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	<title>LIBROS &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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	<title>LIBROS &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>&#8220;El culo de mi tía, la policía&#8221; LIBRO CENSURADO POR AMAZON  PARA DESCARGAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Jul 2026 09:57:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[LIBRO&#160;QUE CENSURÓ AMAZON POR CONSIDERARLO DEMASIADO PORNOGRÁFICO. Por ello, mi editor ha tenido que publicarlo en BUBOK. Sinopsis: Desde niño, la hermana pequeña de su madre fue su oscuro objeto de deseo.&#160;El origen de esa obsesión por Andrea no era solo por su belleza, también radicaba en que era agente de policía. Nuestro protagonista, un joven problemático se enfrenta a sus padres y ellos buscando reformarlo, ven en esa inspectora la única solución. Por ello durante un incidente con la ley, piden a esa mujer ayuda, sin saber que al obligar a su hijo a vivir con su tía desencadenarían [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.bubok.es/libros/240894/El-culo-de-mi-tia-la-policia"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18505" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-policía.png" alt="" width="2510" height="938" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-policía.png 2510w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-policía-300x112.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-policía-768x287.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/portada-policía-1024x383.png 1024w" sizes="(max-width: 2510px) 100vw, 2510px" /></a></p>
<p class="sipnosis"><span style="font-size: 24pt; color: #ff0000;">LIBRO&nbsp;QUE CENSURÓ AMAZON POR CONSIDERARLO DEMASIADO PORNOGRÁFICO. Por ello, mi editor ha tenido que publicarlo en BUBOK.</span></p>
<p class="sipnosis"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Sinopsis:</span></p>
<p class="sipnosis"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Desde niño, la hermana pequeña de su madre fue su oscuro objeto de deseo.&nbsp;El origen de esa obsesión por Andrea no era solo por su belleza, también radicaba en que era agente de policía.</span></p>
<div><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Nuestro protagonista, un joven problemático se enfrenta a sus padres y ellos buscando reformarlo, ven en esa inspectora la única solución. Por ello durante un incidente con la ley, piden a esa mujer ayuda, sin saber que al obligar a su hijo a vivir con su tía desencadenarían que entre los dos nazca una relación nada filial.</span></div>
<div></div>
<div></div>
<div><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Escrito por Fernando Neira (Golfo), verdadero&nbsp;fenómeno&nbsp;de la red cuyos relatos han recibido mas de 12.000.000 de visitas.</span></div>
<div></div>
<div></div>
<div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bajátelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><span style="font-size: 18pt;"><a href="http://www.bubok.es/libros/240894/El-culo-de-mi-tia-la-policia">http://www.bubok.es/libros/240894/El-culo-de-mi-tia-la-policia</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="font-size: 24pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</span></strong></span></p>
<h1><a name="_Toc421703788"></a>Capítulo 1</h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Desde niño, la hermana pequeña de mi madre fue mi oscuro objeto de deseo. Hasta hoy no me atreví a contar la historia que compartí con Andrea, mi tetona y culona tía. Diez años menor que mi progenitora, recuerdo la fijación con la que la veía. El origen de mi obsesión era variado por una parte estaba su monumental anatomía pero también radicaba en que esa monada era agente de policía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Era observarla vestida con ese uniforme que le apretaba sus enormes melones y que pensara en ella con sentimientos nada filiales. Para mí, no había nada tan sensual como verla llegar a casa de mis abuelos y que se dejara caer agotada sobre el sofá con su indumentaria de trabajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">¿Cuántas veces me imaginé siendo detenido por ella?&#8230;..Cientos, quizás miles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">¿Cuántas noches soñé con disfrutar de esa bella agente?&#8230;. Incontables.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">¿Cuántas veces me acosté con ella?&#8230;. Ninguna y jamás creí que pudiera darse el caso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El carácter de esa morena era tan agrio como lo bella que era. La mala leche proverbial con la que mi tía Andrea trataba a todos, hacía imposible cualquier acercamiento. Y cuando digo cualquier, ¡era cualquier! Siendo una divinidad de mujer, nunca se le había conocido novio o pareja. Según mi padre eso se debía a que a que era tortillera pero según mamá, la razón que no había encontrado un hombre era por mala suerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― &nbsp;Ya encontrará un marido y tendrás que comerte tus palabras― &nbsp;le decía siempre defendiendo a su hermanita.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi viejo reía y como no quería&nbsp; más bronca, se callaba mientras yo en un rincón, sabía que ambos se equivocaban.&nbsp; En mi mente infantil, mi tía era perfecta y sin nunca había salido con nadie, era porque a ella no le interesaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Cuando lo deseé, los tendrá a patadas», pensaba sabiendo que esa noche tendría que masturbarme con la foto que me regaló en un cumpleaños.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Han&nbsp; pasado muchos años, pero aún recuerdo esa instantánea. En ella mi tía Andrea estaba frente a un coche azul con la porra en la mano.&nbsp; La sensualidad de esa imagen la magnificaba yo al imaginar que ese instrumento era mi polla y que ella la meneaba cuando en realidad eran mis manos las que me hacían la paja.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">En mis horas nocturnas, mi imaginación volaba entre sus piernas mientras me decía a mí mismo que tampoco me llevaba tantos años. Lo cierto es que eso si era cierto, por aquel entonces yo tenía quince años y mi tía veinticinco pero a esa edad,&nbsp; esa brecha la veía como insuperable y por eso me tenía que contentar con soñar solo con ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Profesional eficiente y sin nadie que le esperara en casa, Andrea subió como la espuma dentro de la policía y con veinticinco años ya era inspectora jefe de la comisaría de Moncloa en Madrid. Ese puesto que hizo menos frecuentes sus visitas, fue a la postre lo que me llevó a cumplir mi sueño desde niño……</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Toda mi vida cambia por un maldito porro.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Acababa de empezar la carrera de derecho y como tantos muchachos de mi edad, estudiaba poco, bebía mucho y fumaba más. Y cuando digo fumar, no me refiero a los Marlboro que hoy en día enciendo sino a los canutos con los que me daba el puntito cada vez que salía a desbarrar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Llevaba un tiempo causando problemas en casa, discutía con mis viejos en cuanto me dirigían la palabra, sacaba malas notas y lo peor a los ojos de ellos, mis nuevas amistades les parecían gentuza. Hoy desde la óptica que dan la experiencia, los comprendo: a mí tampoco me gustaría que los amigos de mi hijo tuvieran una estética de perroflautas pero lo cierto es que no eran malos. Eran…traviesos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Hijos de papa como yo y con sus necesidades seguras, se dedicaban a festejar su juventud aunque de vez en cuando se pasaban.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo que os voy a contar ocurrió una madrugada en la que habiendo salido hasta el culo de porros de una discoteca, mis colegas no tuvieron mejor ocurrencia que vaciar los contenedores de basura en mitad de la calle Princesa. Para los que no conozcan Madrid, es una de las principales vías de acceso a la ciudad universitaria, por lo que aunque era muy tarde, había suficiente tráfico para que rápidamente se formara un monumental atasco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La policía no tardó en llegar y viendo que éramos un grupo de diez los culpables del altercado, nos metieron a golpes a una patrulla. Envalentonado con el hachís y cabreado por la brutalidad que demostraron, fui tan gilipollas de encararme con ellos. Los agentes respondieron con violencia de modo que al cabo de los veinte minutos, todos estábamos siendo fichados pero en mi caso la foto que me hicieron era una muestra clara de abuso policial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con los ojos morados y el labio partido, me dediqué a llamarles hijos de puta y a amenazarles con ir al juzgado. Fue tanto el escándalo que monté que el inspector de guardia salió de su despacho a ver qué ocurría.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La casualidad hizo que mi tía Andrea fuera dicho superior. Al reconocerme, pidió a uno de sus subalternos que me encerrara en una celda a mí solo.&nbsp; &nbsp;Conociendo la mala baba que se gastaba su jefa, el agente no hizo ningún comentario y a empujones me llevó hasta esa habitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Yo, todavía no sabía que mi tía estaba allí por eso cuando la vi aparecer por la puerta, me alegré pensando ingenuamente que mis problemas habían terminado y alegremente, la saludé diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tía, tienes unos matones como subordinados, ¡Mira como me han puesto!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi&nbsp; tía sin dirigirme la palabra me soltó un tortazo que me hizo caer y ya en el suelo me dio un par de patadas que aunque me dolieron no fue lo que me derrotó anímicamente sino el oírla decir a esos mismos que había insultado:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Todos habéis visto que he sido yo quien se ha sobrepasado con el detenido, si hay una investigación asumo la responsabilidad de lo que pase.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Los policías presentes se quedaron alucinados que asumiera la autoría y si ya tenía a su jefa en un pedestal a partir de esa noche, para ellos no había nadie más capacitado que ella en toda la comisaría. Solo yo sabía, el por qué lo había hecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Nunca me dejarían mis padres denunciar a mi tía!».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">De esa forma tan ruda, la hermana de mi madre cumplió dos objetivos: en primer lugar me castigó y en segundo, libró al personal bajo su mando de un posible castigo. Humillado hasta decir basta, me acurruqué en el catre del que disponía el calabozo y usando las manos como almohada, dormí la borrachera.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Debían ser sobre las doce, cuando escuché que la puerta de mi celda se abría. Al abrir los ojos, vi entrar a mis viejos con mi tía. Mi estado debía ser tan lamentable que mi madre se echó a llorar. Mi padre al contario, iracundo de ira, comenzó a soltarme un sermón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Vete a la mierda!― &nbsp;contesté intentando que se callara. Sus gritos se clavaban como espinas en mis sienes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al no esperárselo y ser además un buenazo, se quedó callado. Fue entonces cuando la zorra de mi tía me agarró de los pelos y obligándome a arrodillarme, me exigió que les pidiera perdón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Asustado, adolorido y resacoso por igual, no tuve fuerzas para oponerme a su violencia y les rogué que me perdonaran.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi madre llorando como una magdalena, se repetía con lágrimas en los ojos que no sabía que podía hacer conmigo. Mientras ella lloraba, Andrea se mantuvo en un segundo plano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡No ves lo que nos estás haciendo!― &nbsp;dirigiéndose a mí, dijo― &nbsp;¡Vas camino de ser un delincuente!― &nbsp;os juro que no lo vi venir, cuando creía que estaba más desesperada, dejó de llorar y con tono serio, preguntó a su hermana: ― ¿Serías tú capaz de enderezarlo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi tía poniendo un gesto de contrariedad, le contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Déjamelo un mes. ¡Te lo devolveré siendo otro!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi padre estuvo de acuerdo y por eso, esa tarde al salir de la comisaría, recogí mis cosas y me mudé con mi pariente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Me mudo a casa de mi tía.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Recuerdo el cabreo con el que llegué a su apartamento. Mi padre me llevó en coche hasta allí y durante el trayecto tuve que soportar el típico discurso de progenitor en el que me pedía que me comportara. Refunfuñando, prometí hacerlo pero en mi fuero interno, decidí que a la primera oportunidad iba a pasarme por el arco del triunfo tanto sus consejos como las órdenes que la zorra de mi tía me diera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Ya vera esa puta! ¿Quién se creé para tratarme así?», pensé mientras sacaba mis cosas del maletero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi pobre viejo me despidió en el portal y cogiendo el ascensor, fui directo a enfrentarme con esa engreída.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Cambiarme a mí? ¡Lo lleva claro!», me dije convencido de que aunque lo intentara no iba a tener éxito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tal y como había quedado con su hermana, Andrea me esperaba en el piso y abriendo la puerta, me dejó pasar con un sonrisa en la boca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Supe al instante que esa capulla me tenía preparada una sorpresa pero nunca anticipe lo rápido que descubriría de que se trataba, pues nada más dejar mi maleta en el cuarto de invitados, me llamó al salón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Abre la boca― &nbsp;ordenó― &nbsp;quiero hacerte una prueba de drogas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Os juro que al verla con el bastoncito en la mano, me llené de ira y por eso le respondí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Vete a la mierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi tía lejos de enfadarse,&nbsp; con un gesto de alegría en su boca, me pegó un empujón diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Te crees muy machito! ¿Verdad?― &nbsp;y sin esperar mi respuesta, me soltó un bofetón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su innecesaria violencia, me terminó de enervar y gritando le contesté:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tía, ni se te ocurra volver a tocarme o….</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿O qué?― &nbsp;me interrumpió― &nbsp;¿Me pegarías?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sobre hormonado por mi edad, respondí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Nunca pegaría a una mujer pero si fueras un hombre te habría partido ya tu puta cara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Descojonada escuchó mi respuesta y antes de que pudiera hacer algo por evitarlo, me volvió a soltar otro guantazo. Fue entonces cuando dominado por la ira, intenté devolverle el golpe pero esa mujer adiestrada en las artes marciales, me paró con una llave de judo tirándome al suelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Serás puta!― &nbsp;exclamé y nuevamente busqué que se tragara sus palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con una facilidad que me dejó pasmado ese bombón de mujer fue repeliendo todos mis ataques hasta que agotado, me quedé quieto. Entonces luciendo la mejor de sus sonrisas, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Ya hemos jugado bastante, ¿Vas a abrir la boca o tendré que obligarte?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué te follen!― &nbsp;respondí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ni siquiera vi su patada. Con toda la mala leche del mundo, esa zorra me golpeó en el estómago con rapidez y aprovechando que estaba doblado, me agarró la cabeza y abriendo mi boca, introdujo el maldito bastoncito.&nbsp; Una vez había conseguido su objetivo, me dejó en paz y metiéndolo en un aparato, esperó a que saliera el resultado del análisis:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Como pensaba, solo hachís― &nbsp;dijo y volviendo a donde yo permanecía adolorido por la paliza, me dijo: ― Se ha acabado el fumar chocolate. Todos los días repetiré esta prueba y te aconsejo que no te pille. Si lo hago te arrepentirás.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No me tuvo que explicar en qué consistiría su castigo porque en esos instantes, mi cuerpo sufría todavía el resultado de la siniestra disciplina con la que pensaba domarme.&nbsp;&nbsp; Si ya estaba lo suficiente humillado, creí&nbsp; que me hervía la sangre cuando la escuché decir:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tu madre me ha dicho que en&nbsp; mes y medio, tienes los primeros parciales y le he prometido que los aprobarías. Ósea que vete a estudiar o tendrás que asumir las consecuencias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Completamente derrotado, bajé la cabeza e intenté estudiar pero era tanto el coraje que tenía acumulado que con el libro enfrente, planeé mi venganza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Esa zorra no sabe con quién se ha metido».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Estuve dos horas sentado a la mesa sin moverme. Aunque me cueste reconocerlo, me daba miedo que mi tía me viera sin estudiar y me diera otra paliza. Afortunadamente, llegó la hora&nbsp; de cenar y por eso tuvo que levantarme el castigo y llamarme. Ofendido hasta la médula ocupé mi sitio y en silencio esperé que me sirviera. Cuando llegó con la cena, descubrí en ella a una siniestra institutriz que no solo me obligó a ponerme recto en la silla sino que cada vez que me pillaba masticando con la boca abierta, me soltó un collejón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Maldita puta», mascullé entre dientes pero no me atreví a formular queja alguna no fuera a ser que decidiera hacer uso de la violencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al terminar, le pedí permiso para irme a la cama. La muy hija de perra ni se dignó a contestarme, por lo que tuve que esperar a que ella acabara.&nbsp; Fue entonces cuando me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Somos un equipo. Nos turnaremos en lavar los platos y en los quehaceres de la casa… Así que hoy te toca poner el lavavajillas mientras yo acomodo el salón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sintiéndome su puto criado, levanté la mesa y metí los platos en el electrodoméstico. Ya cubierta mi cuota, me fui a mi habitación y allí cerré la puerta. Ya con el pijama dejé que mi mente soñara en cómo castigaría la insolencia de mi pariente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo primero que hice fue imaginármela dormida en su cama. Aprovechado que dormía, ve vi atándola con las esposas que llevaba al cinto cuando salía de casa. Al cerrar el segundo grillete, mi tía despertó y al abrir los ojos y verme sonriendo sobre ella, me gritó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué coño haces!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">De haber sido real, me hubiera cagado en los pantalones pero como era MI sueño, le respondí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Voy a follarte, ¡Puta!― &nbsp;tras lo cual empecé a desabrocharle su camisón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi tía intentó zafarse y al comprobar que le resultaba imposible, me dijo casi llorando:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Déjame y olvidaré lo que has hecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Incrementando su desconcierto, le solté un guantazo mientras le terminaba de desabotonar. Con esa guarra retorciéndose bajo mis piernas contemplé&nbsp; sus pechos al aire y sin poderme aguantar, me lancé sobre ellos y los mordí. Su chillido angustiado me informó de que estaba consiguiendo llevarla a la desesperación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Menudas tetas!», me dije recordando sus pezones. Ese par de peras dignas eran de un banquete pero sabiendo que lo mejor de mi pariente era ese culazo, deslicé mentalmente su camisón por las piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Hecha un flan, tuvo que soportar que prenda a prenda la fuera desnudando. Cuando ya estaba desnuda sobre la cama, pasé el filo de una navaja por sus pechos y jugueteando con sus pezones, le dije con voz perversa:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Te arrepientes del modo en que me has tratado?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi tía, cuando&nbsp; vio que iba en serio, se meó literalmente.&nbsp; Incapaz de retener su vejiga, se orinó sobre las sabanas. Temiendo que le hiciera algo más que no fuera el forzarla, &nbsp;con voz temblorosa, me respondió:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No me hagas daño, ¡Te juro que haré lo que me pidas!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Satisfecho al tenerla donde quería, bajándome la bragueta, saqué mi miembro de su encierro y &nbsp;la obligué a abrir sus labios para recibir en el interior de su boca el pene erecto de su sobrino.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Mámamela!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tremendamente asustada, se metió mi miembro hasta el fondo de la garganta. Al experimentar la humedad de su boca y tratando de reforzar mi dominio, en mi sueño, le ordené que se masturbara al hacerlo. Satisfecho, observé como esa estricta policía cedía y llevando una de sus manos a su entrepierna, se empezaba a tocar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Te gusta chupármela, ¿Verdad?― &nbsp;le solté para seguir rebajando su autoestima y cogiendo su cabeza entre mis manos, forcé su garganta usándola como si su sexo se tratara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Unas duras arcadas la asolaron al sentir mi glande rozando su campanilla pero temiendo llevarme la contraria, &nbsp;en mi mente, se dejó forzar hasta que derramándome en su interior, me corrí dando alaridos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual me quedé dormido…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Mi primer día en casa de mi tía.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Levántate vago!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ese fue mi despertar. Todavía medio dormido miré mi reloj y descubrí que todavía era de madrugada. Quejándome, le dije que eran las seis de las mañana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tienes cinco minutos para vestirte. Me vas a acompañar a correr― &nbsp;contestó muerta de risa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Cabreado, tuve que levantarme y ponerme un chándal mientras mi tía me preparaba un café. La actividad de esa zorra en la mañana me desesperó y más cuando urgiéndome a que me tomara el desayuno, me esperaba en la puerta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Hija de puta», la insulté mentalmente al ver que empezaba a correr y que girando la cabeza, me pedía que la siguiera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Curiosamente al correr tras ella, comprendí que tenía su lado bueno al observar el culo de esa zorra al trotar. Mi tía se había puesto un licra de atletismo, por lo que pude admirar sin miedo a que se diera cuenta esa maravilla. Os juro que disfruté durante los primeros diez minutos, mirando las dos preciosa nalgas subiendo y bajando al ritmo de su zancada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El problema vino cuando me empezó a faltar la respiración por el esfuerzo. Sudando a raudales, tuve que pedirle que descansáramos pero esa puta soltando una carcajada me contestó diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Necesitas sudar toda la mierda que te metes― &nbsp;tras lo cual me obligó a continuar la marcha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Para no haceros la historia larga, a la hora de salir a correr, volví a su casa absolutamente derrotado mientras esa mujer parecía no notar ningún tipo de cansancio. Dejándome caer sobre un sofá, tuve que aguantar sus bromas y chascarrillos hasta que, olvidándose de mí, se&nbsp; metió a duchar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El sonido del agua de la ducha cayendo sobre su cuerpo me hizo imaginar lo que estaba pasando a escasos metros de mí y bastante excitado me tiré en la cama, pensando en ello. Mi mente me jugó una mala pasada por que&nbsp; rápidamente llegaron hasta mí imágenes de ella enjabonándose.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Está buena esa maldita», me dije y reconociendo que le echaría un polvo si pudiera, me levanté a ordenar mi cuarto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A los diez minutos, la vi entrar ya vestida pero con el pelo mojado. Al observar que tenía la habitación ordenada y la cama hecha, sonrió y me mandó a duchar. La visión de su melena empapada, me excitó y antes de que mi pene se alzara traicionándome, decidí obedecer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Cuando salí del baño, mi tía ya se había ido a trabajar y viendo que todavía no habían dado ni las ocho, decidí hacer tiempo antes de irme a la universidad. Como estaba solo, aproveché para fisgonear un poco y sabiendo que quizás no tendría otra oportunidad, fui a su cuarto a ver cómo era.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Nada más entrar, me percaté de que al igual que su dueña, era pulcra y que estaba perfectamente ordenada. Abriendo los cajones, descubrí que su pasión por el orden era tal que agrupaba por colores sus bragas. Deseando conocer su gusto en ropa interior, me puse a mirarlas sin tocarlas no fuera a descubrir que no estaban tal y como ella, la había dejado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como en trance, pensé que quizás hiciera como su hermana y tuviera un bote de ropa sucia en el baño. Al descubrirlo en un rincón, lo abrí y descubrí un coqueto tanga de encaje rojo y más nervioso de lo que me gustaría reconocer,&nbsp; lo saqué y me lo llevé a la nariz.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Dios! ¡Qué bien huele!― &nbsp;dije en voz alta al aspirar su aroma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi sexo reaccionando como resorte, se alzó bajo mi pantalón. &nbsp;Dándome el gustazo, me senté en el suelo y usando esa prenda, me pajeé. Solo tuve cuidado al eyacular para no mancharla con mi semen. Una vez saciado, devolví el tanga a su lugar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;Al ser ya la hora de irme, cogiendo mis bártulos, salí del apartamento imaginándome a mi tía usando esas bragas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Definitivamente…. Esa puta tiene un polvazo».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;Ya en la universidad la rutina diaria me hizo olvidar a mi tía y solo me acordé de ella cuando entre clase y clase, un amigo me ofreció un porro. Estuve a punto de cogerlo pero recordando su amenaza, me abstuve de darle una calada, pensando:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Es solo un mes».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque ese día no caí en ello, mi transformación empezó con ese sencillo gesto. Mitad acojonado por ser cazado en un renuncio pero también deseando complacer a esa mujer, tomé la decisión acertada porque al volver a su apartamento, lo primero que hizo&nbsp; al verme fue obligarme a abrir la boca para comprobar que no había fumado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Esa vez, obedecí a la primera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi tía muy seria introdujo el puñetero bastoncito y al igual que el día anterior, se puso a analizar la saliva que había quedado impregnada en ese algodón. A los pocos segundos, la vi sonreír y acercándose a mí, me dio un beso en la mejilla como premio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si bien de seguro no lo hizo a propósito, al hacerlo sus enormes pechos presionaron el mío. El placer que sentí fue indescriptible, de modo que el desear que se repitiera esa &nbsp;recompensa me sirvió de aliciente y desde ese momento, decidí que haría lo imposible por no defraudarla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tras lo cual, me encerré en mi cuarto y me puse a estudiar.&nbsp; La satisfacción de mi tía fue evidente cuando pasando por el pasillo, me vio concentrado frente al libro&nbsp; y viendo que me empezaba a enderezar, se metió a hacer la cena en la cocina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Debían de ser casi las nueve, cuando cansado de empollar, me levanté al baño. Al pasar por el pasillo, vi a mi tía Andrea bailando en la cocina al ritmo de la música. Sintiéndome un voyeur,&nbsp; la observé sin hacer ruido:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Está impresionante!», me dije sorprendido de que supiera bailar sin dejar de babear al admirar el movimiento de su trasero: « ¡Menudo culo!», pensé deseando hundir mi cara entre esos dos cachetes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando ella me sorprendió mirándola y en vez de enfadarse, vino hacia mí y me sacó a bailar la samba que sonaba en la radio. Cortado por la semi erección que empezaba a hacerse notar bajo mi bragueta, intenté rechazar su contacto pero mi tía agarrándome de la cintura lo impidió y se pegó totalmente&nbsp; a mi cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque mi empalme era evidente, no dijo nada y siguió&nbsp; bailando. Producto de su danza, mi sexo se endureció hasta límites insoportables pero aunque deseaba huir, tuve que seguirle el paso durante toda la canción. Una vez acabada y con el sudor recorriendo mi frente, me excusé diciendo que me meaba y me fui al baño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como sabréis de antemano,&nbsp; me urgía descargar pero no mi vejiga sino mis huevos y por eso, nada más cerrar la puerta, me pajeé con rapidez rememorando la deliciosa sensación de tener a esa morena entre mis brazos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tan llenos y excitados tenía mis testículos que el chorro que brotó de mi polla fue tal que llegó hasta el espejo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¿Quién se la follara?», y por primera vez, no vi tan lejos ese deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque parecía imposible, esa recta e insoportable mujer cuando la llevabas la contraria, se convertía en un ser absolutamente dulce y divertido cuando se le obedecía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Mi segundo día en casa de mi tía.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Deseando complacerla en todo y que me regalara otro beso u otro baile como la noche anterior, puse mi despertador a las seis menos cuarto, de forma que cuando apareció en mi habitación para despertarme la encontró vacía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sé que pensó que me había escapado porque me lo dijo y hecha una furia entró en la cocina para coger las llaves de su coche e ir a buscarme. Pero entonces me encontró con un café. Sin darle tiempo a asimilar su sorpresa, poniéndoselo en sus manos, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― &nbsp;Tienes cinco minutos para vestirte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La sonrisa de sus labios me informó claramente que le había gustado mi pequeña broma y&nbsp; sin decir nada, se fue a cambiar para salir a correr. Al poco tiempo, la vi aparecer con unos leggins aún más pegados que el día anterior y un pequeño top que difícilmente podía sostener el peso de sus pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Viene preparada para la guerra», me dije disfrutando del profundo canalillo que se formaba entre sus tetas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Repitiendo lo ocurrido el día anterior, mi tía iba delante dejándome disfrutar de su culo. El único cambio que me pareció notar es que esta vez el movimiento de sus nalgas era aún más acusado, como si se estuviera luciendo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Ese culo tiene que ser mío!», exclamé mentalmente sin perder de vista a esa maravilla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Esa mañana resistí un poco más pero aun así al cabo del rato estaba con el bofe fuera y por eso no me quedó más remedio que pedirle que aminorara el paso. Mi tía se compadeció de mí y señalando un banco, me dijo que me sentara mientras ella estiraba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Agotado como estaba, accedí y me senté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Fue entonces cuando sucedió algo que me dejó perplejo. Aunque el camino era muy ancho, se puso a hacer sus estiramientos a un metro escaso de donde yo estaba.&nbsp; Os juro que aunque esa mujer me volvía loco, me cortó verla agacharse frente a mí dejándome disfrutar de la visión de su sexo a través de sus leggins.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Se le ve todo!», pensé totalmente interesado al comprobar que eran tan estrechos que los labios de su coño se marcaban claramente a través de la tela.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Durante un minuto y dándome la espalda, se dedicó a estirar unas veces con las piernas abiertas dándome una espléndida visión de su chocho y otras con las rodillas pegadas, regalando a mis ojos un panorama sin igual de su culo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si de por sí eso ya me tenía cachondo, no os cuento cuando sentándose en el suelo se puso a hacer abdominales frente a mí. Cada vez que se tocaba los pies, el escote de su top quedaba suelto dejándome disfrutar del estupendo&nbsp; canalillo entre sus tetas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Olvidando toda cordura, incluso llegué a inclinarme sobre ella para ver si alcanzaba a vislumbrar su pezón. Mi tía al verme tan interesado, miró el bulto que crecía entre mis piernas y levantándose, alegremente, salió corriendo sin decir nada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi calentura se incrementó al percatarme que no le había molestado descubrir la atracción que sentía por ella y por eso, con renovadas fuerzas, fui tras ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al igual que la mañana anterior, nada más llegar a casa, mi tía se metió a duchar mientras yo intentaba serenarme pero no pude porque por algún motivo que no alcanzaba a adivinar, mi tía dejó medio entornada la puerta mientras lo hacía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al descubrirlo, luché con todas mi fuerzas para no espiar pero venció mi lado perverso y acercándome miré a través de la rendija. Mi ángulo de visión no era el óptimo ya que solo alcanzaba a ver su ropa tirada en el suelo. Debí de haberme conformado con ello pero al saber que mi tía estaba desnuda tras la puerta me hizo empujarla un poco. Excitado descubrí que el centímetro que había abierto era suficiente para ver su silueta a través de la mampara transparente de la ducha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Menuda mujer», totalmente cachondo tuve que ratificar al ver el modo tan sensual con el que se enjabonaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tal y como me había imaginado, sus piernas eran espectaculares pero fueron sus pechos los que me dejaron anonadado. Grandes, duros e hinchados eran mejores que los de muchas de las actrices porno que había visto y ya dominado por la lujuria, me desabroché la bragueta y sacando mi miembro me puse a masturbarme mirándola.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Qué pasada!― &nbsp;exclamé en voz baja, cuando al darse la vuelta en la ducha, pude contemplar tanto los negros pezones que decoraban sus tetas como su coño. Desde mi puesto de observación, me sorprendió que mi tía llevara hechas las ingles brasileñas y que donde debía haber un poblado felpudo, solo descubriera un hilillo exquisitamente depilado: « ¡Joder con la tía! ¡Cómo se lo tenía escondido!», pensé.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi sorpresa fue mayor cuando la hermana de mi madre separó sus piernas para enjabonarse la ingle, permitiendo que su sobrino se recreara con la visión de su vulva. Si no llega a ser imposible, por el modo tan lento y sensual con el que se enjabonaba, hubiese supuesto que sabía que la estaba observando y que &nbsp;se estaba exhibiendo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Completamente concentrado, tardé en percibir en el modo en que se pasaba el jabón por su sexo que se estaba masturbando. La certeza de que mi tía se estaba pajeando me terminó de excitar y descargando mi simiente sobre la alfombra, me corrí en silencio. Asustado limpié mi estropicio mientras intentaba olvidar su espectacular anatomía bajo la ducha. Por mucho que lo intenté me resultó imposible, su piel mojada y la forma en que buscó el placer auto infringido se habían grabado en mi mente y ya jamás se desvanecería.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya en mi cuarto, mi imaginación se volvió a desbordar y no tardé en verme separando esos dos cachetes e introduciendo mi lengua en su interior. Solo el hecho de que mi tía saliendo del baño me descubriera, evitó que me volviera a masturbar pensando en ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Estaba tan caliente que decidí que tenía que irme de la casa y cogiendo mis libros, me despedí de ella desde el pasillo. Mi tía Andrea que ya había terminado, me contestó que esperara un momento. Al minuto la vi salir envuelta en la toalla y pegándose como una lapa, me dio un beso en la mejilla mientras, como si fuera casual, su mano se paseaba por mi trasero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Os juro que todavía no comprendo cómo aguanté las ganas de quitarle esa franela y follármela ahí mismo. Hoy sé que quizás fuera lo que estaba deseando pero en aquel entonces, me dio miedo y&nbsp; comportándome como un crio, salí huyendo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Durante todo el día el recuerdo de su imagen en la ducha pero sobre todo la certeza de que esa última caricia no había sido fortuita me estuvieron torturando.&nbsp; En mi mente no cabía que esa frígida de la que todo el mundo hablaba pestes, resultara al final una mujer necesitada de cariño&nbsp; y que esa necesidad fuera tan imperiosa que aceptara incluso que fuera su sobrino quien la calmara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al ser viernes, no tuve clases por la tarde por lo que sin nada que hacer, decidí dar a mi tía una nueva sorpresa y entrando en la cocina, me puse a preparar la cena para que cuando ella llegara del trabajo, se la encontrara ya hecha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Debió llegar sobre las nueve.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El coñazo de cocinar valió la pena al ver la alegría en su cara cuando descubrió lo que había hecho. Con cariño se acercó a mí y me lo agradeció abrazándome y depositando un&nbsp; suave beso cerca de la comisura de mis labios. Fue como si me lo hubiese dado en los morros, la temperatura de mi cuerpo subió de golpe al sentir sus pechos presionando el mío, mientras me decía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Es agradable, sentirse cuidada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">De haber sido otra y no la hermana de mi madre, le hubiese demostrado un modo menos filial de mimarla. Sin pensármelo dos veces la hubiese cogido en brazos y la hubiera llevado hasta su cama pero, como era mi tía, sonreí y tapándome con un trapo, deseé que no&nbsp; hubiese advertido la erección que sufría en ese instante mi miembro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sé que mis intentos fueron en vano porque entornando sus ojos, me devolvió una mirada cómplice, tras la cual, me dijo que iba a cambiarse porque no quería cenar con el uniforme puesto. Al cabo del rato volvió a aparecer pero esta vez el sorprendido fui yo. Casi se me cae la sartén al verla entrar con un vestido de encaje rojo completamente transparente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Reconozco que me costó reconocer en ese pedazo de mujer a mi tía, la policía, porque no solo se había hecho algo en el pelo y parecía más rubia sino porque nunca pensé que pudiese ponerse algo tan corto y sugerente. El colmo fue al bajar mi mirada, descubrir las sandalias con tiras anudadas hasta mitad de la pantorrilla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Para entonces, sabiendo que había captado mi atención, me preguntó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Estoy guapa?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con la boca abierta y babeando descaradamente, la observé modelarme ese dichoso vestido. Las sospechas de que estaba tonteando conmigo se confirmaron cuando poniendo música se empezó a contornear bajo mi atenta mirada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Dotando de un morbo a sus movimientos que me dejó paralizado, siguió el ritmo de la canción olvidando mi presencia. El sumun de la sensualidad fue cuando con sus manos se empezó a acariciar por encima de la tela, mientras mordía sus labios mirándome.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Estaba a punto de acercarme a ella y estrecharla entre mis brazos, cuando apagó la música&nbsp; y soltando una carcajada, me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Ya has tenido tu premio, ahora vamos a cenar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi monumental cabreo me obligó a decirle:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tía eres una calientapollas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El insulto no hizo mella en ella y luciendo la mejor de sus sonrisas, contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Lo sé, sobrino, lo sé― &nbsp;tras lo cual se sentó en la mesa como si no hubiese pasado nada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Indignado con su comportamiento, la serví la cena y me quedé callado. Mi mutismo lo único que consiguió fue incrementar su buen humor y disfrutando como la zorra que era, se pasó todo el tiempo exhibiéndose como una fulana mientras, sin darse cuenta, bebía una copa de vino tras otra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Si en un principio, sus provocaciones se suscribían a meras caricias bajo la mesa o a pasar sus manos por su pecho, con el trascurrir de los minutos, bien el alcohol ingerido o bien el morbo que sentía al excitar a su sobrino, hicieron que se fuese calentando cada vez más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Te gustan mis pechos?― &nbsp;me soltó con la voz entrecortada mientras daba un pellizco sobre ambos pezones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La imagen no podía ser más sensual pero cabreado como estaba con ella, ni me digné a contestar. Mi tía al ver que no había resultado su estratagema y que me mantenía al margen, decidió dar un pequeño paso que cambió mi vida. Levantándose de su silla, se acercó a mí y sentándose sobre mis rodillas, me preguntó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Mi sobrinito está enfadado?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí, tía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Poniendo un puchero en su boca, pegó su pecho contra mi cara mientras me decía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Y puede tu perversa tía hacer algo para contentarte?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su pregunta hizo que mi pene se despertara del letargo y tanteando,&nbsp; acaricié una de sus tetas para ver como reaccionaba. Mi caricia no fue mal recibida y sonriendo nerviosa, me preguntó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Verdad que lo que ocurra entre nosotros, no tiene nadie porque enterarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Por supuesto― &nbsp;respondí mientras le bajaba los tirantes a su vestido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Bajo la tela aparecieron los dos enormes pechos que había visto en la ducha. El hecho de que los conociera lejos de reducir mi morbo lo incrementó y cogiendo una de sus aureolas entre los dientes,&nbsp; empecé a chupar mientras la hermana de mi madre no paraba de gemir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Me encanta como lo haces― &nbsp;masculló entre dientes totalmente entregada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La excitación que asolaba a mi tía me dio la confianza suficiente para bajando por su cuerpo&nbsp; mi mano se acercara a su pubis. Al tocarlo, la mujer que apenas dos días antes me había dado una paliza, pegó un respingo pero no intentó evitar ese contacto. &nbsp;Ansiando llevar a la locura a esa mujer, introduje un dedo hasta el fondo de su sexo mientras &nbsp;la excitaba a base de pequeños mordiscos en sus pezones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No tardó en mostrar los primeros indicios de que se iba a correr. Su respiración agitada y el sudor de su escote, me confirmaron que al fin iba a poder cumplir mi sueño y &nbsp;disfrutar de ese cuerpo. &nbsp;Tal como había previsto, mi tía llegó al orgasmo con rapidez y afianzando mi dominio, le metí otros dos dentro de su vulva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Necesito que me folles― &nbsp;sollozó con gran amargura y echándose a llorar, gritó: ― ¡La puta de tu tía quiere que su sobrino la desvirgue!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La confesión que ese bombón de veintiocho años, jamás había estado con un hombre me hizo recordar mis pensamientos de esa mañana:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Aunque exteriormente sea un ogro, en cuanto arañas un poco descubres que es una mujer necesitada de cariño».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El dolor con el que reconoció que era virgen, me hizo comprender que desde joven había alzado una muralla a su alrededor y que aunque fuera policía y diez años mayor que yo, en realidad era una niña en cuestión de sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Todavía hoy no sé qué me inspiró pero cogiéndola entre mis brazos, la llevé hasta su cama y me tumbé junto a ella.&nbsp;&nbsp; Tratándola dulcemente, no forcé su contacto y solo abrazándola, abrazándola, la consolé dejándola llorar:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tranquila preciosa― &nbsp;le dije al oído con cariño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi ternura la fue calmando y al cabo de unos minutos, con lágrimas en sus ojos, me preguntó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Me harías ese favor?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Supe enseguida a qué se refería. Un suave beso fue mi respuesta. Mi tía Andrea respondió con pasión a mi beso pegando su cuerpo al mío. Indeciso, llevé mis manos hasta sus pechos. La que en teoría debía tener&nbsp; más experiencia, me miró con una mezcla de deseo y de miedo y cerrando los ojos me pidió que los chupara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su permiso me dio la tranquilidad que necesitaba y por eso fui aproximándome con la lengua a uno de sus pezones, sin tocarlo. Estos se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada. Cuando mi boca se apoderó del primero, mi pariente no se pudo reprimir y gimió, diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Hazme tuya.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sabiendo que ese pedazo de mujer nunca había probado las delicias del sexo, decidí&nbsp; que tendría cuidado y reiniciando las caricias, fui recorriendo su cuerpo, aproximándome lentamente a mi meta. Mi tía, completamente entregada, separó sus rodillas para permitirme tomar posesión del hasta entonces inaccesible tesoro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pero en vez de ir directamente a él, pasé de largo y seguí acariciando sus piernas. La estricta policía se quejó odiada y dominada por el deseo, se pellizcó &nbsp;sus pechos mientras me rogaba que la hiciera mujer. Si eso ya era de por sí, excitante aún lo fue más observar que su sexo brotaba un riachuelo muestra clara de su deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Usando mi lengua, seguí acariciándola cada vez más cerca de su pubis. Mi tía, desesperada, gritó como una perturbada cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón. No tuve que hacer más, retorciéndose sobre las sábanas, se corrió en mi boca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Como era su primera vez, me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su coño y jugando con su deseo. Poseída por un frenesí hasta entonces desconocido, me rogó nuevamente que la desvirgara pero contrariando sus deseos,&nbsp; seguí en mi labor de zapa hasta que pegando un aullido me confirmo que la última de sus defensas había caído.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Entonces y solo entonces, me desnudé.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Desde la cama ella me miraba. Al girarme y descubrir su deseo comprendí que en ese instante no era mi tía sino mi amante. Cuando me quité los calzoncillos y me di la vuelta, observó mi erección y sonriendo, me rogó que la tomara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Comprendí que no solo estaba dispuesta sino que todo en ella &nbsp;ansiaba ser tomada, por lo que, &nbsp;separando sus rodillas, aproximé mi glande &nbsp;a su sexo y jugueteé con su clítoris mientras ella no dejaba de pedirme excitada que la hiciera suya.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Comportándome como el mayor de los dos y deseando que su primera vez fuera especial, introduje mi pene con cuidado en su interior hasta &nbsp;que chocó contra su himen. &nbsp;Sabiendo que le iba a doler, esperé que ella se relajara. Pero entonces, echándose hacia atrás, forzó mi penetración y de un solo golpe, se enterró toda mi extensión en su vagina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La hermana de mi madre pegó un grito al sentir que su virginidad desaparecía y aun doliéndole era mayor el lastre que se había quitado al sentir que mi pene la llenaba por completo, por eso susurrando en mi oído, me pidió:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Dame placer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Obedeciendo gustoso su orden, lentamente fui metiendo y sacando mi pene de su interior. Mi tía que hasta entonces se había mantenido expectante, me rogó que acelerara mientras con su mano, se acariciaba su botón con satisfacción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sus gemidos de placer no tardaron en llegar y cuando&nbsp; llegaron, me hicieron incrementar mis embestidas. La facilidad con la que mi estoque entraba y salía de su interior, me confirmaron más allá de toda duda que mi tía estaba disfrutando como una salvaje &nbsp;y ya sin preocuparme por hacerla daño, la penetré con fiereza. Mi hasta esa noche virginal pariente no tardó en correrse mientras me rogaba que siguiera haciéndole el amor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Le gusta a mi tita que su sobrino se la folle?― , pregunté al sentir que por segunda vez, esa mujer llegaba al orgasmo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí― , gritó sin pudor― &nbsp;¡Me encanta!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Dominado por la lujuria, la agarré de los pechos y profundizando en mi penetración, forcé su cuerpo hasta que mi pene chocó con la pared de su vagina. La reacción de esa mujer me volvió a sorprender al pedirme que la usara sin contemplaciones. Su rendición fue la gota que necesitaba mi vaso para derramarse, y cogiéndola de los hombros, regué mi siguiente en su interior a la vez que le informaba que me iba a correr, tras lo cual caí rendido sobre el colchón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Satisfecha, me abrazó y poniendo su cabeza sobre mi pecho, &nbsp;se quedó pensando en que esa noche no solo la había desvirgado, sino que la había liberado de sus traumas y por fin, se sentía una mujer aunque fuera de un modo incestuoso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al cabo de cinco minutos, ya repuesto, levanté su cara y dándole un beso en los labios, &nbsp;le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tía, a partir de esta noche, esta es también mi cama. ¿Te parece bien?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Si pero por favor, no me llames Tía, ¡Llámame Andrea!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― De acuerdo, respondí y sabiendo que en ese momento, no podría negarme nada, le dije: ― ¿Puedo yo pedirte también un favor?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Por supuesto― &nbsp;contesto sin dudar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Acariciándole uno de sus pechos, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Mañana le dirás a tu hermana que te está costando educarme y que piensas que es mejor que me quede al menos seis meses contigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Muerta de risa, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No se negara a ello. Te quedarás conmigo todo el tiempo que tanto tú como yo queramos…― &nbsp;y poniendo cara de puta, me preguntó: ― ¿Me echas otro polvo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Solté una carcajada al escucharla y anticipando el placer que me daría, &nbsp;me apoderé de uno de sus pechos mientras le decía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Me dejarás también desflorar tu otra entrada?</span></p>
<p style="text-align: justify;">COPYRIGHT © LFSB</p>
</div>
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		<title>&#8220;En mitad del caos hay que soñar con un nuevo amanecer&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 12:10:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis. Rodrigo Legorreta, un distinguido militar de operaciones especiales, es defenestrado por pelearse con un superior. No pudiendo expulsarle del ejército, es sacado de su puesto y enviado a una oscura base de avituallamiento en mitad de la nada. Sin saber que sus jefes le acababan de salvar la vida, el capitán se presenta ante el mando que venía a sustituir mientras al otro lado del mundo se estaba llevando a cabo un experimento que al descontrolarse provocaría el hundimiento de la socie-dad tal y como la conocemos.El primer indicio de lo que se le venía encima lo recibió mientras [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.amazon.es/dp/B08LCGS5GS"><img decoding="async" width="1024" height="272" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/en-mitad-del-caos-hay-que-soñar-con-un-nuevo-amanecer-1-1024x272.png" alt="" class="wp-image-23577" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/en-mitad-del-caos-hay-que-soñar-con-un-nuevo-amanecer-1-1024x272.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/en-mitad-del-caos-hay-que-soñar-con-un-nuevo-amanecer-1-300x80.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/en-mitad-del-caos-hay-que-soñar-con-un-nuevo-amanecer-1-768x204.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/en-mitad-del-caos-hay-que-soñar-con-un-nuevo-amanecer-1-1536x408.png 1536w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2015/10/en-mitad-del-caos-hay-que-soñar-con-un-nuevo-amanecer-1-2048x544.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>



<p><strong>Sinopsis.</strong></p>



<p>Rodrigo Legorreta, un distinguido militar de operaciones especiales, es defenestrado por pelearse con un superior. No pudiendo expulsarle del ejército, es sacado de su puesto y enviado a una oscura base de avituallamiento en mitad de la nada. Sin saber que sus jefes le acababan de salvar la vida, el capitán se presenta ante el mando que venía a sustituir mientras al otro lado del mundo se estaba llevando a cabo un experimento que al descontrolarse provocaría el hundimiento de la socie-dad tal y como la conocemos.<br>El primer indicio de lo que se le venía encima lo recibió mientras veía el telediario y el locutor, ajeno a que estaba dando la noticia mas importante de los últimos milenios, informó de unos problemas que estaban su-friendo en Chile a raíz de unas bacterias que se habían escapado de un laboratorio.<br>No supo cómo le afectaría esa información hasta que a los pocos días tanto los civiles como los militares presentes en esa instalación fueron confinados dentro de esos muros y conoció de labios de Isabel, una joven bióloga, el alcance del problema.<br>¡ Su mundo se desmoronaría en pocos días por esas bacterias, bacterias que al nutrirse del cobro omnipresente en todo lo hecho por el hombre, sumirían en el caos y el hambre a toda la humanidad!</p>



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<p>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:</p>



<p><a>1</a></p>



<p>El espesor de la nieve caída dificultaba su marcha. Con el frío entumeciendo sus músculos, temió por su vida y con el corazón encogido, pensó en que nunca iba a poder llegar.&nbsp; Cada paso era una tortura y tras resbalar por la pendiente, tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para levantarse y seguir caminando. A punto rendirse permaneció tumbado esperando la muerte y cuando ya el sopor le empezaba a dominar, haciendo un esfuerzo sobrehumano, se incorporó al recordar que todavía existían esperanzas si conseguía volver.</p>



<p>Consciente de que no podría sobrevivir una noche más al cielo abierto, buscó un lugar donde guarecerse. Las mismas montañas que durante toda su vida le habían acogido entre sus laderas, esa tarde se mostraron ariscas negándole un cobijo necesario.</p>



<p>Quitándose los copos de sus ojos, oteó a su alrededor tratando de encontrar algún sitio lo suficientemente resguardado donde descansar. El desaliento cundió en su ánimo al ser incapaz de hallarlo y reemprendiendo su escalada, rezó para que cuando la parca le tomara entre sus brazos, fuese piadosa y no sufriera.</p>



<p>Resoplando y mientras intentaba evitar la espiral auto destructiva en la que su mente se había instalado, se puso a recordar los sucesos que le había arrastrado hasta esa situación. Todavía le resultaba imposible asimilar que el mundo que conocía y amaba había desaparecido, dejando atrás una pesadilla de violencia y salvajismo. Obligando a sus piernas a soportar el sufrimiento, avanzó con paso errático por la cuesta. Un nuevo tropiezo le obligó a agarrar con sus manos heladas las ramas de un tronchado pino para evitar caerse.</p>



<p>El dolor, que recorrió sus brazos al lacerarse las palmas, le espoleó a dar otro agónico paso:</p>



<p>«Tengo que continuar», pensó levantando su mirada.</p>



<p>El vaho de su respiración le recordó que era el único que seguía vivo y que era su deber volver. No solo era su propia supervivencia lo que le exigía retornar a la base, debía de informar del aciago destino que habían tenido sus cuatro compañeros.</p>



<p>Además, el reducido grupo de hombres y mujeres que cumpliendo con su obligación habían permanecido allí tenía derecho a conocer que la tierra se había sumido en el caos. Todos ellos tenían una familia y unos amigos a los que difícilmente volverían a ver; si no estaban muertos, pronto lo estarían y en el hipotético caso que hubiesen conseguido sobrevivir, habrían cambiado y serían parte de la misma masa sedienta de sangre que les había atacado.</p>



<p>Sabía que esas hordas de salvajes, que con saña había acabado con todo un escuadrón de sus soldados, no eran más que víctimas inocentes de las circunstancias, pero aun así le resultaba imposible el perdonarles. En su cuadriculada mente no comprendía como en tan poco espacio de tiempo se habían dejado sumir en la desesperación.</p>



<p>Todavía le hervía la sangre al recordar que, bajo su mando, esos pobres jóvenes, recién salidos de la adolescencia, habían caído en una emboscada.</p>



<p>No se echaba la culpa.</p>



<p>Nadie podría prever que una pacífica ciudad como Pamplona se hubiese transformado en una trampa de la que solo él hubiese podido escapar. Estaba seguro de que, si en vez de ser Rodrigo Legorreta, el que hubiera estado al frente hubiese sido otro capitán con más experiencia, hubiera acontecido la misma debacle.</p>



<p>Sin otras armas que sus machetes, esos muchachos se habían tenido que enfrentar a docenas de hombres hambrientos que habían visto en sus rutilantes uniformes una fuente de comida con la que saciar sus vacíos estómagos.</p>



<p>Únicamente se había salvado gracias a la propia desesperación de los asaltantes que, habiendo acabado con sus subalternos, les obligó a buscar en los cuerpos caídos sobre el asfalto la carne con la que sobrevivir un día más a esa anarquía.</p>



<p>Sumidos en su desesperación se habían olvidado de que todavía con el cuchillo en la mano una de sus presas seguía en pie. Y escondido en un edificio que había resultado pasto de las llamas, tuvo la desgracia de observar cómo esos hombres que dos meses atrás debían de haber sido gente de bien con sus empleos y sus ordenadas vidas remataban a los heridos.</p>



<p>Lo más duro le resultó ver que, sin importarle que siguiera vivo, al sargento Aguilar uno de sus agresores le había arrancado un pedazo de su cara y cómo sentado sobre el capó de un coche aparcado, ese maldito se había puesto a comer.</p>



<p>En ese instante, deseó tener un fusil ametrallador. Con él en sus manos hubiera matado a esa escoria y a todos los que le acompañaban. Pero indefenso, tuvo que esperar oculto que acabara la orgía de sangre para al amparo de la noche huir.</p>



<p>Habiendo anochecido, las calles se quedaron vacías al imperar un toque de queda auto impuesto. El terror de los supervivientes a convertirse en la cena de quien estuviese lo suficientemente desesperado para romperlo les forzaba a esconderse en la oscuridad.</p>



<p>Al salir del pueblo, se había alejado de los caminos, asumiendo que todo humano que se encontrara era otra bestia perturbada.&nbsp; Durante los cuatro días que habían transcurrido desde entonces, había sobrevivido gracias a las bayas y a los frutos que el bosque había puesto a su disposición.</p>



<p>Con una herida en el muslo, los ochenta kilómetros campo a través que le separaban del almacén logístico del que había salido, resultaron una prueba brutal que solo había conseguido superar gracias a su formación militar. Sonriendo amargamente, recordó como si hubiese pasado una eternidad que solo unos meses antes había recibido con disgusto su nuevo destino.</p>



<p>Sus jefes, obviando que era el número dos de su promoción y que era el capitán más joven de los grupos de operaciones especiales del ejército, le habían dado el mando de un fortín secreto en lo más profundo de la sierra de Navarra.</p>



<p>Nunca aceptó que, producto de un altercado con un superior, le hubiesen apartado como a un leproso de su regimiento. Reconocía su culpa, pero creía excesivo su castigo.</p>



<p>Él se consideraba un hombre de acción y sin ningún miramiento, esos cabrones le habían relegado a oficinista. Por mucho que le habían hablado de la importancia de los suministros que albergaban esas instalaciones, no se dejó engañar. Ese puesto era el retiro soñado para un chusquero. Una prejubilación ideal para un militar sin formación que gracias a una larga trayectoria hubiese ascendido poco a poco en el escalafón y no para él que, con una brillante hoja de servicio demostrada en Afganistán y el Líbano, soñaba con llegar a general.</p>



<p>«¡Menudos capullos!», escupió mentalmente sobre sus tumbas mientras trataba de orientarse a través de la nevada. «¡Yo sigo vivo!».</p>



<p>Una ráfaga de aire gélido le obligó a cobijarse tras un árbol. Debilitado y enfermo, solo la certeza de saber que, si se quedaba quieto, aunque fuera unos segundos, le sería imposible retomar la senda, forzó al herido a salir y enfrentarse al viento. Sintiendo que le acuchillaba el rostro, paso a paso, respiración a respiración, recuperó su ritmo.&nbsp;</p>



<p>«Mierda», masculló entre dientes al advertir que arrastrando su pierna izquierda dejaba un rastro que cualquier alimaña descubriría sin dificultad y que por tanto era una presa fácil.</p>



<p>Todo había cambiado, nadie podría haber previsto que el día que llegó a su destino, lejos de ser un destierro, le habían otorgado sin saberlo más tiempo de vida. Añorando tiempos pasados, recordó su viaje desde Levante hasta esas tierras. Con un Audi recién comprado, no pudo disfrutar del paisaje que se le mostraba kilómetro a kilómetro porque no podía dejar de lamentar su mala suerte. Militar de vocación, nunca había previsto que su primer mando en plaza fuera una oscura y gris base de aprovisionamiento en mitad de la nada.</p>



<p>Desmoralizado, humillado y con la sensación de que su carrera había terminado, se presentó al comandante que iba a sustituir. El veterano oficial nunca llegó a apreciar que su reemplazo, en vez de estar encantado con ese destino, estaba hecho polvo y por eso sin poder evitar que su rostro reflejara la satisfacción de ceder el puesto, le fue mostrando las instalaciones.</p>



<p>Para su sorpresa, lo que en teoría era un antiguo polvorín casi sin uso, en realidad consistía en una de las principales áreas de abastecimiento del ejército. Sitas en un paraje alejado de la civilización, habían sido ideadas para ser usadas en caso de invasión. Dotada con las más modernas infraestructuras en su interior, no solo escondía parte del armamento y de la munición de la capitanía del norte, sino las raciones y demás provisiones necesarias para alimentar a miles de soldados durante meses.</p>



<p>«Un tesoro en las presentes circunstancias, pero inútil sino consigo llegar hasta sus muros», recapacitó asumiendo que debía concentrarse en su camino.</p>



<p>Un graznido hizo que levantara la cabeza y mirara al cielo donde una parvada de buitres revoloteaba en círculos sobre un viejo roble a menos de doscientos metros de él. Que esos bichos hubiesen fijado su atención sobre ese árbol era señal inequívoca de la presencia de un cadáver bajo sus ramas. Temiendo encontrarse con los restos de un humano pero esperanzado en que no lo fuera, salió corriendo y gritando espantó a esos carroñeros.</p>



<p>Al comprobar que era el cuerpo de un venado recién muerto, sacó el machete que guardaba pegado al pantalón y con rapidez, desgajó un cuarto trasero. Atando la carne a una cuerda, se la colgó y reanudó la marcha para alejarse cuanto antes de allí.</p>



<p>«Si me ha atraído hasta aquí, puede atraer a otros», se dijo mientras jadeaba por el esfuerzo añadido de llevar ese peso sobre los hombros.</p>



<p>La esperanza de poder hincarle el diente a un trozo de carne le dio los bríos necesarios para cruzar dos tupidos manchones de hayas antes que el cansancio volviera a hacer mella en él. El declive del sol le informó de la llegada de la noche por lo que la búsqueda de un cobijo se tornó cada vez más acuciante. Pero por mucho que escudriñó el paisaje, no había nada que le revelara la presencia de una cueva y desanimado, buscó el amparo de un cúmulo de rocas.</p>



<p>«Al menos me protegerán del viento», pensó, mientras recogía ramas tiradas con las que hacer una fogata.</p>



<p>Durante media hora, fue recolectando toda la madera que pudo y cuando decidió que tenía suficiente para que el fuego durara toda la noche, sacó de su macuto una yesca. No tardó en conseguir que, de la hojarasca, una diminuta llama prendiera y mimándola como un hijo, logró añadiendo ramas más gruesas que se convirtiera una hoguera bastante decente. Al estar seca, el denso humo inicial se fue difuminando y con agrado, reparó en que era casi imposible que alguien pudiese distinguir esa escueta humareda desde lejos, gracias a que el aire que azotaba esas lindes la diluía casi de inmediato.&nbsp;</p>



<p>Más tranquilo se sentó al borde de la lumbre y esperando que se consumiera un poco para cocinar el venado sobre las brasas, se puso a recapacitar sobre lo poco que sabía del desastre que había asolado el planeta.</p>



<p>«¡Qué puta mierda!», murmuró para sí recordando que llevaba menos de una semana en su destino, cuando tomando una cerveza en la cantina había escuchado una breve noticia en el telediario que casi le había pasado inadvertida.</p>



<p>Sin darse cuenta de que estaba retrasmitiendo la noticia más importante de la historia, el locutor informó que en una alejada región de Chile se había producido un colapso en las comunicaciones. Nada hacía suponer que esa reseña de quince segundos y que pasó inadvertida para el gran público, se convirtiera a la larga en el principio del fin.</p>



<p>Los siguientes informativos, en cambio, dedicaron gran parte de su programación a explicar que en una mina de cobre se había realizado un experimento que se había salido de control. Para perfeccionar el método que la industria minera llevaba quince años usando, habían probado una nueva variedad de bacterias extremófilas para extraer de las menas los restos del mineral. Su función era oxidar los restos de ese metal presentes en los desechos, de manera que su posterior extracción fuera económicamente viable. El problema había surgido al experimentar con una variante genéticamente modificada que sobrevivía en las condiciones normales.</p>



<p>Fuera de los muros del laboratorio, la nueva bacteria había mutado y con una voracidad no prevista, atacaba cualquier elemento que tuviese cobre en su composición, dejándolo inservible. Los comentaristas trataban de tranquilizar a la población, diciendo que el ejército chileno había establecido un cerco a la epidemia por lo que se consideraba que se podía considerar controlada.</p>



<p>«¿Controlada? ¡Mis cojones!», meditó mientras cortaba un tajo de venado.</p>



<p>Al día siguiente, el comandante Ramírez había recibido una orden de confinamiento de toda la unidad. Los altos mandos que usaron los poderes de emergencia previstos en la legislación militar incluyeron a todo el personal civil de la base.</p>



<p>Las órdenes eran tan claras como rotundas:</p>



<p>¡Nadie podía salir o entrar de las instalaciones hasta nuevo aviso!</p>



<p>Todavía recordaba la tensa reunión con ese inepto. El muy cretino, sin ver las repercusiones de la orden, se quejaba amargamente de que le habían jodido sus vacaciones ya que esa misma tarde debía de haberle cedido el puesto. Su jubilación había quedado cancelada, así como cualquier permiso del personal subalterno.</p>



<p>Lo peor fue que, cabreado, se había abrazado a una botella y tuvo que ser él quien informara de la situación al resto de la gente. Asumiendo su ignorancia y antes de convocarlos, pidió a la bióloga encargada del almacén de víveres que le explicara qué narices eran esos bichos y cómo podían afectarles.</p>



<p>Isabel López era una civil recién salida de la universidad a la que el paro le había forzado a aceptar el empleo de analista en ese remoto lugar. Joven e inexperta, la muchacha era un cerebro. Extrañada que el futuro jefe le llamara a su despacho, tocó la puerta antes de entrar. El capitán Legorreta, nada más verla, le informó a bocajarro de la orden de acuartelamiento y sin esperar que asimilara sus palabras, le preguntó que sabía del asunto.</p>



<p>La cría se puso a temblar al ver sus peores augurios confirmados:</p>



<p>― Capitán. Si han tomado esa decisión, se debe a que no se ha podido cercar su expansión. No comprendo… en teoría esas bacterias no se desplazan por el aire, pero esa medida me hace suponer que estoy equivocada.</p>



<p>― No le sigo ― tuvo que reconocer el oficial: ― ¿Cómo puede afectarnos un suceso ocurrido a doce mil kilómetros?</p>



<p>― Me temo que a estas horas hay otros focos de infección. Piense que el mundo es global y que, si un avión se ha visto afectado, el problema ha podido saltar el charco en cuestión de horas.</p>



<p>― ¿Tan grave es?</p>



<p>― No lo sé, pero si somos invadidos por esa bacteria, en pocos días todo lo que contenga cobre será basura.</p>



<p>― Explíquese ― ordenó bastante alterado por lo que estaba escuchando.</p>



<p>― Aunque poca gente es consciente de ello, nuestra civilización está basada en ese metal. En todo lo que tenga que ver con electricidad sus elementos esenciales están compuestos de una aleación de cobre. Suponga que, de la noche a la mañana, toda la maquinaria, los teléfonos y los ordenadores se estropean.</p>



<p>― ¡El caos!</p>



<p>― Exactamente, por eso no me extraña que hayan acuartelado a los miembros de los cuerpos de seguridad. Solo mediante la fuerza van a poder controlar los desórdenes.</p>



<p>Involuntariamente, el militar se llevó la mano a la pistola. La bióloga, con lágrimas en los ojos, le informó que si era tan grave como se suponía, la gran mayoría de las armas serían inútiles.</p>



<p>― ¡No comprendo! ―&nbsp; exclamó ― Asumo que los misiles e incluso los tanques serán hierros sin valor, pero hay muchas armas que no llevan electricidad. Fusiles, ametralladoras, …</p>



<p>― ¡Deme su cargador! ―&nbsp; respondió la mujer.</p>



<p>El oficial, sin saber a qué se refería, quitó el seguro y desmontándolo, se lo dio.</p>



<p>― Mire ― le mostró sacando una bala de su interior que el casquillo era de latón.</p>



<p>― ¿Y?</p>



<p>― El latón es una aleación de cobre.</p>



<p>No necesitó más explicaciones, había comprendido la gravedad de lo que se avecinaba y dando por terminada la reunión, pidió a su secretario que reuniera en el comedor a todo el personal.</p>



<p>El olor que desprendía la carne le hizo volver a la realidad y sin esperar que se enfriara, se puso a comer. Saboreando cada bocado, el hambriento militar disfrutó de la primera comida decente en días. Su difícil situación pasó a segundo plano cuando se hubo saciado y previendo el frio de esa madrugada, recargó la hoguera con más leña antes que el sopor y el cansancio lo vencieran.</p>



<h1 class="wp-block-heading" id="2"><a>2</a></h1>



<p>― ¡Puta madre! ¡Qué frio! ― &nbsp;al salir al raso se quejó en voz alta el teniente Alvear. Desde que el capitán partiera en busca de noticias, el joven oficial cada mañana seguía una rutina a todas luces inútil: en cada cambio de guardia y acercándose al puesto de guardia, preguntaba si había habido novedades.</p>



<p>Los centinelas sabían a qué se refería, pero nadie hablaba de ello. En el fortín, se había instalado un mutismo temeroso sobre el tema porque… ¡todos sabían que algo iba mal!</p>



<p>Todos eran conscientes de que Legorreta y los otros cuatro militares ya debían estar de vuelta. Llevaban casi una semana fuera y antes de irse habían previsto que tendrían novedades desde el viernes. A un ritmo normal, cualquiera de esos soldados debería tardar como mucho tres jornadas en llegar a Tolosa y teniendo en cuenta que quién los dirigía era una mala bestia, nadie dudaba que forzando el paso ese militar habría conseguido hacerlo en dos.</p>



<p>«Algo les ha pasado», refunfuñó mientras se acercaba a la garita: «Si hoy no tenemos noticias, tendré que hablar con el comandante».</p>



<p>La idea de dirigirse a ese bueno para nada no le hacía ninguna gracia. Ramírez en vez de ser un puntal en la moral de sus hombres se había convertido en una jodida rémora. Abrazado a su botella, malgastaba los días sin salir de su despacho. Si durante el año que llevaba el teniente destinado allí, su jefe se había comportado siempre con pasotismo, desde que les habían impuesto el acuartelamiento forzoso, su actitud rayaba en la negligencia.</p>



<p>En cambio, la llegada del capitán había supuesto un cambio. La tropa había visto en ese hombre al líder que necesitaban y por eso estaban tan preocupados por su ausencia. Nadie creía que los hubiese dejado tirados. Desde el día que ese militar había puesto sus pies en las instalaciones ¡había dejado huella!</p>



<p>No solo se había ocupado de reforzar la disciplina, sin ser oficialmente el mando había impuesto un modo nuevo de hacer las cosas. Todo el mundo debía de reportar con él. Su puerta estaba siempre abierta y no ponía reparo en hacerse cargo incluso de tareas que requiriesen fuerza física. Dejó a la tropa con la boca abierta, cuando reparando un todoterreno, este perdió una rueda dejando atrapado a un operario y Legorreta sin esperar que pusieran un gato, lo levantó con sus manos liberando al pobre muchacho.</p>



<p>Si físicamente era un portento, la autoridad que manaba de sus poros no se quedaba atrás. Con solo dirigir una mirada, el soldado más indisciplinado se ponía firme y sin tenérselo que repetir, cumplía sus órdenes. Incluso Ramírez cuando estaba en su presencia se sentía inferior y defendiéndose de un ataque imaginario, intentaba denigrarle. El capitán, sin quejarse del trato absurdo al que le tenía sometido su superior, salía airoso y fortalecido de cada enfrentamiento.</p>



<p>El último tuvo lugar el día que se marchó. Él mismo estaba presente cuando Rodrigo Legorreta entró a ver al comandante:</p>



<p>― Señor, tenemos que hablar.</p>



<p>― Dígame capitán, ¿qué es tan urgente para que venga a importunarme? ― &nbsp;soltó Ramírez, dejando claro que le consideraba un puto subordinado.</p>



<p>Sin hacer caso a la ominosa forma en que se había dirigido a él, le explicó que debido a que ya hacía un mes que habían perdido contacto con el exterior el personal de la base se encontraba frustrado y nervioso.</p>



<p>Marcialmente, le informó que la tensión había ido acumulando desde entonces y que esa tarde, mientras estaba revisando los almacenes, el sargento Aguilar le había anticipado que se estaba fraguando una revuelta.</p>



<p>― Por lo visto, esta misma noche, antes de cenar, una delegación va a acercarse a hablar con usted.</p>



<p><a>―</a> ¿Y qué quieren? ― &nbsp;contestó.</p>



<p>― La inactividad está haciendo mella en la gente y están pensando en abandonar la base. Quieren volver a sus casas.</p>



<p>― Y yo, joder, y yo. No creerá que esté contento dejando a mi esposa y a mis hijos allá fuera. ¿Quién sabe lo que les ha pasado? ― soltó el militar desmoronándose sobre la mesa.</p>



<p>Ver a un hombre, hecho y derecho, llorando como un niño, sacó de las casillas a Legorreta y sin importarle que pudiese llevarle ante un tribunal, le recriminó su falta de hombría:</p>



<p>― ¡Deje de gimotear! ¡Haga algo! Imponga su autoridad.</p>



<p>― Para usted es fácil decirlo, soy yo quien tiene que soportar las presiones. Con gusto le cedería el mando― respondió secándose las lágrimas con la manga del uniforme: ― ¡Qué cojones puedo hacer! ¡Estamos solos!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― Mande a alguien al gobierno militar de Pamplona para contactar con el alto mando y de esa forma matará dos pájaros de un tiro. Por una parte, tranquilizará a la gente y por otra, sabrá que ocurre.</p>



<p>― Tiene razón ― respondió sacando del cajón una botella casi vacía: ― Llévese los hombres que considere necesarios y déjeme en paz.</p>



<p>― Comandante, ¡soy su segundo! ― protestó al temer que ese incompetente no pudiera mantener el orden en su ausencia.</p>



<p>― Obedezca y váyase, tengo muchas cosas que hacer.</p>



<p>Sabiendo que no podía negarse a cumplir una orden directa, el capitán se despidió y en el patio esperó a que el teniente también saliera del despacho.</p>



<p>Al ver Alvear que le estaba esperando en la puerta, &nbsp;se acercó y fue entonces cuando Legorreta cogiéndole de los hombros le dijo:</p>



<p>― Teniente, como habrá oído, salgo de misión. Sin mí, usted va a ser el encargado de mantener la disciplina del personal. No creo que necesite que sea más explícito.</p>



<p>No hizo falta que dijera nada más para comprender que, aunque se quedara el comandante, en la práctica él sería el jefe y por eso, respondió:</p>



<p>― Señor, le agradezco su confianza.</p>



<p>Esa había sido la última vez que lo había visto y aunque solamente llevaba unas semanas bajo sus órdenes, le echaba de menos.</p>



<p>«Malditas bacterias», musitó mientras rememoraba como se habían dado cuenta que el invisible invasor había logrado atravesar el atlántico y llegar hasta esa apartada serranía en los Pirineos.</p>



<p>Lo primero fue la luz eléctrica.</p>



<p>Un miércoles de madrugada, el cabo de guardia le había despertado porque se había perdido el suministro. Siguiendo el protocolo, habían encendido los transformadores devolviendo el flujo a las instalaciones. Si ya eso era grave, más lo fue comprobar la imposibilidad de comunicarse con el gobierno militar en Pamplona.</p>



<p>El aislamiento del exterior fue el segundo indicio, pero lo que determinó claramente que esas puñeteras habían contaminado la base fue cuando todo empezó a fallar. Lo primero en caer fue todo aquello que estaba al aire libre. Las cámaras y los vehículos estacionados en el patio una mañana dijeron basta, negándose a funcionar. Y al cabo de unas horas, la infección se había adueñado de todo y sus efectos fueron devastadores para la moral del grupo.</p>



<p>Sin calefacción y sin luz eléctrica, el personal civil se intentó amotinar y viendo la inactividad del comandante Ramírez, tuvo que ser Legorreta quien pistola en mano lo parara amenazando con arrestar a los alborotadores.</p>



<p>Saliendo de su ensoñación, Alvear se acercó a la garita donde la soldado Jácome hacía guardia. Mirando a la mujer, meditó en cómo había hecho cambiar la emigración al ejército, puesto que en vez de un español de pura cepa era una ecuatoriana de veinte años la que controlaba en ese instante el perímetro.</p>



<p>― Soldado― la saludó mientras se apiadaba de la muchacha por el frio que tenía que haber pasado durante la noche.</p>



<p>― Sin novedad, mi teniente― contestó, esbozando una sonrisa porque su presencia significaba que su reemplazo venía en camino.</p>



<p>Y con una familiaridad impropia de un oficial, le preguntó:</p>



<p>― ¿Qué tal tu turno?</p>



<p>― Helada, Javier. Tengo congeladas hasta las bragas.</p>



<p>― No seas bruta― contestó mientras le robaba un beso: ― Si quieres, te caliento.</p>



<p>― Estaría bien, pero en cuanto me releven me voy a dormir. Estoy agotada― susurró, encantada de la insinuación.</p>



<p>Aunque ninguno de sus compañeros estaba al tanto, llevaban tres meses saliendo. Esa relación no sería bien vista por sus superiores y ambos lo sabían. Por ello y ocultándose del resto, aprovechaban cualquier momento para darse furtivos besos y algún infrecuente revolcón.</p>



<p>― Te quiero, María― dijo el joven teniente acariciando el pecho de la soldado por encima del uniforme.</p>



<p>― Lo sé, pero vete ya. Están a punto de llegar.</p>



<p>Supo que tenía razón y dándose la vuelta, se fue a desayunar. Al llegar al barracón donde habían trasladado la cocina, se percató nuevamente de cómo había cambiado la vida en el cuartel.&nbsp; Racionando el gas, habían construido una enorme barbacoa y usaban leña recolectada en los bosques circundantes para cocinar y calentar la comida.</p>



<p>El cocinero conocía sus gustos y antes que preguntara, le dio un café:</p>



<p>― Disfrútelo, ¡a este ritmo solo nos queda para dos semanas!</p>



<p>El joven militar supo que ese comentario iba a volverse cada día más frecuente porque, aunque no les faltaría comida por disponer de las raciones de campaña acumuladas en los almacenes, había una serie de productos que terminarían desapareciendo de los anaqueles si no recibían nuevos suministros.</p>



<p>No se había acabado la taza, cuando escuchó un grito proveniente del exterior. Dejándola sobre la mesa, salió corriendo hacia la entrada, al haber reconocido que fue María quien había dado la voz de alarma.</p>



<p>La muchacha había gritado al observar que Legorreta aparecía por el recodo de la carretera, cojeando y sangrando de una pierna. Y contraviniendo las estrictas órdenes, fue a ayudarlo dejando su puesto vacío.</p>



<p>El capitán Legorreta agradeció el apoyo recibido y pasando su brazo por el hombro de la mujer, con gesto de dolor se acercó a la alambrada que bordeaba la instalación. Alambrada donde ya se congregaban todos, buscando respuestas.</p>



<p>El teniente Alvear, al comprobar que venía solo, preguntó por el paradero de los demás soldados.</p>



<p>El herido se negó de plano a responder, primero tenía que informar a su superior:</p>



<p>― ¿El comandante? ― &nbsp;exigió.</p>



<p>― Borracho como siempre ― respondió un cabo, cometiendo una falta de disciplina que, si el herido no llega a tener prisa, le hubiese supuesto un buen rapapolvo.</p>



<p>― ¡Llevadme con él! Prometo que contestaré después todo lo que queráis preguntarme.</p>



<p>Relevando a su amante, Alvear ayudó al capitán a llegar hasta las dependencias donde tenía su oficina Ramírez.&nbsp; El teniente esperó a que nadie oyera para decirle:</p>



<p>― No tengo que ser ningún genio para entender que, si usted ha llegado herido, Aguilar y los otros tres soldados están muertos. ¿No es así?</p>



<p>― Así es, teniente. España se ha ido a la mierda, reina el caos. Fuimos atacados y solo yo pude sobrevivir ― respondió el militar.</p>



<p>Y comprendiendo que ese oficial era el tercero en la escala de mandos, le pidió que lo acompañara a la reunión. Como le habían adelantado, el comandante estaba completamente ebrio. Tirado en el sofá de su oficina, intentó ponerse en pie cuando sus dos subordinados se lo encontraron durmiendo la borrachera.</p>



<p>Ver en ese estado lamentable a su jefe, le descompuso e incapaz de contenerse, cogiéndole de las solapas, le abofeteó:</p>



<p>― &nbsp;Es indigno de su uniforme. Mientras sus hombres morían, usted se ha dedicado a beber.</p>



<p>― ¿Quién ha muerto? ― &nbsp;preguntó con los ojos rojos y la garganta tomada.</p>



<p>― Los cuatro valientes que me acompañaban.</p>



<p>Parcialmente despierto por la gravedad de la noticia, el comandante le exigió que le diera el parte de lo ocurrido, pero para entonces el poco respeto que tenía su subordinado por él había desaparecido y en vez de contestarle, le soltó:</p>



<p>― Desde este momento y ante la ausencia de un superior, considérese arrestado. Desde ahora y hasta que alguna autoridad me confirme en el puesto, asumo el mando de la unidad. Si vuelvo a verle borracho, será llevado al calabozo y lo trataré como reo.</p>



<p>Cayendo de rodillas, el hasta ese momento cabeza indiscutible del fortín rogó que le explicara qué es lo que había pasado y echándose a llorar, le pidió que le dijera si sabía si al menos en Madrid, donde estaba su familia, había orden.</p>



<p>Legorreta, sin compadecerse del pobre individuo, contestó:</p>



<p>― No se ha enterado. Fuera de estos muros, la gente se ha vuelto loca. Es la ley del más bestia, los débiles son el sustento de los fuertes. El canibalismo se ha extendido por doquier. Si ha tenido suerte, su familia estará muerta y si no, pronto lo estará.</p>



<p>Tras lo cual, dando un portazo, lo dejó solo. La pierna le dolía horrores y encima, tenía cosas más importantes de que ocuparse antes que consolar a ese tipejo. Estaba pensando en cómo plantearlo al resto de la tropa, cuando escuchó que el teniente le decía:</p>



<p>― Bien hecho, capitán. Cuente conmigo. Si hay un consejo de guerra, declararé a su favor.</p>



<p>Con amargura, Legorreta miró al cielo antes de contestar:</p>



<p>― Tú tampoco entiendes lo que ha ocurrido. No va a haber un juicio. El ejército, la policía y el estado han desaparecido. ¡Estamos jodidamente solos!</p>



<p>Haciendo uso de una cordura y un sentido común impropio de su edad, Alvear asintió y poniéndose firme, replicó:</p>



<p>― Señor, pues si es así, con mayor razón. Esta gente necesita una autoridad en quien confiar. Nuestras vidas las que dependen de ello. Seguiré sus órdenes hasta el final.</p>



<p>Estaba a punto de agradecerle su fidelidad, cuando un tiro resonó en el campamento. Sabiendo que el disparo provenía de la oficina del comandante, ambos salieron corriendo a ver qué había ocurrido. El teniente fue el primero en llegar, al abrir la puerta del despacho, se encontró los sesos desparramados del oficial.</p>



<p>Tras él, &nbsp;Legorreta le preguntó gritando a su subordinado que cómo era posible. Haciendo verdaderos esfuerzos para no vomitar, Alvear contestó:</p>



<p>― Solo ha certificado lo que ya todo el mundo sabía. Era un cobarde.</p>



<p>― ¡Coño! ¡Qué no es eso! Ese hijo de puta me la trae al pario…. ¿de dónde ha sacado la munición? Se supone que toda es inservible.</p>



<p>Poniendo cara de satisfacción, el joven teniente le informó que, durante su misión y revisando el inventario, había descubierto una partida de balas con vaina de aluminio y que, tras realizar unas pruebas, habían determinado que no se habían visto afectadas por la acción de las bacterias.</p>



<p>― No sabía que existían en el arsenal del ejército. Se supone que, debido a su alto coste, fue desestimada su compra.</p>



<p>― Capitán, llevan almacenadas diez años. Algún politiquillo se habrá lucrado con su adquisición.</p>



<p>Sin creer todavía en su suerte, el militar le preguntó:</p>



<p>― ¿De cuantas disponemos?</p>



<p>― De suficientes, hay al menos diez pallets de ellas.</p>



<p>Para aquel entonces, a raíz de la detonación, todo el personal de la base se había acercado a ver lo ocurrido, por lo que haciendo uso de la palabra el recién llegado informó del fallecimiento del comandante, así como del triste destino de sus compañeros.</p>



<p>Todo el mundo había hecho elucubraciones, pero ninguno de los presentes había imaginado la gravedad de la situación y con un temor casi religioso, esperaron que terminara para sin excepción echarse a llorar por la pérdida de su mundo.</p>



<p>Rodrigo Legorreta, con el alma encogida por el dolor que se reflejaba en sus rostros, aguardó a que se calmaran para decir:</p>



<p>― Como máxima autoridad, declaro la ley marcial. Desde ahora cualquier comportamiento contrario al bienestar de la base será considerado lesa traición y llevará acarreado la pena de muerte o lo que es peor, el destierro. Comprendo que muchos de ustedes tienen familias allá fuera, pero desgraciadamente no se puede hacer nada por ellos. Quien lo desee, puede irse. Se les dotará de provisiones, pero no de armas. Eso se debe en primer lugar a que las necesitaremos en el futuro, pero también a que no podemos permitir que caigan en manos del enemigo.</p>



<p>Aizpiri, un soldado con mujer e hijos en el exterior, se levantó y pidiendo permiso para hablar, preguntó:</p>



<p>― ¿Qué enemigo? No hay constancia de ninguno.</p>



<p>El capitán comprendió que de nada servía contemporizar y tomando aire, contestó:</p>



<p>― Te equivocas. El tendero de la esquina de tu casa, tu cartero e incluso la vecina buenorra del sexto…todos deben ser considerados a priori individuos hostiles― y dirigiéndose a todos, prosiguió: ―Pensad que presos de la desesperación y del afán de supervivencia, se han transformado en bestias. Somos unos privilegiados. Tenemos víveres y sin duda, con el paso del tiempo se correrá la voz y mientras algunos vendrán buscando refugio, otros traerán la violencia. Debemos mantenernos preparados. A los primeros le trataremos como hermanos, pero a los segundos deberemos hacerles frente, provocarles el mayor daño y si es posible, matarlos. Debemos pacificar nuestro entorno, si queremos un futuro para nuestros hijos.</p>



<p>― Capitán, con el máximo de los respetos, mis hijos están allí fuera y desde ahora le pido permiso para marchar.</p>



<p>― No es mi deseo el que lo hagas, pero he prometido a quien quiera dejar la base que se vaya. Piensa que desgraciadamente los viejos, las mujeres y los niños habrán sido los primeros en morir.&nbsp; Fuera de estos muros, hay anarquía. Dentro, hay futuro. Somos casi cien personas y aunque hay una clara desproporción de hombres, desde este momento, somos un pueblo soberano y como tal, defenderemos nuestra vida.</p>



<p>Dando por terminada la asamblea, llamó a un lado al teniente y en voz baja, le ordenó que después de limpiar los restos del comandante le diese sepultura sin honores.</p>



<p>Alvear, poniéndose manos a la obra, mandó a unos soldados que todavía no habían vuelto a sus puestos a hacerlo y volviendo junto a su superior, le dijo:</p>



<p>― Mi capitán, tiene que ir a la enfermería. Su pierna necesita cuidados. No podemos permitirnos perderle.</p>



<p>― Tienes razón― y apoyándose en sus brazos, dejó que le llevase hasta los servicios médicos.</p>



<p>La doctora del campamento al comprender hacia donde se dirigían, se les unió. Abriéndoles camino, ayudó a Alvear y demostrando una profesionalidad extraña en ese caos, limpió y cosió la herida del capitán sin mostrar la procesión que sin duda llevaba en el interior.</p>



<p>Observando el desempeño de la mujer, el capitán, decidió que tenía que evitar que se fuera, su puesto era vital y por eso al terminar, le preguntó:</p>



<p>― ¿Cómo se llama usted?</p>



<p>― Blanca, mi capitán.</p>



<p>― ¿Me permite tutearle? ― &nbsp;&nbsp;al asentir con la cabeza, envalentonado, prosiguió con el peculiar interrogatorio: ― ¿Estás casada?</p>



<p>La pregunta le pilló desprevenida. Sin saber a qué atenerse y con el rubor decorando sus mejillas, le contestó que divorciada.</p>



<p>― ¿Hijos?</p>



<p>Irritada al ser objeto de un cuestionario tan íntimo, mirándole a los ojos, la mujer contestó todavía no se lo había planteado y que le parecía una vergüenza que, viendo la situación, se tomara esas libertades.</p>



<p>Rodrigo Legorreta soltó una carcajada al advertir que le había malinterpretado y que había creído que tenía un interés personal en ella. Mascullando una disculpa, se explicó tuteándola por primera vez:</p>



<p>― Perdona, no era mi intención molestarte. Como podrás comprender debo velar por el bien de la base y quiero asegurarme de que te quedas. Necesito un médico, no una mujer, a mi lado ― creyó vislumbrar un reproche en los ojos de la sanitaria, pero obviando su significado, insistió: ― ¿Tienes pensado marcharte?</p>



<p>― ¡No estoy loca! Sé por su expediente que formaba parte de un cuerpo de operaciones especiales y si un miembro de élite del ejército las ha pasado canutas para sobrevivir, sería una insensatez pensar que yo podría hacerlo.</p>



<p>― Bien, pues no se hable más. Necesito para esta misma tarde un completo inventario de las medicinas y demás equipo del que dispones.</p>



<p>― Ya lo tengo― respondió la mujer: ― Si quiere puedo darle una copia inmediatamente. Soy médico, pero ante todo militar y por eso nada más contarme Isabel la conversación que mantuvo con usted, comprendí que iban a necesitarlo. Es mi deber decirle que intenté exponerle al comandante las necesidades, pero nunca tuvo tiempo de recibirme.</p>



<p>― Yo si tengo, así que empieza― contestó acomodándose en la silla…</p>
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		<title>&#8220;Cambridge no cree en semidioses: Un ex seminarista en la catedral de las Ciencias&#8221; Libro para descargar (POR LOUISE RIVERSIDE Y GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jul 2026 08:37:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
		<category><![CDATA[LOUISE RIVERSIDE]]></category>
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					<description><![CDATA[SINOPSIS Louise Riverside y Fernando Neira unen nuevamente sus talentos para contarnos una historia de seres fantásticos y dioses ambientada en la Inglaterra de nuestros días y donde Manuel Parejo, un ex seminarista, llega a la universidad de Cambridge a cursar estudios de posgrado sin saber que vería zarandeadas sus creencias.Una vez entre los muros de esa prestigiosa institución, la presencia de Naya, una compañera de residencia, le hará conocer por primera vez el amor y el deseo físico al hacerse su novia. Cuando todavía no se había repuesto de que una mujer lo mire como hombre, una de sus [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.amazon.es/dp/B08X9GX6TS"><img decoding="async" src="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2021/02/cambridge-no-cree-en-semidioses-3-1024x293.png" alt="" class="wp-image-24819"/></a></figure>



<p><strong>SINOPSIS</strong></p>



<p>Louise Riverside y Fernando Neira unen nuevamente sus talentos para contarnos una historia de seres fantásticos y dioses ambientada en la Inglaterra de nuestros días y donde Manuel Parejo, un ex seminarista, llega a la universidad de Cambridge a cursar estudios de posgrado sin saber que vería zarandeadas sus creencias.<br>Una vez entre los muros de esa prestigiosa institución, la presencia de Naya, una compañera de residencia, le hará conocer por primera vez el amor y el deseo físico al hacerse su novia. Cuando todavía no se había repuesto de que una mujer lo mire como hombre, una de sus profesoras se muestra interesada por él.<br>Novicio en esas lides después de una vida monacal, nuestro protagonista descubre que su súbito atractivo se debe a Bhagavati, la diosa en la que cree su amada, y tratando de conciliar su religión con lo que le está pasando, busca en compañía de esas dos bellezas una explicación.<br>Todo se complica cuando entra en su vida Akina, una monada oriental…</p>



<p><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace</strong>: &nbsp; </p>



<p><iframe title="Cambridge no cree en semidioses: Un ex seminarista en la catedral de las Ciencias" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_WoVSCu67BSkEw3&#038;asin=B08X9GX6TS&#038;tag=kpembed-20"></iframe></p>



<p><br><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los TRES primeros capítulos</strong>:&nbsp;</p>



<h1 class="wp-block-heading" id="1"><a>1</a></h1>



<p>Una mañana fría de otoño y con mi maleta a cuestas, planté mis pies en el patio principal del Trinity College. La magnificencia de ese lugar hacía más patente mi provincianismo y consciente de mis carencias, observé la estatua de Enrique VIII que presidía su gran puerta. No pude más que sonreír al ver la afrenta que unos estudiantes del siglo XIX habían hecho al sustituir su cetro por la pata de una silla, afrenta que el rector de entonces había dejado estar por sus evidentes simpatías republicanas y cuyos sucesores tampoco habían repuesto al considerarlo parte de la historia de la universidad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «La ciencia por encima de la política», medité mientras buscaba en el mapa donde estaba la secretaría para registrar mi llegada y que me asignaran una residencia donde vivir mientras durara mi estancia en esa ciudad. Entre mis virtudes no estaba ni está el ubicarme y hastiado de mi falta de orientación, pedí ayuda a un grupo de estudiantes que aprovechando una resolana tomaban el sol entre esos muros.</p>



<p>―Admisiones está en el área oeste― contestó escuetamente uno de ellos.</p>



<p>La fortuna quiso que me la señalara con su dedo porque de no ser así su información me hubiese resultado completamente inservible y dando las gracias, me dirigí con mi equipaje a ese lugar.</p>



<p>«¿Qué coño hago aquí?», me dije apabullado por sus paredes de piedra negra mientras deseaba nunca haber salido del pueblo perdido en mitad de Palencia donde había nacido y donde todavía vivían mis padres.</p>



<p>Era y me sabía pueblerino. Por eso todavía no comprendía el haber aceptado la oferta de esa universidad para estudiar el master en ciencias aplicadas que impartía, cuando apenas había salido de mi provincia un par de veces.</p>



<p>«Fue mi viejo el que me empujó a aceptar», pensé parcialmente agradecido pero aterrorizado.</p>



<p>Y es que a pesar de no haber terminado primaria y ser un próspero agricultor que hubiese deseado que me ocupara de sus tierras, al llegar a la adolescencia me envió al seminario menor donde su hermano cura era profesor para que me educara.</p>



<p>―Los agustinos tienen el mejor colegio de la provincia y el saber es la mejor herencia que te puedo dar― recuerdo que decidió contra la voluntad de mi madre, aunque en su interior temía que me convirtiera en sacerdote.</p>



<p>De mi estancia allí guardo, además de mis mejores amigos, un grato recuerdo y reconozco que fui feliz a pesar de la escasa calefacción y de las maratonianas jornadas en las que no solo me obligaron a estudiar las asignaturas de secundaria y de bachillerato, sino también teología, latín y griego por si al final tenía vocación de servicio y seguía mis estudios en el seminario episcopal.</p>



<p>El sacerdocio me tentó, pero mi verdadero amor eran las ciencias. A mitad del último curso mi tío, que para entonces era el director, en una dura conversación me informó que no contaban conmigo porque sabían que nunca me realizaría como persona tras la sotana negra de un fraile agustino.</p>



<p>―Tu mundo está ahí fuera. Tienes un cerebro privilegiado, pero Dios no te ha llamado a su servicio. Es menor que vayas a la universidad. La iglesia necesita seglares doctos y con fe que sepan compaginar la ciencia con sus enseñanzas― fue el resumen de esa charla en la que hablando en plata me echó de la orden en la que me había educado.</p>



<p>Confieso que caí en una especie de depresión al no saber qué iba a ser de mi vida. Había planeado estudiar una carrera bajo el paraguas de San Agustín y tuvo que ser nuevamente mi viejo el que me impulsara a seguir, al decirme lo que ya sabía:</p>



<p>―Hijo, mi hermano tiene razón y no solo por tu predilección por la física. O crees que no me he dado cuenta de cómo miras a las mozas. El celibato no está hecho para ti. Termina tus estudios, búscate una novia, cásate y sé feliz.</p>



<p>Los siguientes cuatro años los pasé levantando la mirada de los libros solamente para hacer ejercicio. Actuando de anacoreta, mi rutina fue ir a clase, explotarme en el gimnasio y la mesa del colegio mayor donde estudiaba hasta altas horas de la noche. Tanta dedicación rindió sus frutos. Con veintidós años y número uno en las carreras de física y química, me convertí en profesor asociado de la universidad palentina.</p>



<p>Reconozco que estaba cómodo en ese puesto. Mi vida era sencilla y mis gastos mínimos. Aunque estaba mal pagado, conseguí ahorrar y tras tres años de docente, comprendí que debía dar un salto y hacer un master o un doctorado. Asumiendo que mi curriculum era estupendo, escribí a las universidades más prestigiosas de Europa, aunque en mi interior temiera que al final acabaría como doctor de alguna institución española. Para mi sorpresa, el Trinity College se mostró interesado y me ofreció una beca parcial para estudiar ahí. Beca a la que sumando mis ahorros me permitía vivir modestamente mientras durara.</p>



<p>― ¿Your name? ― escuché que me decían, sacándome de la ensoñación.</p>



<p>―Manuel Parejo― contesté mientras extendía a la secretaria una carpeta con mi inscripción.</p>



<p>La funcionaria revisó los documentos y tras echar un vistazo a mi solicitud en el ordenador, me informó que el departamento de admisiones me había buscado alojamiento en el Angel Court. Confieso que me alegró oírlo al saber que esa residencia estaba ubicada a espaldas del edificio donde me encontraba, pero más aún cuando me recalcó que habían tomado en cuenta mi petición de compartir la habitación con otra persona.</p>



<p>«Me ahorro una pasta», suspiré dadas las exorbitantes tarifas semanales que una individual supondría para mi maltrecha economía y firmando la retahíla de papeles que me puso enfrente, salí campante hacía mi nueva morada. Los quinientos metros de caminata no menguaron en absoluto mi ilusión y por ello al llegar frente a esa hospedería no me importó que sus muros fueran de ladrillo ni lo deteriorado de su aspecto.</p>



<p>«Espero que mi compañero de cuarto sea discreto y que no monte juergas todas las noches», me dije recordando la fama de bebedores empedernidos de los ingleses.</p>



<p>Al entrar en el que sería mi hogar durante los siguientes años, me alegró comprobar que su interior sin ser lujoso era suficiente y ya con la llave en mi mano, me dirigí hacía mi habitación. Abriendo su puerta, descubrí que no había nadie en su interior y como sobre una de las camas había un portátil, me apropié de la que estaba libre. Estaba todavía desempacando la ropa cuando un ruido me hizo girar y me encontré cara a cara con una especie de neandertal de dos metros.</p>



<p>― ¿Manuel? – al ver que asentía, se presentó como Hans Bülter con un marcado acento alemán.</p>



<p>&nbsp;El animal aquel resultó ser un tipo encantador que me ayudó a colocar las exiguas pertenencias que había traído en las baldas de mi armario y no contentó con ello, me animó a acompañarlo al “lunch” para así presentarme al resto de los estudiantes allí alojados. Aunque no me apetecía nada, comprendí que no debía ser huraño y accediendo a su invitación, le seguí hasta el restaurante de la residencia. Ahí comprobé que no desentonaría entre esos “nerds” cuando, tras las pertinentes presentaciones, la conversación rápidamente se centró en la última publicación de Nature donde incluían entre los diez investigadores más importantes de nuestros días al polémico científico chino He Jiankui.</p>



<p>―Es una vergüenza― alzando su voz mi compañero señaló: ―Ese capullo se cree Dios. Me parece que, en vez de ser alabado, debía ser enjuiciado por atreverse a modificar los genes de unos bebés con el único objeto de su gloria personal.</p>



<p>Esa posición era la mía debido en gran parte a mis creencias religiosas, pero asumiendo que al ser nuevo era mejor mantener un perfil plano, me quedé callado observando. La gran mayoría de los contertulios opinaba diferente y creía que la ciencia debía de progresar sin que las cuestiones morales fueran un parapeto. Ese pensamiento tan en boga en nuestro siglo me causaba resquemor al saber que sin ese freno y llevándolo hasta el extremo, la ciencia genética podía crear los perversos instrumentos que dividieran a la humanidad entre hombres y superhombres.</p>



<p>Estaba a punto de intervenir cuando Naya Prabhu, una monada de origen hindú señaló ese peligro y puso de ejemplo el sistema de castas tan presente todavía en su país.</p>



<p>―Si siendo genéticamente iguales existen esas barreras sociales, imaginaos lo que ocurriría si los ricos pudiesen encargar bajo carta su descendencia. Olvidaros de que solo pidieran hijos libres de enfermedades hereditarias, exigirían que fueran más inteligentes, más guapos y fuertes que los demás.</p>



<p>La certeza de ese planteamiento y la intensidad con la que lo expuso hizo dudar a muchos, pero ese no era mi caso dado que concordaba con ella y mientras el resto de los ahí reunidos se lanzaba a discutirlo, yo me dediqué a observarla totalmente embobado:</p>



<p>«Es preciosa», me dije recorriendo con la mirada su pequeño pero atractivo cuerpo. Y no era para menos, dotada por la naturaleza de unos atributos visibles a pesar del recatado Sari que llevaba puesto, lo más impresionante de ella eran los ojos negros que dotaban a sus rasgos de una profundidad que jamás había visto.</p>



<p>Ajena al minucioso examen al que la estaba sometiendo, la joven defendió sus ideas con brillantez y mientras yo caía metafóricamente a sus pies, al cabo de unos minutos inclinó el sentir mayoritario hacia sus posiciones.</p>



<p>― ¿Tú qué opinas? ― mirándome preguntó al ser el único que no había hablado.</p>



<p>Acomodando mis ideas, contesté:</p>



<p>―No seré yo el que demonice las investigaciones tendentes a descubrir y emplear los genes con el objeto de prevenir enfermedades. Pero coincido contigo en que habría que legislar para impedir que en nombre de la ciencia se acepte como ético el eugenismo. Considero un peligro que se utilice el genoma como medio para crear o mejorar las razas porque eso conllevaría una dictadura como nunca se ha visto en la historia de la humanidad. Nunca estuve de acuerdo con la sofocracía, el gobierno de los sabios que pregonaba Platón y menos lo estaría con el poder que adquirirían esos superhombres genéticamente modificados sobre el resto de los humanos.</p>



<p>―Perdona Manuel, ¿cuál es tu especialidad? Creía que habías dicho que eras físico― dijo alucinada al escuchar que incluía a ese filósofo griego en mi exposición.</p>



<p>Habituado a que la gente se extrañase con mis conocimientos más allá de las ciencias, repliqué muerto de risa:</p>



<p>―Soy físico y químico, pero me considero ante todo enciclopédico y no limito mi saber a ninguna materia… todas me interesan.</p>



<p>El respeto que intuí en su mirada me hizo ruborizar y volviendo a mi mutismo inicial permanecí al margen de la discusión hasta que el camarero con la comida la dio por terminada y los hambrientos se lanzaron sobre sus viandas como si realmente estuviesen buenas, cuando en la realidad parecían elaboradas por un cocinero militar.</p>



<p>«Es comida cutre de rancho», aludiendo a la que antiguamente servían en la mili, pensé haciendo verdaderos esfuerzos por tragar el mejunje que tenía en mi plato.</p>



<p>Supe que no era el único que pensaba que estaba asqueroso cuando la hindú me insinuó que le gustaría otro día ir conmigo a comer a otro sitio y así seguir con la conversación. Colorado hasta decir basta, accedí a acompañarla el viernes después de clase a un restaurante mientras mi mente no asimilaba que una mujer como aquella deseara conocerme mejor.</p>



<p>Su propuesta no pasó desapercibida a Hans y aprovechando que la morena se levantaba por agua, me susurró al oído que parecía que había impresionado a Sor Naya.</p>



<p>― ¿Es monja? ― pregunté alucinado por el pequeño porcentaje de sus compatriotas que eran cristianos.</p>



<p>―No― desternillado respondió el teutón: ―La llamamos así porque nadie ha conseguido acercarse a ella más allá de lo académico. Consiente de su belleza, alza una muralla infranqueable ante el ataque de cualquier incauto que intente algo romántico con ella.</p>



<p>Engullendo otro trozo de ese potingue, me quedé pensando en mí y en mi reluctancia a todo lo sentimental:</p>



<p>«En lo físico no le llego a los zapatos, pero en lo raro seguro que la gano», murmuré entre dientes sin reconocer a mi nuevo amigo que con veinticinco años jamás había estado con una mujer&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading" id="2"><a>2</a></h1>



<p>Esa misma tarde, todos los recién ingresados en esa universidad teníamos un acto con el rector, o como le llaman ahí con el Master, que actualmente desempeñaba Sally Davies una eminencia en medicina. Sabiendo que estaban también invitados el resto de los alumnos, pregunté a Hans si me acompañaba:</p>



<p>―Ese coñazo solo lo soportan los nuevos por obligación y los interesados en quedarse como profesores en un futuro, por interés. Como todavía no hemos empezado las clases, si quieres te espero en el pub― declinando el ofrecimiento, el enorme rubio contestó.</p>



<p>Solo y con un cuaderno bajo el brazo, me encaminé hacia el salón de actos. Para mi sorpresa éramos apenas una treintena los ingenuos que nos habíamos reunido ahí para escuchar las palabras de bienvenida de esa mujer. Mi timidez me hizo sentarme en quinta fila sin nadie a mi alrededor y desde ahí reparé en que al igual que yo, la gente se había distribuido por los asientos sin formar grupos.</p>



<p>«Se nota que son nuevos», me dije al no ver a nadie charlando.</p>



<p>Acababa de abrir mi cuaderno cuando vi que Naya entraba y que, tras dar un vistazo a la concurrencia, se dirigía hacia mí. No me había repuesto de ello cuando me preguntó si podía sentarse a mi lado.</p>



<p>―Por supuesto― respondí levantándome.</p>



<p>A la recién llegada le hizo gracia mi reacción y posando su mano brevemente en la mía, rogó que tomara asiento luciendo una sonrisa que hizo palpitar aceleradamente mi corazón. Con el recuerdo de sus dedos ardiendo en mi palma, me senté y miré hacia el estrado temiendo que si la miraba esa monada advirtiera la atracción que sentía por ella.</p>



<p>―Cuéntame, ¿qué posgrado vas a cursar? ― perturbando el poco entendimiento que me quedaba, quiso saber.</p>



<p>―Un master en Ciencias aplicadas, pero exactamente hasta que no conozca a mi tutor no sé en qué― reconocí.</p>



<p>― ¿Quién va a ser el profesor que te dirija? ― insistió interesada.</p>



<p>―Harry Bell― respondí mientras evitaba mirarla a los ojos al saber que corría el riesgo de hundirme en ellos.</p>



<p>Mi respuesta le hizo gracia y mientras el grueso de los profesores entraba en el salón, acercó su cara a mi oreja y me susurró que entonces no veríamos a menudo ya que ese catedrático la había nombrado su ayudante. No supe discernir si eso era una buena noticia o por el contrario funesta al oler el aroma que desprendía y que reconocí como jabón de niños. Asumiendo que venía recién duchada, no pude más que visualizarla desnuda bajo el agua y por vez primera en muchos meses, esa imagen me excitó.</p>



<p>―Siempre es bueno conocer a alguien― contesté temblando como un flan.</p>



<p>Mi nerviosismo no le pasó inadvertido y no queriendo incomodar, se quedó callada el resto del acto. Eso me permitió atender a la rectora y reconozco que me interesó su charla porque haciendo un homenaje a su antecesor Sir Gregory Winter, tras los típicos saludos, centró su discurso en la evolución del estudio de los anticuerpos en la medicina. Siempre me había gustado la forma en que nuestro cuerpo reaccionaba a los patógenos externos, por ello entusiasmado atendí y disfruté del novedoso planteamiento que el antiguo rector había plasmado en sus escritos.</p>



<p>Al terminar la muchacha me preguntó que me había parecido esa conferencia.</p>



<p>―Solo alguien muy inteligente es capaz de resumir en media hora la obra de toda una vida― respondí realmente impresionado por el análisis realizado por la señora Davies.</p>



<p>―A mí también me maravilla esa mujer― confesó para a continuación decirme si me apetecía un café.</p>



<p>Dudé si aceptar ya que había quedado con Hans, pero al enterarme que íbamos al pub donde sin lugar a equivocarme ese alemán llevaría unas cuantas pintas de cerveza me quedé sin excusas y accedí.</p>



<p>Al llegar al local el destino quiso que mi compañero estuviera enfrascado en una partida de dardos y desconociendo cuál era su mesa, nos sentamos en la única vacía donde ella se pidió una coca cola y yo un café.</p>



<p>― ¿Qué hace un español tan lejos del sol? ― me preguntó a modo de entrada.</p>



<p>―Morirme de frio― haciendo aspavientos de que estaba helado, repliqué.</p>



<p>―Te comprendo. Aunque llevo cinco años aquí, todavía no me he acostumbrado a su cielo encapotado ni a su permanente llovizna― dijo quejándose también ella del clima inglés.</p>



<p>Esa confidencia me permitió imitarla:</p>



<p>― ¿Qué hace una hindú tan lejos de casa?</p>



<p>―Huir de mis padres― riendo contestó: ― En la India, me sentía encorsetada por mi etnia y no me quedó más remedio que venir a Gran Bretaña.</p>



<p>Algo me dijo que esa mujer debía de pertenecer a una de las castas privilegiadas y metiéndome en donde no me llamaban pregunté si era chartria o vaishia. Mi pregunta la cogió desprevenida y en vez de contestar, me dijo cómo era posible que las conociera.</p>



<p>―Ya sabes, soy una enciclopedia andante― recordando la conversación en la que nos habíamos conocido, respondí.</p>



<p>―Pues te equivocas completamente― riendo encantadoramente comentó: ―Soy Nair.</p>



<p>― ¡Una adoradora de serpientes! ― exclamé sin poder contener mi lengua haciendo referencia a que ese minúsculo grupo adoraba como guardiana de su clan al reptil que los católicos identifican con el pecado original.</p>



<p>&nbsp;Mi exabrupto no la molestó y riendo me reconoció que era así, pero que no me preocupara dado que estaba prohibido el tener cualquier tipo de animal en la residencia y que en su familia llevaban generaciones sin practicar el Sambandam.</p>



<p>―Ahí me has pillado, no sé qué es― confesé atolondrado al ver su pícara mirada.</p>



<p>―Mi estimado amigo reconoce su ignorancia― resaltó y sin dejar de sonreír, me explicó que era un tipo de matrimonio informal por el cual las mujeres de su etnia tenían permitido tener varios maridos: ―Los ingleses lo prohibieron, pero aun así en el campo se sigue haciendo.</p>



<p>Esa información cuadraba con lo que sabía de ellos y dado que eran de las pocas sociedades donde se regían por matriarcados y donde la mujer era la que daba el linaje, solo se me ocurrió decir que llegado el momento no me importaría que mis hijos se apellidaran como ella. Me arrepentí nada más decirlo. Pero Naya en vez de tomárselo en plan tremendo, con sus mejillas coloradas, me respondió que todavía era pronto para una oferta como esa y que, de ir en serio, antes de nada, debía de recibir la aceptación de su gurú.</p>



<p>Juro que no sabía dónde meterme al darme cuenta de que en mi desconocimiento había propuesto matrimonio a esa preciosidad el mismo día en que nos había conocido y lo que era más importante, que no había rechazado de plano la idea.</p>



<p>―Dime cuándo y dónde me vas a presentar a tu maestro espiritual― lanzando un órdago a la grande musité no muy seguro de su respuesta&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―Para aceptar ser tu premika, debo conocerte antes― con rubor dibujado en su cara, respondió mientras tomaba mi mano.</p>



<p>Alucinando por ese gesto, reservado únicamente a los más cercanos de la familia o a los novios en su educación, supe que no le desagradaba la idea y al contrario de lo que hubiese hecho con una occidental, me abstuve de besarla y únicamente entrelacé mis dedos en los suyos.</p>



<p>― ¿Sabes que en mi pueblo todo el mundo supondría que estamos prometidos si nos ven así? ― insistió sin soltarme.</p>



<p>― ¿Te importa?</p>



<p>―No. Al contrario, me gusta― con una coquetería innata, susurró y mientras miraba mi reacción, prosiguió: ―Es la primera vez que a un hombre lo siento tan cercano.</p>



<p>Nuevamente me dieron ganas de unir mis labios a los suyos y solo el conocer lo impúdica que resultaba esa costumbre para los hindúes, evitó que la besara. En su lugar, retiré la mano y llevándola a su mejilla, la acaricié sin prever que ese honesto mimo provocara su turbación y me dijera que no eran decente que dos novios se mostraran tan cariñosos en público.</p>



<p>Me quedé petrificado al comprender que ya se consideraba mi novia, pero aún mucho más al observar bajo su sari que dos pequeños montículos la delataban y que lejos de molestarla, con ese mimo se había excitado. Por eso regalándole una última caricia, le pedí permiso para volverla hacer cuando estuviésemos solos.</p>



<p>―No tengo que darte lo que ya es tuyo― musitó con una mezcla de alegría y de vergüenza mientras me tomaba nuevamente de la mano.</p>



<p>En ese momento, Hans llegó quejándose de lo tramposos que eran los ingleses y preguntando si quería algo de beber. Dando su lugar a Naya, la dije si tenía prohibido el alcohol. Al contestar que no, pedí un whisky.</p>



<p>― ¿No vas a pedir otro para tu adorada fiance? ― usando la denominación francesa que los británicos habían adoptado como propia, comentó.</p>



<p>El gigantón se dio la vuelta al oírla y viendo que tenía sus dedos entre los míos, soltó una carcajada diciendo:</p>



<p>―No me puedo creer que, en unas pocas horas, Manuel haya conseguido los que los demás llevábamos intentando desde que llegaste a la pérfida Albión.</p>



<p>―Tuvo que llegar un caballero y no un patán― desternillada de risa, alzó orgullosamente nuestras manos dejando de manifiesto que no le importaba que su círculo cercano supiera lo nuestro.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hans en vez de quejarse por el insulto, se rio y me rogó que nunca le pidiera que le presentara a su hermana dado mi éxito con las féminas.</p>



<p>―Puedes hacerlo, Manuel sabe de lo que es capaz una Nair celosa si siente que ha sido traicionada.</p>



<p>&nbsp;No tuvo que decir nada más, con eso bastaba. Sabía por los libros de historia lo belicoso que había sido su pueblo durante la conquista de la India por los británicos y que estos solo habían conseguido apaciguarlos al incorporar a todos los hombres de su etnia al ejército inglés. Pero por si no me había quedado claro, Naya acercó sus labios a mi oído y me dijo:</p>



<p>―No me gustaría que en un futuro no pudieses darme descendencia.</p>



<p>Con mis huevos encogidos tras esa nada sutil amenaza, contesté que no se preocupara al ser yo hombre de una sola mujer. Su cara se iluminó al escucharlo y cerrando mi boca con un dedo, me informó que mientras nos íbamos conociendo tenía prohibido intimar con otra.</p>



<p>El que usara el verbo intimar y no coquetear reveló que se refería sexualmente y sin reconocer que era virgen, le prometí no hacerlo asumiendo que, si en veinticinco años nunca había estado en la cama con una mujer, era imposible que bajo la estricta supervisión que suponía iba a efectuar sobre mí lo hiciera.</p>



<p>Posando su cabeza en mi hombro, susurró:</p>



<p>―Estoy deseando que nos quedemos solos y así volver a sentir tus yemas recorriendo mi mejilla.</p>



<p>Lamenté haber pedido las copas, por lo mucho que me apetecía hacerlo…</p>



<h1 class="wp-block-heading" id="3"><a>3</a></h1>



<p>Ya en la residencia, la acompañé hasta su puerta y viendo que no había nadie por los pasillos, tímidamente la abracé. Naya no solo se dejó rodear entre mis brazos sino poniendo su cara en mi pecho, se pegó a mí con fuerza mientras me decía que no pensara nada malo de ella, pero que necesitaba sentir mi contacto. Confieso que no supe cómo actuar cuando de repente noté que, sin levantar su cara, comenzaba sutilmente a restregar su cuerpo contra el mío.</p>



<p>―Soy inmensamente feliz de haber sido la primera en advertir la mirada honesta que se escondía tras tus gafas― murmuró mencionando mi miopía.</p>



<p>La actitud de la hindú me sorprendió y más cuando descaradamente buscó mi excitación frotando mi entrepierna con su sexo. Quizás por eso, bajé mi mano por su espalda:</p>



<p>―Un hombre no puede tocar a una mujer hasta que su gurú se lo permita― me rogó mientras ella intentaba incrementar mi incipiente erección con lentos pero constantes movimientos de su cadera.</p>



<p>Anonadado porque esa ley no le afectara a ella, únicamente murmuré que, si seguía rozando así mi virilidad, terminaría corriéndome.</p>



<p>&nbsp;―Eso quiero y anhelo― replicó con su respiración entrecortada prueba irrebatible de que también ella se estaba viendo afectada por esas imprevistas, pero deseadas, maniobras.</p>



<p>―Estás loca― susurré mientras le acariciaba la mejilla al saber que era lo único que no me estaba vedado.</p>



<p>Al sentir mis yemas recorriendo su cara, sollozó y con más fuerza, restregó su pubis contra mi dureza mientras me imploraba que no fuera flor de un día y que al día siguiente ella siguiera siendo mi premika.</p>



<p>―Eres todo lo que un hombre puede desear― con sinceridad contesté al percatarme de los sentimientos que esa monada hacía aflorar en mí sin importarme que ese nombre solo se pudiera usar con los ya comprometidos.</p>



<p>Mis palabras la azuzaron más si cabe. Mirando a su alrededor, descubrió una silla y me obligó a sentarme en ella.</p>



<p>― ¿Qué vas a hacer? ― pregunté al ver que se subía a horcajadas sobre mí.</p>



<p>―Satisfacer a mi amado novio y que esta noche solo sueñe conmigo― declaró mientras hacía resbalar mi pene entre sus piernas.</p>



<p>Esa posición hizo que, a pesar del sari, sus pechos rebotaran contra mi cara y deseando hundirla entre ellos, comprendí que si lo hacía ella lo vería como una perversión y por ello preferí cerrar los ojos.</p>



<p>―Diosa escucha a tu hija y permite que este hombre sea digno de ti― escuché que rezaba mientras seguía masturbándonos a ambos sin que yo pudiese hacer nada por favorecerlo.</p>



<p>De improviso, Naya se corrió dando un largo y prolongado gemido.</p>



<p>―Gracias, Devi por apiadarte de tu sierva― rugió mientras su placer se filtraba a través de la tela mojando mis pantalones. &nbsp;Tras lo cual y sin importarle mi erección, riendo se bajó de la silla y desde la puerta de su habitación, dijo que me vería al día siguiente al tiempo que me lanzaba un beso con la mano.</p>



<p>Con un cabreo de narices y un calentón de las mismas proporciones llegué al cuarto que compartía con el teutón. Este al verme entrar, me atosigó a preguntas respecto a mi secreto porque en su vida había visto algo igual.</p>



<p>―No te entiendo – respondí.</p>



<p>Creyendo que mi respuesta era una forma de salir por la tangente, Hans rectificó y directamente me preguntó si la había hipnotizado. Al comprender que podía ir en serio, me escandalicé y con ganas de partirle la cara a pesar de su tamaño, repliqué que si me creía tan inmoral de hacer algo así.</p>



<p>―Perdona, pero es que jamás había visto un cambio así en una persona. Conociendo la mala leche con la que reaccionaba cuando alguien tonteaba con ella, hicimos apuestas al terminar de comer sobre si antes del fin de semana te iba a dar una cachetada o por el contrario se iba a mostrar magnánima y solo te montaría un escándalo.</p>



<p>― ¿Tú por cuál apostaste?</p>



<p>―Por el bofetón― descojonado respondió.</p>



<p>― ¿Nadie creyó en mí?</p>



<p>Sonriendo, contestó a mi pregunta:</p>



<p>―Si tu madre hubiese conocido a Naya antes que tú, tampoco ella hubiese apostado por ti.</p>



<p>― ¿Tan borde era con sus pretendientes? ― insistí sin reconocer en la mujer que describía a la dulzura hecha carne que para mí representaba Naya.</p>



<p>―La obsidiana siendo el material más filoso del mundo natural, es una aprendiz al lado tu novia en lo que respecta a dar cortes.</p>



<p>―Exageras― mascullé totalmente incrédulo.</p>



<p>―No lo hago. Si quieres mañana te presento a Pierre, un francés al que le lanzó un cubo de agua por encima por decirle lo guapa que estaba una mañana. O a John, uno de sus compañeros al que ridiculizó en mitad de la clase tras cometer el pecado de regalarle una rosa roja el día de San Valentín. Lo creas o no tu preciosa novia sacaba las uñas y arañaba en cuanto sentía que invadían su espacio… No comprendí que te invitara a comer cuando por menos ella hubiera saltado al cuello del que se lo propusiera, pero menos aún su cara de alegría en el pub cuando os vi haciendo manitas.</p>



<p>Admitiendo que nada ganaba al mentir, supe que esas anécdotas eran ciertas y eso me hacía más difícil el comprender tanto su comportamiento como el mío propio.&nbsp; Si ella había evitado cualquier acercamiento antes de conocerme, mi caso era todavía más extraño. No solo no había coqueteado con ninguna, sino que había hecho todo lo posible para que no lo hicieran conmigo hasta llegar ella.</p>



<p>«He permanecido encerrado en mi caparazón», me dije mientras rememoraba las caricias que habíamos compartido y que chocaban frontalmente con lo aprendido en el seminario.</p>



<p>&nbsp;Temblando de miedo al sentir que estaba traicionando mis creencias, hallé consuelo en una reflexión de su santo fundador:</p>



<p>“Ama y haz lo que quieras. Si guardas silencio, hazlo por amor; si gritas, hazlo por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; si la raíz es el amor profundo, de tal raíz no se pueden conseguir sino cosas buenas”.</p>



<p>Con esas frases en la mente, me fui a la cama y cerrando los ojos intenté dormir. Por extraño que parezca después de tantas emociones, no tardé en conciliar el sueño, pero fue una vana ilusión ya que en seguida mi cerebro me jugó una mala pasada y me vi soñando con una serpiente que se acercaba a mí.</p>



<p>Curiosamente no sentí miedo mientras observaba cómo se iba enroscando en mi cuerpo. Su tacto suave me recordó a Naya y quizás por ello, sentí su mortal abrazo como algo deseable sin importarme que al presionar mi pecho me estuviese asfixiando.</p>



<p>― ¡Diosa! ― murmuré entre sueños rememorando el grito de la hindú al correrse.</p>



<p>El aire comenzó a fluir en mis pulmones al invocarla mientras sus anillos dejaban de comprimirme y como si estuviera dotada de manos, la deidad me comenzó a acariciar. Contra mi voluntad, el roce de su piel despertó mi miembro dormido.</p>



<p>―Mi heraldo― escuché que siseando me decía acercando su cabeza a mi cara.</p>



<p>La voz del reptil era la de Naya y sin comprender lo que ocurría, fui testigo de su transformación. Las verdes pupilas de la serpiente se fueron oscureciendo y alargándose adoptaron una forma humana que no recocí. Fue al menguar su mandíbula mientras sus pómulos crecían cuando las semejanzas me hicieron saber que me hallaba ante ella.</p>



<p>―Ámame – me exigió.</p>



<p>Sin importarme que su cuerpo siguiera siendo el de un reptil, comencé a recorrer sus anillos con mis dedos para descubrir que ahí donde la tocaba, las escamas desaparecían convirtiéndose en piel.</p>



<p>―Tómame― insistió mientras ante mi asombro le empezaron a crecer unos diminutos brazos, brazos con los sin esperar a alcanzar su tamaño, me acariciaron el pecho.</p>



<p>La dulzura de ese ser, mitad serpiente mitad mujer, al tocarme me terminó de excitar y cuando de su cuerpo brotaron dos duros y oscuros pechos, llevé mi boca a ellos.</p>



<p>―Adórame― silbó la diosa al ver que mamaba de ella.</p>



<p>Como su más ferviente lacayo, sentí que mi deber era amarla y con más ahínco lacté de esos senos que en mi mente eran los de mi premika.</p>



<p>―Soy <a>Bhagavati</a>, no mi sacerdotisa― revelando quien era, murmuró mientras su lengua bífida jugaba en mi oreja.</p>



<p>Aunque nunca había oído su nombre, comprendí que me hallaba frente a la deidad que los Nair veneraban y sintiéndola como algo mío, busqué en ella los besos que Naya me había vetado. Al contrario que la hindú, la diosa no rehuyó mis labios y mientras la besaba, noté cómo se abría un orificio en uno de sus anillos y cómo ese mitológico ser introducía mi pene en él.</p>



<p>El sueño se convirtió en pesadilla al desaparecer la parte humana y verme amando únicamente a la serpiente.</p>



<p>―Por favor― grité aterrorizado con ese acto contra natura.</p>



<p>Las risas del ofidio resonaron en mi cerebro mientras esparcía mi simiente en su interior…</p>
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		<title>&#8220;EDUCANDO A UNA MALCRIADA. LA HIJA DE UN AMIGO&#8221; libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Jul 2026 08:38:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[SINOPSIS: El destino quiso que la hija de un amigo se metiera en problemas en Houston y que tuviera que ser yo quien la auxiliara. Su padre cansado de esa malcriada me pide que la eduque. Al intentarlo, esa pelirroja decide intentar seducirme sin saber adónde nos iba a llevar esa fijación.CONOCE A ESTE AUTOR, verdadero fenómeno de la red con más de 13 MILLONES DE VISITAS. &#160;ALTO CONTENIDO ERÓTICO Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: https://www.amazon.es/dp/B01FKLOII8 Para que podías echarle un vistazo, os anexo&#160;los primeros&#160; capítulos: Capítulo 1 Toda mi vida he tenido fama de [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01L7LPGAO"><img decoding="async" width="1024" height="445" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/MALCRIADA2-copia-1024x445.png" alt="" class="wp-image-19863" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/MALCRIADA2-copia-1024x445.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/MALCRIADA2-copia-300x130.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/MALCRIADA2-copia-768x334.png 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>SINOPSIS: </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El destino quiso que la hija de un amigo se metiera en problemas en Houston y que tuviera que ser yo quien la auxiliara. Su padre cansado de esa malcriada me pide que la eduque. Al intentarlo, esa pelirroja decide intentar seducirme sin saber adónde nos iba a llevar esa fijación.<br>CONOCE A ESTE AUTOR, verdadero fenómeno de la red con más de 13 MILLONES DE VISITAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;A</span><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">LTO CONTENIDO ERÓTICO</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01FKLOII8">https://www.amazon.es/dp/B01FKLOII8</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;los primeros&nbsp; capítulos:</strong></span></p>
<p><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 1</span></strong></p>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Toda mi vida he tenido fama de hombre serio y responsable. Celoso de mi vida privada, nunca se me ha conocido un desliz y menos algo escandaloso. Soltero empedernido, nunca he necesitado de la presencia de una mujer fija en mi casa para ser feliz. Aunque eso no quiere decir que no haya novias y parejas, soy y siempre seré heterosexual activo pero no un petimetre que babea ante las primeras faldas que se le cruzan.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Escojo con cuidado con quien me acuesto y por eso puedo vanagloriarme de haber disfrutado de los mejores culos de las distintas ciudades donde he vivido. A través de los años, han pasado por mi cama mujeres de distintas razas y condición. Blancas y negras, morenas y rubias, ricas y pobres pero todas de mi edad. Nunca me habían gustado las crías, es más, siempre me había repelido ver en una reunión al clásico ricachón con la jovencita de turno. Para mí, una mujer debe ser ante todo mujer y por eso nunca cuando veía a una monada recién salida de la adolescencia, podía opinar que la niña era preciosa pero no me sentía atraído.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desgraciadamente eso cambió por culpa de Manolo, ¡Mi mejor amigo!.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con cuarenta y cinco años, llevaba tres años viviendo en Houston cuando me llamó para decirme que su hija Isabel iba a pasar un año estudiando en esa ciudad. Reconozco que en un principio pensé que el motivo de esa llamada era que me iba a pedir que viviera conmigo pero me sacó de mi error al explicar que la universidad le pedía un contacto en los Estados Unidos y preguntarme si podía dar mi teléfono.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo en teoría eso no me comprometía en absoluto, acepté desconociendo las consecuencias que esa decisión iba a tener en mi futuro y comportándome como un buen amigo, también me comprometí en irla a recoger al aeropuerto para acompañarla hasta la residencia donde se iba a quedar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese día estaba en la zona de llegadas esperándola cuando la vi salir por lo puerta. Enseguida la reconocí porque era una versión en guapa y joven de su madre. Flaca, pelirroja y llena de pecas era una chavala muy atractiva pero en cuanto la examiné más de cerca, su poco pecho me recordó sus dieciochos años recién cumplidos y perdió cualquier tipo de interés sexual.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Isabel al verme, se acercó a mí y dándome un beso en la mejilla, agradeció que la llevara. No queriendo eternizar nuestra estancia en ese lugar, cogí su equipaje y lo metí en mi coche. La chavala al comprobar el enorme tamaño del vehículo, se quedó admirada y con naturalidad dijo riéndose:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Este todoterreno es un típico ejemplo de los gustos masculinos― y olvidándose que era el amigo de su viejo, me soltó: ―Os gusta todo grande. Las tetas grandes, los culos enormes y las tías gordas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Indignado por esa generalización, no pude contener mi lengua y contesté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pues tú no debes comerte una rosca. Pecho enano, trasero diminuto y flaca como un suspiro.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi respuesta le sorprendió quizás porque no estaba acostumbrada a que nadie y menos un viejo le llevara la contraria. Durante unos segundos se quedó callada y tras reponerse del golpe a su autoestima, con todo el descaro del mundo, preguntó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya que crees que me hace falta unos kilos, ¿dónde me vas a llevar a comer?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os confieso que si llego a saber el martirio que pasaría con ella ese restaurante, en vez de a uno de lujo, le hubiese llevado a un tugurio de carretera porque allí, entre moteros y camioneros, hubiera pasado desapercibida. Pero como era la hija de Manolo creí conveniente enseñarle Morson´s, uno de los locales más famosos de la ciudad.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¡Menudo desastre!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La maldita pecosa se comportó como una malcriada rechazando hasta tres veces los platos que el pobre maître le recomendaba diciendo lindezas como: ¿Me has visto cara de conejo?, ¿Al ser hispanos nos recomiendas los más baratos de la carta porque temes que no paguemos? , pero fue peor cuando al final acertó con un plato de su gusto, entonces con ganas de molestar tanto al empleado como a mí, le dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Haber empezado por ahí, mi acompañante piensa que estoy en los huesos y un grasiento filetón al estilo tejano me hará ponerme como una vaca para ser de su gusto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Esta tía es idiota”, pensé y asumiendo que no volvería a verla durante su estancia, me mordí un huevo y pedí mi comanda.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la comida fue de mar en peor. Isabel se dedicó a beber vino como si fuera agua hasta que bastante “alegre” empezó a meterse con los presentes en el lugar. Molesto y sobre todo alucinado de lo mal que había mi amigo educado a su hija, di por concluida la comida.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al dejarla en la residencia, respiré aliviado y deseando no volver a estar a menos de un kilómetro de ella, le ofrecí hipócritamente mi ayuda durante su estancia en la capital del estado. La mujercita, segura de que nunca la iba a necesitar, me respondió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias pero tendría que estar muy desesperada para llamar a un anciano.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para mi desgracia los hechos posteriores la sacaron de su error….</span></p>
<p><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 2.</span></strong></p>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Llevaba un mes sin recibir noticias suyas cuando me despertó el teléfono de mi mesilla sonando. Todavía medio dormido, escuché al contestar que mi interlocutor me preguntaba si estaba hablando con Javier Coronado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sí― respondí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual se presentó como el sargento Ramirez de la policía metropolitana de Houston y me informó que tenían detenida a Isabel Sílbela.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué ha hecho esa cretina? – comenté ya totalmente despierto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―La hemos detenido por alteración del orden público, consumo de drogas y resistencia a la autoridad.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que no me extrañó porque esa niñata era perfecta irresponsable y asumiendo su culpabilidad, quise saber cuál era su actual estatus y cuánto tiempo tenía que pasar en el calabozo. El agente revisando el dossier me comunicó que habían fijado el juicio para dentro de un mes y que como era su primer delito el juez había fijado la primera audiencia para en unas horas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez colgué, estuve a un tris de volverme a la cama pero el jodido enano que todos tenemos como conciencia no me dejó hacerlo y por eso vistiéndome fui llamé a un abogado y me fui a la comisaria.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “¡Menuda pieza!”, pensé mientras conducía hacía allí, “Lo que le debe haber hecho sufrir a su padre esta malcriada”.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al presentarme ante el sargento en cuestión y ver este que yo era un hombre respetable, amablemente me informó de lo sucedido. Por lo visto, Isabel y unas amigas habían montado una fiestecita con alcohol y algún que otra gramo de coca que se les había ido de la mano. Totalmente borracha cuando llegó la patrulla del campus, se enfrentó a ellos y trató de resistirse.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Será tonta, ¡No sabe que la policía de este país no se anda con bromas!”, exclamé mentalmente mientras pedía perdón al sujeto en nombre de su padre.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando Ramirez me comunicó que tenía que esperar a las ocho de la mañana para tener la audiencia preliminar con el juez donde tendría la oportunidad de pagar una fianza. Viendo que todavía eran las cinco y que no podía hacer nada en tres horas, me dirigí a un 24 horas a desayunar. Allí, sentado en la barra, llamé a Manolo para informarle de lo sucedido.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como no podía ser de otra forma, mi amigo se cogió un rebote enorme y llamando de todo a su querida hija, me pidió que en cuanto pudiera la metiera en un avión y se la mandara.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te preocupes eso haré― respondí convencido de que esa misma tarde llevaría a Isabel al aeropuerto y la empaquetaría hacía España.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero como bien ha enunciado Murphy, “Cualquier situación por mala que sea es susceptible de empeorar y así fue. La maldita niñata al ser presentada ante el juez, se comportó como una irresponsable y tras llamarle fascista, se negó a declarar. El abogado que le conseguí había pactado con el fiscal que si aceptaba su culpabilidad, quedaría en una multa pero como no había cumplido con su parte, el letrado pidió prisión con fianza hasta que tuviese lugar el juicio. El juez no solo impuso una fianza de cinco mil dólares sino que en caso de aportarla, exigió que alguien se responsabilizara que la chavala no volviera a cometer ningún delito.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¿Os imagináis quien fue al idiota que le tocó?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreado porque encima le había quitado el pasaporte, pagué la fianza y me comprometí a tenerla durante un mes bajo mi supervisión hasta que se celebrara el puñetero juicio.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya en el coche, empecé a echarle la bronca mientras la cría me miraba todavía en plan perdonavidas. Indignado por su actitud, le estaba recriminando su falta de cerebro cuando de pronto comenzó a vomitar manchando toda la tapicería. Todavía hoy no sé qué me enfadó más, si la peste o que al terminar Isabel tras limpiarse las babas, me dijera:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Viejo, ¡Corta el rollo!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque todo mi cuerpo me pedía darle un bofetón, me contuve y concentrándome en la conducción, fui directo a su residencia a recoger sus cosas porque tal y como había ordenado el magistrado, esa mujercita quedaba bajo mi supervisión y por lo tanto debía de vivir conmigo. El colmo fue cuando vi que al hacer la maleta, esa chavala metía entre sus ropas una bolsa con marihuana.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué coño haces?― pregunté y sin darle tiempo a reaccionar, se la quité de la mano y arrojándolo en el wáter, tiré de la cadena.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Te odio!― fueron las últimas palabras que pronunció hasta que ya en mi casa, se metió en la cama a dormir.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aprovechando que esa boba estaba durmiendo la mona, llamé a su padre y de muy mala leche, le expliqué que gracias a la idiotez de su hija el juicio había ido de culo y que no solo le habían prohibido salir del país, sino que encima me había tenido que comprometer con el juez a que me hacía responsable de ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Manuel que hasta entonces se había mantenido entero, se desmoronó y mientras me pedía perdón, me explicó que desde que se había separado de su esposa, su retoño no había parado de darle problemas. Destrozado, me confesó que se veía incapaz de reeducarla porque en cuanto lo intentaba, su ex se ponía de parte de su hija, mandando al traste sus buenas intenciones.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mí, esa rebeldía me dura tres días. Si fuera su padre, sacaría mi mala leche y la pondría firme― comenté sin percatarme que mi amigo se agarraría a mis palabras como a un clavo ardiendo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando llorando me pidió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me harías ese favor?― y cogiéndome con el paso cambiado, me dijo:―Te ruego que lo intentes, es más, no quiero saber cómo lo abordas. Si tienes que encerrarla, ¡Hazlo!.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque mi propuesta había sido retórica, la desesperación de Manolo me hizo compadecerme de él y por eso acepté el reto de convertir a esa niña malcriada en una persona de bien.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Hablo con Isabel.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin conocer las dificultades con las que me encontraría, había prometido a mi amigo que durante el mes en que esa deslenguada iba a permanecer en mi casa iba a reformar su actitud y por eso esperé a que se despertara para dejarle las cosas claras.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sobre las seis de la tarde, Isabel hizo su aparición convencida de que nada había cambiado y que podría seguir comportándose como la niña caprichosa y conflictiva que llevaba tres años siendo. Desconociendo las órdenes de su padre había quedado con unos amigos para salir de copas y ya estaba cogiendo la puerta cuando escuchó que la decía:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Dónde crees que vas?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Con mis colegas― contestó y enfrentándose a mí, recalcó sus intenciones diciendo: ―¿Algún problema?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dos. Primero que vas vestida como una puta. Segundo y más importante, ¡No tienes permiso!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La pelirroja me miró atónita y creyendo que sería incapaz de obligarla a quedarse en casa, lanzó una carcajada antes de soltarme:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Y qué vas a hacer? ¿Atarme a la cama?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con tono tranquilo, respondí:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si me obligas, no dudaré en hacerlo pero preferiría que no tomar esa medida― y pidiéndole que se sentara, proseguí diciendo: ―He hablado con tu padre y me ha autorizado a usar inclusive la violencia para conseguir educarte de un puñetera vez.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te creo― contestó y cogiendo el teléfono, llamó a su viejo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me hizo falta oír la conversación porque con satisfacción observé que su rostro iba perdiendo el color mientras crecía su indignación. Al colgar, cabreadísima, me gritó que no pensaba obedecer y que iba jodido si pensaba que se comportaría como una niña buena. Lo que Isabel no se esperaba fue que al terminar de soltar su perorata, me levantara de mi asiento y sin hablar le soltara un tremendo tortazo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue tanta la fuerza que imprimí a la bofetada que la chavala dio con sus huesos en el suelo. Entonces y sin compadecerme de ella, le solté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A partir de hoy, tienes prohibido el alcohol y cualquier tipo de drogas. Me pedirás permiso para todo. Si quieres salir, comer, ver la tele o dormir primero tendrás que pedir mi autorización.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acostumbrada a hacer de su capa un sayo, por primera vez en su vida, tuvo que enfrentarse a alguien con más carácter y con los últimos restos de coraje, me lanzó una andanada diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Y si quiero masturbarme? ¿También tendré que pedirte permiso?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Muerto de risa, le contesté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No soy un tirano y aunque tienes estrictamente prohibido el acostarte con alguien, comprendo que eres joven― y actuando como un rey magnánimo, cedí en ese extremo, diciendo: ―Si quieres masturbarte veinte veces al día, tienes mi palabra que nunca te diré nada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os confieso que en ese momento no supe interpretar el brillo de sus ojos cuando oyó mis palabras, de haber supuesto que esa arpía utilizaría mi promesa contra mí, jamás le hubiera otorgado tal permiso.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Habiendo dejado las cosas claras, permití que volviera a su habitación…</span></p>
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		<title>Libro para descargar: &#8220;Un verano inolvidable&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jul 2026 19:13:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Contra mi voluntad, mi madre me informa que su hermana pequeña, mi tía Elena, me va a hacer compañía ese verano en Laredo. Cabreado intento convencer pero no da su brazo a torcer por lo que salgo rumbo a la playa con ella, sin saber que ese verano cambiaría para siempre el rumbo de nuestras vidas. Junto con ella, seduzco a Belén y a su madre. A partir de ahí, los cuatro juntos nos sumergimos en una espiral de sexo. MÁS DE 200 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/gp/product/B01882R4LO [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><strong><a href="https://www.amazon.es/dp/B018EO9O50"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18637" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/verano-inolvidable2-1.png" alt="" width="1976" height="720" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/verano-inolvidable2-1.png 1976w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/verano-inolvidable2-1-300x109.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/verano-inolvidable2-1-768x280.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/verano-inolvidable2-1-1024x373.png 1024w" sizes="(max-width: 1976px) 100vw, 1976px" /></a><span style="font-size: 18pt;">Sinopsis:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt; font-family: georgia, palatino, serif;">Contra mi voluntad, mi madre me informa que su hermana pequeña, mi tía Elena, me va a hacer compañía ese verano en Laredo. Cabreado intento convencer pero no da su brazo a torcer por lo que salgo rumbo a la playa con ella, sin saber que ese verano cambiaría para siempre el rumbo de nuestras vidas. Junto con ella, seduzco a Belén y a su madre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt; font-family: georgia, palatino, serif;">A partir de ahí, los cuatro juntos nos sumergimos en una espiral de sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em>MÁS DE 200 PÁGINAS DE ALTO CONTENIDO ERÓTICO</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B018EO9O50">http://www.amazon.es/gp/product/B01882R4LO</a></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo EL&nbsp;&nbsp;PRIMER CAPÍTULO:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Capítulo 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">La historia que os voy a contar me ocurrió hace algunos años, cuando estaba estudiando en la universidad. Con casi veintidós años y una más que decente carrera, mis viejos no podían ningún impedimento a que durante las vacaciones de verano, me fuera solo a la casa que teníamos en Laredo. Acostumbraba al terminar los exámenes a irme allí solo y durante más de un mes, pegarme una vida de sultán a base de copas y playa. Por eso cuando una semana antes de salir rumbo a ese paraíso mi madre me informó que tendría que compartir el chalet con mi tía, me disgustó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Aunque mi relación con la hermana pequeña de mi madre era buena, aun así me jodió porque con Elena allí no podría comportarme como siempre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «Se ha acabado andar desnudo y llevarme a zorritas a la cama», pensé, «y para colmo tendré que cargar con ella».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mis reticencias tenían base ya que mi tía era una solterona de cuarenta años a la que nunca se le había conocido novio y que era famosa en la familia por su ingenuidad en temas de pareja. No sé cuántas veces presencié como mi padre le tomaba el pelo abusando de su falta de picardía hasta que mi madre salía en su auxilio y le explicaba el asunto. Al entender la burla, Elena se ponía colorada y cambiaba de tema.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―No entiendo que con casi cuarenta años caigas siempre en esas bromas― le decía mi vieja, ― ¡Madura!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Los justificados reproches de su hermana lo único que conseguían era incrementar la vergüenza de la pobre que normalmente terminaba yéndose de la habitación para evitar que su cuñado siguiera riéndose de ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Pero volviendo a ese día, por mucho que intenté hacerle ver a mi madre que además de joderme las vacaciones su hermana se aburriría al estar sola, no conseguí que diera su brazo a torcer y por eso me tuve que hacer a la idea de pasar un mes con ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Nos vamos a Laredo mi tía y yo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Tal y como habíamos quedado, a mediados de Junio, me vi saliendo con ella rumbo al norte. Como a ella no le apetecía conducir en cuanto metimos nuestro equipaje, me dio las llaves de su coche diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿Quieres conducir? Estoy muy cansada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ni que decir tiene que en cuanto la escuché acepté de inmediato porque no en vano el automóvil en cuestión era un precioso BMW descapotable. Encantado con la idea me puse al volante mientras ella se sentaba en el asiento del copiloto. Ya preparados, nos pusimos en camino. No tardé en comprobar que mi tía no había mentido porque al rato se quedó dormida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Para los que no lo sepan, entre Madrid y Laredo hay unos cuatrocientos cincuenta kilómetros y se tarda unas cuatro horas sin incluir paradas y viendo que no iba a obtener conversación de ella, puse la radio y decidí comprobar si como decían las revistas, ese coche era una maravilla. Con ella roncando a pierna suelta y aunque había mucho tráfico, llegué a Burgos en menos de dos horas y como me había pedido parar en el hotel Landa para almorzar, directamente me salí de la autopista y entré en el parking de ese establecimiento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ya aparcado y antes de despertarla, me la quedé mirando. Mi tía seguía dormida y eso me permitió observarla con detenimiento sin que ella se percatara de ese escrutinio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «Para su edad está buena», sentencié después darle un buen repaso y comprobar que la naturaleza le había dotado de unas ubres que rivalizarían con las de cualquier vaca, «lo que no comprendo es porqué nunca ha tenido novio».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> En ese momento fue cuando realmente empecé a verla como mujer ya que hasta entonces Elena era únicamente la hermana de mamá pero ese día corroboré que esa ingenua era dueña de un cuerpo espectacular. Su melena castaña, su estupendo culo y sus largas piernas hacían de ella una mujer atractiva. La confirmación de todo ello vino cuando habiéndola despertado, entramos al restaurante de ese hotel y todos los hombres presentes en el local se quedaron mirando embobados el movimiento de sus nalgas al caminar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Muerto de risa y queriendo romper el hielo, susurré en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Tía, ¡Debías haberte puesto un traje menos pegado!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ella que ni se había fijado en las miradas que le echaban, me preguntó si no le quedaba bien. Os juro que entonces caí en la cuenta que no sabía el efecto que su cuerpo provocaba a su paso y soltando una carcajada, le solté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Estupendamente. ¡Ese es el problema! – y señalando a un grupo de cuarentones sentados en una mesa, proseguí diciendo: ― ¡Te están comiendo con los ojos!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al mirar hacía ese lugar y comprobar mis palabras, se puso nerviosa y totalmente colorada, me rogó que me pusiera de modo que tapara a esa tropa de salidos. Cómo es normal, obedecí y colocándome de frente a ella, llamé al camarero y pedí nuestras consumiciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mientras nos las traía, Elena seguía muy alterada y se mantenía con la cabeza gacha como si eso evitara que la siguieran mirando. Esa actitud tan esquiva, ratificó punto por punto la opinión que mi viejo tenía de su cuñada:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “Mi tía era, además de ingenua, de una timidez casi enfermiza».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Viendo el mal rato que estaba pasando, le propuse que nos fuéramos pero entonces ella, con un tono de súplica, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿Soy tan fea?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Alucinado porque esa mujer hubiese malinterpretado la situación, me tomé unos segundos antes de contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿Eres tonta o qué? No te das cuenta que si te están mirando es porque estás buenísima.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi respuesta la descolocó y casi llorando, dijo de muy mal humor:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡No me tomes el pelo! ¡Sé lo que soy y me miro al espejo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Fue entonces cuando asumiendo que necesitaba que alguien le abriera los ojos y sin recapacitar sobre las consecuencias, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Pues ponte gafas. No solo no eres fea sino que eres una belleza. La gran mayoría de las mujeres desearían que las miraran así. Esos tipos te están devorando con los ojos porque seguramente ninguna de sus esposas tiene unas tetas y un trasero tan impresionantes como el tuyo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La firmeza con la que hablé le hizo quedarse pensando y tras unos instantes de confusión, sonriendo me contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Gracias por el piropo pero no te creo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Debí haberme quedado callado pero me parecía inconcebible que se minusvalorara de ese modo y por eso cometí el error de cogerle de la mano y decirle:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― No te he mentido. Si no fueras mi tía, intentaría ligar contigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Lo creáis o no creo que en ese preciso momento esa mujer me creyó porque mirándome a los ojos, me dio las gracias sin percatarse que bajo su vestido involuntariamente sus pezones se le habían puesto duros. El tamaño de esos dos bultos fue tal que no pude más que quedarme embobado mientras pensaba:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “¡No me puedo creer que nunca me hubiese fijado en sus pitones».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Tuvo que ser el camarero quien rompiera el incómodo silencio que se había instalado entre nosotros al traer la comanda. Ambos agradecimos su interrupción, ella porque estaba alucinada por el calor con el que la miraba su sobrino y yo por el descubrimiento que Elena era una mujer de bandera.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al terminar ninguno de los dos comentó nada y hablando de temas insustanciales, nos montamos en el coche sin ser enteramente conscientes que esa breve parada había cambiado algo entre nosotros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «Estoy como una cabra», mascullé entre dientes, «seguro que se ha dado cuenta de cómo le miraba las tetas».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Durante el resto del camino la hermana de mi madre se mantuvo casi en silencio como rumiando lo sucedido. Solo cuando ya habíamos dejado atrás Bilbao y estábamos a punto de llegar a Laredo, salió de su mutismo y como si no hubiéramos dejado de hablar del tema, me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Si estoy tan buena, ¿Por qué ningún hombre me ha hecho caso?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Como su pregunta me parecía una solemne idiotez, sin medirme, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Ya que tienes ese cuerpazo, ¡Muéstralo! ¡Olvídate de trajes cerrados y ponte un escote! ¡Verás cómo acuden en manada!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Confieso que nunca preví que tomándome la palabra, me soltara:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Tú me ayudarías? ¿Me acompañaría a escoger ropa?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La dulzura pero sobre todo la angustia que demostró al pedírmelo, no me dio pie a negarme y por eso le prometí que al día siguiente, la acompañaría de compras. Lo que no me esperaba que poniendo un puchero, Elena contestara:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―No seas malo. Es temprano, ¿Por qué no hoy?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al mirar el reloj y descubrir que ni siquiera era hora de comer, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―De acuerdo. Bajamos el equipaje en casa, comemos y te acompaño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su sonrisa hizo que mereciera la pena perderme esa tarde de playa, por eso no me quejé cuando habiendo descargado nuestras cosas y sin darme tiempo de acomodarlas en mi habitación, me rogó que fuéramos a un centro comercial a comer y así tener más tiempo para elegir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡He despertado a la bestia!― exclamé al notar la urgencia en sus ojos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Elena soltando una carcajada, me despeinó con una mano diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―He decidido hacerte caso y cambiar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La alegría de su tono me debió advertir que algo iba a suceder pero comportándome como un lelo, me dejé llevar a rastras hasta ese lugar. Una vez allí, entramos en un italiano y mientras comíamos, mi tía no paró de señalar los vestidos de las crías que iban y venían por la galería, preguntando como le quedarían a ella. El colmo fue al terminar y cuando nos dirigíamos hacia el ZARA, Elena se quedó mirando el escaparate de Victoria Secret´s y mostrándome un picardías tan escueto como subido de tono, me preguntara:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Te parecería bien que me lo comprara o es demasiado atrevido?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Cortado por que me preguntara algo tan íntimo, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Seguro que te queda de perlas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Elena al dar por sentada mi aprobación entró conmigo en el local y dirigiéndose a una vendedora, pidió que trajeran uno de su talla. Ya con él en su mano, se metió en el probador dejándome a mí con su bolso fuera. No habían trascurrido tres minutos cuando vi que se entreabría la puerta y la mano de mi tía haciéndome señas de que entrara. Sonrojado hasta decir basta, le hice caso y entré en el pequeño habitáculo para encontrarme a mi tía únicamente vestida con ese conjunto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Confieso que me quedé obnubilado al contemplarla de esa guisa y recreando mi mirada en sus enormes pechos, no pude más que mostrarle mi asombro diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡Quién te follara!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La burrada de mi respuesta, la hizo reír y mientras me echaba otra vez para afuera, la escuché decir:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡Mira que eres bruto! ¡Qué soy tu tía!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por su tono descubrí que no se había enfadado por mi exabrupto ya que aunque era el hijo de su hermana, de cierta manera se había sentido halagada con esa muestra tan soez de admiración.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «No puede ser», pensé al saber que además para ella yo era un crío.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al salir ratificó que no le había molestado tomándome del brazo y con una alegría desbordante, llevándome de una tienda a otra en busca de trapos. No os podéis hacer una idea de cuantas visitamos y cuanta ropa se probó hasta que al cabo de dos horas y con tres bolsas repletas con sus compras, salimos de ese centro comercial.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ya en el coche, mi tía comentó entre risas:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Creo que me he pasado. Me he comprado cuatro vestidos, el conjunto de lencería y un par de bikinis.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Más bien― contesté mientras encendía el automóvil.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ni siquiera habíamos salido del parking cuando haciéndome parar, me pidió que bajara la capota ya que le apetecía sentir la brisa del mar. Haciendo caso, oprimí el botón y en menos de diez segundos, el techo se escondió y ya totalmente descapotados salimos a la calle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡Me encanta!― chilló con alegría,</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La felicidad de su rostro mientras recorríamos el paseo marítimo, me puso de buen humor y momentáneamente me olvidé el parentesco que nos unía, llegando al extremo de posar mi mano sobre su muslo. Al darme cuenta, la retiré lo más rápido que pude pero entonces Elena protestó diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Déjala ahí, no me molesta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La naturalidad con la que lo dijo, me hizo conocer que quizás en pocas ocasiones había sentido sobre su piel la caricia de un hombre y por eso no pude evitar excitarme pensando que podía seguir siendo virgen.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «Estoy desvariando», exclamé mentalmente al percatarme que esa mujer que estaba deseando desflorar era mi familiar mientras a mi lado, ella había vuelto a poner mi mano sobre su muslo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Instintivamente, mi imaginación voló y mientras pensaba en cómo sería ella en la cama, comencé a acariciarla hasta que la realidad volvió de golpe en un semáforo cuando al mirarla descubrí que tenía su vestido completamente subido y que podía verle las bragas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Qué coño estoy haciendo!», pensé al darme cuenta que estaba tocando a la hermana de mi madre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Asustado por ese hecho pero no queriendo que ella se molestara con una rápida huida, aproveché que se ponía verde para retirar mi mano al tener que meter la marcha y ya no volví a ponerla sobre su muslo. Pasado un minuto de reojo comprobé que Elena estaba cabreada pero como no podía reconocer que estaba disfrutando con los toqueteos de su sobrino y más aún el pedirme descaradamente que los continuara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Afortunadamente estábamos cerca de la casa de mis padres y por eso sin preguntar me dirigí directamente hacia allá. Nada más cruzar la puerta, mi tía desapareció rumbo a su cuarto dejándome con mi conciencia. En mi mente me veía como un pervertidor que se estaba aprovechando de la ingenuidad de esa mujer y de su falta de experiencia y por eso decidí tratar de evitar cualquier tipo de familiaridad aun sabiendo que eso me iba a resultar difícil porque estaríamos ella y yo solos durante un mes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Habiéndolo resuelto comprendí que lo mejor que podía hacer era irme a dar una vuelta y eso hice. En pocas palabras, hui como un cobarde y no volví hasta que Elena me informó que me estaba esperando para cenar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Al rato llego― contesté acojonado que le dijera a mi vieja que la había estado tocando.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Aunque le había dicho que tardaría en volver, comprendí que no me quedaba más remedio que ir a verla y pedirle de alguna manera perdón. Creo que mi tía debió de suponer que tardaría más tiempo porque al entrar en el chalet, escuché que estaba la tele puesta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al acercarme al salón, la encontré viendo una de mis películas porno. No sé si fue la sorpresa o el morbo pero desde la puerta me puse a espiar que es lo que hacía para descubrir que creyéndose sola, se estaba masturbando mientras miraba como en la pantalla un jovencito se tiraba a una cuarentona.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “¡No me lo puedo creer!», pensé al saber que entre todas mis películas había ido a escoger una que bien podría ser nuestra historia. «Un veinteañero con una dama que le dobla en edad».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ese descubrimiento y los gemidos que salían de su garganta al acariciarse el clítoris, me pusieron como una moto y bajándome la bragueta saqué mi pene de su encierro y me empecé a pajear mientras observaba en el sofá a mi tía tocándose. Elena sin saber que su sobrino la espiaba desde el zaguán, separó sus rodillas y metiendo su mano por debajo de su braga, separó sus labios y usando un dedo, lo metió dentro de su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Sabía que me podía descubrir pero aun así necesitaba verla mejor y por eso agachándome, gateé hasta detrás de un sillón desde donde tendría una vista inmejorable de sus maniobras. Para empeorar la situación y mi calentura, en ese momento, mi querida tía cogió uno de sus senos apretándolo con la mano izquierda mientras la derecha no dejaba de torturar su mojado coño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “¡Está tan bruta como yo», tuve que admitir mientras me pajeaba para calmar mi excitación.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> A mi lado, Elena intensificó sus toqueteos pegando sonoros gemidos. Os juro que podía ver hasta el sudor cayendo por el canalillo de su escote pero aun así quería más. Totalmente excitada, la vi cómo se arqueaba su espalda y como cerraba sus piernas con su mano dentro de ella en un intento de controlar el placer que estaba sintiendo. En ese momento, cerró los ojos cerrados y mientras disfrutaba de un brutal orgasmo, mi tía gritó mi nombre y cayó agotada sobre el sofá, momento que aproveché para salir en silencio tanto de la habitación como de la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ya en el jardín, me quedé pensando en lo que había visto y no queriendo que Elena se sintiera incómoda, me dije que no le contaría nunca que la había descubierto haciéndose una paja pensando en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “Está tan sola que incluso fantasea que su sobrino intenta seducirla», sentencié tomando la decisión de no darle ninguna excusa para que se sintiera atraída.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La cena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Diez minutos más tarde, no podía prolongar mi llegada y como no quería volverla a pillar en un renuncio, saludé en voz alta antes de entrar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Estoy aquí― contestó Elena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Siguiendo el sonido de su voz, llegué a la cocina donde mi tía estaba preparando la cena. Nada más verla, supe que me iba a resultar complicado no babear mirándola porque se había puesto cómoda poniéndose una bata negra de raso, tan corta que apenas le tapaba el culo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “¿De qué va?», me pregunté al observarla porque a lo escueto de su bata se sumaba unas medias de encaje a medio muslo. “¡Se está exhibiendo!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La certeza de que Elena estaba desbocada y que de algún modo intentaba seducirme, me hizo palidecer y tratando de que no notara la atracción que sentía por ella, abrí el refrigerador y saqué una cerveza. Todavía no la había abierto cuando de pronto se giró y dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Tengo una botella de vino enfriando. ¿Me podrías poner otra copa?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su tono meloso me puso los vellos de punta y dejando la cerveza, saqué la botella mientras trataba de ordenar mis pensamientos. Al mirarla, descubrí que ya se había bebido la mitad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “Macho recuerda quien es», repetí mentalmente intentando retirar mi mirada de su trasero, “está buena pero es tu tía».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Sintiéndome un mierda, serví dos vasos. Al darle el suyo, mi hasta entonces ingenua familiar extendió su brazo y gracias a ello, se le abrió un poco la bata dejándome descubrir que llevaba puesto el picardías que había elegido esa tarde. Mis ojos no pudieron evitar el recorrer su escote y ella al notar que la miraba, sonriendo me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Me he puesto el conjunto que tanto te gustó― tras lo cual y sin medirse, se abrió la bata y modeló con descaro a través de la cocina la lencería que llevaba puesta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por mucho que intenté no verme afectado con esa exhibición sentándome en una silla, fallé por completo. Sabía que estaba medio borracha pero aun así bajo mi pantalón mi pene salió de su letargo y como si llevase un resorte, se puso duro como pocas veces. El tamaño del bulto que intentaba ocultar era tal que Elena advirtió mi embarazo y en vez de hacer como ni no se hubiera dado cuenta, acercándose a mí, susurró en mi oído con voz alcoholizada:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡Qué mono! A mi sobrinito le gusta cómo me queda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Colorado y lleno de vergüenza, me quedé callado pero entonces, mi tía envalentonada por mi silencio dio un paso más y sentándose sobre mis rodillas, me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿Tú crees que los hombres se fijarían en mí?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Con sus tetas a escasos centímetros de mi boca y mientras intentaba aparentar una tranquilidad que no tenía, con voz temblorosa, respondí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Si no se fijan es que son maricas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi respuesta no le satisfizo y cogiendo sus gigantescas peras entre sus manos, insistió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿No te parece que tengo demasiado pecho?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La desinhibición de esa mujer me estaba poniendo malo. Todo mi ser me pedía hundir la cara en su hondo canalillo pero mi mente me pedía prudencia por lo que haciendo un esfuerzo contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Para nada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi tía sonrió al escuchar mi respuesta y disfrutando de mi parálisis, se bajó de mis rodillas y dándose la vuelta, puso su pandero a la altura de mi cara y descaradamente siguió acosándome al preguntar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Entonces: ¿Será que no me hacen caso porque tengo un culito gordo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Para entonces estaba como una moto y por eso comprenderéis que tuve que hacer un verdadero ejercicio de autocontrol para no saltar sobre ese par de nalgas que con tanta desfachatez mi tía ponía a mi alcance. Como no le contestaba, Elena estrechó su lazo diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Tócalo y dime si lo tengo demasiado flácido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Como un autómata obedecí llevando mis manos hasta sus glúteos. Si ya de por sí me parecía que Elena tenía un trasero cojonudo al palpar con mis yemas lo duro que lo tenía no pude más que decir mientras seguía manoseándolo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡Es perfecto y quién diga lo contrario es un imbécil!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La hermana de mi madre al sentir mis magreos gimió de placer y con su respiración entrecortada, se sentó nuevamente sobre mí haciendo que su culo presionara mi verga. Entonces y con un tono sensual, me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿Entonces porque no tengo un hombre a mi lado?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Si cómo eso no fuera poco y perdiendo cualquier recato, mi tía comenzó un suave vaivén con su trasero, de forma que mi erecto pene quedó aprisionado entre sus nalgas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Elena, ¡Para o no respondo!― protesté al sentir el roce de su sexo contra el mío.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡Contesta!― gritó sin dejar de moverse― ¡Necesito saber por qué estoy sola!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> La situación se desbordó sin remedio al sentir la humedad que desprendía su vulva a través de mi pantalón y llevando mis manos hasta sus pechos, me apoderé de ellos y contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡No lo sé! ¡No lo comprendo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi chillido agónico era un pedido de ayuda que no fue escuchado por esa mujer. Mi tía olvidando la cordura, forzó mi calentura restregando sin pausa su coño contra mi miembro. Su continuo acoso no menguó un ápice cuando la lujuria me dominó y metí mis manos bajo su picardías para amasar sus senos, Es más al notar que cogía entre mis dedos sus areolas, rugió como una puta diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¿Por qué no se dan cuenta que necesito un hombre?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su pregunta resultaba a todas luces extraña si pensáis que en ese instante, mi verga y su chocho estaban a punto de explotar pero aun así contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― ¡Yo si me doy cuenta!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Fue entonces cuando como si estuviéramos sincronizados tanto ella como yo nos vimos avasallados por el placer y sin dejar de movernos, Elena se corrió mientras sentía entre sus piernas que mi pene empezaba a lanzar su simiente sobre mi pantalón. Os juro que ese orgasmo fue brutal y que mi tía disfrutó de él tanto como yo pero entonces debió de percatarse que estaba mal porque levantándose de mis rodillas, me respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Tú no me sirves, ¡Eres mi sobrino!― y haciendo como si nada hubiera ocurrido, me soltó: ― ¿Cenamos?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Reconozco que tuve que morderme un huevo para no soltarle una hostia al escuchar su desprecio porque no en vano se podría decir que casi me había violado y que ya satisfecha me dejaba tirado como un kleenex usado. Pero cuando iba a maldecirla, vi en su mirada que se sentía culpable de lo ocurrido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “Siente remordimientos por su actitud», me pareció entender y por eso, no dije nada y en vez de ello, le ayudé a poner la mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Tal y como os imaginareis, durante la cena hubo un silencio sepulcral producto de la certeza de nuestro error pero también a que ambos estábamos tratando de asimilar qué nos había llevado a ese simulacro de acto sexual. Me consta que a ella le estaba reconcomiendo la culpa por haber abusado del hijo de su hermana mientras yo no paraba de echarme en cara que de alguna manera había sido el responsable de su desliz.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por eso cuando al terminar de cenar, Elena me pidió si podía recoger la mesa, respondí que sí y vi como una liberación que sin despedirse mi tía se fuera a su habitación. Al ir metiendo los platos en el lavavajillas, no podía dejar de repasar todo ese día tratando de hallar la razón por la que esa mujer había actuado así, pero por mucho que lo intenté no lo conseguí y por eso mientras subía a mi cuarto, sentencié:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> “Esperemos que mañana todo haya quedado en un mal sueño»…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;">Todo empeora.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Esa noche fue un suplicio porque mi dormitar se convirtió en pesadilla al imaginarme a mi madre echándome la bronca por haber seducido a su hermana borracha. En mi sueño, me intenté disculpar con ella pero no quiso escuchar mis razones y tras mucho discutir, cerró la discusión diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Si llego a saber que mi hijo sería un violador, ¡Hubiera abortado!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por eso al despertar, me encontraba hundido anímicamente. Me sentía responsable de la metamorfosis que había llevado a esa ingenua y apocada mujer a convertirse en la amantis religiosa de la noche anterior. No me cabía en la cabeza que mi tía me hubiera usado para masturbarse para acto seguido desprenderse de mí como si nada hubiera pasado entre nosotros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Debe de tener un trauma de infancia!», sentencié y por enésima vez resolví que no volvería a darle motivos para que fantaseara conmigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Cómo no tenía ningún sentido quedarme encerrado en mi cuarto, poniéndome un bañador bajé a desayunar. Allí en la cocina, me encontré con Elena. Al observar las profundas ojeras que lucía en su rostro comprendí que también había pasado una mala noche. La tristeza de sus ojos me enterneció y mientras me servía un café, hice como si no me acordara de nada y fingiendo normalidad, le pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Me apetece ir a la playa. ¿Me acompañas?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―No sé si debo― respondió con un tono que traslucía la vergüenza que sentía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Todavía no me explico por qué pero en ese momento intuí que debería enfrentar el problema y por eso sentándome frente a mi tía, le dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Si es por lo que ocurrió anoche, no te preocupes. Fue mi culpa, tú había bebido y te juro que nunca volverá a ocurrir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi auto denuncia la tranquilizó y viendo que yo también estaba arrepentido, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Te equivocas, yo soy la mayor y el alcohol no es excusa. Debería haber puesto la cordura― tras lo cual y pensándolo durante unos segundos, dijo: ―¡Dame diez minutos y te acompaño!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Os reconozco que me alegró que Elena no montara un drama sobre todo porque eso significaba que mi vieja nunca se enteraría que su hijito se había dado unos buenos achuchones con su hermana pequeña. Aunque toda esa supuesta tranquilidad desapareció de golpe cuando la vi bajar por las escaleras porque venía estrenando uno de los bikinis que se compró el día anterior y por mucho que se tapaba con un pareo, su belleza hizo que me quedara con la boca abierta al contemplar lo buenísima que estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Dios! Está para darle un buen bocado», pensé mientras retiraba mi vista de ella.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Afortunadamente Elena no advirtió mi mirada y alegremente cogió las llaves de su coche para salir al garaje. Al hacerlo me dio una panorámica excelente de sus nalgas sin caer en el efecto que ellas tendrían en su sobrino.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Menudo culo el de mi tía!», farfullé mentalmente mientras como un perrito faldero la seguía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ya en su BMW, me preguntó a qué playa quería ir. Mi estado de shock no me permitía concentrarme y por eso contesté que me daba lo mismo. Elena al escuchar mi respuesta, se quedó pensando durante unos momentos antes de decirme si me apetecía ir al Puntal. Sé que cuando lo dijo debía haberle avisado que esa playa llevaba varios años siendo un refugio nudista pero entonces mi lado perverso me lo impidió porque quería ver como saldría de esta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Está bien. Hace tiempo que no voy― contesté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Habiendo decidido el lugar, bajó la capota y arrancó el coche. Como Laredo es una ciudad pequeña y el Puntal está a la salida del casco urbano, en menos de diez minutos ya estaba aparcando. Ajena al tipo de prácticas que se hacían ahí, mi tía abrió el maletero y sacó las toallas y su sombrilla sin mirar hacia la arena. No fue hasta que habiendo abandonado el paseo entramos en la playa propiamente cuando se percató que la gran mayoría de los veraneantes que estaban tomando el sol estaban desnudos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡No me dijiste que era una playa nudista!― exclamó enfadada encarándose conmigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―No lo sabía – mentí― si quieres nos vamos a otra.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Sé que no me creyó pero cuando ya creía que nos daríamos la vuelta, me miró diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―A mí no me importa pero no esperes que me empelote.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por su actitud comprendí que sabía que se lo había ocultado para probarla pero también que una vez lanzado el reto, había decidido aceptarlo y no dejarse intimidar. La prueba palpable fue cuando habiendo plantado la sombrilla en la arena, se quitó el pareo y con la mayor naturalidad del mundo, hizo lo mismo con la parte superior de su bikini. Ya en topless, me miró diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Es esto lo que querías?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> No pude ni contestar porque mis ojos se habían quedado prendados en esos pechos que siendo enormes se mantenían firmes, desafiando a la ley de la gravedad. Todavía no me había recuperado de la sorpresa cuando escuché su orden:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Ahora te toca a ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su tono firme y duro no me dejó otra alternativa que bajarme el traje de baño y desnudarme mientras ella me miraba. En su mirada no había deseo sino enfado pero aun así no pudo evitar asombrarse cuando vio el tamaño de mi pene medio morcillón. Por mi parte estaba totalmente cortado y por eso coloqué mi toalla a dos metros de ella, lejos de la protectora sombra del parasol.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi tía habiendo ganado esa batalla sacó la crema solar y se puso a embadurnar su cuerpo con protector mientras yo era incapaz de retirar mis ojos del modo en que se amasaba los pechos para evitar quemarse. Aunque me consta que no fue su intención, esa maniobra provocó que poco a poco mi ya medio excitado miembro alcanzara su máxima dureza. Previéndolo, me di la vuelta para que Elena no se enterara de lo verraco que había puesto a su sobrino. Por su parte cuando terminó de darse crema, ignorándome, sacó un libro de su bolsa de playa, se puso a leer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Qué vergüenza!», pensé mientras intentaba tranquilizarme para que se me bajara la erección: «Esto me ocurre por cabrón».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Desgraciadamente para mí, cuanto mayor era mi esfuerzo menor era el resultado y por eso durante más de media hora, tuve la polla tiesa sin poder levantarme. Esa inactividad junto con lo poco que había descansado la noche anterior hicieron que me quedara dormido y solo desperté cuando el calor de la mañana era insoportable. Sudando como un cerdo, abrí los ojos y descubrí que mi tía no estaba en su toalla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «Debe de haberse ido a dar un paseo», sentencié y aprovechando su ausencia, salí corriendo a darme un chapuzón en el mar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> El agua del cantábrico estaba fría y gracias a ello, se calmó el escozor que sentía en mi piel. Pero no evitó que al cabo de unos minutos tomando olas al ver a Elena caminando hacia mí con sus pechos al aire, mi verga volviera a salir de su letargo por el sensual bamboleo de esas dos maravillas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡Está helada!― gritó mientras se sumergía en el mar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al emerger y acercarse a mí, comprobé que sus pezones se le habían puesto duros por el contraste de temperatura y no porque estuviera excitada. El que sí estaba caliente como en celo era yo, que viendo esos dos erectos botones decorando sus pechos no pude más que babear mientras me recriminaba mi poca fuerza de voluntad:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «Tengo que dejar de mirarla como mujer, ¡es mi tía!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ignorando mi estado, Elena estuvo nadando a mi alrededor hasta que ya con frio decidió volver a su toalla. Viéndola marchar hacía la orilla y en vista que entre mis piernas mi pene seguía excitado, juzgué mejor esperar a que se me bajara. Por eso y aunque me apetecía tumbarme al sol, preferí seguir a remojo. Durante casi media hora estuve nadando hasta que me tranquilicé y entonces con mi miembro ya normal, volví a donde ella estaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Fue entonces cuando levantando la mirada de su libro, soltó espantada:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡Te has quemado!― para acto seguido recriminarme como si fuera mi madre por no haberme puesto crema.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Aunque me picaba la espalda, tengo que reconocer que no me había dado cuenta que estaba rojo como un camarón y por eso acepté volver a casa en cuanto ella lo dijo. Lo peor fue que durante todo el trayecto, no paró de echarme la bronca y de tratarme como un crío. Su insistencia en mi falta de criterio consiguió ponerme de mala leche y por eso al llegar al chalet, directamente me metí en mi cuarto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¿Quién coño se creé?», maldije mientras me tiraba sobre el colchón. Estaba todavía repelando del modo en que me había tratado cuando la vi entrar con un frasco de crema hidratante en sus manos y sin pedirme opinión, me exigió que me quitara el traje de baño para untarme de after sun. Incapaz de rebelarme, me tumbé boca abajo y esperé como un reo de muerte espera la guillotina. Tan cabreado estaba que no me percaté del erotismo que eso entrañaría hasta que sentí el frescor de la crema mientras mi tía la esparcía por mi espalda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Qué gozada!», pensé al sentir sus dedos recorriendo mi piel. Pero fue cuando noté que sus yemas extendiendo el ungüento por mi culo cuando no pude evitar gemir de placer. Creo que fue entonces cuando ella se percató de la escena y que aunque fuera su sobrino, la realidad es que era una cuarentona acariciando el cuerpo desnudo de un veinteañero, porque de pronto noté crecer bajo la parte superior de su bikini dos pequeños bultos que se fueron haciendo cada vez más grandes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> «¡Se está poniendo bruta!», comprendí. Deseando que siguiera, cerré los ojos y me quedé callado. Sus caricias se fueron haciendo más sutiles, más sensuales hasta que asimilé que lo que realmente estaba haciendo era meterme mano descaradamente. Entusiasmado, experimenté como sus dedos recorrían mi espalda de una forma nada filial, deteniéndose especialmente en mis nalgas. Justo entonces oí un suspiro y entreabriendo mis parpados, descubrí una mancha de humedad en la braga de su bikini.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su calentura iba en aumento de manera exponencial y sin pensarlo bien, mi tía decidió que esa postura era incómoda y tratando de mejorarla, se puso a horcajadas sobre mí con una pierna a cada lado de mi cuerpo. Al hacerlo su braguita quedó en contacto con mi piel desnuda y de esa forma certifiqué lo mojado de su coño. El continuo masajeo fue lentamente asolando su cordura hasta que absolutamente entregada, empezó a llorar mientras sus dedos recorrían sin parar mis nalgas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Qué te ocurre?― pregunté dándome la vuelta sin percatarme que boca arriba, dejaba al descubierto mi erección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ella al ver mi pene en ese estado, se tapó los ojos y salió corriendo hacia la puerta pero justo cuando ya estaba a punto de salir de la habitación, se giró y con un gran dolor reflejado en su voz, preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Querías saber lo que le ocurre a tu tía?― y sin esperar mi respuesta, me gritó: ―¡Qué está loca y te desea! – tras lo cual desapareció rumbo a su cuarto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su rotunda confesión me dejó K.O. y por eso tardé unos segundos en salir tras ella. La encontré tirada sobre su cama llorando a moco tendido y solo se me ocurrió, tumbarme con ella y abrazándola por detrás tratar de consolarla diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Si estás loca, yo también. Sé que está mal pero no puedo evitar verte como mujer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Una vez confesado que yo sentía lo mismo que ella, no di ningún otro paso permaneciendo únicamente abrazado a Elena. Durante unos minutos, mi tía siguió berreando hasta que lentamente noté que dejaba de sollozar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Qué vamos a hacer?― dándose la vuelta y mirándome a los ojos, preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su pregunta era una llamada de auxilio y aunque en realidad me estaba pidiendo que intentáramos olvidar la atracción que existía entre nosotros al ver el brillo de su mirada y fijarme en sus labios entreabiertos no pude reprimir mis ganas de besarla. Fue un beso suave al principio que rápidamente se volvió apasionado mientras nuestros cuerpos se entrelazaban.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Te deseo, Elena― susurré en su oído.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Esto no está bien― escuché que me decía mientras sus labios me colmaban de caricias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Al notar su urgencia llevé mis manos hasta su bikini y lo desabroché porque me necesitaba sentir la perfección de sus pechos. Mi tía, totalmente contagiada por la pasión, se quedó quieta mientras mis dedos reptaban por su piel. Su mente todavía luchaba contra la idea de acostarse con el hijo de su hermana pero al notar mis caricias, tuvo que morderse los labios para no gritar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por mi parte yo ya estaba convencido de dejar a un lado los prejuicios sociales y con mis manos sopesé el tamaño de sus senos. Mientras ella no paraba de gemir, recogiendo entre mis dedos uno de sus pezones lo acerqué a mi boca y sacando la lengua, comencé a recorrer con ella los bordes de su areola.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Por favor, para― chilló indecisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Por mucho que conocía y comprendía sus razones, al oír su súplica lejos de renunciar me azuzó a seguir y bajando por su cuerpo, rocé con mis dedos su tanga.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―No seas malo― rogó apretando sus mandíbulas al notar que mis dedos se habían apoderado de su clítoris.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Totalmente indefensa se quedó quieta mientras sufría y disfrutaba por igual la tortura de su botón. Su entrega me dio los arrestos suficientes para sacarle por los pies su braga y descubrir que mi tía llevaba el coño exquisitamente depilado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡Qué maravilla!― exclamé en voz alta y sin esperar su respuesta, hundí mi cara entre sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> No me extrañó encontrarme con su sexo empapado pero lo que no me esperaba fue que al pasar mi lengua por sus labios, esa mujer colapsara y pegando un gritó se corriera. Al hacerlo, el aroma a mujer necesitada inundó mi papilas y recreándome en su sabor, recogí su flujo en mi boca mientras mis manos se apoderaban de sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡No sigas!― se quejó casi llorando.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Aunque verbalmente me exigía que cesara en mi ataque, el resto de su cuerpo me pedía lo contrario mientras involuntariamente separaba sus rodillas y posando su mano en mi cabeza, forzaba el contacto de mi boca. Su doble discurso no consiguió desviarme de mi propósito y mientras pellizcaba sus pezones, introduje mi lengua hasta el fondo de su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Mi tía chilló de deseo al sentir horadado su conducto y reptando por la cama, me rogó que no continuara. Haciendo caso omiso a su petición, seguí jugando en el interior de su cueva hasta que sentí cómo el placer la dominaba y con su cuerpo temblando, se corría nuevamente en mi boca. Su clímax me informó que estaba dispuesta y atrayéndola hacia mí, puse la cabeza de mi glande entre los labios de su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Necesito hacerte el amor― balbuceé casi sin poder hablar por la lujuria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Con una sonrisa en sus labios, me respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Yo también― y recalcando sus palabras, gritó: ― ¡Hazme sentir mujer! ¡Necesito ser tuya!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Su completa aceptación permitió que de un solo empujón rellenara su conducto con mi pene. Mi tía al sentir mi glande chocando contra la pared de su vagina, gritó presa del deseo y retorciéndose como posesa, me exigió que la amara. Obedeciendo me apoderé de sus senos y usándolos como ancla, me afiancé con ellos antes de comenzar un suave trote con nuestros cuerpos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Fue cuando entre gemidos, me gritó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Júrame que no te vas arrepentir de esto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Jamás―respondí y fuera de mí, incrementé mi velocidad de mis penetraciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Elena respondió a mi ataque con pasión y sin importarle ya que el hombre que la estaba haciendo gozar fuera su sobrino, me chilló que no parara. El sonido de los muelles de la cama chirriando se mezcló con sus aullidos y como si fuera la primera vez, se corrió por tercera vez sin parar de moverse. Por mi parte al no haber conseguido satisfacer mi lujuria, convertí mi suave galope en una desenfrenada carrera en busca del placer mientras mi tía disfrutaba de una sucesión de ruidosos orgasmos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Cuando con mi pene a punto de sembrar su vientre la informé que me iba a correr, en vez de pedirme que eyaculara fuera, Elena contrajo los músculos de su vagina y con una presión desconocida por mí, me obligó a vaciarme en su vagina mientras me decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Quiero sentirlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Ni que decir tiene que obedecí y seguí apuñalando su coño hasta que exploté en su interior y agotado por el esfuerzo, me desplomé a su lado. Fue entonces cuando Elena me abrazó llorando. Anonadado pero sobretodo preocupado, le pregunté que le ocurría:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―Soy feliz. Ya había perdido la esperanza que un hombre se fijara en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Sabiendo de la importancia que para ella tenía esa confesión, levanté mi cara y mientras la besaba, le contesté tratando de desdramatizar la situación:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―No solo me he fijado en ti, también en tus tetas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Soltó una carcajada al oír mi burrada y mientras con sus manos se apoderaba de mis huevos, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¿Solo mis tetas? ¿No hay nada más que te guste de mí?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ―¡Tu culo!― confesé mientras entre sus dedos mi pene reaccionaba con otra erección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> Muerta de risa, se dio la vuelta y llevando mi miembro hasta su esfínter, susurró:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"> ― Ya que eres tan desgraciado de haber violado a tu tía, termina lo que has empezado. ¡Úsalo! ¡Es todo tuyo!</span></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;¿Qué hace la profesora en tu cama? &#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jul 2026 07:31:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[SINOPSIS: «¿Qué hace esa mujer en tu cama?» es una pregunta siempre difícil de contestar pero si encima quien está compartiendo contigo las sábanas es tu profesora y la persona que te la hace es una compañera secretamente enamorada de ti, se convierte en imposible.En esta historia, Golfo nos narra las diferentes vicisitudes que tiene que pasar un universitario cuando en su vida entran a formar parte tres bellas mujeres.&#160; CONOCE A ESTE AUTOR, verdadero fenómeno de la red con más de 20 MILLONES DE VISITAS. &#160;ALTO CONTENIDO ERÓTICO Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: Para [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>SINOPSIS: </strong></p>



<p> <br>«¿Qué hace esa mujer en tu cama?» es una pregunta siempre difícil de contestar pero si encima quien está compartiendo contigo las sábanas es tu profesora y la persona que te la hace es una compañera secretamente enamorada de ti, se convierte en imposible.<br>En esta historia, Golfo nos narra las diferentes vicisitudes que tiene que pasar un universitario cuando en su vida entran a formar parte tres bellas mujeres.&nbsp; <br>CONOCE A ESTE AUTOR, verdadero fenómeno de la red con más de 20 MILLONES DE VISITAS.</p>



<p>&nbsp;ALTO CONTENIDO ERÓTICO</p>



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</div></figure>



<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;los primeros&nbsp; capítulos:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Introducción</a> </h1>



<p>Nuestra historia no es sencilla de
explicar y menos de entender. Para tratar de haceros ver las razones que nos
llevaron a convertirnos en esa peculiar familia, me tengo que retrotraer unos
años a cuando recién salido del colegio acababa de entrar en la universidad.
Recuerdo con añoranza esa época, durante la cual no solo aprendí los rudimentos
básicos de todo geólogo sino el arte de complacer a una mujer. Curiosamente la primera
que me dio clases en esos menesteres sexuales fue la catedrática de
Cristalografía.</p>



<p>Doña Mercedes,
aparte de estar buenísima, era un hueso duro de roer. Su sola presencia hacía
que todos los estudiantes tembláramos al verla entrar en el aula. Con una mala
leche proverbial, usaba y abusaba de su poder para menospreciar a los que
habíamos tenido la desgracia de tenerla como tutora. Su menosprecio no tenía
sexo, le daba igual que el objeto de su ira fuera una mujer o un hombre, en
cuanto te enfilaba podías darte por jodido. </p>



<p>Todavía me
acuerdo de la primera vez que la tomó conmigo. Fue una mañana en la que el
metro se había retrasado y por eso llegué tarde a sus clases. Al entrar se me ocurrió
no pedir perdón por mi retraso y obviando que ya estaba explicando la materia,
me senté. La muy zorra no esperó a que me hubiera acomodado en mi asiento y
alzando la voz, dijo:</p>



<p>―Se puede ver
por la falta de interés del Sr. Martínez que domina los sistemas cristalinos― y
señalando la pizarra, prosiguió diciendo: ― ¿Nos puede obsequiar con su
sabiduría?</p>



<p>La fortuna había
hecho que la tarde anterior, hubiese estudiado lo que íbamos a dar con esa
arpía y, aun así, totalmente acojonado, subí a la palestra desde donde los
profesores impartían sus clases. </p>



<p>Nada más llegar
a su lado, me soltó:</p>



<p>―Como no ha
tenido tiempo de escucharme, les estaba explicando a sus compañeros que había
siete tipos de sistemas.</p>



<p>No queriendo
parecer un palurdo, cogí el toro por los cuernos y demostrando una tranquilidad
que no tenía, expliqué a mis amigos que, aunque había&nbsp;treinta y dos
posibles agrupaciones&nbsp;de cristales en función de sus elementos de
simetría, se podían reagrupar en siete sistemas. Debió sorprenderla que lo supiera,
pero decidida a humillarme, esperó a que terminara de enunciar los tipos para
preguntar:</p>



<p>―Parece que
Usted no es tan inculto como parece, pero me puede explicar: ¿Cómo le afecta a
un haz de rayos X&nbsp;el pasar por cada una de esas estructuras
cristalinas?&nbsp;</p>



<p>Aunque sabía que
su asignatura se basaba en eso, no supe que responder y con el rabo entre las
piernas, lo reconocí en público. Satisfecha por haberme pillado, lo explicó
ella. Tras lo cual y mandándome a mi asiento, me ordenó que el lunes siguiente
quería en su mesa un trabajo de cincuenta páginas sobre el asunto.</p>



<p>Cabreado, me
mordí un huevo y no contesté a esa guarra como se merecía. Sabía que, si me
quejaba, de algún modo esa mujer me lo haría pagar. El resto de los presentes
tampoco dijo nada porque temía ser objeto del mismo castigo. Durante los
cuarenta minutos que quedaban de su clase, me quedé refunfuñando, pero aun
siendo imposible, deseando devolverle la afrenta. Observándola mientras daba la
lección, me percaté por primera vez que esa cuarentona estaba buena. Con un
metro setenta y una melena rubia, su severa vestimenta no podía ocultar que
Doña Mercedes tenía un cuerpo que haría suspirar a cualquier muchacho de mi
edad.</p>



<p>Dotada por la
naturaleza de unos pechos grandes e hinchados, la blusa que llevaba en esos
instantes era demasiado estrecha y eso hacía que los botones parecieran estar a
punto de estallar. Absorto contemplándola dejé volar mi imaginación y deseé que
mi venganza consistiera en tirármela. Ya excitado con la idea, mi pene
reaccionó poniéndose erecto cuando al caérsele la tiza, se agachó para
recogerla.</p>



<p>«¡Menudo culo
tiene la vieja!», exclamé para mí al comprobar la clase de pandero que tenía.</p>



<p>Sus nalgas me
parecieron una maravilla y prendado por tan bella estampa, no pude retirar mis
ojos de ellas con la suficiente rapidez y por eso al incorporarse, la profesora
se percató de la forma en que la miraba. Por extraño que parezca, no dijo nada
y dando por terminada la clase, desapareció por la puerta. Aunque aliviado por
su súbita desaparición, no pude dejar de echarme en cara el haber sido tan
idiota.</p>



<p>En ese momento
no lo supe. Al sorprenderme, se escandalizó por el brillo de mis ojos, pero una
vez en su despacho, cerró la puerta. Ya sin el peligro de ser descubierta, recordó
la erección de mi miembro que había adivinado a través del pantalón. Excitada
como pocas veces, se levantó la falda y se masturbó mientras se lamentaba de
que fuera su alumno y no un hombre que le hubiesen presentado cualquier noche.</p>



<p>Mientras tanto,
fui el objeto de las burlas de mis compañeros que, regodeándose en mi
desgracia, me sentenciaron diciendo que por lo que sabían de otros años, esa
puta siempre la tomaba con uno y que, por bocazas, me había tocado a mí ser su
víctima ese curso. Tengo que reconocer que su guasa no hizo mella en mí porque
mi mente divagaba en ese momento, soñando con hacer mío ese culito.<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>Tratando de no dar otro motivo a esa
zorra para humillarme aún más, me pasé ese puto fin de semana encerrado en
casa, haciendo el trabajo que me había ordenado. </p>



<p>Convencido de que
no iba a dejar pasar la oportunidad para putearme, decidí leer varios de los
libros que había publicado y de esa forma teniéndola a ella como principal
referencia, no pudiera objetar nada de cómo había desarrollado el tema.</p>



<p>Satisfecho, pero
en absoluto tranquilo llegué a su oficina ese lunes.&nbsp;Al entrar en su
cubículo, me pidió que cerrara la puerta y tras ordenar que me sentara, empezó
a revisar el trabajo. La muy hija de puta me dejó en la silla mientras se ponía
a estudiar concienzudamente mi escrito. Durante los primeros diez minutos
estaba tan nervioso que no pude hacer otra cosa que mirarla y eso fue mi
perdición porque al recorrer su cuerpo con mis ojos, me empecé a excitar al
comprobar la perfección de sus curvas.</p>



<p>Ajena a mi
escrutinio, mi profesora estaba tan concentrada en el trabajo que no se percató
de que uno de los botones de su blusa se había abierto dejándome disfrutar de
parte del coqueto sujetador de encaje que portaba. Absorto en tratar de
vislumbrar de alguna forma su pezón, me estaba acomodando en mi asiento cuando
involuntariamente, o eso pensé, Doña Mercedes se acarició un pecho. Como un
resorte mi pene se irguió bajo mi bragueta y ya dominado por el morbo, no quité
ojo de su escote.</p>



<p>Aunque me
pareció en ese instante imposible, la profesora cambió de postura mostrándome
sin pudor el inicio de una negra aureola. Intentando que no notara mi erección
estaba ahuecando mi pantalón cuando levantando su mirada de los papeles, me
pilló haciéndolo. Noté que se había dado cuenta porque contrariando su fama, se
mordió los labios antes de decirme con voz entrecortada:</p>



<p>―Su trabajo está
muy bien, le felicito.</p>



<p>―Gracias― y
tratando de huir de allí, le pregunté si podía volver a clase.</p>



<p>Afortunadamente
me dio permiso y cogiendo mi bolsa, salí de su despacho hecho un mar de dudas.
No me podía creer lo ocurrido y dirigiéndome directamente al baño, me encerré
en uno de sus retretes y liberando mi pene, me empecé a masturbar recordando su
mirada de deseo. Mientras daba rienda suelta a mi excitación, deseé no haberme
equivocado y que sus intenciones fueran otras.</p>



<p>Con mi lujuria
saciada, me auto convencí de que lo había imaginado y olvidando el tema, volví
al aula donde mis compañeros estaban. Al verme entrar, me preguntaron cómo me
había ido e incapaz de reconocer lo vivido, dije entre risas que como siempre
ese zorrón me había puesto a caer de un burro.</p>



<p>Desde ese día,
la actitud de Doña Mercedes hacia mí no solo no cambió, sino que me cogió como
el saco donde descargar sus golpes y era rara la clase donde no se metía
conmigo. Pero realmente si había cambiado porque después de reñirme en público,
esperaba a que todo el mundo saliera para pedirme que le ayudara a llevar sus trastos
al despacho. Ya en su cubículo resolvía las dudas que pudiese tener mientras
hacía una clara exhibición de su cuerpo.</p>



<p>Aunque parezca
una fantasía de adolescente, se convirtió en rutina que esa cuarentona me
explicara nuevamente la materia entre esas paredes, dejando que se le abrieran
los botones de su camisa o bien permitiendo que la falda se le levantara permitiéndome
disfrutar de sus piernas. </p>



<p>Era un acuerdo
tácito.</p>



<p>Ni ella ni yo
comentamos jamás en esas reuniones su exhibicionismo ni dejó que&nbsp;pasara de
ahí. Lo más que llegamos fue un día que al ir a coger de un estante un libro
con el que explayarse en su explicación, dio un paso en falso. Al tratarla de
sostener, puse mis manos en sus nalgas y durante unos segundos, nos quedamos
callados mientras cada uno decidía si tenía el suficiente valor de dar el
siguiente paso.</p>



<p>Desgraciadamente,
ninguno se atrevió y separando mis manos de su culo, me volví a sentar en la
silla. Al hacerlo, descubrí que sus pezones estaban totalmente erectos bajo la
tela y despidiéndome de ella, la dejé plantada. Meses más tarde me reconoció
que al irme, atrancó su puerta y separando sus rodillas se masturbó deseando y
temiendo que algún día la hiciese mía.<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Llevábamos medio trimestre con ese
juego, cuando su departamento decidió hacer una salida al campo. Aunque estaba
programada de ante mano, con&nbsp;una alegría no compartida por mis compañeros
escuché durante una de sus conferencias que el jueves y el viernes siguientes,
ella y otros cinco profesores nos llevarían a comprobar in situ las diferentes
formaciones rocosas de la sierra de Madrid.</p>



<p>Como éramos solo
doce los que cursábamos ese seminario, nos dividió en grupos de un docente por
cada dos alumnos.&nbsp; Al revisar la lista, descubrí que nos había tocado a
Irene y a mí con ella. Deseando que llegara ese viaje de estudios, pregunté a
mi compañera sino sería bueno que nos juntáramos para estudiar la zona que en
teoría íbamos a recorrer.</p>



<p>Los dos sabíamos
que nos iba a examinar a conciencia durante esos días y por ello no puso reparo
alguno a que el martes por la tarde nos reuniéramos en su casa. A pesar de que esa
muchacha, además de ser un bombón, era un cerebrito llegué a la cita tranquilo,
pero al recibirme vestida con una bata y un grueso pijama me percaté de que
tenía un trancazo de tomo y lomo. Temiendo contagiarme y que la gripe me
impidiera ir a ese viaje, me mantuve distante y en menos de cinco minutos, me
repartí con ella la zona a estudiar.</p>



<p>Irene aquejada
de fiebre y con dolores de cabeza que le hacían imposible salir de casa, faltó
al día siguiente. Esa misma tarde la llamé y con voz compungida me confesó que
no podría ir. Lejos de enfadarme, me alegró su ausencia y frotándome las manos,
con voz apenada la calmé diciendo:</p>



<p>―Tú no te
preocupes. Si te sientes mejor, ya sabes dónde estamos.</p>



<p>Esa monada
agradeció mi comprensión y prometiendo que si mejoraba se nos uniría, colgó.
Como no quería anticipar su enfermedad, no fuera a ser que conociéndola Doña
Mercedes cambiase la distribución de los alumnos, me abstuve de llamarla y por
eso al día siguiente se cabreó, cuando habiéndose ido los otros grupos, se lo
conté.</p>



<p>Su enfado se fue
diluyendo al paso de los kilómetros y por eso al salir de la autopista con
destino al parque natural de Peñalara, ya estaba de buen humor. Lo noté enseguida
porque haciendo como si fuera un despiste, dejó que su falda se izara por
encima de sus rodillas. Al ver que me estaba mostrando sus piernas con descaro,
de la misma forma, no disimulé al contemplarlas. Con los ojos fijos en ella,
recorrí con mi vista sus tobillos, pantorrillas y muslos dejando clara mi
excitación al hacerlo. Sé que ella se contagió de mi entusiasmo porque sin
soltar las manos del volante, me dijo que me pusiera cómodo.</p>



<p>Creyendo que lo
que quería era verme, me desabroché el cinturón y ya estaba abriéndome el
pantalón cuando dio un volantazo y entrando en una gasolinera, me soltó:</p>



<p>―Ahora vuelvo― y
dejándome solo en el automóvil, desapareció en el interior del establecimiento.</p>



<p>Temiendo haberme
adelantado, esperé su vuelta. A los diez minutos, apareció con una bolsa con
bebidas y sentándose en su asiento reanudó la marcha. En silencio, aguardé a
que ella diese el siguiente paso porque no quería contrariarla y menos hacer el
ridículo con un ataque antes de tiempo.</p>



<p>―Dame una coca
cola― dijo rompiendo el incómodo silencio.</p>



<p>Al sacar la
lata, descubrí que mi decente profesora no solo había adquirido refrescos, sino
que en el fondo de la bolsa había una botella de güisqui. Ya roto el hielo, le
pregunté si solía beber ese licor, a lo que ella soltando una carcajada
respondió:</p>



<p>―Solo bebo
después de echar un buen polvo.</p>



<p>Admirado por su
franqueza y por lo que significaban sus palabras, me la quedé mirando.
Reconozco que me sorprendió descubrir que llevaba su falda totalmente levantada
y que había aprovechado su entrada en la gasolinera para despojarse de su ropa
interior.</p>



<p>― ¡No lleva bragas!
― exclamé pegando un grito.</p>



<p>Doña Mercedes,
poniendo voz de putón, respondió a mi exabrupto en voz baja diciendo:</p>



<p>―Y a ti, eso te
gusta. ¿No es verdad?</p>



<p>Avergonzado y
con rubor en mi rostro, respondí:</p>



<p>―Ya lo sabe.</p>



<p>Muerta de risa y
separando sus rodillas mientras conducía, me soltó:</p>



<p>―Relájate y
disfruta.</p>



<p>Por supuesto que
disfruté, pero en lo que respecta a relajarme no pude porque excitada hasta
unos niveles insospechados, la profesora tenía el coño encharcado. La humedad
que brillaba entre los pliegues de su sexo me dio los arrestos suficientes para
que sin que me hubiera dado permiso, empezara a acariciar sus piernas.</p>



<p>El gemido de
deseo que surgió de su garganta al sentir mis yemas recorriendo su piel, fue el
estímulo que necesitaba para sin cortarme ir subiendo por sus muslos. Mi avance
le hizo separar sus rodillas aún más y sin retirar sus ojos de la carretera,
esperó mi llegada. Sabiendo que mi acompañante era una mujer con experiencia,
decidí no defraudarla y por eso ralenticé el avance de mis dedos, de forma que
cuando ya mi mano estaba a escasos centímetros de su poblado sexo, sus suspiros
ya denotaban la excitación que le corría por su cuerpo.</p>



<p>―No sabía que
sus enseñanzas incluían el estudio de las cuevas― solté en plan de guasa
mientras con un dedo separaba los pliegues de su negra gruta.</p>



<p>―Eso y mucho más―
espetó con voz colmada de deseo al sentir que no solo había cogido su clítoris
entre mis yemas, sino que, aprovechando su entrega, uno de mis dedos se
introdujo en su interior.</p>



<p>El olor a hembra
necesitada llenó con su aroma el estrecho habitáculo del coche y contagiado de
su pasión, me puse a pajearla mientras alababa su belleza. La calentura que le corroía
sus entrañas le hizo parar a un lado del camino y olvidándose de los otros
automovilistas, me pidió que siguiera masturbándola mientras tumbaba para atrás
su asiento.</p>



<p>No me lo tuvo
que repetir e imprimiendo a mis caricias de un ritmo cada vez más rápido,
estimulé su botón mientras metía y sacaba un par de dedos del fondo de su sexo.
Sin dejar de gemir, mi profesora buscó su placer abriéndose la camisa. Al poner
sus pechos a mi disposición, no me lo pensé dos veces y recorriendo con mi
lengua los bordes de sus pezones, me puse a mamar de ellos mientras mi mano
seguía sin pausa con la paja.</p>



<p>― ¡Qué gusto! ―
gritó la rubia retorciéndose en el asiento.</p>



<p>Al adivinar la
cercanía de su orgasmo, mordí levemente una de sus aureolas. Ella al sentir mis
dientes presionando su pezón, aulló como posesa y derramando su placer sobre el
asiento, se corrió dando gritos. No satisfecho intenté prolongar su clímax,
pero entonces y&nbsp;mientras se acomodaba la ropa, preguntó:</p>



<p>― ¿Tienes carné
de conducir?</p>



<p>―Sí― contesté.</p>



<p>Dejándome con la
palabra en mi boca, salió del coche y abriendo mi puerta, me soltó:</p>



<p>― ¡Conduce!</p>



<p>A empujones me
cambió de asiento. Doña Mercedes dejando a un lado su fama de adusta profesora,
ni siquiera esperó a que arrancara para con sus manos bajarme la bragueta.</p>



<p>No tardé en
sentir como la humedad de su boca envolvía toda mi extensión mientras con su
mano acariciaba mis testículos. Su lengua recorría todos los pliegues de mi
glande, lubricando mi pene con su saliva. No me podía creer que esa cuarentona
que llevaba meses volviéndome loco, estuviera ahora haciéndome una mamada.</p>



<p>El colmo del
morbo fue ver cómo se retorció en el asiento buscando la mejor posición para
profundizar sus caricias. No pude contenerme y soltando una mano del volante,
le levanté el vestido dejando expuesto su maravilloso culo. La visión de esas
nalgas desnudas incrementó mi calentura y pasando mi palma por su trasero, lo
acaricié sin vergüenza alguna. </p>



<p>Suspiró al
sentir mi mano recorriendo sus posaderas. </p>



<p>Envalentonado
por su rápida respuesta, alargué mi brazo rozando su cueva. Esta vez fue un
gemido lo que escuché, mientras uno de mis dedos se introducía en su sexo. El
flujo que lo anegaba me demostró que seguía totalmente dominada por la lujuria.</p>



<p>Fuera de sí,
buscó su propio placer masturbándose mientras devoraba mi miembro. Creí estar
en el cielo cuando sentí que se lo metía por completo en su garganta. Con
veinte años recién cumplidos, nunca ninguna de mis parejas se había introducido
mi pene hasta la base. Jamás había sentido la presión que estaba ejerciendo con
sus labios, besándome el inicio de mi falo.</p>



<p>«¡Que bruta
está!», pensé justo antes de oír cómo se volvía a correr empapando la tapicería
de asiento.</p>



<p>Acomplejado por
su maestría, la vi arquear su cuerpo y sin sacar mi sexo de su boca, intentó
que yo profundizara mis caricias, diciendo:</p>



<p>― ¡Mi culo es
tuyo!</p>



<p>Concentrado en
su placer introduje uno de mis dedos en su ojete y al hacerlo estuve a punto de
chocar con el coche que venía de frente. El susto hizo que olvidándose de la
mamada que me estaba haciendo, me dijera:</p>



<p>―Ya estamos
cerca― y acomodándose la ropa, me informó que tenía que tomar la siguiente
desviación.</p>



<p>Como comprenderéis, me quejé al ver que paraba,
pero entonces metiendo un dedo en lo más profundo de su coño, lo llevó hasta y
boca y dejando que lo chupara, me preguntó entre risas:</p>



<p>― ¿Traes traje
de baño?</p>



<p>―No― respondí</p>



<p>Descojonada al
oírme, contestó mientras ponía una expresión pícara en su cara:</p>



<p>―Huy, ¡Qué pena!
Yo tampoco― y prosiguiendo con su guasa, me soltó: ― ¡Tendremos que bañarnos
desnudos en el estanque al que te voy a llevar!</p>



<p>La promesa de
verla completamente desnuda apaciguó mi malestar y pisando el acelerador,
busqué acortar mi espera. Felizmente no llevaba ni cinco minutos por ese pasaje
de piedras, cuando la escuché pedirme que detuviera el coche. Nada más parar el
vehículo abrió la puerta y soltando una carcajada, me soltó:</p>



<p>―Mi ropa te
enseñará el camino― tras lo cual la vi salir corriendo, internándose en el
bosque. </p>



<p>Alucinado no me
quedó más remedio que ir recogiendo las prendas que dejaba caer en su carrera y
cada vez más excitado, buscar la siguiente entre los matorrales. Supe que
quedaba poco al recoger sus zapatos y doblando un recodo me encontré que
sentada sobre una piedra me esperaba totalmente desnuda.</p>



<p>―Señor Martínez,
¡Su profesora le necesita! ― dijo mientras se mordía los labios, provocándome.</p>



<p>La cara de deseo
con la que me llamaba me hizo reaccionar y empecé a desnudarme mientras me
acercaba a donde estaba. Extasiado comprobé que era todavía más atractiva en
pelotas de lo que me había imaginado. Sus pechos aun siendo enormes, no se
había dejado vencer por la edad e inhiestos me retaban mientras su dueña
separaba sus piernas.&nbsp;</p>



<p>Sin esperar a
que me diera su bendición, al llegar a su lado me arrodillé y hundiendo mi cara
entre sus muslos, caté otra vez el sabor de ese coño que por maduro no dejaba
de ser atrayente.&nbsp; La rubia suspiró aliviada al sentir mi lengua
recorriendo los pliegues de su sexo y en voz alta, me informó que llevaba
deseándolo desde que me regañó ese día en clase.</p>



<p><em>― ¡Que buena
está mi profe! ―</em>&nbsp;me
escuchó decir mientras tomaba posesión de su entrepierna.</p>



<p>Dándome vía
libre a que me apoderara de su clítoris, se pellizcó los pechos mientras yo,
separando sus labios como si fueran la piel de un plátano, dejaba al
descubierto el botón que iba buscando. Tanteando con la punta de mi lengua sus
bordes, la oí gemir y entonces al apretarlo entre los dientes mi boca se llenó
del flujo que manaba de su cueva. Al sentirlo, la cuarentona que llevaba
suspirando un buen rato, aferró con sus manos mi cabeza en un intento de
prolongar el placer que estaba sintiendo. </p>



<p>Su éxtasis fue
incrementándose a la par de mi calentura y prolongando su espera, me separé de
ella. Insatisfecha me rogó que continuara, pero obviando sus deseos, la cogí
entre mis brazos y depositándola en una zona de césped, me la quedé mirando con
mi pene entre mis manos.</p>



<p>― ¡Voy a
follarme a la zorra de Cristalografía! ― le informé mientras me arrodillaba
entre sus muslos.</p>



<p>―Se lo ruego, ¡señor
Martínez! ― imploró con su respiración entrecortada al sentir mi glande jugueteando&nbsp;con
su sexo.</p>



<p>Siguiendo con el
papel de discípulo y docente, introduje unos centímetros de mi extensión en su
interior y entonces pregunté:</p>



<p>― ¿Le gusta lo
que hace su alumno al putón de mi profe?</p>



<p>―<em>Sí―</em>&nbsp;respondió
con su voz impregnada de pasión.</p>



<p><em>― ¿Mucho? ―</em>&nbsp;insistí
mientras uno de mis dedos jugaba con su clítoris.</p>



<p><em>― ¡Sí! ―</em>&nbsp;contestó,
apretando sus pechos entre sus manos.</p>



<p>Su calentura me
confirmó lo que necesitaba y metiendo un poco más mi pene en su coño, esperé su
reacción.</p>



<p><em>― ¡Hazlo!
¡Complace a esta zorra! ― y pegando un alarido, exclamó: Por favor, ¡no aguanto
más! </em></p>



<p>Lentamente,
centímetro a centímetro, fui introduciendo mi verga. Toda la piel de mi
extensión al hacerlo disfrutó de los pliegues de su sexo. Su cueva se me mostró
estrecha y sorprendido noté que ejercía una intensa presión al irla empalando.
Su pasión era total, levantando su trasero del césped, intentó metérsela más profundamente,
pero lo incomodo de la postura no se lo permitió.</p>



<p>Me recreé
observándola mientras intentaba infructuosamente de ensartarse con mi pene.
Estaba como poseída, sus ganas de que me la follara eran tantas que incluso me
hizo daño.</p>



<p><em>―Quieta</em>― grité y
alzándola, la puse a cuatro patas.</p>



<p>Si ya era
hermosa de frente, por detrás lo era aún más. Sus nalgas duras y prietas para
tener cuarenta años me hicieron saber que esa mujer dedicaba muchas horas a la
semana a fortalecer sus músculos. Al separar sus cachetes descubrí que
escondían un tesoro virgen que decidí que tenía que desvirgar y no lo hice en
ese instante al estar convencido de que iba a hacerlo en un futuro. </p>



<p>Por eso y
poniendo mi pene en su cueva, le pedí que se echara despacio hacia atrás. No
debió de entenderme porque al notar la punta abriéndose camino dentro de ella
de un solo golpe se lo insertó. Al sentirse llena, pegó un grito que resonó en
el bosque y moviendo sus caderas, me pidió que la tomara. </p>



<p>En ese instante,
Doña Mercedes dejó de ser mi profesora para convertirse en mi yegua y recreándome
en su monta, me agarré de sus pechos para iniciar mi cabalgar. Relinchando al
sentir que mi pene, ya descompuesta me rogó que la tomara. Satisfecho, escuché
cómo gemía cada vez que mi sexo chocaba con la pared de su vagina, pero fue el
sonido del chapoteo que manaba de su cueva inundada cada vez que la penetraba,
lo que me hizo incrementar la velocidad de mis incursiones. Cambiando de
posición, agarré su melena como si de riendas se tratara y palmeándole el
trasero, azucé a mi montura para que reforzara su ritmo. </p>



<p>Sentir los
azotes la excitó más si cabe y berreando como una puta, me pidió que no parara.
Entusiasmado por el rendimiento de mi yegua, seguí azotándola mientras ella se
hundía en un estado de locura que me dejó helado.</p>



<p>―Fóllate a la
puta de tu profe sin piedad― rogó implorando un mayor castigo.</p>



<p>Decidido a no
dejar que me dominara, saqué mi polla de su interior y muerto de risa me tumbé
a su lado. Doña Mercedes, insatisfecha y queriendo más, me tumbó boca arriba y
poniéndose a horcajadas sobre mí, se empaló con mi miembro mientras el flujo
que manaba de su sexo mojaba mis piernas. Hipnotizado por sus pechos, me quedé
mirando como rebotaban arriba y abajo mientras su dueña se empalaba. Su
bamboleo y la imposibilidad de besarlos por la postura me habían puesto a cien
y por eso mojando mis dedos en su sexo, los froté humedeciéndolos.</p>



<p>La antipática
catedrática se dejó hacer y entonces con voz autoritaria, le pedí que fuera
ella quien los besase. Doña Mercedes obedeciendo a su alumno, me hizo caso y
cogiéndolos con sus manos los estiró y se los llevó a su boca. Os reconozco que
creí correrme cuando sacando su lengua, los besó con lascivia. </p>



<p>Tanta lascivia
fue demasiado para mi torturado pene y explotando en el interior de su cueva,
me corrí. La rubia al sentir que mi simiente bañaba su vientre de cuatro décadas
aceleró sus embestidas intentando juntar su orgasmo con el mío. Justo cuando
terminaba de ordeñar mi miembro y la última oleada de semen brotaba de mi
glande, Doña Mercedes consiguió su objetivo y pegando un grito se corrió. </p>



<p>Totalmente
exhaustos, caímos sobre el césped.</p>



<p>Al cabo de unos minutos, me besó y
recogiendo su ropa, me ordenó que me levantara.</p>



<p>―Arriba, ¡vago!
Tenemos una tarea que hacer.</p>



<p>― ¿Y el baño que
me prometió en el estanque?</p>



<p>Sonriendo, me lanzó
el pantalón mientras me decía:</p>



<p>― ¡Todavía nos
quedan dos días!<strong>C</strong></p>
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		<title>Libro: &#8220;La puta de mi cuñada&#8221; PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Jul 2026 12:33:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: ¿Quién no ha soñado con tirarse a su cuñada?. En este relato, la cuñada de Manuel, además de estar buenísima, es una zorra que le ha estado chantajeando. Las circunstancias de la vida hacen que consiga vengarse un día en una playa de México.&#160; A partir de ahí, su relación se consolida y juntos descubren sus límites sexuales. Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/puta-cu%C3%B1ada-Fernando-Neira-Golfo-ebook/dp/B00ZAKWOKY/ Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo: CAPÍTULO 1 El culo de una cuñada es el sumun del morbo, no creo que haya nadie que no [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.amazon.es/dp/B00ZAKWOKY"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18383" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/cuñada-portada3.png" alt="" width="3160" height="996" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/cuñada-portada3.png 3160w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/cuñada-portada3-300x95.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/cuñada-portada3-768x242.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/cuñada-portada3-1024x323.png 1024w" sizes="(max-width: 3160px) 100vw, 3160px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>¿Quién no ha soñado con tirarse a su cuñada?. En este relato, la cuñada de Manuel, además de estar buenísima, es una zorra que le ha estado chantajeando. Las circunstancias de la vida hacen que consiga vengarse un día en una playa de México.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span><br />
A partir de ahí, su relación se consolida y juntos descubren sus límites sexuales.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt;"><a title="LA PUTA DE MI CUÑADA EN AMAZON" href="http://www.amazon.es/puta-cu%C3%B1ada-Fernando-Neira-Golfo-ebook/dp/B00ZAKWOKY/">http://www.amazon.es/puta-cu%C3%B1ada-Fernando-Neira-Golfo-ebook/dp/B00ZAKWOKY/</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong><span style="font-size: 24pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</span></strong></span></p>
<h1 style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><a name="_Toc421622757"></a>CAPÍTULO 1</span></h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El culo de una cuñada es el sumun del morbo, no creo que haya nadie que no sueñe con follarse ese trasero que nos pone cachondos durante las interminables cenas familiares. Muchos de nosotros tenemos a una hermana de nuestra mujer que además de estar buenísima, nos apetece tener a nuestra disposición. En otras ocasiones, nuestra cuñada es una zorra manipuladora que nos ha hecho la vida imposible durante años y para vengarnos, nos encantaría tirárnosla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi caso abarca ambas situaciones. Nuria, además de ser quizás la mujer más guapa y sexual que he visto, es una cabrona egoísta que me ha estado jodiendo desde que me casé con su hermana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Para&nbsp;empezar, la forma más fácil de describirla es deciros que esa guarra sin escrúpulos parece salida de un anuncio de Victoria Secret´s pero en vez de ser un ángel es un engendro del infierno que disfruta humillando a todos los que tiene a su alrededor.&nbsp; Con una melena morena y unos labios que apetece morder, esa puta tiene una cara de niña buena que para nada hace honor a su carácter. Los ojos verdes de esa mujer y las pecas que decoran su cara mienten como bellacos, aunque destilen dulzura y parezca ser un muchacha indefensa, la realidad es que ese zorrón es un bicho insensible que vive humillando a diestra y siniestra a sus semejantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Reconozco que la llevo odiando desde que era novio de su hermana, pero también que cada vez que la veo, me pone como una puñetera moto. Sus enormes pechos y su culo en forma de corazón son una tentación irresistible. Noches enteras me las he pasado soñando en que un día tendría entre mis piernas a esa monada y en que dominada por la pasión, me pidiera que la tomase contra el baño de casa de sus padres. Ese deseo insano se fue acumulando durante años hasta hacerse una verdadera obsesión. Desgraciadamente su pésimo carácter y nuestra mala relación evitó que siquiera hiciera algún intento para intimar con ella. Nuestro único trato consistía en breves y corteses frases que escondían nuestra enemistad a ojos de su hermana, mi esposa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Inés, mi mujer, siempre ha ignorado que la detestaba desde que una noche siendo todavía&nbsp;soltero, estando de copas con unos amigos, me encontré con ella en un bar. Esa noche al ver que Nuria estaba borracha, pensé que lo mejor era llevarla a casa para que no hiciera más el ridículo. Tuve que llevármela casi a rastras y ya en el coche, se me empezó a insinuar. Confieso que animado por el par de cubatas, caí en la trampa y cogiéndola de la cintura, la intenté besar. Esa guarra no solo se rio de mí por creerla sino que usando la grabación que me hizo mientras intentaba disculparme, me estuvo chantajeando desde entonces.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su chantaje no consistió en pedirme dinero ni tampoco en nada material, fue peor. Nuria me ha coaccionado durante años amenazándome en revelar ese maldito material si no le presentaba&nbsp;contactos&nbsp;con los que pudiera medrar. Ambos somos ejecutivos de alto nivel y trabajamos en la misma compañía, por lo que esa fría mujer no ha dudado en quitarme contratos e incluso robarme clientes gracias a que una noche tuve un tropezón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La historia que os voy a contar tiene relación con todo esto. La empresa farmacéutica en la que trabajamos realiza cada dos años una convención mundial en alguna parte del planeta y ese año, eligió como sede Cancún. Este relato va de como conseguí no solo tirarme a esa puta sino que disfruté rompiéndole el culo en una de sus playas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Todavía me parece que fue ayer cuando en mitad de una reunión familiar, Nuria estuvo toda la tarde explicándole a mi mujer, el comportamiento libertino de todos en la compañía en esa clase de eventos:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Y no creas que tu marido es inmune, los hombres en esas reuniones de comportan como machos hambrientos, dispuestos a bajarse los pantalones ya sea con una puta o con una compañera que sea mínimamente solícita.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Manuel no es así― &nbsp;respondió mi mujer defendiéndome</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Nena, ¡A ver si te enteras!: solo hay dos clases de hombres, los infieles y los eunucos. Todos los machos de nuestra especie se aparean con cualquier hembra en cuanto tienen la mínima oportunidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque estaba presente en&nbsp; esa conversación, no intervine porque de haberlo hecho, hubiera salido escaldado. Al llegar a casa, sufrí un interrogatorio tipo Gestapo por parte de mi señora, donde me exigió que le enumerara todas y cada una de las compañeras que iban a esa convención. En cuanto le expliqué que era de carácter mundial y que desconocía quien iba a ir de cada país, realmente celosa, me obligó a contarle quien iba de España.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Somos diez, pero a parte de tu hermana, las dos únicas mujeres que van son Lucía y María. Y como bien sabes, son lesbianas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Más tranquila, medio se disculpó pero cuando ya estábamos en la cama, me reconoció que le había pedido a Nuria que me vigilase.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿No te fías de mí?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí― &nbsp;contestó― &nbsp;pero teniendo a mi hermana como tu ángel guardián, me aseguro que ninguna pelandusca intente acostarse contigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sin ganas de pelear, decidí callar y dándome la vuelta, me dormí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>La convención.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Quien haya estado en un evento de este tipo sabrá que las conferencias, las ponencias y demás actividades son solo una excusa para que buscar que exista una mejor interrelación entre los miembros de las distintas áreas de una empresa. Lo cierto es que lo más importante de esas reuniones ocurre alrededor del bar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Recuerdo que al llegar al hotel, con disgusto comprobé que el azar habría dispuesto que la hija de perra de mi querida cuñada se alojaba en la habitación de al lado. Reconozco que me cabreó porque teniéndola tan cerca, su estrecho marcaje haría imposible que me diera un homenaje con una compañera y por eso, asumiendo que no me podría pegar el clásico revolcón, decidí dedicarme a hacer la pelota a los jefes. Mr. Goldsmith, el gran sheriff, el mandamás absoluto de la empresa fue mi objetivo.&nbsp; Desde la mañana del primer día me junté con él y estuve riéndole las gracias durante toda la jornada. Como os imaginareis, Nuria al observar que había hecho tan buenas migas con el presidente, me paró en mitad del pasillo y me exigió que esa noche se lo presentara durante la cena. No me quedó duda que su intención era seducir al setentón y de esa manera, escalar puestos dentro de la estructura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con gesto serio acepté, aunque interiormente estaba descojonado al conocer de antemano las oscuras apetencias de ese viejo. La hermana de mi mujer nunca me hubiera pedido que la contactara con ese sujeto si hubiera sabido que ese pervertido disfrutaba del sexo como mero observador y que durante la última convención, me había follado a la jefa de recursos humanos del Reino Unido teniéndole a él, sentado en una silla del mismo cuarto. Decidido a no perder la oportunidad de tirarme a ese zorrón, entre dos ponencias me acerqué al anciano y señalando a mi cuñada, le expliqué mis planes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Muerto de risa, me preguntó si creía que Nuria estaría de acuerdo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― &nbsp;Arthur, no solo lo creo sino que estoy convencido. Esa puta es un parásito que usa todo tipo de ardides para subir en el escalafón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― De acuerdo, el hecho que sea tu cuñada lo hace más interesante. Si tú estás dispuesto, por mí no hay problema. Os sentareis a mi lado― &nbsp;y por medio de un apretón de manos, ratificamos nuestro acuerdo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Satisfecho con el curso de los acontecimientos, le llegué a esa guarra y cogiéndola del brazo, le expliqué que esa noche íbamos a ser los dos los invitados principales del gran jefe. No creyéndose su suerte, Nuria me agradeció mis gestiones y con una sonrisa, dijo en tono grandilocuente:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Cuando sea la directora de España, me acordaré de ti y de lo mucho que te deberé.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No te preocupes: si llegado el caso te olvidas, ¡Seré yo quien te lo recuerde!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Os juro que verla tan ansiosa de seducir a ese, en teoría, pobre hombre, me excitó y apartándome de ella para que no lo notara, quedé con ella en irla a recoger a las nueve en su habitación. Celebrando de antemano mi victoria, me fui al bar y llamando al camarero, me pedí un whisky. Estando allí me encontré con Martha, la directiva con la que había estado en el pasado evento. Sus intenciones fueron claras desde el inicio porque nada más saludarme, directamente me preguntó si me apetecía repetir mientras me acariciaba con su mano mi pierna.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Viendo que se me acumulaba el trabajo, estuve a punto de rechazar sus lisonjas pero al observar su profundo escote y descubrir que bajo el vestido, esa rubia tenía los pezones en punta, miré mi reloj.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Son las cinco», pensé, « tengo tres horas».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al comprobar que teníamos tiempo para retozar un poco antes de la cena, le pregunté el número de su habitación y apurando mi bebida, quedé con ella allí en diez minutos. Disimulando, la inglesita se despidió de mí y desapareció del bar. Haciendo tiempo, me dediqué a saludar a unos conocidos, tras lo cual, me dirigí directamente hacia el ascensor. Desgraciadamente, no me percaté que mi futura víctima se había coscado de todo y que en cuanto entré en él, se acercó a comprobar en qué piso me bajaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ajeno a su escrutinio, llegué hasta el cuarto de la mujer y tocando a su puerta, entré. Martha me recibió con un picardías de encaje y sin darme tiempo a reaccionar, se lanzó a mis brazos. Ni siquiera esperó a que la cerrara, como una salvaje comenzó a desabrocharme el pantalón y sacando mi miembro, quiso mamármelo. No la dejé, dándole la vuelta, le bajé las bragas y sin más prolegómeno, la ensarté violentamente. La rubia chilló moviendo sus caderas mientras gemía de placer. De pie y apoyando sus brazos en la pared se dejó follar sin quejarse. Si en un principio, mi pene se encontró con que su conducto estaba semi cerrado y seco, tras unos segundos, gracias a la excitación de la mujer, campeó libremente mientras ella se derretía a base de mis pollazos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No os podéis hacer una idea de lo que fue: gritando en voz alta se corrió cuando yo apenas acababa de empezar y desde ahí, encadenó un orgasmo tras otro mientras me imploraba que no parara. Por supuesto queda que no me detuve, cogiendo sus pechos entre mis manos, forcé mi ritmo hasta que su vulva se convirtió en un frontón donde no dejaban de rebotar mis huevos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Dios mío!― &nbsp;aulló al sentir que cogiéndola en brazos, la llevaba hasta mi cama sin sacar de su interior mi extensión y ya totalmente entregada, se vio lanzada sobre las sábanas. Al caer sobre ella, mi pene se incrustó hasta el fondo de su vagina y lejos de revolverse, recibió con gozo mi trato diciendo: ― ¡Fóllame!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sus deseos fueron órdenes y pasando mi mano por debajo, levanté su trasero y cumplí su deseo, penetrándola aun con más intensidad. Pidiéndome una tregua, se quitó el picardías, dejándome disfrutar de su cuerpo al desnudo y moviendo su trasero, buscó reanudar nuestra lujuria. Alucinado por la perfección de sus pezones, llevé mis manos hasta sus pechos y recogiendo sus dos botones entre mis yemas, los pellizqué suavemente. Mi involuntario gesto fue la señal de inicio de su salvaje cabalgar. Martha, usando mi pene como si fuera un machete, se empaló con él mientras berreando como una loca me gritaba su pasión. Azuzado por sus palabras, marqué nuestro ritmo con azotes en su culo. Ella al sentir las duras caricias sobre sus nalgas, me rogó que continuara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pero el cúmulo de sensaciones me desbordó y derramándome en su interior, me corrí salvajemente. Agotado, dejé que mi cuerpo cayera a su lado y seguí besándola mientras descansaba. Cuando mi amiga quiso reanimar mi miembro a base de lametazos, agarré su cara y separándome de ella, le expliqué que tenía que ahorrar fuerzas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Y eso?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aunque pensaba que se iba a cabrear, le conté mis planes y que esa noche me iba a vengar de mi cuñada. Contra toda lógica, Martha me escuchó con interés sin enfadarse y solo cuando terminé de exponerle el asunto, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Por qué no le dices al jefe que me invite a mí también? Estoy segura que ese cerdo dirá que sí y de esa forma, podrás contar conmigo para castigar a tu cuñada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No tardé ni tres segundos en aceptar y cerrando nuestro trato con un beso, decidí vestirme porque todavía tenía que contactar con Arthur y preguntarle si le parecía bien el cambio de planes. Lo que no esperaba fue que al salir al pasillo, Nuria estuviera cómodamente sentada en un sofá. Al verme aparecer de esa habitación todavía abrochándome la camisa, soltó una carcajada y poniendo cara de superioridad, dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Eres un capullo. ¡Te he pillado!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Incapaz de reaccionar, tuve que aguantar su bronca con estoicismo y tras varios minutos durante los cuales esa maldita no dejó de amenazarme con contárselo a su hermana, le pedí que no lo hiciera y que en contraprestación, me tendría a su disposición para lo que deseara. Viendo que estaba en sus manos y haciéndose la magnánima, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Por ahora, ¡No se lo diré! Pero te aviso que me cobraré con creces este favor― &nbsp;tras lo cual cogió el ascensor dejándome solo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al irse me quedé pensando que si el plan que había diseñado se iba al traste, me podía dar por jodido porque esa puta iba a aprovechar lo que sabía para hacerme la vida imposible.&nbsp; Asumiendo que me iba a chantajear, busqué a m jefe y sin decirle nada de esa pillada, le pedí si esa noche podía Martha acompañarnos. El viejo, como no podía ser de otra forma, se quedó encantado con la idea y movió sus hilos para que esa noche, los cuatro cenáramos al lado. Más tranquilo pero en absoluto convencido de que todo iba a ir bien, llegué a mi cuarto y directamente, me metí a duchar. Bajo el chorro de agua, al repasar el plan, comprendí que era casi imposible que Nuria fuese tan tonta de caer en la trampa. Por eso, mientras me afeitaba estaba acojonado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al dar las nueve, estaba listo y como cordero que va al matadero, llamé a su puerta. Nuria salió enseguida. Reconozco que al verla ataviada con ese vestido negro, me quedé extasiado. Embutida en un traje totalmente pegado y con un sugerente escote, el zorrón de mi cuñada estaba divina, Sé que ella se dio cuenta de la forma tan poco filial que la miré porque poniendo cara de asco, me espetó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No comprendo cómo has conseguido engañar a mi hermana tantos años. ¡Eres un cerdo!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Deseando devolverle el insulto e incluso soltarle un bofetón, me quedé callado y galantemente le cedí el paso. Encantada por el dominio que ejercía sobre mí, fue hacia el ascensor meneando su trasero con el único objetivo de humillarme. Aunque estaba indignado, no pude dejar de recrearme en la perfección de sus formas y bastante excitado, seguí sus pasos deseando que esa noche fuera la perdición de esa perra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al llegar al salón, Mr Goldsmisth estaba charlando amenamente con Martha. En cuanto nos vio entrar nos llamó a su lado y recreando la mirada en el busto de mi acompañante, la besó en la mejilla mientras su mano recorría disimuladamente su trasero. Mi cuñada comportándose como un putón desorejado, no solo se dejó hacer sino que, pegándose al viejo, alentó sus maniobras. Arthur, aleccionado por mí de lo zorra que era esa mujer, disfrutó como un enano manoseándola con descaro.&nbsp; Cuando el maître avisó que la cena estaba lista, mi cuñada se colgó del brazo de nuestro jefe y alegremente, dejó que la sentara a su lado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aprovechando que iban delante, Martha susurró en mi oído:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No sabía que esa guarra estaba tan buena. ¡Será un placer ayudarte!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sonreí al escucharla y un poco más tranquilo, ocupé mi lugar. Con Nuria a la izquierda y la rubia a la derecha, afronté uno de los mayores retos de mi vida porque del resultado de esa velada, iba a depender si al volver a Madrid siguiera teniendo un matrimonio. Durante el banquete, mi superior se dejó querer por mi cuñada y preparando el camino, rellenó continuamente su copa con vino, de manera que ya en el segundo plato, observé que el alcohol estaba haciendo estragos en su mente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« ¡Está borracha!», suspiré aliviado, al reparar que su lengua se trababa y que olvidándose que había público, Nuria aceptaba de buen grado que el viejo le estuviera acariciando la pierna por debajo del mantel.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Estábamos todavía en el postre cuando dirigiéndose a mí, Arthur preguntó si le acompañábamos después de cenar a tomar una copa en su yate. Haciéndome de rogar, le dije que estaba un poco cansado. En ese momento, Nuria me pegó una patada y haciéndome una seña, exigió que la acompañara hasta el baño.&nbsp; Al salir del salón, me cogió por banda y con tono duro, me dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿A qué coño juegas? No pienso dejar que eches a perder esta oportunidad. Ahora mismo, vas y le dices a ese anciano que lo has pensado mejor y que por supuesto aceptas la invitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Cerrando el nudo alrededor de su cuello, protesté diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Pero, ¡Eres tonta o qué! Si voy de sujeta― velas, lo único que haré es estorbar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;Asumiendo que tenía razón, lo pensó mejor y no queriendo que mi presencia coartara sus deseos, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Llévate a la rubia que tienes al lado!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Tuve que retener la carcajada de mi garganta y poniendo cara de circunstancias, cedí a sus requerimientos y volviendo a la mesa, cumplí su orden. Arthur me guiñó un ojo y despidiéndose de los demás, nos citó en diez minutos en el embarcadero del hotel. El yate del presidente resultó ser una enorme embarcación de veinte metros de eslora y decorada con un lujo tal que al verse dentro de ella, la zorra de mi cuñada creyó cumplidas sus fantasías de poder y riqueza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El viejo que tenía muchos tiros dados a lo largo de su dilatada vida, nos llevó hasta un enorme salón y allí, puso música lenta antes de preguntarnos si abría una botella de champagne. No os podéis imaginar mi descojone cuando sirviendo cuatro copas, Arthur levantó la suya, diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Porqué esta noche sea larga y divertida!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Nuria sin saber lo que se avecinaba y creyéndose ya la directora para España de la compañía, soltó una carcajada mientras se colocaba las tetas con sus manos. Conociéndola como la conocía, no me quedó duda alguna que en ese momento, tenía el chocho encharcado suponiendo que el viejo no tardaría en caer entre sus brazos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Martha, más acostumbrada que ella a los gustos de su jefe, se puso a bailar de manera sensual. Mi cuñada se quedó alucinada de que esa alta ejecutiva, sin cortarse un pelo y siguiendo el ritmo de la música, se empezara a acariciar los pechos mirándonos al resto con cara de lujuria. Pero entonces, quizás temiendo competencia, decidió que no iba a dejar a la rubia que se quedara con el viejo e imitándola, comenzó a bailar de una forma aún más provocativa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">El presi, azuzando la actuación de ambas mujeres, aplaudió cada uno de sus movimientos mientras no dejaba de rellenar sus copas. El ambiente se caldeó aún más cuando Martha decidió que había llegado el momento y cogiendo a mi&nbsp; cuñada de la cintura, empezó a bailar pegándose a ella.&nbsp; Mi cuñada que en un primer momento se había mostrado poco receptiva con los arrumacos lésbicos de la inglesa, al ver la reacción del anciano que, sin quitarle el ojo de encima, pidió más acción, decidió que era un trago que podría sobrellevar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Incrementando el morbo del baile, no dudó en empezar a acariciar los pechos de la rubia mientras pegaba su pubis contra el de su partenaire. Confieso que me sorprendió su actuación y más cuando Martha respondiendo a sus mimos, le levantó la falda y sin importarla que estuviéramos mirando, le masajeó el culo. Para entonces, Arthur ya estaba como una moto y con lujuria en su voz, les prometió un aumento de sueldo si le complacían. Aunque el verdadero objetivo de Nuria no era otro que un salto en el escalafón de la empresa, decidió que por ahora eso le bastaba y buscando complacer a su jefe, deslizó los tirantes de la rubia, dejando al aire sus poderosos atributos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mi amiga, más ducha que ella en esas artes, no solo le bajó la parte de arriba del vestido sino que agachando la cabeza, cogió uno de sus pechos en la mano y empezó a mamar de sus pezones. Sin todavía creer que mis planes se fueran cumpliendo a rajatabla, fui testigo de sus gemidos cuando la inglesa la terminó de quitar el traje sin dejar de chupar sus pechos. Ni que decir tiene que para entonces, estaba excitado y que bajo mi pantalón, mi pene me pedía acción pero decidiendo darle tiempo al tiempo, esperé que los acontecimientos se precipitaran antes de entrar en acción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No sé si fue el morbo de ser observada por mí o la promesa de la recompensa pero lo cierto es que Nuria dominada por una pasión hasta entonces inimaginable, dejó que la rubia la tumbara y ya en el suelo, le quitara por fin el tanga. Confieso que al disfrutar por vez primera de su cuerpo totalmente desnudo y confirmar que esa guarra no solo tenía unas tetas de ensueño sino que su entrepierna lucía un chocho completamente depilado, estuve a punto de lanzarme sobre ella. Afortunadamente, Martha se me adelantó y separando sus rodillas, hundió su cara en esa maravilla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sabiendo que no iba a tener otra oportunidad, coloqué mi móvil en una mesilla y ajustando la cámara empecé a grabar los sucesos que ocurrieron en esa habitación para tener un arma con la que liberarme de su acoso. Dejando que mi iphone perpetuara ese momento solo, volví al lado del americano y junto a él, fui testigo de cómo la rubia consiguió que mi cuñada llegara al orgasmo mientras le comía el coño. Nunca supuse que Nuria,&nbsp; al hacerlo se pusiera a pegar gritos y que berreando como una puta, le pidiera más. Martha concediéndole su deseo metió un par de dedos en su vulva y sin dejar de mordisquear el clítoris de mi cuñada, empezó a follársela con la mano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Uniendo un clímax con otro, la hermana de mi esposa disfrutó de sus caricias con una pasión que me hizo comprender que no era la primera vez que compartía algo así con otra mujer. Mi jefe contagiado por esa escena, se bajó la bragueta y cogiendo su pene entre las manos, se empezó a pajear. En un momento dado, mi cuñada se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y saliéndose del abrazo de Martha gateó hasta la silla del anciano y poniendo cara de puta, preguntó si le podía ayudar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;Pero entonces, Arthur me señaló a mí y sin importarle el parentesco que nos unía, le soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí, me apetece ver como se la mamas a Manuel.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sorprendida por tamaña petición, me miró con los ojos abiertos implorando mi ayuda pero entonces sin compadecerme de ella, puse una sonrisa y sacando mi miembro de su encierro, lo puse a su disposición. Nuria, incapaz de reusar cumplir el mandato del anciano y echando humo por la humillación, se acercó a mi silla se apoderó de mi extensión casi llorando.&nbsp; Mi pene le quedaba a la altura de su boca y sin mediar palabra abrió sus labios, se lo introdujo en la boca. No pudiendo soportar la vergüenza, cerró los ojos, suponiendo que el hecho de no ver disminuiría la humillación del momento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Abre los ojos ¡Puta! Quiero que veas que es a mí, a quién chupas― &nbsp;le exigí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">De sus ojos, dos lágrimas de ignominia brotaron mientras su lengua se apoderaba de mi sexo. De mi interior salieron unas gotas pre― seminales, las cuales fueron sin deseo, mecánicamente recogidas por ella. No satisfecho en absoluto, forcé su cabeza con mis manos y mientras hundía mi pene en su garganta, nuestro jefe incrementó su vergüenza diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Tenías razón al decirme que esta perra tenía un cuerpo de locura pero nunca me imaginé que además fuera tan puta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Intentando que el trago se pasara enseguida, mi cuñada aceleró sus maniobras y usando la boca como si de su coño se tratase, metió y sacó mi miembro con una velocidad pasmosa. Sobre excitado como estaba, no tardé en derramar mi simiente en su garganta y dueño de la situación, le exigí que se la tragara toda. Indignada por mi trato, se intentó rebelar pero entonces acudiendo en mi ayuda, Martha presionando su cabeza contra mi entrepierna le obligó a cumplir con mi exigencia. Una vez, había limpiado los restos de esperma de mi sexo, me levanté de la silla y poniéndome la ropa, me despedí de mi jefe dejándola a ella tumbada en el suelo, llorando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Antes de irme, recogí mi móvil y preguntando a Martha si me acompañaba, salí con ella de regreso al hotel. Ya en mi habitación, la rubia y yo dimos rienda suelta a nuestra atracción y durante toda la noche, no paramos de follar descojonados por la desgracia de mi cuñada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Rompo el culo a mi cuñada en una playa nudista.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">A la mañana siguiente, Martha tenía que exponer en la convención y por eso nada más despertarnos, me dejó solo. Sin ganas de tragarme ese coñazo y sabiendo que mi jefe disculparía mi ausencia, cogí una toalla y con un periódico bajo el brazo, me fui a una playa cercana, la del hotel Hidden Beach. Ya en ella, me percaté que era nudista y obviando el asunto, me desnudé y me puse a tomar el sol. Al cabo de dos horas, me había acabado el diario y aburrido decidí iniciar mi venganza. Cogiendo el móvil envié a mi cuñada el video de la noche anterior, tras lo cual me metí al mar a darme un chapuzón. Al volver a la toalla, tal y como había previsto, tenía media docena de llamadas de mi cuñada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al devolverle la llamada, Nuria me pidió angustiada que teníamos que hablar. Sin explicarle nada, le dije que estaba en esa playa. La mujer estaba tan desesperada que me rogó que la esperase allí. Muerto de risa, usé el cuarto de hora que tardó en llegar para planear mis siguientes movimientos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Reconozco que disfruté de antemano su entrega y por eso cuando la vi aparecer ya estaba caliente. Al llegar a mi lado, no hizo mención alguna a que estuviese en pelotas y sentándose en la arena, intentó disculpar su comportamiento echándole la culpa al alcohol. En silencio, esperé que me implorara que no hiciera uso del video que le había mandado. Entonces y solo entonces, señalándole la naturaleza de la playa, le exigí que se desnudara. Mi cuñada recibió mis palabras como una ofensa y negándose de plano, me dijo que no le parecía apropiado porque era mi cuñada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Soltando una carcajada, usé todo el desprecio que pude, para soltarle:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Eso no te importó anoche mientras me hacía esa mamada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Helada al recordar lo ocurrido, comprendió que el sujeto de sus chantajes durante años la tenía en sus manos y sin poder negarse se empezó a desnudar. Sentándome en la toalla, me la quedé mirando mientras lo hacía y magnificando su vergüenza, alabé sus pechos y pezones cuando dejó caer su vestido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Por favor, Manuel. ¡No me hagas hacerlo!― &nbsp;me pidió entre lágrimas al ser consciente de mis intenciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Quiero ver de cerca ese chochito que tan gustosamente le diste a Martha― &nbsp;respondí disfrutando de mi dominio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Sumida en el llanto, se quitó el tanga y quedándose de pie, tapó su desnudez con sus manos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No creo que a tu hermana, le alegre verte mamando de mi polla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Nuria, al asimilar la amenaza implícita que llevaban mis palabras, dejó caer sus manos y con el rubor decorando sus mejillas, disfruté de su cuerpo sin que nada evitara mi examen. Teniéndola así, me recreé&nbsp; contemplando sus enormes tetas y bajando por su dorso, me maravilló contemplar nuevamente su sexo. El pequeño triangulo de pelos que decoraba su vulva, era una tentación imposible de soportar y por eso alzando la voz, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué esperas? ¡Puta! ¡Acércate!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Luchando contra sus prejuicios se mantuvo quieta. Entonces al ser consciente de la pelea de su interior y forzando su claudicación, cogí el teléfono y llamé a mi esposa. No os podéis imaginar su cara cuando al contestar del otro lado, saludé a Inés diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Hola preciosa, ¿Cómo estás?&#8230; Yo bien, en la playa con tu hermana – y tapando durante un instante el auricular, pregunté a esa zorra si quería que qué le contara lo de la noche anterior, tras lo cual y volviendo a la llamada, proseguí con la plática –Sí cariño, hace mucho calor pero espera que Nuria quiere enseñarme algo…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La aludida, acojonada porque le revelase lo ocurrido, puso su sexo a escasos centímetros de mi cara. Satisfecho por su sumisión, lo olisqueé como aperitivo al banquete que me iba a dar después. Su olor dulzón se impregnó en mis papilas y rebotando entre mis piernas, mi pene se alzó mostrando su conformidad. Justo en ese momento, Inés quiso que le pasase a su hermana y por eso le di el móvil. Asustada hasta decir basta, Nuria contestó el saludo de mi mujer justo a la vez que sintió cómo uno de mis dedos se introducía en su sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La zorra de mi cuñada tuvo que morderse los labios para evitar el grito que surgía de su garganta y con la respiración entrecortada, fue contestando a las preguntas de su pariente mientras mis yemas jugueteaban con su clítoris.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí, no te preocupes― &nbsp;escuché que decía –Manuel se está portando como un caballero y no tengo queja de él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Esa mentira y la humedad que envolvía ya mis dedos, me rebelaron su completa rendición. Afianzando mi dominio, me levanté y sin dejar de pajear su entrepierna, llevé una mano a sus pechos y con saña, me dediqué a pellizcarlos.&nbsp; Nuria al sentir la presión a la que tenía sometida a sus pezones, involuntariamente cerró las piernas y no pudiendo continuar hablando colgó el teléfono. Cuando lo hizo, pensé que iba a huir de mi lado pero, contrariamente a ello, se quedó quieta&nbsp; sin quejarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Guarra! ¿Te gusta que te trate así?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Pegando un grito, lo negó pero su coño empapado de deseo la traicionó y acelerando la velocidad de las yemas que te tenía entre sus piernas, la seguí calentando mientras la insultaba de viva voz. Su primer gemido no se hizo esperar y desolada por que hubiera descubierto que estaba excitada, se dejó tumbar en la toalla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Aprovechándome de que no había nadie más en la playa, me tumbé a su lado y durante unos minutos me dediqué a masturbarla mientras le decía que era una puta. Dominada por la excitación, no solo dejó que lo hiciera sino que con una entrega total, empezó a berrear de placer al sentir como su cuerpo reaccionaba. No tardé en notar que estaba a punto de correrse y comprendiendo que esa batalla la tenía que ganar, me agaché entre sus piernas mientras le decía:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― He deseado follarte, zorra, desde hace años y te puedo asegurar que antes que acabe este día habré estrenado todos tus agujeros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Mis palabras la terminaron de derrotar y antes de que mi lengua recorriera su clítoris, Nuria ya estaba dando alaridos de deseo e involuntariamente, separó sus rodillas para facilitar mi incursión. Su sabor azuzó aún más si cabe mi lujuria y separando los hinchados pliegues del sexo que tenía enfrente, me dediqué a comérmelo mientras mi víctima se derretía sin remedio.&nbsp; Su orgasmo fue casi inmediato y derramando su flujo sobre la toalla, la hermana de mi mujer me rogó entre lágrimas que no parara. Con el objeto de conseguir su completa sumisión, mordisqueé su botón mientras mis dedos se introducían una y otra vez en su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya convertida en un volcán a punto de estallar, Nuria me pidió que la tomara sin darse cuenta de lo que significaban sus palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué has dicho?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Avergonzada pero necesitada de mi polla, no solo me gritó que la usase a mi gusto sino que poniéndose a cuatro patas, dijo con voz entrecortada por su pasión:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Fóllame, ¡Lo necesito!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Lo que nunca se había imaginado ese zorrón fue que dándole un azote en su trasero, le pidiese que me mostrara su entrada trasera. Aterrorizada, me explico que su culo era virgen pero ante mi insistencia no pudo más que separarse las nalgas. Verla separándose los glúteos con sus manos mientras me rogaba que no tomara posesión de su ano, fue demasiado para mí y como un autómata, me agaché y sacando la lengua empecé a recorrer los bordes de su esfínter mientras acariciaba su clítoris con mi mano. Ilusionado comprobé que mi cuñada no me había mentido porque su entrada trasera estaba incólume. El saber que nadie la había hoyado ese rosado agujero me dio alas &nbsp;y recogiendo parte del flujo que anegaba su sexo, fui untando con ese líquido viscoso su ano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Me encanta!― &nbsp;chilló al sentir que uno de mis dedos se abría paso y reptando por la toalla, apoyó su cabeza en la arena mientras levantaba su trasero.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">La nueva posición me permitió observar con tranquilidad que los muslos de la mujer temblaban cada vez que introducía mi falange en su interior y ya más seguro de mí mismo, decidí dar otro paso y dándole otro azote, metí las yemas de dos dedos dentro de su orificio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Ahhhh― &nbsp;gritó mordiéndose el labio.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su gemido fue un aviso de que tenía que tener cuidado y por eso volví a lubricar su ano mientras esperaba a que se relajase. La morena moviendo sus caderas me informó, sin querer, que estaba dispuesta. Esta vez, tuve cuidado y moviendo mis dedos alrededor de su cerrado músculo, fui dilatándolo mientras que con la otra mano, la empezaba a masturbar.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡No puede ser!― &nbsp;aulló al sentir sus dos entradas siendo objeto de mi caricias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Venciendo sus anteriores reparos, mi cuñadita se llevó las manos a sus pechos y pellizcando sus pezones, buscó agrandar su excitación. Increíblemente al terminar de meter los dos dedos, se corrió sonoramente mientras su cuerpo convulsionaba bajo el sol de esa mañana. Sin dejarla reposar, embadurné mi órgano con su flujo y poniéndome detrás de ella, llevé mi glande ante su entrada:&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Estás lista?― &nbsp;pregunté mientras jugueteaba con su esfínter.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ni siquiera esperó a que terminara de hablar y tomando por primera vez la iniciativa,&nbsp; llevó su cuerpo hacia atrás y lentamente fue metiéndoselo. La parsimonia con la que se empaló, me permitió sentir cada rugosidad de su ano apartándose ante el avance de mi miembro. Sin gritar pero con un rictus de dolor en su cara, prosiguió con su labor hasta que sintió la base de mi pene chocando con su culo y entonces y solo entonces, se permitió quejarse del sufrimiento que estaba experimentado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Cómo duele!― &nbsp;exclamó cayendo rendida sobre la toalla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Venciendo las ganas que tenía de empezar a disfrutar de semejante culo, esperé que se acostumbrara a tenerlo dentro y para que no se enfriara el ardor de la muchacha, aceleré mis caricias sobre su clítoris. Pegando un nuevo berrido, Nuria me informó que se había relajado y levantando su cara de la arena, me rogó que comenzara a cabalgarla.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su expresión de genuino deseo no solo me convenció que había conseguido mi objetivo sino que me reveló que a partir de ese día esa puta estaría a mi entera disposición. Haciendo uso de mi nueva posesión, fui con tranquilidad extrayendo mi sexo de su interior y cuando casi había terminado de sacarlo, el putón en el que se había convertido mi cuñada, con un movimiento de sus caderas, se lo volvió a introducir. A partir de ese momento, Nuria y yo dimos &nbsp;inicio a un juego por el cual yo intentaba recuperarlo y ella lo impedía al volvérselo a embutir. Poco a poco, el ritmo con el que la daba por culo se fue acelerando, convirtiendo nuestro tranquilo trotar en un desbocado galope. Temiendo que en una de esas, mi pene se saliera y provocara un accidente, hizo que cogiera con mis manos sus enormes ubres para no descabalgar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Me encanta!― &nbsp;me confesó al experimentar que con la nueva postura mis penetraciones eran todavía más profundas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Serás puta!― &nbsp;contesté descojonado al oírla y estimulado por su entrega, le di un fuerte azote.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡Que gusto!― &nbsp;gritó al sentir mi mano y comportándose como la guarra que era,&nbsp; me imploró más.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">No tuvo que volver a decírmelo, alternando de una nalga a otra, le fui propinando sonoras cachetadas marcando el compás con el que la penetraba. El durísimo trato &nbsp;la llevó al borde de la locura y ya&nbsp; con su culo completamente rojo, empezó a estremecerse al sentir los síntomas de un orgasmo brutal. Fue impresionante ver a Nuria, temblando de placer mientras su garganta no dejaba de rogar que siguiera azotándola:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡No dejes de follarme!, ¡Por favor!― &nbsp;aulló al sentir que el gozo desgarraba su interior.&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Su actitud sumisa fue el acicate que me faltaba y cogiendo sus pezones entre mis dedos, los pellizqué con dureza mientras usaba su culo como frontón. &nbsp;Pegando un alarido, perdió el control y moviendo sus caderas, se corrió.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Con la tarea ya hecha, decidí que era mi momento y concentrándome&nbsp; en mi propio placer, forcé su esfínter al máximo con fieras cuchilladas de mi estoque. Desesperada, Nuria aulló pidiendo un descanso pero absorto por la lujuria, no le hice caso y seguí violando su intestino hasta que sentí que estaba a punto de correrme. Mi orgasmo fue total. Cada uno de los músculos de mi cuerpo se estremeció de placer mientras &nbsp;mi pene vertía su simiente rellenando el estrecho conducto de la mujer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Al terminar de eyacular, saqué mi pene de su culo y agotado, me tumbé a su lado. Mi cuñada entonces hizo algo insólito en ella, recibiéndome con los brazos abiertos, me besó mientras&nbsp; no dejaba de agradecerme el haberla hecho sentir tanto placer y acurrucada en esa posición, se quedó&nbsp;dormida. La dejé descansar durante unos minutos durante los cuales, al rememorar lo ocurrido caí en la cuenta que aunque no era mi intención le había ayudado a desprenderse de los complejos que le habían maniatado desde niña.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">« Esta zorra ha descubierto su faceta sumisa y ya no podrá desembarazarse de ella», pensé mientras la miraba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">¡Estaba preciosa! Su cara relajada demostraba que mi querida cuñadita por primera vez&nbsp; era una mujer feliz. Temiendo que cogiese una insolación, la desperté y abriendo sus ojos, me miró con ternura mientras me preguntaba:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Ahora qué?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Supe que con sus palabras quería saber si ahí acababa todo o por el contrario, esa playa era el inicio de una relación. Soltando una carcajada, le ayudé a levantarse y cogiéndola entre mis brazos, le dije:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¡No pienso dejarte escapar!&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Luciendo una sonrisa de oreja a oreja, me contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Vamos a darnos un baño rápido al hotel porque Mr. Goldsmith me ha pedido que te dijera que quiere verte esta tarde nuevamente en su yate.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿A mí solo?― &nbsp;pregunté con la mosca detrás de la oreja.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― No, también quiere que vayamos Martha y yo― &nbsp;y poniendo cara de no haber roto un plato, me confesó: ― Por ella no te preocupes, antes de venir a la playa, se lo he explicado y está de acuerdo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Ya completamente seguro de que esa zorra escondía algo, insistí:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― ¿Sabes lo que quiere el viejo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">― Sí, te va a nombrar director para Europa y desea celebrar tu nombramiento…― &nbsp;contestó muerta de risa y tomando aire, prosiguió diciendo: ― También piensa sugerirte que nos nombres a la rubia y a mí como responsables para el Reino Unido y España.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">Solté una carcajada al comprobar que esa zorra, sabiendo que iba a ser su jefe, maniobró para darme la noticia y que su supuesta sumisión solo era un paso más en su carrera.&nbsp; Sin importarme el motivo que tuviera, decidí que iba a abusar de mi puesto y cogiéndola de la cintura, volví junto con ella a mi habitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
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		<title>&#8220;El destino y mi viejo completan mi harén&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 10:27:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis. Tercer y ultimo libro de la trilogía SIERVAS DE LA LUJURIA. La mala salud del pastor obliga a nuestro protagonista a ir asumiendo sus funciones mientras intenta lidiar con la desaforada sexualidad de sus tres mujeres. Sabiendo que entre esas obligaciones estaría el consolar y satisfacer a las dos esposas del anciano cuando fallezca, Jaime va intimando con ellas pensando que era algo lejano en el tiempo. El agravamiento de la enfermedad de anciano mientras se empapa del día a día de la secta le hace ver que no tardará en tener que sumar otras dos mujeres a su [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis.</strong></p>



<p>Tercer y ultimo libro de la trilogía SIERVAS DE LA LUJURIA. </p>



<p>La mala salud del pastor obliga a nuestro protagonista a ir asumiendo sus funciones mientras intenta lidiar con la desaforada sexualidad de sus tres mujeres. Sabiendo que entre esas obligaciones estaría el consolar y satisfacer a las dos esposas del anciano cuando fallezca, Jaime va intimando con ellas pensando que era algo lejano en el tiempo. El agravamiento de la enfermedad de anciano mientras se empapa del día a día de la secta le hace ver que no tardará en tener que sumar otras dos mujeres a su harén.</p>



<p><strong>Bajatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></p>



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<iframe title="EL DESTINO Y MI VIEJO COMPLETAN MI HARÉN: SIERVAS DE LA LUJURIA VOL. III" type="text/html" width="640" height="550" frameborder="0" allowfullscreen style="max-width:100%" src="https://leer.amazon.es/kp/card?preview=inline&#038;linkCode=kpd&#038;ref_=k4w_oembed_xCyhr42W9ZfcGs&#038;asin=B08RHLSSMF&#038;tag=kpembed-20"></iframe>
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<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>Capítulo 1</a></h1>



<p>Las siguientes semanas fue un periodo de calma durante el cual me fui acostumbrando a convivir, pero sobre todo a satisfacer a tres mujeres totalmente diferentes. Y gran parte de esa tranquilidad fue gracias a Consuelo porque siguiendo el papel que le había asignado, con mano firme organizó los roles de cada una haciéndome la vida más fácil. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sara, por su parte, estaba encantada con el cambio porque conmigo podía comportarse como siempre había deseado sin que me escandalizara su carácter sumiso ni tampoco el furor uterino que la dominaba. Es más, para mí este último aspecto de su personalidad fue una bendición porque si un día estaba cansado o no me apetecía “santificar mi matrimonio” con alguna de mis mujeres, le pedía que la consolara y ella aceptaba encantada.</p>



<p>Sin lugar a duda, la más difícil de controlar fue Laura y no solo por su naturaleza manipuladora sino porque todavía le resultaba aceptar que Consuelo no actuara con ella como madre sino como su igual.</p>



<p>No fue fácil, pero al cabo de un mes, el engranaje de nuestra peculiar familia comenzaba a rodar sin estridencias.&nbsp; Reconozco que hubo problemas, broncas e incluso fuertes desavenencias, pero cuando llegaban a ser insoportables echaba mano de sus férreas creencias religiosas y todo volvía a su cauce.</p>



<p>Un ejemplo de lo que os hablo ocurrió una tarde al volver de mi diaria visita al Pastor. Supe que había pasado algo al encontrarme a Consuelo de muy mala leche.</p>



<p>«¿Qué habrá hecho Laura esta vez?», me pregunté dando por sentado que la culpable era esa rubia. Sabiendo que su madre me diría lo que había pasado, no pregunté y las saludé como tantas otras veces.</p>



<p>Tal y como había previsto, la cuarentona se quejó del comportamiento de su hija diciendo:</p>



<p>―Jaime, tienes que llamar al orden a la anormal que tienes por esposa.</p>



<p>Me hizo gracia que se refiera a Laura de ese modo porque si algo tenían las tres en común era que, tomando en cuenta la moralidad dominante, todas ellas se salían de la norma.</p>



<p>―¿Qué ha pasado?― dije sin darle importancia.</p>



<p>Como si hubiese cometido un delito castigado por la pena capital, contestó:</p>



<p>―Ha obligado a Sara a realizar sus deberes mientras ella se ha pasado todo el día leyendo una novela sin hacer nada.</p>



<p>―¿Nada más?― contesté sin poder evitar una sonrisa.</p>



<p>―¿Te parece poco?</p>



<p>Asumiendo que tenía razón y que debía llamarla al orden, le mencioné un pasaje de la biblia donde San Pablo mediando en una disputa que había habido entre los fieles de Tesalónica había determinado:</p>



<p>―Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.</p>



<p>La mayor de mis esposas sonrió y aprovechando que estábamos a punto de comer, retiró de la mesa el plato de la joven. Al llegar Laura al comedor y ver que su madre había olvidado ponerle un sitió, directamente fue al armario donde se guardaba la vajilla. Pero entonces Consuelo la informó:</p>



<p>―Nuestro esposo ha decidido que ayunes.</p>



<p>La rubia buscó mi ayuda, pero en vez de apoyarla enuncié otro versículo del apóstol:</p>



<p>―Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.</p>



<p>Que dudara de su fe la perturbó y con lágrimas en los ojos, me rogó que la perdonara.</p>



<p>―No soy yo quien te debe perdonar, sino tus hermanas― concluí señalando tanto a Consuelo como a Sara que permanecían de pie.</p>



<p>Aceptando mi justicia, les pidió que se sentaran ya que ella se iba a ocupar de servir la mesa. La más joven de mis esposas se quejó diciendo que esa era su función, pero Laura sonriendo a la pelirroja le pidió que por esta vez dejara que fuera ella la que lo hiciera. Su amiga de la infancia aceptó a regañadientes al comprobar que yo no me oponía. En cambio, su antigua madre no cabía de gozo al ver el castigo que su retoño se había auto impuesto para expiar su falta de diligencia. Yo personalmente dudé de la sinceridad de esa zorrita y por eso cuando tras servirnos la sopa Laura se dirigió a la cocina a preparar el segundo plato, la seguí.</p>



<p>Tal y como sospechaba, la pillé comiéndose un bocata. La rubia se quedó petrificada al ser sorprendida. Sé que esperaba una reprimenda, pero destanteándola sonreí y le pedí dulcemente que dejara todo y se fuera a limpiar el coche. Sabiendo su pecado, abrió el armario para sacar un abrigo, ya que ese día hacía un frio del carajo.</p>



<p>―No te hace falta― le dije mientras lo cerraba.</p>



<p>―Solo llevo una camiseta― protestó tratando que me apiadara de ella.</p>



<p>―Tienes razón, princesa…¡quítatela!― repliqué mientras volvía a mi asiento.</p>



<p>Mis otras dos esposas supieron que algo había pasado cuando la vieron salir en ropa interior hacia el jardín, pero ninguna dijo nada y siguieron comiendo al asumir que, mientras yo no dijera nada, lo que hubiese sucedido no era de su incumbencia.</p>



<p>―Está nevando― Sara señaló preocupada.</p>



<p>&nbsp;Mirando a través de la ventana, vi los gruesos copos cayendo y olvidando a Laura, me concentré en degustar el manjar que tan diligentemente había elaborado Consuelo. La maestría en la cocina de la mayor de mis esposas podía competir con la de cualquier chef y haciéndoselo saber, le pedí que me pusiera un poco más.</p>



<p>―Vas a engordar― musitó.</p>



<p>―Debo comer para poder cumplir con vosotras― respondí.</p>



<p>―Entonces, no digo nada― riendo replicó ya con la sopera en sus manos.</p>



<p>Mientras me servía, dejé que mis manos juguetearan con su trasero mientras alababa su comida. Desconozco que, si le alegraron más mis piropos o por el contrario mis dedos recorriendo sus duros cachetes, pero lo cierto es que demostrando una alegría genuina prometió que se esmeraría aún más en complacerme.</p>



<p>―¿Cómo piensas hacerlo?― pregunté hurgando bajo su tanga.</p>



<p>―No seas malo y termina de comer. Tu padre te está esperando.</p>



<p>Sin ceder un ápice en mis pretensiones, busqué entre sus pliegues que contestara. La morena al sentir mis yemas torturando su botón, me rogó que no siguiera tentándola. Desde el otro lado de la mesa, la pelirroja estaba disfrutando al ver el acoso y muerta de risa, intervino diciendo:</p>



<p>―Cumplir con los deseos de nuestro marido no es tentación, ¡es tu obligación! Toda buena esposa debe de saber que si no satisface a su hombre lo pone en peligro. ¡Satanás puede tentarlo!</p>



<p>A pesar de saber que Sara se lo decía en guasa, Consuelo enmudeció y bajándose las bragas, me pidió que la tomara. Despelotado, le di un dulce azote antes de pedirle que siguiera comiendo. Al no complacerla, hizo un puchero en ella y demostrando su insatisfacción, me dijo:</p>



<p>―Quien siembra, ¡recoge!</p>



<p>Atrayéndola hacia mí, besé a mi bella madura mientras le susurraba que al volver de ver a mi viejo santificaría mi matrimonio con ella. Pero entonces demostrando la buena sintonía que tenía con la pelirroja, me preguntó si podía Sara consolarla mientras esperaba mi vuelta. La sonrisa que lucía la aludida me informó que ella estaba dispuesta y por ello, accedí.</p>



<p>Acababa de terminar el postre cuando escuché que Laura entraba. Al mirarla, comprobé que venía tiritando. El color amoratado de sus labios me informó del frio que había pasado y sabiendo que se lo pensaría dos veces antes de volver a contrariarme, le pedí que se diera una ducha caliente. Para mi sorpresa se negó diciendo que antes debía limpiar los platos que habíamos usado. No queriendo alargar su sufrimiento, pedí a Consuelo que al terminar se ocupara personalmente de que se daba un baño y despidiéndome de los tres, me fui a las instalaciones de la secta a seguir recibiendo clases de su fundador, mi viejo.</p>



<p>Al llegar a la Iglesia, un chaval me asaltó pidiendo mi ayuda:</p>



<p>―Pastor, mis padres no aceptan a mi novia. ¿Qué debo hacer?</p>



<p>Todavía no estaba acostumbrado a que la gente viera en mí a su sacerdote y por ello, me pregunté qué hubiera hecho mi padre si le hubiesen llegado con esa pregunta. Tras pensarlo detenidamente, pedí que me explicara los motivos que aducían para rechazarla. Según el muchacho, el problema es que pretendía casarse con una madre soltera. Desde mi punto de vista, esos reparos me parecían una completa memez, pero no queriendo dar mi opinión sin oír a la otra parte le pedí que trajera a sus viejos sobre las ocho para escuchar la otra versión. El veinteañero besando mi mano me agradeció que le hubiese escuchado y prometió que esa misma tarde volvería con ellos.</p>



<p>«No soy quién para aconsejar», me dije mientras le veía marchar feliz de que el que él consideraba su guía espiritual fuera a interceder por su pareja.</p>



<p>&nbsp;Pensando en qué diría a esa familia si se confirmaba que el único mal era el haber tenido un hijo antes, entré a buscar a mi padre. Lo encontré en su despacho hablando con su médico. No queriendo perturbar la reunión, me quedé en la puerta y por ello no pude evitar escuchar que el galeno le aconsejaba reducir al máximo cualquier exceso. Comprendí que se refería a sus deberes conyugales cuando D. Pedro respondió que comprendiera que tenía tres esposas, de las cuales dos eran muy jóvenes.</p>



<p>«Será capullo», pensé al saber que, aunque no lo hubiese hecho público, ya me había adjudicado a la menor.</p>



<p>El doctor sin dar su brazo a torcer le informó de que, si seguía con ese ritmo, no tardaría en dejarlas solas. Su insistencia lo único que consiguió fue cabrear a su paciente, el cual bastante molesto se despidió de él diciendo que lo pensaría.</p>



<p>―Pasa, hijo― dijo al verme en el pasillo: ―¿Te puedes creer lo que ese cretino me ha pedido? ¡Quiere convertirme en un eunuco!</p>



<p>Asumiendo que mi progenitor estaba más que acostumbrado a esa desaforada actividad sexual, le pedí que al menos la aminorara por el bien de las dos mujeres que iba a dejar viudas.</p>



<p>―Eso es imposible. Me debo a ellas― replicó para acto seguido preguntar cómo me iban las cosas en casa.</p>



<p>―Cansado― respondí echándole a él la culpa muerto de risa: ― ¡Me has casado con tres ninfómanas!</p>



<p>―No te quejes. A tu edad yo era capaz de lidiar con eso y con mucho más― contestó mientras sacaba un grueso expediente de un cajón.</p>



<p>Al ver el volumen del tema que iba a tratar, me senté frente a él.</p>



<p>―Necesito que me firmes estos papeles para que cuando me vaya al otro barrio no caiga Hacienda y se lleve la mitad de lo que tanto me ha costado conseguir.</p>



<p>―¿Crees necesario hacerlo ahora?― musité al comprobar que con esos documentos me hacía entrega de la mayoría de los bienes de la secta.</p>



<p>―Desgraciadamente es así. Mi salud se está deteriorando y desconozco cuanto tiempo me queda― contestó el hombre que había empezado a querer a pesar de sus múltiples defectos.</p>



<p>&nbsp;No tuve más opción que empezar a rubricar el trasvase anticipado de mi herencia mientras observaba de reojo su cansancio. La certeza de que estaba bien jodido me indujo a preguntar en qué más le podía ayudar. Mi viejo no era tonto y supo entrever mi preocupación.</p>



<p>―Esta tarde tenía que visitar unas familias que necesitan nuestra ayuda. ¿Podrías hacerlo por mí?</p>



<p>Sin saber exactamente que se requería, acepté y tomando el teléfono llamó a Judith. La cubana no tardó en aparecer y tras escuchar que iba a ser yo quien la acompañara, únicamente me dijo que ya tenía todo listo y que podíamos irnos cuando yo quisiera. Recordando que había quedado con el novio, pedí permiso al anciano para irme.</p>



<p>―Ve a cumplir la misión de Dios― con voz cansada me pidió mientras se levantaba.</p>



<p>Sus dificultades al caminar me enternecieron, pero fue el dolor que leí en la cubana lo que realmente me dejó alelado al advertir el amor que sentía por el que era su marido.</p>



<p>«Realmente, lo quiere», concluí mientas la seguía hacia la salida.</p>



<p>La camioneta atiborrada de víveres me informó que esa tarde me tocaría repartir las despensas entre los más pobres de la congregación y eso curiosamente me llenó de orgullo al saber que la secta era un engañabobos, pero cumplía una labor social. Ya a bordo del vehículo, ratifiqué que la mulata se había unido a mi padre por amor al ver las lágrimas que corrían por sus mejillas. Queriendo consolarla, tomé su mano y le dije que no se preocupara porque mi viejo todavía le iba a durar muchos años.</p>



<p>―Ojalá tengas razón. No sabría vivir sin él― destrozada sollozó mientras arrancaba.</p>



<p>No sabiendo que decir, me quedé callado mientras la afligida mujer tomaba la carretera de Valencia. Supe que íbamos a la Cañada Real al tomar la salida y pegando la cara al cristal, me quedé espantado con la pobreza que veía. Aunque había oído hablar de esa zona, la mayoría de las veces lo único que se decía de ella era en referencia el supermercado de drogas que se había instalado entre esas chabolas, pero eran contadas las noticias que hablaban de la calamitosa situación en que malvivían sus habitantes. Por un momento estuve a punto de pedir que diéramos la vuelta, temiendo por nuestra integridad física al sumergirnos en el barrio más conflictivo de la ciudad. La mulata debió de intuir mis miedos y con una triste sonrisa, me tranquilizó diciendo que nadie se atrevería a hacerme nada sabiendo que era el hijo de su marido. No supe del fervor que la figura de mi padre despertaba entre esa gente hasta que aparcó en una intersección donde aguardaban pacientemente varias decenas de gitanas.</p>



<p>―Os presento al nuevo Pastor― dijo Judith a la multitud ahí congregada.</p>



<p>Esas mujeres se formaron en fila para recibir mi bendición mientras daban gracias al Señor por que don Pedro tuviese un heredero que continuara su obra. Si esas muestras de cariño me dejaron abochornados, que decir cuando habiéndose corrido la voz de mi presencia, los viejos del lugar llegaron a mostrarme sus respetos. Mi acompañante los conocía a todos y por eso al ver llegar a un anciano con sombrero y una tacita de plata, me dijo que era don Guillermo, el patriarca. Reconozco que me puso nervioso no saber cómo actuar cuando el sujeto se arrodilló frente a mí:</p>



<p>―Te está pidiendo que le bendigas― susurró en mi oído la cubana.</p>



<p>Sintiéndome casi un hereje, hice la señal de la cruz en su frente para a continuación ayudar a que se levantara. El líder de ese clan gitano se dio la vuelta y dirigiéndose a todos los de su etnia, estuviesen o no presentes, declaró que mi persona era sagrada y que cualquier que osara siquiera mirarme mal desearía no haber nacido.</p>



<p>Confieso que me dio un escalofrío comprobar la veneración con los que todos esos marginados me miraban y tuvo que ser Judith quien me sacara de mi turbación pidiéndome que le ayudara a repartir las despensas. Despertando, la acompañé y poniéndome manos a la obra, comencé a distribuir la comida. Lo que en teoría no debía habernos llevado más de una hora, se prolongó hasta bien entrada la tarde porque esas madres requerían también de ayuda espiritual y de consejo. La mayoría de ellas me presentó sus problemas buscando en mí un guía. Al no estar preparado, usé el sentido común para contestarles y debí de haberlo bien porque al terminar don Guillermo, alzando la voz, declaró:</p>



<p>―El pastor ha hablado, ¡queda dicho!― aceptando como ley mi palabra. Solo entonces, la gente se disgregó y cogiendo las viandas que les habíamos llevado se dirigieron a sus moradas.</p>



<p>Todavía alucinado, me subí en la camioneta. Al tomar asiento, la esposa de mi padre estaba llorando nuevamente. Al preguntarle el porqué, besando mi mano dio gracias al Señor por no dejarla desamparada. Comprendí de qué hablaba y todavía no sé qué me indujo a decir que no se preocupara que si algún día su marido faltaba yo la tomaría bajo mi amparo.</p>



<p>―Lo sé― sollozó para a continuación pedir mi bendición.</p>



<p>Estaba ya habituado a que los feligreses de la congregación me la pidieran, pero nunca nadie tan cercano y por ello tartamudeé al recitarla. Tras recibirla, la guapa cubana me miró diciendo:</p>



<p>―Desde ahora le juro que cuando llegue ese momento, hallará en mí una amorosa esposa y a su más fiel compañera.</p>



<p>La devoción de esa morena me impactó al no descubrir nada pecaminoso en su promesa sino una genuina admiración que no supe interpretar. Meditando sobre ello, le pedí que volviéramos a la iglesia porque había quedado con una familia para intermediar entre ellos. Secándose las lágrimas con la manga, me pidió que le explicara de que se trababa por si ella podía darme algún consejo. No teniendo nada que perder, le conté lo que el muchacho me había dicho. Esperó a que terminara de hablar y tras comprobar que el que me pedía ayuda era un tal Ezequiel, indignada me soltó:</p>



<p>―El problema no es esa chica sino el padre. Matilde es un ángel que lleva soportando que ese ricachón trate de volver a abusar de ella como ya hizo en el pasado.</p>



<p>―¿Me estás diciendo que dio a luz un hijo de ese cabrón?</p>



<p>―Sí. Y no quiere que Ezequiel se case con ella para así tener otra oportunidad de violarla.</p>



<p>―¿Estás segura? – insistí.</p>



<p>―Sí, don Jaime. Sé de ese caso desde que la embarazó.</p>



<p>―¿Por qué no lo denunció?― pregunté.</p>



<p>Llena de ira, me contó que se había negado a hacerlo porque su padre trabajaba para él y que si lo hacía se quedaría en la calle.</p>



<p>―¿Y mi padre lo aceptó?</p>



<p>Bajando su mirada, respondió:</p>



<p>―Nunca lo ha sabido. Matilde me rogó que no lo hiciera y todavía me arrepiento.</p>



<p>Extendiéndose en su explicación, me comentó que de haberlo sabido mi progenitor lo hubiese encauzado ya que lo único bueno de ese hombre era su fe en nuestra iglesia. Con esa información de primera mano bajo el brazo, pedí a la mulata que acelerara para no llegar tarde.</p>



<p>―No la desenmascares, Ezequiel nunca podría mirarla a la cara sabiendo que es el hijo del hombre que la violó.</p>



<p>Comprendí que tenía razón y agradeciendo su consejo, le juré que su secreto quedaría a salvo pero que no me podía quedar con los brazos cruzados sabiéndolo. Sonriendo con dulzura, buscó llegar cinco minutos antes de la cita.</p>



<p>Cuando aparcamos frente a la iglesia, la familia en pleno estaba esperándonos en la puerta. Desde el primer momento, ese gordo barbudo me repelió. Todo su ser rebosaba de lujuria, pero fue el maltrato que pude intuir por el modo que se dirigía a su esposa lo que me dio el empujoncito que necesitaba para darle una lección que no olvidaría. No queriendo que nadie contemplara lo que iba a suceder, pedí que fuera solo él quien pasara a mi despacho dejando a su mujer y a su hijo esperando fuera.</p>



<p>El potentado nunca previó lo que se le venía encima cuando cordialmente le pedí que me explicara sus reticencias con la novia de su hijo. Haciendo gala de unas virtudes que no tenía, me hizo ver que toda su vida había sido un modelo de buen marido y de buen padre. Aun así, lo que realmente me sacó de mis casillas fue oírle decir que, si sostenía que Matilde no era adecuada, era por su comportamiento libertino.</p>



<p>―No sabe mantener las piernas cerradas― concluyó creyendo que me había convencido.</p>



<p>―Te importa rezar conmigo para que Dios me oriente― respondí mientras me hincaba en el suelo.</p>



<p>El creyente hombretón no puso reparo a mi petición y oró a su Dios pensando que le iba a dar la razón. Durante diez minutos, preparé mi actuación haciendo memoria de una obra de teatro que protagonicé en la escuela en la que mi personaje era poseído por el diablo y que había despertado la admiración de todos mis profesores. Una vez llegado el momento, con los ojos en blanco, caí convulsionando sobre la alfombra mientras babeaba a raudales. El feligrés creyó que me estaba dando un ataque y se levantó a pedir ayuda.</p>



<p>Viendo que iba a salir de mi oficina, lo paré en seco con voz de ultratumba:</p>



<p>―¿Dónde vas pecador? Póstrate ante tu pastor.</p>



<p>Al girarse me vio señalándole con el dedo:</p>



<p>―Cómo osas pedir la ayuda de mi servidor cuando es la lujuria la que guía tus actos. Desde ahora te digo que, si cruzas el umbral de esa puerta, no llegarás a ver el día de mañana.</p>



<p>Asustado cayó nuevamente de rodillas mientras me escuchaba relatar sus pecados. La certeza de que nadie sabía hasta ese momento de su delito le convenció que estaba oyendo a su Dios.</p>



<p>―Mi señor, perdóneme― imploró viéndose en el infierno.</p>



<p>Asumiendo que no podía seguir con ese papel sin que se percatara del engaño, le ordené que no solo no pusiera más trabas al enlace, sino que regalara a los novios una casa donde vivieran.</p>



<p>―Se lo juro, mi Dios― descompuesto, prometió.</p>



<p>No contento con ello, le exigí que dejara de maltratar a su esposa bajo pena de excomunión antes de volver a la posición previa al ataque. La angustia de su rostro cuando abrí los ojos y dulcemente le pregunté si tras la oración seguía pensando lo mismo me convenció de lo buen actor que era, pero también de que no podía abusar de ello.</p>



<p>―No, pastor. He recapacitado y acepto que se casen.</p>



<p>Sonriendo, llamé a Ezequiel y a su mujer para que el mismo diera las buenas noticias. El muchacho no cupo de gozo al oír que su padre había cambiado de opinión, pero fue su vieja la que besando mi mano me dio las gracias por haber devuelto la paz a su hogar.</p>



<p>―No he sido yo, sino Dios― respondí mientras los despedía en la puerta.</p>



<p>Judith que había permanecido apoyando a la familia, aguardó a que se fueran para, acercándose a mí, darme un beso en los labios.</p>



<p>―¿Y esto?― pregunté un tanto azorado.</p>



<p>La preciosa cuarentona respondió:</p>



<p>―No sé qué artes has utilizado, pero eres digno hijo de tu padre y estaré orgullosa de servirte cuando él falte.</p>



<p>Palidecí al comprobar el tamaño que habían adquirido los pitones de la mulata y no queriendo que notara la atracción que me provocaba, repliqué que no dudaría en buscar sus consejos.</p>



<p>―¿Puedo rezar contigo?</p>



<p>Su tono angustiado me impidió salir corriendo y cerrando la puerta, aguardé que se abalanzara sobre mí. Para mi sorpresa, la hispana me tomó de la mano y levantando su mirada hacia el cielo, oró:</p>



<p>―Mi señor, como tu sierva me comprometo desde este momento a servir a tu elegido y te pido humildemente que una vez sea su esposa, me regales la dicha de tener un hijo suyo.</p>



<p>Que esa cuarentona me informara de sus deseos de que la embarazara era algo que no esperaba y menos que después de hacer esa petición, la mulata me pidiera permiso para ir a “comulgar” con mi viejo porque su cuerpo lo necesitaba y don Pedro seguía siendo su marido.</p>



<p>&nbsp;―Vete con Dios y no lo mates― respondí divertido al advertir la excitación que destilaba por todos los poros mi madrasta.</p>



<p>―Intentaré no hacerlo, mi amor― respondió con las mejillas totalmente coloradas declarando unos sentimientos por mí incapaces de ocultar mientras desaparecía de mi despacho.</p>



<p>De camino a casa, no pude más que meditar sobre las dos esposas de mi padre y las diferencias que veía en su comportamiento. Sabía que Raquel era la experta contable y en gran medida la responsable del éxito económico de la secta y gracias a la tarde que había pasado con ella, comprendí que Judith era la cara amable, la conciencia social de la congregación que había fundado mi viejo. Ambas eran parte importante de la iglesia y por lo que me había enterado ambas tenían la sexualidad a flor de piel. Pero ahí acababan sus semejanzas porque mientras la mulata se mantenía fiel a pesar de los dictados de sus hormonas, la rubia recauchutada había maniobrado para que le regalara mi semen y así satisfacer su lujuria. A pesar de ello, no podía criticarla en exceso porque lo quisiera aceptar o no, la cincuentona me había manipulado pensando en su marido y su delicado estado de salud.</p>



<p>&nbsp;«Hasta el médico la disculparía por el bien de su paciente», me dije mientras aparcaba frente al chalet donde vivía.</p>



<p>Al entrar a la casa me extrañó que nadie saliera a recibirme y por ello tras dejar el maletín sobre una silla, fui a ver dónde estaban mis mujeres. Tras revisar la planta baja y no encontrarlas, fui a ver si estaban arriba al percatarme que ni siquiera habían preparado la cena.</p>



<p>«¿Qué habrá pasado?», me pregunté al ser eso algo atípico. No en vano si de algo no me podía quejar era del modo en que se afanaban para que todo estuviese listo cuando llegara.</p>



<p>Mi extrañeza se incrementó al hallarlas todas juntas metidas en la cama y comprobar que la preocupación que lucían tanto Consuelo como Sara mientras abrazaban a la rubia. Buscando una respuesta, pregunté a la dueña qué ocurría y ésta en voz baja me comentó que la niña no había dejado de temblar desde que había vuelto de limpiar el coche. Fijándome en ella, observé que seguía totalmente amoratada y sintiéndome un mierda, no me quedó duda de que sufría hipotermia derivada de mi castigo. Sabiendo que debía de ser grave al no haberse recuperado tras tanto tiempo, quise saber si habían llamado a Urgencias. Al contestarme que no, tomé el teléfono y llamé. El encargado me informó que tardarían veinte minutos en llegar. Francamente preocupado, pensé en llevarla yo directamente al hospital, pero la temperatura del exterior era demasiado baja. Por eso, tras desechar esa opción, les pedí que se desnudaran las tres. Consuelo se escandalizo con que pensara en el sexo teniendo a su hija enferma.</p>



<p>―Al estar sin ropa, recibirá vuestro calor directamente. Al menos eso hacen en las películas― comenté sin aceptar su reprimenda.</p>



<p>Sara de inmediato despojó a Laura de su pijama mientras la morena me pedía perdón por haber pensado mal de mí. Asumiendo que su reproche era algo lógico, le contesté con dulzura que en vez de disculparse lo que tenía que hacer era desnudarse.&nbsp; Consuelo no dijo nada mientras se despojaba del vestido y solo cuando se tumbó desnuda junto a su retoño, de muy malos modos exigió a la pelirroja que la imitara diciendo:</p>



<p>―¿Qué haces que no obedeces? Desnúdate.</p>



<p>La joven no tardó en unirse a ella bajo las mantas sirviendo de calefactor bajo las mantas. Ratifiqué que Laura estaba mal al ver que no reaccionaba y por ello, fui a prepararle un té caliente mientras esperaba la ambulancia. Debí tardar no más de un par de minutos en volver, pero el cambio era notable ya que al menos había abierto los ojos. Tras entregar a la pelirroja la taza que había preparado, me senté en una esquina del colchón totalmente descompuesto.</p>



<p>―Nunca pensé que esto ocurriría― intenté disculparme frente a ellas.</p>



<p>―Querido, no fue tu culpa sino la de esta insensata. Al marcharte se negó a entrar en calor y salió a barrer las hojas para espiar sus culpas― dijo su madre mientras daba a sorbos el té.</p>



<p>Que directamente no fuera mi culpa no me consoló porque debía haber previsto que dada su mentalidad se fustigara ella sola, no en vano según sus creencias era responsabilidad del que pecaba el elegir su castigo. Ese convencimiento ratificó en mí que debía de profundizar en el conocimiento de los dogmas y costumbres de la secta para no volver a caer en ese error.</p>



<p>«Si no conozco en profundidad sus creencias, difícilmente seré un buen pastor de mis ovejas», sentencié sin darme cuenta de que paulatinamente iba aceptando la misión que mi padre me había encomendado.</p>



<p>El sonido de una sirena me avisó de la llegada de los paramédicos y saliendo al jardín, abrí la puerta para dejarlos pasar. Tras preguntar la ubicación de la enferma, subí con ellas hasta mi cuarto. Al llegar mis otras dos mujeres se habían puesto una bata, pero lo que me sorprendió fue que hubiesen vestido también a Laura. Al preguntar, Sara me explicó que lo habían hecho para ocultar el cuerpo de mi mujer de la mirada de unos extraños. Al hacerla ver que esa actitud tan apocada no cuadraba con la desbordada liberalidad que demostraban conmigo, la pelirroja únicamente señaló que yo era su marido mientras los empleados de urgencias revisaban a la paciente.</p>



<p>―Tenemos que llevárnosla, sufre hipotermia severa― comentó el jefe.</p>



<p>Estaba poniéndome una chaqueta cuando Consuelo me rogó que dejara que fuera ella la que la acompañara. Aunque en un principio me negué, me convenció al decir que se sentía responsable al no haber conseguido que se diese una ducha caliente a pesar de habérselo yo ordenado. La angustia de su rostro me recordó que era su madre y cediendo, permití que ocupara mi lugar en la ambulancia mientras la pelirroja y yo iríamos en coche.</p>



<p>―No hace falta que vengas― musitó sabiendo que no le iba a ser caso.</p>



<p>Como era lógico, no lo tomé en cuenta y tras subir con Laura al vehículo, las seguimos. Ya en el hospital, el médico de guardia nos tranquilizó diciendo que no era tan grave pero que debía quedarse ingresada hasta que le reestablecieran la temperatura. Fue entonces cuando la mayor de mis esposas insistió en que transigiera y dejara que ella velara por Laura.&nbsp; No queriendo un encontronazo con la morena, nuevamente cedí y tras comprar cena para todos, dando un beso a la enferma, retorné a casa en compañía de la pelirroja.</p>



<p>&nbsp;―No es cierto que fuera una insensata― murmuró Sara nada más aposentarse en el asiento del copiloto: ―Nuestra esposa sabía que nos había fallado y por eso decidió que tenía que hacer algo para expiar su culpa.</p>



<p>Reconozco que debí de haberme mordido la lengua antes de hablar, pero estaba tan molesto con que esa cría disculpara la actuación de Laura que con un cabreo de narices le eché a ella la culpa de que me hubiera desobedecido, olvidando su carácter sumiso. Al oír mi reprimenda se puso a llorar pidiendo que no la repudiara ya que sin mí su vida no valía nada. La ansiedad de la criatura creyendo que podría llegar a expulsarla me impactó al darme cuenta de la dependencia que sentía por mí y no queriendo volver a cometer el error de subestimar su aflicción, pedí su perdón llegando incluso a proponer en voz alta un castigo para mí para que así ella no buscara una expiación.</p>



<p>―Mi señor, usted no ha hecho nada― sollozó: ―Ha sido culpa mía.</p>



<p>&nbsp;Asumiendo que por mucho que intentara convencerla de lo contrario, corría el riesgo de que hiciese una tontería propuse para esa noche un ayuno sexual con el que purgar nuestros pecados.&nbsp;</p>



<p>―¿Entonces no voy a poder amarte?― preguntó llena de tristeza.</p>



<p>―No, pequeña. Nuestro castigo será tenernos cerca sabiendo que no podemos disfrutar de nuestro amor― contesté dando por sentado que esa abstinencia solo por unas horas y por tanto soportable.</p>



<p>Pensé al ver sus lágrimas que para esa preciosidad esa penitencia era lo suficientemente dura para que no se le ocurriera buscar otro castigo, pero me equivoqué porque demostrando lo poco que la conocía, Sara decidió que no era bastante y me pidió permiso dormir desnuda para que al vencer la tentación lavara su pecado.</p>



<p>&nbsp;«Estas tías están como una cabra», razoné dándolas por imposibles tanto a ella como al resto de las mujeres de la secta.</p>
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		<title>&#8220;Pintor de Soledades&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2026 10:38:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Una crisis creativa obliga a un pintor a refugiarse en un hotelito escondido en mitad de la selva de Costa Rica con la intención de encontrar la inspiración perdida pintar pero no encuentra la tranquilidad que deseaba por la presencia de la impresionante directora del establecimiento junto con la de una divorciada deseando tener dueño. Pero lo que realmente alteró su existencia fue descubrir la alegría de la hija de la dueña bañándose con una amiga en una cascada. Poco a poco descubre lo que esconden en su interior esas tres mujeres y al tiempo que plasma en sus [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B077KKJD6P"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18483" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3.jpg" alt="" width="6904" height="2536" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3.jpg 6904w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3-300x110.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3-768x282.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PINTOR-DE-SOLEDADES-3-1024x376.jpg 1024w" sizes="(max-width: 6904px) 100vw, 6904px" /></a>Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Una crisis creativa obliga a un pintor a refugiarse en un hotelito escondido en mitad de la selva de Costa Rica con la intención de encontrar la inspiración perdida pintar pero no encuentra la tranquilidad que deseaba por la presencia de la impresionante directora del establecimiento junto con la de una divorciada deseando tener dueño. Pero lo que realmente alteró su existencia fue descubrir la alegría de la hija de la dueña bañándose con una amiga en una cascada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Poco a poco descubre lo que esconden en su interior esas tres mujeres y al tiempo que plasma en sus cuadros la naturaleza del lugar y la personalidad de sus modelos, Mateo se plantea su vida, el sexo pero sobre todo sus sentimientos .</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 18pt;"><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los CUATRO&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sabía antes de entrar que la reunión de esa mañana sería dura y que versaría en gran medida sobre la falta de inspiración que me tenía paralizado. Lo que no me esperaba fue que evitando cualquier tipo de prolegómeno, mi representante harto de esperar las obras con las que celebrar la exposición que tenía comprometida me soltara:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Mateo tienes que olvidar de una vez a esa zorra y ponerte a pintar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Lo sé pero no puedo. No he perdido sólo a mi novia sino también a mi musa― repliqué molesto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sabía que Alberto tenía razón porque llevaba seis meses sin tocar un pincel pero es que me veía incapaz. Solo el pensar en ponerme frente a un lienzo me ponía de mala leche al saber que de hacerlo, perdería el tiempo por carecer de inspiración.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Andrea lo era todo y ahora ya no está», murmuré en mi interior sin exteriorizarlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tienes que continuar con tu vida― contestó― no eres el primero ni el último al que han dejado y por ello como tu amigo te ruego que intentes borrarla de tu memoria.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Cómo si fuera tan fácil!― protesté destrozado― Todo me recuerda a ella. Madrid, el barrio, mi casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Joder, ¡pues vete a otro sitio! A la playa, al campo…― estaba respondiendo cuando de pronto se acordó de un pequeño pueblo del que le habían hablado por su belleza y que están situado en las faldas de un volcán: ― …o a un lugar fuera de España.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Por su tono supe que me iba a proponer un destino y adelantándome, le pregunté en qué había pensado:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Uno de mis clientes ha remodelado un hotelito rural muy cerca del Turrialba y sé que si le pido que te haga un precio especial, lo hará encantado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Dónde eso? Te juro que no sé de qué hablas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi agente a carcajada limpia, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―En Costa Rica. El Turrialba es un volcán y por lo que sé, la zona es impresionante.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Estás de coña!― repliqué.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero entonces sin dar su brazo a torcer, Alberto me describió la finca y los alrededores como una especie de edén paradisiaco alejado de la civilización y en mitad de la selva. Su entusiasmo me convenció y antes de dejar que me echara atrás, llamó a su conocido y acordó que me quedara ahí durante tres meses a cambio de dos cuadros.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con todo cerrado, me atreví a reconocerle que no me importaban las diez horas de viaje en avión ni las cuatro por carretera, lo que realmente me echaba para atrás es no estar cerca de Andrea por si se arrepentía y me podía volver.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Estas idiota, esa puta ha cazado a ese ricachón y no va a soltarlo hasta que consiga su dinero― contestó encolerizado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Asumiendo nuevamente que decía la verdad, llamé a una agencia de viajes y contraté el primer vuelo que saliera hacia San José.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Costa Rica era uno de los pocos países hispanoamericanos que no conocía y por eso al llegar me sorprendió no sólo su nivel de vida sino la alegría que parecía un rasgo común en todos sus habitantes</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aun así me pareció una ironía el lema con el que se publicitaban en el resto del mundo porque mientras se hartaban de decir “pura vida” en mi caso era “puta vida”.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Molesto con el universo y cagándome en los muertos de mi agente, recogí el todoterreno que había alquilado para mi estancia en esas tierras. Pero fue al meter la dirección de la hacienda a la que iba en el GPS cuando el ánimo se me cayó a los pies:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tres horas para recorrer setenta y cinco kilómetros― exclamé en el enorme Toyota de alquiler: ―Debe de estar mal― me dije tratando de auto convencer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desgraciadamente la realidad confirmó los negros augurios de ese siniestro aparato por qué a los diez kilómetros de la capital, la autopista terminó dando paso una pequeña y mal asfaltada carretera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Menuda mierda», protesté quince minutos después al comprobar en la pantalla que debía meterme en un camino de tierra y por ello haciéndome al arcén busqué otro trayecto.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Fue inútil, a mi destino solo se podía acceder por la ruta que me había marcado inicialmente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Solo quedan cincuenta kilómetros», pensé mientras arrancaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El hijo de perra de Murphy se rio de mí y lo que había empezado mal, empeoró al caer un diluvio universal que ralentizó más si cabe mi paupérrimo ritmo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡No puede ser!», amargamente protesté cuando tuve que poner las reductoras tras una advertencia del vehículo al deslizarse peligrosamente en una curva, «¡Voy a menos de veinte kilómetros por hora!».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La situación no era preocupante.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tienes gasolina, agua y teléfono. Estas en un país conocido por su seguridad y lo máximo que te puede ocurrir es quedarte tirado», mascullé de mal humor justo cuando de improviso la lluvia terminó y un sol de justicia apareció entre los árboles.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con nuevos bríos afronté el resto del camino, bríos que se fueron convirtiendo en hastío con el paso del tiempo hasta que cuatro horas y diez minutos después de salir del aeropuerto, llegué a mi destino.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¡Qué maravilla!― exclamé al contemplar la hacienda en la que iba a pasar esos tres meses.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Y no era para menos porque nadie me había dicho que era un palacio tipo colonial solo comparable con el impresionante entorno en el que estaba situado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Acababa de apagar el todoterreno cuando mi sorpresa se incrementó al observar que del interior de esa mansión salía una diosa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¿Quién será?», me pregunté babeando mientras esa belleza se acercaba meneando su trasero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pocas veces había contemplado algo tan sensual ni tan bello como esa desconocida bajando las escaleras. Su pelo incrementaba el atractivo de unos ojos tan negros como la noche. Pero fue al verla sonreír cuando mi corazón amenazó con detenerse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Debe de ser de mi edad», dije para mi mientras trataba de recuperar la respiración, calculando que debía rondar los treinta y tantos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ajena al exhaustivo escrutinio al que la estaba sometiendo, alargó su mano mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soy Soledad, la directora de “El Quemado”. Usted debe ser Mateo Cienfuegos, el famoso pintor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Azorado por ese inesperado piropo, negué esa fama mientras estrechaba su mano y entonces cometí un error del que no tardé en arrepentirme, intenté saludarla a la manera española, es decir con un beso en la mejilla.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué tipo de mujer cree que soy?― espetó al sentir que invadía su espacio vital.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A pesar de mis disculpas, la cordialidad había desaparecido de su rostro siendo sustituida por una frialdad que me hizo entumecer.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tiene su habitación lista, sígame― comentó con tono gélido sin esperar a que recogiera las maletas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Convencido de haber mancillado de alguna forma el honor de esa mujer tomé mi equipaje y corriendo por los pasillos, la seguí sin intentar otra conversación que la habitual entre un gerente de hotel y un huésped. De forma que en silencio dejé que me mostrara el cuarto que me había preparado sin expresar la satisfacción que me produjo la intensidad de la luz que se colaba por las ventanas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Es un sitio ideal para pintar», sentencié mientras profesionalmente Soledad me enseñaba la enorme cama King Size con la que estaba dotada esa habitación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tampoco me llamaron la atención ni el lujoso jacuzzi del baño añejo ni el despacho reservado para mi uso porque estaba obnubilado observando los diferentes colores del paisaje selvático que se divisaba desde sus ventanas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Todo lo que ve es parte de la finca― con voz gélida me espetó la morena al ver el poco caso que hacía a su explicaciones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Es imposible―alcancé a decir mientras me hacía una idea de la complejidad que sería plasmar esas tonalidades en un lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Soledad malinterpretó mi respuesta y con una mezcla de orgullo y desdén replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―El Quemado abarca mil quinientas hectáreas de bosque tropical. Pocas fincas en el país pueden comparársele por la riqueza de sus maderas y la diversidad de su fauna.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como artista me la sudaba el aspecto económico o medio ambiental de ese paisaje, estaba fascinado con su belleza. Por eso no me digné a contestarla y sacando por primera vez en meses mi cuaderno de dibujo, me puse a dibujar un primer bosquejo de esa vista.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―La cena es a las ocho. Por favor sea puntual― dijo con aspereza al comprobar que me había olvidado de su presencia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Hoy comprendo que esa monada hubiese dado por supuesto que era un cretino pero ese día estaba tan alucinado por mis ganas de pintar que no comprendí que me había portado como un maleducado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Es más absorto en el dibujo, se me pasó el tiempo sin darme cuenta y ya habían dado las ocho y media cuando caí en que llegaba tarde.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Joder, va a pensar que lo he hecho a propósito».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No me equivocaba por que al llegar al comedor, el cabreo de Soledad se masticaba en el ambiente. Y por segunda vez en esa tarde tuve que disculparme. Como en la ocasión anterior, no sirvió de nada porque esa morena no me quiso escuchar y si me hablo fue para preguntar lo que quería de cenar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Menudo cabreo tiene la condenada», murmuré para mí mientras le contestaba que algo ligero porque estaba agotado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La costarricense me miró sin rastro de compasión y pasando mi comanda a una de las camareras, me dejó solo cenando sin despedirse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Hasta mañana― alcancé a escuchar antes de verla desaparecer por la puerta…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>2</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">El cansancio del viaje me hizo caer rendido sobre la cama y aunque mi intención era quedarme trabajando hasta las diez para recuperarme del Jet-Lag, en cuanto puse mi cabeza sobre la almohada me dormí. Por primera vez en meses, mi sueño fue profundo y sin altibajos, de forma que el amanecer me encontró descansado y con ganas de pintar. Mirando el reloj, comprendí que tenía que hacer tiempo durante dos horas:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Puedo dar una vuelta por la zona hasta que a las siete abran el comedor», pensé mientras ataba los cordones de mis zapatillas. Ya listo cogí una cámara de fotos y salí de esa mansión.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Los dieciocho grados de temperatura a esa hora me hicieron temer que una vez avanzase la mañana, el calor se haría insoportable. Por ello me alegró haber salido tan temprano y sacando mi móvil, comprobé que funcionaba el navegador. Tras lo cual sin miedo a perderme, me adentré en la selva a través de una senda que nacía a pocos metros del hotel.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El verde esmeralda de esa arboleda me engulló sin permitir que mi vista se extendiera a lo lejos pero eso en vez de molestarme, me cautivó al descubrir una variedad de flores y plantas de indudable belleza y que a los que los ojos de un europeo parecían de otro planeta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Son increíbles», murmuré para mí mientras fotografiaba todo lo que tenía a mi alcance.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Nada quedó sin ser inmortalizado, desde un enorme hormiguero a unas primorosas orquídeas fueron objeto de mi teleobjetivo. Cuando después de una hora mi entusiasmo amenazaba con decaer, de improviso vi que se abría un hueco en esa floresta y al cruzarlo, me encontré de bruces con el paisaje más cautivante que jamás había contemplado. Confieso que me quedé anonadado al observar esa cascada y la pequeña laguna que se formaba a sus pies.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―No puede ser cierto― murmuré frotándome los ojos incapaz de creer que algo tan extraordinario pudiese existir.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Parecía el resultado del trabajo del genio de un paisajista. Dos enormes jacarandas con sus flores rojas eran el marco de entrada a ese paraíso. Conteniendo la respiración no fuera a desaparecer, me acerqué a comprobar esas cristalinas aguas. Ya en la orilla comprendí que ese lago rebosaba de vida al ver los perfiles plateados de multitud de peces.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Esto merece por si solo una exposición», resolví mientras guardaba en mi teléfono la localización exacta de ese emplazamiento para poder volver pertrechado con todo lo necesario para plasmarlo en lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Deseando coger mis pinceles, busqué el camino de vuelta al hotel y para mi sorpresa, descubrí que estaba a menos de un kilómetro.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Debo de haber estado dando vueltas a su alrededor», asumí mientras me orientaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Diez minutos después, estaba entrando por la puerta cuando me topé con la directora. Estaba tan feliz por el provecho de mi paseo que, al ver que me miraba con cara avinagrada, me hizo gracia y queriendo vengar el modo en que me trataba, la saludé diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Cuando ayer la conocí, creí que nada podía competir con su belleza pero me equivoqué: ¡El Quemado es todavía más bello!</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aunque mi ataque contenía implícito un piropo, no preví que esa bruja se pusiera colorada y menos que saliera huyendo por la escalera sin decir nada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Qué tía más rara!», zanjé sin darle mayor importancia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras lo cual, me dirigí al comedor a desayunar opíparamente para así no tener que parar por hambre si tal y como esperaba me daban las horas pintando. Afortunadamente María, la camarera regordeta de la noche anterior, me informó que me habían preparado un desayuno típico costarricense con gallo pinto, huevos, plátano maduro, carne en salsa y tortillas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Nada más?― comenté muerto de risa porque al contrario que en ese país, mi costumbre era tomar únicamente un café y como mucho unas tostadas</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La morena cazó al vuelo que iba de broma y sonriendo de oreja a oreja, replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Primero acábeselo y luego hablamos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La naturalidad de esa muchacha me gustó y entablando conversación con ella, me enteré que las tres cuartas partes de los hombres del pueblo más cercano trabajaban en la hacienda bajo el mandato de Soledad que además de dirigir el hotel, controlaba la gestión de toda la plantación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Los compadezco― comenté en plan de guasa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> María no entendió a qué me refería y al explicar que teniendo de jefa a ese témpano de hielo el trabajo allí debía ser un infierno, muy ofendida me replicó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Se equivoca con la patrona. Doña Soledad es una bendición para este pueblo. Desde que se quedó viuda, no solo ha sacado adelante la plantación que le dejó su marido sino que se ha convertido en el sostén de las mujeres pobres de la zona. Nadie sabe lo que hubiese sido de nosotros si ella no estuviera aquí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La adoración con la que hablaba de su jefa me impactó al no concordar con la imagen preconcebida que tenía de esa mujer. De ser cierto lo que decía, me había equivocado totalmente con ella.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «La tiene en un altar», asumí y tratando de sacar más información de esa regordeta porque no en vano me acababa de informar que ella era “mi cliente”, decidí aprovechar su naturaleza charlatana. Por eso le pedí que disculpara mi torpeza porque había hablado sin saber y que hasta ese momento, nadie me había contado que Soledad había perdido a su marido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi interés por su jefa no le pasó inadvertido y con todo lujo de detalles, me explicó que enviudó a raíz de un accidente de avioneta y que una vez sola, había conseguido salir adelante sin ayuda de nadie.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Hace cuantos años ocurrió?― pregunté.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Se tomó unos segundos en contestar:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Su hija era una niña por lo que debe de hacer unos diez años.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que ese monumento de hielo fuera capaz de enfrentar con entereza una desgracia entraba dentro de mis esquemas pero que fuese madre no me lo esperaba.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Menuda sorpresa», dije para mí cada vez más interesado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desafortunadamente, me quedé con las ganas de seguir averiguando cosas de ella porque desde la cocina llamaron a la camarera cortando de plano la conversación.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No importa», pensé mientras salía hacia mi cuarto: «ya tendré tiempo de enterarme quien es realmente esa belleza».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Acababa de recoger todos mis bártulos cuando nuevamente me encontré con la dueña y señora de la hacienda pero en esta ocasión al verme con el caballete, el lienzo y demás instrumentos, me preguntó si iba a volver a comer. Al contestarla que no creía porque pensaba pasarme el día pintando, llamó a la cocina y les ordenó que me prepararan un almuerzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Muchas gracias― respondí extrañado de su actitud, ya que aunque mantuvo en todo momento el rostro serio, creí adivinar una cierta cordialidad en su trato.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Lo más raro fue que una vez me trajeron esa bolsa con comida y agua, Soledad se dio cuenta que tendría que hacer dos viajes y sin preguntar mi opinión pidió a un mozo que me acompañara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Definitivamente esta tía es bipolar», murmuré mientras salía rumbo a la laguna…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>3</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mucha gente puede suponer que pintar un cuadro es una tarea fácil pero no es así. Quién se haya enfrentado ante un lienzo en blanco sabe de lo que hablo. Antes de siquiera pensar en coger el pincel, el verdadero artista invierte horas en buscar lo que realmente quiere expresar en su obra. Docenas sino cientos de bocetos se realizan en papel intentando dar con el encuadre, la luz y la orientación justa antes de intentar plasmar su idea en tela.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Eso fue lo que me ocurrió ese día. Estaba tan entusiasmado con ese paraje salvaje que me pasé gran parte de la mañana intentando decidir con que parte de ese paraíso debía empezar. Las ideas se arremolinaban en mi mente y tan pronto comenzaba a hacer un bosquejo de los rayos de sol filtrándose a través de la espesura como de pronto cambiaba de objetivo y me ponía a dibujar una flor en particular.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tengo que centrarme», pensé al verme, tras una época de sequía, pletórico y con cientos de ideas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Desgraciadamente todo a mi alrededor me resultaba digno de ser interpretado por mi arte y dejarlo para la posteridad. Por ello ya eran cerca de las doce cuando me di por vencido y decidí volver a coger la cámara para en la soledad de mi habitación analizar las imágenes y tomar la decisión de por dónde empezar. Recuerdo que estaba tomando una panorámica del lugar cuando escuché unas voces adolescentes acercándose y sin saber que me indujo a hacerlo, me escondí mientras maldecía su interrupción.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Los culpables resultaron ser dos crías de la zona que venían a bañarse en la laguna. Juro que su presencia me parecía un sacrilegio, una mancha que echaba por tierra la naturaleza impoluta de ese edén. Por ello en un principio no me fijé en la indudable belleza de sus cuerpos juveniles cuando despojándose de la ropa se pusieron a nadar en bikini alterando irremediablemente el entorno.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Todo eso cambió cuando ajenas a estar siendo observadas por un forastero, las chavalas se dejaron llevar por la inocencia que daban sus pocos años y comenzaron a jugar a mojarse la una a la otra. La alegría que transmitían con sus risas me pareció adorable y aprovechando que tenía en mi mano la cámara, comencé a retratarlas discretamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sintiéndome un voyeur utilicé mi teleobjetivo para buscar el enfoque y fue entonces cuando me percaté que eran dos bellezas de mujer y que había encontrado las musas que llevaba tantos meses añorando.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Son la dulzura personificada», murmuré mientras iba acercándolas en la pantalla e inconscientemente me centraba en el contraste de la blancura casi nívea de la que parecía más joven y la piel morena de la mayor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Obsesionado con ellas, no paré de fotografiar sus cuerpos compitiendo mientras se hacían aguadillas sin tener constancia en ese momento de la brutal sensualidad que trasmitían esos pechos al rozarse entre ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Las intrusas estuvieron jugando más de media hora en esas cristalinas aguas hasta que ya cansadas decidieron tomar el sol sobre una piedra. La primera en salir de la laguna fue la rubia y al hacerlo me quedé casi sin respiración al observar la perfección de sus curvas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Es preciosa!», exclamé en silencio mientras grababa en mi memoria y en la de la cámara el caminar de esa leona de larga melena clara, «debe tener veinte años».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con mi corazón bombeando a mil por hora, admiré desde mi escondite su impresionante trasero sin dejar de pulsar el botón que sin desearlo esa noche me permitiría revisar hasta la extenuación la gloriosa sensualidad de sus nalgas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No he visto nada igual», certifiqué aproximando la imagen como si la tuviese a escasos centímetros de mi cara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No tardé en pasar de la dureza de sus glúteos a la exuberancia de sus senos y con auténtico frenesí, capturé el discurrir del profundo canal que discurría entre ellos mientras mi conciencia me pedía que parara porque era insano la atracción que estaba sintiendo por esa muchacha recién salida de la adolescencia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Dejando al lado esos reproches, continué inmortalizando el busto de la desconocida dejando patente que tanto tiempo en el agua había endurecido sus pezones.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Quien los tuviera en la boca!», sentencié ya totalmente excitado al soñar que algún día serían míos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estaba todavía salivando con esa imagen cuando la morena salió del agua. La diferencia de edad con su amiga no fue óbice para que mi propia calentura me azuzara a buscar captar la sensualidad que transmitía y sin pensármelo dos veces, con el zoom busqué el lado más erótico de la recién llegada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ignorando mi presencia, la muchacha me lo puso fácil porque mientras trataba de encontrar postura en la roca me deleitó con unas instantáneas en las que parecía ir a abalanzarse sobre su compañera. Sabiendo que estaba infringiendo todo tipo de moral, me concentré en sus gruesos labios y en el exotismo de sus ojos negros antes de pasar a fotografiar sus pechos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Más pequeños que los de la rubia me parecieron igualmente atractivos debido a que por su edad y su tamaño la gravedad no había hecho estragos en ellos.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Parecen los cuernos de un toro», mascullé para mí al comparar su delicada forma con los pitones de esa bestia.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Deslizando mi objetivo por su cuerpo comprobé la ausencia de grasa abdominal pero reconozco que me quedé obnubilado al contemplar el modo en que su cintura se ensanchaba para dar entrada a sus caderas. Temiendo no tener otra oportunidad, perpetué su trasero centrándome en la forma en que el estrecho bikini desaparecía entre sus nalgas mientras ese primoroso ejemplar de raza mestiza se daba la vuelta para que el sol terminara de secarle la espalda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Alberto se va a quedar alucinado cuando le mande los primeros bocetos», pensé mientras seguía tomando fotos de mis inesperadas modelos, «siempre me ha dicho que mis cuadros adolecen de falta de pasión».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Al cabo de un rato las dos crías se dieron cuenta de la hora y cogiendo su ropa, desaparecieron de mi vista. Ebrio de emoción esperé un tiempo prudencial antes de volver al hotel por temor a toparme con ellas y que sospecharan que había descubierto su guarida secreta.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Ya en mi habitación descargué la memoria en el ordenador y comencé a revisar los cientos de instantáneas que había hecho esa mañana. Reconozco que pasé por alto todas aquellas que plasmaban la belleza del lugar y estudié con detalle en las aparecían mis musas. Excitado, obsesionado y ciego de lujuria repasé una por una, deleitándome en el erotismo que manaba de sus juegos y eligiendo una me puse a plasmar mi idea sobre un papel.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Incomprensiblemente ese día todo me salía bien y al cabo de dos horas había rellenado dos cuadernos con dibujos subidos de tono de mis “princesas”. Particularmente estaba encantado con uno en el que había trasformado el inocente momento en el que la morena estaba acomodándose al lado de su amiga en una alegoría del amor lésbico entre dos mujeres, dotando al modo en que miraba a la rubia de un deseo tan brutal como prohibido.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Por este tengo que empezar», me dije tras comprobar la fuerza onírica que tendría para los que una vez terminado lo contemplaran.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sin más dilación, tracé el primer bosquejo sobre el lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Jamás he sido partidario de la pintura rápida y mis cuadros eran reflejo de ellos. Mi gusto por el detalle me hacían acercarme peligrosamente al hiperrealismo y solo el aspecto onírico que impregnaba a mis obras lo alejaban de ese tipo de arte. Aun así a la hora de cenar ese trozo de tela había dejado de ser blanco y cualquiera que conociera a esas chavalas las hubiera reconocido de inmediato. Por ello antes de dirigirme al comedor y temiendo que un indiscreto echara un ojo a mi creación preferí taparlo, no fuera a ser que me causara problemas con la gente del lugar.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Mi satisfacción era inmensa al sentirme nuevamente un artista y no un fracasado. Quizás por ello, al llegar al restaurante y ver a el gesto poco amigable de doña Soledad no me importó. Es más queriendo demostrarle lo poco que me afectaba su sequedad, me atreví a decirle con tono divertido:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Señora, ¿algún día me va a permitir retratarla? Es una pena que el resto del mundo no conozca el tesoro que esconde esta hacienda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Como siempre había ocurrido, observé que al oír mi piropo sus mejillas adquirían sin querer una tonalidad rojiza antes de darse la vuelta ignorándome.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Aunque era broma, no me importaría pintarla», me dije al girarme y ratificar que la indudable belleza madura de su rostro iba acompañada por unas posaderas que lejos de afearla, realzaban su atractivo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Dios debió pensar en mí el día en que repartió tantos dones entre las mujeres de esta zona», murmuré mentalmente mientras elegía una mesa alejada de la entrada…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>4</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Estaba mirando la carta cuando María llegó y con su desparpajo habitual comentó que si tenía hambre tenía la obligación de probar el “casado” que había preparado la cocinera.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Prefiero las casadas― respondí en plan de guasa sin prever que la camarera soltara una carcajada que retumbó en toda la sala.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Los otros huéspedes se nos quedaron mirando tratando de averiguar el motivo de las risas de esa morena. Aunque solo fueron unos segundos, me pareció una eternidad el tiempo que esa mujer tardó en recobrar la compostura y por eso cuando me explicó que el casado era un plato costarricense compuesto por un montón de ingredientes, estaba tan cortado que ni siquiera la escuché.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me parece bien― respondí deseando que desapareciera rumbo a la cocina y dejar de ser el centro de las miradas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A pesar de ejercer una profesión en la que la intercomunicación con los clientes es básica, soy bastante tímido y por eso cuando me atreví a mirar a mi alrededor, me sorprendió observar que una cuarentona de buen ver me sonreía. Al comprobar que era a mí devolví la sonrisa sin mayor intención que ser educado pero esa castaña interpretó ese gesto como una invitación y cogiendo su bolso, se acercó hasta mi mesa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soy Patricia― dijo extendiendo su mano hacia mí.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> No queriendo cometer dos veces el mismo error evité saludarla con un beso en la mejilla, únicamente se la estreché y mientras veía que se sentaba sin haber sido invitada, me soltó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> –Mateo, desde que Soledad me contó que iba a quedarse con ella su pintor favorito, tenía ganas de conocerte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Y eso?― contesté intrigado por el supuesto fervor que la dueña de todo ese paraje sentía por mi pintura.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Aprovechando que le había dado entrada con mi pregunta, se relajó en su silla mientras me comentaba:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Durante nuestro último viaje a España, acudí con Sole a una exposición grupal de pintura y mi amiga se quedó tan impresionada con sus cuadros que se compró uno.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Deseando saber cuál era, le pregunté si sabía su título:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ni idea― respondió pero entonces sacando su móvil me dijo: ―Creo que tengo un selfie en el que sale.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras revisar unos segundos en su teléfono, lo encontró y pasándomelo, dijo con voz pícara:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Siempre me ha parecido un poco fuerte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Reconozco que me quedé pasmado al enterarme que esa mujer había sido la valiente que se había atrevido a comprar la que consideraba mi obra más erótica hasta el momento y que no era otra que el retrato de mi ex novia desnuda llamándome desde la cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «¡Qué curioso!», musité mentalmente al no cuadrarme que encima tuviese el valor de colgarlo en el salón de su casa, teniendo en cuenta el lujo de detalles con el que había plasmado tanto el cuerpo de mi musa como mi trasero.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Estaba todavía pensando en ello cuando la indiscreta mujer me preguntó quién era la modelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Alguien de mi pasado que amé― respondí escuetamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Soledad siempre ha dicho que le entusiasma porque se nota el amor con el que el autor pintó a la muchacha y que más que una invitación de ella para llevarlo a la cama, era la expresión inconsciente del deseo del artista por ser amado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Yo no lo hubiese expresado mejor― repliqué confirmando de ese modo que esa interpretación era la correcta en vista a como habíamos terminado.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando Patricia dejó claras sus intenciones cuando me preguntó si aceptaba encargos. Antes de contestar observé que bajo su blusa habían emergido dos pequeños volcanes y recreando mi mirada en ellos quise saber qué tipo de cuadro deseaba que le pintara.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Sin ningún tipo de rubor, la mujer respondió:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Quiero un retrato mío desnuda antes que la edad haga mella en mi cuerpo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Azuzado por la expresión llena de lujuria de sus ojos, no pude negarme. Es más sabiéndome al mando, le hice saber que de aceptar y aunque estaba abierto a sugerencias, sería yo quien eligiera el modo de plasmarla en el lienzo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Recibió mis palabras con alegría y tras cerrar conmigo el precio, me prometió total libertad diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Te juro que no pondré objeción alguna a tus deseos. Por tener un cuadro pintado por ti, soy capaz de modelar atada a una cama.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Tomo nota― contesté de broma suponiendo que había sido una exageración de su parte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero entonces la cuarentona se descubrió ante mí al insistir en el tema:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿En serio me pintarías amordazada e indefensa?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Adivinando que más que un deseo era una necesidad, quise saber si tras esa fachada de dama se escondía una sumisa y por eso arriesgándome a que montara un escándalo, acercando mi boca a su oído susurré:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ese tipo de encargo, tiene un coste extra. Si quieres algo así, quítate las bragas y dámelas.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El gemido que salió de su garganta afianzó mi impresión de hallarme ante una mujer esclava de una sexualidad desaforada y no queriendo que se lo pudiese pensar, le exigí que me las diera inmediatamente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Aquí?― respondió con los ojos como platos llena de pavor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Pero al ver que me mantenía firme en mi postura, maniobrando por debajo del mantel se las quitó y disimuladamente me las dio. Decidido a forzar su claudicación y que se revelara como una hembra necesitada de dueño, cogí esa coqueta prenda entre mis dedos y extendiéndola sobre la mesa, insistí:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Te gustaría que las oliera?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Con la respiración entrecortada dudó unos instantes y tras mirar a su alrededor y comprobar que nadie nos miraba, dijo con su voz cargada de emoción al saber que con ello firmaba su rendición:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Me encantaría.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Satisfecho que hubiese caído por voluntad propia en mis garras, decidí usar el poder que ella misma me había entregado al decir:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Todo en la vida tiene un precio: quiero verte masturbándote mientras lo hago.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Confieso que me sorprendió la facilidad con la que aceptó mi orden pero aún más que en su rostro apareciera una sonrisa mientras me decía:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Será un placer, amo― tras lo cual escondiendo su mano de la vista de todos, se acomodó en la silla y comenzó a tocarse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> La llegada de la camarera con nuestros platos la puso a prueba y nuevamente demostró que quería estar a la altura porque en ningún momento hizo ademán de sacarla sino que incluso me percaté que incrementaba la velocidad con la que torturaba su sexo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Muchas gracias, María― comenté a la camarera al advertir que miraba alucinada tanto a mi invitada como a la prenda de encaje que lucía al lado de mi tenedor.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esperé un momento a que se fuera y con una sonrisa de oreja a oreja, comenté a mi inesperada adquisición:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿No tendrás ninguna duda que se ha dado cuenta de lo que hacías?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Sé que me ha visto― contestó con un brillo en sus pupilas que me hizo saber que la había excitado el hecho de ser pillada en esa situación tan incómoda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Dando por sentado que además de sumisa, esa mujer era exhibicionista, premié su desempeño llevando sus bragas a mi nariz. Ese gesto fue el detonante de su placer y mordiendo sus labios para no gritar, se corrió ante la presencia del que sabía que sería su dueño mientras durara mi estancia en esa región.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> El silencioso orgasmo de la castaña azuzó mi lado dominante, por ello mientras dejaba de olisquear esa prenda y me la guardaba en el bolsillo, dejé caer que me gustaban las putas sin pelos en el coño. Ese insulto claramente dirigido a ella no la importó y temblando todavía de placer, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Esta misma noche me lo afeitaré para que no tenga queja.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Habiendo conseguido todo lo que me proponía la dejé descansar y cambiando de tema, le pregunté de qué conocía a la dueña de esa hacienda.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Amo, la conozco desde niñas. Fuimos juntas a la misma clase.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Que siguiera dirigiéndose a mí con ese apelativo cuando claramente había dejado de comportarme como tal, me intrigó y al preguntárselo, Patricia contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Usted es el primero en conocer mi secreto, ni siquiera mi ex marido lo sabe y para mí es una liberación poderle llamar así.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Estás divorciada?</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Gracias a Dios así es, no sabe lo aburrido que era vivir con un hombre que no ejerciera como tal y que tuviese que ser yo quién llevara las riendas de todo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Descojonado por esa respuesta, repliqué:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Conmigo las únicas riendas que llevarás serán las de tus bridas cuando te monte.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Esa nada sutil promesa desbordó a la mujer y comportándose como una verdadera lunática, me pidió permiso para volver a masturbarse.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Ahora vamos a comer, tengo hambre― respondí advirtiendo por primera vez la barbaridad que me habían puesto para cenar ya que en mi plato no solo había arroz con frijoles sino también plátano, col e incluso carne.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Poniendo un puchero, aceptó mi orden y se puso a cenar con apetito mientras me miraba con una devoción que jamás había visto en ninguna de mis parejas. Por mi parte, la amistad de esa mujer con doña Soledad me tenía confundido y empecé a valorar si la rudeza con la que me trataba no escondería una personalidad parecida a la de su amiga.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «No puede ser», medité mientras saboreaba el estupendo pero excesivo platillo, «no hubiese sido de sacar una hacienda como esta adelante».</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> A partir de ese momento, decidí que debía intentar acercarme a esa enigmática mujer para descubrir cómo era y sabiendo que de conocer que Patricia se había entregado a mí, nunca se produciría ese acercamiento, la ordené que no se lo dijera y que frente a los demás, se comportara normalmente.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Así lo haré, amo― prometió.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Curiosamente, a partir de ese momento, la castaña me hizo caso y desmelenándose, me demostró que era una mujer lista y divertida con la que pasé una hora muy entretenida mientras terminábamos de cenar. Solo al llegar el postre y acercarse el momento de decir adiós, me pasó su dirección en un papel diciendo:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Mañana su sucia putita esperará ilusionada que su dueño la pinte en su casa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―¿Solo pintarte?― pregunté soltando una carcajada.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Bajando sus ojos en plan coqueto, contestó:</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> ―Si tiene tiempo y ganas me encantaría que me obligara a entregarme a usted.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Tras despedirme de ella en el hall del hotelito, subí directamente a mi habitación. Al llegar y ver en el reloj que era temprano, el estado de ebullición de mis neuronas fue productivo porque en vez de abocarme a rememorar el día haciéndome una paja, decidí sacar el cuadro que tenía a medias y ponerme a pintar. Me consta que la dosis de testosterona que me había inyectado en vena tuvo bastante que ver con la sensualidad con la que exageré el tamaño de los pezones de la morena. Juro que no fue mi intención pero mientras perfilaba los músculos de mi involuntaria modelo, los dibujé en tensión dando la impresión visual que era una pantera lista para lanzarse sobre su presa.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> En cambio a la rubia la dibujé durmiendo y relajada ajena a que en breves momentos iba a ser despertada violentamente por la lujuria de su amiga. En ella mi pincel resaltó la palidez de su piel y solo me permití añadir unas gotas sobre su pecho que ir en concordancia con su empapado pelo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> Eran casi la una de la madrugada cuando alejándome dos pasos del cuadro, lo miré complacido al saber sin ningún género de dudas que era de lo mejor que nunca había pintado y decidí dejarlo hasta el día siguiente antes de darle fin al firmarlo.</span><br />
<span style="font-size: 14pt;"> «Tiene fuerza, potencia, sensualidad», sentencié y cerrando los ojos me dormí…</span></p>
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		<title>&#8220;EL ELEGIDO DE KUKULKAN, sexo en la selva&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Jul 2026 07:06:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[SINOPSIS: Durante una expedición arqueológica a lo más profundo de la selva en el sureste mexicano, José Valcárcel, un estudioso de la cultura maya, descubre una estatua de KuKulKan y para su sorpresa, esa deidad le nombra su elegido y le exige su compromiso para que esa civilización florezca con todo su esplendor. Al aceptar, caen bajo su poder todas las miembros del equipo mientras el pueblo Lacandón le nombra su rey,CONOCE A ESTE AUTOR, verdadero fenómeno de la red con más de 13 MILLONES DE VISITAS. &#160;ALTO CONTENIDO ERÓTICO Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01LQIQLUM"><img decoding="async" width="1024" height="353" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/el-elegido4-1024x353.png" alt="" class="wp-image-18393" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/el-elegido4-1024x353.png 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/el-elegido4-300x103.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/el-elegido4-768x265.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/el-elegido4.png 1808w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p><strong>SINOPSIS:</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Durante una expedición arqueológica a lo más profundo de la selva en el sureste mexicano, José Valcárcel, un estudioso de la cultura maya, descubre una estatua de KuKulKan y para su sorpresa, esa deidad le nombra su elegido y le exige su compromiso para que esa civilización florezca con todo su esplendor. Al aceptar, caen bajo su poder todas las miembros del equipo mientras el pueblo Lacandón le nombra su rey,<br>CONOCE A ESTE AUTOR, verdadero fenómeno de la red con más de 13 MILLONES DE VISITAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;A</span><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">LTO CONTENIDO ERÓTICO</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01LQIQLUM">https://www.amazon.es/dp/B01LQIQLUM</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;los primeros&nbsp; capítulos:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo 1</strong></span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Introducción</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Os quiero aclarar antes de que empecéis a leer mis vivencias que sé que ninguno me va a creer. Me consta que os resultara difícil admitir que fue real y que en verdad me ocurrió. Para la gran mayoría podrá parecerle un relato más o menos aceptable pero nadie aceptará que un ídolo prehispánico haya cambiado mi vida. Reconozco de antemano que de ser yo quien leyera esta historia, tampoco me la creería. Es más si no fuera porque cada mañana al despertar una antigua profesora de arqueología nos trae desnuda a mi esposa y a mí el desayuno hasta la cama, yo mismo dudaría que me hubiese pasado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para empezar, quiero presentarme. Me llamo José Valcárcel y soy un historiador especializado en cultura Maya. La historia que os voy a narrar ocurrió hace cinco años en lo más profundo de la selva en el sureste mexicano. Por el aquel entonces yo era solo un mero estudiante de postgrado bajo el mando estricto de Yalit Ramírez, la jefa del departamento. Esa mujer era una autoridad en todo lo que tuviese que ver con el México anterior a Cortés y por eso cuando me invitó a unirme a una expedición a lo más profundo de esa zona, no dudé un instante en aceptar. Me dio igual tanto su proverbial mala leche como las dificultades intrínsecas que íbamos a sufrir; vi en ello una oportunidad para investigar el extraño pueblo que habita sus laderas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desde niño me había interesado la historia de los “lacandones”, una de las últimas tribus en ser sometidas por los españoles y que debido a lo escarpado de su hábitat nunca ha sido realmente asimilada. A los hombres de esa etnia se les puede distinguir por sus melenas lacias y sus vestimentas blancas a modo de túnicas, en cambio sus mujeres suelen llevar una blusa blanca complementada por faldas multicolor. Se llaman a ellos mismos “los verdaderos hombres” y se consideran descendientes del imperio maya.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me comprometí con Yalit en agosto y como la expedición iba a tener lugar en diciembre para aprovechar la temporada seca, mis siguientes tres meses los ocupé en estudiar la zona y prepararme físicamente para el esfuerzo que iba a tener que soportar en ese lugar, ya que no solo nos enfrentaríamos a jornadas maratonianas sino que tendríamos que sufrir más de treinta y cinco grados con una humedad realmente insana.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Previendo eso diariamente acudí al gimnasio de un amigo que comprendiendo mi problema me permitió, durante ese tiempo, ejercitarme en el interior de la sauna. Gracias a ello, cuando llegó el momento fui el único de sus cinco integrantes que toleró el clima que nos encontramos, el resto que no tuvo esa previsión y lo pasó realmente mal.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Queriendo ser concienzudo a la hora de narraros mi historia, me toca detallaros quienes éramos los miembros de ese estudio. En primer lugar como ya os he contado estaba la jefa, que con treinta y cinco años ya era una figura en la arqueología mexicana. Su juventud y su belleza habían hecho correr bulos acerca que había obtenido su puesto a través de sus encantos pero la realidad es que esa mujer era, además de una zorra insoportable, un cerebrito. Su indudable atractivo podía hacerte creer esa mentira pero en cuanto buceabas en sus libros, solo podías quitarte el sombrero ante esa esplendida rubia.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como segundo, la profesora había nombrado a Luis Escobar, un simpático gordito cuyo único mérito había sido el nunca llevarle la contraria hasta entonces. Para terminar, estábamos los lacayos. Alberto, Olvido y yo, tres estudiantes noveles para los cuales esa iba a ser nuestra primera expedición. De ellos contaros que Alberto era un puñetero nerd, primero de mi promoción pero en el terreno, un verdadero inútil. Su carácter pero sobre todo su débil anatomía hizo que desde el principio resultara un estorbo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En cambio, Olvido era otra cosa. Además de ser brillante en los estudios, al compaginar estos con la práctica del atletismo resultó ser quizás una de las mejor preparadas para lo que nos encontramos. Morena, cuyos rasgos denotaban unos antepasados indígenas, os reconozco que desde el primer día que la conocí me apabulló tanto por su tremendo culo como por la fama de putón que gozaba en la universidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 1</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Todavía hoy recuerdo, nuestro viaje hasta esas tierras. La primera etapa de nuestro viaje fue llegar a San Cristóbal de las Casas, pueblo mundialmente conocido tanto por su arquitectura colonial como por ser considerada la capital indígena del sureste. Esa mañana agarramos un avión desde el D.F. hasta Tuxtla Gutiérrez y una vez allí, un autobús hasta San Cristóbal.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Haciendo noche en ese pueblo, nos levantamos y pasando por los lagos de Montebello nos trasladamos en todoterreno hasta el rio Ixtac donde tomamos contacto por vez primera con los kayaks que iban a ser nuestro modo de transporte en esas tierras.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todos nosotros sabíamos de antemano que esas canoas eran el modo más rápido de llegar a nuestro destino pero aun así Alberto no llevaba ni diez minutos en una de ellas cuando se empezó a marear y tuvimos que dar la vuelta para evitar que al vomitar volcara la barca.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El muy cretino había ocultado que era incapaz de montar en barco sin ponerse a morir. Como os imaginareis le cayó una tremenda bronca por parte de Yalit ya que su enfermedad le hacía inútil para la expedición. Por mucho que protestó e intentó quedarse con el resto, la jefa fui implacable:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te quedas aquí. No vienes.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que entre los cuatro restantes tendríamos que llenar su hueco y que no había forma para reclutar otro miembro, le dejamos en tierra y tomamos los kayaks. Nuestro destino era una escarpada montaña llamada Kisin Muúl . La traducción al español de ese nombre nos debía haber avisado de lo que nos íbamos a encontrar, no en vano en maya significa “montaña maligna”. Los habitantes de esa zona evitan siquiera acercarse. Para ellos, es un lugar poblado por malos espíritus del que hay que huir.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras seis horas remando por esas turbias aguas, nos estábamos aproximando a ese lugar cuando de improviso la canoa en la que iba Luis se vio inmersa en un extraño remolino del que se veía incapaz de salir. Esa fue una de las múltiples ocasiones en las que durante esa expedición Olvido demostró su fortaleza física ya que dejando su kayak varado en una de las orillas, se lanzó nadando hasta el del gordito y subiéndose a ella, remando consiguió liberarla de la corriente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su valiente gesto tuvo una consecuencia no prevista, al mojarse su ropa, la camisa se pegó a su piel dejándome descubrir que mi compañera, además de un culo cojonudo, tenía unos pechos de infarto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menudo par de tetas!», pensé al admirar los gruesos pezones que se adivinaban bajo la tela.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si ya de por sí eso había alborotado mis hormonas, esa morenaza elevó mi temperatura aún más al llegar a la orilla porque sin importarle que estuviéramos presentes, ese esptáecculo de mujer se despojó de la camisa empapada para ponerse otra.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Joder! ¡Qué buena está!», exclamé mentalmente al observar los dos enormes senos con los que la naturaleza le había dotado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como me puso verraco el mirarla, tratando que no se me notara desvíe mi mirada hacia mi jefa. Eso fue quizás lo peor porque al hacerlo descubrí que Yalit estaba también totalmente embobada mirando a la muchacha. En ese momento creí descubrir en sus ojos el fulgor de un genuino deseo y por eso no pude menos que preguntarme si esa profesora era lesbiana mientras la objeto de nuestras miradas permanecía ajena a lo que su exhibicionismo había provocado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez solucionado el incidente, recorrimos el escaso kilómetro que nos separaba de nuestro destino y con la ayuda del personal indígena, establecimos nuestra base a escasos metros de la pirámide que íbamos a estudiar. Para los que lo desconozcan, os tengo que decir que en el sureste mexicano existen cientos de pirámides mayas, toltecas u olmecas, muchas de ellas no gozan más que de una protección teórica por parte de las autoridades. Por eso la importancia de la de Kisin Muúl, su remota ubicación nos hacía suponer que nunca había sido objeto de expolio pero también era extraño que nuestros antepasados se hubiesen ocupado de esconderla ya que no aparecía en ningún códice ni maya ni español.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La ausencia de Alberto se hizo notar ese mismo día porque al no tener más que cuatro kayaks para portar todo el equipo, tuvimos que dejar atrás tres de las cinco tiendas individuales previstas y por eso mientras las montábamos asumí que por lógica me iba a tocar compartirla con Luis. Nunca esperé que la jefa tuviese otros planes y que una vez anochecido y mientras cenábamos nos informase que como necesitaba repasar con su segundo las tareas del día siguiente, yo dormiría con Olvido en la más pequeña.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que no me quejé y acepté con agrado esa orden ya que eso me permitiría disfrutar de la compañía de ese bellezón. Me extrañó que mi compañera tampoco se quejara, no en vano lo normal hubiese sido que nos hubiese dividido por sexos. Esa misma noche descubrí la razón de su actitud porque nada más entrar en la tienda, la morena me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No sabes cómo me alegro de dormir contigo― mi pene saltó dentro del pantalón al oírla al pensar que se estaba insinuando pero entonces al ver mi cara, prosiguió diciendo: ―¿Te fijaste en cómo Yalit me miró las chichis?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Haciéndome el despistado le dije que no y entonces ella murmurando dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me miró con deseo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Muerto de risa porque hubiese pensado lo mismo que yo, respondí tanteando el terreno:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Yo también te miré así.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sí, pero tú eres hombre― contestó y recalcando sus palabras, me confesó: ― No soy lesbiana y no me gusta que una vieja me observe con lujuria.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras despertaron mi lado oscuro y acomodando mi cabeza sobre la almohada le solté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Entonces, ¿no te importará que mire mientras te desnudas?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Soltando una carcajada se quitó la camisa y tirándomela a la cara respondió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te vas a hartar porque duermo en tanga― tras lo cual, se despojó de su pantalón y medio en pelotas se metió dentro del mosquitero y sonriendo, me dijo: ―Te doy permiso de ver pero no de tocar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su descaro me hizo gracia y cambiando de posición, me la quedé mirando fijamente mientras le decía:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eres mala― siguiendo la guasa, señalé mi verga ya erecta y le dije: ―¿cómo quieres que se duerma teniendo a una diosa exhibicionista a su lado?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando llevando una de sus manos hasta su pecho, descojonada, comentó mientras uno de sus pezones:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me sabes algo o me hablas al tanteo?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como os podréis imaginar, me quedé pasmado ante tamaña burrada y más cuando con voz cargada de lujuria, preguntó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No te vas a desnudar?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> De inmediato me quedé en pelotas sin importarme el revelarle que entre mis piernas mi miembro estaba pidiendo guerra. Olvido al fijarse, hizo honor a su nombre y olvidando cualquier recato, se empezó a acariciar mientras me ordenaba:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Mastúrbate para mí!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su orden me destanteó pero al observar que la mujer había introducido su mano dentro del tanga y que se estaba pajeando sin esperar a que yo lo hiciera. Aceptando que tal y como se decía en la universidad, esa cría era una ninfómana insaciable y que tendría muchas oportunidades de beneficiármela durante la expedición, cogí mi verga entre mis dedos y comencé a masturbarme.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Me encanta cabrón!― gimió sin dejar de mirarme― ¡Lo que voy a disfrutar durante estos dos meses contigo!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La expresión de putón desorejado que lucía su cara me terminó de excitar y acelerando mis maniobras, le espeté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hoy me conformaré mirando pero mañana quiero tu coño.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras lejos de cortarla, exacerbaron su calentura y zorreando contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tómalo ahora.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como comprenderéis dejando la seguridad de mi mosquitero, me fui al suyo. Olvido al verme entrar, se arrodilló y sin esperar mi permiso, abrió su boca y se embutió mi verga hasta lo más profundo de su garganta mientras con su mano torturando su pubis. La experiencia de la cría me obligó a dejarla el ritmo. Su lengua era una maga recorriendo los pliegues de mi glande, de manera que rápidamente todo mi pene quedó embadurnado con su saliva. Entonces, se la sacó y me dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te voy a dejar seco esta noche― tras lo cual se lo introdujo lentamente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me encantó la forma tan sensual con la que lo hizo: ladeando su cara hizo que rebotase en sus mofletes por dentro, antes de incrustárselo. Su calentura era tanta que no tardé en notar que se corría con sus piernas temblaban al hacerlo. Por mucho placer que sintiera, en ningún momento dejó de mamarla. Era como si le fuera su vida en ello. Si bien no soy un semental de veinticinco centímetros, mi sexo tiene un más que decente tamaño y aun así, la muchacha fue capaz de metérselo con facilidad. Por increíble que parezca, sentí sus labios rozando la base de mi pene mientras mi glande disfrutaba de la presión de su garganta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La manera en la que se comió mi miembro fue demasiado placentera y sin poder aguantar, me corrí sujetando su cabeza al hacerlo. Sé que mi semen se fue directamente a su estómago pero eso no amilanó a Olvido, la cual no solo no trató de zafarse sino que profundizando su mamada, estimuló mis testículos con las manos para prolongar mi orgasmo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dios, ¡qué gusto!― exclamé desbordado por las sensaciones.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sonriendo, la puñetera cría cumplió su promesa y solo cuando ya no quedaba nada en mis huevos, se la sacó y abriéndose de piernas, me dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Date prisa. ¡Quiero correrme todavía unas cuantas veces antes de dormir!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Hundiendo mi cabeza entre sus muslos, me puse a satisfacer su antojo…</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A la mañana siguiente, nos despertamos al alba y tras vestirnos, salimos a desayunar. Yalit y Luis se nos habían adelantado y habiendo desayunado, nos azuzaban a que nos diéramos prisa porque había mucho trabajo que hacer. Los malos modos en los que nuestra jefa se dirigió tanto a Olvido como a mí me extrañaron porque no le habíamos dado motivo alguno o eso creí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alucinando por sus gritos, esperé que saliera para directamente preguntar al gordito que mosca le había picado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Joder, ¿qué te esperas después de la noche que nos habéis dado?― contestó con sorna ―¡No nos fue posible dormir con vuestros gritos!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Con que era eso! Debe ser cierto que es lesbiana y me la he adelantado», pensé temiendo sus represalias, no en vano era famosa por su mala leche.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al terminar el café y dirigirme hacia la excavación, se confirmaron mis peores augurios porque obviando que había personal de la zona y que en teoría estaban ahí para esas tareas, esa zorra me mandó desbrozar la zona aledaña al área de trabajo. Queriendo evitar el conflicto, machete en mano, empecé a abrir un claro mientras dos “lacandones”, sentados sobre un tronco, me miraban y haciendo señas, se reían de mí:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Menudos cabrones― murmuré en voz baja cada vez mas encabronado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Uno de los indígenas al advertir mi cabreo, se acercó hasta mí y con un primitivo español, me dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hacerlo mal. Mucho trabajo y poco resultado― tras lo cual me quitó el machete y me enseñó que para cortar las lianas primero debía de dar un corte en lo alto y luego irme a ras de tierra.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias― respondí agradecido al ver que esa era la forma idónea de atacar esa maleza.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tipo sonrió y sin dirigirse a mí, se volvió a sentar junto a su amigo. Durante toda la jornada y eso que estaban a escasos metros de mí, ninguno de los dos me volvió a hablar. A la hora de comer, le conté lo sucedido a mi compañera, la cual me contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pues has tenido suerte porque a mí esos pitufos directamente me han ignorado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Mira que eres bestia, no les llames así― recriminé a Olvido porque ese apelativo que hacía referencia a su baja estatura podía ofenderles.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Descojonada, murmuró a mi oído:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―El más alto de ellos, no me llega al hombro― y entornando los ojos, me soltó: ―De ser proporcional, tendrán penes de niños.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La nueva burrada me hizo reír y pegando un azote en su trasero, le pregunté porque le pedía a uno que se lo enseñara y así lo averiguaba. Sabedora que iba de broma, puso gesto serio y pasando la mano por mi paquete, respondió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A lo mejor lo hago, si dejas de cumplir.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solo la aparición de nuestra jefa, evitó que le contestara como se merecía y en vez de darle un buen pellizco en las tetas, tuve que tapar mi entrepierna con un libro para que Yalit no se diera cuenta del bulto que crecía bajo mi pantalón. La arqueóloga tras saludarnos se sentó y desplegando un mapa aéreo de la zona, nos señaló una serie de montículos que le hacían suponer que había otras ruinas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al estudiar las fotografías, me percaté que de ser ciertas las sospechas de mi jefa, las estructuras estaban orientadas hacía un punto exacto de una de las montañas cercana.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tienes razón― contestó y dando la importancia debida a mi hallazgo, nos dijo: ―Mañana iremos a revisar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez levantada la reunión, nos pasamos las siguientes horas haciendo catas en los terrenos con la idea de buscar la mejor ubicación donde empezar a escavar. El calor y la humedad que tuvimos que soportar esa tarde nos dejaron agotados y fue la propia Yalit la que al llegar las cinco, nos dijo que lo dejáramos por ese día y que nos fuéramos a descansar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menos mal», me dije dejándome caer sobre la cama.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Llevaba menos de un minuto cuando desde afuera de la tienda, me llamó Olvido diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Voy a darme un baño a la laguna, ¿te vienes?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su idea me pareció estupenda y cogiendo un par de toallas salimos del campamento. Al tener que cruzar una zona tupida de vegetación, nos tuvimos que poner en fila india, lo que me permitió admirar las nalgas de esa morena.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tienes un culo precioso― dije sin perder de vista esa maravilla.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi compañera escuchó mi piropo sin inmutarse y siguió su camino rumbo a la charca. Cuando llegamos y antes de que me diera cuenta, Se desnudó por completo y se tiró al agua por lo que tuve que ser yo quien recogiera su ropa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué esperas?― gritó muerta de risa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su tono me hizo saber que nuestro baño iba a tener una clara connotación sexual y por eso con rapidez me desprendí de mis prendas y fui a reunirme con ella. En cuanto me tuvo a su alcance, me agarró por la cintura pegó su pecho a mi espalda. No contenta con ello empezó a frotar sus duros pitones contra mi cuerpo mientras con sus manos agarraba mi pene diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Llevo con ganas de esto desde que me desperté.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me costó ver reflejado en sus ojos el morbo que le daba tenerla asida entre sus dedos y sin esperar mi permiso, comenzó a pajearme. Mi calentura hizo que me diera la vuelta y la cogiera entre mis brazos mientras la besaba. Hasta entonces Olvido había mantenido prudente pero en cuanto sintió la dureza de mi miembro contra su pubis, se puso como loca y abrazándome con sus piernas, me pidió que la tomara.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al notar como mi pene se deslizaba dentro de ella, cogí sus pechos con las manos y agachando la cabeza empecé a mar de ellos a lo bestia:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Muérdelos, ¡hijo de la chingada!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras solo hicieron acelerar lo inevitable y presionando mis caderas, se la metí hasta el fondo mientras mis dientes se apoderaban de uno de sus pezones.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Así me gusta ¡Cabronazo!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reaccionando a sus insultos, agarré su culo y forcé mi penetración hasta que sentí los vellos de su coño contra mi estómago. Fue entonces cuando comencé a moverme sacando y metiendo mi verga de su interior.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Me tienes ensartada!― gimió descompuesta por el placer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su expresión me recordó que todavía no había hecho uso de su culo y muy a su pesar, extraje mi polla y la puse de espaldas a mí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué vas a hacer?― preguntó al sentir mi capullo tanteando el oscuro objeto de deseo que tenía entre sus nalgas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darle tiempo a reaccionar y con un movimiento de caderas, lo introduje unos centímetros dentro de su ojete. Entonces y solo entonces, murmuré en su oído:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No lo adivinas?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su esfínter debía de estar acostumbrado a esa clase de uso por que cedió con facilidad y tras breves embestidas, logré embutir su totalidad dentro de sus intestinos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Maldito!― gimió sin intentar repeler la agresión.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su aceptación me permitió esperar a que se relajara. Fue la propia Olvido la que después de unos segundos empezara a moverse lentamente. Comprendiendo que al principio ella debía llevar el ritmo, me mantuve tranquilo sintiendo cada uno de los pliegues de su ano abrazando como una anilla mi extensión.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poco a poco, la zorra aceleró el compás con el que su cuerpo era acuchillado por mi estoque y cuando creí llegado el momento de intervenir, le di un duro azote en sus nalgas mientras le exigía que se moviera más rápido. Mi montura al oír y sentir mi orden, aulló como en celo y cumpliendo a raja tabla mis designios, hizo que su cuerpo se meneara con mayor rapidez.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Mas rápido! ¡Puta!― chillé cogiéndole del pelo y dando otra nalgada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi renovado castigo la hizo reaccionar y convirtiendo su trote en un galope salvaje, buscó nuestro mutuo placer aún con más ahínco. Aullando a voz en grito, me rogó que siguiera por lo que alternando entre un cachete y otro le solté una tanda de azotes.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Dale duro a tu zorra!― me rogó totalmente descompuesta por la mezcla de dolor y placer que estaba asolando su cuerpo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desgraciadamente para ambos, el cúmulo de sensaciones hizo que explotando dentro de su culo, regara de semen sus intestinos. Olvido al experimentar la calidez de mi semilla, se corrió con gritos renovados y solo cuando agotado se la saqué, dejó de chillar barbaridades.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con mi necesidad saciada por el momento, la cogí de la mano y junto con ella salimos de la laguna. Fue en ese instante cuando al mirar hacía la orilla, mi compañera se percató de una sombra en medio de la espesura y cabreada preguntó quién estaba allí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué pasa?― le dije viendo que se había puesto de mala leche.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Hecha una furia, me contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Alguien nos ha estado espiando!. Seguro que ha sido alguno de los lacandones― tras lo cual y sin secarnos, nos pusimos algo de ropa y fuimos a ver si lográbamos pillar al voyeur.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero al llegar al lugar donde había visto al sujeto, descubrimos que no eran huellas de pies descalzos las que hallamos en el suelo sino las de unas zapatillas de deporte.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ha sido Luis― dije nada más verlas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te equivocas― me alertó y señalando su pequeño tamaño, contestó: ―¡Ha sido Yalit !</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Las pruebas eran claras y evidentes. Como en cincuenta kilómetros a la redonda no había nadie calzado más que nosotros, tuve que aceptar que ¡Nuestra jefa nos espiaba!.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Será zorra― indignada se quejó y clamando venganza, dijo: ―Si esta mañana se ha quejado de mis gritos, ¡qué no espere que hoy la deje dormir!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su amenaza me alegró porque significaría que esa noche me dejaría seco y por eso con una sonrisa en los labios, la seguí de vuelta a la base</span>.</p>
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		<title>&#8220;Una activista, una ex y una espía mandaron juntas mi vida a la mierda&#8221;, LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Jul 2026 08:25:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: &#160; Es difícil de explicar cómo una llamada de teléfono puede trastocar una vida. Tampoco es fácil asumir como maduro que una mujer mas joven se sienta atraída por tí. Todo esto y mas le ocurrió a Alberto Morales, un ejecutivo cincuentón, al que un amigo le pide que acoja a una activista de los derechos humanos que tiene que huir de su patria porque la buscan unos narcos. Debido a los favores que le debe no puede negarse y acepta que la hispana se vaya a vivir con él.Desde que esa mujer entra en su vida, al peligro [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong> &nbsp; </p>



<p>Es difícil de explicar cómo una llamada de teléfono puede trastocar una vida. Tampoco es fácil asumir como maduro que una mujer mas joven se sienta atraída por tí. Todo esto y mas le ocurrió a Alberto Morales, un ejecutivo cincuentón, al que un amigo le pide que acoja a una activista de los derechos humanos que tiene que huir de su patria porque la buscan unos narcos. Debido a los favores que le debe no puede negarse y acepta que la hispana se vaya a vivir con él.<br>Desde que esa mujer entra en su vida, al peligro del cártel se le suma un comportamiento irracional rayando en la sumisión de la latina, el interés del CNI por sus actividades en Madrid, la vuelta de un antiguo amor y finalmente la vigilancia del Gobierno Americano a través de una pelirroja.</p>



<p>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</p>



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<p>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los tres primeros capítulos:</p>



<h1 class="wp-block-heading">1</h1>



<p>Cuando echo la vista hacia atrás en un intento de comprender la presencia de dos hembras dispuestas en mi cama, sé que todo tuvo un origen y un desencadenante. El origen vino motivado por una llamada. Una conversación telefónica de un amigo destinado en América Latina, pidiéndome ayuda para sacar de allí a una activista de los derechos humanos cuya vida corría peligro. Todavía recuerdo esa conversación en la que Jacinto me comentó que Lidia Esparza, una conocida suya, debía salir urgentemente de su patria por las amenazas que recibía de un poderoso cártel de drogas. Ya que para esos mafiosos esa mujer representaba un estorbo al no parar de denunciar el dominio que ejercía sobre la zona en las redes sociales y que, a pesar de las múltiples advertencias que le habían hecho todos los que la estimaban, seguía enfrascada en su particular cruzada; la lucha contra el tráfico que estupefacientes con el que esos líderes de pacotilla se enriquecían a costa de los indígenas.</p>



<p>-Alberto, básicamente necesita un sitio donde esconderse.</p>



<p>&nbsp;Aunque personalmente me la traía al pairo la situación que sufrían los habitantes de esa área boscosa, no pude decir que no a su petición al deberle muchos favores.</p>



<p>El desencadenante cuando un día de junio, me vi en compañía de mi señora recibiendo en el aeropuerto a la hispana. Reconozco que me sorprendió descubrir que la tal Lidia no era una mujer entrada en años, sino una preciosa chavala de poco más de veinte años. Cuando la vi con su melena larga a la altura de la cintura y su diminuto pero proporcionado cuerpo, creí que despertaría los celos de mi mujer. Juro que no comprendí para que Raquel viera en ella la hija que nunca habíamos tenido y menos que al enterarse que le había buscado acomodo en un piso de la administración autonómica, construido exprofeso para acoger a los peticionarios de asilo que llegaban a Madrid, se negó de plano y le ofreció que se quedara en casa. Como nuestra relación no estaba en el mejor momento, preferí no decir nada y aceptar su imposición con la esperanza que fuera algo temporal.</p>



<p>En un principio, esa muchacha se negó diciendo que no quería ser un estorbo, por lo que Raquel me pidió que la convenciera. Sin ganas y molesto, cogí las pocas pertenencias que se había traído huyendo y comenté:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Me comprometí a ayudarte y eso voy a hacer. ¡Te vienes a casa!</p>



<p>Ante esa imposición, Lidia bajó la mirada y cedió sin rechistar. Al verlo, mi esposa sonrió y tomándola del brazo, la llevó hasta el coche. De camino hacia nuestro hogar fue la primera vez que me percaté de que algo extraño le pasaba a esa criatura. Y es que por extraño que parezca con Raquel charlaba animadamente, pero en cuanto yo le dirigía la palabra, se ruborizaba y contestaba con monosílabos. Esa sensación se incrementó con el paso de los días debido a que, mientras se hacía uña y carne con mi señora, su relación conmigo seguía distante.</p>



<p>Un claro ejemplo de lo que le pasaba conmigo fue al día siguiente cuando al llegar a casa, me la encontré enseñando a Raquel a bailar salsa. La sensualidad de sus movimientos no me pasó desapercibida y durante casi un minuto, observé obnubilado su movimiento de caderas mientras intentaba inútilmente que mi señora la imitara.</p>



<p>«¡Menudo ritmo tiene la condenada!», comenté para mí mientras revelaba mi llegada.</p>



<p>Al verme en la puerta, sus mejillas se llenaron de rubor y excusándose, desapareció hacia su cuarto. Para colmo, recibí una bronca de Raquel cuando pregunté qué coño le pasaba a esa joven conmigo.</p>



<p>-Eres un insensible. Deberías esforzarte para que se sienta en casa- me espetó cabreada como si yo fuera el culpable del aberrante comportamiento de la tal Lidia.</p>



<p>No queriendo buscar un enfrentamiento, me quedé callado y me refugié en el despacho a resolver unas cuestiones que había dejado abiertas mientras ella se iba a intentar calmar a la muchacha. Esa sensación de ser un apestado se incrementó a la hora de la cena, cuando ante mi pasmo nuestra invitada no solo fue la que cocinó sino también la que nos sirvió, todo ello, sin que Raquel se quejara.</p>



<p>-Quiere demostrar que no será una carga- fue la respuesta que me dio al preguntar.</p>



<p>Preocupado por si mi amigo se enteraba, traté de hacerle ver que no era correcto, pero cerrándose en banda mi señora me soltó que yo podría mandar en la empresa pero que en casa mandaba ella. Como ya comenté, por entonces nuestro matrimonio era un desastre y de nuevo preferí callar mientras la morenita me servía un guiso de su tierra. No reconociendo el plato, lo probé y reconozco que lo hallé delicioso. Al comentarlo y preguntar su nombre, Lidia colorada me contestó que era guiso de conejo, una comida típica de su país natal.</p>



<p>-Está buenísimo, princesa- exterioricé sin darme cuenta del apelativo con el que me referí a ella.</p>



<p>Afortunadamente, tampoco mi señora se percató de ello y menos de la reacción de la morena, ya que a buen seguro le hubiese extrañado al menos la sonrisa de satisfacción que lució la joven al oírme. Sonrisa que rápidamente desapareció de su rostro para ser sustituida por vergüenza al reparar en mi mirada.</p>



<p>«¡Qué tía más rara!», pensé y sin dar mayor importancia al hecho, seguí cenando mientras Raquel comenzaba a alabar a nuestra visita comentando la labor que había desarrollado en la selva. Interesado en la razón por la cual había decidido ocuparse de los más desfavorecidos cuando, según mi amigo, esa chavala había sido la primera de su promoción en la universidad, directamente lo pregunté.</p>



<p>-Mis paisanos están sufriendo el acoso de los cárteles que han venido a sustituir para mal a los antiguos terratenientes- fue su respuesta.</p>



<p>Asumiendo que la activista debía de ser crítica con la conquista guardé silencio, pero entonces la joven se extendió diciendo:</p>



<p>-Hasta que los narcos los echaron, el dominio de los criollos era total pero benéfico. Creyéndose dueños de sus vidas al menos intentaban que tuvieran una existencia digna. Cuando esos desalmados llegaron, los indígenas vieron en ellos unos libertadores, pero no tardaron en echar de menos a los dueños de las haciendas cuando los narcos impusieron el terror como método de asegurarse el control de las plantaciones de marihuana.&nbsp; Muerte y más pobreza es lo que ahora hay.</p>



<p>Tanto a Raquel como a mí nos extrañó su planteamiento, pero fue mi pareja quien se atrevió a preguntar qué solución veía para su gente. La joven abrumada por la pregunta, contestó algo políticamente incorrecto desde nuestro punto de vista:</p>



<p>-Mi patria necesita una dictadura. Un mando fuerte que eche a esa lacra y que garantice la supervivencia y el bienestar de la gente.</p>



<p>Como no podía ser de otra forma, mi señora protestó, no en vano, el régimen franquista había purgado a su padre haciéndole caer en la depresión y alzando la voz, le pidió que se retractara.</p>



<p>-Me gustaría que hubiese otra solución, pero siempre será preferible servir a un presidente fuerte que busque el bien de sus ciudadanos a vivir en este caos.</p>



<p>&nbsp; Mi esposa dio por sentado que la joven hablaba de una revolución socialista al estilo cubano y no deseando entrar en una discusión sin fin, dejó el tema y empezó a hablar con ella de temas triviales. Mientras eso ocurría, me quedé pensando en lo jodidos que debían estar en esa zona para que una joven del siglo XXI soñara con un dictador.</p>



<p>Durante las siguientes semanas se incrementó mi soledad y es que, a raíz de la llegada de la hispana, Raquel empezó a hacer cosas que no había hecho en los treinta años que llevábamos casados. Impulsada por una nueva juventud, comenzó a acudir a clases de baile mientras dejaba la casa bajo el cuidado de Lidia. &nbsp;Confieso que jamás dudé de ella y aunque cada día alargaba sus salidas, nunca pensé que hubiese encontrado en uno de los asiduos a esas clases a un hombre que la comprendiera.</p>



<p>Por ello, me sorprendió cuando una tarde al volver al trabajo me planteó el divorcio. Cayendo del guindo en el que estaba subido, comprendí que nuestro matrimonio había terminado hace mucho y que solo nos quedaba un profundo cariño, pero no amor. Asumiéndolo, no hice nada para evitar que se fuera a vivir con su amante y curiosamente, por lo único que discutimos fue por la morena. Aunque suene a insensatez, ésta se encontraba tan a gusto bajo nuestro techo que pidió quedarse ante mi incomprensión. Para mí, era algo aberrante y sin sentido, ya que seguía mostrándose recelosa de entablar incluso una conversación conmigo.</p>



<p>-Te comprometiste a ayudarla y ahora debes apechugar con ella- fue la respuesta que me dio mi ex al mostrarle mis reparos a que se quedara: -Aunque no es capaz de demostrártelo, cosa que no comprendo, esa muchacha te adora.</p>



<p>Reconozco que creí que la verdadera motivación de Raquel era tener una espía en mi casa, pero como mi alimentación y la limpieza de la casa había mejorado desde que Lidia vivía con nosotros no puse ningún impedimento a que lo continuara haciendo.</p>



<p>&nbsp;«Al menos no tendré que preocupar de tener la ropa planchada», me dije viendo el aspecto práctico de su permanencia y por ello, nada más desaparecer mi ex, lo primero que hice fue pactar un salario con ella.</p>



<p>-Si te vas a quedar, no quiero que pienses que te exploto- recuerdo que comenté tras una larga, pero pacifica discusión, ya que la joven mantenía que con darle cobijo y comida se daba por satisfecha.</p>



<p>Los primeros días de nuestra convivencia apenas varió nada, ya que la ausencia de Raquel apenas la noté al llevar años sin sexo. El único cambio visible fue que esa joven dejó de tutearme y me hablaba de usted. En un primer momento, intenté que me volviera a hablar de tú hasta que dándola por imposible permití que continuara con esa muestra de respeto tan genuinamente hispana. Lo que me costó reconocer mucho más tiempo fue la alegría que Lidia mostraba todas las tardes al recibirme en casa con todo listo, al seguir reticente de entablar conmigo la mínima charla.</p>



<p>Mi ex llevaba casi un mes fuera de casa, cuando al día siguiente de haberle pagado su nómina, esa morena me sorprendió con el uniforme de una criada de las de antaño. No es fácil de describir lo que sentí al verla con cofia, con ese vestido anudado al cuello y esos guantes almidonados. Al preguntar por qué se encontraba vestida así, su respuesta me dejó helado:</p>



<p>-Me lo he comprado para recordar cuál es mi puesto en esta casa y que el día que mi patrón decida traer compañía femenina, su acompañante no me vea como competencia.</p>



<p>Juro que sus palabras me parecieron una completa memez y así se lo hice saber a la chiquilla, pero a pesar de mis intentos no se dejó convencer y se negó a quitárselo. Viendo en ello parte de su educación, no creí conveniente forzarla para que volviese a vestirse como siempre había hecho:</p>



<p>«Ya tendrá tiempo de percatarse de que no es necesario», me dije extrañado, pero todavía tranquilo.</p>



<p>No fue hasta la hora de cenar, cuando realmente advertí que su mentalidad había abierto una brecha entre nosotros y es que rompiendo la rutina habitual en la que se sentaba a mi lado, Lidia se negó a hacerlo y se mantuvo de pie mientras daba buena cuenta de su estupenda cocina. Como siempre, tras probarlo, alabé la sazón de su guiso, pero esa noche su reacción me dejó perplejo y es que, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, la morena suspiró diciendo:</p>



<p>-Ser buena cocinera es lo mínimo que debo hacer para que mi señor esté contento con su princesa.</p>



<p>No supe contestar porque en ese momento me pareció intuir en ella una extraña excitación y creyendo que veía moros con trinchetes, terminé de cenar en silencio. Durante la media hora en que tardé en hacerlo, Lidia se mantuvo atenta a todo lo que necesitaba y si veía mi vaso medio vacío, corría a rellenármelo con una diligencia rayana en la sumisión. Consciente de su mimo, le dije muerto de risa que dejara de comportarse así o terminaría acostumbrándome.</p>



<p>-Su bienestar es mi única prioridad- con tono dulce, contestó sin dar importancia a lo que decía mientras recogía los platos.</p>



<p>Un escalofrío recorrió mi cuerpo al escucharla. Sin llegarlo a exteriorizar, me pareció que estaban fuera de lugar la docilidad y satisfacción que demostraba al servirme. Pero temeroso de preguntar, no fuera a ser que no me gustara su respuesta, decidí obviarlo y me dirigí al salón a ver la tele. No llevaba ni dos minutos, sentado en el sofá cuando de pronto llegó con un whisky y poniéndolo en mis manos, se sentó a mi lado… ¡pero en el suelo!</p>



<p>Juro que estuve a punto de levantarla y si no lo hice fue porque Lidia con una sonrisa en sus labios, comentó lo dichosa que se sentía al tener un patrón del que cuidar y que la cuidara. Con todos los vellos erizados, miré a la chavala y para mi estupefacción, descubrí que lo decía en serio. Totalmente confundido, queriendo entablar una conversación con ella, hice una tontería y llevando mis dedos a su mejilla, la acaricié. La morena recibió ese inesperado gesto con un sollozo y posando su cabeza sobre uno de mis muslos, comenzó a llorar dándome las gracias por ser tan bueno con ella.</p>



<p>La angustia que leí en Lidia no me permitió reaccionar y levantarme, en vez de ello, mesé su larga cabellera con mis yemas:</p>



<p>-Desde que oí su voz en el aeropuerto, supe que mi búsqueda había terminado y que, junto a usted, sería feliz- oí que balbuceaba entre lloro y lloro.</p>



<p>Conmocionado hasta decir basta, dejé que se desahogara durante casi media hora porque bastante tenía con tratar de asimilar lo que acababa de ocurrir. Debo confesar que, aunque en ningún momento se me había insinuado, di por sentado que ante cualquier avance de mi parte esa criatura se entregaría a mí y por ello agradecí que, levantándose de la alfombra, me dijera hasta mañana y se marchara hacia su cuarto.</p>



<p>Lleno de vergüenza por si algo en mi actitud le hubiera dado pie a sentir que la deseaba sexualmente, serví otro whisky en el vaso y me fui a la cama con la esperanza que al día siguiente todo hubiese sido un sueño.</p>



<h1 class="wp-block-heading">2</h1>



<p>Como es lógico, esa noche apenas pegué ojo. En cuanto trataba de conciliar el sueño, Lidia aparecía en mi mente desnuda impidiéndolo. Por ello cuando a las siete de la mañana, me despertó el ruido de la bañera llenándose, tardé unos segundos en reaccionar y totalmente agotado, fui a ver qué ocurría. Casi me caigo de espaldas al verla arrodillada junto a la tina, cantando una canción de su tierra que no me costó catalogar como de amor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Señor, espero que esté a su gusto- luciendo la mejor de sus sonrisas comentó para, sin darme tiempo a protestar, desaparecer rumbo a la cocina.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabiendo que no debía postergar una conversación con ella, me desnudé y sumergí en el jacuzzi que con tanto esmero me había preparado mientras intentaba acomodar mis ideas y plantear lo que le iba a decir.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Debo hacerla comprender que esto no ni correcto ni necesario. ¡No estamos en el medievo donde el dueño de la casa tenía derecho de pernada!», me dije impresionado por la manera en que esa joven deseaba servirme, al ver las semejanzas con el “benéfico” dominio que, según ella, los criollos habían ejercido sobre su gente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con ello en mi mente, me terminé de bañar y volví al cuarto donde me encontré con la novedad que la morena no solo había aprovechado para hacer la cama, sino que encima había elegido la ropa que ponerme. Viendo el traje, la camisa, el calzón e incluso la corbata que había cogido del armario, los metí de vuelta y cogí otros, para hacerle ver que entre sus atribuciones tampoco estaba el vestirme y ya listo para enfrentarme a ella, bajé a desayunar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El alma se me cayó a los pies cuando esa monada se echó a llorar al ver que no me había puesto lo que había seleccionado para mí y comportándome como un pánfilo, en vez de echarle la bronca, intenté calmarla diciendo que al día siguiente me pondría su elección. La felicidad de su rostro al escuchar mi promesa me impidió atajar el tema y creyendo que tendríamos tiempo de hablar, me tomé el café y las tostadas para acto seguido salir huyendo de ahí.</p>



<p>Ya en el coche, lamenté mi blandura y buscando un motivo a su actuación, decidí comentar el problema a un buen amigo, psiquiatra de profesión, no fuera a ser una loca. Debido a la hora, Pablo estaba pasando consulta y por ello, su enfermera no me lo pasó, prometiendo eso sí que, en cuanto pudiera su jefe, me devolvería la llamada. Sabiendo que no podía hacer nada hasta que me llamara, llegué a la oficina y me enfrasqué en el día a día olvidándome de ella. No fue hasta las doce cuando mi secretaria me lo pasó. Como era lógico, mi amigo intuyó que la llamada se debía a mi reciente divorcio y por ello, le sorprendió enterarse que no quería hablar de mi ex, sino de la joven que él había conocido durante una cena. Sin ahorrarme detalle alguno de lo sucedido, le expliqué la fijación que sentía Lidia por servirme, pidiéndole consejo sobre cómo actuar.</p>



<p>Dejando de lado nuestra amistad, el psiquiatra y no Pablo fue quien me escuchó atentamente permitiendo que me explayara en profundidad sobre la actitud de Lidia, preguntándome únicamente qué era lo que había sentido en cada momento. Como no puede ser de otra forma, me escandalizó que pensara que había hecho algo por provocar ese comportamiento y ante mi propia sorpresa, reconocí molesto que me había excitado sentir que tras tantos años alguien se desvivía por mí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Querido amigo, ¡tienes un problema! &#8211; dijo al terminar mi narración: -Por lo que me has contado, los sufrimientos pasados han hecho mella en esa cría y sufre el clásico síndrome de estrés postraumático que en su caso ha salido a la luz creando en ella una dependencia emocional por ti.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comprendiendo la gravedad del tema y a pesar de ser ambos términos de uso frecuente, pedí que me explicara su alcance para saber a qué atenerme. Actuando de profesor, me contó que ese tipo de estrés era más frecuente de lo que la gente pensaba y que se podía resumir en que, producto de un trauma, las personas que lo sufren ven sus defensas desbordadas y son incapaces de afrontar de manera normal su vida. Y que en el caso que estábamos hablando, eso había llevado a Lidia a sentir la necesidad que yo asumiera el mando de su vida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ha visto en ti un castillo en el que guarecerse y lo único que puedes esperar es que, temiendo quedarse sin tu amparo, esa cría intente agradarte siempre… aunque eso signifique anularse como persona.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Qué debo hacer? &#8211; pregunté buscando su consejo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras meditar durante unos instantes, contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Algo le ha ocurrido que quiere olvidar, por ello intenta comportarte tal cual eres y abstente tanto de tratarla como pareja como de preguntarle por su pasado para no darle un motivo que profundice su patología. Además, oblígala a venir a verme. Dado su problema, no creo que sea capaz de rehusar una orden directa tuya.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con la certeza de que con su ayuda esa chiquilla recuperaría el equilibrio mental, pedí que le diera una cita. Mi amigo comprendiendo la urgencia me dio la primera hora que tenía, quedando con él en que la llevaría a los dos días a su consulta. Ya más tranquilo tras colgar me dediqué a mis asuntos, relegando a un rincón de mi cerebro la existencia de la muchacha. Como no podía ser de otra manera, al salir de la oficina retornó con fuerza mi problema y cuando llegué a la casa, dudé en entrar. Solo al recordar que no debía variar un ápice mi comportamiento, decidí abrir la puerta y con el ánimo encogido, pasé.</p>



<p>Una vez en el chalet, Lidia me recibió y sin que se lo tuviese que pedir, puso en mis manos una copa de vino mientras me decía lo mucho que se había esmerado ese día para que todo estuviese a mi gusto. Siguiendo el consejo de mi conocido, sonreí y sin decirle nada, me fui a hacer ejercicio en el gimnasio que había instalado en una de las habitaciones tal y como hacía todas las tardes. Ya sobre la cinta de andar, supe de la fragilidad de la joven cuando sin ningún tipo de vergüenza y viéndolo como algo normal, preguntó si podía darse una ducha porque se sentía sudada. Que preguntara esa cosa tan nimia, me perturbó y dándole permiso, aceleré el ritmo de mi carrera.</p>



<p>Lo que confieso que nunca esperé fue que la morena se dejara la puerta abierta del baño de invitados mientras se desnudaba, a pesar de que debía saber que desde donde me ejercitaba nada impediría que la viera haciéndolo. Es más, creo que de reojo se percató de la mirada que le eché al ver caer su uniforme y mi sorpresa al comprobar que no llevaba ropa interior.</p>



<p>«¡Por Dios! ¡Qué buena está!», no pude dejar de exclamar para mí al contemplar la perfección de los glúteos con los que la naturaleza le había dotado y a pesar de los años transcurridos desde que había acariciado el último, vi a mi lengua recorriéndolos mientras la joven de mi imaginación reía.</p>



<p>Mi embarazo se acrecentó hasta límites insospechados cuando girándose me pilló observándola y lejos de escandalizarse, esa diminuta pero maravillosa criatura hizo como si nada pasara y entonando una melodía, comenzó a enjabonarse disfrutando de la calentura de mi mirada. No tardé en reconocer una canción de Alejandro Fernández. Sabiendo que su título era “contigo siempre” decidí irme a mi habitación. Mientras recorría el pasillo, me asustó de sobremanera que, alzando el volumen de su voz, llegara a mis oídos el estribillo:</p>



<p><em>Y yo quiero estar contigo siempre</em></p>



<p><em>Y es que cada día que pasa, más crece</em></p>



<p><em>Este sentimiento por ti, mi amor</em></p>



<p>Lleno de estupor me encerré en el cuarto, pero ello no evitó que el recuerdo de esos pechos que había estado espiando siguiera torturándome. Tratando de evitar soñar con lamer los delicados y negros pezones que los decoraban, me di una ducha fría con la esperanza que eso me sirviera para apaciguar la calentura que amenazaba con achicharrar mis neuronas tristemente otoñales.</p>



<p>&nbsp;«No se dará cuenta de que puedo ser su padre», medité mientras sentía que el traidor que tenía entre los muslos se despertaba: «¡Por Dios! ¡Le llevo treinta años!».</p>



<p>De poco sirvió la gélida agua y con una erección que ya no recordaba que fuera posible, salí de la ducha. Para mi mayor estupefacción, Lidia estaba esperándome fuera apenas cubierta por una toalla y sin decir nada, se la quitó y comenzó a secarme mientras me recriminaba que no le hubiera avisado de lo que iba a hacer:</p>



<p>-Solo porque escuché el ruido, supe que me necesitaba. Si no me lo dice, ¿cómo va a saber su princesa que debía acudir en su ayuda?</p>



<p>Juro que no sé qué me confundió más, si su desnudez, la profesionalidad que ejerció al ir retirando las gotas de agua sobre mi piel, o que se autonombrara nuevamente con ese apelativo. Lo cierto es que ya tenía mi tallo entre sus manos y lo estaba empezando a secar cuando reaccioné y molesto, le pedí me dejara solo y se fuera a preparar la cena. Sin mostrar ningún tipo de apuro, echó una última mirada a mi erección y sonriendo despareció del baño, dejándome totalmente confundido y por qué no decirlo, cachondo.</p>



<p>Ya solo en el cuarto, no pude evitar que el recuerdo de sus yemas recorriendo mi hombría me hiciera masturbarme y soñando que era su mano la que me ordeñaba, llené de semen las sábanas mientras intentaba decidir qué le diría para evitar que una situación tan incómoda como esa se repitiera. El indecoroso acto no sirvió para relajarme y lleno de furia, me vestí y fui a reprochar a la joven su actitud. Nada me hacía suponer que la encontraría cocinando tal y como había llegado al mundo. Por un segundo, mis ojos quedaron prendados en su entrepierna, al descubrir que llevaba exquisitamente depilado su coño, dejando un bosquecillo decorándolo.</p>



<p>&#8211; ¿Qué haces todavía desnuda? &#8211; exclamé chillando cuando girándose me pilló observando.</p>



<p>Con una dulzura que me dejó apabullado, contestó:</p>



<p>-Cumplir las órdenes de mi patrón. Por si no lo recuerda, al echarme de su cuarto, me ordenó que me fuera a preparar su cena y eso hago.</p>



<p>Derrumbándome en una silla, comprendí que su mal había crecido desmesuradamente y que la morenita era incapaz de discernir ya cómo afrontar sus decisiones y que implícitamente, me estaba dejando el completo mando de sus actos. Mi desesperación fue total cuando, de rodillas en los baldosines de la cocina, la joven me comenzó a dar de cenar en la boca creyendo quizás que esa era la intención que me había guiado al sentar.</p>



<p>«Tierra trágame», dije para mí absorto mirando el tamaño que habían adquirido sus areolas al verme abriendo los labios y aceptando así, su nuevo mimo.</p>



<p>&nbsp;El colmo fue que, como si fuera algo habitual entre nosotros, la chavala siguiera alimentándome mientras me contaba lo que había hecho durante el día A pesar de que eso me importaba un pepino y sin querer reconocerlo, seguí absorto su explicación ya que estaba prendado con la belleza de su pubis e inconscientemente, en mi mente, me vi poseyéndola allí en la cocina. Sé que Lidia intuyó mis deseos al ver que cerraba las piernas en un intento de evitar que contemplara la humedad que se había apoderado de ella, pero fue tarde y ya sabiéndolo, no pude más que intentar llegar a un acuerdo con ella.</p>



<p>-Bonita, esto no puede seguir así. Debemos comportarnos. No soy tu novio, ni tu amante, solo tu amigo o como mucho tu jefe y no es lógico que andes en pelotas por la casa o que intentes seducirme cuando te doblo en edad.</p>



<p>Las lágrimas que afloraron en sus ojos me informaron de su dolor y por ello estaba preparado a contestar cuando, presa de la histeria, me rogó que no la echara de mi lado.</p>



<p>-No me he planteado hacerlo y te ayudaré siempre, pero ahora sé una niña buena y vete a vestir.</p>



<p>Secando con una servilleta los goterones que caían por sus mejillas, la joven salió corriendo a cumplir mis deseos. Mientras tanto, se me había quitado el hambre y llevando los platos a la pila, los dejé en agua y me fui al salón a ponerme un copazo. Ya estaba cómodamente instalado en el sofá, cuando la vi llegar enfundada en un coqueto picardías que dejaba poco a la imaginación al transparentársele todo.</p>



<p>Tan cortado estaba con su indumentaria, que no protesté cuando se acurrucó a mi lado diciendo:</p>



<p>-Sé que no soy su novia ni su amante, solo su princesa- tras lo cual, cerrando los párpados, apoyó su cara en mi muslo y se quedó dormida…</p>



<h1 class="wp-block-heading">3</h1>



<p>A pesar de la reprimenda de la noche anterior, Lidia siguió con la rutina de prepararme el baño. Al verlo a la mañana siguiente, pensé en volver a decirle que no hacía falta, pero en vez de hacerlo, no rechisté y únicamente le pedí que se fuera para poder desnudarme. Creí que había entendido que me daba corte que me viera desnudo y por eso respiré tranquilo cuando haciéndome caso desapareció. Ya solo, me quité el pijama y tras comprobar la temperatura del agua me metí en el jacuzzi. Estaba pensando en la gozada que era despertarse de esa manera cuando de improviso escuché un ruido a mi vera y abriendo los ojos, comprobé no solo que había vuelto, sino que se había traído un taburete.</p>



<p>&#8211; ¿Qué coño haces aquí? &#8211; pregunté al verla sentada mientras intentaba taparme.</p>



<p>La puñetera chavala, sonriendo de oreja a oreja, respondió al tiempo que cogía una esponja:</p>



<p>-Disfrutar bañando a mi señor.</p>



<p>Lo lógico hubiera sido el echarla de ahí, pero la ternura de su mirada y el cariño con el que se puso a enjabonar mis hombros me lo impidieron y curiosamente relajado, le comenté que no entendía qué placer podía sentir al mimar a un viejo.</p>



<p>-Mi señor no es viejo, sino maduro y su princesa es feliz cuidándolo.</p>



<p>Su insistencia en autonombrarse como mi princesa era algo que me mantenía inquieto, ya que con ese término se daba a entender que entre nosotros había una relación que no existía y de la que ya habíamos hablado la noche anterior. Recordando que en dicha conversación parecía que le había dejado claro que no era mi novia y menos mi amante, se me ocurrió preguntar qué sentía exactamente por mí. La morenita, sin dejar de pasar la esponja por mi pecho, respondió:</p>



<p>-Usted es el timón que fija mi rumbo, el ancla que me amarra a la vida y la boya que me mantiene a flote.</p>



<p>Cómo esa cursilada coincidía con el diagnóstico que de ella había hecho Pablo, quise seguir indagando y le pedí que me dijera quien creía que ella era para mí. Nuevamente, no dudó en contestar:</p>



<p>-Su princesa, la cachorrita que ha rescatado y que sin exigirle nada a cambio, mima, cuida y quiere.</p>



<p>Que diera sentado que había desarrollado unos sentimientos hacía ella, despertó mis alertas y tratando de reconducir su actitud hacía mí, le hice saber que, dada nuestra diferencia de edad, si la quería era como a una hija.&nbsp; Esa afirmación hizo aflorar sus lágrimas, pero por extraño que parezca esas gotas que amenazaban con recorrer sus mejillas eran de alegría y reanudando mi baño, replicó:</p>



<p>&#8211; Cuando me hablaron de usted y me dijeron que me acogería en su casa, no me lo podía creer. En mi vida anterior, aprendí que todo tenía un precio y por eso rogué a su amigo que me informara qué tendría que dar en pago. ¿Sabe lo que Jacinto me contestó?</p>



<p>Negué con la cabeza, totalmente intrigado.</p>



<p>&#8211; ¡Mis sonrisas! … Me dijo que el pago serían mis sonrisas y nada más.</p>



<p>Colorado, respondí que no podía ser de otra manera ya que mi ayuda había sido desinteresada.</p>



<p>-Por eso lo amo desde antes de conocerle y Raquel, su ex, lo supo nada más ver cómo lo miraba y por eso me animó a quedarme con usted cuando ella se fue.</p>



<p>Que mi ex hubiese dado su visto bueno a lo que seguía considerando una aberración me indignó y endureciendo el tono, exclamé que ella y yo nunca seríamos pareja.</p>



<p>-Lo sé- contestó sin inmutarse: &#8211; ¿Sabe usted cual es el recuerdo más feliz de mi vida?</p>



<p>Al decir que no, añadió:</p>



<p>&#8211; El de anoche cuando me dejó acurrucarme a su lado y me quedé dormida sabiendo que estaba a salvo.</p>



<p>Temblando de ira, quise que me bajara del altar al que me había subido y por eso aproveché esa conversación para explicarle que no era un santo y que ese instante que para ella había sido tan feliz, para mí fue una tortura:</p>



<p>-Mientras dormías, utilicé tu descanso para disfrutar de la belleza de tus pechos, de tu cintura de avispa y de tu maravilloso culo y que, aunque finalmente no me atreví a acariciarte, varias veces lo pensé.</p>



<p>Habiendo soltado semejante obús, creí que iba a salir corriendo, pero sin dejar de enjabonarme esa morenita contestó:</p>



<p>-No se preocupe, anoche me di cuenta de la calidez de su mirada y eso hizo que mi amor por usted se acrecentara.</p>



<p>Tamaña cretinez, lejos de calmar mi furia, consiguió encabronarme y poniéndome de pie en la bañera, le mostré mis pellejos diciendo:</p>



<p>-Tengo cincuenta y cinco años. ¡Treinta más que tú! Y aunque intento mantenerme en forma, mi cuerpo ya no es el de un joven.</p>



<p>Ese desesperado acto tampoco consiguió su objetivo. Mi intención había sido que se sintiera repelida, pero su reacción fue otra. Regalándome una de sus sonrisas, musitó entre dientes lo mucho que le apetecía sentir mi piel. El deseo que intuí en ella fue la gota que derramó el vaso de mi paciencia. Tomándola en volandas, la saqué del baño y dejándola en mitad del pasillo, cerré la puerta. Supe que no había entendido el mensaje, cuando la escuché decir que me había elegido la ropa de ese día y que la había dejado lista sobre la cama.</p>



<p>-Vete y prepárame un café- hundido en la miseria, rugí.</p>
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		<pubDate>Fri, 03 Jul 2026 14:42:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[SINOPSIS: Mi destino quedó sellado en una jodida partida de póker. En una mano en la que un pobre desgraciado se jugó lo único que tenía en la vida. Niño rico que creyó que el dinero heredado de sus padres no tenía fin y así malgastó su herencia en juergas y en putas. Esa noche al ver sus cartas, pensó que su suerte había cambiado. Sin nada con lo que avalar su apuesta, insistió a los presentes que aceptáramos como garantía a su mujer. Cómo amigó de ese insensato quise darle un escarmiento, acepté su puja sin saber que al [&#8230;]]]></description>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>SINOPSIS: </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi destino quedó sellado en una jodida partida de póker. En una mano en la que un pobre desgraciado se jugó lo único que tenía en la vida. Niño rico que creyó que el dinero heredado de sus padres no tenía fin y así malgastó su herencia en juergas y en putas. Esa noche al ver sus cartas, pensó que su suerte había cambiado. Sin nada con lo que avalar su apuesta, insistió a los presentes que aceptáramos como garantía a su mujer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cómo amigó de ese insensato quise darle un escarmiento, acepté su puja sin saber que al hacerlo mi vida quedaría irremediablemente unida a Laura&#8230;..</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">TOTALMENTE INÉDITA, NO PODRÁS LEERLA SI NO TE LA BAJAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;la introducción y el primer capítulo:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Introducción</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi destino quedó sellado en una jodida partida de póker. En una mano en la que un pobre desgraciado se jugó lo único que tenía en la vida. Niño rico que creyó que el dinero heredado de sus padres no tenía fin y así malgastó su herencia en juergas y en putas. Esa noche al ver sus cartas, pensó que su suerte había cambiado. Sin nada con lo que avalar su apuesta, insistió a los presentes que aceptáramos como garantía a su mujer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡No seas idiota!― exclamé cabreado e intenté hacerle cambiar de opinión porque una cosa es que no tuviera donde caerse muerto y otra cosa es que apostara a Laura, su esposa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desgraciadamente no pude convencer a Mariano y emperrado en sus cartas, insistió en que la aceptáramos incluso como pago.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Cómo pago?― pregunté viendo que en mi mano tenía una jugada ganadora.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sí― contestó y dirigiéndose al resto, dijo: ―Me comprometo que si pierdo, mañana a las nueve haré entrega de mi mujer al que gane la apuesta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> De haber sido un desconocido, jamás hubiese aceptado el trato pero deseando darle un escarmiento a ese infeliz para que nunca volviera a jugar con lo sagrado, di por buenas sus condiciones. ¡No en vano era su mejor amigo!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la mesa trató de hacernos entran en razón y viendo que ambos seguíamos firmes en nuestra decisión, renunciaron a seguir jugando y se quedaron mirando el resultado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Estás seguro?― pregunté metiendo todo el dinero que tenía sobre la mesa ― Si pierdes, ¡tendrás que cumplir!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El insensato no lo dudó un instante y levantando las cartas, mostró que llevaba un full. El silencio se adueñó de la habitación, la tensión se mascaba en el ambiente y como mi intención era darle un escarmiento, fui una a una bajando las mías. El semblante optimista de Mariano se fue diluyendo al ver cuando llevaba cuatro levantadas que era un proyecto de escalera de color.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Es un rey de corazones? – preguntó pálido por la quinta carta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Así es― repliqué mientras depositaba la última a la vista de todos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nadie se movió al ver que ese pirado había perdido. Os juro que se hubiese podido oír el sonido de una mosca por lo que tuve que ser yo el que rompiera ese mutismo al decirle mientras recogía mis ganancias:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Recuerda tu promesa, mañana a las nueve.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ahí estaré― contestó destrozado y huyendo como perro apaleado, se fue de la partida.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nada más desaparecer por la puerta, todos sin distinción se echaron sobre mí y me pidieron explicaciones por ser tan cerdo y haber aceptado que apostara a Laura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Quién coño creéis que soy?― respondí – Por supuesto que nunca ha sido mi intención quedarme con ella, solo lo he hecho para darle una lección. ¡Qué pase esta noche un mal rato! Mañana vendrá con el rabo entre las piernas buscando que me olvide de esta apuesta. Pienso hacerle sufrir antes de ceder― y alzando la voz, comenté: ―Pensad que hoy ha caído entre amigos pero ¿qué ocurriría si comete esta estupidez entre desconocidos?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al igual que todos había salido en manada contra mí, al escuchar de mis labios los motivos que me habían llevado a jugar, me dieron la razón y sirviéndome una copa, el más avispado de ellos me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cabrón, ¡qué mal me lo has hecho pasar! Te veía tan serio que realmente pensaba que te querías quedar con Laura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Soltando una carcajada, respondí de broma:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Por un momento lo pensé, porque hay que reconocer ¡qué está muy buena!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los cinco presentes rieron mi gracia y dejando a un lado lo que había pasado, repartí la siguiente mano…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El sonido del timbre de mi casa me despertó esa mañana. Con una resaca de mil demonios miré el reloj y al ver que marcaba las nueve y un minuto, recordé entre brumas la apuesta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Joder con Mariano, podía haberme llamado», pensé creyendo que venía a disculparse una vez se le había pasado la borrachera. Sin ganas de bronca, me puse un albornoz y abrí la puerta. Imaginaros mi sorpresa al encontrarme a Laura de pie en el descansillo y con una maleta a cuestas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué narices haces aquí?― pregunté totalmente confundido.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rubia, de muy malos modos, me empujó a un lado y mientras trataba de entrar a mi piso con todo su equipaje, me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Pagar la apuesta de mi marido!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que me desperté de golpe al escuchar semejante insensatez. No queriendo discutir en mitad de la escalera, haciéndola pasar, la llevé a la cocina y me serví un café mientras intentaba acomodar mis ideas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Cómo le explico lo de anoche?», mascullé en mi mente buscando una solución al ver que la esposa de mi amigo se sentaba en una silla y me miraba con ojos de desprecio.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo que no quedaba otra, tras dar un sorbo a mi taza, entré al trapo diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ayer tu marido iba pedo y como sabes te apostó.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo sé― respondió con voz gélida – y perdió contigo, por eso estoy aquí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que hubiese deseado estar a mil kilómetros de esa airada mujer pero asumiendo que venía a por una explicación, tomando asiento junto a ella, le expliqué que mi intención era dar una lección a su marido pero que en absoluto quería hacer efectiva la apuesta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Laura al oír que lo que quería era hacer recapacitar a Mariano para que se centrara, perdió la compostura y echándose a llorar, me contó la discusión que habían tenido la noche anterior. Por lo visto, mi “querido” amigo se fue directo a casa y despertándola, le había contado que había perdido todo el dinero que les quedaba. Si ya de por sí eso fue duro, lo que más le dolió a ella, fue que perdiendo los papeles, su marido me echaba en cara el haberle obligado a arriesgarla a ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Eso no es cierto! ¡Tengo testigos que intenté hacerle entrar en razón!― protesté indignado por la poca hombría que mostró al decírselo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ahora lo sé― sollozando contestó: ―Mi marido es un enfermo. Por el juego hemos perdido todo nuestro patrimonio. Llevo años aguantando pero se acabó. ¡No pienso volver con él!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Comprendiendo el cabreo de Laura, dejé que se explayara a gusto y así me enteré del modo en que había despilfarrado tanto su herencia como el amor que ella le tenía. Pensando que era pasajero y que cuando se le pasase el enfado volvería con él, pregunté a esa mujer qué tenía pensado hacer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No lo sé, no tengo a donde ir y si lo tuviera, no podría pagarlo― respondió con amargura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo su dolor y recordando los tiempos en que era únicamente la novia cañón que me presentó mi amigo, cometí el mayor error de mi vida al ofrecerle que se quedara en el cuarto de invitados mientras decidía su futuro.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Estás seguro?― secándose las lágrimas, susurró: ―Seré un estorbo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de quitar hierro al asunto y en plan de guasa, contesté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―De eso nada, imagina su cara cuando se entere que vives aquí, ¡tu marido pensará que me he cobrado la apuesta!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque era broma, le gustó la idea y cogiendo mis manos entre las suyas, me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me harías ese favor? ¿Me dejarías simular que he aceptado ser el pago?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Jamás debía de haber dicho que sí. Pero sabiendo que Mariano necesitaba un empujón para dejar la ludopatía y si su mujer creía que así él aprendería, como buen amigo debía de correr el riesgo. No supe cuánto me cambiaría la vida al decir:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―De acuerdo, tómate un café y acomódate en la habitación de la derecha mientras me ducho.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El chorro de la ducha me hizo reaccionar y fue entonces cuando me percaté que la presencia de Laura en mi casa despertaría no solo las suspicacias de su marido sino también la de todos nuestros conocidos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «La noticia que vive aquí va a correr como la pólvora», determiné francamente preocupado, «y lo peor es que todo el mundo va a pensar mal». La certeza que la reputación de ambos iba a correr peligro me hizo recapacitar; por eso al salir, me vestí rápidamente y fui en busca de mi invitada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El destino quiso que al entrar en su cuarto, no la encontrara pero que justo cuando iba a salir de allí, viera que la puerta del baño estaba entreabierta. Sin otra intención que hablar con ella, me acerqué y fue entonces cuando la vi entrando a la ducha.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sé que hice mal pero no pude dejar de observarla. Ajena a estar siendo espiada, Laura dejó caer su vestido, quedando desnuda sobre los azulejos mientras abría el agua caliente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Dios!», exclamé para mí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era la primera vez que la veía en cueros y jamás me había imaginado que la esposa de Mariano tuviese un cuerpo tan espectacular. Todos sus conocidos sabíamos que estaba buena pero ni en mis sueños más calenturientos, hubiese supuesto que tras la ropa ancha que solía llevar se escondieran esos impresionantes pechos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Menudas tetas!», sentencié al disfrutar de la visión de esas maravillas. Grandes y bien colocadas, sus pechugas terminaban en punta y estaban adornadas por unas areolas rosas que invitaban a llevárselas a la boca.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba a punto de escabullirme cuando sus nalgas me dejaron anonadado. Os juro que jamás en mi vida había visto un culo tan impresionante y más excitado de lo que debería estar, me pregunté si el diablo había creado esos cachetes para tentar a los humanos. Y digo humanos porque viendo ese trasero no me quedó duda que hubiese dado igual que fuera un hombre o una mujer quien tuviese la suerte de contemplarlas, nadie en su sano juicio podía quedar indiferente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para colmo Laura, canturreando y creyendo que estaba sola, se metió en la ducha y empezó a enjabonarse. Ante tal sugerente escena no pude evitar que mi pene reaccionara y totalmente acalorado, seguí embobado cómo esparcía el jabón por su piel. Estaba intentando sacar fuerzas para dejar de espiarla cuando a través del resquicio de la puerta, observé a esa rubia jugueteando con sus pezones al aclararlos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras la razón me pedía salir de allí, mi bragueta me hizo permanecer inmóvil. Sé que fue un acto inmoral pero es que ver a esa mujer pellizcándose los pechos mientras se duchaba, fue superior a mis fuerzas y cayéndose mi baba, seguí mirando:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué buena está», reconocí al tratar de asimilar tanta belleza. Para que os hagáis una idea y sin que sea una exageración, os tengo que decir que en Laura hasta su coño perfectamente recortado es bello.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por suerte advertí que estaba a punto de terminar de ducharse y no queriendo que me pillara espiándola, tuve tiempo de salir huyendo con mi rabo erecto entre las piernas. Ya en mi habitación el recuerdo de su cuerpo desnudo, me hizo imaginar a Laura masturbándose. En mi cerebro, esa rubia comenzó a toquetear entre los pliegues de su sexo hasta encontrar un pequeño botón. Una vez localizado y mientras se pellizcaba con dureza las tetazas que me habían dejado sin respiración, comenzó lentamente a acariciarlo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poco a poco sus dedos fueron incrementando el ritmo y lo que había empezado como un suave toqueteo, se convirtió en un arrebato de pasión. En mi cerebro, la esposa de Mariano se dejaba llevar y separando sus rodillas, torturó su ya henchido clítoris. De su garganta comenzaron a emerger unos suaves suspiros que fueron transmutándose en profundos gemidos mientras llevando mis manos entre mis piernas, cogía mi pene y me ponía a pajear.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Quién pudiera comerle el coño!», pensé mientras por primera vez sentía envidia de mi amigo, sin saber todavía que esa mujer se convertiría en mi obsesión.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa idílica y espectacular rubia estaba temblando de placer fruto del orgasmo que asolaba su cuerpo cuando sobre mi cama, me corrí soñando que era yo el que la tocaba…</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¿Simulación o realidad?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La torpeza de Mariano no terminó con la apuesta porque, al no volver su mujer a casa, supuso que la ausencia de Laura era resultado de su ludopatía. Siendo eso parcialmente cierto, nunca se le ocurrió pensar en que su pareja y su amigo le estaban haciendo sufrir para que recapacitara y erróneamente asumió que estaba haciendo uso de mis derechos y me estaba cobrando en carne su error.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Este tío es un cretino», sentencié cuando a la hora de comer no había llamado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces, las paredes de mi hogar me parecían los muros de una celda al tener a Laura deambulando por ellas y no queriendo que a ella le ocurriese lo mismo, decidí invitarla a comer fuera. Al comentárselo, aceptó pero puso como salvedad que nadie nos acompañase y que fuéramos solos. Reconozco que me extrañó esa condición y por ello le pregunté el porqué.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si vamos con amigos, tendremos que explicarles qué tramamos y no quiero que Mariano se entere que todo es una pantomima.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus razones, aunque de peso, me ponían en una difícil situación, ya que si alguien nos veía, podría malinterpretarlo. No queriendo ser el causante y menos el protagonista de ese sabroso chisme, metí la pata por segunda vez en el día y llevé a esa rubia a un coqueto restaurante de las afueras donde no nos íbamos a encontrar con ningún conocido. Sabía a la perfección que era un lugar seguro porque era el garito al que acudía cuando mis conquistas o yo teníamos algo que perder si nos pillaban. En pocas palabras, era a donde llevaba a las casadas o con pareja.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Supe de lo desacertado de esa elección al verla salir de la casa y comprobar que Laura se había arreglado a conciencia:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Viene vestida para matar», mascullé entre dientes.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y no era para menos porque la pareja de Mariano apareció con un entallado vestido que lejos de ocultar las excelencias de su cuerpo las realzaba.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ahora sí, ¡cómo nos vean van a pensar que hay algo entre nosotros!», murmuré de muy mala leche al darme cuenta que era incapaz de retirar mis ojos de su escote.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sé que Laura se percató del efecto que la poca ropa que llevaba causó en mí porque con una sonrisa de oreja a oreja, riendo, me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Te parece que voy un poco descocada?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Un poco― con una mezcla de vergüenza y excitación, reconocí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi respuesta satisfizo a esa rubia y dejando meridianamente claro que esas eran sus intenciones, comentó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Llevaba años sin ponerme este traje. Me parecía demasiado sexy para una mujer casada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡La madre que la parió!», exclamé mentalmente mientras encendía el automóvil, «¡parece una puta cara!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Descompuesto, enfilé la Castellana rumbo a la carretera de Burgos. Os juro que mi corazón vio incrementado su ritmo exponencialmente cuando en un semáforo, descubrí que si giraba un poco la cara podía ver sus patorras en plenitud.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Joder, ¿qué se propone está tía?», me pregunté.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Laura debía saber que, en esa postura, podía ver el inicio de sus bragas pero no hizo nada por taparse y de buen humor, me interrogó sobre nuestro destino.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A un restaurant― fue mi lacónica respuesta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Afortunadamente, no insistió porque no ve veía capaz de conversar con ella ya que al hacerlo, mi mirada irremediablemente se enfocaría entre sus muslos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Comprendí que había sido un error el elegir ese lugar cuando al entrar, oí a José, el maître, decir con sorna:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Pedro, viene hoy muy bien acompañado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Puta madre! Ha supuesto que Laura es una de mis pilinguis», maldije para mí temiendo que lo hubiera oído y se diera por aludida. La suerte quiso que o bien no lo escuchó o bien no se lo tomó en cuenta porque nada más sentarse alegremente le pidió que le pusiera un tinto de verano.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El empleado aleccionado por mí otras tantas veces, contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Señorita, iba a descorchar una botella de Dom Pérignon.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poco habituada a esos excesos por la difícil situación económica a la que les había abocado la afición al juego de su marido, Laura me miró con picardía y contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Siempre me olvido de lo detallista que es mi Pedro― tras lo cual dirigiéndose a José, respondió: ―Ábrala.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No que decir tiene que ese “mi Pedro” hizo despertar todas mis suspicacias y preocupado por el rumbo que iba tomando esa comida, deseé nunca haberme ofrecido a sacarla a comer mientras el maître abría ese champagne.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A partir de ese momento, la situación se fue relajando al ritmo en que vaciábamos nuestras copas. Todavía hoy no sé si fue por el efecto del alcohol o por la natural simpatía de esa rubia pero lo cierto es que al poco tiempo, empecé a disfrutar de su compañía y a reírle las gracias.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por otra parte la fijación con la que los camareros rellenaban nuestras copas, avivaron el descaro de esa monada y susurrando en mi oído, preguntó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me estás intentando emborrachar?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La dulzura de su tono hizo reaccionar al dormilón entre mis piernas y desperezándose se irguió bajo mi pantalón mientras le contestaba:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No entiendo, ¿con que fin lo haría?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Muerta de risa, entrecerró sus ojos al decirme:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No sé, se nota que traes aquí a tus amiguitas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de echar balones fuera, solté una carcajada y cogiéndole de la mano, quité importancia al hecho diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Jamás he venido con una mujer tan guapa― mi piropo tuvo un efecto imprevisto y ante mis ojos los pezones de la esposa de Mariano se fueron poniendo duros por momentos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alucinado por ello, no pude retraer mi mirada de esos dos montículos cuando siguiendo con la guasa, Laura insistió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Y han sido muchas las incautas que han caído en tus brazos en este lugar?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Algunas― respondí un tanto incómodo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Descojonada por el mal rato que me estaba haciendo pasar, ese engendro del demonio incrementó mi turbación al contestar:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Eso es lo que pretendías al traerme aquí?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como comprenderéis, lo negué pero dando otra vuelta de tuerca, Laura me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No me encuentras atractiva?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo que me tenía contra la pared y que daría igual lo que contestara, contrataqué con una broma:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eres preciosa pero no necesito seducirte, recuerda que te gané jugando a las cartas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi burrada consiguió ruborizarla al no esperársela pero reponiéndose al instante y de bastante mala leche, respondió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si eso opinas, a lo mejor deberías intentar cobrar la apuesta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El cabreo de Laura era tan evidente que traté de disculparme diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Para mí eres territorio vedado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese comentario inocente empeoró las cosas y con voz gélida, me rogó que la llevara a casa. Como no podía ser de otra forma, pedí la cuenta y en menos de cinco minutos, estábamos en el coche de vuelta a mi piso.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Qué he dicho para cabrearla así?», me pregunté mientras a mi lado, la rubia permanecía mirando por la ventana y sin dirigirme la palabra.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras mucho cavilar, llegué a la conclusión que su enfado venía al haberla hecho recordar el modo en que Mariano se había jugado no solo su patrimonio sino su relación en una timba de póker. Por ello decidí dejarlo pasar y no volver a mencionarlo. Al llegar a mi apartamento, Laura se encerró en su habitación y sintiéndome parcialmente culpable de su dolor, decidí ponerme una copa mientras intentaba buscar una solución satisfactoria para los tres. Y digo los tres porque con el whisky en mis manos, no pude dejar de pensar en que mi amigo también lo debería estar pasando fatal al no saber nada de la que había sido tantos años su pareja.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Qué le pasa a Mariano? ¡Son las cinco y todavía no ha llamado!», refunfuñé al no comprender que no hubiese hecho acto de presencia.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «De ser yo, estaría de rodillas, pidiéndole perdón», pensé para mí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Fue entonces cuando me di cuenta que sentía algo por esa mujer. Enojado conmigo mismo, vacié mi vaso y levantándome del asiento, fui a la barra a rellenarlo. Me parecía inconcebible el sentir algo por la esposa de un amigo y más que tuviera que haber ocurrido todo eso para darme percatarme de ello.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Estoy como una puta cabra», sentencié molesto, «Laura, después de lo que pasó con ese insensato, necesita espacio».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin pérdida de tiempo me bebí esa segunda copa y me puse una tercera, intentando quizás que el alcohol apaciguara los sentimientos recién descubiertos por esa mujer. Desgraciadamente, ese whisky me hizo rememorar su cuerpo desnudo al entrar a la ducha y comportándome como un cerdo, deseé que su marido nunca volviera por ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡No se la merece!», murmuré afectado por el recuerdo mientras se enjabonaba sus pechos, ya que en mi mente como si fuera realidad, esa rubia se estaba acariciando las tetas mientras me sonreía.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba soñando con los ojos cerrados cuando de pronto, el sonido del timbre me despertó y por ello, me levanté a ver quién era. Tal y como me temía, me encontré a Mariano tras la puerta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Viene a disculparse», mascullé y mientras le hacía pasar, me fijé en sus ojeras, «se le nota arrepentido».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darle opción a negarse, le puse un whisky. Tras lo cual, ambos tomamos asiento sin que ninguno de los dos tomara la iniciativa y rompiera el hielo, entrando al trapo. El silencio mutuo me permitió observarle con detenimiento. Además de venir sin afeitar, mi amigo parecía apesadumbrado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No me extraña», medité, «yo estaría avergonzado».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante un par de minutos, solo nos miramos. Era tal la tensión que se mascaba en el ambiente que decidí cortar por lo sano y directamente, pregunté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿A qué has venido?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Incapaz de mirarme y mientras se frotaba las manos con nerviosismo, contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A negociar contigo que me devuelvas a Laura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía hoy desconozco que me cabreo más; que no mostrara un claro arrepentimiento o que hablara de su esposa como fuera un objeto. Disimulando mi ira, le di una segunda oportunidad al preguntarle que me ofrecía, pensando que quizás entonces se desmoronaría y prometería dejar el juego. Lo cierto es que nunca me imaginé que ese tonto de los cojones dijera que me pagaría con lo que ganara esa noche en otra partida y que encima me pidiera dos mil euros para invertir en ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba a punto de echarle de casa a empujones cuando escuché a Laura decir:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dáselos pero que sepa que, gracias a él, he encontrado alguien que me mima y que nunca volveré a ser suya porque ya tengo dueño.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al girarme me quedé tan sorprendido como horrorizado porque esa mujer se había cambiado de ropa y se mostraba ante nosotros, vestida únicamente con un picardías negro totalmente transparente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué coño hace!», exclamé creyendo que se iba a montar la bronca. Durante unos segundos, no sabía si mirar la reacción de Mariano o por el contrario admirar las rosadas areolas de Laura que se conseguían adivinar a través de la tela.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Consciente del efecto que esa nada sutil entrada había producido, sonriendo, me pidió si podía ponerse una copa. No pude contestar porque temía que en cualquier momento, su marido me saltara al cuello. Laura no esperó mi respuesta y meneando su trasero, se acercó hasta la barra.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿De qué va esto?», medité perplejo mientras miraba de reojo tanto al que había sido su pareja tantos años, como a las impresionantes nalgas que con todo descaro estaba exhibiendo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mariano estaba al menos tan sorprendido cómo yo. Jamás había supuesto encontrar a su mujer casi desnuda en mi casa y enfocando su cabreo en ella, exclamó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡No llevas bragas!― y rojo de rabia, le ordenó que se tapara.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que solo podía empeorar si intervenía, me quedé callado. Era algo entre ellos dos y si decía algo, a buen seguro saldría escaldado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te recuerdo que ayer me vendiste y que ahora tengo un nuevo dueño― contestó su esposa y sin mostrar un ápice de cabreo, le dijo: ―Solo Pedro puede decirme cómo debo ir vestida.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para colmo, luciéndose, Laura se acercó a mí y como si fuera algo pactado, se sentó en mis rodillas. Mariano al ver a su mujer abrazándome casi en pelotas, supuso que ya éramos amantes y demostrando su falta de hombría, me recordó que necesitaba esos dos mil euros.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Trae mi cartera― pedí a Laura― ¡la tengo en el cuarto!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dejando su copa, me besó en la mejilla y siguiendo estrictamente el papel de flamante sumisa, dejándonos solos, fue en busca de lo que le había pedido. Para entonces, os tengo que reconocer que estaba indignado con Mariano y por ello cuando su preciosa mujer me trajo la billetera, saqué la suma que me pedía y demostrando todo el desprecio que sentía por su persona, se la di diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya no eres bienvenido en esta casa. No vuelvas o tendré que echarte a patadas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El impresentable de mi conocido cogió los billetes de mi mano y enseñando nuevamente la clase de hombre que era, desde la puerta, me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Esta puta no vale tanto dinero. Cuando la uses, te darás cuenta que te he timado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sé que me extralimité pero era de tal magnitud mi cabreo, que cogiendo de la cintura a su esposa, respondí:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te equivocas, llevamos todo el día follando y te puedo asegurar que no tengo queja.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para dar mayor realismo a mis palabras, besé a la mujer, hundiendo mi lengua hasta el fondo de su garganta. Sorprendentemente mientras su marido salía de la casa pegando un portazo, Laura respondió con pasión a mi arrumaco pegando su pecho al mío.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si esa mañana, alguien me hubiese dicho que pocas horas más tarde estaría besando a esa mujer no le hubiese creído pero si llega a afirmar que estaría acariciando su impresionante culo, lo hubiese tildado de loco. La verdad es que en ese momento, yo tampoco me terminaba de creer el tener a mi disposición semejantes nalgas y no queriendo perder la oportunidad durante cerca de un minuto, dejé que mis dedos recorrieran sin limitación alguna ese trasero con forma de corazón.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo malo fue que eso provocó que mi pene reaccionara a ese desproporcionado estímulo, irguiéndose bajo mi pantalón. Laura recapacitó al notar la presión de mi entrepierna sobre ella y separándose, se sentó frente a mí diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tenemos que hablar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía con la respiración entrecortada, traté de ordenar mis ideas pero la belleza de esa mujer casi desnuda me lo impidió. Para entonces mis hormonas eran dueñas de mi mente y en lo único que podía pensar era en hundir mi cara entre sus tetas pero la seriedad con la que me miraba, me devolvió a la realidad y la culpa me golpeó en la cara y me eché en mis hombros la responsabilidad de lo sucedido.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo siento― conseguí murmurar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sorpresa se incrementó por mil cuando cogiendo su cubata, la esposa de mi amigo me sonrió y dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No tienes nada de que arrepentirte, gracias a ti me he librado de mi marido― y recalcando sus palabras, prosiguió diciendo: ―Tendría que haberlo hecho antes pero nunca me atreví a dar ese paso.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A pesar de estar de acuerdo con ella, sabía que a partir de ese momento, tanto ella como yo, estaríamos tachados socialmente porque todos nuestros conocidos supondrían erróneamente que éramos amantes desde antes. Al explicárselo, la rubia contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te equivocas, Mariano me perdió en esa partida y hoy al escuchar tu ira, me ganaste a mí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No entiendo― alucinado respondí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La chavala, soltando una carcajada, se explicó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hasta esta tarde, seguía guardándote rencor por haberte prestado a jugar con mi futuro pero al ver como reaccionabas con mi ex, me di cuenta que tenía que hacer que cumplieras con tu obligación y exigirte que me aceptes como tu mujer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante unos pocos segundos, creí que estaba bromeando pero al ver la entereza de su mirada, me hizo comprender que iba en serio y aterrorizado por su significado, exclamé:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Estás loca!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su reacción a mi exabrupto fue insólita porque imprimiendo un tono duro a su voz, me soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Mi decisión es firme, ¡seré tuya!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de hacerla razonar, le expliqué que era inmoral, que me negaba y que ella no podía obligarme. Creí que al escuchar mis razones, Laura daría marcha atrás pero en vez de hacerlo, incrementó la presión diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sé lo mucho que te gusta el juego por lo que te propongo una apuesta…</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué apuesta?― casi gritando pregunté.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Descojonada, se levantó del asiento y dejando caer su ropa, se quedó completamente desnuda, mientras me decía:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Durante una semana me quedaré en esta casa, si en ese tiempo no consigo que te acuestes conmigo, buscaré otro sitio donde vivir.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Temblando al comprender lo duro que me resultarían esos siete días, contesté:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Y si pierdo?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solemnemente, respondió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Nunca volverás a jugar a las cartas y te casarás conmigo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A regañadientes al saber que no podía dejarla en la estacada ya que no tenía donde caerse muerta, acepté su oferta creyendo que en cuanto recapacitara, ella misma anularía tamaña insensatez…</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;La guardaespaldas y el millonario&#8221; (POR LOUISE RIVERSIDE Y GOLFO) LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2026 08:12:00 +0000</pubDate>
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<figure class="wp-block-image"><a href="https://www.amazon.es/dp/B072YZ2FYC"><img decoding="async" width="1024" height="300" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/LA-GUARDAESPALDAS-2-1024x300.jpg" alt="" class="wp-image-18422" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/LA-GUARDAESPALDAS-2-1024x300.jpg 1024w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/LA-GUARDAESPALDAS-2-300x88.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/LA-GUARDAESPALDAS-2-768x225.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></figure>


<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Sinopsis:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cuando el General Jackson contactó con Sara Moon para que se reincorporara al servicio activo, no sabía como esa misión iba a cambiar la vida de esa ex marine. Acostumbrada a la vida militar,no le gustó el tener que proteger la vida de un playboy pero sabiendo que era el único modo de volver a sentirse una soldado, aceptó como mal menor el convertirse en guardaespaldas de un sujeto que pensaba con y para su bragueta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tal y como había previsto al conocer a su protegido, saltaron chispas porque no en vano David Carter III representaba todo lo que ella odiaba.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La opinión del millonario sobre ella tampoco era mejor porque el disfraz de muñequita oriental no le engañaba y la veía como un espía del gobierno&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Louise Riverside y Golfo se unen para daros a conocer este libro que sin duda os subirá la temperatura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><span style="font-size: 18pt;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B072YZ2FYC">https://www.amazon.es/dp/B072YZ2FYC</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">PARA QUE PODÁIS HACEROS UNA IDEA OS INCLUYO LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>CAPÍTULO</strong> 1.―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Al despertar esa mañana, la Comandante retirada de los marines, Sara Moon abrió las cortinas de su habitación y descubrió que pese a las funestas predicciones del hombre del tiempo, esa mañana lucía un sol espléndido en Nueva York. Cómo quería aprovecharlo y no tenía nada qué hacer hasta el día siguiente, decidió ejercitar su cuerpo por el Central Park.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desde que la habían invitado a abandonar voluntariamente su carrera militar, se había impuesto un régimen de ejercicio que haría palidecer a cualquier deportista de élite. Todas las mañanas corría diez kilómetros, nadaba otros dos y terminaba con una dura sesión en el gimnasio porque no quería perder la forma física que obtuvo por su paso en esa fuerza de la armada americana. No en vano durante esos años, su nombre siempre había estado asociado a las mejores marcas en la mayoría de las disciplinas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso, abriendo la ducha dejó caer el coqueto camisón de encaje que le había regalado un antiguo novio y mientras el agua se caldeaba, se quedó mirando en un espejo. Con satisfacción comprobó que pese a sus treinta años sus pechos conservaban la dureza de los quince sin que hubiese hecho mella en ellos la edad. Contenta se giró para comprobar que sus nalgas seguían siendo el objeto de deseo del género masculino y por eso no pudo más que sonreír al espejo cuando la imagen que este le devolvía era el de un trasero estupendo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Tengo que reconocer que para ser una vieja, estoy buenísima”, pensó recordando que tras el fracaso de su última acción de combate sus superiores la habían acusado que había perdido los reflejos y el instinto que la habían hecho famosa en esos círculos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¡Hijos de perra! La incursión estaba mal planteada desde el principio y fue gracias a mí que pudimos salir de ese infierno con pocas bajas», refunfuñó cabreada al rememorar el consejo de guerra del que había sido objeto y del que su porvenir en el ejército había quedado maltrecho aunque hubiera salido exonerada de todos los cargos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Bajo la regadera, se puso a pensar en los buenos momentos. Involuntariamente a su mente acudió el recuerdo del Capitán Stuart y deseó que se estuviera pudriendo en algún lugar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Ese cabrón me dijo que me amaba y tres meses después se casó con otra», masculló para sí mientras se enjabonaba.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aun despechada, dejó que su imaginación volara y fueron las manos de ese morenazo las que amasaran sus senos mientras distribuía el gel por su piel. Sin darse cuenta la calentura fue incrementándose en su interior y solo se percató de su estado cuando al pasar sus dedos por uno de sus pezones lo encontró duro y sensible.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asustada por lo excitada que estaba sin motivo, se aclaró y salió de la ducha. Ya de vuelta en su habitación y mientras elegía el top y las mallas que se iba a poner, se fue tranquilizando y por eso al salir a la calle, volvía a ser la mujer segura de la que estaba tan orgullosa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su diminuto apartamento estaba a cinco manzanas del parque Central y mientras corría hacía allí, las miradas y los cuchicheos que despertó a su paso, solo confirmaron su autoestima.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¡Qué les follen a esos gerifaltes! ¡Hay vida tras la Navy!», murmuró sin llegárselo a creer al entrar por la puerta que daba a Columbus Circle, más conocida por Merchants’ Gate.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acababa de empezar a estirar cuando se fijó que un gigante de raza negra no le perdía ojo mientras disimulaba calentando a cincuenta metros escasos de ella. Nada más verlo comprendió que cincuentón tenía entrenamiento militar por el modo en que se movía.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Aunque se ponga un smoking, no puede disimular que es un soldado», sentenció mientras intentaba centrarse en el ejercicio.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa idea le preocupó, temiendo que su pésimo balance afectivo se debiera a parecer una gladiadora en vez de una mujer Era consciente de tener un cuerpo atlético producto de entrenamiento pero siempre había pensado que no había perdido su femineidad sino todo lo contrario y que estaba dotada de un par de pechos de ensueño, de esos que nada más contemplarlos cualquier hombre desea hundir la cara en su canalillo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menos mal», suspiró aliviada al mirar hacía su alrededor y comprobar que al menos media docena de corredores la miraban embelesados.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su lado coqueto la hizo exhibirse ante sus admiradores y aprovechando que estaba haciendo una serie de sentadillas, les lució la perfección de su trasero. Los tipos en cuestión se quedaron apabullados al contemplar los duros glúteos de la exmilitar, convencidos que pocas veces tendrían la oportunidad de admirar algo tan espectacular.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Babosos, me ven como una presa y sin saber que podría matarlos usando solo mi mano izquierda», ventiló justo cuando se daba cuenta que el enorme afroamericano miraba divertido la escena.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de olvidarlo pero sobretodo de liberarse de su examen, salió corriendo por una de las veredas. Inicialmente imprimió a su paso un trote lento, sabiendo que a cada zancada sus pechos rebotaban suavemente bajo su top, dando a su carrera una sensualidad sin límites.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Joder, las veces que pillé a un recluta mirándome las tetas», mientras incrementaba su velocidad, rememoró que gran parte de los problemas que había tenido en su unidad se debían a su belleza. Belleza de la que ni siquiera sus mandos habían sido inmunes. Aunque tenía muchas virtudes, era incapaz de reconocer que podían tener razón.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabía que era políticamente incorrecto siquiera el mencionarlo pero también que no era menos cierto que en su presencia sus subalternos se esmeraban en impresionarla por la atracción física que sentían hacia ella. Solo hubo un superior que tuvo el suficiente valor para abordar el tema y su reacción fue mandarle al hospital con una nariz rota.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Se lo merecía el cretino», no dudó en sentenciar cabreada justo cuando se dio cuenta que el militar que la había estado observando seguía su estela.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese descubrimiento no le preocupó al creer que ese sujeto era un admirador con ganas de entablar contacto por lo que incrementó la cadencia de su marcha, convencida que no aguantaría el ritmo. Durante media hora, su acosador se mantuvo a escasos cincuenta metros de ella pero quizás por agotamiento o quizás porque se había ya aburrido de perseguirla, al dejar el camino principal y adentrarse en una senda secundaria le perdió de vista.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Otro inútil», murmuró más tranquila al verse corriendo sola.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mandando al negrazo al baúl de los recuerdos, durante hora y media, dejó salir su frustración bajo el amparo de los árboles hasta que ya sudada decidió que era suficiente y que se merecía un buen desayuno. Cumpliendo con su rutina diaria se acercó a un restaurante italiano que había en la calle 68. Una vez allí, pidió al camarero un café y un par de huevos con los que reponer fuerzas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni siquiera había podido siquiera probar lo que había pedido cuando de improviso vio entrar por la puerta al enorme militar que la había seguido por el parque. Su sorpresa se incrementó al comprobar que venía vestido de uniforme y que por sus galones no era el soldado raso que había supuesto sino un almirante.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¡Qué coño hace aquí!», exclamó mentalmente al darse cuenta que se dirigía hacia ella, luciendo una sonrisa. Su mal humor alcanzó cuotas insospechadas cuando sin pedir su permiso, ese sujeto se sentó en su mesa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Estoy esperando a mi marido― mintió molesta al ver invadido su espacio vital.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Nunca ha estado casada y su última relación conocida fue hace más de tres años― respondió el sujeto mientras acomodaba su trasero frente a ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La ex Comandante Moon comprendió que esa visita no tenía nada de casual y sin permitir que ese hombre pudiera darse cuenta de su nerviosismo, decidió tomar el toro por los cuernos y directamente le soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ya que ha decidido joderme la mañana, al menos podría tener la educación de presentarse.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su exabrupto no tuvo el efecto deseado y en vez de cabrear a su interlocutor, muerto de risa, este contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Soy el Almirante Jackson. Me habían avisado que no me dejara engañar por su fachada de niña buena porque en realidad era una impertinente pero he descubierto que se quedaban cortos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque esa respuesta la dejó desconcertada, rápidamente se recuperó y mostrando que quien se lo dijera se había quedado corto, dando a su voz un tono lleno de desprecio, comentó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ahora me va a decir que soy su dulce princesa y que está dispuesto a bajarme la luna.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El ataque desesperado de esa mujer le hizo gracia y soltando una sonora carcajada que enmudeció al resto de los presentes, respondió:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Por nada del mundo me pondría en peligro echándole los tejos porque a pesar de sacarle más de cincuenta kilos, me consta que en un enfrentamiento directo me haría papilla.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Entonces a qué ha venido?― preguntó más intranquila de lo que le gustaría reconocer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El gigantesco almirante sacó de su maletín unos papeles y poniéndoselos en la mesa, contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― A sacarla del retiro…― y dándole unos papeles prosiguió diciendo: ―lea a qué se va a comprometer y si acepta la misión, volverá al servicio activo con el grado de capitán.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Volver a la Navy era lo que más deseaba en el mundo, pero aun así leyó el documento con recelo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No parece una broma», pensó ilusionada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo no era tonta, supo que tras esa oferta tenía que haber trampa. Aunque en un principio dudó si aceptar ese ofrecimiento, la franqueza que ese militar demostró cuando le interrogó sobre los motivos que le hacían a ella candidata a ese puesto, Jackson ahuyentó sus reticencias. Ya que sin andarse con lindezas ni otras florituras, ese alto funcionario le espetó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Necesitamos un arma letal, bajo el disfraz de una belleza indecente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Me está llamando indecente?― protestó la mujer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Para nada, usted ha demostrado siempre una lealtad inquebrantable a su país. Lo que es indecente son los pensamientos que provoca entre los que la ven― refutó tranquilamente e insistiendo en la idea, prosiguió sin cortarse: ―Señorita Moon, trabajará infiltrada en un ambiente lleno de mujeres bellísimas. Queremos que nadie se pueda imaginar que tras ese cuerpo se esconde una agente del gobierno.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que no tuviera reparos en hablar así de ella, le satisfizo al comprender que no se andaba por las ramas y que pese a ser hombre, no se veía afectado por ella. Por ello, antes de dar su brazo a torcer y enrolarse en esa locura, únicamente preguntó quién era el objetivo pensando que le estaban encomendando eliminar al alguien molesto para el gobierno.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Se equivoca― le corrigió el que ya se consideraba su superior al leerle los pensamientos― su misión no consiste en matar a nadie sino en proteger a dos sujetos cuyas vidas son vitales para los intereses de nuestro país.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque no se veía como guardaespaldas, esa novedad en su carrera le interesó y como eran dos, supuso que era un matrimonio las personas cuyo bienestar debía de salvaguardar. Por ello no esperó a que su interlocutor terminara para interrogarle por su identidad.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Nuevamente se equivoca, uno es un potentado pero el otro es su hija, una preciosa niña de siete años.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si ya estaba alucinada por el tipo de misión que le estaba ofreciendo, su zozobra se incrementó cuando, en un papel que el almirante le pasó, leyó el nombre del magnate que necesitaba protección:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― David Carter III.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estuvo a punto de negarse al conocer que una de las personas a la que debía de cuidar era ese consumado Don Juan cuyas fotos llenaban los tabloides de medio mundo, pero entonces el avispado jefazo se anticipó a ella diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Antes que conteste, quiero que sepa que ese hombre no ha dudado en poner en peligro la vida de su hija y la de él, colaborando con el presidente para revelar una conspiración que quiere apropiarse de los secretos militares de nuestro país.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sara no esperaba que ese playboy se sacrificara por nada que no estuviera relacionado con su bragueta por lo que asumiendo que si un ser tan detestable como él era capaz de dar ese paso, decidió que ella dejaría al lado sus prejuicios y aceptaría el puesto. Por lo que haciendo caso omiso a la opinión que tenía de los de su especie, cerró el trato con el militar diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Quiero que antes de ser infiltrada, mi ascenso sea firme y cualquier mancha sea borrada de mi expediente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Así será― respondió dando por cerrada esa reunión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Una semana había pasado desde que el almirante le había abordado en un restaurante para proponerle que entrara en una unidad secreta bajo su mando y que dependía jerárquicamente del secretario de defensa sin ningún otro intermediario. Semana que le resultó un infierno porque una vez había accedido a proteger a David Carter y antes siquiera de conocer a su protegido se había tenido que someter a un entrenamiento que dejaba en ridículo al régimen que tuvo que soportar para convertirse en marine.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque el propio Jackson le había anticipado que debía de aprender a comportarse como un miembro de la alta sociedad para que su presencia al lado de ese tipo pasara desapercibida, nada de su pasada formación le había preparado para soportar las exigencias de Emmanuel Valtierre, su maestro en esas lides.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía recordaba su llegada al estudio de ese modisto. Como la mayoría de los días, ese día al levantarse se puso un chándal y unas zapatillas. Ese fue su primer error porque el estilista al comprobar que su alumna había aparecido vestida así, puso el grito en el cielo, diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me prometieron que me mandaban un diamante en bruto y me encuentro una mezcolanza de rollito de primavera con salsa teriyaki― si ya fue bastante bochornoso que aludiera sus orígenes orientales al criticarla, más lo fue escucharle decir: ― Por favor, desnúdese. Su indumentaria ofende mi vista.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aguantando las ganas de saltar sobre su cuello, la flamante capitán olvidó sus recién estrenados galones y sin gracia alguna se despojó de su indumentaria deportiva. El amanerado cuarentón teatralmente se tiró de sus escasos pelos al observar la lencería de su supuesta pupila y en plan histérico, le espetó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Nunca he visto algo tan basto, sus bragas parecen estar hechas de esparto. Señorita, ¿acaso compra su ropa interior en el mercado de segunda mano?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Indignada con el que se suponía que le iba a enseñar buenos modales, la militar se tuvo que morder la lengua para no mandarle a la mierda y con un tono sumiso que hasta ella le sorprendió, le prometió que al día siguiente vendría equipada con otro clase de lencería.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Emmanuel al oírla, abrió un cajón y sacando un conjunto de su interior, se lo dio diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― A partir de hoy, olvídese de lo que tiene en su armario. Soy un profesional y no puedo soportar que alguien que está bajo mi mando, lleve prendas que no se las pondría ni a mi perro.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante unos segundos, Sara no supo que decir. Para ella, ni una puta se pondría algo tan provocativo como el sujetador y el tanga que tenía en sus manos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿A qué espera?― la azuzó chillando histéricamente el modisto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con sus mejillas coloradas por la ira, la treintañera se despojó rápidamente del top deportivo que llevaba y eso en vez de complacer al histriónico sujeto, lo encolerizó y acercándose a su lado, le gritó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Parece un camionero. Una dama se desnuda siempre como si tuviera enfrente a un hombre que desea seducir, sin importar si está sola o frente a una multitud. Vuélvaselo a poner y ahora por favor, piense que soy alguien al que quiere llevarse a la cama.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Antes de acostarme con usted, me tiro a su perro― ya fuera de sí, le contestó: ―pero si quiere que me comporte como una stripper, sé hacerlo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin sentirse ofendido, el sujeto la contestó volviendo a hacer referencia a su raza:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― En eso me parecemos, yo me haría el harakiri antes de permitir que una paleta como usted, me pusiera la mano encima.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi apellido es chino, no japonés― refutó la mujer tratando de poner en cuestión la cultura de su mentor.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todos los amarillos sois iguales, quitando a Miyake, no conozco a nadie de ojos rasgados que tenga el mínimo gusto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo que el racismo militante de ese capullo entorpeciera su misión, Sara se abstuvo de contestar y ante el escrutinio del homosexual, dejó caer los tirantes del sujetador mientras comenzaba a menear su trasero. Impávido a sus encantos, Emmanuel siguió con atención el modo en que se desabrochada por delante los corchetes de esa prenda. Pero una vez, la militar se había quedado desnuda de cintura para arriba, se atrevió a decir:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mejor… ahora al menos, sé que es capaz de calentar a un agricultor.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual, le ordenó que se terminara de desvestir y que se pusiera el conjunto que él le había dado. Convencida que la razón de ese comportamiento era ponerla a prueba, casi bailando dejó caer sus bragas y tratando de dotar a sus movimientos de toda la sensualidad que pudo se engalanó con esa escandalosa ropa interior.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Va mejorando― indicó sin demasiado entusiasmo el estilista y cogiéndola del brazo, la llevó frente a un espejo – pero tiene mucho que aprender.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual y sin mediar una advertencia por su parte, Emmanuel metió sus manos dentro de su sujetador y le colocó los pechos mientras le decía:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ya que tiene una delantera aceptable es importante que aprenda a sacarle provecho. Para empezar, debe usar las copas para maximizar el canalillo entre sus miserias porque eso es lo primero que mira un hombre.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba a punto de protestar por ese manoseo cuando de pronto, ese cerdo le regaló sendos pellizcos sobre sus areolas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Qué coño hace! ¡Me ha hecho daño!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin perder la compostura, contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Enseñarle un truco. Las modelos para estar más atractiva se aprietan los pezones o bien se echan un gel con efecto frio.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Podía haber usado la crema en vez de pellizcarme las tetas― replicó encolerizada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo sé pero hubiera sido menos divertido― muerto de risa, el antipático sujeto contestó mientras descargaba un azote sobre una de sus nalgas: ―Ahora vamos con tu postura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Soñando con descerrajarle un tiro entre los ojos, Sara no dijo nada al ver que ese tipejo se agachaba a sus pies y con ningún tipo de tacto, la obligaba a adelantar unos centímetros su pie derecho.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Porque es marica, si no pensaría que este malnacido está aprovechando para meterme mano», pensó al sentir como con las manos le rectificaba la postura separándoles las piernas, poniéndole la espalda recta e incluso forzando sus hombros hacia atrás para que sacara pecho.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aunque eres un poco sosa, podré convertirte en una puta guapa― la espetó tras examinarla nuevamente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese insulto en vez de contrariarla, la alegró porque escondía un piropo. Si alguien tan perfeccionista como ese modisto creía que tenía suficiente materia prima para trabajar, de manera implícita estaba alabando su belleza. Aun así no se pudo contener y demostrando su proverbial mala leché, contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si quiero vender mi cuerpo, no creo que usted sea mi cliente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa andanada no surtió los efectos deseados porque alejándose un par de metros, Emmanuel contraatacó diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Evidentemente, lo último que haría sería gastar mi dinero contigo… sobre todo después de haber visto la selva que luces en la entrepierna. Para esta tarde, quiero verlo recortado casi por completo. Una pelambrera así puede estar bien vista en un cuartel pero no en mis círculos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Váyase a tomar por culo! ¡Gilipollas!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo haré, bonita, en cuanto consiga hacer que parezcas presentable.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sara, con gran disgusto por su parte, comprendió que el estilista había conseguido en media hora sacarle de las casillas:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No es posible que me haya dejado alterar así por este mamón», pensó mientras intentaba tranquilizarse. No entendía como habiendo soportado el durísimo adiestramiento de la base Pendleton sin perder el control, en apenas treinta minutos, había caído tan bajo de insultar a su instructor. « Si esto llega a ocurrirme allí, hubiese terminado con una mancha en mi expediente».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por ello, muerta de vergüenza, pidió perdón. Emmanuel Valtierre se tomó la disculpa con sorna y haciendo como si nada hubiese ocurrido, preguntó a la militar si sabía andar con tacones. Aleccionada por la pasada experiencia Sara respondió que creía que sí, al no estar segura que su manera de moverse gustara al tipo aquel.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ahora lo comprobaremos― contestó poniendo es sus manos unos impresionantes zapatos de aguja con más de diez centímetros de tacón.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si la primera fase había sido insoportable, esta segunda le resultó más complicada porque a la vergüenza de caminar sobre esos zancos casi desnuda, se incrementó al verse obligada a mostrar sutileza en cada paso.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Olvídese de su pasado, tiene que parecer delicada para diferenciarse de la plebe. Una dama es más peligrosa cuanto más indefensa parece.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esas ideas chocaban frontalmente con su adiestramiento y por ello le resultó en extremo complicado, aparentar lo que no era. Desde la adolescencia Sara había tenido que luchar para reprimir su faceta femenina para que le tomaran en cuenta y ahora el modisto le exigía que meneara su pandero como una furcia.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Coloca un pie delante del otro y camina dando pasos largos&#8230;imagina que estás caminando sobre una cuerda― le gritaba Emmanuel desde una silla― mantén un pie delante del otro para hacer que tus caderas se balanceen.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Le parece fácil al cretino», murmuró para sí al sentir que perdía el equilibrio.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Muéstrate coqueta. Cuando la gente piense que eres una fulana inalcanzable, se lanzarán a tus pies. Mantén el cuerpo relajado y los hombros hacia atrás, ¡no es tan difícil!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces, Sara había asumido que debía obedecer a su maestro y casi sin darse cuenta se empezó a percatar que se sentía más segura haciéndolo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Coño, funciona. Ya no parezco un pato mareado», se dijo incrementando el ritmo de las zancadas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Emmanuel debió de pensar lo mismo porque interrumpiendo esa etapa de la instrucción, hizo que la capitana le acompañara a una habitación anexa. Ante su sorpresa, la hizo pasar a una enorme estancia que parecía una tienda de prêt―à―porter por la barbaridad de vestidos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Estás viendo mis joyas, las prendas que llevo atesorando durante años y que solo presto a mis más íntimas amigas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No se había repuesto todavía de la impresión de ver toda esa ropa cuando el modisto comenzó a revisar las perchas para acto seguido lanzarle en los brazos todo tipo de vestidos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Y esto?― preguntó.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― William quiere que parezcas una modelo y viendo la ropa que has traído, la única forma que lo consigas es eligiendo personalmente tu vestuario.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A Sara le resultó inverosímil que ese tarado se refiera al almirante Jackson usando su nombre de pila pero se abstuvo de hacer ningún comentario y con creciente incredulidad fue sosteniendo el ajuar que tendría que lucir durante su misión…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">CAPÍTULO 2.―</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa mañana los rayos de sol matutino colándose por la ventana de su apartamento despertaron a Sara antes de tiempo. Era demasiado pronto para comenzarse a preparar por lo que intentó volver a conciliar el sueño. La importancia de la entrevista que tendría ese día no la dejaba dormir y por eso se dedicó a pensar en el tipo de instrucción que había tenido que soportar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Quieren que convertirme en una muñeca de porcelana», protestó para sí al recordar las enseñanzas de Valtierre.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Seguía indignada por la humillación que sufrió al negarle ese hombre cualquier tipo de atractivo. Hasta conocerle se sabía atractiva pero los menosprecios que había recibidos habían hecho tambalear su autoestima.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Ese desgraciado se equivoca, puedo seducir a cualquier hombre y ¡no solo a aldeanos!», murmuró mientras buscaba otra postura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su irritación era mayúscula, le molestaba sobretodo la dureza con la que había valorado su femineidad.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Una marimacho se esconde los pechos», sentenció al tiempo que a modo de auto confirmación llevaba sus manos hasta ellos, «yo estoy orgullosa de los míos».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Queriendo reafirmar sus pensamientos, introdujo sus dedos bajo el top del pijama y se los empezó a acariciar mientras se decía:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Todos mis amantes babeaban al verme desnuda».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin buscar voluntariamente que su mente empezara a divagar, se puso a rememorar una de tantas noches que había pasado con Anthony, otro capullo egoísta pero magnífico amante.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Él sí sabía valorar mis tetas», refunfuñó al recordar la capacidad amatoria de ese italoamericano y en las horas que se podía pasar mamando de ellas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su relación había sido corta pero intensa y aunque habían terminado mal, todavía echaba de menos el ansia con el que ese hombre mordisqueaba sus pezones. Los mismos pezones que en ese momento se estaba pellizcando sin darse cuenta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Me volvía loca la forma en la que usaba su lengua», rememoró.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al sentir que entre sus piernas comenzaba a sentir calor, por un momento su mente luchó contra la creciente excitación de la que ya era plenamente consciente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Estoy cachonda», sentenció al comprobar que su respiración se agitaba y que no podía dejar de acariciarse los pechos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su cerebro le mandaba órdenes contradictorias. La parte racional le impelía a levantarse mientras que el resto le suplicaba ceder y entregarse al placer. Sabiendo que al terminar se sentiría mal, comprendió que su cuerpo había optado por lo segundo al darse cuenta que involuntariamente había juntado sus piernas y decidiendo por ella, sus muslos habían empezado a rozarse uno contra otro.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Tengo que relajarme, estoy muy tensa», se justificó mientras dejaba que una de sus manos calmara el escozor que sentía en esa zona.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El mimar con sus dedos sus labios por encima de las bragas, lejos de ahuyentar su calentura, la incrementaron y a consecuencia de ello, surgió el primer gemido de su garganta. Lo que en un principio había sido un pequeño fuego se convirtió en un feraz incendio que amenazaba con carbonizar su cuerpo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Dios!― aulló descompuesta al saber que no había marcha atrás y que irremediablemente terminaría masturbándose.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante un instante pensó en darse una ducha pero comprendió que era tal su ardor que de nada serviría y que lo único que conseguiría sería usar el mango de la alcachofa para aliviar su deseo. Convencida que debía quedarse en la cama y darse prisa en correrse, se quitó la braguita que tanto le estorbaba para a continuación aumentar la presión de sus dedos sobre el erecto botón que emergía entre sus pliegues.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Anticipando el placer que iba a sentir, su espalda se arqueó mientras la mano que conservaba libre se aferraba al gurruño que ya eran sus sábanas, dando inicio a un lento baile en el que su cuerpo buscaba asimilar las sensaciones que le llegaban de sus neuronas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Tengo calor», sentenció al notar que le sobraba toda la ropa y a pesar que esa mañana hacía fresco en su habitación se quitó el pijama y ya desnuda reinició sus caricias.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Abriendo los ojos, se quedó impresionada con la dureza que mostraban sus pezones. Queriendo comprobar hasta donde estaban de excitados se dio un pequeño pellizco en el izquierdo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ummm― sollozó al experimentar entre sus piernas un hachazo de placer que la dejó todavía más insatisfecha.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mordiéndose los labio, incrementó la presión de sus dedos sobre la areola, sintiendo que en su interior se iba acumulando la tensión y que no tardaría en explotar. Mientras esa mano estrujaba su pecho sin piedad con la otra sometió a su sexo a una dulce pero intensa tortura que solo podía tener un final.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Me corro!― gritó al ver su cuerpo sacudido por unas virulentas descargas eléctricas que naciendo en su vulva se extendían hacia arriba convirtiendo su mente en un torbellino de placer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Saboreando cada una de esas andanadas, Sara siguió forzando la integridad de su sexo con sus yemas hasta que derrotada y satisfecha, su cuerpo le informó que no podía más.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Entonces y solo entonces, con un leve sentimiento de culpa, la oriental se metió a duchar con el convencimiento que desgraciadamente una vez había abierto la espita, le resultaría difícil de cerrar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Necesito un hombre en mi vida, esto no puede continuar así», decidió abochornada mientras abría el grifo del agua caliente…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Frente al edificio donde Jackson le presentaría al magnate, la capitana Sara Moon se sentía fuera de lugar en el elegante traje de ejecutiva que Valtierre había seleccionado para la ocasión. Demasiado estrecho para su gusto, no podía negar que el tejido era primoroso ni que le sentaba como un guante. Lo que le jodía realmente era haber accedido a que el amanerado le eligiera también un tanga que se le clavaba entre las nalgas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No entiendo qué necesidad tengo de llevar algo tan incómodo», protestó en el ascensor que le llevaba a la oficina del almirante, recordando lo tentada que estuvo esa mañana de ponerse un culotte.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En la intimidad de ese cubículo y aprovechando que nadie podía verla, se acomodó la molesta prenda con la mano. Al hacerlo, sonrió al pensar en la bronca que el estilista le echaría si la hubiese pillado y de mejor humor, informó a la secretaria de ese mandamás que tenía una cita con su jefe.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Señorita, ¿a quién anuncio?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para Sara fue una novedad que esa sargento, más que acostumbrada a ver desfilar por su puerta a cientos de militares al día, no identificara en ella a un miembro de la armada, porque de haberlo supuesto jamás le hubiese llamado señorita sino señora.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Ha pensado que soy una civil», se dijo mientras la informaba que era la capitana Moon.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La asistente al darse cuenta que había metido la pata y que la mujer que tenía frente a ella tenía un rango superior al suyo, se cuadró al tiempo que le pedía disculpas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Descanse sargento― murmuró satisfecha porque una vez lo había asimilado, comprendió que su disfraz funcionaba y que si una experta había sido incapaz de reconocer a una colega, el resto de los mortales tampoco lo haría.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Constató que estaba en lo cierto al entrar en el despacho de gigante porque al contrario que la primera vez, su superior no pudo dejar de recorrer su anatomía con su mirada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Sara, está usted guapísima. ¡Me ha costado reconocerla!― comentó mientras disimuladamente le echaba una última ojeada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Impresionada porque alguien tan adusto como William Jackson se permitiera por unos segundos que el hombre que había en su interior sustituyera al funcionario, lo saludó marcialmente mientras en su mente achacaba ese comportamiento a las extensiones que el día anterior un carísimo peluquero había colocado sobre su corta melena. El modisto había sentenciado que llevaba un peinado anticuado y pensando que su obra estaba incompleta sin esa última pincelada, la había llevado al local donde trabajaba un artista, especializado en dotar a las estrellas de cine de espectaculares cabelleras.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Gracias, mi almirante― contestó lacónicamente no queriendo parecer complacida pero sin que le hubiese molestado ese piropo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Llamándola a su mesa, Jackson olvidó esa momentánea flaqueza al ponerse a revisar con ella los detalles de la misión donde ella debía de aparentar ser una de las últimas conquistas del mujeriego para que su presencia pasara desapercibida.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Esta noche se presentará con él en una fiesta y hará creer a todos que David la ha seducido porque a partir de mañana, será vox populi que vive con él en la mansión Carter― informó el gigantón poniendo fecha de inicio a su tarea: –Como no tenemos la seguridad de quién puede estar involucrado en el complot contra él y su hija, solo David sabrá de usted y de su función.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Almirante, me imagino que el sr. Carter debe de contar con personal de seguridad. De ser así, se enterarán que no soy una de sus pilinguis. Es imposible que no se den cuenta― discrepó la capitán.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Por eso no se preocupe, es lo suficientemente bella para qué cuando empiecen a sospechar ya hayamos detenido a los culpables― comentó mencionando nuevamente sus atributos― su deber es estar siempre a su lado para que si surgen problemas, pueda resolverlos sin poner en cuestión su tapadera.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Para que no se mosqueen, tendrían que verme dormir en su cama», masculló interiormente, sin decirlo de viva voz no fuera a ser que Jackson le obligara a hacerlo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Otra cuestión que le incomodó fue el tema del armamento que iba a disponer porque pese a que tendría en su habitación todo un arsenal, cuando saliera con el magnate, solo podría llevar una Glock 26.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Si eso es un juguete!― protestó conociendo perfectamente que era una pistola de diez tiros y medio kilo de peso― ¡necesito mayor potencia de tiro!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su superior se sacó su pistola reglamentaria, una Beretta M9A1 y poniéndosela en la mano, preguntó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Me puede explicar donde se escondería esta pistola en un traje de fiesta?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No pudo y por ello, no le quedó otra opción que aceptar las órdenes sin rechistar y guardarse el orgullo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Será insuficiente si algún día la saco», murmuró justo cuando la secretaria estaba informando a su jefe que la visita que esperaban, habían llegado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Qué pase!― replicó el gigantón.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Creyendo que su tiempo había terminado, Sara se levantó para irse cuando vio que el hombre que entraba era el sujeto al que iba a proteger.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Es Carter», dijo mentalmente mientras examinaba al recién llegado con interés. «No está mal», tuvo que reconocer al comprobar su atractivo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El recién llegado también la miró pero en su caso con auténtica lascivia, no dejando un centímetro de su piel sin auscultar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Será idiota», sentenció al sentirse violada por Carter.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cumpliendo con la idea que tenía preconcebida de él, el recién llegado no se cortó a la hora de recrear su mirada en el pecho de la capitana. El cabreo de Sara se incrementó exponencialmente cuando escuchó que Carter decía a su jefe:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― William, cacho mamón, ¿dónde te has agenciado a esta muñequita oriental?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El almirante soltó una carcajada al escuchar como se había referido a su subalterna y señalando a la aludida, contestó mientras se secaba las lágrimas de los ojos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― David, te presento a la capitana Moon, tu futura guardaespaldas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por primera vez en mucho tiempo, esa respuesta dejó sin palabras a David Carter, el cual durante un momento pensó que le estaba tomando el pelo porque la mujer que tenía enfrente parecía una modelo de lencería.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No te creo. Es imposible que esta preciosidad sea lo que me has prometido.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sacando su expediente, Jackson empezó a leer:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Sara Moon, nacida el 23 de febrero de 1987. Misiones realizadas: 43. Bajas confirmadas: 25. Experta en kárate, kendo y taekwondo. Mejor disparo homologado: 2.633 metros. Idiomas…</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Para! ¡Para! Ya es suficiente― interrumpió el magnate y mirando a la militar, dijo a su amigo: ―porque tú lo dices pero jamás hubiese supuesto que esta belleza era capaz de usar algo que no fuera el secador de pelo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Herida en su orgullo y rompiendo su silencio, Sara comentó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Señor Carter, he contado en esta habitación treinta y dos objetos mortales con los que podría matarlo sin tener que acercarme a usted.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La incredulidad que mostró al oír esa advertencia tuvo su justo castigo al momento, porque de pronto vio volar un objeto a escasa distancia para inmediatamente escuchar un ruido sordo muy cerca de su propia oreja. Al girarse para ver qué había ocurrido, horrorizado, descubrió uno de los zapatos de la mujer clavado en el respaldo de su silla.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― De haber apuntado a su frente, en este momento habría un imbécil menos sobre la tierra― murmuró mientras con una sonrisa lo recogía y se lo volvía a poner.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El almirante que desconocía las intenciones de Sara gritó hecho una furia:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Capitán, ¡modere su lenguaje!</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La oriental sabía que se había pasado dos pueblos y que su superior tenía toda la razón para reprimirla por su comportamiento. Cuando estaba a punto de reconocer su error y pedir perdón, el agredido se puso a reír a carcajadas mientras decía:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No recuerdo cuantos años hace que una monada no consigue sorprenderme y no me avergüenza reconocer que me has cogido desprevenido― tras lo cual y dirigiéndose al marino, comentó descojonado: ― William, he estado a punto de cagarme en los pantalones.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que ese hombre se tomara ese altercado en plan de guasa, en vez de montar un escándalo, tranquilizó al militar pero aun así y clavó sus ojos en su subordinada, exigiendo una rectificación. La capitana decidió que su misión era proteger a ese individuo por lo que debía de disculparse y mostrando un arrepentimiento que no sentía, se excusó diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Señor Carter, mi intención no fue molestarle sino hacerle ver de una forma gráfica que estoy suficientemente preparada para responder ante cualquier ataque dirigido contra usted o contra su hija.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El magnate aceptó las razones esgrimidas con una sonrisa y dejando el tema aparcado, quiso saber cuándo Sara iba a empezar a hacerse cargo de su seguridad.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Hemos pensado que se traslade hoy mismo a tu casa y para hacer creíble su presencia a tu lado, que te acompañe esta noche a la recepción del St. Regis como si fuera una de tus amigas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sonriendo y mientras recogía su maletín, David Carter contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Señorita, espero que si algún día quiere mostrarme algo, no sean sus cualidades en el combate sino otras…</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ante semejante sandez, la capitana quedó con él que se verían directamente en su casa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sara Moon traspasó las puertas de la finca donde se hallaba situada la mansión Carter a las cuatro de la tarde a bordo de una lujosa limusina. Mientras recorría el camino que daba acceso a la casa, iba haciéndose a una idea del lío en que se estaba metiendo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Es imposible garantizar la seguridad de este sitio con un bosque tan denso rodeándolo», se dijo impresionada por que alguien privado fuera el propietario de una superficie así a tan pocos kilómetros de Manhattan. La carrera de una familia de venados cruzando la carretera por delante del vehículo donde iba, confirmó sus temores por la dificultad extra que entrañaba el que hubiese animales salvajes en su cercanía: « Los sensores volumétricos no servirían de nada porque saltarían con esos bichos y se producirían falsas alarmas».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Este hecho despertó su interés y decidió que en cuanto pudiera, se pondría a estudiar el detallado informe de los sistemas de vigilancia que llevaba entre sus papeles y que no le había dado tiempo a revisar porque se lo habían hecho llegar dos horas antes.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero fue al llegar al claro que daba entrada a la mansión propiamente dicha cuando se quedó anonadada al descubrir que todo lo que se había imaginado se quedaba corto y que el lugar donde iba a vivir esa temporada era un palacio.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No me extraña que esté siempre rodeado de jovencitas», pensó recordando la fama de playboy que tenía su protegido.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La certeza que gran parte de su atractivo se debía a su cuenta corriente se vio magnificada cuando el chófer paró a los pies de una gran escalinata.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Este lugar ofrece un tiro limpio», masculló colocándose el pelo y tal como requería su papel, cogió su bolso dejando que su supuesto empleado recogiera las seis maletas de su equipaje.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los veintiún escalones afianzaron su primera impresión al comprobar que de ser ella el francotirador contratado para matar a Carter, sin lugar a dudas, elegiría ese punto para cometer el atentado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No sabríamos de donde disparan», resolvió anotando que debían evitar esa entrada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba todavía pensando en ello cuando desde el interior de la mansión vio salir a una joven con aspecto de alta ejecutiva que andaba hacía ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Debe ser Laura Michelle», pensó al recordar que la ayudante personal de ese sujeto iba a ser la encargada de recibirla.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con disgusto observó que esa rubia parecía sacada de un desfile de modas y que el Cannel azul que llevaba, debía superar con creces su salario mensual.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Además de su secretaria, esta zorrita debe cumplir otras funciones», supuso al advertir que tras esa sonrisa a esa mujer se le notaba que estaba disgustada por tener que ser ella su anfitrión.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Miss Aisin Gioro, supongo― fue su saludo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al oírla, Sara no pudo dejar de sonreír al recordar que entre el almirante y ese pedante habían elegido ese apellido porque teóricamente la enlazaba con la última dinastía china.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Kumiko, por favor― respondió la capitana dando el nombre de pila que usaría mientras viviera en ese lugar y que en realidad era como su madre la llamaba en casa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Como usted desee, Kumiko. El señor Carter me ha pedido que le sustituya y que le pida perdón por no ser él quien la reciba en su casa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Algo me comentó― respondió perdonándole la vida mientras entraba en la casa sin esperarla.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Según el modisto, se debía comportar como una arpía prepotente para que todos creyeran que era una caza fortunas que buscaba un marido millonario. Es más, Valtierre le había aconsejado que actuara como si el servicio fuera una molestia que los de su clase tenían que soportar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para Sara fue evidente la mirada de odio que le dirigió esa veinteañera cuando ya en el hall de esa residencia, comentó en voz alta que la decoración era demasiado recargada para su gusto, tras lo cual y mientras veía el rencor en el rostro de la muchacha, le exigió que le mostrara donde estaba su habitación.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― David ha dispuesto que se aloje en la antigua habitación de su esposa― informó Laura mientras le abría paso por las rutilantes escaleras de mármol que daban acceso a la planta superior.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que tuteara a su jefe, sorprendió a la militar quizás por deformación profesional ya que a ella jamás se le pasaría por la cabeza referirse al almirante como William, pero se abstuvo de hacer ningún comentario fue tras ella. El lujo de las estancias por las que pasaban no fue óbice para que se fuera haciendo una idea preliminar de los puntos fuertes donde podría guarecerse ante un ataque y en cuales era mejor no parapetarse.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Joder, esto es un laberinto», juzgó sin tener claro todavía si eso era bueno para sus intereses.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al llegar al que se suponía era su cuarto, Sara se quedó sin saber qué decir al percatarse que las habitaciones que habían reservado para su uso eran en realidad un piso enorme.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¡Qué exceso! ¡Aquí podrían vivir dos familias!», meditó en su mente mientras exteriormente escudriñaba críticamente esos aposentos diciendo: ―No esta tan mal para ser diseño americano.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que se metiera con su país cabreó a la asistente, la cual no queriendo chocar el primer día con la invitada de su jefe, se dirigió a uno de los armarios y abriendo sus puertas, enseñó a esa odiosa oriental que ocultaban la entrada al baño de la suite. Sin dignarse a entrar, le echó una rápida ojeada:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¡Parece una piscina!», exclamó para sí al ver el jacuzzi.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acababa de terminar de mostrarle esa estancia cuando recibieron la visita del chófer y de dos criadas trayendo su equipaje. La señorita Michelle aprovechó su llegada para huir de allí y despidiéndose cordialmente desapareció rumbo a la salida.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Menuda estúpida es la última conquista de David», dictaminó al verse libre de esa petarda.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Entre tanto, el servicio había comenzado a sacar la ropa de las maletas y a distribuirla en los diferentes armarios siguiendo las indicaciones de la militar. Esta comprendió que debían estar habituadas a que las visitas del magnate trajeran gran cantidad de equipaje al verlas actuar con total naturalidad mientras distribuían el gigantesco ajuar que le había prestado el modisto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Si supieran que nada esto es mío. Hasta los perfumes que me pondré mientras dure esta misión han sido seleccionados para la ocasión», con disgusto recordó rememorando la extensa explicación sobre el uso de fragancias que había tenido que soportar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez habían acabado la mayor de ellas cayó en que a los pies de la cama quedaba un baúl y al preguntar si le ayudaba a vaciarlo, Sara contestó que no diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ya lo hago yo, son mis cremas.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En cuanto la dejaron sola, la capitana abrió ese maletón y revisó que además de la pistola había un rifle de asalto y dos metralletas de mano, con toda la munición que necesitaría en caso de un enfrentamiento. Tras lo cual, lo escondió tras unos vestidos de fiesta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acababa de cerrar el armario cuando escuchó tras de sí:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Quién eres?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al girarse se encontró frente a frente con una niña rubia con rizos. Sara identificó a su interlocutora como Linda Carter, la hija del potentado y una de las dos personas que tenía que proteger. Sabiendo que era importante llevarse bien para facilitar su misión, se agachó a su altura y con la voz más dulce que pudo, murmuró:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Soy Kumiko, una amiga de tu papá.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La chavalita la miró con interés al enterarse que conocía a su padre y con la inconsciencia de la infancia, le soltó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Debe quererte mucho porque es la primera vez que invita a alguien a casa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa confidencia cogió desprevenida a la oriental porque había supuesto que esa mansión había sido testigo de un desfile continuo de modelos, no en vano era raro el mes que su viejo no salía en las revistas con una nueva adquisición. Al pensar en ello, se percató que esa noche a buen seguro habría paparazis en la recepción a la que iba a ir y fue cuando se dio cuenta que no había avisado a su madre sobre la naturaleza de su nuevo trabajo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Mierda, no sabrá que decir a sus amigas», se dijo recordando lo aficionadas que eran a esas publicaciones.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No pudiendo hacer nada mientras esa niña estuviera ahí, decidió dejar apartado el tema y como quería revisar el resto de la casa, con una sonrisa, le preguntó a Linda si se la enseñaba. La cría se sintió importante y cogiendo su mano, contestó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Vamos a mi cuarto que es el más bonito…</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La visita con Linda no pudo ser más productiva porque a nadie le extrañó verla recorriendo los diversos pasillos de ese palacio de la mano de su diminuta propietaria. Junto a ella y durante casi una hora, la marine escudriñó las tres plantas del edificio sin despertar las suspicacias del personal e incluso se permitió el lujo de revisar la habitación personal del playboy.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Para qué quiere una cama tan grande si no le da uso», pensó al ver ese colchón de dos por dos y acordarse que según su hija, Carter no llevaba a sus conquistas a esa casa, «debe tener un picadero en el centro».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La menor se mostró tan encantada en su papel de Cicerone que no escatimó esfuerzos e incluso le enseñó, con gran disgusto de los guardas, la cámara acorazada desde la cual se vigilaba toda la casa mientras la militar iba anotando las fortalezas y debilidades que se encontraba a su paso.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Le debe haber costado millones», meditó al comprobar in situ el funcionamiento de las cámaras térmicas instaladas en el exterior de la mansión, «es la única forma de controlar la foresta que circunda la casa».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Más tranquila al saber que en teoría era difícil que un desconocido pudiera acercarse al edificio sin que el servicio de seguridad lo descubriera, pidió a la niña que le llevara de vuelta a sus aposentos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Te apetece que juguemos a la cocinitas?― inocentemente preguntó la nena una vez ahí y al ver la cara de asombro de Kumiko, su nueva amiga, insistió diciendo: ―Nunca tengo nadie con quién jugar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La petición de la chavalita enterneció a la adusta militar y sabiendo que todavía tenía mucho tiempo antes de tenerse que empezar a arreglar para la recepción, decidió que ya que entre sus responsabilidades estaba el cuidar de Linda, podía matar dos pájaros de un tiro: mientras cumplía sus deseos de jugar, estaría protegiéndola.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Me puedes preparar un pastel de fresa?― contestó la mujer mientras se sentaba en un sofá ante el alborozo de la mocosa…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa tarde al salir de la oficina, David Carter recordó que su hogar había sido invadido por una agente del gobierno cuya función en teoría era protegerle a él y a su hija de un supuesto complot.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Sigo sin creer que alguien de mi empresa esté vendiendo nuestros secretos militares al extranjero», sentenció mientras trataba de calmarse, «y menos que quieran desembarazarse de mí».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba plenamente seguro que en realidad era el gobierno el que quería sonsacar información acerca de sus actividades.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No confían en mí», pensó apenado que, después de los múltiples servicios que había prestado a su país, todavía se dudara de su lealtad.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A pesar de saber que era una encerrona, cuando le llamó el secretario de defensa no pudo negarse por la cantidad de asuntos que podrían peligrar si rechazaba ese ofrecimiento.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Encima han seleccionado una Matahari para mí― murmuró mientras encendía su ferrari – deben creer que soy tan inepto de dejarme seducir por ella.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya de camino estaba tan furibundo que de habérsela encontrado en ese instante, la hubiera cogido de su melena y la hubiese lanzado fuera de su vida sin más contemplaciones. Afortunadamente, la media hora que tardó en llegar le sirvió para tranquilizarse y por eso al aparcar su coche, en lo único que pensaba era en el modo en que podría zafarse de su vigilancia durante la recepción.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Joder, Kim va a estar en el St. Regis pero, con esa rambo, no voy a poder ni echar un polvo», se quejó recordando el susto que le había dado esa misma mañana al usar un zapato como arma mortal.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La idea de estar bajo continua supervisión no le hacía gracia porque tendría que alterar su modo de actuar si quería tener vida privada. Estaba pensando en eso cuando al entrar en su casa escuchó unas risas que provenían del salón. Ese sonido tan normal por otros lares, le resultó raro dentro del mausoleo en el que se había convertido su hogar desde que su mujer falleció.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Es Linda, jugando», pensó al reconocer la risa de su hija.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Extrañado e incrédulo por igual, se acercó a ver la razón de tanta alegría. Al entrar en esa habitación, descubrió a la niña chillando de gusto y a la ruda oriental haciéndole cosquillas. Esa escena tan usual mientras vivía su madre pero que había desaparecido de su vida, en vez de enternecerle, le dejó paralizado al ser su guardiana la mujer que estaba jugando con la cría.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « No es posible», rumió entre dientes sin atreverse a intervenir en el juego y actuando como un auténtico voyeur, se quedó observando desde la puerta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su sentimiento era doble. Mientras una parte de él se alegraba que su pequeña fuera capaz de reír después de dos años, por otra le cabreaba que fuera una desconocida y no él quien consiguiera hacerla olvidar su soledad. Para terminarla de fastidiar, en un momento dado, la Comandante absorta en el juego se agachó sobre la alfombra poniendo su culo en pompa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desde su ángulo de visión, el pegado pantalón de la mujer no solo magnificaba la belleza de sus duras nalgas sino que dejaba a la luz el coqueto tanga azul que llevaba puesto. Esa clase de prenda siempre había sido su perdición y al descubrirlo en ella, comprendió que de alguna forma el almirante Jackson se había enterado de su fetiche.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Ese cabrón conoce mis gustos», se quejó mientras babeaba admirando ese trasero.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ajena a lo que ocurría a su espalda, la capitana seguía jugando con su hija sin percatarse del extenso escrutinio al que estaba siendo sometida. Sabiendo que iba a terminar excitándose si seguía sin intervenir, alzando la voz, llamó a su hija:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Nadie me viene a dar un beso?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Linda al escuchar que su padre había llegado, se levantó del suelo y corriendo saltó sobre él. La marine decidió saludar también al recién llegado como si realmente fuera amiga suya y acercándose a donde estaba el padre con la hija, le dio un suave beso en la mejilla mientras le decía que la cría era un encanto.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo sé― contestó rojo de ira al verla de pie y descubrir que su camisa estaba semi abierta y que su tremendo escote dejaba ver sin disimulo un sujetador de encaje a juego con su tanga.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Haciendo verdaderos esfuerzos para no quedarse allí mirándole las tetas, cogió a su bebita y retomando camino hacia su habitación, le informó que llevaba la blusa desabrochada diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aunque siempre es agradable que una mujer guapa me reciba casi desnuda, será mejor que te tapes un poco.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese comentario la dejó paralizada al comprobar que al menos eran dos los botones que tenía abiertos de más y con el rubor decorando sus mejillas, se giró para que no viera como se abrochaba.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Ese cerdo me estaba comiendo con los ojos y encima se ha creído que lo he hecho a posta», rumió para sí mientras lo hacía, ya que solo se entendía el cabreo del magnate si consideraba ese hecho fortuito como algo intencionado: «acostumbrado a las putillas que pululan a su alrededor, me ha tomado por una de ellas».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> David Carter, por su parte, estaba fuera de sí al darse cuenta que aunque no quisiera reconocerlo, la dudosa distracción de esa militar había conseguido excitarle como hacía tiempo que no le pasaba y achacando su calentura a un plan urdido desde las altas esferas para seducirle, decidió que debía andarse con cuidado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Esa zorra es un peligro. No solo es letal en el combate, lo peor es que ha sido cuidadosamente escogida para satisfacer mis gustos sexuales y si no me ando con cuidado, terminará en mi cama», sentenció dando por sentado que ese era el objetivo marcado por sus superiores.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La ira del potentado se convirtió en rabia cuando su niña le comentó:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Papá, me gusta tu amiga. Ha estado jugando toda la tarde conmigo y me ha dicho que soy muy guapa.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de mantener el tipo y que Linda no se enterara de su disgusto, preguntó a su hijita qué es lo que habían hecho. Al responder que le había enseñado la casa, David confirmó sus temores al explicarle la cría que incluso habían entrado en su habitación.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Seguro que esa perra ha distribuido micrófonos y cámaras por toda la casa», murmuró mentalmente, « pediré a mi gente que haga un barrido. No quiero que en Washington sepan hasta el color de los calzoncillos que uso».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El dilema en el que estaba era muy difícil de resolver. Aunque se sentía traicionado por el gobierno, no podía rechazar esa ayuda porque los contratos firmados con el departamento de defensa eran vitales para su compañía. Pero tampoco podía soportar que le menospreciaran con una maniobra tan burda.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « ¿Me creerán tan idiota para suponer que no me daría cuenta?», se preguntó mientras dejaba a la niña en el suelo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pese a su fama Carter siempre había considerado que su afición por las damas era eso, una afición, y que esos tipos juzgaran que era adicto a las faldas, le jodía profundamente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « La única mujer que fue capaz de controlarme ha sido Diana y está muerta», sentenció recordando lo enamorado que había estado de la madre de su nena.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese doloroso recuerdo se hizo insoportable cuando desde la alfombra escuchó que Linda preguntaba:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Papá, ¿te vas a casar con Kumiko?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alucinado por tamaña insensatez, se sentó a su lado y acogiéndola entre sus brazos, no dijo nada porque no quería ni podía explicarle la verdadera razón de la presencia de esa muchacha. El problema fue que malinterpretando su silencia, la chavalita prosiguió diciendo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― A mí no me importa… así no seré la única huérfana de la clase.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Carter intuyó que esa pregunta era una llamada de auxilio. Con su ánimo destrozado, se dio cuenta por primera vez que no era suficiente el tiempo que la dedicaba, que su hija necesitaba alguien que se ocupara de ella y que no fuera una niñera.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « He estado tan cegado por mi dolor, que no me he dado cuenta que Linda también la echa de menos y ha tenido que venir esa arpía a restregármelo en la cara».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Limpiando con su mano unas lágrimas que escurrían por sus mejillas, David Carter tomó la decisión que una vez esa emergencia hubiese pasado y su vida volviera a la normalidad, tendría que buscar, más que una pareja para él, una madre para su hija. Para ello, lo primero que tenía es que liberarse de alguna forma de esa oriental.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « En solo un par de horas, esa puta ha engatusado a mi hija», amargamente concluyó, sumando eso a la lista de los agravios que voluntariamente iba confeccionando contra esa mujer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba enfrascado en buscar una solución a sus problemas cuando se dio cuenta que Linda no estaba en la habitación y que se había marchado sin decirle adiós.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Es extraño, siempre se despide. ¿Habré hecho algo mal?», se torturó momentáneamente pero al salir tras de su pista, escuchó unas risas provenientes del cuarto donde había alojado a la militar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuajado de celos, estuvo a punto de entrar y sacarla de allí, pero justo cuando ya tenía el picaporte en su mano, se lo pensó mejor y decidió no cometer ese error. Si ese engendro del demonio creía que se podía apoderar de sus tesoros sin luchar, estaba muy equivocada. Sabiendo del efecto que tenía en las mujeres resolvió que iba a hacer honor a su fama: la seduciría y cuando la tuviera comiendo de su mano, ¡la echaría de su lado! Fue al planear su venganza cuando se percató que enamorar a su guardaespaldas tenía otros efectos prácticos; por una parte Sara estaría pensando más en él que en espiarle y por otra con un poco de mano izquierda podría enterarse de los motivos por los cuales sus jefes la habían mandado allí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Esta noche pondré las bases y en un par de días, esa putita caerá, yo también soy un especialista en el cuerpo a cuerpo», se dijo y mientras abría el grifo de la ducha decidió: «A la “Terminator” puede que le hayan enseñado muchas técnicas de exterminación pero nunca a defenderse del ataque de un hombre como yo».</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya debajo del chorro, la confianza en sí mismo le hizo imaginar a esa oriental llegando a su lado, a través de la espesa niebla que desbordando los límites de la ducha, llegaba a la puerta del baño. Lo primero en lo que se fijó fue en ojos. Negros, oscuros como el alma de una tigresa o el plumaje de un cuervo, le parecieron inusitadamente atractivos. Luego en su cuerpo, en sus sandalias, en sus pies, en sus piernas… todo en ella era peligrosamente fascinante.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Puedo pasar?― preguntó esa imaginaria mujer,</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sorprendido porque hasta en su sueño ella tomara la iniciativa, estuvo a punto de negarse.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No quiero ser una muesca en su revólver― Carter exclamó en la soledad de su baño.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sara sin esperar su respuesta, le empujó con una suavidad contra la que no pudo actuar. La mano de la muchacha estaba helada, gélida, creando un seductor contraste con la temperatura de la ducha.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Esto es el colmo. Yo debo ser el depredador y ella mi trofeo», pensó pálido por su reacción al imaginarse su silueta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El magnate intentó reconducir el discurrir de su mente pero se dio por vencido al seguir el vaivén de sus pechos mientras la camisa de esa oriental se empapaba en la ducha. Tras la delgada tela, visualizó unos pezones lascivos y se revolvió inquieto intentando abrir los ojos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El sueño de Carter se convirtió en pesadilla cuando esa idílica mujer se pegó a su cuerpo y sin importarle sus quejas, comenzó a restregarse contra él. Su propio brazo le traicionó y presionando sobre la espalda de Sara, la atrajo todavía más.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La arpía de su mente se dejó llevar mientras soltaba una carcajada. Su blanca dentadura y su sonrisa le parecieron perversas al playboy, ya que por efecto de la bruma, creyó entrever los largos colmillos de una vampiresa letal.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Se percató que estaba bajo un hechizo a y que esa bruja lo manejaba como a un pelele, al sentir las pechugas de esa belleza contra su pecho mientras con la mirada Sara le exigía que la tomara.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esta vez es él quien la empuja contra la pared y con la lengua sus labios, fuerza su boca.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mas risas sacuden su cerebro mientras se imagina que los dedos de esa zorra recorren su entrepierna, exacerbando su excitación. Incapaz de contenerse, la levanta y sin esperar su beneplácito, la penetra usando los azulejos de la ducha como apoyo. La bella militar clava sus uñas en la espalda de su amante al sentir la invasión.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dolor, deseo. La boca de Carter se apodera de la de ella mientras con brutales embestidas, trata de someterla. El magnate no se puede creer lo bella que es esa inexistente mujer.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Gemidos, placer. Contra su voluntad, acelera al sentir el flujo de esa china templando sus muslos.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Excitación, rendición. Sara le abraza con sus piernas, incrementado la pasión que le domina y no contenta con ello, siente como esa tigresa se aferra con los dientes a su cuello mientras la cueva de la oriental se vuelve líquida.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Comunión, descarga. Explota dentro de ella, regándola con su simiente y con terror descubre que no está satisfecha y que quiere más, al verla arrodillarse a sus pies</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Usando toda su fuerza la rechaza:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Ya basta!― exclama abriendo los ojos y descubriendo que no está en el baño sino en su cama.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La realidad le consuela al saber que todo había sido un sueño.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> « Menos mal que no ha sido verdad», suspira sonriendo, «nunca dejaría que esa zorra me domine»…</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;Millonario y dueño de un harén, gracias a un ladrón&#8221; (LIBRO PARA DESCARGAR POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jul 2026 09:03:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Nuestro protagonista estaba con un amigo y dos mujeres cuando la madre de una de ellas le abofetea al considerarlo como el causante de todos sus males. En un principio, no reconoce a su agresora y eso le enfurece. La propia hija es la que le informa que años antes y durante una auditoría, había sido él quien acusó al marido de esa loca de haber hecho un desfalco y creyendo en la inocencia de su padre, le pide que descubra quien había sido el verdadero culpable.Intrigado por el asunto e interesado en la muchacha, investiga y descubre que [&#8230;]]]></description>
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<p><span style="font-size: 18pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nuestro protagonista estaba con un amigo y dos mujeres cuando la madre de una de ellas le abofetea al considerarlo como el causante de todos sus males. En un principio, no reconoce a su agresora y eso le enfurece. La propia hija es la que le informa que años antes y durante una auditoría, había sido él quien acusó al marido de esa loca de haber hecho un desfalco y creyendo en la inocencia de su padre, le pide que descubra quien había sido el verdadero culpable.<br>Intrigado por el asunto e interesado en la muchacha, investiga y descubre que no se había equivocado en acusarlo pero lo que realmente trastoca su vida es descubrir veinte millones de euros a nombre de la cría en un paraíso fiscal.<br>Esa situación les pone en un dilema, él sabe donde está ese dinero pero no puede tocarlo y la muchacha es millonaria pero desconoce como hacerse con su herencia.<br>Entre los dos llegan a una solución&#8230;.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial black,sans-serif; font-size: 24pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
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<p></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">PARA QUE PODÁIS HACEROS UNA IDEA OS INCLUYO EL PRIMER CAPÍTULO:</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">&nbsp;</span><br><span style="font-size: 14pt;"><strong> CAPÍTULO 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La ausencia de papeles amontonados sobre la mesa de mi despacho, engaña. Un observador poco avispado, podría suponer falta de trabajo, todo lo contrario, significa que 14 de horas de jornada han conseguido su objetivo, y que no tengo nada pendiente.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Contento, cierro la puerta de mi despacho y me dirijo hacia el ascensor. Son la 9 de la noche de un viernes, por lo que tengo todo el fin de semana por delante. El edificio está vacío. Hace muchas horas que la actividad frenética había desaparecido, solo quedaban los guardias de seguridad y algún ejecutivo despistado. Como de costumbre, no me crucé con nadie y mi coche resaltaba en el aparcamiento. En todo el sótano, no había otro.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El sonido de la alarma al desconectarse, me dio la bienvenida. Siguiendo el ritual de siempre, abrí el maletero para guardar mi maletín, me quité la chaqueta del traje, para que no se arrugara y me metí en el coche. El motor en marcha, la radio encendida, el aire acondicionado puesto, ya estaba listo para comerme la noche. Durante los últimos diez años, como si de un rito se tratara, se repetía todos los viernes: ducha, cenar con un amigo y cacería.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Iríamos a una discoteca, nos emborracharíamos y si había suerte terminaría compartiendo mis sabanas con alguna solitaria, como yo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Las luces de la calle, iluminan la noche. Los vehículos, con los que me cruzo, están repletos de jóvenes con ganas de juerga. Al parar en un semáforo, un golf antiguo totalmente tuneado quiso picarse conmigo. Sus ocupantes, que no pasaban los veinte, al ver a un encorbatado en un deportivo, debieron pensar en el desperdicio de caballos; una piltrafa conduciendo una bestia. No les hice caso, su juventud me hacía sentir viejo. Quizás en otro momento hubiere acelerado, pero no tenías ganas. Necesitaba urgentemente un whisky.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Las terrazas de la castellana, por la hora, seguían vacías. Compañía era lo que me hacía falta, por lo que decidí no parar y seguir hacia mi casa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mi apartamento, lejos de representar para mí el descanso del guerrero, me resultaba una jaula de oro, de la que debía de huir lo más rápidamente posible. Además había quedado con Fernando y con dos amigas suyas, por lo que tras un regaderazo rápido salí con dirección al restaurante.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El portero de la entrada sonrió al verme. Me conocía, o mejor dicho conocía mis propinas y solícito, me abrió la puerta. Mi colega ya estaba esperándome en la mesa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Pedro, te presento a Lucía y a Patricia</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Todo era perfecto. Las dos mujeres, si es que se les podía llamar así ya que hace poco tiempo que habían dejado atrás la adolescencia, eran preciosas, su charla animada y Fer, como siempre, era el típico ser que aún en calzoncillos seguía siendo elegante y divertido.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No habíamos pedido el postre, cuando sin mediar palabra, apareció por la puerta una mujer y me soltó un bofetón:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― ¡Cerdo! No te bastó con lo que me hiciste a mí, que ahora quieres hacerlo con mi hija.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Estaba paralizado. Aunque la mujer me resultaba familiar, no la reconocía. Fernando se levantó a sujetar a la señora y Lucía, que resultó ser la hija, salió en su defensa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Disculpe pero no tengo ni idea de quién eres― fue lo único que salió de mi garganta.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Soy Flavia Gil. ¿No tendrás la desvergüenza de no reconocer lo que me hiciste?― contestó.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Flavia Gil, el nombre no me decía nada:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Señora, durante mi vida he hecho muchas cosas y siento decirle que no la recuerdo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La sangre me empezó a hervir, estaba seguro que estaba loca, si hubiera hecho algo tan malo me acordaría.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¡Me destrozaste la vida!― respondió saliendo del brazo de su hija y de su amiga.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Fernando se echó a reír como un poseso. Lo ridículo de la situación y su risa, me contagiaron.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Quién coño es esa bruja? ― preguntó ― Ya ni te acuerdas de quien te has tirado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Te juro que no sé quién es.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Pues ella sí y te tiene ganas― replicó descojonado ― y no de las que te gustaría. ¿Te has fijado en sus piernas?</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―No te rías, cabrón. Esa tía está loca― respondí más relajado pero a la vez intrigado por su identidad.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Decidimos pagar la cuenta. Nos habían truncado nuestros planes pero no íbamos a permitir que nos jodieran la noche, por lo que nos fuimos a un tugurio a seguir bebiendo…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Estaba sonando un timbre. En mi letargo alcoholizado, conseguí levantarme de la cama. Demasiadas copas para ser digeridas. Mi cabeza me estallaba. Mareado y con ganas de vomitar, abrí la puerta. Cuál no sería mi sorpresa, al encontrarme con Lucía:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué es lo que quieres?― atiné a decir.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Quiero disculparme por mi madre― en sus ojos se veía que había llorado―nunca te ha perdonado. Ayer me contó lo que ocurrió.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No la dejé terminar, salí corriendo al baño. Llegué a duras penas, demasiados Ballantines para mi cuerpo. Me lavé la cara. El espejo me devolvía una imagen detestable con mis ojos enrojecidos por el esfuerzo. Tenía que dejar de beber tanto, decidí sabiendo de antemano la falsedad de esa determinación.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Lucía estaba sentada en el salón. Ilógicamente había abrigado la esperanza que al salir ya no estuviera. Resignado le ofrecí un café. Ella aceptó. Esta maniobra me daba tiempo para pensar. Mecánicamente puse la cafetera, mientras intentaba recordar cuando había conocido a su madre pero sobretodo que le había hecho. No lo conseguí.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Toma― dije acercándole una taza: ― Perdona pero por mucho que intento acordarme, realmente no sé qué hice o si hice algo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Hermenegildo Gil― fue toda su contestación.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Me quedé paralizado, eso había sido hace más de 15 años. Yo era un economista recién egresado de la universidad que acababa de entrar a trabajar para la empresa de auditoria americana de la que ahora soy socio cuando descubrí un desfalco. Al hacérselo saber a mis superiores, estos abrieron una investigación, a resultas de la cual, todos los indicios señalaban al director financiero pero no se pudo probar. El directivo fue despedido y nada más. Su nombre era Hermenegildo Gil.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Yo no tuve nada que ver― le expliqué cuál había sido mi actuación en ese caso, cómo me separaron de la averiguación y que solo me informaron del resultado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Fue mi madre, quien te puso bajo la pista. Ella era la secretaría de mi padre. No te lo perdona, pero sobretodo no se lo perdona.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Su secretaria?― por eso me sonaba su cara ― ¡Es verdad! Ahora caigo que todo empezó por un papel traspapelado que me entregaron. Pero no se pudo demostrar nada.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Mi padre era inocente. Nunca pudo soportar la vergüenza del despido y se suicidó un año después― contestó llorando.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Jamás he podido soportar ver a una mujer llorando, como acto reflejo la abracé, tratando de consolarla. E hice una de las mayores tonterías de mi vida, le prometí que investigaría lo sucedido y que intentaría descubrir al culpable.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mientras la abrazaba, pude sentir sus pechos sobre mi torso desnudo. Su dureza juvenil, así como la suavidad de su piel, empezaron a hacer mella en mi ánimo. Mi mano se deslizó por su cuerpo, recreándose en su cintura. Sentí la humedad de sus lágrimas al pegar su rostro a mi cara. Sus labios se fundieron con los míos mientras la recostaba en el sofá. Ahí descubrí que bajo el disfraz de niña, había una mujer apasionada. Sus pezones respondieron rápidamente a mis caricias, su cuerpo se restregaba al mío buscando la complicidad de los amantes. La despojé de su camisa, mis labios se apoderaron de su aureola y mis dedos acariciaban sus piernas. Éramos dos amantes sin control.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¡No!― se levantó de un salto― ¡Mi madre me mataría!</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Lo siento… no quise aprovecharme― contesté avergonzado, sabiendo en mi interior que era exactamente lo que había intentado. Me había dejado llevar por mi excitación, aun sabiendo que no era lo correcto.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Se estaba vistiendo cuando cometí la segunda tontería:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Lucía, lo que te dije antes sobre averiguar la verdad es cierto. Fue hace mucho pero en nuestros almacenes, debe de seguir estando toda la documentación.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Gracias, quizás mi madre esté equivocada respecto a ti― respondió dejándome solo en el apartamento. Solo, con resaca y sobreexcitado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Por segunda vez desde que estaba despierto entré en el servicio, solo que esta vez para darme un baño. El agua de la bañera estaba hirviendo, tuve que entrar con cuidado para no quemarme. No podía dejar de pensar en Lucía. En la casualidad de nuestro encuentro, en la reacción de su madre y en esta mañana.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Cerré los ojos dejando, como en la canción, volar mi imaginación. Me vi amándola, acariciándola. Onanismo y ensoñación mezcladas. Sentí que el agua era su piel imaginaria, liquida y templada que recorría mi cuerpo. Mi mano era su sexo, besé sus labios mordiéndome los míos. Nuestros éxtasis explotaron a la vez, dejando sus rastros flotando con forma de nata.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Al llegar a la oficina, solo me crucé con el vigilante, el cual extrañado me saludó mientras se abrochaba la chaqueta. No estaba acostumbrado a que nadie trabajara un sábado:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> «Algo urgente», debió de pensar.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Lo primero que debía de hacer era localizar el expediente y leer el resumen de la auditoría. Fue fácil, la compañía, una multinacional, seguía siendo cliente nuestro por lo que todos los expedientes estaban a mano. Consistía en dos cajas, repletas de papeles. Por mi experiencia, rechacé lo accesorio, concentrándome en lo esencial. Al cabo de media hora, ya me había hecho una idea: la cantidad desfalcada era enorme y el proceso de por el cual habían sustraído ese dinero había sido un elaborado método de robo hormiga. Cada transacción realizada, no iba directamente al destinatario, sino que era transferida a una cuenta donde permanecía tres días, los intereses generados que operación a operación eran mínimos; sumados eran más de veinte millones de dólares. Luego, esa cantidad desaparecía a través de cuentas bancarias en paraísos fiscales.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> La investigación, en ese punto, se topó con el secreto bancario imperante a finales del siglo xx pero hoy en día, debido a las nuevas legislaciones y sobre todo gracias a internet, había posibilidad de seguir husmeando.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> El volumen y la complejidad de la operación me interesaron. Ya no pensaba en las dos mujeres, sino en la posibilidad de hacerme con el pastel. Por ello me enfrasqué en el tema. Las horas pasaban y cada vez que resolvía un problema aparecía otro de mayor dificultad.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Quien lo hubiera diseñado y realizado, debía de ser un genio. Me faltaban claves de acceso y por primera vez en mi vida, hice algo ilegal: utilicé las de mis clientes para romper las barreras que me iba encontrando. Cada vez me era más claro el proceso. Todo terminaba en una cuenta en las islas Cayman y ¡sorpresa! El titular era Lucía.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ¡Su padre era el culpable! Lo había demostrado pero tras pensármelo durante unos minutos decidí que no iba a comunicar mi hallazgo a nadie y menos a ella, hasta tener la ventaja en mi mano.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Reuní toda la información en un pendrive y usé la destructora de documentos de la oficina para que no quedara rastro. Las cajas de los expedientes las rellené con informes de otras auditorias de la compañía. Satisfecho y con la posibilidad de ser rico, salí de la oficina.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Eran ya las ocho de la tarde y mientras comía el primer alimento sólido del día, rumié los pasos a seguir: al menos el 50% de ese dinero debía de ser mío y sabía cómo hacerlo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Cogí mi teléfono y llamé a Lucía. Le informé que tenía información pero que debía dársela primero a su madre, por lo que la esperaba a las nueve en mi casa. Ella, por su parte, no debía llegar antes de las diez.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Preparé los últimos papeles mientras esperaba a Flavia, la cual llegó puntual a la cita. En su cara, se notaba el desprecio que sentía por mí. Venía vestida con un traje de chaqueta que resaltaban sus formas.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No la dejé, ni sentarse:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Su marido era un ladrón y usted lo sabe.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Por segunda vez, en menos de 24 horas, me abofeteó pero en esta ocasión de un empujón la tiré al sofá donde había estado retozando con su hija. Me senté encima de ella, de forma que la tenía dominada.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué va a hacer?― preguntó asustada.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Depende de ti. Si te tranquilizas, te suelto.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Con la cabeza asintió, por lo que la liberé:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― He descubierto todo y lo que es más importante, donde escondió su dinero. Si llegamos a un acuerdo, se lo digo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué es lo que quiere?― replicó con la mosca detrás de la oreja.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Su actitud había cambiado. Ya no era la hembra indignada, sino un ave de rapiña ansiosa hacerse con la presa. Eso me enfadó .Esperaba de ella que negara el saberlo pero por su actitud supe que había acertado.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Antes de nada, me voy a vengar de ti. No me gusta que me peguen las mujeres― y desabrochándome la bragueta, saqué mi miembro que ya estaba sintiendo lo que le venía: ― Tiene trabajo― dije señalándolo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Sorprendida, se quedó con la boca abierta. Cuando se dirigía hacia aquí en lo último que podía pensar era en que iba a hacerme una mamada pero, vencí sus reparos, obligándola a arrodillarse ante mí. Su boca se abrió, engullendo toda mi extensión.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Ni corto ni perezoso, me terminé de quitar el pantalón, facilitando sus maniobras. Me excitaba la situación, una mujer arrodillada cumpliendo a regañadientes. Ella aceleró sus movimientos cuando notó que me venía el orgasmo, e intentó zafarse para no tener que tragarse mi semen. Con las dos manos sobre su cabeza, lo evité. Una arcada surgió de su garganta pero no tuvo más remedio que bebérselo todo. Una lágrima revelaba su humillación pero eso no la salvó que prosiguiera con mi venganza:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Vamos a mi habitación.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Como una autómata me siguió. Sabía que habían sido dos veces las que me había abofeteado y dos veces las que yo iba a hacer uso de ella:</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Desnúdate― exigí mientras yo hacía lo mismo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Tumbado en la cama, disfruté viendo su vergüenza. Luego, la muy puta, me reconocería que no había estado con un hombre desde que murió su marido. La hice tumbarse a mi lado y mientras la acariciaba, le expliqué mi acuerdo.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Son 20 millones, quiero la mitad. Como están a nombre de Lucía, me voy a casar con ella y tú vas a ser mi puta sin que ella lo sepa: tengo todos los papeles preparados para que ella los firme en cuanto llegue.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―No tengo nada que decir pero tendrás que convencer a mi hija― contestó.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Mis maniobras la habían acelerado. De su sexo brotaba la humedad característica de la excitación. Sus pechos ligeramente caídos todavía eran apetecibles. Sin delicadeza, los pellizqué, consiguiendo hacerla gemir por el dolor y el placer. Era una hembra en celo. Sus manos asieron mi pene en busca de ser penetrada. La rechacé, quería probar su cueva pero primero debía saborearla. Mi lengua se apoderó de su clítoris mientras seguía torturando sus pezones. Su sabor era penetrante, lo cual me agradó y usándola como ariete, me introduje en ella con movimientos rápidos. Para entonces esa madura estaba fuera de sí. Con sus manos sujetaba mi cabeza, de la misma forma que yo le había enseñado minutos antes, buscando que profundizara en mis caricias. Un río de flujo cayó sobre mi boca demostrándome que estaba lista. Con mi mano, recogí parte de él para usarlo. Le di la vuelta. Abriendo sus nalgas observé mi destino y con dos dedos relajé su oposición.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Qué vas a hacer? ― preguntó preocupada.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―¿Desvirgarte? Preciosa.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> Y de un sola empujón, vencí toda oposición. Ella sintió que un hierro le partía en dos y me pidió que parara pero yo no le hice caso. Con mis manos abiertas, empecé a golpearle sus nalgas, exigiéndole que continuara. Nunca la habían usado de esa manera, tras un primer momento de dolor y de sorpresa se dejó llevar. Sorprendida, se dio cuenta que le gustaba por lo que acomodándose a mi ritmo, me pidió que eternizara ese momento, que no frenara. Cuando no pude más, me derramé en su interior.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ― Déjalo ahí― me pidió: ―Quiero seguir notándolo mientras se relaja.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> No le había gustado, ¡le había encantado!</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―No, tenemos que preparar todo para que cuando llegué tu hija, no note nada― dije satisfecho y riendo mientras acariciaba su cuerpo: ―¿Estás de acuerdo? Suegrita.</span><br><span style="font-size: 14pt;"> ―Claro que sí, Yernito.</span></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;Sometiendo a mi jefa&#8221; (POR GOLFO) LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jun 2026 08:54:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Una casualidad&#160;hace que un empleado de entere de un secreto de su jefa. Asqueado con la vida y con el modo tan despótico con el que le trata esa mujer,&#160;decide chantajearla. A través del placer y de la tecnología, logra convertir a esa&#160;zorra y a su secretaria en sus sumisas.&#160; &#160; Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/Sometiendo-jefa-Fernando-Neira-GOLFO-ebook/dp/B010BUG08E/ref=sr_1_5?s=digital-text&#38;ie=UTF8&#38;qid=1435311828&#38;sr=1-5 Para que podías echarle un vistazo, os anexo&#160;el primer capítulo: CAPÍTULO 1 Soy un nerd, un puto friky. Uno de esos tipos con pelo grasiento y gafas de pasta a los que jamás una mujer guapa se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 style="font: 600 1.7em/26.25px 'Open Sans', sans-serif; margin: 0px 0px 1em; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; color: #555555; text-transform: none; text-indent: 0px; letter-spacing: normal; word-spacing: 0px; vertical-align: baseline; white-space: normal; -ms-zoom: 1; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; background-color: #ffffff; -webkit-text-stroke-width: 0px;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B010BUG08E"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-19855 size-full" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/SOMETIENDO-A-MI-JEFA2.jpg" alt="" width="7148" height="2508" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/SOMETIENDO-A-MI-JEFA2.jpg 7148w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/SOMETIENDO-A-MI-JEFA2-300x105.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/SOMETIENDO-A-MI-JEFA2-768x269.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/06/SOMETIENDO-A-MI-JEFA2-1024x359.jpg 1024w" sizes="(max-width: 7148px) 100vw, 7148px" /></a></h2>
<h2 style="font: 600 1.7em/26.25px 'Open Sans', sans-serif; margin: 0px 0px 1em; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; color: #555555; text-transform: none; text-indent: 0px; letter-spacing: normal; word-spacing: 0px; vertical-align: baseline; white-space: normal; -ms-zoom: 1; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; background-color: #ffffff; -webkit-text-stroke-width: 0px;"><strong><span style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; font-family: 'Arial Black'; font-size: xx-large; font-style: inherit; font-weight: inherit; vertical-align: baseline; -ms-zoom: 1;">Sinopsis:</span></strong></h2>
<p><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Una casualidad&nbsp;hace que un empleado de entere de un secreto de su jefa. Asqueado con la vida y con el modo tan despótico con el que le trata esa mujer,&nbsp;decide chantajearla. A través del placer y de la tecnología, logra convertir a esa&nbsp;zorra y a su secretaria en sus sumisas.&nbsp;</span></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><span style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 24pt; font-style: inherit; font-weight: inherit; vertical-align: baseline; -ms-zoom: 1;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p><a href="http://www.amazon.es/Sometiendo-jefa-Fernando-Neira-GOLFO-ebook/dp/B010BUG08E/ref=sr_1_5?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1435311828&amp;sr=1-5">http://www.amazon.es/Sometiendo-jefa-Fernando-Neira-GOLFO-ebook/dp/B010BUG08E/ref=sr_1_5?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1435311828&amp;sr=1-5</a></p>
<p><span style="margin: 0px; padding: 0px; outline: 0px; border: 0px currentColor; font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt; font-style: inherit; font-weight: inherit; vertical-align: baseline; -ms-zoom: 1;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</strong></span></p>
<h1><a name="_Toc421726948"></a>CAPÍTULO 1</h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Soy un nerd, un puto friky. Uno de esos tipos con pelo grasiento y gafas de pasta a los que jamás una mujer guapa se dignaría a mirar. Nunca he sido el objeto de la lujuria de un espécimen del sexo femenino, es más sé sin lugar a dudas&nbsp; que hubiera seguido siendo virgen hasta los treinta, si no hubiese hecho frecuente uso de los favores de las prostitutas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Magnífico estudiante de ingeniería, tengo un trabajo de mierda y mal pagado. Todos los buenos puestos se los dan a esa raza detestable de inútiles, cuyo único curriculum consiste en resultar presentables y divertidos.&nbsp; En las empresas, suben por el escalafón sin merecérselo. Jamás de sus estériles mentes ha brotado una idea brillante. Reconozco que los odio, no puedo aguantar su hipocresía, ni sus amplias sonrisas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Soy un amargado.&nbsp; Con un&nbsp; coeficiente intelectual de 165, no he conseguido pasar de ayudante del ayudante del jefe de desarrollo de una compañía de alta tecnología.&nbsp; Mis supuestos superiores no me llegan al talón de mis zapatos. Soy yo quien siempre resuelve los problemas, soy yo quien lleva dos años llevando bajo mis hombros el peso del departamento y nadie jamás me lo ha agradecido, aunque sea con una palmadita en el hombro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Pero aun así me considero afortunado. &nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Os pareceré loco, cualquier otro os diría entre sollozos que desea suicidarse, que la vida no tiene sentido vivirla. Tenéis razón, hace seis meses yo era así, un pringado de mierda adicto a los videojuegos y a los juegos de roll, pero una extraña casualidad cambió mi vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Recuerdo que un viernes cualquiera al salir del trabajo, me dirigí al sex-shop que han abierto al lado de mi casa a comprar la última película de la actriz Jenna Jameson. Estaba contento con la perspectiva de pasarme todo el fin de semana viendo sus grandes tetas y su estupendo culo. No me da vergüenza reconocer que soy fan suyo. En las estanterías de mi casa podréis encontrar todas sus apariciones, perfectamente colocadas por orden cronológico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ya estaba haciendo cola para pagar cuando vi a la gran jefa, a la jefa de todos los jefes de mi empresa, entrando por la puerta. Asustado, me escondí no fuera a reconocerme. “Pobre infeliz”, pensé al darme cuenta de lo absurdo de mi acción. Esa mujer no me conocía, todos los días la veía pasar con sus estupendos trajes de chaqueta y entrar en su despacho. Estoy seguro que nunca se había fijado en ese empleaducho suyo que bajando la mirada, seguía su taconeo por el pasillo, disfrutando del movimiento de culo que hacía al andar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Más tranquilo y haciéndome el distraído, la seguí por la tienda. El sentido común me decía que saliera corriendo, pero sentía curiosidad por ver que cojones hacía ese pedazo de hembra en un tugurio como ese. Resguardado tras un estante lleno de juguetes sexuales, la vi dirigirse directamente hacía la sección de lencería erótica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« Será puta, seguro que son para ponerle verraco a un semental», me dije al verla arramplar con cinco o seis cajas de bragas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Doña Jimena salió de la tienda nada más pagar, no creo que en total haya pasado más de cinco minuto en su interior. Intrigado, esperé unos minutos antes de ir a ver qué tipo de&nbsp; ropa interior era el que había venido a buscar. Al coger entre mis manos un ejemplar idéntico a los que se había llevado, me quedé asombrado al descubrir que la muy zorra se había comprado unas braguitas vibradoras con mando a distancia. No podía creerme que esa ejecutiva agresiva, que se debía desayunar todos los días a un par de sus competidores, tuviese gustos tan fetichistas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">&nbsp;« Coño, ¡Qué gilipollas soy! Esto es cosa de Presi. Va a ser verdad que es su amante y este es uno de los juegos que practican», pensé mientras cogía uno de esos juguetes y me dirigía a la caja.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">&nbsp;Ese fin de semana, mi querida Jenna Jameson durmió el sueño de los justos, encerrada en el DVD sin abrir encima de la cómoda de mi cuarto. Me pasé los dos días investigando y mejorando el mecanismo que llevaban incorporado. Saber cómo funcionaba y cómo interferir la frecuencia que usaban fue cuestión de cinco minutos, lo realmente arduo fue idear y crear los nuevos dispositivos que agregué a esas braguitas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Al sonar el despertador el lunes, me levanté por primera vez en años con ganas de ir al trabajo. Debía de llegar antes que mis compañeros porque necesitaba al menos media hora para instalar en mi ordenador un emisor de banda con el que controlar el coño de Doña Jimena. Había planeado mis pasos cuidadosamente. Basándome en probabilidades y asumiendo como ciertas las teorías de un tal Hellmann sobre la sumisión inducida, desarrollé un programa informático que de ser un éxito, me iba a poner en bandeja a esa mujer. En menos de dos semanas, la sucesión de orgasmos proyectados según un exhaustivo estudio, abocarían a esa hembra a comer de mi mano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Acababa de terminar cuando González, el imbécil con el que desgraciadamente tenía que compartir laboratorio, entró por la puerta:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Hola pazguato, ¿Cómo te ha ido?, me imagino que has malgastado estos dos días jugando a la play, yo en cambio he triunfado, el sábado me follé una tipa en los baños de Pachá.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Vete a la mierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No sé porque todavía me cabrea su prepotencia.&nbsp; Durante los dos últimos años, ese hijo puta se ha mofado de mí, ha vuelto costumbre el reírse de mi apariencia y descojonarse de mis aficiones. Esa mañana no pensaba dedicarle más de esos cinco segundos, tenía&nbsp; cosas más importantes en las&nbsp; que pensar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¿Qué haces?― &nbsp;preguntó al verme tan atareado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Se llama trabajo,&nbsp; o ¿no te acuerdas que tenemos dos semanas para presentar el nuevo dispositivo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mencionarle la bicha, fue suficiente para que perdiera todo interés en lo que hacía. Es un parásito, un chupóptero que lleva viviendo de mí desde que tuve la desgracia de conocerle. Sabía que no pensaba ayudarme en ese desarrollo pero que sería su firma la que aparecería en el resultado. Por algo era mi jefe inmediato.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Voy por un café. Si alguien pregunta por mí, he ido al baño. Siempre igual, estaría escaqueado hasta las once, la hora en que los jefes solían hacer su ronda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Faltaba poco para que la jefa&nbsp; apareciera por el ascensor. Era una perfeccionista, una enamorada de la puntualidad y por eso sabía que en menos de un minuto, oiría su tacones y &nbsp;que como siempre, disimulando movería mi silla para observar ese maravilloso trasero mientras se dirigía a su despacho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Pero ese día al verla, mi cabeza en lo único que pudo pensar era en si llevaría puestas una de esas bragas. Doña Jimena debía de tener prisa porque, contra su costumbre, no se detuvo a saludar a su secretaria. Con disgusto miré el reloj, quedaban aún quince minutos para que mi programa encendiera el vibrador oculto entre la tela de su tanga.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">En ese momento, me pareció ridículo esperar algún resultado, era muy poco probable que esa zorra las llevase puestas. « Seguro que solo las usa cuando cena con Don Fernando», pensé desanimado, « qué idiota he sido en dedicarle tanto tiempo a esta fantasía».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Es ese uno de mis defectos, soy un inseguro de mierda, me reconcomo pensando en que todo va a salir mal y por eso me ha ido tan mal en la vida. Cuando ya había perdido toda esperanza, se encendió un pequeño aviso en mi monitor. El emisor se iba a poner&nbsp; a funcionar en veinte segundos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Dejando todo, me levanté hacia la máquina de café. La jefa había ordenado que la colocaran frente a su despacho, para así controlar el tiempo que cada uno de sus empleados perdía diariamente. Sonreí al pensar que hoy sería yo quien la vigilara. Contando mentalmente, recorrí el pasillo, metí las monedas y pulsé el botón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« Catorce, quince, dieciséis…», estaba histérico, « dieciocho, diecinueve, veinte».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Venciendo mi natural timidez me quedé observando fijamente a mi jefa. Creí que había fallado cuando de repente, dando un brinco, Doña Jimena se llevó la mano a la entrepierna. No tuve que ver más, recogiendo el café, me fui a la mesa. Iba llegando a mi cubículo, cuando escuché a mi espalda que la mujer salía de su despacho y se dirigía corriendo hacia el del Presidente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Todo se estaba desarrollando según lo planeado, al sentir la vibración estimulando su clítoris, creyó que su amante la llamaba y por eso se levantó a ver que quería.&nbsp; No tardó en salir de su error y más acalorada de lo que le gustaría volvió a su despacho, pensando que algún aparato había provocado una interferencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Ahora, solo me quedaba esperar. Todo estaba ya previamente programando, sabía que cada vez que mi reloj diese la hora en punto, mi querida jefa iba a tener que soportar tres minutos de placer. Eran las nueve y cuarto, por lo que sabiendo que en los próximos cuarenta y cinco minutos no iba&nbsp; a pasar nada digno de atención me puse a currar en el proyecto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Los minutos pasaron con rapidez, estaba tan enfrascado en mi trabajo que al dar la hora solo levanté la mirada para comprobar que tal y como previsto, nuevamente, había vuelto a buscar al que teóricamente tenía el mando a distancia del vibrador que llevaba entre las piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― Deja de jugar, si quieres algo me llamas― &nbsp;la escuché decir mientras salía encabronada del despacho de Don Fernando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué previsibles son los humano! Si no me equivoco, las próximas tres descargas las vas a soportar pacientemente en tu oficina», me dije mientras programaba que el artefacto trabajara a plena potencia. « Mi estimada zorra, creo que esta mañana vas a disfrutar de unos orgasmos no previstos en tu agenda».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Soy metódico, tremendamente metódico. Sabiendo que tenía una hora hasta que González hiciera su aparición, me di prisa en ocultar una cámara espía dentro de una mierda de escultura conmemorativa que la compañía nos había regalado y que me constaba que ella tenía en una balda de la librería de su cubículo. Cuando dieran las dos de la tarde, el Presi se la llevaría a comer y no volvería hasta las cuatro, lo que me daría el tiempo suficiente de darle el cambiazo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">A partir de ahí, toda la mañana se desarrolló con una extraña tranquilidad porque, mi querida jefa, ese día, no salió a dar su ronda acostumbrada por los diferentes departamentos. Contra lo que era su norma, cerró la puerta de su despacho y no salió de él hasta que Don Fernando llegó a buscarla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Esperé diez minutos, no fuera a ser que se les hubiera olvidado algo. El pasillo estaba desierto. Con mi corazón bombeando como loco, me introduje en su despacho. Tal y como recordaba, la escultura estaba sobre la segunda balda. Cambiándola por la que tenía en el bolsillo, me entretuve en orientarla antes de salir corriendo de allí. Nada más volver al laboratorio, comprobé que funcionaba y que la imagen que se reflejaba en mi monitor era la que yo deseaba, el sillón que esa morenaza ocupaba diez horas al día.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« Ya solo queda ocuparme del correo». Una de las primeras decisiones de la guarra fue&nbsp; instalar un Messenger específico para el uso interno de la compañía. Recordé con rencor que cuando lo instalaron, lo estudié y descubrí que esa tipeja podía entrar en cualquier conversación o documento dentro de la red. Me consta que lo ha usado para deshacerse de posibles adversarios, pero ahora iba a ser yo quien lo utilizara en contra de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mientras cambiaba la anticuada programación, degusté el grasiento bocata de sardinas que, con tanto mimo, esa mañana me había preparado antes de salir de casa. Reconozco que soy un cerdo comiendo, siempre me mancho, pero me la sudan las manchas de aceite de mi bata. Soy&nbsp; así y no voy a cambiar. La gente siempre me critica por todo, por eso cuando me dicen que cierre la boca al masticar y que no hable con la boca llena, invariablemente les saco la lengua llena de la masa informe que estoy deglutiendo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No tardé en conseguir tener el total acceso a la red y crear una cuenta irrastreable que usar para comunicarme con ella. “Y pensar que pagaron más de cien mil euros por esta mierda, yo se los podría haber hecho gratis dentro de mi jornada”. Ya que estaba en faena, me divertí inoculando al ordenador central con un virus que destruiría toda la información acumulada si tenía la desgracia que me despidieran. Mi finiquito desencadenaría una catástrofe sin precedentes en los treinta años de la empresa. « Se lo tienen merecido por no valorarme», sentencié cerrando el ordenador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Satisfecho, eché un eructo, aprovechando que estaba solo. Otro de los ridículos tabúes sociales que odio, nunca he comprendido que sea de pésima educación el rascarme el culo o los huevos si me pican. Reconozco que soy rarito, pero a mi favor tengo que decir que poseo la mente más brillante que he conocido, soy un genio incomprendido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Puntualmente, a las cuatro llegó mi víctima. González me acababa de informar que se tomaba la tarde libre, por lo que nadie me iba a molestar en lo que quedaba de jornada laboral. Encendiendo el monitor observé con los pies sobre mi mesa cómo se sentaba. Excitado reconocí que, aunque no se podía comparar a esa puta con mi amada Jenna, estaba muy buena. Se había quitado la chaqueta, quedando sólo con la delgada blusa de color crema. Sus enormes pechos se veían deliciosos, bien colocados, esperando que un verdadero hombre y no el amanerado de Don Fernando se los sacara. Soñando despierto, me imaginé torturando sus negros pezones mientras ella pedía entre gritos que me la follara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Mi próximo ataque iba a ser a las cinco. Según las teorías de Hellmann, para inducir una dependencia sexual, lo primero era crear una rutina. Esa zorra debía de saber, en un principio, a qué hora iba a tener el orgasmo, para darle tiempo a&nbsp; anticipar mentalmente el placer que iba a disfrutar. Sabía a la perfección que mi plan adolecía de un fallo, bastaba con que se hubiese quitado las bragas para que todo se hubiera ido al&nbsp; traste, pero confiaba en la lujuria que su fama&nbsp; y sus carnosos labios pintados de rojo pregonaban. Solo necesitaba que al mediodía, no hubiera decidido cambiárselas. Si mi odiada jefa con su mente depravada se las había dejado puestas, estaba hundida. Desde la cinco menos cinco y durante quince minutos, todo lo que pasara en esa habitación iba a ser grabado en el disco duro del ordenador de mi casa. A partir de ahí, su vida y su cuerpo estarían a mi merced.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Con mi pene excitado, pero todavía morcillón, me puse a trabajar. Tenía que procesar los resultados de las pruebas finales que, durante los dos últimos meses habíamos realizado al chip que, yo y nadie más, había diseñado. Oficialmente su nombre era el N― 414/2010, pero para mí era “el Pepechip” en honor a mi nombre. Sabía que iba ser una revolución en el sector, ni siquiera Intel había sido capaz de fabricar uno que le pudiera hacer sombra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Estaba tan inmerso que no me di cuenta del paso del tiempo, me asusté cuando en mi monitor apareció la oficina de mi jefa. Se la notaba nerviosa, no paraba de mover sus piernas mientras tecleaba. « Creo que no te las has quitado, so puta», pensé muerto de risa, « ¿sabes que te quedan solo tres minutos para que tu chocho se corra? Eres una cerda adicta al sexo y eso será tu perdición».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Todo se estaba grabando y por medio de internet, lo estaba enviando a un lugar seguro. Doña Jimena, ajena a que era observada, cada vez estaba más alterada. Inconscientemente, estaba restregando su sexo contra su silla. Sus pezones totalmente erizados, la delataban. Estaba cachonda aún antes de empezar a sentir la vibración. Extasiado, no pude dejar de espiarla, si llego a estar en ese momento en casa, me hubiera masturbado en su honor. Ya estaba preparado para disfrutar cuando, cabreado, observé que se levantaba y salía del ángulo de visión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">― ¡Donde vas hija de puta!, ¡Vuelve al sillón!― &nbsp;protesté en voz alta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">No me lo podía creer, la perra se me iba a escapar. No me pude aguantar y salí al pasillo a averiguar donde carajo se había marchado. Lo que vi me dejó petrificado, Doña Jimena estaba volviendo a su oficina acompañada por su secretaria. Corriendo volví al monitor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« ¡Esto no me lo esperaba!», sentencié al ver, en directo, que la mujer se volvía a sentar en el sillón mientras su empleada poniéndose detrás de ella, le empezaba a aplicar un sensual masaje. « ¡Son lesbianas!», confirmé cuando las manos de María desaparecieron bajo la blusa de su jefa. El video iba a ser mejor de lo que había supuesto, me dije al observar que mi superiora se arremangaba la falda y sin ningún recato empezaba a masturbarse. « Esto se merece una paja», me dije mientras cerraba la puerta con llave y sacaba mi erecto pene de su encierro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">La escena era cada vez más caliente, la secretaria le estaba desabrochando uno a uno los botones de la camisa con el beneplácito de la jefa, que sin cortarse le acariciaba el culo por encima de la falda. Al terminar, pude disfrutar de cómo le quitaba el sostén, liberando dos tremendos senos. No tardó en&nbsp; tener&nbsp; los pechos desnudos&nbsp; de Doña Jimena en la boca. Excitado le vi morderle sus oscuros pezones mientras que con su mano la ayudaba a conseguir el orgasmo. No me podía creer que esa mosquita muerta, que parecía incapaz de romper un plato, fuera también una&nbsp; cerda viciosa. Me arrepentí de no haber incorporado sonido a la grabación, estaba perdiéndome los gemidos que en ese momento debía estar dando la gran jefa.&nbsp; Soñando despierto, visualicé que era mío, el sexo que en ese momento la rubita arrodillándose en la alfombra estaba comiéndose y que eran mis manos, las que acariciaban su juvenil trasero. Me encantó ver como separaba las piernas de la mujer y hundía la lengua en ese deseado coño. El clímax estaba cerca, pellizcándose los pezones la mujer le pedía más. Incrementé el ritmo de mi mano, a la par que la muchachita aceleraba la mamada, de forma que mi eyaculación coincidió con el orgasmo de mi ya segura presa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">« ¡Qué bien me lo voy a pasar!», mascullé mientras limpiaba las gotas de semen que habían manchado mi pantalón. « Estas putas no se van a poder negar a&nbsp; mis&nbsp;&nbsp; deseos». Y por primera vez desde que me habían contratado, me tomé la tarde libre. Tenía que comprar otras bragas a las que añadir los mismos complementos que diseñé para la primera. ¡Mi querida Jenna tendría que esperar!</span></p>
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		<title>&#8220;Las hijas de mi anciano jefe&#8221; LIBRO PARA DESCARGAR (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Jun 2026 10:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: En este libro, el autor nos narra la historia de Gonzalo, un hombre de origen humilde que gracias a su tesón y a su trabajo consigue hacerse director de una compañía. Junto a D. Julían, su jefe, hace que la empresa crezca como la espuma y tratando de agradar a su numero dos, el anciano le invita a una fiesta en su casa.En el evento Gonzalo conoce a las hijas de su jefe, dos caprichosas pero bellas jóvenes que no dudan en hacer escarnio del principal ejecutivo de su padre. Humillado hasta la médula, decide presentar su renuncia pero, [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>Sinopsis:</strong></p>



<p>En este libro, el autor nos narra la historia de Gonzalo, un hombre de origen humilde que gracias a su tesón y a su trabajo consigue hacerse director de una compañía. Junto a D. Julían, su jefe, hace que la empresa crezca como la espuma y tratando de agradar a su numero dos, el anciano le invita a una fiesta en su casa.<br>En el evento Gonzalo conoce a las hijas de su jefe, dos caprichosas pero bellas jóvenes que no dudan en hacer escarnio del principal ejecutivo de su padre. Humillado hasta la médula, decide presentar su renuncia pero, justo cuando iba a hacerlo, el viejo que se ha enterado de la broma de mal gusto le informa que está cansado de luchar contra las arpias en que se habían convertido y le pide que le ayude a educarlas, dándole libertad absoluta sobre ellas.<br>Deseando complacer a su jefe y vengarse a la vez de esas dos zorras, acepta y mientras D. Julian se va de vacaciones con su amante, Gonzalo se traslada a su casa&#8230;.<br>La venganza, como el mejor sexo, se realiza lentamente y con los ojos abiertos. Después de haberlo humillado, tiene la oportunidad de devolver a esas putas con creces la vergüenza que le han hecho pasar. Dos mujeres y un solo propósito, ¡usarlas!</p>



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<p><em><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los DOS&nbsp;PRIMEROS CAPÍTULOS:</strong></em></p>



<h1 class="wp-block-heading">1</h1>



<figure class="wp-block-table"><table><tbody><tr><td></td></tr></tbody></table></figure>



<p>La historia que voy a narraros tiene su origen en una entrevista de trabajo acaecida hace tres años. Como tantos otros provengo de los barrios bajos de una ciudad cualquiera y gracias a los esfuerzos de mis viejos, pude estudiar una carrera. Durante años me fajé duramente como un cabrón para ir escalando puestos, hasta que ya como ejecutivo de valía reconocida una empresa del sector me llamó.</p>



<p>La entrevista resultó un éxito, Don Julián, el máximo accionista, se quedó encantado no solo por mi currículum, sino por mis respuestas y mi visión de futuro. Y tras un corto proceso de selección, fui contratado como Director General de la compañía.</p>



<p>Durante el primer año, trabajé doce horas diarias codo con codo con el anciano, logrando darle la vuelta a la sociedad. Donde solo había números rojos y perdidas con una situación cercana a la quiebra, conseguimos beneficios y lo que es más importante que los bancos volvieran a confiar en nosotros.</p>



<p>El segundo año fue espectacular, como si fuera una locomotora la compañía se había comido a su competencia y éramos quienes poníamos los precios y las condiciones, no aceptando ya que los clientes dictaran nuestras políticas. Los otros accionistas no se podían creer que tras muchos años palmando dinero, de pronto no solo recuperaran su inversión, sino que el valor de esta se hubiese multiplicado.</p>



<p>No fue solo labor mía, Don Julián era un zorro al que solo le faltaba tener un buen segundo que le comprendiera, que aplicara sus ideas, llevándole la contraria cuando no estaba de acuerdo con ellas. Éramos un tándem perfecto, experiencia y juventud, conservadurismo y audacia. Demasiado bueno para perdurar y el comienzo del fin fue la fiesta que organizó en su casa para celebrar los últimos resultados de la compañía.</p>



<p>Nunca me había invitado al chalé que tenía en la zona más exclusiva de la ciudad, por lo que me preparé con esmero para mi particular fiesta de presentación en sociedad. Por primera vez en mi vida me hice un traje a medida, me corté el pelo e intenté parecer de esa alta sociedad a la que no pertenezco.</p>



<p>Nervioso, por mi falta de experiencia, toqué el timbre de la casa.</p>



<p>Fue cuando vi a Natalia, la hija pequeña del jefe, una preciosidad de veintidós años, recién salida de una universidad americana. Ver a esa hermosura con su metro setenta y cuerpo de escándalo, ya valía lo que me había gastado en vestuario. Realmente me había impactado, por lo que apenas pude articular palabra y tuvo que ser ella quien hablara:</p>



<p>― ¿Qué desea? ― me preguntó educadamente.</p>



<p>―Vengo a la fiesta de Don Julián― contesté cortado, pensando que a lo mejor me había equivocado de hora..</p>



<p>Lo que no me esperaba fue su respuesta:</p>



<p>―Perdone, pero los camareros entran por la puerta de atrás.</p>



<p>Menos mal que en ese momento mi jefe hizo su aparición y pegándome un abrazo me introdujo en la reunión porque, si no, no sé si me hubiese atrevido a entrar.</p>



<p>&nbsp;Como dice el viejo refrán, “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda&#8221; y por mucho que había intentado aparentar, ¡seguía siendo un chico de barrio!</p>



<p>La incomodidad que sentí en ese momento se fue diluyendo con el paso del tiempo, sobre todo porque gracias al trabajo conocía a la mayoría de los hombres de la fiesta y a un par de las mujeres. Poco a poco fue cogiendo confianza y al cabo de un rato me convertí en el centro de atracción del evento al saber todos los presentes que era el segundo de la organización y el más que probable sucesor del jefe en el cargo. Por ello a nadie le extrañó que me sentaran a su derecha, justo al lado de su hija mayor, Eva.</p>



<p>Durante la cena tuve un montón de trabajo, teniendo que alternar entre darle conversación al viejo y entretener a su niña. Por un lado, Don Julián me pedía constantemente mi opinión sobre los más que variados temas y por el otro, la muchacha no hacía otra cosa que coquetear conmigo. Todo iba sobre ruedas hasta que al terminar empezó el baile y sin pedirme opinión Eva me sacó a bailar. En un principio, rechacé su ofrecimiento, pero su padre viendo mi incomodidad me pidió que bailara con ella.</p>



<p>Si Natalia me había impresionado, Eva todavía más. Rubia, guapa, inteligente y simpática, con unas curvas de infarto convenientemente engalanadas en un vestido escotado que más que esconder revelaba la rotundidad de sus pechos y caderas. Cuando bailaba, era una tortura el observar cómo sus senos seguían el ritmo de la música y más de una vez tuve que hacer un esfuerzo consciente para dejar de mirarlos. Ella estaba encantada, se sabía atractiva y para ella, yo era una presa por lo que como una depredadora tejió sus redes y como un imbécil caí en ellas. Era la mujer maravilla y yo su más ferviente admirador.</p>



<p>El culmen de mi calentura esa noche fue cuando iniciando las canciones lentas, le pedí volver a la mesa con su padre, pero ella se negó y pegándose a mí, empezó a bailar. Al notar sus pechos clavándose en mi camisa y sus caderas restregándose contra mi sexo, sentí como una descarga eléctrica recorría mi cuerpo. Todo mi cuerpo reaccionó a sus maniobras y desbocado mi corazón empezó a bombear sangre a mi entrepierna. Ella al notarlo sonrió satisfecha pero lejos de detener su juego, como una hembra en celo, se las arregló para sin que nadie se diera cuenta y como quien no quiere la cosa, rozarlo con su mano palpando toda su extensión.</p>



<p>Afortunadamente cuando casi estaba a punto de cometer la estupidez de besarla, la niñata me pidió una copa por lo que como un criado obediente fui a la barra a por su bebida y al volver había desaparecido. Molesto pero excitado, no pude más que esperarla. Después de diez minutos de espera y viendo que no volvía, decidí ir al baño.</p>



<p>Nada más entrar y sin haberme bajado la bragueta todavía, unas voces de mujer que venían del jardín llamaron mi atención. Eran las dos hermanitas que riéndose comentaban la pinta de rufián que tenía el favorito de su padre, descojonadas, se cachondeaban de cómo ganando una apuesta Eva había conseguido excitarme.</p>



<p>Mi mundo cayó hecho trizas al darme cuenta de que había sido objeto de una broma y cuál era la verdadera opinión de las muchachas. Cabreado, me fui de la cena sin despedirme de nadie. Durante la noche tomé la decisión de borrarme del mapa y desaparecer para no volver a ser objeto de una burla como aquella.</p>



<p>Al día siguiente y con mi carta de dimisión en el bolsillo, fui a ver a Don Julián. Este al ver mi cara de pocos amigos, me pidió que antes de decirle nada le escuchara unos minutos. Como me caía bien el viejo, no me importó esperar antes de presentarle mi renuncia.</p>



<p>―Gonzalo, tengo que agradecerte lo que has hecho por mí durante estos dos años.</p>



<p>«¡Coño! Me va a despedir», pensé al oírle y supuse que algo había pasado para que de pronto cambiara radicalmente su opinión de mí, por lo que sin interrumpirle esperé a que continuara:</p>



<p>―Sé que es más de lo que un jefe puede pedir, pero me gustaría que me hicieras un favor.</p>



<p>―Lo que usted quiera, Don Julián― contesté intrigado.</p>



<p>―Mira muchacho, has sabido ganarte mi confianza, eres quizás ese hijo varón que nunca tuve…― algo le preocupaba, y no le resultaba fácil el decirlo―&nbsp;…como padre soy un fracaso. He criado a dos hijas que son dos monstruos, bellos pero altaneros, egoístas y creídos que se han olvidado de que su padre viene de orígenes modestos y que se creen tocadas por la gracia divina. Niñas pijas que se han buscado como novios a dos inútiles que lo único que esperan es que me muera para así heredar.</p>



<p>Supe al instante que algo debía de haber llegado a sus oídos de la broma que me habían preparado el día anterior. Totalmente descolocado porque no tenía de la menor idea de lo que se proponía, le pregunté qué quería que yo hiciera ya que no era más que su empleado:</p>



<p>―Es muy sencillo, quiero que las eduques― me espetó.</p>



<p>― ¿Y cómo ha pensado que lo haga? ― respondí ya intrigado.</p>



<p>―Ese es tu problema, no el mío. A partir de hoy a las tres, voy a desaparecer con Mariana durante seis meses y solo tú vas a saber dónde estoy y cómo comunicarte conmigo. He firmado esta mañana la renuncia a mi puesto en la empresa, te he nombrado presidente y aquí tienes el contrato de alquiler de mi casa. Solo te pido que al menos les des tres días para que se busquen un sitio donde vivir.</p>



<p>No me podía creer que era lo que me estaba pidiendo, antes de responderle, me entretuve leyendo los documentos que me había dado. En una primera lectura era un traspaso de poderes, pero analizándolos con detenimiento eran unos poderes de esos llamados de quiebra y si quisiera le podía dejar de patitas en la calle.</p>



<p>―Jefe, ¿se da usted cuenta de lo que ha firmado? ― dije impresionado.</p>



<p>―Chaval, confío en ti― contestó y sin darme tiempo de protestar, me pidió que le dejara solo ya que tenía muchas cosas que resolver.</p>



<p>«Joder, con el viejo «, pensé, «se va seis meses con su amante dejándome un marrón».</p>



<p>Me sentía halagado por su confianza, jamás me hubiera imaginado el aprecio que me tenía y por ello comprendí que no podía fallar a una persona que me había dado tanto.</p>



<p>Quise llevarle al aeropuerto, pero Don Julián se negó diciendo que tenía mucho que pensar y hacer para terminar afirmando que solo tenía seis meses para llevarlo a cabo. Por mucho que insistí, no dio su brazo a torcer por lo que me quedé en la oficina rumiando mis planes.</p>



<p>Como me había explicado que sus hijas llegaban todos los días a las nueve de la noche, decidí adelantarme a ellas. Aparqué mi coche en la entrada del chalé de forma que obstaculizaba el paso al garaje. Lo primero que hice fue darle dos meses de vacaciones pagadas al servicio, con la condición de que se fueran en ese mismo momento.</p>



<p>Las criadas aceptaron encantadas, por lo que quedándome solo me tomé mi tiempo en trasladar mis pertenencias a la habitación de su padre.</p>



<p>Me acababa de servir un güisqui cuando las oí entrar despotricando porque alguien había dejado una tartana de coche en el jardín. Venían con sus novios, se les veía muy felices, pronto iban a cambiar de humor al enterarse de mis planes. Al no responder las muchachas, empezaron a buscarlas por la casa. Pero no hallaron lo que esperaban, ya que al entrar en la biblioteca me vieron a mi sentado en el sillón de su padre.</p>



<p>― ¿Qué haces aquí? ¿No sabes que mi padre está de viaje? ― me soltó de una manera impertinente Natalia, la menor de las hermanas.</p>



<p>―Si lo sé― y mirando a los dos muchachos que los acompañaban, comenté: ―&nbsp;Me imagino que sois Fefé y Tony.</p>



<p>Al no contestarme supe que había acertado.</p>



<p>―Bien entonces lo que les tengo que decir a ellas, os interesa. Por favor tomad asiento.</p>



<p>No era una pregunta, era una orden. Nadie les había hablado nunca así, por lo que no supieron que contestar y obedeciendo tomaron asiento.</p>



<p>―Estáis desheredadas― les solté sin suavizar la dureza de mi afirmación y sin alzar la voz.</p>



<p>Tras unos instantes en los que la incredulidad inicial dio paso a la perplejidad y ésta a la ira descontrolada, Eva la mayor de las dos me gritó que no me creía. Sin mediar palabra, les extendí mis poderes y una carta de su padre en la que les decía que se buscaran la vida que estaba harto de sus tonterías.</p>



<p>― ¡No puede hacernos esto! ― dijo Natalia con lágrimas en los ojos.</p>



<p>―Claro que puede y lo ha hecho― respondí, y dirigiéndome a los dos niños pijos: ―&nbsp;A partir de este momento, todo es mío por lo que, si esperabais usar para vuestros vicios el dinero de ellas, os aviso que éste no existe.</p>



<p>Si a las muchachas se les había desmoronado todo, a Fefé y Tony (hasta sus nombres eran ridículos) de un plumazo se les había acabado el chollo. En sus caras se podía vislumbrar el desconcierto. Fefé, realmente enojado, le pidió a su novia que le dejara ver los papeles y tras estudiarlos, su semblante adquirió el tono blanquecino de quien ha visto un fantasma.</p>



<p>―Tiene razón― sentenció el muchacho ―es una donación inter vivos. No tenéis nada que hacer. Vamos Tony, dejemos que hablen solas con él, ya que ni tu ni yo tenemos nada que ver.</p>



<p>Y saliendo de la habitación se cumplió el viejo dicho de que las ratas son la primeras en abandonar el barco. Las dos hermanas estaban juntas en su desgracia y si los que habían sido sus novios hasta entonces les abandonaban, no podían esperar que nadie las ayudara.</p>



<p>―Las cosas han cambiado en esta casa. Para empezar, os he anulado las tarjetas, me tenéis que dar las llaves de los coches y si queréis seguir viviendo aquí, vais a tener que ganároslo.</p>



<p>Haciendo un descanso dramático, me quedé callado unos segundos. Se notaba a la legua que estaban acojonadas y sin saber qué hacer. Señalando a la mayor, le solté con una sonrisa de oreja a oreja:</p>



<p>―Eva haz la cena mientras tu hermana pone la mesa.</p>



<p>― ¡Maldito cerdo! ― contestó indignada por que la igualara a alguien del servicio e intentó pegarme, pero como me lo esperaba, le sujeté la mano y retorciéndole el brazo, la besé en los labios de forma posesiva antes de empujarla al sofá.</p>



<p>― ¡Hoy!&nbsp;No cenas― le espeté y mirando a su hermana le dije: ―&nbsp;Natalia haz comida solo para dos porque tu hermana quiere irse a dormir.</p>



<p>Llorando me dejaron solo en la biblioteca, cada una se marchó a donde les había ordenado. Satisfecho, me terminé la copa degustando el amargo sabor de la venganza.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>Poco acostumbrada a cocinar y menos a trabajar, Natalia rompió un par de platos mientras preparaba la bazofia que sin lugar a duda esa noche íbamos a degustar. Pude haberle recriminado su torpeza, pero me abstuve recordando que la venganza era un plato que se tomaba frio.&nbsp; Cuando la cena estuvo lista, me senté en la mesa disfrutando de cómo la odiosa muchacha me servía. Era una delicia el observarla, con su top de niña bien y su minifalda parecía hasta humana, pero sabiendo que esa belleza de cuerpo encerraba a una arpía. &nbsp;Arpía cuyo padre me había pedido educar…. y eso era lo que iba a hacer.</p>



<p>Me había preparado unos huevos con jamón mientras ella se iba a tomar un sándwich. Su actitud servil no me cuadraba por ello cuando con el tenedor cogí un poco de comida en su mirada descubrí la traición.</p>



<p>― ¿Qué has hecho? ― dije cabreadísimo.</p>



<p>―Nada― contestó ella nerviosa.</p>



<p>Sin perder la compostura, extendiéndole el plato, le ordené que se lo comiera. Intentó negarse aludiendo una supuesta falta de apetito.</p>



<p>―Serás puta― repliqué y cogiéndola de la cintura la puse en mis piernas, para acto seguido de subirle la falda, empezar a azotarla.</p>



<p>Esa niña bien que se creía inmune a todo, gritó y lloró como loca al sentir los golpes en su trasero, e más por la humillación que sentía que por el dolor mismo. Para su desgracia, no tuve piedad de ella y como llevaba un minúsculo tanga pude contemplar cómo su culo se enrojecía con cada azote.</p>



<p>―Por favor― me rogó al comprobar que le era imposible escapar del castigo.</p>



<p>Obviando sus lloros, alargué el castigo y no paré hasta que todo su trasero tenía el color de un tomate. Entonces y solo entonces la liberé.</p>



<p>― ¿Qué has hecho? ― volví a preguntar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Te he echado un laxante― contestó llorando.</p>



<p>―Comételo― ordené nuevamente.</p>



<p>Esta vez, sin dejar de sollozar se metió un trozo en la boca.</p>



<p>―Todo, ¡que no quede nada en el plato!</p>



<p>Sabiendo que si no lo hacía le iba a ir como en feria, se lo acabó sin rechistar. Al terminar me pidió permiso para irse a su cuarto, pero no la dejé diciendo:</p>



<p>―No, bonita. Si te vas, iras al baño a vomitar y lo que quiero es que te haga efecto.</p>



<p>Tardó tres minutos en hacerlo, los tres minutos más duros de su vida ya que como si fuera un condenado a muerte, tuvo que estar sentada mientras su estómago digería el laxante. Al sentir que se venía por la pata abajo, me rogó que la dejara ir al baño, ni siquiera tuve que negarme porque como si fuera una explosión, por su esfínter se vació totalmente, manchando de mierda sus piernas, la silla y hasta la alfombra.</p>



<p>―Quítate la ropa y limpia lo que has manchado.</p>



<p>― ¿Aquí? ― preguntó asustada ante la perspectiva de tener que hacerlo en mi presencia.</p>



<p>―No, en el baño― y actuando con una caballerosidad que no se esperaba, comenté: ―Vete que ya te llevo yo lo que debes ponerte.</p>



<p>Mientras la zorra se quitaba el estropicio, fui al cuarto donde dormía el servicio y buscando un uniforme de criada, abrí el armario. Había varios modelos, algunos más formales que otros, pero como no encontré nada de mi gusto, cogí uno al azar y con unas tijeras corté lo que le sobraba.</p>



<p>«Así está bien», me dije al ver mi obra y tocando la puerta del baño donde se había refugiado, se lo entregué. &nbsp;La morena palideció al comprobar lo que le había hecho entrega por la puerta entreabierta:</p>



<p>― ¡Cabrón! ― alcancé a oír antes de que la cerrara.</p>



<p>Muerto de risa, me senté a comerme el sándwich mientras ella se cambiaba. Fue una espera corta pero el resultado resultó mejor de lo que me esperaba. Le quedaba estupendamente el uniforme, la poca tela que dejé en la falda no podía más que esconder una parte de sus nalgas, dejando al aire todas sus piernas y el pronunciado escote hacía resaltar la rotundidad de sus formas. Pero fue al agacharse a limpiar la alfombra cuando caí en la cuenta de que al tenerlo embarrado de mierda se había quitado el tanga. Fijando mi mirada en ella, descubrí que lucía un sexo lampiño, sin rastro de vello púbico y que, gracias a esos cuidados, se mostraba glorioso junto con un rosado agujero entre sus nalgas.</p>



<p>No me pude aguantar y acariciando su maltratada piel, le pregunté si le dolía. Ella reaccionó a mis caricias poniéndose tensa, pero sin retirarse siguió con su labor. Su actitud sumisa me envalentonó y con la yema de mis dedos, empecé a jugar cerca de sus labios. Ella se dejaba hacer y yo totalmente excitado lo hacía.</p>



<p>Sus piernas se entreabrieron para facilitar mis maniobras y bruscamente le introduje dos dedos en su sexo. La que hasta hace unos minutos creía una mojigata estaba disfrutando. Su cueva manaba flujo mientras su dueña se retorcía buscando su placer. Mi pene, ya me pedía acción, cuando ella se dio la vuelta diciendo:</p>



<p>―Si me acuesto contigo, ¿me devuelves mis tarjetas?</p>



<p>―No, pero te liberaría de las labores en la casa.</p>



<p>―Con eso basta― respondió y abriéndome la bragueta, liberó mi extensión de su encierro.</p>



<p>Mofándome de ella, me senté nuevamente en la silla y abriendo las piernas facilité su labor. Se acercó a mí y cuando ya se había puesto de rodillas, en su mirada descubrí a la puta que tenía dentro aún antes de sentir como su boca engullía todo mi pene. Era una verdadera experta. Su lengua se entretuvo un instante divirtiéndose con el orificio de mi glande antes de lanzarse como una posesa a chupar y morder mi capullo mientras sus manos me acariciaban los testículos.</p>



<p>Mi reacción no se hizo esperar y alzándola de los brazos, la senté en mis piernas dejando que fuera ella quien se empalara gustosa. Su cueva me recibió fácilmente. La guarra estaba totalmente lubricada por la excitación que sentía en su interior. Pero fue cuando llamándola puta la ordené que se moviera el momento en que se volvió loca, pidiéndome que no la dejara de insultar mientras sus caderas se movían rítmicamente. En sintonía, sus músculos interiores se contrajeron de forma que parecía que me estaba ordeñando. Ya sobrecalentado desgarré su vestido descubriendo unos magníficos pechos, cuyos pezones me miraban inhiestos deseando ser besados. Cruelmente tomé posesión de ellos, mordiéndolos hasta hacerle daño mientras que con un azote la obligaba a acelerar sus movimientos.</p>



<p>― ¿Te gusta, putita? ―&nbsp; dije en su oído.</p>



<p>Su rebeldía había desaparecido, todo en ella me pertenecía ahora. Su sexo era todo líquido y su respiración entrecortada presagiaba su placer.</p>



<p>―No me has contestado si te gusta― insistí mientras mis dedos pellizcaban cruelmente uno de sus pezones.</p>



<p>―Me encanta― contestó.</p>



<p>Satisfecho por su respuesta, la premié con una tanda de azotes en el trasero mientras ella no dejaba de gritar de dolor y excitación. Pero fue cuando le susurré al oído que esa noche le iba a romper el culo, el momento en que sin poder evitar que brutalmente y reptando por mi cuerpo, esa pija se corriera a manos de su ahora peor enemigo.</p>



<p>Todavía con mi pene erecto, la levanté de mis rodillas y tirando los platos de la mesa, la puse dándome la espalda. Tenía unas nalgas poderosas, duras por su juventud y enrojecidas por el maltrato sufrido. Solo podía pensar en la forma que me había tratado, en cómo me habían humillado su hermana y ella con esa broma cruel. Tenía que hacerla ver quién era el jefe y cogiendo la aceitera, vertí una buena cantidad sobre el canalillo que formaba la unión de sus dos cachetes.</p>



<p>― ¡No! ¡Por favor! ¡Nunca lo he hecho! ―&nbsp;sollozó al sentir como un dedo se introducía en su intacto agujero.</p>



<p>― ¡Dios! ― gimió desesperada al notar como un segundo se unía en la tortura. Y finalmente cuando de un solo embiste, la penetré brutalmente, me gritó que la sacara que la estaba partiendo por la mitad.</p>



<p>Vano intento, toda mi extensión ya estaba en su interior y no pensaba parar. Con lágrimas en los ojos, tuvo que soportar que me empezara a mover. Siguió berreando cuando tomando sus pechos como asa comencé a cabalgarla. Lejos de compadecerme, su actitud me estimulaba. Me excitaba la idea de estar follándome a la hija pequeña de mi jefe, pero más el saber que tenía seis meses para usarla a mi antojo.</p>



<p>Al sentir como mi propio orgasmo se aproximaba, incrementé la velocidad de mis penetraciones e inundando todo su intestino, eyaculé dentro de ella. Mis gemidos de placer y sus gritos de dolor se unieron en una sinfonía perfecta que anticipaba el trato que iba a recibir.</p>



<p>Al sacar mi miembro, mi semen y su sangre recorrieron sus pantorrillas.</p>



<p>―Dile a tu hermana que quiero que me lleve el desayuno a la cama, me levanto a las ocho de la mañana― ordené mientras salía del comedor, dejándola a ella llorando desplomada sobre la mesa.</p>
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		<title>&#8220;ESCÁNDALO&#8221; Libro para descargar (POR GOLFOY LOUISE RIVERSIDE)</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Jun 2026 07:07:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: A pesar de llevar cinco años trabajando como director financiero en Unity Shares, Peter Morales nunca había conocido ni le habían presentado a Sam Harries, su presidente. Lo más alto que había llegado a tratar en el escalafón fue a Patricia Tanaka, la consejera delegada, una treintañera de origen japonés. a la que las malas lenguas atribuían un affaire con su jefe. Su situación no era algo extraño porque el tal Sam era un anacoreta que vivía enclaustrado en su finca, negándose a mantener contacto con el exterior.Exceptuando a su segunda, nadie lo conocía y por eso cuando una [&#8230;]]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sinopsis:</strong></h2>



<p> A pesar de llevar cinco años trabajando como director financiero en Unity Shares, Peter Morales nunca había conocido ni le habían presentado a Sam Harries, su presidente. Lo más alto que había llegado a tratar en el escalafón fue a Patricia Tanaka, la consejera delegada, una treintañera de origen japonés. a la que las malas lenguas atribuían un affaire con su jefe. Su situación no era algo extraño porque el tal Sam era un anacoreta que vivía enclaustrado en su finca, negándose a mantener contacto con el exterior.<br>Exceptuando a su segunda, nadie lo conocía y por eso cuando una mañana recibió en su email un correo citándolo, Peter creyó que era broma. Tuvo que ser su superiora directa la que le sacara del error y le confirmara que la cita era real.<br>Asustado, pero contento por el honor que suponía conocer a uno de los financieros más brillantes de Wall Street, aceptó reunirse con el ermitaño en su mansión de un pequeño pueblo de Carolina del Sur durante el fin de semana.<br>Sin saber que era lo que se requería de él, pensó en multitud de escenarios, pero jamás creyó posible que la razón de esa reunión fuera que queriendo acallar los rumores sexuales que le unían con la señorita Tanaka, el presidente de la compañía le propusiera servir de parapeto. </p>



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<p><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo&nbsp;el primer capítulo:</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>1</a></h1>



<p>A pesar de llevar
cinco años trabajando como director financiero en Unity Shares, Peter Morales
nunca había conocido ni le habían presentado a Sam Harries, su presidente. Lo
más alto que había llegado a tratar en el escalafón fue a Patricia Tanaka, la
consejera delegada, una treintañera de origen japonés y de muy buen ver que
había acompañado al tal Sam desde la fundación de la compañía.</p>



<p>Su caso
no era algo extraño en la organización. Todo lo que rodeaba a ese sujeto era un
enigma y en lo poco que había unanimidad sobre el gran jefazo era sobre dos
temas, el primero que todo el mundo lo consideraba un oscuro genio de las
finanzas que había desarrollado un algoritmo que había revolucionado la
industria. El segundo y que explicaba porque se le consideraba un antisocial,
era que llevaba ocho años sin salir de su rancho de Carolina del Sur.</p>



<p>Por
eso, cuando esa mañana al abrir su mail y ver que había recibido uno de ese
maniático de la privacidad citándolo en su finca ese mismo fin de semana, pensó
que se trataba de una broma. Broma cuyo autor no podía ser otro más que James
Graves, otro de los ejecutivos, encargado del área informática y gran amigo
suyo. </p>



<p>Queriendo
dejar claro que no había caído, cogió el teléfono y lo llamó diciendo:</p>



<p>―Eres
un cabrón, casi me meo al leer que me escribía su santidad.</p>



<p>―¿De
qué hablas? Te juro que no te entiendo.</p>



<p>Dando
por sentado que seguía con la guasa, Peter insistió:</p>



<p>―Déjate
de tonterías. Nadie más que tú tiene los conocimientos y los huevos suficientes
para crear un correo de la empresa a nombre de ese ermitaño solo para hacerme quedar
como un payaso.</p>



<p>―¿Qué ermitaño?
¿Sam Harries?― replicó preocupado de que alguien hubiese usurpado la
personalidad del presidente tras acceder al correo central de la compañía. No en
vano, todo lo que tenía que ver con ese tema era responsabilidad suya. </p>



<p>Al
confirmarle que sí, James le pidió que no comentase a nadie lo sucedido y que
le esperase, porque si quería descubrir quien había traspasado las defensas que
había instalado, debía buscarlo desde el ordenador que había recibido el citado
mail.</p>



<p>«Coño,
¡no ha sido él!», pensó para sí al comprobar lo asustado que se había quedado
el técnico.</p>



<p>La
seriedad con la que trataba esa intrusión quedó confirmada al verlo entrar por
la puerta de su despacho cuando no habían pasado ni tres minutos y sabiendo que
su visita era de trabajo, le dejó la mesa para que se sentara mientras le señalaba
el correo del que hablaban.</p>



<p>Durante
más de cuarto de hora, el pelirrojo estuvo tecleando en su terminal hasta que,
derrotado y totalmente acojonado, reconoció que había sido incapaz de descubrir
nada raro que hiciera pensar que se trataba de un hacker.</p>



<p>―Si no
llega a ser imposible, juraría que este mensaje te lo ha mandado el propio Harries.</p>



<p>―¿Y
ahora qué hacemos?― preguntó Morales. </p>



<p>Si ya
de por si dudaba que el presidente del conglomerado supiera quien era él, el hecho
que le pidiera ir a verlo a su Sancta Sanctorum resultaba absurdo.</p>



<p>―No nos
queda otra que ir a ver a doña Patricia y comentarle lo ocurrido ― musitó su
amigo temiendo por su puesto.</p>



<p>La
perspectiva pedirle audiencia, sin que lo hubiese citado previamente, no le
gustaba en absoluto al tener fama de arpía y de tratar a patadas a todo aquel
que le hiciera perder el tiempo. </p>



<p>―Ni de
coña, mejor la llamo― replicó el hispano.</p>



<p>James
discrepó de inmediato porque creía que era mejor para sus intereses el dar la
cara y reconocer que los parapetos que había levantado alrededor del servidor
no habían podido evitar que un intruso los hubiese franqueado.</p>



<p>Seguían
discutiendo cuál de las dos soluciones era mejor cuando el sonido del teléfono
provocó una tregua entre ellos, al leer Peter en la pantalla que era la jefa
quien le llamaba:</p>



<p>―Doña
Patricia, ¿en qué le puedo ayudar?</p>



<p>Por el
propio semblante de su amigo, supo que la conversación giraba sobre el dichoso
mail y sin poder hacer otra cosa que esperar a que terminara la conversación,
el informático empezó a darle vuelta sobre cómo era posible que esa mujer se
hubiese enterado del tema sin que ellos se lo hubiesen dicho.</p>



<p>Al
colgar, Peter ya sabía que el mail era verdadero, pero aun así decidió putear
unos minutos a su colega y viendo que le miraba totalmente pálido, lo dejó
sufriendo al decirle mientras se levantaba que se tenía que ir a reunirse con
la jefa. &nbsp;</p>



<p>―Te
acompaño― con el rostro totalmente blanco le pidió James.</p>



<p>Al
percatarse de que realmente estaba pasando un mal rato, lo tranquilizó
diciendo:</p>



<p>―No
hace falta. No tienes nada por qué preocuparte, me ha llamado para organizar mi
visita a la finca de Harries.</p>



<p>Respirando
por primera vez en media hora, su amigo le dijo adiós en las puertas del
ascensor que le iba a llevar hasta la planta presidencial donde Sam Harries
tenía en teoría su despacho, despacho que usaba realmente su segunda, la mujer
a la que iba a ver. Ya dentro del estrecho cubículo, Peter se quedó pensando en
lo poco que se sabía de la relación del anacoreta con la consejera delegada. </p>



<p>Muchos
hablaban de que realmente doña Patricia era la amante de Harries, otros decían
que era una hija que tuvo y que nunca reconoció, pero a ciencia cierta nada era
seguro y todo eran habladurías. En su caso y desde que la conoció hace más de
dos años, la oriental le había parecido una monada. Monada a la que, de no ser
su jefa, a buen seguro hubiese echado los tejos. </p>



<p>Menuda,
pequeña y sin tetas, pero atlética y guapa a rabiar, esa ejecutiva era un
objetivo que atacar. Si nunca había dado ese paso fue por miedo a perder un
trabajo, que además de ser interesante, estaba estupendamente remunerado.</p>



<p>«Siempre
que he coincidido con ella me ha parecido que le gusto por la forma en que me
mira el trasero», murmuró bastante alterado y sin querer reconocer que la
realidad era otra y que cuando estaba con ella, era él el que no podía dejar de
pensar en cómo sería esa mujer en la cama.</p>



<p>Al
abrirse las puertas, el hombretón puso su cara de póker y dirigiéndose a la
secretaria apostada a la salida como un dóberman, le pidió que informara a doña
Patricia de su llegada. La hierática rubia lo miró de arriba abajo antes de
dignarse a coger el intercomunicador y avisar a su jefa que tenía visita. Esa
total ausencia de emotividad le resultó molesta, acrecentando con ello su
propio nerviosismo.</p>



<p>«No
conozco a nadie que haya sido citado en el rancho por su santidad», se dijo
mientras con frustración recordaba que una de las razones que le habían llevado
a aceptar el puesto, había sido la posibilidad de crecer bajo la tutela del
analista más famoso de Wall Street. Por eso, el único motivo que se le ocurría
para que, después de cinco años trabajando en la compañía, Sam Harries quisiera
conocerle personalmente era un ascenso en su carrera.</p>



<p>«Joder,
si eso significa trabajar codo con codo con él, ¡acepto! Aunque suponga que me
tenga que ir a vivir a ese jodido pueblo», dijo para sí mientras escuchaba que
ya podía pasar.</p>



<p>Patricia
Tanaka lo recibió en la puerta y extendiendo su mano, lo saludó afectuosamente.
</p>



<p>―Peter,
sé lo ocupado que estás. Te agradezco que hayas podido hacer un hueco y subir a
verme.</p>



<p>Que la
oriental se mostrara cordial le resultó raro y más cuando siempre que había
departido con ella cualquier asunto, su comportamiento había sido cuando menos
“gélido”. Por ello no se creyó nada y con la mosca detrás de la oreja, midió
sus palabras a la hora de contestar:</p>



<p>―Doña
Patricia no faltaría más, lo que no comprendo que desea el presidente de la
compañía para hacer imprescindible mi presencia. Al fin y al cabo, podía
haberme llamado y solucionado cualquier asunto telefónicamente.</p>



<p>―Eso lo
tendrás que averiguar al verle. A mí solo me ha encomendado que organice tu
viaje― respondió la morena con la mirada fija en él.</p>



<p>Durante
unos segundos se produjo un silencio incómodo, silencio que se encargó la
oriental de romper diciendo:</p>



<p>―¿Sabes
montar a caballo? Si es así, debes llevar ropa para tal efecto porque a nuestro
presidente le encanta la equitación y a buen seguro te invitará a dar un paseo.</p>



<p>―No hay
problema, mi padre me enseñó siendo un niño― confuso contestó y sin querer
parecer impertinente, preguntó a su interlocutora si debía llevar preparado
algún tema en particular que discutir con Sam Harries.</p>



<p>Soltando
una carcajada que lo dejó petrificado, Patricia le hizo una confidencia:</p>



<p>―Peter,
la visita no es de trabajo. He hablado a Sam de ti y quiere conocerte. En vez
de ordenador y papeles, mejor hazte a la idea de que durante dos días vas a
beber como un minero. Por cierto, llévate traje de baño. Te vendrá bien si hace
calor.</p>



<p>Aún con
esa respuesta, le extrañó que su superiora le informara que Harries había
puesto su avión personal para que lo llevara hasta su rancho, pero no dijo nada
y solo preguntó a qué hora tenía que estar en el aeropuerto.</p>



<p>―El
chofer pasará a recogerte en casa sobre las doce, ahora por favor vuelve a tu
despacho que tengo trabajo ―dando por terminada la reunión, la guapa oriental
contestó. </p>



<p>Mientras
se dirigía hacia la puerta, el financiero sintió los ojos de su jefa clavados
en su trasero y no queriendo hacerle saber que se había dado cuenta, no se
despidió y salió huyendo como alma en pena.</p>



<p>Doña
Patricia sonrió al ver sus prisas y cogiendo su móvil, llamó a su jefe:</p>



<p>―Sam,
el viernes conocerás al tipo del que te he hablado.</p>



<p>Al otro
lado de la línea y tras colgar el teléfono, Sam estaba que se subía por las
paredes. Patricia le acababa de confirmar que ya había seleccionado a uno de
sus empleados para hacer el paripé y acallar de golpe los rumores que estaban
corriendo últimamente por Wall Street sobre su persona y la relación que le
unía con ella.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Sé que Patty tiene razón, pero aun así
me molesta usar a un tercero para desmentir que somos amantes».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como presidente se debía a sus
accionistas y bastante tinta ya ha corrido por su alergia a vivir en una gran
ciudad como para que ahora todo el mundo cuchicheara sobre si hundía o no su
cara entre las piernas de su subordinada.</p>



<p>«La
vida privada de uno debería ser sagrada», estaba murmurando cuando se percató de
que ese clase de información era algo que usaba habitualmente para prever la
evolución de un valor en bolsa. Asumiendo que era hipócrita por su parte pedir
al resto algo que no aplicaba como analista, se puso a revisar la documentación
que tenía de Morales. </p>



<p>Apenas
se entretuvo leyendo su expediente universitario, dado que si había llegado al
puesto que desempeñaba sabía que no podía ser ningún idiota. Donde más tiempo
dedicó fue en la faceta personal del tipo para comprobar que se ajustaba al
perfil que requerían.</p>



<p>Heterosexual,
soltero, diversas novias, ninguna seria. Hijo de mexicano y de americana,
resumió cotejando esos datos con la conversación que había tenido con Patricia.</p>



<p>―Amor
mío, cuando los periódicos sepan de él, nadie volverá a relacionarnos. Sin ser
un Adonis, tengo que reconocer que es un hombre atractivo y que el público femenino
asumirá que es el príncipe azul que busca toda mujer. Además de ser brillante,
su metro noventa y su sonrisa serán motivo suficiente para que se lo crean y
para que los tabloides nos dejen en paz―, le había comentado su amada japonesita
por teléfono.</p>



<p>Al
escuchar tantos elogios sobre Morales, por un momento sintió celos y dudó si en
realidad todo era un montaje para tapar que Patricia le estaba siendo infiel.</p>



<p>«Es
imposible», rápidamente rectificó, «no echaría a perder lo nuestro por un polvo
a destiempo. Llevamos demasiado tiempo juntos para que lo ponga en peligro con
uno de nuestros empleados». </p>



<p>Con
ganas de desechar la idea por completo, Sam se tumbó en la cama y recordó la
primera vez que se acostó con Patricia:</p>



<p>«Estábamos
todavía en la universidad y por el aquel entonces todos nuestros compañeros
opinaban que éramos un par de bichos raros que solo pensábamos en estudiar».</p>



<p>Con
ternura recordó que a esa preciosa morenita no le había importado ni eso ni el
hecho que hubiese acabado de llegar de un pueblo perdido en Carolina del Sur.
Habían hecho amistad desde el primer momento.</p>



<p>«Quién
me iba a decir que la primera noche que Patricia se vino a estudiar en mi
cuarto, íbamos a terminar en la cama», sonriendo murmuró.</p>



<p>Siendo
marginados sociales desde la infancia, ambos se habían considerado así mismo como
asexuales y por eso les sorprendió de sobre manera que se hubiesen sentido
atraídos entre sí.</p>



<p>&nbsp;«Ahora y por culpa de las reglas del mercado,
no solo no podemos hacer público que somos pareja, sino que tenemos que echar
mano de un semental para acabar con los chismes», se quejó amargamente mientras
apagaba la luz y se ponía a pensar en su bella y fiel oriental.<br></p>



<h1 class="wp-block-heading"><a>2</a></h1>



<p>El viernes Peter no fue
a trabajar por petición expresa de doña Patricia. Ella misma le había llamado
el jueves en la tarde para que no fuera y dedicara la mañana a preparar su
partida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Señora, no tengo nada que organizar.
Usted misma me ha recalcado que no es una visita de trabajo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Haciendo un inciso, la oriental
contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No sé cómo decírtelo, pero nuestro
presidente es muy especial en materia de apariencia y me gustaría mandarte a mi
peluquero personal para que te corte el pelo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque le pareció indignante, Morales no
se atrevió a negarse y tras confirmar que estaría en casa sobre las diez, colgó
el teléfono hecho un basilisco.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ni que fuera hecho un desastre― se dijo
mirándose en el espejo.</p>



<p>Siempre
se había considerado un hombre coqueto y estaba orgulloso de su imagen. Con su metro
noventa y sus ochenta y cinco kilos era enorme y para evitar parecer una
especie de Rambo, se había dejado una media melena que le suavizaba los rasgos.
Ninguna de sus parejas se había quejado nunca de su apariencia, es más todas
había alabado como encuadraba el pelo largo en sus ojos negros y en su piel
morena. &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>



<p>«Ahora
viene ésta y exige que me haga un cambio de look. ¡Ni que fuera mi novia!»,
masculló enfadado.</p>



<p>Curiosamente
su enfado no iba contra doña Patricia ni contra su idolatrado Sam Harries, su
cabreo era con él y con el hecho que en aras de un previsible ascenso cediera
en algo tan personal como es el peinado. </p>



<p>Por eso
cuando a las diez apareció por su puerta Lucien Méndez, un famoso estilista
especializado en gente de la farándula, Peter estaba de uñas. Sin intentar
presionar para que el cambio fuera el mínimo posible, se quitó la camisa y con
el torso desnudo, se puso en sus manos.</p>



<p>―Primor,
cuando mi amiga me pidió que viniera a verte, no me dijo nada del macho latino
con el que me iba a encontrar― comentó y dejando salir la loca que llevaba
dentro, le manoseó los hombros mientras le decía: ―Y ahora que te veo no
entiendo que me pidiera que ensalzara tu hombría cuando la sudas por todos los
poros de este cuerpo. </p>



<p>Esa
inesperada confidencia, además de sacarle los colores, lo dejó pensando la
razón por la que su jefa quisiera hacerle parecer más varonil, y mientras las
tijeras del peluquero daban a luz un nuevo Peter, llegó a la conclusión de que “su
santidad”, el ermitaño, odiaba a los homosexuales y que para evitar que
malinterpretara su melena, la japonesa había preferido cortar por lo sano.</p>



<p>«Paris
bien vale una misa», sentenció admitiendo que no le iba a gustar el resultado.</p>



<p>Quince
minutos después, el artista terminó su obra y tal como había previsto Morales,
no le gustó verse en el espejo al comprobar que Lucien había sobrepasado todas
sus sospechas y que el hombre que se reflejaba no era él sino el prototipo que
volvía locas a las mujeres en las películas de los años cincuenta.</p>



<p>&nbsp;―Guapo, me cuesta reconocer mis errores, pero
era verdad que te pareces a Cary Grant.</p>



<p>―¿Quién
dijo tal cosa?― preguntó ya con un mosqueo del veinte por lo ridículo que se sentía
con ese corte.</p>



<p>En vez
de contestar a su pregunta, el mariquita le soltó:</p>



<p>―Qué
callado se tenía Patty que se había agenciado un pretendiente tan guapo. ¿Desde
hace cuánto tiempo que te acuestas con esa zorrita?</p>



<p>Temiendo
que llegara a oídos de su jefa esa conversación, Peter quiso zanjarla de golpe
negando la mayor:</p>



<p>―Doña
Patricia y yo nunca hemos sido pareja y, además, no es mi tipo. A mí, me gustan
altas y bien dotadas, tanto de pecho como de culo.</p>



<p>Lucien,
como viejo zorro, vio en esa exagerada negativa un arma para seguir
divirtiéndose del hombretón y soltando una carcajada, replicó:</p>



<p>―Cariño,
no conozco un heterosexual al que no le gustaría darle un viaje a esa amarilla.
<a>No tendrá tetas grandes, pero la muy guarra despierta el
deseo de todos cuando pasea sus pezones erizados por el gimnasio </a>al que
vamos.</p>



<p>&nbsp;―Ya te he dicho que no es mi tipo― insistió a
la desesperada. </p>



<p>―Lo
dices porque no has tenido en tus manos las nalgas duras y bien formadas que
esa jodía ha conseguido de tanto matarse haciendo ejercicio.</p>



<p>La
imagen era tan seductora que Morales no pudo más que imaginarse recorriendo con
sus dedos ese trasero que en “petit comité” todo el mundo alababa en la empresa
y para no reconocer que su jefa le traía loco, se levantó de la silla mientras
mostraba la puerta al impresentable aquél.</p>



<p>Consciente
de que se había pasado, pero como dudaba que ese bombón volviera a ser su
cliente, al estilista no le importó despedirse ahondando en el tema:</p>



<p>―Ya me
dirás si Patty grita o no cuando un macho como tú juegue con ella. Siempre ella
tan estirada, pero a mí no me engaña y tras esa fachada de gran ejecutiva, sé
que se esconde una zorra necesitada.</p>



<p>Cabreado
casi echó de su casa al peluquero y al cerrar la puerta tras de él, se puso a
tratar de poner un sentido a lo ocurrido y al hecho que por alguna razón esa
oriental deseaba darle una apariencia seductora antes de que se viera con el
gran jefe. Por un momento temió que al igual que el estilista Sam Harries fuera
gay, pero sabiendo lo estricto que eran en la altas esferas con ese tema y que
los pocos millonarios de esa tendencia sexual solían esconderla para no
perjudicar sus acciones en el mercado, comprendió que jamás lo mostraría
abiertamente, aunque fuera un palomo lleno de plumas.</p>



<p>Descartada
la homosexualidad, solo le quedaba lo contrario, que fuera un homófobo:</p>



<p>«Pero
eso tampoco explicaría este corte de pelo de don Juan trasnochado», pensó
mientras se daba una ducha. Sabiendo que pronto se enteraría, hizo un repaso de
la ropa que había metido en la maleta. «Sigo sin entender a qué voy. Si hago
caso a las palabras de la japonesa, se diría que ese zumbado busca en mí un
amigote con el que irse de copas», se dijo mientras se ponía el albornoz.</p>



<p>Ya en
su cuarto, seco y vestido de un modo “Smart casual” tal y como le había
sugerido su jefa, miró su reloj y con disgusto comprobó que el chofer llegaba
cinco minutos tarde. Como el hombre de la calle que era, pensó que si no se
daba prisa iba a perder el avión, pero entonces recordó que el único pasajero
de ese vuelo a Carolina del Sur era él.</p>



<p>«Joder,
quien le diría a mi padre mientras cruzaba a nado el Rio Grande que su hijo
algún día iba a ir en jet privado», sonrió sin perder de vista sus raíces humildes.</p>



<p>Quizás
por esos modestos orígenes cuando el encorbatado conductor quiso llevar su
maleta, Peter Morales se negó a que la tomara y recordando que su querido viejo
había pasado en cuarenta años de “mojado” a próspero propietario de tierras en
Texas, el mismo la bajó hasta la limusina. Su propio nombre delataba sus
orígenes y aunque en todos sus papeles aparecía Peter, para los de su barrio él
era Pedrito, el hijo de don Pedro. Que su viejo hubiese conseguido pagarle la
universidad de Yale, no le hacía mejor que sus compañeros de infancia. Su
incomodidad se incrementó al descubrir que la limusina que le esperaba en la
calle era la de doña Patricia y escamado porque esa mujer le hubiese cedido su
propio chófer para llevarlo al aeropuerto, se dejó caer en sus lujosos asientos
de piel.</p>



<p>« Podía
haberme cogido un Uber», murmuró para sí mientras veía cada vez más cerca una
cita que, además de imprevista, no le encontraba ningún sentido. </p>



<p>Si en
un principio había supuesto que la reunión era para informarle de un ascenso, tras
investigar detectó que eso no le había ocurrido a ninguno de los altos mandos
de la compañía. Hablando con James, este le sugirió que o bien se iba a
producir una reorganización brutal y querían decirle que contaban con él o por
el contrario habían descubierto algo grave, un desfalco o algo parecido, y le
iban a proponer que fuera él el encargado de sacarlo a la luz dada su experiencia
en auditoría.</p>



<p>Desafortunadamente
ninguna de esas opciones cuadraba con su corte de pelo actual, ni con el hecho
que expresamente le dijera que no se llevara ordenador porque no lo iba a
necesitar, como tampoco con la última sugerencia en tema de vestimenta que su
jefa había dejado caer en su reunión con ella:</p>



<p>―Nuestro
presidente es una persona con muchos compromisos por lo que no sería raro que
durante el fin de semana vayáis a un cóctel. La imagen de la empresa somos sus
directivos, &nbsp;llévate ropa informal pero
elegante y juvenil.</p>



<p>―Le
juro que me he perdido― contestó: ―Creo que mi forma de vestir es más que
correcta.</p>



<p>Con una
sonrisa dulce, pero al mismo tiempo pícara y que nada tenía que ver con la
imagen que Peter tenía de su jefa, doña Patricia le espetó:</p>



<p>―Siempre
vas demasiado anquilosado, deberías liberarte un poco y vestir menos serio.
Tienes treinta y cinco años, ¡no sesenta!</p>



<p>En ese
momento no cayó en que para saberse su edad la oriental debía de haberse
empollado la ficha personal que todos los empleados de Unity Shares debían
rellenar y mantener actualizada. Preocupado y sin nada más que hacer hasta
llegar al avión, se puso a recordar qué otros datos formaban parte de ese
cuestionario.</p>



<p>«Joder,
quitando el color de mis calzoncillos pueden saber todo de mí», masculló al
darse cuenta de que para empezar había tenido que detallar todas las cuentas
que tenía en las redes sociales., «y quizás también eso». </p>



<p>Fue
entonces cuando comprendió cómo era posible que supiera que en su armario tenía
una blazer azul de Hugo Boss, ya que aparecía en varias fotos de su Facebook:</p>



<p>«Ha
revisado mis publicaciones y las de mis amigos», pensó escandalizado.</p>



<p>&nbsp;Si daba por buena esa conclusión, al menos esa
japonesita estaba al tanto de su vida personal y sabía las novias que había
tenido casi desde el instituto e incluso las borracheras y juergas en las que
había participado.</p>



<p>«En
cuanto vuelva a mi apartamento, debo revisar mis redes y borrar todo aquello
que pueda ser perjudicial para mi carrera», concluyó al mismo tiempo que el
chofer aparcó junto al rutilante jet de la compañía.</p>
]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>&#8220;LA SECRETARIA, ESE OBJETO DE DESEO&#8221;, (POR GOLFO) LIBRO PARA DESCARGAR.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2026 07:39:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Tirarse a una secretaria es uno de las fantasías mas concurrentes en la mente de todo hombre. GOLFO como autor erótico nos ha descrito muchas veces el amor o el desamor entre un jefe y una secretaria. Aquí encontrareis los mejores relatos escritos por el teniendo a ese oscuro objeto de deseo como protagonista. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.es/gp/product/B012Y10VTC Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo: Capítulo uno. Descubrí a mi secretaria en mi jardín.Eran las once de la noche de un viernes cuando escuché a Sultán. El perro [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18622" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/SECRETARIA-PORTADA2-copia.png" alt="" width="2288" height="1244" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/SECRETARIA-PORTADA2-copia.png 2288w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/SECRETARIA-PORTADA2-copia-300x163.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/SECRETARIA-PORTADA2-copia-768x418.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/SECRETARIA-PORTADA2-copia-1024x557.png 1024w" sizes="(max-width: 2288px) 100vw, 2288px" /></p>
<p><strong>Sinopsis:</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><span style="font-size: 19px; line-height: 28px;">Tirarse a una secretaria es uno de las fantasías mas concurrentes en la mente de todo hombre. GOLFO como autor erótico nos ha descrito muchas veces el amor o el desamor entre un jefe y una secretaria. Aquí encontrareis los mejores relatos escritos por el teniendo a ese oscuro objeto de deseo como protagonista.</span></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B014TIKR4M">http://www.amazon.es/gp/product/B012Y10VTC</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 24pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia,palatino,serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo uno.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 18pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">Descubrí a mi secretaria en mi jardín.</span></strong></span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Eran las once de la noche de un viernes cuando escuché a Sultán. El perro iba a despertar a toda la urbanización con sus ladridos. &#8220;Seguramente debe de haber pillado a un gato&#8221;, pensé al levantarme del sofá donde estaba viendo la televisión. Al abrir la puerta, el frío de la noche me golpeó la cara, y para colmo, llovía a mares, por lo que volví a entrar para ponerme un abrigo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Enfundado en el anorak empecé a buscar al animal por el jardín, disgustado por salir a esas horas y encima tener que empaparme. Al irme acercando me di cuenta que tenía algo acorralado, pero por el tamaño de la sombra no era un gato, debía de ser un perro, por lo que agarré un tubo por si tenía que defenderme. Cuál no sería mi sorpresa al comprobar que su presa consistía en una mujer totalmente empapada, por lo que para evitar que le hiciera daño tuve que atar al perro, antes de preguntarle que narices hacían en mi jardín. Con Sultán a buen recaudo, me aproximé a la mujer, que resultó ser Carmen, mi secretaria.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué coño haces aquí?―, le pregunté hecho una furia, mientras la levantaba del suelo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me contestó, por lo que decidí que lo mejor era entrar en la casa, la mujer estaba aterrada, y no me extrañaba después de pasar al menos cinco minutos acorralada sin saber si alguien la iba a oír.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba hecha un desastre, el barro la cubría por completo, pelo, cara y ropa era todo uno, debió de tropezarse al huir del animal y rodar por el suelo. Ella siempre tan formal, tan bien conjuntada, tan discreta, debía de estar fatal para ni siquiera quejarse.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No puedes estar así―, le dije mientras sacaba de un armario una toalla, para que se bañara.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al extenderle la toalla, seguía con la mirada ausente.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Carmen, despierta.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nada, era como un mueble, seguía de pie en el mismo sitio que la había dejado.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tienes que tomar una ducha, sino te vas a enfermar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me empecé a preocupar, no reaccionaba. Estaba en estado de shock, por lo que tuve que obligarla a acompañarme al baño y abriéndole la ducha, la metí vestida debajo del agua caliente. No me lo podía creer, ni siquiera al sentir como el chorro golpeaba en su cara, se reanimaba, era una muñeca que se quedaba quieta en la posición que su dueño la dejaba. &#8220;Necesitará ropa seca&#8221;, por lo que temiendo que se cayera, la senté en la bañera, dejándola sola en el baño.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Rápidamente busqué en mi armario algo que pudiera servirle, cosa difícil ya que yo era mucho más alto que ella, por lo que me decidí por una camiseta y un pantalón de deporte. Al volver, al baño, no se había movido. Si no fuera por el hecho de que tenía los ojos abiertos, hubiera pensado que se había desmayado. &#8220;Joder, y ahora qué hago&#8221;, nunca en mi vida me había enfrentado con una situación semejante, lo único que tenía claro es que tenía que terminar de quitarle el barro, esperando que para entonces hubiera recuperado la cordura.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cortado por la situación, con el teléfono de la ducha le fui retirando la tierra tanto del pelo como de la ropa, no me entraba en la cabeza que ni siquiera reaccionara al notar como le retiraba los restos de césped de sus piernas. Sin saber cómo actuar, la puse en pie para terminar de bañarla, como una autómata me obedecía, se dejaba limpiar sin oponer resistencia. Al cerrar el grifo, ya mi preocupación era máxima, tenía que secarla y cambiarla, pero para ello había que desnudarla, y no me sentía con ganas de hacerlo, no fuera a pensar mal de mí cuando se recuperara. Decidí que tenía que reanimarla de alguna manera, por lo que volví a sentarla y corriendo fui a por un café.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Suerte que en mi cocina siempre hay una cafetera lista, por lo que entre que saqué una taza y lo serví, no debí de abandonarla más de un minuto. &#8220;Madre mía, que broncón&#8221;, pensé al retornar a su lado, y descubrir que todo seguía igual. Me senté en el suelo, para que me fuera más fácil dárselo, pero descubrí lo complicado que era intentar obligar a beber a alguien que no responde. Tuve que usar mis dos manos para hacerlo, mientras que con una, le abría la boca, con la otra le vertía el café dentro. Tardé una eternidad en que se lo terminara, constantemente se atragantaba y vomitaba encima de mí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todo seguía igual, aunque no me gustara, tenía que quitarle la ropa, por lo que la saqué de la bañera, dejándola en medio del baño. Estaba totalmente descolocado, indeciso de cómo empezar. Traté de pensar como sería más sencillo, si debía de empezar por arriba con la camisa, o por abajo con la falda. Muchas veces había desnudado a una mujer, pero jamás me había visto en algo parecido. Decidí quitarle primero la falda, por lo que bajándole el cierre, esta cayó al suelo. El agacharme a retirársela de los pies, me dio la oportunidad de verla sus piernas, la blancura de su piel resaltaba con el tanga rojo que llevaba puesto. La situación se estaba empezando a convertir en morbosa, nunca hubiera supuesto que una mojigata como ella, usara una prenda tan sexi. Le tocaba el turno a la blusa, por lo que me puse en frente de ella, y botón a botón fui desabrochándola. Cada vez que abría uno, el escote crecía dejándome entrever más porción de su pecho. &#8220;Me estoy poniendo bruto&#8221;, reconocí molesto conmigo mismo, por lo que me di prisa en terminar.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al quitarle la camisa, Carmen se quedó en ropa interior, su sujetador más que esconder, exhibía la perfección de sus pechos, nunca me había fijado pero la señorita tenía un par dignos de museo. Tuve que rodearla con mis brazos para alcanzar el broche, lo que provocó que me tuviera que pegar a ella, la ducha no había conseguido acabar con su perfume, por lo que me llegó el olor a mujer en su totalidad. Me costó un poco pero conseguí abrir el corchete, y ya sin disimulo, la despojé con cuidado disfrutando de la visión de sus pezones. &#8220;Está buena la cabrona&#8221;, sentencié al verla desnuda. Durante dos años había tenido a mi lado a un cañón y no me percaté de ello.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No solo tenía buen cuerpo, al quitarle el maquillaje resultaba que era guapa, hay mujeres que lejos de mejorar pintadas, lo único que hacen es estropearse. Secarla fue otra cosa, al no tener ninguna prenda que la tapara, pude disfrutar y mucho de ella, cualquiera que me hubiese visto, no podría quejarse de la forma profesional en que la sequé, pero yo sí sé, que sentí al recorrer con la toalla todo su cuerpo, que noté al levantarle los pechos para secarle sus pliegues, rozándole el borde de sus pezones, cómo me encantó el abrirle las piernas y descubrir un sexo perfectamente depilado, que tuve que secar concienzudamente, quedando impregnado su olor en mi mano.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Totalmente excitado le puse mi camiseta, y viendo lo bien que le quedaba con sus pitones marcándose sobre la tela, me olvidé de colocarle los pantalones, dejando su sexo al aire.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Llevándola de la mano, fuimos hasta salón, dejándola en el sofá de enfrente de la tele, mientras revisaba su bolso, tratando de descubrir algo de ella. Solo sabía que vivía por Móstoles y que su familia era de un pueblo de Burgos. En el bolso llevaba de todo pero nada que me sirviera para localizar a nadie amigo suyo, por lo que contrariado volví a la habitación. Me había dejado puesta la película porno, y Carmen absorta seguía las escenas que se estaban desarrollando. Me senté a su lado observándola, mientras en la tele una rubia le bajaba la bragueta al protagonista, cuando de pronto la muchacha se levanta e imitando a la actriz empieza a copiar sus movimientos. &#8220;No estoy abusando de ella&#8221;, me repetía, intentándome de auto convencer que no estaba haciendo nada malo, al notar como se introducía mi pene en su boca, y empezaba a realizarme una exquisita mamada.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Seguía al pie de la letra, a la protagonista. Acelerando sus maniobras cuando la rubia incrementaba las suyas, mordisqueándome los testículos cuando la mujer lo hacía, y lo más importante, tragándose todo mi semen como ocurría en la película.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Éramos parte de elenco, sin haber rodado ni un solo segundo de celuloide. Estaba siendo participe de la imaginación degenerada del guionista, por lo que esperé que nos deparaba la siguiente escena. Lo supe en cuanto se puso a cuatro piernas, iba a ser una escena de sexo anal, por lo que imitando en este caso al actor, me mojé las manos con el flujo de su sexo e introduciendo dos dedos relajé su esfínter, a la vez que le colocaba la punta de mi glande en su agujero. Fueron dos penetraciones brutales, una ficticia y una real, cabalgando sobre nuestras monturas en una carrera en la que los dos jinetes íbamos a resultar vencedores, golpeábamos sus lomos mientras tirábamos de las riendas de su pelo. Mi yegua relinchó desbocada al sentir como mi simiente le regaba el interior, y desplomada cayó sobre el sofá.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desgraciadamente, la película terminó en ese momento y de igual forma Carmen recuperó en ese instante su pose distraída. Incrédulo esperé unos minutos a ver si la muchacha respondía pero fue una espera infructuosa, seguía en otra galaxia sin darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Entre tanto, mi mente trabajaba a mil, el sentimiento de culpabilidad que sentía me obligo a vestirla y esta vez sí le puse los pantalones, llevándola a la cama de invitados.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> &#8220;Me he pasado dos pueblos&#8221;, era todo lo que me machaconamente pensaba mientras metía la ropa de mi secretaria en la secadora, &#8220;mañana como se acuerde de algo, me va a acusar de haberla violado&#8221;. Sin tener ni idea de cómo se lo iba a explicar, me acerqué al cuarto donde la había depositado, encontrándomela totalmente dormida, por lo que tomé la decisión de hacer lo mismo.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dormí realmente mal, me pasé toda la noche imaginando que me metían en la cárcel y que un negrazo me usaba en la celda, por lo que a las ocho de la mañana ya estaba en pie desayunando, cuando apareció medio dormida en la cocina.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Manuel, ¿qué ha pasado?, solo me acuerdo de venir a su casa a traerle unos papeles―, me preguntó totalmente ajena a lo que realmente había ocurrido.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Carmen, anoche te encontré en estado de shock en mi jardín, , por lo que te metí en la casa, estabas empapada y helada por lo que tuve que cambiarte ―, el rubor apareció en su cara al oír que yo la había desvestido,―como no me sabía ningún teléfono de tus amigos, te dejé durmiendo aquí.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias, no sé qué me ocurrió. Perdone, ¿y mi ropa?</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Arrugada pero seca, disculpa que no sepa planchar―, le respondí más tranquilo, sacando la ropa de la secadora.</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras se vestía en otra habitación, me senté a terminar de desayunar, respirando tranquilo, no se acordaba de nada, por lo que mis problemas habían terminado. Al volver la muchacha le ofrecí un café, pero me dijo que tenía prisa, por lo que la acompañe a la verja del jardín. Ya se iba cuando se dio la vuelta y mirándome me dijo:</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Manuel, siempre he pensado de usted que era un GOLFO&#8230;, pero cuando quiera puede invitarme a ver otra película―</span><br><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cerró la puerta, dejándome solo.</span></p>


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		<title>&#8220;Las jefas, esas putas que todo el mundo desea&#8221; (POR GOLFO) Libro para descargar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2026 11:01:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: Selección de los mejores relatos de Golfo sobre una jefa. 120 páginas en las que disfrutarás leyendo diferentes historias de ellas disfrutando o sufriendo con el sexo. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: http://www.amazon.com/jefas-esas-putas-mundo-desea-ebook/dp/B015QIL9M8/ Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo: Acosado por mi jefa, la reina virgen. ―Manuel, la jefa quiere verte― me informó mi secretaria nada más entrar ese lunes a la oficina. ―¿Sabes que es lo que quiere?― le pregunté, cabreado. ―Ni idea pero está de muy mala leche― María me respondió, sabiendo que una llamada a primera [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.amazon.es/dp/B015QIL9M8"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18581" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1.png" alt="" width="3052" height="1143" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1.png 3052w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1-300x112.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1-768x288.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/JEFAS-PORTADA2-copia-1-1024x383.png 1024w" sizes="(max-width: 3052px) 100vw, 3052px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sinopsis:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Selección de los mejores relatos de Golfo sobre una jefa. 120 páginas en las que disfrutarás leyendo diferentes historias de ellas disfrutando o sufriendo con el sexo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.amazon.com/jefas-esas-putas-mundo-desea-ebook/dp/B015QIL9M8/">http://www.amazon.com/jefas-esas-putas-mundo-desea-ebook/dp/B015QIL9M8/</a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Acosado por mi jefa, la reina virgen.</span></strong><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Manuel, la jefa quiere verte― me informó mi secretaria nada más entrar ese lunes a la oficina.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Sabes que es lo que quiere?― le pregunté, cabreado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ni idea pero está de muy mala leche― María me respondió, sabiendo que una llamada a primera hora significaba que esa puta iba a ordenar trabajo extra a todo el departamento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Mierda”, pensé mientras me dirigía a su despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alicia Almagro, no solo era mi jefa directa sino la fundadora y dueña de la empresa. Aunque era insoportable, tengo que reconocer que fue la inteligencia innata de esa mujer, el factor que me hizo aceptar su oferta de trabajo hacía casi dos años. Todavía recuerdo como me impresionó oír de la boca de una chica tan joven las ideas y proyectos que tenía en mente. En ese momento, yo era un consultor senior de una de las mayores empresas del sector y por lo tanto a mis treinta años tenía una gran proyección en la multinacional americana en la que trabajaba, pero aun así decidí embarcarme en la aventura con esa mujer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tiempo me dio la razón, gracias a ella, el germen de la empresa que había creado se multiplicó como la espuma y, actualmente, tenía cerca de dos mil trabajadores en una veintena de países. Mi desarrollo profesional fue acorde a la evolución de la compañía y no solo era el segundo al mando sino que esa bruja me había hecho millonario al cederme un cinco por ciento de las acciones pero, aun así, estaba a disgusto trabajando allí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero lo que tenía de brillante, lo tenía de hija de perra. Era imposible acostumbrarse a su despótica forma de ser. Nunca estaba contenta, siempre pedía más y lo que es peor para ella no existían ni las noches ni los fines de semana. Menos mal que era soltero y no tenía pareja fija, no lo hubiera soportado, esa arpía consideraba normal que si un sábado a las cinco de la mañana, se le ocurría una nueva idea, todo su equipo se levantara de la cama y fuera a la oficina a darle forma. Y encima nunca lo agradecía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante el tiempo que llevaba bajo sus órdenes, tuve que dedicar gran parte de mi jornada a resolver los problemas que su mal carácter producía en la organización. Una vez se me ocurrió comentarle que debía ser más humana con su gente, a lo que me respondió que si acaso no les pagaba bien. Al contestarle afirmativamente, me soltó que con eso bastaba y que si querían una mamá, que se fueran a casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Se puede?― pregunté al llegar a la puerta de su despacho y ver que estaba al teléfono. Ni siquiera se dignó a contestarme, de forma que tuve que esperar cinco minutos, de pie en el pasillo hasta que su majestad tuvo la decencia de dejarme pasar a sus dominios.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una vez, se hubo despachado a gusto con su interlocutor, con una seña me ordenó que pasara y me sentara, para sin ningún tipo de educación soltarme a bocajarro:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me imagino que no tienes ni puñetera idea del mercado internacional de la petroquímica.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Se imagina bien― le contesté porque, aunque tenía bastante idea de ese rubro, no aguantaría uno de sus temidos exámenes sobre la materia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No hay problema, te he preparado un breve dosier que debes aprenderte antes del viernes― me dijo señalando tres gruesos volúmenes perfectamente encuadernados.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin rechistar, me levanté a coger la información que me daba y cuando ya salía por la puerta, escuché que preguntaba casi a voz en grito, que donde iba:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―A mi despacho, a estudiar― respondí bastante molesto por su tono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mujer supo que se había pasado pero, incapaz de pedir perdón, esperó que me sentara para hablar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sabes quién es Valentín Pastor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Claro, el magnate mexicano.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pues bien, gracias a un confidente me enteré de las dificultades económicas de la mayor empresa de la competencia y elaboré un plan mediante el cual su compañía podía absorberla a un coste bajísimo. Ya me conoces, no me gusta esperar que los clientes vengan a mí y por eso, en cuanto lo hube afinado, se lo mandé directamente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo la respuesta de antemano, le pregunté si le había gustado. Alicia, poniendo su típica cara de superioridad, me contestó que le había encantado y que quería discutirlo ese mismo fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Entonces, ¿cuál es el problema?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al mirarla esperando una respuesta, la vi ruborizarse antes de contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como el Sr. Pastor es un machista reconocido y nunca hubiera prestado atención a un informe realizado por una mujer, lo firmé con tu nombre.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que esa zorra hubiera usurpado mi personalidad, no me sorprendió en demasía, pero había algo en su actitud nerviosa que no me cuadraba y conociéndola debía ser cuestión de dinero:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿De cuánto estamos hablando?―</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si sale este negocio, nos llevaríamos una comisión de unos quince millones de euros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Joder!― exclamé al enterarme de la magnitud del asunto y poniéndome en funcionamiento, le dije que tenía que poner a todo mi equipo a trabajar si quería llegar a la reunión con mi equipo preparado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eso no es todo, Pastor ha exigido privacidad absoluta y por lo tanto, esto no puede ser conocido fuera de estas paredes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Me está diciendo que no puedo usar a mi gente para preparar esa reunión y que encima debo de ir solo?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Fue muy específico con todos los detalles. Te reunirás con él en su isla el viernes en la tarde y solo puede acompañarte tu asistente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Alicia, disculpe… ¿de qué me sirve un asistente al que no puedo siquiera informar de que se trata?. Para eso, prefiero ir solo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te equivocas. Tu asistente sabe ya del tema mucho más de lo que tú nunca llegaras a conocer y estará preparado para resolver cualquier problema que surja.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ya completamente mosqueado, porque era una marioneta en sus manos, le solté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Y ¿Cuándo voy a tener el placer de conocer a ese genio?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su cara se dibujó una sonrisa, la muy cabrona estaba disfrutando:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya la conoces, seré yo quien te acompañe.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de la sorpresa inicial, intenté disuadirla de que era una locura. La presidenta de una compañía como la nuestra no se podía hacer pasar por una ayudante. Si el cliente lo descubría el escándalo sería máximo y nos restaría credibilidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te preocupes, jamás lo descubrirá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que no había forma de hacerle dar su brazo a torcer, le pregunté cual eran los pasos que había que seguir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Necesito que te familiarices con el asunto antes de darte todos los pormenores de mi plan. Vete a casa y mañana nos vemos a las siete y media― me dijo dando por terminada la reunión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Preocupado por no dar la talla ante semejante reto, me fui directamente a mi apartamento y durante las siguientes dieciocho horas no hice otra cosa que estudiar la información que esa mujer había recopilado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al día siguiente, llegué puntualmente a la cita. Alicia me estaba esperando y sin más prolegómenos, comenzó a desarrollar el plan que había concebido. Como no podía ser de otra forma, había captado el mensaje oculto que se escondía detrás de unas teóricamente inútiles confidencias de un amigo y había averiguado que debido a un supuesto éxito de esa empresa al adelantarse a la competencia en la compra de unos stocks, sin darse cuenta había abierto sin saberlo un enorme agujero por debajo de la línea de flotación y esa mujer iba a provecharlo para parar su maquinaria y así hacerse con ella, a un precio ridículo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todas mis dudas y reparos, los fue demoliendo con una facilidad pasmosa, por mucho que intenté encontrar una falla me fue imposible. Derrotado, no me quedó más remedio que felicitarle por su idea.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias― me respondió, ―ahora debemos conseguir que asimiles todos sus aspectos. Tienes que ser capaz de exponerlo de manera convincente y sin errores.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni siquiera me di por aludido, la perra de mi jefa dudaba que yo fuera capaz de conseguirlo y eso que en teoría era, después de ella, el más valido de toda la empresa. Para no aburriros os tengo que decir que mi vida durante esos días fue una pesadilla, horas de continuos ensayos, repletos de reproches y nada de descanso.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Afortunadamente, llegó el viernes. Habíamos quedado a las seis de la mañana en el aeropuerto y queriendo llegar antes que ella, me anticipé y a las cinco ya estaba haciendo cola frente al mostrador de la aerolínea. La tarde anterior habíamos mandado a un empleado a facturar por lo que solo tuve que sacar las tarjetas de embarque y esperar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba tomándome un café, cuando vi aparecer por la puerta de la cafetería a una preciosa rubia de pelo corto con una minifalda aún más exigua. Sin ningún tipo de reparo, me fijé que la niña no solo tenía unas piernas perfectas sino que lucía unos pechos impresionantes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Babeando, fui incapaz de reaccionar cuando, sin pedirme permiso, se sentó en mi mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Buenos días― me dijo con una sonrisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin ser capaz de dejar de mirarle los pechos, caí en la cuenta que ese primor no era otro que mi jefa. Acostumbrado a verla escondida detrás de un anodino traje de chaqueta y un anticuado corte de pelo nunca me había fijado que Alicia era una mujer y que encima estaba buena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué opinas?, ¿te gusta mi disfraz?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No pude ni contestar. Al haberse teñido de rubia, sus facciones se habían dulcificado, pero su tono dictatorial seguía siendo el mismo. Nada había cambiado. Como persona era una puta engreída y vestida así, parecía además una puta cara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Llevas todos los contratos?. Aún tenemos una hora antes de embarcar y quiero revisar que no hayas metido la pata.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tuve que reprimir un exabrupto y con profesionalidad, fui numerando y extendiéndole uno a uno todos los documentos que llevábamos una semana desarrollando. Me sentía lo que era en manos de esa mujer, un perrito faldero incapaz de revelarse ante su dueña. Si me hubiese quedado algo de dignidad, debería de haberme levantado de la mesa pero esa niña con aspecto de fulana me había comprado hace dos años y solo me quedaba el consuelo que, al menos, los números de mi cuenta corriente eran aún más grandes que la humillación que sentía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Escuché con satisfacción que teníamos que embarcar, eso me daba un respiro en su interrogatorio. Alicia se dirigió hacia el finger de acceso al avión, dejándome a mí cargando tanto mi maletín como el suyo pero, por vez primera, no me molestó, al darme la oportunidad de contemplar el contoneo de su trasero al caminar. Estaba alucinado. El cinturón ancho, que usaba como falda, resaltaba la perfección de sus formas y para colmo, descubrí que esa zorra llevaba puesto un coqueto tanga rojo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Joder”, pensé, “llevo dos años trabajando para ella y nunca me había dado cuenta del polvo que tiene esta tía”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Involuntariamente, me fui excitando con el vaivén de sus caderas, por lo que no pude evitar que mi imaginación volara y me imaginara como sería Alicia en la cama.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Seguro que es frígida― murmuré.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No lo creo― me contestó un pasajero que me había oído y que al igual que yo, estaba ensimismado con su culo, ―tiene pinta de ser una mamona de categoría.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solté una carcajada por la burrada del hombre y dirigiéndome a él, le contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No sabe, usted, cuánto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa conversación espontánea, me cambió el humor, y sonriendo seguí a mi jefa al interior del avión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">El viaje.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Debido a que nuestros billetes eran de primera clase, no tuvimos que recorrer el avión para localizar nuestros sitios. Nada más acomodarse en su asiento, Alicia me hizo un repaso de la agenda:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como sabes, tenemos que hacer una escala en Santo Domingo, antes de coger el avión que nos llevará a la isla privada del capullo de Pastor. Allí llegaremos como a las ocho la tarde y nada más llegar, su secretaria me ha confirmado que tenemos una cena, por lo que debemos descansar para llegar en forma.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Duerma― le contesté,― yo tengo que revisar unos datos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ante mi respuesta, la muchacha pidió agua a la azafata y sacando una pastilla de su bolso, se la tomó, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Orfidal. Lo uso para poder descansar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me extrañó que mi jefa, con la mala baba que se marcaba, necesitara de un opiáceo para dormir.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “La pena es que no se tome una sobredosis”, pensé y aprovechando que me dejaba en paz, me puse a revisar el correo de mi ordenador por lo que no me di cuenta cuando se durmió.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al terminar fue, cuando al mirarla, me quedé maravillado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alicia había tumbado su asiento y dormida, el diablo había desaparecido e, increíblemente, parecía un ángel. No solo era una mujer bellísima sino que era el deseo personificado. Sus piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una estrecha cintura que se volvía voluptuosa al compararse con los enormes pechos que la naturaleza le había dotado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba observándola cuando, al removerse, su falda se le subió dejándome ver la tela de su tanga. Excitado, no pude más que acomodar mi posición para observarla con detenimiento.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “No comprendo porque se viste como mojigata”, me dije, “esta mujer, aunque sea inteligente, es boba. Con ese cuerpo podría tener al hombre que quisiera”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ese momento, salió de la cabina, uno de los pilotos y descaradamente, le dio un repaso. No comprendo por qué pero me cabreó esa ojeada y moviendo a mi jefa, le pregunté si quería que la tapase. Ni siquiera se enteró, el orfidal la tenía noqueada. Por eso cogiendo una manta, la tapé y traté de sacarla de mi mente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me resultó imposible, cuanto más intentaba no pensar en ella, más obsesionado estaba. Creo que fue mi larga abstinencia lo que me llevó a cometer un acto del que todavía hoy, no me siento orgulloso. Aprovechando que estábamos solos en el compartimento de primera, disimulando metí mi mano por debajo de la manta y empecé a recorrer sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Qué maravilla”, pensé al disfrutar de la suavidad de su piel. Envalentonado, jugué con descaro con sus pezones. Mi victima seguía dormida, al contrario que mi pene que exigía su liberación. Sabiendo que ya no me podía parar, cogí otra manta con la que taparme y bajándome la bragueta, lo saqué de su encierro. Estaba como poseído, el morbo de aprovecharme de esa zorra era demasiado tentador y, por eso, deslizando mi mano por su cuerpo, empecé a acariciar su sexo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poco a poco, mis caricias fueron provocando que aunque Alicia no fuera consciente, su cuerpo se fuera excitando y su braguita se mojara. Al sentir que la humedad de su cueva, saqué mi mano y olisqueé mis dedos. Un aroma embriagador recorrió mis papilas y ya completamente desinhibido, me introduje dentro de su tanga y comencé a jugar con su clítoris mientras con la otra mano me empezaba a masturbar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Creo que Alicia debía de estar soñando que alguien le hacia el amor, porque entre dientes suspiró. Al oírla, supe que estaba disfrutando por lo que aceleré mis toqueteos. La muchacha ajena a la violación que estaba siendo objeto abrió sus piernas, facilitando mis maniobras. Dominado por la lujuria, me concentré en mi excitación por lo que coincidiendo con su orgasmo, me corrí llenando de semen la manta que me tapaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al haberme liberado, la cordura volvió y avergonzado por mis actos, acomodé su ropa y me levanté al baño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “La he jodido”, medité al pensar en lo que había hecho, “solo espero que no se acuerde cuando despierte, sino puedo terminar hasta en la cárcel”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me tranquilicé al volver a mi asiento y comprobar que la cría seguía durmiendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Me he pasado”, me dije sin reconocer al criminal en que, instantes antes, me había convertido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto del viaje, fue una tortura. Durante cinco horas, mi conciencia me estuvo atormentando sin misericordia, rememorando como me había dejado llevar por mi instinto animal y me había aprovechado de esa mujer que plácidamente dormía a mi lado. Creo que fue la culpa lo que me machacó y poco antes de aterrizar, me quedé también dormido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Despierta― escuché decir mientras me zarandeaban.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asustado, abrí los ojos para descubrir que era Alicia la que desde el pasillo me llamaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya hemos aterrizado. Levántate que no quiero perder el vuelo de conexión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Suspiré aliviado al percatarme que su tono no sonaba enfadado, por lo que no debía de recordar nada de lo sucedido. Con la cabeza gacha, recogí nuestros enseres y la seguí por el aeropuerto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La mujer parecía contenta. Pensé durante unos instantes que era debido a que aunque no lo supiera había disfrutado pero, al ver la efectividad con la que realizó los tramites de entrada, recordé que siempre que se enfrentaba a un nuevo reto, era así.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Una ejecutiva agresiva que quería sumar un nuevo logro a su extenso curriculum”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El segundo trayecto fue corto y en dos horas aterrizamos en un pequeño aeródromo, situado en una esquina de la isla del magnate. Al salir de las instalaciones, nos recogió la secretaria de Pastor, la cual después de saludarme y sin dirigirse a la que teóricamente era mi asistente, nos llevó a la mansión donde íbamos a conocer por fin a su jefe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me quedé de piedra al ver donde nos íbamos a quedar, era un enorme palacio de estilo francés. Guardando mis culpas en el baúl de los recuerdos, me concentré en el negocio que nos había llevado hasta allí y decidí que tenía que sacar ese tema hacia adelante porque el dinero de la comisión me vendría bien, por si tenía que dejar de trabajar en la empresa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un enorme antillano, vestido de mayordomo, nos esperaba en la escalinata del edificio. Habituado a los golfos con los que se codeaba su jefe, creyó que Alicia y yo éramos pareja y, sin darnos tiempo a reaccionar, nos llevó a una enorme habitación donde dejó nuestro equipaje, avisándonos que la cena era de etiqueta y que, en una hora, Don Valentín nos esperaba en el salón de recepciones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al cerrar la puerta, me di la vuelta a ver a mi jefa. En su cara, se veía el disgusto de tener que compartir habitación conmigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Perdone el malentendido. Ahora mismo, voy a pedir otra habitación para usted― le dije abochornado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡No!― me contestó cabreada,― recuerda que este tipo es un machista asqueroso, por lo tanto me quedo aquí. Somos adultos para que, algo tan nimio, nos afecte. Lo importante es que firme el contrato.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asentí, tenía razón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa perra, ¡siempre tenía razón!.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dúchate tú primero pero date prisa, porque hoy tengo que arreglarme y voy a tardar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como no tenía más remedio, saqué el esmoquin de la maleta y me metí al baño dejando a mi jefa trabajando con su ordenador. El agua de la ducha no pudo limpiar la desazón que tener a ese pedazo de mujer compartiendo conmigo la habitación y saber que lejos de esperarme una dulce noche, iba a ser una pesadilla, por eso, en menos de un cuarto de hora y ya completamente vestido, salí para dejarla entrar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ella al verme, me dio un repaso y por primera vez en su vida, me dijo algo agradable:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Estás muy guapo de etiqueta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me sorprendió escuchar un piropo de su parte pero cuando ya me estaba ruborizando escuché:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Espero que no se te suba a la cabeza.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No se preocupe, sé cuál es mi papel― y tratando de no prolongar mi estancia allí, le pedí permiso para esperarla en el salón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Buena idea― me contestó.― Así, no te tendré fisgando mientras me cambio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni me digné a contestarla y saliendo de la habitación, la dejé sola con su asfixiante superioridad. Ya en el pasillo, me di cuenta que no tenía ni idea donde se hallaba, por lo que bajando la gigantesca escalera de mármol, pregunté a un lacayo. Este me llevó el salón donde al entrar, me topé de frente con mi anfitrión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Don Valentín― le dije extendiéndole mi mano, ―soy Manuel Pineda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Encantado muchacho― me respondió, dándome un apretón de manos, ―vamos a servirnos una copa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El tipo resultó divertido y rápidamente congeniamos, cuando ya íbamos por la segunda copa, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Aprovechando que es temprano, porque no vemos el tema que te ha traído hasta acá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―De acuerdo― le contesté,― pero tengo que ir por mis papeles a la habitación y vuelvo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―De acuerdo, te espero en mi despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Rápidamente subí a la habitación, y tras recoger la documentación, miré hacia el baño y sorprendido descubrí que no había cerrado la puerta y a ella, desnuda, echándose crema. Asustado por mi intromisión, me escabullí huyendo de allí con su figura grabada en mi retina.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “¡Cómo está la niña!”, pensé mientras entraba a una de las reuniones más importantes de mi vida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La que en teoría iba a ser una reunión preliminar, se prolongó más de dos horas, de manera que cuando llegamos al salón, me encontré con que todo el mundo nos esperaba. Alicia enfundada en un provocativo traje de lentejuelas. Aprovechando el instante, recorrí su cuerpo con mi mirada, descubriendo que mi estricta jefa no llevaba sujetador y que sus pezones se marcaban claramente bajo la tela. En ese momento se giró y al verme, me miró con cara de odio. Solo la presencia del magnate a mi lado, evitó que me montara un escándalo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No me vas a presentar a tu novieta?― preguntó Don Valentín al verla. Yo, obnubilado por su belleza, tardé en responderle por lo que Alicia se me adelantó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Espero que el bobo de Manuel no le haya aburrido demasiado, perdónele es que es muy parado. Me llamo Alicia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El viejo, tomándose a guasa el puyazo de mi supuesta novia, le dio dos besos y dirigiéndose a mí, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te has buscado una hembra de carácter y encima se llama como tu jefa, lo tuyo es de pecado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya sabe, Don Valentín, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Contra todo pronóstico, la muchacha se rio y cogiéndome del brazo, me hizo una carantoña mientras me susurraba al oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Me puedes acompañar al baño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Disculpándome de nuestro anfitrión, la seguí. Ella esperó a que hubiéramos salido del salón para recriminarme mi ausencia. Estaba hecha una furia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tranquila jefa. No he perdido el tiempo, tengo en mi maletín los contratos ya firmados, todo ha ido a la perfección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreada, pero satisfecha, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Y ¿por qué no me esperaste?.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Comprenderá que no podía decirle que tenía que esperar a que mi bella asistente terminase de bañarse para tener la reunión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Cierto, pero aun así debías haber buscado una excusa. Ahora volvamos a la cena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuando llegamos, los presentes se estaban acomodando en la mesa. Don Valentín nos había reservado los sitios contiguos al suyo, de manera que Alicia tuvo que sentarse entre nosotros. Al lado del anfitrión estaba su novia, una preciosa mulata de por lo menos veinte años menos que él. La cena resultó un éxito, mi jefa se comportó como una damisela divertida y hueca que nada tenía que ver con la dura ave de presa a la que me tenía acostumbrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con las copas, el ambiente ya de por si relajado, se fue tornando en una fiesta. La primera que bebió en demasía fue Alicia, que nada más empezar a tocar el conjunto, me sacó a bailar. Su actitud desinhibida me perturbó porque, sin ningún recato, pegó su cuerpo al mío al bailar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La proximidad de semejante mujer me empezó a afectar y no pude más que alejarme de ella para que no notara que mi sexo crecía sin control debajo de mi pantalón. Ella, al notar que me separaba, me cogió de la cintura y me obligó a pegarme nuevamente. Fue entonces cuando notó que una protuberancia golpeaba contra su pubis y cortada, me pidió volver a la mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ella, el dueño de la casa manoseaba a la mulata, Al vernos llegar, miró con lascivia a mi acompañante y me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Muchacho, tenemos que reconocer que somos dos hombres afortunados al tener a dos pedazos de mujeres para hacernos felices.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo malo, Don Valentín, es que hacerles felices es muy fácil. No sé si su novia estará contenta pero Manuel me tiene muy desatendida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Siguiendo la broma, contesté la estocada de mi jefa, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sabes que la culpa la tiene la señora Almagro que me tiene agotado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ya será para menos― dijo el magnate― tengo entendido que tu presidenta es de armas tomar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si― le contesté, ―en la empresa dicen que siempre lleva pantalones porque si llevara falda, se le verían los huevos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ante tamaña salvajada, mi interlocutor soltó una carcajada y llamando al camarero pidió una botella de Champagne.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Brindemos por la huevuda, porque gracias a ella estamos aquí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al levantar mi copa, miré a Alicia, la cual me devolvió una mirada cargada de odio. Haciendo caso omiso, brindé con ella. Como la perfecta hija de puta que era, rápidamente se repuso y exhibiendo una sonrisa, le dijo a Don Valentín que estaba cansada y que si nos permitía retirarnos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El viejo, aunque algo contrariado por nuestra ida, respondió que por supuesto pero que a la mañana siguiente nos esperaba a las diez para que le acompañáramos de pesca.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Durante el trayecto a la habitación, ninguno de los dos habló pero nada más cerrar la puerta, la muchacha me dio un sonoro bofetón diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Con que uso pantalón para esconder mis huevos― de sus ojos dos lágrimas gritaban el dolor que la consumía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuando ya iba a disculparme, Alicia bajó los tirantes de su vestido dejándolo caer y quedando desnuda, me gritó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Dame tus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acojonado, se las di y ella, llevándolas a sus pechos, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Toca. Soy, ante todo, una mujer.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sentir sus senos bajo mis palmas, me hizo reaccionar y forzando el encuentro, la besé. La muchacha intentó zafarse de mi abrazo, pero lo evité con fuerza y cuando ella vio que era inútil, me devolvió el beso con pasión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía no comprendo cómo me atreví, pero cogiéndola en brazos, le llevé a la cama y me empecé a desnudar. Alicia me miraba con una mezcla de deseo y de terror. Me daba igual lo que opinara. Después de tanto tiempo siendo ninguneado por ella, esa noche decidí que iba a ser yo, el jefe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tumbándome a su lado, la atraje hacía mí y nuevamente con un beso posesivo, forcé sus labios mientras mis manos acariciaban su trasero. La mujer no solo se dejó hacer, sino que con sus manos llevó mi cara a sus pechos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me estaba dando entrada, por lo que en esta ocasión y al contrario de lo ocurrido en el avión, no la estaba forzando. Con la tranquilidad que da el ser deseado, fui aproximándome con la lengua a una de sus aureolas, sin tocarla. Sus pezones se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cuando mi boca se apoderó del pezón, Alicia no se pudo reprimir y gimió, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hazme tuya pero, por favor, trátame bien― y avergonzada, prosiguió diciendo, ―soy virgen.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras la sorpresa inicial de saber que ese pedazo de mujer nunca había probado las delicias del sexo, el morbo de ser yo quien la desflorara, me hizo prometerle que tendría cuidado y reiniciando las caricias, fui recorriendo su cuerpo, aproximándome lentamente a mi meta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Alicia, completamente entregada, abrió sus piernas para permitirme tomar posesión de su tesoro, pero en contra de lo que esperaba, pasé de largo acariciando sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Oí como se quejaba, ¡quería ser tomada!.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Desde mi posición, puede contemplar como mi odiada jefa, se retorcía de deseo, pellizcando sus pechos mientras, con los ojos, me imploraba que la hiciera mujer. Si eso ya era de por sí, excitante aún lo fue más observar que su sexo, completamente depilado, chorreaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Usando mi lengua, fui dibujando un tortuoso camino hacia su pubis. Los gemidos callados de un inicio se habían convertido en un grito de entrega. Cuando me hallaba a escasos centímetros de su clítoris, me detuve y volví a reiniciar mi andadura por la otra pierna. Alicia cada vez más desesperada se mordió los labios para no correrse cuando sintió que me aproximaba. Vano intento porque cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón, se corrió en mi boca.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era su primera vez y por eso me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su fuente y jugando con su deseo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poseída por un frenesí hasta entonces desconocido, me ordenó que la desvirgara pero, en vez de obedecerla pasé por alto su exigencia y seguí en mi labor de asolar hasta la última de sus defensas. Usando mi lengua, me introduje en su vulva mientras ella no dejaba de soltar improperios por mi desobediencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Molesto, le exigí con un grito que se callara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Se quedó muda por la sorpresa:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Su dócil empleado ¡le había dado una orden!”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que la tenía a mi merced, busqué su segundo orgasmo. No tardó en volver a derramarse sobre las sabanas, tras lo cual me separé de ella, tumbándome a su lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Agotada, tardó unos minutos en volver en sí, mientras eso ocurría, disfruté observando su cuerpo y su belleza. Mi jefa era un ejemplar de primera. Piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una cadera de ensueño, siendo rematadas por unos pechos grandes y erguidos. En su cara, había desaparecido por completo el rictus autoritario que tanto la caracterizaba y en ese instante, no era dureza sino dulzura lo que reflejaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al incorporarse, me miró extrañada que habiendo sido vencida, no hubiese hecho uso de ella. Cogiendo su cabeza, le di un beso tras lo cual le dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Has bebido. Aunque eres una mujer bellísima y deseo hacerte el amor, no quiero pensar mañana que lo has hecho por el alcohol.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pero― me contestó mientras se apoderaba de mi todavía erguido sexo con sus manos,―¡quiero hacerlo!.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sabiendo que no iba a poder aguantar mucho y que como ella siguiera acariciado mi pene, mi férrea decisión iba a disolverse como un azucarillo, la agarré y pegando su cara a la mía, le solté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué es lo que no has entendido?. Te he dicho que en ese estado no voy aprovecharme de ti. ¡Esta noche no va a ocurrir nada más!. Así que sé una buena niña y abrázame.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pude leer en su cara disgusto pero también determinación y cuando ya creía que se iba a poner a gritar, sonrió y poniendo su cara en mi pecho, me abrazó.</span></p>
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		<title>&#8220;UN CURA ME OBLIGÓ A CASARME CON DOS PRIMAS&#8221; (POR GOLFO) LIBRO PARA DESCARGAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 07:05:00 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">&nbsp;<a href="https://www.amazon.es/dp/B0757Y3KVC"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-19306" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/UN-CURA3.jpg" alt="" width="4564" height="1812" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/UN-CURA3.jpg 4564w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/UN-CURA3-300x119.jpg 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/UN-CURA3-768x305.jpg 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/05/UN-CURA3-1024x407.jpg 1024w" sizes="(max-width: 4564px) 100vw, 4564px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de dos años trabajando como médico para una ONG en una lejana aldea de la India, llega la hora de la partida para nuestro protagonista pero entonces un monje capuchino que llevaba toda la vida trabajando para aligerar el sufrimiento de esa pobre gente, le pide un favor que no solo choca frontalmente contra la moral de ese sacerdote católico sino que a todas luces resulta inasumible para un europeo.<br />
Esa misma mañana se ha enterado que un policía corrupto pretende a dos jóvenes de esa etnia y para salvarlas de ese cruel destino, el cura le pide que se case con ellas y se las lleve a España.<br />
Nuestro protagonista no tarda en descubrir durante la boda que aunque ese santurrón le había asegurado que las hindúes sabían que era un matrimonio ficticio, eso no era cierto al oír que esas dos primas juraban ser sus eternas compañeras.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">HISTORIA CON OCHO CAPÍTULOS TOTALMENTE INÉDITOS, NO PODRÁS LEERLOS SI NO TE LA BAJAS.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">ALTO CONTENIDO ERÓTICO CON MÁS DE 150 PÁG.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"><a title="https://www.amazon.es/dp/B0757Y3KVC" href="https://www.amazon.es/dp/B0757Y3KVC">https://www.amazon.es/dp/B0757Y3KVC</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo la introducción y los dos primeros capítulos:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">&nbsp;</span></strong><br />
<span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;"> INTRODUCCIÓN</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de tres años trabajando para una ONG en lo más profundo de la India, había decidido volver a España. Recuerdo la ilusión con la que llegué a ese remoto lugar. Recién salido de la universidad y con mi futuro asegurado gracias a la herencia de mis padres, me pareció lo mejor unirme a Manos Unidas Contra El Hambre e irme como médico a Matin, una ciudad casi cerrada a los extranjeros en el distrito de Korba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pasado el plazo en el que me había comprometido, solo me quedaba una semana en ese país cuando el padre Juan, un capuchino misionero, vino a verme al hospital donde curraba. Conocía la labor de este cura entre los Dalits, conocidos en Occidente como los Intocables por ser la casta más baja entre los hindúes. Durante veinte años, este hombre se había volcado en el intento de hacer más llevadera la vida de estos desgraciados. Habiendo convivido durante ese tiempo, llegué a tener una muy buena relación con él, porque además de un santurrón, este vizcaíno era un tipo divertido. Por eso no me extraño que viniese a despedirse de mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras los saludos de rigor, el cura cogiéndome del brazo, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Vamos a dar un paseo. Tengo que pedirte un favor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Que un tipo, como el padre Juan, te pida un favor es como si un general ordena a un soldado raso hacer algo. Antes de que le contestara, sabía que no me podía negar. Aun así, esperó a que hubiésemos salido de la misión para hablar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pedro― me dijo sentándose en un banco, ―sé que vuelves a la patria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sí, Padre, me voy en siete días.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Verás, necesito que hagas algo por mí. Me has comentado de tu posición desahogada en España y por eso me atrevo a pedirte un pequeño sacrificio para ti, pero un favor enorme para una familia que conozco.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La seriedad con la que me habló fue suficiente para hacerme saber que ese pequeño sacrificio no sería tan minúsculo como sus palabras decían, pero aun así le dije que fuese lo que fuese se lo haría. El sacerdote sonrió, antes de explicarme:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Como sabes la vida para mis queridos Dalits es muy dura, pero aún lo es más para las mujeres de esa etnia― no hizo falta que se explayara porque por mi experiencia sabía de la marginación en que vivían.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Avergonzado de pedírmelo, fue directamente al meollo diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hoy me ha llegado una viuda con un problema. Por lo visto la familia de su difunto marido quiere concertar el matrimonio de su hija y de una prima que siempre ha dependido de ella con un malnacido y la única forma que hay de salvar a esas dos pobres niñas de un futuro de degradación es adelantarnos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Cuánto dinero necesita?― pregunté pensando que lo que me pedía era que pagara la dote.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Poco, dos mil euros…― contestó en voz baja ― …pero ese no es el favor que te pido. Necesito que te las lleves para alejarlas de aquí porque si se quedan, no tengo ninguna duda que ese hombre no dudará en raptarlas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acojonado, por lo que significaba, protesté airado:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Padre, ¿me está pidiendo que me case con ellas?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sí y no. Como podrás comprender, estoy en contra de la poligamia. Lo que quiero es que participes en ese paripé para que puedas llevártelas y ya en España, podrás deshacer ese matrimonio sin dificultad. Ya he hablado con la madre y está de acuerdo a que sus hijas se vayan contigo a Madrid como tus criadas. Los dos mil euros te los devolverán trabajando en tu casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de escaparme de la palabra dada, le expliqué que era improbable en tan poco espacio de tiempo que se pudiera conseguir el permiso de entrada a la Unión Europea. Ante esto, el cura me respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Por eso no te preocupes. He hablado con el arzobispo y ya ha conseguido las visas de las dos muchachas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El muy zorro había maniobrado a mis espaldas y había conseguido los papeles antes que yo hubiese siquiera conocido su oferta. Sabiendo que no podía negarle nada a ese hombre, le pregunté cuando tenía que responderle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pedro, como te conozco y sabía que dirías que sí, he quedado con su familia que esta tarde te acompañaría a cerrar el trato― contestó con un desparpajo que me dejó helado y antes de que pudiese quejarme, me soltó: ― Por cierto, además de la dote, tienes que pagar la boda, son solo otros ochocientos euros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viéndome sin salida, acepté pero antes de despedirme le dije:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Padre Juan, es usted un cabrón.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Lo sé, hijo, pero la divina providencia te ha puesto en mi camino y ¡quién soy yo para comprender los designios del señor!&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">CAPÍTULO 1 LA BODA</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Esa misma tarde en compañía del monje, fui a ver a los tutores de las muchachas y tras un tira y afloja de cuatro horas, deposité ciento treinta mil rupias en manos de sus familiares en concepto de dote. Allí me enteré que para ellos y según su cultura las dos crías eran hermanas al haberse criado bajo el mismo techo. Al salir y debido a mi escaso conocimiento del hindú, pregunté al sacerdote cuando se suponía que iba a ser la boda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Como te vas el próximo lunes y las bodas duran dos días, he concertado con ellos que tendrá lugar el sábado a las doce. Saliendo de la fiesta, os llevaré en mi coche a coger el avión. No me fío del otro pretendiente. Si no te acompaño, es capaz de intentar llevárselas a la fuerza.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Preocupado por sus palabras, le pregunté que quien era el susodicho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―El jefe de la policía local― respondió y sin darle importancia, me sacó otros quinientos euros para comprar ropa a mis futuras esposas: ―No querrás que vayan como pordioseras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cabreado, me mantuve en silencio el resto del camino hasta mi hotel. Ese curilla además de haberme puesto en peligro, haciendo cuentas me había estafado más de seiscientas mil de las antiguas pesetas. El dinero me la traía al pario, lo que realmente me jodía era que le hubiese importado un carajo que un poli del tercer mundo me tomara ojeriza y encima por un tema tan serio como quitarle a sus mujeres. Afortunadamente vivía en un establecimiento para occidentales, mientras me mantuviera en sus instalaciones era difícil que ese individuo intentara algo en contra mía y por eso desde ese día hasta el viernes solo salí de él para ir al hospital y siempre acompañado de un representante de la ONG para la que trabajaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ese sábado, el padre Juan se acercó al hotel una hora antes de lo que habíamos acordado. Traía un traje típico que debía ponerme junto con un turbante profusamente bordado. Conociendo de antemano lo que se esperaba de mí, me vestí y saliendo del establecimiento nos dirigimos hacia los barrios bajos de la ciudad, ya que, la ceremonia tendría lugar en la casa de su tutor. Al llegar a ese lugar, el jefe de la familia me presentó a la madre de las muchachas con las que iba a contraer matrimonio. La mujer cogiendo mi mano empezó a besarla, agradeciendo que alejara a sus niñas de su destino.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Me quedé agradablemente sorprendido al verla. Aunque avejentada, la mujer que tenía en frente no podía negar que en su juventud había sido una belleza. Vestida con un humilde sari, intuí que bajo esas telas se escondía un apetecible cuerpo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Coño! Si la madre me pone bruto, ¿qué harán las hijas?», recapacité un tanto cortado esperando que el monje no se diese cuenta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Haciéndonos pasar a un salón, me fueron presentando a los familiares allí congregados. Busqué a mis futuras esposas pero no las vi y siguiendo la costumbre me senté en una especie de trono que me tenían preparado. Desde allí vi entrar al gurú, el cual acercándose a mí, me roció con agua perfumada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Te está purificando― aclaró el cura al ver mi cara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al desconocer el ritual, le mostré mi extrañeza de no ver a las contrayentes. Soltando una carcajada el padre Juan, me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hasta mañana, no las verás. Lo de hoy será como tu despedida de soltero. Un banquete en honor a la familia y los vecinos. Mientras nosotros cenamos, la madre y las tías de tus prometidas estarán adornando sus cuerpos y dándoles consejos de cómo comportarse en el matrimonio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras me dejaron acojonado y tratando de desentrañar su significado, le solté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Padre, ¿está seguro que ellas saben que es un paripé?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El cura no me contestó y señalando a un grupo de músicos, dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―En cuanto empiece la música, vendrán los primos de las crías a sacarte a bailar. Te parecerá extraño pero su misión es dejar agotado al novio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No entiendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Así se aseguran que cuando se encuentre a solas con la novia, no sea excesivamente fogoso.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me dejaron responderle porque cogiéndome entre cinco o seis me llevaron en volandas hasta el medio de la pista y durante dos horas, me tuvieron dando vueltas al son de la música. Cuando ya consideraron que era suficiente, dejaron que volviera a mi lugar y empezó el banquete. De una esquina del salón, hicieron su aparición las mujeres trayendo en sus brazos una interminable sucesión de platos que tuve que probar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los tíos de mis prometidas me llevaron a su mesa tratando de congraciarse con el rico extranjero que iba a llevarse a sus sobrinas. Usando al cura como traductor, se vanagloriaban diciendo que las hembras de su familia eran las más bellas de la aldea. A mí, me importaba un carajo su belleza, no en vano no guardaba en mi interior otra intención que hacerle un favor al misionero, pero haciendo gala de educación puse cara de estar interesado y con monosílabos, fui contestando a todas sus preguntas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El ambiente festivo se vio prolongado hasta altas horas de la madrugada, momento en que me llevaron junto al cura a una habitación aneja. Al quedarme solo con él, intenté que me aclarara mis dudas pero aduciendo que estaba cansado, me dejó con la palabra en la boca y haciendo caso omiso de mi petición, se puso a rezar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> A la mañana siguiente, el tutor de mis prometidas nos despertó temprano. Trayendo el té, se sentó y mientras charlaba con el padre Juan, ordenó a uno de sus hijos que ayudara a vestirme. Aprovechando que los dos ancianos hablaban entre ellos, pregunté a mi ayudante por sus primas. Este sonriendo me soltó que eran diferentes a la madre y que no me preocupara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En ese momento, no comprendí a que se refería y tratando de sonsacarle el significado, pregunté si acaso no eran guapas. Soltando una carcajada, me miró y haciendo gestos, me tranquilizó al hacerme comprender que eran dos bellezas. Creyendo entonces que se refería a que tenían mal carácter, insistí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Qué va! Son dulces y obedientes― contestó y poniendo un gesto serio, prosiguió diciendo: ―Si lo que teme es que sean tercas, la primera noche azótelas y así verán en usted la autoridad de un gurú.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo salvaje del trato al que tenían sometidas a las mujeres en esa parte del mundo evitó que siguiera preguntando y en silencio esperé a que me terminara de vestir. Una vez ataviado con el traje de ceremonia, pasamos nuevamente al salón y de pie al lado del trono, esperé a que entraran las dos muchachas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un murmullo me alertó de su llegada y con curiosidad, giré mi cabeza para verlas. Precedidas de la madre y las tías, mis prometidas hicieron su aparición bajo una lluvia de pétalos. Vestidas con sendos saris dorados y con un grueso tul tapando sus rostros, las dos crías se sentaron a mi lado y sin dirigirme la mirada, esperaron a que diera inicio la ceremonia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Antes que se sentaran, pude observar que ambas crías tenían un andar femenino y que debían medir uno sesenta y poca cosa más. Habían sido unos pocos segundos y sabiendo que debía evitar mirarlas porque sería descortés, me tuve que quedar con las ganas de saber cómo eran realmente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Gran parte de la ceremonia discurrió sin que me enterase de nada. Dicha confusión se debía básicamente a mi mal conocimiento del Hindi, pero también a mi completa ignorancia de la cultura local y por eso en determinado momento tuvo que ser el propio cura quién me avisara que iba a dar comienzo la parte central del ritual y que debía repetir las frases que el brahmán dijera.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Vi acercarse al sacerdote hindú, el cual cogiendo las manos de mis prometidas, las llevó a mis brazos y en voz alta pronunció los votos. Al oír el primero de los votos, me quedé helado pero sabiendo que debía recitarlo, lo hice sintiendo las manos de las dos mujeres apretando mis antebrazos:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos vamos a compartir la responsabilidad de la casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque difería en poco del sacramento católico en cuanto al fondo, no así en la forma y preocupado por el significado de mi compromiso, en voz alta acompañé a mis prometidas mientras juraban:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos vamos a llenar nuestros corazones con fuerza y coraje.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos vamos a prosperar y compartir nuestros bienes terrenales.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos vamos a llenar nuestros corazones con el amor, la paz, la felicidad y los valores espirituales.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos seremos bendecidos con hijos amorosos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos vamos a lograr el autocontrol y la longevidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero de los siete votos el que realmente me desconcertó fue el último. Con la voz encogida, no pude dejar de recitarlo aunque interiormente estuviese aterrorizado:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Juntos vamos a ser los mejores amigos y eternos compañeros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Puta madre! A mí me da lo mismo pero si estas crías son practicantes, ¡han jurado ante sus dioses que se unen a mí eternamente!», pensé mientras buscaba con la mirada el rostro del cura: «¡Será cabrón! Espero que me explique qué es todo esto».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La ceremonia y el banquete se prolongaron durante horas y por mucho que intenté hacerme una idea de las muchachas, no pude. Era la madrugada del domingo al lunes y cuando ya habían acabado los fastos y me subía en un carro tirado por caballos, fue realmente la primera vez que pude contemplar sus caras. Levantándose el velo que les cubría, descubrí que me había casado con dos estupendos ejemplares de la raza hindú y que curiosamente me resultaban familiares. Morenas con grandes ojos negros, tanto Dhara como Samali tenían unas delicadas facciones que unidas a la profundidad de sus miradas, las convertía en dos auténticos bellezones.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Deslumbrado por la perfección de sus rasgos, les ayudé a subirse al carruaje y bajo un baño de flores, salimos rumbo a nuestro futuro. El cura había previsto todo y a los pocos metros, nos estaba esperando su coche para llevarnos directamente al aeropuerto y fue allí donde me enteré que aunque con mucho acento, ambas mujeres hablaban español al haber sido educadas en el colegio de los capuchinos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aprovechando el momento, me encaré con el padre Juan y cabreado, le eché en cara el haberme engañado. El sacerdote, con una sonrisa, respondió que no me había estafado y que él había insistido a la madre que les dijese ese matrimonio era un engaño. Al ver mi insistencia, tuvo que admitir que no lo había tratado directamente con las dos muchachas pero que confiaba en que fueran conscientes del trato.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Pedro, si tienes algún problema, llámame― dijo poniendo en mi mano sus papeles.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La segunda sorpresa que me deparaba el haberme unido a esas mujeres fue ver sus nombres en los pasaportes, porque siguiendo la costumbre hindú sus apellidos habían desaparecido y habían adoptado los míos, así que en contra de la lógica occidental, ellas eran oficialmente Dhara y Samali Álvarez de Luján.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif;">CAPÍTULO 2 EL VIAJE</span></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">En la zona de embarque, me despedí del cura y entregando los tres pasaportes a un agente, entramos en el interior del aeropuerto. No me tranquilicé hasta que pasamos el control de seguridad porque era casi imposible que un poli del tres al cuarto pudiera intentar hacer algo en la zona internacional. Como teníamos seis horas para que saliera nuestro avión, aproveché para hablar con las dos primas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Se las veía felices por su nuevo estado y tratándome de agradar, ambas competían en quien de las dos iba a ser la encargada de llevar las bolsas del equipaje. Tratando de hacer tiempo, recorrimos las tiendas de la terminal. Al hacerlo, vi que se quedaban encandiladas con una serie de saris que vendían en una de las tiendas y sabiendo lo difícil que iba a ser comprar algo parecido en Madrid, decidí regalárselos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―El dueño de la casa donde viviremos ya se ha gastado bastante en la boda. Ni mi prima ni yo los necesitamos― me respondió la mayor, Samali, cuando le pregunté cual quería.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «El dueño de la casa donde viviremos», tardé en entender que se refería a mí, debido a que siguiendo las normas inculcadas desde niñas, en la India las mujeres no se pueden dirigir a su marido por su nombre y para ello usan una serie de circunloquios. Cuando caí que era yo y como no tenía ganas de discutir, me impuse diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Si no los aceptas, me estás deshonrando. Una mujer debe de aceptar los obsequios que le son ofrecidos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Bajando la cabeza, me pidió perdón y junto con su prima Dhara, empezó a elegir entre las distintas telas. Cuando ya habían seleccionado un par de ellos, fue la pequeña la que postrándose a mis pies, me informó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Debemos probarnos sus regalos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin entender que era lo que quería, le pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Y?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Una mujer casada no puede probarse ropa en un sitio público sin la presencia de su marido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Comprendí que, según su mentalidad, tenía que acompañarlas al probador y completamente cortado, entré en la habitación habilitada para ello. La encargada, habituada a esa costumbre, me hizo sentar en un sillón y mientras esperaba que trajeran las prendas, me sirvió un té:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Son muy guapas sus esposas― dijo en un perfecto inglés ― se nota que están recién casados.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al llegar otra dependienta con las telas, preguntó cuál de las dos iba a ser la primera en probarse. Dhara, la pequeña, se ofreció de voluntaria y riéndose se puso en mitad del probador. Desde mi asiento y más excitado de lo que me hubiese gustado estar, fui testigo de cómo las empleadas la ayudaban a retirarse el sari, dejándola únicamente con una blusa corta y pegada, llamada choli y ropa interior. No pude dejar de reconocer que esa cría de dieciocho años era un bombón. Sus piernas largas y bien perfiladas serían la envidia de cualquier adolescente española.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras su prima se probaba la ropa, Samali, arrodillada a mi lado, le decía en hindi que no fuese tan descocada. Al ver mi cara de asombro, poniéndose seria, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Le aseguro que mi pequeña es pura pero es la primera vez que se prueba algo nuevo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No tengo ninguna duda― contesté sin dejar de contemplar la hermosura de su cuerpo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Habiendo elegido los que quería quedarse, le tocó el turno a la mayor, la cual sabiéndose observada por mí, bajó la mirada, al ser desnudada. Si Dhara era impresionante, su prima no tenía por qué envidiarla. Igual de bella pero con un par de kilos más rellenando su anatomía, era una diosa. Pechos grandes que aun ocultos por la choli, se me antojaron maravillosos y qué decir de su trasero: ¡sin un solo gramo de grasa era el sueño de cualquier hombre!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menudo panorama», pensé al percatarme que iba a tener que convivir con esos dos portentos de la naturaleza durante algún tiempo en mi chalet del Plantío. «El padre Juan no sabe lo que ha hecho, me ha metido la tentación en casa».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Nuestro guía no va a tener queja de nosotras, hemos sido aleccionadas por nuestra madre― me explicó Dhara sacándome de mi ensoñación ―sabremos hacerle feliz.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al oír sus palabras y uniéndolas con el comentario de su prima, me di cuenta que esas dos mujeres desconocían por completo el acuerdo que su progenitora había llegado con el cura. Creían que nuestro matrimonio era real y que ellas iban a España en calidad de esposas con todo lo que significaba. Asustado por las dimensiones del embrollo en el que me había metido, decidí que nada más llegar a Madrid iba a dejárselo claro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al pagar e intentar coger las bolsas con las compras, las primas se me adelantaron. Recordé que era la mujer quien cargaba la compra en la India. Por eso no hice ningún intento de quitárselas y recorriendo el pasillo del aeropuerto, busqué un restaurante donde comer. Conociendo sus hábitos vegetarianos y no queriendo parecer un animal sin alma, elegí un restaurante hindú en vez de meterme en un Burger, que era lo que realmente me apetecía.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Cómo echo de menos un buen entrecot!», pensé al darme el camarero la carta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al no saber qué era lo que esas niñas comían, decidí que lo más sencillo era que ellas pidieran pero sabiendo sus reparos medievales, dije a la mayor, si es que se puede llamar así a una cría de veinte años:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Samali, no me apetece elegir. Quiero que lo hagas tú.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La joven se quedó petrificada, no sabiendo que hacer. Tras unos momentos de confusión y después de repasar cuidadosamente el menú, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Espero que sea del agrado del cabeza de nuestra familia, mi elección― tras lo cual llamando al empleado, le pidió un montón de platos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El pobre hombre al ver la cantidad de comida que le estaba pidiendo, dirigiéndose a mí, me informó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Temo que es mucho. No podrán terminarlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Había puesto a la muchacha en un brete sin darme cuenta. Si pedía poca cantidad y me quedaba con hambre, podría castigarla. Y en cambio sí se pasaba, podría ver en ello una ligereza impropia de una buena ama de casa. Sabiendo que no podía quitarle la palabra una vez se la había dado, tranquilicé al empleado y le ordené que trajera lo que se le había pedido. Solo me di cuenta de la barbaridad de lo encargado, cuando lo trajo a la mesa. Al no quedarme más remedio, decidí que tenía que terminarlo. Una hora más tarde y con ganas de vomitar, conseguí acabármelo ante la mirada pasmada de todo el restaurant.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi acto no pasó inadvertido y susurrándome al oído, Samali me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias, sé que lo ha hecho para no dejarme en ridículo― y por vez primera, esa mujer hizo algo que estaba prohibido en su tierra natal, tiernamente, ¡cogió mi mano en público!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No me cupo ninguna duda que ese sencillo gesto hubiese levantado ampollas en su ciudad natal, donde cualquier tipo de demostración de cariño estaba vedado fuera de los límites del hogar. Sabiendo que no podía devolvérselo sin avergonzarla, pagué la cuenta y me dirigí hacia la puerta de embarque. Al llegar pude notar el nerviosismo de mis acompañantes, al preguntarles por ello, Dhara me contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hasta hoy, no habíamos visto de cerca un avión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su mundo se limitaba a la dimensión de su aldea y que todo lo que estaba sintiendo las tenía desbordadas, por eso, las tranquilicé diciendo que era como montarse en un autobús, pero que en vez de ir por una carretera iba surcando el cielo. Ambas escucharon mis explicaciones en silencio y pegándose a mí, me acompañaron al interior del aeroplano. Al ser un vuelo tan pesado, decidí con buen criterio sacar billetes de primera pero lo que no me esperaba es que fuese casi vacío, de forma que estábamos solos en el compartimento de lujo. Aunque teníamos a nuestra disposición muchos asientos, las muchachas esperaron que me sentara y entonces se acomodaron cada una a un lado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como para ellas todo era nuevo, les tuve que explicar no solo donde estaba el baño sino también como abrocharse los cinturones. Al trabar el de Dhara, mi mano rozó la piel de su abdomen y la muchacha lejos de retirarse, me miró con deseo. Incapaz de articular palabra, no pude disculparme pero al ir a repetir la operación con su prima ésta cogiendo mi mano, la pasó por su ombligo mientras me decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Un buen maestro repite sus enseñanzas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que saltando como un resorte, mi sexo reaccionó despertando de su letargo. Las mujeres al observarlo se rieron calladamente, intercambiando entre ellas una mirada de complicidad. Avergonzado porque me hubiesen descubierto, no dije nada y cambiando de tema, les conté a que me dedicaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tanto Samali como Dhara se quedaron encantadas de saber que el hombre con el que se habían desposado era un médico porque según ellas así ningún otro hombre iba a necesitar verlas desnudas. Solo imaginarme ver a esa dos preciosidades como las trajo Dios al mundo, volvió a alborotar mi entrepierna. La mayor de las dos sin dejar de sonreír, me explicó que tenía frio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tonto de mí, no me di cuenta de que pretendía y cayendo en su trampa, pedí a la azafata que nos trajera unas mantas. Las muchachas esperaron que las tapara y que no hubiese nadie en el compartimento para pegarse a mí y por debajo de la tela, empezar a acariciarme. No me esperaba esos arrumacos y por eso no fui capaz de reaccionar, cuando sentí que sus manos bajaban mi cremallera liberando mi pene de su encierro y entre las dos me empezaron a masturbar. Al tratar de protestar, Dhara poniendo su dedo en mi boca, susurró:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Déjenos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Los mimos de las primas no tardaron en elevar hasta las mayores cotas de excitación a mi hambriento sexo, tras lo cual desabrochándose las blusas, me ofrecieron sus pechos para que jugase yo también. Mis dedos recorrieron sus senos desnudos para descubrir que como había previsto eran impresionantemente firmes y suaves. Solo la presencia cercana de la empleada de la aerolínea evitó que me los llevara a la boca. Ellas al percibir mi calentura, acelerando el ritmo de sus caricias y cuando ya estaba a punto de eyacular, tras una breve conversación entre ellas vi como Samali desaparecía bajo la manta. No tardé en sentir sus labios sobre mi glande. Sin hacer ruido, la mujer se introdujo mi sexo en su garganta mientras su prima me masajeaba suavemente mis testículos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Era un camino sin retorno, al sentir que el clímax se acercaba metí mi mano por debajo de su Sari y sin ningún recato me apoderé de su trasero. Sus duras nalgas fueron el acicate que me faltaba para explotar en su boca. La muchacha al sentir que me vaciaba, cerró sus labios y golosamente se bebió el producto de mi lujuria. Tras lo cual, saliendo de la manta, me dio su primer beso en los labios y mientras se acomodaba la ropa, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Gracias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Anonadado comprendí que si antes de despegar esas dos bellezas ya me habían hecho una mamada, difícilmente al llegar a Madrid iba a cumplir con lo pactado. Las siguientes quince horas encerrado en el avión, iba a ser una prueba imposible de superar. Aun así con la poca decencia que me quedaba, decidí que una vez en casa darles la libertad de elegir. No quería que fuera algo obligado el estar conmigo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tratando de comprender su comportamiento, les pregunté por su vida antes de conocerme. Sus respuestas me dejaron helado, por lo visto, “su madre” al quedarse viuda no tuvo más remedio para sacarlas adelante que ponerse a limpiar en la casa del policía que las pretendía. Ese hombre era tan mal bicho que a la semana de tenerla trabajando, al llegar una mañana la violó para posteriormente ponerla a servir en un burdel.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con lágrimas en los ojos, me explicaron que como necesitaba el dinero y nadie le daba otro trabajo, no lo había denunciado. Todo el mundo en el pueblo sabía lo sucedido y a qué se dedicaba. Por eso la pobre mujer las había mandado al colegio de los monjes. Al alejarlas de su lado, evitaba que sufrieran el escarnio de sus vecinos pero sobre todo las apartaba de ese mal nacido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Menuda vida», pensé disculpando la encerrona del cura. El santurrón había visto en mí una vía para que esas dos niñas no terminaran prostituyéndose como la madre. Cogiéndoles las manos, les prometí que en Madrid, nadie iba a forzales a nada. No había acabado de decírselo cuando con voz seria Dhara me replicó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―El futuro padre de nuestros hijos no necesitará obligarnos, nosotras les serviremos encantadas. Pero si no le cuidamos adecuadamente es su deber hacérnoslo saber y castigarnos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La sumisión que reflejaba sus palabras no fue lo que me paralizó, sino como se había referido a mi persona. Esas dos crías tenían asumido plenamente que yo era su hombre y no les cabía duda alguna, que sus vientres serían germinados con mi semen. Esa idea que hasta hacía unas pocas horas me parecía inverosímil me pareció atrayente y en vez de rectificarla, lo dejé estar. Samali que era la más inteligente de las dos, se dio cuenta de mi silencio y malinterpretándolo, llorando me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿No nos venderá al llegar a su país?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al escucharla comprendí su miedo y acariciando su mejilla, respondí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Jamás haría algo semejante. Vuestro sufrimiento se ha acabado, me comprometí a cuidaros y solo me separaré de vosotras, si así me lo pedís.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Escandalizadas, contestaron al unísono:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Eso no ocurrirá, hemos jurado ser sus eternas compañeras y así será.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque eso significaba unirme de por vida a ellas, escuché con satisfacción sus palabras. Tras lo cual les sugerí que descansaran porque el viaje era largo. La más pequeña acurrucándose a mi lado, me dijo al oído mientras su mano volvía a acariciar mi entrepierna:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Mi prima ya ha probado su virilidad y no es bueno que haya diferencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solté una carcajada al oírla. Aunque me apetecía, dos mamadas antes de despegar era demasiado y por eso pasando mi mano por su pecho le contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Tenemos toda una vida para lo hagas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Poniendo un puchero pero satisfecha de mis palabras, posó su cabeza en mi hombro e intentó conciliar el sueño. Su prima se quedó pensativa y después de unos minutos, no pudo contener su curiosidad y me soltó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Disculpe que le pregunte: ¿tendremos que compartir marido con alguna otra mujer?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tomándome una pequeña venganza hice como si no hubiese escuchado y así dejarla con la duda. El resto del viaje pasó con normalidad y no fue hasta que el piloto nos informó que íbamos a aterrizar cuando despertándolas les expliqué que no tenía ninguna mujer. También les pedí que como en España estaba prohibida la poligamia al pasar por el control de pasaportes y aprovechando que en nuestros pasaportes teníamos los mismos apellidos, lo mejor era decir que éramos hermanos por adopción. Las muchachas, nada más terminar, me dijeron que si les preguntaban confirmarían mis palabras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Sé que es raro pero buscaré un abogado para buscar la forma de legalizar nuestra unión.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dhara al oírme me dio un beso en los labios, lo que provocó que su prima, viendo que la azafata pululaba por el pasillo, le echase una bronca por hacerlo en público.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué curioso!», pensé, «No puso ningún reparo a tomar en su boca mi sexo y en cambio se escandaliza de una demostración de cariño».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al salir del avión y recorrer los pasillos del aeropuerto, me percaté que la gente se volteaba a vernos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No están acostumbrados a ver a mujeres vestidas de sari», me dije en un principio pero al mirarlas andar a mi lado, cambié de opinión; lo que realmente pasaba es que eran un par de bellezas. Orgulloso de ellas, llegué al mostrador y al dar nuestros pasaportes al policía, su actitud hizo que mi opinión se confirmara. Embobado, selló las visas sin apenas fijarse en los papeles que tenía enfrente porque su atención se centraba exclusivamente en ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Están casadas― solté al agente, el cual sabiendo que le había pillado, se disculpó y sin más trámite nos dejó pasar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Samali, viendo mi enfado, me preguntó qué había pasado y al explicarle el motivo se sonrió y excusándolo, dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No se debe haber fijado en que llevamos el bindi rojo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al explicarle que nadie en España sabía que el lunar rojo de su frente significaba que estaba casada, me miró alucinada y me preguntó cómo se distinguía a una mujer casada. Sin ganas de explayarme y señalando el anillo de una mujer, le conté que al casarse los novios comparten alianzas. Su reacción me cogió desprevenido, poniéndose roja como un tomate, me rogó que les compraras uno a cada una porque no quería que pensaran mal de ellas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No te entiendo― dije.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No es correcto que dos mujeres vayan con un hombre por la calle sino es su marido o que en el caso que estén solteras, éste no sea un familiar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo que desde su punto de vista, tenía razón, prometí que los encargaría. Al llegar a la sala de recogida de equipajes, con satisfacción, comprobé que nuestras maletas ya habían llegado y tras cargarlas en un carrito, nos dirigimos hacia la salida. Nadie nos paró en la aduana, de manera que en menos de cinco minutos habíamos salido y nos pusimos en la cola del Taxi. Estaba charlando animadamente con las dos primas cuando, sin previo aviso, alguien me tapó los ojos con sus manos. Al darme la vuelta, me encontré de frente con Lourdes, una vieja amiga de la infancia, la que sin percatarse que estaba acompañado, me dio dos besos y me preguntó que cuándo había vuelto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Ahora mismo estoy aterrizando― contesté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¡Qué maravilla! Ahora tengo prisa pero tenemos que hablar. ¿Por qué no me invitas a cenar el viernes en tu casa? Y así nos ponemos al día.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hecho― respondí sin darme cuenta al despedirme que ni siquiera le había presentado a mis acompañantes.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Las muchachas que se habían quedado al margen de la conversación, estaban enfadadas. Sus caras reflejaban el cabreo que sentían pero, realmente no reparé en cuanto, hasta que oí a Dhara decir a su prima en español para que yo me enterara:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Has visto a esa mujer? ¿Quién se cree que es para besar a nuestro marido y encima auto invitarse a casa?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al ver que estaba celosa, estuve a punto de intervenir cuando para terminarla de joder, escuché la contestación de su prima:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Debe de ser de su familia porque si no lo es: ¡este viernes escupiré en su sopa!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Mejor me callo», pensé al verlas tan indignadas y sabiendo que esa autoinvitación era un formulismo que en un noventa por ciento de los casos no se produciría, me subí al siguiente taxi. Una vez en él, pedí al conductor que nos llevara a casa pero que en vez de circunvalar Madrid lo cruzara porque quería que las muchachas vieran mi ciudad natal.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con una a cada lado, fui explicándoles nuestro camino. Ellas no salían de su asombro al ver los edificios y la limpieza de las calles, pero contra toda lógica lo único que me preguntaron era porqué había tan pocas bicicletas y dónde estaban los niños.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Solté una carcajada al escucharlas, para acto seguido explicarles que en España no había tanta costumbre de pedalear como en la India y que si no veían niños, no era porque los hubieran escondido sino porque no había.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―La pareja española tiene un promedio de 1.8 niños. Es una sociedad de viejos― dije recalcando mis palabras.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Dhara hablando en hindi, le dijo algo a Samali que no entendí pero que la hizo sonreír. Cuando pregunté qué había dicho, la pequeña avergonzada respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No se enfade conmigo, era un broma. Le dije a mi prima que los españoles eran unos vagos pero que estaba segura que el padre de nuestros futuros hijos iba pedalear mucho nuestras bicicletas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ante semejante burrada ni siquiera el taxista se pudo contener y juntos soltamos una carcajada. Al ver que no me había disgustado, las dos primas se unieron a nuestras risas y durante un buen rato un ambiente festivo se adueñó del automóvil. Ya estábamos cogiendo la autopista de la Coruña cuando les expliqué que vivía en un pequeño chalet cerca de donde estábamos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asintiendo, Samali me preguntó si tenía tierra donde cultivar porque a ella le encantaría tener una huerta. Al contestarle que no hacía falta porque en Madrid se podía comprar comida en cualquier lado, ella respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―No es lo mismo, Shakti favorece con sus dones a quien hace germinar al campo― respondió haciendo referencia a la diosa de la fertilidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «O tengo cuidado, o estas dos me dan un equipo de futbol», pensé al recapacitar en todas las veces que habían hecho aludido al tema.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Estaba todavía reflexionando sobre ello, cuando el taxista paró en frente de mi casa. Sacando dinero de mi cartera, le pagué. Al bajarme y sacar el equipaje, vi que las muchachas lloraban.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―¿Qué os ocurre?― pregunté.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Estamos felices al ver nuestro hogar. Nuestra madre vive en una casa de madera y jamás supusimos que nuestro destino era vivir en una mansión de piedra.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Incómodo por su reacción, abriendo la puerta de la casa y mientras metía el equipaje, les dije que pasaran pero ellas se mantuvieron fuera. Viendo que algo les pasaba, pregunté que era:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Hemos visto películas occidentales y estamos esperando que nuestro marido nos coja en sus brazos para entrar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su ocurrencia me hizo gracia y cargando primero a Samali, la llevé hasta el salón, para acto seguido volver a por su prima. Una vez los tres reunidos, las dos muchachas no dejaban de mirar a su alrededor completamente deslumbradas, por lo que para darles tiempo a asimilar su nueva vida, les enseñé la casa. Sirviéndoles de guía las fui llevando por el jardín, la cocina y demás habitaciones pero lo que realmente les impresionó fue mi cuarto. Por lo visto jamás habían visto una King Size y menos una bañera con jacuzzi. Verlas al lado de mi cama, sin saber qué hacer, fue lo que me motivó a abrazarlas. Las dos primas pegándose a mí, me colmaron de besos y de caricias pero cuando ya creía que íbamos a acabar acostándonos, la mayor arrodillándose a mis pies dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ―Disculpe nuestro amado. Hoy va a ser la noche más importante de nuestras vidas pero antes tenemos que preparar cómo marca la tradición el lecho donde nos va a convertir en mujeres plenas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda con la puta tradición!», refunfuñé en mi interior pero como no quería parecer insensible, pregunté si necesitaban algo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Samali me dijo si había alguna tienda donde vendieran flores. Al contestarle que sí, me pidió si podía llevar a su prima a elegir unos cuantos ramos porque era muy importante para ellas. No me pude negar porque aún cansado, la perspectiva de tenerlas en mis brazos era suficiente para dar la vuelta al mundo.</span></p>
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