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	<title>PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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	<description>---TU WEB DE RELATOS ERÓTICOS--- (SOLO MAYORES DE +18 AÑOS)</description>
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	<title>PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>&#8220;Sobreviviendo al fin del mundo en la isla del placer&#8221;, LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 31 Oct 2026 08:27:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Cuando desgraciadamente las predicciones de unos científicos indios se hicieron realidad en las que la tierra iba a ser asolada por una tormenta solar y el mundo que conocíamos se había ido a la mierda, por suerte, ¡Lucas Giordano estaba preparado!Poco antes de que los países se hundieran en el caos, Irene Sotelo tuvo la valentía de comentárselo a su jefe y por raro que parezca, este la hizo caso y comprendió que no se podía hacer oídos sordos a lo que se avecinaba.Juntos, el millonario y su fiel asistente decidieron olvidarse de las normas vigentes hasta ese momento [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p> Cuando desgraciadamente las predicciones de unos científicos indios se hicieron realidad en las que la tierra iba a ser asolada por una tormenta solar y el mundo que conocíamos se había ido a la mierda, por suerte, ¡Lucas Giordano estaba preparado!<br>Poco antes de que los países se hundieran en el caos, Irene Sotelo tuvo la valentía de comentárselo a su jefe y por raro que parezca, este la hizo caso y comprendió que no se podía hacer oídos sordos a lo que se avecinaba.<br>Juntos, el millonario y su fiel asistente decidieron olvidarse de las normas vigentes hasta ese momento y diseñaron una sociedad donde las mujeres fueran mayoría para asegurar que pudiese sobrevivir al desastre &#8230; sin importar que eso supusiera que cada hombre tocara a cinco mujeres&#8230;. </p>



<p></p>



<p><em>MÁS DE 150 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></p>



<p><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></p>



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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los&nbsp;&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Cap. 1.― </a>Me alertan de lo que se avecina</h1>



<p>«¡Malditos hijos de
puta! ¡No me hicieron caso!», pensé cuando desgraciadamente las predicciones se
hicieron realidad. El mundo se había ido a la mierda, aunque por suerte, ¡yo
estaba preparado!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para explicar lo ocurrido, os tengo que narrar
cómo y cuándo me enteré de la amenaza que se cernía sobre la humanidad. Desde
el punto de vista teórico, todo empezó hace más de treinta años, cuando John
Stevenson y Larry Goldsmith alertaron al mundo de los efectos que tendría sobre
la civilización una hipotética tormenta solar de grado 5. </p>



<p>Según su
teoría, una llamarada de proporciones inauditas de la corona del Sol provocaría
la destrucción de todas las redes de comunicaciones y de las redes de energía
del planeta. Sus ideas de finales del siglo XX eran aceptadas en mayor o menor
medida por toda la comunidad científica. Las que no disfrutaron de ese consenso
mayoritario cuando fueron enunciadas, fueron las predicciones de Zail Sight y
sus díscolos discípulos de la universidad de Nueva Delhi. </p>



<p>Estos
científicos indios alertaron hace cinco años que según sus cálculos cada ciento
cincuenta años aproximadamente se producía una que era capaz de sobrepasar esa
cifra y llegar a ser de grado seis, lo que provocaría que todo aparato
eléctrico conectado a cualquier fuente de energía se viera destruido por la
acumulación del magnetismo proveniente de nuestro astro rey.</p>



<p>Si ya
entonces fueron llamados catastrofistas, cuando hace dos años anunciaron que
habían conseguido calcular la futura evolución de la corona solar y que la tan
temida tormenta iba a tener lugar a finales del 2022, les tildaron de locos de
fanáticos.</p>



<p>Recuerdo
todavía el día que la jefa de ingeniería de mi empresa, Irene Sotelo, me llamó
una mañana para alertarme de los problemas que eso ocasionaría en nuestra
corporación. Estaba tan asustada que debía ser serio el asunto y mirando mi
agenda vi que tenía un hueco libre en dos semanas, por lo que le ordené que
cuando viniese a verme lo hiciera no solo con las consecuencias que tendría en
la compañía, sino que lo ampliara su radio de acción a España, Europa y el
mundo.</p>



<p>―Jefe, es
una tarea inmensa― protestó al comprender que lo que le pedía le venía grande y
que, para darme un informe coherente, necesitaría de la ayuda de expertos en
muchas materias.</p>



<p>―Ya me
conoces Irene― contesté ―no acepto que me vengas con los temas a medias. Si tan
grave es, necesito verlo a nivel global. Si necesitas contratar a más
especialistas, hazlo, pero quiero una respuesta. Tienes dos semanas.</p>



<p>―De
acuerdo, creo que no se arrepentirá de escuchar lo que quiero decirle. Si no me
equivoco, nos acercamos al fin del mundo tal y como hoy lo conocemos.</p>



<p>Al colgar el teléfono, me sumergí en internet con la intención de enterarme
sobre qué coño hablaba porque si de algo me había servido el pagarla
puntualmente un sueldo estratosférico, fue saber que esa mujer no hablaba nunca
a la ligera. Reconozco que cuando la contraté además de su brillante
curriculum, me atrajo que tanta seriedad y talento estuvieran envueltos en una
belleza desbordante, no en vano, el mote que le habían puesto en Harvard era el
de Miss Brain, es decir Miss Cerebrito en español. Con sus veintinueve años y
su metro setenta y cinco de altura, Irene podía perfectamente haber tenido una
carrera en las pasarelas. </p>



<p>Era la unión perfecta de hermosura e inteligencia.</p>



<p>Volviendo al tema, cuanto más leía, más acojonado me sentía y por eso
llamando nuevamente a mi empleada, le ordené que no reparara en gastos y que,
si debía de tomarse un mes, que se lo tomara pero que cuando viniese a verme
quería una visión global y las posibles soluciones.</p>



<p>―Entonces, ¿me cree? ― preguntó al escuchar mis directrices.</p>



<p>―No, pero no he llegado a donde estoy siendo un ingenuo. Si hay una
posibilidad de que eso ocurra, quiero estar preparado.</p>



<p>―No esperaba menos de usted― contestó dando por terminada la conversación…<br></p>



<p>Permítanme que me presente. Quizás mi nombre, Lucas Giordano Bruno, no
les diga nada porque me he ocupado de ocultar mi vida al público en general
desde que en el 2003 y con veinticinco años, me convertí en millonario gracias
a las punto com. </p>



<p>Desde entonces mi fortuna se había multiplicado y puedo considerar sin
error a equivocarme que desde 2015 era uno de los cincuenta hombres más ricos
del planeta. Tenía intereses en los más variados sectores y si de algo me
vanaglorio es que me anticipo al futuro, por eso y queriendo asegurarme de
tener varios informes, llamé al rector del MIT (<a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=2&amp;cad=rja&amp;ved=0CD4QFjAB&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.mit.edu%2F&amp;ei=yuQOUafNEMmZhQfyo4GoAg&amp;usg=AFQjCNF2EVXdPhiTQOtoL417djLOM3IjWg&amp;sig2=ihxuwJCF1xXOiYz7K7rTsw">Massachusetts Institute of Technology</a>) la más prestigiosa
universidad de ingeniería del mundo, ubicada en Boston.&nbsp;</p>



<p>Mr. Conry me conocía gracias a diversas donaciones por lo que no solo
contestó la llamada, sino que se comprometió a darme en ese mismo plazo sus
conclusiones.</p>



<p>A los
quince días, Irene llegó a mi oficina puntualmente. Su gesto serio me anticipó
los resultados de su informe. Sabiendo que esa conversación iba a ser quizás la
más importante de mi vida, dije a mi secretaria que no me pasasen llamadas.
Cortésmente, cogí a la rubia del brazo y la senté en una mesa redonda de una
esquina de mi despacho.</p>



<p>―Por tu
cara, creo que no traes buenas noticias― dije para romper el incómodo silencio
que se había instalado entre las cuatro paredes donde trabajaba.</p>



<p>―No son
malas, son peores. Aunque no es una posición unánime, la gran mayoría de los
físicos que he consultado ven correctas las predicciones del científico hindú y
ninguno de los que discrepa me ha podido explicar dónde están los errores de la
teoría. Creo que llevan la contraria por el miedo a lo que representa.</p>



<p>―De ser
cierto, ¿qué pasaría?</p>



<p>―Imagínese,
según ese teórico, dentro de dos años y durante setenta y dos horas una
corriente de viento solar sin parangón va a barrer la superficie de la tierra,
destruyendo todo aparato eléctrico. Los primeros en caer serían los satélites,
luego las redes eléctricas y para terminar las fábricas, los coches, los
ordenadores etc. Va a ser el caos. Piense en una región como Madrid: ¿cómo
narices se alimentarían sus seis millones de personas, si los camiones o los
trenes que diariamente les traen la comida no funcionaran al estar destrozados
todos sus sistemas eléctricos?</p>



<p>―Se
arreglarían― dije tratando de llevarle la contraria.</p>



<p>―Pero ¿cómo?
Las fábricas estarían igualmente inutilizadas e incluso si se pudiera traer por
carromatos a la antigua, no habría forma de cosechar los campos porque los
tractores estarían igualmente estropeados.</p>



<p>―Entonces,
¿qué prevés?</p>



<p>―Vamos a
retroceder a una sociedad preindustrial con el inconveniente que en vez de mil
millones de personas en la tierra hay actualmente ocho mil. Sin electricidad de
ningún tipo, no habrá fábricas ni alimentos, ni nada. Ni el ejército ni la
policía van a poder parar el caos. La violencia y el hambre se adueñarán del
mundo.</p>



<p>― ¿Cuántas víctimas?
― pregunté para cerciorarme que coincidía con el informe que tenía en mi cajón.</p>



<p>―Los
cálculos más optimistas creen que la población mundial se reducirá en menos de
dos años a una décima parte, pero los hay que rebajan esa cifra a los
trescientos millones de personas en todo el planeta. Piense que, tras el hambre
y la guerra, vendrán las epidemias….</p>



<p>― ¿Qué
soluciones existen?</p>



<p>―Solo una,
desconectar todos los sistemas eléctricos durante un periodo mínimo de tres
meses, ya que no es posible precisar cuándo va a ocurrir con mayor exactitud. Y,
aun así, sería un desastre, habrá cosas que será imposible de salvar como los
satélites o las centrales nucleares.</p>



<p>―Lo
comprendo y lo peor es que lo comparto. Como te habrás imaginado, no me he
quedado esperando a que me trajeses los resultados de tu análisis y he pedido
otros. Todos desgraciadamente corroboran en gran medida tus predicciones.</p>



<p>―Y ¿qué haremos?
― dijo, echándose a llorar, hundida por la presión a la que se había visto
sometida.</p>



<p>―No
dejarnos vencer. Tengo… mejor dicho, tenemos dos años para sentar las bases del
resurgimiento de la humanidad. Aunque voy a tratar por todos los medios de
convencer a los gobiernos de lo que se avecina, no espero nada de ellos. Por lo
tanto, me vas a ayudar a desarrollar un plan alternativo. De hecho, previendo
este resultado me he comprado una isla deshabitada de 10.000 hectáreas frente a
las costas de África de sur.</p>



<p>―No
comprendo― respondió levantando su cara.</p>



<p>―Quiero que
te hagas allí cargo de la construcción de una ciudad para doce mil personas,
cien por cien independiente, con sus fuentes de energía, sus fábricas
indispensables y que cuente con reservas de todo tipo para tres años. Deseo que
todo esté listo para que cuando pase la tormenta la pongamos en marcha. ¡Tienes
dos años!<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Cap. 2.―
Los preparativos.</a></h1>



<p>Esa misma semana
me deshice de mis empresas y con el dinero en efectivo, contratamos a los
mejores ingenieros y contratistas para que se hiciera realidad mi sueño. </p>



<p>¡Y lo
hicieron! ¡Vaya que lo hicieron!</p>



<p>En la
superficie, construyeron un pequeño pueblo que se podría confundir con un
complejo hotelero compuesto de cerca de doscientas chalés, pero, bajo tierra a
más de cien metros de profundidad se hallaba el verdadero&nbsp;objeto de mi
inversión. </p>



<p>Según los
científicos a esa profundidad, los sistemas que mantuviésemos allí no se verían
afectados por el viento solar y aprovechando una antigua mina de sal, habíamos
ubicado en su interior un sistema de ordenadores que competía con el del
pentágono. Usando a los mejores informáticos del mundo sin que ellos supieran
el objetivo, habíamos hecho una copia de todo el saber humano. Todo libro, todo
ensayo o toda investigación que se hubiese realizado hasta el apagón, quedaría
resguardado en la memoria cibernética del complejo.</p>



<p>Pero mi
sueño iba más allá, al saber que la guerra y el hambre reducirían el material
genético humano, decidí preservar lo mejor del mismo. Por lo que publicité que
se iba a crear la mayor base genética del mundo y que se iba a seleccionar lo
mejor de la humanidad. Y aprovechando la vanidad de hombres y mujeres, estos
con gusto cedieron su material al saber que eran de los elegidos y en menos de
un año, en esa isla alejada del mundo, me encontré con que tenía en mi poder el
esperma y los óvulos de las mejores cabezas que poblaban la tierra en ese
fatídico tiempo.</p>



<p>Por otra
parte, construimos enormes almacenes y muelles que llenamos además de con
comida, con cientos de vehículos, barcos y aviones, convenientemente
desconectados y con sus baterías a buen recaudo bajo toneladas de hormigón
hasta que pasase la tormenta solar. También y contraviniendo las normas
internacionales, hicimos un acopio de armas de guerra que no se limitaban a
fusiles o ametralladoras, sino que nos aprovisionamos de misiles y demás armamento
pesado.</p>



<p>Y todo ello
en menos de dos años.</p>



<p>Lo más
difícil fue seleccionar a los habitantes de “la isla del Saber”, tras muchas
dudas y gracias a una conversación con Irene, llegué a la conclusión del método
de elección. Tenía claro que debían de ser todos jóvenes sin enfermedades y con
una capacidad mental a la altura de las circunstancias, pero fue mi ayudante la
que me dio las bases de la sociedad que íbamos a formar:</p>



<p>―Jefe― me
dijo con su aplomo habitual: ―Seamos claros. Partiendo que usted viene y que
espero que también yo sea una de las elegidas, tenemos que considerar que
tendremos que maximizar el potencial de crecimiento de la población.</p>



<p>―Si te
preocupa el hecho de acompañarnos, no te preocupes. Cuento contigo, pero no he
entendido a que te refieres con eso de maximizar el crecimiento― contesté
siendo absolutamente sincero. Su presencia entraba en mis planes, pero respecto
a lo otro estaba en la inopia.</p>



<p>―Verá,
aunque resulte raro debe haber una desproporción entre hombres y mujeres. Si
vamos a disponer del banco de semen y de óvulos, no es necesario que haya
igualdad de género e incluso no es deseable porque como los hombres no pueden
parir, necesitamos más vientres que den a luz la nueva raza. Por lo que le
propongo que haya un hombre por cada cinco mujeres.</p>



<p>―Me niego.
Eso causaría problemas a corto plazo. Imagínate como se podría articular una
sociedad básicamente femenina. Sería un desastre, los problemas por tanta
diferencia de sexos convertirían a la isla en insoportable.</p>



<p>―Se
equivoca. En primer lugar, sería solo durante una generación porque a partir de
los nacimientos la proporción se equilibraría. Si disponemos de diez mil
mujeres a cinco hijos por mujer, en veinte años seríamos un pueblo de cincuenta
mil personas. En cambio, si llevamos a cinco mil difícilmente pasaríamos de las
veinticinco mil.</p>



<p>―Tienes
razón y estamos buscando el resurgir de la humanidad― contesté: ― pero ¿cómo
vas a arreglar ese desajuste inicial? ¿Vas a llenar el pueblo de lesbianas?</p>



<p>―No, jefe―
me contestó ―alguna habrá que llevar, pero estaba pensando en una rigurosa
selección psicológica por medio de la cual, las elegidas acepten con agrado
dicha desproporción. Tanto los hombres como las mujeres serán seleccionados
como si de familias de seis miembros se tratase, deben de compenetrarse. Habrá
que escoger los candidatos en función de esa futura sociedad marital, de forma
que antes de llegar a la isla sabremos que personas vivirán en cada casa.</p>



<p>― ¿Me estás
diciendo que ya, desde el inicio, habrás formado paquetes de seis personas,
cien por cien compatibles?</p>



<p>―Sí, las
nuevas técnicas de análisis psicológico lo permiten. Recuerde que durante
siglos a los hijos se le decía con quién casarse y no fue ello un problema. Hoy
en día es posible seleccionar estas familias pluri parentales. De igual forma,
los hombres que elijamos deben de estar a la altura físicamente. Piense que
dispondremos de menos de dos mil para las labores duras y de defensa por si
algo nos amenaza, por eso creo que el perfil de estos debe ser físico y el de
las mujeres intelectual.</p>



<p>―De acuerdo
lo dejo en tus manos― respondí sabiendo que eso llevaría a un matriarcado: ―el
mundo ha ido de culo cuando han mandado los hombres.</p>



<p>Sin saber a
ciencia cierta cómo me iba a afectar eso en un futuro, decidí que a nivel
humanidad era lo acertado. Y como en mi caso yo no disponía de pareja, me traía
al pario las candidatas que el sistema informático me colocase en casa porque
en teoría serían compatibles.</p>



<p>―Y, por
último― me explicó ― como no quiero sorpresas y si a usted le parece bien,
deberíamos aplicar en nuestros futuros compatriotas los métodos experimentales
que nuestra empresa ha venido desarrollando de fijación de normas de conducta…</p>



<p>―Me he
perdido― tuve que reconocer.</p>



<p>La mujer
haciendo una pausa, bebió agua y recordándome unos experimentos ultrasecretos
que habíamos realizado para el ejército, me dijo:</p>



<p>―Tras el
desastre se va a producir un gran estrés en todos. Debemos evitar cualquier
tipo de conato de insumisión y, por lo tanto, creo necesario que grabemos en
sus mentes una completa obediencia a nuestras órdenes.</p>



<p>Con todo el
descaro del mundo, se estaba nombrando la segunda líder de nuestra futura
sociedad, adjudicándose además una lealtad que yo quería solo para mí y por eso,
levantándome de la mesa, le solté:</p>



<p>― ¿Y cómo
me garantizo yo tu obediencia? Si acepto tu sugerencia, podrías darme un golpe
de estado.</p>



<p>―Jefe, creo
haberle demostrado en estos años mi absoluta subordinación― contestó Irene echándose
a llorar: ― Jamás he discutido una orden suya incluso cuando me mandaba hacer
algo poco ético como este plan. Si usted quiere, puede mandar a analizarme por
los mejores psicólogos y si aún le queda alguna duda, no pongo inconveniente en
ser la primera en someterme al tratamiento.</p>



<p>―Lo haré―
dije despidiéndome de ella, cortado al darme cuenta de que tras esas lágrimas
se escondía una demostración de afecto que hasta ese momento desconocía.</p>



<p>Al verla
marchar, me quedé mirando su culo y por vez primera desde que la contraté,
pensé que sería agradable compartir con ella, no solo el mando de la “isla del
Saber” sino mi cama y rompiendo los límites que siempre había respetado en
nuestra relación, la llamé. Una vez la tuve nuevamente a mi lado, forcé sus
labios con los míos. Tras la sorpresa inicial, Irene se pegó a mi cuerpo y
respondiendo al beso con una pasión inaudita, buscó con sus manos mi
entrepierna. Satisfecho con su entrega, me separé de ella y diciéndole adiós,
le informé que quería que formara parte de las cinco mujeres que me
adjudicaran.</p>



<p>La mujer,
que en un principio había recibido mi rechazo con dolor, sonrió al escucharme y
desde la puerta, me contestó con voz alegre:</p>



<p>―Ya lo
tenía previsto, jefe. Y como lo ha descubierto, no me importa decírselo. Llevo
enamorada de usted desde el día que me contrató, pero esa no es la razón por la
que espero ser una de ellas. El verdadero motivo es que, según nuestros
especialistas, somos una pareja perfecta. Sus gustos se complementan con los
míos y si no me cree, no tiene más que leer el informe que he dejado sobre la
mesa.</p>



<p>Sorprendido
por sus palabras, abrí el sobre que me había dejado y alucinado, reparé que era
una advertencia de mi departamento de seguridad datada dos años antes, donde me
informaban de la peligrosa sumisión que esa mujer sentía por mí. En ese
documento detallaban con absoluta crudeza que Irene estaba obsesionada conmigo
y que además de empapelar su piso con fotos nuestras y haber revelado a sus
amistades su enamoramiento, varias veces al mes contrataba los servicios de un
prostituto que resultaba una copia barata mía. Prostituto al que obligaba a
vestirse y a actuar como si fuera yo. Si ya eso era revelador, más lo fue leer
que en sus encuentros sexuales, ella se comportaba como sumisa, dejando que el
vividor la usara del modo que le venía en gana.</p>



<p>«Menuda
zorra», pensé mientras repasaba el dossier. </p>



<p>No solo
había conseguido evitar que llegara a mis manos, sino que usando mi propio
dinero había obtenido un completo perfil mío y de mis preferencias,
descubriendo que, fuera de la oficina, yo también practicaba a menudo el mismo
tipo de sexualidad. Lejos de enfadarme su intromisión en mi privacidad, me
divirtió y soltando una carcajada, decidí que esperaría a estar en la isla para
poseerla.</p>



<p>«Me queda
solo un año para disfrutar de las mujeres del mundo antes que la tormenta asole
la civilización y cuando ello ocurra, me recluiré en la isla donde tendré todo
el tiempo para moldearla a mi antojo».<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Cap. 3.―
Mi llegada a la isla del saber.</a></h1>



<p>Puse mis pies por
vez primera en esas tierras el doce de octubre de 2019. La fecha la elegí por
dos motivos: el primero y más importante fue que ese día empezaba el margen de
seguridad que nos habíamos dado y aunque estaba previsto para principios de
diciembre, no quería correr el riesgo de quedarme fuera, siendo además el 527
aniversario del descubrimiento de América, lo que le daba un significado
especial: Si la hazaña de Colon marcaba, para la cultura hispana, el inicio de
la edad moderna por el encuentro de dos mundos, esa fecha marcaría también en
el futuro, el hundimiento de la sociedad tal y como la conocíamos y el resurgir
de una nueva era.</p>



<p>Como
habíamos acordado, Irene me esperaba en el helipuerto. Desde el helicóptero que
me había llevado hasta allá, observé que esa mujer venía enfundada en un
vestido de cuero negro totalmente pegado, lo que le dotaba de una sensualidad
infinita. Al verla recordé la cantidad de veces que durante el último año
estuve a punto de llamarla para disfrutar de su cuerpo, pero siempre, cuando ya
tenía el teléfono en mi mano, cambié de opinión al saber que ella estaría
esperándome a mi llegada.</p>



<p>Sabiendo
que cuando se marchara el piloto con la aeronave, nada ni nadie saldría de la
isla y que en lo que a mí concernía el mundo ya había desaparecido, decidí que
era el momento de tomar lo que era mío y por eso tras responder a su saludo, la
cogí entre mis brazos y pasando mi mano por su trasero, le ordené que me
mostrara las instalaciones.</p>



<p>Ella, al
sentir el posesivo gesto con el que la saludé, puso cara de satisfacción y
rápidamente me dio un tour preliminar por el pueblo y demás edificaciones,
dejando para lo último el bunker bajo tierra.</p>



<p>Al llegar a
la antigua mina, me sorprendió el buen trabajo que mi asistente había
realizado. No solo se palpaba que la obra estaba acorde con las especificaciones,
sino que una vez en el terreno, no me costó advertir que había realizado
mejoras sobre el proyecto inicial. Irene me fue detallando todos los detalles y
el dinero que había invertido, explicándome los ahorros que había conseguido.
Al oírla, no pude evitar el reírme. Ella confusa por mi reacción me pidió que
le explicase la razón de mi risa:</p>



<p>―No te das
cuenta de que, en menos de dos meses, el dinero que me sobra no valdrá para
nada― contesté.</p>



<p>―Se
equivoca. Usando los poderes que me dio, no solo me he gastado el resto de su fortuna,
sino que le he hipotecado de por vida― respondió con una sonrisa.</p>



<p>―No te
alcanzo a entender― dije bastante molesto por que, como de costumbre, me
llevara la delantera.</p>



<p>―Usted sabe
que durante toda la historia de la humanidad ha existido un valor refugio.</p>



<p>―Claro. El
oro, pero&#8230; ¡qué tiene eso que ver!</p>



<p>―Desde el
primer día he estado acumulando todo el oro que he podido y cuando se gastó su
dinero, pedí a los bancos que nos financiasen mucho más, usando lo comprado
como garantía.</p>



<p>― ¡Serás
puta! Me has arruinado― contesté sin parar de reír: ― ¿cuánto has conseguido?</p>



<p>―Veinte
toneladas.</p>



<p>Al escuchar
de sus labios, la cifra hice cálculos y comprendí a que se refería. Mi
brillante asistente había acumulado oro por valor de más de setecientos
millones de euros. Sabiendo que, si todo fallaba, me había metido en un broncón
considerable, pero si la tormenta tenía lugar eso daría a nuestros
descendientes una herramienta con la cual canjear toda serie de productos con
el exterior, dije:</p>



<p>―Bien
hecho, pero que sea la última vez que me ocultas algo tan importante. Si
vuelves a hacerlo, no tendré más remedio que castigarte.</p>



<p>― ¿Y no
podría darme un anticipo? ― respondió poniendo un puchero: ―Llevo un año
esperando y además tengo que reconocerle que le esperan más sorpresas.</p>



<p>Su descaro
me volvió a divertir y cediendo a sus ruegos, le di un fuerte azote en sus
nalgas mientras que con la otra mano acariciaba uno de sus pechos. La muchacha
gimió sin cortarse por la presencia de público y sonriendo, me dio las gracias.</p>



<p>―Lo
necesitaba― exclamó mientras acariciaba con su mano el adolorido trasero y
volviendo a su cometido inicial, me pidió que tomáramos el ascensor para bajar
a la zona de ordenadores.</p>



<p>Encerrado
en el estrecho habitáculo solo con ella y mientras bajábamos los cien metros
que nos separaban de la sala a la que íbamos, no pude dejar de fijarme que bajo
su vestido dos pequeños bultos revelaban a la altura de su pecho la excitación
que dominaba a la muchacha al saber que, en pocas horas, iba a hacer realidad
su sueño de tenerme. Forzando su sumisión, le pedí que se quitara las bragas.</p>



<p>― ¿Ahora? ―
me preguntó confundida.</p>



<p>―Sí y no
quiero repetirlo.</p>



<p>Sonrojada
al máximo, Irene se levantó el vestido, dejándome disfrutar de unas piernas
perfectamente torneadas que esa noche iba a poseer, y despojándose del coqueto
tanga rojo que llevaba, me lo dio. Al cogerlo, me lo llevé a la nariz y por vez
primera, olí el aroma dulzón de esa mujer. Mi sexo reaccionó irguiéndose por
debajo del pantalón, hecho que no le pasó inadvertido a mi acompañante, la cual
para reprimir su deseo inconscientemente juntó sus rodillas.</p>



<p>―Hueles a
zorra― le dije poniendo sus bragas a modo de pañuelo en mi chaqueta: –no sé si
voy a aguantar las ganas de poseerte hasta esta noche.</p>



<p>―Soy suya―
respondió acalorada―pero antes de que lo haga debo de enseñarle el resto de la
isla.</p>



<p>Afortunadamente
para ella, en ese momento se abrió el ascensor. Una enorme sala pulcramente
recubierta de mármol blanco apareció ante mis ojos. No tardé en comprender que
estábamos en la zona de cómputo. Multitud de cerebros electrónicos aparecieron
ante mis ojos y tras una mampara, apareció una belleza oriental que me dejó sin
hipo con su cara aniñada y su cuerpo menudo. Irene sonrió al descubrir mi
reacción al ver a la japonesa y llamándola dijo:</p>



<p>―Akira, ven
que quiero presentarte al jefe.</p>



<p>La
muchacha, bajando su mirada, se acercó a donde estábamos y haciendo una
reverencia tan usual en su país de origen, esperó a que mi empleada hablara.
Irene ceremonialmente me presentó a la cría, explicándome que era el ingeniero
jefe de sistemas y que tenía bajo su mando todo el mantenimiento de los equipos
informáticos.</p>



<p>―Encantado
de conocerla― dije dándole un beso en su mejilla. Ese gesto terminó de
ruborizarla al no ser común en el Japón que un jefe saludara de esa forma a una
ayudante.</p>



<p>―Señor, no
sabía que usted venía― dijo tartamudeando: ―siento no haberle recibido como se
merece.</p>



<p>―Así está
bien, me gusta conocer a la gente en su lugar de trabajo.</p>



<p>―Pero es
que no he tenido tiempo de arreglarme y quería causar en usted buena imagen―
respondió casi entre lágrimas.</p>



<p>No
comprendí su reacción hasta que vi a Irene, consolándola con un beso en la
boca, le informó que esa noche la cena era a las ocho. El haber visto a esas
dos mujeres morreándose me había excitado, pero también me había revelado que
esa monada era una de las cuatro ocupantes de mi casa que no conocía.
Satisfecho por la acierto de la elección, me despedí de ella con otro beso,
pero esta vez en la boca y forzando sus labios con mi lengua mientras mi mano
comprobaba la exquisitez de sus formas. La muchacha se derritió entre mis
brazos y boqueando para respirar, me dio las gracias entre sollozos.</p>



<p>― ¿A esta
que le pasa? ― pregunté a mi asistente nada más entrar al ascensor.</p>



<p>―No se
preocupe, jefe. Esta feliz por la calidez de su recibimiento, el problema es
que es muy emotiva y comprenda que he tenido tres meses para hacerla comprender
quien es usted y que espera de ella.</p>



<p>―He
adivinado que es una de las otras cuatro, pero dime: ¿quién le has dicho que
soy yo?</p>



<p>―Pues quien
va a ser, ¡su amo! ― respondió poniendo sus piernas entre la mía ―jefe, como
sabía de sus gustos, la he adiestrado a conciencia. No todas sus mujeres
comparten nuestra manera de amar, pero le aseguro que ninguna le va a defraudar
y menos yo.</p>



<p>Su mirada
me reveló la excitación que la consumía al tenerme tan cerca y por eso, le
dije:</p>



<p>―Desabróchate
un botón.</p>



<p>La muchacha
me obedeció y eso que no comprendía todavía que mi intención era irla
calentando a medida iba pasando el día. Al hacerlo me dejó entrever un discreto
escote, pero, aun así, lo poco que revelaba se me antojaba apetecible.</p>



<p>―Tócate los
pechos para mí― ordené interesado en forzar sus límites.</p>



<p>Avergonzada
pero excitada, recorrió sus aureolas con sus dedos mientras las palmas me
dejaban calcular su tamaño al sopesarlos.</p>



<p>―Tienes
unas buenas ubres― dije con deseo: ―esta noche te prometo que, si te portas
bien, mordisquearé tus pezones.</p>



<p>Mis
palabras hicieron mella en la muchacha que, sin poderlo evitar, se restregó
contra mi cuerpo diciendo:</p>



<p>―Jefe, ¿no
cree que haber elegido a Akira hace que me merezca una recompensa?</p>



<p>Su entrega
me cautivó y bajando mi mano a su entrepierna, alcé su vestido y con un dedo
recorrí los pliegues de su sexo. Irene soltó un pequeño gritó al sentir mis
yemas acariciando su clítoris e involuntariamente separó sus rodillas para
facilitar mis maniobras. Su completa sumisión estuvo a punto de hacerme parar el
ascensor y tomarla allí mismo, pero comprendiendo que era una guerra a medio
plazo, estuve acariciando unos segundos más su pubis y cuando ya consideré que
era suficiente, la separé diciendo:</p>



<p>― ¿Ahora
adónde vamos?</p>



<p>―Al área de
reproducción― me contestó totalmente acalorada y mordiéndose los labios para
reprimir sus ganas de correrse.</p>



<p>― ¿Alguna sorpresa?
― le susurre al oído mientras le daba un pequeño azote.</p>



<p>―Sí―
respondió comprendiendo al vuelo mi pregunta― Adriana <a>Gonçalvez</a>,
además de ser la responsable del Banco de Genes y jefe médico de la isla, es
otra de las mujeres con las que vamos a compartir casa.</p>



<p>―Por lo que
veo, has seleccionado a esas mujeres tanto por su compatibilidad con nosotros
como por su valía, de manera que las responsables de las áreas vitales de la
isla serán las que formen parte de nuestra sui generis familia.</p>



<p>―No podía
ser de otro modo, así tendremos controlado lo que ocurra.</p>



<p>―Bien
pensado― respondí dándome cuenta de la inteligencia que esa mujer tenía y sobre
todo de su sentido práctico y, con nervios, esperé a que se abriera la puerta
del ascensor para conocer a mi siguiente novia.</p>



<p>El área
sanitaria estaba compuesta de un pequeño hospital con un área anexa donde se
ubicaban nuestras existencias genéticas. Al entrar vi con desilusión que la
mujer que estaba sentada en la mesa era una insulsa castaña de aspecto nórdico.
Cabreado pensé que al lado de las otras dos esta era una birria y con paso
cansino, me dirigí a saludarla. Cuando ya estaba a punto de presentarme, oí a
Irene decir:</p>



<p>―Gertud, te
presento a nuestro presidente.</p>



<p>La mujer
poniéndose de pie y adoptando un aire marcial, me extendió la mano, diciéndome
que era un honor el conocerme. Lo adusto de sus modos me repelió, pero no dije
nada y fue entonces cuando mi asistente le preguntó por su superiora de un modo
al menos chocante:</p>



<p>― ¿Dónde
está la zorra de tu jefa?</p>



<p>Sin poder
reprimir una risa de gallina clueca, respondió que estaba en la sala de frío
pero que enseguida la llamaba y chocando sus tacones al estilo nazi,
desapareció por la puerta. Al cabo de tres minutos, salió del interior un
pedazo de mujer. </p>



<p>Adriana resultó
ser una mulata alta pero bien proporcionada. Al acercarse a mí, caí en la
cuenta de que era de mi estatura y que, aunque desde lejos no se notaba, esa
mujer tenía además de unos pechos grandes lucía un culo aún más enorme.</p>



<p>Al verme,
sonrió y andando como si bailara, se acercó a mí y pegándome un besazo en los
morros, dijo con su característico acento:</p>



<p>―Encantado
de conocerte, ¡mi amor! No te haces la idea de las ganas que tenía de conocer
al tan nombrado Lucas.</p>



<p>Su simpatía
innata me cautivó desde el primer momento y siguiéndole la broma, le solté que
no sabía que era tan famoso.</p>



<p>―No joda,
primor. La perra de Irene no ha hecho más que nombrarte durante los últimos dos
meses― respondió sonriendo con una dentadura perfecta― pero pase a mi despacho.</p>



<p>Casi a
empujones me llevó a su cubículo y dejando pasar a mi asistente, cerró la
puerta. Al hacerlo se quitó la bata dejándome comprobar que no me había
equivocado al pensar que estaba estupendamente dotada por la naturaleza. Me
quedé absortó al percatarme que bajo la blusa de tirantes que vestía, sus
pechos bailaban desnudos sin la incómoda presión de un sujetador, pero más al
observar que tenía los pezones completamente erizados. Mi cara debió de ser de
órdago porque enseguida advirtió la lascivia de mi mirada y soltando una
carcajada, me dijo:</p>



<p>―No creas
que me he puesto cachonda al verte. Es el puto frio del congelador donde
tenemos el semen.</p>



<p>― ¡Qué
bruta eres! ― repeló Irene un tanto molesta por el poco tacto de la mulata.</p>



<p>―Tienes
razón, perra mía. Disculpa Lucas no fue mi intención molestarte.</p>



<p>―No lo has
hecho― respondí, descojonado con el desparpajo de esa hembra.</p>



<p>― ¡Qué
bueno! Por fin alguien con sentido del humor y no estas guarras con las que
vivo― dijo y cambiando su semblante, bajó la voz para preguntarme: ―Como ya
estás aquí, se supone que el desastre se aproxima o ¿no?</p>



<p>―Calculamos
que en menos de dos meses― explicó Irene al comprobar que me había quedado
paralizado al enterarme que esa mujer sabía lo que se avecinaba y dirigiéndose
a mí me confirmó que todas las habitantes de la casa estaban informadas del
asunto.</p>



<p>―Recuérdame
que te castigue― dije, aliviado, al no tener que exponer a ellas el futuro y
que era lo que íbamos a hacer ahí.</p>



<p>― ¡Puta
madre! Primor. Ya era hora que llegaras y le dieras una buena tunda. No sabes
las veces que he tenido que sustituirte. Esta guarra cuando estaba triste me
pedía que le comiera su chichi y paqué… cuando se corría en vez de oír mi
nombre era el tuyo el que salía de sus labios. Además, estoy harta de tanta
teta, lo que necesita este cuerpo es una polla que le dé un buen meneo.</p>



<p>La imagen
de esa mulata comiendo el coño a la rubia, me terminó de excitar y entonces
decidí que era el momento de comprobar hasta donde llegaba el acatamiento de
mis órdenes, por lo que, mirando a Adriana a los ojos, le dije:</p>



<p>―Eso quiero
verlo.</p>



<p>― ¿Aquí? ―
respondió extrañada, pero al ver que con la cabeza lo confirmaba, me miró
divertida y empezando a desabrochar el vestido a mi asistente, exclamó: ―Si lo
que quieres es ver a esta guarra corriéndose, la verás. Solo te pido que, si
necesitas desahogarte, lo hagas con tu mulata.</p>



<p>Irene,
completamente abochornada por su papel, se quedó quieta mientras la mulata
terminaba de despojarla del vestido. Casi desnuda y con un coqueto sujetador
como única vestimenta esperó con el rubor cubriendo sus mejillas el siguiente
paso de Adriana. Esta al ver que no llevaba bragas, pasó uno de sus dedos por
los pliegues de su sexo y mirándome, me dijo:</p>



<p>―Lucas eres
un cabronazo, ¡mira como tienes a la pobre! Cachonda y alborotada.</p>



<p>Al ver que
le devolvía una sonrisa como respuesta, la brasileña comprendió lo que esperaba
de ella y dando la vuelta a mi asistente, le quitó el sujetador y cogiendo sus
pechos en sus manos, me los enseñó diciendo:</p>



<p>―Menudo par
de pitones tiene la perra. Se nota que estás mirándola porque casi no la he
tocado y ya está verraca.</p>



<p>Aumentando
la calentura de su pobre víctima, le pellizcó los pezones mientras le susurraba
que era una guarra. Irene suspiró al notar la acción de los dedos de la morena
sobre sus aureolas y sin dejarme de mirar, llevó la boca de Adriana hasta sus
pechos. Esta se apoderó de los mismos con su lengua y recorriendo los bordes
rosados de su botón, los amasó sensualmente entre sus palmas. Mi asistente,
incapaz de contenerse, gimió mientras intentaba despojar a su captora de la
blusa. </p>



<p>La mulata
no la dejó y de un empujón, la sentó sobre la mesa del despacho:</p>



<p>―Abre tus
piernas, putita mía. Quiero que el patrón disfrute de la visión de tu coño
mientras te lo cómo― ordenó bajando su cabeza a la altura del pubis de la
rubia.</p>



<p>Desde mi
posición, pude observar que llevaba el sexo completamente depilado y que Miss
Cerebrito se estaba excitando por momentos. Queriendo participar, me puse al
lado de ambas mujeres y mientras acariciaba el culo de la morena, me entretuve
acariciando por primera vez el cuerpo de mi bella asistente. Irene excitada era
más atractiva de lo que me había imaginado, sus ojos presos del deseo tenían un
fulgor que jamás había conseguido vislumbrar en una mujer. No solo era una belleza,
sino que todo en ella era seductor, incluso el sonido de sus gemidos tenía una
dulzura que me cautivaba.</p>



<p>Adriana,
más afectada, de lo que hubiera querido demostrar, se retorció cuando
levantando su falda, mi mano se introdujo bajo la braga y cogiendo parte del
flujo que ya empapaba su sexo, lo llevé hasta la boca de la rubia.</p>



<p>―Chupa mis
dedos― ordené a mi asistente ― y comprueba si está lista.</p>



<p>Con gozo,
se los introdujo en su boca y casi chillando, me contestó que sí. Colocándome
detrás de la mulata, me bajé los pantalones y sacando mi pene de su encierro,
puse la cabeza de mi glande en el sexo de la morena. Al comprobar que incapaz
de soportar los celos porque ella no iba a ser la primera, Irene había cerrado
sus ojos, le dije:</p>



<p>―Quiero que
abras los ojos para que veas como me follo a una verdadera mujer y mientras lo
hago, te prohíbo el correrte― dije a Irene y dirigiéndome a la mulata, le
solté: ―Si consigues que me desobedezca, te la entrego durante una semana.</p>



<p>Adriana,
estimulada por la recompensa, aceleró las caricias de su lengua mientras
torturaba los pezones con sus dedos. Pude ver que, luchando contra el deseo, mi
rubia apretaba sus manos y con la cara desencajada, de sus ojos brotaban unas
lágrimas. Aprovechándome de la lucha de ambas mujeres, separé las nalgas de
Adriana y con gozo descubrí que su negro ojete parecía intacto.</p>



<p>«Poco le
durará la virginidad», pensé mientras de un solo empujón, clavaba mi miembro
hasta el fondo de la brasileña.</p>



<p>Esta gimió
de gozo al notar que mi glande chocaba con la pared de su vagina y metiendo dos
dedos en el interior de Irene, empezó a retorcerse buscando su propio placer.
Con satisfacción, comprobé que mi sexo discurría con facilidad dentro del
estrecho conducto de la morena y cogiéndola de los pechos, fui apuñalándola con
mi estoque. Acelerando lentamente mi ritmo, conseguí sacar de su garganta la
comprobación genuina que estaba ante una mujer fogosa y no tardé en escuchar
que sus suspiros se iban trastocando en berridos, mientras su dueña sin perder
el ritmo de mi galope no paraba de intentar que su amiga se corriera.</p>



<p>Supe que
Adriana estaba a punto de correrse, cuando sentí sobre mis piernas la humedad
inmensa que brotaba del interior de su sexo y cogiéndola de su melena, arqueé
su espalda para preguntarle:</p>



<p>― ¿Suficiente
meneo?</p>



<p>―Sí,
cabrón. ¡Como necesitaba una buena polla! ― gritó desplomándose sobre el cuerpo
de la rubia.</p>



<p>Esa nueva
posición, me permitió gozar por completo de sus glúteos y soltándole un azote,
le ordené que se corriera. Completamente fuera de sí, empezó a jadear mientras
su cuerpo temblaba preso del placer. Su orgasmo fue el detonante del mío y
derramándome en su interior, alcancé el primero de los clímax que esa isla
pondría mi disposición.</p>



<p>No había
terminado de eyacular cuando miré a Irene. Ella me devolvió la mirada con un
ligero reproche, pero, reponiéndose al instante, alegre comentó:</p>



<p>―Hace un
año, le prometí que nunca desobedecería sus órdenes y no lo he hecho, esta puta
no ha conseguido su objetivo por lo que soy libre.</p>



<p>―Te
equivocas― contesté―eres de mi propiedad y esta noche te has ganado compartir
mi cama― respondí y atrayéndola hacia mí, deposité en sus labios un beso como
recompensa.</p>



<p>Mi
asistente, abrochándose el vestido, soltó una carcajada y dirigiéndose a la
morena, dijo:</p>



<p>―Teniendo a
mi jefe en casa, ya no te necesito. ¡Cacho guarra!</p>



<p>Adriana, en
plan de broma, frunció el ceño y haciendo como si llorara, rogó que no la
abandonase. La rubia, muerta de risa, contestó que lo pensaría mientras le
ayudaba a ponerse la blusa y mirando el reloj, me dijo:</p>



<p>&nbsp;―Son las seis, debería descansar porque he quedado
con las demás a las ocho.</p>



<p>Fue
entonces cuando me percaté que esas mujeres habían forjado una maravillosa
relación y que lejos de competir, se complementaban tal y como habíamos
previsto. </p>



<p>Me alegró
comprobarlo porque eso significaba que mi vida en esa isla tendría al menos
placer a raudales y comprendiendo que tenía razón respecto a la hora, miré a
Adriana y le pregunté:</p>



<p>― ¿Nos acompañas?</p>



<p>―No, mi
amor. Tengo cosas que terminar. Piensa que ha llegado el capullo del presidente
y querrá que durante la cena le informe de los progresos de mi departamento.</p>



<p>―Creo que a
ese capullo no le importará que lo dejes para mañana― contesté porque me
apetecía la compañía de esa mujer tan descarada.</p>



<p>―A él
quizás no, pero a mí sí, no me gusta dejar temas pendientes― susurró a mi oído
mientras me daba un beso.</p>



<p>Sabiendo
que era correcto por la gravedad de lo que se avecinaba, no insistí y cogiendo
de la cintura a mi asistente, me dirigí hacia la salida. Acabábamos de cerrarse
el ascensor, cuando pegándose a mí, Irene dijo:</p>



<p>― ¿Verdad
que es encantadora?</p>



<p>―Sí, espero
que también hayas acertado con las otras tres.</p>



<p>―Por eso no
se preocupe. Ya conoce a Akira y como le dije es una princesita sumisa. Adriana
es un torbellino y las otras dos no le defraudarán.</p>



<p>―Cuéntame
quienes son.</p>



<p>―Johana es
la responsable de seguridad y lo que tiene de bruta en su trato con sus
subalternos, lo tiene de encantadora dentro de la casa. Le parecerá imposible
cuando la vea. Cuando la elegí era la comandante más joven de los Navy Seal.
Como buen marine es físicamente una bestia, pero, con usted, se comportará como
un dulce corderito. Le prometo que le encantará.</p>



<p>― ¿Y la última?</p>



<p>―Suchín.
Ella es la encargada de hacer producir los campos. Como experta en agricultura
y ganadería es excelente pero lo que me inclinó a elegirla es que como cocinera
no tiene paragón. No solo domina la cocina de su país natal, Tailandia, sino
que es una verdadera experta en todas las demás.</p>



<p>Que no me
hiciera referencia a su físico ni a su carácter, me mosqueó y sin más
preámbulos, le pregunté el motivo de ese silencio. La mujer, entornando sus
ojos, me contestó:</p>



<p>―Jefe, ¡a
las mujeres siempre nos gusta tener un secretito! Pero no se inquiete, quedará
complacido con la elección.</p>



<p>Confiado de
su buen juicio, determiné que, si quería guardarse un as en la manga, no iba a
ser yo quien la forzara y sacando un collar de mi bolsillo, se lo regalé. La
mujer se quedó sorprendida al recibir una joya y casi sin mirarlo, me pidió que
le ayudase a ponérselo.</p>



<p>―No lo has
visto bien― dije acariciando su trasero.</p>



<p>Irene me
miró extrañada y leyendo la pequeña inscripción del broche en voz alta, sonrió:</p>



<p>―Propiedad
exclusiva de Lucas Giordano.<br></p>



<p></p>
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		<title>&#8220;MI ALUMNA SE ENTREGÓ AL PLACER&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO) HISTORIA TOTALMENTE INÉDITA</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Oct 2026 07:49:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18607" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1.png" alt="" width="2000" height="785" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1.png 2000w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-300x118.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-768x301.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-1024x402.png 1024w" sizes="(max-width: 2000px) 100vw, 2000px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;">El email de una desconocida despertó el instinto depredador que llevaba reprimiendo durante años y cómo no podía hacer mía a la causante, busqué a mi alrededor una sustituta. Contra toda lógica descubrí dentro del aula donde daba clases que Almudena, un cerebrito, era la sumisa que estaba esperando.</span></p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente en</span>lace:</span></strong></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><a title="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K" href="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K">https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K</a></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><br />
<strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos</strong>:&nbsp;</span></p>
<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de una temporada de relativa calma, me vi inmerso en una vorágine de sexo y perversión como nunca la había tenido. Todo empezó un día recibí un email de una joven de apenas veintitrés años que se declaraba fan de mis relatos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al leerlo, mis años de experiencia me hicieron ver que tras los sinceros elogios se escondía una petición de ayuda. En una lectura rápida cualquier otro destinatario solo se hubiese quedado con la fascinación de esa niña por la literatura erótica pero, a mí, me resultó evidente leer entre líneas que su fantasía iba más allá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tiene alma de sumisa», comprendí pero lo que realmente picó mi curiosidad fue advertir por su tono que deseaba de alguna forma conocerme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como perro viejo en esas lides, decidí hacer un hueco en mis obligaciones y poniéndome frente al teclado, la contesté cordialmente mientras la regalaba un relato inédito para que fuera ella la primera en leerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Caerá en la trampa?», me pregunté nada más enviar ese mensaje porque si era como yo suponía, no podría evitar responder lo que me daría la oportunidad de lanzarle un anzuelo tras otro hasta que esa cría pasase a formar parte de mi harén.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras esperaba su respuesta, me puse a indagar sobre ella. Cosa que me resultó fácil porque sin saberlo, me había dado mucha más información de la que en un principio estaba dispuesta a revelar al cometer involuntariamente varios errores.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aprovechando su buena fe, o mejor dicho su inconciencia, busqué el mail desde el que me había escrito en Google. Os juro que al hacerlo no esperaba ningún resultado que me permitiera conocer quién era la remitente, pero fue entonces cuando descubrí que había usado su dirección “oficial”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es mona», certifiqué cuando uno de los enlaces me dirigió directamente a su Facebook.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Así supe de primera mano que mi interlocutora vivía en Puerto Rico, que estudiaba trabajo social en una de las universidades de esa isla, que no había mentido respecto a sus años y que al menos en la red, no tenía pareja ya que en ninguna de las fotos que había colgado aparecía con un tipo que no fuera de su familia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es curioso», pensé, «las personas de su generación han crecido con internet y aun así, no saben cómo proteger su anonimato».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Trasteando en la web, recopilé un montón de información sobre sus hábitos e intereses sin tener que desvelar que era yo quien investigaba. Así me enteré que medía un metro cincuenta, que era blanca de piel y que llevaba el pelo corto pero también salió a la luz su gusto por los animales y su afición a la literatura seria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Alguien tendrá que explicarle que no está bien ser tan poco cauto y que al menos debe de tomar precauciones antes de entrar en contacto con un extraño», me dije olvidándome de ella por la llegada de María, una profesora del claustro donde trabajo, la cual desde hace seis meses es mi más fiel servidora.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque no viene a cuento, el caso de esta madura merece un inciso para explicaros de alguna forma que una de las principales características de un amo es ¡estar siempre a la caza!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía recuerdo el día en que conocí. Fue durante una charla informal en la cafetería de mi universidad. Estaba tomando un café con el rector cuando ese buen anciano me la presentó como su última adquisición para el departamento de investigación. Ni siquiera tuvo que hablar, como un libro abierto leí en su actitud, en sus ojos esquivos y en su exagerado mal humor que el destino de esa rubia pasaba por lucir uno de mis collares.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y así fue, en menos de dos meses, María me rogó de rodillas ser mi esclava y desde entonces, una o dos veces por semana, llega a mi casa, se desnuda y durante cuatro horas se afana en servirme. Da igual que esté casada y que su marido se haya convertido en mi amigo, cuando la llamo corre a cumplir mi voluntad al saber que al final se verá recompensada y obtendrá el placer que ha venido a buscar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si os preguntáis porque os cuento esto, la respuesta es sencilla:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Quiero dejaros claro que todos aquellos que tengáis una faceta sumisa ¡corréis peligro!”. Ya que el primer dominante con el que os topéis sabrá quizás antes que vosotros exactamente que tecla tocar para sacar a la luz vuestra verdadera personalidad y solo dependerá de él, el tiranizaros o el haceros disfrutar sin límite.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Volviendo a la historia de “Pequeñita”, María estaba haciéndome la primera mamada del día cuando desde el otro lado del charco, esa puertorriqueña me contestó. Sin permitir que la zorra se sacara mi verga de su garganta, me puse a leer el mensaje de la desconocida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os confieso que no fue ninguna sorpresa que esa monada me explicara su evolución y que siendo apenas una adolescente comenzara a disfrutar con las historias románticas donde el protagonista fuera un hombre dominante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tampoco me extrañó que rápidamente se diera cuenta que a esas novelas rosas les faltaba algo ni que fue cuando cayó en sus manos un libro erótico cuando realmente se enteró que deseaba sentirse usada aunque fuera una vez. En plan confesionario, me contaba en el mail que se fue concentrando en relatos de maduros al creer que solo con experiencia podía ser capaz de sacar la ardiente mujer que tenía dentro. De allí pasó a los relatos de dominación y de esos a los de no consentido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente no tuve que ser un genio para saber que esa boricua estaba en cierta forma buscando un escultor que diera forma a su ser y con él descubrir la que yo considero más sublime forma de placer que es la sumisión. Reconozco que lo que realmente instigó a mi lado dominante a seguir con ese intercambio epistolar fue comprobar que era sincera porque sin que yo se lo tuviera que pedir, “Pequeñita” se describió exactamente como aparecía en las fotos sin tratarse de adornar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No hace falta ser una Barbie para gustar a un hombre― tecleé respondiendo a su mensaje, harto quizás de la impostura que puebla la red.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Agradeciendo su sinceridad, le pedí que me contara el momento más erótico de su vida para comprobar cuan acertado estaba sobre sus verdaderas inclinaciones. Tras releer mi escrito, di al SEND y me concentré en la sumisa que tenía entre mis piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María había aprovechado que no la miraba para empezarse a masturbar. Me hizo gracia saber que lo había hecho a propósito para que yo tuviera un motivo para castigarla pero la perspectiva que se me abría allende los mares me tenía de buen humor y por ello únicamente esperé a que estuviera a punto de correrse para prohibírselo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿No me va a castigar?― incrédula me preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No te lo mereces― respondí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual la llevé sobre mi cama y le inserté sendos consoladores en cada uno de sus agujeros. La cuarentona creyó que iba a hacer uso de ella pero poniéndolos a toda potencia, me fui a merendar advirtiéndola que no iba permitir que en esa tarde, me volviera a fallar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tengo vedados los orgasmos», comprendió y humillada esperó a que esos dos enormes falos de plástico cumplieran su labor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Satisfecho con ese peculiar escarmiento, abrí la nevera y me preparé un bocadillo. Cuando os digo que estaba satisfecho, así era porque si bien los ajenos a este mundo, equiparan sumisión al dolor, eso es falso. Se puede ser el amo más dominante sin tener que torturar a nuestras princesas porque unas necesitan mano dura mientras a otras les basta con sentirse dirigidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con una cerveza en una mano y el bocata en la otra, volví a donde estaba mi sumisa. No tuve que traspasar la puerta para saber que María me había obedecido al ver cómo intentaba a duras penas contener el placer que se iba acumulando entre sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es una puta bien adiestrada», sentencié mientras me sentaba a observar su sufrimiento al no poder correrse.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rubia suspiró al verme y con lágrimas en los ojos, me imploró que la perdonara. No le hice caso y masticando lentamente incrementé su zozobra al sentirse observada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Amo, ¡no aguanto más!― chilló descompuesta al ser consciente que desde mi asiento podía ver claramente que tenía su sexo anegado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Disfrutando de su desamparo, metí y saqué el falo que tenía incrustado en su trasero un par de veces antes de humillarla, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Viendo lo gordas que tienes las tetas, es una pena que seas tan vieja. De ser más joven, te preñaría para que así asegurar que mi hijo tuviera leche suficiente con la que alimentarse.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi menosprecio caló hondo en ella y con un tono menos sumiso del que debería, protestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todavía puedo quedarme embarazada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su respuesta me sirvió para recordarle que entre los límites que ella misma me había puesto al convertirse en mi esclava estaba el no tener descendencia. María al oír mi réplica comprendió que tenía razón y dando una vuelta de tuerca más a nuestro acuerdo, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si usted lo desea, me gustaría quitar ese término. Sería un honor que usted me preñara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo pensaré― fue mi escueta respuesta y premiando la extensión de su confianza, le dije: ― mientras tanto, ¡puedes correrte!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras desencadenaron su placer de inmediato. Tanta era la presión que llevaba acumulando que en cuando abrió la espita, todo su cuerpo se vio desbordado por un brutal orgasmo cuyos signos más evidentes fueron sus gritos pero como la conocía de sobra, para mí fue admirar su entrega hecha líquida en el charco de flujo que se formó sobre las sábanas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me encanta ser su guarra― berreó al sentir que retiraba el consolador de su ojete.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sacando mi pene de su encierro, formalicé el nuevo trato empalándola de un solo arreón mientras susurraba en su oído que a partir de ese día tenía la obligación de dejar de tomar anticonceptivos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía no sé si las lágrimas de sus ojos fueron por el dolor que sintió al romperle tan bruscamente el culo o de felicidad por saber que su vientre albergaría durante nueve meses una versión en pequeño mía. Lo cierto es que no llevaba sodomizándola más que unos pocos segundos cuando un geiser brotó hirviendo de su sexo, empapando mis muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Cómo me gusta que sea tan puta!», exclamé en mi mente para no revelar ante esa rubia esa intima apetencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Deseando que se sintiera mi montura y yo su jinete, agarré su melena a modo de riendas y dando una azote en sus ancas, incrementé el compás de mi galope hasta hacerlo desenfrenado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María, agradeció el nuevo ritmo, relinchando de placer y ya convertida en yegua buscó desbocada otro nuevo orgasmo. Su enésimo clímax coincidió con el momento en que mi pene explotó regando con su simiente los intestinos de mi sumisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La felicidad que mostró, me hizo pensar que realmente le apetecía que mis genes sembraran su todavía fértil vientre pero también comprendí que si no conseguía que prendiera mi retoño, tendría que buscarme una sustituta. Recordando a la puertorriqueña, decidí que “Pequeñita” podría ser una buena sustituta…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acababa de despedir a María cuando una campanilla me informó que acababa de recibir un nuevo mensaje. Al abrir mi Hotmail, sonreí al comprobar que era la chavala de uno cincuenta y pechos medianos quien me contestaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sonrisa que se había acrecentado cuando de primeras leí que esa muñeca me confesaba sus deseos de profundizar en el mundo que consideraba mi forma de ver la vida, desapareció de golpe al continuar y enterarme por sus palabras que ya había entrado en contacto con otro amo. “Daddy” fue el término que usó para referirse a él.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», mascullé enfadado porque una de las reglas no escritas de la dominación es que uno puede comprar o vender a una sumisa pero nunca inmiscuirse en la relación con su amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi cabreo se convirtió en indignación al enterarme que tras una primera sesión que incluyó desde azotes, bondage hasta lluvia dorada, ese capullo no había querido volverla a ver por miedo a que sus otras tres sumisas se enteraran y le dejaran.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ese tipo no merece que nadie le llame daddy», sentencié al saber que un verdadero amo nunca dice cuántas sumisas tiene y menos, las tiene que rendir cuentas de lo que hace cuando ellas no están.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ni siquiera debió explicarle en que consiste el acuerdo de entrega y tampoco establecieron en común los límites que ninguno podía traspasar», hecho una furia comprendí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo de menos era la horterada de “Daddy”, yo mismo a mis sumisas las considero y las llamo mis “princesas” porque al fin y al cabo, mi función es hacerlas gozar descubriendo hasta donde llegan las fronteras de sus tabúes. Lo que realmente me hacía tirarme de los pelos es que ese insensato hubiera podido dañar por ignorancia o maldad un brillante en bruto como parecía ser esa niña.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «De tenerlo enfrente, lo mataba a golpes. ¡Cómo se le ocurre forzar la máquina en la primera sesión!», cada vez más encabronado con el asuntó, señalé: «El primer día sirve para establecer la confianza sumisa― amo, ¡no para experimentar!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por mi mente pasaron unas cuantas candidatas que ni siquiera habían podido soportar verse frente a frente conmigo en un cuarto, sabiendo que la razón de estar ahí era entregarse a mí, a un cuasi desconocido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡En qué coño pensaba ese inútil! De haber sido yo, “Pequeñita” hubiese modelado desnuda para mí y poco más. Exagerando al despedirme ¡la hubiese besado!», mi mente no dejaba de repetir mientras seguía leyendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La propia boricua confirmó mi opinión al explicarme tal y como se lo había pedido que el momento más erótico que había experimentado en su vida fue durante esa sesión cuando la empujó contra la pared y teniéndola indefensa, forzó su boca con la lengua mientras sentía su presencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Eso fue lo único que hizo bien!― en voz alta recalqué, un poco más tranquilo al darme cuenta que los daños en “Pequeñita” parecía no ser permanentes: ― La chavala es sumisa de corazón y por eso reaccionó al premio que le daba su amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo que no todo estaba perdido y que con ese aprendiz de amo no me unía ningún tipo de cortesía “profesional”, decidí explicar a mi interlocutora por qué tenía que cambiar de Daddy y buscarse uno que realmente supiera como eran las cosas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que ¡me ofrecí a ser yo quién la enseñara!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 2</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A raíz de ese mail, la boricua desapareció de mi vida. Os confieso que interpreté su silencio cómo una oportunidad perdida. Estaba desilusionado porque me apetecía hacerme con esa carne fresca a la que someter a mi antojo. Para entonces la consideraba un trozo de mármol que mis manos podían ir cincelando poco a poco hasta convertirla en mi puta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para mí, “Pequeñita” no era una persona con sentimientos, era un objeto con el que saciar mi hambre de nuevas conquistas. Deseaba poner mis garras en ella y sin que se diera cuenta irla adoctrinando a mi antojo, de forma que al final, esa jovencita respirara, comiera e incluso defecara con un único objetivo: “Servirme”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su vida pasaría a ser mía. Por mis planes pasaba que su voluntad se fuera diluyendo como un azucarillo en el café con el objetivo de endulzar mi existencia. Deseaba anularla, convertirla en una zombi que solo deambulara por el mundo con el fin de adornar mi galería de trofeos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Había previsto, exhibirla ante mis conocidos como un ganadero muestra orgulloso su mejor res. Dejar que mis colegas de perversión pusieran sus sucias manos sobre los pechos casi virginales de esa cría para comprobar lo bien que la había adiestrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tenía muchas esperanzas puestas en esa puertorriqueña. En mi pérfida imaginación, iba a ser yo el que rompiera por primera vez su culo. Bajo mi mando, había planeado que esa angelical muchacha satisficiera solo porque yo se la mandaba a mujeres tan perversas como yo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y cuando me hubiese cansado de ella, vendería sus despojos al mejor postor para acto seguido buscar una nueva víctima que anotar en mi lista de éxitos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero desgraciadamente, todo se había ido al traste o eso pensé cuando al tercer día, no había tenido noticias de ella. Interiormente me reconcomía el hecho de haberme excedido exigiendo que dejara a su “daddy”. Por muy inepto que fuera ese imbécil, si la había conseguido convencer de pasar el trance de esa brutal sesión, de alguna forma la tenía en sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué desperdicio!», mascullé mentalmente al haber perdido esa gema, sobre todo porque estaba convencido que en mis manos cual cisne, pasaría de ser un patito feo al más bello de su especie.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asumiendo mi error, llamé a María. Sin que yo se lo preguntara, esa cuarentona me informó que había dejado de tomar la píldora y que no veía el momento que me dignara a inseminarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― A las doce en mi despacho― contesté colgando el teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La idea de preñar a esa rubia y que el tonto del culo de su marido corriera con los gastos de su educación me alegró el día y terminando de desayunar, me dirigí como todos los días a impartir clases.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente al entrar en el aula y enfrentarme a un público mayoritariamente femenino, me hizo recordar a “Pequeñita”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Cuantas de estas zorritas serán sumisas?», me pregunté mientras acomodaba mis papeles en el estrado, «¿La morena de tetas grandes quizás? o ¿la guarra con minifalda de la tercera fila?».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una a una fui recorriendo toda la clase. “Pequeñita” había despertado mi instinto depredador y como el ave de rapiña que soy, dejé a un lado mi promesa de jamás buscar putitas entre el alumnado y mentalmente fui anotando candidatas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al terminar la clase ya había descubierto al menos media docena de jovencitas que mostraban signos de ser sumisas y cogiendo un bolígrafo, anoté sus nombres en la libreta que tengo para ese fin. No contento con ello, durante la segunda hora hice lo mismo pero en este caso, mi interés se centró en una de las de mayor edad pero no por ello de menor coeficiente intelectual. Al contrario, era un cerebrito que estaba cursando su tercera carrera.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os preguntareis el porqué. Me resulta muy sencillo de explicar, estaba oteando entre las filas de pupitres cuando la descubrí mirándome embelesada. Al sentirse descubierta, su rostro se tornó pálido y bajó su mirada pero ya era tarde, bajo su blusa dos pequeños bultos me revelaron su excitación.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Coño! No me había dado cuenta que Almudena es otro diamante en bruto», señalé sin margen de error.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi seguridad venía motivada porque antes que yo, ella había reconocido en mí a un dominante y siendo sumisa de nacimiento se había sentido atraída.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Somos polos opuestos», comprendí, «amos y sumisas somos capaces de reconocernos».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aun así debía constatar que esa cría había nacido para alguien como yo. Impartiendo la materia entre los alumnos, me fui acercando a ella. Su creciente nerviosismo hubiese sido suficiente pero queriendo confirmar sin duda alguna que Almudena terreno abonado donde arar, en un momento dado, puse mis manos a ambos lados de sus hombros. Tal y como había previsto esa castaña, al sentir mis garras sobre su piel, cerró sus piernas en un vano intento por evitar que advirtiera la excitación que recorría su cuerpo. Nadie en todo el aula se dio cuenta de lo que ocurría. ¡Miento! ¡Dos si éramos conscientes! ¡Mi presa y yo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Recreándome en mi dominio, acaricié levemente su cuello con uno de mis dedos hasta que vi como cerraba sus puños sobre la mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Se ha puesto cachonda», sentencié y dejándola en paz, caminé hacia el estrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la hora paso sin pena ni gloria, reconozco que tan poco me esmeré en dar una clase magistral porque mi mente estaba ocupada en otras cosas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¡Iba a cruzar los límites que me había auto impuesto!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso cuando mis alumnos ya salían rumbo al descanso, llamé a Almudena. La chavala al oírme instintivamente tapó sus senos con una carpeta y totalmente colorada, llegó hasta mi mesa. Toda ella temblaba con el mero hecho de estar en mi presencia y hurgando en esa herida, con descaro recorrí sus piernas antes de decirla:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ando buscando una ayudante y he pensado en ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No era una pregunta, era una afirmación y por ello esa indefensa jovencita no tuvo oportunidad de librarse y ató su destino al mío al contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Será un honor servirle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa respuesta me reveló que no me había equivocado al elegirla como futura sumisa, ya que su propia naturaleza la había traicionado empleando una frase que solo una puta consciente de sus inclinaciones usaría. En ese momento, me hubiese gustado dar inicio a nuestra primera sesión pero recordé que había quedado con María.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Un amo debe cumplir primero con sus princesas», medité y asumiendo que al menos estaría una hora ocupado con la profesora ordené a la chavala que fuera a verme sobre la una.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Allí estaré― contestó la incauta con una alegría que desbordaba todos sus poros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual, la vi marchar meneando el pandero que no tardaría en usar. Ese sensual movimiento de nalgas fue una muestra más que esa cría era un proyecto de putita porque aunque todavía no lo supiera, involuntariamente su cuerpo mostraba la felicidad de una esclava al conocer a su dueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces mis hormonas habían tomado las riendas de mi voluntad y mirando el reloj, me di cuenta que llegaba tarde.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Espero que ya esté caliente, ¡necesito descargar!», pensé del vientre que iba a germinar mientras enfilaba el largo pasillo que llevaba a mi despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Felizmente, mis previsiones se vieron superadas porque al llegar a mi oficina, esa zorra de cuarenta tacos se lanzó sobre mí aún antes que pudiera cerrar la puerta con llave. Su hambre era tan grande que, sin ni siquiera saludarme, se arrodilló y sacó mi miembro de su encierro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al descubrir que mi pene estaba erecto su cara se iluminó e intentó hacerme una mamada. Como mis intenciones eran otras, agarré su rubia melena y la obligué a levantarse. El tirón de pelo fue doloroso pero no se quejó y permitió que girándola, le subiera las faldas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Viene lista», murmuré mentalmente al comprobar que no traía ropa interior y mientras metía un par de dedos en su vulva, forcé a mi sumisa a apoyarse en la mesa con su culo frente a mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo ganado que va al matadero esperó que me pusiera tras ella, dando un pequeño grito cuando mi verga rellenó su sexo de un solo empujón. Su mojado conducto absorbió mi primera puñalada sin dificultad y eso me dio la seguridad que podía incrementar mi ritmo sin correr el riesgo de dañarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿A qué esperas? ¡Muévete! ¡Puta!― exclamé al tiempo que daba mayor énfasis a mi orden con un sonoro azote.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María deslumbrada por la rapidez en la que se estaban desarrollando los hechos, esperó a notar la base de mi sexo chocando con sus nalgas para rogarme que le diera caña. Haciéndola caso cogí sus pechos entre mis manos y pellizcando sus pezones, le pedí que se masturbara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No hizo falta que se lo repitiera dos veces, bajando su mano, empezó a acariciar su entrepierna a la par que empezaba a moverse. Moviendo sus caderas mientras el intruso de sus entrañas seguía apuñalándola, fue incrementando sus movimientos hasta que ya completamente cachonda, me pidió un nuevo azote. Al tiempo que rítmicamente iba sacando y metiendo mi pene de su interior, comencé a regalar una serie de nalgadas a sus cachetes mientras la zorra no dejaba de torturar su clítoris con sus dedos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus gemidos se fueron convirtiendo en gritos y los gritos en alaridos de placer al sentir que incrementaba la velocidad de mis embestidas. Era tal mi calentura que con mi presa totalmente entregada le exigí que me contara lo que estaba experimentando.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Devoción, amor y obediencia por mi amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras inflamaron mi ego y atrayéndola hacía mí, la penetré sin contemplaciones. Completamente dominada por la lujuria, María chilló a sentir que se volvía a correr y soltando un largo suspiro, me pidió que no parara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Te gusta putita?― dije dando el enésimo azote en su trasero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me enloquece la idea que me embarace― contestó al sentir el calor de mi golpe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa confesión había espoleado aún más su ardor y levantando su culo, mordió sus labios al tiempo que se corría. Su orgasmo coincidió con el mío y rellenando su interior con mi simiente, me desplomé en la silla de mi despacho. Exhausto, dejé que me besara. María sin dejar de acariciarme, esperó a que descansara, tras lo cual pasando su mano por mi pelo, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi amo me ha dejado el culo calentito pero mi coño sigue listo para recibir otra vez su simiente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un ruido fuera del despacho, me hizo sospechar que mi siguiente visita había llegado antes de tiempo y aunque me apetecía un nuevo asalto, le ordené que se vistiera. Como profesora de la misma universidad comprendió mis razones y por ello no puso objeciones. Lo que sí hizo fue cuando ya estaba lista para salir por la puerta, fue preguntarme si esa tarde se podía pasar por casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Luego te llamo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como había supuesto, Almudena se había adelantado y permanecía sentada en la sala de espera. Tras despedirme de la cuarentona, me tomé unos segundos en hacer un rápido examen a esa chavala. Por lo coloreado de sus mejillas, comprendí que había escuchado parte sino todo el polvo con mi otra princesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sonriendo de oreja a oreja, volví a mi sillón diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Pasa y cierra la puerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sentado tras la mesa de mi despacho, observé el nerviosismo de mi alumna con franco interés. Se notaba a distancia que Almudena apenas podía retener el temblor de sus rodillas. Disfrutando del momento, me quedé callado mientras leía su expediente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No parece tener veinticinco años», pensé ya que a pesar de su cara de niña, le había dado tiempo de terminar dos carreras y estaba cursando la tercera. Nacida en un pueblo del norte de España, supe al leer su dirección que vivía en un Colegio Mayor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué raro! A su edad, los universitarios suelen alquilarse con amigos un piso donde vivir», medité anotando ese dato por si resultara importante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque sabía que era brillante, repasando sus notas comprendí que la castaña era una especie de genio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No me extraña que esté becada. ¡Lleva todo matrícula!», dictaminé mientras levantaba mi mirada de los papeles y comprobaba que mi silencio la estaba poniendo histérica.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su asiento, Almudena se retorció incómoda al saberse observada. Haciendo caso omiso de su turbación, esperé a que la castaña ya no supiera donde mirar o cómo sentarse para decirle:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mis exigencias son sencillas, demando una ayudante sin problemas de horario y dispuesta a cumplir mis órdenes tanto aquí como fuera de la universidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La castaña asintió con la cabeza. No me costó percibir en mi alumna una especie de satisfacción al escuchar de mis labios que su jornada se iba a extender más allá de lo académico. Indagando en ello, me permití inmiscuirme en su vida privada al preguntar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Tienes pareja? ¿Novio? ¿Novia?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus ojos reflejaron su sorpresa ante ese interrogatorio pero se recompuso rápidamente y contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todavía no he encontrado lo que busco.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo perder la baza de enterarme si al menos tenía un pretendiente, insistí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No quiero que luego me vengas con que no puedes cumplir una de mis órdenes por tener otras responsabilidades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mirándome a los ojos y con voz firme, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si usted me admite bajo su tutela, nada ni nadie me impedirá satisfacer sus exigencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La seguridad y la completa sumisión que traslucían sus palabras no hicieron más que confirmar mis esperanzas de haber encontrado un espécimen listo para ser pulido. Para entonces, el dominante que había en mí me azuzaba a comenzar de inmediato su adoctrinamiento pero el poco sentido común que me quedaba, me hizo recabar una última prueba sobre su naturaleza y por ello antes de entrar en materia me levanté y poniendo como en la clase mis manos en sus hombros, pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Cuánto tiempo llevas queriendo que yo sea tu mentor?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La putita se quedó paralizada al sentir mis dedos sobre su piel y con la respiración entrecortada, tuvo que hacer uso de toda su voluntad para contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Desde que asistí a una de sus conferencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Cuando fue eso?― insistí dejando que mis yemas recorrieran su cuello.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha no consiguió evitar un gemido al sentir esa caricia, tras lo cual, muerta de vergüenza, me confesó que hacía más de un año. Su respuesta me permitió profundizar y usando mis dos manos, comencé a darle un sensual masaje mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No me mientas.. Dime que es lo que buscas en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tardó unos segundos en contestar. Almudena estaba aterrorizada por mis preguntas. Temiendo estar malinterpretando mi actitud, se giró hacia mí y con la angustia reflejada en su cara, me miró a punto de llorar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Su protección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Explícate!― le exigí al tiempo que dejaba caer uno de los tirantes que sostenían su vestido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus ojos brillaron al saber que no había sido producto del azar y llevando su boca hasta una de mis manos, depositó un beso en ella para acto seguido contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Desde que le vi, reconocí en usted a mi dueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Satisfecho, observé que al confesar esa cría se quitaba un peso de encima y recreándome en el poder que acababa de darme, mis yemas bajaron por su escote y por primera vez me apoderé de uno de sus pezones. Habiendo revelado su condición, Almudena gimió descompuesta al comprender que la aceptaba y mientras sus areolas eran objeto de mis mimos, directamente me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Puedo llamarle amo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La urgencia de esa putilla en convertirse en mi sumisa era tan evidente que intuí que había tenido una relación BSDM con anterioridad y por ello levantándola de su asiento, me permití el lujo de liberar sus pechos antes de decir:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Eso depende de ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aproveché el momento para disfrutar de sus tetas y tuve que reconocer que eran mejores de lo que me había imaginado. Grandes y duras estaban coronadas por dos rosadas areolas que pedían a gritos ser mordidas. Aguantando estoicamente el repaso que le di y sin necesidad que le explicara su significado de mis palabras, cogió mis manos entre las suyas diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Soy una mujer libre y como tal, deseo depositar mi vida en sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al escuchar que Almudena daba comienzo a la ceremonia de entrega, supe que no era el momento ni el lugar y por ello, corté de plano sus esperanzas, susurrando en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aquí no― y garabateando mi dirección en una hoja de papel, mordí su lóbulo mientras le decía: ― Te espero en mi casa a las seis.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un tanto cortada por mi brusco rechazo, esa putita acomodó su ropa y con un deje de deseo en su voz, quiso saber cómo tenía que acudir a la cita. Me tomé unos segundos en contestar y recordando que era viernes, soltando una carcajada, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aunque en mi casa no la vas a necesitar, tráete ropa para todo el fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Así lo haré― me informó con una sonrisa de oreja a oreja, tras lo cual, pegando su cuerpo al mío, me besó diciendo: ― Estoy deseando ser suya.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su descaro me hizo cautivó y acercándola todavía más a mí, correspondí a su arrumaco, dejando que mis manos se apoderaran de su espléndido culo y contento al descubrir que bajo su vestido esa niña tenía un par de nalgas dignas de una modelo, mis hormonas entraron en ebullición por lo que tuve que retirarla para evitar tomar posesión de ella en ese instante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Te veo a las seis― repetí despidiéndome de Almudena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La castaña refunfuñó ante ese nuevo rechazo pero asumiendo que tenía razón, me dijo adiós y desapareció rumbo al pasillo. Acababa de despedirla cuando el sonido de mi Outlook me avisó que acababa de recibir un mail. Al mirar en la pantalla, vi que era “Pequeñita” quien lo había mandado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Menos urgido de hacerla mía, al tener a mi disposición un nuevo juguete al que echar el diente, comencé a leer su mensaje. En él la boricua me pedía perdón por no haberme contestado antes, mostrándome sus dudas sobre cambiar a su “daddy” por mí pero que a pesar de eso, no quería que dejara de escribirla porque deseaba seguir en contacto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que estuve a punto de dejar de leer pero algo me hizo continuar y fue a continuación, cuando contestando a la pregunta que le había hecho sobre cómo sería su encuentro ideal con su amo, leí que había escrito:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi fantasía más recurrente es estar amarrada de las manos sobre mi cabeza y tener las piernas separadas inmovilizadas con un antifaz puesto para no saber qué me va a hacer mi amo. Que me acaricie todo el cuerpo disponiendo de él, que me bese posesivamente, que me chupe las tetas y muerda mis pezones hasta ponerlos duros. Que me masturbe el clítoris y me meta los dedos en el coño. Que no me deje correr hasta que se le antoje. Que me ponga a cuatro como una perra y juegue en la entrada de mi coño alargando el momento de la penetración. Hasta que decida clavarme (todavía no sé si lentamente o de una estocada porque de las dos maneras me excitan) y que siga con un mete y saca sin dejar lugar a dudas quien es el que manda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reconozco que aun sin saber si “Pequeñita” algún día sería mía, la elocuencia de sus palabras y la calentura que demostraban me hicieron albergar nuevas esperanzas. Sabiendo que no debía romper con ella antes de empezar por el mero hecho de no estar segura, cogiendo el teclado contesté a su email, diciendo que aunque no compartía su decisión, aceptaba sus motivos. Tras lo cual le pedí que a modo de juego, aceptara seguir mis órdenes sin comentar nada a su daddy.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La puertorriqueña debía estar frente a su ordenador porque casi de inmediato, respondió que la idea le gustaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Será difícil pero todavía esta zorrita puede ser mía», pensé mientras le pedía que mi primer deseo era que se depilara por completo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Para qué?― me preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darle mayor explicación, respondí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Hazlo, confía en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esta vez, “Pequeñita” tardó unos minutos en contestar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo haré esta tarde.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al leer su respuesta me despedí, citándome con ella para el día siguiente. Al apagar el ordenador y recoger mis bártulos, descojonado comprendí que tras un periodo de relativa calma ¡se me estaba amontonando el trabajo! No en vano, tenía una princesa que preñar, una que educar y un proyecto que si todo salía bien pudiera a llegar ser mi obra maestra. Pensando en ello, cerré mi despacho y decidí que tenía que darme prisa porque esa tarde iba a incrementar mi harén.</span></p>
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		<title>Relato erótico: ¡Qué culo tiene esa mujer!: La entrego a una amiga (POR GOLFO Y VIRGEN JAROCHA)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Oct 2026 16:01:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Esta primera foto es de Virgen Jarocha en la que os manda un beso por la gran acogida que le&#160;habéis&#160;hecho&#160;a sus relatos, AUNQUE LE DA TRISTEZA QUE NO&#160;HAYÁIS&#160;COMENTADO NADA DE SU&#160;RELATO:&#160; &#8220;Fantasia o realidad&#8221; http://pornografoaficionado.blogspot.com.es/2013/12/fantasia-o-realidad-por-virgen-jarocha.html &#160;Las demás son de unas modelos Si queréis agradecérselo, escribirla a: virgenjarocha@hotmail.com&#160; &#160; Habiendo acordado conmigo Linda que,&#160; a partir de ese día, cumpliría todos mis caprichos incluido el que la compartiera con otra mujer, decidí hacerlo realidad en cuanto pudiera. Por eso en cuanto dejé el pueblo, empecé a pensar cual de mis amigas aceptaría realizar un trío con esa monada. Repasando mis diferentes [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">
<p><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>Esta primera foto es de Virgen Jarocha en la que os manda un beso por la gran acogida que le&nbsp;habéis&nbsp;hecho&nbsp;a sus relatos, AUNQUE LE DA TRISTEZA QUE NO&nbsp;HAYÁIS&nbsp;COMENTADO NADA DE SU&nbsp;RELATO:&nbsp;</b></span><br />
<span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>&#8220;Fantasia o realidad&#8221;</b></span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://pornografoaficionado.blogspot.com.es/2013/12/fantasia-o-realidad-por-virgen-jarocha.html">http://pornografoaficionado.blogspot.com.es/2013/12/fantasia-o-realidad-por-virgen-jarocha.html</a></span><br />
<span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>&nbsp;Las demás son de unas modelos</b></span></p>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>Si queréis agradecérselo, escribirla a:</b></span></div>
<div><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b style="color: #333333; font-family: Verdana, sans-serif; font-size: 12pt; text-align: justify;">virgenjarocha@hotmail.com&nbsp;</b></span></div>
<div><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b style="color: #333333; font-family: Verdana, sans-serif; font-size: 12pt; text-align: justify;">&nbsp;</b></span></div>
<div><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%; text-align: justify;">Habiendo acordado conmigo Linda que,</span><span style="line-height: 115%; text-align: justify;">&nbsp; </span><span style="line-height: 115%; text-align: justify;">a partir de ese día, cumpliría todos mis caprichos incluido el que la compartiera con otra mujer, decidí hacerlo realidad en cuanto pudiera. Por eso en cuanto dejé el pueblo, empecé a pensar cual de mis amigas aceptaría realizar un trío con esa monada. Repasando mis diferentes amistades, comprendí que solo Patricia daría la talla. Aunque no era precisamente bella, más bien era feílla, el hecho de ser bisexual reconocida y tener una vena dominante y morbosa, la hacía la idónea para realizar esa fantasía. El problema es que era de “Martinez” y como había crecido también allí, conocía a Linda. Tras analizar los pros y contras, decidí que lejos de ser un problema, el que se conocieran incrementaba el morbo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Como debía darle tiempo para hacerse a la idea, llamé ese mismo lunes a esa morena. Sin decirle exactamente qué era lo que me proponía la invité a pasar conmigo el siguiente fin de semana de desenfreno en mi hacienda. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Por el modo en que me hablas, me tienes preparada una encerrona- contestó muerta de risa-</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Solo te puedo decir que no te arrepentirás- dije picando su curiosidad.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La naturaleza femenina de mi amiga hizo el resto y aceptando de inmediato, quedé con ella en recogerla el viernes a la tres.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Qué ropa debo llevar?</span></div>
<div style="border-bottom: solid windowtext 1.0pt; border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-element: para-border-div; padding: 0cm 0cm 1.0pt 0cm;">
<div style="border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-padding-alt: 0cm 0cm 1.0pt 0cm; padding: 0cm; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Aunque no te va a hacer falta, vete dispuesta para matar.</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="line-height: 115%;">Nuestra llegada a mi hacienda</span></b><span style="line-height: 115%;">:</span></span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://www.lesbianpornvideos.com/images/galleries/0035/7838/9bdeacbd74f240a6d71e946b6c043f9c.jpg" width="423" height="635"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">En la mañana de ese viernes avisé a Linda que llegaría a cenar con compañía sin especificarle el quien porque quería que fuera una sorpresa. Disfrutando de antemano, me imaginé la reacción de ambas al encontrarse frente a frente: Mi empleada se quedaría cortada por ver a su amiga de la infancia y no saber cuáles eran mis intenciones. Patricia en cambio, estaría descolocada porque le había prometido una juerga brutal y temería que la presencia de Linda, truncara sus planes.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Después del trabajo, recogí a mi amiga en su casa. Tal y como le había pedido, iba vestida pidiendo guerra. El escotado traje que se había puesto dejaba poco margen a la imaginación. Sus pechos no solo se intuían sino que parecía que se le iban a salir, debido a lo apretados que los llevaba. Al entrar y sentarse en el asiento del copiloto me la quedé mirando fijamente y en plan de guasa le pregunté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Le has robado el vestido a tu hermana pequeña?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Por qué lo dices?- respondió haciéndose la boba mientras se inclinaba hacia delante, dejándome disfrutar del estrecho canalillo de sus senos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Cariño- susurré a su oído mientras mi mano se perdía bajo la tela: -O has engordado o te han crecido los pechos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi acompañante se mordió los labios al sentir la caricia y sin protestar por ella, se dejó hacer mientras me preguntaba:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Qué me tienes preparado?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Un trio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi escueta respuesta la excitó y ya con sus pezones duros, sonrió mientras intentaba sacar más datos:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Y quién es tu amigo?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Muerto de risa, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Quién te ha dicho que es un hombre?- mis palabras la desconcertaron por completo y más cuando viendo su silencio, le dije:- Puede que sea un perro.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Baboso!- exclamó destornillada de risa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Comprendiendo que no me iba a sonsacar nada, se hizo la indignada y quitando mi mano de sus tetas, me amenazó con que si no le gustaba la compañía que le había elegido, se tomaría un autobús de vuelta a casa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No te preocupes, ¡Te gustará!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El resto del camino se quedó callada pero cuando estábamos a punto de llegar al pueblo, se empezó a poner nerviosa. Aunque intentó interrogarme por el tercero en discordia, de mis labios no salió ningún otro dato. Por eso en cuanto entramos en la hacienda y Linda salió a recibirnos, me miró con ojos de incredulidad.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Es ella?- preguntó en voz baja.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No la contesté y sacando las maletas de carro, cargué con ellas por las escaleras. Al dejar toda la ropa en mi habitación, pude observar un gesto de reproche en los ojos de mi empleada. Reconozco que me encantó ver que Linda estaba celosa y por ello, aprovechando que la morena se había ido al baño, acaricié su trasero mientras le robaba un beso.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Increíblemente, esa mujer me respondió con pasión y poniendo un puchero, me preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿No vas a acostarte conmigo este fin de semana?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sí- respondí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Y Patricia?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡También!</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://www.lesbianpornvideos.com/images/galleries/0035/7838/54e5c5005239b894ff46f05e0d2579bc.jpg" width="424" height="636"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Solté una carcajada al observar su cara de terror. Sin dar importancia a sus reparos, le informé que cenaríamos los tres juntos. Intentó protestar pero entonces le recordé nuestro trato por el cual se había comprometido a cumplir todos mis caprichos. Viendo que no daba mi brazo a torcer, me informó que se iba a terminar la cena por lo que me dejó solo en mi habitación.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Patricia al volver y darse cuenta que no había nadie más en el cuarto, como una furia me recriminó la presencia de Linda:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No te parece bastante la mala fama que tengo en el pueblo. Si se nos ocurre montar una fiesta, esa zorra irá con el chisme a todos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No lo creo- contesté sin darle más explicaciones.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No sé si fue mi seguridad o que mi amiga supuso que el desmadre empezaría cuando esa mujer nos hubiese dejado pero la realidad es que sin esperarse que fuera Linda el tercer componente del trío, confió en mi palabra. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Como se vaya de la lengua, te la corto!- respondió mientras bajábamos al comedor.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Para relajar el ambiente, abrí una botella de vino y serví tres copas. Al percatarse que Linda iba a cenar con nosotros, su desconcierto fue patente pero no dijo nada e hizo como si no ocurriese nada. Mi empleada llegó entonces con la cena y preguntándome como nos íbamos a sentar, le respondí que una a cada lado y yo en medio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Una vez en nuestros sitios empezamos a cenar. Haciendo honor a su destreza, todos los platos estaban deliciosos y por eso poco a poco ambas mujeres se fueron relajando. Momento que aproveché para llevar la conversación hacia el lado picante. Sin darse cuenta, las dos amigas contaron sus experiencias de adolescentes con muchachos del pueblo. Muertas de risa, me explicaron que entre ellas me llamaban el “marqués”. Al preguntarles el motivo, descojonadas reconocieron porque me creía superior.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Eso no es verdad- protesté.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sí que lo es- respondió Patricia- Todas queríamos echarte el guante pero ninguna pudo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Recalcando la idea, en plan de guasa, Linda soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Incluso empezamos a supones que eras gay.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Solté una carcajada ante semejante locura y bajando una mano a cada lado, empecé a acariciar los muslos de ambas mujeres por separado mientras que les decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Os apetece que os demuestre lo contrario? </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">&nbsp;Mi descaro las sorprendió pero ninguna hizo intento alguno por retirarla de su pierna y mirándose entre ellas, se preguntaron que iba a pasar después. Viendo su desconcierto, fui deslizando mis dedos hacia sus entrepiernas y ya cuando mis yemas habían alcanzado las pantaletas de ambas, comenté como si nada:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Aunque pensándolo bien, os he oído gritar a ambas en mi cama- e introduciendo mis dedos bajo sus tangas, empecé a masturbarlas sin que ninguna pudiese hacer nada por evitarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Desconcertadas por mis palabras ya que, importándome una mierda el qué dirán, le había confirmado que ambas habían sido mías se quedaron en silencio. La primera en reaccionar fue Patricia que dejándose llevar por la calentura que sentía, se dirigió a &nbsp;Linda mientras separaba sus rodillas para facilitar mis maniobras, diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Sabes que este cabrón, me ha traído engañada?. ¡Me ha prometido un trío!.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sin ser capaz de mirarla, mi empleada contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No te ha mentido, esta noche seremos dos mujeres las que estaremos en su lecho.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Esa confesión la dejó anonadada y por eso no pudo reprimir un gemido al sentir mis dedos pellizcando el botón de su entrepierna. Cómo ya se había desvelado todo, decidí forzar la situación y levantándolas de sus sillas, las junté una contra la otra mientras ordenaba:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Bailad para mí.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://www.lesbianpornvideos.com/images/galleries/0035/7838/c3bd4ecc17ba48828c209b8c6adb17e5.jpg" width="423" height="635"></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Patricia que tenía experiencia con otra mujer, tomó la iniciativa y llevando su mano a la cintura de Linda, la obligó a pegarse a ella. No tardé en observar como con sus cuerpos totalmente unidos, las dos muchachas iniciaban un sensual baile, teniéndome como testigo.&nbsp; Sus movimientos cada vez más acusados me demostraron que ambas los deseaban.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Linda, ¡Besa a Patricia!.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi empleada obedeció y cogiendo la cabeza de la morena, aproximó sus labios a los de la otra mujer. El brillo de los ojos de Patricia me informó de su excitación cuando su dueña, abriendo la boca, dejó que la lengua de su conocida entrara en su interior.&nbsp;&nbsp; Con sus dorsos pegados mientras se comían los morros una a la otra, siguieron bailando rozando sin disimulo sus sexos. Para aquel entonces, los corazones de ambas estaban acelerados y más se pusieron cuando oyeron mi siguiente orden:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Quiero veros los pechos!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Actuando al unísono, Patricia deslizó los tirantes que sostenían el vestido de la rubia mientras Linda hacía lo propio con los de la morena. Me encantó disfrutar del modo en que sus pezones ya duros se clavaron en los pechos de la mujer que tenía enfrente. Mi empleada no pudo &nbsp;evitar que de su garganta brotara un&nbsp; gemido de deseo al sentir la mano de su amiga recorriendo su trasero. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Aunque su entrega se iba desarrollando según lo planeado, comprendí al ver el nerviosismo de la rubia que para ella iba a ser difícil al ser su primera vez con una mujer. Por eso, para facilitar las cosas, me acerqué a Patricia y le susurré al oído:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Es su primera vez!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi amiga percibió al instante que le pedía y mientras rozaba con su pierna la &nbsp;encharcada cueva de Linda, cogió un pecho de la indefensa mujer. Antes de seguir, la miró a los ojos y al vislumbrar deseo, decidió seguir. Desde mi posición, la observé bajar por su cuello y con suaves besos acercar su boca al pezón erecto de su aprendiz.&nbsp; Asustada pero excitada, la rubia experimento por vez primera la lengua de una fémina recorriendo su rosada aureola.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Dios!- exclamó en voz baja.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Durante un rato, Patricia se &nbsp;conformó con mamar esos pechos que había puesto a su disposición. Con la destreza que da la experiencia, chupó de esos dos manjares sin dejar de acariciar la piel de la primeriza. Viendo que había conseguido vencer sus reparos iniciales y que Linda estaba preparada para dar el siguiente paso, siguió bajando por su cuerpo dejando un húmedo rastro camino al tanga de la mujer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Arrodillándose a sus pies, le quitó con ternura esa mojada prenda, tras lo cual la obligó a separar las piernas. Incapaz de negarse, Linda obedeció y fue entonces cuando se apoderó de su sexo. Con suavidad retiró a los hinchados labios de la rubia, para concentrarse en su &nbsp;botón.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me encanta!- suspiró aliviada al asimilar que la boca de esa mujer, lejos de ser repugnante, le gustaba.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://www.lesbianpornvideos.com/images/galleries/0035/7838/360d1adef853a4bc1771e763816cd485.jpg" width="425" height="638"></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa confesión dio a mi amiga el valor suficiente para con sus dientes y a base de pequeños mordiscos, llevarla a una cima de placer nunca alcanzada. De pie, con sus manos en su larga cabellera de Patricia y &nbsp;mirándome a los ojos, se corrió en la boca de la mujer arrodillada. Ella al notarlo, sorbió el río que manaba de ese sexo, y profundizando en la dulce tortura, introdujo un dedo en la empapada vagina. Sin importarle que pensara yo, &nbsp;gritó de placer:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Por favor! ¡Sigue!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Interviniendo, levanté a Patricia del suelo y cogiendo a ambas de la cintura, las llevé escaleras arriba hasta mi habitación. Una vez allí, ordené a la morena que se tumbara en la cama&nbsp; y mirando a mi empleada, le solté:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Es hora de que le devuelvas el placer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Linda me miró aterrada pero cumpliendo con nuestro trato, se fue acercando hasta el colchón donde le esperaba la otra mujer. Patricia desde las sábanas esperó a que la rubia procediera con&nbsp; lo que ella deseaba y sobreentendía… pero la inexperta mujer no tenía ni la menor idea de que hacer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Qué hago?-&nbsp;&nbsp;me preguntó asustada la muchacha.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me quedé alucinado que su inexperiencia fuera tal que no supiera lo que hacer y asumiendo el papel de profesor,&nbsp; me acerqué y le dije con tranquilidad:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Haz lo que te gustaría que ella hiciera.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sus ojos me pidieron que la dirigiera y por eso </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Con la calma que da la certeza de saber lo que la morena necesitaba, delicadamente acomodé a mi empleada entre los muslos de mi amiga y señalando el abultado sexo de la mujer, le dije:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Separa los labios con tus dedos y descubriendo el clítoris: ¡Bésalo!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi pupila sin discutir acercó su cara hasta la entrepierna de la mujer y &nbsp;abriendo su boca, le dio el&nbsp; primer beso a un sexo de mujer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Está rico- dijo bastante roja y avergonzada.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Sigue- ordené</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Linda me obedeció sin reparos y mientras seguía mis instrucciones, me a pellizcar los pezones de una indefensa Patricia que dominada ya por el deseo,&nbsp; vio en mis duras caricias un estímulo extra del que se iba a aprovechar.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Métele tu dedo- le pedí justo cuando la mano de la morena me bajaba la bragueta del pantalón.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La maniobra de Patricia hizo que Linda diera un chillido de deseo y sin quitar un ojo de cómo liberaba mi pene, siguió masturbando a la morena, metiendo y sacando su dedo de ese coño. Repartiendo mi atención entre lo que hacía la rubia y las caricias de la morena, obligué a la primera a incrementar sus acciones añadiendo otro dedo al que torturaba el encharcado sexo. Para entonces, mi Patricia ya se había introducido mi verga hasta el fondo de su garganta.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No te aceleres- le solté sacando mi miembro -¡Por ahora disfruta!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cabreada por dejarla sin su chupete, intentó volvérselo a meter. Al ver que no cedía se acomodó entre los almohadones y cerrando los ojos, dejó que mi empleada siguiera comiendo de su coño. Esta se colocó frente a la morena y separándole las piernas, recomenzó como si nada hubiese pasado, lamiéndole la parte interna de los muslos. Desde posición, pude contemplar por entero el sexo de la morena y la humedad que encharcaba los labios me avisó de la cercanía de su orgasmo. Con su respiración entrecortada, esperó las caricias de la lengua de mi empleada. Al sentir la acción de su boca sobre su clítoris, pegó un grito y convulsionando sobre las sábanas se corrió dando gritos. Me encantó ver que su cuerpo temblaba mientras Linda no daba abasto a recoger el flujo que brotaba de su sexo con la lengua.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://www.lesbianpornvideos.com/images/galleries/0035/7838/9745e119965f60b008d0b98d5fd64a8b.jpg" width="423" height="635">Sus gemidos coincidieron en el tiempo, con mi llegada a la espalda de Linda. Mientras la rubia seguía devorando el coño de mi amiga, con mis manos le abrí sus nalgas y tanteando el terreno, le solté un azote mientras le preguntaba si deseaba que la tomara.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Cógeme, ¡Quiero sentir tu verga en mi interior!- chilló entusiasmada.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su lenguaje soez espoleó mi lujuria, y colocando la punta de mi glande en la entrada de su cueva, la forcé lentamente, de forma que pude sentir el paso de toda la piel de mi tranca rozando sus adoloridos labios, mientras la llenaba.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Patricia exigiendo su parte, tiró del pelo de la rubia y poniendo nuevamente su coño a disposición de la muchacha, le exigió que su lengua se introdujera en el interior de su vagina mientras mi pene se recreaba en el interior de mi empleada. Sentir mi huevos rebotando contra su culo mientras ella seguía comiendo con auténtica pasión la cueva de mi amiga, fue algo alucinante.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Parecíamos un tren desbocado. Mis &nbsp;embestidas obligaban a Linda a penetrar con su lengua más hondo en el interior de Patricia, y esta, al sentirlo, pegaba un grito que forzaban a un nuevo ataque por mi parte.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La morena fue la primera en correrse, retorciéndose sobre la cama y mientras se pellizcaba los pezones, nos pidió que la acompañáramos. Aceleré el ritmo al escucharla y cayendo sobre la espalda de la rubia, me derramé regando su interior con mi semilla. El orgasmo de Linda en cambio fue algo brutal. Al sentir mi semen rellenando su estrecho conducto, se creyó morir y pegando un alarido, informó a los cuatro vientos su placer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Satisfecho por lo sucedido, me tumbé en la cama entre ellas y mientras me abrazaban, pregunté a Patricia si seguía temiendo que Linda se fuera de la lengua.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Por supuesto! – respondió muerta de risa -¡No te haces una idea de lo bien que la maneja! Solo espero que esto sea un aperitivo y que durante el fin de semana, vuelva a demostrarlo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi empleada soltó una carcajada al oírla y llevando una mano al pecho de la morena, le apretó un pezón, mientras la contestaba:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Tendrás que preguntar a José. Yo no hago nada sin que ¡Él me lo mande!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.lesbianpornvideos.com/images/galleries/0035/7838/e55da6d8d038a70515df936e808eabd8.jpg" width="578" height="385"></div>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2026 11:48:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: &#160; Al morir mi hijo, tengo que hacerme responsable de su mujer e intentar que salga de su depresión. Tomo esa decisión sin saber que Jimena desarrollará una fijación por mí e intentará llevarme a la cama. Con el tiempo, se va afianzando mi relación con ella a pesar que mi nuera no deja de mostrar síntomas de desequilibrio mental. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/gp/product/B01BI34MVK &#160; &#160; Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos: &#160; &#160; &#160; Capítulo 1. Con cuarenta y nueve inviernos creía que mi vida [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01BI34MVK"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18602" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/NUERA1-1.png" alt="" width="5384" height="2488" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/NUERA1-1.png 5384w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/NUERA1-1-300x139.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/NUERA1-1-768x355.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/NUERA1-1-1024x473.png 1024w" sizes="(max-width: 5384px) 100vw, 5384px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<div class="MsoNormal" style="text-align: justify; background: white;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></div>
<div class="MsoNormal" style="text-align: justify; background: white;">
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al morir mi hijo, tengo que hacerme responsable de su mujer e intentar que salga de su depresión. Tomo esa decisión sin saber que Jimena desarrollará una fijación por mí e intentará llevarme a la cama. Con el tiempo, se va afianzando mi relación con ella a pesar que mi nuera no deja de mostrar síntomas de desequilibrio mental.</span></p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B01BI34MVK">http://www.amazon.es/gp/product/B01BI34MVK</a></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</strong></span></div>
</div>
<div class="MsoNormal" style="text-align: justify; background: white;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="text-align: justify; background: white;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="text-align: justify; background: white;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 1.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Con cuarenta y nueve inviernos creía que mi vida ya no tenía sentido. Y cuando digo inviernos y no primaveras se debe a que después de tantos años trabajando con único propósito de crear un patrimonio con el que pasar mi vejez con mi mujer y tantos esfuerzos para criar a mi único hijo, resulta que por un desgraciado accidente me vi solo. A raíz de ese suceso, estaba hundido. Cada mañana me resultaba un suplicio el tener que levantarme de la cama y enfrentar un nuevo día sin sentido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con dinero en el banco, la casa pagada y un negocio que marchaba a las mil maravillas todo era insuficiente para mirar hacia adelante. Por mucho que mis amigos me trataban de animar diciendo que me quedaban al menos otros cuarenta años y que la vida me podía dar una nueva oportunidad, no les creía. Para mí, el futuro no existía y por eso decidí vivir peligrosamente. Asqueado de la rutina comencé a practicar actividades de riesgo, quizás deseando que un percance me llevara al otro barrio y así unirme a María y a José.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¡Dios! ¡Cómo los echaba de menos!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nada era suficientemente peligroso. Me compré una moto de gran cilindrada, me uní a un grupo de Ala Delta donde aprendí a surcar los aires, viajé a zonas en guerra buscando que la angustia de esa gente me hiciera ver que era un afortunado… Desgraciadamente la adrenalina no me sirvió para encontrar un motivo por el que vivir y cada día estaba más abatido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero curiosamente cuando ya había tocado fondo y mi depresión era tan profunda que me había llevado a comprar una pistola en el mercado negro para acabar con mi vida, la enésima desgracia me dio un nuevo aliciente por el que luchar. Hoy me da vergüenza reconocer que estaba sondeando el quitarme de en medio cuando recibí la llamada de Juan, el mejor amigo de mi hijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Felipe disculpe que le llame a estas horas pero debe saber que Jimena ha intentado suicidarse. Se ha tomado un bote de pastillas y si no llega a ser porque llamó a mi mujer para despedirse, ahora estaría muerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Confieso que, aunque había estado coqueteando con esa idea, el que mi nuera hubiese intentado acabar con su vida me pareció inconcebible porque al contrario de mí, ella era joven y tenía un futuro por delante. Sé que era una postura ridícula el escandalizarse cuando yo estaba de tonteando con lo mismo pero aun así pregunté dónde estaba y saliendo de casa, fui a visitarla al hospital.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante el trayecto, rememoré con dolor el día que mi chaval nos la había presentado como su novia y como esa cría nos había parecido encantadora. La ilusión de ambos con su relación confirmó tanto a mi mujer como a mí que nuestro retoño no tardaría en salir del nido. Y así fue, en menos de un año se casaron. Su matrimonio fue feliz pero corto y desde que la desgracia truncara nuestras vidas, no había vuelto a verla porque era un doloroso recordatorio de lo que había perdido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo a lo que me enfrentaría, llegué hasta su habitación. Desde la puerta, comprobé que estaba acompañada por la mujer de Juan y eso me dio los arrestos suficientes para entrar en el cuarto. Al hacerlo certifiqué la tristeza de mi nuera al ver lo delgadísima que estaba y observar las ojeras que surcaban sus anteriormente bellos ojos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Está hecha una pena», pensé mientras me acercaba hasta su cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Jimena al verme, sonrió dulcemente pero no pudo evitar que dos lagrimones surcaran sus mejillas al decirme:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Felipe, siento causarle otra molestia. Suficiente tiene con lo suyo para que llegue con esta tontería.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El dolor de sus palabras me enterneció y cogiendo su mano, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No es una tontería. Comprendo tu tristeza pero debes pasar página y seguir viviendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo eran los mismos argumentos que tantas veces me había dicho y que no habían conseguido sacarme de mi depresión, no creí que a ella le sirvieran pero aun así no me quedó más remedio que intentarlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo sé, suegro, lo sé. Pero no puedo. Sin su hijo mi vida no tiene sentido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su dolor era el mío y no por escucharlo de unos labios ajenos, me pareció menos sangrante:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Mi nuera compartía mi pena y mi angustia».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María, su amiga, que desconocía que mi depresión era semejante a la de ella, creyó oportuno decirle:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo ves Jimena. Don Felipe sabe que la vida siempre da segundas oportunidades y que siendo tan joven podrás encontrar el amor en otra persona.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La buena intención del discurso de esa mujer no aminoró mi cabreo al pensar por un instante que Jimena se olvidara de mi hijo con otro. Sabía que estaba intentando animar a mi nuera y que quería que yo la apoyara pero no pude ni hacerlo y hundiéndome en un cruel mutismo, me senté en una silla mientras ella comenzaba a llorar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante una hora, me quedé ahí callado, observando el duelo de esa muchacha y reconcomiéndome con su dolor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “¿Por qué no he tenido el valor de Jimena?”, pensé mirando a la que hasta hacía unos meses había sido una monada y feliz criatura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue Juan quien me sacó del círculo autodestructivo en que me había sumergido al pedirme que le acompañara a tomar un café. Sin nada mejor que hacer le acompañé hasta el bar del hospital sin saber que eso cambiaría mi vida para siempre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Felipe― dijo el muchacho nada más buscar acomodo en la barra: ―Cómo habrá comprobado Jimena está destrozada y sin ganas de seguir viviendo. Su mundo ha desaparecido y necesita de su ayuda…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Mi ayuda?― interrumpí escandalizado sin ser capaz de decirle que era yo el que necesitaba auxilio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sí― contestó ese chaval que había visto crecer,― su ayuda. Usted es el único referente que le queda a Jimena. No tengo que recordarle qué clase de padres le tocaron ni que desde que cumplió los dieciocho, huyó de su casa para no volver…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era verdad, ¡No hacía falta! Conocía a la perfección que su padre era un alcohólico que había abusado de ella y que su madre era una hija de perra que, sabiéndolo, había mirado hacia otra parte al no querer perder su privilegiada posición. Aun así todos los vellos de mi cuerpo se erizaron al oír que seguía diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Jimena, siempre envidió la relación que tenía con su hijo y vio en usted un ejemplo al que seguir. Por eso quiero pedirle un favor… Aunque sea por el recuerdo de José, ¡Usted debe ayudarla!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No comprendo― respondí asustado por la responsabilidad que estaba colocando sobre mis hombros:― ¿Qué cojones quieres que haga?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi exabrupto no hizo que el amigo de mi hijo se quedará callado y con tono monótono, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Fíjese. Mientras usted ha enfrentado con valentía su desgracia, su nuera se ha dejado llevar, ha perdido su trabajo, la han echado del piso que tenía alquilado y para colmo, ¡Se ha intentado suicidar! Si usted no se ocupa de ella, me temo que pronto iremos a otro entierro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me sentí fatal al no saber las penurias que había estado pasando mi nuera y con sentimiento de culpa, pregunté al chaval cómo podía arrimar el hombro:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Mi esposa y yo hemos pensado que: ¡Debería irse a vivir con usted!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ese momento esa propuesta me pareció un sinsentido y así se lo hice saber, pero el muchacho insistió tanto que al final, creyendo que mi nuera no aceptaría esa solución, acepté diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Solo pongo una condición. Jimena debe de estar de acuerdo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 2.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No preví que mi nuera aceptara irse a vivir conmigo pero su situación anímica y económica era tan penosa que vio en mi ofrecimiento un mal menor y por eso al salir del hospital, se mudó a mi casa. Todavía recuerdo con espeluznante precisión esos primeros días en los que Jimena no hacía otra cosa que llorar tumbada en la cama. No le deseo ni a mi mayor enemigo que algún día sufra lo que sufrí yo viéndola apagarse consumida por el dolor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era tan profunda su depresión que llamé a Manolo, un amigo psiquiatra para que me recomendara qué hacer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo primero es obligarla a levantarse, no puede estar acostada. Y lo segundo tráemela para que yo la evalúe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que seguí sus instrucciones al pie de la letra y aunque se negó en un principio tras mucho insistir conseguí que fuera a ver a ese loquero. Mi conocido después de verla le diagnosticó una severa depresión cercana a la neurosis y después de mandarle una serie de antidepresivos, me dio una serie de pautas que debía seguir. Pautas que básicamente era mantener una permanente supervisión y forzarla a ocupar sus horas para que no tuviera tiempo de pensar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso conseguí convencerla de inscribirse en unas clases de dibujo y acudir después al gimnasio. A partir de entonces me convertí en una especie de niñero que todas las mañanas la despertaba, la llevaba hasta la academia y al salir del trabajo tenía que pasar por el local donde hacía aerobic. De esa forma, muy lentamente, mi nuera fue mejorando pero sin recuperar su estado previo al accidente donde murieron mi hijo y mi mujer. Pequeños pasos que hablaban de mejoría pero a todas luces insuficientes. Una pregunta con la que salió un día de su encierro, una sonrisa al día siguiente por un comentario… Aun así era raro el día que la veía en mitad del salón llorando al recordar a su marido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Tengo que darle tiempo», repetía cada vez que retrocedía hundiéndose nuevamente en la tristeza.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Otros detalles como su insistencia en que saliéramos a cenar a un restaurante o que en vez de en coche la llevara en moto, me iban confirmando su recuperación sin que yo los advirtiera a penas. Pero al cabo de dos meses, un día me llegó con una extraña petición del psiquiatra que me dejó muy confuso:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Suegro, Don Manuel me ha pedido que tiene que ir a verle. Me ha dicho que quiere hablar con usted.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que mi amigo usara a mi nuera como vehículo, me resultó cuando menos curioso y por eso aproveché un momento que me quedé solo para llamarle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Manolo, ¿Qué ocurre?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Advirtió en el tono de mi pregunta mi preocupación y por eso me aseguró que no debía preocuparme pero insistió en verme. Porque lo que tenía que plantearme era largo y que prefería hacerlo en persona. Cómo comprenderéis su respuesta no me satisfizo y por eso al día siguiente cuando me presenté en su consulta, estaba francamente nervioso.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al sentarme, mi amigo decidió que de nada servía andarse con circunloquios y tras describirme los avances de mi nuera durante esas semanas, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Todo va bien, mucho mejor de lo que había vaticinado pero hay un problema y quiero ponerte en guardia…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Tú dirás!― respondí más tranquilo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tu nuera ha tenido una infancia terrible y cuando ya se veía feliz con tu hijo, sufrió un revés…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo sé― interrumpí molesto por que lo me recordara: ― ¡Dime algo que no sepa!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Manolo comprendió que mi propio dolor era quien había hablado y por eso sin darle mayor importancia, prosiguió diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias a tu apoyo, ha descubierto que tiene un futuro y por eso te aviso: ¡No puedes fallarle! Porque de hacerlo tendría unas consecuencias que no quiero ni imaginar― la seriedad de su semblante, me hizo permanecer callado. – Para Jimena eres única persona en la que confía y de perder esa confianza, se desmoronaría.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Comprendo― mascullé.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Qué vas a comprender!― indignado protestó: ―En estos momentos, eres su sostén, su padre, su amigo, su compañero e incluso su pareja. De sentir que la rechazas, entraría en una espiral de la que nunca podría salir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Tú estás loco! Para mi nuera solo soy su suegro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te equivocas. Aunque no lo ha exteriorizado, Jimena está enamorada de ti y temo el día que se dé cuenta porque no sé cómo va a reaccionar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me he perdido― reconocí sin llegármelo a creer pero sobretodo confundido porque yo la veía como a una hija y no albergaba otro sentimiento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cuando Jimena se percate del amor que te tiene, si no conseguimos que focalice ese cariño bien, buscará en ti esos mismos sentimientos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me estás diciendo que intentará seducirme?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Desgraciadamente, no. Jimena considerará un hecho que tú también la amas y se considerara tu mujer antes de qué tú te des cuenta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te creo― contesté riendo aunque asustado en mi interior y tratando de dar argumentos en contra, le solté: ―Coño, Manolo, ¡Si me sigue tratando de usted!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tu ríete. Yo ya he cumplido avisándote.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El cabreo de mi amigo incrementó mi turbación de forma que al despedirme de él, le dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias, tomaré en cuenta lo que me has dicho pero te aseguro que te equivocas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eso espero― contestó mientras me acompañaba a la puerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al salir de su consulta, os tengo que confesar que estaba acojonado porque me sentía responsable de lo que le ocurriera a esa cría.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto del día me lo pasé en la oficina dando vueltas a la advertencia de Manuel. Por más que lo negara algo me decía que mi amigo tenía razón y por eso estuve durante horas tratando de encontrar si había sido yo el culpable de la supuesta atracción de la que hablaba, pero no hallé en mi actuación nada que hubiese alentado a mi nuera a verme como hombre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Más tranquilo, me auto convencí que el psiquiatra había errado con su diagnóstico y cerrando mi ordenador, decidí volver a casa. Ya en ella, Jimena me esperaba con una sonrisa y nada más verme, me dio un beso en la mejilla mientras me decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―He pensado que me llevaras al Pardo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa petición no era rara en ella porque como ya os he dicho solíamos salir frecuentemente a cenar a un restaurante pero esa tarde me sonó diferente y por eso quise negarme pero ella insistió diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Llevo todo el día encerrada, creo que me merezco que me saques a dar una vuelta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa respuesta me puso la piel de gallina porque bien podría haber sido lo que me dijera mi difunta mujer si le apetecía algo y yo no la complacía. Asustado accedí. De forma que tuve que esperar media hora a que Jimena se arreglara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me quedé de piedra al verla bajar las escaleras enfundada en un traje de cuero totalmente pegado pero más cuando con una alegría desbordante, me lo modeló diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Te gusta cómo me queda? He pensado que como siempre vamos en moto, me vendría bien comprarme un buzo de motorista.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque cualquier otro hombre hubiese babeado viendo a esa muñeca vestida así pero no fue mi caso. La perfección de sus formas dejadas al descubierto por ese tejido tan ceñido, lejos de excitarme me hizo sudar al ver en ello una muestra de lo que me habían vaticinado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Estoy exagerando», pensé mientras encendía la Ducatí, « no tiene nada que ver».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desgraciadamente al subirse de paquete, se incrementó mi turbación al notar que se abrazaba a mí dejando que sus pechos presionaran mi espalda de un modo tal que me hizo comprender que bajo ese traje, mi nuera no llevaba sujetador.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¡Estoy viendo moros con trinchetes!», maldije tratando de quitar hierro al asunto. « Todo es producto de mi imaginación».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los diez kilómetros que tuve que recorrer hasta llegar al restaurante fueron un suplicio por que a cada frenazo sentía sus pezones contra mi piel y en cada acelerón, mi nuera me abrazaba con fuerza para no caer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez en el local fue peor porque Jimena insistió en que no sentáramos en la terraza lejos del aire acondicionado y debido al calor de esa noche de verano, no tardó en tener calor por lo que sin pensar en mi reacción, abrió un poco su traje dejándome vislumbrar a través de su escote que tenía unos pechos de ensueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante unos instantes, no pude retirar la mirada de ese canalillo pero al advertir que mi acompañante se podía percatar de mi indiscreción llamé al camarero y le pedí una copa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «La chica es mona», admití pero rápidamente me repuse al pensar en quien era, tras lo cual le pregunté por su día.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi nuera ajena a mi momento de flaqueza me contó sin darle mayor importancia que en sus clases la profesora les había pedido que dibujaran un boceto sobre sus vacaciones ideales y que ella nos había pintado a nosotros dos recorriendo Europa en moto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que al escucharla me quedé helado porque involuntariamente estaba confirmando las palabras de su psiquiatra:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Será normal para ella el veros como pareja.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La premura con la que se estaba cumpliendo esa profecía, me hizo palidecer y por eso me quedé callado mientras Jimena me describía el cuadro:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pinté la moto llena de polvo y a nuestra ropa manchada de sudor porque en mi imaginación llevábamos un mes recorriendo las carreteras sin apenas equipaje.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras confirmaron mis temores pero Jimena ajena a lo que me estaba atormentando, se mostraba feliz y por eso siguió narrando sin parar ese supuesto viaje, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me encantaría descubrir nuevos paisajes y conocer diferentes países contigo. No levantaríamos al amanecer y cogeríamos carretera hasta que ya cansados llegáramos a un hotel a dormir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tono tan entusiasta con el que lo contaba, no me permitió intervenir y en silencio cada vez más preocupado, esperé que terminara. Desgraciadamente cuando lo hizo, me preguntó mientras agarraba mi mano entre las suyas:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Verdad que sería alucinante? ¡Tú y yo solos durante todo un verano!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Recordando que según su doctor no podía fallarle, respondí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me encantaría.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La sonrisa de alegría con la que recibió mi respuesta fue total pero justo cuando ya creía que nada podía ir peor, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Entonces, ¿Este verano me llevas?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Mierda», exclamé mentalmente al darme cuenta que había caído en su juego y con sentimiento de derrota, le aseguré que lo pensaría mientras cogía una de las croquetas que nos habían puesto de aperitivo. Mi claudicación le satisfizo y zanjando de tema, llamó al camarero y pidió la cena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de esa velada transcurrió con normalidad y habiendo terminado de cenar, como si fuera algo pactado ninguno sacó a colación el puñetero verano. Con un sentimiento de desolación, llegué a casa y casi sin despedirme, cerré mi habitación bajo llave temiendo que esa cría quisiera entrar en ella como si fuera ella mi mujer y yo su marido. La realidad es que eso no ocurrió y al cabo de media hora me quedé dormido. Mi sueño era intermitente y en él no paraba de sufrir el acoso de mi nuera exigiendo que la tomara como mujer. Os juro que aunque llevara sin estar con una mujer desde que muriera mi esposa para mí fue una pesadilla imaginarme a mi nuera llegando hasta mi cama desnuda y sin pedir mi opinión, que usara mi sexo para satisfacer su deseos. En cambio ella parecía en la gloria cada vez que mi glande chocaba contra la pared de su vagina. Sus gemidos eran puñales que se clavaban en mi mente pero que ella recibía gustosa con una lujuria sin igual.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Justo cuando derramé mi angustia sobre las sabanas un chillido atroz me despertó y sabiendo que provenía de su habitación sin pensar en que solo llevaba puesto el pantalón de mi pijama, corrí en su auxilio. Al llegar, me encontré a Jimena medio desnuda llorando desconsolada. Ni siquiera lo pensé, acudiendo a su lado, la abracé tratando de consolarla mientras le preguntaba qué pasaba:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―He soñado que me dejabas― consiguió decir con su respiración entrecortada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tranquila, era solo un sueño― respondí sin importarme que ella llevara únicamente puesto un picardías casi transparente que me permitía admirar la belleza de sus senos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi nuera posando su melena sobre mi pecho sin dejar de llorar y con una angustia atroz en su voz, me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Verdad que nunca me vas a echar de tu lado?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Claro que no, princesa― contesté como un autómata aunque en mi mente estaba espantado por la dependencia de esa niña.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras consiguieron tranquilizarla y tumbándola sobre el colchón esperé a que dejara de llorar manteniendo mi brazo alrededor de su cintura. Una vez su respiración se había normalizado creí llegado el momento de volver a mi cama pero cuando me quise levantar, con voz triste, Jimena me rogó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te vayas. ¡Quédate conmigo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su tono venció mis reticencias a quedarme con ella y accediendo me metí entre las sábanas por primera vez. En cuanto posé mi cabeza sobre la almohada, mi nuera se abrazó a mí sin importarle que al hacerlo su gran escote permitiera sentir sobre mi piel sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Pobrecilla. Está necesitada de cariño», pensé sin albergar ninguna atracción por mi nuera pero francamente preocupado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis temores se incrementaron cuando medio dormida, escuché que suspiraba diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias, mi amor…</span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Mi nuera me preguntó si podía hacerme una mamada 2&#8221; (POR GOLFO).</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Oct 2026 19:49:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160; Eran más de las once y Jimena y yo todavía seguíamos en la cama. Habiendo olvidado que éramos suegro y nuera, nos habíamos dejado llevar por nuestra pasión y por eso cuando Manolo me llamó, ella seguía entre mis brazos. Ese amigo que era a la vez el psiquiatra de Jimena estaba preocupado por si había tomado alguna decisión. Un tanto cortado le respondí que en ese momento no podía hablar. Para los que no habéis leído la primera parte de este relato debéis saber que con anterioridad a nuestro desliz, me había avisado del difícil equilibrio mental de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Eran más de las once y Jimena y yo todavía seguíamos en la cama. Habiendo olvidado que éramos suegro y nuera, nos habíamos dejado llevar por nuestra pasión y por eso cuando Manolo me llamó, ella seguía entre mis brazos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Ese amigo que era a la vez el psiquiatra de Jimena estaba preocupado por si había tomado alguna decisión. Un tanto cortado le respondí que en ese momento no podía hablar. Para los que no habéis leído la primera parte de este relato debéis saber que con anterioridad a nuestro desliz, me había avisado del difícil equilibrio mental de la viuda de mi hijo y de la fijación que estaba experimentando por mí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¿La tienes ahí?- me soltó comprendiendo que no estaba solo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Así es- respondí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Al escuchar mi respuesta, se quedó pensando un momento tras lo cual insistió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¿Te has acostado con ella?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Colorado e incómodo, reconocí a Manolo lo que había hecho y curiosamente, mi amigo lejos de enfadarse únicamente comentó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Os invito a comer. Quiero hablar con los dos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Más que una invitación era una orden y no queriendo que por ningún motivo, el estado psíquico de Jimena se viera perjudicado por mis reparos, acepté colgando la comunicación.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¿Quién era?- dijo mi nuera con una sonrisa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Manolo, hemos quedado en comer en su casa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Curiosamente, esa cría ni siquiera preguntó para qué y dando por sentado que iba a ser una reunión de amigos, me preguntó cómo era la esposa de su psiquiatra. Al responderla que era la típica ama de casa, amante de su marido, se rio y me dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Entonces nos llevaremos bien, no me gustaría descubrir que te anda seduciendo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Estás loca. Además de no ser mi tipo, es la mujer de un amigo- le contesté mientras todos los vellos de mi cuerpo se erizaban al asumir que tal como me dijo Manolo, Jimena se comportaría con unos celos enfermizos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Y ¿Cómo es tu tipo?- insistió mi nuera.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Comprendí que estaba tanteando el terreno y que esa pregunta me la había hecho en realidad para que le contestara que era ella la que realmente me gustaba. Un poco mosqueado por su actitud, decidí darle un pequeño escarmiento y mirando su pelo castaño, le solté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Las rubias.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Mi respuesta la sacó de las casillas y con un cabreo de narices, se levantó de la cama sin dignarse siquiera a mirarme. Para terminarla de joder, solté una carcajada. Mi nuera al oírme, pegando un portazo, se encerró en el baño y no salió de él por mucho que intenté disculparme diciéndole que era broma.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¡No te quiero ni ver! ¡Vete!- contestó llorando desde dentro.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Al ver su intransigencia, no me quedó otra que irme a la cocina a desayunar mientras esperaba a que se le pasase el berrinche para hacer las paces con ella. Desgraciadamente el cabreo de la muchacha era tal que en cuanto pudo me dio esquinazo y salió huyendo sin darme oportunidad de hablar con ella….</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/K/13kKN/malena-morgan-masturbacion-anal-04.jpg" width="425" height="336"></div>
<div style="text-align: justify;"><b><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Jimena desaparece toda la mañana y vuelve cambiada.</span></b></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">No tuve noticias de mi nuera hasta la una y media cuando ya estaba preocupado porque desde que había tenido la crisis nerviosa, Jimena siempre me avisaba de lo que iba a hacer o donde estaba. Al no ser normal que desapareciera durante tres horas, estaba ya de los nervios pensando que había hecho alguna tontería y por eso cuando escuché abrirse la puerta del garaje, salí a ver en que estado llegaba. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Conociendo el débil equilibrio mental de mi nuera me esperaba cualquier cosa, desde que llegara borracha a que siguiera reusando hablar conmigo pero lo que nunca preví fue que la mujer a la que abriera la puerta del coche fuera una despampanante rubia:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¿Qué has hecho?- pregunté al ver que se había teñido y que su melena negra había desaparecido.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Con una sonrisa de oreja a oreja, respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¿Te gusto más ahora? Como me dijiste que te gustaban las rubias, he decidido complacerte-. Su respuesta de por sí clarificadora me dejó helado cuando me modeló su cambio de look, diciendo: &#8211; Mira lo que he comprado para ti, ¡un tanga rojo!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Sin llegar a entrar en la casa y todavía en el garaje, meneando su pandero, se bajó los pantalones para mostrarme satisfecha la ropa interior que se había comprado. Su descaro me hizo reír y dando un sonoro cachete en una de sus nalgas, le comenté que llegábamos tarde a la comida con Manuel, olvidando aunque fuera temporalmente esa transformación.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Ya en el coche, Jimena me dio más claves que le habían llevado a cambiar completamente su apariencia al decirme:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Amor, no sabes lo feliz que soy desde que vivo contigo. Cuando murió tu hijo creí que mi vida había terminado pero gracias a ti, tengo un futuro. Si algo no te gusta de mí, dímelo y cambiaré.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Racionalizando sus palabras, me quedó claro que mi nuera veía natural adaptarse a mis gustos como medio de mantener nuestra relación pero de un modo enfermizo. Por eso, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-No necesito que cambies, me gustas tal y como eres.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">La alegría desbordada de la muchacha al oír mi respuesta me confirmó que había un problema sobretodo porque sin venir a cuento, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-¿Te apetece que hagamos el amor?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Calculando la frase no fuera a ver en ella un rechazo, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-No creo que sea lo más adecuado, estamos en el coche y llegamos tarde.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">Muerta de risa, contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;">-Por eso no te preocupes- y poniendo cara de putón desorejado, descojonada prosiguió diciendo mientras llevaba sus manos a mi bragueta: &#8211; Tú conduce.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Antes de que pudiese reaccionar, Jimena obviando que estábamos en mitad de la calle se puso de rodillas sobre su asiento y sacando mi verga de su encierro, la comenzó a acariciar con ternura. Mi pene reaccionó irguiéndose y ella al verlo pasó su lengua sobre las comisuras de mi glande mientras ronroneando me decía lo mucho que me amaba, para acto seguido, con una sensualidad imposible de describir, irse introduciendo lentamente mi sexo en su boca. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Estás loca- comenté ya excitado.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Durante un segundo alzó su vista para comprobar que me gustaba y al verificar que no ponía reparos, se lo volvió a meter. La lentitud con la que lo hizo, me permitió experimentar la tersura de sus labios al recorrer mi pene. Imbuida en su papel, Jimena no cejó hasta que consiguió que su garganta absorbiera por completo toda mi extensión. Una vez lo había conseguido, sacando y metiendo mi polla de su boca, comenzó un lento vaivén.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi nuera viendo que la excitación me dominaba, aceleró la velocidad de su mamada mientras con sus dedos masajeaba mis testículos. Para entonces reconozco que me costaba seguir conduciendo ya que la cadencia que estaba imprimiendo a su boca era brutal y eso dificultaba el concentrarme en otra cosa que no fuera sus maniobras. Coincidiendo con un semáforo, no pude seguir reteniendo mi placer y avisándola, me derramé en su interior. Jimena al sentir las explosiones de mi pene sobre su paladar, incrementó más si cabe el ritmo y no se quedó contenta hasta que &nbsp;consiguió extraer la última gota de mi sexo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Entonces y con un brillo extraño en sus ojos, me dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&#8211; A tu mujercita le pone cachonda tu sabor- y acomodándose en su sitio, separó sus rodillas mientras metía una de sus manos por dentro de su pantalón.&nbsp; Mi cara de sorpresa la hizo reír y no satisfecha con ello, mojó uno de sus dedos en su sexo y descaradamente se lo chupó mientras me guiñaba un ojo, diciendo: -¿te importa que tu zorrita se masturbe?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Para nada- respondí nuevamente excitado con la idea de verla satisfaciendo sus necesidades. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Jimena no se hizo de rogar y llevando su mano a uno de sus pechos, pellizcó su pezón sin dejar de gemir. Con las manos en el volante, fui testigo como separaba los pliegues de su sexo y con dos dedos torturaba su botón, concentrando así toda su calentura en su entrepierna.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Necesito correrme- gritó como pidiendo mi permiso. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">No contesté al estar alucinado por la furia con la que mi nuera empezaba a masajear su clítoris. Dominada por la lujuria, la muchacha convulsionó sobre el asiento mientras con la otra mano se acariciaba los pechos. El elevado volumen de sus gemidos terminó por acallar la canción de la radio y entonces con la melodía de sus aullidos llenando el habitáculo del coche, se corrió sobre su asiento. Al terminar y mientras se cerraba el pantalón me dio un beso y dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Gracias amor, por darme tanto placer.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Aunque su orgasmo casi coincidió con nuestra llegada a casa de Manolo, tuve tiempo de analizar lo que me había dicho y entonces con mis nervios a flor de piel comprendí que en su mente el placer iba unido a mí y por eso incluso adjudicaba a mi autoría, lo que acababa de sentir.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi amigo, que como sabéis era su psiquiatra, fue quien nos abrió la puerta y al ver que se había cambiado el color del pelo, le comentó que estaba muy guapa. Jimena al escuchar el piropo, le contestó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Muchas gracias. Fue Felipe quien me lo insinuó.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Manolo, que no era tonto, no dijo nada y esperó a presentarle a su esposa para que aprovechando que se la llevaba a mostrarle el piso, preguntarme si era eso cierto.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Para nada- respondí. –Cuando me preguntó cómo era el tipo de mujer que me gustaba, le contesté de broma que rubias y ella al escucharlo, se fue directo a la peluquería a teñirse la melena.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Típico en las personas con su trastorno- comentó entre dientes.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Qué trastorno?- escandalizado exclamé.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Joder, Felipe, ¡pareces tonto! Mira que te avisé de lo que se te avecinaba y olvidando mi advertencia, te acuestas con ella.&nbsp; Tu nuera sufre un trastorno de personalidad dependiente emocional y hará todo lo que le mandes para evitar tu rechazo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Manolo, ¡Qué no se lo pedí!- protesté aun sabiendo que no era&nbsp; injustificada esa reprimenda.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡No entiendes! Para Jimena, una sugerencia, un deseo o una insinuación por tu parte es una orden que no puede evitar cumplir- comentó y para darle mayor énfasis a su posición, me dijo: -Solo por complacerte, aceptaría de buen grado hacer cosas que de otro modo nunca realizaría. Tu nuera, o mejor dicho, tu pareja siente una necesidad excesiva por ti y buscará tu aprobación cueste lo que le cueste.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡No será para tanto!- contesté no muy seguro.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Es peor de lo que te imaginas. Veras como esa cría terminará asumiendo tus propios gustos con una naturalidad total. Si no me crees, piensa en algo que sepas que no le guste y coméntale que a ti sí.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Como esa prueba era inocua, decidí hacer la comprobación en cuanto volvieran de dar la vuelta por la casa. Recordando que nunca le había gustado la cerveza al llegar, le comenté a la mujer de Manolo: </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-María, ¿no tendrás una cerveza bien fría? Hace calor y nada mejor que una para combatirlo.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/K/13kKP/malena-morgan-masturbacion-anal-05.jpg" width="424" height="599"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Os juro que se me erizó hasta el último vello de mi cuerpo al escuchar a mi nuera pedir que le trajera otra a ella. La inmediatez con la que confirmó los síntomas de su problema mental me dejaron hecho mierda y por ello, llevando a Manolo a un rincón le pregunté qué era lo que podía hacer.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Lo primero, ¡No abuses! Aunque ahora parecerá una exageración, te será muy fácil dejarte llevar y poco a poco, ir moldeándola a tu gusto. Lo quieras&nbsp; o no, a ti también te resultará natural ir ejerciendo tu autoridad sobre ella invadiendo todos sus recodos. Te advierto, no caigas en un dominio absoluto. Ninguno de los dos sería feliz.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">El sentido común que manaba de sus palabras me hizo tomar nota mentalmente de sus consejos y de esa forma supe que debía de forzarle a tomar sus decisiones para que no adoptara las mías como propias, así como, intentar reforzar su autoestima.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Entre tanto, Jimena y María habían hecho buenas migas. Se notaba que la esposa del psiquiatra debía estar al tanto de lo peculiar de nuestra relación porque no hizo ningún comentario y aceptó como normal &nbsp;tanto el parentesco que nos unía como nuestra diferencia de edad. Solo metió la pata cuando en mitad de la comida, le dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Y niña, ¿Cómo es eso de vivir con tu suegro?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">De muy mala leche, Jimena le contestó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Felipe era mi suegro, ahora aunque todavía no nos hayamos casado es mi marido.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su psiquiatra intervino, calmando la tormenta, al decir:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Y nos alegramos por los dos. Se nota que estáis hechos el uno para el otro.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sonriendo de oreja a oreja, soltó un grito de alegría, diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Verdad que si? Desde que me rescató en el hospital, supe que debía dedicar mi vida a hacerle feliz.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Puede advertir el disgusto de su médico antes de contestar:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Jimena, debes de pensar en ti en primer lugar. Felipe es una buena persona pero tú también y por eso no te costaría encontrar a otro que te quisiera.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La indignación con la que recibió ese consejo fue total y agarrando su bolso, dejó plantado al matrimonio. Alucinado, pedí perdón a mis amigos y corrí tras ella. Al alcanzarla en el coche, se lanzó a mis brazos llorando mientras me decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Júrame que nunca me dejarás sola.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Me quedé mudo al notar su dolor y besándola con cariño, le prometí amor eterno…</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><b><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La dependencia de Jimena empeora.</span></b></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Esa tarde al llegar a nuestra casa me tuve que multiplicar para consolarla. Su estado de tristeza la llevó a pasarse berreando durante horas mientras yo permanecía a su lado sin saber qué hacer. Los sollozos de mi nuera se prolongaron tanto tiempo que al final consiguieron sacarme de mis casillas y creyendo que lo que necesitaba Jimena para dejar atrás sus lamentos era una buena ración de sexo, le fui desabrochando su camisa mientras le decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify; text-indent: -18pt;"><!-- [if !supportLists]--><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES;">&#8211;<span style="font-stretch: normal;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Voy a demostrarte lo mucho que te quiero.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mis palabras fueron el empujoncito que esa niña necesitaba para dejar de llorar y con sus mejillas al rojo vivo, me miró como el que admira a su salvador. Al observar su reacción, ralenticé mis maniobras mientras llevaba una de mis manos a sus piernas. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Ummm- gimió separando sus rodillas al notar mi caricia en sus muslos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Para entonces los pezones de esa mujer estaban duros como piedras y mordiéndose el labio, me miró pidiendo que la amara. Viendo que la calentura que la embriagaba era patente, terminé de despojarle de su blusa sin que ella hiciera nada por impedirlo. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su entrega me terminó de convencer y abriendo su sujetador, le dije:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Tienes unos pechos preciosos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Con los ojos inyectados de lujuria, se removió inquieta sin dejar de mirarme mientras unas gotas de sudor hacían su aparición en su rotundo escote. Sabiéndome al mando, recogí ese sudor de entre sus tetas y llevándomelo a mi boca, susurré en su oído:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Abre tus piernas, putita mía.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi dulce insulto la terminó de excitar y queriéndome agradar, separó sus rodillas dándome libre acceso a su entrepierna. Sabiendo su necesidad de cariño, no dejé de susurrarle lo bella que era mientras le quitaba el pantalón, dejando solamente su ropa interior.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Jimena, excitada tanto por mis lisonjas como por mis toqueteos, quiso quitarse el tanga para dejar su sexo a mi alcance. Deseando que esa noche fuera inolvidable, se lo impedí y deslizándome por su cuerpo, fui dejando un húmedo rastro sobre sus pechos mientras bajaba.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;">-Hazme tuya- suspiró ya entregada al notar que me aproximaba a su entrepierna. </span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/L/13kLi/malena-morgan-masturbacion-anal-08.jpg" width="425" height="567"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;">La que hasta hacía apenas unos días era solo mi nuera suspiró al sentir mi mano deslizándose por su piel hasta que llegar a su trasero. Y al notar mis yemas acariciando sin pudor sus nalgas, gritó llena de placer mientras su coño se encharcaba, &nbsp;Al comprobar su necesidad, sonreí y con delicadeza separé sus rodillas dejando a mi alcance su coño todavía oculto por un tanga rojo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;">-Quiero que disfrutes- dije mientras comenzaba a mordisquear su vulva por encima de la tela.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Jimena al notar mis dientes jugueteando con su sexo, suspiró y ya como en celo, me rogó que me diera prisa. Cómo gracias a mis años, sabía que una mujer disfruta más cuanto más lento la aman, contrariando mis deseos me entretuve jugueteando con los bordes de su botón sin llegar a quitar esa braguita. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Completamente excitada, presionó con sus manos mi cabeza en un intento de forzar el contacto de mi boca contra su ya erecto clítoris. Al percibir su calentura, decidí prolongar su sufrimiento y separando con mi lengua la tela colorada, dí un lametazo a su sexo mientras le decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Cuando termine esta noche contigo, no te podrás ni sentar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Tras lo cual deslicé su tanga por sus piernas, dejando al descubierto su depilado sexo. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Por favor, ¡fóllame ya!- chilló descompuesta.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Fue entonces cuando los dedos de mi nuera se apoderaron de su clítoris y compitiendo con mi boca, se me empezó a masturbar. Satisfecho al percatarme que estaba a punto, usé mi lengua para penetrar en su entrada y mientras saboreaba su flujo,&nbsp; pasé un dedo por su esfínter deseando darle uso. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Me corro-&nbsp; gritó en cuanto sintió que empezaba a relajar su ojete con suaves movimientos circulares. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Ese triple estimulo, mi lengua en su sexo, sus dedos masturbando su clítoris y el dedo en su culo fueron un estímulo excesivo y llegando al orgasmo, comenzó a dar tantos alaridos que de tener vecinos hubiesen llamado a la policía.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Tranquila, zorrita- mascullé mientras unía otro dedo al que ya se encontraba en su trasero y sin dejar de usar mi lengua para recoger parte del fruto que manaba de su interior.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡No aguanto más!- chilló al sentir que una a una sus defensas se iban hundiendo ante mi ataque.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sin apiadarme de ella seguí &nbsp;metiendo y sacando mi lengua de su interior hasta que con lágrimas en los ojos me suplicó que la tomara. Solo entonces y mirándola directamente&nbsp; a los ojos, forcé su coño de un solo empujón. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Te gusta ser mía? Mi querida guarrilla- pregunté al sentir su flujo recorriendo mis piernas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Sí!- ladró convertida Jimena en mi perra.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Ya teniéndola en mi poder, imprimí a mis &nbsp;caderas una velocidad creciente, apuñalando sin descanso su sexo. Dominada por la lujuria mi nuera respondió a &nbsp;cada una de mis incursiones con un berrido.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡No pares de follarme!- chillaba sin parar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La entrega que me demostró, rebasó en mucho mis previsiones y viendo que estaba a punto de eyacular, recordé que no me había puesto un condón. Al sacársela y abrir el cajón de mi mesilla protestó intentando que volviera a introducirla en su interior.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Espera, no quiero dejarte embarazada- dije mientras me lo ponía.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Pero entonces con un histerismo atroz me tumbó sobre la cama y poniéndose a horcajadas sobre mí, me quitó el preservativo mientras decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Yo sí quiero.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su cara era la de una loca y eso me impidió reaccionar cuando usando mi pene como lanza, se empaló una y otra vez hasta que no pude aguantar más y esparcí mi simiente por su fértil vientre. Mi coincidió con el suyo. Su coño se abrazó a mi polla como una lapa y Jimena disfrutó de mis cañonazos con una expresión de felicidad que me dejó aterrado. Ya agotada se quedó abrazada a mí. La sonrisa de sus labios me dejó claro que en ese momento mi nuera &nbsp;soñaba con la posibilidad de haberse quedado en cinta.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La dejé descansar durante cinco largos minutos y viéndola ya repuesta, supe que tenía que hablar con ello de lo que acababa de suceder. A mi edad, lo último que me apetecía era volver a ser padre y por eso midiendo mis palabras, quise que me contara porque deseaba que la embarazara.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-1.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/L/13kLw/malena-morgan-masturbacion-anal-10.jpg" width="426" height="568"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Amor mío, darte un hijo me haría la mujer más feliz del mundo tuyo &#8211; respondió con tono alegre: -¿Te imaginas? &nbsp;¡Un bebe nuestro al que cuidar!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mintiendo descaradamente contesté abusando de lo que sabía de su trastorno:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Me encantaría pero ahora no es el momento. Primero quiero disfrutar de mi nueva esposa y te necesito las veinticuatro horas del día para mí. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mis palabras la convencieron al encerrar una confesión de dependencia que no sentía y haciendo un puchero, respondió:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Tienes razón, Cariño. Los niños pueden esperar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">El oírla hablar en plural de nuestra descendencia me obligó a </span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">preguntar cuántos quería tener. Jimena &nbsp;se quedó haciendo cálculos durante unos segundos:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;">-Cómo tengo veintitrés años me da tiempo de tener… ¡Doce chavales!</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div><b style="font-size: 22px;">Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;"><b>golfoenmadrid@hotmail.es</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 22px;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignnone size-full" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/L/13kLB/malena-morgan-masturbacion-anal-11.jpg" width="825" height="1100"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"></div>
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		<title>&#8220;Conociendo íntimamente a Paloma ( La vecina que encontró la paz y el placer con nosotros)&#8221; Libro para descargar (por GOLFO)</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2026 13:43:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: En todos los edificios hay una mujer buenorra que levanta el ánimo de sus vecinos cuando la ven pasar por el portal y si la comunidad tiene piscina, su mera presencia tomando el sol provoca que aumente el número de hombres que por casualidad bajan a darse un chapuzón. Parece algo connatural a los tíos: sabiendo que es peligroso acercarse a ella, olvidan que su esposa puede pillarlos y se pavonean metiendo tripa por el borde del jardín, con la inútil esperanza que se fije en ellos.Así era Paloma. Una impresionante hembra de enormes senos y mejor culo a [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>En todos los edificios hay una mujer buenorra que levanta el ánimo de sus vecinos cuando la ven pasar por el portal y si la comunidad tiene piscina, su mera presencia tomando el sol provoca que aumente el número de hombres que por casualidad bajan a darse un chapuzón. Parece algo connatural a los tíos: sabiendo que es peligroso acercarse a ella, olvidan que su esposa puede pillarlos y se pavonean metiendo tripa por el borde del jardín, con la inútil esperanza que se fije en ellos.Así era Paloma. Una impresionante hembra de enormes senos y mejor culo a la que un buen día su marido cambió por otra mas joven.</p>



<p>Queriéndola ayudar, mi esposa la invita a pasar las vacaciones de verano con nosotros sin saber la atracción que siento por ella y lo caliente que esa zorra está.</p>



<p>A partir de ahí,&nbsp; SE SUMERGE en una espiral de sexo.</p>



<p><em>MÁS DE 100 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></p>



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</div></figure>



<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo EL&nbsp;&nbsp;PRIMER CAPÍTULO</strong></em></p>



<p></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a> </h1>



<p>En todos
los edificios hay una mujer buenorra que levanta el ánimo de sus vecinos cuando
la ven pasar por el portal y si la comunidad tiene piscina, su mera presencia
tomando el sol provoca que aumente el número de hombres que por casualidad
bajan a darse un chapuzón. </p>



<p>Parece algo connatural a los&nbsp;tíos: Sabiendo que
es peligroso acercarse a ella, olvidan que su esposa puede pillarlos y se
pavonean metiendo tripa por el borde del jardín, con la inútil esperanza que se
fije en ellos.</p>



<p>Así era Paloma. Una impresionante hembra de enormes
senos y mejor culo. </p>



<p>Todo lo que os diga es quedarse corto. Con sus
treinta años y su melena morena era todo un espectáculo el verla andar al ser
dueña de un trasero grande y duro que excitaba y estimulaba las mayores
fantasías de todos aquellos que teníamos el privilegio de observarla.</p>



<p>Era tanto el morbo que producía entre los casados del
bloque que corrió como la pólvora la noticia que se había divorciado.
Curiosamente, esa buena nueva me llegó antes que por los amigotes por mi esposa
cuando en una cena, me soltó como si nada ese bombazo diciendo:</p>



<p>― ¿A que no sabes de lo que me he enterado en la
peluquería?</p>



<p>Harto de chismes de vecindad seguí comiendo sin
preguntar, pensando que iba a contarme una historia sobre un hijo de algún
vecino, pero entonces poniendo cara de asco me reveló que Juan, el marido de
esa belleza, la había dejado por su secretaría. Reconozco que ya interesado, le
pregunté cómo había sido.</p>



<p>Satisfecha de que le hiciera caso, me explicó:</p>



<p>―Por lo visto, le pilló una factura de un hotel e
investigando descubrió que le ponía los cuernos con una jovencita que resultó
ser su empleada.</p>



<p>Aunque me parecía inconcebible que alguien dejara a
ese monumento, me quedé callado no queriendo hablar de más y que mi mujer se
enterara que la encontraba irresistible.&nbsp; María ya envalentonada,
prosiguió diciendo:</p>



<p>―Ya le he dicho que el que pierde es él porque siendo
tan guapa, no le costará encontrar alguien que le sustituya.</p>



<p>En ese momento, mi mente trabajaba a mil por hora al
imaginarme a mí remplazando a ese cretino en su cama y por eso casi me
atraganto cuando sin darle mayor importancia, me dijo que había invitado a esa
preciosidad a nuestra casa en la playa.</p>



<p>Tratando de mantener la cordura, pregunté únicamente
cuando había pensado que nos acompañara:</p>



<p>―La pobre está tan sola que le he dicho que puede
pasarse con nosotros todo el mes.</p>



<p>«¡No puede ser!», pensé al comprender que se refería
a nuestras vacaciones.</p>



<p>Asustado por tener esa tentación tan cerca, protesté
diciendo que con ella en el chalé nos limitaría nuestras entradas y salidas,
pero entonces, insistiendo me respondió de muy mala leche:</p>



<p>―Seguro que ahora me dirás que si su marido la ha
abandonado es por algo. Tú verás que haces, pero ella viene.</p>



<p>Reculando di mi brazo a torcer temiendo que de
insistir mi esposa sospechara que indudablemente me sentía atraído por nuestra
vecina y como quedaban dos meses para el verano, lo dejé estar suponiendo que,
llegada la hora, Paloma no nos acompañaría.</p>



<p>Lo cierto es que me equivocaba. Tan desolada se había
quedado esa monada con el divorcio que, buscando compañía, se convirtió en
habitual de mi casa. Rara era la noche que, al llegar de trabajar, no me
encontraba a María y a Paloma charlando en el salón de mi casa. Afortunadamente
en cuanto yo aparecía por la puerta, nuestra vecina se excusaba y desaparecía
rumbo a su apartamento. Tan cotidiana era su huida que con la mosca detrás de
la oreja, pregunté a mi mujer si Paloma tenía algo en contra de mí.</p>



<p>― ¡Qué va! ― contestó riendo― lo que pasa es que es
muy tímida y se corta en tu presencia.</p>



<p>Aun pareciéndome ridículo que se sintiera cohibida
ante mí, no dije nada porque me convenía que María no se percatara de lo mucho
que me gustaba esa mujer.&nbsp; Lo que no pude evitar fue pensar que
difícilmente aceptaría acompañarnos a la playa si llevaba tan mal el verme.</p>



<p>Contra todo pronóstico una semana antes de salir de
vacaciones, mi mujer me confirmó que la vecina iba a acompañarnos. Confieso no
sé si esa noticia me alegró o por el contrario me molestó, porque sentía un
sentimiento ambiguo. Por una parte, una pequeña porción de mi cerebro deseaba
que viniera, soñando con que el roce entre nosotros la hiciera caer entre mis
brazos. Mientras el resto temía con razón que mi esposa me pillara mirándole el
culo o algo peor.</p>



<p>«Tengo que evitar que se me note», sentencié viendo
que era inevitable que esa morena tentación pasara treinta días en nuestra
casa.</p>



<p>Reconozco que el lavado de cerebro al que me sometí
durante esos días no sirvió de nada y quedó en buenas intenciones en cuanto vi
aparecer a Paloma el día que nos íbamos.&nbsp; Ajena a la atracción que
provocaba en mí, ese mujerón llegó vestido con un top y un short que más que
tapar realzaban la rotundidad de sus formas. Babeando y excitado por igual tuve
que retirar mi mirada de sus tetas para que, bajo mi pantalón, mi apetito no
creciera sin control:</p>



<p>«¡Está buenísima!», sentencié mientras trataba de
descubrir de reojo el tamaño y el color de sus pezones.</p>



<p>El destino o la suerte quisieron que ni ella ni mi
mujer advirtieran el sudor que recorría mi frente mientras intentaba evitar la
excitación que me nublaba la mente, de forma que en un cuarto de hora y con
todo el equipaje en el coche emprendimos la marcha hacia nuestro lugar de
vacaciones.</p>



<p>Ya frente al volante y mientras María y Paloma
charlaban animadamente, usé el retrovisor para recrearme la vista con la
belleza de esa mujer.</p>



<p>«Es perfecta», admití tras notar que todas mis
hormonas estaban en ebullición por el mero hecho de observarla.</p>



<p>Sus ojos negros y sus carnosos labios eran el
aditamento necesario para que esa mujer fuera el ideal de una hembra. Para
colmo hasta su voz era sensual, dotada de un timbre grave casi varonil con
escucharla era suficiente para que cualquier hombre soñara con que ella te
susurrara al oído que te deseaba.</p>



<p>«Estoy jodido», maldije mentalmente al darme cuenta
de que mi atención no estaba en la carretera sino en las dos piernas y en el
pantaloncito de Paloma.</p>



<p>Las cuatro horas que tardamos en llegar a nuestro
destino me resultaron un suplicio. Por mucho que intentaba olvidar a nuestra
pasajera, continuamente mis ojos volvían a quedar fijos en ella. Tantas veces,
la miré a través del espejo que la morena se percató e involuntariamente se
puso roja.</p>



<p>«Estoy desvariando», pensé al ver que bajo su top dos
pequeños bultos habían hecho su aparición y creer que se había sentido excitada
por mi mirada. «Ni siquiera me soporta, en cuanto me ve sale por piernas».</p>



<p>La confirmación de mi error vino cuando charlando
entre ellas, María le preguntó porque no se echaba un novio:</p>



<p>―Estoy bien así, no necesito un hombre que me vuelva
a hacer daño― contestó mientras fijaba sus ojos en los míos.</p>



<p>El desprecio con el que se refirió a todos los de mi
género fortaleció mi primera impresión y comprendí que, sintiéndose una
víctima, odiaba a todo el que llevara un pene entre sus piernas.</p>



<p>«¡Qué desperdicio!», mascullé entre dientes al sentir
que no existía posibilidad alguna de poner mis manos sobre esas dos nalgas.</p>



<p>Al llegar al chalé entraron hablando entre ellas,
dejándome solo para subir las maletas. Cabreado subí primero las nuestras y fue
al volver a por las de Paloma cuando localicé un consolador en una de sus
bolsas.</p>



<p>― ¡Qué calladito se lo tenía la muy puta! ― reí tras
asimilar la sorpresa de hallar ese enorme aparato entre sus cosas.</p>



<p>Ese descubrimiento me abrió los ojos e intuí que su
supuesto desprecio por los hombres era una fachada con la que luchar contra su
sexualidad, por eso mientras recorría el jardín rumbo a la casa decidí que
haría todo lo posible por excitarla sin que mi mujer se diera cuenta…<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a><strong>2</strong></a><strong></strong></h1>



<p>Como era
temprano María y Paloma decidieron darse un baño en la piscina. La morena
ignorando lo que se le venía encima tuvo a bien plantarse un bikini azul tan
provocativo que temí no poder aguantar semejante provocación y lanzarme sobre
ella sin importarme que mi esposa estuviera presente.</p>



<p>Os puede parecer una exageración, pero si hubieseis
contemplado como yo cómo la tela de su parte de arriba apenas conseguía ocultar
de mi vista sus pezones estaríais de acuerdo. Sabiendo que de quedarme cerca
María hubiese adivinado mi excitación, resolví dar una vuelta por la urbanización
corriendo para borrar de mi mente su cuerpo.</p>



<p>Desgraciadamente por mucho que me esforcé tanto
física como mentalmente, al volver todo sudado por el ejercicio seguía pensando
en su culo y en sus tetas.</p>



<p>Ya de vuelta me acerqué a la piscina y al saludarlas,
el modo en que esa morena se quedó mirando a mis pectorales llenos de sudor me
hizo ratificar que su desdén por los hombres era ficticio.</p>



<p>«¡Está bruta!», con alegría asumí el exhaustivo
examen al que me sometió y queriendo forzar su calentura, me acerqué a donde
estaban y me lancé sobre mi mujer a darle besos.</p>



<p>― ¡Para! ― gritó muerta de risa por esa muestra de
afecto― ¡Eres un guarro! ¡Estás empapado!</p>



<p>Obviando las quejas de María, la besé mientras miraba
fijamente a los ojos de nuestra invitada. Esta sintió la lujuria con la que mi
mirada recorrió su anatomía y mientras se ponía roja, involuntariamente cerró
sus piernas para que no descubriera que había incitado su calentura.
Desgraciadamente para ella, no dejé de comerla con la vista mientras
descaradamente acariciaba los pechos de mi mujer por encima de su bañador. Al
verlo, no pudo evitar morderse los labios exteriorizando su deseo.</p>



<p>― ¡Vete a duchar! ― me echó de su lado sin que nada
en su actitud demostrara enfado por mi exhibición ante su amiga.</p>



<p>Satisfecho, me despedí de las dos y subí a mi cuarto
de baño. Ya bajo el chorro de agua, el recuerdo del brillo de sus ojos me hizo
desearla aún más y sintiendo una brutal erección entre mis piernas, me puse a
pajearme mientras planeaba mis siguientes pasos para conseguir hundir mi cara
entre las tetas de la morena.</p>



<p>Lo que nunca preví fue saliendo de la ducha y
mientras me secaba en mi habitación que mi esposa llegara y sin hablar, se
arrodillara ante mí en ese momento y que viendo mi pene estaba lo suficiente
erecto, sin más prolegómenos, se lo metiera de un golpe hasta el fondo de su
garganta.</p>



<p>― ¿Te ha puesto cachonda que te tocara frente a
Paloma? ― pregunté descojonado al comprobar la virulencia con la que me hacía
esa mamada.</p>



<p>Azuzada por mis palabras, usó su boca para imitar a
su sexo y gimiendo, comenzó a embutirse y a sacarse mi miembro con una
velocidad endiablada. Era tal su calentura que mientras metía y sacaba mi
extensión cada vez más rápido, usó una de sus manos para acariciarme los testículos
mientras metía la otra dentro de su bikini y ya totalmente excitada, gritó en
voz alta:</p>



<p>― ¡Necesito tu leche!</p>



<p>Al exteriorizar su deseo elevó mi excitación y sin
poderme retener me vacié en su boca. Andrea, al sentir mi semen chocando con su
paladar, se volvió loca y sin perder ni una gota, se puso a devorar mi simiente
sin dejar de masturbar.</p>



<p>― ¡Qué gusto! ― la oí chillar, mientras su cuerpo
convulsionaba de placer a mis pies.</p>



<p>Absorta en su gozo, no le preocupó el volumen de sus
gritos. Berreando como si la estuviese matando, terminó de ordeñarme y aún
seguía masturbándose sin parar. Al ver que se comportaba como una ninfómana en
celo, me excitó nuevamente y levantándola del suelo, la llevé hasta la cama.</p>



<p>Desde el colchón, me miró llena de lujuria y quitándose
la braga se puso a cuatro patas mientras me pedía que la follara. Ver a mi
mujer en esa postura, fue motivo suficiente para que mi verga recuperara todo
su esplendor y acercándome hasta ella, jugueteé con mi glande en su entrada
antes de que de un solo empujón se lo metiera hasta el fondo. María, al sentir
su interior hoyado por mi herramienta, gimió de placer y sujetándose a la cama,
me pidió que la tomara sin piedad. </p>



<p>Justo en ese momento percibí un ruido y al levantar
mi mirada descubrí a nuestra vecina espiando desde la puerta. Mirándola a los
ojos, agarré la melena de mi mujer y usándola como si fueran mis riendas y
María, mi montura, la cabalgué con fiereza. Sin dejar de verla de pie en mitad
del pasillo, mi pene empaló una y otra vez a mi esposa mientras Paloma se
tocaba uno de sus enormes pechos ya excitada.</p>



<p>Sabiendo que la morena no perdía ojo de nuestra
pasión, pregunté a&nbsp;mi mujer dejando caer un azote en sus nalgas:</p>



<p>― ¿Te gusta?</p>



<p>― ¡Sí! ― aulló y levantando todavía más su culo,
chilló: ― ¡Me encanta que me folles como un animal!</p>



<p>Sé por la cara de sorpresa que lució Paloma al oír a
su amiga que nunca se le pasó por la cabeza que pudiera ser tan zorra y por
eso, deseando azuzar la calentura de mi vecina, incrementé mis embistes sobre
el sexo de mi mujer siguiendo el ritmo de los azotes. Nalgada tras nalgada, fui
derribando las defensas de ambas hasta que María aulló de placer con su trasero
enrojecido mientras se corría. Paloma viendo que íbamos a acabar, se tuvo que
conformar con huir con una inmensa calentura hasta su cuarto.</p>



<p>Ya solos sin espías, cogí a mi mujer de sus pechos y
despachándome a gusto, dejé que mi pene se recreara en su interior, pero con mi
mente soñando que a la que me estaba tirando era a la morena que se acababa de
ir. El convencimiento que Paloma iba a ser mía fue el acicate que necesitaba
para no retrasar más mi propio orgasmo. Y mientras María aullaba de placer,
sembré con mi semen su interior mientras mi cuerpo convulsionaba pensando en la
otra. Mi mujer al sentir las descargas&nbsp;de mi verga en su vagina se
desplomó agotada contra el colchón.</p>



<p>Contento y queriendo ahorrar fuerzas no fuera a ser
que nuestra vecina cayera antes de tiempo en mis brazos, me acurruqué a María y
mientras le acariciaba tiernamente me pareció escuchar el ruido al encenderse
de un consolador. Sonriendo, pensé:</p>



<p>«Ya falta menos» …<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>3</a></h1>



<p>Sabiendo
lo cachonda que está mi vecino, aprovecho para poco a poco irla calentando
mientras mi mujer sigue en la inopia. Relato reescrito y vuelto a subir.</p>



<p>Pasado
un rato y viendo que mi mujer se había quedado dormida, decidí levantarme e ir
en busca de una cerveza fría. Al llegar a la cocina, me topé de frente con
Paloma que al verme bajando su mirada intentó huir, pero reteniéndola del
brazo, le pregunté si le había gustado.</p>



<p>― ¿El qué? ― contestó haciéndose la despistada y sin
querer reconocer que ambos sabíamos su pecado.</p>



<p>Me hizo gracia su amnesia y acercándola a mí, llevé
su mano hasta mi entrepierna mientras le decía:</p>



<p>―Conmigo cerca no tienes que usar aparatos
eléctricos.</p>



<p>Asustada, intentó retirar sus dedos de mi pene, pero
queriendo que sintiera una polla real, mantuve presionada su muñeca hasta que
bajo mi pantalón pudo comprobar que mi miembro crecía. Cuando ya había
alcanzado un tamaño decente la solté y susurrando en su oído, le dije:</p>



<p>―Si necesitas algo, ya sabes dónde estoy.</p>



<p>Indignada me recriminó mi comportamiento recordando
que María era su amiga. Siendo cruel, acaricié su pecho&nbsp;al tiempo que le
contestaba:</p>



<p>―Eso no te importó cuando te quedaste mirando ni
tampoco cuando ya excitada te masturbaste pensando en mí.</p>



<p>Esa leve caricia provocó que, bajo su bikini, su
pezón la traicionara irguiéndose como impulsado por un resorte y viéndose
acorralada intentó soltarme una bofetada. Como había previsto tal
circunstancia, paré su golpe y&nbsp;atrayéndola hacia mí, forcé su boca con mi
lengua. Aunque en ese instante, abrió su boca dejando que mi lengua jugara con
la suya, rápidamente se sobrepuso y casi llorando se apartó de mí diciendo:</p>



<p>―Por favor ¡No sigas!</p>



<p>No queriendo violentarla en exceso, la dejé ir, pero
cuando ya desaparecía por la puerta, riendo le solté:</p>



<p>―Soy un hombre paciente. ¡Tengo un mes para que
vengas rogando que te haga mía!</p>



<p>Consciente que esa zorrita llevaba más de cuatro
meses sin follar y que su cuerpo era una bomba a punto de explotar,&nbsp;sabía
que solo tenía que tocar las teclas adecuadas para que Paloma no pudiese
aguantar más y cayera entre mis piernas. Para hacerla mía, debía conseguir que
sus reparos se fueran diluyendo a la par que se incrementaba su calentura y
curiosamente, María se convirtió esa noche en involuntaria cómplice de mis
planes. Os preguntareis cómo. Muy sencillo, al despertar de la siesta, decidió
que le apetecía salir a cenar fuera de casa y eso me dio la oportunidad de calentar
esa olla a presión&nbsp;sin que pudiese evitarlo.</p>



<p>Cuando mi mujer me comentó que quería ir a conocer un
restaurante que habían abierto, me hice el cansado para que no me viera ansioso
de compartir mantel con ellas dos. Mi vecina al escuchar que no me apetecía,
vio una escapatoria a mi acoso y con gran rapidez, aceptó la sugerencia.</p>



<p>―Si crees que te vas a escapar de mí, ¡Estas jodida!
― susurré en su oído aprovechando que María había ido a la cocina mientras
con&nbsp;mi mano acariciaba una de sus nalgas.</p>



<p>La morena no pudo evitar que un gemido saliera de su
garganta al sentir mis dedos recorriendo su trasero. Me encantó comprobar que
esa mujer estaba tan necesitada que cualquier caricia la volvía loca y sin
ganas de apresurar su caída, me separé de ella.</p>



<p>― ¡Maldito! ― masculló entre dientes.</p>



<p>En ese instante, no estuve seguro si el insulto venía
por haberle magreado o por el contrario por dejar de hacerlo. De lo que si
estoy seguro es que esa mujer tenía su sexualidad a flor de piel porque ese
leve toqueteo había provocado que sus pitones se pusieran duros como piedras.</p>



<p>―Estás cachonda. ¡No lo niegues! ― contesté sin
sentir ningún tipo de piedad.</p>



<p>La vuelta de María evitó que siguiera acosándola,
pero no me importó al saber que dispondría de muchas otras ocasiones durante
esa noche.&nbsp; Paloma por el contrario vio en mi esposa su tabla de salvación
y colgándose de su brazo, me miró retándome. El desafío de su mirada me hizo
saber que se creía a salvo.</p>



<p>«¡Lo llevas claro!», exclamé mentalmente resuelto a
no darle tregua.</p>



<p>Desgraciadamente de camino al restaurante, no pude
atacarla de ninguna forma porque sería demasiado evidente. Mi pasividad le
permitió relajarse y por eso creyó que si se sentaba frente de mí estaría fuera
del alcance de mi hostigamiento. Durante unos minutos fue así porque esperé a
que hubiésemos pedido la cena y a que entre ellas ya estuvieran charlando para
quitarme el zapato y con mi pie desnudo comenzar a acariciar uno de sus
tobillos.</p>



<p>Al no esperárselo, pegó un pequeño grito.</p>



<p>― ¿Qué te pasa? ― pregunté mientras iba subiendo por
su pantorrilla.</p>



<p>Mi descaro la dejó paralizada, lo que me permitió
continuar acariciando sus muslos camino de mi meta. Su cara lívida mostraba su
angustia al contrario que los dos botones que lucía bajo su blusa que
exteriorizaban su excitación. Ya estaba cerca de su sexo cuando metiendo la
mano bajo el mantel, Paloma retiró mi pie mientras con sus ojos me pedía
compasión.</p>



<p>Ajena a la agresión a la que estaba sometiendo a
nuestra vecina, María le comentó que estaba muy pálida.</p>



<p>―No me pasa nada― respondió mordiéndose los labios al
notar que mi pie había vuelto a las andadas, pero esta vez con mayor énfasis al
estar acariciando su sexo por encima de su tanga.</p>



<p>La humedad que descubrí al rozar esa tela ratificó su
calentura y por ello, olvidado cualquier precaución busqué con mis dedos su
clítoris y al encontrarlo, disfruté torturándolo mientras su dueña disimulaba
charlando con mi señora.</p>



<p>«Está a punto de caramelo», me dije al notar su coño
totalmente encharcado, «¡No tardará en correrse!».</p>



<p>Nuevamente, Paloma llevó su mano bajo la mesa, pero
en esta ocasión no retiró mi pie, sino que empezó a acariciarlo mientras con
uno de sus dedos retiraba la braga dándome acceso a su sexo. Como comprenderéis
no perdí la oportunidad y hundiendo el más gordo en su interior, comencé a estimularla
lentamente.</p>



<p>«¡Ya es mía!», pensé y recreándome en su mojada
cavidad, lentamente saqué y metí mi dedo hasta que en silencio la morena no
pudo evitar correrse por primera vez.</p>



<p>Satisfecho, volví a ponerme&nbsp;el zapato, al saber
que ese orgasmo era su claudicación y que no tardaría en pedir que la follara.
Habiendo conseguido mi objetivo, me dediqué a mi esposa dejando a
Paloma&nbsp;caliente e insatisfecha.</p>



<p>Al terminar de cenar, María estaba cansada y por eso
nos fuimos a casa. Y allí sabiendo que la morena nos oiría, hice el amor a mi
esposa hasta bien entrada la madrugada….<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>4</a></h1>



<p>A la
mañana siguiente me desperté sobre las diez totalmente descansado y sabiendo
por experiencia que María no iba a amanecer hasta las doce, me levanté sin
levantar las persianas y me fui a desayunar.&nbsp; En la cocina me encontré a
Paloma con cara de haber dormido poco y sabiendo que yo era el causante de su
insomnio, la saludé&nbsp;sin hacerle mucho caso.</p>



<p>― ¿Dónde está tu mujer? ― preguntó dejando traslucir
su enfado.</p>



<p>―Por ella no te preocupes. Seguirá durmiendo hasta el
mediodía― respondí dando a entender que podía entregarse a mí sin miedo a ser
descubierta.</p>



<p>La superioridad que encerraba mi respuesta, la cabreó
aún más y llegando hasta mí, se me encaró diciendo:</p>



<p>― ¿Quién coño te crees? ¡No voy a ser tuya!</p>



<p>Soltando una carcajada, la atraje hacia mí y pegando
mi boca a la suya, forcé sus labios mientras mis manos daban un buen repaso a
ese culo que llevaba tanto tiempo volviéndome loco. Durante un minuto, forniqué
con mi lengua el interior de su boca mientras mi vecina se derretía y empezaba
a frotar su vulva contra mi muslo. Habiendo demostrado a esa zorrita quien
mandaba, le solté:</p>



<p>―Ya eres mía… solo falta que lo reconozcas― tras lo
cual, la dejé sola y café en mano me fui a la piscina. </p>



<p>Llevaba solo unos minutos sobre la
tumbona,&nbsp;cuando la vi salir con un bikini azul aún más diminuto que el del
día anterior con el que parecía completamente desnuda. Interesado en saber que
se proponía, me quedé observando como sus pechos se bamboleaban al caminar.</p>



<p>―Reconozco que tienes un par de buenas tetas― solté
sonriendo al ver que arrastraba su tumbona junto a la mía</p>



<p>―Lo sé― contestó mientras dejaba caer la parte
superior de su bikini.</p>



<p>Girando mi cabeza, la miré. Sus pechos eran tal y
como me había imaginado: &nbsp;grandes, duros y con unos pezones que invitaban
a ser mordidos. Sabiendo que si me mantenía calmado la pondría aún más
cardiaca, me reí en su cara diciendo:</p>



<p>― ¿Me los enseñas para que te los coma o solo para tomar
el sol? ― fingiendo un desapego que no sentía al contemplarla.</p>



<p>¡Paloma era perfecta! </p>



<p>Su escultural cuerpo bien podría ser la portada de un
Playboy. Si de por si era bellísima, si sumábamos su estrecha cintura, su culo
de ensueño, esa morena era espectacular. Sonriendo, se acercó a mí y pegando su
boca a mi oído, dijo con voz sensual:</p>



<p>―No me sigas castigando. Sabes que estoy muy bruta―su
calentura debía ser máxima porque sacando una botella de crema bronceadora de
su bolso, se puso&nbsp;a untarla por sus tetas mientras me decía: ― ¿Qué tengo
que hacer para que me folles?</p>



<p>Su cambio de actitud me divirtió y mostrando
indiferencia, le ordené:</p>



<p>― ¡Pellízcate los pezones!</p>



<p>La morena sonrió y cogiendo sus areolas entre sus
dedos, se dedicó a complacerme con una determinación que me hizo saber que
podría jugar con ella.</p>



<p>― ¡Quiero ver tu coño! ― le dije mientras bajo el
traje de baño mi pene iba endureciéndose poco a poco.</p>



<p>Bastante más cachondo de lo que mi cara reflejaba,
esperé a que esa zorrita se desprendiera de esa prenda. Paloma al comprobar mis
ojos fijos en su entrepierna, gimió descompuesta mientras se bajaba la braga
del bikini lentamente.</p>



<p>― ¡Acércate! ― pedí.</p>



<p>Rápidamente obedeció poniendo su sexo a escasos
centímetros de mi boca. Al comprobar que lo llevaba exquisitamente depilado y
que eso lo hacía más atrayente, saqué mi lengua y le pegué un largo lametazo
mientras mi vecina se&nbsp;mordía los labios para no gritar. Su sabor me
enloqueció, pero asumiendo que no estaba lista, separé mi cara y con voz autoritaria,
ordené:</p>



<p>―Mastúrbate para mí.</p>



<p>Por su gesto supe que esa zorrita había advertido que
no iba a poseerla hasta que todo su cuerpo estuviera hirviendo. Esperaba una
queja, pero entonces se sentó frente a mí y separando sus rodillas dejó que su
mano se fuera deslizando hasta que uno de sus dedos encontró el botón que
emergía entre sus labios vaginales y mirándome a los ojos, preguntó:</p>



<p>―Si te obedezco, ¿me vas a follar?</p>



<p>―Sí, putita― respondí descojonado por la necesidad
que su rostro reflejaba.</p>



<p>Mis palabras la tranquilizaron y con sus mejillas
totalmente coloradas por la calentura que sentía, deslizó lentamente un dedo
por su intimidad. El sollozo que surgió de su garganta ratificó mi opinión de
que Paloma estaba hambrienta y gozoso observé que, tras ese estremecimiento de
placer, todos los vellos de su cuerpo se erizaron al sentirse observada.</p>



<p>―Daté placer― susurré.</p>



<p>En silencio, mi vecina dibujó los contornos de su
sexo con sus dedos mientras pensaba en el polvo con el que le regalaría
después. La imagen de verse tomada tras tantos meses de espera provocó que toda
su vulva se encharcara a la par que su mente volaba soñando en sentir mi verga
rellenando ese conducto.</p>



<p>―Eres un cerdo― protestó necesitada al percatarse de
la sonrisa que lucía mi rostro mientras la miraba.</p>



<p>Lo quisiera reconocer o no, Paloma comprendió que
nunca había estado tan excitada y por eso decidió dar otro paso para conseguir
que yo la complaciera. Sabía que, en ese instante, estaba&nbsp;mojando la
tumbona con su&nbsp;flujo y que desde mi lugar podía advertir que tenía los
pezones duros como piedras. Decidida a provocarme, llevó sus dedos empapados a
la boca y me dijo mientras los succionaba saboreando sus propios fluidos.</p>



<p>― ¿No quieres probar?</p>



<p>Asumiendo que sus comentarios subidos de tono iban
destinados a calentarme aún más, me negué y poniendo un tono duro, le exigí que
se metiera un par de dedos en el coño. Al obedecer, esa zorrita notó que el
placer invadió su cuerpo y gimiendo&nbsp;de gusto, empezó a meterlos y sacarlos
lentamente. La calentura que asolaba su cuerpo la obligó a aumentar el ritmo de
su masturbación hasta alcanzar una velocidad frenética.</p>



<p>― ¡Me voy a correr! ― aulló al tiempo que sus caderas
se movían buscando profundizar el contacto con sus yemas.</p>



<p>Pero entonces, levantando la voz le prohibí que lo
hiciera y recreándome en el poder que tenía sobre ella, le solté:</p>



<p>―Ponme crema.</p>



<p>Reteniendo las ganas de llegar al orgasmo, cogiendo
el bote de protector, untó sus manos con él y me obedeció. Sus ojos revelaban
la lujuria que dominaba toda su mente cuando comenzó a extender con sus manos
la crema sobre mi piel.</p>



<p>― ¡Necesito que me folles! ― murmuró en mi oído
mientras acariciaba mi pecho con sus yemas.</p>



<p>Cerrando los ojos, no me digné a contestarla al saber
que con solo extender mi mano y tocar su vulva, esa morena se correría sin
remedio. Envalentonada por mi indiferencia, recorrió con sus manos mi pecho, mi
estómago y mis piernas. Al acreditar que bajo mi bañador mi pene&nbsp;no era
inmune a sus caricias, me rogó que le diera permiso para subirse encima de mí y
así poderme esparcir con mayor facilidad la crema bronceadora:</p>



<p>― ¡Tú misma! ― contesté al saber que era lo que esa
guarrilla buscaba.</p>



<p>No tardé en comprobar que estaba en lo cierto porque
sin pedir mi permiso y poniéndose a horcajadas en la tumbona, incrustó el bulto
de mi entrepierna en su sexo y haciendo como si la follaba, se empezó a
masturbar. No quise detenerla al saber que eso solo la haría más susceptible a
mi poder ya que a tela de mi bañador impediría que culminara su acto, eso solo
la haría calentarse aún más. Muerto de risa, me mantuve a la espera mientras
Paloma se frotaba con urgencia su clítoris contra mi pene.</p>



<p>―Me encanta― berreó mientras se dejaba caer sobre mi
pecho, haciéndome sentir la dureza de sus pezones contra mi piel.</p>



<p>Sus primeros gemidos no tardaron en llegar a mis
oídos. La temperatura&nbsp;que abrasaba sus neuronas era tal que buscó mis
labios con lujuria. Sin responder a sus besos, pero deseando dejar esa pose y
follármela ahí mismo, aguanté su ataque hasta que pegando un grito se corrió
sobré mí dejando una mancha sobre la tela de mi bañador.</p>



<p>Entonces y solo entonces, le ordené:</p>



<p>―Ponte a cuatro patas.</p>



<p>Mi vecina no necesitó que se lo repitiera para
adoptar esa posición. Su cuerpo necesitaba mis caricias y ella lo sabía. Verla
tan dispuesta, me permitió confesar:</p>



<p>―Llevo años deseando follarte, zorra.</p>



<p>Mi confesión fue el acicate que necesitaba para
entregarse totalmente y por eso aun antes de que mi lengua recorriera su
clítoris, Paloma ya estaba berreando de deseo e involuntariamente, separó sus
rodillas para facilitar mi incursión. Su sabor dulzón al llenar mis papilas
incrementó aún más si cabe mi lujuria y separando con dos dedos los pliegues de
su sexo, me dediqué a mordisquearlo mientras la morena claudicaba sin remedio.&nbsp;Su
segundo orgasmo fue casi inmediato y derramando su flujo por sus piernas, mi
vecina me rogó que la tomara.</p>



<p>―Todavía, ¡No! ― respondí decidido a conseguir su
completa rendición. Para ello, usando mis dientes torturé su botón mientras mis
dedos se introducían una y otra vez en su interior.</p>



<p>Al notar que su cuerpo convulsionaba sin parar, vi
llegado el momento de cumplir mi fantasía y cogiendo mi pene entre mis manos,
lo acerqué hasta su entrada. La morena al advertir que me eternizaba jugando
con su coño sin metérselo chilló descompuesta:</p>



<p>― ¡Hazme tuya! ¡Lo necesito!</p>



<p>Paloma era un incendio sin control. Berreaba y gemía
sin pararse a pensar que mi esposa podría oír sus gritos. Lentamente, le fui
metiendo mi pene. Al hacerlo, toda la piel de mi verga disfrutó de los pliegues
de su sexo mientras la empalaba. La estrechez y la suavidad de su cueva
incrementaron mi deseo, pero fue cuando me percaté de que entre sus nalgas se
escondía un tesoro virgen y aun no hoyado cuando realmente me volví loco. Mi
urgencia y la necesidad que tenía de ser tomada provocaron que de un solo
empujón se la clavara hasta el fondo:</p>



<p>― ¡Házmelo como a tu esposa! ― gritó al notar su sexo
lleno.</p>



<p>Su grito me hizo recordar la tarde anterior e
imitando mi actuación de entonces, la cogí de la melena y dando un primer azoté
en su trasero, exigí a Paloma que empezara a moverse. Mi vecina al oírme se
lanzó en un galope desenfrenado moviendo sus caderas sin parar mientras se
recreaba con mi monta.</p>



<p>― ¡Sigue! ― relinchó al sentir que me agarraba a sus
dos tetas y empezaba a cabalgarla.</p>



<p>Apuñalando sin piedad su sexo con mi pene, no tardé
en escuchar sus berridos cada vez que mi glande chocaba con la pared de su
vagina. Para entonces, su calentura era tal que mi pene chapoteaba cada vez que
forzaba su vulva con una nueva penetración. Contagiando de su pasión, agarré su
a modo de riendas y con una nueva serie de azotes sobre su trasero, le ordené
que se moviera. Esas&nbsp;nalgadas la excitaron aún más y comportándose como
una puta, me pidió que no parara.</p>



<p>Disfrutando de su estado de necesidad, decidí hacerla
sufrir y saliéndome de ella, me tumbé en la tumbona mientras le decía que se
sirviera ella misma.</p>



<p>―Eres un cabrón― me soltó molesta por la
interrupción.</p>



<p>Con su respiración entrecortada y mientras paraba de
quejarse, se puso a horcajadas sobre mí y cerrando los ojos, se empaló con mi
miembro. No tardó en reiniciar su salvaje cabalgar, pero esta vez mi postura me
permitió admirar sus pechos rebotando arriba y abajo al compás de los
movimientos de sus caderas.</p>



<p>― ¡Chúpate los pezones! ― ordené.</p>



<p>Desbocada como estaba, mi vecino me obedeció y
estrujando sus tetas, se los llevó a su boca y los lamió. Ver a esa zorra
lamiendo sus pechos fue la gota que necesitaba para que el placer se extendiera
por mi cuerpo y derramase mi simiente en el interior de su cueva. Paloma al
sentir que las detonaciones que bañaron su vagina aceleraron los movimientos de
sus caderas y mientras intentaba ordeñar mi miembro, empezó a brutalmente
correrse sobre mí. Con su cara desencajada por el esfuerzo, saltó una y otra
vez usando mi pene como eje hasta que ya agotada, se dejó caer sobre mí
mientras me daba las gracias diciendo:</p>



<p>―Me has hecho recordar que soy una mujer.</p>



<p>Viendo su cara de alegría, acaricié su culito con
ganas de rompérselo, pero entonces miré el reloj y me percaté que mi mujer
debía estar a punto de despertar. Sabiendo el riesgo que corría si María veía a
su amiga tan feliz porque podría sospechar algo, le pedí que desapareciera
durante un par de horas. Paloma comprendió mis razones, pero antes de irse y
mientras sus manos jugueteaban con mi entrepierna, me rogó:</p>



<p>―Espero que esto se repita. ¡Me ha encantado!</p>



<p>Muerto de risa, contesté:</p>



<p>―Dalo por seguro. ¡Estoy deseando estrenar tu
pandero!</p>



<p>Mi vecina sonrió al escuchar mi promesa y cogiendo su
ropa, se fue a vestir mientras yo subía a despertar a mi esposa. Ya en mi
habitación me tumbé a su lado y pegando mi cuerpo al suyo, busqué sus
pechos.&nbsp; María abrió los ojos al notar mis manos recorriendo sus pezones.
Por su sonrisa comprendí que debía cumplir con mis obligaciones conyugales para
que no sospechara y sin más prolegómeno, me desnudé mientras ella se apoderaba
de mi sexo. Al contrario del día anterior, esa mañana mi mujer y yo hicimos el
amor lentamente, disfrutando de nuestros cuerpos y solo cuando ambos habíamos
obtenido nuestra dosis de placer, me preguntó por Paloma:</p>



<p>―Se ha levantado pronto y ha salido― contesté con más
miedo que vergüenza que algo en mí hubiese hecho despertar su desconfianza.</p>



<p>Pero entonces, María que soltó una carcajada comentó:</p>



<p>―Tenemos que buscarle un novio.</p>



<p>Su pregunta me cogió fuera de juego y deseando saber
por qué lo decía, pero sin ganas de mostrarme muy interesado, pregunté por qué:</p>



<p>―Ayer nos estuvo espiando cuando hacíamos el amor. La
pobre lleva tanto tiempo sin un macho que está caliente― respondió en voz baja
creyendo que podía enfadarme.</p>



<p>Haciéndome el despistado me reí y sin darle mayor
importancia, contesté:</p>



<p>―Te lo juro: ¡No me había fijado!<br></p>



<p></p>
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		<title>&#8220;Las dos aliens que llegaron a mi puerta&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2026 09:13:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Cansado de su ajetreada vida, Miguel vende todo para irse a vivir a Costa Rica. Allí se compra una pequeña finca sin saber que al cabo de unos meses su existencia se verá trastocada cuando dos mujeres aparecen en su puerta en mitad de una tormenta. Al percatarse de que, agotadas y llenas de barro, necesitan ayuda tanto él como su empleada acuden a auxiliarlas.Es tal su estado y el miedo que muestran a quedarse solas que en un principio creen que esas dos muchachas se han escapado de un maltratador. Esa sensación se incrementa al ver que no [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>Cansado de su ajetreada vida, Miguel vende todo para irse a vivir a Costa Rica. Allí se compra una pequeña finca sin saber que al cabo de unos meses su existencia se verá trastocada cuando dos mujeres aparecen en su puerta en mitad de una tormenta. Al percatarse de que, agotadas y llenas de barro, necesitan ayuda tanto él como su empleada acuden a auxiliarlas.<br>Es tal su estado y el miedo que muestran a quedarse solas que en un principio creen que esas dos muchachas se han escapado de un maltratador. Esa sensación se incrementa al ver que no solo no hablan, sino que son incapaces de hacer cosas tan básicas como comer solas. Por ello y a pesar de no ser pareja, ambos se prometen en cuidarlas sin darse cuenta que con ello están sembrando las bases para formar una familia.<br>Todo se trastoca cuando comprenden que no son humanas, que su presencia allí no es casualidad y que esos dos angelicales seres tienen una misión&#8230; ¡averiguar si la humanidad es la solución para su especie!<br>Desde ese momento, los protagonistas de nuestra historia se debaten entre cumplir la promesa de cuidarlas o ser fieles al ser humano.</p>



<p>ALTO CONTENIDO ERÓTICO</p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-amazon wp-block-embed-amazon"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Las dos aliens que llegaron a mi puerta" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_Z2Df3B9Y4Icueu&#038;asin=B08WC5P26Y&#038;tag=kpembed-20"></iframe>
</div></figure>



<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Hasta las narices de una vida llena de estrés decidí dar carpetazo a todo lo anterior y tras vender mi empresa, mi casa y mi coche, llegué al aeropuerto donde cogí el primer vuelo hacia Costa Rica. Con euros suficientes en mi cuenta bancaria para rehacer mi vida, me compré una finca muy cerca del Parque Nacional de Corcovado en la provincia de Puntarenas. Elegí ese sitio para retirarme con cuarenta años gracias a la belleza de su naturaleza y la bondad de sus gentes.&nbsp; Con una casa colonial y una playa semiprivada, la extensión de mi terreno no era mucha, pero si la suficiente para no tenerme que preocupar de los turistas y poder disfrutar así de mi auto impuesta soledad. Después de un matrimonio fallido, veía en ese paraíso el retiro merecido tras tantos años de esfuerzo. Con la única compañía de Tomasa, mi cocinera, una mulata más o menos de mi edad, mis días pasaban con pasmosa lentitud sin otra decisión que tomar que decidir que si me iba a la playa o al monte. Confieso a mis detractores que mi existencia era deliciosamente rutinaria. Desayunar, dar una vuelta a los alrededores o tumbarme al sol, comer, beberme cuatro cervezas bajo mi porche, cenar y la cama.</p>



<p>No echaba de menos Madrid, ni a los amigotes. Vivía para mí y nada más. Hasta que un día al volver de comprar comida y whisky en Puerto Jimenez, vi una humareda saliendo de mitad del bosque. Preocupado por si ese incendio pudiese llegar a los árboles de mi propiedad, fui a ver su origen. Al llegar a un pequeño promontorio, divisé una lengua de devastación en mitad de la nada.</p>



<p>«Qué raro», pensé al ver toda esa extensión de selva baja destrozada y temiendo que fuera producto de la mafia maderera, decidí no acercarme y comentárselo a Manuel, un conocido que era la máxima autoridad policial por esos rubros. Al llegar a casa lo llamé, pero no estaba. Por lo visto le habían avisado de un conato de incendio.</p>



<p>Asumiendo que era la misma humareda que había visto, mandé el tema a un rincón de mi cerebro.</p>



<p>― ¿Qué me has preparado mujer? ― pregunté a la cuarentona a pesar de las muchas veces que me había dicho que no me refiera a ella de esa forma. Según Tomasa, si alguien me oía podía pensar que nos unía algo más que una relación laboral. ―Calamares en salsa, patrón― respondió secretamente alagada, aunque nunca lo quisiera reconocer.</p>



<p>Sentándome a la mesa, observé el movimiento de su trasero mientras me servía esa delicia y por un momento, pensé que ante cualquier avance por mi parte esa monada de hembra no dudaría en caer en mis brazos. Viuda y sin hijos, para ella le había caído del cielo mi oferta de trabajo, ya que no tendría que preocuparse por pagar casa ni sustento al ir implícito en el puesto. Desde mi silla, recordé que el cura del lugar me la había presentado al preguntarle por alguien que se ocupara de la casa.&nbsp; Y lo fácil que había resultado mi convivencia con ella porque a pesar de estar solos, siempre había mantenido su lugar sin tomarse ninguna libertad o confianza fuera de la propia de alguien de servicio. Descendiente de esclavos, su ajetreada y dura vida no solo había forjado su carácter sino otras partes más evidentes de su anatomía. Sin un átomo de grasa, su cuerpo no parecía el de una mujer de cuarenta. Alta, delgada y con grandes tetas, me parecía imposible que no hubiese rehecho su vida tras tantos años sin marido. Las malas lenguas hablaban de que, escarmentada de un marido celoso y violento, había cerrado el capítulo de los hombres. Reconozco estar estaba encantado con ella, debido al carácter jovial y alegre que me demostraba día tras día esa mujer, carácter tan propio de las latinas y tan alejado del de mi ex. Hablando de Maria, a ella sí que no la echaba de menos. Sin desearla ningún mal, estaba feliz con que no fuese yo el que tuviese que soportar su mala leche y sus continuas depresiones.</p>



<p>«Ojalá le vaya bien con Pedro, aunque lo dudo», dije para mí dando un sorbo a mi cerveza al recordar que su traición, lejos de molestarme, me había aliviado dándome un motivo para romper una inercia que me tenía encadenado a un matrimonio sin futuro.</p>



<p>Volví a la realidad cuando la morena me puso el plato en frente. El olor era delicioso y su sabor más. Agradeciendo nuevamente el buen tino que había tenido al contratarla, di cuenta de esa ambrosia mientras escuchaba a Tomasa cantar en la cocina un bolero de los Panchos.</p>



<p>―Si tú me dices ven, lo dejo todo. Si tú me dices ven, será todo para ti. Mis momentos más ocultos, también te los daré, mis secretos que son pocos, serán tuyos también…</p>



<p>Dado el rumbo que habían tomado mis pensamientos, me pareció una premonición de lo que ocurriría si algún día le hacía una caricia y rehuyéndolos, preferí tomarme el café en el porche en vez de hacerlo en el comedor desde donde podía ver y oír a esa atractiva señora trajinando con las ollas para que a la hora de cenar todo estuviera listo.</p>



<p>Ya sentado en la mecedora que había instalado allí, me puse a observar la belleza de esa zona donde se mezclaba selva, playa y plataneros, y donde el verdor era la nota predominante en vez del dorado secarral que predominaba en mi Castilla natal. La fertilidad de esas tierras hacía más chocante la pobreza de sus gentes, pobreza alegre del que vivía el día a día sin mirar con desconfianza al futuro. Pensando en ello y recordando la fábula infantil, los europeos eran las hormigas del cuento mientras los costarricenses se los podía considerar las cigarras. Hasta el propio lema de país ratificaba mi opinión: “Pura vida”. Ese “pura vida” simboliza para los costarricenses la simplicidad con la que se tomaban su paso por este mundo, su amor por el buen vivir, la abundancia y exuberancia de sus tierras, la felicidad y el optimismo de sus gentes, pero sobre todo a su cultura que les permitía apreciar lo sencillo y natural.</p>



<p>«Hice cojonudamente viniendo a vivir aquí», sentencié mirando como en el horizonte se empezaba a formar unos nubarrones que no tardarían en aligerar su carga sobre mi finca.</p>



<p>Me seguía maravillando ese fenómeno meteorológico por el cual, en época de lluvias, todas las tardes de tres a cuatro la naturaleza riega sus dones sobre esa área, refrescando el ambiente y dando vida a su vegetación. Nuevamente, “pura vida”, medité mientras veía a Tomasa colocando un café recién hecho y un whisky con hielos sobre la mesita del porche.</p>



<p>―Va a diluviar― comenté a la mujer.</p>



<p>―Sí, patrón. Este año la cosecha va a ser buena. Debería ir pensando en contratar las cuadrillas antes que se comprometan con los vecinos, no vaya a ser que llegado el corte no haya nadie que la recoja.</p>



<p>Su consejo no cayó en saco roto, ya que estaba lleno de sentido común y más viniendo de una nativa de la zona que conocía perfectamente el uso y las costumbres de la Costa Rica rural. Sabiendo que además de cocinar me podía servir de consejera, le pedí que se sentara y me explicara con quien tenía que tratar.</p>



<p>―El más fiable de los capataces es José, el matancero. Si llega a un acuerdo con él en las próximas dos semanas, podrá confiar que las pencas no se queden sin recolectar― me dijo mientras comenzaban a caer las primeras gotas.</p>



<p>Como conocía al sujeto, gracias a ser el dueño de la única carnicería del pueblo, no tuve que preguntar cómo contactar con él y anotándolo en mi cerebro, decidí que al día siguiente me pasaría por su local para tratar el tema. Para entonces, las gotas se habían convertido en un chubasco y sabiendo que la presencia de rayos no iba a tardar en llegar, le pedí que me trajera otro café para poder admirar desde ese privilegiado observatorio el espectáculo de luces y sonido que diariamente la naturaleza me regalaba. Tal y como me tenía acostumbrado, el chubasco no tardó en convertirse en tormenta tropical con murallas de agua cayendo mientras se oscurecía el día. Si Asterix o cualquiera de sus galos hubiera contemplado ese momento, a buen seguro hubiese temido que el cielo iba a caer sobre él al ver esa inmensa y brutal lluvia.</p>



<p>«Es impresionante», sentencié subyugado por ese prodigio tan raro y extraño para un castellano de pro: «En dos días, aquí llueve más que en un año en Segovia».</p>



<p>Estaba divisando a buen recaudo la escena cuando Tomasa volvió con el café, pero justo cuando iba a dármelo en la mano se quedó mirando a la plantación y me señaló la presencia de personas al borde de los plataneros. Tardé en unos segundos en localizar de quien hablaba y cuando lo hice me percaté que era dos mujeres completamente embarradas las que se dirigían hacia la casa.</p>



<p>―Deben ser turistas a las que la tormenta ha pillado dando un paseo― comenté sin salir del porche al no tener intención alguna de exponerme a los elementos y mojarme.</p>



<p>Mi cocinera, en cambio, previendo que iban a necesitar unas mantas con las que secarse corrió hacia el interior. Estaba observando las dificultades de una de ellas al caminar apoyada en la otra cuando de improviso tropezaron cayendo de bruces justo cuanto mi empleada volvía. Sin pensar en que nos íbamos a empapar, salimos a ayudarlas y envolviéndolas en las franelas, las llevamos hasta la casa.</p>



<p>Desde el primer momento, la joven que me tocó en suerte me sorprendió por liviana. Viendo los problemas tenía en mantenerse en pie, decidí tomarla en brazos y correr con ella hacia la seguridad que el techo de mi vivienda nos proporcionaba. El peso de la chavala me ayudó a hacerlo rápidamente. Estaba esperando que mi cocinera llegara con su compañera cuando caí en que, acurrucándose sobre mi pecho como un bebé, mi auxiliada gemía muerta de frio.</p>



<p>―Necesitan una ducha caliente― comenté a la mulata.</p>



<p>Tomasa me dio la razón y sin importarla llenar de barro el suelo que tan esmeradamente limpiaba a diario, entró a la casa. Todavía con la niña en brazos, la seguí por el pasillo mientras me envolvía una extraña satisfacción por haberla ayudado. Aduje esa sensación a mi vida solitaria y quizás por ello, no me percaté de la forma con la que se aferraba a mí. Ya en el baño, mi empleada había abierto la ducha mientras la cría que había ayudado se mantenía pegada a ella manteniendo el contacto con una mano sobre el hombro de la mulata. Tras verificar la temperatura, le pidió que pasara dentro, pero, tuvo que obligarla a ducharse. Por extraño que parezca, esa criatura temía alejarse de la mujer que la había salvado y a Tomasa no le quedó más remedio que meterse con ella.</p>



<p>―Patrón, le juro que luego limpio todo― dijo riendo al ver que el agua se desbordaba poniendo perdido la totalidad del baño.</p>



<p>No contesté al contemplar como el líquido iba despojando el barro que cubría el pelo de la recién llegada y que su melena era casi albina.</p>



<p>―Debe ser gringa― murmuró la negra al ver los ojos azules y la blancura de la joven que permanecía abrazada a ella sin moverse y sin colaborar en su propia limpieza.</p>



<p>Yo en cambio asumí que ambas eran nórdicas al vislumbrar de reojo que la joven que tenía en volandas tenía la misma clase de melena. El barro al desaparecer fue dejándonos observar sus ropas y mi turbación creció a pasos agigantados cuando ante mi mirada en vez de la típica vestimenta de los turistas, la joven llevaba una especie de mono casi trasparente.</p>



<p>«Menudos uniformes llevan», musité entre dientes al verificar que la otra iba vestida igual y que lejos de cubrirla, esa tela dejaba entrever unos juveniles pechos y un culito que haría las delicias de cualquier hetero.</p>



<p>Ya sin rastro de tierra en la primera, comprendí que era mi turno y sin soltar a la mía, entré en la ducha. El calor del agua cayendo por su cuerpo la hizo sollozar y dando la impresión de temer que la dejara sola se pegó todavía más a mí, mientras la mulata se llevaba a la compañera a su cuarto para prestarle algo de ropa.</p>



<p>―Tranquila, bonita― traté de tranquilizarla y asumiendo que no me entendía, intenté que mi tono fuera lo más suave posible.</p>



<p>La joven suspiró al sentir mis dedos entrelazándose en su pelo. Por un momento, me pareció el maullido de un gatito que hubiese perdido a su madre y quizás por ello, seguí susurrando en su oído mientras intentaba despojarla de los restos del barro que todavía llevaba incrustado en su melena. La angustia que mostró al intentar dejarla en pie me hizo saber que necesitaba el contacto y por ello manteniéndola entre mis brazos, usé una mano para levantarle la mejilla.</p>



<p>Sus ojos verdes abiertos de par en par daban a la expresión de su rostro una mezcla de miedo y agradecimiento vital, lo que curiosamente me alagó y acercando mis labios, le di un beso casto en la mejilla.&nbsp; Ese beso sin segundas intenciones, un mimo que bien podía haber sido de un padre con su retoño, la hizo llorar y como si para ella fuera algo necesario, volvió a abrazarse a mí con desesperación. Fue entonces cuando caí en su altura y en que a pesar de mi casi uno noventa, esa niña era de mi tamaño.</p>



<p>―No me voy a ningún sitio― murmuré alucinado de la dependencia que mostraba la criatura hacia su salvador.</p>



<p>Mis palabras consiguieron sosegarla y mirándome a los ojos, me regaló una sonrisa tan tierna como bella. Mi corazón comenzó a palpitar sin freno al advertir en mi interior que crecía un sentimiento protector que jamás había experimentado con nadie y un tanto azorado por ello, le pasé la esponja para que ella terminara de limpiarse. Comprendí que seguía en shock cuando no la tomó entre sus manos. Sin otro remedio que ser yo quien la aseara, comencé a pasársela por el cuello esperando que al verlo ella siguiera. Para mi sorpresa, al sentir mis dedos recorriendo su piel, lejos de mostrarse escandalizada, su mirada reflejó satisfacción y comportándose como un cachorrito al que la vida hubiese dejado huérfano, volvió a maullar suavemente mientras con la mirada me pedía que continuara. Sabiendo que era preciosa, un tanto cortado fui retirando la tierra de su ropa no fuera a que al contemplar su cuerpo me excitara. Por extraño que parezca y a pesar de reconocer que la chavala tenía un cuerpo impresionante, al recorrer sus pechos con la esponja solo pude pensar en cómo era posible que una tormenta le hubiese dejado tan desvalida y quizás por eso, no reparé en la reacción de sus pezones al tocarlos hasta que de sus labios salió un gemido que interpreté como deseo.</p>



<p>Preocupado de que viera en mis actos un intento de aprovecharme de ella retiré mis manos, pero entonces tomando la que seguía con la esponja, fue ella la que la volvió a colocarla sobre sus senos.</p>



<p>―Nena soy muy viejo para ti― susurré inexplicablemente contento al contemplar que lejos de rehuirme esa joven me rogaba con los ojos que la acariciara.</p>



<p>Todavía hoy me avergüenza reconocer que disfruté de sobremanera recorriendo con mis yemas su delicado cuerpo y más aún confesar que al posar mis manos sobre su trasero no pude evitar palpar discretamente la dureza de esas nalgas que el destino me había dado la oportunidad de tener entre las manos. Por raro que parezca, la desconocida no vio en ese gesto nada malo y meneando su culito, me dio la impresión de que deseaba que siguiera manoseándola. Afortunadamente un enano de mi interior me impidió cometer esa felonía y llamando a Tomasa, le pedí ayuda para secar a la pobre desdichada.</p>



<p>Mi empleada tardó casi medio minuto en llegar y cuando lo hizo casi me caigo de espaldas al contemplar que, cogida de la mano, llegaba con una valquiria que bien hubiera sido el impúdico sueño de cualquier vikingo. La belleza sin par de la joven con su pelo blanco ya seco cayendo por los hombros me impactó y más cuando advertí que únicamente llevaba puesta una camiseta.</p>



<p>― ¿Puedes ocuparte ahora de esta? ― pregunté con los ojos fijos en los eternos muslos sin fin de la suya.</p>



<p>―Ojalá pudiera, pero es como una lapa― contestó quejándose que no la soltaba ni por un instante.</p>



<p>Sabiendo que la cría que tenía pegada actuaba igual, insistí diciendo que no era decente que un maduro como yo fuera el encargado de desnudarla. Dándome la razón, se acercó a nosotros con una toalla en las manos y comenzó a secarla. Viendo que estaba en buenas manos intenté irme a cambiar, pero entonces pegando un grito lleno de ansiedad, mi desconocida corrió a aferrarse a mí.</p>



<p>―Patrón, antes me pasó lo mismo. No pude retirarme ni un metro sin que se echara a llorar― comentó preocupada: ―Me da la impresión de que estás niñas se deben haber escapado de un maltratador y por ello ven en nosotros el sostén que necesitan para no volverse locas.</p>



<p>― ¿Y qué hago? No me parece correcto desnudarla yo― casi gritando pregunté al saber que me estaba insinuado que al menos debía estar presente mientras le quitaba la ropa.</p>



<p>―Tenemos que hacerlo, patrón. Si quiere mire a otro lado, pero es necesario que no se vaya― dijo mientras le empezaba a desabrochar el mono.</p>



<p>Tal como me había pedido, giré la cabeza para no observar cómo la despojaba de esa indumentaria, temiendo una reacción normal de mis hormonas. Lo malo fue que, al quedarse desnuda, esa criatura albina buscó mi consuelo pegando su cara contra mi pecho. Al verlo, la mulata me informó que de nada servía haberla secado si me abrazaba con la ropa empapada y con una sonrisa un tanto picara, me pidió que me quitara la camisa. Como muchas veces me había visto en bañador, no me pareció inusual quedarme con el dorso desnudo en frente de ella y la obedecí despojándome de esa prenda sin esperar que, al ver mi pecho, la joven posara su cara en él,</p>



<p>―No quise decírselo antes, pero eso mismo hizo la mía. Ya verá cómo se tranquiliza al escuchar su respiración― comentó intrigada observando la escena.</p>



<p>Su predicción resultó acertada y tras unos momentos en los que no separó su rostro de mí, la chavala levantó su mirada y me sonrió antes de comenzar a acariciarme con sus dedos. Al fijarme en la cocinera, advertí que sabía por anticipado lo que iba a pasar y por ello, un tanto molesto pregunté qué más podía esperar de la desconocida.</p>



<p>Totalmente avergonzada, Tomasa me explicó que, al desnudarse para mudarse de ropa, su “niña” había reconocido su cuerpo con las manos antes de dejar que se pusiera algo.</p>



<p>― ¿Me estás diciendo que tengo que dejar que “me reconozca”? ― quise saber indignado y preocupado por igual.</p>



<p>―Le parecerá una locura, pero es como si en su desesperación estas nenas vean en el tacto una forma de comunicar su agradecimiento― contestó, pero al ver mi cara de espanto rápidamente aclaró que los mimos que la suya le había regalado no tenían una connotación sexual.</p>



<p>No teniendo claro como reaccionaria mi cuerpo ante unas caricias le pedí que dejara la camiseta que había traído para la muchacha y que me dejara solo, prometiendo que no me aprovecharía de la desgraciada.</p>



<p>―Patrón, no hace falta que me lo diga. Le conozco de sobra y sé que es un hombre bueno― dijo mientras desaparecía llevando su perrito faldero agarrada a su cintura.</p>



<p>Ya solo con la cría, intenté comunicarme con ella informando que me iba a desnudar, pero no conseguí sacarle palabra alguna y totalmente colorado, me quité el pantalón. La preciosa albina miró con curiosidad mis piernas y ante mi asombro comenzó a jugar con los pelos de mis muslos como si jamás hubiese sentido nada igual. Fue entonces cuando caí en que su coño estaba totalmente desprovisto de vello púbico y asumí que no solo habían estado en manos de un maltratador, sino también que eran miembros de una secta donde la norma era ir totalmente depilado.</p>



<p>Si ya de por sí eso era raro de cojones, al despojarme del calzón la cría observó mi virilidad y llevando sus yemas a ella, comenzó a palparla con un brillo lleno de curiosidad en su mirada. Sé qué actué mal, no entendía su actitud interesada y a la vez fría, pero al sentir la forma en que examinaba mi prepucio y cómo retiraba el pellejo para descapucharlo, riendo pregunté si es que acaso nunca había visto la polla a un hombre. Demostrando con hechos que debía ser así, se agachó frente a mí y usando mi glande, recorrió la piel de sus mejillas con él sin ningún tipo de excitación.&nbsp; Contra mi voluntad, al ser objeto de ese extraño estudio, mi pene comenzó a crecer ante sus ojos. En vez de asustarla o preocuparle, vio en ese anómalo crecimiento algo que debía explorar y pasando sus yemas por mi escroto, se puso a palpar mis huevos mientras admiraba mi progresiva erección.</p>



<p>―Nena, no soy de piedra― comenté al ver que parecía atraída por la dureza que había adquirido cerrando sus dedos en mi extensión.</p>



<p>Mi tono debió de alertarla de que algo me pasaba e incorporándose, se puso a escuchar mi corazón pegando su oreja sobre mi pecho sin soltar su presa. La insistencia de la paliducha se incrementó al oírlo y luciendo una curiosidad insana, siguió meneando mi trabuco al comprobar que con ello se disparaba la velocidad mi palpitar sin que ello supusiera que se excitara. Nada en ella reflejaba ningún tipo de lujuria. Todo lo contrario, parecía un médico palpando a un paciente.</p>



<p>― ¿Qué coño haces? No ves que si sigues voy a terminar corriéndome― tan excitado como asustado, murmuré tratando de adivinar en ella si se veía afectada por las caricias que me estaba brindando.</p>



<p>Juro que intenté calmar mi calentura aduciendo el comportamiento de la joven al desconocimiento, pero no pude hacer nada contra mi naturaleza y totalmente entregado permití que siguiera con su examen mientras clamaba al cielo que tuviese piedad de mí. Producto de su tozudez en averiguar qué era lo que le ocurría a mi cuerpo, con mayor energía, siguió erre que erre estudiando el fenómeno hasta que el conjunto de estímulos que poblaban mi cerebro dio como resultado mi eyaculación.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>&nbsp;Asombrada al sentir mi simiente sobre su mano, lejos de compadecerse de su conejillo de indias, la desconocida hizo algo que me terminó de perturbar y es que, acercando sus dedos manchados con semen a su boca, probó su sabor. La expresión de su cara cambió de golpe al catar mi esencia e impulsada por un ansia inexplicable comenzó a lamerlos con desesperación. No contenta con ello, al terminar de devorar lo que había depositado en sus manos, se agachó a hacer lo mismo con las descargas que había caído al suelo, tras lo cual insatisfecha buscó en mi miembro cualquier resto que hubiera quedado en él.&nbsp; Lo más humillante de todo fue observar que una vez lo había dejado inmaculado, la joven se levantaba del suelo y abrazándome con ternura, me daba la sensación de que era el modo que tenía de agradecerme el regalo.</p>



<p>Aterrorizado por haberme dejado llevar y sintiendo que me había aprovechado de su inocencia, conseguí vestirme y olvidándome de que ella seguía desnuda, fui a buscar a Tomasa. Encontré a la mulata en una situación al menos embarazosa ya que al entrar en la cocina y mientras ella intentaba cocinar, su extraña desconocida estaba manoseándola sin disimulo.</p>



<p>―Patrón, desconozco que le ocurre a esta desgraciada, pero no deja de meterme mano― tan pálida como su partenaire comentó.</p>



<p>Sin revelar que había sido objeto de una paja de la recién llegada, me senté en una silla moralmente destrozado y más cuando al encontrarse con su compañera, mi desconocida regurgitó parte de mi semen en su boca.&nbsp; La expresión de esta al compartirle mi esencia fue algo inenarrable, ya que cerrando los ojos degustó con placer la ofrenda.</p>



<p>―Se nota que las pobrecillas tienen hambre― compadeciéndose de ellas, mi empleada masculló y sin caer en la verdadera naturaleza del alimento que estaban compartiendo, llenó dos platos con comida.</p>



<p>Las jóvenes nos miraron sin saber cómo actuar hasta que tomando un tenedor acerqué un trozo de la carne guisada a la boca de la cría que había venido conmigo. Esta al observar mi maniobra, abrió sus labios y la masticó como probando tanto su textura como su sabor. Tras tragar, volvió a abrirla esperando que siguiera dándole de comer mientras la otra rubia la imitaba mirando a mi empleada.</p>



<p>―Don Miguel, ¿qué clase de malvado las ha tenido retenidas hasta ahora? ¡No saben ni comer solas! ― casi llorando, murmuró la mulata mientras llevaba un pedazo a la joven que como un pajarito en su nido pedía su sustento a su madre.</p>



<p>La certeza de que era así y que ambas habían tenido una existencia brutal hasta la fecha azuzó un sentimiento paterno que desconocía tener y dirigiéndome a las chavalas, les hice saber con tono dulce que sus padecimientos habían terminado y que nos ocuparíamos de ellas como si fueran nuestras hijas.</p>



<p>―Ya habéis escuchado a papá. Comed todo lo que tenéis en el plato y si al terminar os quedáis con hambre, no os preocupéis ¡mamá os pondrá más! ― respondió la mulata mientras las acariciaba.</p>



<p>No supe si iba en guasa o si realmente sentía que éramos una pareja que las había adoptado, lo cierto es que no me molestó y, es más, aunque en ese momento no me diese cuenta, di por hecho que era así. Por ello al terminar de saciar su apetito, me pareció natural pedirle a Tomasa que cenara conmigo antes de llevar a las desconocidas, que seguían pegadas a nuestra vera, a descansar.</p>



<p>Mientras cenábamos por primera vez juntos, la cuarentona con su sentido práctico me preguntó dónde iban a dormir las niñas, ya que en la casa había dos camas, la suya que era individual mientras la mía era una King Size.</p>



<p>―Mañana compraré un par de ellas en el pueblo― respondí para acto seguida ofrecerme a dormir en el sofá.</p>



<p>&nbsp; La mulata enternecida con mi gesto tomó mi mano y la besó diciendo que no se había equivocado al suponer mi bondad. Acomplejado al recordar que me había corrido entre los dedos de una de las crías que había decidido cuidar, me quedé callado mientras se levantaba a recoger los platos.&nbsp;</p>



<p>«¿Que narices voy a decir cuando se dé cuenta de la clase de hombre que es su patrón?», me pregunté en completo silencio…</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Sin otra cosa qué hacer y mientras Tomasa metía la vajilla en el friegaplatos, decidí consultar en mi ordenador si alguien había denunciado la desaparición de esas crías. No quise llamar a Manuel, el policía. Preferí mirar si descubría algo en internet antes de ponerlas en bandeja de un desalmado que las reclamara como suyas. Curiosamente lo único que encontré fue una mención a la devastación sufrida en el bosque que los periodistas consideraban inexplicable y que buscando una razón sobre el origen de esa lengua de árboles quemados achacaban a la caída de un pequeño meteoro.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Serán amarillistas― me dije viendo poco creíble esa explicación. Sospechando en cambio que lo ocurrido se debía deber al accidente de una avioneta cargada con drogas que las autoridades querían evitar dar a conocer. Mientras leía la noticia, pegada a mí, la puñetera chavala no me perdía ojo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mirándola, comenté que dado que se negaba a hablar debía al menos saber su nombre y por ello pegándome en el pecho, le dije que me llamaba Miguel. Tras repetírselo un par de veces y ver que no parecía entenderme, aproveché la llegada de la mulata con su cachorrito albino para acercándome a ella, repetir:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Miguel, Tomasa. Tomasa, Miguel.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las rubias parecieron percatarse de lo que quería comunicarles y haciendo un esfuerzo fue la joven de mi empleada la que abriendo los ojos musitó algo parecido a “íel” y a “asa”. El aplauso de la mulata hizo que la mía lo intentara y por vez primera escuché que repetía “íel” y “asa”. Casi con el convencimiento que para esas criaturas esas dos palabras eran las primeras que pronunciaban, di por bueno que me llamaran así y posando mis manos sobre la que tenía a mi vera, quise saber su nombre. Al no dármelo, se me ocurrió decir mía. La preciosa bebita abrió sus labios y pegando la palma en su pecho repitió “ía”.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alentado por ese gran paso, miré a su compañera y dando su lugar a la morena, la bauticé como tuya.</p>



<p>―Ua― musitó feliz de tener un nombre la jovencita.</p>



<p>Riendo a carcajadas, Tomasa puso su mano sobre mi pecho diciendo “Íel”, acto seguido tocó el suyo mientras decía “Asa” y posándola a continuación sobre los de las crías dijo sus nuevos apelativos “Ía” y “Ua”. Las desconocidas con alegría en su mirada la imitaron y alternando entre nosotros repitieron Íel, Asa, Ía y Ua.</p>



<p>Ya pudiendo diferenciarlas pedí a Ía que se acercara y dándole un abrazo le di la bienvenida a la que ya era su casa. La chavala debió de comprender al menos la esencia de mis palabras al reaccionar derramando una lágrima. Al repetir lo mismo con Ua, esta se mostró quizás más emocionada al sentir que era la primera vez que la abrazaba y posando su cara en mi pecho, comenzó a llorar.</p>



<p>― ¿Tengo que ponerme celosa? ― preguntó con dulzura la cuarentona mientras extendía sus brazos a Ía.</p>



<p>La criatura reaccionó igual que su compañera hundiendo la cara entre los hinchados pechos de la morera y sellando sin saberlo nuestro destino:</p>



<p>«Estas bebitas nos han adoptado como sus padres sin pedir nuestra opinión», sentencié observando la tierna escena preocupado, pero en absoluto molesto.</p>



<p>Nuestro siguiente problema vino al percatarnos de su cansancio e intentar que se acostaran en mi cama, ya que si bien eso nos resultó fácil tumbarlas al ver que nos levantábamos y las dejábamos solas, tanto Ía como Ua comenzaron a berrear temiendo quizás que las abandonáramos.</p>



<p>―Don Miguel, no nos queda más que acompañarlas mientras se duermen― murmuró indecisa por mi reacción mi cocinera.</p>



<p>Aceptando que era así, me quité los zapatos y me tumbé a un lado de la cama. Tomasa comprendió que le acababa de darle permiso de compartir mi cama y despojándose de sus sandalias, posó su cabeza en la almohada al otro extremo. Al acomodarnos, las dos albinas nos abrazaron y pegando sus cuerpos a los nuestros, sonrieron llenas de felicidad.</p>



<p>―Patrón, ¿qué vamos a hacer si el malnacido que las ha tenido cautivas viene y quiere quitárnoslas? ― preguntó llena de tristeza buscando mi apoyo.</p>



<p>Sin pensar detenidamente, repliqué:</p>



<p>―Por encima de mi cadáver, se las lleva. Somos una familia.</p>



<p>Comprendí el alcance de mi respuesta cuando con voz tímida, ella contestó:</p>



<p>―Don Miguel, a partir de ahora no me quejaré cuando me llame mujer.</p>



<p>Con esa sencilla pero emotiva frase, la atractiva cuarentona me dio a entender que se entregaba a mí y no queriendo rechazar su oferta, le pedí que intentara descansar y que al día siguiente tendríamos tiempo de hablar. En vez de hacerme caso, acunando a Ua, empezó a canturrear una nana que parecía compuesta exprofeso para la situación que nos encontrábamos:</p>



<p>Los pollitos dicen pío, pío, pío</p>



<p>cuando tienen hambre</p>



<p>cuando tienen frío.</p>



<p>La gallina busca el maíz y el trigo</p>



<p>les da la comida y les presta abrigo.</p>



<p>Bajo de sus alas, acurrucaditos</p>



<p>¡duermen los pollitos</p>



<p>hasta el otro día!</p>



<p>Con su voz dulce resonando en la habitación cerré los ojos mientras meditaba sobre como la llegada de esas dos linduras había trastocado tanto mi vida como la de mi fiel empleada y espoleado por la dulce melodía, me quedé dormido. Reconozco que descansé como un bendito hasta que bien entrada la noche sentí unas manos acariciándome. Al abrir los ojos contemplé que las dos desconocidas habían conseguido no solo desnudarme sino también a la mulata y que no satisfechas con ello, recorrían con sus dedos nuestra piel. Sin sentirme culpable espié a Ua acariciando el pecho de Tomasa mientras Ía hacia lo mismo con el mío. Cuando de pronto sentí que unos pequeños filamentos que salían de sus uñas se hundían en mi piel. En mi interior asumí por vez primera que esas dos nenas no eran siquiera humanas, pero por inaudito que parezca no me espanté y completamente tranquilo me pregunté qué estaban haciendo y lo que es más importante, qué eran esas criaturas.</p>



<p>Girándome hacia la mulata, advertí que también ella se había despertado y que al igual que yo contemplaba con una calma extraña cómo los extraños apéndices de Ua se incrustaban en su pecho.</p>



<p>―Miguel― sollozó al sentir bajo su epidermis un raro pero encantador escozor.</p>



<p>No pude contestar a su petición de ayuda al experimentar el placer que las insólitas extensiones que salía de Ía estaban provocando en mí.</p>



<p>―Íel no te preocupes soy tu bebé― me pareció escuchar en mi cerebro: ―Estoy devolviéndote tus atenciones.</p>



<p>No me preguntes porqué la creí, pero lo cierto es que una felicidad sin igual se apoderó de mí y alzando la voz, pregunté a la mulata si ella estaba sintiendo lo mismo.</p>



<p>―Ua está hurgando en mí, porque según ella necesito sus cuidados.</p>



<p>La ternura de su voz no pudo evitar que notara que estaba impregnada de deseo y alucinado admiré que tenía los pezones totalmente erectos.</p>



<p>― ¿Qué le está haciendo? ― comenté al ser que tenía esas incrustadas en mi pecho.</p>



<p>Nuevamente, me pareció escuchar su respuesta en mi mente.</p>



<p>―Mi hermana está reparando el aparato reproductor de su mujer para que pueda darle descendencia, mi Íel.</p>



<p>Intrigado en la naturaleza de esa ayuda, quise saber porque lo hacían y entonces ante mi sorpresa, Ía contestó:</p>



<p>―Fuimos creadas para cuidar de los “¿padres? ¿dueños?” – dudó al comunicarse: ―Esta tarde hemos perdido a nuestros antiguos “¿padres? ¿dueños?” – nuevamente titubeó: ―Pero la luz quiso que no tardáramos en encontrar sus sustitutos y que dándonos vuestro cuidado nos aceptarais como vuestras sanadoras.</p>



<p>Aturdido por sus palabras, pregunté que nos pedirían a cambio y entonces con una pícara sonrisa, ese bello ser respondió:</p>



<p>―Mi “¿padre? ¿dueño?” Ya lo sabes. Al igual que nuestros creadores sellaron el pacto con nuestra especie dándonos su esencia, tú firmaste nuestra entrega al regalarnos tu simiente.</p>



<p>―No hace falta que nos deis nada― contesté todavía pasmado al recordar la forma en que había actuado al ordeñarme.&nbsp;</p>



<p>―Íel, no lo entiendes. Cuidar de nuestros “¿padres? ¿dueños?” y obtener nuestro sustento de ellos forma parte de nuestra naturaleza ― con una seguridad aplastante replicó mientras deslizaba sus manos por mi pecho.</p>



<p>&nbsp;Al asumir que quería renovar su pacto miré a Tomasa y ésta sonriendo como si supiera lo que iba a suceder me pidió que diera de beber a nuestras niñas mientras azuzaba a Ua a acompañar a su casi gemela.&nbsp; Supe por la naturalidad con la que se tomaba el que esas dos bellezas se abalanzaran sobre mi miembro que su “sanadora” le había explicado telepáticamente la clase de sustento que nos iban a exigir y que ella había aceptado.</p>



<p>― ¡Dios! ― gemí al sentir dos lenguas recorriendo mi pene.</p>



<p>El ataque coordinado de las albinas despertó mi lujuria y fijándome en la humana que tenía a mi lado, comprobé que también ella estaba excitada.</p>



<p>―Mujer, dame un beso― pedí sin saber si me había sobrepasado.</p>



<p>Su respuesta no pudo ser más elocuente y reptando hacia mí, buscó mi boca con una pasión que desbordó mis previsiones y más cuando murmurando a mi oído, me informó que llevaba soñando hacerlo desde que había conocido a su hombre. El deseo que impregnaba su voz me dio la confianza de acariciar sus senos mientras en mi entrepierna las dos jóvenes pugnaban entre ellas en buscar su alimento. La mulata al sentir mis yemas recorriendo sus areolas no se lo pensó y alzándose sobre la cama, me dio de mamar. Ante mi sorpresa, sus negros cantaros se desbordaron llenando mi boca con su leche. El sabor dulzón de ese inesperado manjar avivó mi apetito y en plan desesperado me puse a ordeñarla.</p>



<p>―Come mi niño, come de tu negra― musitó al reponerse de la impresión que también para ella era que sus tetas me pudiesen amamantar.</p>



<p>Sin hacer saber a nuestras sanadoras que habían cometido un error y que las humanas solo producían leche tras dar a luz, seguí recolectando son mi boca la láctea producción que manaba de sus tetas. Supe el placer que la proporcionaba al hacerlo cuando de improviso la sentí correrse y luciendo su alegría tras tantos años sin caricias, mi antigua cocinera y ahora pareja me agradeció el placer que la había brindado, acompañando a nuestras sanadoras en su misión. Tomasa nunca se imaginó al hundir mi pene en su garganta que al hacerlo estaba enseñando el camino a las dos crías y tras sacársela durante un instante para respirar, fue sustituida alternativamente por ellas, que impresionadas por ese novedoso método buscaron con mayor ahínco mi placer. No deseando que esta vez se desperdiciara nada de mi esencia, avisé a las chavalas de la cercanía de mi orgasmo y como dos cachorritas esperando que su dueño les diera de comer, aguardaron ansiosas que derramara su simiente sobre sus bocas sin moverse.</p>



<p>Riéndose de ellas, Tomasa les estaba explicando que pajeándome que con ese movimiento de muñeca podían acelerar la llegada de su sustento cuando de pronto me vi sumido en un orgasmo cómo nunca había sentido. La viuda al ver que mi polla explotaba repartió equitativamente entre ellas mi simiente. Las dos criaturas devoraron golosas mi ambrosia mientras su “¿madre? ¿dueña?” sonreía encantada con el pacto que nos uniría a ellas de por vida. Demostrando cómo había asumido su papel de protectora, esperó a que dejaran mi herramienta inmaculada para preguntar si seguían con hambre. Al contestar ellas afirmativamente con la cabeza, les informó que un hombre sano como yo era capaz de dar más de un biberón y que solo tenían que seguir lamiendo para que me recuperara. &nbsp;</p>



<p>Ía me miró alucinada y hundiendo sus dedos en mí, preguntó si yo estaba de acuerdo. Esa pregunta disparatada me hizo sospechar de un maltrato y en plan gallego, quise saber por qué cuestionaba las palabras de la mulata.</p>



<p>―El macho de la pareja bajo la cual vivimos amparadas nos tenía racionada su esencia y solo cuando veía que no podíamos aguantar más, accedía a proporcionárnosla.</p>



<p>Dando por sentado que, al limitarles el acceso a su sustento, ese capullo se aseguraba su fidelidad, respondí acariciándola mientras buscaba con la mirada el permiso de Tomasa:</p>



<p>―Conmigo, no tendréis ese problema. Cuando tengáis hambre, decídmelo e intentaré complaceros.</p>



<p>Turbada por mi respuesta, la chavalita se la debió de hacerle llegar a su compañera y ésta metiendo sus apéndices en mí, me hizo saber que siempre tenían hambre. Asumiendo que cualquier hombre estaría encantado de alimentarlas, les pedí que tuviesen cuidado a quien se lo pedían porque si se llegaba a saber su existencia era posible que las encerraran para someterlas a estudio. Mi sincera preocupación las indignó y a través de sus dedos, me hicieron saber que siempre me serían fieles y que les enfadaba que pudiese pensar tan mal de ellas.</p>



<p>―Cuando una sanadora es adoptada por una pareja, es de por vida. Nunca podríamos siquiera plantearnos buscar otro macho que nos alimente― protestó Ua con el completo acuerdo de la otra.</p>



<p>El cabreo de esas criaturas era tal que incluso perdieron las ganas de alimentarse y fue mi buena Tomasa la que ejerciendo de “¿madre? ¿dueña?” les pidió que se tranquilizaran porque mi intención al advertirlas del peligro era motivada al cariño que sentíamos por ellas.</p>



<p>― ¿Cariño? No entiendo― asombrada preguntó Ía: ― ¿No es eso una forma de amor?</p>



<p>No sé a cuál de nosotros le sorprendió más esa pregunta, pero fue la mulata la que respondió:</p>



<p>― ¿Acaso dudáis que daríamos la vida por vosotras? ¿Qué clase de existencia habéis tenido que no creéis que alguien pueda amaros?</p>



<p>Apoyando sus palabras, comenté:</p>



<p>―Aunque no somos ni vuestros padres ni vuestros dueños, nuestro deber es protegeros y quereros. Ya os dije que no necesitábamos que nos dieseis nada a cambio y os pido que nos consideréis como de la familia.</p>



<p>―Íel, ¿por qué dices que no sois nuestros dueños? Fuimos creadas para sanar, no para ser amadas.</p>



<p>Comprendí que se consideraban unos robots incapaces de tener sentimientos y menos de provocar los mismos. No podía hablar sobre su origen al desconocer cómo habían llegado al mundo, pero convencido de que eran unas niñas indefensas y no unas máquinas, sin alzar la voz, les hice ver su error lanzando un órdago a la grande respecto a los sentimientos de la morena:</p>



<p>―Cuando Tomasa accedió a ser mi mujer, no significó que pasara a ser de mi propiedad, sino que se comprometía a compartir conmigo los años que nos quedan. A igual que no soy su dueño, tampoco lo soy de vosotras. Si permanece a mi lado es porque ella quiere. Lo mismo os pido. Aunque deseo de corazón que os quedéis y que nos dejéis cuidaros, será solo si voluntariamente accedéis. No me sirve, no nos sirve― rectifiqué― que lo hagáis obligadas por unas normas que no conozco ni quiero conocer.</p>



<p>―Si no somos vuestras, no lo seremos de nadie― con lágrimas en los ojos respondió Ua.</p>



<p>―Mi amorcito― interviniendo, la morena le dijo: ―Que no seáis de nuestra propiedad no quiere decir que no seáis nuestras… para Miguel y para mí sois un par de mujercitas que queremos tener a nuestro lado, pero sin ataduras. Queremos que os sintáis libres y no esclavizadas.</p>



<p>Tratando de asimilar lo que acababa de oír, Ía murmuró sin levantar su mirada:</p>



<p>―Si para vosotros somos vuestras mujercitas, ¿podemos considerar a Íel nuestro hombre y a ti nuestra mujer?</p>



<p>Aunque había malinterpretado sus palabras, sonriendo, Tomasa contestó:</p>



<p>―Por supuesto, cariño. Seremos una familia.</p>



<p>― ¡Qué raros sois los humanos! ― sentimos ambos que exclamaban al unísono esas dos bellas criaturas mientras se lanzaban a nuestros brazos.</p>



<p>Descojonado por esa reacción, me puse a hacerles cosquillas. Las chavalitas se quedaron petrificadas al sentir que sus cuerpos reaccionaban y que eran incapaces de dejar de reír. Pero cuando la negra me imitó fue cuando totalmente confundida Ía me pidió a través de sus hebras que parara y que le explicara qué les estaba haciendo.</p>



<p>Por un momento, creí que me estaba tomando el pelo, pero al observar su mirada comprendí que jamás había sentido algo así y sin ocultar mi sorpresa, le pedí perdón si se había sentido molesta.</p>



<p>―Me ha resultado raro el no poder contener la risa― respondió alucinada: ―Era como si no fuera dueña de mis actos.</p>



<p>Asumiendo lo mucho que esas crías tenían que aprender, volví a hacérselas mientras le decía:</p>



<p>―Es un juego que los humanos aprendemos de niños y es otra forma de demostrarnos cariño.</p>



<p>Impactada, se echó a llorar. Al creer que me había pasado nuevamente me disculpé, pero entonces sonriendo me reconoció que su antiguo dueño nunca había jugado con ellas y que no sabía cómo hacerlo.</p>



<p>―Tú imítame― repliqué mientras me lanzaba sobre Tomasa.</p>



<p>La mulata no se esperaba mi traicionero ataque y menos que sumándose a él, las dos nenas se dedicaran a hacerla reír.</p>



<p>― ¡Qué rápido aprendéis lo malo! ― desternillada comentó mientras se revolvía contra todos.</p>



<p>Al sentir las manos de la mujer, instintivamente cambié de juego y la besé. Ella olvidándose de las criaturas respondió con pasión cuando forcé sus labios y metiendo su lengua en mi boca, me pidió que la amara y sintiendo entre sus piernas mi erección, no se lo pensó dos veces. Tomando mi pene entre sus manos, se empaló. A pesar de la rapidez con la que se embutió mi miembro, pude sentir cada uno de sus pliegues forzándose a aceptar esa intromisión y comprendiendo que no estaba acostumbrada a ser amada, decidí esperar antes de abalanzarme sobre ella.</p>



<p>― ¡Dios mío! ― sollozó la mulata al sentirse llena y con una mezcla se felicidad y de sorpresa volvió a rogarme que la tomara.</p>



<p>Lentamente, comencé a moverme disfrutando de la estrechez de su conducto. Al notar el vaivén de mis caderas, Tomasa me abrazó con sus piernas decidida a no dejar que me separara de ella.</p>



<p>―Disfruta y no pienses― susurré en su oído mientras lentamente iba incrementando el ritmo.</p>



<p>Las chavalas se habían quedado quietas. Y sin atreverse a intervenir, observaban como nuestras respiraciones y nuestros corazones se iban acelerando. Concentrado en la mulata, no me percaté que parecían deslumbradas al sentirse copartícipes del momento. Sin prestarles atención, me agaché sobre los pechos de Tomasa y comencé a mamar de ellos. El doble estímulo magnificó la calentura de la morena y completamente entregada, chilló de gozo.</p>



<p>―Mi amor, mi hombre, mi vida.</p>



<p>Su grito de felicidad me permitió seguir, sin asumir que con cada una de mis penetraciones disolvía el recuerdo de su infausto matrimonio.</p>



<p>― ¡Qué bello es veros amando! ― escuché que Ua decía sin perder detalle de lo que estábamos haciendo.</p>



<p>&nbsp;No caí en que esa exclamación llevaba implícita lo insólito que les resultaba el que dos seres pudieran dar y recibir placer al mismo tiempo. Centrado en lo que hacía profundicé en Tomasa con nuevas y continúas estocadas. Para entonces, los senos de mi recién estrenada pareja estaban en plena efervescencia y al no poder absorber toda su leche, pedí a las niñas que me ayudaran.</p>



<p>― ¿Nos estás pidiendo que participemos? ― preguntó Ía.</p>



<p>En vez de ser yo quien contestara, fue Tomasa la que lo hizo poniendo una de sus tetas a su disposición mientras decía:</p>



<p>―Sois nuestras mujercitas y nuestro amor debe ser también vuestro.</p>



<p>Indecisa, la joven acercó su boca al manantial en que se había convertido el pezón de la mujer e imitando la forma en que me había visto hacerlo, comenzó a mamar. La expresión de su cara reflejó su sorpresa al saborear ese blanco manjar y haciendo un gesto a su compañera, pidió que también ella lo probara. Ua titubeó antes de posar sus labios en la areola, pero en cuanto bebió las primeras gotas de leche humana, no se pudo reprimir y se lanzó a gozar de ese regalo. Tal era el hambre con el que las chiquillas competían por ese erecto botón que riendo les cedí el otro pecho y mientras mi pareja era dulcemente ordeñada por ellas, busqué con urgencia dar placer a la preciosa viuda. Sobrepasada por ese triple ataque, no tardó en gritar que nos amaba.</p>



<p>Su chillido me alertó de la cercanía de su orgasmo y queriendo compartir con ella el momento con fieras, pero dulces, estocadas incrementé mi acoso.</p>



<p>―Me corro― aulló al sentir que tras tantos años sola formaba parte de una familia y ante mis ojos y los de las dos nenas colapsó de gozo.</p>



<p>El clímax de Tomasa fue el acicate que me faltaba y olvidando que mi semen era el sustento de esos bellos seres, derramé mi esencia en ella. La negra al sentir en su vagina mis descargas se echó a llorar de alegría diciendo que por fin la había hecho mía. No creo que ni Ua ni Ía se dieran cuenta de lo que había sucedido al estar obsesionadas en que no se perdiera nada de la leche que seguía brotando sin parar de los pechos de la morena.</p>



<p>―No puedo más― suspiró la cuarentona al sentir que el placer seguía asolando sus neuronas.</p>



<p>Las chavalas ni la oyeron e involuntariamente contribuyeron a que presa de un nuevo orgasmo Tomasa comenzara a retorcerse sobre las sábanas. Observando el ansia con el que mamaban, permití que saciaran su hambre, aunque con ello mi adorada mulata fuera pasto de las llamas de su propia calentura y solo cuando la vi desplomarse agotada, separándolas de los inacabables cantaros, les pedí que pararan.</p>



<p>Ambas se quejaron al verse despojadas de los senos de la viuda y sin dejar de mirarlos con genuino apetito, preguntaron el porqué. En sus caras adiviné lo que pasaba y riendo señalé que si seguían ordeñando a la mujer la matarían. Lo dije metafóricamente, pero ellas se lo tomaron de manera literal y olvidándose del hambre que sentían, introdujeron sus hebras en ella preocupadas.</p>



<p>Despelotado de risa viendo en sus rostros que no encontraban nada que sanar, les aclaré lo que pasaba y que había querido decir que la pobre Tomasa estaba cansada, pero que al igual que mi pene, los pechos de la morena siempre estarían para ellas.</p>



<p>Ua respiró aliviada, pero fue Ía la que venciendo su timidez comentó que las perdonáramos y que se habían dejado llevar por la sorpresa de que las hembras humanas también fueran capaces de derramar su esencia. Recibí a carcajadas sus palabras y abrazando a las chiquillas les dije que tenían mucho que aprender de la anatomía humana.</p>



<p>Sin entender mi sentido del humor, Ua protestó diciendo que para adoptar la forma humana habían tenido que conocerla y que nada de ella le era desconocido. Obviando la información que me acababa de dar, contesté que si tanto conocían como era posible que no supieran la función que en nuestra especie tenía la leche materna.</p>



<p>Mis palabras las dejaron conmocionadas y entablando un dialogo sordo entre ellas al que no tuve acceso, se debieron hacer la misma pregunta. Tan agotado como Tomasa miré mi reloj y viendo que eran las cuatro de la mañana, les rogué que descansaran y dejaran para mañana sus dudas.</p>



<p>―Amado Íel, ¿me permitirías ser quien se abrace a ti? ― con ojos tiernos, susurró Ua en mi oído, temiendo quizás que no quisiera.</p>



<p>Enternecido por esa suplica, le di un azote mientras le decía:</p>



<p>―No te lo permito, te lo exijo mi amada Ua.</p>



<p>Extrañamente complacida con esa ruda caricia, la joven posando su cara en mi pecho cerró sus ojos mientras su compañera se tumbaba junto a la morena.</p>



<p>― ¿Mañana podremos desayunar tu esencia? ― escuché que me decía.</p>



<p>Pasando mi mano por su cintura, no contesté.</p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Mi nuera me preguntó si podía hacerme una mamada &#8220;. (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2026 07:09:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160; Con cuarenta y nueve inviernos creía que mi vida ya no tenía sentido. Y cuando digo inviernos y no primaveras se debe a que después de tantos años trabajando con único propósito de crear un patrimonio con el que pasar mi vejez con mi mujer y tantos esfuerzos para criar a mi único hijo,&#160; resulta que por un desgraciado accidente me vi solo. A raíz de ese suceso, estaba hundido. Cada mañana me resultaba un suplicio el tener que levantarme de la cama y enfrentar un nuevo día sin sentido. Con dinero en el banco, la casa pagada y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="clear: both; text-align: center;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Con cuarenta y nueve inviernos creía que mi vida ya no tenía sentido. Y cuando digo inviernos y no primaveras se debe a que después de tantos años trabajando con único propósito de crear un patrimonio con el que pasar mi vejez con mi mujer y tantos esfuerzos para criar a mi único hijo,&nbsp; resulta que por un desgraciado accidente me vi solo. A raíz de ese suceso, estaba hundido. Cada mañana me resultaba un suplicio el tener que levantarme de la cama y enfrentar un nuevo día sin sentido.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Con dinero en el banco, la casa pagada y un negocio que marchaba a las mil maravillas todo era insuficiente para mirar hacia adelante. Por mucho que mis amigos me trataban de animar diciendo que me quedaban al menos otros cuarenta años y que la vida me podía dar una nueva oportunidad, no les creía. Para mí, el futuro no existía y por eso decidí vivir peligrosamente. Asqueado de la rutina comencé a practicar actividades de riesgo, quizás deseando que un percance me llevara al otro barrio y así unirme a María y a José.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">¡Dios! ¡Cómo los echaba de menos!&nbsp; &nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Nada era suficientemente peligroso. Me compré una moto de gran cilindrada, me uní a un grupo de Ala Delta donde aprendí a surcar los aires, viajé a zonas en guerra buscando que la angustia de esa gente me hiciera ver que era un afortunado… Desgraciadamente la adrenalina no me sirvió para encontrar un motivo por el que vivir y cada día estaba más abatido.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Pero curiosamente cuando ya había tocado fondo y mi depresión era tan profunda que me había llevado a comprar una pistola en el mercado negro para acabar con mi vida, la enésima desgracia me dio un nuevo aliciente por el que luchar. Hoy me da vergüenza reconocer que estaba sondeando el quitarme de en medio cuando recibí la llamada de Juan, el mejor amigo de mi hijo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Don Felipe disculpe que le llame a estas horas pero debe saber que Jimena ha intentado suicidarse. Se ha tomado un bote de pastillas y si no llega a ser porque llamó a mi mujer para despedirse, ahora estaría muerta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Confieso que, aunque había estado coqueteando con esa idea, el que mi nuera&nbsp; hubiese intentado acabar con su vida me pareció inconcebible porque al contrario de mí, ella era joven y tenía un futuro por delante. Sé que era una postura ridícula el escandalizarse cuando yo estaba de tonteando con lo mismo pero aun así pregunté dónde estaba y saliendo de casa, fui a visitarla al hospital.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Durante el trayecto, rememoré con dolor el día que mi chaval nos la había presentado como su novia y como esa cría nos había parecido encantadora.&nbsp; La ilusión de ambos con su relación confirmó tanto a mi mujer como a mí que nuestro retoño no tardaría en salir del nido. Y así fue, en menos de un año se casaron. Su matrimonio fue feliz pero corto y desde que la desgracia truncara nuestras vidas, no había vuelto a verla porque era un doloroso recordatorio de lo que había perdido.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sabiendo a lo que me enfrentaría, llegué hasta su habitación. Desde la puerta, comprobé que estaba acompañada por la mujer de Juan y eso me dio los arrestos suficientes para entrar en el cuarto. Al hacerlo certifiqué la tristeza de mi nuera al ver lo delgadísima que estaba y observar las ojeras que surcaban sus anteriormente bellos ojos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« Está hecha una pena», pensé mientras me acercaba hasta su cama.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Jimena al verme, sonrió dulcemente pero no pudo evitar que dos lagrimones surcaran sus mejillas al decirme:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Don Felipe, siento causarle otra molestia. Suficiente tiene con lo suyo para que llegue con esta tontería.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El dolor de sus palabras me enterneció y cogiendo su mano, contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No es una tontería. Comprendo tu tristeza pero debes pasar página y seguir viviendo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/f/117ff/malenamorgants071811-p01_004.jpg" width="423" height="635">Cómo eran los mismos argumentos que tantas veces me había dicho y que no habían conseguido sacarme de mi depresión, no creí que a ella le sirvieran pero aun así no me quedó más remedio que intentarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Lo sé, suegro, lo sé. Pero no puedo. Sin su hijo mi vida no tiene sentido.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su dolor era el mío y no por escucharlo de unos labios ajenos, me pareció menos sangrante:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« Mi nuera compartía mi pena y mi angustia».&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">María,&nbsp; su amiga, que desconocía que mi depresión era semejante a la de ella, creyó oportuno decirle:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Lo ves Jimena. Don Felipe sabe que la vida siempre da segundas oportunidades y que siendo tan joven podrás encontrar el amor en otra persona.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La&nbsp; buena intención del discurso de esa mujer no aminoró mi cabreo al pensar por un instante que Jimena se olvidara de mi hijo con otro. Sabía que estaba intentando animar a mi nuera y que quería que yo la apoyara pero no pude ni hacerlo y hundiéndome en un cruel mutismo, me senté en una silla mientras ella comenzaba a llorar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Durante una hora, me quedé ahí callado, observando el duelo de esa muchacha y reconcomiéndome con su dolor.&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¿Por qué no he tenido el valor de Jimena?”, pensé mirando a la que hasta hacía unos meses había sido una monada y feliz criatura. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Fue Juan quien me sacó del círculo autodestructivo en que me había sumergido al pedirme que le acompañara a tomar un café. Sin nada mejor que hacer le acompañé hasta el bar del hospital sin saber que eso cambiaría mi vida para siempre.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Don Felipe- dijo el muchacho nada más buscar acomodo en la barra: -Cómo habrá comprobado Jimena está destrozada y sin ganas de seguir viviendo. Su mundo ha desaparecido y necesita de su ayuda…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Mi ayuda?- interrumpí escandalizado sin ser capaz de decirle que era yo el que necesitaba auxilio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sí- contestó ese chaval que había visto crecer,- su ayuda. Usted es el único referente que le queda a Jimena. No tengo que recordarle qué clase de padres le tocaron ni que desde que cumplió los dieciocho, huyó de su casa para no volver…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Era verdad, ¡No hacía falta! Conocía a la perfección que su padre era un alcohólico que había abusado de ella y que su madre era una hija de perra que, sabiéndolo, había mirado hacia otra parte al no querer perder su privilegiada posición. Aun así todos los vellos de mi cuerpo se erizaron al oír que seguía diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Jimena, siempre envidió la relación que tenía con su hijo y vio en usted un ejemplo al que seguir. Por eso quiero pedirle un favor… Aunque sea por el recuerdo de José, ¡Usted debe ayudarla!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No comprendo- respondí asustado por la responsabilidad que estaba colocando sobre mis hombros:- ¿Qué cojones quieres que haga?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi exabrupto no hizo que el amigo de mi hijo se quedará callado y con tono monótono, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Fíjese. Mientras usted ha enfrentado con valentía su desgracia, su nuera se ha dejado llevar, ha perdido su trabajo, la han echado del piso que tenía alquilado y para colmo, ¡Se ha intentado suicidar! Si usted no se ocupa de ella, me temo que pronto iremos a otro entierro.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Me sentí fatal al no saber las penurias que había estado pasando mi nuera y con sentimiento de culpa, pregunté al chaval cómo podía arrimar el hombro:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Mi esposa y yo hemos pensado que: ¡Debería irse a vivir con usted!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">En ese momento esa propuesta me pareció un sinsentido y así se lo hice saber, pero el muchacho insistió tanto que al final, creyendo que mi nuera no aceptaría esa solución, acepté diciendo:</span></div>
<div style="border-bottom: solid windowtext 1.0pt; border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-element: para-border-div; padding: 0cm 0cm 1.0pt 0cm;">
<div style="border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-padding-alt: 0cm 0cm 1.0pt 0cm; padding: 0cm; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Solo pongo una condición. Jimena debe de estar de acuerdo.</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/f/117fJ/malenamorgants071811-p01_014.jpg" width="424" height="636"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No preví que mi nuera aceptara irse a vivir conmigo pero su situación anímica y económica era tan penosa que vio en mi ofrecimiento un mal menor y por eso al salir del hospital, se mudó a mi casa. Todavía recuerdo con espeluznante precisión esos primeros días en los que Jimena no hacía otra cosa que llorar tumbada en la cama. No le deseo ni a mi mayor enemigo que algún día sufra lo que sufrí yo viéndola apagarse consumida por el dolor. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Era tan profunda su depresión que llamé a Manolo, un amigo psiquiatra para que me recomendara qué hacer. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Lo primero es obligarla a levantarse, no puede estar acostada. Y lo segundo tráemela para que yo la evalúe.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ni que decir tiene que seguí sus instrucciones al pie de la letra y aunque se negó en un principio tras mucho insistir conseguí que fuera a ver a ese loquero. Mi conocido después de verla le diagnosticó una severa depresión cercana a la neurosis y después de mandarle una serie de &nbsp;antidepresivos, me dio una serie de pautas que debía seguir. Pautas que básicamente era mantener una permanente supervisión y forzarla a ocupar sus horas para que no tuviera tiempo de pensar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Por eso conseguí convencerla de inscribirse en unas clases de dibujo y acudir después al gimnasio. A partir de entonces me convertí en una especie de niñero que todas las mañanas la despertaba, la llevaba hasta la academia y al salir del trabajo tenía que pasar por el local donde hacía aerobic. De esa forma, muy lentamente, mi nuera fue mejorando pero sin recuperar su estado previo al accidente donde murieron mi hijo y mi mujer. Pequeños pasos que hablaban de mejoría pero a todas luces insuficientes. Una pregunta con la que salió un día de su encierro, una sonrisa al día siguiente por un comentario… &nbsp;Aun así era raro el día que la veía &nbsp;en mitad del salón llorando al recordar a su marido. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« Tengo que darle tiempo», repetía cada vez que retrocedía hundiéndose nuevamente en la tristeza. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Otros detalles como su insistencia en que saliéramos a cenar a un restaurante o que en vez de en coche la llevara en moto, me iban confirmando su recuperación sin que yo los advirtiera a penas. Pero al cabo de dos meses, un día me llegó con una extraña petición del psiquiatra que me dejó muy confuso:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Suegro, Don Manuel me ha pedido que tiene que ir a verle. Me ha dicho que quiere hablar con usted. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Que mi amigo usara a mi nuera como vehículo, me resultó cuando menos curioso y por eso aproveché un momento que me quedé solo para llamarle. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Manolo, ¿Qué ocurre?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Advirtió en el tono de mi pregunta mi preocupación y por eso me aseguró que no debía preocuparme pero insistió en verme. Porque lo que tenía que plantearme era largo y que prefería hacerlo en persona. Cómo comprenderéis su respuesta no me satisfizo y por eso al día siguiente cuando me presenté en su consulta, estaba francamente nervioso.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al sentarme, mi amigo decidió que de nada servía andarse con circunloquios y tras describirme los avances de mi nuera durante esas semanas, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Todo va bien, mucho mejor de lo que había vaticinado pero hay un problema y quiero ponerte en guardia…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Tú dirás!- respondí más tranquilo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Tu nuera ha tenido una infancia terrible y cuando ya se veía feliz con tu hijo, sufrió un revés…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Lo sé- interrumpí molesto por que lo me recordara: &#8211; ¡Dime algo que no sepa!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Manolo comprendió que mi propio dolor era quien había hablado y por eso sin darle mayor importancia, prosiguió diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Gracias a tu apoyo, ha descubierto que tiene un futuro y por eso te aviso: ¡No puedes fallarle! Porque de hacerlo tendría unas consecuencias que no quiero ni imaginar- la seriedad de su semblante, me hizo permanecer callado. –&nbsp; Para Jimena eres única persona en la que confía y de perder esa confianza, se desmoronaría.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-1.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/f/117fW/malenamorgants071811-p01_019.jpg" width="423" height="635">-Comprendo- mascullé.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Qué vas a comprender!- indignado protestó: -En estos momentos, eres su sostén, su padre, su amigo, su compañero e incluso su pareja. De sentir que la rechazas, entraría en una espiral de la que nunca podría salir.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Tú estás loco! Para mi nuera solo soy su suegro.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Te equivocas. Aunque no lo ha exteriorizado, Jimena está enamorada de ti y temo el día que se dé cuenta porque no sé cómo va a reaccionar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Me he perdido- reconocí sin llegármelo a creer pero sobretodo confundido porque yo la veía como a una hija y no albergaba otro sentimiento.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Cuando Jimena se percate del amor que te tiene, si no conseguimos que focalice ese cariño bien, buscará en ti esos mismos sentimientos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Me estás diciendo que intentará seducirme?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Desgraciadamente, no. Jimena considerará un hecho que tú también la amas y se considerara tu mujer antes de qué tú te des cuenta. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No te creo- contesté riendo aunque asustado en mi interior y tratando de dar argumentos en contra, le solté: -Coño, Manolo, ¡Si me sigue tratando de usted!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Tu ríete. Yo ya he cumplido avisándote.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El cabreo de mi amigo incrementó mi turbación de forma que al despedirme de él, le dije:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Gracias, tomaré en cuenta lo que me has dicho pero te aseguro que te equivocas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Eso espero- contestó mientras me acompañaba a la puerta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al salir de su consulta, os tengo que confesar que estaba acojonado porque me sentía responsable de lo que le ocurriera a esa cría.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="line-height: 115%;">Sus negros pronósticos no tardaron en hacerse realidad.</span></b></span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El resto del día me lo pasé en la oficina dando vueltas a la advertencia de Manuel. Por más que lo negara algo me decía que mi amigo tenía razón y por eso estuve durante horas tratando de encontrar si había sido yo el culpable de la supuesta atracción de la que hablaba, pero no hallé en mi actuación nada que hubiese alentado a mi nuera a&nbsp; verme como hombre.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Más tranquilo, me auto convencí que el psiquiatra había errado con su diagnóstico y cerrando mi ordenador, decidí volver a casa. Ya en ella, Jimena me esperaba con una sonrisa y nada más verme, me dio un beso en la mejilla mientras me decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-He pensado que me llevaras al Pardo.&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Esa petición no era rara en ella porque como ya os he dicho solíamos salir frecuentemente a cenar a un restaurante pero esa tarde me sonó diferente y por eso quise negarme pero ella insistió diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Llevo todo el día encerrada, creo que me merezco que me saques a dar una vuelta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Esa respuesta me puso la piel de gallina porque bien podría haber sido lo que me dijera mi difunta mujer si le apetecía algo y yo no la complacía. &nbsp;Asustado accedí. De forma que tuve que esperar&nbsp; media hora a que Jimena se arreglara. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Me quedé de piedra al verla bajar las escaleras enfundada en un traje de cuero totalmente pegado pero más cuando con una alegría desbordante, me lo modeló diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Te gusta cómo me queda? He pensado que como siempre vamos en moto, me vendría bien comprarme un buzo de motorista.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Aunque cualquier otro hombre hubiese babeado viendo a esa muñeca vestida así pero no fue mi caso. La perfección de sus formas dejadas al descubierto por ese tejido tan ceñido, lejos de excitarme me hizo sudar al ver en ello una muestra de lo que me habían vaticinado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« Estoy exagerando», pensé mientras encendía la Ducatí, « no tiene nada que ver».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Desgraciadamente al subirse de paquete, se incrementó mi turbación al notar que se abrazaba a mí dejando que sus pechos presionaran mi espalda de un modo tal que me hizo comprender que bajo ese traje, mi nuera no llevaba sujetador.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« ¡Estoy viendo moros con trinchetes!», maldije tratando de quitar hierro al asunto. « Todo es producto de mi imaginación».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Los diez kilómetros que tuve que recorrer hasta llegar al restaurante fueron un suplicio por que a cada frenazo sentía sus pezones contra mi piel y en cada acelerón, mi nuera me abrazaba con fuerza para no caer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Una vez en el local fue peor porque Jimena insistió en que no sentáramos en la terraza lejos del aire acondicionado y debido al calor de esa noche de verano, no tardó en tener calor por lo que sin pensar en mi reacción, abrió un poco su traje dejándome vislumbrar a través de su escote que tenía unos pechos de ensueño.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Durante unos instantes, no pude retirar la mirada de ese canalillo pero al advertir que mi acompañante se podía percatar de mi indiscreción llamé al camarero y le pedí una copa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“La chica es mona”, admití pero rápidamente me repuse al pensar en quien era, tras lo cual le pregunté por su día.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi nuera ajena a mi momento de flaqueza me contó sin darle mayor importancia que en sus clases la profesora les había pedido que dibujaran un boceto sobre sus vacaciones ideales y que ella nos había pintado a nosotros dos recorriendo Europa en moto.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Os juro que al escucharla me quedé helado porque involuntariamente estaba confirmando las palabras de su psiquiatra:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Será normal para ella el veros como pareja.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La premura con la que se estaba cumpliendo esa profecía, me hizo palidecer y por eso me quedé callado mientras Jimena me describía el cuadro:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Pinté la moto llena de polvo y a nuestra ropa manchada de sudor porque en mi imaginación llevábamos un mes recorriendo las carreteras sin apenas equipaje.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-1.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/g/117go/malenamorgants071811-p01_025.jpg" width="424" height="636">Sus palabras confirmaron mis temores pero Jimena ajena a lo que me estaba atormentando, se mostraba feliz y por eso siguió narrando sin parar ese supuesto viaje, diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Me encantaría descubrir nuevos paisajes y conocer diferentes países contigo. No levantaríamos al amanecer y cogeríamos carretera hasta que ya cansados llegáramos a un hotel a dormir.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El tono tan entusiasta con el que lo contaba, no me permitió intervenir y en silencio cada vez más preocupado, esperé que terminara. Desgraciadamente cuando lo hizo, me preguntó mientras agarraba mi mano entre las suyas:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Verdad&nbsp; que sería alucinante? ¡Tú y yo solos durante todo un verano!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Recordando que según su doctor no podía fallarle, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Me encantaría.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La sonrisa de alegría con la que recibió mi respuesta fue total pero justo cuando ya creía que nada podía ir peor, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Entonces, ¿Este verano me llevas?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">«Mierda», exclamé mentalmente al darme cuenta que había caído en su juego y con sentimiento de derrota, le aseguré que lo pensaría mientras cogía una de las croquetas que nos habían puesto de aperitivo. Mi claudicación le satisfizo y zanjando de tema, llamó al camarero y pidió la cena.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El resto de esa velada transcurrió con normalidad y habiendo terminado de cenar, como si fuera algo pactado ninguno sacó a colación el puñetero verano. Con un sentimiento de desolación, llegué a casa y casi sin despedirme, cerré mi habitación bajo llave temiendo que esa cría quisiera entrar en ella como si fuera ella mi mujer y yo su marido. La realidad es que eso no ocurrió y al cabo de media hora me quedé dormido. Mi sueño era intermitente y en él no paraba de sufrir el acoso de mi nuera exigiendo que la tomara como mujer. Os juro que aunque llevara sin estar con una mujer desde que muriera mi esposa para mí fue una pesadilla imaginarme a mi nuera llegando hasta mi cama desnuda y sin pedir mi opinión, que usara mi sexo para satisfacer su deseos. En cambio ella parecía en la gloria cada vez que mi glande chocaba contra la pared de su vagina. Sus gemidos eran puñales que se clavaban en mi mente pero que ella recibía gustosa con una lujuria sin igual.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Justo cuando derramé mi angustia sobre las sabanas un chillido atroz me despertó y sabiendo que provenía de su habitación sin pensar en que solo llevaba puesto el pantalón de mi pijama, corrí en su auxilio. Al llegar, me encontré a Jimena medio desnuda llorando desconsolada. Ni siquiera lo pensé, acudiendo a su lado, la abracé tratando de consolarla mientras le preguntaba qué pasaba:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-He soñado que me dejabas- consiguió decir con su respiración entrecortada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Tranquila, era solo un sueño- respondí sin importarme que ella llevara únicamente puesto un picardías casi transparente que me permitía admirar la belleza de sus senos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi nuera posando su melena sobre mi pecho sin dejar de llorar y con una angustia atroz en su voz, me preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Verdad que nunca me vas a echar de tu lado?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Claro que no, princesa- contesté como un autómata aunque en mi mente estaba espantado por la dependencia de esa niña. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mis palabras consiguieron tranquilizarla y tumbándola sobre el colchón esperé a que dejara de llorar manteniendo mi brazo alrededor de su cintura. Una vez su respiración se había normalizado creí llegado el momento de volver a mi cama pero cuando me quise levantar, con voz triste, Jimena me rogó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No te vayas. ¡Quédate conmigo!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su tono venció mis reticencias a quedarme con ella y accediendo me metí entre las sábanas por primera vez. En cuanto posé mi cabeza sobre la almohada, mi nuera se abrazó a mí sin importarle que al hacerlo su gran escote permitiera&nbsp; sentir sobre mi piel sus pechos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« Pobrecilla. Está necesitada de cariño», pensé sin albergar ninguna atracción por mi nuera pero francamente preocupado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mis temores se incrementaron cuando medio dormida, escuché que suspiraba diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Gracias, mi amor…</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="line-height: 115%;">Todo se complica</span></b><span style="line-height: 115%;">.</span></span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/g/117gA/malenamorgants071811-p01_027.jpg" width="424" height="636">Esa noche apenas dormí porque me angustiaba el estado psicológico de esa niña. Con&nbsp; ella abrazada a mí, me atormentaba la idea de causarle un daño irreparable si se daba cuenta que el cariño que la tenía no tenía ningún aspecto sexual y que la consideraba más una hija que una mujer. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« Menudo lío. ¿Cómo explicárselo sin hacerle sufrir?», me torturaba continuamente recordando las palabras del psiquiatra.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Tras horas dándole vueltas, el cansancio pudo conmigo y me quedé dormido. Solo me desperté cuando a las ocho de la mañana escuché un ruido. Al abrir los ojos me encontré a Jimena cargada con una bandeja en la que me traía el desayuno a la cama. Desperezándome, iba a levantarme cuando ella colocando una mesita sobre el colchón me lo impidió diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-He pensado que desayunemos&nbsp; juntos aquí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Aunque no me parecía apropiado, era tal la alegría de su rostro que no me vi con fuerzas de negarme y cogiendo entre mis manos la taza de café di un sorbo aceptando mientras Jimena se sentaba frente a mí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No sabes lo bien que he descansado- comentó. –Saber que te tenía a mi lado, me permitió dormir como un bebé.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">En silencio observé su dicha pero también que olvidando el recato que me debía al ser yo su suegro, no se había tapado. La tela de su camisón era tan liviana que me permitió observar en su plenitud todo su cuerpo. Con un sentimiento ambiguo, recorrí su figura con mis ojos desmenuzando cada porción de su piel y certificando que era toda una belleza pero también descubriendo que a pesar de tener unos senos maravillosos decorados con dos pezones grandes y rosados, nada en ella me atraía.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">En cambio, mi nuera al sentir la calidez de mi mirada sobre sus pechos debió de malinterpretarla porque sus dos botones se erizaron ante mis ojos mientras su dueña se ponía colorada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Rompió el silencio que se había apoderado de esa habitación diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Termina de desayunar mientras me ducho.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Tras lo cual, se levantó de la cama y entró en el baño adosado a ese cuarto sin cerrar la puerta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« ¿Qué coño hace?», me pregunté al ver que abría la ducha.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mientras se calentaba el agua, mirándome a los ojos, dejó caer el camisón y desnuda me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">&#8211; Hoy no hace falta que me lleves a la academia. Me voy a quedar en casa pintando.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ni siquiera respondí, terminando mi café de un solo sorbo, salí huyendo hacia mi habitación mientras en mi cerebro se abría una grieta&nbsp; al percatarme de lo mucho que me había gustado verla en su plenitud. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« ¿Qué me pasa?», murmuré angustiado al sentir que bajo el pantalón de mi pijama, mi apetito crecía sin control. « ¡Es la viuda de José! ¡Mi nuera!».</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ya en el coche, rumbo a mi oficina, la imagen de Jimena sin ropa me siguió torturando cada vez más y con la vergüenza de saber que me atraía, llamé a mi amigo, su psiquiatra.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Manolo, ¡Necesito verte!- solté en cuanto descolgó el teléfono.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Por mi tono supo la razón de mi llamada:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Vente, te abriré un hueco.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Que mi amigo no me hiciera ninguna pregunta era una mala señal y acelerando acudí desesperado hasta su consulta. Nada mas entrar me estaba esperando y me hizo pasar. Ya solos en su despacho, como una ametralladora le conté lo sucedido mientras él se mantenía callado. Solo al terminar, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Ocurrió antes de lo que pensaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Y qué hago?- pregunté con los nervios a flor de piel.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Tomándose unos momentos para organizar sus pensamientos, contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/g/117gD/malenamorgants071811-p01_028.jpg" width="425" height="638">-Eso depende. Tu nuera ha mejorado mientras creaba una total dependencia de ti. Si la rechazas, se hundirá de nuevo en la depresión y si la aceptas, se aferrará a tu persona y buscará hacerte feliz. Tú decides: Si tus principios morales te impiden hacerla tu mujer, déjala hoy mismo pero asumiendo que siempre te echarás en cara su recaída. En cambio la otra opción es aceptarla en tu vida. Piensa que a Jimena lo único que le falta para considerarse totalmente tuya es que la acojas en tu cama. A efectos prácticos: ¡Es tu pareja! Vive contigo, la mantienes y le das el cariño que ella necesita.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡No es lo mismo!- protesté.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-A tus ojos quizás pero a los suyos, ¡Eres el hombre que la cuida y le sirve de sostén!&nbsp; </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La seriedad del problema me desmoronó y dejándome caer sobre el sofá, pedí su consejo. Manolo midiendo sus palabras, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-La mayoría de los hombres no lo dudaría. ¿Te parece tan horrible hacer feliz a una belleza sabiendo que al hacerlo te garantizas que jamás te fallará porque para ella no existirá nadie más que tú?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Joder, ¡No puedo! Cada vez que se me acerca, pienso en mi hijo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Comprendo tu dilema pero me temo que te estás quedando sin tiempo. Cuanto más tiempo pase, más difícil te resultará tomar una decisión…</span></div>
<div style="border-bottom: solid windowtext 1.0pt; border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-element: para-border-div; padding: 0cm 0cm 1.0pt 0cm;">
<div style="border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-padding-alt: 0cm 0cm 1.0pt 0cm; padding: 0cm; text-align: justify;"></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Como comprenderéis durante todo ese viernes no pude concentrarme en el trabajo, ¡Jimena me tenía paralizado! Por mucho que fuera atrayente saber que con un gesto cariñoso conseguiría que esa preciosidad se convertiría en mi amante, no podía olvidar que era su suegro. Por eso al salir de mi oficina, lo que menos me apetecía era volver a casa y enfrentarme con ella.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Asumiendo que no me quedaba más remedio que volver, llegué a casa. Al entrar, mi nuera no estaba en la planta baja y aprovechando su ausencia, me serví una cerveza para tomarla tranquilamente en el salón. El problema fue que al llegar a esa habitación, descubrí que la muchacha había dejado el cuadro que estaba pintado en la mitad. En él había plasmado a dos amantes haciendo el amor en una playa. &nbsp;Intrigado me acerqué y fue entonces cuando horrorizado, me reconocí como uno de los protagonistas y aunque no se la veía la cara a ella, no me costó identificar a mi nuera como la mujer que a la que estaba haciendo el amor.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« ¡Dios! ¡Somos nosotros!» exclamé mentalmente mientras dos gotas de sudor recorrían mi frente.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La confirmación que Jimena me veía como su hombre maximizó mi terror justo cuando haciendo su aparición, entró en la habitación diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Te gusta?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No pude decir la verdad y ocultando el hecho que había descubierto que éramos los dos, contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Es muy sensual.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Muerta de risa y mientras se acercaba a darme un beso en la mejilla, respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Sé que es un poco fuerte pero desde que me desperté supe que debía de pintarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No queriendo profundizar en sus razones, cambié de tema y le pregunté si quería salir a cenar a algún sitio pero ella, sonriendo, dijo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Prefiero que nos quedemos en “nuestra” casa. Necesito contarte la ruta que he diseñado para este verano.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No sé qué me causó mayor impresión; si el cuadro, que ya estuviera planeando ese viaje o en cambio que se refiriera a ese chalet como “nuestra” casa. Todos y cada una de esas detalles, reflejaban el mismo hecho: ¡Jimena daba por sentado que éramos pareja!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Durante la cena, mi nuera me fue desgranando las diferentes etapas de ese verano sin ahorrarse ningún detalle, las ciudades que visitaríamos, los kilómetros a hacer en cada jornada e incluso los hoteles donde dormiríamos mientras absorto en mis pensamientos, le respondía con monosílabos cada vez que me preguntaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">En cuanto terminamos, despidiéndome de ella, hui a la soledad de mi habitación y tumbándome sobre la cama, encendí la televisión deseando que hubiera una serie que me hiciera olvidar aunque fuera momentáneamente la encrucijada en la que me hallaba. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">No llevaba diez minutos acostado cuando escuché entrar a Jimena en la habitación ya vestida para dormir y sin pedirme opinión ni permiso como si fuera algo habitual, se metió entre las sábanas diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Qué ves?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Castle- respondí alucinado por la naturalidad con la que mi nuera tomaba el hecho de acostarse conmigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ella, pegándose a mí, se puso a ver ese capítulo usando mi pecho como su almohada. Mi mente se puso a trabajar a cien por hora, intentando hallar una solución al problema. Lo de menos era sentir el calor de su cuerpo casi desnudo contra el mío, mi verdadero dilema era si sería capaz de vivir con la culpa de echarla de mi lado o en su lugar, si podría soportar la vergüenza de ceder a sus deseos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mientras tanto, Jimena se había quedado dormida.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Qué bonita es la pobre!”, pensé en plan paternal al ver la placidez con la que dormía.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/g/117gK/malenamorgants071811-p01_030.jpg" width="425" height="638"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Reconocí al mirarla que amaba ya a esa cría pero también que me resultaría imposible verla alguna vez como mujer. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">« ¡Es demasiado joven!», concluí sin caer en que por primera vez, había olvidado el hecho que también era mi nuera.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Cansado, apagué la tele e intenté dormir reconociendo que era agradable sentir brazo de Jimena sobre mi pecho. Deseando que al despertar todos mis problemas hubieran desaparecido, me sumergí en brazos de Morfeo.&nbsp; Mi descanso se tornó aún mas placentero al soñar con mi esposa. En mi sueño, sentí que María recorría con sus dedos mi pecho. Como tantas veces durante nuestro matrimonio, mi mujer comenzó a darme besos por el pecho mientras usaba sus manos para desabrochar mi pijama.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Te deseo- exclamé aún dormido creyendo que era ella, la que en ese momento se deslizaba por mi cuerpo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Lo sé, mi amor- contestó una voz cargada de pasión que no reconocí como suya.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Abriendo los ojos descubrí que era Jimena, completamente desnuda, la que me estaba besando mientras su mano acercaba a mi entrepierna.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Qué haces?- murmuré asustado.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi nuera miró satisfecha la erección de mi verga y levantando su mirada, contestó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Hacerte el amor.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Horrorizado, no supe o no pude reaccionar y por eso&nbsp; me la quedé mirando mientras ella profundizaba sus caricias. La lujuria que vi en los ojos de mi nuera era tan inmensa que quise detenerla diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No es el momento.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al oírme, paró un segundo y poniendo tono de puta, susurró en voz baja:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No sabes cómo he soñado que me dejaras hacerte una mamada.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Dando por sentado que yo lo deseaba como ella, se deslizó hasta mi pene y con una dulzura sin par, se apoderó de él y usando sus labios comenzó &nbsp;a besarme el capullo. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Jimena!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi chillido de auxilio para mi nuera fue la confirmación verbal de mi deseo y sacando su lengua recorrió con ella todo mi pene y mientras con una mano lo agarraba fuertemente y con la otra me acariciaba con ternura los testículos. Ese triple tratamiento y muy a mi pesar, consiguió su objetivo que no era otro que excitarme.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Lo tienes hermoso, mi amor- dijo satisfecha al ver que mi miembro había alcanzado su tamaño máximo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual empezó a lamerlo de arriba abajo sin dejar de masturbarme lentamente. Aunque resulte difícil de creer, en ese momento me embargaban dos sentimientos contrapuestos. Por un lado, estaba totalmente excitado pero por otro, estaba destrozado por no haber conseguido evitar que esa cría cumpliera sus deseos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Me amas?- preguntó con una sonrisa mientras me daba otro lametón. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tardé en contestar porque no podía decirle que mi amor por ella era de otro tipo y no fue hasta que sentí que de sus ojos surgían un par de lágrimas de dolor cuando respondí:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Sí.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi respuesta no era cien por cien mentira y siendo tan concisa, dudé que le sirviera pero Jimena al oírla pegó un grito de alegría y abriendo su boca, comenzó a meterse alternativamente cada uno de mis huevos sin dejar de masturbarme. Para entonces mi excitación era brutal. Deseaba que mi nuera culminara su felación con mi pene hasta el fondo de su garganta pero incapaz de exteriorizar mi deseo, la muchacha siguió jugando con mi miembro con sus manos.</span></div>
<ul>
<li style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/h/117h4/malenamorgants071811-p01_036.jpg" width="426" height="639"></li>
</ul>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Quieres sentirla en mi boca?- insistió con lujuria en sus ojos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No esperó mi respuesta y sin previo aviso, abrió sus labios y se la metió en la boca. El ritmo que imprimió a su mamada fue lento pero constante. Buscando maximizar mi locura, cuando veía que estaba muy excitado paraba durante unos instantes para acto seguido reiniciar la felación con mayor ardor.&nbsp; </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me encanta!- reconocí derrotado mientras usando mis manos presionaba su cabeza contra mi pene.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para mi nuera el hecho que encajara toda mi extensión en su boca fue el banderazo de salida y incrustándosela por entera hasta el fondo de su garganta, empezó a sacar y a meter mi verga sin quejarse. La precisión que demostró al hacerlo así como el calor y humedad de su boca, me hicieron temer que no tardaría en correrme.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Esto no está bien!», pensé mientras hacía acopio de toda mi fuerza de voluntad para no derramar mi simiente.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Jimena cada vez más segura de lo que estaba haciendo, aceleró la velocidad de su mamada y llevando una de sus manos a su sexo, se empezó a masturbar mientras me preguntaba excitada:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Te gusta cómo te la mamo?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Sí-confirmé con un chillido tanto su pregunta como mi claudicación.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi entrega lejos de satisfacerla, la azuzó y sin dejar de acariciar su clítoris con los ojos inyectados de deseo, me soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Te prometo que a partir de hoy no tendrás queja. Seré tuya cuando, donde y cuantas veces quieras. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual,&nbsp; izando su cuerpo, puso mi polla entre sus pliegues y dejándose caer, se empaló con ella lentamente. La nueva postura me permitió observarle de cara y descubrir tanto la dulce expresión de su rostro como sus pechos y sin pensar en lo que estaba haciendo, con mi lengua empecé a recorrer sus pezones.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Siempre supe que te volverían loco mis tetas-gimió al sentirlo y terminando de llenar su conducto con mi pene, clavó sus uñas en mi pecho y me pidió que la amara.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/h/117hb/malenamorgants071811-p01_039.jpg" width="424" height="636"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No tardé en sentir que mi nuera empezaba a moverse sobre mí y aunque todavía me avergüenzo, reconozco que en ese instante olvide nuestro parentesco y disfruté &nbsp;al notar su vagina húmeda y a ella excitada. Sus gemidos se acuciaron mientras ella incrementaba el compás con el que usando mi verga acuchillaba su interior hasta convertirlo en vertiginoso.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me corro!- aulló teniéndome a mí dentro.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La presión que sus músculos ejercieron en mi miembro y los jadeos que salían de su garganta fueron la gota que derramó mi vaso y &nbsp;sin poder aguantar más exploté sembrando su interior. Agotada pero feliz, cayó sobre mí mientras su cuerpo sufría los últimos embates de su orgasmo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando sin levantar su cara de mi pecho, confesó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><i><span style="background: white;">-¡No sabes cómo necesitaba que me hicieras el amor!</span></i></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Desgraciadamente, sí lo sabía pero también que al acceder a ello, unía su destino al mío de por vida. Aunque Jimena tenía todo lo que me resultaba enloquecedor, no podía olvidar que era la viuda de mi hijo. Estaba todavía pensando en ello cuando abrazándome escuche que me decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-A dormir, ¡Tu mujercita necesita descansar!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Agradecí sus palabras y mientras el enanito que todos tenemos dentro me echaba en cara el haber disfrutado, mi nuera se quedó dormida desnuda entre mis brazos…</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b>El primer día del resto de mi vida.</b></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al ser sábado, esa mañana mi despertador no sonó y sobre las nueve, me desperté con Jimena abrazada a mí. Recordando lo ocurrido y como mi nuera se había entregado a mí, no pude menos que arrepentirme de ello. Sabía que no había marcha atrás porque una vez había accedido, mi rechazo sería todavía más doloroso.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Cómo no lo vi venir!», me reclamé en silencio. « ¡Podía haberlo evitado!».</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Maldiciendo mi poca voluntad, con cuidado aparté el brazo de mi nuera y sin despertarla, fui al baño con la esperanza que una ducha sirviera para borrar o aminorar en algo mi sentimiento de culpa. Ya bajo el chorro, mi mente se puso a divagar sobre aspectos más prácticos: Dando por sentado que estaba unido sin remedio a Jimena, ¿Debería hacerlo público o por el contrario mantenerlo en silencio? Había aspectos positivos y negativos en ambas opciones pero tras pensarlo bien, comprendí que esa cría necesitaba estabilidad y que para obtenerla, debían de saberlo la gente de nuestro entorno.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué vergüenza!», exclamé al pensar que debería plantarme ante la familia y demás amigos para contarles que la viuda de mi hijo era mi mujer. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Estaba todavía reconcomiéndome con esos prejuicios sociales cuando hoy que con un grito desgarrador la cría preguntaba por mí:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Tranquila estoy en el baño- respondí mientras me preguntaba que le pasaba a esa loca.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No habían trascurrido más que un par de segundos cuando vi a Jimena entrando por la puerta con su cara desencajada. Al verme, preguntó llorando:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Por qué no me has despertado? </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Me dio pena, quise que descansaras- respondí.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa mentira la tranquilizó pero aún con su voz cargada de tristeza, me confesó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Al abrir los ojos y ver que no estabas, me temí que te hubieses arrepentido de hacerme tu mujer y me hubieses dejado.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La tremenda angustia de su rostro me obligó a, forzando una sonrisa, contestar:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Nunca te dejaré.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al escuchar mi respuesta, la expresión triste de su cara mutó en alegría y mientras abría la puerta de la ducha, me dijo riendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Te amo y quiero hacerte feliz.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/h/117hA/malenamorgants071811-p01_046.jpg" width="424" height="636"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La picardía que lucía en sus ojos me hizo comprender sus intenciones y si me quedaba alguna duda, desapareció cuando se empezó a acariciar las tetas y a pellizcarse los pezones mientras me retaba. Incapaz de retirar mi mirada, intenté complacerla diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Eres preciosa!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Totalmente feliz al descubrir en mi cara la fascinación que sentía por su juvenil cuerpo, se cogió ambos senos con sus manos y mostrándomelos como si fueran un trofeo, me soltó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Dime amor, ¿Te gustan mis tetas?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Creo que fue entonces cuando cayó mi careta y reconocí que esa mujer me gustaba y que no era tan mala la idea de pasar mi vida con ella. Por eso, contesté:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Mucho, me encantan.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Entonces comportándose como una niña traviesa, dando una vuelta completa sobre el plato de la ducha, me modeló antes de preguntar:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Y qué parte de mi te gusta más?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-El culo- admití tras valorar rápidamente toda su anatomía.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para entonces y asumiendo que esa muchacha sería parte de mi vida, me sorprendió percatarme que estaba excitado y que entre mis piernas mi pene estaba erecto. Jimena al comprobar que su exhibición había incrementado mi calentura, se rio y me abrazó. La suavidad de su piel desnuda fue suficiente para que mi miembro alcanzara de golpe toda su extensión.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Mi amorcito está bruto!- dijo al notar la presión que ejercía contra su pubis.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En plan defensivo, contesté soltando una burrada que nunca había dicho a ninguna mujer:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Y eso te gusta! ¿Verdad? ¡Putita mía!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi insulto aunque la sorprendió en un principio, consiguió azuzarla y creyendo que era parte de un juego, dotando a su voz de un tono burlesco, me retó diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡No tienes dinero para pagarme!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi respuesta fue atraerla hacía mí y agachando mi cabeza, apoderarme de uno de sus pezones con mis dientes mientras le decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Tú crees?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Satisfecha porque mamara de su pecho sin pedirle permiso, aun jugando se quejó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Para! ¡No has pagado mi precio!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya lanzado le pregunté qué quería, mientras masajeaba su otra teta.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Prométeme que haremos ese viaje!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Hecho- respondí a la par que la mano que me quedaba libre iba bajando por su cuerpo. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Jimena soltando una carcajada me dejó claro que había ganado esa nueva batalla y sorprendiéndome nuevamente&nbsp; se arrodilló frente a mí y cogió mi verga entre sus manos, diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Ahora me toca a mi pagar- y sin dejar de sonreir, me obligó a separar las piernas.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">De pie en mitad de la ducha, observé que la chiquilla se ponía a lamer mi extensión antes de metérselo lentamente en la boca, presionando con sus labios cada centímetro de mi miembro mientras lo hacía.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me saldrás carísima!- grité emocionado por su maestría ya que Jimena me estaba demostrando ser una autentica devoradora.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/h/117hY/malenamorgants071811-p01_053.jpg" width="424" height="636"></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Con una sensualidad total, se engulló toda mi extensión y no cejó hasta sumergirla hasta el fondo de su garganta, para nada más terminar, empezar a sacarla y a meterla con gran parsimonia. Viendo que la pasión ya me tenía dominado,&nbsp; se sacó la polla y con tono pícaro, preguntó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Te gusta cómo te la mama tu putita?</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Sí- gemí mientras me apoyaba con las manos en la ducha.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Satisfecha por mi respuesta, se volvió a embutir toda mi extensión y esta vez, no se cortó, dotando a su cabeza de una velocidad inusitada, buscó mi placer como si su vida dependiera de ello.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Dios!- exclamé al sentir el tratamiento que daba a mi pene con su boca, -¡Vas a conseguir que me corra!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al oírlo, buscó su recompensa con mayor ahínco pero fue cuando mi pene exploto en su interior cuando sus mamada se volvió frenética y recogiendo con su lengua todo mi esperma lo fue devorando al ritmo en que lo derramaba sobre su boca. Fue tal su obsesión no paró en lamer y estrujar mi sexo hasta que comprendió que lo había ordeñado por completo y entonces, mirándome a la cara, me dijo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Nunca me cansaré de su sabor!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa promesa me confirmó que con mi nuera mi vida estaría al menos bien cubierta desde el punto de vista sexual y por eso la levanté para besarla pero al ver sus pechos mojados no pude evitar hundir mi cara en ellos. Jimena al sentir mi lengua recorriendo sus pezones, empezó a gemir mientras trataba con sus manos reavivar mi alicaído miembro.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Una vez mi sexo había recuperado su dureza, mi nuera hizo algo que me dejó sin habla, dándose la vuelta, separó sus nalgas y con un extraño brillo en sus ojos, me confesó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Llevo toda la noche sabiendo que debo ser completamente tuya y nunca lo seré hasta que hayas usado mi culito.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La seriedad con la que lo comentó me obligó a bajar la mirada y fue entonces cuando descubrí que o mucho me equivocaba o nadie había horadado esa entrada. Intrigado le pregunté si era virgen.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Nadie lo ha usado por eso quiero entregártelo a ti.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Saber que sería el primero, me hizo caer de rodillas ante tanta belleza y tímidamente usé mi lengua para ir acariciando los bordes de su ano. Jimena al experimentar esa húmeda caricia, gimió de placer &nbsp;y llevándose una mano a su coño, empezó a masturbarse sin dejar de suspirar. Su entrega me dio alas y ya necesitado de disfrutar de su trasero, forcé ese agujero con mi lengua y empecé a follarla mientras mi nuera no paraba de gozar.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Te amo!- chilló descompuesta al experimentar la nueva sensación.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Azuzado por sus gritos, usé una de mis yemas para relajar su ojete. La forma en que berreó al sentirlo me hizo comprender que le gustaba y metiendo lo hasta el fondo, comencé a sacarlo mientras Jimena se derretía. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Tómame!- aulló apoyando su cabeza sobre los azulejos de la pared.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su grito me hizo olvidar toda precaución y cogiendo mi pene en la mano, me puse a juguetear con mi glande en esa entrada trasera mientras le preguntaba:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Estás segura? ¡Te va a doler!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin dudar, me respondió que sí.&nbsp; Su seguridad permitió que con lentitud forzara por vez primera su culo con mi miembro. La muchacha absorbió centímetro a centímetro mi verga sin quejarse y solo cuando sintió que había rellenado con ella su conducto, se permitió quejarse diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Me duele! ¡Pero sigue! ¡Necesito dártelo!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Intentando no incrementar su dolor, esperé a que se acostumbrara a esa invasión mientras acariciándole los pechos la consolaba. Fue mi propia nuera quien en silencio movió&nbsp; sus caderas, dejando que el miembro que tenía incrustado se deslizara lentamente por sus intestinos. La presión que ejercía su esfínter se fue diluyendo a medida que su dolor desaparecía y era sustituido por el placer.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al advertirlo y notar que todo su cuerpo estaba disfrutando, Jimena me pidió que la siguiera empalando mientras su mano masturbaba con rapidez su ya hinchado clítoris. Producto de todas esas sensaciones, la muchacha sintió que su cabeza estaba a punto de estallar y en voz en grito me informó que se corría. Su berrido fue el detonante de mi propio orgasmo y afianzándome con las manos en sus pechos, dejé que mi pene regara con mi simiente sus intestinos.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Exhausto, me dejé caer sobre la ducha y entonces, Jimena sentándose sobre mí, me besó tiernamente mientras me decía:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Contigo todo es maravilloso! – y susurrando en mi oído, prosiguió diciendo: &#8211; Para esta noche quiero que pienses que te apetece que tu mujercita te haga.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su descaro y la promesa que eso encerraba, me hizo reconocer que con ella mi vida iba a dar un cambio y solo deseé que fuera para bien.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Como dice Manolo: ¡Cualquier hombre desearía tener una mujer como Jimena!» pensé tratando de convencerme de que tenía que aceptar esa nueva realidad.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En ese instante, la que ya consideraba mi pareja, me volvió a demostrar su disposición para hacerme feliz, diciendo:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Vuelve a la cama mientras te preparo un desayuno fuerte con el que puedas afrontar el esfuerzo.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Qué esfuerzo?- pregunté.</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Muerta de risa, contestó:</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No creerás que estoy satisfecha con este polvo. Llevaba tanto tiempo sin que me hicieran el amor, ¡Qué me ha sabido a poco!</span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 21.4667px;">&nbsp;</span><b style="font-size: 22px;">Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><b>golfoenmadrid@hotmail.es</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"></div>
<div style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background-color: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><b></b><span style="color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial;"><span style="font-size: 14.4444446563721px;"><b><br />
<img decoding="async" class=" aligncenter" src="http://ist1-4.filesor.com/pimpandhost.com/6/8/0/2/68020/1/1/7/i/117ij/malenamorgants071811-p01_060.jpg" width="573" height="382"><br />
</b></span></span></div>
</div>
</div>
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		<title>&#8220;Las jefas, esas putas que todo el mundo desea&#8221; (POR GOLFO) Libro para descargar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2026 11:01:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Selección de los mejores relatos de Golfo sobre una jefa. 120 páginas en las que disfrutarás leyendo diferentes historias de ellas disfrutando o sufriendo con el sexo. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.com/jefas-esas-putas-mundo-desea-ebook/dp/B015QIL9M8/ Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo: Acosado por mi jefa, la reina virgen. ―Manuel, la jefa quiere verte― me informó mi secretaria nada más entrar ese lunes a la oficina. ―¿Sabes que es lo que quiere?― le pregunté, cabreado. ―Ni idea pero está de muy mala leche― María me respondió, sabiendo que una llamada a primera [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.amazon.es/dp/B015QIL9M8"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18581" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1.png" alt="" width="3052" height="1143" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1.png 3052w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1-300x112.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1-768x288.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1-1024x383.png 1024w" sizes="(max-width: 3052px) 100vw, 3052px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Selección de los mejores relatos de Golfo sobre una jefa. 120 páginas en las que disfrutarás leyendo diferentes historias de ellas disfrutando o sufriendo con el sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.amazon.com/jefas-esas-putas-mundo-desea-ebook/dp/B015QIL9M8/">http://www.amazon.com/jefas-esas-putas-mundo-desea-ebook/dp/B015QIL9M8/</a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Acosado por mi jefa, la reina virgen.</span></strong><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Manuel, la jefa quiere verte― me informó mi secretaria nada más entrar ese lunes a la oficina.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Sabes que es lo que quiere?― le pregunté, cabreado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ni idea pero está de muy mala leche― María me respondió, sabiendo que una llamada a primera hora significaba que esa puta iba a ordenar trabajo extra a todo el departamento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Mierda”, pensé mientras me dirigía a su despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alicia Almagro, no solo era mi jefa directa sino la fundadora y dueña de la empresa. Aunque era insoportable, tengo que reconocer que fue la inteligencia innata de esa mujer, el factor que me hizo aceptar su oferta de trabajo hacía casi dos años. Todavía recuerdo como me impresionó oír de la boca de una chica tan joven las ideas y proyectos que tenía en mente. En ese momento, yo era un consultor senior de una de las mayores empresas del sector y por lo tanto a mis treinta años tenía una gran proyección en la multinacional americana en la que trabajaba, pero aun así decidí embarcarme en la aventura con esa mujer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tiempo me dio la razón, gracias a ella, el germen de la empresa que había creado se multiplicó como la espuma y, actualmente, tenía cerca de dos mil trabajadores en una veintena de países. Mi desarrollo profesional fue acorde a la evolución de la compañía y no solo era el segundo al mando sino que esa bruja me había hecho millonario al cederme un cinco por ciento de las acciones pero, aun así, estaba a disgusto trabajando allí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero lo que tenía de brillante, lo tenía de hija de perra. Era imposible acostumbrarse a su despótica forma de ser. Nunca estaba contenta, siempre pedía más y lo que es peor para ella no existían ni las noches ni los fines de semana. Menos mal que era soltero y no tenía pareja fija, no lo hubiera soportado, esa arpía consideraba normal que si un sábado a las cinco de la mañana, se le ocurría una nueva idea, todo su equipo se levantara de la cama y fuera a la oficina a darle forma. Y encima nunca lo agradecía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante el tiempo que llevaba bajo sus órdenes, tuve que dedicar gran parte de mi jornada a resolver los problemas que su mal carácter producía en la organización. Una vez se me ocurrió comentarle que debía ser más humana con su gente, a lo que me respondió que si acaso no les pagaba bien. Al contestarle afirmativamente, me soltó que con eso bastaba y que si querían una mamá, que se fueran a casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Se puede?― pregunté al llegar a la puerta de su despacho y ver que estaba al teléfono. Ni siquiera se dignó a contestarme, de forma que tuve que esperar cinco minutos, de pie en el pasillo hasta que su majestad tuvo la decencia de dejarme pasar a sus dominios.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez, se hubo despachado a gusto con su interlocutor, con una seña me ordenó que pasara y me sentara, para sin ningún tipo de educación soltarme a bocajarro:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me imagino que no tienes ni puñetera idea del mercado internacional de la petroquímica.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Se imagina bien― le contesté porque, aunque tenía bastante idea de ese rubro, no aguantaría uno de sus temidos exámenes sobre la materia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No hay problema, te he preparado un breve dosier que debes aprenderte antes del viernes― me dijo señalando tres gruesos volúmenes perfectamente encuadernados.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin rechistar, me levanté a coger la información que me daba y cuando ya salía por la puerta, escuché que preguntaba casi a voz en grito, que donde iba:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mi despacho, a estudiar― respondí bastante molesto por su tono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mujer supo que se había pasado pero, incapaz de pedir perdón, esperó que me sentara para hablar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sabes quién es Valentín Pastor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Claro, el magnate mexicano.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pues bien, gracias a un confidente me enteré de las dificultades económicas de la mayor empresa de la competencia y elaboré un plan mediante el cual su compañía podía absorberla a un coste bajísimo. Ya me conoces, no me gusta esperar que los clientes vengan a mí y por eso, en cuanto lo hube afinado, se lo mandé directamente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo la respuesta de antemano, le pregunté si le había gustado. Alicia, poniendo su típica cara de superioridad, me contestó que le había encantado y que quería discutirlo ese mismo fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Entonces, ¿cuál es el problema?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al mirarla esperando una respuesta, la vi ruborizarse antes de contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como el Sr. Pastor es un machista reconocido y nunca hubiera prestado atención a un informe realizado por una mujer, lo firmé con tu nombre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que esa zorra hubiera usurpado mi personalidad, no me sorprendió en demasía, pero había algo en su actitud nerviosa que no me cuadraba y conociéndola debía ser cuestión de dinero:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿De cuánto estamos hablando?―</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si sale este negocio, nos llevaríamos una comisión de unos quince millones de euros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Joder!― exclamé al enterarme de la magnitud del asunto y poniéndome en funcionamiento, le dije que tenía que poner a todo mi equipo a trabajar si quería llegar a la reunión con mi equipo preparado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eso no es todo, Pastor ha exigido privacidad absoluta y por lo tanto, esto no puede ser conocido fuera de estas paredes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me está diciendo que no puedo usar a mi gente para preparar esa reunión y que encima debo de ir solo?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Fue muy específico con todos los detalles. Te reunirás con él en su isla el viernes en la tarde y solo puede acompañarte tu asistente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Alicia, disculpe… ¿de qué me sirve un asistente al que no puedo siquiera informar de que se trata?. Para eso, prefiero ir solo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te equivocas. Tu asistente sabe ya del tema mucho más de lo que tú nunca llegaras a conocer y estará preparado para resolver cualquier problema que surja.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya completamente mosqueado, porque era una marioneta en sus manos, le solté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Y ¿Cuándo voy a tener el placer de conocer a ese genio?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su cara se dibujó una sonrisa, la muy cabrona estaba disfrutando:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya la conoces, seré yo quien te acompañe.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de la sorpresa inicial, intenté disuadirla de que era una locura. La presidenta de una compañía como la nuestra no se podía hacer pasar por una ayudante. Si el cliente lo descubría el escándalo sería máximo y nos restaría credibilidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te preocupes, jamás lo descubrirá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que no había forma de hacerle dar su brazo a torcer, le pregunté cual eran los pasos que había que seguir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Necesito que te familiarices con el asunto antes de darte todos los pormenores de mi plan. Vete a casa y mañana nos vemos a las siete y media― me dijo dando por terminada la reunión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Preocupado por no dar la talla ante semejante reto, me fui directamente a mi apartamento y durante las siguientes dieciocho horas no hice otra cosa que estudiar la información que esa mujer había recopilado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al día siguiente, llegué puntualmente a la cita. Alicia me estaba esperando y sin más prolegómenos, comenzó a desarrollar el plan que había concebido. Como no podía ser de otra forma, había captado el mensaje oculto que se escondía detrás de unas teóricamente inútiles confidencias de un amigo y había averiguado que debido a un supuesto éxito de esa empresa al adelantarse a la competencia en la compra de unos stocks, sin darse cuenta había abierto sin saberlo un enorme agujero por debajo de la línea de flotación y esa mujer iba a provecharlo para parar su maquinaria y así hacerse con ella, a un precio ridículo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todas mis dudas y reparos, los fue demoliendo con una facilidad pasmosa, por mucho que intenté encontrar una falla me fue imposible. Derrotado, no me quedó más remedio que felicitarle por su idea.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias― me respondió, ―ahora debemos conseguir que asimiles todos sus aspectos. Tienes que ser capaz de exponerlo de manera convincente y sin errores.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni siquiera me di por aludido, la perra de mi jefa dudaba que yo fuera capaz de conseguirlo y eso que en teoría era, después de ella, el más valido de toda la empresa. Para no aburriros os tengo que decir que mi vida durante esos días fue una pesadilla, horas de continuos ensayos, repletos de reproches y nada de descanso.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Afortunadamente, llegó el viernes. Habíamos quedado a las seis de la mañana en el aeropuerto y queriendo llegar antes que ella, me anticipé y a las cinco ya estaba haciendo cola frente al mostrador de la aerolínea. La tarde anterior habíamos mandado a un empleado a facturar por lo que solo tuve que sacar las tarjetas de embarque y esperar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba tomándome un café, cuando vi aparecer por la puerta de la cafetería a una preciosa rubia de pelo corto con una minifalda aún más exigua. Sin ningún tipo de reparo, me fijé que la niña no solo tenía unas piernas perfectas sino que lucía unos pechos impresionantes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Babeando, fui incapaz de reaccionar cuando, sin pedirme permiso, se sentó en mi mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Buenos días― me dijo con una sonrisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin ser capaz de dejar de mirarle los pechos, caí en la cuenta que ese primor no era otro que mi jefa. Acostumbrado a verla escondida detrás de un anodino traje de chaqueta y un anticuado corte de pelo nunca me había fijado que Alicia era una mujer y que encima estaba buena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué opinas?, ¿te gusta mi disfraz?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No pude ni contestar. Al haberse teñido de rubia, sus facciones se habían dulcificado, pero su tono dictatorial seguía siendo el mismo. Nada había cambiado. Como persona era una puta engreída y vestida así, parecía además una puta cara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Llevas todos los contratos?. Aún tenemos una hora antes de embarcar y quiero revisar que no hayas metido la pata.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tuve que reprimir un exabrupto y con profesionalidad, fui numerando y extendiéndole uno a uno todos los documentos que llevábamos una semana desarrollando. Me sentía lo que era en manos de esa mujer, un perrito faldero incapaz de revelarse ante su dueña. Si me hubiese quedado algo de dignidad, debería de haberme levantado de la mesa pero esa niña con aspecto de fulana me había comprado hace dos años y solo me quedaba el consuelo que, al menos, los números de mi cuenta corriente eran aún más grandes que la humillación que sentía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Escuché con satisfacción que teníamos que embarcar, eso me daba un respiro en su interrogatorio. Alicia se dirigió hacia el finger de acceso al avión, dejándome a mí cargando tanto mi maletín como el suyo pero, por vez primera, no me molestó, al darme la oportunidad de contemplar el contoneo de su trasero al caminar. Estaba alucinado. El cinturón ancho, que usaba como falda, resaltaba la perfección de sus formas y para colmo, descubrí que esa zorra llevaba puesto un coqueto tanga rojo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Joder”, pensé, “llevo dos años trabajando para ella y nunca me había dado cuenta del polvo que tiene esta tía”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Involuntariamente, me fui excitando con el vaivén de sus caderas, por lo que no pude evitar que mi imaginación volara y me imaginara como sería Alicia en la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Seguro que es frígida― murmuré.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No lo creo― me contestó un pasajero que me había oído y que al igual que yo, estaba ensimismado con su culo, ―tiene pinta de ser una mamona de categoría.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solté una carcajada por la burrada del hombre y dirigiéndome a él, le contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No sabe, usted, cuánto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa conversación espontánea, me cambió el humor, y sonriendo seguí a mi jefa al interior del avión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El viaje.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Debido a que nuestros billetes eran de primera clase, no tuvimos que recorrer el avión para localizar nuestros sitios. Nada más acomodarse en su asiento, Alicia me hizo un repaso de la agenda:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como sabes, tenemos que hacer una escala en Santo Domingo, antes de coger el avión que nos llevará a la isla privada del capullo de Pastor. Allí llegaremos como a las ocho la tarde y nada más llegar, su secretaria me ha confirmado que tenemos una cena, por lo que debemos descansar para llegar en forma.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Duerma― le contesté,― yo tengo que revisar unos datos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ante mi respuesta, la muchacha pidió agua a la azafata y sacando una pastilla de su bolso, se la tomó, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Orfidal. Lo uso para poder descansar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me extrañó que mi jefa, con la mala baba que se marcaba, necesitara de un opiáceo para dormir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “La pena es que no se tome una sobredosis”, pensé y aprovechando que me dejaba en paz, me puse a revisar el correo de mi ordenador por lo que no me di cuenta cuando se durmió.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al terminar fue, cuando al mirarla, me quedé maravillado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alicia había tumbado su asiento y dormida, el diablo había desaparecido e, increíblemente, parecía un ángel. No solo era una mujer bellísima sino que era el deseo personificado. Sus piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una estrecha cintura que se volvía voluptuosa al compararse con los enormes pechos que la naturaleza le había dotado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba observándola cuando, al removerse, su falda se le subió dejándome ver la tela de su tanga. Excitado, no pude más que acomodar mi posición para observarla con detenimiento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “No comprendo porque se viste como mojigata”, me dije, “esta mujer, aunque sea inteligente, es boba. Con ese cuerpo podría tener al hombre que quisiera”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ese momento, salió de la cabina, uno de los pilotos y descaradamente, le dio un repaso. No comprendo por qué pero me cabreó esa ojeada y moviendo a mi jefa, le pregunté si quería que la tapase. Ni siquiera se enteró, el orfidal la tenía noqueada. Por eso cogiendo una manta, la tapé y traté de sacarla de mi mente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me resultó imposible, cuanto más intentaba no pensar en ella, más obsesionado estaba. Creo que fue mi larga abstinencia lo que me llevó a cometer un acto del que todavía hoy, no me siento orgulloso. Aprovechando que estábamos solos en el compartimento de primera, disimulando metí mi mano por debajo de la manta y empecé a recorrer sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Qué maravilla”, pensé al disfrutar de la suavidad de su piel. Envalentonado, jugué con descaro con sus pezones. Mi victima seguía dormida, al contrario que mi pene que exigía su liberación. Sabiendo que ya no me podía parar, cogí otra manta con la que taparme y bajándome la bragueta, lo saqué de su encierro. Estaba como poseído, el morbo de aprovecharme de esa zorra era demasiado tentador y, por eso, deslizando mi mano por su cuerpo, empecé a acariciar su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poco a poco, mis caricias fueron provocando que aunque Alicia no fuera consciente, su cuerpo se fuera excitando y su braguita se mojara. Al sentir que la humedad de su cueva, saqué mi mano y olisqueé mis dedos. Un aroma embriagador recorrió mis papilas y ya completamente desinhibido, me introduje dentro de su tanga y comencé a jugar con su clítoris mientras con la otra mano me empezaba a masturbar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Creo que Alicia debía de estar soñando que alguien le hacia el amor, porque entre dientes suspiró. Al oírla, supe que estaba disfrutando por lo que aceleré mis toqueteos. La muchacha ajena a la violación que estaba siendo objeto abrió sus piernas, facilitando mis maniobras. Dominado por la lujuria, me concentré en mi excitación por lo que coincidiendo con su orgasmo, me corrí llenando de semen la manta que me tapaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al haberme liberado, la cordura volvió y avergonzado por mis actos, acomodé su ropa y me levanté al baño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “La he jodido”, medité al pensar en lo que había hecho, “solo espero que no se acuerde cuando despierte, sino puedo terminar hasta en la cárcel”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me tranquilicé al volver a mi asiento y comprobar que la cría seguía durmiendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Me he pasado”, me dije sin reconocer al criminal en que, instantes antes, me había convertido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto del viaje, fue una tortura. Durante cinco horas, mi conciencia me estuvo atormentando sin misericordia, rememorando como me había dejado llevar por mi instinto animal y me había aprovechado de esa mujer que plácidamente dormía a mi lado. Creo que fue la culpa lo que me machacó y poco antes de aterrizar, me quedé también dormido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Despierta― escuché decir mientras me zarandeaban.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asustado, abrí los ojos para descubrir que era Alicia la que desde el pasillo me llamaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya hemos aterrizado. Levántate que no quiero perder el vuelo de conexión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Suspiré aliviado al percatarme que su tono no sonaba enfadado, por lo que no debía de recordar nada de lo sucedido. Con la cabeza gacha, recogí nuestros enseres y la seguí por el aeropuerto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mujer parecía contenta. Pensé durante unos instantes que era debido a que aunque no lo supiera había disfrutado pero, al ver la efectividad con la que realizó los tramites de entrada, recordé que siempre que se enfrentaba a un nuevo reto, era así.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Una ejecutiva agresiva que quería sumar un nuevo logro a su extenso curriculum”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El segundo trayecto fue corto y en dos horas aterrizamos en un pequeño aeródromo, situado en una esquina de la isla del magnate. Al salir de las instalaciones, nos recogió la secretaria de Pastor, la cual después de saludarme y sin dirigirse a la que teóricamente era mi asistente, nos llevó a la mansión donde íbamos a conocer por fin a su jefe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me quedé de piedra al ver donde nos íbamos a quedar, era un enorme palacio de estilo francés. Guardando mis culpas en el baúl de los recuerdos, me concentré en el negocio que nos había llevado hasta allí y decidí que tenía que sacar ese tema hacia adelante porque el dinero de la comisión me vendría bien, por si tenía que dejar de trabajar en la empresa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un enorme antillano, vestido de mayordomo, nos esperaba en la escalinata del edificio. Habituado a los golfos con los que se codeaba su jefe, creyó que Alicia y yo éramos pareja y, sin darnos tiempo a reaccionar, nos llevó a una enorme habitación donde dejó nuestro equipaje, avisándonos que la cena era de etiqueta y que, en una hora, Don Valentín nos esperaba en el salón de recepciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al cerrar la puerta, me di la vuelta a ver a mi jefa. En su cara, se veía el disgusto de tener que compartir habitación conmigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Perdone el malentendido. Ahora mismo, voy a pedir otra habitación para usted― le dije abochornado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡No!― me contestó cabreada,― recuerda que este tipo es un machista asqueroso, por lo tanto me quedo aquí. Somos adultos para que, algo tan nimio, nos afecte. Lo importante es que firme el contrato.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asentí, tenía razón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa perra, ¡siempre tenía razón!.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dúchate tú primero pero date prisa, porque hoy tengo que arreglarme y voy a tardar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como no tenía más remedio, saqué el esmoquin de la maleta y me metí al baño dejando a mi jefa trabajando con su ordenador. El agua de la ducha no pudo limpiar la desazón que tener a ese pedazo de mujer compartiendo conmigo la habitación y saber que lejos de esperarme una dulce noche, iba a ser una pesadilla, por eso, en menos de un cuarto de hora y ya completamente vestido, salí para dejarla entrar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ella al verme, me dio un repaso y por primera vez en su vida, me dijo algo agradable:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Estás muy guapo de etiqueta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me sorprendió escuchar un piropo de su parte pero cuando ya me estaba ruborizando escuché:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Espero que no se te suba a la cabeza.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No se preocupe, sé cuál es mi papel― y tratando de no prolongar mi estancia allí, le pedí permiso para esperarla en el salón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Buena idea― me contestó.― Así, no te tendré fisgando mientras me cambio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni me digné a contestarla y saliendo de la habitación, la dejé sola con su asfixiante superioridad. Ya en el pasillo, me di cuenta que no tenía ni idea donde se hallaba, por lo que bajando la gigantesca escalera de mármol, pregunté a un lacayo. Este me llevó el salón donde al entrar, me topé de frente con mi anfitrión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Valentín― le dije extendiéndole mi mano, ―soy Manuel Pineda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Encantado muchacho― me respondió, dándome un apretón de manos, ―vamos a servirnos una copa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tipo resultó divertido y rápidamente congeniamos, cuando ya íbamos por la segunda copa, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Aprovechando que es temprano, porque no vemos el tema que te ha traído hasta acá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―De acuerdo― le contesté,― pero tengo que ir por mis papeles a la habitación y vuelvo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―De acuerdo, te espero en mi despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Rápidamente subí a la habitación, y tras recoger la documentación, miré hacia el baño y sorprendido descubrí que no había cerrado la puerta y a ella, desnuda, echándose crema. Asustado por mi intromisión, me escabullí huyendo de allí con su figura grabada en mi retina.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “¡Cómo está la niña!”, pensé mientras entraba a una de las reuniones más importantes de mi vida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La que en teoría iba a ser una reunión preliminar, se prolongó más de dos horas, de manera que cuando llegamos al salón, me encontré con que todo el mundo nos esperaba. Alicia enfundada en un provocativo traje de lentejuelas. Aprovechando el instante, recorrí su cuerpo con mi mirada, descubriendo que mi estricta jefa no llevaba sujetador y que sus pezones se marcaban claramente bajo la tela. En ese momento se giró y al verme, me miró con cara de odio. Solo la presencia del magnate a mi lado, evitó que me montara un escándalo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No me vas a presentar a tu novieta?― preguntó Don Valentín al verla. Yo, obnubilado por su belleza, tardé en responderle por lo que Alicia se me adelantó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Espero que el bobo de Manuel no le haya aburrido demasiado, perdónele es que es muy parado. Me llamo Alicia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El viejo, tomándose a guasa el puyazo de mi supuesta novia, le dio dos besos y dirigiéndose a mí, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te has buscado una hembra de carácter y encima se llama como tu jefa, lo tuyo es de pecado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya sabe, Don Valentín, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Contra todo pronóstico, la muchacha se rio y cogiéndome del brazo, me hizo una carantoña mientras me susurraba al oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me puedes acompañar al baño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Disculpándome de nuestro anfitrión, la seguí. Ella esperó a que hubiéramos salido del salón para recriminarme mi ausencia. Estaba hecha una furia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tranquila jefa. No he perdido el tiempo, tengo en mi maletín los contratos ya firmados, todo ha ido a la perfección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreada, pero satisfecha, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Y ¿por qué no me esperaste?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Comprenderá que no podía decirle que tenía que esperar a que mi bella asistente terminase de bañarse para tener la reunión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cierto, pero aun así debías haber buscado una excusa. Ahora volvamos a la cena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuando llegamos, los presentes se estaban acomodando en la mesa. Don Valentín nos había reservado los sitios contiguos al suyo, de manera que Alicia tuvo que sentarse entre nosotros. Al lado del anfitrión estaba su novia, una preciosa mulata de por lo menos veinte años menos que él. La cena resultó un éxito, mi jefa se comportó como una damisela divertida y hueca que nada tenía que ver con la dura ave de presa a la que me tenía acostumbrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con las copas, el ambiente ya de por si relajado, se fue tornando en una fiesta. La primera que bebió en demasía fue Alicia, que nada más empezar a tocar el conjunto, me sacó a bailar. Su actitud desinhibida me perturbó porque, sin ningún recato, pegó su cuerpo al mío al bailar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La proximidad de semejante mujer me empezó a afectar y no pude más que alejarme de ella para que no notara que mi sexo crecía sin control debajo de mi pantalón. Ella, al notar que me separaba, me cogió de la cintura y me obligó a pegarme nuevamente. Fue entonces cuando notó que una protuberancia golpeaba contra su pubis y cortada, me pidió volver a la mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ella, el dueño de la casa manoseaba a la mulata, Al vernos llegar, miró con lascivia a mi acompañante y me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Muchacho, tenemos que reconocer que somos dos hombres afortunados al tener a dos pedazos de mujeres para hacernos felices.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo malo, Don Valentín, es que hacerles felices es muy fácil. No sé si su novia estará contenta pero Manuel me tiene muy desatendida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Siguiendo la broma, contesté la estocada de mi jefa, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sabes que la culpa la tiene la señora Almagro que me tiene agotado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya será para menos― dijo el magnate― tengo entendido que tu presidenta es de armas tomar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si― le contesté, ―en la empresa dicen que siempre lleva pantalones porque si llevara falda, se le verían los huevos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ante tamaña salvajada, mi interlocutor soltó una carcajada y llamando al camarero pidió una botella de Champagne.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Brindemos por la huevuda, porque gracias a ella estamos aquí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al levantar mi copa, miré a Alicia, la cual me devolvió una mirada cargada de odio. Haciendo caso omiso, brindé con ella. Como la perfecta hija de puta que era, rápidamente se repuso y exhibiendo una sonrisa, le dijo a Don Valentín que estaba cansada y que si nos permitía retirarnos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El viejo, aunque algo contrariado por nuestra ida, respondió que por supuesto pero que a la mañana siguiente nos esperaba a las diez para que le acompañáramos de pesca.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante el trayecto a la habitación, ninguno de los dos habló pero nada más cerrar la puerta, la muchacha me dio un sonoro bofetón diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Con que uso pantalón para esconder mis huevos― de sus ojos dos lágrimas gritaban el dolor que la consumía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuando ya iba a disculparme, Alicia bajó los tirantes de su vestido dejándolo caer y quedando desnuda, me gritó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dame tus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acojonado, se las di y ella, llevándolas a sus pechos, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Toca. Soy, ante todo, una mujer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sentir sus senos bajo mis palmas, me hizo reaccionar y forzando el encuentro, la besé. La muchacha intentó zafarse de mi abrazo, pero lo evité con fuerza y cuando ella vio que era inútil, me devolvió el beso con pasión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía no comprendo cómo me atreví, pero cogiéndola en brazos, le llevé a la cama y me empecé a desnudar. Alicia me miraba con una mezcla de deseo y de terror. Me daba igual lo que opinara. Después de tanto tiempo siendo ninguneado por ella, esa noche decidí que iba a ser yo, el jefe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tumbándome a su lado, la atraje hacía mí y nuevamente con un beso posesivo, forcé sus labios mientras mis manos acariciaban su trasero. La mujer no solo se dejó hacer, sino que con sus manos llevó mi cara a sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me estaba dando entrada, por lo que en esta ocasión y al contrario de lo ocurrido en el avión, no la estaba forzando. Con la tranquilidad que da el ser deseado, fui aproximándome con la lengua a una de sus aureolas, sin tocarla. Sus pezones se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuando mi boca se apoderó del pezón, Alicia no se pudo reprimir y gimió, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hazme tuya pero, por favor, trátame bien― y avergonzada, prosiguió diciendo, ―soy virgen.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras la sorpresa inicial de saber que ese pedazo de mujer nunca había probado las delicias del sexo, el morbo de ser yo quien la desflorara, me hizo prometerle que tendría cuidado y reiniciando las caricias, fui recorriendo su cuerpo, aproximándome lentamente a mi meta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alicia, completamente entregada, abrió sus piernas para permitirme tomar posesión de su tesoro, pero en contra de lo que esperaba, pasé de largo acariciando sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Oí como se quejaba, ¡quería ser tomada!.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desde mi posición, puede contemplar como mi odiada jefa, se retorcía de deseo, pellizcando sus pechos mientras, con los ojos, me imploraba que la hiciera mujer. Si eso ya era de por sí, excitante aún lo fue más observar que su sexo, completamente depilado, chorreaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Usando mi lengua, fui dibujando un tortuoso camino hacia su pubis. Los gemidos callados de un inicio se habían convertido en un grito de entrega. Cuando me hallaba a escasos centímetros de su clítoris, me detuve y volví a reiniciar mi andadura por la otra pierna. Alicia cada vez más desesperada se mordió los labios para no correrse cuando sintió que me aproximaba. Vano intento porque cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón, se corrió en mi boca.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era su primera vez y por eso me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su fuente y jugando con su deseo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poseída por un frenesí hasta entonces desconocido, me ordenó que la desvirgara pero, en vez de obedecerla pasé por alto su exigencia y seguí en mi labor de asolar hasta la última de sus defensas. Usando mi lengua, me introduje en su vulva mientras ella no dejaba de soltar improperios por mi desobediencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Molesto, le exigí con un grito que se callara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Se quedó muda por la sorpresa:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Su dócil empleado ¡le había dado una orden!”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que la tenía a mi merced, busqué su segundo orgasmo. No tardó en volver a derramarse sobre las sabanas, tras lo cual me separé de ella, tumbándome a su lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Agotada, tardó unos minutos en volver en sí, mientras eso ocurría, disfruté observando su cuerpo y su belleza. Mi jefa era un ejemplar de primera. Piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una cadera de ensueño, siendo rematadas por unos pechos grandes y erguidos. En su cara, había desaparecido por completo el rictus autoritario que tanto la caracterizaba y en ese instante, no era dureza sino dulzura lo que reflejaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al incorporarse, me miró extrañada que habiendo sido vencida, no hubiese hecho uso de ella. Cogiendo su cabeza, le di un beso tras lo cual le dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Has bebido. Aunque eres una mujer bellísima y deseo hacerte el amor, no quiero pensar mañana que lo has hecho por el alcohol.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pero― me contestó mientras se apoderaba de mi todavía erguido sexo con sus manos,―¡quiero hacerlo!.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que no iba a poder aguantar mucho y que como ella siguiera acariciado mi pene, mi férrea decisión iba a disolverse como un azucarillo, la agarré y pegando su cara a la mía, le solté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué es lo que no has entendido?. Te he dicho que en ese estado no voy aprovecharme de ti. ¡Esta noche no va a ocurrir nada más!. Así que sé una buena niña y abrázame.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pude leer en su cara disgusto pero también determinación y cuando ya creía que se iba a poner a gritar, sonrió y poniendo su cara en mi pecho, me abrazó.</span></p>
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		<title>&#8220;La obsesión de una jovencita por mí&#8221;  LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2026 10:19:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Todo da comienzo cuando una admiradora de mis relatos me envía un email. Sin prever las consecuencias, entablo amistad con ella el mismo día que conocí a una mujer de mi edad. la primera de veinte años, la segunda de cuarenta. Con las dos empiezo una relación hasta que todo se complica. Relato de la obsesión de esa cría y de cómo va centrando su acoso sobre mí. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: Para que podías echarle un vistazo, os anexo&#160;el primer capítulo: Capítulo uno. La primera vez que tuve constancia de su existencia, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 style="font: 600 1.7em/26.25px 'Open Sans', sans-serif; margin: 0px 0px 1em; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; text-align: justify; color: #555555; text-transform: none; text-indent: 0px; letter-spacing: normal; word-spacing: 0px; vertical-align: baseline; white-space: normal; -ms-zoom: 1; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; background-color: #ffffff; -webkit-text-stroke-width: 0px;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; font-style: inherit; font-weight: inherit; vertical-align: baseline; -ms-zoom: 1;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B010NZFWKY"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-19511" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2.png" alt="" width="1035" height="473" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2.png 1035w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2-300x137.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2-768x351.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2-1024x468.png 1024w" sizes="(max-width: 1035px) 100vw, 1035px" /></a>Sinopsis:</span></strong></span></h2>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Todo da comienzo cuando una admiradora de mis relatos me envía un email. Sin prever las consecuencias, entablo amistad con ella el mismo día que conocí a una mujer de mi edad. la primera de veinte años, la segunda de cuarenta. Con las dos empiezo una relación hasta que todo se complica. Relato de la obsesión de esa cría y de cómo va centrando su acoso sobre mí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font: 14pt/26.25px georgia, palatino, serif; color: #555555; text-transform: none; text-indent: 0px; letter-spacing: normal; word-spacing: 0px; float: none; display: inline !important; white-space: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; background-color: #ffffff; -webkit-text-stroke-width: 0px;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><iframe title="La obsesión de una jovencita por mí" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_iAjFBbJxvpcBcb&#038;asin=B010NZFWKY&#038;tag=kpembed-20"></iframe></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #555555;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</span></strong></span></p>
<h1 style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><a name="_Toc422920580"></a>Capítulo uno.</span></h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La primera vez que tuve constancia de su existencia, fue al recibir un email en mi cuenta de correo. El mensaje era de una admiradora de mis relatos. Corto pero claro:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em> Hola soy Claudia.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Tus relatos me han encantado.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Leyéndolos, he disfrutado soñando que era, yo, tu protagonista.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Te he agregado a mi MSN, por favor, me gustaría que un día que me veas en línea, me digas algo cachondo, que me haga creer que tengo alguna oportunidad de ser tuya.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estuve a punto de borrarlo. Su nick me decía que tenía sólo veinte años, y en esos días estaba cansado de enseñar a crías, me apetecía más disfrutar de los besos y halagos de un treintañera incluso tampoco me desagradaba la idea de explorar una relación con una mujer de cuatro décadas. Pero algo me hizo responderle, quizás el final de su correo fue lo que me indujo a jugar escribiéndole una pocas letras:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Si quieres ser mía, mándame una foto</em><em>.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Nada más enviarle la contestación me olvidé del asunto. No creía que fuera tan insensata de contestarme. Ese día estuve completamente liado en la oficina, por lo que ni siquiera abrí mi Hotmail, pero la mañana siguiente nada más llegar a mi despacho y encender mi ordenador, vi que me había respondido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su mensaje traía una foto aneja. En internet es muy común que la gente envié imágenes de otros para simular que es la suya, pero en este caso y contra toda lógica, no era así. La niña se había fotografiado de una manera imposible de falsificar, de medio cuerpo, con una copia de mi respuesta, tapándole los pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Claudia resultaba ser una guapa mujer que no aparentaba los años que decía, sino que incluso parecía más joven. Sus negros ojos parecían pedir cariño, aunque sus palabras hablaban de sumisión. Temiendo meter la pata y encontrarme tonteando con una menor de edad, le pedí que me enviara copia de su DNI, recordando los problemas de José, que había estado a punto de ir a la cárcel al ligar con una de quince años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No habían pasado cinco minutos, cuando escuché el sonido de su contestación. Y esta vez, verdaderamente intrigado con ella, abrí su correo. Sosteniendo su DNI entre sus manos me sonreía con cara pícara. Agrandé la imagen, para descubrir que me había mentido, no tenía aún los veinte, ya que los iba a cumplir en cinco días.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">El interés morboso me hizo responderla. Una sola línea, con tres escuetas preguntas, en las que le pedía una explicación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Claudia: ¿quién eres?, ¿qué quieres? Y ¿por qué yo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La frialdad de mis palabras era patente, no quería darle falsas esperanzas, ni iniciar un coqueteo absurdo que terminara cuando todavía no había hecho nada más que empezar. Sabiendo que quizás eso, iba a hacerla desistir, me senté a esperar su respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Esta tardó en llegar más de media hora, tiempo que dediqué para firmar unos presupuestos de mi empresa. Estaba atendiendo a mi secretaria cuando oí la campanilla que me avisaba que me había llegado un correo nuevo a mi messenger. Ni siquiera esperé a que se fuera María para abrir el mensaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No me podía creer su contenido, tuve que releerlo varias veces para estar seguro de que era eso lo que me estaba diciendo. Claudia me explicaba que era una estudiante de ingeniería de diecinueve años, que había leído todos mis relatos y que le encantaban. Hasta ahí todo normal. Lo que se salía de la norma era su confesión, la cual os transcribo por lo complicado que es resumirla:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Amo:</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Espero que no le moleste que le llame así. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Desde que la adolescencia llegó a mi cuerpo, haciéndome mujer, siempre me había considerado asexuada. No me atraían ni mis amigos ni mis amigas. Para mí el sexo era algo extraño, por mucho que intentaba ser normal, no lo conseguía. Mis compañeras me hablaban de lo que sentían al ver a los chicos que les gustaban, lo que experimentaban cuando les tocaban e incluso las más liberadas me hablaban del placer que les embriagaba al hacer el amor. Pero para mí, era terreno vedado. Nunca me había gustado nadie. En alguna ocasión, me había enrollado con un muchacho tratando de notar algo cuando me acariciaba los pechos, pero siempre me resultó frustrante, al no sentir nada.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Pero hace una semana, la novia de un conocido me habló de usted, de lo excitante de sus relatos, y de la calentura de las situaciones en que incurrían sus protagonistas. Interesada y sin nada que perder, le pedí su dirección, y tras dejarlos tomando unas cervezas me fui a casa a leer que es lo que tenía de diferente. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>En ese momento, no tenía claro lo que me iba a encontrar. Pensando que era imposible que un relato me excitara, me hice un té mientras encendía el ordenador y los múltiples programas que tengo se abrían en el windows.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Casi sin esperanzas, entré en su página, suponiendo que no me iba a servir de nada, que lo mío no tenía remedio. Mis propias amigas me llamaban la monja soldado, por mi completa ausencia de deseo. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Contra todo pronóstico, desde el primer momento, su prosa me cautivó, y las horas pasaron sin darme cuenta, devorando línea tras línea, relato tras relato. Con las mejillas coloradas, por tanta pasión cerré el ordenador a las dos de la mañana, pensando que me había encantado la forma en que los personajes se entregaban sin freno a la lujuria. Lo que no me esperaba que al irme a la cama, no pudiera dejar de pensar en cómo sería sentir eso, y que sin darme cuenta mis manos empezaran a recorrer mi cuerpo soñando que eran las suyas la que lo hacían. Me vi siendo Meaza, la criada negra, disfrutando de su castigo y participando en el de su amiga. Luego fui protagonista de la tara de su familia, estuve en su finca de caza, soñé que era Isabel, Xiu, Lucía y cuando recordaba lo sucedido con María, me corrí.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Fue la primera vez en mi vida, en la que mi cuerpo experimentó lo que era un orgasmo. No me podía creer que el placer empapara mi sexo, soñando con usted, pero esa noche, como una obsesa, torturé mi clítoris y obtuve múltiples y placenteros episodios de lujuria en los que mi adorado autor me poseía.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Desde entonces, mañana tarde y noche, releo sus palabras, me masturbo, y sobre todo, me corro, creyéndome una heroína en sus manos. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Soy virgen pero jamás encontrará usted, en una mujer, materia más dispuesta para que la modele a su antojo. Quiero ser suya, que sea su sexo el que rompa mis tabúes, que su lengua recorra mis pliegues, pero ante todo quiero sentir sus grilletes cerrándose en mis muñecas.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Sé que usted podría ser mi padre pero le necesito. Ningún joven de mi edad había conseguido despertar la hembra que estaba dormida. En cambio, usted, como en su relato, ha sacado la puta que había en mí, y ahora esa mujer no quiere volver a esconderse». </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La crudeza de sus letras, me turbó. No me acordaba cuando había sido la última ocasión que había estado con una mujer cuya virginidad siguiera intacta. Puede que hubieran pasado más de veinte años desde que rompí el último himen y la responsabilidad de hacerlo, con mis cuarenta y dos, me aterrorizó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Lo sensato, hubiera sido borrar el mensaje y olvidarme de su contenido, pero no pude hacerlo, la imagen de Claudia con su sonrisa casi adolescente me torturaba. La propia rutina del trabajo de oficina que tantas veces me había calmado, fue incapaz de hacerme olvidar sus palabras. Una y otra vez, me venía a la mente, su entrega y la belleza de sus ojos. Cabreado conmigo mismo, decidí irme de copas esa misma noche, y cerrando la puerta de mi despacho, salí en busca de diversión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La música de las terrazas de la Castellana nunca me había fallado, y seguro que esa noche no lo haría, me senté en una mesa y pedí un primer whisky, al que siguieron otros muchos. Fue una pesadilla, todas y cada una de las jóvenes que compartían la acera, me recordaban a Claudia. Sus risas y sus coqueteos inexpertos perpetuaban mi agonía, al hacerme rememorar, en una tortura sin fin, su rostro. Por lo que dos horas después y con una alcoholemia, más que punible, me volví a poner al volante de mi coche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Afortunadamente, llegué a casa sano y salvo, no me había parado ningún policía y por eso debía de estar contento, pero no lo estaba, Claudia se había vuelto mi obsesión. Nada más entrar en mi apartamento, abrí mi portátil, esperando que algún amigo o amiga de mi edad estuviera en el chat. La suerte fue que Miguel, un compañero de juergas, estaba al otro lado de la línea, y que debido a mi borrachera, no me diera vergüenza el narrarle mi problema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi amigo, que era informático, sin llegarse a creer mi historia, me abrió los ojos haciéndome ver las ventajas que existían hoy en día con la tecnología, explicándome que había programas por los cuales podría enseñar a Claudia a distancia sin comprometerme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No te entiendo― escribí en el teclado de mi ordenador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su respuesta fue una carcajada virtual, tras la cual me anexó una serie de direcciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fernando, aquí encontrarás algunos ejemplos de lo que te hablo. Si la jovencita y tú los instaláis, crearías una línea punto a punto, con la cual podrías ver a todas horas sus movimientos y ordenarla que haga lo que a ti se te antoje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Coño, Miguel, para eso puedo usar la videoconferencia del Messenger.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Si, pero en ese caso, es de ida y vuelta. Claudia también te vería en su pantalla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Era verdad, y no me apetecía ser objeto de su escrutinio permanente. En cambio, el poderla observar mientras estudiaba, mientras dormía, y obviamente, mientras se cambiaba, me daba un morbo especial. Agradeciéndole su ayuda, me puse manos a la obra y al cabo de menos de medía hora, ya había elegido e instalado el programa que más se adecuaba a lo que yo requería, uno que incluso poniendo en reposo el ordenador seguía funcionando, de manera que todo lo que pasase en su habitación iba a estar a mi disposición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La verdadera prueba venía a continuación, debía de convencer a la muchacha que hiciera lo propio en su CPU, por lo que tuve que meditar mucho, lo que iba a contarle. Varias veces tuve que rehacer mi correo, no quería parecer ansioso pero debía ser claro respecto a mis intenciones, que no se engañara, ni que pensara que era otro mi propósito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Clarificando mis ideas al final escribí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Claudia: </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Tu mensaje, casi me ha convencido, pero antes de conocerte, tengo que estar seguro de tu entrega. Te adjunto un programa, que debes de instalar en tu ordenador, por medio de él, podré observarte siempre que yo quiera. No lo podrás apagar nunca, si eso te causa problemas en tu casa, ponlo en reposo, de esa forma yo seguiré teniendo acceso. Es una especie de espía, pero interactivo, por medio de la herramienta que lleva incorporada podré mandarte mensajes y tú contestarme.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>No tienes por qué hacerlo, pero si al final decides no ponerlo, esta será la última vez que te escriba.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Tu amo</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Y dándole a SEND, lo envié, cruzando mi Rubicón, y al modo de Julio Cesar, me dije que la suerte estaba echada. Si la muchacha lo hacía, iba a tener en mi propia Webcam, una hembra que educar, si no me obedecía, nada se había perdido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Satisfecho, me fui a la cama. No podía hacer nada hasta que ella actuara. Toda la noche me la pasé soñando que respondía afirmativamente y visualizando miles de formas de educarla, por lo que a las diez, cuando me levanté, casi no había dormido. Menos mal que era sábado, pensé sabiendo que después de comer podría echarme una siesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Todavía medio zombi, me metí en la ducha. El chorro del agua me espabiló lo suficiente, para recordar que tenía que comprobar si la muchacha me había contestado y si me había hecho caso instalando el programa. A partir de ese momento, todo me resultó insulso, el placer de sentir como el agua me templaba, desapareció. Sólo la urgencia de verificar si me había respondido ocupaba mi mente, por eso casi totalmente empapado, sin secarme apenas, fui a ver si tenía correo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Parecía un niño que se había levantado una mañana de reyes y corría nervioso a comprobar que le habían traído, mis manos temblaban al encender el ordenador de la repisa. Incapaz de soportar los segundos que tardaba en abrir, me fui por un café que me calmara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Desde la cocina, oí la llamada que me avisaba que me había llegado un mensaje nuevo. Tuve que hacer un esfuerzo consciente para no correr a ver si era de ella. No era propio de mí el comportarme como un crío, por lo que reteniéndome las ganas, me terminé de poner la leche en el café y andando lentamente volví al dormitorio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi corazón empezó a latir con fuerza al contrastar que era de Claudia, y más aún al leer que ya lo había instalado, que sólo esperaba que le dijera que es lo que quería que hiciera. Ya totalmente excitado con la idea de verla, clickeé en el icono que abría su imagen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La muchacha ajena a que la estaba observando, estudiaba concentrada enfrente de su webcam. Lo desaliñado de su aspecto, despeinada y sin pintar la hacía parecer todavía más joven. Era una cría, me dije al mirar su rostro. Nunca me habían gustado de tan tierna edad, pero ahora no podía dejar de contemplarla. No sé el tiempo que pasé viendo casi la escena fija, pero cuando estaba a punto de decirle que estaba ahí, vi como cogía el teclado y escribía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« ¿Me estará escribiendo a mí?», pensé justo cuando oí que lo había recibido. Abriendo su correo leí que me decía que me esperaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Fue el banderazo de salida, sin apenas respirar le respondí que ya la estaba mirando y que me complacía lo que veía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué quiere que haga? ¿Quiere que me desnude? ― contestó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estuve a punto de contestarle que si, pero en vez de ello, le ordené que siguiera estudiando pero que retirara la cámara para poderla ver de cuerpo entero. Sonriendo vi que la apartaba de modo que por fin la veía entera. Aluciné al percatarme que sólo estaba vestida con un top y un pequeño tanga rojo, y que sus piernas perfectamente contorneadas, no paraban de moverse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué te ocurre?, ¿por qué te mueves tanto?― escribí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Amo, es que me excita el que usted me mire.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su respuesta me calentó de sobremanera, pero aunque me volvieron las ganas de decirle que se despojara de todo, decidí que todavía no. Completamente bruto, observé a la muchacha cada vez más nerviosa. Me encantaba la idea de que se erotizara sólo con sentirse observada. Claudia era un olla sobre el fuego, poco a poco, su presión fue subiendo hasta que sin pedirme permiso, bajando su mano, abrió sus piernas, comenzándose a masturbar. Desde mi puesto de observación sólo pude ver como introducía sus dedos bajo el tanga, y cómo por efecto de sus caricias sus pezones se empezaban a poner duros, realzándose bajo su top.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No tardó en notar que el placer la embriagaba y gritando su deseo, se corrió bajo mi atenta mirada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Tu primer orgasmo conmigo― le dije pero tecleándole mi disgusto proseguí diciendo. ― Un orgasmo robado, no te he dado permiso para masturbarte, y menos para correrte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Lo sé, mi amo. No he podido resistirlo, ¿cuál va a ser mi castigo. Su mirada estaba apenada por haberme fallado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Hoy no te mereces que te mire, vístete y sal a dar un paseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Casi lloró cuando leyó mi mensaje, y con un gesto triste, se empezó a vestir tal y como le había ordenado, pero al hacerlo y quitarse el top, para ponerse una blusa, vi la perfección de sus pechos y la dureza de su vientre. Al otro lado de la línea, mi miembro se alborotó irguiéndose a su plenitud, pidiéndome que lo usara. No le complací pero tuve que reconocer que tenía razón y que Claudia no estaba buena, sino buenísima.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Totalmente cachondo, salí a dar también yo una vuelta. Tenía el Retiro a la vuelta de mi casa y pensando que me iba a distraer, entré al parque. Como era fin de semana, estaba repleto de familias disfrutando de un día al aire libre. Ver a los niños jugando y a las mamás preocupadas por que no se hicieran daño, cambió mi humor, y disfrutando como un imberbe me reí mientras los observaba. Era todo un reto educarlos bien, pude darme cuenta que había progenitoras que pasaban de sus hijos y que estos no eran más que unos cafres y otras que se pasaban de sobreprotección, convirtiéndoles en unos viejos bajitos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tan enfrascado estaba, que no me di cuenta que una mujer ,que debía acabar de cumplir los cuarenta, se había sentado a mi lado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Son preciosos, ¿verdad?― dijo sacándome de mi ensimismamiento, ― la pena es que crecen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Había un rastro de amargura en su voz, como si lo dijera por experiencia propia. Extrañado que hablara a un desconocido, la miré de reojo antes de contestarle. Aunque era cuarentona sus piernas seguían conservando la elasticidad y el tono de la juventud.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Sí― respondí ― cuando tengo problemas vengo aquí a observarlos y sólo el hecho de verlos tan despreocupados hace que se me olviden.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi contestación le hizo gracia y riéndose me confesó que a ella le ocurría lo mismo. Su risa era clara y contagiosa de modo que en breves momentos me uní a ella. La gente que pasaba a nuestro lado, se daba la vuelta atónita al ver a dos cuarentones a carcajada limpia. Parecíamos dos amantes que se destornillaban recordando algún pecado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Me costó parar, y cuando lo hice ella, fijándose que había unas lágrimas en mi mejilla, producto de la risa, sacó un pañuelo, secándomelas. Ese gesto tan normal, me resultó tierno pero excitante, y carraspeando un poco me presenté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fernando Gazteiz y ¿Tú?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Gloria Fierro, encantada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Habíamos hecho nuestras presentaciones con una formalidad tan seria que al darnos cuenta, nos provocó otro risotada. Al no soportar más el ridículo que estábamos haciendo, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Me aceptas un café?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Entornando los ojos, en plan coqueta me respondió que sí, y cogiéndola del brazo, salimos del parque con dirección a Independencia, un pub que está en la puerta de Alcalá. Lo primero que me sorprendió no fue su espléndido cuerpo sino su altura. Mido un metro noventa y ella me llegaba a los ojos, por lo que calculé que con tacones pasaba del metro ochenta. Pero una vez me hube acostumbrado a su tamaño, aprecié su belleza, tras ese traje de chaqueta, había una mujer de bandera, con grandes pechos y cintura de avispa, todo ello decorado con una cara perfecta. Morena de ojos negros, con unos labios pintados de rojo que no dejaban de sonreír.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Cortésmente le separé la silla para que se sentase, lo que me dio oportunidad de oler su perfume al hacerlo. Supe al instante cual usaba, y poniendo cara de pillo, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Chanel número cinco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La cogí desprevenida, pero rehaciéndose rápidamente, y ladeando su cabeza de forma que movió todo su pelo, me contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fernando, eres una caja de sorpresas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ese fue el inicio de una conversación muy agradable, durante la cual me contó que era divorciada, que vivía muy cerca de donde yo tenía la casa. Y aunque no me lo dijera, lo que descubrí fue a una mujer divertida y encantadora, de esas que valdría la pena tener una relación con ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Mañana, tendrás problemas y te podré ver en el mismo sitio, ¿verdad?― me dijo al despedirse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Si, pero con dos condiciones, que te pueda invitar a comer&#8230;― me quedé callado al no saber cómo pedírselo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Y?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Que me des un beso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Lejos de indignarle mi proposición, se mostró encantada y acercando sus labios a los míos, me besó tiernamente. Gracias a la cercanía de nuestros cuerpos, noté sus pezones endurecidos sobre mi pecho, y saltándome las normas, la abracé prolongando nuestra unión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¡Para!― dijo riendo ― deja algo para mañana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Cogiendo su bolso de la silla, se marchó moviendo sus caderas, pero justo cuando ya iba a traspasar la puerta me gritó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No me falles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tendría que estar loco, para no ir al día siguiente, pensé, mientras me pedía otro café. Gloria era una mujer que no iba a dejar escapar. Bella y con clase, con esa pizca de sensualidad que tienen determinadas hembras y que vuelve locos a los hombres. Sentado con mi bebida sobre la mesa, medité sobre mi suerte. Acababa de conocer a un sueño, y encima tenía otro al alcance de mi mano, pero este además de joven y guapa tenía un morbo singular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Aprovechando que ya eran las dos, me fui a comer al restaurante gallego que hay justo debajo de mi casa. Como buen soltero, comí sólo. Algo tan normal en mí, de repente me pareció insoportable. No dejaba de pensar en cómo sería compartir mi vida, con una mujer, mejor dicho, como sería compartir mi vida con ella. Esa mujer me había impresionado, todavía me parecía sentir la tersura de sus labios en mi boca. Cabreado, enfadado, pagué la cuenta, y salí del local directo a casa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Lo primero que hice al llegar, fue ir a ver si Claudia había vuelto a su habitación, pero el monitor me mostró el cuarto vacío de una jovencita, con sus pósters de sus cantantes favoritos y los típicos peluches tirados sobre la cama. Gasté unos minutos en observarlo cuidadosamente, tratando de analizar a través de sus bártulos la personalidad de su dueña. El color predominante es el rosa, pensé con disgusto, ya que me hablaba de una chica recién salida de la adolescencia, pero al fijarme en los libros que había sobre la mesa, me di cuenta que ninguna cría lee a Hans Küng, y menos a Heidegger, por lo que al menos era una muchacha inteligente y con inquietudes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estaba tan absorto, que no caí que Miguel estaba en línea, preguntándome como había ido. Medio en broma, medio en serio, me pedía que le informara si &#8220;mi conquista&#8221; se había instalado el programa. Estuve a un tris de mandarle a la mierda, pero en vez de hacerlo le contesté que si. Su tono cambió, y verdaderamente interesado me preguntó que como era.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Guapísima, con un cuerpo de locura― contesté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Cabrón, me estás tomando el pelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Para nada― y picando su curiosidad le escribí,― No te imaginas lo cachonda que es, esta mañana se ha masturbado enfrente de la Webcam.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No jodas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Es verdad, aunque todavía no he jodido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Pero con gritos y todo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Me imagino, ¡por lo menos movía la boca al correrse!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No me puedo creer que eres tan bestia de no usar la herramienta de sonido. ¡Pedazo de bruto!, ¡Fíjate en el icono de la derecha! Si le das habilitas la comunicación oral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ahora si me había pillado, realmente desconocía esa función. No sólo podía verla, sino oírla. Eso daba una nueva variante a la situación, quería probarlo, pero entonces recordé que la había echado de su cuarto por lo que tendría que esperar que volviera. Cambiando de tema le pregunté a mi amigo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Y tú por qué lo sabes? ¿Es así como espías a tus alumnas?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Debí dar en el clavo, por que vi como cortaba la comunicación. Me dio igual, gracias a él, el morbo por la muchacha había vuelto, haciéndome olvidar a Gloría. Decidí llevarme el portátil al salón para esperarla mientras veía la televisión. Afortunadamente, la espera no fue larga.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Al cabo de media hora la vi entrar con la cabeza gacha, su tristeza era patente. No comprendía como un castigo tan tonto, había podido afectarle tanto, pero entonces recordé que para ella debió resultar un infierno, el ver pasar los años sin notar ninguna atracción por el sexo, y de pronto que la persona que le había despertado el deseo, la regañara. Estaba todavía pensando en ella, cuando la observé sentándose en su mesa, y nada más acomodarse en su silla, echarse a llorar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tanta indefensión, hizo que me apiadara de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Por qué lloras?, princesa― oyó a través de los altavoces de su ordenador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con lágrimas en los ojos, levantó su cara, tratando de adivinar quien le hablaba. Se veía preciosa, débil y sola.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Es usted, amo?― preguntó al aire.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Si y no me gusta que llores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Pensaba que estaba enfadado conmigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ya no― una sonrisa iluminó su cara al oírme, ― ¿Dónde has ido?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fui a pensar a Colón, y luego a comer con mi familia a Alkalde .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Acababa de enterarme que la niña, vivía en Madrid, ya que ambos lugares estaban en el barrio de Salamanca, lo que me permitiría verla sin tenerme que desplazar de ciudad ni de barrio. Su voz era seductora, grave sin perder la feminidad. Poco a poco, su rostro fue perdiendo su angustia, adquiriendo una expresión de alegría con unas gotas de picardía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Te gusta oírme?― pregunté sabiendo de antemano su respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Sí― hizo una pausa antes de continuar ― me excita.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Solté una carcajada, la muchacha había tardado en descubrir su sexualidad pero ahora no había quien la parase. Sus pezones adquirieron un tamaño considerable bajo su blusa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Desabróchate los botones de tu camisa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">El monitor me devolvió su imagen colorada, encantada, la muchacha fue quitándoselos de uno en uno, mientras se mordía el labio. Pocas veces había asistido a algo tan sensual. Ver como me iba mostrando poco a poco su piel, hizo que me empezara a calentar. Su pecho encorsetado por el sujetador, era impresionante. Un profundo canalillo dividía su dos senos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Enséñamelos― dije.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Sin ningún atisbo de vergüenza, sonrió, retirando el delicado sujetador de encaje. Por fin veía sus pezones. Rosados con unas grandes aureolas era el acabado perfecto para sus pechos. Para aquel entonces mi pene ya pedía que lo liberara de su encierro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ponte de pie.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No tuve que decírselo dos veces, levantándose de la silla, me enseñó la perfección de su cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Desnúdate totalmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su falda y su tanga cayeron al suelo, mientras podía oír como la respiración de la mujer se estaba acelerando. Ya desnuda por completo, se dedicó a exhibirse ante mí, dándose la vuelta, y saltando sobre la alfombra. Tenía un culo de comérselo, respingón sin ninguna celulitis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ahora quiero que coloques la cámara frente a la cama, y que te tumbes en ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Claudia estaba tan nerviosa, que tropezó al hacerlo, pero venciendo las dificultades puso la Webcam, en el tocador de modo que me daba una perfecta visión del colchón, y tirándose sobre la colcha, esperó mis órdenes. Estas tardaron en llegar, debido a que durante casi un minuto estuve mirándola, valorando su belleza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Era guapísima. Saliéndose de lo normal a su edad, era perfecta, incluso su pies, con sus uñas pulcramente pintadas de rojo, eran sensuales. Sus piernas largas y delgadas, el vientre plano, y su pubis delicadamente depilado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Imagínate que estoy a tu lado y que son mis manos las que te acarician― ordené sabiendo que se iba a esforzar a complacerme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Joven e inexperta, empezó a acariciarse el clítoris.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Despacio― insistí ― comienza por tu pecho, quiero que dejes tu pubis para el final.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Obedeciéndome, se concentró en sus pezones, pellizcándolos. La manera tan estimulante con la que lo hizo, me calentó de sobre manera, y bajándome la bragueta, saqué mi miembro del interior de mis pantalones. No me podía creer que fuera tan dócil, me impresionaba su entrega, y me excitaba su sumisión. Aun antes de que mi mano se apoderara de mi extensión ya sabía que debía poseerla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Mi mano está bajando por tu estomago― le pedí mientras trataba que en mi voz no se notara mi lujuria. En el monitor, la jovencita me obedecía recorriendo su cuerpo y quedándose a centímetros de su sexo. ― Acércate a la cámara y separa tus labios que quiero verlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Claudia no puso ningún reparo, y colocando su pubis a unos cuantos palmos del objetivo, me mostró su cueva abierta. El brillo de su sexo, y sus gemidos me narraban su calentura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Piensa que es mi lengua la que recorre tu clítoris y mi pene el que se introduce dentro de ti― ordené mientras mi mano empezaba a estimular mi miembro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La muchacha se tumbó sobre la cama, y con ayuda de sus dedos, se imaginó que era yo quien la poseía. No tardé en observar que la pasión la dominaba, torturando su botón, se penetraba con dos dedos y temblando por el deseo, comenzó a retorcerse al sentir los primeros síntomas de su orgasmo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Para aquel entonces, yo mismo me estaba masturbando con pasión. Sus gritos y gemidos eran la dosis que me faltaba para conducirme hacía el placer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Dime lo que sientes― exigí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Amo― me respondió con la voz entrecortada,― ¡estoy mojada! ¡Casi no puedo hablar!&#8230;&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con las piernas abiertas, y el flujo recorriendo su sexo, mientras yo la miraba, se corrió dando grandes gritos. Me impresionó ver como se estremecía su cuerpo al desbordarse, y uniéndome a ella, exploté manchando el sofá con mi simiente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tardamos unos momentos en recuperarnos, ambos habíamos hecho el amor aunque fuera a distancia, nada fue virtual sino real. Su orgasmo y el mío habían existido, y la mejor muestra era el sudor que recorría sus pechos. Estaba todavía reponiéndome cuando la oí llorar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ahora, ¿qué te pasa?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Le deseo, este ha sido el mayor placer que he sentido nunca, pero quiero que sea usted quien me desvirgue― contestó con la voz quebrada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Debería haberme negado, pero no lo hice, no me negué a ser el primero, sino que tranquilizándola le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Cuándo es tu cumpleaños?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― El martes― respondió ilusionada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Entonces ese día nos veremos, mañana te diré cómo y dónde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con una sonrisa de oreja a oreja me dio las gracias, diciéndome que no me iba a arrepentir, que iba a superar mis expectativas&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ya me había arrepentido, me daba terror ser yo, el que no colmara sus aspiraciones, por eso cerré enfadado conmigo mismo el ordenador, dirigiéndome al servibar a ponerme una copa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Relato erótico: &#8220;Una diosa muda me salvó la vida en la montaña&#8221;. (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2026 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Una diosa muda me salvó la vida. Todavía hoy hasta mis amigos me consideran un loco. Aunque ninguno comprende como pude sobrevivir a ese accidente de helicóptero, tampoco se creen mi historia. Por mucho que intento explicarles que si no llega a ser por ella hubiera muerto, les parece imposible aceptar que una Diosa me haya salvado en esas agrestes y frías montañas. Unos pocos opinan directamente que miento mientras la mayoría disculpa mi terquedad, asumiendo que es una alucinación producto de las penurias que tuve que pasar hasta salir de esa cordillera. Pero yo sé que ella existe y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 14px; text-align: justify;">
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">Una diosa muda me salvó la vida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">Todavía hoy hasta mis amigos me consideran un loco. Aunque ninguno comprende como pude sobrevivir a ese accidente de helicóptero, tampoco se creen mi historia. Por mucho que intento explicarles que si no llega a ser por ella hubiera muerto, les parece imposible aceptar que una Diosa me haya salvado en esas agrestes y frías montañas.</span></span></strong></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">Unos pocos opinan directamente que miento mientras la mayoría disculpa mi terquedad, asumiendo que es una alucinación producto de las penurias que tuve que pasar hasta salir de esa cordillera. Pero yo sé que ella existe y por eso en cuanto reponga fuerzas volveré a buscarla porque sin ella mi vida no tiene sentido.</span></span></strong></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">(Nota encontrada al lado del manuscrito)</span></span></strong></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">UNA DIOSA MUDA ME SALVÓ LA VIDA.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/3.jpg" width="427" height="641">Mi historia tuvo lugar en la región de Komi, una república rusa famosa por albergar los montes Urales. Debido a la crisis en España me quedé sin trabajo. Tras seis meses sin conseguir nada en mi país decidí probar fortuna&nbsp; en el extranjero y por eso mandé mi curiculum a una vasta lista de empresas de ingeniería. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Para mi desgracia, la única oferta que recibí fue de Gazprom, una de las mayores empresas petroleras del mundo que tiene su base en Moscú.&nbsp; Si ya de por sí pensar en irme a esa ciudad de la que desconocía el idioma era difícil, cuando en la primera entrevista me enteré que el puesto era para un remoto pueblo llamado Tyvkar se me cayó el alma a los suelos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">« ¡Está en el culo del mundo!» </span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Estaba pensando en negarme cuando me informaron que el salario que me pagarían triplicaba mi antiguo sueldo. Ni que decir tiene que siendo soltero y sin perspectiva alguna en mi tierra, acepté el trabajo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Durante dos años, viví en ese remoto lugar. Alejado de todo y con la única compañía de los mineros y de sus familias, aprendí ruso y pasé frío. Y cuando digo frio es frio y no el fresquito que hace en Madrid durante el invierno. Para que alguien pueda hacerse una idea, la temperatura en Febrero puede llegar a los cuarenta y cinco grados bajo cero.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Mi única diversión en ese remoto lugar consistía en una vez cada dos meses aprovechar a irme un fin de semana&nbsp; a la capital de esa zona en un helicóptero que la compañía ponía a nuestra disposición. Fue durante una de esas escapadas cuando ocurrió el accidente.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">El helicóptero se estrella en mitad de los Urales.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Como en todas las ocasiones anteriores, ese viernes trabajé en el turno que terminaba a las dos de la tarde para así salir rumbo al “paraíso” que para mí suponía la ciudad de Syktyvkar en ese helicóptero. En esa ocasión, los dos pilotos llevaban a otros cuatro ejecutivos como pasaje. Con la excepción del director, todos los mandos de la mina habíamos quedado en corrernos una juerga que nos hiciera olvidar la mierda que suponía vivir en esa aldea perdida.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Ya desde el inicio el viaje empezó mal. Las condiciones atmosféricas eran penosas y por eso sufrimos un retraso de una mientras el&nbsp; capitán de la aeronave esperaba que mejoraran. Aunque no lo hicieron, la idea de quedarse en esa pocilga y la presión que ejercimos para que despegara terminaron de convencerle de esa locura</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Al despegar, todos los ocupantes&nbsp; estábamos felices. Los pilotos porque volvían con sus familias y nosotros por la fiesta llena de putas y vodka que teníamos preparada al llegar. Desgraciadamente, el clima empeoró y el tipo que estaba a los mandos decidió con mal criterio en vez de volver a la base, variar el rumbo cruzando la cordillera porque según los meteorólogos allí no había tormenta.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Mientras cruzábamos esas abruptas montañas, el panorama cambió y el cielo se cubrió de negros nubarrones limitando la visibilidad. Cuando ya no se veía nada y mientras el viento arreciaba, todavía tranquilo, el imbécil del piloto nos informó&nbsp; que no había motivo de&nbsp; preocupación porque esa nave podía soportar eso y mucho más.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">¡Menudo profeta!</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">El helicóptero no tardó en ser zarandeado por la tormenta y el mismo profesional que minutos antes nos había tranquilizado con esa memez, nos pidió que nos abrocháramos bien porque tenía que hacer un aterrizaje forzoso. Fue tanto el nerviosismo que transmitió con su voz, que aunque nunca había sido religioso me puse a rezar viendo lo cercana que tenía la muerte.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">La velocidad del aire hacía imposible dominar la nave y durante un tiempo que se me hizo eterno ese orgullo de la ingeniería soviética se convirtió en una marioneta volando sin rumbo fijo. Fue el grito del copiloto el que me informó del desastre y solo pude cerrar los ojos antes que nos estrelláramos contra un pico nevado.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Desconozco el tiempo que estuve sin conocimiento. Al despertar, me encontré herido, con una pierna rota y todos mis compañeros muertos. El dolor que sentía me hizo permanecer entre los restos del aparato hasta que la seguridad que me helaría de frio allí, hizo que me levantara y a duras penas buscara refugio.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">No había dado el primer paso cuando comprendí que tenía que entablillarme el fémur, si quería conseguirlo. Buscando entre los hierros retorcidos, encontré cuatro barras de aluminio.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">« Esto me servirá» pensé agradeciendo el hallazgo y cortando unos cinturones de seguridad, con gran dolor conseguí sujetar el hueso.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Aun así era atroz el sufrimiento que suponía avanzar entre la nieve mientras el viento me cortaba la cara.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">« ¡Voy a morir!» convencido exclamé que tardarían días en dar con nosotros.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">La dureza del camino me obligaba a hacer frecuentes paradas para tomar aire pero aun así metro a metro recorrí la distancia que me separaba de las rocas donde esperaba resguardarme. No sé cómo lo conseguí pero acababa de anochecer cuando me dejé caer en un agujero entre las peñas. Ya en él, mis gruesas ropas de abrigo me dieron una cierta tranquilidad al creer que bastarían para soportar la noche.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">¡Qué equivocado estaba!</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">En menos de diez minutos ese gélido aire había entumecido todo mi cuerpo. Al dejar de sentir los pies y comprobar que no podía ni mover los dedos de las manos, entendí que era cuestión de tiempo que me quedara congelado. Curiosamente, el no tener futuro me dio una extraña serenidad y cerrando los ojos, espera la llegada de la parca…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="line-height: 115%;">Mi despertar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/4.jpg" width="424" height="635">Estaba medio inconsciente cuando entre sueños noté&nbsp; a un ser peludo zarandeándome para que despertara. Creyendo que era una alucinación me di la vuelta para seguir durmiendo&nbsp; pero el intruso sin darse por vencido, tiró de mí sacándome del refugio. En mi mente creí que era una especie de Yeti, el molesto individuo que jalaba de mis piernas. Supuse que iba a ser su cena pero era tan penoso mi estado que no pude hacer nada por evitarlo…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Las siguientes imágenes que recuerdo fueron el fulgor de un fuego, la imagen de una mujer de piel clara sonriéndome y la fiebre. Durante mi sueño una diosa nórdica envuelta en pieles me &nbsp;restregaba con aceite el cuerpo, intentando que mi sangre circulara por mis piernas. Sus azules ojos reflejaban una preocupación que en ese momento no comprendí. Creyéndome muerto, las maniobras a las que estaba siendo sometido me parecían fuera de lugar y solo quería que me dejara descansar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Durante días sino fueron semanas, me despertaba durante unos segundos para acto seguido hundirme nuevamente en las tinieblas hasta que una mañana me desperté en el interior de una habitación, tirado en un catre y tapado por innumerables mantas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">« ¿Qué hago aquí?», fue mi primer pensamiento.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">El recuerdo del accidente y la muerte de esos seis hombres&nbsp; me golpeó en la mente al intentar moverme y sufrir el latigazo de mi pierna rota. Fue entonces cuando recordé &nbsp;todo y aunque me dolía todo el cuerpo, no pude dejar de alegrarme al saber que estaba vivo. Sin fuerzas para salir de esa humilde cama, miré a mi alrededor intentando descubrir cómo había llegado a ese lugar pero sobre todo para conocer a mi salvador.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">La soledad de esas paredes hechas de troncos y apenas cubiertas por estuco, me hizo saber que debía estar en la cabaña de un leñador pero poco más. La exiguas pertenencias que tenía a mi vista consistían en una silla medio rota, una mesa y diferentes utensilios que reconociéndolos como aperos de caza, realmente desconocía su función.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">«Deben ser trampas», mascullé para mí mientras buscaba sin encontrar un teléfono, una radio o cualquier cosa que me sirviera para conectarme con el exterior. « Necesito avisar que estoy vivo», pensé al saber que todo el mundo estaría convencido que estaba muerto.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Durante horas aguardé que alguien llegara pero fue en vano. El hambre que atenazaba mi estómago, me obligó a intentar encontrar algo que comer aunque eso supusiera que el dolor volviera. Sufriendo con cada paso un suplicio, conseguí salir del cuarto y al observar el resto de la casa, me hundí. La pobreza de esa vivienda era tal que ni siquiera había un suelo hecho de madera y lo que encontré fue una base de tierra rústicamente aplanada y poco más. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">« La gente que malvive aquí es imposible que tenga una radio», sentencié sintiéndome tan o más miserable que ellos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Cómo al salir de la cama no había tenido la precaución de taparme, no tardé en sentir frio y por eso las brasas que todavía ardían en la chimenea se convirtieron en mi siguiente objetivo. Arrastrando mi pierna enferma, renqueé hasta un modesto sillón ajado por los años y allí me dejé caer desmoralizado, mientras devoraba unos trozos de pan seco que hallé tirados en un plato.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Estando rancio, era tal mi apetito que ese mendrugo me pareció un manjar. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Estaba recogiendo las últimas migajas con mis dedos cuando caí en la cuenta que estaba desnudo y que además de no ser apropiado estar en pelotas cuando llegara el dueño de ese lugar, me estaba muriendo de frio. Gasté las últimas fuerzas en llegar hasta ese catre y al sentarme en él, comprendí que era incapaz de buscar mi ropa por lo que no me quedó otro remedio que taparme con las mantas y esperar ayuda.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">« ¡Ojalá no tarde!» pensé mientras el sopor me dominaba.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; line-height: 115%;">Esta vez mi desfallecimiento debió ser cuestión de horas porque todavía era de día cuando un ruido me hizo despertar. Al buscar su origen, descubrí que acababa de entrar en la habitación mi salvador. El grueso abrigo, la capucha y la bufanda que lo cubrían por completo evitaron que en un principio reconociera que era una mujer quien había hecho su aparición. Cortado pero agradecido, en ruso, saludé al recién llegado:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">―Pri―<u>vye</u>t.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Ese breve “Hola” hizo que el sujeto se diera la vuelta. Al verlo de frente, me quedé sin habla pensando:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« Esos ojos los conozco. ¡No puede ser!», exclamé al reconocer&nbsp; la bondad de su mirada, « ¡Es la diosa de mis sueños!»</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Confirmando mis sospechas en silencio, se quitó el capuchón de su trenca &nbsp;y pude por fin verle la cara:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡Es bellísima!».</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/5.jpg" width="425" height="638">En ese momento la mujer, ajena a la brutal impresión que me había producido descubrir que mi salvador no era el recio leñador que me había imaginado, me sonrió y siguiendo una rutina de años, se fue desprendiendo de su ropa de abrigo mientras desde la cama yo me quedaba cada vez más impresionado.&nbsp; Olvidando de mi presencia, colgó las pieles de un perchero y sentándose en una silla, se fue quitando las botas mecánicamente.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Entre tanto, seguía alucinado. La muchacha debía tener&nbsp; unos veintitrés años. Rubia, alta y fibrosa parecía sacada de una revista. Nada en ella reflejaba la dura vida a la que debía estar acostumbrada. &nbsp;Era tal mi admiración que intenté incorporarme y al hacerlo no pude evitar pegar un gemido por el sufrimiento que eso me provocó. Al oírlo, la rusa se acercó y me obligó a tumbarme nuevamente en el catre. Tras lo cual, sin despedirse salió de la habitación. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Al quedarme solo, me puse a pensar en que hacía una cría así en un lugar tan apartado y creyendo que debía vivir con alguien más, decidí hacerla caso y quedarme en la cama mientras conocía al resto de los habitantes de esa choza. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Al reconocer los ruidos secos que venían desde el exterior como los que produciría un hacha al ir troceando un tronco, me hizo presuponer que su padre o marido debía estar cortando leña para la chimenea. Reconozco que al pensar que ese primor pudiera tener pareja, no me gustó.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« ¿De qué vas?», mentalmente me eché en cara esos pensamientos. « ¡Esta gente te ha salvado!».</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Al cesar los hachazos escuché el sonido de la puerta y el de una carretilla entrando. Presuponiendo que el hombre de la casa había hecho su aparición, me preparé para agradecerle su ayuda. Pero los minutos pasaron sin que nadie viniera a verme. Extrañado y preocupado por igual, mi imaginación me hizo creer que quizás su marido no estuviera muy satisfecho con mi presencia.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">«Yo tampoco estaría muy tranquilo teniendo una mujer tan bella», reconocí muy a mi pesar.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">En esas zonas tan inhóspitas, los forasteros solo acarrean problemas y por ello, son frecuentemente rechazados. Aunque esas personas en vez de dejarme morir de frio me habían salvado, no significaba que estuvieran contentos por tenerme allí.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡Incluso he invadido su cama», pensé al caer en la cuenta que en esa morada no había otra. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">La paranoia&nbsp; se había &nbsp;instalado en mi mente y aterrorizado al saberme en manos de esos desconocidos, decidí que al menos debía vestirme para que el sujeto al llegar no me encontrara desnudo con su mujer. Estaba a punto de levantarme cuando la muchacha entró en la habitación con una bandeja y sentándose junto a mí en ese estrecho catre, cogió una cuchara e intentó que comiera.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Me cogió tan de sorpresa el que quisiera darme de comer en la boca que no pude más que abrirla y como si fuera yo un crio y ella mi madre, fue cucharada a cucharada&nbsp; vaciando el plato sin mostrar ninguna emoción. El guiso estaba bueno pero me sentía ridículo. Al terminar la cría se estaba&nbsp; levantando&nbsp; cuando queriendo darle las gracias, le cogí del brazo. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Su reacción fue brutal. Saltando como una pantera, no sé de dónde sacó&nbsp; el cuchillo que de improviso apareció en mi cuello. Reconozco que se me puso la piel de gallina al sentir el filo de ese instrumento cerca de mi yugular y tratando de aparentar una calma que no tenía, dije en su idioma lo más suave que pude:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">―Solo quería decirte gracias. La comida estaba riquísima. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Mis palabras la tranquilizaron y bajando su cuchillo, salió de la habitación sin mirar hacia atrás. Tirado en la cama e indefenso, comprendí &nbsp;la violencia de esa cría señalando &nbsp;como culpable a la severidad de ese entorno: </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« La gente de la montaña siempre ha sido dura». Aun así aprendí la lección, debía ir con cuidado y jamás tocar a esa gata montesa. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">La actitud de la rubia me tenía confuso. Obviando que debía besar el suelo por donde pisaba solo por haberme salvado, la mujer que me dio de comer no tenía nada que ver con la tigresa que me había enseñado sus garras. Una era la ternura personificada mientras la otra haría retroceder al soldado más valiente,</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« Si ella es así, ¡Cómo será el hombre!», mascullé acojonado.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Con el estómago lleno me fui amodorrando hasta que me quedé dormido. Cuando me desperté, había anochecido y la habitación se mantenía en penumbra.&nbsp; Estaba todavía acostumbrándome a&nbsp; esa luz cuando descubrí a la rubia mirándome.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">―Buenas noches―&nbsp; dije medio cortado.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Sin responder, se acercó a mí y con su mano tocó mi frente, como intentando saber si la fiebre había desaparecido. Al comprobar que así era sonrió y en completo silencio se empezó a desnudar.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« ¿Qué hace?», me pregunté horrorizado temiendo que en cualquier momento llegara su pareja y nos descubriera.</span></span></div>
<p><img decoding="async" class="alignleft" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/6.jpg" width="423" height="635"></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Ese striptease, lejos de azuzar mi lujuria, incrementó mi turbación hasta el extremo que cuando ya se había deshecho de toda su ropa y con señas me pidió que le hiciera un hueco en el catre, únicamente pude echarme a un lado sin protestar. Desde el rincón pegado a la pared, observé como se tumbaba y como dándose la vuelta, usaba las mantas para taparnos a los dos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« No me lo puedo creer», rumié al notar que la joven, obviando que estábamos desnudos, intentaba dormir.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Mi mente para entonces estaba trabajando horas extras. No comprendía nada. Aunque sabía que la mejor forma de combatir el frio cuando se estaba en pareja era dormir desnudos, me parecía fuera de lugar que esa mujer se atreviera a hacerlo con un desconocido.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">«Podría intentar abusar de ella», razoné antes de percatarme que de intentarlo tendría nuevamente un cuchillo en mi cuello.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Ese pensamiento me hizo evitar su contacto y cerrando los ojos, decidí imitarla y buscar que el sueño, me permitiera olvidar lo incómodo de esa situación…</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Descubro su desgracia.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Acaba de amanecer cuando la luz de la mañana, me hizo despertar. Al hacerlo, noté a la muchacha abrazada a mí y a sus senos desnudos presionando contra mi pecho.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">“No se ha dado cuenta que dormida me ha abrazado”, sentencié asustado por cómo reaccionaría cuando se despertara.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">En otro momento, a buen seguro, el calor que su cuerpo desprendía hubiera alterado mis hormonas pero mi total dependencia así como el&nbsp; dolor de mi pierna, me evitaron el bochorno de estar excitado cuando abriera los ojos. Aun así al sentir su respiración sobre mi piel, me hicieron caer en la cuenta que ni siquiera sabía su nombre. Al pensar en ello, también descubrí que por extraño que parezca no había escuchado la voz de esa mujer.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡Qué raro!»</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Estaba dando vueltas a ese asunto cuando la joven se empezó a desperezar y levantando su cara, me miró sonriendo. La belleza de sus ojos azules solo era comparable con la hermosura de su sonrisa. Alelado y sin palabras, susurré “buenos días”:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Dó―bra―ye ú―tra.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Como única respuesta, esa cría volvió a cerrar los ojos y pegando su cuerpo al mío, permaneció otros cinco minutos en silencio mientras tenía que hacer un esfuerzo para no excitarme. En un momento dado, esa rubia debió de pensar que era tarde porque se levantó y tapándose con una de las mantas salió de la habitación.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡No pienses!, ¡No digas nada!», me repetía una y otra vez, tratando de mantener la cordura pero sobre todo por comprender que pasaba: «Tu cultura es distinta».</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Al poco rato, mi salvadora llegó con una taza de café y ayudando a que me incorporara, la llevó hasta mis labios. Reconozco que en esa ocasión no pude negarle el capricho de mimarme pero no porque estuviera convaleciente&nbsp; sino porque no podía retirar mi mirada de sus pechos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡Qué maravilla!» exclamé mentalmente al admirar la forma y belleza de sus senos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Aunque pequeños de tamaño, eran impresionantes. Sin rastros de estrías y con unos pezones que parecían los de una adolescente, me hicieron asumir que esa mujer nunca había estado embarazada. Eran demasiado perfectos para haber amamantado a un bebé.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Mientras tanto, la cría casi había conseguido que me bebiera todo el café cuando una gota resbaló por la comisura de mis labios y riéndose calladamente, acercó la cara y abriendo su boca, la recogió con la lengua. Ese gesto, hoy sé que carente de lujuria, provocó que como impelido por un resorte mi pene se alzara erecto entre mis piernas.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Su cara reflejó ignorancia al verlo y olvidando cualquier recato, se lo quedó mirando con cara de sorpresa:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Lo siento. Eres muy guapa― dije en ruso mientras tapaba mis vergüenzas con la sábana.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La expresión de su rostro me informó que por alguna razón no me había entendido y&nbsp; no queriendo insistir, cambié de tema diciendo:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Me llamo Javier.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Fue entonces cuando mi anfitriona sacó de un cajón un bolígrafo y garabateó en un papel algo. Al dármelo, leí su nombre:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Te llamas Katya― respondí.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La rubia al oírme con su cabeza respondió que sí, dándome a entender a la vez que era muda.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">«Por eso no había escuchado su voz», pensé y enternecido porque un bombón como esa mujer hubiese tenido la desgracia de nacer sin la capacidad de hablar, le devolví el papel para acto seguido decir:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Agradezco a tu familia que me haya salvado. Sin vuestra ayuda hubiera muerto.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Mis palabras llenaron sus ojos de lágrimas y escribiendo en el papel, respondió:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Vivo sola desde que, hace seis años, un oso mató a mi padre.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">El dolor de su mirada me hizo abrazarla y aunque en un principio noté como se tensaba, rápidamente se relajó y hundiendo su cara en mi pecho, se puso a llorar. Con ella entre mis brazos, no me cabía en la cabeza que una niña hubiese podido sobrevivir ella sola tanto tiempo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">“¡Es increíble!”, sentencié.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La congoja de Katya se prolongó durante un largo rato mientras intentaba comprender por qué esa muchacha no había dejado esas tierras y se había ido al poblado más próximo. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">«Debemos estar alejados de toda civilización», con el corazón encogido alcancé a discernir pero entonces recordé el café y su presencia solo se comprendía si mantenía aunque fuera ocasionalmente el contacto con el exterior. Por eso más tranquilo, esperé que esa mujercita dejara de llorar para decirle lo más dulcemente que pude:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Ya no estás sola. Yo estoy contigo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Katya al oírme, sonrió y usando ese ancestral medio de comunicación, escribió:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Lo sé. La Diosa del Viento ha devuelto un hombre a esta casa.</span></span></div>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/7.jpg" width="423" height="635"></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Sus palabras aún escritas me dejaron perplejo y no pudiendo aguantar la curiosidad, pregunté:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿La Diosa me ha traído a ti?</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La cría con una sonrisa en sus labios, respondió:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Durante los meses de invierno, cuando cazaba una presa siempre ofrecía su corazón a mi Diosa. Por eso hace quince días y cuando estaba poniendo una ofrenda, escuché un gran estruendo. Fui ir a ver qué había ocurrido y en cuanto te vi, supe que eras su regalo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Al analizar lo que había garabateado, comprendí que mi convalecencia había durado dos semanas y no queriendo contradecirla revelando que el estruendo que escuchó fue producto del accidente, di por buena su versión diciendo:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Es&nbsp; a mí a quien la Diosa devolvió la vida y le dio un presente.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Que agradeciera a su deidad mi vida, la alegró y saliendo del catre, se empezó a vestir con un brillo renovado en sus ojos. Al verla, le pregunté:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Dónde vas? ¿Te puedo ayudar?</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Muerta de risa, cogió el bolígrafo y escribió:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Tengo que revisar las trampas y tú debes descansar.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La seguridad con la que me pasó el papel, me hizo comprender que tenía razón y que no podía hacer nada por echarle la mano, por eso me quedé en la casa mientras ella, enfundada en un grueso abrigo salía a enfrentarse a las inclemencias del tiempo y a no sé qué más peligros.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Ya solo, conseguí levantarme y encontrar mi ropa. Tras lo cual con gran esfuerzo y valiéndome de un bastón que encontré arrumbado en un rincón, salí fuera y me puse a cortar leña mientras me decía:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« Cuando vuelva Katya, verá que no soy un estorbo».</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Agotado tras haber acumulado dos carretillas, esperé en el interior de la cabaña que la muchacha volviera. El sol ya estaba en lo alto cuando escuché que llegaba. Al entrar venía con una enorme sonrisa en la cara y dejando caer, una pierna de reno sobre la mesa, se acercó a mí y frotando su nariz contra la mía, me saludó.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Su felicidad se trasmutó en preocupación al ver que durante su ausencia, en vez de descansar había estado trabajando y sin darme tiempo a reaccionar, me desabrochó el pantalón y me lo bajó hasta los tobillos mientras se arrodillaba.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Qué haces?― pregunté escandalizado.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">En ese momento,&nbsp; comprendí que lo único que quería era comprobar que mi herida no se hubiese visto afectada con el esfuerzo pero aun así mi miembro se alteró al verla en esa postura y por eso la levanté del suelo, diciendo:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Estoy bien.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Katya de muy mal humor me recriminó mi falta de sensatez, escribiendo:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Mi hombre todavía no está bien. No quiero que se pueda reabrir tu herida y me dejes sola.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Reconozco que cuando leí el modo en que se refería a mí, me quedé impresionado porque intuí que en su mente me veía como su pareja y por eso le prometí que no volvería a desobedecerla.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La muchacha aceptando mis excusas, sacó su machete y con gran soltura empezó a trocear la carne y a meterla en varios frascos de vidrio, los cuales una vez llenos, los cerró y enterró en la nieve. Siendo de ciudad y de clima templado, comprendí que de ese modo se conservaría sin atraer la visita de algún carroñero.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« La cantidad de cosas que tengo que aprender», recapacité en silencio.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Ajena a mis dudas, la rubia cerró la puerta y tras desprenderse de su abrigo, se puso a cocinar&nbsp; mientras desde un sillón yo la observaba. Sabiendo que me había prohibido colaborar, curioseé&nbsp; por la humilde habitación hasta que encontré en un estante un libro que rápidamente&nbsp; reconocí como un diario. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Al abrirlo, la cría se puso en alerta y creyendo que había metido la pata, le pregunté de quien era.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Es de mi padre.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Al saberlo avergonzado decidí que debía dejarlo en su sitio pero entonces mediante señas, Katya me rogó que se lo leyera en voz alta.&nbsp; Su insistencia hizo desaparecer mis dudas y lo estudié durante unos segundos. No tardé en percatarme que había dos partes. La primera consistía en una serie de cuentos infantiles mientras la segunda era propiamente el diario de un hombre atormentado. Asumiendo que lo que quería era que le leyera una historia, elegí una que hablaba de la Diosa Blanca.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―En lo más profundo de la madre Rusia, existía por entonces un reino&nbsp; donde los hombres y los animales vivían felices bajo el gobierno de una diosa…. – fui recitando mientras la cría ponía una expresión de felicidad que me hizo suponer que su viejo había rellenado sus largas tarde de invierno de ese modo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Durante una hora, estuve narrando uno tras otro los cuentos de su niñez teniendo a Katya como espectador de lujo hasta que el olor del guiso le abrió el apetito y rellenando dos platos, me pidió que me sentara en la mesa. Obedeciendo, me puse a su lado y esperé a que intentara darme de comer. En cuanto lo intentó, cogí su mano y retirando la cuchara, di un beso en sus dedos diciendo:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Gracias pero puedo yo solo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Mi gesto carente de doble sentido tuvo un efecto no previsto y bajo la camisola de algodón, sus pezones se pusieron erectos sin que su dueña comprendiera el motivo. La cara de perplejidad que puso, me hizo comprender que, por muy campestre que fuera, desconocía su propia sexualidad y en vez de excitarme, saber que a esos efectos era una niña me desmoralizó.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡No sabe nada!», pensé mientras me avergonzaba al suponer que cuando se refería a mí como hombre era que me quería en su cama.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Haciendo como si no me hubiese enterado, terminé mi plato y cuando quise ayudarla con los trastes, me pidió que me tumbara a descansar. Deseando leer el diario de su padre, no puse inconveniente y me fui con él a la habitación. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Ya en ese humilde catre, fui descubriendo página a página su vida y como era una cría normal hasta que &nbsp;desgraciadamente al fallecer su madre, Katya dejó de hablar. Su padre entonces se mudó con ella a esas montañas, creyendo que así nadie se mofaría de ella. Y ya en esa cabaña, Sergei comprendió que su hija debía valerse por sí misma y por eso desde esa tierna edad, la enseñó a cazar y a recolectar los frutos que el bosque brindaba.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Viendo la fecha de lo último que había escrito, advertí que Katya se había equivocado y que eran siete años, los que llevaba sola pero también que según el libro, ¡Tenía solo veinte años!</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">El llevarle ocho años no fue lo que realmente me sorprendió sino el hecho que esa mujer hubiera sobrevivido en la más absoluta soledad desde los trece. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡No puede ser!», me dije pero repasando otra vez los cálculos confirmé su edad impresionado.</span></span></div>
<p><img decoding="async" class="alignleft" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/8.jpg" width="424" height="636"></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Conociendo que debido al clima las nórdicas se desarrollan más tarde que en zonas templadas, comprendí que ni siquiera había tenido la regla cuando ese oso mató a su viejo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡Pobre chiquilla!», enternecido decidí que en cuanto estuviera sano, la sacaría de ese lugar y la llevaría a la civilización.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Un ruido me hizo levantar la mirada para sorprender a esa niña observándome desde la puerta.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Ven a la cama― sonriendo le dije haciéndole un hueco.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">La cría sin poder ocultar su satisfacción llegó a mi lado y tumbándose junto a mí, me pidió que le leyera otro cuento pero entonces cerrando el libro, comencé a contarle uno de los que habían hecho las delicias de mi infancia que no era otro que la historia de Mowgly en el libro de la selva.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Erase en un lugar muy lejano en mitad de la india, donde la mala suerte hizo que un niño se le perdiera a su madre y fuera recogido por una manada de lobos que lo crio como si fuera otro de los lobeznos….</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Durante todo el relato, Katya se mantuvo callada usando mi pecho como almohada. Cuando terminé, la miré y descubrí que estaba llorando. Al preguntarle si mi relato la había entristecido, lo negó&nbsp; con la cabeza pero viendo que no la creía, sonrió y acercando sus labios a mí, me besó en la boca.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Fue un beso tierno pero aun así consiguió despertar mi&nbsp; virilidad de su letargo. Ella al darse cuenta de la presión que ejercía mi miembro contra su cuerpo, puso cara de interés y me preguntó con la mirada, qué me ocurría.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Cómo te dije esta mañana, eres muy guapa.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Mi respuesta no le satisfizo y cogiendo el papel, me rogó que le explicara. Muerto de vergüenza, le expliqué que mi cuerpo reaccionaba a su belleza. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―No entiendo― escribió insistiendo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Reconozco que no estuvo bien pero soltando una carcajada, le pregunté si había visto a los renos o a los lobos apareándose. Al responderme que sí, le solté señalando el bulto entre mis piernas:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Soy un macho y tú eres una hembra.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Durante unos segundos se quedó pensando, tras lo cual usando el bolígrafo preguntó:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Para ti, ¿Soy una mujer?</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―Sí― respondí.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">Entonces me hizo una pregunta de difícil contestación:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Y mi cuerpo también reaccionará ante tí?</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial; font-family: georgia, palatino, serif;">―No lo sé, ¿Quieres que probemos?</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial; background-position: initial; background-repeat: initial; background-size: initial;">Sin meditarlo, contestó afirmativamente.</span><span style="color: #333333;"> En cuanto la incorporé en mitad de ese catre, pude observar en su rostro la inseguridad de esa cría y sabiendo que para ella todo era nuevo, decidí que tenía que esmerarme para que si llegaba el caso, esa primera vez fuese un bello recuerdo en su mente. </span></span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―Eres preciosa.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Katya respondió a mi piropo regalándome una sonrisa. Aunque se la notaba nerviosa y confundida por no saber qué iba a pasar, también es cierto que en ese momento, toda ella manaba sensualidad de sus poros. Al notar sus pezones duros a través de su blusón, me hizo desear todavía más hacerla mía y conteniendo mis ganas de saltar sobre ella, le pedí que se acercara.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">La rusita se acomodó a mi lado casi temblando y con la cabeza gacha esperó mi siguiente paso. Reconozco que me enterneció la manera en que dominó el miedo a lo desconocido y por eso, dulcemente, la forcé a que me mirara y con mis ojos fijos en los suyos, pregunte a esa monada si estaba segura.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Nuevamente, respondió que sí moviendo su cabeza. Con su permiso, decídi que de nada valía seguir esperando y acercando mi boca, le mordí su oreja suavemente mientras la susurraba que era guapísima.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―Ummm― escuché que gemía.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Que fuera ese gemido el primer sonido que escuché de ella, me alegró al saber que le había gustado. No queriendo asustarla pasé mi mano por uno de sus pechos a la vez que acercaba mis labios a los suyos. La ternura con la que me apoderé de su boca disminuyó sus dudas y pegando su cuerpo contra el mío, me informó nuevamente que estaba dispuesta. </span></span></div>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/10.jpg" width="426" height="639"></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">El sabor de sus labios me resultó el más dulce manjar y temiendo no ser capaz de mantener mi lujuria contenida si prolongaba mucho esa espera, empecé a desabrochar su camisola. La rubia al sentir mis dedos jugueteando en su escote, comenzó a temblar cada vez más nerviosa. Al terminar de soltar sus botones, fui abriendo la tela dejando al descubierto sus pechos. Entonces con premeditada lentitud, llevé mi boca hasta uno de sus pezones y sacando la lengua recorrí sus pliegues. Su respiración entrecortada me informó que le gustaba y repitiendo la operación en su otro pecho, me puse a mamar de ellos mientras con mis manos seguía acariciándola sin parar.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;―¿Te gusta lo que sientes?― pregunté sabiendo su respuesta.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">La cría solo pudo sonreír. Su exótica belleza de por sí atrayente, se convirtió en un doloroso imán al que no podía abstraerme al contemplar sus azules ojos brillando de lujuria. Por eso no pude evitar que al estar sentada sobre mis piernas, mi pene se alzara presionando el interior de sus muslos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">« ¡Tranquilo!», tuve que repetirme. Todo mi cuerpo me pedía que la hiciera mía mientras mi cerebro me pedía prudencia.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Con mucho cuidado e intentando no asustarla la&nbsp; despojé de su bragas. Katya al sentir mis manos deslizando esa prenda por sus piernas, no pudo reprimir un sollozo. Temiendo que su mente infantil no pudiera asumir lo que su cuerpo estaba sintiendo, la tumbé sobre las sábanas dándole tiempo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¡Qué bella eres!― susurré al admirar por vez primera su sexo y encontrarlo apenas cubierto con un sedoso bosquecillo de rubios vellos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">La rusita que nunca había sido objeto de un examen tal por parte de un hombre, sintió vergüenza de su desnudez e intentó taparse con sus manos. &nbsp;&nbsp;Conociendo su inexperiencia, creí que había llegado el momento de desnudarme y poniéndome en mitad de la habitación, me saqué la camisa por los hombros. Al percatarme que desde el catre Katya no me quitaba ojo, decidí que con mi pantalón lo haría gradualmente. Dotando a mis movimientos de una lentitud que intentaba ser sensual, desabroché mi cinturón sin dejarla de mirar.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Sus ojos reflejaban deseo pero también miedo y por eso, fui dejando caer mi pantalón poco a poco mientras observaba su reacción. &nbsp;Reconozco que me encantó comprobar que de algún modo, esa mujer me veía como hombre y que los pezones que decoraban sus pechos al ponerse duros, reflejaban lo que&nbsp; realmente sentía.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Al terminar de desnudarme, Katya estaba ya ansiosa de sentir mi piel contra la suya y dando una palmada en el colchón, me pidió que acudiera a su lado. Obedeciendo, le pedí que se echara a un lado pero ella tardó en reaccionar porque no podía dejar de mirar la erección de mi pene. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">« Parece hipnotizada», sentencié al comprobar su fijación por el tamaño de mi miembro.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">La cría no se podía creer las dimensiones que había adquirido y acercando su mano, se puso a tocar mi extensión como queriendo comprobar que era verdad. Esa caricia me provocó un espasmo de placer y no queriendo correrme antes de tiempo, retiré sus dedos y me tumbé junto a ella. Ya&nbsp; en esa posición, me dediqué a acariciar su cuerpo sin importarme nada más, buscando cada uno de sus puntos eróticos hasta que conseguí derretirla y ya sumida en la pasión, Katya me rogó con la mirada que la desvirgara. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Os confieso que en ese momento, deseaba con toda mi alma complacerla pero cuando me coloqué sobre ella dispuesto a hacerlo, sus ojos llenos de miedo me informaron que no estaba lista. No queriendo que tuviera un mal recuerdo de esa noche,&nbsp; reinicié mis caricias y besando su cuello, me fui deslizando rumbo a su sexo. La rusita tembló al sentir mi lengua bajando hasta sus pechos. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Asumiendo que se estaba excitando, tiernamente separé sus rodillas y me dispuse a atacar su sexo con mi lengua. Nada más acariciar con la punta su clítoris, Katya sintió que su cuerpo entraba en ebullición y mordiéndose los labios se corrió. Satisfecho por esa primera batalla ganada, seguí con mi lengua recorriendo los pliegues de su sexo hasta que casi llorando forzó el contacto de mi boca presionando sobre mi cabeza con sus manos.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">«Está riquísimo», alborozado sentencié al saborear su coño en mis papilas.</span></span></div>
<p><img decoding="async" class="alignleft" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/12.jpg" width="424" height="636"></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Para la cría, cada uno de mis pasos era un descubrimiento y por eso permanecí lamiendo&nbsp; y mordisqueando ese manjar hasta que sentí como nuevamente, Katya sufría los embates de un delicioso orgasmo. Viéndola disfrutar, quise maximizar su clímax y llevando una de mis manos hasta su pecho, lo pellizqué. Esa ruda caricia alargó su éxtasis y gimiendo de placer, buscó mi pene con sus manos. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Quieres que te haga mujer?― murmuré en su oído.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Respondiendo de inmediato con su cabeza, la cría me confirmó su deseo. Sabiendo que lo necesitaba, acerqué mi glande a su excitado orificio. En cuanto sintió mi verga jugueteando en su entrada, moviendo sus caderas me pidió que la tomara. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¡Tranquila!― dulcemente respondí.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Decidido a que fuera inolvidable para ella, me entretuve torturando su clítoris con la cabeza de mi pene sin meterla.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¡Ahhh!― gimió descompuesta.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">No pudiéndolo postergar más tiempo, decidí que era el momento y rompiendo su himen, introduje mi extensión en su interior. El dolor que sintió al perder su virginidad la hizo gritar y por eso esperé a que se acostumbrar a esa invasión. No tuve que esperar más que unos segundos porque, reponiéndose rápidamente, forzó mi penetración con un meneo de sus caderas y sin necesidad de hacer nada más, Katya volvió a correrse. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Al hacerlo, su sexo se impregnó de su flujo facilitando mis maniobras. Ya sin oposición,&nbsp; mi glande chocó contra la pared de su vagina y sabiendo que podía hacerle daño si la penetraba con dureza, &nbsp;seguí machacando con suavidad su conducto. La expresión de su cara me confirmó que mi ofensiva la estaba llevando al paraíso y eso me permitió, ir incrementando poco a poco mi ritmo.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">El nuevo compás con el que mi verga rellenaba su conducto llevó a un estado de locura a esa rubia que olvidando que seguía herido, clavó sus uñas en mi trasero como la gata montesa que era.</span></span></div>
<p><img decoding="async" class="alignright" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/13.jpg" width="427" height="641"></p>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¡Tú te lo has buscado!― chillé azuzado por la acción de sus garras en mis nalgas y agarrándola de los hombros, llevé al máximo la velocidad de mis embestidas mientras le decía: ―¡Luego no te quejes!</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Dominado por la lujuria, mi ritmo era atroz y con cada penetración, sentía que mi víctima se retorcía de placer. No contento con su claudicación, tomé posesión con mis manos de sus tetas y exprimiéndolas con dureza, me dejé llevar derramando &nbsp;mi simiente en su interior. La rusita al notar mi eyaculación, explosionó y reptando por la cama, no quiso que acabara y presionando su pubis contra el mío, buscó con más ahínco su placer pero entonces ya agotado caí sobre ella.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Durante casi un minuto, sentí como su cuerpo se estremecía con los últimos estertores de su gozo para acto seguido empezar a llorar. </span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Qué te ocurre?― pregunté preocupado de haberme pasado.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Pero entonces, con una sonrisa, Katya se separó de mí y cogiendo el puñetero papel, escribió:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Soy tu mujer?</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Muerto de risa, contesté:</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">―¿Todavía te lo preguntas?― y atrayéndola hacia mí, mordí suavemente el lóbulo de su oreja mientras le susurraba: ―La Diosa me trajo a ti y nunca te dejaré.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">La alegría que mostró al escuchar mis palabras fue sincera y tumbándose a mi lado, se quedó mirando mi pene que habiendo perdido su dureza, había vuelto a su tamaño normal. Extrañada del cambio, levantó su mirada y con una expresión de sorpresa en sus ojos, me preguntó el porqué.</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">Al asimilar su extrañeza, recordé que había vivido aislada durante su evolución de niña a mujer y soltando una carcajada, le expliqué que era natural pero si quería verlo crecer solo tenía que darle “besitos”. Katya comprendió a la primera y sonriendo pícaramente, se fue deslizando por mi cuerpo con la idea de hacerlo crecer….</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">(continuará)</span></span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #333333; font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="color: #333333;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="line-height: 21.4667px; text-align: start;">&nbsp;</span>Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</span></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">golfoenmadrid@hotmail.es</span></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></div>
<div style="text-align: start;">
<p><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/163/15.jpg" width="660" height="990"></p>
</div>
<div style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background-color: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></span></div>
</div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos Gemelos me follaron en mitad de un parking&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Oct 2026 09:44:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[La verdad es que no sé cómo empezar a contaros la historia de cómo caí en los brazos de esos maravillosos, malvados y descerebrados&#160; cerdos. Ahora mismo estoy tirada en mi cama, pensando en ellos y os tengo que reconocer que me pongo cachonda al rememorar mi caída. Recordando las noches en Madrid, no he podido evitar que mis dedos se deslizaran por&#160; mi cuerpo y se apoderaran de mis pechos&#160; tal y como esos dos lo hicieron. Sin darme cuenta, metí una mano por mi escote y cogiendo uno de mis pezones, lo pellizqué soñando que eran sus dientes [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La verdad es que no sé cómo empezar a contaros la historia de cómo caí en los brazos de esos maravillosos, malvados y descerebrados&nbsp; cerdos. Ahora mismo estoy tirada en mi cama, pensando en ellos y os tengo que reconocer que me pongo cachonda al rememorar mi caída. Recordando las noches en Madrid, no he podido evitar que mis dedos se deslizaran por&nbsp; mi cuerpo y se apoderaran de mis pechos&nbsp; tal y como esos dos lo hicieron. Sin darme cuenta, metí una mano por mi escote y cogiendo uno de mis pezones, lo pellizqué soñando que eran sus dientes quienes lo mordían.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Os echo de menos, cabrones &#8211; grité excitada al recordar como todo empezó….</span></div>
<div style="border: none; padding: 0cm 0cm 1pt; text-align: justify;">
<div></div>
<div style="border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-padding-alt: 0cm 0cm 1.0pt 0cm; padding: 0cm;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_039_72ae.jpg" width="427" height="639">Aunque fui educada en una escuela católica y &nbsp;tengo unos padres muy tradicionales, nunca he sido mojigata y he disfrutado dando y recibiendo sexo pero jamás pensé que a raíz de ese viaje a España encontraría a dos hombres por los cuales mis pantaletas se mojaran solo con oír sus nombres.&nbsp; Os juro que hasta que mis viejos me regalaron ese tour por ese país, siempre había llevado el mando en la cama y mis amantes me obedecían sin rechistar &nbsp;pero todo cambió el mismo día que llegué a Madrid.</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Acababa de inscribirme en el Hotel, cuando decidí ir a tomarme una copa al bar de ese establecimiento. Ni siquiera el mesero me había preguntado que quería tomar, &nbsp;cuando ya me había fijado en un tipo que en la otra mesa hablaba por teléfono. No es que fuera guapo, lo que realmente me cautivó fue su voz profundamente varonil. Experta en estas lides, &nbsp;me lo quedé mirando mientras terminaba la conversación. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Debió de ser tan clara mi fascinación que se percató que le espiaba y por eso nada más colgar, se acercó a donde yo estaba y con una sonrisa en sus labios, me preguntó si podía acompañarme.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Estoy sola- contesté sabiendo que le estaba implícitamente dando entrada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ese desconocido soltando una carcajada y mientras se sentaba junto a mí, me respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Lo estabas. A partir de ahora, estás conmigo- tras lo cual con dos besos, me dijo su nombre. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Aunque debí de sentirme escandalizada por su descaro, algo en mí me impidió reaccionar cuando como si fuera amigo mío de toda la vida, me tomó de la cintura y acariciándome el cuello con sus yemas, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Tengo reservada una mesa en el Gaztelupe, ¿Me acompañas?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La seguridad con la que me lo dijo me hizo decir que sí y levantándome del asiento, dejé que me llevara hasta su coche.&nbsp; De camino a su auto, el aroma a macho que manaba de su cuerpo me terminó de convencer y con una inocencia que todavía hoy me deja pasmada, me metí con él en su BMW. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“No puedo ser tan zorra” pensé todavía indecisa pensando en que acababa de llegar a esa ciudad y ya estaba buscando acción, &nbsp;pero justo en ese momento Fernando se sentó en su asiento y mirándome, me dijo mientras me ponía el cinturón de seguridad:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-En España es obligatorio el llevarlo- al hacerlo, ese tipo rozó con sus dedos mi pezón y quizás por la sorpresa, pegué un gemido de placer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mis pechos reaccionaron al instante poniéndose duros y traicionándome bajo la tela, dos pequeños bultos dejaron al descubierto mi excitación.&nbsp; Sé que se dio cuenta porque luciendo una sonrisa, susurró en mi oído:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Primero vamos a comer.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Que diese por sentado que iba a tener algo conmigo, me encabronó y por eso sacando fuerzas del espanto que sentía, protesté diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Solo he aceptado que me invitaras a comer, ¡Nada más!<img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_071_33fd.jpg" width="426" height="638"></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Fue entonces cuando pasando una mano por su nuca, acercó mi cara a la suya y dándome un beso en los labios, respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Niña, desde que te vi mirándome, me di cuenta que eres una putita. ¡Aunque tú todavía no lo sepas!.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al oír el modo tan brutal con el que se dirigía a mí, se despertó en mí algo desconocido e involuntariamente, noté que mi entrepierna se mojaba como nunca antes. Pálida por descubrir que me había gustado su falta de tacto, solo pude murmurar:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No soy una puta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Si lo eres- contestó y recalcando sus palabras con hechos, me separó las piernas mientras me decía: -Estás empapando la tapicería. Quítate las bragas y sécala.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Increíblemente, obedecí y sacando mis pantaletas por mis pies, me las quité y me puse a secar el cuero beige de mi asiento. Cuando hube terminado, ese desconocido me exigió que se las diera y nuevamente cedí, poniéndoselas en sus manos. Fernando al tenerla en su poder, se las llevó a la nariz y tras olerlas, divertido, me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Si sabes cómo hueles, voy a disfrutar mucho contigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La mera idea de que ese cabrón metiera su cabeza entre mis piernas hizo que mi sangre hirviera y que todo mi trabajo no hubiese valido para nada porque de mi sexo volvió a&nbsp; emerger mi excitación dejando un charquito bajo mis nalgas. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“Estoy cachonda”, exclamé mentalmente.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al mirar a mi acompañante descubrí que él también se había visto afectado por la situación y que la enorme hinchazón que mostraba bajo su bragueta era la muestra palpable. Relamiéndome de gusto al admirar su tamaño, supe que a buen seguro sería mía y por eso&nbsp; sonreí deseando que después del restaurante, Fernando me llevara a su casa.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El trayecto hasta el restaurant fue corto y en menos de cinco minutos aparcó frente a su entrada. Bajándose,&nbsp; me abrió la puerta del coche y me cedió el paso. Sus modales me hicieron sonreír y tratando de congraciarme con él, le dije:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Todavía quedan caballeros.<img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_076_9612.jpg" width="425" height="636"></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi acompañante al escucharme, soltó una carcajada diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No pienses tan bien de mí, ¡Solo quería verte el culo!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La desfachatez con la que reconoció que si me había dejado pasar antes no era por educación sino porque le apetecía mirarme el trasero, lejos de molestarme, azuzó mi coquetería y por eso decidí imprimir un movimiento sensual a mis nalgas para dejarle claro que si de algo me sentía orgullosa era de mi culo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Cómo sigas meneándolo así se te va a marear- me soltó encantado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Girándome, le contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Está acostumbrado a mucho meneo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La lujuria que desprendieron sus ojos me confirmó que, esa misma noche, ese hombre iba a querer gozar de mi pandero y no queriendo que perdiera su interés en el resto de mi cuerpo al sentarme en la mesa, dejé que mi falda se me subiera descaradamente, dándole una espléndida visión de mis muslos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Me gustan tus patas-&nbsp; susurró en mi oído mientras se acomodaba a mi lado.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Todo en mí es perfecto- contesté sin dejar de sonreír.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi falta de humildad le hizo gracia y riendo me preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿Estás segura?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">&#8211; Lo estoy- respondí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Justo cuando esperaba que Fernando me contestara con una frase ingeniosa, escuché a mi espalda:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No sabía que íbamos a tener compañía.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al mirar al recién llegado, me topé con un tipo exactamente igual que mi acompañante. No tuve que ser muy lista para comprender que me hallaba ante su hermano gemelo. Su aparición me dejó perpleja y más cuando oí que decía:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿No me vas a presentar a esta preciosidad?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Fernando hizo las presentaciones diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Indira, Ricardo- tras lo cual y sin cortarse un pelo, prosiguió diciendo:&nbsp; &#8211; Es una mexicanita que esta noche quiere descubrir el lado salvaje de Madrid.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Con el mismo descaro que su hermano, Ricardo mirándome a los ojos, preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿De Madrid o de los madrileños?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sabiendo que me estaban poniendo a prueba, contesté:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No creo que seas salvajes, más bien os veo como dos gatitos bastantes domésticos.<img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_135_2088.jpg" width="426" height="638"></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El reto nada velado que escondían mis palabras picó a ambos pero sobre todo a Fernando que siendo el primero que conocí, ya sabía de qué pie cojeaba, y por eso tomando la palabra, soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Mira niñita, no nos duras ni un asalto.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Encantada por haberles tocado la fibra sensible, quise ahondar en su herida y con voz autosuficiente, les respondí mientras les tomaba de la mano:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">&#8211; Ningún español ha sido nunca capaz de sorprenderme.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi menosprecio azuzó su hombría y los dos al unísono, me miraron como si estuviera loca y Ricardo, bastante enfadado, soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Te debes haber encontrado con puro marica. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Estaba disfrutando del cabreo de esos hermanos y dando un paso más, llevé la mano que tenía asida de ambos hasta mis desnudos muslos, diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¿No será que yo soy mucha mujer?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al poner sus palmas sobre mi piel les estaba desafiando y Fernando tomando el guante, susurró en mi oído:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Tú te lo has buscado- y dejando claras sus intenciones, llevó mi mano hasta su entrepierna, diciendo: -Toca con lo que te voy a forzar ese culito que tienes.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Sin dejarme amilanar tanteé su bragueta. Mis maniobras hicieron que bajo su pantalón su pene se pusiera erecto y fue entonces cuando comprobé que ese tipo tenía una verga impresionante. Su hermano al observarlo, no quiso ser menos y llevó mi otra mano hasta la suya.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Dios! ¡Menudas trancas calzan!”, pensé al tener sus dos pollas entre mis dedos y ser incapaz de decidir cuál era más grande.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mis pezones se me pusieron duros como piedras al imaginar el placer que con semejantes aparatos podrían darme y queriendo un anticipo, separé mis rodillas mientras les bajaba la bragueta aprovechando que estábamos en una mesa apartada. Los hermanos entendieron mis deseos y mientras sacaba sus penes, con sus dedos empezaron a subir por mis muslos.<img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_146_e9f1.jpg" width="423" height="633"></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Valoré en su justa medida&nbsp; el grosor y la longitud con los que la naturaleza les había dotado y&nbsp; relamiéndome de gusto por anticipado, comencé a pajearles por debajo del mantel. Ellos al sentir el ritmo con el que jalaba sus miembros, se pusieron de acuerdo para sin pedir mi opinión y aprovechando que seguía sin bragas, comenzar a acariciar mi sexo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“Seré una puta pero ¡Esto me encanta!”, exclamé mentalmente al notar que uno de los hermanos se había apoderado de mi clítoris mientras el otro metía una de sus yemas dentro de mí.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi calentura ya era tal que si no llegamos a estar en ese local, me hubiese agachado a mamársela a uno mientras le pedía al otro que me la metiera. Como eso era imposible, no me quedó más remedio que acelerar el compás con el que les estaba masturbando, deseando que ellos hicieran lo propio con mi coñito. Dicho y hecho, cuando los gemelos&nbsp; notaron mi excitación incrementaron el placer que estaba sintiendo al competir con sus dedos dentro de mi sexo. Al sentir que eran dos o tres las yemas que llenaban mi conducto, no pude reprimir un gemido. Fernando al oírlo, pegando un suave pellizco en uno de mis pezones, me informó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Estoy deseando oír tus gritos cuando te esté dando por culo mientras Ricardo te folla.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La imagen de ser poseída a la vez por aquellos dos hombres elevó mi excitación y olvidando cualquier cordura, me deslicé bajo la mesa y llevé mi boca a su miembro mientras seguía pajeando a su gemelo. El morbo de estar mamando a uno y masturbando al otro en público fue tan intenso que en cuanto incrusté su verga en mi garganta, sentí que mi sexo se licuaba y cerrando mis labios sobre ese hermoso miembro, me corrí en silencio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Algo parecido debió pasar a los gemelos porque en menos de un minuto noté que Fernando explosionaba dentro de mi boca&nbsp; y tras saborear su semen, cambié de pene y devoré el segundo. Ricardo aunque aguantó más, tampoco duró mucho y por eso, no tardé en disfrutar de la blancuzca y dulce semilla del segundo. Habiendo limpiado con mi lengua cualquier rastro, guardé sus pollas y saliendo de debajo de la mesa, les sonreí diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Gracias por el aperitivo, ¿Qué vamos a cenar?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Los hermanos soltaron una carcajada y mientras llamaban al me<span style="color: #0d0d0d; mso-themecolor: text1; mso-themetint: 242;">sero, insistí diciendo:</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Espero que no me dejéis con hambre.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ricardo, muerto de risa, contestó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Te prometo que mañana cuando te despiertes, no podrás ni andar ni sentarte.</span></div>
<div style="border: none; padding: 0cm 0cm 1pt; text-align: justify;">
<div style="border: none; mso-border-bottom-alt: solid windowtext .75pt; mso-padding-alt: 0cm 0cm 1.0pt 0cm; padding: 0cm; text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Esperanzada por esa promesa, decidí que cuando viniera el camarero, no pediría mucho de comer porque estaba segura que esos dos me regalarían un banquete lleno de leche y de sexo.</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><b><span style="color: #0d0d0d; line-height: 115%;">Esos dos cabrones me llevan al parking</span></b></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_165_572c.jpg" width="424" height="635">Como comprenderéis durante toda la cena, no pude dejar de pensar en el meneo que ese para de hermanos me iban a dar esa nochey por eso&nbsp; estaba deseando que nos marcháramos porque estaba totalmente cachonda.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al terminar de cenar y habiendo decidido que nos iríamos los tres en el coche de Fernando, nos dirigimos abrazados al parking. Fue entonces cuando todo se desencadenó porque cuando todavía no habíamos llegado a donde estaba aparcado,&nbsp; Ricardo &nbsp;sin avisar me cogió de la nuca y empezó a besarme como un loco. Os confieso que me encantó sentir su lengua forzando mis labios mientras sentía sus manos acariciando mis nalgas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Serás cabrón. Yo la conocí y me merezco ser el primero.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al oírlo decidí que tenía parte de razón y como no quería que hubiese una discusión entre los hermanos, me agaché frente a él y llevando mis manos a su entrepierna le bajé la bragueta. Al sacarle su verga la encontré tan dura y erecta que se me erizaron hasta los pelos de mi coño.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No discutáis, tengo para los dos- le dije sonriendo justo antes de acercar mi boca a ese pollón.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Tal y como deseaba, abriendo los labios, saque mi lengua y recorriendo los bordes de ese maravilloso capuchón, comencé a mamársela mientras miraba al otro hermano con ojos de deseo. Ricardo comprendió que era lo que mi cuerpo anhelaba y lamiéndose los labios, informó a Fernando:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">&#8211; ¡Tiene razón la putita! ¡Follémonosla los dos!- &nbsp;tras lo cual se sacó su verga y acercándose a donde yo estaba, me levantó la falda del vestido dejando mis nalgas a su disposición.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mientras tanto su hermano metiendo su mano por mi escote me sacó los pechos y se puso a pellizcar mis pezones. La calentura que sentí al notar esa ruda caricia fue tal que en cuanto sentí que Ricardo empezaba a jugar con los pliegues de mi sexo usando su enorme instrumento, grité descompuesta:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="color: #0d0d0d; line-height: 115%;"><br />
-¡Fóllame!</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Aunque siempre he sido muy puta, jamás pensé que me encontraría en un parking mamando a un hombre a quien apenas conocía &nbsp;mientras su gemelo frotaba su pene contra mi vulva, pero en vez de cortarme decidí que estaba disfrutando de ello. &nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Complace a&nbsp; la mexicanita- ordenó Fernando a su carnal mientras presionaba con su mano mi cabeza para embutirla totalmente en mi garganta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al notarlo, gemí con la boca llena mientras mi chocho se anegaba por el placer que esos dos me estaban provocando. Cuando creía que nada podría mejorar, Ricardo me agarró de las caderas y de un solo empujón me clavó su pene hasta el fondo de mi vagina. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Me encanta! – aullé al notar mi conducto relleno.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Como había sacado la verga de Fernando de mi boca para poder gritar, este agarrando mi cabeza con sus dos manos me la volvió a meter hasta el fondo .</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Dale duro a la putita!- exclamó mientras metía y sacaba su verga de mi boca.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Su hermano no se hizo esperar y dando un sonoro azote sobre mi culo, comenzó a follarme con una velocidad endiablada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Qué gozada!” , pensé completamente llena por sus atenciones, “¡Hoy voy a dormir poquísimo!”</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Justo en ese momento, un ruido no muy lejano nos anunció la llegada de otro coche y con disgusto pensé que tendríamos que parar y por eso me volví a sacar la verga de la boca pero entonces Fernando volviéndome la incrustar, me dijo:<img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_172_a8be.jpg" width="425" height="636"></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-No te he dado permiso de que pares. Si te da vergüenza que te miren, ¡Te jodes!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">&nbsp;Nada más lejos de la realidad, si había parado era por ellos ya que soy bastante exhibicionista, por eso ya sin importarme si alguien nos veía, me puse a mamar con mayor&nbsp; intensidad a ese cabronazo. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Eres una calentorra- muerto de risa a mi espalda, Ricardo me soltó mientras incrementaba aún más el ritmo de sus caderas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El cúmulo de sensaciones hizo que como si fuera un terremoto y naciendo desde lo más profundo de mi ser, un brutal orgasmo recorriera mi cuerpo. La fuerza de ese clímax me hizo retorcerme como una anguila y eso incrementó el morbo de los dos hermanos de manera exponencial y Ricardo se rio de mí diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Mira a la mexicanita, parece que la estamos matando.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Capullo!”, pensé justo cuando escuché a su hermano contestar:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Date prisa que en cuanto acabes pienso destrozar su culito.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La amenaza me volvió aún más puta y meneando mis caderas, busqué que su gemelo se derramara en mi interior porque lo que realmente me apetecía era que Fernando me sodomizara.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Será zorra!- gritó Ricardo al sentir que mi coño estaba totalmente anegado &#8211; ¡En vez de chocho tiene un lago!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Justo en ese instante, su gemelo pegó un grito y forzando con sus manos mi melena, explotó dentro de mi boca mandando directamente su semen hasta el fondo de mi garganta.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Mierda!”, pensé, “¡Con lo que me gusta! ¡Menudo desperdicio!”.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Tras lo cual, sacándola un poco, conseguí que saborear sus últimas descargas mientras mi cuerpo seguía disfrutando del ataque de Ricardo. Fernando satisfecho, me obligó a limpiar su pene con mi lengua. A lo que yo no me opuse porque deseaba reactivarlo para que cumpliera su amenaza. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Abre el coche!- escuché que su hermano le decía.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Aunque yo no comprendí el motivo, Fernando si lo hizo y cumpliendo sus deseos, abrió de par en par la puerta. Ricardo al verlo, se separó de mí y se tumbó boca arriba en la parte de atrás del coche.&nbsp; Entonces, me llamó diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Móntate encima!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Con mi coño chorreando, no me costó ponerme a horcajadas sobre él y empalarme con su pene creyendo que se había cansado sin caer en que esa nueva postura dejaba mi culo al alcance de su gemelo. Este no se hizo de rogar y separándome las&nbsp; nalgas cogió un poco del flujo que ya corría por mis piernas y relajó con él mi esfínter.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡A qué esperas!- chillé como alma en pena al notar sus yemas en mi culo cuando lo que me traía loca era sentir su pene en él.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Mi chillido convenció a Fernando de mi entrega y sin más prolegómeno me calvó su estaca hasta el fondo.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Joder!- grité al sentir mis dos agujeros invadidos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Os confieso que esa cruel invasión no me dejaba ni respirar y menos cuando el hermano que me estaba sodomizando llevó sus manos a mis hombros y usándolas de agarre, inició un salvaje galope conmigo como su yegua.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #0d0d0d; font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Muévete puta!- desde debajo de mí, Ricardo me ordenó.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="color: #0d0d0d; line-height: 115%;"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_182_358c.jpg" width="424" height="635">“¡Cómo coño quiere que me mueva!” exclamé mentalmente al no </span><span style="line-height: 115%;">poder articular palabra de tan ensartada como me tenían ese par. Empalada por mis dos agujeros aparte de pestañear solo podía gozar y eso hice. Gozando como una perra, dejé que esos cabrones se regodearan dentro de mí cada vez más rápido. Sintiendo el pollón de Fernando en mi culo y el de su hermano en mi sexo, cerré los ojos mientras todo mi cuerpo disfrutaba con sus ataques.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">“¡Joder!”, pensé al notar que me corría.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">El que me estaba dando por culo afianzó su dominio con dos sonoros azotes en cada una de mis nalgas y al notar la ruda caricia, mi sexo terminó de inundarse y pegando un grito, sentí que todas mis neuronas estaban a punto de explotar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡No paréis!- aullé descompuesta al notar que mis amantes estaban a punto de eyacular.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Al experimentar que&nbsp; esos cabrones rellenaban a la vez mis dos conductos con su simiente creí que mi placer iba a terminar pero entonces gracias a la lubricación extras, los gemelos llevaron su ritmo a un nivel increíble y sin poder ni quererlo evitar, uní un orgasmo con el siguiente hasta que ya exhausta no me quedó más remedio que pedir una tregua diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-¡Necesito descansar!</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Ricardo con una carcajada me soltó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Ni lo sueñes- e intercambiando su lugar&nbsp; con el de Fernando, sentí nuevamente como me ensartaban.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;">La facilidad con la que ambos se repusieron me hizo sospechar que se habían tomado algo y por eso sacando fuerzas y con mi respiración entrecortada, se lo pregunté.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Así es zorrita. Cómo te creías invencible, nos hemos sacudido un par de viagras.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">La dureza de sus penes confirmó por anticipado mi derrota pero lejos de molestarme, me encantó aunque eso supusiera que al día siguiente no pudiera siquiera andar. Queriendo al menos mantener una cierta dignidad, con una sonrisa de oreja a oreja, respondí:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">-Soy toda vuestra pero ¿No sería mejor que me llevarais a vuestra casa?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt; line-height: 115%;">Por toda respuesta, Fernando pellizcó&nbsp; mis pezones dando inicio al segundo asalto cuando todavía no me había repuesto del primero….</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><span style="line-height: 115%;">&nbsp;</span><b style="font-size: 22px;">Para comentarios, también&nbsp;tenéis&nbsp;mi email:</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;"><b>golfoenmadrid@hotmail.es</b></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></div>
<div style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/36/31847208/31847208_238_04b3.jpg" width="577" height="385"></div>
<div></div>
<div></div>
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		<title>&#8220;DE LOCA A LOCA, ME LAS TIRO PORQUE ME TOCAN&#8221; (POR GOLFO)   SERIE SIERVAS DE LA LUJURIA VOL. I     LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Oct 2026 04:22:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Un universitario al entrar a vivir en una pensión que le eligió su madre, descubre que las únicas personas que viven ahí son la dueña y su hija. La primera es una viuda estricta y religiosa mientras que la segunda es una rubia preciosa. Lo que no sabe es que ambas creen que su llegada a la casa es un regalo de Dios y que su misión será sustituir al difunto en la cama de la primera. TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS. ALTO CONTENIDO ERÓTICO Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B0163989DG"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18554" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1.png" alt="" width="1008" height="371" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1.png 1008w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1-300x110.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1-768x283.png 768w" sizes="(max-width: 1008px) 100vw, 1008px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Un universitario al entrar a vivir en una pensión que le eligió su madre, descubre que las únicas personas que viven ahí son la dueña y su hija. La primera es una viuda estricta y religiosa mientras que la segunda es una rubia preciosa. Lo que no sabe es que ambas creen que su llegada a la casa es un regalo de Dios y que su misión será sustituir al difunto en la cama de la primera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B0163989DG">http://www.amazon.es/gp/product/B0163989DG</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 1.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi vida dio un giro de ciento ochenta grados cuando me mudé a Madrid a estudiar la carrera. Acostumbrado a la rutina de un pueblo de montaña, me costó asimilar el ritmo de esa gran ciudad pero sobre todo cuando el destino quiso que cayera en esa pensión regentada por una cuarentona y una hija de mi edad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como cualquiera en su lugar, al saber que me pasaría cinco años estudiando fuera de casa, mi madre se ocupó de seleccionar personalmente donde iba a vivir. Aunque os parezca increíble se pasó una semana recorriendo hostales, residencias y hasta colegios mayores sin encontrar nada que fuera acorde a sus rígidos conceptos morales y ya cuando creía que se iba volver de vacío, visitó una coqueta casa de huéspedes ubicada muy cerca de mi universidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -No sabes la suerte que hemos tenido- recalcó mi vieja al explicarme las virtudes del lugar. –Resulta que acaban de abrir y son muy selectas a la hora de elegir quien se puede alojar con ellas. Para aceptarte, tuve que aguantar un largo interrogatorio, durante el cual se querían asegurar que eras un muchacho de una moralidad intachable.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -¿Y eso?- pregunté extrañado que se pusieran tan exigentes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En eso, mi queridísima progenitora se hizo la despistada al responder:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Creía que te lo había comentado. La dueña de la pensión es una señora que se acaba de quedar viuda y que debido a su exigua pensión se ha visto obligada a alquilar cuartos para llegar a fin de mes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Oliéndome la encerrona, insistí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -¿No me estarás mandando a un campo de concentración?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni se dignó a contestar directamente a la pregunta sino que saliéndose por la tangente, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Un poco de disciplina no te vendrá mal.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras junto con la religiosidad de mi madre me hicieron saber de antemano que mis sueños de juerga aprovechando los años de universidad se desvanecerían si aceptaba de buen grado vivir ahí. Por eso, intenté razonar con ella y pedirle que se replanteara el asunto amparándome en que necesitaba vivir cerca de la facultad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Por eso no te preocupes, está a una manzana de dónde vas a estudiar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin dar mi brazo a torcer, comenté mis reparos a compartir cuarto con otro estudiante:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Te han asignado un cuarto para ti solo- y viendo por donde iba, prosiguió: -La habitación es enorme y cuenta con una mesa de estudios para que nadie te moleste.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», mascullé pero no dejándome vencer busqué en el precio una excusa para optar por un colegio mayor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Es más barato e incluye la limpieza de tu ropa…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi llegada a “la cárcel”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo supondréis por mucho que intenté zafarme de ese marrón, me resultó imposible y por eso me vi maleta en mano en las puertas de ese lugar el día anterior a comenzar las clases. Todavía recuerdo las bromas de mis amigos sobre el tema. Mientras ellos iban a residencias “normales”, a mí me había tocado una con toque de queda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Recuerda que me he comprometido a que entre semana, llegarás a cenar y a que durante los fines de semana la hora máxima que volverás serán las dos de la madrugada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Joder, mamá. Si en casa llego más tarde- protesté al escuchar de sus labios semejante disparate.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A mis quejas, mi madre contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> &#8211; Vas a Madrid a estudiar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreado pero sobre todo convencido en hacer lo imposible para que esa viuda me echara en el menos tiempo posible, miré el chalet donde estaba ubicada la pensión y muy a mi pesar tuve que reconocer que al menos exteriormente, era un sitio agradable para vivir. Desde fuera, lo primero que pude observar fue el coqueto jardín que rodeaba la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aun así, la perspectiva de convivir con una mujer tan mojigata como mi vieja seguía sin hacerme ni puñetera gracia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menudo coñazo me voy a correr», pensé mientras tocaba el timbre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al salir la dueña a abrirme y a pesar de ser una mujer atractiva, mis temores se vieron incrementados al salir vestida con un traje completamente de negro y cuya falda casi le llegaba a los tobillos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Sigue de luto!», titubeé durante un segundo antes de presentarme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mujer ni siquiera sonrió al escuchar mi nombre. Al contrario creí ver en su gesto adusto una muestra más de la incomodidad que para ella representaba que un desconocido invadiera su privacidad. Asumiendo que mi estancia sería corta, decidí no decir nada y cogiendo mi equipaje la seguí al interior. Apenas traspasé el recibidor, me percaté que ese lugar denotaba clase y lujo por doquier, lo que afianzó mi idea que en vida de su esposo a esa bruja no le había faltado de nada. Y en vez de alegrarme por las aparentes comodidades que iba a tener, me concentré en los aspectos negativos catalogando a esa señora como “una ricachona venida a menos”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tampoco pude exteriorizar queja alguna de mi habitación porque además de su tamaño, estaba decorada con muebles de diseño de alto standing pero fue la cama lo que me dejó impresionado:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es una King size», me dije nada más entrar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sorpresa se incrementó cuando la cuarentona me enseñó que por medio de una puerta tenía acceso a un lujoso baño con jacuzzi pero entonces bajando mis expectativas, Doña Consuelo me informó que tendría que compartir ese baño con ellas. No queriendo parecer un caprichoso, me abstuve de informarle que según mi madre iba a tener baño propio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No creo que eso sea problema», me dije al ver que tenía pestillo mientras me imaginaba disfrutando de esa enorme bañera llena de espuma.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando con tono serio, mi casera me informó que la comida estaba programada a las dos y que se exigía un mínimo de decoro para sentarse en la mesa. Asumiendo que no era bueno causar problemas desde el primer día, pero como desconocía a qué se refería con ello, se lo pregunté directamente:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Somos una familia clásica y por ello deberá llevar corbata.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Comprenderéis que para un muchacho actual esa prenda era algo que jamás se pondría para comer y por eso comprendí medio mosqueado que mi madre hubiese insistido en meter una en la maleta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡La jefa lo sabía y se lo calló!», maldije en silencio mientras me retiraba ya cabreado a mi habitación.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me sentía estafado al no saber qué otras cosas me había ocultado para que aceptara a regañadientes vivir allí. Cómo comprenderéis me esperaba cualquier otra idiotez y reteniendo las ganas de mandar todo a la mierda, me tumbé en la cama a descansar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Al menos es cómoda», murmuré al disfrutar de la suavidad de las sábanas de hilo y lo mullido del colchón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darme cuenta y quizás porque estaba cansado por el viaje, me quedé dormido. Durante casi una hora disfruté del sueño de los justos hasta que un pequeño ruido me despertó. Al abrir los ojos, me encontré con la que debía ser la criada de la pensión deshaciendo mi maleta y colocando mi ropa en el armario.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No debe haberse dado cuenta que estoy en la habitación», pensé mientras disfrutaba del estupendo cuerpo que alcanzaba a imaginar tras el uniforme que llevaba. «Tiene un culo de infarto», sentencié ya espabilado al contemplar las duras nalgas que involuntariamente exhibió frente a mí mientras se agachaba a recoger uno de mis calzoncillos. Fue entonces cuando de improviso, vi que esa rubita se llevaba esa prenda a la nariz y se ponía a olerla con una expresión de deseo reflejada en su rostro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Joder con la cría», me dije al comprobar que bajo la tela de su camisa dos bultitos reflejaban la calentura que le producía husmear mi ropa interior. Reconozco que me pasé dos pueblos al querer aprovechar ese momento:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Si quieres te dejó oler uno usado- le solté señalando mi entrepierna.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha, al oírme, se giró asustada y al comprobar que no solo el cuarto estaba ocupado, sino que el huésped había descubierto su fetiche, huyó sin mirar atrás. Esa reacción me hizo reír y por primera vez pensé que no sería tan desagradable vivir allí si todo el servicio se comportaba así…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Conozco a Laura, la hija de la dueña de la pensión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sobre las dos menos cuarto, decidí que ya era hora de cambiarme de atuendo y ponerme la dichosa corbata. Había pensado en seguir vestido igual y anudármela sobre la camisa que llevaba pero la visita que había recibido en mi habitación, cambié de opinión y deseando dejar un regalito a la criada, me puse otra muda dejando el calzón usado colocado en una silla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Espero que le guste», murmuré, tras lo cual, bajé al comedor a enfrentarme con la siguiente excentricidad de Doña Consuelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La señora se estaba tomando un jerez en el salón, haciendo tiempo a que yo bajara. Al verme entrar, me preguntó si deseaba algo de aperitivo antes de comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Lo mismo que usted- respondí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Luciendo una extraña sonrisa, abrió un barreño y sacando una botella, rellenó una copa mientras por mi parte, echaba una ojeada a las innumerables fotos que había en esa habitación. La presencia en todas ellas de un tipo, me indujo a pensar que era el difunto marido de esa cuarentona. Siendo eso normal, lo que me extrañó fue que en ninguna aparecía nadie más.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Parece un homenaje al muerto», resolví y no dándole mayor importancia, recogí de sus manos la bebida que me ofrecía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente al llevármela a los labios, la viuda se quedó mirando fijamente a mi boca y creí vislumbrar en sus ojos un raro fulgor que no comprendí. Medio cortado al sentirme observado, alabé la calidad del vino.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Era el preferido de mi marido. Juan siempre se tomaba una copa antes de comer. Me alegro que sea de tu gusto, es agradable tener nuevamente un hombre en casa que disfrute de las pequeñas cosas de la vida- contestó saliendo de su mutismo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La inesperada expresión de felicidad que leí en su hasta entonces hierática cara, despertó mis dudas del estado mental de esa mujer pero cuando estaba a punto de preguntar a qué se refería, vi entrar a la criada al salón. Las mejillas de esa chica se ruborizaron al advertir que aprovechaba su llegada para dar un rápido repaso a su anatomía. No queriendo que su patrona me descubriera admirando las contorneadas formas con las que la naturaleza había dotado a esa cría, dirigiéndome a Doña Consuelo comenté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Aunque mi madre había alabado esta casa, tengo que reconocer que nunca creí que iba a vivir entre tanta belleza- ni siquiera había terminado de hablar cuando me percaté que mis palabras podía ser malinterpretadas. Había querido ensalzar el buen gusto de la decoración pero, aterrorizado, comprendí que podía tomarse por un piropo hacia ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No tardé en advertir que la cuarentona lo había entendido en ese sentido porque, entornando en plan coqueto sus ojos, me respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Gracias. Siempre es agradable escuchar un halago y más cuando llevaba tiempo sin oírlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que había metido la pata, me tranquilizó comprobar que no se había enfadado, me abstuve de aclarar el malentendido. Justo en ese momento, la uniformada rubia murmuró:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Mamá, la cena ya está lista.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sorpresa fue total y mientras trataba de asimilar que una madre humillara a su hija vistiéndola de esa forma, la cuarentona respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Gracias- y pidiéndola que se acercara, me presentó diciendo: -Laura, Jaime se va a queda a vivir con nosotras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cría, incapaz de mirarme a la cara, bajó sus ojos al contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Encantada de tenerle en casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué tía más rara!», reflexioné al notar que se dirigía a mí de usted siendo más o menos de mi edad. «Debe de estar cortada al saber que conozco su secreto».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo parecer grosero, fui a darle un beso en la mejilla pero retirando su cara, alargó su mano y por eso no me quedó más remedio que estrecharla entre las mías, mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -El placer es mío.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La reacción de la chiquilla poniéndose instantáneamente colorada me indujo a pensar que me había malinterpretado y que veía en esa fórmula coloquial, una velada referencia a su fetiche. No queriendo prolongar su angustia, pregunté a la madre si pasábamos a comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cuarentona debió ver en esa pregunta una galantería porque, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, me cogió del brazo como antiguamente se colgaban las damas de su pareja al entrar a un baile y sin mayor comentario, me llevó al comedor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡No entiendo nada!», mascullé sorprendido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si estaba pasmado por el comportamiento de esas mujeres, realmente no supe a qué atenerme cuando ya sentados a la mesa, Doña Consuelo bendijo la comida diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Señor, te damos las gracias por los alimentos que vamos a tomar y por haber escuchado nuestras oraciones al permitir nuevamente la presencia de un hombre en nuestro hogar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿De qué va esta tía?», me pregunté al notar sus ojos fijos en mí al decir “hombre”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su tono escondía un significado que no alcancé a interpretar y más nervioso de lo que me gustaría reconocer pronuncié “amen”, mientras todos los vellos de mi cuerpo se erizaban. Si no llega a ser imposible, hubiese jurado que esa señora me estaba mirando con deseo y no queriéndome creer que fuera verdad, esperé a que comenzaran a comer antes de atreverme a coger los cubiertos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Afortunadamente, Laura rompió el silencio que se había instalado entre esas cuatro paredes al preguntar qué iba a estudiar. Agradeciendo su intervención, le contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Ingeniería Industrial.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al oírme, dio un suspiro diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -¡Cómo me hubiese gustado estudiar esa carrera!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desconociendo que iba a pisar terreno resbaladizo, cortésmente, le pedí que me dijera porque no lo hacía pero entonces de muy mal genio, su madre respondió por ella:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Esa no es una carrera para una dama. Laura debe centrarse saber llevar una casa para así conseguir un buen marido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menuda bruja!», exclamé en mi mente al ver en esa respuesta un grotesco machismo pasado de moda pero sabiendo que no era un tema mío, me abstuve de hacer ningún comentario y mirando a la muchacha, le informé con la mirada que no estaba de acuerdo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al darse cuenta, la cría sonrió y al pasarme la panera aprovechó para agradecérmelo con una caricia sobre mi mano. La ternura de sus dedos recorriendo brevemente mi palma tuvo un efecto no deseado y bajo mi bragueta, mi pene se desperezó adquiriendo un notorio tamaño. De no estar sentado, estoy seguro que la hinchazón de mi entrepierna me hubiese delatado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está tonteando conmigo!», pensé excitado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Doña Consuelo, o no vio la carantoña o no quiso verla y llamando mi atención, empezó a enumerar las costumbres de esa casa:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Como ya sabes, somos una familia tradicional. Comemos a las dos y cenamos a las nueve. Si algún día no puedes venir, deberás avisarnos para que no te esperemos…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -No se preocupe- dije molesto al recordar el estricto horario que debería cumplir durante mi estancia allí. –Si por algún motivo me retraso, se lo haré saber con tiempo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mueca de la cuarentona me informó que no le había gustado mi interrupción y me lo dejó meridianamente claro al seguir diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Tu madre me informó que tus clases empiezan a las ocho y media de la mañana por lo que diariamente, te despertaremos a las siete para que así te dé tiempo de darte un baño y desayunar antes de salir de casa…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué mujer tan pesada!», sentencié mientras escuchaba las reglas por las que se regía esa casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Todas las mañanas, Laura recogerá tu ropa y arreglará tu cuarto para que al llegar, encuentres todo listo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acostumbrado a valerme por mi mismo, le expliqué que no hacía falta y que desde niño me hacía la cama pero entonces casi gritando, la cuarentona me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -En esta casa, ¡Un hombre no realiza labores del hogar!- y dándose cuenta que había exagerado, cambió su tono diciendo: -Queremos que te sientas en familia y no nos gustaría que pensaras que somos de esas feministas que no saben ocupar su lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Esta mujer sigue anclada en el siglo xix», me dije alucinado por lo rancio de sus pensamientos justo cuando ya creía que nada me podía sorprender, Doña Consuelo exigió a su hija que se pronunciara al respecto:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Laura, ¡Dile a Jaime qué opinas!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rubia, mirándome a los ojos, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Don Jaime, lo que mi madre quiere decir es que mientras viva en esta casa, nos ocuparemos gustosamente de satisfacer todas sus necesidades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que fui incapaz de contestar porque mientras la hija hablaba, un pie desnudo estaba recorriendo uno de mis tobillos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Cómo se pasa teniendo a su madre enfrente!», rumié mientras mis hormonas se alborotaban al sentir que esos dedos no se conformaban con eso y que seguían subiendo por mis muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Va a conseguir ponerme bruto», temí cuando noté que se hacían fuertes entre mis piernas y comenzaban a rozarse contra mi pene.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Preocupado por las consecuencias de tamaño descaro, retiré ese indiscreto pie y mientras lo hacía, devolví la caricia regalándole un cómplice apretón con mi mano. Laura debió decidir que había captado la idea porque no volvió a intentar masturbarme durante la comida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya resuelto el problema y tratando de disimular mi erección, miré a Doña Consuelo. No tuve que ser un genio para comprender que se había dado cuenta de lo ocurrido al ver que, bajo la tela negra de su vestido, los pezones de la viuda mostraban una dureza que segundos antes no tenían.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Lo sabe y no le importa!», proferí en silencio una exclamación mientras pensaba en lo extrañas que eran esas dos mujeres. «Exteriormente se comportan como unas mojigatas pero algo me dice que son un par de putas», sentencié ilusionado. Ya creía que sin saberlo mi madre me había colocado en mitad de un harén cuando la cuarentona pidió a Laura que bajara el aire acondicionado porque tenía frio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Era eso», mascullé mientras me recriminaba lo imbécil que había sido al pensar que Doña Consuelo se sentía atraída por mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asimilando mi error, todavía me quedó la certeza que al menos la hija era un putón desorejado y sabiendo que tendría muchas oportunidades de calzármela, decidí tomármelo con calma:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Ya caerá!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la comida transcurrió sin nada más que reseñar y por eso al terminar el postre, pidiendo permiso, me levanté de la mesa. Ya estaba en la puerta cuando recordé las normas de la casa y girándome, informé que en media hora me iba de la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Señora, he quedado con un amigo pero no se preocupe, volveré antes de la nueve.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Te estaremos esperando- contestó la viuda mientras ordenaba a su hija que recogiera los platos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y en mi habitación, vi el calzoncillo que había dejado en la silla y recordando las caricias de la rubia decidí premiarla con otro regalo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Estoy seguro que le gustará», sonreí y cogiéndolo, me puse a pajearme mientras me imaginaba a la muchacha entrando en la habitación maullando como una gata en celo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era tanta la excitación que me había producido su magreo durante la comida que no tardé en descargar mi simiente sobre la prenda. Satisfecho cogí un boli y un papel para escribir una dedicatoria:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Zorra, dejo mi leche para tu boquita”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual la escondí en su interior y devolví el calzón a la silla de donde lo había cogido. Sin nada más que hacer, me quité la corbata y salí a recorrer Madrid como el muchacho de dieciocho años que era….</span></p>
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		<title>&#8220;ENAMORADA DE UN FANTASMA&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO Y LOUISE RIVERSIDE)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2026 12:52:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
		<category><![CDATA[LOUISE RIVERSIDE]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: En mitad de una crisis creativa y sentimental, Heloise Ryan acude a una entrevista con su editor para volver a pedir otro retraso para entregar una novela. La londinense se ve incapaz de reconocer que no tiene un tema del cual escribir y sabiendo que no va a permitir una nueva prorroga, se ve obligada a inventarse que está meditando que su próximo libro sea una historia de amor con un fantasma. Siendo una escritora de novela negra, supuso que el agente pondría el grito en el cielo. Pero para su sorpresa, no solo lo acepta sino que para [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



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<p>En mitad de una crisis creativa y sentimental, Heloise Ryan acude a una entrevista con su editor para volver a pedir otro retraso para entregar una novela. La londinense se ve incapaz de reconocer que no tiene un tema del cual escribir y sabiendo que no va a permitir una nueva prorroga, se ve obligada a inventarse que está meditando que su próximo libro sea una historia de amor con un fantasma. Siendo una escritora de novela negra, supuso que el agente pondría el grito en el cielo. Pero para su sorpresa, no solo lo acepta sino que para ayudarla le concierta una estancia de un mes en un castillo supuestamente embrujado de un amigo suyo situado en Irlanda.<br>A regañadientes no le queda mas que aceptar, sin saber que ese viaje iba a trastocar por completo tanto su vida como sus creencias al conocer al dueño y descubrir que Declan O´Brien es un adonis, un dios hecho carne, capaz de incendiar sus hormonas. La atracción que sienten uno por el otro choca frontalmente con el odio que tiene el noble por todo lo que huela a inglés. Tampoco ayuda que según la leyenda, el espectro que recorre sus almenas haya sido victima de una mujer con su mismo color de pelo y que desde el siglo XVI, ninguna pelirroja haya traspasado sus muros.<br>Tras ese rechazo inicial, nuestra protagonista se traslada a vivir a esa fortaleza.<br>Una vez allí y a pesar de que su anfitrión niega la existencia del fantasma de su antepasado, Heloise comienza a sentir su presencia&#8230;.</p>



<p>TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS.</p>



<p></p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



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<iframe title="Enamorada de un fantasma" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_fg7E0uOrIWeew3&#038;asin=B0BYJV49ZW&#038;tag=kpembed-20"></iframe>
</div></figure>



<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Solo alguien que se haya sentado frente a un ordenador a escribir sabe la desesperación que se siente cuando la inspiración desaparece y cree que jamás podrá recuperarla. Así me encontraba en mi piso londinense. Para los que no me conozcan, mi nombre es Heloise Ryan. Soy una escritora que se sentía vacía a pesar del éxito que habían tenido sus últimos dos libros y que estos seguían entre las listas de los más vendidos. Con treinta y un años, acababa de quedarme sin pareja. Mi novio de los últimos cuatro había decidido dar un paso más en la relación pidiéndome matrimonio. Aunque lo quería, le dije que no porque no me veía casada. Esa mentira y el dolor que vi en su cara todavía me martirizan. Por supuesto que deseaba crear una familia, pero al verme presionada comprendí que no estaba enamorada de Walter y que lo consideraba poco más de un compañero con derecho a cama.</p>



<p>Nos habíamos hecho amigos en la universidad y con el tiempo al irse ennoviando el resto, para no quedarnos solos y casi sin darnos cuenta nos habíamos convertido en pareja. Al compenetrarnos sexualmente, nos había parecido hasta lógico el irnos a vivir juntos y así hacernos compañía. Por ello hasta que lo vi arrodillado ante mí con un anillo en su mano, nunca me planteé cuáles eran en realidad mis sentimientos. Admitiendo que era un buen hombre que no se merecía que le hiciera más daño, decidí que debíamos separar nuestros caminos para que pudiera rehacer su vida y corté con él. Aun así, las primeras semanas fueron duras y le echaba de menos, sobre todo a la hora de irme a acostar al haberme acostumbrado a recibir sus caricias.</p>



<p>«No debo», varias veces me tuve que decir cuando ya estaba llamándolo.</p>



<p>A raíz de esa ruptura o coincidiendo con ella, mi soledad se incrementó cuando las musas desaparecieron de mi vida y me tuve que enfrentar a un papel en blanco. Comprometida por contrato a escribir una nueva novela, mi editor estaba ya acuciándome a presentar al menos un boceto, una sinopsis de la historia.</p>



<p>«Nunca me resultó tan difícil buscar un tema», pensé mientras me dirigía hacia la editorial a dar una nueva excusa con la que alargar otros tres meses el periodo que me habían dado para escribir el libro.</p>



<p>Como la oficina de Peter O’Dogherty estaba en el centro, creí prudente no enfrentar el endiablado tráfico londinense y dejando el coche en casa, cogí el metro. Para pasar el tiempo en uno de sus atestados vagones, me puse a leer el “Sun”. Ese periódico sensacionalista, tan denostado por la intelectualidad, para mí era un remanso de paz y por eso al descubrir un artículo sobre los castillos encantados de Escocia, obvié leerlo y busqué otro con el que dejar de pensar en la cita.</p>



<p>«Es alucinante que haya gente que todavía crea en ellos», medité mientras me ponía a leer el último escándalo de un miembro de la familia real.</p>



<p>La sordidez del tema y los detalles que el periodista daba sobre el supuesto affaire entre un sobrino del rey Carlos y una modelo tampoco me atrajo y desanimada empecé a observar a la gente que deambulaba por el suburbano. Mirando a un encorbatado del brazo de una chavala de origen hindú, sonreí al saber que poco a poco la sociedad inglesa se iba haciendo multicultural.</p>



<p>«Ya nadie se espanta al ver una pareja inter étnica y por tanto no interesa», concluí tras meditar durante unos instantes sobre la conveniencia de escribir acerca de las dificultades que tendrían al formalizar su relación: «Ni siquiera mi abuela se escandalizaría si un día le llego con un novio de otra raza».</p>



<p>Buscando inspiración entre los hombres y mujeres que diariamente cogían ese medio de transporte para acudir a sus trabajos, fijé la atención en un grupo de madres que llevaban a sus hijos al colegio e involuntariamente las envidié.</p>



<p>«Cómo me gustaría ser como ellas», medité molesta al saberme sola cuando si hubiese aceptado la propuesta de Walter en ese momento estaría planeando mi boda.</p>



<p>Con ello en mente, bajé en la estación de Green Park y enfilé hacia la calle Dover donde me encontraría con el ejecutivo que me había anticipado una buena suma en concepto de royalties.</p>



<p>«Tengo que llegar con la verdad y decirle que sigo sin tener una historia», reconocí preocupada.</p>



<p>Por eso al entrar en su despacho, había decidido ser sincera y reconocer mi crisis creativa antes siquiera que la cuestionara.&nbsp; El destino quiso que mientras me sentaba y hacía acopio de valor, Peter estuviera hablando con un colega sobre la tendencia del mercado:</p>



<p>―Aunque nos cueste asumirlo, los gustos han cambiado. Cada vez se compran menos novelas negras.</p>



<p>Siendo mis libros básicamente thrillers policiacos donde se mezclaban asesinatos con política, palidecí y seguí escuchando:</p>



<p>―Ahora mismo, la gente busca en la lectura huir de la triste realidad de hoy en día y por eso están en boga la literatura romántica y la fantasía sobrenatural. Una novela que aúne esos dos géneros sería un auténtico best seller― sentenció antes de colgar.</p>



<p>Ya centrado en mí y mirándome a los ojos, comentó que sus jefes estaban muy cabreados por no haber recibido todavía al menos un resumen de lo que estaba escribiendo y que le estaban exigiendo recuperar el anticipo.</p>



<p>Al verme contra la pared, no pude seguir con lo que había planeado y carraspeando, contesté:</p>



<p>―Peter, la verdad es que hasta oírte hablar me daba vergüenza confesar que el tema del que estoy escribiendo no tiene nada que ver con lo que te tengo acostumbrado.</p>



<p>Dejando las gafas sobre la mesa, el sesentón me observó y preguntó en qué consistía el cambio.</p>



<p>―Estoy cansada de escribir sobre crímenes. Quiero dar un giro a mi obra para hacerla más del gusto del público.</p>



<p>― ¿Y sobre qué vas a escribir? ― quiso saber ya interesado.</p>



<p>Sin otra salida que escandalizarle para que el mismo rechazara el tema y eso me diera la oportunidad de esperar a que volviera la inspiración, recordé el artículo que ni siquiera me había dignado a leer:</p>



<p>―Te parecerá ridículo, pero he pensado en que mi próxima novela vaya sobre un castillo en el que vive un fantasma.</p>



<p>Para mi sorpresa, el ejecutivo sonrió y pidió que siguiera extendiéndome porque el tema le interesaba.</p>



<p>―Mi idea es enfrentar al alma en pena con la realidad de nuestros días donde ni siquiera los más ilusos creen en lo sobrenatural― contesté y horrorizada al ver que se seguía mostrando interesado, creí oportuno añadir: ― Mi protagonista será una reputada catedrática de Oxford al que un noble le pide ayuda para demostrar que su castillo no está embrujado y que un fantasma atormentado por un antiguo amor nunca ha deambulado por sus almenas.</p>



<p>La mirada incrédula con la que recibió la propuesta me tranquilizó y cuando ya pensaba que iba a rechazarla por patética, el editor comentó:</p>



<p>―No sabía que conocías a Declan O´Brien y menos que él te tenía tanta confianza de contarte su problema.</p>



<p>―No conozco a ese sujeto― balbuceando, repliqué.</p>



<p>―Vamos Heloise. El argumento del libro que propones parece al menos inspirado en la leyenda que pesa sobre su heredad.</p>



<p>―Te puedo jurar que nadie me ha contado nada al respecto y ahora que lo pienso creo que es ridículo y que debo centrarme en otra cosa.</p>



<p>―Para nada, los lectores están ávidos de temas con tintes mágicos y me parece estupenda la idea de escribir sobre un fantasma en nuestros días. Es más, ahora mismo voy a llamar a Declan y pedirle que te acoja en su casa― concluyó pensando quizás en los réditos que conseguiría ante sus superiores por haber convencido a una escritora “seria” de abordar ese tipo de temática.</p>



<p>Completamente desolada y sin tiempo de reacción, tuve que escuchar como Peter le sacaba a su amigo el compromiso de recibirme en su castillo de Irlanda mientras terminaba la novela&#8230;</p>



<p>Una semana después y contra mi voluntad, llegué al pueblo de Birr en el condado de Offaly. Esa mañana había tomado un vuelo a Dublín y desde ahí me había dirigido en autobús hasta esa pequeña localidad. Tras las cinco horas que había invertido entre los dos trayectos de viaje, estaba cansada y de pésimo humor. Por eso cuando el tercer taxista también se negó a acercarme a la fortaleza de los O´Brien a no ser que le pagara un desorbitado precio, decidí llamar al propietario. El tal Declan escuchó indignado que de plano se negaban a llevarme o exigían una tarifa fuera de lugar y despotricando sobre la incultura de sus paisanos, quedó en irme a buscar.</p>



<p>―Señorita Ryan, como voy a tardar al menos media hora en organizarlo, espéreme en el pub de Nolan´s que hay frente a la estación de autobuses.</p>



<p>No teniendo otra cosa que hacer, acepté la sugerencia y arrastrando la maleta, entré al establecimiento donde había quedado en vernos a tomar algo. Mientras comía, me puse a releer la historia de la fortaleza donde me iba a hospedar. Como ya sabía que fue construida a mediados del siglo XIII, me centré en la leyenda del fantasma. Según contaba esa historia, la familia del hombre que me iba a recoger descendía de Murtough O&#8217;Brien, uno de los últimos reyes de Irlanda y el espectro era otro de sus antepasados al que se le conocía como Gerald O´Brien, el dos veces muerto. Divertida leí que ese sobrenombre se debía a que, tras levantarse contra el poder inglés, el rey Jacobo I prohibió que nadie volviese a dirigirse a él para que fuera un muerto en vida. Su fallecimiento real y origen de su peregrinar fue a consecuencia de un duelo en el que se enfrentó al hombre que se había desposado con Helen, su antigua prometida.</p>



<p>«Pobre tipo», pensé: «repudiado por la sociedad y encima el que iba a ser su suegro hace valer el mandato real para cancelar el compromiso y casar a la joven con un mejor partido».</p>



<p>Seguía enfrascada en la lectura del enfrentamiento cuando noté que alguien se sentaba a su mesa. Al levantar la mirada, me encontré con la sonrisa de mi inesperado acompañante:</p>



<p>―Nunca me imaginé que la famosa escritora fuera una monada.</p>



<p>Sorprendida por el piropo, no pude más que preguntar al hombre que tenía enfrente si era el señor O´Brien.</p>



<p>― ¡Más quisiera! Soy Kevin, el esclavo al que mi jefe mandó a recogerla.</p>



<p>La simpatía del rubio aquel era contagiosa y de mejor humor, llamé al camarero para que trajese la cuenta. Mientras me la traía, noté su mirada indiscreta observándome.</p>



<p>― ¡Joder! Sé un poco menos descarado. ¡Tan guapa no soy! ― ruborizada, exclamé al sentir que se me estaba comiendo con los ojos.</p>



<p>Lejos de cortarse con el exabrupto, el recién llegado se echó a reír:</p>



<p>―Para ser hija de la Gran Bretaña estás muy rica, pero no es eso. Tienes espuma del café en la mejilla.</p>



<p>La picardía no exenta de galanteo secretamente me alegró y decidida a devolvérsela con creces, tras pagar, me levanté de su asiento y señalando la trolley, respondí:</p>



<p>―Esclavo, coge el equipaje y llévame ante tu señor.</p>



<p>Durante un par de segundos, Kevin no supo ni que decir hasta que, soltando una carcajada, comentó:</p>



<p>―Definitivamente, eres una hija del Imperio. Lo que me voy a reír cuando mi jefe se dé cuenta de que la arpía que ha metido en casa va a trastocar su estricta forma de ver la vida.</p>



<p>Desternillada por sus reiterados insultos, quise que me aclarara a que se refería:</p>



<p>―Aunque es mi amigo, Declan puede llegar a ser insufrible en lo que respecta al orden. No aguanta que nada ni nadie altere su rutina y por lo que presiento, eres exactamente lo contrario.</p>



<p>Haciendo caso a sus palabras, ese noble debía de ser un tipo totalmente cuadriculado y de ser así, preví que no tardaríamos en chocar. Al ir como invitada, decidí intentar comportarme y evitar los roces con él.</p>



<p>«Cuanto menos lo vea, mejor», me dije: «He venido a escribir y eso haré».</p>



<p>Con ello en mente, esperé a que Kevin metiera mis cosas en el todoterreno para preguntarle por el fantasma. Su cordialidad desapareció con la pregunta y con el ceño fruncido, me alertó que eso era mejor no tocarlo con mi anfitrión.</p>



<p>―Por mucho que mi jefe niegue la existencia de su antepasado por los pasillos, todos los que vivimos en Kildarhouse lo hemos sentido alguna vez.</p>



<p>Confundida por esa reacción tan fuera de lugar, me abstuve de comentar al rubio que, tras terminar la novela, mi editor se había comprometido con su jefe en que redactaría un artículo donde reconociera que a pesar de los rumores la leyenda era falsa y que ningún espíritu vivía en su heredad.</p>



<p>―Cuándo dices que todos lo habéis sentido, ¿significa acaso que tú también? ― insistí reteniendo las ganas de soltar una carcajada.</p>



<p>Con los vellos erizados, contestó:</p>



<p>―No te rías. Si finalmente consigues quedarte en el castillo, tú también notarás su presencia. Puertas que se abren, crujidos por la noche&#8230;</p>



<p>Que pusiera en duda que iba alojarme allí, me alertó de que algo ocurría e intrigada, se lo pregunté a boca jarro:</p>



<p>―En cuanto Declan te vea, va a intentarse echar para atrás. Desde que Helen Darby traicionó a Gerald, los O´Brien huyen de toda pelirroja que se les cruza en el camino.</p>



<p>Aunque me parecía imposible que un hombre de la actualidad se viera afectado por algo que había ocurrido cuatro siglos antes, preferí callar y pensar qué decir si finalmente se confirmaban sus sospechas.</p>



<p>«Nadie en su sano juicio se deja llevar por unos recelos tan absurdos».</p>



<p>De camino, la campiña irlandesa que estábamos cruzando me hizo olvidar momentáneamente la razón que me había llevado hasta la zona e impresionada por la riqueza de esas tierras, comencé a disfrutar del camino.</p>



<p>―Ya hemos entrado en la finca― comentó orgulloso mi benefactor al darse cuenta de la fascinación con que observaba a través de la ventana.</p>



<p>&nbsp;&nbsp; Para una urbanita como yo, criada en asfalto, esos campos eran algo novedoso y por ello, apenas estaba haciéndome una idea cuando de pronto apareció ante mí el castillo.</p>



<p>― ¡Qué maravilla! ― exclamé al sentir que retrocedía a otras épocas.</p>



<p>Totalmente obnubilada y casi sin respiración, contemplé la altura de sus muros de granito, sus dos torres fortificadas, pero lo que me dejó sin habla fue comprobar que todo lo que veía me resultaba familiar.</p>



<p>«¡No puede ser!» musité incapaz de reconocer lo que mi corazón afirmaba y es que en mi interior sentía como propias cada piedra, cada almena de esa construcción, como si en mi niñez hubiera corrido por ellas.</p>



<p>Impresionada por ese “deja vu”, por esa sensación de haberlo vivido antes, asumí que la imaginación me estaba jugando una jugarreta y más nerviosa de lo que me hubiera gustado, esperé a que apagara el todoterreno antes de bajar a saludar a la anciana que había salido a recibirnos.</p>



<p>―Es doña Nora, el ama de llaves― me anticipó Kevin.</p>



<p>Mi propio nerviosismo se incrementó cuando, al extenderle la mano, la mujer retrocedió asustada y corrió al interior del castillo.</p>



<p>― ¿Qué ha pasado? ― tuve que preguntar a su interlocutor.</p>



<p>El joven riendo contestó:</p>



<p>―Ya te dije que las pelirrojas no son bienvenidas en Kildarhouse.</p>



<p>―Pero eso es una memez― todavía sorprendida por la reacción de la señora contesté.</p>



<p>Sin tenerlas todas conmigo al ver a Kevin cargando su maleta, entré tras él. Acababa de traspasar el portón de la entrada cuando me vi frente al sueño de toda mujer, ¡un adonis de casi dos metros! La virilidad que trasmitía me apabulló y con la mandíbula desencajada, apenas pude balbucear un saludo cuando percibí su rechazo.</p>



<p>―Soy Heloise Ryan, su invitada.</p>



<p>De inmediato reparé en la lucha interna del hombretón e increíblemente quise facilitarle el trance diciendo que si tanto le perturbaba el color de mi pelo podía quedarme en un hotel. Como despertando de una pesadilla, Declan forzó una sonrisa:</p>



<p>―No hace falta. Un O´Brien mantiene su palabra. Considere Kildarhouse su casa.</p>



<p>Lo incómodo de la escena no impidió que me viera entre sus brazos y abochornada por la atracción que sentía, escuché que llamaba a una criada.</p>



<p>― Por favor, Mary. La señorita Ryan se quedará en la habitación rosa. Ayúdele a acomodar sus cosas ahí.</p>



<p>― ¿En la habitación rosa? ― por alguna razón, preguntó la morena.</p>



<p>―Sí― replicó y girándose hacia mí, se despidió: ―Nos vemos en la cena.</p>



<p>Sin esperar respuesta, el dueño del castillo se marchó dejándome totalmente confusa. No queriendo perder a la muchacha, la estaba siguiendo por las escaleras cuando de pronto me encontré frente a un retrato de una joven con mi misma melena.</p>



<p>«Si tanto la odian, no entiendo que la tengan expuesta en este lugar», reconociéndola como la prometida del supuesto fantasma, pensé y sin pararme a contemplarla seguí subiendo rumbo al que sería mi cuarto.</p>



<p>Al entrar en el dormitorio que me habían asignado, estaba en penumbras por lo que Mary tuvo que abrir las contraventanas para que entrara la luz.</p>



<p>―Perdone señorita, pero no esperábamos que fuera aquí donde durmiera― comentó.</p>



<p>Con la claridad entrando a través de los cristales, la sensación de haber estado ahí volvió con fuerza:</p>



<p>«Estoy alucinando», me dije al reconocer el dormitorio como el de mis sueños de niña. Con un escalofrío recorriéndome de arriba abajo, miré la cama con dosel, el tocador, las cómodas&#8230;: «Estos muebles son como los que pintaba cuando me creía una princesa».</p>



<p>A punto de salir huyendo de ahí, comprendí que era absurdo y entablando conversación con la criada mientras desempaquetábamos la ropa, quise saber por qué consideraba tan raro el que me quedara ahí.</p>



<p>―Señorita, era el cuarto de la madre del señor. Nadie ha dormido aquí desde que nos dejó.</p>



<p>Al escucharlo asumí que, avergonzado tras su reacción inicial, Declan me había dado la mejor habitación de la casa. Anotándolo en el cerebro, supe que debía darle las gracias en cuanto lo viera. Como habíamos quedado en vernos durante la cena, pregunté a qué hora la servían.</p>



<p>―A las seis en punto. Le ruego sea puntual. Que alguien le haga esperar enfada de sobre manera al señor.</p>



<p>Como todavía eran las tres y media, dejé caer si había algún problema en que recorriera el castillo, ya que tenía muchas ganas de conocerlo.&nbsp;</p>



<p>―Mejor la acompaño y le presento al resto del servicio― contestó la joven previendo quizás que en mi deambular entrara en las áreas privadas de su jefe.</p>



<p>Aunque hubiese preferido ir por libre, esperé a que terminara de acomodar mi equipaje en un armario investigando por el cuarto. La decoración destilaba clase. Sin estar recargado, era evidente que había sido decorado por una mujer y parecía sacado de una revista de diseño.</p>



<p>«La madre debió tener un gusto exquisito», sentencié mientras abría la puerta que daba al baño.</p>



<p>Si la habitación me había dejado gratamente sorprendida, el baño me entusiasmó.</p>



<p>«Es precioso», concluí viendo que, a pesar de ser evidente que debía haber sido renovado últimamente, quien lo hubiese hecho había respetado su esencia dotándolo de todas las comodidades de hoy en día.</p>



<p>«Parece el de un hotel de lujo», pensé y observando el enorme jacuzzi de mármol blanco, supe que pasaría horas metida en él.</p>



<p>Seguía imaginándome disfrutando de esa belleza cuando reparé que frente al espejo había un florero lleno de rosas blancas. Agradeciendo el detalle de mi anfitrión, volví al cuarto y le comenté a Mary si esas flores eran del jardín.</p>



<p>― ¿A qué flores se refiere? ― respondió.</p>



<p>Al señalar el ramo que lucía el jarrón, me miró asustada y se abstuvo de contestar. Reconozco que me pareció raro, pero asumiendo que era mejor no insistir, preferí pensar que Declan había ordenado a otra de las empleadas que las colocara.</p>



<p>«Debe tener un miedo cerval a su jefe», medité: «y siendo ella la encargada, teme que la reprenda al habérsele olvidado.</p>



<p>Con ello en mente, escuché que me proponía comenzar la visita al castillo.</p>



<p>―Te sigo― contesté.</p>



<p>No tardé en comprobar que la muchacha estaba acostumbrada a servir de cicerón porque en vez de empezar por la planta en la que estábamos, prefirió comenzar mostrándomelo desde el exterior.</p>



<p>&nbsp;―Kildarhouse, a pesar de las sucesivas reformas, conserva la estructura medieval. Por ejemplo, su fachada actual de estilo neogótico data de finales del siglo XIX.</p>



<p>Conociendo de antemano todos esos detalles, hice un esfuerzo por seguir sus explicaciones sin interrumpirla e hice bien, porque habiendo nacido en esa localidad conocía detalles de los que no había oído hablar como podía ser que la fortaleza había soportado dos asedios. Uno en tiempo del tal Gerald y otro posterior en el 1.640 bajo las tropas de Oliver Cromwell.</p>



<p>―Los O´Brien siempre han sido unos patriotas y cada vez que pudieron, se alzaron en armas contra los enemigos de Irlanda― comentó sin percatarse de mi origen británico para a continuación explicar que a raíz de ese ataque la familia de mi anfitrión había tardado casi un siglo en reponerse.</p>



<p>―El foso y los jardines de alrededor fueron rediseñados gracias a la dote aportada por Elizabeth Carroll al casarse con James O´Brien en 1.845.</p>



<p>Siendo unos datos que me parecían irrelevantes ante la belleza del lugar, le pregunté de qué tamaño era la finca.</p>



<p>―Lo que es propiamente el área del castillo cuenta con cincuenta hectáreas, pero los O´Brien son los mayores terratenientes de la zona y exactamente no lo sé― contestó haciéndome ver que Declan era un hombre riquísimo.</p>



<p>Tras comentar que el gobierno irlandés había tenido a bien declarar protegido tanto el parque como la fortaleza y por tanto no se podía disgregar, pasamos al interior. Una vez ahí, directamente se dirigió a la biblioteca, donde confieso que me quedé muda al ver la cantidad de incunables que lucía en sus estantes, pero sobre todo al ver sobre una mesa un ejemplar de mi último libro. Incapaz de contenerme, lo abrí y descubrí en la dedicatoria que era un regalo de mi editor:</p>



<p>“Además de guapa, Heloise es una de las mejores escritoras de la actualidad”.</p>



<p>Curiosamente, sentí esos piropos como una puñalada de Peter al valorar antes mi físico que la calidad de mi obra y dejándolo donde lo había encontrado, seguí a Mary al primero de los salones.</p>



<p>«Menudo cretino, usó mi supuesto atractivo para convencerle de que me aceptara en su casa», sentencié llena de ira y dejando a la morena con la palabra en la boca, volví a la biblioteca a comprobar una cosa.</p>



<p>«Es en blanco y negro», confirmé que mi anfitrión no sabía el color de mi melena mirando la foto de la contraportada.</p>



<p>Estaba todavía con él en la mano cuando un ruido a mi espalda me alertó de que no estaba sola y girándome, descubrí a Declan mirándome desde la puerta.</p>



<p>―Aunque no es el tipo de literatura que suelo leer, reconozco que es ameno.</p>



<p>El menosprecio que encerraban sus palabras, me terminó de enfadar y sacando las uñas, le pregunté cuáles eran sus preferencias a la hora de elegir un autor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Normalmente no leo nada que venga de su país. Bastantes daños han hecho en mi patria para que encima con mi dinero financie lo poco que les queda de su imperio.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya sin cortarme, le eché en cara que si me consideraba una enemiga por qué entonces había aceptado que me quedara en su casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Su nacionalidad es británica pero su sangre es irlandesa― contestó sin alzar la voz.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siendo verdad, me escandalizó que un hombre educado estuviera sometido a tantos prejuicios y con ganas de saltarle al cuello, respondí que me sentía una leal súbdita de su majestad, el rey Carlos III. El disgusto con el que recibió fue completo, pero aun así jamás me esperé que tomándome del brazo me obligara a sentar y comenzara a detallar todas y cada una de las afrentas que los ingleses habían perpetrado a Irlanda, empezando por la famosa hambruna que la despobló e intensificó el sentimiento nacionalista de los que se quedaron.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Fue culpa de una plaga― defendí a mi país.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El origen puede, pero la acción de su gobierno intensificó sus consecuencias― poniendo sobre la mesa la nefasta actuación del mismo prohibiendo por ley toda ayuda, refutó mi postura: ―Fue un genocidio para mayor gloria de Guillermo y de su iglesia.</p>



<p>―Eso ocurrió hace dos siglos, ahora nuestros países son amigos.</p>



<p>―Se equivoca, somos hermanos. A los amigos se les elige, los hermanos nos vienen impuestos.</p>



<p>―Pues desde ahora, ¡considéreme de su familia! Porque si vine aquí, no fue por voluntad propia, sino por imposición de mi editor.</p>



<p>&nbsp;Al escuchar mi exabrupto, la expresión de su rostro cambió y soltando una carcajada, me informó que la cena debía estar lista.</p>



<p>―No me gustaría que mi hermanita se queje ante Peter de que en Kildarhouse ha pasado hambre.</p>



<p>«Menudo imbécil», pensé mientras trataba de evitar el sofoco que su nueva actitud provocaba en mí y es que, al tomarme del brazo para llevarme al comedor, me quedé aterrorizada al notar lo a gusto que me sentía a su lado.</p>



<p>Tratando de ser encantadora tras el rifirrafe, le di las gracias por el arreglo foral.</p>



<p>―Déselas a Dora, yo no soy tan detallista― contestó.</p>



<p>Que no quisiera apropiarse del mérito de otros, me agradó y luciendo la mejor de mis sonrisas, le insinué que dado que íbamos a vivir bajo el mismo techo durante un mes que me parecía fuera de lugar hablarnos de manera formal y si él quería podíamos tutearnos.</p>



<p>―Me parece bien, Heloise.</p>



<p>Contra todo pronóstico, a partir de entonces, Declan resultó ser un encanto y dejando a un lado nuestras diferencias políticas, me percaté que nuestra forma de pensar no difería demasiado. Por eso, ya estábamos en el postre cuando, armándome de valor, le pregunté por el fantasma.</p>



<p>―Llevo viviendo aquí desde que nací y puedo decirte que en esos treinta y cinco años jamás lo he visto u oído.</p>



<p>― ¿Y sentido?</p>



<p>Viendo por donde iba, se echó a reír y me explicó que en una edificación tan antigua eran normales las corrientes de aire o que las estructuras sonasen.</p>



<p>―La gente del pueblo cuando escucha un crujido piensa que es Gerald caminando cuando en realidad ese sonido es provocado por la contracción de los materiales. Te puedo asegurar que los fantasmas no existen o al menos el de mi antepasado.</p>



<p>Al ser de la misma opinión sonreí y haciéndole ver que mi interés era solo buscar información para el libro, le pregunté qué había de cierto en la leyenda. De inmediato se puso a la defensiva:</p>



<p>―No es ninguna leyenda. Gerald O´Brien existió.</p>



<p>― ¿Y Helen?</p>



<p>―También, prueba de ello es el retrato que tenemos en la escalera.</p>



<p>No estando muy segura del terreno que pisaba, apunté si el resquemor que producían las pelirrojas en su familia provenía desde entonces.</p>



<p>―No te voy a negar que así es y que desde esa época no ha habido nadie con ese color de cabello entre los míos. Pero tampoco somos los únicos, ¿sabías que por ejemplo en Estados Unidos las compañías aseguradoras no os querían como clientes?</p>



<p>―Pues&#8230; ¿te digo la verdad? A mí, me gusta― contesté luciendo mi melena.</p>



<p>Por un momento, creí intuir en su mirada que yo no le era indiferente, pero entonces diciendo que, debía estar cansada tras el viaje, se despidió de mí.</p>



<p>«¡Qué tío más raro!», concluí mientras lo veía marchar y sin otra cosa que hacer, decidí ir a mi habitación para intentar escribir.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Al saber cómo llegar y no tener a nadie observando, me paré frente al cuadro de la mujer cuyo recuerdo retenía en teoría el alma de su prometido. Aun conociendo que en aquellos días los pintores idealizaban a sus modelos y que sus obras no siempre reflejaban la realidad, tuve que reconocer que Helen Darby debía haber sido guapísima. El preciosismo de las pinceladas me intrigó y buscando el nombre del autor, me quedé anonadada al leer que el cuadro había sido realizado por Cornelius Johnson, uno de los más grandes pintores de la época. Sabiendo el elevado precio que tendría si alguna vez salía al mercado y que era digno de un museo, me quedé ensimismada tratando de describirlo mentalmente para luego trasmitir mis impresiones al ordenador.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «No solo compartimos color de pelo, también tenemos el mismo tono de piel», divertida señalé al ver su palidez.</p>



<p>Imaginándome llevando el vestido, no pude más que sonreír al saber que dado el tamaño de mis pechos tendría problemas con ese tipo de escote al ser amplio y cuadrado.</p>



<p>«Con cualquier despiste, se me vería hasta el alma».</p>



<p>Riendo concluí que, con un movimiento en falso, mis pechugas quedarían completamente expuestas. Por lo que decidí que jamás me pondría algo semejante y de buen humor, reinicié el camino hacia el dormitorio. Al llegar a la habitación, cambié de ubicación el jarrón con las flores y lo puse en la mesa del tocador para poderlo ver mientras escribía.</p>



<p>«Me encantan las rosas», fundamenté el cambio mientras sacaba el ordenador y lo encendía.</p>



<p>Antes de ponerme a teclear, me volvió a entrar miedo y pensando en mi crisis creativa, decidí enfocar mis esfuerzos en narrar la escena en la que Helen modeló para el cuadro para luego usar lo que hubiese escrito como parte del libro. Curiosamente, como por arte de magia, las palabras fluyeron convirtiéndose en frases y las frases en párrafos hasta que sorprendida advertí que no solo había rellenado veinte páginas, sino que al contrario de lo que se decía de ella la había dotado de un carácter dulce haciéndola aparecer como una mujer enamorada de su Gerald.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «A este paso, acabo el libro en dos semanas», pensé satisfecha.</p>



<p>Al tratar de seguir escribiendo, advertí que estaba agotada y sin cerrar el ordenador, me fui a descansar. Casi de inmediato me quedé dormida y no me enteré de nada hasta el día siguiente cuando Mary tocó en mi puerta para preguntar si deseaba desayunar en la habitación o por el contrario prefería que me lo sirvieran en el comedor. Mirando el reloj de mi muñeca, vi que eran las diez y horrorizada por la hora, preferí que me lo subieran mientras me daba un baño.</p>



<p>«He dormido más de ocho horas de un tirón», extrañada conmigo misma murmuré y levantándome, abrí el grifo de la bañera.</p>



<p>Al mirarme en el espejo, comprobé que la humedad del ambiente había echado por tierra el alisado de mi pelo y dándolo por perdido comprendí que mientras permaneciera como invitada en el castillo lo sensato era dejar que los rizos volvieran a apoderarse de mi melena. Por eso, al meterme en el jacuzzi, lo primero que hice fue sumergir la cabeza en el agua para que recuperar la forma natural de mi cabello.</p>



<p>«Si algún día llego a ser rica, quiero uno de estos en mi baño», me dije cerrando los ojos.</p>



<p>Tras meses en los que mi imaginación parecía estar hibernada, me puse a divagar sobre la leyenda del castillo y sus protagonistas. Sin un retrato a que asirme, visualicé al antepasado de Declan usando a éste como modelo mientras luchaba contra los realistas.</p>



<p>«Debió ser un hombre valiente», me dije forzando a mi mente a imaginar a ese adonis cargando a caballo contra un enemigo muy superior.</p>



<p>Al hacerlo, caí en la trampa que involuntariamente me urdí y centrando la atención en la brutal virilidad de mi anfitrión, decidí quitarle la camisa y que sable en mano, se lanzara sobre las tropas del rey. Idealizando a Gerald, no escatimé nada y lo doté de unos pectorales de ensueño y de un dorso lleno de músculos, músculos que me vi mimándolo tras la batalla mientras lo bañaba. Al darme cuenta, decidí continuar y volviendo al presente, me imaginé a Declan entrando al baño y metiéndose conmigo en el jacuzzi. Para entonces ya no eran mis manos las que enjabonaban mis pechos sino las del noble irlandés y eran sus dedos los que jugaban con mis pezones.</p>



<p>―Por dios, ¡qué bruta ando! ― murmuré mientras les regalaba un pellizco.</p>



<p>Sola y caliente, las caricias de ese moreno se intensificaron al imaginar que dos de sus yemas se deslizaban hacia mi sexo.&nbsp; Dominada por un ardor desconocido, busqué el botón entre mis pliegues y comencé a frotarlo frenéticamente pensando que era él quien me acariciaba.</p>



<p>―Sigue, ama a tu pelirroja― sintiéndome la protagonista de la leyenda, musité ya descontrolada al sentir el incendio que amenazaba con incinerar mi interior.</p>



<p>Olvidando que todo era producto de mi mente, dejé que mi calentura prosiguiera y torturando una de mis areolas, mi imaginario amante susurró en mi oído que siempre me había amado y que siempre me amaría por muchos siglos que pasaran. Al volver a Gerald me sentí más libre y hundiendo un dedo en mi interior, me imaginé siendo acariciada por el fantasma. Pero al contrario de lo que ocurría en las películas de miedo, acogí esos mimos con fascinación y separando las piernas le pedí que me tomara.</p>



<p>Tal era mi excitación, que hurgando con mis yemas sentí que era la virilidad del espectro la que campeaba en mí y gimiendo como una loba en celo, le pedí que me follara mientras movía las caderas al ritmo de sus caricias.</p>



<p>―Mi dulce Helen― me pareció escuchar al sumar otra yema dentro de mi vulva.</p>



<p>Desatada, arqueé la espalda intentando intensificar ese placer auto infligido sin dejar de pajearme.&nbsp; Con mis hormonas en ebullición, creí morir de gozo al sentir como reales cada una de sus cuchilladas y mientras tallaba los labios de mi vagina, me vi siendo amada indistintamente por el caballero difunto y por su descendiente. Al mezclar a ambos, la pasión que me corroía se desbordó y cayendo en brazos de un orgasmo liberador, todo mi ser colapsó en la bañera. Sabiendo que lo estaba imaginando, mi amante sonrió y mientras mi cuerpo era sacudido por los últimos latigazos de placer, desapareció del baño.</p>



<p>«Joder, ¡necesito un hombre!», curiosamente satisfecha con la experiencia de onanismo, abrí los ojos y saliendo de la bañera, me empecé a secar asumiendo que en cuanto estuviera lista debía de plasmar la escena que había soñado en mi ordenador.</p>



<p>Y así lo hice. Al salir del baño, mientras daba cuenta del desayuno que Mary había dejado en la habitación, añadí otras diez páginas a la novela. Me daba igual que fueran escenas inconexas al saber que de alguna forma terminarían teniendo sentido en la historia. Lo que no preví fue que al describir el placer que había sentido, me volviera a excitar y que tuviera que rechazar la tentación de nuevamente dar rienda suelta la calentura masturbándome por segunda vez.</p>



<p>Conociéndome, supe que si seguía en el cuarto terminaría haciéndolo. Por eso, decidí dar una vuelta por la finca para localizar escenarios reales que dieran veracidad a mi libro. Antes de irme, saqué la cámara de fotos del armario y con ella al cuello, salí del castillo. Sin rumbo fijo, recorrí los jardines mientras intentaba averiguar el lugar exacto donde el ejército inglés se había apostado durante los dos asedios. Al no ser ninguna experta en tácticas militares, dudé si ubicar el campamento en el descampado frente a la fortaleza o en un pequeño montículo ubicado a la izquierda al hallar lógicos ambos. Estaba tomando fotos de los dos supuestos emplazamientos cuando observé a un jardinero recortando un seto. Suponiendo que al ser de la zona debía saber dónde se habían apostado los realistas, se lo pregunté:</p>



<p>―En ninguno. Fue en la laguna donde levantaron sus tiendas para tener acceso al agua y de paso así cortaban el suministro a los sitiados― contestó el paisano.</p>



<p>Dando por buena esa explicación, le pedí que me orientara hacia ese lugar.</p>



<p>―Siga ese camino y lo hallará― contestó reanudando la poda.</p>



<p>Esa mañana de verano hacía calor y en el cielo no había ninguna nube, por lo que me anudé a la cintura el jersey que había tenido la precaución de coger. Acababa de hacerlo cuando vi que la senda que me habían señalado se metía en el bosque. Por un momento, no supe si continuar o volver y preguntar al buen hombre si me podía encontrar con algún animal salvaje que fuera peligroso.</p>



<p>&nbsp;«Cariño, mira que eres boba. No hay lobos en Irlanda», rápidamente comprendí y riéndome de mí misma, me sumergí en la floresta.</p>



<p>A pesar de hacer un sol de justicia, era tan densa la vegetación que el ambiente se hizo sombrío. De nuevo me vi asaltada por los miedos. Admitiendo que era absurdo, mi fantasía se disparó y decidí que, en la novela, la protagonista femenina conociera a su don Juan bajo la sombra de esos árboles mientras huía de unos bandidos.</p>



<p>Estaba dando vueltas a esa idea y pensando en cómo plasmarla cuando de pronto llegué a un alto. Desde allí, contemplé el pequeño lago donde en teoría el ejército de Cromwell había instalado su campamento. La belleza idílica que contemplaban mis ojos me hicieron darme prisa y aligerando mis pasos, estaba a punto de llegar a su orilla cuando un ruido me hizo saber que no estaba sola. Asustada al saber que si alguien me atacaba allí nadie escucharía mis gritos, me escondí y busqué a mi alrededor el origen de ese sonido.</p>



<p>Al amparo de un arbusto, descubrí a un hombre nadando ajeno a mi presencia. Durante unos segundos, pensé en marcharme, pero cuando ya había decidido hacerlo, al incorporarse, comprobé que estaba desnudo. &nbsp;Y aprovechando que no podía verme al estar de espaldas, me quedé observando la musculatura con la que le había dotado la naturaleza. Pero al recrear la mirada en su espectacular trasero, fue cuando me vi tentada a fotografiarlo. Cayendo, cogí la cámara y usé el zoom para acercarlo.</p>



<p>«¡Qué bueno está!», pensé entusiasmada mientras recorría los hombros, los enormes dorsales y los maravillosos glúteos del desconocido mientras apretaba sin para el botón que lo inmortalizaría en la memoria.</p>



<p>Anticipando que al volver al castillo no dudaría en rememorar en la pantalla de mi ordenador ese momento, los rescoldos del placer que había disfrutado durante el baño se avivaron y me noté mojada.</p>



<p>«Quien le diera un mordisquito», me dije dándome un banquete visual a través del objetivo justo cuando se daba la vuelta y comprobaba que de frente el sujeto estaba todavía mejor.</p>



<p>Disfrutando con la vista de esa lección de anatomía, fotografié su pecho y su musculada tableta con la obsesión de un voyeur.</p>



<p>«¡Por dios! ¡Menudo semental!», exclamé para mí al contemplar en la mirilla el tamaño de sus atributos.</p>



<p>Convertida en una hembra en pleno celo, saqué un par de fotos de su abultada entrepierna mientras la mía se encharcaba como pocas veces al saber que jamás había contemplado y menos disfrutado de una herramienta como aquella. Decidida a saltar sobre su cuello, si el destino me daba la oportunidad de conocerlo, dejé el enorme pene del hombretón y subiendo por su cuerpo, busqué su rostro.</p>



<p>«¡Es Declan!» sollocé al ver sus ojos negros y temiendo que me descubriera, me dejé caer tras el arbusto: «¡Qué vergüenza!».</p>



<p>Asustada hasta el tuétano, no me atreví a mover ni las pestañas mientras a mis oídos llegaban el sonido de sus pasos alejándose. Sabiendo que se había ido, durante cinco minutos permanecí oculta no fuera a volver y me pillara. Mientras esperaba, pensé en la excusa que le daría. Excusa que afortunadamente no tuve que utilizar porque no volvió y más tranquila decidí retornar sobre mis pasos.</p>



<p>«Qué cerca he estado de mandarlo todo a la mierda», concluí imaginando la reacción de mi editor si su amigo le hubiese llamado quejándose de mi comportamiento.</p>



<p>Avergonzada y mientras retornaba hacia Kildarhouse, decidí que en cuanto llegara a mi dormitorio borraría las pruebas de mi pecado.</p>



<p>«Nadie tiene que saber que me he comportado como una obsesa sexual», me dije.</p>



<p>&nbsp;Por azares del destino, estaba a punto de llegar al castillo cuando vi a su dueño a galope a través de los prados y por ilógico que parezca, envidié a su montura. Es más, en mi cerebro, lo imaginé usando mi melena como riendas mientras tomaba posesión de mi cuerpo. Entonces y solo entonces, comprendí que jamás me desprendería de las fotos que le había tomado y que en cuanto pudiera, las usaría para maximizar el realismo del protagonista de mi novela.</p>



<p>«Al fin y al cabo, vine a Irlanda en busca de inspiración», sentencié excusándome de antemano al saber que también les daría un uso menos literario.</p>



<p>Esquivando todo sentimiento de culpabilidad, aceleré mis pasos con ganas de ponerme frente al ordenador y describir todas y cada una de las sensaciones vividas mientras lo espiaba.</p>



<p>Al traspasar el portón de entrada, me topé de frente con Dora, el ama de llaves. La cual se acercó a mí y pidiendo perdón por su comportamiento del día anterior, se ofreció a ayudarme en lo que necesitara. No tuve que estresar mis neuronas para saber que su oferta se debía a las ganas de perderme de vista y que para ella cuanto menos tiempo estuviera deambulando por la fortaleza, mejor.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿No sabrá de algún libro donde pueda documentarme sobre la historia de esta casa? ― pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La anciana murmuró que la siguiera y llevándome a la biblioteca, señaló un mueble acristalado que había en una esquina:</p>



<p>―Aquí encontrará todo lo que pueda necesitar― tras lo cual, se marchó sin siquiera despedirse.</p>



<p>Confieso que no me importó al ver la cantidad de libros y documentos que tenía que revisar.</p>



<p>―Gracias por todo― me despedí dudando que me hubiera oído. Tras lo cual, poniéndome en acción, comencé a examinar uno a uno cada ejemplar en busca de información.</p>



<p>De inmediato comprendí que me hallaba frente a un verdadero tesoro y que aun dedicándole ocho horas diarias durante un mes podría absorber todos los datos que contenían esas páginas. Por ello, no tuve otra que empezar a discriminar por fechas y tras localizar los que se referían a los años que me interesaban, dejé el resto tal y como los había encontrado.</p>



<p>Con ellos bajo el brazo, subí por las escaleras y fijándome brevemente en el lienzo de Helen Darby, reparé en que mis rizos de ese día se parecían y mucho a los de esa joven.</p>



<p>―Si Gerald se parecía a Declan, no entiendo que lo hayas dejado― dirigiéndome al retrato, comenté.</p>



<p>Por un breve instante, me pareció intuir su dolor. Desternillada de risa al sentirme ridícula hablando con un cuadro, proseguí el camino hacia la habitación. Como había planeado, lo primero que hice fue descargar las imágenes de la cámara en la nube para a continuación borrarlas de la memoria. Confieso que estuve tentada de darme un homenaje abriéndolas, pero conteniendo las ganas me puse a escribir la escena de la laguna. Para incrustarla dentro de la historia, tuve que cambiar a los protagonistas haciendo que Helen fuera la mujer tras los arbustos y Gerald, el hombre que se bañaba. Lo que no varié ni un ápice fue la excitación que me dominó al contemplar a ese dios hecho carne y recalcando sobre todo las sensaciones que experimenté rellené un par de folios antes de darme cuenta del tamaño que habían adquirido mis pezones al recordarlo.</p>



<p>«A este paso, terminaré escribiendo una novela erótica», concluí al releer las páginas que había escrito y asumiendo que Peter no diría nada si con ello aumentaba las ventas, guardé los cambios.</p>



<p>Al ser la una y treinta y cinco, comprendí que llegaba tarde a comer y que mi anfitrión debía estar esperándome. No queriendo llegar tarde, me arreglé un poco el pelo y bajé. Cumpliéndose mis negras predicciones, Declan estaba molesto y señalando el reloj, me recriminó la tardanza.</p>



<p>―Gerald, lo siento. No volverá a ocurrir― respondí sin darme cuenta de cómo le había llamado.</p>



<p>Al hacerme ver el error, me eché a reír y le expliqué que estaba tan centrada en la historia de su antepasado que no me había dado cuenta.</p>



<p>―Menos mal, pensaba que te habías contagiado y creías en fantasmas.</p>



<p>―Para nada, sigo teniendo los pies en la tierra― sonreí mientras lo miraba cautivada.</p>



<p>Ajeno a que lo había visto desnudo, ese portento se revolvió incómodo en la silla al percibir quizás la forma en que con los ojos lo estaba devorando y cambiando el hilo de la conversación comentó que era una pena que no hubiera disfrutado de la buena mañana que había hecho.</p>



<p>―Debías de haber aprovechado el buen tiempo para salir a dar una vuelta.</p>



<p>Incapaz de reconocerle que había dado ese paseo, me defendí diciendo que Peter me había dado solo un mes para terminar de escribir el libro y que por tanto no tenía tiempo que perder.</p>



<p>―Lo comprendo― contestó: ―Como dicen los curas, la obligación antes de la devoción.</p>



<p>―Además, no conozco a nadie― dejé caer insinuando que vería con agrado que me invitara la próxima vez.</p>



<p>Cayendo de bruces en mi artimaña, ese saco de músculos comentó que esa noche había quedado en el pub con unos amigos y que, si me veía con ánimos, podía ir con ellos.</p>



<p>―Dime a qué hora y estaré lista― respondí con demasiada elocuencia.</p>



<p>Declan creyó que la rapidez en contestar se debía a mis ganas de agradar y tomando mi mano, me alertó que había quedado con una pareja que era la dueña de un palacio vecino. Ese gesto carente de segundas intenciones desbordó mi imaginación y soñando que tras la cita me llevara directamente a su cama, respondí:</p>



<p>― ¿Tienen también fantasmas?</p>



<p>La carcajada que soltó me sonó a música celestial y contra mi voluntad, mis bragas se humedecieron al ver que ese estirado se encontraba a gusto en mi compañía.</p>



<p>―Creo que no y de tener alguno, no sería tan interesante para captar tu atención. Para eso ya tienes a mi torturado antepasado.</p>



<p>―Por cierto, ¿existe algún retrato de Gerald? ― pregunté: ―Lo digo para ponerle cara al protagonista de la historia que estoy escribiendo.</p>



<p>―Lo tienes enfrente― señalándose, contestó.</p>



<p>Dando por sentado que me estaba tomando el pelo, insistí si al igual que Helen tenía un cuadro, si había alguno de su antepasado.</p>



<p>―En serio, soy igualito a él― respondió.</p>



<p>Al comprobar que no lo creía, me cogió del brazo y me llevó a su despacho. Una vez ahí, desternillado, se colocó junto a un enorme lienzo que si no llega a ser por la antigüedad del mismo y la vestimenta hubiese jurado que el retratado era él.</p>



<p>&nbsp;―Es imposible― me dije completamente atónita por el parecido.</p>



<p>―Yo soy más guapo― declaró muerto de risa al ver mi cara.</p>



<p>―De eso nada, solo eres más joven― contesté fijándome en las canas que el pintor había pincelado sobre sus sienes.</p>



<p>Alternando la vista entre uno y otro, observé un montón de diferencias que en el primer vistazo no había advertido y numerándoselas, concluí diciendo:</p>



<p>―Me quedo con el difunto.</p>



<p>Lejos de molestarle mi elección, le hizo gracia y señalando el cuadro de su prometida, contestó:</p>



<p>―Y yo, con Helen.</p>



<p>Defendiendo sin ningún pudor el valor de mis curvas, contrataqué:</p>



<p>―Eso es porque esa descocada va enseñando los pechos.</p>



<p>Y sin esperármelo ni yo, me abrí un botón de la camisa y marcando escote, añadí:</p>



<p>―Repítelo si te atreves.</p>



<p>El gesto lo cogió desprevenido y aunque me consta que intentó evitar mirar el profundo canal que de forma tan descarada le mostraba, no pudo. Es más, siguiendo los dictados de sus instintos, recibí las caricias de su mirada recorriendo mis senos.</p>



<p>― ¿Se puede saber a qué juegas? ― reaccionando cabreado preguntó al advertir mi sonrisa.</p>



<p>Reconozco que disfruté al ver que había conseguido alterar a ese hombre y quizás eso me azuzó a seguir picándolo:</p>



<p>―Demostrarte que las pelirrojas de hoy en día no tenemos nada que envidiar a las de antaño.</p>



<p>Sintió mis palabras como un reto y tomándome de la cintura, me acercó a él:</p>



<p>―Lo mismo se aplica a los O´Brien. Si Gerald fue capaz de enamorar a Helen, yo podría hacer lo mismo contigo.</p>



<p>Su cercanía desmoronó mis defensas y alcé la cara esperando un beso que nunca llegó. Humillada al ver que se abstenía de aprovechar que le había dado entrada con los labios entreabiertos, le pegué un empujón:</p>



<p>―Jamás me entregaría a un cretino cómo tú.</p>



<p>― ¿Estás segura? ― contestó muerto de risa.</p>



<p>&nbsp;Sintiendo su escarnio como una cuchillada trapera, repliqué:</p>



<p>―Tenemos un mes para comprobar cuál de los dos tiene razón. Desde ahora te digo que perderás y que serás tú el que implore mis besos.</p>



<p>― ¿Puedo considerar esto como una apuesta en firme? ¡Señorita Ryan!</p>



<p>―Puede y debe, señor O’Brien. Le aseguro que estará babeando por mí antes de vencer el plazo.</p>



<p>Al extender su mano en señal de trato, fui tan ingenua de tomársela y abusando de mi candidez, me atrajo hacia él para robarme un beso. Reaccionando a tiempo, bajé la cara evitando que culminara su traición para acto seguido contratacar llevando mis manos entre sus piernas.</p>



<p>― No tengo ni idea a qué tipo de mujeres estás acostumbrado, pero nunca me he considerado una damisela indefensa― respondí mientras apretaba su virilidad con los dedos.</p>



<p>Juro que jamás me esperé que le provocaría una erección y menos que al contemplar mi cara, ese capullo se carcajeara:</p>



<p>―Ahora que sabes lo que te perderías, no tengo ninguna duda de mi victoria y que acudirás desnuda a mi cama en busca de caricias.</p>



<p>Para mi desgracia, yo tampoco al sentir la dureza de mis pezones. Más indignada conmigo que con él, elevé la apuesta diciendo:</p>



<p>―Kildarhouse cayó dos veces en manos inglesas y conmigo será la tercera.</p>



<p>Desternillado, respondió a mi embate:</p>



<p>―Ningún O´Brien se casaría con una vasalla de ese decadente imperio.</p>



<p>Comprendí que había interpretado mis palabras como una oferta de matrimonio y picada, repliqué:</p>



<p>―Tú serás el primero. Ni siquiera Gerald levantándose de la tumba lo impedirá.</p>



<p>Todavía resonaba mi melodramática respuesta cuando de improviso el viento abrió una ventana, lo cual aproveché para gritar:</p>



<p>―Hasta el fantasma lo sabe.</p>



<p>Demostrando que no era inmune a la leyenda, Declan palideció y dejando la discusión, me rogó que pasáramos al comedor&#8230;</p>
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		<title>&#8220;La princesa Maga y sus cuatro sacerdotisas&#8221;. Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 08:17:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><b><a href="https://www.amazon.es/dp/B078X2BGD9"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18592" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2.jpg" alt="" width="7368" height="2504" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2.jpg 7368w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2-300x102.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2-768x261.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2-1024x348.jpg 1024w" sizes="(max-width: 7368px) 100vw, 7368px" /></a>Sinopsis:</b></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;">
<p><span style="font-size: 14pt;">Un negocio en Africa hace que nuestro protagonista entre en contacto con la realidad de una cultura y una gente que le eran desconocidas. Sin saber cómo ni porqué se deja llevar por su soberbia y cierra un trato con un reyezuelo local desconociendo que al comprar su heredad no solo estaba adquiriendo unas tierras sino que ese apretón de manos llevaba incluido su boda con su hija, la princesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Temiendo por su puesto de trabajo, es incapaz de rehuir es trato aunque ello lleve emparejado unirse de por vida con una mujer con la que siquiera ha hablado y sin conocer las consecuencias que eso tendría. Al ir conociendo a su esposa, Manuel descubre que sus paisanos le tienen un respeto desmedido y que bajo la apariencia de una bella joven se esconde una maga de inmensos poderes. Para terminar de complicar las cosas donde va ella, van las cuatro premières&#8230; sus sacerdotisas que tambien se consideran sus esposas.</span></p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></div>
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<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-weight: bold; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</span></div>
<h1><strong style="font-size: 14pt; color: #333333; font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;">PRÓLOGO.</strong></h1>
</div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Nunca me había creído una buena persona, es mas siempre me había considerado un cabrón insensible y carente de sentimientos que iba a lo suyo. Aunque había media docena de tipos que me tenían en buena estima, tengo que reconocer que pasaba de ellos y que lejos de considerarles amigos, para mí siempre habían sido meras herramientas para usar o desechar según el caso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nunca había tenido una verdadera relación y mis teóricas novias no pasaron jamás de coños donde descargar mis ganas. Aunque alguna de ellas llegó a enamorarse de mí y creer que yo le correspondía, todas y cada una de mis conquistas hoy ni siquiera me hablan. Para ellas soy un cerdo. Razón no les falta. A la gran mayoría les puse los cuernos y aquellas que tuvieron la suerte de no lucir una cornamenta a buen seguro tampoco me recuerdan con cariño porque en cuanto me cansaba de ellas, las echaba de mi lado sin contemplaciones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Confieso que hijo de perra, capullo, maldito, egoísta y otras lindezas son apelativos que definían mi carácter y estaba orgulloso de ello. Es más siendo un trepa que no le importaba dejar cadáveres a su paso, subí rápidamente en la multinacional donde trabajaba y con menos de treinta años, ya era subdirector para España.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ¡Joder! Me miraba al espejo y me ponía cachondo porque el cretino del otro lado era única persona que amaba en este mundo. Tenía pasta, era guapo, no me faltaban las tías… era un tipo afortunado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero todo aquello cambió a raíz de un jodido ascenso, cuando revisando mi trayectoria los mandamases decidieron que podía hacerme cargo de llevar a buen puerto una enorme inversión que la empresa iba a hacer en África Central.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Allí empezó esta historia la cual dudo alguien se llegue a creer y todo ocurrió por un tonto del culo que creyéndose por encima del bien y del mal, actuó sin conocer antes la cultura de sus gentes….</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>CAPÍTULO 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mi llegada a ese país debía de haber advertido que no debía dar por sentado nada. Os confieso que hoy sé que a pesar de mis múltiples éxitos era un paleto con ínfulas de general y por ello no se me ocurrió pensar que en diciembre en esas tierras de Dios haría un calor insoportable. Todavía recuerdo que llevaba corbata al bajarme del avión, la cual tuve que quitarme aún antes de llegar a la terminal porque el termómetro marcaba más de cuarenta grados.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Seré gilipollas», pensé mientras me quitaba el abrigo, la chaqueta, la bufanda y la corbata.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi segunda sorpresa fue verme rodeado de negros. Os reiréis pero a pesar de saber que el noventa y nueve por ciento de sus habitantes eran de esa raza, una cosa es saberlo y otra bien distinta es entrar a la terminal y ser el único blanco. La sensación de ser un bicho raro era una novedad lo suficiente incómoda para que al salir del aeropuerto con el traductor―chófer―hombreparatodo que la compañía había puesto a mi disposición estuviese cabreado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Quién cojones me creía al aceptar el puesto!», recuerdo que pensé al ir a por el coche con el sol africano golpeándome la nuca. Lo peor fue que al abrir la puerta del automóvil descubrí que el puñetero moreno no había tenido la precaución de guardarlo bajo una sombra y su interior era una sauna. Ni se me pasó por la cabeza meterme en ese horno sino que obligué al tal Pedro a encender el aire acondicionado y me encendí un cigarro mientras esperaba que se volviera habitable.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Cómo me habré dejado convencer?», me lamenté mirando a mi alrededor y ver el lamentable estado del aeropuerto, «Solo hay pobreza».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Acostumbrado a la vida occidental y aunque me veía capaz de soportar cualquier prueba que el destino pusiera frente a mí, eché de menos mi apartamento de soltero, mis compañeros de juergas y mis putas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No tardaré en encontrarles un sustituto», sentencié apagando el pitillo contra el deteriorado asfalto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Quince minutos después Pedro me avisó que ya podía subirme al todoterreno y para entonces, mi camisa ya estaba empapada de sudor pero no me importó porque vi como una liberación sentir el frescor que salía de los dispensadores del aire acondicionado, sin saber que tardaríamos tres horas en recorrer los cuarenta kilómetros que había entre la capital del país y el poblacho infecto donde tenía que terminar de negociar la compra de unos terrenos con el jefe tribal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De haber sabido lo que se me avecinaba, me hubiese llevado al menos a un miembro de la embajada versado en la cultura de esa etnia pero como el exitoso ejecutivo que creía que era, no vi problema en enfrentarme a un iletrado subsahariano yo solo. En teoría iba a un mero trámite, mis jefes me habían puesto un precio máximo que podría pagar y no pensaba traspasar ese límite.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Compro las tierras, vuelvo al hotel y mañana otra vez en España a esperar que empiecen las obras», me dije mientras miraba absorto la naturaleza de ese país.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al llegar a esa aldea, a pesar del polvo de sus caminos y la miseria masticable de sus gentes, no pude de dejar de valorar el espectacular entorno donde la multinacional quería instalar la fábrica.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Qué paraíso!», exclamé al ver la exuberante vegetación de esa franja de terreno pegado al lago Marahoue.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De buen grado me hubiese quedado horas admirando el paisaje pero como no tenía tiempo que perder si quería volver a dormir a la ciudad, azucé a Pedro para que me llevara con el tipo que íbamos a ver. Tal y como había previsto, el jefe del poblado resultó un viejo gordo, canoso y repugnante casi sin dientes que no paraba de gritar como si estuviera enfadado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Extrañado por ese comportamiento, pregunté al traductor la razón de su cabreo y este me miró como si fuera un ser de otro planeta antes de contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Grita porque le considera un hombre importante y está demostrando con sus berridos la alta estima que le tiene.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No se les pegó nada de los franceses», murmuré para mí y no queriendo que se sintiera menospreciado, a voz en grito saludé a mi oponente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El gerifalte sonrió al oír la traducción de mi acompañante y llamándome, me pidió que me sentara a su lado mientras del interior de la choza nos sacaban unas viandas. Al interrogar al traductor cuando íbamos a hablar del asunto que me había llevado hasta allá, este contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―La costumbre le obliga a honrar a su invitado antes de hablar de negocios.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estuve a punto de vomitar al oler el hedor que manaba de varios de los platos que me pusieron en frente pero, no queriendo ofender a esa gente, probé de todos y cada uno de los guisos. Lo único que se salvaba era la bebida favorita de esa etnia, una especie de vino de palma que estaba realmente bueno. El sabor dulzón de ese brebaje escondía su alto contenido alcohólico y quizás por eso al cabo de dos o tres copas me atreví a piropear a las monadas que servían la comida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El cretino de Pedro sin preguntar tradujo mis palabras al jefe y este soltando una carcajada, me dio las gracias diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No le recomiendo tontear con las mujeres de nuestro pueblo, son todas brujas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su respuesta me hizo gracia y señalando a una diosa de ébano que se mantenía al margen mirándome fijamente y que era especialmente guapa, repliqué:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No me importaría caer bajo su embrujo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ahora sé que debía de haberme mordido un huevo antes de decir tal cosa pero la realidad es que no mentía porque la muchacha en cuestión tenía todo lo que me gustaba como hombre. Era alta, delgada, con pechos duros y un culo de ensueño. Para mi desconcierto, soltando una carcajada el africano me contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eso se puede arreglar― y despidiendo a todos menos al traductor y a mí, comenzó las negociaciones diciendo: ―cuánto está dispuesto en pagar por mi heredad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con la lección aprendida, dejé caer exactamente la mitad de lo que mis superiores habían marcado como límite, sabiendo que esa cifra no era despreciable en términos occidentales pero en ese lugar debía ser estratosférica.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El viejo no pudo disimular su impresión ante tanto dinero pero como avezado negociador empezó a comentar que además del terreno, tenía que pagar el ganado que pastaba en sus prados, la cosecha de piña que estaba a punto de ser levantada, etc…</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Cortando de plano su discurso, cometí el mayor error de mi vida al manifestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Comprendo su inquietud y por ello, en compensación por el dolor que le supone desprenderse de su heredad, le cedería con gusto todo el ganado y los frutos de su trabajo sin descontar nada de su precio, quedándome todo lo demás.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi interlocutor al oírme, sonrió y levantándose me dio un abrazo para acto seguido llamar a gritos a todo el pueblo. La gente se comenzó a arremolinar a mí alrededor mientras empezaban a cantar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué coño pasa?― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Al comprar la heredad del jefe, automáticamente se ha convertido en miembro de la tribu y lo están celebrando― contestó el inútil de mi traductor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En ese momento, la joven a la que había piropeado se sentó a mi lado y me cogió la mano. Algo en su mirada me puso los pelos de punta y extrañado por esa actitud interrogué a Pedro los motivos:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Está demostrando su consentimiento al acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No entiendo― casi chillando respondí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El nativo malinterpretó mi nerviosismo y bajando la voz, me explicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―En esta etnia, las mujeres son libres de aceptar o no al hombre que su padre a elegido para ellas, pero no se preocupe la hija del jefe está contenta con la decisión.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿De qué hablas? Yo solo he comprado los terrenos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La sorpresa de Pedro fue genuina y acercando su boca a mi oreja, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―A eso veníamos pero usted no negoció solo eso, sino el conjunto de la heredad y eso incluye todo― y viendo mi cara de pavor, aclaró: ―como usted ha renunciado previamente al ganado y a la cosecha, además de los terrenos se lleva a su primogénita.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Me estás diciendo que he comprado a esta muchacha?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Indignado el moreno, protestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡En mi país está prohibida la esclavitud! Lo que ha hecho es pagar su dote― y bastante nervioso, bajó la voz al decirme: ―le aconsejo que no se eche atrás porque esta gente es belicosa y no aceptaran que rompa el acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Durante un segundo estuve a punto de salir corriendo pero al mirar a mi alrededor y ver que no había forma de huir, me quedé sentado mientras no dejaba de echarme en cara lo inepto que había sido al ir al culo del mundo a negociar con una cultura diferente sin tener a mi lado a un experto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No hay problema― respondí al traductor mientras pensaba en lo fácil que me resultaría ya en España el anular ese matrimonio― ¡cumpliré con mi palabra!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para mi desconcierto en un correcto español, Thema, mi teórica prometida susurró en mi oído:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No tenía ninguna duda que lo harías. Llevaba años esperando a mi compañero y desde el momento en que te vi supe que la diosa te había elegido para mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su voz a pesar de su dulzura, no estaba exenta de autoridad y todavía alucinado porque hablara mi idioma, pregunté cómo era posible que lo hubiese aprendido en ese lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estaba predestinada a ti desde que mi madre tuvo una visión en la que la Diosa le ordenó que me mandara al colegio de los Padres Blancos a estudiar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sus palabras me parecieron una memez pero aun así agradecí que esa chavala hubiese pasado por esos misioneros, cuyo apelativo venía del color de su hábito, porque así podría comunicarme con ella en mi propia lengua y echando un ojo a la morena no pude dejar de certificar mi primera opinión: ¡era preciosa!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para entonces se había improvisado una fiesta y siendo el centro de la misma, estábamos siendo agasajados con regalos que esa pobre gente no podía permitirse pero aun así nos lo ofrecían. Reconozco que al ver la humildad de esos presentes carentes de valor monetario, pensé en rechazarlos pero entonces apretando mi mano, mi prometida murmuró en mi oreja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Levántate y muestra la ilusión que nos hace el recibir esas baratijas. ¡Son todo lo que tienen!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No sé si fue la dureza de sus palabras o el hecho que tenía razón pero la verdad es que me vi impelido a levantarme y aunque me sentía ridículo, respondí dando un gran abrazo de agradecimiento cada uno de esos regalos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¿Qué narices estoy haciendo?», me pregunté en un momento dado al percatarme que realmente sentía una gran gratitud con esa gente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Leyendo mis pensamientos, Thema comentó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estabas muerto pero con mi ayuda te volverás digno de ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Cabreado por el significado que escondían esa frase, la repliqué:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soy un buen hombre.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sonriendo y sin alzar la voz, esa belleza contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eso no es cierto y lo sabes. Hasta hoy solo has pensado en ti mismo pero eso va a cambiar. Junto a mí, llegarás a lo más alto pero también te convertirás en mejor persona.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que esa niñata se permitiera el lujo de opinar sobre mí sin conocerme, me encolerizó y mirándola a los ojos, me enfrenté a ella. Os tengo que confesar que al hacerlo, me sumergí en sus negros ojos y con el corazón encogido, la espeté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Y si no quiero?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Querrás y tu esposa estará orgullosa de ti.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La seguridad de su tono me hizo palidecer al darme cuenta que tenía que tener cuidado porque esa jovencita quería convertirme en su esclavo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No te preocupes, no es esa mi intención. Deseo todo lo contrario.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué quieres?― respondí molesto por la facilidad que tenía esa cría en leer mi mente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Un líder justo, un compañero leal y un amante ardiente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Enfadado hasta la médula y sin saber por qué, vi en sus palabras una agresión y por eso, de muy mala leche, respondí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Puedo ser lo último pero si quieres alguien fiel, ¡búscate a otro!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi exabrupto no consiguió escandalizar a la morena y acercándose a mí, me hizo saber lo equivocado que estaba al decirme mientras se acariciaba los pechos que después de casarme no me apetecería estar con otra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi reacción me dejó impresionado porque al ver a esa mozuela haciendo gala de sus dones para provocarme no me pude retener y cogiéndola entre mis brazos la besé con una pasión poco propia de mí. Os confieso que a pesar de la presencia de la mitad de ese poblado al sentir la perfección de ese joven cuerpo a través de su ropa, me volví loco y comencé a magrearla con una desesperación que decía poco de mí hasta que muerta de risa, Thema me separó diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ahora no es el momento de demostrarme lo buen amante que eres. Seré tuya pero antes tienes que casarte conmigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Humillado por esa jovencita, me juré a mí mismo que por mucho que insistiera me abstendría de tocarla y que al menos esa noche, esa bruja dormiría sola pero entonces pasando su mano por mi alborotada entrepierna, la morena me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No me importa. Llevo muchos años esperando al hombre que me haga mujer y puedo esperar para dejar de ser virgen. Primero tendrás que venir a mí rogando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Escuchar de sus labios que esa preciosa hembra se mantenía incólume, me excitó de sobre manera pero aun así me mantuve firme en mi decisión de evitar a toda costa que esa muchacha se saliera con la suya.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nuevamente y como si realmente conociera mis pensamientos, Thema me miró pícaramente y viendo que se acercaba el chamán que nos iba a casar, murmuró en mi oído:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Recuerda, llegará la noche que buscarás mis caricias.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Saber que esa preciosidad nunca había estado con un hombre y que estaba decidida a estrenarse conmigo, me dejó sin palabras y por su causa poco os puedo decir sobre la ceremonia que no sea que todo el mundo mostró una extraña devoción a la madre de mi novia y que compartimos un extraño guiso del mismo plato mientras el resto nos miraba con satisfacción. ¡Estaba demasiado ocupado pensando en el lío en que me había metido!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi turbación se incrementó a niveles insospechados cuando, al ritmo de los tambores, un grupo de jovencitas sacó a bailar a la que ya era mi esposa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No es posible», murmuré al quedarme hipnotizado por el modo que se movía en la improvisada pista. Incapaz de desviar mi mirada, mis ojos quedaron prendados al contemplarla bailando para mí mientras su séquito la animaba con las palmas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nadie me lo dijo pero comprendí que estaba ejecutando una danza ancestral en el que me ofrecía sus caderas, sus pechos y toda ella como tributo a nuestra unión. Es más reconozco que todo mi ser, todas mis neuronas se vieron afectadas por el erotismo de sus movimientos antes que me diera cuenta que bajo mi pantalón mi pene había despertado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ¡Ni siquiera lo pensé! Y pegando un rugido, me levanté a darle caza. En ese momento, me sentía un felino y dominado por el espíritu del león, supe que ella era mi hembra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No me preguntéis como sabían que iba a verme subyugado de tal forma pero cuando estaba a punto de llegar a mi presa, dos gigantescos indígenas se pusieron enfrente e intentaron detenerme. Todavía hoy no lo comprendo pero al sentir que eran un obstáculo, los ataqué con saña. Usé mis manos, mis piernas, mis dientes hasta que atemorizados se retiraron dejándome vía libre para ir por mi botín.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Si creéis que Thema se había puesto nerviosa al ver mi agresividad, os equivocáis por que al llegar a su lado me sonrió y tomándome de la mano, me llevó frente a la esposa del jefe y le dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Madre, este hombre ha sido capaz de luchar por tu hija.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> He de decir que no entendía nada pero también que cuando levantándose de su silla esa mujer me miró, me sentí pequeño en su presencia pero al oírla hablar comprendí el por qué todos ese pueblo la adoraba. Su voz tenía el poder subyugante de la de su retoño pero magnificado por mil.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué ha dicho?― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Que la Diosa ha hablado y que te encuentra digno de ella. A partir de este momento, eres su elegido y ella encarnada en mí es tu mujer y tú eres su marido― emocionada tradujo la muchacha y saltando a mis brazos, me besó con pasión mientras repetía una y otra vez el mismo mensaje: ―Tuya y mío, nuestro por toda la eternidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El placer con el que recibí esa condena de por vida me dejó impactado porque no en vano jamás había entrado entre mis planes casarme y menos con una desconocida por muy buena que estuviera. No me reconocía en el imbécil que babeaba al lado de esa morena y por ello haciendo un esfuerzo sobrehumano, dejé de besarla y casi pidiendo perdón no fuera a verme demasiado ansioso, viendo que la fiesta había acabado, pregunté a mi ya esposa dónde íbamos a pasar la noche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Donde va a ser!― exclamó escandalizada― En la casa de mi marido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Avergonzado, tuve que reconocer que no tenía ninguna porque había llegado ese mismo día a Costa de Marfil y no había tenido tiempo de alquilarla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Si la tienes― contestó: ― Al casarte conmigo y como mi madre sabía que íbamos a vivir en la capital, en calidad de dote te ha regalado una.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Imaginándome el tugurio, estuve a punto de decirle que no hacía falta, que podíamos ir a un hotel y que entre mis retribuciones, mi empresa se encargaría de pagarme una vivienda digna pero viendo su alegría preferí quedarme callado y solucionar ese tema a posteriori.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Será solo una noche», sentencié sin advertir que quizás por primera vez en mi vida había pensado en otra persona en vez de en mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por enésima vez en pocas horas, los hechos me sobrepasaron porque cuando ya estaba subiéndome el coche que me había llevado hasta ese remoto lugar, escuché a Thema decirme:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Piensas dejar mi coche con mis cosas aquí?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al girarme, vi un enorme todoterreno último modelo saliendo de detrás de las chozas. Si de por sí tamaño vehículo no me cuadraba con la supuesta humildad de esa gente, lo que realmente me dejó descolocado fue ver que en el que había venido se subían cuatro de las jóvenes que habían servido el banquete. No sabiendo qué narices hacían, se me ocurrió comentar que si las íbamos a acercar a algún lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Son mis damas de compañía. Donde yo voy, ellas vienen conmigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, con la señorita. No le basta con una chacha, ¡necesita cuatro!», pensé anotando ese detalle en la agenda de temas a discutir tras lo cual entré en la moderna bestia con ruedas propiedad de esa extraña y desconocida mujer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena esperó a que me acomodara a su lado para ordenar al chofer que arrancara, tras lo cual se pegó a mí diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sé qué todo te resulta nuevo y que tienes dudas pero te aseguro que te haré feliz.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Cómo lo sabes?― pregunté afectado al oler la fragancia natural que manaba de la muchacha mientras intentaba que no notara lo mucho que me atraía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Muerta de risa y apoyando su cara contra mi pecho, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me lo ha dicho la diosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En el poco tiempo que la conocía, lo único que tenía claro de esa belleza es que veía en todo un designio religioso y aunque el ateo que había en mí se rebelaba ante tanta superchería, preferí quedarme callado y disfrutar de la grata sensación de tenerla entre mis brazos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Créeme cuando te digo que seremos dichosos juntos― murmuró cerrando los ojos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Minutos después comprendí que se había quedado dormida cuando el conductor no pudo esquivar un bache del camino y tuve que retenerla con una mano. Mano que desgraciadamente se posó en su pecho, al darme cuenta no pude ni quise retirarla al saber que jamás había tocado algo tan perfecto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esta niña me va a volver loco», reconocí mientras aprovechaba para acariciar esa belleza.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aun sabiendo que me estaba sobrepasando, no fui capaz de parar y sopesé entre mis dedos su tamaño y dureza antes de dar otro paso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Dios, ¡cómo me gusta!», murmuré entre dientes al rozar con mis yemas su pezón, el cual no permaneció impávido y nada más sentir ese roce se irguió bajo su vestido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Envalentonado, lo estuve toqueteando durante unos minutos hasta que ya excitado decidí que con eso no me bastaba y viendo que se le había subido la falda, bajé mi mano por su cuerpo hasta una de sus piernas. La suavidad de su piel fue el aliciente que necesitaba para continuar y mientras mi mente trataba de restablecer mi cordura, fui recorriendo sus muslos con mis yemas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eres malo― ronroneó ya despierta al saber hacía donde dirigía mis caricias y lejos de recriminar mi osadía, la alentó separando sus rodillas mientras me decía: ―Tuya y mío, nuestro por toda la eternidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que repitiera era frase como si fuera una oración, no consiguió desviarme de mi objetivo y posando mis dedos sobre el coqueto tanga que llevaba, localicé el botón escondido entre sus pliegues para acto seguido comenzar a acariciarlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―La diosa me ha bendecido― gimió en voz baja al experimentar quizás por vez primera el contacto de unos dedos que no fueran los suyos con esa sensible parte de su anatomía y cediendo a sus impulsos, empezó a mover sus caderas al ritmo que mis yemas mimaban su clítoris.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para entonces todo mi ser estaba concentrado en darle placer y viendo su entrega, me permití el lujo de apartar con mis dedos el último obstáculo que me separaba de su sexo. Thema al sentir que esas caricias se repetían ya sin la presencia de la tela, suspiró calladamente y mirándome a los ojos, me rogó que continuara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Disfruta― susurré en su oído mientras reiniciaba el asalto sobre su erecto y empapado botón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estuve tentado de hundir mi cara y que fuera mi lengua la que recorriera esas tierras inexploradas pero la presencia del conductor me lo impidió y por eso tuve que contentarme con torturar dulcemente a esa extraña y bella mujer cómodamente aposentado en el sillón trasero del todoterreno.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¿Qué me pasa?», me lamenté al saber que estaba haciendo exactamente lo que no debía mientras todas las células de mi cuerpo ardían por la lujuria.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi calentura era tan brutal que olvidando mis reparos, introduje una de mis yemas en el interior de su sexo y comencé a moverlo de fuera a adentro y de dentro a afuera como si me la estuviese follando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Se va a correr», adiviné al notar que Thema parecía sufrir los embates de una descarga eléctrica. Tal y como preveía, esa muchachita no tardó en retener las ganas de gritar al sufrir un gigantesco orgasmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tampoco a mí me resultó fácil experimentar cómo mis dedos se impregnaban con la pringosa prueba de su placer e incrementando mis toqueteos, la llevé a la locura mientras mi pene se alzaba bajo el pantalón y me pedía que la tomara. En vez de ello, me tuve que conformar retirar mi mano de su entrepierna y llevándola a su boca, ordenar que lamiera mis dedos cuando en realidad deseaba que devorara otra cosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena no solo me obedeció sino que sacando la lengua, simuló que me hacía una mamada. Al verla comportándose como una puta, casi me corro y fue entonces cuando comprendí lo difícil que me sería evitar que esa noche fuera hasta su cama rogando porque me hiciera un sitio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Una vez repuesta, se arregló la ropa y sonriendo, murmuró en mi oreja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Gracias, por hacer que yo disfrutara sin pensar en ti.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Si ya de por sí fue duro darme cuenta que tenía razón y que algo estaba cambiando en mi interior al anteponer su felicidad a mi lujuria, lo peor fue volver a oír de sus labios la puñetera letanía que me recordaba mi condena:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tuya y mío, nuestro por toda la eternidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No habrá eternidad ni siquiera otra próxima vez, ¡tengo que librarme de esta loca!», sentencié y girándome, me puse a mirar por la ventana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nuestro todoterreno y el que conducía Pedro avanzaban lentamente sobre el camino de tierra. El polvo que levantaba el jeep que nos precedía me dificultaba y mucho la visión pero el paisaje que conseguía vislumbrar era sumamente agreste, montañas y valles escarpados, ausencia de humedad y pobreza por doquier.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque había pasado por esa carretera al ir hacia el poblado, no la recordaba. Por la mañana me había parecido una zona olvidada por la civilización pero sin más. En cambio en ese momento cada paraje me parecía más duro que el anterior y sin saber porque me empecé a indignar, echando la culpa de su miseria a la dejadez de sus dirigentes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esta gente necesitan un guía que se preocupe por ellos e inversiones. Si occidente invirtiera una mínima parte de lo que gasta en armamento, esta tierra podría ser un paraíso», pensé mientras las curvas se sucedían unas a otras sin pausa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De pronto a la salida de una de ellas, el chofer tuvo que frenar para no atropellar a una mujer tirada en el suelo. Estaba todavía intentando comprender qué había pasado cuando abriendo su puerta, Thema salió a socorrerla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Qué haces! ¡Puede ser una trampa!― grité alarmado por si todo era una treta para que paráramos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La insensata muchacha obvió mi protesta y auxilió a la herida sin darse cuenta que contra una valla había dos militares armados con Kalashnikov. Yo en cambio sí me fijé y temiéndome lo peor intenté llevarla de vuelta al coche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Déjame, ¡esta mujer necesita ayuda!― sollozó al sentir que la levantaba del suelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Es peligroso, hay gente armada― comenté esperando que al verlo ella misma entrara en razón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me da igual, es mi deber el cuidar de mi pueblo― insistió y zafándose de mí volvió junto a la mujer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para entonces Pedro ya se había bajado y quizás más asustado que yo, me avisó que no era bueno auxiliar a esa musulmana, no fuera a ser que los militares nos tomaran por unos rebeldes del norte. Yo ni siquiera había caído en su velo pero al recordar que había leído que existía un foco de rebelión islamista en esa zona, decidí que quisiera o no me llevaría a la muchacha de ahí y por eso cogiéndola en brazos, separé por segunda vez a Thema de la herida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya la había metido en el todoterreno cuándo mirándome con los ojos plagados de lágrimas, me rogó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No podemos dejarla ahí, esos bestias la matarán.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su insistencia me desesperó y siendo al menos tan majadero como ella, volví a por la mujer para subirla al coche. Afortunadamente para mí, los tipos con metralletas se tomaron a risa que un blanquito se dignara a manchar su ropa con la sangre de una de su clase y no tomaron represalias.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En cambio, yo al sentarme en el asiento del copiloto porque el mío estaba ocupada por la musulmana, me giré para pegarle una sonora bronca a la muchacha:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Podían habernos matado! ¿En qué coño pensabas?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sabía que la Diosa me protegería y que tú me ayudarías― respondió levantando su mirada un instante para acto seguido volver a cuidar a la herida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Definitivamente estás loca― rezongué con un cabreo del diez mientras ordenaba al conductor que acelerara y nos alejara de esos dos indeseables…</span></p>
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		<title>&#8220;UNA EMBARAZADA Y SU DINERO, MIS MEJORES AFRODISIACOS&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2026 10:10:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Descubrir que una embarazada y yo somos herederos de una fortuna, reavivan mi alicaído libido. Con 42 años, las mujeres habían pasado a un segundo plano hasta que me enfrenté a ese cuerpo germinado. Los pechos, el culo de Ana y su dinero se convirtieron en mis mejores afrodisíacos Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/gp/product/B01BH06ZNM &#160; Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos: Capítulo uno Como a muchos hombres de mi generación, el estrés continuado durante años producto del trabajo me había llevado a una inapetencia sexual. Aunque sea [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><b><a href="https://www.amazon.es/dp/B01BH06ZNM"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18632" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia.png" alt="" width="1500" height="583" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia.png 1500w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia-300x117.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia-768x298.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia-1024x398.png 1024w" sizes="(max-width: 1500px) 100vw, 1500px" /></a>Sinopsis:</b></div>
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<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;">
<p>Descubrir que una embarazada y yo somos herederos de una fortuna, reavivan mi alicaído libido. Con 42 años, las mujeres habían pasado a un segundo plano hasta que me enfrenté a ese cuerpo germinado. Los pechos, el culo de Ana y su dinero se convirtieron en mis mejores afrodisíacos</p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B01BH06ZNM">http://www.amazon.es/gp/product/B01BH06ZNM</a></span></div>
<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-weight: bold; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-large;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</span></div>
<h1><span lang="ES-TRAD" style="color: windowtext;">Capítulo uno</span></h1>
</div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como a muchos hombres de mi generación, el estrés continuado durante años producto del trabajo me había llevado a una inapetencia sexual. Aunque sea duro reconocerlo, no me considero un bicho raro al confesaros que, con cuarenta y dos años, las mujeres habían pasado a segundo plano en mi vida. Sin ser un eunuco, ya no eran mi prioridad y prefería una buena comilona con un grupo de amigos tras un partido de futbol a un revolcón con la putita de turno. Siendo heterosexual convencido y probado, era consciente de la belleza de determinadas mujeres que revoloteaban a mi alrededor pero me consideraba inmune a sus encantos. Simplemente no me apetecía perder mi tiempo en la caza y captura de una de ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo más curioso de asunto es que todo lo que os he contado antes cambió con la persona menos indicada y en las circunstancias más extrañas. Os preguntareis cuándo, cómo y con quién se dio ese cambio. La respuesta es fácil:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Con mi prima Ana, al verla embarazada y en Filipinas”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como en tantas historias, todo comenzó por un hecho fortuito y en este caso luctuoso: la muerte de un tío. Evaristo, el difunto era un familiar que después de la guerra había organizado las maletas y se había ido al extremo oriente en busca de fortuna. En mi caso, solo lo había visto una vez y eso hacía muchos años. Por eso me sorprendió la llamada de un abogado, avisándome de su muerte y de que me había nombrado heredero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No creyendo en mi suerte, le pregunté cuanto me había dejado. El letrado me contestó que no lo sabía porque esa encomienda era un encargo de un bufete de Manila del que ellos solo eran representantes. De lo que sí pudo informarme fue que al lunes siguiente se abriría el testamento en sus oficinas con las presencia de todos los beneficiarios.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Hay más herederos?― molesto pregunté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tipo al otro lado del teléfono notó mi tono y revisando sus papeles, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Son dos. Usted y Doña Ana Bermúdez.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Así me enteré que mi prima Ana era la otra afortunada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es lógico. Somos sus parientes más cercanos», pensé al recordar que ese hombre era el hermano de nuestro abuelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A pesar de haber perdido el contacto con ella, me tranquilizó saber con quién iba a tener que compartir lo mucho o lo poco que nos había legado ya que Ana siempre me había parecido una persona bastante equilibrada. Por ello, confirmé mi asistencia a la apertura del testamento y anotándolo en mi agenda, me desentendí de ello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La cita en el bufete.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> He de reconocer que una vez en casa, fantaseé con la herencia y me vi como un potentado a cargo de una plantación de tabaco al hacer memoria que el tal Evaristo se vanagloriaba de la calidad de los puros que elaboraba en esas tierras mientras gastaba dinero en el pueblo sin ton ni son, con el objeto de restregar a toda la familia su éxito.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Quién me iba a decir que iba a disfrutar del dinero que ese viejo ganó con tanto trabajo», ilusionado medité al caer en la cuenta que el bufete al que iba a ir era uno de los mejores de Madrid y por ello asumí que el legado debía de ser importante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por ello, intenté contactar con Ana para conocer de antemano cuál era su sentir en todo ello, pero me resultó imposible porque increíblemente nadie que conocía tenía su teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué raro!», me dije tras darme por vencido, «es como si hubiese querido romper con todo su pasado». No dando mayor importancia a ese hecho, la mañana en que iba a conocer cuál era mi herencia, ve vestí con mis mejores galas y acudí a la cita.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tal y como era previsible, las oficinas en que estaban ubicado ese despacho de abogados destilaban lujo y buen gusto. Quizás por ello, me sentí cortado y tras anunciarme con la recepcionista, esperé sentado que me llamaran tratando de pasar desapercibido. Al salir de casa creía que mi vestimenta iba acorde con la seriedad de la reunión pero, al llegar a ese sitio, deseé haberme puesto una corbata.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Esto está lleno de pijos», mascullé cabreado asumiendo que me encontraba fuera de lugar. Si ya me consideraba inferior, esa sensación se incrementó al reconocer a mi prima en una ricachona que acababa de entrar por la puerta. Envuelta en un abrigo de visón y con peinado de peluquería, Ana parecía en su salsa. Si yo había dado mi nombre y poco más, ella se anunció exigiendo que la atendieran porque tenía prisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menuda borde!», pensé al escuchar sus malos modos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Levantándome de mi asiento, me dirigí a ella y saludé. La frialdad con la que recibió mis besos en sus mejillas me confirmó que en esa altanera mujer, nada quedaba de la chiquilla inocente que había sido y por eso volví a sentarme, bastante desilusionado. La diferencia de trato, me quedó clara cuando a ella la hicieron pasar directamente a un despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «A buen seguro, Ana es la beneficiaria principal y yo en cambio solo recibiré migajas», sentencié mientras intentaba mantener la tranquilidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Enfrascado en una espiral autodestructiva esperé a que me llamaran. Afortunadamente la espera duró poco ya que como a los cinco minutos, uno de los pasantes me llamó para que entrara a la sala de reuniones. Allí me encontré con cuatro abogados de un lado y a mi prima del otro. No tuve que ser un genio para leer en su rostro el disgusto que le producía mi presencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Debió pensar que ella era la heredera universal de Evaristo», comprendí al ver su enfado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo forzar el enfrentamiento que a buen seguro tendríamos en cuanto nos leyeran el testamento, pregunté cuál era mi sitio. El más viejo de los presentes me rogó que me sentara al lado de ella y sin dar tiempo a que me acomodara, comenzó a explicar que nos había citado para darnos a conocer el legado de nuestro tío.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Corte el rollo, ¿cuánto me ha dejado?― fuera de sí, le recriminó mi prima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su mala educación no influyó al abogado que, con tono sereno, le contestó que no sabía porque antes tenía que abrir el sobre que contenía sus últimas voluntades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pues hágalo, no tengo tiempo que perder.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El sujeto, un auténtico profesional, no tomó en cuanta la mala leche de mi familiar y siguiendo los pasos previamente marcados, nos hizo firmar que en nuestra presencia rompía los sellos de ese paquete. Os juro que para entonces se me había pasado el cabreo al ver el disgusto de esa zorra y gozando a mi manera, esperé a que el abogado empezara a leer el testamento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras las típicas formulas donde se daba el nombre de mi tío y el notario declaraba que a pesar de su edad tenía uso pleno de sus facultades, fue recitando las diferentes propiedades que tenía en vida. La extensa lista de bienes me dejó perplejo porque aunque sabía que mi tío era rico nunca supuse que lo fuera tanto y por ello, cuando aún no había terminado de nombrarlas, ya me había hecho una idea de lo forrado que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Era millonario!», exclamé mentalmente y completamente interesado, calculé que aunque solo recibiera un pequeño porcentaje de su fortuna me daría por satisfecho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ana se le notaba cada vez más enfadada y solo pareció apaciguarse cuando el letrado empezó a leer las disposiciones diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mi adorada sobrina, Doña Ana Bermúdez, en virtud de haber dedicado sus últimos años a cuidar de mí…― la cara de mi prima era todo satisfacción pero cambió a ira cuando escuchó que decía― …le dejo el cincuenta por ciento de mis bienes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante unos segundos, mantuvo el tipo pero entonces fuera de sí empezó a despotricar del viejo, recriminándole que ella era la única que se había ocupado de él.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El abogado obviando sus quejas, prosiguió leyendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mi sobrino, Manuel Bermúdez, como único varón de mi familia le dejo el otro cincuenta por ciento siempre que acepte cumplir y cumpla las condiciones que señalo a continuación…―os juro que mi sorpresa al saberme coheredero de esa inmensa fortuna fue completa y por eso me costó seguir atendiendo― …Primero: Para hacerse cargo de la herencia, debe vivir y residir en mi casa de Manila durante un mínimo de dos años desde su aceptación. Para ello, su prima Ana deberá prepararle la habitación de invitados o cualquier otra de la zona noble.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «La madre tendré que vivir con esa engreída», pensé.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El abogado siguió diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Segundo: Deberá trabajar bajo las órdenes de la actual presidenta de mis empresas durante el mismo plazo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me quedó duda de quién era esa señora al ver la cara de desprecio con la que Ana me miraba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tercero: La aceptación de su herencia deberá hacerse ante mi notario en Manila dando un plazo de quince días para que lo haga. De negarse a cumplir lo acordado o no aceptar la herencia, el porcentaje a él asignado pasará directamente a su prima Doña Ana Bermúdez.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esas condiciones me parecieron fáciles de cumplir teniendo en cuenta que estaba hasta los huevos de mi trabajo como simple administrativo en una gran empresa y por eso, nada más terminar el abogado dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Dónde hay que firmar?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El sujeto se disculpó y me recordó que según el testamento debía hacerlo en Filipinas y ante la ley de ese país. Dando por sentado que tenía razón ya me estaba despidiendo cuando escuché a mi prima que con tono duro decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Nos pueden dejar solos? Manuel y yo tenemos que hablar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los abogados previendo que iba a producir una confrontación entre nosotros, desaparecieron por arte de magia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al quedarnos únicamente ella y yo en esa habitación, Ana se quitó el abrigo de pieles y dejándolo sobre uno de los sillones, se dio la vuelta y me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Cuánto quieres por renunciar a todo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La dureza de sus palabras me pasó desapercibida porque en ese momento mi mente estaba en otro planeta porque al despojarse de esa prenda, me permitió admirar la sensual curvatura de su vientre y la hinchazón de su busto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está embarazada!», concluí más excitado de lo normal al recorrer con mi mirada su preñez.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque siempre me habían parecido sexys las barrigas de las mujeres esperando, os tengo que confesar que cuando descubrí su estado, algún raro mecanismo subconsciente en mi interior se encendió y puso a mis hormonas a funcionar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está buenísima!», pensé mientras por primera vez la contemplaba como mujer. Olvidando su carácter, me quedé prendado de esos pechos que pugnaban por reventar su blusa y contra mi voluntad, me imaginé mamando de ellos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi “querida” prima creyó que mi silencio era un arma de negociación y sacando la chequera, con la seguridad de alguien acostumbrado a las altas esferas, me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Con medio millón de euros te sentirías cómodo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni en mis sueños más surrealistas hubiera creído que de esa reunión saldría con esa suma pero para desgracia de esa pretenciosa, mi cerebro estaba obcecado contemplando el erotismo de sus curvas y nada de lo que ocurriera en esa habitación podría hacer que me centrara tras haber descubierto unas sensaciones que creí perdidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Esta puta me pone cachondo», alucinado determiné al notar que mi sexo se había despertado tras meses de inactividad y que en esos momentos lucía una erección casi olvidada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Entonces, un millón. ¡No pienso ceder más!― subrayó cabreada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su ira, lejos de hacerla menos deseable, incrementó su erotismo y ya sumido en una especie de hipnosis, fui incapaz de retirar mis ojos de los pezones que se podían vislumbrar bajo su blusa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Debe de tenerlos enormes», medité mientras soñaba en el paraíso que significaría tenerlos a mi alcance, «daría lo que fuera por mordisquearlos».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Solo un idiota rechazaría mi generosa oferta!―chilló ya descompuesta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su insulto exacerbó mi fantasía e imaginando que era mía, me vi sometiéndola. Ninguna mujer me había provocado esos pensamientos y por ello me intrigó que tras años de sexualidad aletargada, esa preñada me hubiese inyectado en vena tanta lujuria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Me la ha puesto dura!», sonreí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sonrisa nuevamente fue malinterpretada y tomada como una ofensa. Ana, dio por declarada la guerra y llena de ira, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No tienes idea de lo hija de puta que puedo ser. Te conviene aceptar mi oferta. Filipinas es mi terreno y si vives conmigo, ¡te haré la vida imposible!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa nada sutil amenaza tuvo el efecto contrario. Mi prima me la había lanzado con la intención de acobardarme pero al saber que viviría con ella, hizo que todas las células de mi cuerpo hirvieran de pasión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya veremos― respondí y dando por zanjado el tema, me acerqué a ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ana se quedó de piedra cuando ya a su lado y mientras me despedía, susurré en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Por cierto, nunca me imaginé que mi primita se había convertido en una diosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Quemo mis naves.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Saliendo de los abogados, decidí irle a decir adiós a mi jefe. Tras diez años de esclavitud y explotación en sus manos, ese capullo se merecía que alguien le cantara las cuarenta. A muchos os parecerá una locura quemar las naves de esa forma pero, asumiendo que lo mínimo que iba a sacar era el millón de euros que me había ofrecido, me parecía obligado hacerle saber a mi superior lo mucho que le estimaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso cuando llegué a la oficina, sin pedir permiso, entré en su despacho y subiéndome a su mesa, me saqué la polla y le meé encima. Tras ese desahogo y mientras ese mequetrefe no paraba de chillar, recogí mis cosas y dejé para siempre ese lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué a gusto me he quedado!», pensé ya en la calle al recordar la cara de miedo que lucía ese cabronazo mientras le enchufaba con mi manguera. Acostumbrado a ejercer tiránicamente su poder, Don José se había quedado reducido a “pepito” al verme sobre su escritorio verga en mano.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya más tranquilo me fui a casa e indagando en internet, confirmé con la copia del testamento en mi mano que las posesiones de mi tío Evaristo se podían considerar un emporio:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Estoy forrado», resolví tras verificar que formaban el segundo mayor holding de ese país.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente mientras pensaba en esa fortuna que me había caído del cielo, no fueron solo mis neuronas las que se pusieron como una moto sino antes que ellas, mis hormonas. Dentro de mis calzones, mi pene se había despertado con una dureza comparable a la sufrida al ver las tetas de mi prima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Me pone cachondo la pasta!, muerto de risa, exclamé.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Juro que solo el saber que apenas tenía dinero para comprarme el billete de avión a Manila, evitó que saliese corriendo a un putero a descargar mi tensión con una hembra de pago. En vez de ello, abriendo mi bragueta, saqué mi hombría de su encierro y me puse a pajear pensando en Ana, en esas tetas que no tardarían en tener leche y en su estupendo culo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Esa puta será mía!― determiné en voz alta al recordar su sorpresa cuando le comenté lo buena que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Soñando que el desconcierto con el que recibió mi piropo fuera motivado por una debilidad de su carácter que me diera la oportunidad de seducirla, me imaginé poniendo mi verga entre las tetas de esa soberbia. En mi mente, mi adorada prima se comportó como una zorra y actuando en sintonía, me hizo una cubana de ensueño mientras soportaba mis risas e insultos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba a punto de sucumbir a mi deseo cuando de improviso sonó el timbre de mi puerta. Disgustado por la interrupción, acomodé mi ropa y fui a ver quién había osado interrumpirme. Al abrir, me encontré con una oriental. La desconocida, al verme, se presentó como la secretaría de mi prima y sin mayor prolegómeno, me informó que su jefa le había pedido que se pusiera a mis órdenes para que me ayudara con los preparativos de mi marcha.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con la mosca detrás de la oreja, la dejé pasar. Esa criatura debía tener instrucciones precisas porque nada más pisar mi apartamento, me preguntó dónde tenía las maletas y qué ropa quería llevarme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿A qué se debe tanta prisa?― pregunté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin mostrar ningún signo de preocupación, la filipina contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como futuro vicepresidente tiene a su disposición el avión de la compañía y Doña Ana ha preparado todo para que usted salga rumbo a Manila en tres horas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese cambio de actitud y que esa guarra sin alma facilitara mi ida, me mosquearon. Sospechando que quizás buscaba un acercamiento como estrategia de negociación, interrogué a la muchacha donde recogeríamos a mi prima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―La señora ya está de vuelta en otro avión. No quería esperar a que termináramos con su equipaje y me ha pedido que sea yo quien le acompañe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su tono meloso despertó mis alertas. Tratando de encontrar un sentido a todo aquello, me fijé en la muchacha y fue al percatarme de su exótica belleza cuando caí del guindo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Mi prima la ha mandado para que me seduzca».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese descubrimiento en vez de molestarme, me hizo gracia y sin cortarme en absoluto, me dediqué a admirar a la cría mientras recogía mi ropa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Hay que reconocer que tiene un polvo», zanjé tras recorrer con la mirada su esbelto cuerpo. Teresa, así se llamaba la mujercita, parecía sacada de una revista de modas. Guapa hasta decir basta, sus movimientos irradiaban una sensualidad que no me pasó inadvertida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Más de uno!», decreté al descubrir que tenía un culo con forma de corazón cuando la vi agacharse a cerrar la primer maleta. «Joder, ¡cómo estoy hoy!», protesté mentalmente mientras trataba de ocultar la erección entre mis piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La incomodidad que sentía se incrementó exponencialmente al notar que esa cría se había dado cuenta de lo que ocurría entre mis piernas y se ponía roja.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Parezco un viejo verde», refunfuñé en silencio avergonzado y desapareciendo de mi habitación, fui a la cocina a tomar un vaso de agua aunque no tenía sed.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Consideré esa huida como una sabia retirada porque era consciente que en el estado de excitación en que estaba, cualquier acercamiento por parte de ella terminaría en mi cama. Lo que no sabía fue que Teresa usó mi ausencia para revisar los cajones de mi cuarto y que durante ese examen, encontró mi colección de películas porno.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menudo pervertido», me reconoció posteriormente que pensó al deducir por su contenido que las asiáticas eran una de mis fantasías.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente ese hallazgo, la satisfizo aunque su jefa le había prohibido expresamente cualquier acercamiento conmigo. Sus órdenes eran únicamente el convencerme de acudir cuanto antes a filipinas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Es un muerto de hambre. Fuera de su entorno conseguiré que firme la renuncia― fueron las escuetas explicaciones que le dio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para desgracia de Ana, esa muchachita era ambiciosa y al conocer mi debilidad por su raza, no tardó en decidir que la iba a aprovechar a su favor. De forma que ajeno a las oportunidades que se me estaban abriendo sin saberlo, la mente de Teresa se puso a elucubrar un plan con el que seducirme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Maduro, soltero y solo, no tardará en caer entre mis piernas», sentenció mientras se veía ya como mi futura esposa. «Si consigo enamorarle, me convertiré en una de las mujeres más ricas de mi país».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por mi parte, en la soledad de mi cocina, mi excitación no me daba tregua y a pesar de mis intentos, seguía pensando en esa jovencita.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Aunque está buenísima», sentencié al sentir mis hormonas en ebullición, «no debo caer en la red que Ana me ha preparado».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desconociendo que iba a producir un choque de trenes, y que mi deseo se iba a retroalimentar con su ambición. Levanté mi mirada al oír un ruido y descubrí a Teresa apoyada contra el marco de la puerta. La perfección de sus formas y la cara de putón desorejado de la muchacha echaron más leña al fuego que ya consumía mis entrañas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya he terminado― comentó con tono dulce al tiempo que hacía uso de sus impresionantes atributos femeninos en plan melosa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reclinando su cuerpo contra el quicio, esa cría se exhibió ante mí como diciendo: “soy impresionante y lo sabes”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reconozco que mis ojos estaban todavía prendados en su piel morena cuando ella incrementando el acoso a la que me tenía sometido, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Todavía faltan un par de horas para que salga nuestro avión. ¿Le importa que me dé una ducha?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No tuve que quebrarme mucho la cabeza para comprender que se me estaba insinuando y por un momento estuve a punto de negarle ese capricho, pero entonces y ante mi asombro, Teresa dejó caer uno de los tirantes de su vestido mientras insistía diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me siento sudada y me vendría bien para refrescarme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que antes de darme tiempo de reaccionar, ese bellezón de mujer deslizó el otro tirante e impresionado solo pude quedarme admirando cómo se me iban mostrando la perfección de su curvas mientras su ropa se escurría hacía el suelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Es una diosa!», exclamé mentalmente mientras todo mi ser ardía producto de la calentura que esa criatura había suscitado en mi cerebro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si su rostro era bello, las duras nalgas que pude contemplar mientras la muchacha salía rumbo al baño me parecieron el sumún de la perfección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tranquilo, macho. ¡Es una trampa!», me tuve que repetir para no salir detrás de ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todo se estaba aliando en mi contra. Si esa mañana alguien me hubiera dicho que estaría en ese estado de excitación solo cuatro horas después de haber despertado, lo hubiera negado. La preñez de mi prima había avivado el deseo que creía olvidado, la pasta de la herencia lo había intensificado pero lo que realmente me convirtió en un macho en celo fue esa cría cuando, llevando como única vestimenta un tanga negro, me preguntó desde el pasillo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No me va a acompañar?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis recelos desaparecieron como por arte de magia y acercándome a ella, me apoderé de sus pechos mientras forzaba los labios de esa joven con mi lengua. La pasión que demostró, me permitió profundizar en mi ataque y olvidando cualquier tipo de cordura, le bajé las bragas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Qué maravilla!― clamé alucinado al encontrarme con su depilado y cuidado sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su sola visión hizo que casi me corriera de placer, Teresa no solo estaba buena sino que de su coño desprendía un aroma paradisíaco que invitaba a comérselo. Estaba todavía pensando que hacer cuando esa filipina pegando un grito se abalanzó sobre mí e me bajó los pantalones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sobre estimulado como estaba, no hizo falta nada más y cogiéndola entre mis brazos, de un solo arreón la penetré hasta el fondo. La cría chilló al sentirse invadida y forzada por mi miembro, pero en vez de intentarse zafar del castigo, se apoyó en mis hombros para profundizar su herida, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hazme el amor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreado por mi rápida claudicación y por el hecho que mi adversaria creyera que me había vencido, la contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No voy a hacerte el amor, voy a follarte― tras lo cual moviendo mis caderas, hice que la cabeza de mi pene chocara contra la pared de su vagina sin estar ella apenas lubricada. Mi violencia y la estrechez de su conducto hicieron saltar lágrimas de sus ojos pero su sufrimiento solo consiguió azuzar mi deseo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin importarme su dolor ni siquiera esperé a que se relajara antes de iniciar un galope desenfrenado. Sus aullidos al sentirse casi violada con cada incursión, me alebrestaron y ya convertido en un animal, seguí machacando su coñó con mi verga. Durante largos minutos, su cuerpo fue presa de mi lujuria hasta que contra toda lógica, Teresa consiguió relajarse y comenzó a disfrutar del momento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Supe que algo había cambiado en su interior cuando el cálido flujo que brotó de su sexo me empapó las piernas. Fue entonces cuando me percaté que esa cría se arqueaba en mis brazos con los ojos en blanco. Su rostro ya no mostraba dolor sino placer e involuntariamente colaboró con mi infamia abrazándome con sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eres un salvaje― musitó saboreando ya cada una de mis penetraciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me podía creer la excitación que me corroía, siendo ya cuarentón no di muestra de serlo al tener izada entre mis brazos a esa mujer sin dejar de aporrearla con mi miembro. Con renovada juventud, continué follándomela en volandas mientras en su cuerpo se iba acumulando tanta tensión que no me cupo duda que iba a tener que dejarla salir con un brutal orgasmo. Sin estar cansado pero para facilitar mis maniobras, la coloqué encima de una mesa, sin dejarla descansar. La nueva posición me permitió disfrutar con sus pechos. Pequeños como el resto de su se movían al ritmo que imprimía a su dueña. Teresa, cada vez más abducida por el placer, olvidó sus planes y berreando, imploró mis caricias. Respondiendo a sus deseos, los cogí con mi mano, y extasiado por la tersura de su piel morena, me los acerqué a la boca.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La oriental aulló como una loba cuando notó mis dientes adueñándose de sus pezones y totalmente fuera de si, clavo sus uñas en mi espalda. Sé que buscaba aliviar la tensión que acogotaba su interior pero solo consiguió que esos rasguños incrementaran mi líbido y ya necesitado de derramar mi leche dentro de ella, me agarré de sus tetas y comencé un galope desenfrenado, usándola como montura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces, mis huevos rebotaban como en un frontón contra su cuerpo. El brutal ritmo que adopté hizo que mi verga forzara en demasía su interior de forma que cuando exploté dentro de su cueva, mi semen se mezcló con su sangre y mis gemidos con sus gritos de dolor. Agotado y ya satisfecho, me desplomé sobre ella pero Teresa, en vez de quejarse, siguió moviéndose hasta que su propia calentura le hicieron correrse brutalmente, gritando y llorando por el tremendo clímax que le había hecho tener.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No puede ser― chilló dominada por las intensas sensaciones que recorrían su cuerpo y con lágrimas recorriendo sus mejillas, me reconoció que le había encantado antes de quedarse tranquila.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Vamos a la cama― dije en cuanto se hubo recuperado un poco.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha, al oírme, sonrió pero tras pensárselo me dijo con voz apenada:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me encantaría pero tenemos que coger un vuelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sintiéndome Superman, besé sus labios y le pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Cuántas horas tarda el viaje?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Catorce― respondió alegremente al intuir mis intenciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tiempo suficiente para seguir follando», me dije y dando un azote sobre su trasero desnudo, le comenté que se había quedado sin ducha.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cría muerta de risa, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No me importa, en el avión hay un jacuzzi ¡para dos!</span></p>
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		<title>&#8220;PROSTITUTO POR ERROR&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Oct 2026 18:11:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Un caliente y divertido recorrido por las distintas formas de sexualidad a través de la vida de un joven que llegó a prostituto de manera casual.&#160;Alonso, nuestro protagonista llega a Nueva York y durante su primera noche en esa ciudad, se acuesta con una cuarentona. A la mañana siguiente descubre que le ha dejado dinero sobre la mesilla, pensando que es un hombre de alquiler.&#160;A partir de ahí junto con Johana, su madame, va conociendo a diferentes clientas y ellas le enseñaran que el sexo es variado e interesante.&#160;Narrado en capítulos independientes, el autor va desgranando los distintos modos [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B00XM00GT0"><img decoding="async" width="1024" height="268" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/prostituto-por-error-1024x268.png" alt="" class="wp-image-18508" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/prostituto-por-error-1024x268.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/prostituto-por-error-300x79.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/prostituto-por-error-768x201.png 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p style="text-align: justify;">
</p><p style="text-align: justify;">Sinopsis:</p>
<p style="text-align: justify;">Un caliente y divertido recorrido por las distintas formas de sexualidad a través de la vida de un joven que llegó a prostituto de manera casual.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span><br>Alonso, nuestro protagonista llega a Nueva York y durante su primera noche en esa ciudad, se acuesta con una cuarentona. A la mañana siguiente descubre que le ha dejado dinero sobre la mesilla, pensando que es un hombre de alquiler.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span><br>A partir de ahí junto con Johana, su madame, va conociendo a diferentes clientas y ellas le enseñaran que el sexo es variado e interesante.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span><br>Narrado en capítulos independientes, el autor va desgranando los distintos modos de vivir la sexualidad con un sentido optimista que aun así hará al lector pensar mientras disfruta de su carga erótica.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;">PARA QUE PODAÍS HACEROS UNA IDEA OS INCLUYO LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</p>
<h2 style="text-align: justify;"><a name="_Toc419292671"></a>Capítulo 1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ángela, la azafata buenorra.</h2>
<p style="text-align: justify;">La jodida vida da alegrías cuando menos te lo esperas. Acababa de terminar con mi novia de entonces, cuando me surgió un viaje a Nueva York. Ese día de otoño no me podía esperar que la casualidad me llevara a conocer una mujer que cambiaría mi existencia. Por el aquel entonces, tenía veintitrés años y aun siendo un puto crio, no veía límites a mi apetito por experimentar sensaciones nuevas. Con la irreflexiva alegría que da la juventud, me monté en ese avión sin ser consciente de cómo ese viaje iba a trastocar mi futuro.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya en mi asiento tuve que soportar los típicos avisos de seguridad que todas las aerolíneas están obligadas a realizar antes de cada vuelo. Ensimismado en mis problemas, no me percaté en ese momento de la preciosa azafata que, de pie en medio del pasillo, iba mecánicamente desgranando las aburridas instrucciones tantas veces repetidas. Deseaba llegar para desmadrarme, correrme una juerga de campeonato que&nbsp; me hiciera olvidar a esa novia que sin ningún complejo ni sentimiento culpa me acababa de dejar. Quizás fue mi propia juventud lo que me impidió apreciar las cualidades de Ángela, la cuarentona que en mitad del pasillo gesticulaba mientras nadie del pasaje hacía caso a la mecánica voz que salía de los altavoces.</p>
<p style="text-align: justify;">No comprendo cómo no valoré en ese instante la sensualidad que se escondía tras ese uniforme. Fue imperdonable que no atendiera sus explicaciones,&nbsp; ningún chaval de mi edad hubiera dejado pasar la oportunidad de contemplar a esa dama y menos de disfrutar del culo que permanecía oculto bajo su minifalda.</p>
<p style="text-align: justify;">Rubia de peluquería, maravillosamente conservada para su edad, esa criatura despedía sensualidad en cada zancada. Contra toda lógica debí de ser el único representante del género masculino que no ensuciara con sus babas la impersonal alfombra de business. Fue imperdonable que no estimara en su justa medida la rotundidad de sus nalgas y que tuviera que ser ella la, que al servirme las bebidas del bufet, se luciera moviendo ese pandero de película a escasos centímetros de mi cara.</p>
<p style="text-align: justify;">« ¡Cojones con la vieja!», exclamé mentalmente cuando con verdadera admiración observé sus movimientos al servir los refrigerios a los presentes. Con una blusa una talla menor a la requerida, era la comidilla de todo el pasaje. Sin exceptuar a los pasajeros acompañados por sus esposas, todos los hombres de su sección se pusieron verracos al disfrutar del maravilloso escote que lucía&nbsp; orgullosa esa hembra. Yo no pude ser menos. Aunque estaba en la inopia, cuando ese pedazo de mujer, poniendo una hipócrita sonrisa, me preguntó qué era lo que quería, estuve a un tris de contestarle que a ella.</p>
<p style="text-align: justify;">No tenía puta madre lo buena que estaba. Era el sueño, la fantasía sexual de todos los que estábamos sentados en primera. Sus pechos no solo eran enormes sino que se les notaba que eran producto de largas horas de ejercicio y su cara, aún marcada por alguna arruga, era el morbo hecho mujer. Sus labios, quizás alterados por la mano de la cirugía estética, pedían a gritos ser mordidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi propio pene que se había mantenido aletargado hasta ese momento, no pudo evitar removerse inquieto bajo mi bragueta al contemplar como esa rubia, que me doblaba la edad, se contorneaba a cada paso por el avión.</p>
<p style="text-align: justify;">« ¡Quién pudiera darle de comer a ese culo!», pensé sin poder retirar la mirada de su silueta mientras se alejaba de mí.</p>
<p style="text-align: justify;">El vaivén que imprimía a sus nalgas en cada paso era hipnótico por lo que no fui capaz de retraer mi mirada de ese par de monumentos que decoraban sus piernas y ya completamente erecto, me tuve que tapar mi entrepierna cuando con una profesionalidad digna de admiración, me pidió que bajara la mesa extraíble del asiento frente a mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Cortado por la tremenda erección de mi sexo, obedecí sin rechistar, lo que no me esperaba fue que ella soltando una risita, me aconsejara que me calmase porque si seguía tan alborotado iba a tirar la&nbsp; bandeja con la insípida comida.</p>
<p style="text-align: justify;">― No te comprendo― respondí.</p>
<p style="text-align: justify;">La cuarentona sonrió al ver mi cara y sin cortarse un pelo, al poner la comida rozó con su mano mi entrepierna mientras me decía al oído:</p>
<p style="text-align: justify;">― Está claro que te pongo cachondo ― dejando patente que se había dado cuenta de la excitación que me dominaba.</p>
<p style="text-align: justify;">― A mí y a todos― contesté con rubor, no en vano era un muchacho y ella todo una mujer.</p>
<p style="text-align: justify;">Soltó una carcajada mientras pasaba la bandeja al tipo de mi izquierda. Descaradamente, esa diosa restregó sus pechos contra mi cara y sin darle importancia continuó repartiendo las raciones al resto del pasaje. Podréis comprender que no cabía en mí al haber sido objeto de las atenciones de semejante portento y por eso durante las siete horas del trayecto, intenté hacerme notar sin resultado. Esa mujer no me hizo ni puñetero caso. Ni siquiera tuve la oportunidad&nbsp; de despedirme de ella al salir del avión porque era otra la azafata que esperaba en el finger de acceso a la terminal.</p>
<p style="text-align: justify;">La realidad es que no me importó:</p>
<p style="text-align: justify;">¡Estaba en Nueva York!.</p>
<p style="text-align: justify;">Tampoco me afectó soportar durante casi tres cuartos de hora a los pesados de la aduana americana. Nada de lo que pasara cambiaba el hecho de estar, allí, en la ciudad de los rascacielos. Mi estancia era por una semana pero ya tenía decidido que si las cosas me iban bien, prolongaría el viaje hasta que se me terminara el dinero. Recién salido de la universidad, no me apetecía ponerme a trabajar y sabía que si permanecía en Madrid, mi viejo me iba a obligar al menos a buscar trabajo. Cargado de ilusión, cogí un taxi hacia Manhattan. Todo lo que veía a través del cristal me parecía conocido. Las calles y edificios que nos cruzábamos, tantas veces vistos en películas y series, eran parte de mi vida. Inmerso en una especie de “ deja vu” , la ciudad me resultaba familiar. Ese trayecto lejos de parecerme aburrido, fue una experiencia extraña donde se mezclaban mis propias experiencias con la de los personajes de cine. Me sentí Al Pacino en el Padrino, Jack Nicholson en Mejor Imposible e incluso me vi subiendo el Empire State como King Kong.</p>
<p style="text-align: justify;">Los cincuenta y dos dólares que tuve que pagar al conductor me dolieron pero aun así, al entrar en el hotel que había reservado, estaba en la gloria. El Westin de Times Square me sorprendió y no solo por estar ubicado en mitad de esa plaza sino por su propia arquitectura. Parece en sí mismo una escultura cubista, formado por figuras geométricas de muchos colores, era el edificio más extraño que había visto en toda mi vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Ansioso por irme a dar una vuelta por la ciudad, me inscribí y nada más recibir las llaves de la habitación, dejé mi maleta y sin pararme a deshacerla, salí sin rumbo fijo. No os podéis imaginar lo que representó para mí esa caminata. A cada paso que daba, mis ojos no daban crédito a lo que veían. Brodway, &nbsp;el Madison Square Garden, el edificio Chrysler… Esa urbe era la puñetera capital del mundo. Durante tres horas, fui deambulando por sus calles como hipnotizado. Me sentía un enano ante tamañas construcciones y sí, hice lo que todo turista, hace en Nueva York:</p>
<p style="text-align: justify;">¡Me subí al Empire State!</p>
<p style="text-align: justify;">Sera una horterada, un paletada pero me encantó contemplar todo Manhattan desde las alturas. A todo el que ha tenido la suerte de conocerlo le parece increíble que se hubiese construido en los años veinte del siglo pasado. Hasta su decoración art deco es maravillosa y por eso al salir, estaba con nuevos ánimos. Comí a base de Hotdogs en un puesto a la entrada del parque central y completamente agotado, llegué al hotel.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras una ducha relajante, salí de mi habitación. Aunque tenía ganas de marcha, el dolor de pies que me atenazaba me impidió salir a correrme una juerga. Contrariado, me senté en el bar del office a observar a la fauna allí reunida. No tengo ni idea de cuantas nacionalidades diferentes se congregaban en ese Hall. Blancos, negros, amarillos e incluso un par de tipos de aspecto extraterrestre alternaban sin importarles que ese españolito les observara desde la barra del local. Inmersos en sus propias vidas era entretenido el intentar averiguar de qué lugar del orbe habían llegado.&nbsp; Ya iba por la segunda copa cuando vi entrar a la espectacular azafata de mi vuelo acompañada por el piloto. Sé que resulta un tópico pero al no perderlos de vista, comprendí que ese par compartían algo más que trabajo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que había empezado como una reunión de amantes, terminó a los gritos. La mujer le recriminaba que se hubiera enrollado con la miembro más joven de la tripulación a lo que él le contestó que, entre ellos, todo había terminado y sin más, levantándose de la mesa, tomó el ascensor.</p>
<p style="text-align: justify;">«Menudo idiota», pensé al ver que había dejado tirada a ese mujerón.</p>
<p style="text-align: justify;">La rubia estuvo llorando desconsoladamente hasta que el camarero le preguntó si quería algo de tomar. Disimulando, señaló un coctel de la extensa carta y mirando a su alrededor, me vio. Creí que me había reconocido porque tras pensarlo durante unos segundos, me hizo señas de que me acercara. Tardé en comprender que se refería a mí. Al ratificar que era yo el objeto de sus señas, me acerqué cortado y sentándome a su lado le pregunté qué quería.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Con quién vas a cenar?― me preguntó luciendo una espectacular sonrisa.</p>
<p style="text-align: justify;">― Contigo― respondí sin creerme mi suerte.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras una breve presentación, me dijo al oído:</p>
<p style="text-align: justify;">― Estoy seguro que has visto lo que acaba de ocurrir― asentí al escuchar sus palabras, tras lo cual la mujer prosiguió diciendo: ― Voy a usarte para darle celos a ese cabrón.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizás fueron las dos copas que llevaba ingeridas lo que me hizo contestar:</p>
<p style="text-align: justify;">― Siendo tú, dejo que hasta me violes esta noche.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella soltó una carcajada al oír mi descarada respuesta y posando delicadamente sus labios en los míos, me contestó:</p>
<p style="text-align: justify;">―No creo que lleguemos a tanto pero nunca se sabe― y cogiendo su bolso, me susurró: ― El sitio donde te voy a llevar es muy elegante, vamos a cambiarnos de ropa.</p>
<p style="text-align: justify;">Completamente desolado le tuve que reconocer que no traía en mi maleta nada elegante. Ángela al ver mi turbación, sonrió y cogiéndome de la mano me llevó fuera del local, diciéndome:</p>
<p style="text-align: justify;">― No te preocupes. Esta noche eres mi gigolo. Irás hecho un adonis.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni pude ni quise protestar, la mujer me llevó a una tienda sita en el hall del hotel y encantada de su papel, Ángela se puso a elegir la ropa que iba a llevar en nuestra cita. No escatimó en gastos, eligió no solo el traje sino la camisa, los zapatos, calcetines e incluso los calzoncillos de manera que en menos de cinco minutos, me volvió a coger del brazo y casi a empujones, me llevó al probador.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin saber cómo actuar cuando comprobé que entraba en el habitáculo conmigo, me quité la camiseta que llevaba. La azafata que para el aquel entonces se había sentado en una silla, no me quitaba ojo de encima y al ver que me ruborizaba, me comentó:</p>
<p style="text-align: justify;">― Ya que voy a pagar, quiero ver la mercancía.</p>
<p style="text-align: justify;">― Dime al menos si te gusta lo que ves― le respondí orgulloso de mis músculos, no en vano me machacaba diariamente en el gimnasio.</p>
<p style="text-align: justify;">No me contestó pero al percatarme que bajo su blusa, sus pezones se marcaban, comprendí que al menos asco no era lo que le daba. Envalentonado por su reacción, me quité los zapatos, dando inicio a un lento striptease. Botón a botón fui desabrochándome el vaquero, sabiéndome objeto de un escrutinio nada profesional. La cuarentona seguía con sus ojos las maniobras de mis manos y no pudo evitar morderse los labios cuando me bajé el pantalón.</p>
<p style="text-align: justify;">Dándole toda la parsimonia que me fue posible,&nbsp; me lo saqué por los pies y acercándome a la mujer dejé que contemplara que bajo mis boxers, mi pene había salido de su letargo:</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Quieres que siga?― le pregunté con recochineo al advertir&nbsp; que mi interlocutora había cerrado sus piernas, tratando de evitar la calentura que la estaba poseyendo por momentos.</p>
<p style="text-align: justify;">―Sí― respondió con mirada hambrienta.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su tono, supe que lo que había empezado como un juego para ella, se estaba volviendo peligrosamente excitante. No comprendo todavía como me atreví a decirle, mientras la acercaba a mi paquete:</p>
<p style="text-align: justify;">―Desenvuelve tú, tu regalo.</p>
<p style="text-align: justify;">La rubia que hasta ese momento se había mantenido expectante, me pidió que me diera la vuelta, tras lo cual, cogió con sus dos manos la tela de mis calzoncillos y lentamente empezó a bajármelos. Con satisfacción, la escuché decir al ver mis glúteos desnudos:</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Qué maravilla!</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que no me esperaba era que llevando sus manos a mi trasero, lo empezara a acariciar y menos que venciendo cualquier reparo, lo empezara a besar. Si alguien me hubiera dicho que estaría con esa preciosidad de mujer en un probador nunca le hubiese creído pero, si además, me hubiese asegurado que iba ella a estar besando mis nalgas lo hubiera tildado de loco y por eso, tratando de no romper ese mágico instante, esperé sus órdenes. Ni que decir tiene que mi sexo había ya alcanzado una tremenda erección. Queriendo colaborar apoyé mis manos en la pared y abrí las piernas, dejando libre todo mi cuerpo a sus maniobras.&nbsp; Por el ruido, supe que se había puesto en pie pero todavía no sabía lo que iba a ocurrir pero me lo imaginaba. La confirmación de sus deseos vino al advertir la humedad de su lengua recorriendo mi espalda, mientras se apoderaba de mi pene.</p>
<p style="text-align: justify;">― No te muevas―&nbsp; me pidió imprimiendo a la mano que tenía agarrado mi sexo de un suave movimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Manteniéndome quieto, obedecí. La azafata, restregándose contra mi cuerpo, gimió en silencio. Poseída por un frenesí sin igual, me masturbaba mientras susurraba a mi oído lo cachonda que estaba. Cuando le informé que estaba a punto de correrme, me obligó a darme la vuelta y poniéndose de rodillas, se introdujo toda mi extensión hasta el fondo de su garganta. Fue alucinante, esa cuarentona no solo estaba buena sino que era toda una maestra haciendo mamadas y por eso, no pude evitar desparramarme dentro de su boca. Que no le avisara de mi eyaculación no le molestó, al contrario, demostrando una pasión incontrolada, se bebió todo mi semen sin escatimar ni una sola gota.</p>
<p style="text-align: justify;">Si de por si eso ya era impresionante, más fue verla levantarse y que acomodándose su ropa, se volviera a sentar en la silla mientras decía:</p>
<p style="text-align: justify;">― Ya no me acordaba lo que era una buena polla, llevo demasiado tiempo tirándome a cincuentones― y dirigiéndose a mí, exclamó: ― Vístete, quiero comprobar cómo le queda a ese cuerpo la ropa que he elegido.</p>
<p style="text-align: justify;">A nadie le amarga un piropo de labios de una espectacular mujer y por eso no pude reprimir una sonrisa mientras me vestía. Ángela, ya sin ningún reparo, me ayudó a ponerme la ropa sin perder la oportunidad de volver a dar algún que otro magreo a mi pene, de manera que ya completamente vestido era evidente que me había vuelto a excitar. La azafata soltó una carcajada al comprobar mis problemas para acomodar mi miembro y poniendo cara de viciosa, me avisó que iba a cobrarme en carne los dólares que se había gastado conmigo.</p>
<p style="text-align: justify;">― Soy esclavo de tu belleza― respondí cogiendo por primera vez uno de sus pechos entre mis manos y sin pedirle permiso, lo pellizqué con dulzura.</p>
<p style="text-align: justify;">Ángela gimió al sentir la caricia sobre su pezón y separándose de mí, protestó diciendo que si seguía tendría que violarme nuevamente. Fue entonces cuando estrechándola entre mis brazos la besé. Su boca se abrió para permitir el paso de mi lengua en su interior mientras mis manos se apoderaban de ese trasero de ensueño. Dominado por la calentura, pose mi extensión en su vulva, dejándola saber que estaba dispuesto.</p>
<p style="text-align: justify;">Tuvo que ser la cuarentona la que poniendo algo de cordura, se deshiciera de mi abrazo y abriendo la puerta, dijera:</p>
<p style="text-align: justify;">―Tengo que cambiarme.</p>
<p style="text-align: justify;">Al ir a pagar la cuenta, advirtió que la dependienta me miraba más allá de lo razonable y pasando su brazo por mi cintura, le dejó claro que el mozo que llevaba era su captura y que no estaba dispuesta a que nadie se la arrebatara. Creyendo que íbamos a continuar en su cuarto la acompañé hasta la puerta, pero cuando hice ademán de entrar, me contestó que le diera media hora y que la esperara en el hall. Comportándose como una clienta exigente, me ordenó que me volviera a duchar y que me afeitara porque no quería que mi barba de dos días le terminara rozando. Al ver mi cara de extrañeza, me aclaró:</p>
<p style="text-align: justify;">―Esta noche tendrás que devolverme la mamada que te he hecho― y cerrando la puerta en mis narices, me dejó en mitad del pasillo, solo y alborotado.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya en mi cuarto, obedecí sus órdenes de forma que a la media hora, estaba esperándola en mitad del recibidor del hotel. Como la coqueta que era, tardó quince minutos más en aparecer pero cuando lo hizo no me quedé defraudado, venía embutida en un traje de raso rojo que&nbsp; realzaba sus formas. Embobado con la visión de ese portento, disfruté de cada centímetro de su anatomía. Estaba preciosa por lo que nada más saludarme con un beso, la piropeé diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">― Dios va a regañar a san Pedro por dejarse la puerta abierta, se le ha escapado un ángel.</p>
<p style="text-align: justify;">Ruborizándose por completo, me contestó:</p>
<p style="text-align: justify;">― Eso se lo dirás a todas tus clientas.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue entonces cuando la realidad de nuestra relación cayó sobre mí como una losa. Esa mujer creía que era un prostituto de hotel, dispuesto a hacer realidad las fantasías de las mujeres solas. No había reconocido en mí al pasajero sino que estaba convencida de que era un hombre de alquiler. Estuve a punto de sacarla de su error pero temiendo que si se lo decía no iba a pasar la noche con ella, decidí callarme y esperar a la mañana siguiente para aclarárselo. Y por eso, pasando mi brazo por su estrecha cintura le pregunté:</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Dónde quiere la señora ir a cenar?</p>
<p style="text-align: justify;">―Al Sosa Borella.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quedé helado, había leído una crítica de ese restaurante italo―argentino y sabía que la cuenta no iba a bajar de los trescientos dólares. Cómo pagaba ella, no puse ningún reparo. Al preguntarle al botones por un taxi para ir,&nbsp; me informó que estaba al lado del hotel por lo que no era necesario pedir uno ya que se podía ir andando. La perspectiva de ir luciendo esa estupenda pareja por las calles, me pareció buenísima y pegándola a mi cuerpo, le acaricié el trasero mientras andábamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Si me quedaba alguna duda de mi función en esa opereta, me la quitó al entrar en el local. Era un sitio pequeño de forma que no tardamos en ver que el piloto con el que había discutido estaba sentado en una mesa a escasos tres metros de la nuestra. Poniéndose nerviosa, me suplicó que si su ex amante se acercaba, le dijera que era un amigo de otros viajes a Nueva York.</p>
<p style="text-align: justify;">― No te preocupes― le respondí. ―Somos amigos desde hace un par de años. Te parece que le diga que nos conocimos en el Metropolitan.</p>
<p style="text-align: justify;">―Perfecto― suspiro aliviada y cambiando de tema, me preguntó que quería beber.</p>
<p style="text-align: justify;">―Si te digo la verdad, lo que me apetece es beber champagne sobre tus pechos desnudos pero mientras tanto con un vino me conformo.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi ocurrencia le hizo gracia y pasando su mano por mis piernas, me aseguró que esa noche lo probaríamos. Sus caricias hicieron que mi pene se volviera a alborotar, cosa que no le pasó inadvertida y mostrando una genuina sonrisa de mujer en celo, llamó al camarero. El empleado tomó nota con profesionalidad, lo que me dio oportunidad de fijarme en la pareja del piloto. La muchacha aun siendo guapa no podía compararse con ella y así se lo comenté:</p>
<p style="text-align: justify;">―Mentiroso― me contestó encantada.</p>
<p style="text-align: justify;">―Es verdad― le aseguré. ―Si tuviera que elegir con quien irme a una isla desierta, no dudaría en ir contigo. Tienes un cuerpo precioso y unos pechos que son una locura.</p>
<p style="text-align: justify;">―Tonto― me susurró dándome un beso en la mejilla.</p>
<p style="text-align: justify;">Y recalcando su belleza, acaricié uno de sus pechos mientras le decía:</p>
<p style="text-align: justify;">―Ese tipo es un cretino. Debe estar majara para no darse cuenta.</p>
<p style="text-align: justify;">―Te lo agradezco― contestó y completamente nerviosa, me informó de la llegada del susodicho.</p>
<p style="text-align: justify;">El inútil del cincuentón venía con una sonrisa de superioridad que me encabronó y por eso cuando sin pedir permiso se sentó en nuestra mesa, directamente le pregunté:</p>
<p style="text-align: justify;">―Disculpe, ¿le conozco?</p>
<p style="text-align: justify;">La fiereza de mi mirada le descolocó y ya bajado de su pedestal, me saludó con la mano mientras me decía:</p>
<p style="text-align: justify;">― Soy Pascual, el compañero de Ángela.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabiendo que tenía que hundirle en su miseria, puse&nbsp; un tono despectivo al contestarle:</p>
<p style="text-align: justify;">― Ah, el chofer del avión― y dirigiéndome a mi pareja, le recriminé: ―No sabía cuándo me sacaste de la reunión del banco que íbamos a comer con más gente. Te dije que era importante y que solo dejaría mis asuntos si cenábamos solos.</p>
<p style="text-align: justify;">Completamente indignado, el piloto se levantó de la mesa diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">― Solo venía a saludar pero ya veo que no soy bien recibido.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Coño! Has captado mi indirecta, tendré que cambiar mi opinión sobre tu gremio. Hasta hoy pensaba que estaba compuesto por ignorantes sin escrúpulos ni moral que no dudan en cambiar a sus parejas por carne más joven.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi intencionado insulto consiguió mi propósito y el tipejo al llegar a su asiento, agarró a la muchacha y tirándole del brazo, abandonó el local. Mientras eso ocurría, mi acompañante no levantó la cara del&nbsp; plato. Creyendo que me había pasado, me disculpé con la mujer, la cual al percatarse de que se había ido, soltó una carcajada, diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Que se joda! Menuda cara ha puesto el muy mamón. Se debe haber quedado acojonado que me haya repuesto tan pronto y que la misma noche de ser dejada, le haya sustituido por un modelo como tú.</p>
<p style="text-align: justify;">―Siento haber sido tan despótico.</p>
<p style="text-align: justify;">Su reacción fue besarme y pegando su pecho al mío, susurrarme:</p>
<p style="text-align: justify;">―Esta noche, te dejo que lo seas. Me has puesto como una moto con ese papel de hombre dominante.</p>
<p style="text-align: justify;">La cara de la azafata dejaba entrever que deseaba sexo duro y por eso, le ordené que se quitara la ropa interior. Sin comprender que era lo que quería exactamente, me miró indecisa por lo que tuve que aclarárselo diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">―Sin levantarte, dame tus bragas. Quiero ponérmelas de pañuelo en la chaqueta.</p>
<p style="text-align: justify;">No me cupo ninguna duda, del efecto de mis palabras. Los pezones de la mujer se pusieron duros al instante y mordiéndose el labio, disimulando se las quitó. La calentura que la embriagaba era patente y acomodándose en la silla, esperó a ver que hacía.</p>
<p style="text-align: justify;">No dudé un instante, llevándome el tanga rojo a mi nariz, le dije:</p>
<p style="text-align: justify;">―Estoy deseando comerte entera.</p>
<p style="text-align: justify;">Con los ojos inyectados de lujuria, se removió inquieta mientras unas gotas de sudor hacían su aparición en su rotundo escote. Gotas que recogí con mis dedos y me llevé a la boca, diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">―Abre tus piernas.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer aterrada pero excitada, separó sus rodillas dándome libre acceso a su entrepierna. Al ver que mi mano empezaba a acariciar su sexo por encima del vestido, disimulando puso la servilleta, intentando que nadie se diera cuenta que la estaba masturbando. Imbuido en mi papel, no dejé de susurrarle lo bella que era y lo mucho que me apetecía disfrutar esa noche con ella. Ángela, dominada por mis toqueteos, se subió la falda dejando su sexo desnudo a mi alcance. &nbsp;Pegó un quejido al sentir que me apoderaba de su clítoris y roja como un tomate, se entregó a mis maniobras. Era tal la calentura de esa azafata que no tardó en correrse silenciosamente entre mis dedos, tras lo cual, casi llorando, se levantó al baño.</p>
<p style="text-align: justify;">Por segunda vez, creí que me había extralimitado y bastante nervioso, esperé que volviera temiendo no solo por la cuenta sino por perder la ocasión de disfrutar de ese pedazo de hembra. Afortunadamente, no tardó en regresar con una sonrisa en los labios y al sentarse en su silla, me recriminó mi comportamiento:</p>
<p style="text-align: justify;">―Eres un bruto insensible. ¿No te da vergüenza haberme dado el mayor orgasmo de mi vida en la mesa de un restaurante? ¡Para eso están las habitaciones!.</p>
<p style="text-align: justify;">Su respuesta hizo que mi maquiavélica mente se pusiera a funcionar y acariciándole la mejilla, le dijera:</p>
<p style="text-align: justify;">―&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ¿Has hecho el amor en el metro?</p>
<p style="text-align: justify;">― No― respondió descompuesta, aunque en su fuero interno deseara ser tomada en un vagón.</p>
<p style="text-align: justify;">― Pues esta noche, lo harás.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi determinación le impidió protestar y bajando su mirada, empezó a cenar. Yo por mi parte, supe que al salir nos montaríamos en uno. Tratando de relajarla, le pregunté por su vida. La mujer agradeciendo el cambio de tema, se explayó contándome que estaba divorciada con dos hijos.</p>
<p style="text-align: justify;">― Y tu marido, ¿qué hace?</p>
<p style="text-align: justify;">― Vive en Mónaco con su segunda mujer, una cría de veinticinco años―, contestó con un deje de amargura. Al ver mi cara de comprensión, sonrió, diciendo: ―No te preocupes, ese cabrón me pasa una buena mensualidad. Trabajo para salir de casa no porque lo necesite.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante el resto de la cena, no paró de hablar y solo cuando vino el camarero con la cuenta, se empezó a poner nerviosa.&nbsp; Estaba horrorizada por mi amenaza pero a la vez, expectante de disfrutar si al final la cumplía. Al salir del local, no le di opción y cogiéndola por la cintura, nos metimos en el suburbano. La sensación de tenerla en mis manos era de por sí subyugante pero aún más al reparar en que mi pareja estaba completamente excitada con la idea. Mientras esperábamos en el andén la llegada del metro, pasé mi mano por su trasero. Ese sencillo gesto provocó que la rubia pegara su pubis a mi entrepierna y se empezara a restregar contra mi sexo. Se notaba a la legua que esa hembra estaba ansiosa de que rellenara su interior con mi extensión.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente para mis intenciones, el vagón estaba vacío por lo que sin esperar a que se arrepintiera la puse dándome la espalda sobre mis piernas y sin mediar más palabras empecé a acariciarle los pechos mientras le decía lo puta que era.&nbsp; Al no haber público se relajó y llevando sus manos a mi bragueta, sacó mi pene de su encierro.&nbsp; No tuve que decirle nada más, hecha una energúmena se levantó el vestido y de un solo golpe se incrustó todo mi aparato en su interior.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Te gusta?― pregunté mientras mis dedos pellizcaban &nbsp;sus pezones.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Sí!― sollozó sin dejar de mover su cintura.</p>
<p style="text-align: justify;">La calidez de su cueva me envolvió y forzando el movimiento de sus caderas con mis brazos, conseguí que mi estoque se clavara en su sexo a un ritmo infernal.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡No puede ser!― aulló al sentir los primeros síntomas de su orgasmo.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue impresionante, berreando como cierva en celo, todo su cuerpo convulsionó sobre mis rodillas mientras no dejaba de gritar.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Qué gozada!― chilló liberándose por fin de la humillación del abandono y levantándose del asiento, se dio la vuelta y nuevamente encajó mi pene en su vagina mientras me suplicaba que le chupara los pechos.</p>
<p style="text-align: justify;">No tuvo que pedírmelo dos veces, sacando uno de sus senos, llevé mi lengua a su pezón. Lo hallé más que duro y por eso cogiéndolo entre mis dientes, lo mordisqueé suavemente.</p>
<p style="text-align: justify;">― Sigue, por favor― me pidió apabullada por el placer.</p>
<p style="text-align: justify;">Ángela, desquiciada por entero, rogaba a voz en grito que continuara mamando mientras no dejaba de ejercer sobre mi sexo un meneo endemoniado. Con la cabeza hacia atrás, dejó que posara mi cara entre sus pechos y atrapándolos entre mis manos, los estrujé sus pechos sin piedad. Su segundo orgasmo coincidió con mi clímax. Su flujo y mi semen se juntaron mientras ella desfallecía agotada. La dejé descansar sobre mi pecho durante dos estaciones y entonces sacándola de su&nbsp; ensueño, la levanté de mis piernas y acomodándome la ropa, le dije que teníamos que volver al hotel.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Te quedarás conmigo toda la noche? o ¿Tienes otro compromiso?― preguntó temiendo que diera por terminada la velada.</p>
<p style="text-align: justify;">Me dio ternura su angustia y llevando sus labios a los míos, la besé dulcemente mientras le decía:</p>
<p style="text-align: justify;">― Por nada del mundo me perdería una noche en tu compañía.</p>
<p style="text-align: justify;">Casi llorando, la mujer me empezó a besar. Sus besos eran una demostración de su entrega y con ella entre los brazos, llegamos a nuestro hotel. Nada más entrar en su habitación se&nbsp; arrodilló a mis pies con la intención de hacerme otra mamada pero levantándola del suelo, le llevé en brazos hasta la cama.</p>
<p style="text-align: justify;">―Desnúdate― pedí.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi acompañante dejó caer su vestido sobre las sábanas. Casi me desmayo al ver por primera vez su cuerpo desnudo, era preciosa. Sus cuarenta y tres años no habían conseguido aminorar ni un ápice su belleza. Sin dejar de mirarla, me quité la chaqueta. Increíblemente la mujer suspiró de deseo al ver que empezaba a desabrochar los botones de mi camisa. Al advertir la avidez que sentía al disfrutar de mi striptease, lo ejecuté lentamente.</p>
<p style="text-align: justify;">―Tócate para mí― ordené con dulzura al quitarme la camisa y quedarme con el torso al descubierto.</p>
<p style="text-align: justify;">Ángela no se hizo de rogar y abriendo sus piernas de par en par, se empezó a masturbar sin dejar de observar cómo me deshacía del cinturón. La sensación de tener en mi poder a ese monumento, me excitó en demasía y bajándome la bragueta, busqué incrementar la lujuria de la mujer. Ella, indefensa, llevó una de sus manos a su pecho y lo pellizcó a la par que imprimía a su clítoris una tortura salvaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Al dejar deslizarse mi pantalón por mi piernas, la mujer no pudo más y chillando se corrió sin hacer falta que la tocase. Ver a su cuerpo cediendo al deseo de un modo &nbsp;tan brutal, fue el aliciente que necesitaba para sentirme su dueño y terminando de desnudarme, me uní a ella en la cama. La cuarentona creyó que quería poseerla y cogiendo mi pene entre sus manos, intentó que la penetrara pero, separándola un instante, le dije:</p>
<p style="text-align: justify;">―Te debo algo.</p>
<p style="text-align: justify;">Incapaz de sobreponerse a la calentura que le envolvía, la mujer gritó al comprobar que le separaba las rodillas y me entretenía mirando su entrepierna. Su sexo brillaba encharcado de flujo, expandiendo el aroma a hembra en celo por la habitación. Pausadamente, cogí una de sus piernas y con la lengua fui recorriendo centímetro a centímetro la distancia que me separaba de su pubis. Fue una delicia advertir que Ángela se retorcía sobre las sábanas ante mi avance, de manera que todavía no había llegado a apoderarme de los labios de su sexo cuando ésta empezó a bramar como descosida por el placer que le estaba obsequiando.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Fóllame!― imploró con el sudor recorriendo su piel.</p>
<p style="text-align: justify;">Haciendo caso omiso a sus ruegos, prolongué su hambruna &nbsp;bordeando con la lengua los bordes de su clítoris. La necesidad de la mujer se hizo todavía más patente cuando tomé entre los dientes su ardiente botón y a base de ligeros mordiscos afiancé mi dominio. Moviendo sus caderas, buscó apaciguar el fuego que la consumía. Sin darle ni un segundo de tregua, introduje una de mis yemas en su cueva y dotándole de un suave giro, conseguí sacar de su cuerpo otro orgasmo pero esta vez, de su sexo empezó a manar una ingente cantidad de flujo que me confirmó lo que ya sabía, que no era otra cosa más que la dulce azafata era multi orgásmica.</p>
<p style="text-align: justify;">La tremenda erección de mi pene me impelía a penetrarla y por eso dándole la vuelta, la puse a cuatro patas y de un solo empujón se lo clavé hasta el fondo. Entonces se desató la verdadera Ángela y comportándose como una perturbada me pidió que la tomara sin compasión. No tuvo que repetir su pedido y asiéndome de sus pechos, comencé a cabalgarla salvajemente. Sus gemidos se convirtieron en alaridos al poco de verse penetrada y cayendo sobre la almohada me pidió que la dejase descansar.</p>
<p style="text-align: justify;">No la hice caso e incrementando el compás de mis incursiones, asolé todas sus defensas mientras a ella le costaba hasta respirar. Sometida a mis deseos, cogí su melena rubia y azuzándola con ella le obligué a seguir moviéndose. Para el aquel entonces, sus muslos estaban empapados del líquido que salía de su sexo y su cara empezaba a notar los efectos del cansancio. Afortunadamente para ella, no pude soportar más la excitación y dando un berrido, le informé de la cercanía de mi clímax. Mis palabras le sirvieron de acicate y convirtiendo sus caderas en una máquina de ordeñar, agitó su trasero en busca de mi liberación. La tensión acumulada por mi miembro explotó sonoramente, regando su vagina de mi simiente mientras la mujer no dejaba de gritar por el placer que había sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">Agotado, me desplomé a su lado y tras unos minutos, descansado abrazado a ella, le pregunté que le había parecido:</p>
<p style="text-align: justify;">―Ha sido maravilloso― me contestó con una sonrisa en los labios, ―nadie nunca me había dado tanto placer.</p>
<p style="text-align: justify;">Encantado por su respuesta, le di un beso en los labios y dándole un azote a ese trasero que me traía loco, solté una carcajada:</p>
<p style="text-align: justify;">―Todavía me falta probar este culito― le solté.</p>
<p style="text-align: justify;">Poniendo cara de pena, me rogó que la dejara descansar pero me prometió que a la mañana siguiente me lo daría y&nbsp; acurrucándose en mi pecho se quedó dormida. Desgraciadamente, cuando amanecimos se nos hizo tarde y solo pudimos ducharnos juntos porque tenía prisa. Después de vestirnos me pidió que la acompañara a la recepción y mientras bajábamos por el ascensor me pidió mi teléfono, al decirle que todavía no tenía, le di mi email y ella encantada, puso un sobre en mis manos mientras se despedía.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Y esto?― pregunté.</p>
<p style="text-align: justify;">― Tu pago por la noche más increíble de toda mi vida.</p>
<p style="text-align: justify;">La llegada de sus compañeros de tripulación impidió que le aclarara que no era un prostituto y por eso, me despedí de ella pidiéndole que me escribiera.</p>
<p style="text-align: justify;">―Lo haré― contestó con ilusión por poder volverme a ver.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde la puerta del hotel, observé su marcha y solo cuando el taxi donde se habían montado había desaparecido por la octava avenida, abrí el sobre para comprobar que esa mujer me había dejado dos mil dólares. Sin poderme creer la suerte de haber poseído a esa mujer y que encima me hubiese regalado tanta pasta, entré sonriendo en el hall.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba todavía analizando lo ocurrido cuando desde la boutique de la noche anterior, la dependienta que nos había atendido me llamó con señas. Intrigado me acerqué a ver que quería. La muchacha llevándome a la trastienda, me dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">― He visto que te has quedado libre, anoche una de mis clientas se quedó prendada de ti. ¿Tienes algo que hacer hoy?</p>
<p style="text-align: justify;">Asustado de la franqueza de la mujer, le contesté que estaba cansado pero ella insistiendo, me soltó:</p>
<p style="text-align: justify;">―Te ofrece tres mil porque la acompañes a una cena.</p>
<p style="text-align: justify;">« Joder», exclamé mentalmente y todavía indeciso, le pregunté a bocajarro:</p>
<p style="text-align: justify;">― Y tú, ¿Qué ganas?</p>
<p style="text-align: justify;">― Me llevo el veinte por ciento y quizás si hacemos más negocio, exigiré probar la mercancía.</p>
<p style="text-align: justify;">Solté una carcajada y dándole la mano, cerré el trato.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo esto ocurrió hace dos años. Hoy en&nbsp; día sigo viviendo en Nueva york pero ahora tengo un apartamento en la quinta avenida con vistas al Central Park. Gracias a Johana, he conseguido una clientela habitual formada por doce mujeres que mensualmente me hacen una visita. Conduzco un porche y como se ha corrido la voz, he tenido que subir mi tarifa, pero eso sí: Ángela sigue pagando lo mismo. Cada quince días voy a recogerla al avión y para sus compañeros soy su novio. Solo ella sabe que soy su chico de alquiler.</p>
<h2 style="text-align: justify;"><a name="_Toc419292672"></a><strong>Capítulo 2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Helen, enculando a la gorda.</h2>
<p style="text-align: justify;">Los primero que hice después de irse mi primera clienta fue descansar, esa azafata cuarentona me había dejado agotado y confuso. Nunca me imaginé que me podría ganar la vida como prostituto y menos que me pagaran tanto por hacer algo que hubiera hecho gratis. Os tengo que reconocer que una parte de mí luchaba contra la idea de convertirme en un gigolo, pero el peso de los billetes en mi cartera fue razón suficiente para librarme de todos los prejuicios morales.</p>
<p style="text-align: justify;">Me desperté sobre las doce y tras darme una ducha, decidí salir a visitar museos, no en vano la pintura era mi pasión favorita a la que no me pude dedicar por tener que estudiar una carrera que odiaba. Acababa de salir del MOMA cuando, caminando por la séptima avenida, me topé con una tienda de arte y sin pensármelo dos veces me compré un caballete, oleos y unos cuantos lienzos.</p>
<p style="text-align: justify;">« Si me voy a dedicar a esto, voy a tener tiempo suficiente para practicar», me dije mientras pagaba doscientos cincuenta y tres putos dólares por mi capricho.</p>
<p style="text-align: justify;">Era una pasta pero podía permitírmelo y por eso además, viendo que iba a necesitar un móvil, contraté uno en&nbsp; una tienda de Sprint. Es misma noche, mi billetera iba a estar nuevamente repleta. Después de comer en un restaurante hindú, pasé por una farmacia y tras dar una “ propina” descomunal,&nbsp; me agencié dos cajas de viagras. No es que lo necesitase, pero como no tenía ni idea de qué tipo de mujer tendría que tirarme esa noche, decidí que no era malo el poder confiar en una ayudita química por si la tía era horrorosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Al llegar a mi habitación, tenía una llamada de Johana, la dependienta de la tienda de ropa que me había conseguido la cita, por lo que nada más dejar mis compras sobre la cama, la llamé temiendo que la clienta se hubiese echado atrás. Afortunadamente mis temores resultaron infundados y lo que quería era decirme la habitación donde tenía que recoger a la mujer, así como avisarme que tenía que pasar por su local a probarme un traje de etiqueta. Queriendo saber a qué atenerme, le pregunté si sabía el porqué de esa vestimenta; la pelirroja muerta de risa me comentó que me tenía que hacer pasar por el novio buenorro de la clienta en una cena de antiguos alumnos de un instituto.</p>
<p style="text-align: justify;">―Okay― le contesté ―ahora bajo a probarme el smoking.</p>
<p style="text-align: justify;">Cinco minutos después estaba con ella en su tienda. Como no necesitaba tomarme medidas porque el día anterior Ángela me había comprado allí, pasé directamente al probador. Lo que no me esperaba fue que al igual que la azafata, mi nueva jefa se metiera conmigo a ver cómo me cambiaba.</p>
<p style="text-align: justify;">« Me tendré que acostumbrar», pensé mirándola mientras me quitaba la camisa.</p>
<p style="text-align: justify;">Johana era la típica pecosa americana. Con veintitantos años sin ser un monumento, tenía gracia. En otras palabras, no le diría que no a un buen polvo con ella, pero al contrario de lo que ocurrió el día anterior, esa tarde solo me observó sin tratar de hacer ningún acercamiento. Parcialmente desilusionado me terminé de vestir y digo parcialmente, porque aunque la muchacha no dejó translucir ningún tipo de excitación, cuando salimos del probador, me soltó:</p>
<p style="text-align: justify;">― No me extraña que paguen tanto por una noche contigo: ¡Estás buenísimo!</p>
<p style="text-align: justify;">Cortado por el piropo, le di las gracias y tratando de romper el silencio que se había instalado entre nosotros, le pregunté el nombre de mi cita.</p>
<p style="text-align: justify;">― Helen. Verás que es diferente a la pantera de anoche. Es la clásica soltera a la que le da vergüenza que sus amigos de la infancia sepan que sigue sola.</p>
<p style="text-align: justify;">― Y ¿cómo es?― pregunté interesado en su físico.</p>
<p style="text-align: justify;">― Una mojigata, tendrás que esforzarte― contestó sin darme más detalles.</p>
<p style="text-align: justify;">No sabiendo a qué atenerme y como me quedaba una hora para ir a recogerla, decidí ir a tomarme una coca cola al bar. Ya sentado en la barra, recapacité en las palabras de Johana y sacando una de las pastillitas azules de mi bolsillo, me la tomé temiéndome lo peor. Llevaba unos veinte minutos allí cuando se me acercaron dos cincuentonas con ganas de marcha.</p>
<p style="text-align: justify;">«Joder, este sitio es una mina», sentencié al darme cuenta de las intenciones de ambas.</p>
<p style="text-align: justify;">Dicho y hecho, esas mujeres tras una breve conversación, me insinuaron si me iba con ellas de farra. Poniendo cara de desconsolado, me disculpé aludiendo que tenía una cita pero previendo que podían ser futuras clientas, le dije que si querían nos veíamos al día siguiente.</p>
<p style="text-align: justify;">― No puede ser― me contestó la más interesada, ―mañana &nbsp;nos vamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Cómo no podía estar en dos sitios a la vez, les di mi recién estrenado teléfono para que la próxima vez que volvieran a Nueva York, me avisaran. Comprendí que al menos la más joven contactaría conmigo cuando al despedirme, la mujer rozó con disimulo mi entrepierna. Le debió de gustar lo que se encontró porque mordiéndose los labios, insistió en que me quedara con ellas:</p>
<p style="text-align: justify;">―Lo siento, debo irme― susurré a su oído mientras le devolvía la caricia con un pellizco en su trasero. –Llámame y te haré pasar una noche de fantasía.</p>
<p style="text-align: justify;">Con los ánimos repuestos, salí del bar y cogiendo el ascensor, me dirigí hacia la habitación 1511, donde me esperaba mi pareja por esa noche. Con los nervios de punta, llamé a la puerta. Al instante me abrió una mujer de unos treinta años, guapa pero con quince o veinte kilos de más. «Está jamona», dictaminé mientras la saludaba con un beso en la mejilla:</p>
<p style="text-align: justify;">―Soy Alonso.</p>
<p style="text-align: justify;">Sé que era un puto principiante, pero ni hoy en día que estoy curtido de todo, me hubiese dejado de sorprender que la mujer poniéndose a llorar se tumbara en la cama.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Qué te ocurre?―, le dije sentándome a su lado.</p>
<p style="text-align: justify;">Helen, completamente descompuesta, me dijo que había sido un error, que nadie se creería que yo era su novio.</p>
<p style="text-align: justify;">―Y eso, ¿por qué?― respondí acariciándole la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">La muchacha, sin dejar de llorar, me contestó si no la había visto bien, que ella era una gorda asquerosa mientras yo era un modelo de revista. Comprendiendo que corrían peligro mis tres mil dólares, le di la vuelta y llevando su mano a mi pene, le contesté:</p>
<p style="text-align: justify;">― Hagamos una cosa, si no se me levanta en medio minuto, me voy. Pero tengo que decirte que me pareces preciosa, siempre me han gustado las mujeres como tú y no las esqueléticas tan de moda últimamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy convencido que no hubiera necesitado del viagra pero al habérmelo tomado, en segundos mi pene consiguió una dureza total. Helen al ver la reacción, se tranquilizó y dándome las gracias, insistió en que el vestido que había elegido le sentaba fatal.</p>
<p style="text-align: justify;">―Levántate― ordené.</p>
<p style="text-align: justify;">«Puta madre», exclamé mentalmente. Tenía razón, el vestido era horrible. Con él puesto, parecía un saco de patatas. Ese día comprendí que mi labor iba a ser cumplir las fantasías de las mujeres que me contrataran y por eso le pregunté:</p>
<p style="text-align: justify;">―¿A qué hora es la cena?</p>
<p style="text-align: justify;">―A partir de las ocho.</p>
<p style="text-align: justify;">Mirando mi reloj, vi que nos quedaba dos horas. Analizando la situación decidí que esa muchacha necesitaba ayuda y aunque no fuese la función por la que me pagaba, le dije si confiaba en mí. Al ver que me contestaba afirmativamente, tomé el teléfono y llamé a Johana. Tras explicarle expliqué la situación, mi contacto me dio la dirección de una boutique al lado del hotel. Sin darle oportunidad de echarse atrás, cogí a Helen del brazo y la saqué de su habitación.</p>
<p style="text-align: justify;">La gordita se quejó, diciendo que era imposible, pero acariciando su cara la convencí que se dejara hacer. Al llegar, todo estaba preparado. Mi jefa había hablado con la dependienta, de manera, que rápidamente me preguntó qué era lo que tenía en mente.</p>
<p style="text-align: justify;">―Mi amiga necesita un vestido que realce su belleza. Debe ser escotado y elegante, que le marque bien los pechos.</p>
<p style="text-align: justify;">Helen como convidada de piedra no se creía lo que estaba ocurriendo. La empleada resultó una experta y en menos de cinco minutos, nos trajo cinco vestidos a cada cual más sugerente. Mirando a los ojos a mi clienta, le pedí que se metiera en el probador con el primero. Al salir, no me gustó como le quedaba, por lo que le exigí que se pusiera el segundo. Este resultó ser un vestido rojo con un escoté brutal que le dotaba de un aspecto de femme fatal que me encantó y por eso, decidiendo por ella, dije que nos quedábamos con ese.</p>
<p style="text-align: justify;">―Ahora necesitamos ropa interior acorde con el vestido y que sea sexy― insistí.</p>
<p style="text-align: justify;">Nada más volver con las prendas supe que había acertado, en sus manos traía un coqueto body transparente que se complementaba con un minúsculo tanga negro.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Es perfecto!― sentencié nada más verlo.</p>
<p style="text-align: justify;">La gordita protestó diciendo que parecería una fulana pero al ver que me mantenía firme, no tuvo más remedio que aceptar y llevándoselo al vestidor, se fue a cambiar. Mientras lo hacía le elegí unos zapatos de plataforma con un enorme tacón porque con ellos se disimularía esos kilos de más. Una vez seleccionados, la dependienta se los llevó y ya tranquilo esperé que saliera Helen ya transformada.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando al cabo de cinco minutos se reunió conmigo, no pude evitar soltarle un piropo. La muchacha estaba impresionante. Elevada sobre esos taconazos y engalanada en ese vestido, era un pedazo de hembra que no dejaría a nadie indiferente. Sus enormes pechos que siempre llevaba escondidos,&nbsp; se mostraban orgullosos, dándole el aspecto&nbsp; de mujer sensual que quería conseguir y por eso, acariciándole su trasero, susurré a su oído:</p>
<p style="text-align: justify;">― Estás para comerte.</p>
<p style="text-align: justify;">Por la expresión que descubrí en su cara también mi clienta estaba encantada, &nbsp;incluso la encargada de la boutique, estaba alucinada. La anodina muchacha se había convertido en una mujer de “ rompe y rasga” con la única ayuda de unos trapos. Mientras pagaba, le pregunté cómo íbamos a ir a la cena:</p>
<p style="text-align: justify;">―Había pensado en coger un taxi― respondió avergonzada.</p>
<p style="text-align: justify;">― De eso nada, quiero que dejes boquiabiertos a esos payasos. Vamos en limusina― le solté sabiendo que si se podía gasta tres mil&nbsp; dólares en contratarme, ese pequeño gasto extra no le importaría.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde la propia tienda, llamaron a la empresa de ese tipo de vehículos y en menos de cuarto de hora, abriéndole la puerta a la gordita entramos en su interior. Nada más acomodarnos en el asiento, la besé. La muchacha me respondió con pasión y durante diez minutos, estuvimos magreándonos ante la mirada alucinada del chófer. Mi pene ayudado por la química se&nbsp; alzó a lo bestia y sabiendo que si continuaba sobando a esa mujer, me iba a dar un dolor de huevos, separándome de ella, le comenté:</p>
<p style="text-align: justify;">―Tenemos que planear nuestra actuación.</p>
<p style="text-align: justify;">―No sé a qué te refieres― respondió.</p>
<p style="text-align: justify;">Poniendo mi mano en sus rodillas, le expliqué que quería que esa noche triunfase y por eso, debíamos de pensar en cómo comportarnos frente a sus amigos.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Qué tienes pensado?― dijo avergonzada.</p>
<p style="text-align: justify;">― Por lo que me has contado, en el instituto, tenías fama de empollona y ninguno de esos cretinos te pidió salir por lo que vas a comportarte conmigo como una autentica déspota. Quiero que todos ellos piensen&nbsp; en lo que se han perdido.</p>
<p style="text-align: justify;">― No sé si podré. Aunque en el trabajo soy así, con un hombre me veo incapaz.</p>
<p style="text-align: justify;">― Podrás― le respondí y forzando su aceptación, le pedí que me comentara si tenía alguna fantasía.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajando su mirada y completamente colorada, me confesó que nadie le había hecho el sexo oral. Al oírla comprendí que esa mujer había disfrutado pocas veces de la compañía de un hombre. Cerrando la ventanilla que nos separaba del chófer, me puse de rodillas frente a ella y le solté:</p>
<p style="text-align: justify;">―Pídemelo.</p>
<p style="text-align: justify;">Creyendo que era parte de la actuación, Helen me dijo con voz sensual:</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Cómeme!</p>
<p style="text-align: justify;">― Sus deseos son órdenes― respondí mientras le separaba las rodillas y empezaba a recorrer con la lengua sus muslos.</p>
<p style="text-align: justify;">Alucinada y completamente cortada, la mujer me miró y sin saber cómo reaccionar se quedó quieta en su asiento mientras yo subía por su piel. Tengo que reconocer que el morbo de hacerlo en mitad del tráfico de Manhattan, me afectó y con mi sexo pidiendo guerra, dejé un sendero húmedo por sus piernas mientras me acercaba a la meta que me había marcado.</p>
<p style="text-align: justify;">Levantándola el vestido, metí mi cabeza bajo la tela y marcando mi territorio con pequeños mordiscos, me fui aproximando a su tanga. No tardé en escuchar los gemidos callados que salían de la garganta de la mujer, la cual deslizándose por el asiento, puso su pubis a mi disposición. Intentando no presionarla en demasía,&nbsp; mordisqueé su sexo por encima del encaje antes de bajarle las bragas.&nbsp;Helen no cabía de gozo al ver que se las quitaba y volvía a acercarme con mi boca a su entrepierna. Supe que estaba excitada al sentir sus manos sobre mi cabeza y por eso, tanteé con mi lengua alrededor de su clítoris antes de decidirme a tomar posesión de mi feudo. El olor dulzón de su vulva me cautivó y ya sin ningún recato, di rienda libre a mi pasión apoderándome de su sexo.</p>
<p style="text-align: justify;">La muchacha gritó al sentir que jugaba con su botón y separando aún más sus rodillas, facilitó mis&nbsp; maniobras. Me encantó darme cuenta que se liberaba y continuando con mi labor, introduje mi lengua en el interior de su sexo mientras con mis dedos las masturbaba.</p>
<p style="text-align: justify;">―No me lo puedo creer― aulló a sentir la invasión y agitándose sobre su asiento, se vio desbordada por las sensaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Los gemidos de mi clienta me anticiparon su orgasmo y recreándome, con mis manos le pellizqué los pezones sin dejar de comerle su sexo. Helen pegando un chillido se corrió sonoramente, momento que aproveché para recoger con mi lengua en flujo que manaba de su cueva, no fuera a ser que se manchara el vestido y levantándome del suelo, la besé mientras le decía:</p>
<p style="text-align: justify;">―Eres mi dueña. Haré todo lo que me digas.</p>
<p style="text-align: justify;">Increíblemente mis palabras fueron el acicate que esa mujer necesitaba para terminárselo de creer. En ese preciso instante, el conductor nos informó que estábamos llegando. Helen, nerviosa,&nbsp; se acomodó la ropa&nbsp; y adoptando su papel, me ordenó:</p>
<p style="text-align: justify;">―Cuando salgamos, ábreme la puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">Cumpliendo al pie de la letra sus órdenes, como el novio sumiso que habíamos acordado me bajé antes que ella, de manera, que todo los presentes en la entrada del polideportivo donde iba a tener lugar la cena se quedaron mirando tratando de adivinar quién era la pasajera de la limusina. Al salir Helen de su interior, escuché que comentaban entre ellos el cambio experimentado por mi clienta en los años que no la veían y sabiendo que debía de reforzar esa imagen le pedí que me tomara de la cintura.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer hizo más, posó su mano en mi trasero y pegando un buen sobeteo a mis nalgas, me llevó a la sala donde estaban sirviendo el aperitivo. Nuestra espectacular entrada cumplió su función y tal como había planeado un nutrido grupo de ex alumnos vino a comprobar que, ese hembra, era la gordita callada de su curso. Tras un breve saludo, Helen me presentó a sus dos mejores amigas de la clase. Al observarla, comprendí que esas dos mujeres de seguro que la tenían de mascota, porque no solo estaban dotadas de un cuerpazo sino que se podía decir sin temor a equivocarse que eran las más guapas de la reunión.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabiendo que era su noche, le pregunté si quería algo de tomar.</p>
<p style="text-align: justify;">―Tráeme un poco de ponche― me pidió con un sonoro azote.</p>
<p style="text-align: justify;">Sus compañeras se quedaron alucinadas cuando en vez de indignarme por el modo con el que me trataba, con una sonrisa, le pedí perdón por anticipado ya que la barra estaba repleta.</p>
<p style="text-align: justify;">―Vale, pero date prisa― respondió con voz altanera.</p>
<p style="text-align: justify;">Como había previsto, tardé más de diez minutos en volver y cuando lo hice, Helen me regañó por haber tardado tanto. Actuando sumisamente, me excusé mientras sentía las miradas de sus dos amigas clavadas en mi cuerpo y mi clienta al percatarse, &nbsp;me exigió que le diese un beso. Exagerando mi papel, la besé tímidamente. A lo que ella respondió restregando su sexo contra el mío y diciendo a sus conocidas:</p>
<p style="text-align: justify;">― Si no fuera porque está bueno y es una fiera en la cama, lo mandaría a la mierda. Es demasiado vergonzoso―</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Cómo te pasas!― soltó una de sus interlocutoras mientras daba un buen repaso a mi paquete, ―Yo lo tendría en palmitas.</p>
<p style="text-align: justify;">― Si quieres cuando me canse de él, te lo paso― dijo muerta de risa mi clienta.</p>
<p style="text-align: justify;">Su descaro provocó la risa de todos y mordiéndome un huevo, puse cara de pena.&nbsp; En ese instante, pidieron que pasáramos a cenar. En la mesa que teníamos asignada, se sentaron sus amigas y dos de sus compañeros de clase con sus novias. Durante una hora tuve que soportar poniendo una sonrisa, las anécdotas de colegio de los presentes. Helen con su papel totalmente asumido, se comportó como una devora hombres, simpática y divertida mientras sus compañeros no daban crédito a su transformación.</p>
<p style="text-align: justify;">Estábamos en el postre cuando me levanté al baño sin percatarme que tras de mí, Alice, una de las rubias macizorras me&nbsp; seguía. Al no encontrar su ubicación, me giré topándome de frente con ella, le pedí me explicara cómo ir.&nbsp; Entonces comprendí que al menos esa mujer se había creído a pies juntillas mi actuación, porque sin cortarse un pelo no solo me llevó hasta allí sino que abusando de mi teórico carácter sumiso, se metió conmigo en el baño, diciendo mientras me desabrochaba el pantalón:</p>
<p style="text-align: justify;">―Vamos a ver si eres tan bueno como dice.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa loba no sabía dónde se metía, llevaba sobreexcitado más de dos horas y&nbsp; por eso, agarrándola, le di la vuelta y pegándola contra la pared, le dije:</p>
<p style="text-align: justify;">―Te equivocas conmigo. La razón por la que aguanto el carácter de Helen es porque estoy colado por ella pero una putita, como tú, está para servir no para ser servida. ¿Lo entiendes?.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin pedirle su opinión, le levanté la falda y tras bajarle sus bragas, la penetré salvajemente mientras me reía de ella. La mujer gritó al sentir su interior horadado por mi miembro y en contra de lo que había venido a buscar, se vio poseída con brutalidad mientras sus pechos eran estrujados por mis manos.</p>
<p style="text-align: justify;">―Ves, así se trata a una zorra― le solté acelerando el ritmo de mis incursiones.</p>
<p style="text-align: justify;">El modo tan brutal con el que la trataba, la excitó y berreando me gritó que la usara.&nbsp;&nbsp; No hacía falta que me lo pidiera porque con el estímulo químico del viagra, necesitaba liberar mi tensión. Acuchillando repetidamente su interior con mi miembro, conseguí que esa puta se corriera. Abundando en su vergüenza, fui azotando su trasero siguiendo el compás de mis incursiones hasta que derramando mi simiente en su vagina, encontré el orgasmo que tanto necesitaba. Tras lo cual, me puse a mear y al terminar le exigí que me lo limpiara con su lengua.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa golfa nunca había sido maltratada de esa forma y comportándose como una sumisa se arrodilló y servilmente se introdujo mi miembro en su boca. Me encantó haberle bajado los ánimos a esa pretenciosa y por eso al terminar, volví a mi asiento contento tras decirle que era mejor que nadie supiera lo que había ocurrido. En la mesa, Helen estaba disfrutando de las atenciones de un par de tipos y sabiendo que no debía interponerme fui a por una copa. Desde la barra observé que esos dos hombres competían entre sí para ver quien conseguía los favores de mi clienta. Se la veía esplendida y por eso, unos minutos esperé antes de volver.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando retorné, Alice me miró desde su silla con una mezcla de deseo y frustración que no le pasó inadvertida a la gordita que disimulando me preguntó qué había pasado:</p>
<p style="text-align: justify;">―Tuve que bajarle los humos― susurré a su oído.</p>
<p style="text-align: justify;">Comprendiendo lo ocurrido, soltó una carcajada y llevándome a la pista, me sacó a bailar. Durante dos horas, fuimos la pareja&nbsp; a la que todos envidiaban y por eso al terminar la fiesta, Helen me comentó emocionada que había sido la mejor noche de su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">―Todavía no hemos terminado― contesté.</p>
<p style="text-align: justify;">―Si quieres no hace falta que me acompañes a la habitación. Has hecho por mí suficiente―</p>
<p style="text-align: justify;">Acariciando su trasero, le dije en voz baja:</p>
<p style="text-align: justify;">―No puedes dejarme así― y señalando mi entrepierna,―solo y alborotado.</p>
<p style="text-align: justify;">La muchacha soltó una carcajada al percibir que bajo mi pantalón, mi sexo estaba erecto y pasando su mano por la bragueta, me dijo mientras se apoderaba&nbsp; de mi extensión:</p>
<p style="text-align: justify;">―Tendré que hacer algo para consolarte.</p>
<p style="text-align: justify;">Juro que estuve a punto de correrme con solo oír su tono meloso y por eso sacándola del lugar, la llevé hasta la limusina. No me había acomodado en el asiento cuando vi que ella se empezaba a desnudar. Ni siquiera había tenido la previsión de subir antes la ventanilla del conductor. Si a ella le daba morbo que nos vieran era su problema, yo estaba desesperado por acariciar esos enormes melones que sensualmente mi clienta me estaba poniendo en la boca. Con auténtica lujuria me así a sus pechos y mordisqueando sus pezones, empecé a mamar de ellos mientras Helen terminaba de liberar mi miembro de su encierro.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue la primera vez que la vi completamente desnuda. Siendo rolliza su cuerpo era enormemente atractivo y por eso no hizo falta mucha ayuda para ponerme verraco.&nbsp;Ella por su parte estaba como poseída y sin más dilación se puso a horcajadas sobre mí y se fue introduciendo mi sexo en su interior. La lentitud con la que se fue empalando, permitió que sintiera cada uno de los pliegues de su vulva recorriendo la piel de pene mientras se metía por el estrecho conducto que daba paso a su vagina.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Cómo me gusta!― la escuché decir al notar que mi glande rellenando su interior.</p>
<p style="text-align: justify;">Lentamente, la mujer fue moviendo sus caderas dotando a su meneo de una sensualidad difícil de superar. No me podía creer que esa mojigata se hubiese deshecho de sus prejuicios y como por arte de magia se hubiera convertido en la desinhibida que en ese instante estaba poseyéndome.&nbsp; Desde mi asiento me fijé que el chófer no perdía el tiempo y usando el retrovisor, disfrutaba de la escena que le estábamos brindando.</p>
<p style="text-align: justify;">― Nos está viendo― susurré a mi clienta.</p>
<p style="text-align: justify;">Sentirse observada, lejos de cortarla, incrementó su calentura y sin medir las consecuencias, empezó a gemir sonoramente mientras incrementaba la cadencia con la que se penetraba.</p>
<p style="text-align: justify;">― Me excita que nos mire― confesó cogiendo uno de sus pechos.</p>
<p style="text-align: justify;">Comprendí que era lo que quería y sin importarme ser observado, lo cogí entre mis dientes y ejerciendo una suave presión, lo mordisqueé. La mujer aulló al sentir los mordiscos y convirtiendo su trote en un desenfrenado galope, me rogó que no tuviera piedad. Cogiéndola de las caderas, forcé tanto la velocidad como la profundidad con la que se ensartaba, de manera que no tardé en escuchar los primeros síntomas de su orgasmo.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Córrete!― le ordené.</p>
<p style="text-align: justify;">La gordita no se hizo de rogar y a voz en grito,&nbsp; su cuerpo se licuó entre mis piernas. Agotada quiso zafarse pero reteniéndola entre mis piernas, le prohibí sacar mi pene de su interior hasta que me hubiese corrido. Mi orden le dio nuevos ímpetus y&nbsp; buscando mi orgasmo, reanudó los movimientos de sus caderas. Su respuesta fue brutal, Helen convirtió su sexo en una ordeñadora y como si le fuera la vida con ello, se siguió empalando sin dejar de gemir.</p>
<p style="text-align: justify;">Su entrega se maximizó cuando al irme a besar, inconscientemente, le mordí sus labios. El morbo de sentirse follada en público, la acción de mi miembro en su vagina y el dolor del mordisco, se aliaron provocando que mi cliente se volviera a sobre excitar y aullando me pidiera que regara su interior con mi simiente.</p>
<p style="text-align: justify;">No pude seguir retrasando mi liberación. Como un tsunami, el placer asoló mis defensas y gritando, mi cuerpo convulsionó mientras explotaba llenando de semen su vagina. Ella al sentir mi orgasmo, se corrió desplomándose sobre mí.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Qué locura!― sentenció al comprobar que mi sexo seguía clavado en su vulva sin perder un ápice de dureza. – ¡No puedo más!</p>
<p style="text-align: justify;">―Ves que no te mentía cuando te dije que estabas buenísima.</p>
<p style="text-align: justify;">Satisfecha por mis palabras, mi clienta sonrió y bajando de mis piernas, mientras se empezaba a vestir, me contestó:</p>
<p style="text-align: justify;">― Te juro que cuando por la mañana nos despidamos, no tendrás ganas de follar durante una semana.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente no tardamos en llegar al hotel y tras pagar al chófer, rápidamente subimos a su cuarto. Nada más entrar, la gordita me rogó que le dejara irse a cambiar al baño. Aprovechando su ausencia, me desvestí y poniéndome un albornoz, esperé que saliera. Estaba sirviendo unas copas del minibar, cuando escuché que se abría la puerta. Al darme la vuelta, me quedé sorprendido al verla vestida con un coqueto picardías de encaje negro.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Te gusta?</p>
<p style="text-align: justify;">Sus curvas lejos de resultar desagradables me parecieron cautivadoras y por eso, babeando le contesté que estaba esplendida. Sonrió al escuchar mi piropo y poniendo cara de puta,&nbsp; se dio la vuelta para que apreciara en justa medida el pedazo de mujer que iba&nbsp; a volverme a follar. Al disfrutar de la visión de su trasero, como si de un resorte se tratara, mi pene se puso erecto, dejándose ver a través del albornoz.</p>
<p style="text-align: justify;">« Menudo culo», exclamé mentalmente al observar sus dos nalgas.&nbsp; Enormes pero sobre todo apetecibles, me parecieron un manjar que debía de catar y por eso, le pedí que se acercara. Lo que no me esperaba fue que esa mujer poniéndose de rodillas, viniera gateando mientras no dejaba de ronronear.</p>
<p style="text-align: justify;">Al comprobar el cambio de actitud de esa mujer y que en menos de cuatro horas había pasado de ser una amargada a una hembra satisfecha, hizo que mi miembro se elevara aún más y le esperara totalmente tieso. Me pareció una eternidad los pocos segundos que tardó en llegar hasta mí. Helen se había transformado y nada quedaba de sus antiguos resquemores y por eso al verme a su alcance, no esperó que le diese nuevas instrucciones y cogiendo mi sexo entre sus manos, se lo llevó a su boca y sensualmente, lo empezó a besar mientras acariciaba mis testículos. De pie sobre la alfombra, sentí sus labios abrirse y cómo con una tranquilidad pasmosa, esa gordita lo iba introduciendo en su interior. Devorando dulcemente cada uno de los centímetros de mi piel, mi cliente fue absorbiendo mi extensión hasta que consiguió besar la base. Con él completamente embutido en su garganta, me miró como pidiendo permiso.</p>
<p style="text-align: justify;">Al comprobar mi disposición, empezó a sacárselo lentamente para acto seguido volvérselo a meter con un secuencia in crescendo que me dejó maravillado. Esa mujer estaba utilizando su boca como si de su sexo se tratara y cada vez más rápido me estaba haciendo el amor sin usar ninguna otra parte de su cuerpo. No puedo describir su maestría. Su lengua presionando mi pene, conseguía que sintiera que era un estrecho coño, el orificio donde estaba metiéndolo y por eso, completamente absorto en su mamada, llevé mis manos a su cabeza y forzando el contacto, comencé un brutal mete―saca en su garganta. No me importó que mis maniobras, le provocaran arcadas. Estaba imbuido en mi placer y obsesionado por correrme, me olvidé que ella era la clienta y que debía satisfacerla.</p>
<p style="text-align: justify;">Acojonada por el trato, clavó sus uñas en mi culo pero en vez de conseguir que parara, eso me dio alas y salvajemente seguí penetrando su garganta. Felizmente para ella,&nbsp; mi orgasmo no tardó en llegar y al fin conseguí descargar en su boca la tensión acumulada, momento que aprovechó la gordita para recriminarme el modo en que la había usado.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Perdona― le dije al comprender que me había pasado.</p>
<p style="text-align: justify;">Helen soltó una carcajada al escuchar mis escusas y con un fulgor en sus ojos que no me pasó inadvertido, sonrió mientras me pedía que quería que cumpliera otra de sus fantasías:</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Cuál?― pregunté.</p>
<p style="text-align: justify;">― Quiero que me desvirgues el trasero― contestó poniéndose a cuatro patas sobre la cama.</p>
<p style="text-align: justify;">Verla separándose los glúteos con sus manos mientras me exigía que tomara posesión de su ano, fue demasiado para mí y como un autómata, me acerqué y sacando la lengua empecé a recorrer los bordes de su ano mientras acariciaba su clítoris con mi mano. La muchacha no me había mentido, su entrada trasera estaba incólume, nadie la había hoyado y por eso se me mostró cerrada y rosada, dispuesta a que fuera yo quien la tomara por primera vez.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabiendo que podía desgarrarla y que eso no era bueno para el negocio, le pregunté si no tenía crema:</p>
<p style="text-align: justify;">― Tengo algo mejor― contestó sacando del cajón de la mesilla un bote de lubricante anal.</p>
<p style="text-align: justify;">Al ver la enorme sonrisa que iluminó su cara, comprendí que esa mujer había más que fantaseado y que al contratarme tenía previsto entregarme su culo. La disposición de Helen, me permitió no tener que convencerla de algo que deseaba desde que había visto su enorme pandero desnudo y por eso abriendo el bote, cogí una enorme cantidad entre mis dedos. Sin más preliminares,&nbsp;&nbsp; le unté su ano con la mezcla y tranquilamente empecé a relajar su esfínter.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Me encanta!― chilló al sentir que uno de mis dedos se abría paso y reptando por la cama, apoyó su cabeza en la almohada mientras levantaba su trasero.</p>
<p style="text-align: justify;">La nueva posición me permitió observar con tranquilidad que los muslos rollizos de la mujer temblaban cada vez que introducía mi falange en su interior y ya más seguro de mí mismo, decidí dar otro paso y dándole un azote a una de sus nalgas, metí las yemas de dos dedos dentro de su orificio.</p>
<p style="text-align: justify;">― Ahhhh― gritó mordiéndose el labio.</p>
<p style="text-align: justify;">Su gemido fue un aviso de que tenía que tener cuidado y por eso volví a lubricar su ano mientras esperaba a que se relajase. La gordita moviendo sus caderas me informó que estaba dispuesta. Esta vez, tuve cuidado y moviendo mis falanges alrededor de su cerrado músculo, fui dilatándolo mientras que con la otra mano, la empezaba a masturbar.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡No puede ser!― aulló al sentir sus dos entradas siendo objeto de mi caricias.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer se llevó las manos a sus pechos y pellizcando sus pezones, buscó agrandar su excitación. Increíblemente al terminar de meter los dos dedos, se corrió sonoramente mientras su cuerpo convulsionaba sobre las sábanas. Sin dejarla reposar, embadurné mi órgano con el lubricante y poniéndome detrás de ella, llevé mi glande ante su entrada:</p>
<p style="text-align: justify;">― ¿Estás lista?― pregunté mientras jugueteaba con su esfínter.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni siquiera esperó a que terminara de hablar, llevando su cuerpo hacia atrás lentamente fue metiéndoselo, permitiéndome sentir cada rugosidad de su ano apartándose ante el avance de mi miembro. Sin gritar pero con un rictus de dolor en su cara, prosiguió con su labor hasta que sintió mi cuerpo chocando con su culo y entonces y solo entonces, se permitió quejarse del sufrimiento que había experimentado.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Cómo duele!― exclamó cayendo rendida sobre el colchón.</p>
<p style="text-align: justify;">Venciendo las ganas que tenía de empezar a disfrutar de semejante culo, esperé que fuera ella quien decidiera el momento. Tratando que no se me enfriara, aceleré mis caricias sobre su clítoris, de manera que, en medio minuto, la muchacha se había relajado y levantando su cara de la almohada me rogó que comenzara a cabalgarla.&nbsp;Su expresión de deseo me terminó de convencer y con ritmo pausado, fui extrayendo mi sexo de su interior. Casi había terminado de sacarlo cuando Helen con un movimiento de sus caderas se lo volvió a introducir, dando inicio a un juego por el cual yo intentaba recuperarlo y ella lo impedía al volvérselo a embutir. Poco a poco, el compás con el que nos meneábamos se fue acelerando, convirtiendo nuestro tranquilo trotar en un desbocado galope, donde ella no dejaba de gritar y yo tuve que afianzarme cogiéndome de sus pechos para no descabalgar.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Sigue!― me ordenó cuando, para tomar aire, disminuí el ritmo de mis acometidas.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Serás puta!― le contesté molesto por su tono le di un fuerte azote.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡Qué gusto!― gritó al sentir mi mano y comportándose como una puta, me imploró que quería más.</p>
<p style="text-align: justify;">No tuvo que volver a decírmelo, alternando de una nalga a otra, le fui propinando sonoros cachetadas cada vez que sacaba mi pene de su interior de forma que dimos inicio a un extraño concierto de gemidos, azotes y suspiros que dotaron a la habitación de una peculiar armonía. Helen ya tenía el culo completamente rojo cuando cayendo sobre la cama, empezó a estremecerse al sentir los síntomas de un orgasmo brutal. Fue impresionante ver a esa gordita, temblando de dicha mientras de su garganta no dejaban de salir improperios y demás lindezas.</p>
<p style="text-align: justify;">― ¡No dejes de follarme!, ¡Cabrón!― aulló al sentir que el placer desgarraba su interior.</p>
<p style="text-align: justify;">Su actitud dominante fue el acicate que me faltaba y cogiendo sus pezones entre mis dedos, los pellizqué con dureza mientras usaba su enorme culo como frontón. &nbsp;Al gritar de dolor, perdió el control y agitando sus caderas se corrió. De su sexo brotó un enorme caudal de flujo que empapó mis piernas.</p>
<p style="text-align: justify;">Su actitud dominante fue el acicate que me faltaba y cogiendo sus pezones entre mis dedos, los pellizqué con dureza mientras usaba su enorme culo como frontón. &nbsp;Al gritar de dolor, perdió el control y agitando sus caderas se corrió. De su sexo brotó un enorme caudal de flujo que empapó mis piernas.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue entonces cuando ya dándome igual ella, me concentré en mí y forzando su esfínter al máximo, empecé a usar mi miembro como si de un cuchillo de se tratara y cuchillada tras cuchillada, fui violando su intestino mientras la gordita no dejaba de aullar desesperada.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi orgasmo fue total, todas las células de mi cuerpo compartieron mi gozo mientras me vertía en el interior de sus intestinos. Agotado y exhausto, me tumbé al lado de Helen, la cual me recibió con las brazos abiertos. Mientras me besaba, no dejó de agradecerme el haberla liberado y en esa posición, se quedó&nbsp;dormida.</p>
<p style="text-align: justify;">Os parecerá extraño pero estaba contento por el trabajo bien hecho. Esa mujer me había contratado para realizar una fantasía y no solo había cubierto sus expectativas sino que le había ayudado a desprenderse de los complejos que le habían maniatado desde niña.,</p>
<p style="text-align: justify;">« Helen ha dejado atrás a la gorda», pensé mientras me levantaba al baño a limpiar mi pene.</p>
<p style="text-align: justify;">Al volver a la cama y verla dormida, me percaté que nunca más la volvería a ver. Ya no me necesitaba y por eso, queriendo guardar un recuerdo, cogí mi teléfono y subrepticiamente, le saqué una foto. Estaba preciosa, con la cara relajada era una mujer feliz</p>
<p style="text-align: justify;">A la mañana siguiente, me pagó y despidiéndose de mí, como de un viejo amigo, la vi marcharse de la habitación sin mirar atrás. Yo por mi parte, me fui a mi cuarto y tras darme una ducha, decidí ir a pagar a Johana su porcentaje. Cuando entré a la boutique, mi jefa dejó lo que estaba haciendo y se acercó a mí.</p>
<p style="text-align: justify;">― Toma― le dije depositando un sobre con el veinte por ciento.</p>
<p style="text-align: justify;">― No hace falta. No sé qué le has dado, pero esa gordita me ha dado una propina que duplica lo acordado. A este paso, dejó la tienda y me pongo a trabajar en exclusiva contigo― contestó. Y soltando una carcajada, me informó que ya me había conseguido una cita para el sábado, ―Tienes dos días libres, búscate un apartamento.</p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>&#8220;La mayoral del fauno y sus dos bellas incondicionales&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Oct 2026 07:18:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Huyendo de una fama indeseada y con dinero en el bolsillo, Manuel Castrejana llegó a República Dominicana.&#160; Allí se enamoró de sus gentes y de su exuberante naturaleza y por ello no dudó en comprar El Fauno cuando lo conoció, aunque no tenía experiencia en campo y menos en una finca tan grande y complicada como aquella. Tras dos años de pérdidas, el cura le aconseja contratar a Altagracia Olanla, la hija del antiguo mayoral. Desesperado accede a dejar en su mano la hacienda sin saber que la presencia de esa mujer se extendería a su alrededor impregnando hasta [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.amazon.es/dp/B086Q2S34D"><img decoding="async" width="1024" height="274" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1024x274.png" alt="" class="wp-image-22148" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1024x274.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-300x80.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-768x206.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1536x411.png 1536w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-2048x548.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>



<p><br><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>Huyendo de una fama indeseada y
con dinero en el bolsillo, Manuel Castrejana llegó a República Dominicana.&nbsp; Allí se enamoró de sus gentes y de su
exuberante naturaleza y por ello no dudó en comprar El Fauno cuando lo conoció,
aunque no tenía experiencia en campo y menos en una finca tan grande y
complicada como aquella. Tras dos años de pérdidas, el cura le aconseja
contratar a Altagracia Olanla, la hija del antiguo mayoral.</p>



<p>Desesperado accede a dejar en su
mano la hacienda sin saber que la presencia de esa mujer se extendería a su
alrededor impregnando hasta el último aspecto de su vida.</p>



<p>Empieza a sospechar que no fue
buena idea y que los antepasados de Altagracia habían sido los reyes
inmemoriales de todo ese pueblo cuando descubre que la joven viuda intenta
recuperar formas y normas de otra época y que todos los empleados la tratan con
un respeto cercano a la idolatría. Sus dudas se intensifican cuando la mulata
descubre a Dulce, una de sus criadas, ofreciéndosele sexualmente y en vez de
regañarla, hace la vista gorda asumiendo que era lógico que la chavala viera en
él a la reencarnación del Fauno.</p>



<p>Ya solos, Dulce le informa que
Altagracia le ha pedido convertirse en una de sus dos incondicionales. Al
preguntar que quería decir con ello, la muchacha le explica que las
incondicionales son las mujeres que el pueblo yoruba regala a los dueños de la
Hacienda en señal de respeto y que su función es mimar y cuidar al Fauno en todos
los aspectos incluidos el sexual&#8230;</p>



<p><br></p>



<p>ALTO CONTENIDO ERÓTICO .</p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><a href="https://www.amazon.es/dp/B086Q2S34D"><img decoding="async" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1-724x1024.png" alt="" class="wp-image-22149" width="424" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1-724x1024.png 724w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1-212x300.png 212w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1-768x1086.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1-1086x1536.png 1086w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1-1448x2048.png 1448w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2020/04/La-mayoral-de-mi-finca-y-sus-dos-incondicionales-1.png 1587w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></a></figure>



<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo la introducción y los&nbsp; primeros capítulos:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading">1</h1>



<p>Cinco años eran los que
llevaba sin pisar la hacienda. Cinco años en los que la desidia de los
responsables del lugar que una vez consideró su hogar había llevado a “El Fauno”
a la decadencia, decadencia a la que si no se le ponía freno supondría su
ruina. </p>



<p>Y es
que, aunque el cura del pueblo, Don Bartolo, le había avisado, era tal el
declive que veía que no se lo podía creer:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Menos mal que mi viejo ha muerto. Le daría un ataque al ver
cómo este gallego tiene a su criatura», masculló cargando las culpas en el
extranjero que la había adquirido. </p>



<p>Debido
a eso y para ella, Don Manuel Castrejana era un excéntrico que se había
encaprichado de la finca sin tener experiencia de ningún tipo en el cultivo de
arroz. </p>



<p>«Solo
un cretino compra algo que no comprende», se dijo cada vez más cabreada, «estos
arrozales han creado y se han tragado muchas fortunas». </p>



<p>Sin saber
a qué atenerse, esa mañana llegó ante las puertas de la mansión y tras un
momento de duda en el que deseó no haber hecho caso al sacerdote, tocó al
timbre. Los cinco minutos que la criada tardó en abrir ratificaron su impresión
de que ese lugar era un desastre. Es más, supo al ver el terror reflejado en
los ojos de la muchacha que se había corrido la voz de que ella iba a ser la
nueva encargada. Otorgándose un poder que todavía no tenía, regañó a la mulata
diciendo:</p>



<p>―Una
persona que sirve aquí no puede tardar tanto en responder.</p>



<p>Las
excusas de la cría no modificaron un ápice su opinión sobre la necesidad de un
cambio en la finca y con voz firme, exigió que le llevara con el dueño.</p>



<p>―Bienvenida,
señora. Don Manuel le está esperando― tratando de congraciarse con ella, la
joven contestó.</p>



<p>Mientras
la seguía, Altagracia intentó tranquilizarse. No podía presentarse ante su
futuro patrón indignada o hecha una furia y al menos debía simular un sosiego
que no tenía.</p>



<p>«Si
me contrata, tendré tiempo de encarrilar esto», se dijo mientras intentaba
recordar lo que sabía de ese sujeto. </p>



<p>Era
de dominio público que había ganado su dinero en España y que, tras un doloroso
divorcio, había hecho las maletas jurando no volver. Según las malas lenguas su
esposa le había puesto los cuernos con uno de sus mejores amigos, pero sabía de
buena fuente que no era así y que, aunque había habido un tercero en discordia,
no era alguien cercano a la pareja sino un compañero de trabajo de la mujer.</p>



<p>Por
otra parte, y gracias a una conocida del banco, se había enterado de que la
cuenta corriente de Castrejana era lo suficientemente abultada para que la
pésima gestión de “El Fauno” no pusiera en peligro su patrimonio.</p>



<p>«Según
Luz, los beneficios de un día de sus inversiones en bolsa cubren sobradamente
las pérdidas anuales de la finca», recordó sin tener claro si ese dato era
bueno o malo. </p>



<p>Si
bien y debido a su gran fortuna no estaban en riesgo los salarios de sus
paisanos, por otra,&nbsp; el que no necesitara
sacar rendimiento a esas tierras podía hacer que no tomara las medidas
correctoras que éstas necesitaban.</p>



<p>Curiosamente
en lo que, si estaban de acuerdo todas y cada una de sus fuentes femeninas era
que para tener cuarenta años y a pesar de lo blanco de su piel, ese
impresentable era un hombre muy atractivo. </p>



<p>A
todos los efectos para ella, ese dato era totalmente irrelevante porque,
después de un marido mujeriego que había muerto en una borrachera, no deseaba
saber nada de los hombres.</p>



<p>«Mientras
se comporte como un buen dueño, me da igual con quien se acueste. Por mí, como
si se la pica a un pollo»,
murmuró convencida de que el comportamiento sexual del patrón no era algo que tuviese
que preocuparla. </p>



<p>Lo que si era parte del puesto al que
aspiraba era el mantenimiento de esa casa y no pudo dejar de observar el
deterioro y la falta de limpieza que lucían sus pasillos.</p>



<p>«Voy a tener que pegar varios tirones
de orejas»,&nbsp; sentenció mientras esperaba
en la puerta que Dulce le avisara que podía pasar.</p>



<p>Al entrar en el despacho, le molestó la
ausencia del cura porque no en vano era su valedor con ese hombre, pero
reponiéndose al instante extendiendo su mano, se presentó:</p>



<p>―Altagracia Olanla.</p>



<p>Fue evidente que el advenedizo que se
había apropiado de su hogar no se esperaba ese saludo por el tiempo que tardó
en estrechar su mano, pero cuando lo hizo le agradó comprobar que lejos de
dársela en plan blandengue, se la apretó con fuerza.</p>



<p>―Encantado de conocerla― respondió para
acto seguido y a bocajarro, preguntar cómo había encontrado “El Fauno”.</p>



<p>―¿Puedo ser sincera?― dijo mirando al
extranjero.</p>



<p>Manuel Castrejana supo de inmediato que
esa mujer le estaba midiendo y sin retirar la mirada, la contestó:</p>



<p>―Por favor.</p>



<p>La joven viuda se tomó unos segundos
para acomodar sus ideas.</p>



<p>―Jamás en mi vida pensé hallar la finca
en este estado. Está hecha un desastre y no solo es culpa suya. Desde que murió
el antiguo dueño nadie se ha ocupado realmente, los albaceas del difunto también
son responsables de su deterioro. Las principales pegas que he encontrado es la
falta de seguimiento de las órdenes, así como la ausencia de inversiones.</p>



<p>Que esa mujer corriera el riesgo de que
no la contratara al señalarle como el principal causante de la decadencia del
lugar le intrigó y acomodándose en su asiento, recibió con interés el extenso
rapapolvo. Durante cinco minutos, esa viuda desgranó la problemática que había
observado y las soluciones que proponía. Frente a ella, Manuel Castrejana se
había olvidado del propósito de esa entrevista y había convertido a la morena en
su peculiar objeto de estudio.</p>



<p>«Esta chavala los tiene bien puestos», sentenció
al tiempo que trataba inútilmente de descubrir qué tipo de cuerpo se escondía
bajo esas holgadas ropas. «El cura me había anticipado que me iba a sorprender,
pero no comentó que fuera una negraza tan impresionante».</p>



<p>Ajena al escrutinio del que estaba
siendo objeto, la joven viuda siguió desmenuzando las medidas que consideraba
necesario aplicar para reflotar la hacienda, mientras el dueño de ésta sólo
podía pensar en lo guapa que era como mujer.</p>



<p>«Si esta niña es la mitad de eficiente
de lo que parece, me puedo olvidar del día a día», meditó y tras esperar que
terminara, le comunicó que estaba contratada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque
en su interior Altagracia no cabía de felicidad, exteriormente no lo demostró y
ejerciendo por primera vez de encargada, pidió a su nuevo jefe si podía llamar
a los miembros del personal.</p>



<p>―¿Y eso?― preguntó.</p>



<p>―Deben saber lo que espero de ellos y
que voy en serio― respondió totalmente segura de sí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deseando ser testigo de cómo se
desempeñaba, ordenó a Dulce que fuera a por ellos y acercándose a donde tenía
el whisky, fue a ponerse uno.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Señor, como patrón debe dar ejemplo y
no beber frente a su gente en horas de trabajo― suave pero firmemente la recién
contratada le criticó.</p>



<p>Alucinando por la osadía de la
muchacha, Manuel dejó el vaso y aunque no le comentó nada, anotó en su haber
que además de una cara bonita, la tal Altagracia tenía mala leche. Ese
convencimiento se incrementó a ritmo exponencial cuando le pidió las llaves del
armero.</p>



<p>―¿Para que la quieres?</p>



<p>―Cuando me presente ante ellos, debo
llevar la pistola del mayoral― contestó sin aclarar más el hecho.</p>



<p>Sintiéndose fuera de lugar, no dijo
nada mientras observaba a su nueva empleada ajustando a su cintura la funda y
la canana de un revolver Colt.</p>



<p>«Le ha cambiado la cara al ceñirse ese
arma», rumió para sí y recordando que su padre había sido el mayoral de la
finca, comprendió que era la misma que su viejo había portado durante casi
medio siglo.</p>



<p>Si ya de por sí la fuerte personalidad
de esa mujer le había impresionado, supo que había acertado al contratarla
cuando al reunirse la gente sin alzar la voz, les comentó:</p>



<p>―Todos ustedes me conocen y saben que
no acepto idioteces. El que haya robado al patrón tiene doce horas para llegar
a mi oficina y reconocerlo. No pienso actuar en su contra y seguirá trabajando
para mí. Pero si me entero de algo que no me ha sido comunicado, no solo se
quedarán en la calle, sino que les mandaré a la cárcel. ¿Me han entendido?</p>



<p>―Si, señora― escuchó que respondían
todos al unísono.</p>



<p>No contenta con ello, llamó al ama de
llaves y al hombre que había ejercido de capataz hasta entonces y frente a
todos, despidió a los dos diciendo:</p>



<p>―A partir de hoy, el patrón no
necesitara de sus servicios. Acompáñenme a mi despacho para darles su finiquito.</p>



<p>La determinación de su rostro y el
hecho que no le hubiese hecho falta alzar la voz para dejar claro que era ella
quien mandaba, dejó a todo el mundo helado y por eso a Manuel Castrejana no le
extrañó escuchar entre murmullos de admiración que ya era hora de que un Olanla
volviera a tomar las riendas de “El Fauno”.</p>



<p>«No me extraña que lleve ropa holgada,
de ir apretada se le marcarían los huevos», sentenció deslumbrado por el
ejercicio de autoridad que había presenciado.</p>



<p>Dando
por sentado que Altagracia no le necesitaba, decidió desaparecer de ahí y
aprovechando que el calor todavía no era insoportable, cogió su todoterreno
para ir al pueblo a surtir su despensa privada. </p>



<p>Ya
en camino, y como siempre que recorría la carretera secundaria que unía su
finca con el pueblo, esa mañana se quejó de los numerosos baches que tenía que sortear.
Aunque era consciente de que la soledad de esos parajes había sido uno de los
elementos que le habían decidido a comprar la casa, le jodía pensar en el
abandono al que tenían sometida a esa zona.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «La gente del gobierno solo se acerca aquí en época de
elecciones», dijo mientras bajaba de marcha para no romper una llanta con el
enorme socavón que las últimas lluvias habían abierto en mitad de la calzada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Él mismo era una rareza en esas tierras donde había recalado
buscando el anonimato. Anonimato que había perdido cuando, al vender por una
fortuna su empresa, apareció en todos los periódicos españoles. Todavía
recordaba que había llegado desde Madrid huyendo de la prensa y de las numerosas
cazafortunas que aprovechando su divorcio hacían cola frente a su puerta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Tengo que reconocer que tuve suerte de que “El Fauno”
estuviera en venta», se dijo mientras admiraba el paisaje inhóspito y salvaje
que le había enamorado y que le había forzado a comprar esa casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tan acostumbrado estaba a la ausencia de tráfico que al salir
de una curva estuvo a punto de chocar con un vehículo que circulaba en
dirección contraria. </p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Otro loco de Santo Domingo», maldijo entre dientes
contagiado por el desprecio que los habitantes de la costa tenían por los
provenientes de la ciudad mientras retomaba su camino.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos curvas y tres hoyos más tarde, Manuel se había olvidado
del asunto y nuevamente el paisaje le había subyugado:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Sigue siendo un paraíso al que el turismo todavía no ha
conseguido echar a perder», pensó olvidando que a todos los efectos él era un
recién llegado, un turista como esos de los que tanto repelaba. No en vano su
presencia no había pasado inadvertida y más cuando contrariando la norma, no
solo se había quedado, sino que había adquirido una antigua hacienda.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Joder, fui la sensación. ¡Me vino a ver todo dios!»,
sonriendo rememoró que desde el notario hasta el comandante de la base más
cercana habían pasado por su casa a conocer al loco que se había instalado ahí.
</p>



<p>De
buen humor recordó tanto la insistencia de los principales del lugar para que
contratara empleados de la zona y que no se trajera nadie de la capital.</p>



<p>«Hacen
bien al mirar por su gente», señaló mientras inconscientemente conducía hacia
la estación de policía, donde Pedro, un divertido sargento ejercía de máxima
autoridad local.</p>



<p>«No
creo que se niegue a tomarse una bien fría», concluyó al darse cuenta hacía
donde se dirigía. No en vano, ese gigante no dudaba en dejarse caer por su casa
sabiendo que siempre le recibía con cerveza.</p>



<p>«Parece
que las huele», murmuró descojonado porque siempre aparecía cuando estaba
bebiendo una y haciéndose el encontradizo se autoinvitaba.</p>



<p>Al
llegar a las desvencijadas instalaciones, el agente de la puerta le informó que
su jefe andaba haciendo una ronda y que no volvería hasta dentro de dos horas.</p>



<p>―Dígale
que he pasado a verle y que me llame― contestó antes de volver a subir a su
vehículo.</p>



<p>Molesto
porque realmente le apetecía tomarse una con él, se dirigió al colmado, la
tienda de comestibles y cuya dueña, Doña Araceli, una mulata de buen ver
siempre intentaba que sacarle una invitación a cenar.</p>



<p>Ese
día, no podía ser de otra forma, nada más cruzar la puerta, la mulata se le
acercó y con el flirteo caribeño tan característico de la zona, plantó un beso
en su mejilla mientras le daba un repaso a su trasero.</p>



<p>―Araceli,
un día me vas a pillar arrecho y no me voy a contener― siguiendo la pauta de tantas
veces protestó.</p>



<p>La tendera,
lejos de cortarse, le provocó aún más diciendo que por ella cualquier día era
bueno y que si quería tenía una cama en la parte de atrás.</p>



<p>―No
me tientes― contestó sin saber hasta qué grado era pantomima o en qué medida
era una propuesta real : ―¡qué estoy muy viejo para una preciosidad como tú!</p>



<p>El
piropo consiguió su objetivo y con una sonrisa de oreja a oreja, le preguntó
que deseaba ese día. Manuel vio su momento y aprovechando que se la había
puesto en bandeja, respondió:</p>



<p>―Además
de una morena de uno setenta, lo de siempre: tres de Marlboro, una caja de tu
mejor vino, dos botellas de whisky, cerveza&#8230;</p>



<p>Muerta
de risa, Araceli fue recolectando el pedido sin dejar de mover su trasero
provocativamente.</p>



<p>Diez
minutos después, con el maletero lleno y tras la rutinaria visita a correos
para verificar que no tenía cartas, enfiló el camino de vuelta. &nbsp;</p>



<p>Por
fortuna, no había salido del pueblo cuando recibió la llamada del policía.</p>



<p>―Estoy
seco, ¿nos vemos en la Daniela?― comentó al contestar. Como era un pozo sin
fondo, Pedro aceptó de inmediato, de forma que quedaron en cinco minutos allí.</p>



<p>«Esto
es vida», se dijo.</p>



<p>Después
de años ejerciendo de ejecutivo agresivo, que su día a día fuese tan apacible, lejos
de parecerle detestable era algo que le resultaba fabuloso.  Y es que, aunque a sus amigos madrileños les
resultara imposible de creer, había dejado atrás el vaivén de los mercados, los
giros diarios de su actividad y la incertidumbre y ¡no lo echaba de menos!</p>



<p>«Música,
cerveza y buen tiempo. ¿Qué más puedo pedir?».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para un hombre como él que había quemado sus días encerrado
en una oficina mirando la pantalla del ordenador y decidiendo el futuro de
cientos, cuando no miles de personas, el despertarse por las mañanas y que la
cuestión más importante fuera qué cuantas birras iban a caer era algo a lo que
no pensaba ni quería renunciar.</p>



<p>«Siempre
dije que me jubilaría antes de los cincuenta, pero nadie me creyó….. puede que
ni siquiera yo, pero una vez he aprendido que puedo vivir tocándome los huevos
no voy a dejar de hacerlo», recapacitó mientras zanjaba el tema decidiendo que
para celebrarlo esa tarde se echaría una siesta de dos horas. Esa crucial
resolución lo llenó de optimismo y aparcando frente al local, se bajó del todo
terreno. </p>



<p>Pedro
le estaba ya esperando con una bien fría en su mano.</p>



<p>―¿Habrás
pedido una para mí?</p>



<p>―¿Una?
No, ¡media docena!― respondió mientras se bebía de un trago la primera.</p>



<p>Asumiendo
que era una carrera de resistencia, Manuel saludó a los presentes antes de
sentarse con su amigote.</p>



<p>―Cuéntame…
¿qué quieres de mí?― le soltó nada más hacerlo.</p>



<p>―¿Porque
piensas que necesito tu ayuda? ¿No te parece que puedo querer tomarme una
cerveza contigo?</p>



<p>―Manuel,
soy negro, pero no tonto. Si has venido hasta aquí es que te urge saber algo,
sino hubieras esperado a que algún día cayera por tu casa― replicó el oficial.</p>



<p>Asumiendo
que de nada servía negarlo, directamente entró al trapo.</p>



<p>―¿Qué
sabes de Altagracia Olanla y qué opinas de ella?</p>



<p>Soltando
una carcajada, respondió:</p>



<p>―¡Qué
está para comérsela con papas!</p>



<p>―Eso
ya lo sé, tengo ojos en la cara.</p>



<p>Sin
parar de reír, el enorme pero simpático animal le comentó:</p>



<p>―Me
imagino que ya las has contratado, por lo que mi querido amigo te he de decir
que estás bien jodido. Esa negra no solo va a sorberte el seso, sino que como
un virus invadirá toda tu vida. </p>



<p>―¿No
exageras un poco? – replicó Manuel.</p>



<p>―Altagracia
es una Olanla y esa gente lleva en sus genes defender “El Fauno” inclusive de
sus dueños. En el pueblo se dice que hace dos siglos el primero de esa familia
llegó desde África para trabajar en esas tierras y desde entonces no las han
abandonado. Con ella al mando, la hacienda progresará, pero cuidado …&nbsp; ahí donde la ves, esa monada no solo fungirá
como la administradora de todo, sino que por el bien de lo que ella considera
sagrado intentará controlar tu comida, tu vestimenta, con quien te acuestas y
llegado el caso de verte en peligro, será tu guardaespaldas. Todos sus
antepasados lo han hecho y ella no será distinta.</p>



<p>Sin
llegárselo a creer totalmente, pero más nervioso de lo que le gustaría
reconocer, trató de quitar hierro al asunto bromeando:</p>



<p>―¿Y crees
que entre sus funciones estará visitar mi habitación?</p>



<p>―Personalmente,
lo dudo. Esa negrita quedó quemada con los hombres tras su matrimonio.</p>



<p>―¿Tan
cabrón era su marido?</p>



<p>―Además
de picar en todas las flores, Nelson se bebía hasta el agua de los floreros―
respondió: ―Era un tipo guapo, divertido y muy pero muy andariego.</p>



<p>Manuel
comprendió la clase penurias que debió pasar estando casada con un hombre así y
borrando a la viuda de su lista de objetivos, preguntó a su compadre si tenía
algo que hacer esa tarde.</p>



<p>―¿No
estarás pensando en ir de putas?― replicó el negro consciente de las
intenciones de su amigo.</p>



<p>―No,
pedazo mamón. Me apetecía ir de pesca.</p>



<p>Pedro
no lo creyó y pidió otras cervezas…<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Tras media docena de rondas
y mientras volvía hacía la hacienda, Manuel se puso a meditar sobre su vida,
pero sobre todo en su futuro y tras dar muchas vueltas solo llegó a una
conclusión, desde su divorcio se podía decir que solo había tenido una amante a
la que pudiera considerar fija y su nombre era Soledad</p>



<p>&nbsp;«Llevo solo desde que se fue María y así
quiero continuar».</p>



<p>Sus
necesidades “afectivas” las cubría con profesionales y así se evitaba dar
explicaciones o depender de alguien.</p>



<p>«Salen
más baratas a la larga», se dijo mientras aparcaba su todo terreno en la
entrada.</p>



<p>Al
salir, observó una actividad inusitada en toda la finca. Tanto fuera de la
casa, como dentro de ella, los empleados parecían dominados por una energía
frenética que nada tenía que ver con la apatía que habían mostrado hasta
entonces.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Pedro va a tener razón y con Altagracia al mando, voy a
poder olvidarme de gestionar la finca», meditó en absoluto molesto. </p>



<p>Pelearse
con los empleados del lugar había resultado odioso y saber que tenía a alguien
que lo haría mejor que él, le alegró.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Si ya me tocaba los huevos, con esa sargento aquí aún más»,
se dijo mientras abría el maletero.</p>



<p>Ni
siquiera le dio tiempo a llamar a alguien para que le ayudara, desde la puerta,
su nueva encargada se ocupó de ello.</p>



<p>―Bienvenido
, patrón. Quiero informarle que las cosas se empiezan a enderezar y que hemos
recuperado cinco cabezas de ganado y dos toneladas de arroz.</p>



<p>Fijándose
en ella, vio que se había cambiado y que había sustituido la ropa holgada por
un conjunto de blusa y pantalón típico de los hombres de la zona. Lo que no se
había quitado fue el arma. El colt relucía en su cadera mientras daba órdenes
por doquier. &nbsp;Asumiendo que esa mujer
quería ser tratada como si fuera su viejo, mirando su reloj, replicó:</p>



<p>―Bien
hecho, mayoral. Si en tres horas ha conseguido eso, estoy seguro de que su
contratación será productiva para la hacienda.</p>



<p>―No
tiene que dorarme la píldora, ¡es mi deber!― respondió con cierto aire marcial
antes de marcharse rumbo a su oficina.</p>



<p>Manuel
se quedó pensando en que era una pena que esa monada fuera un marimacho:</p>



<p>«Con
los melones que tiene, no me importaría compartir un par de rounds con ella en
la cama».</p>



<p>Tras
lo cual, buscó cobijo en el aire acondicionado de la biblioteca. No llevaba ni
diez minutos ahí cuando un ruido le hizo alzar su mirada del libro. La causante
de este era Dulce trayendo una bandeja con unos aperitivos. </p>



<p>Fijándose
en ella, vio que llevaba un uniforme nuevo:</p>



<p>―¿Y
eso?</p>



<p>La
criada, creyendo que se refería a las viandas, respondió:</p>



<p>―Doña
Altagracia ha ordenado que no le falte de nada. Según ella, debemos pensar que
“El Fauno” es nuestra patria y su dueño nuestro rey.</p>



<p>Sabiendo
que era una exageración, no dijo nada y dio un bocado al primer sándwich:</p>



<p>―Coño,
¡qué rico está!― exclamó satisfecho con esa mezcla de tomate, aguacate y
especias que jamás había probado.</p>



<p>―Receta
de la señora― comentó la joven mulata.</p>



<p>Sin
dejar de saborear ese manjar, Manuel Castrejana fue consciente de que la
presencia de esa mujer iría permeando poco a poco en la hacienda, pero dado que
su efecto sería beneficioso se abstuvo de comentar y tomando otra porción del
plato, trató de averiguar su contenido antes de morderlo.</p>



<p>«Ni puta idea qué es», pensó
metiéndoselo en la boca.</p>



<p>Nuevamente
estaba delicioso y asumiendo que era otra de sus recetas, preguntó a la mulata
por su uniforme.</p>



<p>―La
mayoral ha ordenado el cambio. El antiguo estaba muy viejo y no era correcto
que sirviera al amo con él.</p>



<p>―Hay
que reconocer que te queda bien― dejó caer sin pensar en lo poco apropiado que
era ese comentario.</p>



<p>―Altagracia
nos ha ordenado que, además de limpias y pulcras, estemos guapas― respondió
quejándose implícitamente de lo pegado de esa vestimenta.</p>



<p>«Lo
de limpias lo entiendo, ¿pero también es algo premeditado que les realce las
tetas?», murmuró para sí y sospechando que había algo que había obviado,
preguntó a la chavala que más les había ordenado.</p>



<p>―Según
ella, las mujeres que viven en “El Fauno” son de “El Fauno” y por tanto tienen
la obligación de satisfacer cualquiera de sus caprichos.</p>



<p>―Lo
siento, me he perdido. ¿Los caprichos de Altagracia?</p>



<p>―No.
Los suyos, usted es “El Fauno”.</p>



<p>La
idea de que esa mujer estaba aleccionando al servicio con ideas basadas en la
época en la que el mundo se dividía entre esclavos y amos le pasó por su cabeza.
</p>



<p>«No
puede ser», se estremeció y queriendo despejar de una vez por todas sus dudas, &nbsp;la soltó:</p>



<p>―¿Qué
tipo de caprichos estarías dispuestas a satisfacer?</p>



<p>Totalmente
colorada, Dulce comenzó a desabrocharse el vestido.</p>



<p>―¿Se
puede saber qué haces?― exclamó Manuel.</p>



<p>Con un
extraño brillo en los ojos, pero con una férrea determinación en ellos, la
joven mulata respondió:</p>



<p>―Entregar
el cuerpo a mi señor .</p>



<p>Sus
palabras hicieron reaccionar al ciudadano europeo del siglo XXI y rechazando
los deseos de poseer ese adorable cuerpo, le pidió que se tapara.</p>



<p>―Si
algún día quieres entregarte a un hombre, hazlo porque te apetece y no porque
te sientas obligada.</p>



<p>―Pero,
señor….es que…. deseo ser suya. Deseo ser una de las incondicionales del “Fauno”.</p>



<p>Cada
vez más nervioso por cómo se estaban desarrollando las cosas, se escudó en que
no le parecía ético acostarse con ella y no solo por ser su jefe sino también
por la diferencia de edad.</p>



<p>―A
tu lado soy un anciano.</p>



<p>―No,
¡no lo es!― insistió la cría acercándose.</p>



<p>―¿No
te das cuenta de que eres una niña?― casi gritando le espetó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El volumen de su voz alertó a Altagracia de que algo iba mal.
Al llegar y ver a Dulce con el pecho fuera e intentando que su jefe la tomara,
preguntó qué era lo que pasaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ésta zumbada quiere que me la folle― fuera de sí, este le
informó.</p>



<p>Para
su sorpresa, la viuda se acercó a la criada y haciéndola una carantoña en la
mejilla, la regañó dulcemente diciendo:</p>



<p>―Tapate
y vuelve al trabajo. Todavía no ha llegado tu hora.</p>



<p>Increíblemente,
tras abrocharse el vestido, la joven mirando al dueño de la hacienda sonrió:</p>



<p>― Esperaré
ilusionada el momento de ser suya.</p>



<p>Manuel
Castrejana aguardó a que Dulce saliera de la habitación para reprochar a la
encargada el modo en que estaba dirigiendo al personal. La viuda permaneció en
silencio mientras el que era su jefe le echaba en cara que hubiese aleccionado
a la joven para que se creyera parte de una sociedad pasada.</p>



<p>―Parece
que no te has enterado de que hace siglos que se prohibió la esclavitud― comentó
molesto.</p>



<p>Tomando
la palabra, la mayoral le contestó:</p>



<p>―¿Qué
fue lo que le dijo el cura cuando le recomendó que me contratara?</p>



<p>―Que
no sabía tratar a los locales, que no les entendía y que por eso la finca iba
de mal en peor.</p>



<p>―Usted
mismo se ha contestado. Yo solo uso la cultura de mis paisanos para conseguir
que esta hacienda vuelva a florecer. Si para ello tengo que retomar costumbres
ancestrales, lo haré y usted debería aceptarlo porque no en vano, como el dueño
de todo esto mi gente lo considera la encarnación de “El Fauno”. </p>



<p>Tras
soltar esa bomba, concluyó haciendo referencia a lo que acababa de suceder:</p>



<p>―Además
no creo que resulte tan desagradable para un hombre como usted disfrutar de
carne fresca cumpliendo con su deber.</p>



<p>―¿Y
si no quiero?</p>



<p>Mirándolo
fijamente, respondió:</p>



<p>―Venda
“El Fauno” para que lo compre alguien que si lo merezca.</p>



<p>La
dureza de su voz lo dejó paralizado y sin palabras mientras la joven viuda
desaparecía por el pasillo.<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>3</a></h1>



<p>Desde el balcón del despacho,
Manuel Castrejana señalando a un grupo de labriegos comentó al cura que no solo
se había incrementado la actividad de la hacienda, sino que las risas y la
alegría habían vuelto a sus gruesos muros. </p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No entiendo que les ha hecho, parecen mucho más felices
desde que esa arpía es su jefa― dijo a su interlocutor.</p>



<p>Don
Bartolo respondió:</p>



<p>―A
mí me ocurre lo mismo. Llevo veinte años cuidando sus almas y sigo sin saber
cómo piensan. Es como si fueran un planeta aparte. Se rigen por normas no
escritas pero que funcionan.</p>



<p>Sin
confesar que una de las criadas se le había ofrecido sexualmente y que a
Altagracia no le había parecido raro cuando se enteró, el recién llegado le
expresó sus dudas sobre el modo en que esa mujer gestionaba su hacienda.</p>



<p>&nbsp;―¿Qué problema tienes? Me has reconocido que,
en estas dos semanas, el cambio es notorio y que todo va sobre rieles.</p>



<p>―Increíblemente
es así. No la he oído gritar ni una sola vez, pero cuando esa mujer se encara
ante uno de los suyos, da igual que sea el más fornido, el desgraciado se caga
en los pantalones.</p>



<p>―Por
eso te recomendé que la contrataras. Sus ancestros llevan generaciones
dirigiendo este lugar y siempre han gozado del respeto de todos. Es como si su
autoridad fuera en su naturaleza.</p>



<p>Aceptando
sus palabras, eso no calmó sus recelos, sino que los incrementó:</p>



<p>―Esa
mujer me llega con cosas que me parecen desconcertantes. Por ejemplo, la semana
pasada me pidió reinstaurar la fiesta de la hoguera.</p>



<p>Al contestar
el sacerdote que no sabía de lo que hablaba, se lo aclaró:</p>



<p>―Por
lo visto, en tiempos de la colonia, los terratenientes permitían a los esclavos
celebrar un viernes de cada mes una fiesta alrededor de un gran fuego. Según
Altagracia es una forma de agradecerles sus servicios y respetar su cultura,
pero me temo que en realidad sea una nueva vía de adoctrinamiento.</p>



<p>―¿Qué
temes exactamente?― comentó Don Bartolo sin ver el problema.</p>



<p>―No
lo sé. Es como si esa mujer quisiera recuperar un tiempo en el que la vida de
los habitantes de la hacienda estaba en manos de sus antepasados.</p>



<p>―Creo
que estás desvariando. Altagracia solo es una mujer buena e inteligente que se
desvive por su gente y que la comprende.</p>



<p>―Eso
espero― contestó Castrejana guardándose para sí que cada vez estaba más seguro
que, para la gente de la comarca, &nbsp;los Olanla
eran los verdaderos dueños de la hacienda y que su autoridad venía desde los
tiempos africanos.</p>



<p>―Según
he conseguido sonsacarles, todos los del pueblo descienden de una zona de
Nigeria. Y no me puedo quitar de la cabeza que antes de que los negreros los
esclavizaran, la familia de Altagracia eran los reyes africanos que mandaban
sobre ellos― murmuró sin exteriorizar al cura sus temores porque de ser cierto
la caída en picado en la rentabilidad de esas tierras había sido parte de un
plan para reponer a esa zorra al mando: ―Volviendo al tema, Don Bartolo. Como
ya le he explicado esta noche se va a celebrar el primer festejo de la hoguera
y me gustaría que nos hiciera el honor de acompañarnos.</p>



<p>―No
creo que fuera apropiado. Por lo que me ha contado era una fiesta
originariamente africana y por lo tanto pagana. Un cura católico no puede
participar en una ceremonia animista.</p>



<p>―Lo comprendo,
pero… ¿no puede hacer una excepción esta noche?― insistió Castrejana.</p>



<p>A
pesar de saber que estaba implorando su ayuda, el sacerdote no dio su brazo a
torcer y para no tener que dar más explicaciones mirando el reloj, se inventó
que había quedado con una pareja para dar una charla prematrimonial, por lo que
se despidió del dueño de la hacienda.</p>



<p>Habiendo
resultado fallido el intento de que el cura le hiciera compañía, tomó el
teléfono y llamó a Pedro. El policía, que se había comportado jovial al cogerlo,
mostró todo tipo de reticencias en cuanto supo el motivo de la llamada.</p>



<p>―Me
encantaría ir contigo, pero me han dado el soplo de que unos haitianos van a
intentar desembarcar esta noche por el sur. </p>



<p>Que
su amigo se inventara una excusa, junto con la rápida huida de Don Bartolo, no
hizo más que incrementar la sensación de que los poderes fácticos de la zona no
querían participar en esa celebración y queriendo certificar ese extremó, marcó
al alcalde. Por mucho que lo intentó, le resultó imposible contactar con él. Según
su secretaria había salido temprano hacia la capital y que no lo esperaba hasta
el día siguiente.</p>



<p>«Es
como si se echaran a un lado para dejar que pase», meditó cada vez más preocupado.</p>



<p>&nbsp;Sus sospechas se incrementaron al pasar por el
patio y ver que de camino a las antiguas dependencias donde vivían los esclavos,
convertidas hoy en graneros, había acumulado tanta leña que le pareció un
despropósito.</p>



<p>«¿Piensan
iluminar toda la comarca?», se preguntó al comprobar que el montículo de madera
tenía al menos cinco metros de altura.</p>



<p>Tampoco
ayudó que el número de sillas desplegadas alrededor fuera desmesurado:</p>



<p>«Es
como si creyeran que va a venir todo el pueblo», se reafirmó cada vez más
seguro de que esa celebración en teoría ancestral en realidad era una
encerrona.</p>



<p>Cabreado
hasta la médula, decidió imitar al político e irse a Santo Domingo para no
acudir:</p>



<p>«Si
no estoy, no me comprometo», se dijo mientras subía los escalones de dos en dos
rumbo a su habitación.</p>



<p>Para
su desgracia, se encontró con Altagracia. Ésta, sin saber que le acababa de
chafar los planes, le comentó que había mandado su todoterreno y las dos
camionetas a por cerveza suficiente para agasajar a los invitados.</p>



<p>Sin
vehículo en el que huir, Manuel tuvo que cancelar su escapada y con un rebote
de narices, preguntó a la mujer quién había autorizado ese gasto.</p>



<p>―Toda
el coste de la fiesta lo absorbo yo como agradecimiento a mi gente por lo bien
que me han aceptado― respondió la morena.</p>



<p>Sintiéndose
un mierda y sin haber conseguido su objetivo, la dejó con la palabra en la boca.
Y dando un portazo, se encerró en su cuarto…<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>4</a></h1>



<p>Tenía claro que en la
ceremonia tenía reservado un papel principal, papel que desconocía y para el
cual no le habían dado siquiera el guion. Sentirse usado lo traía jodido.
Legalmente era el dueño de la hacienda, el patrón de todos los que vivían de
ella, su cuenta corriente era la que se hacía cargo de los cheques, pero en ese
momento solo se veía como una marioneta en las manos de Altagracia Olanla.</p>



<p>Manuel
Castrejana sabía que esa arpía de bellas facciones y mejores pechos quería algo
de él. Por alguna razón que no alcanzaba a entender esa viuda le tenía
reservado una función determinante en esa opereta, pero había decidido no
anticiparle nada. Asumiendo que sus sospechas se basaban en meros indicios y
que no podía señalar algo del comportamiento de esa mujer que pudiera ser
catalogado como contrario a sus intereses, no se veía con fuerzas para
echárselo en cara.</p>



<p>«No
puedo llegar y decirle que estoy muy molesto porque una monada de chavala, cada
vez que puede, se intenta meter en mi cama. ¡Sería ridículo! Tampoco sonaría
lógico quejarme de que mis empleados parecen ahora más felices », caviló
enfadado consigo mismo.</p>



<p>Sabía
o al menos creía saber que el evento que tendría lugar en una horas era
importante y que lo quisiera o no, sus efectos marcarían su vida en esa isla. </p>



<p>«No
me queda más cojones que asistir», sentenció mientras se levantaba de la cama
con la intención de darse un baño.</p>



<p>Indignado
como estaba, se comenzó a desnudar sin poder evitar que haciendo un último
esfuerzo su mente intentara anticipar que era lo que esa zorra le tenía
preparado.</p>



<p>«De
lo único que estoy seguro es de que es una trampa», quitándose la camisa asumió.</p>



<p>Como
en teoría ese festejo era una restauración de una costumbre antigua había
buscado algún escrito donde explicara exactamente en que había consistido, pero
no pudo encontrar nada al respecto.</p>



<p>«Qué
razón se tiene cuando se dice que la historia la escriben los vencedores.
Ningún estudioso de ese tiempo se preocupó por describir para la posteridad una
tradición de los esclavos», dejando caer su calzón, concluyó.</p>



<p>Totalmente
desnudo, se encontró a Dulce esperando en mitad del baño. </p>



<p>―¿Qué
haces?― preguntó alucinado.</p>



<p>―Altagracia
me ha pedido que le ayude― contestó con tono alegre. Es más, sin importarle que
en ese momento su patrón se estuviera tapando sus partes avergonzado, se puso a
canturrear mientras abría el agua caliente.</p>



<p>―No
sabe lo contentos que están mis paisanos con que haya accedido a renovar el
pacto― dejó caer la muchacha al tiempo que, extendiendo su mano, le pedía que
se metiera en la bañera.</p>



<p>Las
otras veces en que esa joven se le había insinuado no había conseguido su
objetivo, pero esa tarde Dulce estaba tan feliz que no se dio cuenta de que
había metido la pata. Manuel, por su parte, captó al vuelo que se le había
escapado e intrigado por esa revelación, decidió seguirle la corriente para
sonsacarle información y aceptando su ayuda, entró en el agua. Ya en el
jacuzzi, dejó que la joven comenzara a enjabonarle y sin mostrarse
excesivamente interesado, le preguntó cuántos años hacía que no se renovaba.</p>



<p>Sin
percatarse de que la estaba embaucando, Dulce respondió:</p>



<p>―Muchísimo.&nbsp; Piense que Don Antonio, el antiguo dueño y el
padre de Altagracia eran jóvenes cuando renovaron el acuerdo.</p>



<p>Analizando
sus palabras, lo primero que le quedó claro de dicho acuerdo fue cuales eran
las partes intervinientes en el mismo:</p>



<p>«Por
lo que cuenta se firma entre el dueño de la hacienda del momento y el Olanla de
turno&#8230; su vigencia debe ser de por vida y solo renovarse al morir uno o como
en este caso ambos», estaba pensando en ello cuando se percató de que se había
producido un cambio sutil en la forma en la que la mulata lo lavaba:</p>



<p>¡Había
dejado de enjabonarle y olvidando que era su patrón, se había puesto a acariciarlo!</p>



<p>Se
giró a regañarla y al hacerlo el enfado por sentirse manoseado se transformó en
estupefacción al advertir que los pezones de la mulata se le marcaban bajo el
uniforme.</p>



<p>―¡No
me puedo creer que te hayas puesto cachonda!― le espetó más extrañado que
molesto.</p>



<p>Para
su sorpresa en vez de disculparse, al saberse descubierta, Dulce se echó a
llorar desconsolada. El dolor que se adivinaba tras su sollozos le impactó y más
cuando escuchó a la joven decir:</p>



<p>―Lo
siento mucho. No lo he podido evitar. Deseo ser suya desde antes de que la
señora me preguntara si quería convertirme en una de la incondicionales del Fauno.</p>



<p>Por
segunda vez, se refería a ella como una de sus incondicionales. Supo que era un
tema sensible, pero asumiendo su importancia le preguntó de qué hablaba.</p>



<p>―Se
llama así a las mujeres que el pueblo yoruba regala al Fauno― musitó sin
levantar la mirada.</p>



<p>Manuel
Castrejana la observó espantado. Los valores que había mamado desde niño
chocaban frontalmente con la idea de recibir a una o a varias mujeres como
parte de un trato. La mulata malinterpretó el rechazo y creyendo que la
consideraba indigna de él, reanudó su llanto:</p>



<p>― Sé
que se merece una mujer más bella que yo, pero por favor no me eche de su lado.
Prefiero morir a no volverle a ver.</p>



<p>Conmovido
por la profundidad de su angustia, le acarició el pelo:</p>



<p>―No
es eso. Todo hombre que se precie estaría encantado con una belleza como tú.</p>



<p>Con
dos gruesos lagrimones surcando sus mejillas, Dulce replicó:</p>



<p>―No
hace falta que me engañe. Sé que para usted soy un patito feo.</p>



<p>Queriendo
que reaccionara la metió vestida en la bañera y la besó. Por un momento, la
joven no supo cómo reaccionar, pero tras reponerse de la sorpresa se lanzó en
brazos del hombre con tantas ganas que este no pudo más que reír:</p>



<p>―Niña,
¡qué me vas a romper algo!― descojonado comentó mientras intentaba
tranquilizarla.</p>



<p>Con
una sonrisa en su boca, Dulce se separó de él y sin dar tiempo a que se echara
atrás y se arrepintiera, se quitó el vestido mojado mientras le decía:</p>



<p>―Si
no me toma ahora mismo, será mi corazón el que se rompa.</p>



<p>La
perfección de su cuerpo impresionó a Manuel y es que a pesar de saber que la muchacha
era preciosa, jamás imaginó que sus hinchados pechos fueran tan maravillosos y
como un autómata extendió una de sus manos para tocarlos.</p>



<p>La
mulata no huyó del contacto y acercándose al extranjero, le ofreció como
ofrendas sus cántaros.</p>



<p>―Son
suyos.</p>



<p>Castrejana
que hasta ese momento había mantenido una postura cercana al desapego, no pudo
seguir manteniendo su mutismo y acercando su boca a uno de sus negros pezones,
murmuró:</p>



<p>―Son
preciosos.</p>



<p>&nbsp;La veinteañera no pudo reprimir un sollozo al
sentir que cerraba sus labios en torno de su botón.</p>



<p>―Mi
señor…¿significa esto que me acepta como su incondicional? – preguntó mientras
todo su ser amenazaba con ser incinerado.</p>



<p>Desbordado
por la acción sus hormonas, no le contestó y mientras mamaba de ese tierno y
juvenil seno, pasando su mano por la cintura, la atrajo hacia él. Dulce reprimió
un chillido al notar la presión de la erección de Manuel contra su sexo y dando
por sentado que el hombre la había aceptado, se entregó diciendo:</p>



<p>―Lo
amaré sobre todas las cosas y le serviré sin importar las consecuencias― gritó
al comprobar que los labios de su vulva se abrían para dejar pasar la virilidad
del Fauno.</p>



<p>La
humedad de la mulata absorbió lentamente y centímetro a centímetro el pene del
que ya consideraba su dueño. Dulce tuvo que hacer un esfuerzo para no gritar de
felicidad al oír a Manuel decir que era un idiota por no haberla poseído antes.</p>



<p>―No
me importa…. ahora que soy suya― respondió mientras con un movimiento de
caderas se terminaba de empalar.</p>



<p>―Dios,
¡me encanta lo estrecha que eres!― aulló el señor de la hacienda cuando su
glande chocó con la pared de la vagina de la chavala.</p>



<p>Habituado
a que la mayoría de las mujeres con las que había estado desde el divorcio
fueran no veteranas, pero si mayores, comprendió por lo cerrado que tenía el
coño que apenas había sido usado y sintiéndose como un garañón, cambió de
postura en la bañera.</p>



<p>―¡Mónteme,
mi señor!― chilló Dulce al sentir que haciéndola apoyar contra los azulejos,
Castrejana la volvía a empalar ya sin ningún reparo.</p>



<p>No
hizo falta que se lo repitiera y usando sus dos jugosos melones de agarre,
Manuel comenzó a cabalgarla.</p>



<p>―¡No
paré! ¡lo necesito!― aulló descompuesta la joven mulata.</p>



<p>Con
los prejuicios y recelos pasados encerrados bajo llave en un rincón alejado de
su cerebro, Manuel estaba en la gloria y cada vez que acuchillaba a esa
criatura sentía como iba creciendo la lujuria en su interior. Tratando a Dulce
como a una yegua, le exigió que acelerara su ritmo azuzando su galopar con una
sonora nalgada.</p>



<p>La
chavala al sentir el escozor de esa ruda caricia experimentó una excitación
brutal y relinchando de placer, rogó a su Fauno que continuara con ese tosco,
pero placentero método de montarla. Manuel no quiso decepcionarla y siguió
poseyendo a esa preciosa mulata al ritmo con el que descargaba sobre su trasero
moreno una serie de estimulantes azotes. </p>



<p>Dulce
no comprendía por qué cada vez que notaba uno de esos manotazos, su coño se
humedecía aún más. Nadie la había tratado así y siempre había repelado de esa
forma de amar. Para ella, el sexo debía ser tranquilo. Por eso no comprendía
que ese salvajismo la pusiera tan cachonda.</p>



<p>«Mi Fauno
no es un hombre corriente sino mi presente y mi futuro», pensó y dejándose
llevar, se corrió.</p>



<p>Su
jinete lo notó en seguida y aguijoneado por los gritos de placer de la
muchacha, aceleró el compás de sus caderas en busca de su propio orgasmo.</p>



<p>―No
pares de moverte, zorra mía― le gritó convencido ya de que esa monada iba a
formar parte de su vida.</p>



<p>La
ternura que creyó intuir en ese insulto la volvió loca y retorciéndose de
placer, buscó ordeñar el sexo de su señor para que descargara su preciada
simiente en su interior.</p>



<p>―Córrase
en mí. Estoy deseando ser la madre de sus retoños.</p>



<p>Lo
lógico es que Manuel Castrejana hubiese salido huyendo de la mujer que expresara
ese deseo, pero increíblemente al oír a su incondicional afirmar que quería que
la preñase, las hormonas de su cuerpo reaccionaron y sintiéndose un semental
inseminando a una de sus hembras, se dejó llevar descargando su semilla en
ella.</p>



<p>―Márqueme
mi Fauno. Deje su marca en mi cuello― rogó presa de un renovado deseo.</p>



<p>El
cuello de la cría le pareció irresistible y mientras esparcía la última
andanada de su simiente, acercó su boca y la mordió. Dulce creyó morir de dicha
y aullando de gozo, se derrumbó en la bañera:</p>



<p>―Dedicaré
mi vida a agradecer al Fauno el haberme marcado como su incondicional. Soy y
seré suya por siempre….― consiguió decir antes de perder el conocimiento. </p>



<p>Como
no podía ser de otra forma, Manuel se quedó petrificado cuando Dulce se desplomó.
Por fortuna, tuvo tiempo de reaccionar y consiguió sujetarla antes de que su
cara chocara con la bañera.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mi señor, deje que le ayude― escuchó que le decían desde la
puerta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al girarse contempló a una joven que, obviando el hecho de
que estuvieran desnudos, entró al baño y corrió a auxiliarle.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Gracias― alcanzó a decir bastante cortado por haber sido
cazado disfrutando carnalmente de una criada.</p>



<p>Sin dar
importancia a ese hecho o al menos no lo aparentó, la recién llegada se puso a intentar
que reaccionara.</p>



<p>― ¿Puede
llevarla a la cama? Pesa demasiado para que yo la cargue― comentó mirándolo a
los ojos.</p>



<p>El afecto
y el cariño que leyó en su rostro lo confundió porque no en vano, le había
pillado con las manos en la masa o, mejor dicho, en Dulce:</p>



<p>―Claro―
respondió y atándose una toalla alrededor de la cintura, la tomó entre sus
brazos y la llevó al cuarto. </p>



<p>La
culpabilidad que sentía fue creciendo al comprobar que no se despertaba,
pensando quizás que se había pasado. Una vez en la habitación, la depositó
sobre el colchón un tanto avergonzado. A los ojos de todos se podía interpretar
que, tras abusar de su empleada, no estaba satisfecho y la estaba metiendo en
su cama.</p>



<p>―¿Qué
le ocurre?― preguntó con los nervios a flor de piel.</p>



<p>Para
su sorpresa, la desconocida se echó a reír diciendo:</p>



<p>―No
ha aguantado el ritmo del Fauno. Debía haber esperado a que estuviéramos juntas
y así poder compartir el placer que brinda un sátiro entre nosotras dos.</p>



<p>Dejando
a un lado el hecho de que lo asimilara al ser mitológico del que la finca
tomaba el nombre, por sus palabras confirmó que de algún modo esa joven creía
que también ella iba a ser una pieza importante en su nueva vida.</p>



<p>―¿Quién
eres?</p>



<p>Sin
dejar de sonreír, la chavala respondió:</p>



<p>―Soy
Mercedes, prima de Dulce y su otra incondicional…<br></p>
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			</item>
		<item>
		<title>&#8220;Simona: mi ángel custodio&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Oct 2026 08:23:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Desde tiempos inmemoriales, las Îngerul păzitor han aterrorizado y maravillado por igual a la gente de los Balcanes. En lo más profundo de esas tierras, sus campesinos sueñan con ser elegidos por esos bellos y crueles seres como sus protegidos, pero temen aún más que esas bellezas escojan a un conocido. Han pasado milenios, pero la leyenda de las ángeles custodio sigue vigente hoy en Rumanía, no así en Madrid. Desconociendo su existencia, Alberto nada puede hacer por evitar que una de esas arpías se adueñe de su casa. En este libro, Fernando Neira nos describe como uno de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07KX84SVZ"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18437" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/Mi-ángell-custodio3-copia.jpg" alt="" width="2996" height="788" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/Mi-ángell-custodio3-copia.jpg 2996w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/Mi-ángell-custodio3-copia-300x79.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/Mi-ángell-custodio3-copia-768x202.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/Mi-ángell-custodio3-copia-1024x269.jpg 1024w" sizes="(max-width: 2996px) 100vw, 2996px" /></a><br />
<span style="font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Desde tiempos inmemoriales, las Îngerul păzitor han aterrorizado y maravillado por igual a la gente de los Balcanes. En lo más profundo de esas tierras, sus campesinos sueñan con ser elegidos por esos bellos y crueles seres como sus protegidos, pero temen aún más que esas bellezas escojan a un conocido.<br />
Han pasado milenios, pero la leyenda de las ángeles custodio sigue vigente hoy en Rumanía, no así en Madrid. Desconociendo su existencia, Alberto nada puede hacer por evitar que una de esas arpías se adueñe de su casa.<br />
En este libro, Fernando Neira nos describe como uno de esos ángeles custodios aparece en la vida de nuestro protagonista y entrando como la criada, gracias a su sexualidad desaforada y a la leche que producen sus pechos, consigue convertirse en su amante.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07KX84SVZ">https://www.amazon.es/dp/B07KX84SVZ</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo la introducción y los&nbsp; primeros capítulos:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></strong></span><br />
<span style="font-size: 14pt;">INTRODUCCIÓN.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Para poder explicar como una leyenda medieval se inmiscuyó en mi vida, tengo que empezar por contaros la conversación que tuve mientras tomaba unas copas con un amigo. En ella, Manuel comentó que sabía que me había dejado tirado mi criada y me preguntó si andaba buscando otra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Estoy desesperado, mi casa parece una pocilga― reconocí y abriéndome de par en par, le expliqué hasta donde llegaba la basura y el desorden de mi antiguamente inmaculado hogar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al escuchar mi respuesta, contestó que tenía la solución a todos mis males y sin dar mucha importancia a lo que iba a decir, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Tienes alguna preferencia en especial?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Conociendo que para las mentes bien pensantes Manuel era un pervertido, comprendí que esa pregunta tenía trampa y por eso le respondí en plan gallego:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué lo preguntas?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Captando al instante mis suspicacias, con una sonrisa replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Te lo digo porque ayer mi chacha me comentó si sabía de algún trabajo para una compatriota que acaba de llegar a Madrid. Me aseguró que la conoce desde hace años y que pondría la mano en el fuego por ella. Por lo visto es una muchacha trabajadora que ha tenido mala suerte en la vida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No tuve que exprimirme el cerebro para comprender que esa respuesta era incompleta y sabiendo que Manuel se andaba follando a su empleada, me imaginé que iban por ahí los tiros:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No la has contratado porque Dana no está dispuesta a compartir a su jefe?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Soltando una carcajada, ese golfo me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Mira que eres cabrón! No es eso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Con la mosca detrás de la oreja, insistí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Entonces debe ser fea como un mandril.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Viendo que me tomaba a guasa esa conversación, mi amigo haciéndose el indignado, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Al contrario, por lo que he visto en fotos, Simona es una monada. Calculo que debe de tener unos veinte años.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Será capullo, no quiere soltar prenda de lo que le pasa», pensé mientras llamaba al camarero y pedía otro ron. Habiendo atendido lo realmente urgente, comenté entre risas:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Conociendo lo polla floja que eres, algún defecto debe tener. No creo que sea por el nombre tan feo― y ya totalmente de cachondeo, pregunté: ― ¿Es un travesti?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No lo creo― negó airadamente: –Hasta donde yo sé, los hombres son incapaces de tener hijos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Involuntariamente se le había escapado el verdadero problema:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">¡La chavala tenía un bebé!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Como comprenderéis al enterarme, directamente rechacé la sugerencia de Manuel, pero entonces ese cabronazo me recordó un favor que me había hecho y que sin su ayuda hubiera terminado con seguridad entre rejas. No hizo falta que insistiera porque había captado su nada sutil indirecta y por eso acepté a regañadientes que esa rumana pasara un mes a prueba en mi casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Estoy seguro de que no te arrepentirás― comentó al oír mi claudicación: ―Si es la mitad de eficiente que su hermana, nunca tendrás quejas de su comportamiento.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El tono con el que pronunció “eficiente” me reveló que se había guardado una carta y por ello, directamente le pedí que me dijera quien era su hermana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Quién va a ser! Dana, ¡mi porno-chacha!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al día siguiente amanecí con una resaca de mil diablos, producto de las innumerables copas que Manuel me invitó para resarcirme por el favor que le hacía al contratar a la hermanita de su amante. Por ello os tengo que reconocer que no me acordaba que había quedado con él que esa cría podía entrar a trabajar en mi chalé desde el día siguiente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Quién será a estas horas? ― exclamé cabreado al retumbar en mis oídos el sonido del timbre y mirando mi reloj, vi que eran las ocho de la mañana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Cabreado por recibir esa intempestiva visita un sábado, me puse una bata y salí a ver quién era. Al otear a través de la mirilla y descubrir a una mujercita que llevaba a cuestas tanto su maleta como un cochecito de niño, recordé que había quedado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Mierda, ¡debe ser la tal Simona!», exclamé mentalmente mientras la dejaba entrar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al verla en persona, esa cría me pareció todavía más jovencita y quizás por ello, me dio ternura escuchar que con una voz suave me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Disculpe, no quise despertarlo, pero Don Manuel insistió en que viniera a esta hora.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No hay problema― contesté y acordándome de los antepasados femeninos de mi amigo porque, a buen seguro, ese cabrón lo había hecho aposta para cogerme en mitad de la resaca, pedí a la joven que se sentara para explicarle sus funciones en esa casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Es una niña», pensé al observarla cogiendo el carro y demás bártulos rumbo al salón, «no creo que tenga los dieciocho».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Una vez sentada, el miedo que manaba de sus ojos y su postura afianzaron esa idea y por eso lo primero que hice fue preguntarle por su edad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Acabo de cumplir los diecinueve― respondió y viendo en mi semblante que no la creía, sacó su pasaporte y señalando su fecha de nacimiento, me dijo: ―Lea, no miento.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No queriendo meter la pata y contratar a una menor, cogí sus papeles y verifiqué que decía la verdad, tras lo cual ya más tranquilo, le expliqué cuanto le iba a pagar y sus libranzas. La sorpresa que leí en su cara me alertó que iba bien y reconozco que pensé que la muchacha creía que el sueldo iba a ser mayor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">En ese momento decidí ser inflexible respecto al salario, pero, entonces con lágrimas en los ojos, me rogó que la dejara seguir en la casa los días que librara porque no tenía donde ir y dejando claro sus motivos, recalcó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Según Don Manuel, puedo tener a mi hijo conmigo. Se lo digo porque apenas tiene tres meses y le sigo amamantando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al mencionar que todavía le daba el pecho, no pude evitar mirar a su escote y os confieso que la visión del rotundo canalillo que se podía ver entre sus tetas me gustó y más afectado de lo que me hubiese gustado estar, respondí que no había problema mientras en mi mente se formaba un huracán al pensar en cómo sabría su leche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Muchas gracias― contestó llorando a moco tendido: ―Le juro que es muy bueno y casi no llora.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Que se pusiera la venda antes de la herida, me avisó que inevitablemente mi vida se vería afectada por los berridos del chaval, pero era tanto el terror destilaba por sus poros al no tener un sitio donde criar a su niño que obvié los inconvenientes y pasé a enseñarle el resto de la casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Como no podía ser de otra forma, comencé por la cocina y tras mostrarle donde estaba cada cosa, le señalé el cuarto de la criada. Por su cara, supe que algo no le cuadraba y no queriendo perder el tiempo directamente le pedí que se explicara:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―La habitación es perfecta, pero creía que… tendría que dormir más cerca de usted por si me necesita por la noche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No tuve que rebanarme los sesos para adivinar que esa morenita creía que entre sus ocupaciones estaría el calentar mi cama como hacía su hermana con la de mi amigo. Tan cortado me dejó que supusiera que iba a ser también mi porno―chacha que solamente pude decirle que de necesitarla ya la llamaría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os juro que aluciné cuando creí leer en su rostro una pequeña decepción y asumiendo que la había malinterpretado, la llevé escaleras arriba rumbo a mi cuarto. Al entrar en mi cuarto y mientras trataba de disimular el cabreo que tenía porque me hubiera tomado por un cerdo, la cría empezó a temblar muerta de miedo al ver mi cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Nuevamente asumí que Simona daba por sentado que iba a aprovecharme de ella y por eso me di prisa en enseñarle donde se guardaba mi ropa para acto seguido mostrarle mi baño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Menudo infierno de vida debe de haber tenido para que admita en convertirse en la amante de su empleador con tal de huir», sentencié dejándola pasar antes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al entrar, la rumanita no pudo reprimir su sorpresa al ver el jacuzzi y exclamó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Es enorme! ¡Nunca había visto una bañera tan grande!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Reconozco que antes de entrar en la tienda, yo tampoco y que, al ver expuesta esa enormidad entre otras muchas, me enamoré de ella. Me gustó tanto que pasando por alto su precio y el hecho que era un lujo que no necesitaba, la compré. Quizás el orgullo que sentía por ese aparato me hizo vanagloriarme en exceso y me dediqué a exponer cómo funcionaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Simona siguió atenta mis instrucciones y al terminar únicamente me preguntó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿A qué hora se levanta para tenerle el baño listo?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sin saber que decir, contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―De lunes a viernes sobre las siete de la mañana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Luciendo una sonrisa de oreja a oreja y con una determinación en su voz que me dejó acojonado, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Cuando se levante, encontrará que Simona le tiene todo preparado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No sé por qué, pero algo me hizo intuir que no era solo el baño a lo que se refería y no queriendo ahondar en el tema, le pedí que me preparara el desayuno mientras aprovechaba para darme una ducha. Nuevamente, surgió una duda en su mente y creyendo que era sobre qué desayunaba, le dije que improvisara pero que solía almorzar fuerte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi sorpresa fue cuando, bajando su mirada, susurró muerta de vergüenza:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Ya que no me ha dado un uniforme, me imagino que desea que limpie la casa como mi hermana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desconociendo a qué se refería, di por sentado que era en ropa de calle y no dando mayor importancia al tema, le expliqué que tenía un traje de sirvienta en el armario de su habitación, pero que si se sentía más cómoda llevando un vestido normal podía usarlo. Fue entonces realmente cuando comprendí el aberrante trato que soportaba su hermana porque con tono asustado me preguntó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Entonces no debo ir desnuda?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que me indignó esa pregunta y queriendo resolver de una vez sus dudas, la cogí del brazo y sentándola sobre la cama, la solté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No te he contratado para seas mi puta sino para que limpies la casa y me cocines. ¡Nada más! Si necesito una mujer, la busco o la pago. ¿Te ha quedado claro?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al escuchar mi bronca, los ojos de la mujercita se llenaron de lágrimas y sin poder retener su llanto, dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No comprendo. En mi región si una mujer entra a servir en casa de un soltero, se sobreentiende que debe satisfacerlo en todos los sentidos…― y antes que pudiese responderla, levantándose se abrió el vestido diciendo: ― Soy una mujer bella y sé que por eso me ha contratado. Dana me contó que usted insistió en ver mi foto para aceptar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La furia con la que exhibía esos pechos llenos de leché no fue óbice para que durante unos segundos los recorriera con mi vista mientras contestaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Tápate! ¡No soy tan hijo de puta para aprovecharme de ti así! Si quieres trabajar en esta casa: ¡Hazte a la idea! ¡Tienes prohibido pensar siquiera en acostarte conmigo!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Tras lo cual, la eché del cuarto y lleno de ira, llamé a Manuel y le expliqué lo que había ocurrido. El tipo escuchó mi bronca en silencio y esperó a que terminara para, muerto de risa, soltarme:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Te apuesto una cena a que antes de una semana, Simona se ha metido en tu cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Que en vez de disculparse tuviera el descaro de dudar de mi moralidad, terminó de sacarme de las casillas y sin pensar en lo que hacía, contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Acepto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No pasó mucho tiempo para que me diera cuenta del lío en que me había metido porque nada más colgar, decidí darme esa ducha y mientras lo hacía, el recuerdo de los rosados pezones de la rumana volvió a mi mente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">¡Hasta ese momento nunca había visto los pechos de una lactante!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Por eso y a pesar de que intentaba no hacerlo, no podía dejar de pensar en ellos, en sus aureolas sobredimensionadas, en las venas azules que las circuncidaban, en la leche que los mantenía tan hinchados, pero sobre todo en su sabor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Estoy siendo un bruto, esa niña seguro que viene huyendo de un maltratador», me dije mientras de trataba de borrar de mi mente esa obsesión.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Lo malo fue que para entonces era consiente que ante un ataque de mi parte esa criatura no pondría inconveniente en darme a probar y al saber que ese blanco manjar estaba a mi disposición con solo pedirlo, me afectó y entre mis piernas, nació un apetito salvaje que no pude contener.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Ni se te ocurra!», me repitió continuamente el enano sabiondo que todos tenemos, ese al que yo llamo conciencia y otros llaman escrúpulos: «¡Tú no eres Manuel!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Aun así, al salir del baño para secarme, mi verga lucía una erección, muestra clara de mi fracaso. Creyendo que era cuestión de tiempo que se me bajara, decidí vestirme e ir a desayunar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al entrar a la cocina, fui consciente que iba a resultar imposible que bajo mi pantalón todo volviera a la tranquilidad porque Simona me había hecho caso parcialmente y aunque se había metido las ubres dentro del vestido gris que llevaba, no había subido la cremallera hasta arriba dejando a mi vista gran parte de su busto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Ese par de tetas se merecen un diez!», valoré impresionado al observarlas de reojo y no era para menos porque haciendo caso omiso de las leyes de la gravedad, esas dos moles se mantenían firmes y con sus pezones mirando hacía el techo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mientras me ponía el café, la rumanita no dejó de mirarme a los ojos de muy mal genio. Se notaba que estaba cabreada por lo que le había dicho.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«No lo comprendo, debería estar contenta por librarla de esas “labores” y tenerse que ocupar solamente de la casa».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Como no retiraba su mirada, decidí preguntar el motivo de su enfado y aunque había especulado con todo tipo de respuestas, jamás me esperé que me soltara:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Cómo no voy a estar molesta! Me ha quedado claro que no piensa usar sus derechos sobre mí y también que piensa satisfacer sus necesidades fuera de casa. Pero… ¿y qué pasa conmigo?&#8230; Cómo ya le he dicho, soy una mujer ardiente y tengo mis propias urgencias.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Casi me atraganto con el café al escuchar sus palabras. ¡La chacha me estaba echando en cara no solo que no me aliviara con ella, sino que por mi culpa se iba a quedar sin su ración de sexo! Durante unos segundos no supe que contestar hasta que pensando que era una especie de broma, se me ocurrió preguntar qué necesitaba aplacar sus urgencias.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sé que parece una locura, pero no tuvo que pensárselo mucho para responder:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Piense que llevo sin sentir una caricia desde que tenía seis meses de embarazo… ― y mientras seguía alucinado su razonamiento, Simona hizo sus cálculos para acto seguido continuar diciendo: ―…creo que si durante una semana, me folla cuatro o cinco veces al día, luego con que jodamos antes y después de su trabajo me conformo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La seriedad de su tono me hizo saber que iba en serio y que realmente se creía en su derecho de exigirme que aparte del salario, le pagara con carne. Sé que cualquier otro hubiese visto el cielo, pero no comprendo todavía porque en vez de abalanzarme sobre ella y darle gusto contra la mesa donde estaba sentada, balbuceé aterrorizado:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Deja que lo piense. Lo que me pides es mucho esfuerzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Luciendo una sonrisa y mientras se acomodaba en el tablero, me replicó de buen humor al haber ganado una batalla:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No se lo piense mucho. En mi país, las mujeres somos medio brujas y si no me contesta rápido, tendré que hechizarle.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El descaro de su respuesta, sumado a que, con el cambio de postura, uno de sus pezones se le había escapado del escote y me apuntaba a la cara, hicieron que por primera vez temiera el perder la apuesta. Me consta que lo hizo a propósito para que se incrementara mi turbación, pero sabiéndolo, aun así, consiguió que la presión que ejercía mi miembro sobre el calzón se volviera insoportable.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Está zorra me pone cachondo», no pude dejar de reconocer mientras me colocaba el paquete.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Hoy pasado el tiempo, reconozco que fue un error porque mi movimiento no le pasó inadvertido y sin pedir mi opinión ni mi permiso, con un extraño brillo en los ojos se arrodilló ante mí diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Deje que le ayude.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sin darme tiempo a reaccionar, esa mujercita usó sus manos para acomodar mi verga al otro lado, al tiempo que aprovechaba para dar un buen meneo a mi erección. Peor que el roce de sus dedos fue admirar sus dos pechos fuera de su vestido y que producto quizás de su propia excitación de sus pezones manaron involuntariamente unas gotas de leche materna.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No puede ser!», exclamé en silencio al tiempo que, contrariando mis órdenes, mi instinto obligaba a una de mis yemas a recoger un poco de ese alimento para acto seguido, llevarlo a mi boca.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Simona, lejos de enfadarse por acto reflejo, se mordió los labios y gimiendo de deseo, me rogó que mamara de ella diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Ayúdeme a vaciarlos. ¡Con mi hijo no es suficiente!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante unos segundos combatí la tentación, pero no me pude contener cuando incorporándose, ese engendro del demonio depositó directamente su leche en mis labios. El sabor dulce de sus senos invadió mis papilas y olvidando cualquier recato, me lancé a ordeñar a esa vaca lechera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Las tetas de la rumana al verse estimuladas por mi lengua se convirtieron en un par de grifos y antes que me diera cuenta, esa muchachita estaba repartiendo la producción de sus aureolas sobre mi boca abierta. Muerta de risa, usó sus manos para apuntar a mi garganta los hilillos que brotaban de sus senos para que no se desperdiciara nada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desconozco cuanto tiempo me estuvo dando de beber, lo único que os puedo asegurar que, a pesar de mis esfuerzos, no pude tragar la cantidad de líquido que me brindó y por ello cuando de pronto, retiró esas espitas de mi boca, mi cara estaba completamente empapada con su leche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Afianzando su nueva victoria y con ello mi segunda derrota, se guardó los pechos dentro de su ropa y mientras su lengua recorría mis húmedas mejillas, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Si quiere más, tendrá que follarme― y aprovechando que desde su cuarto el niño empezó a protestar, terminó diciendo antes de dejarme solo: ― Piénselo, pero mientras lo hace, recuerde lo que se pierde…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 3</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«¿Por qué lo he hecho? ¿Cómo es posible que me haya dejado engatusar así?», mascullé entre dientes mientras subía uno a uno los escalones hacia mi cuarto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Si mi actitud me tenía confuso, la de Simona me tenía perplejo porque era algo incomprensible según mi escala de valores. Cuando llegó a mi casa, había pensado que me tenía terror. Luego al oír el trato que sufría su hermana, creí que su nerviosismo era producto por suponer que su destino era servirme como objeto sexual. Pero en ese instante estaba seguro de que si su cuerpo temblaba no era de miedo sino de deseo y que cuando me enterneció verla casi llorando al ver mi cama, lo que en realidad le ocurría era que esa guarra estaba excitada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¿Qué clase de mujer actúa así y más cuando acaba de tener un hijo?», me pregunté rememorando sus exigencias, «¡No me parece ni medio normal»!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La certeza que la situación iba a empeorar y que su acoso pondría a prueba mi moralidad, no mejoró las cosas. Interiormente estaba acojonado por cómo actuaria si nuevamente ponía esas dos ubres a mi alcance.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Esa mujercita engaña a primera vista. Parece incapaz de romper un plato y resulta que es un zorrón desorejado que aprovecha su físico para manipular a su antojo a todos», sentencié molesto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Seguía torturándome con ello, cuando mi móvil vibró sobre la cama. Al ver que quien me llamaba era Manuel, reconozco que pensé que ese capullo se había enterado de lo cerca que estaba de ganar la apuesta y quería restregármelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Qué quieres? ― fue mi gélido saludo. Ese cerdo era el culpable de mis males, si no llega a ser por él, no conocería a Simona y no me vería torturado por ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Curiosamente, mi amigo parecía asustado y bajando la voz como si temiera que alguien le escuchara, me dijo que necesitaba verme y que me invitaba a comer. Su tono me dejó preocupado y a pesar de estar cabreado, decidí aceptar y nos citamos en un restaurante a mitad del camino entre nuestras casas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No tardes, necesito hablar contigo, pero no se lo digas a nadie― murmuró dándome a entender que no le contara a mi chacha a quién iba a ver.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La urgencia que parecía tener y mi propia necesidad de salir corriendo de casa para no estar cerca de esa bruja con aspecto de niña, me hicieron darme prisa y recogiendo la cartera, salí de mi cuarto rumbo al garaje.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al pasar frente a la cocina, vi que la rumana estaba dando de mamar a su bebé. La tierna imagen provocó que ralentizara mi paso y fue cuando descubrí que el retoño era una niña por el color rosa de su ropa. No me preguntéis porqué, pero al enterarme de su sexo me pareció todavía más terrible la actitud de su madre.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Menudo ejemplo!», medité mientras informaba a esa mujer que no iba a comer en casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su respuesta me indignó porque entornando los ojos y con voz dulce, se rio diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Después del desayuno que le he dado, dudo mucho que tenga hambre hasta la cena.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El descaro con el que recordó mi desliz y su alegría al hacerlo, me terminaron de cabrear y hecho un basilisco, salí del que antiguamente era mi tranquilo hogar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Me da igual que sea madre soltera, cuando vuelva ¡la pongo de patitas en la calle!» murmuré mientras encendía mi Audi y salía rechinando ruedas rumbo a la cita.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante el trayecto, su recuerdo me estuvo martirizando e increíblemente al repasar lo ocurrido, llegué a la conclusión que era un tema de choque de culturas y que a buen seguro desde la óptica de la educación que esa jovencita recibió, su actuación era correcta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Al no tener donde caerse muerta ni pareja con la que compartir los gastos, esa jovencita ha visto en mí alguien a quién seducir para que se ocupe de su hija», concluí menos enfadado al vislumbrar un motivo loable en su conducta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Entregándose a mí, quiere asegurarle un futuro», rematé perdonando sin darme cuenta su ninfomanía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Hoy sé que ese análisis no solo era incompleto, sino que me consta que era totalmente erróneo, pero en ese momento me sirvió y como para entonces había llegado a mi destino, aparqué el coche en el estacionamiento y entré en el local buscando a Manuel.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Lo encontré junto a la barra con una copa en la mano. Que estuviera bebiendo tan temprano, me extrañó, pero aún más que tras saludarle, yo mismo le imitara pidiendo un whisky al camarero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ya con mi vaso en la mano, quise saber qué era eso tan urgente que quería contarme. Lo que no me esperaba es que me pidiera antes que pasáramos al saloncito que había reservado. Al preguntarle el porqué de tanto secretismo, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Nunca sabes quién puede oírte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mirando a nuestro alrededor, solo estaba el empleado del restaurante, pero no queriendo insistir me quedé en silencio hasta que llegamos a la mesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Qué coño te ocurre? ― solté al ver que había cerrado la puerta del saloncito para que nadie pudiera escuchar nuestra conversación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi conocido, completamente nervioso, se sentó a mi lado y casi susurrando, me pidió perdón por haberme convencido de contratar a Simona.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡No te entiendo! Se supone que estabas encantado de haber conseguido un trabajo para la hermanita de tu amante― respondí furioso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Te juro que no quería, pero ¡Dana me obligó!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Que intentase escurrir el bulto echando la culpa a su chacha, me molestó y de muy mala leche, le exigí que se explicara. Avergonzado, Manuel tuvo que beberse un buen trago de su cubata antes de contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Esa puta me amenazó con no darme de mamar si no conseguía meter al demonio en tu casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Qué reconociera su adicción a los pechos de su criada de primeras despertó todas mis sospechas porque, además de ser raro, era exactamente lo que me estaba pasando y con un grito nacido de la desesperación, le pedí que me contara como había él contratado a su chacha.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me la recomendó un amigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su respuesta me dejó tan alucinado como preocupado y por eso, me vi en la obligación de preguntar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Dana acababa de tener un hijo?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Una hija, ¡esas malditas arpías solo tienen hijas! ― la perturbada expresión de su cara incrementó mi intranquilidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Por eso le pedí que se serenara y me narrara el primer día de Dana en su casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Joder, Alberto, ¡tú me conoces! ― dijo anticipando su fracaso― siempre he sido un golfo y por eso desde el primer momento me vi prendado de los pechos de esa morena. ¡Imagínate mi excitación cuando se quejó de que le dolían y me rogó que la ayudara a vaciarlos!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Es casi un calco de mi actitud esta mañana!», me dije asustado al verme por primera vez como la víctima de una conspiración cuyo alcance no podía ni intuir.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Manuel, totalmente destrozado, se abrió de par en par y me reconoció que la que teóricamente era su criada, en realidad era algo más que su amante:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me da vergüenza decírtelo, pero es Dana quien manda en casa. Lo creas o no, si quiero salir con un amigo, tengo que dejarla satisfecha sexualmente con anterioridad y eso ¡no resulta fácil! Ese demonio me exige que me la folle hasta cuatro veces al día para estar medianamente contenta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ni siquiera dudé de la veracidad de sus palabras porque esa misma mañana Simona me había dejado claro que esas eran sus pretensiones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Su hermana es igual! ― confesé asumiendo que por alguna razón tanto ella como Dana eran unas ninfómanas. ―La mía me ha echado en cara que es una mujer joven y que necesita mucho sexo para estar feliz.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No acaba de terminar de hablar cuando se me encendieron todas las alarmas al darme cuenta de que había usado un posesivo para referirme a “mi” rumana. Si ya eso de por sí me perturbó, la gota que provocó que un estremecimiento recorriera mi cuerpo fue el escuchar a mi amigo, decir aterrorizado:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡No te la habrás tirado!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No― respondí sin confesar que lo que si había hecho era disfrutar del néctar de sus pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Manuel respiró aliviado y cogiendo mi mano entre las suyas, me aconsejó que nunca lo hiciera porque las mujeres de su especie eran una droga que con una única vez te volvía adicto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Sé que es una locura, pero necesito ordeñar a Dana mañana y noche si quiero llevar una vida mínimamente normal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando caí en que al menos esa mujer llevaba cinco años conviviendo con él y me parecía inconcebible que siguiera dando pecho a su hija.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por las crías no te preocupes, esas brujas utilizan su leche para controlar a sus parejas. ¡A quien da de mamar es a mí! La abuela se hizo cargo de la niña al mes de estar en casa y contigo los planes deben ser los mismos― contestó cuando le recriminé ese aspecto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Por muy excitante que fuera el tomar directamente de su fuente la leche materna, me parecía una locura pensara que era una sustancia psicotrópica. De ser así el 99,99% de la gente sería adicto a la de vaca y al menos el 60% de los humanos a la de su madre.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Nunca he oído algo así», pensé compadeciéndome de Manuel, «al menos, habría miles de estudios sobre como desenganchar a los niños de las tetas».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sabiendo que era absurdo, deseé indagar en la relación que mantenía con su criada para ver si eso me aclaraba la desesperación que veía en mi amigo y por eso directamente, le pregunté si al menos era feliz.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ni siquiera se lo pensó al contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Mucho! ¡Jamás pensé en que podría existir algo igual! Esa zorra me mima y me cuida como ninguna otra mujer en mi vida. Según ella, las mujeres de su aldea están genéticamente obligadas a complacer en todos los sentidos a sus hombres… pero ¡ese no es el problema!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No te sigo, si dices que eres feliz con ella. ¿Qué cojones te ocurre?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Me quedé alucinado cuando su enajenación le hizo responder:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Sé que no me crees, pero debes echarla de tu vida antes que te atrape como a mí― y todavía fue peor cuando casi llorando, me soltó: ―No son humanas. ¡Son súcubos!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que al oírle referirse a esas rumanas con el nombre que la mitología da a un tipo de demonios que bajo la apariencia de una mujer seducen a los hombres, me pareció que desvariaba. Simona podía ser muchas cosas, pero las tetas que me había dado a disfrutar eran las de una mujer y no las de un demonio medieval.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Convencido que sufría una crisis paranoica y que producto de ella estaba desvariando, no quise discutir con él y dejando que soltara todo lo que tenía adentro, le pregunté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Cómo has llegado a esa conclusión?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Manuel en esta ocasión se tomó unos segundos para acomodar sus ideas y tras unos momentos, me respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Esa zorra no ha envejecido ni un día. Sigue igual que hace cinco años. Cuando le he preguntado por ello, Dana siempre esquiva la pregunta apuntando a sus genes. No me mires así, sé que no es suficiente, pero… ¿no te parece extraño que, al preguntarle por la gente de su aldea, parece que no existieran varones en ella? Esa bruja siempre se refiere a mujeres.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante unos minutos, siguió dando vuelta al asunto hasta que ya casi al final soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Te sabes el apellido de Simona?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―La verdad es que no lo recuerdo― reconocí porque era algo en lo que no me fijé cuando repasé su edad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Se apellidan Îngerul păzitor, ¿Tienes idea de que significa en rumano? ― por mi expresión supo que no y dotando a su voz de una grandilocuencia irreal, continuó: ― ¡Ángel custodio! Esas putas se consideran a ellas mismas como nuestras protectoras.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Dando por sentado que definitivamente estaba trastornado, dejé que se terminara esa y otras dos copas antes de inventando una cita, dejarle rumiando solo su desesperación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Y ya frente al volante recordé que, según el catecismo católico, un ángel custodio es aquel que acompaña al hombre durante ¡toda la vida!…</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">.</span></p>
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		<title>&#8220;Becaria y sumisa de un abogado maduro&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2026 07:23:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Julia, una joven estudiante de derecho, se entera que el más prestigioso bufete de abogados de Barcelona anda contratando becarios. Decidida a no perder esa oportunidad, se presenta en sus oficinas y gracias al escote que lucía, consigue que Albert Roser, el fundador de ese despacho, la contrate como su asistente. La muchacha es consciente de las miradas nada profesionales de ese maduro, pero eso no la hace cambiar de opinión porque en su interior se siente alagada y excitada. No en vano, desde niña, se ha visto atraída por los hombres entrados en años y con corbata. A [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18352" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/BECARIA-SLIDER.png" alt="" width="8992" height="2400" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/BECARIA-SLIDER.png 8992w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/BECARIA-SLIDER-300x80.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/BECARIA-SLIDER-768x205.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/BECARIA-SLIDER-1024x273.png 1024w" sizes="(max-width: 8992px) 100vw, 8992px" />Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Julia, una joven estudiante de derecho, se entera que el más prestigioso bufete de abogados de Barcelona anda contratando becarios. Decidida a no perder esa oportunidad, se presenta en sus oficinas y gracias al escote que lucía, consigue que Albert Roser, el fundador de ese despacho, la contrate como su asistente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La muchacha es consciente de las miradas nada profesionales de ese maduro, pero eso no la hace cambiar de opinión porque en su interior se siente alagada y excitada. No en vano, desde niña, se ha visto atraída por los hombres entrados en años y con corbata.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt; font-family: georgia, palatino, serif;">A partir de ahí,&nbsp; SE SUMERGE en una espiral de sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><em>MÁS DE 100 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo EL&nbsp;&nbsp;PRIMER CAPÍTULO:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">INTRODUCCIÓN.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">El inicio de esta historia se desarrolla en el piso treinta y seis de la torre Agbar, el rascacielos más famoso de Barcelona, dentro de uno de los bufetes de abogados más importante de todo el estado. Josep Lluís Cañizares, uno de sus socios llevaba todo el día estudiando una denuncia contra uno de sus clientes y por mucho que intentaba encontrar una vía con la que este saliera inmune, le estaba resultando imposible. Por ello desesperado, decide ir a ver a su jefe. Como tantas veces al entrar en su despacho comprobó que enfrascado en sus propios asuntos y que por ello no le hacía caso:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Albert, el pleito de la farmacéutica no hay por dónde cogerlo. Son culpables y sería un milagro que no les condenaran.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su superior, un hombre de cincuenta años y acostumbrado a lidiar con problemas, levantó su mirada y pidió que le explicara el porqué.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Josep era el más joven de los socios del despacho y sabía que su puesto seguía en el alero. Cualquier tropezón haría peligrar su carrera y por eso tomando asiento, detalló las evidencias con las que tendrían que lidiar en el juicio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Después de diez minutos de explicación, el cincuentón se ajustó la corbata al cuello y de muy mal humor, soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Serán imbéciles, ¡cómo es posible que hayan sido tan ineptos de dejar pruebas de ese vertido!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La rotundidad de los indicios haría que el caso tuviera un desenlace previsible y funesto. Su colaborador tenía razón. ¡Era casi imposible que su cliente se librara de una multimillonaria multa!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Qué hacemos? Se lo decimos y que intenten pactar un acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Albert Roser, tras meditar durante unos minutos, aclaró su voz y respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No es planteable por sus consecuencias legales. Además de la multa, todo el consejo terminaría en la cárcel. ¡Hay que buscar otra solución! ¡Esa compañía es nuestra mayor fuente de ingresos!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando medio en broma, su subalterno respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Como no compremos al fiscal, ¡estamos jodidos!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sus palabras lejos de caer en saco roto hacen vislumbrar una solución en su jefe y soltando una carcajada, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Déjame pensar, seguro que ese idealista tiene un punto débil. En cuanto lo averigüe, ¡el fiscal es nuestro!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mientras eso ocurría, a ocho kilómetros de allí, Julia Bruguera, una joven estudiante de último curso, estaba jugando al tenis en el Real con una amiga. Para ella, ese selecto club era un lujo porque no se lo podía permitir al no tener trabajo ni visas de conseguirlo. Por eso cada vez que Alicia la invitaba, dejaba todo y la acompañaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No llevaban ni cinco minutos peloteando cuando sin darle importancia, la rubia comentó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Por cierto, mi padre me ha contado que en un bufete andan buscando una becaria para que trabaje con ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Cuál? ― preguntó la morena francamente interesada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Si te digo la verdad no lo sé, pero espera que le pregunto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras lo cual, cogiendo su móvil, llamó a su viejo. Julia esperó expectante mientras su amiga tomaba nota del nombre y de la dirección.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Se llama Roser y asociados, están en la Torre Agbar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al escuchar de boca de Alicia que el despacho que andaba buscando abogadas en prácticas era ese dijo a su amiga que se acababa de acordar que tenía una cita y poniéndose una camisa, se fue directamente a casa para cambiarse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Ese puesto tiene que ser mío», sentenció y sin dejar de pensar en las oportunidades que ese puesto le brindaría para un futuro, tomó la Diagonal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Veinte minutos después estaba aparcando frente a su casa en un barrio de Esplugas de Llobregat. Ya en su piso, sacó de su armario el único traje de chaqueta que tenía al saber que la vestimenta era importante en todas las entrevistas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Ese lugar debe estar lleno de ejecutivos con corbata», se dijo mientras involuntariamente se excitaba al pensar en todos esos expertos abogados con sus trajes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mientras se retocaba frente al espejo, la morena advirtió que se le notaban los pezones a través de la tela y por un momento dudó si cambiarse, pero desechó esa idea al imaginarse a su entrevistador entusiasmado mirándola los pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, estoy bruta», reconoció mientras salía rumbo a ese despacho.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El tráfico estaba imposible esa mañana y por eso no fue hasta una hora después cuando se vio frente al imponente edificio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Quiero trabajar aquí!», pensó al entrar al Hall y comprobar que estaba repleto de ejecutivos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sabiendo que si se quedaba ahí observando a los miembros de esa tribu iba a volver su calentura, buscó un ascensor y tras marcar el piso donde iba, se plantó frente a la recepcionista. La mujer habituada a que aparecieran por ahí todo tipo de personas, la miró de arriba abajo y le preguntó que deseaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Vengo por el empleo de becaria.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Educadamente, sonrió y le respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Señorita, siento decirle que ya no está disponible.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El suelo se desmoronó bajo sus pies al ver sus esperanzas hundidas. Durante unos segundos estuvo a punto de llorar, pero sacando fuerzas de su interior, rogó a la cuarentona que al menos la recibiera alguien de recursos humanos para poder darle su “ridiculum vitae”.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por fortuna, justo en ese momento pasaba uno de los miembros del bufete que habiendo oído la conversación se paró y preguntó que pasaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Una amiga me dijo esta mañana que tenían un puesto en prácticas, pero por lo visto llego tarde.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El socio le echó una mirada rápida y tras admirar la belleza de sus piernas y el sugerente escote que lucía, le pidió que pasara a su despacho.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Disculpe? ― preguntó la muchacha sin entender a que venía esa invitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿No has venido por un trabajo? ― respondió― El de becaria está ocupado, pero no el de una asistente que me ayude con todo el papeleo ― y tomando acomodo en su sillón, hizo que la morena se sentara frente a él.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mientras Julia no se podía creer su suerte, Albert Roser cogió el curriculum y lo empezó a leer sin dejar de echar con disimulo una ojeada a la cintura de avispa de la cría:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Veo que tienes poca experiencia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena se sintió desfallecer, pero como necesitaba el trabajo contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Realmente no tengo ninguna, pero ganas no me faltan y sé que podría compatibilizar el puesto que me ofrece con el máster que estoy terminando…― nada más decirlo se dio cuenta que había metido la pata y consciente de las miradas de ese maduro cambió su postura con un cruce de piernas para que ese tipo pudiera admirar la tersura de sus pantorrillas mientras rectificaba diciendo: ―…no tengo problema de horario y estoy dispuesta a trabajar duro todas las horas que hagan falta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Albert embelesado por las piernas que tan claramente esa muchacha exhibía respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No pagamos mucho y exigimos plena dedicación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No hay problema― replicó la joven mientras con descaro separaba sus rodillas en un intento de convencer a su entrevistador regalando la visión de gran parte de sus muslos ―mis padres me pagan el piso y gasto poco.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque realmente no la necesitaba el cincuentón decidió que si bien esa preciosidad puede que no sirviera como abogada al menos decoraría la oficina con su belleza y si como parecía encima se mostraba tan dispuesta, pudiera ser que al final sacara en claro un par de revolcones en la cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por eso sin pensar en las consecuencias, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Mañana te quiero aquí a las ocho.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sorprendida por lo fácil que le había resultado el conseguir el puesto, Julia le dedicó una seductora sonrisa y tras despedirse de su nuevo jefe, moviendo su trasero salió del despacho.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al despedirla, Roser se quedó mirando esas dos nalgas bien paradas y duras producto de gimnasio y mientras intentaba concentrarse en los papeles, no pudo dejar de pensar en cómo sería la cría como amante:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Está buena la condenada!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya sin testigos, cogió el teléfono e hizo una serie de llamadas preguntando por el fiscal, pero no fue hasta la séptima cuando un amigo le insinuó que ese tipo estaba secretamente enamorado de la secretaria de un magistrado del Tribunal Superior de Justicia. Esa confidencia dicha de pasada despertó sus alertas y queriendo saber más del asunto, preguntó quién era esa mujer:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Marián Antúnez. ¬</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al escuchar el nombre le vino a la mente la espléndida figura de esa pelirroja. Durante años cada vez que la había ido a ver a su jefe, había babeado al observar el estupendo culo de su ayudante. Las malas lenguas decían que era corrupta pero como nunca había tenido ningún motivo para comprobarlo, no tenía constancia de si era cierto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tengo que hablar con ella», se dijo y tomando el toro por los cuernos, llamó al tribunal en el que trabajaba y directamente la invitó a comer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La mujer acostumbrada a todo tipo de enjuagues comprendió que ese abogado quería proponerle algo y por eso en vez de aceptar una comida prefirió que fuera una cena. Su interlocutor aceptó de inmediato y quedaron para esa misma noche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al colgar, Albert sonrió satisfecho porque estaba seguro de que un buen fajo de billetes haría que ese bombón obligara a su enamorado a plegarse a los intereses de la farmacéutica….</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Con un sentimiento ambiguo Julia llegó a su apartamento. Por una parte, estaba contenta e ilusionada por haber conseguido un trabajo, pero por otra se sentía sucia por el modo en que lo había conseguido. Sabía que su futuro jefe no se había decantado por ella gracias a sus notas y que el verdadero motivo por el que le había ofrecido el puesto era por el exhibicionismo que demostró mientras la entrevistaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No me quedaba más remedio», se disculpó a sí misma por usar ese tipo de armas, «pero una vez allí podré convencerle de que no soy solo una cara bonita».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al recordar cómo se le había insinuado y la mirada de ese maduro recorriendo sus muslos mientras trataba de disimular conversando con ella, avivó el ardor que sentía entre las piernas desde entonces.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, ¡cómo ando!» se lamentó reconociendo de esa manera la calentura que experimentó al sentir los ojos de ese cincuentón fijos entre sus patas. Y no era para menos porque sabía que era algo que no podía controlar. Cuando sentía que un hombre la devoraba con la mirada, sus hormonas entraban en ebullición e invariablemente su coño se mojaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Necesito una ducha», se dijo al sentir que nuevamente entre sus piernas crecía su turbación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En un intento por sofocar ese incendio, se quitó el traje que llevaba y ya desnuda, abrió el grifo para que se templara mientras en el espejo comprobaba que, a pesar de sus esfuerzos, llevaba los pezones erizados.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tengo que aprender a controlarme», pensó molesta al meterse en la ducha y tener que aceptar mientras el agua caía por sus pechos que no podía dejar de pensar en ese tipo que sin ser un don Juan la había puesto tan caliente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reteniendo las ganas de tocarse, se lavó el pelo tratando de hacer memoria de la primera vez que se sintió atraída por alguien como él.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Fue en clase de filosofía del derecho mientras don Arturo nos explicaba que el monopolio de la violencia era una de las características de los estados modernos», concluyó mientras rememora que estaba embobada oyéndole cuando de pronto empezó a sentir por ese enclenque una brutal atracción que la dejó paralizada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, ¡cómo me puse!», sonriendo recordó su sorpresa al sentir que le faltaba la respiración mientras el catedrático explicaba a sus alumnos los enunciados de Max Weber y como entre sus piernas comenzó a sentir una desazón tan enorme que solo pudo calmarla en el baño y tras dos pajas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esperando que la mascarilla hiciera su efecto, cogió la esponja y echándole jabón, comenzó a frotar su cuerpo mientras a su mente le venía la conversación que había tenido con un amigo que estudiaba psicología. El cual, tras explicarle su problema, sentando cátedra sentenció que sufría una variante rara del síndrome de Stendhal por la que, en vez de verse afectada por la belleza artística, ella se veía obnubilada por los discursos inteligentes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El olor a vainilla que desprendía su gel favorito no colaboró en tranquilizarla y con una excitación renovada, se dio cuenta que involuntariamente estaba pellizcándose los pezones en vez de enjabonarlos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Buff― exclamó en la soledad de la ducha al no poder controlar sus dedos que traicionándola estaban presionando duramente las negras areolas que decoraban sus pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Incapaz de contenerse, tiró de su pezón derecho mientras dejaba caer su mano entre sus piernas. Mirándose en el espejo semi empañado, vio cómo dos de sus yemas separaban los pliegues de su coño y buscaban entre ellos, el pequeño montículo que formaba su clítoris erecto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La imagen la terminó de alterar y subiendo una pierna al borde de la bañera, concentró sus caricias en ese lugar sabiendo que una vez lanzada no podría parar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Dios!», gimió descompuesta al sentir como sus dedos se ponían a torturar el hinchado botón con una velocidad creciente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Temiendo llegar antes de tiempo, salió de la ducha, se puso el albornoz y casi si secarse se tumbó en la cama donde le esperaba su amante más fiel.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Qué haría sin ti? ― preguntó al enorme vibrador de su mesilla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tomándolo entre sus manos, lo acercó hasta su boca y sacando su lengua empezó a recorrer las abultadas venas con las que el fabricante de ese pene de plástico imitaba las de un pene real.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Te quiero mucho, mi amor― le dijo viendo que ya estaba lo suficientemente lubricado con su saliva para que al terminar no tuviese su coño escocido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Separando sus piernas, jugueteó con esa polla sobre su clítoris mientras se preguntaba si su jefe tendría algo parecido. Soñando que era así, cerró sus ojos y se puso a imaginar que al día siguiente era el glande de ese maduro el que en ese momento estaba presionando por entrar dentro de ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― Jefe, soy suya― gritó en voz alta al irse incrustando lentamente esa larga y gruesa imitación en su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La lentitud con la que lo hizo le permitió notar como los labios de su vulva se veían forzados por el consolador y como tantas veces, esperó a tenerlo embutido para encenderlo y sentir así la dulce vibración tomando posesión de ella como su feudo. En su mente no era ella la que daba vida al enorme trabuco, sino que era el ejecutivo el que lo hacía moviendo sus caderas de adelante para atrás.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No pudo más que incrementar la velocidad con la que se empalaba al escuchar desde su sexo el chapoteo que su querido amante producía cada vez que lo hundía entre sus piernas y con un primer gemido, dejó claras sus intenciones de llegar hasta el final.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Llevo meses sin sentirme tan perra», pensó para sí al imaginarse que su futuro jefe se apoderaba de sus pechos y mientras se regalaba un buen pellizco, lamentó haber dejado en el cajón las pinzas con las que en ocasiones especiales castigaba sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estoy en celo― murmuró al sentir que su cuerpo temblaba saturado de hormonas y mordiéndose los labios, incrementó el ritmo con el que su amado acuchillaba su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Joder, ¡qué gusto! ― sollozó con los ojos cerrados al imaginar al maduro derramando su simiente por su vagina y con esa imagen en el cerebro se corrió…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mientras dejaba su flamante Bentley en manos del aparcacoches, Albert Roser dudó al ver la suntuosidad del edificio modernista donde desde hacía un par de décadas estaba ese restaurant, si no se había equivocado al elegir el Windsor para esa cita. Porque no en vano además de saber que al menos tendría que desprenderse de un par de cientos de euros, el ambiente romántico de su terraza podía ser malinterpretado por esa mujer y creyera que sus intenciones eran otras.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero tras sentarse en una mesa al borde de la Carrer de Còrsega, decidió que, si llegaba el caso, haría el esfuerzo de acostarse con ese monumento de rizada melena roja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Lo que sea por el bien de mi cliente», hipócritamente resolvió pidiendo a Jordi León, el sommelier, que le aconsejara un vino.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Ha probado lo último de Molí Dels Capellans? Su Trepat del 2014 es excepcional.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No y viniendo de usted, ese caldo debe ser algo digno de probar― estaba diciendo cuando su acompañante hizo su aparición a través de la puerta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La recordaba atractiva pero esa noche la señorita Antúnez le pareció una diosa. Enfundada en un vestido de encaje casi trasparente y adornada con joyas que harían palidecer a más de una, era impresionante. Y como buen observador, el delicado tejido completamente entallado a su cintura realzaba su atractivo dotándolo de un aspecto seductor que no le pasó inadvertido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, ¡qué buena está!», murmuró mientras se levantaba a saludarla, «no me extraña que ese cretino esté colado. ¡Es preciosa!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La pelirroja consciente de efecto que producía en el abogado y que los ojos de su cita no podían dejar de auscultar cada centímetro de su cuerpo, sonrió y con una sensualidad estudiada, se acercó y lo besó en la mejilla mientras le agradecía la invitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Las gracias te las debería dar yo… no todos los días tengo el lujo de cenar con una belleza.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Bajando la mirada como si realmente se sintiera avergonzada, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Exagera, aunque siempre es agradable escuchar un piropo de alguien como tú.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque por sus palabras nada podía hacer suponer lo zorra que era, Albert supo que esa la mujer descaradamente se estaba exhibiendo ante él. No era solo que llevase un escote exagerado, era ella misma y como se comportaba. Por ejemplo, al colocarse la servilleta sobre las piernas, se agachó de manera que le regaló un magnifico ángulo desde el que contemplar su pecho en todo su esplendor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Era como si disfrutara, sintiéndose admirada. En su actitud creyó incluso descubrir que ella misma se estaba excitando al reparar que bajo su pantalón crecía un apetito sin control.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tengo que tener cuidado con esta arpía», Albert se repitió para que no se le olvidara el motivo por el que estaba ahí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Del otro lado de la mesa, Marián estaba dudando que le gustaba más, si la magnífica merluza de pincho con asado de alcachofas que estaba sobre su plato o la cara de merluzo con la que ese alto ejecutivo la devoraba con los ojos y como no lo tenía claro, decidió preguntar por la razón de esa cena.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El cincuentón no se esperaba ese cambio de tema y más cortado de lo que le gustaría estar, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Extraoficialmente?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Por supuesto― con tono dulce respondió mientras anudaba uno de sus dedos en su melena.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Suponga que tengo un cliente al que un joven fiscal está metiendo en problemas y me entero casualmente de que ese idealista está secretamente enamorado de una mujer tan atractiva como ambiciosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esa descripción no molestó a la pelirroja, la cual tampoco necesitó que le dijera el nombre de ese admirador para saber que estaba hablando de Pedro y mirando a los ojos a su interlocutor, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Hipotéticamente hablando, si esa dama estuviera dispuesta a ayudar a su cliente, ¿qué tendría que hacer? Y ¿qué recibiría a cambio?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La franqueza con la que directamente se ofrecía a colaborar a cambio de dinero le confirmó que no era la primera vez que esa belleza participaba en ese tipo de acuerdos y tal y como había hecho ella, el abogado midió sus palabras al contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Te he contado lo común que es que en un juzgado desaparezcan las pruebas? Conozco un caso en el que una caja llena de muestras de agua desapareció del despacho de un fiscal y cuando la parte defensora pidió un contraanálisis, se desestimó todo el expediente por la imposibilidad de contrastar los resultados del fiscal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Habiendo lanzado el mensaje, Albert se puso a comer mientras su pareja hacía cálculos porque con solo esa información había averiguado de qué teman se trataba porque no en vano la última noche que había follado con Pedro, ese encanto no había parado de hablar de la multa que le iba a caer a una farmacéutica francesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Una comisión lógica es del cinco por ciento y sobre veinte millones, estaríamos hablando de un kilo», pensó mientras producto de su avaricia los pezones se le ponían erectos bajo la tela.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como buena negociadora, dejó transcurrir los minutos sabiendo que la espera empezaría a poner nerviosa a su contraparte y ya en el postre, tomando la mano de Albert entre las suyas, comentó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sabes cariño, ayer estuve viendo en internet un apartamento en las Ramblas. Era precioso, luminoso y con unos ventanales enormes. Lo único malo era el precio, el dueño quería dos cientos mil de arras y otros ochocientos al firmar la escritura.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me parece un poco caro― respondió el abogado intentando negociar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Entonces ante su sorpresa, la estupenda pelirroja le cogió la mano y poniéndola sobre sus piernas desnudas, con cara de putón desorejado, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ya sabes el boom inmobiliario, lo único bueno es que en la oferta se incluía la cama y no te haces una idea de lo maravillosa y suave que es.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Lo supongo― contestó con su pene totalmente erecto al sentir la tersura del muslo que estaba acariciando y mientras intentaba calmar la comezón que tenía, llamó al camarero y le pidió una botella de cava con el que brindar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Haciéndose la tonta y mientras separaba las rodillas dando mayores facilidades a los dedos que recorrían su piel rumbo a su sexo, preguntó que celebraban.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Necesitamos un motivo? Pues imaginemos que consigues el dinero― y levantando su copa, exclamó: ― ¡Por tu nueva casa!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Marián sonrió al oír ese brindis y cerrando el acuerdo con un beso en los labios, permitió que las yemas de ese cincuentón tomaran al asalto el fortín que escondía entre las piernas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Durante un minuto, la pelirroja disfrutó del modo en que Albert la masturbaba en público hasta que sintiendo que faltaba poco para que se corriera, decidió que era suficiente anticipo y retirando la mano del abogado, le dijo que esperaba noticias suyas tras lo cual y sin mirar atrás desapareció por la puerta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Será puta!» murmuró entre dientes el cincuentón mientras pedía una copa para dar tiempo a que el bulto de su pantalón no fuera tan evidente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Saboreando el whisky de malta comprendió que a pesar de ese abrupto final la noche había resultado un éxito porque podía asegurar a su cliente una sentencia favorable a sus intereses siempre y cuando se aviniera a pagar dos millones de euros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Uno para mí y otro para esa zorra», se dijo mientras se imaginaba sodomizando a la pelirroja en un hotel. Lo malo fue que, al hacerlo, su calentura lejos de amainar se incrementó y pidiendo la cuenta, decidió que al salir iba a ir al burdel de siempre donde una putita conseguiría apaciguar su incendio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Veinte minutos después, estaba entrando en el discreto chalé convertido en tugurio. La madame, Alba “la extremeña”, lo recibió con unos abrazos reservados solo para los grandes clientes y sin que tuviera que pedir, mandó a la camarera que le pusiera un Macallan.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Apenas había acomodado su trasero cuando las putas empezaron a desfilar frente a él. Albert, conocedor experimentado de ese ambiente, decidió esperar a que todas las mujeres hubiesen modelado para tomar una decisión. Por su presencia pasaron rubias, morenas y pelirrojas, españolas y extranjeras, jóvenes y maduras, pero por mucho que miraba, no conseguía que ninguna de esas bellezas le motivara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Hoy necesito algo especial», se dijo sabiendo que, si al final no elegía a ninguna, vendría la dueña del lupanar a ofrecerle su ayuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como había previsto, “la extremeña” al ver que no estaba satisfecho con el ganado, se acercó y como una enóloga aconsejando a un cliente sobre un cava, le preguntó qué era lo que esa noche necesitaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El abogado le confesó la calentura que llevaba y el motivo de esta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Necesita desahogarse― sentenció la madame y sin cortarse un pelo, preguntó: ¿le apetece un culo al que castigar? La chica en sí no es gran cosa, me la ha mandado un amigo para que le ponga tetas y la enseñe.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Es plana?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Como una tabla y aunque apenas la he probado, puedo decirle que es una perra con mucho futuro. Según su dueño, ¡acepta de todo!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tráela para ver si es lo que ando buscando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No se va a arrepentir― respondió la extremeña, dejándole con un par de exuberantes putas para que le hicieran compañía mientras tanto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A los cinco minutos, la madame apareció por la puerta con una castaña de pelo largo que en un principio le repelió. Delgada, sin culo ni tetas parecía un espantapájaros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estaba a punto de rechazar la sugerencia cuando se percató que, con esas gafas rojas, la aprendiz le recordaba a una jueza con la que había tenido varios fracasos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Parecen gemelas», dijo para sí mientras volvía a florecer en él el odio que sentía por la magistrada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mientras tanto, la puta permanecía de pie sin ser capaz de siquiera levantar la mirada. La vergüenza que demostraba enfadó a la dueña del lupanar. Sin importarle la presencia del cliente y a modo de reprimenda, descargó sobre su culo un sonoro y doloroso azote.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sonríe, puta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La novata sin nombre intentó sonreír, pero lo único que consiguió fue que en su cara se formara una extraña mueca. Ese gesto debería haber ahuyentado a cualquier interesado. Pero ese no fue así en el caso del cincuentón porque su pene reaccionó como un resorte al ver que, tras el castigo, los negros pezones de la fea aquella lucían totalmente erizados.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me la quedo― sonriendo informó a la dueña― pero necesitaría una habitación discreta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Por eso no se preocupe, tenemos una insonorizada― y dirigiéndose a la castaña, le ordenó que llevara al cliente a la numero seis.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Una zorra con experiencia se hubiese colgado del hombre que había pagado por ella, pero demostrando nuevamente que era una novata, se adelantó permitiendo que el abogado examinara su exiguo culo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Apenas tiene donde agarrar, mejor», relamiéndose reconoció porque su víctima así sufriría más.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya en el cuarto que le habían asignado, fue realmente la primera vez que se puso a examinar la mercancía y tras una decepción inicial al observar el bosque frondoso que tenía por coño, vio el cielo al separarle las nalgas y descubrir un rosado e incólume agujero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esto no me lo esperaba», reconoció mientras introducía bruscamente una de sus yemas en el interior de ese ojete.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El grito de la novata confirmó sus sospechas y sin retirar su dedo, le soltó un primer mandoble con el ánimo de relajar a la castaña y que no estuviera tan tensa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La actitud sumisa del monigote aquél lo envalentonó y añadiendo una segunda yema, siguió jugando con él mientras la muchacha se dejaba hacer consciente de no poder negarse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ábrete de piernas― totalmente excitado el cincuentón exigió.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Las rodillas de la mujer se separaron para permitir las maniobras del cliente, el cual usando su otra mano bruscamente le introdujo dos dedos en su sexo y de esa forma descubrió que la que creía una mojigata, estaba disfrutando al comprobar que su cueva estaba empapada con el flujo que manaba de su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El pene de Albert ya le pedía acción y por ello dándola la vuelta, le exigió una mamada. En silencio, la castaña se arrodilló y abriendo la bragueta, liberó la extensión del abogado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Este satisfecho se sentó en el sofá y abriendo las piernas, la ordenó que se acercara. La muchacha con lágrimas en los ojos y de rodillas, se acercó a él con la mirada resplandeciente. El cincuentón supo de esa forma que iba a ser una buena mamada aún antes de sentir como la boca de la fulana engullía su pene.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tal como vaticinó, era una verdadera experta. Su lengua se entretuvo un instante divirtiéndose con el orificio del glande, antes de lanzarse como una posesa a chupar y morder su capullo, mientras las manos acariciaban los testículos del cliente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La reacción de este no se hizo esperar y alzándola de los brazos la sentó sobre sus piernas, ordenando a la castaña que fuera ella quien se empalara. La oculta cueva entre tanto pelo le recibió fácilmente demostrando que la novata estaba totalmente lubricada por la excitación que sentía en su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como no sabía ni quería saber su nombre, llamándola puta, le ordenó que se moviera. El insulto provocó que esa apocada e insípida mujer se volviera loca y para sorpresa de Albert, le rogara que siguiera humillándola mientras sus caderas se movían rítmicamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Joder con la fulana!», pensó el abogado a sentir que la castaña había convertido los músculos de su chocho en una extractora de esperma que lo estaba ordeñando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya sobrecalentado, desgarró el picardías que llevaba puesto, dejando al descubierto unos pechos que daban pena, pero cuyos pezones le miraban inhiestos deseando ser mordidos. Cruelmente tomó posesión de ellos con los dientes hasta hacerla daño mientras que con un azote la obligaba a acelerar sus movimientos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Gallo desplumado, ¡muévete o tendré que obligarte! ― le dijo al oído.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Demostrando lo mucho que le ponía la humillación, su sexo era todo líquido cuando, con la respiración entrecortada por el placer, obedeció moviendo sus caderas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Así me gustan las putas, calladas y obedientes― le susurró mientras con los dedos pellizcaba cruelmente sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Satisfecho por la ausencia de respuesta, premió a la fulana con una tanda de azotes en el trasero mientras ella no dejaba de gritar de dolor y excitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Hasta entonces todo discurría según Albert deseaba, pero cuando la informó que la iba romper el culo, la castaña intentó huir de la habitación y eso le enervó todavía más.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con lujo de violencia la agarró y la lanzó en la cama. La novata completamente aterrorizada no pudo evitar que su cliente cogiera su corbata y con ella atara sus muñecas mientras fuera de sí le gritaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Te voy a enseñar quien manda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La ira reflejada en los ojos de ese cincuentón provocó que histérica se riera y eso empeoró las cosas porque llevándola hasta el cabecero, este la inmovilizó anudando un extremo de esa prenda a una de sus barras.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Albert ya no era Albert sino un ser sediento de sangre porque para él esa mujer aglutinaba a todas las que en algún momento lo habían despreciado o causado algún mal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por ello sin preparar su trasero, le separó las nalgas, apuntó con su escote y de un solo embiste, la empaló brutalmente. Los chillidos de dolor que surgieron de la garganta de su acompañante le sonaron a música celestial y azuzado por esa seductora melodía, no paró de insultarla y de azotarla con la mano abierta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su víctima creyó que iba a morir en manos de ese ejecutivo y sabiendo que si quejaba iba a encabronar a ese maldito, con lágrimas en los ojos, tuvo que soportar que continuara esa locura. Para entonces el abogado la había empezado a cabalgar agarrado de sus pechos y aunque sabía la barbaridad que estaba haciendo, lejos de calmarlo, eso lo estimulaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Es más, al sentir que un brutal orgasmo se aproximaba, incrementó la velocidad de su ataque hasta inundando todo su intestino, eyaculó dentro de ella. Sus gemidos de placer y los gritos de dolor del mamarracho se unieron en una sinfonía perfecta que al final consiguió apaciguar a la bestia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por eso al sacar su miembro cubierto de sangre y mierda, se sintió satisfecho y dejando el dinero sobre la mesilla se fue mientras la puta lloraba, rota por la mitad, sobre la cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya en su coche, recordó descojonado que además de no saber su nombre, tampoco la había oído hablar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―A esto se le llama una noche perfecta. ¡Una zorra callada y obediente!</span></p>
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