala leche.</p>



<p>Aceptando esa crítica y sin ánimo de discutir, pasé a comentar de Sibylla. Una ateniense que cuando la conocí estaba dando sus primeros pasos en política.</p>



<p>-La investigaré- anotando sus datos, Verónica comentó.</p>



<p>-¿Y Karina quien fue? Nunca te oí hablar de ella- preguntó Rosa leyendo el nombre de la última de las candidatas.</p>



<p>A regañadientes, les conté que esa mujer era una agregada de la embajada rusa de Viena con la que tuve un affaire hasta que me llegó el rumor que pertenecía a la inteligencia de su país.</p>



<p>-Por ahora, es la mejor posicionada&#8230;&nbsp; ¿qué más sabes de ella?</p>



<p>-Según me dijeron, lleva dos años en Moscú medio liada con un ministro.</p>



<p>-¿Tienes una foto? –insistió sin descartarla.</p>



<p>-Puedo buscarla en VKontakte, el “Facebook ruso”- respondí esperando por mi bien que no fuese ella, ya que esa mujer era una obsesa del control.</p>



<p>Tras localizarla en el movil, se la enseñé.</p>



<p>-¡Está buenísima!- exclamó la viuda mirando la foto: -Parece sacada de una revista.</p>



<p>Estaba a punto de reconocer que era así y que quizás era la mujer más bella con la que había estado cuando al fijarse en ella, Verónica nos dijo que había que no podía ser la Gran Dama.</p>



<p>-¿Por qué lo dices?- pregunté. &nbsp;</p>



<p>-Es imposible que sea Karina Petrova- volvió a recalcar sin dar más datos.</p>



<p>Molesto, reclamé que me dijera las razones por la que la excluía ya que por edad, formación y carácter era la mejor candidata que teníamos.</p>



<p>-Hace un par de meses, vi su expediente en el CNI y por eso sé que no puede ser ella- contestó totalmente colorada.</p>



<p>-¡Me quieres decir de una puñetera vez qué sabes de ella que la descarta!- exclamé con ganas de estrangularla.</p>



<p>Preocupada por mi reacción, replicó sin mirarme a los ojos:</p>



<p>&nbsp;-No puede ser la madre biológica de las trillizas, ya que Karina Petrova, antiguamente Kontantin Petrov, es una conocida espía transexual del FSB.</p>



<p>-¡Pues follaba como los ángeles!- me disculpé mientras escuchaba las carcajadas de mis acompañantes&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/363/21521233/21521233_011_f7e1.jpg" alt="" width="561" height="842"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;La enfermera de mi madre y su gemela&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR POR GOLFO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jun 2026 08:22:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: El precoz desarrollo de Alzheimer en mi madre me obligó a buscar una persona que me ayudara. Cuando más desesperado estaba por no hallar alguien de mi gusto, un compañero de trabajo me recomienda a su prima como enfermera. Sin tenerlas toda conmigo, concierto una entrevista con ella y para mi sorpresa, resulta ser una joven recién salida de la universidad. Aunque su juventud me echaba para atrás, la urgencia de obtener ayuda me hace contratarla sin saber que la presencia de esa rubia en mi casa me iba a cambiar la vida para siempre. ALTO CONTENIDO ERÓTICO . [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong><a href="https://www.amazon.es/dp/B07FNWJWTT"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18584" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2.jpg" alt="" width="5960" height="1584" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2.jpg 5960w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2-300x80.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2-768x204.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2-1024x272.jpg 1024w" sizes="(max-width: 5960px) 100vw, 5960px" /></a>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El precoz desarrollo de Alzheimer en mi madre me obligó a buscar una persona que me ayudara. Cuando más desesperado estaba por no hallar alguien de mi gusto, un compañero de trabajo me recomienda a su prima como enfermera.<br />
Sin tenerlas toda conmigo, concierto una entrevista con ella y para mi sorpresa, resulta ser una joven recién salida de la universidad. Aunque su juventud me echaba para atrás, la urgencia de obtener ayuda me hace contratarla sin saber que la presencia de esa rubia en mi casa me iba a cambiar la vida para siempre.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07FNWJWTT">https://www.amazon.es/dp/B07FNWJWTT</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo la introducción y los&nbsp; primeros capítulos:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></strong></span><br />
<span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"> 1</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La vejez es una mierda. Si ya de por sí cuando llegas a una determinada edad es angustioso sentir que vas perdiendo facultades, más aún lo es cuando la persona que se va viendo disminuida es alguien al que quieres. Eso es lo que le ocurrió a mi madre siendo todavía muy joven.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Habiendo sido toda su vida una persona activa e inteligente, de improviso cuando tenía solamente cincuenta y tantos años se vio afectada por el alzhéimer. Al principio, eran pequeños despistes sin importancia que ella misma achacaba al estrés. Esa explicación se la creyó incluso ella durante unos meses ya que como estaba en la fase inicial, siguió con su vida y su trabajo sin disminuir el ritmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desgraciadamente, la enfermedad poco a poco fue deteriorando sus facultades hasta un punto que se fue recluyendo paulatinamente en su interior. Por mi parte, con treinta años, soltero y con un trabajo que me absorbía mi tiempo, no quise o no pude verlo. Sé que no es excusa, pero entre mis ligues, mis viajes y mis amigos no fui consciente hasta que una madrugada mientras estaba de cachondeo recibí la llamada de un extraño, el cual, tras identificarse como policía, me explicó que la habían hallado totalmente desorientada en mitad de la gran vía. Por lo visto su estado era tal que no tuvieron más remedio que llevarla a un hospital y revisar su móvil para localizar el teléfono de un familiar. Como comprenderéis, me quedé acojonado y dándole las gracias, acudí en su ayuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al llegar a la clínica, directamente pedí verla. El médico de guardia tras comprobar que era su hijo me preguntó cuánto tiempo llevaba con alzhéimer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Mi madre no tiene esa enfermedad― respondí irritado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El facultativo comprendió que vivía en la inopia y sin entrar en discusión, me dejó entrar a su habitación. Si la expresión de locura de mi progenitora ya era bastante para asustarme, lo que realmente me aterró fue que al verme me confundiera con mi padre.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Mamá, papá lleva muerto diez años― respondí con tono suave.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al escucharlo mi madre, soltó una carcajada y dirigiéndose a la enfermera que tenía a su lado, le soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No le dije que mi novio era muy bromista.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su respuesta me desmoralizó y reconociendo por primera vez el problema, fui a disculparme con el médico y a pedirle consejo. Ese tipo de situación debía ser algo habitual porque sin aceptar mis disculpas, me explicó que a buen seguro en un par de días recobraría la conciencia pero que eso no era óbice para que esa enfermedad siguiera su curso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Atentamente, escuché sus consejos durante media hora cada vez más destrozado…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tal y como me había anticipado, a la mañana siguiente al despertarse mi madre era otra vez la mujer de siempre pero no se acordaba de nada. Por eso al amanecer en la cama de un hospital conmigo dormido en el sofá de al lado, me preguntó que hacía ella allí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Mamá tenemos que hablar…― respondí y con el corazón encogido de dolor, le informé no solo de cómo había perdido la cabeza la noche anterior sino también de la cruel sentencia que el destino le tenía reservado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando demostrando una serenidad que yo no hubiera tenido me confesó que se lo temía y que si no me había dicho nada era porque antes de hacerlo quería dejar las cosas bien atadas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿A qué te refieres? ― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Con la mente totalmente clara, me contó que estaba cerrando la venta de su negocio y que de ir las cosas como tenía previstas, en menos de una semana, se desharía de él. Comprendí y sobre todo aprecié el valor con el que afrontaba su futura demencia y con todo el dolor del mundo le prometí mi ayuda….</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Los hechos posteriores se desarrollaron a una velocidad endiablada debido en gran parte a su juventud. Su edad lejos de ser un obstáculo para el avance de su enfermedad, lo aceleró y por eso, aunque en un principio, me bastaba yo solo para cuidarla a raíz de que casi quemara la casa no me quedó más remedio que plantearme otras soluciones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Reconozco que pensé en internarla, pero el día que fui a visitar un asilo que me habían recomendado, se me cayó el alma a los suelos al ver a los residentes de ese lugar y como mi madre me había dejado una fortuna decidí que la tendría en casa todo el tiempo que pudiera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante dos semanas busqué algún candidato o candidata que se quedara con ella mientras yo no estaba. Lo que en teoría debía resultar sencillo se convirtió en una odisea porque el que no era un gordo apestoso, era una geta que no me generaba ninguna confianza. El azar quiso que una mañana, un compañero del curro al oír mi problema me dijera:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué no entrevistas a mi prima? Es enfermera geriátrica y te saldrá barata ya que como no ha conseguido trabajo, se ha tenido que volver al pueblo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que, si bien no me hacía gracia contratar a alguien emparentado con él, la urgencia hizo que me asiera a su sugerencia como el que se agarra a un clavo hirviendo y acepté conversar con ella, sin darle mayores esperanzas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Debido a que su pueblo estaba lejos de Madrid, quedé que a los dos días la recibiría. ¡Malditos dos días! En esas cuarenta y ocho horas, mi madre se cayó en la ducha, se rompió la pierna y perdió la poca conexión con la realidad que le quedaba. Por eso, tuve que pedir un anticipo de mis vacaciones para estar con ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La mañana que conocí a Irene, estaba con los nervios a flor de piel. Todo era un mundo para mí y reconozco que estaba totalmente sobrepasado por los acontecimientos. Mientras la esperaba sentado en mi salón, no podía dejar de pensar en que quizás tendría que finalmente internar a mi pobre madre en un asilo. Para colmo cuando llegó y tocó a mi puerta, me encontré que la muchacha era una cría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No me jodas!», pensé al ver que era una rubita con cara de niña buena, «¡Si acaba de salir del colegio!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Afortunadamente durante la entrevista, Irene demostró ser una persona con la cabeza bien amueblada y agradable que de forma rápida consiguió cambiar mi primera impresión. Cómo además sus pretensiones económicas eran bajas y al no tener donde vivir, se quedaría en casa, me terminó de convencer porque así me aseguraba un servicio 24 horas. Tras una breve discusión llegamos al acuerdo que sus días libres coincidirían con los míos por lo que cerré con un apretón de manos el trato.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La alegría que demostró al ser contratada me hizo casi arrepentirme de la decisión. Comportándose como una adolescente, empezó a pegar saltos chillando mientras me agradecía el hecho de no tener que volver al pueblo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Cuándo puedes empezar? ― pregunté creyendo que me diría que en un par de días y con la idea de usar ese tiempo en buscar a otra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Hoy mismo, en dos horas. Solo tengo que recoger mi ropa de casa de mi primo…</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">3</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">A la mañana siguiente cuando desperté el recuerdo de cómo había dejado llevar pensando en ella, me golpeó con fiereza. Con la luz del día mi actuación me resultó repulsiva y carente de toda lógica, teniendo en cuenta no solo nuestra diferencia de edad sino el hecho de que esa niñata era la enfermera. Asumiendo que cualquier acercamiento por mi parte terminaría en fracaso y sin nadie que se ocupase de mi madre, decidí no volver a cometer ese error y con ello en mi mente, me levanté al baño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al ser temprano, no tenía prisa y con ganas de relajarme, llené la bañera y me metí en ella. El agua caliente me adormeció y sin darme cuenta Irene volvió a mi mente. Rememorando lo soñado, involuntariamente mi pene se alzó sobre la espuma, como muestra clara que por mucho que lo intentara esa mujercita me tenía alborotado. Afortunadamente el sopor me impidió pajearme porque si no hubiera sido todavía más humillante la pillada que esa bebé me dio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Estaba con los ojos cerrados luchando con las ganas de coger mi polla y darle uso cuando de pronto escuché:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Señor, le he traído un café y el periódico. ¿Quiere que se lo lea?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi sorpresa fue total porque al abrirlos, me encontré con esa chavala sentada en una silla, mirándome. Me quedé paralizado cuando extendiendo su brazo me dio la taza como si nada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Estoy en pelotas! ― grité mientras usaba una mano para tapar mis vergüenzas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La muchacha, sin darle importancia, me contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por eso no se preocupe, además de enfermera tengo cinco hermanos y no me voy a escandalizar por ver a un hombre desnudo― pero al ver la mirada asesina con la que le regalé, decidió dejarme solo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No me puedo creer que haya entrado sin llamar!», pensé de muy mala leche, «¡Esta tía se ha pasado dos pueblos!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Indignado hasta decir basta, me terminé el puto café y saliendo del baño, entré en mi habitación para descubrir que esa cretina me había hecho la cama. Que hubiera asumido que podía arrogarse también esa función acabó por sacarme de las casillas y vistiéndome, resolví montarle una bronca, aunque eso significara quedarme sin sus servicios.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El destino quiso que, al llegar a la cocina, estuviera dando de desayunar a mi madre y sabiendo cómo le alteraban los gritos, tuve que contenerme y decirle en voz baja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Irene, tenemos que hablar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La muchacha levantó su mirada al oírme y con una sonrisa, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Ya sé que debía haberle preguntado, pero al ver que las sabanas estaban llenas de manchas blancas, me pareció lógico el cambiarlas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Saber que esa chavala había descubierto los restos de mi corrida, me llenó de cobardía y sin los arrestos suficientes para encararme con ella, me di la vuelta y salí de casa, pero no lo suficientemente rápido para que no llegara a mis oídos que Irene le decía a mi vieja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Menos mal que he llegado a esta casa, no comprendo cómo han podido vivir ustedes solos sin nadie que los cuidara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ya en el coche y mientras pensaba en lo ocurrido, resolví:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Me tengo que librar de esta loca!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La rutina del día a día y el cúmulo de trabajo que se agolpaba sobre mi mesa consiguieron hacerme olvidar momentáneamente del problemón que me esperaba cuando volviera del curro. Durante todo el día la actividad me mantuvo ocupado, de manera que no fue hasta las siete de la tarde cuando recordé que esa noche tendría que poner las maletas de esa niña en la calle.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Si ya no tenía ninguna duda de que tenía que echarla, fue su primo quien me hiciera ratificarme aún más en esa decisión al decirme:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por cierto, Alberto, esta mañana me llamó Irene y me contó lo feliz que estaba viviendo en tu casa ya que tu madre es un encanto y tú todo un caballero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi cara de alucine debió ser tan rotunda que muerto de risa me comentó que, tomándole el pelo, le soltó que no se fiara porque tenía fama de Don Juan y que ella al oírlo, se había indignado y que le había colgado el teléfono, contestando:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No te permito que hables así de mi jefe.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">En ese momento, no supe con quién estaba más cabreado si con su primo por ser tan indiscreto o con ella por su absurdo comportamiento. La actitud que había demostrado esa chavala revelaba un sentimiento de propiedad que nada tenía que ver con la debida fidelidad a quién le paga sino más bien con un enfermizo modo de ver nuestra relación laboral.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os reconozco que cuando encendí mi coche, estaba tan furibundo que, de habérmela encontrado en ese instante, la hubiera cogido de su melena y la hubiese lanzado fuera de mi chalé sin más contemplaciones. Afortunadamente para ella, la media hora que tardé en llegar me sirvió para tranquilizarme y por eso al cruzar la puerta pude escuchar unas risas que provenían del salón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ese sonido tan normal por otros lares me resultó raro dentro del mausoleo en el que se había convertido mi hogar. Extrañado e incrédulo por igual, me acerqué a ver la razón de tanta alegría. Al entrar en esa habitación, descubrí a mi madre chillando de gusto y a Irene haciéndole cosquillas. Esa escena que en otro momento me hubiese enternecido, me dejó paralizado por la indumentaria de la muchacha.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No puede ser verdad!», rumié entre dientes al percatarme que Irene llevaba puesto un uniforme nuevo y que este al contrario del anterior no podía ser más sugerente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desde mi ángulo de visión, el exiguo tamaño de su vestido rosa me dejaba observar en su plenitud dos maravillosas nalgas apenas cubiertas por una tanguita azul. Si ya eso era un cambio brutal, más aún lo fue ver que como complemento, la cría se había puesto unas medias con liguero. Si queréis que defina ese traje, parecía el disfraz que llevaría una stripper encima de un escenario. Mientras babeaba admirando su belleza, Irene no paraba de jugar con mi madre sin percatarse del extenso escrutinio al que la estaba sometiendo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Parece una puta cara», sentencié bastante molesto por el modelito y alzando la voz, dije:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Buenas noches.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La niñata al escucharme, se levantó del suelo y corriendo hacia mí con una sonrisa, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Señor, ¿Le gusta mi nuevo uniforme?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os juro que al verla de pie y descubrir que su tremendo escote me dejaba ver sin disimulo el sujetador de encaje, provocó que tuviese que hacer verdaderos esfuerzos para no quedarme allí mirándole las tetas. Retomando mi cabreo, contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No, me recuerdas con él a una zorra que pagué.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi ruda respuesta la dejó paralizada y con lágrimas en los ojos, me preguntó qué era lo que no me gustaba. Fue entonces cuando cometí quizás el mayor acierto de mi vida porque acercándome a ella, con dureza, respondí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No te das cuenta de que soy un hombre y que con él estás declarándome la guerra? ― para recalcar mis palabras, manoseé sus nalgas mientras le decía: ―Da la impresión de que lo que deseas es que te follé.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Si bien era previsible que Irene se echara a llorar, lo que no lo fue tanto fue que al sentir la tersura de su piel se despertara el animal que tenía dentro y aprovechando que estaba de frente a mí, perdiendo la cabeza, desgarrara su vestido dejándola medio desnuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Si quieres que te trate así, ¡No te lo pongas!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al observar el pánico en sus ojos, me tranquilicé y dándome la vuelta me fui a mi habitación. Ya solo, el maldito enano que todos tenemos en la mente me echó en cara mi conducta:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Eres un hijo de puta. ¡Pobre niña!», machaconamente mi conciencia perturbó mi ánimo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mis remordimientos fueron en alza hasta que, al no poderlos aguantar, decidí ir a pedirle excusas. Pensando que la chavala estaría haciendo la maleta, me dirigí a su habitación y aunque no la encontré, si me topé con el otro uniforme que se había comprado. Si el primero era escandaloso, este segundo era aún peor porque era totalmente transparente. Al examinarlo bien, descubrí que me había equivocado porque a la altura de donde debían ir sus pechos cuando se lo pusiera, dos cruces rojas taparían sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Comprenderéis e incluso aceptaréis que, al imaginarme a Irene con semejante vestimenta, me excitara y tratando de analizar esa conducta, caí en la cuenta de que la única explicación posible era… ¡Que esa cría tuviera alma de sumisa!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ese descubrimiento quedó confirmado cuando bajé a la cocina y me encontré con la rubia en sujetador y tanga. Todavía sin tenerlas conmigo quise corroborar mis sospechas y por eso le pregunté por qué andaba así. Su respuesta lo dejó clarísimo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Usted me lo ordenó― su tono seguro era el de alguien que no había cometido ningún error.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al someter su contestación a un somero estudio, supe que no había equívoco y que esa cría al aceptar trabajar en mi casa había asumido que sería enfermera, chacha y esclava para todo. Deseando revalidar ese extremo, la llevé al salón y sentándome en el sofá, le ordené que se arrodillara a mis pies. La sonrisa que leí en sus labios mientras obedecía, me demostró que aceptaba de buen grado ese estatus.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que me calentó verla adoptando esa posición tan servil y forzando su entrega, le pregunté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Quién eres?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi interrogatorio la destanteó y bajando su mirada, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Su enfermera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al escucharla, solté una carcajada y tomando uno de sus pechos en mis manos, repetí mientras le daba un pellizco en el pezón:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Te he preguntado quién eres, ¡No quién aparentas ser!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El gemido que surgió de su garganta fue lo suficientemente elocuente, pero, aun así, esperé su contestación. La cría con rubor en sus mejillas me miró diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Nadie, no soy nadie. Una esclava solo tiene derecho a ser eso, una esclava.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Usando entonces mi nuevo poder, le ordené que se desnudara. Irene que obedeció desabrochó su sujetador y lo dejó caer al suelo. Con satisfacción observé que sus senos se mantenían firmes sin la sujeción de esa prenda y que sus rosadas aureolas se iban empequeñeciendo al contacto de mi mirada. Tampoco necesitó que le insistiera para despojarse del diminuto tanga, de manera, que permaneció completamente desnuda para ser inspeccionada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Acércate.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La mujercita se arrodilló y gateando llegó hasta mi lado, esperó mis órdenes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Aquí estoy, amo―, escuché que me decía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No te he dado permiso de hablar― la recriminé. ―Date la vuelta y muéstrame tu culo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Con una sensualidad estudiada, se giró y separando sus nalgas, me enseñó su ano. Metiendo un dedo en él, comprobé tanto su flexibilidad y satisfecho, le di un azote y le exigí que me exhibiera su sexo. Satisfecha de haber superado la prueba de su trasero, se volteó y separando sus rodillas, expuso su vulva a mi aprobación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué belleza! ― complacido exclamé al comprobar que lo llevaba completamente depilado. ―Separa tus labios― ordené.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Obedeciendo, usó sus dedos para mostrarme lo que le pedía. Al hacerlo, me percaté que brillaba a raíz de la humedad que brotaba de su interior. No tuve que ser ningún genio para comprender que, el rudo escrutinio, la estaba excitando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Forzando su deseo, le di la vuelta y bajándome la bragueta, la senté en mis rodillas mientras tanteaba con la punta de mi glande su orificio trasero. Ella no puso objeción alguna a mis caricias y asumiendo que deseaba tomarla por detrás, forzó la penetración con un movimiento de su trasero. Cómo mi pene entró sin dificultad por su estrecho conducto, le pregunté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué tienes el culo dilatado?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Muerta de vergüenza y con la respiración entrecortada, me respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me he pasado toda la tarde con un estimulador anal, soñando con esto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su confesión me hizo preguntar qué más planes tenía preparados antes de que yo llegara. La muy puta comenzó a moverse, cabalgando sobre mi pene, mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Pensaba que, si con ese uniforme no me follaba, meterme esta noche en su cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El descaro que mostró me dio alas y cogiéndola de la cintura, empecé a izar y a bajar su cuerpo empalándola a cada paso. Sus alargados gemidos fueron una muestra clara que estaba disfrutando por lo que, acelerando mis movimientos, cogí sus pechos entre mis manos. Mi nuevo ritmo le puso frenética y berreando de placer, gritó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Supe que sería suya en cuanto lo vi!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Para entonces mi lujuria era tal que, cambiándola de postura, la puse a cuatro patas sobre el sofá y reanudé con mayor énfasis el asalto sobre su culo. Poco a poco, el compás con el que nos meneábamos se fue acelerando, convirtiendo mi trotar en un desbocado galope donde Irene no dejaba de gritar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por favor, amo. ¡No deje de usar a su puta!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Contesté su total sumisión con un fuerte azote. La rubita al sentirlo aulló descompuesta:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Me encanta!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su alarido me azuzó y alternando de una nalga a otra, le fui propinando duras cachetadas siguiendo el compás con el sacaba mi pene de su interior. El salón se llenó de una peculiar sinfonía de gemidos, azotes y suspiros que incrementó aún más nuestra lujuria. Irene ya tenía el culo completamente rojo cuando se dejó caer sobre el diván, presa de los síntomas de un brutal orgasmo. Fue impresionante ver a esa chavalita, temblando de dicha mientras se comportaba como una mujer sedienta de sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Amo! ¡No pare! ― aulló al sentir que el placer desgarraba su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su actitud sumisa fue el acicate que me faltaba y cogiendo sus pezones entre mis dedos, los pellizqué con dureza mientras usaba su culo como frontón. Al gritar de dolor, perdió la mesura y berreando como cierva en celo, se corrió mientras de su sexo brotaba un geiser que empapó mis piernas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando viéndola satisfecha, me concentré en mí y forzando su esfínter al máximo, seguí violando su ojete mientras la rubita no dejaba de aullar desesperada. No tardé en verter mi gozo en el interior de sus intestinos. Tras lo cual, agotado y exhausto, me tumbé a su lado. Mi nueva amante me recibió con los brazos abiertos. Mientras me besaba, no dejó de agradecerme el haberla liberado diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Siempre soñé con tener un dueño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os parecerá hipócrita, pero estaba contento por no haberla echado y aun sabiendo que la había contratado para realizar otra tarea, esa cría no solo había cubierto mis expectativas, sino que me había ayudado a reconocer mi lado dominante. Por eso, cargándola, la llevé hasta mi cama y depositándola sobre las sabanas, riendo contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―En cambio, yo nunca deseé una sumisa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Asustada por que fuera a prescindir de ella, me imploró que no lo hiciera. Soltando una carcajada, la tranquilicé diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Pero ahora que te he encontrado, ¡No pienso perderte!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">4</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Llevaba casi seis meses conmigo y como siempre, mi enfermera, chacha y sierva dormía plácidamente a mi lado cuando me desperté. Aprovechándolo, usé su dormitar para observarla. Su belleza casi infantil se realzaba sobre el blanco de las sábanas. Reconozco que entonces y hoy en día, es un placer espiar sus largas piernas perfectamente contorneadas, su cadera de avispa, su vientre liso y sobre todo sus hinchados pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Está buenísima!», pensé satisfecho aun sabiendo que lo que realmente me tenía subyugado, era la manera con la que se entregaba haciendo el amor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Cuando la contraté, me sedujo sin saber si sería el amo que llevaba tanto tiempo buscando, pero no se lo pensó dos veces. Había descubierto nadas más verme que mi sola presencia la ponía bruta y lanzándose al vacío, buscó ser mía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desnuda y sabiendo que al despertar no se iba a oponer, recorrí con mis manos su trasero. Aunque el día anterior había hecho uso de él, todavía me sorprendía lo duro que lo tenía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Tienes un culo de revista― susurré en su oído mientras me pegaba a ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Gracias mi amo― contestó sin moverse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su aceptación me satisfizo y recreándome en su contacto, subí por su estómago rumbo a sus pechos con mis manos. Irene suspiró al notar que mis dedos se topaban con la curva de sus senos y maullando como una gata en celo, me hizo saber que estaba dispuesta presionando sus nalgas contra mi miembro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Alzándose como un resorte, mi pene reaccionó endureciéndose de inmediato y ella al sentir mi erección no dudo en alojarlo entre sus piernas, sin llegar a meterlo como si dudase por cuál de sus dos entradas quería su dueño tomarla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Eres una zorrita viciosa― dije al bajar hasta su sexo y encontrármelo empapado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Lo sé, amo― respondió con tono meloso moviendo sus caderas, tras lo cual y sin más preparativos se introdujo mi extensión en su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su cueva me recibió lentamente de forma que pude gozar del modo tierno en que la piel de mi verga iba separando sus pliegues y rellenando su conducto. Esperé a que la base de mi pene recibiera el beso de sus labios genitales para llevando nuevamente mi mano a su pezón darle un suave pellizco.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi rubita al experimentar esa ruda caricia supo mis deseos y acelerando sus movimientos, buscó mi placer mientras su vagina, ya empapada, estrujaba mi pene con una dulce presión. Tanto ella como yo lo deseábamos por lo que nuestros cuerpos se fueron calentando mientras iniciábamos un ancestral baile sobre el colchón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi pecho rozando contra su espalda, a la vez que unos palmos más abajo mi verga se hundía y salía del interior de su sexo fue algo tan sensual que no pude más que besar su cuello y susurrando en su oído decirle:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me encanta que seas tan puta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mis rudas palabras fueron la orden que necesitaba para empezar a gozar y antes que me diera cuenta sus jadeos se transmutaron en gemidos y olvidándose de pedirme permiso, se corrió. Supe que tenía derecho a castigarla, pero me apiadé de ella y mientras se retorcía con el primer orgasmo de la mañana, clavé mis dientes en sus hombros para que la marca de mi mordisco fuera la enseña de su entrega. El dolor se mezcló con el placer y prolongó su clímax. Irene, dominada por la lujuria, me rogó con un grito que me uniese a ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Todo a su tiempo― contesté dándole la vuelta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La cría creyendo que deseaba besarla, forzó con su lengua mis labios. Descojonado la separé diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Tanto me deseas que no puedes aguantar unos minutos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Poniendo cara de putón desorejado, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Amo, mi función es servirle y eso hago― y sonriendo, se sentó sobre mí, empalándose nuevamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La urgencia que mostró al empezar a saltar usando mi pene como su silla y la forma en que sus pechos se bamboleaban siguiendo el ritmo, me terminaron de excitar e incorporándome, acudí a la llamada de ese manjar metiendo uno de sus pezones en mi boca.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Son suyos― respondió fuera de sí al sentir que como si fuera su hijo empezaba a mamar de ellos mientras su cuerpo convulsionaba nuevamente de placer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Despertando mi lado fetichista, mojé mis dedos en su sexo tras lo cual le pedí que me los chupase. Mi petición no cayó en saco roto y bajando su cabeza, se los llevó a su boca y sensualmente usó su lengua para saborear el producto de su coño. El erotismo de su actuación que fue demasiado para mi torturado pene y como si fuera un volcán en erupción, explotó lanzando ardientes llamaradas al interior de su vagina. Irene al sentir que mi simiente anegaba su conducto y con su cara desencajada por el esfuerzo, me dio las gracias por hacerla sentir mujer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Totalmente exhausto, me dejé caer sobre las sábanas mientras la feliz enfermera me abrazaba. Durante unos minutos, nos quedamos callados cuando de pronto se levantó corriendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Dónde vas?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sonriendo, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―A cambiar el pañal a su madre. Pero no se preocupe, ahora mismo vuelvo y me echa otro polvo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Soltando una carcajada, contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Aunque me apetece, no tengo tiempo. Debo irme a trabajar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mientras iba hacía el curro, no pude dejar de meditar sobre la suerte que había tenido al contratarla. Irene no solo cuidaba a mi madre con un cariño brutal, sino que había ocupado el vacío en mi cama. Comportándose la mayoría de las veces como una amante sumisa en otras ocasiones adoptaba un papel mucho más protagónico y me pedía realizar sus fantasías. No era raro que, al volver a casa, esa mujer me hubiera preparado una sorpresa, desde ir al cine para que al amparo de la oscuridad me hiciera una mamada en público, a que la llevara a un bar y en los servicios, me obligara a tomarla. Realmente, mi vida había dado un giro para bien a raíz de su llegada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Satisfecho con ese nuevo rumbo, me cabreó en un principio que esa tarde al volver, esa rubia me pidiera como favor que durante quince días aceptara que su hermana gemela se quedara en casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Y eso? ― contesté al saber que, si daba mi brazo a torcer, íbamos a tener que dejar aparcada nuestra relación ya que para todos era un secreto que Irene se acostaba conmigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Viene a un curso y como no quiere gastar más dinero, me ha rogado que la acoja.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Conociendo sus orígenes humildes y reconociendo que dos semanas a dieta era algo que podía soportar, acepté que viniera sin saber lo que se me venía encima.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante los días siguientes Irene, quizás temiendo la abstinencia, se comportó aún más ansiosa de mis caricias y aprovechó cualquier momento para dar rienda a su lujuria. Deslechado hasta decir basta, afronté con tranquilidad la llegada de su hermana…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">5</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Desde el momento que esa rubia angelical llegó a mi casa, se hizo cargo no solo del cuidado de mi madre, sino que se adueñó de ella de un modo tan total que no me no pude hacer nada por evitarlo. Demostrando un cariño y una ternura sin límites, cubrió a mi vieja de cuidados obligándola diariamente a ponerse guapa y a levantarse, pero también como una mancha de aceite, su presencia se fue expandiendo, asumiendo para ella funciones para las que no había sido contratada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Un ejemplo claro de lo que hablo ocurrió a los dos días, cuando al llegar del trabajo me encontré con la sorpresa que un olor delicioso salía de la cocina. Al entrar en ella, sorprendí a Irene cocinando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Si sabe cómo huele, estará estupendo», pensé sin percatarme que la chavala no llevaba el atuendo blanco de enfermera sino un vestido acorde con su edad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Haciéndome notar, señalé que esa no era su función pero que se lo agradecía. La rubia entonces sonriendo me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Disculpe señor, pero usted cocina fatal y ya que me paso todo el día en la casa, he pensado que tanto a su madre como a usted les vendría bien mejorar sus hábitos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No pude contradecir su lógica porque en ese momento mis ojos se habían quedado prendados del par de piernas de la niñata.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No me puedo creer que no me haya fijado antes!», exclamé mentalmente al admirar la perfección de sus muslos y disfrutar de la forma redonda de su culo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Irene, o bien no se dio cuenta de mi escrutinio, o lo que es más seguro le divirtió descubrir que sus encantos me afectaban porque, meneando el trasero, llegó hasta mí y dándome una factura de supermercado, me dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me debe cincuenta y ocho euros. Si le parece bien a partir de hoy, cocinaré y haré la compra para que usted pueda descansar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su franqueza me hizo titubear, pero atontado y consciente de que bajó mi pantalón mi pene se había puesto duro, solo pude sacar la cartera y pagarle. Ya con los billetes en su mano, guiñándome un ojo, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Voy a ponerme el uniforme y cenamos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que me giré a verle el culo cuando se fue y también que babeé al observar como al subir las escaleras, sus muslos eran aún más impresionantes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Qué buena está!», no pude dejar de reconocer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La chavala volvió al cabo de cinco minutos, ya vestida de enfermera. Al observarla comprendí el motivo por el que me había pasado desapercibido que esa cría era un portento. Su uniforme además de feo disimulaba sus curvas y no dejaba entrever que debajo de esa tela había un pedazo de mujer. Involuntariamente puse un mohín de disgusto que cazó rápidamente al vuelo porque como si no quiere la cosa mientras cenábamos me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Señor, necesito que me compre dos trajes más de enfermera. Solo tengo uno y además es horroroso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Alucinado y sintiéndome descubierto, saqué nuevamente mi billetera y le di dinero para que los comprara ella. Irene cogió el dinero sin poner ninguna objeción y habiendo conseguido su objetivo, me preguntó que le parecía lo que había guisado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Está delicioso― respondí con sinceridad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mis palabras le alegraron y con un brillo que no supe comprender en ese momento contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No tendrá queja de lo bien que les voy a cuidar a los dos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El tono meloso con el que lo dijo me puso los pelos de punta porque, lo quisiera o no, era evidente que encerraba una insinuación que poco tenía que ver con su oficio. No queriendo profundizar en el tema, terminé de cenar y como cada noche, fui a llevar mis platos al lavavajillas, pero entonces Irene quitándomelos de las manos, me dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Váyase a descansar, ya los meto yo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Por mucho que protesté, la cría no dio su brazo a torcer y se salió con la suya, de modo que no me quedó otra que irme a ver la tele al salón. Os juro que no sé siquiera que narices vi porque mi mente estaba tratando de analizar el comportamiento de esa mujercita. Aunque interiormente sabía que se traía algo entre manos, no quise reconocerlo y por eso acepté sus nuevas funciones como un hecho consumado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Estaba todavía confuso cuando al cabo de diez minutos, llegó hasta mí y dándome un beso en la mejilla, susurró en mi oído:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Voy a ver a su madre y después me acuesto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Nada me había preparado para esa muestra de cariño, ni mi vida de solterón, ni mi relativo éxito con las mujeres porque al sentir sus labios tersos sobre mi piel y oler la fragancia a mujer que manaba de sus poros, como un resorte mi verga se izó debajo de mi ropa. Avergonzado, descubrí que se había fijado y por eso totalmente rojo, me quedé callado mientras ella desaparecía de la habitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Tío, ¿de qué vas? ¡Es solo una niña!», refunfuñé de mal humor al descubrir que la deseaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Molesto conmigo mismo, apagué la tele y me fui a dormir. Desgraciadamente me resultó imposible conciliar el sueño porque como si fuera una maldición el recuerdo de su belleza volvía una y otra vez a mi mente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Dejándome llevar, me imaginé que Irene entraba en mi habitación vestida con un vaporoso picardías y que, llegando a mi lado, se agachaba sobre mí dejándome disfrutar de la visión de su escote. Mitad fantasía, mitad pesadilla, la oí decirme mientras mis ojos trataban de descubrir el color de sus pezones:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No cree que su enfermerita se merece un beso al irse a dormir?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No me lo tuvo que decir dos veces y levantándola en vilo, forcé su boca con mi lengua. La necesidad imperiosa que sentíamos hizo el resto, dejándonos llevar por la pasión, nos besamos mientras nuestros cuerpos empezaban a moverse completamente pegados. Muerta de risa, Irene pasó su mano por mi entrepierna y poniendo cara de puta, me preguntó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Merezco algo más?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Por supuesto que sí! ― exclamé mientras cogía una de sus perfectas peras entre mis labios.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al sentir mi lengua juguetear con su aureola, presionó mi cabeza con sus manos mientras me susurraba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Hazme tuya!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su completa entrega me dio alas y creyéndome el sueño, me vi arrodillándome a sus pies. Tras lo cual, separándole las piernas, le quité el tanga. Su dulce aroma recorrió mis papilas mientras ella no paraba de gemir al experimentar la caricia de mi boca en el interior de sus muslos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Sigue! ― me pidió al sentir que mis dedos separaban sus labios y mi lengua lamía su botón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Incapaz de retenerme, cogí entre mis dientes su clítoris y me puse a mordisquearlo buscando devorar el flujo de su coño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué gusto! ― gimió como una loca y presionando mi cabeza, me rogó que continuara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sabiendo que todo era producto de mi mente, separé sus rodillas y quedé embelesado al descubrir que la rubita tenía el chocho depilado y con mi corazón latiendo a mil por hora, no pude dejar de reconocer que, si ya era bello de por sí, al no tener ni un pelo que estorbara mi visión, era pecaminosamente atrayente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Un tanto cortado al recordar nuestra diferencia de edad, me desnudé deseando que ella al ver mi cuerpo no se arrepintiera de lo que íbamos a hacer. Afortunadamente, Irene miró mi erección con aprobación y me llamó a su lado. Nada más tumbarme a su lado, me cubrió de besos mientras su cuerpo temblaba cada vez que mis manos la acariciaban:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Fóllame― me ordenó con la respiración entrecortada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Excitado hasta decir basta, contuve mis ansias de obedecerla y metí mi cara entre sus pechos. Al hacerlo, su dueña no paraba de pedirme que la hiciera mujer. Cambiando de objetivo, me concentré en el tesoro que escondía su entrepierna. Ya con las piernas abiertas y sus manos pellizcando sus pezones, Irene pegó un alarido al experimentar las caricias de mi lengua recorriendo los pliegues de su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué belleza! ― exclamé al disfrutar de ese coño juvenil.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La que hasta entonces se había comportado como una tierna amante se convirtió en una hembra exigente que cogiendo mi pene entre sus manos e intentó forzarme a que la tomara. Obviando sus deseos, seguí devorando su chocho cada vez con más ansiedad. Mis maniobras cumplieron su cometido y dominada por el deseo, se retorció dando gritos sobre las sábanas. Empapando el colchón con su flujo, su sexo se transmutó en un riachuelo que intenté secar, pero cuanto más lo devoraba era mayor la cantidad de líquido que manaba y queriendo absorberlo, prolongué su éxtasis, uniendo su primer orgasmo con el siguiente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando con una súplica, me rogó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Quiero sentirte dentro de mí― tras lo cual llevó mi pene hasta su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La necesidad que demostró mientras lo hacía, acabó con mis reparos y tumbándola sobre su espalda, le separé las rodillas mientras le decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No querrás un aumento de sueldo por esto? ― pregunté posando la cabeza de mi miembro en su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Mierda! ¡Hazlo ya! ― imploró mientras movía sus caderas intentando metérselo dentro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Centímetro a centímetro lo vi desaparecer en el interior de su vagina mientras la enfermera de mi madre se mordía los labios con deseo. Al sentir que la había llenado al completo, di inicio a un lento vaivén, sacando y metiendo mi verga de ese estrecho conducto mientras ella no paraba de gemir. Su entrega me confirmó que estaba gozando y por eso fui incrementando poco a poco la velocidad de mis maniobras.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Dame duro! ― chilló descompuesta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su rendición se tornó en total al asir sus pechos con mis manos y berreando de placer, gritó a los cuatro vientos su orgasmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Me corro! ― la oí gritar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Contagiado de su lujuria, incrementé mi ritmo y mientras por mis piernas se deslizaba su flujo, seguí martilleando su interior con sus gemidos resonando en mis oídos. Supe que no iba a poder retener mi propio clímax si seguía así y por eso bajé mi compás. Irene al notarlo, protestó y con voz melosa, me rogó que siguiera más rápido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sus palabras me convencieron y elevando la velocidad de mis penetraciones, golpe a golpe asolé sus pocas defensas hasta que sus alaridos de placer fueron el acicate que necesitaba para que mi miembro regara con mi semen su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sabiendo que había sido un sueño, aun así, me dormí con una sonrisa en los labios hasta el día siguiente.</span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La Hermandad, el poder oculto que amenaza Europa 7&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Jun 2026 12:45:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Era poco antes de las seis cuando mi móvil comenzó a sonar. Todavía adormilado, pensé que era Alboz con noticias e inmediatamente lo cogí. No tardé en darme cuenta de que no era así al reconocer la voz de mi secretaria. Cómo es normal, me espabilé de golpe y le pedí que me dijera cómo estaba y si la habían hecho daño. Llorando como una magdalena, la mulata me dijo que su secuestrador la había liberado para que me hiciera llegar un mensaje. ― ¿Dónde estás para que vaya a por ti? ― parcialmente aliviado al saberla a salvo, pregunté. [&#8230;]]]></description>
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<p>Era poco antes de las seis cuando mi móvil comenzó a sonar. Todavía adormilado, pensé que era Alboz con noticias e inmediatamente lo cogí. No tardé en darme cuenta de que no era así al reconocer la voz de mi secretaria. Cómo es normal, me espabilé de golpe y le pedí que me dijera cómo estaba y si la habían hecho daño. Llorando como una magdalena, la mulata me dijo que su secuestrador la había liberado para que me hiciera llegar un mensaje.</p>



<p>― ¿Dónde estás para que vaya a por ti? ― parcialmente aliviado al saberla a salvo, pregunté.</p>



<p>―En un taxi, pero no sé a dónde ir.</p>



<p>Asumiendo que lo más rápido era que se acercara ella, le di la dirección de mi amigo para acto seguido pedirle que me anticipara algo de lo que debía notificarme. Certificando mis sospechas, me adelantó:</p>



<p>―Ese hombre está loco. Quiere que usted renuncie y que el consejo le nombre Grande entre los Grandes. Mejor se lo cuento en persona.</p>



<p>― ¿Cuánto tardas en llegar? – comprendiendo sus reservas a decírmelo por teléfono, murmuré.</p>



<p>―Unos quince minutos.</p>



<p>Dando por buena esa precaución, me despedí de ella y colgué.</p>



<p>― ¿Quién era? ― desde su lado de la cama, Rosa quiso saber.</p>



<p>―Verónica, una de las acólitas secuestradas― respondí mientras me comenzaba a vestir.</p>



<p>Consciente de la importancia, se levantó y se puso algo de ropa para recibirla. Siendo algo lógico, no dejé de advertir que había elegido el vestido más elegante que llevaba en la maleta con la que llegó a Madrid. Al cuestionarle esa elección, sonriendo contestó:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_008_8d8b.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Según dijiste, esa muchacha me considera alguien inalcanzable, casi una diosa y quiero darle una buena impresión.</p>



<p>&nbsp;Desternillado, susurré que no era la única que la considera así y que para mí ella representaba todo.</p>



<p>―Eso se lo dices a todas― replicó riendo.</p>



<p>―A todas no, ¡solo a cinco!</p>



<p>Indignada con mi respuesta, se cruzó de brazos:</p>



<p>―Eres más falso que una moneda de tres euros, ¡te había creído!</p>



<p>Supe que era una pose, pero aun así decidí no tentar la suerte y estrechándola entre mis brazos, musité en voz baja que como mi favorita las otras mujeres le pertenecían. Una sonrisa iluminó su cara y mandándome a la mierda, salió del cuarto. Eso me permitió meditar sobre lo que la mulata me había dicho y siendo poco, había corroborado mis sospechas de que el enemigo era miembro de la hermandad.&nbsp;</p>



<p>«Vencerle ya no es una cuestión de mera supervivencia, no puedo dejar que se apodere de la organización», me dije al entender que siendo el jefe supremo acumularía un poder tal que podría trastocar el futuro de toda Europa.</p>



<p>Con ello en mente, me planteé diversos escenarios hasta que cabreado comprendí que era inútil y que antes de intentar siquiera planear una respuesta debía conocer tanto la identidad del tipo al que me enfrentaba como el contenido de su mensaje. Estaba intentando adivinar quién era ese maldito cuando desde la entrada los policías allí apostados me notificaron la llegada de la mulata.</p>



<p>―Déjenla pasar― ordené.</p>



<p>Avisando a la viuda, me acerqué a la entrada del piso para darle la bienvenida. Tal y como preveía, la muchacha venía en un estado de nervios tal que apenas podía caminar. Para facilitarle el trance, fui por ella y tomándola en brazos, la llevé al salón.</p>



<p>―Le he fallado― histérica sollozó echándose quizás la culpa de seguir viva.</p>



<p>Decidido a que captara mi apoyo, sin dejar de abrazarla, la senté en un sofá:</p>



<p>―Tranquila― murmuré en su oído mientras le acariciaba su encrespada melena en un intento de que se tranquilizase.</p>



<p>Lejos de calmarla, mi ternura profundizó su angustia. Su supuesto fallo no la dejaba pensar y por ello la llegada de la morena con un café fue providencial. Y es que al ver a la mujer que tenía idolatrada, cayendo postrada a sus pies, dejó de llorar.</p>



<p>Si ya de por sí tenía a Rosa en buen concepto, su reacción en ese momento lo mejoró. Asumiendo el papel que el cretino de su marido había creado para ella, con dulzura en los ojos le extendió la mano a la acolita.</p>



<p>― ¡Mi señora! ― impresionada por el honor que le estaba confiriendo, Verónica musitó al besársela.</p>



<p>&nbsp;Sin dejar la pose de gran sacerdotisa, la levantó del suelo y tomando la barbilla de la anonadada mulata, la premió con un breve pico en los labios mientras le decía lo feliz que le hacía el conocerla.</p>



<p>― ¿A mí? ¡Si no soy nadie! ― con lágrimas en los ojos, exclamó la premiada.</p>



<p>―Te equivocas, criatura. Eres mi acólita― con una sonrisa, Rosa refutó sentándola de nuevo en el sofá.</p>



<p>La felicidad de la joven en ese momento es difícil de describir. Colorada y con los ojos abiertos de par en par no paraba de sonreír sin llegarse a creer todavía el hallarse en presencia de esa mujer. Aprovechando su calma, dejé caer si sabía algo de Danka y de las otras dos mujeres.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_031_46d7.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Las tres están en poder de Ibrahim Zarqai― respondió para acto seguido, centrándose en mi novia, comentar que la habían herido en un hombro pero que estaba fuera de peligro.</p>



<p>Aunque me alegró saber que seguían vivas, no pude dejar de temer por ellas al enterarme quién era su secuestrador. No en vano lo poco que sabía de ese zumbado era que pasó de profesor de la Complutense a ser el islamista que planeó un ataque contra instalaciones del ejército español en el Líbano:</p>



<p>«Es un fanático que quiere llevar la Guerra Santa a Europa e instalar mundialmente un califato».</p>



<p>Ratificando la decisión de que bajo ningún concepto podía cederle el mando de la Hermandad, pregunté a Verónica por el contenido de su mensaje:</p>



<p>―Es una locura. A raíz de que usted haya evitado el atentado contra las bases, sostiene que ha traicionado la memoria de don Xavi y creyéndose su verdadero heredero, le da veinticuatro horas para aceptar su oferta.</p>



<p>― ¿Qué es lo que quiere?</p>



<p>―Ese hombre ofrece dejarle vivir si le cede el puesto e intercambiar a sus rehenes por doña Rosa. Según él, ningún miembro de la hermandad pondrá en duda su autoridad si es quien educa a la descendencia del fundador y tiene a su lado a la gran Dama.</p>



<p>De inmediato, la viuda aceptó ese intercambio siempre que no incluyera a Lara:</p>



<p>― ¡No digas memeces! Nunca permitiré que ostente el mando y menos que te pongas en peligro― exclamé.</p>



<p>Acaba de decirlo cuando de pronto caí en que quizás Verónica había malinterpretado la segunda exigencia y dirigiéndome a ella, quise confirmar mis sospechas:</p>



<p>― ¿Cuándo ofreció el intercambio la mencionó por su nombre o textualmente habló de la Gran Dama?</p>



<p>―De la Gran Dama, pero son la misma― desolada, reconoció mientras la viuda me miraba sin entender por dónde iba.</p>



<p>―Te equivocas, Rosa no es la Gran Dama― contesté.</p>



<p>Viendo que la mulata no me creía, le expliqué que Lara no era más que una de las tres hijas reconocidas por Xavi y que ese maldito había usado a sus mujeres como vientres de alquiler y que la madre biológica era otra.</p>



<p>―Si lo que dice es cierto, entonces&#8230; ¿quién es?</p>



<p>―Ese es el problema, ¡no lo sé!&#8230;</p>



<p>Cómo la identidad de la Gran Dama era algo primordial pero no urgente, decidí atacar los problemas uno a uno y llamando a Alboz, le notifiqué la liberación de su hija. Tras lo cual, y mientras la mulata desayuna, informé a la ministra de quién había organizado el ataque sin entrar en muchos detalles y sobretodo sin revelar el mensaje que me había hecho llegar el islamista.&nbsp; Eran poco más de las ocho cuando aparecí por la puerta del CNI en compañía de Verónica. La noticia de su llegad corrió rápidamente por el pasillo de la agencia. Prueba de ello fue recibir la visita de Ordoñez, el agente al que había encomendado la investigación del atentado pidiendo poder entrevistarla. Por un momento dudé de la conveniencia al no querer que una indiscreción por nuestra parte sacara a la luz la existencia de la organización. El tal Camilo debió de entender mis reticencias porque cerrando la puerta se presentó como miembro de la misma al besar mi mano.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Grande entre los grandes. Para ayudarle, debo conocer todos los detalles.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue mi propia secretaria la encargada de despejar mis últimas dudas al pasarme una nota diciendo que ese hombre estaba en el segundo escalafón de la hermandad, solo por debajo del consejo. Con todo aclarado, me abstuve de hacerle un resumen y dejé que fuera él quien se hiciera una idea preguntando sin ningún tipo de interferencia. E hice bien porque, demostrando su profesionalidad, antes de nada, pidió que le contara el ataque. Es más, obligándola a bajar al detalle, fue entonces cuando me enteré que habían sido argelinos los cinco sicarios que asaltaron mi piso.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Por qué sabe que eran de ese país en particular?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Hablaban Darja― contestó aludiendo al dialecto hablado por los nacionales de Argelia.</p>



<p>Su contundencia reveló que entre otras muchas cualidades esa mujer dominaba el árabe y por eso Ordoñez dio por buena esa afirmación y preguntó por sus armas. Nuevamente Verónica me dejó impresionado al responder que llevaban Zastavas M70, la versión yugoslava del AK―47. Como ese fusil me era conocido por mi estancia en Kosovo, seguí escuchando. Tras narrar el heroísmo de &nbsp;<a href="https://apellidos.de/apellido-dus2ek">Dušek</a> y de Morgado, tampoco dudó cuando detalló su muerte:</p>



<p>―Estaban heridos cuando fueron rematados con un disparo en la frente. Fueron asesinados a sangre fría.</p>



<p>Su relato no se quedó ahí y demostrando gran entereza, describió cómo las habían sacado del edificio y la clase de vehículo que usaron.</p>



<p>―Nos subieron en la parte trasera de una Ford Transit blanca.</p>



<p>Siendo importante, ese dato no nos llevaba a nada al ser una de las camionetas más comunes en España. Quizás por ello, Camilo se centró en el tiempo que tardaron en llegar a la nave donde había permanecido secuestrada.</p>



<p>―Una media hora y aunque no estoy segura debió de coger la M―30 o una autopista.</p>



<p>Al ser cuestionada por esa última afirmación, la mulata señaló que de haber permanecido circulando por Madrid, hubiese notado las paradas en los semáforos. Oyéndola, Ordoñez sacó un mapa y pintando sobre el mapa un círculo de unos veinte kilómetros, buscó cuantos polígonos quedaban dentro de esa área.</p>



<p>―Son demasiados― comenté desilusionado.</p>



<p>―No crea― contestó el agente y dirigiéndose a Verónica, le preguntó si había tenido la oportunidad de ver la nave.</p>



<p>―Sí, pero no creo que le pueda decir nada relevante. Era de unos quinientos metros con muros hechos con paneles de hormigón y vigas de acero.</p>



<p>―Niña acabas de descartar el 70% por ciento de ese tipo de instalaciones. Si he entendido tu observación, la nave debe ser de reciente construcción, máximo veinte años.</p>



<p>Y tachando en el plano los polígonos más antiguos, decidió centrar sus pesquisas en cinco de ellos al ser sus naves de pequeño tamaño.</p>



<p>―Siguen siendo muchas, pero tenemos por dónde empezar― concluyó mientras le pedía que continuara narrando su estancia allí. Así me enteré que había permanecido atada, que la primera que trajeron había sido Consuelo sobre medio día mientras que Patricia llegó bien entrada la tarde.</p>



<p>― ¿Os dieron algo de comer?</p>



<p>―Sí, trajeron hamburguesas. Pero antes de que lo pregunte, tuvieron la precaución de quitarle las cajas por lo que no sé dónde las compraron.</p>



<p>―No te preocupes, pero dime&#8230; ¿venían calientes?</p>



<p>―Templadas, se podían comer.</p>



<p>Buscando en internet, descartó dos de los polígonos al estar a más de quince minutos del Burger más cercano y sonriendo, agradeció a la muchacha el poder haber podido estrechar el cerco.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_051_3b9c.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«No fue ella, sino sus preguntas», me dije mientras Ordoñez le preguntaba el porqué de que la hubiesen liberado a ella.</p>



<p>― Ibrahim Zarqai me eligió al ser, además de la acolita de don Juan, su secretaria― respondió.</p>



<p>―No lo comprendo. Siendo miembro del CNI, tú hubieses sido mi última elección. Para qué arriesgarse a que tal y como has confirmado tuvieses buena capacidad de observación.</p>



<p>―Eso se lo puedo contestar yo, Consuelo y Patricia eran demasiado valiosas para desprenderse de ellas y el peso en la política checa de Danka también tiene un valor― interviniendo dejé caer para a continuación pedir a la mulata que le contara el mensaje.</p>



<p>Como miembro de la hermandad, Camilo comprendió a la primera lo que significaba ese chantaje, pero al enterarse de las existencias de las trillizas comenzó a sudar. Al preguntar por su reacción, el agente replicó que entre los de su escalafón corría el rumor que la hermandad era un matriarcado y que si no conocían a la verdadera jerarca era porque no había llegado el momento.</p>



<p>―Siempre creí que era falso, pero Zarqai se lo cree. Asumiendo que sea real, tiene sentido que su opositor quiera tener bajo su órbita a esas niñas para asegurarse el control de su madre biológica.</p>



<p>Me preocupó que se refiera a Ibrahim de esa forma tan suave y que hablar de tener a las niñas bajo su órbita en vez de definirlo como cautividad. Llamando a las cosas por su nombre, respondí:</p>



<p>―Si ese perturbado quiere dar un golpe de estado para imponer su forma de ver el mundo, tendrá que matarme y desde ahora te digo que no dejaré que tome como rehenes a mis hijas.</p>



<p>&nbsp;Camilo vio en el tono de mi respuesta una reprimenda y no para que no pudiera pensar de él que era un tibio, puso su cabeza a mi disposición:</p>



<p>―Don Juan, soy su servidor y le soy fiel.</p>



<p>&nbsp;Todavía mosqueado, le pedí que se extendiera en lo del rumor por si esas habladurías escondían alguna pista para encontrar a la mujer en cuestión. Tras exponerme lo que sabía, no saqué nada en claro.</p>



<p>― ¿Sabes si hay alguna base genética secreta o no que nos sirva para conocer quién es? ― pregunté.</p>



<p>Tecleando en su portátil, sacó todas las disponibles y se comprometió a cruzar la información de las niñas con las de las mujeres ahí registradas:</p>



<p>―Pero dudo mucho que, si realmente existe y pensando en el cuidado que ha tenido para no mostrar su existencia, vaya a haber cometido ese error.</p>



<p>No pude estar más que de acuerdo y cuando ya creía que la búsqueda era un callejón sin salida, Verónica me propuso usar una herramienta al acceso de cualquier mortal siempre que fuera joven.</p>



<p>― ¿De qué hablas? ― quise saber.</p>



<p>Desternillada, replicó que existía en internet múltiples aplicaciones con la que envejecer un rostro.</p>



<p>―No te sigo― reconocí.</p>



<p>Sin dejar de sonreír, añadió:</p>



<p>―Es un hecho que los hijos al crecer se van pareciendo cada vez más a sus padres biológicos. Por tanto, partimos de la foto de una trilliza y le añadimos años, podemos hacernos una idea de cómo va a ser de mayor. Si sale a su madre, quizás seamos capaces de reconocerla.</p>



<p>&nbsp; Tanto Ordoñez como yo nos quedamos petrificados con la simpleza de la solución. Bastante avergonzado de que no se me hubiese ocurrido a mí, busqué en mi movil una foto de frente de mi ahijada para usarla en el experimento. Eligiendo entre las que tenía la que me le había hecho su madre para la guardería, la mandé a su teléfono.</p>



<p>―A ti, no se parece― comentó la morena mientras introducía el archivo en la aplicación: ― ¿Qué edad le pongo?</p>



<p>Aunque en otro momento, puede que me hubiese molestado ese comentario, me alegró oírlo y esperanzado, aguardé que me mostrar la cara de mi querida Lara con treinta años. El minuto y medio que tardó en dar una estimación fueron los noventa segundos más largos de mi vida y por eso cuando me informó que ya estaba, le arrebaté el movil sin miramientos.</p>



<p>«Me resulta familiar, pero no caigo a quién se parece», pensé mientras se lo devolvía para que lo</p>



<p>imprimiera en grande.</p>



<p>Mi sensación fue compartida por ambos, pero ninguno pudo decir a qué mujer les recordaba. Ya con la foto en la mano, me puse a observarla con mayor detenimiento y curiosamente reconocí como mía la forma de su cara.</p>



<p>―La boca, los ojos y el color del pelo debió sacarlo de ella― señalé: ―Estamos buscando a una castaña de ojos azules y boca grande.</p>



<p>Verónica que era más ducha en esos temas, añadió que debíamos además debía ser de pelo rizado y de al menos uno setenta y cinco. Mientras los motivos de que tuviese rizos era algo evidente, no supe de donde se sacaba lo de esa estatura.</p>



<p>―Don Juan, esta mañana he conocido a sus hijas y se salen de percentiles. Aunque usted es alto, su dama debe serlo también.</p>



<p>A pesar de advertir que la mulata al hablar de ella en vez de decir la gran dama dijera su dama, me abstuve de rectificarla al comprender que considerándose mi acolita veía en esa mujer a mi igual.</p>



<p>Dejando a un lado a esa desconocida, decidí que debía hablar personalmente con cada miembro del consejo para garantizarme su fidelidad. Como la única forma que tenía de contactar con ellos era por medio del email de la web oscura, decidí mandarles un mensaje adjuntando el número de un móvil nunca usado y que desecharía tras la ronda de llamadas.&nbsp; Fue a la hora de ponerles una hora a cada uno cuando me enteré que, siguiendo la tradición romana, Xavi los había dado un número como apelativo. Sonriendo mientras lo tecleaba, cité a Primis a las nueve y media, a Secundo a las diez y así sucesivamente hasta Decimatio al cual ordené llamarme a las dos del mediodía.</p>



<p>Con ello resuelto, usé todos los tentáculos del CNI para que conocer cualquier vínculo, piso franco o persona que pudiese tener relación con Zarqai en España. Mientras esperaba la primera llamada, los datos elaborados por las distintas agencias de inteligencia amigas empezaron a llegar a una velocidad de vértigo, por lo que no me quedó otra que involucrar al equipo de Camilo en su análisis. Tras ordenar que detuvieran a cualquier cómplice con el que se encontraran, les sugerí que descartaran lo que ya sabíamos y se centraran en lo nuevo.</p>



<p>―Ya habéis oído al director. Ahora moved el culo y demostrar porque os considero los mejores analistas― interviniendo Ordoñez, dio por terminada la reunión.</p>



<p>Ya solo en mi despacho, recibí la llamada del primer consejero en la que antes de nada le exigí que ratificara su fidelidad a mi o que dimitiera. Tal y como me esperaba, no dudó en comprometerse conmigo.&nbsp; Habiendo conseguido que al menos nominalmente me reconociera como su máximo superior, indagué si sabía el nombre de la Gran Dama.</p>



<p>―Confieso que no le puedo ayudar. Solo don Xavi lo conocía― contestó y sin negar su existencia, sugirió que esperara ya que a buen seguro ella se me presentaría.</p>



<p>Uno tras otro, los consejeros con los que hablé hasta las doce no me supo decir nada y quejándome ante Verónica de la falta de resultados, la astuta joven se permitió apuntar que cambiase de táctica:</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_078_7a2a.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ya que no sabe quién es la Gran Dama, invéntese una.</p>



<p>― ¿Para qué? ¿De qué serviría?</p>



<p>Riendo contestó:</p>



<p>―Viniendo de usted, la Hermandad aceptará como real a la impostora y para no perder su influencia, es mujer deberá dejar el anonimato.</p>



<p>No demasiado convencido, acepté pensar en ello mientras llamaba a Ordoñez para que me informara sobre nuestros intentos de neutralizar a Zarqai y a su gente.</p>



<p>―Don Juan. Por ahora, hemos detenido a veinte sospechosos de pertenecer al Califato, pero no hemos conseguido extraerles nada del caso.&nbsp;</p>



<p>La falta de progreso en la investigación me preocupó y como el reloj pasaba, me tuve que volver a plantear la opción de la mulata.</p>



<p>«Para ser creíble, la mujer en cuestión debe ser alguien con poder», medité y buscando candidatas, no se me ocurrió nadie que encajara mejor que mi teórica jefa, ¡la ministra!: «Doña Paloma cumple todos los requisitos. Por edad, inteligencia y ambición nadie pondrá en duda que ella es la Gran Dama».</p>



<p>Seguía dando vueltas a cómo hacerlo para que no quedar como un falso al revelarse quien era realmente, cuando el azar quiso que recibiera una llamada de la secretaria de dicha política exigiéndome que fuera a verla.</p>



<p>―Nuestra excelsa matriarca me llama y donde hay patrón no manda marinero― tras colgar el teléfono, comenté a Camilo que seguía en mi despacho.</p>



<p>Ese comentario irónico sobre nuestra jefa provocó que sin quererlo el miembro de la hermandad diera por sentado que finalmente había localizado a la mujer que buscábamos.</p>



<p>―No la haga esperar, ¡debe ponerla al día de lo sucedido! ― contestó el agente.</p>



<p>Confieso que me extrañó su nerviosismo, pero no le di importancia alguna &nbsp;&nbsp;&nbsp;hasta que ya en el coche Verónica me llamó preguntando que había de verdad en lo que Camilo le había dicho.</p>



<p>― ¿A qué te refieres? – pregunté todavía en Babia.</p>



<p>― ¡Que la has encontrado y que te vas a reunir con ella!</p>



<p>Por un momento no supe qué contestar. Aunque todavía no había decidido seguir su plan, preferí hacer cómo si nada y sin afirmar ni negarlo, únicamente contesté que iba a ver a doña Paloma.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La joven comprendió mis reservas y cambiando de tema, me informó que Rosa le había pedido que al salir del trabajo fuera a verla.</p>



<p>―No vemos en la casa― respondí&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">13</h1>



<p>Veinte minutos después estaba entrando en el ministerio. Al llegar a su oficina, la secretaria me hizo entrar de inmediato. Doña Paloma estaba caminando mientras hablaba por teléfono y por ello, me quedé de pie esperando. Eso me permitió observarla. Siendo algo mayor que yo, seguía siendo una mujer joven y era indudable su atractivo.</p>



<p>«No sería algo descabellado que la gente aceptara que tenemos un affair si hago correr el rumor», me dije recordando que esa mujer estaba divorciada y que desde hacía años no se le conocía pareja.</p>



<p>Meditando todavía sobre la conveniencia de hacer creer que era la gran dama, me fijé en sus pechos y valorándolos con un notable alto decidí que, de tener la oportunidad de darles un tiento, no la desaprovecharía. Pero fue al girarse y darme la espalda cuando reparé en un detalle que hasta entonces me había pasado inadvertido&#8230; ¡esa mujer tenía un culo de campeonato y sabía moverlo! Prendado por el vaivén de esa belleza, seguí cada uno de sus pasos sin poder pensar en otra cosa.</p>



<p>Tan ensimismado me quedé que no me percaté que iba a darse la vuelta y por ello me pilló observándola con cara de lelo. Lo curioso fue que no se enfadó y regalándome una sonrisa, señaló una silla para que me sentara mientras seguía discutiendo con su interlocutor por el movil. Avergonzado, obedecí y sin atreverme a levantar la mirada, esperé a que terminara. Para mi sorpresa, cuando finalmente se sentó junto a mí, la mujer me informó que había decidido confirmarme en la dirección del CNI.</p>



<p>―No podemos dejar el puesto vacante― añadió – y nadie mejor que tú para ocuparlo.</p>



<p>Siendo su tono afectuoso, jamás me esperé que la ministra me pidiese acompañarla a comer porque quería hablar conmigo de otro tema. Asumiendo que era de la muerte de Morgado, respondí que traía en mi maletín la información que demostraba la implicación del extremismo islámico en el atentado.</p>



<p>―Tanto tú como yo sabemos que eso es falso― sonriendo señaló.</p>



<p>Un escalofrío recorrió mi cuerpo al oírla y no sabiendo qué decir, preferí que fuera ella la que me revelara lo que sabía. Por ello, al verla recogiendo para marcharnos, pregunté donde quería ir a comer.</p>



<p>―Vamos a un sitio seguro y discreto― contestó sin aclarar nada.</p>



<p>―Me parece perfecto― murmuré siguiéndola por el pasillo hacia el ascensor.</p>



<p>Una vez ahí, la vi marcar la planta once donde estaba su residencia oficial. Todavía estaba tratando de asimilar que no íbamos a un restaurante cuando de improviso posó la mano en mi trasero.</p>



<p>―No me extraña que la traigas loca― comentó divertida al verme la cara.</p>



<p>Completamente cortado, pregunté de quién hablaba mientras encantada por mi falta de reacción la política seguía magreándome:</p>



<p>―De tu Gran Dama― susurró al restregarse contra mí incrementando el acoso.</p>



<p>Al llegar a ese edificio jamás hubiese supuesto que terminaría siendo manoseado por la jefa y quizás por ello, no pude reaccionar cuando empezó a susurrar en mi oído que llevaba mucho tiempo sin pareja y que por lo que le habían contado yo era un buen amante.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_095_5f53.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Señora, ¡paré! ¡Por favor! ― gemí al sentir que no contenta con lo que ya hacía doña Paloma estaba intentando bajarme la bragueta justo cuando la puerta del ascensor se abría.</p>



<p>Obviando la queja, me bajó el pantalón y demostrando que era una mujer acostumbrada a tomar lo que le apetecía, metiendo la mano en mi calzón, comentó que desde que me conoció en persona tenía ganas de follarme. Ese descaro, pero sobretodo la seguridad que tenía de que sucumbiría ante ella me encabronaron. Decidido a demostrar que se había equivocado conmigo, la empujé contra la pared y levantando su vestido, le desgarré las bragas.</p>



<p>Mi brutalidad le hizo reaccionar e insultándome trato de huir. Para su desgracia iba subida en unos zancos y no pudo hacerlo lo suficientemente rápido.</p>



<p>― ¿No era esto lo que querías? ― grité y sin esperar a que terminara de asimilar que había pasado de acechadora a víctima, aproveché que ella misma había liberado mi pene para de un solo empujón clavárselo en la vagina.</p>



<p>― ¡No! ¡Por favor! ― gimió al sentir su conducto violado.</p>



<p>Sin apiadarme de ella, forcé su integridad a base de brutales embestidas mientras con las manos le pellizcaba los pezones con crueldad. Indefensa, la mujer tuvo que soportar que al darse por vencida y dejarse de mover, mis manos azotaran su trasero insistiera diciendo si no era eso lo que buscaba.</p>



<p>―Sí, pero no así― hecha un mar de lágrimas, reconoció.</p>



<p>Su confesión le sirvió de catarsis y paulatinamente, el dolor y la humillación que la turbaban se fueron diluyendo, siendo reemplazadas por una excitación creciente.&nbsp; El primer síntoma de su claudicación fue la humedad de su coño. Completamente anegado por el flujo, su placer se desbordó por sus piernas, dejando un charco bajo sus pies. Pero lo que realmente me reveló que esa mujer estaba a punto de correrse fue el movimiento de sus caderas. Con una ferocidad inaudita, forzó su sexo hacia adelante y hacia atrás, empalándose en mi miembro sin parar de gemir.</p>



<p>Ya sin nada que perder si me denunciaba, le prohibí correrse mientras afianzaba el ataque en sus hombros con mis manos y reiniciaba un galope endiablado. La nueva postura hizo que mi pene chocara contra su útero.</p>



<p>―Maldito― gritó al saberse indefensa.</p>



<p>Descojonado, castigué sus nalgas con sendos azotes mientras le exigía demostrar el tipo de puta que era. Quizás fue experimentar por primera vez que no estaba al mando o por el contrario que el sexo duro era algo que le entusiasmaba, pero lo único que tengo claro es que esas nalgadas la volvieron loca y aullando como loba en celo, me rogó que la dejara dejarse llevar por el placer. Ni siquiera la contesté porque abducido por la lujuria, en ese momento, mi miembro explotó en su interior regando con mi semen su conducto. Completamente insatisfecha, se quedó inmóvil consciente que un movimiento más&nbsp;le llevaría al orgasmo.</p>



<p>Encantado con su entrega, eyaculé como poseso, tras lo cual, sin decir nada, saqué mi miembro y la dejé sola tirada en el suelo. Doña Paloma me miró desconsolada al saber que no me apiadaría de ella. Y así fue. Tirándome en el sofá y con una sonrisa en mis labios, le exigí que se masturbara sin correrse mientras yo descansaba.</p>



<p>Sorprendiéndose hasta ella misma, dócilmente obedeció y cumpliendo mis deseos, torturó su clítoris con sus dedos sin quejarse. Esa paja se convirtió en un cruel martirio que estuvo a punto de hacerla flaquear en varias ocasiones y solo mi mirada evitó que el deseo la dominase, corriéndose.&nbsp; Lo que no evitó fue que su calentura se fuera convirtiendo en una hoguera y la hoguera en un incendio que estuvo a punto de incinerarla y por eso al cabo de unos minutos, le ordené que se acercara cuando ya estaba a punto de estallar.</p>



<p>― ¿Quieres correrte? ― pregunté sabiendo la respuesta de antemano.</p>



<p>Sudando a chorros, me llamo cerdo, pero no se retiró cuando metí dos dedos en su vulva y empapándolos bien de flujo, le pedí que se diera la vuelta y me mostrara el ojete. Nuevamente, acató la orden y usando las dos manos, separó las nalgas. Riéndome de ella, le informé que su culo acababa de ser nacionalizado mientras introducía un dedo en su interior.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_121_e2ac.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;La ministra se creyó morir al experimentar la acción de la falange de un subordinado jugueteando en su entrada trasera, pero lejos de tratar de zafarse, apoyó los brazos en el sofá.</p>



<p>―Eres una zorra― musité mientras sumaba otra yema en su ojete.</p>



<p>La facilidad con la que absorbió ese segundo dedo, me informó de que, aunque lo negara, esa mujer deseaba que siguiera. Por eso la estuve pajeando en ambos agujeros durante cinco minutos hasta que, temblando&nbsp;como un flan, me suplicó que la tomara. No pude dejar de complacerla y colocándome a su espalda, cogí mi pene y apuntando a su entrada trasera, la fui ensartando con suavidad. Mi lentitud la hizo sollozar y queriendo forzar su gozo, me ayudó echándose hacia atrás.</p>



<p>― ¡Por favor! ― gritó casi vencida por la urgencia por soltar lastre –Déjame correrme.</p>



<p>―Todavía, ¡no! ― contesté,&nbsp;disfrutando del morbo de tenerla al borde de la locura.</p>



<p>Reforzando mi dominio, al sentir mi verga hundida por completo en sus intestinos, me quedé quieto mientras con los dedos le pellizcaba los pezones. La brillante política chilló como una cerda a la hora del sacrificio y sin pedir mi opinión, se empezó a&nbsp;empalar con rapidez.</p>



<p>― ¿Te gusta la forma en que te agradezco el ascenso? ― le dije incrementando la presión de mis dedos sobre su aureola.</p>



<p>― ¡Me encanta! ― sollozó tiritando al intentar retener su placer.</p>



<p>Sin saber por qué, me compadecí de ella y acelerando mis incursiones, le di permiso de llegar al orgasmo. Lo que ocurrió a continuación es difícil de describir. Al oírme, dejó salir la presión acumulada y&nbsp;berreando con grandes gritos,&nbsp;se corrió mientras su cuerpo convulsionaba contra el sofá.</p>



<p>― ¡Fóllame! ― ladró sin voz al sentir el ardiente geiser que, brotando de su cueva, se derramaba por oleadas sobre sus muslos.</p>



<p>No necesitaba pedírmelo, impresionado por su orgasmo, había incrementado el vaivén de mis caderas y llevándola al límite, mi pene acuchilló su culo al compás de los gritos de la mujer. Convertidos en una máquina de placer mutuo, nuestros cuerpos se sincronizaron en una ancestral danza de apareamiento con la música de la completa sumisión de esa mujer ambientando el salón. Doña Paloma uniendo un orgasmo al siguiente, se sintió desfallecer y cayendo sobre el sofá, me rogó que terminara.</p>



<p>Para el aquel entonces, el rencor que sentía por su acoso había desaparecido y contagiado de su éxtasis, sembré su culo con mi simiente. Ella, al percibir mi eyaculación, no pudo evitar su colapso y desplomándose, se desmayó. Viéndola transpuesta, decidí que no era sensato dejarla ahí y cogiéndola en brazos, la llevé a la cama. Después de depositarla sobre el colchón, me tumbé a su lado a descansar. No sé el tiempo que estuvimos tumbados en silencio, lo que sí puedo deciros es que, al despertar esa mujer, me besó y pegándose a mi cuerpo, intentó y consiguió reactivar mi maltrecho instrumento, Una vez con él tieso entre sus manos, se agachó y antes de metérselo en la boca, me preguntó si podía contarle a la Gran Dama lo sucedido entre nosotros.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/21/83764759/83764759_124_14cd.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―No sé de quién hablas – convencido que por su actitud conmigo era imposible que esa mujer fuese miembro de la Hermandad, contesté.</p>



<p>Poniendo cara de santa, sonrió y después de dar un lametazo a mi glande, dejó caer que no me creía.&nbsp;</p>



<p>―En serio, no tengo ni idea de quién es.</p>



<p>―Pues ella bien que te conoce, Es más, nunca te ha olvidado. Siempre dice que terminará contigo algún día.</p>



<p>Si hacía caso a su afirmación, la desconocida que buscaba era una mujer de mi pasado. Revisando el repertorio que había ocupado mis sábanas, busqué una mujer alta de pelo castaño y boca grande, pero había demasiadas que cumplían esos requisitos. No teniendo otra que sonsacar a la ministra, permití que continuara con la mamada mientras le rogaba que me dijera quién era.</p>



<p>―No es eso lo que me ha pedido― contestó sacándosela brevemente de la boca.</p>



<p>― ¿Entonces qué? ― pregunté.</p>



<p>Soltando una carcajada al ver que mi miembro había recuperado la dureza, cambió de postura y empalándose por tercera vez, contestó:</p>



<p>―Quería que te dijera que no te preocuparas por tu harén y que le dejaras ocuparse a ella de Zarqai.&nbsp;</p>



<p>― ¿No esperará que me quede sin hacer nada? ― protesté mientras doña Paloma comenzaba a galopar sobre mí.</p>



<p>Acelerando el movimiento de caderas, replicó:</p>



<p>―Anticipándose a lo que me has dicho, sugirió que mientras resolvía el problema podías dedicar el tiempo de conocer a las hijas que tenéis en común&#8230;</p>



<p>Hora y media después, tras haber sido ordeñado otras dos veces por la voracidad de esa mujer, dejé el ministerio con más dudas con la que entré. Como interiormente sabía que debía hacer caso al mensaje y no tratar de actuar en contra del islamista, no fuera ser que nuestros esfuerzos colisionaran y en vez de acabar con ese enemigo, fuera el quién nos derrotara, decidí no volver al CNI y tomando el camino de vuelta hacia la casa de mi amigo, aparecí en su puerta.</p>



<p>Sin explicarme el porqué, nada más entrar busqué a las trillizas y me puse a jugar con ellas mientras intentaba localizar a la cómplice por excelencia de Xavi. Desechando el aspecto físico, me concentré en las personas de género femenino que teníamos en común:</p>



<p>«Debe haber pasado por mi cama y ser al menos tan ambiciosa como ese cabrón», me dije empezando el recuento desde el día que conocí al fundador de la hermandad.</p>



<p>Tras revisar a nuestras compañeras de promoción, a pesar de haberme tirado a alguna, rechacé la idea. Además de pocas, la gran mayoría eran lesbianas. &nbsp;Siguiendo el orden cronológico, repasé nuestras conquistas de esos años y nuevamente me topé contra la pared.</p>



<p>―Papi, te he matado. ¡Debes hacerte el muerto! ― protestó Lara al ver que no caía al suelo desplomado.</p>



<p>Despertando de la ensoñación, me derrumbé abrazándola mientras la llenaba de besos. Sus dos hermanas no quisieron quedarse sin su ración de arrumacos y lanzándose en tromba sobre mí, comenzaron a hacerme cosquillas.</p>



<p>―Me rindo― grité al sentir la acción coordinada de esas tres pequeñas arpías.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si me quedaba duda alguna que ese trio sería mi perdición, esta desapareció cuando actuando como un comando perfectamente entrenado abusaron con auténtica saña de mí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―He dicho que me rindo― desternillado protesté viendo que no cesaban en su ataque.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que jamás esperé fue que demostrando quien era la mujer que la había criado, Lorena me soltó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mamá siempre dice que no hay que tener compasión del enemigo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque seguro que había sacado esas palabras de su contexto, me recordó la traición de Patricia y su papel como mano armada de la Hermandad. Cabreado, senté a las tres en mis rodillas y con toda la ternura que pude, respondí:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Uno demuestra lo fuerte que es cuando perdona al que nos ofende― y poniendo un ejemplo que pudiesen entender, proseguí diciendo: ―Imaginar que llegáis al cole y vuestra mejor amiga no os ha esperado para ponerse a jugar&#8230; ¿dejaríais de hablar con ella por eso?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Seria tonta si lo hiciera porque entonces al día siguiente no tendría con quién divertirme― contestó Luisa demostrando un criterio impropio de su edad,</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Bien dicho, mi niña― desde la puerta, intervino Rosa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las tres enanas corrieron a saludarla. Siendo lógico que Lara lo hiciera, cuando las otras dos buscaron sus brazos me hizo ver la buena sintonía que esa mujer había conseguido con ellas.&nbsp; Pero lo que realmente me confirmó que en menos de veinticuatro horas las había conquistado fue cuando oí cómo se referían a ella:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;«¡La llaman Mamá Rosa!», murmuré para mí sorprendido al notar que hasta su hija lo hacía.</p>



<p>Pero no fui el único. Verónica, que había llegado con la viuda, al ver la escena comentó que se notaba que éramos una familia unida. Juro que aluciné escuchándolo y es que, hasta ese instante, no había caído en que lo quisiera ver o no, las tres niñas, sus madres y yo formábamos parte de una. Lo que todavía no tenía claro es que cual sería la función de la desconocida en ella.</p>



<p> «No podré saberlo hasta enterarme de quién es», concluí mientras me servía una cerveza&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/21/83764759/83764759_087_e437.jpg" alt="" width="606" height="909"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;EL AULLIDO DE LA LOBA&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jun 2026 07:42:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Respondiendo a un llamado de su interior, Uxío Mosteiro abandona su ajetreada vida en Lyon y se traslada a la aldea donde desde tiempos inmemoriales su familia es dueña de un pazo. Su llegada a esa su tierra, el único lugar donde se considera en casa, despierta el temor ancestral que sus paisanos siente por los salvaxes. Aunque en un principio no le da importancia, considerándolo poco más que chismes la fijación que muestran asimilando a todos los de su alcurnia con esos seres mitológicos, los cambios que se producen en él le hacen ver que los hombres lobo [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>Respondiendo a un llamado de su interior, Uxío Mosteiro abandona su ajetreada vida en Lyon y se traslada a la aldea donde desde tiempos inmemoriales su familia es dueña de un pazo. Su llegada a esa su tierra, el único lugar donde se considera en casa, despierta el temor ancestral que sus paisanos siente por los salvaxes. Aunque en un principio no le da importancia, considerándolo poco más que chismes la fijación que muestran asimilando a todos los de su alcurnia con esos seres mitológicos, los cambios que se producen en él le hacen ver que los hombres lobo existen y que él es uno de ellos. Sin saberlo, contrata a la nieta de una antigua cocinera de la casa y Branca resulta ser una poderosa Meiga. La hechicera se convierte en su amante y desde ese momento, tratara de convencer a su amado para que acepte que además de salvaxes, también habitan esos lugares las hadas, una de las cuales llamada Xenoveva lo reclama como su esposo.<br>Todo se complica cuando Tereixa, una hembra de su especie, aparece por el pueblo y empiezan las muertes…</p>



<p><em>ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></p>



<p><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></p>



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<iframe title="El aullido de la Loba" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_osHMudmf39bosJ&#038;asin=B094PM9HJL&#038;tag=kpembed-20"></iframe>
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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p><em>Furtivo y gris en la penumbra última,</em><em><br>va dejando sus rastros en la margen<br>de este río sin nombre que ha saciado<br>la sed de su garganta y cuyas aguas<br>no repiten estrellas. Esta noche,<br>el&nbsp;<strong>lobo</strong>&nbsp;es una sombra que está sola<br>y que busca a la hembra y siente frío.</em></p>



<p><strong><em>Jorge Luis Borges</em></strong></p>



<p>Tras diez años trabajando en el extranjero para la Interpol, estaba harto. Asqueado de tanta violencia y maldad que sobrevolaba la sociedad de hoy en día, necesitaba volver a mis orígenes. No me bastaba con retornar a mi país o a mi región, ni siquiera a mi pueblo; ¡tenía que volver a casa! Y cuando hablo de casa, no me refiero al piso de Madrid donde viví con el viejo, sino la casa solariega de la Galicia profunda que forma parte de mis genes y a la que siempre he estado íntimamente unido. Nadie lo comprende, pero desde niño ¡solo ahí fui feliz! Para mí, nada se puede comparar con recorrer sus caminos, disfrutar de sus prados, perderse entre sus bosques o descansar en una de sus riberas sombrías. Su húmeda belleza, sus paisanos, sus cumbres, el sonido de los urogallos reclamando el favor de las hembras, me llamaban de vuelta. Tras la muerte de mi padre y haber heredado una buena suma, pedí una excedencia de dos años y una mañana de mayo, llegué ante sus muros. El musgo de la entrada y los tejos invadiendo el camino me hicieron enfadar al saber que gran parte de esa decadencia era culpa mía. No en vano yo era el único heredero de esas tierras y por tanto su dueño. Aunque me sacó de ahí siendo un crio, huyendo de lo que él llamaba la aldea, para mí esa casona, era “noso lar”, el hogar que nuestros antepasados erigieron en la ladera de un monte.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Tengo que devolverle su esplendor», me dije mirando los descuidados campos de mi heredad con el pecho encogido. Abrir el viejo portón de madera de su entrada no hizo más que incrementar mi dolor. El polvo de los muebles, las telarañas de sus techos, el olor a cerrado.&nbsp; Todo en su interior daba muestra de su abandono.</p>



<p>&nbsp;«¡Qué distinto era cuando vivía el “Vello”! ¡El abuelo no hubiese permitido este deterioro!» sentencié mientras subía por las escaleras al primer piso para dejar el equipaje.</p>



<p>Sabiéndome el único a quien le importaba el viejo pazo, ocupé la habitación que históricamente correspondía al dueño y que desde que había muerto el “Viejo”, mi padre se había negado a usar.</p>



<p>«Yo si la ocuparé “avó”», dije sintiendo como si siguiera viva la figura de mi abuelo.</p>



<p>Al llegar, instintivamente toqué a la puerta como hacía cuando el anciano vivía antes de entrar. Tras darme cuenta de lo absurdo que eso era, abrí y pasé al cuarto. La cama donde durante años había estado recluido era tan enorme como recordaba.</p>



<p>«La de veces que me tumbé ahí para que me leyera un cuento», me dije observando el grueso colchón de lana.</p>



<p>El frio me hizo recordar que todavía no había encendido la “lareira”, la enorme chimenea que ocupaba la mitad de la cocina de la planta baja y que era tan típica en las aldeas de mi tierra. Dejando las dos maletas en el suelo, me dirigí a hacerlo. La antigüedad de la leña allí acumulada me permitió con rapidez hacer una pequeña hoguera que secara y calentara el ambiente. La belleza hipnótica de sus llamas me hizo volver a mi niñez y a sus noches cuando, a la luz de esa lumbre, Maruxa, la cocinera me narraba historias de meigas, de duendes y de hadas.</p>



<p>«Galicia é unha terra máxica e cada un dos seus fillos ten unha fada madriña», siempre recalcaba cuando me oía negar la existencia de la magia y de esos seres alados.</p>



<p>― ¿Tengo yo también un hada madrina? ― recuerdo que tenía la costumbre de preguntar.</p>



<p>Aunque cientos de veces cuestioné lo mismo, Maruxa nunca se cansó de contestar:</p>



<p>― Non te rías. A túa fada chámase Xenoveva e un día presentarase a ti.</p>



<p>Según ella, el día que nací vio al lado de mi cuna a esa hada bajo el aspecto de una mujer joven. Al indagar ella en qué hacía ahí, la aparición le contestó:</p>



<p>― Coido do meu destino.</p>



<p>«Cuido de mi destino», sonreí al recordar su insistencia en que un día Xenoveva, mi hada madrina, aparecería ante mí para salvarme si algo me amenazaba.</p>



<p>―Maruxa, no asustes al chaval― mi padre la recriminó una noche al comprobar que me creía esas leyendas: ―Aquí no hay peligro.</p>



<p>― Patrón, sempre hai perigos escondidos detrás da maleza.</p>



<p>―Habladurías de viejas. Hijo, ¡no hagas caso! No existen ni las brujas, ni los duendes y menos las hadas.</p>



<p>A pesar de los años que han pasado, no consigo olvidar mi enfado con él porque negara la existencia de Xenoveva. En mi mente de niño, la señora de los bosques era real y me cuidaba.</p>



<p>―Papá, ella me salvó cuando casi me ahogo en la laguna y luego desapareció.</p>



<p>―Uxío, las hadas no existen. La joven que te sacó del agua, debió ser una peregrina haciendo el camino de Santiago que, viendo que estabas bien, decidió dejarte para irse a reunir con sus compañeros de viaje― contestó muy molesto.</p>



<p>Recuerdo que mi abuelo, sonriendo, murmuró en mi oído:</p>



<p>―Tu padre es un viejo cascarrabias que ha borrado de su mente a su madrina. Tú no la olvides y Xenoveva volverá.</p>



<p>El crepitar de un leño me devolvió a la realidad y dejando esos recuerdos en un rincón de mi cerebro, me puse a airear la casa. El penoso estado de sus ventanas y contraventanas me hizo ver que iba a necesitar ayuda y por eso decidí que cuando fuera a ver al cura, como verdadero poder fáctico de la aldea, no solo debía pedirle que me encontrara alguien de servicio sino también un manitas que me apoyara arreglando todo aquello que yo no pudiera.</p>



<p>«Hay demasiados desperfectos para hacerlo solo», sentencié preocupado.</p>



<p>Aterido de frio y sabiendo que poca cosa podía hacer ahí hasta que cogiera temperatura, cerrando la casa, me fui a buscar al sacerdote. Tras aparcar frente a la iglesia, me encontré que don Ángel estaba confesando y que según ponía en el horario todavía tardaría una hora en salir del confesonario.</p>



<p>«Me tomaría un café mientras tanto», pensé y viendo que estaba abierto el bar de doña Madalena, me dirigí hacia ahí.</p>



<p>No había recorrido ni veinte metros desde la Iglesia, cuando escuché que alguien me llamaba. Al girarme me encontré con la antigua cocinera.</p>



<p>― ¡Maruxa! ― exclamé al reconocerla tras tantos años.</p>



<p>La ahora anciana se echó a llorar mientras me abrazaba:</p>



<p>―O meu pequeno Uxío.</p>



<p>El cariño de la paisana me dejó sin palabras y por ello tardé en reaccionar al darme cuenta de que no venía sola y que una joven alta y morena la acompañaba.</p>



<p>―Es Branca, a miña neta― cuándo pregunté, confirmó que era su nieta.</p>



<p>Como quería hablar con Maruxa para que me pusiera al día de lo que había pasado en el pueblo, me pareció lógico invitar a las dos a tomar algo.&nbsp; La timidez de la muchacha quedó de manifiesto cuando quiso protestar y su abuela la calló diciendo que debía conocer a su “Uxío”. El comentario de la antigua empleada me hizo reparar en su larga cabellera, negra como la noche, y en su rostro, blanco y dulce que realzaba el color de sus labios rojos. Reconozco que me dio pena la muchacha al ver que, frunciendo el ceño, nos seguía en silencio. Ya en el bar, me permití comentar a la antigua empleada el mal estado en que se encontraba la casona y que si me hallaba en el pueblo era para hablar con el párroco para que me aconsejara a quien necesitar contratar de servicio.</p>



<p>― Non é preciso preguntarlle ao cura. Branca estará encantada de ir vivir ao pazo para traballar― dijo señalando a su nieta.</p>



<p>Que en esa zona imperaba el matriarcado, me quedó claro cuando tratando de saber si la joven realmente deseaba ese trabajo le pedí que me lo aclarara y ella aceptó diciendo:</p>



<p>―Mi abuela cree que será bueno.</p>



<p>La voz de la chavala me agradó y obviando que realmente no me había confirmado que deseara el puesto, se lo di asumiendo que siendo familia de Maruxa era alguien de confianza.</p>



<p>―Me gustaría que vinieras esta misma tarde, Hay mucho que limpiar― contesté al decirme que cuando empezaba.</p>



<p>&nbsp;―Aí estará, non te preocupes― sentenció su abuela mientras se despedía de mí.</p>



<p>Cómo todavía tenía que hablar con don Ángel por el manitas, me quedé haciendo tiempo y pedí otro café. Al traérmelo, la dueña del local me soltó que no debería contratar a la tal Branca.</p>



<p>― ¿Por qué? ― pregunté.</p>



<p>― As mulleres desa familia son bruxas ― respondió la cincuentona.</p>



<p>Sé que debería haber sido más discreto, pero al oír que según la paisana todas las hembras de la familia de Maruxa eran brujas, no pude contener la carcajada.</p>



<p>― Non te rías. Todo o mundo sabe que teñen fama de meigas que falan cos mortos.</p>



<p>Al decir en que tenían fama de hablar con los muertos, comprendí que en la Galicia profunda seguían enquistadas esas creencias en las que se mezclaban supersticiones celtas con el cristianismo más rancio. No queriendo que viera un menosprecio en mi escepticismo, me quedé callado y salí del bar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Es acojonante, en pleno siglo XXI, siguen creyendo esas patrañas», sentencié sin caer en que, al contrario que en mi niñez, con treinta y cinco años mi progenitor y yo teníamos la misma opinión sobre esos temas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya de vuelta a la iglesia, el párroco había terminado de confesar y pudo darme unos minutos. A raíz de enterarse que había contratado a la muchacha, don Ángel me felicitó por no haberme dejado llevar por los chismes del pueblo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Todas las jóvenes de esa familia son carne de emigración debido a la superstición. Ninguno de sus paisanos les da trabajo al temer caer bajo un hechizo.</p>



<p>―Padre, ¿y qué tal es Branca? ― indagué.</p>



<p>El sacerdote respondió muerto de risa:</p>



<p>―La más peligrosa de todas ellas. Con un movimiento de pestañas, es capaz de hechizar a cualquier hombre.</p>



<p>Que don Ángel se atreviera a bromear con ello y encima alabando la belleza de la cría, me tranquilizó al creerme ya vacunado contra ese tipo de armas y cambiando de tema, le pedí que me aconsejara a que albañil contratar.</p>



<p>―En esta época, no te puedo aconsejar a ninguno. Los buenos están ocupados con las faenas del campo. Pero no te preocupes, todas las mujeres del pueblo pueden hacer pequeñas reparaciones y Branca no será menos. Si la dejas, se ocupará de corregir los desperfectos con los que se encuentre― contestó.</p>



<p>Que esa cría fuera capaz no solo de mantener al día la limpieza del pazo sino también supiera hacer chapuzas, me alegró y recordando que todavía debía llenar la despensa, me fui la tienda del pueblo. Al llegar al pequeño súper, me llevé la sorpresa de que Maruxa y su nieta se me habían adelantado y habían dejado a la dependienta una lista con lo que ellas consideraban indispensable.</p>



<p>―Está correcto, ¿cuánto le debo? ― sentencié tras repasar el pedido y comprobar que lo que habían encargado era, además de razonable, necesario: «No me había acordado de comprar el cubo con su fregona y menos los dos tipos de jabón que se necesitará para limpiar los suelos», me dije mientras sacaba la cartera y pagaba.</p>



<p>Contento con esa inesperada ayuda, metí las bolsas en el maletero de mi todo terreno y volví a la casona. Tras aparcar, vi que Branca acompañada de otra joven estaba limpiando el exterior de la casa. Al acercarme y tras presentarme a su hermana, me dio la bienvenida diciendo que había dejado sus cosas en la habitación que había sido de su abuela.</p>



<p>―Esa parte de la casa está inhabitable. Hasta que no la arreglemos será mejor que duermas en el área noble― comenté recordando el calamitoso estado de la zona de servicio.</p>



<p>―Lo que usted diga― respondió sin poder evitar mostrar su satisfacción al no tener que dormir pensando que el techo se le podría venir encima.</p>



<p>La sonrisa que iluminó su cara me dejó apabullado al darme por fin cuenta de lo que se refería el puñetero cura: “Branca era una belleza”. La palidez de la criatura realzaba más si cabe el vivo color de sus labios mientras la profundidad de sus ojos negros animaba a zambullirse en ellos. La joven no se debió de percatar de la forma en que la miraba porque no se quejó de ello y tomando posesión de su puesto, únicamente me exigió que desapareciera de la casa mientras ellas terminaban de limpiar.</p>



<p>&nbsp;Disculpando su tono duro y en cierto grado impropio de alguien a mi servicio, comprendí que mi persona ahí estorbaba y tragándome el orgullo, me fui a dar una vuelta por la propiedad. Ese paseo obligado no tardó en afectarme y olvidando mi cabreo, empecé a disfrutar de cada uno de sus pasos. La belleza de los prados con la yerba a punto de segar me fue acercando poco a poco al bosque casi salvaje que mi abuelo se había encargado de proteger y que, por respeto, mi padre nunca había tocado.</p>



<p>«¿Cuantos años puede tener este carballo?», me pregunté al observar el tronco de un roble que al menos sería centenario mientras sin darme cuenta me internaba en la densa foresta.</p>



<p>Absorto contemplando la herencia vegetal de mis mayores seguí penetrando en el bosque hasta que de improviso me vi en mitad de un claro. Reconocí de inmediato ese lugar y por eso, busqué la laguna donde siendo un niño me bañaba. Tras encontrarla, curiosamente hacía calor y sintiendo el sol cayendo a plomo sobre mi cabeza, estaba ya quitándome la camisa con la esperanza de darme un chapuzón cuando unas risas femeninas me hicieron parar en seco.</p>



<p>Extrañado, me agaché tras un denso laurel y busqué su origen. Desde mi escondite, comprobé que las culpables eran dos crías que aprovechando la soledad de ese paraje se bañaban en sus cristalinas aguas sin que nadie las molestase. Su presencia en mi heredad me parecía una afrenta, una mancha que sobre la naturaleza impoluta de ese edén. Por ello en un principio no me fijé en la indudable belleza de sus cuerpos, hasta que se pusieron a nadar hacia la orilla desde la que las observaba.</p>



<p>«¡Están desnudas!» exclamé en silencio mientras esas dos ninfas, ajenas a estar siendo espiadas por mí, se ponía a jugar entre ellas.</p>



<p>La alegría que transmitían al mojarse una a la otra me pareció adorable y sintiéndome un voyeur, me quedé mirando sus juegos. La perfección de sus curvas, la rotundidad de sus pechos y sobre todo la hermosura de sus nalgas me tenían sin respiración.</p>



<p>«Son perfectas», estaba diciendo en mi interior cuando observé que en la otra orilla había hecho su aparición otra mujer.</p>



<p>Si las primeras me parecían guapísimas, la pelirroja recién llegada resultó ser una diosa, un ser tan bello que su atractivo era hasta doloroso.</p>



<p>«¿Quién será?», medité mientras recreaba la mirada en el trasero con forma de corazón del que era dueña.&nbsp;</p>



<p>El contraste de la blancura casi nívea de esa mujer con la piel morena de las dos más jóvenes me terminó subyugar y por eso cuando olvidando a la que parecía la jefa, las morenas se pusieron a hacerse aguadillas entre ellas, no pude más que suspirar. Sin tener constancia la brutal sensualidad que trasmitía al hacerlo, la pelirroja se puso a enjuagar sus pechos con el agua de la laguna mientras a un metro escaso de ella, sus compañeras reían de felicidad.</p>



<p>«No puede ser tan bella», murmuré para mí valorando con detalle el rosado botón que decoraba cada uno de esos cantaros.</p>



<p>Ajenas a que estaban siendo observadas, las morenas se abalanzaron sobre la desconocida acariciándola mientras reían. La envidia me corroyó al ver cómo las manos de esas jóvenes se dedicaban a recorrer las curvas de la diosa. Con creciente calentura, desde mi escondite admiré la tranquilidad con la que esa mujer recibía esas caricias mientras las regañaba:</p>



<p>―No seáis traviesas. Dejadme en paz.</p>



<p>Esa dulce reprimenda, lejos de conseguir su objetivo, azuzó a esas niñas y queriendo profundizar en la travesura, llevaron sus manos entre los muslos de la pelirroja. Observando la serenidad con la que asimilaba ese nuevo ataque, certifiqué la dureza de sus glúteos al darse la vuelta.</p>



<p>«¡Es preciosa!», exclamé en silencio mientras grababa en mi mente el caminar aristocrático de esa leona de larga melena mientras salía del agua.</p>



<p>Ante mis ojos, la desconocida se mostró en plenitud. Su desnudez me permitió pasar de la dureza de sus glúteos a sus senos. La exuberancia de ese par de montañas no fue óbice para que pudiera disfrutar, con auténtico frenesí, del profundo canal que discurría entre ellas.</p>



<p>«¡Quien pudiera hundir la cara entre esas dos hermosuras!», pensé mientras el enano de mi conciencia me exigía que parara de espiarlas.</p>



<p>No pude más que mandar a la mierda a ese jodido renacuajo cuando me percaté de que, tras pasar tanto tiempo dentro del agua, se le habían endurecido los pezones.</p>



<p>«¡Qué belleza!», sentencié ya totalmente excitado soñando que algún día serían míos.</p>



<p>Seguía babeando con sus pechos cuando la mujer se tumbó a tomar el sol frente al lugar donde me escondía. La calentura que me dominaba ya me impulsó a buscar con la mirada entre las piernas de la pelirroja.</p>



<p>«Joder», gruñí al contemplar el coño imberbe de la desconocida.</p>



<p>Ignorando mi existencia, me lo puso fácil porque tratando de encontrar postura sobre la arena, esa mujer me deleitó con la visión de los gruesos labios que permanecían a cada lado de su sexo.&nbsp; Con ganas de abalanzarme sobre ella, comprobé la ausencia de grasa abdominal en su cintura mientras observaba como se ensanchaba para dar entrada a unas caderas de ensueño.</p>



<p>«¡Menudo culo!», alabé centrándome en el trasero de ese primoroso ejemplar de raza celta mientras se daba la vuelta para que el sol terminara de secar su espalda.</p>



<p>Al cabo de un rato, esa diosa debió darse cuenta de la hora porque levantándose se internó en el bosque. Mientras la veía marchar comprendí que, a pesar de ser la mayor de las tres, esa pelirroja no debía tener los veinticinco. Estaba pensando en que la llevaba diez años cuando, de improviso, descubrí que estaba solo y que las dos morenas también habían desaparecido de mi vista.</p>



<p>«¡Qué curioso! ¡No me he dado cuenta de su marcha!», murmuré y retornando sobre mis pasos, volví al pazo.</p>



<p>Al volver al bosque, el frio de esa mañana, retornó y achacándolo a la umbría, aceleré mis pasos de vuelta a la casona. Ya en ella, la ausencia de polvo en los muebles y el brillo de sus suelos me hicieron recordar cuando era un hogar y queriendo agradecer a las responsables ese cambio, busqué a las nietas de Maruxa. Encontré a Branca, trajinando entre fogones y el olor que brotaba de ellos, me hizo saber que no solo había heredado de la abuela su sazón sino también sus recetas al reconocer uno de los platos de mi infancia. Cogiendo una cuchara, probé el guiso mientras preguntaba por su hermana:</p>



<p>―Bríxida se ha ido a casa de los padres― escuetamente contestó.</p>



<p>Al verla mirándome, comprendí que estaba esperando mi opinión.</p>



<p>―Buenísimo― respondí: ―igual al que Maruxa me cocinaba.&nbsp;</p>



<p>Aunque supuse que iba a gustarle mi respuesta, nunca preví que sonrojándose esa monada de criatura me soltara:</p>



<p>―Desde niña, he sabido que mi lugar sería aquí y que debería cuidar del “Salvaxe”.</p>



<p>Se dio cuenta de su desliz nada más decirlo, ya que debía saber que mi padre odiaba que nombraran a los miembros de la familia con ese nombre.</p>



<p>―Lo siento, no quería…― empezó a decir.</p>



<p>―No te preocupes, no me molesta que me llamen así ― la interrumpí. Y conociendo esa vieja leyenda en la que se suponía que existía un lobo negro que de vez en cuando surgía para acabar con los que osaran atentar contra la dama del bosque, mito que la gente de la zona asimilaba a nosotros, quise quitar hierro al asunto diciendo: ―No soy salvaje ¡ni en la cama!</p>



<p>¡Juro que lo dije de broma!</p>



<p>Por ello me dejó paralizado que la muchacha se pusiera a temblar con los pezones totalmente erizados y me pidiera que, si tenía que dejar salir al “Lobo”, no la matara.&nbsp; Al escucharla, comprendí que Branca se creía esa historia por la cual ese siniestro chucho solo se apiadaba de las mujeres que se le ofrecían sexualmente. Sin ganas de discutir con la morena la ridícula fijación de la gente del pueblo en achacar a mi familia la capacidad de transformarse en ese animal y menos de hablar sobre si era consciente de que al pedir que la dejara vivir implícitamente me daba entrada entre sus piernas, preferí cambiar de tema y pedí que me dijera quién era la pelirroja que había visto esa mañana.</p>



<p>― En la zona no hay nadie con ese color de pelo ― contestó.</p>



<p>Algo en su mirada me intrigó y creyendo que me había contestado eso al no caerle bien la joven, repliqué:</p>



<p>―Branca, no estoy loco.</p>



<p>Tras lo cual le expliqué que existía ya que la había visto bañándose en la laguna del bosque en compañía de dos amigas. La nieta de Maruxa se empezó a santiguar al escucharme.</p>



<p>― ¿Qué te pasa? ― pregunté al ver su reacción.</p>



<p>Completamente aterrorizada, quiso saber si las dos acompañantes también eran pelirrojas o por el contrario eran de pelo negro. Al confirmarle que eran morenas, pareció reconocerlas y por eso me atreví a curiosear sobre quiénes eran esas tres muchachas.</p>



<p>―Son la dama y dos de sus “mouras”.</p>



<p>Al escucharla, tal y como me había ocurrido cuando en la mañana la habían llamado a ella bruja, no pude contener mis risas.</p>



<p>― ¿Mouras? Te refieres a esas hadas que siempre andan en busca de marido y que tientan a los hombres ofreciéndoles un tesoro― contesté desternillado.</p>



<p>&nbsp;Un tanto ofendida por ese acto reflejo, la joven se abstuvo de responder y se puso a poner la mesa. Admitiendo que me había pasado al reírme de sus creencias, miré el reloj y viendo que eran la hora de comer, abrí una botella de albariño. Estaba quitando el corcho cuando caí en que Branca había puesto dos platos, dando por sentado que comería conmigo. Reconozco que estuve a punto de corregirla, pero pensando en que era su primer día de trabajo preferí no hacerlo y compartir mantel con ella.</p>



<p>El primer sorbo al Terras Gaudas me transportó a la época de mi abuelo y recreando en mi paladar su sabor afrutado, rememoré con morriña a mi amado “avo”. &nbsp;</p>



<p>«Todo el mundo te quería», comenté hablando con el difunto en el interior de mi mente, «y respetaba».</p>



<p>Su amoroso recuerdo y la forma en que dirigía con mano firme el pazo me hicieron sonreír al recordar que para la gente del pueblo él era el “señor” y que como representante de la “casa”, la gente del pueblo acudía a él cuando había alguna disputa de lindes.</p>



<p>«Eras el puto amo», seguí comentando sabiendo que me hubiese lavado la boca con jabón si me hubiese escuchado dirigirme a él así: «Ni siquiera el alcalde o el cura se atrevían a llevarte la contraria cuando tomabas una decisión».</p>



<p>Estaba pensando en ello cuando Branca llegó con la olla y sin preguntar, rellenó el plato hasta casi desbordarlo. La barbaridad que sirvió me recordó que Maruxa hacía lo mismo. Si alguien se atrevía a quejarse, solo tenía que mirar a su patrón y don Pedro lo llamaba al orden diciendo:</p>



<p>―Nunca os fieis de quien no come. Quien no come, no puede trabajar y yo no quiero gandules en esta finca.</p>



<p>Hasta mi viejo bajaba la cabeza y obedecía cuando su padre se ponía serio. Y con ese recuerdo en mi mente, esperé que se sentara para empezar a comer. La joven nada más aposentarse en la silla empezó a rezar en gallego:</p>



<p>Forzas do ar, terra, mar e lume! a vós fago esta chamada:</p>



<p>se é verdade que tendes máis poder ca humana xente,</p>



<p>limpade de maldades a nosa terra e facede que aquí e agora</p>



<p>os espiritos dos amigos ausentes compartan con nós esta comida.</p>



<p>No me costó reconocer ese rezo porque se seguía recitando cada vez que se hacía una queimada y por ello, fui traduciendo mentalmente:</p>



<p>¡Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego! a vosotros hago esta llamada:</p>



<p>si es verdad que tenéis más poder que los humanos,</p>



<p>limpiad de maldades nuestra tierra y haced que aquí y ahora</p>



<p>los espíritus de los amigos ausentes compartan con nosotros esta comida.</p>



<p>La belleza del conjuro no fue óbice para que me diese cuenta que eran parte de las creencias que los celtas habían dejado arraigadas en el ADN de los gallegos y que mi nueva empleada las seguía con fervor.</p>



<p>«Si la oyeran en el pueblo, se escandalizarían por rezar a los antiguos dioses», me dije sabiendo que, si se había permitido hacerlo en mi presencia, era porque creía que yo compartía su mismo credo.</p>



<p>Por eso al terminar, alcé mi copa e imitando a los viejos del lugar, brindé por la dama del bosque y los habitantes de “noso lar”. Al oír mi brindis, Branca se ruborizó y chocando su copa con la mía, bebió. Tratando de analizar que le había llevado a ruborizarse, caí en que al hablar de “noso lar” (Nuestro hogar) la había incluido y que, dado que tradicionalmente solo los miembros de la familia podían brindar por el bienestar del “lar”, implícitamente le había adjudicado un lugar en mi cama. Confieso que estuve a punto de hacerle ver mi error y decir que no había sido mi intención faltarle al respeto, pero cuando ya tenía la disculpa en la punta de la lengua la chavala cambiando de tema, me dijo si después de comer podía darse una ducha.</p>



<p>―No tienes qué preguntar. Cuando desees hacerlo, solo fíjate que esté libre. No vaya a ser que me encuentres en pelotas― comenté riendo sin dar mayor importancia al hecho de que fuéramos a compartir el único baño de la planta noble.</p>



<p>―Así lo haré, patrón― contestó sin levantar la mirada del plato.</p>



<p>La timidez de su tono me alertó y fijándome en ella, descubrí que bajó su delantal esa monada tenía los pitones totalmente erizados. No me quedó otro remedio que volver a admitir que me había equivocado al hablar coloquialmente con ella, ya que desde la edad media el dueño del pazo era una especie de señor feudal en esa zona.</p>



<p>«Tengo que andarme con cuidado para no escandalizarla», pensé grabando en mi cerebro que según la mentalidad imperante en la aldea como heredero de los Mosteiro mi palabra era ley y más para alguien a mi servicio. Por todo ello, el resto de la comida medí mis palabras al no querer espantarla y que fuera con la queja a Maruxa. Al terminar el postre, unas estupendas filloas con nata, la morena se levantó y moviendo su trasero enfundado en un vestido blanco, recogió los platos mientras me decía que me llevaría el café a la biblioteca.</p>



<p>Asumiendo que su abuela le debía haber informado que esa era la costumbre de la casa, me dirigí a esa habitación. Una vez allí, me puse a revisar sus estantes y en uno bastante apartado, encontré un libro sobre las meigas. Recordando que para sus paisanos Branca era miembro de una larga estirpe de esas brujas, lo cogí y con él en la mano, me senté en el sofá. Estaba ojeándolo cuando la morena entró con una bandeja y pidiendo mi permiso, puso sobre la mesa un café y un licor con hielo. Identifiqué esa bebida como la que artesanalmente elaboraban en el pazo mezclando orujo con hierbas y sintiendo que era parte de la casa, se lo agradecí mientras lo probaba.</p>



<p>Su sabor dulzón me encantó y olvidándome de ella, me concentré en la descripción que el autor hacía sobre las meigas en las páginas del libro en las que les confería unos poderes extraordinarios como podía ser la videncia.</p>



<p>“Cuando una meiga quiere algo de un hombre, se hace la encontradiza”, leí que decía en un apartado previniendo al lector que tuviera cuidado y que nunca las metiera en su hogar, porque de hacerlo jamás podría echarlas.</p>



<p>Recordando que esa mañana me había topado con Maruxa cuando iba en busca de alguien que me ayudara, sonreí:</p>



<p>«Estoy jodido. Ya he metido una en el pazo».</p>



<p>&nbsp;Sin darle mayor importancia al hecho, seguí leyendo que según ese libro no había que confundirlas con las brujas ya que estas últimas hacen las cosas con maldad, en cambio las meigas usan sus poderes para ayudar a las personas que se acercan a ellas.</p>



<p>«Menos mal. No tengo nada que temer, aunque me hechice», desternillado pensé mientras seguía leyendo que según la tradición galaica se las podía clasificar de acuerdo con sus poderes. Entre todas ellas, me interesó el retrato que hacía de un tipo en particular: “las damas do castro”. Según el supuesto erudito que había escrito el libro, esas meigas viven en castros milenarios desde donde atienden a solicitudes de la gente mientras gozan de la protección del dueño del lugar, sin pedir ningún regalo o contraprestación a cambio.</p>



<p>«Eran una especie de ONG medieval», me dije muerto de risa al leer que solían aparecerse vestidas de blanco a personas afligidas o que se encuentran en una situación difícil para otorgarles sus favores.</p>



<p>Mi tranquilidad menguó cuando en el siguiente el autor se contradijo escribiendo sobre la facilidad que tenían esas mujeres para pasarse al lado oscuro y usar la magia para retener o esclavizar a los hombres, usando el pacto con el más allá.</p>



<p>«Vaya, tendré que estar atento», riendo comenté en mi interior mientras sin darme cuenta, tiraba el vaso con el licor de hierbas.</p>



<p>Por suerte o por desgracia, Branca había permanecido todo ese tiempo a mi lado y cogiéndolo al vuelo, me lo dio diciendo:</p>



<p>―Es de mala suerte, derramar un conjuro.</p>



<p>Sorprendido, tomé el vaso mientras la veía marchar y por primera vez, me dio un escalofrió al observar que la blancura de su vestido.</p>



<p>«Estoy delirando», medité al caer que por un momento había catalogado a la muchacha como una “dama do castro” al verla así vestida y saber que para los de la aldea el hecho que viviera en el pazo iba a ratificar la idea de que tenía poderes.</p>



<p>&nbsp;«Esta casona es lo más parecido a un castro de la zona», sentencié mientras pensaba que de acuerdo con esa superchería en mi calidad de heredero yo era su valedor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con mi calma hecha trizas, me bebí el resto del licor y molesto conmigo mismo, decidí echarme una siesta. Ya mi cuarto, estaba abriendo la puerta que daba al baño cuando escuché el ruido del agua de la ducha. Cortado al saber que Branca me había avisado de que quería darse un baño, no la llegué a abrir y me tumbé en la cama mientras me ponía a imaginar a esa monada desnudándose. Acababa de posar la cabeza sobre la almohada cuando de pronto la puerta se entreabrió dejándome ver sobre el lavabo su ropa interior. Saber que esa monada estaba desnuda a escasos metros de mí fue suficiente para que mi pene saliera de su letargo y sintiéndome culpable, me levanté a cerrarla. Estaba acercándome cuando excitado comprobé que podía ver su silueta a través de la mampara transparente de la ducha.</p>



<p>«¿Qué coño haces?, me dije al ser incapaz de dejar de observar cómo se enjabonaba.</p>



<p>Al admirar su cuerpo desnudo, recordé que hasta el cura del pueblo me había sutilmente avisado de su belleza. Pero espiándola, certifiqué que se había quedado corto cuando llegó a mi retina la imagen vaporosa de sus pechos.</p>



<p>«No puede ser», me dije mientras contemplaba boquiabierto la perfección de sus senos y los irresistibles pezones que los decoraban.</p>



<p>Con ganas de bajar mi bragueta y empezarme a masturbar, me quedé petrificado cuando girándose en la bañera, involuntariamente Branca me regaló con la visión de su sexo. Todavía hoy me avergüenza reconocer que en vez de salir huyendo me quedé disfrutando de la belleza que escondía entre las piernas.</p>



<p>«Lo lleva depilado», balbuceé mientras en plan voyeur gozaba pecaminosamente de la tentación de esos labios sin rastro de vello que el destino había puesto ante mis ojos.</p>



<p>Si ya de por sí estaba embobado, todo se desmoronó a mi alrededor cuando la muchacha separó sus piernas para enjabonarse la ingle, permitiendo que mi vista se recreara nuevamente en su vulva. La ausencia de un bosque que cubriera su femineidad aceleró mi respiración al encontrarlo algo sublime y aunque siempre me había quejado de esa moda de depilarse, he de reconocer&nbsp;&nbsp; &nbsp;en ese momento lamí mis labios soñando que algún día esa maravilla estuviera a mi alcance. Mi turbación alcanzó límites insospechados cuando ajena a estar siendo espiada, Branca usando dos yemas se pellizcó suavemente sus pezones mientras comenzaba a cantar. Si no llega a ser la nieta de Maruxa, por el modo tan lento y sensual con el que disfrutaba bajo la ducha, hubiese supuesto que se estaba exhibiendo y que lo que realmente quería esa mujer era ponerme cachondo. Para entonces, todo mi ser deseaba que mis manos fueran las que la estuvieran enjabonando y recorrer de esa forma su cuerpo.</p>



<p>«Yo no soy así», me dije mientras me imaginaba palpando sus pechos, acariciando su espalda y lamiendo su sexo.</p>



<p>La gota que derramó el vaso de mi excitación y que provocó que mi pene alcanzara su plenitud, fue verla inclinarse a recoger el jabón que había resbalado de sus dedos. La belleza de su trasero se maximizó al descubrir entre sus nalgas que la joven era dueña de un rosado y virginal hoyuelo trasero. Soñando con ser yo quien desvirgara&nbsp;esa entrada trasera, decidí que debía dejar de espiarla y saliendo de la habitación, volví a la biblioteca donde tratando de borrar de mi cerebro la imagen de su piel desnuda, me serví un whisky.</p>



<p>«Debo de arreglar la zona de servicio», murmuré entre dientes al saber que mientras no lo hiciera, mis noches serían una pesadilla al saber que, en el cuarto de al lado, esa bruja de ojos negros estaría tentándome mientras dormía…</p>



<p></p>
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		<title>&#8220;También las brujas se enamoran&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 12:44:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: La vida de un cincuentón se ve alterada cuando su hija le pide que acoja a su mejor amiga en casa. Divorciado y con una vida sexual satisfactoria, recordaba a esa colombiana de ojos verdes como una cría y sin prever las consecuencias que provocaría el convivir con ella, acepta pensando en que hacía hasta una obra de caridad. Desgraciadamente, no tarda en comprender su error cuando la presencia de esa criatura empieza a trastocar su cuadriculada existencia y a poner en tela de juicio las reglas morales que había hechos suyas desde niño. Consciente de que Estefany intenta [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis</strong>:</p>



<p>La vida de un cincuentón se ve alterada cuando su hija le pide que acoja a su mejor amiga en casa. Divorciado y con una vida sexual satisfactoria, recordaba a esa colombiana de ojos verdes como una cría y sin prever las consecuencias que provocaría el convivir con ella, acepta pensando en que hacía hasta una obra de caridad. Desgraciadamente, no tarda en comprender su error cuando la presencia de esa criatura empieza a trastocar su cuadriculada existencia y a poner en tela de juicio las reglas morales que había hechos suyas desde niño. Consciente de que Estefany intenta seducirlo, se debate entre la brutal atracción que siente por ella y el dictado de su razón. No en vano ve la diferencia de edad entre ellos como una barrera imposible de obviar.<br>Todo se complica cuando Antía, una gallega de pelo rojo que lleva años trabajando en su casa, le alerta de que la cría no es quien aparenta. Al preguntarle qué ve raro en ella, su empleada contesta que esa morenita es una bruja con poderes mágicos. El cariño que tenía por su criada fue lo único que evitó que soltara una carcajada al oír tal memez. Por ello, no le hace caso y manda el aviso al rincón de los recuerdos, sin saber que la pelirroja no solo está enamorada de él sino que encima ella proviene de una larga estirpe de &#8220;meigas&#8221;.<br>Desde ese momento se entabla una callada lucha entre ellas, llena de pócimas y hechizos. Las dos ven a ese ejecutivo como algo suyo y no están dispuestas a cedérselo a la otra&#8230;</p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



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<p> <strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;los primeros tres capítulos:</strong> </p>



<h1 class="wp-block-heading">1</h1>



<p>Con casi cincuenta años y tras un tormentoso divorcio, la vida sonreía a Gonzalo Sierra. Dueño de un pequeño emporio inmobiliario y una vida sexual más que decente, se consideraba un hombre medianamente feliz. Solo tenía un problema, los tres hijos que había tenido con Marta, su ex mujer. Por motivos genéticos, por el ejemplo que les había dado, o sepa qué azar del destino, sus descendientes habían sido incapaces de mantener una pareja estable. Alberto, el mayor, saltaba de una novia a otra a cada cual más rara. La que no era mucho mayor que él, venía de una familia conflictiva, era alcohólica o directamente una psicópata. Patricia, la mediana, ni siquiera eso. Siendo una mujer guapísima, apenas había tenido novios y si se le preguntaba por los motivos de su soltería, siempre contestaba que los hombres le tenían miedo. Y la pequeña, Isabel, una médica recién graduada que dudaba todavía con veinticuatro años sobre cuál era su sexualidad, pasando de tener como pareja un hombre y a la semana siguiente pasear colgada de una mujer. Según ella, era pansexual.</p>



<p>Siendo Gonzalo de la vieja escuela, la primera vez que su hija le había hablado de esa orientación sexual tuvo que buscarla en internet y así se enteró que la pansexualidad consistía en la atracción hacia otras personas independientemente de su sexo o identidad de género.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Joder, en mis tiempos a eso le llamábamos bisexualidad», recuerda que pensó al leerlo y por mucho que tanto la responsable de sus dudas como el resto de sus retoños le intentaron explicar la diferencia, lo cierto es que para él era lo mismo: «A mi hija le gusta la carne y el pescado».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque ya no vivía con ellos, no era raro que alguno lo llamara para comer y por eso no le extrañó cuando una mañana, Patricia le mandó un WhatsApp pidiendo verlo. Hasta para eso era anticuado y en vez de contestar tecleando su teléfono, la llamó y quedó con ella en verse en un restaurant para cenar. Nada más colgar recordó que había quedado con anterioridad con una conocida con derecho a besos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «A Alicia no le importará», se dijo mientras pensaba en qué excusa darle. Pero decidió decirle la verdad, porque también para ella los hijos eran lo primero y varias veces le había cancelado sus citas para ocuparse de ellos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal y como previó, la abogada comprendió la razón, pero no por ello le obligó a compensarla con un fin de semana romántico en Londres. Aceptando el chantaje como mal menor, le prometió que el siguiente la llevaría a recorrer la capital inglesa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Dudo que nos dé tiempo», sonrió recordando la fogosidad de esa rubia de pechos operados, «es más, no creo que salgamos de la cama».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nada le alertó cuando esa noche salía de la empresa que la conversación que mantendría con su nena cambiaría su vida. Mientras encendía su flamante BMW, lo único que se le pasó por la cabeza fue el sablazo que seguramente sufriría su cuenta corriente y es que a pesar de estar empleada en un despacho top de Ingenieros y ganar un buen salario, Patricia tenía un agujero en el bolsillo y cada equis tiempo le pedía dinero. Por eso, casi no habían empezado a charlar cuando decidió ir directo y preguntar cuánto pasta tendría que darle esta vez.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No es eso. Lo que necesito es un favor― hasta indignada contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sorprendido de que sus problemas no fueran monetarios, interesado preguntó en que podía ayudar entonces.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Recuerdas a Estefany, mi amiga colombiana?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era imposible no acordarse de ese terremoto que Patricia había conocido haciendo Erasmus en Paris. Además de medir uno ochenta, esa morena de ojos verdes era una descarada tan divertida como guapa, que desde el primer día que la conoció le pareció una cría encantadora.</p>



<p>―Sí, que pasa con ella.</p>



<p>―Lleva un par de años pasándolo mal y parece ser que se ha peleado con su viejo.</p>



<p>―No me extraña, ese Ricardo es un perfecto cretino― contestó al recordar cuando durante una visita lo conoció en Madrid y le pareció el clásico potentado iberoamericano que se creía un iluminado por la mano de Dios: ―Pero, ¿qué tiene eso que ver?</p>



<p>―Como trabajaba en la compañía de su padre, se ha despedido y por miedo a buscarse la enemistad de ese hombre, nadie de su ciudad quiere contratarla. Sin otra salida que marchar, me ha pedido ayuda para instalarse en Madrid.</p>



<p>Siendo su hija un tanto descerebrada, ante todo era una buena persona y por eso pensó que lo que le quería pedir es que la contratara.</p>



<p>―Puedo darle trabajo, si es eso lo que te preocupa.</p>



<p>De repente sus mejillas se tornaron coloradas:</p>



<p>―Eso le vendría muy bien, pero anda deprimida y no creo que sea lo mejor. Quizás más adelante.</p>



<p>― ¿Entonces?</p>



<p>―Me ha pedido vivir conmigo mientras se aclara―&nbsp; como no le pareció raro siendo tan amigas, Gonzalo aguardó a que continuara: ―Pero es imposible, aunque no te lo haya contado, estoy viviendo con un chico.</p>



<p>― ¿Tienes novio? ― preguntó alucinado.</p>



<p>―Sí. Acabamos de empezar y por eso quería pedirte que se quedara en tu casa.</p>



<p>―Pero, ¡Patricia!</p>



<p>―Serán solo un par de meses, mientras se adapta&#8230; ¡por favor! ¡Papito! Tu chalet es enorme.</p>



<p>Mientras en la empresa y en la vida era un tipo duro, con sus bebés era un blando y aunque no le apetecía en lo más mínimo que esa cría viniera a trastocar su vida de solterón, no pudo negarse y únicamente preguntó cuándo tenía pensado aparecer por España. Demostrando cómo de calado tenía a su progenitor, la chavala contestó:</p>



<p>―Papa, te conozco y sé que, si te hubiese dado tiempo, hubieras pensado en alguna forma de escaquearte&#8230;</p>



<p>― ¿Cuándo llega? ― con un visible y creciente cabreo, la interrumpió.</p>



<p>―Tenemos tiempo de cenar tranquilamente, su vuelo no aterriza hasta las doce― respondió mientras llamaba al camarero para pedir la comanda.</p>



<p>De buen gusto, la hubiese castigado con un par de azotes como hacía cuando era una cría, pero con sus veinticinco años y en un local público eso era algo impensable y por eso decidió reprenderla del modo más cruel que se le vino a la cabeza y con una sonrisa de oreja a oreja, puso sobre la mesa sus condiciones:</p>



<p>―Este sábado me presentarás a ese noviete que me has tenido escondido o ya puedes buscar sitio a tu amiga en un sofá de tu casa.</p>



<p>― ¡No me puedo creer que seas rencoroso! ― exclamó molesta por la imposición.</p>



<p>―Rencoroso es mi primer apellido y Vengativo el segundo. ¿Realmente creías que me iba a quedar callado? Cuando me tengo que enterar que tienes pareja, ¡el mismo día que metes con calzador a una amiga en mi casa!</p>



<p>―Vale, perfecto. Pero esta cena y la comida del sábado las pagas tú&#8230; ¡estoy sin un euro!</p>



<p>Sonriendo por esa simbólica, pero inservible victoria, rellenó su copa y se puso a leer la carta mientras trataba de pensar si acomodar a Estefany en el bungaló de la piscina o en una de las habitaciones de la casa. Como lo último que deseaba era tener a esa hispana deambulando por la misma planta donde él dormía, decidió llamar a Antía, la criada, para que prepara esa habitación. Al decírselo, la treintañera que llevaba con él desde el divorcio, le hizo ver que era invierno y que es esa casita no había calefacción.</p>



<p>―Papá, lo mejor es que se quede en mi habitación. ¡Recuerda que es mi invitada!</p>



<p>A punto de soltarle que llevaba tres años sin dormir ahí, prefirió quedarse callado y no decirle que sus reparos en acogerla ahí provenían de que, al ser el cuarto que estaba frente al suyo, la colombiana estaría al tanto de sus movimientos y eso haría imposible que se llevara a alguien a dormir con él.</p>



<p>«Tendré que llevármelas a un hotel», se dijo refunfuñando.</p>



<p>Su enfado se fue diluyendo gracias a los mimos de la manipuladora criatura que había engendrado y es que, sabiendo el enorme sacrificio que hacía, se dedicó a compensárselo a base de cariño.</p>



<p>―Te quiero mucho, papito― le dijo mientras arrancaba el coche para ir al aeropuerto.</p>



<p>―Yo más, mi pequeña― con el corazón henchido de orgullo respondió al sentir sus palabras como una medalla.</p>



<p>No en vano al romper con su madre y aunque ella lo abandonó por otro, siempre le había quedado la duda de si la razón de la ruptura era el poco tiempo que había dedicado tanto a ella como a sus retoños.</p>



<p>Mientras se dirigían a recoger a la muchacha, Gonzalo se intentó auto convencer de que la presencia de esa morena no trastocaría su día a día.</p>



<p>«Puede ser hasta agradable», se dijo recordando el carácter travieso y juguetón que siempre había demostrado las temporadas que había pasado veraneando con Patricia en su casa de Santander.</p>



<p>A su mente llegó un par de trastadas que conjuntamente hicieron y que le sacaron de las casillas como podía ser el robarle el coche para irse de juerga a Pedreña o la fiesta de espuma que montaron el jardín.</p>



<p>«Estefany es encantadora y no dará problemas», concluyó más tranquilo mientras aparcaba en el parquing de la T4 y en el reloj del coche marcaban casi las doce.</p>



<p>Asumiendo tenían tiempo por el tamaño de la terminal y el hecho que viniendo de Hispanoamérica tuviera la obligación de pasar el control de pasaportes, no tuvo prisa alguna en llegar a la sala de espera. Por eso no supo que decir cuando se la encontraron llorando aterrorizada con la idea de que su amiga se hubiese olvidado de su llegada.&nbsp; Es más, le costó reconocer en ella a la joven que recordaba. Siempre la había visto como una cría que se comería el mundo a bocados y por eso le resultó tan duro verla sollozando en brazos de Patricia.</p>



<p>«Menuda depresión», pensó impresionado al comprobar que las profundas ojeras de su rostro.</p>



<p>Impactado, se quedó observando que lejos de venir vestida de acuerdo a su edad, su indumentaria parecía la de una monja. Con un jersey de cuello alto y una falda hasta los tobillos esa niña anteriormente tan coqueta hubiese pasado desapercibida en una congregación religiosa.</p>



<p>«Algo le ha ocurrido, Este cambio no puede ser motivado por una discusión con su padre», concluyó mientras recogía su equipaje.</p>



<p>Al ser algo que no le incumbía, no preguntó y prefirió adelantarse para que Patricia y la cría pudieran hablar en confianza. Cuando llegaron a donde había aparcado, la tristeza de la chavala parecía haberse incrementado. Su sospecha de que hasta verse su hija no le había anticipado el cambio de planes y que en vez de quedarse en su piso viviría con él, quedó de manifiesto cuando lanzándose a sus brazos se echó a llorar por ser tan bueno de acogerla. Enternecido por el dolor que encerraban sus palabras, dejó que se desahogara en su pecho mientras le decía que podía quedarse todo el tiempo que quisiera.</p>



<p>Su desinteresado apoyo la hizo berrear aún más y mientras intentaba calmarse, le juro que intentaría no ser un incordio.</p>



<p>―Jamás lo serás. Eres de la familia.</p>



<p>―Estefany, Papá está encantado de recibirte y verás como con su ayuda no vas a tardar en recuperarte.</p>



<p>Las palabras de Patricia consolando a la colombiana ratificaron sus sospechas de que su estado tenía otro origen al que su hija había dicho.</p>



<p>«Debió ser terrible para que tuviera que dejar su país con tantas prisas», abriendo la puerta para que pasara al coche, meditó.</p>



<p>Como tenía la seguridad de que tarde o temprano se enteraría, no dijo nada y condujo hasta el chalet. Una vez allí, únicamente se ocupó de subir las maletas y cediendo la responsabilidad de ejercer de anfitrión a su chavala, se encerró en su habitación mientras a través de la puerta le llegaron hasta pasadas las dos el sonido de sus voces charlando o mejor dicho de Estefany llorando y Patricia consolándola&#8230;.</p>



<p>A la mañana siguiente, su hija le estaba esperando para desayunar. Que se hubiese quedado a dormir en casa, no anticipaba nada bueno. Gonzalo, bien hubiese podido echarle en cara el marrón que le había colocado sobre sus hombros, pero prudentemente se abstuvo de hacerlo y solo preguntó cómo había pasado la noche su invitada.</p>



<p>―Está peor de lo que pensaba.</p>



<p>Que su niña estuviera tan triste era algo que consideró lógico.</p>



<p>―Ya verás qué pronto se le pasa. Un par de días que te la lleves de juerga y volverá a ser la misma.</p>



<p>―Ojalá fuera tan fácil. Tiene mucho que pensar y lo último que quiero es presionarla.</p>



<p>Nuevamente el cincuentón estuvo a un tris de pedir que le confiara lo que le pasaba a su amiga, pero la llegada de ésta al comedor lo impidió. Observando las profundas ojeras que lucía, comprendió que la morena apenas había podido descansar y torpemente al querer entablar conversación con ella, le preguntó si había avisado en Colombia que había llegado bien.</p>



<p>Supo que había metido la pata al oír su contestación:</p>



<p>―No tengo a nadie que me importe en ese país.</p>



<p>La angustia de su tono lo dejó petrificado y sin saber cómo actuar, optó por lo fácil. Dio un beso a su niña y otro a su amiga y se marchó a trabajar. Ya de camino a la empresa, se quedó pensando en que podía haberle sucedido. Por un momento, se le pasó por la cabeza que su depresión fuera debida a un abuso paterno, pero rápidamente lo desechó por lo inconcebible que le parecía una actuación así.</p>



<p>«Debe ser otra cosa», prefirió pensar.</p>



<p>Ya en la oficina, el día a día del trabajo le impidieron seguir reconcomiéndose con la difícil situación de su invitada, hasta que sobre las seis de la tarde recibió la llamada de Antía avisándole que la joven se había encerrado en su cuarto y que ni siquiera había bajado a comer. Preocupado, dejó todo y corrió hacia la casa. Al llegar se dirigió hacia la habitación donde dormía y comenzó a tocar la puerta. Cuando no contestó sus llamadas, empezó a aporrearla y temiéndose lo peor, tomó impulso y consiguió derribarla.</p>



<p>&nbsp;La escena que se encontró le hizo ver que sus temores estaban fundados al ver a la colombiana tirada en la cama y sobre la cómoda, un vaso y un bote de somníferos vacíos. Asumiendo que la cría había intentado suicidarse, gritó pidiendo ayuda. La pelirroja, al oír sus gritos, subió corriendo y mientras llamaba a emergencias, metió los dedos en la garganta de Estefany haciéndola vomitar parte del veneno que había ingerido.</p>



<p>Siguiendo las instrucciones que les marcaba el sanitario al otro lado del teléfono, entre los dos la desnudaron y la metieron a duchar mientras llegaba la ambulancia. Aun así, fue una suerte que el contacto con el agua helada la hiciera reaccionar y que terminara de echar los barbitúricos que todavía tenía en el estómago. Como su interlocutor les había dicho que tenían que evitar que se durmiera, Gonzalo Sierra no reparó en que estaba desnuda y durante media hora, la tuvo caminando por la habitación hasta que el sonido de la ambulancia llegando le hizo percatarse de su desnudez.</p>



<p>―Váyase a cambiar― dijo la criada cuando llegaron los enfermeros: ―Yo me quedo.</p>



<p>Su jefe agradeció la sugerencia y yendo a su habitación, se quitó la ropa y se secó antes de ponerse otra. Mientras se vestía, no pudo dejar de lamentar el no haberse percatado del verdadero alcance de la angustia de esa criatura y por ello cuando le informaron que el peligro había pasado y que solo había que dejarla descansar, el duro hombre de negocios se desmoronó y dudó si llamar a su hija o no.</p>



<p>Fue la propia colombiana la que avergonzada le pidió que no lo hiciera:</p>



<p>―Su hija insistiría en quedarse conmigo y no quiero que su novio se alebreste.</p>



<p>Aunque le pareció una memez lo que decía, no quiso contrariarla y optó que al menos esa noche no diría nada. La gallega que hasta entonces se había mantenido un poco al margen, viendo que seguía sin ropa, le pidió salir del dormitorio mientras ella se ocupaba de ponerle un camisón.</p>



<p>―Tiene que comer algo. Voy a la cocina y vuelvo― comentó a su jefe que esperaba tras de la puerta.</p>



<p>No queriendo dejarla sola, Gonzalo se acercó a la cama y al verla más tranquila, se sentó junto a ella. Lo malo fue que al tenerlo a su lado se volvió a desmoronar y reclamando sus brazos, se puso a llorar contra su pecho diciendo que no quería seguir viviendo. Nunca había soportado a los que se dejaban derrotar y quizás por ello, de haberse hallado en otra situación o con otra persona, la respuesta del maduro ejecutivo hubiera sido cruzarle la cara con un tortazo, pero al verla tan indefensa se vio impulsado a abrazarla e intentar consolarla.</p>



<p>Desgraciadamente, cuánto más se esforzaba en tranquilizarla, más lloraba y desolado tuvo que soportar que sus gemidos y llantos se prolongaran hasta que Antía apareció con la bandeja de la comida. Avergonzada por su comportamiento, dejó que la dieran de cenar y con el estómago lleno, se consiguió relajar y poco a poco se fue quedando dormida mientras el padre de su amiga y la criada no la perdían de vista.</p>



<p>―Esta muchacha está sufriendo.</p>



<p>Su jefe no respondió mientras se hundía desesperado en el sillón.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Esa noche, el cincuentón se quedó despierto velando a la chiquilla. Aunque no fuera su hija, se sentía responsable de ella y por eso solo se separó de ella cuando sobre las ocho llegó la pelirroja a sustituirle. Agotado tras la noche en blanco, se metió a duchar para despejarse. Bajo el agua pensó que de no haber tenido una cita ineludible a las diez se hubiese quedado durmiendo. Tras vestirse y mientras se anudaba la corbata, se asomó a la habitación de la colombiana y viéndola en buenas manos, se fue a trabajar asumiendo que sus problemas no habían hecho más que empezar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La confirmación de que así sería le llegó a modo de conferencia y es que nada más llegar a su oficina recibió la llamada de Ricardo Redondo desde Bogotá.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¿Qué coño querrá este capullo?», se preguntó mientras Amalia, su secretaria, se lo ponía al teléfono.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al pasárselo, el tipo directamente le preguntó si Estefany estaba en Madrid. Pensando que esa pregunta venía motivada por la preocupación paterna, no vio nada malo en contestar que sí y que no se preocupara porque se estaba quedando con él, absteniéndose de comentar nada de lo sucedido la noche anterior. Para su sorpresa, el muy hijo de perra comenzó a despotricar y de malos modos le urgió a echarla porque según él su hija era un peligro para todos aquellos que la tuviesen cerca y que solo él era capaz de cuidarla. Durante poco menos de un minuto soportó sus impertinencias, pero cuando el colombiano se atrevió a amenazarle directamente lo mandó a la mierda y colgó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Menudo imbécil», exclamó para sí mientras a su mente volvía la sospecha de que ese malnacido hubiese abusado de la chavala, ya que su actitud era lo último que alguien podría esperar de un buen padre, y parecía la de alguien sumamente celoso.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Esta niña no se va a ninguna parte, ¡de eso me ocupo yo!», se dijo convencido de que su deber era ayudarla.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resto de la mañana no pudo dejar de pensar en ella y en las razones de su sufrimiento mientras trataba infructuosamente centrarse en la oferta que tenía que mandar a una empresa americana.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Si consigo que me hagan su socio en España, al día siguiente mi compañía valdría el triple», meditó prohibiendo que Amalia le pasara otra llamada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No fue hasta el mediodía cuando viéndose incapaz de terminar la oferta decidió llamar a casa y preguntar por la chiquilla. Antía le contestó que había conseguido que Estefany se tomara el desayuno, pero que no había podido conseguir que saliera del cuarto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No deja de llorar― añadió cuando la interrogó sobre lo qué hacía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tenla vigilada, no vaya a ser que haga una tontería― le ordenó, aunque sabía por la bondad de la mujer que no hacía falta.</p>



<p>Tras colgar, decidió llamar a Patricia para hacerle partícipe de que el padre de su amiga lo había llamado exigiendo que la pusiera en la calle, por si así conseguía que le contara cual era la verdadera razón que había llevado a la morenita a cruzar el charco. Tras tres timbrazos, lamentó que tuviese el teléfono apagado y por eso únicamente le pudo dejar en el contestador que necesitaba hablar con ella.</p>



<p>Reconociendo que era incapaz de concentrarse, decidió volver a casa y comprobar en primera persona, el estado de la chavala. Durante el trayecto, intentó pensar en qué decir para sacarla de la depresión, pero como el trato con la gente no era uno de sus fuertes no se le ocurrió nada. Tras aparcar en el chalet y oyendo que la gallega a su servicio estaba ocupada en la cocina, subió por las escaleras en dirección al cuarto que había puesto a disposición de la latina.</p>



<p>Al llegar y no verla, entró en el dormitorio temiendo que la joven estuviese llorando en el baño o algo peor. Por ello, no pensó en que se estuviera duchando cuando abrió la puerta. La silueta de Estefany completamente desnuda bajo el agua lo impactó y durante unos segundos se quedó admirando su indudable belleza. Aunque ya sabía que esa cría era un monumento, no pudo dejar de asombrarse del tamaño y forma de sus pechos.</p>



<p>«¡Por Dios! ¡Es preciosa!», se dijo mientras intentaba retirar la mirada.</p>



<p>Ajena a estar siendo observada, su invitada se estaba enjabonando el trasero y eso le permitió valorar los impresionantes cachetes de los que era dueña. Instintivamente, comenzó a babear deseando que fueran sus manos las que estuviesen recorriendo esas maravillas.</p>



<p>«¡Qué coño hago!», se dijo al darse cuenta de la atracción animal que sentía y muerto de vergüenza, huyó de la habitación.</p>



<p>Ya en el salón, se sentó y se puso a lamentar que, comportándose como un cerdo, se hubiese quedado espiando absorto los atributos de la colombiana.</p>



<p>«No me puedo creer que Patricia haya metido esa tentación en mi casa», descargando la culpa en su hija, masculló mientras intentaba dejar de pensar en las contorneadas piernas que a través del vapor había disfrutado.</p>



<p>Con esa sensual imagen grabada en su cerebro, se sirvió un whisky que le hiciera más pasable el pavor que sentía por haber obrado como un viejo verde.</p>



<p>«Le llevo veintitantos años, ¡puedo ser su padre!», hundido en la miseria, estaba murmurando cuando un ruido le hizo girar y vio que la culpable de su azoramiento se acercaba con cara triste.</p>



<p>―Don Gonzalo, le pido perdón por lo de anoche― con dos lágrimas cayendo por sus mejillas, susurró.</p>



<p>El dolor que destilaba su tono le hizo abrazarla y tratar de consolarla. Como ya había ocurrido con anterioridad, Estefany se desmoronó al sentirse quizás a salvo. Lo que no sabía la morena y Gonzalo nunca lo confesaría es que al mimarla el recuerdo del agua cayendo por su piel volvió con fuerza a su cerebro y espantado por el peligro de sentirse descubierto, el maduro intentó no pensar en ello. Por eso cuando ya su pene comenzaba a crecer bajo el pantalón, recibió con agrado que la chavalilla se separara de él y preguntara a qué se debía su presencia en el chalet, ya que lo usual era que llegara de trabajar entrada la noche.</p>



<p>―Estaba preocupado por ti― reconoció sin ambages.</p>



<p>Por raro que parezca, esa confesión molestó a la joven y separándose de él, le pidió no volver a cambiar ningún aspecto de su rutina por su causa.</p>



<p>―Júremelo o me voy― le gritó bordeando la histeria.</p>



<p>Su reacción despertó las alertas de Gonzalo y pensando nuevamente en el viejo de su invitada creyó ver en su nerviosismo que temía que el estricto control parental se volviese a repetir, pero teniéndole a él como protagonista.</p>



<p>Asumiendo que era así, bajando el tono de su respuesta, replicó:</p>



<p>―Si lo que te da miedo es que intente controlarte, ya puedes irlo olvidando. No soy tu padre y menos tu pareja, por mí puedes comportarte como quieras&#8230; siempre que lo de anoche no se vuelva a repetir.</p>



<p>Prometiendo que nunca volvería a intentar quitarse de en medio, sonrió y esa sonrisa que iluminó su cara la convirtió en una diosa y a él en su firme admirador. Conteniendo las ganas de quedarse adorándola, preguntó a Antía si tenía lista la comida porque tenía hambre. Para su sorpresa, la eficiente criada llegó muerta de vergüenza y le recoció que no había tenido tiempo de terminar de cocinar y que al menos tendría que aguardar una hora.</p>



<p>«No tengo tanto tiempo», pensó y mirando a Estefany, preguntó si le apetecía ir a comer con él al restaurante de la esquina.</p>



<p>De primeras se negó, aduciendo que no se sentía con ganas de cambiarse de ropa. Observando que llevaba un jersey ancho y una falda larga, indumentaria muy parecida a la que llevaba cuando la recogió en el aeropuerto, Gonzalo no aceptó sus excusas y únicamente le mostró la puerta.</p>



<p>―Te vienes conmigo. No se hable más.</p>



<p>Bajando la mirada mientras esbozaba una sonrisa, pícaramente, contestó:</p>



<p>―Sí, amo.</p>



<p>Por un momento, el cincuentón se quedó helado. Pero al mirarla y ver que estaba de broma, reconoció por primera vez en ella a la dulce y traviesa criatura que había conocido años antes. Viéndolo como un síntoma de su recuperación, riendo la avisó que se diese prisa o se la llevaría a rastras.</p>



<p>―No hace falta, soy una niña muy obediente― cogiendo su bolso, comentó y con paso alegre salió de la casa.</p>



<p>La comida resultó un agradable interrogatorio por su parte en el que nada quedó a salvo de sus preguntas. Desde los motivos de su divorcio, si tenía novia o la marcha de su empresa. La forma tan divertida en que planteó esas cuestiones evitó que se sintiera molesto e incluso le reconoció las dificultades que había tenido esa mañana para centrarse en el nuevo contrato.</p>



<p>Aun así, le sorprendió al dejarla en casa que esa niña le diera un beso en la mejilla mientras le avisaba que no le quería de vuelta hasta que hubiese dejado finalizada la oferta.</p>



<p>―Sí, bwuana― respondió muerto de risa a lo imperativo de esa orden.</p>



<p>―Cuando acabes y si no te importa, me gustaría que viéramos juntos un capítulo de Blacklist, una serie a la que soy adicta.</p>



<p>Despelotado, el maduro hombretón confesó que él también estaba totalmente picado con la historia de ese gánster y que estaba a punto de terminar de ver la séptima temporada.</p>



<p>―Te llevo dos capítulos de ventaja, pero no me importaría volverlos a ver.</p>



<p>Con ello acordado, Gonzalo se fue a la oficina y sin darse cuenta se enfrascó completamente en el asunto con los americanos, descubriendo aspectos en los que podrían sumar fuerzas que hasta entonces no había caído. Eran ya las once de la noche cuando al terminar se percató de lo avanzado de la hora y mandando por email la oferta, se fue a casa.</p>



<p>Al llegar, se dirigió a la cocina a ver qué le había dejado la pelirroja y ante su sorpresa, se encontró a Estefany esperándolo con una sonrisa.</p>



<p>― ¿Qué tal te fue? ¿Conseguiste darle forma?</p>



<p>Algo en su tono hizo que más que una pregunta hubiese sido una afirmación y desternillado, bromeó con ella diciendo que era un hombre de palabra y que si había llegado tan tarde era porque le daba miedo entrar en la casa sin haberlo terminado.</p>



<p>―No soy tan mala― protestó.</p>



<p>La ternura de su voz lo dejó sin habla y tratando que no notara su nerviosismo, preguntó si había cenado.</p>



<p>―No, te estaba esperando. Ahora sé niño bueno y vete a descansar en el sillón mientras la caliento.</p>



<p>Que lo tratara como un crio lo hizo reír y cogiendo una cerveza de la nevera, no vio nada malo en dejarse mimar por la chavala. Ya en el salón, se dejó caer en el sofá de tres piezas, sin saber que al llegar Estefany se sentaría a su lado en vez de hacerlo en el otro. Tampoco le pareció tan extraño al ver que así la televisión le quedaba de frente y charlando con ella, cenaron.</p>



<p>Cuando acabaron, Gonzalo buscó en la pantalla Netflix para seleccionar la serie, pero entonces la casualidad quiso que hubiesen repuesto una película de Halle Berry que le habían dicho que era un peliculón. Sin saber realmente nada sobre su contenido, preguntó a la morena si le apetecía verla.</p>



<p>―Ponla, veo que a ti sí y prometiste que no ibas a cambiar nada para agradarme.</p>



<p>Como en parte tenía razón, no dudó en seleccionar Monster´s Ball en la televisión y se pusieron a verla.&nbsp; Desde el principio al cincuentón le pareció una obra de arte en la que se mezclaba racismo con una descarnada historia de amor entre la mujer de un hombre que acababa de ser ejecutado y su verdugo. En cambio, a la chiquilla le debió aburrir porque cerrando los ojos posó la cabeza en el hombro de su benefactor y se quedó dormida. Como eso era algo que muchas veces habían hecho sus hijas, Gonzalo lo aceptó con naturalidad y siguió viendo la película.</p>



<p>En un momento dado, cuando el protagonista se ofreció a llevar a la viuda a casa, recordó que si le habían hablado de esa cinta era por la escena en que Halle Berry se entrega al carcelero. Sabiendo que era brutalmente erótica, se removió incómodo al tener a Estefany durmiendo en su hombro. Mirando de reojo, oyó su respiración y decidió continuar. La pantalla mostraba para entonces a la pareja llegando a donde vivía la viuda e invitándolo a pasar, abrió una botella de Jack Daniels que era la preferida de su difunto esposo.</p>



<p>El dolor que llevaban acumulado en sus precarias vidas se desbordó y ya borrachos, comenzaron a ver unos dibujos que había realizado el marido y el hijo de la camarera mientras a su lado la cría comenzaba a roncar con la suavidad de una gatita. Viendo su tranquilo dormitar, paró la cinta y se sirvió una copa. Al volver la cría, se movió y dejándose caer, apoyó la cabeza sobre el muslo del cincuentón. Por un momento, sintiéndose incómodo, estuvo a punto de despertarla. Pero no lo hizo y volvió a poner la película.</p>



<p>En ella, Halle Berry llevaba una blusa de tirantes de color morada y una minifalda negra que parecían sacadas de un rastrillo. La humildad de su ropa no menguaba la belleza de la actriz.</p>



<p>«Aun así está buenísima», se dijo mientras en la pantalla se echaba a llorar recordando a su hijo.</p>



<p>Cuando el tipo la intenta consolar, se vio siendo el protagonista masculino de la historia mientras la femenina por arte de magia se había convertido en la colombiana.</p>



<p>―Quiero que me haga sentir mejor― Estefany le rogó en la pantalla mientras se bajaba los tirantes y ponía los pechos a su disposición.</p>



<p>Horrorizado, giró la cabeza hacia abajo y al ver que seguía dormida, no tuvo fuerzas de apagar la cinta al ver que, subiéndose sobre él, le pedía que le hiciera sentir bien.</p>



<p>«Estoy soñando», se dijo mientras observaba a su otro yo despojándola de la blusa.</p>



<p>― ¿Puedes hacerme sentir bien? ― insistía la amiga de Patricia al sentir los labios de Gonzalo en sus senos mientras llevaba las manos hasta su falda.</p>



<p>La necesidad de la mujer se incrementó al verse solamente en bragas y girándose sobre el sofá, se puso a cuatro patas para que el cincuentón y no el actor la hiciera suya.</p>



<p>Sin entender cómo era posible vio que el trasero al que se estaba follando en la cinta era el mismo que había visto duchándose.</p>



<p>«No es posible», se dijo mientras su alter daba unos bruscos azotes en el pandero de esa morenaza.</p>



<p>La rapidez con la que en la televisión iban cambiando de postura y del perrito pasaban al misionero lo tenía totalmente alelado.</p>



<p>«Somos nosotros», exclamó advirtiendo que hasta el protagonista tenía su misma marca de nacimiento en el trasero.</p>



<p>Ya totalmente excitado, vio en la pantalla a Estefany empalándose sobre él y a los pechos que tanto le habían impresionado rebotando al ritmo en que lo montaba hasta que cayendo sobre él se corría mientras su yo la tenía sujeta con las manos en el trasero. La sensualidad con la que la morenita movía las nalgas para disfrutar de los últimos coletazos de placer lo aterrorizó y más cuando oyó la voz de la chiquilla agradeciéndole en el oído que lo necesitaba, que no sabía cuánto necesitaba sentirse amada.</p>



<p>Sin entender qué pasaba, apagó la televisión y durante más de un minuto, se quedó callado temiendo incluso bajar la mirada por si la joven se hubiera percatado de su erección. Cuando al fin pudo reunir el coraje suficiente para mirarla se la encontró todavía durmiendo, pero con la misma sonrisa que muchas veces había visto en sus amantes después de haber follado.</p>



<p>«Estoy imaginándomelo todo», pensó y negando lo que había sentido y visto, adujo esa alucinación al cansancio.</p>



<p>Comprendiendo que no podía dejar a la cría durmiendo en el salón, la tomó en brazos y como tantas veces había hecho en el pasado con Patricia o con su hermana, la llevó hasta la cama. Una vez allí, con la ternura de un padre, la tapó y estaba apagando la luz cuando entre sueños escuchó a Estefany susurrar:</p>



<p>―Gracias, por hacerme sentir bien&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>3</a></h1>



<p>El sonido del despertador lo sorprendió en mitad de un sueño el que Estefany llegaba a su cama en silencio y sin preguntar se acostaba a su lado totalmente desnuda. Lejos de cabrearle la interrupción, al abrir los ojos y percatarse de que nada era real, sonrió y decidió que esa tarde quedaría con Alicia a echarle un polvo.</p>



<p>«Tengo las hormonas a flor de piel, parezco un adolescente», de mejor humor al haberlo decidido, se metió al baño.</p>



<p>Tras la ducha, se vistió y bajó a desayunar donde para su extrañeza, su joven invitada estaba tomándose un café mientras leía el ABC.</p>



<p>― ¿Qué tal has dormido? ― preguntó al verla recuperada.</p>



<p>―Estupendamente, hacía tiempo que&#8230; no me sentía tan bien.</p>



<p>Que nuevamente usara la misma frase que la actriz durante su entrega en la película, le hizo sospechar que la joven se estaba burlando de él, pero al ver su mirada franca comprendió que había sido casualidad y mientras la criada le ponía enfrente un plato de frutas, la vio tan interesada leyendo que quiso saber qué era lo que la tenía ensimismada.</p>



<p>Levantando la mirada del periódico contestó señalando un anuncio de una subasta:</p>



<p>―Gonzalo, ¿cómo es posible que subasten este edificio a este precio? ¿No es demasiado barato?</p>



<p>Al ser algo de su actividad, el cincuentón lo cogió y comenzó a leer mientras contestaba:</p>



<p>―El precio de salida no suele ser el de cierre, sino otro mucho más elevado.</p>



<p>Acababa de decirlo, cuando de manera imprevista reparó en que la propiedad que estaban licitando era la misma que él llevaba años intentando comprar, pero que nunca había podido llegar a un acuerdo con su dueño.</p>



<p>«No me jodas, ¡ese cretino debe haber quebrado!», se dijo y recortando la página, ya se iba a toda prisa, cuando recordó que no se había despedido y retrocediendo sobre sus pasos, tras dar a la chavala un beso en la mejilla, le dijo adiós.</p>



<p>―Que te vaya bonito― escuchó a la colombiana decir ya en el pasillo.</p>



<p>Sin exteriorizarlo, pensó:</p>



<p>«Gracias a ti, seguro».</p>



<p>Nada más llegar a su despacho, llamó a Tomás Guijarro, su director financiero y le pidió saber cuánto dinero le podía conseguir antes de las doce.</p>



<p>― ¿Lo quiere en efectivo?</p>



<p>―No joder. Quiero pujar por esta propiedad― enseñándole el recorte del periódico, contestó: ―pero antes de comprometer unos fondos que luego pudiésemos necesitar, quiero que llames a todos los bancos y me digas cuál es la suma que se comprometen a prestarnos si llegamos a ganar la subasta.&nbsp;</p>



<p>El pequeño margen de maniobra que le había dado hizo que a las once y media volviese con las orejas gachas y le reconociera solo haber sacado el compromiso del Banco de Santander por seis millones de euros.</p>



<p>―Con eso no tenemos nada qué hacer― malhumorado al ver esfumarse la oportunidad contestó, pero aun así abrió la web donde se subastaba y viendo que las pujas iban en tres millones y medio, la incrementó en un millón.</p>



<p>«No tardarán en sobrepasarme», seguro de perder, se dijo mientras iban pasando los minutos.</p>



<p>Sobre las doce menos cinco, sus temores se hicieron realidad cuando otro pujador ofertó cinco millones. Como solo tenía uno de margen, no lo dudó y tecleó en el tejado cinco cien.</p>



<p>«Ese edificio vale al menos diez», se dijo temiendo que su rival respondiera con una cantidad inasumible para él.</p>



<p>Pero para su sorpresa, la subasta cerró y nadie había superado su puja. Sin llegárselo a creer, llamó a la empresa que lo subastaba y confirmó que se convertiría en su dueño, si depositaba antes de una semana la suma marcada.</p>



<p>«Al final, esta chiquilla me traerá suerte», concluyó y alegre por tamaño éxito decidió llamar a Alicia para celebrarlo entre sus brazos.</p>



<p>El destino hizo que la abogada estuviera inmersa en un asunto legal de enorme importancia y lamentándolo mucho, le dijo que no. Por lo que al salir del trabajo sobre las siete, no le quedó otra que volver a su casa. Allí se topó con Estefany esperándolo en la puerta, vestida igual que Halle Berry en la película. No creyendo en las coincidencias, la saludó temeroso mientras intentaba evitar hundir sus ojos en el profundo escote de la blusa de tirantes que llevaba puesta. Aun así, no pudo evitar caer en la tentación y mientras la niña le preguntaba por su día, buceó con la mirada entre sus pechos.</p>



<p>«¡Como está la condenada!», exclamó mentalmente mientras veía crecer dos gruesos botones bajo esa tela morada.</p>



<p>Completamente desconcertado por la reacción involuntaria de la chavala, preguntó por Antía.</p>



<p>―Está en la cocina preparando uno de sus platos preferidos― con sus mejillas todavía coloradas al sentirse descubierta, respondió.</p>



<p>Intrigado por esa respuesta, Gonzalo se acercó donde la treintañera se debatía entre fogones y alucinado descubrió que la colombiana no había mentido al tomar de una fuente una croqueta y descubrir que estaba hecha con queso de cabrales. &nbsp;Ese sabor lo retrotrajo a su infancia y a su aldea perdida en los picos de Europa.</p>



<p>«No puede ser», pensó mientras una lágrima corría por sus mejillas: «Es la receta de Mamá».</p>



<p>Sintiéndose niño después de tantos años, no pudo dejar de coger una segunda y mientras saboreaba ese manjar, se preguntó cómo era posible. Sin pensarlo dos veces, preguntó a la pelirroja de donde había sacado la idea, pero sobre todo quién le había dado la receta.</p>



<p>―Fue la chiquilla. Por lo visto, recordó que un verano en Santander la llevó a un chiringuito donde usted se hartó de comer este tipo de croquetas.</p>



<p>Aunque no lo recordaba, lo dio por bueno e impulsado por el hambre tomó la tercera antes de volver donde la cría a darle las gracias. La hispana al escucharlo, sonrió y como si fuera una práctica habitual a la que no pensaba renunciar, le pidió si después de cenar podía quedarse dormida como la noche anterior.</p>



<p>―Fue la primera vez en semanas que pude descansar― comentó al ver su cara de espanto.</p>



<p>La desolación de su rostro pensando que se iba a negar lo enterneció y siendo consciente de lo poco apropiado que era permitir que esa cría descansara usando su muslo como almohada, iba a ceder cuando en el último momento le informó que no le apetecía ver la televisión, sino leer.</p>



<p>―Entonces, perfecto. Te prometo no incordiar mientras disfrutas del libro.</p>



<p>&nbsp;Que le hubiera malinterpretado y viera en su respuesta una aceptación, lo dejó sin argumentos y se quedó callado. La cría parecía satisfecha y sin despedirse, se dirigió hacia su cuarto. Gonzalo, que para entonces no entendía nada, se percató que de espaldas el parecido con la actriz era todavía más patente y que incluso la forma con la que caminaba embutida en esa minifalda, se la recordaba.</p>



<p>«Quizás sea todavía más guapa», se dijo buscando unas diferencias que no veía y siniestramente excitado al recordar la escena, prefirió ponerse una copa.</p>



<p>Sin darse cuenta, escogió entre todas las botellas de su bar una de Jack Daniels. Al dar el primer sorbo, fue cuando cayó en la cuenta de esa elección y asustado como pocas veces al saber que era la misma bebida con la que los protagonistas se habían emborrachado, decidió no tentar la suerte y tirándola en el baño, rellenó su copa con vodka.</p>



<p>«Esto es ridículo. Ha sido casualidad», meditó menos convencido que horrorizado.</p>



<p>Se acababa de sentar para disfrutar de la copa cuando por la puerta apareció su criada y tomando asiento frente a él, le preguntó de dónde había sacado a esa extraña joven. Su pregunta lo cogió con el pie cambiado cuando sabía a ciencia cierta que la treintañera conocía perfectamente que era la amiga de su hija Patricia.</p>



<p>―Señor, no se lo digo porque no sea encantadora, que lo es, sino porque parece conocer cada uno de sus gustos como si hubiese vivido siempre en esta casa. Por ejemplo, hoy cuando acomodaba su ropa en el armario me equivoqué y puse una de sus camisas de sport junto a las de trabajo, con dulzura me reprendió diciendo que usted tiene tan aprendido dónde van que ni siquiera se fija en la que toma.</p>



<p>―Coño, Antía. Cualquiera se hubiese dado cuenta de que estaba fuera de sitio― respondió sin darle importancia.</p>



<p>―Quizás, pero hay otros detalles que no me cuadran― y sacando del bolsillo, un papel se lo puso en las manos: ―Fíjese en la lista de la compra que hoy elaboró y dígame si alguien que no le conozca a conciencia es capaz de hacerla.</p>



<p>Leyendo con detalle la misma, no vio nada extraño y así se lo hizo saber.</p>



<p>― ¡Por dios! ¿No se ha dado cuenta? Sabe la marca de desodorante que usa, las frutas o las verduras que prefiere, los cortes de carne que le entusiasman e incluso algo tan privado como el tipo de antiácido que toma cuando se le pasan las copas.</p>



<p>Siendo extraño, no le pareció descabellado que con ganas de agradar hubiese hablado con Patricia y comentándoselo a la mujer, volvió a quitarle hierro. La pelirroja, nacida en la Galicia más profunda, reveló su creencia en lo sobrenatural diciendo:</p>



<p>―Puede ser, pero a mí me parece que esa niña es capaz de leer los pensamientos como una meiga.</p>



<p>Al escuchar esa memez, se echó a reír provocando el cabreo de la gallega. La cual indignada se marchó farfullando de vuelta a la cocina que la cena estaba lista. Pensando en las croquetas, fue a avisar a la muchacha. Cuando iba a pasar a su habitación, recordó cómo la había pillado duchándose y prefirió tocar antes de entrar.</p>



<p>―Ya salgo― la oyó decir mientras la puerta se entreabría y a través de la rendija, veía que se estaba subiendo la falda.</p>



<p>Casi se desmaya al comprobar no tanto la perfección de su trasero, sino que llevaba el mismo tipo de tanga de la escena erótica que se había visto protagonizando con ella en su alucinación. Sin esperar a que saliera, bajó totalmente confundido las escaleras. Mientras esperaba su llegada, comprendió que, por alguna razón al darse cuenta de lo mucho que le impresionó ver a Halle Berry haciendo el amor, Estefany había decidido imitarla. Por eso cuando la cría llegó, la recibió con uñas y sentándose en la mesa, apenas habló durante la cena.</p>



<p>Si la hispana se dio cuenta de su cabreo, no lo demostró. Es más, demostrando que además de guapa tenía una cabeza perfectamente amueblada, comentó las noticias de la jornada haciendo especial hincapié en una en la que el locutor había hablado de una compañía que iba a salir a bolsa al día siguiente:</p>



<p>―O mucho me equivoco o ese valor va a subir como la espuma.</p>



<p>Aunque parte de su dinero estaba invertido en ese tipo de valores, no le prestó atención y siguió cenando. Al terminar, pidió a Antía que le preparara un café y se fue al salón. Una vez allí, de la estantería donde tenía los que todavía no había leído, cogió uno al azar y sentándose en el sofá, se puso a ojearlo. Al ver que trataba sobre el inconfesable amor entre un maduro y una joven, pensó en tomar otro. Pero entonces, trayendo ella el café, apareció Estefany y tras dejarlo sobre la mesa, se tumbó en la posición de la que había hablado.</p>



<p>Sintiéndose contra la pared y observando de reojo que tenía ya los ojos cerrados, comenzó a leer. Muy a su pesar, no tardó en verse subyugado por la historia y a la tercera página ya se había olvidado de la chavala. Sus temores volvieron con fuerza, al comprobar francamente acojonado que en ese libro el autor con pelos y señales reseñaba lo que había sentido él al descubrirla enjabonándose en la ducha.</p>



<p>«¡Es imposible!», exclamó para sí y releyendo el mismo pasaje una y otra vez no halló nada que difiriera de lo que había vivido.</p>



<p>Intrigado, aceleró la lectura para quedarse horrorizado cuando vio en blanco y negro que el ejecutivo se hacía rico siguiendo los consejos de su musa sin que esta le pidiese a priori nada sexual a cambio. Recordando la subasta de la mañana se vio reflejado y siguió leyendo.&nbsp; Ya en el segundo capítulo, la joven cambió de actitud y un buen día al llegar de la oficina, el maduro se la encontró semidesnuda esperándolo en la puerta. Tan impactado se quedó el protagonista al verla en negliggé que nada pudo hacer para evitar que agachándose lo descalzara mientras le informaba de lo mucho que su cachorrita lo había echado de menos.</p>



<p>Dejando el libro sobre la mesilla, Gonzalo cerró los ojos y se imaginó a Estefany actuando como la musa. Contra su voluntad, se vio levantándola del suelo y metiendo las manos bajo el sugerente camisón. Por raro que parezca, le pareció sentir la calidez de la piel de la hispana bajo sus yemas y su pene reaccionó adquiriendo un grosor que no recordaba. Fue entonces, cuando sin previo aviso tuvo que volver a la realidad al escuchar un gemido a su lado.</p>



<p>―Por favor, sigue imaginando― con la cabeza todavía sobre su muslo oyó a Estefany suspirar.</p>



<p>Dominado por una extraña lujuria al notar que seguía dormida, cerró de nuevo los párpados y en su mente, la empotró contra la pared mientras le desgarraba el tanga.</p>



<p>―Hazme tuya― percibió el sollozo de la joven mientras en su cerebro jugaba con los pliegues de su feminidad.</p>



<p>Excitado y sintiéndose culpable, se imaginó su pene tomando posesión de la joven lentamente y a ella retorciéndose al sentir su vagina avasallada de esa forma. Sin llegarlo a comprender notó como terminaba de incrustárselo como si fuera real y preso de lo que estaba experimentando, comenzó a cabalgarla con decisión.</p>



<p>― ¡Me encanta! ― sobre su muslo, chilló la morena entusiasmada cuando en su imaginación la acuchillaba sin pausa.</p>



<p>Ya sin ningún pudor, la sujetó de los pechos mientras aceleraba sus embestidas. La Estefany de su sueño no solo no se quejaba, sino que colaborando con él comenzaba a mover desenfrenadamente el trasero al ritmo que su tallo le marcaba. Sin llegar a ser consciente de que lo que hacía en su mente era sentido por la chavala, siguió poseyéndola una y otra vez alternando cada embestida con un pellizco en sus pezones.</p>



<p>― ¡No pares de cogerme! ― llegó a sus oídos el alarido de la joven mientras en su cerebro le soltaba el primero de una serie de azotes.</p>



<p>Azuzado por sus gritos siguió castigando sus nalgas al tiempo que como si fuera un martillo neumático su hombría iba demoliendo una a una las defensas de la mujercita en su imaginación.</p>



<p>―Me corro― escuchó que balbuceaba la real mientras la otra sucumbía al placer salpicando con flujo sus piernas.</p>



<p>En ese instante, para Gonzalo, la escena era tan vivida que incluso le pareció oler el aroma a sexo que desprendía cada vez que la empalaba y contagiándose de su placer, su pene explotó derramando su imaginaria semilla en el interior de Estefany. Al eyacular en ella, la chavala se retorció en un nuevo orgasmo y cayendo lentamente al suelo, comenzó a reír diciendo:</p>



<p>―Hoy sí que voy a dormir como una bebé.</p>



<p>Entonces y solo entonces, el cincuentón abrió los ojos para descubrir que, sobre su muslo, la chavala sonreía. Cortado como pocas veces, trató de disimular y lo primero que se le ocurrió fue preguntar qué era lo que había dicho.</p>



<p>Desternillada de risa, la joven se levantó y acomodándose la minifalda, contestó:</p>



<p>―Lo sabes bien, mi amado maduro.</p>



<p>Pálido hasta decir basta, la vio caminando hacia la puerta con las piernas abiertas como si estuviera escocida tras haber follado salvajemente y antes de marcharse por el pasillo, se giró y lanzándole un beso, añadió:</p>



<p>―Esta noche, intenta no soñar conmigo, ¡me has dejado agotada!&#8230;</p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La Hermandad, el poder oculto que amenaza Europa 6&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 09:21:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[10 Ya en la calle, me metí en el primer bar que vi abierto. Sintiéndome un puto pelele en manos de un muerto, busqué ahogar mis problemas en alcohol y por eso nada más sentarme en la barra, pedí un primer lingotazo al camarero. Lingotazo al que siguieron otros mientras intentaba aclarar las ideas y comprender el por qué Xavi me había elegido a mí como jefe de la hermandad. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «No tiene sentido que llevase cuatro años preparando el terreno», pensé al tomar en cuenta la edad de esas crías y sumarle el periodo de embarazo. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Con la [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">10</h1>



<p>Ya en la calle, me metí en el primer bar que vi abierto. Sintiéndome un puto pelele en manos de un muerto, busqué ahogar mis problemas en alcohol y por eso nada más sentarme en la barra, pedí un primer lingotazo al camarero. Lingotazo al que siguieron otros mientras intentaba aclarar las ideas y comprender el por qué Xavi me había elegido a mí como jefe de la hermandad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «No tiene sentido que llevase cuatro años preparando el terreno», pensé al tomar en cuenta la edad de esas crías y sumarle el periodo de embarazo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con la certeza de que Consuelo y Patricia eran parte de su plan desde el principio, todavía me quedaba la duda del grado de participación de Rosa y si mi amiga de tantos años lo sabía. Dándole vueltas, me resultaba difícil creer que formaba parte de la siniestra secta de su marido y preferí pensar que era tan víctima como yo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Puede estar condicionada, pero sigue siendo una buena persona».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Haciendo un recorrido entre las tres, me centré en Consuelo y muy a mi pesar, no me quedó otra que disculparla al asumir que siempre había sido transparente y que desde que la conocí nunca había ocultado su relación con Xavi. Otra cosa era Patricia, ella me había engañado desde el principio.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Nuestro encontronazo no fue casual sino premeditado», me dije recordando el día que me la habían presentado en una exposición. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Meditando sobre ello, recordé que la conocí gracias a otro de mis colegas de profesión: «Pepe también debe formar parte de la hermandad», concluí asumiendo que no podía fiarme de nadie.</p>



<p>Muy molesto seguí dando vueltas a su traición y sabiendo que formaba parte de un escuadrón de asesinos, puse en duda incluso que trabajara en Ernest and Young.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_009_b554.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«Siempre la había considerado una frágil damisela», murmuré cabreado dando un sorbo a mi whisky: «¡Un cerebrito!».</p>



<p>La sensación de derrota no me dejaba en paz. Pensando en volver a casa, caí en que tenía a Verónica y a Danka de okupas, y eso considerando que mi jefe y su homólogo checo se hubieran ido.</p>



<p>«Algo tengo que hacer. A este paso toda la hermandad terminará en el piso», me quejé mientras pagaba la cuenta.</p>



<p>A la salida, paré un taxi. Con alguna copa de más, había decidido echar a las acólitas y recuperar mi hogar. Por eso cuando el conductor me preguntó la dirección, pedí que me llevara directamente a casa. Supe que algo pasaba cuando al enfilar la calle donde vivía, me encontré con cinco patrullas y dos ambulancias aparcadas frente al edificio.</p>



<p>&#8211; ¿Qué ocurre aquí? &#8211; sacando mi documentación, pregunté al uniformado que impedía el paso de curiosos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Un momento, por favor- contestó éste mientras avisaba a su superior de mi presencia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estaba aguardando en la acera que me hicieran caso, cuando de pronto una explosión me lanzó contra una de las lecheras. Durante unos segundos, no supe reaccionar con todo dándome vueltas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Danka y Verónica todavía están ahí», pensé mientras me levantaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Temiendo por sus vidas, intenté entrar, pero los policías cayeron sobre mí y lo hicieron imposible:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Les exijo que me dejen pasar. Soy el subdirector del CNI y tengo a dos colaboradoras y a mi jefe ahí dentro- exigí haciendo valer mi puesto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No puedo permitírselo hasta que los expertos en explosivos no lo autoricen- escuché que un mando me decía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Girándome hacia él, le pedí que se presentara y me informara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Soy el comisario Alberche de la unidad de información-dijo mostrando sus credenciales.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Cuénteme qué ha pasado? ¡Vivo aquí!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Lo sabemos. Su propio jefe, el director Morgado nos pidió que viniéramos a repeler un ataque que estaban sufriendo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Quiénes lo atacaban? &#8211; musité alucinado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Esperábamos que usted nos lo dijera. Cuando llegamos y antes de desalojar al hallar una bomba a punto de explotar, solo pudimos certificar dos muertes &#8211; contestó puso en mis manos unas fotos donde se veía los cadáveres de mi superior y de su homologo checo para que los identificara mientras escuchaba sirenas de bomberos llegando a apagar el incendio que la detonación había provocado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Exijo completa discreción, nadie puede hablar de esto hasta que hablé con el ministerio- contesté al prever las consecuencias internacionales de todo ello.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¡Dígame al menos sus identidades! &#8211; cabreado el tal Alberche replicó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Lo siento, no estoy autorizado- cogiendo el móvil contesté.</p>



<p>Tras lo cual, separándome de él, llamé a un número de emergencia que me habían dado al asumir el puesto. Tras explicar brevemente y sin da demasiados detalles la situación, pedí que me pasaran con la ministra o alguno de sus más próximos colaboradores.</p>



<p>Tras dos timbrazos, fue el subsecretario Alboz el que contestó. Al ser el padre de mi secretaria y miembro de la hermandad, no tuve que guardarme nada y tras contarle la muerte del director y de su colega, tuve que confesarle que desconocía el destino de su hija y de mi otra acolita.</p>



<p>-Al menos no tengo constancia de que hayan muerto- añadí asumiendo su dolor.</p>



<p>-Ahora mismo, le mando una escolta. Espere allí- contestó desolado el pobre sujeto.</p>



<p>Confieso que me entraron dudas sobre si debía hacer caso y aguardar ahí o huir, al recordar la negativa de Consuelo a acudir a mi piso aludiendo que no lo consideraba seguro. Aunque en ese momento, había dado por sentado que sus reparos se debían a no querer hablar de ese tema en presencia de mi jefe, ahora no lo tenía claro:</p>



<p>«Solo espero que la hermandad no sea la responsable y haya sido casualidad», me dije mientras instintivamente tocaba la pistola reglamentaria que llevaba bajo la chaqueta.</p>



<p>El frio tacto del metal bajo mis yemas permitió que me tranquilizara y comprendiera que debía orientar mis sospechas hacia otra parte:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_036_a5b9.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«No tiene sentido que una organización atente contra sus propios miembros», me dije recordando que tanto las desaparecidas como Novak <a href="https://apellidos.de/apellido-dus2ek">Dušek</a>, el jefe de inteligencia checo, formaban parte de su estructura.</p>



<p>De ser cierta esa conclusión, supondría que alguien había atentado contra la Hermandad.</p>



<p>&nbsp;«Nadie me ha hablado ni mencionado que tengamos un enemigo», sentencié preocupado. Meditando sobre ello, dirigí mis sospechas hacía alguna agencia gubernamental, tipo la CIA o el FSB ruso.</p>



<p>Sin gustarme la organización de la que se suponía que era el máximo dignatario, por mero instinto de supervivencia decidí hacer frente a la amenaza:</p>



<p>«Ante todo debo sobrevivir», acababa de concluir cuando dos blindados aparcaron y tres hombres con metralletas bajaron.</p>



<p>Por un momento temí por mi vida, pero entonces se presentaron como la escolta que Alboz había mandado por mí:</p>



<p>-Grande entre los Grandes, el consejo nos ha mandado a protegerle.</p>



<p>Ese saludo disolvió mis reticencias y protegido por ellos, me metí en el primero de los coches. Una vez dentro, reconocí a mi chofer al volante.</p>



<p>-Joaquín, ¿dónde vamos? &#8211; pregunté.</p>



<p>-El subsecretario me ha pedido que lo lleve directamente al paseo de la Castellana- contestó informándome del destino: -La ministra quiere verlo.</p>



<p>Justo entonces caí en que muerto Morgado, automáticamente me había convertido hasta que no nombraran al sustituto en director en funciones del CNI. Consciente de que ese ascenso era temporal y que difícilmente se prolongaría en el tiempo al ser un completo novato y desconocer cómo funcionaba la casa, me centré en preparar una explicación de lo sucedido.</p>



<p>Asumiendo que el difunto había hecho llegar a la política el supuesto objeto de la reunión, decidí mantener la versión que había manifestado.</p>



<p>«Así no tendré que buscar otra explicación a que además de la muerte del director y de su homólogo haya desaparecido la ultraderechista checa», concluí dando un valor menor a la de mi secretaria.</p>



<p>Con ello en mente, llegamos al ministerio y subiendo al último piso me planté frente a las secretarias de doña Paloma.</p>



<p>-Disculpen, vengo a ver a la señora ministra- comenté señalando el gafete que llevaba en la solapa.</p>



<p>Levantando la mirada, una de ellas sonrió y presionando el intercomunicador, informó a su jefa de la llegada del señor Urbieta:</p>



<p>-Pase, le está esperando.</p>



<p>Un tanto nervioso por el resultado de la conversación, entré a la oficina de la mandamás de Defensa sin saber que estaba acompañada los ministros de Interior y de Asuntos Exteriores.</p>



<p>«Debí habérmelo imaginado», me dije asumiendo que su presencia se debía a las identidades de las víctimas y sus repercusiones internacionales.</p>



<p>-Juan, únete a la reunión- señalando una silla vacía, comentó mi superiora: -Queremos saber qué asunto llevó a Morgado a reunirse con&nbsp; <a href="https://apellidos.de/apellido-dus2ek">Dušek</a> fuera del CNI.</p>



<p>No me pasó inadvertido que esa política me había tuteado mientras se abstenía de revelar a sus compañeros de gabinete que dicha reunión había tenido lugar en mi casa. No queriendo dejarla en mal lugar, me senté y comencé a explicar que al analizar la muerte de un derechista checo habíamos llegado a la conclusión que nada sugería la participación rusa en el asunto y que usando nuestros contactos Morgado y yo habíamos citado a su lugarteniente en el partido en Madrid.</p>



<p>-Por discreción, el director me envió en compañía de una secretaria del CNI a hablar con ella. Durante esa reunión, Danka Balusek nos informó que era una infiltrada de la inteligencia Checa en el partido y que si queríamos más información debíamos hablar con su jefe.</p>



<p>-De ahí, la presencia de Novak <a href="https://apellidos.de/apellido-dus2ek">Dušek</a>&#8211; murmuró el titular de Exteriores.</p>



<p>Asintiendo, comenté que <a href="https://apellidos.de/apellido-dus2ek">ese</a> jefe de inteligencia se había desplazado a España para que no pusiésemos en peligro la tapadera de su colaboradora:</p>



<p>-Para el gobierno checo, tener en nómina a la líder de esa organización ultraderechista era una oportunidad que no querían desaprovechar- añadí.</p>



<p>-Entonces&#8230; ¿debemos suponer que Morgado ha sido víctima colateral de un tema ajeno a la seguridad de España y que, aunque haya tenido como escenario Madrid es un asunto checo? &#8211; preguntó el ministro de Interior.</p>



<p>Midiendo mis palabras, contesté que no teníamos datos que nos hicieran sospechar lo contrario. Mientras los otros dos políticos respiraron y dieron carpetazo al asunto, de reojo advertí que mis argumentos no habían convencido a doña Paloma.&nbsp; Por eso no me extrañó que, tras despedir a sus colegas, esa mujer ordenara me quedara.</p>



<p>-Juan, nada de lo que has dicho justifica que los culpables del asalto se hayan llevado también a la otra mujer: ¿Qué valor puede tener para ellos Verónica Alboz para que secuestrarla cuando era más fácil matarla?</p>



<p>-Información- respondí comprendiendo que mi jefa se había planteado algo en lo que yo no había caído: -No debemos olvidar que era mi secretaria y quizás quieren sacarle lo que sabemos.</p>



<p>-Pon a los mejores hombres del CNI en este asunto. Nuestra prioridad es ella. Tenemos la obligación de recuperarla y si de paso liberamos a la tal Danka ¡mejor! Ahora vete y mantenme informada.</p>



<p>-Así lo haré- contesté para a continuación salir de su despacho&#8230;</p>



<p>Ya en el ascensor, reparé en que debía de ir a ver al subsecretario para darle las condolencias por lo de su hija y por eso en vez de ir a teclear la salida, marqué la planta donde estaba su oficina. Al entrar a verlo, estaba desencajado y asumiendo que era el dolor de padre lo que lo tenía así, fui a darle un abrazo. Pero sacándome del error, el hombre tartamudeó que el consejo le acababa de hacer llegar unas funestas noticias que tenía que conocer y que hacían posible que todo fuera un complot contra la Hermandad. Sin entender a qué podía referirse, exigí que continuara y se diese prisa en contarme:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -La primera y siento ser yo quien deba informarle, es que el asalto que usted autorizó resultó ser una encerrona y que todo el grupo ha caído bajo fuego enemigo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al escuchar el fracaso de esa operación, tuve que sentarme:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Patricia también ha muerto? &#8211; pregunté con el corazón partido a pesar de su traición.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No lo sabemos&#8230; no se ha encontrado su cuerpo, pero asumimos que es una posibilidad. Pero las malas noticias no acaban ahí, debo también notificarle que doña Consuelo Mercado ha desaparecido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que me costó asimilar el alcance de esa información y tras unos segundos de dolor, respondí indignado que no era un complot contra la Hermandad sino contra mí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No entiendo- murmuró Alboz.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¡Por dios! ¡Piense! Nos enfrentamos a alguien que conoce perfectamente nuestra estructura y conociéndola ha diseñado un plan para atacarme- viendo que seguía en la inopia, proseguí: &#8211; ¿No le parece extraño que en menos de tres horas hayan secuestrado a dos de las esposas de mi antecesor y a mis dos acólitas?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Por qué dice secuestrado y no asesinado? &#8211; preguntó con tono esperanzado al ser su hija una de ellas.</p>



<p>-Sea quien sea nuestro enemigo, las necesita vivas para tener algo con lo que negociar.</p>



<p>&#8211; ¿Negociar el qué? &#8211; insistió.</p>



<p>Iba a contestar que pronto lo sabríamos cuando recordé a Rosa y a las tres niñas y asumiendo que también ellas estaban en peligro, le exigí usar todos los efectivos que tuviese a mano para protegerlas. Mirando el reloj comprendí que tenía solo treinta minutos para que el tren en el que venía la viuda llegara a Atocha.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_082_c811.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Ocúpese de mandar dos equipos a recoger a las hijas de Patricia y de Consuelo mientras yo voy a por Rosa y su chavala. Por la hora deben ya estar en sus casas. Solo espero que llegue a tiempo de ponerlas a salvo.</p>



<p>Entendiendo la magnitud del problema, el subsecretario llamó al encargado de la seguridad del ministerio y le ordenó que añadiese cinco elementos a la escolta que me había llevado hasta allí. Como toda precaución era poca, acepté su ayuda y cinco minutos después un nutrido grupo de hombres armados hasta los dientes salíamos del edificio.</p>



<p>Afortunadamente el tráfico era fluido y diez minutos antes de que el AVE llegara a la estación, estaba esperándolas en el andén. Mientras aguardaba su llegada, comprendí que debía llevarlas a un lugar seguro y como no me fiaba de nadie, llamé a un amigo de Santander y le pedí que me dejara durante unos días su piso en Madrid al recordar que estaba en Guzmán el Bueno, frente a la dirección General de la Guardia Civil.</p>



<p>«Es una de las zonas más protegidas de la ciudad y cualquier operativo en mi contra, sería inmediatamente detectado por el sistema encargado de la seguridad de esas instalaciones».</p>



<p>Tal y como suponía, Pepe me lo prestó sin hacer preguntas al asumir que lo necesitaba de picadero. Lo único que me dijo fue que pidiera las llaves al conserje y que anduviese con cuidado porque andar con una casada era peligroso.</p>



<p>&#8211; ¡Qué bien me conoces! &#8211; riendo contesté justo cuando anunciaban la llegada del tren.</p>



<p>Avisando a mi gente la puse en movimiento para que proteger a Rosa y la niña, no fuera a ser que mi enemigo hubiese mandado secuestrarlas. Con las espaldas cubiertas, vi abrirse las puertas del vagón donde venían y me di prisa para recogerlas. La primera en verme fue Lara y soltándose de brazos de su madre corrió a besarme.</p>



<p>Al tener a mi ahijada en los brazos, recordé que esa cría era biológicamente mi hija y mientras concluía que no dudaría en dar mi vida por mantenerla a salvo, dos gruesos lagrimones recorrieron mis mejillas.</p>



<p>«Tengo una hija&#8230; ¡qué digo! ¡Tengo tres!», me dije tratando de asimilar la sensación de ser padre.</p>



<p>Al llegar, Rosa me encontró llorando y completamente conmovida, me abrazó comentando lo mucho que me había echado de menos. Lo que jamás se esperó fue que, producto de la tensión que había soportado, la besara con pasión.</p>



<p>-Juan, tenemos público- susurró en mi oído mientras su cuerpo la traicionaba e instintivamente se comenzaba a frotar contra mí.</p>



<p>La rapidez con la que bajo el pantalón mi pene se alzó me avergonzó y sonrojado, me separé de ella diciendo:</p>



<p>-Tenemos qué hablar. Hay algo que debes saber&#8230;.</p>



<h1 class="wp-block-heading">11</h1>



<p>De camino al coche compré a Lara un juego para mantenerla entretenida y así poder hablar libremente con su madre. E hice bien porque me topé con incredulidad de Rosa al explicarle la clase de hombre qué había sido su marido y cómo además de manipularla había creado una organización mafiosa con tintes totalitarios.</p>



<p>-Xavi no era así- protestó defendiendo tanto la memoria del hombre con el que había compartido tantos años como la razón de la atracción que sentía por mí.</p>



<p>Sin ánimo de discutir, no quise llevarle la contraria y cambiando de tema, quise que me contara cómo habían engendrado a su hija. Cogida por sorpresa, fue incapaz de mentir y reconoció que se había sometido a un tratamiento de fertilidad echándose la culpa de no quedarse embarazada.</p>



<p>-El problema no era tuyo, era de él- respondí: -Me acabo de enterar que Xavi era estéril y que usó mi semen para fecundar el óvulo con el que te inseminaron.</p>



<p>Acaba de soltar la bomba cuando el móvil que llevaba en el bolsillo, comenzó a sonar. Viendo que era Alboz el que llamaba, contesté.</p>



<p>-Hemos recogido los dos paquetes, ¿dónde quiere que los llevemos? &#8211; contestó ocultando a posibles interferencias la realidad de su encargo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras dar la dirección de mi amigo, le pedí que reforzara las precauciones y que le veía ahí. Al colgar, la viuda que no era tonta me preguntó qué era eso que me iban a llevar. No teniendo nada que ganar si se lo ocultaba ya que no tardaría en conocerlas, le expliqué que su difunto marido había inseminado a otras dos mujeres al mismo tiempo que a ella y que esos paquetes eran las hermanas genéticas de Lara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Se llaman Luisa y Lorena&#8230; y son idénticas a tu pequeña.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosa se quedó muda tratando de digerir lo que acababa de conocer. Aprovechando su mutismo, le expliqué que se iba a tener que ocupar de esas crías porque sus madres habían desaparecido y que por eso íbamos a un lugar seguro:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Cuando dices que han desaparecido, ¿quieres decir que han muerto?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Espero que no, pero no es algo descabellado- respondí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demostrando la clase de mujer que era, la morena contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Siendo hermanas de Lara e hijas tuyas, las trataré como si fueran mías.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Justo entonces nos dimos cuenta de que la nena había seguido atenta la conversación y es que, pegando un chillido de alegría, comentó que siempre había soñado con tener hermanas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Papito, ¿cuándo me las vas a presentar?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La felicidad que mostró y por qué no decirlo la forma en que se refirió a mí me enternecieron y regalándole una sesión de besos, respondí que en menos de media hora.</p>



<p>Veinte minutos después, ya nos habíamos instalado en el piso de Guzmán el Bueno, cuando tocaron a la puerta. Rosa que hasta entonces había permanecido serena, se colgó de mi brazo diciendo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_093_ded8.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No sé qué me ocurre. ¡Estoy histérica!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Compartiendo sus nervios al irme a reencontrar con Luisa y a conocer a Lorena, me quedé paralizado y fue Lara la encargada de abrirla. A nadie extrañará que, mientras su hija saludaba a sus hermanas, la viuda se echase a llorar y ¡yo con ella!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Son igualitas- conseguí murmurar al verlas juntas y agachándome, les pedí que me abrazaran.</p>



<p>Luisa, a la que reconocí por llevar la misma ropa que el día anterior, se lanzó sobre mí mientras la otra trilliza se nos quedaba mirando.</p>



<p>-Lorena, ¿sabes quién soy? &#8211; pregunté.</p>



<p>-Creo que eres mi padre- con la misma voz de la que siempre había considerado mi ahijada, contestó sin hacer ningún intento de acercarse.</p>



<p>-Así es, mi pequeña. Y me gustaría darte un beso- imprimiendo toda la ternura que pude a mi voz para no forzarla, susurré.</p>



<p>&#8211; ¿Y esta señora? &#8211; manteniendo las distancias, comentó señalando a Rosa.</p>



<p>-Soy la madre de tu hermana Lara y buena amiga de tu mamá. ¡Considérame tu tía! Voy a ocuparme de ti mientras ella vuelve-contestó y rompiendo la tirantez del momento, se puso a cubrirla de los mismos besos que yo quería darle.</p>



<p>Impactada por esa demostración de cariño, la coraza de la chiquilla se disolvió como un azucarillo y con la cara posada en el pecho de la morena, se puso a llorar diciendo que quería ver a su mamá. Quitando de mis brazos a la tercera trilliza y a su hija, Rosa se unió al llanto de Lorena diciendo:</p>



<p>-Vuestro papá las traerá de vuelta y todos juntos seremos una familia.</p>



<p>Todavía arrodillado observando la escena, mis ojos se llenaron de lágrimas al no estar seguro de poder cumplir esa promesa. Por ello, dejándolas al cuidado de la viuda, llamé a mis subordinados en el CNI preguntando por las pesquisas que habían realizado y qué sabían. Era tanto el revuelo que la muerte de Morgado había provocado en la institución que tras cinco infructuosos minutos tratando de hallar al agente encargado de las investigaciones, no me quedó más remedio que reconocer que debía personarme ahí y ya in situ, ponerme a la cabeza del asunto.</p>



<p>Sin tenerlas todas conmigo, me acerqué donde estaba Rosa y le expliqué que debía marchar, pero que me esperara a cenar con las trillizas.</p>



<p>-Vete tranquilo, a todos los efectos y mientras no recuperen a sus madres, son mis hijas- aceptando mi ida y con una sonrisa, respondió&#8230;</p>



<p>&nbsp;.</p>



<p>La visita al CNI no pudo ser más frustrante. Sin nadie que pusiera orden, todos los departamentos hicieron suya la investigación de la muerte del director solapándose en las funciones. Ejerciendo el puesto interinamente, impuse al frente a Camilo Ordoñez, un agente bregado en mil batallas y con amplia experiencia. Tras el nombramiento, las aguas se calmaron y los resultados me comenzaron a llegar. Entre ellos una grabación en la que se podía ver a los atacantes sacando vivas a Verónica y a Danka.&nbsp; Sabiendo de su importancia, llamé a la ministra para informarle.</p>



<p>Al notificárselo, me pidió que se lo dijera al subsecretario. Obedeciendo marqué su número. Al anunciarle que su hija había salido secuestrada, pero por su pie del piso, se echó a llorar dándome las gracias por llamarlo.</p>



<p>-Es lo menos que podía hacer con el padre de mi acólita- contesté antes de preguntar qué sabía del destino de Patricia y de Consuelo.</p>



<p>Bastante abochornado, reconoció que no disponía de noticias nuevas de ninguna de las dos.</p>



<p>-Contacta con el consejo y muéstrales mi enfado- contesté y abusando del miedo cerval que existía en la organización a fallarme, añadí: -Pedro. Quiero avances o empezarán a caer cabezas.</p>



<p>Tal y como preveía, ese ultimátum cuajó en el hombre y casi tartamudeando, contestó que no pararía ni a dormir hasta que me pudiese decir algo.&nbsp;</p>



<p>-No importa la hora, cuando tenga la más mínima información, márqueme- antes de despedirme, exigí.</p>



<p>Cabreado, comprendí que nada útil hacía allí y que mi presencia intimidaba a los investigadores, por eso repitiendo la misma orden exhorté a Ordoñez a despertarme con cualquier noticia.</p>



<p>-No esperaba menos de usted después de leer su hoja de servicios- comentó el tal Camilo.</p>



<p>&#8211; ¿Por qué lo dice? &#8211; pregunté.</p>



<p>-Morgado me pidió que lo investigara y así supe del prestigio que se había formado en el frente.</p>



<p>&#8211; ¿De qué prestigio me habla? – ya saliendo por la puerta insistí.</p>



<p>-Entre los soldados a su cargo existía la confianza que siendo usted el mando no dejaría a nadie atrás.</p>



<p>-Yo y cualquier otro, un militar siempre ha de velar por sus hombres.</p>



<p>Poniendo cara de asombro, no contestó y sonriendo, me dijo adiós. Molesto por que dudara que era así, me subí al coche que me esperaba en la puerta.</p>



<p>-Joaquín, llévame de vuelta – dije dejándome caer en el asiento.</p>



<p>El conductor no necesitó más detalles y tomando la autopista de la Coruña, en menos de diez minutos me dejó en Guzmán el Bueno.</p>



<p>&#8211; ¿A qué hora lo recojo? &#8211; preguntó.</p>



<p>-Si no te llamo, a las ocho- respondí bajándome.</p>



<p>En el portal de mi amigo, me topé con tres Geos armados que me pidieron la documentación antes de dejarme entrar. Al dársela, se presentaron y me dijeron que les habían encomendado mi protección por orden personal de la ministra.</p>



<p>-Denle las gracias- respondí con prisas mientras tomaba el ascensor.</p>



<p>Al llegar a la quinta planta donde estaba el piso, había otro elemento custodiando la entrada. Al cual debieron notificarle mi llegada porque cuadrándose, se hizo a un lado para que pasara.</p>



<p>-Buenas noches- lo saludé y sin más florituras, abrí la puerta.</p>



<p>Ya en el hall, escuché unas risas y siguiéndolas, me encontré con Rosa tirada en el suelo jugando con las trillizas. Curiosamente, Lorena fue la primera en saltar sobre mí comentando lo bien que se lo había pasado con sus hermanas.</p>



<p>-Me alegro- enternecido respondí cuando olvidando sus antiguas reticencias, la más arisca de mis hijas me besó.</p>



<p>Imitándola, las otras se lanzaron a mis brazos y por eso, Rosa tuvo que ingeniárselas para evitando los cuerpecitos de las pequeñas darme un breve pico en los labios.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_101_4a62.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Amor mío, te hemos echado de menos.</p>



<p>El cariño de la viuda y de las crías me hizo reír:</p>



<p>-Pero si solo he estado tres horas fuera.</p>



<p>-Bobo, para nosotras ha sido una eternidad- contestó y disimulando mientras usaba una mano para acariciarme el trasero, me informó que la cena estaba lista.</p>



<p>Desternillado le comenté que bajo su vestido se le notaban los pezones erectos. La burrada lejos de cortarla, la animó y susurrando en mi oído, me recordó que si los tenía duros era porque sabía que esa noche se entregaría a mí.</p>



<p>-Y ¿qué hacemos con la ropa tendida? &#8211; dejé caer señalando a las niñas.</p>



<p>-Las he autorizado a dormir juntas en el cuarto de al lado. Así que, si no me haces gritar mucho, no tendremos problemas- denotando sus ganas, replicó con picardía.</p>



<p>Sin evidenciar ante ella lo mucho que me apetecía, la llamé puta.</p>



<p>-No lo sabes tú bien. Llevo soñando con esta noche desde que me aceptaste como mujer- riéndose contestó.</p>



<p>He de confesar que después de un día tan funesto, su alegría fue reconfortante y solo el recuerdo de Xavi y cómo le había manipulado la mente evitaron que hiciese realidad su deseo en ese momento. Aun así, decidí darle un anticipo en forma de azote.</p>



<p>&#8211; ¡Qué bruto eres! &#8211; sorprendida chilló al recibir esa imprevista caricia mientras se palpaba las nalgas: &#8211; ¡Para eso son, pero se piden!</p>



<p>No pude retener una carcajada y tomándola de la cintura, musité en su oído que o pasábamos cenar o tendría que buscar mi sustento entre sus piernas. Juro que le solté esa bestialidad con la intención de sonrojarla, pero tras de ponerle brevemente las mejillas coloradas se repuso. Y en respuesta, se quitó las bragas para a continuación dármelas diciendo que las considerara un aperitivo. Divertido con esa lucha dialéctica, decidí no quedarme atrás y acercándomelas a la cara, las lamí añadiendo que las encontraba riquísimas.</p>



<p>&#8211; ¿No ves que están las niñas? &#8211; gruñó haciéndose la escandalizada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al comprender que tenía razón, me abstuve de seguir picándola.</p>



<p>-Nenas, ¿no tenéis hambre? Yo esto que muerdo.</p>



<p>Como si fueran una, las trillizas se echaron a reír y corrieron fueron a sentarse a la mesa.&nbsp; Ya en sus sillas, no dejaron de jugar mientras entre Rosa y yo les servíamos. Su algarabía no cesó ni siquiera cuando los mayores tomamos asiento.</p>



<p>-Diles algo, a mí no me hacen caso- protestó la viuda al no conseguir que empezaran a cenar.</p>



<p>Asumiendo que era mi deber, decidí ejercer de padre. Pero en vez de recriminarles el comportamiento, comenté que la primera en acabarse todo iba a ser la encargada de elegir el cuento que les leyera antes de dormir. Como por arte de magia, se callaron y se pusieron a devorar lo que tenían en su plato. Lorena fue la más rápida en zamparse la cena y reclamando su derecho, eligió el gato con botas. Reconozco que me resultó sumamente raro que ninguna de sus hermanas protestara. Por eso al terminar todos y después de ponerles el camisón, me tocó narrar las aventuras del hijo del molinero y de su mascota. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las emociones de ese día no tardaron en pasarles factura y una tras otra fueron cayendo en brazos de Morfeo. Absorto velando su sueño, me sentí incapaz de diferenciarlas:</p>



<p>«Ni siquiera sus madres podrían», me dije al apagar la luz en dirección al cuarto principal de la casa donde pasaría la noche.</p>



<p>Al llegar a esa habitación, escuché a Rosa en el baño. Mirando alrededor, observé un pijama sobre la cama. Poco habituado a usarlo, no dije nada y me cambié al saber que la mujer con la que dormiría lo había elegido para mí.&nbsp;</p>



<p>«A pesar del lavado de cerebro, sigue siendo una mujer tradicional» concluí apesadumbrado al recordar la maldad del que había sido mi amigo.</p>



<p>Con esa dura sensación rondando en mi cerebro, dudé qué hacer al no querer ser partícipe de la misma. Debido a ello, decidí plantearle que dejáramos su estreno para otro día y que solo nos abrazáramos. Como lo último que deseaba era herirla, preparé un cariñoso discurso para justificar mi rechazo. Discurso que me tuve que tragar cuando salió del baño:</p>



<p>&#8211; ¡Estás preciosa! &#8211; exclamé hipnotizado mirando su belleza.</p>



<p>No exagero si digo que la mujer que apareció no era Rosa que conocía sino una Diosa, una visión celestial que me dejó sin habla. Consciente de la sensualidad del conjunto que se había puesto, la morena eternizó su llegada a la cama.</p>



<p>«Estoy soñando», sentencié mientras observaba cómo ese encaje traslucido maximizaba la belleza de sus curvas y en especial de sus pechos.</p>



<p>Sintiendo la caricia de mi mirada, paso a paso se fue acercando con una sonrisa en los labios. La lentitud de su caminar me recordó al de una pantera al acecho. Sobre las sábanas, me quedé paralizado al saberme su presa y por eso, no pude decir nada de lo que había preparado cuando se tumbó junto a mí.</p>



<p>&#8211; ¿No vas a besar a tu mujercita? &#8211; preguntó.</p>



<p>Cayendo en la tentación, sellé mi derrota uniendo nuestros labios en un primer y dulce beso que rápidamente se tornó en apasionado.</p>



<p>«Por dios ¿qué estoy haciendo?» lamenté mientras con las manos presionaba el contacto acercándola a mí.</p>



<p>Horrorizado, noté que reaccionaba a mi creciente erección restregándose contra mí y sintiéndome un maldito, mis intentos de separarme resultaron infructuosos.</p>



<p>-Te deseo desde que nos conocimos- susurró con la respiración entrecortada al sentir que mis labios se iban deslizando hacia sus pechos.</p>



<p>Con el corazón a mil por hora, levanté la cara y le pregunté si era cierto:</p>



<p>-Siempre he estado colada por ti, pero nunca pude confesártelo- fue su respuesta verbal, porque la física consistió en buscar mi pene con la mano.</p>



<p>&#8211; ¿Estas seguras de que es así y que no se debe a lo que te hizo Xavi? – queriendo creerla, insistí.</p>



<p>-Siempre has estado en mis sueños. No tienes idea de las veces que cerrando los ojos imaginé que era tú el hombre que me hacía el amor y no mi marido- con la voz teñida de lujuria, contestó mientras deslizaba los tirantes del picardías liberando sus pechos.</p>



<p>La visión de sus negros pezones asoló mis últimas reticencias y lanzándome en picado, me puse a mamar de ellos. Viendo mi insistencia en sacar jugo de sus senos, recordó la conversación que tuvimos y dejando que siguiera disfrutando, sollozó:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_117_c634.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Esta tarde cuando me dijiste que Lara era hija tuya, me di cuenta de que era algo que siempre había sospechado y que me hacía ilusión saber que no embarazarme no hubiese sido culpa mía.</p>



<p>&#8211; ¿Y eso? &#8211; dejando de mamar, pregunté.</p>



<p>Sin medir en efecto que tendrían sus palabras, exclamó:</p>



<p>-Al no ser estéril, ¡podremos darle otra hermanita a Lara!</p>



<p>Su afirmación me llenó de dudas porque no en vano todavía no había asimilado ser padre y menos de trillizas para pensar en tener otra. Evitando exteriorizarlas, usé mis dientes para mordisquear sus areolas con pasión.</p>



<p>-Me encanta sentir tu cariño- suspiró: -Pero por favor no me pidas que me corra. Quiero hacerlo, pero no por una orden que me des.</p>



<p>Comprendí de inmediato que quería confirmar que la atracción que sentía por mí era natural y no producto del adoctrinamiento que había recibido. Como esa también era mi intención, juré no hacerlo mientras la terminaba de desvestir. Mi promesa la volvió loca y desgarrando el pantalón del pijama, me rogó que la tomara.</p>



<p>-Todo a su tiempo, princesa mía-dejando un sendero de babas por su cuerpo me deslicé hasta llevar a su sexo.</p>



<p>La humedad del mismo me habló de deseo y queriendo que profundizara en él, me entretuve lamiendo sus muslos sin acercarme.</p>



<p>-Juan- sollozó informando de la cercanía de su orgasmo.</p>



<p>Decidido a que esa primera noche juntos fuera inolvidable, separando los pliegues de su sexo, di un largo lametazo en el botón que escondían antes de empezarlo a mordisquear.</p>



<p>-Ya viene, no pares- me imploró presionando con las manos mi cabeza sin saber que, después de haberlo catado, nada me impediría seguir disfrutando de esa ambrosia.</p>



<p>El sabor de ese coño tantos años prohibido elevó más si cabe las ganas que tenía de tomarla y haciendo un esfuerzo sobrehumano para no hundir mi pene en él, usé la lengua para explorar el interior de Rosa. Al sentir que la penetraba con ella y moviendo sus caderas, comenzó a reír mientras su cuerpo era sacudido por el placer:</p>



<p>-Soy una mujer y no un robot. Sigue amor mío, ama a tu mujer.</p>



<p>Lo propio hubiera sido decirle algo, pero no pude. Con una fijación enfermiza, estaba tan centrado en disfrutar bebiendo su cálido flujo que nada más existía para mí. Lametazo tras lametazo, introduciendo de vez en cuando algún mordisco, necesitaba secar el inagotable manjar que manaba de su seno.</p>



<p>-Me estás matando- aulló feliz al comprobar que su gozo se intensificaba sin que por ello yo menguara esas caricias.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>Uniendo un enorme clímax con otro aún más gigantesco, rosa sintió que su mente expulsaba el recuerdo de su marido:</p>



<p>-Siempre he sido tuya. ¡Ahora lo sé! &#8211; consiguió chillar antes de sumergirse en el mayor orgasmo que jamás había tenido: Fóllame, te lo ruego. ¡No aguanto más!</p>



<p>Ese grito consiguió despertarme de la ensoñación y comprendiendo que había llegado el momento, incorporándome la miré:</p>



<p>-No me pidas que te folle, ¡ordénamelo!</p>



<p>Comprendiendo la razón de esa petición, sonrió:</p>



<p>-Cabrón, te ordeno que me folles. Quiero sentirme empalada por el padre de mi bebé.</p>



<p>Asumiendo que había dejado atrás parte de su condicionamiento, obedecí acercando mi glande a la entrada que deseaba horadar, pero cuando ya Rosa creía que iba calvárselo hasta el fondo, me quedé jugando con sus pliegues.</p>



<p>-Te he dado una orden- exasperada bramó mientras afianzaba su berrido con un azote en mi trasero.</p>



<p>Con la satisfacción de haber logrado mi meta, centímetro a centímetro fui tomando posesión de su interior. La alegría con la que recibió ese premio se incrementó al notarse llena: Demostrándose a sí misma que había desaparecido la esclava y que la mujer fuerte que nunca debió dejar de ser había renacido, exigió que la cabalgara con dureza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/30/59882933/59882933_108_ac76.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Lo que mi ama, ordene- respondí al tiempo que con un movimiento de caderas clavaba mi estoque en ella: -Ahora, muévete.</p>



<p>-Te amo, ¡mi señor! &#8211; rugió.</p>



<p>Sabiendo que ese término ya no significaba que era de mi propiedad sino una muestra de amor, acrecenté la profundidad y frecuencia de mis embestidas al ritmo que marcaban sus gemidos. Cómo si mi hombría fuera una navaja, cada vez que la penetraba una capa de sus miedos fue desapareciendo dejando salir su natural fogosidad:</p>



<p>-Córrete, me urge sentirme bañada por ti.</p>



<p>&nbsp;No sé si fue esa orden o el cúmulo de sensaciones que se habían acumulado en mi interior, pero lo cierto es que sin previo aviso exploté derramando mi esencia en su vagina. Al notarlo, Rosa se echó a llorar mientras era sacudida nuevamente por el gozo:</p>



<p>-Gracias, ¡por fin soy tuya! &#8230; Y ¡tú eres mío!</p>



<p>Supe que así era y mientras agotaba mis reservas con una nueva explosión, la besé. En esta ocasión, nuestro beso no solo fue apasionado sino cariñoso y sin hablar, descansamos abrazados unos minutos hasta que ya repuesta Rosa me preguntó si me quedaban fuerzas para amarla una segunda vez.</p>



<p>-Tengo suficientes para no dejarte dormir toda la noche- respondí y luciendo una sonrisa de oreja a oreja, añadí: -Pero&#8230; antes de nada, ¡córrete!</p>



<p>-Te odio, capullo mío- chilló al verse sumida por el placer&#8230;.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/30/59882933/59882933_073_ae48.jpg" alt="" width="686" height="456"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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