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	<title>LIBROS &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>&#8220;Herederas de antiguos imperios&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2026 10:38:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Durante milenios, las antiguas familias reinantes han sido presa de una maldición. A pesar de tener un poder mental con el que edificaron imperios, sus miembros una y otra vez caían en manos de la peble, que recelosa de su autoridad se rebelaba contra la tiranía. Gonzalo de Trastámara, descendiente del último rey godo, descubre su destino trágicamente. La muerte de su primera amante en manos de hombres celosos de su poder, le hace saber que el poder conlleva riesgos y cuando todavía no ha conseguido hacerse a la idea, le informan que debe reunir bajo su autoridad al [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01A61DC8E"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18401" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/herederas-copia.jpg" alt="" width="9000" height="2392" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/herederas-copia.jpg 9000w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/herederas-copia-300x80.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/herederas-copia-768x204.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/herederas-copia-1024x272.jpg 1024w" sizes="(max-width: 9000px) 100vw, 9000px" /></a><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B01A61DC8E"><br />
</a>Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Durante milenios, las antiguas familias reinantes han sido presa de una maldición. A pesar de tener un poder mental con el que edificaron imperios, sus miembros una y otra vez caían en manos de la peble, que recelosa de su autoridad se rebelaba contra la tiranía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Gonzalo de Trastámara, descendiente del último rey godo, descubre su destino trágicamente. La muerte de su primera amante en manos de hombres celosos de su poder, le hace saber que el poder conlleva riesgos y cuando todavía no ha conseguido hacerse a la idea, le informan que debe reunir bajo su autoridad al resto de las antiguas casas reinantes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En este libro, se narra la búsqueda de las herederas de esos imperios y cómo consigue que formen parte de su harén.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>MÁS DE 235&nbsp;PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo 1: El despertar</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No sé si deseo que las generaciones venideras conozcan mi verdadera vida o por el contrario se sigan creyendo la versión oficial tantas veces manida y que no es más que un conjunto de inexactitudes cercanas a la leyenda. Pero he sido incapaz de contrariar los deseos de mi hija Gaia. Su ruego es la única razón por la que me he tomado la molestia de plasmar por escrito mis vivencias. El uso que ella haga de mis palabras ni me incumbe ni me preocupa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para que se entienda mi historia, tengo que empezar a relatar mis experiencias a partir de un suceso que ocurrió hace más de sesenta años. Durante una calurosa tarde de verano, estaba leyendo un libro cualquiera cuando la criada me informó que mi padre, Don Manuel, le había ordenado que fuera a buscarme para decirme que tenía que ir a verle. Todavía después de tanto tiempo, me acuerdo como si fuera ayer. Ese día cumplía dieciséis años por lo que esperaba un regalo y corriendo, fui a su encuentro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Hijo, siéntate. Necesito hablar contigo― dijo mi padre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Debía de ser muy importante para que, por primera vez en su vida, se dignara a tener una charla conmigo. Asustado, me senté en uno de los sillones de su despacho. Mi padre era el presidente de un conglomerado de empresas con intereses en todos los sectores. La gente decía de él que era un genio de las finanzas pero, para mí, no era más que el tipo que dormía con Mamá y que pagaba mis estudios, ya que jamás me había regalado ninguna muestra de cariño, siempre estaba ocupado. Había semanas y meses en los que ni siquiera le veía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Cómo te va en el colegio?― fueron las palabras que utilizó para romper el hielo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Bien, Papá, ya sabes que soy el primero de la clase― en ese momento dudé de mis palabras, por que estaba convencido que nunca había tenido en sus manos ni una sola de mis notas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pero, ¿Estudias?― una pregunta tan absurda me destanteó, debía de tener trampa, por lo que antes de responderla, me tomé unos momentos para hacerlo, lo que le permitió seguir hablando ― Debes de ser el delegado, el capitán del equipo y hasta el chico que más éxito tiene, ¡me lo imaginaba! y lo peor es que ¡me lo temía!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Si antes estaba asustado, en ese momento estaba confuso por su afirmación, no solo no estaba orgulloso por mis resultados sino que le jodía que lo hiciera sin esfuerzo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Hubieras preferido tener un hijo tonto?― le solté con mi orgullo herido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Sí, hijo― en sus mejillas corrían dos lágrimas― porque hubiese significado que estabas libre de nuestra tara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Tara?, no sé a qué te refieres― si no hubiese sido por el terror que tenía a su figura y por la tristeza que vi en sus ojos, hubiera salido corriendo de la habitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Te comprendo!, hace muchos años tuve ésta misma conversación con tu abuela. Es más, creo que estaba sentado en ese mismo sillón cuando me explicó la maldición de nuestra familia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi falta de respuesta le animó a seguir y, así, sin dar tiempo a que me preparara, me contó como nuestra familia descendía de Don Rodrigo, el último rey godo y de doña Wilfrida, una francesa con fama de bruja; que durante generaciones y generaciones nunca había sufrido la pobreza; que siempre durante más de mil trescientos años habíamos sido ricos, pero que jamás había vuelto a haber más de un hijo con nuestros genes y que siempre que alguno de nuestros antepasados había obtenido el poder, había sido un rotundo error que se había saldado con miles de muertos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Eso ya lo sabía― le repliqué. Desde niño me habían contado la historia, me habían hablado de Torquemada y otros antepasados de infausto recuerdo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pero lo que no sabes es el porqué, la razón por la que nunca hemos caído en la pobreza, el motivo por el que no debemos mezclarnos en asuntos de estado, la causa por la cual somos incapaces de engendrar una gran prole―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No― tuve que reconocer muy a mi pesar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Por nuestra culpa, o mejor dicho por culpa de Wilfidra, los árabes tomaron la península. Cuando se casó, al ver el escaso predicamento del rey con los nobles y que estos desobedecían continuamente los mandatos reales, supuestamente, hizo un pacto con el diablo, el cual evitaba que nadie pudiera llevar la contraria a Don Rodrigo. Como todo pacto con el maligno, tenía trampa. Individualmente fue cierto, ninguno de los nobles fue capaz de levantarse contra él pero, como la historia demostró, nada pudo hacer contra una acción coordinada de todos ellos. Durante años, el Rey ejerció un mandato abusivo hasta que sus súbditos, molestos con él, llamaron a los musulmanes para quitárselo de encima. Eso significó su fin.Tomó aire, antes de seguir narrándome nuestra maldición. ―Esa tara se ha heredado de padres a hijos durante generaciones. Yo la tengo y esperaba que tú no la hubieras adquirido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pero, Papá, partiendo de que me es difícil de aceptar eso del pacto con el maligno, de ser cierto, eso no es una tara, es una bendición― contesté, ignorante del verdadero significado de mis palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― La razón por la que tenemos esa tara es irrelevante, da lo mismo que sea por una alianza de sangre o por una mutación. Lo importante es el hecho en sí. Cuando uno adquiere un poder, debe también asumir sus consecuencias. Jamás tendrás un amigo, serán meros servidores, nunca sabrás si la mujer de la que te enamores te ama o solo te obedece y si abusas de él, tendrás una muerte horrible en manos de la masa. Recuerda que de los antepasados que conocemos más de la mitad han muerto violentamente. Por eso, le llamo Tara. El tener esa herencia te condena a una vida solitaria y te abre la posibilidad de morir asesinado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡No te creo!― le grité aterrorizado por la sentencia que había emitido contra mí, su propio hijo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Te comprendo― me contestó con una tristeza infinita. ― Pero si no me crees, ¡haz la prueba! Busca a alguien como conejillo de indias y mentalmente oblígale a hacer la cosa más inverosímil que se te ocurra. Ten cuidado al hacerlo, porque recordará lo que ha hecho y si advierte que tú fuiste el causante, puede que te odie por ello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Y poniendo su mano en mi hombro, me susurró al oído:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Una vez lo hayas comprobado, vuelve conmigo para que te explique cómo y cuándo debes usarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Pensé que no hacía nada en esa habitación con ese ser despreciable que me había engendrado y como el niño que era, me fui a mi cuarto a llorar la desgracia de tener un padre así. Encerrado, me desahogué durante horas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Tiene que ser mentira, debe de haber otra explicación», pensé mientras me calmaba. Supe que no me quedaba otra, que hacer esa dichosa prueba aunque estuviera condenada al fracaso. No había otro método de desenmascarar las mentiras de mi viejo. Por eso y quizás también por que las hormonas empezaban a acumularse en mi sangre debido a la edad, cuando entró Isabel, la criada, a abrir la cama, decidí que ella iba a ser el objeto de mi experimento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La muchacha, recién llegada a nuestra casa, era la típica campesina de treinta años, con grandes pechos y rosadas mejillas, producto de la sana comida del campo. Por lo que sabía, no tenía novio y los pocos momentos de esparcimiento que tenía los dedicaba a ayudar al cura del pueblo en el asilo. Tenía que pensar que serviría como confirmación inequívoca de que tenía ese poder, no bastaba con que me enseñara las bragas, debía de ser algo que chocara directamente con su moral pero que no pudiera relacionarme con ello, decidí acordándome de la advertencia de mi padre. Hiciera lo que hiciese, al recordarlo no debía de ser yo el objeto de sus iras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fue durante la cena cuando se me ocurrió como comprobarlo. Isabel, al servirme la sopa, se inclinó dejándome disfrutar no sólo del canalillo que formaba la unión de sus tetas, sino que tímidamente me mostró el inicio de sus pezones. Mi calentura de adolescente decidió que debía ser algo relacionado con sus pechos. Por suerte, esos días había venido a vernos el holgazán de mi primo Sebas, hijo del hermano de mi madre, un cretino que se creía descendiente de la pata del caballo del Cid y que se vanagloriaba en que jamás le pondría la mano encima a una mujer de clase baja. En cambio Ana, su novia era una preciosidad, dieciocho años, alta, guapa e inteligente. Nunca he llegado a comprender como podía haberse enamorado de semejante patán. Sonriendo pensé que, de resultar, iba a matar dos pájaros de un tiro: por una parte iba a comprobar mis poderes y por la otra iba a castigar la insolencia de mi querido pariente. Esperé pacientemente mi oportunidad. No debía de acelerarme porque cuando hiciera la prueba, debía de sacar el mayor beneficio posible con el mínimo riesgo personal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Fue el propio Sebastián, quien me lo puso en bandeja. Después de cenar, como ese capullo quiso echar un billar, bajamos al sótano donde estaba la sala de juegos. Ana María se quedó con mis padres, viendo la televisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Durante toda la partida, mi querido primo no paró de meterse conmigo llamándome renacuajo, quejándose de lo mal que jugaba. Era insoportable, un verdadero idiota del que dudaba que siendo tan imbécil pudiera compartir algo de mi sangre. El colmo fue cuando habiéndome ganado por enésima vez, me ordenó que le pidiera una copa. Cabreado, subí a la cocina donde me encontré a Isabel. Decidí que era el momento y mientras de mi boca, esa mujer solo pudo oír como amablemente le pedía que le llevara un whisky a mi primo, mentalmente la induje a pensar que Sebas era un hombre irresistible y que con solo el roce de su mano o su voz al hablarle, le haría enloquecer y no podría parar hasta que sus labios la besasen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya no me podía echar para atrás. No sabía si mi plan tendría resultado, pero previendo una remota posibilidad de éxito, me entretuve durante cinco minutos y después entrando en la tele, le dije a Ana que su novio la llamaba por lo que, junto a ella, bajé por las escaleras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La escena que nos encontramos al abrir la puerta, no pudo ser una prueba más convincente de que había funcionado a la perfección. Sobre la mesa, mi queridísimo primo besaba los pechos de la criada mientras intentaba bajarse los pantalones con la clara intención de beneficiársela.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su novia no se lo podía creer y durante unos segundos, se quedó paralizada sin saber qué hacer, tiempo que Isabel aprovechó para taparse y bajar del billar. Pero luego, Ana explotó y como una loca desquiciada se fue directamente contra Sebastián, tirándole de los escasos pelos que todavía quedaban en su cabeza. Mi pobre y sorprendido primo solamente le quedó intentar tranquilizar a la bestia en que se había convertido la que parecía una dulce e inocente muchacha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Todo era un maremágnum de gritos y lloros. El escándalo debía de poderse oír en el piso de arriba, por lo que decidí que tenía que hacer algo y cerrando la puerta de la habitación, les grité pidiendo silencio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No puedo asegurar si hicieron caso a mi grito o a una orden inconsciente pero el hecho real es que los tres se callaron y expectantes me miraron:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Sebas!, vístete. Y tú, Isabel, será mejor que te vayas a la cocina― la muchacha vio una liberación en la huída por lo que rápidamente me obedeció sin protestar― Ana María, lo que ha hecho mi primo es una vergüenza pero mis padres no tienen la culpa de su comportamiento, te pido que te tranquilices.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Tienes razón― me contestó, ―pero dile que se vaya, no quiero ni verlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No tuve que decírselo ya que, antes de que su novia terminara de hablar, el valeroso hidalgo español salía por la puerta con el rabo entre las piernas. Siempre había sido un cobarde y entonces, no fue menos. Debió de pensar que lo más prudente era el escapar y que posteriormente tendría tiempo de arreglar la bronca en la que sus hormonas le habían metido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡No me puedo creer lo que ha hecho!― me dijo su novia, justo antes de echarse a llorar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Todavía en aquel entonces, seguía siendo un crío y su tristeza se me contagió por lo que, al abrazarla intentando el animarla, me puse a sollozar a su lado. No sé si fue por ella o por mí. Había confirmado la maldición de mi familia y por lo tanto la mía misma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Por qué lloras?― me preguntó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Me da pena cómo te ha tratado, si yo tuviera una novia tan guapa como tú, jamás le pondría los cuernos― le respondí sin confesarle mi responsabilidad en ese asunto, porque solo tenía culpa del comportamiento de Isabel ya que no tenía nada que ver con la calentura de Sebas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué dulce eres!, Ojalá tu primo fuera la mitad que tú― me dijo, dándome un beso en la mejilla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al besarme, su perfume me impactó. Era el olor a mujer joven, a mujer inexperta que deseaba descubrir su propia sensualidad. Sentí como mi entrepierna adquiría vida propia, exaltando la belleza de Ana María, pero provocando también mi vergüenza. Al notarlo ella, no hizo ningún comentario. Cuando me separé de ella, acomplejado de mi pene erecto, solo su cara reflejó una sorpresa inicial pero, tras breves instantes, me regaló una mirada cómplice que no supe interpretar en ese momento. De haberme quedado, seguramente lo hubiese descubierto entonces pero mi propia juventud me indujo a dejarla sola.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Aterrorizado por las consecuencias de mis actos, busqué a Isabel para evitar que confesara. Ya lo había pactado con Ana, nadie se debía de enterar de lo sucedido por lo que su puesto en mi casa no corría peligro. La encontré en el lavadero, llorando sentada en un taburete entre montones de ropa sucia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Isabel, ¿puedo hablar contigo?― pregunté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Claro, Gonzalo― me contestó sollozando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sentándome a su lado, le expliqué que la novia de mi primo me había asegurado que no iba a montar ningún escándalo. Debía dejar de llorar porque sólo sus lágrimas podían ser la causa de que nos descubrieran. Surgieron efecto mis palabras, logré calmar a la pobre criada pero aún necesitaba saber si realmente yo había sido la causa de todo y por eso, para asegurarme, le pregunté que le había ocurrido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No sé qué ha pasado pero, al darle la copa a su primo, de pronto algo en mi interior hizo que me excitara, deseándole. No comprendo porque me abrí dos botones, insinuándome como una puta. Don Sebas, al verme, empezó a besarme. Lo demás ya lo sabes. Es alucinante, con solo recordarlo se me han vuelto a poner duros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿El qué?― pregunté inocentemente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Los pechos― me contestó, acariciándoselos sin darse cuenta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Me los dejas ver?― más interesado que excitado―nunca se los he visto a una mujer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Un poco cortada se subió la camisa dejándome ver unos pechos grandes y duros, con unos grandes pezones que ya estaban erizados antes de que, sin pedirle permiso, se los tocara. Ella al sentir mis dedos jugando con sus senos, suspiró diciéndome:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―No sigas que sigo estando muy cachonda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Pero ya era tarde, mi boca se había apoderado de uno mientras que con mi mano izquierda seguía apretando el otro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―¡Qué rico!― me susurró al oído, al sentir cómo mi lengua jugaba con ellos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa reacción me calentó y seguí chupando, mamando de sus fuentes, mientras mi otra mano se deslizaba por su trasero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Tócame aquí― me dijo poniendo mi mano en su vulva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La humedad de la misma, en mi palma, me sorprendió. No sabía que las mujeres cuando se excitaban, tenían flujo, por lo que le pregunté si se había meado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡No!, tonto, es que me has puesto bruta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Viendo mi ignorancia no pudo aguantarse y me preguntó si nunca me había magreado con una amiga. No tuve ni que contestarla, mi expresión le dijo todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Ósea, ¡Qué eres virgen!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La certidumbre que podía ser la primera, hizo que perdiera todos los papeles y tumbándome sobre la colada, cerró la puerta con llave no fueran a descubrirnos. Yo no sabía que iba a pasar pero no me importaba, todo era novedad y quería conocer que se me avecinaba. Nada más atrancar la puerta, coquetamente, se fue desnudando bajo mi atónita mirada. Primero se quitó la blusa y el sujetador, acostándose a mi lado. Y poniendo voz sensual, me pidió que la despojase de la falda y la braga. Obedecí encantando. No en vano no era más que un muchacho inexperto y eso me daba la oportunidad de aprender como se hacía. Ya desnuda, me bajó los pantalones y abriéndose de piernas, me mostró su peludo sexo. Mientras me explicaba las funciones de su clítoris, me animó a tocarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En cuento lo toqué, el olor a hembra insatisfecha me llenó la nariz de sensaciones nuevas y mi pene totalmente erecto me pidió que lo liberara de su encierro. Ella adelantándose a mis deseos, lo sacó de mis calzoncillos y dirigiéndolo a su monte, me pidió que lo cogiera con mi mano y que usando mi capullo, jugara con el botón que me había mostrado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Siguiendo sus instrucciones, agarré mi extensión y, como si de un pincel se tratara, comencé a dibujar mi nombre sobre ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Así!, ¡Sigue así!― me decía en voz baja mientras pellizcaba sin piedad sus pezones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Más seguro de mí mismo, separé sus labios para facilitar mis maniobras y con el glande recorrí todo su sexo teniendo los gemidos de placer de la muchacha como música de fondo. Nunca lo había tenido tan duro y, asustado, le pregunté si eso era normal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No, ¡lo tienes enorme para tu edad!― me contestó entre jadeos, ―vas a ser una máquina de mayor pero continua ¡así!, que me vuelve loca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En el colegio, un amigo me había enseñado unas fotos, donde un hombre poseía a una mujer por lo que cuando mi pene se encontró con la entrada de su cueva, supe que hacer y de un solo golpe, se lo introduje entero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">+―¡Ahh!― gritó al sentir como la llenaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sus piernas me abrazaron, obligándome a profundizar en mi penetración. Cuando notó como la cabeza de mi sexo había chocado contra la pared de su vagina, me ordenó que comenzara a moverme despacio incrementando poco a poco mi ritmo. Era un buen alumno, fui sacando y metiendo mi miembro muy lentamente, de forma que pude distinguir como cada uno de los pliegues de sus labios rozaban contra mi falo y cómo el flujo que emanaba de su coño iba facilitando, cada vez más, mis arremetidas. Viendo la facilidad con la que éste entraba, mi creciente confianza me permitió acelerar la velocidad de mis movimientos mientras mis manos se apoderaban de sus pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Isabel, ya completamente fuera de sí, me pedía que la besara los pezones pero que sin dejar de penetrarla cada vez más rápido. Era una gozada verla disfrutar, oír como con su respiración agitada me pedía más y como su cuerpo, como bailando, se unía al mío en una danza de fertilidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Soy una guarra― me soltó cuando, desde lo más profundo de su ser, un incendio se apoderó de ella, ―pero me encanta. Cambiando de posición, se puso de rodillas y dándome la espalda, se lo introdujo lentamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La postura me permitió agarrarle los pechos y usándolos de apoyo, empecé a cabalgar en ella. Era como montar un yegua. Gracias a que en eso si tenía experiencia, nuestros cuerpos se acomodaron al ritmo. Yo era el jinete y ella mi montura, por lo que me pareció de lo más normal el azuzarla con mis manos, golpeando sus nalgas. Respondió como respondería una potra, su lento cabalgar se convirtió en un galope. Mis huevos rebotaban contra su cada vez más mojado sexo obligándome a continuar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pégame más, castígame por lo que he hecho― me decía y yo le hacía caso, azotando su trasero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Estaba desbocada, el esfuerzo de su carrera le cortaba la respiración. El sudor empapaba su cuerpo cuando como un volcán, su cueva empezó a emanar una enorme cantidad de magma mientras ella se retorcía de placer, gritando obscenidades. Mi falta de conocimiento me hizo parar por no saber qué ocurría, pero mi criada me exigió que continuara. Gritó que no la podía dejar así. Sus movimientos, la calidez de su sexo mojado sobre mi pene y sobretodo sus gritos, provocaron que me corriera. Una rara tensión se adueñó de mi cuerpo y antes que me diera cuenta de lo que ocurría, exploté en sus entrañas llenándolas de semen. Desplomado del cansancio caí sobre ella. Ya sabía lo que era estar con una mujer y por vez primera, había experimentado lo que significaba un orgasmo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras descansar unos minutos a su lado, Isabel me obligó a vestir. Alguien podía llamarnos y no quería que nos descubrieran. Me dio un beso antes de despedirse con una frase que me elevó el ánimo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Joder con el niño!, vete rápido, que si te quedas te vuelvo a violar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Salí del lavadero y sin hacer ruido, me fui hacia mi cuarto. No quería encontrarme con nadie ya que, solo con observar el rubor de mis mejillas, hasta el más idiota de los mortales hubiese descubierto a la primera que es lo que me había pasado. Ya en el baño de mi habitación, me despojé de mi ropa, poniéndome el pijama. No podía dejar de analizar lo ocurrido, mientras me lavaba los dientes:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« El viejo tenía razón. Algo ha ocurrido, conozco a Isabel desde hace seis meses y nunca se ha comportado como una perra en celo». Lo que no comprendía era el miedo que mi padre tenía a ese poder. Para mí, seguía sin ser una tara, era una bendición. Y pensaba seguir practicando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No me había dado cuenta lo cansado que estaba hasta que me metí en la cama. No llevaba más de un minuto con la cabeza en la almohada cuando me quedé dormido. Fue un sueño agitado, me venían una sucesión de imágenes de violencia y muerte. En todas ellas, un antepasado mío era el protagonista y curiosamente la secuencia que más se repetía era la vida de Lope de Aguirre, con su mezcla de locura y grandeza. Coincidiendo con su ajusticiamiento, creo que interpreté el sonido de mi puerta al abrirse como el ruido del hacha al caer sobre su cuello, desperté sobresaltado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Tranquilo, soy yo― me decía Ana acercándose a mi cama.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué susto me has dado!― le contesté todavía agitado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Quiero hablar contigo― me dijo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tenía la piel de gallina por el miedo de la decisión que había tomado pero yo en mi ingenua niñez pensé que, como venía en camisón, tenía frío por lo que le dije que se metiera entre mis sabanas para entrar en calor. La novia de mi primo no se hizo de rogar y huyendo de la fría noche, se metió en la cama conmigo. La abracé frotándole los brazos, buscando que su sangre fluyera calentándola. Lo que no sabía es que ella quería que la calentara pero de otra forma. Fue de ella la iniciativa y cogiendo mi cabeza entre sus manos, me besó en la boca y abriendo mis labios, su lengua jugó con la mía. Estuvimos unos minutos solo besándonos, mientras mi herramienta empezaba a despertar, ella al sentirlo se pegó más a mí, disfrutando de su contacto en su entrepierna.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Y esto?― le pregunté, alucinado por mi suerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Sebastián no merece ser el primero― me contestó sin añadir nada más, pero con delicadeza empezó a desbrochar los botones de mi pijama.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me dejé hacer, la niña de mis sueños me estaba desnudando sin saber el porqué. Cuando terminó de despojarme de la parte de arriba, se sentó en el colchón y sensualmente me preguntó si quería que ella me enseñara sus pechos. Tuve que controlarme para no saltar encima de ellos desgarrándole el camisón, el deseo todavía no había conseguido dominarme. Le contesté que no, que quería yo hacerlo. Con la tranquilidad de la experiencia que me había dado Isabel retiré los tirantes de sus hombros, dejando caer el camisón. Eran unos pechos preciosos, pequeños, delicados, con dos rosados pezones, que me gritaban que los besara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Estás segura?― le pregunté, arrepintiéndome antes de terminar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Por fortuna, si no nunca me hubiera perdonado mi estupidez, me contestó que sí, que confiaba en mí. Ana no era como mi criada. Todo en ella me pedía precaución, no quería asustarla por lo que como si estuviera jugando, mis manos empezaron a acariciar sus senos, con mis dedos rozando sus aureolas mientras la besaba. Mis besos se fueron haciendo más posesivos a la par que su entrega. Observando que estaba lista, mi lengua fue bajando por el cuello y por los hombros hacia su objetivo. Al tener su pecho derecho al alcance de mi boca, soplé despacio sobre su pezón antes de tocarlo. Su reacción fue instantánea. Como si le hubiese dado vergüenza, su aureola se contrajo de manera que cuando mi lengua se apoderó de él, ya estaba duro. Me entretuve saboreándolo, oyendo como su dueña suspiraba por la experiencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Pero fue cuando al repetir la operación en el otro, los débiles suspiros se convirtieron en gemidos de deseo. Era lo que estaba esperando, con cuidado la tumbé sobre la colcha y tal como había aprendido le quité el camisón. Al levantarle las piernas, me encontré con una tanga de encaje que nada tenía que ver con la basta braga de algodón de Isabel.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me recreé, unos momentos, disfrutando con mi mirada de su cuerpo. Era mucho más atractivo de lo que me había imaginado el día que me la presentó mi primito. Su juventud y su belleza se notaban en la firmeza de sus formas. La brevedad de su pecho estaba en perfecta sintonía con las curvas de su cadera y la longitud de sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ella sabiéndose observada me preguntó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―¿Te gusta lo que ves?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como única respuesta, me tumbé a su lado acariciándola ya sin disimulo, mientras ella se estiraba en la cama ansiosa de ser tocada. Mi boca volvió a besar sus pechos pero, esta vez, no se detuvo ahí sino que, bajando por su piel, bordeó su ombligo para encontrarse a las puertas de su tanga. Hablando sola sin esperar que le contestase, me empezó a contar que se sentía rara; que era como si algo en su interior se estuviera despertando; que no eran cosquillas lo que sentía, sino una sensación diferente y placentera.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin saber si me iba a rechazar, levanté sus piernas despojándola de la única prenda que todavía le quedaba, quedándome maravillado de la visión de su sexo. Perfectamente depilado en forma de triángulo, su vértice señalaba mi destino por lo que me fue más sencillo el encontrar su botón de placer con mi lengua. Si unas horas antes había utilizado mi pene, ella se merecía más e imitando las enseñanzas de Isabel, como si fuera un caramelo lo besé, jugando con él y disfrutando de su sabor agridulce de adolescente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ana que, en un principio se había mantenido expectante, no se podía creer lo que estaba experimentando. El deseo y el miedo a lo desconocido se fueron acumulando en su mente, a la vez que su cueva se iba anegando a golpe de caricias por lo que, gimiendo descontrolada, me suplicó que la desvirgara, que la hiciera mujer. No le hice caso, las señales que emitía su cuerpo me indicaban la cercanía de su orgasmo por lo que, sin soltar mi presa, intensifiqué mis lengüetazos pellizcando sus pezones a la vez. Por segunda ocasión en la noche, oí la explosión de una mujer pero esta vez el río que salía de su sexo inundó mi boca y como un poseso, probé de su contenido mientras ella se retorcía de placer. No quería ni debía desperdiciar una gota, lo malo es que cuanto más bebía, más manaba de su interior, por lo que prolongué sin darme cuenta cruelmente su placer ,uniendo varios clímax consecutivos hasta que, agotada, me pidió que la dejara descansar sin haber conseguido mi objetivo. De su sexo seguía brotando un manantial inacabable que mojó, por entero, las sabanas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Dios mío!, ¡esto es mejor de lo que me había imaginado!― me dijo en cuanto se hubo repuesto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Estaba tan radiante y tan feliz por haberse metido entre mis brazos sin que yo se lo hubiera pedido, que me preguntó si ya tenía experiencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Eres la primera― le mentí, pero por la expresión de su cara supe que había hecho lo correcto. Al igual que Isabel, ninguna mujer se resiste a ser la primera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Entonces eres virgen?― me volvió a preguntar y nuevamente la engañe, diciéndole lo que quería escuchar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Le expliqué que me estaba reservando a una diosa y que ésta se me había aparecido esa noche bajo la apariencia de una mortal llamada Ana. Se rio de mi ocurrencia y quitándome el pantalón del pijama, me dijo que ya era hora de que dejáramos de ser unos niños. Tuve que protestar ya que, sin medir las consecuencias, tomando mi pene entre sus manos se lo dirigió a su entrada. Le explique que iba a hacerse daño y que eso era lo último que quería ya que, en mi mente infantil, me había enamorado de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Refunfuñando me hizo caso, dejándome, a mí, la iniciativa. Esa noche había follado con una mujer pero, en ese momento, lo que quería y lo que estaba haciendo era el hacerle el amor a una princesa. Mi princesa. Como un caballero, la tumbé en la cama boca arriba y abriéndole las piernas, acerqué la punta de mi glande a su clítoris. Sus ojos me pedían que lo hiciera rápido pero recordé que la primera vez marcaba para siempre y por eso, introduje lentamente la cabeza de mi pene hasta que esta chocó con su himen. En ese momento, la miré pidiendo su consentimiento pero ella, sin poder esperar y forzando con sus piernas, se lo introdujo de un solo golpe.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Gritó de dolor al sentir como se rasgaba su interior. Y durante unos momentos, me quedé quieto mientras ella se acostumbraba a tenerlo dentro para posteriormente empezar a moverme muy despacio. Mientras le decía lo maravillosa que era, no deje de besarla. Ana se fue relajando paulatinamente. Su cuerpo empezaba reaccionar a mis embistes y como si se tratara de una bailarina oriental, inició una danza del vientre conmigo invadiendo su cueva. Las lágrimas iniciales se fueron transformando en sonrisa al ir notando como el deseo la poseía. Y sorprendentemente, la sonrisa se convirtió en una risa nerviosa cuando el placer la fue absorbiendo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Puse sus piernas en mis hombros de forma que nada obstaculizara mis movimientos y ella, al sentir como toda su vagina comprimía por completo mi miembro, me pidió que continuara más rápido. Su orden fue tajante y cual autómata en sus manos, aceleré la cadencia de mis penetraciones. Ana me regalaba con un pequeño gemido cada vez que mi extensión se introducía en ella, gemidos que se fueron convirtiendo en verdaderos aullidos cuando, como un escalofrío, el placer partió de sus ingles recorriendo su cuerpo. Sentí como el flujo empapaba por enésima ocasión su sexo, envolviendo a mi miembro en un cálido baño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Es maravilloso― me gritó, mientras sus uñas se clavaban en mi espalda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sentirla gozando bajo mi cuerpo, consiguió que se me elevara todavía más mi excitación y sin poderlo evitar, me derramé en su interior mientras nuestros gritos de placer se mezclaban en la habitación. Fueron solamente unos instantes pero tan intensos que supuse que esa mujer era mi futuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Te amo― le dije nada más recuperarme el aliento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Yo también― me dijo con su voz juvenil, ―nunca te olvidaré.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Olvidarme?, ¿no vas a ser mi novia?― le pregunté asustado por lo que significaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Mi niño bonito, soy mucho mayor que tú y estoy comprometida con tu primo― me contestó con dulzura pero, a mis oídos, fue peor que la mayor de las reprimendas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Pero creceré! y entonces seré tu marido― le contesté y sin darme cuenta hice un puchero mientras unas lágrimas infantiles anegaban mis ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ana intentó hacerme entender que debía seguir con la vida, que sus padres habían planeado pero no la quise escuchar. Al ver que no razonaba, se levantó de la cama y tras vestirse velozmente, se fue de mi habitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">uando ya se iba le grité, llorando:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Espérame!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No me contestó. Enrabietado, lloré hasta quedarme dormido. Isabel fue la que me despertó en la mañana, abriendo las ventanas de mi cuarto. Me metí al baño como un zombi mientras la criada hacía mi cama. No me podía creer lo que había pasado esa noche, había rozado el cielo para sumergirme en el infierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Saliendo del baño, ya vestido, fui a mi cuarto a ponerme los zapatos. Al entrar, salía la mujer con las sabanas bajo el brazo. Por la expresión de su cara, adiviné que quería decirme algo por lo que, cogiéndola del brazo, la metí conmigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué querías?― le pregunté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ella, sonriendo, me contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Estás hecho una fichita, pero no te preocupes. Nadie va a saber por mi boca que has estrenado a la novia de tu primo. Yo me ocupo de lavar la sangre de las sábanas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">«¿Sangre?», pensé por un momento que era lo único que me quedaba de esa noche. No podía perderlo. Por eso, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Te puedo pedir un favor― y muy avergonzado continué ― necesito quedarme un recuerdo. ¿Podrías guardar la sábana sin que nadie se entere?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Entendió por lo que estaba pasando y guiñándome un ojo, con mirada cómplice, me replicó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Voy a hacer algo mejor. Luego te veo― y sin decirme nada más, se fue a continuar con su trabajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Destrozado bajé a desayunar. En el comedor me encontré con Sebastián, que al verme dejó la taza de café que se estaba tomando y acercándose a mí, me dio un abrazo diciéndome:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Renacuajo!, eres un genio, no sé lo que le dijiste a Ana, pero no solo me ha perdonado sino que ha aceptado casarse conmigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi mundo se desmoronó en un instante. Comprendí entonces lo que mi padre quería explicarme, gracias al poder que había heredado, había desencadenado unos hechos que no pude o no supe controlar. Esa noche había gozado, pero en la mañana, como si de una enorme resaca se tratara, la realidad me golpeó en la cara. Recordé mis clases de física; a cada acción sobreviene una reacción. En mi caso, la reacción fue extremadamente dolorosa. Con dieciséis años y un día dejé de ser un niño, para convertirme en un hombre. Mi viejo tenía razón: no era una bendición, el estar dotado de esa facultad era una arma de doble filo y yo, al haberla esgrimido sin prudencia, me había cortado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Necesitaba consejo, por eso en cuanto terminé de desayunar, me levanté de la mesa sin despedirme. En el pasillo, tropecé con Isabel. Ella me entregó un paquete que al abrirlo resultó ser un pañuelo. Reconocí la mancha que teñía la tela, era la sangre de Ana. La criada había confeccionado un pañuelo con la sábana que habíamos manchado. Le di las gracias por su detalle y guardándomelo en el bolsillo, caminé hacia el despacho de mi padre. Tocando la puerta antes de entrar, escuché como me pedía que pasara. Nada más verlo y con lágrimas en los ojos, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Papá, ¡Tenemos que hablar!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me estaba esperando. Tal y como había pronosticado, volvía con el rabo entre las piernas en búsqueda de su consejo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Verdad, que duele?― no había reproches, solo comprensión. ― Hijo, dos personas entre los miles de millones de habitantes de la tierra comparten este dolor. Esos dos desgraciados somos tú y yo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Estuvimos hablando durante horas, me fue enseñando durante meses pero necesité años para aceptar que, nada podía evitar que ese pacto firmado hacía más de trece siglos, me jodiera la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 2: El aprendizaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Hijo, al igual que hicieron nuestros antepasados necesitamos un plan de trabajo con el que desarrollar tu mente. El primer paso en tu adiestramiento debe ser incrementar tu conocimiento de las técnicas de inducción mental y si para ello hay que desarrollar a la par que las sexuales, lo haremos. Es una cuestión de practicidad, piensa que mientras la obediencia obligada crea resentimiento, la dependencia por sexo no, por lo que es más seguro zambullirte en este mundo por la puerta trasera de la carne.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pero Papá, solo tengo dieciséis años― le contesté avergonzado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Me vas a decir que la razón por la que vienes tan cabizbajo, no es otra que has tenido tu primera decepción?, realmente ¿te crees que no he sentido cómo has hecho uso de tu poder con Isabel?― me respondió tranquilamente sin enfadarse por el hecho que me hubiese estrenado gracias a haberle estimulado con deseo a la criada, ― O me crees tan tonto para no ver en los ojos de Ana, la certeza de haberse equivocado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Lo sabía todo. En ese momento, supe que nuestras mentes iban a estar tan unidas que sería incapaz de engañarle u ocultarle nada. Mi padre había dejado de ser mi progenitor para pasar a ser mi maestro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Tu madre no debe saber nada― me ordenó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nadie excepto nosotros dos, debía de conocer nuestras capacidades y menos el entrenamiento con el que me iba a preparar para el futuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― He dado órdenes para que arreglen la casa de invitados. A partir de hoy vas a dormir y a estudiar allí, no quiero que se sepa qué clase de enseñanzas vas a recibir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Lo que mi viejo no me dijo en ese momento, era que otra de las razones, por la que había tomado esa decisión, consistía en que debía acostumbrarme a vivir solo. Tenía que habituarme a depender únicamente de mi sentido común.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Ahora quiero que des una vuelta por el pueblo y que te sientes en la plaza. Con la excusa de tomarte una Coca―Cola, debes observar a la gente y practicar tus poderes con ellos. Cuanto los uses, te darás cuenta que, aunque no te percatabas de ello, te han acompañado desde la cuna, solo que ahora al hacértelos presentes, estos se irán incrementando a marchas forzadas, pero ten cuidado. Sé que puedo resultar pesado pero es mi deber recordarte el peligro: debes de ser prudente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―No te preocupes, tendré cuidado― le respondí agradecido doblemente; por una parte no me apetecía seguir en la casa y por otra, tenía verdadera necesidad de practicar mi don.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Desde niño crecí con moto. En el campo es la mejor forma de moverse y por eso desde una edad muy temprana aprendí a conducirlas. Ese año había estrenado una vespa roja de 75 cc. con la que me sentía como Rossi, el gran campeón de motociclismo. Aunque ese scooter no estaba fabricado con la idea de usarlo en campo, para mí era lo mismo y como si llevara una verdadera enduro, volé por los caminos rurales de salida de la finca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Oropesa, un pueblo toledano bastante más grande que la pequeña aldea que bordeaba los confines de mi casa, estaba a escasos veinticinco kilómetros. La media hora que tardé en recorrerlos, me dio tiempo a meditar sobre mis siguientes pasos e incluso a disfrutar de ese paisaje duro y férreo, plagado de encinas y alcornoques, que ha sido cuna de tantos hombres tan adustos y estoicos como la tierra que les vio nacer. Qué lejanas me parecen hoy en día esas tierras abulenses limítrofes con Toledo. El Averno, la finca de mi familia, con sus montes y riachuelos son una parte amada de mis años de infancia que nunca se borrará de mi memoria. Tengo grabados cada peña, cada vereda, cada árbol de sus doscientas hectáreas. Sus gélidos inviernos y sus tórridos veranos siguen presentes incluso después de tantos años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya en el pueblo, me dirigí directamente a la plaza Navarro. Allí, frente al actual ayuntamiento, estaba El rincón de Luis. La terraza estaba vacía por lo que pude elegir en que mesa sentarme. Me decidí por la más cercana a la calle para aprovechar la sombra que daba su toldo amarillo y de esa forma, apaciguar el calor de esa mañana de agosto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Buenos días, Gonzalo― me saludó María, la rolliza camarera. Con sus cuarenta años y más de ochenta kilos formaba parte de la plaza, casi tanto como torre mudéjar del Reloj de la Villa. ― ¿Qué quieres tomar?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin pensar, le pedí una cerveza. La mujer, que debía de haberse negado a servir alcohol a un menor de edad, no protestó y al cabo de tres minutos me trajo una mahou, como si eso fuese lo más normal del mundo. Ese pequeño éxito me dio moral para seguir practicando. Mi siguiente objetivo fue el dueño del mesón que estaba situado a la izquierda de la plaza. Don Sebas era famoso por su perfeccionismo militante y su estricta manera de llevar a cabo todas las rutinas de su negocio. Da igual que llueva o haga sol, a las diez de la mañana abre las sombrillas del balcón y no las cierra hasta las nueve de la noche. Sabía a ciencia cierta que si lograba que romper ese automatismo de años, habría logrado una victoria todavía más apabullante que la obtenida con Isabel.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Don Sebastián― le grité, ―hace viento, será mejor que cierre las sombrillas, no se le vayan a volar. Ante la ausencia total de aire mi argumento era ridículo pero, en contra de sus principios, el hombre, tanteando el viento, se mojó un dedo con su saliva, asintió y empezó a bajarlas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No me podía creer lo fácil que había resultado. Si un tipo tan estricto había cedido con premura, eso significaba que mi poder de persuasión era enorme. Contento y entusiasmado, busqué a mi próxima víctima. Los treinta grados de temperatura no me lo iban a poner sencillo. Por mucho que esa fuese una de las plazas más transitadas del pueblo, esa mañana no había nadie en sus aceras, todo el mundo debía de preferir mantenerse al abrigo del sol y sus recalcitrantes rayos. Cabreado por la espera, me bebí la cerveza de un trago y me aproximé a pagar a la barra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Los tertulianos de la tasca, enfrascados en su habitual partida de tute ni siquiera levantaron su mirada, cuando entré.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Cuánto es?― pregunté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">María, que estaba distraída, me preguntó qué era lo que había tomado, al contestarle que una cerveza, me miró diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Menos guasa, ¡Luis!, ¡cóbrale una coca―cola!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Así fue como aprendí otra lección. Los sujetos, objetos de inducción mental, cuando se les obliga a hacer algo que vaya contra sus principios tienden a adulterar la realidad, creando una más acorde con sus pensamientos. María se había engañado a sí misma y creía que me había servido un refresco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Acababan de dar las doce, por lo que mi pandilla de amigos debía de estar frente a nuestro colegio. Cogiendo mi moto me dirigí hacia allá. Nada mas doblar la calle Ferial, les vi apoyados en uno de los bancos de madera. Fue Manuel, el primero en verme:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Capi, ¿Qué haces por aquí?― me dijo usando mi mote.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Desde que íbamos a Infantil, todos los chavales de la clase me llamaban así. Pero esa vez, me sonó como si fuese la primera al percatarme que el respeto con el que me trataban, así como su continua sumisión a mis caprichos, podían ser productos nuevamente de mi poder.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me pareció oír a mi viejo diciendo: « Jamás tendrás amigos, serán meros servidores».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La abrupta confirmación de sus palabras me dejó paralizado. Pedro, Manuel, Pepe, Jesús… esos críos a los que consideraba mis iguales, no lo eran. Eran humanos normales y entre nosotros siempre había existido y existiría una brecha infranqueable que no era otra que la tara que llevaba a cuestas mi familia durante los últimos catorce siglos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi padre me había mandado al pueblo a practicar y con el corazón encogido, decidí que eso era lo que iba a hacer:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Me aburría en la finca― le contesté quitándome el casco, ―¿y vosotros?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Ya ves, de cháchara….</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Todos me miraban como esperando mis órdenes, los largos años de roce conmigo les había acostumbrado a esperar y acatar mis deseos. No podía creer que jamás me hubiese dado cuenta. Ahora que sabía el motivo, no podía ser más cristalina su completa sumisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Vamos a dar una vuelta por el castillo, a ver si nos topamos con algún turista del que reírnos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa era una de nuestras travesuras más comunes. Solíamos meternos con los guiris que, en busca de historia medieval, llegaban con sus estrafalarios atuendos a esas empedradas calles. Sé lo absurdo de nuestro comportamiento, pero también tengo que reconocer que añoro ese comportamiento gamberro de mis años de niñez. La rutina siempre era la misma, esperábamos a nuestras presas a la sombra del viejo magnolio que crecía a escasos metros de la entrada de la muralla y tras observarlas, dedicarnos a mofarnos del aspecto más risible de los indefensos excursionistas. Todo acababa cuando los guardias del recinto salían en defensa de su inagotable fuente de ingresos. Tonto, pueril pero igualmente divertido e inofensivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Éramos cinco y contábamos con tres ciclomotores, por lo que contraviniendo las normas de tráfico, Miguel y Pedro sin casco se montaron de paquete. En una gran ciudad, cualquier policía, que nos viera de esa guisa, nos pararía para extendernos una dolorosa multa pero eso era un pueblo y los municipales eran como de nuestra familia, nos conocían y aunque no aplaudieran nuestro proceder, jamás nos detendrían por algo tan nimio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Las calles, ese mañana entre semana, estaban desiertas, por lo que no nos cruzamos con ningún vehículo. Cuando ya estábamos próximos a nuestro destino, nos topamos con una densa humareda que salía de una vetusta casa de piedra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Un incendio!― soltó Jesús, parando la moto en seco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Las llamas cubrían completamente el segundo piso, saliendo enormes lenguas de fuego por las ventanas. El crepitar de la madera era ensordecedor, nada que ver con el relajante crujir de una chimenea ni con el festivo estrépito de una falla ardiendo. Desde la acera de enfrente donde prudentemente aparcamos nuestras scooters, nos convertimos en voyeurs involuntarios. El poder destructivo del fuego estaba desbocado, hipnotizando a los pocos viandantes a los que la pecaminosa curiosidad les había obligado a parar para deleitarse con la desgracia ajena. No era un fuego anónimo. Personas de carne y hueso, vecinos nuestros, estaban perdiendo sus escasas posesiones con cada llamarada. Muebles, ropa, fotos, los recuerdos de una vida, los ahorros de una mísera existencia, se estaban volatizando en humo y ceniza ante nuestros ojos. Con la fascinación de un pirómano, no podía retirar mi vista de esa desgracia. Debería haber corrido a llamar a los bomberos pero ni siquiera se me pasó por la cabeza. Algo me retenía allí. Mis pies parecían anclados al cemento de los adoquines. Necesitaba observar como el maltrecho techo empezaba a fallar y oír las tejas desmoronándose al chocar contra el asfalto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Capi!, ¡hay alguien en la casa!― me chilló Manuel, justo cuando detrás de una oscurecidas cortinas divisé un brazo de una niña.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Mierda!, ¡Tenemos que sacarla de allí!― solté cruzando la estrecha calle.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La puerta del portal estaba cerrada. Traté infructuosamente de abrirla, lanzándome contra ella. Mi bajo peso y mi pequeña estatura no fueron suficientes para derribarla. Buscando el auxilio de mis amigos, me percaté que asustados se mantenían al lado de nuestras motos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Necesito ayuda!― les grité pero el miedo les había paralizado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No en vano en ese preciso instante, las teas que caían del tejado ardían a mis pies. Sacando fuerzas del terror que para entonces ya me había atenazado, les ordené que me apoyaran. Sentí el impacto de mi mente en sus cuerpos pero sin importarme las consecuencias, insistí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Venid a ayudarme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El primero en reaccionar fue Jesús, el más corpulento de los cuatro y gritando como un loco se abalanzó contra la puerta, tumbándola de un golpe. No esperé a los demás, internándome en el denso humo, subí las escaleras. El calor era sofocante, cada paso era un suplicio y andando a ciegas, llamé a la niña. Nadie me contestaba, estuve a punto de desistir pero la sola idea de abandonar a una muerte segura a la dueña de ese brazo, me hizo seguir y a gatas, buscar en la habitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Bajo la misma ventana desde donde la vi pidiendo ayuda, se encontraba acurrucada en posición fetal. La pobre criatura se debía de haber desmayado por lo que, haciendo un esfuerzo sobre humano, la alcé entre mis brazos. Menos mal que cuando el humo, el calor y la ausencia de oxígeno flaquearon mis piernas, acudieron en mi ayuda mis cuatro amigos y entre todos, conseguimos bajarla y alejarla de las llamas. Al salir a la calle y aspirar aire puro en profundas bocanadas, escuchamos los aplausos de la ya nutrida concurrencia. Los vítores y palmadas de aliento se sucedían, mientras yo no dejaba de aborrecer esa animosidad. Minutos antes había sentido en mi mente como un cuchillo, la cobardía de toda esa gente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">« Malditos hipócritas, si llega a ser por ellos, esta niña estaría muerta», pensé sentándome al borde de la acera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Curiosamente mis amigos se alejaron de mí, en vez de juntos disfrutar juntos de nuestra heroicidad. En sus ojos, advertí que el miedo no había desaparecido sino que continuaba creciendo en una espiral aterradora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué os pasa?― pregunté, sin obtener respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La razón de esa actitud tan esquiva y rara no podía ser otra que saberse usados. Contra su voluntad, les había forzado y aunque ahora tenían el reconocimiento inmerecido de sus vecinos, no podían olvidar la violación que habían soportado y sin ser al cien por cien conscientes que el causante era yo, un resquemor cercano al odio les hacía apartarse de donde me había sentado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">«Sé prudente», las palabras de mi padre volvieron a resonar cruelmente en mis oídos, « no nos entienden y lo que no se entiende, se odia».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Enojado pero sobretodo incrédulo por tamaña injusticia, cogí mi vespa alejándome del lugar. Mi padre me estaba esperando en las escaleras de entrada. Supe que de algún modo se había enterado de mi aventura y por su cara, no estaba demasiado contento con el hecho de que su hijo se hubiese puesto voluntariamente en peligro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Gonzalo, me acaban de llamar de Oropesa. Era el alcalde y un agradecido padre. Por lo visto, en vez de practicar tus poderes, acabas de salvar a una niña.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin poder soportar su mirada, bajé mi cabeza, avergonzado. Cuando mi viejo estaba realmente encabronado, sus broncas eran duras e inmisericordes, nunca dejaba ningún resquicio sin tocar y con un afán demoledor, asolaba cualquier defensa que el autor de la afrenta intentara esgrimir en su favor. Por eso, ni intenté defenderme y esperé pacientemente que empezara a machacarme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Cuéntame que ha pasado?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Entre todos los posibles escenarios que había previsto, el que mi padre, antes de opinar, pidiera oír mi versión, era el que menos posibilidades de hacerse realidad y por eso, y quizás también por mi inexperiencia, pensé que me había librado. Dando rienda suelta a mi ineptitud, le fui dando todos los detalles de lo que había pasado. Le hablé del incendio, del brazo pidiendo ayuda, de cómo había tenido que obligar a mis compañeros a ayudarme y su posterior rechazo. Cuando hube terminado, levanté mi mirada buscando su consuelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Eres idiota!, ¡En qué cabeza cabe hacer uso de tus poderes en público!, ¡Qué clase de imbécil he criado!― me gritó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tratando de defenderme, le repliqué que me vi obligado por las circunstancias y que de no haber obrado así, una niña hubiera muerto abrasada. No esperaba comprensión de su parte, pero tampoco su avasalladora regañina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Quizás si fuera humano, me sentiría orgulloso de que el insensato de mi hijo arriesgara su vida para salvar la de un inocente, pero resulta que no lo soy y la vida de una niña es insignificante en comparación con la de uno de nosotros. ¿No te das cuenta que de haber muerto, hubiese desaparecido sin remedio uno de los más grandes linajes que hayan pisado la tierra? Tu vida no te pertenece, debes crecer, madurar y procrear a tu reemplazo antes de que sea realmente tuya.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Las venas de su cuello, inflamadas hasta grotesco, no dejaban lugar a dudas, estaba cabreado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Y encima, no has tenido ni la precaución más elemental de pasar desapercibido. Tus cuatro amigotes saben que han sido manipulados de alguna forma. Si sigues actuando tan a la ligera, no solo te pondrás en peligro sino que pondrás a toda la casa en la mira de la plebe. Ahora, vete a comer y recapacita sobre lo que has hecho. Esta tarde deberás cambiarte al refugio, no te quiero aquí poniéndonos en peligro. Debemos extremar al máximo todas las precauciones, mientras te alecciono en tus poderes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi padre me había echado de casa. Según él, allí habría menos testigos de mis meteduras de pata al estar apartado. Toda esa tarde estuve ocupado trasladándome al pequeño edificio situado en una esquina de la finca, lejos de la casa principal pero al alcance de mi padre. En el refugio, podría seguir mi evolución sin intrusos ni curiosos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Había sido construido por mi abuelo y las malas lenguas decían que lo había hecho para que allí viviera una de sus amantes, aunque la realidad era mucho peor: su razón de ser fue la de disponer de un lugar donde cometer sus felonías. Entre sus muros, mi abuelo dio rienda a su locura y allí, docenas de mujeres murieron en sus manos hasta que mi propio padre tuvo que poner fin a ello, ingresándolo en un manicomio. Mi abuela, la verdadera portadora de nuestro gen, no pudo soportar en lo que se había convertido su marido y cogiendo una pistola, se suicidó en el salón. A raíz de todo ello, mandó reformarlo a su estado actual, un coqueto chalet de dos habitaciones, con su área de servicio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cuando se enteró mi madre de lo que había ordenado, se puso como una fiera. Bajo ningún concepto iba a admitir que la separaran de su hijo. Solo aceptó al ordenárselo mi padre haciendo uso de su poder. Fue la primera vez que experimenté la sensación extraña de sentir como se apoderaba de una voluntad. Mi estómago se revolvió al notar que era una muñeca en sus manos, ella nada pudo hacer y lo más increíble fue la forma tan sutil con la que le indujo a aceptarlo. Preocupada por mí, creyó obligar a mi padre a aceptar que una persona de su confianza fuera la encargada de servirme, pensando que de esa forma iba a estar al corriente de todo lo que ocurriera. Lo que no supo nunca es cómo mi viejo había influido en su elección y que sus reticencias a que Isabel fuera la elegida, no fueron más que teatro ya que había dispuesto que la criada me enseñase todo lo que debía saber sobre sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al llegar esa noche a la casa de invitados, estaba ilusionado con mi nueva vida. El traspié de esa mañana y el rapapolvo de mi viejo se me antojaban muy lejanos. Mi mente infantil no era consciente de los esfuerzos y trabajos que me tenía preparado y menos aún, de la responsabilidad intrínseca que suponía el someter a una persona. Algo parecido le ocurría a la criada. Isabel había aceptado al instante el ocuparse de mí. Veía en eso la oportunidad de su vida, creyendo que al tenerme veinticuatro horas para ella, iba a hacer conmigo su entera voluntad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La cocina del chalet era tipo americana, con el salón―comedor incorporado, por lo que esa noche y mientras veía la televisión pude observar como cocinaba. Estaba encantada, no paró de cantar y reír, feliz por la libertad que le daba su nuevo puesto. Era la dueña y señora de la casa. No tenía que rendir cuentas a nadie. Yo por mi parte no podía dejar de mirarla, me excitaba la idea de volver a acostarme con ella. Sabía que estaba a mi alcance, que con un solo pensamiento sería mía, pero mi padre había sido muy claro en ese tema: tenía que dejar que ella fuera la que tomara la iniciativa, no debía estimularla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cuando la cena estuvo lista, me ordenó que me fuera a lavar las manos para cenar. Me molestó que me tratara como un crío, no en vano nadie mejor que ella sabía que el día anterior había dejado de serlo. Estuve a punto de negarme, de mandarla a la mierda, pero recordé que debía de seguir con el plan diseñado y mordiéndome un huevo, obedecí sin rechistar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La cena estuvo deliciosa, Isabel se había esmerado para que así fuera. Nunca había podido demostrar sus dotes de cocinera en la casa de mis padres pero ahora que era ella la jefa, no desaprovechó su oportunidad, brindándonos un banquete de antología. Y digo brindándonos, porque esa noche ella tuvo el descaro de cenar conmigo en la mesa. Parecía una cita, había previsto todo. Al sacar el pescado del horno, me miró con esa expresión traviesa que ya conocía y me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Hoy por ser una ocasión especial y si no se lo dices a tus padres, abrimos una botella de cava para celebrar tu primera noche aquí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No me dio tiempo de contestar ya que, sin esperar mi respuesta, Isabel había descorchado uno de los mejores caldos que había en la bodega y sirviendo dos copas, brindó por los dos. El vino era nuevo para mí, nunca lo había probado, por lo que prudentemente solo tomé un poco mientras ella daba buena cuenta del resto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La curiosidad de la mujer le indujo a preguntarme sobre los motivos que habían llevado a mi padre a mandarme allí. Ante la ausencia de una respuesta clara por mi parte, Isabel dedujo que por algún motivo mi padre se había disgustado conmigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Eso debió pasar― sentencié, intentando cambiar de tema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En el postre, el alcohol ya había hecho su efecto y, su conversación se tornó picante, pidiéndome que le diera detalles de cómo había desvirgado a la novia de mi primo. Decidí complacerla. En silencio, escuchó de mi boca, como Ana se había metido en mi cama buscando vengarse de mi primo y como siguiendo sus enseñanzas, la había desnudado. Su cara no pudo de dejar de reflejar la satisfacción que sintió cuando mintiéndole le dije que, después de haber visto su cuerpo, el de la muchacha me había parecido sin gracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Por qué dices que te resultó insulso?― me preguntó medio excitada por mis palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Era el cuerpo de una niña, el tuyo, en cambio, es el de una mujer― contesté dorándole la píldora. ― Tú fuiste la primera, mi maestra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Poco a poco estaba llevándola donde quería. Sus pezones se empezaron a marcar bajo su vestido mientras, atenta, me escuchaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Y teniéndola desnuda, ¿qué hiciste?―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Recuerdas cómo me enseñaste a excitar tu sexo? ¿Recuerdas cómo me dijiste que usara mi pene?― sin ningún disimulo la estaba calentando al obligarle a rememorar nuestro encuentro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Claro, que me acuerdo― me contestó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Observé que, siguiendo un acto reflejo involuntario, se estaba acariciando los pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Pues usando la misma técnica, separé los labios de su sexo y usando mi lengua, me apoderé de su botón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Le comiste allí abajo?― me preguntó alucinada por lo mucho que había aprendido su alumno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Sí y como me adiestraste, no paré hasta que se corrió en mi boca mientras yo pensaba en ti. Deseé que en ese instante hubiera sido el tuyo el que hubiese estado en mi boca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Era consciente de estar mintiéndola pero al ver cómo le estaba afectando mi relato, no dejé de hacerlo. Isabel, totalmente cachonda, lo trataba de disimular cerrando sus piernas pero hacer eso, lejos de tranquilizarla al oprimir su cueva lo que estaba haciendo era excitarla aún más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Y después?― me pidió que continuara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Se la veía ansiosa de masturbarse y solo la vergüenza de hacerlo en frente de un niño, la paralizaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No te sigo contando si no prometes hacérmela― le solté de improviso, confiando en que estuviera lo suficiente caliente para no negarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Hacerte qué?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Una mamada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Niño! ¿Estás loco? ¿Te crees que soy tu puta y que estoy dispuesta a complacerte cada vez que se te antoje?― me gritó, mientras recogía los platos, molesta por mi actitud pero creo que también por lo cerca en que había estado de caer en mi trampa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Tú te lo pierdes― le contesté dejándola sola y enfadado conmigo mismo subí a mi habitación, pensando en que había fallado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin saber la razón, estaba acalorado. No hacía tanto temperatura esa noche por lo mejor que podía hacer era darme una ducha de agua fría. El agua helada me hizo recapacitar acerca de lo ocurrido. Me había adelantado. Si no hubiese tenido tanta prisa en experimentar que se sentía, en ese momento hubiese sido objeto de la primera felación de mi vida. Al salir de la ducha, salí congelado con la piel de gallina. Quería secarme por lo que extendí mi mano para recoger la toalla pero cual no fue mi sorpresa de encontrarme a Isabel en mitad del baño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Déjame que te seque me rogó con voz apenada― siento lo de antes, pero es que me pillaste en fuera de juego.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin decirme nada más, sus manos empezaron a secarme los hombros y la espalda. Seguía alegre por el alcohol, sus movimientos eran torpes y al llegar a mi trasero, se sentó en el suelo. No pudo reprimir darme un beso en las nalgas mientras secaba esmeradamente mi miembro. Dejándome hacer, me dio la vuelta de forma que su boca quedó a la altura de mi pene, el cual empezaba a mostrar los efectos de sus maniobras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Cuéntame cómo la desvirgaste― me pidió, metiéndoselo en la boca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Por vez primera, experimenté la calidez de una lengua sobre mi sexo, la dureza de unos dientes rozando mi glande y a una mano que no fuese la mía, masturbándome. No podía negarme a complacerla por lo que, retomando el relato, le expliqué como Ana quiso que la penetrara y como la convencí en que me dejara a mí hacerlo. Incrementó su ritmo al oír mi relato. Le narré como poniéndola tumbada frente a mí, le abrí sus piernas y cogiendo mi pene entre mis manos, se lo coloqué en la entrada de la cueva sin forzarla. Isabel, sin dejar de estar atenta a mis palabras, jugando con mis huevos se los introdujo en la boca mientras su mano seguía masajeando mi extensión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Pero fue cuando le intenté expresar con palabras lo que había sentido esa noche cuando Ana me abrazó con sus piernas lo que provoco que se rompiera ella misma el himen, Isabel, fuera de sí, llevó sus dedos a su propio sexo y frenéticamente empezó a torturárselo. No podía creer lo bruta que estaba. Sin dejar de chuparme y tocarse, me pidió con gestos que continuara. Con mi respiración entrecortada por el placer que estaba sintiendo, le conté como al ponerle sus piernas en mis hombros, Ana no había dejado de gemir mientras su coño empapaba mi pene. Y coincidiendo con el orgasmo de Ana en mi relato, me vacié en su boca dándole la leche que había venido a buscar. Mi criada no desperdició la ocasión de bebérsela. La sorpresa de ver como se tragaba todo, me impidió continuar y cogiéndola de la cabeza, forcé su garganta introduciéndosela por completo. Curiosamente no sintió arcadas y al contrario de lo que pensé, la violencia de mis actos la estimuló más aún si cabe y retorciéndose como la puta que era, se corrió sobre el mármol del baño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nada más recuperarse, se levantó del suelo y tomando mi mano entre las suyas, me llevó a la cama. No me había dado cuenta del frío que tenía pero, al sentir la suavidad de las sabanas contra mi piel, empecé a tiritar. En mi ignorancia infantil, creí que esa noche no había terminado por eso me extrañó que, dándome un beso en la frente, me tapara y con un buenas noches me dejara solo en mi cuarto. No supe o no pude quejarme. Quería que Isabel durmiera conmigo, pero nada más cerrar la puerta, el cansancio me envolvió y tras unos pocos instantes me quedé dormido…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Descansé profundamente, nada perturbó mi sueño durante horas. Fue mi padre el que, al abrir las persianas de mi habitación, me despertó diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Levántate, ¡perezoso!, te espero desayunando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El hecho de que mi padre , el cual nunca se había ocupado de mí, me levantase, era una muestra más de lo que había cambiado nuestra relación en pocos días. Creo que Don Manuel, mi viejo, por fin podía compartir la pesada carga y que, aunque lo sentía por mí, en el fondo se alegraba de que siguiera su estirpe. Rápidamente, me duché y bajando al comedor, me lo encontré tomándose un café.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Buenos días, Papá.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Buenos días, hijo. Siéntate que quiero hablar contigo― se le veía relajado, observándole no encontré nada de la tensión de las últimas veces. ―Hoy tenemos un día bastante ajetreado. Debes empezar a practicar tus capacidades. Como sabes, no es fácil controlarlas y solo la constancia, hará que tu vida no acabe antes de tiempo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué quieres que haga?― le pregunté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Lo primero cuéntame cómo te fue ayer en la noche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Que fuera tan directo, me avergonzó. Todavía no me había acostumbrado a abrirme completamente ante él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mis mejillas debían de estar totalmente coloradas y sin mirarle a los ojos, empecé a contarle como había conseguido que la criada me hiciera una felación. Me escuchó atentamente sin hablar, dejándome que me explayara en la contestación, interrumpiéndome solo para preguntarme que había pensado cuando se negó y cuál era mi conclusión de mi experiencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No supe que contestarle.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Mira, Gonzalo. La diferencia de edad, entre Isabel y tú, hace que ella tenga dos sentimientos contradictorios. Por una parte, se avergüenza de acostarse con un chaval pero, por otra parte, le excita ser tu maestra. La idea de ser la primera mujer en enseñarte las delicias del sexo es algo superior a sus fuerzas. Debes de explotar este aspecto. Lejos de ser un impedimento, si lo usas en tu favor será la baza que te permitirá dominarla: Utiliza su vanidad, nadie está vacunado a los piropos, exprime su instinto materno, hazte el indefenso para que te acune en sus brazos y si es necesario chantajéala, lo importante es que no se pueda negar a seguir enseñándote. Pero siempre, ¡ten tú el control!, haz que sin darse cuenta la muchacha termine bebiendo de tus manos y entonces y solo entonces, aprovéchate de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La frialdad con la que trataba el tema, me hizo conocer por segunda vez que opinaba del resto de los mortales. Para mi padre eran poco más que el ganado del que nos alimentábamos, eran un medio para nuestra gloria pero también un medio peligroso que había que tratar con cuidado. Estuvimos hablando de cómo tenía que conseguirlo durante el resto del desayuno, pero nada más terminar me llevó a dar una vuelta a la finca. No quería que nadie nos interrumpiera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al llegar al picadero, nos tenían preparados los caballos. Mi padre iba a montar a Alazán y yo, mi favorita, una yegua llamada Partera. Comprendí que esa iba a ser mi primera lección del día.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Gonzalo, los animales están acostumbrados a que los humanos les manden, nuestro don también le afecta. Llama a tu montura que venga a ti.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No se me había pasado por la cabeza que pudiéramos usarlos de la misma manera que a los humanos pero tras pensarlo un momento me pareció lógico el que así fuera, ya que su poder mental era menor aunque existiera la dificultad de su irracionalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me resultó sencillo llamarla a mi lado. Partera era una yegua muy dócil y soltándose del peón que la traía, vino trotando a que la acariciara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Fíjese, jefe. Su hijo ha heredado su facilidad con los bichos― comentó el operario a mi padre. Mi viejo le sonrió sin contestarle.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin más preámbulo, salimos trotando de las caballerizas con dirección al arroyo que cruzaba la finca. Durante el trayecto, me fue explicando que lo importante era que aprender a utilizar métodos indirectos para conseguir que me obedecieran. Cuanto más sutil fueran, menos oportunidades tenían de darse cuenta de que estaban siendo dirigidos. Me dio un ejemplo práctico; sin que me diese cuenta, me había obligado a quitarme la bota para rascarme el pié en marcha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Analiza la burrada que te he hecho hacer y no te has dado ni cuenta. Quería que te quitaras la bota y en vez de ordenarte que lo hicieras, lo que he hecho es inducirte que te picara el pie. Tú mismo, sin mi intervención, te la has quitado para rascarte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Estaba alucinado por la forma en que había sido objeto de su manipulación pero cuando realmente me di cuenta de su poder, fue cuando de improviso frené de golpe al caballo y saliendo despedido, choqué abruptamente contra el suelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Ves hijo, ahora si has sido consciente de haber sido usado― me dijo riéndose a carcajadas― esa es la diferencia entre una orden bien dada y una orden abusiva. Debes evitar practicar esta segunda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de unos momentos de indefinición y viendo el ridículo que me había hecho hacer, me uní a mi padre en su risa. Pero cuando al intentar vengarme, intenté hacer lo mismo, es decir, obligarle a caerse de su caballo, lo único que conseguí fue un enorme dolor de cabeza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Eres todavía demasiado débil para enfrentarte a mí. Pero está bien que lo hayas intentado― me informó con una sonrisa en sus labios y una expresión orgullosa en sus ojos, ―sigue así, el día que lo consigas no tendré más que enseñarte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La jaqueca me duró más de media hora, siendo un castigo excesivo para mi travesura, fue una forma excelente que no se me olvidara. Como dice el viejo refrán: sabe más el diablo por viejo que por diablo. Y en este caso aunque compartía con mi padre el mismo don, el me llevaba muchos años de práctica. El resto de la mañana fue inolvidable, mi viejo me enseñó diversas técnicas y mañas que yo fui asimilando. Echando la vista atrás, esa mañana lo que verdaderamente hice fue comprender su extraña forma de ser. Los esfuerzos, que me obligó a realizar durante esas pocas horas, consiguieron que a la una del mediodía, terminara realmente agotado. Por eso nada más llegar a la casa de invitados, me fui directamente a la cama.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Isabel intentó despertarme a las dos para que bajara a comer pero, entre sueños, le dije que me dejara descansar que estaba cansado. Cuando empezó a preocuparse fue al darse cuenta sobre las seis de la tarde que todavía no había bajado. Al entrar en mi habitación me tomó la temperatura. Estaba hirviendo, Isabel, asustada al comprobar que tenía más de cuarenta grados de fiebre, llamó a mi padre. Por lo visto debía ser normal, un efecto secundario al uso de mi nuevo poder, porque mi viejo al oírla le dijo que no se preocupase que lo único era que debía evitar que pasase frío. Nunca en su vida, había tenido la responsabilidad de cuidar de un niño, quizás por eso le contestó que si no era mejor que llamara a un médico. Mi padre fue inflexible, se negó de plano y además aprovechó para prohibirle que molestara a mi madre:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Si mi esposa se entera, va a querer que Gonzalo vuelva a la casa― contestó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La criada, temiendo perder su recién estrenada libertad, no le insistió más. Nerviosa y preocupada, me arropó con dos mantas y yendo a la cocina, me preparó un consomé. Al volver con el caldo, mi temperatura había subido aún más y ya empezaba a delirar; cuando entró la confundí con Ana y tratándola de besar, le pedí que nunca me volviese a abandonar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Con lágrimas en los ojos, producto de su preocupación pero también por el significado de mis palabras, me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―Mi niño, como puedes pensar que te dejaría― y cariñosamente me abrazó, estrechándome entre sus brazos. El sentir sus pechos contra mi cara, alborotó mis hormonas y sin ser realmente consciente de lo que hacía, empecé a besárselos. ―Son tuyos― me dijo separando mis labios de su escote, ―pero ahora estás enfermo y no debes fatigarte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Acto seguido y no sin dificultad, consiguió que me bebiera el consomé. Con el estómago caliente, caí nuevamente dormido. Isabel me estuvo velando toda la tarde, solo levantándose de mi vera para preparar algo de cenar. Al volver con la bandeja de la comida me encontró muy mejorado, la fiebre me había bajado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Menudo susto me has dado!― y dándome un beso en la boca, me dijo― ¡Ni se te ocurra volver a hacerlo</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Le comenté que no me acordaba de nada y que lo único que sentía era un frío enorme. Fue entonces cuando ella me explicó que había pasado y sin hacer caso a mis protestas, me obligó a comerme todo lo que había preparado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Sigo helado― le dije guiñándole un ojo al terminar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Eres un pillín― me contestó y quitándose la ropa, se metió entre mis sabanas a darme calor… calor del bueno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nada más tumbarse, me apoderé de sus pechos. Sus pezones recibieron mis besos mientras ella me pedía que me tranquilizara que teníamos toda la noche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Déjame a mí!― me pidió y sin esperar mi respuesta, me fue desabrochando los botones de mi pijama a la vez que me cubría de besos. Una vez desnudo, me ordenó que no me moviera que solo sintiera el contacto de su cuerpo. ―Un buen amante debe saber que el órgano sexual más grande, no es éste― me dijo cogiendo mi pene entre sus manos― sino su piel.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Sí, ¡maestra!― contesté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi respuesta le satisfizo y cogiéndome del pelo, llevó mi cara a sus enormes cantaros, diciéndome:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Debes de aprender a tratar los pechos de una mujer y para ello, debes de recordar primero que al nacer son tu alimento. Quiero que te imagines que soy madre y que tú eres mi bebé.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como buen alumno, puse mi boca en su pezón y con mi mano imité el movimiento de los cachorros al mamar, apretando su seno mientras la chupaba. Isabel gozó desde el primer momento con esa fantasía y gimiendo con la voz entrecortada, me decía que era un buen niño, que tenía que crecer y que nada mejor que la leche materna para conseguirlo. Poco a poco se fue excitando y cuando considerando que ya había comido suficiente de un pecho, me cambio de lado. Decidí entonces que ya me había cansado de hacer lo mismo por lo que, en vez de chupárselo, se lo mordí. Ella, al sentir mis dientes sobre su pezón, no se pudo reprimir y con su mano empezó a masturbarme, mientras me decía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No pares, mi niño, no pares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Envalentonado, seguí torturando su seno, mientras introducía un dedo en su cueva. La encontré empapada por la calentura de su dueña. Si esa fantasía la ponía así, debía explotar la faceta recién descubierta por lo que, siguiéndole la corriente, le susurré al oído:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué rica está la mamá más guapa del mundo!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al escucharme, se corrió dando un gemido. De no haber tenido un poco de experiencia, me hubiese asustado ver como se retorcía entre gritos de placer. Isabel, totalmente descontrolada, me pedía que no parase y que con mis dedos siguiera hurgando en su interior. La docilidad con la que acataba mis caricias, espoleó mi curiosidad e introduciéndole un tercer dedo esperé una reacción que nunca llegó. Era increíble que le cupieran, tratando de verificar su aguante procedí a encajarle el cuarto. Su cueva se resistió pero conseguí hacerlo. Cuando intenté moverlos para comprobar el resultado, con chillidos histéricos me exigió más. El flujo de su sexo había formado un pequeño charco en la sábana, señal del placer que la tenía sometida El sexo de la muchacha, ya dilatado, permitía con una facilidad pasmosa mis toqueteos. Sus orgasmos se sucedían sin pausa. Totalmente picado en averiguar su resistencia, quise probar con la mano entera y para ello, le ordené que separara aún más sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin preguntarme el motivo, me obedeció mansamente, de forma que disfruté de la visión de sus labios hinchados y sin saber porqué, me apoderé de su clítoris mordisqueándolo mientras mi mano se iba hundiendo en su interior. El dolor por mi invasión la hizo llorar pero como no me pidió que los sacase yo no lo hice. Todo lo contrario, cerrando mi puño, empecé a tantear la pared de su vagina como si de un saco de boxeo se tratara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No, por favor, ¡para!― gritaba pataleando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Y por primera ocasión, no hice caso a mi maestra sino que alterné mis movimientos, intentando sacar mi mano cerrada e introduciéndola después. Varias veces me hizo daño con sus piernas al intentar zafarse de mi ataque pero, tras unos segundos, el placer volvió a dominarla y con grandes espasmos, se vació sobre mi brazo. Fue demasiado esfuerzo, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, se desmayó en la cama. Nadie se había desmayado jamás en frente mío por lo que me costó un mundo, el reaccionar. Al principio creí que la había matado pero pegando mi cara a su pecho, oí con júbilo que su corazón seguía latiendo. Sin tener una idea clara de cómo debía de actuar, me levanté al baño a por un vaso de agua y espolvoreándosela en la cara, conseguí reanimarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Isabel salió, de su trance un tanto desorientada y tras unos instantes de vacilación, dándome un abrazo me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">―El alumno ha superado a su maestra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al preguntarle por el significado de sus palabras, me explicó que la había llevado a cotas de excitación nunca alcanzadas y que si había perdido el conocimiento era debido al orgasmo tan brutal que le había provocado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Entonces, ¿Soy un crío?― le pregunté mientras le acariciaba su cabeza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― No, un crío no puede ser mi dueño― me contestó sin caer en la cuenta de que era verdad y que estaba totalmente entregada a mis deseos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Entonces?, ¿Cómo quieres que trate a mi hembra?― le repliqué poniéndome encima y tratando de penetrarla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Espera que estoy muy abierta, vamos a probar otra cosa― me dijo dándose la vuelta y mojándose la mano en su flujo, lo extendió por los bordes e interior de su ano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Arrodillada sobre las sábanas, me esperaba. En un inicio no supe que quería hacer, cuáles eran sus intenciones, ya que ninguno de mis compañeros me había hablado nunca del sexo anal pero ella, viendo mi indecisión, alargó su mano, colocó mi miembro en la entrada de su culo. Tuve que vencer la repugnancia que sentía de meterlo en el mismo agujero por el que hacía sus necesidades. Habiéndolo conseguido, fui introduciéndoselo despacio de forma que pude experimentar la forma en que mi extensión iba arañando su interior hasta llenarla por completo. Era una sensación diferente a hacerlo por delante, los músculos de ella aprisionaban mi pene de una forma distinta a como lo hacía su coño pero, analizando mis impresiones, decidí que me gustaba. Ella, por su parte, esperaba ansiosa que me empezara a mover mientras se acostumbraba sin moverse apenas a tenerlo dentro. Ninguno de los dos se atrevía a hablar pero ambos estábamos expectantes a que el otro diera el primer paso. Viendo que ella no se movía, con cuidado empecé moverme en su interior. La resistencia a mis maniobras se fue diluyendo entre gemidos. Poco a poco, me encontraba más suelto, más seguro de cómo actuar. Isabel volvía a ser la hembra excitada que ya conocía, sus caderas recibían mi castigo retorciéndose en busca de su placer mientras mis huevos chocaban contra ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Más rápido― me pidió, frotándose con descaro su clítoris.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La postura no me permitía incrementar mi velocidad por lo que tuve que agarrarme de sus pechos para conseguirlo. De esa forma aceleré mis envites. Su conducto me ayudó relajándose.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Más rápido― me volvió a exigir, al notar que la lujuria recorría su cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Seguía sin sentirme cómodo. Soltándome de sus pechos, usé su pelo como si de unas riendas se tratara. Estaba domando a mi yegua y recordando el modo como me mostró le gustaba que la montara y que se volvía loca cuando le azuzaba mediante certeros golpes en su trasero, le grité cogiendo su melena con una sola mano y con la que me quedaba libre, azotando sus nalgas.: ―Vas a aprender lo que es galopar―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No se lo esperaba. Al recibir su castigo, mi montura rendida totalmente a mis órdenes, se desbocó, buscando desesperada llegar a su meta. Su cuerpo se arqueaba presionando mis testículos contra su piel, cada vez que se encajaba mi sexo en su agujero y se tensaba gozosa esperando el siguiente azote, para soltar un gemido al haberlo recibido. La secuencia estaba muy definida, pene, tensión, azote, gemido, solo tuve que variar el ritmo incrementándolo para conseguir que se derramara salvajemente, bañándome con su flujo. La excitación acumulada hizo que poco después explotara yo también, inundando con mi simiente su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Caí agotado a su lado, con mi corazón latiendo a mil por hora. Tuve que esperar unos minutos para poder hablar. Pero cuando intenté hacerlo, no quiso escucharme y pidiéndome que me callara, me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Gonzalo, si se enteran tus padres, me matan y no sé cuánto dure, pero nadie me ha dado tanto placer por eso te doy permiso a tomarme cuando desees.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué equivocada estás!― le repliqué, ―No necesito tu permiso, desde hoy te follaré donde y cuando me apetezca. Si no estás de acuerdo, ¡levántate! y ¡vete de mi cama!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nunca le había hablado en ese tono, ofendida y con lágrimas en los ojos, salió de entre mis sabanas con dirección al pasillo, pero justo antes de cerrar la puerta, volvió corriendo y arrodillándose a mi lado, me pidió perdón. Acariciándole la cabeza, la tranquilicé y abriendo la cama para que volviera a acostarse conmigo, le expliqué:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― Aunque seas mi puta, sigues siendo mi maestra y espero que sigas así enseñándome.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nada más acurrucarse a mi lado me preguntó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué es lo que te gustaría probar?―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Soltando una carcajada, le respondí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">― ¡A dos mujeres!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Me miró divertida, como única respuesta, se introdujo mi pene en su boca asintiendo&#8230;</span></p>
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		<title>&#8220;Pintor de Soledades&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Apr 2026 10:38:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Una crisis creativa obliga a un pintor a refugiarse en un hotelito escondido en mitad de la selva de Costa Rica con la intención de encontrar la inspiración perdida pintar pero no encuentra la tranquilidad que deseaba por la presencia de la impresionante directora del establecimiento junto con la de una divorciada deseando tener dueño. Pero lo que realmente alteró su existencia fue descubrir la alegría de la hija de la dueña bañándose con una amiga en una cascada. Poco a poco descubre lo que esconden en su interior esas tres mujeres y al tiempo que plasma en sus [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B077KKJD6P"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18483" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3.jpg" alt="" width="6904" height="2536" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3.jpg 6904w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3-300x110.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3-768x282.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3-1024x376.jpg 1024w" sizes="(max-width: 6904px) 100vw, 6904px" /></a>Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Una crisis creativa obliga a un pintor a refugiarse en un hotelito escondido en mitad de la selva de Costa Rica con la intención de encontrar la inspiración perdida pintar pero no encuentra la tranquilidad que deseaba por la presencia de la impresionante directora del establecimiento junto con la de una divorciada deseando tener dueño. Pero lo que realmente alteró su existencia fue descubrir la alegría de la hija de la dueña bañándose con una amiga en una cascada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Poco a poco descubre lo que esconden en su interior esas tres mujeres y al tiempo que plasma en sus cuadros la naturaleza del lugar y la personalidad de sus modelos, Mateo se plantea su vida, el sexo pero sobre todo sus sentimientos .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>MÁS DE&nbsp;130&nbsp;PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los CUATRO&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sabía antes de entrar que la reunión de esa mañana sería dura y que versaría en gran medida sobre la falta de inspiración que me tenía paralizado. Lo que no me esperaba fue que evitando cualquier tipo de prolegómeno, mi representante harto de esperar las obras con las que celebrar la exposición que tenía comprometida me soltara:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Mateo tienes que olvidar de una vez a esa zorra y ponerte a pintar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Lo sé pero no puedo. No he perdido sólo a mi novia sino también a mi musa― repliqué molesto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sabía que Alberto tenía razón porque llevaba seis meses sin tocar un pincel pero es que me veía incapaz. Solo el pensar en ponerme frente a un lienzo me ponía de mala leche al saber que de hacerlo, perdería el tiempo por carecer de inspiración.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Andrea lo era todo y ahora ya no está», murmuré en mi interior sin exteriorizarlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tienes que continuar con tu vida― contestó― no eres el primero ni el último al que han dejado y por ello como tu amigo te ruego que intentes borrarla de tu memoria.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Cómo si fuera tan fácil!― protesté destrozado― Todo me recuerda a ella. Madrid, el barrio, mi casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Joder, ¡pues vete a otro sitio! A la playa, al campo…― estaba respondiendo cuando de pronto se acordó de un pequeño pueblo del que le habían hablado por su belleza y que están situado en las faldas de un volcán: ― …o a un lugar fuera de España.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por su tono supe que me iba a proponer un destino y adelantándome, le pregunté en qué había pensado:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Uno de mis clientes ha remodelado un hotelito rural muy cerca del Turrialba y sé que si le pido que te haga un precio especial, lo hará encantado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Dónde eso? Te juro que no sé de qué hablas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi agente a carcajada limpia, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―En Costa Rica. El Turrialba es un volcán y por lo que sé, la zona es impresionante.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Estás de coña!― repliqué.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero entonces sin dar su brazo a torcer, Alberto me describió la finca y los alrededores como una especie de edén paradisiaco alejado de la civilización y en mitad de la selva. Su entusiasmo me convenció y antes de dejar que me echara atrás, llamó a su conocido y acordó que me quedara ahí durante tres meses a cambio de dos cuadros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con todo cerrado, me atreví a reconocerle que no me importaban las diez horas de viaje en avión ni las cuatro por carretera, lo que realmente me echaba para atrás es no estar cerca de Andrea por si se arrepentía y me podía volver.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estas idiota, esa puta ha cazado a ese ricachón y no va a soltarlo hasta que consiga su dinero― contestó encolerizado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Asumiendo nuevamente que decía la verdad, llamé a una agencia de viajes y contraté el primer vuelo que saliera hacia San José.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Costa Rica era uno de los pocos países hispanoamericanos que no conocía y por eso al llegar me sorprendió no sólo su nivel de vida sino la alegría que parecía un rasgo común en todos sus habitantes</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aun así me pareció una ironía el lema con el que se publicitaban en el resto del mundo porque mientras se hartaban de decir “pura vida” en mi caso era “puta vida”.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Molesto con el universo y cagándome en los muertos de mi agente, recogí el todoterreno que había alquilado para mi estancia en esas tierras. Pero fue al meter la dirección de la hacienda a la que iba en el GPS cuando el ánimo se me cayó a los pies:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tres horas para recorrer setenta y cinco kilómetros― exclamé en el enorme Toyota de alquiler: ―Debe de estar mal― me dije tratando de auto convencer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desgraciadamente la realidad confirmó los negros augurios de ese siniestro aparato por qué a los diez kilómetros de la capital, la autopista terminó dando paso una pequeña y mal asfaltada carretera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Menuda mierda», protesté quince minutos después al comprobar en la pantalla que debía meterme en un camino de tierra y por ello haciéndome al arcén busqué otro trayecto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Fue inútil, a mi destino solo se podía acceder por la ruta que me había marcado inicialmente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Solo quedan cincuenta kilómetros», pensé mientras arrancaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El hijo de perra de Murphy se rio de mí y lo que había empezado mal, empeoró al caer un diluvio universal que ralentizó más si cabe mi paupérrimo ritmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡No puede ser!», amargamente protesté cuando tuve que poner las reductoras tras una advertencia del vehículo al deslizarse peligrosamente en una curva, «¡Voy a menos de veinte kilómetros por hora!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La situación no era preocupante.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tienes gasolina, agua y teléfono. Estas en un país conocido por su seguridad y lo máximo que te puede ocurrir es quedarte tirado», mascullé de mal humor justo cuando de improviso la lluvia terminó y un sol de justicia apareció entre los árboles.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con nuevos bríos afronté el resto del camino, bríos que se fueron convirtiendo en hastío con el paso del tiempo hasta que cuatro horas y diez minutos después de salir del aeropuerto, llegué a mi destino.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Qué maravilla!― exclamé al contemplar la hacienda en la que iba a pasar esos tres meses.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Y no era para menos porque nadie me había dicho que era un palacio tipo colonial solo comparable con el impresionante entorno en el que estaba situado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Acababa de apagar el todoterreno cuando mi sorpresa se incrementó al observar que del interior de esa mansión salía una diosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¿Quién será?», me pregunté babeando mientras esa belleza se acercaba meneando su trasero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pocas veces había contemplado algo tan sensual ni tan bello como esa desconocida bajando las escaleras. Su pelo incrementaba el atractivo de unos ojos tan negros como la noche. Pero fue al verla sonreír cuando mi corazón amenazó con detenerse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Debe de ser de mi edad», dije para mi mientras trataba de recuperar la respiración, calculando que debía rondar los treinta y tantos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ajena al exhaustivo escrutinio al que la estaba sometiendo, alargó su mano mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soy Soledad, la directora de “El Quemado”. Usted debe ser Mateo Cienfuegos, el famoso pintor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Azorado por ese inesperado piropo, negué esa fama mientras estrechaba su mano y entonces cometí un error del que no tardé en arrepentirme, intenté saludarla a la manera española, es decir con un beso en la mejilla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué tipo de mujer cree que soy?― espetó al sentir que invadía su espacio vital.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A pesar de mis disculpas, la cordialidad había desaparecido de su rostro siendo sustituida por una frialdad que me hizo entumecer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tiene su habitación lista, sígame― comentó con tono gélido sin esperar a que recogiera las maletas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Convencido de haber mancillado de alguna forma el honor de esa mujer tomé mi equipaje y corriendo por los pasillos, la seguí sin intentar otra conversación que la habitual entre un gerente de hotel y un huésped. De forma que en silencio dejé que me mostrara el cuarto que me había preparado sin expresar la satisfacción que me produjo la intensidad de la luz que se colaba por las ventanas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Es un sitio ideal para pintar», sentencié mientras profesionalmente Soledad me enseñaba la enorme cama King Size con la que estaba dotada esa habitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tampoco me llamaron la atención ni el lujoso jacuzzi del baño añejo ni el despacho reservado para mi uso porque estaba obnubilado observando los diferentes colores del paisaje selvático que se divisaba desde sus ventanas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Todo lo que ve es parte de la finca― con voz gélida me espetó la morena al ver el poco caso que hacía a su explicaciones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Es imposible―alcancé a decir mientras me hacía una idea de la complejidad que sería plasmar esas tonalidades en un lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Soledad malinterpretó mi respuesta y con una mezcla de orgullo y desdén replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―El Quemado abarca mil quinientas hectáreas de bosque tropical. Pocas fincas en el país pueden comparársele por la riqueza de sus maderas y la diversidad de su fauna.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como artista me la sudaba el aspecto económico o medio ambiental de ese paisaje, estaba fascinado con su belleza. Por eso no me digné a contestarla y sacando por primera vez en meses mi cuaderno de dibujo, me puse a dibujar un primer bosquejo de esa vista.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―La cena es a las ocho. Por favor sea puntual― dijo con aspereza al comprobar que me había olvidado de su presencia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Hoy comprendo que esa monada hubiese dado por supuesto que era un cretino pero ese día estaba tan alucinado por mis ganas de pintar que no comprendí que me había portado como un maleducado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Es más absorto en el dibujo, se me pasó el tiempo sin darme cuenta y ya habían dado las ocho y media cuando caí en que llegaba tarde.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, va a pensar que lo he hecho a propósito».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No me equivocaba por que al llegar al comedor, el cabreo de Soledad se masticaba en el ambiente. Y por segunda vez en esa tarde tuve que disculparme. Como en la ocasión anterior, no sirvió de nada porque esa morena no me quiso escuchar y si me hablo fue para preguntar lo que quería de cenar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Menudo cabreo tiene la condenada», murmuré para mí mientras le contestaba que algo ligero porque estaba agotado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La costarricense me miró sin rastro de compasión y pasando mi comanda a una de las camareras, me dejó solo cenando sin despedirse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Hasta mañana― alcancé a escuchar antes de verla desaparecer por la puerta…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>2</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">El cansancio del viaje me hizo caer rendido sobre la cama y aunque mi intención era quedarme trabajando hasta las diez para recuperarme del Jet-Lag, en cuanto puse mi cabeza sobre la almohada me dormí. Por primera vez en meses, mi sueño fue profundo y sin altibajos, de forma que el amanecer me encontró descansado y con ganas de pintar. Mirando el reloj, comprendí que tenía que hacer tiempo durante dos horas:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Puedo dar una vuelta por la zona hasta que a las siete abran el comedor», pensé mientras ataba los cordones de mis zapatillas. Ya listo cogí una cámara de fotos y salí de esa mansión.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Los dieciocho grados de temperatura a esa hora me hicieron temer que una vez avanzase la mañana, el calor se haría insoportable. Por ello me alegró haber salido tan temprano y sacando mi móvil, comprobé que funcionaba el navegador. Tras lo cual sin miedo a perderme, me adentré en la selva a través de una senda que nacía a pocos metros del hotel.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El verde esmeralda de esa arboleda me engulló sin permitir que mi vista se extendiera a lo lejos pero eso en vez de molestarme, me cautivó al descubrir una variedad de flores y plantas de indudable belleza y que a los que los ojos de un europeo parecían de otro planeta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Son increíbles», murmuré para mí mientras fotografiaba todo lo que tenía a mi alcance.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nada quedó sin ser inmortalizado, desde un enorme hormiguero a unas primorosas orquídeas fueron objeto de mi teleobjetivo. Cuando después de una hora mi entusiasmo amenazaba con decaer, de improviso vi que se abría un hueco en esa floresta y al cruzarlo, me encontré de bruces con el paisaje más cautivante que jamás había contemplado. Confieso que me quedé anonadado al observar esa cascada y la pequeña laguna que se formaba a sus pies.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No puede ser cierto― murmuré frotándome los ojos incapaz de creer que algo tan extraordinario pudiese existir.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Parecía el resultado del trabajo del genio de un paisajista. Dos enormes jacarandas con sus flores rojas eran el marco de entrada a ese paraíso. Conteniendo la respiración no fuera a desaparecer, me acerqué a comprobar esas cristalinas aguas. Ya en la orilla comprendí que ese lago rebosaba de vida al ver los perfiles plateados de multitud de peces.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esto merece por si solo una exposición», resolví mientras guardaba en mi teléfono la localización exacta de ese emplazamiento para poder volver pertrechado con todo lo necesario para plasmarlo en lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Deseando coger mis pinceles, busqué el camino de vuelta al hotel y para mi sorpresa, descubrí que estaba a menos de un kilómetro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Debo de haber estado dando vueltas a su alrededor», asumí mientras me orientaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Diez minutos después, estaba entrando por la puerta cuando me topé con la directora. Estaba tan feliz por el provecho de mi paseo que, al ver que me miraba con cara avinagrada, me hizo gracia y queriendo vengar el modo en que me trataba, la saludé diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Cuando ayer la conocí, creí que nada podía competir con su belleza pero me equivoqué: ¡El Quemado es todavía más bello!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque mi ataque contenía implícito un piropo, no preví que esa bruja se pusiera colorada y menos que saliera huyendo por la escalera sin decir nada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Qué tía más rara!», zanjé sin darle mayor importancia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras lo cual, me dirigí al comedor a desayunar opíparamente para así no tener que parar por hambre si tal y como esperaba me daban las horas pintando. Afortunadamente María, la camarera regordeta de la noche anterior, me informó que me habían preparado un desayuno típico costarricense con gallo pinto, huevos, plátano maduro, carne en salsa y tortillas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Nada más?― comenté muerto de risa porque al contrario que en ese país, mi costumbre era tomar únicamente un café y como mucho unas tostadas</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena cazó al vuelo que iba de broma y sonriendo de oreja a oreja, replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Primero acábeselo y luego hablamos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La naturalidad de esa muchacha me gustó y entablando conversación con ella, me enteré que las tres cuartas partes de los hombres del pueblo más cercano trabajaban en la hacienda bajo el mandato de Soledad que además de dirigir el hotel, controlaba la gestión de toda la plantación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Los compadezco― comenté en plan de guasa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> María no entendió a qué me refería y al explicar que teniendo de jefa a ese témpano de hielo el trabajo allí debía ser un infierno, muy ofendida me replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Se equivoca con la patrona. Doña Soledad es una bendición para este pueblo. Desde que se quedó viuda, no solo ha sacado adelante la plantación que le dejó su marido sino que se ha convertido en el sostén de las mujeres pobres de la zona. Nadie sabe lo que hubiese sido de nosotros si ella no estuviera aquí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La adoración con la que hablaba de su jefa me impactó al no concordar con la imagen preconcebida que tenía de esa mujer. De ser cierto lo que decía, me había equivocado totalmente con ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «La tiene en un altar», asumí y tratando de sacar más información de esa regordeta porque no en vano me acababa de informar que ella era “mi cliente”, decidí aprovechar su naturaleza charlatana. Por eso le pedí que disculpara mi torpeza porque había hablado sin saber y que hasta ese momento, nadie me había contado que Soledad había perdido a su marido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi interés por su jefa no le pasó inadvertido y con todo lujo de detalles, me explicó que enviudó a raíz de un accidente de avioneta y que una vez sola, había conseguido salir adelante sin ayuda de nadie.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Hace cuantos años ocurrió?― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Se tomó unos segundos en contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Su hija era una niña por lo que debe de hacer unos diez años.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que ese monumento de hielo fuera capaz de enfrentar con entereza una desgracia entraba dentro de mis esquemas pero que fuese madre no me lo esperaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Menuda sorpresa», dije para mí cada vez más interesado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desafortunadamente, me quedé con las ganas de seguir averiguando cosas de ella porque desde la cocina llamaron a la camarera cortando de plano la conversación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No importa», pensé mientras salía hacia mi cuarto: «ya tendré tiempo de enterarme quien es realmente esa belleza».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Acababa de recoger todos mis bártulos cuando nuevamente me encontré con la dueña y señora de la hacienda pero en esta ocasión al verme con el caballete, el lienzo y demás instrumentos, me preguntó si iba a volver a comer. Al contestarla que no creía porque pensaba pasarme el día pintando, llamó a la cocina y les ordenó que me prepararan un almuerzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Muchas gracias― respondí extrañado de su actitud, ya que aunque mantuvo en todo momento el rostro serio, creí adivinar una cierta cordialidad en su trato.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Lo más raro fue que una vez me trajeron esa bolsa con comida y agua, Soledad se dio cuenta que tendría que hacer dos viajes y sin preguntar mi opinión pidió a un mozo que me acompañara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Definitivamente esta tía es bipolar», murmuré mientras salía rumbo a la laguna…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>3</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mucha gente puede suponer que pintar un cuadro es una tarea fácil pero no es así. Quién se haya enfrentado ante un lienzo en blanco sabe de lo que hablo. Antes de siquiera pensar en coger el pincel, el verdadero artista invierte horas en buscar lo que realmente quiere expresar en su obra. Docenas sino cientos de bocetos se realizan en papel intentando dar con el encuadre, la luz y la orientación justa antes de intentar plasmar su idea en tela.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Eso fue lo que me ocurrió ese día. Estaba tan entusiasmado con ese paraje salvaje que me pasé gran parte de la mañana intentando decidir con que parte de ese paraíso debía empezar. Las ideas se arremolinaban en mi mente y tan pronto comenzaba a hacer un bosquejo de los rayos de sol filtrándose a través de la espesura como de pronto cambiaba de objetivo y me ponía a dibujar una flor en particular.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tengo que centrarme», pensé al verme, tras una época de sequía, pletórico y con cientos de ideas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desgraciadamente todo a mi alrededor me resultaba digno de ser interpretado por mi arte y dejarlo para la posteridad. Por ello ya eran cerca de las doce cuando me di por vencido y decidí volver a coger la cámara para en la soledad de mi habitación analizar las imágenes y tomar la decisión de por dónde empezar. Recuerdo que estaba tomando una panorámica del lugar cuando escuché unas voces adolescentes acercándose y sin saber que me indujo a hacerlo, me escondí mientras maldecía su interrupción.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Los culpables resultaron ser dos crías de la zona que venían a bañarse en la laguna. Juro que su presencia me parecía un sacrilegio, una mancha que echaba por tierra la naturaleza impoluta de ese edén. Por ello en un principio no me fijé en la indudable belleza de sus cuerpos juveniles cuando despojándose de la ropa se pusieron a nadar en bikini alterando irremediablemente el entorno.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Todo eso cambió cuando ajenas a estar siendo observadas por un forastero, las chavalas se dejaron llevar por la inocencia que daban sus pocos años y comenzaron a jugar a mojarse la una a la otra. La alegría que transmitían con sus risas me pareció adorable y aprovechando que tenía en mi mano la cámara, comencé a retratarlas discretamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sintiéndome un voyeur utilicé mi teleobjetivo para buscar el enfoque y fue entonces cuando me percaté que eran dos bellezas de mujer y que había encontrado las musas que llevaba tantos meses añorando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Son la dulzura personificada», murmuré mientras iba acercándolas en la pantalla e inconscientemente me centraba en el contraste de la blancura casi nívea de la que parecía más joven y la piel morena de la mayor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Obsesionado con ellas, no paré de fotografiar sus cuerpos compitiendo mientras se hacían aguadillas sin tener constancia en ese momento de la brutal sensualidad que trasmitían esos pechos al rozarse entre ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Las intrusas estuvieron jugando más de media hora en esas cristalinas aguas hasta que ya cansadas decidieron tomar el sol sobre una piedra. La primera en salir de la laguna fue la rubia y al hacerlo me quedé casi sin respiración al observar la perfección de sus curvas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Es preciosa!», exclamé en silencio mientras grababa en mi memoria y en la de la cámara el caminar de esa leona de larga melena clara, «debe tener veinte años».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con mi corazón bombeando a mil por hora, admiré desde mi escondite su impresionante trasero sin dejar de pulsar el botón que sin desearlo esa noche me permitiría revisar hasta la extenuación la gloriosa sensualidad de sus nalgas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No he visto nada igual», certifiqué aproximando la imagen como si la tuviese a escasos centímetros de mi cara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No tardé en pasar de la dureza de sus glúteos a la exuberancia de sus senos y con auténtico frenesí, capturé el discurrir del profundo canal que discurría entre ellos mientras mi conciencia me pedía que parara porque era insano la atracción que estaba sintiendo por esa muchacha recién salida de la adolescencia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Dejando al lado esos reproches, continué inmortalizando el busto de la desconocida dejando patente que tanto tiempo en el agua había endurecido sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Quien los tuviera en la boca!», sentencié ya totalmente excitado al soñar que algún día serían míos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estaba todavía salivando con esa imagen cuando la morena salió del agua. La diferencia de edad con su amiga no fue óbice para que mi propia calentura me azuzara a buscar captar la sensualidad que transmitía y sin pensármelo dos veces, con el zoom busqué el lado más erótico de la recién llegada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ignorando mi presencia, la muchacha me lo puso fácil porque mientras trataba de encontrar postura en la roca me deleitó con unas instantáneas en las que parecía ir a abalanzarse sobre su compañera. Sabiendo que estaba infringiendo todo tipo de moral, me concentré en sus gruesos labios y en el exotismo de sus ojos negros antes de pasar a fotografiar sus pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Más pequeños que los de la rubia me parecieron igualmente atractivos debido a que por su edad y su tamaño la gravedad no había hecho estragos en ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Parecen los cuernos de un toro», mascullé para mí al comparar su delicada forma con los pitones de esa bestia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Deslizando mi objetivo por su cuerpo comprobé la ausencia de grasa abdominal pero reconozco que me quedé obnubilado al contemplar el modo en que su cintura se ensanchaba para dar entrada a sus caderas. Temiendo no tener otra oportunidad, perpetué su trasero centrándome en la forma en que el estrecho bikini desaparecía entre sus nalgas mientras ese primoroso ejemplar de raza mestiza se daba la vuelta para que el sol terminara de secarle la espalda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Alberto se va a quedar alucinado cuando le mande los primeros bocetos», pensé mientras seguía tomando fotos de mis inesperadas modelos, «siempre me ha dicho que mis cuadros adolecen de falta de pasión».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al cabo de un rato las dos crías se dieron cuenta de la hora y cogiendo su ropa, desaparecieron de mi vista. Ebrio de emoción esperé un tiempo prudencial antes de volver al hotel por temor a toparme con ellas y que sospecharan que había descubierto su guarida secreta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya en mi habitación descargué la memoria en el ordenador y comencé a revisar los cientos de instantáneas que había hecho esa mañana. Reconozco que pasé por alto todas aquellas que plasmaban la belleza del lugar y estudié con detalle en las aparecían mis musas. Excitado, obsesionado y ciego de lujuria repasé una por una, deleitándome en el erotismo que manaba de sus juegos y eligiendo una me puse a plasmar mi idea sobre un papel.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Incomprensiblemente ese día todo me salía bien y al cabo de dos horas había rellenado dos cuadernos con dibujos subidos de tono de mis “princesas”. Particularmente estaba encantado con uno en el que había trasformado el inocente momento en el que la morena estaba acomodándose al lado de su amiga en una alegoría del amor lésbico entre dos mujeres, dotando al modo en que miraba a la rubia de un deseo tan brutal como prohibido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Por este tengo que empezar», me dije tras comprobar la fuerza onírica que tendría para los que una vez terminado lo contemplaran.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sin más dilación, tracé el primer bosquejo sobre el lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Jamás he sido partidario de la pintura rápida y mis cuadros eran reflejo de ellos. Mi gusto por el detalle me hacían acercarme peligrosamente al hiperrealismo y solo el aspecto onírico que impregnaba a mis obras lo alejaban de ese tipo de arte. Aun así a la hora de cenar ese trozo de tela había dejado de ser blanco y cualquiera que conociera a esas chavalas las hubiera reconocido de inmediato. Por ello antes de dirigirme al comedor y temiendo que un indiscreto echara un ojo a mi creación preferí taparlo, no fuera a ser que me causara problemas con la gente del lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi satisfacción era inmensa al sentirme nuevamente un artista y no un fracasado. Quizás por ello, al llegar al restaurante y ver a el gesto poco amigable de doña Soledad no me importó. Es más queriendo demostrarle lo poco que me afectaba su sequedad, me atreví a decirle con tono divertido:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Señora, ¿algún día me va a permitir retratarla? Es una pena que el resto del mundo no conozca el tesoro que esconde esta hacienda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como siempre había ocurrido, observé que al oír mi piropo sus mejillas adquirían sin querer una tonalidad rojiza antes de darse la vuelta ignorándome.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Aunque era broma, no me importaría pintarla», me dije al girarme y ratificar que la indudable belleza madura de su rostro iba acompañada por unas posaderas que lejos de afearla, realzaban su atractivo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Dios debió pensar en mí el día en que repartió tantos dones entre las mujeres de esta zona», murmuré mentalmente mientras elegía una mesa alejada de la entrada…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>4</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Estaba mirando la carta cuando María llegó y con su desparpajo habitual comentó que si tenía hambre tenía la obligación de probar el “casado” que había preparado la cocinera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Prefiero las casadas― respondí en plan de guasa sin prever que la camarera soltara una carcajada que retumbó en toda la sala.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Los otros huéspedes se nos quedaron mirando tratando de averiguar el motivo de las risas de esa morena. Aunque solo fueron unos segundos, me pareció una eternidad el tiempo que esa mujer tardó en recobrar la compostura y por eso cuando me explicó que el casado era un plato costarricense compuesto por un montón de ingredientes, estaba tan cortado que ni siquiera la escuché.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me parece bien― respondí deseando que desapareciera rumbo a la cocina y dejar de ser el centro de las miradas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A pesar de ejercer una profesión en la que la intercomunicación con los clientes es básica, soy bastante tímido y por eso cuando me atreví a mirar a mi alrededor, me sorprendió observar que una cuarentona de buen ver me sonreía. Al comprobar que era a mí devolví la sonrisa sin mayor intención que ser educado pero esa castaña interpretó ese gesto como una invitación y cogiendo su bolso, se acercó hasta mi mesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soy Patricia― dijo extendiendo su mano hacia mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No queriendo cometer dos veces el mismo error evité saludarla con un beso en la mejilla, únicamente se la estreché y mientras veía que se sentaba sin haber sido invitada, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> –Mateo, desde que Soledad me contó que iba a quedarse con ella su pintor favorito, tenía ganas de conocerte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Y eso?― contesté intrigado por el supuesto fervor que la dueña de todo ese paraje sentía por mi pintura.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aprovechando que le había dado entrada con mi pregunta, se relajó en su silla mientras me comentaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Durante nuestro último viaje a España, acudí con Sole a una exposición grupal de pintura y mi amiga se quedó tan impresionada con sus cuadros que se compró uno.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Deseando saber cuál era, le pregunté si sabía su título:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ni idea― respondió pero entonces sacando su móvil me dijo: ―Creo que tengo un selfie en el que sale.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras revisar unos segundos en su teléfono, lo encontró y pasándomelo, dijo con voz pícara:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Siempre me ha parecido un poco fuerte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reconozco que me quedé pasmado al enterarme que esa mujer había sido la valiente que se había atrevido a comprar la que consideraba mi obra más erótica hasta el momento y que no era otra que el retrato de mi ex novia desnuda llamándome desde la cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Qué curioso!», musité mentalmente al no cuadrarme que encima tuviese el valor de colgarlo en el salón de su casa, teniendo en cuenta el lujo de detalles con el que había plasmado tanto el cuerpo de mi musa como mi trasero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estaba todavía pensando en ello cuando la indiscreta mujer me preguntó quién era la modelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Alguien de mi pasado que amé― respondí escuetamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soledad siempre ha dicho que le entusiasma porque se nota el amor con el que el autor pintó a la muchacha y que más que una invitación de ella para llevarlo a la cama, era la expresión inconsciente del deseo del artista por ser amado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Yo no lo hubiese expresado mejor― repliqué confirmando de ese modo que esa interpretación era la correcta en vista a como habíamos terminado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando Patricia dejó claras sus intenciones cuando me preguntó si aceptaba encargos. Antes de contestar observé que bajo su blusa habían emergido dos pequeños volcanes y recreando mi mirada en ellos quise saber qué tipo de cuadro deseaba que le pintara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sin ningún tipo de rubor, la mujer respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Quiero un retrato mío desnuda antes que la edad haga mella en mi cuerpo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Azuzado por la expresión llena de lujuria de sus ojos, no pude negarme. Es más sabiéndome al mando, le hice saber que de aceptar y aunque estaba abierto a sugerencias, sería yo quien eligiera el modo de plasmarla en el lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Recibió mis palabras con alegría y tras cerrar conmigo el precio, me prometió total libertad diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Te juro que no pondré objeción alguna a tus deseos. Por tener un cuadro pintado por ti, soy capaz de modelar atada a una cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tomo nota― contesté de broma suponiendo que había sido una exageración de su parte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero entonces la cuarentona se descubrió ante mí al insistir en el tema:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿En serio me pintarías amordazada e indefensa?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Adivinando que más que un deseo era una necesidad, quise saber si tras esa fachada de dama se escondía una sumisa y por eso arriesgándome a que montara un escándalo, acercando mi boca a su oído susurré:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ese tipo de encargo, tiene un coste extra. Si quieres algo así, quítate las bragas y dámelas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El gemido que salió de su garganta afianzó mi impresión de hallarme ante una mujer esclava de una sexualidad desaforada y no queriendo que se lo pudiese pensar, le exigí que me las diera inmediatamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Aquí?― respondió con los ojos como platos llena de pavor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero al ver que me mantenía firme en mi postura, maniobrando por debajo del mantel se las quitó y disimuladamente me las dio. Decidido a forzar su claudicación y que se revelara como una hembra necesitada de dueño, cogí esa coqueta prenda entre mis dedos y extendiéndola sobre la mesa, insistí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Te gustaría que las oliera?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con la respiración entrecortada dudó unos instantes y tras mirar a su alrededor y comprobar que nadie nos miraba, dijo con su voz cargada de emoción al saber que con ello firmaba su rendición:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me encantaría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Satisfecho que hubiese caído por voluntad propia en mis garras, decidí usar el poder que ella misma me había entregado al decir:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Todo en la vida tiene un precio: quiero verte masturbándote mientras lo hago.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Confieso que me sorprendió la facilidad con la que aceptó mi orden pero aún más que en su rostro apareciera una sonrisa mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Será un placer, amo― tras lo cual escondiendo su mano de la vista de todos, se acomodó en la silla y comenzó a tocarse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La llegada de la camarera con nuestros platos la puso a prueba y nuevamente demostró que quería estar a la altura porque en ningún momento hizo ademán de sacarla sino que incluso me percaté que incrementaba la velocidad con la que torturaba su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Muchas gracias, María― comenté a la camarera al advertir que miraba alucinada tanto a mi invitada como a la prenda de encaje que lucía al lado de mi tenedor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esperé un momento a que se fuera y con una sonrisa de oreja a oreja, comenté a mi inesperada adquisición:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿No tendrás ninguna duda que se ha dado cuenta de lo que hacías?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sé que me ha visto― contestó con un brillo en sus pupilas que me hizo saber que la había excitado el hecho de ser pillada en esa situación tan incómoda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Dando por sentado que además de sumisa, esa mujer era exhibicionista, premié su desempeño llevando sus bragas a mi nariz. Ese gesto fue el detonante de su placer y mordiendo sus labios para no gritar, se corrió ante la presencia del que sabía que sería su dueño mientras durara mi estancia en esa región.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El silencioso orgasmo de la castaña azuzó mi lado dominante, por ello mientras dejaba de olisquear esa prenda y me la guardaba en el bolsillo, dejé caer que me gustaban las putas sin pelos en el coño. Ese insulto claramente dirigido a ella no la importó y temblando todavía de placer, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Esta misma noche me lo afeitaré para que no tenga queja.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Habiendo conseguido todo lo que me proponía la dejé descansar y cambiando de tema, le pregunté de qué conocía a la dueña de esa hacienda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Amo, la conozco desde niñas. Fuimos juntas a la misma clase.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que siguiera dirigiéndose a mí con ese apelativo cuando claramente había dejado de comportarme como tal, me intrigó y al preguntárselo, Patricia contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Usted es el primero en conocer mi secreto, ni siquiera mi ex marido lo sabe y para mí es una liberación poderle llamar así.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Estás divorciada?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Gracias a Dios así es, no sabe lo aburrido que era vivir con un hombre que no ejerciera como tal y que tuviese que ser yo quién llevara las riendas de todo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Descojonado por esa respuesta, repliqué:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Conmigo las únicas riendas que llevarás serán las de tus bridas cuando te monte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esa nada sutil promesa desbordó a la mujer y comportándose como una verdadera lunática, me pidió permiso para volver a masturbarse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ahora vamos a comer, tengo hambre― respondí advirtiendo por primera vez la barbaridad que me habían puesto para cenar ya que en mi plato no solo había arroz con frijoles sino también plátano, col e incluso carne.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Poniendo un puchero, aceptó mi orden y se puso a cenar con apetito mientras me miraba con una devoción que jamás había visto en ninguna de mis parejas. Por mi parte, la amistad de esa mujer con doña Soledad me tenía confundido y empecé a valorar si la rudeza con la que me trataba no escondería una personalidad parecida a la de su amiga.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No puede ser», medité mientras saboreaba el estupendo pero excesivo platillo, «no hubiese sido de sacar una hacienda como esta adelante».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A partir de ese momento, decidí que debía intentar acercarme a esa enigmática mujer para descubrir cómo era y sabiendo que de conocer que Patricia se había entregado a mí, nunca se produciría ese acercamiento, la ordené que no se lo dijera y que frente a los demás, se comportara normalmente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Así lo haré, amo― prometió.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Curiosamente, a partir de ese momento, la castaña me hizo caso y desmelenándose, me demostró que era una mujer lista y divertida con la que pasé una hora muy entretenida mientras terminábamos de cenar. Solo al llegar el postre y acercarse el momento de decir adiós, me pasó su dirección en un papel diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Mañana su sucia putita esperará ilusionada que su dueño la pinte en su casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Solo pintarte?― pregunté soltando una carcajada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Bajando sus ojos en plan coqueto, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Si tiene tiempo y ganas me encantaría que me obligara a entregarme a usted.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras despedirme de ella en el hall del hotelito, subí directamente a mi habitación. Al llegar y ver en el reloj que era temprano, el estado de ebullición de mis neuronas fue productivo porque en vez de abocarme a rememorar el día haciéndome una paja, decidí sacar el cuadro que tenía a medias y ponerme a pintar. Me consta que la dosis de testosterona que me había inyectado en vena tuvo bastante que ver con la sensualidad con la que exageré el tamaño de los pezones de la morena. Juro que no fue mi intención pero mientras perfilaba los músculos de mi involuntaria modelo, los dibujé en tensión dando la impresión visual que era una pantera lista para lanzarse sobre su presa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En cambio a la rubia la dibujé durmiendo y relajada ajena a que en breves momentos iba a ser despertada violentamente por la lujuria de su amiga. En ella mi pincel resaltó la palidez de su piel y solo me permití añadir unas gotas sobre su pecho que ir en concordancia con su empapado pelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Eran casi la una de la madrugada cuando alejándome dos pasos del cuadro, lo miré complacido al saber sin ningún género de dudas que era de lo mejor que nunca había pintado y decidí dejarlo hasta el día siguiente antes de darle fin al firmarlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tiene fuerza, potencia, sensualidad», sentencié y cerrando los ojos me dormí…</span></p>
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		<title>&#8220;Mi nueva criada negra&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (por Golfo)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2026 07:19:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B012Y10VTC"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18610" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2.png" alt="" width="2968" height="1112" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2.png 2968w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2-300x112.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2-768x288.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-criada2-1024x384.png 1024w" sizes="(max-width: 2968px) 100vw, 2968px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 24pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Una amiga viendo que era un desastre, me contrata una criada para que al menos organice la pocilga que es mi casa. Sin saber que la presencia de Meaza, cambiaría para siempre mi vida al descubrir junto a ella una nueva clase de erotismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B012Y10VTC">http://www.amazon.es/gp/product/B012Y10VTC</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 24pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo uno.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">-Necesitas alguien fijo en tu casa- dijo Maria viendo el desastre de suciedad y polvo que cubría hasta el último rincón de mi apartamento.-Es una vergüenza como vives, deberías contratar a una chacha que te limpie toda esta porquería.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Traté de defenderme diciéndola que debido a mi trabajo no lo uso nada más que para dormir pero fue en vano. Insistió diciendo que si no me daba vergüenza traer a una tía a esta pocilga, y que además me lo podía permitir. Busqué escaparme explicándole que no tenía tiempo de buscarla ni de entrevistarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No te preocupes yo te la busco-soltó zanjando la discusión.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mi amiga es digna hija de su padre, un general franquista, y cuando se le mete algo entre ceja y ceja, no hay manera, siempre gana. Suponiendo que se le iba a olvidar, contesté que si ella se ocupaba y no me daba el tostón, que estaba de acuerdo, y como tantas otras cosas, mandé esta conversación al baúl de los recuerdos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por eso, cuando ese sábado a las diez de la mañana, me despertó el timbre de la puerta, lo último que me esperaba era encontrármela acompañada de una mujer joven, de raza negra.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Menuda carita- me espetó nada más abrirla y apartándome de la entrada, pasó al interior del piso diciendo: &#8211; Se nota que ayer te bebiste escocia.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué coño quieres?- respondí ya enfadado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Te he traído a Meaza- dijo señalando a la muchacha que sumisamente la seguía: &#8211; No habla español pero su tía me ha asegurado que es muy buena cocinera.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por primera vez me fijé en ella. Era un estupendo ejemplar de mujer. Muy alta, debía de medir cerca de uno ochenta, delgada, con una figura al borde de la anorexia y unos pequeños pero bien puestos pechos. Pero lo que hizo que se derribaran todos mis reparos fue su mirada. Tras esos profundos ojos negros se encerraba una tristeza brutal, producto de las penurias que debió pasar antes de llegar a España. Estaba bien jodido, fui incapaz de protestar y dando un portazo, me metí en mi cuarto, a seguir durmiendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cuando salí de mi habitación tres horas después, mi amiga ya se había ido dejando a la negrita limpiando todo el apartamento. Parecía otro, el polvo, la suciedad y las botellas vacías habían desaparecido y encima olía a limpio.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Coño!- exclamé dándome cuenta de la falta que le hacía una buena limpieza.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Pero mi mayor sorpresa fue al entrar en la cocina y ver el estupendo desayuno que me había preparado. Sobre la mesa estaba un café recién hecho y unos huevos revueltos con jamón que devoré al instante. Meaza, debía de estar en su cuarto, porque no la vi durante todo el desayuno.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Con la panza llena, decidí ir a ver dónde estaba. Me la encontré en mi cuarto de baño. De rodillas en el suelo, con un trapo estaba secando el agua que había derramado al ducharme. No sé qué me pasó, quizás fue el corte de hallarla totalmente empapada, descalza sobre los fríos baldosines, pero sin hablarla me di la vuelta y cogiendo las llaves de mi coche salí del apartamento.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Nunca había tenido ni una mascota, y ahora tenía en casa a una mujer, que ni siquiera hablaba mi idioma. Tratando de olvidarme de todo, pero sobre todo de la imagen de ella, moviendo sus caderas al ritmo con el que pasaba la bayeta, llamé a un amigo y me fui con él a comer a un restaurante.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Alejandro no paró de reírse cuando le conté el lío en que me había metido Maria, llevándome a casa a esa tentación.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No será para tanto- soltó tratando de quitar hierro al asunto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Que sí, que no te puedes imaginar lo buena que está.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Pues, entonces ¿de qué te quejas? Fóllatela y ya.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No soy tan cabrón de aprovecharme- contesté bastante poco convencido en mi capacidad de soportar esa tentación dentro de casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> El caso es que terminado de comer nos enfrascamos en una partida de mus, que al ser bien regada de copas, hizo que me olvidara momentáneamente de la muchacha.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Totalmente borracho, volví a casa a eso de las nueve. No había terminado de meter las llaves en la cerradura cuando me abrió la puerta para que pasara. Casi me caigo al verla únicamente vestida con un traje típico de su país, consistente en una tela de algodón marrón, que anudada al cuello dejaba al aire sus dos pechos. Para colmo, lejos de incomodarse por mi borrachera y su desnudez, me recibió con una sonrisa y echando una mano a mi cintura me llevó a la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Sentir su cuerpo pegado al mío alborotó mis hormonas y solo el nivel etílico que me impedía incluso el mantenerme de pie, hizo que no saltara sobre ella violándola. Solo tengo de esa noche, confusas imágenes de la negrita desnudándome sobre la cama, pero nada más porque debí de quedarme dormido al momento.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> A la mañana siguiente, al despertarme, me creía morir. Era como si un clavo estuviera atravesando mis sienes mientras algún hijo de puta lo calentaba al rojo vivo. Por eso tardé en darme cuenta que no estaba solo en la habitación y que sobre la alfombra a un lado de mi cama dormía la muchacha a rienda suelta.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza usando como almohada su vestido, estaba totalmente desnuda y ajena a mi examen, descansaba sobre el duro suelo. Estuve a punto de despertarla pero algo en mi me indujo a aprovechar la situación para dar gusto a mis ojos. Durante más de media hora estuve explorándola con la mirada. Era perfecta, sus piernas eternas terminaban en un duro trasero que llamaba a ser acariciado. Luego un vientre duro, firme, rematado por dos bellos pechos que se notaba que nunca habían dado de mamar. El pezón negro era algo más que decoración, era como si estuviera dibujado por un maestro. Redondo, bien marcado, invitaba a ser mordisqueado. Y su cara aun siendo negra tenía unas facciones finas, bellísimas. Poco a poco me fui calentando y solo el corte de que me pillara, evitó que me hiciera una paja mirándola.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> De improviso, abrió los ojos. Sus negras pupilas reaccionaron al verme y levantándose de un salto abandonó la habitación. Decidí quedarme en la cama esperando que se me bajara el calentón. Por eso, todavía estaba ahí cuando al cabo de tres minutos, la muchacha volvió con mi desayuno.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> No se había molestado en taparse. Desnuda, me traía en una bandeja, el café y unas tostadas. Sin saber qué hacer, me tapé con la sabanas mientras desayunaba y reconozco que no paré de mirar de soslayo a la muchacha.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Ella, como si fuera lo más natural del mundo, se agachó por su vestido y atándoselo al cuello, esperó arrodillada mientras comía. A base de señas, le pregunté si no quería y sonriendo abrió su boca para que le diera de comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Estaba alucinado, cuando todavía no me había repuesto de ese gesto, vi como sus blancos dientes mordían la tostada tras lo cual su dueña volvió a arrodillarse a mi lado, satisfecha de que hubiese compartido con ella mi comida. Su postura me recordaba a la de una sumisa en las películas de serie B. Con las manos en la espalda y los pechos hacía delante, mantenía su culo ligeramente en pompa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué buena está!», maldije al percatarme que me estaba volviendo a poner cachondo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Tratando de evitarlo, me levanté a darme una ducha fría sin importarme que al hacerlo ella me pudiera ver desnudo. No sé si fue idea mía pero me pareció que ella se quedaba mirándome el trasero. De poco me sirvió meterme debajo de chorro del agua, no podía dejar de pensar en su olor y su cuerpo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «No puede ser», mascullé entre dientes al pensar que aunque nunca había cruzado una palabra con ella y ni siquiera me entendí, me resultara hasta doloroso el comprender en lo difícil que me iba a resultar el respetar la relación criada-patrón si esa niña no dejaba de andar medio en pelotas por la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Al salir de la ducha fue aún peor, Meaza me esperaba en mitad del baño con la toalla esperando secarme. Traté de protestar pero me resultó imposible hacerla entender que quería hacerlo yo solo por lo que al final, no tuve más remedio que dejar que ella agachándose empezara a secarme los pies.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Esto no es normal», sentencié observando sus manos y la tela recorriendo mis piernas mientras su dueña con la mirada gacha miraba al suelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Interiormente aterrorizado de lo que iba a pasar cuando esa mujer llegara hasta mi sexo, me quedé quieto. Al hacerlo, me tranquilizó ver su profesionalidad cuando se entretuvo secando todos y cada uno de mis recovecos sin que en su cara se reflejara nada sexual.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> También os he de decir que aunque Meaza no mostró ningún rubor, mi pene en cambio no pudo más que reaccionar al contacto endureciéndose. La muchacha haciendo caso omiso a mi calentura sonrió y levantándose del suelo terminó de secarme todo el cuerpo para acto seguido salir después con la toalla mojada hacía la cocina.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Parezco nuevo», murmuré avergonzado. Me había comportado como un niño recién salido de la adolescencia. Cabreado conmigo mismo me vestí y saliendo al salón, encendí la tele.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Allí me resultó imposible concentrarme al ver a esa negrita limpiando la casa vestida únicamente con ese trapo. Confieso a mi pesar que aunque lo intenté que estuve más atento a cuando se agachaba que al programa que estaban poniendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Todo es culpa de Maria», sentencié hecho una furia con mi amiga por habérmela traído.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cabreado hasta la medula, cerré los ojos mientras buscaba relajarme. No debía de llevar ni tres minutos en esa postura cuando sentí que tocaban mi pierna. Tardé unos segundos en abrir mis párpados y cuando lo hice me encontré a Meaza hincada a mi lado con un plato de comida entre sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No tengo hambre- dije tratando de hacerme entender.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras le debieron resultar inteligibles porque obviando mis protestas, esa muchacha no hacía más que alargarme el plato.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> &#8211; No quiero- contesté molesto por su insistencia y señalando con el dedo el jamón y el queso, y posteriormente a mi estómago, le hice señas diciéndole que no.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Imposible, la negrita seguía erre que erre.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Coño! ¡Que no quiero!- grité ya desesperado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Entonces ella hizo algo insólito, agarrando mi mano me obligó a coger una loncha para posteriormente llevársela a su boca. Por fin entendí que lo que quería es que le diera de comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Seguramente en su tribu, los hombres alimentan a las mujeres y obligada por su cultura espera que yo haga lo mismo», me dije y pensando que ya tendría tiempo de explicarle que en España no hacía falta, agarré otro trozo y se lo metí en la boca.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Agradecida, esa monada sonrió mostrándome toda su dentadura. Reconozco que estaba encantadora con una sonrisa en la cara y ya más seguro de mí mismo, seguí dándole de comer como a un bebé. Contra todo pronóstico comprendí que era una gozada el hacerlo porque de alguna manera eso me hacía sentir importante. Lo quisiera o no, era agradable que alguien dependiera de ti hasta los más mínimos detalles por lo que cuando se acabó todo lo que había traído, fui al frigorífico a por algo de leche.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cuando volví seguía en el mismo sitio, en el suelo al lado del sillón. Más interesado de lo que nunca había estado con una mujer, acercándole el vaso a los labios, le di de beber. Meaza debía de estar sedienta por que se tomó el líquido a grandes tragos de manera que una parte se le derramó por las mejillas, yendo a caer en uno de sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Juro que lo hice sin pensar, no fue mi intención el hacerlo pero como acto reflejo mi mano recorrió su seno y recogiendo la gota entre mis dedos me lo llevé a mis labios saboreándolo. Sus pezones se endurecieron de golpe al verme chupar mis dedos y con ellos, mi entrepierna. Cuando nuestras dos miradas se cruzaron, creí descubrir el deseo en sus ojos pero decidí que me había equivocado por lo que levantándome de un salto, traté de calmarme, diciéndome para mis adentros que debía de ser un caballero.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Puta madre, ¡es preciosa!- pensé mientras combatía la lujuria que se estaba adueñando de mi cuerpo y sabiendo que eso no podía continuar así y que al menos debía de ir decentemente vestida para intentar que no la asaltara en cualquier momento, la cogí del brazo y la llevé a su cuarto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Una vez allí, busqué algo con que vestirla pero al ver el armario totalmente vacío, descubrí que esa muchacha solo había poseía la blusa y la falda con la que había llegado a casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Necesitas ropa- le dije.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Con los ojos fijos en mí, se echó a reír dándome a saber que no había entendido nada.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> « Es primer domingo de mes», pensé, «luego los grandes almacenes deben de estar abiertos».</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual, la obligué a ponerse esas ajadas pertenencias y la llevé de compras. Mi siguiente problema fue subirla al coche. Asumiendo que sabía hacerlo abrí las puertas con mi mando y me subí para descubrir al sentarme que ella seguía de pie fuera del automóvil.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Joder!- exclamé saliendo y abriéndole la puerta, la hice sentarse.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente en mi asiento y antes de encender el motor, tuve que colocarle el cinturón y al hacerlo rocé sus pechos con mi mano, los cuales se rebelaron a mi caricia, marcando sus pezones debajo de su blusa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Tengo que comprarte un sujetador, ¡me estas volviendo loco! Cómo sigas con tus pechos al aire no sé si podré aguantarme las ganas de comértelos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza, no me entendió pero me dio igual. Me gustaba como sonreía mientras le hablaba y por eso , le expliqué lo mucho que me excitaba el verla. Recreándome en su ignorancia, alabé su maravilloso cuerpo sin parar de decir burradas. Durante unos minutos, se mantuvo atenta a mis palabras pero al salir a la calle y tomar la Castellana, empezó a mirar por la ventanilla señalándome cada fuente y cada plaza. Para ella, todo era nuevo y estaba disfrutando, por eso al llegar al Corte Inglés y meternos en el parking, con un gesto me mostró su disgusto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Lo siento bonita pero hay que comprarte algo que te tape.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Como una zombie, se dejó llevar por la primera planta, pero al tratar de que montara en la escalera mecánica tuve que emplearme duro porque le tenía miedo. Cómo no había más remedio, la obligué y ella asustada se abrazó a mí en busca de protección, de forma que pude oler su aroma penetrante y sentir como sus pechos se pegaban al mío al hacerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué voy hacer contigo?- dije acariciándole la cabeza: -Estás sola e indefensa, y yo solo puedo pensar en cómo llevarte a la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Sentí pena cuando llegamos al final, porque eso significaba que se iba a retirar, pero en contra de lo que suponía no hizo ningún intento de separarse por lo que la llevé de la cintura a buscar ropa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> El segundo problema fue elegir su talla. Incapaz de comunicarme con ella, le pedí a una señorita que me ayudara inventándome una mentira y diciéndole que la negrita era parte de un intercambio y que necesitaba que le comprara unos trapos. Me daba no sé qué, el decirle que era mi criada.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> La empleada se dio cuenta que iba a hacer el agosto a mis expensas y rápidamente le eligió un montón de camisas, pantalones y vestidos, de forma que en poco tiempo, me vi con todo un ajuar en el probador de señoras.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por medio de la mímica, le expliqué que debía de probársela para comprobar que le quedaba. Meaza me miró asombrada, y haciendo un círculo sobre la ropa, me dio a entender que si era todo para ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Si- asentí con la cabeza.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Dando un gritito de satisfacción, se abrazó a mí pegando sus labios a mi mejilla. Se la veía feliz, cuando se encerró en el probador. Ya más tranquilo, esperé que saliera pero al hacerlo lo hizo vistiendo únicamente un pantalón, dejando para escándalo de las mujeres presentes y gozo de sus maridos, todo su torso y sus pechos al aire.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Obviando el hecho que la presencia de hombres está mal vista en un probador de mujeres, la agarré del brazo y me metí con ella. Si no lo hacía, nos iban a echar del local. De tal forma que en menos de dos metros cuadrados estuve disfrutando de la niña mientras se cambiaba de ropa. Pero lo mejor fue que al darle un sujetador, se lo puso en la cabeza, por lo que tuve que ser yo, quien le explicara cómo usarlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Tienes unas tetas de locura- susurré mientras acomodaba sus perfectas tetas dentro de la copa: &#8211; Me encantaría sentir tus pezones en mi lengua y estrujártelas mientras te hago el amor.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> La muchacha ajena a las bestialidades que salían de mi boca, se dejaba hacer confiada en mi buena voluntad. Todavía hoy me avergüenza mi comportamiento pero no pude evitar hacerlo porque estaba disfrutando. Pero todo lo bueno tiene un final y saliendo del probador con Meaza vestida como una modelo, pagué una cuenta carísima alegremente al percibir que hombres y mujeres no podían dejar de admirar al pedazo de hembra que tenía a mi lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Parece una modelo».</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente tuve que abrirle la puerta y de igual forma y aunque la negrita se había fijado como lo había hecho, en plan coqueta dejó que fuera yo quien le abrochara el cinturón. Creo que incluso provocó que nuevamente rozara su pecho al incorporarse mientras lo hacía.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Eres un poco traviesa, ¿lo sabias?- dije mirándola a los ojos sin retirar mis manos de sus senos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Soltó una carcajada como si me entendiera y dándome un beso en la mejilla, se acomodó en el asiento.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Esta mujer está alterando mis neuronas y encima lo sabe- medité mientras conducía.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mirándola de reojo, no podía más que maravillarme de sus formas y la tersura que parecía tener su piel. Sus piernas parecían no tener fin, todo en ella era delicado, bello. Haciendo un esfuerzo retiré mi mirada y traté de concentrarme en el volante al sentir que mi entrepierna empezaba a reaccionar. No sé si ella se dio cuenta de mi embarazo pero tocándome la rodilla, me dijo algo que no entendí.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Yo también te deseo- contesté haciéndome ilusiones. Realmente quería con toda el alma que así fuera.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Como iba a ser un raro espectáculo el darla de comer en la boca en un restaurante, decidí irnos de nuevo a mi apartamento. Al menos allá, nadie iba a sentirse extrañado de nuestra relación. Ya en el garaje de mi casa y habiendo aparcado el coche, la negrita insistió en ser ella quien llevara las bolsas con la ropa.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> «Debe ser lo normal en su país», pensé mientras acptaba que fuera ella quien cargara, tras lo cual y manteniéndose a una distancia de unos dos metros de mí me siguió con la cabeza gacha.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Su actitud me hizo recordar a las indias lacandonas en Chiapas que son ellas las que cargan todo y siguen a su hombre por detrás. Ya en el piso, lo primero que hizo fue acomodar su ropa en su cuarto mientras yo me servía una cerveza helada. Nunca he comprendido a los del norte de Europa, cuando la toman caliente, una cerveza, para ser cerveza, tiene que estar gélida, muerta, fría y si encima se bebe en casa, con una mujer espléndida, mejor que mejor. Ensimismado mientras la bebía, no me di cuenta que Meaza había terminado de colocar sus trapos y que se había metido a duchar, por eso me sobresaltó oír un desgarrador grito proveniente de su cuarto.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Salí corriendo a ver qué pasaba. El tipo de chillido indicaba que debía de ser algo grave por lo que cuando entrando en el baño, me la encontré llorando desnuda pensé que se había caído y nerviosamente empecé a revisarla en busca de un golpe o una herida, sin encontrar el motivo de su grito.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué ha pasado?- pregunté. La muchacha señalando la ducha y posteriormente a su cuerpo, me explicó lo ocurrido. Cuando comprendí que la pobre se había escaldado con el agua caliente, no me pude contener y me destornillé de risa con su infortunio.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cuanto más me reía, más indignada se mostraba. Me había visto duchándome, y no se había percatado de que había que usar las dos llaves, para conseguir una temperatura óptima. Solo conseguí parar cuando vi que no paraba de llorar y sintiéndome cucaracha, por reírme de su desgracia, la llevé a la cama para darle una crema anti-quemaduras.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Ven, túmbate- dije dando una palmada en el colchón.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> La negrita me miraba, alucinada, de pie, a mi lado, pero sin tumbarse. Tuve que levantarme y obligarla a hacerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Quédate ahí, mientras busco algo que echarte- solté en voz autoritaria para que entendiera.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Dejándola en su cuarto, me dirigí a donde tengo las medicinas. Y entre los diferentes tarros, y pomadas encontré la que buscaba, &#8220;Vitacilina&#8221;, una especialmente indicada contra las quemaduras. Cuando volví, Meaza seguía tumbada sin dejar de llorar. Sentándome en la cama, me eché en la mano un poco de pomada, pero al intentar aplicárselo, gritó asustada y encogiendo las piernas, trató de evitar mi contacto. Estaba tan histérica que por mucho que intenté calmarla seguía llorando. Sin saber que hacer pero sobretodo sin pensármelo dos veces le solté un sonoro bofetón. Bendito remedio, gracias al golpe, se relajó sobre las sabanas.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Por primera vez, tenía ese cuerpo a mi completa disposición y aunque fuera para darle crema, no pensé en desaprovechar la ocasión de disfrutar. La piel de su pecho, estómago y el principio de sus piernas estaba colorada por efecto del agua, luego era allí donde tenía que echarle la pomada en primer lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza, tumbada, me miró sin decir nada mientras vertía un poco sobre su estómago, para suspirar aliviada al darse cuenta de efecto refrescante al irla extendiendo por su vientre. Viendo que se le había pasado el miedo y que no se oponía, derramé al menos medio tubo sobre ella, y con cuidado fui repartiéndola.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Aun sabiendo que me iba a excitar, lo hice desesperadamente despacio, disfrutando de la tersura de su piel y de la rotundidad de sus formas. Lentamente me fui acercando a sus pechos. Eran preciosos, duros al tacto pero suaves bajo mis palmas. Sus negros pezones se contrajeron al sentir que mis dedos se acercaban de forma que cuando los toqué, ya estaban erectos, producto pensé en ese momento de la vergüenza.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Quizás debía de haberme entretenido menos esparciendo la crema sobre sus senos pero era una delicia el hacerlo y sin darme cuenta mi pene reaccionó irguiéndose debajo de mi pantalón. Por eso, no caí en que la mujer había apartado su cara para que no viera como se mordía el labio por el deseo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Ajeno a lo que estaba sintiendo, me fui acercando a sus piernas. Quizás era la zona más quemada por lo que abriéndolas un poco, le empecé a untar esa parte. Tenía un pubis exquisitamente depilado, su dueña se había afeitado todo el pelo dejando solo un pequeño triangulo que parecía señalar el inicio de sus labios.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Era una tentación, brutal el estarle acariciando cerca de su cueva, sin hollarla. Varias veces mis dedos rozaron su botón del placer, como si fuera por accidente, pero siendo consciente de que yo cada vez estaba más salido. No dejaba de pensar que mi criada era la hembra con mejor tipo que nunca había acariciado pero que era indecente el abusar de su indefensión. Por eso no me esperaba oír, de sus labios, un gemido.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Al alzar la cara y mirarla, de improviso me di cuenta que se había excitado y que con sus manos se estaba pellizcando los pechos mientras me devolvía la mirada con deseo. Fue el banderazo de salida, sin poderme retener, tomé entre mis dedos su clítoris para descubrir que me esperaba totalmente empapado. La muchacha al sentirlo, separó sus rodillas para facilitar mis maniobras, hecho que yo aproveche para introducirle un primer dedo en su vagina.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Meaza, o bien se había cansado de fingir, o realmente estaba excitada, ya que de manera cruel retorció sus pezones, intentando a la vez que profundizara con mis caricias, presionando con sus caderas sobre mi mano. Acercando mi boca a su pubis, saqué mi lengua para probar por vez primera su sexo. Siempre se habla del olor tan fuerte de los negros, por lo que me sorprendí al descubrir lo delicioso que me resultó su flujo. Mi lengua fue sustituida por mis dientes y como si fuera un hueso de melocotón me hice con su clítoris, mordisqueándolo mientras con mi dedo no dejaba de penetrarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> No sé cuánto tiempo estuve comiéndole su coño, antes que sintiera como se anticipaba su orgasmo. Ella, al notarlo, presionó mi cabeza, con el afán de buscar el máximo placer.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> De pronto, su cueva empezó a manar el néctar de su pasión desbordándose por mis mejillas. Por mucho que trataba de beberme su flujo, este no dejaba de salir empapando las sabanas. Meaza se estremecía, sin dejar de gemir, cada vez que su fuente echaba un chorro sobre mi boca. Parecía una serpiente retorciéndose hasta que pegando un fuerte grito, se desplomó sobre la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¡Menuda forma de correrse!- exclamé al ver que se había desmayado y sin darle importancia aproveché la coyuntura para desnudarme y tumbarme a su lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Tardó unos minutos en volver en sí, tiempo que usé para mirarla como dormitaba. Al abrir los ojos, me dedicó la más maravillosa de las sonrisas, como premio al placer que le había dado y sin mediar palabra, tampoco la hubiese entendido, me besó la cara para acto seguido y sin dejar de hacerlo, bajar por mi cuello recreándose en mi pecho.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mi pene esperaba erguido su llegada, totalmente excitado por sus caricias pero cuando ya sentía su aliento sobre mi extensión, sonó el teléfono. Por vez primera me arrepentí de haber elegido su alcoba, ya que en mi cuarto había una extensión y contra mi voluntad me levanté para ir a descolgarlo al salón al no pararparaba de sonar.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Cabreado contesté diciendo una impertinencia de las mías, pero al percatarme que era María la que estaba al otro lado de la línea, cambié el tono no fuera a descubrirme.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -¿Qué quieres, cariño?- le solté.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Ella me estaba preguntando como me había ido con la muchacha cuando vi salir a Meaza a gatas de la habitación y ronroneando irse acercando adonde yo estaba. No salía de mi asombro al ver como seductoramente se acercaba mientras yo seguía disimulando al teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Bien, es una muchacha muy limpia- contesté a Maria, observando a la vez como la negrita se arrodillaba a mi vera y sin hacer ningún ruido empezaba a lamer mi pene.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Mi amiga, un poco mosqueada, me amenazó con dejarme de hablar si me portaba mal con ella, insistiendo que era una muchacha tradicional de pueblo.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -No te preocupes, sería incapaz de explotarla- dije irónicamente al sentir que Meaza abriendo su boca se introducía toda mi extensión en su interior y que con sus manos empezaba a masajear mis testículos.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Era incómodo pero a la vez muy erótico, estar tranquilizando a Maria mientras su objeto de preocupación me estaba haciendo una mamada de campeonato.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Que sí. No seas cabezota, me voy a ocupar que coma bien- respondí por su insistencia de lo desnutrida que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> -Vale, te dejo, que están llamándome al móvil- tuve que mentir para que me dejara colgar, porque estaba notando que las maniobras de la mujer estaban teniendo su efecto y que estaba a punto de correrme.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Habiendo cortado la comunicación, pude al fin dedicarme en cuerpo y alma a lo importante. Y sentándome en el sofá, me relajé para disfrutar plenamente de sus caricias. Pero ella, malinterpretó mi deseos y soltando mi pene, se sentó a horcajadas sobre mí, empalándose lentamente.</span><br />
<span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"> Fue tanta su lentitud al hacerlo, que pude percatarme de cómo mi extensión iba rozando y superando cada uno de sus pliegues. Su cueva me recibió empapada pero deliciosamente estrecha, de manera que sus músculos envolvieron mi tallo presionándolo. No cejó hasta que la cabeza de mi glande tropezó con la pared de su vagina y mis huevos acariciaban su trasero, entonces y solo entonces se empezó a mover lentamente sobre mí y llevando mis manos a sus pechos me pidió por gestos que los estrujara…</span></p>
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		<title>&#8220;Mi esposa se compró dos mujercitas por error&#8221; (LIBRO PARA DESCARGAR POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Apr 2026 09:32:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Cuando por motivo de trabajo te desplazan a un lugar exótico es importante antes de hacer nada conocer la cultura del país. En caso contrario, ¡es muy fácil meter la pata! Eso le ocurrió a mi mujer al poco tiempo de irnos a vivir a Birmania. Queriendo contratar dos muchachas de servicio, al desconocer la idiosincrasia de esa gente, lo que realmente hizo fue comprárselas. Los problemas surgen cuando esas crías actúan según ellas creen que deben hacerlo y deciden complacer a su dueña. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: https://www.amazon.es/dp/B078N9RCYV PARA QUE PODÁIS HACEROS [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B078N9RCYV"><img decoding="async" width="1024" height="272" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/mi-esposa-se-compró-1024x272.jpg" alt="" class="wp-image-18358" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/mi-esposa-se-compró-1024x272.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/mi-esposa-se-compró-300x80.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/mi-esposa-se-compró-768x204.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Sinopsis:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cuando por motivo de trabajo te desplazan a un lugar exótico es importante antes de hacer nada conocer la cultura del país. En caso contrario, ¡es muy fácil meter la pata! Eso le ocurrió a mi mujer al poco tiempo de irnos a vivir a Birmania. Queriendo contratar dos muchachas de servicio, al desconocer la idiosincrasia de esa gente, lo que realmente hizo fue comprárselas. Los problemas surgen cuando esas crías actúan según ellas creen que deben hacerlo y deciden complacer a su dueña.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B078N9RCYV">https://www.amazon.es/dp/B078N9RCYV</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">PARA QUE PODÁIS HACEROS UNA IDEA OS INCLUYO LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">&nbsp;</span><br><span style="font-size: 14pt;"><strong> INTRODUCCIÓN</strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Cuando por motivo de trabajo te desplazan a un lugar exótico es importante antes de hacer nada conocer la cultura del país. En caso contrario, ¡es muy fácil meter la pata! Eso le ocurrió a mi mujer al poco tiempo de irnos a vivir a Birmania.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Dejando nuestro Madrid natal, nos habíamos desplazado hasta ese lejano país porque mi empresa me había nombrado delegado. Entre las prestaciones del puesto se incluía un magnifico chalet de casi quinientos metros para nuestro uso y disfrute.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Recuerdo que desde que María visitó las reformas de la casa donde íbamos vivir los siguientes cinco años, me avisó que no pensaba ocuparse ella de la limpieza.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Si quieres que vivamos aquí, voy a necesitar ayuda.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Cómo me pagaban en euros y los salarios en esas tierras eran ridículos, no vi ningún inconveniente y le di vía libre para resolver ese problema como considerara conveniente, no en vano ella era la que iba a tener que lidiar con el servicio.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No siendo un tema inmediato por los retrasos en las obras, María aprovechó que durante los dos primeros meses vivíamos en un hotel para conocer un poco la ciudad. Fue durante uno de sus paseos por Yangon cuando conoció a una anciana que siendo natal de ese país, hablaba un poco de inglés. María vio en ella a su salvación y la medio contrató como asesora para todo. De esa forma en compañía de MAung compró los muebles que le faltaban, conoció las mejores tiendas de la ciudad e incluso le presentó a un par de occidentales con las que ir a tomar café. Convencida que había hallado una mina al llegar el momento de la mudanza, también le planteó su problema con el servicio.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Yo conseguir. Mujeres de mi pueblo, dulces, guapas, jóvenes y obedientes. ¿Le parece bien?</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mi mujer que es de la cofradía del puño agarrado, preguntó:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Y cuánto me va a costar al mes?</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―No mes, usted pagar 800 dólares americanos por cada una y luego solo comida y casa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Creyendo que ese dinero era la comisión de la anciana por conseguirle unas criadas y que estas eran de un origen tan humilde que con la manutención se daban por satisfechas, hizo cálculos y comprendió que con que duraran cuatro meses habría cubierto de sobra el desembolso. Por eso y por la confianza que tenía en la mujer, aceptó sin medir claramente las consecuencias.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Me mudo en dos semanas, ¿cree que podré tenerlas para entonces?</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Por supuesto, MAung mujer seria. Dos semanas, mujeres en su casa….</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>CAPÍTULO 1. AUNG Y MAYI LLEGAN A CASA.</strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Tal y como habían quedado a las dos semanas exactas la anciana llegó al chalet con las dos criadas. Debido a mi trabajo, ese día estaba de viaje en China y por eso tuvo que ser María quien las recibiera. Mi señora al verlas tan jovencitas lo primero que hizo fue preguntarle su edad.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La vieja creyendo que la queja de mi esposa era porque las consideraba mayores, contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Veintiuno y dieciocho. Pero ser vírgenes, ¿usted querer comprobar?</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Tamaño desatino incomodó a María y creyendo que en esa cultura una chica de servicio virgen era un signo de estatus, le contestó que no hacía falta. Tras lo cual, directamente las puso a limpiar los restos de la obra. Al cabo de tres horas de trabajo en las pobres crías no se tomaron ni un respiro, mi señora miró su reloj y vio que ya era hora de comer. Como no había preparado nada por medio de señas, se llevó a las orientales a comer a un restaurante cercano.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Las chavalas que no comprendían nada se dejaron llevar sumisamente pero al ver que entraban a un restaurante se empezaron a mirar entre ellas completamente alucinadas. Mi mujer creyó que su confusión se debía a que aunque era un sitio popular, al ser de un pueblo en mitad de la sierra nunca habían en estado en un sitio de tanto lujo pero cuando intentó que se sentaran a su lado, sus caras de terror fueron tales que tuvo que llamar a la jefa que hablaba inglés para que le sirviera de traductora. Tras explicarle la situación, la birmana comenzó a charlar con sus compatriotas. Como las dos crías eran de una zona tan remota, su dialecto fue entendido a duras penas por la mujer y luego de traducirlo, dijo:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Señora, estas dos niñas se niegan a sentarse a comer con usted. Según ellas estarían menospreciando a la esposa de su dueño. Prefieren permanecer de pie y comer cuando usted acabe.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Desconociendo la cultura, no dio importancia a la forma en que se habían referido a ella y temiendo ofender alguna de sus costumbres, comenzó a comer. Las dos orientales se tranquilizaron pero asumiendo que ellas eran las sirvientas se negaron a que los empleados del local se ocuparan de su señora y por eso cada vez que le faltaba agua en su vaso, ellas se lo rellenaban y cuando trajeron los siguientes platos, se los quitaron de las manos y ellas fueron quien se lo colocaron en la mesa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> María, que al principio estaba incómoda, al notar el mimo con el que ambas niñas la trataban, aceptó de buen grado ese esplendido trato y se auto convenció que había acertado contratándolas. Habiendo terminado, pidió que prepararan para unas bandejas con comida para ellas y pagando salió del local mientras Aung y Mayi la seguían cargando con las bolsas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Ya en la casa y deseando tomarse un respiro, las dejó en la cocina comiendo mientras ella se iba a tomar un café con las dos británicas que había conocido. Como otras tardes se citó con esas amigas en un café cercano a la embajada americana famoso por sus gin―tonics.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El calor que ese día hacía en Yagon junto con la amena conversación hizo que sin darse cuenta, mi esposa bebiera demasiado y ya casi a la hora de cenar, tuviera que pedir un taxi para irse al chalet. Al bajar del vehículo, se encontró que Aung la mayor de las dos muchachas había salido a recibirla y viendo el estado en que se encontraba, la ayudó a llegar hasta la cama.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Borracha hasta decir basta, le hizo gracia que las dos crías compitieran por ver quién era quien la desnudaba pero aún más sus miradas cómplices al comprobar el tamaño de sus pechos. Como las asiáticas son más bien planas, se quedaron admiradas por el volumen exagerado de sus tetas y por eso les resultó imposible retirar sus ojos de mi esposa mientras involuntariamente los comparaban con los suyos.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¡No son tan grandes!― protestó muerta de risa e iniciando un juego inocente cuyas consecuencias nunca previo, los cogió entre sus manos y les dijo: ―Tocad, ¡son naturales!</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Cómo no entendieron sus palabras, fueron sus gestos los que malinterpretaron y creyendo que mi mujer les ordenaba que se los chuparan, un tanto cortadas la miraron tratando de confirmar que eso era lo que su jefa quería.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Tocadlos, ¡no muerden!― insistió al ver la indecisión de las dos chicas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mayi, la menor y más morena de las dos, dando un paso hacia delante obedeció y cogiendo uno de los dos pechos que le ofrecían entre sus manos, lo llevó hasta su boca y empezó a mamar. Totalmente paralizada por la sorpresa, mi mujer se la quedó mirando mientras su compañera asiendo el otro, la imitó.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> María tardó unos segundos en reaccionar porque en su fuero interno, sentir esas dos lenguas recorriendo sus pezones no le resultó desagradable pero al pensar que sus teóricas criadas lo único que estaban haciendo era obedecer, se sintió sucia y separándolas de sus pechos, las mandó a dormir.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Las birmanas tardaron en comprender que mi mujer las estaba echando del cuarto y creyendo que la habían fallado, con lágrimas en los ojos desaparecieron por la puerta mientras en la cama María trataba de asimilar lo ocurrido. El dolor que reflejaban sus caras era tal que supo que de algún modo las había defraudado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «En Birmania, la figura del patrón debe de ser parecida un señor feudal», masculló entre dientes recordando que estos tenían derecho de pernada: «Han creído que les ordenaba satisfacer mis necesidades sexuales y en vez de indignarse lo han visto como algo natural».</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La certeza que eran diferencias culturales no disminuyó la calentura que sintió al saber que podría hacer con ellas lo que le viniera en gana. Aunque nunca se había considerado bisexual y su único contacto con una mujer habían sido unos inocentes magreos con una compañera de colegio, María se excitó pensando en el poder que tendría sobre esas dos niñas y bajando su mano hasta su entrepierna, se empezó a masturbar soñando que cuando volviera del viaje, me sorprendería con una noche llena de placer…</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">A la mañana siguiente, mi mujer se despertó al oír que alguien estaba llenando el jacuzzi de su baño. Al abrir sus ojos, la claridad le hizo recordar las muchas copas que se había tomado y por eso le costó enfocar unos segundos. Cuando lo consiguió se encontró a las dos birmanas, arrodilladas junto a su cama sonriendo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Buenos días― alcanzó a decir antes de que Mayi la obligara a levantarse de la cama, diciéndole algo que no pudo comprender.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La alegría de la chavala disolvió sus reticencias y sin quejarse la acompañó hasta el baño. Una vez allí, la mayor Aung desabrochándole el camisón, se lo quitó dejándola completamente desnuda sobre las baldosas y llamando a la otra oriental entre las dos, la ayudaron a meterse en la bañera.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «¡Qué gozada!», pensó al sentir la espuma templada sobre su piel y cerrando los ojos, creyó que estaba en el paraíso.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Estaba todavía asumiendo que a partir de ese día, sus criadas le tendrían el baño preparado para cuando se despertara cuando notó que una de las mujercitas había cogido una esponja y la empezaba a enjabonar.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «¡Me encanta que me mimen!», exclamó mentalmente satisfecha al experimentar las manitas de Maya recorriendo con la pastilla de jabón sus pechos.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Aunque las dos crías no parecían tener otra intención que no fuera bañarla, María no pudo reprimir un gemido cuando sintió las caricias de cuatro manos sobre su anatomía.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «Me estoy poniendo cachonda», meditó y ya con su coño encharcado, involuntariamente separó sus rodillas cuando notó que Aung acercaba la esponja a su entrepierna.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La birmana interpretó que su jefa le estaba dando entrada y sin pensárselo dos veces, usó sus pequeños dedos para acariciar el depilado coño de la occidental. Con una dulzura que impidió que mi mujer se quejase, separó los pliegues de su sexo y se concentró en el erecto botón que escondían.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¡Dios! ¡Cómo me gusta!― berreó cuando la otra cría se hizo notar llevando su boca hasta uno de los enormes pechos de su jefa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El doble estímulo al que estaba siendo sometida venció toda resistencia y pegando un grito les exigió que siguieran con las caricias lésbicas. Aung quizás más avezada que la menor, incrementó la velocidad con la que torturaba el clítoris de mi esposa mientras Mayi alternaba de un pecho a otro sin parar de mamar.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «¡Me voy a correr!», meditó ya descompuesta y deseando que su cuerpo liberara la tensión acumulada, hizo algo que nunca pensó que se atrevería a hacer: olvidando cualquier resto de cordura introdujo su mano bajo el vestido de la mayor en busca de su sexo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «¡No lleva ropa interior y está cachonda!», entusiasmada descubrió al sentir que estaba empapada cuando sus dedos hurgaron directamente la cueva de la diminuta mujer. Aung lejos de intentar zafarse de esa caricia, buscó moviendo las caderas su contacto mientras introducía un par de yemas en el interior del chocho de mi señora.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Saberse al mando de una no le resultó suficiente y repitiendo la misma maniobra bajo la falda de la menor, confirmó que también la morenita tenía su coñito encharcado y con una sensación desconocida hasta entonces, se corrió pegando un gemido no se quejó al sentir la caricias. Aun habiendo conseguido el orgasmo, eso no fue óbice para que mi señora siguiera hirviendo y mientras masturbaba con cada mano a una de las orientales, quiso comprobar hasta donde llegaba su entrega y por medio de señas, les ordenó que se desnudaran.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La primera en comprender que era lo que María estaba diciendo fue la mayor de las dos que con un brillo especial en sus ojos se levantó y sin dejar de mirar a su jefa, se quitó la camiseta que llevaba.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mi esposa, con posterioridad me reconoció, al admirar los diminutos pechos de la birmana no pudo aguantar más y sin esperar a que se quitara la falda, le exigió que se acercara a ella y al tenerla a su lado, por vez primera, abriendo su boca saboreó el sabor de un pezón de mujer.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La pequeña areola de la muchacha reaccionó al instante a esa húmeda caricia contrayéndose. María al comprobarlo buscó el otro y con un deseo insano, se puso a mamar de él mientras Aung se terminaba de desnudar. En cuanto la vio en pelotas, la hizo entrar con ella en la bañera y colocándola entre sus piernas, se recreó la vista contemplando el striptease de la segunda.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¡Qué buena estás!― exclamó aun sabiendo que la cría era capaz de entenderla al admirar la sintonía de sus menudas y preciosas formas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Dotada con unos pechos un poco más grandes que los de la otra oriental era maravillosa pero si a eso le sumaba la cinturita de avispa y su culo grande y prieto, Mayi le resultó sencillamente irresistible. Azuzada por la sensación de poderío que el saber que esas dos no le negarían ningún capricho, la llamó a su lado diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¡Estás para comerte!</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La cría debió comprender el piropo porque al meterse en el jacuzzi en vez de tumbarse junto a María, se quedó de pie y acercando su sexo a la cara de mi mujer, se lo ofreció como homenaje. Durante unos instantes mi esposa dudó porque nunca se había comido un coño pero al observar esos labios tan apetitosos se le hizo la boca agua y sacando su lengua se puso a degustar el manjar que esa niña tenía entre sus piernas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Joder, ¡está riquísimo!― exclamó confundida al percatarse de la razón que tenía su marido al insistir en comerle el chumino cada dos por tres.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Aung que hasta entonces había permanecido entre las piernas de su dueña sin moverse, vio la oportunidad para comenzar a besar a mi mujer con una pasión desconocida.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> María estaba tan concentrada en el sexo de Mayi que apenas se percató de los besos de esa otra mujer. Os preguntareis el porqué. La razón fue que al separar los pliegues de la chavala, se encontró de improviso con que tenía el himen intacto.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «¡No puede ser!» pensó y recordando las palabras de la anciana, por eso, dejando a la niña insatisfecha, exigió a la mayor que le mostrara su vulva. Levantándose y separando los labios, le enseñó el interior de su coño.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Tal y como le había asegurado, ¡Aung también era virgen!.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando como si una losa hubiese caído sobre ella, ese descubrimiento le confirmó que de alguna manera que no alcanzaba a comprender esas dos niñas creían que era su obligación el satisfacer aunque no lo desearan todos y cada uno de sus deseos. Su conciencia apagó de un soplo el fuego de su interior y en silencio salió de la bañera casi llorando.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «Soy una cerda. ¡Pobres crías!», machacó su cerebro mientras se ponía una bata.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> A María no le cupo duda que una joven que siguiera teniendo su himen intacto, no se comportaría así sin una razón de peso. Por eso y aunque las birmanas seguían sus movimientos desde dentro de la bañera, salió del baño rumbo a su habitación.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La certeza que algo extraño motivaba dicho comportamiento se confirmó cuando al cabo de menos de un minuto esas dos princesitas llegaron y cayendo de rodillas, le empezaron a besar sus pies mientras le decían algo parecido a “perdón”.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Admitiendo que no había ningún motivo por el que Anung y Mayi sintieran que le habían fallado, no pudo mas que comprobar que eso las aterrorizaba y eso afianzó sus temores por lo que decidió que iría a hablar con la anciana que se las había conseguido―</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «Tengo que hacerles ver que no estoy enfadada con ellas», se dijo y dotando a su voz de un tono suave y a sus gestos de toda la ternura que pudo, las levantó del suelo y les secó sus lágrimas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La reacción de las muchachas abrazándola mientras en su idioma le agradecían el haberlas perdonado ratificó su decisión de averiguar que pasaba y por eso, nada más vestirse, fue a entrevistarse con MAung.</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;La esposa de un amigo me pide que la ayude&#8221; (LIBRO PARA DESCARGAR POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Apr 2026 09:25:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Mi vida se ve alterada cuando un buen día Patricia, la esposa de un amigo, acude a mí pidiendo mi ayuda y me cuenta que quiere divorciarse porque Miguel la ha pegado. Viendo las marcas de la paliza en su cara, me creí su versión pero al ir a recriminar a su marido su comportamiento, esté me confirmó que era cierto pero que si le había puesto la mano encima había sido por ser infiel.No sabiendo a qué atenerme, la pongo bajo mi protección sin tener claro si esa rubia buscaba en mí a un protector o a un [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B076HBSFXY"><img decoding="async" width="1024" height="405" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-esposa-de-un-amigo2-1024x405.jpg" alt="" class="wp-image-18418" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-esposa-de-un-amigo2-1024x405.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-esposa-de-un-amigo2-300x119.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-esposa-de-un-amigo2-768x304.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Sinopsis:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi vida se ve alterada cuando un buen día Patricia, la esposa de un amigo, acude a mí pidiendo mi ayuda y me cuenta que quiere divorciarse porque Miguel la ha pegado. Viendo las marcas de la paliza en su cara, me creí su versión pero al ir a recriminar a su marido su comportamiento, esté me confirmó que era cierto pero que si le había puesto la mano encima había sido por ser infiel.<br>No sabiendo a qué atenerme, la pongo bajo mi protección sin tener claro si esa rubia buscaba en mí a un protector o a un sustituto de su ex.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">PARA QUE PODÁIS HACEROS UNA IDEA OS INCLUYO LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>CAPÍTULO</strong> 1.―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sentado un viernes en mi oficina, enfrascado en mi trabajo, no me había dado cuenta que estaba sonando el teléfono. Al contestar la voz de la telefonista de mi empresa me informó:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Don Manuel, una señora pregunta por usted, dice que es personal.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Molesto por la interrupción, le pedí que me la pasara. Esperaba que fuera importante y no la típica empleada de una empresa que utiliza esta estratagema con el objeto que le respondas. Era Patricia, la esposa de Miguel, mi mejor amigo. Nunca me había llamado por lo que al oírla pensé que algo grave ocurría.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Pati, ¿en qué te puedo ayudar?― pregunté extrañado al escuchar su tono preocupado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Necesito hablar contigo― en su voz había una mezcla de miedo y vergüenza― ¿me puedes recibir?</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Por supuesto, te noto rara, ¿ocurre algo?― respondí tratando de sonsacarla algo, ya que su hermetismo era total.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Me fue imposible descubrir que es lo que le rondaba por la cabeza, debía de ser algo muy íntimo y necesitaba decírmelo en persona. Viendo el tema, quizás lo mejor era el encontrarnos en algún lugar donde se sintiera cómoda, lejos de las miradas de mis empleados, en un sitio que se pudiera explayar sin que nadie la molestara. Le pregunté si no prefería que le invitara a comer, y así tendría tiempo para explicarme tranquilamente su problema sin las interrupciones obligadas de mi trabajo. La idea le pareció bien, por lo que quedamos a comer ese mismo día en un restaurante cercano.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El resto de la mañana fue un desastre. No me pude concentrar en los temas, continuamente recordaba su llamada, la tensión de sus palabras. Conocía a Pati desde los tiempos del colegio y siendo una niña empezó a salir con Miguel. Todavía me es posible verla con el uniforme del Jesús Maestro, una camisa blanca con falda a cuadros que le quedaban estupendamente. En esa época, todos estábamos enamorados de ella, pero fue él quien después de un partido de futbol quien tuvo el valor de pedirla salir y desde entonces nunca habían terminado. Eran la pareja perfecta, él un alto ejecutivo de una firma italiana, ella la perfecta esposa que vive y se desvive por hacerle feliz.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Llegué al restaurante con cinco minutos de adelanto, y como había realizado la reserva no tuve que esperar la larga cola que diariamente se formaba en la entrada. Tras sentarme en la terraza para así poder fumar y previendo que tendría que esperar un rato, debido al intenso tráfico que esa mañana había en Madrid, pedí al camarero una cerveza. No tardó en llegar, como siempre venia espléndida, con un traje de chaqueta y falda de color beige, perfectamente conjuntada con una blusa marrón, bastante escotada y unas gafas de sol que le tapaban totalmente sus ojos.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Me saludó con un beso en la mejilla. Todo parecía normal, pero en cuanto se sentó se desmoronó, por lo que tuve que esperar que se calmara para enterarme que es lo que le ocurría.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Estaba un poco más tranquila cuando me empezó a contar que es lo que le ocurría.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Manu, necesito tu ayuda― me dijo entrando directamente al trapo ― Miguel lleva unos meses bebiendo en exceso y cuando llega a casa, se pone violento y me pega.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No me lo podía creer hasta que quitándose las gafas, me mostró el enorme moratón que cubría sus ojos por entero. Nunca he aguantado el maltrato y menos cuando este involucra a dos personas tan cercanas. Si Miguel era mi mejor amigo, su mujer no le iba a la zaga. Eran muchos años compartiendo largas veladas y hasta vacaciones en común. Les conocía a la perfección y por eso era más duro para mí el aceptarlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Quieres que hable con él? ― le indiqué sin saber que realmente que decir. Esa situación me desbordaba.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― No, nada que haga me hará volver con él― me dijo echándose a llorar ― no sé dónde ir. Mis padres son unos ancianos y no puedo hacerles eso. ¡Está loco! Si voy con ellos es capaz de hacerles algo, en cambio a ti te respeta.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Me estas pidiendo venir a mi casa?― supe lo que me iba a responder, en cuanto se lo pregunté.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Serán solo unos días hasta que se haga a la idea de que no voy a regresar a su lado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> En sus palabras no solo me estaba pidiendo cobijo, sino protección. Su marido siempre había sido un animal, con más de un metro noventa y cien kilos de peso cuando se ponía agresivo era imposible de parar.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No pude negarme, tenía todo el sentido. Miguel no se atrevería a hacerme nada, en cambio sí se enfadaba con su suegro con solo soltarle una bofetada lo mandaba al hospital, pensé confiando en que la amistad que nos unía fuera suficiente, ya que no me apetecía el tener un enfrentamiento con él. Por eso y solo por eso, le di mis llaves, y pagando la cuenta le expliqué como desactivar la alarma de mi piso.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Salí frustrado del restaurante, con la imagen de mi amigo por los suelos, cabreado con la vida y con ganas de pegar al primer idiota que se cruzara en mi camino. Tenía que hacer algo, no podía quedarme con las manos cruzadas, por lo que cogiendo mi coche me dirigí directamente a ver a Miguel. Quería que fuera por mí como se enterara que lo sabía todo y que no iba a permitir que volviera a dar una paliza a su mujer.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Me recibió como siempre, con los brazos abiertos, charlando animadamente sin que nada me hiciera vislumbrar ni un atisbo de arrepentimiento. En cuanto cerró la puerta de su despacho, decidí ir al grano:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― He comido con Patricia, y me ha contado todo― le dije esperando una reacción por su parte.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Se quedó a cuadros, no se esperaba que su mujer contara a nadie que su marido la había echado de su casa al descubrir que tenía un amante, y menos a mí. Sorprendido, al oír otra versión de lo ocurrido, le dije que no me podía creer que ella le hubiera puesto los cuernos y que en cambio sí había visto las señales de la paliza en su cara. Sin inmutarse, abrió el cajón de su mesa y sacando un sobre me lo lanzó para que lo viera. Eran fotos de Patricia con un tipo en la cama. Por lo visto llevaba más de un año sospechando sus infidelidades y queriendo salir de dudas contrató a un detective, el cual en menos de una semana descubrió todo, con quien se acostaba y hasta el hotel donde lo hacían.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «¡Qué hija de puta!», la muy perra no solo se los había puesto sino que me había intentado manipular para que me cabreara con él.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Hecho una furia, le conté a mi amigo como su mujer me había mentido, como me había pedido ayuda por miedo a que le diera una paliza, no podía aceptar que me hubiera intentado usar. Miguel me escuchó sin decir nada, por su actitud supe que no se había enfadado conmigo por haber dado crédito a sus mentiras. Al contrario mientras yo hablaba el no dejaba de sonreír como diciendo &#8220;fíjate con quien he estado casado&#8221;. Al terminar, con tranquilidad me contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Esto te ocurre por ser buena persona― mientras me acompañaba a la puerta― pero ahora el problema es tuyo. Lo que hagas con Patricia me da igual, pero lo que tengo claro es que no quiero saber nada de ella nunca más.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Cuando me subí en el coche todavía no sabía qué carajo hacer, no estaba seguro de cómo actuar. Lo que me pedía el cuerpo era volver a la casa y de una patada en el trasero echarla, pero por otra parte se me estaba ocurriendo el aprovechar que ella no tenía ni idea que su marido me había contado todo por lo que podía diseñar un castigo a medida, no solo por mí sino también por Miguel.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Llegué a casa a la hora de costumbre, la mujer se había instalado en el cuarto de invitados, donde justamente yo había colocado en la mesilla una foto de su ex. Al verla me hirvió la sangre por su hipocresía, si necesitaba un empujón para mis planes, eso fue suficiente.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Se iba a enterar.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La encontré en la cocina. En plan niña buena estaba cocinando una cena espléndida, como intentando que pensase lo que había perdido mi amigo al maltratarla. Siguiéndole la corriente, tuve que soportar que haciéndose la víctima me contara lo infeliz que había sido en su matrimonio y como la situación llevaba degenerando los últimos tres años, yendo de mal en peor y que la paliza le había dado el valor de dejarle.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Pobrecita― le dije cogiendo su mano― no sé cómo pudiste soportarlo tanto tiempo. He pensado que para evitar que Miguel te encuentre lo mejor que podemos hacer es irnos unos días a mi finca en Extremadura.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Su cara se iluminó al oírlo, ya que le daba el tiempo para lavarme el cerebro y que cuando me enterara de lo que realmente había ocurrido, ya estuviera convencido de su inocencia y no diera crédito a lo que me dijeran. Todo iba a según sus planes, lo que no se le pasó por la cabeza es que esos iban a ser los peores días de su vida. Esa noche llamó a sus padres, diciéndoles que no se preocuparan que se iba de viaje y que volvería en una semana.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Nada más despertarnos, cogimos carretera y manta. Patricia esa mañana se había vestido con unos pantalones cortos y un top. Parecía una colegiala. Los largos años de gimnasio le habían conservado un cuerpo escultural. Sus pechos parecían los de una adolescente, la gravedad no había hecho mella en ellos. Se mantenían erguidos, duros como una piedra y sus piernas seguían teniendo la elasticidad de antaño, perfectamente contorneadas. Era una mujer muy guapa y lo sabía.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Durante todo el camino no paró de ser coqueta, provocándome finamente, sin que nada me hiciera suponer lo puta que era pero a la vez buscando que me calentara. Sus movimientos eran para la galería, quería que me fijara en lo buena que estaba, que me encaprichara con ella. Nada más salir se descalzó poniendo sus pies en el parabrisas con el único objetivo que mis ojos se hartaran de ver la perfección de sus formas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Poco después, se tiró la coca cola encima y pidiéndome un pañuelo se entretuvo secándose el pecho de forma que no me quedara más remedio que mirar sus senos, que me percatara como sus pezones se habían erizado al tomar contacto con el frio de su bebida.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Medio en broma le dije que parara, que me iba a poner bruto. A lo que ella me contestó que no fuera tonto, que yo solo podía mirarla como un hermano. Si lo que buscaba era ponerme a cien, lo había conseguido. Mi pene estaba gritando a los cuatros vientos que quería su libertad. Ella era conocedora de mi estado, ya que la descubrí mirándome de reojo varias veces mi paquete.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Llegamos a &#8220;El averno&#8221;, la finca familiar que heredé de mi familia. La mañana era la típica de septiembre en Cáceres, seca y caliente, por lo que le pregunté si le apetecía darse un remojón en la piscina. Aceptó encantada yéndose a poner un traje de baño mientras yo daba las órdenes oportunas al servicio.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Me quedé sin habla cuando volvió ataviada con un escasísimo bikini que difícilmente lograba esconder sus areolas pero que ni siquiera intentaba tapar las rotundas curvas de sus pechos. Si la parte de arriba tenía poca tela, qué decir del tanga rojo que al caminar se escondía temeroso entre sus dos nalgas y que por delante tímidamente ocultaba lo que me imaginaba como bien rasurado sexo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Solo verla hizo que mi corazón empezara a bombear sangre hacia mi entrepierna, y que mi mente divagara acerca de que se sentiría teniendola encima. Patricia sabiéndose observada se tiró a la piscina. Durante unos minutos estuvo dando unos largos pero al salir sus pezones se marcaban como pequeños volcanes en la tela.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Viendo que me quedaba mirando, sonrió coquetamente mientras me daba un besito en la mejilla. Tuve que meterme en el agua, intentando calmarme. El agua estaba gélida por lo que contuvo momentáneamente el ardor que sentía pero no sirvió de nada porque al salir, esa zorra infiel me susurró que le echara crema por la espalda.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Estaba jugando conmigo, quería excitarme para que bebiera como un gatito de su mano. Sabiéndolo de antemano me dejé llevar a la trampa pero la presa que iba a caer en ella, no era yo. Comencé a extenderle la crema por los hombros. Su piel era suave y estaba todavía dorada por el verano. Al sentir que mis manos bajaban por su espalda, se desabrochó para que no manchara su parte de arriba, dejando solo el hilo de su tanga como frontera a mis maniobras.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Teniendo claro que no se iba a oponer, recorrí su cuerpo enteramente, concentrándome en sus piernas, deteniéndome siempre en el comienzo de sus nalgas. Notando que no le echaba ahí, me dijo que no me cortara que si no le ponía crema en su trasero, se le iba a quemar.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Esa fue la señal que esperaba. Sin ningún pudor masajeé su trasero sensualmente, quedándome a milímetros de su oscuro ojete pero recorriendo el principio de sus pliegues. Mis toqueteos le empezaron a afectar y abriendo sus piernas, me dio entrada a su sexo. Suavemente me apoderé de ella, primero con timoratos acercamientos a sus labios y viendo que estaba excitada, me puse a jugar con el botón de su clítoris mientras le quitaba la poca tela que seguía teniendo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Su mojada cueva recibió a mi boca con las piernas abiertas. Con mis dientes empecé a mordisquear sus labios, metiéndole a la vez un dedo en su vagina. Debía de estar caliente desde que supo que nos íbamos de viaje por que no tardó en comportarse como posesa y cogiéndome la cabeza, me exigió que profundizara en mis caricias.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Siguiendo sus dictados, mi lengua como si se tratara de un micropene se introdujo hasta el fondo de su vagina, lamiendo y mordiéndola mientras ella explotaba en un sonoro orgasmo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Me gritó su placer derramándose en mi boca.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Patricia estaba satisfecha pero yo no. Me urgía introducirme dentro de ella y cogiendo mi pene, coloqué el glande en su entrada mientras colocaba sus piernas en mis hombros. Despacio, sintiendo como cada uno de los pliegues de sus labios acogían toda mi extensión me metí hasta la cocina, no paré hasta que la llené por completo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Ella al sentirlo, empezó a mover sus caderas en busca del placer mutuo, acelerando poco a poco sus movimientos. Era una perfecta máquina. Una puta de las buenas que en ese momento era mía y no la iba a desperdiciar, por lo que poniéndola a cuatro patas me agarré a sus pechos y violentamente recomencé mis embestidas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La ex de Miguel seguía pidiéndome más acción, por lo que sintiéndome un vaquero, agarré su pelo y dándole azotes en el trasero, emprendí mi cabalgada. Nunca la habían tratado así pero muy a su pesar tuvo que reconocer que le encantaba y aullando de gozo, me pidió que siguiera montándola pero que no parara de pegarle, que era una zorra y que se lo merecía.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Su sumisión me excitó en gran manera y clavando cruelmente mis dientes en su cuello, sembré con mi simiente su útero. Eso desencadenó su propia euforia y mezclando su flujo con mi semen en breves oleadas de placer se corrió por segunda vez.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Agotado me tumbé a su lado en la toalla, satisfecha mi necesidad de sexo. Solo quedaba por complacer mi sed de venganza. Sabiendo que tenía una semana, decidí dejarlo para más tarde. Patricia por su parte tardó unos minutos en recuperarse del esfuerzo pero en cuanto su respiración le permitió hablar, no paró de decirme lo mucho que me había deseado esos años y que solo el respeto a su marido se lo había impedido. Es más en un alarde de hipocresía, se permitió el lujo de decirme que ahora que nos habíamos desenmascarado, quería quedarse conmigo, no importándole en calidad de qué. Le daba igual ser mi novia, mi amante o mi chacha pero no quería abandonarme.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mi falta de respuesta no le preocupó, supongo que pensaba que me estaba debatiendo entre mi amistad por Miguel y mi atracción por ella y que al igual que yo, tenía una semana para hacerme suyo. Lo cierto es que se levantó de buen humor y riendo me dijo:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Menudo espectáculo le hemos dado al servicio― y acomodándose el sujetador, me pidió que nos fuéramos a vestir porque no quería quedarse fría.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Entramos en el caserío y ella al descubrir que nos habían preparado dos habitaciones, llamó en plan señora de la casa a la criada para que cambiara su ropa a mi cuarto. María, mi muchacha, no dijo nada pero en sus ojos vi reflejada su indignación, mi cama era su cama y bajo ningún concepto iba a permitir que una recién llegada se la robara.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «Coño, esta celosa», pensé sin sacarlas de su error. Error de María y error de Patricia. Mi colchón era mío y yo solo decidía quien podía dormir en él.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Comimos en el comedor de diario porque quería la cercanía de la cocina permitiera a la muchacha el seguir nuestra conversación y convencido que no se iba a perder palabra, estuve todo el tiempo piropeando a la esposa de mi amigo, buscando un doble objetivo, el cabrear a mi empleada y que Patricia se confiara.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Nada más terminar la comida, le propuse salir a cazar diciendo que me apetecía pegar un par de tiros de pólvora antes que por la noche mi otra escopeta tuviera faena. Aceptó encantada. Nunca en su vida había estado en un rececho por lo que recogiendo mis armas, nos subimos al land―rover. En el trayecto al comedero no dejaba de mirar por la ventana comentando lo bonita que era la finca, creo que sintiéndose ya dueña de las encinas y los alcornoques que veía.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Durante todo el verano mis empleados habían alimentado a los guarros en un pequeño claro justo detrás de una loma, por lo que sabía que a esa hora no tardarían en entrar o bien una piara, o bien un macho. No se hicieron esperar, apenas tuvimos tiempo de bajarnos cuando un enorme colmilludo, ajeno a nuestra presencia, salió de la espesura y tranquilamente empezó a comer del grano allí tirado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Tuve tiempo suficiente para encararme el rifle y con la frialdad de un cazador experimentando, le apunté justo detrás de su pata delantera, rompiéndole el corazón de un disparo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Al girarme, en los ojos de Patricia descubrí la excitación del novato al ver su primera sangre. Su expresión me hizo comprender que era el momento de empezar mi venganza y acercándome al cadáver del jabalí, saqué mi cuchillo de caza y dándoselo a la mujer le exigí, que lo rematara.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Ella no sabía que había muerto en el acto y temiendo que la atacara, se negó en rotundo. Cabreado la abofeteé, diciendo que no se debe hacer sufrir a un animal y recuperando el cuchillo, le abrí sus tripas sacándole el corazón. Patricia estaba horrorizada por mi salvajismo. Aterrada, no se pudo negar cuando le ordené que se acercara. Ya a mi lado, le dije que como era su primera vez, tenía que hacerla novia y agarrándole del pelo, le introduje su cara en las entrañas del bicho.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Su reacción no se hizo esperar. Estaba asqueada por el olor y la sangre pero la cosa no quedó ahí y obligándola a abrir la boca, le hice comer un trozo del corazón crudo que había cortado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La textura de la carne cruda la hizo vomitar. Solo el sentir como se pegaba a su paladar le provocó las arcadas, pero cuando se tuvo que tragar la carne, todo su estómago se revolvió echando por la boca todo el alimento que había ingerido.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Yo solo observaba.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Al terminar, se volvió hecha una furia, y alzando su mano, intentó pegarme. Me lo esperaba por lo que no me fue complicado el detener su mano e inmovilizándola la tiré al suelo. Patricia comenzó a insultarme, a exigirme que la llevara de vuelta a Madrid, que nunca había supuesto lo maldito que era. Esperé que se desfogara y entonces me senté a horcajadas sobre ella, con una pierna a cada lado de su cuerpo. Tras lo cual dándole un tortazo le dije:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Mira putita, nunca me creí que tu marido te maltratara― mentira me lo había tragado por completo― es más, al ver las fotos tuyas retozando con tu amante decidí convertirte en mi perrita.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Dejó de debatirse al sentir cómo con el cuchillo, botón a botón fui abriéndole la camisa. El miedo la tenía paralizada al recordar cómo había destripado al guarro con la misma herramienta con la que le estaba desnudando.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «Realmente, esta zorra está buena», medité mientras introducía el filo entre su sujetador y su piel, cortando el fino tirante que unía las dos partes. Su pecho temblaba por el terror cuando pellizqué sin compasión sus pezones erectos. Me excitaba verla desvalida, indefensa. Sin medir las consecuencias, le despojé de su pantalón y desgarrándole las bragas, terminé de desnudarla. Al ver que liberaba mi sexo de su prisión intentó huir, pero la diferencia de fuerza se lo impidió.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Patricia, hay muchos accidentes de caza― le dije con una sonrisa en los labios― no creo que te apetezca formar parte de uno de ellos, ahora te voy a soltar y tendrás dos posibilidades, escapar, lo que me permitiría demostrarte mi habilidad en el tiro, o ponerte a cuatro patas para que haga uso de ti.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Tomó la decisión más inteligente, no en vano había estado presente cuando de un solo disparo acabé con la bestia y con lágrimas en los ojos, apoyándose en una roca, esperó con el culo en pompa mi embestida. Me acerqué donde estaba, y con las dos manos le abrí las nalgas de forma que me pude deleitar en la visión de su rosado agujero. Metiéndole un dedo, mientras ella no paraba de llorar comprobé que no había sido usado aun, estaba demasiado cerrado para que alguna vez se lo hubieran roto. Saber que todavía era virgen analmente, me encantó, pero necesitaba tiempo para hacerle los honores, por lo que dándole un azote le dije:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Tu culito se merece un tratamiento especial, y la berrea no empieza hasta dentro de unos días― me carcajeé en su cara, dejándole claro que no solo no iba a ser la dueña, sino que su papel era el de ser objeto de mi lujuria.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El primer acto había acabado, por lo que nos subimos al todoterreno, volviendo a la casa. Esta vez fue un recorrido en silencio, nunca en su vida se había sentido tan denigrada, era tal su humillación que no se atrevía ni a mirarme a la cara. Yo por mi parte estaba rumiando la continuación de mi venganza.</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;Mi loba aulla mientras una vampira bate sus alas&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Apr 2026 16:32:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis. Segundo libro de la serie: LOS SOBREHUMANOS. Uxío y la salvaxe con la que comparte la vida son llamados a ver a Xenoveva, el hada que vive en la laguna y de la que el licántropo es adalid.. Al presentarse ante ella, esa semidiosa les informa que una de sus hermanas, un hada que vive en la Toscana, necesita su ayuda y que les ha mandado a una bruja como mensajera.Pensando la pareja que se encontrarían con una mujer gorda y entrada en años, acceden a entrevistarse con ella. Al conocerla, resultó ser una bellísima joven a traves de [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis.</strong></p>



<p>Segundo libro de la serie: LOS SOBREHUMANOS. </p>



<p>Uxío y la salvaxe con la que comparte la vida son llamados a ver a Xenoveva, el hada que vive en la laguna y de la que el licántropo es adalid.. Al presentarse ante ella, esa semidiosa les informa que una de sus hermanas, un hada que vive en la Toscana, necesita su ayuda y que les ha mandado a una bruja como mensajera.<br>Pensando la pareja que se encontrarían con una mujer gorda y entrada en años, acceden a entrevistarse con ella. Al conocerla, resultó ser una bellísima joven a traves de la cual Diana les informa que en la región de Italia donde vive se han producido unas desapariciones, cuyos responsables sospecha que son vampiros.<br>Aceptando la misión, los tres se dirigen a Florencia sin sospechar que la policía que lleva el caso es una morena con un pequeño problema. No es humana, pero tampoco una mujer loba Sandra Moretti puede ser una enemiga y ¡bebe sangre!&#8230;</p>



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<p> <strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;los primeros capítulos:</strong> </p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Para un hombre o una mujer del siglo XXI, las leyendas y mitos de nuestros ancestros carecen de veracidad y son considerados supersticiones en las que únicamente creen los más ingenuos de nuestra sociedad. Hoy en día, nadie en su sano juicio se levanta en una reunión y reconoce creer en ellas, y si lo hace rápidamente cae sobre él todo tipo de condenas y menosprecios. La religión y lo sobrenatural están mal vistos. Que un científico se atreva a sugerir la existencia de vida extraterrestre inteligente provoca al menos escarnio, pero si se le ocurre afirmar que en la tierra viven seres mitológicos como el megalodón rápidamente es catalogado de friki. En contraposición, desde niños amamos las historias de duendes, en nuestros cines se proyectan multitud de películas de superhéroes que atraen a una legión de espectadores, la literatura está plagada de libros cuyos protagonistas tienen percepciones extrasensoriales sin que causen mofa y cuyos autores no son tildados de locos. Por ello, me atreví a contar mi vida plasmando en papel cómo siendo un típico hombre de la actualidad descubrí que en mi interior existía un “salvaxe”.</p>



<p>Sé que la gran mayoría leerá estas páginas pensando en que son producto de una fértil imaginación y solo unos pocos creerán mi historia. Me da lo mismo. La incredulidad de nuestros días es algo con lo que cuento y, aun así, no me coarta para narraros cómo un antiguo policía terminó siendo el alfa de una manada de hombres lobos.</p>



<p>&nbsp;Hoy puedo afirmar sin pudor que soy miembro de una especie que ha permanecido coexistiendo con la humana desde los albores de los tiempos y que mi ADN comparte con el vuestro muchos genes, pero hay una gran diferencia, yo y mis iguales somos capaces de mutar y convertirnos en esa pesadilla que os ha torturado desde que existe memoria. Es más, los salvaxes no estamos solos, también caminan por la tierra otros seres tan extraños, poderosos y temidos como nosotros…</p>



<p>Tras mi coronación como jefe absoluto de la manada, no me deshice del antiguo monarca, sino que lo integré en la dirección de los míos para no perder su valiosa experiencia y su atinado juicio. Por otra parte, no me quedaba otra ya que el salvaxe que destroné era mi suegro, el padre de Lúa, la compañera que el destino y las hadas habían designado para mí y que se sentaba a mi lado en el trono. Para los que no lo sepan, mi relación con esa loba no fue fácil, ya que en un principio me creyó un engendro, un maldito renegado que había desatado una espiral de violencia y muerte en nuestra Galicia natal y cuyos efectos todavía sufrimos. Por ello, me combatió e intentó matarme, aunque en su interior sentía una atracción vital hacia mí. Afortunadamente, conseguí convencerla de mi inocencia y aliándose conmigo, conseguimos derrotar a la verdadera causante de tanto mal, una loba descarriada llamada Tereixa que asesinó a la mujer que amaba y a la cual, su viejo me impidió ajusticiar aludiendo al escaso número de “salvaxes” que existen hoy en día.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Sus genes nos son necesarios y su condena debe ser engendrar nuevos lobatos― fue uno de los primeros consejos que me dio.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lúa lo apoyó y como ella fue la que finalmente la venció en duelo, no me quedó otra que aceptar que esa malnacida se convirtiera en nuestra sierva, en un juguete con el cual disfrutar sexualmente sin que pudiese hacer nada por oponerse.&nbsp; Cuando se le dio la oportunidad de convertirse en nuestra esclava o morir, optó por la primera y desde entonces, fue un vientre en el que mi pareja y yo calmamos una lujuria carente de sentimientos. Ya no la odio por haber matado a Branca, pero el recuerdo de mi amada meiga sigue presente y me ha impedido perdonar. Por ello cuando un licántropo de la Provenza la pidió para engendrar con ella, no dudé en traspasársela como si de una cosa se tratara y es que, para mí, esa malnacida valía menos que el aire que consumía y vi en ello, una liberación.</p>



<p>―Seré un amo duro pero justo― comentó el tal Pierre cuando se la di, creyendo quizás que su destino me importaba.</p>



<p>―Como si la horneas y después te la comes― respondí dejando claro mi completo desinterés.</p>



<p>Lúa tampoco vio nada malo en ello, ya que tras los primeros días en los que disfrutaba torturándola esa mujer se volvió en un lastre más que en un aliciente. Curiosamente, la única que mostró su pesar fue ella al sentir que bajaba un escalón al dejar de ser la mascota del alfa de la manada. Ya sin su presencia, la relación con mi loba mejoró, pero jamás ha sido algo plácido ni sosegado porque lo nuestro tiene mucho de lucha y de conquista. No somos lo que se dice una pareja ideal, estamos siempre discutiendo y buscando demostrar quién manda. Y cuando digo siempre es siempre, tanto fuera de la cama como dentro de ella. Cuando no es esa endemoniada rubia la que me ataca en busca de caricias en la oficina, soy yo quien la sorprende e intenta poseerla en mitad del pasillo. Somos distintos, muchas veces nos odiamos, otras nos amamos, pero lo que nunca podemos evitar es sentir deseo. Por mucho que intentemos contenerlo, estar en una habitación a solas nos provoca la urgente necesidad de mordernos, de olisquear nuestros sexos y lanzarnos en picado uno contra otro en persecución de nuestros límites.</p>



<p>Son minutos y horas gloriosos donde el hombre y la mujer desaparecen y haciendo un paréntesis, nos dejamos llevar por el instinto y somos felices. Es difícil de describir que siento. Sumergido entre sus brazos, es como si el universo se empequeñeciera y se tiñera de ella. Me siento chapoteando en el azul de sus ojos, nadando en el mar de sus pupilas mientras ella hunde sus manos en mi negro pelaje. Da lo mismo si lo hacemos bajo la forma humana o la lobuna, siempre es algo salvajemente sublime y cuando terminamos, nos lamemos nuestras heridas pensando en cuanto tiempo tardaremos en volver a experimentar ese gozoso clímax mientras nos quejamos por ser unas marionetas cuyo destino está escrito aun antes de nacer.</p>



<p>Nuestras peleas se han vuelto legendarias entre los nuestros y por eso cuando notan las primeras señales de que se avecina una, los salvaxes a nuestro alrededor emprenden una rápida huida y solo vuelven cuando con el paso de las horas sienten que la calma ha vuelto y que hemos limado nuestras diferencias restregando nuestros lomos. Nadie excepto Bríxida, mi hermanastra, se ha atrevido jamás a intentar aplacarnos en mitad de la tormenta y si no resultó malherida fue porque Pello y Yago, los hermanos de Lúa, se interpusieron.</p>



<p>―Estáis locos, sois unos dementes― recuerdo que nos espetó al ver las heridas que habían sufrido los salvaxes que le había jurado amor eterno al defenderla: ―Se os nubla la mente cuando discutís y lo peor es que siempre termináis copulando como si nada hubiese ocurrido.</p>



<p>Y tenía razón en todo. Siempre que tenemos una pelea, vuelan platos, mesas, sillas. Nos mordemos, nos pateamos e intentamos hacernos daño para al final dejar salir nuestras hormonas y lanzarnos a satisfacer nuestra lujuria.</p>



<p>No todo es malo, juntos formamos un tándem insuperable. Los dos unidos hemos hecho olvidar a los antiguos reyes de la manada y todos nuestros súbditos se muestran unánimes al valorar positivamente nuestro reinado. No existe disidencia, a nadie se le pasa por la cabeza urdir un plan para destronarnos porque saben que hace siglos no existe una pareja de alfas que haya despertado tanta admiración entre los salvaxes. Nos aman y nos temen a partes iguales. Aunque confían en nuestro juicio, son renuentes a solicitar nuestra intervención por la dureza de nuestras decisiones. Nadie ha olvidado que tras recibir el pedido de que interviniéramos en la disputa de dos clanes, no nos había temblado el pulso al decidir echar a ambos de las tierras que habían controlado durante siglos.</p>



<p>―Los salvaxes nacemos para servir, no para gobernar― fue la única explicación que dimos.</p>



<p>Conscientes de que era así y que nuestra decisión fue justa y ajustada a la tradición, esa inaudita sentencia provocó que prefirieran resolver las diferencias entre ellos antes de pedir que intervengamos. Curiosamente, nuestra dureza trajo un periodo de tranquilidad entre las familias, ya que todas sin distinción intentaron comportarse de acuerdo a las normas que habían sido marcadas hace milenios para no arriesgarse a que como sus alfas les diésemos un revolcón.</p>



<p>Otro hito que marcó nuestro reinado, fue que usáramos nuestra influencia para que, saliendo de mi excedencia, Lúa y yo fuéramos asignados a un organismo autónomo de la Interpol encargado de investigar tanto los asesinatos en serie como también de otros delitos de gran repercusión, pero sin una explicación lógica. Gracias a ello, pudimos establecer nuestra base en el pazo, pazo del que solo salíamos cuando nos encargaban una misión. Esa independencia nos permitía atender las cuestiones de los salvaxes sin estar bajo la permanente supervisión de nuestros mandos.</p>



<p>Por eso, cuando una mañana la dama del bosque nos pidió que fuésemos a verla, no tuvimos problemas en acudir a la laguna. Para aquellos que no sepáis quién es ella, solo deciros que Xenoveva es el hada a la que estoy íntimamente unido. Aunque actualmente soy su valedor, el adalid que nació para defenderla, sé que en el futuro cuando mi presencia no sea requerida en este plano astral, mi destino será sumergirme en sus cristalinas aguas y convertirme en su esposo. Sabiéndolo, Lúa se mostró reticente a acudir conmigo a verla, ya que como mi pareja le resultaba doloroso contemplar la atracción que sentíamos uno por el otro.</p>



<p>―Me ha rogado que vayas tú también― tuve que insistir ante su negativa: ― Debe ser importante.</p>



<p>&nbsp;Protestando, la rubia aceptó acudir y transformándonos en lobos aparecimos por el claro donde estaba el lago en que el hada vivía. Desde que dejamos el bosque mi corazón comenzó a palpitar nervioso al saber que la vería, incrementando el cabreo de mi acompañante.</p>



<p>―Al menos podrías tener la delicadez de no mostrarte tan ansioso― murmuró furiosa mientras cruzábamos el prado.</p>



<p>No tuve ninguna duda de que a la vuelta protagonizaríamos una de nuestras épicas discusiones, pero aun así la seguí hasta la orilla. Al llegar, permanecí en silencio sin llamarla, no fuera a ser que mi tono revelara la emoción que me embargaba, cabreando más a Lúa. La loba tampoco la llamó, pero eso no fue óbice para que a los pocos segundos la dama hiciera su aparición. Tal y como acostumbraba, Xenoveva emergió de su interior acompañada de las “mouras”, las dos traviesas ninfas que la ayudaban y cuya naturaleza les hacía tontear con todos los hombres con los que se topaban.</p>



<p>―Encima viene con sus zorras― masculló al verlo.</p>



<p>No pude recriminárselo al contemplar la forma en que esas ninfas se acariciaban entre ellas con el único propósito de molestarla al verme excitado. Lo que tampoco colaboró en tranquilizarla fue el suspiro que pegué al ver al hada acercándose a mí totalmente desnuda. Sé que fue algo involuntario, algo que no pude evitar, pero en mi descargo he de mencionar que a cualquier mortal le hubiese pasado lo mismo al admirar la belleza de esa pelirroja y la rotundidad de sus curvas.</p>



<p>―Mis queridos lobos, gracias por venir a verme― nos dijo fijando sus ojos en mí.</p>



<p>Su mirada fue la gota que derramó el vaso para que mis hormonas se pusiesen a funcionar y tratando de simular un sosiego que no tenía, agaché la cabeza en señal de respeto, pero también para dejar de seguir admirando los pechos que tanto me atraían. Sé que mi pareja se percató de mi estado y que a la vuelta no dudaría en recriminármelo, pero obviándolo momentáneamente también ella se postró ante el hada.</p>



<p>―Señora, ¿qué desea de nosotros? ― entrando al trapo, Lúa preguntó.</p>



<p>―Diana, una de mis hermanas que vive en la Toscana, tiene problemas y me ha pedido vuestra ayuda.</p>



<p>Al escuchar el nombre, comprendí que se refería al hada que adoraban los seguidores de la Stregheria, una religión politeísta que hundía sus raíces en la época etrusca y que había sido duramente combatida por el clero católico. Por ello, no me extrañó que nos avisara de la llegada al pazo de una Strega, cuya traducción sería bruja pero que difieren de nuestras “meigas” en el uso que hacen de la nigromancia. Que practicaran la magia negra, había hecho que jamás los “salvaxes” hubieran optado por aliarse con ellas y por ello, me extrañó la petición de Xenoveva. La loba fue mucho más explosiva y convirtiéndose en humana, se declaró en contra de ayudar a una de esas hechiceras.</p>



<p>―No permitiré que mancille nuestra casa con su presencia. Esas malditas son famosas entre nosotros por usar sus facultades para subyugarnos― protestó airadamente.</p>



<p>―Aunque comprendo vuestros reparos, deberéis acogerla y escuchar lo que viene a deciros― la pelirroja insistió.</p>



<p>La nueva negativa de Lúa le hizo actuar y mostrando por primera vez ante mí la virulencia de sus poderes observé que mi pareja empalidecía y que le costaba respirar mientras Xenoveva le avisaba:</p>



<p>―Como alfas de la manada sois los primeros que debéis arriesgar vuestra vida en aras de la creación. Si mi hermana necesita vuestra ayuda, se la daréis o deberéis renunciar al trono, para que vuestro sustituto lo haga.</p>



<p>Mirando de reojo a la rubia, comprendí que debía intervenir al ver el tono amoratado de su rostro y mutando yo también en hombre, juré en nombre de los dos que recibiríamos a esa enviada.</p>



<p>―No esperaba menos de mi amado esposo― sonriendo declaró el hada para acto seguido castigar la osadía de mi pareja alertándola que de seguir en sus trece buscaría otra hembra para mí.</p>



<p>El brillo airado de los ojos de Lúa fue muestra inequívoca de su indignación por lo que no me extrañó que, tomando aire, le contestara:</p>



<p>―No será necesario, cumpliré la palabra que le ha dado el salvaxe que nació para mí y con el que comparto vida y alcoba.</p>



<p>A Xenoveva no le pasó inadvertido el desplante de sus palabras al restregarle en la cara que ella era quien por las noches disfrutaba de mis caricias, caricias que el hada nunca tendría hasta mi muerte por mucho que las deseara. Me consta que estuvo a punto de replicar violentamente al mismo, pero afortunadamente la pelirroja se lo pensó mejor y regalándome un beso en los labios, desapareció en la laguna.</p>



<p>―Uxío, luego hablamos. Es hora que vayamos a cumplir el capricho de tu puta― rezongó cabreada la rubia al contemplar la cara de lelo que se me había quedado con el beso….</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>De vuelta al pazo, Lúa no me habló y respetando su mutismo, no quise incrementar su cabreo recriminándole los celos que sentía por la dama del bosque y menos hacerle ver que su enfado venía motivado por el amor por mí que albergaba en su corazón. Pensando en ello, comprendí que, a pesar de sus múltiples defectos y su carácter endemoniado, yo también la amaba y que interiormente me complacía que dejándose llevar por su naturaleza, esa rubia luchara por mi cariño ante un oponente tan formidable como Xenoveva. Por eso, al llegar a casa y convertirnos nuevamente en hombre y mujer, la cogí de la cintura y sin esperar a sus protestas, la besé.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Eres un cabrón libertino― aulló tratando de zafarse de mí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Y tú, la loba que me trae loco― contesté y sin dejar que se alejara, tomé en mis manos uno de sus pechos y lo lamí sabiendo que la mala leche incrementaba su lujuria.</p>



<p>Tal y como había anticipado, Lúa gimió de deseo al sentir mi lengua recorriendo su areola y poniendo la otra en mi boca, rugió que en ese momento le apetecía ser tomada, pero que luego tendríamos que hablar. No me hice de rogar y volteándola de espaldas, hundí mi tallo en ella. La salvaxe chilló encantada al sentir que la empalaba y me exigió que siguiera follándomela.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Todavía no te has dado cuenta de que no follamos, sino que nos amamos, mi adorada― musité en su oído usando sus pechos como agarre.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Reaccionando tanto a mis palabras como a mis embestidas, me gritó que no fuera cursi y que continuara usándola como hembra.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No solo eres mi hembra, sino también la mujer que deseo como madre de mis futuros hijos― respondí mientras castigaba su frialdad con un sonoro azote.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como siempre que la premiaba con una nalgada, lejos de molestarla, la excitó y con más intensidad me rogó que la tomara.</p>



<p>―Espero que uno de estos días te quedes preñada y con mis lobatos en tu vientre, comprendas que estamos hechos el uno para el otro― molesto repliqué mientras la volvía a azotar con dureza.</p>



<p>Esa nueva serie de “caricias” la terminaron de desarbolar y mientras se sumía en el placer, me expresó sus dudas de que fuera lo suficiente macho para embarazarla.</p>



<p>―Soy eso y mucho más― respondí hundiendo mis dientes en su yugular</p>



<p>El dolor de su cuello intensificó su gozo y ya convertida en una hembra en celo, me imploró que derramara mi simiente en ella mientras se corría. El ímpetu de su orgasmo la hizo trastabillar y si no llego a cogerla, hubiese caído al suelo.</p>



<p>― ¿Sabes por qué me apetece preñarte? ― pregunté y sin darle opción de contestar añadí: ―Para saber que se siente al tirarme a una gorda con grandes tetas y no a una ¡escuálida tabla de planchar!</p>



<p>Mi bufido no la humilló sino exacerbó su calentura e imprimiendo un mayor ritmo a sus caderas, sonrió mientras replicaba que llegado ese día no permitiría que me acercara a ella:</p>



<p>―Embarazada, ¡no te necesitaré! ¡Mi lobo!</p>



<p>―Entonces, ¡me buscaré a otra con la que aliviar mis carencias! ― grité respondiéndola.</p>



<p>― ¡Mataré a cualquier perra que ose abrirse de piernas ante mi macho! —contestó mientras su cuerpo colapsaba ante el embate de un nuevo clímax.</p>



<p>Esta vez, su placer llamó al mío y en brutales descargas, exploté sembrando su interior con mi esencia. Al notarlo, se giró y buscando mis labios, comentó lo maravilloso que era hacer el amor estando enfadada.</p>



<p>―A mí también me gusta, pero ahora me apetece el hacértelo con cariño y en la cama, a ver si siendo novedad al fin consigo que engendres a mis lobatos― respondí tomándola en volandas.</p>



<p>―Pervertido― riendo a carcajada limpia, se dejó llevar hasta nuestro lecho.</p>



<p>Por desgracia acababa de tumbarme a su lado, cuando de pronto escuchamos que alguien tocaba en nuestra puerta. Cabreado por la interrupción, pregunté qué pasaba y desde el pasillo, escuché a mi hermana Bríxida decir que alguien deseaba vernos. Por su tono comprendí que no le gustaba nuestra visita y sabiendo de antemano quién era, únicamente contesté que nos dieran unos minutos para prepararnos.</p>



<p>&nbsp;―Dile que media hora― rezongó desde las sábanas la rubia mientras se apoderaba de mi pene con sus manos: ―Si ha hecho el viaje desde Italia, no le importará esperar treinta minutos.</p>



<p>No pude contrariarla al sentir que el traidor se ponía erecto con sus mimos y reanudando lo que estábamos haciendo, amé con dulzura a la loba que el destino me había dado. Por ello, la “strega” tuvo que aguardar pacientemente no solo a ese segundo round, sino que al terminar rematáramos la faena con un tercero mientras nos duchábamos.</p>



<p>Ya saciada nuestra mutua lujuria, nos vestimos y fuimos a encontrarnos con la bruja que había llegado exprofeso desde la Toscana para vernos. Nuestras ideas preconcebidas sobre ella quedaron echas trizas al entrar al salón donde aguardaba. Y es que, entre polvo y polvo, habíamos comentado que nuestra visita debía ser la clásica foca con bigote que vestida de negro tan bien había reflejado Pasolini en sus películas. Pero, para nuestra sorpresa, lo que nos topamos fue a un ser angelical de ojos verdes. Una impresionante morena ataviada con una túnica blanca, que se le transparentaba totalmente dejándonos admirar la belleza de sus atributos.</p>



<p>―Esta zorra está buena― sorprendida murmuró Lúa tan prendada como yo de la belleza de la recién llegada.</p>



<p>Conociendo sus celos, me abstuve de confirmar que opinaba igual que ella y acercándome a nuestra visita, le di la bienvenida sin saber que la joven aprovecharía para pegarse y darme sendos besos en las mejillas. No me había repuesto de la sorpresa que me provocó la dureza de sus pechos cuando separándose de mí, repitió el gesto con mi pareja. Pero en su caso tras darle los besos, comentó que Lúa hacía honor a su fama.</p>



<p>― ¿Qué fama? ― quiso saber totalmente colorada al notar que la joven morena se la estaba comiendo con los ojos.</p>



<p>―En toda Europa se dice que la pareja del nuevo alfa es preciosa, pero nunca lo creí y ahora que la conozco, debo reconocer que se han quedado cortos. ¡Usted es una diosa! ― contestó la “strega” sin recato alguno.</p>



<p>No pude evitar el reírme al percatarme del tamaño que habían adquirido los pezones de mi pareja con ese halago y mientras mi “salvaxe” intentaba tranquilizarse, pregunté por el contenido de su encomienda. La joven hechicera un tanto molesta por haber acortado su presentación, nos pidió si podíamos llevarla a la habitación donde mi difunta “meiga” hacia sus sortilegios.</p>



<p>―Debo ponerme en contacto con Diana y que ella sea la que os lo diga, mi señor― contestó al preguntar la razón de esa petición.</p>



<p>Branca y su cariño me hicieron dudar al sentir que si permitía a esa nigromante efectuar su magia allí profanaría su recuerdo. La italiana que no era tonta comprendió mis reparos y antes de que se los hiciera presentes, insistió:</p>



<p>―No soy maléfica y jamás he usado esas artes. Debería usted saberlo ya que soy la enviada de un hada. ¡Mi dama necesita su ayuda!</p>



<p>Interviniendo a su favor, Lúa me recordó que Xenoveva nos había pedido escucharlas y qué eso era lo que debíamos hacer.</p>



<p>―Está bien. Acompáñenos por favor― cedí y dejándolas a ambas detrás, salí en dirección hacia la antigua capilla del pazo, a la cual no había vuelto a entrar desde que Tereixa, la asesinó.</p>



<p>Destrozado, recorrí los pasillos sintiendo que me seguían y ya en la puerta, tuve que hacer un esfuerzo al traspasarla mientras recordaba con dolor el amor que habíamos compartido, amor que creí eterno hasta que Tereixa me lo arrebató.</p>



<p>―Seré respetuosa con el recuerdo de mi antecesora, mi señor― fue el único comentario que realizó antes de ponerse a dibujar con sal la estrella de cinco puntas que tantas veces le había visto a mi amada realizar.</p>



<p>Tal era mi sufrimiento que no advertí el significado de lo que había dicho, hasta que susurrando en mi oído Lúa lo comentó:</p>



<p>―O me equivoco o acaba de decir que viene a sustituir a Branca.</p>



<p>Por su tono, asumí que no vería nada malo en que esa italiana pasara a formar parte de nuestra familia y que al igual que su padre y Ruth, su esposa, se habían unido a su madre formando un inseparable trio, le apetecía que la recién llegada fuera esa tercera pata que nos faltaba.</p>



<p>―No pienso volver a amar a una humana― respondí mientras contra mi voluntad recorría embelesado el trasero de la joven.</p>



<p>La hermosura de esas ancas tan apetitosamente formadas me hizo dudar hasta a mí de esa afirmación y por eso, me indigné aún más cuando la rubia murmurando muerta de risa añadió:</p>



<p>―Por la forma en que la miras, solo tengo que darle tiempo al tiempo, para que mi depravado lobo husmee entre sus piernas.</p>



<p>No pude ni contestar porque justo en ese instante la desconocida terminó el pentagrama y ante mi consternación, dejó caer su túnica mostrándose en plenitud. Su desnudez incrementó la atracción que ambos sentíamos por ella y preso de la excitación, busqué su sexo con la mirada. Al observar el exquisito y cuidado bosquecillo que lucía sobre su vulva no pude más que transpirar soñando con darle un lametazo. A Lúa le ocurrió igual y mordiéndose los labios, musitó llena de deseo:</p>



<p>―No me puedes negar que te gustaría hacerle un hueco en nuestra cama.</p>



<p>―Ni siquiera sabemos su nombre― protesté temiendo que ambos fuéramos objeto de un embrujo que nos hubiese lanzado esa hechicera.</p>



<p>Ajena o más bien obviando lo que sentíamos, la morena se puso a invocar a su dama mientras esparcía unas hierbas por el suelo. En su olor, reconocí albahaca y orégano ingredientes básicos de la cocina de su país, pero también romero, lavanda y savia tan presentes en la nuestra. Extrañado porque tuviesen un uso mágico, vi que se empezaba el cuarto a poblar de una espesa niebla, de la que salió una ninfa tan bella como la dama del bosque.</p>



<p>―Señora, os he llamado en cumplimiento de sus deseos. Aquí tiene al alfa y a la hembra que quería conocer― postrándose ante ella, declaró.</p>



<p>―Bien hecho, mi Aradia― haciendo una carantoña en la negra melena de la joven, la premió para acto seguido dirigirse a nosotros: ―Como Xenoveva os anticipó, necesito vuestra ayuda… en mis dominios, el mal se ha hecho fuerte y debemos combatirlo para que no siga extendiéndose por Europa.</p>



<p>Mientras me ponía a meditar que el nombre de la muchacha era el mismo del de una bruja idolatrada por los seguidores de la Stregheria, Lúa preguntó a la visión si no le bastaba con la ayuda de Stephano, el salvaxe que era su adalid.</p>



<p>―Desgraciadamente, ya es muy viejo y no tardará en acudir a mí como esposo. Nuestros enemigos son demasiado poderosos y él nunca podría afrontarlos solo, por eso necesito que el alfa y su hembra acudan en su auxilio y juntos acabéis con la amenaza que se cierne sobre todos.</p>



<p>― ¿Qué tipo de amenaza habla? ¿Quién o quienes pueden representar tal peligro? – ya interesado comenté.</p>



<p>El hada midiendo sus palabras, nos explicó que habían desaparecido sin dejar rastro media docena de paisanos de la zona y que dada la malignidad que sentía en su interior, temía que terminarían siendo asesinados por seres que hasta entonces habían estado confinados en los parajes más remotos de Rumanía. Hasta el último vello de mi cuerpo se erizó al conocer su origen, pero no queriendo dar pábulo a mis sospechas, pedí que me aclarara exactamente el tipo de entes con los que nos enfrentaríamos. Tomando la palabra, la tal Aradia, fue la que lo aclaró:</p>



<p>―Lo que mi señora Diana tampoco quiere reconocer es que se teme que una horda de vampiros haya escapado de su encierro y sea la que esté asolando nuestras tierras.</p>



<p>Casi me caigo de culo al escucharle decir que esos engendros realmente existían e histérico, miré al hada mientras le preguntaba si estaba segura de que ellos eran los responsables.</p>



<p>―Llevan siete siglos encerrados en esa sierra y por eso no puedo confirmar tal cosa, pero los signos que he visto y la maldad que he sentido me hablan de ello― respondió.</p>



<p>―El alfa y yo iremos a indagar y de ser así, le prometo que usaremos todos los recursos de nuestros clanes para devolverlos a su prisión y que no vuelvan a salir.</p>



<p>―Gracias, sé el esfuerzo que estoy pidiéndoles y como Xenoveva me comentó su triste situación, espero que reciban como pago mi presente― replicó disolviéndose entre la bruma.</p>



<p>― ¿Qué presente? ― pregunté sin obtener respuesta al haberse ido el hada.</p>



<p>Levantándose del suelo, la morena fue la que contestó:</p>



<p>―Yo soy el pago. Sabiendo mi dama el peligro que correrían, creyó oportuno entregarme a sus benefactores como compañera. Desde el momento que me acepten, juro servirles fielmente y dedicar mi vida a ustedes.</p>



<p>Impresionada de que hubiera hecho ese viaje sabiendo que no tendría retorno, Lúa se anticipó a mí y se negó de plano a aceptar la como parte de la familia hasta que no nos conociera y por eso ante los ojos de la joven se transformó en loba. Imitándola comencé también yo a mutar, haciéndolo lentamente para que fuera plenamente consciente del significado de su entrega. Aradia no se esperaba tal cosa y por eso miró aterrorizada cómo las orejas se iban trasladando por nuestro rostro, cómo las mandíbulas nos crecían y como nuestras pieles se poblaban de pelo. Ya lobos nos acercamos a ella gruñendo y ante nuestra sorpresa, la morena se echó a reír y abrazándonos con ternura, nos soltó que éramos bellísimos.</p>



<p>― ¿No nos tienes miedo? ― pregunté recuperando mi voz humana.</p>



<p>―Mi señor, si antes de conocer su lado lobuno, me parecían atractivos… ahora que los he visto me lo parecen aún más. Desde niña he soñado que un día cabalgaría sobre uno de su especie, pero nunca sospeché que sería sobre el lomo de un rey o de una reina.</p>



<p>Confieso que se me desencajó la mandíbula al oírla. Por eso no pude decir nada cuando Lúa le pidió que se subiera sobre ella. Al hacerlo, mi adorada salió corriendo por el prado camino al bosque de mi heredad. Sin saber realmente el por qué, fui tras de ellas alcanzándolas ya dentro de la espesura. &nbsp;</p>



<p>― ¿Dónde vas? ― pregunté a mi hembra.</p>



<p>―Debemos presentarla a nuestros lobos, para que la protejan cuando no estemos― contestó enfilando la montaña donde vivía la manada.</p>



<p>La felicidad de la chiquilla agarrándose al cuello de Lúa me hizo recordar a Branca cabalgando sobre mí en ese mismo paraje y tratando de conciliar ese recuerdo con la evidente atracción que sentía por esa humana, aminoré mi paso. Ello motivó que llegara a la guarida cuando ya se la había presentado a la líder y por eso fui testigo de una imagen que nunca conseguiré olvidar. Desnuda y llena de barro, la joven estaba jugando con los cachorros mientras el resto de la manada la observaban.</p>



<p>«No puede ser. Está rodeada de fieras y le da igual. ¡Es como si toda su vida hubiera convivido con ellos!», exclamé en mi interior preocupado.</p>



<p>Seguía admirado esa escena cuando Lúa llegó a mí y restregando su lomo contra el mío, susurró:</p>



<p>― ¿Todavía crees que nunca podrás amar a esta monada?</p>



<p>Mostrando mis reservas, contesté:</p>



<p>― ¿No ves que hay algo raro en su comportamiento? Parece saber cuál es la jerarquía de la manada y cómo debe comportarse dentro de ella.</p>



<p>Haciéndonos ver que entre sus poderes estaba el conocer la lengua de los lobos, la joven levantó la mirada y me dijo:</p>



<p>―Mi señor, todavía no he tenido tiempo de contarles mi vida. Soy huérfana desde niña y el único amor que he sentido es el de una loba a la que acudía pidiendo protección cuando en el orfanato tenía problemas. Para mí, ella fue mi madre y por eso no pude decirle que no, cuando mi hada propuso que me uniera a los reyes de los salvaxes. Para mí, ser de ustedes, más que un sueño es una necesidad vital.</p>



<p>Con esas emotivas palabras disolvió mis reparos y aunque todavía dudo si fue real, creí escuchar en mi interior a mi amada Branca dando su aprobación para que la joven fuera su sustituta.</p>



<p>―Volvamos al pazo, hay mucho que organizar antes de marcharnos a Italia.</p>



<p>La joven con una sonrisa de oreja a oreja me rogó que le concediera un último favor.</p>



<p>― ¿Qué deseas? ― pregunté.</p>



<p>―Me gustaría volver sobre usted, mi señor.</p>



<p>Desternillado de risa, acepté. Temiendo quizás la joven que cambiase de opinión, la morena se aferró a mi cuello y me lancé de vuelta sin saber que ese camino se convertiría en una tortura al sentir la tersura de su piel sobre mi pelaje.</p>



<p>«¡Qué bien huele!», con su aroma recorriendo mis papilas aceleré no muy seguro de ser capaz de soportarlo y que presa del deseo, hiciera una parada para poseerla en mitad del prado.</p>



<p>― ¡Corre mi lobo! ¡Enséñame los dominios que deberé proteger con mi magia! ― chilló llena de alegría mientras recorríamos los prados que tanto amo.</p>



<p>El roce de su vulva contra mi columna intensificó más si cabe la lujuria que me corroía y por eso al llegar al pazo, preferí desaparecer antes de hacer una tontería. Lúa olió en mí las hormonas de macho en ebullición y muerta de risa, aconsejó que me diese una ducha mientras ella le enseñaba la casa y le presentaba al resto de sus habitantes. Ni decir tiene que le hice caso y yendo al baño, abrí el agua fría en un intento de calmar mi calentura.</p>
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		<title>&#8220;Dueño inesperado de la madre y de la esposa de un amigo&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Apr 2026 13:14:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: El destino es caprichoso y cruel pero también magnánimo. A Gonzalo Alazán nada podía haberle hecho prever las consecuencias de una petición de auxilio por parte de un buen amigo. Enfermo y moribundo, Julio le informó que le había nombrado su heredero a pesar que tenía una mujer y que su madre seguía viva. Extrañado por esa decisión pero a la vez,interesado porque además de inmensamente rico, la madre de su amigo había poblado sus sueños en la adolescencia y para colmo era el marido de un bellezón. Al preguntar por los motivos que tenía para desheredarlas, Julio le [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01LZ7YUUR"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-21868" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado.png" alt="" width="4204" height="1104" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado.png 4204w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-300x79.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-1024x269.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-768x202.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-1536x403.png 1536w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/dueño-inesperado-2048x538.png 2048w" sizes="(max-width: 4204px) 100vw, 4204px" /></a>Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El destino es caprichoso y cruel pero también magnánimo. A Gonzalo Alazán nada podía haberle hecho prever las consecuencias de una petición de auxilio por parte de un buen amigo. Enfermo y moribundo, Julio le informó que le había nombrado su heredero a pesar que tenía una mujer y que su madre seguía viva.<br />
Extrañado por esa decisión pero a la vez,interesado porque además de inmensamente rico, la madre de su amigo había poblado sus sueños en la adolescencia y para colmo era el marido de un bellezón. Al preguntar por los motivos que tenía para desheredarlas, Julio le contestó que ambas eran incapaces de administrar su dinero por lo que había pensado en él para que nada les faltase.<br />
No deseando aceptar esa responsabilidad, llegó al acuerdo de visitar la finca donde vivían los tres y así comprobar si tenía razón al pedirle ayuda..</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los TRES&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 1 – LA ENFERMEDAD DE JULIO</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El destino es caprichoso y cruel pero también magnánimo. Hombres y mujeres estamos en sus manos y estamos impotentes ante sus muchas sorpresas. A veces son malas, otras pésimas y en la menor de las ocasiones, te sorprende con una campanada que te cambia la vida de un modo favorable. Curiosamente un buen día para Fernando Alazán, una mala noticia se convirtió en pésima sin saber que con el tiempo, esa desgracia se convertiría en lo mejor que le había ocurrido jamás.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nada podía haberle hecho prever las consecuencias de una petición de auxilio por parte de un buen amigo. Como tantas mañanas, estaba en el despacho cuando Lidia, su secretaria, le avisó que tenía visita. Extrañado miró su agenda y al ver que no tenía nada programado, preguntó quién deseaba verle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Julio LLopis― contestó la mujer y viendo su extrañeza, aclaró: ― Dice que es un amigo de su infancia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dígale que pase― inmediatamente respondió porque no en vano, ese sujeto no solo era uno de sus más íntimos conocidos sino que para colmo estaba forrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras esperaba su aparición, Fernando se quedó pensando en él. Llevaba al menos seis meses sin verle porque sin despedirse de nadie, se había marchado a vivir a su finca que tenía en Extremadura. Aunque a todos sus amigos esa desaparición les había resultado rara, él siempre había objetado que si lo pensaba bien, no lo era tanto:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Con una esposa tan impresionante, no me importaría dejar todo e irme al fin del mundo con ella― comentó a uno que le preguntó, recordando a Lidia, su mujer. Debido a que sin pecar de exagerado, para él, Lidia era la mujer más impresionante con la que se he topado jamás. Morenaza, de un metro setenta, la naturaleza la ha dotado de unos encantos tan brutales que en el interior de su cerebro sostenía que nadie en su sano juicio perdería la oportunidad de pasar una noche con ella aunque eso suponga perder una amistad de años.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras espera su llegada, tuvo que confesarse a sí mismo que si Julio seguía siendo su amigo, se debía únicamente a que jamás había tenido la ocasión de echarle los tejos y que de haber visto en sus ojos alguna posibilidad, se hubiese lanzado en picado sobre ella. Tenía para colmo las sospechas que detrás de esa cara angelical, se escondía una mujer apasionada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Por ella sería capaz de hacer una tontería sentenció al rememorar ese cuerpo de lujuria que hacía voltear a cuanto hombre que se cruzaba con ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No solo tiene unos pechos grandes y bien parados sino que van enmarcados por un cintura de avispa, que es solo la antesala del mejor culo que he visto nunca», pensó justo en el momento que su marido cruzaba su puerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El aspecto enfermizo de mi amigo le sobresaltó. El Don Juan de apenas unos meses antes se había convertido en un anciano renqueante que necesitaba de un bastón para caminar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué te ha pasado?― exclamó al percatarse de su estado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Julio, antes de poder contestar, se sentó con gran esfuerzo en la silla de confidente que tenía frente a su mesa. Esa sencilla maniobra le resultó increíblemente difícil y por eso con un rictus de dolor en su rostro, tuvo que tomar aliento durante un minuto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cómo puedes ver, me estoy muriendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La tranquilidad con la que le informó de su precario estado de salud, le desarmó e incapaz de contestar ni de inventarse una gracia que relajara el frío ambiente que se había formado entre ellos, solo pudo preguntarle en que le podía ayudar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Necesito tus servicios ― contestó echándose a toser.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su agonía quedó meridianamente clara al ver la mancha de sangre que tiñó el delicado pañuelo que sostenía entre las manos. El dolor de mi amigo le hizo compadecerse de él y olvidando la profesionalidad que siempre mostraba en el bufete, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si quieres un abogado, búscate a otro. ¡Yo soy tu amigo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tomando su tiempo, el saco de huesos que pocos meses antes era un destacado deportista, insistió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Exactamente por eso y porque eres el único en que confío, vengo a informarte que te he nombrado mi heredero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Las palabras del recién llegado le parecieron una completa insensatez y por ello no tuvo que meditar para espetarle de malos modos:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Estás loco! ¡No puedo aceptar! Tienes a Lidia y si no crees que se lo merece, todavía te queda tu madre…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fernando no se esperaba que con una parsimonia que le dejó helado, Julio le rogara que permaneciera callado:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ninguna de las dos tiene capacidad para afrontar lo que se avecina y por eso, quiero pedirte ese favor. Necesito que una vez haya muerto, queden bajo tu amparo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rotundidad con la que hablo, diluyó parcialmente sus dudas y sin sospechar la verdadera causa de esa decisión y asumiendo una responsabilidad que no debía haber nunca aceptado, accedió siempre y cuando pudiera ceder en un momento dado la herencia a sus legítimas dueñas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Por eso no te preocupes! En el testamento, he dispuesto que de ser voluntad de Lidia o de mi madre el hacerse cargo de la herencia, esta pase automáticamente a ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No comprendo», rumió como abogado, «si les da ese poder, realmente y en la práctica, solo seré su albacea hasta que decidan que ellas se pueden valer por sí mismas».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su fuero interno, Fernando creyó que lo que su amigo le estaba pidiendo es que le ayudara a que su esposa y su madre no hicieran ninguna tontería una vez fallecido y por ello, más tranquilo, aceptó ya sin ningún reparo. El enfermo al oír que su amigo accedía a tomar esa responsabilidad y haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban, le invitó a pasar ese fin de semana a su finca para que así tener la oportunidad de cerrar todos los flecos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cuenta con ello― Fernando respondió y temiendo por el estado de Julio, únicamente cerró el trato con un ligero apretón de manos, debido a que hasta el más suave abrazo podía dañar su delicada anatomía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Quedando que ese mismo viernes iría, le acompañó hasta un taxi. Mientras le veía marchar, no pudo dejar de pensar en lo jodido que estaba y que como uno de sus mejores amigos, no le pensaba fallar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 2 ― VISITA A “EL VERGEL” Y ESO LE DEPARA NUEVAS SORPRESAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tal y como habían acordado, ese viernes al mediodía Fernando Alazán cogió su coche y se dirigió hacia Montánchez, un pequeño pueblo de Cáceres donde estaba ubicada el cortijo de su cliente y amigo. Ya en la carretera de Extremadura y mientras recorría los trescientos kilómetros que separaban Madrid de esa localidad, se puso a recordar los tiempos en los que estando en la universidad, toda su pandilla tenía esa finca como refugio para sus múltiples correrías.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eran tiempos felices― concluyó al llegar a su memoria como siendo unos putos críos cada vez que querían hacer una fiesta un poco subida de tono, los seis amigotes invitaban a ese lugar cuanta incauta o puta se dejara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al rememorar una de esas reuniones, una anécdota sobresalió de sus recuerdos y muerto de risa, se acordó de la brutal metedura de pata de unos de esos colegas. El cual, con algunas copas de más, una tarde vio entrar a una espectacular rubia de unos cuarenta años y creyendo que Julio se había enrollado a una madura, se auto presentó diciendo que si el anfitrión no podía satisfacerla, pasara por su cama para que le diera un buen repaso.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Pobre cabrón», sonrió ya que ese culito era Nuria, la madre de Julio y dueña de ese lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El pobre muchacho al enterarse de ello, le pidió perdón pero totalmente abochornado por su falta de tacto, hizo las maletas y volvió a Madrid con el rabo entre las piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Eso fue hace diez años y el tiempo es cruel», se dijo interesado por vez primera en encontrarse con esa madura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si bien en aquella época Nuria tenía un polvo de escándalo, dudaba que se mantuviera tan atractiva como entonces.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No tardaré en averiguarlo», concluyó mientras involuntariamente reducía la velocidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo supiera o no en ese momento, se veía con pocas ganas de enfrentarme tanto a ella como a Lidia, ya que por mucho que Julio le hubiese asegurado que tanto su mujer como su madre estaban de acuerdo con la decisión de dejarle a él al mando, no se lo terminaba de creer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Al menor problema, renuncio», sentenció no queriendo formar parte de un circo familiar y menos de las rencillas que tan extraño testamento a buen seguro acarrearían.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La soledad y la pesadez de la distancia, le permitieron también recordar distintos lances e historias que había compartido con Julio, desde las típicas borracheras de juventud a conquistas sexuales. Aunque su amigo siempre se había mostrado tradicional en ese aspecto, rememoró con especial satisfacción en que le descubrió con una hembra atada en su cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ese día, Julio de sorprendió», masculló divertido porque al verle entrar sin llamar, había supuesto que le iba a montar un escándalo pero en vez de hacerlo, se sentó sin ni siquiera echar una mirada a la zorra que yacía sobre el colchón y sonriendo, únicamente preguntó si podía mirar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tú mismo― había contestado sin dejar de ocuparse de la insensata sumisa que llevada por la calentura, había accedido a que la inmovilizara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ahora que lo pienso es curioso que a pesar de la forma tan rara en que Julio conoció mi faceta de dominante y que sin perder ojo fue testigo de esa sesión, al salir de la habitación jamás ha vuelto a mencionarlo», pensó mientras aceleraba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa tarde, a las dos horas y cuarenta cinco minutos de salir de su oficina, llegó a las puertas del cortijo. Al entrar por el camino de tierra que daba acceso a la casa principal, le sorprendió gratamente comprobar que lejos de haber perdido su esplendor con los años, “El Vergel” hacía honor a su nombre y parecía un pedazo de edén colocado en mitad de la sierra extremeña.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque no iba a ser el verdadero dueño de ese paraíso, el joven abogado tuvo que reconocer que se sentía feliz de descubrir el estado de sus campos. Al llegar al casón, esa primera impresión quedó refrendada al observar que conservaba la clase y belleza que tan buenos recuerdos me habían brindado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni siquiera había aparcado cuando vio abrirse el enorme portón de madera y salir de su interior, tanto Lidia como su suegra. Si descubrir que la esposa de Julio seguía siendo el estupendo ejemplar de mujer que recordaba y que no había caído en una depresión le animó pero lo que realmente le encantó, fue comprobar que Nuria parecían no haber pasado los años y que aunque sin duda debía de rozar los cincuenta nadie le echaría más de cuarenta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Sigue siendo un monumento!» exclamó mentalmente al verla llegar enfundada con unos pantalones de montar que realzaban su trasero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su turbación se incrementó cuando ambas mujeres le recibieron con un cariño desmesurado y sin que pudiera siquiera sacar el equipaje del coche, le hicieron pasar adentro. Mientras Lidia le conducía del brazo a la habitación donde permanecía postrado su marido, la madre de su amigo iba delante. El que me fuera mostrando el camino le permitió admirar el movimiento de sus nalgas al caminar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está impresionante!», sentenció mientras disimuladamente se recreaba en la rotundidad de los cachetes de la madura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su amiga debió percatarse del rumbo estaban tomando los pensamientos del joven porque pegándose él más de lo que la familiaridad de la que gozábamos permitía, dijo en voz baja:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No parece tener cuarenta y nueve.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―La verdad es que no –respondió avergonzado que hubiese descubierto el modo en que la miraba y tratando de ser educado, quiso arreglarlo por medio de un piropo: ―Sigue siendo muy guapa pero la que está cañón eres tú.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lidia al oírlo, soltó una carcajada y pasando al interior del cuarto de su marido, le llevó a su lado. Desde la cama, Julio con aspecto cansado preguntó el motivo de su risa y su esposa sin cortarse ni un pelo respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Fernando , mientras le miraba el culo a tu madre, me ha dicho que estoy guapísima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si de por sí el que su íntimo amigo se enterara de ese error era duro, mucho más lo fue ver que Nuria se ruborizaba al escuchar que le había estado examinando con mi mirada esa parte tan sensible de su anatomía. Cuando ya estaba a punto de buscar una excusa, Julio respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Siempre ha tenido buen gusto― y haciéndoles señas, le pidió que nos dejaran a solas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En cuanto se quedaron solos en la habitación, el enfermo le llamó a su lado y con voz quejumbrosa, le fue detallando los aspectos esenciales de su herencia. Haciendo como si estuviera interesado, Fernando Alazán escuchó de sus labios que no solo tenía esa finca sino una cantidad de efectivo suficiente para que ninguna de las dos mujeres, pasara nunca ningún tipo de peNuria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dada su experiencia, al explicarle las medidas que había tomado para asegurar un modo de vida elevado a cada una de las dos, el letrado estaba confuso porque pensaba que no tenía ningún sentido que le nombrara heredero porque Julio lo había previsto todo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por ello y aun sabiendo que podía perder un buen negocio, preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Julio, no entiendo. Tu madre y tu esposa no me necesitan. ¡Pueden valerse por ellas solas!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Te equivocas! Aunque nunca hayas siquiera sospechado nada, tengo un secreto que compartir contigo…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tono misterioso que adoptó al decírselo, le hizo permanecer callado mientras tomaba un sorbo del vaso que tenía en su mesilla. Esos pocos segundos que mediaron hasta que volvió a hablar se hicieron eternos al imaginarse unas deudas de las que no hubiera hablado. Ni siquiera sus años de ejercicio le prepararon para lo que vino a continuación y es que, con una sonrisa en sus labios, el enfermo bajó su voz para susurrar en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Durante cuatro generaciones, todas las mujeres de mi familia han sido sumisas y por lo tanto han necesitado de un amo que las dirigiera. Al morir mi padre me legó a su mujer y ahora cómo no tengo descendencia, quiero que tú me sustituyas con mi madre y con Lidia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solo el dolor que se reflejaba en los ojos de su amigo evitó que creyera que era broma y pensara que le estaba tomando el pelo. Aun así, no pudo más que pensar que la enfermedad había hecho mella en su mente y que Julio no era consciente de lo que había dicho. Suponiendo que era un desvarío decidió cambiar de tema pero Julio cogiendo su mano insistió diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Necesito que te hagas cargo de ellas. Solo tú sabes lo que significaría que de pronto se vieran sin alguien que las dirija… ¡podrían caer en manos de un desaprensivo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esas palabras le hicieron pensar que de ser ciertas, el moribundo tenía razón en estar preocupado porque dos sumisas sin dueño era una presa fácil y si como era el caso eran un espectáculo de mujer, abría cola esperando que Julio muriera para tomar su lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tenemos tiempo para discutir sobre ello― contestó y quitando hierro al asunto, en plan de guasa, comentó: ―No creo que nos dejes durante este fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tanta emoción pasó su factura al esqueleto andante que yacía sobre las sábanas y cerrando los ojos, pidió que le dejara descansar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ese momento, ese desvanecimiento fue recibido por Fernando con alegría porque lo último que le apetecía era seguir con esa conversación y por ello, despidiéndose de su amigo, salió de su habitación mientras intentaba sacar de su mente el supuesto secreto que le había sido revelado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Pobre, la enfermedad le está haciendo delirar», sentenció con el corazón en el puño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 3.― ADMIRANDO A SUS ANFITRIONAS</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al no encontrar ni a Lidia ni a su suegra por ninguna parte, buscó la habitación que le habían reservado. Como Nuria le había dicho que se iba a quedar en el cuarto de al lado de la piscina y aunque llevaba muchos años sin estar en “El Vergel”, no tuvo problemas en orientarse, por lo que no le costó encontrarlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya dentro, se percató que lo habían reformado y que donde antiguamente había una serie de literas, se hallaba una enorme cama King Size.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Voy a dormir cojonudamente», se dijo a si mismo mientras buscaba por la estancia su equipaje.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para su sorpresa, alguien se había ocupado de deshacer su maleta y halló sus pertenencias, perfectamente ordenadas en uno de los armarios. Sin nada mejor que hacer decidió que le vendría bien darse un baño, sacando de uno de los cajones su traje de baño, se lo puso y salió al jardín.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente nada más cerrar la puerta, escuchó voces al otro lado de la barda de separación de la piscina y reconociendo que eran sus anfitrionas, las saludó avisando de su llegada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ambas le devolvieron el saludo con alegría pero fue la madre de Julio, la que viniendo hacía él, le dio la bienvenida con un beso en la mejilla como si no se hubiesen visto en mucho tiempo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Y esto?», se preguntó extrañado pero sobre todo preocupado por si Nuria o su nuera se hubiesen percatado del modo en que involuntariamente se había quedado prendado con el cuerpo que lucía la madura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menudo polvo tiene la condenada!», reconoció para sí al contemplar el movimiento de los descomunales pechos de la señora.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y es que a pesar de ya saber que esa rubia se conservaba estupendamente, al verla en bikini constató sin ningún género de duda que la cuarentona se mantenía en forma y donde me esperaba ver una tripa incipiente o al menos unas cartucheras, se encontró con un estomago plano y un culo de fantasía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», masculló entre dientes al advertir que se había quedado con la boca abierta al contemplarla y haciendo un esfuerzo, retiró sus ojos de ese cuerpo que cualquier veinteañera envidiaría y querría para sí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Confundido y sin saber qué hacer, dejó que la madre de Julio le condujera hasta una tumbona. Al hacerlo, Fernando se permitió echarle un vistazo a la nuera que nadaba ajena a que la estaba observando y a regañadientes, reconoció que siendo completamente distinta no sabía cuál de las dos era más atractiva.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No te vas a bañar con el calor que hace?― preguntó la madura con una entonación que provocó que hasta el último de sus vellos se erizaran, al reconocer una especie de súplica más propia de una de sus conquistas que de la progenitora de su amigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Deja que me acomode y voy― contestó sin dejar de mirar la seductora imagen que le estaba regalando Nuria en ese instante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cuarentona sonrió y en plan coqueta se tiró al agua mientras el joven intentaba olvidar los pechos y las redondas caderas que llevaban siendo su obsesión desde niño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «La culpa es de los desvaríos de Julio», meditó avergonzado al darse cuenta que bajo su pantalón, crecía desbocada su lujuria, «me ha puesto cachondo con sus locuras».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No se había repuesto del calentón cuando su turbación se incrementó hasta niveles insoportables al admirar la sensual visión de Lidia saliendo de la piscina.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Joder, ¡cómo estoy hoy!», maldijo para sí al contemplar la impresionante sensualidad de la mujer de su amigo y es que a pesar de ser más plana y menos exuberante que su suegra, esa morena era una tentación no menos insoportable.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero lo que realmente le avergonzó a Fernando fue comprobar que Lidia se había puesto roja como un tomate al sentir el roce de su mirada sobre sus pechos. Saberse descubierto le abochornó pero lo que hizo saltar todas sus alarmas, fue descubrir qué los pezones de la morena se le había puesto duros como piedras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lleno de pavor, se tiró al agua esperando quizás que un par de largos en la piscina calmaran la excitación que nublaba su mente. Desgraciadamente cuando ya iba a salir de la piscina, vio a Nuria quitándose el cloro por medio de una ducha. Al contemplar a esa madura se creyó morir porque la tela de su bikini se transparentaba dejando entrever el color de sus aureolas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Coño! ¡No puedo salir así!», protestó mentalmente al sentir la erección de su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para evitar que sus anfitrionas advirtieran la tienda de campaña de su traje de baño, cogió una toalla y haciendo como si se secaba, tapó con ella sus vergüenzas mientras se acercaba a donde Lidia estaba tumbada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Supo que a esa morena no le había pasado inadvertido su problema cuando con una pícara sonrisa, le pidió que le trajera una cerveza. Creyendo que eso le daba la oportunidad de alejarse sin que se notara, se acercó a la barra de bar y sacó tres botellas. Rápidamente se dio cuenta del error, porque al mirar atrás advirtió que suegra y nuera disimulando con una charla, no perdían comba de lo que ocurría entre sus piernas. Alucinado por ser el objeto de ese escrutinio, decidió disimular y hacer como si no hubiese enterado de lo lascivo de sus miradas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Estas tipas de qué van?», se preguntó mientras les hacía entrega de sus bebidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su vergüenza se trastocó en cabreo cuando Nuria, mirando fijamente su paquete, comentó a la esposa de su hijo que al fin comprendía el éxito de Fernando con las mujeres.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Mi marido siempre ha dicho que es el mejor armado de sus amigotes― la morena contestó sin dejar de esparcir la crema por sus muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa conversación sobre sus atributos molestó de sobremanera a Fernando que decidido a castigar la osadía de ambas, les devolvió el piropo diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―En cambio yo he tenido que veros en bikini para darme cuenta del culo y de las tetas que tenéis porque Julio se lo tenía bien callado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa táctica le falló porque Nuria al oír la burrada, se acomodó en la silla y exhibiendo sus enormes pechugas, se puso a untarlas con bronceador mientras preguntaba:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tenemos los pechos muy diferentes, ¿cuáles te gustan más?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En la mente del joven abogado se entabló una lucha a muerte entre la vergüenza que sentía por la pregunta y el morbo que le daba quién se la había hecho. No queriendo quedar cómo un cretino y menos cómo un salido, prefirió mantenerse en silencio y no contestar. Desgraciadamente, Lidia envalentonada por el éxito de su suegra, decidió poner su granito de arena. En silencio se levantó de su tumbona y acercándose hasta donde estaba su víctima, empezó a bailar mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Nuria las tiene más grandes pero yo tengo un trasero más bonito. ¿No es verdad?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pálido ante el descaro de esa dos, comprendió que debía huir si no quería seguir siendo el pelele en el que descargaran sus golpes y sin importar la protuberancia que lucía bajo el traje de baño, tomó rumbo a su cuarto mientras a sus oídos llegaban las risas de sus anfitrionas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Sumisas? ¡Una leche! ¡Parecen unas perras en celo!», pensó mientras cerraba la puerta tras de sí…</span></p>
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		<title>&#8220;JUGANDO A SER DIOSES: Experimento fuera de control&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR LOUISE RIVERSIDE Y GOLFO)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 07:29:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[LOUISE RIVERSIDE]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Un magnate de bolsa, cansado y asustado por los continuos ingresos de su única heredera en clínicas de desintoxicación, ve en las novedosas teorías de Jack Mcdowall, un neuropsiquiatra con un oscuro pasado como agente de la CIA, la única forma de que su hija deje las drogas. No le importa que el resto de la comunidad científica las tache de peligrosas y decide correr el riesgo. Para ello no solo lo contrata, sino que pone a su disposición el saber y la intuición de una joven química, pensando que esas dos eminencias serán capaces de tener éxito donde [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07G3HDBHN"><img decoding="async" width="1024" height="364" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-1024x364.jpg" alt="" class="wp-image-18413" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-1024x364.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-300x107.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/jugando-a-ser-dioses2-768x273.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p><span style="font-size: 18pt;">Sinopsis:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt; font-family: georgia, palatino, serif;">Un magnate de bolsa, cansado y asustado por los continuos ingresos de su única heredera en clínicas de desintoxicación, ve en las novedosas teorías de Jack Mcdowall, un neuropsiquiatra con un oscuro pasado como agente de la CIA, la única forma de que su hija deje las drogas. No le importa que el resto de la comunidad científica las tache de peligrosas y decide correr el riesgo. Para ello no solo lo contrata, sino que pone a su disposición el saber y la intuición de una joven química, pensando que esas dos eminencias serán capaces de tener éxito donde los demás han fracasado.<br>Desde el principio existen claras desavenencias entre ellos pero no amenazan el resultado porque lo quieran o nó, sus mentes se complementan&#8230;. hasta que el experimento se sale de control.<br>En este libro, Louise Riverside y Fernando Neira se unen para crear una atmósfera sensual donde los protagonistas tienen que lidiar con sus miedos sin saber que el destino y la ciencia les tiene reservada una sorpresa..</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>MÁS DE 200 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07G3HDBHN"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>https://www.amazon.es/dp/B07G3HDBHN</em></span></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Capítulo 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Jack McDowall se había quedado sin trabajo. Hasta que publicó su último ensayo en Journal of Psychology, todo el mundo reconocía su valía como neuro psiquiatra, pero las controvertidas propuestas que se había atrevido a enunciar en esa revista lo habían convertido en un paria, un peligroso iluminado.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Y si supieran que dichas teorías las desarrollé en gran parte gracias a mi labor en la CIA, querrían lapidarme», se dijo pensando en la mala prensa que tenían todos aquellos que habían servido en Afganistán.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Todavía recordaba la defensa que había hecho del tema cuando el decano de la prestigiosa universidad en la que colaboraba le había comunicado que debía tomarse una excedencia.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―John, no he dicho nada que la gente no supiera― comentó al verse acorralado por la polémica: ―Solo sistematicé una serie de técnicas que se vienen utilizando desde hace años y les di una aplicación práctica en un problema que acucia a toda la sociedad.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No me jodas, Jack. Siempre te ha gustado provocar y hasta el título de tu artículo “Violencia coercitiva y uso de sustancias en la desintoxicación de drogadictos” es una muestra de ello.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Defendiéndose, el neuro psiquiatra respondió que su ensayo que estaba dirigido a un público informado y no a la plebe.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Exactamente por eso, ¿no te das cuenta de que lo que sostienes es el uso de drogas sustitutivas y el lavado de cerebro como medio para desenganchar a los enfermos? ¿Qué pasaría si tus técnicas las usara un desaprensivo que se cree un mesías?&#8230; ¡No tendría problemas en convertir a sus acólitos en zombis incapaces de pensar!</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Acaso Seaborg o McMillan son responsables de las bombas atómicas por haber descubierto el plutonio? Los científicos tenemos que estar por encima de eso― protestó acaloradamente: ―Por supuesto que los métodos que propongo pueden ser usados en otros fines, pero no por ello dejan de ser menos válidos. Piensa en los millones de personas que dependen de las drogas en nuestra sociedad, ¡les estoy dando una salida a sus miserables vidas!</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¡Te equivocas! Lo que realmente has hecho es sistematizar y perfeccionar una herramienta con la que se puede controlar a las masas y eso crearía una sociedad cautiva, sometida y sin libertad. ¡Una dictadura perfecta!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que le acusaran veladamente de nazi le indignó porque no en vano había dedicado dos años de su vida a combatir los estragos que los talibanes habían provocado en la mente de los americanos que habían caído en su poder.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No acepto una simplificación como esa. Si un presidente quiere un lavado de cerebro en masa solo tiene que coger el teléfono y llamar al dueño de Facebook.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Esa es tu opinión, pero no la del consejo. Por eso hemos decidido que debes tomar un año sabático mientras todo se calma― sentenció su jefe dando por terminada la conversación.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Sigo sin poder aceptar que los miembros de la élite cultural de este país sean tan estrechos de mente», murmuró preocupado porque llevaba una semana buscando otra universidad que le diera cobijo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Y todas con la que había contactado le habían dado largas cuando no le habían rechazado directamente. Por ello esa mañana, estaba en casa intentando hacer algo para romper la monotonía en que se había instalado desde que le habían notificado su cese, cuando escuchó el sonido agudo del timbre.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«¿Quién será?», se preguntó extrañado de que alguien, rompiendo su aislamiento, estuviera llamando a su puerta.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Al abrirla, se encontró con un chofer que tras cerciorarse de quien era, señalando la limusina que conducía, le pidió educadamente que le acompañara porque su jefe quería verle.</span><br><span style="font-size: 14pt;">La sorpresa no le dejó reaccionar y antes de poder recapacitar, se vio dentro del lujoso vehículo con rumbo desconocido.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Ni siquiera le he preguntado quién le manda», murmuró para sí mientras decidía si pedirle que parara o dejar que le llevara hasta su superior. La ausencia de otras ocupaciones le hizo comprender que nada tenía que perder y por eso relajándose, disfrutó de la comodidad de su asiento mientras a través de la ventana observaba la ajetreada vida de los neoyorquinos, sabiendo que muchos de ellos necesitaban una pastilla o una dosis de cocaína para levantarse todas las mañanas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Si me dejaran terminar mis estudios, ¡podría salvarlos!», se lamentó sintiéndose una víctima de la hipocresía reinante entre la clase pensante de ese país.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Seguía torturándose con lo que consideraba una injusticia equivalente a la que había que había sufrido Copérnico por hablar de heliocentrismo cuando de pronto el conductor paró frente a un impresionante edificio de la Quinta Avenida.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«¡Menuda choza tiene por oficina el que vengo a ver!», sentenció mientras junto al uniformado recorría el hall de entrada.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Si el lujo de esa construcción le había dejado apantallado, más lo hizo el que el sujeto que fuera a ver tuviera un ascensor privado cuyo único destino era su despacho.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Esto huele a servicio secreto», dijo para sí pensando que quizás algún jerarca de una oscura agencia de seguridad había sabido de sus teorías, y escamado tras su experiencia en la Agencia, pensó: «Si es así, ¡me voy! ¡No voy a trabajar más para el gobierno!».</span><br><span style="font-size: 14pt;">Los veinte segundos que ese elevador tardó en llegar a la planta superior le parecieron eternos y por eso se animó cuando por fin sus puertas se abrieron. La alegría le duró poco al reconocer al tipo que se acercaba renqueando hacía él.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«¡No puede ser!», murmuró en silencio confundido porque el hecho de que quien casi lo había secuestrado fuera uno de los más famosos magnates de Wall Street, «¿Qué cojones querrá de mí Larry Gabar?».</span><br><span style="font-size: 14pt;">Su cara y su nombre eran habituales en los periódicos financieros de todo el mundo, pero también en los sensacionalistas por los continuos escándalos que su hija Diana provocaba cada dos por tres. No sabiendo a qué atenerse y tras saludarlo con un apretón de mano, lo siguió hasta su despacho.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«En persona, parece más viejo», sentenció fijándose en las profundas arrugas que surcaban la cara del ricachón.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Acababa de sentarse cuando ese hombre acostumbrado a enfrentarse con tiburones de la peor especie, con el dolor reflejado en su rostro, le soltó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Muchas gracias por venir, necesito su ayuda.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que un sujeto como aquel se rebajara a hablar con un profesor de universidad ya era suficientemente extraño, pero que encima casi llorando le pidiera auxilio le dejó pasmado. Desconociendo en qué podía socorrerlo, Jack espero a que continuase.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Mis contactos me han explicado que usted está desarrollando una novedosa terapia para desenganchar a drogodependientes.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Así es, pero todavía está en pañales.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Levantando su ceja, Larry Gabar le taladró con la mirada:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No es eso lo que me han dicho. Según mis fuentes, solo está a expensas de que alguien financie la puesta en práctica de sus teorías y ¡ese voy a ser yo!&#8230; Siempre que acepte mis condiciones.</span><br><span style="font-size: 14pt;">A pesar de que para él era vital que alguien sufragara los enormes gastos de sus estudios, supo de inmediato que el interés de ese hombre no era mero altruismo, sino que era debido por algo que estaba a punto de conocer. Por eso, controlando el tono de su voz, para no revelar su alegría, Jack le preguntó cuáles eran esos requisitos que tenía que cumplir.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Como me imagino que sabe, tengo una hija drogadicta. Quiero que la desenganche de esa mierda y que no vuelva a recaer.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El neurólogo comprendió lo peligroso que podría resultar tratar a la hija de uno de los hombres más poderosos de todo Estados Unidos, pero también que, de tener éxito, al hacerlo se le abrirían las puertas que de otra forma permanecerían cerradas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No tengo problema en tratarla una vez se haya confirmado la validez de mis métodos― contestó aceptando implícitamente el hacerse cargo de su vástago.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¡Mi hija no puede esperar! ¡Cualquier día la encontrarán tirada en un rincón víctima de una sobredosis! ¡Debe usted empezar de inmediato!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Esa era la contestación que más temía. No en vano sus planteamientos seguían siendo eso, planteamientos que jamás habían sido puestos en práctica. Tratando de no perder esa financiación, pero también que el millonario aquel comprendiera lo novedoso de los métodos que proponía, le preguntó si sabía en qué consistía la terapia.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Para su sorpresa y sacando un dosier, se lo dio diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Me he informado y si acepto que un antiguo interrogador de la CIA le lave el cerebro a mi pequeña, es porque lo he intentado todo. Me trae al pairo como lo consiga, solo quiero a Diana lejos de las jeringuillas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">No supo que decir. Se suponía que nadie sabía que, además de ayudar a las víctimas de los Talibanes, la compañía lo había utilizado para sonsacar los planes a esos fanáticos. Jack mismo intentaba olvidarlo porque le avergonzaba el haber usado sus conocimientos como torturador.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que ese hombre estuviera al tanto de ese papel, lo dejó acojonado al comprender que había tenido que usar todo su poder para conseguir esa información. Tras reponerse de la sorpresa, supo que de nada serviría fingir ni minorar el riesgo que ser la cobaya con la que experimentarían por primera vez sus arriesgadas teorías, replicó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Es consciente que la llevaré al borde del colapso físico y psíquico para poder manipular su mente y del peligro que se corre.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Con una mueca amarga en su boca, Larry Gabar contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Lo sé y antes de verla un día más tirada como piltrafa, prefiero correr el riesgo de que muera.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Impresionado por el valor del viejo, insistió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Sabe que para ello propongo usar unas drogas que todavía no están plenamente desarrolladas?</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Eso cree, pero no es cierto. Tras leer su artículo, puse a mi gente a indagar y descubrí que existen.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No es posible, ¡yo lo sabría! ― el neurólogo contestó casi gritando porque, de ser cierto, podría poner en práctica sin más dilación sus teorías.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Apretando un botón, el ricachón pidió a su secretario que hiciese pasar a su otro invitado.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jack, le presentó a J.J., la investigadora que ha creado unos compuestos que se adecuan a sus requerimientos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Le costó creerse que esa joven rubia fuera experta en química orgánica. Por su juventud parecía más una colegiala que una científica y tampoco ayudaba que el jersey de cuello que llevaba fuera el que usaría una militante de ultraizquierda.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Encantado de conocerla ― aun así, se presentó como si fuera una colega.</span><br><span style="font-size: 14pt;">La recién llegada masculló a duras penas un hola, tras lo cual se hundió en un sillón como si esa conversación no fuera con ella. Gabar sin duda debía conocer las limitadas habilidades sociales de la muchacha porque olvidándose de la autora, empezó a explicar sus descubrimientos leyendo un documento que tenía en sus manos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Llevaba menos de un minuto, relatando las propiedades de las diversas sustancias cuando impresionado por lo que estaba oyendo, Jack le arrebató los papeles y se los puso a estudiar en silencio.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El ricachón obvió la mala educación del neurólogo y sabiendo que lo había deslumbrado, esperó sonriendo que terminara.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«No me lo puedo creer, ¡ha modificado la metadona añadiendo unas moléculas que nunca había visto!», exclamó mentalmente mientras repasaba una y otra vez las supuestas propiedades de ese compuesto.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Lo novedoso de ese desarrollo lo tenía alucinado porque saliéndose de la línea que se estudiaba en todo el mundo, esa niña había planteado una nueva vía que se ajustaba plenamente a sus requerimientos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Quién es usted? ― le espetó al no entender que jamás hubiese oído hablar de ella, de ser cierto todo aquello, esa pazguata era el químico más brillante que jamás conocería.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jota .</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Tendrá apellido? ― molesto Jack preguntó.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jota ― sin levantar su mirada replicó ésta con un marcado acento español.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Interviniendo, el ricachón explicó al neurólogo que, en el acuerdo que había llegado con ella, estaba mantener su identidad oculta porque quería seguir viviendo anónimamente una vez acabara su colaboración.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack estaba a punto de protestar cuando de improviso escuchó a la cría alzar la voz:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Como comprenderá, de saberse, los cárteles de la droga llamarían a mi puerta porque mis compuestos se podrían fabricar a una ínfima parte de los que ellos distribuyen. Solo he accedido a desarrollar lo que usted necesitaba porque me interesa que tenga éxito y consiga sacar de las drogas a la gente.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Me está diciendo que los ha hecho exprofeso para mi investigación? ¡Eso es imposible! De ser verdad, ¡solo ha tenido un mes para conseguirlo!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Levantado su mirada por unos momentos, contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Tardé quince días. La verdad es que me resultó fácil porque, con su artículo, usted mismo me fue guiando.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El cerebro que debía poseer esa criatura para llevarlo a cabo hizo crecer en una desconfianza creciente porque nunca había escuchado algo igual. Por ello y dirigiéndose al magnate, preguntó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Usted se creé esta mascarada. Me parece una estafa. Es técnicamente imposible.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Riendo a carcajadas, Gabar le respondió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Jota lleva trabajando para mí desde los dieciséis años y si ella dice que sus compuestos cumplen las condiciones que usted planteaba, le puedo asegurar que es así. Confío en ella y usted deberá hacerlo porque, si acepta mi oferta, trabajarán juntos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Que esa veinteañera fuera un genio que llevaba en su nómina desde niña le intimidó, pero también le hizo comprender que, junto a ella, su proyecto avanzaría a pasos agigantados y venciendo sus reticencias, se puso a negociar con el magnate las condiciones en las que se llevaría a cabo ese experimento.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Contra todo pronóstico, Larry Gabar no discutió apenas los términos y en lo único que se impuso fue en que quería que la desintoxicación de su hija tuviera lugar en una de sus instalaciones.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Al explicarle que estaba alejada más de cincuenta kilómetros del pueblo más cercano y que Diana no la conocía, Jack aceptó porque era necesario aislar al sujeto de todo lo que le resultara familiar, así como de cualquier estímulo que le hiciera recaer.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Lo que no le gustó tanto fue que, al cerrar el acuerdo, la tal Jota preguntara al magnate si era seguro que se quedarán ellas dos solas ¡con un torturador!&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Capítulo 2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Larry Gabar tenía previsto que aceptara el encargo y por eso, cuando Jack estampó su firma en el contrato que le uniría al magnate, apenas le dejó tiempo para ir a casa a preparar su maleta. Para su sorpresa, la finca donde pasarían los siguientes tres meses ya estaba completamente equipada para la labor.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Diana llegará en tres días. Para entonces espero que todo esté listo para comenzar su desintoxicación― informó al neurólogo: ―Por lo que, si encuentra algo a faltar, dígamelo y se lo haré llegar.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Una pregunta, ¿su hija está de acuerdo con internarse?</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Acaso importa? ― replicó el padre.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Lo digo por mero formalismo legal porque desde el punto de vista del tratamiento, da igual.</span><br><span style="font-size: 14pt;">El sesentón respiró aliviado al escuchar que no hacía en principio falta el consentimiento de la paciente, pero sacando un papel, se lo entregó a Jack diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Diana fue incapacitada por un juez y como su tutor soy yo el que lo autoriza.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack ni siquiera leyó el documento porque sabía que en caso de un percance de nada serviría tenerlo al tenerse que enfrentar con los mejores abogados del país. Aun así, se lo guardó. Tras despedirse del ricachón, se percató que Jota le seguía y girándose hacia ella, le preguntó si le iba a acompañar al avión.</span><br><span style="font-size: 14pt;">La rubia contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Considero necesario estar desde el principio porque además de crear las sustancias que usted vaya necesitando, mi otra función será informar a nuestro jefe de los avances que vayamos teniendo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">A Jack le gustó que reconociera sin tapujos que era una infiltrada del magnate porque así sabría a qué atenerse. Quizás por ello, en plan gentil, le cedió el paso mientras salían del despacho, sin saber que al hacerlo la muchacha malentendería ese gesto y cabreada le exigiría que fuera esa la última vez que se comportara como un cerdo machista.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Mira niña, antes me acusaste de torturador y me quedé callado. Pero el colmo es que ahora me insultes tildándome de sexismo sin conocerme. Intenté ser educado, pero ya que lo prefieres así: ¡mueve tu puto culo que tenemos prisa!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Nadie la había tratado jamás con tanta falta de consideración y como no estaba acostumbrada a ese trato, anotó esa afrenta para hacerle saber lo que pensaba en un futuro, pero no dijo nada.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Si cree que me puede tratar así, va jodido», sentenció sin dirigirle la palabra.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack deploró el haberse dejado llevar por su carácter, pero tampoco hizo ningún intento por disculparse.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Menudo infierno va a ser tener que vivir con esta imbécil. Sería darle la razón, pero lo que me pide el cuerpo es ponerla en mis rodillas y darle una tunda para que aprenda a tener más respeto», pensó fuera de sí…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Una hora después el avión personal de Gabar estaba despegando del aeropuerto de LaGuardia con el neurólogo y la joven química en su interior. La falta de sintonía entre los dos quedó de manifiesto al sentarse cada uno en una punta para así no tener que hablar siquiera entre ellos. Es más, por si le quedaba alguna duda, Jota sacó de su bolso dos libros y se los puso a leer, dándole a entender que no deseaba entablar ningún tipo de comunicación.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jack reconoció por sus tapas que eran libros de psicoanálisis y eso le dejó perplejo porque lo especializado de su temario hacía que solo alguien versado en la materia pudiera entenderlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Tratando de devolver veladamente sus insultos, desde su asiento ofreció a la rubia su ayuda diciendo:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Si necesitas que te aclare algún concepto, solo tienes que pedirlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Levantando su mirada y por un momento, la cría le pareció humana, pero fue un espejismo porque al momento, luciendo una sonrisa de superioridad, esa bruja contestó:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No creo que me haga falta, solo estoy repasando conceptos que tengo un poco oxidados. Piense que ya hace cuatro años que me doctoré en psiquiatría y desde entonces apenas he tocado estos temas.</span><br><span style="font-size: 14pt;">No sabiendo que le jodía más, si que ese cerebrito fuese doctora en su misma rama o que lo hubiese dejado caer sin darle importancia, Jack replicó molesto que, ya que sabía del tema, quería escuchar su opinión sobre el método que él proponía para desenganchar de las drogas a los pacientes.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Sin separar los ojos del libro, Jota respondió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Es un enfoque que en un principio me escandalizó, pero tras meditarlo, comprendí que podía ser acertado el planteamiento. Hasta ahora todos los psiquiatras han tratado a los drogodependientes por medio de la persuasión, pero usted propone algo más. Mientras ellos se conformaban con se alejen de las drogas, usted desea que piensen y se sientan libres de ellas, aunque para ello tenga que usar la coerción para moldear los flujos de información de sus cerebros.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Al oír sus palabras, esa criatura lo había descolocado porque había sintetizado en apenas treinta segundos su teoría. Por ello, menos molesto, le preguntó qué pasos creía que iba a seguir para conseguirlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Nuevamente, me toma por novata― respondió Jota: ―cualquier estudiante de primero puede responder a esa pregunta: Lo primero que va a hacerle es una revisión física completa mientras sigue confusa por hallarse en un ambiente hostil. Me imagino que además de los análisis normales, le hará unos escáneres para comprobar el daño que las drogas han hecho en su cerebro.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Así es― confirmó el neurólogo: ― por mi experiencia si sabemos que el estado de sus lóbulos y cómo funcionan, nos resultará más sencillo detectar las debilidades que vamos a usar para manipular su mente.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Qué espera encontrar en Diana?</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Deterioros en su capacidad cognitiva, memoria dañada, falta de autocontrol… nada que no haya visto antes― contestó.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Confirmando a su interlocutor que conocía a su futura paciente, Jota insistió:</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Diana no es la típica drogata. Además de ser una mujer bellísima, de tonta no tiene un pelo. Se ha llevado a la cama a todos y cada uno de los terapeutas que su viejo ha puesto en su camino.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―No dice nada en su historial― cabreado señaló Jack mientras revisaba su expediente ― ¿Cómo nadie me ha avisado de algo así? ¡Es importantísimo!</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Me imagino porque esos papeles han sido escritos por los mismos que sedujo y nadie es tan honesto de dejar al descubierto sus pecados.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Sabrás lo importante que es el sexo en el sistema de recompensas cerebrales. El placer puede ser la herramienta con la que hacerla cambiar. Las dosis de dopamina que se producen en cada orgasmo las podemos aprovechar para desmoronar su adicción a otras sustancias.</span><br><span style="font-size: 14pt;">― ¿Está hablando de hacerla adicta al sexo? ¿Eso sería cambiar una adicción por otras?</span><br><span style="font-size: 14pt;">―En un principio puede ser, pero cuando ya esté recuperada de las sintéticas será más fácil tratarla y no existen casi contraindicaciones. ¡A todos nos viene bien echar un polvo!</span><br><span style="font-size: 14pt;">Jota estuvo a punto de protestar porque siempre había tenido dudas sobre los efectos beneficiosos del sexo más allá de los meramente físicos. Además, ella nunca se había visto atraída por otra persona, con independencia de su sexo, pero considerando que su vida personal no tenía nada que ver en el tratamiento, se lo quedó guardado.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«No me interesa que este capullo sepa que soy virgen y menos que nunca he sentido un impulso sexual. Como el manipulador que es, lo usaría en mi contra», decidió en el interior de su mente.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Asumiendo que era una anomalía, no por ello podía negar que la lujuria era común a la mayoría de los humanos. Y dando la razón en principio al neurólogo, aceptó desarrollar un compuesto que incrementara el deseo físico y la profundidad de los orgasmos.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Por lo que deduzco, quiere una especie de “Viagra femenino” con los efectos que supuestamente produce el “Éxtasis”, mayor sensibilidad táctil, disminución de ansiedad e incremento del deseo.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Sí y no me vale con un coctel de serotonina. Necesito que pienses en algo que incremente exponencialmente el placer. Tienes cuatro días para diseñarlo y producirlo, quiero usarlo en nuestra paciente en mitad de su síndrome de abstinencia para que psicológicamente su impacto sea mayor.</span><br><span style="font-size: 14pt;">―Lo que me manda es complicado por falta de tiempo, pero intentaré que al menos ese día tenga algo con lo que trabajar, aunque luego perfeccione la fórmula― respondió la rubia mientras sacaba su portátil y se ponía a trabajar.</span><br><span style="font-size: 14pt;">Mirandola de reojo, Jack observó cómo se concentraba en la misión mientras se preguntaba cuántos químicos que conocía hubiesen aceptado ese imposible.</span><br><span style="font-size: 14pt;">«Ninguno», sentenció, «todos me hubiesen mandado a la mierda y llamándome loco, ni siquiera lo hubiesen intentado» …</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¿Me darías un azote? LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Apr 2026 14:34:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160;Sinopsis: A raíz de una película, el&#160;protagonista descubre que su compañera tiene entre sus fantasias el sentirse dominada. Aunque en un principio se escandaliza, poco a poco se deja contagiar por&#160;el morbo de ser su dueño y&#160;a través de el sexo, su relación se consolida y juntos descubren sus límites. Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/%C2%BFMe-dar%C3%ADas-azote-Descubriendo-sumisa-ebook/dp/B00ZDDQQO8/ref=sr_1_1?s=digital-text&#38;ie=UTF8&#38;qid=1434704096&#38;sr=1-1 Para que podías echarle un vistazo, os anexo&#160;el primer capítulo: Capítulo 1 &#160; « ¿Me darías un azote?». No creo que exista ningún hombre que no se haya imaginado alguna vez que una mujer le hiciera esa pregunta. Todos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="https://www.amazon.es/dp/B00ZDDQQO8"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-19851 size-full" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1.png" alt="" width="7216" height="2248" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1.png 7216w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1-300x93.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1-768x239.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/04/¿ME-DARÍAS-UN-AZOTE_-1-1024x319.png 1024w" sizes="(max-width: 7216px) 100vw, 7216px" /></a>&nbsp;<strong><span style="font-family: Arial Black; font-size: xx-large;">Sinopsis:</span></strong></h2>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>A raíz de una película, el&nbsp;protagonista descubre que su compañera tiene entre sus fantasias el sentirse dominada. Aunque en un principio se escandaliza, poco a poco se deja contagiar por&nbsp;el morbo de ser su dueño y&nbsp;a través de el sexo, su relación se consolida y juntos descubren sus límites.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">http://www.amazon.es/%C2%BFMe-dar%C3%ADas-azote-Descubriendo-sumisa-ebook/dp/B00ZDDQQO8/ref=sr_1_1?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1434704096&amp;sr=1-1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="font-size: 24pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</span></strong></span></p>
<h1 style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><a name="_Toc421633748"></a><span style="font-size: 14pt;">Capítulo 1</span></span></h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Me darías un azote?».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No creo que exista ningún hombre que no se haya imaginado alguna vez que una mujer le hiciera esa pregunta. Todos sin distinción, deseamos experimentar nuevos horizontes sexuales. Pienso que es difícil encontrar a alguien que no haya barajado saber que se siente teniendo atada en su cama a una persona del sexo opuesto. Pero como casi todas las fantasías, o bien nos ha dado miedo el realizarla o bien no hemos encontrado con quien hacerla realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Hasta hace seis meses, yo era uno de esos. Aunque se me había pasado por la cabeza el intentarlo, sabía que era un sueño casi imposible de cumplir. El que encima fuera Susana quien me lo preguntara, no entraba ni en mis más descabelladas utopías. Las razones son muchas, en primer lugar porque por entonces tenía novia y esa rubia además de ser mi compañera de piso, era pareja de un buen amigo, pero lo que más inverosímil lo hacía era que esa mujer es un bombón espectacular mientras que yo soy un tipo del montón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya de por sí, que viviera con&nbsp; esa rubia se debía a un cúmulo de casualidades. Todavía recuerdo cómo llegamos a compartir ese apartamento y sigo sin creérmelo. En septiembre de hace dos años, el muchacho que era mi compañero suspendió todas y sus padres le hicieron volver a su ciudad, dejándome tirado y por mucho que busqué alguien con el que dividir el alquiler, me resultó imposible.&nbsp; Estaba tan desesperado que me planteé volver a un colegio mayor o irme a otro más alejado de la universidad. La casualidad hizo que a la novia de Manel, un chaval de Barcelona, una semana antes de empezar las clases el piso de al lado donde vivía se incendiara y dejara hecho cenizas todo el edificio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Cuando me enteré y dejé caer a mi amigo, que me sobraba un habitación. La verdad es que nunca creí que ni siquiera se lo planteara pero ese culé, no solo vio la oportunidad de que su chica se ahorrara unos euros sino que al ser yo,&nbsp; no pondría inconveniente en que él se quedara en casa las noches que quisiera. Por lo visto, me reconoció que había tenido problemas con las compañeras de Susana porque no veían bien la presencia de un hombre en un piso habitado solo por mujeres.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como a mí, eso me daba igual, le insistí en que se lo preguntara en ese momento porque me urgía dar una solución a mi precaria economía. Lo cierto es que cogiendo el teléfono, la llamó y en menos de cinco minutos, la convenció de venirse a vivir a mi apartamento. Como comprenderéis no me importó que ese cabrón me cobrara el favor pidiendo dos copas porque los veinte euros que me gasté valieron la pena por los que me ahorraría teniéndola a ella. Lo que ni mi amigo el catalán ni yo imaginamos mientras nos la bebíamos era las consecuencias que su presencia tendría en nuestros mutuos noviazgos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Os anticipo que mi novia me dejó y al él lo mandaron a volar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Susana llega a casa.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como nunca había vivido con ninguna mujer que no fuera mi madre, pensé que iba a resultar más difícil de lo que fue y eso que no pudo empezar peor, porque la que entonces era mi novia me montó un escándalo cuando se enteró:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No me parece bien que esa tipa se quede en tu casa― &nbsp;me dijo María al conocer de que iba a ser mi nueva compañera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Si no la conoces, además es la novia de Manel― &nbsp;dije tratando de que no me jodiera el trato.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tras más de una hora discutiendo, aceptó pero a regañadientes y eso que no la advertí de que Susana era un maravilloso ejemplar de su sexo. Sé que si se lo hubiera dicho, nunca hubiera cedido y pensando que cuando la conociera y se diera cuenta de lo enamorada que estaba de mi amigo, cambiaría de opinión, se lo oculté</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo cierto es que aunque el día que la vio por primera vez, se volvió a enfadar, gracias al comportamiento afable de la muchacha y a la continua presencia de su novio en la casa, su cabreo no fue a más y al cabo de una semana, ya eran amigas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Para mí, no fue tan sencillo. Aunque Susana desde el primer día se mostró como una persona ordenada y dispuesta y nunca tuve queja de ella, os tengo que confesar que por su belleza empezó a ser protagonista frecuente de mis sueños. La perfección de su rostro pero sobre todo los enormes pechos que esa cría lucía, se volvieron habituales en mis oníricas fantasías. Noche tras noche, saber que esa preciosidad dormía en la puerta de al lado, hizo que su culo y sus piernas se introdujeran a hurtadillas en mi mente y que olvidándome de María y de Manel, soñara con que algún día sería mía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si lo que os imagináis es que el roce la hizo descuidarse y que un día la pillé o me pilló en bolas, os equivocáis. Como teníamos dos baños, nunca tuve ocasión de que ocurriera y es más, esa chavala siempre salía perfectamente arreglada de su habitación.&nbsp; Durante los primeros seis meses en los que convivimos, nunca la vi en pijama o en camisón. Cuando ponía el pie fuera de sus aposentos, ya salía pintada, vestida y lista para salir a la calle. Curiosamente, su costumbre cambió incluso mis hábitos porque no queriendo parecer un patán, adopté yo también ese comportamiento, llegando al extremo de siempre afeitarme antes de desayunar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Por lo demás, Susana era perfecta. Educada, simpática y ordenada hasta el exceso, hizo que mi piso que antaño cuando convivía con hombres era un estercolero, pudiese pasar incluso la inspección de la madre más sargento. Ni un papel tirado en el suelo, ni una mota de polvo en los muebles e incluso mejoró sensiblemente mi alimentación&nbsp;&nbsp; porque una vez repartidas las funciones, se cumplieron a rajatabla y como ella se pidió la cocina, no tardé en comprobar lo buena cocinera que era.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su comportamiento, tal como prometí sin creerlo, derribó las suspicacias de María y se hicieron íntimas enseguida, de forma que al cabo de un mes era raro el fin de semana que no salíamos juntos a tomar una copa. Mientras eso ocurría, poco a poco me fui encoñando con ella:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« No puede ser tan perfecta», me decía una y otra vez buscando un defecto o fallo que la bajara del altar al que la había elevado. Estudiante modélica, culta, graciosa y bella. Era tal mi obsesión que incluso traté&nbsp; de hallar infructuosamente en la ropa sucia unas bragas usadas por ella, para al olerlas, su tufo me resultara desagradable.&nbsp; Limpia y pulcra hasta decir basta, mi compañera de piso lavaba sus braguitas en el lavabo antes de llevarlas a la lavadora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A lo que si me llevó esa búsqueda, fue a comprobar que bajo su discreta vestimenta, Susana usaba unos tangas tan minúsculos que solo con imaginármela con ellos puestos, me excitara hasta el extremo de tener que encerrarme en mi cuarto a dar rienda suelta a mi lujuria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aprovechando un día que había salido con su novio, me metí en su cuarto y tras revisar su ropa interior, elegí el tanga más sexi que encontré y tumbándome en mi cama, me lo puse de antifaz. De esa ridícula manera y mientras aspiraba el aroma a suavizante, me imaginé que la hacía mía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">En mi mente, Susana llegaba borracha y caliente a nuestra casa. Olvidándose de Manel, se ponía uno de los sensuales camisones que había descubierto en sus cajones y se acercaba a mi cuarto. Sin pedirme permiso, se acurrucaba a mi lado mientras me decía si estaba despierto. Os parecerá raro pero incluso en mi sueño esa mujer me imponía y en vez de saltar sobre ella, me hice el dormido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Dejando correr mi imaginación, la vi desabrochando mi pijama y bajando por mi pecho, sacar de su encierro mi pene. En mi mente, con su&nbsp; boca fue absorbiendo toda mi virilidad mientras con sus dedos acariciaba mis testículos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Despierta que te necesito― &nbsp;me susurró al oído buscando que me excitara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No le hizo falta nada más para que mi sexo alcanzara su máximo tamaño, tras lo cual, recorriendo con la lengua mi glande, la exploró meticulosamente. Tan perfeccionista como en la vida real, lamió mi talle&nbsp; estudiando cada centímetro de su piel. Ya convencida de conocerlo al detalle, abrió los labios y usando su boca como si de una vagina se tratara, se lo introdujo hasta la garganta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué maravilla!», pensé al soñar que sus labios llegaban a tocar la base de mi órgano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sin darme tiempo a reaccionar, esa rubia empezó a sacarlo y a meterlo en su interior hasta que sintió que lo tenía suficientemente duro. Entonces &nbsp;se sentó a horcajadas sobre mí, empalándose lentamente. Fue tanta su lentitud al hacerlo, que pude percatarme de cómo mi extensión iba rozando y superando cada uno de sus pliegues. Su cueva me recibió empapada, pero deliciosamente estrecha, de manera que sus músculos envolvieron mi tallo, presionándolo. No cejó hasta que la cabeza de mi glande tropezó con la pared de su vagina y mis huevos acariciaban su trasero. Olvidándome de que en teoría estaba dormido, la sonreí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al verme despierto, se empezó a mover lentamente sobre mí, y llevando mis manos a sus pechos me pidió por gestos que los estrujara. En mi sueño, Susana no dejaba de gemir en silencio al moverse. Sus manos, en cambio, me exigían que apretara su cuerpo. No me hice de rogar, y apoderándome de sus pezones, los empecé a pellizcar entre mis dedos. La ficticia rubia gimió al sentir como los torturaba, estirándolos cruelmente para llevarlos a mi boca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Y gritó su excitación nada más notar a mi lengua jugueteando con su aureola. La niña perfecta &nbsp;había desaparecido totalmente, y en su lugar apareció una hembra ansiosa de ser tomada que, restregando su cuerpo contra el mío, intentaba incrementar su calentura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al darme cuenta que mi fantasía no se ajustaba a la realidad, intenté reconducir y que su personaje fuera más tierno pero mi mente decidió ir por otros caminos y me vi con mis dientes mordiendo sus pechos. Su berrido fue impresionante pero más aún sentir como su coño se anegaba. Sin poder aguantar mucho más, y apoyando mis manos en sus hombros forcé mi penetración, mientras me licuaba en su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mientras&nbsp; mi pene se vaciaba en su cueva, &nbsp;me di cuenta de la hora y temiendo que Susana volviera, devolví su tanga al cajón sin dejar de saber que volvería a usarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Una película trastocó a Susana</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La tranquilidad con la que ambos llevábamos el compartir piso sin ser pareja se rompió por el motivo más absurdo. Un sábado en la noche, los dos con nuestras respectivas parejas nos quedamos en casa para ver una película que trajo Manel. El novio &nbsp;sin saber que acarrearía esa decisión fue a un videoclub y alquiló “la secretaria”, una cinta que narraba la truculenta historia de Lee: Una chica peculiar que cuando se siente superada por los acontecimientos se relaja auto agrediéndose. Tras excederse en uno de los castigos que se inflige a sí misma, pasa algún tiempo en una clínica psiquiátrica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si ya de por sí ese argumento no era precisamente romántico, a su salida, consigue un trabajo en un despacho de abogado y su jefe resultó ser al menos tan especial como ella y ante sus fallos la regaña de una forma humillante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Acabábamos de empezar a ver que la joven descubre en ello una forma de placer muy superior a sus autoagresiones cuando tanto mi novia como mi amigo nos pidieron que dejáramos de verla porque era demasiado dura. Tanto Susana como yo, al principio nos negamos pero ante la insistencia de nuestras parejas tuvimos que ceder y salir a tomar unas copas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Esa noche al volver a casa fue la primera vez que oí sus gritos al hacer el amor con su novio. Sin todavía adivinar el motivo, mi rubia compañera no se contuvo y con tremendos alaridos de placer, amenizó mi noche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué le ocurre a esta?― &nbsp;preguntó María destornillándose de risa al escuchar la serie de orgasmos con las que nos regaló: ― ¡Nunca gritaba!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Por mi parte, tengo que confesar que sus berridos me calentaron aún más y deseé ser yo, quien estuviera entre sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A la mañana siguiente, la casualidad hizo que Maria y Manel se tuvieran que ir temprano. Por eso, Susana y yo comimos juntos en comandita sin que nadie nos molestara. Fue en el postre cuando tomándola el pelo, le conté que la había escuchado a través de las paredes. Muerta de vergüenza, me pidió perdón. Habiendo obtenido carnaza, decidí no soltar la presa y por eso le pregunté que le había pasado.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No lo sé― &nbsp;contestó –quizás esa película me afectó más de lo que creía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como había visto que su novio se la había dejado olvidada, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Te parece que al terminar de comer, la veamos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque se hizo de rogar, adiviné por su mirada que le apetecía y por eso, después de recoger los platos, no la di opción y la puse en el DVD. Si bien habíamos visto los primeros veinte minutos, decidí ponerla desde el principio. Nada más empezar, Susana se acomodó en el sofá y&nbsp; se concentró de tal forma viéndola que pude observarla sin que ella se diera cuenta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Dios, ¡está excitada!», exclamé mentalmente al percatarme de los dos bultos que aparecieron bajo su blusa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">En contra toda mi experiencia anterior con ella, descubrí en su mirada un brillo especial que no me pasó inadvertido y olvidándome de la película, me quedé observando su comportamiento al ver que los protagonistas empiezan a rebasar los límites de lo profesional. Cuando en la cinta, el jefe, enfadado, llama a la muchacha a su despacho para reprenderla, la vi morderse los labios y cuando, ese tipo la ordena inclinarse sobre la mesa y comienza a leer la carta, propinándole un sonoro azote por cada error, alucinado, la observé removerse inquieta en su asiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« No puede ser», pensé al darme cuenta de que esa cría tan perfecta estaba pasando un mal rato intentando que no advirtiera su calentura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo peor o lo mejor según se mire, todavía no había llegado porque Susana se quedó con la boca abierta cuando la muchacha, al llegar a casa, echa de menos las palizas de su jefe y se golpea a sí misma con un cepillo. Os reconozco que al verla, me contagié de su excitación y tuve que tapar mi erección con una manta. Lo creáis o no, esa rubia que nunca había dado un escándalo no pudo retirar su mirada de la tele mientras la actriz y el actor incrementaban su relación de dominación y sumisión con un fervor casi religioso y ya al final cuando tras una serie de vicisitudes, se quedan juntos, como si hubiera visto una película romanticona, ¡lloró!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Te sientes bien?― &nbsp;tuve que preguntar al ver las lágrimas de sus ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pero Susana en vez de contestar, salió corriendo y se encerró en su cuarto, dejándome perplejo por su comportamiento. Tras la puerta, escuché que seguía llorando y sin comprender su actitud, la dejé que se explayara sin acudir a consolarla. En ese momento no lo supe pero mi compañera al ver esa película, sintió que algo se rompía en su interior al descubrir lo mucho que le atraía esa sexualidad. Su educación tradicional no podía aceptar que disfrutara viendo la sumisión de la protagonista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pensando que se calmaría, la dejé sola en casa y me fui a dar una vuelta con mi novia. Como era domingo y al día siguiente teníamos clase, llegué temprano a nuestro apartamento. No me esperaba encontrarme con mi amiga y menos verla tumbada en el salón viendo nuevamente esa cinta. Cuando la saludé estaba tan concentrada en la tele que ni siquiera me devolvió el saludo. Extrañado, no dije nada y me fui a la cocina a preparar una ensalada para la cena.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al cabo de diez minutos, habiéndola aliñado, volví al salón y me puse a poner la mesa. Aunque siempre Susana me ayudaba a colocar los platos, en esta ocasión siguió pegada a la pantalla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué cosa más rara!», pensé mientras acomodaba el mantel, « ¡Le ha pegado fuerte!».&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con la mesa ya puesta, esperé a que terminara el film. Fue entonces cuando mi compañera advirtió mi presencia y se levantó a ayudarme. Reconozco que cuando observé que tenía las mejillas coloradas, supuse que estaba sonrojada por que la hubiese pillado viéndola nuevamente y no como luego supe por la calentura que sentía en todo su cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mientras cenábamos, se mantuvo extrañamente callada y al terminar, me pidió si podía yo ocuparme de los platos porque se sentía mal. Como siempre ella se ocupaba de todo, le dije que no se preocupara. Susana al oírme, sonrió y directamente se encerró en su cuarto. Todavía en la inopia, metí todo en el lavavajillas y me fui a acostar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Nada más cerrar la puerta de mi habitación, escuché a través de la pared, unos gemidos callados que si bien en un principio, los adjudiqué a su supuesto malestar, al irse elevando la intensidad y la frecuencia de los mismos, comprendí que su origen era otro:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Se está masturbando!».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La certeza de que ese bombón estaba dando rienda suelta a su lujuria, me excitó a mí también y aunque resulte embarazoso, os tengo que reconocer que pegué mi oído a la pared y sacando mi pene, me hice una paja con sus berridos como inspiración. Si pensaba al escucharla llegar al orgasmo que esa sinfonía había acabado, me equivoqué por que al cabo de un pequeño rato, escuché que la rubia reiniciaba sus toqueteos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Ahí va otra vez!», me dije al oírla e imitándola llevé mi mano a mi entrepierna para disfrutar de sus suspiros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sin llegarme a creer que lo que estaba ocurriendo, acompasé mis movimientos con los que alcanzaba a distinguir del cuarto de al lado. Increíblemente, Susana bajando del altar en la que la había colocado, gritaba de placer con autenticó frenesí. Mi segunda eyaculación coincidió con unos sonidos secos que no me costó reconocer:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Son azotes!», advertí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ese descubrimiento fue la gota que colmó mi vaso y derramando mi placer sobre las sábanas de mi cama, obtuve mi dosis de placer imaginado que era yo quien se los daba. Francamente alucinado, fui testigo de que esa serie de azotes se prolongaron unos minutos más y de que solo cesaron cuando pegando un auténtico alarido, esa intachable niña se corrió.&nbsp; Tras lo cual, sus gemidos fueron sustituidos por un llanto que me confirmó su sufrimiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con sus lloriqueos como música ambiente, intenté dormir pero me resultó difícil ya que su dolor me afectó y compartiendo su dolor, supe que aunque fuera una locura estaba enamorado de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Su novio es mi amigo!», sentencié y ratificando mis pensamientos, decidí que jamás contaría a nadie lo que había descubierto esa noche. Esa decisión me sirvió para conciliar el sueño y con la cabeza tapada por la almohada para no escucharla, me dormí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Susana se deja llevar por su descubrimiento.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A la mañana siguiente, mi compañera se quedó dormida. Aunque eso no era típico de ella, vacilé antes de despertarla. Dudé si hacerlo pero recordando que cuando eso había ocurrido al revés, ella había tocado a mi puerta, decidí imitarla. Con los nudillos toqué en la suya. A la primera, escuché que se levantaba y todavía medio atontada, me abrió preguntándome qué hora era. Tardé en responderla porque esa fue la primera vez que la vi despeinada.&nbsp; Os reconozco que me quedé absorto contemplando sus pechos a través de la translucida tela de su camisón, afortunadamente su propio sopor le impidió darse cuenta la forma tan obsesiva con la que mis ojos acariciaron su anatomía y tras unos segundos, la respondí riendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Son la ocho, ¡vaga! Tienes el desayuno preparado, daté prisa y te llevo a clase.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con su rostro trasluciendo una inmensa tristeza, me dijo que no la esperara porque no iba a ir a la universidad. No le pregunté la razón y despidiéndome de ella con un beso en la mejilla, la dejé sola con su sufrimiento. Ya en el ascensor, su aroma seguía presente en mi mente y estuve a punto de rehacer mis pasos para hacerle compañía pero supe que debía de pasar ese trago en soledad. Molesto y preocupado, salí rumbo a clase mientras una parte de mí se quedaba con ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sobre las doce, la llamé a ver como seguía y al no contestarme, decidí volver a casa. Aunque no fue mi intención sorprenderla, al llegar abrí la puerta con cuidado. Desde el recibidor, escuché que la tele estaba puesta y al asomarme me encontré con Susana desnuda viendo por tercera vez la jodida película mientras con sus manos entre las piernas, se masturbaba con ardor.&nbsp; Os parecerá extraño pero al descubrir a esa mujer que tanto había soñado con ella en esa situación, lejos de ponerme cachondo, me preocupó y no queriendo hacerla sufrir, di la vuelta y en silencio, me fui del piso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Necesitaba airearme y por eso deambulé sin rumbo fijo hasta la hora de comer, mientras intentaba asimilar lo ocurrido y buscaba qué hacer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Susana necesita ayuda!― &nbsp;comprendí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El problema era como hacerlo. No podía llegar y decirle de frente que sabía lo que ocurría y menos contárselo a su novio. Si lo hacía tenía claro que no solo perdería un amigo sino también a la persona con la que compartía el alquiler y por eso, zanjé el tema decidiendo darle tiempo al pensar que se le pasaría.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al volver al apartamento, llamé primero para avisarle que llegaba porque no quería volver a encontrarla en una posición incómoda. Supe que había hecho lo correcto porque reconocí a través del teléfono que Susana no estaba lista y por eso tardé unos quince minutos en subir del portal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Entrando en la casa, saludé desde el recibidor antes de atreverme a pasar. Al no obtener respuesta, pasé al salón y me lo encontré desordenado. Sin decir nada, recogí la taza y los restos de su desayuno pero al pasar por delante de su puerta y ver que ni siquiera había hecho la cama, entendí que el asunto era serio y que mi compañera seguía igual.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tengo que sacarla a comer, no puede quedarse encerrada― &nbsp;dije entre dientes apesadumbrado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Justo en ese momento, salió del baño Susana y al verla, fortalecí mi decisión: ¡Seguía en camisón!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Haciendo como si no tuviese importancia, me reí y le dije que se fuera a vestir porque quería invitarla a un restaurante. Al principio la rubia intentó negarse pero entonces, y os juro por lo más sagrado que no fue mi intención, jugando con ella le di un azote en su trasero azuzándola a obedecer.&nbsp; Su reacción me dejó pálido, pegando un aullido, se acarició la nalga en la que había soportado esa ruda caricia y sonriendo, me pidió cinco minutos para hacerlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Pero que he hecho!», maldije totalmente confundido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Estaba todavía reconcomiéndome por lo sucedido cuando mi compañera salió. La Susana que apareció no fue la depresiva de las últimas veinticuatro horas sino la alegre muchacha que tan bien conocía por lo que olvidando el tema, la cogí del brazo y la llevé a comer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La comida resultó un éxito porque mi compañera se comportó divertida y atenta, riéndome las gracias e incluso permitiéndose soltar un par de bromas respecto a Manel, su novio. Muerta de risa, se quejó de lo serio y tradicional que era. Como el ambiente era de guasa, no advertí la crítica que estaba haciendo de su pareja ni que escondía un trasfondo de disgusto por no comprenderla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como había quedado en pasar por María, me despedí de ella en la puerta del restaurante, ya tranquilo. Creía firmemente que su mal rato se le había pasado&nbsp; y por eso, no me preocupó dejarla sola. Lo cierto es que cuando ya estaba con mi novia, me entraron las dudas y disimulando en el baño, la llamé para ver como seguía. Susana me respondió a la primera pero justo cuando ya la iba a colgar, me dijo que llegara pronto a casa porque había alquilado una película. Os juro que al escucharla se me pusieron los pelos de punta y tartamudeando le pregunté si Manel iba a acompañarnos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su respuesta me dejó aterrorizado porque bajando el tono de su voz, me respondió:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No porque no creo que le guste.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No me atreví a insistir y averiguar el título de la misma, en vez de ello, le prometí que llegaría pronto y casi temblando, volví a la mesa donde María me esperaba. Mi novia se olió que me ocurría algo pero aunque quiso saber el qué, desviando el tema, no se lo dije.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">¡No podía contarle lo que sabía de mi compañera de piso! Por eso el resto de la tarde fue un auténtico suplicio porque aunque físicamente estaba con mi novia, la realidad es que mi mente estaba en otro lado. Deseando pero temiendo a la vez, lo que me encontraría al llegar a casa, me hice el cansado para dejarla rápido en su casa. Admito que en el camino, estaba nervioso y dando vueltas continuamente a aquello. En mi mente las preguntas se me amontonaban:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Qué película será? ¿Por qué quiere verla conmigo? ¿Cómo debo actuar?&#8230;».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si ya eso era suficiente motivo para estar acojonado, mi turbación se vio incrementada cuando al entrar en casa me encontré con que Susana no solo había preparado una cena por todo lo alto sino que había movido los muebles del salón para que desde los dos sillones orejeros pudiéramos ver la tele como si en un cine se tratara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;― ¿Y esto?― &nbsp;pregunté al ver el montaje.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con una sonrisa en los labios, me contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― Quería que estuviésemos cómodos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando me percaté en un detalle que me había pasado inadvertido, mi compañera de piso obviando su tradicional modo de vestir, se había puesto un jersey rosa súper pegado y unos pantalones de cuero negro, tan ajustados que marcaban a la perfección los labios de su sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Viene vestida para matar!», me dije al admirar su vestimenta y con sigilo, quedarme observando la sensualidad de sus movimientos. Contra lo que era su costumbre, esa mujer se movía con una lentitud que realzaba su belleza dotándola de una femineidad desbordante. Si ya de por si esa mujer era impresionante, en ese papel, era un diosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué buena está!», pensé mientras admiraba su culo al caminar. Como si fuera la primera vez que lo contemplaba, me quedé entusiasmado con su forma de corazón y relamiéndome, comprendí estudiando la segunda piel, que eran esos pantalones, que era imposible que llevara ropa interior. Admito que me puso verraco y tratando de no evidenciar el bulto bajo mi bragueta, me senté a la mesa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sé a ciencia cierta que se dio cuenta porque sus ojos no pudieron reprimir su sorpresa al ver mi erección, pero no dijo nada y con una sonrisa en sus labios, me preguntó si quería algo de vino. Antes de que la contestara, sirvió mi copa y al hacerlo, dejó que sus senos rozaran mi espalda. Sin entender su actitud pero completamente excitado, soporté ese breve gesto con entereza, porque aunque lo que me apeteció en ese instante fue saltar sobre ella y follármela sin más, me quedé callado en mi asiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿A que juega?», me pregunté al sentir que estaba tonteando conmigo, no en vano esa preciosidad era la novia de un amigo. Durante la cena pero sobre todo al terminar, no me pasó inadvertido otro sutil cambio que experimentó Susana. ¡Sus ganas de agradar rayaban la sumisión! Un ejemplo de lo que hablo fue que cuando acabamos, se negó a que la ayudara a recoger los platos. Si eso ya era raro, más lo fue cuando estando en la butaca sentado, llegó ella y para ponerme la copa, se arrodilló junto a mí. Tengo que confesar que aunque me puso como una moto, pensé que estaba jugando y por eso de muy mala leche, le pedí que se dejara de tonterías y pusiera la película.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Susana, al oír mi tono seco, reaccionó entornando los ojos con satisfacción y levantándose del suelo me obedeció. Tras lo cual y mientras empezaba los tráileres de promoción, se acurrucó en la otra butaca tapándose con una manta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Por qué se tapa? ¡Si hace un calor endemoniado!» me dije, pero entonces la película empezó y nada más ver la primera escena, supe cuál era: « ¡Ha elegido El Juez!».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi sorpresa fue total porque aunque me esperaba y temía una película algo fuerte, nunca creí que fuera esa la que eligiera. Tratando de recordar el argumento de esa producción belga, palidecí&nbsp; al acordarme porque era la historia de un juicio al que someten a un juez, cuyo único delito es que su mujer le confiesa décadas atrás que deseaba experimentar lo que se siente en una relación sadomasoquista y le convence de probar. El pobre tipo es reacio en un principio pero como no quiere perderla, termina cediendo y juntos se lanzan a una vorágine de azotes y castigos que me impresionó cuando la vi con dieciocho años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pensando que se había equivocado, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Sabes de qué va?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí y ¡Nos va a encantar!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su respuesta prolongó mis dudas. No me entraba en la cabeza que hubiese seleccionado a propósito una cinta tan dura pero además ese “NOS VA A ENCANTAR”, significaba que compartía de algún modo su nuevo gusto por ese tipo de sexo.&nbsp; Aunque alguna vez había fantaseado con ello, la dominación era algo que no me atraía y menos aún la sumisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Llevaba apenas cinco minutos puesta cuando mirando a Susana, advertí que se estaba empezando a excitar:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Y solo acaba de empezar», mascullé entre dientes al ver que bajo su jersey dos pequeños montículos eran una señal evidente de su calentura. Intrigado hasta donde llegaría, me olvidé de la película y me concentré en observar a mi compañera. Con curiosidad morbosa, me fijé en que el sudor había hecho su aparición en su frente al escuchar a la protagonista reconocerle a su marido que desde niña había disfrutado con el dolor. Confieso que me sentí como el Juez, un tipo que jamás pensó en practicar ese tipo de sexo y que escandalizado se negó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La temperatura interior de esa rubia se incrementó brutalmente cuando la actriz convenció a su pareja que la azotara y mordiéndose los labios, me miró diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿No te da morbo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No supe que contestar porque aunque lo que ocurría en la tele no me lo daba, verla excitándose a mi lado, sí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Mucho― &nbsp;respondí mintiendo a medias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Susana sonrió al escuchar mi respuesta y concentrándose nuevamente en la escena, pegó un suave gemido al ver que el juez ataba a su mujer desnuda y con los brazos hacia arriba a un soporte del techo. &nbsp;Para entonces bajo mi pantalón mi pene me pedía que le hiciera caso pero el corte de que esa mujer me viera, me lo impidió. Si ya me resultaba difícil permanecer sin hacer nada, cuando llegó a mis oídos el sonido de su respiración entrecortada, quedarme quieto me resultó imposible y tuve que acomodar dentro de mi calzón, mi polla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Voy a terminar con dolor de huevos!», intuí&nbsp; al ser incapaz de darle salida a esa lujuria que iba asolando una a una las barreras que mi mente ponía en su camino. Entre tanto, no me cupo duda alguna de que mi compañera también lo estaba pasando mal al ver que &nbsp;se iba agitando por momentos. Removiéndose en su sillón,&nbsp; debía de estar luchando una cruenta batalla porque observé que intentando que no advirtiera su excitación, la rubia juntó sus rodillas mientras sus pezones se erizaban cada vez más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Dios!― &nbsp;escuché que susurraba cuando en la pantalla el juez cogía una fusta y daba a su mujer el primer &nbsp;azote.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Comprendí que mientras su cerebro se debatía sobre si se dejaba llevar, su cuerpo ya le había tomado la delantera porque siguiendo un impulso involuntario, sus muslos se empezaron a frotar uno contra el otro intentando calmar el picor que sentía.&nbsp; En ese instante para mí, lo que ocurriera en la tele sobraba y como un auténtico voyeur, me quedé fijamente mirando a lo que ocurría a un metro escaso de mí. Me consta que Susana trató de evitar tocarse porque sus manos se aferraron al sillón intentando calmarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pero fue inútil porque para el aquel entonces en la tele, los protagonistas pedían ayuda a un profesional y con su colaboración, empezaba a aprender los rudimentos con los que dar inicio una sesión. Disimulando la vi entrecruzar sus piernas y ladearse hacia la izquierda para dificultar que me diera cuenta de que había llevado una de sus manos hasta sus pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Se va a masturbar!», pensé en absoluto escandalizado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tal y como había previsto, Susana agarró entre sus dedos un pezón cuando el juez hacía lo mismo en la película con el de su mujer, haciendo mi propia excitación insoportable. Mi pene me exigía que lo liberara de su encierro y por eso cogí una manta y me tapé porque no sabía cuánto tiempo iba a aguantar. Mi movimiento no le pasó inadvertido a la muchacha que sonriendo me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Verdad que hace frio?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ni siquiera la contesté porque de cierta manera, mi compañera de piso me estaba dando permiso para pajearme yo también.&nbsp; Aunque no lo sé a ciencia cierta, creo que fue entonces cuando ella llevó sus dedos a la entrepierna porque vi que realizaba un gesto raro bajo su manta. Mirándola de reojo, &nbsp;vislumbré sus pechos bajo su jersey y creí morir al descubrir el tamaño que habían adquirido sus areolas mientras una de sus manos lo acariciaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Un profundo gemido que escapó de su garganta fue el detonante por el cual me atreví a bajar mi bragueta. Con mi miembro fuera del pantalón, seguía sin poder tocarlo porque quisiera o no, me seguía dando corte pajearme en su presencia. Aun sabiendo que en ese momento Susana tenía sus dedos dentro de las bragas, me parecía incorrecto masturbarme ante la novia de mi amigo y por eso, sufrí como una tortura no caer en la tentación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Justo cuando en la pantalla, el juez estaba dando una tunda al culo de su mujer, advertí que la espalda de Susana se arqueaba mientras a intervalos irregulares sus piernas se abrían y cerraban bajo la franela, los continuos suspiros que llegaban a mis oídos, me hicieron asumir que en su sexo comenzaba a gestarse una explosión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sintiendo que si prolongaba más el suplicio de mi pene, me lanzaría sobre esa mujer, lo cogí y con una mano, empecé a pajearme.&nbsp; Tan concentrado estaba en la búsqueda de placer que no me percaté que Susana se había corrido y que ya más tranquila, se había dado la vuelta y con sus ojos fijos en mí, me miraba. Ajeno a ser objeto de su examen, con mi extensión bien agarrada, mi muñeca imprimió un ritmo creciente. Todo mi cuerpo necesitaba llegar al orgasmo y por eso, cerré los ojos totalmente abstraído. Esa fue la razón por la que no advertí que mi compañera se mordía los labios mientras mi mano subía y bajaba sin pausa bajo la franela y que tampoco reparara en el brillo de su mirada cuando en silencio derramé mi simiente sobre la misma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya saciado, me relajé y al volver a la realidad, no noté nada raro porque disimulando la muchacha se había puesto a ver la película otra vez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Soy un idiota. ¡Me podía haber pillado!», maldije para dentro mientras me cerraba la bragueta y trataba de hacer como si no hubiera pasado nada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Dos metros más allá, Susana estaba en la gloria al saber que conmigo podría hacer realidad sus fantasías. Su única duda es como lo conseguiría y cuando.&nbsp; Por mi parte, seguía sin comprender las intenciones de la cría, quizás porque si durante seis meses&nbsp; ese bombón no me había hecho caso, me costaba asimilar que a raíz de una película lo hiciera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al terminar y cuando ya nos íbamos cada uno a su habitación, mi compañera se acercó a mí y sonriendo, me preguntó poniendo su culo en pompa:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Me darías un azote como “buenas noches”?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Creyendo que era una broma producto de lo que habíamos visto, solté una carcajada y se lo di. Pegando un grito de alegría al sentir mi mano sobre sus nalgas, me dio un beso en la mejilla, diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Por hoy, me basta pero mañana quiero más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual, entró en su cuarto dejándome en mitad del pasillo, totalmente aterrorizado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
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		<title>&#8220;La enfermera de mi madre y su gemela&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR POR GOLFO</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2026 08:22:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: El precoz desarrollo de Alzheimer en mi madre me obligó a buscar una persona que me ayudara. Cuando más desesperado estaba por no hallar alguien de mi gusto, un compañero de trabajo me recomienda a su prima como enfermera. Sin tenerlas toda conmigo, concierto una entrevista con ella y para mi sorpresa, resulta ser una joven recién salida de la universidad. Aunque su juventud me echaba para atrás, la urgencia de obtener ayuda me hace contratarla sin saber que la presencia de esa rubia en mi casa me iba a cambiar la vida para siempre. ALTO CONTENIDO ERÓTICO . [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong><a href="https://www.amazon.es/dp/B07FNWJWTT"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18584" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2.jpg" alt="" width="5960" height="1584" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2.jpg 5960w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2-300x80.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2-768x204.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-enfermera-de-mi-madre2-1024x272.jpg 1024w" sizes="(max-width: 5960px) 100vw, 5960px" /></a>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El precoz desarrollo de Alzheimer en mi madre me obligó a buscar una persona que me ayudara. Cuando más desesperado estaba por no hallar alguien de mi gusto, un compañero de trabajo me recomienda a su prima como enfermera.<br />
Sin tenerlas toda conmigo, concierto una entrevista con ella y para mi sorpresa, resulta ser una joven recién salida de la universidad. Aunque su juventud me echaba para atrás, la urgencia de obtener ayuda me hace contratarla sin saber que la presencia de esa rubia en mi casa me iba a cambiar la vida para siempre.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07FNWJWTT">https://www.amazon.es/dp/B07FNWJWTT</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo la introducción y los&nbsp; primeros capítulos:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></strong></span><br />
<span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"> 1</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La vejez es una mierda. Si ya de por sí cuando llegas a una determinada edad es angustioso sentir que vas perdiendo facultades, más aún lo es cuando la persona que se va viendo disminuida es alguien al que quieres. Eso es lo que le ocurrió a mi madre siendo todavía muy joven.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Habiendo sido toda su vida una persona activa e inteligente, de improviso cuando tenía solamente cincuenta y tantos años se vio afectada por el alzhéimer. Al principio, eran pequeños despistes sin importancia que ella misma achacaba al estrés. Esa explicación se la creyó incluso ella durante unos meses ya que como estaba en la fase inicial, siguió con su vida y su trabajo sin disminuir el ritmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desgraciadamente, la enfermedad poco a poco fue deteriorando sus facultades hasta un punto que se fue recluyendo paulatinamente en su interior. Por mi parte, con treinta años, soltero y con un trabajo que me absorbía mi tiempo, no quise o no pude verlo. Sé que no es excusa, pero entre mis ligues, mis viajes y mis amigos no fui consciente hasta que una madrugada mientras estaba de cachondeo recibí la llamada de un extraño, el cual, tras identificarse como policía, me explicó que la habían hallado totalmente desorientada en mitad de la gran vía. Por lo visto su estado era tal que no tuvieron más remedio que llevarla a un hospital y revisar su móvil para localizar el teléfono de un familiar. Como comprenderéis, me quedé acojonado y dándole las gracias, acudí en su ayuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al llegar a la clínica, directamente pedí verla. El médico de guardia tras comprobar que era su hijo me preguntó cuánto tiempo llevaba con alzhéimer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Mi madre no tiene esa enfermedad― respondí irritado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El facultativo comprendió que vivía en la inopia y sin entrar en discusión, me dejó entrar a su habitación. Si la expresión de locura de mi progenitora ya era bastante para asustarme, lo que realmente me aterró fue que al verme me confundiera con mi padre.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Mamá, papá lleva muerto diez años― respondí con tono suave.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al escucharlo mi madre, soltó una carcajada y dirigiéndose a la enfermera que tenía a su lado, le soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No le dije que mi novio era muy bromista.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su respuesta me desmoralizó y reconociendo por primera vez el problema, fui a disculparme con el médico y a pedirle consejo. Ese tipo de situación debía ser algo habitual porque sin aceptar mis disculpas, me explicó que a buen seguro en un par de días recobraría la conciencia pero que eso no era óbice para que esa enfermedad siguiera su curso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Atentamente, escuché sus consejos durante media hora cada vez más destrozado…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">2</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tal y como me había anticipado, a la mañana siguiente al despertarse mi madre era otra vez la mujer de siempre pero no se acordaba de nada. Por eso al amanecer en la cama de un hospital conmigo dormido en el sofá de al lado, me preguntó que hacía ella allí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Mamá tenemos que hablar…― respondí y con el corazón encogido de dolor, le informé no solo de cómo había perdido la cabeza la noche anterior sino también de la cruel sentencia que el destino le tenía reservado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando demostrando una serenidad que yo no hubiera tenido me confesó que se lo temía y que si no me había dicho nada era porque antes de hacerlo quería dejar las cosas bien atadas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿A qué te refieres? ― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Con la mente totalmente clara, me contó que estaba cerrando la venta de su negocio y que de ir las cosas como tenía previstas, en menos de una semana, se desharía de él. Comprendí y sobre todo aprecié el valor con el que afrontaba su futura demencia y con todo el dolor del mundo le prometí mi ayuda….</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Los hechos posteriores se desarrollaron a una velocidad endiablada debido en gran parte a su juventud. Su edad lejos de ser un obstáculo para el avance de su enfermedad, lo aceleró y por eso, aunque en un principio, me bastaba yo solo para cuidarla a raíz de que casi quemara la casa no me quedó más remedio que plantearme otras soluciones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Reconozco que pensé en internarla, pero el día que fui a visitar un asilo que me habían recomendado, se me cayó el alma a los suelos al ver a los residentes de ese lugar y como mi madre me había dejado una fortuna decidí que la tendría en casa todo el tiempo que pudiera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante dos semanas busqué algún candidato o candidata que se quedara con ella mientras yo no estaba. Lo que en teoría debía resultar sencillo se convirtió en una odisea porque el que no era un gordo apestoso, era una geta que no me generaba ninguna confianza. El azar quiso que una mañana, un compañero del curro al oír mi problema me dijera:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué no entrevistas a mi prima? Es enfermera geriátrica y te saldrá barata ya que como no ha conseguido trabajo, se ha tenido que volver al pueblo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que, si bien no me hacía gracia contratar a alguien emparentado con él, la urgencia hizo que me asiera a su sugerencia como el que se agarra a un clavo hirviendo y acepté conversar con ella, sin darle mayores esperanzas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Debido a que su pueblo estaba lejos de Madrid, quedé que a los dos días la recibiría. ¡Malditos dos días! En esas cuarenta y ocho horas, mi madre se cayó en la ducha, se rompió la pierna y perdió la poca conexión con la realidad que le quedaba. Por eso, tuve que pedir un anticipo de mis vacaciones para estar con ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La mañana que conocí a Irene, estaba con los nervios a flor de piel. Todo era un mundo para mí y reconozco que estaba totalmente sobrepasado por los acontecimientos. Mientras la esperaba sentado en mi salón, no podía dejar de pensar en que quizás tendría que finalmente internar a mi pobre madre en un asilo. Para colmo cuando llegó y tocó a mi puerta, me encontré que la muchacha era una cría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No me jodas!», pensé al ver que era una rubita con cara de niña buena, «¡Si acaba de salir del colegio!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Afortunadamente durante la entrevista, Irene demostró ser una persona con la cabeza bien amueblada y agradable que de forma rápida consiguió cambiar mi primera impresión. Cómo además sus pretensiones económicas eran bajas y al no tener donde vivir, se quedaría en casa, me terminó de convencer porque así me aseguraba un servicio 24 horas. Tras una breve discusión llegamos al acuerdo que sus días libres coincidirían con los míos por lo que cerré con un apretón de manos el trato.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La alegría que demostró al ser contratada me hizo casi arrepentirme de la decisión. Comportándose como una adolescente, empezó a pegar saltos chillando mientras me agradecía el hecho de no tener que volver al pueblo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Cuándo puedes empezar? ― pregunté creyendo que me diría que en un par de días y con la idea de usar ese tiempo en buscar a otra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Hoy mismo, en dos horas. Solo tengo que recoger mi ropa de casa de mi primo…</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">3</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">A la mañana siguiente cuando desperté el recuerdo de cómo había dejado llevar pensando en ella, me golpeó con fiereza. Con la luz del día mi actuación me resultó repulsiva y carente de toda lógica, teniendo en cuenta no solo nuestra diferencia de edad sino el hecho de que esa niñata era la enfermera. Asumiendo que cualquier acercamiento por mi parte terminaría en fracaso y sin nadie que se ocupase de mi madre, decidí no volver a cometer ese error y con ello en mi mente, me levanté al baño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al ser temprano, no tenía prisa y con ganas de relajarme, llené la bañera y me metí en ella. El agua caliente me adormeció y sin darme cuenta Irene volvió a mi mente. Rememorando lo soñado, involuntariamente mi pene se alzó sobre la espuma, como muestra clara que por mucho que lo intentara esa mujercita me tenía alborotado. Afortunadamente el sopor me impidió pajearme porque si no hubiera sido todavía más humillante la pillada que esa bebé me dio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Estaba con los ojos cerrados luchando con las ganas de coger mi polla y darle uso cuando de pronto escuché:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Señor, le he traído un café y el periódico. ¿Quiere que se lo lea?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi sorpresa fue total porque al abrirlos, me encontré con esa chavala sentada en una silla, mirándome. Me quedé paralizado cuando extendiendo su brazo me dio la taza como si nada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Estoy en pelotas! ― grité mientras usaba una mano para tapar mis vergüenzas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La muchacha, sin darle importancia, me contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por eso no se preocupe, además de enfermera tengo cinco hermanos y no me voy a escandalizar por ver a un hombre desnudo― pero al ver la mirada asesina con la que le regalé, decidió dejarme solo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No me puedo creer que haya entrado sin llamar!», pensé de muy mala leche, «¡Esta tía se ha pasado dos pueblos!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Indignado hasta decir basta, me terminé el puto café y saliendo del baño, entré en mi habitación para descubrir que esa cretina me había hecho la cama. Que hubiera asumido que podía arrogarse también esa función acabó por sacarme de las casillas y vistiéndome, resolví montarle una bronca, aunque eso significara quedarme sin sus servicios.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El destino quiso que, al llegar a la cocina, estuviera dando de desayunar a mi madre y sabiendo cómo le alteraban los gritos, tuve que contenerme y decirle en voz baja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Irene, tenemos que hablar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La muchacha levantó su mirada al oírme y con una sonrisa, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Ya sé que debía haberle preguntado, pero al ver que las sabanas estaban llenas de manchas blancas, me pareció lógico el cambiarlas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Saber que esa chavala había descubierto los restos de mi corrida, me llenó de cobardía y sin los arrestos suficientes para encararme con ella, me di la vuelta y salí de casa, pero no lo suficientemente rápido para que no llegara a mis oídos que Irene le decía a mi vieja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Menos mal que he llegado a esta casa, no comprendo cómo han podido vivir ustedes solos sin nadie que los cuidara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ya en el coche y mientras pensaba en lo ocurrido, resolví:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Me tengo que librar de esta loca!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La rutina del día a día y el cúmulo de trabajo que se agolpaba sobre mi mesa consiguieron hacerme olvidar momentáneamente del problemón que me esperaba cuando volviera del curro. Durante todo el día la actividad me mantuvo ocupado, de manera que no fue hasta las siete de la tarde cuando recordé que esa noche tendría que poner las maletas de esa niña en la calle.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Si ya no tenía ninguna duda de que tenía que echarla, fue su primo quien me hiciera ratificarme aún más en esa decisión al decirme:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por cierto, Alberto, esta mañana me llamó Irene y me contó lo feliz que estaba viviendo en tu casa ya que tu madre es un encanto y tú todo un caballero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi cara de alucine debió ser tan rotunda que muerto de risa me comentó que, tomándole el pelo, le soltó que no se fiara porque tenía fama de Don Juan y que ella al oírlo, se había indignado y que le había colgado el teléfono, contestando:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No te permito que hables así de mi jefe.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">En ese momento, no supe con quién estaba más cabreado si con su primo por ser tan indiscreto o con ella por su absurdo comportamiento. La actitud que había demostrado esa chavala revelaba un sentimiento de propiedad que nada tenía que ver con la debida fidelidad a quién le paga sino más bien con un enfermizo modo de ver nuestra relación laboral.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os reconozco que cuando encendí mi coche, estaba tan furibundo que, de habérmela encontrado en ese instante, la hubiera cogido de su melena y la hubiese lanzado fuera de mi chalé sin más contemplaciones. Afortunadamente para ella, la media hora que tardé en llegar me sirvió para tranquilizarme y por eso al cruzar la puerta pude escuchar unas risas que provenían del salón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ese sonido tan normal por otros lares me resultó raro dentro del mausoleo en el que se había convertido mi hogar. Extrañado e incrédulo por igual, me acerqué a ver la razón de tanta alegría. Al entrar en esa habitación, descubrí a mi madre chillando de gusto y a Irene haciéndole cosquillas. Esa escena que en otro momento me hubiese enternecido, me dejó paralizado por la indumentaria de la muchacha.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No puede ser verdad!», rumié entre dientes al percatarme que Irene llevaba puesto un uniforme nuevo y que este al contrario del anterior no podía ser más sugerente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desde mi ángulo de visión, el exiguo tamaño de su vestido rosa me dejaba observar en su plenitud dos maravillosas nalgas apenas cubiertas por una tanguita azul. Si ya eso era un cambio brutal, más aún lo fue ver que como complemento, la cría se había puesto unas medias con liguero. Si queréis que defina ese traje, parecía el disfraz que llevaría una stripper encima de un escenario. Mientras babeaba admirando su belleza, Irene no paraba de jugar con mi madre sin percatarse del extenso escrutinio al que la estaba sometiendo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Parece una puta cara», sentencié bastante molesto por el modelito y alzando la voz, dije:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Buenas noches.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La niñata al escucharme, se levantó del suelo y corriendo hacia mí con una sonrisa, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Señor, ¿Le gusta mi nuevo uniforme?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os juro que al verla de pie y descubrir que su tremendo escote me dejaba ver sin disimulo el sujetador de encaje, provocó que tuviese que hacer verdaderos esfuerzos para no quedarme allí mirándole las tetas. Retomando mi cabreo, contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No, me recuerdas con él a una zorra que pagué.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi ruda respuesta la dejó paralizada y con lágrimas en los ojos, me preguntó qué era lo que no me gustaba. Fue entonces cuando cometí quizás el mayor acierto de mi vida porque acercándome a ella, con dureza, respondí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No te das cuenta de que soy un hombre y que con él estás declarándome la guerra? ― para recalcar mis palabras, manoseé sus nalgas mientras le decía: ―Da la impresión de que lo que deseas es que te follé.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Si bien era previsible que Irene se echara a llorar, lo que no lo fue tanto fue que al sentir la tersura de su piel se despertara el animal que tenía dentro y aprovechando que estaba de frente a mí, perdiendo la cabeza, desgarrara su vestido dejándola medio desnuda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Si quieres que te trate así, ¡No te lo pongas!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al observar el pánico en sus ojos, me tranquilicé y dándome la vuelta me fui a mi habitación. Ya solo, el maldito enano que todos tenemos en la mente me echó en cara mi conducta:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Eres un hijo de puta. ¡Pobre niña!», machaconamente mi conciencia perturbó mi ánimo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mis remordimientos fueron en alza hasta que, al no poderlos aguantar, decidí ir a pedirle excusas. Pensando que la chavala estaría haciendo la maleta, me dirigí a su habitación y aunque no la encontré, si me topé con el otro uniforme que se había comprado. Si el primero era escandaloso, este segundo era aún peor porque era totalmente transparente. Al examinarlo bien, descubrí que me había equivocado porque a la altura de donde debían ir sus pechos cuando se lo pusiera, dos cruces rojas taparían sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Comprenderéis e incluso aceptaréis que, al imaginarme a Irene con semejante vestimenta, me excitara y tratando de analizar esa conducta, caí en la cuenta de que la única explicación posible era… ¡Que esa cría tuviera alma de sumisa!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Ese descubrimiento quedó confirmado cuando bajé a la cocina y me encontré con la rubia en sujetador y tanga. Todavía sin tenerlas conmigo quise corroborar mis sospechas y por eso le pregunté por qué andaba así. Su respuesta lo dejó clarísimo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Usted me lo ordenó― su tono seguro era el de alguien que no había cometido ningún error.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al someter su contestación a un somero estudio, supe que no había equívoco y que esa cría al aceptar trabajar en mi casa había asumido que sería enfermera, chacha y esclava para todo. Deseando revalidar ese extremo, la llevé al salón y sentándome en el sofá, le ordené que se arrodillara a mis pies. La sonrisa que leí en sus labios mientras obedecía, me demostró que aceptaba de buen grado ese estatus.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que me calentó verla adoptando esa posición tan servil y forzando su entrega, le pregunté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Quién eres?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi interrogatorio la destanteó y bajando su mirada, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Su enfermera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al escucharla, solté una carcajada y tomando uno de sus pechos en mis manos, repetí mientras le daba un pellizco en el pezón:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Te he preguntado quién eres, ¡No quién aparentas ser!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El gemido que surgió de su garganta fue lo suficientemente elocuente, pero, aun así, esperé su contestación. La cría con rubor en sus mejillas me miró diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Nadie, no soy nadie. Una esclava solo tiene derecho a ser eso, una esclava.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Usando entonces mi nuevo poder, le ordené que se desnudara. Irene que obedeció desabrochó su sujetador y lo dejó caer al suelo. Con satisfacción observé que sus senos se mantenían firmes sin la sujeción de esa prenda y que sus rosadas aureolas se iban empequeñeciendo al contacto de mi mirada. Tampoco necesitó que le insistiera para despojarse del diminuto tanga, de manera, que permaneció completamente desnuda para ser inspeccionada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Acércate.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La mujercita se arrodilló y gateando llegó hasta mi lado, esperó mis órdenes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Aquí estoy, amo―, escuché que me decía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No te he dado permiso de hablar― la recriminé. ―Date la vuelta y muéstrame tu culo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Con una sensualidad estudiada, se giró y separando sus nalgas, me enseñó su ano. Metiendo un dedo en él, comprobé tanto su flexibilidad y satisfecho, le di un azote y le exigí que me exhibiera su sexo. Satisfecha de haber superado la prueba de su trasero, se volteó y separando sus rodillas, expuso su vulva a mi aprobación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué belleza! ― complacido exclamé al comprobar que lo llevaba completamente depilado. ―Separa tus labios― ordené.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Obedeciendo, usó sus dedos para mostrarme lo que le pedía. Al hacerlo, me percaté que brillaba a raíz de la humedad que brotaba de su interior. No tuve que ser ningún genio para comprender que, el rudo escrutinio, la estaba excitando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Forzando su deseo, le di la vuelta y bajándome la bragueta, la senté en mis rodillas mientras tanteaba con la punta de mi glande su orificio trasero. Ella no puso objeción alguna a mis caricias y asumiendo que deseaba tomarla por detrás, forzó la penetración con un movimiento de su trasero. Cómo mi pene entró sin dificultad por su estrecho conducto, le pregunté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué tienes el culo dilatado?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Muerta de vergüenza y con la respiración entrecortada, me respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me he pasado toda la tarde con un estimulador anal, soñando con esto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su confesión me hizo preguntar qué más planes tenía preparados antes de que yo llegara. La muy puta comenzó a moverse, cabalgando sobre mi pene, mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Pensaba que, si con ese uniforme no me follaba, meterme esta noche en su cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El descaro que mostró me dio alas y cogiéndola de la cintura, empecé a izar y a bajar su cuerpo empalándola a cada paso. Sus alargados gemidos fueron una muestra clara que estaba disfrutando por lo que, acelerando mis movimientos, cogí sus pechos entre mis manos. Mi nuevo ritmo le puso frenética y berreando de placer, gritó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Supe que sería suya en cuanto lo vi!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Para entonces mi lujuria era tal que, cambiándola de postura, la puse a cuatro patas sobre el sofá y reanudé con mayor énfasis el asalto sobre su culo. Poco a poco, el compás con el que nos meneábamos se fue acelerando, convirtiendo mi trotar en un desbocado galope donde Irene no dejaba de gritar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Por favor, amo. ¡No deje de usar a su puta!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Contesté su total sumisión con un fuerte azote. La rubita al sentirlo aulló descompuesta:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Me encanta!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su alarido me azuzó y alternando de una nalga a otra, le fui propinando duras cachetadas siguiendo el compás con el sacaba mi pene de su interior. El salón se llenó de una peculiar sinfonía de gemidos, azotes y suspiros que incrementó aún más nuestra lujuria. Irene ya tenía el culo completamente rojo cuando se dejó caer sobre el diván, presa de los síntomas de un brutal orgasmo. Fue impresionante ver a esa chavalita, temblando de dicha mientras se comportaba como una mujer sedienta de sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Amo! ¡No pare! ― aulló al sentir que el placer desgarraba su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su actitud sumisa fue el acicate que me faltaba y cogiendo sus pezones entre mis dedos, los pellizqué con dureza mientras usaba su culo como frontón. Al gritar de dolor, perdió la mesura y berreando como cierva en celo, se corrió mientras de su sexo brotaba un geiser que empapó mis piernas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando viéndola satisfecha, me concentré en mí y forzando su esfínter al máximo, seguí violando su ojete mientras la rubita no dejaba de aullar desesperada. No tardé en verter mi gozo en el interior de sus intestinos. Tras lo cual, agotado y exhausto, me tumbé a su lado. Mi nueva amante me recibió con los brazos abiertos. Mientras me besaba, no dejó de agradecerme el haberla liberado diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Siempre soñé con tener un dueño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Os parecerá hipócrita, pero estaba contento por no haberla echado y aun sabiendo que la había contratado para realizar otra tarea, esa cría no solo había cubierto mis expectativas, sino que me había ayudado a reconocer mi lado dominante. Por eso, cargándola, la llevé hasta mi cama y depositándola sobre las sabanas, riendo contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―En cambio, yo nunca deseé una sumisa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Asustada por que fuera a prescindir de ella, me imploró que no lo hiciera. Soltando una carcajada, la tranquilicé diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Pero ahora que te he encontrado, ¡No pienso perderte!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">4</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Llevaba casi seis meses conmigo y como siempre, mi enfermera, chacha y sierva dormía plácidamente a mi lado cuando me desperté. Aprovechándolo, usé su dormitar para observarla. Su belleza casi infantil se realzaba sobre el blanco de las sábanas. Reconozco que entonces y hoy en día, es un placer espiar sus largas piernas perfectamente contorneadas, su cadera de avispa, su vientre liso y sobre todo sus hinchados pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Está buenísima!», pensé satisfecho aun sabiendo que lo que realmente me tenía subyugado, era la manera con la que se entregaba haciendo el amor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Cuando la contraté, me sedujo sin saber si sería el amo que llevaba tanto tiempo buscando, pero no se lo pensó dos veces. Había descubierto nadas más verme que mi sola presencia la ponía bruta y lanzándose al vacío, buscó ser mía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desnuda y sabiendo que al despertar no se iba a oponer, recorrí con mis manos su trasero. Aunque el día anterior había hecho uso de él, todavía me sorprendía lo duro que lo tenía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Tienes un culo de revista― susurré en su oído mientras me pegaba a ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Gracias mi amo― contestó sin moverse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su aceptación me satisfizo y recreándome en su contacto, subí por su estómago rumbo a sus pechos con mis manos. Irene suspiró al notar que mis dedos se topaban con la curva de sus senos y maullando como una gata en celo, me hizo saber que estaba dispuesta presionando sus nalgas contra mi miembro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Alzándose como un resorte, mi pene reaccionó endureciéndose de inmediato y ella al sentir mi erección no dudo en alojarlo entre sus piernas, sin llegar a meterlo como si dudase por cuál de sus dos entradas quería su dueño tomarla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Eres una zorrita viciosa― dije al bajar hasta su sexo y encontrármelo empapado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Lo sé, amo― respondió con tono meloso moviendo sus caderas, tras lo cual y sin más preparativos se introdujo mi extensión en su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su cueva me recibió lentamente de forma que pude gozar del modo tierno en que la piel de mi verga iba separando sus pliegues y rellenando su conducto. Esperé a que la base de mi pene recibiera el beso de sus labios genitales para llevando nuevamente mi mano a su pezón darle un suave pellizco.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi rubita al experimentar esa ruda caricia supo mis deseos y acelerando sus movimientos, buscó mi placer mientras su vagina, ya empapada, estrujaba mi pene con una dulce presión. Tanto ella como yo lo deseábamos por lo que nuestros cuerpos se fueron calentando mientras iniciábamos un ancestral baile sobre el colchón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mi pecho rozando contra su espalda, a la vez que unos palmos más abajo mi verga se hundía y salía del interior de su sexo fue algo tan sensual que no pude más que besar su cuello y susurrando en su oído decirle:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me encanta que seas tan puta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mis rudas palabras fueron la orden que necesitaba para empezar a gozar y antes que me diera cuenta sus jadeos se transmutaron en gemidos y olvidándose de pedirme permiso, se corrió. Supe que tenía derecho a castigarla, pero me apiadé de ella y mientras se retorcía con el primer orgasmo de la mañana, clavé mis dientes en sus hombros para que la marca de mi mordisco fuera la enseña de su entrega. El dolor se mezcló con el placer y prolongó su clímax. Irene, dominada por la lujuria, me rogó con un grito que me uniese a ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Todo a su tiempo― contesté dándole la vuelta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La cría creyendo que deseaba besarla, forzó con su lengua mis labios. Descojonado la separé diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Tanto me deseas que no puedes aguantar unos minutos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Poniendo cara de putón desorejado, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Amo, mi función es servirle y eso hago― y sonriendo, se sentó sobre mí, empalándose nuevamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La urgencia que mostró al empezar a saltar usando mi pene como su silla y la forma en que sus pechos se bamboleaban siguiendo el ritmo, me terminaron de excitar e incorporándome, acudí a la llamada de ese manjar metiendo uno de sus pezones en mi boca.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Son suyos― respondió fuera de sí al sentir que como si fuera su hijo empezaba a mamar de ellos mientras su cuerpo convulsionaba nuevamente de placer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Despertando mi lado fetichista, mojé mis dedos en su sexo tras lo cual le pedí que me los chupase. Mi petición no cayó en saco roto y bajando su cabeza, se los llevó a su boca y sensualmente usó su lengua para saborear el producto de su coño. El erotismo de su actuación que fue demasiado para mi torturado pene y como si fuera un volcán en erupción, explotó lanzando ardientes llamaradas al interior de su vagina. Irene al sentir que mi simiente anegaba su conducto y con su cara desencajada por el esfuerzo, me dio las gracias por hacerla sentir mujer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Totalmente exhausto, me dejé caer sobre las sábanas mientras la feliz enfermera me abrazaba. Durante unos minutos, nos quedamos callados cuando de pronto se levantó corriendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Dónde vas?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sonriendo, respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―A cambiar el pañal a su madre. Pero no se preocupe, ahora mismo vuelvo y me echa otro polvo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Soltando una carcajada, contesté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Aunque me apetece, no tengo tiempo. Debo irme a trabajar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mientras iba hacía el curro, no pude dejar de meditar sobre la suerte que había tenido al contratarla. Irene no solo cuidaba a mi madre con un cariño brutal, sino que había ocupado el vacío en mi cama. Comportándose la mayoría de las veces como una amante sumisa en otras ocasiones adoptaba un papel mucho más protagónico y me pedía realizar sus fantasías. No era raro que, al volver a casa, esa mujer me hubiera preparado una sorpresa, desde ir al cine para que al amparo de la oscuridad me hiciera una mamada en público, a que la llevara a un bar y en los servicios, me obligara a tomarla. Realmente, mi vida había dado un giro para bien a raíz de su llegada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Satisfecho con ese nuevo rumbo, me cabreó en un principio que esa tarde al volver, esa rubia me pidiera como favor que durante quince días aceptara que su hermana gemela se quedara en casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Y eso? ― contesté al saber que, si daba mi brazo a torcer, íbamos a tener que dejar aparcada nuestra relación ya que para todos era un secreto que Irene se acostaba conmigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Viene a un curso y como no quiere gastar más dinero, me ha rogado que la acoja.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Conociendo sus orígenes humildes y reconociendo que dos semanas a dieta era algo que podía soportar, acepté que viniera sin saber lo que se me venía encima.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Durante los días siguientes Irene, quizás temiendo la abstinencia, se comportó aún más ansiosa de mis caricias y aprovechó cualquier momento para dar rienda a su lujuria. Deslechado hasta decir basta, afronté con tranquilidad la llegada de su hermana…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">5</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Desde el momento que esa rubia angelical llegó a mi casa, se hizo cargo no solo del cuidado de mi madre, sino que se adueñó de ella de un modo tan total que no me no pude hacer nada por evitarlo. Demostrando un cariño y una ternura sin límites, cubrió a mi vieja de cuidados obligándola diariamente a ponerse guapa y a levantarse, pero también como una mancha de aceite, su presencia se fue expandiendo, asumiendo para ella funciones para las que no había sido contratada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Un ejemplo claro de lo que hablo ocurrió a los dos días, cuando al llegar del trabajo me encontré con la sorpresa que un olor delicioso salía de la cocina. Al entrar en ella, sorprendí a Irene cocinando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Si sabe cómo huele, estará estupendo», pensé sin percatarme que la chavala no llevaba el atuendo blanco de enfermera sino un vestido acorde con su edad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Haciéndome notar, señalé que esa no era su función pero que se lo agradecía. La rubia entonces sonriendo me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Disculpe señor, pero usted cocina fatal y ya que me paso todo el día en la casa, he pensado que tanto a su madre como a usted les vendría bien mejorar sus hábitos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No pude contradecir su lógica porque en ese momento mis ojos se habían quedado prendados del par de piernas de la niñata.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡No me puedo creer que no me haya fijado antes!», exclamé mentalmente al admirar la perfección de sus muslos y disfrutar de la forma redonda de su culo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Irene, o bien no se dio cuenta de mi escrutinio, o lo que es más seguro le divirtió descubrir que sus encantos me afectaban porque, meneando el trasero, llegó hasta mí y dándome una factura de supermercado, me dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Me debe cincuenta y ocho euros. Si le parece bien a partir de hoy, cocinaré y haré la compra para que usted pueda descansar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su franqueza me hizo titubear, pero atontado y consciente de que bajó mi pantalón mi pene se había puesto duro, solo pude sacar la cartera y pagarle. Ya con los billetes en su mano, guiñándome un ojo, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Voy a ponerme el uniforme y cenamos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Confieso que me giré a verle el culo cuando se fue y también que babeé al observar como al subir las escaleras, sus muslos eran aún más impresionantes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«¡Qué buena está!», no pude dejar de reconocer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La chavala volvió al cabo de cinco minutos, ya vestida de enfermera. Al observarla comprendí el motivo por el que me había pasado desapercibido que esa cría era un portento. Su uniforme además de feo disimulaba sus curvas y no dejaba entrever que debajo de esa tela había un pedazo de mujer. Involuntariamente puse un mohín de disgusto que cazó rápidamente al vuelo porque como si no quiere la cosa mientras cenábamos me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Señor, necesito que me compre dos trajes más de enfermera. Solo tengo uno y además es horroroso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Alucinado y sintiéndome descubierto, saqué nuevamente mi billetera y le di dinero para que los comprara ella. Irene cogió el dinero sin poner ninguna objeción y habiendo conseguido su objetivo, me preguntó que le parecía lo que había guisado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Está delicioso― respondí con sinceridad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Mis palabras le alegraron y con un brillo que no supe comprender en ese momento contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―No tendrá queja de lo bien que les voy a cuidar a los dos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">El tono meloso con el que lo dijo me puso los pelos de punta porque, lo quisiera o no, era evidente que encerraba una insinuación que poco tenía que ver con su oficio. No queriendo profundizar en el tema, terminé de cenar y como cada noche, fui a llevar mis platos al lavavajillas, pero entonces Irene quitándomelos de las manos, me dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Váyase a descansar, ya los meto yo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Por mucho que protesté, la cría no dio su brazo a torcer y se salió con la suya, de modo que no me quedó otra que irme a ver la tele al salón. Os juro que no sé siquiera que narices vi porque mi mente estaba tratando de analizar el comportamiento de esa mujercita. Aunque interiormente sabía que se traía algo entre manos, no quise reconocerlo y por eso acepté sus nuevas funciones como un hecho consumado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Estaba todavía confuso cuando al cabo de diez minutos, llegó hasta mí y dándome un beso en la mejilla, susurró en mi oído:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Voy a ver a su madre y después me acuesto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Nada me había preparado para esa muestra de cariño, ni mi vida de solterón, ni mi relativo éxito con las mujeres porque al sentir sus labios tersos sobre mi piel y oler la fragancia a mujer que manaba de sus poros, como un resorte mi verga se izó debajo de mi ropa. Avergonzado, descubrí que se había fijado y por eso totalmente rojo, me quedé callado mientras ella desaparecía de la habitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">«Tío, ¿de qué vas? ¡Es solo una niña!», refunfuñé de mal humor al descubrir que la deseaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Molesto conmigo mismo, apagué la tele y me fui a dormir. Desgraciadamente me resultó imposible conciliar el sueño porque como si fuera una maldición el recuerdo de su belleza volvía una y otra vez a mi mente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Dejándome llevar, me imaginé que Irene entraba en mi habitación vestida con un vaporoso picardías y que, llegando a mi lado, se agachaba sobre mí dejándome disfrutar de la visión de su escote. Mitad fantasía, mitad pesadilla, la oí decirme mientras mis ojos trataban de descubrir el color de sus pezones:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No cree que su enfermerita se merece un beso al irse a dormir?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">No me lo tuvo que decir dos veces y levantándola en vilo, forcé su boca con mi lengua. La necesidad imperiosa que sentíamos hizo el resto, dejándonos llevar por la pasión, nos besamos mientras nuestros cuerpos empezaban a moverse completamente pegados. Muerta de risa, Irene pasó su mano por mi entrepierna y poniendo cara de puta, me preguntó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿Merezco algo más?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Por supuesto que sí! ― exclamé mientras cogía una de sus perfectas peras entre mis labios.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Al sentir mi lengua juguetear con su aureola, presionó mi cabeza con sus manos mientras me susurraba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Hazme tuya!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su completa entrega me dio alas y creyéndome el sueño, me vi arrodillándome a sus pies. Tras lo cual, separándole las piernas, le quité el tanga. Su dulce aroma recorrió mis papilas mientras ella no paraba de gemir al experimentar la caricia de mi boca en el interior de sus muslos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Sigue! ― me pidió al sentir que mis dedos separaban sus labios y mi lengua lamía su botón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Incapaz de retenerme, cogí entre mis dientes su clítoris y me puse a mordisquearlo buscando devorar el flujo de su coño.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué gusto! ― gimió como una loca y presionando mi cabeza, me rogó que continuara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sabiendo que todo era producto de mi mente, separé sus rodillas y quedé embelesado al descubrir que la rubita tenía el chocho depilado y con mi corazón latiendo a mil por hora, no pude dejar de reconocer que, si ya era bello de por sí, al no tener ni un pelo que estorbara mi visión, era pecaminosamente atrayente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Un tanto cortado al recordar nuestra diferencia de edad, me desnudé deseando que ella al ver mi cuerpo no se arrepintiera de lo que íbamos a hacer. Afortunadamente, Irene miró mi erección con aprobación y me llamó a su lado. Nada más tumbarme a su lado, me cubrió de besos mientras su cuerpo temblaba cada vez que mis manos la acariciaban:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Fóllame― me ordenó con la respiración entrecortada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Excitado hasta decir basta, contuve mis ansias de obedecerla y metí mi cara entre sus pechos. Al hacerlo, su dueña no paraba de pedirme que la hiciera mujer. Cambiando de objetivo, me concentré en el tesoro que escondía su entrepierna. Ya con las piernas abiertas y sus manos pellizcando sus pezones, Irene pegó un alarido al experimentar las caricias de mi lengua recorriendo los pliegues de su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué belleza! ― exclamé al disfrutar de ese coño juvenil.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La que hasta entonces se había comportado como una tierna amante se convirtió en una hembra exigente que cogiendo mi pene entre sus manos e intentó forzarme a que la tomara. Obviando sus deseos, seguí devorando su chocho cada vez con más ansiedad. Mis maniobras cumplieron su cometido y dominada por el deseo, se retorció dando gritos sobre las sábanas. Empapando el colchón con su flujo, su sexo se transmutó en un riachuelo que intenté secar, pero cuanto más lo devoraba era mayor la cantidad de líquido que manaba y queriendo absorberlo, prolongué su éxtasis, uniendo su primer orgasmo con el siguiente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando con una súplica, me rogó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">―Quiero sentirte dentro de mí― tras lo cual llevó mi pene hasta su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">La necesidad que demostró mientras lo hacía, acabó con mis reparos y tumbándola sobre su espalda, le separé las rodillas mientras le decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¿No querrás un aumento de sueldo por esto? ― pregunté posando la cabeza de mi miembro en su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Mierda! ¡Hazlo ya! ― imploró mientras movía sus caderas intentando metérselo dentro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Centímetro a centímetro lo vi desaparecer en el interior de su vagina mientras la enfermera de mi madre se mordía los labios con deseo. Al sentir que la había llenado al completo, di inicio a un lento vaivén, sacando y metiendo mi verga de ese estrecho conducto mientras ella no paraba de gemir. Su entrega me confirmó que estaba gozando y por eso fui incrementando poco a poco la velocidad de mis maniobras.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Dame duro! ― chilló descompuesta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Su rendición se tornó en total al asir sus pechos con mis manos y berreando de placer, gritó a los cuatro vientos su orgasmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">― ¡Me corro! ― la oí gritar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Contagiado de su lujuria, incrementé mi ritmo y mientras por mis piernas se deslizaba su flujo, seguí martilleando su interior con sus gemidos resonando en mis oídos. Supe que no iba a poder retener mi propio clímax si seguía así y por eso bajé mi compás. Irene al notarlo, protestó y con voz melosa, me rogó que siguiera más rápido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sus palabras me convencieron y elevando la velocidad de mis penetraciones, golpe a golpe asolé sus pocas defensas hasta que sus alaridos de placer fueron el acicate que necesitaba para que mi miembro regara con mi semen su interior.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Sabiendo que había sido un sueño, aun así, me dormí con una sonrisa en los labios hasta el día siguiente.</span></p>
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		<title>&#8220;EL AULLIDO DE LA LOBA&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Mar 2026 07:42:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Respondiendo a un llamado de su interior, Uxío Mosteiro abandona su ajetreada vida en Lyon y se traslada a la aldea donde desde tiempos inmemoriales su familia es dueña de un pazo. Su llegada a esa su tierra, el único lugar donde se considera en casa, despierta el temor ancestral que sus paisanos siente por los salvaxes. Aunque en un principio no le da importancia, considerándolo poco más que chismes la fijación que muestran asimilando a todos los de su alcurnia con esos seres mitológicos, los cambios que se producen en él le hacen ver que los hombres lobo [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>Respondiendo a un llamado de su interior, Uxío Mosteiro abandona su ajetreada vida en Lyon y se traslada a la aldea donde desde tiempos inmemoriales su familia es dueña de un pazo. Su llegada a esa su tierra, el único lugar donde se considera en casa, despierta el temor ancestral que sus paisanos siente por los salvaxes. Aunque en un principio no le da importancia, considerándolo poco más que chismes la fijación que muestran asimilando a todos los de su alcurnia con esos seres mitológicos, los cambios que se producen en él le hacen ver que los hombres lobo existen y que él es uno de ellos. Sin saberlo, contrata a la nieta de una antigua cocinera de la casa y Branca resulta ser una poderosa Meiga. La hechicera se convierte en su amante y desde ese momento, tratara de convencer a su amado para que acepte que además de salvaxes, también habitan esos lugares las hadas, una de las cuales llamada Xenoveva lo reclama como su esposo.<br>Todo se complica cuando Tereixa, una hembra de su especie, aparece por el pueblo y empiezan las muertes…</p>



<p><em>ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></p>



<p><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></p>



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<iframe title="El aullido de la Loba" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_osHMudmf39bosJ&#038;asin=B094PM9HJL&#038;tag=kpembed-20"></iframe>
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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p><em>Furtivo y gris en la penumbra última,</em><em><br>va dejando sus rastros en la margen<br>de este río sin nombre que ha saciado<br>la sed de su garganta y cuyas aguas<br>no repiten estrellas. Esta noche,<br>el&nbsp;<strong>lobo</strong>&nbsp;es una sombra que está sola<br>y que busca a la hembra y siente frío.</em></p>



<p><strong><em>Jorge Luis Borges</em></strong></p>



<p>Tras diez años trabajando en el extranjero para la Interpol, estaba harto. Asqueado de tanta violencia y maldad que sobrevolaba la sociedad de hoy en día, necesitaba volver a mis orígenes. No me bastaba con retornar a mi país o a mi región, ni siquiera a mi pueblo; ¡tenía que volver a casa! Y cuando hablo de casa, no me refiero al piso de Madrid donde viví con el viejo, sino la casa solariega de la Galicia profunda que forma parte de mis genes y a la que siempre he estado íntimamente unido. Nadie lo comprende, pero desde niño ¡solo ahí fui feliz! Para mí, nada se puede comparar con recorrer sus caminos, disfrutar de sus prados, perderse entre sus bosques o descansar en una de sus riberas sombrías. Su húmeda belleza, sus paisanos, sus cumbres, el sonido de los urogallos reclamando el favor de las hembras, me llamaban de vuelta. Tras la muerte de mi padre y haber heredado una buena suma, pedí una excedencia de dos años y una mañana de mayo, llegué ante sus muros. El musgo de la entrada y los tejos invadiendo el camino me hicieron enfadar al saber que gran parte de esa decadencia era culpa mía. No en vano yo era el único heredero de esas tierras y por tanto su dueño. Aunque me sacó de ahí siendo un crio, huyendo de lo que él llamaba la aldea, para mí esa casona, era “noso lar”, el hogar que nuestros antepasados erigieron en la ladera de un monte.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Tengo que devolverle su esplendor», me dije mirando los descuidados campos de mi heredad con el pecho encogido. Abrir el viejo portón de madera de su entrada no hizo más que incrementar mi dolor. El polvo de los muebles, las telarañas de sus techos, el olor a cerrado.&nbsp; Todo en su interior daba muestra de su abandono.</p>



<p>&nbsp;«¡Qué distinto era cuando vivía el “Vello”! ¡El abuelo no hubiese permitido este deterioro!» sentencié mientras subía por las escaleras al primer piso para dejar el equipaje.</p>



<p>Sabiéndome el único a quien le importaba el viejo pazo, ocupé la habitación que históricamente correspondía al dueño y que desde que había muerto el “Viejo”, mi padre se había negado a usar.</p>



<p>«Yo si la ocuparé “avó”», dije sintiendo como si siguiera viva la figura de mi abuelo.</p>



<p>Al llegar, instintivamente toqué a la puerta como hacía cuando el anciano vivía antes de entrar. Tras darme cuenta de lo absurdo que eso era, abrí y pasé al cuarto. La cama donde durante años había estado recluido era tan enorme como recordaba.</p>



<p>«La de veces que me tumbé ahí para que me leyera un cuento», me dije observando el grueso colchón de lana.</p>



<p>El frio me hizo recordar que todavía no había encendido la “lareira”, la enorme chimenea que ocupaba la mitad de la cocina de la planta baja y que era tan típica en las aldeas de mi tierra. Dejando las dos maletas en el suelo, me dirigí a hacerlo. La antigüedad de la leña allí acumulada me permitió con rapidez hacer una pequeña hoguera que secara y calentara el ambiente. La belleza hipnótica de sus llamas me hizo volver a mi niñez y a sus noches cuando, a la luz de esa lumbre, Maruxa, la cocinera me narraba historias de meigas, de duendes y de hadas.</p>



<p>«Galicia é unha terra máxica e cada un dos seus fillos ten unha fada madriña», siempre recalcaba cuando me oía negar la existencia de la magia y de esos seres alados.</p>



<p>― ¿Tengo yo también un hada madrina? ― recuerdo que tenía la costumbre de preguntar.</p>



<p>Aunque cientos de veces cuestioné lo mismo, Maruxa nunca se cansó de contestar:</p>



<p>― Non te rías. A túa fada chámase Xenoveva e un día presentarase a ti.</p>



<p>Según ella, el día que nací vio al lado de mi cuna a esa hada bajo el aspecto de una mujer joven. Al indagar ella en qué hacía ahí, la aparición le contestó:</p>



<p>― Coido do meu destino.</p>



<p>«Cuido de mi destino», sonreí al recordar su insistencia en que un día Xenoveva, mi hada madrina, aparecería ante mí para salvarme si algo me amenazaba.</p>



<p>―Maruxa, no asustes al chaval― mi padre la recriminó una noche al comprobar que me creía esas leyendas: ―Aquí no hay peligro.</p>



<p>― Patrón, sempre hai perigos escondidos detrás da maleza.</p>



<p>―Habladurías de viejas. Hijo, ¡no hagas caso! No existen ni las brujas, ni los duendes y menos las hadas.</p>



<p>A pesar de los años que han pasado, no consigo olvidar mi enfado con él porque negara la existencia de Xenoveva. En mi mente de niño, la señora de los bosques era real y me cuidaba.</p>



<p>―Papá, ella me salvó cuando casi me ahogo en la laguna y luego desapareció.</p>



<p>―Uxío, las hadas no existen. La joven que te sacó del agua, debió ser una peregrina haciendo el camino de Santiago que, viendo que estabas bien, decidió dejarte para irse a reunir con sus compañeros de viaje― contestó muy molesto.</p>



<p>Recuerdo que mi abuelo, sonriendo, murmuró en mi oído:</p>



<p>―Tu padre es un viejo cascarrabias que ha borrado de su mente a su madrina. Tú no la olvides y Xenoveva volverá.</p>



<p>El crepitar de un leño me devolvió a la realidad y dejando esos recuerdos en un rincón de mi cerebro, me puse a airear la casa. El penoso estado de sus ventanas y contraventanas me hizo ver que iba a necesitar ayuda y por eso decidí que cuando fuera a ver al cura, como verdadero poder fáctico de la aldea, no solo debía pedirle que me encontrara alguien de servicio sino también un manitas que me apoyara arreglando todo aquello que yo no pudiera.</p>



<p>«Hay demasiados desperfectos para hacerlo solo», sentencié preocupado.</p>



<p>Aterido de frio y sabiendo que poca cosa podía hacer ahí hasta que cogiera temperatura, cerrando la casa, me fui a buscar al sacerdote. Tras aparcar frente a la iglesia, me encontré que don Ángel estaba confesando y que según ponía en el horario todavía tardaría una hora en salir del confesonario.</p>



<p>«Me tomaría un café mientras tanto», pensé y viendo que estaba abierto el bar de doña Madalena, me dirigí hacia ahí.</p>



<p>No había recorrido ni veinte metros desde la Iglesia, cuando escuché que alguien me llamaba. Al girarme me encontré con la antigua cocinera.</p>



<p>― ¡Maruxa! ― exclamé al reconocerla tras tantos años.</p>



<p>La ahora anciana se echó a llorar mientras me abrazaba:</p>



<p>―O meu pequeno Uxío.</p>



<p>El cariño de la paisana me dejó sin palabras y por ello tardé en reaccionar al darme cuenta de que no venía sola y que una joven alta y morena la acompañaba.</p>



<p>―Es Branca, a miña neta― cuándo pregunté, confirmó que era su nieta.</p>



<p>Como quería hablar con Maruxa para que me pusiera al día de lo que había pasado en el pueblo, me pareció lógico invitar a las dos a tomar algo.&nbsp; La timidez de la muchacha quedó de manifiesto cuando quiso protestar y su abuela la calló diciendo que debía conocer a su “Uxío”. El comentario de la antigua empleada me hizo reparar en su larga cabellera, negra como la noche, y en su rostro, blanco y dulce que realzaba el color de sus labios rojos. Reconozco que me dio pena la muchacha al ver que, frunciendo el ceño, nos seguía en silencio. Ya en el bar, me permití comentar a la antigua empleada el mal estado en que se encontraba la casona y que si me hallaba en el pueblo era para hablar con el párroco para que me aconsejara a quien necesitar contratar de servicio.</p>



<p>― Non é preciso preguntarlle ao cura. Branca estará encantada de ir vivir ao pazo para traballar― dijo señalando a su nieta.</p>



<p>Que en esa zona imperaba el matriarcado, me quedó claro cuando tratando de saber si la joven realmente deseaba ese trabajo le pedí que me lo aclarara y ella aceptó diciendo:</p>



<p>―Mi abuela cree que será bueno.</p>



<p>La voz de la chavala me agradó y obviando que realmente no me había confirmado que deseara el puesto, se lo di asumiendo que siendo familia de Maruxa era alguien de confianza.</p>



<p>―Me gustaría que vinieras esta misma tarde, Hay mucho que limpiar― contesté al decirme que cuando empezaba.</p>



<p>&nbsp;―Aí estará, non te preocupes― sentenció su abuela mientras se despedía de mí.</p>



<p>Cómo todavía tenía que hablar con don Ángel por el manitas, me quedé haciendo tiempo y pedí otro café. Al traérmelo, la dueña del local me soltó que no debería contratar a la tal Branca.</p>



<p>― ¿Por qué? ― pregunté.</p>



<p>― As mulleres desa familia son bruxas ― respondió la cincuentona.</p>



<p>Sé que debería haber sido más discreto, pero al oír que según la paisana todas las hembras de la familia de Maruxa eran brujas, no pude contener la carcajada.</p>



<p>― Non te rías. Todo o mundo sabe que teñen fama de meigas que falan cos mortos.</p>



<p>Al decir en que tenían fama de hablar con los muertos, comprendí que en la Galicia profunda seguían enquistadas esas creencias en las que se mezclaban supersticiones celtas con el cristianismo más rancio. No queriendo que viera un menosprecio en mi escepticismo, me quedé callado y salí del bar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Es acojonante, en pleno siglo XXI, siguen creyendo esas patrañas», sentencié sin caer en que, al contrario que en mi niñez, con treinta y cinco años mi progenitor y yo teníamos la misma opinión sobre esos temas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya de vuelta a la iglesia, el párroco había terminado de confesar y pudo darme unos minutos. A raíz de enterarse que había contratado a la muchacha, don Ángel me felicitó por no haberme dejado llevar por los chismes del pueblo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Todas las jóvenes de esa familia son carne de emigración debido a la superstición. Ninguno de sus paisanos les da trabajo al temer caer bajo un hechizo.</p>



<p>―Padre, ¿y qué tal es Branca? ― indagué.</p>



<p>El sacerdote respondió muerto de risa:</p>



<p>―La más peligrosa de todas ellas. Con un movimiento de pestañas, es capaz de hechizar a cualquier hombre.</p>



<p>Que don Ángel se atreviera a bromear con ello y encima alabando la belleza de la cría, me tranquilizó al creerme ya vacunado contra ese tipo de armas y cambiando de tema, le pedí que me aconsejara a que albañil contratar.</p>



<p>―En esta época, no te puedo aconsejar a ninguno. Los buenos están ocupados con las faenas del campo. Pero no te preocupes, todas las mujeres del pueblo pueden hacer pequeñas reparaciones y Branca no será menos. Si la dejas, se ocupará de corregir los desperfectos con los que se encuentre― contestó.</p>



<p>Que esa cría fuera capaz no solo de mantener al día la limpieza del pazo sino también supiera hacer chapuzas, me alegró y recordando que todavía debía llenar la despensa, me fui la tienda del pueblo. Al llegar al pequeño súper, me llevé la sorpresa de que Maruxa y su nieta se me habían adelantado y habían dejado a la dependienta una lista con lo que ellas consideraban indispensable.</p>



<p>―Está correcto, ¿cuánto le debo? ― sentencié tras repasar el pedido y comprobar que lo que habían encargado era, además de razonable, necesario: «No me había acordado de comprar el cubo con su fregona y menos los dos tipos de jabón que se necesitará para limpiar los suelos», me dije mientras sacaba la cartera y pagaba.</p>



<p>Contento con esa inesperada ayuda, metí las bolsas en el maletero de mi todo terreno y volví a la casona. Tras aparcar, vi que Branca acompañada de otra joven estaba limpiando el exterior de la casa. Al acercarme y tras presentarme a su hermana, me dio la bienvenida diciendo que había dejado sus cosas en la habitación que había sido de su abuela.</p>



<p>―Esa parte de la casa está inhabitable. Hasta que no la arreglemos será mejor que duermas en el área noble― comenté recordando el calamitoso estado de la zona de servicio.</p>



<p>―Lo que usted diga― respondió sin poder evitar mostrar su satisfacción al no tener que dormir pensando que el techo se le podría venir encima.</p>



<p>La sonrisa que iluminó su cara me dejó apabullado al darme por fin cuenta de lo que se refería el puñetero cura: “Branca era una belleza”. La palidez de la criatura realzaba más si cabe el vivo color de sus labios mientras la profundidad de sus ojos negros animaba a zambullirse en ellos. La joven no se debió de percatar de la forma en que la miraba porque no se quejó de ello y tomando posesión de su puesto, únicamente me exigió que desapareciera de la casa mientras ellas terminaban de limpiar.</p>



<p>&nbsp;Disculpando su tono duro y en cierto grado impropio de alguien a mi servicio, comprendí que mi persona ahí estorbaba y tragándome el orgullo, me fui a dar una vuelta por la propiedad. Ese paseo obligado no tardó en afectarme y olvidando mi cabreo, empecé a disfrutar de cada uno de sus pasos. La belleza de los prados con la yerba a punto de segar me fue acercando poco a poco al bosque casi salvaje que mi abuelo se había encargado de proteger y que, por respeto, mi padre nunca había tocado.</p>



<p>«¿Cuantos años puede tener este carballo?», me pregunté al observar el tronco de un roble que al menos sería centenario mientras sin darme cuenta me internaba en la densa foresta.</p>



<p>Absorto contemplando la herencia vegetal de mis mayores seguí penetrando en el bosque hasta que de improviso me vi en mitad de un claro. Reconocí de inmediato ese lugar y por eso, busqué la laguna donde siendo un niño me bañaba. Tras encontrarla, curiosamente hacía calor y sintiendo el sol cayendo a plomo sobre mi cabeza, estaba ya quitándome la camisa con la esperanza de darme un chapuzón cuando unas risas femeninas me hicieron parar en seco.</p>



<p>Extrañado, me agaché tras un denso laurel y busqué su origen. Desde mi escondite, comprobé que las culpables eran dos crías que aprovechando la soledad de ese paraje se bañaban en sus cristalinas aguas sin que nadie las molestase. Su presencia en mi heredad me parecía una afrenta, una mancha que sobre la naturaleza impoluta de ese edén. Por ello en un principio no me fijé en la indudable belleza de sus cuerpos, hasta que se pusieron a nadar hacia la orilla desde la que las observaba.</p>



<p>«¡Están desnudas!» exclamé en silencio mientras esas dos ninfas, ajenas a estar siendo espiadas por mí, se ponía a jugar entre ellas.</p>



<p>La alegría que transmitían al mojarse una a la otra me pareció adorable y sintiéndome un voyeur, me quedé mirando sus juegos. La perfección de sus curvas, la rotundidad de sus pechos y sobre todo la hermosura de sus nalgas me tenían sin respiración.</p>



<p>«Son perfectas», estaba diciendo en mi interior cuando observé que en la otra orilla había hecho su aparición otra mujer.</p>



<p>Si las primeras me parecían guapísimas, la pelirroja recién llegada resultó ser una diosa, un ser tan bello que su atractivo era hasta doloroso.</p>



<p>«¿Quién será?», medité mientras recreaba la mirada en el trasero con forma de corazón del que era dueña.&nbsp;</p>



<p>El contraste de la blancura casi nívea de esa mujer con la piel morena de las dos más jóvenes me terminó subyugar y por eso cuando olvidando a la que parecía la jefa, las morenas se pusieron a hacerse aguadillas entre ellas, no pude más que suspirar. Sin tener constancia la brutal sensualidad que trasmitía al hacerlo, la pelirroja se puso a enjuagar sus pechos con el agua de la laguna mientras a un metro escaso de ella, sus compañeras reían de felicidad.</p>



<p>«No puede ser tan bella», murmuré para mí valorando con detalle el rosado botón que decoraba cada uno de esos cantaros.</p>



<p>Ajenas a que estaban siendo observadas, las morenas se abalanzaron sobre la desconocida acariciándola mientras reían. La envidia me corroyó al ver cómo las manos de esas jóvenes se dedicaban a recorrer las curvas de la diosa. Con creciente calentura, desde mi escondite admiré la tranquilidad con la que esa mujer recibía esas caricias mientras las regañaba:</p>



<p>―No seáis traviesas. Dejadme en paz.</p>



<p>Esa dulce reprimenda, lejos de conseguir su objetivo, azuzó a esas niñas y queriendo profundizar en la travesura, llevaron sus manos entre los muslos de la pelirroja. Observando la serenidad con la que asimilaba ese nuevo ataque, certifiqué la dureza de sus glúteos al darse la vuelta.</p>



<p>«¡Es preciosa!», exclamé en silencio mientras grababa en mi mente el caminar aristocrático de esa leona de larga melena mientras salía del agua.</p>



<p>Ante mis ojos, la desconocida se mostró en plenitud. Su desnudez me permitió pasar de la dureza de sus glúteos a sus senos. La exuberancia de ese par de montañas no fue óbice para que pudiera disfrutar, con auténtico frenesí, del profundo canal que discurría entre ellas.</p>



<p>«¡Quien pudiera hundir la cara entre esas dos hermosuras!», pensé mientras el enano de mi conciencia me exigía que parara de espiarlas.</p>



<p>No pude más que mandar a la mierda a ese jodido renacuajo cuando me percaté de que, tras pasar tanto tiempo dentro del agua, se le habían endurecido los pezones.</p>



<p>«¡Qué belleza!», sentencié ya totalmente excitado soñando que algún día serían míos.</p>



<p>Seguía babeando con sus pechos cuando la mujer se tumbó a tomar el sol frente al lugar donde me escondía. La calentura que me dominaba ya me impulsó a buscar con la mirada entre las piernas de la pelirroja.</p>



<p>«Joder», gruñí al contemplar el coño imberbe de la desconocida.</p>



<p>Ignorando mi existencia, me lo puso fácil porque tratando de encontrar postura sobre la arena, esa mujer me deleitó con la visión de los gruesos labios que permanecían a cada lado de su sexo.&nbsp; Con ganas de abalanzarme sobre ella, comprobé la ausencia de grasa abdominal en su cintura mientras observaba como se ensanchaba para dar entrada a unas caderas de ensueño.</p>



<p>«¡Menudo culo!», alabé centrándome en el trasero de ese primoroso ejemplar de raza celta mientras se daba la vuelta para que el sol terminara de secar su espalda.</p>



<p>Al cabo de un rato, esa diosa debió darse cuenta de la hora porque levantándose se internó en el bosque. Mientras la veía marchar comprendí que, a pesar de ser la mayor de las tres, esa pelirroja no debía tener los veinticinco. Estaba pensando en que la llevaba diez años cuando, de improviso, descubrí que estaba solo y que las dos morenas también habían desaparecido de mi vista.</p>



<p>«¡Qué curioso! ¡No me he dado cuenta de su marcha!», murmuré y retornando sobre mis pasos, volví al pazo.</p>



<p>Al volver al bosque, el frio de esa mañana, retornó y achacándolo a la umbría, aceleré mis pasos de vuelta a la casona. Ya en ella, la ausencia de polvo en los muebles y el brillo de sus suelos me hicieron recordar cuando era un hogar y queriendo agradecer a las responsables ese cambio, busqué a las nietas de Maruxa. Encontré a Branca, trajinando entre fogones y el olor que brotaba de ellos, me hizo saber que no solo había heredado de la abuela su sazón sino también sus recetas al reconocer uno de los platos de mi infancia. Cogiendo una cuchara, probé el guiso mientras preguntaba por su hermana:</p>



<p>―Bríxida se ha ido a casa de los padres― escuetamente contestó.</p>



<p>Al verla mirándome, comprendí que estaba esperando mi opinión.</p>



<p>―Buenísimo― respondí: ―igual al que Maruxa me cocinaba.&nbsp;</p>



<p>Aunque supuse que iba a gustarle mi respuesta, nunca preví que sonrojándose esa monada de criatura me soltara:</p>



<p>―Desde niña, he sabido que mi lugar sería aquí y que debería cuidar del “Salvaxe”.</p>



<p>Se dio cuenta de su desliz nada más decirlo, ya que debía saber que mi padre odiaba que nombraran a los miembros de la familia con ese nombre.</p>



<p>―Lo siento, no quería…― empezó a decir.</p>



<p>―No te preocupes, no me molesta que me llamen así ― la interrumpí. Y conociendo esa vieja leyenda en la que se suponía que existía un lobo negro que de vez en cuando surgía para acabar con los que osaran atentar contra la dama del bosque, mito que la gente de la zona asimilaba a nosotros, quise quitar hierro al asunto diciendo: ―No soy salvaje ¡ni en la cama!</p>



<p>¡Juro que lo dije de broma!</p>



<p>Por ello me dejó paralizado que la muchacha se pusiera a temblar con los pezones totalmente erizados y me pidiera que, si tenía que dejar salir al “Lobo”, no la matara.&nbsp; Al escucharla, comprendí que Branca se creía esa historia por la cual ese siniestro chucho solo se apiadaba de las mujeres que se le ofrecían sexualmente. Sin ganas de discutir con la morena la ridícula fijación de la gente del pueblo en achacar a mi familia la capacidad de transformarse en ese animal y menos de hablar sobre si era consciente de que al pedir que la dejara vivir implícitamente me daba entrada entre sus piernas, preferí cambiar de tema y pedí que me dijera quién era la pelirroja que había visto esa mañana.</p>



<p>― En la zona no hay nadie con ese color de pelo ― contestó.</p>



<p>Algo en su mirada me intrigó y creyendo que me había contestado eso al no caerle bien la joven, repliqué:</p>



<p>―Branca, no estoy loco.</p>



<p>Tras lo cual le expliqué que existía ya que la había visto bañándose en la laguna del bosque en compañía de dos amigas. La nieta de Maruxa se empezó a santiguar al escucharme.</p>



<p>― ¿Qué te pasa? ― pregunté al ver su reacción.</p>



<p>Completamente aterrorizada, quiso saber si las dos acompañantes también eran pelirrojas o por el contrario eran de pelo negro. Al confirmarle que eran morenas, pareció reconocerlas y por eso me atreví a curiosear sobre quiénes eran esas tres muchachas.</p>



<p>―Son la dama y dos de sus “mouras”.</p>



<p>Al escucharla, tal y como me había ocurrido cuando en la mañana la habían llamado a ella bruja, no pude contener mis risas.</p>



<p>― ¿Mouras? Te refieres a esas hadas que siempre andan en busca de marido y que tientan a los hombres ofreciéndoles un tesoro― contesté desternillado.</p>



<p>&nbsp;Un tanto ofendida por ese acto reflejo, la joven se abstuvo de responder y se puso a poner la mesa. Admitiendo que me había pasado al reírme de sus creencias, miré el reloj y viendo que eran la hora de comer, abrí una botella de albariño. Estaba quitando el corcho cuando caí en que Branca había puesto dos platos, dando por sentado que comería conmigo. Reconozco que estuve a punto de corregirla, pero pensando en que era su primer día de trabajo preferí no hacerlo y compartir mantel con ella.</p>



<p>El primer sorbo al Terras Gaudas me transportó a la época de mi abuelo y recreando en mi paladar su sabor afrutado, rememoré con morriña a mi amado “avo”. &nbsp;</p>



<p>«Todo el mundo te quería», comenté hablando con el difunto en el interior de mi mente, «y respetaba».</p>



<p>Su amoroso recuerdo y la forma en que dirigía con mano firme el pazo me hicieron sonreír al recordar que para la gente del pueblo él era el “señor” y que como representante de la “casa”, la gente del pueblo acudía a él cuando había alguna disputa de lindes.</p>



<p>«Eras el puto amo», seguí comentando sabiendo que me hubiese lavado la boca con jabón si me hubiese escuchado dirigirme a él así: «Ni siquiera el alcalde o el cura se atrevían a llevarte la contraria cuando tomabas una decisión».</p>



<p>Estaba pensando en ello cuando Branca llegó con la olla y sin preguntar, rellenó el plato hasta casi desbordarlo. La barbaridad que sirvió me recordó que Maruxa hacía lo mismo. Si alguien se atrevía a quejarse, solo tenía que mirar a su patrón y don Pedro lo llamaba al orden diciendo:</p>



<p>―Nunca os fieis de quien no come. Quien no come, no puede trabajar y yo no quiero gandules en esta finca.</p>



<p>Hasta mi viejo bajaba la cabeza y obedecía cuando su padre se ponía serio. Y con ese recuerdo en mi mente, esperé que se sentara para empezar a comer. La joven nada más aposentarse en la silla empezó a rezar en gallego:</p>



<p>Forzas do ar, terra, mar e lume! a vós fago esta chamada:</p>



<p>se é verdade que tendes máis poder ca humana xente,</p>



<p>limpade de maldades a nosa terra e facede que aquí e agora</p>



<p>os espiritos dos amigos ausentes compartan con nós esta comida.</p>



<p>No me costó reconocer ese rezo porque se seguía recitando cada vez que se hacía una queimada y por ello, fui traduciendo mentalmente:</p>



<p>¡Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego! a vosotros hago esta llamada:</p>



<p>si es verdad que tenéis más poder que los humanos,</p>



<p>limpiad de maldades nuestra tierra y haced que aquí y ahora</p>



<p>los espíritus de los amigos ausentes compartan con nosotros esta comida.</p>



<p>La belleza del conjuro no fue óbice para que me diese cuenta que eran parte de las creencias que los celtas habían dejado arraigadas en el ADN de los gallegos y que mi nueva empleada las seguía con fervor.</p>



<p>«Si la oyeran en el pueblo, se escandalizarían por rezar a los antiguos dioses», me dije sabiendo que, si se había permitido hacerlo en mi presencia, era porque creía que yo compartía su mismo credo.</p>



<p>Por eso al terminar, alcé mi copa e imitando a los viejos del lugar, brindé por la dama del bosque y los habitantes de “noso lar”. Al oír mi brindis, Branca se ruborizó y chocando su copa con la mía, bebió. Tratando de analizar que le había llevado a ruborizarse, caí en que al hablar de “noso lar” (Nuestro hogar) la había incluido y que, dado que tradicionalmente solo los miembros de la familia podían brindar por el bienestar del “lar”, implícitamente le había adjudicado un lugar en mi cama. Confieso que estuve a punto de hacerle ver mi error y decir que no había sido mi intención faltarle al respeto, pero cuando ya tenía la disculpa en la punta de la lengua la chavala cambiando de tema, me dijo si después de comer podía darse una ducha.</p>



<p>―No tienes qué preguntar. Cuando desees hacerlo, solo fíjate que esté libre. No vaya a ser que me encuentres en pelotas― comenté riendo sin dar mayor importancia al hecho de que fuéramos a compartir el único baño de la planta noble.</p>



<p>―Así lo haré, patrón― contestó sin levantar la mirada del plato.</p>



<p>La timidez de su tono me alertó y fijándome en ella, descubrí que bajó su delantal esa monada tenía los pitones totalmente erizados. No me quedó otro remedio que volver a admitir que me había equivocado al hablar coloquialmente con ella, ya que desde la edad media el dueño del pazo era una especie de señor feudal en esa zona.</p>



<p>«Tengo que andarme con cuidado para no escandalizarla», pensé grabando en mi cerebro que según la mentalidad imperante en la aldea como heredero de los Mosteiro mi palabra era ley y más para alguien a mi servicio. Por todo ello, el resto de la comida medí mis palabras al no querer espantarla y que fuera con la queja a Maruxa. Al terminar el postre, unas estupendas filloas con nata, la morena se levantó y moviendo su trasero enfundado en un vestido blanco, recogió los platos mientras me decía que me llevaría el café a la biblioteca.</p>



<p>Asumiendo que su abuela le debía haber informado que esa era la costumbre de la casa, me dirigí a esa habitación. Una vez allí, me puse a revisar sus estantes y en uno bastante apartado, encontré un libro sobre las meigas. Recordando que para sus paisanos Branca era miembro de una larga estirpe de esas brujas, lo cogí y con él en la mano, me senté en el sofá. Estaba ojeándolo cuando la morena entró con una bandeja y pidiendo mi permiso, puso sobre la mesa un café y un licor con hielo. Identifiqué esa bebida como la que artesanalmente elaboraban en el pazo mezclando orujo con hierbas y sintiendo que era parte de la casa, se lo agradecí mientras lo probaba.</p>



<p>Su sabor dulzón me encantó y olvidándome de ella, me concentré en la descripción que el autor hacía sobre las meigas en las páginas del libro en las que les confería unos poderes extraordinarios como podía ser la videncia.</p>



<p>“Cuando una meiga quiere algo de un hombre, se hace la encontradiza”, leí que decía en un apartado previniendo al lector que tuviera cuidado y que nunca las metiera en su hogar, porque de hacerlo jamás podría echarlas.</p>



<p>Recordando que esa mañana me había topado con Maruxa cuando iba en busca de alguien que me ayudara, sonreí:</p>



<p>«Estoy jodido. Ya he metido una en el pazo».</p>



<p>&nbsp;Sin darle mayor importancia al hecho, seguí leyendo que según ese libro no había que confundirlas con las brujas ya que estas últimas hacen las cosas con maldad, en cambio las meigas usan sus poderes para ayudar a las personas que se acercan a ellas.</p>



<p>«Menos mal. No tengo nada que temer, aunque me hechice», desternillado pensé mientras seguía leyendo que según la tradición galaica se las podía clasificar de acuerdo con sus poderes. Entre todas ellas, me interesó el retrato que hacía de un tipo en particular: “las damas do castro”. Según el supuesto erudito que había escrito el libro, esas meigas viven en castros milenarios desde donde atienden a solicitudes de la gente mientras gozan de la protección del dueño del lugar, sin pedir ningún regalo o contraprestación a cambio.</p>



<p>«Eran una especie de ONG medieval», me dije muerto de risa al leer que solían aparecerse vestidas de blanco a personas afligidas o que se encuentran en una situación difícil para otorgarles sus favores.</p>



<p>Mi tranquilidad menguó cuando en el siguiente el autor se contradijo escribiendo sobre la facilidad que tenían esas mujeres para pasarse al lado oscuro y usar la magia para retener o esclavizar a los hombres, usando el pacto con el más allá.</p>



<p>«Vaya, tendré que estar atento», riendo comenté en mi interior mientras sin darme cuenta, tiraba el vaso con el licor de hierbas.</p>



<p>Por suerte o por desgracia, Branca había permanecido todo ese tiempo a mi lado y cogiéndolo al vuelo, me lo dio diciendo:</p>



<p>―Es de mala suerte, derramar un conjuro.</p>



<p>Sorprendido, tomé el vaso mientras la veía marchar y por primera vez, me dio un escalofrió al observar que la blancura de su vestido.</p>



<p>«Estoy delirando», medité al caer que por un momento había catalogado a la muchacha como una “dama do castro” al verla así vestida y saber que para los de la aldea el hecho que viviera en el pazo iba a ratificar la idea de que tenía poderes.</p>



<p>&nbsp;«Esta casona es lo más parecido a un castro de la zona», sentencié mientras pensaba que de acuerdo con esa superchería en mi calidad de heredero yo era su valedor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con mi calma hecha trizas, me bebí el resto del licor y molesto conmigo mismo, decidí echarme una siesta. Ya mi cuarto, estaba abriendo la puerta que daba al baño cuando escuché el ruido del agua de la ducha. Cortado al saber que Branca me había avisado de que quería darse un baño, no la llegué a abrir y me tumbé en la cama mientras me ponía a imaginar a esa monada desnudándose. Acababa de posar la cabeza sobre la almohada cuando de pronto la puerta se entreabrió dejándome ver sobre el lavabo su ropa interior. Saber que esa monada estaba desnuda a escasos metros de mí fue suficiente para que mi pene saliera de su letargo y sintiéndome culpable, me levanté a cerrarla. Estaba acercándome cuando excitado comprobé que podía ver su silueta a través de la mampara transparente de la ducha.</p>



<p>«¿Qué coño haces?, me dije al ser incapaz de dejar de observar cómo se enjabonaba.</p>



<p>Al admirar su cuerpo desnudo, recordé que hasta el cura del pueblo me había sutilmente avisado de su belleza. Pero espiándola, certifiqué que se había quedado corto cuando llegó a mi retina la imagen vaporosa de sus pechos.</p>



<p>«No puede ser», me dije mientras contemplaba boquiabierto la perfección de sus senos y los irresistibles pezones que los decoraban.</p>



<p>Con ganas de bajar mi bragueta y empezarme a masturbar, me quedé petrificado cuando girándose en la bañera, involuntariamente Branca me regaló con la visión de su sexo. Todavía hoy me avergüenza reconocer que en vez de salir huyendo me quedé disfrutando de la belleza que escondía entre las piernas.</p>



<p>«Lo lleva depilado», balbuceé mientras en plan voyeur gozaba pecaminosamente de la tentación de esos labios sin rastro de vello que el destino había puesto ante mis ojos.</p>



<p>Si ya de por sí estaba embobado, todo se desmoronó a mi alrededor cuando la muchacha separó sus piernas para enjabonarse la ingle, permitiendo que mi vista se recreara nuevamente en su vulva. La ausencia de un bosque que cubriera su femineidad aceleró mi respiración al encontrarlo algo sublime y aunque siempre me había quejado de esa moda de depilarse, he de reconocer&nbsp;&nbsp; &nbsp;en ese momento lamí mis labios soñando que algún día esa maravilla estuviera a mi alcance. Mi turbación alcanzó límites insospechados cuando ajena a estar siendo espiada, Branca usando dos yemas se pellizcó suavemente sus pezones mientras comenzaba a cantar. Si no llega a ser la nieta de Maruxa, por el modo tan lento y sensual con el que disfrutaba bajo la ducha, hubiese supuesto que se estaba exhibiendo y que lo que realmente quería esa mujer era ponerme cachondo. Para entonces, todo mi ser deseaba que mis manos fueran las que la estuvieran enjabonando y recorrer de esa forma su cuerpo.</p>



<p>«Yo no soy así», me dije mientras me imaginaba palpando sus pechos, acariciando su espalda y lamiendo su sexo.</p>



<p>La gota que derramó el vaso de mi excitación y que provocó que mi pene alcanzara su plenitud, fue verla inclinarse a recoger el jabón que había resbalado de sus dedos. La belleza de su trasero se maximizó al descubrir entre sus nalgas que la joven era dueña de un rosado y virginal hoyuelo trasero. Soñando con ser yo quien desvirgara&nbsp;esa entrada trasera, decidí que debía dejar de espiarla y saliendo de la habitación, volví a la biblioteca donde tratando de borrar de mi cerebro la imagen de su piel desnuda, me serví un whisky.</p>



<p>«Debo de arreglar la zona de servicio», murmuré entre dientes al saber que mientras no lo hiciera, mis noches serían una pesadilla al saber que, en el cuarto de al lado, esa bruja de ojos negros estaría tentándome mientras dormía…</p>



<p></p>
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		<title>&#8220;Chúpame&#8230; la sangre: (Nadie creé en vampiros hasta que conoce a uno y yo me topé con dos)&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Mar 2026 17:05:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Desde que recibió la llamada, supo que recordaría ese fin de semana toda su vida. Tras una noche de jueves con demasiado alcohol, se levantó a contestar creyendo que sería un amigo. Para su sorpresa era uno de sus mejores clientes el que llamaba y al no poder escaquearse, se tuvo que vestir para ir a sacar a su hija de la comisaría.Ahí se enteró que la policía acusaba a su retoño de ser la asesina en serie que llevaba aterrorizando Madrid las últimas semanas. Su modus operandi la había hecho famosa y todos los periódicos seguían sus andanzas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07TNHVQSM"><img decoding="async" width="1024" height="425" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/CHÚPAME-1024x425.jpg" alt="" class="wp-image-19876" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/CHÚPAME-1024x425.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/CHÚPAME-300x125.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/CHÚPAME-768x319.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure></div>


<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p> Desde que recibió la llamada, supo que recordaría ese fin de semana toda su vida. Tras una noche de jueves con demasiado alcohol, se levantó a contestar creyendo que sería un amigo. Para su sorpresa era uno de sus mejores clientes el que llamaba y al no poder escaquearse, se tuvo que vestir para ir a sacar a su hija de la comisaría.<br>Ahí se enteró que la policía acusaba a su retoño de ser la asesina en serie que llevaba aterrorizando Madrid las últimas semanas. Su modus operandi la había hecho famosa y todos los periódicos seguían sus andanzas y es que, tras seducir a sus víctimas, las mataba drenando hasta la última gota de su sangre.<br>En este libro, Fernando Neira nos vuelve a demostrar porqué es uno de los estandartes de la nueva literatura erótica en español.&nbsp; </p>



<p>ALTO CONTENIDO ERÓTICO</p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



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</div></figure>



<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los CUATRO primeros capítulos:</strong></p>



<p></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Supe
que ese fin de semana iba a ser de los que hacen época y no exactamente por
bueno. Tras una noche de jueves que empezó bien pero que terminó con demasiado
alcohol, me levanté con un puñal atravesándome la sien y no podía echarle la
culpa a nadie más que a las tres botellas vacías que esperaban en silencio que
un alma caritativa las echara a la basura.</p>



<p>«¡Menuda resaca!», pensé mientras me prometía como tantas
otras veces que es mismo viernes iba a dejar de beber.</p>



<p>Con la boca pastosa, apagué el despertador e intentando
mantenerme en pie, salí rumbo a la cocina. Mi idea inicial era preparar un litro
de café que me permitiera sobrevivir esa mañana, pero apenas había dado dos
pasos cuando mi teléfono comenzó a sonar.</p>



<p>Su estridente sonido zumbó en mis oídos con inusitada
dureza y desesperado corrí a cogerlo. &nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>«¿Quién coño llamará a estas horas?», murmuré.</p>



<p>Mi cabreo mutó en acojone al contemplar en la pantalla
que era Toledano mi mejor cliente. Por experiencia sabía que ese oscuro
inversor era un ser noctámbulo y por ello comprendí que nada bueno podía
derivarse de esa llamada.</p>



<p>―Simón, ¿en qué te puedo ayudar? ―&nbsp; tratando de aclarar mi voz pregunté.</p>



<p>Para mi sorpresa no era ese viejo frio e insensible, sino
su secretaria y estaba llorando. He de decir que al escuchar sus lloros supuse
que algo grave debía de haber pasado con su jefe. Aunque hice todo lo que se me
ocurrió para que se tranquilizara y me contara cuál era el problema, me di por
vencido cuando después de diez minutos al teléfono había sido incapaz de
sonsacarle nada coherente, a excepción de que tenía que ver con alguien de su
familia. </p>



<p>Por ello vi el cielo abierto cuando destrozada y sin
poder seguir hablando, Juncal me pasó a Simón. A éste se le notaba también triste
pero no tanto como ella y por fin me enteré de que estaban en la comisaría de
Argüelles porque habían detenido a la hija de su secretaria. Me extrañó que
estuviera tan afectado porque no en vano le había visto firmar un despido
colectivo que mandaba a la puta calle a dos mil personas sin inmutarse.  </p>



<p>― ¿De qué la acusan? – pregunté.</p>



<p>―De asesinato― contestó mi cliente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>Admito que me esperaba otra respuesta. Había supuesto que
se le habían pasado las copas, pero nunca se me pasó por la cabeza que fuera
por algo tan grave.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>Ya despierto del susto, quise saber a quién se suponía
que había matado y fue entonces cuando me informó que la responsabilizaban de
al menos media docena de muertes.</p>



<p>― ¿Qué has dicho? ― pregunté pensando en que lo había
oído mal.</p>



<p>―La policía sospecha que es la asesina en serie que lleva
actuando todo el año en Madrid.</p>



<p>Cómo no podía ser de otra forma, me quedé mudo. Durante
los últimos seis meses los periódicos no dejaban de hablar y especular sobre
una femme fatale que se dedicaba a matar a jóvenes universitarios.</p>



<p>«¡Puta madre! ¡Pobre Juncal!», pensé mientras intentaba
ordenar lo que sabía del caso.</p>



<p>Así recordé el haber leído que, desde el principio, los
polis habían especulado desde el principio que la culpable era una mujer, dado las
víctimas eran heteras y aparecían atadas sin signos de haberse defendido, como
si se hubiesen dejado maniatar voluntariamente.</p>



<p>«Se supone que la asesina
primero los seduce y por ello no se defienden, pensando que se trata de algún
tipo de juego erótico hasta que es demasiado tarde».</p>



<p>Que todos fueran fuertes y
deportistas no había hecho más que incrementar el interés del público, pero lo
que realmente había convertido ese caso en un filón de oro para los periodistas
había sido el método usado para acabar con sus vidas:</p>



<p>¡La exanguinación!  </p>



<p>Un escalofrío recorrió mi
cuerpo al recordar que según los diarios los dejaba totalmente secos, ¡sin una
gota de sangre! Y que por ello habían puesto a la supuesta culpable el
sobrenombre de “la chupasangre psicópata”.</p>



<p>Tras aceptar el caso, pedí a Simón
que le dijese a Juncal que en cuanto me vistiera iba hacia allá y que mientras tanto
que no hablase con la policía y todavía menos su hija, no fuera a ser que luego
se tuviese que arrepentir de lo que hubiese dicho o declarado.</p>



<p>―No te preocupes. Eso mismo
fue lo primero que le dije al saber de lo que la acusaban.<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>De camino a la comisaría, no dejaba de pensar en lo
que estaría pasando por la mente de Juncal y lo difícil que sería aceptar que su
niña pudiese estar involucrada en algo tan siniestro. Conociéndola, no me
cuadraba tuviera una hija de esa edad como tampoco que le saliera tan
descarriada.</p>



<p>«Debe estar muy jodida»,
medité impresionado.</p>



<p>Pero lo que realmente me tenía
mosca era qué tenía que ver Simón Toledano en ello y a qué se debía la importancia
que le daba al tema. Las
malas lenguas decían que esa morenaza, además de secretaria para todo, era su
amante y aunque hasta ese día nunca me lo había creído, su actitud apesadumbrada
me hizo pensar en que era cierto.</p>



<p>Meditando en ello,
comprendí el mutismo de mi cliente: </p>



<p>«Lo primero que se pide a
alguien de su profesión es tener fama de ser serio y honrado, sin mácula de
sospecha» me dije mientras conducía: «Nadie pone su fortuna en manos de alguien
con una doble vida».</p>



<p>Por otra parte, estaba el tema
de la edad. Mientras Juncal no debía de tener más de cuarenta años, su jefe
debía sobre pasar los setenta.</p>



<p>«Debe ser más
joven que cualquiera de los hijos de ese cabrón», sentencié recordando que al
igual que su viejo, esos dos era considerados
unos tiburones sin escrúpulos, pero a la vez unos mojigatos en cuestión de
faldas: «Siempre se vanaglorian de que un judío
practicante nunca era infiel a su mujer».</p>



<p>Jamás había tenido
motivo alguno para sospechar lo contrario. Siempre había achacado a la envidia
los comentarios sobre Simón y en ese momento no tenía nada claro que no hubiera
nada entre ellos, como tampoco quien era el padre.</p>



<p>Por lo que sabía,
Juncal era soltera y por ello con las sospechas más que fundadas sobre la
paternidad de la chavala, llegué a la comisaría. En la puerta y con cara de
pocos amigos, Simón me estaba esperando:</p>



<p>―Pedro, no me
importa cuánto me cueste ni a quién tengas que untar, pero quiero que saques
inmediatamente a la niña de aquí. ¡Sé que es inocente!</p>



<p>―Déjalo de mi
cuenta. Lo primero que debemos hacer es averiguar qué tienen en su contra y en
qué basan la acusación― respondí tratando de tranquilizar a mi cliente.</p>



<p>―Me da igual lo
que digan: ¡Raquel no tiene nada que ver con esos asesinatos!</p>



<p>Al oír cómo se
llamaba, se maximizaron mis sospechas porque el hecho de que Juncal le pusiera
un nombre de origen bíblico era algo bastante esclarecedor. </p>



<p>«Es un nombre que
cualquier judío pondría a alguien de su sangre. Al final va a ser un desliz del
viejo», medité y sin exteriorizar mis pensamientos, saludé a la madre.</p>



<p>Sin maquillaje y
con los ojos rojos de haber estado llorando seguía siendo una mujer guapísima.</p>



<p>―Tranquila, haré
todo lo que pueda para sacar a tu hija. </p>



<p>La desesperación
que leí en su rostro no me gustó nada porque en cierta medida significaba que
no tenía la seguridad plena sobre la inocencia de su retoño y por ello,
dirigiéndome al policía de la entrada, pedí hablar con mi defendida.</p>



<p>Al enterarse de
que era el abogado de la sospechosa y que quería verla, me llevó a una sala
mientras llamaba a Gutiérrez, el comisario encargado de la investigación. He de
reconocer que no me extrañó que me hicieran esperar dado el revuelo mediático
del caso. Por ello y con la única intención de ponerles nerviosos, comencé a
protestar aludiendo a que estaba vulnerando el derecho a una defensa efectiva y
que pensaba denunciarlos.</p>



<p>Mis protestas
hicieron salir casi de inmediato al responsable, el cual me aseguró que habían
respetado en todo momento sus derechos y que como la detenida había pedido un
abogado, ni él ni nadie de la comisaría la habían interrogado.</p>



<p>No tuve que ser un
genio para dar por sentado que esa explicación y su celeridad en dejarme ver a
su sospechosa no era algo habitual y que lo último que quería, era dar algún
motivo que hiciera que el juez de guardia se creyera una versión distorsionada
de su actuación.</p>



<p>Es más, interpreté
erróneamente su sonrisa cuando abriendo una puerta me dejó a solas con ella. </p>



<p>Nada más cruzarla
y ver a mi defendida, supe que esa actitud colaborativa no se debía al miedo de
que se le volteara el caso sino porque estaba plenamente convencido de que era
la culpable de tantas muertes y de que podría demostrarlo. Lo cierto es que
hasta yo lo pensé al verla sentada tranquilamente en esa celda.</p>



<p>«¡No me jodas!»,
dando por perdido el caso, exclamé en mi interior al contemplar por primera vez
a la que iba a ser mi cliente. </p>



<p>Rubia y con un
piercing cerca de la boca que podía pasar por un lunar al modo de Marilyn,
llevaba un escotado vestido negro casi hasta los pies que contrastaba con el
colorido de los tatuajes que recorrían su piel: «Encima, la muy loca ¡va de
gótica!».</p>



<p>He de deciros que
en todos mis años de abogado nunca había prejuzgado culpable a un cliente sin
siquiera escucharlo. Pero con Raquel Sanz, lo hice. ¡Di por sentado que era la chupasangre
solo con mirarla!</p>



<p>Si os preguntáis
la razón por la que llegué a esa conclusión, es muy sencilla. Había entrado
allí pensando en que me iba a encontrar con una niña, pero con lo que realmente
me topé fue con una mujer tan bella como siniestra.</p>



<p>― ¿Eres mi picapleitos?
― preguntó levantando su cara de la Tablet. La dureza de su tono y el desprecio
hacia mí implícito en su pregunta, reafirmaron mi sensación de derrota. </p>



<p>Ni siquiera me
digné en contestar y sentándome frente a ella, le comenté que estábamos
amparados por los privilegios abogado cliente y que nada de lo que me dijera
podía ser usado en su contra.</p>



<p>―Si el inútil del abogado
que ha contratado mi vieja también me cree culpable, voy jodida― señaló
molesta.</p>



<p>―Lo que crea o
deje de creer no importa. A quien hay que convencer es al jurado― pensando ya
en el juicio, respondí.</p>



<p>La sequedad de mi
respuesta le hizo gracia y mirándome, contestó:</p>



<p>―Soy inocente.
Aunque me lo he planteado un par de veces, jamás he matado a nadie.</p>



<p>Os juro que sentí
que me taladraba con su mirada y producto de ello, un escalofrío recorrió mi
cuerpo de arriba abajo al verme totalmente subyugado por el azul intenso de sus
ojos.</p>



<p>«¿Qué me pasa?»,
cabreado pensé mientras intentaba tranquilizarme, «¿Por qué me he puesto tan
nervioso?».</p>



<p>Raquel Sanz debía
de estar habituada a producir esa reacción en los hombres porque levantándose
de su silla, me soltó:</p>



<p>―Si es lo que
necesita, ¡devóreme con la mirada! Pero hágalo rápido, necesito que me saque de
aquí.</p>



<p>A pesar de la
vergüenza que sentía, no pude más que obedecer y recrear mi vista en el espléndido
culo que la naturaleza le había dado.</p>



<p>«Joder, ¡qué buena
está!», me torturé durante unos segundos, hasta que con esfuerzo recompuse mis
defensas y le pregunté si conocía a las víctimas.</p>



<p>―Aunque me he follado
a todos ellos, apenas los conocía― con una pasmosa tranquilidad contestó. </p>



<p>No me esperaba esa
respuesta. </p>



<p>― ¿Qué te has
acostado con todos? ― repliqué dejándome caer hacia atrás en la silla.</p>



<p>―Encima de idiota,
sordo― enfadada respondió: ―He dicho y así se lo he reconocido a la policía,
que me los tiré. Pero no por ello, soy una asesina.</p>



<p>―No me puedo creer
que hayas admitido que has hecho el amor con las víctimas. No me extraña que te
consideren la principal sospechosa.</p>



<p>Mis palabras la
cabrearon aún más y levantando la voz, me gritó que no fuera cursi, que entre
ella y los muertos solo había habido sexo, nada de sentimientos. La dureza y
frialdad de su tono me recordó quién suponía que era su padre y asumiendo que su
progenitor no se quejaría al recibir una abultada minuta, en vez de renunciar a
su defensa, le aconsejé que de ahí en adelante me hiciera caso y no reconociera
algo así a nadie. &nbsp; </p>



<p>―Tampoco mientas. Es
mejor no contestar.</p>



<p>Entornando sus
ojos y como muestra de que me había entendido, sonrió. Todo mi mundo se
tambaleó a sus pies y con el corazón a mil por hora, dudé sobre la conveniencia
de seguir siendo su abogado al contemplar embelesado como solo con ese gesto,
la oscura arpía capaz de asesinar a media humanidad se convertía en una dulce y
virginal ninfa necesitada de protección.</p>



<p>«¡Concéntrate!
¡Joder!», me repetí intentando retomar la conversación y dejar de bucear en su
mirada, «No es un ligue, ¡es tu cliente!».</p>



<p>Al reconocer las
señales que evidenciaban mi indefensión ante ella, soltó una carcajada y como
si hubiese sido solamente un espejismo, su rostro volvió a adquirir el aspecto
pétreo y enigmático que me había impresionado.</p>



<p>«De llegar a
juicio, tendremos que explotar ese atractivo», me dije mientras pedía al
policía que estaba al otro lado de la puerta que llamara a su jefe porque ya
estábamos listos.</p>



<p>Nada más llegar,
Gutiérrez comenzó el interrogatorio señalando que el día y la hora en que mi
defendida se había beneficiado a cada uno de los muertos. </p>



<p>―Cómo verá, su
cliente siente que es una amantis religiosa― sentenció a modo de resumen el
comisario― y como las hembras de esos insectos, se cree en el derecho de
devorar al macho.</p>



<p>―Lo único que
demuestra es que mi defendida tiene una sexualidad desaforada y eso es algo que
hasta ella reconoce― contesté sin reconocer carácter probatorio alguno a dichos
encuentros, para insistir a continuación que si no tenían nada más esos
indicios eran insuficientes para mantenerla entre rejas.</p>



<p>Cómo viejo zorro,
curtido en mil batallas, el policía respondió sacando unas fotos de los
difuntos donde con un rotulador habían remarcado una serie de marcas en sus
cadáveres que no me costó reconocer como mordiscos.</p>



<p>―Ve esos círculos…
el forense ha determinado que coinciden con la dentadura de su defendida― y
mirando a la susodicha, le preguntó que tenía que decir.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>―Que soy una mujer
apasionada.</p>



<p>―Entonces confiesa
que usted los mordió antes de matarlos.</p>



<p>―Reconozco que les
eché un polvo y hasta que fue un tanto agresivo, pero nada más. Cuando los dejé
estaban vivos y satisfechos por haberse acostado con una diosa.</p>



<p>Para entonces, ya
me había tranquilizado e interviniendo comenté que cronológicamente las muertes
no se habían producido en las fechas en que mi defendida se los había follado,
sino con posterioridad</p>



<p>―Fue solo sexo. Del
bueno, pero sexo― añadió Raquel haciendo como si lanzara un mordisco al policía.</p>



<p>El descaro de esa
mujer consiguió sacar a Gutiérrez de sus casillas e indignado le preguntó si no
era ella la asesina, entonces quién era.</p>



<p>―Ni lo sé ni me
importa― respondió y cerrándose en banda, dejó de contestar a las preguntas que
durante más de media hora le formuló el policía…<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>3</a></h1>



<p>Mientras
esperaba que el juez de guardia resolviera mi reclamación, me puse a analizar
lo sucedido en la comisaría y a la única conclusión que llegué fue que no tenía
claro si me había impresionado más la ferocidad con la que el comisario se
enfrentó con mi clienta o por el contrario la frialdad y menosprecio con la que
esa mujer le respondió que dejara de mirarle las tetas.</p>



<p>―No he hecho tal cosa― se defendió.</p>



<p>Demostrando que no le tenía miedo, Raquel se llevó las
manos hasta sus pechos y acariciándolos, le preguntó si realmente pensaba que
alguien le creería cuando ella le acusara de comportamiento inadecuado.</p>



<p>― ¡Hija de perra! ― resonó en la sala de interrogatorio
mientras asumiendo que no podía seguir interrogándola, Gutiérrez salía por la
puerta.</p>



<p>Ni que decir tiene que como abogado aproveché ese insulto
en mi escrito, recalcando además que las supuestas pruebas irrefutables en las
que los investigadores basaban su acusación no eran más que hechos casuales sin
conexión con los asesinatos y que solo por la animadversión que sentía el jefe
de todos ellos por mi clienta se entendía que hubiesen atrevido a detenerla sin
base alguna.</p>



<p>A pesar de que mi razonamiento era impecable y de que
haber compartido unos momentos de sexo con las víctimas no la hacía una asesina,
no las tenía todas conmigo: ¡Hasta yo la consideraba implicada en esas muertes!
Por eso cuando el juez determinó su libertad, respiré aliviado. Raquel seguía investigada,
pero al menos podría defenderse de esos delitos, desde la comodidad de su casa.</p>



<p>Tras recoger la orden, me dirigí a la comisaría y con
ella bajo el brazo, exigí al indignado comisario su liberación.</p>



<p>―Sé que eres tú y pienso demostrarlo― replicó mientras
quitaba las esposas a mi clienta.</p>



<p>La intensidad del odio que el policía sentía por ella me
impactó, pero no supe que decir ni que pensar cuando Raquel, demostrando lo poco
que le afectaba la opinión del comisario, respondió:</p>



<p>―Si no quiere seguir perdiendo el tiempo, le aconsejo que
me olvide. Puedo ser culpable de tener un coño tan sabroso como insaciable,
pero soy inocente de esos asesinatos.</p>



<p>Afortunadamente para todos, Juncal y su jefe hicieron su
aparición cuando ya temía que llegaran a las manos y Raquel olvidando a
Gutiérrez concentró su mala leche en el recién llegado diciendo:</p>



<p>―Esto es algo digno de ser visto, ¡la familia al
completo! Mamá y el eyaculador que la preñó han venido a buscarme.</p>



<p>―Hija, yo también me alegro de verte― contestó sin
inmutarse el viejo judío.</p>



<p>Mi incomodidad era total al sentir que sobraba.&nbsp; Por ello, tras comentar lo sucedido con la
pareja, me despedí para no verme involucrado y que resolvieran sus problemas
entre ellos. </p>



<p>― ¡Picapleitos! ― escuché que me gritaban. Al girarme, la
bella arpía me alcanzó y depositando un beso en mi mejilla, me dio las gracias.</p>



<p>Toda la reacción de mi cuerpo se concentró en un lugar
específico y es que contra mi voluntad al oler su perfume y sentir la dureza de
su pecho restregándose contra de mí, el grosor y el tamaño de mi pene se
multiplicaron en un instante. Mi erección no le pasó desapercibida pero lejos
de quejarse, mirándome a los ojos, sonrió.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>―Hasta pronto, ¡guapetón!</p>



<p>Asustado por saberme atraído por ella y que esa zumbada lo
supiera, salí de ahí y me fui a mi despacho, donde intenté concentrarme en el
día a día para olvidar las sensaciones que su manoseo había provocado en mi
interior. </p>



<p>«Menuda putada debe ser el tener una zorra así, como
hija», murmuré mientras el recuerdo de sus extraños ojos ámbar y la profundidad
de su voz me perseguían muy a mi pesar. Por mucho que hacía el esfuerzo no
podía dejar de pensar de haberla conocido en un bar, yo podía ser uno de los
muertos, dando por hecho que Raquel era la asesina de esos chavales.</p>



<p>Como abogado debía intentar creer en la inocencia de mis
clientes para transmitir mejor al juez o a los miembros del jurado los
argumentos que hicieran posible su absolución, pero con Raquel eso me estaba
resultando imposible porque con solo mirarla uno se daba cuenta que esa mujer
era ciento por ciento pecado.</p>



<p>«Es la lujuria hecha carne», sentencié al percatarme de
que inconscientemente había empezado a tocarme al pensar en ella.</p>



<p>Reprimiendo ese conato de paja, estuve a un tris de pedir
a algún socio del bufete que me sustituyera en su defensa. Pero tras pensármelo
mejor, la certeza que al hacerlo también perdería a su padre como cliente
impidió que siguiera buscando a quien ceder la venia.</p>



<p>«Necesito el dinero de ese viejo por lo que no solo debo
seguir defendiéndola, sino que tengo que conseguir que la absuelvan», medité
mientras firmaba unos cheques antes de irme.</p>



<p>La empresa era difícil pero no imposible pero también que
para poder triunfar iba a necesitar, ayuda.</p>



<p>«Tengo
que hacerme con los servicios de Alberto», me dije y cogiendo mi teléfono lo
llamé. </p>



<p>Tal y como esperaba, el discreto, pero efectivo detective
aceptó de inmediato y se comprometió que desde esa misma tarde pondría a toda
su gente a ver qué era lo que conseguían averiguar del tema.</p>



<p>―Cualquier cosa que halles, no se lo anticipes a nadie,
ni siquiera a la policía. Quiero ser el primero en saberlo.</p>



<p>―No te preocupes, así se hará. Eres el que pagas las
facturas― contestó y un tanto extrañado de que me tomara ese asunto tan en lo
personal, dejó caer si tenía algo que ver con Raquel.</p>



<p>No me costó saber que lo que realmente estaba insinuando
era si tenía un lío sexual con la sospechosa:</p>



<p>―Ni ahora ni nunca, esa tía es peligrosa. Acostarse con
ella es como meter la polla en un avispero: la duda no es si te picarán sino
cuantas veces― contesté sin llegar a creer en mi propia respuesta.</p>



<p>Alberto, que no era tonto, vio en mí una actitud
defensiva pero no insistió y tomando los datos, se despidió prometiendo
resultados.</p>



<p>«¿Qué coño me pasa? ¿Por qué me afecta tanto y no puedo
dejar de pensar en esa loca?», maldije en silencio mientras cerraba la oficina
y me marchaba a casa.</p>



<p>Ya en el coche puse la radio. Nada más encenderla,
reconocí Perlas ensangrentadas, la canción que Alaska convirtió en un éxito y olvidando
que podía ser una premonición, siguiendo su ritmo, conseguí relajarme mientras
conducía dejando atrás el recuerdo tortuoso de Raquel.</p>



<p>Desgraciadamente, fue solo un breve paréntesis porque al
llegar a mi edificio, el conserje me informó de que mi hermana me estaba
esperando en mi piso.</p>



<p>― ¿Mi hermana? ― pregunté extrañado porque, aunque tenía
una, esta vivía en Barcelona.</p>



<p>―Sí, una joven guapísima― contestó: ― La pobre se había
olvidado las llaves y por eso la abrí.</p>



<p>Supe de quién se trataba al observar la tranquilidad con
la que me acababa de decir que había roto la principal regla de un buen portero
y que no parecía en absoluto preocupado.</p>



<p>«¿Qué habrá venido a buscar?», me pregunté mientras con un cabreo de la leche llamaba al ascensor…</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>4</a></h1>



<p>O
bien Raquel no veía nada malo en su actuación o bien supuso que sería incapaz
de recriminarla el haber invadido mi espacio porque al entrar me la encontré
casi desnuda pintándose los pies en el suelo de la cocina.</p>



<p>― ¿Se puede saber qué narices haces aquí? – pregunté
mientras intentaba evitar darme un banquete admirando la perfección de esos pechos
que la camiseta que llevaba puesta era incapaz de tapar.</p>



<p>― ¿No lo ves? Arreglándome las uñas― contestó sin
siquiera levantar su mirada mientras como si me estuviera retando separaba sus
piernas.</p>



<p>La obscenidad del gesto y esa respuesta me terminaron de
cabrear y he de reconocer que estuve a punto de saltarla al cuello. ¡Ganas no
me faltaron! Pero conteniendo mi orgullo herido, insistí:&nbsp;&nbsp; </p>



<p>― ¿Por qué estás en mi casa?</p>



<p>Con tono suave, me respondió que había intentado ir a la
suya pero que al llegar había una nube de periodistas esperándola y que
recordando que la había prohibido conceder entrevistas, había tomado la única
decisión sensata… ir al único sitio donde no la buscarían.</p>



<p>―Mi piso― sentencié molesto.</p>



<p>Raquel debió decidir que una vez aclarado, no valía la
pena seguir dando vueltas a lo mismo y cambiando de tema, me soltó qué le iba a
preparar de cena. Su desfachatez me indignó y levantándola del suelo, le grité
que si quería quedarse en mi casa al menos debía mantener las formas y no ir
vestida como una vulgar fulana.&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>― ¿No serás gay? ― fue lo que me replicó.</p>



<p>Comprendí que realmente le había sorprendido que le
exigiera discreción en su vestir y lleno de ira le respondí que no.</p>



<p>― ¡Pues cualquiera lo diría! ¡Ni siquiera te atreves a
mirarme!</p>



<p>Que dudara de mi hombría fue la gota que derramó el vaso
y atrayéndola hacia mí, forcé su boca con mi lengua mientras con las manos daba
un buen magreo a su trasero. Lejos de mostrarse intimidada por mi reacción,
Raquel colaboró conmigo frotando su cuerpo contra el mío.</p>



<p>―No eres más que una zorra― rechazando su contacto,
repliqué.</p>



<p>La fría carcajada que soltó mientras se acomodaba la ropa
me informó de mi derrota y que, con solo proponérselo, esa perturbada había
conseguido sacar lo peor de mí.</p>



<p>―Ahora que ya te has reído, puedes coger la puerta e irte
– dije enfadado hasta la médula.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>Obviando mi cabreo, sonriendo, Raquel contestó:</p>



<p>―No creo que a mi padre le guste saber que su abogado me
ha echado a los lobos y menos que me ha besado contra mi voluntad.</p>



<p>Que ni siquiera intentara disfrazar su vil chantaje me
desarmó y sentándome en una silla de la cocina, le volví a preguntar qué era lo
que buscaba de mí.</p>



<p>―No te creas tan importante. No busco nada, solo
divertirme― contestó mientras se subía a horcajadas sobre mis rodillas.</p>



<p>Reconozco
que me sorprendió. Por ello poca cosa pude hacer cuando descubrí que bajo su
camiseta no llevaba sujetador y que sin ningún esfuerzo podía entrever dos
pezones tan negros como erizados e instintivamente y sin pensar en las
consecuencias, comencé a acariciar su trasero.</p>



<p>―
¿Adivina quién me va a echar un polvo? ― murmuró en mi oído mientras frotaba
sus nalgas contra mi entrepierna.</p>



<p>Si
no hacía algo, sabía cuál sería la respuesta al sentir la dureza de sus
cachetes al incrustar mi pene en su sexo. Es más, viendo que no la detenía, se
puso a hacer como si me la estuviera follando y solo las murallas de su breve
short y de mi pantalón impidieron que culminara su felonía. </p>



<p>―Seguro
que yo no― respondí mientras me levantaba de la silla.</p>



<p>Al
hacerlo la tiré al suelo. Raquel en vez de cabrearse, comenzó a reír mientras
me preguntaba gritando cuanto tiempo creía que iba a soportar sin follármela. Humillado
hasta decir basta, salí de la cocina confirmando mi derrota.</p>



<p>«¡Será
puta!», pensé totalmente hundido con el sonido de sus retumbando en mis oídos mientras
notaba como el deseo se iba acumulando bajo mi bragueta.</p>



<p>Era
consciente que de no ser porque hubiera quedado como un auténtico cretino, hubiese
vuelto a donde estaba y la hubiese tomado contra el fregadero. En vez de ello,
fui a mi habitación a darme una ducha fría. El agua helada aminoró mi calentura
y ya más calmado,&nbsp;al salir me tumbé en la cama desnudo, me quedé dormido.</p>



<p>Llevaba
unos pocos minutos soñando cuando la imaginé llegando completamente desnuda. Aun
sabiendo que era un sueño, me quedé extasiado observando como sus pechos se
bamboleaban al caminar hacia mí. En mi mente, esa rubia del demonio me invitaba
a morder los duros pezones que decoraban sus dos maravillas.</p>



<p>Ni
dormido, quise dejarme vencer y me la quedé mirando mientras le decía:</p>



<p>―Tienes
demasiados huesos para mi gusto y encima con tanto tatuaje pareces un personaje
de Walt Disney.</p>



<p>De
nada me sirvió esa una vil mentira. Apenas podía respirar, mientras se
acercaba. Su cuerpo no solo era el de una modelo, era el sumun de la perfección
al que los dibujos grabados sobre su piel magnificaban aún más su belleza.&nbsp; Con una picardía innata, Raquel exhibía ante
mí su estrecha cintura, su culo en forma de corazón y su estómago plano sin
dejar de sonreír, demostrando lo poco que le había afectado mi crítica: </p>



<p>―No
te lo crees ni tú. A tu lado, ¡soy divina!  </p>



<p>Quise
responder a su impertinencia, pero las palabras quedaron atascadas en mi
garganta al contemplar su sexo a escasos centímetros de mi cara y saber que
solo con pedírselo esa zorra hubiese puesto dichosa su coño en mi boca. &nbsp;En mi imaginación traté de mantener un resto
de cordura y cerré los ojos deseando que desapareciese y así cesara esa
tortura. </p>



<p>Desgraciadamente
en mi cerebro, la rubia envalentonada por mi evidente cobardía recorrió con sus
manos mi cuerpo y al comprobar que bajo las sábanas mi pene se erguía erecto,
se adjudicó el derecho a subirse encima de mí riendo.</p>



<p>―
¡Vete por donde has llegado! ¿No ves que no quiero nada contigo? ― contesté intentando
mostrar al menos apatía.</p>



<p>No
tardé en comprender mi error porque poniéndose a horcajadas sobre mí, incrustó
mi pene en su sexo y me empezó a cabalgar mientras aprovechaba mi indefensión
para atarme.&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>―
¿Qué haces? ― grité incapaz de detenerla.</p>



<p>―Evitar
que huyas, mientras te follo― respondió con perversa alegría.</p>



<p>Tras
terminar de inmovilizarme, se tumbó sobre mi pecho para hacerme sentir&nbsp; &nbsp;la tersa
dureza de sus pezones mientras llegaban a mis oídos sus primeros gemidos.
Contagiado por su lujuria, recibí sus besos y mordiscos sin moverme mientras
deseaba que me siguiera follando ahí mismo. Os confieso que ya me había
entregado por completo a ella cuando pegando un grito, se corrió sobre mí.</p>



<p>Como
la diosa que se sabía, obró un milagro y bajándose de la cama, se descojonó al
mostrarme mi erección:&nbsp; </p>



<p>―Mortal,
te voy a llevar a mi cielo.</p>



<p>Tras
lo cual, y cogiendo un poco de la humedad que manaba libremente desde su vulva,
se untó el trasero.</p>



<p>―
¿Qué quieres de mí? ― chillé al ver que en su boca le crecían los colmillos.&nbsp; </p>



<p>―Convertirte
en mi esclavo― replicó y pasando una de sus piernas sobre las mías, usó mi
verga para empalarse.</p>



<p>La
lentitud que imprimió a sus movimientos me permitió disfrutar de la dificultad
con la que su trasero absorbió mi trabuco mientras aterrorizado sentía como me
latían las venas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>



<p>―
¡Por favor! ¡No lo hagas!</p>



<p>Riéndose
de mi desesperación, acercó sus labios para localizar mi yugular. Supe mi
destino aun antes de que clavara sus dientes en mi cuello.</p>



<p>―
¡Eres y serás siempre mío! ― me informó mientras cerraba sus mandíbulas. Aullé
al sentir que el dolor se transmutaba en placer y liberando mi simiente en el
trasero de mi asesina, ¡me desperté! </p>



<p>Por
unos momentos respiré al ver que había sido producto de mi calenturienta
imaginación, pero entonces desde la puerta escuché que Raquel me decía:</p>



<p>―Pronto
te entregarás a mí y juntos haremos realidad tu pesadilla.<br></p>



<p><br></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;Sobreviviendo al fin del mundo en la isla del placer&#8221;, LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Mar 2026 08:27:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Cuando desgraciadamente las predicciones de unos científicos indios se hicieron realidad en las que la tierra iba a ser asolada por una tormenta solar y el mundo que conocíamos se había ido a la mierda, por suerte, ¡Lucas Giordano estaba preparado!Poco antes de que los países se hundieran en el caos, Irene Sotelo tuvo la valentía de comentárselo a su jefe y por raro que parezca, este la hizo caso y comprendió que no se podía hacer oídos sordos a lo que se avecinaba.Juntos, el millonario y su fiel asistente decidieron olvidarse de las normas vigentes hasta ese momento [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p> Cuando desgraciadamente las predicciones de unos científicos indios se hicieron realidad en las que la tierra iba a ser asolada por una tormenta solar y el mundo que conocíamos se había ido a la mierda, por suerte, ¡Lucas Giordano estaba preparado!<br>Poco antes de que los países se hundieran en el caos, Irene Sotelo tuvo la valentía de comentárselo a su jefe y por raro que parezca, este la hizo caso y comprendió que no se podía hacer oídos sordos a lo que se avecinaba.<br>Juntos, el millonario y su fiel asistente decidieron olvidarse de las normas vigentes hasta ese momento y diseñaron una sociedad donde las mujeres fueran mayoría para asegurar que pudiese sobrevivir al desastre &#8230; sin importar que eso supusiera que cada hombre tocara a cinco mujeres&#8230;. </p>



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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los&nbsp;&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Cap. 1.― </a>Me alertan de lo que se avecina</h1>



<p>«¡Malditos hijos de
puta! ¡No me hicieron caso!», pensé cuando desgraciadamente las predicciones se
hicieron realidad. El mundo se había ido a la mierda, aunque por suerte, ¡yo
estaba preparado!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para explicar lo ocurrido, os tengo que narrar
cómo y cuándo me enteré de la amenaza que se cernía sobre la humanidad. Desde
el punto de vista teórico, todo empezó hace más de treinta años, cuando John
Stevenson y Larry Goldsmith alertaron al mundo de los efectos que tendría sobre
la civilización una hipotética tormenta solar de grado 5. </p>



<p>Según su
teoría, una llamarada de proporciones inauditas de la corona del Sol provocaría
la destrucción de todas las redes de comunicaciones y de las redes de energía
del planeta. Sus ideas de finales del siglo XX eran aceptadas en mayor o menor
medida por toda la comunidad científica. Las que no disfrutaron de ese consenso
mayoritario cuando fueron enunciadas, fueron las predicciones de Zail Sight y
sus díscolos discípulos de la universidad de Nueva Delhi. </p>



<p>Estos
científicos indios alertaron hace cinco años que según sus cálculos cada ciento
cincuenta años aproximadamente se producía una que era capaz de sobrepasar esa
cifra y llegar a ser de grado seis, lo que provocaría que todo aparato
eléctrico conectado a cualquier fuente de energía se viera destruido por la
acumulación del magnetismo proveniente de nuestro astro rey.</p>



<p>Si ya
entonces fueron llamados catastrofistas, cuando hace dos años anunciaron que
habían conseguido calcular la futura evolución de la corona solar y que la tan
temida tormenta iba a tener lugar a finales del 2022, les tildaron de locos de
fanáticos.</p>



<p>Recuerdo
todavía el día que la jefa de ingeniería de mi empresa, Irene Sotelo, me llamó
una mañana para alertarme de los problemas que eso ocasionaría en nuestra
corporación. Estaba tan asustada que debía ser serio el asunto y mirando mi
agenda vi que tenía un hueco libre en dos semanas, por lo que le ordené que
cuando viniese a verme lo hiciera no solo con las consecuencias que tendría en
la compañía, sino que lo ampliara su radio de acción a España, Europa y el
mundo.</p>



<p>―Jefe, es
una tarea inmensa― protestó al comprender que lo que le pedía le venía grande y
que, para darme un informe coherente, necesitaría de la ayuda de expertos en
muchas materias.</p>



<p>―Ya me
conoces Irene― contesté ―no acepto que me vengas con los temas a medias. Si tan
grave es, necesito verlo a nivel global. Si necesitas contratar a más
especialistas, hazlo, pero quiero una respuesta. Tienes dos semanas.</p>



<p>―De
acuerdo, creo que no se arrepentirá de escuchar lo que quiero decirle. Si no me
equivoco, nos acercamos al fin del mundo tal y como hoy lo conocemos.</p>



<p>Al colgar el teléfono, me sumergí en internet con la intención de enterarme
sobre qué coño hablaba porque si de algo me había servido el pagarla
puntualmente un sueldo estratosférico, fue saber que esa mujer no hablaba nunca
a la ligera. Reconozco que cuando la contraté además de su brillante
curriculum, me atrajo que tanta seriedad y talento estuvieran envueltos en una
belleza desbordante, no en vano, el mote que le habían puesto en Harvard era el
de Miss Brain, es decir Miss Cerebrito en español. Con sus veintinueve años y
su metro setenta y cinco de altura, Irene podía perfectamente haber tenido una
carrera en las pasarelas. </p>



<p>Era la unión perfecta de hermosura e inteligencia.</p>



<p>Volviendo al tema, cuanto más leía, más acojonado me sentía y por eso
llamando nuevamente a mi empleada, le ordené que no reparara en gastos y que,
si debía de tomarse un mes, que se lo tomara pero que cuando viniese a verme
quería una visión global y las posibles soluciones.</p>



<p>―Entonces, ¿me cree? ― preguntó al escuchar mis directrices.</p>



<p>―No, pero no he llegado a donde estoy siendo un ingenuo. Si hay una
posibilidad de que eso ocurra, quiero estar preparado.</p>



<p>―No esperaba menos de usted― contestó dando por terminada la conversación…<br></p>



<p>Permítanme que me presente. Quizás mi nombre, Lucas Giordano Bruno, no
les diga nada porque me he ocupado de ocultar mi vida al público en general
desde que en el 2003 y con veinticinco años, me convertí en millonario gracias
a las punto com. </p>



<p>Desde entonces mi fortuna se había multiplicado y puedo considerar sin
error a equivocarme que desde 2015 era uno de los cincuenta hombres más ricos
del planeta. Tenía intereses en los más variados sectores y si de algo me
vanaglorio es que me anticipo al futuro, por eso y queriendo asegurarme de
tener varios informes, llamé al rector del MIT (<a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=2&amp;cad=rja&amp;ved=0CD4QFjAB&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.mit.edu%2F&amp;ei=yuQOUafNEMmZhQfyo4GoAg&amp;usg=AFQjCNF2EVXdPhiTQOtoL417djLOM3IjWg&amp;sig2=ihxuwJCF1xXOiYz7K7rTsw">Massachusetts Institute of Technology</a>) la más prestigiosa
universidad de ingeniería del mundo, ubicada en Boston.&nbsp;</p>



<p>Mr. Conry me conocía gracias a diversas donaciones por lo que no solo
contestó la llamada, sino que se comprometió a darme en ese mismo plazo sus
conclusiones.</p>



<p>A los
quince días, Irene llegó a mi oficina puntualmente. Su gesto serio me anticipó
los resultados de su informe. Sabiendo que esa conversación iba a ser quizás la
más importante de mi vida, dije a mi secretaria que no me pasasen llamadas.
Cortésmente, cogí a la rubia del brazo y la senté en una mesa redonda de una
esquina de mi despacho.</p>



<p>―Por tu
cara, creo que no traes buenas noticias― dije para romper el incómodo silencio
que se había instalado entre las cuatro paredes donde trabajaba.</p>



<p>―No son
malas, son peores. Aunque no es una posición unánime, la gran mayoría de los
físicos que he consultado ven correctas las predicciones del científico hindú y
ninguno de los que discrepa me ha podido explicar dónde están los errores de la
teoría. Creo que llevan la contraria por el miedo a lo que representa.</p>



<p>―De ser
cierto, ¿qué pasaría?</p>



<p>―Imagínese,
según ese teórico, dentro de dos años y durante setenta y dos horas una
corriente de viento solar sin parangón va a barrer la superficie de la tierra,
destruyendo todo aparato eléctrico. Los primeros en caer serían los satélites,
luego las redes eléctricas y para terminar las fábricas, los coches, los
ordenadores etc. Va a ser el caos. Piense en una región como Madrid: ¿cómo
narices se alimentarían sus seis millones de personas, si los camiones o los
trenes que diariamente les traen la comida no funcionaran al estar destrozados
todos sus sistemas eléctricos?</p>



<p>―Se
arreglarían― dije tratando de llevarle la contraria.</p>



<p>―Pero ¿cómo?
Las fábricas estarían igualmente inutilizadas e incluso si se pudiera traer por
carromatos a la antigua, no habría forma de cosechar los campos porque los
tractores estarían igualmente estropeados.</p>



<p>―Entonces,
¿qué prevés?</p>



<p>―Vamos a
retroceder a una sociedad preindustrial con el inconveniente que en vez de mil
millones de personas en la tierra hay actualmente ocho mil. Sin electricidad de
ningún tipo, no habrá fábricas ni alimentos, ni nada. Ni el ejército ni la
policía van a poder parar el caos. La violencia y el hambre se adueñarán del
mundo.</p>



<p>― ¿Cuántas víctimas?
― pregunté para cerciorarme que coincidía con el informe que tenía en mi cajón.</p>



<p>―Los
cálculos más optimistas creen que la población mundial se reducirá en menos de
dos años a una décima parte, pero los hay que rebajan esa cifra a los
trescientos millones de personas en todo el planeta. Piense que, tras el hambre
y la guerra, vendrán las epidemias….</p>



<p>― ¿Qué
soluciones existen?</p>



<p>―Solo una,
desconectar todos los sistemas eléctricos durante un periodo mínimo de tres
meses, ya que no es posible precisar cuándo va a ocurrir con mayor exactitud. Y,
aun así, sería un desastre, habrá cosas que será imposible de salvar como los
satélites o las centrales nucleares.</p>



<p>―Lo
comprendo y lo peor es que lo comparto. Como te habrás imaginado, no me he
quedado esperando a que me trajeses los resultados de tu análisis y he pedido
otros. Todos desgraciadamente corroboran en gran medida tus predicciones.</p>



<p>―Y ¿qué haremos?
― dijo, echándose a llorar, hundida por la presión a la que se había visto
sometida.</p>



<p>―No
dejarnos vencer. Tengo… mejor dicho, tenemos dos años para sentar las bases del
resurgimiento de la humanidad. Aunque voy a tratar por todos los medios de
convencer a los gobiernos de lo que se avecina, no espero nada de ellos. Por lo
tanto, me vas a ayudar a desarrollar un plan alternativo. De hecho, previendo
este resultado me he comprado una isla deshabitada de 10.000 hectáreas frente a
las costas de África de sur.</p>



<p>―No
comprendo― respondió levantando su cara.</p>



<p>―Quiero que
te hagas allí cargo de la construcción de una ciudad para doce mil personas,
cien por cien independiente, con sus fuentes de energía, sus fábricas
indispensables y que cuente con reservas de todo tipo para tres años. Deseo que
todo esté listo para que cuando pase la tormenta la pongamos en marcha. ¡Tienes
dos años!<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Cap. 2.―
Los preparativos.</a></h1>



<p>Esa misma semana
me deshice de mis empresas y con el dinero en efectivo, contratamos a los
mejores ingenieros y contratistas para que se hiciera realidad mi sueño. </p>



<p>¡Y lo
hicieron! ¡Vaya que lo hicieron!</p>



<p>En la
superficie, construyeron un pequeño pueblo que se podría confundir con un
complejo hotelero compuesto de cerca de doscientas chalés, pero, bajo tierra a
más de cien metros de profundidad se hallaba el verdadero&nbsp;objeto de mi
inversión. </p>



<p>Según los
científicos a esa profundidad, los sistemas que mantuviésemos allí no se verían
afectados por el viento solar y aprovechando una antigua mina de sal, habíamos
ubicado en su interior un sistema de ordenadores que competía con el del
pentágono. Usando a los mejores informáticos del mundo sin que ellos supieran
el objetivo, habíamos hecho una copia de todo el saber humano. Todo libro, todo
ensayo o toda investigación que se hubiese realizado hasta el apagón, quedaría
resguardado en la memoria cibernética del complejo.</p>



<p>Pero mi
sueño iba más allá, al saber que la guerra y el hambre reducirían el material
genético humano, decidí preservar lo mejor del mismo. Por lo que publicité que
se iba a crear la mayor base genética del mundo y que se iba a seleccionar lo
mejor de la humanidad. Y aprovechando la vanidad de hombres y mujeres, estos
con gusto cedieron su material al saber que eran de los elegidos y en menos de
un año, en esa isla alejada del mundo, me encontré con que tenía en mi poder el
esperma y los óvulos de las mejores cabezas que poblaban la tierra en ese
fatídico tiempo.</p>



<p>Por otra
parte, construimos enormes almacenes y muelles que llenamos además de con
comida, con cientos de vehículos, barcos y aviones, convenientemente
desconectados y con sus baterías a buen recaudo bajo toneladas de hormigón
hasta que pasase la tormenta solar. También y contraviniendo las normas
internacionales, hicimos un acopio de armas de guerra que no se limitaban a
fusiles o ametralladoras, sino que nos aprovisionamos de misiles y demás armamento
pesado.</p>



<p>Y todo ello
en menos de dos años.</p>



<p>Lo más
difícil fue seleccionar a los habitantes de “la isla del Saber”, tras muchas
dudas y gracias a una conversación con Irene, llegué a la conclusión del método
de elección. Tenía claro que debían de ser todos jóvenes sin enfermedades y con
una capacidad mental a la altura de las circunstancias, pero fue mi ayudante la
que me dio las bases de la sociedad que íbamos a formar:</p>



<p>―Jefe― me
dijo con su aplomo habitual: ―Seamos claros. Partiendo que usted viene y que
espero que también yo sea una de las elegidas, tenemos que considerar que
tendremos que maximizar el potencial de crecimiento de la población.</p>



<p>―Si te
preocupa el hecho de acompañarnos, no te preocupes. Cuento contigo, pero no he
entendido a que te refieres con eso de maximizar el crecimiento― contesté
siendo absolutamente sincero. Su presencia entraba en mis planes, pero respecto
a lo otro estaba en la inopia.</p>



<p>―Verá,
aunque resulte raro debe haber una desproporción entre hombres y mujeres. Si
vamos a disponer del banco de semen y de óvulos, no es necesario que haya
igualdad de género e incluso no es deseable porque como los hombres no pueden
parir, necesitamos más vientres que den a luz la nueva raza. Por lo que le
propongo que haya un hombre por cada cinco mujeres.</p>



<p>―Me niego.
Eso causaría problemas a corto plazo. Imagínate como se podría articular una
sociedad básicamente femenina. Sería un desastre, los problemas por tanta
diferencia de sexos convertirían a la isla en insoportable.</p>



<p>―Se
equivoca. En primer lugar, sería solo durante una generación porque a partir de
los nacimientos la proporción se equilibraría. Si disponemos de diez mil
mujeres a cinco hijos por mujer, en veinte años seríamos un pueblo de cincuenta
mil personas. En cambio, si llevamos a cinco mil difícilmente pasaríamos de las
veinticinco mil.</p>



<p>―Tienes
razón y estamos buscando el resurgir de la humanidad― contesté: ― pero ¿cómo
vas a arreglar ese desajuste inicial? ¿Vas a llenar el pueblo de lesbianas?</p>



<p>―No, jefe―
me contestó ―alguna habrá que llevar, pero estaba pensando en una rigurosa
selección psicológica por medio de la cual, las elegidas acepten con agrado
dicha desproporción. Tanto los hombres como las mujeres serán seleccionados
como si de familias de seis miembros se tratase, deben de compenetrarse. Habrá
que escoger los candidatos en función de esa futura sociedad marital, de forma
que antes de llegar a la isla sabremos que personas vivirán en cada casa.</p>



<p>― ¿Me estás
diciendo que ya, desde el inicio, habrás formado paquetes de seis personas,
cien por cien compatibles?</p>



<p>―Sí, las
nuevas técnicas de análisis psicológico lo permiten. Recuerde que durante
siglos a los hijos se le decía con quién casarse y no fue ello un problema. Hoy
en día es posible seleccionar estas familias pluri parentales. De igual forma,
los hombres que elijamos deben de estar a la altura físicamente. Piense que
dispondremos de menos de dos mil para las labores duras y de defensa por si
algo nos amenaza, por eso creo que el perfil de estos debe ser físico y el de
las mujeres intelectual.</p>



<p>―De acuerdo
lo dejo en tus manos― respondí sabiendo que eso llevaría a un matriarcado: ―el
mundo ha ido de culo cuando han mandado los hombres.</p>



<p>Sin saber a
ciencia cierta cómo me iba a afectar eso en un futuro, decidí que a nivel
humanidad era lo acertado. Y como en mi caso yo no disponía de pareja, me traía
al pario las candidatas que el sistema informático me colocase en casa porque
en teoría serían compatibles.</p>



<p>―Y, por
último― me explicó ― como no quiero sorpresas y si a usted le parece bien,
deberíamos aplicar en nuestros futuros compatriotas los métodos experimentales
que nuestra empresa ha venido desarrollando de fijación de normas de conducta…</p>



<p>―Me he
perdido― tuve que reconocer.</p>



<p>La mujer
haciendo una pausa, bebió agua y recordándome unos experimentos ultrasecretos
que habíamos realizado para el ejército, me dijo:</p>



<p>―Tras el
desastre se va a producir un gran estrés en todos. Debemos evitar cualquier
tipo de conato de insumisión y, por lo tanto, creo necesario que grabemos en
sus mentes una completa obediencia a nuestras órdenes.</p>



<p>Con todo el
descaro del mundo, se estaba nombrando la segunda líder de nuestra futura
sociedad, adjudicándose además una lealtad que yo quería solo para mí y por eso,
levantándome de la mesa, le solté:</p>



<p>― ¿Y cómo
me garantizo yo tu obediencia? Si acepto tu sugerencia, podrías darme un golpe
de estado.</p>



<p>―Jefe, creo
haberle demostrado en estos años mi absoluta subordinación― contestó Irene echándose
a llorar: ― Jamás he discutido una orden suya incluso cuando me mandaba hacer
algo poco ético como este plan. Si usted quiere, puede mandar a analizarme por
los mejores psicólogos y si aún le queda alguna duda, no pongo inconveniente en
ser la primera en someterme al tratamiento.</p>



<p>―Lo haré―
dije despidiéndome de ella, cortado al darme cuenta de que tras esas lágrimas
se escondía una demostración de afecto que hasta ese momento desconocía.</p>



<p>Al verla
marchar, me quedé mirando su culo y por vez primera desde que la contraté,
pensé que sería agradable compartir con ella, no solo el mando de la “isla del
Saber” sino mi cama y rompiendo los límites que siempre había respetado en
nuestra relación, la llamé. Una vez la tuve nuevamente a mi lado, forcé sus
labios con los míos. Tras la sorpresa inicial, Irene se pegó a mi cuerpo y
respondiendo al beso con una pasión inaudita, buscó con sus manos mi
entrepierna. Satisfecho con su entrega, me separé de ella y diciéndole adiós,
le informé que quería que formara parte de las cinco mujeres que me
adjudicaran.</p>



<p>La mujer,
que en un principio había recibido mi rechazo con dolor, sonrió al escucharme y
desde la puerta, me contestó con voz alegre:</p>



<p>―Ya lo
tenía previsto, jefe. Y como lo ha descubierto, no me importa decírselo. Llevo
enamorada de usted desde el día que me contrató, pero esa no es la razón por la
que espero ser una de ellas. El verdadero motivo es que, según nuestros
especialistas, somos una pareja perfecta. Sus gustos se complementan con los
míos y si no me cree, no tiene más que leer el informe que he dejado sobre la
mesa.</p>



<p>Sorprendido
por sus palabras, abrí el sobre que me había dejado y alucinado, reparé que era
una advertencia de mi departamento de seguridad datada dos años antes, donde me
informaban de la peligrosa sumisión que esa mujer sentía por mí. En ese
documento detallaban con absoluta crudeza que Irene estaba obsesionada conmigo
y que además de empapelar su piso con fotos nuestras y haber revelado a sus
amistades su enamoramiento, varias veces al mes contrataba los servicios de un
prostituto que resultaba una copia barata mía. Prostituto al que obligaba a
vestirse y a actuar como si fuera yo. Si ya eso era revelador, más lo fue leer
que en sus encuentros sexuales, ella se comportaba como sumisa, dejando que el
vividor la usara del modo que le venía en gana.</p>



<p>«Menuda
zorra», pensé mientras repasaba el dossier. </p>



<p>No solo
había conseguido evitar que llegara a mis manos, sino que usando mi propio
dinero había obtenido un completo perfil mío y de mis preferencias,
descubriendo que, fuera de la oficina, yo también practicaba a menudo el mismo
tipo de sexualidad. Lejos de enfadarme su intromisión en mi privacidad, me
divirtió y soltando una carcajada, decidí que esperaría a estar en la isla para
poseerla.</p>



<p>«Me queda
solo un año para disfrutar de las mujeres del mundo antes que la tormenta asole
la civilización y cuando ello ocurra, me recluiré en la isla donde tendré todo
el tiempo para moldearla a mi antojo».<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Cap. 3.―
Mi llegada a la isla del saber.</a></h1>



<p>Puse mis pies por
vez primera en esas tierras el doce de octubre de 2019. La fecha la elegí por
dos motivos: el primero y más importante fue que ese día empezaba el margen de
seguridad que nos habíamos dado y aunque estaba previsto para principios de
diciembre, no quería correr el riesgo de quedarme fuera, siendo además el 527
aniversario del descubrimiento de América, lo que le daba un significado
especial: Si la hazaña de Colon marcaba, para la cultura hispana, el inicio de
la edad moderna por el encuentro de dos mundos, esa fecha marcaría también en
el futuro, el hundimiento de la sociedad tal y como la conocíamos y el resurgir
de una nueva era.</p>



<p>Como
habíamos acordado, Irene me esperaba en el helipuerto. Desde el helicóptero que
me había llevado hasta allá, observé que esa mujer venía enfundada en un
vestido de cuero negro totalmente pegado, lo que le dotaba de una sensualidad
infinita. Al verla recordé la cantidad de veces que durante el último año
estuve a punto de llamarla para disfrutar de su cuerpo, pero siempre, cuando ya
tenía el teléfono en mi mano, cambié de opinión al saber que ella estaría
esperándome a mi llegada.</p>



<p>Sabiendo
que cuando se marchara el piloto con la aeronave, nada ni nadie saldría de la
isla y que en lo que a mí concernía el mundo ya había desaparecido, decidí que
era el momento de tomar lo que era mío y por eso tras responder a su saludo, la
cogí entre mis brazos y pasando mi mano por su trasero, le ordené que me
mostrara las instalaciones.</p>



<p>Ella, al
sentir el posesivo gesto con el que la saludé, puso cara de satisfacción y
rápidamente me dio un tour preliminar por el pueblo y demás edificaciones,
dejando para lo último el bunker bajo tierra.</p>



<p>Al llegar a
la antigua mina, me sorprendió el buen trabajo que mi asistente había
realizado. No solo se palpaba que la obra estaba acorde con las especificaciones,
sino que una vez en el terreno, no me costó advertir que había realizado
mejoras sobre el proyecto inicial. Irene me fue detallando todos los detalles y
el dinero que había invertido, explicándome los ahorros que había conseguido.
Al oírla, no pude evitar el reírme. Ella confusa por mi reacción me pidió que
le explicase la razón de mi risa:</p>



<p>―No te das
cuenta de que, en menos de dos meses, el dinero que me sobra no valdrá para
nada― contesté.</p>



<p>―Se
equivoca. Usando los poderes que me dio, no solo me he gastado el resto de su fortuna,
sino que le he hipotecado de por vida― respondió con una sonrisa.</p>



<p>―No te
alcanzo a entender― dije bastante molesto por que, como de costumbre, me
llevara la delantera.</p>



<p>―Usted sabe
que durante toda la historia de la humanidad ha existido un valor refugio.</p>



<p>―Claro. El
oro, pero&#8230; ¡qué tiene eso que ver!</p>



<p>―Desde el
primer día he estado acumulando todo el oro que he podido y cuando se gastó su
dinero, pedí a los bancos que nos financiasen mucho más, usando lo comprado
como garantía.</p>



<p>― ¡Serás
puta! Me has arruinado― contesté sin parar de reír: ― ¿cuánto has conseguido?</p>



<p>―Veinte
toneladas.</p>



<p>Al escuchar
de sus labios, la cifra hice cálculos y comprendí a que se refería. Mi
brillante asistente había acumulado oro por valor de más de setecientos
millones de euros. Sabiendo que, si todo fallaba, me había metido en un broncón
considerable, pero si la tormenta tenía lugar eso daría a nuestros
descendientes una herramienta con la cual canjear toda serie de productos con
el exterior, dije:</p>



<p>―Bien
hecho, pero que sea la última vez que me ocultas algo tan importante. Si
vuelves a hacerlo, no tendré más remedio que castigarte.</p>



<p>― ¿Y no
podría darme un anticipo? ― respondió poniendo un puchero: ―Llevo un año
esperando y además tengo que reconocerle que le esperan más sorpresas.</p>



<p>Su descaro
me volvió a divertir y cediendo a sus ruegos, le di un fuerte azote en sus
nalgas mientras que con la otra mano acariciaba uno de sus pechos. La muchacha
gimió sin cortarse por la presencia de público y sonriendo, me dio las gracias.</p>



<p>―Lo
necesitaba― exclamó mientras acariciaba con su mano el adolorido trasero y
volviendo a su cometido inicial, me pidió que tomáramos el ascensor para bajar
a la zona de ordenadores.</p>



<p>Encerrado
en el estrecho habitáculo solo con ella y mientras bajábamos los cien metros
que nos separaban de la sala a la que íbamos, no pude dejar de fijarme que bajo
su vestido dos pequeños bultos revelaban a la altura de su pecho la excitación
que dominaba a la muchacha al saber que, en pocas horas, iba a hacer realidad
su sueño de tenerme. Forzando su sumisión, le pedí que se quitara las bragas.</p>



<p>― ¿Ahora? ―
me preguntó confundida.</p>



<p>―Sí y no
quiero repetirlo.</p>



<p>Sonrojada
al máximo, Irene se levantó el vestido, dejándome disfrutar de unas piernas
perfectamente torneadas que esa noche iba a poseer, y despojándose del coqueto
tanga rojo que llevaba, me lo dio. Al cogerlo, me lo llevé a la nariz y por vez
primera, olí el aroma dulzón de esa mujer. Mi sexo reaccionó irguiéndose por
debajo del pantalón, hecho que no le pasó inadvertido a mi acompañante, la cual
para reprimir su deseo inconscientemente juntó sus rodillas.</p>



<p>―Hueles a
zorra― le dije poniendo sus bragas a modo de pañuelo en mi chaqueta: –no sé si
voy a aguantar las ganas de poseerte hasta esta noche.</p>



<p>―Soy suya―
respondió acalorada―pero antes de que lo haga debo de enseñarle el resto de la
isla.</p>



<p>Afortunadamente
para ella, en ese momento se abrió el ascensor. Una enorme sala pulcramente
recubierta de mármol blanco apareció ante mis ojos. No tardé en comprender que
estábamos en la zona de cómputo. Multitud de cerebros electrónicos aparecieron
ante mis ojos y tras una mampara, apareció una belleza oriental que me dejó sin
hipo con su cara aniñada y su cuerpo menudo. Irene sonrió al descubrir mi
reacción al ver a la japonesa y llamándola dijo:</p>



<p>―Akira, ven
que quiero presentarte al jefe.</p>



<p>La
muchacha, bajando su mirada, se acercó a donde estábamos y haciendo una
reverencia tan usual en su país de origen, esperó a que mi empleada hablara.
Irene ceremonialmente me presentó a la cría, explicándome que era el ingeniero
jefe de sistemas y que tenía bajo su mando todo el mantenimiento de los equipos
informáticos.</p>



<p>―Encantado
de conocerla― dije dándole un beso en su mejilla. Ese gesto terminó de
ruborizarla al no ser común en el Japón que un jefe saludara de esa forma a una
ayudante.</p>



<p>―Señor, no
sabía que usted venía― dijo tartamudeando: ―siento no haberle recibido como se
merece.</p>



<p>―Así está
bien, me gusta conocer a la gente en su lugar de trabajo.</p>



<p>―Pero es
que no he tenido tiempo de arreglarme y quería causar en usted buena imagen―
respondió casi entre lágrimas.</p>



<p>No
comprendí su reacción hasta que vi a Irene, consolándola con un beso en la
boca, le informó que esa noche la cena era a las ocho. El haber visto a esas
dos mujeres morreándose me había excitado, pero también me había revelado que
esa monada era una de las cuatro ocupantes de mi casa que no conocía.
Satisfecho por la acierto de la elección, me despedí de ella con otro beso,
pero esta vez en la boca y forzando sus labios con mi lengua mientras mi mano
comprobaba la exquisitez de sus formas. La muchacha se derritió entre mis
brazos y boqueando para respirar, me dio las gracias entre sollozos.</p>



<p>― ¿A esta
que le pasa? ― pregunté a mi asistente nada más entrar al ascensor.</p>



<p>―No se
preocupe, jefe. Esta feliz por la calidez de su recibimiento, el problema es
que es muy emotiva y comprenda que he tenido tres meses para hacerla comprender
quien es usted y que espera de ella.</p>



<p>―He
adivinado que es una de las otras cuatro, pero dime: ¿quién le has dicho que
soy yo?</p>



<p>―Pues quien
va a ser, ¡su amo! ― respondió poniendo sus piernas entre la mía ―jefe, como
sabía de sus gustos, la he adiestrado a conciencia. No todas sus mujeres
comparten nuestra manera de amar, pero le aseguro que ninguna le va a defraudar
y menos yo.</p>



<p>Su mirada
me reveló la excitación que la consumía al tenerme tan cerca y por eso, le
dije:</p>



<p>―Desabróchate
un botón.</p>



<p>La muchacha
me obedeció y eso que no comprendía todavía que mi intención era irla
calentando a medida iba pasando el día. Al hacerlo me dejó entrever un discreto
escote, pero, aun así, lo poco que revelaba se me antojaba apetecible.</p>



<p>―Tócate los
pechos para mí― ordené interesado en forzar sus límites.</p>



<p>Avergonzada
pero excitada, recorrió sus aureolas con sus dedos mientras las palmas me
dejaban calcular su tamaño al sopesarlos.</p>



<p>―Tienes
unas buenas ubres― dije con deseo: ―esta noche te prometo que, si te portas
bien, mordisquearé tus pezones.</p>



<p>Mis
palabras hicieron mella en la muchacha que, sin poderlo evitar, se restregó
contra mi cuerpo diciendo:</p>



<p>―Jefe, ¿no
cree que haber elegido a Akira hace que me merezca una recompensa?</p>



<p>Su entrega
me cautivó y bajando mi mano a su entrepierna, alcé su vestido y con un dedo
recorrí los pliegues de su sexo. Irene soltó un pequeño gritó al sentir mis
yemas acariciando su clítoris e involuntariamente separó sus rodillas para
facilitar mis maniobras. Su completa sumisión estuvo a punto de hacerme parar el
ascensor y tomarla allí mismo, pero comprendiendo que era una guerra a medio
plazo, estuve acariciando unos segundos más su pubis y cuando ya consideré que
era suficiente, la separé diciendo:</p>



<p>― ¿Ahora
adónde vamos?</p>



<p>―Al área de
reproducción― me contestó totalmente acalorada y mordiéndose los labios para
reprimir sus ganas de correrse.</p>



<p>― ¿Alguna sorpresa?
― le susurre al oído mientras le daba un pequeño azote.</p>



<p>―Sí―
respondió comprendiendo al vuelo mi pregunta― Adriana <a>Gonçalvez</a>,
además de ser la responsable del Banco de Genes y jefe médico de la isla, es
otra de las mujeres con las que vamos a compartir casa.</p>



<p>―Por lo que
veo, has seleccionado a esas mujeres tanto por su compatibilidad con nosotros
como por su valía, de manera que las responsables de las áreas vitales de la
isla serán las que formen parte de nuestra sui generis familia.</p>



<p>―No podía
ser de otro modo, así tendremos controlado lo que ocurra.</p>



<p>―Bien
pensado― respondí dándome cuenta de la inteligencia que esa mujer tenía y sobre
todo de su sentido práctico y, con nervios, esperé a que se abriera la puerta
del ascensor para conocer a mi siguiente novia.</p>



<p>El área
sanitaria estaba compuesta de un pequeño hospital con un área anexa donde se
ubicaban nuestras existencias genéticas. Al entrar vi con desilusión que la
mujer que estaba sentada en la mesa era una insulsa castaña de aspecto nórdico.
Cabreado pensé que al lado de las otras dos esta era una birria y con paso
cansino, me dirigí a saludarla. Cuando ya estaba a punto de presentarme, oí a
Irene decir:</p>



<p>―Gertud, te
presento a nuestro presidente.</p>



<p>La mujer
poniéndose de pie y adoptando un aire marcial, me extendió la mano, diciéndome
que era un honor el conocerme. Lo adusto de sus modos me repelió, pero no dije
nada y fue entonces cuando mi asistente le preguntó por su superiora de un modo
al menos chocante:</p>



<p>― ¿Dónde
está la zorra de tu jefa?</p>



<p>Sin poder
reprimir una risa de gallina clueca, respondió que estaba en la sala de frío
pero que enseguida la llamaba y chocando sus tacones al estilo nazi,
desapareció por la puerta. Al cabo de tres minutos, salió del interior un
pedazo de mujer. </p>



<p>Adriana resultó
ser una mulata alta pero bien proporcionada. Al acercarse a mí, caí en la
cuenta de que era de mi estatura y que, aunque desde lejos no se notaba, esa
mujer tenía además de unos pechos grandes lucía un culo aún más enorme.</p>



<p>Al verme,
sonrió y andando como si bailara, se acercó a mí y pegándome un besazo en los
morros, dijo con su característico acento:</p>



<p>―Encantado
de conocerte, ¡mi amor! No te haces la idea de las ganas que tenía de conocer
al tan nombrado Lucas.</p>



<p>Su simpatía
innata me cautivó desde el primer momento y siguiéndole la broma, le solté que
no sabía que era tan famoso.</p>



<p>―No joda,
primor. La perra de Irene no ha hecho más que nombrarte durante los últimos dos
meses― respondió sonriendo con una dentadura perfecta― pero pase a mi despacho.</p>



<p>Casi a
empujones me llevó a su cubículo y dejando pasar a mi asistente, cerró la
puerta. Al hacerlo se quitó la bata dejándome comprobar que no me había
equivocado al pensar que estaba estupendamente dotada por la naturaleza. Me
quedé absortó al percatarme que bajo la blusa de tirantes que vestía, sus
pechos bailaban desnudos sin la incómoda presión de un sujetador, pero más al
observar que tenía los pezones completamente erizados. Mi cara debió de ser de
órdago porque enseguida advirtió la lascivia de mi mirada y soltando una
carcajada, me dijo:</p>



<p>―No creas
que me he puesto cachonda al verte. Es el puto frio del congelador donde
tenemos el semen.</p>



<p>― ¡Qué
bruta eres! ― repeló Irene un tanto molesta por el poco tacto de la mulata.</p>



<p>―Tienes
razón, perra mía. Disculpa Lucas no fue mi intención molestarte.</p>



<p>―No lo has
hecho― respondí, descojonado con el desparpajo de esa hembra.</p>



<p>― ¡Qué
bueno! Por fin alguien con sentido del humor y no estas guarras con las que
vivo― dijo y cambiando su semblante, bajó la voz para preguntarme: ―Como ya
estás aquí, se supone que el desastre se aproxima o ¿no?</p>



<p>―Calculamos
que en menos de dos meses― explicó Irene al comprobar que me había quedado
paralizado al enterarme que esa mujer sabía lo que se avecinaba y dirigiéndose
a mí me confirmó que todas las habitantes de la casa estaban informadas del
asunto.</p>



<p>―Recuérdame
que te castigue― dije, aliviado, al no tener que exponer a ellas el futuro y
que era lo que íbamos a hacer ahí.</p>



<p>― ¡Puta
madre! Primor. Ya era hora que llegaras y le dieras una buena tunda. No sabes
las veces que he tenido que sustituirte. Esta guarra cuando estaba triste me
pedía que le comiera su chichi y paqué… cuando se corría en vez de oír mi
nombre era el tuyo el que salía de sus labios. Además, estoy harta de tanta
teta, lo que necesita este cuerpo es una polla que le dé un buen meneo.</p>



<p>La imagen
de esa mulata comiendo el coño a la rubia, me terminó de excitar y entonces
decidí que era el momento de comprobar hasta donde llegaba el acatamiento de
mis órdenes, por lo que, mirando a Adriana a los ojos, le dije:</p>



<p>―Eso quiero
verlo.</p>



<p>― ¿Aquí? ―
respondió extrañada, pero al ver que con la cabeza lo confirmaba, me miró
divertida y empezando a desabrochar el vestido a mi asistente, exclamó: ―Si lo
que quieres es ver a esta guarra corriéndose, la verás. Solo te pido que, si
necesitas desahogarte, lo hagas con tu mulata.</p>



<p>Irene,
completamente abochornada por su papel, se quedó quieta mientras la mulata
terminaba de despojarla del vestido. Casi desnuda y con un coqueto sujetador
como única vestimenta esperó con el rubor cubriendo sus mejillas el siguiente
paso de Adriana. Esta al ver que no llevaba bragas, pasó uno de sus dedos por
los pliegues de su sexo y mirándome, me dijo:</p>



<p>―Lucas eres
un cabronazo, ¡mira como tienes a la pobre! Cachonda y alborotada.</p>



<p>Al ver que
le devolvía una sonrisa como respuesta, la brasileña comprendió lo que esperaba
de ella y dando la vuelta a mi asistente, le quitó el sujetador y cogiendo sus
pechos en sus manos, me los enseñó diciendo:</p>



<p>―Menudo par
de pitones tiene la perra. Se nota que estás mirándola porque casi no la he
tocado y ya está verraca.</p>



<p>Aumentando
la calentura de su pobre víctima, le pellizcó los pezones mientras le susurraba
que era una guarra. Irene suspiró al notar la acción de los dedos de la morena
sobre sus aureolas y sin dejarme de mirar, llevó la boca de Adriana hasta sus
pechos. Esta se apoderó de los mismos con su lengua y recorriendo los bordes
rosados de su botón, los amasó sensualmente entre sus palmas. Mi asistente,
incapaz de contenerse, gimió mientras intentaba despojar a su captora de la
blusa. </p>



<p>La mulata
no la dejó y de un empujón, la sentó sobre la mesa del despacho:</p>



<p>―Abre tus
piernas, putita mía. Quiero que el patrón disfrute de la visión de tu coño
mientras te lo cómo― ordenó bajando su cabeza a la altura del pubis de la
rubia.</p>



<p>Desde mi
posición, pude observar que llevaba el sexo completamente depilado y que Miss
Cerebrito se estaba excitando por momentos. Queriendo participar, me puse al
lado de ambas mujeres y mientras acariciaba el culo de la morena, me entretuve
acariciando por primera vez el cuerpo de mi bella asistente. Irene excitada era
más atractiva de lo que me había imaginado, sus ojos presos del deseo tenían un
fulgor que jamás había conseguido vislumbrar en una mujer. No solo era una belleza,
sino que todo en ella era seductor, incluso el sonido de sus gemidos tenía una
dulzura que me cautivaba.</p>



<p>Adriana,
más afectada, de lo que hubiera querido demostrar, se retorció cuando
levantando su falda, mi mano se introdujo bajo la braga y cogiendo parte del
flujo que ya empapaba su sexo, lo llevé hasta la boca de la rubia.</p>



<p>―Chupa mis
dedos― ordené a mi asistente ― y comprueba si está lista.</p>



<p>Con gozo,
se los introdujo en su boca y casi chillando, me contestó que sí. Colocándome
detrás de la mulata, me bajé los pantalones y sacando mi pene de su encierro,
puse la cabeza de mi glande en el sexo de la morena. Al comprobar que incapaz
de soportar los celos porque ella no iba a ser la primera, Irene había cerrado
sus ojos, le dije:</p>



<p>―Quiero que
abras los ojos para que veas como me follo a una verdadera mujer y mientras lo
hago, te prohíbo el correrte― dije a Irene y dirigiéndome a la mulata, le
solté: ―Si consigues que me desobedezca, te la entrego durante una semana.</p>



<p>Adriana,
estimulada por la recompensa, aceleró las caricias de su lengua mientras
torturaba los pezones con sus dedos. Pude ver que, luchando contra el deseo, mi
rubia apretaba sus manos y con la cara desencajada, de sus ojos brotaban unas
lágrimas. Aprovechándome de la lucha de ambas mujeres, separé las nalgas de
Adriana y con gozo descubrí que su negro ojete parecía intacto.</p>



<p>«Poco le
durará la virginidad», pensé mientras de un solo empujón, clavaba mi miembro
hasta el fondo de la brasileña.</p>



<p>Esta gimió
de gozo al notar que mi glande chocaba con la pared de su vagina y metiendo dos
dedos en el interior de Irene, empezó a retorcerse buscando su propio placer.
Con satisfacción, comprobé que mi sexo discurría con facilidad dentro del
estrecho conducto de la morena y cogiéndola de los pechos, fui apuñalándola con
mi estoque. Acelerando lentamente mi ritmo, conseguí sacar de su garganta la
comprobación genuina que estaba ante una mujer fogosa y no tardé en escuchar
que sus suspiros se iban trastocando en berridos, mientras su dueña sin perder
el ritmo de mi galope no paraba de intentar que su amiga se corriera.</p>



<p>Supe que
Adriana estaba a punto de correrse, cuando sentí sobre mis piernas la humedad
inmensa que brotaba del interior de su sexo y cogiéndola de su melena, arqueé
su espalda para preguntarle:</p>



<p>― ¿Suficiente
meneo?</p>



<p>―Sí,
cabrón. ¡Como necesitaba una buena polla! ― gritó desplomándose sobre el cuerpo
de la rubia.</p>



<p>Esa nueva
posición, me permitió gozar por completo de sus glúteos y soltándole un azote,
le ordené que se corriera. Completamente fuera de sí, empezó a jadear mientras
su cuerpo temblaba preso del placer. Su orgasmo fue el detonante del mío y
derramándome en su interior, alcancé el primero de los clímax que esa isla
pondría mi disposición.</p>



<p>No había
terminado de eyacular cuando miré a Irene. Ella me devolvió la mirada con un
ligero reproche, pero, reponiéndose al instante, alegre comentó:</p>



<p>―Hace un
año, le prometí que nunca desobedecería sus órdenes y no lo he hecho, esta puta
no ha conseguido su objetivo por lo que soy libre.</p>



<p>―Te
equivocas― contesté―eres de mi propiedad y esta noche te has ganado compartir
mi cama― respondí y atrayéndola hacia mí, deposité en sus labios un beso como
recompensa.</p>



<p>Mi
asistente, abrochándose el vestido, soltó una carcajada y dirigiéndose a la
morena, dijo:</p>



<p>―Teniendo a
mi jefe en casa, ya no te necesito. ¡Cacho guarra!</p>



<p>Adriana, en
plan de broma, frunció el ceño y haciendo como si llorara, rogó que no la
abandonase. La rubia, muerta de risa, contestó que lo pensaría mientras le
ayudaba a ponerse la blusa y mirando el reloj, me dijo:</p>



<p>&nbsp;―Son las seis, debería descansar porque he quedado
con las demás a las ocho.</p>



<p>Fue
entonces cuando me percaté que esas mujeres habían forjado una maravillosa
relación y que lejos de competir, se complementaban tal y como habíamos
previsto. </p>



<p>Me alegró
comprobarlo porque eso significaba que mi vida en esa isla tendría al menos
placer a raudales y comprendiendo que tenía razón respecto a la hora, miré a
Adriana y le pregunté:</p>



<p>― ¿Nos acompañas?</p>



<p>―No, mi
amor. Tengo cosas que terminar. Piensa que ha llegado el capullo del presidente
y querrá que durante la cena le informe de los progresos de mi departamento.</p>



<p>―Creo que a
ese capullo no le importará que lo dejes para mañana― contesté porque me
apetecía la compañía de esa mujer tan descarada.</p>



<p>―A él
quizás no, pero a mí sí, no me gusta dejar temas pendientes― susurró a mi oído
mientras me daba un beso.</p>



<p>Sabiendo
que era correcto por la gravedad de lo que se avecinaba, no insistí y cogiendo
de la cintura a mi asistente, me dirigí hacia la salida. Acabábamos de cerrarse
el ascensor, cuando pegándose a mí, Irene dijo:</p>



<p>― ¿Verdad
que es encantadora?</p>



<p>―Sí, espero
que también hayas acertado con las otras tres.</p>



<p>―Por eso no
se preocupe. Ya conoce a Akira y como le dije es una princesita sumisa. Adriana
es un torbellino y las otras dos no le defraudarán.</p>



<p>―Cuéntame
quienes son.</p>



<p>―Johana es
la responsable de seguridad y lo que tiene de bruta en su trato con sus
subalternos, lo tiene de encantadora dentro de la casa. Le parecerá imposible
cuando la vea. Cuando la elegí era la comandante más joven de los Navy Seal.
Como buen marine es físicamente una bestia, pero, con usted, se comportará como
un dulce corderito. Le prometo que le encantará.</p>



<p>― ¿Y la última?</p>



<p>―Suchín.
Ella es la encargada de hacer producir los campos. Como experta en agricultura
y ganadería es excelente pero lo que me inclinó a elegirla es que como cocinera
no tiene paragón. No solo domina la cocina de su país natal, Tailandia, sino
que es una verdadera experta en todas las demás.</p>



<p>Que no me
hiciera referencia a su físico ni a su carácter, me mosqueó y sin más
preámbulos, le pregunté el motivo de ese silencio. La mujer, entornando sus
ojos, me contestó:</p>



<p>―Jefe, ¡a
las mujeres siempre nos gusta tener un secretito! Pero no se inquiete, quedará
complacido con la elección.</p>



<p>Confiado de
su buen juicio, determiné que, si quería guardarse un as en la manga, no iba a
ser yo quien la forzara y sacando un collar de mi bolsillo, se lo regalé. La
mujer se quedó sorprendida al recibir una joya y casi sin mirarlo, me pidió que
le ayudase a ponérselo.</p>



<p>―No lo has
visto bien― dije acariciando su trasero.</p>



<p>Irene me
miró extrañada y leyendo la pequeña inscripción del broche en voz alta, sonrió:</p>



<p>―Propiedad
exclusiva de Lucas Giordano.<br></p>



<p></p>
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		<item>
		<title>&#8220;MI ALUMNA SE ENTREGÓ AL PLACER&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO) HISTORIA TOTALMENTE INÉDITA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2026 07:49:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18607" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1.png" alt="" width="2000" height="785" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1.png 2000w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-300x118.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-768x301.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-1024x402.png 1024w" sizes="(max-width: 2000px) 100vw, 2000px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;">El email de una desconocida despertó el instinto depredador que llevaba reprimiendo durante años y cómo no podía hacer mía a la causante, busqué a mi alrededor una sustituta. Contra toda lógica descubrí dentro del aula donde daba clases que Almudena, un cerebrito, era la sumisa que estaba esperando.</span></p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente en</span>lace:</span></strong></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><a title="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K" href="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K">https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K</a></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><br />
<strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos</strong>:&nbsp;</span></p>
<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de una temporada de relativa calma, me vi inmerso en una vorágine de sexo y perversión como nunca la había tenido. Todo empezó un día recibí un email de una joven de apenas veintitrés años que se declaraba fan de mis relatos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al leerlo, mis años de experiencia me hicieron ver que tras los sinceros elogios se escondía una petición de ayuda. En una lectura rápida cualquier otro destinatario solo se hubiese quedado con la fascinación de esa niña por la literatura erótica pero, a mí, me resultó evidente leer entre líneas que su fantasía iba más allá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tiene alma de sumisa», comprendí pero lo que realmente picó mi curiosidad fue advertir por su tono que deseaba de alguna forma conocerme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como perro viejo en esas lides, decidí hacer un hueco en mis obligaciones y poniéndome frente al teclado, la contesté cordialmente mientras la regalaba un relato inédito para que fuera ella la primera en leerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Caerá en la trampa?», me pregunté nada más enviar ese mensaje porque si era como yo suponía, no podría evitar responder lo que me daría la oportunidad de lanzarle un anzuelo tras otro hasta que esa cría pasase a formar parte de mi harén.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras esperaba su respuesta, me puse a indagar sobre ella. Cosa que me resultó fácil porque sin saberlo, me había dado mucha más información de la que en un principio estaba dispuesta a revelar al cometer involuntariamente varios errores.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aprovechando su buena fe, o mejor dicho su inconciencia, busqué el mail desde el que me había escrito en Google. Os juro que al hacerlo no esperaba ningún resultado que me permitiera conocer quién era la remitente, pero fue entonces cuando descubrí que había usado su dirección “oficial”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es mona», certifiqué cuando uno de los enlaces me dirigió directamente a su Facebook.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Así supe de primera mano que mi interlocutora vivía en Puerto Rico, que estudiaba trabajo social en una de las universidades de esa isla, que no había mentido respecto a sus años y que al menos en la red, no tenía pareja ya que en ninguna de las fotos que había colgado aparecía con un tipo que no fuera de su familia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es curioso», pensé, «las personas de su generación han crecido con internet y aun así, no saben cómo proteger su anonimato».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Trasteando en la web, recopilé un montón de información sobre sus hábitos e intereses sin tener que desvelar que era yo quien investigaba. Así me enteré que medía un metro cincuenta, que era blanca de piel y que llevaba el pelo corto pero también salió a la luz su gusto por los animales y su afición a la literatura seria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Alguien tendrá que explicarle que no está bien ser tan poco cauto y que al menos debe de tomar precauciones antes de entrar en contacto con un extraño», me dije olvidándome de ella por la llegada de María, una profesora del claustro donde trabajo, la cual desde hace seis meses es mi más fiel servidora.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque no viene a cuento, el caso de esta madura merece un inciso para explicaros de alguna forma que una de las principales características de un amo es ¡estar siempre a la caza!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía recuerdo el día en que conocí. Fue durante una charla informal en la cafetería de mi universidad. Estaba tomando un café con el rector cuando ese buen anciano me la presentó como su última adquisición para el departamento de investigación. Ni siquiera tuvo que hablar, como un libro abierto leí en su actitud, en sus ojos esquivos y en su exagerado mal humor que el destino de esa rubia pasaba por lucir uno de mis collares.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y así fue, en menos de dos meses, María me rogó de rodillas ser mi esclava y desde entonces, una o dos veces por semana, llega a mi casa, se desnuda y durante cuatro horas se afana en servirme. Da igual que esté casada y que su marido se haya convertido en mi amigo, cuando la llamo corre a cumplir mi voluntad al saber que al final se verá recompensada y obtendrá el placer que ha venido a buscar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si os preguntáis porque os cuento esto, la respuesta es sencilla:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Quiero dejaros claro que todos aquellos que tengáis una faceta sumisa ¡corréis peligro!”. Ya que el primer dominante con el que os topéis sabrá quizás antes que vosotros exactamente que tecla tocar para sacar a la luz vuestra verdadera personalidad y solo dependerá de él, el tiranizaros o el haceros disfrutar sin límite.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Volviendo a la historia de “Pequeñita”, María estaba haciéndome la primera mamada del día cuando desde el otro lado del charco, esa puertorriqueña me contestó. Sin permitir que la zorra se sacara mi verga de su garganta, me puse a leer el mensaje de la desconocida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os confieso que no fue ninguna sorpresa que esa monada me explicara su evolución y que siendo apenas una adolescente comenzara a disfrutar con las historias románticas donde el protagonista fuera un hombre dominante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tampoco me extrañó que rápidamente se diera cuenta que a esas novelas rosas les faltaba algo ni que fue cuando cayó en sus manos un libro erótico cuando realmente se enteró que deseaba sentirse usada aunque fuera una vez. En plan confesionario, me contaba en el mail que se fue concentrando en relatos de maduros al creer que solo con experiencia podía ser capaz de sacar la ardiente mujer que tenía dentro. De allí pasó a los relatos de dominación y de esos a los de no consentido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente no tuve que ser un genio para saber que esa boricua estaba en cierta forma buscando un escultor que diera forma a su ser y con él descubrir la que yo considero más sublime forma de placer que es la sumisión. Reconozco que lo que realmente instigó a mi lado dominante a seguir con ese intercambio epistolar fue comprobar que era sincera porque sin que yo se lo tuviera que pedir, “Pequeñita” se describió exactamente como aparecía en las fotos sin tratarse de adornar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No hace falta ser una Barbie para gustar a un hombre― tecleé respondiendo a su mensaje, harto quizás de la impostura que puebla la red.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Agradeciendo su sinceridad, le pedí que me contara el momento más erótico de su vida para comprobar cuan acertado estaba sobre sus verdaderas inclinaciones. Tras releer mi escrito, di al SEND y me concentré en la sumisa que tenía entre mis piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María había aprovechado que no la miraba para empezarse a masturbar. Me hizo gracia saber que lo había hecho a propósito para que yo tuviera un motivo para castigarla pero la perspectiva que se me abría allende los mares me tenía de buen humor y por ello únicamente esperé a que estuviera a punto de correrse para prohibírselo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿No me va a castigar?― incrédula me preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No te lo mereces― respondí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual la llevé sobre mi cama y le inserté sendos consoladores en cada uno de sus agujeros. La cuarentona creyó que iba a hacer uso de ella pero poniéndolos a toda potencia, me fui a merendar advirtiéndola que no iba permitir que en esa tarde, me volviera a fallar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tengo vedados los orgasmos», comprendió y humillada esperó a que esos dos enormes falos de plástico cumplieran su labor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Satisfecho con ese peculiar escarmiento, abrí la nevera y me preparé un bocadillo. Cuando os digo que estaba satisfecho, así era porque si bien los ajenos a este mundo, equiparan sumisión al dolor, eso es falso. Se puede ser el amo más dominante sin tener que torturar a nuestras princesas porque unas necesitan mano dura mientras a otras les basta con sentirse dirigidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con una cerveza en una mano y el bocata en la otra, volví a donde estaba mi sumisa. No tuve que traspasar la puerta para saber que María me había obedecido al ver cómo intentaba a duras penas contener el placer que se iba acumulando entre sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es una puta bien adiestrada», sentencié mientras me sentaba a observar su sufrimiento al no poder correrse.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rubia suspiró al verme y con lágrimas en los ojos, me imploró que la perdonara. No le hice caso y masticando lentamente incrementé su zozobra al sentirse observada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Amo, ¡no aguanto más!― chilló descompuesta al ser consciente que desde mi asiento podía ver claramente que tenía su sexo anegado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Disfrutando de su desamparo, metí y saqué el falo que tenía incrustado en su trasero un par de veces antes de humillarla, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Viendo lo gordas que tienes las tetas, es una pena que seas tan vieja. De ser más joven, te preñaría para que así asegurar que mi hijo tuviera leche suficiente con la que alimentarse.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi menosprecio caló hondo en ella y con un tono menos sumiso del que debería, protestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todavía puedo quedarme embarazada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su respuesta me sirvió para recordarle que entre los límites que ella misma me había puesto al convertirse en mi esclava estaba el no tener descendencia. María al oír mi réplica comprendió que tenía razón y dando una vuelta de tuerca más a nuestro acuerdo, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si usted lo desea, me gustaría quitar ese término. Sería un honor que usted me preñara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo pensaré― fue mi escueta respuesta y premiando la extensión de su confianza, le dije: ― mientras tanto, ¡puedes correrte!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras desencadenaron su placer de inmediato. Tanta era la presión que llevaba acumulando que en cuando abrió la espita, todo su cuerpo se vio desbordado por un brutal orgasmo cuyos signos más evidentes fueron sus gritos pero como la conocía de sobra, para mí fue admirar su entrega hecha líquida en el charco de flujo que se formó sobre las sábanas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me encanta ser su guarra― berreó al sentir que retiraba el consolador de su ojete.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sacando mi pene de su encierro, formalicé el nuevo trato empalándola de un solo arreón mientras susurraba en su oído que a partir de ese día tenía la obligación de dejar de tomar anticonceptivos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía no sé si las lágrimas de sus ojos fueron por el dolor que sintió al romperle tan bruscamente el culo o de felicidad por saber que su vientre albergaría durante nueve meses una versión en pequeño mía. Lo cierto es que no llevaba sodomizándola más que unos pocos segundos cuando un geiser brotó hirviendo de su sexo, empapando mis muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Cómo me gusta que sea tan puta!», exclamé en mi mente para no revelar ante esa rubia esa intima apetencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Deseando que se sintiera mi montura y yo su jinete, agarré su melena a modo de riendas y dando una azote en sus ancas, incrementé el compás de mi galope hasta hacerlo desenfrenado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María, agradeció el nuevo ritmo, relinchando de placer y ya convertida en yegua buscó desbocada otro nuevo orgasmo. Su enésimo clímax coincidió con el momento en que mi pene explotó regando con su simiente los intestinos de mi sumisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La felicidad que mostró, me hizo pensar que realmente le apetecía que mis genes sembraran su todavía fértil vientre pero también comprendí que si no conseguía que prendiera mi retoño, tendría que buscarme una sustituta. Recordando a la puertorriqueña, decidí que “Pequeñita” podría ser una buena sustituta…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acababa de despedir a María cuando una campanilla me informó que acababa de recibir un nuevo mensaje. Al abrir mi Hotmail, sonreí al comprobar que era la chavala de uno cincuenta y pechos medianos quien me contestaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sonrisa que se había acrecentado cuando de primeras leí que esa muñeca me confesaba sus deseos de profundizar en el mundo que consideraba mi forma de ver la vida, desapareció de golpe al continuar y enterarme por sus palabras que ya había entrado en contacto con otro amo. “Daddy” fue el término que usó para referirse a él.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», mascullé enfadado porque una de las reglas no escritas de la dominación es que uno puede comprar o vender a una sumisa pero nunca inmiscuirse en la relación con su amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi cabreo se convirtió en indignación al enterarme que tras una primera sesión que incluyó desde azotes, bondage hasta lluvia dorada, ese capullo no había querido volverla a ver por miedo a que sus otras tres sumisas se enteraran y le dejaran.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ese tipo no merece que nadie le llame daddy», sentencié al saber que un verdadero amo nunca dice cuántas sumisas tiene y menos, las tiene que rendir cuentas de lo que hace cuando ellas no están.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ni siquiera debió explicarle en que consiste el acuerdo de entrega y tampoco establecieron en común los límites que ninguno podía traspasar», hecho una furia comprendí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo de menos era la horterada de “Daddy”, yo mismo a mis sumisas las considero y las llamo mis “princesas” porque al fin y al cabo, mi función es hacerlas gozar descubriendo hasta donde llegan las fronteras de sus tabúes. Lo que realmente me hacía tirarme de los pelos es que ese insensato hubiera podido dañar por ignorancia o maldad un brillante en bruto como parecía ser esa niña.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «De tenerlo enfrente, lo mataba a golpes. ¡Cómo se le ocurre forzar la máquina en la primera sesión!», cada vez más encabronado con el asuntó, señalé: «El primer día sirve para establecer la confianza sumisa― amo, ¡no para experimentar!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por mi mente pasaron unas cuantas candidatas que ni siquiera habían podido soportar verse frente a frente conmigo en un cuarto, sabiendo que la razón de estar ahí era entregarse a mí, a un cuasi desconocido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡En qué coño pensaba ese inútil! De haber sido yo, “Pequeñita” hubiese modelado desnuda para mí y poco más. Exagerando al despedirme ¡la hubiese besado!», mi mente no dejaba de repetir mientras seguía leyendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La propia boricua confirmó mi opinión al explicarme tal y como se lo había pedido que el momento más erótico que había experimentado en su vida fue durante esa sesión cuando la empujó contra la pared y teniéndola indefensa, forzó su boca con la lengua mientras sentía su presencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Eso fue lo único que hizo bien!― en voz alta recalqué, un poco más tranquilo al darme cuenta que los daños en “Pequeñita” parecía no ser permanentes: ― La chavala es sumisa de corazón y por eso reaccionó al premio que le daba su amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo que no todo estaba perdido y que con ese aprendiz de amo no me unía ningún tipo de cortesía “profesional”, decidí explicar a mi interlocutora por qué tenía que cambiar de Daddy y buscarse uno que realmente supiera como eran las cosas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que ¡me ofrecí a ser yo quién la enseñara!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 2</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A raíz de ese mail, la boricua desapareció de mi vida. Os confieso que interpreté su silencio cómo una oportunidad perdida. Estaba desilusionado porque me apetecía hacerme con esa carne fresca a la que someter a mi antojo. Para entonces la consideraba un trozo de mármol que mis manos podían ir cincelando poco a poco hasta convertirla en mi puta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para mí, “Pequeñita” no era una persona con sentimientos, era un objeto con el que saciar mi hambre de nuevas conquistas. Deseaba poner mis garras en ella y sin que se diera cuenta irla adoctrinando a mi antojo, de forma que al final, esa jovencita respirara, comiera e incluso defecara con un único objetivo: “Servirme”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su vida pasaría a ser mía. Por mis planes pasaba que su voluntad se fuera diluyendo como un azucarillo en el café con el objetivo de endulzar mi existencia. Deseaba anularla, convertirla en una zombi que solo deambulara por el mundo con el fin de adornar mi galería de trofeos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Había previsto, exhibirla ante mis conocidos como un ganadero muestra orgulloso su mejor res. Dejar que mis colegas de perversión pusieran sus sucias manos sobre los pechos casi virginales de esa cría para comprobar lo bien que la había adiestrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tenía muchas esperanzas puestas en esa puertorriqueña. En mi pérfida imaginación, iba a ser yo el que rompiera por primera vez su culo. Bajo mi mando, había planeado que esa angelical muchacha satisficiera solo porque yo se la mandaba a mujeres tan perversas como yo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y cuando me hubiese cansado de ella, vendería sus despojos al mejor postor para acto seguido buscar una nueva víctima que anotar en mi lista de éxitos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero desgraciadamente, todo se había ido al traste o eso pensé cuando al tercer día, no había tenido noticias de ella. Interiormente me reconcomía el hecho de haberme excedido exigiendo que dejara a su “daddy”. Por muy inepto que fuera ese imbécil, si la había conseguido convencer de pasar el trance de esa brutal sesión, de alguna forma la tenía en sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué desperdicio!», mascullé mentalmente al haber perdido esa gema, sobre todo porque estaba convencido que en mis manos cual cisne, pasaría de ser un patito feo al más bello de su especie.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asumiendo mi error, llamé a María. Sin que yo se lo preguntara, esa cuarentona me informó que había dejado de tomar la píldora y que no veía el momento que me dignara a inseminarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― A las doce en mi despacho― contesté colgando el teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La idea de preñar a esa rubia y que el tonto del culo de su marido corriera con los gastos de su educación me alegró el día y terminando de desayunar, me dirigí como todos los días a impartir clases.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente al entrar en el aula y enfrentarme a un público mayoritariamente femenino, me hizo recordar a “Pequeñita”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Cuantas de estas zorritas serán sumisas?», me pregunté mientras acomodaba mis papeles en el estrado, «¿La morena de tetas grandes quizás? o ¿la guarra con minifalda de la tercera fila?».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una a una fui recorriendo toda la clase. “Pequeñita” había despertado mi instinto depredador y como el ave de rapiña que soy, dejé a un lado mi promesa de jamás buscar putitas entre el alumnado y mentalmente fui anotando candidatas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al terminar la clase ya había descubierto al menos media docena de jovencitas que mostraban signos de ser sumisas y cogiendo un bolígrafo, anoté sus nombres en la libreta que tengo para ese fin. No contento con ello, durante la segunda hora hice lo mismo pero en este caso, mi interés se centró en una de las de mayor edad pero no por ello de menor coeficiente intelectual. Al contrario, era un cerebrito que estaba cursando su tercera carrera.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os preguntareis el porqué. Me resulta muy sencillo de explicar, estaba oteando entre las filas de pupitres cuando la descubrí mirándome embelesada. Al sentirse descubierta, su rostro se tornó pálido y bajó su mirada pero ya era tarde, bajo su blusa dos pequeños bultos me revelaron su excitación.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Coño! No me había dado cuenta que Almudena es otro diamante en bruto», señalé sin margen de error.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi seguridad venía motivada porque antes que yo, ella había reconocido en mí a un dominante y siendo sumisa de nacimiento se había sentido atraída.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Somos polos opuestos», comprendí, «amos y sumisas somos capaces de reconocernos».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aun así debía constatar que esa cría había nacido para alguien como yo. Impartiendo la materia entre los alumnos, me fui acercando a ella. Su creciente nerviosismo hubiese sido suficiente pero queriendo confirmar sin duda alguna que Almudena terreno abonado donde arar, en un momento dado, puse mis manos a ambos lados de sus hombros. Tal y como había previsto esa castaña, al sentir mis garras sobre su piel, cerró sus piernas en un vano intento por evitar que advirtiera la excitación que recorría su cuerpo. Nadie en todo el aula se dio cuenta de lo que ocurría. ¡Miento! ¡Dos si éramos conscientes! ¡Mi presa y yo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Recreándome en mi dominio, acaricié levemente su cuello con uno de mis dedos hasta que vi como cerraba sus puños sobre la mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Se ha puesto cachonda», sentencié y dejándola en paz, caminé hacia el estrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la hora paso sin pena ni gloria, reconozco que tan poco me esmeré en dar una clase magistral porque mi mente estaba ocupada en otras cosas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¡Iba a cruzar los límites que me había auto impuesto!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso cuando mis alumnos ya salían rumbo al descanso, llamé a Almudena. La chavala al oírme instintivamente tapó sus senos con una carpeta y totalmente colorada, llegó hasta mi mesa. Toda ella temblaba con el mero hecho de estar en mi presencia y hurgando en esa herida, con descaro recorrí sus piernas antes de decirla:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ando buscando una ayudante y he pensado en ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No era una pregunta, era una afirmación y por ello esa indefensa jovencita no tuvo oportunidad de librarse y ató su destino al mío al contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Será un honor servirle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa respuesta me reveló que no me había equivocado al elegirla como futura sumisa, ya que su propia naturaleza la había traicionado empleando una frase que solo una puta consciente de sus inclinaciones usaría. En ese momento, me hubiese gustado dar inicio a nuestra primera sesión pero recordé que había quedado con María.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Un amo debe cumplir primero con sus princesas», medité y asumiendo que al menos estaría una hora ocupado con la profesora ordené a la chavala que fuera a verme sobre la una.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Allí estaré― contestó la incauta con una alegría que desbordaba todos sus poros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual, la vi marchar meneando el pandero que no tardaría en usar. Ese sensual movimiento de nalgas fue una muestra más que esa cría era un proyecto de putita porque aunque todavía no lo supiera, involuntariamente su cuerpo mostraba la felicidad de una esclava al conocer a su dueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces mis hormonas habían tomado las riendas de mi voluntad y mirando el reloj, me di cuenta que llegaba tarde.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Espero que ya esté caliente, ¡necesito descargar!», pensé del vientre que iba a germinar mientras enfilaba el largo pasillo que llevaba a mi despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Felizmente, mis previsiones se vieron superadas porque al llegar a mi oficina, esa zorra de cuarenta tacos se lanzó sobre mí aún antes que pudiera cerrar la puerta con llave. Su hambre era tan grande que, sin ni siquiera saludarme, se arrodilló y sacó mi miembro de su encierro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al descubrir que mi pene estaba erecto su cara se iluminó e intentó hacerme una mamada. Como mis intenciones eran otras, agarré su rubia melena y la obligué a levantarse. El tirón de pelo fue doloroso pero no se quejó y permitió que girándola, le subiera las faldas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Viene lista», murmuré mentalmente al comprobar que no traía ropa interior y mientras metía un par de dedos en su vulva, forcé a mi sumisa a apoyarse en la mesa con su culo frente a mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo ganado que va al matadero esperó que me pusiera tras ella, dando un pequeño grito cuando mi verga rellenó su sexo de un solo empujón. Su mojado conducto absorbió mi primera puñalada sin dificultad y eso me dio la seguridad que podía incrementar mi ritmo sin correr el riesgo de dañarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿A qué esperas? ¡Muévete! ¡Puta!― exclamé al tiempo que daba mayor énfasis a mi orden con un sonoro azote.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María deslumbrada por la rapidez en la que se estaban desarrollando los hechos, esperó a notar la base de mi sexo chocando con sus nalgas para rogarme que le diera caña. Haciéndola caso cogí sus pechos entre mis manos y pellizcando sus pezones, le pedí que se masturbara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No hizo falta que se lo repitiera dos veces, bajando su mano, empezó a acariciar su entrepierna a la par que empezaba a moverse. Moviendo sus caderas mientras el intruso de sus entrañas seguía apuñalándola, fue incrementando sus movimientos hasta que ya completamente cachonda, me pidió un nuevo azote. Al tiempo que rítmicamente iba sacando y metiendo mi pene de su interior, comencé a regalar una serie de nalgadas a sus cachetes mientras la zorra no dejaba de torturar su clítoris con sus dedos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus gemidos se fueron convirtiendo en gritos y los gritos en alaridos de placer al sentir que incrementaba la velocidad de mis embestidas. Era tal mi calentura que con mi presa totalmente entregada le exigí que me contara lo que estaba experimentando.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Devoción, amor y obediencia por mi amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras inflamaron mi ego y atrayéndola hacía mí, la penetré sin contemplaciones. Completamente dominada por la lujuria, María chilló a sentir que se volvía a correr y soltando un largo suspiro, me pidió que no parara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Te gusta putita?― dije dando el enésimo azote en su trasero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me enloquece la idea que me embarace― contestó al sentir el calor de mi golpe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa confesión había espoleado aún más su ardor y levantando su culo, mordió sus labios al tiempo que se corría. Su orgasmo coincidió con el mío y rellenando su interior con mi simiente, me desplomé en la silla de mi despacho. Exhausto, dejé que me besara. María sin dejar de acariciarme, esperó a que descansara, tras lo cual pasando su mano por mi pelo, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi amo me ha dejado el culo calentito pero mi coño sigue listo para recibir otra vez su simiente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un ruido fuera del despacho, me hizo sospechar que mi siguiente visita había llegado antes de tiempo y aunque me apetecía un nuevo asalto, le ordené que se vistiera. Como profesora de la misma universidad comprendió mis razones y por ello no puso objeciones. Lo que sí hizo fue cuando ya estaba lista para salir por la puerta, fue preguntarme si esa tarde se podía pasar por casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Luego te llamo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como había supuesto, Almudena se había adelantado y permanecía sentada en la sala de espera. Tras despedirme de la cuarentona, me tomé unos segundos en hacer un rápido examen a esa chavala. Por lo coloreado de sus mejillas, comprendí que había escuchado parte sino todo el polvo con mi otra princesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sonriendo de oreja a oreja, volví a mi sillón diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Pasa y cierra la puerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sentado tras la mesa de mi despacho, observé el nerviosismo de mi alumna con franco interés. Se notaba a distancia que Almudena apenas podía retener el temblor de sus rodillas. Disfrutando del momento, me quedé callado mientras leía su expediente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No parece tener veinticinco años», pensé ya que a pesar de su cara de niña, le había dado tiempo de terminar dos carreras y estaba cursando la tercera. Nacida en un pueblo del norte de España, supe al leer su dirección que vivía en un Colegio Mayor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué raro! A su edad, los universitarios suelen alquilarse con amigos un piso donde vivir», medité anotando ese dato por si resultara importante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque sabía que era brillante, repasando sus notas comprendí que la castaña era una especie de genio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No me extraña que esté becada. ¡Lleva todo matrícula!», dictaminé mientras levantaba mi mirada de los papeles y comprobaba que mi silencio la estaba poniendo histérica.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su asiento, Almudena se retorció incómoda al saberse observada. Haciendo caso omiso de su turbación, esperé a que la castaña ya no supiera donde mirar o cómo sentarse para decirle:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mis exigencias son sencillas, demando una ayudante sin problemas de horario y dispuesta a cumplir mis órdenes tanto aquí como fuera de la universidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La castaña asintió con la cabeza. No me costó percibir en mi alumna una especie de satisfacción al escuchar de mis labios que su jornada se iba a extender más allá de lo académico. Indagando en ello, me permití inmiscuirme en su vida privada al preguntar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Tienes pareja? ¿Novio? ¿Novia?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus ojos reflejaron su sorpresa ante ese interrogatorio pero se recompuso rápidamente y contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todavía no he encontrado lo que busco.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo perder la baza de enterarme si al menos tenía un pretendiente, insistí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No quiero que luego me vengas con que no puedes cumplir una de mis órdenes por tener otras responsabilidades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mirándome a los ojos y con voz firme, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si usted me admite bajo su tutela, nada ni nadie me impedirá satisfacer sus exigencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La seguridad y la completa sumisión que traslucían sus palabras no hicieron más que confirmar mis esperanzas de haber encontrado un espécimen listo para ser pulido. Para entonces, el dominante que había en mí me azuzaba a comenzar de inmediato su adoctrinamiento pero el poco sentido común que me quedaba, me hizo recabar una última prueba sobre su naturaleza y por ello antes de entrar en materia me levanté y poniendo como en la clase mis manos en sus hombros, pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Cuánto tiempo llevas queriendo que yo sea tu mentor?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La putita se quedó paralizada al sentir mis dedos sobre su piel y con la respiración entrecortada, tuvo que hacer uso de toda su voluntad para contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Desde que asistí a una de sus conferencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Cuando fue eso?― insistí dejando que mis yemas recorrieran su cuello.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha no consiguió evitar un gemido al sentir esa caricia, tras lo cual, muerta de vergüenza, me confesó que hacía más de un año. Su respuesta me permitió profundizar y usando mis dos manos, comencé a darle un sensual masaje mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No me mientas.. Dime que es lo que buscas en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tardó unos segundos en contestar. Almudena estaba aterrorizada por mis preguntas. Temiendo estar malinterpretando mi actitud, se giró hacia mí y con la angustia reflejada en su cara, me miró a punto de llorar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Su protección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Explícate!― le exigí al tiempo que dejaba caer uno de los tirantes que sostenían su vestido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus ojos brillaron al saber que no había sido producto del azar y llevando su boca hasta una de mis manos, depositó un beso en ella para acto seguido contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Desde que le vi, reconocí en usted a mi dueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Satisfecho, observé que al confesar esa cría se quitaba un peso de encima y recreándome en el poder que acababa de darme, mis yemas bajaron por su escote y por primera vez me apoderé de uno de sus pezones. Habiendo revelado su condición, Almudena gimió descompuesta al comprender que la aceptaba y mientras sus areolas eran objeto de mis mimos, directamente me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Puedo llamarle amo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La urgencia de esa putilla en convertirse en mi sumisa era tan evidente que intuí que había tenido una relación BSDM con anterioridad y por ello levantándola de su asiento, me permití el lujo de liberar sus pechos antes de decir:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Eso depende de ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aproveché el momento para disfrutar de sus tetas y tuve que reconocer que eran mejores de lo que me había imaginado. Grandes y duras estaban coronadas por dos rosadas areolas que pedían a gritos ser mordidas. Aguantando estoicamente el repaso que le di y sin necesidad que le explicara su significado de mis palabras, cogió mis manos entre las suyas diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Soy una mujer libre y como tal, deseo depositar mi vida en sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al escuchar que Almudena daba comienzo a la ceremonia de entrega, supe que no era el momento ni el lugar y por ello, corté de plano sus esperanzas, susurrando en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aquí no― y garabateando mi dirección en una hoja de papel, mordí su lóbulo mientras le decía: ― Te espero en mi casa a las seis.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un tanto cortada por mi brusco rechazo, esa putita acomodó su ropa y con un deje de deseo en su voz, quiso saber cómo tenía que acudir a la cita. Me tomé unos segundos en contestar y recordando que era viernes, soltando una carcajada, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aunque en mi casa no la vas a necesitar, tráete ropa para todo el fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Así lo haré― me informó con una sonrisa de oreja a oreja, tras lo cual, pegando su cuerpo al mío, me besó diciendo: ― Estoy deseando ser suya.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su descaro me hizo cautivó y acercándola todavía más a mí, correspondí a su arrumaco, dejando que mis manos se apoderaran de su espléndido culo y contento al descubrir que bajo su vestido esa niña tenía un par de nalgas dignas de una modelo, mis hormonas entraron en ebullición por lo que tuve que retirarla para evitar tomar posesión de ella en ese instante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Te veo a las seis― repetí despidiéndome de Almudena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La castaña refunfuñó ante ese nuevo rechazo pero asumiendo que tenía razón, me dijo adiós y desapareció rumbo al pasillo. Acababa de despedirla cuando el sonido de mi Outlook me avisó que acababa de recibir un mail. Al mirar en la pantalla, vi que era “Pequeñita” quien lo había mandado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Menos urgido de hacerla mía, al tener a mi disposición un nuevo juguete al que echar el diente, comencé a leer su mensaje. En él la boricua me pedía perdón por no haberme contestado antes, mostrándome sus dudas sobre cambiar a su “daddy” por mí pero que a pesar de eso, no quería que dejara de escribirla porque deseaba seguir en contacto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que estuve a punto de dejar de leer pero algo me hizo continuar y fue a continuación, cuando contestando a la pregunta que le había hecho sobre cómo sería su encuentro ideal con su amo, leí que había escrito:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi fantasía más recurrente es estar amarrada de las manos sobre mi cabeza y tener las piernas separadas inmovilizadas con un antifaz puesto para no saber qué me va a hacer mi amo. Que me acaricie todo el cuerpo disponiendo de él, que me bese posesivamente, que me chupe las tetas y muerda mis pezones hasta ponerlos duros. Que me masturbe el clítoris y me meta los dedos en el coño. Que no me deje correr hasta que se le antoje. Que me ponga a cuatro como una perra y juegue en la entrada de mi coño alargando el momento de la penetración. Hasta que decida clavarme (todavía no sé si lentamente o de una estocada porque de las dos maneras me excitan) y que siga con un mete y saca sin dejar lugar a dudas quien es el que manda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reconozco que aun sin saber si “Pequeñita” algún día sería mía, la elocuencia de sus palabras y la calentura que demostraban me hicieron albergar nuevas esperanzas. Sabiendo que no debía romper con ella antes de empezar por el mero hecho de no estar segura, cogiendo el teclado contesté a su email, diciendo que aunque no compartía su decisión, aceptaba sus motivos. Tras lo cual le pedí que a modo de juego, aceptara seguir mis órdenes sin comentar nada a su daddy.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La puertorriqueña debía estar frente a su ordenador porque casi de inmediato, respondió que la idea le gustaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Será difícil pero todavía esta zorrita puede ser mía», pensé mientras le pedía que mi primer deseo era que se depilara por completo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Para qué?― me preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darle mayor explicación, respondí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Hazlo, confía en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esta vez, “Pequeñita” tardó unos minutos en contestar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo haré esta tarde.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al leer su respuesta me despedí, citándome con ella para el día siguiente. Al apagar el ordenador y recoger mis bártulos, descojonado comprendí que tras un periodo de relativa calma ¡se me estaba amontonando el trabajo! No en vano, tenía una princesa que preñar, una que educar y un proyecto que si todo salía bien pudiera a llegar ser mi obra maestra. Pensando en ello, cerré mi despacho y decidí que tenía que darme prisa porque esa tarde iba a incrementar mi harén.</span></p>
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		<title>&#8220;Conociendo íntimamente a Paloma ( La vecina que encontró la paz y el placer con nosotros)&#8221; Libro para descargar (por GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 13:43:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: En todos los edificios hay una mujer buenorra que levanta el ánimo de sus vecinos cuando la ven pasar por el portal y si la comunidad tiene piscina, su mera presencia tomando el sol provoca que aumente el número de hombres que por casualidad bajan a darse un chapuzón. Parece algo connatural a los tíos: sabiendo que es peligroso acercarse a ella, olvidan que su esposa puede pillarlos y se pavonean metiendo tripa por el borde del jardín, con la inútil esperanza que se fije en ellos.Así era Paloma. Una impresionante hembra de enormes senos y mejor culo a [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B07SQ72ZJG"><img decoding="async" width="1024" height="272" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/CONOCIENDO-A-PALOMA-1024x272.jpg" alt="" class="wp-image-19508" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/CONOCIENDO-A-PALOMA-1024x272.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/CONOCIENDO-A-PALOMA-300x80.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/CONOCIENDO-A-PALOMA-768x204.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>



<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>En todos los edificios hay una mujer buenorra que levanta el ánimo de sus vecinos cuando la ven pasar por el portal y si la comunidad tiene piscina, su mera presencia tomando el sol provoca que aumente el número de hombres que por casualidad bajan a darse un chapuzón. Parece algo connatural a los tíos: sabiendo que es peligroso acercarse a ella, olvidan que su esposa puede pillarlos y se pavonean metiendo tripa por el borde del jardín, con la inútil esperanza que se fije en ellos.Así era Paloma. Una impresionante hembra de enormes senos y mejor culo a la que un buen día su marido cambió por otra mas joven.</p>



<p>Queriéndola ayudar, mi esposa la invita a pasar las vacaciones de verano con nosotros sin saber la atracción que siento por ella y lo caliente que esa zorra está.</p>



<p>A partir de ahí,&nbsp; SE SUMERGE en una espiral de sexo.</p>



<p><em>MÁS DE 100 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></p>



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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo EL&nbsp;&nbsp;PRIMER CAPÍTULO</strong></em></p>



<p></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a> </h1>



<p>En todos
los edificios hay una mujer buenorra que levanta el ánimo de sus vecinos cuando
la ven pasar por el portal y si la comunidad tiene piscina, su mera presencia
tomando el sol provoca que aumente el número de hombres que por casualidad
bajan a darse un chapuzón. </p>



<p>Parece algo connatural a los&nbsp;tíos: Sabiendo que
es peligroso acercarse a ella, olvidan que su esposa puede pillarlos y se
pavonean metiendo tripa por el borde del jardín, con la inútil esperanza que se
fije en ellos.</p>



<p>Así era Paloma. Una impresionante hembra de enormes
senos y mejor culo. </p>



<p>Todo lo que os diga es quedarse corto. Con sus
treinta años y su melena morena era todo un espectáculo el verla andar al ser
dueña de un trasero grande y duro que excitaba y estimulaba las mayores
fantasías de todos aquellos que teníamos el privilegio de observarla.</p>



<p>Era tanto el morbo que producía entre los casados del
bloque que corrió como la pólvora la noticia que se había divorciado.
Curiosamente, esa buena nueva me llegó antes que por los amigotes por mi esposa
cuando en una cena, me soltó como si nada ese bombazo diciendo:</p>



<p>― ¿A que no sabes de lo que me he enterado en la
peluquería?</p>



<p>Harto de chismes de vecindad seguí comiendo sin
preguntar, pensando que iba a contarme una historia sobre un hijo de algún
vecino, pero entonces poniendo cara de asco me reveló que Juan, el marido de
esa belleza, la había dejado por su secretaría. Reconozco que ya interesado, le
pregunté cómo había sido.</p>



<p>Satisfecha de que le hiciera caso, me explicó:</p>



<p>―Por lo visto, le pilló una factura de un hotel e
investigando descubrió que le ponía los cuernos con una jovencita que resultó
ser su empleada.</p>



<p>Aunque me parecía inconcebible que alguien dejara a
ese monumento, me quedé callado no queriendo hablar de más y que mi mujer se
enterara que la encontraba irresistible.&nbsp; María ya envalentonada,
prosiguió diciendo:</p>



<p>―Ya le he dicho que el que pierde es él porque siendo
tan guapa, no le costará encontrar alguien que le sustituya.</p>



<p>En ese momento, mi mente trabajaba a mil por hora al
imaginarme a mí remplazando a ese cretino en su cama y por eso casi me
atraganto cuando sin darle mayor importancia, me dijo que había invitado a esa
preciosidad a nuestra casa en la playa.</p>



<p>Tratando de mantener la cordura, pregunté únicamente
cuando había pensado que nos acompañara:</p>



<p>―La pobre está tan sola que le he dicho que puede
pasarse con nosotros todo el mes.</p>



<p>«¡No puede ser!», pensé al comprender que se refería
a nuestras vacaciones.</p>



<p>Asustado por tener esa tentación tan cerca, protesté
diciendo que con ella en el chalé nos limitaría nuestras entradas y salidas,
pero entonces, insistiendo me respondió de muy mala leche:</p>



<p>―Seguro que ahora me dirás que si su marido la ha
abandonado es por algo. Tú verás que haces, pero ella viene.</p>



<p>Reculando di mi brazo a torcer temiendo que de
insistir mi esposa sospechara que indudablemente me sentía atraído por nuestra
vecina y como quedaban dos meses para el verano, lo dejé estar suponiendo que,
llegada la hora, Paloma no nos acompañaría.</p>



<p>Lo cierto es que me equivocaba. Tan desolada se había
quedado esa monada con el divorcio que, buscando compañía, se convirtió en
habitual de mi casa. Rara era la noche que, al llegar de trabajar, no me
encontraba a María y a Paloma charlando en el salón de mi casa. Afortunadamente
en cuanto yo aparecía por la puerta, nuestra vecina se excusaba y desaparecía
rumbo a su apartamento. Tan cotidiana era su huida que con la mosca detrás de
la oreja, pregunté a mi mujer si Paloma tenía algo en contra de mí.</p>



<p>― ¡Qué va! ― contestó riendo― lo que pasa es que es
muy tímida y se corta en tu presencia.</p>



<p>Aun pareciéndome ridículo que se sintiera cohibida
ante mí, no dije nada porque me convenía que María no se percatara de lo mucho
que me gustaba esa mujer.&nbsp; Lo que no pude evitar fue pensar que
difícilmente aceptaría acompañarnos a la playa si llevaba tan mal el verme.</p>



<p>Contra todo pronóstico una semana antes de salir de
vacaciones, mi mujer me confirmó que la vecina iba a acompañarnos. Confieso no
sé si esa noticia me alegró o por el contrario me molestó, porque sentía un
sentimiento ambiguo. Por una parte, una pequeña porción de mi cerebro deseaba
que viniera, soñando con que el roce entre nosotros la hiciera caer entre mis
brazos. Mientras el resto temía con razón que mi esposa me pillara mirándole el
culo o algo peor.</p>



<p>«Tengo que evitar que se me note», sentencié viendo
que era inevitable que esa morena tentación pasara treinta días en nuestra
casa.</p>



<p>Reconozco que el lavado de cerebro al que me sometí
durante esos días no sirvió de nada y quedó en buenas intenciones en cuanto vi
aparecer a Paloma el día que nos íbamos.&nbsp; Ajena a la atracción que
provocaba en mí, ese mujerón llegó vestido con un top y un short que más que
tapar realzaban la rotundidad de sus formas. Babeando y excitado por igual tuve
que retirar mi mirada de sus tetas para que, bajo mi pantalón, mi apetito no
creciera sin control:</p>



<p>«¡Está buenísima!», sentencié mientras trataba de
descubrir de reojo el tamaño y el color de sus pezones.</p>



<p>El destino o la suerte quisieron que ni ella ni mi
mujer advirtieran el sudor que recorría mi frente mientras intentaba evitar la
excitación que me nublaba la mente, de forma que en un cuarto de hora y con
todo el equipaje en el coche emprendimos la marcha hacia nuestro lugar de
vacaciones.</p>



<p>Ya frente al volante y mientras María y Paloma
charlaban animadamente, usé el retrovisor para recrearme la vista con la
belleza de esa mujer.</p>



<p>«Es perfecta», admití tras notar que todas mis
hormonas estaban en ebullición por el mero hecho de observarla.</p>



<p>Sus ojos negros y sus carnosos labios eran el
aditamento necesario para que esa mujer fuera el ideal de una hembra. Para
colmo hasta su voz era sensual, dotada de un timbre grave casi varonil con
escucharla era suficiente para que cualquier hombre soñara con que ella te
susurrara al oído que te deseaba.</p>



<p>«Estoy jodido», maldije mentalmente al darme cuenta
de que mi atención no estaba en la carretera sino en las dos piernas y en el
pantaloncito de Paloma.</p>



<p>Las cuatro horas que tardamos en llegar a nuestro
destino me resultaron un suplicio. Por mucho que intentaba olvidar a nuestra
pasajera, continuamente mis ojos volvían a quedar fijos en ella. Tantas veces,
la miré a través del espejo que la morena se percató e involuntariamente se
puso roja.</p>



<p>«Estoy desvariando», pensé al ver que bajo su top dos
pequeños bultos habían hecho su aparición y creer que se había sentido excitada
por mi mirada. «Ni siquiera me soporta, en cuanto me ve sale por piernas».</p>



<p>La confirmación de mi error vino cuando charlando
entre ellas, María le preguntó porque no se echaba un novio:</p>



<p>―Estoy bien así, no necesito un hombre que me vuelva
a hacer daño― contestó mientras fijaba sus ojos en los míos.</p>



<p>El desprecio con el que se refirió a todos los de mi
género fortaleció mi primera impresión y comprendí que, sintiéndose una
víctima, odiaba a todo el que llevara un pene entre sus piernas.</p>



<p>«¡Qué desperdicio!», mascullé entre dientes al sentir
que no existía posibilidad alguna de poner mis manos sobre esas dos nalgas.</p>



<p>Al llegar al chalé entraron hablando entre ellas,
dejándome solo para subir las maletas. Cabreado subí primero las nuestras y fue
al volver a por las de Paloma cuando localicé un consolador en una de sus
bolsas.</p>



<p>― ¡Qué calladito se lo tenía la muy puta! ― reí tras
asimilar la sorpresa de hallar ese enorme aparato entre sus cosas.</p>



<p>Ese descubrimiento me abrió los ojos e intuí que su
supuesto desprecio por los hombres era una fachada con la que luchar contra su
sexualidad, por eso mientras recorría el jardín rumbo a la casa decidí que
haría todo lo posible por excitarla sin que mi mujer se diera cuenta…<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a><strong>2</strong></a><strong></strong></h1>



<p>Como era
temprano María y Paloma decidieron darse un baño en la piscina. La morena
ignorando lo que se le venía encima tuvo a bien plantarse un bikini azul tan
provocativo que temí no poder aguantar semejante provocación y lanzarme sobre
ella sin importarme que mi esposa estuviera presente.</p>



<p>Os puede parecer una exageración, pero si hubieseis
contemplado como yo cómo la tela de su parte de arriba apenas conseguía ocultar
de mi vista sus pezones estaríais de acuerdo. Sabiendo que de quedarme cerca
María hubiese adivinado mi excitación, resolví dar una vuelta por la urbanización
corriendo para borrar de mi mente su cuerpo.</p>



<p>Desgraciadamente por mucho que me esforcé tanto
física como mentalmente, al volver todo sudado por el ejercicio seguía pensando
en su culo y en sus tetas.</p>



<p>Ya de vuelta me acerqué a la piscina y al saludarlas,
el modo en que esa morena se quedó mirando a mis pectorales llenos de sudor me
hizo ratificar que su desdén por los hombres era ficticio.</p>



<p>«¡Está bruta!», con alegría asumí el exhaustivo
examen al que me sometió y queriendo forzar su calentura, me acerqué a donde
estaban y me lancé sobre mi mujer a darle besos.</p>



<p>― ¡Para! ― gritó muerta de risa por esa muestra de
afecto― ¡Eres un guarro! ¡Estás empapado!</p>



<p>Obviando las quejas de María, la besé mientras miraba
fijamente a los ojos de nuestra invitada. Esta sintió la lujuria con la que mi
mirada recorrió su anatomía y mientras se ponía roja, involuntariamente cerró
sus piernas para que no descubriera que había incitado su calentura.
Desgraciadamente para ella, no dejé de comerla con la vista mientras
descaradamente acariciaba los pechos de mi mujer por encima de su bañador. Al
verlo, no pudo evitar morderse los labios exteriorizando su deseo.</p>



<p>― ¡Vete a duchar! ― me echó de su lado sin que nada
en su actitud demostrara enfado por mi exhibición ante su amiga.</p>



<p>Satisfecho, me despedí de las dos y subí a mi cuarto
de baño. Ya bajo el chorro de agua, el recuerdo del brillo de sus ojos me hizo
desearla aún más y sintiendo una brutal erección entre mis piernas, me puse a
pajearme mientras planeaba mis siguientes pasos para conseguir hundir mi cara
entre las tetas de la morena.</p>



<p>Lo que nunca preví fue saliendo de la ducha y
mientras me secaba en mi habitación que mi esposa llegara y sin hablar, se
arrodillara ante mí en ese momento y que viendo mi pene estaba lo suficiente
erecto, sin más prolegómenos, se lo metiera de un golpe hasta el fondo de su
garganta.</p>



<p>― ¿Te ha puesto cachonda que te tocara frente a
Paloma? ― pregunté descojonado al comprobar la virulencia con la que me hacía
esa mamada.</p>



<p>Azuzada por mis palabras, usó su boca para imitar a
su sexo y gimiendo, comenzó a embutirse y a sacarse mi miembro con una
velocidad endiablada. Era tal su calentura que mientras metía y sacaba mi
extensión cada vez más rápido, usó una de sus manos para acariciarme los testículos
mientras metía la otra dentro de su bikini y ya totalmente excitada, gritó en
voz alta:</p>



<p>― ¡Necesito tu leche!</p>



<p>Al exteriorizar su deseo elevó mi excitación y sin
poderme retener me vacié en su boca. Andrea, al sentir mi semen chocando con su
paladar, se volvió loca y sin perder ni una gota, se puso a devorar mi simiente
sin dejar de masturbar.</p>



<p>― ¡Qué gusto! ― la oí chillar, mientras su cuerpo
convulsionaba de placer a mis pies.</p>



<p>Absorta en su gozo, no le preocupó el volumen de sus
gritos. Berreando como si la estuviese matando, terminó de ordeñarme y aún
seguía masturbándose sin parar. Al ver que se comportaba como una ninfómana en
celo, me excitó nuevamente y levantándola del suelo, la llevé hasta la cama.</p>



<p>Desde el colchón, me miró llena de lujuria y quitándose
la braga se puso a cuatro patas mientras me pedía que la follara. Ver a mi
mujer en esa postura, fue motivo suficiente para que mi verga recuperara todo
su esplendor y acercándome hasta ella, jugueteé con mi glande en su entrada
antes de que de un solo empujón se lo metiera hasta el fondo. María, al sentir
su interior hoyado por mi herramienta, gimió de placer y sujetándose a la cama,
me pidió que la tomara sin piedad. </p>



<p>Justo en ese momento percibí un ruido y al levantar
mi mirada descubrí a nuestra vecina espiando desde la puerta. Mirándola a los
ojos, agarré la melena de mi mujer y usándola como si fueran mis riendas y
María, mi montura, la cabalgué con fiereza. Sin dejar de verla de pie en mitad
del pasillo, mi pene empaló una y otra vez a mi esposa mientras Paloma se
tocaba uno de sus enormes pechos ya excitada.</p>



<p>Sabiendo que la morena no perdía ojo de nuestra
pasión, pregunté a&nbsp;mi mujer dejando caer un azote en sus nalgas:</p>



<p>― ¿Te gusta?</p>



<p>― ¡Sí! ― aulló y levantando todavía más su culo,
chilló: ― ¡Me encanta que me folles como un animal!</p>



<p>Sé por la cara de sorpresa que lució Paloma al oír a
su amiga que nunca se le pasó por la cabeza que pudiera ser tan zorra y por
eso, deseando azuzar la calentura de mi vecina, incrementé mis embistes sobre
el sexo de mi mujer siguiendo el ritmo de los azotes. Nalgada tras nalgada, fui
derribando las defensas de ambas hasta que María aulló de placer con su trasero
enrojecido mientras se corría. Paloma viendo que íbamos a acabar, se tuvo que
conformar con huir con una inmensa calentura hasta su cuarto.</p>



<p>Ya solos sin espías, cogí a mi mujer de sus pechos y
despachándome a gusto, dejé que mi pene se recreara en su interior, pero con mi
mente soñando que a la que me estaba tirando era a la morena que se acababa de
ir. El convencimiento que Paloma iba a ser mía fue el acicate que necesitaba
para no retrasar más mi propio orgasmo. Y mientras María aullaba de placer,
sembré con mi semen su interior mientras mi cuerpo convulsionaba pensando en la
otra. Mi mujer al sentir las descargas&nbsp;de mi verga en su vagina se
desplomó agotada contra el colchón.</p>



<p>Contento y queriendo ahorrar fuerzas no fuera a ser
que nuestra vecina cayera antes de tiempo en mis brazos, me acurruqué a María y
mientras le acariciaba tiernamente me pareció escuchar el ruido al encenderse
de un consolador. Sonriendo, pensé:</p>



<p>«Ya falta menos» …<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>3</a></h1>



<p>Sabiendo
lo cachonda que está mi vecino, aprovecho para poco a poco irla calentando
mientras mi mujer sigue en la inopia. Relato reescrito y vuelto a subir.</p>



<p>Pasado
un rato y viendo que mi mujer se había quedado dormida, decidí levantarme e ir
en busca de una cerveza fría. Al llegar a la cocina, me topé de frente con
Paloma que al verme bajando su mirada intentó huir, pero reteniéndola del
brazo, le pregunté si le había gustado.</p>



<p>― ¿El qué? ― contestó haciéndose la despistada y sin
querer reconocer que ambos sabíamos su pecado.</p>



<p>Me hizo gracia su amnesia y acercándola a mí, llevé
su mano hasta mi entrepierna mientras le decía:</p>



<p>―Conmigo cerca no tienes que usar aparatos
eléctricos.</p>



<p>Asustada, intentó retirar sus dedos de mi pene, pero
queriendo que sintiera una polla real, mantuve presionada su muñeca hasta que
bajo mi pantalón pudo comprobar que mi miembro crecía. Cuando ya había
alcanzado un tamaño decente la solté y susurrando en su oído, le dije:</p>



<p>―Si necesitas algo, ya sabes dónde estoy.</p>



<p>Indignada me recriminó mi comportamiento recordando
que María era su amiga. Siendo cruel, acaricié su pecho&nbsp;al tiempo que le
contestaba:</p>



<p>―Eso no te importó cuando te quedaste mirando ni
tampoco cuando ya excitada te masturbaste pensando en mí.</p>



<p>Esa leve caricia provocó que, bajo su bikini, su
pezón la traicionara irguiéndose como impulsado por un resorte y viéndose
acorralada intentó soltarme una bofetada. Como había previsto tal
circunstancia, paré su golpe y&nbsp;atrayéndola hacia mí, forcé su boca con mi
lengua. Aunque en ese instante, abrió su boca dejando que mi lengua jugara con
la suya, rápidamente se sobrepuso y casi llorando se apartó de mí diciendo:</p>



<p>―Por favor ¡No sigas!</p>



<p>No queriendo violentarla en exceso, la dejé ir, pero
cuando ya desaparecía por la puerta, riendo le solté:</p>



<p>―Soy un hombre paciente. ¡Tengo un mes para que
vengas rogando que te haga mía!</p>



<p>Consciente que esa zorrita llevaba más de cuatro
meses sin follar y que su cuerpo era una bomba a punto de explotar,&nbsp;sabía
que solo tenía que tocar las teclas adecuadas para que Paloma no pudiese
aguantar más y cayera entre mis piernas. Para hacerla mía, debía conseguir que
sus reparos se fueran diluyendo a la par que se incrementaba su calentura y
curiosamente, María se convirtió esa noche en involuntaria cómplice de mis
planes. Os preguntareis cómo. Muy sencillo, al despertar de la siesta, decidió
que le apetecía salir a cenar fuera de casa y eso me dio la oportunidad de calentar
esa olla a presión&nbsp;sin que pudiese evitarlo.</p>



<p>Cuando mi mujer me comentó que quería ir a conocer un
restaurante que habían abierto, me hice el cansado para que no me viera ansioso
de compartir mantel con ellas dos. Mi vecina al escuchar que no me apetecía,
vio una escapatoria a mi acoso y con gran rapidez, aceptó la sugerencia.</p>



<p>―Si crees que te vas a escapar de mí, ¡Estas jodida!
― susurré en su oído aprovechando que María había ido a la cocina mientras
con&nbsp;mi mano acariciaba una de sus nalgas.</p>



<p>La morena no pudo evitar que un gemido saliera de su
garganta al sentir mis dedos recorriendo su trasero. Me encantó comprobar que
esa mujer estaba tan necesitada que cualquier caricia la volvía loca y sin
ganas de apresurar su caída, me separé de ella.</p>



<p>― ¡Maldito! ― masculló entre dientes.</p>



<p>En ese instante, no estuve seguro si el insulto venía
por haberle magreado o por el contrario por dejar de hacerlo. De lo que si
estoy seguro es que esa mujer tenía su sexualidad a flor de piel porque ese
leve toqueteo había provocado que sus pitones se pusieran duros como piedras.</p>



<p>―Estás cachonda. ¡No lo niegues! ― contesté sin
sentir ningún tipo de piedad.</p>



<p>La vuelta de María evitó que siguiera acosándola,
pero no me importó al saber que dispondría de muchas otras ocasiones durante
esa noche.&nbsp; Paloma por el contrario vio en mi esposa su tabla de salvación
y colgándose de su brazo, me miró retándome. El desafío de su mirada me hizo
saber que se creía a salvo.</p>



<p>«¡Lo llevas claro!», exclamé mentalmente resuelto a
no darle tregua.</p>



<p>Desgraciadamente de camino al restaurante, no pude
atacarla de ninguna forma porque sería demasiado evidente. Mi pasividad le
permitió relajarse y por eso creyó que si se sentaba frente de mí estaría fuera
del alcance de mi hostigamiento. Durante unos minutos fue así porque esperé a
que hubiésemos pedido la cena y a que entre ellas ya estuvieran charlando para
quitarme el zapato y con mi pie desnudo comenzar a acariciar uno de sus
tobillos.</p>



<p>Al no esperárselo, pegó un pequeño grito.</p>



<p>― ¿Qué te pasa? ― pregunté mientras iba subiendo por
su pantorrilla.</p>



<p>Mi descaro la dejó paralizada, lo que me permitió
continuar acariciando sus muslos camino de mi meta. Su cara lívida mostraba su
angustia al contrario que los dos botones que lucía bajo su blusa que
exteriorizaban su excitación. Ya estaba cerca de su sexo cuando metiendo la
mano bajo el mantel, Paloma retiró mi pie mientras con sus ojos me pedía
compasión.</p>



<p>Ajena a la agresión a la que estaba sometiendo a
nuestra vecina, María le comentó que estaba muy pálida.</p>



<p>―No me pasa nada― respondió mordiéndose los labios al
notar que mi pie había vuelto a las andadas, pero esta vez con mayor énfasis al
estar acariciando su sexo por encima de su tanga.</p>



<p>La humedad que descubrí al rozar esa tela ratificó su
calentura y por ello, olvidado cualquier precaución busqué con mis dedos su
clítoris y al encontrarlo, disfruté torturándolo mientras su dueña disimulaba
charlando con mi señora.</p>



<p>«Está a punto de caramelo», me dije al notar su coño
totalmente encharcado, «¡No tardará en correrse!».</p>



<p>Nuevamente, Paloma llevó su mano bajo la mesa, pero
en esta ocasión no retiró mi pie, sino que empezó a acariciarlo mientras con
uno de sus dedos retiraba la braga dándome acceso a su sexo. Como comprenderéis
no perdí la oportunidad y hundiendo el más gordo en su interior, comencé a estimularla
lentamente.</p>



<p>«¡Ya es mía!», pensé y recreándome en su mojada
cavidad, lentamente saqué y metí mi dedo hasta que en silencio la morena no
pudo evitar correrse por primera vez.</p>



<p>Satisfecho, volví a ponerme&nbsp;el zapato, al saber
que ese orgasmo era su claudicación y que no tardaría en pedir que la follara.
Habiendo conseguido mi objetivo, me dediqué a mi esposa dejando a
Paloma&nbsp;caliente e insatisfecha.</p>



<p>Al terminar de cenar, María estaba cansada y por eso
nos fuimos a casa. Y allí sabiendo que la morena nos oiría, hice el amor a mi
esposa hasta bien entrada la madrugada….<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>4</a></h1>



<p>A la
mañana siguiente me desperté sobre las diez totalmente descansado y sabiendo
por experiencia que María no iba a amanecer hasta las doce, me levanté sin
levantar las persianas y me fui a desayunar.&nbsp; En la cocina me encontré a
Paloma con cara de haber dormido poco y sabiendo que yo era el causante de su
insomnio, la saludé&nbsp;sin hacerle mucho caso.</p>



<p>― ¿Dónde está tu mujer? ― preguntó dejando traslucir
su enfado.</p>



<p>―Por ella no te preocupes. Seguirá durmiendo hasta el
mediodía― respondí dando a entender que podía entregarse a mí sin miedo a ser
descubierta.</p>



<p>La superioridad que encerraba mi respuesta, la cabreó
aún más y llegando hasta mí, se me encaró diciendo:</p>



<p>― ¿Quién coño te crees? ¡No voy a ser tuya!</p>



<p>Soltando una carcajada, la atraje hacia mí y pegando
mi boca a la suya, forcé sus labios mientras mis manos daban un buen repaso a
ese culo que llevaba tanto tiempo volviéndome loco. Durante un minuto, forniqué
con mi lengua el interior de su boca mientras mi vecina se derretía y empezaba
a frotar su vulva contra mi muslo. Habiendo demostrado a esa zorrita quien
mandaba, le solté:</p>



<p>―Ya eres mía… solo falta que lo reconozcas― tras lo
cual, la dejé sola y café en mano me fui a la piscina. </p>



<p>Llevaba solo unos minutos sobre la
tumbona,&nbsp;cuando la vi salir con un bikini azul aún más diminuto que el del
día anterior con el que parecía completamente desnuda. Interesado en saber que
se proponía, me quedé observando como sus pechos se bamboleaban al caminar.</p>



<p>―Reconozco que tienes un par de buenas tetas― solté
sonriendo al ver que arrastraba su tumbona junto a la mía</p>



<p>―Lo sé― contestó mientras dejaba caer la parte
superior de su bikini.</p>



<p>Girando mi cabeza, la miré. Sus pechos eran tal y
como me había imaginado: &nbsp;grandes, duros y con unos pezones que invitaban
a ser mordidos. Sabiendo que si me mantenía calmado la pondría aún más
cardiaca, me reí en su cara diciendo:</p>



<p>― ¿Me los enseñas para que te los coma o solo para tomar
el sol? ― fingiendo un desapego que no sentía al contemplarla.</p>



<p>¡Paloma era perfecta! </p>



<p>Su escultural cuerpo bien podría ser la portada de un
Playboy. Si de por si era bellísima, si sumábamos su estrecha cintura, su culo
de ensueño, esa morena era espectacular. Sonriendo, se acercó a mí y pegando su
boca a mi oído, dijo con voz sensual:</p>



<p>―No me sigas castigando. Sabes que estoy muy bruta―su
calentura debía ser máxima porque sacando una botella de crema bronceadora de
su bolso, se puso&nbsp;a untarla por sus tetas mientras me decía: ― ¿Qué tengo
que hacer para que me folles?</p>



<p>Su cambio de actitud me divirtió y mostrando
indiferencia, le ordené:</p>



<p>― ¡Pellízcate los pezones!</p>



<p>La morena sonrió y cogiendo sus areolas entre sus
dedos, se dedicó a complacerme con una determinación que me hizo saber que
podría jugar con ella.</p>



<p>― ¡Quiero ver tu coño! ― le dije mientras bajo el
traje de baño mi pene iba endureciéndose poco a poco.</p>



<p>Bastante más cachondo de lo que mi cara reflejaba,
esperé a que esa zorrita se desprendiera de esa prenda. Paloma al comprobar mis
ojos fijos en su entrepierna, gimió descompuesta mientras se bajaba la braga
del bikini lentamente.</p>



<p>― ¡Acércate! ― pedí.</p>



<p>Rápidamente obedeció poniendo su sexo a escasos
centímetros de mi boca. Al comprobar que lo llevaba exquisitamente depilado y
que eso lo hacía más atrayente, saqué mi lengua y le pegué un largo lametazo
mientras mi vecina se&nbsp;mordía los labios para no gritar. Su sabor me
enloqueció, pero asumiendo que no estaba lista, separé mi cara y con voz autoritaria,
ordené:</p>



<p>―Mastúrbate para mí.</p>



<p>Por su gesto supe que esa zorrita había advertido que
no iba a poseerla hasta que todo su cuerpo estuviera hirviendo. Esperaba una
queja, pero entonces se sentó frente a mí y separando sus rodillas dejó que su
mano se fuera deslizando hasta que uno de sus dedos encontró el botón que
emergía entre sus labios vaginales y mirándome a los ojos, preguntó:</p>



<p>―Si te obedezco, ¿me vas a follar?</p>



<p>―Sí, putita― respondí descojonado por la necesidad
que su rostro reflejaba.</p>



<p>Mis palabras la tranquilizaron y con sus mejillas
totalmente coloradas por la calentura que sentía, deslizó lentamente un dedo
por su intimidad. El sollozo que surgió de su garganta ratificó mi opinión de
que Paloma estaba hambrienta y gozoso observé que, tras ese estremecimiento de
placer, todos los vellos de su cuerpo se erizaron al sentirse observada.</p>



<p>―Daté placer― susurré.</p>



<p>En silencio, mi vecina dibujó los contornos de su
sexo con sus dedos mientras pensaba en el polvo con el que le regalaría
después. La imagen de verse tomada tras tantos meses de espera provocó que toda
su vulva se encharcara a la par que su mente volaba soñando en sentir mi verga
rellenando ese conducto.</p>



<p>―Eres un cerdo― protestó necesitada al percatarse de
la sonrisa que lucía mi rostro mientras la miraba.</p>



<p>Lo quisiera reconocer o no, Paloma comprendió que
nunca había estado tan excitada y por eso decidió dar otro paso para conseguir
que yo la complaciera. Sabía que, en ese instante, estaba&nbsp;mojando la
tumbona con su&nbsp;flujo y que desde mi lugar podía advertir que tenía los
pezones duros como piedras. Decidida a provocarme, llevó sus dedos empapados a
la boca y me dijo mientras los succionaba saboreando sus propios fluidos.</p>



<p>― ¿No quieres probar?</p>



<p>Asumiendo que sus comentarios subidos de tono iban
destinados a calentarme aún más, me negué y poniendo un tono duro, le exigí que
se metiera un par de dedos en el coño. Al obedecer, esa zorrita notó que el
placer invadió su cuerpo y gimiendo&nbsp;de gusto, empezó a meterlos y sacarlos
lentamente. La calentura que asolaba su cuerpo la obligó a aumentar el ritmo de
su masturbación hasta alcanzar una velocidad frenética.</p>



<p>― ¡Me voy a correr! ― aulló al tiempo que sus caderas
se movían buscando profundizar el contacto con sus yemas.</p>



<p>Pero entonces, levantando la voz le prohibí que lo
hiciera y recreándome en el poder que tenía sobre ella, le solté:</p>



<p>―Ponme crema.</p>



<p>Reteniendo las ganas de llegar al orgasmo, cogiendo
el bote de protector, untó sus manos con él y me obedeció. Sus ojos revelaban
la lujuria que dominaba toda su mente cuando comenzó a extender con sus manos
la crema sobre mi piel.</p>



<p>― ¡Necesito que me folles! ― murmuró en mi oído
mientras acariciaba mi pecho con sus yemas.</p>



<p>Cerrando los ojos, no me digné a contestarla al saber
que con solo extender mi mano y tocar su vulva, esa morena se correría sin
remedio. Envalentonada por mi indiferencia, recorrió con sus manos mi pecho, mi
estómago y mis piernas. Al acreditar que bajo mi bañador mi pene&nbsp;no era
inmune a sus caricias, me rogó que le diera permiso para subirse encima de mí y
así poderme esparcir con mayor facilidad la crema bronceadora:</p>



<p>― ¡Tú misma! ― contesté al saber que era lo que esa
guarrilla buscaba.</p>



<p>No tardé en comprobar que estaba en lo cierto porque
sin pedir mi permiso y poniéndose a horcajadas en la tumbona, incrustó el bulto
de mi entrepierna en su sexo y haciendo como si la follaba, se empezó a
masturbar. No quise detenerla al saber que eso solo la haría más susceptible a
mi poder ya que a tela de mi bañador impediría que culminara su acto, eso solo
la haría calentarse aún más. Muerto de risa, me mantuve a la espera mientras
Paloma se frotaba con urgencia su clítoris contra mi pene.</p>



<p>―Me encanta― berreó mientras se dejaba caer sobre mi
pecho, haciéndome sentir la dureza de sus pezones contra mi piel.</p>



<p>Sus primeros gemidos no tardaron en llegar a mis
oídos. La temperatura&nbsp;que abrasaba sus neuronas era tal que buscó mis
labios con lujuria. Sin responder a sus besos, pero deseando dejar esa pose y
follármela ahí mismo, aguanté su ataque hasta que pegando un grito se corrió
sobré mí dejando una mancha sobre la tela de mi bañador.</p>



<p>Entonces y solo entonces, le ordené:</p>



<p>―Ponte a cuatro patas.</p>



<p>Mi vecina no necesitó que se lo repitiera para
adoptar esa posición. Su cuerpo necesitaba mis caricias y ella lo sabía. Verla
tan dispuesta, me permitió confesar:</p>



<p>―Llevo años deseando follarte, zorra.</p>



<p>Mi confesión fue el acicate que necesitaba para
entregarse totalmente y por eso aun antes de que mi lengua recorriera su
clítoris, Paloma ya estaba berreando de deseo e involuntariamente, separó sus
rodillas para facilitar mi incursión. Su sabor dulzón al llenar mis papilas
incrementó aún más si cabe mi lujuria y separando con dos dedos los pliegues de
su sexo, me dediqué a mordisquearlo mientras la morena claudicaba sin remedio.&nbsp;Su
segundo orgasmo fue casi inmediato y derramando su flujo por sus piernas, mi
vecina me rogó que la tomara.</p>



<p>―Todavía, ¡No! ― respondí decidido a conseguir su
completa rendición. Para ello, usando mis dientes torturé su botón mientras mis
dedos se introducían una y otra vez en su interior.</p>



<p>Al notar que su cuerpo convulsionaba sin parar, vi
llegado el momento de cumplir mi fantasía y cogiendo mi pene entre mis manos,
lo acerqué hasta su entrada. La morena al advertir que me eternizaba jugando
con su coño sin metérselo chilló descompuesta:</p>



<p>― ¡Hazme tuya! ¡Lo necesito!</p>



<p>Paloma era un incendio sin control. Berreaba y gemía
sin pararse a pensar que mi esposa podría oír sus gritos. Lentamente, le fui
metiendo mi pene. Al hacerlo, toda la piel de mi verga disfrutó de los pliegues
de su sexo mientras la empalaba. La estrechez y la suavidad de su cueva
incrementaron mi deseo, pero fue cuando me percaté de que entre sus nalgas se
escondía un tesoro virgen y aun no hoyado cuando realmente me volví loco. Mi
urgencia y la necesidad que tenía de ser tomada provocaron que de un solo
empujón se la clavara hasta el fondo:</p>



<p>― ¡Házmelo como a tu esposa! ― gritó al notar su sexo
lleno.</p>



<p>Su grito me hizo recordar la tarde anterior e
imitando mi actuación de entonces, la cogí de la melena y dando un primer azoté
en su trasero, exigí a Paloma que empezara a moverse. Mi vecina al oírme se
lanzó en un galope desenfrenado moviendo sus caderas sin parar mientras se
recreaba con mi monta.</p>



<p>― ¡Sigue! ― relinchó al sentir que me agarraba a sus
dos tetas y empezaba a cabalgarla.</p>



<p>Apuñalando sin piedad su sexo con mi pene, no tardé
en escuchar sus berridos cada vez que mi glande chocaba con la pared de su
vagina. Para entonces, su calentura era tal que mi pene chapoteaba cada vez que
forzaba su vulva con una nueva penetración. Contagiando de su pasión, agarré su
a modo de riendas y con una nueva serie de azotes sobre su trasero, le ordené
que se moviera. Esas&nbsp;nalgadas la excitaron aún más y comportándose como
una puta, me pidió que no parara.</p>



<p>Disfrutando de su estado de necesidad, decidí hacerla
sufrir y saliéndome de ella, me tumbé en la tumbona mientras le decía que se
sirviera ella misma.</p>



<p>―Eres un cabrón― me soltó molesta por la
interrupción.</p>



<p>Con su respiración entrecortada y mientras paraba de
quejarse, se puso a horcajadas sobre mí y cerrando los ojos, se empaló con mi
miembro. No tardó en reiniciar su salvaje cabalgar, pero esta vez mi postura me
permitió admirar sus pechos rebotando arriba y abajo al compás de los
movimientos de sus caderas.</p>



<p>― ¡Chúpate los pezones! ― ordené.</p>



<p>Desbocada como estaba, mi vecino me obedeció y
estrujando sus tetas, se los llevó a su boca y los lamió. Ver a esa zorra
lamiendo sus pechos fue la gota que necesitaba para que el placer se extendiera
por mi cuerpo y derramase mi simiente en el interior de su cueva. Paloma al
sentir que las detonaciones que bañaron su vagina aceleraron los movimientos de
sus caderas y mientras intentaba ordeñar mi miembro, empezó a brutalmente
correrse sobre mí. Con su cara desencajada por el esfuerzo, saltó una y otra
vez usando mi pene como eje hasta que ya agotada, se dejó caer sobre mí
mientras me daba las gracias diciendo:</p>



<p>―Me has hecho recordar que soy una mujer.</p>



<p>Viendo su cara de alegría, acaricié su culito con
ganas de rompérselo, pero entonces miré el reloj y me percaté que mi mujer
debía estar a punto de despertar. Sabiendo el riesgo que corría si María veía a
su amiga tan feliz porque podría sospechar algo, le pedí que desapareciera
durante un par de horas. Paloma comprendió mis razones, pero antes de irse y
mientras sus manos jugueteaban con mi entrepierna, me rogó:</p>



<p>―Espero que esto se repita. ¡Me ha encantado!</p>



<p>Muerto de risa, contesté:</p>



<p>―Dalo por seguro. ¡Estoy deseando estrenar tu
pandero!</p>



<p>Mi vecina sonrió al escuchar mi promesa y cogiendo su
ropa, se fue a vestir mientras yo subía a despertar a mi esposa. Ya en mi
habitación me tumbé a su lado y pegando mi cuerpo al suyo, busqué sus
pechos.&nbsp; María abrió los ojos al notar mis manos recorriendo sus pezones.
Por su sonrisa comprendí que debía cumplir con mis obligaciones conyugales para
que no sospechara y sin más prolegómeno, me desnudé mientras ella se apoderaba
de mi sexo. Al contrario del día anterior, esa mañana mi mujer y yo hicimos el
amor lentamente, disfrutando de nuestros cuerpos y solo cuando ambos habíamos
obtenido nuestra dosis de placer, me preguntó por Paloma:</p>



<p>―Se ha levantado pronto y ha salido― contesté con más
miedo que vergüenza que algo en mí hubiese hecho despertar su desconfianza.</p>



<p>Pero entonces, María que soltó una carcajada comentó:</p>



<p>―Tenemos que buscarle un novio.</p>



<p>Su pregunta me cogió fuera de juego y deseando saber
por qué lo decía, pero sin ganas de mostrarme muy interesado, pregunté por qué:</p>



<p>―Ayer nos estuvo espiando cuando hacíamos el amor. La
pobre lleva tanto tiempo sin un macho que está caliente― respondió en voz baja
creyendo que podía enfadarme.</p>



<p>Haciéndome el despistado me reí y sin darle mayor
importancia, contesté:</p>



<p>―Te lo juro: ¡No me había fijado!<br></p>



<p></p>
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		<title>&#8220;La obsesión de una jovencita por mí&#8221;  LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 10:19:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Todo da comienzo cuando una admiradora de mis relatos me envía un email. Sin prever las consecuencias, entablo amistad con ella el mismo día que conocí a una mujer de mi edad. la primera de veinte años, la segunda de cuarenta. Con las dos empiezo una relación hasta que todo se complica. Relato de la obsesión de esa cría y de cómo va centrando su acoso sobre mí. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: Para que podías echarle un vistazo, os anexo&#160;el primer capítulo: Capítulo uno. La primera vez que tuve constancia de su existencia, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 style="font: 600 1.7em/26.25px 'Open Sans', sans-serif; margin: 0px 0px 1em; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; text-align: justify; color: #555555; text-transform: none; text-indent: 0px; letter-spacing: normal; word-spacing: 0px; vertical-align: baseline; white-space: normal; -ms-zoom: 1; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; background-color: #ffffff; -webkit-text-stroke-width: 0px;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; font-style: inherit; font-weight: inherit; vertical-align: baseline; -ms-zoom: 1;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B010NZFWKY"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-19511" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2.png" alt="" width="1035" height="473" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2.png 1035w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2-300x137.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2-768x351.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/LA-OBSESION-2-1024x468.png 1024w" sizes="(max-width: 1035px) 100vw, 1035px" /></a>Sinopsis:</span></strong></span></h2>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Todo da comienzo cuando una admiradora de mis relatos me envía un email. Sin prever las consecuencias, entablo amistad con ella el mismo día que conocí a una mujer de mi edad. la primera de veinte años, la segunda de cuarenta. Con las dos empiezo una relación hasta que todo se complica. Relato de la obsesión de esa cría y de cómo va centrando su acoso sobre mí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font: 14pt/26.25px georgia, palatino, serif; color: #555555; text-transform: none; text-indent: 0px; letter-spacing: normal; word-spacing: 0px; float: none; display: inline !important; white-space: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; background-color: #ffffff; -webkit-text-stroke-width: 0px;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><iframe title="La obsesión de una jovencita por mí" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_iAjFBbJxvpcBcb&#038;asin=B010NZFWKY&#038;tag=kpembed-20"></iframe></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #555555;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</span></strong></span></p>
<h1 style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><a name="_Toc422920580"></a>Capítulo uno.</span></h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La primera vez que tuve constancia de su existencia, fue al recibir un email en mi cuenta de correo. El mensaje era de una admiradora de mis relatos. Corto pero claro:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em> Hola soy Claudia.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Tus relatos me han encantado.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Leyéndolos, he disfrutado soñando que era, yo, tu protagonista.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Te he agregado a mi MSN, por favor, me gustaría que un día que me veas en línea, me digas algo cachondo, que me haga creer que tengo alguna oportunidad de ser tuya.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estuve a punto de borrarlo. Su nick me decía que tenía sólo veinte años, y en esos días estaba cansado de enseñar a crías, me apetecía más disfrutar de los besos y halagos de un treintañera incluso tampoco me desagradaba la idea de explorar una relación con una mujer de cuatro décadas. Pero algo me hizo responderle, quizás el final de su correo fue lo que me indujo a jugar escribiéndole una pocas letras:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Si quieres ser mía, mándame una foto</em><em>.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Nada más enviarle la contestación me olvidé del asunto. No creía que fuera tan insensata de contestarme. Ese día estuve completamente liado en la oficina, por lo que ni siquiera abrí mi Hotmail, pero la mañana siguiente nada más llegar a mi despacho y encender mi ordenador, vi que me había respondido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su mensaje traía una foto aneja. En internet es muy común que la gente envié imágenes de otros para simular que es la suya, pero en este caso y contra toda lógica, no era así. La niña se había fotografiado de una manera imposible de falsificar, de medio cuerpo, con una copia de mi respuesta, tapándole los pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Claudia resultaba ser una guapa mujer que no aparentaba los años que decía, sino que incluso parecía más joven. Sus negros ojos parecían pedir cariño, aunque sus palabras hablaban de sumisión. Temiendo meter la pata y encontrarme tonteando con una menor de edad, le pedí que me enviara copia de su DNI, recordando los problemas de José, que había estado a punto de ir a la cárcel al ligar con una de quince años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No habían pasado cinco minutos, cuando escuché el sonido de su contestación. Y esta vez, verdaderamente intrigado con ella, abrí su correo. Sosteniendo su DNI entre sus manos me sonreía con cara pícara. Agrandé la imagen, para descubrir que me había mentido, no tenía aún los veinte, ya que los iba a cumplir en cinco días.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">El interés morboso me hizo responderla. Una sola línea, con tres escuetas preguntas, en las que le pedía una explicación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Claudia: ¿quién eres?, ¿qué quieres? Y ¿por qué yo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La frialdad de mis palabras era patente, no quería darle falsas esperanzas, ni iniciar un coqueteo absurdo que terminara cuando todavía no había hecho nada más que empezar. Sabiendo que quizás eso, iba a hacerla desistir, me senté a esperar su respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Esta tardó en llegar más de media hora, tiempo que dediqué para firmar unos presupuestos de mi empresa. Estaba atendiendo a mi secretaria cuando oí la campanilla que me avisaba que me había llegado un correo nuevo a mi messenger. Ni siquiera esperé a que se fuera María para abrir el mensaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No me podía creer su contenido, tuve que releerlo varias veces para estar seguro de que era eso lo que me estaba diciendo. Claudia me explicaba que era una estudiante de ingeniería de diecinueve años, que había leído todos mis relatos y que le encantaban. Hasta ahí todo normal. Lo que se salía de la norma era su confesión, la cual os transcribo por lo complicado que es resumirla:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Amo:</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Espero que no le moleste que le llame así. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Desde que la adolescencia llegó a mi cuerpo, haciéndome mujer, siempre me había considerado asexuada. No me atraían ni mis amigos ni mis amigas. Para mí el sexo era algo extraño, por mucho que intentaba ser normal, no lo conseguía. Mis compañeras me hablaban de lo que sentían al ver a los chicos que les gustaban, lo que experimentaban cuando les tocaban e incluso las más liberadas me hablaban del placer que les embriagaba al hacer el amor. Pero para mí, era terreno vedado. Nunca me había gustado nadie. En alguna ocasión, me había enrollado con un muchacho tratando de notar algo cuando me acariciaba los pechos, pero siempre me resultó frustrante, al no sentir nada.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Pero hace una semana, la novia de un conocido me habló de usted, de lo excitante de sus relatos, y de la calentura de las situaciones en que incurrían sus protagonistas. Interesada y sin nada que perder, le pedí su dirección, y tras dejarlos tomando unas cervezas me fui a casa a leer que es lo que tenía de diferente. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>En ese momento, no tenía claro lo que me iba a encontrar. Pensando que era imposible que un relato me excitara, me hice un té mientras encendía el ordenador y los múltiples programas que tengo se abrían en el windows.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Casi sin esperanzas, entré en su página, suponiendo que no me iba a servir de nada, que lo mío no tenía remedio. Mis propias amigas me llamaban la monja soldado, por mi completa ausencia de deseo. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Contra todo pronóstico, desde el primer momento, su prosa me cautivó, y las horas pasaron sin darme cuenta, devorando línea tras línea, relato tras relato. Con las mejillas coloradas, por tanta pasión cerré el ordenador a las dos de la mañana, pensando que me había encantado la forma en que los personajes se entregaban sin freno a la lujuria. Lo que no me esperaba que al irme a la cama, no pudiera dejar de pensar en cómo sería sentir eso, y que sin darme cuenta mis manos empezaran a recorrer mi cuerpo soñando que eran las suyas la que lo hacían. Me vi siendo Meaza, la criada negra, disfrutando de su castigo y participando en el de su amiga. Luego fui protagonista de la tara de su familia, estuve en su finca de caza, soñé que era Isabel, Xiu, Lucía y cuando recordaba lo sucedido con María, me corrí.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Fue la primera vez en mi vida, en la que mi cuerpo experimentó lo que era un orgasmo. No me podía creer que el placer empapara mi sexo, soñando con usted, pero esa noche, como una obsesa, torturé mi clítoris y obtuve múltiples y placenteros episodios de lujuria en los que mi adorado autor me poseía.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Desde entonces, mañana tarde y noche, releo sus palabras, me masturbo, y sobre todo, me corro, creyéndome una heroína en sus manos. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Soy virgen pero jamás encontrará usted, en una mujer, materia más dispuesta para que la modele a su antojo. Quiero ser suya, que sea su sexo el que rompa mis tabúes, que su lengua recorra mis pliegues, pero ante todo quiero sentir sus grilletes cerrándose en mis muñecas.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Sé que usted podría ser mi padre pero le necesito. Ningún joven de mi edad había conseguido despertar la hembra que estaba dormida. En cambio, usted, como en su relato, ha sacado la puta que había en mí, y ahora esa mujer no quiere volver a esconderse». </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La crudeza de sus letras, me turbó. No me acordaba cuando había sido la última ocasión que había estado con una mujer cuya virginidad siguiera intacta. Puede que hubieran pasado más de veinte años desde que rompí el último himen y la responsabilidad de hacerlo, con mis cuarenta y dos, me aterrorizó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Lo sensato, hubiera sido borrar el mensaje y olvidarme de su contenido, pero no pude hacerlo, la imagen de Claudia con su sonrisa casi adolescente me torturaba. La propia rutina del trabajo de oficina que tantas veces me había calmado, fue incapaz de hacerme olvidar sus palabras. Una y otra vez, me venía a la mente, su entrega y la belleza de sus ojos. Cabreado conmigo mismo, decidí irme de copas esa misma noche, y cerrando la puerta de mi despacho, salí en busca de diversión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La música de las terrazas de la Castellana nunca me había fallado, y seguro que esa noche no lo haría, me senté en una mesa y pedí un primer whisky, al que siguieron otros muchos. Fue una pesadilla, todas y cada una de las jóvenes que compartían la acera, me recordaban a Claudia. Sus risas y sus coqueteos inexpertos perpetuaban mi agonía, al hacerme rememorar, en una tortura sin fin, su rostro. Por lo que dos horas después y con una alcoholemia, más que punible, me volví a poner al volante de mi coche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Afortunadamente, llegué a casa sano y salvo, no me había parado ningún policía y por eso debía de estar contento, pero no lo estaba, Claudia se había vuelto mi obsesión. Nada más entrar en mi apartamento, abrí mi portátil, esperando que algún amigo o amiga de mi edad estuviera en el chat. La suerte fue que Miguel, un compañero de juergas, estaba al otro lado de la línea, y que debido a mi borrachera, no me diera vergüenza el narrarle mi problema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi amigo, que era informático, sin llegarse a creer mi historia, me abrió los ojos haciéndome ver las ventajas que existían hoy en día con la tecnología, explicándome que había programas por los cuales podría enseñar a Claudia a distancia sin comprometerme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No te entiendo― escribí en el teclado de mi ordenador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su respuesta fue una carcajada virtual, tras la cual me anexó una serie de direcciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fernando, aquí encontrarás algunos ejemplos de lo que te hablo. Si la jovencita y tú los instaláis, crearías una línea punto a punto, con la cual podrías ver a todas horas sus movimientos y ordenarla que haga lo que a ti se te antoje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Coño, Miguel, para eso puedo usar la videoconferencia del Messenger.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Si, pero en ese caso, es de ida y vuelta. Claudia también te vería en su pantalla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Era verdad, y no me apetecía ser objeto de su escrutinio permanente. En cambio, el poderla observar mientras estudiaba, mientras dormía, y obviamente, mientras se cambiaba, me daba un morbo especial. Agradeciéndole su ayuda, me puse manos a la obra y al cabo de menos de medía hora, ya había elegido e instalado el programa que más se adecuaba a lo que yo requería, uno que incluso poniendo en reposo el ordenador seguía funcionando, de manera que todo lo que pasase en su habitación iba a estar a mi disposición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La verdadera prueba venía a continuación, debía de convencer a la muchacha que hiciera lo propio en su CPU, por lo que tuve que meditar mucho, lo que iba a contarle. Varias veces tuve que rehacer mi correo, no quería parecer ansioso pero debía ser claro respecto a mis intenciones, que no se engañara, ni que pensara que era otro mi propósito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Clarificando mis ideas al final escribí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Claudia: </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Tu mensaje, casi me ha convencido, pero antes de conocerte, tengo que estar seguro de tu entrega. Te adjunto un programa, que debes de instalar en tu ordenador, por medio de él, podré observarte siempre que yo quiera. No lo podrás apagar nunca, si eso te causa problemas en tu casa, ponlo en reposo, de esa forma yo seguiré teniendo acceso. Es una especie de espía, pero interactivo, por medio de la herramienta que lleva incorporada podré mandarte mensajes y tú contestarme.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>No tienes por qué hacerlo, pero si al final decides no ponerlo, esta será la última vez que te escriba.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><em>Tu amo</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Y dándole a SEND, lo envié, cruzando mi Rubicón, y al modo de Julio Cesar, me dije que la suerte estaba echada. Si la muchacha lo hacía, iba a tener en mi propia Webcam, una hembra que educar, si no me obedecía, nada se había perdido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Satisfecho, me fui a la cama. No podía hacer nada hasta que ella actuara. Toda la noche me la pasé soñando que respondía afirmativamente y visualizando miles de formas de educarla, por lo que a las diez, cuando me levanté, casi no había dormido. Menos mal que era sábado, pensé sabiendo que después de comer podría echarme una siesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Todavía medio zombi, me metí en la ducha. El chorro del agua me espabiló lo suficiente, para recordar que tenía que comprobar si la muchacha me había contestado y si me había hecho caso instalando el programa. A partir de ese momento, todo me resultó insulso, el placer de sentir como el agua me templaba, desapareció. Sólo la urgencia de verificar si me había respondido ocupaba mi mente, por eso casi totalmente empapado, sin secarme apenas, fui a ver si tenía correo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Parecía un niño que se había levantado una mañana de reyes y corría nervioso a comprobar que le habían traído, mis manos temblaban al encender el ordenador de la repisa. Incapaz de soportar los segundos que tardaba en abrir, me fui por un café que me calmara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Desde la cocina, oí la llamada que me avisaba que me había llegado un mensaje nuevo. Tuve que hacer un esfuerzo consciente para no correr a ver si era de ella. No era propio de mí el comportarme como un crío, por lo que reteniéndome las ganas, me terminé de poner la leche en el café y andando lentamente volví al dormitorio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi corazón empezó a latir con fuerza al contrastar que era de Claudia, y más aún al leer que ya lo había instalado, que sólo esperaba que le dijera que es lo que quería que hiciera. Ya totalmente excitado con la idea de verla, clickeé en el icono que abría su imagen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La muchacha ajena a que la estaba observando, estudiaba concentrada enfrente de su webcam. Lo desaliñado de su aspecto, despeinada y sin pintar la hacía parecer todavía más joven. Era una cría, me dije al mirar su rostro. Nunca me habían gustado de tan tierna edad, pero ahora no podía dejar de contemplarla. No sé el tiempo que pasé viendo casi la escena fija, pero cuando estaba a punto de decirle que estaba ahí, vi como cogía el teclado y escribía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« ¿Me estará escribiendo a mí?», pensé justo cuando oí que lo había recibido. Abriendo su correo leí que me decía que me esperaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Fue el banderazo de salida, sin apenas respirar le respondí que ya la estaba mirando y que me complacía lo que veía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué quiere que haga? ¿Quiere que me desnude? ― contestó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estuve a punto de contestarle que si, pero en vez de ello, le ordené que siguiera estudiando pero que retirara la cámara para poderla ver de cuerpo entero. Sonriendo vi que la apartaba de modo que por fin la veía entera. Aluciné al percatarme que sólo estaba vestida con un top y un pequeño tanga rojo, y que sus piernas perfectamente contorneadas, no paraban de moverse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué te ocurre?, ¿por qué te mueves tanto?― escribí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Amo, es que me excita el que usted me mire.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su respuesta me calentó de sobremanera, pero aunque me volvieron las ganas de decirle que se despojara de todo, decidí que todavía no. Completamente bruto, observé a la muchacha cada vez más nerviosa. Me encantaba la idea de que se erotizara sólo con sentirse observada. Claudia era un olla sobre el fuego, poco a poco, su presión fue subiendo hasta que sin pedirme permiso, bajando su mano, abrió sus piernas, comenzándose a masturbar. Desde mi puesto de observación sólo pude ver como introducía sus dedos bajo el tanga, y cómo por efecto de sus caricias sus pezones se empezaban a poner duros, realzándose bajo su top.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No tardó en notar que el placer la embriagaba y gritando su deseo, se corrió bajo mi atenta mirada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Tu primer orgasmo conmigo― le dije pero tecleándole mi disgusto proseguí diciendo. ― Un orgasmo robado, no te he dado permiso para masturbarte, y menos para correrte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Lo sé, mi amo. No he podido resistirlo, ¿cuál va a ser mi castigo. Su mirada estaba apenada por haberme fallado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Hoy no te mereces que te mire, vístete y sal a dar un paseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Casi lloró cuando leyó mi mensaje, y con un gesto triste, se empezó a vestir tal y como le había ordenado, pero al hacerlo y quitarse el top, para ponerse una blusa, vi la perfección de sus pechos y la dureza de su vientre. Al otro lado de la línea, mi miembro se alborotó irguiéndose a su plenitud, pidiéndome que lo usara. No le complací pero tuve que reconocer que tenía razón y que Claudia no estaba buena, sino buenísima.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Totalmente cachondo, salí a dar también yo una vuelta. Tenía el Retiro a la vuelta de mi casa y pensando que me iba a distraer, entré al parque. Como era fin de semana, estaba repleto de familias disfrutando de un día al aire libre. Ver a los niños jugando y a las mamás preocupadas por que no se hicieran daño, cambió mi humor, y disfrutando como un imberbe me reí mientras los observaba. Era todo un reto educarlos bien, pude darme cuenta que había progenitoras que pasaban de sus hijos y que estos no eran más que unos cafres y otras que se pasaban de sobreprotección, convirtiéndoles en unos viejos bajitos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tan enfrascado estaba, que no me di cuenta que una mujer ,que debía acabar de cumplir los cuarenta, se había sentado a mi lado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Son preciosos, ¿verdad?― dijo sacándome de mi ensimismamiento, ― la pena es que crecen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Había un rastro de amargura en su voz, como si lo dijera por experiencia propia. Extrañado que hablara a un desconocido, la miré de reojo antes de contestarle. Aunque era cuarentona sus piernas seguían conservando la elasticidad y el tono de la juventud.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Sí― respondí ― cuando tengo problemas vengo aquí a observarlos y sólo el hecho de verlos tan despreocupados hace que se me olviden.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi contestación le hizo gracia y riéndose me confesó que a ella le ocurría lo mismo. Su risa era clara y contagiosa de modo que en breves momentos me uní a ella. La gente que pasaba a nuestro lado, se daba la vuelta atónita al ver a dos cuarentones a carcajada limpia. Parecíamos dos amantes que se destornillaban recordando algún pecado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Me costó parar, y cuando lo hice ella, fijándose que había unas lágrimas en mi mejilla, producto de la risa, sacó un pañuelo, secándomelas. Ese gesto tan normal, me resultó tierno pero excitante, y carraspeando un poco me presenté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fernando Gazteiz y ¿Tú?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Gloria Fierro, encantada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Habíamos hecho nuestras presentaciones con una formalidad tan seria que al darnos cuenta, nos provocó otro risotada. Al no soportar más el ridículo que estábamos haciendo, le pregunté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Me aceptas un café?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Entornando los ojos, en plan coqueta me respondió que sí, y cogiéndola del brazo, salimos del parque con dirección a Independencia, un pub que está en la puerta de Alcalá. Lo primero que me sorprendió no fue su espléndido cuerpo sino su altura. Mido un metro noventa y ella me llegaba a los ojos, por lo que calculé que con tacones pasaba del metro ochenta. Pero una vez me hube acostumbrado a su tamaño, aprecié su belleza, tras ese traje de chaqueta, había una mujer de bandera, con grandes pechos y cintura de avispa, todo ello decorado con una cara perfecta. Morena de ojos negros, con unos labios pintados de rojo que no dejaban de sonreír.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Cortésmente le separé la silla para que se sentase, lo que me dio oportunidad de oler su perfume al hacerlo. Supe al instante cual usaba, y poniendo cara de pillo, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Chanel número cinco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La cogí desprevenida, pero rehaciéndose rápidamente, y ladeando su cabeza de forma que movió todo su pelo, me contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fernando, eres una caja de sorpresas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ese fue el inicio de una conversación muy agradable, durante la cual me contó que era divorciada, que vivía muy cerca de donde yo tenía la casa. Y aunque no me lo dijera, lo que descubrí fue a una mujer divertida y encantadora, de esas que valdría la pena tener una relación con ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Mañana, tendrás problemas y te podré ver en el mismo sitio, ¿verdad?― me dijo al despedirse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Si, pero con dos condiciones, que te pueda invitar a comer&#8230;― me quedé callado al no saber cómo pedírselo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Y?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Que me des un beso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Lejos de indignarle mi proposición, se mostró encantada y acercando sus labios a los míos, me besó tiernamente. Gracias a la cercanía de nuestros cuerpos, noté sus pezones endurecidos sobre mi pecho, y saltándome las normas, la abracé prolongando nuestra unión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¡Para!― dijo riendo ― deja algo para mañana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Cogiendo su bolso de la silla, se marchó moviendo sus caderas, pero justo cuando ya iba a traspasar la puerta me gritó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No me falles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tendría que estar loco, para no ir al día siguiente, pensé, mientras me pedía otro café. Gloria era una mujer que no iba a dejar escapar. Bella y con clase, con esa pizca de sensualidad que tienen determinadas hembras y que vuelve locos a los hombres. Sentado con mi bebida sobre la mesa, medité sobre mi suerte. Acababa de conocer a un sueño, y encima tenía otro al alcance de mi mano, pero este además de joven y guapa tenía un morbo singular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Aprovechando que ya eran las dos, me fui a comer al restaurante gallego que hay justo debajo de mi casa. Como buen soltero, comí sólo. Algo tan normal en mí, de repente me pareció insoportable. No dejaba de pensar en cómo sería compartir mi vida, con una mujer, mejor dicho, como sería compartir mi vida con ella. Esa mujer me había impresionado, todavía me parecía sentir la tersura de sus labios en mi boca. Cabreado, enfadado, pagué la cuenta, y salí del local directo a casa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Lo primero que hice al llegar, fue ir a ver si Claudia había vuelto a su habitación, pero el monitor me mostró el cuarto vacío de una jovencita, con sus pósters de sus cantantes favoritos y los típicos peluches tirados sobre la cama. Gasté unos minutos en observarlo cuidadosamente, tratando de analizar a través de sus bártulos la personalidad de su dueña. El color predominante es el rosa, pensé con disgusto, ya que me hablaba de una chica recién salida de la adolescencia, pero al fijarme en los libros que había sobre la mesa, me di cuenta que ninguna cría lee a Hans Küng, y menos a Heidegger, por lo que al menos era una muchacha inteligente y con inquietudes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estaba tan absorto, que no caí que Miguel estaba en línea, preguntándome como había ido. Medio en broma, medio en serio, me pedía que le informara si &#8220;mi conquista&#8221; se había instalado el programa. Estuve a un tris de mandarle a la mierda, pero en vez de hacerlo le contesté que si. Su tono cambió, y verdaderamente interesado me preguntó que como era.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Guapísima, con un cuerpo de locura― contesté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Cabrón, me estás tomando el pelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Para nada― y picando su curiosidad le escribí,― No te imaginas lo cachonda que es, esta mañana se ha masturbado enfrente de la Webcam.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No jodas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Es verdad, aunque todavía no he jodido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Pero con gritos y todo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Me imagino, ¡por lo menos movía la boca al correrse!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― No me puedo creer que eres tan bestia de no usar la herramienta de sonido. ¡Pedazo de bruto!, ¡Fíjate en el icono de la derecha! Si le das habilitas la comunicación oral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ahora si me había pillado, realmente desconocía esa función. No sólo podía verla, sino oírla. Eso daba una nueva variante a la situación, quería probarlo, pero entonces recordé que la había echado de su cuarto por lo que tendría que esperar que volviera. Cambiando de tema le pregunté a mi amigo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Y tú por qué lo sabes? ¿Es así como espías a tus alumnas?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Debí dar en el clavo, por que vi como cortaba la comunicación. Me dio igual, gracias a él, el morbo por la muchacha había vuelto, haciéndome olvidar a Gloría. Decidí llevarme el portátil al salón para esperarla mientras veía la televisión. Afortunadamente, la espera no fue larga.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Al cabo de media hora la vi entrar con la cabeza gacha, su tristeza era patente. No comprendía como un castigo tan tonto, había podido afectarle tanto, pero entonces recordé que para ella debió resultar un infierno, el ver pasar los años sin notar ninguna atracción por el sexo, y de pronto que la persona que le había despertado el deseo, la regañara. Estaba todavía pensando en ella, cuando la observé sentándose en su mesa, y nada más acomodarse en su silla, echarse a llorar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tanta indefensión, hizo que me apiadara de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Por qué lloras?, princesa― oyó a través de los altavoces de su ordenador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con lágrimas en los ojos, levantó su cara, tratando de adivinar quien le hablaba. Se veía preciosa, débil y sola.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Es usted, amo?― preguntó al aire.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Si y no me gusta que llores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Pensaba que estaba enfadado conmigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ya no― una sonrisa iluminó su cara al oírme, ― ¿Dónde has ido?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Fui a pensar a Colón, y luego a comer con mi familia a Alkalde .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Acababa de enterarme que la niña, vivía en Madrid, ya que ambos lugares estaban en el barrio de Salamanca, lo que me permitiría verla sin tenerme que desplazar de ciudad ni de barrio. Su voz era seductora, grave sin perder la feminidad. Poco a poco, su rostro fue perdiendo su angustia, adquiriendo una expresión de alegría con unas gotas de picardía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Te gusta oírme?― pregunté sabiendo de antemano su respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Sí― hizo una pausa antes de continuar ― me excita.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Solté una carcajada, la muchacha había tardado en descubrir su sexualidad pero ahora no había quien la parase. Sus pezones adquirieron un tamaño considerable bajo su blusa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Desabróchate los botones de tu camisa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">El monitor me devolvió su imagen colorada, encantada, la muchacha fue quitándoselos de uno en uno, mientras se mordía el labio. Pocas veces había asistido a algo tan sensual. Ver como me iba mostrando poco a poco su piel, hizo que me empezara a calentar. Su pecho encorsetado por el sujetador, era impresionante. Un profundo canalillo dividía su dos senos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Enséñamelos― dije.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Sin ningún atisbo de vergüenza, sonrió, retirando el delicado sujetador de encaje. Por fin veía sus pezones. Rosados con unas grandes aureolas era el acabado perfecto para sus pechos. Para aquel entonces mi pene ya pedía que lo liberara de su encierro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ponte de pie.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No tuve que decírselo dos veces, levantándose de la silla, me enseñó la perfección de su cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Desnúdate totalmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Su falda y su tanga cayeron al suelo, mientras podía oír como la respiración de la mujer se estaba acelerando. Ya desnuda por completo, se dedicó a exhibirse ante mí, dándose la vuelta, y saltando sobre la alfombra. Tenía un culo de comérselo, respingón sin ninguna celulitis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ahora quiero que coloques la cámara frente a la cama, y que te tumbes en ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Claudia estaba tan nerviosa, que tropezó al hacerlo, pero venciendo las dificultades puso la Webcam, en el tocador de modo que me daba una perfecta visión del colchón, y tirándose sobre la colcha, esperó mis órdenes. Estas tardaron en llegar, debido a que durante casi un minuto estuve mirándola, valorando su belleza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Era guapísima. Saliéndose de lo normal a su edad, era perfecta, incluso su pies, con sus uñas pulcramente pintadas de rojo, eran sensuales. Sus piernas largas y delgadas, el vientre plano, y su pubis delicadamente depilado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Imagínate que estoy a tu lado y que son mis manos las que te acarician― ordené sabiendo que se iba a esforzar a complacerme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Joven e inexperta, empezó a acariciarse el clítoris.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Despacio― insistí ― comienza por tu pecho, quiero que dejes tu pubis para el final.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Obedeciéndome, se concentró en sus pezones, pellizcándolos. La manera tan estimulante con la que lo hizo, me calentó de sobre manera, y bajándome la bragueta, saqué mi miembro del interior de mis pantalones. No me podía creer que fuera tan dócil, me impresionaba su entrega, y me excitaba su sumisión. Aun antes de que mi mano se apoderara de mi extensión ya sabía que debía poseerla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Mi mano está bajando por tu estomago― le pedí mientras trataba que en mi voz no se notara mi lujuria. En el monitor, la jovencita me obedecía recorriendo su cuerpo y quedándose a centímetros de su sexo. ― Acércate a la cámara y separa tus labios que quiero verlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Claudia no puso ningún reparo, y colocando su pubis a unos cuantos palmos del objetivo, me mostró su cueva abierta. El brillo de su sexo, y sus gemidos me narraban su calentura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Piensa que es mi lengua la que recorre tu clítoris y mi pene el que se introduce dentro de ti― ordené mientras mi mano empezaba a estimular mi miembro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La muchacha se tumbó sobre la cama, y con ayuda de sus dedos, se imaginó que era yo quien la poseía. No tardé en observar que la pasión la dominaba, torturando su botón, se penetraba con dos dedos y temblando por el deseo, comenzó a retorcerse al sentir los primeros síntomas de su orgasmo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Para aquel entonces, yo mismo me estaba masturbando con pasión. Sus gritos y gemidos eran la dosis que me faltaba para conducirme hacía el placer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Dime lo que sientes― exigí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Amo― me respondió con la voz entrecortada,― ¡estoy mojada! ¡Casi no puedo hablar!&#8230;&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con las piernas abiertas, y el flujo recorriendo su sexo, mientras yo la miraba, se corrió dando grandes gritos. Me impresionó ver como se estremecía su cuerpo al desbordarse, y uniéndome a ella, exploté manchando el sofá con mi simiente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Tardamos unos momentos en recuperarnos, ambos habíamos hecho el amor aunque fuera a distancia, nada fue virtual sino real. Su orgasmo y el mío habían existido, y la mejor muestra era el sudor que recorría sus pechos. Estaba todavía reponiéndome cuando la oí llorar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Ahora, ¿qué te pasa?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Le deseo, este ha sido el mayor placer que he sentido nunca, pero quiero que sea usted quien me desvirgue― contestó con la voz quebrada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Debería haberme negado, pero no lo hice, no me negué a ser el primero, sino que tranquilizándola le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Cuándo es tu cumpleaños?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― El martes― respondió ilusionada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Entonces ese día nos veremos, mañana te diré cómo y dónde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con una sonrisa de oreja a oreja me dio las gracias, diciéndome que no me iba a arrepentir, que iba a superar mis expectativas&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ya me había arrepentido, me daba terror ser yo, el que no colmara sus aspiraciones, por eso cerré enfadado conmigo mismo el ordenador, dirigiéndome al servibar a ponerme una copa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;DE LOCA A LOCA, ME LAS TIRO PORQUE ME TOCAN&#8221; (POR GOLFO)   SERIE SIERVAS DE LA LUJURIA VOL. I     LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 04:22:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Un universitario al entrar a vivir en una pensión que le eligió su madre, descubre que las únicas personas que viven ahí son la dueña y su hija. La primera es una viuda estricta y religiosa mientras que la segunda es una rubia preciosa. Lo que no sabe es que ambas creen que su llegada a la casa es un regalo de Dios y que su misión será sustituir al difunto en la cama de la primera. TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS. ALTO CONTENIDO ERÓTICO Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B0163989DG"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18554" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1.png" alt="" width="1008" height="371" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1.png 1008w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1-300x110.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/DE-LOCA-A-LOCA-PORTADA2-copia-1-768x283.png 768w" sizes="(max-width: 1008px) 100vw, 1008px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Un universitario al entrar a vivir en una pensión que le eligió su madre, descubre que las únicas personas que viven ahí son la dueña y su hija. La primera es una viuda estricta y religiosa mientras que la segunda es una rubia preciosa. Lo que no sabe es que ambas creen que su llegada a la casa es un regalo de Dios y que su misión será sustituir al difunto en la cama de la primera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B0163989DG">http://www.amazon.es/gp/product/B0163989DG</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 1.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi vida dio un giro de ciento ochenta grados cuando me mudé a Madrid a estudiar la carrera. Acostumbrado a la rutina de un pueblo de montaña, me costó asimilar el ritmo de esa gran ciudad pero sobre todo cuando el destino quiso que cayera en esa pensión regentada por una cuarentona y una hija de mi edad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como cualquiera en su lugar, al saber que me pasaría cinco años estudiando fuera de casa, mi madre se ocupó de seleccionar personalmente donde iba a vivir. Aunque os parezca increíble se pasó una semana recorriendo hostales, residencias y hasta colegios mayores sin encontrar nada que fuera acorde a sus rígidos conceptos morales y ya cuando creía que se iba volver de vacío, visitó una coqueta casa de huéspedes ubicada muy cerca de mi universidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -No sabes la suerte que hemos tenido- recalcó mi vieja al explicarme las virtudes del lugar. –Resulta que acaban de abrir y son muy selectas a la hora de elegir quien se puede alojar con ellas. Para aceptarte, tuve que aguantar un largo interrogatorio, durante el cual se querían asegurar que eras un muchacho de una moralidad intachable.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -¿Y eso?- pregunté extrañado que se pusieran tan exigentes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En eso, mi queridísima progenitora se hizo la despistada al responder:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Creía que te lo había comentado. La dueña de la pensión es una señora que se acaba de quedar viuda y que debido a su exigua pensión se ha visto obligada a alquilar cuartos para llegar a fin de mes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Oliéndome la encerrona, insistí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -¿No me estarás mandando a un campo de concentración?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni se dignó a contestar directamente a la pregunta sino que saliéndose por la tangente, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Un poco de disciplina no te vendrá mal.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras junto con la religiosidad de mi madre me hicieron saber de antemano que mis sueños de juerga aprovechando los años de universidad se desvanecerían si aceptaba de buen grado vivir ahí. Por eso, intenté razonar con ella y pedirle que se replanteara el asunto amparándome en que necesitaba vivir cerca de la facultad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Por eso no te preocupes, está a una manzana de dónde vas a estudiar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin dar mi brazo a torcer, comenté mis reparos a compartir cuarto con otro estudiante:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Te han asignado un cuarto para ti solo- y viendo por donde iba, prosiguió: -La habitación es enorme y cuenta con una mesa de estudios para que nadie te moleste.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», mascullé pero no dejándome vencer busqué en el precio una excusa para optar por un colegio mayor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Es más barato e incluye la limpieza de tu ropa…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi llegada a “la cárcel”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo supondréis por mucho que intenté zafarme de ese marrón, me resultó imposible y por eso me vi maleta en mano en las puertas de ese lugar el día anterior a comenzar las clases. Todavía recuerdo las bromas de mis amigos sobre el tema. Mientras ellos iban a residencias “normales”, a mí me había tocado una con toque de queda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Recuerda que me he comprometido a que entre semana, llegarás a cenar y a que durante los fines de semana la hora máxima que volverás serán las dos de la madrugada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Joder, mamá. Si en casa llego más tarde- protesté al escuchar de sus labios semejante disparate.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A mis quejas, mi madre contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> &#8211; Vas a Madrid a estudiar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreado pero sobre todo convencido en hacer lo imposible para que esa viuda me echara en el menos tiempo posible, miré el chalet donde estaba ubicada la pensión y muy a mi pesar tuve que reconocer que al menos exteriormente, era un sitio agradable para vivir. Desde fuera, lo primero que pude observar fue el coqueto jardín que rodeaba la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aun así, la perspectiva de convivir con una mujer tan mojigata como mi vieja seguía sin hacerme ni puñetera gracia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menudo coñazo me voy a correr», pensé mientras tocaba el timbre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al salir la dueña a abrirme y a pesar de ser una mujer atractiva, mis temores se vieron incrementados al salir vestida con un traje completamente de negro y cuya falda casi le llegaba a los tobillos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Sigue de luto!», titubeé durante un segundo antes de presentarme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mujer ni siquiera sonrió al escuchar mi nombre. Al contrario creí ver en su gesto adusto una muestra más de la incomodidad que para ella representaba que un desconocido invadiera su privacidad. Asumiendo que mi estancia sería corta, decidí no decir nada y cogiendo mi equipaje la seguí al interior. Apenas traspasé el recibidor, me percaté que ese lugar denotaba clase y lujo por doquier, lo que afianzó mi idea que en vida de su esposo a esa bruja no le había faltado de nada. Y en vez de alegrarme por las aparentes comodidades que iba a tener, me concentré en los aspectos negativos catalogando a esa señora como “una ricachona venida a menos”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tampoco pude exteriorizar queja alguna de mi habitación porque además de su tamaño, estaba decorada con muebles de diseño de alto standing pero fue la cama lo que me dejó impresionado:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es una King size», me dije nada más entrar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sorpresa se incrementó cuando la cuarentona me enseñó que por medio de una puerta tenía acceso a un lujoso baño con jacuzzi pero entonces bajando mis expectativas, Doña Consuelo me informó que tendría que compartir ese baño con ellas. No queriendo parecer un caprichoso, me abstuve de informarle que según mi madre iba a tener baño propio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No creo que eso sea problema», me dije al ver que tenía pestillo mientras me imaginaba disfrutando de esa enorme bañera llena de espuma.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando con tono serio, mi casera me informó que la comida estaba programada a las dos y que se exigía un mínimo de decoro para sentarse en la mesa. Asumiendo que no era bueno causar problemas desde el primer día, pero como desconocía a qué se refería con ello, se lo pregunté directamente:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Somos una familia clásica y por ello deberá llevar corbata.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Comprenderéis que para un muchacho actual esa prenda era algo que jamás se pondría para comer y por eso comprendí medio mosqueado que mi madre hubiese insistido en meter una en la maleta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡La jefa lo sabía y se lo calló!», maldije en silencio mientras me retiraba ya cabreado a mi habitación.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me sentía estafado al no saber qué otras cosas me había ocultado para que aceptara a regañadientes vivir allí. Cómo comprenderéis me esperaba cualquier otra idiotez y reteniendo las ganas de mandar todo a la mierda, me tumbé en la cama a descansar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Al menos es cómoda», murmuré al disfrutar de la suavidad de las sábanas de hilo y lo mullido del colchón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darme cuenta y quizás porque estaba cansado por el viaje, me quedé dormido. Durante casi una hora disfruté del sueño de los justos hasta que un pequeño ruido me despertó. Al abrir los ojos, me encontré con la que debía ser la criada de la pensión deshaciendo mi maleta y colocando mi ropa en el armario.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No debe haberse dado cuenta que estoy en la habitación», pensé mientras disfrutaba del estupendo cuerpo que alcanzaba a imaginar tras el uniforme que llevaba. «Tiene un culo de infarto», sentencié ya espabilado al contemplar las duras nalgas que involuntariamente exhibió frente a mí mientras se agachaba a recoger uno de mis calzoncillos. Fue entonces cuando de improviso, vi que esa rubita se llevaba esa prenda a la nariz y se ponía a olerla con una expresión de deseo reflejada en su rostro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Joder con la cría», me dije al comprobar que bajo la tela de su camisa dos bultitos reflejaban la calentura que le producía husmear mi ropa interior. Reconozco que me pasé dos pueblos al querer aprovechar ese momento:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Si quieres te dejó oler uno usado- le solté señalando mi entrepierna.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha, al oírme, se giró asustada y al comprobar que no solo el cuarto estaba ocupado, sino que el huésped había descubierto su fetiche, huyó sin mirar atrás. Esa reacción me hizo reír y por primera vez pensé que no sería tan desagradable vivir allí si todo el servicio se comportaba así…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Conozco a Laura, la hija de la dueña de la pensión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sobre las dos menos cuarto, decidí que ya era hora de cambiarme de atuendo y ponerme la dichosa corbata. Había pensado en seguir vestido igual y anudármela sobre la camisa que llevaba pero la visita que había recibido en mi habitación, cambié de opinión y deseando dejar un regalito a la criada, me puse otra muda dejando el calzón usado colocado en una silla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Espero que le guste», murmuré, tras lo cual, bajé al comedor a enfrentarme con la siguiente excentricidad de Doña Consuelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La señora se estaba tomando un jerez en el salón, haciendo tiempo a que yo bajara. Al verme entrar, me preguntó si deseaba algo de aperitivo antes de comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Lo mismo que usted- respondí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Luciendo una extraña sonrisa, abrió un barreño y sacando una botella, rellenó una copa mientras por mi parte, echaba una ojeada a las innumerables fotos que había en esa habitación. La presencia en todas ellas de un tipo, me indujo a pensar que era el difunto marido de esa cuarentona. Siendo eso normal, lo que me extrañó fue que en ninguna aparecía nadie más.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Parece un homenaje al muerto», resolví y no dándole mayor importancia, recogí de sus manos la bebida que me ofrecía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente al llevármela a los labios, la viuda se quedó mirando fijamente a mi boca y creí vislumbrar en sus ojos un raro fulgor que no comprendí. Medio cortado al sentirme observado, alabé la calidad del vino.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Era el preferido de mi marido. Juan siempre se tomaba una copa antes de comer. Me alegro que sea de tu gusto, es agradable tener nuevamente un hombre en casa que disfrute de las pequeñas cosas de la vida- contestó saliendo de su mutismo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La inesperada expresión de felicidad que leí en su hasta entonces hierática cara, despertó mis dudas del estado mental de esa mujer pero cuando estaba a punto de preguntar a qué se refería, vi entrar a la criada al salón. Las mejillas de esa chica se ruborizaron al advertir que aprovechaba su llegada para dar un rápido repaso a su anatomía. No queriendo que su patrona me descubriera admirando las contorneadas formas con las que la naturaleza había dotado a esa cría, dirigiéndome a Doña Consuelo comenté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Aunque mi madre había alabado esta casa, tengo que reconocer que nunca creí que iba a vivir entre tanta belleza- ni siquiera había terminado de hablar cuando me percaté que mis palabras podía ser malinterpretadas. Había querido ensalzar el buen gusto de la decoración pero, aterrorizado, comprendí que podía tomarse por un piropo hacia ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No tardé en advertir que la cuarentona lo había entendido en ese sentido porque, entornando en plan coqueto sus ojos, me respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Gracias. Siempre es agradable escuchar un halago y más cuando llevaba tiempo sin oírlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que había metido la pata, me tranquilizó comprobar que no se había enfadado, me abstuve de aclarar el malentendido. Justo en ese momento, la uniformada rubia murmuró:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Mamá, la cena ya está lista.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sorpresa fue total y mientras trataba de asimilar que una madre humillara a su hija vistiéndola de esa forma, la cuarentona respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Gracias- y pidiéndola que se acercara, me presentó diciendo: -Laura, Jaime se va a queda a vivir con nosotras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cría, incapaz de mirarme a la cara, bajó sus ojos al contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Encantada de tenerle en casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué tía más rara!», reflexioné al notar que se dirigía a mí de usted siendo más o menos de mi edad. «Debe de estar cortada al saber que conozco su secreto».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo parecer grosero, fui a darle un beso en la mejilla pero retirando su cara, alargó su mano y por eso no me quedó más remedio que estrecharla entre las mías, mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -El placer es mío.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La reacción de la chiquilla poniéndose instantáneamente colorada me indujo a pensar que me había malinterpretado y que veía en esa fórmula coloquial, una velada referencia a su fetiche. No queriendo prolongar su angustia, pregunté a la madre si pasábamos a comer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cuarentona debió ver en esa pregunta una galantería porque, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, me cogió del brazo como antiguamente se colgaban las damas de su pareja al entrar a un baile y sin mayor comentario, me llevó al comedor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡No entiendo nada!», mascullé sorprendido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si estaba pasmado por el comportamiento de esas mujeres, realmente no supe a qué atenerme cuando ya sentados a la mesa, Doña Consuelo bendijo la comida diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Señor, te damos las gracias por los alimentos que vamos a tomar y por haber escuchado nuestras oraciones al permitir nuevamente la presencia de un hombre en nuestro hogar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿De qué va esta tía?», me pregunté al notar sus ojos fijos en mí al decir “hombre”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su tono escondía un significado que no alcancé a interpretar y más nervioso de lo que me gustaría reconocer pronuncié “amen”, mientras todos los vellos de mi cuerpo se erizaban. Si no llega a ser imposible, hubiese jurado que esa señora me estaba mirando con deseo y no queriéndome creer que fuera verdad, esperé a que comenzaran a comer antes de atreverme a coger los cubiertos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Afortunadamente, Laura rompió el silencio que se había instalado entre esas cuatro paredes al preguntar qué iba a estudiar. Agradeciendo su intervención, le contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Ingeniería Industrial.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al oírme, dio un suspiro diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -¡Cómo me hubiese gustado estudiar esa carrera!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desconociendo que iba a pisar terreno resbaladizo, cortésmente, le pedí que me dijera porque no lo hacía pero entonces de muy mal genio, su madre respondió por ella:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Esa no es una carrera para una dama. Laura debe centrarse saber llevar una casa para así conseguir un buen marido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menuda bruja!», exclamé en mi mente al ver en esa respuesta un grotesco machismo pasado de moda pero sabiendo que no era un tema mío, me abstuve de hacer ningún comentario y mirando a la muchacha, le informé con la mirada que no estaba de acuerdo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al darse cuenta, la cría sonrió y al pasarme la panera aprovechó para agradecérmelo con una caricia sobre mi mano. La ternura de sus dedos recorriendo brevemente mi palma tuvo un efecto no deseado y bajo mi bragueta, mi pene se desperezó adquiriendo un notorio tamaño. De no estar sentado, estoy seguro que la hinchazón de mi entrepierna me hubiese delatado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está tonteando conmigo!», pensé excitado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Doña Consuelo, o no vio la carantoña o no quiso verla y llamando mi atención, empezó a enumerar las costumbres de esa casa:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Como ya sabes, somos una familia tradicional. Comemos a las dos y cenamos a las nueve. Si algún día no puedes venir, deberás avisarnos para que no te esperemos…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -No se preocupe- dije molesto al recordar el estricto horario que debería cumplir durante mi estancia allí. –Si por algún motivo me retraso, se lo haré saber con tiempo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mueca de la cuarentona me informó que no le había gustado mi interrupción y me lo dejó meridianamente claro al seguir diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Tu madre me informó que tus clases empiezan a las ocho y media de la mañana por lo que diariamente, te despertaremos a las siete para que así te dé tiempo de darte un baño y desayunar antes de salir de casa…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué mujer tan pesada!», sentencié mientras escuchaba las reglas por las que se regía esa casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Todas las mañanas, Laura recogerá tu ropa y arreglará tu cuarto para que al llegar, encuentres todo listo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acostumbrado a valerme por mi mismo, le expliqué que no hacía falta y que desde niño me hacía la cama pero entonces casi gritando, la cuarentona me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -En esta casa, ¡Un hombre no realiza labores del hogar!- y dándose cuenta que había exagerado, cambió su tono diciendo: -Queremos que te sientas en familia y no nos gustaría que pensaras que somos de esas feministas que no saben ocupar su lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Esta mujer sigue anclada en el siglo xix», me dije alucinado por lo rancio de sus pensamientos justo cuando ya creía que nada me podía sorprender, Doña Consuelo exigió a su hija que se pronunciara al respecto:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Laura, ¡Dile a Jaime qué opinas!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rubia, mirándome a los ojos, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Don Jaime, lo que mi madre quiere decir es que mientras viva en esta casa, nos ocuparemos gustosamente de satisfacer todas sus necesidades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que fui incapaz de contestar porque mientras la hija hablaba, un pie desnudo estaba recorriendo uno de mis tobillos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Cómo se pasa teniendo a su madre enfrente!», rumié mientras mis hormonas se alborotaban al sentir que esos dedos no se conformaban con eso y que seguían subiendo por mis muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Va a conseguir ponerme bruto», temí cuando noté que se hacían fuertes entre mis piernas y comenzaban a rozarse contra mi pene.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Preocupado por las consecuencias de tamaño descaro, retiré ese indiscreto pie y mientras lo hacía, devolví la caricia regalándole un cómplice apretón con mi mano. Laura debió decidir que había captado la idea porque no volvió a intentar masturbarme durante la comida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya resuelto el problema y tratando de disimular mi erección, miré a Doña Consuelo. No tuve que ser un genio para comprender que se había dado cuenta de lo ocurrido al ver que, bajo la tela negra de su vestido, los pezones de la viuda mostraban una dureza que segundos antes no tenían.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Lo sabe y no le importa!», proferí en silencio una exclamación mientras pensaba en lo extrañas que eran esas dos mujeres. «Exteriormente se comportan como unas mojigatas pero algo me dice que son un par de putas», sentencié ilusionado. Ya creía que sin saberlo mi madre me había colocado en mitad de un harén cuando la cuarentona pidió a Laura que bajara el aire acondicionado porque tenía frio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Era eso», mascullé mientras me recriminaba lo imbécil que había sido al pensar que Doña Consuelo se sentía atraída por mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asimilando mi error, todavía me quedó la certeza que al menos la hija era un putón desorejado y sabiendo que tendría muchas oportunidades de calzármela, decidí tomármelo con calma:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Ya caerá!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la comida transcurrió sin nada más que reseñar y por eso al terminar el postre, pidiendo permiso, me levanté de la mesa. Ya estaba en la puerta cuando recordé las normas de la casa y girándome, informé que en media hora me iba de la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Señora, he quedado con un amigo pero no se preocupe, volveré antes de la nueve.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> -Te estaremos esperando- contestó la viuda mientras ordenaba a su hija que recogiera los platos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y en mi habitación, vi el calzoncillo que había dejado en la silla y recordando las caricias de la rubia decidí premiarla con otro regalo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Estoy seguro que le gustará», sonreí y cogiéndolo, me puse a pajearme mientras me imaginaba a la muchacha entrando en la habitación maullando como una gata en celo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era tanta la excitación que me había producido su magreo durante la comida que no tardé en descargar mi simiente sobre la prenda. Satisfecho cogí un boli y un papel para escribir una dedicatoria:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Zorra, dejo mi leche para tu boquita”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual la escondí en su interior y devolví el calzón a la silla de donde lo había cogido. Sin nada más que hacer, me quité la corbata y salí a recorrer Madrid como el muchacho de dieciocho años que era….</span></p>
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		<title>&#8220;ENAMORADA DE UN FANTASMA&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO Y LOUISE RIVERSIDE)</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 12:52:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: En mitad de una crisis creativa y sentimental, Heloise Ryan acude a una entrevista con su editor para volver a pedir otro retraso para entregar una novela. La londinense se ve incapaz de reconocer que no tiene un tema del cual escribir y sabiendo que no va a permitir una nueva prorroga, se ve obligada a inventarse que está meditando que su próximo libro sea una historia de amor con un fantasma. Siendo una escritora de novela negra, supuso que el agente pondría el grito en el cielo. Pero para su sorpresa, no solo lo acepta sino que para [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.amazon.es/dp/B0BYJV49ZW"><img decoding="async" width="1024" height="273" src="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2023/03/enamorada-de-un-fantasma-1-1024x273.png" alt="" class="wp-image-29188" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2023/03/enamorada-de-un-fantasma-1-1024x273.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2023/03/enamorada-de-un-fantasma-1-300x80.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2023/03/enamorada-de-un-fantasma-1-768x205.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2023/03/enamorada-de-un-fantasma-1-1536x409.png 1536w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2023/03/enamorada-de-un-fantasma-1-2048x545.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>



<p>En mitad de una crisis creativa y sentimental, Heloise Ryan acude a una entrevista con su editor para volver a pedir otro retraso para entregar una novela. La londinense se ve incapaz de reconocer que no tiene un tema del cual escribir y sabiendo que no va a permitir una nueva prorroga, se ve obligada a inventarse que está meditando que su próximo libro sea una historia de amor con un fantasma. Siendo una escritora de novela negra, supuso que el agente pondría el grito en el cielo. Pero para su sorpresa, no solo lo acepta sino que para ayudarla le concierta una estancia de un mes en un castillo supuestamente embrujado de un amigo suyo situado en Irlanda.<br>A regañadientes no le queda mas que aceptar, sin saber que ese viaje iba a trastocar por completo tanto su vida como sus creencias al conocer al dueño y descubrir que Declan O´Brien es un adonis, un dios hecho carne, capaz de incendiar sus hormonas. La atracción que sienten uno por el otro choca frontalmente con el odio que tiene el noble por todo lo que huela a inglés. Tampoco ayuda que según la leyenda, el espectro que recorre sus almenas haya sido victima de una mujer con su mismo color de pelo y que desde el siglo XVI, ninguna pelirroja haya traspasado sus muros.<br>Tras ese rechazo inicial, nuestra protagonista se traslada a vivir a esa fortaleza.<br>Una vez allí y a pesar de que su anfitrión niega la existencia del fantasma de su antepasado, Heloise comienza a sentir su presencia&#8230;.</p>



<p>TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS.</p>



<p></p>



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</div></figure>



<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Solo alguien que se haya sentado frente a un ordenador a escribir sabe la desesperación que se siente cuando la inspiración desaparece y cree que jamás podrá recuperarla. Así me encontraba en mi piso londinense. Para los que no me conozcan, mi nombre es Heloise Ryan. Soy una escritora que se sentía vacía a pesar del éxito que habían tenido sus últimos dos libros y que estos seguían entre las listas de los más vendidos. Con treinta y un años, acababa de quedarme sin pareja. Mi novio de los últimos cuatro había decidido dar un paso más en la relación pidiéndome matrimonio. Aunque lo quería, le dije que no porque no me veía casada. Esa mentira y el dolor que vi en su cara todavía me martirizan. Por supuesto que deseaba crear una familia, pero al verme presionada comprendí que no estaba enamorada de Walter y que lo consideraba poco más de un compañero con derecho a cama.</p>



<p>Nos habíamos hecho amigos en la universidad y con el tiempo al irse ennoviando el resto, para no quedarnos solos y casi sin darnos cuenta nos habíamos convertido en pareja. Al compenetrarnos sexualmente, nos había parecido hasta lógico el irnos a vivir juntos y así hacernos compañía. Por ello hasta que lo vi arrodillado ante mí con un anillo en su mano, nunca me planteé cuáles eran en realidad mis sentimientos. Admitiendo que era un buen hombre que no se merecía que le hiciera más daño, decidí que debíamos separar nuestros caminos para que pudiera rehacer su vida y corté con él. Aun así, las primeras semanas fueron duras y le echaba de menos, sobre todo a la hora de irme a acostar al haberme acostumbrado a recibir sus caricias.</p>



<p>«No debo», varias veces me tuve que decir cuando ya estaba llamándolo.</p>



<p>A raíz de esa ruptura o coincidiendo con ella, mi soledad se incrementó cuando las musas desaparecieron de mi vida y me tuve que enfrentar a un papel en blanco. Comprometida por contrato a escribir una nueva novela, mi editor estaba ya acuciándome a presentar al menos un boceto, una sinopsis de la historia.</p>



<p>«Nunca me resultó tan difícil buscar un tema», pensé mientras me dirigía hacia la editorial a dar una nueva excusa con la que alargar otros tres meses el periodo que me habían dado para escribir el libro.</p>



<p>Como la oficina de Peter O’Dogherty estaba en el centro, creí prudente no enfrentar el endiablado tráfico londinense y dejando el coche en casa, cogí el metro. Para pasar el tiempo en uno de sus atestados vagones, me puse a leer el “Sun”. Ese periódico sensacionalista, tan denostado por la intelectualidad, para mí era un remanso de paz y por eso al descubrir un artículo sobre los castillos encantados de Escocia, obvié leerlo y busqué otro con el que dejar de pensar en la cita.</p>



<p>«Es alucinante que haya gente que todavía crea en ellos», medité mientras me ponía a leer el último escándalo de un miembro de la familia real.</p>



<p>La sordidez del tema y los detalles que el periodista daba sobre el supuesto affaire entre un sobrino del rey Carlos y una modelo tampoco me atrajo y desanimada empecé a observar a la gente que deambulaba por el suburbano. Mirando a un encorbatado del brazo de una chavala de origen hindú, sonreí al saber que poco a poco la sociedad inglesa se iba haciendo multicultural.</p>



<p>«Ya nadie se espanta al ver una pareja inter étnica y por tanto no interesa», concluí tras meditar durante unos instantes sobre la conveniencia de escribir acerca de las dificultades que tendrían al formalizar su relación: «Ni siquiera mi abuela se escandalizaría si un día le llego con un novio de otra raza».</p>



<p>Buscando inspiración entre los hombres y mujeres que diariamente cogían ese medio de transporte para acudir a sus trabajos, fijé la atención en un grupo de madres que llevaban a sus hijos al colegio e involuntariamente las envidié.</p>



<p>«Cómo me gustaría ser como ellas», medité molesta al saberme sola cuando si hubiese aceptado la propuesta de Walter en ese momento estaría planeando mi boda.</p>



<p>Con ello en mente, bajé en la estación de Green Park y enfilé hacia la calle Dover donde me encontraría con el ejecutivo que me había anticipado una buena suma en concepto de royalties.</p>



<p>«Tengo que llegar con la verdad y decirle que sigo sin tener una historia», reconocí preocupada.</p>



<p>Por eso al entrar en su despacho, había decidido ser sincera y reconocer mi crisis creativa antes siquiera que la cuestionara.&nbsp; El destino quiso que mientras me sentaba y hacía acopio de valor, Peter estuviera hablando con un colega sobre la tendencia del mercado:</p>



<p>―Aunque nos cueste asumirlo, los gustos han cambiado. Cada vez se compran menos novelas negras.</p>



<p>Siendo mis libros básicamente thrillers policiacos donde se mezclaban asesinatos con política, palidecí y seguí escuchando:</p>



<p>―Ahora mismo, la gente busca en la lectura huir de la triste realidad de hoy en día y por eso están en boga la literatura romántica y la fantasía sobrenatural. Una novela que aúne esos dos géneros sería un auténtico best seller― sentenció antes de colgar.</p>



<p>Ya centrado en mí y mirándome a los ojos, comentó que sus jefes estaban muy cabreados por no haber recibido todavía al menos un resumen de lo que estaba escribiendo y que le estaban exigiendo recuperar el anticipo.</p>



<p>Al verme contra la pared, no pude seguir con lo que había planeado y carraspeando, contesté:</p>



<p>―Peter, la verdad es que hasta oírte hablar me daba vergüenza confesar que el tema del que estoy escribiendo no tiene nada que ver con lo que te tengo acostumbrado.</p>



<p>Dejando las gafas sobre la mesa, el sesentón me observó y preguntó en qué consistía el cambio.</p>



<p>―Estoy cansada de escribir sobre crímenes. Quiero dar un giro a mi obra para hacerla más del gusto del público.</p>



<p>― ¿Y sobre qué vas a escribir? ― quiso saber ya interesado.</p>



<p>Sin otra salida que escandalizarle para que el mismo rechazara el tema y eso me diera la oportunidad de esperar a que volviera la inspiración, recordé el artículo que ni siquiera me había dignado a leer:</p>



<p>―Te parecerá ridículo, pero he pensado en que mi próxima novela vaya sobre un castillo en el que vive un fantasma.</p>



<p>Para mi sorpresa, el ejecutivo sonrió y pidió que siguiera extendiéndome porque el tema le interesaba.</p>



<p>―Mi idea es enfrentar al alma en pena con la realidad de nuestros días donde ni siquiera los más ilusos creen en lo sobrenatural― contesté y horrorizada al ver que se seguía mostrando interesado, creí oportuno añadir: ― Mi protagonista será una reputada catedrática de Oxford al que un noble le pide ayuda para demostrar que su castillo no está embrujado y que un fantasma atormentado por un antiguo amor nunca ha deambulado por sus almenas.</p>



<p>La mirada incrédula con la que recibió la propuesta me tranquilizó y cuando ya pensaba que iba a rechazarla por patética, el editor comentó:</p>



<p>―No sabía que conocías a Declan O´Brien y menos que él te tenía tanta confianza de contarte su problema.</p>



<p>―No conozco a ese sujeto― balbuceando, repliqué.</p>



<p>―Vamos Heloise. El argumento del libro que propones parece al menos inspirado en la leyenda que pesa sobre su heredad.</p>



<p>―Te puedo jurar que nadie me ha contado nada al respecto y ahora que lo pienso creo que es ridículo y que debo centrarme en otra cosa.</p>



<p>―Para nada, los lectores están ávidos de temas con tintes mágicos y me parece estupenda la idea de escribir sobre un fantasma en nuestros días. Es más, ahora mismo voy a llamar a Declan y pedirle que te acoja en su casa― concluyó pensando quizás en los réditos que conseguiría ante sus superiores por haber convencido a una escritora “seria” de abordar ese tipo de temática.</p>



<p>Completamente desolada y sin tiempo de reacción, tuve que escuchar como Peter le sacaba a su amigo el compromiso de recibirme en su castillo de Irlanda mientras terminaba la novela&#8230;</p>



<p>Una semana después y contra mi voluntad, llegué al pueblo de Birr en el condado de Offaly. Esa mañana había tomado un vuelo a Dublín y desde ahí me había dirigido en autobús hasta esa pequeña localidad. Tras las cinco horas que había invertido entre los dos trayectos de viaje, estaba cansada y de pésimo humor. Por eso cuando el tercer taxista también se negó a acercarme a la fortaleza de los O´Brien a no ser que le pagara un desorbitado precio, decidí llamar al propietario. El tal Declan escuchó indignado que de plano se negaban a llevarme o exigían una tarifa fuera de lugar y despotricando sobre la incultura de sus paisanos, quedó en irme a buscar.</p>



<p>―Señorita Ryan, como voy a tardar al menos media hora en organizarlo, espéreme en el pub de Nolan´s que hay frente a la estación de autobuses.</p>



<p>No teniendo otra cosa que hacer, acepté la sugerencia y arrastrando la maleta, entré al establecimiento donde había quedado en vernos a tomar algo. Mientras comía, me puse a releer la historia de la fortaleza donde me iba a hospedar. Como ya sabía que fue construida a mediados del siglo XIII, me centré en la leyenda del fantasma. Según contaba esa historia, la familia del hombre que me iba a recoger descendía de Murtough O&#8217;Brien, uno de los últimos reyes de Irlanda y el espectro era otro de sus antepasados al que se le conocía como Gerald O´Brien, el dos veces muerto. Divertida leí que ese sobrenombre se debía a que, tras levantarse contra el poder inglés, el rey Jacobo I prohibió que nadie volviese a dirigirse a él para que fuera un muerto en vida. Su fallecimiento real y origen de su peregrinar fue a consecuencia de un duelo en el que se enfrentó al hombre que se había desposado con Helen, su antigua prometida.</p>



<p>«Pobre tipo», pensé: «repudiado por la sociedad y encima el que iba a ser su suegro hace valer el mandato real para cancelar el compromiso y casar a la joven con un mejor partido».</p>



<p>Seguía enfrascada en la lectura del enfrentamiento cuando noté que alguien se sentaba a su mesa. Al levantar la mirada, me encontré con la sonrisa de mi inesperado acompañante:</p>



<p>―Nunca me imaginé que la famosa escritora fuera una monada.</p>



<p>Sorprendida por el piropo, no pude más que preguntar al hombre que tenía enfrente si era el señor O´Brien.</p>



<p>― ¡Más quisiera! Soy Kevin, el esclavo al que mi jefe mandó a recogerla.</p>



<p>La simpatía del rubio aquel era contagiosa y de mejor humor, llamé al camarero para que trajese la cuenta. Mientras me la traía, noté su mirada indiscreta observándome.</p>



<p>― ¡Joder! Sé un poco menos descarado. ¡Tan guapa no soy! ― ruborizada, exclamé al sentir que se me estaba comiendo con los ojos.</p>



<p>Lejos de cortarse con el exabrupto, el recién llegado se echó a reír:</p>



<p>―Para ser hija de la Gran Bretaña estás muy rica, pero no es eso. Tienes espuma del café en la mejilla.</p>



<p>La picardía no exenta de galanteo secretamente me alegró y decidida a devolvérsela con creces, tras pagar, me levanté de su asiento y señalando la trolley, respondí:</p>



<p>―Esclavo, coge el equipaje y llévame ante tu señor.</p>



<p>Durante un par de segundos, Kevin no supo ni que decir hasta que, soltando una carcajada, comentó:</p>



<p>―Definitivamente, eres una hija del Imperio. Lo que me voy a reír cuando mi jefe se dé cuenta de que la arpía que ha metido en casa va a trastocar su estricta forma de ver la vida.</p>



<p>Desternillada por sus reiterados insultos, quise que me aclarara a que se refería:</p>



<p>―Aunque es mi amigo, Declan puede llegar a ser insufrible en lo que respecta al orden. No aguanta que nada ni nadie altere su rutina y por lo que presiento, eres exactamente lo contrario.</p>



<p>Haciendo caso a sus palabras, ese noble debía de ser un tipo totalmente cuadriculado y de ser así, preví que no tardaríamos en chocar. Al ir como invitada, decidí intentar comportarme y evitar los roces con él.</p>



<p>«Cuanto menos lo vea, mejor», me dije: «He venido a escribir y eso haré».</p>



<p>Con ello en mente, esperé a que Kevin metiera mis cosas en el todoterreno para preguntarle por el fantasma. Su cordialidad desapareció con la pregunta y con el ceño fruncido, me alertó que eso era mejor no tocarlo con mi anfitrión.</p>



<p>―Por mucho que mi jefe niegue la existencia de su antepasado por los pasillos, todos los que vivimos en Kildarhouse lo hemos sentido alguna vez.</p>



<p>Confundida por esa reacción tan fuera de lugar, me abstuve de comentar al rubio que, tras terminar la novela, mi editor se había comprometido con su jefe en que redactaría un artículo donde reconociera que a pesar de los rumores la leyenda era falsa y que ningún espíritu vivía en su heredad.</p>



<p>―Cuándo dices que todos lo habéis sentido, ¿significa acaso que tú también? ― insistí reteniendo las ganas de soltar una carcajada.</p>



<p>Con los vellos erizados, contestó:</p>



<p>―No te rías. Si finalmente consigues quedarte en el castillo, tú también notarás su presencia. Puertas que se abren, crujidos por la noche&#8230;</p>



<p>Que pusiera en duda que iba alojarme allí, me alertó de que algo ocurría e intrigada, se lo pregunté a boca jarro:</p>



<p>―En cuanto Declan te vea, va a intentarse echar para atrás. Desde que Helen Darby traicionó a Gerald, los O´Brien huyen de toda pelirroja que se les cruza en el camino.</p>



<p>Aunque me parecía imposible que un hombre de la actualidad se viera afectado por algo que había ocurrido cuatro siglos antes, preferí callar y pensar qué decir si finalmente se confirmaban sus sospechas.</p>



<p>«Nadie en su sano juicio se deja llevar por unos recelos tan absurdos».</p>



<p>De camino, la campiña irlandesa que estábamos cruzando me hizo olvidar momentáneamente la razón que me había llevado hasta la zona e impresionada por la riqueza de esas tierras, comencé a disfrutar del camino.</p>



<p>―Ya hemos entrado en la finca― comentó orgulloso mi benefactor al darse cuenta de la fascinación con que observaba a través de la ventana.</p>



<p>&nbsp;&nbsp; Para una urbanita como yo, criada en asfalto, esos campos eran algo novedoso y por ello, apenas estaba haciéndome una idea cuando de pronto apareció ante mí el castillo.</p>



<p>― ¡Qué maravilla! ― exclamé al sentir que retrocedía a otras épocas.</p>



<p>Totalmente obnubilada y casi sin respiración, contemplé la altura de sus muros de granito, sus dos torres fortificadas, pero lo que me dejó sin habla fue comprobar que todo lo que veía me resultaba familiar.</p>



<p>«¡No puede ser!» musité incapaz de reconocer lo que mi corazón afirmaba y es que en mi interior sentía como propias cada piedra, cada almena de esa construcción, como si en mi niñez hubiera corrido por ellas.</p>



<p>Impresionada por ese “deja vu”, por esa sensación de haberlo vivido antes, asumí que la imaginación me estaba jugando una jugarreta y más nerviosa de lo que me hubiera gustado, esperé a que apagara el todoterreno antes de bajar a saludar a la anciana que había salido a recibirnos.</p>



<p>―Es doña Nora, el ama de llaves― me anticipó Kevin.</p>



<p>Mi propio nerviosismo se incrementó cuando, al extenderle la mano, la mujer retrocedió asustada y corrió al interior del castillo.</p>



<p>― ¿Qué ha pasado? ― tuve que preguntar a su interlocutor.</p>



<p>El joven riendo contestó:</p>



<p>―Ya te dije que las pelirrojas no son bienvenidas en Kildarhouse.</p>



<p>―Pero eso es una memez― todavía sorprendida por la reacción de la señora contesté.</p>



<p>Sin tenerlas todas conmigo al ver a Kevin cargando su maleta, entré tras él. Acababa de traspasar el portón de la entrada cuando me vi frente al sueño de toda mujer, ¡un adonis de casi dos metros! La virilidad que trasmitía me apabulló y con la mandíbula desencajada, apenas pude balbucear un saludo cuando percibí su rechazo.</p>



<p>―Soy Heloise Ryan, su invitada.</p>



<p>De inmediato reparé en la lucha interna del hombretón e increíblemente quise facilitarle el trance diciendo que si tanto le perturbaba el color de mi pelo podía quedarme en un hotel. Como despertando de una pesadilla, Declan forzó una sonrisa:</p>



<p>―No hace falta. Un O´Brien mantiene su palabra. Considere Kildarhouse su casa.</p>



<p>Lo incómodo de la escena no impidió que me viera entre sus brazos y abochornada por la atracción que sentía, escuché que llamaba a una criada.</p>



<p>― Por favor, Mary. La señorita Ryan se quedará en la habitación rosa. Ayúdele a acomodar sus cosas ahí.</p>



<p>― ¿En la habitación rosa? ― por alguna razón, preguntó la morena.</p>



<p>―Sí― replicó y girándose hacia mí, se despidió: ―Nos vemos en la cena.</p>



<p>Sin esperar respuesta, el dueño del castillo se marchó dejándome totalmente confusa. No queriendo perder a la muchacha, la estaba siguiendo por las escaleras cuando de pronto me encontré frente a un retrato de una joven con mi misma melena.</p>



<p>«Si tanto la odian, no entiendo que la tengan expuesta en este lugar», reconociéndola como la prometida del supuesto fantasma, pensé y sin pararme a contemplarla seguí subiendo rumbo al que sería mi cuarto.</p>



<p>Al entrar en el dormitorio que me habían asignado, estaba en penumbras por lo que Mary tuvo que abrir las contraventanas para que entrara la luz.</p>



<p>―Perdone señorita, pero no esperábamos que fuera aquí donde durmiera― comentó.</p>



<p>Con la claridad entrando a través de los cristales, la sensación de haber estado ahí volvió con fuerza:</p>



<p>«Estoy alucinando», me dije al reconocer el dormitorio como el de mis sueños de niña. Con un escalofrío recorriéndome de arriba abajo, miré la cama con dosel, el tocador, las cómodas&#8230;: «Estos muebles son como los que pintaba cuando me creía una princesa».</p>



<p>A punto de salir huyendo de ahí, comprendí que era absurdo y entablando conversación con la criada mientras desempaquetábamos la ropa, quise saber por qué consideraba tan raro el que me quedara ahí.</p>



<p>―Señorita, era el cuarto de la madre del señor. Nadie ha dormido aquí desde que nos dejó.</p>



<p>Al escucharlo asumí que, avergonzado tras su reacción inicial, Declan me había dado la mejor habitación de la casa. Anotándolo en el cerebro, supe que debía darle las gracias en cuanto lo viera. Como habíamos quedado en vernos durante la cena, pregunté a qué hora la servían.</p>



<p>―A las seis en punto. Le ruego sea puntual. Que alguien le haga esperar enfada de sobre manera al señor.</p>



<p>Como todavía eran las tres y media, dejé caer si había algún problema en que recorriera el castillo, ya que tenía muchas ganas de conocerlo.&nbsp;</p>



<p>―Mejor la acompaño y le presento al resto del servicio― contestó la joven previendo quizás que en mi deambular entrara en las áreas privadas de su jefe.</p>



<p>Aunque hubiese preferido ir por libre, esperé a que terminara de acomodar mi equipaje en un armario investigando por el cuarto. La decoración destilaba clase. Sin estar recargado, era evidente que había sido decorado por una mujer y parecía sacado de una revista de diseño.</p>



<p>«La madre debió tener un gusto exquisito», sentencié mientras abría la puerta que daba al baño.</p>



<p>Si la habitación me había dejado gratamente sorprendida, el baño me entusiasmó.</p>



<p>«Es precioso», concluí viendo que, a pesar de ser evidente que debía haber sido renovado últimamente, quien lo hubiese hecho había respetado su esencia dotándolo de todas las comodidades de hoy en día.</p>



<p>«Parece el de un hotel de lujo», pensé y observando el enorme jacuzzi de mármol blanco, supe que pasaría horas metida en él.</p>



<p>Seguía imaginándome disfrutando de esa belleza cuando reparé que frente al espejo había un florero lleno de rosas blancas. Agradeciendo el detalle de mi anfitrión, volví al cuarto y le comenté a Mary si esas flores eran del jardín.</p>



<p>― ¿A qué flores se refiere? ― respondió.</p>



<p>Al señalar el ramo que lucía el jarrón, me miró asustada y se abstuvo de contestar. Reconozco que me pareció raro, pero asumiendo que era mejor no insistir, preferí pensar que Declan había ordenado a otra de las empleadas que las colocara.</p>



<p>«Debe tener un miedo cerval a su jefe», medité: «y siendo ella la encargada, teme que la reprenda al habérsele olvidado.</p>



<p>Con ello en mente, escuché que me proponía comenzar la visita al castillo.</p>



<p>―Te sigo― contesté.</p>



<p>No tardé en comprobar que la muchacha estaba acostumbrada a servir de cicerón porque en vez de empezar por la planta en la que estábamos, prefirió comenzar mostrándomelo desde el exterior.</p>



<p>&nbsp;―Kildarhouse, a pesar de las sucesivas reformas, conserva la estructura medieval. Por ejemplo, su fachada actual de estilo neogótico data de finales del siglo XIX.</p>



<p>Conociendo de antemano todos esos detalles, hice un esfuerzo por seguir sus explicaciones sin interrumpirla e hice bien, porque habiendo nacido en esa localidad conocía detalles de los que no había oído hablar como podía ser que la fortaleza había soportado dos asedios. Uno en tiempo del tal Gerald y otro posterior en el 1.640 bajo las tropas de Oliver Cromwell.</p>



<p>―Los O´Brien siempre han sido unos patriotas y cada vez que pudieron, se alzaron en armas contra los enemigos de Irlanda― comentó sin percatarse de mi origen británico para a continuación explicar que a raíz de ese ataque la familia de mi anfitrión había tardado casi un siglo en reponerse.</p>



<p>―El foso y los jardines de alrededor fueron rediseñados gracias a la dote aportada por Elizabeth Carroll al casarse con James O´Brien en 1.845.</p>



<p>Siendo unos datos que me parecían irrelevantes ante la belleza del lugar, le pregunté de qué tamaño era la finca.</p>



<p>―Lo que es propiamente el área del castillo cuenta con cincuenta hectáreas, pero los O´Brien son los mayores terratenientes de la zona y exactamente no lo sé― contestó haciéndome ver que Declan era un hombre riquísimo.</p>



<p>Tras comentar que el gobierno irlandés había tenido a bien declarar protegido tanto el parque como la fortaleza y por tanto no se podía disgregar, pasamos al interior. Una vez ahí, directamente se dirigió a la biblioteca, donde confieso que me quedé muda al ver la cantidad de incunables que lucía en sus estantes, pero sobre todo al ver sobre una mesa un ejemplar de mi último libro. Incapaz de contenerme, lo abrí y descubrí en la dedicatoria que era un regalo de mi editor:</p>



<p>“Además de guapa, Heloise es una de las mejores escritoras de la actualidad”.</p>



<p>Curiosamente, sentí esos piropos como una puñalada de Peter al valorar antes mi físico que la calidad de mi obra y dejándolo donde lo había encontrado, seguí a Mary al primero de los salones.</p>



<p>«Menudo cretino, usó mi supuesto atractivo para convencerle de que me aceptara en su casa», sentencié llena de ira y dejando a la morena con la palabra en la boca, volví a la biblioteca a comprobar una cosa.</p>



<p>«Es en blanco y negro», confirmé que mi anfitrión no sabía el color de mi melena mirando la foto de la contraportada.</p>



<p>Estaba todavía con él en la mano cuando un ruido a mi espalda me alertó de que no estaba sola y girándome, descubrí a Declan mirándome desde la puerta.</p>



<p>―Aunque no es el tipo de literatura que suelo leer, reconozco que es ameno.</p>



<p>El menosprecio que encerraban sus palabras, me terminó de enfadar y sacando las uñas, le pregunté cuáles eran sus preferencias a la hora de elegir un autor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Normalmente no leo nada que venga de su país. Bastantes daños han hecho en mi patria para que encima con mi dinero financie lo poco que les queda de su imperio.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya sin cortarme, le eché en cara que si me consideraba una enemiga por qué entonces había aceptado que me quedara en su casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Su nacionalidad es británica pero su sangre es irlandesa― contestó sin alzar la voz.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siendo verdad, me escandalizó que un hombre educado estuviera sometido a tantos prejuicios y con ganas de saltarle al cuello, respondí que me sentía una leal súbdita de su majestad, el rey Carlos III. El disgusto con el que recibió fue completo, pero aun así jamás me esperé que tomándome del brazo me obligara a sentar y comenzara a detallar todas y cada una de las afrentas que los ingleses habían perpetrado a Irlanda, empezando por la famosa hambruna que la despobló e intensificó el sentimiento nacionalista de los que se quedaron.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Fue culpa de una plaga― defendí a mi país.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El origen puede, pero la acción de su gobierno intensificó sus consecuencias― poniendo sobre la mesa la nefasta actuación del mismo prohibiendo por ley toda ayuda, refutó mi postura: ―Fue un genocidio para mayor gloria de Guillermo y de su iglesia.</p>



<p>―Eso ocurrió hace dos siglos, ahora nuestros países son amigos.</p>



<p>―Se equivoca, somos hermanos. A los amigos se les elige, los hermanos nos vienen impuestos.</p>



<p>―Pues desde ahora, ¡considéreme de su familia! Porque si vine aquí, no fue por voluntad propia, sino por imposición de mi editor.</p>



<p>&nbsp;Al escuchar mi exabrupto, la expresión de su rostro cambió y soltando una carcajada, me informó que la cena debía estar lista.</p>



<p>―No me gustaría que mi hermanita se queje ante Peter de que en Kildarhouse ha pasado hambre.</p>



<p>«Menudo imbécil», pensé mientras trataba de evitar el sofoco que su nueva actitud provocaba en mí y es que, al tomarme del brazo para llevarme al comedor, me quedé aterrorizada al notar lo a gusto que me sentía a su lado.</p>



<p>Tratando de ser encantadora tras el rifirrafe, le di las gracias por el arreglo foral.</p>



<p>―Déselas a Dora, yo no soy tan detallista― contestó.</p>



<p>Que no quisiera apropiarse del mérito de otros, me agradó y luciendo la mejor de mis sonrisas, le insinué que dado que íbamos a vivir bajo el mismo techo durante un mes que me parecía fuera de lugar hablarnos de manera formal y si él quería podíamos tutearnos.</p>



<p>―Me parece bien, Heloise.</p>



<p>Contra todo pronóstico, a partir de entonces, Declan resultó ser un encanto y dejando a un lado nuestras diferencias políticas, me percaté que nuestra forma de pensar no difería demasiado. Por eso, ya estábamos en el postre cuando, armándome de valor, le pregunté por el fantasma.</p>



<p>―Llevo viviendo aquí desde que nací y puedo decirte que en esos treinta y cinco años jamás lo he visto u oído.</p>



<p>― ¿Y sentido?</p>



<p>Viendo por donde iba, se echó a reír y me explicó que en una edificación tan antigua eran normales las corrientes de aire o que las estructuras sonasen.</p>



<p>―La gente del pueblo cuando escucha un crujido piensa que es Gerald caminando cuando en realidad ese sonido es provocado por la contracción de los materiales. Te puedo asegurar que los fantasmas no existen o al menos el de mi antepasado.</p>



<p>Al ser de la misma opinión sonreí y haciéndole ver que mi interés era solo buscar información para el libro, le pregunté qué había de cierto en la leyenda. De inmediato se puso a la defensiva:</p>



<p>―No es ninguna leyenda. Gerald O´Brien existió.</p>



<p>― ¿Y Helen?</p>



<p>―También, prueba de ello es el retrato que tenemos en la escalera.</p>



<p>No estando muy segura del terreno que pisaba, apunté si el resquemor que producían las pelirrojas en su familia provenía desde entonces.</p>



<p>―No te voy a negar que así es y que desde esa época no ha habido nadie con ese color de cabello entre los míos. Pero tampoco somos los únicos, ¿sabías que por ejemplo en Estados Unidos las compañías aseguradoras no os querían como clientes?</p>



<p>―Pues&#8230; ¿te digo la verdad? A mí, me gusta― contesté luciendo mi melena.</p>



<p>Por un momento, creí intuir en su mirada que yo no le era indiferente, pero entonces diciendo que, debía estar cansada tras el viaje, se despidió de mí.</p>



<p>«¡Qué tío más raro!», concluí mientras lo veía marchar y sin otra cosa que hacer, decidí ir a mi habitación para intentar escribir.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Al saber cómo llegar y no tener a nadie observando, me paré frente al cuadro de la mujer cuyo recuerdo retenía en teoría el alma de su prometido. Aun conociendo que en aquellos días los pintores idealizaban a sus modelos y que sus obras no siempre reflejaban la realidad, tuve que reconocer que Helen Darby debía haber sido guapísima. El preciosismo de las pinceladas me intrigó y buscando el nombre del autor, me quedé anonadada al leer que el cuadro había sido realizado por Cornelius Johnson, uno de los más grandes pintores de la época. Sabiendo el elevado precio que tendría si alguna vez salía al mercado y que era digno de un museo, me quedé ensimismada tratando de describirlo mentalmente para luego trasmitir mis impresiones al ordenador.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «No solo compartimos color de pelo, también tenemos el mismo tono de piel», divertida señalé al ver su palidez.</p>



<p>Imaginándome llevando el vestido, no pude más que sonreír al saber que dado el tamaño de mis pechos tendría problemas con ese tipo de escote al ser amplio y cuadrado.</p>



<p>«Con cualquier despiste, se me vería hasta el alma».</p>



<p>Riendo concluí que, con un movimiento en falso, mis pechugas quedarían completamente expuestas. Por lo que decidí que jamás me pondría algo semejante y de buen humor, reinicié el camino hacia el dormitorio. Al llegar a la habitación, cambié de ubicación el jarrón con las flores y lo puse en la mesa del tocador para poderlo ver mientras escribía.</p>



<p>«Me encantan las rosas», fundamenté el cambio mientras sacaba el ordenador y lo encendía.</p>



<p>Antes de ponerme a teclear, me volvió a entrar miedo y pensando en mi crisis creativa, decidí enfocar mis esfuerzos en narrar la escena en la que Helen modeló para el cuadro para luego usar lo que hubiese escrito como parte del libro. Curiosamente, como por arte de magia, las palabras fluyeron convirtiéndose en frases y las frases en párrafos hasta que sorprendida advertí que no solo había rellenado veinte páginas, sino que al contrario de lo que se decía de ella la había dotado de un carácter dulce haciéndola aparecer como una mujer enamorada de su Gerald.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «A este paso, acabo el libro en dos semanas», pensé satisfecha.</p>



<p>Al tratar de seguir escribiendo, advertí que estaba agotada y sin cerrar el ordenador, me fui a descansar. Casi de inmediato me quedé dormida y no me enteré de nada hasta el día siguiente cuando Mary tocó en mi puerta para preguntar si deseaba desayunar en la habitación o por el contrario prefería que me lo sirvieran en el comedor. Mirando el reloj de mi muñeca, vi que eran las diez y horrorizada por la hora, preferí que me lo subieran mientras me daba un baño.</p>



<p>«He dormido más de ocho horas de un tirón», extrañada conmigo misma murmuré y levantándome, abrí el grifo de la bañera.</p>



<p>Al mirarme en el espejo, comprobé que la humedad del ambiente había echado por tierra el alisado de mi pelo y dándolo por perdido comprendí que mientras permaneciera como invitada en el castillo lo sensato era dejar que los rizos volvieran a apoderarse de mi melena. Por eso, al meterme en el jacuzzi, lo primero que hice fue sumergir la cabeza en el agua para que recuperar la forma natural de mi cabello.</p>



<p>«Si algún día llego a ser rica, quiero uno de estos en mi baño», me dije cerrando los ojos.</p>



<p>Tras meses en los que mi imaginación parecía estar hibernada, me puse a divagar sobre la leyenda del castillo y sus protagonistas. Sin un retrato a que asirme, visualicé al antepasado de Declan usando a éste como modelo mientras luchaba contra los realistas.</p>



<p>«Debió ser un hombre valiente», me dije forzando a mi mente a imaginar a ese adonis cargando a caballo contra un enemigo muy superior.</p>



<p>Al hacerlo, caí en la trampa que involuntariamente me urdí y centrando la atención en la brutal virilidad de mi anfitrión, decidí quitarle la camisa y que sable en mano, se lanzara sobre las tropas del rey. Idealizando a Gerald, no escatimé nada y lo doté de unos pectorales de ensueño y de un dorso lleno de músculos, músculos que me vi mimándolo tras la batalla mientras lo bañaba. Al darme cuenta, decidí continuar y volviendo al presente, me imaginé a Declan entrando al baño y metiéndose conmigo en el jacuzzi. Para entonces ya no eran mis manos las que enjabonaban mis pechos sino las del noble irlandés y eran sus dedos los que jugaban con mis pezones.</p>



<p>―Por dios, ¡qué bruta ando! ― murmuré mientras les regalaba un pellizco.</p>



<p>Sola y caliente, las caricias de ese moreno se intensificaron al imaginar que dos de sus yemas se deslizaban hacia mi sexo.&nbsp; Dominada por un ardor desconocido, busqué el botón entre mis pliegues y comencé a frotarlo frenéticamente pensando que era él quien me acariciaba.</p>



<p>―Sigue, ama a tu pelirroja― sintiéndome la protagonista de la leyenda, musité ya descontrolada al sentir el incendio que amenazaba con incinerar mi interior.</p>



<p>Olvidando que todo era producto de mi mente, dejé que mi calentura prosiguiera y torturando una de mis areolas, mi imaginario amante susurró en mi oído que siempre me había amado y que siempre me amaría por muchos siglos que pasaran. Al volver a Gerald me sentí más libre y hundiendo un dedo en mi interior, me imaginé siendo acariciada por el fantasma. Pero al contrario de lo que ocurría en las películas de miedo, acogí esos mimos con fascinación y separando las piernas le pedí que me tomara.</p>



<p>Tal era mi excitación, que hurgando con mis yemas sentí que era la virilidad del espectro la que campeaba en mí y gimiendo como una loba en celo, le pedí que me follara mientras movía las caderas al ritmo de sus caricias.</p>



<p>―Mi dulce Helen― me pareció escuchar al sumar otra yema dentro de mi vulva.</p>



<p>Desatada, arqueé la espalda intentando intensificar ese placer auto infligido sin dejar de pajearme.&nbsp; Con mis hormonas en ebullición, creí morir de gozo al sentir como reales cada una de sus cuchilladas y mientras tallaba los labios de mi vagina, me vi siendo amada indistintamente por el caballero difunto y por su descendiente. Al mezclar a ambos, la pasión que me corroía se desbordó y cayendo en brazos de un orgasmo liberador, todo mi ser colapsó en la bañera. Sabiendo que lo estaba imaginando, mi amante sonrió y mientras mi cuerpo era sacudido por los últimos latigazos de placer, desapareció del baño.</p>



<p>«Joder, ¡necesito un hombre!», curiosamente satisfecha con la experiencia de onanismo, abrí los ojos y saliendo de la bañera, me empecé a secar asumiendo que en cuanto estuviera lista debía de plasmar la escena que había soñado en mi ordenador.</p>



<p>Y así lo hice. Al salir del baño, mientras daba cuenta del desayuno que Mary había dejado en la habitación, añadí otras diez páginas a la novela. Me daba igual que fueran escenas inconexas al saber que de alguna forma terminarían teniendo sentido en la historia. Lo que no preví fue que al describir el placer que había sentido, me volviera a excitar y que tuviera que rechazar la tentación de nuevamente dar rienda suelta la calentura masturbándome por segunda vez.</p>



<p>Conociéndome, supe que si seguía en el cuarto terminaría haciéndolo. Por eso, decidí dar una vuelta por la finca para localizar escenarios reales que dieran veracidad a mi libro. Antes de irme, saqué la cámara de fotos del armario y con ella al cuello, salí del castillo. Sin rumbo fijo, recorrí los jardines mientras intentaba averiguar el lugar exacto donde el ejército inglés se había apostado durante los dos asedios. Al no ser ninguna experta en tácticas militares, dudé si ubicar el campamento en el descampado frente a la fortaleza o en un pequeño montículo ubicado a la izquierda al hallar lógicos ambos. Estaba tomando fotos de los dos supuestos emplazamientos cuando observé a un jardinero recortando un seto. Suponiendo que al ser de la zona debía saber dónde se habían apostado los realistas, se lo pregunté:</p>



<p>―En ninguno. Fue en la laguna donde levantaron sus tiendas para tener acceso al agua y de paso así cortaban el suministro a los sitiados― contestó el paisano.</p>



<p>Dando por buena esa explicación, le pedí que me orientara hacia ese lugar.</p>



<p>―Siga ese camino y lo hallará― contestó reanudando la poda.</p>



<p>Esa mañana de verano hacía calor y en el cielo no había ninguna nube, por lo que me anudé a la cintura el jersey que había tenido la precaución de coger. Acababa de hacerlo cuando vi que la senda que me habían señalado se metía en el bosque. Por un momento, no supe si continuar o volver y preguntar al buen hombre si me podía encontrar con algún animal salvaje que fuera peligroso.</p>



<p>&nbsp;«Cariño, mira que eres boba. No hay lobos en Irlanda», rápidamente comprendí y riéndome de mí misma, me sumergí en la floresta.</p>



<p>A pesar de hacer un sol de justicia, era tan densa la vegetación que el ambiente se hizo sombrío. De nuevo me vi asaltada por los miedos. Admitiendo que era absurdo, mi fantasía se disparó y decidí que, en la novela, la protagonista femenina conociera a su don Juan bajo la sombra de esos árboles mientras huía de unos bandidos.</p>



<p>Estaba dando vueltas a esa idea y pensando en cómo plasmarla cuando de pronto llegué a un alto. Desde allí, contemplé el pequeño lago donde en teoría el ejército de Cromwell había instalado su campamento. La belleza idílica que contemplaban mis ojos me hicieron darme prisa y aligerando mis pasos, estaba a punto de llegar a su orilla cuando un ruido me hizo saber que no estaba sola. Asustada al saber que si alguien me atacaba allí nadie escucharía mis gritos, me escondí y busqué a mi alrededor el origen de ese sonido.</p>



<p>Al amparo de un arbusto, descubrí a un hombre nadando ajeno a mi presencia. Durante unos segundos, pensé en marcharme, pero cuando ya había decidido hacerlo, al incorporarse, comprobé que estaba desnudo. &nbsp;Y aprovechando que no podía verme al estar de espaldas, me quedé observando la musculatura con la que le había dotado la naturaleza. Pero al recrear la mirada en su espectacular trasero, fue cuando me vi tentada a fotografiarlo. Cayendo, cogí la cámara y usé el zoom para acercarlo.</p>



<p>«¡Qué bueno está!», pensé entusiasmada mientras recorría los hombros, los enormes dorsales y los maravillosos glúteos del desconocido mientras apretaba sin para el botón que lo inmortalizaría en la memoria.</p>



<p>Anticipando que al volver al castillo no dudaría en rememorar en la pantalla de mi ordenador ese momento, los rescoldos del placer que había disfrutado durante el baño se avivaron y me noté mojada.</p>



<p>«Quien le diera un mordisquito», me dije dándome un banquete visual a través del objetivo justo cuando se daba la vuelta y comprobaba que de frente el sujeto estaba todavía mejor.</p>



<p>Disfrutando con la vista de esa lección de anatomía, fotografié su pecho y su musculada tableta con la obsesión de un voyeur.</p>



<p>«¡Por dios! ¡Menudo semental!», exclamé para mí al contemplar en la mirilla el tamaño de sus atributos.</p>



<p>Convertida en una hembra en pleno celo, saqué un par de fotos de su abultada entrepierna mientras la mía se encharcaba como pocas veces al saber que jamás había contemplado y menos disfrutado de una herramienta como aquella. Decidida a saltar sobre su cuello, si el destino me daba la oportunidad de conocerlo, dejé el enorme pene del hombretón y subiendo por su cuerpo, busqué su rostro.</p>



<p>«¡Es Declan!» sollocé al ver sus ojos negros y temiendo que me descubriera, me dejé caer tras el arbusto: «¡Qué vergüenza!».</p>



<p>Asustada hasta el tuétano, no me atreví a mover ni las pestañas mientras a mis oídos llegaban el sonido de sus pasos alejándose. Sabiendo que se había ido, durante cinco minutos permanecí oculta no fuera a volver y me pillara. Mientras esperaba, pensé en la excusa que le daría. Excusa que afortunadamente no tuve que utilizar porque no volvió y más tranquila decidí retornar sobre mis pasos.</p>



<p>«Qué cerca he estado de mandarlo todo a la mierda», concluí imaginando la reacción de mi editor si su amigo le hubiese llamado quejándose de mi comportamiento.</p>



<p>Avergonzada y mientras retornaba hacia Kildarhouse, decidí que en cuanto llegara a mi dormitorio borraría las pruebas de mi pecado.</p>



<p>«Nadie tiene que saber que me he comportado como una obsesa sexual», me dije.</p>



<p>&nbsp;Por azares del destino, estaba a punto de llegar al castillo cuando vi a su dueño a galope a través de los prados y por ilógico que parezca, envidié a su montura. Es más, en mi cerebro, lo imaginé usando mi melena como riendas mientras tomaba posesión de mi cuerpo. Entonces y solo entonces, comprendí que jamás me desprendería de las fotos que le había tomado y que en cuanto pudiera, las usaría para maximizar el realismo del protagonista de mi novela.</p>



<p>«Al fin y al cabo, vine a Irlanda en busca de inspiración», sentencié excusándome de antemano al saber que también les daría un uso menos literario.</p>



<p>Esquivando todo sentimiento de culpabilidad, aceleré mis pasos con ganas de ponerme frente al ordenador y describir todas y cada una de las sensaciones vividas mientras lo espiaba.</p>



<p>Al traspasar el portón de entrada, me topé de frente con Dora, el ama de llaves. La cual se acercó a mí y pidiendo perdón por su comportamiento del día anterior, se ofreció a ayudarme en lo que necesitara. No tuve que estresar mis neuronas para saber que su oferta se debía a las ganas de perderme de vista y que para ella cuanto menos tiempo estuviera deambulando por la fortaleza, mejor.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿No sabrá de algún libro donde pueda documentarme sobre la historia de esta casa? ― pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La anciana murmuró que la siguiera y llevándome a la biblioteca, señaló un mueble acristalado que había en una esquina:</p>



<p>―Aquí encontrará todo lo que pueda necesitar― tras lo cual, se marchó sin siquiera despedirse.</p>



<p>Confieso que no me importó al ver la cantidad de libros y documentos que tenía que revisar.</p>



<p>―Gracias por todo― me despedí dudando que me hubiera oído. Tras lo cual, poniéndome en acción, comencé a examinar uno a uno cada ejemplar en busca de información.</p>



<p>De inmediato comprendí que me hallaba frente a un verdadero tesoro y que aun dedicándole ocho horas diarias durante un mes podría absorber todos los datos que contenían esas páginas. Por ello, no tuve otra que empezar a discriminar por fechas y tras localizar los que se referían a los años que me interesaban, dejé el resto tal y como los había encontrado.</p>



<p>Con ellos bajo el brazo, subí por las escaleras y fijándome brevemente en el lienzo de Helen Darby, reparé en que mis rizos de ese día se parecían y mucho a los de esa joven.</p>



<p>―Si Gerald se parecía a Declan, no entiendo que lo hayas dejado― dirigiéndome al retrato, comenté.</p>



<p>Por un breve instante, me pareció intuir su dolor. Desternillada de risa al sentirme ridícula hablando con un cuadro, proseguí el camino hacia la habitación. Como había planeado, lo primero que hice fue descargar las imágenes de la cámara en la nube para a continuación borrarlas de la memoria. Confieso que estuve tentada de darme un homenaje abriéndolas, pero conteniendo las ganas me puse a escribir la escena de la laguna. Para incrustarla dentro de la historia, tuve que cambiar a los protagonistas haciendo que Helen fuera la mujer tras los arbustos y Gerald, el hombre que se bañaba. Lo que no varié ni un ápice fue la excitación que me dominó al contemplar a ese dios hecho carne y recalcando sobre todo las sensaciones que experimenté rellené un par de folios antes de darme cuenta del tamaño que habían adquirido mis pezones al recordarlo.</p>



<p>«A este paso, terminaré escribiendo una novela erótica», concluí al releer las páginas que había escrito y asumiendo que Peter no diría nada si con ello aumentaba las ventas, guardé los cambios.</p>



<p>Al ser la una y treinta y cinco, comprendí que llegaba tarde a comer y que mi anfitrión debía estar esperándome. No queriendo llegar tarde, me arreglé un poco el pelo y bajé. Cumpliéndose mis negras predicciones, Declan estaba molesto y señalando el reloj, me recriminó la tardanza.</p>



<p>―Gerald, lo siento. No volverá a ocurrir― respondí sin darme cuenta de cómo le había llamado.</p>



<p>Al hacerme ver el error, me eché a reír y le expliqué que estaba tan centrada en la historia de su antepasado que no me había dado cuenta.</p>



<p>―Menos mal, pensaba que te habías contagiado y creías en fantasmas.</p>



<p>―Para nada, sigo teniendo los pies en la tierra― sonreí mientras lo miraba cautivada.</p>



<p>Ajeno a que lo había visto desnudo, ese portento se revolvió incómodo en la silla al percibir quizás la forma en que con los ojos lo estaba devorando y cambiando el hilo de la conversación comentó que era una pena que no hubiera disfrutado de la buena mañana que había hecho.</p>



<p>―Debías de haber aprovechado el buen tiempo para salir a dar una vuelta.</p>



<p>Incapaz de reconocerle que había dado ese paseo, me defendí diciendo que Peter me había dado solo un mes para terminar de escribir el libro y que por tanto no tenía tiempo que perder.</p>



<p>―Lo comprendo― contestó: ―Como dicen los curas, la obligación antes de la devoción.</p>



<p>―Además, no conozco a nadie― dejé caer insinuando que vería con agrado que me invitara la próxima vez.</p>



<p>Cayendo de bruces en mi artimaña, ese saco de músculos comentó que esa noche había quedado en el pub con unos amigos y que, si me veía con ánimos, podía ir con ellos.</p>



<p>―Dime a qué hora y estaré lista― respondí con demasiada elocuencia.</p>



<p>Declan creyó que la rapidez en contestar se debía a mis ganas de agradar y tomando mi mano, me alertó que había quedado con una pareja que era la dueña de un palacio vecino. Ese gesto carente de segundas intenciones desbordó mi imaginación y soñando que tras la cita me llevara directamente a su cama, respondí:</p>



<p>― ¿Tienen también fantasmas?</p>



<p>La carcajada que soltó me sonó a música celestial y contra mi voluntad, mis bragas se humedecieron al ver que ese estirado se encontraba a gusto en mi compañía.</p>



<p>―Creo que no y de tener alguno, no sería tan interesante para captar tu atención. Para eso ya tienes a mi torturado antepasado.</p>



<p>―Por cierto, ¿existe algún retrato de Gerald? ― pregunté: ―Lo digo para ponerle cara al protagonista de la historia que estoy escribiendo.</p>



<p>―Lo tienes enfrente― señalándose, contestó.</p>



<p>Dando por sentado que me estaba tomando el pelo, insistí si al igual que Helen tenía un cuadro, si había alguno de su antepasado.</p>



<p>―En serio, soy igualito a él― respondió.</p>



<p>Al comprobar que no lo creía, me cogió del brazo y me llevó a su despacho. Una vez ahí, desternillado, se colocó junto a un enorme lienzo que si no llega a ser por la antigüedad del mismo y la vestimenta hubiese jurado que el retratado era él.</p>



<p>&nbsp;―Es imposible― me dije completamente atónita por el parecido.</p>



<p>―Yo soy más guapo― declaró muerto de risa al ver mi cara.</p>



<p>―De eso nada, solo eres más joven― contesté fijándome en las canas que el pintor había pincelado sobre sus sienes.</p>



<p>Alternando la vista entre uno y otro, observé un montón de diferencias que en el primer vistazo no había advertido y numerándoselas, concluí diciendo:</p>



<p>―Me quedo con el difunto.</p>



<p>Lejos de molestarle mi elección, le hizo gracia y señalando el cuadro de su prometida, contestó:</p>



<p>―Y yo, con Helen.</p>



<p>Defendiendo sin ningún pudor el valor de mis curvas, contrataqué:</p>



<p>―Eso es porque esa descocada va enseñando los pechos.</p>



<p>Y sin esperármelo ni yo, me abrí un botón de la camisa y marcando escote, añadí:</p>



<p>―Repítelo si te atreves.</p>



<p>El gesto lo cogió desprevenido y aunque me consta que intentó evitar mirar el profundo canal que de forma tan descarada le mostraba, no pudo. Es más, siguiendo los dictados de sus instintos, recibí las caricias de su mirada recorriendo mis senos.</p>



<p>― ¿Se puede saber a qué juegas? ― reaccionando cabreado preguntó al advertir mi sonrisa.</p>



<p>Reconozco que disfruté al ver que había conseguido alterar a ese hombre y quizás eso me azuzó a seguir picándolo:</p>



<p>―Demostrarte que las pelirrojas de hoy en día no tenemos nada que envidiar a las de antaño.</p>



<p>Sintió mis palabras como un reto y tomándome de la cintura, me acercó a él:</p>



<p>―Lo mismo se aplica a los O´Brien. Si Gerald fue capaz de enamorar a Helen, yo podría hacer lo mismo contigo.</p>



<p>Su cercanía desmoronó mis defensas y alcé la cara esperando un beso que nunca llegó. Humillada al ver que se abstenía de aprovechar que le había dado entrada con los labios entreabiertos, le pegué un empujón:</p>



<p>―Jamás me entregaría a un cretino cómo tú.</p>



<p>― ¿Estás segura? ― contestó muerto de risa.</p>



<p>&nbsp;Sintiendo su escarnio como una cuchillada trapera, repliqué:</p>



<p>―Tenemos un mes para comprobar cuál de los dos tiene razón. Desde ahora te digo que perderás y que serás tú el que implore mis besos.</p>



<p>― ¿Puedo considerar esto como una apuesta en firme? ¡Señorita Ryan!</p>



<p>―Puede y debe, señor O’Brien. Le aseguro que estará babeando por mí antes de vencer el plazo.</p>



<p>Al extender su mano en señal de trato, fui tan ingenua de tomársela y abusando de mi candidez, me atrajo hacia él para robarme un beso. Reaccionando a tiempo, bajé la cara evitando que culminara su traición para acto seguido contratacar llevando mis manos entre sus piernas.</p>



<p>― No tengo ni idea a qué tipo de mujeres estás acostumbrado, pero nunca me he considerado una damisela indefensa― respondí mientras apretaba su virilidad con los dedos.</p>



<p>Juro que jamás me esperé que le provocaría una erección y menos que al contemplar mi cara, ese capullo se carcajeara:</p>



<p>―Ahora que sabes lo que te perderías, no tengo ninguna duda de mi victoria y que acudirás desnuda a mi cama en busca de caricias.</p>



<p>Para mi desgracia, yo tampoco al sentir la dureza de mis pezones. Más indignada conmigo que con él, elevé la apuesta diciendo:</p>



<p>―Kildarhouse cayó dos veces en manos inglesas y conmigo será la tercera.</p>



<p>Desternillado, respondió a mi embate:</p>



<p>―Ningún O´Brien se casaría con una vasalla de ese decadente imperio.</p>



<p>Comprendí que había interpretado mis palabras como una oferta de matrimonio y picada, repliqué:</p>



<p>―Tú serás el primero. Ni siquiera Gerald levantándose de la tumba lo impedirá.</p>



<p>Todavía resonaba mi melodramática respuesta cuando de improviso el viento abrió una ventana, lo cual aproveché para gritar:</p>



<p>―Hasta el fantasma lo sabe.</p>



<p>Demostrando que no era inmune a la leyenda, Declan palideció y dejando la discusión, me rogó que pasáramos al comedor&#8230;</p>
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		<title>&#8220;La princesa Maga y sus cuatro sacerdotisas&#8221;. Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 08:17:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: &#160; Un negocio en Africa hace que nuestro protagonista entre en contacto con la realidad de una cultura y una gente que le eran desconocidas. Sin saber cómo ni porqué se deja llevar por su soberbia y cierra un trato con un reyezuelo local desconociendo que al comprar su heredad no solo estaba adquiriendo unas tierras sino que ese apretón de manos llevaba incluido su boda con su hija, la princesa. Temiendo por su puesto de trabajo, es incapaz de rehuir es trato aunque ello lleve emparejado unirse de por vida con una mujer con la que siquiera ha [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><b><a href="https://www.amazon.es/dp/B078X2BGD9"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18592" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2.jpg" alt="" width="7368" height="2504" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2.jpg 7368w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2-300x102.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2-768x261.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/la-princesa-maga2-1024x348.jpg 1024w" sizes="(max-width: 7368px) 100vw, 7368px" /></a>Sinopsis:</b></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;">
<p><span style="font-size: 14pt;">Un negocio en Africa hace que nuestro protagonista entre en contacto con la realidad de una cultura y una gente que le eran desconocidas. Sin saber cómo ni porqué se deja llevar por su soberbia y cierra un trato con un reyezuelo local desconociendo que al comprar su heredad no solo estaba adquiriendo unas tierras sino que ese apretón de manos llevaba incluido su boda con su hija, la princesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Temiendo por su puesto de trabajo, es incapaz de rehuir es trato aunque ello lleve emparejado unirse de por vida con una mujer con la que siquiera ha hablado y sin conocer las consecuencias que eso tendría. Al ir conociendo a su esposa, Manuel descubre que sus paisanos le tienen un respeto desmedido y que bajo la apariencia de una bella joven se esconde una maga de inmensos poderes. Para terminar de complicar las cosas donde va ella, van las cuatro premières&#8230; sus sacerdotisas que tambien se consideran sus esposas.</span></p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></div>
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<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-weight: bold; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</span></div>
<h1><strong style="font-size: 14pt; color: #333333; font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;">PRÓLOGO.</strong></h1>
</div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Nunca me había creído una buena persona, es mas siempre me había considerado un cabrón insensible y carente de sentimientos que iba a lo suyo. Aunque había media docena de tipos que me tenían en buena estima, tengo que reconocer que pasaba de ellos y que lejos de considerarles amigos, para mí siempre habían sido meras herramientas para usar o desechar según el caso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nunca había tenido una verdadera relación y mis teóricas novias no pasaron jamás de coños donde descargar mis ganas. Aunque alguna de ellas llegó a enamorarse de mí y creer que yo le correspondía, todas y cada una de mis conquistas hoy ni siquiera me hablan. Para ellas soy un cerdo. Razón no les falta. A la gran mayoría les puse los cuernos y aquellas que tuvieron la suerte de no lucir una cornamenta a buen seguro tampoco me recuerdan con cariño porque en cuanto me cansaba de ellas, las echaba de mi lado sin contemplaciones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Confieso que hijo de perra, capullo, maldito, egoísta y otras lindezas son apelativos que definían mi carácter y estaba orgulloso de ello. Es más siendo un trepa que no le importaba dejar cadáveres a su paso, subí rápidamente en la multinacional donde trabajaba y con menos de treinta años, ya era subdirector para España.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ¡Joder! Me miraba al espejo y me ponía cachondo porque el cretino del otro lado era única persona que amaba en este mundo. Tenía pasta, era guapo, no me faltaban las tías… era un tipo afortunado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero todo aquello cambió a raíz de un jodido ascenso, cuando revisando mi trayectoria los mandamases decidieron que podía hacerme cargo de llevar a buen puerto una enorme inversión que la empresa iba a hacer en África Central.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Allí empezó esta historia la cual dudo alguien se llegue a creer y todo ocurrió por un tonto del culo que creyéndose por encima del bien y del mal, actuó sin conocer antes la cultura de sus gentes….</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>CAPÍTULO 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mi llegada a ese país debía de haber advertido que no debía dar por sentado nada. Os confieso que hoy sé que a pesar de mis múltiples éxitos era un paleto con ínfulas de general y por ello no se me ocurrió pensar que en diciembre en esas tierras de Dios haría un calor insoportable. Todavía recuerdo que llevaba corbata al bajarme del avión, la cual tuve que quitarme aún antes de llegar a la terminal porque el termómetro marcaba más de cuarenta grados.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Seré gilipollas», pensé mientras me quitaba el abrigo, la chaqueta, la bufanda y la corbata.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi segunda sorpresa fue verme rodeado de negros. Os reiréis pero a pesar de saber que el noventa y nueve por ciento de sus habitantes eran de esa raza, una cosa es saberlo y otra bien distinta es entrar a la terminal y ser el único blanco. La sensación de ser un bicho raro era una novedad lo suficiente incómoda para que al salir del aeropuerto con el traductor―chófer―hombreparatodo que la compañía había puesto a mi disposición estuviese cabreado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Quién cojones me creía al aceptar el puesto!», recuerdo que pensé al ir a por el coche con el sol africano golpeándome la nuca. Lo peor fue que al abrir la puerta del automóvil descubrí que el puñetero moreno no había tenido la precaución de guardarlo bajo una sombra y su interior era una sauna. Ni se me pasó por la cabeza meterme en ese horno sino que obligué al tal Pedro a encender el aire acondicionado y me encendí un cigarro mientras esperaba que se volviera habitable.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Cómo me habré dejado convencer?», me lamenté mirando a mi alrededor y ver el lamentable estado del aeropuerto, «Solo hay pobreza».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Acostumbrado a la vida occidental y aunque me veía capaz de soportar cualquier prueba que el destino pusiera frente a mí, eché de menos mi apartamento de soltero, mis compañeros de juergas y mis putas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No tardaré en encontrarles un sustituto», sentencié apagando el pitillo contra el deteriorado asfalto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Quince minutos después Pedro me avisó que ya podía subirme al todoterreno y para entonces, mi camisa ya estaba empapada de sudor pero no me importó porque vi como una liberación sentir el frescor que salía de los dispensadores del aire acondicionado, sin saber que tardaríamos tres horas en recorrer los cuarenta kilómetros que había entre la capital del país y el poblacho infecto donde tenía que terminar de negociar la compra de unos terrenos con el jefe tribal.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De haber sabido lo que se me avecinaba, me hubiese llevado al menos a un miembro de la embajada versado en la cultura de esa etnia pero como el exitoso ejecutivo que creía que era, no vi problema en enfrentarme a un iletrado subsahariano yo solo. En teoría iba a un mero trámite, mis jefes me habían puesto un precio máximo que podría pagar y no pensaba traspasar ese límite.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Compro las tierras, vuelvo al hotel y mañana otra vez en España a esperar que empiecen las obras», me dije mientras miraba absorto la naturaleza de ese país.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al llegar a esa aldea, a pesar del polvo de sus caminos y la miseria masticable de sus gentes, no pude de dejar de valorar el espectacular entorno donde la multinacional quería instalar la fábrica.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Qué paraíso!», exclamé al ver la exuberante vegetación de esa franja de terreno pegado al lago Marahoue.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De buen grado me hubiese quedado horas admirando el paisaje pero como no tenía tiempo que perder si quería volver a dormir a la ciudad, azucé a Pedro para que me llevara con el tipo que íbamos a ver. Tal y como había previsto, el jefe del poblado resultó un viejo gordo, canoso y repugnante casi sin dientes que no paraba de gritar como si estuviera enfadado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Extrañado por ese comportamiento, pregunté al traductor la razón de su cabreo y este me miró como si fuera un ser de otro planeta antes de contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Grita porque le considera un hombre importante y está demostrando con sus berridos la alta estima que le tiene.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No se les pegó nada de los franceses», murmuré para mí y no queriendo que se sintiera menospreciado, a voz en grito saludé a mi oponente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El gerifalte sonrió al oír la traducción de mi acompañante y llamándome, me pidió que me sentara a su lado mientras del interior de la choza nos sacaban unas viandas. Al interrogar al traductor cuando íbamos a hablar del asunto que me había llevado hasta allá, este contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―La costumbre le obliga a honrar a su invitado antes de hablar de negocios.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estuve a punto de vomitar al oler el hedor que manaba de varios de los platos que me pusieron en frente pero, no queriendo ofender a esa gente, probé de todos y cada uno de los guisos. Lo único que se salvaba era la bebida favorita de esa etnia, una especie de vino de palma que estaba realmente bueno. El sabor dulzón de ese brebaje escondía su alto contenido alcohólico y quizás por eso al cabo de dos o tres copas me atreví a piropear a las monadas que servían la comida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El cretino de Pedro sin preguntar tradujo mis palabras al jefe y este soltando una carcajada, me dio las gracias diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No le recomiendo tontear con las mujeres de nuestro pueblo, son todas brujas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su respuesta me hizo gracia y señalando a una diosa de ébano que se mantenía al margen mirándome fijamente y que era especialmente guapa, repliqué:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No me importaría caer bajo su embrujo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ahora sé que debía de haberme mordido un huevo antes de decir tal cosa pero la realidad es que no mentía porque la muchacha en cuestión tenía todo lo que me gustaba como hombre. Era alta, delgada, con pechos duros y un culo de ensueño. Para mi desconcierto, soltando una carcajada el africano me contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eso se puede arreglar― y despidiendo a todos menos al traductor y a mí, comenzó las negociaciones diciendo: ―cuánto está dispuesto en pagar por mi heredad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con la lección aprendida, dejé caer exactamente la mitad de lo que mis superiores habían marcado como límite, sabiendo que esa cifra no era despreciable en términos occidentales pero en ese lugar debía ser estratosférica.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El viejo no pudo disimular su impresión ante tanto dinero pero como avezado negociador empezó a comentar que además del terreno, tenía que pagar el ganado que pastaba en sus prados, la cosecha de piña que estaba a punto de ser levantada, etc…</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Cortando de plano su discurso, cometí el mayor error de mi vida al manifestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Comprendo su inquietud y por ello, en compensación por el dolor que le supone desprenderse de su heredad, le cedería con gusto todo el ganado y los frutos de su trabajo sin descontar nada de su precio, quedándome todo lo demás.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi interlocutor al oírme, sonrió y levantándose me dio un abrazo para acto seguido llamar a gritos a todo el pueblo. La gente se comenzó a arremolinar a mí alrededor mientras empezaban a cantar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué coño pasa?― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Al comprar la heredad del jefe, automáticamente se ha convertido en miembro de la tribu y lo están celebrando― contestó el inútil de mi traductor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En ese momento, la joven a la que había piropeado se sentó a mi lado y me cogió la mano. Algo en su mirada me puso los pelos de punta y extrañado por esa actitud interrogué a Pedro los motivos:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Está demostrando su consentimiento al acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No entiendo― casi chillando respondí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El nativo malinterpretó mi nerviosismo y bajando la voz, me explicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―En esta etnia, las mujeres son libres de aceptar o no al hombre que su padre a elegido para ellas, pero no se preocupe la hija del jefe está contenta con la decisión.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿De qué hablas? Yo solo he comprado los terrenos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La sorpresa de Pedro fue genuina y acercando su boca a mi oreja, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―A eso veníamos pero usted no negoció solo eso, sino el conjunto de la heredad y eso incluye todo― y viendo mi cara de pavor, aclaró: ―como usted ha renunciado previamente al ganado y a la cosecha, además de los terrenos se lleva a su primogénita.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Me estás diciendo que he comprado a esta muchacha?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Indignado el moreno, protestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡En mi país está prohibida la esclavitud! Lo que ha hecho es pagar su dote― y bastante nervioso, bajó la voz al decirme: ―le aconsejo que no se eche atrás porque esta gente es belicosa y no aceptaran que rompa el acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Durante un segundo estuve a punto de salir corriendo pero al mirar a mi alrededor y ver que no había forma de huir, me quedé sentado mientras no dejaba de echarme en cara lo inepto que había sido al ir al culo del mundo a negociar con una cultura diferente sin tener a mi lado a un experto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No hay problema― respondí al traductor mientras pensaba en lo fácil que me resultaría ya en España el anular ese matrimonio― ¡cumpliré con mi palabra!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para mi desconcierto en un correcto español, Thema, mi teórica prometida susurró en mi oído:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No tenía ninguna duda que lo harías. Llevaba años esperando a mi compañero y desde el momento en que te vi supe que la diosa te había elegido para mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su voz a pesar de su dulzura, no estaba exenta de autoridad y todavía alucinado porque hablara mi idioma, pregunté cómo era posible que lo hubiese aprendido en ese lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estaba predestinada a ti desde que mi madre tuvo una visión en la que la Diosa le ordenó que me mandara al colegio de los Padres Blancos a estudiar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sus palabras me parecieron una memez pero aun así agradecí que esa chavala hubiese pasado por esos misioneros, cuyo apelativo venía del color de su hábito, porque así podría comunicarme con ella en mi propia lengua y echando un ojo a la morena no pude dejar de certificar mi primera opinión: ¡era preciosa!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para entonces se había improvisado una fiesta y siendo el centro de la misma, estábamos siendo agasajados con regalos que esa pobre gente no podía permitirse pero aun así nos lo ofrecían. Reconozco que al ver la humildad de esos presentes carentes de valor monetario, pensé en rechazarlos pero entonces apretando mi mano, mi prometida murmuró en mi oreja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Levántate y muestra la ilusión que nos hace el recibir esas baratijas. ¡Son todo lo que tienen!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No sé si fue la dureza de sus palabras o el hecho que tenía razón pero la verdad es que me vi impelido a levantarme y aunque me sentía ridículo, respondí dando un gran abrazo de agradecimiento cada uno de esos regalos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¿Qué narices estoy haciendo?», me pregunté en un momento dado al percatarme que realmente sentía una gran gratitud con esa gente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Leyendo mis pensamientos, Thema comentó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estabas muerto pero con mi ayuda te volverás digno de ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Cabreado por el significado que escondían esa frase, la repliqué:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soy un buen hombre.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sonriendo y sin alzar la voz, esa belleza contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eso no es cierto y lo sabes. Hasta hoy solo has pensado en ti mismo pero eso va a cambiar. Junto a mí, llegarás a lo más alto pero también te convertirás en mejor persona.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que esa niñata se permitiera el lujo de opinar sobre mí sin conocerme, me encolerizó y mirándola a los ojos, me enfrenté a ella. Os tengo que confesar que al hacerlo, me sumergí en sus negros ojos y con el corazón encogido, la espeté:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Y si no quiero?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Querrás y tu esposa estará orgullosa de ti.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La seguridad de su tono me hizo palidecer al darme cuenta que tenía que tener cuidado porque esa jovencita quería convertirme en su esclavo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No te preocupes, no es esa mi intención. Deseo todo lo contrario.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué quieres?― respondí molesto por la facilidad que tenía esa cría en leer mi mente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Un líder justo, un compañero leal y un amante ardiente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Enfadado hasta la médula y sin saber por qué, vi en sus palabras una agresión y por eso, de muy mala leche, respondí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Puedo ser lo último pero si quieres alguien fiel, ¡búscate a otro!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi exabrupto no consiguió escandalizar a la morena y acercándose a mí, me hizo saber lo equivocado que estaba al decirme mientras se acariciaba los pechos que después de casarme no me apetecería estar con otra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi reacción me dejó impresionado porque al ver a esa mozuela haciendo gala de sus dones para provocarme no me pude retener y cogiéndola entre mis brazos la besé con una pasión poco propia de mí. Os confieso que a pesar de la presencia de la mitad de ese poblado al sentir la perfección de ese joven cuerpo a través de su ropa, me volví loco y comencé a magrearla con una desesperación que decía poco de mí hasta que muerta de risa, Thema me separó diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ahora no es el momento de demostrarme lo buen amante que eres. Seré tuya pero antes tienes que casarte conmigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Humillado por esa jovencita, me juré a mí mismo que por mucho que insistiera me abstendría de tocarla y que al menos esa noche, esa bruja dormiría sola pero entonces pasando su mano por mi alborotada entrepierna, la morena me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No me importa. Llevo muchos años esperando al hombre que me haga mujer y puedo esperar para dejar de ser virgen. Primero tendrás que venir a mí rogando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Escuchar de sus labios que esa preciosa hembra se mantenía incólume, me excitó de sobre manera pero aun así me mantuve firme en mi decisión de evitar a toda costa que esa muchacha se saliera con la suya.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nuevamente y como si realmente conociera mis pensamientos, Thema me miró pícaramente y viendo que se acercaba el chamán que nos iba a casar, murmuró en mi oído:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Recuerda, llegará la noche que buscarás mis caricias.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Saber que esa preciosidad nunca había estado con un hombre y que estaba decidida a estrenarse conmigo, me dejó sin palabras y por su causa poco os puedo decir sobre la ceremonia que no sea que todo el mundo mostró una extraña devoción a la madre de mi novia y que compartimos un extraño guiso del mismo plato mientras el resto nos miraba con satisfacción. ¡Estaba demasiado ocupado pensando en el lío en que me había metido!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi turbación se incrementó a niveles insospechados cuando, al ritmo de los tambores, un grupo de jovencitas sacó a bailar a la que ya era mi esposa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No es posible», murmuré al quedarme hipnotizado por el modo que se movía en la improvisada pista. Incapaz de desviar mi mirada, mis ojos quedaron prendados al contemplarla bailando para mí mientras su séquito la animaba con las palmas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nadie me lo dijo pero comprendí que estaba ejecutando una danza ancestral en el que me ofrecía sus caderas, sus pechos y toda ella como tributo a nuestra unión. Es más reconozco que todo mi ser, todas mis neuronas se vieron afectadas por el erotismo de sus movimientos antes que me diera cuenta que bajo mi pantalón mi pene había despertado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ¡Ni siquiera lo pensé! Y pegando un rugido, me levanté a darle caza. En ese momento, me sentía un felino y dominado por el espíritu del león, supe que ella era mi hembra.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No me preguntéis como sabían que iba a verme subyugado de tal forma pero cuando estaba a punto de llegar a mi presa, dos gigantescos indígenas se pusieron enfrente e intentaron detenerme. Todavía hoy no lo comprendo pero al sentir que eran un obstáculo, los ataqué con saña. Usé mis manos, mis piernas, mis dientes hasta que atemorizados se retiraron dejándome vía libre para ir por mi botín.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Si creéis que Thema se había puesto nerviosa al ver mi agresividad, os equivocáis por que al llegar a su lado me sonrió y tomándome de la mano, me llevó frente a la esposa del jefe y le dijo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Madre, este hombre ha sido capaz de luchar por tu hija.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> He de decir que no entendía nada pero también que cuando levantándose de su silla esa mujer me miró, me sentí pequeño en su presencia pero al oírla hablar comprendí el por qué todos ese pueblo la adoraba. Su voz tenía el poder subyugante de la de su retoño pero magnificado por mil.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué ha dicho?― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Que la Diosa ha hablado y que te encuentra digno de ella. A partir de este momento, eres su elegido y ella encarnada en mí es tu mujer y tú eres su marido― emocionada tradujo la muchacha y saltando a mis brazos, me besó con pasión mientras repetía una y otra vez el mismo mensaje: ―Tuya y mío, nuestro por toda la eternidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El placer con el que recibí esa condena de por vida me dejó impactado porque no en vano jamás había entrado entre mis planes casarme y menos con una desconocida por muy buena que estuviera. No me reconocía en el imbécil que babeaba al lado de esa morena y por ello haciendo un esfuerzo sobrehumano, dejé de besarla y casi pidiendo perdón no fuera a verme demasiado ansioso, viendo que la fiesta había acabado, pregunté a mi ya esposa dónde íbamos a pasar la noche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Donde va a ser!― exclamó escandalizada― En la casa de mi marido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Avergonzado, tuve que reconocer que no tenía ninguna porque había llegado ese mismo día a Costa de Marfil y no había tenido tiempo de alquilarla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Si la tienes― contestó: ― Al casarte conmigo y como mi madre sabía que íbamos a vivir en la capital, en calidad de dote te ha regalado una.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Imaginándome el tugurio, estuve a punto de decirle que no hacía falta, que podíamos ir a un hotel y que entre mis retribuciones, mi empresa se encargaría de pagarme una vivienda digna pero viendo su alegría preferí quedarme callado y solucionar ese tema a posteriori.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Será solo una noche», sentencié sin advertir que quizás por primera vez en mi vida había pensado en otra persona en vez de en mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por enésima vez en pocas horas, los hechos me sobrepasaron porque cuando ya estaba subiéndome el coche que me había llevado hasta ese remoto lugar, escuché a Thema decirme:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Piensas dejar mi coche con mis cosas aquí?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al girarme, vi un enorme todoterreno último modelo saliendo de detrás de las chozas. Si de por sí tamaño vehículo no me cuadraba con la supuesta humildad de esa gente, lo que realmente me dejó descolocado fue ver que en el que había venido se subían cuatro de las jóvenes que habían servido el banquete. No sabiendo qué narices hacían, se me ocurrió comentar que si las íbamos a acercar a algún lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Son mis damas de compañía. Donde yo voy, ellas vienen conmigo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, con la señorita. No le basta con una chacha, ¡necesita cuatro!», pensé anotando ese detalle en la agenda de temas a discutir tras lo cual entré en la moderna bestia con ruedas propiedad de esa extraña y desconocida mujer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena esperó a que me acomodara a su lado para ordenar al chofer que arrancara, tras lo cual se pegó a mí diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sé qué todo te resulta nuevo y que tienes dudas pero te aseguro que te haré feliz.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Cómo lo sabes?― pregunté afectado al oler la fragancia natural que manaba de la muchacha mientras intentaba que no notara lo mucho que me atraía.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Muerta de risa y apoyando su cara contra mi pecho, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me lo ha dicho la diosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En el poco tiempo que la conocía, lo único que tenía claro de esa belleza es que veía en todo un designio religioso y aunque el ateo que había en mí se rebelaba ante tanta superchería, preferí quedarme callado y disfrutar de la grata sensación de tenerla entre mis brazos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Créeme cuando te digo que seremos dichosos juntos― murmuró cerrando los ojos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Minutos después comprendí que se había quedado dormida cuando el conductor no pudo esquivar un bache del camino y tuve que retenerla con una mano. Mano que desgraciadamente se posó en su pecho, al darme cuenta no pude ni quise retirarla al saber que jamás había tocado algo tan perfecto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esta niña me va a volver loco», reconocí mientras aprovechaba para acariciar esa belleza.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aun sabiendo que me estaba sobrepasando, no fui capaz de parar y sopesé entre mis dedos su tamaño y dureza antes de dar otro paso.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Dios, ¡cómo me gusta!», murmuré entre dientes al rozar con mis yemas su pezón, el cual no permaneció impávido y nada más sentir ese roce se irguió bajo su vestido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Envalentonado, lo estuve toqueteando durante unos minutos hasta que ya excitado decidí que con eso no me bastaba y viendo que se le había subido la falda, bajé mi mano por su cuerpo hasta una de sus piernas. La suavidad de su piel fue el aliciente que necesitaba para continuar y mientras mi mente trataba de restablecer mi cordura, fui recorriendo sus muslos con mis yemas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Eres malo― ronroneó ya despierta al saber hacía donde dirigía mis caricias y lejos de recriminar mi osadía, la alentó separando sus rodillas mientras me decía: ―Tuya y mío, nuestro por toda la eternidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que repitiera era frase como si fuera una oración, no consiguió desviarme de mi objetivo y posando mis dedos sobre el coqueto tanga que llevaba, localicé el botón escondido entre sus pliegues para acto seguido comenzar a acariciarlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―La diosa me ha bendecido― gimió en voz baja al experimentar quizás por vez primera el contacto de unos dedos que no fueran los suyos con esa sensible parte de su anatomía y cediendo a sus impulsos, empezó a mover sus caderas al ritmo que mis yemas mimaban su clítoris.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para entonces todo mi ser estaba concentrado en darle placer y viendo su entrega, me permití el lujo de apartar con mis dedos el último obstáculo que me separaba de su sexo. Thema al sentir que esas caricias se repetían ya sin la presencia de la tela, suspiró calladamente y mirándome a los ojos, me rogó que continuara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Disfruta― susurré en su oído mientras reiniciaba el asalto sobre su erecto y empapado botón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estuve tentado de hundir mi cara y que fuera mi lengua la que recorriera esas tierras inexploradas pero la presencia del conductor me lo impidió y por eso tuve que contentarme con torturar dulcemente a esa extraña y bella mujer cómodamente aposentado en el sillón trasero del todoterreno.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¿Qué me pasa?», me lamenté al saber que estaba haciendo exactamente lo que no debía mientras todas las células de mi cuerpo ardían por la lujuria.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi calentura era tan brutal que olvidando mis reparos, introduje una de mis yemas en el interior de su sexo y comencé a moverlo de fuera a adentro y de dentro a afuera como si me la estuviese follando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Se va a correr», adiviné al notar que Thema parecía sufrir los embates de una descarga eléctrica. Tal y como preveía, esa muchachita no tardó en retener las ganas de gritar al sufrir un gigantesco orgasmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tampoco a mí me resultó fácil experimentar cómo mis dedos se impregnaban con la pringosa prueba de su placer e incrementando mis toqueteos, la llevé a la locura mientras mi pene se alzaba bajo el pantalón y me pedía que la tomara. En vez de ello, me tuve que conformar retirar mi mano de su entrepierna y llevándola a su boca, ordenar que lamiera mis dedos cuando en realidad deseaba que devorara otra cosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena no solo me obedeció sino que sacando la lengua, simuló que me hacía una mamada. Al verla comportándose como una puta, casi me corro y fue entonces cuando comprendí lo difícil que me sería evitar que esa noche fuera hasta su cama rogando porque me hiciera un sitio.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Una vez repuesta, se arregló la ropa y sonriendo, murmuró en mi oreja:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Gracias, por hacer que yo disfrutara sin pensar en ti.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Si ya de por sí fue duro darme cuenta que tenía razón y que algo estaba cambiando en mi interior al anteponer su felicidad a mi lujuria, lo peor fue volver a oír de sus labios la puñetera letanía que me recordaba mi condena:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tuya y mío, nuestro por toda la eternidad.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No habrá eternidad ni siquiera otra próxima vez, ¡tengo que librarme de esta loca!», sentencié y girándome, me puse a mirar por la ventana.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nuestro todoterreno y el que conducía Pedro avanzaban lentamente sobre el camino de tierra. El polvo que levantaba el jeep que nos precedía me dificultaba y mucho la visión pero el paisaje que conseguía vislumbrar era sumamente agreste, montañas y valles escarpados, ausencia de humedad y pobreza por doquier.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque había pasado por esa carretera al ir hacia el poblado, no la recordaba. Por la mañana me había parecido una zona olvidada por la civilización pero sin más. En cambio en ese momento cada paraje me parecía más duro que el anterior y sin saber porque me empecé a indignar, echando la culpa de su miseria a la dejadez de sus dirigentes.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esta gente necesitan un guía que se preocupe por ellos e inversiones. Si occidente invirtiera una mínima parte de lo que gasta en armamento, esta tierra podría ser un paraíso», pensé mientras las curvas se sucedían unas a otras sin pausa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> De pronto a la salida de una de ellas, el chofer tuvo que frenar para no atropellar a una mujer tirada en el suelo. Estaba todavía intentando comprender qué había pasado cuando abriendo su puerta, Thema salió a socorrerla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Qué haces! ¡Puede ser una trampa!― grité alarmado por si todo era una treta para que paráramos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La insensata muchacha obvió mi protesta y auxilió a la herida sin darse cuenta que contra una valla había dos militares armados con Kalashnikov. Yo en cambio sí me fijé y temiéndome lo peor intenté llevarla de vuelta al coche.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Déjame, ¡esta mujer necesita ayuda!― sollozó al sentir que la levantaba del suelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Es peligroso, hay gente armada― comenté esperando que al verlo ella misma entrara en razón.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me da igual, es mi deber el cuidar de mi pueblo― insistió y zafándose de mí volvió junto a la mujer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Para entonces Pedro ya se había bajado y quizás más asustado que yo, me avisó que no era bueno auxiliar a esa musulmana, no fuera a ser que los militares nos tomaran por unos rebeldes del norte. Yo ni siquiera había caído en su velo pero al recordar que había leído que existía un foco de rebelión islamista en esa zona, decidí que quisiera o no me llevaría a la muchacha de ahí y por eso cogiéndola en brazos, separé por segunda vez a Thema de la herida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya la había metido en el todoterreno cuándo mirándome con los ojos plagados de lágrimas, me rogó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No podemos dejarla ahí, esos bestias la matarán.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Su insistencia me desesperó y siendo al menos tan majadero como ella, volví a por la mujer para subirla al coche. Afortunadamente para mí, los tipos con metralletas se tomaron a risa que un blanquito se dignara a manchar su ropa con la sangre de una de su clase y no tomaron represalias.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En cambio, yo al sentarme en el asiento del copiloto porque el mío estaba ocupada por la musulmana, me giré para pegarle una sonora bronca a la muchacha:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Podían habernos matado! ¿En qué coño pensabas?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sabía que la Diosa me protegería y que tú me ayudarías― respondió levantando su mirada un instante para acto seguido volver a cuidar a la herida.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Definitivamente estás loca― rezongué con un cabreo del diez mientras ordenaba al conductor que acelerara y nos alejara de esos dos indeseables…</span></p>
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		<title>&#8220;UNA EMBARAZADA Y SU DINERO, MIS MEJORES AFRODISIACOS&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 10:10:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Descubrir que una embarazada y yo somos herederos de una fortuna, reavivan mi alicaído libido. Con 42 años, las mujeres habían pasado a un segundo plano hasta que me enfrenté a ese cuerpo germinado. Los pechos, el culo de Ana y su dinero se convirtieron en mis mejores afrodisíacos Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/gp/product/B01BH06ZNM &#160; Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos: Capítulo uno Como a muchos hombres de mi generación, el estrés continuado durante años producto del trabajo me había llevado a una inapetencia sexual. Aunque sea [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><b><a href="https://www.amazon.es/dp/B01BH06ZNM"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18632" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia.png" alt="" width="1500" height="583" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia.png 1500w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia-300x117.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia-768x298.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/UNA-EMBARAZADA2-copia-1024x398.png 1024w" sizes="(max-width: 1500px) 100vw, 1500px" /></a>Sinopsis:</b></div>
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<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;">
<p>Descubrir que una embarazada y yo somos herederos de una fortuna, reavivan mi alicaído libido. Con 42 años, las mujeres habían pasado a un segundo plano hasta que me enfrenté a ese cuerpo germinado. Los pechos, el culo de Ana y su dinero se convirtieron en mis mejores afrodisíacos</p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B01BH06ZNM">http://www.amazon.es/gp/product/B01BH06ZNM</a></span></div>
<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;">
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-weight: bold; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="margin: 0px;"><span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-large;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</span></div>
<h1><span lang="ES-TRAD" style="color: windowtext;">Capítulo uno</span></h1>
</div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como a muchos hombres de mi generación, el estrés continuado durante años producto del trabajo me había llevado a una inapetencia sexual. Aunque sea duro reconocerlo, no me considero un bicho raro al confesaros que, con cuarenta y dos años, las mujeres habían pasado a segundo plano en mi vida. Sin ser un eunuco, ya no eran mi prioridad y prefería una buena comilona con un grupo de amigos tras un partido de futbol a un revolcón con la putita de turno. Siendo heterosexual convencido y probado, era consciente de la belleza de determinadas mujeres que revoloteaban a mi alrededor pero me consideraba inmune a sus encantos. Simplemente no me apetecía perder mi tiempo en la caza y captura de una de ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo más curioso de asunto es que todo lo que os he contado antes cambió con la persona menos indicada y en las circunstancias más extrañas. Os preguntareis cuándo, cómo y con quién se dio ese cambio. La respuesta es fácil:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Con mi prima Ana, al verla embarazada y en Filipinas”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como en tantas historias, todo comenzó por un hecho fortuito y en este caso luctuoso: la muerte de un tío. Evaristo, el difunto era un familiar que después de la guerra había organizado las maletas y se había ido al extremo oriente en busca de fortuna. En mi caso, solo lo había visto una vez y eso hacía muchos años. Por eso me sorprendió la llamada de un abogado, avisándome de su muerte y de que me había nombrado heredero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No creyendo en mi suerte, le pregunté cuanto me había dejado. El letrado me contestó que no lo sabía porque esa encomienda era un encargo de un bufete de Manila del que ellos solo eran representantes. De lo que sí pudo informarme fue que al lunes siguiente se abriría el testamento en sus oficinas con las presencia de todos los beneficiarios.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Hay más herederos?― molesto pregunté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tipo al otro lado del teléfono notó mi tono y revisando sus papeles, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Son dos. Usted y Doña Ana Bermúdez.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Así me enteré que mi prima Ana era la otra afortunada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es lógico. Somos sus parientes más cercanos», pensé al recordar que ese hombre era el hermano de nuestro abuelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A pesar de haber perdido el contacto con ella, me tranquilizó saber con quién iba a tener que compartir lo mucho o lo poco que nos había legado ya que Ana siempre me había parecido una persona bastante equilibrada. Por ello, confirmé mi asistencia a la apertura del testamento y anotándolo en mi agenda, me desentendí de ello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">La cita en el bufete.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> He de reconocer que una vez en casa, fantaseé con la herencia y me vi como un potentado a cargo de una plantación de tabaco al hacer memoria que el tal Evaristo se vanagloriaba de la calidad de los puros que elaboraba en esas tierras mientras gastaba dinero en el pueblo sin ton ni son, con el objeto de restregar a toda la familia su éxito.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Quién me iba a decir que iba a disfrutar del dinero que ese viejo ganó con tanto trabajo», ilusionado medité al caer en la cuenta que el bufete al que iba a ir era uno de los mejores de Madrid y por ello asumí que el legado debía de ser importante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por ello, intenté contactar con Ana para conocer de antemano cuál era su sentir en todo ello, pero me resultó imposible porque increíblemente nadie que conocía tenía su teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué raro!», me dije tras darme por vencido, «es como si hubiese querido romper con todo su pasado». No dando mayor importancia a ese hecho, la mañana en que iba a conocer cuál era mi herencia, ve vestí con mis mejores galas y acudí a la cita.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tal y como era previsible, las oficinas en que estaban ubicado ese despacho de abogados destilaban lujo y buen gusto. Quizás por ello, me sentí cortado y tras anunciarme con la recepcionista, esperé sentado que me llamaran tratando de pasar desapercibido. Al salir de casa creía que mi vestimenta iba acorde con la seriedad de la reunión pero, al llegar a ese sitio, deseé haberme puesto una corbata.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Esto está lleno de pijos», mascullé cabreado asumiendo que me encontraba fuera de lugar. Si ya me consideraba inferior, esa sensación se incrementó al reconocer a mi prima en una ricachona que acababa de entrar por la puerta. Envuelta en un abrigo de visón y con peinado de peluquería, Ana parecía en su salsa. Si yo había dado mi nombre y poco más, ella se anunció exigiendo que la atendieran porque tenía prisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menuda borde!», pensé al escuchar sus malos modos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Levantándome de mi asiento, me dirigí a ella y saludé. La frialdad con la que recibió mis besos en sus mejillas me confirmó que en esa altanera mujer, nada quedaba de la chiquilla inocente que había sido y por eso volví a sentarme, bastante desilusionado. La diferencia de trato, me quedó clara cuando a ella la hicieron pasar directamente a un despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «A buen seguro, Ana es la beneficiaria principal y yo en cambio solo recibiré migajas», sentencié mientras intentaba mantener la tranquilidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Enfrascado en una espiral autodestructiva esperé a que me llamaran. Afortunadamente la espera duró poco ya que como a los cinco minutos, uno de los pasantes me llamó para que entrara a la sala de reuniones. Allí me encontré con cuatro abogados de un lado y a mi prima del otro. No tuve que ser un genio para leer en su rostro el disgusto que le producía mi presencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Debió pensar que ella era la heredera universal de Evaristo», comprendí al ver su enfado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo forzar el enfrentamiento que a buen seguro tendríamos en cuanto nos leyeran el testamento, pregunté cuál era mi sitio. El más viejo de los presentes me rogó que me sentara al lado de ella y sin dar tiempo a que me acomodara, comenzó a explicar que nos había citado para darnos a conocer el legado de nuestro tío.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Corte el rollo, ¿cuánto me ha dejado?― fuera de sí, le recriminó mi prima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su mala educación no influyó al abogado que, con tono sereno, le contestó que no sabía porque antes tenía que abrir el sobre que contenía sus últimas voluntades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pues hágalo, no tengo tiempo que perder.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El sujeto, un auténtico profesional, no tomó en cuanta la mala leche de mi familiar y siguiendo los pasos previamente marcados, nos hizo firmar que en nuestra presencia rompía los sellos de ese paquete. Os juro que para entonces se me había pasado el cabreo al ver el disgusto de esa zorra y gozando a mi manera, esperé a que el abogado empezara a leer el testamento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras las típicas formulas donde se daba el nombre de mi tío y el notario declaraba que a pesar de su edad tenía uso pleno de sus facultades, fue recitando las diferentes propiedades que tenía en vida. La extensa lista de bienes me dejó perplejo porque aunque sabía que mi tío era rico nunca supuse que lo fuera tanto y por ello, cuando aún no había terminado de nombrarlas, ya me había hecho una idea de lo forrado que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Era millonario!», exclamé mentalmente y completamente interesado, calculé que aunque solo recibiera un pequeño porcentaje de su fortuna me daría por satisfecho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ana se le notaba cada vez más enfadada y solo pareció apaciguarse cuando el letrado empezó a leer las disposiciones diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mi adorada sobrina, Doña Ana Bermúdez, en virtud de haber dedicado sus últimos años a cuidar de mí…― la cara de mi prima era todo satisfacción pero cambió a ira cuando escuchó que decía― …le dejo el cincuenta por ciento de mis bienes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante unos segundos, mantuvo el tipo pero entonces fuera de sí empezó a despotricar del viejo, recriminándole que ella era la única que se había ocupado de él.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El abogado obviando sus quejas, prosiguió leyendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mi sobrino, Manuel Bermúdez, como único varón de mi familia le dejo el otro cincuenta por ciento siempre que acepte cumplir y cumpla las condiciones que señalo a continuación…―os juro que mi sorpresa al saberme coheredero de esa inmensa fortuna fue completa y por eso me costó seguir atendiendo― …Primero: Para hacerse cargo de la herencia, debe vivir y residir en mi casa de Manila durante un mínimo de dos años desde su aceptación. Para ello, su prima Ana deberá prepararle la habitación de invitados o cualquier otra de la zona noble.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «La madre tendré que vivir con esa engreída», pensé.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El abogado siguió diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Segundo: Deberá trabajar bajo las órdenes de la actual presidenta de mis empresas durante el mismo plazo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me quedó duda de quién era esa señora al ver la cara de desprecio con la que Ana me miraba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tercero: La aceptación de su herencia deberá hacerse ante mi notario en Manila dando un plazo de quince días para que lo haga. De negarse a cumplir lo acordado o no aceptar la herencia, el porcentaje a él asignado pasará directamente a su prima Doña Ana Bermúdez.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esas condiciones me parecieron fáciles de cumplir teniendo en cuenta que estaba hasta los huevos de mi trabajo como simple administrativo en una gran empresa y por eso, nada más terminar el abogado dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Dónde hay que firmar?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El sujeto se disculpó y me recordó que según el testamento debía hacerlo en Filipinas y ante la ley de ese país. Dando por sentado que tenía razón ya me estaba despidiendo cuando escuché a mi prima que con tono duro decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Nos pueden dejar solos? Manuel y yo tenemos que hablar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los abogados previendo que iba a producir una confrontación entre nosotros, desaparecieron por arte de magia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al quedarnos únicamente ella y yo en esa habitación, Ana se quitó el abrigo de pieles y dejándolo sobre uno de los sillones, se dio la vuelta y me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Cuánto quieres por renunciar a todo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La dureza de sus palabras me pasó desapercibida porque en ese momento mi mente estaba en otro planeta porque al despojarse de esa prenda, me permitió admirar la sensual curvatura de su vientre y la hinchazón de su busto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está embarazada!», concluí más excitado de lo normal al recorrer con mi mirada su preñez.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque siempre me habían parecido sexys las barrigas de las mujeres esperando, os tengo que confesar que cuando descubrí su estado, algún raro mecanismo subconsciente en mi interior se encendió y puso a mis hormonas a funcionar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Está buenísima!», pensé mientras por primera vez la contemplaba como mujer. Olvidando su carácter, me quedé prendado de esos pechos que pugnaban por reventar su blusa y contra mi voluntad, me imaginé mamando de ellos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi “querida” prima creyó que mi silencio era un arma de negociación y sacando la chequera, con la seguridad de alguien acostumbrado a las altas esferas, me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Con medio millón de euros te sentirías cómodo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni en mis sueños más surrealistas hubiera creído que de esa reunión saldría con esa suma pero para desgracia de esa pretenciosa, mi cerebro estaba obcecado contemplando el erotismo de sus curvas y nada de lo que ocurriera en esa habitación podría hacer que me centrara tras haber descubierto unas sensaciones que creí perdidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Esta puta me pone cachondo», alucinado determiné al notar que mi sexo se había despertado tras meses de inactividad y que en esos momentos lucía una erección casi olvidada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Entonces, un millón. ¡No pienso ceder más!― subrayó cabreada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su ira, lejos de hacerla menos deseable, incrementó su erotismo y ya sumido en una especie de hipnosis, fui incapaz de retirar mis ojos de los pezones que se podían vislumbrar bajo su blusa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Debe de tenerlos enormes», medité mientras soñaba en el paraíso que significaría tenerlos a mi alcance, «daría lo que fuera por mordisquearlos».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Solo un idiota rechazaría mi generosa oferta!―chilló ya descompuesta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su insulto exacerbó mi fantasía e imaginando que era mía, me vi sometiéndola. Ninguna mujer me había provocado esos pensamientos y por ello me intrigó que tras años de sexualidad aletargada, esa preñada me hubiese inyectado en vena tanta lujuria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Me la ha puesto dura!», sonreí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sonrisa nuevamente fue malinterpretada y tomada como una ofensa. Ana, dio por declarada la guerra y llena de ira, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No tienes idea de lo hija de puta que puedo ser. Te conviene aceptar mi oferta. Filipinas es mi terreno y si vives conmigo, ¡te haré la vida imposible!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa nada sutil amenaza tuvo el efecto contrario. Mi prima me la había lanzado con la intención de acobardarme pero al saber que viviría con ella, hizo que todas las células de mi cuerpo hirvieran de pasión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya veremos― respondí y dando por zanjado el tema, me acerqué a ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ana se quedó de piedra cuando ya a su lado y mientras me despedía, susurré en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Por cierto, nunca me imaginé que mi primita se había convertido en una diosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Quemo mis naves.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Saliendo de los abogados, decidí irle a decir adiós a mi jefe. Tras diez años de esclavitud y explotación en sus manos, ese capullo se merecía que alguien le cantara las cuarenta. A muchos os parecerá una locura quemar las naves de esa forma pero, asumiendo que lo mínimo que iba a sacar era el millón de euros que me había ofrecido, me parecía obligado hacerle saber a mi superior lo mucho que le estimaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso cuando llegué a la oficina, sin pedir permiso, entré en su despacho y subiéndome a su mesa, me saqué la polla y le meé encima. Tras ese desahogo y mientras ese mequetrefe no paraba de chillar, recogí mis cosas y dejé para siempre ese lugar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué a gusto me he quedado!», pensé ya en la calle al recordar la cara de miedo que lucía ese cabronazo mientras le enchufaba con mi manguera. Acostumbrado a ejercer tiránicamente su poder, Don José se había quedado reducido a “pepito” al verme sobre su escritorio verga en mano.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya más tranquilo me fui a casa e indagando en internet, confirmé con la copia del testamento en mi mano que las posesiones de mi tío Evaristo se podían considerar un emporio:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Estoy forrado», resolví tras verificar que formaban el segundo mayor holding de ese país.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente mientras pensaba en esa fortuna que me había caído del cielo, no fueron solo mis neuronas las que se pusieron como una moto sino antes que ellas, mis hormonas. Dentro de mis calzones, mi pene se había despertado con una dureza comparable a la sufrida al ver las tetas de mi prima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Me pone cachondo la pasta!, muerto de risa, exclamé.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Juro que solo el saber que apenas tenía dinero para comprarme el billete de avión a Manila, evitó que saliese corriendo a un putero a descargar mi tensión con una hembra de pago. En vez de ello, abriendo mi bragueta, saqué mi hombría de su encierro y me puse a pajear pensando en Ana, en esas tetas que no tardarían en tener leche y en su estupendo culo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Esa puta será mía!― determiné en voz alta al recordar su sorpresa cuando le comenté lo buena que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Soñando que el desconcierto con el que recibió mi piropo fuera motivado por una debilidad de su carácter que me diera la oportunidad de seducirla, me imaginé poniendo mi verga entre las tetas de esa soberbia. En mi mente, mi adorada prima se comportó como una zorra y actuando en sintonía, me hizo una cubana de ensueño mientras soportaba mis risas e insultos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba a punto de sucumbir a mi deseo cuando de improviso sonó el timbre de mi puerta. Disgustado por la interrupción, acomodé mi ropa y fui a ver quién había osado interrumpirme. Al abrir, me encontré con una oriental. La desconocida, al verme, se presentó como la secretaría de mi prima y sin mayor prolegómeno, me informó que su jefa le había pedido que se pusiera a mis órdenes para que me ayudara con los preparativos de mi marcha.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con la mosca detrás de la oreja, la dejé pasar. Esa criatura debía tener instrucciones precisas porque nada más pisar mi apartamento, me preguntó dónde tenía las maletas y qué ropa quería llevarme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿A qué se debe tanta prisa?― pregunté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin mostrar ningún signo de preocupación, la filipina contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como futuro vicepresidente tiene a su disposición el avión de la compañía y Doña Ana ha preparado todo para que usted salga rumbo a Manila en tres horas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese cambio de actitud y que esa guarra sin alma facilitara mi ida, me mosquearon. Sospechando que quizás buscaba un acercamiento como estrategia de negociación, interrogué a la muchacha donde recogeríamos a mi prima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―La señora ya está de vuelta en otro avión. No quería esperar a que termináramos con su equipaje y me ha pedido que sea yo quien le acompañe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su tono meloso despertó mis alertas. Tratando de encontrar un sentido a todo aquello, me fijé en la muchacha y fue al percatarme de su exótica belleza cuando caí del guindo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Mi prima la ha mandado para que me seduzca».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese descubrimiento en vez de molestarme, me hizo gracia y sin cortarme en absoluto, me dediqué a admirar a la cría mientras recogía mi ropa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Hay que reconocer que tiene un polvo», zanjé tras recorrer con la mirada su esbelto cuerpo. Teresa, así se llamaba la mujercita, parecía sacada de una revista de modas. Guapa hasta decir basta, sus movimientos irradiaban una sensualidad que no me pasó inadvertida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Más de uno!», decreté al descubrir que tenía un culo con forma de corazón cuando la vi agacharse a cerrar la primer maleta. «Joder, ¡cómo estoy hoy!», protesté mentalmente mientras trataba de ocultar la erección entre mis piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La incomodidad que sentía se incrementó exponencialmente al notar que esa cría se había dado cuenta de lo que ocurría entre mis piernas y se ponía roja.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Parezco un viejo verde», refunfuñé en silencio avergonzado y desapareciendo de mi habitación, fui a la cocina a tomar un vaso de agua aunque no tenía sed.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Consideré esa huida como una sabia retirada porque era consciente que en el estado de excitación en que estaba, cualquier acercamiento por parte de ella terminaría en mi cama. Lo que no sabía fue que Teresa usó mi ausencia para revisar los cajones de mi cuarto y que durante ese examen, encontró mi colección de películas porno.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menudo pervertido», me reconoció posteriormente que pensó al deducir por su contenido que las asiáticas eran una de mis fantasías.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente ese hallazgo, la satisfizo aunque su jefa le había prohibido expresamente cualquier acercamiento conmigo. Sus órdenes eran únicamente el convencerme de acudir cuanto antes a filipinas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Es un muerto de hambre. Fuera de su entorno conseguiré que firme la renuncia― fueron las escuetas explicaciones que le dio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para desgracia de Ana, esa muchachita era ambiciosa y al conocer mi debilidad por su raza, no tardó en decidir que la iba a aprovechar a su favor. De forma que ajeno a las oportunidades que se me estaban abriendo sin saberlo, la mente de Teresa se puso a elucubrar un plan con el que seducirme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Maduro, soltero y solo, no tardará en caer entre mis piernas», sentenció mientras se veía ya como mi futura esposa. «Si consigo enamorarle, me convertiré en una de las mujeres más ricas de mi país».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por mi parte, en la soledad de mi cocina, mi excitación no me daba tregua y a pesar de mis intentos, seguía pensando en esa jovencita.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Aunque está buenísima», sentencié al sentir mis hormonas en ebullición, «no debo caer en la red que Ana me ha preparado».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desconociendo que iba a producir un choque de trenes, y que mi deseo se iba a retroalimentar con su ambición. Levanté mi mirada al oír un ruido y descubrí a Teresa apoyada contra el marco de la puerta. La perfección de sus formas y la cara de putón desorejado de la muchacha echaron más leña al fuego que ya consumía mis entrañas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya he terminado― comentó con tono dulce al tiempo que hacía uso de sus impresionantes atributos femeninos en plan melosa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reclinando su cuerpo contra el quicio, esa cría se exhibió ante mí como diciendo: “soy impresionante y lo sabes”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reconozco que mis ojos estaban todavía prendados en su piel morena cuando ella incrementando el acoso a la que me tenía sometido, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Todavía faltan un par de horas para que salga nuestro avión. ¿Le importa que me dé una ducha?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No tuve que quebrarme mucho la cabeza para comprender que se me estaba insinuando y por un momento estuve a punto de negarle ese capricho, pero entonces y ante mi asombro, Teresa dejó caer uno de los tirantes de su vestido mientras insistía diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me siento sudada y me vendría bien para refrescarme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que antes de darme tiempo de reaccionar, ese bellezón de mujer deslizó el otro tirante e impresionado solo pude quedarme admirando cómo se me iban mostrando la perfección de su curvas mientras su ropa se escurría hacía el suelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Es una diosa!», exclamé mentalmente mientras todo mi ser ardía producto de la calentura que esa criatura había suscitado en mi cerebro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si su rostro era bello, las duras nalgas que pude contemplar mientras la muchacha salía rumbo al baño me parecieron el sumún de la perfección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tranquilo, macho. ¡Es una trampa!», me tuve que repetir para no salir detrás de ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todo se estaba aliando en mi contra. Si esa mañana alguien me hubiera dicho que estaría en ese estado de excitación solo cuatro horas después de haber despertado, lo hubiera negado. La preñez de mi prima había avivado el deseo que creía olvidado, la pasta de la herencia lo había intensificado pero lo que realmente me convirtió en un macho en celo fue esa cría cuando, llevando como única vestimenta un tanga negro, me preguntó desde el pasillo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No me va a acompañar?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis recelos desaparecieron como por arte de magia y acercándome a ella, me apoderé de sus pechos mientras forzaba los labios de esa joven con mi lengua. La pasión que demostró, me permitió profundizar en mi ataque y olvidando cualquier tipo de cordura, le bajé las bragas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Qué maravilla!― clamé alucinado al encontrarme con su depilado y cuidado sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su sola visión hizo que casi me corriera de placer, Teresa no solo estaba buena sino que de su coño desprendía un aroma paradisíaco que invitaba a comérselo. Estaba todavía pensando que hacer cuando esa filipina pegando un grito se abalanzó sobre mí e me bajó los pantalones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sobre estimulado como estaba, no hizo falta nada más y cogiéndola entre mis brazos, de un solo arreón la penetré hasta el fondo. La cría chilló al sentirse invadida y forzada por mi miembro, pero en vez de intentarse zafar del castigo, se apoyó en mis hombros para profundizar su herida, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hazme el amor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreado por mi rápida claudicación y por el hecho que mi adversaria creyera que me había vencido, la contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No voy a hacerte el amor, voy a follarte― tras lo cual moviendo mis caderas, hice que la cabeza de mi pene chocara contra la pared de su vagina sin estar ella apenas lubricada. Mi violencia y la estrechez de su conducto hicieron saltar lágrimas de sus ojos pero su sufrimiento solo consiguió azuzar mi deseo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin importarme su dolor ni siquiera esperé a que se relajara antes de iniciar un galope desenfrenado. Sus aullidos al sentirse casi violada con cada incursión, me alebrestaron y ya convertido en un animal, seguí machacando su coñó con mi verga. Durante largos minutos, su cuerpo fue presa de mi lujuria hasta que contra toda lógica, Teresa consiguió relajarse y comenzó a disfrutar del momento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Supe que algo había cambiado en su interior cuando el cálido flujo que brotó de su sexo me empapó las piernas. Fue entonces cuando me percaté que esa cría se arqueaba en mis brazos con los ojos en blanco. Su rostro ya no mostraba dolor sino placer e involuntariamente colaboró con mi infamia abrazándome con sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eres un salvaje― musitó saboreando ya cada una de mis penetraciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me podía creer la excitación que me corroía, siendo ya cuarentón no di muestra de serlo al tener izada entre mis brazos a esa mujer sin dejar de aporrearla con mi miembro. Con renovada juventud, continué follándomela en volandas mientras en su cuerpo se iba acumulando tanta tensión que no me cupo duda que iba a tener que dejarla salir con un brutal orgasmo. Sin estar cansado pero para facilitar mis maniobras, la coloqué encima de una mesa, sin dejarla descansar. La nueva posición me permitió disfrutar con sus pechos. Pequeños como el resto de su se movían al ritmo que imprimía a su dueña. Teresa, cada vez más abducida por el placer, olvidó sus planes y berreando, imploró mis caricias. Respondiendo a sus deseos, los cogí con mi mano, y extasiado por la tersura de su piel morena, me los acerqué a la boca.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La oriental aulló como una loba cuando notó mis dientes adueñándose de sus pezones y totalmente fuera de si, clavo sus uñas en mi espalda. Sé que buscaba aliviar la tensión que acogotaba su interior pero solo consiguió que esos rasguños incrementaran mi líbido y ya necesitado de derramar mi leche dentro de ella, me agarré de sus tetas y comencé un galope desenfrenado, usándola como montura.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces, mis huevos rebotaban como en un frontón contra su cuerpo. El brutal ritmo que adopté hizo que mi verga forzara en demasía su interior de forma que cuando exploté dentro de su cueva, mi semen se mezcló con su sangre y mis gemidos con sus gritos de dolor. Agotado y ya satisfecho, me desplomé sobre ella pero Teresa, en vez de quejarse, siguió moviéndose hasta que su propia calentura le hicieron correrse brutalmente, gritando y llorando por el tremendo clímax que le había hecho tener.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No puede ser― chilló dominada por las intensas sensaciones que recorrían su cuerpo y con lágrimas recorriendo sus mejillas, me reconoció que le había encantado antes de quedarse tranquila.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Vamos a la cama― dije en cuanto se hubo recuperado un poco.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha, al oírme, sonrió pero tras pensárselo me dijo con voz apenada:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me encantaría pero tenemos que coger un vuelo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sintiéndome Superman, besé sus labios y le pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Cuántas horas tarda el viaje?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Catorce― respondió alegremente al intuir mis intenciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tiempo suficiente para seguir follando», me dije y dando un azote sobre su trasero desnudo, le comenté que se había quedado sin ducha.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La cría muerta de risa, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No me importa, en el avión hay un jacuzzi ¡para dos!</span></p>
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