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	<title>interracial &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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	<description>---TU WEB DE RELATOS ERÓTICOS--- (SOLO MAYORES DE +18 AÑOS)</description>
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	<title>interracial &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria FIN&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 13:20:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[19 Tras comprobar que ni Patricia ni Kyon salían de la habitación, me puse frente al ordenador. Una vez ahí, abrí la memoria USB que había grabado y empecé a revisar los diferentes documentos hackeados. Como los datos clínicos me resultaban indescifrables, centré mi atención en lo que hacía referencia a las tres mujeres con las que de alguna forma terminaría conviviendo y fue así cuando descubrí que cada una de ellas contaba con un dossier. Teniendo a Natacha a mi lado, le pedí permiso para revisar el suyo haciéndole ver la importancia de saber su contenido. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Hazlo, pero [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">19</h1>



<p>Tras comprobar que ni Patricia ni Kyon salían de la habitación, me puse frente al ordenador. Una vez ahí, abrí la memoria USB que había grabado y empecé a revisar los diferentes documentos hackeados. Como los datos clínicos me resultaban indescifrables, centré mi atención en lo que hacía referencia a las tres mujeres con las que de alguna forma terminaría conviviendo y fue así cuando descubrí que cada una de ellas contaba con un dossier. Teniendo a Natacha a mi lado, le pedí permiso para revisar el suyo haciéndole ver la importancia de saber su contenido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Hazlo, pero no me cuentes lo que descubras. No quiero saberlo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entendiendo sus reticencias, no insistí que se quedara y dando un click sobre el icono de esa carpeta, comprobé que contenía otros subdirectorios. Al leer que uno de ellos tenía por título “Captación y adaptación a su nueva vida”, decidí empezar por ese. Al desplegarlo, me encontré que no había sido comprada sino arrebatada a sus padres y que al encontrarse con su fiera oposición habían sido “silenciados” por los sicarios que la organización de Isidro había mandado a su Rusia natal.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Según esto tenía solo once años», comprendí al ver la fecha de su captura y lamentando su infancia truncada, estuve a un tris de llamarla para contarle el heroico comportamiento de sus progenitores.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Mejor se lo cuento después», me dije al leer que durante dos meses la habían retenido en un cuarto oscuro sin ver a nadie con el objeto de llevarla al borde de la desesperación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desolado al ratificar el sufrimiento al que había sido sometida, disculpé la supuesta alegría de la niña con la que acogió a su captor después del prolongado aislamiento.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Es lógico que lo creyera a pies juntillas», me dije al ver plasmado en papel que no había puesto en duda la versión de su compra.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de ahí, la serie de padecimientos de los que había sido objeto me asqueó y pasando rápidamente las torturas, llegué al día en que fue inoculada con la solución.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Debieron considerar prudente que pasara la pubertad y su cambio hormonal se estabilizara», confirmé al leer que al igual que con Patricia habían aguardado a su dieciocho cumpleaños para hacerlo.</p>



<p>Leyendo ese dossier me llevé la sorpresa de que nadie de la organización había previsto que en vez de desarrollar su inteligencia como había sido el caso de mi secretaria fueran sus aptitudes artísticas las que se incrementaran. Considerándolo un error, no de la magnitud de Isabel y sus dos compañeras de martirio, pero error al fin, el tal Bañuelos había ordenado acelerar el adiestramiento y puesta a disposición de los médicos del resto de las cautivas que permanecían en su poder. Al ver en ese documento interno, el nombre de Kyon dejé momentáneamente el de la rusita y pasé al de la oriental.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_014_35ab.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>En el caso de ésta sí fue comprada, pero al responsable de un orfanato bajo la apariencia de una adopción con la edad de trece años. No resultando esencial los datos de sus torturas, pasé al día en que metieron en su organismo el compuesto confirmando que con ella habían anticipado la inyección.</p>



<p>―Tenía solo dieciséis.</p>



<p>Que desarrollara el don de la música fue visto por su maltratador como un nuevo quebranto a sus planes, pero el hecho que estadísticamente no hubiera diferencia entre las edades de sus conejillas de indias al volverse locas un porcentaje parecido de ellas, le hizo adelantar más si cabe los años de sus presas para ver si siendo más jóvenes el impacto era mayor. Horrorizado leí en la lista de las niñas a las que había ordenado inocular que sin más candidatas disponibles había incluido en ella a su propia hija de solo ¡cuatro años!</p>



<p>«¿Qué clase de hombre está dispuesto a experimentar con alguien que él mismo ha engendrado?», me pregunté.</p>



<p>Y mientras crecía el odio de mi interior, abrí el expediente de Maria Bañuelos esperando que al menos su final hubiese sido menos cruel. Para desgracia de la niña, descubrí que ella era la cuarta superviviente del ensayo de ese malnacido. Pero lo que me dejó anonadado, fue que su propia madre no solo era la más estrecha ayudante del sujeto y la bioquímica que descubrió la composición y el uso de ese químico, sino la que alentó a su marido para que lo probaran con su retoño.</p>



<p>«¡Pobre criatura!», pensé con lágrimas en los ojos al leer los padres que le habían tocado en suerte mientras comprobaba que había sido inyectada solo hacía dos años y que como todavía no mostraba ningún efecto visible al tratamiento, habían decidido esperar a su pubertad para repetir con ella lo realizado con el único espécimen de éxito que lo quisiera reconocer o no era Patricia.</p>



<p>&nbsp;Suponiendo que los mostraría en el futuro, pasé al dossier de mi secretaria para confirmar que tipo de estrategia habían usado con ella. Así descubrí otra faceta con la que la esposa de Bañuelos había colaborado con él.</p>



<p>«Fue ella quien eligió a la morena por su atractivo físico cuando todavía estaba en el colegio. De tenerla enfrente, la mataría», haciéndola objeto de mis iras, sentencié al leer también cómo había maniobrado para facilitar que su marido la conquistara.</p>



<p>Indignado, repasé concienzudamente el dominio que la pareja había ejercido sobre Patricia sumergiéndola en una vorágine de placer y sexo al comprobar que al contrario del resto de las jóvenes con las que habían experimentado no perdía la razón.</p>



<p>En su caso, el dossier incluía grabaciones de las sesiones a las que había sido sometida por el matrimonio y espantado visualicé un par donde, enmascarando su identidad, la mujer de Bañuelos la había sometido a toda clase de vejaciones.</p>



<p>«Lo raro es que no haya terminado en un psiquiátrico», me dije al verlos.</p>



<p>Acababa de cerrar uno de los videos cuando su protagonista apareció por mi despacho vestida con un conjunto de lencería totalmente blanco secundada por las otras dos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_032_fdcf.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Qué ocurre aquí? ― pregunté al ver que su vestimenta incluía un velo del mismo color y un ramo de flores.</p>



<p>―Me han convencido de que no necesito pasar por la iglesia y que basta con que nuestras niñas oficien nuestra boda.</p>



<p>No sé si fue lo que acababa de leer y ver o si al contrario fue su belleza lo que me hizo sonreír aceptando pasar por la vicaría, aunque en vez de frente al altar fuera en el salón de mi casa. Lo cierto es que sin poner objeción alguna solo pedí que me dejaran ir a ponerme una corbata.</p>



<p>―Date prisa. Llevo demasiado tiempo esperando ser tu esposa― respondió la otra contrayente con gran alegría.</p>



<p>De camino al cuarto realicé un examen de conciencia de camino, analizando como había cambiado mi vida y lo que sentía por mi acosadora. Hasta yo me sorprendí cuando llegué a la conclusión de que estaba colado por ella.</p>



<p>«Siendo una arpía, es mi arpía», sentencié y ya convencido, no solo me puse corbata sino me cambié de ropa, poniéndome el mejor de mis trajes.</p>



<p>El cambio de vestimenta agradó a mi prometida y colgándose de mi brazo, esperó que Natacha comenzara su discurso inicial antes de entrar propiamente en la ceremonia.</p>



<p>―Nadie mejor que Kyon y yo, como el ruiseñor y la muñeca del novio, sabemos que han nacido el uno por el amor que se tienen y cuya mejor prueba es la dedicación con la que nos cuidan&#8230;― viendo que la oriental asentía, continuó: ―&#8230;Tras recogernos de la calle, nos han mimado y amado sin importarles postergar esta boda hasta que comprobaron que íbamos a ser felices a su lado. Siendo ellos los verdaderos protagonistas, mi hermana de adopción y yo nos sentimos también participes de esta unión, ya que a partir de que Lucas acepte a nuestra amada Patricia como su señora, nos convertiremos en las niñas de los dos.</p>



<p>Las lágrimas de la morena no se hicieron de rogar al escuchar de labios de la rusita que ambas la querían:</p>



<p>―Sé lo que significáis para mi novio y por eso, ya os considero mi familia y deseo que compartáis todos los aspectos de nuestra vida.</p>



<p>Las dos crías sollozaron al oírla, pero fue la chinita la más explosiva y cayendo postrada ante ella, dudó que se mereciera ser feliz.</p>



<p>&nbsp;―Mi zorrita, por supuesto, que lo mereces. Y desde ahora te digo que en tu caso seré la exigente ama que te eduque, te corrija y te ame.</p>



<p>No pude más que sonreír al notar la alegría de Kyon con esa dulce reprimenda, que por otra parte encontré que era exactamente lo que por su naturaleza necesitaba.</p>



<p>― ¿Y para mí qué será? ― preguntó la rubia haciéndose valer.</p>



<p>―Para ti, seré la modelo que pintes y la puta a la que tengas que satisfacer en la cama. ¿Te parece poco?</p>



<p>Sonriendo, contestó:</p>



<p>―Tener una puta tan bella dispuesta a que la retrate y la ame, supera con creces mis sueños.</p>



<p>En la respuesta, certifiqué nuevamente el cambio que había experimentado Natacha desde su llegada a casa y que poco quedaba en ella de la aterrorizada criatura que imploraba mis caricias.</p>



<p>«Habiéndolas obtenido, está aflorando su verdadera personalidad y me encanta».</p>



<p>Mi rutilante novia también sonrió y haciendo un gesto, pidió que continuara con el ritual que habían pactado entre ellas.</p>



<p>―Don Lucas Garrido, en su nombre y en el de sus actuales concubinas, ¿acepta usted como su legítima esposa, como dueña de Kyon Yang y como maestra de Natacha Ivanova, a doña Patricia Meléndez durante los años que le queden de vida.</p>



<p>―Acepto.</p>



<p>El suspiro de alegría de mi secretaria me impactó y temiendo que cayera en algún tipo de trance, seguí observándola mientras la rusita proseguía.</p>



<p>―Doña Patricia Meléndez, ¿acepta usted en este mismo acto como su legítimo esposo a don Lucas Garrido, como fiel sierva a Kyon Yang y como amorosa amante y pupila durante todos los años que le queden de vida?</p>



<p>― ¡No! ― contestó provocando el silencio de todos los que estábamos en el salón: ―Acepto a Lucas Garrido como legítimo esposo, a Kyon Yang como fiel sierva, pero a Natacha Ivanova no te quiero como amante y pupila&#8230; sino como mi legítima esposa.</p>



<p>Eso no debía esperárselo la pequeña diablesa y abriendo los ojos de par en par, quiso saber si iba en serio.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_047_7991.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―No te quiero de otra forma. O te casas con nosotros dos, o no me caso con nadie― respondió mientras sacaba otro velo y otro ramo de flores de un cajón.</p>



<p>La asiática si debía ser conocedora de las intenciones de su señora porque mientras Patricia se los daba y sustituyendo a la oficiante, preguntó:</p>



<p>―Doña Natacha Ivanova, ¿acepta usted a don Lucas y a doña Patricia como esposos y a esta servidora como su juguete?</p>



<p>―Acepto― replicó mientras se lanzaba en busca de nuestros besos.</p>



<p>Confirmando la validez de nuestra unión, Kyon declaró:</p>



<p>―Lo que el amor y el placer ha unido que no lo separe el hombre.</p>



<p>Si de por sí mis nuevas esposas se estaban comiendo los morros con voracidad cuando oyeron esa confirmación se volvieron locas y entre las dos comenzaron a desnudarme mientras me pedían que las tomara y hacer así hacer efectivos nuestros votos.</p>



<p>― ¿No sería mejor que continuáramos en la cama? ― pregunté cuando solo me quedaba el pantalón.</p>



<p>Ambas aceptaron la sugerencia y tomándome de la mano, pidieron a la chinita que las acompañara.</p>



<p>― ¿No esperarás que tus dueñas se desvistan solas teniendo una amarilla dispuesta a hacerlo?</p>



<p>La felicidad del rostro de la chavala y el tamaño de sus pezones ratificaron su disposición y por eso la nueva familia al completo nos fuimos a la habitación. Una vez allí, reparé en que, tras hablar con ella, Kyon empezaba a desnudar a la rusita y por eso cuando ésta acudió a mi lado sobre las sábanas, quise que me contará el porqué.</p>



<p>―Mi amor, llevo siendo tu mujer desde que me acogiste en tu casa y por eso creí oportuno que juntos recibiéramos a la tercera pata de nuestro hogar―susurrando en mi oído, respondió.</p>



<p>Oyéndola comprendí que la manipuladora criatura realmente pensaba que era así y que para ella era lógico considerar a Patricia, la nueva.</p>



<p>―Eres una zorra― comenté mientras observaba cómo la oriental iba deslizando los tirantes de su señora.</p>



<p>―Lo sé y por eso estás enamorado de mí― sin reparo alguno añadió.</p>



<p>&nbsp;Tomándola de la cintura, la besé.</p>



<p>―Recibamos a nuestra esposa como se merece.</p>



<p>Retornando mi mirada a la morena, sonreí al percatarme de su nerviosismo y extendiendo mis brazos, le rogué que se acercara. La timidez que mostró al acostarse entre nosotros fue prueba evidente de que se sentía primeriza y por ello antes de tocarla siquiera, lo primero fue una declaración de amor:</p>



<p>&nbsp;―Desde que te vi sentada en la mesa de la oficina, supe que esa diosa debía ser mía.</p>



<p>El sollozo con el que recibió mis palabras hizo que Natacha me imitara:</p>



<p>―Desde que me liberaste en nombre de nuestro Lucas, comprendí que deseaba vivir este momento. Te amo y siempre te amaré.</p>



<p>Para sorpresa de todos, Patricia se echó a llorar mientras replicaba:</p>



<p>―Debo reconocer algo antes de estar entre vuestros brazos. Cuando supe de Lucas me atrajo, pero sabiendo que seguía casado, nunca creí que llegara a ser mío y por eso durante dos años, lo espié siguiéndole allí donde iba. Al conocerte – añadió ya mirándome: ― me terminé de enamorar y aproveché tu divorcio, para que mi hermano me enchufara como secretaria&#8230;</p>



<p>―Cuéntame algo que no supiera― metiendo la mano entre sus rizos―comenté.</p>



<p>―Por favor, deja que termine. Durante ese tiempo, también descubrí que tu matrimonio falló cuando perdisteis la pasión y por eso comprendí que, si algún día llegaba a ser algo tuyo, debía buscarte un aliciente para que nunca me abandonaras. Por eso pedí a los psiquiatras de mi ONG que te estudiaran para ver que necesitarías para serme fiel y su dictamen fue claro, lo que nos faltaba para ser la pareja perfecta sería otra mujer que pudiese darte lo que yo nunca podría. Alegría y descaro.</p>



<p>―Me imagino que ahí entro yo― señaló Natacha lamiendo su mejilla.</p>



<p>―Sí, por eso les pedí que analizara a todas las chicas que liberáramos para ver si alguna reunía esas características. Cuando te extrajimos de donde Isidro te tenía, vieron que eras la candidata perfecta y me hablaron de ti. Lo que nunca me esperé fue que al ver los videos en los que aparecías, me excitara y a pesar de mis escarceos lésbicos, comprendiera que no era hetero sino bisexual y que te deseaba.</p>



<p>―No tengo nada que perdonarte― susurró la rubia cerrando los labios de la morena con sus dedos: ―Mi deseo por ti es tan grande como el que siento por Lucas.</p>



<p>En mi caso me tomó más tiempo asimilar su espionaje, pero tras llegar a la conclusión que, si exceptuaba el examen de mi personalidad, lo único que no sabía había sido el tiempo que me había estado espiando, respondí:</p>



<p>―Tus loqueros se equivocaron o al menos eso es lo que pienso― y mirando a Kyon le pedí que se acercara: ―Tengo un lado dominante que no supieron entrever y el cual me satisface esta niña.</p>



<p>―No solo el tuyo, sino el de tus dos perversas esposas― respondió Natacha, ejerciendo de portavoz de ambas: ―Nos pone cachondas tener una hembra que educar, ¿verdad querida?</p>



<p>Limpiándose las lágrimas, Patricia suspiró:</p>



<p>―Hasta hoy tampoco lo supe, pero así es.</p>



<p>Soltando una carcajada,</p>



<p>―Ruiseñor, canta para tus amos.</p>



<p>Alzando su prodigiosa voz, nuestra sumisa se encaramó en la cama y sin que nadie se lo tuviese que pedir comenzó a repartir sus caricias entre los tres dando el banderazo de salida. Por mi parte, tras besar el cuello de mi antigua acosadora me fui deslizando por ella hasta llegar a sus pechos donde me encontré con la rusa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_066_825d.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Paguemos a nuestra esposa el regalo que nos hizo al juntarnos― riendo, ordené.</p>



<p>Natacha no pudo ni quiso contestar ya que su boca estaba ocupada ya mordisqueando uno de los pezones de Patricia. Tomando entre mis dientes el que había dejado libre, pasé una mano por el trasero de la rubia haciéndole ver que éramos un cuarteto mientras nos llegaba el primer gemido de la morena.</p>



<p>― ¡Por dios!</p>



<p>Levantando la mirada, reí al comprobar que Kyon, viendo su sexo huérfano, se había compadecido de él y sin dejar de cantar se había puesto a lamerlo.</p>



<p>―Hoy no la podemos dejar descansar y siendo tres lo único que tenemos es que organizarnos― aconsejé.</p>



<p>Captando la idea, la rusita se levantó y abriendo el armario, sacó un arnés con un pene adosado. Y poniéndoselo a la cintura, declaró suyo el trasero de nuestra esposa.</p>



<p>―Yo me quedo con su coño― respondí y cambiando de postura, me tumbé sobre la cama mientras azuzaba a la morena a que se subiera encima.</p>



<p>Sonriendo, obedeció y poniéndose a horcajadas sobre mí, tomó mi pene entre los dedos para acto seguido empalarse con él lentamente. Eso me permitió sentir como su vulva se ensanchaba para recibir la invasión mientras su dueña lloraba de felicidad.</p>



<p>―Tengo un marido que vela por mí.</p>



<p>A su espalda y mientras se ponía a trotar, notó la lengua de Kyon abriéndose camino en su entrada trasera.</p>



<p>―Amarilla, prepara bien mi culo, para que la zorra de mi esposa no me lo destroce cuando me haga suya― usando las manos para separar sus cachetes, exigió.</p>



<p>La lujuria que descubrí en los ojos de Natacha me hizo saber que no esperaría mucho antes de rompérselo y por eso, llevando mis dedos a los negros cántaros que botaban frente a mí, tomé sus areolas y con sendos pellizcos azucé a la morena a acelerar.</p>



<p>― ¡Qué ganas tenía de sentir tu trabuco! ― chilló al notar mi glande golpeando las paredes de su vagina.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El flujo que manaba de su coño facilitó sus movimientos y ya presa de la pasión, se lanzó desbocada en busca del placer mientras sentía como su ojete se iba relajando con la húmeda caricia de nuestra sumisa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estoy lista para recibirte― informó a la rubita al saber lo cerca que estaba de correrse.</p>



<p>― ¿Qué esperas? ¡Fóllatela! ¿No ves que lo está deseando? ― rugí desde la cama viendo su indecisión.</p>



<p>Aproximando la cabeza del pene de su cintura al trasero de la negra con la que se acababa de casar, tanteó unos instantes antes de decirla:</p>



<p>―Voy a tomarte y a partir de ese momento, ¡te mataré si nos eres infiel!</p>



<p>No comprendí la dureza de la chavala y menos la reacción de Patricia. Ya que por extraño que parezca, acogió esa amenaza con gran alegría e impulsándose hacia atrás, se clavó el falo artificial hasta el fondo de sus intestinos mientras se corría:</p>



<p>―Por fin tengo un marido y una esposa que me comprenden y que me aman a pesar de lo que soy― chilló sintiendo su ojete atravesado.</p>



<p>― ¿Qué eres? ¡Cuéntanoslo! ― mordiendo su cuello, exigió la eslava.</p>



<p>―Lo sabes, sé que leíste mi expediente.</p>



<p>―Yo sí, pero nuestro esposo no. ¡Dínoslo!</p>



<p>― ¡Una libertina llena de inseguridades y celos que necesita sentirse deseada! ― reconoció descompuesta mientras su cuerpo explotaba de placer.</p>



<p>― ¡Eso se ha acabado! Ahora que eres nuestra, solo te sentirás atraída por nosotros y no necesitaras a nadie más. Con tu Lucas, tu Natacha y tu Kyon deberá bastarte.</p>



<p>La deriva de esa conversación me hizo saber que estaba siguiendo el guion que había diseñado Bañuelos por si algún día quería desprenderse de Patricia y vendérsela a otro.&nbsp; Por eso, no dije nada cuando pidió a la chinita que se levantara y le pusiera su coño en la boca. Como no podía ser de otra forma, ella obedeció. Natacha espero a que la negra se pusiera a lamer la entrepierna de Kyon para gritar:</p>



<p>―Con nosotros tres, estás completa. ¡Ahora córrete!</p>



<p>Coincidiendo, o mejor dicho a raíz de esa orden el cuerpo de la negra explosionó en la misma forma líquida que observé la primera vez que me topé con uno de los detonantes de Natacha y por eso, no vi raro que, dirigiéndose a mí, la rubia me pidiera que siguiera amando a nuestra esposa.</p>



<p>―Lo necesita para sentirse afianzada.</p>



<p>Aguijoneado por sus palabras, tomándola de la cintura, incrementé el ritmo con el que cabalgaba sobre mí mientras era sodomizada consiguiendo que Patricia profundizara y alargara su orgasmo más de lo razonable.</p>



<p>― ¡Todavía no pares y sigue!</p>



<p>Para entonces todo mi ser necesitaba liberar la tensión que había venido acumulando, pero consciente de que la rubita sabía lo que estaba haciendo con las manos aceleré más si cabe el compás de la morena mientras Natacha se sincronizaba con ella.</p>



<p>― ¡Necesita más estímulo! ― chilló.</p>



<p>Viendo que no era suficiente el ser follada por ambas entradas, acerqué mi boca a las ubres de nuestra esposa y las mordí. Como si lo hubiésemos practicado, al sentir la acción de mis dientes en sus pezones, Patricia me imitó cerrando los suyos sobre el clítoris de Kyon. Al escuchar el berrido de dolor y placer de la chinita, la eslava supo que había llegado el momento para pedir que me corriera:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_079_a841.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Preña a la mujer de nuestros sueños, esposo mío.</p>



<p>Esas palabras debían ser otro de esos famosos “switch” porque nada más pronunciarlas un alarido surgió de la morena y desplomándose sobre mí, comenzó a convulsionar como nunca antes.</p>



<p>―Disfruta de nuestro amor hasta que no puedas más, para que basta que Lucas o yo te lo pidamos tu cuerpo recuerde estás sensaciones y te vuelvas a correr.</p>



<p>Lejos de minorar el placer de Patricia se incrementó y babeando sobre mi pecho, comenzó a sollozar al notar que hasta la última de sus células estaba siendo pasto de las llamas del gozo.</p>



<p>― ¿Dime ahora quién eres? ¿Sigues siendo la libertina que necesita sentirse admirada?</p>



<p>― ¡Ahora sé quién soy! ¡Soy vuestra esposa y nada más! – declaró un instante antes de desmayarse.</p>



<p>Con una sonrisa de oreja a oreja, Natacha desplazó a la morena y quitándose el arnés, la sustituyó sobre mí mientras decía:</p>



<p>―Ya que hemos estrenado a tu última adquisición, es hora de que ames a tu favorita.</p>



<p>―Y yo, ¿qué hago? ― preguntó la chinita.</p>



<p>Agachándose a besarme, la pícara eslava contestó:</p>



<p>―Aguanta un poco y cuando notes que me voy a correr, ¡cómeme las tetas!&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">20</h1>



<p>Esa primera noche los cuatro juntos en nuestro hogar fue una sucesión de combates cuerpo a cuerpo donde a veces cada uno iba por libre, mientras en otras formamos dos bandos para lanzarnos unos contra los otros.&nbsp; Todas ellas disfrutaron de mis caricias. Cuando no fue un clítoris el que lamí, fue un coño el que cabalgué o un culo el que forcé. Aun así, en ese baturrillo de piernas brazos y pechos, no pude dejar de reparar en que siempre Natacha era la que distribuía sutilmente las funciones de cada uno, erigiéndose en cierta manera en la matriarca máxima de la familia. Es más, creo que Patricia fue la primera en aceptar ese implícito nombramiento al pedir su opinión cada vez que cambiaba de pareja. En cambio, Kyon me tomó a mí como guía y cuando dejaba a una de sus compañeras exhausta sobre la cama, se lanzaba sobre ella para no dejarla descansar. De esa forma, era bien entrada la madrugada cuando paulatinamente la lujuria de nuestros cuerpos fue apaciguándonos y pudimos descansar sin saber que al despertar se desencadenaría el caos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eran poco más de las siete cuando una cruel risa resonando en el cuarto me despertó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Qué ocurre aquí? ― exclamé al ver a Bañuelos cómodamente sentado en una silla frente a la cama.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Haciendo gala de la pistola que llevaba en las manos, el malnacido contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Realmente creías que me iba a tragar las supuestas torturas que te permitieron salir libre? ¿Me crees tan tonto para pensar que no sospecharía que el comprador de “felpudo” era un infiltrado? Lo único que te reconozco es que mientras abría la puerta para hacértelo pagar, jamás pensé que me encontraría con mis tres experimentos reunidos junto a ti.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aterrorizado más por ellas que por mí, quedé mudo mientras buscaba una salida. La situación empeoró al ver llegar a su mujer. Al observar a Natacha y a Patricia desnudas en la cama cuando solo se esperaba a Kyon, la pelirroja sonrió confirmando la última afirmación de su marido:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cariño, ¡menuda suerte tenemos! Tenemos a nuestras putitas juntas, no vamos a tener que buscarlas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rusita, levantándose de la cama, quiso enfrentarse a la recién llegada:</p>



<p>―No soy vuestra puta.</p>



<p>―Por supuesto que lo eres y pienso demostrarte que eso también va por las otras dos ― soltando una carcajada, la tal Eugenia, contestó y pegando una palmada, añadió: ―Arrodillaos ante vuestros verdaderos dueños.</p>



<p>Los semblantes de las tres mujeres con las que había compartido una noche de caricias palidecieron al notar que les era imposible reusar esa orden y con lágrimas en los ojos, una a una fueron hincando sus rodillas ante el matrimonio. Al ver la sumisión de la rusita que había osado revolverse contra ella, quiso darle otra lección y martirizarla con el recuerdo de su captura:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_073_e258.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ni siquiera tus padres te querían y por ello te vendieron.</p>



<p>El dolor de la rubia me hizo reaccionar:</p>



<p>― ¡Eso no es cierto! ¡No te compraron! Te secuestraron después de matarlos.</p>



<p>Que conociera con detalle el modo en que se habían hecho con ella, despertó la ira de Bañuelos:</p>



<p>― ¿Quién te lo ha dicho? – rugió.</p>



<p>Me abstuve de contestar al estar centrado en observar la triste alegría de Natacha al enterarse saber que sus progenitores habían muerto por defenderla. Al no conseguir respuesta a su pregunta, insistió dirigiendo la misma a Patricia.</p>



<p>―Fui yo y no lo siento. Cuando mi esposo me pidió que indagara en tus discos duros por si había algo en ellos que te llevara a la cárcel, lo hice.</p>



<p>Descargando un doloroso tortazo sobre ella, la mandó al suelo mientras le exigía que lo acompañara a deshacerse de las pruebas, sin reparar en que venciendo su adoctrinamiento Kyon se había levantado a defenderla. Al verla, haciéndole una seña, le pedí que volviera a sentarse. La rapidez con la que me obedeció me alertó de que sus propios maltratadores no comprendían la magnitud de su adiestramiento y que, en su caso, al haber sido completo, la oriental seguía considerándome su verdadero amo.</p>



<p>Con ello en mente, aproveché la ausencia de su marido para interrogar a Eugenia, a través del halago:</p>



<p>―Ya que sabes que leí sus expedientes, me da igual reconocer que me impactó el descubrimiento de la fórmula que las hizo convertirse en superdotadas. ¿Qué piensas hacer? ¿Te has planteado hacerlo público? ¡Te llevarías el premio nobel!</p>



<p>Mis palabras satisficieron el ego de la bioquímica y tras declarar que lo de menos era ese reconocimiento, confirmó lo que había leído sobre ella al decir:</p>



<p>―Darlo a conocer, sería de imbéciles. Queremos seguir investigando y convertirnos en dioses&#8230;― la perturbada científica no cayó en que no debía revelarme sus planes o quizás lo consideró irrelevante ya que me iban a matar: ―&#8230;en cuanto consiga mejorar el compuesto, lo usaremos mi marido y yo en nosotros para hacernos dueños del mundo. Nada ni nadie podrá pararnos porque para nosotros el resto de la humanidad serán monos y haremos de ellos, nuestros esclavos.</p>



<p>Deseando que continuara, contesté:</p>



<p>―A ti dudo que te haga falta. Tengo claro que tu cerebro es prodigioso.</p>



<p>Henchida por lo que acababa de oír, no dudó en seguir confesando:</p>



<p>―Me alegro que reconozcas mi genio y eso que no sabes que, en mi bolsillo, llevo la última mejora que he desarrollado.</p>



<p>― ¿Tan potente es? ― pregunté.</p>



<p>―Por las pruebas que he hecho en cobayas, es la definitiva. Los roedores que han sido inoculados han desarrollado por cien su inteligencia.</p>



<p>― ¿Lo habéis probado en humanos? ― insistí recordando cuál era el fin último de sus investigaciones.</p>



<p>―Sí y el éxito ha sido total, aunque nos hemos tenido que desprender de nuestras conejillas de indias al demostrar que eran capaces de leer nuestros pensamientos― declaró reconociendo nuevos asesinatos.</p>



<p>Mi indignación creció a límites insoportables y eso me hizo echarle en cara el que una de ellas hubiese sido su propia hija. Su ausencia de escrúpulos nuevamente quedó patente cuando vanagloriándose de su actuación contestó:</p>



<p>―Cuando crezca, María no se podrá quejar cuando compruebe que está un escalón por encima del resto de los hombres. Ya que la fórmula que la inyectamos no es ésta, su lugar será darnos un heredero que continúe nuestra obra― señaló sacando, con la mano que no llevaba la pistola, una jeringuilla lista para ser usada.</p>



<p>La certeza de que no tardarían en usarla con ellos, me hizo preguntar por qué teniéndola se habían arriesgado viniendo a mi casa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_092_655e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Teníamos que borrar cualquier rastro que nos señalara. Cuando nuestros contactos en la policía nos informaron que felpudo estaba en tu casa, decidimos acercarnos, ya que así mataríamos dos pájaros de un tiro. Nos vengaríamos de ti mientras acabábamos con ella.</p>



<p>De reojo, observé a Kyon a punto de saltar y asumiendo que el matrimonio debía estar al completo antes de intentar rebelarnos, le hice una seña para que se quedara quieta. Nuestra espera fue corta. A los pocos minutos y acompañado de Patricia, que no paraba de llorar, apareció Isidro con mi computadora bajo el brazo.</p>



<p>―Ya tengo las pruebas que consiguieron reunir― afirmó.</p>



<p>Me alegro oírlo y esperanzado pensé que de salir todo mal, todos los datos de sus crímenes serían hallados por la policía cuando abrieran la caja fuerte donde había dejado el USB a buen resguardo. La científica que no era tonta, tomando de la melena a la morena, le preguntó:</p>



<p>― ¿Tienes otra copia?</p>



<p>Al haber efectuado la pregunta de esa forma, mi nueva esposa pudo falsear la verdad:</p>



<p>―Señora, puedo jurarle que no dispongo de otra.</p>



<p>Mi corazón dio un salto de alegría al comprobar que a pesar del lavado de cerebro la morena mantenía cierta independencia y había sido capaz de ocultar que me había dado esa memoria.</p>



<p>«Bien hecho, preciosa», pensé para mí busqué el momento ideal para saltar sobre ellos.</p>



<p>El matrimonio no puso en duda esa afirmación al venir de alguien que consideraban sometido y viendo en mí al único del que desconfiar, decidieron que fuera yo el primero al que matar:</p>



<p>―Acabemos ya― poniendo la pistola en mi sien comentó, Bañuelos.</p>



<p>Antes de que disparara, pregunté si podía despedirme de mis esposas. El cretino se descojonó e involuntariamente dejó de apuntarme mientras me daba permiso:</p>



<p>―Quiero que sepáis que os amo― dije dirigiéndome a Patricia y a Natacha, para acto seguido, girarme hacia la oriental: ―Kyon, mi dulce ruiseñor, quiero que sepas también te quiero y que&#8230; Isidro y Eugenia son mis enemigos.</p>



<p>Su maltratador comprendió mis intenciones, pero confiando en su sumisión no la vio llegar cuando de pronto usando las dos manos le rompió el cuello.&nbsp; Con su marido agonizando o muerto, la mujer intentó tomarme como rehén poniendo su arma en mi cabeza, pero revolviéndome la tiré al suelo. Una vez ahí, la sumisa no tuvo piedad de ella y la mató mientras mis dos esposas miraban horrorizadas hacia mí.</p>



<p>― ¿Qué os pasa? ― pregunté al ver sus caras.</p>



<p>Natacha fue la que contestó:</p>



<p>―Tu cuello.</p>



<p>Al tocármelo descubrí que tenía clavada la jeringuilla.</p>



<p>―Me ha inoculado― grité mientras la habitación se nublaba&#8230;</p>



<p>Durante una semana, me debatí enfermo. Mis altas temperaturas y el sufrimiento que padecí les hizo temer mi muerte y en el hospital se turnaron entre ellas para que, de llegar mi fallecimiento, no muriera solo como un perro. En mi agonía, la imagen de mi adorada rubia, la de mi amada negra y de mi fiel oriental se mezclaron con la de una chiquilla que usando una esponja me lavaba la frente pidiendo a “diosito” que su nuevo papá no muriera. En mi mente, escuchaba sus lloros a la lejanía sin que pudiera reconocer quien sollozaba y así fue hasta que un lunes, conseguí abrir los ojos.</p>



<p>― ¿No me vas a preparar nada de desayunar? Tengo hambre― comenté a mi ruiseñor que permanecía dormido en el sofá del cuarto.</p>



<p>Al escuchar mi voz, Kyon creyó que era un sueño.</p>



<p>―Soy difícil de matar― sonreí viendo Tal era mi enfermedad que creí&nbsp;</p>



<p>Sin poder contener su alegría, me besó y empezó a llamar a gritos al resto de la familia. Al estar en el pasillo, Patricia y Natacha tardaron apenas unos segundos en llegar en compañía de la criatura que había visto en sueños. Sus besos y abrazos no impidieron que me diera cuenta de que no me la habían presentado, pero sabiendo quién era al haberla reconocido como la hija de Bañuelos no hizo falta.</p>



<p>«La pobre es María», me dije compadeciéndome al saber no solo que sus padres habían muerto, sino que quien los había ejecutado había sido yo.</p>



<p>―No te preocupes. Antes era huérfana, ahora no. ¡Tú vas a ser mi padre! ― escuché que sin mover los labios me decía.</p>



<p>El cariño de tal afirmación y que me llegara directa a mente, me hizo girar y mirándola a los ojos, me pregunté si lo había imaginado.</p>



<p>―No, papá. He sido yo― con una sonrisa de oreja a oreja, respondió.</p>



<p>― ¿Eres telépata? – insistí sin usar la voz.</p>



<p>―Ambos lo somos.</p>



<p>Inconscientemente, me pregunté cómo era posible que Isidro y su mujer nunca se hubiesen dado cuenta del rotundo éxito que habían tenido con su retoño.</p>



<p>&nbsp;―Eran malos y nunca se lo dije― no dando importancia, contestó.</p>



<p>― ¿Entonces por qué me lo dices a mí?</p>



<p>Sonriendo mientras se acercaba y tomaba mi mano, respondió sin emitir sonido alguno:</p>



<p>―Mientras te cuidaba, vi que eras bueno y decidí adoptarte</p>



<p>Mientras ajenas a que estábamos conversando, Patricia se abrazaba a las otras dos, pedí a mi niña que se subiera sobre mí.</p>



<p>―Háblame. Quiero oír tu voz, mi pequeña.</p>



<p>&nbsp;―Te quiero, papá― contestó mientras mandaba a mi cerebro que se había ocupado de saltarse todos los trámites y que solo faltaba mi firma para ser legalmente mi hija.</p>



<p>Riendo, la abracé convencido que bajo el cuidado de alguien que la quisiera la indudable inteligencia de esa niña podía hacer mucho bien.</p>



<p>―Juntos haremos un lugar mejor de este mundo. Pero ni siquiera podemos decírselo a mis tres madres, no entenderían en lo que nos hemos convertido―me soltó por el cauce al que todavía no me había acostumbrado.</p>



<p>― ¿Qué somos?</p>



<p>―La que me engendró ya te lo dijo&#8230; comparándonos con el resto de la humanidad&#8230; ¡somos dioses!</p>



<p>************* FIN *************</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/503/98978212/98978212_087_e070.jpg" alt="" width="672" height="1011"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 8&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2026 08:19:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[fetichismo]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
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					<description><![CDATA[Una vez había terminado de cenar, me acerqué a ver a las muchachas lleno de curiosidad. Aunque no sabía el modo exacto en el que Natacha me habría preparado a la asiática, daba por supuesto que no me defraudaría. Aun así, jamás esperé encontrarme a Kyon completamente atada con cuerdas y menos ver que la rusita le hubiera colocado una mordaza mientras ella sonreía con una fusta en la mano. ― ¡Qué rápido has aprendido el arte del Shibari! ― observé impresionado al comprobar que, además de haberla inmovilizado, se había tomado la molestia de que formar con la soga [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Una vez había terminado de cenar, me acerqué a ver a las muchachas lleno de curiosidad. Aunque no sabía el modo exacto en el que Natacha me habría preparado a la asiática, daba por supuesto que no me defraudaría. Aun así, jamás esperé encontrarme a Kyon completamente atada con cuerdas y menos ver que la rusita le hubiera colocado una mordaza mientras ella sonreía con una fusta en la mano.</p>



<p>― ¡Qué rápido has aprendido el arte del Shibari! ― observé impresionado al comprobar que, además de haberla inmovilizado, se había tomado la molestia de que formar con la soga una red en la que el trasero de la cría quedaba sensualmente expuesto.</p>



<p>―No es mérito mío, sino de “ruiseñor”, nuestra “golosina” ― respondió: ―Solo he seguido sus instrucciones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp; No me pasó inadvertido que hubiese usado los dos apodos para nombrar a la nueva incorporación como tampoco que se hubiese supuesto al decir “nuestra” que era también de su propiedad. Pensando en que por razones de horario estaría con ella más que yo, me pareció bien y por ello me puse a presté atención a la evidente excitación de la chinita.</p>



<p>«Sentirse indefensa la pone cachonda», razoné al ver que tenía erizados los pezones.</p>



<p>Dando tiempo a que su calentura se acrecentara, me senté en la cama sin tocarla. Tal como había previsto, al no recibir caricia alguna de su amo, lejos de tranquilizarla, puso nerviosa a la chavala e involuntariamente, gimió pidiendo que la hiciera caso. Como era novato en esas lides, preferí empezar con un piropo a la que se había ocupado de atarla mientras observaba la reacción de la cautiva:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_004_423e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Reconozco que eres una artista, has conseguido que se me antoje dar un mordisco a nuestra golosina.</p>



<p>Al oírme, Kyon volvió a suspirar haciéndome participe de lo mucho que la atraía sentir que la marcaba con mis dientes. Sin prisa alguna, pasé una de mis manos por su trasero con delicadeza, para acto seguido y con la mano abierta, comprobar su predisposición regalándola una sonora nalgada. Al ser algo que deseaba, sollozó de placer.</p>



<p>―De no llevar la mordaza, nuestro “ruiseñor” le agradecería esa caricia ― Natacha comentó haciendo de portavoz de la joven.</p>



<p>Asumiendo que sería así al comprobar la humedad que había hecho aparición entre sus pliegues, aproveché que en esa postura podía verme y con `premeditada lentitud, comencé a desnudarme. Mi striptease exacerbó la necesidad de entregarse a su amo y nuevamente se ofreció a mí poniendo el culo en pompa. Lo que no anticipé fue que la rusa se lo recriminase descargando sobre ella otro azote:</p>



<p>―No puedes ni debes acelerar tu entrega. Eso es potestad de nuestro amo.</p>



<p>Esa recriminación de labios de su maestra provocó las lágrimas de la muchacha. Enternecida Natacha acercó su boca y las lamió:</p>



<p>―No llores, golosina mía. Solo era un consejo.</p>



<p>Al sentir que un cariño que no se esperaba y menos a través de la lengua de la rubia, Kyon enmudeció y de improviso todo su cuerpo comenzó a temblar presa de la desesperación.</p>



<p>― ¡Quítale la mordaza y bésala! ― exigí interesado en esa reacción.</p>



<p>Obedeciendo mi orden, la despojó del bozal y sorprendiéndome, mordió con dureza los labios de la sumisa.&nbsp; Supe que Natacha había actuado correctamente al sustituir el beso que le pedí por esa ruda caricia cuando de improviso la chinita se corrió entonando una canción de amor.</p>



<p>― ¡Qué apropiado es el nombre de ruiseñor para nuestra zorrita! ― encantada comentó la rusa al escuchar la forma en que exteriorizaba el placer.</p>



<p>La prodigiosa voz de Kyon fue un reclamo del que no pude abstraerme e increíblemente, mi pene reaccionó irguiéndose entre mis piernas.</p>



<p>―Me parece que a nuestro amo le gusta que cantes― susurró muerta de risa Natacha.</p>



<p>Al comprobar que era así, elevando la intensidad de su canto, contestó alterando la letra que entonaba:</p>



<p>―Presa en su jaula de oro, el bello ruiseñor anhela las manos de su dueño y por eso canta.</p>



<p>No me costó entender que estaba pidiendo mis caricias y accediendo a su suplica, acaricié sus pechos con dos de mis yemas incrementando con ello el gozo que estaba experimentando.</p>



<p>―La pajarita no echó de menos la libertad al saber que estando enjaulada podía trinar para complacer al dueño del jardín al que había llegado volando― canturreó.</p>



<p>&nbsp;Para entonces deseaba formalizar su entrega, pero sabiendo que cuanto más la postergara mayor sería su placer preferí incrementar su gozo con un pellizco en una de sus areolas. El efecto de esa ruda caricia desbordó mis previsiones y de improviso fui testigo del brutal orgasmo que recorrió de arriba abajo el cuerpo de la cantante.</p>



<p>―Supo la avecita presa que los barrotes de su prisión eran en realidad la puerta de su hogar al sentir el cariño con el que la trataba su señor― lloró al verse inmersa en el placer, pero incompleta.</p>



<p>―Amo, no la haga sufrir más― susurró en mi oído Natacha.</p>



<p>Admitiendo que era así, usé la soga que la tenía inmovilizada para acercarla a mí y tomando mi hombría, comencé a jugar entre sus pliegues mientras la alertaba de que en unos instantes iba a hacerla mía.</p>



<p>―Libéreme haciéndome su esclava― imploró sin mover un músculo de su cuerpo.</p>



<p>Con paso firme, pero delicadamente, hundí mi tallo en ella hasta toparme con su himen que todavía permanecía en pie y al contrario que con la rubia, no pedí permiso y con un pequeño empujón, desgarré la telecilla.</p>



<p>―Soy una mujer libre en los brazos del único amo que voy a tener― rugió con alegría sin importar el dolor que le había provocado al desflorarla.</p>



<p>La facilidad con la que mi pene se sumergió en su interior confirmó sus palabras y asumiendo que era mi responsabilidad el hacerla disfrutar, imprimí un lento trote tomándola de los hombros. Sus gemidos de placer me permitieron ir incrementando poco a poco la velocidad con la que la cabalgaba hasta convertir ese pausado cabalgar en un desenfrenado galope.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_009_bc92.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Azuza a tu montura para que sepa quién es su dueño― con tono excitado, Natacha me aconsejó.</p>



<p>Comprendiendo que, según el manual era lo apropiado, marqué el ritmo a mi montura con nuevos azotes mientras con el pene martilleaba su interior. La violencia de mi asalto no menguó al notar que se corría y dominado ya por la lujuria, busqué mi placer haciendo chocar mi glande contra la pared de la vagina de la oriental. Esa insistencia estimuló más si cabe la entrega de Kyon y ya gritando me rogó que grabara mi amor en su cuello.</p>



<p>Como había leído que en su lavado de cerebro habían dejado impreso que no se sentiría plena hasta que los dientes de su amo se cerraran sobre su piel, esperé a sentir que me corría para morderla. El dolor del mordisco unido al placer de notar que mi hombría explotaba en su interior renovó, alargó y magnificó el clímax de la chinita.</p>



<p>― ¡Libre y esclava de mi señor! ― gritó y con una felicidad sin igual en su tono, añadió: ― ¡Esclava y libre con mi señor!</p>



<p>Exhausto contemplé la plenitud de la joven e incapaz de hacerlo por mí mismo, pedí a la rusita que la desatara mientras me tumbaba en la cama. Ésta no dudó un instante en obedecer y tras liberarla de sus ataduras, la besó felicitándola por haber derrotado a su dueño.</p>



<p>―Golosina, te dejó descansar si me prometes que luego me ayudaras a levantar el ánimo de nuestro hombre― muerta de risa, dejó caer.</p>



<p>Lo que nunca se esperó Natacha fue que Kyon se arrodillara ante ella y besando sus pies, la rectificara:</p>



<p>―Señora, sé que usted es la favorita del amo y por tanto no puedo prometer algo que estoy obligada a dar en cuanto usted deje su marca en mí.</p>



<p>La descarada criatura al sentir la adoración que esa exótica belleza sentía por ella, replicó:</p>



<p>―Solo me dignaré a morder mi golosina, cuando me haya hecho sentir su amor.</p>



<p>Como no podía ser de otra forma, “ruiseñor” entendió lo que pedía y comenzando a cantar, hundió la cara entre las piernas de su maestra&#8230;</p>



<p>El sol del amanecer a través de la ventana me despertó con ellas abrazadas a mí. Al seguir dormidas, eso me permitió pensar en lo sucedido y fue entonces cuando caí en un detalle que había permanecido oculto a mis ojos: Patricia, Natacha y Kyon tenían algo en común, las tres eran sobresalientes además de bellas. Meditando sobre ello no me pareció normal que mi secretaria fuera dueña de una inteligencia poco común, que la rusita tuviera un talento para la pintura descomunal, y para colmo que la sumisa estuviera dotada de una voz capaz de dar la talla en cualquier compañía de ópera.</p>



<p>«O bien ese cabrón de Isidro Bañuelos siente predilección por mujeres que destaquen en alguna faceta, o en realidad ha descubierto el método de incrementar las aptitudes de sus víctimas convirtiéndolas en verdaderas genios».</p>



<p>De ser eso último, ese pervertido o alguien de su organización había sido capaz de dar un salto cuántico en lo que respecta a la educación tal y como la conocíamos.</p>



<p>«No puede ser que, habiendo hecho un descubrimiento que podría cambiar la humanidad, lo usen únicamente para satisfacer sus oscuras apetencias», pensé impresionado y preocupado por igual.</p>



<p>Ya con la duda en el cuerpo y tratando de meditar como podría descartar o verificar mis sospechas, esperé a que dieran las siete y media para despertar a las dos crías. Al llegar la hora, acaricié las mejillas de la chinita llamándola por su apodo.</p>



<p>― Golosina, hay que levantarse.</p>



<p>En cuanto oyó mi voz, la joven abrió sus rasgados ojos y luciendo una sonrisa intentó renovar sus votos, pero rechazando sus mimos le pedí que se fuera a preparar el jacuzzi:</p>



<p>― ¿Va a permitir que lo bañe? ― esperanzada preguntó.</p>



<p>―Nos bañaremos los tres juntos en cuanto despiertes a esta vaga― respondí señalando a la rubia que no se había enterado de nada.</p>



<p>Supe que a partir de entonces debía de tener cuidado y detallar más cualquier orden que le diese, cuando arrastrándola de los pies la echó de la cama.</p>



<p>―El amo nos quiere en pie― se defendió la oriental cuando Natacha gritando empezó a protestar por el modo en que la había levantado.</p>



<p>Tras lo cual, obviando el cabreo de la chavala, se fue a llenar la bañera.</p>



<p>― ¿Qué coño le pasa a esta loca? ¿Has visto cómo me ha tirado al suelo? ― todavía indignada, me preguntó.</p>



<p>Despelotado de risa, la ayudé a levantarse y la besé.</p>



<p>―Date prisa que os quiero preguntar algo― dije mientras me dirigía al baño.</p>



<p>Al ver que ya había agua suficiente, me metí en el jacuzzi y las azucé a entrar conmigo. La oriental que era la que llevaba más tiempo con los ojos abiertos fue la primera en pasar mientras la rusa rumiaba su cabreo preguntando qué era eso de lo que quería hablar. Atrayendo a ambas, las coloqué entre mis piernas y comencé a enjabonarlas mientras pedía que Natacha me contara si antes de ser comprada a sus padres ya pintaba tan bien.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_014_04df.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Lucas, mis viejos eran tan pobres que nunca tuve siquiera un lápiz por lo que no lo sé.</p>



<p>―Vale, cariño. Y una vez en poder de ese hombre, ¿cómo empezaste a dibujar?</p>



<p>Haciendo memoria, contestó:</p>



<p>―Ahora que lo dices. No me fije en las pinturas que había en la casa donde permanecí tantos años hasta un día en el que un médico me inyectó unas vitaminas.</p>



<p>Intrigado insistí en que siguiera haciendo el esfuerzo de pensar en ese día.</p>



<p>―Como comentaba al irse, todo me daba vueltas y sentía una extraña angustia que solo despareció cuando cogí un pincel y comencé a pintar en un papel la cabaña de mis padres.</p>



<p>― ¿Era lo único que tenías a tu alcance? ¿Había&#8230; no sé, instrumentos de música, libros&#8230;?</p>



<p>―Sí, pero no me digas la razón nada de eso me atrajo. En cambio, ese pincel me llamaba y en el momento en que lo toqué, me tranquilicé y la angustia desapareció.</p>



<p>Deseando y temiendo a la vez que Kyon ratificara mis sospechas, le hice las mismas preguntas, pero en su caso respecto al canto.</p>



<p>&nbsp;―Me ocurrió igual. No canté jamás hasta el día en que un enfermero me puso una inyección e histérica cogí una guitarra, la cual al tocarla hizo desaparecer mi nerviosismo.</p>



<p>―Ruiseñor, a parte de la guitarra, ¿qué instrumentos sabes tocar? ― la rubia preguntó.</p>



<p>―No sé&#8230; todos. En cuanto oigo como suena uno, no tardo en poder usarlo para cantar.</p>



<p>― ¿Has tocado alguna vez un piano? ― la rubia que no era tonta preguntó.</p>



<p>Avergonzada que la oriental reconoció que, aunque había oído su sonido en un equipo de música, nunca había visto uno. Anticipando mis pensamientos, Natacha sacó a Kyon de la bañera y la llevó al salón sin importarle que, mojadas como estaban, empaparan todo a su paso. Envolviéndome en una toalla, las seguí y horrorizado, observé cómo comenzaba a tocar las teclas y tras un minuto oyendo las notas que producían sus dedos al pulsar sobre ellas, la chinita se lanzaba ejecutar al piano una composición de Beethoven.</p>



<p>«¡Su puta madre! ¡Esto no es natural!», exclamé para mí mientras la rusa aplaudía entusiasmada.</p>



<p>Derrumbándome en el sofá, comprendí que además de haberlas lavado el cerebro habían sido conejillas de indias de un experimento del cual, y a pesar de reconocer que había sido un rotundo éxito, desconocía si podía tener efectos secundarios.</p>



<p>Recordando que según creía Patricia también había sido víctima del mismo, la llamé:</p>



<p>―Me da igual que no te apetezca verme. Necesito enseñarte algo, así que pon en movimiento tu estupendo culo o tendré que irte a buscar y te traeré a rastras― grité a través del teléfono a mi secretaria cuando ésta se negó de primeras a acudir a mi llamada&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">17</h1>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―</p>



<p>Menos de veinte minutos después, escuché el timbre de la puerta y cuando ya me disponía a abrir a Patricia, Natacha ordenó a Kyon que fuera ella.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ruiseñor, la mujer que ha llegado será próximamente la esposa de nuestro amo y por tanto tu legitima dueña. Debes mostrarle tus respetos desde que cruce el umbral de esta casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Así lo haré, maestra.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como sabía que la rusa no daba puntada sin hilo, quise que me explicara cual era la segunda intención de esa orden, ya que no me creía que la moviera el enseñar a la oriental.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ese detalle es el menos importante― pícaramente respondió: ―Si como me imagino su futura viene cabreada, la vendrá bien un buen meneo a sus pies y que ya relajada, olvide que no fue ella quien trajo a “golosina” aquí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juro que no creí en que diera resultado y por ello, espiando a través del pasillo, me puse a observar como la joven recibía a mi secretaria. Tal y como preví, la negra venía fuera de sí y el ver que la que consideraba una intrusa era quien le daba acceso al que consideraba por derecho su hogar, quiso pasar de largo sin siquiera saludarla, pero Kyon se interpuso y arrodillándose ante ella, le pidió permiso para descalzarla:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Me han ordenado que le haga ver que también soy suya y no querrá que mi dueño me castigue.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Patricia, considerando como un mal menor la pretensión de la chinita, dejó que le quitara la primera de sus botas sin esperarse que, una vez descalza y antes de despojarle de la segunda, se pusiera a masajear la planta del pie hundiendo sus dedos en ella.</p>



<p>― ¿Quién te ha enseñado esto? ― suspiró derrotada al sentir que como por arte de magia toda su pierna se relajaba.</p>



<p>Kyon no contestó y antes de dar por terminado el masaje en ese pie, acercando la boca al mismo lo besó. Aun a distancia, el rubor de sus mejillas me informó que la sumisión de la chinita no le había resultado indiferente. Ratifiqué que era así al verla reaccionar exigiendo de malos modos que terminara pronto de sobarle el pie todavía calzado porque había quedado con don Lucas, su novio.</p>



<p>―Sé quién es usted y que en un futuro estará a su lado, pero ni siquiera entonces la obedeceré si su orden va en contra de lo que me ha pedido mi amo. Ahora sea buena y permita que esta esclava la mime.</p>



<p>Patricia bufó al sentirse ninguneada por la joven, pero recordando que le había contado que, durante mi detención, esa muchacha se había deshecho con facilidad de dos policías, prefirió no tentar la suerte y dejar que la descalzara siguiendo el ritmo por ella marcado. Kyon, sabiéndose vencedora de ese primer asalto, quiso dejar claro de nuevo que a pesar de sumisa era un rival digno de respetar cuando prolongó el masaje durante más tiempo antes de rematar la faena lamiendo uno a uno los dedos de ese segundo pie.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_055_9b41.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Su maestría y la dedicación que demostró, no aminoró el enfado de mi secretaría que observando que, bajo el vestido de criada, la asiática estaba excitada, decidió contratacar y metiendo la mano de su escote, tras apoderarse de uno de sus pezones, lo torturó diciendo:</p>



<p>―Zorra, te anticipo que pienso azotar tu penoso y grasiento culo en cuanto tenga oportunidad.</p>



<p>―Eso espero, señora. Exceptuando las caricias de mi señor, nada me dará más placer que ser el saco de boxeo donde su futura compañera de cama descargue todas sus notorias carencias y sus evidentes complejos.</p>



<p>―No seré su compañera de cama, seré su esposa. ¡Cretina! ― soltándole un guantazo contestó.</p>



<p>La chinita debía prever esa reacción por la rapidez con la que atajó el golpe reteniéndole ambos brazos para que no intentase de nuevo golpearla.</p>



<p>―Señora, cuando mi amo la autorice a castigarme, yo misma traeré la fusta con la que me corrija, pero hasta entonces le pido que se abstenga de volverlo a intentar porque me obligaría a defender lo que es propiedad de mi señor y le aseguro que saldría mal parada.</p>



<p>Interviniendo para que no llegara a mayores, separé a esas dos arpías y señalando el salón pedí a mi secretaria que se sentara y entrando como un miura en el tema, brevemente expuse que creía haber hallado otro nexo entre las tres, aparte de haber estado relacionadas con Isidro. Al preguntar cuál, repliqué:</p>



<p>―Quiero que pienses, ¿alguna vez te han inyectado algo mientras salías con ese hombre?</p>



<p>Aunque en un principio lo negó, ante mi insistencia hizo memoria y contestó:</p>



<p>―Acababa de cumplir la mayoría de edad y cuando llevábamos poco de novios, por un viaje a Marruecos tuvimos que vacunarnos. Esa fue la única, estoy segura.</p>



<p>Sin dejarla pensar para que no se pusiera a la defensiva, le pregunté por su desempeño escolar.</p>



<p>―Era vaga como yo sola. Aunque nunca suspendí, difícilmente pasaba de un siete― riendo comentó: ―Otra cosa fue al empezar la carrera donde jamás bajé del diez y fueron casi todo, matrículas.</p>



<p>―En tu curriculum leí que hablas a nivel nativo otros tres idiomas, ¿cuándo los aprendiste?</p>



<p>―Durante los veranos de la universidad. Como jamás tuve que presentarme a los exámenes de junio al haber liberado las materias, me fui a sus países de origen.</p>



<p>― ¿Conoces o has oído hablar de alguien que los haya aprendido sin acento a esa edad? ― dejé caer únicamente caer y sin esperar a que contestara, pedí a Natacha que trajera su versión de la venus de Velázquez.</p>



<p>Al ver que la rubia era la modela del cuadro cuya cara se reflejaba en el espejo sonrió, pero lo que realmente le hizo gracia fue que hubiera sustituido al ángel por mí.</p>



<p>―Muñeca, el cuadro es precioso.</p>



<p>― ¿Conoces o has oído hablar de alguien que sin recibir clases formales de arte sea capaz de tener esta técnica?</p>



<p>― ¿Quieres decirme por donde vas? ― chilló enfurecida temiendo quizás la respuesta.</p>



<p>Sin contestarla directamente, la informé que hasta apenas dos horas antes Kyon nunca había visto un piano y menos lo había tocado.</p>



<p>― ¿Y a mí qué coño me importa lo que le haya pasado o dejado de pasar a tu zorrita?</p>



<p>―No sé si sabes que los “poemas para piano” de Ravel están entre las partituras más difíciles que se han escrito nunca para ese instrumento.</p>



<p>&nbsp;―No lo sabía― reconoció.</p>



<p>―Por favor, Kyon enseña a mi futura compañera de cama lo que has aprendido mientras la esperaba― contesté metiendo una pulla.</p>



<p>Sentándose frente al piano, la chinita comenzó a tocar y no llevaba interpretando más que dos minutos esa complicada melodía, cuando exasperada volvió a interpelarme sobre dónde quería llegar.</p>



<p>―Creo que lo sabes, no en vano eres la más inteligente de esta sala. Yo mismo, considerándome un hombre listo, no te llego a las suelas de los zapatos― contesté y al ver que no se atrevía a reconocer lo evidente, proseguí: ―Cuando reparé en que a vuestra manera erais unas superdotadas, me pregunté cómo era posible que ese malnacido hubiese podido reunir a su alrededor mujeres tan bellas y brillantes cuando estadísticamente era algo imposible&#8230;</p>



<p>―¿No estarás insinuando que no nos encontró sino que nos creó?</p>



<p>―No lo estoy insinuando sino afirmando, los dones de las tres comenzaron a revelarse a raíz de la inyección de algún compuesto. Y si te he pedido venir no es para que torturarte, sino para que me ayudes a averiguar que os han hecho y podamos anticipar cualquier efecto secundario que os pueda provocar.</p>



<p>― ¿Te importa acaso lo que me pase? ― llorando preguntó.</p>



<p>Interviniendo a mi favor, Natacha fue quien contestó afirmando cosas que nunca me había escuchado:</p>



<p>―Por supuesto que le importas. Lucas te quiere y desea tener hijos contigo.</p>



<p>―Para eso te tiene a ti y a esa puta de ojos rasgados.</p>



<p>Al escucharla y ver en los ojos de la insultada que deseaba estrangularla, decidí terminar de una puta vez con esas rencillas. Tomando a ambas de la cintura y me dirigí en primer lugar a la china:</p>



<p>―Tienes prohibido agredir a Patricia porque va a ser mi mujer.</p>



<p>La sonrisa de mi secretaria despareció cuando, mirándola a los ojos, le avisé que de seguir empeñada en humillar a Kyon iba a darle carta de libertad para que se defendiera.</p>



<p>―Intentaré no meterme con ella&#8230; aunque se lo merezca― bajando la mirada, replicó.</p>



<p>Sabiendo que había logrado al menos una tregua entre las dos, retorné al tema importante y le pregunté si podría contar con su ayuda. Haciéndome ver que ese armisticio siempre pendería de un hilo, respondió luciendo ante la chinita el anillo de mi familia que llevaba en su dedo anular:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_057_39e9.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿No entiendo que lo pongas en duda siendo mi prometido?</p>



<p>Tras lo cual, olvidándose de Kyon, preguntó dónde tenía el portátil:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si como supones nos ha inoculado, Isidro haber dejado rastro de esos experimentos en alguna de sus computadoras― contestó cuando quise saber para qué lo necesitaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dando por hecho que entre las aptitudes de ese genio de grandes tetas estaba la capacidad de franquear cualquier sistema de seguridad que se le pusiera por delante, le informé que estaba en mi despacho.</p>



<p>―Voy a tardar al menos toda la mañana y necesito un café, dile a tu amarilla que me lo traiga―murmuró sentándose frente al ordenador.</p>



<p>Viendo quizás que la misión que le había encomendado a Patricia era vital, la sumisa no esperó mi orden y preguntando a Natacha donde teníamos la cafetera, fue a preparárselo. Al quedarme solo con la rusita, aproveché para pedirle que estuviera atenta al comportamiento de esas dos para que no se cayeran a golpes.</p>



<p>―¿Qué poco conoces a tus mujeres? Aunque te parezca imposible, entre ellas hay química.</p>



<p>Juro que no la creí e intrigado por la seguridad que mostraba, le pedí que me dijera en que se basaba para afirmar que se atraían después de lo que habíamos visto. Muerta de risa, replicó:</p>



<p>―Son dos panteras abriéndose hueco a codazos, pero en cuanto cada una asuma su lugar en esta casa, lo difícil será separarlas y que nos hagan caso.</p>



<p>Observando el cambio que había tenido esa pícara criatura desde la llegada a casa, comprendí que había dejado atrás a la servicial rubia del inicio y que estaba dejando salir una manipuladora divertida y juguetona. Usando un tono irónicamente duro, le exigí que me dijera entonces cual pensaba ella que sería las funciones de cada una:</p>



<p>―Como la esposa legal, Patricia va a ejercer la jefatura de tu harén y hará de Kyon su juguete.</p>



<p>―Imaginemos que sea así, entonces dentro de ese esquema, ¿cuál será el papel que prevés para ti?</p>



<p>Desternillada, respondió:</p>



<p>―Soy y seré tu muñeca, la mujercita que velará para que ese par no se desmande y a la que amarás siempre. ¿O no es cierto que mi amado dueño y señor duda ya destila amor y cariño por su bella Natacha?</p>



<p>No pude más que estar de acuerdo con ella&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">18</h1>



<p>Sin otra cosa que hacer mientras Patricia investigaba a su antiguo novio, accedí a hacer de modelo para la rusita cuando me contó que deseaba recrear conmigo el cuadro que Rubens había pintado sobre una leyenda carcelaria en la que un hombre fue sentenciado a morir de hambre y al que salvó su hija recién parida dándole de mamar durante sus visitas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No quiero que me retrates como un viejo― fue la única objeción que puse al recordar el personaje de “la caridad romana” del pintor belga.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lucas, jamás se me ocurriría tal falta de respeto― respondió: ―Piensa que será mi pecho el que te alimente y nunca se lo daría a un hombre aún más anciano que tú.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que recalcara nuestra diferencia de edad no me molestó al ver su desvergonzada sonrisa y despojándome de la camisa, me coloqué en el sofá siguiendo sus instrucciones. Una vez en la postura que me decía y mientras mantenía las manos teóricamente atadas a la espalda, acercó uno de sus juveniles pechos a mi boca y sacó la foto que le serviría de guía al reproducir esa escena. Lo que se esperaba fue que, con el pezón entre los labios, el modelo que había elegido le regalara un mordisco mientras le acariciaba el trasero.</p>



<p>―No seas malo― sonrió sin separarse.</p>



<p>El deseo que intuí en ella, me hizo reír y liberando su seno, volví a recuperar la posición inicial mientras le decía:</p>



<p>―Desde ahora te digo que el día en que te embaraces pienso hacer realidad el cuadro y te obligaré a alimentarme con tu leche.</p>



<p>Sabiendo que iba a ser así, la chavala soltó una carcajada:</p>



<p>―Mi leche será para nuestro hijo y si sobra para el perverso de mi amo.</p>



<p>La felicidad que lució Natacha con la idea me hizo comprender que, teniendo tres mujeres, de no andarme con cuidado, terminaría engendrando un equipo de fútbol. Con ese pensamiento en mi cerebro, medité por primera vez si deseaba ser padre y contra todo pronóstico, llegué a la conclusión que sí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_065_a6cb.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«Por mi edad, no puedo esperar mucha o seré un abuelo», me dije mientras veía a la rubita dando pinceladas en el lienzo.</p>



<p>Durante el par de horas que permanecí medio postrado hice un examen de conciencia acerca de lo que sentía por las diferentes mujeres que habían llegado a mi vida a raíz del divorcio, centrándome sobre todo en el futuro y cómo conseguir llevar una existencia normal siendo ellas tres.</p>



<p>«Nunca he creído en el poli amor y menos deseé tener un harén», pensé preocupado al saber que jamás podría rehuir mi responsabilidad con ellas.</p>



<p>Ese dilema seguía en mi mente cuando de improviso Kyon llegó y nos informó que Patricia estaba llorando. Al asumir que la negrita se había topado con algo referente a ella, me levanté y fui a ver qué le pasaba. Tal y como nos había dicho la oriental, sollozaba sentada frente al ordenador.</p>



<p>―¿Qué has encontrado?― abrazándola pregunté.</p>



<p>Hundiendo la cara en mi pecho, se desmoronó mientras explicaba que había descubierto la verdadera razón por la que su ex se había desecho de Inés y de las otras dos.&nbsp; Sabiendo que el motivo de su ruptura con Bañuelos había sido su compañera de colegio y que se echaba la culpa de su muerte, preferí consolarla sin preguntar.</p>



<p>―Ordenó que las mataran al darse cuenta de que el experimento fallaba con ellas y que, en vez incrementarse sus facultades, se estaban volviendo locas― continuó.</p>



<p>Siendo una desgracia, me alegró saber que ella no había tenido nada que ver porque así le sería más fácil el perdonarse por no haber podido salvarla. Pero entonces levantando la mirada me informó que al menos otra docena de mujeres habían corrido el mismo destino al no ser compatibles con el compuesto que habían desarrollado.</p>



<p>&nbsp;―De todas sus conejillas de indias, hasta ahora solo ha tenido éxito con cuatro.</p>



<p>&nbsp;Saber que había otra mujer en su misma situación me preocupó y no solo porque daba por descontado que no tardarían en pedir que la rescatáramos, sino porque, siento tan pocas, no tenía sentido que al menos en el caso de Natacha y de Kyon las hubiese puesto en venta. Al mostrarle mis dudas, contestó:</p>



<p>―Ya no le hacían falta&#8230; ¡ha descubierto comparte con nosotras el gen que permite soportar el cambio y está haciendo las últimas pruebas para inoculárselo el mismo!</p>



<p>Que ese hombre hubiese organizado ese experimento con el objeto de convertirse en un superdotado me reveló que además de ser un malvado, estaba loco ya que según la información de la que yo disponía ese hijo de perra no podía prever cuál de sus facultades sería magnificada. Por ello, ya sin reparo alguno, ordené a la morena que guardara todos los datos en una USB y siguiera investigando porque nadie en su sano juicio dejaría al azar lo más crucial. Aceptando mi sugerencia grabó la documentación pirateada, pero cuando quiso volver a meterse en internet para continuar hackeando el servidor donde su ex guardaba todo lo referente al experimento, se echó a llorar:</p>



<p>―No puedo seguir, es demasiado duro.</p>



<p>Sorprendiendo a propios y extraños, la chinita que se había mostrado tan reticente a aceptar la presencia de la negrita se acercó a ella y tomándola de la mano, la levantó de la silla mientras decía:</p>



<p>―Deje mi señora que esta amarilla le dé un masaje relajante</p>



<p>Patricia estaba tan necesitada de apoyo que se dejó llevar por Kyon hacia mi cuarto mientras Natacha sonreía satisfecha por haber acertado en la química que compartían las dos que se marchaban.</p>



<p>―Permite que se sientan cómodas antes de ir a espiarlas― comentó asumiendo que iba a comportarme como un sucio mirón. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Lo cierto es que estaba en lo cierto, lo quisiera reconocer o no, deseaba contemplar qué tipo de estrategia iba a usar la oriental con mi secretaria. Para que no se me notara tanto, me abrí una cerveza.</p>



<p>―Te mueres por verlo, ¿verdad? ― insistió con naturalidad mientras me empujaba por el pasillo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar, la morena estaba tumbada boca abajo con el torso desnudo y con una toalla tapando su trasero mientras de pie al lado de la cama Kyon se untaba las manos con aceite. Viéndonos entrar, se abstuvo de advertir a Patricia de nuestra llegada y guiñándonos un ojo comenzó a extenderlo suavemente por su espalda. Reconozco que me interesaba descubrir cómo reaccionaría esa mujer al agasajo de la sumisa y si finalmente disolvería la enemistad entre ellas a través de sus manos.</p>



<p>«No tiene prisa», me dije viendo como recorría con las yemas el cuello de mi prometida en busca de aliviar su tensión.</p>



<p>Durante unos minutos, se quedó masajeando allí sin avanzar hasta que comprobó por su respiración que la morena admitía tranquila sus mimos. Ya convencida de ello, extendió el aceite por la espalda de esa belleza para acto seguido profesionalmente cogerle un brazo y ponerse a trabajarlo empezando en el hombro hasta llegar a su mano.</p>



<p>«No sabía que tenía una masajista experta en casa. ¡Menuda joya!», pensé envidioso deseando ser yo el paciente.</p>



<p>De reojo, comprobé que no era el único al ver a Natacha con la boca abierta concentrada en lo que sucedía sobre las sábanas. Kyon rompió el silencio alertando a Patricia de que para continuar debía subírsele encima:</p>



<p>―Haz lo que consideres, zorra.</p>



<p>Sonriendo, la chinita dejó caer su vestido antes de ponerse a horcajadas sobre la morena. Desde mi posición reparé que lejos de molestarle ese insulto de alguna forma la había estimulado al ver que tenía los pezones erizados. Sin destapar sus cartas, Kyon comenzó a recorrer nuevamente el cuello de su enemiga, pero en esta ocasión al deslizarse por su espalda brevemente hizo que sus dedos se perdieran por debajo de la toalla.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_069_5165.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Si te molesta, puedes quitármela― todavía con tono exigente, comentó la masajeada.</p>



<p>―Señora, todavía no me hace falta― susurró la oriental mientras volvía al cuello frotando el lomo de mi secretaria evitando sus pechos.</p>



<p>La tranquilidad con la que fue repitiendo esa maniobra abarcando con cada repetición mayor extensión de la oscura piel de la mujer no evitó que me fijara que en las ultimas pasadas no solo la estaba magreando descaradamente el culo, sino que también estaban siendo objeto del masaje los pechos de Patricia.</p>



<p>―Para ser una sucia amarilla, tienes buenas manos― comentó con su dulzura habitual la morena.</p>



<p>Sin alterarse por ese menosprecio, pasó a trabajar sus piernas, pero antes de hacerlo desdobló la toalla que hasta entonces solo le cubría el culo para taparle la espalda, supongo que para que no se le enfriase. Como esa franela no era suficientemente grande, dejó al descubierto el inicio de las negras nalgas de su paciente haciéndome comprender que Patricia estaba completamente desnuda bajo la toalla.</p>



<p>En mi ingenuidad había supuesto que conservaba las braguitas, pero evidentemente no era así. El maravilloso culo africano de mi secretaria estaba completamente a merced de la chinita sin que Patricia no parecía preocupada. Es más, ni siquiera se ocupó de cerrar las piernas para proteger su sexo de la mirada de la sumisa sino quizás todo lo contrario. Consciente de ello, Kyon añadió aceite a sus manos antes de ponerse a relajar los gemelos de la morena.</p>



<p>―No me voy a espantar si masajeas mis glúteos.</p>



<p>Supe que algo estaba cambiando en la negrita cuando no la insultó y suavizó el tono. Que alzara el culete y casi imperceptiblemente separara las piernas al sentir las manos de la oriental subiendo por sus muslos, lo único que hizo fue ratificarlo. Kyon no tardó en darse cuenta y sonriéndome, no vio nada malo en apoderarse de sus nalgas y masajearlas mientras le decía:</p>



<p>―Mi señora tiene un cuerpo estupendo, no me extraña que su prometido esté loco por usted.</p>



<p>―¿Tú crees?― gimió oyéndola.</p>



<p>―Por supuesto, doña Patricia. Le he oído decir lo mucho que le apetece ser su marido.</p>



<p>Desde mi asiento, observé que la mentira de la oriental no era algo inocente sino premeditado cuando provocó un sollozo en la que quería casarse conmigo.</p>



<p>―Quiero que se dé la vuelta, pero antes voy a taparle la cara― la sumisa comentó mientras le ponía la toalla en la cabeza.</p>



<p>Sin negarse, la morena preguntó el motivo:</p>



<p>―Quiero que mi señora sueñe que son las manos de su Lucas las que la tocan.</p>



<p>Ese intencionado consejo nuevamente hizo que la que me había estado acosando se excitara. Prueba de ello fue que al sentir que la joven se ponía a derramar aceite empezando por su vientre hasta llegar a los pechos los cuales los dejó totalmente impregnados, sollozó:</p>



<p>―Lucas, tu negrita necesita tus mimos.</p>



<p>Para entonces, yo mismo estaba excitado y pensé en colocarme más cerca para ver mejor pero cuando ya estaba a punto de levantarme, Natacha me bajó la bragueta liberando mi pene. No pude más que agradecer que tomara mi erección entre sus dedos y se pusiera a pajearme mientras sobre la cama la chinita alababa los voluminosos senos de Patricia, acariciándolos:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_061_0066.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Cállate, zorrita. Estoy intentando creer que es tu amo el que me mima.</p>



<p>Kyon sintió como una victoria la ternura de su voz al reclamarle silencio y tomando ambos senos con sus manos, se puso a amasarlos rozando sus pezones de pasada. Prestando atención al tamaño y a la dureza, supe que había llegado el momento de que la oriental variara la naturaleza del masaje y desde mi asiento con mímica, le sugerí que se los metiera en la boca. No fue solo ella quien hizo caso al gesto y mientras la veía tomar entre sus labios las areolas de la morena, Natacha aprovechó para hundir mi hombría en su boca. Los gemidos que brotaban de mi novia acallaron los míos y por eso, quizás, no reparó en nuestra presencia.</p>



<p>―Lucas, amor mío, muérdeme las tetas― suspiró dominada por la lujuria.</p>



<p>Obedeciendo, la sumisa comenzó a darle suaves mordiscos mientras restregaba ya sin reparo su cuerpo contra el de la morena. Patricia al sentir la piel de Kyon frotándose contra ella como si la estuviese follando separó de par en par sus rodillas permitiendo con ello que la joven, con la mano llena de aceite, separara los pliegues que daban acceso a su clítoris.</p>



<p>―Sigue, cabrón mío. Hazme saber que soy tuya.</p>



<p>Concentrando la acción de sus yemas en ese negro botón, vi cómo se deslizaba por su cuerpo mientras la rusita aceleraba la mamada. Si ya de por sí era evidente su calentura, cuando notó que la boca de la oriental se acercaba a su sexo, ya desbordada, gritó:</p>



<p>―¡Cómete a tu negra!</p>



<p>Al ser esa orden de naturaleza imperativa, la joven sumisa no se pudo negar y sacando la lengua, se puso a recorrer con ella los bordes del botón que anteriormente había mimado con los dedos.</p>



<p>―¡Lucas no seas malo! ¡Necesito que me lo comas! ― siguiendo con la ficción que era yo quien estaba sobre ella, exclamó al sentir la cautela que mostraba.</p>



<p>&nbsp;Con el permiso de su señora, Kyon tomó el clítoris entre sus dientes mientras introducía una de sus yemas en el interior de la morena. Al sentir ese doble estímulo, Patricia suspiró de placer y mientras se pellizcaba los pechos, le ordenó que usara la boca y no los dedos para follármela.&nbsp; Cambiando los objetivos, la asiática sumergió la lengua en el coño de mi novia mientras torturaba su erecto botón con certeros pero indoloros pellizcos. Natacha tampoco se quedó corta y mientras eso ocurría sobre las sábanas, profundizó su mamada incrustándose mi pene hasta el fondo de su garganta.</p>



<p>-Qué ganas tengo de qué te cases conmigo y lo celebres rompiéndome el culo- la morena chilló al irse asomando el placer.</p>



<p>La verdad es que en ese instante ambos nos habíamos convertido en sendas ollas a presión listas para explotar y solo la casualidad hizo que yo fuera el primero en caer derramando mi simiente en la boca de la rusita, la cual se lanzó como posesa a devorar ese blanco manjar sin permitir que se desperdiciar gota alguna. Como si hubiese sido un pacto entre nosotros, Natacha acababa de beberse mi regalo cuando escuchamos los gritos de Patricia mientras sucumbía en un brutal orgasmo. Kyon aprovechó el momento para reivindicar la autoría del mismo:</p>



<p>-Siga disfrutando mientras su zorrita de ojos rasgados calma su sed entre los muslos de su señora.</p>



<p>Afortunadamente, ya íbamos por el pasillo, cuando quitándose la venda de los ojos, Patricia contestó:</p>



<p>-Bebe de mí o tendré que azotarte como la perra que eres.</p>



<p>-El trasero de esta sumisa anhela su castigo, mi dueña- sorbiendo el flujo que manaba del manantial de la morena, contestó&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/79/64505104/64505104_075_75dc.jpg" alt="" width="787" height="522"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 7&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 08:07:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[14 Patricia tardó aún dos horas en recuperarse y eso nos dio tiempo para asumir que, aunque yo no quisiera, la única solución a su problema pasaba por la vicaría. Por eso, previendo un empeoramiento de su estado, pregunté a la rubia cómo narices íbamos a plantearle la situación sin que se hundiera en la depresión o algo peor. Demostrando que además de ser una mujercita preciosa tenía la cabeza bien puesta, Natacha no solo me ayudó a diseñar el planteamiento, sino que aportó una serie de detalles que me habían pasado inadvertidos. ―Si tal y como sospechas, han conseguido [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h1 class="wp-block-heading">14</h1>



<p></p>



<p>Patricia tardó aún dos horas en recuperarse y eso nos dio tiempo para asumir que, aunque yo no quisiera, la única solución a su problema pasaba por la vicaría. Por eso, previendo un empeoramiento de su estado, pregunté a la rubia cómo narices íbamos a plantearle la situación sin que se hundiera en la depresión o algo peor. Demostrando que además de ser una mujercita preciosa tenía la cabeza bien puesta, Natacha no solo me ayudó a diseñar el planteamiento, sino que aportó una serie de detalles que me habían pasado inadvertidos.</p>



<p>―Si tal y como sospechas, han conseguido manipularla de ese modo, antes de nada, debes hacerla ver que tu oferta de matrimonio sigue en pie y solo cuando ya esté convencida de ello, podrás explicarle el resto.</p>



<p>Asumiendo que era así, prometí que lo haría y recordando que María me había devuelto un anillo que perteneció a mi abuela al divorciarnos, fui por él. Ya con esa joya en el bolsillo, aguardé a que mi teórica novia se despertara. Cuando lo hizo, seguí las directrices de la muñeca y arrodillándome ante Patricia, le hice entrega de ese brillante mientras le pedía permiso para colocárselo en la mano.</p>



<p>― ¿Realmente quieres que me case contigo?</p>



<p>―Sí― dije introduciéndoselo en el dedo.</p>



<p>La alegría de la morena permitió que le pidiera que se sentara junto a mí y mintiendo acerca de mis motivos por los que deseaba que fuera mi mujer, comenté que tenía algo que decirle antes de que me dijera que sí. Tras lo cual, midiendo mis palabras, fui revelando a la pobre lo que había descubierto. En un principio, no me creyó y pensó que bromeaba hasta que, acudiendo en mi auxilio, Natacha le cruzó la cara con un tortazo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_006_d128.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Despierta de una puta vez y escucha lo que te decimos.</p>



<p>Sorprendida por la violencia de la chiquilla, se nos quedó mirando:</p>



<p>―Como decía, te amo y quiero que seas mi mujer, pero no sé si eso es lo que deseas o solo se debe a que Isidro te manipuló.</p>



<p>Cayendo por fin del guindo, se echó a llorar:</p>



<p>― ¿Me estás diciendo que puede que no esté enamorada de ti y que solo sea una reacción defensiva que mi mente creó para evitar que me suicidara?</p>



<p>&nbsp;―Desgraciadamente así es. Harías de mí el hombre más feliz del mundo si aceptas ser mi esposa, ya sabiéndolo― volví a mentir.</p>



<p>&nbsp;Mirándome con una tristeza infinita, respondió:</p>



<p>―Solo por esto, me hubiese enamorado de ti. Pero no soy imbécil y sé que lo haces por mi bien y no porque sientas lo mismo que yo&#8230; cuando ni yo misma sé qué es lo que siento― y mirándome con una tristeza infinita, añadió: ―Gracias, pero necesito tiempo.</p>



<p>Tras lo cual, cogió su bolso y se fue. No sabiendo si debía retenerla me levanté, pero entonces, muerta de risa, la chavalilla lo impidió:</p>



<p>―No te preocupes, volverá.</p>



<p>― ¿Tú crees?</p>



<p>―Claro, no ves que se ha llevado el anillo.</p>



<p>Esa noche reafirmamos nuestro amor entregándonos uno al otro, mientras en un par de asaltos fue dulce, en otras se convirtió en un combate cuerpo a cuerpo en el que no hubo vencidos y ambos salimos victoriosos. El único derrotado fue mi pene que llegó un momento que exhausto se negó a reaccionar a pesar de los reiterados intentos de la rusita que quería todavía más. El amanecer nos pilló abrazados y solo el sonido del despertador, nos hizo separarnos momentáneamente porque no tardamos en volver a estar juntos bajo la ducha.</p>



<p>―Lucas, ¿crees que debo llamarla para que se deje de tonterías y acepte que su amor por nosotros no es impuesto? ― preguntó mientras me enjabonaba.</p>



<p>―Personalmente, me gustaría creer que es así, pero lo dudo― respondí reconociendo a Natacha unos sentimientos por la morena de los que no estaba seguro.</p>



<p>Riendo al ver mis dudas, comentó:</p>



<p>―Mira que eres bobo. Piensa que mi antiguo amo lo único que creo en ella fue la necesidad de buscar un marido y nunca grabó en su mente que fueras tú.</p>



<p>La esperanza que vio en mí le hizo continuar:</p>



<p>―Además, sé que Patricia también me ama. Lo puedo sentir y eso es algo que tampoco previó y menos planificó.</p>



<p>Sus palabras me llenaron de dolor al hacerme recordar que, en su caso, los sentimientos que albergaba por mí eran producto del maltrato al que se había visto sometida. Leyendo en mis ojos lo que pensaba, me soltó:</p>



<p>―Por su lavado de cerebro, te amé como mi dueño&#8230; pero ahora no es así. Tu cariño al mimarme y lo pervertido que eres haciendo el amor son las únicas razones que me atan a ti.</p>



<p>Bromeando como método de combatir la angustia, comenté que era mentira y que me quería por el dinero. Riendo a carcajadas, la endiablada chiquilla ya reconvertida en una preciosa bruja contestó:</p>



<p>―Eso ayuda, siempre he soñado con un hombre con una buena casa, un buen coche y sobre todo que me compre ropa.</p>



<p>Una nalgada en su trasero fue mi respuesta antes de volverla a besar&#8230;</p>



<p>Mis esperanzas quedaron hechas trizas cuando esa mañana Patricia no llegó a trabajar y aunque la llamé repetidamente, nunca contestó dejando saltar la puñetera grabación en la que la voz metálica de una operadora decía que al oír la señal podía dejar un mensaje. Las primeras cinco veces colgué, pero a la sexta no me quedó otra que grabar que me llamara, que estaba preocupado por ella y que la quería. Era tal mi preocupación por su situación anímica que incluso pregunté a su hermano si sabía algo de ella.</p>



<p>―Llamó diciendo que estaba mala― sin dar ninguna importancia al tema, Joaquín respondió.</p>



<p>Sin poder compartir con él lo que había pasado, volví a mi despacho soñando que la rutina consiguiera hacerme olvidar su ausencia. Lo cierto es que no lo logré y por eso vi como una liberación la llegada de Pedro acompañado de un policía. Asumiendo que traían noticias de Isidro, me encerré con ellos y fue entonces cuando el detective y su acompañante pidieron mi ayuda.</p>



<p>―Señor Garrido, hemos descubierto que a las dos se va a producir una subasta de una joven y por la premura de tiempo, no hemos podido obtener de los jefes los fondos necesarios para efectuar la compra.</p>



<p>―No entiendo― reconocí.</p>



<p>―Para detener al vendedor y rescatar a la muchacha, debemos ganar la puja, pero no disponemos del dinero.</p>



<p>― ¿Cuánto necesitáis? ― únicamente pregunté sacando un talonario.</p>



<p>―No es así como funciona. Al ser en la web oscura, debemos hacer un ingreso por anticipado de tres mil euros del que deducirán el precio. Por tanto y sabiendo que esa organización tiene vínculos por todas partes, no podemos usar una cuenta oficial que puedan averiguar que es de la policía. Para evitar que nos descubran, nos gustaría que fuera una suya desde la que se aportara los fondos.</p>



<p>―No hay problema― contesté al inspector Gutiérrez: ―Y antes de que me lo diga, entiendo que tiene riesgos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;―Así es, he hablado con el comisario y le he hecho ver que, para su propia protección, tendremos que hacer el paripé de detenerle durante al menos veinticuatro horas. Luego, su abogado deberá sacarle arguyendo un defecto de forma.</p>



<p>Solo el odio que sentía por el tal Isidro, me hizo aceptar y llamando a Perico, el letrado que llevaba todos mis asuntos, le pedí que revisara los papeles en los que la policía se comprometía a no elevar cargos en mi contra. Como no podía ser de otra forma, mi asesor legal puso todo tipos de pegas y me aconsejó que no colaborar con ellos. Pero gracias a mi insistencia, cedió y tras estudiar la propuesta, llegó a la conclusión que era correcta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_019_9b1b.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―De todas formas, mi consejo es que no lo hagas.</p>



<p>Habiendo obtenido lo que quería oír, pedí el número dónde tenía que efectuar la transferencia.</p>



<p>―No tenemos la más remota idea, se debe hacer a través de la web― contestó el policía y poniéndose a teclear en mi ordenador, llegó a la página donde iba a tener lugar la subasta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Estudiando la pantalla, vi por vez primera la joven por la que iba a pujar. Si de por sí, me indignó comprobar que era una chinita que según los promotores era mayor de edad, lo que realmente me sacó de las casillas fue la descripción que hacían de ella:</p>



<p>“Esclava asiática en venta con dominio perfecto de español e inglés. Datos del espécimen: Edad 20 años, altura 1,73 de altura, peso 52 kg. Otras medidas: 98 cm de pecho, 58 cm de cintura y 89 cm de cadera. Completamente depilada. Está educada en todo tipo de artes amatorias. Su preparación le permitirá disfrutar de las exigencias de su nuevo amo con garantía de que una vez hecho el traspaso de propiedad esta hembra le servirá fielmente hasta la muerte. Un verdadero chollo para todo aquel que desee poseer una geisha receptiva. La mercancía en venta se entregará en un punto de Madrid a definir a las tres horas”.</p>



<p>&nbsp;Quedándome claro lo que esos capullos entendían por “receptiva”, hice el traspaso del dinero bajo el Nick de &#8220;Strict Owner” (dueño estricto en español) sin atender a los reparos que me lanzaba la prudencia. Mirando en el reloj que todavía quedaba media hora para el inicio, abrí el servibar y les ofrecí una copa. El detective la aceptó, no así Gutiérrez que se amparó en que estaba de servicio. No insistiendo, serví las dos copas y únicamente pregunté si creían que Bañuelos sería la persona que hiciera entrega de la cría.</p>



<p>―Lo dudo. Si como intuimos es el cabeza de la organización, se lo encomendará a uno de sus alfiles.</p>



<p>Al ver mi desilusión, el policía continuó:</p>



<p>―Aun siendo un contratiempo, si conseguimos detener a alguien &nbsp;en el acto de entrega, podremos presionarlo para que traicione a sus jefes.</p>



<p>Dudando que fuera efectivo, decidí continuar al ver en mi portátil los ojos tristes de la joven y volviendo a mi asiento, esperé. Curiosamente esos treinta minutos pasaron en un suspiro y de pronto comenzaron a caer pujas. Pedro me pidió hacer una, pero me negué:</p>



<p>―Tengo experiencia y en este tipo de licitaciones, lo mejor es dejar que los novatos y los poco interesados se vayan auto descartando.</p>



<p>5.100&#8230; 5.300&#8230; 5.700&#8230; 6.000&#8230; las apuestas iban subiendo sin parar hasta que al llegar a los 7.500 se quedaron estancadas. Fue entonces cuando tecleé la mía: “9.000”.</p>



<p>Durante un minuto, nadie me sobrepujó y cuando ya creía que la chavala era mía, en la página apareció otra por 11.000 euros.</p>



<p>―Este es el verdadero competidor― comenté y tanteando el terreno, marqué 11.557.</p>



<p>El tipo con el que luchaba replicó con 11.600 y eso me hizo ver que quizás había llegado cerca del límite que estaba dispuesto a pagar o que tampoco le interesaba quedarse con ella a un precio caro. Por eso, sonriendo, comenté a los dos que me acompañaban que la cría ya era nuestra mientras daba un puñetazo en la mesa del subastador y del otro comprador haciendo una nueva oferta de ¡14.000 euros!</p>



<p>Tal y como preví, la puja se cerró al cabo de unos minutos y en mi pantalla apareció un enlace donde tenía que abonar el resto del dinero. Haciéndolo de inmediato, nuevamente en mi ordenador apareció la dirección y hora en que podía recoger el paquete.</p>



<p>“Calle Paracuellos, 4. Polígono de Ajalvir, 15:35 horas”.</p>



<p>Sintiéndome un superhéroe por haber librado a esa joven de un futuro al menos incierto, apuré la copa y me serví otra mientras preguntaba al policía qué más necesitaban de mí. Haciéndome ver que estaba equivocado al suponer que mi labor terminaba ahí, me rogó que los acompañase porque el tiempo apremiaba y que todavía debían colocarme los micros para que todo quedara grabado cuando efectuaran la detención.</p>



<p>―No sabía que también me tocaba participar en eso― comenté alucinado al haber supuesto que de eso se ocuparía un agente.</p>



<p>―No podemos correr el riesgo que reconozcan a uno de mis hombres y por eso debe ser usted quien lo haga― señaló Gutiérrez.</p>



<p>Algo en su tono me reveló que la verdadera razón era que sospechaba de un topo en su unidad y cediendo a sus deseos, salí de la oficina francamente preocupado. Ya en la calle, caí en que si me detenían Natacha se quedaría sola y pensando en advertirla, la llamé.</p>



<p>―Muñeca― le dije al descolgar: ―Por unos asuntos que no había previsto, me tengo que ausentar al menos un día. Quiero que contactes con Patricia y te vayas con ella. Llámale desde tu móvil, a ti sí te contestará.</p>



<p>La rusita no vio nada extraño y mandándome un beso a través del teléfono, prometió que en cuanto terminara de hablar conmigo, la llamaría. Más tranquilo al dejarla en buenas manos, fui con mis acompañantes a las dependencias donde, mientras me cableaban el cuerpo llenándolo de cámaras y micrófonos, el inspector tuvo la delicadeza de invitarme un bocata de jamón, asumiendo que con toda probabilidad sería el único alimento que tomara hasta el día siguiente. Tras lo cual, ya al volante de mi coche me dirigí hacia el lugar de la cita. Confieso que estaba tan nervioso que, al llegar a la dirección y ver que era un descampado, pensé que podía dar el dinero por perdido y nos había estafado:</p>



<p>―Gutiérrez, aquí no hay nada― dije a través del botón de la camisa que disimulaba el micrófono.</p>



<p>―Usted, aparque y cuando lleguen, recuerde quitarse el pinganillo antes de bajarse.</p>



<p>―Dudo que vengan― lamenté haciéndole ver mis pocas esperanzas en esa operación.</p>



<p>―Llegarán. La Dark Web se basa en la confianza y si se corre la voz de que han fallado en un trato, el golpe a su reputación será enorme.</p>



<p>―Perfecto, como ya le comenté por lo que se dé estos tipos manipulan de tal modo a sus víctimas que se supone que tendrían que dar un manual al comprador para que sepa tratar a su esclava. Por favor, no intervengan hasta que lo consiga.</p>



<p>Cayendo en que no teníamos una seña preparada, me preguntó si se me ocurría alguna que pasara desapercibida a los ojos del captor.</p>



<p>―Cuando me vean soltar un tortazo a la chinita, caigan sobre nosotros y deténganos.</p>



<p>A Gutiérrez le pareció una idea estupenda ya que cuando el detenido hablara con su abogado y le contara lo ocurrido, no sospecharía de mí al pensar que un policía o un infiltrado sería capaz de maltratar a una inocente, por lo que verían mi detención como algo colateral. Acabábamos de acordar que la contraseña sería esa, cuando vi llegar una camioneta de reparto con los cristales tintados que aparcó frente a mí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_026_4259.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Quitándome el aparato de la oreja, me bajé y caminé hacia ellos. Del asiento del copiloto bajó un gordo de aspecto siniestro que preguntó mi nombre:</p>



<p>―Strict Owner.</p>



<p>Al concordar con los datos que le había dado su jefe, sonrió:</p>



<p>―Le traemos el pedido.</p>



<p>Mientras el conductor abría la puerta lateral y sacaba a la chiquilla, el mal encarado obeso me dio un pasaporte de la República Popular China, asegurando que con él no tendría problema para sacarla del país si ese era mi deseo.</p>



<p>―Quiero las instrucciones con las que sacar el mayor provecho a mi inversión― comenté sin mirar siquiera a la joven que habían colocado a mi lado.</p>



<p>―Por lo que veo ya ha comprado antes – se rio y pidiéndome perdón por no habérmelo dado antes, sacó un librillo del bolsillo y lo puso en mis manos.</p>



<p>Dando una breve ojeada al mismo, leí el título del panfleto:</p>



<p>“Felpudo: normas básicas de manejo”.</p>



<p>Tuve que disimular mi cabreo al leer como su torturador había bautizado a esa mujercita y sonriendo de oreja a oreja, giré a verla. La chavala parecía todavía más joven e indefensa que en las fotos, pero eso no me impidió decirla en voz alta:</p>



<p>―Felpudo, soy tu nuevo dueño. Desde ahora no existe nadie más importante que yo, ¿entiendes lo que te digo y así lo asumes?</p>



<p>Con voz apenas audible, contestó mientras me miraba con adoración:</p>



<p>―Soy suya y lo seré hasta que muera, amo.</p>



<p>Comprendiendo que era así dado el adoctrinamiento al que se había visto sometida, fue el momento de dar la señal y descargando un durísimo tortazo sobre su rostro, la recriminé haber hablado sin permiso. Los hombres que hasta entonces la habían mantenido cautiva seguían mofándose de verla en el suelo cuando comenzaron a escuchar sirenas acercándose por ambos lados de la calle. Simulando un miedo que no tenía, arrastré a la chiquilla hasta mi coche y arranqué empotrándolo contra la patrulla que venía de frente. Mientras los polis se bajaban a detenerme, me giré hacia la chinita diciendo:</p>



<p>―Tranquila, no tienes nada que temer. Nadie va a hacerte daño.</p>



<p>Los dos energúmenos ni siquiera trataron de huir y por eso los agentes encargados de la captura con ellos fueron menos violentos que conmigo al no conocer la clase de participación que tenía en el caso. Para ellos, era un delincuente sexual que intentaba escapar, por lo que sin tiento alguno me sacaron a golpes y ya inmovilizado en el suelo, me esposaron mientras leían mis derechos:</p>



<p>―Tiene derecho a guardar silencio no declarando si no quiere, a no contestar alguna o algunas de las preguntas que le formulen, o a manifestar que sólo declarará ante el juez. Tiene derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable. Tiene derecho a designar abogado, sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado 1.a) del artículo&#8230;</p>



<p>Dejé de prestar atención al agente que los recitaba al ver que saliendo del coche y hecha una fiera, “felpudo” se lanzaba sobre unos de los agentes exigiendo que soltaran a su amo, que no había hecho nada malo y que su presencia conmigo era voluntaria. Sabiendo que esa reacción era parte del diseño que habían dejado grabado en su mente, al ver que comenzaba a arañar al uniformado, exclamé:</p>



<p>―Felpudo, quédate quieta. No pasa nada.</p>



<p>Tal y como la habían adiestrado, al recibir una orden directa mía, se relajó hasta que vio que me separaban de ella y me metían en la misma lechera que a los otros dos. Entonces, con gran violencia, derribó a los dos polis que la custodiaba y corrió hacia mí diciendo que me llevaran con ella.</p>



<p>El gordo que la había traído allí y que permanecía esposado junto a mí, se rio diciendo:</p>



<p>―Por ella no se preocupe, nunca lo traicionará&#8230; no puede. Mi jefe se ha cerciorado de que se suicidaría antes de pensar siquiera en hacerlo.</p>



<p>―Menos mal― respondí: ―Cómo declare en mi contra, estoy jodido.</p>



<p>―No lo hará― con una sonrisa en sus labios, sentenció para a continuación quedarse callado al ver que uno de los agentes se subía y arrancaba el vehículo.</p>



<p>Imitando su mutismo, no dirigí a nadie la palabra hasta llegar a la comisaría donde siguiendo lo planeado, me tomaron las huellas y me ficharon mientras ellos esperaban su turno. Una vez que se había asegurado de que esos sicarios habían presenciado mi ficha, llegó Gutiérrez y demostrando el desprecio que sentía por los tratantes de blancas, pidió a uno de sus subalternos que me llevara a la sala de interrogatorios.</p>



<p>―Quiero empezar por Lucas Garrido, el pederasta ricachón que ha comprado a la menor de edad.</p>



<p>Si ya de por sí los miembros de la comisaria me tenían ganas, al escuchar que la chavala era una niña su odio creció y cuando intenté resistirme, el agente que me llevaba no se cortó a la hora de ejercer violencia sobre mí y en presencia de los verdaderos delincuentes, comenzó a golpearme hasta que sus compañeros cayeron sobre él reteniéndolo.</p>



<p>―Tranquilo, en la cárcel alguien se ocupará de acabar con ese cerdo― le dijeron recordando el “cariño” con el que trataban a los pedófilos entre rejas.</p>



<p>― ¡Quiero un forense que dictamine mis heridas! ― grité para que todo el mundo me oyera.</p>



<p>Mis berridos hicieron salir al comisario jefe y éste al ver mi labio partido y demás golpes en mi cara, se puso a maldecir amenazando con despedir a mi agresor</p>



<p>― ¡Exijo que me revise un forense! ¡Estoy siendo objeto de torturas! ― insistí mientras los otros dos detenidos intentaban sin resultado que los policías que los custodiaban cometieran el mismo error que conmigo.</p>



<p>―Esposadlos y que nadie los toque, bastante tenemos con lo que ha pasado― rugió el jefe mientras me tomaba del brazo diciendo que me iba a llevar al médico.</p>



<p>Con las muñecas inmovilizadas y gritando por mis derechos, llegué a una habitación donde me esperaban tanto el detective como Gutiérrez.</p>



<p>―Joder, menudo energúmeno elegisteis para que me diera la paliza― me quejé mientras escupía sangre cuando cerraron la puerta y nadie de fuera podía oírme.</p>



<p>―Los golpes tenían que ser reales para que nadie dude de su veracidad cuando su abogado nos obligue a soltarlo.</p>



<p>―Lo sé, pero joder duelen.</p>



<p>Dando entrada a una médica que me curara las heridas, el comisario me presentó a Luis Bernal, el psiquiatra de la unidad y éste comentó impresionado que jamás había visto a nadie tan alienado como a Kyon.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_051_52a4.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Así se llama la joven? ― pregunté.</p>



<p>―Según pone aquí se llama Kyon Yang― leyendo su expediente, Bernal contestó para a continuación explicarme que, revisando el “manual” que había tenido la previsión de pedir, tanto ellos como yo teníamos un problema.</p>



<p>Imaginé cuál era, pero aun así quise que me lo dijeran.</p>



<p>―Es tal el grado de la reeducación conductual que muestra que ni el mejor de mis colegas tardaría menos de cinco años en conseguir que esta cría fuese autosuficiente.</p>



<p>―Sé de qué me habla, como el inspector Gutiérrez sabe, mi novia fue víctima de la misma organización y actualmente está siendo tratada por Julián Ballestero, jefe de psiquiatra del Hospital la Paz.</p>



<p>―Pues no sabe el peso que me quita de encima, ya que si conoce los síntomas también sabrá de la predisposición de Kyon al suicidio si la separamos del que considera su amo.</p>



<p>―Como ya le he dicho, conozco el tema. Seleccionen en qué hospital la van a tratar para que se la traspase al médico encargado de su tratamiento.</p>



<p>―No es tan fácil, me temo&#8230; según he podido deducir de estos papeles, todo apunta a que la han diseñado como un producto de un solo uso para que una vez su dueño se canse de ella pueda desecharla sin complicaciones.</p>



<p>―Me he perdido con tanta formalidad, hábleme claro. ¡Coño!</p>



<p>Ya sin florituras, el loquero contestó:</p>



<p>―Joder, ¡que no se la puede traspasar a nadie! ¡El hijo de su madre que la educó se aseguró de ello! Si trata de repudiarla, venderla o cederla, la chavala buscará la forma de matarse. Fue adoctrinada para que su vida estuviera irreversiblemente unida al hombre que la comprara y personalmente dudo que Ballestero, por mucha eminencia que sea, pueda ser capaz de cambiar su programación. Para mí, es un caso perdido y tiene que vivir con usted, o vivir permanentemente sedada como la tenemos actualmente.</p>



<p>― ¿Alguien tiene una copa? ― derrumbándome en una silla pregunté&#8230;.</p>



<h1 class="wp-block-heading">15</h1>



<p>Mientras esperaba a mi abogado de vuelta al calabozo hice un repaso de mi vida desde el divorcio y cómo la había trastornado la llegada de Patricia. La certeza de que nada sería igual, aunque finalmente esa morena finalmente decidiera olvidar la atracción que sentía por mí y buscara otra solución a su situación, me hizo comprender que tenía que seguir adelante y que a partir de ese momento Natacha y la tal Kyon tendrían que seguir a mi lado. Tal y como había planeado, al ver mis heridas, Perico montó en cólera exigiendo el parte de lesiones. Con él bajo el brazo, ejerciendo de letrado preparó un procedimiento de habeas corpus con el que solicitó al juez que me dejara en libertad por las torturas sufridas durante la detención.</p>



<p>― Ha sido una suerte que estos inútiles hayan violado tus derechos― comentó más para los tipos de la celda de al lado que para mí.</p>



<p>Supimos que esos impresentables se habían tragado la pantomima cuando ambos se ofrecieron a testificar que habían visto como el policía me daba esa tunda de palos. Aun así, tal y como estaba previsto, pasé toda la noche en chirona y no fue hasta las a una diez del día siguiente cuando llegó la orden de excarcelación. Cuando ya estaba en libertad y había recuperado mi móvil, recibí la llamada del psiquiatra preguntando dónde y a qué hora podía mandar a la paciente para que quedara bajo mi cuidado. Sabiendo que lo lógico era que la dejaran en mi casa, únicamente rogué que me dieran tiempo de prepararme y que me la trajeran a partir de las tres. Una vez concertados esos detalles, me fui a casa de Patricia donde esperaba encontrarme no solo con ella sino también con Natacha. Y así fue, ambas me estaban esperando al haberles avisado de mi llegada.</p>



<p>Conociendo mi agenda, la morena preguntó dónde había estado. No teniendo otra salida, les expliqué que había contratado a un detective para que investigara los negocios de Isidro Bañuelos al estar convencido que ese malnacido era el torturador de la rusita. Contra todo pronóstico, Patricia puso el grito en el cielo al sentir que había invadido su privacidad.</p>



<p>― ¡No me jodas! ― exclamé cabreado al sentir absurdas sus quejas cuando había sido ella la que había metido a ese capullo en mi vida, aunque fuera indirectamente.</p>



<p>Ese enfado me hizo contar sin paños calientes la visita de Pedro y del inspector Gutiérrez a la oficina alertándome de la próxima subasta de otra víctima de su ex y que con mi ayuda había hecho posible tanto la detención de sus subordinados como la liberación de Kyon.</p>



<p>―Has actuado sin consultarme&#8230; ¿qué vienes a hacer aquí? ― indignada hasta la médula, mi secretaria y acosadora insistió.</p>



<p>Obviando su ira, expliqué a ambas que al analizar a la chinita el psiquiatra había llegado a la conclusión de que el lavado de cerebro del que había sido objeto era todavía más preocupante que el que habían realizado con Natacha, ya que en su caso y aunque compartía muchos de sus características, al menos no vinculaba su existencia a un único dueño.</p>



<p>―Según entiendo, si quisieras, ¿podrías cederme a otro? ― preguntó preocupada la chavala.</p>



<p>―Podría, pero eso nunca ocurrirá. Si algún día decidimos que ya no es necesario que vivas conmigo, te liberaré&#8230; jamás te vendería.</p>



<p>&nbsp;Pensaba que la rusa iba a respirar al oírme, pero por extraño que parezca se echó a llorar. Asumiendo el dolor que experimentaba como propio, la agarré de la cintura y besándola, añadí que era parte de mí y que no me veía sin ella. Esa afirmación, tranquilizó a la joven, pero no así a Patricia que de muy malos modos me echó de su piso quejándose de que no la hubiese mencionado.</p>



<p>En la puerta y mientras me intentaba disculpar diciendo que era un olvido, la morena fuera de las casillas me espetó que dimitía como secretaría y que no quería volver a verme. Acudiendo en mi ayuda, Natacha respondió:</p>



<p>―Siempre tendrás un sitio en nuestra cama. Lucas te ama y yo te adoro. Eres nuestra mujer, aunque no haya un papel que lo demuestre.</p>



<p>Un breve brillo de esperanza creció en sus ojos mientras daba un portazo:</p>



<p>―Disfruta de la esclava que te has comprado.</p>



<p>El desprecio con el que se refirió a Kyon me irritó al no comprender que fuese tan dura con una joven cuya dependencia no era voluntaria sino impuesta y con ganas de molestar, gritando a la que sin duda permanecía del otro lado de la puerta, le pedí que fijara la fecha de nuestra boda.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_059_1c43.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Has hecho bien― comentó la rubita mientras tomábamos el ascensor: ― Nuestra negra no tardará en llegar pidiendo que la perdonemos. Ella lo sabe, aunque todavía no lo acepte.</p>



<p>Dudando que así fuera, salimos del edificio y tomamos un taxi que nos llevara al hogar que ambos compartíamos y al cual, en pocas horas, llegaría un nuevo miembro. Ya en casa, llamé a Joaquín e inventando un constipado, le dije que debería sustituirme durante el resto de la semana mientras Natacha se ocupaba de preparar todo lo que necesitaríamos para recibir a Kyon. El sentido práctico de la joven quedó de manifiesto cuando haciendo un café me preguntó qué sabía del modo en que la habían sometido. Cogiendo el manual de “Felpudo”, comencé a leerlo en silencio.</p>



<p>La maldad que destilaban esos papeles me puso los pelos de punta. El maldito que diseñó su conducta, había dejado impreso en el cerebro de asiática que para mantener un mínimo de cordura su amo debía de tomar posesión de ella casi de inmediato. Avergonzado, no me quedó otro remedio que explicárselo a la rusa ya que era ella mi pareja actual.</p>



<p>―Lucas, no te preocupes. Piensa que nadie mejor que yo comprende lo que debe estar sufriendo. Haz lo que debas hacer― con ternura replicó.</p>



<p>Habiendo obtenido su comprensión, repasé con ella el resto del siniestro impreso donde quedaba tan bien reflejado que dentro de lo que su autor consideraba ventajas incluía que la chinita estaba preparada y necesitaba de mano dura.</p>



<p>― ¿Qué tipo de mente es capaz de diseñar algo así? ― me pregunté al leer que entre las cosas con las que se podría premiar el buen desempeño de “Felpudo” estaba el que su amo se meara encima de ella.</p>



<p>―Lucas, por favor no te enfades, pero a mí también me encantaría sentirlo―admitió la rubia con los pitones en punta.</p>



<p>Comprendiendo que ambas debían compartir muchos condicionantes al haber sido manipuladas por el mismo maniaco, seguí estudiando ese manual y así confirmé que muchos de las recompensas diseñadas para Kyon eran en realidad castigos. De todos ellos, uno de los más recalcitrantes hacía referencia al nombre con el que la habían bautizado:</p>



<p>“Para fortalecer el vínculo de su esclava y hacerle ver que su amo le estima, su dueño podrá estimularla haciendo que con la lengua limpie sus zapatos al llegar a casa”.</p>



<p>&nbsp;Nuevamente, ese acto excitó a la joven que se mantenía a mi lado y moviéndose incomoda en el asiento, susurró que no le importaría ayudar a la chinita en esa humillante tarea. Disculpando sus palabras, proseguí con la lectura de esas instrucciones. Así fue cómo me enteré de que el peor castigo que podía ejercer sobre ella era el no hacerla caso.</p>



<p>“Cuando se requiera dar un escarmiento, se puede optar por la inacción. Su esmerada educación hará que la sierva sienta el desapego de su amo con un dolor que la hará humillarse pidiéndole perdón. Si se prologa este, su amo podrá disfrutar de la autodestrucción paulatina de su propiedad. Tras un periodo de depresión, “felpudo” tratará de conciliarse por medio de flagelación y de no ser efectiva, buscará mutilarse como forma de recuperar el afecto de su dueño. Llevando al extremo, el adquirente de esta maravilla disfrutará observando cómo se suicida usando para ello cualquier elemento que esté a su alcance. Para ello, recomendamos poner a su disposición elementos cortantes que se pueda introducir en el sexo como puede ser una batidora de mano o cuchillos de gran tamaño”.</p>



<p>Asqueado por lo que estaba leyendo, quise dejar de estudiar ese panfleto, pero Natacha me lo impidió haciéndome ver que debíamos conocer cómo actuar ya que, en menos de una hora, la chinita estaría bajo nuestro cuidado. Sabiendo que era así y haciendo un esfuerzo para no vomitar, pasé a ver el apartado que el malnacido que lo escribió definía como “practicas amatorias” en las que “Felpudo” estaba adiestrada. Sin hacer una exposición exhaustiva de las mismas, comprobé que la asiática estaba lista para dar placer con todos los agujeros de su anatomía y no solo a su dueño sino también a cualquier persona que este considerara necesario ya fuera individualmente como en grupo.</p>



<p>―Según aquí pone, Patricia y yo podremos usarla si tú se lo pides― comentó con un tono que me hizo saber que la perspectiva de compartir con ella algo más que arrumacos no le era desagradable.</p>



<p>Obviando sus palabras al ser algo que daba por descontado, seguí leyendo y horrorizado descubrí que había dejado grabado en su mente la predilección por ser usada atada a un potro de tortura o su equivalente:</p>



<p>“Para el correcto desenvolvimiento de la esclava, su dueño deberá tener una mazmorra donde ubicarla y azotarla con regularidad siendo importante el contar con algún elemento donde inmovilizarla. Para ello, recomendamos argollas a la pared, una cruz de San Andrés o cualquier jaula que hay en el mercado. Si se opta por esta última, cuanto menor sea el espacio, “Felpudo” se lo agradecerá con mejores y más prolongados orgasmos. Por el contrario, y para disfrute del dueño, se la ha dotado de agorafobia por lo que, de no mediar una orden, al contrario, sacarla de paseo al campo la sumirá en un estado de turbación que la hará más receptiva cuando vuelva a su lugar de origen”.</p>



<p>&nbsp; ―Lucas, ¿te parece que prepare el armario para encerrarla ahí cuando no estés? ― preguntó Natacha con una naturalidad que me dejó impresionado.</p>



<p>Con las lógicas reservas y con el corazón encogido, acepté su sugerencia como mal menor mientras pasaba a la siguiente página donde entre otras aberraciones el autor del texto recomendaba el uso de mordazas, los electroshocks y la cera ardiente como métodos para exacerbar la lujuria de la chinita.</p>



<p>«Hay que estar mal de la olla para ver placer en ello», me dije pasando al apartado de los detonantes de actuación y ahí descubrí que decir en su oído “es mi enemigo” desencadenaría una reacción violenta de la asiática que la haría intentar matar a la persona que hubiese señalado.</p>



<p>Acojonado recordé la forma tan rápida con la que se había desecho de los agentes durante mi detención y asumiendo que esa joven había sido educada en algún tipo de arte marcial busqué la contraorden: “Ahora es mi amigo” respiré al encontrarla.</p>



<p>Seguía inmerso en la lectura de esos sombríos papeles cuando escuchamos el sonido del timbre. Con una angustia total, fui a recibir a los sanitarios que la traían en compañía de la rusita, la cual y ante mi espanto, parecía ansiosa de recoger el testigo.</p>



<p>―Es preciosa― susurró confirmando ese extremo mientras metían la camilla en la que la traían.</p>



<p>Tras advertirnos que en unos treinta minutos despertaría, me ayudaron a trasladarla a mi cama, para a continuación y casi sin despedirse, dejarnos solos con ella. Su tranquilo dormitar realzaba la exótica belleza de la joven y con el peso de una responsabilidad que imprudentemente eché sobre mis hombros, la observé realmente por primera vez y confirmé lo dicho por la rubia:</p>



<p>«Es guapísima», me dije mientras inconscientemente quitaba un mechón de pelo de su cara.</p>



<p>A pesar de nunca haberme sentido atraído por las mujeres de su raza, tuve que reconocer que Kyon me resultaba sumamente atractiva y que el camisón de hospital que llevaba puesto no podía esconder los voluminoso senos que el vendedor había reflejado en la ficha de la subasta como estímulo para subir su precio.</p>



<p>«98 centímetros de pecho», recordé mientras intentaba rechazar lo mucho que me apetecía el verla sin el batín.</p>



<p>Al no estar sujeta por los mismos escrúpulos que yo, Natacha recordó que según el manual debía hacer uso de mi esclava cuanto antes y trayendo uno de los camisones que le compré, se puso a desnudarla diciendo que la muchacha agradecería sentirse bella el día en que conociera íntimamente a su dueño. Sintiéndome fuera de lugar, decidí no seguir ahí mientras la acicalaba para mí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_091_b684.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Avísame si se despierta― huyendo de la habitación en dirección al salón, comenté.</p>



<p>Hundido en el sofá, intenté pensar en que si me acostaba con ella era por su bien y que hasta el propio psiquiatra de la policía me había dejado claro que ese era mi deber, pero no por ello se diluyó la sensación que sentía de que al hacerlo estaría violándola. Por eso, para mí, fue dificilísimo sustituir velando a la chinita cuando Natacha terminó y me dijo que tenía que volver a la habitación porque ella todavía tenía que cocinar la comida de ese día.</p>



<p>Con paso cansino, recorrí el pasillo de vuelta y al entrar en el cuarto, mis peores temores se convirtieron en realidad cuando vi el esmero con el que la rusa me la había preparado. No solo le había colocado un picardías que dejaba poco a la imaginación, sino que incluso la había peinado y maquillado, haciendo de ella una diosa. Incapaz de contener la curiosidad, certifiqué que la descripción que habían hecho de Kyon era fidedigna, pero se habían quedado cortos al ser un monumento de mujer.</p>



<p>«Vale lo que pagué por ella», pensé sin advertir que me estaba refiriendo a una persona y no a un objeto.</p>



<p>&nbsp;Impresionado por la rotundidad de sus curvas en una joven asiática a las que en Occidente asociábamos a tablas de planchar, me pregunté si esos pechos eran producto de una cirugía. Sintiéndome un cerdo, aproveché que seguía sedada para con mis manos comprobar si eran naturales. Por el tacto y la dureza de los mismos supe que no estaban operados y eso me hizo profundizar en la exploración tomando entre mis dedos uno de sus pezones. La facilidad con la que se puso duro me enervó y preso de una calentura tan grande como culpable, lo pellizqué provocando su gemido. Asustado, levanté la mirada y ante mi consternación, Kyon estaba con los ojos abiertos.</p>



<p>―Mi amo― susurró con una entrega cercana a la adoración.</p>



<p>Desolado al verme descubierto y que lejos de molestarle mi ruindad, la chinita había recibido esos mimos con alegría, pedí a la cría que siguiera descansando. Maniatada por el adoctrinamiento recibido se abrazó a mí y comenzó a restregar su cuerpo contra el mío mientras me rogaba que la usara, que se sabía mía y que su función era ser mi juguete. Todavía ahora recuerdo avergonzado la erección que creció bajo mi pantalón al ver la devoción con la que me miraba. Por eso, agradecí cuando Natacha entró en la habitación informando que la comida estaba lista, ya que de no haber sido así a buen seguro sin mayor miramiento la hubiese tomado para mí.</p>



<p>&nbsp;―Felpudo, levántate y ayúdame a dar de comer a nuestro dueño― comentó la rusa ejerciendo un papel que no le había pedido.</p>



<p>Molesto, pedí que fuera la última vez que la nombraba así.</p>



<p>―Su muñeca le pide perdón― arrodillándose a mis pies, respondió: ―Mi señor, ¿con qué nombre me debo referir a su nueva esclava?</p>



<p>Entendiendo que, aparte de su naturaleza juguetona, lo que le impulsaba a la rubia era cumplir fielmente con lo leído en el manual, comprendí que, si no quería usar el de “Felpudo”, debía bautizarla con otro apelativo de sumisa. Por ello, mirando la dulzura de la joven, respondí:</p>



<p>― ¡Golosina! ¡La llamaremos así!</p>



<p>―Solo espero no engordar cuando tenga que comerme a “golosina” ― muerta de risa, replicó la endiablada eslava mientras la levantaba de la cama.</p>



<p>La sonrisa con la que la asiática recibió un azote de Natacha exigiendo que se diera prisa me hizo asumir que al menos en un principio debía comportarme con ella de acuerdo a lo que marcaba su educación y por ello, mientras me servía vino en una copa, ya sin pudor acaricié su trasero absteniéndome de alabar su belleza. Supe que según la mentalidad que habían esculpido en su cerebro ese gesto le bastaba para sentirse reconocida al reparar en el tamaño que habían adquirido sus pezones.</p>



<p>«Tengo que darle tiempo de asumir que en esta casa nadie la maltratará antes de demostrar cualquier tipo de ternura», sentencié viendo de reojo la alegría con la que corría a la cocina en busca del primer plato.</p>



<p>Lo que nunca me esperé es que volviese en compañía de la eslava y menos que tras ponerme frente a mí la comida, Natacha me pidiera permiso para inspeccionarla. Entendiendo que esa inspección no solo era necesaria según las instrucciones que habíamos leído, sino que encima le apetecía ser ella quien la realizara, di mi autorización a que la llevara a cabo.</p>



<p>―Golosina, antes que nada. Nuestro amo debe saber qué clase de hembra ha comprado y si vales la suma que pagó por ti. ¡Desnúdate y demuéstrale si eres digna de ser la esclava que le dé placer o solo una vulgar sirvienta!</p>



<p>Herida en su amor propio, la chinita comenzó a cantar una canción de amor mientras deslizaba sus tirantes sin dejar caer el camisón. Su prodigiosa voz no era algo que hubiésemos previsto y por eso tanto la rusa como yo nos quedamos anonadados al escucharla.</p>



<p>―Lo he pensado mejor, te llamaremos “ruiseñor” ― dije todavía impresionado.</p>



<p>Su nuevo bautismo incrementó sus ganas de agradar y elevando el volumen adornó su canto con un sensual baile mientras se despojaba del picardías. Ya sin él, pude comprobar que a pesar de su altura los pechos de la asiática eran enormes y que encima sus areolas se le habían erizado al sentir la calidez de nuestras miradas.</p>



<p>«¡Por dios! ¡Es bellísima!», no pude más que afirmar interiormente sin exteriorizarlo al saber que todavía no estaba lista para ser piropeada.</p>



<p>Más consciente que yo de lo que esa muchacha necesitaba y sobre todo esperaba, Natacha se acercó a ella y pegándola otra sonora nalgada, le exigió que luciera el trasero al que era su dueño. Al girarse, pude comprobar que la rusa había dejado impresa la mano en uno de sus cachetes, pero eso no fue óbice para que me percatara también que el pandero de la asiática era de los que hacen época.</p>



<p>«Menudo culo tiene», sentencié mientras daba un sorbo de vino para no revelar lo mucho que me apetecía dar un mordisco en esa maravilla.</p>



<p>Como la rubia no tenía esos remilgos al tener mi aquiescencia y saber que no me opondría, usó las dos manos para que pudiese valorar el cerrado ojete de “ruiseñor”.</p>



<p>―Mi señor. Para ser un producto asiático, el culo de su nueva esclava no es de mala calidad, aunque parece ser que está un poco trillado.</p>



<p>―Ni poco ni mucho. Nadie lo ha usado― se defendió la pobre que estaba siendo inspeccionada.</p>



<p>Al haber hablado sin que nadie se lo permitiera, tuvo su castigo y mandándola al suelo de un tortazo, Natacha le hizo ver que no iba a ser permisiva con ella.</p>



<p>―Como la favorita de nuestro señor, no voy admitir de ti ninguna falta de cortesía y menos que te rebeles.</p>



<p>Frotando con una mano su adolorida mejilla, la chinita pidió perdón.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_083_4800.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Lo siento, maestra. No volverá a ocurrir.</p>



<p>Tirando de su melena, la levantó de la alfombra y sin mayor miramiento, la eslava mordió los labios de la joven diciendo:</p>



<p>―Eso espero, nuestro señor me ha pedido que te eduque y eso voy a hacer.</p>



<p>Asumiendo que debía seguir exhibiéndose ante mí, Kyon retomó la canción, pero esta vez en perfecta sintonía con la melodía y en español nos informó que nunca había estado con otro hombre narrando una escena:</p>



<p>&nbsp;―Una hembra de ruiseñor aleteando llegó volando a un jardín donde su dueño, al escuchar el trino de tan bella ave, decidió que debía ser suya y tomándola entre sus manos, preparó para ella una jaula de oro. La joven pajarita al ver su nuevo hogar gorjeando de felicidad explicó al que ya sentía que era su amo que nunca unas manos de varón habían acariciado su plumaje.</p>



<p>&nbsp;―Si eres virgen, demuéstralo― exigió Natacha.</p>



<p>Bailando, la chinita se subió a la mesa y separando las rodillas, puso a mi estudio su sexo mientras canturreaba:</p>



<p>―Cuando el viento del mediodía puso en duda las palabras de la dulce avecilla, está pidió a su señor que comprobara tocando sus plumas que todavía nadie había dejado sus huellas en ella.</p>



<p>Despelotado por el tierno y ocurrente modo de presentar sus credenciales, miré embelesado ese tesoro desprovisto totalmente de pelo y retirando con mis yemas los pliegues que le daban acceso, comprobé que no mentía.</p>



<p>―El ruiseñor al sentir las caricias del que tenía las llaves de su nuevo hogar, le pidió que pusiera un candado a la puerta para jamás tener la tentación de marcharse― musitó en tono más bajo temiendo quizás desafinar.</p>



<p>Si lo hizo, no lo sé ya que llevaba unos segundos concentrado en evitar hundir la cara entre esos muslos.</p>



<p>―Don Lucas, pruebe si la pájara que ha adquirido es tan dulce para ser llamada también golosina― a mi espalda, escuché que Natacha me decía.</p>



<p>Impulsado por un apetito que no fui capaz de contener, saqué la lengua y recogí con ella parte de la humedad que amenazaba con desbordarse de la chinita:</p>



<p>―Es todavía más dulce de lo que suponía― señalé mientras escuchaba el prolongado sollozo con el que Kyon manifestaba el placer que ese primer lametazo le había hecho experimentar.</p>



<p>― ¿Me permite comprobar que sea así? ― la rubia preguntó revelando su excitación.</p>



<p>―Por supuesto, muñeca. Dime si me equivoqué cuando asumí que esta zorrita era una golosina.</p>



<p>Al verla sumergir la boca entre sus piernas, decidí hacer uso de uno de los detonantes que compartían y mientras Natacha cataba el sabor de Kyon llevé mis manos a sus nucas provocando el orgasmo de ambas. Los gemidos de la rusa quedaron acallados por los melodiosos berridos de la chinita al sentir que quizás por vez primera su cuerpo ardía.</p>



<p>―Mi señor tenía razón al ponerle ese nombre― chilló descompuesta Natacha mientras trataba de saciar la sed en el manantial que brotaba del interior de la asiática.</p>



<p>Sin dejar de acariciar la parte posterior de sus cabezas, mostré un cabreo que no sentía al haberse corrido ambas sin mi permiso y colocando a la rubia en mis rodillas, descargué mi supuesta ira en una serie de dolorosos pero deseados azotes que, en vez de cortar su placer, lo incrementaron.</p>



<p>―Su ruiseñor también le ha fallado― envidiosa del trato, sutilmente protestó la oriental.</p>



<p>Atrayéndola hacia mí, mordí su boca y tras dejar la impronta de mis dientes en ella, exigí a “muñeca” que la llevara a mi habitación y que me la preparara mientras terminaba de comer. Natacha cogió a Kyon de la mano y sin preguntar nada más, se marchó al saber exactamente lo que le pedía. No en vano habíamos leído juntos el puñetero manual donde se revelaba el modo de exacerbar el placer que sentiría al ser desflorada por su amo. Sabiendo que no me fallaría, olvidándome de ellas, me concentré en la estupenda carne a la stroganoff que apenas había tocado&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/303/15223423/15223423_076_a701.jpg" alt="" width="606" height="909"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 6&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 18:27:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[12 La actividad diaria impidió que esa manipuladora volviese a intentar un nuevo rifirrafe y reconozco que tampoco yo pude inclinar la balanza hacia mi lado, durante el resto de la jornada. Cuando cerca de las siete la vi marchar, di por sentado que al menos ese día tampoco había un claro vencedor y llamando a casa, pregunté a la rubita si le apetecía cenar fuera. A la chavala le molestó mi propuesta ya que con ella daba por sentado que no había preparado la cena. ― Cómo usted desee, pero entonces qué hago con el faisán que tengo en [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">12</h1>



<p>La actividad diaria impidió que esa manipuladora volviese a intentar un nuevo rifirrafe y reconozco que tampoco yo pude inclinar la balanza hacia mi lado, durante el resto de la jornada. Cuando cerca de las siete la vi marchar, di por sentado que al menos ese día tampoco había un claro vencedor y llamando a casa, pregunté a la rubita si le apetecía cenar fuera. A la chavala le molestó mi propuesta ya que con ella daba por sentado que no había preparado la cena.</p>



<p>― Cómo usted desee, pero entonces qué hago con el faisán que tengo en el horno, ¿lo tiro?</p>



<p>Admitiendo que había sido descortés, únicamente pregunté si cenaríamos solos o también tendríamos compañía.</p>



<p>―Usted y su muñeca, nadie más― respondió con gracejo.</p>



<p>Saber que así sería y que no tendríamos a la manipuladora al menos por esa noche, me hizo desviarme y comprando unas flores, aparecí en casa. Tal y como me tenía acostumbrado estaba desnuda, pero eso no fue impedimento para que extendiendo el brazo se las diera. Pero su reacción no fue la que había anticipado ya que sin caer en que era un presente Natacha preguntó dónde quería ponerlas.</p>



<p>―Era un regalo para ti― susurré un tanto preocupado por lo poco que esa cría sabía de las relaciones humanas.</p>



<p>Mirándome a los ojos, soltó una carcajada:</p>



<p>―Tenía que haberse visto la cara.</p>



<p>Al percatarme de que esa endemoniada criatura me había tomado el pelo, la tomé de la cintura y poniéndola sobre las rodillas, respondí con dos azotes. Sus risas al recibirlos fue lo mejor que me había pasado en todo el día y por eso, atrayéndola hacía mí, la besé. Ese beso que empezó siendo parte de un juego se transformó al notar su entrega en algo más y antes de que me diese cuenta, estaba acariciando sus pechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_057_5e04.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Se va a quemar lo que tengo en el horno― gimió al sentir mi boca recorriendo los bordes de sus rosadas areolas.</p>



<p>―Me la trae al fresco― respondí y tomándola en volandas la llevé hasta la cama.</p>



<p>Nada más depositarla en la cama, me empecé a desnudar bajo su atenta mirada. El deseo que sus ojos destilaban me hicieron recordar su inexperiencia y por ello, ya sin ropa, en vez de abalanzarme sobre ella, la abracé no sabiendo a ciencia cierta cómo debía actuar. Increíblemente, la chavala dio el primer paso volviendo a poner sus senos en mi boca mientras me pedía que fuera tierno con ella esa su primera vez. Su ruego no cayó en saco roto y retardando las ganas que tenía de poseerla, me dediqué a acariciarla. Desde el momento que sintió mis dedos en su espalda comenzó a gemir, pero cuando estos llegaron a su trasero y recorrieron sus nalgas, esos tímidos sollozos eran ya gritos de pasión, demostrando lo necesitada que estaba de esos mimos.</p>



<p>― ¡Quiero que me enseñe a correr! ― chilló mientras instintivamente restregaba su sexo en mis muslos.</p>



<p>Ese berrido ralentizó más si cabe mi ritmo y tumbándola sobre las sábanas, me fui deslizando por su cuerpo regalándola a cada paso besos, caricias, mimos y porque no reconocerlo, un par de suaves mordiscos. No había pasado de su ombligo cuando percibí los primeros síntomas de gozo en ella y excitado, preferí contener mi ataque para no apabullarla. Por eso antes de atacar su sexo con la boca, me entretuve lamiendo brevemente sus piernas mientras de reojo observaba a la rusita pellizcándose los pechos.</p>



<p>―Su muñeca no puede más― suspiró deseando que diera el paso.</p>



<p>Asumiendo que era así, usé dos yemas para descubrir el tesoro que escondía bajo sus pliegues y absorto contemplé la prueba de su novatez cerrando su vagina. Confirmar que era virgen y que nunca había sido usada, siendo algo previsto no por ello fue menos impactante y consciente de lo que hacía, saqué la lengua y agasajé con dulzura su clítoris. Nada más sentir esa húmeda atención, la eslava entró en ebullición y retorciéndose sobre el colchón se vio sometida por el placer. La forma que se corrió llenando con su flujo mi cara me hizo extremar las precauciones y mientras alargaba su gozo con nuevos mimos de mi lengua, confieso que seguía atento sus reacciones. Al no ver en ella ningún signo de los desencadenantes que habían dejado grabados en ella, me tranquilizó y sediento busqué secar el manantial en que se había convertido su sexo. Mi insistencia alargó, profundizó y renovó su orgasmo de un modo natural nada parecido a lo ocurrido antes con ella, por eso sin variar nada me permití saciar mi sed con el sonido de sus sollozos sirviéndome de acicate.</p>



<p>―Ya sé correr, don Lucas. ¡Estoy lista para escalar! ― aulló con una alegría que desbordó todas mis previsiones y antes de que me diese cuenta, la chavala con mi pene entre sus manos intentaba desflorarse.</p>



<p>De no haber mediado la cordura, la hubiese dejado proseguir, pero el puto enano moralista que vivía en mi cerebro me lo impidió y mordiendo sus labios, murmuré en su oído que tuviese paciencia, que cuanto más aguardara, más placer obtendría. No sé exactamente si fue ese mordisco, si fue mi negativa o la promesa de un mayor gozo, pero contra todo pronóstico la chavalita no insistió y abrazándome, murmuró la suerte que tenía mi muñeca al tener un amo tan cariñoso.</p>



<p>&nbsp;Por un breve instante, estuve a un tris de decirle que no era su amo, pero todavía hoy doy gracias a que de pronto recordé que la habían programado para el suicidio si se sentía ignorada por su dueño y por eso, en silencio, casi me echo a llorar, dudando que algún día esa monada de ojos verdes pudiera desenvolverse como una mujer normal.</p>



<p>«Mientras ocurre o no, estaré yo ahí protegiéndola», estrechándola entre mis brazos resolví&#8230;</p>



<p>A la hora de sentarnos en la mesa, la obligué a ponerse ropa. Aunque en un primer momento se quejó cuando le expliqué que con ella desnuda no podría concentrarme, aceptó. Ya “correctamente” vestida nos pusimos a cenar.&nbsp; Como ya me tenía habituado, su faisán relleno de foie resultó una delicia y el puré de manzana con el que lo acompañó, algo digno de reyes. Por ello, cuando bien comido y bien bebido, le pedí que me enseñara cómo iba el cuadro reconozco que estaba predispuesto favorablemente. Pero en cuanto lo descubrió, dejando caer teatralmente la sábana que lo tapaba, todas mis previsiones quedaron sobrepasadas con lo que contemplé. No solo había captado la luminosidad tan característica de Goya sino su sensualidad y eso a pesar de las enormes astas de la frente y del rabo que brotaba del culo de su modelo.</p>



<p>―Endemoniadamente bella, irresistiblemente zorra― comenté cuando preguntó que me parecía la Patricia que había plasmado en el lienzo.</p>



<p>― ¿Y usted? ― insistió señalando un pequeño sátiro a sus pies y que me había pasado inadvertido.</p>



<p>No pude más que sonreír al ver el desproporcionado artefacto que lucía entre las piernas ese ser cuyo rostro era el mío.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_073_e4d1.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Me imagino que la idea no fue tuya, sino de ella?</p>



<p>―Sí y no. Ella solo me pidió incluirlo en el cuadro.</p>



<p>― ¿Por qué me dibujaste siendo un sátiro? ― sin señal alguna de cabreo, pregunté haciéndole ver que me había pintado con el cuerpo cubierto de vello, rabo y las patas de macho cabrío.</p>



<p>―No es un sátiro, es Fauno: el dios de los campos y los bosques, protector de los rebaños. Como yo me considero su cachorrita, vi normal pintarlo como ese dios.</p>



<p>― ¿Y el tamaño del pene? ¿También fue idea tuya?</p>



<p>Bajando la mirada, confesó que no y que Patricia incluso le había pedido pincelarlo aún más grande. Desternillado de risa, la tomé de la cintura y llevándola al sofá del salón, entre los dos comenzamos a estudiar otro libro de arte, este de la National Gallery, para ver cuál sería su siguiente obra. Lo que nunca pensé fue que escogiendo la “Venus del espejo de Velázquez”, me pidiera permiso para ser ella la protagonista. El brillo de sus ojos me hizo asumir que de alguna forma deseaba que su amo la pudiese contemplar y por ello, sonriendo, le hice saber que, de gustarme el resultado, colgaría el cuadro en mi despacho.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nada me gustaría más― sollozó mientras se lanzaba a comerme a besos y me preguntaba en qué parte de la casa íbamos a colocar el de Patricia. Recordando el gigantesco cipote de mi personaje, insinué a la chiquilla por qué no se lo regalaba a mi secretaria para que ella también me tuviera presente. Sin advertir que mi verdadera intención era joder a esa mujer, aceptó de inmediato y por eso no vio inconveniente en que, al día siguiente, se lo lleváramos en persona a su casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Ya que se auto invita a la mía, me invitaré yo a la suya», me dije mientras la ayudaba a quitar su “maja” del caballete y sustituirla por un lienzo en blanco.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con todo preparado para empezar, cayó en que no tenía ojos en la espalda y que por tanto difícilmente podría dibujar su trasero tal y como había hecho don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. Desternillado de risa, la llevé al baño y le mostré que podía usar sus espejos para vérselo. Lo que nunca me esperé fue que al verse me preguntara porque no colgábamos uno en el techo de mi cama y otros en las paredes de cada lado:</p>



<p>―Así podría observar desde todos los ángulos cuando haga de mí una mujer. &nbsp;</p>



<p>Pensando en que parecería el clásico motel de carretera donde los clientes se llevan las prostitutas, me negué. Pero como el descerebrado que soy, se me ocurrió bromear que si tanto le interesaba tener una imagen en su cerebro podía grabarla.</p>



<p>― ¿Haría eso por mí? ― esperanzada, me interrogó: ―Sería feliz si pudiese verme tocándome con usted a mi lado.</p>



<p>Su tono, la esperanza que leí en su cara y el morbo que me daba ver a esa monada masturbándose para mí hicieron que aceptara inmortalizar esa escena con mi teléfono móvil y llevándola al cuarto, le pedí que comenzara mientras me sentaba en la cama. Supe cuánto deseaba exhibirse ante mí cuando desde el momento en que oyó mi permiso toda ella daba prueba de su excitación. El brillo de sus ojos mientras se mordía los labios, sus pezones erizados, el sudor de su frente, todos eran signos de la calentura de su interior al sentir mi mirada.</p>



<p>―No sé por dónde empezar― musitó desolada.</p>



<p>―Por tu vestido&#8230; ¡quítatelo! ― respondí.</p>



<p>Poniéndose de pie frente a mí, lo dejó caer lentamente sobre la alfombra. Los nervios de primeriza ralentizaron sin desearlo sus movimientos y eso les confirió una sensualidad y una inocencia que debo reconocer despertaron al depredador que había en mi interior.</p>



<p>―Date la vuelta y muéstrame el trasero de mi bella muñeca― exigí.</p>



<p>Al sentir que esa orden llevaba un piropo explícito, la chavala gimió y girándose, expuso sus nalgas a mi examen. El tanga rojo que llevaba puesto era tan minúsculo que por un instante creí que se lo había quitado. Percatándome que lo cachonda que se sentía al exhibirse, quise incrementar su calentura y por eso sin dejar de grabarla, me permití el lujo de acariciar esa maravilla. Natacha maulló de placer al notar mis yemas recorriendo sus cachetes y quedándose inmóvil, aguardó a que le diese la siguiente orden.</p>



<p>―Quítate las bragas― exigí divertido con su entrega.&nbsp;</p>



<p>Ya desde mi privilegiado punto de observación, que no era otro que mi cama, no quité ojo ni a sus maniobras ni a sus miedos y eso me permitió comprobar que obedecía y se quitaba el tanga.</p>



<p>―El sujetador fuera.</p>



<p>La dureza de mi voz la hizo temblar y dejando deslizar los tirantes del mismo, puso sus senos casi adolescentes a escasos centímetros de mi cara como si deseara obtener de ese modo mi aprobación. Sus rosadas areolas no por diferentes de las oscuras de Patricia eran menos atrayentes y nuevamente me vi premiándola, esta vez con un largo lametazo a cada uno de sus pechos. En esta ocasión, su modo de responder fue con un profundo, pero revelador, gemido.</p>



<p>―Tócate para mí.</p>



<p>Con el zoom dejé para la posteridad el momento en que abriendo las piernas y separando los pliegues de su sexo, la rubia comenzó a comenzó a acariciar su clítoris. La humedad que brillaba entre sus muslos y sus sollozos me empezaron a excitar, pero no por ello me olvidé de usar la cámara del teléfono.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_081_d341.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Sí, mi muñeca me pone y estoy bruto― reconocí cuando la rusa se quedó mirando al bulto que crecía bajo mi bragueta.</p>



<p>&nbsp;Al escuchar y comprobar con sus propios ojos que mi pene reaccionaba a su exhibicionismo, se sintió realizada y llevando una mano a su pecho, lo pellizcó mientras reanudaba los mimos sobre el erecto botón situado en la antesala de su vulva.</p>



<p>―Estás preciosa cuando te masturbas― se me ocurrió comentar sin saber que llevaba grabado ese piropo como un banderazo a su gozo.</p>



<p>Sin apenas darme tiempo de reacción, la rubia cayó sobre la cama y se comenzó a restregar los muslos y a pellizcar los pechos mientras su entrepierna era pasto de las llamas.</p>



<p>―Mi amo me considera preciosa― aulló llena de felicidad al experimentar una nueva forma de placer en la que se unían el goce sexual con la satisfacción anímica de que la encontrase guapa.</p>



<p>Como no vi en su forma de correrse nada dañino dejé que siguiera gozando del momento.</p>



<p>―Me encanta tu culo, tu cara y tus tetitas― susurré en su oído mientras dejaba constancia de la serie de orgasmos que disfrutó en el móvil.</p>



<p>Esos piropos siendo bien recibidos no incrementaban su placer y por eso, decidí seguir probando:</p>



<p>―Me gusta ver a mi bella muñeca cuando goza.</p>



<p>El impacto de esa frase fue más que evidente al verla convulsionar sobre las sábanas gritando. &nbsp;</p>



<p>―Regálame tu placer, zorrita― probé totalmente excitado al verla ponerse a cuatro patas en el colchón luciendo la humedad de su coño ante mis ojos.</p>



<p>Nada más expresar mi deseo, la eslava se vio dominada por un clímax tan brutal como húmedo y la cercanía de su sexo a mi cara provocó que, cuando el cálido chorro brotó de su interior, éste impactara de pleno contra mi rostro embadurnado con su flujo mis labios y mis mejillas.</p>



<p>― ¡Soy la muñeca que ama a mi señor! ― gritó antes de desplomarse sobre la cama.</p>



<p>No pude más que sonreír al verla agotada y sin fuerzas, pero feliz. Por ello, dejándola descansar, le di un beso en su frente y la tapé.</p>



<p>―Mi señor ama a su muñeca también― al apagar la luz para dejarla descansar, escuché que susurraba&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">13</h1>



<p>A la mañana siguiente, la rusita fue feliz cuando le hice llegar el video y mientras desayunábamos, se puso a verlo. Su excitación era tan evidente que muerto de risa señalé el tamaño que habían adquirido sus pezones. Contagiada, la puñetera cría dejó caer que al volver iba a tener dificultades para ponerse a pintar su culo cuando lo que realmente le apetecía era plasmar en el lienzo la expresión de cara viendo cómo se masturbaba.</p>



<p>―Como te dije ayer, tengo una muñeca preciosa― respondí mientras con dos de mis yemas le regalaba un pellizco.</p>



<p>Sin ocultar el gozo que esa caricia le producía, la cría me preguntó si finalmente esa noche la iba a hacer mía. El tono de la chiquilla revelaba esperanza, pero también desolación al sentirse ignorada por no ser tomada por mí. Recordando que por su “educación” era peligrosísimo que Natacha creyera que su amo la rechazaba, imprimí toda la ternura que pude a mi voz para decirle que el primero que deseaba estrenarla era yo, pero insistiendo también en que debía estar preparada.</p>



<p>―Don Lucas, su nena ya lo está― replicó encantada sin caer en la turbación que me embargaba y que no podía exteriorizársela.</p>



<p>Y es que no podía obviar que al aceptar que viviera en mi casa, me había hecho responsable de su bienestar tanto físico como anímico. En su caso, su salud corporal no me preocupaba, pero la mental era otra cosa y por eso me hice el propósito de hablar con mi amigo el psiquiatra para que me aconsejara como actuar.</p>



<p>«Según él debo dejar que su sexualidad fluya para que no se frustre», me dije preocupado con los síntomas que había conseguido vislumbrar en ella.</p>



<p>Por eso cuando, después de dejarla en el centro donde estudiaba, llegué a la oficina lo primero que hice fue contactar con Julián y explicarle la situación en la que me encontraba. Tras oír atentamente los progresos y retrocesos de la rusita, el loquero no dudó en decirme que lo quisiera o no mi actitud era importante para la recuperación de Natacha:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_110_1cab.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Piensa que, hasta conocerte, esa cría nunca había sentido ningún tipo de cariño. Para su antiguo dueño era un objeto, una mercancía a la que moldear, en cambio para ti es una persona y ella lo nota. Se ha percatado que le importas y eso es algo a lo que no está habituada.</p>



<p>&nbsp;― ¿Entonces qué hago? ¿Cedo y me acuesto con ella? ¿Me niego o sigo retardándolo?</p>



<p>Se tomó unos segundos en contestar:</p>



<p>―Lucas, tu labor con Natacha debe ser global. Debes intentar reducir su ansiedad a través de que poco a poco se aproxime a lo que le produce estrés y una respuesta exacerbada. En su caso es el sexo particularmente lo que la angustia al haber sido programada para ello, por lo que debes esforzarte en que vaya conociendo y practicando el mismo en un ambiente de confianza. Pero también es necesario que tome conciencia de quién es y del valor que tiene por ella misma. Te parecerá raro, pero te tiene miedo o mejor dicho tiene miedo de lo que piensas de ella. En su interior se ve como un desecho al que tú como su “dueño” la tienes que soportar. Por ello es obligatorio que aprenda a auto valorarse y que note que para ti ella es una persona a la que estimas.</p>



<p>―En pocas palabras que debo acostarme con ella y que cuando lo haga, no me la folle, sino que le haga el amor― respondí.</p>



<p>―Yo no lo diría así, pero es una buena aproximación― fue su respuesta.</p>



<p>Sobrepasado por la responsabilidad que había puesto sobre mis hombros y viendo que Patricia llegaba con mi café, me despedí. Conocedora del efecto que su belleza tenía sobre mí, llegó contoneando las caderas:</p>



<p>― ¿Cómo está mi futuro novio? ¿Ha dormido bien?</p>



<p>―Cojonudamente― cabreado por su acoso, repliqué: ―he soñado que desaparecías de mi vida y te casabas con otro.</p>



<p>Fijándose que no había nadie mirando, se acercó y sin rubor alguno contestó:</p>



<p>―Yo en cambio, me he pasado toda la noche pensando en lo feliz que seré cuando sea tu mujer y me dejes mimarte.</p>



<p>Su descaro me sacó de las casillas y queriendo que tuviese claro mi negativa, respondí:</p>



<p>―Para eso ya tengo a Natacha. Al contrario que tú, esa niña me da su cariño sin pedir nada a cambio.</p>



<p>Contra todo pronóstico, se iluminó su cara al escucharme:</p>



<p>―No sabes la ilusión que me hace oírte decir que ya te la has tirado a nuestra pequeña. La pobre lo necesitaba aún más que yo.</p>



<p>Analizando lo que me acababa de soltar, descubrí dos cosas: que se había referido a Natacha como “nuestra” niña, y que acostarse conmigo lo sentía como una necesidad. De lo primero era ya consciente, no en vano su relación con la rusa era posesiva, pero de la segunda me acababa de enterar.</p>



<p>―Si tanto necesitas follar conmigo, lo podemos resolver rápidamente. Métete en el baño y desnúdate mientras me esperas.</p>



<p>El color de sus mejillas me dio una pista de cómo actuar y recalcando un desprecio que realmente no existía en mí, añadí:</p>



<p>―O si lo prefieres, lo podemos hacer frente a todos, aunque no creo que Joaquín esté muy contento de saber la clase de zorrón que tiene por hermana.</p>



<p>Sin dejarse intimidar, respondió:</p>



<p>―No le pillaría de nuevas. Mi hermanito es consciente de que el cerdo de su jefe me tiene enamorada y que en cuanto me pida matrimonio, diré que sí. Ponme un anillo en el dedo y dejaré que me ames hasta en un vagón de metro.</p>



<p>Cuando ya estaba a punto de estrangularla, me entró una llamada de un cliente y por ello, me quedé con ganas. Supe que esa zorra sentía que nuevamente había vencido cuando quitándose las bragas las puso sobre la mesa.</p>



<p>―Perdona― comenté tapando el micrófono del teléfono: ―Hoy me apetece pajearme con tu sujetador, así que sé niña buena y quítatelo.</p>



<p>Ese cambio de prenda la cogió desprevenida, ya que ese día venía vestida con una blusa semitransparente y si me hacía caso, todo el que pasara por enfrente, disfrutaría de la visión de sus negras areolas. Durante un par de segundos, dudó&#8230; pero tras meditarlo, respondió:</p>



<p>―Me parece bien, pero a cambio quiero que te grabes haciéndolo y me lo mandes.</p>



<p>Consciente de que, si aceptaba, esa manipuladora podía usar la película en mi contra y chantajearme, me negué.</p>



<p>―Entonces, hoy no te toca premio― riendo respondió mientras recogía el tanga que había dejado en mi poder.</p>



<p>El paso alegre con el que desapareció de mi despacho hundió aún más mi ánimo al saberme derrotado y por ello durante las siguientes dos horas, ni siquiera miré hacía su lugar de trabajo no fuera a ser que me sorprendiera haciéndolo y me regalara una de sus sonrisas.</p>



<p>Ya habían pasado de las doce cuando ejerciendo de secretaria esa endemoniada belleza me pasó a Pedro. Interesado en saber cómo iban sus averiguaciones, contesté y tras los típicos saludos, el detective entró directamente en materia:</p>



<p>―Le tengo noticias y de ante mano le advierto que no le van a gustar ya que son acerca de una persona de su entorno más inmediato.</p>



<p>Asumiendo que se había enterado de la existencia de Natacha, pedí que continuara:</p>



<p>―Como le decía, al investigar las vidas de las crías que aparecieron muertas en esa nave, mis contactos en la policía me han reconocido que el soplo se lo dio la antigua “novia” del sujeto e investigando sobre ella, me encontré con que esa joven es su secretaria.</p>



<p>―Ya lo sabía y por eso le pedí que investigara. Por favor, siga.</p>



<p>Quejándose de que no se lo hubiese contado, prosiguió:</p>



<p>―Lo que, seguro que no sabe, es que la señorita Meléndez y el tal Isidro fueron amantes casi dos años y según me he informado ambos lucieron una actitud desinhibida, por decirlo de alguna forma, respecto al sexo.</p>



<p>Mi silencio, le permitió extenderse:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_099_d839.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Por lo visto, su relación no era cerrada y durante el tiempo que fueron pareja, por su cama pasaron gran variedad de hombres y de mujeres en una espiral cada vez mayor. Si en un principio les bastaba con un trio ocasional, llegó el momento que no era así y comenzaron a experimentar con otros tipos de sexualidad.</p>



<p>― ¿A qué se refiere? ― pregunté.</p>



<p>―Orgias, dominación, exhibicionismo&#8230; la joven que trabaja con usted no solo se dejaba llevar, sino que en gran parte era la inductora. Pero todo ello, terminó a raíz de una fiesta en la que se encontró con una antigua compañera de colegio.</p>



<p>―Isabel Pérez― afirmé en vez de preguntar.</p>



<p>―Así es, por aquel entonces, esa veinteañera llevaba teóricamente fugada de su casa unos seis meses. Por ello y según me han insinuado, cuando la señorita Meléndez la vio atada a un potro de tortura en ese festejo sadomasoquista, directamente, pidió a Bañuelos que se enterara quién era el dueño de la cría para que se la cediera esa noche.&nbsp; Mis fuentes afirman que el tal Isidro se echó a reír y que, descolgándola de la cruz, se la hizo entrega para que disfrutara de ella y que su secretaría se la llevó tirando de la melena a un cuarto aparte.</p>



<p>«¡Su puta madre!», pensé viendo que se estaban cumpliendo mis peores pronósticos y por ello, me mantuve callado para que Pedro continuara.</p>



<p>―Por lo que me cuentan, apenas habían pasado unos minutos cuando la que ahora es su secretaria salió de la habitación furiosa y creyendo en que su amante no tenía nada que ver con ello, le advirtió que la joven Isabel era rehén de una organización de trata de blancas.</p>



<p>― ¿Y entonces qué ocurrió? ¿Cómo reaccionó el tipo? ― pregunté.</p>



<p>―Parece ser que no solo se echó a reír, sino que le hizo ver que la gran mayoría de las parejas de cama que habían compartido durante su “noviazgo” también eran víctimas y que, por tanto, más le valía estarse callada si no quería terminar en la cárcel.</p>



<p>― ¿Qué hizo Patricia entonces?</p>



<p>―Por lo visto, no estaba informada de eso cuando se acostó con ellos y al enterarse, salió huyendo de la casa sin mirar atrás. Cosa que por lo visto no se perdona ya que a los pocos días el mismo Isidro, para hacerla callar, le comentó que, a raíz de su reacción, la gente con la que trabajaba le había obligado a matar no solo a Isabel sino a las otras dos secuestradas que estaba presentes en esa fiesta y que por tanto un juez la vería como cómplice de esas muertes.</p>



<p>&nbsp;― ¡Quiero a ese hijo de puta en la cárcel! ― exclamé al ver ratificadas todas y cada una de mis sospechas: ― ¡Cueste lo que cueste!</p>



<p>Fue entonces, cuando revelando su integridad, Pedro contestó:</p>



<p>―Para mí ya no es una cuestión de dinero, es un tema personal. Tengo hijas y no me quiero imaginar lo que deben haber sufrido los padres de estas tres niñas.</p>



<p>―Y los que no son de ellas― repliqué, explicándole por primera vez la ONG que había fundado Patricia y que entre las chavalas que habían liberado, se encontraba la que vivía en mi casa.</p>



<p>Al escuchar que mi secretaria había vendido su empresa y había dedicado el dinero a combatir la esclavitud en todas sus formas, el detective cambió de opinión sobre ella y preguntó si la podía contactar para usarla como fuente de información.</p>



<p>―Por ahora, no. Tiene demasiado reciente lo de su compañera y no creo que sea conveniente― respondí.</p>



<p>Aceptando mi postura, quiso devolverme el anticipo. No solo me negué, sino que aprovechando que tenía el ordenador abierto le trasferí nuevos fondos para cubrir sus gastos, pidiendo únicamente que me tuviera informado.</p>



<p>―Así, lo haré― contestó antes de despedirse y colgar.</p>



<p>Al conocer en todo su alcance el dolor que la morena debía haber sentido al saberse culpable indirecta de esas muertes, la miré y viendo que seguía enfrascada en la rutina, achaqué su acoso a la experiencia que había sufrido y que al igual que mi rusita ella también era una víctima de ese desalmado:</p>



<p>«No es culpa suya. Cuando Joaquín le contó cómo lo traté, vio en mí un hombre del que podía fiarse y que nunca abusaría de ella», me dije apesadumbrado al reconocer en mi interior que yo no era ningún santo.</p>



<p>La información del detective hizo mella en mi cerebro y mi propio comportamiento con Patricia varió sin darme cuenta, olvidando mi resentimiento con ella. Por eso cuando al volver de comer la morena entró a mi despacho para revisar un documento que debíamos enviar a uno de nuestros clientes, me abstuve de hacer ningún comentario hiriente a los que la tenía acostumbrada y me comporté hasta cariñoso cuando valoré positivamente su trabajo. Ese cambio no le pasó desapercibido y quizás temiendo que después de la calma viniese la tormenta, me preguntó qué me pasaba.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_148_aed0.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Siempre me he considerado un jefe justo y cuando veo algo que está bien hecho, lo digo― respondí.</p>



<p>―A ti te ocurre algo― insistió sospechando que esa actitud era parte de un plan.</p>



<p>Sonriendo al ver sus cautelas, decidí aprovecharlas para reírme un poco de ella.</p>



<p>―Aunque estés un poco loca, eres una mujer inteligente. Tu trabajo es excelente y encima estás buenísima. ¿Qué más te puedo pedir? ― le dije mientras rozando su mejilla con mis dedos, le hacía una carantoña.</p>



<p>Esa serie de piropos encadenados junto con la caricia provocaron su enfado y abriendo de nuevo las hostilidades, me preguntó que si la veía tan atractiva entonces porque no quería casarme con ella. Despelotado al sentir su furia, respondí mientras la tomaba de la cintura:</p>



<p>― ¿Quién te ha dicho que no quiero? ¡Preciosa mía!</p>



<p>Incapaz de contenerse, restregó sus pechos contra el mío, mientras dejaba caer si podía considerar eso como un sí.</p>



<p>―Para nada, ya me casé una vez y no veo razón para volver a tropezar con la misma piedra&#8230; a no ser que una negra que conozco, me lo pida de rodillas después de entregarse a mí.</p>



<p>Cuando estaba a punto de mandarme a la mierda, sonó mi móvil y al ser una llamada de Natacha, contesté poniendo el altavoz. Durante unos segundos, solo oímos quejidos para luego y antes de cortarse, escuchar que me pedía ayuda:</p>



<p>―Don Lucas, su muñeca le necesita.</p>



<p>No necesitamos nada más y sin haber hablado entre nosotros, nos vimos saliendo a toda prisa hacia el garaje. Cuando ya iba a coger mi coche, la morena comentó que fuéramos en su vespa, ya que a esa hora había mucho tráfico y tardaríamos menos en moto. Aceptando su sugerencia, me puse el casco que me daba y subiéndome de paquete en el scooter, salimos a toda prisa hacia mi casa.</p>



<p>La preocupación que me embargaba no impidió que me percatara que era la primera vez que la abrazaba y que tenerla entre mis brazos, aunque fuera para no caerme, me resultaba sumamente agradable.</p>



<p>«Va a resultar que esta zorra me gusta», pensé sin exteriorizarlo.</p>



<p>Diez minutos después de dejar la oficina, nos vimos entrando en el piso donde nos encontramos a la rubita tirada en mitad del salón retorciéndose de dolor mientras en la televisión se reproducía una y otra vez el video que había grabado. Supe de inmediato que en mi ausencia se había puesto a verlo mientras se tocaba y por eso lo primero que hice fue apagarla.</p>



<p>― ¿Cómo se te ocurrió masturbarte sin mí? – pregunté mientras la llevaba a la cama sabiendo que ese acto que en una persona normal no tenía consecuencias, en su caso había sacado a la luz una de las prohibiciones que el torturador había dejado impresa en su cerebro.</p>



<p>La mirada asesina que me dirigió Patricia me alertó que lo último que necesitaba esa niña era que se lo recriminara y tumbándose a su lado, intentó calmarla pidiéndole que dejara de sufrir porque sus dueños no estaban cabreados con ella. Sus palabras provocaron el efecto contrario y solo consiguieron intensificar el dolor de la chavala.</p>



<p>― ¡Haz algo! ¡Joder! ― me recriminó la negra viendo que sus intentos no servían de nada.</p>



<p>―Calla y déjame pensar― respondí.</p>



<p>Repasando la conversación de la mañana con Julián acerca de sus traumas, comprendí si se lo había provocado al buscar el placer en soledad, imitando a los bomberos forestales debía combatir el fuego con fuego y por eso ante la indignación de Patricia, me comencé a desnudar.</p>



<p>― ¡Imítame! ¡Coño! ― exigí a mi secretaria sin tiempo de aclararle nada.</p>



<p>Sin ver la razón de mis actos, la morena se quitó el vestido y solo cuando me vio tumbarme al lado de Natacha y ver que la besaba, comenzó a entender. &nbsp;</p>



<p>―Muñeca, deja que te demostremos lo mucho que te queremos― susurré en su oído mientras acariciaba su cuello.</p>



<p>―Eres nuestra niña y te amamos― añadió la que la joven consideraba su ama al tiempo que sacando la lengua se ponía a lamer sus pezones.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;Nuestra ternura la hizo sollozar y hablando por primera vez desde que llegamos, nos pidió perdón por haber intentado gozar ella sola.</p>



<p>―No te tenemos nada que perdonar, fui yo quien te autorizó a hacerlo― mentí mientras me apoderaba de unos de sus pechos actuando en sintonía con la negrita.</p>



<p>Creí reconocer placer en el gemido que dio al sentir nuestras bocas agasajándola y sabiendo que íbamos por el buen camino, me deslicé por ella dejando con mi lengua un húmedo surco sobre su piel. Al llegar a su sexo, lo hallé completamente encharcado. Esa fuente desbordándose me hizo insistir y mientras mi imprevista compañera de cama le decía lo guapa que era, separé los pliegues de su coño dando un primer lametazo sobre su clítoris.</p>



<p>― ¡No me lo merezco! ¡Mi señor! ― reaccionó gritando.</p>



<p>―Por supuesto que te lo mereces, muñeca. Esto y mucho más― respondí mientras sentía que se incrementaba el caudal de flujo que manaba de ella.</p>



<p>El berrido que pegó al sentir mis dientes mordisqueando su botón fue lo que me hizo decidir pedir ayuda a mi secretaria para que la hiciéramos llegar al orgasmo y así hacerle sentir nuestro cariño. Entendiendo al fin mis intenciones, Patricia unió su boca a la mía y juntos continuamos mimando ese tesoro todavía inmaculado. Tal y como había previsto, en cuando notó que ambos nos afanábamos en darle placer, Natacha se vio sacudida por todas las sensaciones que llevaba acumuladas y cediendo a ellas se corrió.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_158_44ca.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Todavía la rusita estaba gozando cuando susurrando en voz baja, mi acosadora con tono tierno me dijo que era un cerdo al haberla mentido. Preguntando porqué, respondió:</p>



<p>―Debes pensar que soy tonta. Nunca te has acostado con ella&#8230; ¡sigue virgen!</p>



<p>La tregua que manteníamos permitió que la reconociera que no me sentía capaz de estrenarla.</p>



<p>― ¿No te gusta nuestra muñeca? ― atónita, preguntó.</p>



<p>―Claro que me gusta. Es una monada, pero sería abusar de ella.</p>



<p>Impresionada, se tomó unos momentos antes de contestar:</p>



<p>―Mi enamorado es tan bueno que a veces parece idiota. Para Natacha eres su ancla y haciéndola mujer, además de ser tu obligación, tampoco la maltratarías sino qué le harías el mejor favor que nadie ha hecho por ella al darle tu amor. Toda su vida ha sido esclava y necesita comprender que, a nuestro lado, eso ya no es así. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;Sus palabras me dejaron pensativo y quizás por eso tardé en reaccionar cuando sin preguntar mi opinión, tomó mi pene ya erecto y lo aproximó al sexo de la rubita.</p>



<p>―Cumple con tu deber y hazla que se sienta amada.</p>



<p>Asustado por la responsabilidad, miré a la chiquilla y descubrí en su rostro, expectación y esperanza. Aun así, preferí cerciorarme y mientras mi glande jugaba con sus pliegues, murmuré:</p>



<p>―Natacha, deseo hacerte mía.</p>



<p>La felicidad con la que recibió mis palabras me dio el coraje de hundir unos centímetros mi pene en ella hasta topar con su himen. A punto de mandarlo al olvido, insistí:</p>



<p>―Si te tomo, dejarás de ser mi sierva y te convertirás en&#8230;</p>



<p>Interrumpiéndome antes de terminar, Patricia me rectificó:</p>



<p>―Cuando mi amado te tome, dejará de ser nuestra sierva y te convertirás en nuestra mujer. ¿Es eso lo que deseas?</p>



<p>―Sí― chilló mientras con un movimiento de caderas, forzaba la entrada de mi miembro en su interior.</p>



<p>El dolor fue algo breve y regalándonos una sonrisa, suspiró:</p>



<p>―Esposo mío, ama a tu muñeca.</p>



<p>Palidecí al oír que Natacha no solo se sentía mía, sino que me consideraba su marido y por eso, a mi lado, Patricia tuvo que insistir:</p>



<p>―Demuéstrale el cariño que sentimos por ella.</p>



<p>Sin saber a qué atenerme, comencé a moverme por instinto sacando y metiendo mi pene lentamente mientras notaba a la morena abrazándome por detrás. La presión de sus pechos en mi espalda me hizo reaccionar y poco a poco, fui incrementando el compás con el que no solo amaba a la rusita sino también a mi acosadora. El brillo ardiente de los ojos de Natacha al ser tomada demolió mis resquemores y convirtiendo el pausado trote del principio en un desenfrenado galope, sellé su entrega con la mía.</p>



<p>― ¡Mi amor! ― gritó la joven al sentir mi glande chocando con la pared de su vagina.</p>



<p>Para entonces la atracción que había acumulado por ella desde que llegó a mi casa se había convertido en pasión y olvidando que era su estreno, martilleé su interior con mi estoque sin advertir los gemidos de Patricia gozando como si fuese ella la receptora.</p>



<p>― ¡Por dios! ― finalmente escuché que gritaba en mi espalda: ― ¡Sigue amándonos!&nbsp;</p>



<p>Asumiendo que así era, la tomé entre mis brazos y mientras mi virilidad campeaba en Natacha, besé a mi acosadora. Contra toda lógica, al sentir mi lengua abriéndose paso en su boca, se corrió derramando su esencia sobre mí y sobre la rubia. Su derrumbe lejos de molestarme, azuzó la lujuria que sentía y mordiendo sus carnosos labios, la informé que al terminar con la chavala sería su turno. Mi amenaza intensificó su gozo y ante mi sorpresa, lejos de negarse rogó que me diese prisa mientras se ponía como loca a masturbarse.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_235_24f5.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>La visión de ese monumento de mujer presa de la calentura no solo me afectó a mí sino también a la rubia y atrayéndola, le hizo saber que ella también la sentía suya al besarla. La pasión con la que respondió a su beso aceleró el gozo de Natacha llevándola en volandas hacia el orgasmo y pegando un largo gemido, se vio inmersa en el placer. La intensidad de su gozo llamó al mío y sin poderme contener exploté derramando mi simiente en su interior.</p>



<p>Al notar mis detonaciones en su vagina, la cría unió ese primer clímax con otro todavía más potente e imprimiendo un ritmo infernal a sus caderas, buscó ordeñarme por completo. ¡Y lo consiguió! Alucinado comprendí que jamás en mis años de vida había tenido una amante tan ardiente cuando logró que mi virilidad recuperara su entusiasmo y se mantuviera erecta a pesar de haber eyaculado.</p>



<p>―Lucas, es el momento en el que debes tomar a tu otra esposa― sacándosela comentó.</p>



<p>Acercando mi tallo a la negrita, contemplé sus miedos y recordando la importancia que para ella tenía el matrimonio legal, me abstuve de hacerlo. En vez hacerla mía, me tumbé en la cama y señalando mi erección, comenté:</p>



<p>―Hacerte mía, sería violarte. Por lo que lo que ahora pase, será tu decisión.</p>



<p>―Eres un capullo sin alma― replicó Patricia mientras se encaramaba sobre mí.</p>



<p>El deseo de su mirada me hizo suponer que claudicaría, pero defraudando mis expectativas no se empaló y tras colocar mi pene entre sus pliegues sin metérselo, comenzó a restregarse como una loba mientras me decía:</p>



<p>―Hoy has tenido suficiente con estrenar a nuestra muñeca. Cuando finalmente te sientas mío, dímelo y me entregaré de por vida a ti.</p>



<p>Por un instante, fui yo quien estuvo a punto de rendirse y reconocer en voz alta que la deseaba, pero fui tan valiente o tan insensato de permanecer callado sintiendo que su humedad envolviendo mi pene. Mi negativa curiosamente la agradó y revolcándose de placer sobre mí, me informó que cuanto más tardara en reconocer que la amaba mejor:</p>



<p>―Date prisa en pedir que me case contigo, mi amor. Soy una olla a punto de explotar y si no te tengo a ti, será nuestra muñeca la que reciba mi cariño.</p>



<p>La entente entre ambas mujeres quedó de manifiesto cuando riendo la rubita respondió mientras se apoderaba de sus pechos:</p>



<p>―Para mí, ya eres mi esposa. &nbsp;</p>



<p>Como si con ese gesto y sus palabras hubiese dado con una tecla que necesitara que alguien tocara, Patricia corriéndose cayó en una especie de trance en el que solo repetía como un mantra que por fin era de alguien y tenía un hogar.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;«No puede ser», murmuré para mí al reconocer en la negrita los mismos síntomas de la rubia cuando sufría los efectos de uno de los detonantes impresos en su cerebro: «su ex estaba haciendo de ella una esclava y si no llegó a culminar el proceso fue gracias a que huyó». Sin podérselo explicar comprobé aterrorizado como su estado iba empeorando con el paso de los segundos y su placer se iba haciendo hasta doloroso. «Al estar casado ya, ese maldito quería avocarla al suicidio», me dije no sabiendo cómo actuar.</p>



<p>Cuando ya todo su cuerpo era pasto de un sufrimiento atroz, no me quedó otra que hacer de tripas corazón y preguntarle al oído si quería casarse conmigo.</p>



<p>―Sí― chilló derrumbándose sobre la cama.</p>



<p>El colapso de la negrita fue total y por ello, preferí dejarla descansar antes de revelar lo que había descubierto. La necesitaba en forma para que pudiese razonar y no se hundiera de nuevo en la desesperación. Natacha que no era boba se percató de que algo le ocurría y viendo que dormía, me hizo una seña para que la acompañara fuera de la habitación.</p>



<p>Una vez en el salón, preguntó:</p>



<p>―Lo que le ha pasado con Patricia no es normal, ¿verdad?</p>



<p>―No― respondí mientras me servía un copazo que me ayudara a digerir lo sucedido.</p>



<p>― ¿Qué le ocurre? ― insistió.</p>



<p>Tomándome unos segundos para ordenar mis ideas, le pedí que se sentara y pegando un sorbo al whisky, fui detallándole la razón de sus ataques, pero sobre todo los motivos. Así expliqué a la muchacha que su torturador era un ser repugnante que disfrutaba con el dolor ajeno, pero haciendo hincapié que, en su caso al tenerme a mí, ya no tenía nada que temer.</p>



<p>―Lo sé, esposo mío. Tú me has salvado― reconoció con la voz teñida de cariño.</p>



<p>―Patricia también fue víctima de ese hijo de perra, pero con ella usó otra estrategia y le hizo creer que necesitaba un matrimonio para ser feliz.</p>



<p>―Entiendo― musitó preocupada.</p>



<p>―Su intención era llevarla a la desesperación al saber que jamás se casaría con ella.</p>



<p>―Ese no es tu caso, mi amor. Tú sí puedes.</p>



<p>―Lo sé, pequeña ― respondí vaciando la copa&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/164/79965803/79965803_254_308e.jpg" alt="" width="604" height="906"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 5&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 18:17:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[10 Como al día siguiente había quedado con la directora del centro donde cursaría su graduado, se levantó temprano para ocuparse de las labores del hogar antes de ir a su escuela. La cara de preocupación con la que estaba limpiando la casa cuando terminé de ducharme me hizo asumir que quizás debía contratar una muchacha para que así pudiera estudiar. Al comentárselo, la puñetera cría se volvió hacia mí y con lágrimas en los ojos, me preguntó si acaso me había cansado de ella y ya no la quería. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Al contrario, muñeca. Quiero que seas feliz, pero también [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">10</h1>



<p>Como al día siguiente había quedado con la directora del centro donde cursaría su graduado, se levantó temprano para ocuparse de las labores del hogar antes de ir a su escuela. La cara de preocupación con la que estaba limpiando la casa cuando terminé de ducharme me hizo asumir que quizás debía contratar una muchacha para que así pudiera estudiar. Al comentárselo, la puñetera cría se volvió hacia mí y con lágrimas en los ojos, me preguntó si acaso me había cansado de ella y ya no la quería.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Al contrario, muñeca. Quiero que seas feliz, pero también que te formes. Por eso, te aviso que si veo que lo necesitas buscaré a alguien que te ayude.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entendiendo mi razonamiento, dejó de llorar y con renovado optimismo, me soltó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Seguro que, si se lo dice a su Patricia, ésta le encontrará una nena más a la que educar y amar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que me heló la posibilidad de nutrir con otra desgraciada mi harén y rechazando de plano esa idea, la urgí a vestirse para no llegar tarde mientras meditaba sobre su ausencia de celos y que no viera como algo dañino el compartir la vida con otras mujeres. Ya en el coche, ese pensamiento seguía rondándome la cabeza y en un semáforo, directamente le hice saber que no iba a aceptar a nadie que no fuera ella en mi cama.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encantada con mis palabras, me besó llamándome embustero:</p>



<p>― Sé que soy su muñeca, pero también que doña Patricia la mujer con la que sueña.</p>



<p>No deseando revelar que esa arpía no era mi novia sino mi acosadora, me quedé callado y aparqué para acudir con ella a ver a nuestra cita. La tal Helena, una cincuentona bastante horonda, nos estaba esperando y por ello, sin mayor dilación pasamos a su despacho. Desde el principio, la señora me informó que sabía de lo especial que era su nueva alumna cuando sin empacho alguno comentó que llevaba un par de años colaborando con la ONG que la había liberado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_084_5cf8.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>No necesitado de aclarar ese extremo, expliqué a la educadora los dones de la rusita haciendo hincapié en que quería que los desarrollara a la vez que recibía el resto de las materias.</p>



<p>―No se preocupe, don Lucas. Así lo haremos― contestó levantándose y tomando a la rubia de la mano, le ordenó que la siguiera.</p>



<p>El tono duro, pero cariñoso con el que se dirigió a ella me confirmó que esa mujer estaba aleccionada sobre cómo tratarla y despidiéndome de las dos, quedé en que la recogería antes de ir a comer.</p>



<p>―No hace falta que venga por mí para llevarme a casa, tengo llaves― dijo la chavala mientras me decía adiós: ―Nos vemos en la noche.</p>



<p>Sabiendo que estaba en buenas manos, tomé el coche y fui a la oficina. Al llegar al garaje, Patricia estaba quitándose el casco y queriendo conversar conmigo antes de entrar, me esperó. Su mirada fija en mi trasero mientras cerraba el bmw, me indignó y decidí que a la primera oportunidad le haría ver que nuestra relación de poder había cambiado. Cuando la puerta del ascensor se abrió y había otros dos tipos en él, vi que había llegado el momento y colocándome detrás de ella, disimulando comencé a acariciar sus nalgas. La ira de sus ojos al sentirse manoseada en público me hizo reír y sin ceder un ápice en el acoso, buceé con la mano entre sus muslos. Incapaz de abroncarme sin montar un espectáculo, no le quedó otra que aguantar los escasos segundos del trayecto y echa una furia salió huyendo cuando llegamos a la planta donde íbamos.</p>



<p>Tal y como había previsto, entró en mi despacho tras de mí y dejando salir su cabreo, me echó en cara mi comportamiento. Lo que nunca se esperó fue que, con una tranquilidad inesperada, preguntara por mi café:</p>



<p>―Me gusta con dos de azúcar y una nube de leche.</p>



<p>Su cara palideció al darse cuenta del nulo efecto de sus protestas y tragándose su orgullo, se giró y fue a servírmelo. El tamaño de sus pezones al volver con él me hizo comprender que esa negra estaba planeando un contrataque y antes de que pudiese el planteárselo, incrementé el acoso preguntándola que tipo de bragas se había puesto esa mañana. Juro que me había planteado que incluso me abofeteara, pero lo que jamás sospeché fue que se las quitara y me las lanzara a la cara.</p>



<p>―Si tanto te interesa mi ropa interior, tómala― gritó creyendo que me iba a acobardar.</p>



<p>Pero para su desgracia, no fue así y cogiéndolas entre mis dedos, la llevé a mi nariz mientras muerto de risa le decía que olían a puta. Su rabia alcanzó nuevas cotas cuando doblándolas, las coloqué a modo de pañuelo en el bolsillo de mi chaquete y como si nada hubiese pasado, preguntara por mi correo. Retornando a su mesa, lo cogió y volviendo a mi lado, me hizo saber que no iba a ser presa fácil cuando pasando las cartas por su entrepierna, me las entregó.</p>



<p>―En cinco minutos, viene mi hermano a discutir con usted los fondos que se necesitarán para cumplir con el Santander― rugió antes de desaparecer y ponerse a teclear furiosa en su ordenador.</p>



<p>Supe que lo que había escrito cuando recibí un corto pero elocuente mensaje:</p>



<p>“Has ganado esta batalla, pero yo venceré la guerra. 1―0”.</p>



<p>Mi carcajada resonó en la oficina mientras Joaquín entraba dispuesto a estudiar conmigo los aspectos financieros del contrato con la entidad bancaria, pero antes de comenzar me preguntó si sabía qué coño le pasaba a Patricia.</p>



<p>―Debe estar en sus días― respondí lo suficientemente alto para que la aludida me escuchara.</p>



<p>A través del cristal, comprobé que así había sido y olvidándome de ella, me sumergí con mi asistente en el asunto que le había hecho venir a mi despacho. Durante media hora, su falta de reacción me hizo erróneamente asumir que había una tregua entre nosotros, pero cuando requerimos su presencia para que nos explicara un detalle del acuerdo que no alcanzábamos a entender, caí en que solo era un paréntesis en el combate.</p>



<p>«No me lo puedo creer», pensé horrorizado al ver que, aprovechando que su hermano no podía ver lo que hacía, al sentarse se levantó la falda luciendo ante mí su poblado sexo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si de por sí eso me pareció fuera de lugar, qué decir cuando en mitad de su explicación llevó una mano a su entrepierna y comenzó a pajearse mirándome a los ojos.</p>



<p>«Esto sí que no me lo esperaba», reconocí mientras una pertinaz erección crecía bajo mi pantalón.</p>



<p>Consciente del tamaño que había adquirido mi atributo, la hija de satanás esperó a terminar la aclaración para con los dedos impregnados de flujo y diciendo que tenía una miga en la boca, dejarme probar por primera vez a que sabía su esencia.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_117_a7d7.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«¡Será puta!», exclamé para mí con su sabor recorriendo mis papilas mientras se levantaba y se iba.</p>



<p>&nbsp; Afortunadamente Joaquín no se percató del comportamiento de su hermana y centrándose en los números, siguió planificando cuanto debíamos invertir para llevar a buen puerto el contrato. No pudiendo revelar mi excitación esperé a que finalmente saliera de mi despacho para meterme en el baño y usando la braga que me había lanzado, masturbarme.</p>



<p>Al acabar y liberar la tensión, tuve especial cuidado en recoger mi semen con ella y llegando hasta mi secretaria, puse la mojada prenda en sus manos mientras decía:</p>



<p>―Te devuelvo las bragas con regalo incluido.</p>



<p>Nuevamente ese engendro de piel oscura me sorprendió porque en vez de montar un pollo, sonrió y ante mi consternación, sacando la lengua comenzó a dar cuenta de mi semilla en plan goloso.</p>



<p>―Qué razón tenía Altagracia cuando me contó lo rico que estaba mi jefe― sin rastro de vergüenza, replicó avivando tanto mis ganas de matarla y como de poseerla.</p>



<p>Humillado al saber que ella había salido victoriosa de ese segundo rifirrafe, volví a mi despacho con solo una idea en mi mente: ¡el devolvérsela con creces! Por ello busqué el modo de vengarme, pero el día a día de la empresa me lo impidió y a la hora de comer, no había conseguido un plan de contraataque. Lo malo es que ella si lo tenía y mientras se despedía hasta la tarde, se ocupó de dejar claras sus intenciones al decirme que había quedado con un cura para reservar iglesia.</p>



<p>― ¿Quién ha muerto? – pregunté tiñendo de hipocresía la voz.</p>



<p>―Por ahora nadie, pero el día que nos casemos seré yo quien te mate a polvos― respondió desternillada mientras se iba.</p>



<p>Juro que estuve a punto de seguirla y empotrarla contra una mesa sin importarme la presencia del resto de empleados, pero la poca prudencia que me quedaba me hizo mantenerme en el sillón y observar únicamente cómo esa zorra se iba meneando el trasero con la certeza de lo mucho que nuestra rivalidad le haría disfrutar en el futuro.</p>



<p>Cabreado hasta decir basta, dejé la empresa y me fui a dar un paseo, esperando que el aire de ese mediodía me diese la inspiración que me faltaba. Increíblemente así fue y sin darme cuenta de hacía donde me dirigían los pasos, me encontré frente a un sex shop y entrando en él, decidí hacer a mi secretaria un regalo que le dejase clara mi negativa a compartir la vida con ella. Por ello, entre el extenso surtido de aparatos, compré un pequeño estimulador de clítoris cuya estructura me llamó la atención al llevar unas cintas con las que adosarlo al coño sin que se moviera mientras la usuaria caminara.</p>



<p>―Es lo último que nos ha llegado, se llama “mariposa clitoriana” y es una especie de satisfayer que sin duda hará las delicias de su pareja― comentó la dependienta alabando mi elección.</p>



<p>&nbsp;Con ese regalo impropio de un jefe, me fui a comer deseando ver la cara de mi secretaria cuando se lo hiciera entrega.</p>



<p>«Se va a coger un mosqueo de época», reí entre dientes mientras pedía el menú del restaurante al que había llegado.</p>



<p>Una hora y tres cuartos después, llegué a la oficina y depositándolo en sus manos, le comenté que si tan urgida estaba de caricias debía de usarlo y olvidarse de mí. Tal y como había previsto, se enfadó al abrir el presente y lanzándome una cuchillada con la mirada, contestó que lo aceptaba mientras me decidía a pedir su mano.</p>



<p>―Se te gastarán las pilas antes de que eso ocurra― respondí mientras me iba al despacho.</p>



<p>Desde mi asiento la vi leer las instrucciones del artilugio para a continuación levantarse y con él, irse al baño. Descojonado al saber que iba a colocárselo, pensé que mi secretaria estaba más necesitada de lo que pensaba e ilusamente, me olvidé tanto de ella como de la mariposa hasta que, retornando, puso sobre mi mesa el mando del aparato.</p>



<p>―Ya que eres tan cerdo de obligarme a llevarlo, serás tú quien decida cómo y cuándo ponerlo en funcionamiento.</p>



<p>Tras lo cual y sin mirar atrás, se fue a su mesa dejándome barruntando si realmente estaba tan decidida a hacerme suyo que se lo había puesto o todo era una farsa.</p>



<p>«Está jugando conmigo y teniéndolo en el cajón, espera que sea tan bobo de encenderlo», me dije asumiendo que si lo ponía en acción lo único que despertaría serían sus carcajadas.</p>



<p>Durante treinta minutos la duda revoloteó en mi mente y solo cuando la vi ordenando unos papeles a tres metros de su mesa, me atreví a probar pensando en rápidamente apagarlo si no reaccionaba. Para mi sorpresa, los dosieres que llevaba en las manos se le cayeron al sentir la acción del vibrador entre sus piernas y sin recogerlos, se acercó a mi puerta.</p>



<p>―No me puedo creer que hayas sido tan pervertirlo de ponerlo en funcionamiento― rugió furibunda.</p>



<p>―Ni yo que hayas sido tan zorra de ponértelo― contesté elevando la intensidad del mismo: ―Si tanto te molesta, quítatelo.</p>



<p>Confieso que creí que eso haría cuando la vi retirarse, pero por enésima vez me dejó con la boca abierta cuando tras recoger del suelo el estropicio, volvió a su silla y mirando hacia mí, me retó. Pienso que, en su fuero interno, asumió que desistiría, pero el morbo de tenerla en mis manos y las ganas que tenía de vengarme de ella, me hicieron jugar subiendo y bajando la vibración del chisme que llevaba adosado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_137_97ac.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Comprendiendo al fin que no lo haría, tomó la decisión de no dejarse intimidar y girando su silla, levantó su falda y separó las rodillas, para que desde mi lugar contemplara el efecto de la mariposa entre sus piernas.</p>



<p>«Si piensa que voy a ceder, va lista», dije para mí convencido de que esa manipuladora no resistiría el embate y que terminaría yéndose al baño a quitárselo.</p>



<p>Sin perder detalle alguno, observé que poco a poco la calentura iba haciendo mella en ella y nuevamente pensé que no tardaría en claudicar, pero lo último que imaginé fue que su claudicación consistiera en el silencioso orgasmo con el que me premió desde su mesa.</p>



<p>«No me puedo creer que esté disfrutando», sentencié al percatarme que no parecía rechazar el gozo impuesto.</p>



<p>Asustado por el alcance de mis actos, apagué el aparato mientras pensaba incluso en pedirle perdón, pero entonces escuché un mensaje en mi teléfono. Al ver que era de ella, lo leí:</p>



<p>“Gracias, mi amor. Me ha encantado sentirme observada mientras me corría. Mañana volveré a traer puesto tu regalo”.</p>



<p>Recordando su árbol genealógico al completo, tomé el maletín y salí huyendo de la oficina mientras sus risas sonaban a mi espalda.&nbsp; Con un cabreo de narices, salí rechinando rueda rumbo a casa al saber que el marcador de ese día mostraba un empate, aunque de haber sido justo hubiese reconocido que corría a su favor.</p>



<p>Por ello quizás durante el trayecto como loco pensé en como contrarrestar su ventaja, pero sobretodo como anticipar sus siguientes pasos, ya que tenía claro que esa diosa de ébano no cejaría hasta tenerme babeando a sus pies. En el piso, hallé a Natacha pintando en su taller. No queriendo perturbar su concentración, sin avisar de mi llegada, me puse una copa y salí a la terraza en un intento de que las vistas de mi Madrid natal, consiguieran amortiguar mi enfado. Desgraciadamente, éste se incrementó cuando observé a Patricia estacionando su vespa sobre la acera y con la furia corroyendo mi interior, fui a enfrentarme con ella. Mi intención fue poner un hasta aquí y prohibirle la entrada, pero esa arpía de pelo rizado, poniendo su casco en mis manos, me informó que no era a mí a quien venía a ver, sino a la rusa y que ésta le había pedido servirle de modelo en un cuadro que estaba pintando.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cediendo el paso, la dejé entrar y absorto en su trasero, la vi meneándolo de camino al cuarto donde la chavala la esperaba. Al saludarla, la rubia se dio cuenta de mi llegada y corrió a mis brazos buscando mis besos. Tras lo cual, me rogó que no le tomara en cuenta que nuevamente se le había pasado la hora y no me había hecho nada de cenar.</p>



<p>―No te preocupes, muñeca. Atiende a tu invitada mientras llamo a que nos traigan algo― respondí enternecido por su preocupación.</p>



<p>Agradeciendo mi comprensión, Natacha tomó de la mano a la que en teoría era también su dueña e ilusionada le mostró lo que llevaba pintado. Patricia al contemplar en la pintura los cuernos y el rabo me miró riendo y alabando la calidad de las pinceladas, solo preguntó dónde y cómo debía de modelar.</p>



<p>―He preparado sobre mi cama una reproducción del lecho en el que Goya pintó a su maja― respondió mostrando los dos almohadones blancos donde debería reposar una vez se quitara la ropa.</p>



<p>La zorra de rasgos africanos no esperó a que me marchara y dejando caer su vestido, lució sus bellas formas mientras con toda la mala leche del mundo me preguntaba si quería quedarme observando.</p>



<p>―Si quiero ver tu coño, pediré que me lo muestres mañana en la oficina― rugí dejándolas solas.</p>



<p>Mi indignación se acrecentó todavía más cuando desde el salón escuché sus risas al contarle la ingenua criatura como su amo le había resuelto las dudas a la hora de plasmar su dulzura y la arpía sin cortarse un pelo, respondió que esa tarde venía excitada.</p>



<p>―Mi Lucas me ha hecho correrme dos veces en su despacho― añadió mientras tomaba postura sobre la cama.</p>



<p>No deseando dejar que ese par siguiera mortificándome llamé a un chino y tras encargar cena para ellas dos, desaparecí de casa jurando que no volvería hasta que esa guarra se hubiese ido. Sin otro sitio al que ir, me dirigí al tugurio donde Altagracia trabajaba y así fue como me enteré que, gracias a un benefactor, la cubana había dejado el oficio y había vuelto a la habana.</p>



<p>―Cuando se despidió, me dijo que había sido usted, pero veo que me engañó― comentó la madame un tanto enfadada por si se había ido con la competencia.</p>



<p>Sabiendo que la causante había sido mi secretaria, me abstuve de alquilar los favores de otra meretriz y con la rabia a flor de piel, me fui a cenar yo solo jurando venganza.</p>



<p>«¿Quién coño se cree para meterse así en mis asuntos?», gruñí mientras decidía seguir indagando en su pasado con la intención de hallar algo con qué atacarla.</p>



<p>Por ello y mientras el camarero abría el “ribera del Duero” que había pedido, busqué en mi móvil información sobre el bancario con el que supuestamente había tenido el romance y ante mi consternación descubrí que ese mismo lunes había sido echado de su trabajo. Pero, al leer que las malas lengua decían que su cese fue propiciado por una llamada de un directivo del Santander al presidente de su entidad, fue cuando caí en que a buen seguro Patricia había tenido algo que ver en ello.</p>



<p>«Ha aprovechado nuestro trato para informar a alguien del banco sobre su posible responsabilidad en una trata de blancas», me dije en absoluto molesto sino todo lo contario, ya que sospechaba que ese capullo había colaborado al menos con la organización culpable del maltrato de Natacha. «Se lo tiene merecido», me dije mientras como un sabueso persiguiendo una presa, buceaba en la red en busca de más datos de ese hombre.</p>



<p>Mis sospechas se hicieron realidad cuando en varias páginas apareció inaugurando exposiciones de arte e incluso firmando como crítico un reportaje sobre un nuevo valor de las artes plásticas que prefería mantenerse en el anonimato, pero en cuyos cuadros descubrí la mano de mi muñeca.</p>



<p>«Encima de explotarla como persona, ¡se beneficiaba de su pintura!», exclamé viendo los precios a los que se había vendido su obra.</p>



<p>&nbsp; Haciendo a ese hombre objeto de mis iras, me olvidé de la morena y tomándomelo como algo personal, concluí que me costara el tiempo y el dinero que fuera le haría pagar por sus crímenes.</p>



<p>«Ese cabrón no sabe el enemigo que se ha buscado», señalé fuera de mí anotando con sangre su nombre en mi memoria: ― ¡Isidro Bañuelos voy a por ti!</p>



<p>Con un propósito del que ocuparme, me importó una mierda la hora que era y cogiendo el teléfono llamé a un conocido dueño de una agencia de detectives y citándolo en media hora en su oficina, pagué la cuenta y me marché sin haber probado bocado alguno. Ya con él y tras tener que aguantar sus quejas por la premura con la que le había citado, le expuse todo lo que sabía de ese pervertido y guardando solo para mí la existencia de Natacha, le insinué que lo quería entre rejas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_147_90e6.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Te va a salir caro, los que tratan con vidas humanas son gente peligrosa― respondió pidiendo una suma que no me pareció excesiva por sus servicios.</p>



<p>―Pedro, solo te pido que pongas todo tu empeño en esto. Según todos los indicios que poseo, ese hijo de perra es al menos responsable de tres muchachas muertas cuyos padres también sabrán recompensarte si demuestras su autoría― añadí dejando caer que las encontradas en una de sus naves pertenecían a lo más alto de la sociedad madrileña.</p>



<p>Con ese plus en sus alforjas, el investigador prometió que me tendría al tanto de lo que encontrara y cerrando la agencia tras de mí, se despidió avisándome que si tal y como sospechaba alguien de mi entorno había sido víctima de ese depredador debería tener cuidado:</p>



<p>―Esos tipos nunca dejan que se les escape una presa.</p>



<p>Con ello en mente, volví a casa donde me llevé la sorpresa de encontrarme a mi secretaria durmiendo abrazada a la rusa sobre mi cama. De no haber sabido la clase de hombre que era su ex, quizás la hubiese echado con malos modos, pero conociéndolo la tapé y me fui a cenar a la cocina&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">11</h1>



<p>Seguía durmiendo en el sofá del salón, cuando los ruidos de unas risas me alertaron de la hora que era y siguiendo el sonido por la casa, llegué al baño donde Patricia y Natacha disfrutaban tirándose agua la una a la otra. Al verme entrar ambas se quedaron calladas, pero en especial mi secretaría, la cual un tanto avergonzada intentó tapar sus pechos con las manos. El contraste de sus pieles dotó a la imagen de una sensualidad que pocas veces había contemplado y cediendo al dictado de mis hormonas, acerqué la silla y cogiendo una esponja, me puse a enjabonarla ante su completa turbación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Siento que no pudieses dormir en tu cama, se nos hizo tarde― ruborizada comentó sin saber a qué venía el cambio que había experimentado al ver que la mimaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tranquila, con ver lo bella que eres me doy por pagado― murmuré mientras recorría sus senos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡No me toques! ¡No puedes hacerlo! ¡Soy tu secretaria! ― espantada por lo que sentía, ilusamente protestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin negarlo, obvié sus quejas y mientras con dulzura preguntaba a la rusa si también ella la encontraba preciosa, jugueteé con mis yemas en sus pezones. La endiablada y rubia criatura sintió que su amo le estaba dando cancha y mientras se metía una de las areolas de mi asistente en la boca, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Su Patricia es mi Diosa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ataque coordinado de los dos hizo brotar un gemido de la mujer y levantándose intentó huir, pero su intento empeoró las cosas al poner involuntariamente su sexo al alcance de mi lengua y no dejando pasar la oportunidad, le pegué un largo lametazo y así probé por segunda vez su esencia, pero en esta ocasión directamente de la fuente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por favor, no sigas― rogó al comprobar que no contento con ese primer acercamiento, hundía la lengua entre sus pliegues y me apoderaba de su botón.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que el sabor agridulce de su coño había hecho desaparecer de mi mente lo demás y que mis neuronas solo podían pensar en seguir comiendo ese manjar. Nueva y brevemente intentó que parase, pero entonces la boca de nuestra muñeca cerró sus labios besándola y con ello, dejándola a mi merced. Sin nuevas protestas, su coño quedó a mi entera disposición e impulsado por mi propia lujuria, mordisqueé su botón mientras la morena sentía que perdía el equilibrio. Solo las asas que ella misma había colocado en ese baño, impidieron que resbalara, pero haciéndola adoptar una postura que favorecía mi ataque.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Antes de que me tomes, tienes y deber pedirme algo― rugió sintiendo la cercanía del orgasmo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabiendo que se refería al matrimonio, hice oídos sordos y levantándome, deje caer el pantalón del pijama, mostrando mi pene totalmente erecto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por favor te lo pido, no me violes― sollozó al notar mi glande restregándose entre sus pliegues.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De haber querido, hubiese traspasado su entrada, pero haciéndola sufrir permanecí jugando con los labios de su sexo sin penetrarla hasta que sus gritos me avisaron del placer que la corroía. Entonces y solo entonces, separándome de ella, mordí su boca y recreándome en el poder que sentía sobre ella, comenté en su oído:</p>



<p>―No soy un violador&#8230; si algún día te decides a ser mía, deberás llegar y pedirlo sin esperar nada a cambio.</p>



<p>Tras lo cual, dejándola en la bañera, tomé a Natacha en volandas y sacándola del baño, la informé que se fuera a vestir porque iba a llegar tarde a clase.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_161_56b1.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Mi señor, ¿por qué no quiso amar a su Patricia? ― comentó intrigada la chavalilla al escuchar los lloros de la negrita.</p>



<p>―Cariño, esa zorrita también debe aprender a andar antes de correr― respondí mientras me secaba.</p>



<p>Como esa explicación le era conocida, sonriendo, se fue a preparar para otro día en el centro de formación. Para entonces, mi secretaria había recuperado algo de cordura y recogiendo su ropa del suelo, me miró diciendo:</p>



<p>―Eres un maldito. Hoy el marcador va uno cero.</p>



<p>Tras lo cual se fue a vestir a otro lado con mi cachondeo resonando a sus espaldas. La certeza de que esa jornada me depararía al menos otros dos encontronazos con mi acosadora si quería darle la vuelta al contador, me divirtió y anudando la corbata alrededor del cuello, fui a desayunar de inmejorable humor.</p>



<p>Aunque salimos a la vez de casa, al tener que ir a dejar a Natacha y la mejor movilidad de su vespa en el tráfico madrileño, Patricia me estaba esperando al llegar a mi despacho. Dando por finalizada la tregua y sin recato alguno, se quitó las bragas que le había prestado la rusa y poniéndolas en mi mano, se levantó la falda para que viera que llevaba puesto mi regalo del día anterior.</p>



<p>―Yo he cumplido, por lo que debes ir al baño, masturbarte con ellas y devolvérmelas― con la seguridad de que estaba en su derecho exigirlo, me soltó.</p>



<p>&nbsp;Confieso que, aun siendo algo aberrante, su reclamación me hizo gracia y siguiendo el juego, puse en funcionamiento el aparato adosado a su sexo. La sonrisa de mi acosadora mientras se sentaba a repasar la agenda me informó que no iba a cejar en su empeño y que no se marcharía de ahí hasta recibir esa prenda llena de semen. Decidido a no dejarme intimidar por esa mujer, se me ocurrió insinuar si no deseaba recogerla ella misma, aduciendo que era una pena manchar algo que apenas tenía un par de puestas. Si en algún momento pensé que se sentiría coartada, me equivoqué ya que, no dudó en preguntar cómo deseaba el pervertido de su jefe que lo pajeara, si con la mano o con la boca. El tamaño de sus pezones me alertó de que iba en serio y deseando demostrarla que estaba jugando con fuego, respondí que con la boca.</p>



<p>Como tantas veces antes, esa loca no se lo pensó y empujando mi silla hacia atrás, se metió bajo la mesa para a continuación bajar mi bragueta liberando mi pene. Al tomarlo entre sus manos todavía morcillón, se rio de mi pobre desempeño:</p>



<p>―En el baño y mientras intentabas abusar de mí, parecía más grande― comentó mientras le regalaba un primer lametazo.</p>



<p>&nbsp;No sabiendo con sinceridad si cabrearme, reírme o dejarme llevar, resolví eso último, pero incrementando el morbo. Por eso mientras acercaba mi silla dejándola aprisionada bajo el despacho, tomé el teléfono y llamé a su hermano. Patricia al oírlo quiso salir de su encierro, pero se lo impedí cerrando cualquier salida y por eso cuando escuchó que Joaquín llegaba a la oficina, dejó de debatirse. Reconozco que me la puso dura tenerla a mis pies con su pariente enfrente y por eso elevé la presión sobre ella aún más poniendo el vibrador a toda potencia.</p>



<p>Obviando el pellizco que me pegó en el muslo, pedí al financiero que me aclarara unos datos que me había mandado mientras me relajaba en el asiento:</p>



<p>―Empieza, no tenemos todo el día― comenté mirando al rubiales, aunque la destinataria de la orden era otra.&nbsp;</p>



<p>Contra toda lógica, noté unos labios exageradamente mimosos apoderándose de mi sexo mientras mi segundo desgranaba el contenido del mail por el que le preguntaba.&nbsp; Premiando en cierta forma, la diligencia de mi empleada maniobré el artilugio subiendo y bajando la intensidad de su vibración, sin dejar de escuchar la explicación de Joaquín.</p>



<p>―Siempre es un placer comprobar lo bien que haces todo― dejé caer a ambos.</p>



<p>Curiosamente, la que se sintió más alagada fue la morena y quizás por ello acompañó a la amorosa acogida de sus labios con un singular masaje a mis huevos mientras su hermano agradecía que reconociera su labor. Lo que nunca preví fue que involuntariamente el rubiales añadiera picante al momento, preguntando por ella.</p>



<p>―Tengo entendido que tiene un asunto importante en sus manos― contesté disculpando su ausencia.</p>



<p>―Tienes que atarla en corto, es imprevisible cuando la dejas suelta― añadió: ―Una semana sola y se inventó lo del Santander.</p>



<p>Sentí la indignación de la aludida bajo la mesa, al extraerse brevemente mi tallo de la boca y por ello haciendo como si me acomodaba las partes en un movimiento tan típicamente masculino, cogiéndola de la melena se la volví a meter hasta el fondo de la garganta.</p>



<p>―En eso te doy la razón, pero creo que en este caso pienso que lo que está haciendo es de suma importancia y solo espero que sepa culminarlo― desternillado de risa, respondí al tiempo que volvía a incrementar la presión sobre ella jugando con la intensidad. Esas supuestas dudas sobre su capacidad desaparecieron al sentir que aceleraba sus maniobras metiendo y sacando mi falo con una maestría pocas veces experimentada. Por todo ello, no pude más que alegrarme cuando preguntando si deseaba algo más, el financiero desapareció hacia su despacho.</p>



<p>Patricia, que hasta entonces había permanecido muda, aprovechó para insultarme, pero no por ello dejó de mamar y ya sin un testigo que le pudiese descubrir comenzó a gemir mientras se lanzaba desbocada por su premio.</p>



<p>―Joder, niña. ¡Quién lo diría! ¡Eres una máquina! ― exclamé previendo la cercanía del orgasmo.</p>



<p>―Todavía soy mejor en la cama― susurró satisfecha con el halago segundos antes de que mi pene explotara.</p>



<p>Cuando lo hizo, la morena no permitió que se malgastara ni una gota y en plan obsesa, incrementó mi placer cerrando sus labios alrededor de mi glande. Su voracidad devorando mi blanco presente y los sollozos de gozo que me regaló con cada impacto en su paladar no solo me dejaron seco, sino que me hicieron asumir lo mucho que me gustaba esa mujer y lo cerca que estaba de cometer el error de considerarla algo más que mi secretaria. Afortunadamente para mí y desgraciadamente para ella, al terminar de ordeñarme fue ella la que falló al salir sonriendo y decir que, para ser de un blanco, mi leche no estaba del todo mal.</p>



<p>Aun sabiendo que lo decía para molestar, me jodió y por ello, contrataqué sacando un billete y metiéndolo en su escote:</p>



<p>―Como me escuchaste decir, sé reconocer un trabajo bien hecho. Si quieres otros cincuenta euros, te espero después de comer.</p>



<p>La furia con la que me lanzó el dinero de vuelta me hizo reír y humillándola más comenté:</p>



<p>―El marcador va dos a cero.</p>



<p>Indignada y con ganas de vengarse, salió del despacho dando un portazo, pero justo entonces, volviendo a entrar, tomó de vuelta el billete diciendo:</p>



<p>―Dos a dos&#8230; no solo he conseguido que me dieras tu semen, sino que encima me he corrido y me llevo cincuenta euros.</p>



<p>Con ese empate técnico, terminó la mañana&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/41/61991414/61991414_204_2d8a.jpg" alt="" width="715" height="476"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 4&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 18:08:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[7 Con el recuerdo de lo sucedido, me desperté el domingo teniendo todavía entre mis brazos a la chavala. La expresión tranquila de su rostro descansando no evitó que me sintiera mal al saber que su felicidad era producto del maltrato que había recibido desde niña. Y no queriendo que perturbar su descanso, me quedé observándola en silencio. Su belleza eslava y las reacciones que provocaba en mí fueron un siniestro recordatorio de la responsabilidad que la zorra de mi secretaria había puesto sobre mis hombros. Y mientras acariciaba su cuerpo con la mirada, instintivamente mis ojos se dirigieron hacia [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">7</h1>



<p>Con el recuerdo de lo sucedido, me desperté el domingo teniendo todavía entre mis brazos a la chavala. La expresión tranquila de su rostro descansando no evitó que me sintiera mal al saber que su felicidad era producto del maltrato que había recibido desde niña. Y no queriendo que perturbar su descanso, me quedé observándola en silencio. Su belleza eslava y las reacciones que provocaba en mí fueron un siniestro recordatorio de la responsabilidad que la zorra de mi secretaria había puesto sobre mis hombros. Y mientras acariciaba su cuerpo con la mirada, instintivamente mis ojos se dirigieron hacia su sexo. La ausencia de vello me permitió recorrer sus pliegues mientras me preguntaba si en su interior seguía teniendo esa telilla que confirmara su virginidad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin ser algo perentorio que necesitara saber, una insana curiosidad me nubló la razón y comportándome como un bellaco, me agaché y acerqué mi cara entre sus piernas. El olor que desprendían esos labios fueron una llamada que no supe contrarrestar y antes de darme cuenta, con la lengua recogí un poco de la humedad que los envolvían.</p>



<p>«¡Qué estás haciendo!», horrorizado pensé y con el agridulce sabor de la rusita impregnando mis papilas, hui al baño.</p>



<p>La angustia de haber abusado de ella no evitó que entre mis piernas creciera mi apetito y queriendo apaciguarlo, decidí llenar el jacuzzi con la esperanza de que un baño me bajara la erección. Ya con el agua a su nivel, cerré el grifo y me estaba desnudando cuando la chiquilla apareció por la puerta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_003_e598.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Lo he preparado para ti― mentí al comprobar en su rostro que Natacha sufría al sentirse ignorada.</p>



<p>― ¿Para mí? ― preguntó incrédula pero feliz.</p>



<p>Riendo, la tomé entre mis brazos y a pesar de sus protestas, la metí en la bañera y comencé a bañarla, pensando quizás que con ello podría disolver alguno de sus miedos. Lo que no esperaba es que al sentir la esponja recorriendo su cuello, la rusita se echara a llorar.</p>



<p>― ¿Qué te ocurre? ― pregunté alucinado con sus sollozos.</p>



<p>―No merezco sus mimos― susurró.</p>



<p>―Por supuesto, que te mereces esto y mucho más― añadí llenando de espuma su cara: ―Eres la dulce muñequita que un día llegó a mi vida para que la cuidara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rubia recibió mi tierna reprimenda con ilusión y regalándome una de sus habituales sonrisas, me rogó que le hiciera compañía dentro del agua. No pudiéndome negar a su deseo, metí un pie en la bañera sin prever que en plan juguetón esa endiablada criatura tirara de mí haciéndome caer sobre ella y menos que en vez de quejarse de mi peso, con inusitada picardía comenzara a restregarse contra mi pene, riendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Quiero que mi maestro me haga repasar cómo se anda para que luego pueda explicárselo a su Patricia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa extraña fijación con mi secretaria levantó mis alarmas y mientras Natacha subiéndose encima de mí comenzaba a rememorar las lecciones que había aprendido, quise que me contara porque le urgía compartir sus experiencias con la negrita.</p>



<p>―Ella insistió en que la mantuviera al tanto de mis progresos― con ilusión contestó incrementando mi turbación al posar sus juveniles senos en mi pecho.</p>



<p>No queriendo revelar mi disgusto, llevé las manos a sus nalgas y presionándolas, marqué el ritmo de sus movimientos mientras insistía en que me contara si esa maldita le había explicado el porqué de su interés.</p>



<p>―Según ella, debo confesarle todo lo que siento cuando su Lucas me mima, para asegurarse de que soy feliz― suspiró al sentir mi boca acercándose a su pecho.</p>



<p>A pesar de ser consciente de la vileza de la treta que estaba usando para sonsacarle información, eso no fue óbice para que lamiendo su rosada areola siguiera interrogándola:</p>



<p>― ¿Qué crees que diga cuando le cuentes que esta mañana he mordisqueado&nbsp;&nbsp;&nbsp; tus pechos?</p>



<p>El berrido que brotó de su garganta al notar mis dientes torturando con ternura su pezón fue música celestial a mis oídos y por ello no dejé de mordérselo mientras la oía contestar.</p>



<p>―Sé que sentirá envidia de su muñeca y que hubiese deseado estar en mi lugar.</p>



<p>― ¿Te lo ha dicho o lo supones? ― no dando tregua a la inexperta muchacha, pregunté.</p>



<p>El completo colapso de Natacha fue algo que no contaba y por eso no pude insistir cuando de pronto desde la primera hasta la última de sus neuronas entraron en ebullición y ante mis ojos se derrumbó presa de un orgasmo aún más brutal que el de la noche anterior.</p>



<p>«Por Dios, ¡qué narices estoy haciendo!», exclamé para mí al verla babear con la mandíbula desencajada por el placer y sintiéndome a la altura de su torturador, decidí tomarla entre mis brazos y llevarla de vuelta a la cama.</p>



<p>Sobre las sábanas, la cría siguió disfrutando o mejor dicho sufriendo un clímax tras otro sin que yo pudiese hacer nada por evitarlos y asustado cuando comprobé que no paraban, sino que se iban incrementando en intensidad, probé todas las palabras claves que se me ocurrieron e incluso la abofeteé sin resultado visible alguno.</p>



<p>Ya temiendo por su integridad, tomé el móvil y llamé a mi secretaria. La zorra de Patricia escuchó mi problema sin inmutarse y como la vez anterior en que pedí su ayuda, me hizo poner el altavoz en la oreja de la joven:</p>



<p>―Tu amo está satisfecho con su muñeca.</p>



<p>Como por arte de magia, al escuchar a la mujer desde el otro lado del teléfono, Natacha dejó de debatirse y se quedó dormida.</p>



<p>―No era tan difícil― riéndose de mí, declaró la arpía.</p>



<p>Lleno de ira al escuchar su guasa, le ordené que dejara lo que estuviese haciendo y viniera a explicarme qué ocurría y porqué sabía exactamente qué decir y cómo actuar en cada caso, revelando las sospechas que me corroían de que de alguna forma hubiese sido partícipe del lavado de cerebro de la rusa. Entendiendo mi indignación, me informó que llegaría en cuarto de hora&#8230;</p>



<p>Con ganas de estrangularla, esperé en el hall de la casa que esa zorra de piel oscura llegara. Cuando el reloj marcó el tiempo que le había dado sin que apareciera, volví a llamarla y sin preguntar cuanto le faltaba, la amenacé con ir por ella y traerla a rastras tirándole de las trenzas. Lejos de intimidarle mi exabrupto le hizo gracia y mostrando su ausencia de moral, comentó que esa idea era tan atrayente que no iba a tocar el timbre para que fuera yo quien la obligase a entrar al piso.</p>



<p>Supo que no había medido bien sus palabras cuando me vio abrir la puerta y cogiéndola de sus greñas, la introduje a la fuerza por la casa hasta mi cuarto donde sin disculparme señalé a la rubia que me traía tan preocupado.</p>



<p>―Te doy cinco minutos antes de llamar a la policía para que expliques tu actuación.</p>



<p>Sin turbarse en absoluto, de su bolso sacó un expediente con el dictamen de los psiquiatras que habían atendido a Natacha tras rescatarla y dijo:</p>



<p>―Léelo antes de levantar infundios sobre mí.</p>



<p>No sé qué fue lo que me enervó más, si su tranquilidad o el hecho que, pasando completamente de mí, se tumbara sobre “mi” cama y abrazando a “mi” muñeca, comenzara a susurrar en su oído que “su” ama había llegado y que por tanto no tenía nada que temer. Indignado cerré el cuarto tras de mí y a pesar de ser solo las once de la mañana, me puse un whisky con el que digerir tanto mi cabreo como las páginas que tenía que leer.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_011_1be3.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Tal y como me había avisado, el dossier que había puesto en mis manos era el resultado del examen del equipo médico de su ONG, el cual además de los aspectos psicológicos de la rusita incluía todas las pruebas que le había hecho para dictaminar si estaba sana. Pasando por encima los temas de su salud física, me concentré en los de su equilibrio mental y en ellos pude constatar que además de ratificar la opinión de mi amigo respecto a la presencia de “Switches de comportamiento”, incluía una serie de procedimientos y palabras claves que esos traficantes de blancas habían usado con anterioridad en otras víctimas.</p>



<p>Con esa lectura, me enteré porqué ella había tenido éxito mientras yo había fallado, ya que el autor de ese expediente dejó escrito que cuando las pacientes entraban en algún trance o bucle de sufrimiento o de placer se las debía hacer saber que “su dueño” estaba contento con ellas para conseguir su vuelta a la normalidad.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>



<p>«Si lo sabía, ¿porque se lo calló?» indignado, me pregunté.</p>



<p>Al no hallar respuesta entre esas páginas, preferí dejarlas y sacársela a ella, aunque fuera a golpes.&nbsp; Por ello, volviendo a mi habitación, abrí la puerta. Ni en mis peores pesadillas preví encontrarme a mi secretaria totalmente desnuda acariciando la nuca de la rusa y a ésta, revolcándose en mitad de un orgasmo.</p>



<p>― ¿Se puede saber qué coño haces? ― grité descompuesto sin poder rechazar la tentación de admirar los negros pezones que me traían tan obsesionado.</p>



<p>No mostrando vergüenza ni estupor por sentirse observada, la hija perra continuó provocando el placer de la muchacha al contestar:</p>



<p>―Nuestra muñeca necesitaba sentir los mimos de su ama&#8230; así que o bien te quedas y aprendes, o te vas y esperas a que termine.</p>



<p>Lo prudente, sano o, por qué no decirlo, ético hubiese sido el marchar, pero no pude y sentándome frente a ellas, permanecí en el cuarto mientras esa negra tentación incrementaba sus caricias rozando con las yemas el clítoris de Natacha.</p>



<p>―Linda, este botón es el responsable del placer que sentiste con “mi” Lucas― mirándome a la cara, comentó al tiempo que le daba una demostración del resultado que un pellizco provocaba en ella.</p>



<p>La cría pegando un sonoro aullido confirmó que ese pequeño montículo era un resorte que podía y debía usar su amo para premiarla, pero lo que nunca se imaginó la zorra de mi asistente fue que imitándola la joven buscara comprobar si su maestra reaccionaba igual a una caricia suya en el mismo lugar.</p>



<p>―Qué traviesa es nuestra muñeca― sin pudor y permitiendo que continuara al separar las rodillas, Patricia comentó.</p>



<p>La visión de su coño siendo acariciado despertó mi lado perverso y elevando mi voz desde la silla, informé a la que se consideraba mi pupila que le iba a dar otra clase y que siguiera mis órdenes. Como no podía ser de otra forma, Natacha esperó mis indicaciones mientras Patricia me miraba aterrorizada. Viendo su indecisión, cogí mi móvil y comencé a grabar mientras le decía:</p>



<p>―Como te ha dicho tu ama, el clítoris es un detonante de placer que puedes y debes usar para mostrar tu gratitud con “mi negra”. Pero lo que no te ha dicho y por tanto no sabes es que el mejor método de hacerlo reaccionar es usando tu lengua para acariciarlo.</p>



<p>Mi empleada comprendió muy a su pesar que no podía llevarme la contraria porque eso sería contraproducente para la chiquilla y lanzándome una cuchillada con la mirada, añadió:</p>



<p>―Haz lo que te dice, “mi blanco”. Deslízate por mi cuerpo, dándome besos y al llegar a mi sexo, delicadamente descubre mis pliegues antes de intentar lamerlo.</p>



<p>Juro que sus indicaciones rebasaron por mucho las que yo iba a dar y por eso prestando atención, observé cómo Natacha se iba acercando a los impresionantes pechos de la morena dejando a su paso una serie de interminables besos a los que no fue inmune su profesora.</p>



<p>―Lo estás haciendo muy bien, pero sigue― con la respiración entrecortada, pidió al sentir que excediéndose la chavala se había hecho fuerte en los senos mordisqueando las gruesas escarpias que para entonces eran sus pezones.</p>



<p>―No tengas demasiada prisa― interviniendo, añadí: ―Antes de continuar, debes comprobar si a tu dueña le gusta sentir que se los retuerces entre los dedos.</p>



<p>Como en su interior yo era su principal valedor, la joven me obedeció a mí y no a ella. Y con un extraño fulgor en su mirada, llevó sus pálidas manos a las exuberantes ubres de la morena.</p>



<p>―Hazlo― insistí.</p>



<p>&nbsp;Como si fuera algo natural en ella, cogió las excitadas areolas de Patricia y con dos dedos en cada una, comenzó a torturarlas con saña. Supe que estaba imitando a su torturador cuando llevando al límite su resistencia, comentó al oído de la morena que debía exteriorizar a su amo lo que sentía:</p>



<p>―Qué mi Lucas es un pervertido y qué me vengaré― chilló elevando su voz.</p>



<p>Satisfecho, ordené a Natacha que siguiera rumbo a la meta. Increíblemente, observé que la negra entornando los ojos involuntariamente me lo agradecía y sin dejar de grabar lo que estaba ocurriendo, me acerqué y mordí sus labios. Patricia se derrumbó sobre la almohada presa de una excitación que poco tenía de actuación y restregando en su cara lo mucho que le estaba gustando mis clases, volví a mi silla.</p>



<p>―No soy tu zorra― protestó mientras la lengua de la rusa comenzaba a desplegar atenciones entre sus pliegues.</p>



<p>― ¿Entonces quién eres? ― muerto de risa, repliqué.</p>



<p>Sin cortarse ante la cámara, replicó:</p>



<p>―Por ahora tu secretaría, pero pronto seré la mujer de la que estarás enamorado y a la que pedirás que sea tu esposa.</p>



<p>Que confesara sus intenciones tan libremente me dio que pensar y mientras ordenaba a Natacha que pegara un primer lametazo a lo largo del coño de Patricia, comprendí que esa confesión no había sido lanzada por azar y que su intención era demostrar sin rodeos que se sentía tan segura de sí misma que no iba a necesitar aludir a un supuesto acoso para conseguir sus deseos.</p>



<p>&nbsp;―Mete la lengua en el interior de tu ama y fóllatela, como algún día yo haré contigo, pero jamás con ella― exigí a la chavala.</p>



<p>El aullido indignado de mi empleada al escuchar mi negativa a acostarme con ella, coincidió en el tiempo con su placer y mientras la rusita se lanzaba a devorar el sexo de su dueña, ya sin recato alguno está gritó:</p>



<p>―Lo quieras o no, eres tú el que me está follando a través de nuestra muñeca.</p>



<p>Con ira comprendí que esa zorra tenía razón y que Natacha solo había sido un instrumento con el que intenté saciar mis ganas de poseerla, por eso abandonando la habitación, cogí las llaves del coche y salí a recorrer sin rumbo las calles de Madrid&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">8</h1>



<p>Llevaba dando vueltas más de una hora sin que las musas se apiadaran de mí mostrándome cómo debía afrontar la fijación que el cerebrito que había cometido el error de contratar sentía por mí, cuando escuché el sonido de un mensaje en mi teléfono. Aprovechando un semáforo lo abrí al comprobar que era de la morena.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_020_4a59.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lucas.&nbsp; He conseguido calmar a Natacha, ya que se quedó muy trastornada por la forma en que nos dejó. Ahora está contenta y feliz esperando la vuelta de su dueño. Por favor, no tardes mucho.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al leerlo comprendí que en adelante debía tener más cuidado y no jugar con la fragilidad mental de esa chiquilla. Por eso, educadamente, le di las gracias por la advertencia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demostrando nuevamente lo puta que era, aprovechó mi mensaje para escribir otro pidiendo que le mandara una copia de lo que había grabado para que le hiciera compañía por las noches.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Que lo disfrutes― sin visualizar su contenido, fuera de las casillas, respondí adjuntando lo que me pedía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo haré con mis deditos soñando que son los tuyos― tuvo los santos ovarios de contestar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Contra todo pronóstico, me encantó sumergirme en ese juego y replicando al instante, pedí que se gravara haciéndolo y que me lo mandara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Dame un par de horas y lo tendrás― añadiendo tres besos al mensaje y un corazón contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con una extraña, pero reveladora, sonrisa en mi rostro, volví a casa a reunirme con “nuestra” muñeca&#8230;</p>



<p>Natacha me recibió feliz y exteriorizando su alegría, me informó que al día siguiente antes de irme al trabajo tenía que llevarla al Centro de Educación de Personas Adultas del Distrito Centro, donde Patricia había concertado una cita con su directora.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Sabía que mi amo quería a su muñeca, pero no que iba a permitir que estudiara― afirmó mientras me abrazaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La ilusión que mostraba no me permitió explicar que no había sido mi idea sino la de esa manipuladora de rasgos africanos, pero mentalidad de una agente soviética del KGB y por eso, únicamente pregunté si le había dado tiempo de hacerme de comer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Me duele que lo pregunte – contestó y mostrándome el camino hacia el comedor, se fue a traer lo que había preparado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al entrar y ver sobre la mesa dos platos, sospeché que iba a recibir la visita de Patricia, lo que extrañamente no me enfado. Sentándome en la silla, me sorprendió que fuese ella misma la que ocupara el sitio libre:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Su novia me informó que a partir de hoy debía de comer junto a usted― anticipándose a la pregunta, comentó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asumiendo que era parte del proceso de adaptación de la chavala a su nueva vida, no vi inconveniente alguno y llené con vino tanto mi copa como la suya.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Me está dando permiso de beber? ― quiso saber al ver lo que había hecho.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Una sola, nada más. Se te puede subir al no estar habituada― respondí reparando en que como otras tantas cosas iba a ser su primera vez.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver la timidez con la que daba un sorbo al vino, me hizo sonreír y aprovechando ese momento de placidez, conversé con ella acerca de lo que le gustaría estudiar una vez se hubiese sacado el graduado escolar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si usted me lo permite, querría estudiar arte.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A cualquier otra persona hubiese contestado que no necesitaba mi permiso, pero en su caso y conociendo el maltrato al que la había sometido, únicamente pregunté por las razones que le habían llevado a elegir esa opción.</p>



<p>―En casa de mi antiguo amo, había muchos cuadros y cuando me quedaba sola durante días enteros, mi única compañía fueron un cuaderno de dibujo y un maletín con pinturas de todos colores que me regaló como premio.</p>



<p>― ¿Te apetece que vayamos al Prado? ― comenté.</p>



<p>Colorada hasta decir basta, la preciosa eslava me reconoció que no sabía qué era ese lugar. Sin dar importancia a su ignorancia, le expliqué que era uno de los museos más importantes de pintura y que allí podría ver las obras de grandes genios.</p>



<p>―Por favor, ¡necesito que me lleve! ― exclamó dando saltos de alegría sin moverse del asiento.</p>



<p>Enternecido, la azucé a comer, prometiendo que nada más terminar la llevaría. La forma en que se atascó dándose prisa me hizo imitarla y en menos de diez minutos, habíamos acabado incluso con el café. Como anécdota he de contar, que eran tantas sus ganas de salir que no cayó en que seguía desnuda.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_028_d595.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Muñeca, deberías vestirte antes.</p>



<p>Ruborizada comprendió y dejándome solo, se fue a cambiar. Al volver, venía vestida con un vaquero, un top y subida en unos andamios. Mirándola, no solo parecía sacada de un desfile de moda, sino que me llevaba cinco centímetros. Y no queriendo demostrar que no me gustaba sentirme bajo a su lado, usé como excusa para que se quitara esos tacones que no eran apropiados para caminar:</p>



<p>―Vamos a estar dos horas andando por museo. Ponte mejor unas zapatillas cómodas― finalmente, la aconsejé.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Accediendo a regañadientes, me hizo caso y tras cambiarse, salió de mi brazo rumbo al Prado. Como su alegría era contagiosa, aproveché el camino para explicarla que no solo veríamos escenas felices, sino también otras duras.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nada comparables a lo que he sufrido cuando no le conocía― contestó al oír esa advertencia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Reconozco sin rubor, que me estremecí al imaginar lo que había padecido y acariciando su mejilla, repliqué a esa criatura que eso era un pasado que nunca volvería a su vida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo sé, su Patricia fue lo primero que dijo al hablar conmigo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque Natacha hubiese llegado a mi casa de su mano, me molestó su obstinación en recordarme a su salvadora y con ganas de incordiar más que otra cosa, escribí a ésta un mensaje exigiéndola que cumpliera la promesa de mandarme un video.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “¿Tanto desea mi jefe y futuro enamorado verme disfrutando?”, inmediatamente, contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como siempre, esa zorra consiguió sacarme de las casillas y midiendo que era mi empleada y que ese mensaje podía ser usado en un juicio, tecleé en mi teléfono:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Cuando alguien se compromete en algo, debe cumplirlo”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No habían pasado más que unos segundos cuando puede leer su respuesta:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “¡Me encanta saber lo ansioso que estás! Pero todavía tardaré media hora. Firmado: tu secretaria y futura esposa”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me abstuve de contestar y como estábamos llegando, di por inevitable ese retraso mientras buscaba un sitio donde aparcar. El destino quiso que un jaguar del tamaño de mi bmw estuviese saliendo a una manzana del museo y, por tanto, metí el coche en el lugar que dejó libre. Lo que no sabía es que los escasos cien metros que nos separaban de la pinacoteca iban a poner a prueba mi temperamento y sobre todo mi paciencia ya que, al ir caminando por la acera con Natacha del brazo, un grupo de jóvenes no tuvieron empacho alguno en piropearla:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tía buena, ¿qué coño haces con ese viejo? ¡Si quieres diversión, ven con nosotros!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que estaba a punto de soltar un bufido, cuando la eslava se me adelantó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mi novio es un hombre y no un niñato como otros.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La forma en que se había referido a mí, me dejó acojonado y le susurré al oído que no era su pareja. Luciendo una sonrisa de oreja a oreja, me contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Yo lo sé, pero ellos no.… y además su Patricia me explicó que nunca debía de decir a nadie que usted era mi dueño.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Admitiendo que tenía razón, no por ello dejó de molestarme que hubiera sido esa zorra la que se lo aconsejara, previendo el problema y cagándome en los muertos de la morena, llegamos a la taquilla. Mientras pagaba, me volvió a aterrorizar que, dado que el manipulador que la había educado le había regalado un kit de dibujo, pudiéramos toparnos con alguno de sus detonantes de comportamiento en el museo. Adelanto que no fue así y la tarde resultó más que agradable, sublime. Fue una delicia comprobar cómo se rio viendo “Los borrachos de Velázquez”, cómo lloró con “los fusilamientos de Goya” o cómo se emocionó con “El descendimiento de la Cruz de Van Der Weyden”. Al ser nuestra primera visita y mis miedos seguían ahí, evité pasar por las salas donde se exhibían las obras que consideraba más peligrosas. Así, en esa ocasión, no le mostré ni la época negra del pintor zaragozano y menos a “Saturno devorando a su hijo”, no fuera a ser que el malnacido hubiera programado una de esas espitas en esas pinturas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa autocensura casi me hace cometer un pecado capital y ya había dejado atrás “El jardín de las delicias del Bosco”, otra de las obras problemáticas, cuando recordé que muy cerca se exhibía uno de los cuadros que más me habían impactado cuando era un crío. Por eso rehaciendo el camino, la planté frente a un retrato de cincuenta y dos centímetros de alto por cuarenta y uno de ancho:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Muñeca, este pequeño cuadro es para mí una de las obras cumbres de la pintura.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡Es precioso! ― exclamó embelesada y como si hubiese sido hipnotizada, se quedó observando en silencio el virtuosismo con el que Durero pintó su famoso autorretrato.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Justo en ese momento, me entró un mensaje de Patricia y al leer el texto dudé si ver el video:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Algún día y con este vestido, te haré un striptease”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras decidía si darle al play o esperar a casa, de reojo observé que Natacha no parecía tener prisa y que todavía se iba a quedar un rato al ver su fascinación la maestría con la que dejó patente su melena de pelo rubio el alemán. Quizás por eso, me atreví a dar inicio lo que había grabado y agradezco haber bajado al mínimo el volumen porque, tras un plano en negro donde solo se oía la marcha nupcial de Mendelssohn, apareció esa impertinente e imprevisible negra vestida de blanco. Sintiéndome burlado, paré el video y preferí terminarlo de ver ya en privado, pero antes de guardar el móvil le mandé un mensaje no muy escueto, pero sí directo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Si no quieres que a ese traje se lo coman las polillas sin haber sido usado, búscate a otro”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Después de lo cual, olvidándome de esa cabrona de exuberantes tetas, me centré en la muchacha que tenía bajo mi cuidado y durante casi dos horas más, la fui guiando de cuadro a cuadro explicándole lo que sabía y lo que no buscándolo en internet.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_034_de7e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Gracias, don Lucas. Ha sido el mejor día de mi vida― me soltó al salir.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De camino al coche, recordé sus palabras acerca de la compañía que le hacían unos pinceles y girando ciento ochenta grados, cruzamos Neptuno con la idea de entrar en una de las tiendas para turistas donde según mi memoria a parte de suvenires del museo vendían todo tipo de material de pintura.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mira, ¡hay un libro del Prado! ¡Todo lo acabamos de ver! ― gritó mientras entusiasmada se ponía a ojearlo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Viendo que la calidad del mismo era escasa, la dejé viendo mientras al empleado le pedía uno de mucha mejor edición. Enseguida me entendió, y cogiendo uno enorme de un estante me lo dio. Al comprobar que era una impresión de lujo y que recorría cronológicamente la colección permanente de la pinacoteca, le pedí que me lo apartara porque pensaba comprarle más cosas. Oliéndose la clase de cliente que era al haberme gastado de primeras cien pavos, preguntó que más quería:</p>



<p>―Yo nada. La niña, todo lo que le pida.</p>



<p>Y cerrándole el pésimo facsímil en sus narices, comenté a Natacha que, ya que quería estudiar arte, deseaba regalarle los instrumentos básicos de pintura y que le fuera pidiendo al hombre lo que viera que necesitaba.</p>



<p>―Le amo, mi señor― chilló buscando mis labios.</p>



<p>Con cariño, no solo la rechacé, sino que le recordé que no debía llamarme así en presencia de la gente.</p>



<p>―Te amo, amor mío― con una picardía que nunca esperé de ella, replicó.</p>



<p>Ese día fui un pésimo amo, ya que en vez de enfadarme me reí. Lo que no me hizo tanta gracia fue verla acumular lápices, acrílicos y hasta oleos mientras el vendedor sonreía. Confieso que era tanta su emoción que no dije nada y solo discutí con ella cuando quiso comprar un lienzo de más de dos metros de ancho.</p>



<p>&nbsp;―Don Lucas, para el cuadro que tengo en mente, necesito que sea grande.</p>



<p>Tras unos dimes y diretes en los que esa criatura sacó a relucir un par de lágrimas, pactamos que fuera de “uno por uno y medio” el que finalmente nos llevamos. Cuando pagué la cuenta, realmente comprendí el verdadero significado de “sales más caro que un hijo tonto” al ver el agujero que la damisela había dejado en mi cuenta corriente. Pero he de confesar que no me importó al considerarlo parte de su recuperación anímica y por eso, subiendo todo al coche partimos de vuelta a casa.</p>



<p>Al llegar, Natacha intentó tomar al asalto mi despacho haciéndolo su taller, pero me negué de plano y dado que su cuarto apenas lo usaba porque dormía conmigo, fue ahí donde finalmente colocó todos los bártulos que habíamos comprado. Una vez puesto el lienzo sobre el caballete, cogió el libro del Prado y olvidándose de mí, se puso a buscar un cuadro que copiar. Como ese interés en ella era nuevo, la dejé sola y me fui a mi habitación donde recordé que no había visualizado todavía el video de Patricia.</p>



<p>Al ser la televisión una de esas inteligentes, las que la gente pervirtiendo nuestro idioma llama “Smart”, decidí ponerme cómodo y ver su contenido en su pantalla.</p>



<p>Ya sin la cortapisa de público, la música de Mendelssohn sonó a todo volumen en los altavoces. Estaba decidido a no dejar que esa zorra se saliera con la suya excitándome y por eso cuando la vi aparecer de novia, me puse a observar con espíritu crítico su vestido.</p>



<p>«Cómo engorde cien gramos antes de casarse, no le va a cerrar», pensé para mí fijándome en lo ajustado que le quedaba.</p>



<p>Parando la imagen, todavía tranquilo, comencé a estudiarla a conciencia. Con su metro ochenta y al igual que Natacha esa tarde, se había puesto unos tacones de más de diez centímetros y eso muy a mi pesar estilizaba su figura, haciendo resaltar tanto su trasero como sus pechos.</p>



<p>«Hay que reconocer que está estupenda», sentencié dando nuevamente al play mientras pensaba en lo que diría Joaquín si algún día se enterara de la forma en que su hermanita acosaba su “admirado” jefe e imaginando su cabreo, seguí disfrutando del video.</p>



<p>Es más, anticipado lo que iba a contemplar, me pregunté si mi secretaria habría sido tan mema de auto inculparse nombrándome. No tardé en comprobar que fue así cuando mirando a la cámara en plan putón susurró:</p>



<p>― ¿Le parezco suficientemente guapa a mi jefe? ¿O sigue pensando que Altagracia lo es más?</p>



<p>Que comenzara haciendo mención a la puta que contraté por ser su clon, me descolocó y contra todo pronóstico me puse a fantasear con que fuera una escena lésbica lo que esa zorra había grabado. Y por eso ya estaba hipnotizado cuando en la televisión comenzó a bailar riendo.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_046_4126.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― Me encantó descubrir que mi Lucas, ese hombre atento y educado sentía predilección por las negras como yo― la escuché decir mientras comenzaba a desabotonar lentamente su vestido.</p>



<p>Cuando ya creía que lo iba a dejar caer hizo todo lo contrario, levantándose la falda exhibió sus pantorrillas para a continuación mostrar los muslos que tan obsesionado me tenían.</p>



<p>―Soy preciosa y lo sabes.</p>



<p>Para entonces y aunque no quisiera reconocerlo, deseaba que se diera prisa, que dejara los jueguecitos y se terminara de desnudar. Pero no tardé en darme cuenta que no iba a ser así y que esa loca iba a aprovechar para poner las cartas sobre la mesa.</p>



<p>―Desde que defendiste a mi hermano siendo hetero, me interesé por ti y poco a poco, lo que descubrí, me hizo comprender que debías ser mío― comentó mientras se sentaba y con estudiada parsimonia, se iba quitando las medias.</p>



<p>&nbsp;Las uñas rojas de sus pies me resultaron extremadamente estimulantes y sin querer me vi hundiendo la lengua entre sus dedos.</p>



<p>―El comportamiento con tu esposa al divorciaros y que no convirtieras la separación en una guerra, confirmaron que habías nacido para ser “mi” Lucas y que debía conquistarte.</p>



<p>Excitado y cabreado al mismo tiempo, tuve que hacer un esfuerzo para no parar la reproducción, llamarla y decirle hasta de lo que se iba a morir, pero asumiendo que en ese video mi “secretaria” estaba cavando su tumba decidí seguir viéndolo cuando levantándose finalmente dejó caer su vestido. El contraste de su piel negra contra el encaje blanco de su ropa interior me dejó sin habla al sentir entre mis piernas que el traidor se endurecía.</p>



<p>―No te imaginas lo feliz que me hizo que me contrataras y que al verme sentada en la silla de Merche tu mirada recorriera este trasero― comentó girándose haciendo que me deleitara con sus negras nalgas.</p>



<p>Todavía de espaldas, deslizó los tirantes del sujetador diciendo:</p>



<p>―Supe desde ese momento que no tardarías en babear por mí y que, con un pequeño empujón de mi parte, me harías tu diosa.</p>



<p>Entonces se giró hacia la cámara y acercando la cara mientras sonreía, lanzó una amenaza u oferta que consideré desde todo punto fuera de lugar:</p>



<p>―No tardarás en pedir probar las caricias de tu negra. Pero para que acepte y te las dé, habrás de pedirme antes que me case contigo.&nbsp;</p>



<p>Que esa hija del diablo se vanagloriara en mi cara de la atracción que sentía por ella, me terminó de indignar. Por segunda vez en unas horas, dejé de visualizar el contenido del mensaje, y decidí que, si esa morena tenía ganas de guerra, guerra tendría. Con ese video en las manos como prueba, el acosador iba convertirse en acosador y su víctima en victimario:</p>



<p>―Atente a las consecuencias, ¡mi diosa! ― rugí muerto de risa, apagando la televisión.</p>



<h1 class="wp-block-heading">9</h1>



<p>Esa noche tuve que pedir que de un restaurante nos trajeran de cenar porque Natacha estaba tan centrada en la pintura que se olvidó de sus obligaciones como criada y ni siquiera se dio cuenta de la hora, hasta que sonó el timbre y descubrió del otro lado de la puerta al motorista trayendo unas pizzas. Su vergüenza fue máxima al verme pagándolas y asustada por lo que pudiese pensar de ella, me rogó que la perdonara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No sentí que había pasado tanto tiempo, lo siento y comprendo que deba castigarme― balbuceó completamente sofocada.</p>



<p>―Tienes razón&#8230; ¡te mereces un buen correctivo! ― con tono duro y hasta siniestro, repliqué: ―Eres una desvergonzada, una insolente a la que tengo que educar&#8230; por eso, inmediatamente, ven a que te enderece.</p>



<p>Dejando las cajas sobre la mesa, se acercó a recibir una dolorosa reprimenda, pero lo que se encontró fue con que su amo comenzó a hacerle cosquillas mientras le decía que fuese la última vez que se atreviera a pedir un castigo cuando no se lo mereciera.</p>



<p>―No le he hecho de cenar― intentando no reír, respondió.</p>



<p>&nbsp;Hurgando con mis yemas en sus axilas, en sus costados, seguí haciéndola sufrir mientras se intentaba liberar.</p>



<p>―Te reprenderé severamente hasta el punto de mandarte exiliada a dormir a tu cuarto.</p>



<p>Viendo que era broma, simulando un dolor que no sentía, comenzó a gritar: ―No, por favor, dormir sola ¡no! ― cuando de repente algo se rompió en su interior y las risas se transformaron en llanto, la confianza en desesperación y la alegría en tristeza: ―No, por favor, no me eche de su lado.</p>



<p>Percatándome que no fingía, que realmente su desolación era real, no me quedó otra que cogerla en brazos y susurrar en su oído, que no se angustiara, que estuviera tranquila porque esa noche dormiría conmigo. Levantando su mirada, la vi sonreír:</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_044_3e19.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ya que dormiré con mi amo, ¿finalmente me va a enseñar a follar?</p>



<p>― ¡Serás zorra! ¡Estabas actuando! ― exclamé muerto de risa al reconocer que esa nena me había tomado el pelo y poniéndola sobre mis rodillas, alterné azotes y cosquillas.</p>



<p>Con el culo rojo y agotada de reír, la tomé en brazos y llevándola a la ducha, la metí vestida en agua helada. Sus gritos indignados me sonaron a una sinfonía de Beethoven y prohibiéndola cerrar el grifo, me quedé disfrutando de cómo el frio amorataba sus labios y sus pezones. Cuando ya eran de color azul oscuro, le pedí que se acercara. Al hacerlo, mordí una de sus areolas. Su grito de sorpresa con el cambio de temperatura, me hizo reír y abriendo el agua caliente dejé que se templara.</p>



<p>―La próxima vez que me faltes al respeto, te meteré en hielo durante una hora.</p>



<p>Dejando que se secara sola, me fui a calentar las pizzas. Como diez minutos después, Natacha apareció por la cocina supuestamente arrepentida y pidiendo perdón, pero quizás su tono o puede ser que el brillo de su mirada algo en ella me hizo sospechar que mentía y que a la mínima oportunidad que tuviera iba a revelar nuevamente lo travieso de su carácter.&nbsp; Sus travesuras lejos de molestar, me gustaban y solo la posibilidad de que al descarriarse de lo marcado en su subconsciente pudiese afectarla a posteriori, me hizo reaccionar y mostrarme duro con ella.</p>



<p>―Hoy creo que me he portado maravillosamente contigo y te he concedido todos los caprichos que me has pedido. No hagas que me arrepienta y me obligues a darte una paliza y a quemar todos los útiles de pintura que te compré.</p>



<p>Más que la violencia lo que realmente hizo que se arrepintiera fue la posibilidad de perder los oleos, los pinceles y los lienzos. Para la rusita, era un tema vital y echándose a llorar, juró que no volvería a tentar al destino desobedeciéndome.</p>



<p>―Te creo, muñeca. Ahora cena y luego, me tienes que mostrar lo bien que pintas.</p>



<p>Que, sin haberlo visto, pensara que chavala poseía talento la agradó y olvidando las lágrimas que derramó segundos antes, luciendo una sonrisa, comenzó a comer el triángulo que le había puesto en el plato.</p>



<p>―Me da vergüenza y miedo defraudarle― comentó mientras se servía una segunda ración.</p>



<p>Lo bien que se le daban todas las cosas que se proponía como podía ser desde los idiomas, al hablar un español casi sin acento o la cocina, donde era toda una chef, me hizo asumir que en dibujo también destacaría. Pero jamás me esperé descubrir que la veinteañera que vivía en mi casa era capaz de en apenas un par de hora llevar tan adelantado su primer cuadro.</p>



<p>― ¿Le gusta? ― me interrogó preocupada al ver que tomaba asiento frente al lienzo.</p>



<p>― ¿Seguro que nunca te dieron clases? ― alucinado quise saber viendo que se había atrevido a copiar la maja desnuda de Goya.</p>



<p>―Solo lo que leí en los libros― contestó al no entender la expresión de mi cara.</p>



<p>Si de por sí, la maestría con la que había plasmado tanto los colores como la atmosfera del genio era algo de admirar, la impresionante fidelidad con la que en vez de reproducir a la que supuestamente era la duquesa de alba, había trasladado en pinceladas el rostro, pechos y cuerpo de mi secretaria era algo solo al alcance de unos pocos.</p>



<p>«¡Por dios! ¡Aunque todavía solo la ha perfilado, se ve que es ella!», exclamé para mí mientras esa criatura esperaba mi valoración nerviosa.</p>



<p>Admitiendo que me hallaba ante un portento autodidacta y que en cuanto Natacha recibiera unas lecciones el valor de sus obras subirían como la espuma, riendo le pregunté si podría hacerme el favor de agregar un par de elementos a la pintura.</p>



<p>―Me encanta lo que has pintado, pero sería divertido que a Patricia le añadieras unos cuernos en la frente y una cola de demonio en su trasero.</p>



<p>No cayendo en que la negra no estaría muy contenta al verse retratada como una sensual diablesa, me prometió que así lo haría y llena de felicidad, quiso saber si podía quedarse pintando hasta las doce.&nbsp;</p>



<p>―Te espero en la cama, muñeca&#8230;</p>



<p>Tras ver dos películas y que la joven no hubiese venido a mi encuentro, me empecé a preocupar. Al llegar a su cuarto, ahora convertido en taller, la encontré casi al borde de un ataque de nervios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Se puede saber qué te ocurre? ― pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De reojo y sin retirar la mirada del lienzo, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No consigo dibujar la dulzura de su rostro cuando le mira pidiendo sus caricias.</p>



<p>Escuchándola, se me ocurrió una maldad. Aprovechando que el decorador había instalado un espejo de cuerpo entero en mi habitación, la llevé allí y poniendo la silla en frente, la senté en mis rodillas diciendo:</p>



<p>―Lo que llamas dulzura, es excitación.</p>



<p>La rusita estaba tratando de asimilar lo que le había dicho cuando de pronto notó mis dedos acariciándola.</p>



<p>―Mírate al espejo― la aconseje mientras comenzaba a rozar sus pechos con las yemas.</p>



<p>El escalofrío de la joven al experimentar esa caricia me azuzó a continuar y acercando la boca, lamí su cuello. Su gemido me informó de que mis maniobras estaban teniendo el efecto que buscaba y mientras Natacha seguía en el cristal lo que le estaba haciendo, deslicé sus bragas sacándoselas por los pies.</p>



<p>―Don Lucas― la oí suspirar.</p>



<p>―Graba tu cara en la memoria― susurré sonriendo.</p>



<p>Liberando mi hombría, dejé que fuera ella quien la colocara entre sus pliegues y recordándola que todavía no estaba lista para recibirla en su interior, incrementé mi acoso restregándola contra su vulva. Con su calentura floreciendo a pasos agigantados, mordisqueé su hombro mientras una de mis falanges se apoderaba de su botón.</p>



<p>―Mira la dulzura de mi muñeca en el espejo― comenté al sentir que la chavala se ponía sin disimulo a frotarse ya sin mi ayuda.</p>



<p>La humedad que para entonces desbordaba su interior facilitó el roce y fluyendo entre sus labios, usó mi pene para estimular su sexo mientras notaba mis manos recorriendo hasta el último rincón de su cuerpo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―Fíjate en el brillo de tus ojos, mi pequeña putita― insistí previendo lo poco que le faltaba para ser presa del placer.</p>



<p>Dando el empujón que la cría necesitaba, con dos yemas me apoderé de su clítoris. El berrido que brotó de su garganta ratificó que la rubia estaba a punto de caramelo y decidido a que recordara la expresión de su rostro al correrse, la ordené que no retirara los ojos del espejo. Tal y como había anticipado, Natacha comenzó a temblar mientras notaba que el gozo la iba dominando y dando la puntilla, hundí mis dientes en su espalda. Ese mordisco provocó que la chavala perdiera cualquier resto de vergüenza y dando un gritó se corrió mientras me pedía que la hiciera mía.</p>



<p>―Ya eres mía― murmuré intentando rechazar las ganas que tenía de desflorarla.</p>



<p>La rusita se rio al escuchármelo decir y mientras disfrutaba de un tierno, pero rotundo orgasmo me rogó que la llevara a la cama. Su alegría al saber que el hombre bajo cuyo brazo había encontrado cobijo la consideraba suya, me dejó pensando y siguiéndola por la habitación, me preguntó cuándo iba a enseñarle a hacer el amor. Que ya no usara el término follar, me alertó de que tenía que andar con pies de plomo sino deseaba que su entrega incluyera unas emociones ajenas a su naturaleza sumisa.&nbsp; Al llegar a las sábanas, ese temor se incrementó cuando abrazándome, susurró que me amaba. Haciendo un rápido examen de conciencia, comprendí que esa niña me había conquistado y que compartía sus mismos sentimientos.</p>



<p>―Yo también te quiero, muñeca. Ahora duerme.</p>



<p>Poniendo su cara sobre mi pecho, cerró los ojos y suspiró:</p>



<p>―Soñaré con usted y con Patricia&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/91/28603004/28603004_007_f3e3.jpg" alt="" width="720" height="479"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 3&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 17:37:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
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					<description><![CDATA[5 Esa noche mi sueño fue intermitente, varias veces me desperté con la sensación de que alguien me espiaba y tras verificar que Natacha seguía durmiendo, volvía a cerrar los ojos e intentaba descansar. Sobre las nueve, fue la última y en esa ocasión, la impresión resultó cierta al encontrarme a la rusita sentada a los pies de mi cama con una bandeja en sus manos. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Mi señor, le he preparado el desayuno― la escuché decir. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; No sé si lo hizo a propósito o por el contrario fue casualidad, pero lo que tengo claro es que al poner [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">5</h1>



<p>Esa noche mi sueño fue intermitente, varias veces me desperté con la sensación de que alguien me espiaba y tras verificar que Natacha seguía durmiendo, volvía a cerrar los ojos e intentaba descansar. Sobre las nueve, fue la última y en esa ocasión, la impresión resultó cierta al encontrarme a la rusita sentada a los pies de mi cama con una bandeja en sus manos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mi señor, le he preparado el desayuno― la escuché decir.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No sé si lo hizo a propósito o por el contrario fue casualidad, pero lo que tengo claro es que al poner la bandeja en mis rodillas sus pechos rozaron mi boca y al sentirlo esa criatura gimió con la dulzura de un gatito.</p>



<p>― ¿Qué haces desnuda? ― pregunté sin recriminarle directamente ese roce, ya que de hacerlo debería darle un escarmiento para que no volviese a pasar.</p>



<p>Por un breve instante, creyó por mi pregunta que estaba enfadado, pero, al ver que no era así, luciendo orgullosa sus pectorales respondió:</p>



<p>&nbsp;―Se me ha enseñado que, cuando esté en presencia de mi amo, estemos solos y a no ser que medie una orden anterior, no puedo llevar ropa para que él disfrute de mi belleza sin cortapisa alguna</p>



<p>A pesar de ser un poco canijas para mi gusto, era evidente que sus tetas eran de ensueño y por eso deleité la mirada en ellas mientras le preguntaba si se consideraba bella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_011_7aad.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Aunque nadie me lo hubiese dicho, lo sabría&#8230; tengo ojos en la cara para mirarme en un espejo.</p>



<p>―Y tienes razón, eres una nena preciosa y como no deseas que tu señor se enfade, vete a poner algo encima.</p>



<p>―No soy una niña, tengo veintiún años― herida al oír que la había llamado “nena”, replicó.</p>



<p>Podía ser novato como amo, pero no tonto y por eso no me pasó inadvertida la tierna rebeldía, pero rebeldía al fin, que mostró. Al ser evidente que había sido deliberada y que la rubita lo había hecho para averiguar cuán estrictos o laxos eran mis límites, supe que debía de reaccionar o perdería “prestigio”. Por eso, tirando la bandeja al suelo, la tomé de la cintura y le di dos duros azotes que evitaran que esa criatura volviese a retarme.</p>



<p>―Cuando te digo que eres una nena, es porque puedo ser tu padre. Ahora, antes que me termines de cabrear, ve a vestirte y recoge lo que he tirado mientras me baño.</p>



<p>Su sonrisa me anticipó que algo planeaba y saliendo de la cama, cuando ya estaba fuera de mi alcance, contestó:</p>



<p>―De acuerdo, papaíto. Su nenita se va a vestir.</p>



<p>En respuesta, le lancé la almohada. Almohada que no impactó en ella, porque previéndolo había salido corriendo. Enternecido por ese juego casi infantil, salí del cuarto hacia la ducha. Estaba todavía bajo el grifo cuando Natacha volvió con el uniforme de la noche anterior. Sin siquiera preguntar si su presencia era bien recibida, se sentó sobre el bidé y se me quedó mirando casi llorando:</p>



<p>― ¿Por qué no me ha esperado? ¿Acaso ya no me quiere? ¿Tan enfadado está con su Natacha que se está bañando solo?</p>



<p>La angustia de su voz me hizo sospechar que esa rusita estaba sufriendo. Con casi plena seguridad, asumí que parte de su adiestramiento se había basado en minar su confianza y que esta se tambaleara cuando su “señor” la ignorara y por eso, sin meditarlo más, repliqué:</p>



<p>―Por supuesto que te quiero, pero tenía prisa y por eso no te esperé.</p>



<p>― ¿Qué vamos a hacer? Es sábado y según Patricia, hoy y mañana los va a dedicar a mí.</p>



<p>Escuchar que esa zorra entrometida se valiera de la cría para tenerme controlado, me jodió y de qué manera. Pero en vez de comenzar a despotricar de ella, decidí imitar su estrategia y devolvérsela con creces.</p>



<p>―Natacha. Hazme un favor, toma mi móvil y busca en la p de Puta, el nombre de Patricia Meléndez y llámala. Cuando te conteste, dile que la esperamos en media hora en la puerta, porque va a acompañarnos de tiendas.</p>



<p>Siguiendo estrictamente mis instrucciones, volvió con el teléfono y en mi presencia, la llamó:</p>



<p>―Señora, su Lucas me ha ordenado comunicarle que quiere verla en casa en media hora para ir de compras.</p>



<p>Sonreí a pesar de ese denostado “su Lucas”.</p>



<p>―Pregunta doña Patricia qué vamos a comprar.</p>



<p>―Ropa para la muñeca de porcelana, ella lo entenderá&#8230;</p>



<p>El bufido que pegó a través del altavoz del teléfono fue la prueba. Mientras esperaba que Natacha se vistiera para salir, recordé que la habían adiestrado a que anduviese desnuda en presencia del que considerara su amo. Sabiendo que eso era una pequeña parte nada más de su adiestramiento, llamé a Julián Ballestero, psiquiatra en el Hospital la Paz y un buen amigo. Amigo al que básicamente mentí, diciendo que al colaborar con una ONG enfocada a combatir la esclavitud sexual me habían mandado uno de sus casos más graves que habían dado por perdido.</p>



<p>―Siempre hay algo que se puede hacer― respondió mientras quedaba en pasar por casa esa misma tarde con la idea de ver en persona si era tan profundo el lavado de cerebro de la rubita.</p>



<p>Justo cuando estaba colgando, Natacha salió de su cuarto. El pésimo estado de la camiseta y el pantalón que se había puesto ratificó mis sospechas que había llegado a la casa con lo puesto y elaborando una breve lista, bajamos a encontrarnos con mi secretaria. Esa bruja debía estar con algún asunto entre manos, porque llegó exigiendo que nos diésemos prisa porque era sábado y tenía muchas cosas qué hacer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Realmente, lo siento― imprimiendo toda la ironía que pude a mi tono: ― pero como comprenderás en cuanto vi que esta pobre criatura no tenía más ropa que un par de picardías que solo se podría una fulana y su uniforme de trabajo, supe que tenía que comprarle algo acorde a su edad. Te llamé porque lo normal es que quien le ayude a probarse ropa sea una mujer y no un viejo de cuarenta y dos años, como yo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rabia que se acumulaba en sus ojos no me inmutó y mientras nos bajábamos del coche en el centro comercial, puse en sus manos una lista de treinta elementos que consideraba necesarios que Natacha tuviera y que iba desde tres pantalones, tres faldas, tres camisas, diez bragas&#8230; hasta finalmente llegar a colorete y pinta labios.</p>



<p>―Voy a tardar una eternidad― se quejó.</p>



<p>―No te preocupes. Toma mi tarjeta y cuando terminéis, estaré tomando algo en el Vips del centro comercial.</p>



<p>Si en vez de miradas, me hubiese lanzado cuchillos en ese momento hubiera muerto. Es más, solo la presencia de Natacha babeando ilusionada con las tiendas y con lo mucho que le iba a comprar su amo, impidió que me mandara a la mierda y desapareciera de ahí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_018_208d.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ven muñeca, vamos a comprarte un ajuar que hipotecará a tu amo de por vida.</p>



<p>Ilusamente, creí que esa amenaza era baladí hasta que a mi teléfono empezaron a llegar los gastos: «¡Cuatrocientos veinte euros, dos pantalones!», «¡quinientos trece por un abrigo!», «¡Un conjunto de ropa interior, trescientos!». Al cuarto mensaje decidí no leerlo y llamar directamente a Patricia para que cesara ese dispendio. La muy hija de perra debía estar esperando la llamada porque saltó el contestador, informando que su teléfono no estaba operativo.</p>



<p>«Mierda, la tarjeta era la Visa Oro y no tiene límite», asustado ya, exclamé para mí.</p>



<p>Dos horas después y seis mil seiscientos quince euros más pobre, la zorra de mi secretaría me llegó por detrás:</p>



<p>&nbsp;―Don Lucas, le debes cuarenta pavos a Ernesto por las molestias― oí su dulce voz en mi oído señalando un porteador que se había agenciado para que llevara las bolsas.</p>



<p>Al girarme casi me como sus pechos al estar agachada, pero eso no fue lo peor, sino que impresionado me quedé mirando lo erectos que tenía los pezones y ella me pilló:</p>



<p>―Sí, jefe. A su secretaria se le ponen así cuando consigue darle un buen repaso a un incauto― reconociendo tanto el fenómeno como que consideraba que me había vencido.</p>



<p>Es más, pensando que podía irse, se despidió.</p>



<p>―Perdona, se me había olvidado comentarte que os he reservado sitio en una peluquería especializada en peinados africanos para que os hagan a las dos esas trenzas que me dijiste le quedarían tan bien a Natacha― escuchó a su espalda.</p>



<p>Volteándose, me gritó que, en su caso, dos peluqueras iban a tardar al menos cuatro horas:</p>



<p>―Por favor― &nbsp;Natacha le rogó emocionada: ― siempre he deseado que me peinaran así.</p>



<p>Nuevamente, Patricia se sintió obligada a complacerla:</p>



<p>―Vamos antes de que me arrepienta, ¡muñeca!&#8230;</p>



<p>Cuatro horas y media después, vi llegar a Natacha y a Patricia con el pelo recogido en múltiples trencitas, todas ellas rematadas por una bola de colores. La belleza de mi secretaría con ese peinado afro me hizo babear y por eso apenas me fijé en que la rusita daba saltitos a mi lado buscando que le hiciera caso. Viendo la decepción de la chavala al no conseguir que me fijase en ella, la zorra de piel morena decidió tomar cartas en el asunto y cogiendo a la cría de la cintura, la besó en los labios mientras le decía que estaba preciosa y que si su “Lucas” no se lo había dicho era solo porque quería hacerlo cuando nos quedásemos solos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La sonrisa que brilló en su cara me hizo comprender muy a mi pesar que mi empleada había actuado correctamente y por eso cuando la cría se adelantó para ver una tienda, únicamente critiqué que se hubiese referido a mí como “su Lucas”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si usted lo desea, dejaré de llamarle así ante Natacha, pero entonces aténgase a las consecuencias― contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qué en vez de disculparse, encima se me rebelase poco menos que llamándome imbécil, me cabreó y cogiéndola del brazo, exigí que se explicara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Esa criatura está y siempre ha estado sola. En su casa, es la primera vez que siente algo parecido a un hogar. Con ella, he recalcado siempre que usted es mío para que no se frustre intentando convertirse en algo más. Si no lo hiciera, esa pobre se sentiría con derecho a ser su pareja&#8230; Ahora que lo sabe, Don Lucas, ¿cómo quiere que hable de usted a Natacha?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Como tu Lucas― con la cola entre las piernas, respondí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que no supe prever es que, haciendo valer su victoria, esa mujer esperara a la vuelta de la rubita para meter la lengua hasta el fondo de mi garganta y diciéndonos adiós, pidiera a la criatura que cuidase de “su” hombre hasta el lunes.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Así, lo haré doña Patricia.</p>



<p>La alegría con la que movía el trasero en dirección a la parada de taxis fue otro plomo en mi ánimo cada vez más hundido, pero lo que realmente supuso un toque de atención fue reconocer lo excitado que me había dejado ese beso.</p>



<p>«¡Cómo se ha atrevido! ¡Voy a denunciarla por acoso y despedirla!», me prometí sabiendo que jamás lo llevaría a cabo.</p>



<p>Para colmo de males, Natacha se me arrimó pegándose más de la cuenta mientras decía:</p>



<p>―Amo, ya ha oído a su señora. Hasta pasado mañana, seré yo quien lo mime.</p>



<p>En vez de contestar, miré el reloj y le rogué que se diese prisa porque en veinte minutos debíamos estar en casa, porque quería presentarle a un amigo.</p>



<p>―Un psiquiatra, ya lo sé. Mientras nos peinaban, Patricia me avisó que uno de estos días iba a recibir la visita de uno de esos médicos porque usted quería comprobar que su muñeca de porcelana no se rompería en mil pedazos.</p>



<p>A pesar de ser consciente de que por medio del sistema de seguridad esa guarra de ojos tan negros como su corazón podía espiarme, en ese momento, di por sentado que conociendo cómo era yo había supuesto que no aceptaría la opinión de sus especialistas y que me buscaría uno, y no que ¡me espiaba! Por eso lejos de contrariarme, lo vi como un favor al haberla preparado para aceptar ser examinada por mi amigo.</p>



<p>Y así fue, cuando Julián llegó, pude dejarle sola con él sin tenérselo que explicar. Lo que había previsto como una charla que duraría media hora, se prolongó casi toda la tarde y eran cerca de las ocho, cuando la rusa llegó a mi despacho diciendo que el médico quería hablar conmigo. Sabiendo que esa conversación era algo que Natacha no debía escuchar, le cerré la puerta en las narices cuando intentó entrar conmigo al salón.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_030_9298.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Cuéntame, ¿cómo la has visto? ― pregunté mientras me servía una copa.</p>



<p>―Mal, francamente mal. Podría mentirte y asegurarte que bajo mis cuidados esta cría mejoraría, pero no sería verdad. Solo podemos encauzarla para que no busque la felicidad autodestruyéndose y por ello, considero necesario que me vea una vez a la semana.</p>



<p>― ¿No entiendo que es eso de autodestruirse? ― reconocí.</p>



<p>―El malnacido que la adiestró elaboró un cruel sistema de adoctrinamiento por el cual grabó en el interior de la paciente una absoluta dependencia hacia el hombre que la adquiriera, de forma que si no consigue el cariño de su dueño se verá abocada al suicidio.</p>



<p>― ¿Por qué alguien haría eso? Lo lógico sería venderla en vez de hacer que se mate haciendo que su comprador pierda todo lo invertido en ella.</p>



<p>Mi pregunta rozó el histerismo al hacerme ver la gravedad de su problema:</p>



<p>―Aunque no veo en ella nada que impida que la vendas, personalmente, creo que el lavado de cerebro que sufrió iba enfocado a que el hijo de perra que la comprara pudiese disfrutar viendo como poco a poco Natacha se iba desmoronando. Te parecerá algo que solo una mente enferma puede planear, pero sé que su torturador le ha dejado impreso que se suicide colgándose de una cuerda.</p>



<p>Cayendo en el sofá, pregunté cómo debía confrontarlo y qué debía hacer con la joven:</p>



<p>―Lo lógico sería cederle en propiedad la chica a un colega para que la interne en un hospital, pero eso solo sería trasladar el problema a otro. Como te conozco y sé que no vas a rehuir tu responsabilidad, hasta el próximo viernes que volveré a recibirla, deberás mostrarte cariñoso con ella y dejar que su sexualidad fluya. Si te encuentras con algo que no sepas interpretar, deberás llamarme.</p>



<p>― ¿Qué has dicho? – chillé creyendo que no había entendido.</p>



<p>―Exactamente, lo que has oído. El que la torturó se ha asegurado de dejar detonantes de actuación escondidas en su mente y debemos irlos descubriendo sin ponerla en riesgo.</p>



<p>― ¿Detonantes de actuación? ― pregunté.</p>



<p>―Sí, acciones o situaciones que pueden parecer inocuas pero que darán inicio a una serie de consecuencias pregrabadas en su cerebro y ante las que deberás reaccionar. Para que te hagas una idea, quizás una palabra que digas la hará lanzarse por la ventana o por el contrario que automáticamente se quede dormida. Solo su torturador y el hombre para el cual la habían diseñado saben en qué consisten.</p>



<p>―Julián&#8230;entiendo, pero, no me has dicho cómo debo actuar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Midiendo sus palabras, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si ves que el detonante ha desencadenado consecuencias dañinas para la paciente, dando una contraorden que mitigue sus daños. Pero si es algo bueno&#8230; ¡deberás dejar que fluya hasta el final!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un escalofrío recorrió mi piel al escuchar al psiquiatra y totalmente abrumado por la responsabilidad, lo acompañé a la puerta y me despedí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cortar e impedir todo lo que consideres negativo, alargar y propiciar lo positivo― me hizo recordar antes de desaparecer por el pasillo&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">6</h1>



<p>De vuelta al salón, rellené mi copa y encendiendo la tele, me puse a ver la clásica comedia que programaban los sábados para ser disfrutada en familia. Acaba de seleccionarla, cuando por la puerta y siguiendo lo aprendido, Natacha apareció desnuda. En silencio, apoyó su cara en mi muslo tumbándose a lo largo del sofá. Tras el duro vaticinio de Julián, vi como algo bueno las risas con las que reaccionaba a las previsibles situaciones en las que iban viéndose involucrados los protagonistas y por eso, mientras daba un sorbo al whisky, con la mano libre acaricié a la rubita metiendo los dedos entre sus trenzas.</p>



<p>El profundo gemido que, brotó de su garganta al sentir mis yemas recorriendo con suavidad su nuca, me hizo girar. Al hacerlo, vi que tenía las areolas erizadas y la cara desencajada por el placer. Admitiendo que ese tipo de caricias era uno de los desencadenantes que habían grabado en sus neuronas para afianzar el dominio de su comprador, instintivamente, retiré la mano como si quemara.</p>



<p>Natacha, al verse privada de ese gozo, se echó a llorar con una angustia y un dolor a los que no me pude resistir. Y deseando que cesaran ambos, recorrí con los dedos la parte posterior de su cabeza, volviéndola a sumir en un éxtasis sexual que jamás había conocido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Qué me hace mi señor? ― sollozó de felicidad mientras sentía que todas y cada una de las células de su cuerpo gozaban con ese acto tan normal.</p>



<p>―Mimar a mi muñeca― contesté y consciente de lo que ocurría, no me quedó otra que seguir el consejo de Julián alargando el placer de la rubita.</p>



<p>― ¡Me arde todo! ― rugió mientras, separando las rodillas, intentaba refrescar su sexo abanicándose con un papel.</p>



<p>―Déjate llevar y disfruta― comenté con la esperanza de que me hiciera caso y que, con mi ayuda, esa jovencita fuese olvidando sus penurias pasadas.</p>



<p>Lo que nunca adiviné fue que esas tres palabras unidas fuesen otra espoleta oculta lista para detonar y que, pegando un berrido, su sexo se convirtieran en una fuente y que de su interior brotase su flujo en forma de chorro y que tras hacer una media circunferencia en el aire fuese a caer en mitad del parqué.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_052_e338.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Qué le ocurre a su muñeca para no poder dejar mear? ¿Por qué siente tan rico cuando hace pis junto a usted? – sin dejar de retorcerse, preguntó.</p>



<p>No sé qué me impactó más, si el total desconocimiento que esa joven tenía sobre su cuerpo o la peculiar manera en la que se corría. Había leído muchas veces acerca de esa forma de eyaculación, pero siempre la consideré una leyenda urbana y, por ende, jamás la había contemplado. Aun así, no pude contener la curiosidad y atrayéndola hacia mí sin dejar de acariciarle la nuca, repetí en su oído:</p>



<p>― Déjate llevar y disfruta.</p>



<p>Al reiterar sobre el resorte que había grabado en su mente, Natacha se vio lanzada hacia un orgasmo todavía más ruidoso, atronador y húmedo que el anterior y pegando su cuerpo al mío, bañó mis piernas con su esencia mientras gritaba que nunca la dejase de mimar.</p>



<p>―Déjate llevar y disfruta― insistí sin darme cuenta que estaba torturándola y que tanto placer impuesto podía convertirse en dolor.</p>



<p>Afortunadamente, el malnacido que diseñó esas reacciones no creyó oportuno en este caso que su víctima sufriera y por eso cuando su cuerpo fue incapaz de resistir tanta estimulación, directamente y como si fuese algo enchufado a la red, se apagó. Al verla caer inconsciente, temí haberla matado y traté de hablar con el galeno. Cuando no contestó, marqué el número de Patricia. Mi secretaria si lo hizo y avergonzado, le narré lo que había pasado. Algo debía saber sobre la naturaleza del mal de Natacha, porque sin necesidad que le explicara más solo me pidió que le dijera que palabras había usado. Al repetírselas, me rogó que llevara el móvil al oído de la rubita y pude oír que le decía:</p>



<p>―Muñeca, ya basta y ahora descansa.</p>



<p>Como por arte de magia, su respiración se tranquilizó y ese agónico derrumbe se convirtió en un sueño donde su rostro radiaba bienestar.</p>



<p>Al explicar a la morena que la rusa estaba tranquila, la tomó contra mí y el poco seso que había mostrado al violentar de esa manera la resistencia de la cría:</p>



<p>―Don Lucas, la puse en sus manos pensando en que sabría hacerla disfrutar, no en que abusaría de su poder torturándola.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus palabras deduje que daba por sentado que necesitaba una mujer y completamente fuera de mis casillas, respondí atacándola y con toda la mala leche del mundo, comenté que, si tanto le interesaba mi bienestar y el de la mujer que estaba durmiendo en el sofá, lo que debía hacer es venir a la casa y meterse desnuda en nuestra cama.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Desde ahora te digo que algún día lo haré― contestó sin cortarse: ― Pero, no ahora.</p>



<p>Pensando que era una calientapollas y que se conformaba con amenazar, insistí en mi ataque:</p>



<p>―Si no es ahora, ¿cuándo?</p>



<p>―El día que me lo pidas de rodillas mientras pones en mi dedo un anillo.</p>



<p>Por supuesto, ¡la colgué!&#8230;</p>



<p>Oír de los labios de Patricia que se sentía con derecho a exigir que le pidiera matrimonio me pareció del todo absurdo y más cuando hasta entonces había dado sentado su predilección por las damas. Con los nuevos datos que había conseguido recopilar esa mañana, encendí el ordenador y busqué confirmar algo que me llevaba rondando como una parvada de buitres alrededor de mi cabeza desde que me habló de la ONG.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;«El fin de su romance con el banquero, la venta de su empresa y la fundación de ese organismo benéfico fueron concatenados en el tiempo y eso no fue producto de la casualidad», me dije mientras metía en google el nombre de ese hombre y dos palabras: “escándalo”, “prostitución”. Al no darme un resultado que me resultara interesante, cambié estas por “rumor” y “tráfico de mujeres”. Fue entonces cuando en mi pantalla apareció que a raíz de un soplo anónimo la policía había localizado los cuerpos de tres desgraciadas en una nave que pertenecía al financiero. Por lo visto, las fallecidas eran hijas de gente bien que un día desaparecieron sin dejar rastro. Sus autopsias determinaron que habían sido objeto de torturas y a pesar de no haberse comprobado la participación del susodicho, corría el rumor que la policía sabía que una de sus amantes fue quien dio el chivatazo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡Patricia! ― cuadrando el puzle, exclamé.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De algún modo, la morena debió descubrir que las actividades ilícitas de su amante y sintiéndose culpable, tras denunciarlo, vendió la empresa y usó el dinero para redimir su pecado.&nbsp; La lógica era aplastante, pero habría a la vez otro interrogante: “¿qué había pasado para que esas muertes le cambiaran la vida?”. Obtuve una pista, investigando las identidades de los cuerpos, al descubrir que una de ellas, una tal Isabel Pérez, había estudiado en el mismo colegio que mi secretaria. Lo único que faltaba por reunir era los flecos que la hubieran llevado a denunciar a su ex.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «O bien se enteró de la muerte de su compañera o lo que es peor, ella misma la provocó», medité valorando ambas opciones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No me quedó otra que anotar esa cuestión en el largo rosario de dudas que algún día debería resolver con ella, cuando Natacha se levantó y llegó a donde yo estaba preguntando qué era lo que había pasado y por qué se había despertado en mi cama.</p>



<p>― ¿No te acuerdas de nada? ― pregunté.</p>



<p>―Sí, recuerdo que estaba tumbada a su lado y sus dedos acariciándome― sonrió.</p>



<p>― ¿Haz memoria? ¿Recuerdas algo más? ― insistí.</p>



<p>El rubor de sus mejillas me informó que lo había hecho, aun antes de que reconociera entre balbuceos que había experimentado algo muy placentero y que se había meado sobre mis pantalones:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_058_d562.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―No te measte&#8230; te corriste. Lo que sentiste se llama orgasmo y es totalmente natural. No tienes que avergonzarte de nada.</p>



<p>Mis palabras le dieron qué pensar y tras unos segundos acomodando sus ideas, respondió:</p>



<p>―No me avergüenza, me gustó y me gustaría que se volviera a repetir, pero no sé cómo.</p>



<p>―Basta con que me lo pidas y yo lo haré posible― hundiendo mis yemas entre tus trenzas, respondí.</p>



<p>Saber que su placer iba unido a mis mimos la hizo feliz, pero no la dejó satisfecha y manteniéndose alejada de mí, dejó claro su total inexperiencia preguntando si eso significaba que habíamos follado. &nbsp;Reconozco que debí ser más comprensivo con ella y jamás soltar esa carcajada, pero me pilló con el pie cambiado que un pedazo de mujer tan bella no supiera nada de sexo.</p>



<p>―Perdona― me disculpé al ver sus lágrimas: ―No, no hemos follado, pero lo que has sentido es parte de mi amor.</p>



<p>―Entonces, ¿cuándo me vas a enseñar a follar?</p>



<p>«Y ahora, ¿qué contesto?», medité tan asustado por la responsabilidad como incrédulo y tratando de cambiar de conversación, quise saber cómo era posible que no hubiese hablado nunca con una amiga del tema.</p>



<p>―Nunca he tenido una amiga. Es más, hasta conocer a Patricia, la única persona con la que recuerdo haber hablado desde que me compró a mis padres fue con mi antiguo dueño.</p>



<p>― ¿Qué edad tenías? ― necesité saber a pesar de meterme entre arenas movedizas.</p>



<p>―No lo sé, pero me bajó la regla cuando ya vivía con ese hombre.</p>



<p>Siendo los doce años lo más frecuente, supe entonces que esa joven había estado bajo las garras de su torturador al menos diez años. Bajo esa óptica, adiviné que no solo iba a ser mi deber el hacerla feliz sino también que debía ejercer de maestro para que, sin presión alguna, fuera descubriendo tanto los demás aspectos de la vida como su sexualidad.</p>



<p>Por eso cuando de nuevo, insistió en que deseaba follar conmigo, la abracé y depositando un tierno beso en su mejilla, susurré en su oído que antes de subir una montaña, había que aprender a andar, luego correr, para finalmente escalar.</p>



<p>―Don Lucas, estoy lista para que me enseñe.</p>



<p>―Lo sé, muñequita, lo sé― respondí no tan seguro de&#8230; ¡estarlo yo!</p>



<p>Curiosamente, en ese preciso instante, escuché en mi móvil la llegada de un mensaje de Patricia. Al abrirlo, era un artículo en el que un psiquiatra daba consejos de cómo tratar a los niños que habían sido víctimas de abusos. A pesar de que Natacha hacía tiempo que había dejado la adolescencia, reconozco que me enfrasqué en su lectura en busca de un método o procedimiento avalado por la ciencia con el afrontar su enseñanza. La insistencia del especialista en que se debía crear un ambiente seguro alrededor del sujeto que les permita tomar un papel más activo a la hora de abordar la vida, me hizo recapacitar. Ya que, al definir el clima donde debería vivir, repetía continuamente la importancia de que los pacientes se integraran en el grupo bajo la atenta mirada del terapeuta.</p>



<p>Que después de la discusión que habíamos tenido, esa arpía se permitiera aconsejarme a la distancia <a>cómo</a><a href="#_msocom_1">[fs1]</a>&nbsp; actuar, me cabreó:</p>



<p>―Si cree que es tan fácil, debería venir y hacerlo ella― grité al móvil descargando las culpas en él.</p>



<p>La rusa, que se había mantenido callada mientras yo leía, vio apropiado insistir en cuando iban a empezar sus clases.</p>



<p>―Vamos a hacer algo más divertido, te voy a llevar al cine― respondí escaqueándome del tema en vez de tomarlo por los cuernos.</p>



<p>La mera mención de ir a una sala de cine fue suficiente para hacerla olvidar su propósito inicial y únicamente me rogó que la ayudara a vestirse, porque era la primera vez que podía elegir entre distintas prendas y ahora no sabía cuáles eran las apropiadas. Confieso que no me pareció ser algo difícil y rápidamente comprobé mi error cuando, yendo con ella a su cuarto, elegí para ella un coqueto, pero nada escandaloso conjunto de bragas y sujetador. Tan acostumbrado estaba a verla en pelotas que nunca me esperé que contemplarla vistiéndose me resultara algo tan estimulante.</p>



<p>«Es una joven preciosa», murmuré para mí en vez de reconocer que estaba buenísima y que de habérmela encontrado en una disco hubiese intentado echarle un polvo.</p>



<p>Natacha algo se olió porque con una exagerada alegría me preguntó si la encontraba guapa con ropa interior. Alguien más versado en la vida, hubiese comprendido el motivo del bulto de mi pantalón, pero ella no y acercándose a mí, llevó sus manos a mi bragueta y preguntó qué me ocurría mientras se aferraba mi erección.</p>



<p>―Muñeca, no sigas. Uno no es de piedra― respondí haciéndole ver que me había excitado.</p>



<p>― ¿Eso significa que le gusto?&#8230; ― preguntó colorada sin retirar la mano de mi miembro: ―&#8230; ¿Qué le gusto como mujer?</p>



<p>Su sorpresa no obtuvo respuesta y dejándola con la pregunta en sus labios, saqué de su armario un vestido que encontré, para a continuación salir huyendo. Ya en mi habitación, completamente abochornado por mi comportamiento, me sentí un mierda, un hijo de perra sin sentimientos al saber lo cerca que había estado de abrazarla y demostrarle lo mucho que me atraía.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_120_828e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Cuando ya vestida vino por mí, la cosa empeoró al quedarme con la boca abierta con su belleza.</p>



<p>― ¿Sabes que será mi primera vez? ― comentó refiriéndose a la película, pero en mi interior fue otra cosa lo que entendí y contra mi voluntad, me vi amando a esa criatura.</p>



<p>La certeza de que, dado su adiestramiento, ante cualquier avance de mi parte Natacha se vería forzada a entregarse a mí no facilitó el tema y de camino al coche, fui tan cerdo de plantearme si al volver del cine abusaría de ella llevándomela a la cama. Por el contrario, la tentación que caminaba a mi lado parecía encantada con mis miradas y sellando mi derrota, al sentarse en el asiento del copiloto, no le importó que el vuelo de su falda dejara al descubierto gran parte de sus muslos. Fijándome de reojo en su sonrisa, supe que lo había hecho a propósito y esforzándome a no seguir acariciándola con los ojos, aceleré rumbo a donde proyectaban el film al que íbamos.</p>



<p>Asumí que ese bombón no iba a dejar de usar el poder que recién había descubierto tener sobre mí cuando en un semáforo retomó el tema de su educación al querer saber, si al volver a casa, iba a comenzar sus clases.</p>



<p>―Quiero que, además de mi dueño, sea mi maestro― con tono incierto, afirmó mientras incrementaba mi turbación posando su mano en mi bragueta.</p>



<p>Mi pene reaccionó de nuevo irguiéndose bajo mi ropa y la rusita al sentir cómo crecía con descaro me preguntó qué tenía que hacer para que su sueño se cumpliera.</p>



<p>―Por lo pronto, ¡deja de tocarme! ― exclamé: ― ¡Estoy conduciendo!</p>



<p>Sus risas retirando los dedos ratificaron mi derrota y preocupado, me percaté de lo mucho que deseaba acallarlas mordiendo sus labios.</p>



<p>«Macho, no te pases», me repetí en un intento de rechazar esa funesta idea, «es solo una niña, aunque tenga un cuerpo de pecado».</p>



<p>Desde su asiento, la chavala siguió presionando como si hubiese leído mis pensamientos:</p>



<p>―Quiero ser la muñeca que cuide a mi amo las veinticuatro horas del día.</p>



<p>Como es lógico, comprendí el significado oculto bajo esa frase y que, con ella, esa criatura celestial se estaba autonombrando para compartir mis sábanas y no solo el techo donde vivíamos. La poca decencia que me quedaba me hizo parar el coche y girándome, quise dejar las cosas claras:</p>



<p>―Natacha, mi responsabilidad es conseguir que olvides el sufrimiento que has pasado y que finalmente seas feliz.</p>



<p>Quizás no quiso o no pudo entender lo que quería decir y malinterpretando mis palabras, se lanzó a mis brazos en busca de mis besos, mientras me daba las gracias por velar por ella. La seguridad que mostraba y el roce de sus pechos contra el mío los sentí fueron un clavo más que cerraba el ataúd de mi condena e incorporándome de nuevo al tráfico de la Castellana, tomé la gran vía.</p>



<p>Al llegar, faltaba casi tres cuartos de hora para la película y recordando que no habíamos cenado, la llevé a un burguer que había a la vuelta. Para Natacha todo era nuevo y por eso ilusionada no dejó de reír y de bromear mientras daba cuenta de su hamburguesa. La casualidad quiso que un matrimonio con un niño se sentara en la mesa de al lado. Eso tan normal a mis ojos, no lo fue a los suyos y con cierta envidia, la rusita sonrió al ver el cariño con el que el padre daba de comer a su retoño.</p>



<p>Entendiendo lo que sentía, tomé una patata y se la puse en la boca sin saber que ese gesto desembocaría en una pregunta que me resultó difícil contestar:</p>



<p>―Don Lucas, ¿por qué su Patricia no vive con nosotros?</p>



<p>Sin una respuesta clara que dar, recordé las razones que mi secretaría me había dado para simular que éramos pareja y evitando desmentirla, no fuera que eso la diera pie a querer ser ella mi mujer, respondí:</p>



<p>―Es una mujer independiente y le doy espacio.</p>



<p>Digiriendo mis palabras, se quedó callada durante unos segundos antes de replicar:</p>



<p>―Cuando me dejó en su casa, prometió que seríamos una familia y que podría contar siempre con ella.</p>



<p>Algo en mi interior, me hizo sospechar que esa criatura se sentía perdida sin una figura femenina y que al igual que el niño que teníamos enfrente, deseaba tener quizás no un padre y una madre sino un hombre y una mujer que le brindaran su cariño.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_103_bc67.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Echo de menos poder preguntarle cosas― recalcó bebiendo su refresco.</p>



<p>Mi corazón se encogió al oírla y cometiendo una locura, le aseguré que hablaría con ella para que se pasara al menos una temporada con nosotros. El brillo de felicidad de su sonrisa me impactó, pero lo que realmente me dejó anonadado fue oírle proclamar sin ningún pudor las ganas que tenía de ver a la negrita disfrutando mientras le hacía el amor. Esa imagen tantas veces rechazada al considerar poco ético el acostarme con una empleada volvió con fuerza y por mucho que me revolviera el estómago, deseé brevemente que se hiciera realidad.</p>



<p>«Estás loco, ¡eso nunca debe ocurrir!», mi conciencia dictaminó mientras mi mente soñaba con hundir la cara entre sus oscuros pechos.</p>



<p>La hora me hizo volver a la realidad y tomando la mano de Natacha, nos encaminamos hacia el cine. La alegría de la rusita al entrar me hizo olvidar ese deseo y la llevé hasta su asiento. Desconociendo lo pronto que volverían los problemas, me senté junto a ella. Mi optimismo se transformó en angustia cuando se apagaron las luces y algo hizo “crack” en la dulce damisela que tenía a mi lado. Nada me preparó a hacer frente a los gritos de miedo y terror que comenzó a dar al verse a oscuras. Como sería la cosa que el operario de la sala creyó prudente volverlas a encender y mientras el resto de los espectadores miraban horrorizados hacia nosotros, la vi retorcerse en el suelo con los ojos saliéndosele de las orbitas presa de dolor. Recordando las palabras con las que la morena había conseguido detenerla con anterioridad, las susurré en su oído. Pero para mi desgracia, no evitaron que siguiera convulsionando con sus alaridos resonando a través de las butacas.</p>



<p>El murmullo de la gente se estaba trasformando en ira al dar todos por sentado que era mi culpa y que, amparado en la oscuridad, había abusado de ella. Eso me hizo reaccionar e instintivamente, crucé su cara con un tortazo. El sonido de mi mano impactando contra su rostro incrementó más si cabe la indignación de las personas que había acudido a ver esa película, pero entonces la joven dejando de gritar, buscó mi consuelo abrazándome.</p>



<p>― ¿Qué me ocurre? ¿Por qué soy así? – lloró en mis brazos.</p>



<p>La vergüenza del momento no fue nada en comparación con el dolor que experimenté por ella y cogiéndola de la cintura, desaparecimos de la sala mientras los testigos pedían que viniera alguien de seguridad.&nbsp; El escándalo y la llamada del encargado hizo que al salir nos topáramos con ellos y solo cuando vieron que la cría les pedía disculpas aludiendo a un supuesto miedo a la oscuridad, permitieron que nos fuéramos sin llamar a la policía.</p>



<p>&nbsp;Al llegar a casa y sintiéndose a salvo, Natacha se tranquilizó e intentando simular que nada había ocurrido, me rogó que nos fuéramos a dormir. Destrozado, accedí y sin tocarla para que no se sintiera presionada, la guie hasta mi cuarto. Ya en él, la rusita se desnudó y siguiendo la rutina de otras noches, tomó la almohada y se tumbó sobre la alfombra mientras volvía a sollozar.</p>



<p>Asumiendo que la joven precisaba de cariño, haciendo de tripas corazón, le pedí que por esa noche durmiera conmigo. Como un autómata, obedeció subiéndose a la cama y buscando mi calor, se acurrucó sobre mi pecho mientras me daba las gracias por ser tan comprensivo con ella. La desnudez de su cuerpo pegado al mío me hizo dudar de las motivaciones que me habían hecho invitarla a compartir mis sábanas y cerrando los ojos, deseé que al día siguiente su sufrimiento hubiese desaparecido y no volviera jamás.</p>



<p>―Esta muñequita necesita sentir el amor de su dueño abrazándola― susurró girándose mientras me obligaba a poner la mano en sus senos.</p>



<p>―Duerme, pequeña, duerme― respondí impresionado por la dureza de su trasero rozando mi entrepierna.</p>



<p>La ternura de mi voz fue la nana que necesitó para quedarse dormida y con el sonido de su respiración, cerrando los ojos, la imité. Desconozco cuanto tiempo paso antes de empezar a soñar que estaba con Altagracia y que era ella la mujer que descansaba a mi lado, lo cierto fue que en mi mente fueron las manos de esa fulana las que sacaron mi pene del pijama para colocárselo entre las piernas.</p>



<p>―Le amo, don Lucas― escuché entre sueños y reconociendo en su voz a la rusita, me desperté.</p>



<p>Decidí seguir simulando estar dormido al sentir que, aprisionando mi erección entre sus muslos, se ponía a restregarla contra su vulva. Al principio sus movimientos eran lentos, como si estuviese tanteando cómo se hacía el amor. La humedad que envolvió a mi miembro y el hecho que en ningún momento Natacha intentara hundirla en su interior evitaron que reaccionara apartándome. Su confianza al creerme dormido se incrementó y poco a poco fue acelerando la velocidad con la que buscaba forzar las sensaciones que iba descubriendo. La inusitada dureza de su pezón bajo mi mano me confirmó su excitación. Sabedor de que tenía el deber de dejar que su sexualidad fuera fluyendo sin mi intervención, permití que usara mi tallo como herramienta involuntaria de su lujuria.</p>



<p>El ritmo creciente con el que se masturbaba con mi glande y sus gemidos me cautivaron y nuevamente tuve que esforzarme para no revelar que era plenamente consciente de lo que ocurría al notar en ella los primeros síntomas del placer.&nbsp;</p>



<p>«Deja que lo descubra sola, no intervengas», como un mantra me repetí reteniendo el dictado de mis hormonas mientras la niña iba dando paso a la mujer.</p>



<p>El suave sollozo que brotó de sus labios al caer en brazos del que quizás era su primer orgasmo no impuesto, me obligó a cambiar de estrategia y besando su nuca, la azucé a seguir.</p>



<p>―No quería&#8230;― al verse descubierta, comenzó a decir avergonzada.</p>



<p>―Tranquila, muñeca― susurré en su oreja mientras tiernamente regalaba sobre su pecho un pellizco: ―No has hecho nada malo.</p>



<p>&nbsp;Asumiendo mi permiso, se lanzó ya desbocada a por el gozo que experimentaba y girándose, intentó con cierta torpeza empalarse con mi miembro. Rechazando sus intentos, le pedí que continuara frotándose evitando culminar.</p>



<p>―Debo aprender a andar antes de correr― recordando mi consejo, suspiró.</p>



<p>Aferrándome a sus palabras, quise hacerla ver que debía ir paso a paso murmurando que siempre que me necesitara, me tendría. Pero sé que no me escuchó porque para entonces su cuerpo estaba inmerso en una vorágine de sensaciones que la zarandearon con inusitada fuerza y ante mis ojos, su mundo colapsó mientras empapaba el pantalón de mi pijama.</p>



<p>Mi cara al ver la intensidad de su entrega le hizo reír y llena de alegría, me rogó que no la regañara por habérmelo mojado mientras intentaba quitármelo. Defendiendo la única defensa que seguía evitando que la hiciese mía, le di un azote diciendo:</p>



<p>―Ya que esta noche aprendiste a andar, ahora descansa.</p>



<p>Frotando su nalga, respondió sin percatarse de sus palabras:</p>



<p>―Me hubiese gustado que Patricia hubiera estado aquí.</p>



<p>― ¿Por qué lo dices? ― espantado, pregunté.</p>



<p>―También soy su muñequita y quiero que esté orgullosa de mí― cerrando sus ojos, musitó mientras a su lado un estremecimiento recorría mi cuerpo&#8230;</p>



<hr class="wp-block-separator has-css-opacity"/>



<p><a></a></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/147/68863805/68863805_099_e6b9.jpg" alt="" width="676" height="1014"/></figure></div>


<p></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 2&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2026 17:28:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[3 Al despertar, Altagracia se había ido. Sin saber si lo agradecía o por el contrario lo lamentaba, me levanté para irme a trabajar y ya en la ducha, supe que era una pena que no se hubiese quedado por lo mucho que me hubiese gustado enjabonar sus pechos mientras la mimaba. La tristeza de esa mañana mutó en alegría cuando al irme a vestir, leí la nota que me había dejado sobre la mesilla: “Gracias por hacerme sentir tu negrita”. Tras leerlo, sonreí y con renovados ánimos, salí a enfrentarme con el mundo sabiendo que lo quisiese o no [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">3</h1>



<p>Al despertar, Altagracia se había ido. Sin saber si lo agradecía o por el contrario lo lamentaba, me levanté para irme a trabajar y ya en la ducha, supe que era una pena que no se hubiese quedado por lo mucho que me hubiese gustado enjabonar sus pechos mientras la mimaba. La tristeza de esa mañana mutó en alegría cuando al irme a vestir, leí la nota que me había dejado sobre la mesilla:</p>



<p>“Gracias por hacerme sentir tu negrita”.</p>



<p>Tras leerlo, sonreí y con renovados ánimos, salí a enfrentarme con el mundo sabiendo que lo quisiese o no reconocer esa cubana de piel morena había calado hondo en mi interior. Al aparcar mi coche en el edificio donde estaba ubicada mi empresa, vi la moto de Patricia en la plaza de al lado y recordé haber visto una vespa igual pasando por el hotel cuando entraba acompañado. Desechando de inmediato la idea, pero recordando su existencia, llamé al ascensor. La sonrisa de mi secretaria trayéndome el café, poniendo en mis manos el correo mientras revisábamos mi agenda, me resultó gratificante y sumergiéndome en el día a día, afronté los problemas y retos de la compañía con alegría.</p>



<p>―Don Lucas, la próxima vez que no vaya a venir, avíseme. Le estuve esperando hasta las nueve― reprochando mi comportamiento, protestó con un deje de amargura la joven.</p>



<p>―No te preocupes, no volverá a pasar. Te lo prometo― sin dar mayor importancia a su queja, respondí.</p>



<p>Aceptando mis disculpas, aprovechó para decirme que había contratado un moderno sistema de seguridad para mi piso y que había quedado en abrir la puerta a los técnicos que iban a instalarlo. Como eso era algo que tenía en la casa que había compartido con mi ex, me pareció bien y únicamente pregunté en qué consistía:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_026_8e7c.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Es lo último en domótica. Desde el móvil, podrá poner la calefacción, la música ambiente e incluso cuando esté de viaje ver lo que ocurre en las diferentes habitaciones.</p>



<p>―Nena, ¡no sé qué haría si no te hubiese contratado! ― exclamé reconociendo mi torpeza para los asuntos domésticos.</p>



<p>Aun ruborizada por esa afirmación, no perdió la oportunidad de preguntar si había pensado que iba a necesitar alguien que limpiara el piso, planchara la ropa y me diera de comer.</p>



<p>― ¿Te importa que lo deje en tus manos? ― espantado con la perspectiva de tenerme que ocupar de entrevistar una retahíla de candidatas para luego equivocarme, respondí.</p>



<p>―Tu niña se ocupa― luciendo la blanca perfección de sus dientes, respondió y dejándome con los papeles, se fue a su puesto de trabajo.</p>



<p>Espantado reconocí en ese “tu niña” el parecido a “su negrita” de Altagracia, pero pensando que veía moros con trinchetes me olvidé del asunto mientras recibía la visita de Joaquín presentándome los resultados de la consultora. Los números del trimestre no eran lo suficientemente buenos y por eso invertí casi todo el resto de la mañana revisando con el financiero las razones del limitado crecimiento que habíamos conseguido.</p>



<p>―Básicamente, se debe a que la agencia de Barcelona no funciona como debía― sacando un gráfico de su desempeño contestó.</p>



<p>Tras examinar los datos, decidí tomar cartas en el asunto y llamando por el interfono a su hermana, pedí que nos sacara dos billetes para la ciudad condal.</p>



<p>―Don Lucas, ¿cuántos días se van a quedar? Lo digo porque como el domingo se tiene que ir a Frankfurt, es una tontería que vuelva a Madrid cuando puede volar desde allá.</p>



<p>La lógica que encerraban sus palabras me hizo aceptar la sugerencia y centrándome en lo importante, planeé con Joaquín el alcance de la revisión que efectuaríamos en esa delegación. No me quedó duda alguna de que el rubiales había previsto el desarrollo de la reunión cuando sacando del maletín un dossier completo, puso sobre la mesa un programa, programa que no solo incluía lo que él debía comprobar sino también todo lo que me atañía a mí.</p>



<p>― ¿Y esto? ― pregunté haciéndole ver que esos papeles no llevaban el formato que solía usar.</p>



<p>―Como ayer en la tarde no estuvo en su despacho, Patricia se aburría y me ayudó.</p>



<p>En absoluto molesto, pero con una mosca rondándome en la oreja, revisé la planificación que esa monada había preparado. Tras verificar que era un programa de máximos y que me tendría ocupado hasta bien entrado en sábado, supe que era lo necesario.</p>



<p>―Es una pena tenerla de secretaria. Con su valía podría a optar a un puesto de dirección.</p>



<p>―Ella lo sabe, pero no quiere― contestó sin aclarar las verdaderas motivaciones de su familiar.</p>



<p>Intrigado por su secretismo traté de seguir indagando, pero me encontré con su cerrazón y tontamente asumí que esa mujer no deseaba la responsabilidad de comandar un equipo. Por ello volviendo a nuestra visita del día siguiente, estudié a conciencia la cuenta de resultados de Barcelona de manera detallada y escandalizado comprobé que no solo no había crecido, sino que los gastos de representación, marcados en amarillo por Patricia, eran escandalosos. Revisando los diferentes rubros comprobé que todos y cada uno en los que avizoraba problemas habían sido resaltados con anterioridad por ella. Por ello y por un momento, pensé en llevarla con nosotros, pero recordando que si había elegido a Altagracia la noche anterior había sido por su causa, preferí no tentar al diablo y se quedara en Madrid.</p>



<p>«Algo tienen las negras que me traen loco», me dije afianzando esa ´decisión&#8230;</p>



<p>Mis peores augurios se hicieron realidad cuando al segundo día de estar en Cataluña, el delegado dimitió al sentirse incapaz de probar las razones del desmesurado gasto y de la parálisis que su gestión había abocado a la agencia. Menos mal que contaba con Joaquín y abusando de él, le pedí que se quedara al frente de esa zona mientras encontraba un sustituto.&nbsp; Al enterarse su hermana y sin que yo hubiese dado la orden, me llamó diciendo que aprovechando mi estancia en esa ciudad me había concertado una cita con un conocido, el cual cumplía todos los requisitos que necesitaba para cubrir la vacante.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Dónde y a qué hora? ― aliviado y molesto por igual con su intromisión, pregunté.</p>



<p>―He quedado con Jaume Borrás en que cenarían en el restaurant ABaC que está en la avenida del Tibidabo.</p>



<p>Como había llegado a mis oídos la fama de su comida mediterránea, premiada con tres estrellas Michelin, no pude quejarme y únicamente pregunté cómo se las había ingeniado para conseguir mesa con tan poca anticipación.</p>



<p>―Jordi Cruz es amiguete y en cuanto se enteró que mi jefe iba a ser el cliente, movió Roma con Santiago y te hizo un hueco.</p>



<p>Colgando el teléfono, me quedé pensando en las veces que esa morena me había sorprendido en tan poco tiempo y deseando saber algo de ella, metí su nombre en internet. Cual sería mi sorpresa cuando Google me informó que esa cría había creado con solo veinte años una app que luego vendió por cien millones a una empresa americana.</p>



<p>«Por eso, ni siquiera preguntó lo que iba a ganar&#8230; ¡es millonaria!».</p>



<p>No entendiendo nada, seguí indagando y así me enteré que según corría el rumor, se había retirado del mundo informático tras un supuesto affaire con un banquero y que había jurado que jamás volvería a confiar en un hombre que estuviese casado. Mirando la foto del susodicho, me quedé alucinado con las semejanzas de ese don Juan conmigo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_030_1283.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¡Debe ser de mi edad! ― derrumbándome en el asiento del dimitido, exclamé.&nbsp;</p>



<p>La llegada de su hermano evitó que siguiera martirizándome con ese descubrimiento y dejándolo en un lugar apartado de mi cerebro, comenté que Patricia nos había conseguido un posible delegado.</p>



<p>―Lo sé. Me ha hecho llegar su curriculum― contestó poniendo el perfil del tipo en mis manos.</p>



<p>Repasándolo, comprobé que era ingeniero por la universidad de Barcelona y master por Esade, que era trilingüe y soltero.</p>



<p>―Parece un cerebro― reconocí.</p>



<p>―Es un amor y encima está buenísimo― dejando salir su vena homosexual, no tuvo reparo en comentar.</p>



<p>Asumiendo que entre el candidato y él había habido algún que otro escarceo, solté una carcajada y cerrando el ordenador, le tomé de la cintura mientras, en plan de guasa, preguntaba si debía ponerme celoso.</p>



<p>―Para nada, tú eres mi adoración― rechazando de buen grado ese gesto, pero separándose de mí, respondió.</p>



<p>Por el brillo de sus ojos, comprendí que me había pasado dos pueblos y que de haber tenido duda de que me volvían loco las mujeres, ese rubiales quizás hubiese buscado el acercamiento.</p>



<p>&nbsp;―Perdona, si te he molestado. Estaba de broma― comenté abochornado.</p>



<p>―Lucas, sé que te pirran las faldas y que, aun así, siempre me has apoyado. No te preocupes― desternillado al ver mi cara, respondió.</p>



<p>La confianza que me acababa de trasladar me dio el valor de preguntar cómo era posible que su hermana teniendo las espaldas cubiertas de esa forma, se rebajara a trabajar de secretaría. Comprendiendo que me había enterado de su fortuna, no tuvo reparo alguno en contestar:</p>



<p>―Exactamente por eso. Sin necesidad de un sueldo que llevar a casa y como siempre había envidiado el buen ambiente que le decía que habías conseguido dar a la compañía, decidió que debía dejar de lamentarse y volver al mercado.</p>



<p>Tan obcecado estaba con que era imposible que una mujer así se fijara en mí que interpreté esa vuelta al mercado como volver a trabajar y por ello, dejando definitivamente de pensar en Patricia, me fui con su hermano a cenar.</p>



<p>Ya en el ABaC, no me sorprendió el interés de Joaquín por el tal Jaume, ya que siendo cien por cien hetero, no puedo dejar de confesar que ese adonis de casi dos metros estaba para comérselo y que, de haber nacido mujer, no me hubiese importado que me diera un buen revolcón. Para colmo, durante la cena, el tipo resultó ser no solo brillante sino encantador y por ello, en el postre y tras discutir brevemente sus emolumentos, lo contraté.</p>



<p>La alegría de mi segundo me confirmó que entre ellos había algo, pero como vivirían en diferentes ciudades y por tanto no iban a ser pareja, no me importó.</p>



<p>―Qué os divirtáis― después de pagar la cena, me despedí de ellos asumiendo que lo celebrarían en un fiero combate cuerpo a cuerpo.</p>



<p>―Nos vemos mañana― sin separar los ojos del moreno, Joaquín me dijo adiós.</p>



<p>Supe que nada más irme, lo primero que había hecho había sido llamar a Patricia cuando todavía en el taxi esa monada me llamó y tras asegurarme que el noviete de su hermano no me defraudaría, me informó que me había mandado al hotel una sorpresa. Por mucho que intenté sonsacarle qué era, no lo conseguí. Pero juro por lo más sagrado que lo último que esperé encontrar al abrir mi habitación, fue a Altagracia desnuda sobre mi cama.</p>



<p>―Mi amor, no sabes la ilusión que le hizo a tu negrita cuando tu secretaria me dijo que me echabas de menos y que me esperabas aquí.</p>



<p>La ternura y el cariño de la cubana me impidió reconocerle que no había sido mi idea y decidiendo que al día siguiente tendría que hablar largo y tendido con la responsable, me acerqué sin prever tampoco que esa mujer lo primero que hizo fue arrodillarse ante mí con la intención de hacerme una mamada.</p>



<p>―Déjame― protestó cuando quise levantarla: ― la otra noche me demostraste que sabías comerte un chocho, me toca ahora probarte que yo soy una experta mamando vergas.</p>



<p>No pude decir ni mu, ya que con una rapidez que me dejó descolocado no solo bajó mi bragueta, sino que, viendo mi erección, se la metió hasta el fondo de la garganta con una maestría que solo las hispanas conocen.</p>



<p>―Tranquila, tenemos toda la noche― dije al ver su urgencia.</p>



<p>Extrayéndola brevemente de su boca, me soltó:</p>



<p>―Te equivocas, primor. Tenemos hasta el domingo. Doña Patricia insistió en que debía despedirte en el aeropuerto y por eso, mi vuelo sale después que el tuyo.</p>



<p>Que esa arpía decidiera hasta los detalles sexuales de mi agenda, me sacó de las casillas y aprovechando que se había vuelto a meter mi pene, comencé a follarme la boca de Altagracia, pensando y soñando que era la de mi entrometida secretaria. O no le importó mi brusquedad o, por el contrario, la excitó ya que mientras la tomaba de la cabeza para facilitar la velocidad en que martilleaba su garganta, se las ingenió para llevar la mano a su entrepierna y se comenzó a masturbar. Tan furioso estaba con lo sucedido, que no cejé en mi empeño hasta que mi cabreo detonó lanzando blanca oleadas de leche directamente al estómago de la negrita.</p>



<p>Estaba a punto de disculparme cuando presa de un extraño frenesí la joven madre cayó sobre la alfombra retorciéndose mientras se corría.</p>



<p>―Mi amor, tú sí que sabes cómo tratar a una hembra― sollozó gozando del ruin trato que le había dado.</p>



<p>Tomándola en brazos, la llevé hasta la cama y tumbándome a su lado, dejé caer una duda que me estaba corroyendo:</p>



<p>―Perdona, ¿cómo contactó Patricia contigo?</p>



<p>Avergonzada se echó a llorar y con la cara angustiada, me contó que al irse me había robado trescientos euros y una tarjeta de presentación con los que compró un abrigo a su hijo. Pero que, al día siguiente, se arrepintió y leyendo la dirección de mi oficina, se plantó allí a devolverlos.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_044_172c.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Se los diste a ella?</p>



<p>―Lo intenté, pero su secretaria es una dama y al saber que estaba arrepentida y el uso que le había dado, no solo no los aceptó, sino que dándome otros mil, me informó que llevaba todo el día buscándome porque le habías pedido que me encontrara para que te acompañara a Barcelona.</p>



<p>«Menuda lianta estás hecha Patricia», mascullé entre dientes sin advertir que me había tranquilizado e incluso gustado su “buen corazón”.</p>



<p>― ¿Tú también me perdonas? ― preguntó la cubana buscando mis besos.</p>



<p>Considerando su pecado algo venial, no cedí de primeras. Es más, haciendo que estaba molesto, la puse en mis rodillas mientras le decía que había sido mala y que por tanto se merecía un castigo.</p>



<p>―Lo que tú decidas, estará bien― contestó sin saber a qué atenerse.</p>



<p>Al recibir el primer azote, noté que exageraba el grito y por eso elevando su intensidad, descargué sobre sus nalgas una primera serie antes de darme cuenta de que ese escarmiento no le era intolerable y que la ponía cachonda.</p>



<p>― ¡A esta negra le gusta ser reprendida por su amo! ― gritó confirmando ese extremo.</p>



<p>Ese exabrupto ratificando su gusto por ser tratada con violencia y que se refiera a mí como su dueño me pareció tan raro como excitante y tras dejarle el culo rojo, poniéndola a cuatro patas la ensarté de un solo empujón de caderas.</p>



<p>― ¡Siga castigando a su negrita! ― rugió sintiéndose empalada: ― ¡Se lo merece!</p>



<p>Sus palabras despertaron un lado dominante que desconocía tener, y tomando sus negros rizos con una mano, azucé la velocidad de mi montura reiniciando la serie de nalgadas. Los gemidos que emitió con cada golpe no fueron de dolor sino de placer y por eso no me extrañó sentir que el manantial en que se había convertido su coño se desbordaba por mis muslos, empapando la cama. No dejando que su gozo impidiera el mío, saqué la polla de su chumino y tomando la sábana, sequé ambos sexos con ella, para a continuación volver a embutírselo hasta el fondo.</p>



<p>Nuevamente no se quejó con ese brusco asalto y notando mi glande golpeando la pared de su vagina, sonrió:</p>



<p>― ¡Cómo echaba de menos estos vergazos!</p>



<p>Riendo a carcajadas, la tomé de los hombros mientras aceleraba. Mi nuevo impulso y el cambio de postura demolieron sus últimas defensas y cayendo sobre la almohada, me rogó que la dejara descansar.</p>



<p>―Descansarás cuando consigas que me corra― le grité poniéndola de nuevo en plan perrito.</p>



<p>― ¡Por dios! No entiendo a la loca que te dejó escapar. No solo eres un buen hombre, ¡eres el mejor amante que he tenido!</p>



<p>―Deja de hablar como vieja chismosa y muévete.</p>



<p>Herida en su amor propio, la cubana convirtió su cadera en una batidora. Apenas pude resistir cuando mi pene se vio zarandeado a todos lados de una forma tan brutal como nueva, y por ello agarrando su melena, intenté que esa yegua no pudiera descabalgarme como jinete mientras en su interior explotaba derramando mi simiente.</p>



<p>―Puedo ser masoca, guarra y negra pero no vieja― rugió satisfecha mientras tirándose sobre mí comenzaba a hacerme cosquillas.</p>



<p>La genuina alegría de esa monada al haberme vencido por K.O. me hizo reír y atrayéndola hacia mí callé sus risas, o eso quise, amenazando la virginidad de su trasero.</p>



<p>― ¿Acaso el pervertido de mi señor desea darme por el chiquito? ― mirándome a los ojos preguntó:&nbsp; ― ¡A su negra es lo que más le puede gustar!</p>



<p>Tras lo cual y denotando su predilección por esa clase de sexo, tratando de resucitar mi alicaída herramienta con los labios, me informó que cuando consiguiera resucitarla debía hacer uso de ella analmente:</p>



<p>―Es lo menos que puede hacer por mí cuando he recorrido seiscientos kilómetros para venir a verle.</p>



<p>¡Su petición no cayó en saco roto!&#8230;<br></p>



<h1 class="wp-block-heading">4</h1>



<p>El sábado me despertó el sonido del jacuzzi llenándose y pensando que Altagracia deseaba empezar el día con un baño, me quedé estirándome en la cama. Supe que quería que ese baño fuera compartido cuando, al verme despierto, me llevó casi a empujones al agua.</p>



<p>―Me apetece mimarte― contestó al preguntarle muerto de risa qué coño hacía y sin dar opción a que me negara se metió conmigo en la bañera.</p>



<p>El desparpajo de esa mujer y el cariño que me demostraba me traían embelesado y cediendo a sus deseos, comencé a enjabonar sus pechos cuando con una dulce sonrisa, me lo pidió.</p>



<p>―También a tu negrita, le gusta que la mimen― estaba comentando cuando de repente sonó un mensaje en su móvil.</p>



<p>Como la confianza da asco, la cubana no pidió permiso y alargando la mano, lo cogió.</p>



<p>―Es doña Patricia― señaló al leerlo.</p>



<p>― ¿Qué quiere esa zorra? ― pregunté todavía molesto con su manía de involucrarse en todos los aspectos de mi vida.</p>



<p>―Pregunta cómo me recibió.</p>



<p>Que hasta allí llegara su interés, me sacó de las casillas y deseando darle una lección, quise saber si no le importaba que la grabara mientras me hacía una mamada. Al preguntar el motivo, le expliqué que estaba hasta los huevos de que mi secretaría se metiera en mis asuntos y qué mejor respuesta podía darle de cómo la había recibido que mandar esa prueba.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_051_42fe.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Lo estás diciendo en serio? ¿No te vas a arrepentir?</p>



<p>―Altagracia&#8230; jamás se lo mandaría desde mi móvil. ¡No estoy loco! Podría acusarme de acoso, pero llegándola de ti, se lo tendrá que comer con patatas.</p>



<p>Las risas de la cubana mientras se agachaba entre mis piernas fueron el permiso que necesitaba para poner en acción la cámara de su teléfono y durante cinco minutos grabé desde escasos centímetros de su cara la maravillosa mamada que me regaló. Tras revisar la película entre nosotros, ambos decidimos que lo mejor eran dos momentos: el primero era el instante en el que mi pene explotó llenando su rostro de semen y el segundo en el que con los dedos se lo llevó a la boca para saborearlo.</p>



<p>Sin esperar, no fuese a ser que me echara atrás y escribiendo en el teclado “No sabes qué rico pene tiene tu jefe”, Altagracia lo mandó.</p>



<p>Patricia tardó casi cuarto de hora en contestar y cuando lo hizo nos pilló ya desayunando. Juro que pensé que iba a estar echa una furia y así interpreté la carcajada de la cubana cuando vio su respuesta.</p>



<p>―Te equivocas. Lee lo que me ha contestado la doña.</p>



<p>Tomando el móvil, me quedé pálido al ver en su pantalla:</p>



<p>“Cabrona, ¡qué suerte tienes!”.</p>



<p>Indignado con Patricia como nunca, empecé a despotricar de ella, gritando que era una vergüenza la forma en que tonteaba conmigo y jurando que en cuanto volviera la podría directamente en la calle por haber tenido la desfachatez de escribir eso. Altagracia estaba muerta de risa con la cara que ponía enfadado cuando se percató de que le había entrado un nuevo mensaje.</p>



<p>―Si lo que te preocupa es que la doña esté enamorada de ti, ya puedes irlo olvidando. Tu secretaria pierde aceite y es a mí a quién mira.</p>



<p>&nbsp; ― ¿Por qué lo dices?</p>



<p>Enseñándome una foto de la que creía que me estaba acosando, desnuda y con la mano entre las piernas, contestó:</p>



<p>―Te leo textualmente lo que me pone: “¿No te doy pena? Tú divirtiéndote y yo sola con mis deditos. Cuando vuelvas llámame y nos tomamos algo”. Definitivamente doña Patricia es bollera y quiere hacérselo conmigo.</p>



<p>Arrebatándole el móvil y tras leer el mensaje por mí mismo, comprendí que tenía razón y que a raíz de salirle rana su ultimo romance, no solo había decidido no ir con casados sino con hombres en general. Pero no por ello se lo devolví y durante más de un minuto, me quedé embobado admirando la impresionante belleza de sus senos y caderas.</p>



<p>«Menudo desperdicio de mujer», ya tranquilo pero decepcionado, sentencié&#8230;</p>



<p>Saber que Patricia dirigía sus miradas al otro sexo no evitó que siguiera molesto, pero al menos amortiguó el resquemor que sentía por su intromisión en mis asuntos y comencé a verlo como el precio que debía pagar por su eficiencia. Prueba de su validez fue el mensaje me mandó cuando todavía estaba disfrutando de la presencia de Altagracia:</p>



<p>“Don Lucas, le anexo el link del sistema de seguridad donde podrá verificar el estado de la obra de su casa. Si ve algo que no le gusta, hágamelo saber y me ocuparé de enmendarlo”.</p>



<p>Como mudarme era algo urgente, me metí a ver qué coño habían hecho y tal y como había previsto nada de pude observar me desagradó y compartiendo con la negrita las imágenes, ésta se quedó maravillada con el lugar donde iba a vivir.</p>



<p>―Es un palacio― emocionada comentó, pensando quizás que no tardaría en ser invitada allí.</p>



<p>Estaba sonriendo cuando mi satisfacción se trasformó en preocupación cuando a pesar de ser domingo descubrí a Patricia dando órdenes a un par de “lacayos” para que arreglaran algo que ella no consideraba bien hecho. Cualquiera que lo lea se preguntará por que me preocupó ver a mi empleada trabajando fuera de su jornada laboral. Como respuesta he de decir que no fue eso lo que me acojonó, sino las palabras que dirigió a los decoradores:</p>



<p>―No creáis que voy a aceptar esta chapuza, pensad que soy yo la que vivir aquí y me niego a ver todas las mañanas cuando me levante un cuadro mal colocado.</p>



<p>Exteriorizando mi enfado a la cubana, ésta se echó a reír:</p>



<p>―Joder, mira que eres mal pensado. ¡Es una forma de hablar! En vez de enfadarte, deberías darte con un canto en los dientes. Ya me gustaría tener una Doña en mi vida que me resolviera los problemas.</p>



<p>Reconociendo que quizás había malinterpretado a mi secretaría, lo dejé pasar y nos fuimos a dar un paseo mientras hacíamos tiempo antes de ir al aeropuerto. Dos horas más tarde y con el pase de abordar en mi mano, me despedí de Altagracia y fue entonces cuando ésta me demostró que ya no me consideraba un cliente sino su amante al echarse a llorar desconsolada, diciendo lo mucho que me iba a echar de menos.</p>



<p>Aunque esa mujer me gustaba, no sentía nada por ella y por eso decidí que solo volvería a contactar con ella, si estaba urgido de sexo.</p>



<p>«Cuando pasen un par de semanas sin que la contrate, se buscará a alguien que realmente la quiera», me dije al darme cuenta de que esa mujer se estaba enamorando de mí.</p>



<p>Tras esa dolorosa despedida, tomé el avión y partí hacia Frankfurt, donde Isabel Rufián, una vendedora de la empresa me estaba esperando para acompañarme a la inauguración de la feria. Entre saludar a los conocidos e indagar qué nuevos clientes se había dejado caer por allí pasaron las horas y ya cerca de las diez, llegué a la habitación que Patricia me había reservado. He de reconocer que, mientras pasaba la tarjeta que me daría acceso al cuarto, temí encontrarme con una nueva sorpresa y solo respiré cuando lo único con lo que me topé fue con una cesta de frutas, cortesía del hotel.</p>



<p>Al haber dormido poco las últimas dos noches, esa lo hice de un tirón y a las ocho de la mañana, ya había desayunado y con el maletín en la mano, me dirigí a visitar el stand de la compañía. Por la hora, había poco público y por eso en compañía de Isabel revisamos la agenda y las empresas con la que deberíamos contactar para que fuese un éxito mi ida a Alemania. Lo extenso de la misma y la continua llegada de posibles clientes hicieron que pasara el lunes sin darme cuenta y solo cuando retorné al hotel, tomé mi móvil para echar un vistazo a las obras. Al ver que la cocina estaba lista, me tranquilizó y por eso, decidí ver cómo iba mi cuarto. Allí descubrí que Patricia había metido nuevamente sus manos al contemplar alucinado la plaza de toros por la que había sustituido la cama que teóricamente iría ubicada ahí.</p>



<p>«¿De dónde se habrá sacado que necesito algo así?», me pregunté al ver, por comparación con la King Size de la habitación de invitados, que esa al menos debía medir tres metros de ancho por dos y medio de largo. Siendo un tema menor, moviéndome a través de la pantalla, me dirigí a la terraza donde apenas había habido cambio por lo que cerrando la aplicación me fui a cenar.</p>



<p>El martes fue copia del día anterior y lo único que perturbó mi tranquilidad fue cuando sobre las doce, recordé que no había llamado a mi vieja y que, por tanto, me había hecho acreedor a una de sus broncas. Por ello y sin más dilación, marqué su número y para mi sorpresa, en vez de echarme en cara el olvido, me soltó que era el mejor hijo que una madre podía tener.&nbsp; Sin saber a qué se refería, dejé que se explayara y fue entonces cuando me enteré que Patricia previendo mi fallo se me había adelantado mandándola en mi nombre un ramo de flores con dedicatoria incluida:</p>



<p>“Ni todas las rosas del mundo pueden compararse contigo, mamá”.</p>



<p>No pude cabrearme con Patricia, pero en mi interior se incrementó la zozobra al sentir que como un virus la presencia de esa arpía iba infectando todos y cada uno de los aspectos de mi vida. &nbsp;Fue esa tarde cuando realmente me enfadé, estaba hablando con un prospecto de cliente cuando recibí la llamada de Juan Baños, uno de mis contactos en el Banco de Santander.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_059_63f0.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Dime Juan en que te puedo ayudar? ― pregunté dejando de lado al tipo con el que estaba reunido, ya que al ser uno de los más altos ejecutivos de esa firma tenía que darle la importancia que se merecía.</p>



<p>―Lucas, siempre he sabido que eras un crack, pero cuando el viernes te llamé a tu oficina para pedirte un favor y me pasaron con tu nueva segunda, no creí que tu organización fuera capaz de cumplir el último capricho de mi jefa.</p>



<p>―Perdona, me he perdido― reconocí preocupado, pero no angustiado por el tono de su llamada.</p>



<p>―No te preocupes, todo está solucionado y esta misma tarde te mando el nuevo contrato.</p>



<p>―Disculpa, ¿de qué contrato hablas? ― insistí sin importarme ya quedar como un memo.</p>



<p>Si se percató, no lo dijo:</p>



<p>―El viernes a Ana Patricia le entraron las prisas de que debíamos perfeccionar el procedimiento para medir nuestro riesgo medio ambiental y por eso te llamé donde me atendió la señorita Meléndez y se comprometió con que hoy expondría a la junta del banco un plan con el que estaríamos más que cubiertos.</p>



<p>―No me ha dado tiempo todavía de hablar con ella― conseguí disimular, para acto seguido preguntar sobre el desarrollo de esa reunión.</p>



<p>―Desde ahora te aviso que mi jefa le ha echado el ojo a su tocaya y sé que no dudará en contratarla&#8230; ¡Menuda fiera! Nos dejó a todos boquiabiertos cuando en poco más de media hora nos hizo ver no solo nuestros fallos sino también la manera de mitigarlos. ¿De dónde coño sacaste a ese bombón? Te juro que, al verla entrar, jamás supuse que fuera un cerebro.</p>



<p>Apenas presté atención al resto de la llamada, el cabreo que sentía lo impidió. Cabreo que no se diluyó siquiera cuando haciendo llegar a mi correo un PDF con el contrato ya firmado.</p>



<p>«No puede ser que se haya sacado de la chistera la mayor operación que nunca hemos tenido sin consultarme al menos», me dije comprendiendo también que, aunque en ese momento sentía ganas de estrangularla o al menos despedirla, no podía hacer nada al respecto ya que el Santander nunca lo comprendería.</p>



<p>Tratando de calmarme, salí de la feria y comencé a pasear sin rumbo hasta bien entrada la noche, cuando al comprobar que no sabía siquiera por qué barrio andaba, tomé la decisión de retornar al hotel y descansar para que al día siguiente estuviera lo suficiente sosegado para hablar con esa puta de piel morena. Desgraciadamente, de qué tamaño sería la ira que llevaba conteniendo que su presencia llegó incluso a mis sueños, durante los cuales me vi azotando su negro culo mientras la sodomizaba.</p>



<p>En la mañana del miércoles mi furia no había menguado y por eso me abstuve tanto de hablar con ella, como de contestar a sus emails donde me notificaba el acuerdo con el banco y en los que hacía hincapié en el prestigio y los beneficios que supondría que se hiciera público que mi empresa había sido seleccionada para llevar a cabo la trasformación de la mayor institución financiera del país. Lo que si hice fue meterme en internet y comprarle un perfume que mandé a la oficina, sabiendo o al menos esperando que captara el mensaje ya que la marca que elegí para ella era “Poison” y que en castellano significaba “veneno”.</p>



<p>O bien no lo captó o no quiso hacerlo. El jueves estaba cerrando un trato con un par de italianos cuando recibí por WhatsApp la contestación a mi regalo:</p>



<p>“Gracias, don Lucas. Yo también le echo de menos”.</p>



<p>Como es normal, comencé a despotricar recordando toda su parentela y nuevamente me tuve que ausentar del stand para evitar echar a la puta calle a todos los empleados desplazados a la ciudad. Ya fuera de la feria comprendí que mi indignación, más que con ella, era conmigo mismo al percatarme de la facilidad que esa monada tenía para sacarme de las casillas.</p>



<p>«Hasta su madre biológica debía saber la clase de demonio que había engendrado y previéndolo, no dudó en darla en adopción», exclamé tirándome físicamente de los pelos antes de conseguir los arrestos suficientes y volver.</p>



<p>El cierre de la feria con la típica cena con mis subordinados era algo obligado y por eso mi última noche en esa ciudad fue al menos rutinaria sin que la sombra de esa morena consiguiera echarla a perder. Tras los típicos agradecimientos a mi gente, los dejé tomándose copas y volví al hotel. Ya en mi habitación, su recuerdo me hizo soñar atándola a una cruz de San Andrés y con especial saña, la torturé sin sacar de ella el mínimo arrepentimiento.</p>



<p>El viernes era el día de mi retorno a Madrid y como mi vuelo no salía hasta las tres, me pasé la mañana haciendo turismo y ya en el aeropuerto, me tomé un respiro usando la app del sistema de seguridad. Increíblemente, sentí como una afrenta que Patricia hubiese cumplido su palabra y que todo estuviese listo para mi llegada.</p>



<p>«Es acojonante, incluso ha tenido tiempo de elegir las plantas de la terraza», desmoralizado al no encontrar nada fuera de su sitio, lamenté.</p>



<p>Las casi tres horas de duración del trayecto me sirvieron para echarme un par de lingotazos y el alcohol me permitió caer en que esa noche dormiría en el que sería mi hogar en adelante. Con una felicidad parcialmente impuesta por la bebida, al llegar a Madrid tomé un taxi que me dejó en el portal. Mi cabreo volvió con fuerza al ver en la acera su vespa roja y fuera de mí, decidí enfrentarme con ella.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_072_a8d0.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El discurso que había preparado para ponerle las cosas claras jamás llegó a salir de mis labios puesto que tras la puerta me estaba esperando, además del objeto de mis iras, otra mujer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Don Lucas, le presento a Natacha, la chiquilla que le hará su vida más fácil.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pude más que babear al contemplar a la susodicha y es que lo que nunca pude pensar es que al buscarme una criada, Patricia hubiese contratado a un bellezón que solo hubiese pasado inadvertido en un desfile de Victoria Secret´s. Competiendo en belleza con la negrita y de su altura, tenía una expresión aniñada en su rostro que hacía de ella una adolescente sin serlo.</p>



<p>―Encantado, señorita― conseguí tartamudear mientras extendía la mano a un primoroso ejemplar del sexo femenino ataviado con el uniforme de las chachas de antaño.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Es un honor conocerle, mi señor― haciendo una genuflexión impropia de alguien de nuestra época y con acento eslavo, contestó mientras a su lado la pécora sonreía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Pase, por favor― me dijo la morena: ―Deje que le enseñe la casa mientras Natacha nos prepara de cenar.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese instante, no caí en ese “nos” y como un autómata, seguí a la que teóricamente era mi secretaria por las distintas habitaciones.</p>



<p>―Como podrá comprobar todo está listo, ¡me he ocupado de ello! ― comentó y abriendo un armario que estaba tras el bar, dio prueba de ello al toparme de frente con un surtido de mis botellas preferidas: ―Me he permitido la licencia de comprarle todo tipo de suministros― luciendo su sonrisa, insistió.</p>



<p>&nbsp;Sin una excusa con la que abroncarla, llegamos a mi cuarto y al ver la cama supe que me había quedado corto cuando me pareció exagerada.</p>



<p>― ¡Es una aberración! ― exclamé contemplando horrorizado su tamaño: ―Puedo meter en ella un equipo de baloncesto.</p>



<p>―Femenino, espero― respondió mientras me llevaba al baño.</p>



<p>Si la cama me parecía un despropósito, qué decir de la bañera que vi instalada. No solo era enorme, sino que incluso tenía una serie de extras cuyo fin sexual era evidente al consistir en una serie de agarraderas que me permitirían disfrutar de una pareja de juegos sin que se rompiera la crisma.</p>



<p>Viendo mi cara, se abstuvo de hacer comentario alguno y abriendo camino, se dirigió al comedor donde al ver que había dos lugares preparados, comprendí al fin que se había auto invitado a cenar.</p>



<p>―He pensado que debía repasar con usted lo que ha ocurrido en la empresa para que el lunes no le coja nada de sorpresa― sin hacer caso a mi creciente indignación, explicó.</p>



<p>Nuevamente y mientras la veía sentarse a mi derecha, no hallé un motivo al cual agarrarme para comenzar una discusión y por ello, imitándola acomodé mi culo en la silla principal. Previendo quizás que no debía darme tiempo ni de respirar, sacó dos dosieres y se puso a exponer el contrato del banco. La brillantez de su exposición fue algo que esperaba, lo que nunca se me pasó por la cabeza fueron sus malos modos con la rubia cuando intentó servirla a ella antes.</p>



<p>―Primero y siempre es a tu señor al que debes atender― le recriminó elevando la voz para a continuación, y sin que nada me hubiese preparado para ser testigo de tal cosa, descargó un sonoro azote sobre la muchacha.</p>



<p>―Perdone, señora. No volverá a pasar― fue la única respuesta de la tal Natacha.</p>



<p>Sin llegar a digerir ese manotazo, me percaté que bajo el uniforme de la rusa habían florecido sus pezones y he de decir que eso me alucinó y excitó por igual.</p>



<p>«¿Le irá la sumisión?», medité mientras la morena volvía como si nada al despliegue de datos todos ellos positivos del acuerdo con la entidad bancaria.</p>



<p>― ¿Cuántos recursos prevés que vamos a necesitar para llevarlo a cabo? ― pregunté intentando olvidar lo que había presenciado mientras probaba por primera vez la calidad de la cocina de la chavala.</p>



<p>El prodigioso manjar que tenía en el plato me entusiasmó al llevar la proporción exacta de especias y supe que esa joven nada tendría que envidiar al chef de cualquier restaurante de lujo.</p>



<p>«¿Dónde coño la habrá conseguido?», me pregunté sin conseguir una respuesta mientras a mi lado, Patricia seguía desgranando los pros y las contras del acuerdo.</p>



<p>Tras una cena a la que no pude sacar ningún “pero” y habiéndome soltado lo que deseaba hacerme saber, mi secretaria―asistente―incordio, ya no sabía cómo definirla, se despidió de mí dejándome solo en compañía de Simona.</p>



<p>― ¿Mi señor desea que le sirva una copa en la terraza? ― preguntó dejando traslucir en su tono una extraña adoración que rayaba y superaba la sumisión.</p>



<p>Desconociendo que era lo que había llevado a esa joven belleza a sentir eso por mí, accedí y me fui a contemplar la noche de la ciudad desde el vergel en que habían trasformado ese lugar. Una vez ahí, tomé posesión de un sillón junto a la cual había en el suelo un cojín y pensando que el decorador lo había colocado ahí por si tenía un perro, quedé maravillado con la vista nocturna que se abría a mis ojos. Por eso quizás, no me enteré del cambio de uniforme de Simona hasta que puso el whisky en mi mano y como si fuera natural en ella, se acomodó en el almohadón que seguía a mis pies.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_076_5d84.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«¿Qué pasa aquí?», me pregunté al ver el escandaloso neglillé que llevaba como vestimenta y que además de maximizar su belleza, dejaba entrever todos sus encantos.</p>



<p>Mi admiración no le pasó inadvertida a la rusa y regalándome el rubor de sus mejillas, posando su cabeza en mis rodillas comentó:</p>



<p>―Don Lucas, todavía no le he agradecido que pagara mi rescate ni que me sacara de ese infierno, dándome la oportunidad de una nueva vida.</p>



<p>―Tranquila, bonita― alcancé a decir mientras la chavala comenzaba a llorar.</p>



<p>―Jamás creí importar a nadie y por eso cuando un día, al despertar, doña Patricia me informó que nunca más iba a ver a mi antiguo dueño porque me había comprado en su nombre, pensé que mi existencia junto a usted sería igual o peor.</p>



<p>El desarrollo de la conversación me tenía paralizado y solo pude reaccionar acariciando su melena mientras intentaba asimilar el dolor y la angustia que encerraban sus palabras. Ese gesto cariñoso que quizás jamás nadie tenido con ella, la hizo continuar:</p>



<p>―Cuando lo primero que hizo fue llevarme a que los médicos comprobaran que estaba sana, debí comprender que mi sueño se había hecho realidad.</p>



<p>― ¿Cuál es tu sueño? ― pregunté sospechando la respuesta.</p>



<p>&nbsp;Levantando la mirada, contestó:</p>



<p>―Tener un amo que se desviviera por mi felicidad y que me dejara cuidarlo.</p>



<p>La constatación que me hallaba en frente de una sumisa y que, para Natacha, yo era el clavo al que se había agarrado para seguir viva, finalmente me hizo actuar. Levantándola del suelo, le busqué acomodo sobre mí y con una ternura que no sabía poseer, la abracé mientras susurraba en su oído que sus penurias habían terminado.</p>



<p>―Lo sé, mi señor. Doña Patricia me dejó claro que al lado de su Lucas encontraría la felicidad al hacer de mí su cachorrita.</p>



<p>&nbsp;No sé qué me perturbó más, sí que esa criatura deseara con fervor ser “mi cachorrita” o que la arpía de piel oscura se hubiese referido a mí como “su Lucas”.&nbsp; Lo cierto es que mientras pensaba en una respuesta, la rusita se acurrucó sobre mi pecho y pegando un suspiro, añadió:</p>



<p>―Quiero que sepa que jamás defraudaré su amor y que dedicaré las veinticuatro horas del día a devolvérselo.</p>



<p>Mientras trataba de contener la furia y terminaba la copa, se quedó dormida como un bebé en mis brazos. Al darme cuenta, izándola con cuidado para no despertarla, la llevé al cuarto de servicio donde con ternura la tapé. Viendo el sosiego con el que dormía, decidí que era hora de hablar en serio con mi secretaria y yendo al salón, la llamé.</p>



<p>Esa negra obsesión aguantó el chaparrón en el que le dije hasta de qué se iba a morir, haciendo especial énfasis en cómo se había atrevido a traficar con la vida de una desgraciada cuando lo que tenía que haber hecho era ir directamente a la policía.</p>



<p>&nbsp;―Eso fue lo que hice― me gritó desde el otro lado del teléfono: ― Como ya sabes vendí mi empresa, pero lo que desconoces es que con el dinero que obtuve fundé una ONG que se dedica a combatir la esclavitud sexual allí donde la encuentra, con independencia de la nación, la religión o la raza de sus víctimas.</p>



<p>Reculando al oír de sus labios eso, pregunté menos airado entonces qué hacía entonces Natacha en mi casa.</p>



<p>―Esa criatura ha sufrido un maltrato que no te imaginas, ya que la habían preparado para ser la ninfa, el objeto sexual, de algún jeque o millonario del Este. Cuando los psiquiatras de mi organización la revisaron. su dictamen fue unánime: el lavado de cerebro al que la habían sometido no tenía marcha atrás. Además, me avisaron que, si la dejaba suelta por el mundo, instintivamente buscaría el cobijo de un desalmado&#8230;</p>



<p>―Y por eso no dudaste en meterla en mi casa― sin saber a donde quería llegar la interrumpí.</p>



<p>Molesta como nunca la había oído, continuó:</p>



<p>―Necesitaba encontrar un hogar donde fuera feliz, un techo bajo el cual no fuera forzada pero que también le permitiera desarrollar la personalidad que le habían grabado a fuego en el cerebro.</p>



<p>―Y consideras que ese hogar es el mío― casi chillando la interpelé.</p>



<p>―Sí, aunque básicamente eres un hombre, que cualquier mujer estaría orgullosa de tener como marido, tienes un lado dominante que logras contener. Y pongo la mano en el fuego a que vas a tratar a Natacha como si fuera una muñeca de porcelana, pero también que no dudarás en ejercer la violencia que necesita si ves que se descarría.</p>



<p>―Tú estás loca, ¡el lunes hablamos! ― bufé colgando la llamada.</p>



<p>Al llegar a mi habitación, el alma se me cayó a los pies al ver a la rusita durmiendo a los pies de la cama. Recordando la conversación que acababa de mantener, supe que de nada serviría llevarla de vuelta a su cuarto. Tomando una almohada y una manta, puse la primera debajo de su cabeza y con la segunda, la tapé&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/58/94877317/94877317_082_08f1.jpg" alt="" width="728" height="484"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2026 17:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[1 A pesar de ser consciente de que el acoso en una organización siempre se debe de atajar ante los primeros indicios, he de decir que en el caso del que protagonizó Patricia mi comportamiento no fue o no tuvo la diligencia que exigía a los colaboradores bajo mi mando.&#160; Y es que su actitud traspasó los límites que en otro caso hubiera supuesto su despido inmediato. Si alguien me preguntara porqué lo permití la respuesta fue una suma de factores: El primero de todos fue su sexo, estaba habituado a combatir el abuso de hombres intentando llevarse al huerto [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">1</h1>



<p>A pesar de ser consciente de que el acoso en una organización siempre se debe de atajar ante los primeros indicios, he de decir que en el caso del que protagonizó Patricia mi comportamiento no fue o no tuvo la diligencia que exigía a los colaboradores bajo mi mando.&nbsp; Y es que su actitud traspasó los límites que en otro caso hubiera supuesto su despido inmediato. Si alguien me preguntara porqué lo permití la respuesta fue una suma de factores:</p>



<p>El primero de todos fue su sexo, estaba habituado a combatir el abuso de hombres intentando llevarse al huerto a una mujer o en el caso de un homosexual a otro hombre, pero fue la primera vez que me encontré con que un miembro del mal llamado sexo débil hostigaba a alguien del que catalogamos como “fuerte”.</p>



<p>El segundo, y no menos importante, fue su belleza. Nadie podía prever y menos creer que una mujer como ella fuera capaz de faltar a cualquier norma o ley para conseguir acostarse con un hombre cuando era evidente que, de haber llegado de frente, a buen seguro su víctima no hubiese dudado en darse un revolcón con ella.</p>



<p>También afectó a mi análisis que en contra de lo normal fuese un subordinado quien atentara contra la dignidad sexual de su jefe. Pero el último y más inconfesable, fue que me dejé engañar por el carácter creciente del mismo. Y cuando digo qué me dejé engañar, habréis anticipado que el objeto de la insana fijación de esa belleza fui yo.&nbsp;</p>



<p>Tras confesar que cometí errores de apreciación, he de decir a mi favor que tardé en reconocer las señales y que cuando fueron tan evidentes que no pude obviarlas, la incredulidad y el miedo a que mi reputación se viese afectada me paralizaron. Por mucho que me cueste confesarlo, tengo claro que en ese momento temí que nadie me creyera y que una queja por mi parte se me diese la vuelta y terminara para la opinión de todos, en especial para un juez, siendo yo el acosador y Patricia la acosada&#8230;</p>



<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>



<p>Todo comenzó cuando María, mi esposa y socia, puso sobre la mesa que quería divorciarse y no solo desde un punto de vista personal sino también societario. Como nuestro matrimonio llevaba años siendo una unión monetaria más que sentimental, dejamos todo en manos de un abogado amigo en el que ambos confiábamos y tres meses después firmamos un divorcio amistoso donde los flecos más difíciles de resolver fue la división del pequeño emporio que habíamos creado juntos. Afortunadamente mi ex insistió en quedarse con el patrimonio inmobiliario, dejando para mí la empresa de consultoría que era la parte que yo consideraba más interesante y con más futuro, aunque también la conllevaba mayor riesgo.&nbsp; &nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/46/96698903/96698903_068_e748.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Curiosamente una de las cosas que más me jodió no fue que se quedara con la casa, sino que se llevara como su segunda a Merche, la secretaria que habíamos compartido desde nuestros inicios y la cual nunca creí poder sustituir al haberle cedido todas aquellas pequeñas rutinas que consideraba un estorbo. Cuando se fue con ella, me vi abocado a buscar por mí mismo un piso donde vivir, una criada que la limpiara y hasta un taller donde llevar mi coche, ya que ella era siempre la que se había ocupado de ello. Tal fue mi desesperación y sobre todo mi incapacidad para ocuparme de mis temas personales, que Joaquín, mi director financiero―contable, vio necesario o conveniente presentar a su hermana como la ayudante que se podría encargar de esas minucias. Sin otra candidata y viniendo de un hombre cuya fidelidad no ponía en duda, la acepté sin el típico proceso de selección previo.</p>



<p>Ese quizás fue mi primer fallo, pero no me pareció necesario al venir recomendada por un empleado que sentía una estima por mí que rayaba con la adoración.</p>



<p>―Siendo de tu familia no me hace falta mirar más, ¡está contratada! ― ilusamente decidí.</p>



<p>Aun así, antes de comunicárselo a ella, insistió en que leyera su curriculum. A regañadientes accedí y no porque me hiciera falta, ya que pensaba que cualquier persona con un mínimo de conocimientos podía desempeñar ese puesto. Así me enteré que, a sus veintiocho años, esa joven había tenido tiempo de estudiar dos carreras, hablar otros tres idiomas y trabajar en una empresa de la competencia.</p>



<p>― ¿No crees que está demasiado capacitada para ser solo mi secretaria? –pregunté.</p>



<p>―Sí y no― respondió: ―Como dices podría optar a un puesto de analista, pero no es lo que quiere. En cuanto se enteró de que el puesto de asistente de mi jefe estaba libre, quiso que se la recomendara porque deseaba trabajar codo con codo contigo.</p>



<p>No me pasó inadvertido que entre las motivaciones de esa cría debía estar y estaba el comportamiento que tuve con él cuándo, a raíz de un enfrentamiento con su superior, este aludió a la condición homosexual para despedirlo: no solo le mantuve en su puesto, sino que lo ascendí por su valía, mandando a la mierda a su antiguo jefe. &nbsp;</p>



<p>―Perfecto, pero si tal como preveo ser mi secretaria le queda corto le haré que asuma otras funciones.</p>



<p>―Sé que no le defraudará y si encima le da más cosas de las que ocuparse, aceptará encantada― cerrando la conversación con una sonrisa, desapareció de mi despacho.</p>



<p>Al irse me di cuenta de que ni siquiera habíamos tratado el tema de su salario, pero partiendo de que como encargado de la contabilidad debía saber cuánto había pagado a Merche, di por sentado que esperaba que la tal Patricia cobrara lo mismo. Siendo alto, no era desorbitado. Por eso, no le di más vueltas y me concentré en resolver los problemas del día a día, olvidándome del asunto.</p>



<p>Esa misma tarde, a la vuelta de comer, me encontré a una esplendido ejemplar de mujer de raza negra sentada en la mesa de la que sería mi asistente e incrédulo observé como ese bombón había tomado posesión de puesto sin que nadie me la presentara. Confieso que creí que desde recursos humanos la habían mandado sin saber que ya había contratado a una y por eso, plantándome ante ella, le pregunté educadamente qué era lo que hacía allí.</p>



<p>&nbsp;Levantando la mirada de su portátil, la morena contestó:</p>



<p>―Soy Patricia Meléndez, su nueva secretaria.</p>



<p>La expresión de mi rostro al escuchar que era la hermana del rubiales la hizo reír y haciéndome ver que mi reacción no era nueva para ella, explicó sin necesidad de que preguntara que era adoptada. La sonrisa franca que me dirigió me hizo sentir confianza y pidiendo que pasara a mi oficina, le dije lo primero que iba necesitar de ella:</p>



<p>―Llevo dos semanas en un hotel y ya no lo aguanto. Preciso de un piso donde vivir.</p>



<p>Lejos de incomodarle una petición tan de carácter personal, me comenzó a atosigar con los detalles que debía de cumplir la vivienda como era precio, habitaciones, metros&#8230; Como no tenía tiempo ni ganas de responder, únicamente le di lo que consideraba un presupuesto máximo, dejando que ella decidiera el resto. Cualquier otra se hubiera sentido sobrepasada por la responsabilidad, pero la negrita no y volviendo a su silla, se embarcó el resto de la tarde en la ingrata tarea de conseguirme un techo donde vivir. Es más solo habían pasado dos horas, cuando tocando en mi puerta y con un casco de moto bajo el brazo, me informó que se iba a visitar tres posibles ubicaciones de mi nuevo hogar.</p>



<p>Al estar liado con una presentación que debía hacer llegar a un cliente, sin quiera mirarla, le dije que me parecía bien y que cerrara la puerta al salir. De esa forma y no siendo consciente del alcance de mi decisión, dejé en sus manos esa parte tan importante de mi futuro pensando que al menos tardaría un par de días en conseguir algo que me satisficiera.</p>



<p>¡Qué equivocado estuve! Acababa de terminar el documento cuando recibí su llamada preguntando si podía ir a ver el chollo que había encontrado por que de ser de mi gusto debíamos darnos prisa para cerrar el alquiler, no fuera a ser que otro cliente se nos anticipara.</p>



<p>Sin demasiadas ganas ni tampoco excesivas esperanzas, pero asumiendo que cuanto antes me fuera de mi actual alojamiento mejor, pedí la dirección del sitio y quedé con ella en media hora. Al aparcar comprendí que al menos esa monada había acertado en el barrio al ser céntrico, pero lo suficiente alejado para no sufrir el bullicio de la gente. Ya caminando hacia donde nos habíamos citado, descubrí que Patricia me estaba esperando subida a un scooter de color rojo tan femenino y coqueto como ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/46/96698903/96698903_110_4d20.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Confieso que no fue ni prudente ni ético, pero aprovechando que esa morenaza estaba hablando por teléfono le di un repaso nada consecuente con la mínima ética laboral:</p>



<p>«Hay que reconocer que está buena», me dije impresionado por el tremendo trasero del que era dueña, pero fue al acercarme cuando reparé en su altura, «debe medir casi el metro ochenta».</p>



<p>Ajena a mi examen, la joven me saludó y presentándome al empleado de la inmobiliaria pasamos a ver el piso. Si de por sí la zona y el edificio me habían gustado, su distribución, la calidad de sus baños y las impresionantes vistas desde la terraza me entusiasmaron. Sin llegarme a creer que entrara en mi presupuesto, pregunté si había hablado ya del precio:</p>



<p>―Aquí tiene el contrato que he redactado dado que asumí que le gustaría.</p>



<p>Mirando la cifra del alquiler comprendí sus prisas en que lo viera y firmándolo sobre la marcha, lo único que señalé fue que al estar vacío tenía que pensar en amueblarlo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―Por eso no se preocupe, yo me ocupo y mañana mismo, le haré llegar cuanto le costaría amueblarlo.</p>



<p>― ¿Mañana? ― dudé.</p>



<p>Luciendo una de sus sonrisas, la joven contestó:</p>



<p>―Como sabía que le iba a gustar, he quedado con un amigo decorador para enseñarle el piso y que me diera al menos una idea de presupuesto y del tipo de decoración que propondría. Si quiere esperar, puedo presentárselo y que usted mismo le haga saber lo que desea.</p>



<p>Como había quedado con dos amigotes y viendo su versatilidad, respondí que eso era algo que me aburría y que se lo dejaba a ella. Nuevamente, Patricia no se quejó y tomando la responsabilidad sobre sus hombros, accedió a ser ella quién lo atendiera.</p>



<p>Con su sonrisa diciendo adiós, me subí al coche y no me cuesta confesar que pensé que era una lástima que fuera una empleada porque de haberla conocido en otro lugar, no me hubiese importado olvidar a mi ex entre sus brazos. Por eso cuando llegué al bar y vi que mis colegas me llevaban al menos dos rones de delantera, tratando de calmar la excitación de mis neuronas, rápidamente les di alcance.</p>



<p>―Joder, Luquitas, vienes sediento― observando la facilidad con la que mi gaznate dio cuenta de los primeras, comentó Juan, un pequeñajo malo como el mismo demonio.</p>



<p>―Si alguien no puede presumir de ser de secano, ese eres tú― contesté mirando a ese vividor que conocía desde niño y cuyo contacto recuperé a raíz del divorcio.</p>



<p>Al notar que algo me traía nervioso, dio por sentado que era un asunto de faldas y me preguntó a quién había conocido. Sin decir que era mi nueva secretaria, insinué que esa tarde me habían presentado a una veinteañera que era una autentica preciosidad.</p>



<p>―Si tiene esa edad y te hace caso, o es puta o está loca― despelotado respondió mientras disimuladamente señalaba a tres hembras más apropiadas a nuestros años que habían hecho su aparición por el bar: ―Volvamos a la realidad y ataquemos lo que realmente está a nuestro alcance.</p>



<p>Sin reconocerle que además de ser casi una niña era mi empleada, bajé de las alturas y acompañando a Juan, fuimos a invitar a las recién llegadas a una copa. El destino hizo que esas mujeres viniesen en son de guerra y por ello tras un breve intercambio de elogios mutuos, me encontré besando a las más guapa ante el cabreo y la desesperación de mis compañeros de juerga. &nbsp;Esa rubia de pechos recauchutados que, en un principio, se mostró ansiosa por acompañarme el resto de la noche, en cuanto supo que iba a llevarla a un hotel cambió de actitud y creyendo que era el típico casado poniendo cuernos a su mujer, me mandó sin cortarse directamente a la mierda.</p>



<p>―No salgo ni me acuesto con infieles― dejando caer sobre mis pantalones el vodka que la había invitado, bufó antes de coger su bolso y desaparecer hacia el baño.</p>



<p>Los que jamás hayan pasado la vergüenza de lucir una mancha así en su entrepierna quizás no entiendan que, plegando velas, me marchara a la francesa, pero aquellos que la hayan sufrido sé que no solo aceptarán, sino que ellos mismo hubieran actuado igual y se hubiesen ido de ahí sin despedirse.</p>



<p>&nbsp;«No puedo seguir viviendo en un hotel, tengo que mudarme a toda prisa», concluí encolerizado&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">2</h1>



<p>A la mañana siguiente, todavía no se me había pasado el cabreo y por ello al llegar a la oficina, pregunté a Patricia si me había impreso el documento que mandé a su email de madrugada.</p>



<p>―Lo tiene sobre su mesa, don Lucas.</p>



<p>Su eficiencia me calmó y llegando a mi despacho, descubrí que, sin cambiar una coma del texto, la morena había incluido una serie de gráficos sacados de las tablas y mejorado el conjunto reemplazando el tipo de letra y añadiendo color.</p>



<p>―Está muy bien― reconocí cuando me trajo el café que me había habituado a tomar cada mañana y conociendo mis manías, pregunté si le había echado azúcar.</p>



<p>―Tres cucharadas bien colmadas y una nube de leche. Tal y como, se lo ponía Merche.</p>



<p>― ¿La has llamado?</p>



<p>―Claro, don Lucas. Puedo ser eficiente, pero no soy telépata. ¿De qué otra forma me podía enterar de cómo quiere las cosas?</p>



<p>― ¿Qué más te ha dicho? ― hasta cierto grado divertido, insistí.</p>



<p>Jamás esperé que volviendo a su escritorio cogiera una lista de dos páginas que le había hecho llegar mi antigua asistente y menos que la leyera al pie de la letra:</p>



<p>―Tu nuevo jefe es ante todo un hombre y por eso es un desastre. Piensa que es un niño al que hay que hacerle todo ya que es incapaz de valerse por sí mismo. Obligaciones Diarias: 1.― Servirle un café, si no se lo pones estará de mala leche todo el día y te aviso que puede ser cargante. 2.― Correo, deberás pedirle las cartas que ha recibido en su domicilio, mientras le entregas las que llegaron a la oficina en riguroso orden de importancia porque con seguridad solo leerá las cinco primeras dejando que seas tú la que contestes al resto. 3.― A pesar de sus quejas, deberás sentarte frente a él y repasar la agenda del día para que luego no diga que no lo sabía, que no se lo habías dicho o que incluso se lo habías ocultado&#8230;.</p>



<p>― ¿Cuántos puntos te faltan para acabar? – interrumpiendo, pregunté.</p>



<p>―De los que debó convertir en rutina diaria dieciocho más, aparte de los que debo cumplir los diferentes días de la semana. Por ejemplo, los martes como hoy hay otros doce que debo sumar a ellos, empezando por que a las 10.30 truene, nieve o relampagueé deberá llamar a su madre porque si no doña Lucía va a ser quien telefoneé preocupada. A las 11:00 si está libre deberás empezar una ronda de llamadas a todos los delegados territoriales, cortando las mismas si sobre pasan los 12 minutos de duración&#8230;</p>



<p>―Ya lo he captado. Sé que soy un poco obsesivo, pero no quiero ni deseo cambiar― protesté cortando esa interminable lista.</p>



<p>Sin demostrar reparo alguno, sonriendo se sentó frente a mí y poniendo el correo en mis manos, lo tachó del procedimiento que llevaba escrito:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/46/96698903/96698903_154_3cc3.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―A las 9.30, ha quedado con D. Luis Zubiaga, el notario, para firmar unos poderes. A más tardar, tendrá que salir de allí a las 10:15 porque a las 10:30 su madre estará esperando su llamada y a las 11:30 el concejal de hacienda vendrá a visitarlo para discutir el nuevo contrato. A las doce y cinco, deberá ya haberlo despedido porque &#8230;.</p>



<p>Por entonces dejé de escuchar, al saber que esa rata de escritorio se ocuparía de hacerme cumplir a rajatabla la agenda:</p>



<p>«No creo que eche de menos a Merche. Con un poco de tiempo, Patricia será quizás todavía más eficaz», me dije ocho minutos después cuando finalmente levantó su culo del asiento y volvió a su mesa.</p>



<p>Mirando de reojo ese estupendo trasero, comprendí que hasta visualmente salía ganando:</p>



<p>«Con su marcha, la decoración de la oficina ha mejorado», en plan machista, pensé mientras me lanzaba en picado a revisar el correo.</p>



<p>A pesar de intentarlo, tal y como había previsto no llegué siquiera a leer la sexta y molesto dejé las no atendidas en la bandeja con su nombre que había sobre mi mesa. La validez de la morena quedó ratificada cuando a los pocos segundos, entró y sin perturbar mi trabajo, se llevó las cartas que había dejado para ella con un meneo de caderas que en mi mente traduje como que tenía un jefe de lo más previsible.</p>



<p>Enojado y con ganas de darle una lección, ya se estaba yendo cuando le pregunté cuando tendría la estimación de cuanto me costaría amueblar el piso:</p>



<p>―Ya la tengo, pero he pensado incluir también los elementos que necesitara en su casa, como vajilla, lencería y otros.</p>



<p>― ¿Cuándo los tendrás? ― insistí.</p>



<p>―A la vuelta de comer― respondió con una seguridad impropia de alguien recién contratado.</p>



<p>Decidí incrementar la presión sobre ella para ver de qué pasta estaba hecha y señalando que tenía la tarde ocupada, pedí que adelantara la entrega y que quería recibir todo a la una y media. Cualquier otro hubiese buscado una excusa, ella no y aceptando el reto, contestó que así sería. Aunque me sorprendió gratamente su capacidad, lo que realmente me dejó anonadado fue percatarme que ese cambio de hora, lejos de molestar, la había estimulado y que producto de ello involuntariamente los pezones se le habían erizado bajo la blusa.</p>



<p>Por unos momentos no pude evitar acariciar con la mirada esos gruesos botones mientras intentaba buscar otra explicación, achacándolos incluso a la acción del aire acondicionado. Esa última causa ella misma la hizo inviable cuando se quejó del calor que hacia mientras se iba a su escritorio.</p>



<p>«Le ponen cachonda los desafíos», alucinado concluí mientras lo anotaba en mi cerebro.</p>



<p>Extrañado por esa reacción tan poco habitual, y porque no decir tan fuera de lugar, la observé a través del cristal y así pude comprobar que con ese adelanto no se lo había puesto fácil al verla discutir airadamente al teléfono con los proveedores que había elegido y que por lo visto le estaban fallando, pero también confirmé que reaccionando a las dificultades ese peculiar fenómeno volvía a quedar reflejado bajo la tela de su camisa.</p>



<p>«Cuando discute, también se le empinan los pitones», deduje admirando embobado la perfección de sus atributos.</p>



<p>Desconociendo que con el tiempo se convertiría en uno de mis mejores pasatiempos el retarla continuamente para conseguir que esas escarpias aflorasen bajo su ropa, seguí espiándola. De forma que cuando acalorada desabrochó uno de los botones de su camisa, su desliz me permitió disfrutar a la distancia del oscuro canalillo que discurría entre sus senos.</p>



<p>«Por dios, ¡qué tetas!», exclamé para mí, lamentando únicamente no tenerla a mi lado.</p>



<p>Jamás en mi dilatada experiencia me había sentido atraído por alguien bajo mi mando y por ello, venciendo la tentación, decidí dejar de mirarla. Reconozco que lo conseguí a medias, ya que, aunque simulaba leer un informe toda mi atención estaba centrada a lo que ocurría fuera de mi despacho. Eso hizo posible que la oyera susurrar que había terminado y levantando la cabeza de los papeles, pude ver cómo levantándose de la silla marchaba al baño.</p>



<p>Aunque sospeché que de alguna manera se había ido a liberar la tensión, me costó interpretar el color de sus mejillas cuando retornó y en ese instante, aduje que era producto del calor. Hoy sé que esa criatura se había ido a desfogar la tensión sumergiendo los dedos en su entrepierna y que no había salido del servicio hasta que el placer hubiere exorcizado los demonios que amenazaban con paralizar su cuerpo. &nbsp;</p>



<p>― ¿Se puede? ― preguntó ya de vuelta y con los presupuestos bajo su brazo.</p>



<p>Por su sonrisa, comprendí que estaba contenta por el resultado de sus esfuerzos y que a buen seguro confiaba que los aprobase. Aun así, confieso que quedé alucinado con lo que extendió sobre mi mesa cuando vi que además de una suma de conceptos, venía una recreación de cómo quedaría el lugar que había alquilado.</p>



<p>―Esto debe ser carísimo― exclamé sin fijarme en el resultado final solo con admirar las diferentes fotos y dibujos.</p>



<p>―Se pasa un poco del dinero que me dio― bajando la voz hasta hacerla casi inaudible, reconoció.</p>



<p>― ¿Cuánto? ― quise saber mientras intentaba no mirar sus pechos.</p>



<p>―Quince mil euros― respondió por primera vez insegura desde que la había contratado.</p>



<p>Sin ser una cifra inasumible, al ver que por arte de magia volvían a marcarse bajo su blusa los pezones, contesté:</p>



<p>―Imposible, debes recortar en algo.</p>



<p>―Puede haber otra solución, pero no sé si le va a gustar.</p>



<p>Intrigado en saber que se le había ocurrido que no fuera prescindir de algún elemento de decoración, le pedí que continuara:</p>



<p>―Henry, el interiorista, me insinuó que, si lo llevaba a cabo, le gustaría publicarlo en una revista para aprovecharlo en su favor.</p>



<p>― ¿Y?</p>



<p>Tomándose unos segundos en pensar lo que iba a contestar, me soltó:</p>



<p>―Si me lo permite y confía en mí, puedo intentar que nos descuente el exceso sobre el precio que me dio, a cambio del permiso para que use las fotos como reclamo.</p>



<p>Sin medir las consecuencias, tomé su mano mientras le decía que, por supuesto, confiaba en ella y que, si lo conseguía, quedaría en deuda. El gemido que brotó de su garganta al sentir mi palma sobre la suya fue de suficiente entidad para saber que jamás debía repetir ese tipo de gesto y creyendo que se había sentido acosada, le pedí perdón por tocarla.</p>



<p>En vez de responder, tomó el móvil para llamar a su conocido conmigo de testigo. La facilidad y picardía que usó para sacar ese descuento me maravilló, pero sobre todo me dejó tranquilo ver que sonreía:</p>



<p>«Se ha dado cuenta que fue algo involuntario y que no fue mi intención el perturbarla», pensé y por eso cuando al terminar comentó que lo máximo que había conseguido era que bajara doce mil, lo autoricé y solo pregunté cuanto tiempo tardaría en poder mudarme.</p>



<p>Sacando su agenda, la veinteañera señaló:</p>



<p>―Me ha dicho que doce días, pero lo hará en diez, ¡eso déjelo de mi parte! Como hoy es martes y aprovechando que la próxima semana está en la feria de Frankfurt, cuando vuelva el viernes 15 me comprometo a que saliendo del aeropuerto vaya directamente a casa.</p>



<p>Como eso era menos de lo que había previsto, le di las gracias y por segunda vez cometí un error que luego lamentaría al decir muerto de risa que, de seguir mostrándose tan eficiente, llegaría el momento en que no pudiese vivir sin ella.</p>



<p>―Eso espero&#8230;― luciendo una sonrisa comentó, pero percatándose de inmediato de lo que podría interpretar si lo tomaba textualmente, añadió: ―&#8230; y por eso me paga.</p>



<p>Tan entusiasmado estaba con la futura mudanza que no reparé en ese detalle y mirando el reloj, comenté que llegaba tarde a la comida.</p>



<p>―Lo sé y por eso pedí al chofer de la empresa que le sacara el coche para que no tuviese que perder el tiempo― despidiéndose de mí hasta la tarde, contestó.</p>



<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-&nbsp;</p>



<p>Lo cierto es que no volví, ya que mi cita era un amiguete con el que tenía un par de negocios y producto del vino que bebimos al estar celebrando un contrato, la situación se desbordó y tras unas cuantas copas, decidimos terminar la tarde en un tugurio de altos vuelos del que Manuel era cliente. La cantidad de tiempo y de euros que había invertido entre esos muros quedó de manifiesto cuando al llegar a ese chalet del Viso, la madame lo saludó con más cariño que a alguien habitual mientras le informaba que había conseguido nuevas chicas con las que podríamos pasar el rato.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/46/96698903/96698903_168_2dd6.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Me parece cojonudo para que mi amigo se dé cuenta que en cuestión de putas se puede confiar en mí― declaró mientras pedía que nos trajeran unas copas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conociendo cómo funcionan esos establecimientos, seguimos charlando esperando a que la camarera nos las sirviera sin elegir a nadie del grupo de “señoritas” que discretamente iban apareciendo por esa especie de bar. Aun así, desde casi el inicio del desfile supe quién iba a ser la elegida por mí cuando vi de reojo a Nefertiti, una diosa de ébano cuyo parecido con Patricia no pude dejar de advertir.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Con otros dos whiskies hubiese creído que era ella al compartir no solo su misma altura y complexión sino incluso la misma forma de andar», me dije sin exteriorizar las razones de mi predilección a mi colega. Manuel en cambio eligió a una antigua conocida, una rumana de culo tan inmenso como sus tetas y que según él follaba como los ángeles.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al sentarse, la negrita me agradó desde el principio y no solo por su indudable belleza, sino también por su simpatía y su acento caribeño. Queriendo afianzar su presencia a nuestro lado, no fuera a ser que otro cliente requiriera sus servicios, pedí que las trajeran una botella de cava.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Joder, Lucas. ¡Estírate un poco! ¡Que sea de champagne! ― corrigió sobre la marcha.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No puse impedimento alguno a ese nuevo esfuerzo de mi cartera, al contemplar la sonrisa de la cubana. Es más, mientras conversaba con ella, ya tenía claro que alquilaría sus encantos y comencé a visualizar en mi menté qué tipo de amante resultaría. Realmente la joven me hizo dudar: lo marcado de sus músculos me hacía sospechar que sería salvaje y apasionada, pero la dulzura y el extraño temor de su rostro decían lo contrario:</p>



<p>«Es como si fuera nueva y tuviese miedo de quedar mal con la madame dejando insatisfecho a un parroquiano», terminé decidiendo sin saber a ciencia cierta a qué atenerme y si mis sospechas tenían o no fundamento.</p>



<p>Un nuevo indicio que me hizo asumir su inexperiencia me lo dio durante la conversación cuando pregunté si conocía la historia de la reina de Egipto de la que había tomado el nombre.</p>



<p>―Fue la esposa de Akenatón, uno de los faraones que más poderosos de su tiempo― respondí y pensando en que debía llevar poco usando ese alias, saqué de mi móvil la foto del busto de Nefertiti que había llegado hasta nuestros días, para acto seguido dejar caer que se parecían.</p>



<p>―Ella fue más blanca, pero yo más guapa― contestó encantada con el nombre que sin lugar a dudas alguien de ese lupanar había elegido para ella.</p>



<p>―Fue considerada la mujer más hermosa sobre la tierra― aclaré.</p>



<p>―Eso no es nada. Para mi niño, soy la mejor y la más bella― insistió sin darse cuenta de que acababa de revelar un dato que las “profesionales” solían obviar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Y tiene razón, ¡eres bellísima! ¡Quién pudiese ser tu faraón!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde su asiento, Manuel se metió en nuestra conversación:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por trescientos euros la hora, lo puedes ser.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al escuchar a mi amiguete, la muchacha de alterne se removió incómoda y bajando la mirada, intentó que no me percatara de su nerviosismo.</p>



<p>― ¿Y por la noche entera? ― tomándola de la mejilla, pregunté.</p>



<p>El temblor de su voz al contestar mil euros ratificó la idea de que era nueva en la profesión. Por ello me abstuve de negociar a la baja su tarifa y sacando de mi cartera diez billetes de cien, los puse en su mano mientras observaba su reacción. Tal y como había previsto, la negrita cogió el dinero y levantándose de su silla, fue a hablar con la encargada para que esta le diera permiso de ausentarse el resto de la velada.</p>



<p>Siendo amigo de un asiduo, la cincuentona no vio problema y pidiendo su parte, la autorizó a irse. Ya con el beneplácito de la jefa, Nefertiti o como coño se llamara realmente, me rogó que la esperase unos minutos mientras se cambiaba.</p>



<p>―Tranquila, mi reina, no me voy a ninguna parte― despelotado, contesté.</p>



<p>El cabronazo de Manuel se echó a reír al ver la forma en que la miraba y hurgando en la herida, me alertó de no enamorarme de una puta. &nbsp;Ni siquiera respondí y terminándome la copa, aguardé su llegada. Habiéndola conocido ataviada con un picardías casi transparente que dejaba poco a la imaginación, el típico uniforme de su trabajo, casi se me cae el whisky de la mano al verla volver ya de calle.</p>



<p>«No puede ser», musité para mí, impresionado por el cambio.</p>



<p>Mientras de fulana era una hembra que destilaba sexo, con ese vestido blanco era una cría a la que daban ganas de proteger y mimar. Malinterpretando mi reacción, la vi dudar y casi temblando preguntó si había cambiado de opinión y que si quería podía llevarme a otra. Tardé unos breves momentos en responder, segundos que para la novata resultaron una eternidad.</p>



<p>―Por nada del mundo te cambiaría― repliqué mientras me despedía del cabronazo con el que había llegado.</p>



<p>Ya en el parking, sus miedos retornaron al notar que no intentaba aprovecharme de ella y que ni siquiera la abrazaba. Comprendiendo su angustia, la tomé de la cintura y depositando un beso en su mejilla, quise tranquilizarla:</p>



<p>―He comprado la compañía de una reina, pero me dieron el cambiazo. Olvídate de que soy un cliente y acepta que te lleve a cenar.</p>



<p>Al ser esa invitación algo que no se esperaba, casi tartamudeando, musitó un “gracias” lleno de dudas y únicamente quiso saber dónde pensaba llevarla.</p>



<p>―Será una sorpresa.</p>



<p>Y vaya que lo fue, porque sin medir el hueco que haría a mi cartera, la llevé a Goizeko, el afamado restaurante vasco ubicado en los bajos del hotel Wellington.</p>



<p>―Esto es carísimo― murmuró sin llegárselo a creer mientras el maître la ayudaba a sentar.</p>



<p>―Nada es suficiente para la madre más bella que los siglos han contemplado― exagerando mi caballerosidad, respondí a escasos centímetros de su oído.</p>



<p>―Eres bobo― totalmente colorada, contestó mientras una sonrisa le iluminaba la cara.</p>



<p>Siguiendo la máxima de tratar a una puta como dama y a una dama como puta, no solo fui educado sino hasta cariñoso consiguiendo que la joven se fuera olvidando de nuestro acuerdo monetario y terminara sintiéndose en una cita.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/46/96698903/96698903_177_fd5d.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Nadie me va a creer cuando diga que he cenado en el mismo restaurant que Carmen Lomana― en un momento comentó al descubrir a esa habitual de los platós de televisión sentada a pocos metros de nosotros.</p>



<p>Mirando a la ricachona, la comparé y comenté que ni por todo el oro del mundo la cambiaba por ella. Al oírme, nuevamente el rubor tiñó sus mejillas y dando un paso de gigante, se atrevió a tomar mi mano:</p>



<p>―Deja de tomarme el pelo y permite que disfrute del momento.</p>



<p>&nbsp;Dándole el tiempo que necesitaba para digerir donde estaba, llamé al camarero para ordenar la comanda. Al llegar a tomar nota, comprobé que la negrita estaba a punto de echarse a llorar y enternecido, pregunté qué le ocurría.</p>



<p>―No sé pedir. No entiendo la carta.</p>



<p>Echando un vistazo, comprendí sus dificultades al leerme ella algunos de sus platos:</p>



<p>―Ni siquiera me suenan, “Tártaro de salmón, su lomo en sashimi y lágrimas de tempura”, “Kiskillon del norte” “Kokotzas al pil―pil”.</p>



<p>Riendo, la pregunté si prefería carne o pescado. Al decir que comía de todo, le ofrecí ser yo quién ordenara su cena.</p>



<p>―Por favor― aliviada contestó.</p>



<p>No queriendo arriesgar, pero decidido a que probara las especialidades del lugar, pedí al camarero que le pusieran unas gambas en gabardina y un entrecot de rubia gallega.</p>



<p>―Puedo ser negra, pero no caníbal― comentó al oír este último plato.</p>



<p>―Es la raza de la vaca― respondí.</p>



<p>&nbsp;―Hasta eso llego, era broma― riendo abiertamente por vez primera contestó.</p>



<p>La gracia de la cubana reponiéndose al abismo que para ella suponía estar en ese lugar, vedado a las clases medias o bajas de la sociedad madrileña, me cautivó y acariciando con un dedo su mejilla, pedí que me dijera su nombre real.</p>



<p>―Altagracia.</p>



<p>Satisfecho de poder dirigirme a ella como si fuera un amigo y no un cliente, pedí su opinión del vino que había elegido.</p>



<p>―Está buenísimo.</p>



<p>Al oír que le gustaba, rellené su copa.</p>



<p>―Tú lo que quieres es ajumarme.</p>



<p>―Ahora soy yo quién no ha entendido.</p>



<p>Traduciendo del argot cubano al castellano usado en Madrid, contestó:</p>



<p>―Bobo, he dicho que intentas emborracharme.</p>



<p>La belleza de su sonrisa nuevamente me fascinó y muerto de risa, comenté que era lo único que se me ocurría para que no saliera corriendo y me dejara solo cenando.</p>



<p>―Por nada del mundo me iría sin probar la cocina de este sitio.</p>



<p>―Hay que joderse― desternillado, respondí: ―Y yo que pensaba que te agradaba mi compañía.</p>



<p>Saltándose la norma básica de su oficio, la cubana se acercó a mí y me besó:</p>



<p>―No hace falta que seas tan chévere conmigo.</p>



<p>&nbsp;Ese breve roce en mis labios despertó mi lujuria y mientras su boca se alejaba de la mía, sentí como el traidor crecía entre mis piernas. Mi erección no le pasó inadvertida y como una adolescente pillada en un renuncio, se bebió la copa de un trago al notar que los pezones se le erizaban.</p>



<p>&nbsp;«¡Qué buena está!», pensé mientras tapaba con la servilleta la erección.</p>



<p>Siendo conscientes ambos de la atracción que sentíamos uno por el otro, ninguno habló y fue el camarero el que rompió el silencio trayendo el primer plato. Altagracia mirando sus gambas y los canapés de angulas con salmón que me había puesto, pidió permiso para probar el mío.</p>



<p>―Por supuesto, mi morena.</p>



<p>Tomando entre sus dedos el pequeño aperitivo se lo metió en la boca. La sensualidad de ese gesto me impidió escuchar qué decía:</p>



<p>―Despierta, te he dicho que está buenísimo― se rio al ver mi cara.</p>



<p>―Nada comparable a la diosa que tengo sentada a mi lado.</p>



<p>El piropo la desarmó y no sabiendo cómo actuar ni qué decir, completamente abrumada, me preguntó dónde vivía. La confianza que sentía me hizo reconocer tanto que vivía en el hotel que estaba encima del restaurante como también que mi esposa me había dejado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/46/96698903/96698903_186_29d2.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¡Dios le da pan a quién no tiene dientes! ― exclamó indignada: ― ¡Hay que estar loca para abandonar a alguien como tú! – y cayendo en la cuenta de lo que se había permitido el lujo de decir, añadió totalmente colorada: ―Yo, al menos no lo haría.</p>



<p>No tuve que ser un genio para saber que su reacción se debía a las dificultades que la habían abocado a convertirse en puta y no queriendo que siguiera reconcomiéndose, cogí una de sus gambas y la metí en su boca. Tras comérsela y después de repetir lo rica que estaba, siguió exteriorizando su cólera con mi ex:</p>



<p>―Nunca he entendido a las españolas y su manía en ser independientes. Cuando una de mi país consigue un hombre bueno, no deja que se le escape.</p>



<p>Tanteando el terreno, cometí el error de meterme en arenas movedizas e ingenuamente, pregunté qué había ocurrido con el padre de su hijo:</p>



<p>―Murió en una balacera nada más llegar a España y eso fue lo mejor que nos pudo ocurrir&#8230; Jonathan era un borracho que, cuando no me ponía el cuerno, llegaba a casa y me pegaba.</p>



<p>La tristeza de esa mujer quedó patente cuando dos lagrimones recorrieron sus mejillas y comenzó a sollozar. Sabiendo que necesitaba sentirse apoyada, la abracé sin saber que para ella ese gesto iba a convertirme en una especie de caballero andante y que entre lloros me pidiera que por esa noche no quería ser mi “jinetera”.</p>



<p>―Nunca te he tratado así― reaccioné acariciando su melena.</p>



<p>―Lucas, por unas horas, déjame ser tu&#8230; novia.</p>



<p>Atónito con la angustia que traslucían sus palabras, susurré en su oído:</p>



<p>―Soy tu enamorado, pero ahora negrita mía come.</p>



<p>Su cara radiando felicidad me confirmó que había acertado con esa frase y cogiendo el tenedor le robé una gamba. Durante el resto de la cena, Altagracia no dejó de bromear conmigo y de aprovechar cualquier excusa para pegarse a mí en busca de un beso. Lo que nunca le dije y me guardé fue que, mientras le comía los labios, era en otra mujer muy parecida en la que pensaba.</p>



<p>«Por dios, deja de soñar en tu secretaria y concéntrate», me dije al saber que la muchacha estaba poniendo todo de su parte para agradarme.</p>



<p>Cuando pagué la cuenta y la tomé de la cintura para irnos, noté su nerviosismo y murmurando en su oreja, comenté que no hacía falta que subiera conmigo al hotel, que con las horas que había disfrutado con ella me daba por pagado.</p>



<p>―Llévame a tu cuarto― contestó ruborizada.</p>



<p>Sin insistir, la saqué de Goizeko y recorriendo los escasos metros que nos separaban de la entrada de mi alojamiento, no reparé en una vespa roja pasaba por la calle y entré con ella. El lujo de cinco estrellas con el que se topó la dejó anonadada y temblando de arriba abajo, buscó mi protección pegándose como una lapa sintiéndose una princesa de cuento y temiendo quizás, que sonaran las doce y que como a Cenicienta ese sueño se desvaneciera antes de empezar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Admitiendo por fin que me atraía, me olvidé de Patricia y al salir del ascensor, cogiéndola entre mis brazos, la llevé hasta la habitación. En el pasillo y mientras sentía su cara contra mi pecho, no paró de reír. Su alegría me resultó algo embriagador y tras abrir la puerta, dulcemente la dejé sobre la cama e indeciso, me empecé a desnudar. Desde el colchón, la clon de mi empleada no perdía ojo de mi striptease mientras con una estudiada sensualidad me imitaba.</p>



<p>― ¿Qué vas a hacer con tu negrita? ― preguntó dejando caer su vestido.</p>



<p>―Lo que llevo deseando desde que te conocí― contesté acercándome a ella.</p>



<p>Ya en la cama, esperé a que se quitara las bragas y fue entonces cuando descubrí que la cubana no llevaba el coño depilado. La belleza de su sexo y el aroma dulzón que manaba de su interior me hicieron meter la cabeza entre sus piernas. A pesar de haber cenado, con renovado apetito, comencé a disfrutar de la cubana. La humedad que encontré en su poblado tesoro me ratificó que la calentura de esa mujer y desando incrementarla, recorrí con mi lengua los carnosos labios que daban entrada a su vulva.</p>



<p>― ¡Me encanta! ― gritó al notar mi caricia sobre el botón escondido entre sus pliegues.</p>



<p>Azuzado por esa confesión, cogí su clítoris entre mis dientes. No llevaba siquiera unos segundos mordisqueándolo cuando la morena empezó a gemir como loba en celo. Satisfecho por sus gemidos, seguí degustando ese manjar y sabiendo que mis caricias eran bienvenidas, me permití el lujo de meter metí un dedo en su interior.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡Dios! ― sollozó moviendo las caderas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su entrega se vio maximizada cuando incrementé la dureza de mi mordisco sobre su botón. El grito que pegó me hizo ver que estaba disfrutando y que su excitación era real. Asumiendo que necesitaba ser tratada como una dama y olvidando de su profesión, seguí amándola con manos y lengua hasta percibí los primeros síntomas de que se iba a correr. Decidido a compartir con ella unos momentos de pasión, aceleré la velocidad de mi ataque. Como había previsto, la cubana se dejó llevar y aullando de placer, empezó a convulsionar sobre la cama mientras su sexo se licuaba.</p>



<p>Al continuar bebiendo del flujo que manaba de su interior, profundicé y alargué ese imprevisto clímax, haciéndola unir un orgasmo con otro mientras hasta ella olvidaba los mil euros que la habían llevado a mi cama. Y estallando sobre las sábanas dejó de ser una puta para convertirse en mi amante.</p>



<p>― ¡Por la virgen de la caridad! ¡Tú sí que sabes lo que es comerse un bollo! ― aulló descompuesta al experimentar un placer que su marido nunca le había dado y presionando con sus manos mi cabeza, chilló con voz entrecortada: ― ¡Necesito que te folles a tu negra!</p>



<p>Su tono me alertó no solo de que estaba lista a ser tomada, sino que era algo que deseaba y por eso, incorporándome sobre el colchón, cogí mi pene entre las manos y lo acerqué a su vulva.</p>



<p>― ¡Fóllame! ― gritó al sentir mi erección jugueteando en su entrada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Incapaz de contenerme de un solo empujón, lo hundí en su interior. La facilidad con la que su estrecho conducto absorbió mi estoque reafirmó su disposición y por eso, sin darle tiempo a acostumbrarse, comencé a hacerle el amor. El olor que manaba de su sexo y que impregnaba ya el ambiente me terminó de cautivar y mientras ella no dejaba de chillar, incrementé la velocidad de mi ataque.</p>



<p>― ¡No pares! ¡Me siento tuya! ― aulló sincronizando su cuerpo al mío.</p>



<p>Con un ritmo feroz, golpeé su vagina con mi glande buscando tanto mi liberación como la suya y es que mientras la cría deseaba sentirse amada, yo necesitaba dar carpetazo a mi vida con María. Los gemidos de la muchacha me llevaron a un nivel de excitación brutal y oyendo su nuevo orgasmo, deseé unirme a ella.</p>



<p>&nbsp;― ¡Eres preciosa! ― dije con voz dulce mientras mis dedos pellizcaban sus negros pezones.</p>



<p>― ¡Y tú, mi rey! ― descompuesta por mi cariño, no pudo dejar de suspirar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su entrega me entusiasmó y poniendo sus piernas en mis hombros, me lancé a conquistar lo que sabía que era mío, aunque fuera por solo una noche. La nueva postura la volvió loca y pegando un alarido, se volvió a correr. Ese enésimo orgasmo, tan poco frecuente en alguien de su profesión, fue el último empujón que necesitaba y sin poder contener más tiempo la excitación, mi pene explotó regando su sexo con mi semen. La negrita al sentir su vientre bañado con mi leche, chilló de placer y pegando un nuevo berrido se dejó caer sobre el colchón.</p>



<p>Agotado, me tumbé junto a ella en la cama. Altagracia, obviando que era solo un cliente, se acurrucó sobre mi pecho y se quedó dormida. Aproveché ese momento de calma para pensar en que, a pesar de que mi elección se debía al parecido con otra, su dulzura me había hecho olvidarla y con una rara satisfacción, cerré los ojos y disfrutando de su calor, caí en brazos de Morfeo&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/46/96698903/96698903_195_b895.jpg" alt="" width="691" height="1037"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;¡Un cura me obliga a casarme con dos primas!&#8221;(POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 17:55:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El favor Después de tres años trabajando para una ONG en lo más profundo de la India, había decidido volver a España. Recuerdo la ilusión con la que llegué a ese remoto lugar. Recién salido de la universidad y con mi futuro asegurado gracias a la herencia de mis padres, me pareció lo mejor unirme a Manos Unidas contra el hambre e irme como médico a Matin, una ciudad casi cerrada a los extranjeros en el distrito de Korba. Pasado el plazo en el que me había comprometido, solo me quedaba una semana en ese país cuando el padre Juan, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 12px; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p>El favor</p>
</div>
<div>Después de tres años trabajando para una ONG en lo más profundo de la India, había decidido volver a España. Recuerdo la ilusión con la que llegué a ese remoto lugar. Recién salido de la universidad y con mi futuro asegurado gracias a la herencia de mis padres, me pareció lo mejor unirme a Manos Unidas contra el hambre e irme como médico a Matin, una ciudad casi cerrada a los extranjeros en el distrito de Korba.</div>
<div>Pasado el plazo en el que me había comprometido, solo me quedaba una semana en ese país cuando el padre Juan, un capuchino misionero, vino a verme al hospital donde trabajaba. Conocía la labor de este cura entre los Dalits, conocidos en Occidente como los Intocables por ser la casta más baja entre los hindúes. Durante veinte años, este hombre se había volcado en el intento de hacer más llevadera la vida de estos desgraciados. Habiendo convivido durante ese tiempo, llegué a tener una muy buena relación con él, porque además de un santurrón, este vizcaíno era un tipo divertido. Por eso no me extraño que viniese a despedirse de mí.</div>
<div><img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/89/35088716/35088716_028_18e5.jpg" width="460" height="690" />Tras los saludos de rigor, el cura cogiéndome del brazo, me dijo:</div>
<div>-Vamos a dar un paseo. Tengo que pedirte un favor-.</div>
<div>Que un tipo, como el padre Juan, te pida un favor es como si un general ordena a un soldado raso hacer algo. Antes de que le contestara, sabía que no me podía negar. Aun así, esperó a que hubiésemos salido de la misión para hablar.</div>
<div>-Fernando-, me dijo sentándose en un banco, -sé que vuelves a la patria-.</div>
<div>-Sí, Padre, me voy en siete días-.</div>
<div>-Verás, necesito que hagas algo por mí. Me has comentado de tu posición desahogada en España y por eso me atrevo a pedirte un pequeño sacrificio para ti, pero un favor enorme para una familia que conozco-.</div>
<div>
<div></div>
<p>La seriedad con la que me habló fue suficiente para hacerme saber que ese pequeño sacrificio no sería tan  minúsculo como sus palabras decían, pero aun así le dije que fuese lo que fuese se lo haría. El sacerdote sonrió, antes de explicarme:</p>
</div>
<div>&#8211; Como sabes la vida para mis queridos Dalits es muy dura, pero aún lo es más para las mujeres de esa etnia-,  no hizo falta que se explayara porque por mi experiencia sabía de la marginación en que vivían. Avergonzado de pedírmelo, fue directamente al meollo diciendo: -Hoy me ha llegado una viuda con un problema. Por lo visto la familia de su difunto marido quiere concertar el matrimonio de sus dos hijas con un malnacido y la única forma que hay de salvar a esas dos pobres niñas de un futuro de degradación es adelantarnos-.</div>
<div>-¿Cuánto dinero necesita?-, pregunté pensando que lo que me pedía era que pagara la dote.</div>
<div>-Poco, dos mil euros..-, contestó en voz baja, -pero ese no es el favor que te pido. Necesito que te las lleves para alejarlas de aquí porque si se quedan, no tengo ninguna duda que ese hombre no dudará en raptarlas-.</div>
<div>Acojonado, por lo que significaba, protesté airado:</div>
<div>-Padre, ¿me está pidiendo que me case con ellas?-.</div>
<div>-Sí y no. Como podrás comprender, estoy en contra de la poligamia. Lo que quiero es que participes en ese paripé para que puedas llevártelas y ya en España, podrás deshacer ese matrimonio sin dificultad. Ya he hablado con la madre y está de acuerdo a que sus hijas se vayan contigo a Madrid como tus criadas. Los dos mil euros te los devolverán trabajando en tu casa-.</div>
<div>Tratando de escaparme de la palabra dada, le expliqué que era improbable en tan poco espacio de tiempo que se pudiera conseguir el permiso de entrada a la Unión Europea. Ante esto, el cura me respondió:</div>
<div>-Por eso no te preocupes. He hablado con el arzobispo y ya ha conseguido las visas de las dos muchachas-.</div>
<div>El muy zorro había maniobrado a mis espaldas y había conseguido los papeles antes que yo hubiese siquiera conocido su oferta. Sabiendo que no podía negarle nada a ese hombre, le pregunté cuando tenía que responderle.</div>
<div>-Fernando, como te conozco y sabía que dirías que sí, he quedado con su familia que esta tarde te acompañaría a cerrar el trato-, contestó con un desparpajo que me dejó helado y antes de que pudiese quejarme, me soltó: &#8211; Por cierto, además de la dote, tienes que pagar la boda, son solo otros ochocientos  euros-.</div>
<div>Viéndome sin salida, acepté pero antes de despedirme, le dije:</div>
<div>-Padre Juan, es usted un cabrón-.</div>
<div>-Lo sé, hijo, pero la divina providencia te ha puesto en mi camino y quien soy yo, para comprender los designios del señor-.</div>
<div>
<div></div>
</div>
<div>La boda</div>
<div>Esa misma tarde en compañía del dominico, fui a ver a los tutores de las muchachas y tras un tira y afloja de cuatro horas, deposité ciento treinta mil rupias en manos de sus familiares en concepto de dote.  Al salir y debido a mi escaso conocimiento del hindú, pregunté al sacerdote cuando se suponía que iba a ser la boda.</div>
<div>-Como te vas el próximo lunes y las bodas duran dos días, he concertado con ellos que tendrá lugar el sábado a las doce. Saliendo de la fiesta, os llevaré en mi coche a coger el avión. No me fío del otro pretendiente. Si no te acompaño, es capaz de intentar llevárselas a la fuerza-.</div>
<div>Preocupado por sus palabras, le pregunté que quien era el susodicho.</div>
<div>-El jefe de la policía local-, me respondió y sin darle importancia, me sacó otros quinientos euros para comprar ropa a mis futuras esposas: -No querrás que vayan como pordioseras-.</p>
</div>
<div><img decoding="async" class="size-full alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/89/35088716/35088716_039_b45f.jpg" width="460" height="690" />Cabreado, me mantuve en silencio el resto del camino hasta mi hotel. Ese curilla además de haberme puesto en peligro, haciendo cuentas me había estafado más de seiscientas mil de las antiguas pesetas. El dinero me la traía al pario, lo que realmente me jodía era que le hubiese importado un carajo que un poli del tercer mundo, me tomara ojeriza y encima por un tema tan serio como quitarle sus mujeres. Afortunadamente, vivía en un establecimiento para occidentales, mientras me mantuviera en sus instalaciones era difícil que ese individuo intentara algo en contra mía y por eso, desde ese día hasta el viernes solo salí de él para ir al hospital y siempre acompañado de un representante de la ONG para la que trabajaba.</div>
<div>Ese sábado, el padre Juan se acercó al hotel una hora antes de lo que habíamos acordado. Traía un traje típico que debía ponerme junto con un turbante profusamente bordado. Conociendo de antemano lo que se esperaba de mí, me vestí y saliendo del establecimiento nos dirigimos hacia los barrios bajos de la ciudad, ya que, la ceremonia tendría lugar en la casa de su tutor. Al llegar a ese lugar, el jefe de la familia me presentó a la madre de las muchachas con las que iba a contraer matrimonio. La mujer cogiendo mi mano empezó a besarla, agradeciendo que alejara a sus hijas de su destino.</div>
<div>Me quedé agradablemente sorprendido al verla. Aunque avejentada, la mujer que tenía en frente no podía negar que en su juventud había sido una belleza. Vestida con un humilde sari, intuí que bajo esas telas se escondía un apetecible cuerpo.</div>
<div>“¡Coño!, si la madre me pone bruto, que harán las hijas”, recapacité un tanto cortado esperando que el dominico no se diese cuenta.</div>
<div>Haciéndonos pasar a un salón, me fueron presentando a los familiares allí congregados. Busqué a mis futuras esposas pero no las vi y siguiendo la costumbre me senté en una especie de trono que me tenían preparado. Desde allí vi entrar al gurú, el cual acercándose a mí, me roció con agua perfumada.</div>
<div>-Te está purificando-, me aclaró el cura al ver mi cara.</div>
<div>Al desconocer el ritual, le mostré mi extrañeza de no ver a las contrayentes. Soltando una carcajada el padre Juan, me soltó:</div>
<div>-Hasta mañana, no las verás. Lo de hoy será como tu despedida de soltero. Un banquete en honor a la familia y los vecinos. Mientras nosotros cenamos, la madre y las tías de tus prometidas estarán adornando sus cuerpos y dándoles consejos de cómo comportarse en el matrimonio-.</div>
<div>Sus palabras me dejaron acojonado y tratando de desentrañar su significado, le solté:</div>
<div>-Padre, ¿está seguro que ellas saben que es un paripé?-.</div>
<div>El cura no me contestó y señalando a un grupo de músicos, dijo:</div>
<div>-En cuanto empiece la música, vendrán los primos de las crías a sacarte a bailar. Te parecerá extraño, pero su misión es dejar agotado al novio-.</div>
<div>-No entiendo-.</div>
<div>-Así se aseguran que cuando se encuentre a solas con la novia, no sea excesivamente fogoso-.</div>
<div>
<div></div>
<p>No me dejaron responderle porque cogiéndome entre cinco o seis me llevaron en volandas hasta el medio de la pista y durante dos horas, me tuvieron dando vueltas al son de la música. Cuando ya consideraron que era suficiente, dejaron que volviera  a mi lugar y empezó el banquete. De una esquina del salón, hicieron su aparición las mujeres trayendo en sus brazos una interminable sucesión de platos que tuve que probar.</p>
</div>
<div>Los tíos de mis prometidas me llevaron a su mesa, tratando de congraciarse con el extranjero que iba a llevarse a sus sobrinas. Usando al cura como traductor, se vanagloriaban diciendo que las hembras de su familia eran las más bellas de la aldea. A mí, me importaba un carajo su belleza, no en vano, no guardaba en mi interior otra intención que hacerle un favor al dominico, pero haciendo gala de educación puse cara de estar interesado y con monosílabos, fui contestando a  todas sus preguntas.</div>
<div>El ambiente festivo se vio prolongado hasta altas horas de la madrugada, momento en que me llevaron junto al cura a una habitación aneja. Al quedarme solo con él, intenté que me aclarara mis dudas pero aduciendo que estaba cansado, me dejó con la palabra en la boca y haciendo caso omiso de mi petición, se puso a rezar.</div>
<div>A la mañana siguiente, el tutor de mis prometidas nos despertó temprano.  Trayendo el té, se sentó y mientras charlaba con el padre Juan, ordenó a uno de sus hijos que ayudara a vestirme. Aprovechando que los dos ancianos hablaban entre ellos, pregunté a mi ayudante por sus primas. Este sonriendo me soltó que eran diferentes a la madre y que no me preocupara.</div>
<div>En ese momento, no comprendí a que se refería y tratando de sonsacarle el significado, pregunté si acaso no eran guapas. Soltando una carcajada, me miró y haciendo gestos, me tranquilizó al hacerme comprender que eran dos bellezas. Creyendo entonces que se refería a que tenían mal carácter, insistí:</div>
<div><img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/89/35088716/35088716_044_d849.jpg" width="460" height="690" />-¡Que va!, son dulces y obedientes-, me contestó y poniendo un gesto serio, prosiguió diciendo: -Si lo que teme es que sean tercas, la primera noche azótelas y así verán en usted la autoridad de un gurú-.</div>
<div>Lo salvaje del trato, al que tenían sometidas a las mujeres en esa parte del mundo, evitó que siguiera preguntando y en silencio esperé a que me terminara de vestir. Una vez ataviado con el traje de ceremonia, pasamos nuevamente al salón y de pie al lado del trono, esperé a que entraran las dos muchachas.</div>
<div>Un murmullo me alertó de su llegada y con curiosidad, giré mi cabeza para verlas. Precedidas de la madre y las tías, mis prometidas hicieron su aparición bajo una lluvia de pétalos. Vestidas con sendos saris dorados y con un grueso tul tapando sus rostros, las dos crías se sentaron a mi lado y sin dirigirme la mirada, esperaron a que diera inicio la ceremonia.</div>
<div>Antes que se sentaran, pude observar que ambas crías tenían un andar femenino y que debían medir uno sesenta y poca cosa más. Habían sido unos pocos segundos y sabiendo que debía evitar mirarlas porque sería descortés, me tuve que quedar con las ganas de saber cómo eran realmente.</div>
<div>Gran parte de la ceremonia discurrió sin que me enterase de nada. Dicha confusión se debía básicamente a mi mal conocimiento del Hindi, pero también a mi completa ignorancia de la cultura local y por eso en determinado momento, tuvo que ser el propio cura quién me avisara que iba a dar comienzo la parte central del ritual y que debía repetir las frases que el brahmán dijera.</div>
<div>Vi acercarse al  sacerdote hindú, el cual cogiendo las manos de mis prometidas, las llevó  a mis brazos y en voz alta, pronunció los votos. Al oír el primero de los votos, me quedé helado pero sabiendo que debía recitarlo, lo hice sintiendo las manos de las dos mujeres apretando mis antebrazos:</div>
<div>-Juntos vamos a compartir la responsabilidad de la casa-.</div>
<div>Aunque difería en poco del sacramento católico en cuanto al fondo, no así en la forma y preocupado por el significado de mi compromiso, en voz alta acompañé a mis prometidas mientras juraban:</div>
<div>-Juntos vamos a llenar nuestros corazones con fuerza y coraje-.</div>
<div>-Juntos vamos a prosperar y compartir nuestros bienes terrenales-.</div>
<div>-Juntos vamos a llenar nuestros corazones con el amor, la paz, la felicidad y los valores espirituales-</div>
<div>-Juntos seremos bendecidos con hijos amorosos-.</div>
<div>-Juntos vamos a lograr el autocontrol y la longevidad-.</div>
<div>Pero de los siete votos el que realmente me desconcertó fue el último. Con la voz encogida, no pude dejar de recitarlo aunque interiormente estuviese aterrorizado:</p>
<div></div>
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<div>-Juntos vamos a ser los mejores amigos y eternos compañeros-.</div>
<div>“¡Puta madre!, a mí me da lo mismo, pero si estas crías son practicantes, han jurado ante sus dioses que se unen a mí eternamente”, pensé mientras buscaba con la mirada el rostro del cura. &#8220;Será cabrón, espero que me explique que es todo esto”.</div>
<div>La ceremonia y el banquete se prolongaron durante horas y por mucho que intenté hacerme una idea de las muchachas, no pude. Era la madrugada del domingo al lunes y cuando ya habían acabado los fastos y me subía en un carro tirado por caballos,  fue realmente la primera vez que pude contemplar sus caras. Levantándose el velo que les cubría, descubrí que me había casado con dos estupendos ejemplares de la raza hindú y que curiosamente me resultaban familiares. Morenas con grandes ojos negros, tanto Dhara como Samali tenían unas delicadas facciones que unidas a la profundidad de sus miradas, las convertía en dos auténticos bellezones.</div>
<div>Deslumbrado por la perfección de sus rasgos, les ayudé a subirse al carruaje y bajo un baño de flores, salimos rumbo a nuestro futuro. El cura había previsto todo y a los pocos metros, nos estaba esperando su coche para llevarnos directamente al aeropuerto y fue allí donde me enteré que aunque con mucho acento, ambas mujeres hablaban español al haber sido educadas en el colegio de los capuchinos.</div>
<div>Aprovechando el momento, me encaré con el padre Juan y cabreado, le eché en cara el haberme engañado. El dominico, con una sonrisa, me respondió que no me había estafado y que él había insistido a la madre que les dijese ese matrimonio era un engaño. Al ver mi insistencia, tuvo que admitir que no lo había tratado directamente con las dos muchachas pero que confiaba en que fueran conscientes del  trato.</div>
<div>-Fernando,  si tienes algún problema, llámame- me dijo poniendo en mi mano sus papeles.</div>
<div>La segunda sorpresa que me deparaba el haberme unido a esas mujeres fue ver sus nombres en los pasaportes, porque siguiendo la costumbre hindú sus apellidos habían desaparecido y habían adoptado los míos, así que en contra de la lógica occidental, ellas eran oficialmente Dhara y Samali Álvarez de Luján.</div>
<div>El viaje</div>
<div>En la zona de embarque, me despedí del cura y entregando los tres pasaportes a un agente, entramos en el interior del aeropuerto. No me tranquilicé hasta que pasamos el control de seguridad porque era casi imposible que un poli del tres al cuarto pudiera intentar hacer algo en la zona internacional. Como teníamos seis horas para que saliera nuestro avión, aproveché para hablar con las dos hermanas. Se las veía felices por su nuevo estado y tratándome de agradar, ambas competían en quien de las dos iba a ser la encargada de llevar las bolsas del equipaje. Tratando de hacer tiempo, recorrimos las tiendas de la terminal. Al hacerlo, vi que se quedaban encandiladas con una serie de saris que vendían en una de las tiendas y sabiendo lo difícil que iba a ser comprar algo parecido en Madrid, decidí regalárselos.</div>
<div>-El dueño de la casa donde viviremos ya se ha gastado bastante en la boda. Ni mi hermana ni yo los necesitamos-, me respondió la mayor, Samali, cuando le pregunté cual quería.</div>
<div>“El dueño de la casa donde viviremos”, tardé en entender que se refería a mí, debido a que siguiendo las normas inculcadas desde niñas, en la india las mujeres no se pueden dirigir a su marido por su nombre y para ello, usan una serie de circunloquios. Cuando caí que era yo y como no tenía ganas de discutir, me impuse diciendo:</div>
<div>-Si no los aceptas, me estás deshonrando. Una mujer debe de aceptar los obsequios que le son ofrecidos-.</div>
<div>Bajando la cabeza, me pidió perdón y junto con su hermana Dhara, empezaron a elegir entre las distintas telas. Cuando ya habían seleccionado un par de ellos, fue la pequeña la que postrándose a mis pies, me informó:</div>
<div>-Debemos probarnos sus regalos-.</div>
<div>Sin entender que era lo que quería, le pregunté:</div>
<div>-¿Y?-.</div>
<div>-Una mujer casada no puede probarse ropa en un sitio público sin la presencia de su marido-.</div>
<div>
<div></div>
<p><img decoding="async" class="size-full alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/89/35088716/35088716_054_cba5.jpg" width="460" height="690" />Comprendí que, según su mentalidad, tenía que acompañarlas al probador y completamente cortado, entré en la habitación habilitada para ello. La encargada, habituada a esa costumbre, me hizo sentar en un sillón y mientras esperaba que trajeran las prendas, me sirvió un té:</p>
</div>
<div>-Son muy guapas sus esposas-, dijo en un perfecto inglés,- se nota que están recién casados-.</div>
<div>Al llegar otra dependienta con las telas, preguntaron cuál de las dos iba a ser la primera en probarse. Dhara, la pequeña, se ofreció de voluntaria y riéndose se puso en mitad del probador. Desde mi asiento y más excitado de lo que me hubiese gustado reconocer, fui testigo de cómo las empleadas la ayudaban a retirarse el sari, dejándola únicamente con una blusa corta y pegada, llamada Choli y ropa interior. No pude dejar de reconocer que esa cría de dieciocho años era un bombón. Sus piernas largas y bien perfiladas serían la envidia de cualquier adolescente española.</div>
<div>Mientras su hermana se probaba la ropa, Samali, arrodillada a mi lado, le decía en hindi que no fuese tan descocada. Al ver mi cara de asombro, poniéndose seria, me dijo:</div>
<div>-Le aseguro que mi pequeña es pura pero es la primera vez que se prueba algo nuevo-.</div>
<div>-No tengo ninguna duda-, contesté sin dejar de contemplar la hermosura de su cuerpo.</div>
<div>Habiendo elegido los que quería quedarse, le tocó el turno a la mayor, la cual sabiéndose observada por mí, bajó la mirada, al ser desnudada. Si Dhara era impresionante, su hermana no tenía por qué envidiarla. Igual de bella pero con un par de kilos más rellenando su anatomía, era una diosa. Pechos grandes que aun ocultos por la choli, se me antojaron maravillosos y que decir de su trasero, que sin un solo gramo de grasa, era el sueño de cualquier hombre.</div>
<div>“Menudo panorama”, pensé al percatarme que iba a tener que convivir con esos dos portentos de la naturaleza durante algún tiempo en mi chalet del Plantío. “El padre Juan no sabe lo que ha hecho, me ha metido la tentación en casa”.</div>
<div>-Nuestro guía no va a tener queja de nosotras, hemos sido aleccionadas por nuestra madre-,  me explicó Dhara sacándome de mi ensoñación, -sabremos hacerle feliz-.</div>
<div>Al oír sus palabras y uniéndolas con el comentario de su hermana, me di cuenta que esas dos mujeres desconocían por completo el acuerdo que su progenitora había llegado con el cura. Creían que nuestro matrimonio era real y que ellas iban a España en calidad de esposas con todo lo que significaba. Asustado por las dimensiones del embrollo en el que me había metido, decidí que nada más llegar a Madrid, iba a dejárselo claro.</div>
<div>Al pagar e intentar coger las bolsas con las compras, las hermanas se me adelantaron. Recordé que era la mujer quien cargaba la compra en la India y por eso, no hice ningún intento de quitárselas y recorriendo el pasillo del aeropuerto, busqué un restaurante donde comer. Conociendo sus hábitos vegetarianos y no queriendo parecer un animal sin alma, elegí un restaurante hindú en vez de meterme en un Burger, que era lo que realmente me apetecía.</div>
<div>“Cómo echo de menos un buen entrecot”, pensé al darme el camarero la carta.</div>
<div>Al no saber qué era lo que esas niñas comían, decidí que lo más sencillo era que ellas pidieran  pero sabiendo sus reparos medievales, dije a la mayor, si es que se puede llamar así a una cría de veinte años:</div>
<div>-Samali, no me apetece elegir. Quiero que lo hagas tú-.</div>
<div>La joven se quedó petrificada, no sabiendo que hacer. Tras unos momentos de confusión y después de repasar cuidadosamente el menú, me contestó:</div>
<div>-Espero que sea del agrado del cabeza de nuestra familia, mi elección-, tras lo cual llamando al empleado, le pidió un montón de platos.</div>
<div>El pobre hombre al ver la cantidad de comida que le estaba pidiendo, dirigiéndose a mí, me informó:</div>
<div>-Temo que es mucho. No podrán terminarlo-.</div>
<div>Había puesto a la muchacha en un brete sin darme cuenta. Si pedía poca cantidad y me quedaba con hambre, podría castigarla. Y en cambio sí se pasaba, podría ver en ello una ligereza impropia de una buena ama de casa. Sabiendo que no podía quitarle la palabra, una vez se la había dado, tranquilicé al empleado y le ordené que trajera lo que se le había pedido. Solo me di cuenta de la barbaridad de lo encargado, cuando lo trajo a la mesa. Al no quedarme más remedio, decidí que tenía que terminarlo. Una hora más tarde y con ganas de vomitar, conseguí acabármelo ante la mirada pasmada de todo el restaurant.</div>
<div>Mi acto no pasó inadvertido y susurrándome al oído, Samali me dijo:</p>
<div></div>
</div>
<div>-Gracias, sé que lo ha hecho para no dejarme en ridículo-, y por vez primera, esa mujer hizo algo que estaba prohibido en su tierra natal, tiernamente cogió mi mano en público.</div>
<div>No me cupo ninguna duda que ese sencillo gesto, hubiese levantado ampollas en su ciudad natal, donde cualquier tipo de demostración de cariño estaba vedado fuera de los límites del hogar. Sabiendo que no podía devolvérselo sin avergonzarla, pagué la cuenta y me dirigí hacia la puerta de embarque. Al llegar pude notar el nerviosismo de mis acompañantes, al preguntarles por ello, Dhara me contestó:</div>
<div>-Hasta hoy, no habíamos visto de cerca un avión-.</div>
<div>Su mundo se limitaba a la dimensión de su aldea y que todo lo que estaba sintiendo las tenía desbordadas, por eso, las tranquilicé diciendo que era como montarse en un autobús, pero que en vez de ir por una carretera iba surcando el cielo. Ambas escucharon mis explicaciones en silencio y pegándose a mí, me acompañaron al interior del aeroplano. Al ser un vuelo tan pesado, decidí con buen criterio sacar billetes de primera pero lo que no me esperaba es que fuese casi vacío, de forma que estábamos solos en el compartimento de lujo. Aunque teníamos a nuestra disposición muchos asientos, las muchachas esperaron que me sentara y entonces se acomodaron cada una a un lado.</div>
<div>Como para ellas todo era nuevo, les tuve que explicar no solo donde estaba el baño sino también como abrocharse los cinturones. Al trabar el de Dhara, mi mano rozó la piel de su abdomen y la muchacha lejos de retirarse, me miró con deseo. Incapaz de articular palabra, no pude disculparme pero al ir a repetir la operación con su hermana, ésta cogiendo mi mano la pasó por su ombligo, mientras me decía:</div>
<div>-Un buen maestro repite sus enseñanzas-.</div>
<div>Ni que decir tiene que saltando como un resorte, mi sexo reaccionó despertando de su letargo. Las mujeres al observarlo se rieron calladamente, intercambiando entre ellas una mirada de complicidad.  Avergonzado porque me hubiesen descubierto, no dije nada y cambiando de tema, les conté a que me dedicaba.</div>
<div>Tanto Samali como Dhara se quedaron encantadas de saber que el hombre con el que se habían desposado era un médico porque según ellas así ningún otro hombre iba a necesitar verlas desnudas. Solo imaginarme ver a esa dos preciosidades como las trajo Dios al mundo, volvió a alborotar mi entrepierna. La mayor de las dos sin dejar de sonreír, me explicó que tenía frio.</div>
<div>Tonto de mí, no me di cuenta de que pretendía y cayendo en su trampa, pedí a la azafata que nos trajera unas mantas. Las muchachas esperaron que las tapara y que no hubiese nadie en el compartimento, para pegarse a mí y por debajo de la tela, empezaron a acariciarme. No me esperaba esos arrumacos y por eso no fui capaz de reaccionar, cuando sentí que sus manos bajaban mi cremallera liberando mi pene de su encierro y entre las dos me empezaron a masturbar. Al tratar de protestar, Dhara poniendo su dedo en mi boca, me susurró:</div>
<div>-Déjenos-.</div>
<div>Los mimos de las hermanas no tardaron en elevar hasta las mayores cotas de excitación a mi hambriento sexo, tras lo cual desabrochándose las blusas, me ofrecieron sus pechos para que jugase yo también. Mis dedos recorrieron sus senos desnudos para descubrir que como había previsto eran impresionantemente firmes y suaves. Solo la presencia cercana de la empleada de la aerolínea evitó que me los llevara a la boca. Ellas al percibir mi calentura, acelerando el ritmo de sus caricias y cuando ya estaba a punto de eyacular, tras una breve conversación entre ellas, vi como Samali desaparecía bajo la manta. No tardé en sentir sus labios sobre mi glande. Sin hacer ruido, la mujer se introdujo mi sexo en su garganta mientras su hermana me masajeaba suavemente mis testículos.</div>
<div>Era un camino sin retorno, al sentir que el clímax se acercaba, metí mi mano por debajo de su Sari y sin ningún recato, me apoderé de su trasero. Sus duras nalgas fueron el acicate que me faltaba para explotar en su boca. La muchacha al sentir que me vaciaba, cerró sus labios y golosamente se bebió el producto de mi lujuria. Tras lo cual, saliendo de la manta, me dio su primer beso en los labios y mientras se acomodaba la ropa, me dijo:</div>
<div>-Gracias-.</div>
<div>Anonadado comprendí que si antes de despegar esas dos bellezas ya me habían hecho una mamada, difícilmente al llegar a Madrid iba a cumplir con lo pactado. Las siguientes quince horas encerrado en el avión, iba a ser una prueba imposible de superar. Aun así con la poca decencia que me quedaba, decidí que una vez en casa darles la libertad de elegir. No quería que fuera algo obligado el estar conmigo.</div>
<div>Tratando de comprender su comportamiento, les pregunté por su vida antes de conocerme. Sus respuestas me dejaron helado, por lo visto, su madre al quedarse viuda no tuvo más remedio para sacarlas adelante que ponerse a limpiar en la casa del policía que las pretendía. Ese hombre era tan mal bicho que a la semana de tenerla trabajando, al llegar una mañana, la violó para posteriormente ponerla a trabajar en un burdel.</div>
<div>Con lágrimas en los ojos, me explicaron que como necesitaba el dinero y nadie le daba otro trabajo, no lo había denunciado. Todo el mundo en el pueblo sabía lo sucedido y a que se dedicaba y por eso la pobre mujer las había mandado al colegio de los monjes dominicos. Al alejarlas de su lado, evitaba que sufrieran el escarnio de sus vecinos pero sobre todo las apartaba de ese mal nacido.</div>
<div>“Menuda vida” pensé disculpando la encerrona del cura. El santurrón había visto en mí, una vía para que esas dos niñas no terminaran prostituyéndose como la madre. Cogiéndoles las manos, les prometí que en Madrid, nadie iba a forzales a nada. No había acabado de decírselo, cuando con voz seria Dhara me replicó:</div>
<div>-El futuro padre de nuestros hijos no necesitará obligarnos, nosotras les serviremos encantadas, pero si no le cuidamos adecuadamente es su deber hacérnoslo saber y castigarnos-</div>
<div>La sumisión que reflejaba sus palabras no fue lo que me paralizó, sino como se había referido a mi persona. Esas dos crías tenían asumido plenamente que yo era su hombre y no les cabía duda alguna que sus vientres serían germinados con mi semen. Esa idea, que hasta hacía unas pocas horas me parecía inverosímil, me pareció atrayente y en vez de rectificarla, lo dejé estar. Samali que era la más inteligente de las dos, se dio cuenta de mi silencio y malinterpretándolo, llorando me preguntó:</div>
<div>-¿No nos venderá al llegar a su país?-.</div>
<div>Al escucharla comprendí su miedo, y acariciando su mejilla, respondí:</div>
<div>-Jamás haría algo semejante. Vuestro sufrimiento se ha acabado, me comprometí a cuidaros  y solo me separaré de vosotras, si así me lo pedís-.</div>
<div>Escandalizadas, me contestaron al unísono:</div>
<div>-Eso no ocurrirá, hemos jurado ser sus eternas compañeras y así será-.</div>
<div>
<div></div>
<p><img decoding="async" class="size-full alignright" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/89/35088716/35088716_055_de83.jpg" width="460" height="690" />Aunque eso significaba unirme de por vida a ellas, escuché con satisfacción sus palabras, tras lo cual les sugerí que descansaran porque el viaje era largo. La más pequeña acurrucándose a mi lado, me dijo al oído mientras su mano volvía a acariciar mi entrepierna:</p>
</div>
<div>-Mi hermana ya ha probado su virilidad y no es bueno que haya diferencias-.</div>
<div>Solté una carcajada al oírla. Aunque me apetecía, dos mamadas antes de despegar era demasiado y por eso pasando mi mano por su pecho le contesté:</p>
<div></div>
</div>
<div>-Tenemos toda una vida para lo hagas-.</div>
<div>Poniendo un puchero pero satisfecha de mis palabras, posó su cabeza en mi hombro e intentó conciliar el sueño. Su hermana se quedó pensativa y después de unos minutos, no pudo contener su curiosidad y me soltó:</div>
<div>-Disculpe que le pregunte, ¿tendremos que compartir marido con alguna otra mujer?-.</div>
<div>Tomándome una pequeña venganza hice como si no hubiese escuchado y así dejarla con la duda.  El resto del viaje pasó con normalidad y no fue hasta que el piloto nos informó que íbamos a aterrizar cuando despertándolas les expliqué  que no tenía ninguna mujer. También les pedí que, como en España estaba prohibida la poligamia, al pasar por el control de pasaportes y aprovechando que en nuestros pasaportes teníamos los mismos apellidos, lo mejor era decir que éramos hermanos por adopción. Las muchachas, nada más terminar, me dijeron que, si les preguntaban, confirmarían mis palabras.</div>
<div>-Sé que es raro pero buscaré un abogado para buscar la forma de legalizar nuestra unión-.</div>
<div>Dhara, al oírme, me dio un beso en los labios, lo que provocó que su hermana, viendo que la azafata pululaba por el pasillo, le echase una bronca por  hacerlo en público.</div>
<div>“Qué curioso”, pensé, “no puso ningún reparo a tomar en su boca mi sexo y en cambio se escandaliza de una demostración de cariño”.</div>
<div>Al salir del avión y recorrer los pasillos del aeropuerto, me percaté que la gente se volteaba a vernos.</div>
<div>“No están acostumbrados a ver a mujeres vestidas de sari”, me dije en un principio pero al mirarlas andar a mi lado, cambié de opinión; lo que realmente pasaba es que eran un par de bellezas. Orgulloso de ellas, llegué al  mostrador y al dar nuestros pasaportes al policía, su actitud hizo que mi opinión se confirmara. Embobado, selló las visas sin apenas fijarse en los papeles que tenía enfrente porque su atención se centraba exclusivamente en ellas.</div>
<div>-Están casadas-, solté al agente, el cual sabiendo que le había pillado, se disculpó y sin más trámite, nos dejó pasar.</div>
<div>Samali, viendo mi enfado, me preguntó qué había pasado  y al explicarle el motivo, se sonrió y excusándolo, dijo:</div>
<div>-No se debe haber fijado en que llevamos el  bindi rojo-.</div>
<div>Al explicarle que nadie en España sabía que el lunar rojo de su frente significaba que estaba casada, me miró alucinada y me preguntó que como se distinguía a una mujer casada. Como no tenía ganas de explayarme, señalando el anillo de una mujer, le conté que al casarse los novios comparten alianzas. Su reacción me cogió desprevenido, poniéndose roja como un tomate, me rogó que les compraras uno a cada una, porque no quería que pensaran mal de ellas.</div>
<div>-No te entiendo-, dije.</div>
<div>-No es correcto que dos mujeres vayan con un hombre por la calle sino es su marido o que  en el caso que estén solteras, éste no sea un familiar-.</div>
<div>Viendo que desde su punto de vista, tenía razón, prometí que los encargaría.</div>
<div>Al llegar a la sala de recogida de equipajes, con satisfacción, comprobé que nuestras maletas ya habían llegado y tras cargarlas en un carrito, nos dirigimos hacia la salida.  Nadie nos paró en la aduana, de manera que en menos de cinco minutos habíamos salidos y nos pusimos en la cola del Taxi. Estaba charlando animadamente con las dos hermanas cuando, sin previo aviso, alguien me tapó los ojos con sus manos. Al darme la vuelta, me encontré de frente con María, una vieja amiga de la infancia, la que sin percatarse que estaba acompañado, me dio dos besos y me preguntó que cuando había vuelto.</div>
<div>-Ahora mismo estoy aterrizando-, contesté.</div>
<div>-¡Qué maravilla!, ahora tengo prisa pero tenemos que hablar, ¿Por qué no me invitas a cenar el viernes en tu casa? y así nos ponemos al día.</div>
<div>-Hecho- respondí sin darme cuenta al despedirme que ni siquiera le había presentado a mis acompañantes.</div>
<div>Las muchachas que se habían quedado al margen de la conversación,  estaban enfadadas. Sus caras reflejaban el cabreo que sentían pero, realmente no  reparé en cuanto, hasta que oí a Dhara decir a su hermana en español para que yo me enterara:</div>
<div>-¿Has visto a esa mujer?, ¿quién se cree que es para besar a nuestro marido y encima auto invitarse a casa?-.</div>
<div>Al ver que estaba celosa, estuve a punto de intervenir cuando para terminarla de joder, escuché la contestación de su hermana:</div>
<div>-Debe de ser su prima porque, si no lo es, este viernes escupiré en su sopa-.</div>
<div>“Mejor me callo”, pensé al verlas tan indignadas y subiéndonos a un taxi, le pedí al conductor que nos llevara a casa pero que en vez de circunvalar Madrid, lo cruzara porque quería que las muchachas vieran mi ciudad natal. Con una a cada lado, fui explicándoles nuestro camino. Ellas no salían de su asombro al ver los edificios y la limpieza de las calles, pero contra toda lógica lo único que me preguntaron era porque había tan pocas bicicletas y que donde estaban los niños.</div>
<div>Solté una carcajada al escucharlas, tras lo cual, les conté que en España no había tanta costumbre de pedalear como en la India y que  si no veían niños, no era porque los hubieran escondido sino porque no había.</div>
<div>-La pareja española tiene un promedio de 1.8 niños. Es una sociedad de viejos-, les dije recalcando mis palabras.</div>
<div>Dhara hablando en hindi, le dijo algo a Samali que no entendí pero que la hizo sonreír. Cuando pregunté que había dicho, la pequeña avergonzada respondió:</div>
<div>
<div></div>
<p>-No se enfade conmigo, era un broma. Le dije a mi hermana que los españoles eran unos vagos pero que estaba segura que el padre de nuestros futuros hijos iba pedalear mucho nuestras bicicletas.</p>
</div>
<div> Ante semejante burrada, ni siquiera el taxista se pudo contener y juntos soltamos una carcajada.  Al ver que no me había disgustado, las dos hermanas se unieron a nuestras risas y durante un buen rato un ambiente festivo se adueñó del automóvil. Ya estábamos cogiendo la autopista de la Coruña cuando les expliqué que vivía en un pequeño chalet cerca de donde estábamos. Asintiendo, Samali me preguntó si tenía tierra donde cultivar porque a ella le encantaría tener una huerta. Al contestarle que no hacía falta porque en Madrid se podía comprar comida en cualquier lado, ella me respondió:</div>
<div>-No es lo mismo, Shakti favorece con sus dones a quien hace germinar al campo-, respondió haciendo referencia a la diosa de la fertilidad.</div>
<div>“O tengo cuidado, o estas dos me dan un equipo de futbol”, pensé al recapacitar en todas las veces que habían hecho aludido al tema.</div>
<div>Estaba todavía reflexionando sobre ello, cuando el taxista paró en frente de mi casa. Sacando dinero de mi cartera, le pagué. Al bajarme y sacar el equipaje, vi que las muchachas lloraban.</div>
<div>-¿Qué os ocurre?-, pregunté.</div>
<div>-Estamos felices al ver nuestro hogar. Nuestra madre vive en una casa de madera y jamás supusimos que nuestro destino era vivir en una casa de piedra-.</div>
<div>Incómodo por su reacción, abriendo la puerta de la casa y mientras metía el equipaje,  les dije que pasaran pero ellas se mantuvieron fuera. Viendo que algo les pasaba, les pregunté que era:</div>
<div>-Hemos visto películas occidentales y estamos esperando que nuestro marido nos coja en sus brazos para entrar-.</div>
<div>Su ocurrencia me hizo gracia y cargando primero a Samali, la llevé hasta el salón, para acto seguido volver a por su hermana.  Una vez los tres reunidos, las dos muchachas no dejaban de mirar a su alrededor completamente deslumbradas, por lo que para darles tiempo a similar su nueva vida, les enseñé la casa. Sirviéndoles de guía las fui llevando por el jardín, la cocina y demás habitaciones  pero lo que realmente les impresionó fue mi cuarto, por lo visto jamás habían visto una King Size y menos una bañera con jacuzzi. Verlas al lado de mi cama, sin saber qué hacer, fue lo que me motivó a abrazarlas. Las dos hermanas pegándose a mí, me colmaron de besos y de caricias pero cuando ya creía que íbamos a acabar acostándonos, la mayor, arrodillándose a mis pies, dijo:</p>
<div></div>
</div>
<div>-Disculpe nuestro amado. Hoy va a ser la noche más importante de nuestras vidas pero antes  tenemos que preparar, como marca la tradición, el lecho donde nos va a convertir en mujeres plenas-.</div>
<div>“¡Mierda con la puta tradición!”, refunfuñé en mi interior pero como no quería parecer insensible, le pregunté si necesitaban algo.</div>
<div>Samali me dijo si había alguna tienda donde vendieran flores. Al contestarle que sí, me pidió si podía llevar a su hermana a elegir unos cuantos ramos porque era muy importante para ellas. No me pude negar porque aún cansado, la perspectiva de tenerlas en mis brazos era suficiente para dar la vuelta al mundo.  Al subirme en el coche con Dhara, ella coquetamente esperó a que le abrochase el cinturón, momento que aproveché para acariciarle el pecho. Al no haber público, la muchacha no solo se dejó hacer sino que despojándose de su blusa, me los ofreció diciendo:</div>
<div>-Son suyos-.</div>
<div>Su mirada inocente me hizo ser tierno y cogiéndolos en mis manos, los acaricié antes de llevar mi lengua a ellos. Su piel morena  realzaba la belleza de sus senos. Con el tamaño y la firmeza exacta, esperaron mis mimos. Al juguetear con mi lengua en su aureola, su dueña emitió un gemido confirmando su deseo y asiendo su pezón entre mis dedos, lo encontré dispuesto. Sin más dilación, me lo metí en la boca. La muchacha, completamente entregada, puso su otro pecho a mi alcance mientras acariciaba con su otra mano mi entrepierna. Mi sexo reaccionó irguiéndose, momento que Dhara aprovechó para, sin ningún recato, con su mirada pedirme permiso.</div>
<div>Le respondí acomodándome.</div>
<div>La joven se puso de rodillas sobre su asiento y deslizándose sobre mi cuerpo, pasó su lengua sobre las comisuras de mi glande antes de con una sensualidad imposible de describir, irse introduciendo lentamente mi sexo en su boca. La lentitud con la que lo hizo, me permitió sentir la frescura de sus labios recorriendo  cada porción de la piel de mi pene. Increíblemente, no paró hasta que su garganta absorbió por completo toda mi extensión y entonces usando su boca como si de su sexo se tratara, empezó con un suave vaivén que me hizo suspirar.</div>
<div>Al comprobar que me gustaba, aceleró su ritmo lentamente mientras con sus dedos masajeaba mis testículos. La cadencia de sus movimientos se fue convirtiendo en desenfrenada y sin poderme aguantar, eyaculé en su interior. La muchacha no se quedó satisfecha hasta que  consiguió exprimir la última gota de mi sexo y solo entonces, dándome un beso, me hizo probar el sabor de mi semen. Si no llega a ser porque nos esperaban y sobre todo porque cuando la poseyera debía de hacerlo siguiendo sus reglas, juro que allí mismo la hubiese hecho el amor. Menos mal que la poca coherencia que me quedaba me obligó a separarla y decirle que debíamos irnos.</div>
<div>Dhara, sonriendo, me susurró:</div>
<div>-Mi hermana y yo, ya estamos en paz. Estoy deseando contarle que tiene razón-.</div>
<div>-¿Razón?-.</div>
<div>-En el avión, después de probarla, me dijo que  el sabor de la simiente de nuestro marido era un manjar-.</div>
<div>Confuso por la confesión de la muchacha, encendí el coche. El camino hasta el centro comercial me sirvió para recapacitar sobre la actitud de las muchachas sobre el sexo. Por su educación, puertas afuera eran unas mojigatas, pero bajo el amparo del hogar, esas crías se estaban mostrando como unas amantes insaciables.</div>
<div>“A este paso, voy a tener que agenciarme una tonelada de Viagra”.</div>
<div>Ya en el centro comercial, la muchacha se agenció de todas las rosas que había en la floristería y al pasar por una frutería, me preguntó si teníamos comida en la casa. Como le contesté que no, cogiéndome del brazo, entró en el local y como niña con zapatos nuevos, lleno medio carrito con diferentes frutas y verduras.</div>
<div>Había pasado  una hora desde que salimos del chalet. Al llegar, Samali nos saludó en la entrada al modo tradicional, uniendo las manos y arrodillándose, tras quitarme los zapatos, me puso unas babuchas que había sacado de mi equipaje. Ese acto de sumisión inaudita a los ojos de una occidental, ella lo realizó con una sonrisa de satisfacción en su cara, no en vano la habían educado para servir y por primera vez se lo hacía a alguien que consideraba propio, su marido. Mirándola, descubrí que iba descalza.</div>
<div>Dhara, al entrar con las compras, se quitó sus sandalias dejándolas a un lado de la puerta y corriendo, se fue a la cocina. Sus movimientos denotaban una femineidad difícil de encontrar en las occidentales.  A su hermana, no le pasó desapercibida la forma en que miré a la muchacha cuando salía y un poco celosa, me dijo:</div>
<div>-Mi hermana es muy hermosa-.</div>
<div>Sabiendo que a las hindúes les encantan los piropos pero que no podía caer en la grosería de menospreciar a una para ensalzar a otra, respondí  mientras acariciaba su mejilla:</div>
<div>-Sí, pero ¿qué es más bello, una flor o un colibrí?-.</div>
<div>Al oírme, se sonrojó. En ese momento no caí en la cuenta que en la India, ese pajarillo era el ave del amor y que mis palabras, eran una declaración en toda regla. Al no estar habituada a ese tipo de galanterías, se puso nerviosa y tratando de devolverme el piropo, me soltó:</div>
<div>-Nuestro marido es un búfalo-.</div>
<div>Aunque sabía por mi estancia en ese país que ese animal era considerado casi un Dios al ser  el motor de su economía, ya que, se usaba para arar las tierras y sus excrementos eran el único abono que disponían, no pude evitar reírme y contestarle:</div>
<div>-Espero que no sea por los cuernos-.</div>
<div>La cría no me entendió y cuando, recalcándole que era broma, le expliqué el significado en español, se echó a reír pidiéndome perdón. Siguiendo con la burla, la cogí en mis brazos y sentándome en el sofá, empecé a darle azotes en su trasero. Samali, muerta de risa, empezó a dar gritos como si la estuviera matando. Su hermana al oírnos, vino corriendo y al enterarse del motivo del supuesto castigo, se unió a nosotros haciéndole cosquillas. Lo que había empezado siendo un juego se fue transformando y a los pocos segundos, se volvió un maremágnum de besos y caricias.  Nuestros tres cuerpos se fueron entrelazando en un ritual de apareamiento.  Cuando ya estábamos a punto de perder el control, Samali, susurrándome al oído, dijo:</div>
<div>-Vamos a nuestro cuarto-.</div>
<div>Cogiendo sus manos, las llevé a mi habitación donde me encontré que no solo olía a incienso sino, que decorando la cama, las sábanas  estaban  repletas de pétalos de rosa.</div>
<div>Nada más entrar, las hermanas a empujones me llevaron hasta el baño, donde habían preparado la bañera y con ternura, me desnudaron. Tras lo cual, me pidieron  me metiera en el agua. Ni que decir tiene que, en ese instante, me encontraba excitado. Las dos mujeres haciendo caso omiso a mi erección, disfrutando como niñas, me lavaron el pelo mientras no paraban de reír. Demostrando una alegría desbordante, se dedicaron a enjabonarme todo el cuerpo, dando énfasis a mi entrepierna. Una vez habían decidido que ya estaba limpio, me sacaron de la tina y se dedicaron a secarme, para acto seguido, ponerme una especie de camisola larga muy típica en su país.</p>
<div></div>
</div>
<div>Sabiendo que debía de seguir sus instrucciones, dejé que me tumbaran en la cama. Las hermanas despidiéndose, me dijeron que volvían enseguida. Durante cinco minutos esperé su vuelta. Cinco minutos que me parecieron eternos. Cuando ya estaba desesperado, las vi aparecer por la puerta. Se habían cambiado de ropa y volvían únicamente vestidas con un sencillo camisón transparente que me permitió ver sus cuerpos sin ninguna cortapisa. Me quedé sin aliento al comprobar que no sabía cuál era más atractiva, si la traviesa y delicada Dhara o la sensual y madura Samali.</div>
<div>Como los preliminares eran importantes, me levanté y las besé. La boca de la mayor me recibió con gozo mientras su dueña pegaba su pubis contra mi sexo. Envalentonado, atraje a la menor y uniendo sus labios a los nuestros,  nuestras tres lenguas se entrelazaron sin importar a quien pertenecían. Entre tanto, mis manos como si tuviesen vida propia fueron de un trasero a otro obligándolas a fundirse todavía más en el abrazo. Separando a Samali, deslicé los tirantes de su camisón, dejándolo caer al suelo. Sus pechos perfectos parecían llamarme y acercando mi boca,  jugueteé con su aureola. Ésta se erizó al sentir la humedad de mi lengua recorriendo sus bordes. Viendo que Dhara se quedaba aislada, le ofrecí el otro pecho. La muchacha, mirando a la mayor, le pidió permiso. Al concedérselo con un gemido, imitándome cogió el seno entre sus manos y metiéndose el pezón entre los dientes, lo mordisqueó suavemente y entre los dos, provocamos que un sollozo de deseo saliera de la garganta de nuestra víctima.</div>
<div>Comprendiendo que eran dos, mis mujeres, sin dejar de abrazar a Samali, besé a la pequeña. Ésta al sentir que le hacía caso, ella misma se bajó el camisón e izando sus pechos, casi adolescentes,  con sus manos, nos los dio como ofrenda. Sin pausa,  dos bocas mamaron de los negros pezones de esa cría, la cual, en contraste con la serenidad de la hermana, gritó su placer mientras restregaba su sexo contra el mío.</div>
<div>La excitación de los tres era patente y por eso llevándolas a la cama, las deposité lentamente en las sabanas. Completamente desnudas, mis mujeres me llamaron a su lado. Tardé unos instantes en desnudarme porque era incapaz de apartar la mirada de ellas. Nada de lo que me había ocurrido en la vida, podía compararse a la visión de ese par de bellezas hambrientas de deseo emplazándome a apagar el fuego de sus cuerpos.</div>
<div>Al despojarme de la camisola, las dos hermanas contemplaron mi pene erguido con una mezcla de temor y esperanza. Fue Samali la que, abriendo un hueco entre las dos, me rogó que lo rellenara con mi cuerpo. Deseando ser capaz de satisfacer las ansias de ambas, me tumbé a su lado. Las dos hermanas pegándose a mí, me colmaron de besos mientras sus manos recorrían mi piel. No es fácil de narrar, lo que ocurrió a posterior. Dhara y su hermana completamente embebidas de pasión y usándome como soporte, empezaron a restregar sus sexos contra mis piernas, tratando de calmar la calentura que les poseía.</div>
<div>Sus maniobras lejos de apaciguar su fiebre, la incrementó, mojando mis pantorrillas con su flujo. El roce de sus senos contra mi  pecho me estaba llevando a un grado de excitación que creí que iba a hacer que me corriera por lo que,separándolas, tumbé boca arriba a la mayor y mientras mis besos recorrían sus muslos, le pedí a Dhara que se ocupara de sus pechos. Ella, no solo se apoderó de sus pechos sino que separando con los dedos los labios de Samali, me ofreció su virginal sexo. Acercando lentamente mi lengua a mi meta, probé de su néctar antes de concentrarme en su clítoris.  Al sentir  mi apéndice sobre su botón, la morena se corrió en mi boca. No contento con su entrega, proseguí con mis caricias recorriendo los pliegues de su sexo.</div>
<div>Incapaz de contenerse, poniendo su mano sobre mi cabeza, forzó el contacto. Su sabor oriental impregnó mis papilas, reafirmando mi erección. Como si su cueva fuera una fuente y yo un náufrago, bebí del manantial que se me ofrecía, lo que prolongó su éxtasis. La pequeña de las dos, entretanto y sin dejar de acariciar sus pechos, llevó su mano a su propio sexo y   se empezó a masturbar.</div>
<div>Un chillido de placer de Samali, me confirmó que estaba dispuesta, por lo que, acerqué mi glande a su excitado orificio. Ella al experimentarlo, moviendo sus caderas, me pidió que la tomara. Sabiendo que no me bastaba con ganar la batalla sino que tenía que asolar sus defensas, me entretuve rozando la cabeza de mi pene en su entrada, sin meterla. Cuando la vi pellizcarse los pezones, decidí que era el momento y forzando su himen, fui introduciendo mi extensión en su interior.</p>
<div></div>
</div>
<div>La muchacha gritó por su virginidad perdida pero, reponiéndose rápidamente, violentó mi penetración con un movimiento de sus caderas. Con lágrimas en los ojos, volvió a correrse. La humedad de su cueva sobre mi pene facilitó mis maniobras y casi sin oposición la cabeza de mi sexo chocó contra la pared de su vagina, rellenándola por completo. Su hermana pegándose a mi espalda, siguió mis movimientos como si fuéramos los dos quienes estuvieran desvirgándola. Mi cuerpo me pedía que precipitara mis movimientos pero mi mente lo prohibió, dejando solo que paulatinamente fuese acelerando la cadencia. La lentitud de mis penetraciones llevaron a un estado de locura a la mujer y clavando sus uñas en mi trasero, me exigió incrementara el ritmo.  Dhara, tan excitada como la otra, tumbándose a un lado llevó mi mano a su sexo y gimiendo me imploró que la tocara.</div>
<div>Samali al oírlo, cambió sus pechos por el sexo de su hermana e imprimiendo  a su mano una velocidad endiablada, torturó su clítoris. Al ver que mi otra mujer estaba siendo consolada, agarrándola de los hombros, llevé al máximo la velocidad de mis embestidas. Fue entonces cuando al percatarme que el placer me estaba empezando a dominar, pasé una de las manos al pecho de la pequeña y estrujándolo, me corrí sembrando con mi simiente el interior de la mayor. Ésta al sentir que estaba eyaculando, nuevamente entre gritos, se corrió.</div>
<div>Dhara al confirmar que me separaba de Samali, cogiendo uno de los camisones, lo pasó por  la entrepierna de su hermana y satisfecha me lo dio, diciendo:</div>
<div>-Era niña y ahora es mujer-, y sin darme un minuto de pausa, arrodillándose frente a mí, intentó reanimar a mi adolorido sexo.</div>
<div>Cansado me tumbé al lado de la  mayor. Al verme,  su hermana aprovechó mi postura para acercar su sexo a mi cara. Sin hacerme de rogar separé sus hincados labios y sacando la lengua, jugueteé con sus pliegues mientras me reponía. La cría gimió al sentirlo y agachándose sobre mi cuerpo, acogió en su boca mi pene todavía morcillón. Envalentonado, mordí su clítoris mientras le daba un azote. Mi acción tuvo como resultado que como si fuera un grifo de su sexo manara su placer. Su sabor agridulce inundó mi paladar y buscando el placer de la muchacha, intenté meter la lengua en su interior. Ella al experimentar que había hoyado su secreto, no pudo más y se derramó sobre mi boca. Samali, ya repuesta e incorporándose, ayudó a su hermana en su labor.</div>
<div>Percatarme que eran dos bocas las que alternativamente se engullían mi pene, fue el último empujón que necesitó éste para erguirse a su máxima expresión.</div>
<div>La mayor de las dos, viendo que estaba ya preparado, ordenó a su hermana que cambiara de postura y cogiendo mi extensión entre sus manos, apuntó al sexo de Dhara. Ella, poniéndose a horcajadas sobre mí, fue lentamente empalándose sin dejar de gemir. Si el conducto de Samali era estrecho, el de ella lo era aún más y por eso tardé una eternidad en llenarlo por completo. La muchacha buscando conseguirlo, izaba y bajaba su pequeño cuerpo, consiguiendo que, en cada ocasión, un poco más de mi miembro se embutiera en su interior. Su hermana intentando hacer más placentero su tortura, comenzó a lamer sus pezones mientras masajeaba el clítoris de la cría.</div>
<div>No sé si fue a consecuencia de ello o que la muchacha al fin consiguió relajar sus músculos, pero fue entonces cuando la base de mi pene entró en contacto con su breve mata de pelos. Si hasta ese momento, la penetración había sido dolorosa, cuando se hubo acostumbrado a tenerla en su seno, Dhara se convirtió en una máquina y retorciendo su delicada anatomía buscó un placer que le fue dado una y otra vez.</div>
<div>
<p>Resultó ser multiorgásmica y unió un clímax con el siguiente. Samali viendo que su pequeña estaba disfrutando, aprovechó para darme de mamar. Como un obseso, me así a sus pechos mientras mi pene seguía siendo violado por la batidora en que se había convertido el sexo de la morenita. La excitación acumulada me venció e incorporándome sin sacársela, le clavé repetidamente mi estoque hasta lo más profundo de su cuerpo. Dhara se vio desbordada por el placer y soltando un grito, se corrió por última vez cayendo desplomada sobre las sabanas. Su desmayo no me importó, al contrario, al verla tirada, aumenté el ritmo de mis estocadas. No tardé en experimentar un gran orgasmo, bañando con mi semen la pequeña vagina.</p>
</div>
<div>Agotado por el esfuerzo, me dejé caer sobre la cama. Samali imitando a su hermana, me mostró el rastro de sangre sobre las sabanas y abrazándose a mí, susurró a mi oído:</div>
<div>-Éramos niñas y ahora somos TUS mujeres-.</div>
<div>Soltando una carcajada, las abracé mientras recordaba la razón por la cual esas dos jovencitas compartían mi lecho.</div>
<div>“Cuando se entere el padre Juan de lo que he hecho, me va a matar”, y riendo, pensé, “¡Que se joda!. Si quería alejarlas del prostíbulo, ¡lo ha conseguido! aunque ello signifique que las ha metido en mi cama”.<img decoding="async" class=" aligncenter" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/89/35088716/35088716_063_824a.jpg" width="493" height="741" /></div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí FIN&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 17:50:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En el coche, me empezaron a surgir nervios al darme cuenta de lo poco acostumbrado que estaba a las citas. No en vano la única que había tenido en los últimos dos años había sido con Agda y el mérito había sido suyo ya que ella había llevado la voz cantante, pero en el caso de Sara y dado su carácter, la responsabilidad de cómo se desarrollaran las cosas iba a ser enteramente mía. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «No puedo ni debo fallarla», me dije rememorando su cara de angustia cuando descubrió lo mucho que me deseaba tras permitir que Ua la masturbara [&#8230;]]]></description>
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<p>En el coche, me empezaron a surgir nervios al darme cuenta de lo poco acostumbrado que estaba a las citas. No en vano la única que había tenido en los últimos dos años había sido con Agda y el mérito había sido suyo ya que ella había llevado la voz cantante, pero en el caso de Sara y dado su carácter, la responsabilidad de cómo se desarrollaran las cosas iba a ser enteramente mía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «No puedo ni debo fallarla», me dije rememorando su cara de angustia cuando descubrió lo mucho que me deseaba tras permitir que Ua la masturbara en mi presencia.</p>



<p>Recapacitando sobre ello y como desde un principio se había abierto a mí en la marisquería, comprendí que debía ser galante sin forzarla en lo más mínimo asumiendo que ese papel sería ejercido por el manipulador ser que había dejado en el hotel. Con ello en la mente llegué frente al hostal donde su gobierno la había alojado, descubriendo que me estaba ya esperando en la puerta. Siguiendo el guion que me había marcado, me bajé con la intención de piropearla. Pero al mirarla y comprobar que parecía una ingenua ninfa recién caída del cielo, me quedé petrificado y solo pude mascullar un “buenas noches” mientras recorría con la mirada las maravillosas curvas que realzaba el vestido de lino blanco que llevaba puesto. Supe que la lujuria de mi mirada no le pasó inadvertida al advertir que se removía incómoda mientras recibía de mis manos los chocolates.</p>



<p>―Estás preciosa― alcancé a decir tras retirar mi ojos de sus pechos y haciendo un esfuerzo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_001_81ce.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tú estás también muy guapo― murmuró al ver que le abría la puerta.</p>



<p>Su timidez curiosamente me tranquilizó y tras esperar que se acomodara en su asiento, me metí en el Bentley. El lujo británico del automóvil la había impactado de tal forma que se había olvidado de abrocharse el cinturón, detalle que aproveché para ser yo quien lo hiciera. Mi galantería debió de agradarla porque sin venir a cuento observé que sus pezones florecían bajo su ropa.</p>



<p>―Gracias, Miguel― suspiró al advertir lo ocurrido.</p>



<p>Encendiendo el motor, lo hice sonar un poco para ver su reacción y tal y como había anticipado, sintió ese rugido como un anticipo de mi carácter y mordiéndose los labios, involuntariamente cerró sus piernas sin percatarse que al hacerlo la falda la había traicionado revelando gran parte de uno de sus muslos. Sin pedir su permiso, bajé la tela cubriéndola rozando brevemente su piel con mis yemas.</p>



<p>―Perdona, no me había dado cuenta de que mostraba de más― se disculpó abochornada por si pensaba que lo había hecho a propósito.</p>



<p>Mi silencio no hizo más que profundizar su vergüenza y nuevamente intentó justificar su error, pero cortándola dulcemente le dije que cuando quisiera disfrutar de sus piernas se lo diría mientras le hacía una carantoña en la mejilla.</p>



<p>―No seas malo― sollozó al sentir que le costaba hasta respirar.</p>



<p>Sin apiadarme de ella y mostrando siempre una cortesía inapelable, seguí acariciándola al responder:</p>



<p>―Con una gatita tan bella jamás podría ser malo.</p>



<p>El gemido que brotó de sus labios curiosamente se asemejó a un maullido y eso me hizo decidir que la llamaría así el resto de la noche. Abusando de su desliz y mientras me dirigía de vuelta a reunirme con Ía, le comenté que había reservado una suite para que nadie nos molestara mientras cenábamos.</p>



<p>―¿Te parece bien? Gatita.</p>



<p>―Sí― con un hilo de voz respondió, buscando quizás que no me diese cuenta de lo mucho que le ponía ese sobrenombre.</p>



<p>Desgraciadamente el rubor que decoraba su rostro era demasiado evidente para no advertirlo y recordando tanto el mail que habíamos interceptado en el que sus jefes la ordenaban seducirme como la conversación con su amiga, le pregunté si alguien sabía que había quedado conmigo.</p>



<p>―No― me mintió y pasando a la ofensiva quiso saber por qué lo decía.</p>



<p>Cogiendo mi móvil, le ordené que llamara a alguien y se lo dijera porque no me parecía correcto llevarla a un hotel sin que nadie lo supiera.</p>



<p>―No te entiendo― murmuró.</p>



<p>―Quiero que lo hagas para que estés tranquila y que sepas que no te va a pasar nada―comenté.</p>



<p>―No hace falta.&nbsp;</p>



<p>―Insisto, se una buena gatita y hazlo.</p>



<p>La velada orden provocó que hasta el último vello de su cuerpo se erizara al saber que era la primera, pero no la última que recibiría de mí y totalmente descompuesta llamó a la conocida con la que había conversado de mí. Al no contestar y saltar el buzón de voz, respiró aliviada.</p>



<p>―Mari, te llamo para informarte que he salido a cenar con Miguel Parejo.</p>



<p>Tras lo cual, apagó el móvil y me miró:</p>



<p>―Así me gusta― respondí regalándola otra caricia.</p>



<p>En esa ocasión, no quiso o no pudo disimular su suspiro mientras sus ojos denotaban una creciente adoración.</p>



<p>―¿Falta mucho para llegar? – quiso saber al ver que salíamos de Puerto Jimenez.</p>



<p>―Un par de minutos― contesté: ―Ya estamos cerca.</p>



<p>Acababa de decirlo cuando ante nosotros apareció el cartel del hotel. Al verlo, girándose hacia mí me preguntó si íbamos a Crocodile Bay.</p>



<p>―Así es, es el único a tu altura.</p>



<p>Desencajada al saber que nos dirigíamos al establecimiento más caro de la zona, quiso quitarle hierro diciendo que no me metiera con su tamaño ya que desde hacía muchos años había aceptado que era bajita. Su picara respuesta me hizo reír y le recordé una frase al respecto:</p>



<p>―Gatita, no se debe medir a alguien de la cabeza al suelo, sino de la cabeza al cielo.</p>



<p>―¿Estás seguro? Mi Napoleón― sonriendo respondió haciéndome saber que conocía de sobra a quien se le atribuía dicha frase.</p>



<p>Desternillado al advertir su nuevo error al usar ese posesivo, hurgué en la herida diciendo:</p>



<p>―¿Quieres que sea tu emperador?</p>



<p>La oriental no dudó ni un segundo antes de contestar con otra pregunta:</p>



<p>―¿Quién te ha dicho que no lo seas ya?</p>



<p>El destino quiso que llegáramos justo entonces al hotel y aparcando el coche en la entrada, me giré hacia ella sonriendo:</p>



<p>―¿Qué diría mi gatita si le robara un beso?</p>



<p>En vez de responder se lanzó sobre mí buscando mis labios. La pasión que demostró al recibir mi lengua dentro de su boca fue un preludio que me avisó que no era una dulce damisela la mujer que descubriría esa noche sino una ardiente amante deseosa de caricias. Durante unos momentos me dejé llevar, pero recordando la especial forma que tenía de entender el sexo me separé de ella y salí del Bentley, dejándola insatisfecha. Tal y como esperaba, la oriental se quejó del súbito rechazo haciendo un puchero.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_004_5a21.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Deja de maullar y mueve el culo o ¿prefieres que te devuelva a tu hotel?- respondí con una sonrisa mientras le abría la puerta.</p>



<p>&nbsp;Mi amenaza surtió efecto y aún molesta, se bajó. Incrementé su turbación, entrando al establecimiento sin mirar hacia atrás, sabiendo que me seguía.</p>



<p>-Buenas noches.</p>



<p>El saludo del conserje a cargo de recepción me sirvió para azuzar su carácter cuando pedí disculpas, por anticipado y en plan cabrón, por los gritos que iba a dar mi acompañante cuando me la tirara. Cualquier mujer que no fuera sumisa se hubiera dado la vuelta y huido de mí, pero Sara no dijo nada mientras me perseguía rumbo al ascensor. Esperando que se abriera, observé su nerviosismo con satisfacción al temer ella no poder contener sus ganas de entregarse a mis deseos.</p>



<p>-Pasa, gatita- susurré en su oído metiéndola en el cubículo, donde sin público empecé a sobarle el trasero.</p>



<p>Ese magreo hubiese escandalizado a noventa mujeres de cada cien, pero no fue su caso ya que tras reponerse de la sorpresa se pegó a mí buscando mis besos. Besos que por descontado queda no encontró y se tuvo que conformar con restregarse obsesivamente contra un sujeto que ni siquiera la miraba mientras en su interior se preguntaba qué había hecho mal.</p>



<p>-Acompáñame- ordené ya desde el pasillo al contemplar que se había quedado dentro sin saber qué hacer.</p>



<p>El tono autoritario, pero curiosamente dulce, de esa orden la hizo reaccionar y bajando la cabeza, se deslizó siguiéndome hasta el cuarto. Antes de tocar para que Ía me abriera me fijé en que mi comportamiento, lejos de amortiguar la atracción que sentía por mí, la había maximizado y que estaba a punto de caramelo.</p>



<p>-Espero que te guste la sorpresa que te tengo preparada – comenté tocando con los nudillos en la puerta.</p>



<p>Al abrirse no fue ella sola la que se quedó impresionada. Reconozco que yo también aluciné al ver que la rubia nos recibía vestida con un uniforme de criada que no hubiese destacado en una película porno.</p>



<p>-Amo, su cena está lista- comentó Ía mientras se arrodillaba a mis pies.</p>



<p>Gratificando a mi supuesta sumisa con una breve caricia en su cabeza y sin hacer caso a la cara que lucía al ver la indumentaria de mi ayudante, pedí a Sara que me acompañara. Entrando en la habitación y comportándome como un caballero de los de antes al llegar a la mesa donde cenaría con ella, le acerqué su silla. Era tal la turbación que sentía que en completo silencio se sentó mientras observaba a Ía abriendo el champagne. Tampoco dijo nada cuando rellenó nuestras copas y la chavala rozó con los pechos casi desnudos su cara antes de decir:</p>



<p>-Amo, como usted ordenó, la botella está fría y su sierva caliente.</p>



<p>Disfrutando de la expresión de desamparo de Sara, probé mi bebida y dando mi conformidad, premié a la rubia con un suave azote. La alegría con la que ese bello ser recibió mi caricia incrementó mas si cabe la angustia de mi acompañante, la cual sintió como propio el escozor que la nalgada había provocado en mi “criada”.</p>



<p>-Bebe, gatita- tomando una de sus manos, la ordené suavemente.</p>



<p>La asiática no tuvo valor de contrariarme y llevando la copa a sus labios, dio un sorbo a su copa mientras miraba de reojo el collar que la rubia llevaba al cuello. Percatándome de ello, pedí a Ía que se lo mostrara.</p>



<p>-Lleva tu nombre- tartamudeó consciente de su significado mientras bajo el vestido, sus pezones se erizaban.</p>



<p>No dando demasiada importancia al hecho, comenté que además de mi ayudante y amante se había comprometido a servirme de por vida, tras lo cual, recriminé a Ía que siguiera de pie.</p>



<p>-Perdón, mi señor- murmuró postrándose frente a nosotros adoptando la postura de espera.</p>



<p>Totalmente ruborizada, Sara no perdió detalle de cómo la sensual uniformada se ponía de rodillas, con la espalda erguida y los hombros hacia atrás mirando al suelo, deseando quizás ser ella quien estuviera así esperando la orden de su amo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Sara- llamando su atención y sin mencionar mi sumisa, comenté: -¿Recuerdas que me comprometí en explicar la razón por la cual no había sido honesto contigo?</p>



<p>Mi pregunta la hizo reaccionar y con un hilo de voz, contestó:</p>



<p>-Sí, prometiste que hoy me lo dirías.</p>



<p>Como si estuviéramos solos ella y yo, repliqué:</p>



<p>-No podía ni debía anticiparte que firmaría hoy un acuerdo. Ahora que ya he zanjado con una empresa sueca ese trato, no me importa que se sepa.</p>



<p>-¿Qué clase de acuerdo?- preguntó la burócrata y no la mujer.</p>



<p>-Me he hecho con el control de la tecnológica Alfa Centauro para desarrollar un nuevo sistema de desalinización que me convertirá en uno de los hombres de negocios más importantes del mundo.</p>



<p>Tras lo cual, pedí a Ía que me trajera el dossier resumido de la inversión. Mi ayudante meneando su trasero fue a por él y me lo dio. Nada más tenerlo en mis manos, se lo entregué a Sara.</p>



<p>-¿Por qué me lo das?- musitó impresionada.</p>



<p>Soltando una carcajada, respondí:</p>



<p>-Según mis informadores, tus jefes en la CIA te han ordenado que me seduzcas para sonsacarme información. Si te la doy de antemano, no te hará falta acostarte conmigo.</p>



<p>La norteamericana se puso de todos los colores al verse descubierta, pero aun así se guardó los papeles al saber que era su deber hacerlo.</p>



<p>-Ya que hemos aclarado este punto, ¿sigues interesada en seguir cenando o prefieres que te lleve de vuelta a tu hotel?</p>



<p>-Tengo hambre- alcanzó a balbucear sin sostenerme la mirada.</p>



<p>Al escucharla, ordené a Ía que nos trajera la cena.</p>



<p>-Como usted ordene, amo- contestó trayendo una bandeja.</p>



<p>Al comprobar que le podía en frente unos aperitivos, Sara hizo el intento de coger uno, pero entonces retirando su mano del plato la rubia comentó:</p>



<p>-Señora, usted es la invitada. Deje que yo le de comer.</p>



<p>Tras lo cual y sin esperar su respuesta, cogió un volován y se lo llevó a la boca. La oriental totalmente descolocada abrió sus labios permitiendo que mi supuesta sumisa se lo diera mientras sentía mis ojos fijos en ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_006_9dd9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Gatita. Sé que quizás no estas habituada, pero esta noche ella está para servirte- dije mientras arrodillada a su lado, Ía acercaba una servilleta para retirar una miga que se le había quedado pegada al lado de la comisura de sus labios.</p>



<p>Su desconcierto alcanzó un nuevo clímax cuando apoyando mis palabras la aludida comentó en su oído que, si no estaba satisfecha con la forma en que la cuidaba, debía de castigarla.</p>



<p>-Ese no es el papel que deseaba al venir aquí- murmuró confundida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obviando el significado de su queja, la rubia acercó otro aperitivo a su boca, diciendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Mi amo quiere que cuide a la señora y eso haré.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mimo con el que se lo daba le impidió rechazarlo mientras se removía incomoda en su asiento. Comprendí el plan que había elaborado cuando oí a mi supuesta sumisa comentar a Sara que yo todavía no había probado bocado:</p>



<p>-Don Miguel está esperando que la señora lo alimente.</p>



<p>No sabiendo cómo actuar, Sara me miró y se dio cuenta que era así.</p>



<p>-¿Puedo?- preguntó cogiendo un trozo de queso que había en mi plato.</p>



<p>Sonriendo, abrí mi boca para recibirlo. Temblando como un flan, Sara me lo acercó sin saber que tras cogerlo iba a lamer los dedos que me alimentaban. Al sentir mi lengua recorriendo sus yemas, no pudo reprimir un sollozo.</p>



<p>-Delicioso, gatita- murmuré deslizando la mano bajo el mantel.</p>



<p>&nbsp;Al sentir mi palma sobre su muslo, dos lágrimas de alegría hicieron su aparición en el interior de sus ojos y pegando un gemido, permitió que mi supuesta sumisa le diera un pedazo de jamón mientras instintivamente separaba las rodillas. Ese gesto involuntario me informó de lo excitada que estaba y por ello, acaricié sus piernas mientras la dejaba alimentarme.</p>



<p>-Miguel- suspiró al notar mis dedos recorriendo su piel cada vez más cerca de su sexo.</p>



<p>Desde el suelo, la rubia le corrió mientras le embutía otro aperitivo:</p>



<p>-Para nosotras, es amo.</p>



<p>Esa rectificación causó su estupor y tras una breve lucha en su interior, la muñequita masculló aterrorizada:</p>



<p>-Perdón, amo. No quise faltarle al respeto.</p>



<p>Llegando con mis yemas hasta la tela de su tanga, me entretuve unos instantes jugando con sus pliegues antes de contestar:</p>



<p>-Todavía, no puedes llamarme así.</p>



<p>Llorando como una magdalena al sentir mi rechazo, preguntó que debía hacer para poder hacerlo. La entrega que mostraba me impulsó a separar la mano de su entrepierna:</p>



<p>-Eso es algo que tenemos que discutir, ahora cena.</p>



<p>Tras lo cual, me negué a que me siguiera dando de comer y cogiendo los cubiertos empecé a cenar.</p>



<p>-Por favor, deseo ser tuya- sollozó descompuesta creyendo quizás que había perdido la oportunidad.</p>



<p>Acudiendo en su ayuda, Ía le aconsejó al oído que si quería que la aceptara tenía que pedírmelo como una sumisa. La morenita lo comprendió al vuelo y bajándose de la silla, se arrodilló en el suelo dejando caer su cuerpo hacia adelante. Tras lo cual extendió sus brazos apoyando las manos en el suelo mientras su negra melena caía hacia adelante:</p>



<p>-Esta mujer desea entregarse a usted en cuerpo y alma, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco día del año.</p>



<p>Sin dejar de comer, comenté a Ía que seguía viendo a una mujer. La rubia sonrió y actuando como mensajera, sugirió a la norteamericana que, si quería que su amo la tomara en cuenta, debía antes mostrarse en plenitud.</p>



<p>-Eso quiero, pero ¿cómo lo hago? – protestó desolada.</p>



<p>Sin atisbo de crueldad, le respondió que debía enseñar qué clase de mercancía estaba ofreciendo a su amo.&nbsp; Captando que debía desnudarse por entero si deseaba captar mi atención, la morenita se levantó y sin levantar su mirada, dejó caer un tirante.</p>



<p>-Hazlo despacio, demostrando que sabes excitar a un macho- ejerciendo de maestra, Ía le aconsejó.</p>



<p>&nbsp;Siguiendo su sugerencia, Sara deslizó por sus hombros el otro permitiendo que su vestido se fuera deslizando lentamente. Desde mi silla, observé como se iba revelando ante mis ojos la belleza de la oriental sin dar mi aprobación ni mi rechazo.</p>



<p>-Quítate el sujetador, gatita- escuché a la rubia decir.</p>



<p>Que Ía se refiriera a ella con el mote que le había puesto debió de excitarla porque dejando caer esa prenda, sus pezones aparecieron ante mí totalmente erizados. Su maestra dio un paso y tomando los pechos de la oriental, los sobó durante unos segundos antes de decirme que eran suaves y que lucían firmes.</p>



<p>-Está bien- comenté bebiendo un sorbo de mi copa.</p>



<p>Sara sintió que su sexo se anegaba y que sus piernas flaqueaban cuando regalando sendos pellizcos a sus areolas, la rubia exigió que se diera la vuelta. Deseando complacernos, la oriental se giró lentamente al saber que tenía que exhibirnos su espalda. Tal y como había anticipado al hacerlo, mi sumisa recorrió con los dedos su trasero antes de, con las manos, separar sus nalgas.</p>



<p>-Amo, tiene un culo duro y un ojete de color rosa que parece inmaculado- comentó tras un primer examen.</p>



<p>-¿Acaso nunca la han tomado por detrás? – pregunté interesado.</p>



<p>&nbsp;Intentando responder a mi pregunta, insertó una yema en su apretado hoyuelo. La mercancía sollozó al sentir violada su intimidad trasera mientras su coño se humedecía.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_009_e8f1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-No estoy segura, pero creo que nunca ha sido usado- me informó.</p>



<p>-¿Pregúntale?- dije todavía masticando.</p>



<p>La rubia se permitió el lujo de volver a introducir dos dedos dentro del trasero de la oriental antes de preguntar:</p>



<p>-Gatita, mi amo quiere saber si has entregado antes el culo a un hombre o lo has reservado para tu dueño.</p>



<p>Haciendo esfuerzos para no chillar de placer al notar esas yemas jugando en su interior, Sara replicó:</p>



<p>-Dile a mi futuro amo, que estoy deseando que me haga el honor desvirgarlo.</p>



<p>Sonreí al escuchar que nadie se lo había roto con anterioridad, pero manteniendo mi mutismo esperé a que Ía me trasmitiera el mensaje y solo cuando oí de sus labios que permanecía intacto, quise saber porque seguía llevando bragas.</p>



<p>-Perdón, amo. No había caído en eso- murmuró la rubia antes de desgarrar con sus manos esa coqueta prenda.</p>



<p>La calentura de Sara se maximizó con esa violenta maniobra y con la respiración entrecortada aguardó inquieta.</p>



<p>-¿Qué me dices de su coño?- pregunté.</p>



<p>Pegándole un sonoro azote, la giró y tras revisarlo visualmente, me informó que lucía lampiño con unos labios que no me desagradaría mordisquear. La asiática al escucharla y sobrepasando mis expectativas, sugirió que mi criada debía comprobar su textura para que me hiciera una idea de su sabor.&nbsp;</p>



<p>-Hazlo- ordené a mi ayudante.</p>



<p>La inmediatez con la que la rubia obedeció y pegó un lametazo entre sus pliegues me hizo comprender que examinar a la candidata a sumisa la había excitado. Por ello cuando tras el primero se recreó chupando más allá de lo que se requería no me extrañó, como tampoco que llevando una de sus manos a su propio sexo se empezara a masturbar. La fijación y el ansia como la que Ía estaba devorando su femineidad desmoronó la supuesta tranquilidad de la oriental y presa del deseo busco forzar el contacto de esa lengua presionando la cabeza de la rubia contra ella.</p>



<p>-Gatita, tienes prohibido correrte- dije al contemplar los primeros síntomas del orgasmo en ella.</p>



<p>Mi veto incrementó su angustia y más al escuchar que mi ayudante se ponía a gemir entre cada lametazo ya completamente entregada a la lujuria.&nbsp; Para entonces confieso que solo pensaba en poseerla, pero asumiendo que un buen amo debía quedarse al margen, esperé a que el sudor recorriera la frente de la morenita para preguntar por el resultado del examen. Sara agradeció la interrupción al saber lo cerca que había estado de fallarme dejándose llevar e histérica esperó la opinión de su maestra.</p>



<p>-Es digno de mi amo- sentenció ésta bastante molesta con que hubiera parado su banquete.</p>



<p>-Ven aquí y bésame. Quiero comprobar si no estás exagerando- pedí a la rubia.</p>



<p>Lanzándose sobre mí, esa criatura buscó mi boca exteriorizando su calentura al restregarse contra mí en un intento de calmar el ardor de su entrepierna mientras a un metro escaso, Sara lloraba de envidia. El sabor de la oriental impregnado en los labios de Ía me pareció algo sublime. Por ello, me costó dejar de besarla.</p>



<p>-Tráeme el regalo- le pedí.</p>



<p>Todavía uniformada de criada, la rubia fue por el paquete y me lo dio. Extendiéndoselo a la norteamericana, le pedí que lo abriera. Al hacerlo, se echó a llorar al descubrir que era un collar igual que el que colgaba de su maestra y sabiendo que al dárselo, la estaba aceptando como sumida, se echó a llorar diciendo:</p>



<p>-Mi señor, gracias por compadecerse de mí. Juro que dedicaré mi vida a usted.</p>



<p>Sonriendo, se lo quité de las manos y sin más prolegómeno, lo abroché alrededor de su cuello.</p>



<p>-Acompañadme a la cama- ordené a ambas y sin dignarme siquiera a mirar si me seguían me fui al cuarto.</p>



<p>Las dos mujeres no dudaron en obedecer y por eso, ya frente a la cama al ver el deseo de sus miradas, les pedí que me desnudaran. &nbsp;La morenita sollozó al oír mi orden y conteniendo las ganas de reír de felicidad, se acercó y comenzó a desabrochar mi camisa.</p>



<p>-¿Qué esperas zorra?- pregunté a Ía.</p>



<p>La rubia se quedó petrificada al escuchar mi tono y con los pezones marcándose bajo su uniforme, ayudó a la oriental. Una vez con el dorso desnudo exigí que me quitaran el pantalón. En esta ocasión fue Ía quien se anticipó y aflojando mi cinturón mientras Sara llevaba su mano al botón.&nbsp; Intercambiando la voz cantante, la norteamericana fue la encargada de bajarme la bragueta mientras su maestra deslizaba mi pantalón.</p>



<p>-Desnuda a tu igual- ya en calzoncillos pedí a la sumisa que iba a estrenar esa noche.</p>



<p>La joven sin dejar de mirar ansiosa la erección que escondía bajo la ropa interior, rápidamente despojó a Ía de su uniforme y volviendo a mi lado, esperó mis instrucciones.</p>



<p>-Quitadme el calzón- exigí.</p>



<p>Ambas cayeron a mis pies y llevando sus manos a esa última prenda, descubrieron mi pene totalmente inhiesto. Por el brillo de sus ojos supe que era lo que deseaban, pero en vez de permitir cumplir su anhelo pasé de ellas y me tumbé en la cama. Tanto Sara como Ía creyeron que debían acudir a mi lado y por eso al mismo tiempo se abalanzaron sobre mí.</p>



<p>-No os he dado permiso de hacerlo. Antes he de saber cuál va a tener el honor de probar la exquisitez del miembro de su amo.</p>



<p>Mis palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre sus cabezas y con lágrimas en los ojos me preguntaron cómo dirimiría la cuestión.</p>



<p>-La que haga que la otra se corra antes será la encargada de darme el primer lametón- contesté.</p>



<p>Las dos mujeres se miraron entre ellas retándose.</p>



<p>-Seré yo- respondió la morena y abalanzándose sobre la que había sido su maestra, demostró que era una experta en artes marciales inmovilizándola con una llave de judo mientras hundía la cara entre sus muslos.</p>



<p>Incapaz de liberarse, la rubia buscó mi ayuda quejándose que estaba haciendo trampas. Mis risas le hicieron ver que no iba a auxiliarla y por eso intentó lanzar un par de mordiscos sobre la judoca. Desgraciadamente, la postura que la había obligado a adoptar se lo impidió y chillando comenzó a insultarla mientras la lengua de la oriental se sumergía libremente en su coño.</p>



<p>-Maldita zorra, me pienso vengar- aulló al darse cuenta de la calentura que la estaba dominando al estar sometida.</p>



<p>Impulsada por el deseo de ser la primera en disfrutar de su amo, Sara se apoderó del clítoris de su rival y torturándolo con sus dientes, rugió feliz al notar la humedad que desprendía.</p>



<p>-No quiero hacerte daño, pero no dudaré en hacerlo si te resistes- murmuró mientras se lo mordisqueaba con dureza.</p>



<p>&nbsp;Nada en su vida como humana había preparado a Ía para ello y sentir que cerraba las mandíbulas sobre su botón, experimentó que algo en su interior se rompía y pegando un alarido que debió de oír hasta el conserje, rogó a su agresora que siguiera maltratándola de esa forma. La morena no dudó en profundizar su ataque introduciendo un par de yemas en el coño de su víctima mientras seguía mordiendo con saña su clítoris.&nbsp; &nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_010_fb6c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-¡Puta!- sollozó la rubia mientras dejaba de debatirse al experimentar una nueva, pero no por ello menos gozosa, clase de placer.</p>



<p>Al llenarse su boca del flujo de su antigua maestra, Sara aulló su triunfo prolongando y maximizando el orgasmo de Ía con continuadas incursiones en su sexo, hasta que totalmente vencida la rubia reconoció su derrota licuándose sobre las sábanas.</p>



<p>-Has ganado- murmuró con una expresión de desolación en su rostro: -Lo confieso.</p>



<p>La ganadora la ayudó a incorporarse y luciendo una sonrisa que me dejó totalmente enamorado, me pidió permiso para que la perdedora la ayudara a satisfacerme.</p>



<p>-Es tu derecho- respondí.</p>



<p>Dirigiéndose a la que consideraba su compañera, la oriental le rogó que olvidara lo sucedido y que la acompañara. En vez de acudir entre mis piernas, Ía buscó sus labios. La pasión con la que besó me informó no solo de que la había perdonado, sino que se había entregado sin reservas a la misma forma de amar que tenía Sara.</p>



<p>«Eso sí que no me lo esperaba», pensé encantando viéndolas jugar con sus lenguas, aunque eso supusiera que momentáneamente se olvidaran de mí.</p>



<p>Afortunadamente tras compartir ese beso, entre ambas decidieron que podían dejar ese reconocimiento mutuo para más tarde y girándose, maullaron mientras gateaban sobre el colchón.</p>



<p>-Venid- pedí a las felinas que se acercaban a mí.</p>



<p>-Tu gatita tiene sed- murmuró Sara dando el primer lametazo sobre mi pene.</p>



<p>-Tu minina también- lamiendo mis huevos, comentó su compañera.</p>



<p>La acción coordinada de ese par elevó mi excitación a límites pocas veces alcanzados y satisfecho pensé que curiosamente el papel de amo era un aspecto que debía practicar más mientras con sus bocas envolvían mi tallo.</p>



<p>«¡Qué gozada!», exclamé calladamente al sentir que la oriental besaba mi glande mientras la rubia se dedicaba a lubricar con su saliva el resto de mi extensión.</p>



<p>Tras ese primer escarceo, la vencedora de la lid abrió la boca y lentamente se fue introduciendo su trofeo hasta el fondo al tiempo que Ía se recreaba lamiendo mis testículos. Nuevamente la coordinación que demostraban me dejó impresionado cuando como si lo hubiesen practicado con anterioridad, Sara se puso a mamar metiendo y sacando mi falo de su garganta mientras Ía recorría con la lengua el resto de mi entrepierna.</p>



<p>-Como sigáis así, no tardaré en correrme- les avisé.</p>



<p>Mi alerta lejos de hacerlas menguar aceleró sus caricias e imprimiendo a ellas una velocidad creciente, entre las dos se lanzaron a ordeñarme. La oriental al sentir en su paladar la primera andanada de semen, quiso compartir con su compañera mi simiente y sacándosela de la boca, juntas esperaron la siguiente sin saber que la excitación que llevaba acumulada les iba a explotar en la cara, llenando sus mejillas de mi simiente. Al sentir los blancos chorros sobre su rostro, se echaron a reír y como buenas amigas, ordeñaron mi verga y tras dar buena cuenta de la producción de mis huevos, no satisfechas se lanzaron a chuparse las caras en busca de cualquier rastro de mi leche.</p>



<p>EL erotismo de esa escena no permitió que mi pene se relajara y por ello cuando terminaron de lamerse entre ellas, mi erección seguía presente.</p>



<p>-Toda tuya, gatita mía- riendo Ía cedió el turno a la oriental.</p>



<p>Sara no tuvo inconveniente y poniéndose a horcajadas sobre mí, se empaló con ella.</p>



<p>-Amo, guarde fuerzas para que después de tomar posesión de su propiedad pueda follarse a su otra sumisa- bufó mientras me empezaba a cabalgar…</p>



<h1 class="wp-block-heading">19</h1>



<p>Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente , me encontré a Ía despierta mirándome tiernamente. La dulzura de su mirada me sorprendió y mas cuando cerrando mi boca con un dedo, me empezó a acariciar. Comprendí que con ese gesto me estaba pidiendo no despertar a Sara y por eso atrayéndola hacía mí, respondí a sus caricias con un beso. Durante un par de minutos, nuestros cuerpos se estuvieron rozando lentamente, hasta que sintiendo entre sus muslos la presión de mi erección la joven me rogó que la hiciera el amor. Su belleza a la luz de sol era impresionante y por eso no pude negarme cuando tomando mi virilidad entre sus dedos, se comenzó a empalar. La lentitud con la que se fue introduciendo mi pene en su vagina me permitió disfrutar de la forma en que sus pliegues se iban abriendo a su paso mientras esa criatura buscaba mis besos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_019_940d.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Necesito que sentirte dentro de mí, amo- murmuró ensartada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La adoración que leí en sus ojos era mayor a la que me tenía acostumbrado y quizás por ello no me percaté de que se había referido a mí como amo y no como Íel.&nbsp; El ritmo pausado que imprimió a sus caderas no fue óbice para que sus senos empezaran a rebotar lentamente arriba y abajo mientras con la manos recorría mi pecho.</p>



<p>-Te amo- sollozó al sentir mi tallo deambulando en su interior.</p>



<p>Su tono enamorado me alertó de que algo la preocupaba y sin dejar de acariciarla, pregunté qué ocurría. La muchacha no me contestó e incrementando poco a poco el compás de sus caderas, prefirió cerrar los ojos y disfrutar del momento. Por su silencio, sospeché que en su mente se estaba desarrollando una lucha e ingenuamente creí que se debía a lo que había sentido comportándose como sumisa.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>-Sabes que soy tuya, ¿verdad? – en voz baja me preguntó mientras la humedad de su gruta envolvía mi tallo.</p>



<p>-Lo sé, princesa- respondí sin entender qué le pasaba.</p>



<p>Mi cariño tras una noche en la que disfrutó imitando la sexualidad de la oriental que seguía durmiendo a nuestro lado le hizo llorar y sin dejar de mover sus caderas, se abrazó a mí diciendo:</p>



<p>-Hasta anoche te quería, pero ahora te adoro y ya no deseo ser tu sanadora.</p>



<p>Esa última afirmación me dejó descolocado al temer que me estuviera adelantando que por alguna causa se iba a alejar de mí. Sus lágrimas no hicieron mas que confirmar ese extremo e invadido por la angustia, sentí que la perdía.</p>



<p>-No pienso dejarte ir. Eres mía.</p>



<p>Mis palabras acrecentaron sus lloros y juntando sus labios a los míos, buscó mi boca. Sí apenas unas horas antes habíamos compartido una pasión desbordada y hasta violenta, en ese momento la muchacha solo quería dulzura.</p>



<p>-No quiero que te vayas… te necesito a mi lado- insistí admitiendo por primera vez el amor que experimentaba por ella.</p>



<p>-Por favor, Íel no sigas- susurró mientras buscaba quizás por última mi esencia.</p>



<p>Contagiado de su angustia, la atraje hacía mí deseando eternizar ese instante y que todo fuera un mal sueño.</p>



<p>-Te amo y siempre te amaré, princesa- con ganas de gritar, susurré en su oído.</p>



<p>-Eres mi vida, mi pasado y mi futuro. Nada de lo anterior me importa y lo que el destino me repare, me da igual siempre que sea a tu lado- gimió llorando.</p>



<p>-¿Entonces porque no quieres ser mi sanadora y te quieres ir? – pregunté mientras con los brazos impedía que se fuera.</p>



<p>Una triste sonrisa apareció en el rostro de la chavala mientras sin dejar de trotar sobre mí me decía:</p>



<p>-Mi amado Íel, no es eso. Yo nunca te dejaría.</p>



<p>-¿Entonces qué te ocurre?- exclamé sin importar que con mi grito Sara se despertara.</p>



<p>&nbsp;Supe que la oriental llevaba tiempo observándonos sin intervenir cuando rompiendo su mutismo se abrazó a la chiquilla pidiendo que nos dijera qué le pasaba.</p>



<p>-Siento envidia de ti, de Tomasa y de Agda- sollozó.</p>



<p>-No debes. Eres preciosa, tienes al hombre que quieres y aunque te resulte extraño por lo poco que me conoces, yo también te amo- le dijo mientras la acariciaba la mejilla con sus dedos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_022_dbf6.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>La ternura de Sara azuzó más si cabe sus lamentos y demostrando que a los largo de la noche, le había confesado su naturaleza, gritó:</p>



<p>-¡Quiero ser humana!</p>



<p>-Mi amorcito, lo eres. Da igual que eras antes, ahora eres una mujer maravillosa- insistió la norteamericana.</p>



<p>Entrando de lleno en el tema, apoyé sus palabras diciendo:</p>



<p>-No entendéis, los humanos erais la última esperanza de las hembras de mi especie y siento que las he fallado… porque quiero…</p>



<p>-¿Qué quieres?- pregunté al ver que era incapaz de terminar la frase.</p>



<p>-Quiero… ¡quiero ser madre!- exclamó abrumada mientras se separaba de mí.</p>



<p>El dolor con el que confesó su deseo me dejó anonadado al comprender que en gran parte yo era el responsable de su problema al habérselo pedido y por ello, me vi incapaz de decir nada que pudiese consolarla. Sara, en cambio, no tuvo problema en preguntarla qué era lo que se lo impedía.</p>



<p>-No puedo soportar la idea de que Ua me rechace al saber que he traicionado a las nuestras.</p>



<p>Por un momento estuve a punto de confesar que su hermana estaba gestando un hijo mío, pero al no saber qué pensaría la pelirroja si la descubría me quedé callado mientras escuchaba sus sollozos. Nuevamente la morena demostró ser consciente totalmente de su dilema al decirle que quizás si se embarazaba no estuviera fallándolas sino dándolas una esperanza que antes no tenían.</p>



<p>-No te entiendo, ¿qué clase de esperanza puedo darles teniendo un hijo?-&nbsp; consiguió balbucear antes de volverse a sumir en el llanto.</p>



<p>A pesar de medir sus palabras, no por ello fue menos dura la bella asíatica al decir:</p>



<p>-Por lo que me has contado, tu especie lleva milenios parasitando a otra hasta llevarla al borde de la desaparición.</p>



<p>-Así es- desolada al recordar a sus antiguos protectores confirmó sin dejar de llorar.</p>



<p>-Vuestro error fue nunca verlos como algo vuestro, fuisteis unas sanguijuelas que exprimisteis hasta la extenuación a esos seres.</p>



<p>-¡Lo sé!- chilló descompuesta: ¡Y no quiero eso para los humanos!</p>



<p>-No es necesario y la prueba puedes ser tú.</p>



<p>Sin saber a donde quería llegar, me mostré interesado y le pedí que continuara. Un tanto molesta por mi interrupción, la inteligente morena me pidió que me callara y prosiguió:</p>



<p>-En la tierra existe un tipo de seres a los que llamamos líquenes, ¿los conoces?- al comprobar que no, continuó diciendo: -Son el resultado de la simbiosis entre un hongo y un alga que se unen para crear una estructura que los hace mas fuertes.</p>



<p>Al enterarse de su existencia, Ía dejó de llorar:</p>



<p>-Piensa en ellos como ejemplo. Si juntos han sido capaces de sobrevivir y colonizar otros medioambientes que les estaba vedados, porque no puede pasar lo mismo con las sanadoras y el ser humano.&nbsp; Me has contado y realmente lo creo, que según vuestras previsiones el ser humano se dirige hacia la extinción al igual que tu especie.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>-Eso dicen nuestras ancianas- musitó Ía por primera vez ilusionada.</p>



<p>-Un hijo de vosotras puede ser el germen de un futuro en común y pienso que no debes dejarlo pasar por el bien de ambas especies- al darse cuenta de que había dejado de gimotear y que la miraba esperanzada, concluyó: -Cariño, estoy segura de que, cuando pasen los siglos, tu hermana y tú seréis recordadas como las dos “Eva” que dieron origen a nuevo orden.</p>



<p>Limpiándose las lágrimas, la muchacha buscó mi opinión con la mirada.</p>



<p>-No puedo estar mas de acuerdo. Cuando llegasteis a mí, tenía mis dudas. Pero ahora que os conozco, sé que podéis ser nuestra salvación.</p>



<p>-¿Tendrías un hijo conmigo?- preguntó.</p>



<p>-Ya te dije que sí y ahora te lo exijo, mi pequeña diablesa.</p>



<p>Lanzándose sobre mí, me comenzó a besar mientras llorando, esta vez de alegría, pedía que la amara.</p>



<p>-¿Qué esperas? Fóllate a esta pequeña zorra y conviértete en ¡ADAN!- exclamó Sara mientras cogiendo mi falo lo insertaba dentro del coño de la bella y maravillosa criatura.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Epílogo</h1>



<p>Hoy hace ya veintidós años que ese par de albinas tocaron a mi puerta. Veintidós años en los que el amor que siento por mis cinco compañeras ha rendido sus frutos y actualmente tengo una extensa parentela que vive a mi lado en un rancho de los Estados Unidos. Mientras las tres humanas me han regalado cada una de ellas cuatro chavales que son mi orgullo, las dos simbiontes se han demostrado mucho menos prolíficas dándome entre las dos solo dos hijas. Pero que son mi rubia debilidad al ser un clon de sus madres. Durante este tiempo, la interacción con ellas y con sus privilegiadas mentes han ejercido en la humanidad un efecto beneficioso. Gracias a sus desalinizadoras agua, se ha acabado el hambre mientras que sus nuevos sistemas de energía solar han reducido a la mitad la contaminación acumulada en nuestro ecosistema. ¡Todo ello sin que los ocho mil millones de humanos sepan de su existencia!</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_023_b800.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Todavía no estáis preparados para saber la verdad- recuerdo que me dijo Ara, la anciana sanadora que mandaron a certificar la información que mis “niñas” habían proporcionado al consejo.</p>



<p>La tal Ara, a pesar de haber vivido casi quinientos años y no contar ya con capacidad de procrear, aparenta ser una treintañera de grandes tetas. Debido a que por su edad era también incapaz de soportar otra metamorfosis que la volviera a su estado original, se ha quedado a vivir con nosotros y ha adoptado como nombre las ultimas tres letras de Sara, dada la buena sintonía que la actual directora de la CIA y ella han demostrado a la hora de ordeñar mi esencia.</p>



<p>Si con la oriental habían acertado en el puesto que iba a desempeñar, con Agda erraron ya que, en vez de convertirse en presidenta de la Unión Europea, la nórdica prefirió optar por dirigir la ONU para así vivir con su verdadero amor, que no soy yo, sino ¡Tomasa! La predilección de la sueca por los cantaros de miel de mi mulata no me preocupa porque para la matriarca de nuestra familia sigo siendo su razón de vivir y su sostén.</p>



<p>Respecto a mis dos particulares Evas poco he de decir excepto que he conseguido retener por ahora sus pretensiones de alargar mi vida otros cien años más, aunque temo que en secreto hayan obviado mis deseos y termine por convertirme en el Matusalén bíblico de nuestros días. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tus genes son necesarios – no se cansan de decir mientras esperamos la llegada de las primeras seis hembras de su especie que han escogido para los tres primogénitos que he tenido con mis esposas humanas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque no me lo han confirmado, sospecho que se han aliado con Erik y que van a aprovechar la fiesta que hoy han organizado para celebrar sus aterrizaje en la tierra para presentárselas a los muchachos. Si digo esto es porque el capullo del gigantón, ejerciendo de padrino, ha regalado a cada uno de sus ahijados una mansión donde en un futuro puedan crear una familia. Por eso, me temo que esta misma noche que Miguel, el hijo que tuve con Tomasa, Erik,&nbsp; el de Agda y Peter, el de Sara, sean ordeñados por las parejas de simbiontes que sus madres han seleccionado para ellos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras espero con tranquilidad su futuro y el de sus hermanos varones, me reconcome la idea de que pronto María y Teresa, mis amadas hijitas, alcancen su madurez y requieran como sus madres nutrirse con la esencia de un varón.</p>



<p>¡Puedo ser el Adán moderno, pero ante todo soy el típico padre que no puede dormir cuando sus niñitas se van de juerga!</p>



<p>Por eso, no me da reparo reconocer que me he comprado dos escopetas y las tengo permanente cargadas para cuando lleguen con sus novios poder llamarlos al orden, si no las hacen felices.</p>



<p>Mis dos maravillosas extraterrestres dicen que soy un cerdo machista, yo en cambio pienso que soy… ¡HUMANO!</p>



<p>FIN</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_030_912c.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 8&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 16:48:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[14 Tras la comida, llegó el momento de firmar con Erik la compra mayoritaria de su compañía. Supe que ya había revisado los documentos al comprobar que apenas exigía incluir un par de detalles en la redacción final y que curiosamente se centraban en la posibilidad de dejar la presidencia de Alfa Centauro. Para el sueco era importante dejar ya dispuesto quien le sucedería en ella llegado el caso en que quisiera dimitir. Sus pretensiones no me parecieron insalvables porque quería que o bien Ía, o bien Ua o en último caso yo fuéramos el siguiente en ostentarla. Aunque no [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>14</p>



<p>Tras la comida, llegó el momento de firmar con Erik la compra mayoritaria de su compañía. Supe que ya había revisado los documentos al comprobar que apenas exigía incluir un par de detalles en la redacción final y que curiosamente se centraban en la posibilidad de dejar la presidencia de Alfa Centauro. Para el sueco era importante dejar ya dispuesto quien le sucedería en ella llegado el caso en que quisiera dimitir. Sus pretensiones no me parecieron insalvables porque quería que o bien Ía, o bien Ua o en último caso yo fuéramos el siguiente en ostentarla. Aunque no me apetecía que nuestros nombres aparecieran al preferir mantener nuestro anonimato, comprendí que con ello deseaba garantizar una transición pacífica. Por ello, tras un tira y afloja donde impuse que al menos se quedara cinco años en ese puesto, el magnate rubricó con su firma nuestro acuerdo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_003_7e20.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p><br>-No sabe cómo le agradezco su confianza- comenté satisfecho.<br>Al oírme, el rubio soltó una carcajada antes de contestar:<br>-Sería un perfecto cretino si no me fiara de un hombre que además de hacerme multimillonario sea tan humilde que no quiera pasar a la posteridad como el mayor benefactor de todos los tiempos y me deje a mí ese honor.<br>Admitiendo que tenía parte de razón, no dije nada y centré la conversación en la posibilidad de incluir en los estatutos de la compañía un artículo que obligara al conglomerado resultante a invertir el cinco por ciento de sus ganancias en una fundación con marcado carácter social. Erik no se lo esperaba, pero, como era algo que ya venía haciendo con carácter informal, tampoco puso ningún impedimento.<br>-Si todo va como espero, en pocos años será la mayor ONG del planeta- sentenció ilusionado.<br>Con todo acordado, llegó el momento de descorchar una botella de champagne con la que celebrar el trato. Como para entonces Tomasa y Ua ya habían reunido con nosotros, fue la mulata la encargada de abrirla. Cuando Tomasa sirvió las copas, no me pasó inadvertido que llenaba menos la suya y la de Agda.<br>«No quiere beber ni que la rubia beba estando embarazadas», pensé recordando lo que Ía nos había anticipado.<br>Al protestar la embajadora y pedir que se la llenara, la pelirroja que se había dado cuenta de la maniobra tranquilizó a la futura madre diciendo que podía servirla más porque ella se ocuparía de la salud del feto. La confianza que ese ser inspiraba en Tomasa le permitió ceder y sonriendo, no solo rellenó la de la sueca sino también la suya y alzando la copa, informó a todos de su estado. Agda al oír que estaba embarazada se acercó a ella y la besó mientras Erik riendo me felicitaba. El abrazo del sueco no impidió que de reojo observara que la costarricense aprovechaba para acariciar con disimulo el trasero de la mujer y que ésta, lejos de escandalizarse, aceptaba gustosamente esa carantoña.<br>«Como no tenga cuidado, esa rubia me quita la novia», medité de buen humor al saber que esa noche asistiría al estreno lésbico de ambas.<br></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_005_a392.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Mi nuevo socio hizo honor a la fama de sus compatriotas y dejándose llevar por la euforia, sacó de su maletín un licor tradicional sueco diciendo que se había permitido traer una botella elaborada por él con la que festejar nuestro acuerdo. Al verlo no quise que Tomasa dejara de tontear con Agda y ejerciendo de anfitrión, traje una docena de vasitos donde servirlo. Tras servir el Aquavit, un destilado con más de cuarenta y dos grados, Erik chocando su chupito con el mío, se lo bebió de golpe. Como no podía ser de otra forma, lo imitamos y mientras la embajadora lo hizo como si nada, el resto de los presentes sentimos el impacto del alcohol quemándonos nuestras gargantas.<br>-Está bueno, pero fuerte- alcancé a decir temiendo que ese mejunje me hiciera un agujero en el estómago mientras a la mulata y a nuestras niñas les pasaba lo mismo.<br>El cabronazo del sueco se descojonó al ver nuestras caras y sin compadecerse de nosotros, sirvió otra ronda a la que dio igual destino. Ese segundo snaps nos fue más fácil de ingerir a todos excepto a la mulata que directamente se negó a repetir aduciendo su estado. Erik lo comprendió y por eso al rellenar por tercera vez se abstuvo de servirle a ella, para acto seguido empezar a cantar una melodía tradicional de su nación llamando a sus teóricas compatriotas a que lo siguieran. Agda rápidamente lo siguió mientras las chavalas se miraban asustadas entre ellas al no sabérsela. Ua fue la primera en reaccionar y acercándose al magnate, se conectó con la mente del sueco usando sus dedos para acto seguido comenzar a cantar. La prodigiosa voz de la pelirroja hizo callar a todos y mientras Erik soltaba un lagrimón totalmente emocionado, la embajadora palideció al darse cuenta de los extraños filamentos que salían bajo las uñas de la pelirroja. Ía se percató de ello y cogiendo del brazo a la mujer, se la llevó a una esquina. Comprendí lo que ocurría al ver que hundía las yemas en el brazo de la vikinga mientras intentaba tranquilizarla. La expresión del rostro de Agda fue un reflejo del modo en que iba asimilando la noticia pasando de la incomprensión a la ira y de la ira a la aceptación. Al comprobar que al menos ya no estaba indignada, me acerqué por si mi presencia servía y fue entonces cuando ese mujerón me soltó que no sabía si abofetearme o comerme a besos.<br>-Personalmente prefiero la segunda opción- comenté sin saber todavía a qué atenerme.<br>-Debería matarte, pero no puedo dejar a mi niño sin padre- sonrió de oreja a oreja antes abrazarme.<br>Fue entonces cuando caí en que ese bello ser la había convencido al revelarle la existencia de un bebé creciendo en su vientre y buscando su perdón, la besé. La reacción de Agda al sentir mis labios fue desproporcionada y denotando que la ilusión de ser madre era superior a cualquier cosa, buscó mis caricias mientras me recriminaba que no hubiese sido yo quien le dijera que estaba embarazada.<br>-Iba a decírtelo esta noche- respondí mintiendo al no tener previsto comentar nada y que fuera ella la que se enterara al perder la regla.<br>Lo cierto es que me creyó y ya totalmente esperanzado con el hijo que la había regalado, me preguntó si estaba contento.<br>-Muchísimo, princesa- lamiendo la lágrima que corría por su mejilla, murmuré.<br>Para entonces Tomasa se había reunido con nosotros y demostrando que también ella estaba contenta, la felicitó con un abrazo. Agda al advertir la alegría de la mulata se volvió a descomponer y a moco tendido quiso saber cómo iban a hacer para que los hermanos se educasen juntos.<br></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_007_9c2b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Nuestro marido ha comprado una mansión para que vivamos todos juntos y desde ahora te digo que querré a tu retoño como mío- contestó besándola.<br>La rubia sollozó al sentir su apoyo y mirándome a los ojos, me preguntó si estaba de acuerdo. Hincándome frente a ella, le dije que, aunque no fuera algo legal si aceptaría ser nuestra esposa. Agda no pudo reprimir su llanto al decirme que aceptaba y lanzándose sobre mí, me llenó de besos. Besos que rápidamente Tomasa nos exigió compartir y uniendo nuestras tres bocas, sellamos el formar juntos una sola familia. Ía, que hasta entonces se había mantenido en segundo plano, se acercó y demostrando una timidez impropia de su carácter me preguntó si como les afectaba a ellas nuestro enlace. Me quedó claro que su pregunta se refería a si deberían considerar como “¿dueña?” “¿madre?” también a la sueca y no queriendo mojarme pasé pelota a Tomasa.<br>Mi adorada negrita sin soltar a la embajadora le hizo saber que en el pack entraba el “proteger” a las dos chavalas. La aludida sin dejar de sonreír replicó:<br>-Aunque no sé a qué me comprometo, desde ahora te digo que cuidaré de ellas. Me han hecho un regalo que nunca esperé y soy una mujer agradecida.<br>Muerta de risa, Tomasa murmuró en su oído mientras le daba un suave pellizco en pezón que ese par se volvían locas con la leche materna y que en cuanto pudieran se pondrían a mamar de ella. La vikinga al imaginarse a esas monadas succionando de sus pechos se estremeció de placer y prometió a darles de comer siempre y cuando su niño se hubiera saciado antes.<br>-Por eso no te preocupes, nuestras dos zorritas se ocuparán de que te sobre- susurró desternillada la mulata.<br>Interviniendo señalé antes de tomarlas de la mano y volver junto a Erik, que yo también pensaba participar en ese banquete. Al oírme, Agda me contestó que daba por descontado eso ya que si algo le había demostrado es que era un pervertido.<br>-¿Pervertido yo?- despelotado respondí: -¡Te recuerdo que fuiste tú quien me violó!<br>-Y pienso volverlo a hacer esta noche- llevando su mano a mi bragueta, me amenazó.<br>Mi pene reaccionó irguiéndose bajo el pantalón al sentir sus caricias y solo la presencia del sueco evitó que la tomara ahí mismo sin mayor dilación cuando restregándose contra mí me insinuó que lo hiciera. Tomasa impuso la cordura al pedirnos que nos aguantáramos las ganas hasta quedarnos solos.<br>-Eso haré si juras ayudarme a ordeñar luego a nuestro don Juan.<br>-Te lo juro- contestó y cerrando el asunto, la morena nos hizo ver que Ua totalmente borracha seguía cantando con el magnate.<br>Al mirarla recordé lo locuaz que se volvía con el alcohol y no queriendo que se fuera de la lengua, retiré de su mano el vaso lleno de licor mientras pedía a su compañera que la cuidara. Ía malinterpretó mis palabras y creyendo que le estaba exigiendo que le hiciera el amor, se dio la vuelta y mirando a la mulata y a la vikinga les preguntó si les apetecía acompañarlas a la cama. Agda al escuchar la propuesta se sonrojó, pero sorprendiendo a todos tomó de la cintura a Tomasa diciendo:<br>-¿Me acompañas a mimar a nuestras protegidas?<br></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_008_9c2b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Los pezones de mi querida exempleada reaccionaron irguiéndose bajo su blusa y encantada con esa proposición, llamó a las chavalas para acto seguido dejarme a solas con Erik. Afortunadamente, el nórdico notó que deseaba acompañarlas y guiñándome un ojo, me azuzó a seguirlas comentando que era mi deber satisfacer a mis mujeres. Se lo agradecí abriendo de par en par mi bodega y me escapé rumbo a mi cuarto.<br>Al llegar a la habitación, Ía estaba desnudando a Agda mientras Tomasa se ocupaba de acostar a Ua para que durmiera su borrachera. No queriendo desperdiciar el momento, ayudé a la primera con uno de los tirantes. Al dejar caer su vestido, la rubia sonriendo dio entrada a la chavala. Ésta al contemplar los rotundos pechos que el destino había puesto a su merced, no se lo pensó dos veces y agachándose, comenzó a recorrer con la lengua las rosadas areolas de la vikinga mientras yo terminaba de desnudarla. Su víctima no pudo más que sollozar al sentir ese tierno ataque y girando la cabeza buscó mis besos, pero no los encontró porque llegando hasta nosotros fue la boca de Tomasa con la que se topó. Mientras mi adorada negrita forzaba sus labios, me apoderé del pezón libre sabiendo que mi maniobra iba a ser bienvenida. Lo que nunca preví fue que la endemoniada chavala le hubiera dado tiempo a modificar el cuerpo de la nórdica y por eso me impactó, saborear su blanca y suculenta leche que manaba de los pechos de esa mujer.<br>-No puede ser- exclamó Agda al percatarse que lactábamos de ella y ante tamaña sorpresa, se corrió.<br>Desde la cama, Ua pidió con voz alcoholizada su parte. La mulata al escucharla tumbó a la embajadora junto a ella y ejerciendo de maestra, le hizo ver que desde ese momento tenía dos madres. Adoptándola como ya habíamos hecho nosotros, la enternecida mujer llevó uno de los grifos en los que se habían convertido sus senos a la boca de la pelirroja, la cual sin distinguir propiamente el cambio buscó con ansia su maternal esencia.<br>-Tranquila- susurró al ver su desesperación.<br>Al oír su voz, Ua se escandalizó creyendo que nos había traicionado y solo cuando Ía le explicó que la sueca era también mi pareja, la joven se tranquilizó y olvidando sus reparos, volvió a mamar.<br>-Eres tú también mi bebé- poniendo a su disposición el pecho libre, recalcó Agda llamando a su compañera.<br>Emocionada por el cariño con el que la llamaba, Ía buscó acomodo a su lado y maullando como una gatita, buscó el pezón que le ofrecía. Al tener a esos dos bellos seres alimentándose de su esencia, la nórdica tomó realmente conciencia de que tras tantos años sola había encontrado una familia y con lágrimas en los ojos, nos dio las gracias.<br>-Somos nosotros los que tenemos que agradecerte a ti- respondí y respetando el momento tan íntimo que estaba disfrutando, preferí dejarla sola con esos dos bellos seres.<br>Llamando a Tomasa, le pedí que me acompañara a preparar el jacuzzi. No hizo falta que le explicara nada más porque comprendiendo mis motivos, la morena me siguió al baño.<br>-¿Has visto su cara? Realmente se siente su madre- comentó.<br>Sonreí con algo de angustia al estar de acuerdo con ella. Al igual que nos ocurrió a nosotros, esas criaturas habían despertado el instinto maternal de la cuarentona y eso lo quisiera reconocer o no, era algo anormal porque su reacción lógica y la nuestra debería haber sido la contraria. Tanto ella como nosotros nos deberíamos haber al menos asustado al enterarnos que no eran terráqueas y aterrorizado al saber que por su naturaleza esas dos y toda su raza querían a los humanos como simbiontes.<br>«Tenemos que explicar a Agda el peligro que representan», concluí apesadumbrado mientras mi bella negrita se ponía a preparar la bañera.<br>Sabiendo que le costaría ponerse en guardia ante quién había hecho realidad que pudiera quedarse embarazada, cuando exteriormente eran toda dulzura y sus actos parecían encaminados al bienestar de la humanidad en su conjunto, decidí no agriar su felicidad por lo menos esa noche. Estaba todavía reconcomiéndome con ese pensamiento cuando escuché que la rubia se levantaba y acudía a nosotros. Sus primeras palabras no hicieron más que ratificar mi decisión:<br>-Pobrecitas, se han quedado dormidas- murmuró en voz baja con una sonrisa de oreja a oreja.<br>La expresión de felicidad con la que llegaba tras darles de mamar incrementó las sospechas que tenía de que de alguna manera nos habían lavado el cerebro al comprobar que esa mujer sentía un cariño desproporcionado por ellas. Pero no me quedé ahí, sino que comparé su reacción con la nuestra y recordé que su llegada había provocado que nos sintiéramos inclinados a protegerlas cuando deberíamos haber huido de ellas. Mi buena Tomasa me sacó de esa espiral al decirnos que ya teníamos listo el jacuzzi. Agda se dejó llevar cuando, tomándola de la mano, la mulata la metió al agua.<br></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_009_511b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Eres preciosa- escuché que le decía mientras se abalanzaba sobre ella.<br>Satisfecho, entré a la bañera y por un momento mis problemas pasaron a segundo plano al ver que sin esperar mi llegada se besaban. Mirándolas sin unirme a ellas, me percaté que estaba completamente colado por las dos y aunque en el caso de la negra era algo normal, a la sueca apenas la conocía.<br>«Daría mi vida por cualquiera de ellas», pensé analizando la profundidad de mis sentimientos y evitando seguir analizando, me deslicé a su lado.<br>Al sentirme, Agda me dio entrada entre ellas y besándome me hizo coparticipe de su alegría, pidiéndome ayuda para amar a Tomasa. La negrita riendo la hizo saber que ella también era suya y atrayéndola, se apoderó de uno de sus pechos con una pasión contagiosa e imitándola llevé mis labios a la rosada areola que se había quedado libre. La nórdica al sentir nuestras bocas devorando sus pezones gimió descompuesta. Sus gemidos azuzaron mi lujuria y mientras seguía mamando de ella, apreté entre mis dedos un seno de la morena. Mi caricia abrió la espita y como si fuera un pequeño geiser, de esa negra maravilla brotó un blanco néctar que resultó una tentación irresistible a la que la diplomática no pudo retraerse y abriendo la boca de par en par, se apoderó impresionada por lo mucho que le gustaba el dulzón sabor de la leche de la costarricense.<br>-¡Dios! Es riquísima- exclamó totalmente entregada.<br>Desternillada por la manera en que lactaba de ella, Tomasa dejó que se saciara mientras deslizando la mano por el cuerpo de la rubia buscaba su sexo. Asumiendo mi papel secundario en la bañera, usé mis dedos para favorecer sus caricias y separando los hinchados pliegues del coño de Agda, permití que mi adorada morena fuera la que se apoderaba del botín.<br>-Me encanta- sollozó la sueca al notar por primera vez a una fémina mimando su clítoris y totalmente entregada, movió sus caderas siguiendo el ritmo en que esas yemas la tocaban.<br>El erotismo de la escena no me resultó indiferente y luciendo una erección antológica, permanecí a la espera de que me dieran entrada mientras contemplaba la pasión con la que se entregaban una a la otra. Tomasa al ver que me mantenía a parte me llamó y colocándome entre ellas, me pidió que me mantuviera quieto mientras rogaba a la que ya consideraba su pareja que se fuera empalando con mi pene. Agda no se hizo de rogar y sentándose a horcajadas sobre mí, se fue introduciendo lentamente mi erección. Su lentitud me permitió notar como su coño se iba abriendo para absorber mi virilidad mientras la morena mamaba de ella.<br>-¡Os amo!- surgió de su garganta al sentirse llena y sin esperar a que su cuerpo se acostumbrase a la invasión, comenzó a cabalgar usándome como montura.<br>El desenfrenado galope de la mujer zarandeó mi verga con violencia, pero no me importó al ver el brillo maravillado de sus ojos y saber lo cerca que estaba del orgasmo. Su calentura y la forma en que sus pechos rebotaban arriba y abajo animó a Tomasa a seguir masturbándola mientras lactaba de ella hasta que el triple estímulo de mi pene, sus labios y sus dedos llevaron a la sueca a un estado cercano a la locura.<br>-Me corro- aulló ya poseída y ante nuestra mirada, convulsionó al notar que todas sus neuronas ardían sumidas en el placer.<br>La fuerza y la profundidad de su clímax no menguaron la forma frenética en la que se empalaba e incrementando todavía más el compás de sus caderas, buscó que derramara mi esencia en ella. Su insistencia alargó su placer uniendo sin pausa una serie concatenada de orgasmos que la dejaron al borde de la histeria.<br>-¡No pares!- aun así, chilló al verse incapaz de desear que cesara el placer que estaba sintiendo. Haciéndola caso, usé mis manos para forzar todavía más mis penetraciones. Ella al notar que presionaba sus nalgas y que con ello su coño era maltratado todavía con mayor fiereza, se derrumbó totalmente exhausta.<br></p>


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<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_010_118a.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Tomasa se enterneció al contemplar la sonrisa que lucía en su cara y uniendo sus labios a los de la sueca, me rogó que la dejara. He de reconocer que me costó ceder y dejar de amarla porque hasta la última célula de mi cuerpo me pedía que siguiera haciéndolo, pero comprendiendo que la noche no había terminado y que tendría ocasión de descargar la lujuria que se había acumulado en mis huevos, me separé de ella. Supe que había hecho bien al ver que se abrazaban y que me pedían que compartiera ese momento uniéndome a ellas. La ternura con la que ambas me besaron al hacerlo diluyó mi insatisfacción y cerrando los ojos, disfruté del cariño de esas dos espectaculares mujeres sin pensar en nada más.<br>Totalmente relajados, solo la llegada de Ía evitó que nos quedáramos dormidos en el jacuzzi. Desde la puerta se quedó mirándonos abrazados y conmovida por esa escena dudó en hacerse notar, pero el temor a que nos quedáramos fríos la hizo actuar y cogiendo unas toallas, nos fue ayudando a salir del agua. La ternura de la muchacha impactó a la sueca, la cual sin saber por qué dos lagrimones surcaron sus mejillas. Al preguntarle yo porqué lloraba, la rubia contestó que jamás había sido tan feliz como en ese instante con nosotros. La sonrisa con la que ese extraño pero bello ser recibió esa respuesta me hizo comprender que compartía con ella esa felicidad.<br>«No puede dejar de sentir empatía», pensé mientras veía el mimo con el que la secaba.<br>A pesar de no haber nada sexual en ello, he de reconocer que me excitó ser testigo del modo en que Ía ayudaba a ponerse un albornoz a Agda y por eso cuando me llegó mi turno, esa criatura se encontró con una más que evidente erección. Mi tallo inhiesto despertó su lado travieso y tomándolo entre sus dedos, la endemoniada chavala me regaló un largo lametazo antes de preguntar si mis dos mujeres habían sido incapaces de ordeñarme. Al escuchar su tono, Tomasa con picardía comentó que habían reservado mi esencia para ella. Ante esa respuesta y esbozando una sonrisa, Ía replicó que tenía satisfechas sus necesidades y que no necesitaría más hasta dentro de dos días.<br>-¿Cuándo os vais a enterar que los humanos hacemos el amor solo por placer sin buscar nada a cambio?- exclamó riendo a carcajadas la morena.<br>-Amada Asa, yo no soy humana.<br>-Si que lo eres y más de lo que piensas- contesté mientras la besaba.<br>Mi lengua forzando sus labios desmoronó su resistencia y restregando su cuerpo con el mío, insistió en que no la tentara porque esa noche era de Agda. La aludida vio llegado el momento de probar la resistencia de la cría y llegándole por atrás, comenzó a acariciarla mientras le decía lo mucho que deseaba contemplar cómo se entregaba a mí. Tomasa entendió que lo que realmente quería la nórdica era formalizar su entrada a nuestra familia y casi a empujones, nos sacó del baño.<br>-¿No querrás contrariar a tu nueva protectora?- preguntó mientras con ayuda de Agda tumbaba a la chavala sobre la cama donde dormía ajena a todo su compañera.<br></p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_011_bffd.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Su propia naturaleza la traicionó al verse obligada a acatar las órdenes de la que seguía considerando su dueña y por eso nada pudo hacer cuando las dos mujeres empezaron a recorrer con la lengua sus pechos.<br>-Sois malas conmigo- gimió al sentir que las hormonas tomaban el mando de su cuerpo humedeciendo su entrepierna.<br>-Y más que lo quiero ser- susurró en su oído la sueca mientras cogía uno de sus pezones entre los dientes.<br>El chillido de su niña al sentir ese mordisco indujo a Tomasa a imitarla y apoderándose de la otra rosada areola, se puso a mamar de ella.<br>-¡Santa luz!- bramó descompuesta al darse cuenta de que su parte humana gozaba con esas caricias llenando de flujo las sábanas.<br>Su exclamación despertó a la pelirroja, la cual al ver lo que se estaba perdiendo a trompicones se lanzó sobre el manantial en que se había convertido el sexo de Ía y como si quisiera obtener de ella su esencia, hundió su lengua entre los hinchados pliegues de su compañera. Ese ataque cogió desprevenida a la muchacha y sometida a los dictados de su cuerpo, gozó como pocas veces de las caricias que estaba recibiendo.<br>-Calla y disfruta- murmuré mientras observaba con detalle Ua meneando su trasero mientras daba cuenta del sabor de su coño.<br>La belleza de las nalgas duras moviéndose fue una llamada a la que no me pude resistir y llevando mis manos a esa hermosura, comencé a acariciarla mientras la azuzaba a sacar el néctar que brotaba entre las piernas de Ía. Mi insistencia y las caricias de mis yemas recorriendo su culo calentó sobre manera a la pelirroja y ya totalmente despierta me rogó que la tomara. Por un instante dudé sabiendo que seguía borracha, pero cuando elevando su voz me volvió a reclamar que la amara, no pude decir que no y me puse a juguetear con mi glande entre sus labios. Ua suspiró al notar que introducía brevemente mi pene en ella y echando su cuerpo hacia atrás, se lo clavó hasta el fondo.<br>-¡Mira que eres bruta!- dije al verlo.<br>Haciendo oídos sordos a mi queja, la pelirroja comenzó a gemir cuando sintió mi glande chocando con la pared de su vagina y presa de la sensación de sentirse amada, buscó con mayor denuedo su placer sin dejar de degustar el manjar que para ella suponía el depilado chumino de la hembra de su especie. La sincronía con la que nos amábamos sorprendió a Agda, la cual exteriorizó su sorpresa cuando Ía le pidió que compartiera con ella su esencia. Creyendo que le pedía mamar de sus pechos se los acercó a la boca, pero la preciosa criatura los rechazó y aprovechando su cercanía, hundió su cara entre sus piernas.<br>-¡Por Dios!- aulló cuando sin previo aviso la joven cogió entre los dientes su clítoris.<br>Ese mordisco despertó más si cabe su naturaleza ardiente y sin separarse de ella, buscó con la mirada a la mulata. Tomasa se abrazó a ella dejando su entrepierna a disposición de Ía. Ésta no desaprovechó el regalo y alternando con la lengua entre los sexos de ambas, incrementó la pasión con la que se besaban. Desde mi privilegiado punto de observación, comprendí que la pequeña estaba a punto de correrse al verla temblar sobre la cama y azuzando a Ua para que incrementara el acoso al que sometía a su compañera, aceleré el ritmo de mis caderas. Tal y como había previsto, la rubita sucumbió al placer explotando en la boca de la pelirroja. Al darse cuenta de que llevada por la pasión Ía derramaba su esencia, Ua decidió introducir un par de dedos dentro de su vulva para alargar su gozo. Al sentirse penetrada, la joven se retorció rogando que no dejara de amarla mientras Tomasa y Agda se desentendían de ella entrelazando sus sexos. buscando .<br>Para entonces la excitación acumulada en mi cuerpo me dominó y cogiendo la colorada melena de mi montura, me lancé desbocado en busca de mi placer. Mi enérgico asalto descolocó a Ua y sintiéndose amada, se corrió segundos antes de que me diese tiempo de derramar mi esencia dentro de su útero. La simultaneidad con la que ambos llegamos al orgasmo intensificó mi placer al notar que el flujo de la chavala corría a raudales por mis muslos y exhausto, caí sobre ella clavando con fiereza mi pene.<br>-Mi amado Íel- sollozó la pelirroja al sentirlo y girándose sobre la cama buscó mis besos mientras a nuestro lado la costarricense y la sueca seguían restregando sus coños en una ardiente tijera.<br>La belleza de sus cuerpos maduros amándose me obligó a contemplarlas y con satisfacción, observé que estaban a punto de caramelo y deseando que sincronizaran sus gozos, les ordené que se corrieran. No sé si esa orden fue lo único que necesitaban ambas para hacerlo fue ese empujón verbal o por el contrario fue casual, pero lo cierto es que ante nuestros ojos sucumbieron al placer totalmente entregadas.<br>-Te adoro, mi diosa- chilló Tomasa al experimentar en sus carnes su clímax.<br>-Te amo, mi sueño- contestó con determinación Agda sintiéndose realizada.<br>El cariño de las mujeres me hizo reír y pegando sendos azotes sobre los traseros de las dos jóvenes, las azucé a abrazarlas mientras me introducía entre ellas. Cansados pero emocionados al sabernos una familia, nos quedamos unidos sin que ninguno dijera nada y así entrelazando nuestros cuerpos, nos quedamos dormidos…</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/197/65264698/65264698_012_2bb3.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>


<p></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 7&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Mar 2026 18:52:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[11 No sé quién estaba más cabreado al salir del restaurante, si Tomasa o yo. Lo cierto es que ninguno de los dos hablamos en el camino de vuelta, pero lo cierto es que, al llegar a la casa, fue la mulata la que dio con la puerta en las narices a las crías. De acuerdo con ella, hice oídos sordos a los lamentos de esas putas pidiéndonos perdón. Se habían pasado dos pueblos y se merecían una reprimenda para darse cuenta de que no se podía jugar con los humanos. La viuda estaba tan indignada que tampoco dijo nada [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">11</h1>



<p>No sé quién estaba más cabreado al salir del restaurante, si Tomasa o yo. Lo cierto es que ninguno de los dos hablamos en el camino de vuelta, pero lo cierto es que, al llegar a la casa, fue la mulata la que dio con la puerta en las narices a las crías. De acuerdo con ella, hice oídos sordos a los lamentos de esas putas pidiéndonos perdón. Se habían pasado dos pueblos y se merecían una reprimenda para darse cuenta de que no se podía jugar con los humanos. La viuda estaba tan indignada que tampoco dijo nada mientras se metía desnuda en mi cama y solo cuando cediendo al cariño que la tenía la abracé, fue cuando bajando el volumen me preguntó qué íbamos a hacer con ellas.</p>



<p>―No tengo ni idea, lo único que sé es que hoy no duermen con nosotros.</p>



<p>―¿No deberíamos decirles que usen mi cama?― preguntó un tanto preocupada con la incapacidad que tenían para valerse por sí solas.</p>



<p>Admitiendo parcialmente sus temores, le conté la conversación de Sara en la que me había confiado que el gobierno estadounidense creía que el accidente era una pantomima para ocultar la presencia de los tripulantes de esa nave en la tierra:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_007_ddc1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tan indefensas no están― concluí.</p>



<p>La viuda al conocer las pesquisas de la oriental y sus sospechas se indignó. Sintiéndose engañada,&nbsp; se olvidó de sus anteriores reparos y susurrando en mi oído, comentó que un poco de hambre no les vendría mal a ese par de zorras pero que las castigara a ellas sin sexo no significaba que eso se aplicara a ella.</p>



<p>―Vienes cachonda perdida― riendo susurré mientras la acariciaba.</p>



<p>Colorada, me reconoció que el gringo la había puesto como una moto y que si no se lo había tirado era por mí.</p>



<p>―Cariño― respondí: ― Si realmente te apetece echarle un polvo, hazlo. Al igual que tu no me recriminaste cuando me tiré a la sueca, yo tampoco te lo echaré en cara. Es más, lo comprendo. Al igual que hicieron con la oriental, no tengo duda de que esas cabronas también nos han exacerbado la sexualidad a nosotros.</p>



<p>―¿En serio no te importaría?― preguntó.</p>



<p>―Mientras sea solo sexo, no. Otra cosa es si pensaras en algo más. Te recuerdo que eres mía y que yo soy tuyo.</p>



<p>Sonriendo al escucharme, buscó con sus manos mi virilidad mientras me decía que solo tenía ojos para mí. Desternillado por su cara dura, dejé que se empalara con ella antes de decir:</p>



<p>―Como pasado mañana he quedado con Sara, quiero que aproveches y te folles al gigantón.</p>



<p>Sus risas me hicieron saber que me iba a hacer caso y demostrando que una vez había recuperado el interés por lo hombres, no iba a olvidarlo, me dijo que la amara moviendo sus caderas. La facilidad con la que mi miembro campeaba en su interior me permitió profundizar en mis embestidas mientras una parte de mi ser se preguntaba si sentiría celos cuando se acostara con otro.</p>



<p>«Sería un capullo si me sentara mal», me dije sabiendo que al día siguiente Agda me haría una visita y que la sueca aprovecharía para darse un revolcón conmigo.</p>



<p>Tomasa debía estar pensando en lo mismo porque mientras aceleraba sus movimientos me preguntó si al día siguiente le permitiría disfrutar a ella también del cuerpo de ese mujeron.</p>



<p>―¿Te apetece probar que se siente?― quise saber un tanto extrañado porque no en vano la negra me había confesado que jamás había estado con alguien de su mismo sexo, exceptuando a las dos crías.</p>



<p>Sonrojada contestó:</p>



<p>―Sí. Me da morbo estar contigo en la cama mientras te la follas.</p>



<p>El tamaño que habían adquirido sus pezones fueron la prueba que necesitaba para confirmar la calentura que le producía esa posibilidad y tomándolos entre mis dedos, le prometí que ambos disfrutaríamos de la embajadora.</p>



<p>―Te amo― rugió satisfecha al ver que con mi colaboración se iba a hacer realidad ese sueño…</p>



<p>Tras la primera noche a solas con ella, nos despertaron unos sollozos que venían desde el salón. Intrigada por si el motivo de esos gemidos era que “nuestras niñas” estaban descubriendo sus cuerpos sin nosotros, Tomasa se levantó a espiarlas. Ni siquiera había salido del cuarto cuando escuché su grito angustiado mientras salía corriendo hacia ellas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_009_0bdb.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Miguel, algo les ocurre― chilló al verlas temblando.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su tono comprendí que no bromeaba y que iba en serio. Asustado por si ese par había hecho alguna tontería, salí de la cama y fui a ver. Al llegar, comprobé que tanto Ía como Ua tenían los labios amoratados.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Qué les pasa?― se preguntó aterrorizada al observar que no reaccionaban.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La debilidad que mostraban me preocupó y consciente de su insistencia en hacernos saber que para ellos mi esencia era una necesidad física, recordé que no me habían ordeñado desde San José. La forma en que esos seres se lanzaron sobre los pechos de la mulata no hizo más que ratificar mis sospechas.</p>



<p>―Están desfallecidas de hambre― musité.</p>



<p>―No puede ser, ayer antes de cenar las di de mamar.</p>



<p>Desolado al caer en que la leche de Tomasa debía de ser un sucedáneo a todas luces insuficiente y que al castigarlas había puesto en peligro sus vidas, me sentí paralizado.</p>



<p>―Hazme una mamada para levantármela― pedí a la mujer poniendo mi pene totalmente flácido en sus labios.</p>



<p>No hizo falta que se lo explicara y mientras se aferraban desesperadamente a sus pechos, comenzó a pajearme con desesperación.</p>



<p>―Por dios, date prisa― me pidió francamente asustada.</p>



<p>Todavía hoy no comprendo cómo consiguió que se me pusiese dura, pero lo cierto es que, tras un par de lametazos, mi pene se irguió. Las chavalas al ver mi erección dejaron las ubres de las que lactaban y se pusieron a intentar lamer mi verga como posesas. Confieso que no me importó el modo en que zarandearon mi pene al ver el hambre que lucían sus rostros. Tomasa suspiró aliviada al ver que intentaban obtener su sustento sacando fuerzas y decidida a ayudarlas, unió sus labios a los de ellas. Al sentir que eran las tres las que me ordeñaban, mi calentura me hizo olvidar sus afrentas y aprovechando que Ua se había metido mi verga en la garganta, busqué eyacular follándola su boca.</p>



<p>Afortunadamente, no tardé en sentir que pronto liberaría mi simiente y sacando mi verga, no esperé a nada y me pajeé. Recibieron mi primera andanada con ansia y ambas intentaron apoderarse de la siguiente. Mientras otras veces, habían hecho gala de generosidad una con la otra, en esta ocasión no fue así y fue Ía quien se apropió de la segunda olvidando a su compañera. Comprendiendo que ese comportamiento se debía a su estado, pedí a la mulata que me ayudara a repartir equitativamente mi semilla. La hambruna la tenía dominada y por ello Tomasa tuvo que usar la violencia para separar a la rubia para que Ua pudiese obtener su parte.</p>



<p>―Dale un poco a tu hermana― con un sonoro bofetón le exigió.</p>



<p>Por segunda vez en pocas horas, Ía sufrió un castigo corporal de sus protectores y creyéndose no querida, comenzó a llorar.</p>



<p>―Tranquila, hay para las dos― enternecida por el volumen de sus llantos, intentó tranquilizarla, pero no lo consiguió y fue la pelirroja la que disfrutó de las dos siguientes explosiones.</p>



<p>―He dicho que compartáis― dando a Ua otro bofetón, ordenó.</p>



<p>La expresión de congoja con la que recibió el golpe fue tal que comprendí que la pelirroja jamás había recibido un correctivo físico y deseando quitar hierro al asunto, la acaricié mientras dejaba que su compañera recibiera las ultimas migajas.</p>



<p>―Tranquilas, dadme unos minutos para que me reponga y os daré más― les dije viendo que seguían con un apetito atroz.</p>



<p>―¿Cómo podemos ayudarte? ¿Necesitas ver que nos amamos? – preguntaron casi al unísono.</p>



<p>Ni siquiera me dieron tiempo a contestar y tumbándose en el suelo, comenzaron a comerse los coños, pensando que con ello acelerarían mi recuperación. Curiosamente fue así. Al ver sus sexos abiertos y recordar que la noche anterior me habían pedido que las desvirgara, como por arte de magia mi erección volvió con una fuerza inusitada y aprovechando que la rubia era la que tenía más cerca, usé mi glande para juguetear con su ella. Ía me sorprendió porque al sentir que recorría sus pliegues, me rogó que la tomara. No sabiendo cómo actuar, busqué a Tomasa con la mirada.</p>



<p>―Fóllatela― fue lo único que dijo.</p>



<p>Con su permiso en la mente, separé los muslos de la criatura y posando mi pene en su entrada, de un empujón se la clavé hasta el fondo. El chillido de dolor que brotó de su garganta me hizo palidecer y por un segundo, dudé si seguir. Pero entonces la mulata insistió en que la tomara. Lentamente saqué unos centímetros mi estoque para acto seguido volvérselo a incrustar. Al repetir la maniobra, la rubia comenzó a gemir descompuesta pidiendo más. La urgencia de la muchacha me azuzó y acelerando la velocidad con la que la penetraba, intenté alargar el momento.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_015_74a3.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No puede ser― aulló al experimentar que el dolor había desaparecido y abrazándome con las piernas, fue ella la que se embutió violentamente mi tallo. La humedad que destilaba su sexo facilitó el trance y sin apenas oposición, acuchillé su interior repetidamente cada vez más rápido.</p>



<p>A pesar de no ser un novato, tengo que reconocer que me asustó observar que en sus ojos un placer nunca visto mientras la tomaba. Mi exempleada debió de contagiarse de su calentura y tomando de los pelos a la pelirroja, la obligó a meterse uno de los pezones de Ía en la boca mientras ella se apropiaba del que se había quedado libre.</p>



<p>―Ayudemos a tu amiga― exigió a Ua.</p>



<p>No tardé en sentir que la rubia se corría y eso lejos de apaciguar mis embates, los aguijoneó y mientras las otras le mordían los pechos, llevé al límite mi ataque. El rugido de gozo de la joven retumbó en el salón al experimentar que su cuerpo humano ya no le respondía.</p>



<p>―Santa Luz― bramó al tiempo que el instinto animal la poseía.</p>



<p>El geiser que brotó de su coño empapó mis piernas y con un ímpetu descomunal, sus caderas buscaron que descargara mi simiente mientras unía ese primer orgasmo con el siguiente. El chapoteo que producía mi pene al entrar en su cueva me hizo saber que estaba lista para recibir mi simiente y dejándome llevar inundé de blanco su vagina mientras su cara reflejaba una sorpresa que en un principio no supe interpretar.</p>



<p>―Es demasiado― exclamó al recibir por esa vía su sustento un segundo antes de caer desplomada al suelo.</p>



<p>He de reconocer que me acojonó la forma en que ese ser comenzó a convulsionar violentamente y no fui el único. Ua al ver que su compañera se retorcía sobre la alfombra, se asustó y metiendo sus hebras en Ía, buscó una explicación.&nbsp; Confieso que se me hicieron eternos los segundos que tardó en examinarla.</p>



<p>―¿Qué le pasa?― pregunté pálido al contemplar que seguía presa de una especie de ataque epiléptico.</p>



<p>Afortunadamente, la cara de preocupación de Ua desapareció al entender que ocurría y girándose hacía mí, preguntó:</p>



<p>―¿Por qué no nos habías dicho que esta es la forma más eficiente de saciarnos?</p>



<p>Solo pude contestar que para mí también era nuevo.&nbsp; La pelirroja me creyó y sin dejar de sonreír, hundió su cara entre los muslos de su compañera en busca de mi simiente. Durante más de un minuto, sorbió con satisfacción el flujo mezclado con sangre y semen que desbordaba el coño de Ía mientras Tomasa y yo alucinábamos tratando de sacar algo en claro.</p>



<p>Ya con su estómago lleno y la cara teñida de rojo, me dio las gracias diciendo:</p>



<p>―Con esto podré aguantar hasta mañana.</p>



<p>Al pedirla que se explicase, ese bello ser nos reveló que al ser inseminada su hermana había absorbido los nutrientes que necesitaba directamente en las venas de su vagina sin que se perdiera nada en el aparato digestivo.</p>



<p>―Cuando la has poseído ― musitó sorprendida: ―no solo las has hecho sentir mujer. ¡Le has dado reservas para una semana!</p>



<p>―Joder, menudo susto que nos habéis dado― exclamé: ―Creía que la había matado.</p>



<p>&nbsp;Con una sonrisa de oreja a oreja, contestó acercándose en plan meloso:</p>



<p>―Estoy deseando que me poseas y así sentirme plenamente tuya, mi amado Íel.</p>



<p>Tomasa no desaprovechó el momento y separándola de mí, le dijo que no tendría esa suerte mientras no prometiera pedir permiso antes de interactuar con otro humano haciendo referencia a lo sucedido con la oriental.</p>



<p>―Amada Asa, hemos aprendido la lección y desde ahora te pido que, si se nos olvida, nos reprendas. Jamás olvidaré tu castigo ni la vergüenza que sentí cuando buscando sustento olvidé mi deber de compartir.</p>



<p>Las palabras de la pelirroja amortiguaron el cabrero de la negra, pero no queriendo dar su brazo a torcer, le pidió que confesara porque nos habían mentido al llegar a nuestra puerta tras el accidente. Temblando de miedo, la joven respondió:</p>



<p>―Supimos por los resultados de un análisis que se hizo hace tres meses que Íel era el espécimen que mi raza había estado buscando para su renacer y por eso forzamos el encuentro.</p>



<p>Elevando su voz, Tomasa insistió en que se explicara. Sonrojada hasta decir basta y sin ser capaz de levantar su mirada, contestó:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_026_5591.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Nuestros antiguos protectores llevan milenios en franca decadencia. Su inteligencia ha ido menguando poco a poco y actualmente no se puede decir que sean inteligentes. Su carácter pasivo ha provocado que se encerraran en ellos mismos dando por buena su existencia.</p>



<p>Al escucharla, mis rencores renacieron con fuerza y rechazando de plano colaborar en la decadencia del ser humano,&nbsp; le exterioricé que prefería el suicidio a ser la causa del holocausto que supondría la presencia de su raza para el hombre.</p>



<p>―Amado Íel, somos conscientes del error que cometimos al unir nuestro destino con una raza tan dócil. Por eso nuestras ancianas decidieron buscar una especie cuya naturaleza les impida someterse. Una cuyo espíritu guerrero e insatisfecho sea imposible de subyugar y que nos obligue por primera vez a buscar una alianza de igual a igual. Un pacto beneficioso para ambos. Sin nuestra ayuda hemos calculado que la humanidad se aniquilará a sí misma en setenta años, pero con nosotros crecerá y se expandirá por las galaxias.</p>



<p>―¿Cómo creeros?― pregunté con desprecio, pero anotando en mi interior el peligro que según ellas se cernía sobre nosotros.</p>



<p>Despertando de su estado, Ía respondió:</p>



<p>―¿No te basta saber que moriríamos por ti? Nunca nadie de nuestra raza se ha entregado a un protector como yo he hecho. Prefiero informar que hemos fracasado a vivir sabiendo que me odias.</p>



<p>El dolor de su tono me hizo dudar, pero dado que me estaba jugando el porvenir de miles de millones de hombres, mujeres y niños me mantuve firme. Tomasa, buscando un punto de acuerdo, comentó:</p>



<p>―¿Esto es algo que debamos decidir hoy? O podemos darnos un tiempo antes de tomar un solución.</p>



<p>Esperanzada, Ua replicó:</p>



<p>―Os podemos asegurar que no habrá más naves hasta que enviemos vuestra aceptación al consejo. Si no la obtenemos, ninguna de mis hermanas vendrá a la tierra y el planeta quedará cerrado para nosotras.</p>



<p>Sin llegar a aceptar sus palabras, comprendí que al menos tendría tiempo para pensar. Postergando el tema decidí centrarme en ese día y por eso les avisé que teníamos que desayunar, ya que en dos horas tendríamos visita. Como si nunca hubiésemos discutido, mostrando una alegría total, esos dos puñeteros seres me soltaron que tenían el estómago lleno pero que, si insistía, no les importaría volver a recibir mi esencia…</p>



<h1 class="wp-block-heading">12</h1>



<p>Sin decírmelo, las dos chavalas habían preparado a conciencia la visita del CEO de la compañía que deseaban comprar. No solo habían elaborado un extenso dosier técnico sobre las nuevas potabilizadoras sino también un estudio de mercado, el impacto medioambiental y social de las mismas. Tras un rápido vistazo me quedé impresionado porque de ser ciertos sus cálculos solo con ese invento mejoraría la calidad de vida de mas de dos mil millones de personas y se podrían evitar una media de quinientas mil muertes por año.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¡Su puta madre!», exclamé mentalmente al darme cuenta del alcance que tendría esas instalaciones en la sociedad global. Mis carencias me impidieron formarme una opinión sobre si eran posibles o solo una entelequia, pero dado la inteligencia que habían demostrado esos seres no pude mas que dar por buena su propuesta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tampoco me pasó inadvertido el aspecto económico, ya que según sus previsiones el beneficio en los próximos veinte años era tal que Alfa Centauro se convertiría en el mayor conglomerado a nivel mundial, rivalizando con la mayoría de los países en cuanto renta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Bill Gates sería un pobretón a nuestro lado», me dije asustado por las consecuencias personales que eso acarraría.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; También habían preparado un estudio sobre nuestro futuro socio, el cual me dejó bastante tranquilo al descubrir que a pesar de ser un ejecutivo de éxito Erik Anderson nunca había descuidado su deber con la sociedad y era un conocido filántropo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Podríamos formar un buen equipo», sentencié tras leer en esos papeles que fuera el sueco la cabeza visible del proyecto, quedando nosotros en un segundo plano.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que no me esperaba fue que, en un apartado especial, totalmente separado, esas dos arpías hubiesen elaborado un documento sobre Agda y sobre Sara, en el cual plasmaban que con un poco de ayuda esas dos mujeres podrían en poco tiempo llegar a ser unas figuras de relieve en sus países de origen. A la sueca le pronosticaban una carrera diplomática que terminaría como presidenta de la Unión Europea, mientras para la agente, vislumbraban que acabaría al mando de la CIA.</p>



<p>«Estas zorras están seleccionando los mejores especímenes humanos para formar parte de mi harén», preocupado concluí al caer que si las cosas de desarrollaban según tenían previsto se quedarían embarazadas y mis descendientes gobernarían la tierra. Su planes me recordaron a las alianzas matrimoniales que fraguaron los reyes católicos colocando a las distintas infantas en los tronos de Austria, Portugal e Inglaterra.</p>



<p>La facilidad con la que asimilé todos esos datos y sus conclusiones me hizo nuevamente sospechar que habían manipulado mi interior para incrementar mi inteligencia. Temiendo que esos cambios hubiesen afectado a mi personalidad hice un examen de conciencia tras el cual comprendí que seguía siendo el mismo hombre, con sus miedos y sus esperanzas.</p>



<p>«Sigo siendo yo», concluí aliviado mientras Tomasa me informaba de la llegada de nuestras visitas.</p>



<p>Dejando aparcados esos temas, salí a recibirlos. Desde el primer momento el vikingo me cayó bien y más cuando tras las oportunas presentaciones, descubrí que Erik se defendía en español. Lo que no me esperaba fue la forma tan liberal con la que la embajadora demostró su complicidad conmigo y es que, contrariando las normas de etiqueta, al verme esperando en la puerta, se lanzó a mis brazos. No tuve que ser un genio para percatarme de que durante el viaje Agda había reconocido a su compatriota nuestro affaire, ya que mi futuro socio no se mostró sorprendido de los besos que me daba. Lo que sí me dio que pensar fue la forma tan amigable con la que Tomasa se había tomado esas carantoñas y que lejos de enfadarse me guiñara un ojo haciéndome recordar mi promesa de que compartiría con ella a la cuarentona.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_027_bcfa.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Erik, muchas gracias por venir. ¿Te apetece un café?- haciéndose notar junto a su compañera, Ía preguntó.</p>



<p>El sueco no pudo evitar darles un buen repaso con la mirada. Las fotografías que había visto en sus perfiles no hacían honor a su belleza debió decidir porque tras saludarlas, me tomó del brazo y sonriendo, me comentó que a pesar de no ser hetero eran tan guapas que estaba dudando si cambiarse de acera.&nbsp; Esa confidencia me alucinó porque nada se decía en los papeles que me habían preparado. Asumiendo que. si fueran humanas, no hubiesen obviado ese detalle, sonreí mientras le contestaba que las cuatro mujeres presentes eran territorio vedado pero que si necesitaba ayuda para buscar compañía podía buscarle un par de adonis para esa noche.</p>



<p>-Lo pensaré &#8211; exclamó muerto de risa al ver que aceptaba de buena gana su orientación sexual.</p>



<p>Ya en el salón, Ua le hizo una breve exposición de lo que le proponíamos y de los fondos que contábamos para llevarlo a cabo. Mirando de reojo su reacción vi que a priori estaba interesado. Pero cuando Ía tomó la palabra y le explicó con detalle las investigaciones que teóricamente yo había financiado fue cuando su cara cambió y con los ojos abiertos de par en par, pidió que le proporcionamos un ejemplar en papel para que pudiese asimilar su contenido.</p>



<p>-Erik, para ti somos un libro abierto. Confío tanto en que vamos a ser socios que no solo te vamos a proporcionar lo que nos pides, sino que te ofrezco que mis ayudantes se queden para resolver tus dudas mientras aprovecho para enseñar a Agda la finca.</p>



<p>No pudo más que agradecer el gesto y tan entusiasmado estaba con lo que le habían anticipado que ni siquiera se despidió de nosotros. Tomasa viendo que su presencia también sobraba, no se lo pensó dos veces y tomando del brazo a la embajadora, le fue mostrando la casa mientras coqueteaba descaradamente con ella. Curiosamente ese galanteo fue bien recibido y por ello cuando al enseñarle mi habitación le anticipó que esa noche ella dormiría allí, la rubia no pudo evitar preguntar a la mulata si acaso no era mi amante.</p>



<p>Interviniendo respondí que era mi mujer, pero que teníamos una relación un tanto peculiar ya que por nuestra cama también pasaban sus dos compatriotas.</p>



<p>-¿Y no te molesta?- insistió mirando fijamente a la morena.</p>



<p>La costarricense, dando un salto al vacío, llevó sus manos a la mejilla de la mujer devolviendo la pregunta:</p>



<p>-Cuando te acostaste con Miguel ya sabías que lo que compartíamos y no por ello, dejaste de hacerlo. ¿Me puedes decir por qué?</p>



<p>La dulzura con la que se lo dijo destanteó a la nórdica, que totalmente colorada reconoció que no había podido evitarlo ya que se sentía cautivada por mí. Al contemplar que el efecto que esa caricia había tenido en Agda, Tomasa insistió preguntando si no sentía lo mismo con ella. Como por arte de magia, dos reveladores bultos emergieran bajo la blusa de la embajadora al sentir los dedos de la mulata recorriendo sus pechos y con la respiración entrecortada, reconoció sus miedos a protagonizar un trio.</p>



<p>-No pienso forzarte a nada- replicó separándose de ella mientras le preguntaba si sabía montar.</p>



<p>Al responder que sí, le ofreció dar una vuelta por la finca a lomos de un caballo.</p>



<p>-Me encantaría- contestó aliviada.</p>



<p>Viendo que venía en pantalones, no tuvimos que esperar a que se cambiara y nos fuimos a seleccionar nuestras monturas sin saber que esa mujer era una experta amazona. Rápidamente me percaté que Agda sabía mucho más que yo al elegir para ella un potro de tres años que acababa de comprar hacía solo un par de meses mientras mi pareja elegía una yegua mucho más fácil de montar. Habiendo elegido ellas primero, me tuve que conformar con “Sagaz”, un testarudo alazán entrado en años que dependiendo del día era una delicia o una tortura. Afortunadamente, esa mañana el jamelgo estaba de buenas y se dejó montar sin demostrar su carácter. El paseo resultó un éxito, ya que comportándose como una perfecta anfitriona la mulata fue describiendo durante todo el trayecto las diversas plantas y árboles con los que nos encontrábamos. EL calor tropical no tardó en hacer su aparición y por eso cuando al llegar a una pequeña laguna, Tomasa preguntó si no nos apetecía un baño. Para esa cuarentona las cristalinas aguas de ese inesperado paraíso le parecieron una tentación irresistible, pero se negó aduciendo que no traía bikini.</p>



<p>-Pensaba que nos bañáramos desnudas- muerta de risa respondió mi adorada viuda mientras alegremente se empezaba a despojar de ropa.</p>



<p>Por un momento, Agda dudó, pero al ver que me estaba quitando la camisa, decidió acompañarnos. La belleza de su cuerpo maduro me resultó impresionante y mas cuando al entrar corriendo a la laguna, observé como rebotaban arriba y abajo sus pechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_030_571b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp; «Está bien buena, pero Tomasa aún más», decidí tras comparar a mis dos acompañantes. Todavía estaba despojándome de los calzones cuando desde el interior de esas aguas escuché las risas de la sueca al ser mojada y sonriendo observé que devolvía la afrenta tratando de hacerle una aguadilla a su atacante.</p>



<p>-¿A que esperas?- preguntó mi amada empleada mientras la embajadora se ponía a nadar cruzando el pequeño lago.</p>



<p>Venciendo la natural reluctancia de un hombre de secano, me fui metiendo poco a poco para dar tiempo a que el castellano que llevaba dentro se acostumbrara a la sensación de estar mojado. Tomasa no me esperó y demostrando que también ella era una buena nadadora siguió la estela de Agda hasta la otra orilla.</p>



<p>-Qué maravilla es este lugar- oí comentar a la vikinga señalando el Edén natural en el que se hallaba.</p>



<p>-¡Pura vida!- respondió Tomasa orgullosa de las tierras en las que había nacido.</p>



<p>La cordialidad con la que cuchicheaban entre ellas me debió de poner sobre aviso, pero no lo hizo y por ello cuando llegué a su lado, su ataque me pilló desprevenido. Acababa de darles alcance cuando esas dos bellezas me hundieron la cabeza jugando. Por un momento no pude pensar en otra cosa que no fuera respirar, pero reponiéndome al instante las abracé para devolver la afrenta. Para mi sorpresa, Tomasa buscó mis besos mientras su compinche pegaba sus pechos al mío. Sus pieles restregándose contra mí despertaron mi lujuria y tras dejar los labios de mi morena busqué y encontré los de la rubia. Agda recibió mi boca con pasión y demostrando que era algo pactado, no le importó que al posar su mano en mi miembro se encontrara con la de Tomasa.</p>



<p>-Sois un par de salidas- exclamé al sentir que se coordinaban haciéndome una paja.</p>



<p>&nbsp;Supe que lo habían hablado cuando desternilladas de risa me dejaron de lado y se pusieron a besar entre ellas. Esa escena lésbica elevó mi calentura de golpe y ya totalmente erecto intenté que me hicieran caso, pero para mi consternación ambas estaban demasiado interesadas en la sensación de estar con otra mujer para tomarme en cuenta. Aunque Tomasa había disfrutado de las caricias de “nuestras niñas” jamás había besado a una humana y por ello al sentir la dulzura de unos labios femeninos recorriendo su cuello, gimió excitada. Agda por su parte tampoco entendía la atracción que sentía con los hinchados pechos de la mulata y por ello antes de decidirse a asaltarlos, tímidamente preguntó si podía. El sonrojo que lucía la nórdica mirando sus negras tetas enterneció a la viuda y tomando ella la iniciativa, bajó la cabeza y se apoderó de las areolas que el destino había puesto en su camino. Agda al sentir la lengua de la mujer recorriendo sus pezones sollozó gozosa y atrayéndola hacia ella, le pidió que mamara de sus senos.</p>



<p>Con un gesto, Tomasa me rogó que me apoderase del que había dejado libre y como todo el mundo comprenderá, no puse ningún reparo en apoderarme de ese rosado botón que solo unos días antes había sido mío mientras acariciaba su trasero con mis dedos. Nuestro acoso acrecentó la excitación de la embajadora y ya sin recato alguno, aceptó la oferta de hacer un trio llevando su boca a los cantaros de la morena sin saber que al chupar de ellos su boca se iba a llenar de leche. El sabor dulzón de esa secreción inesperada la volvió loca y en plan goloso, se puso a devorarla mientras sentía los dedos de Tomasa hurgando entre sus pliegues.</p>



<p>-¡Dios!- chilló al ser consciente de lo cerca que estaba de correrse, pero no por ello trató de zafarse e instintivamente separó sus rodillas para facilitar el acceso a su sexo.</p>



<p>La calentura de la vikinga azuzó a mi mulata y centrándose en el botón que crecía entre los labios del coño de su oponente, se dedicó a torturarlo mientras susurraba a la mujer que siempre sería bienvenida en nuestros brazos. Agda al escucharlo aulló descompuesta dejando que un potente orgasmo se apoderara de ella. La confirmación de que esa noche sería todo menos tranquila llegó cuando en mitad de su clímax, la rubia alzando la voz juró que jamás se había sentido tan completa como entonces.</p>



<p>-Quiero que sepas que Miguel y yo lo compartimos todo y que me ha dicho lo mucho que le apetece hacerte un hijo- murmuró la viuda mientras sumergía uno de sus dedos en la húmeda cavidad de la cuarentona.</p>



<p>&nbsp;El ser madre debía ser un sueño insatisfecho porque al escuchar esa nada velada propuesta Agda experimentó un nuevo orgasmo todavía más potente.</p>



<p>-Quiero ver como la tomas- me pidió Tomasa mientras la tomaba de la mano y la sacaba del agua.</p>



<p>Ni que decir tiene que al ver la alegría de Agda me vi tentado en hacerlo en ese instante, pero recordando que en la casa nos estaban esperando, decidí que debía posponerlo por unas horas. La decepción con la que ambas recibieron mis palabras me hizo prometerles que después de cenar me entregaría a ellas en cuerpo y alma.</p>



<p>-¿Nos lo juras?- preguntó la diplomática y haciendo gala de su oficio, regateó conmigo las condiciones obligándome a aceptar que al menos una vez al mes ella podría visitarnos.</p>



<p>-Dalo por hecho- la viuda respondió por mí: -Nuestra casa es tu casa y desde ahora te digo que te puedes venir a vivir a nuestro lado.</p>



<p>La felicidad con la que Agda recibió esa invitación me hizo saber que, si bien no creía que se mudara, era posible que todas las semanas viniera a compartir nuestras caricias. Por ello no me extrañó que una vez vestidas, las dos mujeres caminaran cogidas de la mano hacia los caballos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «A este paso, tendré que agenciarme una buena provisión de viagra», pensé al saber que entre ellas y las dos chavalas iban a exprimirme mas de lo que era natural…</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_031_e728.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 6&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Mar 2026 18:37:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[9 Pasadas las cuatro de la tarde llegamos a la finca, donde preocupado descubrí la presencia de dos camionetas negras aparcadas en su puerta. No tuve que exprimirme mucho el cerebro para saber que eran miembros del gobierno y que nos harían preguntas. Repasando con las tres mujeres nuestra versión, me bajé del todoterreno. Los cinco forasteros, tres uniformados y dos de paisano con pinta de gringos se acercaron a nosotros y me preguntaron si era el dueño de la casa. Sacando mi pasaporte, me presenté como Miguel Parejo, el propietario. Viendo mis papeles en orden, les pidieron a las [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">9</h1>



<p>Pasadas las cuatro de la tarde llegamos a la finca, donde preocupado descubrí la presencia de dos camionetas negras aparcadas en su puerta. No tuve que exprimirme mucho el cerebro para saber que eran miembros del gobierno y que nos harían preguntas. Repasando con las tres mujeres nuestra versión, me bajé del todoterreno. Los cinco forasteros, tres uniformados y dos de paisano con pinta de gringos se acercaron a nosotros y me preguntaron si era el dueño de la casa. Sacando mi pasaporte, me presenté como Miguel Parejo, el propietario. Viendo mis papeles en orden, les pidieron a las mujeres que me acompañaban los suyos. Tomasa les dio su cédula costarricense mientras las dos chavalas me pedían las llaves del vehículo porque los tenían en sus maletas. Tras traerlo y verificar el militar que no había nada raro en ellos, tocó el turno a los americanos. Por sus trajes impecables, supuse que eran de la CIA y haciendo que no tenía nada que ocultar, les invité a pasar adentro y disfrutar de aire acondicionado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mujer, una asiática que se presentó como Sara Quan, fue la primera en aceptar mientras me preguntaba qué sabía del accidente de la avioneta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_002_8454.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El incendio que provocó― contesté y señalando un montículo, expliqué que desde la casa solo pudimos divisar la estela de humo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tenemos su llamada a la policía registrada y en ella usted hablaba de accidente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Advirtiendo que la tal Sara no era inmune a mis encantos, más tranquiló comenté que era la única explicación lógica dado que estábamos en época de lluvias y la selva estaba enfangada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Trata de hacer fuego con todo encharcado― sonreí mirándola a los ojos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La asiática rehuyó mi mirada, consciente de lo mucho que la atraía y pasando a las chavalas les preguntó por su presencia ahí. Ía recordando como los humanos se escandalizaban con el sexo, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Follar como loca desde que Miguel me dio posada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La investigadora no se dejó engañar por la burrada y haciendo su trabajo, &nbsp;la miró con desprecio mientras observaba que la pelirroja se había agarrado a mi brazo. Molesta por ese arrumaco, le preguntó a ella lo mismo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Disfrutar como una perra con este macho. No se imagina lo cerdo que es en la cama― replicó Ua frotando su sexo contra mí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La desfachatez de las muchachas la indignó y tomando sus pasaportes, fue a su coche a comprobar sus identidades mientras su compañero repetía las mismas preguntas a la mulata.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Soy la cocinera, pregunte en el pueblo― contestó ésta disfrutando al ver el deseo reflejado en los ojos del rubio aquel: ―Deseas algo de picar, puedo traértelo de la cocina, muchachón.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El agente enmudeció al sentir la mano de la mulata recorriendo su trasero y más cuando en plan coqueta, quiso saber si tenía novia. Por eso agradeció que Sara volviera con el portátil y se pusiera a corroborar con las dos suecas sus identidades.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por lo que veo, ambas han pedido una excedencia de dos años en sus trabajos, ¿puedo saber por qué?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tomando la palabra, Ua respondió siguiendo con el carácter descerebrado que había mostrado hasta entonces:</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estábamos cansadas de la monotonía y decidimos hacer un paréntesis para vivir la vida. Usted hubiera hecho lo mismo si sus únicos amantes fueran descendientes de vikingos más interesados en beber que en complacerla. ¿No le apetece un mojito? La empleada de Miguel los prepara de lujo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No, gracias estoy de servicio― cabreada quizás al ver que esas crías habían podido realizar sus sueños y ella no, preguntó desde cuando me conocían.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cinco días con cinco largas noches― imitando a su teórica compatriota, Ía se pegó a mí mientras respondía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al contemplar a esas dos insensatas colgadas de mis brazos, la oriental comprendió que poco iba a sacar de nosotros todos juntos y por ello, se dio por vencida todavía con la mosca tras la oreja.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Jerry, tenemos que seguir― dijo al advertir que el rubio no podía retirar sus ojos del pandero de Tomasa y dirigiéndose a mí, me informó que si tenían preguntas volverían.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si vienen por la mañana, con seguridad estaremos en la playa. Este par están obsesionadas con tomar el sol ― respondí magreando los culos de las nórdicas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La cara de placer de las aludidas dio veracidad a mis palabras y sintiendo que estorbaban, los dos agentes acompañados por los militares se subieron a sus vehículos y se fueron. Al marcharse me quedé con la sensación de que esa tipa sospechaba algo y así se lo hice saber a las chavalas. Dando verosimilitud a mis palabras, Ía cogió su ordenador y se puso a rastrear qué clase de información había consultado la agente. Tras comprobar que no solo se había centrado en organismos oficiales, sino que también las había buscado en redes sociales, declaró muy ufana que no había problema y que lo tenía controlado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_001_6294.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Me puedes enseñar tu perfil en Facebook?― pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al revisarlo confirmé mis temores. Era demasiado perfecto, preciso e impersonal, impropio de una joven de su edad. No había referencias a borracheras, fiestas o actitudes juveniles. Todo se circunscribía a sus estudios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tenemos un problema― comenté haciéndoles partícipes de sus fallos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comprendieron de inmediato a qué me refería. Bajo un prisma humano, esas ausencias hacían intuir una manipulación deliberada y que esa manipulación estaba destinada a ocultar una actividad poco clara. Asustadas, me pidieron consejo y fue entonces cuando nuevamente Tomasa demostró que, además de saber cocinar, tenía una mente bien amueblada:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Hay que darle carnaza. Vi cómo os miraba y la indignación que sentía al veros en plan melosas con un hombre que teóricamente os dobla la edad. Si le dejáis que descubra un tejemaneje con Miguel, morderá el anzuelo y podréis dirigir sus pesquisas a otro lado.</p>



<p>―¿En qué piensas?― dije interesado.</p>



<p>―Según me habéis dicho, te han convertido en un hombre riquísimo mientras ellas lucen como un par de cerebritos. Debes hacerla creer que la has mentido y que al contrario de lo que la habéis dicho, las niñas llevan trabajando para ti desde hace tiempo en un proyecto secreto.</p>



<p>Pensando en voz alta, comenté que dado los múltiples sectores económicos en los que se suponía estaba involucrado, podían fungir como mis asesoras en la sombra y que por ello habían borrado cualquier tema que pudiera ser usado en su contra.</p>



<p>―Tiene que ser algo gordo. Un tiburón no deja de perseguir a una gran presa por que se le cruce una pequeña― recalcó la viuda.</p>



<p>Pensando que esos agentes estaban investigando una presencia alienígena no se me ocurría nada. Las prodigiosas mentes de esos seres viendo el problema se pusieron a trabajar y tras un par de minutos, Ua preguntó si sería suficiente un nuevo sistema de desalinización que no requiriera gran cantidad de energía. Aunque en un principio no caí en su relevancia, al meditar sobre lo que supondría hacer potable el agua del mar para la humanidad, comprendí su importancia dado que no solo se podría dar de beber a millones de personas, sino que teniéndola en ingentes cantidades podría ser usada para cultivar extensiones que hasta entonces eran secarrales.</p>



<p>―¡Se acabaría el hambre del mundo!― exclamé.</p>



<p>―Y el poseedor de las patentes se convertiría en uno de los hombres más poderosos del mundo. Sería capaz de tumbar gobiernos con la sola amenaza de dejarles fuera del reparto― dejó caer.&nbsp;</p>



<p>Confieso que me dio vértigo el oírla porque no en vano me había retirado a ese edén huyendo del día a día de la que era mi empresa. La certeza que mi supuesta retirada de los negocios sería vista por los investigadores como lógica al concentrar todos mis recursos en ese hito me hizo acceder a que prepararan esa cuartada, sin olvidar el beneficio global que ese invento provocaría por todo el orbe. Por eso, únicamente pregunté cómo lo harían. Riendo a carcajadas y mientras volvía a insertar sus hebras en el ordenador, Ía comentó que ya era dueño desde hacía dos semanas de una veintena de patentes que la harían posible y que solo faltaba darlo a conocer.</p>



<p>―Para dar mayor credibilidad deberíamos aliarnos a una tecnológica de prestigio― respondí. Al ver sus sonrisas, comprendí que ante de decirlo había ya conseguido una candidata: ―¿Cuál tenéis en mente?</p>



<p>―¿Serviría Alfa Centauro?</p>



<p>No me pasó inadvertido que habían elegido esa gigantesca corporación sueca por algún motivo y cabreado porque me estuvieran soltando la información poco a poco, les exigí que se explicaran.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_005_fdba.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Llevan años investigando sobre nanotecnología y ya que vamos a utilizar masivamente esos compuestos, es la que mejor encaja. Sus balances no están demasiado aseados y su actual presidente no vería con malos ojos que un inversor con dinero fresco se haga con la mayoría si con ello blinda su puesto.</p>



<p>―Contacta con él y pídele una cita― respondí viendo por otra parte que cualquier extraño no vería raro que eligiera una empresa del país natal de mis dos principales asesoras.</p>



<p>―Ya lo he hecho, mi amado Íel y está esperando tu llamada.</p>



<p>―Nena, ¿no te olvidas de algo? ¡No hablo su idioma!</p>



<p>―Tú no, pero yo sí― cayendo en el problema, comentó.</p>



<p>Mientras su compañera se dedicaba a conseguir los fondos que necesitaríamos deshaciendo posiciones de bolsa, la puñetera criatura tomó el teléfono y lo llamó. La conversación duró poco. Al cabo de cinco minutos,&nbsp; luciendo la mejor de sus sonrisas, me contó que tal y como había previsto, el empresario se había mostrado interesado en reunirse con nosotros cuanto antes.</p>



<p>―¿Para cuándo nos has sacado los billetes de avión?― pregunté asumiendo que la cita sería en Estocolmo.</p>



<p>―Mañana a las siete de la mañana, Erik Anderson llegará a San José donde tomará otro vuelo hacia aquí― respondió para acto seguido demostrar por enésima vez que iba por delante de mí mil pueblos al decirme que sería conveniente que llamara a la embajadora por si quería acompañarlo.</p>



<p>―¿Qué tiene que ver Agda en este asunto?</p>



<p>Despelotada de risa, esa arpía replicó:</p>



<p>―Esa zorrita está rendidamente enamorada de ti y su presencia nos viene bien por si los de la CIA siguen indagando. Se andarán con pies de plomo para no crear un problema diplomático.</p>



<p>Fijándome en Tomasa, no vi en ella ningún rastro de celos y extrañado, decidí guardármelo para mí, sabiendo que tendría tiempo para averiguar los motivos por los que, al contrario de lo sucedido con la camarera, que la nórdica babeara por mí no despertaba sus iras.</p>



<p>Para entonces el reloj marcaba las cuatro y tal como era mi costumbre decidí contemplar el aguacero que se estaba formando desde el porche de la casa mientras me tomaba un whisky. La viuda vio mi petición como una normalidad a la que agarrarse y olvidando momentáneamente el cambio que esos seres habían provocado en nuestra rutinaria vida, fue por él. No me quedó duda que tampoco quería estar presente cuando llamara a la cuarentona y por eso, tomando mi móvil no esperé su vuelta para llamar a la embajadora. Agda no tardó en contestar. Al explicarle que deseaba que nos sirviera de enlace con su paisano y que le pedía que lo acompañara a verme, no dudó en aceptar. Y susurrando al micrófono me hizo saber que esperaba que durante la visita pudiera disfrutar de mis brazos.</p>



<p>―No he podido dejar de pensar en ti.</p>



<p>―Yo tampoco― le mentí mientras me despedía de ella hasta el día siguiente.</p>



<p>Todavía no había vuelto Tomasa con mi acostumbrado Cardhu cuando las primeras gotas hicieron su aparición regando los platanales. Ensimismado como tantas tardes con ese fenómeno, no pude dejar de pensar en la forma que solo unos días antes las chavalas que tenía a mi lado habían aparecido llenas de barro y temblando de frio. Sin ser capaz de valorar todavía los efectos que tendrían en mi futuro, comprendí que bien llevadas podían ser una bendición para el ser humano siempre y cuando no se apoderaran de su destino. No podía dejar de valorar su interés por el bien común, pero no por ello podía obviar el peligro que representaban esos seres.</p>


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<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_007_40e3.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;«Si dos son capaces de acabar con la sed en el mundo,&nbsp; ¿qué harían miles o millones de ellas interactuando conjuntamente?», medité preocupado mientras escuchaba los pasos de la mulata acercándose.</p>



<p>Respetando mi concentración, tras dejar la bandeja sobre la mesa, Tomasa pidió a las crías que la acompañaran adentro para que no me molestaran. Agradecí el gesto y meneando con un dedo los hielos en el vaso, seguí disfrutando de las columnas de agua cayendo sobre la finca sin dejar de pensar en cómo afrontar el problema. Media hora más tarde el diluvio cesó, no habiendo obtenido una respuesta y meditabundo, entré a la casa. En el salón, Ua e Ía miraban absortas la televisión. Al fijarme en ellas, descubrí que estaban llorando y alucinado me senté a su lado con la intención de saber qué era lo que las había impactado tanto. Ante mi sorpresa estaban viendo “el lago azul”, la vieja película interpretada por una Brooke Shields adolescente que narraba la experiencia de dos niños que se había quedado varados en una isla desierta y cómo poco a poco habían descubierto su sexualidad.</p>



<p>«Esto ha sido cosa de la mulata», comprendí y que no había sido casual que el primer film que contemplaran fuera ese: «Dos huérfanos ante un ambiente desconocido y sin nadie que les explicara qué sucedía a sus cuerpos».</p>



<p>Las risas de las crías cuando en la pantalla Brooke descubre a su compañero masturbándose se convirtieron en lágrimas cuando se daban el primer beso y sintiéndose identificadas, giraron sus caras hacia mí al contemplar la dulce manera en que los protagonistas perdían su virginidad. Reconozco que me sentí incómodo al saber que de alguna forma el siguiente paso en su humanización pasaba por hacerles el amor y levantándome del asiento, dejé que terminar de ver la película ellas solas.</p>



<p>Sabiendo que Tomasa había seleccionado esa historia con un propósito, decidí salir de dudas hablando con ella. Encontré a la viuda preparando la cena ajena a lo que se le venía encima, pero al verla en sus actividades cotidianas no fui capaz de plantarle cara y cogiendo una silla, me puse a observarla en silencio. La belleza de su cuerpo y el meneo de su trasero mientras cocinaba me parecieron algo sublime.</p>



<p>«Es preciosa», sentencié admitiendo por fin que llevaba colado por ella mucho antes que esas mujercitas llegaran a nuestras vidas y que, si no había caído antes rendido ante ella, se debía a sus reparos a que la gente de su pueblo la catalogara como una buscavidas. También fui consciente de que los sutiles cambios en su anatomía solo habían hecho avivar la hoguera de mi interior, convirtiéndola en un incendio.</p>



<p>Saber que mi amor era correspondido me hacía más difícil comprender que no sintiera celos de Agda cuando no era un secreto que me había acostado con ella. Por ello cuando se percató que la espiaba, no pude dejar de atraerla hacia mí y besarla, tratando de compensar que al día siguiente esa rubia llegara a la que ahora era su casa por derecho. Riendo al recibir mis caricias, me pidió que la dejar terminar la cena no fuera a quemarse, pero obviando sus suplicas la abracé con más fuerza. Esta vez no rehuyó mis besos y reaccionando con una pasión que desbordó mis previsiones, me rogó que la amara. Desabrochando su delantal, lo dejé caer al suelo mientras Tomasa buscaba despojarme de la camisa. La urgencia con la que nos desnudamos fue una muestra del deseo que nos dominaba y sin importarnos la cazuela que seguía al fuego, nos lanzamos de cabeza a sellar nuestro amor.</p>



<p>―Tómame, lo necesito― sollozó mientras entrelazaba sus piernas alrededor de mi cintura.</p>



<p>Esa necesidad era la mía y por eso no dudé en acercar mi erección a su sexo. Al sentir mi glande rozando su vagina, la mulata se empaló lentamente dejándose caer. Esa calma me permitió disfrutar de cómo sus labios se iban abriendo y sentir cómo mi pene se sumergía en la hogareña humedad de su coño.</p>



<p>―Te amo, mi dulce negrita― susurré en su oído absorbiendo las sensaciones.</p>



<p>―Te amo, mi perverso blanquito― contestó feliz al notar que la llenaba por completo y con la misma parsimonia con la que se había empalado, comenzó a moverse mientras buscaba mis besos.</p>



<p>Nuestras lenguas se entrelazaron en su boca y mis manos recorrieron sus pechos al ritmo que ella marcaba izándose y dejándose caer sobre mi miembro. Poco a poco fue exigiéndome más forzando y alargando mis penetraciones hasta que ya presa de lujuria, buscó su placer pidiendo que mamara de sus pechos. Ni siquiera había aproximado la boca a sus areolas cuando de pronto vi dos pequeños chorros emergiendo de ellas. Incapaz de rehuir a su llamada, abrí mis labios para apoderarme de sus pezones. Al sentirlo, gimió descompuesta acelerando los movimientos que tanto placer la proporcionaban mientras me rogaba que, aunque sabía que me tendría que compartir, nunca la dejara.</p>



<p>&nbsp;―Mi corazón siempre será solo tuyo― respondí impresionado con la hondura de sus sentimientos.</p>



<p>Esa frase con la que ratificaba que lo nuestro no era solo sexual la impulsó a incrementar más si cabe la velocidad con la que buscaba que derramase mi simiente en su interior. No me importó que esa belleza de ébano zarandeara mi virilidad como tampoco que en su lujuria clavara sus uñas en mi espalda marcándome como suyo. Tenía claro que el destino y esas arpías iban a proporcionarme distintas mujeres para que las fertilizara, pero también que al llegar la noche buscaría siempre los brazos de Tomasa. &nbsp;Asumiendo que quizás hubiesen reservado un papel parecido a la mujer que estaba amando, curiosamente lo comprendí.</p>



<p>«Para ese par, somos la Eva y el Adán que formalizaran el nuevo pacto con su especie», pensé mientras una y otra vez mi glande chocaba con la pared de su vagina. Los sollozos de Tomasa me hicieron volver a la realidad y no pude más que olvidando mis reparos, buscar complacerla sin que el oscuro nubarrón que se cernía sobre nosotros pudiera ocultar mi alegría al saber que siempre la tendría a ella iluminando mi existencia con su cariño.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_008_29f9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>El placer no tardó en llamar a su puerta dada la insistencia con la que estaba horadando su fértil sembradío y voz en grito me informó que se corría al sentir que un orgasmo brutal se iba formando en el fondo de sus entrañas. Queriendo que mi propio clímax coincidiera con el suyo, aceleré el compás de mis caderas.</p>



<p>―Me corro― repitió mientras su cuerpo ardía de gozo con el cambio de velocidad.</p>



<p>Dando un lugar prominente a mi amada pareja, me olvidé de mi placer y busqué únicamente que ella disfrutara mamando de sus pechos. Al sentir nuevamente mi boca succionando hambrienta en sus pezones, Tomasa rugió convertida en una pantera y mordió mi cuello marcándome para siempre como su propiedad. Todavía no comprendo, pero sus dientes hundiéndose en mi carne me liberaron y sucumbiendo ante ella, acepté su autoridad como la gestora de mi destino mientras esparcía mi semilla dentro de ella.&nbsp;</p>



<p>Seguíamos abrazados sobre la mesa de la cocina, disfrutando con los estertores de nuestros orgasmos cuando a nosotros llegó el olor a quemado. &nbsp;Muerta de risa mientras apagaba la lumbre y tiraba el guiso a la basura, mi adorada diosa me acusó de ser el culpable de que esa noche tuviésemos que salir a cenar fuera.</p>



<p>―¿Dónde te apetece ir? – descojonado reconocí el pecado.</p>



<h1 class="wp-block-heading">10</h1>



<p>De acuerdo en cenar fuera, fuimos a notificar a “nuestras niñas” que esa noche iríamos a un restaurante especializado en pescado. Al llegar al salón, ambas seguían absortas viendo el final de la película sin percatarse de nuestra llegada mientras en la pantalla los actores se dejaban llevar por la corriente pensando que era el final de sus días. Viendo la angustia con la que recibían esas imágenes decidí que terminaran de ver como el padre del muchacho los recogía de la balsa salvándoles la vida. Tal y como esperaba, al ver que acababa bien y que la pareja era rescatada, sonrieron sintiéndose quizás representadas.</p>



<p>―Veo que os ha gustado― comenté al advertir que respiraban relajadas con ese final.</p>



<p>―Sí― contestó Ua mientras se secaba con una de sus mangas las lágrimas: ―Me sentía fatal pensando que esos muchachos y su hijito iban a morir sin poder hacer nada por evitarlo.</p>



<p>Por sus palabras comprendí que creían que lo que habían estado viendo era algo real y no producto de la imaginación de unos guionistas. Sentándome junto a ellas, les expliqué que no era un documental sino una historia ficticia. Como no parecían comprender lo que les decía busqué en mi móvil a Brooke Shields en la actualidad y mostrándosela en la pantalla, comenté que la joven que habían visto en esa isla ya tenía cincuenta y cinco años.</p>



<p>―Entonces, ¿no era cierto? ¿El cocinero no murió? ¿Ni nada de lo que vimos pasó en la realidad?</p>



<p>Desconcertado al comprobar lo poco que sabían de los humanos a pesar de sus mentes prodigiosas, dediqué más de un cuarto de hora en explicarles que al igual que los escritores plasmaban en sus libros historias, que o bien habían oído o bien se habían inventado, los directores de un film hacían lo mismo. Cogían sus vivencias o las de otros, le daban forma y creaban un producto con el que los espectadores disfrutaran. Que como en “el lago azul” algunas veces podía ser en plan romántico, pero también podía ser una comedia o incluso una película de terror.</p>



<p>―¿Quién paga para pasar miedo?― preguntó la rubia escandalizada.</p>



<p>Me abstuve de anticiparla que también había de guerras o de desgracias naturales, si se quedaban en la tierra ya tendrían tiempo de saberlo y dándolas por imposibles, les comenté que debido a la torpeza de Asa tendríamos que salir a cenar fuera.</p>



<p>―Serás cretino, mi pérfido amor. Si se me quemó la cena fue por tu insistencia en desperdiciar una simiente que tanto necesitan nuestras zorritas― respondió haciéndome también responsable de que esos dos bellos seres pudiesen pasar hambre.</p>



<p>―No te preocupes, Asa― replicó la pelirroja acariciando las ubres de la cocinera:― Nuestro macho tiene suficiente reservado para nosotras y si no lo tiene, buscaremos nuestro sustento en ti.</p>



<p>No pude evitar la carcajada al ver crecer bajo la blusa de la mulata sus pitones e imprimiéndoles prisa, les pedí que se cambiaran porque el sitio al que íbamos era el más elegante del pueblo y quería que estuvieran guapas para los parroquianos del lugar. Aceptando mi sugerencia las tres mujeres se fueron a preparar mientras me quedaba pensando en qué más ignoraban esas criaturas de los humanos. Media hora tardaron en estar listas, pero no me quejé al comprobar el esmero con el que se habían acicalado y sintiéndome un jeque árabe en compañía de su harén, les abrí la puerta del coche para que se subieran. No habían aposentado sus traseros en los asientos cuando empecé a escuchar a Gloria Estefan cantando uno de sus éxitos.</p>



<p>«Menos mal que nos les ha dado por el Heavy», sonriendo medité pensando que, si ese hubiera sido el caso, cualquier mañana me hubiesen despertado con el vocalista de Iron Maiden desgañitándose.</p>



<p>Los quince kilómetros hasta Puerto Jimenez me parecieron pocos al volante de ese prodigio de la ingeniería y apenas diez minutos después aparqué frente a Soda Marbella. Al ver la humildad de ese sitio, temí que la comida fuera acorde con el ambiente, pero Tomasa viendo mi cara me aseguró que era el mejor lugar para comer marisco de toda la zona. Creyéndola, apagué el coche y nos bajamos. Al aparecer en el local, la dueña dejó todo y acudió a saludar a su paisana. El afecto con el que las dos mulatas se trataron me tranquilizó ya que era seguro que la tal María se esmeraría en darnos de cenar estando su amiga entre nosotros. Lo que no preví fue que Manuel, el sargento, estuviese cenando en una de sus mesas con los gringos y menos que alzando la voz, nos invitase a acompañarnos. No deseando mostrar las pocas ganas que tenía de disfrutar de la compañía de los agentes de la CIA intenté disculparme, pero entonces actuando con una temeridad indiscutible vi que Ua e Ía se sentaban, dejando a Tomasa entre los dos hombres y a mí a la derecha de Sara.</p>



<p>―Me viene estupendo su llegada― dijo la oriental en cuanto tomé asiento y señalando discretamente a las supuestas nórdicas preguntó: ―¿Me puede explicar por qué prefirió que pasaran como sus amantes y no como sus estrechas colaboradoras?</p>



<p>&nbsp;Tomando la servilleta y llevándola a mis piernas, contesté:</p>



<p>―Secreto industrial. Si me da dos días, comprenderá porque estas crías se han desplazado hasta aquí.</p>



<p>―¿No puedes anticiparme algo?― insistió tuteándome por vez primera.</p>



<p>Por su tono, intuí que esa monada de ojos rasgados estaba afectada por mis hormonas y que lo que realmente quería era saber si tendría alguna posibilidad de acabar en mi cama. Sonriendo, cogí su mano y murmuré en su oído:</p>



<p>―Pasado mañana, la invito a cenar y le cuento todo lo que usted ya sabe.</p>



<p>No supe si enrojeció al sentir mis dedos jugueteando con los suyos o porque hubiese descubierto que había violado mi intimidad escarbando en mis negocios, lo cierto es que no hizo ningún intento de quitarla mientras las dos criaturas no perdían detalle de mi comportamiento. Y no menciono a Tomasa, porque bastante tenía la pobre con defenderse del acoso al que la estaban sometiendo tanto Manuel como el rubio gigantón compitiendo entre ellos para que les hiciera caso.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_010_71a2.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Sara, ¿tienes un marido o una pareja esperando en Estados Unidos?― con desfachatez preguntó Ua forzándola a descubrirse.</p>



<p>Para mi sorpresa, la agente no se quejó de esa intromisión en su vida privada y sin dejar de mirarme a los ojos, le respondió que vivía en San José y que estaba soltera y sin compromiso. Juro que me quedé helado al ver que disimuladamente la pelirroja hundía sus hembras en el brazo de la oriental y más cuando satisfecha con lo que había encontrado en ese breve examen, sin preguntarme le ofreció que la próxima vez que viniera a la zona se quedara en mi casa.</p>



<p>―No me gustaría molestar― ajena a haber sido auscultada, respondió diplomáticamente no queriendo evidenciar la ilusión que le había hecho esa propuesta.</p>



<p>Supe que habían visto algo en los genes de la investigadora que cuadraba con su misión, pero nunca me imaginé que desde el otro lado de la mesa y apoyando a Ua, Ía insistiera:</p>



<p>―No molestaría, Miguel tiene una cama grande donde le haríamos un sitio.</p>



<p>O bien durante el examen habían preparado el terreno con una inyección de estrógenos o por el contrario esa joven policía tenía la sexualidad a flor de piel, porque en vez de escandalizarse se mordió los labios mientras contestaba que se lo pensaría. Nuevamente Ua, haciéndole una carantoña en la mejilla, traspasó los limites susurrando en su oreja el placer que obtendría cuando yo, su amado jefe, hundiera mi boca entre sus piernas. En vez de levantarse e irse, Sara instintivamente cerró sus rodillas al imaginarse mi lengua jugando en su sexo. Su entrega hizo que bajando la mano por debajo del mantel la pelirroja comenzara a recorrer con sus dedos los muslos de la mujer mientras las miraba petrificado.</p>



<p>―Una cerveza― pedí al camarero consciente de que en esos precisos instantes Ua estaba explorando los límites a los que podría llegar la calentura de esa asiática.</p>



<p>―Otra para mí― sollozó ésta al sentir una yema hurgando por debajo del tanga que llevaba puesto.</p>



<p>Tras comprobar la pelirroja la humedad que anegaba la entrepierna de su víctima, decidió que era suficiente. Sacando su mano de debajo de la mesa, llevó sus dedos impregnados de flujo mientras dulcemente me pedía que se los lamiera para que así pudiese confirmar si me iba a gustar el conejo que pasado mañana tendría para cenar. Al comprobar que Sara esperaba ansiosa el resultado, saqué la lengua y caté por anticipado ese manjar. No mentí cuando cediendo a mi propia lujuria, respondí que estaba delicioso pero que prefería tomarlo directamente de su envase. Al escuchar mi burrada, la agente empezó a temblar y ante mi sorpresa, se corrió calladamente mientras, ignorando el orgasmo que estaba sufriendo su compañera, Erik contaba un chiste a la mulata, tratando de ganarse su favor.</p>



<p>Con las risas de Tomasa todavía resonando en sus oídos, Sara se disculpó diciendo que necesitaba ir al baño y levantándose, huyó. Ua esperó a que desapareciera para reírse de sus prisas en ir a masturbarse y como si fuera una información que me interesara, me hizo saber que estaba en sus días fértiles por lo que, si la acompañaba al servicio, era seguro que la dejaría embarazada.</p>



<p>―Los hombres no siempre buscan tener descendencia al tomar a una mujer― musité en voz baja: ―La mayoría de las ocasiones es lo último que queremos. Con el placer nos basta.</p>



<p>Mis palabras las dejaron pensando y fue la rubia la que finalmente me hizo la pregunta que debía estar rondando en sus mentes desde hace un par de días:</p>



<p>―Entonces, no te importaría amarnos como mujer sabiendo que con ello no tendrías un hijo.</p>



<p>Tal y como había planeado si se entregaban a mí, eso las haría humanizarse y por eso, &nbsp;contesté :</p>



<p>―No tenéis por qué preocuparos al no querer ser madres. Si algún día decidís que os tome, decídmelo y lo haré encantado.</p>



<p>―¿Puede ser hoy? Mi amado Íel― preguntó totalmente colorada su compinche.</p>



<p>Comprendí que la dichosa película y la forma en que la protagonista había descubierto su sexualidad les había entusiasmado cuando, acompañando a la pelirroja, la rubia propuso esa noche que durmiéramos en la playa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_012_0fee.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿No preferís la cama? Es bastante más cómodo para vuestra primera vez.</p>



<p>&nbsp;Para mi sorpresa, aceptaron siempre que me comprometiera a amarlas otro día a la luz de la luna con el rumor de las olas como música ambiente. No me quedó duda que esa cursilada la habían sacado de una canción. Lanzándolas un beso, se lo prometí mientras pedía una botella de vino para saciar la sed que esa petición había creado en mi garganta. Si bien era algo que buscaba, saber que en cuanto llegara a casa las tendría por fin me tenía de los nervios, ya que no recordaba haber desvirgado a alguien.</p>



<p>«La primera vez es importante», me dije pensando en mi ex y en los miedos que un estreno lamentable había provocado en ella y que, por culpa del bruto de su novio de entonces, quedó marcada para siempre.</p>



<p>Seguía pensando en eso cuando acomodándose la ropa Sara salió del baño y volvió a la mesa. Su sofoco no había desaparecido y por eso cuando se sentó le costó hablar y permaneció callada mientras Erik monopolizaba la conversación contando anécdotas de su trabajo. La cordialidad que mostraban los investigadores asignados al accidente me informó que nos habían descartados como sospechosos y por eso me permití preguntar a la oriental cómo iban sus pesquisas.</p>



<p>―Estamos en un callejón sin salida― reconoció: ―Todo lo que envuelve a este caso es muy raro. Nuestros jefes nos mandaron a indagar creyendo que era o una nave rusa o una china dado que según el radar apareció de improviso a más de diez mil de altura y solo los aviones militares llegan a esa altura. Al tomar muestras del amasijo de hierros, nuestros científicos comprobaron que eran de una aleación desconocida de la que nunca habíamos oído hablar.</p>



<p>―Entonces habéis llegado a la conclusión que sea de quién sea os llevan la delantera― comenté.</p>



<p>―Eso pensaban, pero tras un segundo análisis descubrieron la presencia de metales que no existen mas que teóricamente y eso ha abierto otras posibilidades― declaró en voz baja, temiendo ser oída.</p>



<p>Esa locuacidad en una espía no era normal en una espía y con el convencimiento de que algo habían tenido que ver Ua y su examen, insistí en qué país centraban ahora sus sospechas. Viendo que Erik seguía tonteando con mi mulata, musitó:</p>



<p>―Una parte de los expertos consultados no creen posible que su origen sea terráqueo.</p>



<p>Quitando importancia a la confidencia que me acababa de hacer, me reí haciéndole ver que solo los muy crédulos creían en Ovnis.</p>



<p>―Eso pensé al principio, pero al investigar los restos biológicos llegaron a la conclusión que esos seres respiraban amoniaco.</p>



<p>Esa información sobre los antiguos protectores de las muchachas me interesaba y a pesar de que intenté que no se me notara, no estoy muy seguro de que lo hubiera conseguido al preguntar:</p>



<p>―¿Me estás diciendo que lo que en teoría eran unos pulpos en realidad eran los tripulantes y que encima eran alienígenas?</p>



<p>Dudó antes de responder:</p>



<p>―Que no eran de aquí, parece claro… pero gracias a que sus cuerpos estaban casi intactos los biólogos pudieron examinarlos y hallaron que, por el tamaño de sus cerebros, esos bichos no podía ser los pilotos ya que debían tener una inteligencia muy limitada.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_013_8088.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Mi cara de sorpresa alertó a las crías que algo pasaba y por ello pudieron escuchar a la oriental comentando que esa era la razón por la que ellos seguían ahí, ya que buscaban supervivientes.</p>



<p>―No habéis pensado en que pudiera ser una nave no tripulada― pregunté tratando de abrir otra línea de investigación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo hemos contemplado, pero la trayectoria que siguió antes de estrellarse sugiere que esa nave dejó algo en la superficie antes de volverse a elevar y estrellarse.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Olvidándome de ella, observé a las crías y descubrí que rehuían mi mirada al darse cuenta de que Sara acababa de desmontar la versión que nos habían dado. El accidente era una coartada para ocultar que premeditadamente las habían dejado frente a mi casa. Mi cabreo no evitó que siguiera indagando y acomodando mis ideas, pregunté si entre las diversas hipótesis de trabajo creían que los pasajeros del ovni habían desembarcado con anterioridad al accidente. Temiendo quizás haber hablado ya de más, Sara aprovechó que llegaba el camarero con la comida para no responder. Reconozco que me quedé con ganas de averiguar qué más sospechaban,&nbsp; pero sabiendo que en dos días cenaría con ella a solas, decidí no insistir y probé mi langosta.</p>



<p>Al comprobar que Tomasa no había mentido al alabar la cocina del lugar, miré a la negrita y comprobé que estaba gozando con las atenciones del gigantón. Recordando lo mal que lo pasó durante su matrimonio y que apenas acababa de redescubrir el sexo, no quise que dejara de disfrutar de su renovado atractivo y me dediqué a agasajar a Sara preguntándole por su vida. Así me enteré de que llevaba en Costa Rica dos años y que antes había estado destinada en México. Nuevamente la oriental se fue de la lengua comentando pasajes por los que ni siquiera le había interrogado y me explicó que su novio la había dejado apenas hacia seis meses por que no aguantaba sus prolongadas ausencias.</p>



<p>―No podía aceptar que antepusiera mi trabajo― se quejó.</p>



<p>Rompiendo el mutismo en que se había instalado, Ía le preguntó si se había buscado alguien que le supliera.</p>



<p>―No he tenido ni tiempo ni ganas hasta ahora― respondió buscando en mis ojos una señal que le permitiera creer que estaba interesado en ella.</p>



<p>Su desamparo me impactó porque no en vano la había catalogado como una persona autosuficiente, capaz de conseguir al hombre que le viniese en gana. Al saber que no era así y que tras la fachada de funcionaria de inteligencia se escondía una mujer indecisa, me permití decir:</p>



<p>―No te preocupes ya llegará tu momento. Eres una mujer preciosa.</p>



<p>Mi piropo consiguió el efecto contrario al que quería. En vez de sonreír, Sara se echó a llorar desconsolada diciendo que su tren había pasado. Para mi sorpresa, Ua que estaba a su lado dejó de comer y la acogió entre sus brazos, intentando consolarla.</p>



<p>―Desahógate, estás entre amigos― susurró mientras acariciaba a la joven.</p>



<p>Desde mi silla, estaba observando que esos mimos no tenían ninguna connotación sexual y que únicamente buscaban confortarla, cuando de repente caí en las lágrimas que recorrían las mejillas de la pelirroja. Intrigado miré a su compañera y descubrí en sus ojos, que de alguna forma ambas estaban compartiendo el dolor de Sara.</p>



<p>«No pueden dejar de sentir empatía por ella», me dije viendo en ello un arma que usar contra esos seres.</p>



<p>La confirmación que en su naturaleza estaba el solidarizarse con los desafortunados e intentar hacerles mas llevaderas su angustia vino cuando imitando a Ua, la rubia acercó su silla a donde permanecían abrazadas y trató de ayudarla preguntando qué podía hacer para que se sintiera mejor mientras hundía sus apéndices bajo el pelo de la oriental. Consciente que nadie podía ver lo que estaba haciendo, me quedé esperando el resultado de su examen. Solo habían pasado unos segundos cuando, girándose hacia mí, Ía me rogó que tomara de la mano a Sara.</p>



<p>―Necesita tu contacto― me dijo con tono dulce confirmando de esa manera que había visto en la mente de la oriental que yo era la solución a sus problemas.</p>



<p>No pensé en cómo lo había averiguado ni en que quizás la congoja de esa mujer se había visto magnificada por haber sido manipulada por ellas e instintivamente cogí la mano de Sara. Tal y como había previsto la rubia, ese gesto consiguió aplacar la espiral autodestructiva de la agente y poco a poco se fue tranquilizando.</p>



<p>―Gracias― sin soltarme, musitó ya más repuesta y viendo que del otro lado de la mesa su asistente seguía charlando animadamente con Tomasa, intentó disculpar su arrebato bajando el volumen de su voz.</p>



<p>―No has hecho nada por lo que tengas que pedir perdón― le dije mientras recriminaba con los ojos a los dos seres su supuesta metedura de pata. Confirmé que era así y que habían contribuido a incrementar la zozobra de esa agente cuando totalmente avergonzadas fueron incapaces de sostenerme la mirada.</p>



<p>«Eso les ocurre por sentirse Dios», murmuré para mí cabreado: «No comprenden a los humanos y aun así se atreven a manipularnos».</p>



<p>Haciendo un gesto a la rubia, le pedí que me acompañara al baño. Sabiendo sus culpas, Ía se levantó acojonada y en silencio me siguió por el restaurante. Cuando ya nadie podía vernos, la cogí del brazo y le eché una bronca que no estaba destinada solo a ella sino a las dos, acusándolas de ser una irresponsables al no saber medir sus actos.</p>



<p>―Los humanos no somos vuestras mascotas y menos vuestras cobayas― le dije mientras la zarandeaba.</p>



<p>Hoy sé que me pasé de violento y que no medí mi fuerza, pero estaba fuera de mí cuando al ver que no parecía comprender su pecado le solté un tortazo que la tumbó. Lejos de compadecerme de ella al verla despatarrada en el suelo, volví a mi sitio. Ua supo que algo había pasado al verme solo y disculpándose con la oriental, fue en busca de su compañera. Sara aprovechó que se habían ido para comentar la suerte que tenía al tener dos colaboradoras tan amables.</p>



<p>«Amables, ¡mis huevos! ¡Son un par de zorras!», mentalmente exclamé sin exteriorizar mi disgusto ante ella.</p>



<p>Al cabo de unos minutos y cuando ya estábamos en el postre, retornaron cabizbajas y en silencio se sentaron lo más alejado posible de mí. Pasando de ellas,&nbsp; pedí un whisky que me hiciera olvidar mi enfado. Tomasa que hasta entonces se había mantenido al margen se percató al instante de la actitud reservada que mantenían y corriendo a su lado, les preguntó que había ocurrido. Con lágrimas en los ojos, Ía se lo explicó creyendo quizás que obtendría consuelo, pero en vez de ello, la mulata se indignó y les dijo que ella les hubiese dado una paliza por irresponsables.</p>



<p>―Habéis tenido suerte que fuera Miguel y no yo― les espetó dejándolas solas rumiando su desesperación.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_015_2a01.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 5&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Mar 2026 18:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[fantasia]]></category>
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					<description><![CDATA[7 La sensación de ser usado apenas me dejó dormir. En cuanto intentaba cerrar los ojos, el convencimiento que esos dos seres solo buscaban la supervivencia de las hembras de su especie volvía con fuerza a mi mente. Daba igual que personalmente no tuviera queja del trato que había llegado con ellas, me reconcomía saber que el futuro de la humanidad dependía de cómo con Tomasa afrontaríamos esa situación. Por la noche y gracias al alcohol, Ua me había revelado parte de sus planes y según la poca información que tenía, me querían usar como semental para dar un futuro [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading"><em>7</em><em></em></h1>



<p>La sensación de ser usado apenas me dejó dormir. En cuanto intentaba cerrar los ojos, el convencimiento que esos dos seres solo buscaban la supervivencia de las hembras de su especie volvía con fuerza a mi mente. Daba igual que personalmente no tuviera queja del trato que había llegado con ellas, me reconcomía saber que el futuro de la humanidad dependía de cómo con Tomasa afrontaríamos esa situación. Por la noche y gracias al alcohol, Ua me había revelado parte de sus planes y según la poca información que tenía, me querían usar como semental para dar un futuro a su gente. Tenía que averiguar qué coño eran esas criaturas y por qué habían elegido a los humanos como nuevos simbiontes. Al pensar en ello, caí en la cuenta de que por algún motivo habían decidido abandonar a los que hasta entonces les habían servido y buscarse un nuevo reino donde al amparo de los belicosos homínidos conquistar la galaxia y seguir creciendo. Meditando sobre ello, tampoco entendía que entre los siete mil millones de humanos me hubieran elegido. No creía en las casualidades y menos que tras un viaje de trillones de kilómetros, se hubiesen estrellado frente a mi casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Debió de algo ser premeditado», me dije dudando incluso que fuese un accidente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Según Manuel, la gente del gobierno no había encontrado nada útil entre los amasijos de hierros y por eso habían concentrado sus esfuerzos en los restos de los supuestos pulpos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_026_1614.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Si sospecharan que era un ovni lo que había colisionado, hasta la CIA se hubiese dejado caer por la zona y hubiera tomado el mando», concluí dando verisimilitud a la versión del policía. &nbsp;Aunque era bueno en términos egoístas que buscaran supervivientes en el mar, no me quedaba ninguna duda que tarde o temprano mirarían tierra adentro y que acudirían a mi finca.</p>



<p>«Por eso se han buscado una identidad, antes de nada. No es lo mismo ser unas indocumentadas que habían aparecido por ahí sin nada que lo demostrase, a que cuando tocaran su puerta y preguntaran quién vivía ahí, fueran unas suecas con sus pasaportes en regla y con un pasado como coartada las que contestaran». Estaba pensando en ello cuando Ía se comenzó a desperezar a mi lado y como si nada hubiese pasado, me preguntara cómo habían llegado a la cama. Riendo, le expliqué que se habían emborrachado y que tuvimos que subirlas a la habitación antes de que hicieran una tontería. &nbsp;</p>



<p>―¿Cómo te encuentras?― pregunté pensando que debía de tener resaca.</p>



<p>―Estupendamente y con hambre― respondió llevando sus manos a mi entrepierna.</p>



<p>No queriendo que sospechara nada, la dejé continuar y que buscara su sustento. Como otras veces, la rubia no se esmeró en los preparativos y directamente buscó con lametazos mi erección. Confieso que me molestó saber que para ella solo era un pedazo de carne en el que buscar la esencia que necesitaba y quizás eso motivó que a pesar de sus intentos no se me levantara.</p>



<p>―¿Qué te ocurre mi amado Íel? ¿Ya no te gusta tu mujercita?― preguntó al ver que mi sexo no daba muestras de excitación.</p>



<p>Temiendo que incrustara sus hebras en mí para averiguar mi falta de entusiasmo, decidí buscar una excusa y atrayéndola hacía mí, la besé mientras decía que si quería obtener mi semen debía de intentar al menos excitarme.</p>



<p>―No entiendo― contestó al sentir que comenzaba a acariciarla.</p>



<p>Sin dejar de recorrer con mis yemas su piel, comenté que los hombres necesitaban estimularse y que la mejor forma de conseguirlo era ver que sus parejas eran coparticipes de su excitación.</p>



<p>―¿Por eso cuando haces el amor con Tomasa os tocáis?― preguntó.</p>



<p>―Exactamente, preciosa.</p>



<p>―¿Y cómo lo hago?― insistió mientras seguía intentando inútilmente levantar mi tallo.</p>



<p>Echándole la culpa de mi falta de entusiasmo, le pedí que se tocara para que al verla se me contagiara su calentura. Mis palabras la hicieron dudar y buscando ayuda en su compañera, se percató que seguía profundamente dormida al igual que Tomasa.</p>



<p>―¿Me podrías ayudar?― me rogó: ―Estoy desfallecida.</p>



<p>Recordé que aun que se sirvieran del sexo para conseguir sus fines, seguía siendo una novata que ni siquiera era consciente de su sexualidad y por eso tumbándola a mi lado, comencé a recorrer con mi boca su cuello. El suspiro que salió de su garganta al sentir que besaba su cuello me dio la clave y dejando un surco con la lengua, me dirigí hacia sus pechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_036_f9b4.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No entiendo por qué me gusta que hagas esto― susurró al sentir que, bordeando su areola, me dedicaba a amasar lentamente su seno.</p>



<p>―Eres una mujer en brazos de tu hombre― respondí abriendo mis labios y tomando entre ellos, su rosado pezón que involuntariamente y siguiendo los dictados de los genes que había tomado prestados de los humanos, se encogió.</p>



<p>El sollozo de ese ser al percatarse de que realmente era la primera vez que me dedicaba a ella fue un aviso de que iba por buen camino y tomándolo entre mis labios, lo mordisqueé lentamente mientras mis manos seguían su camino recreándose en su trasero.</p>



<p>―¿Es esto el estar excitada?― quiso saber al notar que como en el avión su chumino se llenaba de humedad y que su respiración se entrecortaba.</p>



<p>―Eso es algo que tienes que averiguar por ti misma― dije mientras tomaba una de sus manos y la llevaba hasta su vulva.</p>



<p>―¿Qué quieres que haga? ― preguntó mientras como me había visto hacer con la mulata me ponía a mamar de sus tetas.</p>



<p>Haciendo un inciso, la miré y mostrándole el camino, le pedí que se tocara en el botón que escondía entre sus pliegues. Sin saber que le iba a pasar, Ía accedió a probar, pasando una de sus yemas por su clítoris. El gemido que pegó al hacerlo la asustó e intentó parar.</p>



<p>―Sigue putita. Para que se me levante, necesito verte haciéndolo― repliqué volviendo a llevar sus dedos entre sus muslos.</p>



<p>La sed que lo embargaba obligó a ese ser a volver a acariciar ese inhiesto apéndice y tal como había ocurrido antes, al acariciarlo sintió que su cuerpo reaccionaba.</p>



<p>―Hazlo un poquito más rápido― sin levantar la voz,&nbsp; le pedí sospechando que para obtener de ella respuestas debía primero conocerse.</p>



<p>La joven no necesitó que insistiera mucho dado que de cierta forma estaba interesada en explorar qué eran esas sensaciones que estaba descubriendo y mientras seguía lamiendo sus pezones, se puso a masturbarse sin ser consciente de lo que hacía.</p>



<p>―Siento que ardo por dentro― balbuceó al sentir mis labios succionando de sus pechos y sin que se lo tuviese que decir imitó mis maniobras llevando sus yemas sobre el botón que acababa de descubrir en su sexo.</p>



<p>El brillo de su flujo manando de su coño me excitó y señalando mi creciente erección le pedí que continuase antes de lanzarse a buscar mi leche. Al contemplar que había crecido gracias a su toqueteos, su estómago rugió de hambre y convencida que solo la saciaría si lograba que se alzara, incrementó la velocidad con la que torturaba su clítoris.</p>



<p>―Avísame cuando es suficiente― rogó cerrando los ojos para concentrarse en la desconocida sensación que crecía entre sus piernas.</p>



<p>&nbsp;La certeza de que esa extraño criatura debía terminar de descubrir que no necesitaba a nadie para obtener placer me obligó a mantenerme a distancia y cogiendo su mano libre, la posé sobre uno de sus pezones. Ía entendió la razón y tomándolo entre dos de sus yemas lo estiró. Al sentir al hacerlo que en su interior crecía su calentura, no se quedó ahí y lo retorció mientras hundía una de sus yemas dentro del coño. El chillido que pegó con ese doble ataque me informó de lo cerca que estaba su cuerpo del placer y le pedí que no parara aduciendo que mi pene necesitaba más.</p>



<p>―Falta poco para darte de comer― murmuré en su oído al ver que sus caderas seguían el ritmo de sus dedos al torturarse ella sola.</p>



<p>Ese susurro fue el acicate que la rubia necesitaba para dejarse llevar y pegando un gemido sintió que todo sus ser se licuaba y nuevamente le dio miedo. No queriendo que se enfriara, comprendí que debía de hacer algo y poniéndome de rodillas sobre el colchón acerqué mi pene ya erecto a su boca mientras le decía que no parara. Al posar mi glande sobre sus labios, vio culminado su deseo y acelerando la acción de sus dedos, abrió su boca.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_050_1568.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Sigue, mi pequeña. Sigue― le pedí mientras incrustaba mi verga en su garganta.</p>



<p>Incapaz de contenerse al saborear las gotas de mi líquido pre seminal, buscó con más ahínco y sin saber el origen de su placer mientras sentía mis acometidas.</p>



<p>―Santa luz― sollozó al estallar por dentro.</p>



<p>Asumiendo que se estaba corriendo, seguí con el papel de profesor y mientras metía y sacaba mi falo, la exigí que si quería que le diese de comer tenía que seguirse tocando. Mi insistencia hizo que el placer se intensificara y uniendo un segundo clímax al primero, la mujercita obedeció metiendo otro dedo dentro de su coño.</p>



<p>―Por favor― gritó no pudiendo asimilar las sensaciones de su cuerpo humano.</p>



<p>Para entonces, Ua se había despertado y alucinada nos observaba sin intervenir. En sus ojos vislumbré, además de incomprensión, deseo e impulsado por el morbo que me daba el ser espiado por ella, cogí la cabeza de su compañera con mis manos, y en plan salvaje follé su boca con largas y rápidas penetraciones.</p>



<p>―No puedo más― sollozó Ía al sentir que era imposible absorber todos los efectos que ese modo de buscar su sustento estaba provocando en ella.</p>



<p>―Sigue zorra, ya falta menos― mirando a la pelirroja, comenté al ver que no entendía por qué sus pechos le pedían que se los tocara.</p>



<p>Entregada por primera vez como mujer, sentía que le faltaba algo más a su cuerpo y creyendo que era mi semen permitió que forzara su garganta metiendo mi estoque hasta el fondo mientras a nuestro lado, su compañera de viaje se pellizcaba por instinto los pezones. La confirmación de que hasta la recién despierta estaba descubriendo el deseo, me terminó de excitar e informé a la chavala que estaba a punto de derramar mi esencia. Me sorprendió que, al sentir mi primera explosión, esta fuera directamente al estómago de Ía y que no compartiera con su hermana.</p>



<p>―Yo también tengo hambre― protestó Ua viendo que no le daba nada.</p>



<p>A regañadientes, la rubia la llamó a su lado y sacando mi verga de su garganta, le cedió las últimas migajas disculpándose diciendo que ella había tenido que trabajar para obtenerla y que se había dejado llevar. En plan hambriento, la pelirroja devoró lo poco que la había dejado mientras se echaba a llorar.</p>



<p>―Siempre habíamos compartido todo― sollozó destrozada al sentirse abandonada por el ser que había sido su pareja desde que nació.</p>



<p>―Lo sé y te pido que me perdones. No entiendo qué me ocurrió, pero caí en un estado raro en el que Íel era en lo único que podía pensar.</p>



<p>Sonriendo desde el otro lado de la cama, Tomasa comentó:</p>



<p>―Debes de compensarla.</p>



<p>―¿Cómo? – preguntó la rubia deseosa de hacerlo, pero indecisa de cómo llevarlo a cabo.</p>



<p>Como hombre entendí a lo que se refería, pero no sus intenciones y sabiendo que tarde o temprano me las contaría, atraje a la doliente pelirroja y la besé diciendo:</p>



<p>―Deja que te hagamos el amor entre los tres.</p>



<p>Tal y como había previsto, la mulata se acercó y señalando el camino a la rubia se apoderó de uno de los pechos de Ua. El pelirrojo ser pegó un sollozo al sentir los labios de la humana en su pezón. La rubia entendió qué debía hacer y arrojándose con una pasión desconocida en ella sobre el que estaba libre, buscó su leche como había hecho con los pechos de Tomasa. El no encontrar ese líquido en los cantaros de su compañera no la detuvo y sin parar de succionar siguió pidiéndola perdón. La sorprendida criatura al experimentar ese triple ataque dejó que mi lengua jugara con la suya mientras algo nuevo se iba apoderando de su cuerpo.</p>



<p>―Acompáñame, zorrita― le exigió la negra mientras se deslizaba por la pelirroja.</p>



<p>Ía se mostró reticente a seguirla, pero al escuchar que su compañera respondía con un profundo gemido cuando la humana le daba un primer lamentón entre los pliegues, creyó que su deber era imitarla y así compensar su pecado.&nbsp; Nada en sus casi doscientos años, la habían preparado para experimentar el latigazo de energía que sintió cuando hundió su boca entre los muslos de su compañera e incapaz de mantener su cordura, echó a la humana al sentir que el agridulce sabor de Ua recorriendo sus papilas.</p>



<p>―Tu cuerpo está riquísimos― chilló sin percatarse de que la pelirroja ya no me besaba y que concentraba todos su ser en lo que estaba sintiendo mientras la hembra de su misma especie devoraba su sexo.</p>



<p>Esa comida de coño hizo renacer mi lujuria y viendo el húmedo coño de Ía abierto de par en par me acerqué a desflorarla, pero entonces Tomasa me retuvo diciendo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_059_ef46.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Todavía no ha llegado el momento en que las desvirgues. Déjalas que se exploren entre ellas― dijo mientras me tomaba de la mano y me sacaba casi a rastras de la cama.</p>



<p>«Tiene razón», pensé en mi cerebro y la seguí hasta la otra habitación de la suite. Los gemidos de las dos bellas inhumanas amándose por primera vez nos hicieron saber que podíamos hablar sin que nos escuchasen.</p>



<p>―Amor mío, me he pasado toda la noche meditando sobre lo que me dijiste― me susurró: ―y creo haber encontrado una forma de desbaratar sus planes.</p>



<p>La esperanza de sus ojos me hizo callar mientras seguía hablando:</p>



<p>―Estos seres y su especie están habituados a que las razas a las que se unen no interactúen con ellas y que únicamente les cedan los nutrientes que les falta para desarrollarse.</p>



<p>No sabiendo por donde iba, seguí instalado en mi mutismo.</p>



<p>―Somos los únicos animales que se aparean por mero placer y no solo para perpetuarse. Si como sospecho nunca se han enfrentado a esa singularidad, debemos aprovecharlo y forzarlas a dejarse llevar poco a poco por ella, haciéndose cada vez más humanas. Por lo que veo, nuestras niñitas están descubriéndolo en primera persona― sonrió al llegar a nuestros oídos los alaridos de Ua al correrse.</p>



<p>Tomasa acababa de sintetizar lo que me venía rondando por la cabeza y eso hizo que creciera mi respeto por ella. A pesar de no tener una extensa cultura, desbordaba sentido común por todos sus poros.</p>



<p>―¿Te he dicho alguna vez la suerte que tuve al conocerte?― comenté muerte de risa señalando que la estaban afectando los gemidos de esos seres al amarse dado lo erizado que lucían sus pezones.</p>



<p>―Deseo más que nada que vuelvas a tomar a tu negra, pero debemos guardar tus fuerzas para ellas. Te lo digo por el bien de los hijos que vamos a tener― musitó entre dientes al ver que extendía la manos hacia sus pechos.</p>



<p>―¿Te gustaría quedar embarazada aun sabiendo que eso es lo que desean?</p>



<p>Bajando su mirada, contestó:</p>



<p>―Siempre eché en falta una niña de grandes coletas que corriera por mi casa, mi amado patrón.</p>



<p>―No dudes que te la daré, pero espero que cuando lo haga ya tengamos controlada la amenaza que suponen las congéneres de esas dos― respondí pegándome a ella.</p>



<p>Tomasa suspiró al notar que estaba excitado y a mi pene presionando contra ella, pero imponiendo la cordura que me faltaba, me rogó que me separara y que retornara a la cama para dar de comer a esas hambrientas criaturas.</p>



<p>―Eres un capullo. Si sigues a pegado a mí, terminaré dejándome vencer por la tentación y buscaré que vuelvas a amarme.</p>



<p>―Ya te amo― lamí su oreja antes de dejarla y de volver al cuarto.</p>



<p>Al entrar acompañado de mi antigua empleada, Ua estaba comiendo el coño a su compañera mientras esta hacía lo mismo entre sus piernas. Sabiendo que no debíamos intervenir hasta que se hubiesen saciado entre ellas, pregunté a mi antigua empleada si tenía hambre.</p>



<p>―Mucha― respondió.</p>



<p>Cogiendo el teléfono y mientras la mulata se metía a duchar, llamé al servicio de habitaciones para que nos subieran el desayuno…</p>



<h1 class="wp-block-heading">8</h1>



<p>La llegada de la camarera con nuestro desayuno me informó de otro sutil cambio que ese par de putas habían realizado sin permiso en mi persona. Esa mujer era guapísima, pero lejos de atraerme me repelió al oler en ella algo que no supe definir hasta que al extender lo que traía, vi en sus brazos las marcas de pinchazos. En un principio aduje esos moretones a las drogas, pero la empleada del hotel me hizo saber involuntariamente que no era así cuando,&nbsp; al destapar los pasteles que traía, se quejó de que por su enfermedad llevaba tres años sin probarlos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_070_739c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Es usted diabética?― pregunté.</p>



<p>―No, señor. Tengo una variante muy agresiva de intolerancia al gluten y tengo que pincharme para mantenerla a raya― respondió sin atreverse a tocar ni de lejos ese platón.</p>



<p>Escamado anoté el dato dando con la razón del rechazo que sentía a pesar de ser un monumento de mujer y agradeciendo con una generosa propina a la desdichada, me puse a comer. Ya había dado buena cuenta de un par de bollos cuando las zorras salieron del cuarto con cara de susto.</p>



<p>―Íel, ¿qué nos ha ocurrido?― preguntó la pelirroja totalmente colorada mientras se agachaba entre mis piernas― ¿Por qué no hemos podido parar de tocarnos? Ayúdanos a comprender, ni mi hermana ni yo entendemos estos cuerpos. No siento que tenga fiebre ni que esté enferma, pero mientras retozaba con Ía, sacié algo mi hambre. Y solo al verte, he vuelto a sentirla.</p>



<p>No queriendo descubrirles antes de tiempo mis sospechas de que los de su especie eran unos parásitos que se nutrían de la lujuria de otros y que por ello buscaban el cobijo de parejas para así conseguirlo, dejé que bajara mi bragueta. Esperé a que diera un par de lametazos a mi miembro y que este se irguiera, para decir:</p>



<p>―No pienses en ello y agradece a Ía mi erección. Necesitaba sentir su excitación para conseguirla.</p>



<p>Pensando en lo que les acababa de decir y sobre todo en cómo le había obligado a masturbarse, la rubia confirmó mis sospechas diciendo:</p>



<p>―¿Al tocarnos te dimos las fuerzas que necesitabas para darnos tu esencia?</p>



<p>―Así es. No siempre os lo pediré, pero es un estímulo que siempre me vendrá bien― respondí descojonado por la ingenuidad de esos seres mientras la pelirroja se metía mi verga en la garganta.</p>



<p>La rubia me creyó a pies juntillas y todavía avergonzada por su comportamiento anterior, decidió colaborar separando sus rodillas tocándose. Bajo la luz que entraba por la ventana, observé en el interior de su gruta su virginidad temblando y saber que no tardaría en romper esa tenue y tan sobrevalorada telilla, me excitó.</p>



<p>―Súbete a la mesa para que me llegue mejor tu olor― le pedí mientras Ua seguía enfrascada en conseguir su sustento.</p>



<p>Su rostro se tiñó de rojo al observar que no perdía detalle de cómo se tocaba y pegando un gemido me preguntó a qué se debía que le gustara sentir mi mirada al tocarse.</p>



<p>―La excitación entre los humanos es contagiosa― repliqué sabiendo que no debía tocarla para que ella sola se convirtiera en una olla a presión.</p>



<p>Dando por sentado que era cierto al experimentar nuevamente la fiebre que empezaba a dominar su anatomía, ese extraño pero bello ser incrementó su entrega pellizcándose las tetas mientras con voz entrecortada me daba las gracias por hacerla ver que lo suyo no era una enfermedad sino producto de los genes que había tomado prestados.</p>



<p>―Cada vez me siento más humana― chilló sumida en la lujuria.</p>



<p>Un gemido proveniente del suelo me hizo mirar a Ua y fue entonces cuando reparé que al contrario de las primeras veces en las que esos seres no se veían afectado por mis hormonas, la pelirroja se masturbaba con las dos manos mientras usaba su boca para extraer mi jugo.</p>



<p>«¡Les falta poco a esta dos para para convertirse en ninfómanas!», sentencié al ver la calentura que las dominaba sin ser conscientes de que las estaba manipulando.</p>



<p>―Si os corréis, antes os daré de comer― rugí al sentir los primeros retazos de placer.</p>



<p>Mi consejo las liberó y mientras eyaculaba en la boca de la pelirroja, llegaron a mis oídos los berridos del orgasmo que disfrutaban ambas. La voracidad con la que se lanzaron sobre mi simiente fue brutal y sin medir sus consecuencias, me ordeñaron como pocas veces. Acallaron unas quejas que nunca hice cuando comentaron que, al tocarse ellas, se incrementaba todavía mi esencia. Me guardé que estaba seguro de que ese cambio se debía a que involuntariamente se habían nutrido también del placer que habían sentido cada una de ellas y reafirmando en ellas esa creencia, únicamente les aconsejé que a partir de ese momento cada vez que sintieran hambre y buscaran en Tomasa o en mí saciarla, debían de recordar esa enseñanza.</p>



<p>―La esencia de los humanos se intensifica si nos tocamos― abriendo los ojos de par en par, concluyeron mientras se levantaban del suelo.</p>



<p>Tomasa que había estado presente durante gran parte de lo ocurrido me guiñó un ojo mientras les decía que su leche también les sabría más rica si se tocaban antes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_071_00cc.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Lo probaremos esta tarde, amada Asa― murmuró Ía convencida que sería así.</p>



<p>Tras el desayuno, comprendí que debíamos volver a casa para que llegado el caso los investigadores del accidente no vieran algo raro en nuestra marcha. Al comentarlo tanto la negra como las chavalas me dieron la razón y sin pensar en renovar los votos, se comenzaron a vestir. Mientras acomodaban sus compras en dos enormes maletas, dudé que entraran en un coche normal y pensé que tendríamos que pedir que nos hicieran llegar al menos una por una empresa de transporte.&nbsp; Como Ua se había ocupado de todo, decidí esperar no fuera ser que ya lo hubiese previsto, por ello mientras se terminaban de acicalar bajé a pagar el hotel. Tal y como era lógico por lo lujoso del establecimiento, la cuenta que me presentó el de administración me resultó a todas luces desproporcionada, pero sabiendo que tenía las espaldas bien cubiertas por el dinero que me habían agenciado, di mi tarjeta de crédito sin sentir ningún tipo de remordimiento.</p>



<p>―Espero que todo haya sido de su agrado y que no duden en volver― dijo el tipo sin mirarme, ya que sus ojos estaban ocupados admirando a las tres bellezas que se acercaban a nosotros.</p>



<p>Evitando demostrar lo mucho que le gustaban mis acompañantes, me informó que acababan de traer del concesionario mi nuevo coche y que lo tenía ya en la puerta. Al girarme contemplé el sueño de todo hombre.</p>



<p>―No puede ser― exclamé al ver el Bentayga que a mis espaldas habían adquirido.</p>



<p>―Te dije que mi hombre se merecía un Bentley― riendo comentó la rubia mientras me daba las llaves.</p>



<p>La impresión de ser dueño de ese mostrenco de más de seiscientos caballos bajó el capó me impidió ocuparme de cosas tan nimias como el subir el equipaje y colocándome en el puesto del conductor, lo encendí. Confieso que casi me da un patatús al escuchar cómo rugía y sin pensar en los treinta litros que debía consumir si le daba caña, me hice el firme propósito de llegar a mi finca en menos de cuatro horas.</p>



<p>―¡Qué bonito es!― no pudo dejar de decir Tomasa y eso que debía ignorar que ese bicho en España y sin los impuestos costarricenses costaba doscientos cincuenta mil euros.</p>



<p>―¡Su puta madre! – chillé al acelerar y comprobar la sorprendente agilidad con las que movía sus dos toneladas de peso.</p>



<p>Desternillada de risa desde el asiento del copiloto, Ía comentó que en cuanto pudiera lo iba a retocar para reducir los 4,8 segundos que tardaba en llegar de cero a cien a menos de tres y que si no lo hacía todavía más rápido era debido a que su estructura no lo soportaría.</p>



<p>―Tal y como está, es perfecto― repliqué no queriendo que le metiera mano y que perdiera su espíritu británico.</p>



<p>Tomasa seguía impresionada tocando la piel con la que estaban cubiertos sus asientos y preguntando cómo se limpiaría. Encendiendo la radio desde el volante quise comprobar su sistema de sonido. Aunque las chavalas ya habían escuchado música, la melodía que salía de los altavoces las envolvió y babeando preguntaron qué era eso.</p>



<p>―Se llama “Mi tierra”― respondí creyendo que me pedían el título de esa canción de Gloria Estefan.</p>



<p>―Es preciosa― musitó Ua mientras escuchaba la cálida voz de esa cantante mezclada con el retumbar de los instrumentos.</p>



<p>―Invita a moverse― suspiró su compañera completamente entregada.</p>



<p>La sorpresa de las crías se incrementó cuando se pusieron realmente al caer en la letra y ante nuestro pasmo, se echaron a llorar mientras las trompetas se lucían. Pero fue cuando escucharon el estribillo cuando realmente se sintieron desbordadas:</p>



<p><em>La Tierra te duele, la tierra te da</em></p>



<p><em>En medio del alma cuando tú no estás.</em></p>



<p><em>La tierra te empuja de raíz y cal.</em></p>



<p><em>La tierra suspira si no te ve más.</em><em></em></p>



<p>«¿Qué les ocurre?», me pregunté al ver en sus rostros una mezcla de miedo y de emoción.</p>



<p>Salí de dudas cuando al terminar, Ía susurró tomando mi mano si era cierto lo que esa mujer contaba acerca de lo que producía este planeta. Al comprender que había malinterpretado la letra y que había creído que se refería a la Tierra y no al país de nacimiento de la cantante, no la saqué de su error y pedí a mi empleada que buscara en Spotify más canciones de la cubana.</p>



<p>La elección de Tomasa fue una romántica y siguiendo la canción, comenzó a cantar Mi buen amor mirando a los ojos:</p>



<p><em>Mi amor, mi buen amor, mi delirio</em></p>



<p><em>No pretendas que te olvide así, no más</em></p>



<p><em>Que tu amor fue mar cuando sedienta</em></p>



<p><em>Me arrimé a tu puerto a descansar</em></p>



<p><em>Que tu amor, amor, sólo el que un día</em></p>



<p><em>En tu pecho, vida mía, me dio la felicidad.</em></p>



<p>La belleza de la voz la morena terminó de subyugarlas y con lágrimas en los ojos pidieron más, ya que se habían sentido representadas en la letra y que al igual que en la canción acudían a mi sedientas. La costarricense sonrió y cuando empezó a sonar “Con los años que nos quedan”, les mostró la letra en el móvil y pidió que la acompañaran.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_084_5303.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p><em>Con los años que me quedan<br>Yo viviré por darte amor<br>Borrando cada dolor<br>Con besos llenos de pasión<br>Como te amé por vez primera</em></p>



<p><em>Con los años que me quedan<br>Te haré olvidar cualquier error<br>No quise herirte, mi amor<br>Sabes que eres mi adoración<br>Y lo serás mi vida entera</em></p>



<p>Tímidamente comenzaron a leer sin entonar hasta que entusiasmadas por el descubrimiento sus voces, con más confianza se pusieron a corear una melodía tras otra sin pausa durante dos horas. A pesar de gustarme Gloria Estefan, después de oír todo su repertorio estaba hasta los cojones. Por ello al ver a un lado de la carretera una fonda, decidí parar a comer algo. Mientras no bajábamos las chavalas seguían tarareando y dándolas por imposible, pedí una mesa. La camarera una mestiza del montón me dio un buen repaso antes de caer en lo que le había dicho y con las mejillas coloradas, me señaló una del fondo.</p>



<p>―Me puede poner cuatro cervezas― ordené, molesto por la forma en que me miraba.</p>



<p>La paisana sonrió coquetamente y meneando el trasero, fue por ellas. Tomasa se percató de la atracción que provocaba en la camarera, pero se abstuvo de hacer ningún comentario. Supe de su cabreo cuando al entregarme la mía esa se agachó y me mostró el escote con descaro.</p>



<p>―¿No ve que esté hombre está acompañado?― escandalizada por el exhibicionismo de la desconocida, exclamó.</p>



<p>La mujer no se dignó a contestar y haciendo oídos sordos, con voz melosa me preguntó que deseaba de comer.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mirando la carta me decidí por Gallo Pinto, un plato típico de la zona con frijoles y arroz. Tomasa y las dos chavalas se inclinaron por unos tamales de carne.</p>



<p>―¿No quieres nada más? Guapo mío― babeando, mientras garateaba en un papel la comanda, insistió la morena.</p>



<p>El enfado de la viuda se incrementó exponencialmente al observar la forma en que coqueteaba conmigo y si cuando ya se levantaba a tirarla de los pelos no la llego a parar, a buen seguro se hubiese montado un escándalo.</p>



<p>―¿Quién se cree esa puta?― rugió en voz alta para que lo oyera la susodicha.</p>



<p>―Asa, ¿por qué te enfadas? ¿No te das cuenta qué se siente atraída por nuestro macho?― preguntó Ía mientras se terminaba su bebida.</p>



<p>Mi mulata, girándose hacia ella, le explicó que esa mujer parecía en celo. La rubia sin perder la compostura replicó que era lógico que se viera atraída por el macho que compartían. Me quedé paralizado al oírla, al advertir que era la primera vez que hablaba de mí como “su” macho. Cegada por la ira, Tomasa no reparó en ello y trató de hacerlas entender que no era cortés coquetear con un hombre que estuviese en compañía femenina. Tratando de mediar, Ua puso la guinda al decir ingenuamente que las hormonas de esa señorita solo habían reaccionado a mi testosterona.</p>



<p>―Es algo normal, no se lo tomes en cuenta.</p>



<p>Comprendí que la humana se mordía la lengua para no comentar que esa reacción no era natural y reprimiendo su enojo, se quedó callada hasta que creyendo que lo entendería, la pelirroja la disculpó diciendo que esa hembra estaba en sus días fértiles, que su cuerpo solamente deseaba que yo la inseminara y que solo seguía su instinto.</p>



<p>―Pues si está cachonda que se meta el palo de una escoba― sentenció con ganas de bronca.</p>



<p>Afortunadamente el dueño del tugurio debió de percatarse y la cambió por un camarero, el cual al traernos la comida se puso a tontear con la viuda.</p>



<p>―Estamos empate― susurré mordiendo la oreja de mi indignada negrita.</p>



<p>Tomasa se ruborizó al reparar en el tonteo del que estaba siendo objeto y dirigiendo su ira contra las niñas dejó de hablarlas durante el tiempo que estuvimos sentados, rumiando quizás que ese par se había sobrepasado con las alteraciones que habían hecho en nuestros cuerpos. Por mi parte, no podía estar en desacuerdo y más cuando al ir al baño, la empleada del local intentó entrar conmigo a que le diese un revolcón. Admitiendo que no era su culpa, educadamente la rechacé y volví a la mesa, donde nos habían repuesto nuestras cervezas.</p>



<p>―¿Por qué no la has hecho caso? Se veía que estaba dispuesta― susurró en mi oído la rubia.</p>



<p>No queriendo decirle que no me atraía, preferí responder que estaba ahorrando mi esencia para ellas. La alegría que le hizo escucharlo y que me diera un beso, me hizo saber que poco a poco estaban convirtiéndose en humanas y decidido a acelerar ese paso, llevé una mano hasta su muslo mientras le prometía que esa noche tendría ración doble. Ese bello ser se avergonzó al sentir que bajo su blusa tenía los pezones erectos y tratando de calmar su excitación, dio buena cuenta de su bebida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_130_4c7c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Bebe con moderación― le pedí al recordar que ni ella ni su compañera estaban habituadas al alcohol.</p>



<p>Desde el otro lado de la mesa, Ua, que también se había bebido la suya, señaló a un niño que estaba pidiendo limosna y quiso saber qué hacía. Al contárselo, sus ojos se llenaron de lágrimas y levantándose de la mesa, fue a por él y lo sentó con nosotros.</p>



<p>―¿Qué te apetece comer criatura?― con dulzura le preguntó.</p>



<p>El chaval, totalmente cortado de que esa bella extranjera se hubiese fijado en el hambre que tenía, respondió que cualquier cosa. La pelirroja llamó al camarero y le pidió que le diera lo mismo que me había servido a mí. Tras traérselo y mientras en infortunado se lanzaba a devorar quizás su primera buena comida en semanas, mirándome a los ojos me preguntó cómo era posible que hubiese pobreza.</p>



<p>―La riqueza está mal repartida― respondí.</p>



<p>Ua se quedó meditando durante unos segundos y sin darse cuenta de lo que decía debido a lo que había bebido, me replicó:</p>



<p>―Mis hermanas no permitirían que ninguno de sus protegidos pasara penurias― y no contenta con ello, me pidió permiso para dedicar el veinte por ciento de mi dinero para intentar paliarlo. Disparando con pólvora ajena, accedí. No en vano sabía que el origen de mi fortuna se debía a ellas y qué si algún día necesitaba otra inyección de pasta, esos seres no dudarían en conseguirla.</p>



<p>«Me debería dar vergüenza, acaban de llegar y se preocupan mientras yo miraba hacia otro lado», mascullé en mi mente abochornado y llamando al propietario, le pedí que prepararan una despensa para que se la llevara el pequeñajo al terminar.</p>



<p>―Qué suerte tuve con que te eligieran cómo mi macho― complacida por mi acto, murmuró en mi oído la pelirroja mientras rebuscaba con su mano en mi bragueta.</p>



<p>Tomasa pidió la cuenta, temiendo que la alcoholizada muchacha montara un espectáculo porno a los presentes y separándola de mí, pidió a las dos que la acompañaran al coche. Tardé unos cinco minutos en pagar y cuando llegué al flamante Bentley me encontré con que no habían perdido el tiempo al verlas en el asiento trasero, mamando en plan obseso de las ubres de la morena.</p>



<p>―Llévanos a casa, mi amor― suspiró feliz la ama de cría mientras me guiñaba un ojo.</p>



<p>Una vez saciadas de leche humana, los dos seres se quedaron totalmente dormidas y eso permitió que la cocinera me preguntara si me había dado cuenta de que el alcohol daba carrete a sus lengua. Sin explayarme mucho, contesté que sí pero que esperara a quedarnos solos para tratar ese asunto. La costarricense lo entendió y cambiando de tema, exteriorizó su sorpresa por el comportamiento de nuestras acompañantes con la música. Dando vueltas a ello repliqué que en su mundo debía ser algo inexistente.</p>



<p>―No me extraña que hayan salido por patas, menudo aburrimiento― sentenció mientras me hacía participe de la ilusión que tenía en que nos cambiáramos de casa.</p>



<p>―¿No te gusta la que tenemos?― pregunté sorprendido.</p>



<p>―Mucho, pero prefiero vivir lejos― tomando mi mano, respondió: ―Ahí nadie nos conoce y no pensaran que soy aprovechada que me acuesto con mi patrón por su dinero.</p>



<p>―Ya no eres mi empleada, preciosa― contesté enternecido por sus palabras.</p>



<p>―¿Cuál es mi papel?― insistió mientras me miraba embelesada.</p>



<p>―Ser una vaca lechera― muerto de risa, repliqué recordando la escena que minutos antes había contemplado.</p>



<p>―Esta noche, te has quedado sin tu ración― sabiendo que iba de guasa, dijo mientras miraba hacia atrás para comprobar que seguían dormidas las lactantes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_077_9ff9.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 4&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Feb 2026 18:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[grandes relatos]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
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					<description><![CDATA[5 Al llegar al pequeño aeródromo del pueblo, la belleza de nuestras acompañantes despertó la curiosidad de los cinco empleados de esa instalación, los cuales sin cortarse nos acompañaron hasta la puerta del bimotor para así tener la oportunidad de contemplarlas por más tiempo. Ya estaba subiendo por la escalinata cuando escuché a uno alabar las tres hembras que se había agenciado el gallego. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Extrañado que incluyeran a Tomasa, me giré y observé que. a pesar de nuestras advertencias, habían retocado a la mulata incrementando su ya de por sí natural atractivo. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «Vaya par de tetas le han [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">5</h1>



<p>Al llegar al pequeño aeródromo del pueblo, la belleza de nuestras acompañantes despertó la curiosidad de los cinco empleados de esa instalación, los cuales sin cortarse nos acompañaron hasta la puerta del bimotor para así tener la oportunidad de contemplarlas por más tiempo. Ya estaba subiendo por la escalinata cuando escuché a uno alabar las tres hembras que se había agenciado el gallego.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Extrañado que incluyeran a Tomasa, me giré y observé que. a pesar de nuestras advertencias, habían retocado a la mulata incrementando su ya de por sí natural atractivo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Vaya par de tetas le han colocado», con ganas de probarlas, sentencié.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tuve tiempo de pensar en ello porque nada más cerrar la puerta, el piloto despegó y pegando un grito, la mulata nos informó que le daba miedo volar. Acercándose a ella, Ua la tranquilizó hundiendo sus dedos bajo su vestido mientras la rubia me decía lo fácil que sería modificar esa avioneta para hacerla más segura.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_015_c180.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Niña, ¿no has entendido nada cuando digo que no hay que hacerse notar?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo sé, pero es que hay una posibilidad entre quince millones que nos estrellemos― susurró a modo de disculpa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despelotado por que estuviera preocupada cuando apenas dos días antes habían tenido un accidente con sus antiguos dueños, respondí que la vuelta la haríamos en coche.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Me dejarías elegirlo a mí? He leído que a los humanos les encantan los Bentley― comportándose como una niña eligiendo un caramelo, murmuró.</p>



<p>―Princesa, ¿porque quieres algo tan caro? No comprendes que es un lujo innecesario.</p>



<p>Pegándose a mí, replicó mientras hurgaba en mi bragueta:</p>



<p>―Nada es suficiente para Íel y sus tres amadas concubinas.</p>



<p>Agradecí que la avioneta contara con una separación entre la cabina y el pasaje cuando sin preguntar mi opinión la rubia sacó mi falo de su encierro.</p>



<p>―Tengo hambre― musitó abriendo sus labios de par en par para recibir su biberón.</p>



<p>El descaro de ese maravilloso ser me hizo pensar y decidido a que asimilaran cuanto antes su naturaleza humana, comencé a acariciar su trasero mientras se hundía mi erección en la garganta. Al principio, no dio síntomas de ser afectada por mis toqueteos hasta que pegando un gemido me hizo ver que si lo estaba. Con las yemas recorrí sus cachetes ahora morenos, sin que hiciera nada por evitarlo. Su respiración entrecortada ratificó su calentura cuando cambiando de meta acaricié los bordes de sus pliegues y los encontré ya húmedos.&nbsp;</p>



<p>―Dime qué sientes― murmuré mientras localizaba su botón.</p>



<p>Asustada por la reacción de su cuerpo, me miró diciendo:</p>



<p>―Es raro, pero me gusta sentir que me tocas ahí abajo.</p>



<p>Sabiendo que debía ir paso a paso para no forzarla, me entretuve mimando su clítoris mientras de reojo observaba que Ua no perdía detalle de lo que estaba pasando con su compañera.</p>



<p>―Relájate― comenté al sacar un segundo suspiro de la joven.</p>



<p>Para entonces, mi empleada se había también dado cuenta y levantando el vestido de la pelirroja, me imitó tocando su entrepierna.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_021_bae3.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Por qué siento esto cuando me tocas?― preguntó Ua al experimentar en sus carnes las carantoñas de la mulata.</p>



<p>No quiso anticiparle nada y siguiendo la petición que le había hecho respecto a educarlas sexualmente, se arrodilló ante ella. Tras separarle los muslos, le dio un primer lametazo. La joven no se esperaba el latigazo de deseo que brotó de su cuerpo y totalmente indefensa, insistió en pedir que le explicara el porqué de esa nueva sensación.</p>



<p>―Lo sabes perfectamente― regalando un segundo lametón entre sus pliegues comentó Tomasa mientras en nuestros asientos concentraba mis caricias en la misma zona de su compañera.</p>



<p>―No entiendo por qué estos cuerpos reaccionan así― no queriendo aceptar lo evidente gimió descompuesta mientras a mi lado, Ía reaccionaba moviendo sus caderas.</p>



<p>La excitación de las crías fue in crescendo y tras el tercer agasajo de la lengua de la mulata, Ua le rogó que parara.</p>



<p>―No voy a hacerlo― respondió Tomasa: ―Quiero devolverte un poco del placer que me has dado.</p>



<p>La pelirroja me miró buscando mi ayuda, pero al ver a Ía despatarrada recibiendo gozosa mis caricias se quedó muda. Su mutismo fue breve ya que, hundiendo la cara entre sus piernas, la costarricense se puso a mordisquear con los dientes su ya erecto botón. La boca de Tomasa provocó que el estremecimiento que sentía se profundizara y exteriorizando su perplejidad, preguntó porque buscábamos que derramaran su esencia.</p>



<p>―Es una forma en que los humanos demostramos nuestro amor― comenté desde mi sitio.</p>



<p>Para entonces la rubia se había olvidado de ordeñarme y permanecía atenta a las reacciones de su cuerpo, lo que me permitió tumbarla en el asiento y sumergiéndome entre sus muslos, catar por primera vez su sabor.</p>



<p>―Santa Luz― chilló al sentir que su cerebro había cedido el puesto y que eran las hormonas las que mandaban sobre ella.</p>



<p>Su entrega azuzó mis maniobras y separando los pliegues de su vulva, observé una telilla blanquecina cerrando el paso a su vagina. Reconociendo su himen, recordé que a pesar de tener casi dos siglos era una niña y aunque deseaba mandar al olvido su virginidad, postergué su estreno a otro momento prefiriendo acelerar su entrega con mi lengua.</p>



<p>Mi negrita debió de pensar lo mismo e incrementando la acción de la suya, consiguió despertar a la mujer que se escondía agazapada tras la pelirroja.</p>



<p>―Me encanta― sollozó Ua ya consciente de lo que le pasaba mientras forzaba el contacto presionando la cabeza de la morena contra su sexo.</p>



<p>La aceptación de su condición humana aceleró lo inevitable y mientras saboreaba la femineidad de la rubia llegó a mis oídos el placer de su compañera.</p>



<p>―Disfruta también, mi pequeña― susurré.</p>



<p>―No sé cómo hacerlo― respondió esta con el corazón a mil por hora.</p>



<p>Al oírla y viendo que la pelirroja ya había disfrutado,&nbsp; la cocinera no se lo pensó y cogiendo los pechos de la rubia entre sus manos, se los empezó a amasar diciendo:</p>



<p>―Al igual que nuestro hombre no te limita su esencia, no debes impedirnos deleitarnos con la tuya.</p>



<p>Las palabras de Tomasa obraron mágicamente y dejándose llevar, el sexo de la chavala se licuó en mi boca llenando de flujo mis mejillas. El aroma a hembra satisfecha nubló mi buen entender y lanzándome desbocado, quise secar ese manantial. Mi insistencia prolongó y maximizó su orgasmo, llevándola en volandas a su propio descubrimiento y por ello, tras unir tres o cuatro clímax seguidos, Ía expelió su entrega pegando un largo y estridente chillido.</p>



<p>La constatación de que habían dado un paso para convertirse en mujeres cien por cien humanas nos alegró y solo el saber que estábamos a pocos minutos de aterrizar evitó que siguiéramos enseñando a esos seres todo lo que sus nuevos cuerpos eran capaces de sentir.</p>



<p>―Si me dejas, esta noche te daré otra lección de lo que consiste ser mujer― mordisqueando la oreja de la rubia comenté.</p>



<p>Desde su asiento Ua, demostrando que además de deseo era capaz de sentir celos, protestó:</p>



<p>―Íel, me toca a mí ser tu alumna.</p>



<p>&nbsp;Mi carcajada retumbó en la aeronave mientras escuchábamos al piloto decir que nos abrocháramos los cinturones. Estaba obedeciendo esas instrucciones cuando en voz baja el diablo con cara de ángel que tenía a mi vera musitó que no se iba a dar por vencida:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_025_30d1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Sigo hambrienta, mi amado simbionte.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La picardía de ese ser me hizo gracia y acercando mi boca, le prometí que una vez en tierra le daría su biberón. Por el brillo de sus ojos supe que no olvidaría esa promesa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras aterrizar, alquilamos un coche con conductor que nos llevara a la embajada. Entre los muros de esa delegación diplomática, me enteré de que, al igual que la negra era ya mucho más atractiva que antes de conocerlas, yo no me quedaba atrás. Y es que mientras un empleado se desvivía por conocer a sus dos impresionantes conciudadanas y a Tomasa, la embajadora de ese país saliendo de su despacho quiso conocerme.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras presentarse ante mí y escuchar que mis acompañantes se iban de compras,&nbsp; sin preguntar qué tipo de relación me unía con ellas, esa rubia de grandes pechos me invitó a comer.&nbsp; Estaba rechazando cortésmente la invitación cuando mi empleada me sugirió que aceptara porque sin mi presencia ellas se sentirían más libres al elegir ropa y sin caer en que dejaba a su hombre en las garras de una loba, me pidió la tarjeta de crédito.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nuestras nenas nos han reservado habitación en el Sheraton― guiñándome un ojo se despidió de mí después de quedar conmigo allí.</p>



<p>La cara de satisfacción de la diplomática me debió alertar del peligro, pero mi falta de experiencia en lo que se refiere al súbito interés del sexo opuesto me hizo confiar y solo supe algo raro pasaba cuando tras desaparecer las tres, Agda se colgó de mi brazo.</p>



<p>―¿Te apetece que comamos en Silvestre?― me dijo sin soltarse ya en el ascensor.</p>



<p>El tono con el que susurró la elección del restaurante me hizo palidecer y más cuando al subirnos a la limusina pegándose a mi lado empezó con un intenso interrogatorio sobre mi vida. Al enterarse que llevaba viviendo un año en Costa Rica, directamente me preguntó cómo era posible que no hubiéramos coincidido antes.</p>



<p>―Apenas salgo de mi finca― respondí cortado al sentir que posaba una de sus manos en mi pierna.</p>



<p>Sin importarle la presencia de su chofer, la nórdica no solo no la retiró, sino que incrementando su acoso comenzó a recorrer con sus dedos mi muslo mientras me preguntaba si alguna de las mujeres que me acompañaba era mi pareja.</p>



<p>―Las tres lo son― contesté creyendo que con ello la cuarentona iba a contenerse.</p>



<p>Para mi sorpresa al saber que esas bellezas compartían mis caricias, esa rubia quiso saber si nuestra relación era cerrada o aceptábamos nuevos integrantes.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>―Eso deberías preguntárselo a ellas― comenté tratando de descargar en las tres la culpa de mi rechazo.</p>



<p>―Lo haré― respondió mientras tomando mi mano se la ponía en su rodilla.</p>



<p>El descaro de esa mujer me indujo a pensar que mis pequeñas se habían excedido en sus retoques y que me habían convertido en un afrodisiaco andante.&nbsp; Queriendo descubrir hasta donde llegaba mi atractivo, dejé que mis yemas fueran subiendo por la pierna de la diplomática mientras hablaba con ella de camino al lugar. Comprendí que era brutal la fascinación que sentía esa mujer por mí cuando uno de mis dedos llegó a sus bragas y olvidando su responsabilidad como representante de su país, Agda abrió de par en par la entrada a su sexo mientras disimulaba hablando de lo que iba a pedir de comida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_029_e71a.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Seguro que es eso lo que deseas comer?― pregunté mientras exploraba la humedad de su gruta con un dedo</p>



<p>Asustada por la calentura que sentía, la rubia intentó disculparse diciendo que nunca se había comportado así ante un desconocido. Obviando sus disculpas, hurgué entre sus pliegues y tras localizar el hueso de melocotón en que se había convertido su botón, me entretuve en torturarla al contemplar el sudor que corría por su escote.</p>



<p>―¿Te importa que vayamos a mi casa?― costándole hasta respirar me preguntó colorada hasta decir basta.</p>



<p>Accediendo a sus deseos, seguí pajeándola mientras indicaba al conductor el cambio de destino. El empleado debía sospechar algo porque únicamente preguntó si deseaba que avisara que no iba a volver a la embajada.</p>



<p>―Por favor― sollozó sintiendo que se acumulaba en su vientre el placer.</p>



<p>Con ganas de prolongar su angustia, la liberé y llevando mi dedo impregnado a la boca, lo chupé mirándola fijamente a los ojos. El gemido que pegó al verme fue suficiente prueba de la lujuria que sentía y poniéndoselo en los labios, le pedí que probara su flujo. La cuarentona se volvió loca y sacando la lengua, se puso a lamerlo con avidez.</p>



<p>Riendo esperé a que lo dejara lleno de babas para volverlo a incrustar entre sus pliegues.&nbsp; Al sentir esa nueva incursión, la diplomática se corrió mientras intentaba bajarme la bragueta.</p>



<p>―Tranquila, zorrita― susurré en su oído: ―Espera a que estemos solos y será para ti.</p>



<p>Creí que no iba a hacerme caso, pero luciendo una alegría impropia de su cargo aceptó mi promesa diciendo que era muy golosa.</p>



<p>«Si tu supieras», pensé recordando la dependencia que sentían por mi semen las causantes de mi inesperado éxito entre las damas y echándolas a ellas la culpa de lo que iba a ocurrir, vi que entrabamos en la casa donde vivía esa mujer.</p>



<p>Al bajarnos del vehículo Agda se mantuvo alejada en un intento de mantener su reputación, pero nada más cerrar la puerta y lejos de miradas indiscretas, se abalanzo sobre mí como si no hubiese un mañana. Sus ojos inyectados con una lujuria sin límite me hicieron saber que estaba en mis manos y demostrando quien mandaba, sin hablar me bajé los pantalones. La sueca al ver mi erección intentó agacharse, pero haciéndole saber que no era eso lo que buscaba, le di la vuelta y subiéndole el vestido, desgarré sus bragas.</p>



<p>La cuarentona se sintió desfallecer al sentir mi glande recorriendo los pliegues de la caldera en que se había convertido ya su sexo y apoyándose contra la pared, me rogó que la tomara. Me alegró comprobar su entrega y más que estaba empapada. Cambiando sobre la marcha de destino, cogí un poco del flujo que desbordaba su coño y embadurné con él su esfínter. Agda se giró sorprendida pero rápidamente me demostró que el sexo anal era algo habitual en ella cuando sin tenérselo que pedir separó sus nalgas con las manos. Había incursionado con mi verga brevemente en el interior de su ojete cuando escuché sus primeros gemidos. Incapaz de contenerse, la mujer moviendo su cintura buscó profundizar el contacto. Al sentir su entrega, presioné con mi glande en su entrada trasera.</p>



<p>―Fóllame mi don Juan― chilló al sentir que la iba empalando a través de su rosado ano.&nbsp;</p>



<p>Poco a poco, mi extensión fue desapareciendo en su interior mientras hacía verdaderos esfuerzos para no gritar.</p>



<p>―¡Dios!― exclamó al sentir que finalmente había conseguido absorber la totalidad de mi extensión: ―¡La tienes enorme! Creí que no me iba a caber.</p>



<p>Contra toda lógica, el culo de esa madura se había tragado tanto el grosor como la longitud de mi miembro sin quejarse y felicitándola con un pequeño azote, le pregunté si podía empezar a moverme. El efecto de esa nalgada desbordó mis previsiones y comportándose como una puta, la diplomática me rogó que le regalara otra más fuerte. Ni que decir tiene que la hice caso y descargando una serie de sonoros golpes en sus cachetes, marqué el ritmo con el que desfloraba su culo mientras ella no dejaba de chillar lo mucho que le gustaba ese rudo trato. Tengo que confesar que no me había dado cuenta de que mientras metía y sacaba mi pene de su estrecho conducto, la sueca se las había ingeniado para masturbarse sin perder el equilibrio.</p>



<p>―Más duro, mi don Juan― pidió dando elevando el volumen de sus gritos.</p>



<p>Comprendiendo que esa mujer necesitaba caña, aceleré mis incursiones. &nbsp;convirtiendo su empalamiento en algo totalmente alocado. Agda al sentir mis huevos rebotando contra su sexo, se volvió una hembra necesitada y presa de un frenesí que daba miedo, buscó que mi pene la apuñalara sin compasión.</p>



<p>―Me corro― aulló al sentir que la llenaba por completo y antes de poder hacer algo por evitarlo, se desplomó al suelo.</p>



<p>Al caer, me llevó con ella, de manera que, sin quererlo, mi pene forzó más allá de lo concebible su trasero. La rubia sollozó al notar que su esfínter había sobrepasado su límite, pero en vez de apartarse dejó que continuara cogiéndomela sin descanso.&nbsp; Afortunadamente para su trasero, no tardé en sentir que se aproximaba mi propio orgasmo y sabiendo que posiblemente nunca volvería a disfrutar de ese cuerpo, me dejé llevar&nbsp;derramándome&nbsp;en el interior de su culo.</p>



<p>Tras unos minutos durante los cuales no pudo ni moverse, se levantó y acomodándose la ropa me pidió que siguiéramos en su dormitorio.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_033_15be.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿No íbamos a comer?― pregunté mirándola.</p>



<p>Se veía a la legua que estaba encantada y que no quería perder tiempo con esa menudencia porque mientras recorríamos el pasillo en dirección a su cuarto, &nbsp;me susurró al oído:</p>



<p>―Mientras esperamos que nos suban la comida, ¿te apetece hacer uso de mis otros agujeros?</p>



<p>Solté una carcajada al oírla y muerto de risa, la besé mientras respondía:</p>



<p>―Para ser embajadora, ¡eres de lo más puta!</p>



<p>Sonriendo, contestó:</p>



<p>―Todavía, ¡no sabes cuánto!</p>



<h1 class="wp-block-heading">6</h1>



<p>Las cinco horas que pasé con Agda me parecieron pocas. Si no llego a saber que Tomasa y las dos chavalas me esperaban en el Sheraton, me hubiese quedado disfrutando del maduro pero espectacular cuerpo de esa sueca. A ella le ocurría lo mismo, pero en su caso multiplicado por mil veces y mientras se despedía de mí en la puerta de su casa, no paró de llorar rogando que no la dejara sola. Al saber que su dolor era causado en gran medida por los cambios que habían hecho en mi cuerpo esos dos seres me compadecí de ella y depositando un dulce beso en sus labios, le prometí que cuando volviera a la capital le haría una visita.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿No puedo irte yo a ver a tu finca?― preguntó con lágrimas en los ojos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desconociendo si en su naturaleza humana Ua e Ía sentirían celos, preferí decirle que antes de acceder primero tenía que hablar con las mujeres con las que vivía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por favor, convéncelas que me dejen visitarte… aunque sea una vez al mes ir. No puedo pensar que no se repita. Siento que he nacido para ti― sollozando me pidió.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La angustia de sus palabras me preocupó y sin mirar atrás, entré en la limusina de la embajada donde el chofer me esperaba para llevarme al hotel. Al cerrar la puerta, el costarricense comentó impresionado desde cuando conocía a su jefa, ya que era el primer hombre con el que la había visto entregarse. La constatación de que en Agda no era habitual ese tipo de contacto me hundió todavía más y sintiendo remordimientos, &nbsp;juré nunca dejarme llevar por la lujuria con ninguna otra mujer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¡No saben lo que han hecho!», exclamé para mí disculpando a las dos criaturas en vez de recriminárselo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La certeza de que en esos momentos la sueca debía de estar llorando mi ausencia incrementó mi zozobra y por ello fui incapaz de disfrutar de la perla que era esa ciudad. Los monumentos coloniales erigidos en sus calles pasaban a nuestro paso sin mirarlos y solo cuando la limusina aparcó frente a la entrada del hotel, sentí alivio al saber que pronto me reuniría con todas ellas, pero teniendo sobre todo presente a Tomasa, mi negra.</p>



<p>El recuerdo de su cariño genuinamente humano renovó mi ánimo y sacando fuerzas de él, entré al bar del establecimiento donde había quedado con las tres. Desde la entrada observé que estaban acompañadas por media docena de moscones. Sin gota de celos, me quedé observando como esos ejecutivos que competían entre sí buscando despertar el interés de las diosas que el destino había hecho recalar en ese lugar.</p>



<p>«Esos incautos no saben que su excitación es inducida», pensé apiadándome de ellos.</p>



<p>Las risas de las crías escuchando como Tomasa se defendía del cortés acoso al que la estaban sometiendo esos adinerados hombres no consiguieron hacerme olvidar que con seguridad era la primera vez que mi antigua cocinera despertaba el deseo de alguien de clase alta y viendo la satisfacción con la que se tomaba esos laureles, me abstuve de acercarme.</p>



<p>La belleza de la morena se había magnificado gracias al vestido de alta costura que llevaba puesto y sonriendo, me vi sacudido por la misma atracción que los tipos que revoleaban a su alrededor. La naturalidad con la que repartía sonrisas me preocupó pensando que quizás me había olvidado e incapaz de recriminarla nada cuando venía de ponerle los cuernos con la sueca, me quedé plantado sin atreverme a recorrer los cinco metros que me separaban de ella.</p>



<p>Afortunadamente Tomasa me vio y olvidando a sus pretendientes, con una felicidad difícil de esconder, corrió hacia mí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_034_32d9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Mi amor, te echaba de menos― dijo lanzándose a mi cuello.</p>



<p>Sus besos disolvieron mis malos augurios y pasando mi mano por su cintura, la atraje hacia mí mientras reconocía en mi fuero interno que yo también la había extrañado.</p>



<p>&nbsp;―Tengo tantas cosas que contarte, que no sé por dónde empezar― dijo tomando mi mano.</p>



<p>Ese gesto me dio la energía para acercarme a nuestras dos sanadoras, ya que temía que al tenerlas en frente el rencor que sentía me hiciera repudiarlas. Ajenas a lo que su simbionte sentía, las crías se levantaron e imitando a la que consideraba ya mi mujer, me llenaron de caricias mientras me presentaban a sus rendidos admiradores como su marido y el único hombre que podrían amar.</p>



<p>Creí que la actitud y las palabras de esas bellezas provocarían el escándalo no solos de esos ricachones sino también el menosprecio de todos los presentes en el bar, pero para mi sorpresa los seis tipos se presentaron con sus nombres mientras alababan la suerte que tenía al poseer el afecto de esas inteligentes hermosuras. No me cupo duda alguna que esos angelicales seres se habían ocupado de normalizar la situación para que, al verse despreciados, no se comportaran como machos ante el semental que les cerraba la puerta de las hembras y sintiendo pena por ellos, me senté.</p>



<p>―Íel, me he permitido explicarles que podrías estar interesado en oír ofertas de negocios donde invertir tu dinero― comentó la pelirroja mientras a su lado Ía se mostraba de acuerdo.</p>



<p>Sonreí al percatarme que la avaricia de esos sujetos era la razón por la que no habían saltado sobre mi cuello y más tranquilo, escuché lo que querían proponerme. Así fue cómo me enteré de que eran los representantes de una sociedad americana que había adquirido una inmensa extensión de terrenos selváticos lindando con el mar Caribe e interesado por primera vez en esa inversión, me quedé impresionado el modo en que esos dos seres negociaban en mi nombre para hacerme dueño de un porcentaje del negocio.</p>



<p>―Estaríamos dispuestos a comprar al treinta por ciento del accionariado si con ellos nos garantizan que podremos adquirir la quinta Santa Lucía― comentó la rubia mientras sacaba un portátil.</p>



<p>No quise preguntar cuándo se había agenciado ese ordenador personal y solo pregunté qué era esa edificación. Como si hubiera sabido de antemano que iba a preguntarle por ella, dando la vuelta a la pantalla, Ía me mostró las fotos de un coqueto palacete francés ubicado en un paradisiaco paisaje.</p>



<p>―Quiero que nuestros hijos se críen en este lugar― musitó en mi oído la mulata.</p>



<p>Con poco que decir en algo que ya sabía que iban a conseguir, los cuatro esperamos que los jefes de esos ejecutivos dieran su consentimiento a la operación. Tras obtenerla, entrando en internet, la chavala que apenas unos días antes no sabía ni hablar cerró el acuerdo mandando a la cuenta que le habían proporcionado cinco millones de dólares en concepto de fianza.</p>



<p>―Espero que no te moleste que hayamos puesto la casa a nombre de nosotras tres, hemos creído que sería un buen regalo de bodas para tus mujercitas― dejó caer Ua provocando las risas de los ejecutivos.</p>



<p>La mirada amorosa de mi antigua empleada evitó que me indignara y cayendo que ese dinero había sido conseguido por ellas, di mi conformidad a ello.</p>



<p>―Por eso te queremos tanto― haciéndose las impresionadas y casi a la vez, me dijeron esas arpías recién caídas del cielo mientras los apoderados de la multinacional pedían un par de botellas de champagne con las que brindar por mi futuro enlace con esos tres monumentos.</p>



<p>Confieso que, en ese momento y aunque sabía que esos tipos estaban encantados no tanto por nosotros sino por lo que esa inversión significaría en sus bolsillos, me sentía extrañamente feliz y sospechando que esa jornada me depararía todavía muchas sorpresas, alcé mi copa por ellas.</p>



<p>―Por don Miguel Parejo también― dándome un lugar respondieron las muchachas mientras Tomasa se abrazaba a mí.</p>



<p>&nbsp;La dulzura con la que pegó su cara sobre mi pecho me hizo retrotraer al momento en que la contraté y reconocí en sus ojos, la mujer humilde que incapaz de mirarme aceptó unir su destino a mí firmando un contrato laboral. Quizás eso motivó que, tomándola de la barbilla, le pidiera que se casara conmigo en presencia de todos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_038_b82b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Vas en serio?― preguntó con alegría.</p>



<p>―Por supuesto, mi reina… pero piénsatelo bien porque si aceptas te llevas a demás a esas dos princesas― dije besándola tiernamente en los labios.</p>



<p>―Claro que acepto, mi amor― respondió mientras escuchaba los aplausos de los reunidos alrededor.</p>



<p>Olvidándose de ellos, buscó mis besos con pasión. Besos que no le fueron negados y a los que se unieron las bocas de las dos crías mientras un camarero rellanaba nuestras copas. El jolgorio que siguió a nuestro enlace no me permitió hasta que fue tarde caer en que los cuerpos de las chavalas no estaban habituados al alcohol.</p>



<p>―Estáis borrachas― exclamé muerto de risa a la media hora viendo que apenas podían mantenerse de pie.</p>



<p>Para ellas esa sensación era nueva e incapaces de reconocer que su alegría era inducida por ese vino espumoso, intentaron que les diese de comer frente a todos. Por suerte, los ejecutivos creyeron que iban de broma sino se hubiesen escandalizado al ver que intentaban bajarme la bragueta en medio del bar.</p>



<p>―Siento decirles que el deber me llama― siguiendo la guasa, comenté mientras con ayuda de Tomasa las sacaba rumbo a nuestra habitación.</p>



<p>―Tenemos hambre― con la voz tomada insistió Ua mientras las metíamos en el ascensor.</p>



<p>―Nos prometiste darnos tu esencia― apoyando a la pelirroja, su compañera protestó.</p>



<p>Repeliendo su ataque, conseguí llevarlas hasta el cuarto y solo cuando había cerrado la puerta, permití que me bajaran los pantalones.</p>



<p>―Cuanto echaba de menos mi biberón― susurró la rubia al ver mi erección.</p>



<p>―Sera mejor que te sientes en la cama― desternillada de risa, me aconsejó la viuda: ―Con la merluza que traen, son capaces de tirarte.</p>



<p>Fue una suerte porque, al ver que me sentaba y compitiendo entre ellas, se lanzaron sobre mi pene en busca de su sustento. Lo que no me esperaba fue que, al pegar el primer lametazo sobre mi extensión, la zorra de la rubia que notaba en mi sabor que me había acostado con la embajadora.</p>



<p>Girándome hacia la morena iba a disculparme cuando sonriendo esta susurró en mi oído que no me preocupara porque sabía que eso iba a ocurrir desde que había visto la atracción que sentía esa sueca por mí. Sorprendido pregunté si no le molestaba y entonces haciéndome una carantoña, me recordó que había prometido no cabrearse cuando alimentara a otras. No quise contradecirla y tomándola entre mis brazos, me puse a desnudarla, pero entonces las dos infernales criaturas protestaron.</p>



<p>―Nuestro biberón ya no nos quiere. No hace más que moverse― casi llorando Ua comentó.</p>



<p>Temiendo que producto de su melopea me hicieran daño, decidí facilitarles las cosas y tumbando a Tomasa, les comenté que dado que veían doble era preferible que esa noche lactaran de ella. La morena sonrió al escucharme y llamándolas, se pellizcó los pezones. Las chavalas al observar los dos grifos de blanca leche cambiaron de objetivo y reptando sobre las sábanas, llevaron sus bocas a los pechos de su ama de cría.</p>



<p>―Bebed mis niñas, bebed de vuestra negra― con cariño no exento de deseo, susurró la dueña de los dulces cántaros que mamaban.</p>



<p>Sin perder detalle de esa tierna escena esperé a que, con el estómago lleno, las alcoholizadas muchachas se quedaran dormidas. Tal y como preví, no tardaron más de diez minutos en quedarse cuajadas. Entonces y solo entonces, abrí el minibar preguntando a mi morena si le apetecía un ron.</p>



<p>―Por supuesto, eso no se pregunta― levantándose desnuda comentó.</p>



<p>Sirviendo dos vasos bien cargados, me senté en el sofá y mientras las veía dormitar, pregunté a Tomasa por su día. Pegándose a mí, me narró que tras dejarme en la embajada habían ido a un banco donde el gerente tras recibirlas abrió una cuenta a cada una. Me abstuve de preguntar con qué dinero porque sabía de antemano su origen y por ello únicamente comenté si le habían dado suficiente para sus gastos.</p>



<figure class="wp-block-image"><img alt=""/></figure>



<p>&nbsp;―Amor mío, ni despilfarrando puedo acabar con la suma que les autorizaste que pusieran a mi nombre― susurró mirándome embelesada.</p>



<p>No quise contrariarle diciendo que esas zorritas habían actuado de motu propio, pero tampoco adjudicarme un mérito que no me correspondía y por eso le pedí que me explicara que habían hecho después.</p>



<p>―Nuestras niñas me llevaron a una tienda <em>Prêt―à</em>―<em>porter. Yo no quería entrar, pero ellas insistieron diciendo que la hembra de la pareja que las protegía debía de vestir de acuerdo con su rango… te prometo que no usamos tu tarjeta sino la mía― comentó como si me importara algo lo que se habían gastado. </em><em></em></p>



<p><em>Mientras vomitaba avergonzada la cantidad de ropa que se había probado, me quedé pensando en el comportamiento de las crías y caí que, en su función simbiótica, no solo se creían en el deber de satisfacer mis necesidades materiales sino también las de su “¿madre? ¿dueña?”. Volviendo a la realidad, escuché que Ua e Ía se habían agenciado en otra boutique para gente de su edad un ajuar digno de una estrella de cine.</em><em></em></p>



<p><em>―Cariño, ¿tengo que recordarte que tienen casi doscientos años?― murmuré divertido.</em><em></em></p>



<p><em>―Para mí, son unas crías― respondió sin dar importancia a mis palabras, para acto seguido decirme que luego fueron a comprar mi regalo.</em><em></em></p>



<p><em>―¿Qué regalo?― pregunté, dada la facilidad con la que gastaban.</em><em></em></p>



<p><em>Levantándose del sofá, abrió el armario y me enseñó una colección de lencería que cuanto menos se podía catalogar como escandalosa.</em><em></em></p>



<p><em>―¿Quiere mi dueño que su negrita se pruebe un modelito?― murmuró en plan picantón.</em><em></em></p>



<p><em>―Lo estoy deseando― contesté dudando que algo me gustase más que verla desnuda.</em><em></em></p>



<p><em>La coquetería innata de la morena se vio satisfecha y tomando media docena de conjuntos, se metió al baño. Mientras esperaba su vuelta, me serví otra copa y mientras retornaba a mi sitio, escuché que la pelirroja hablaba en sueños. Creyendo que me decía algo, me acerqué y al preguntar qué quería, entre sueños respondió:</em><em></em></p>



<p><em>―Ya falta menos para que nuestros “¿padres? ¿dueños?” nos regalen hijos con los que emparejar a nuestras hermanas que se quedaron solas.</em><em></em></p>



<p><em>Comprendí que en su borrachera la joven creía que hablaba con Ía sobre unos planes y unas “hermanas” de las que jamás habían hablado.</em><em></em></p>



<p><em>―Sí cariño, ya falta menos― respondí intentando tirarle de la lengua.</em><em></em></p>



<p><em>―De la mano de nuestra prole, nuestra especie crecerá y hará más fuerte a los humanos para que juntos conquistemos la galaxia.</em><em></em></p>



<p><em>Me costó asimilar el engaño y por eso traté de que siguiera explicando la razón verdadera por la que habían llamado a nuestra puerta. Desgraciadamente,&nbsp; se puso a susurrar en un inteligible idioma que debía ser el suyo natal y no conseguí nada más de ella. Seguía aterrorizado cuando saliendo con un modelo que dejaba poco a la imaginación, mi negrita me preguntó si me gustaba. Al ver mi cara, se dio cuenta que algo me pasaba y sin ahorrar detalle, le expliqué lo que había escuchado.</em><em></em></p>



<p><em>Tomasa atendió mis palabras en silencio con creciente indignación y solo cuando terminé de explayarme, abrazándome preguntó qué íbamos a hacer. </em><em></em></p>



<p><em>―No lo sé― reconocí a la única humana en que podía confiar y con la que compartía la responsabilidad de toda una especie.</em><em></em></p>



<p><em>Hundiendo su cara en mi pecho, mi adorada negrita comenzó a llorar…</em><em></em><em><br></em></p>


<div class="wp-block-image">
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 3&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 18:05:00 +0000</pubDate>
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<h1 class="wp-block-heading">3</h1>



<p>Sobre las diez y media, desperté todavía abrazado a Ua. La joven debía de haber amanecido antes y al sentir que me movía, usando su voz en vez de sus hebras, me preguntó si había descansado. Sorprendido de que durante la noche hubiera aprendido a hablar y que lo hiciera con una mezcla de nuestros acentos, respondí que cómo era posible. Luciendo una sonrisa que me dejó embobado, me informó que ambas habían aprovechado las horas para practicar con sus cuerdas vocales.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tienes una voz preciosa― contesté regalándole un breve pico en sus labios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al igual que cuando le di el azote, ese tierno gesto la cogió con el pie cambiado y abriendo los ojos de par en par quiso que le explicara porque la había besado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Porque eres preciosa― comenté repitiendo el mismo mimo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus mejillas se tiñeron de rojo con el piropo y bajando su mirada, avergonzada preguntó si era cierto. Impresionado de que no fuera consciente de su belleza, la atraje hacía mí y forzando su boca, la besé esta vez con pasión. Por un momento que me pareció eterno Ua se quedó petrificada y solo cuando sintió mi lengua jugando con la suya, decidió dejarse llevar. Durante un minuto, compartimos nuestros labios y si no me permití acariciarla, fue por estar convencido de que para esa cría el ser querida era difícil de asimilar.&nbsp; Supe que estaba en lo cierto cuando dominada por una sensación desconocida no aguantó la presión y se echó a llorar.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_003_31b9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tranquila, princesa. No pasa nada― entrelazando mis dedos en su pelo, murmuré.</p>



<p>Mi susurro, lejos de amortiguar sus lloros, los incrementó.</p>



<p>―¿Qué le pasa a este cuerpo?― aterrorizada preguntó.</p>



<p>Recordando que la noche anterior ella misma había dejado caer que habían adoptado recientemente la forma humana, comprendí que al hacerlo había sido con todas las consecuencias y que su angustia se debía a no saber reconocer que sentía. Queriendo saber más, le pedí que me dijera qué era lo que había experimentado con el beso.</p>



<p>―Mi respiración se aceleró al igual que mi corazón― respondió sin entender que al adquirir nuestra anatomía también se veía estimulada por los mismas hormonas que nosotros.</p>



<p>Midiendo mis palabras, le informé que esa reacción se debía a que lo que había experimentado era deseo y que debía aceptar que era humana.</p>



<p>―No soy una mujer, soy una sanadora― contestó sobrecogida.</p>



<p>Riendo la miré y acariciando uno de sus pechos, jugueteé con el rosado botón que lo decoraba. El pezón de Ua se contrajo excitado al sentir la acción de mis yemas.</p>



<p>―No es posible― musitó todavía incrédula.</p>



<p>No queriendo asustarla le pedí permiso para metérmelo en los labios. Convencida de su incapacidad de sentir, me lo dio. Dudé si estaba actuando correctamente ya que a pesar de parecer una veinteañera esa criatura acababa de renacer y con sumo cuidado, lamí los bordes de su areola para demostrar mi teoría. El sollozo que brotó de su garganta al notar esa húmeda caricia fue la prueba incontestable de su humanidad. &nbsp;</p>



<p>―Santa luz― chilló superada cuando tomando el pezón mamé de él.</p>



<p>Su grito despertó a las dos durmientes y deseando que entendieran que no le pasaba nada, les expliqué lo que ocurría.</p>



<p>―Te equivocas, Íel. Debe ser otra cosa. Nunca he oído que una sanadora se vea atraída por su protector. Somos sexualmente inoperantes. Nuestra función no nos lo permite― contestó Ía.</p>



<p>Por alguna razón Tomasa no quiso intervenir ni tomar partido, por lo que nuevamente tuve que ser yo quien sacara a ese bello ser de su error.</p>



<p>―Si tan segura estás, te importa que haga la prueba contigo.</p>



<p>Dando por hecho que no sentiría nada, confiada puso un seno a mi disposición. Antes de metérmelo en la boca, observé que era más grande pero no por ello menos bello que el de su compañera.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_005_b009.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tienes unos pechos maravillosos― desde el otro lado de la cama, la mulata confirmó mis pensamientos.</p>



<p>El rubor de sus mejillas me azuzó a acercarme y repitiendo la misma operación que con Ua, dediqué unos segundos a impregnar de saliva su pezón antes de abrir los labios. Desde el primer lametazo, la inexperta supo que se había equivocado al suponer que no se vería afectada, Intentando afianzar sus dudas decidí mordisquearlo suavemente antes de ponerme a mamar.</p>



<p>Fascinada y con la carne de gallina, recibió esa caricia como una derrota y echándose a sollozar, me rogó que parara.</p>



<p>―Hazlo Miguel, déjala asumir sus sentimientos― me rogó la morena al sentir como suya la angustia de la chavalilla.</p>



<p>Al ver que obedecía y ejerciendo como madre, Tomasa las abrazó sin decir nada. Sintiendo que mi presencia sobraba, me levanté al baño mientras dejaba a esas dos crías llorando en brazos de la morena. Reconozco que me sentía sucio. En mi paranoia por entender que eran,&nbsp; las había forzado por encima de sus posibilidades y ahora no sabía cómo actuar. Mi corazón me pedía pedirles perdón, mientras mi cerebro intentaba convencerme de que había hecho lo correcto al revelarles hasta donde llegaba su parte humana. Al final venció mi corazón y hundido volví al cuarto.</p>



<p>Desde la puerta, contemplé a las niñas mamando de la viuda y no queriendo interrumpir ese momento, me senté frente a ellas sin hablar. La imagen no podía ser más tierna, desesperadas por lo que sus cuerpos experimentan se había lanzado a por sustento en un intento de rehuir sus sensaciones. No llevaba más de unos segundos cuando me percaté que involuntariamente las dos albinas comenzaban a restregar tímidamente sus sexos contra los muslos de la morena. Tomasa me guiñó un ojo al darse cuenta y pidiendo con la mirada que no interviniera, se quedó quieta sin moverse mientras notaba que las chavalas iban incrementando la velocidad con la que se auto estimulaban.</p>



<p>&nbsp; ―Comed y no penséis― les dijo sin dar importancia a la creciente humedad de sus coñitos: ―Os quiero, mis pequeñas.</p>



<p>Desde mi privilegiado puesto de observación, recreé mi mirada en ellas y comprobé sus diferencias. Al igual que sus pechos, el trasero de Ía era más grande que el de su compañera y en contrapartida, Ua poseía un delicado equilibrio que la hacía igualmente atractiva.</p>



<p>«Son un sueño», medité mientras a mis oídos llegaban sus primeros gemidos.</p>



<p>Asumiendo que antes de tocarlas siquiera, debían explorar ellas solas su parte humana, la mujer observó inmóvil la creciente calentura de la crías. Para entonces e incluso para ellas era evidente su excitación y dejando por fin los pechos que las estaba amamantando, buscaron los besos de Tomasa. La viuda no rehuyó sus labios y alternando besos entre ellas, colaboró discretamente en su auto búsqueda.</p>



<p>El erotismo de la escena no me pasó inadvertido y con ganas de unirme a ellas, tuve que hacer un esfuerzo por evitarlo.&nbsp; Gracias a ello, pude reparar en que Ua estaba al borde del orgasmo y que se ponía a temblar mientras seguía frotando su vulva contra la pierna de su teórica protegida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_006_b009.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¡Soy una mujer!― gimió descompuesta al sentir que sus neuronas se consumían de placer.</p>



<p>La aceptación de su parte humana por parte de su compañera derritió los reparos de Ía y cayendo hacia atrás, lloró presa de su primer orgasmo. Testigo de su descubrimiento, esperé a que dejaran de moverse para acercarme y sin preguntar nada, las abracé.&nbsp; Las dos crías recibieron nuestras caricias abochornadas al darse cuenta de que habían recibido un don sin dar nada a cambio y durante un largo rato, siguieron intentando entender y asumir que habían dejado de ser unos seres asexuados y que gracias a los genitales humanos conocían de primera mano lo que era amar.</p>



<p>Al escuchar el rugido de mi estómago, Ua se percató que no había comido nada desde la noche anterior y totalmente cortada, me preguntó porque seguía cuidándolas cuando era notorio que necesitaba alimento.</p>



<p>Acariciando su blanca melena, respondí:</p>



<p>―¿Crees que hay algo más importante para mí que cuidar a mis mujercitas?</p>



<p>Desconcertada por mi respuesta, dos gruesos lagrimones surcaron sus mejillas.</p>



<p>―Nunca creí que un día comprendería lo que realmente quería decir los humanos afirmaban que estaban enamorados, y ahora lo sé. Mi amor por ti solo es comparable a que siento por nuestra Asa.</p>



<p>Y dirigiéndose a su hermana, le preguntó si ella sentía lo mismo. Ía fue todavía más explícita:</p>



<p>―Gracias a vosotros, sé que es el amor y si lo permitís además de ser vuestra sanadora quiero ser vuestra mujer.</p>



<p>Besándola, Tomasa contestó:</p>



<p>―Ya lo eres pequeña hechicera. Tú y tu hermana sois nuestras mujeres y espero que aceptéis a esta anciana de la misma manera.</p>



<p>Riendo las dos chavalas le dijeron que no era vieja, que ellas llevaban viviendo vivido mucho más.</p>



<p>―¿Qué edad tenéis?― pregunté.</p>



<p>&nbsp;Sin dar importancia al dato, tras calcularlo, Ua nos informó que ambas habían salido de la cuba de fertilización un primero de febrero de hacía ¡ciento noventa y tres años terrestres!</p>



<p>―¡Su puta madre! ¡Sois unas rucas!― exclamó muerta de risa la mulata: ¡Decidme qué crema os echáis que me la compro!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin entender la guasa, comentaron que,&nbsp; si de verdad quería parecer más joven, ellas podían conseguirlo. Tomasa se quedó pensando y tras darse cuenta de que, si de pronto aparecía por el pueblo sin arrugas, la gente empezaría a chismear y por eso les pidió que se abstuvieran de meterles mano.</p>



<p>―¿Y unos pechos más grandes?― insistieron apelando a la coquetería innata de las mujeres: ―¿O un trasero más firme?</p>



<p>―Eso no me vendría mal, ¿verdad?― comentó mirándome.</p>



<p>―Yo te veo maravillosa como estás― respondí evitando mojarme.</p>



<p>Conociendo a las féminas, mi negrita iba a hacer lo que quisiera y si dejaba caer que la retocaran, me iba a ir como en feria. Por eso permanecí callado mientras esa crías (me resultaba imposible pensar en ellas como unos seres que me quintuplicaban la edad) seguían tentando a la cocinera con distintos retoques, a pesar de saber que sería yo el beneficiado.</p>



<p>Lo malo fue cuando habían acabado de pactar los cambios en la mulata empezaron a conmigo. Acojonado por ser manipulado, solo permití que a través de sus manejos perdiera algo de grasa abdominal.</p>



<p>―¿Y no quieres que te toquemos el sexo? Podríamos hacerlo enorme.</p>



<p>―Ni de coña, me lo dejáis en paz― contesté temiendo convertirme en una especie de Rocky Siffredi.</p>



<p>Interviniendo Tomasa, se atrevió a comentar que dado que tendría que satisfacer dos bocas hambrientas y una mujer ardiente al menos debía permitir que me otorgaran más resistencia. Estaba a punto de mandarla a la mierda cuando, sonriendo un tanto avergonzada, Ía comentó que por ese aspecto no tenía que preocuparse ya que al mejorar mi estado físico y corregir un problema que habían visto en mi corazón, ahora tenía la fortaleza de un chaval de veinte. No supe si cabrearme o agradecérselo. Me habían mejorado, pero… sin mi permiso.</p>



<p>Mi cara debió de ser lo suficientemente elocuente porque entrando al saco, Ua intentó disculpar esa intromisión diciendo:</p>



<p>―Amado Íel, no nos podíamos permitir perderte en solo veinte años, tras las mejoras nos durarás al menos otros ochenta.</p>



<p>Que hubieran multiplicado por cuatro mi esperanza de vida era de agradecer, pero aun así seguía cabreado y de mala leche, contesté que ya hablaríamos porque me urgía una ducha, para acto seguido dejarlas en la habitación.</p>



<p>Ya en el baño, abrí el grifo y mientras esperaba a que tomara temperatura, me puse a pensar lo extraño que era la tranquilidad con la que, tanto Tomasa como yo, habíamos aceptado que no eran humanas sino unos seres de otro planeta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_009_e348.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>«Lo lógico es que nos hubiéramos cagado encima y hubiésemos tratado de huir», medité, «en cambio nos pareció hasta normal».</p>



<p>La claridad de que ese planteamiento era acertado y que algo raro había, me hizo saber que de algún modo había actuado en la química de nuestros cerebros para que así fuera.</p>



<p>«Serán preciosas, dulces, encantadoras y demás, pero son unas zorras», dije para mí sin enfadarme.</p>



<p>Dando vueltas al asunto, estaba ya en la ducha cuando escuché que se abría la mampara, al girarme vi que era la mulata.</p>



<p>―Patrón, tenemos que hablar de lo que he hecho― musitó preocupada sin atreverse a entrar.</p>



<p>Que me llamara nuevamente “patrón” en vez de Miguel, me anticipó que lo que iba a escuchar no sería de mi agrado y por eso, decidí comportarme con ella como antes:</p>



<p>―Tu dirás, mujer.</p>



<p>La cuarentona tomó aire antes de decir:</p>



<p>―Siento que me he aprovechado de usted y de su bondad. Debo confesar que siempre me ha gustado y que muchas noches he soñado que entraba en mi habitación. Por ello cuando esta noche Ua estaba arreglando mis problemas, se dio cuenta que no éramos pareja y me preguntó por qué. Al enterarse que secretamente lo deseaba, me dijo que si la dejaba me podía ayudar a conseguirlo.</p>



<p>―¡Qué me hicieron! ¿Me tocaron el cerebro?― exclamé lleno de ira.</p>



<p>Llorando a moco tendido y sin mirarme, contestó:</p>



<p>―No, patrón. Fue a mí. Según ella, con solo un pequeño cambio en mis feromonas, me haría irresistible ante cualquier hombre. Tanto deseaba que usted me hiciera caso, que acepté.</p>



<p>―Además de idiota, eres tonta. Si hubieses querido acostarte conmigo, solo tenías que pedirlo― grité indignado: ―Ahora que eres un afrodisiaco andante, ¿te vas a follar a todo el pueblo?</p>



<p>Usando mis palabras contra mí, preguntó si era verdad eso… que si antes que llegaran nuestras niñas ya la deseaba.</p>



<p>―Siempre has sido una mujer atractiva― musité al ver en sus ojos un hálito de esperanza: ―pero ahora no sé qué decir.</p>



<p>―Sigo siendo la misma negra enamorada de su patrón― sollozando contestó: ―Y si tan asquerosa le resulto, cojo mis cosas y me voy.</p>



<p>La angustia de esa buena mujer me derrumbó y tomándola del brazo, la metí conmigo bajo la ducha.</p>



<p>―No te vas a ninguna parte. Eres una puta, una golfa y una liante, pero quiero que seas mi puta, mi golfa y mi liante― respondí mientras forzaba su boca con mi lengua.</p>



<p>―Soy todo eso y más, mi señor, mi amado Íel― suspiró de alegría pegándose a mí.</p>



<p>El tacto de su piel despertó mi lujuria y cogiendo uno de sus hinchados senos, lo mordisqueé mientras deslizaba mi mano hasta su entrepierna. Al encontrarme sus pliegues llenos de flujo, comprendí que su entrega era total y aprovechándome de ello, decidí dar un salto en esa relación recién estrenada:</p>



<p>―Si te portas bien con tu patrón, a este no le importaría usarte de por vida.</p>



<p>El gemido de deseo que brotó de su garganta al oírme me alentó a continuar:</p>



<p>―Serás mía y solo mía. Y nunca miraras a otro.</p>



<p>―No lo haré― murmuró al sentir uno de mis dedos entrando en su coño.</p>



<p>―No te pondrás celosa cuando alimente a las niñas.</p>



<p>―Nunca, mi señor― gimoteó moviendo sus caderas.</p>



<p>―Te entregaras por completo y no te negaras a nada.</p>



<p>―Nunca podría negarme a mi señor― lloriqueó sintiendo que le flaqueaban las piernas.</p>



<p>Dándole la vuelta, comencé a recorrer sus negros cachetes enumerando sus obligaciones mientras le metía un dedo en el ojete:</p>



<p>―Me entregarás tu culo, tu boca y tu coño. Tu cuerpo por completo.</p>



<p>―Ya son suyos, mi adorado patrón.</p>



<p>Acercando mi glande a sus labios, comencé a jugar con su clítoris haciéndola saber que iba a volverla a tomar e incrustando un par de centímetros mi sexo, mordí su oreja diciendo:</p>



<p>―Tu renovado vientre me dará hijos y compartiré con ellos la leche de tus tetas.</p>



<p>Para la mulata más que una obligación fue una promesa y echándose hacia atrás se embutió toda mi erección diciendo:</p>



<p>―Su negra le dará negritos, mi señor.</p>



<p>―Y, para terminar, me ayudarás a adiestrar a esos seres.</p>



<p>―¿Adiestrar?― preguntó.</p>



<p>Le mordí la oreja diciendo:</p>



<p>―Mi querida Tomasa, ¿no te das cuenta de que si sus cuerpos son capaces de sentir deseo, es nuestro deber el enseñarles a ser humanas? Como mi pareja, deberás ayudarme a convertirlas en nuestras mujercitas en todos los sentidos. ¿Estás de acuerdo?</p>



<p>―¡¡¡Sí!!! Íel…</p>



<h1 class="wp-block-heading">4</h1>



<p>Tras desayunar, nos teníamos que enfrentar a una serie de problemas prácticos. El primero de ellos era su ropa. Revisando el armario de Tomasa, había poco en él que las sirviera. Siendo esta una mujer alta en términos costarricenses, las chavalas la llevaban unos quince centímetros y por ello todos los vestidos que las probamos les quedaban indecentemente cortos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_013_6fbf.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tendremos que comprarles de todo― comenté mientras Ía se probaba un sujetador de la mulata y comprobaba que le quedada enorme. Como la diferencia de pecho era todavía mayor en Ua, está ni siquiera lo intentó. Algo parecido ocurría con las bragas, al tener unas caderas menos exuberantes. Dándose por vencidas, Tomasa les cedió unos pantalones que además de ser demasiado holgados, les quedaban cortos.</p>



<p>―Antes de pensar en llevarlas al pueblo, deberíamos pintarles el pelo para darles un aspecto más normal.</p>



<p>Sabiendo que nunca podrían pasar desapercibidas por el color de su piel y antes de hacer algún cambio, decidí explicarle a ella la situación. Las dos crías comprendieron de inmediato el tema y por eso accedieron a que les tiñéramos sus melenas.</p>



<p>―No sería lógico que llevaran el mismo color― murmuré pensando en diferenciarlas y así evitar que parecieran gemelas.</p>



<p>Su apariencia nórdica era determinante a la hora de elegir las tonalidad y por eso sacándoles una foto, usé un programa de ordenador para irles mostrando cómo les quedarían. Lo que nunca me esperé fue que, en vez de elegir por ellas mismas, buscaran en nuestras reacciones cuál se pondrían.</p>



<p>―Yo quiero ese― sentenció Ua al comprobar el atractivo que provocaba en Tomasa la versión pelirroja.</p>



<p>No pude estar más de acuerdo, ese pelo unido a sus ojos azules le conferían una sensualidad casi adolescente. Ía, en cambio eligió un cambio menos drástico.</p>



<p>―Ese color dorado me pega más.</p>



<p>Supe que la razón que la habían inducido era que había leído en mis reacciones la atracción que sentía desde niño por las rubias, pero no lo comenté al no querer poner a prueba los celos de mi antigua empleada. Una vez decididos los cambios en sus melenas, debíamos pensar en una excusa para su presencia en la casa.</p>



<p>―Podríamos decir que son mis sobrinas― dejé caer.</p>



<p>―No, Miguel. Tarde o temprano, la gente sospecharía. Como se dice, más vale una vez rojo que ciento amarillo. Si decimos que son de tu familia y luego la gente descubre que estás con ellas, sería malo a la larga.&nbsp; Es mejor que se escandalicen desde el principio.</p>



<p>―¿En qué has pensado?― pregunté.</p>



<p>Tomando su tiempo para acomodar sus ideas, mi fiel negra respondió:</p>



<p>―Cuando llegaron a nuestra puerta, pensamos que eran dos turistas que se habían perdido. ¿No es así?</p>



<p>Al ser una pregunta retórica, no respondí y esperé a que continuase.</p>



<p>―Si mantenemos que son dos mochileras que han venido de Europa a disfrutar de sol y playa a las que has dado cobijo, nadie sospechará si luego se quedan indefinidamente como tus amantes. Piense que en el pueblo se murmura que en España eras un tipo importante que ha venido a esconderse aquí huyendo de un lio de faldas. Qué unas mujeres con ganas de pasárselo bien se aprovechen de tu dinero para vivir en este paraíso, sería algo que la gente consideraría normal. Ya lo dicen de mí. Según las habladurías, llevo compartiendo cama y mantel contigo desde el día siguiente que entré a trabajar aquí.</p>



<p>Me quedé con la boca abierta al oír de sus labios los chismes que corrían por el pueblo, pero dando cierta razón a su planteamiento, accedí a presentarlas así.</p>



<p>―¡Pura vida!― exclamé descojonado al saber que si los habitantes de la zona pensaban que era un don Juan cualquier escándalo posterior quedaría amortiguado al asumir que se debía a mi vida licenciosa.</p>



<p>Habiéndonos inclinado por esa opción, debíamos en primer lugar ir a por ropa acorde con su edad y por tintes para el pelo, pero nos encontrábamos con la renuencia de ellas a separarse de nosotros. Seguíamos dando vueltas a cómo hacerlo cuando de pronto escuchamos que un coche se acercaba. Al mirar a través de la ventana, descubrí que el inesperado visitante era el sargento de policía que conocía y no queriendo que se enterara de su presencia, pedí a Tomasa que las escondiera en mi cuarto mientras salía a recibirle.</p>



<p>―¡Qué milagro!― exclamé con dos cervezas en las manos tratando de demostrar normalidad: ―¿A qué se debe tu visita?</p>



<p>El uniformado tomó el botellín con una sonrisa mientras me decía que venía por el incendio del monte cercano. Gracias a mi experiencia en el póker, me mantuve impertérrito mientras le explicaba que había visto la humareda pero que no me había acercado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_011_88a0.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Mejor, está lleno de gente del gobierno― comentó mientras vaciaba su cerveza.</p>



<p>Conociéndole había traído una buena provisión y dándole la segunda, quise que me contara que había pasado para suscitar el interés de la capital.&nbsp; Manuel haciéndose el interesante, dio un buen trago antes de contarme que como representante de las fuerzas del orden se había acercado el primero a ese lugar y que por eso lo que me iba a contar era de primera mano.</p>



<p>―Me imagino que fue una avioneta la que se estrelló― dije a modo de anzuelo.</p>



<p>El agente sonrió y sin negar esa versión, me explicó que al llegar comprobó que la extensión de bosque dañada era de casi ochocientos metros de largo por cincuenta de ancho y que por ello había notificado el hecho directamente a la base. Tras lo cual me enseñó en su móvil una foto donde se vía un amasijo de hierros.</p>



<p>―Menuda leche se pegaron. Me imagino que no hubo supervivientes― comenté mientras daba buena cuenta de mi cerveza.</p>



<p>―Personalmente lo dudo, pero no hemos encontrado tampoco los cuerpos de sus ocupantes― respondió y pasando a la siguiente imagen, a modo de confidencia, musitó: ―Lo único que se han hallado son restos de lo que parecen ser unos pulpos enormes que llevaban en la bodega. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>No dije nada al observar en la pantalla dos masas informes que el paisano había identificado como cefalópodos. Al ver los cadáveres de los antiguos protectores de las muchachas, me quedé callado horrorizado ya que había dado por sentado que serían parecidos a los humanos. Viendo mi cara de sorpresa, el sargento me contó que al llegar los miembros del gobierno le habían ametrallado con preguntas y que, temiendo alguna infección bacteriológica, le habían hecho multitud de pruebas médicas mientras se llevaban en recipientes sellados esos despojos.</p>



<p>―La fijación de esos tipos con esos bichos me hace sospechar que los ocupantes de ese avión debían de ser traficantes de especies en peligro de extinción.</p>



<p>Sin dar importancia al dato, el hombretón me anticipó que, aunque se estaban centrando en el área que lindaba con el mar, tal y como se estaban comportando los enviados del gobierno era seguro que tarde o temprano pasaran por mi finca a preguntar.</p>



<p>―Gracias por avisar, pero como no les hable de las pencas que están creciendo en mis plataneros no sé qué van a sacar de mí― despelotado contesté mientras le despedía.</p>



<p>Tras decirle adiós, aguardé que desapareciera para acercarme a mi habitación con la intención de comunicarles lo que había averiguado. Al entrar me encontré con que las chavalas habían aprovechado mi ausencia para retocarse físicamente.</p>



<p>―¿Cómo narices os habéis pintado el pelo?― exclamé antes de darme cuenta de que su transformación iba más allá y que además de lucir el tono que habíamos hablado en sus melenas, la palidez de su piel también había desaparecido y ambas lucían un moreno que parecía producto de largas horas tomando el sol.</p>



<p>―¿Verdad que están preciosas?― Tomasa preguntó muerta de risa.</p>



<p>Esos retoques me dejaron sin palabras y mientras las crías exhibían sus renovados atributos ante mí supe que, &nbsp;si antes ya eran bellas,&nbsp; con esos cambios se habían convertido en dos diosas que bien podían competir en el concurso de Miss Mundo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_015_0789.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;«Joder, ahora pasaran todavía menos desapercibidas», me dije anonadado.</p>



<p>Ía quiso saber mi opinión meneando su nuevo cabello mientras comparaba su bronceado con el mío.</p>



<p>―Estáis guapísimas― reconocí incapaz de retirar la mirada de ambas.</p>



<p>Su compañera riendo comentó que habían hecho caso a la mulata respecto a lo delicadas que era la piel sin melanina y que por ello habían dotado a sus epidermis con ese pigmento.</p>



<p>―¿Crees que deberíamos hacernos crecer vello púbico?― insistió.</p>



<p>―Ni de coña. Me encanta tal y como los tenéis― susurré impresionado con la facilidad con la que mudaban y entrando en materia, les comenté las fotos que me había enseñado el policía.</p>



<p>―¿Esos seres eran vuestros simbiontes?― pregunté negándome a llamar protectores a esos capullos haciendo referencia a la simbiosis, esa asociación entre organismos de especies diferentes por la cual ambos se benefician.</p>



<p>Metiendo sus hebras bajo mi piel, la ahora rubia buscó en mi mente las imágenes de las que hablaba y tras hallarlas, llorando lo confirmó:</p>



<p>―No pudimos hacer nada por salvarlos. Cuando despertamos tras el accidente, ya estaban muertos y nosotras malheridas. Gracias a los datos que habíamos acumulado durante los años que nuestros “¿padres? ¿dueños?” se habían dedicado a estudiar la tierra, pudimos mudar en lo que ahora somos y así poder sobrevivir en esta atmósfera cargada de oxígeno.</p>



<p>Por su dolor comprendí que sentía que les habían fallado y por eso preferí cambiar de tema, diciendo que debíamos buscar un modo de crearles una coartada por si venían preguntando.</p>



<p>―¿Te refieres a un pasado?― susurró la joven.</p>



<p>―Sí― repliqué: ―Voy a intentar contactar con alguien que os falsifique unos pasaportes, aunque os reconozco que no tengo ni idea cómo hacerlo.</p>



<p>Sonriendo, la espectacular chavala me pidió permiso para entrar en mi ordenador. Sin nada que perder, accedí y encendiéndolo, le pasé el teclado.</p>



<p>―No lo necesito― respondió y sacando los mismos apéndices que usaba para entrar en mi mente, los insertó en la entrada USB.</p>



<p>Me quedé paralizado al ver pasar diferentes webs a una velocidad endiablada mientras me preguntaba si podían pasar por suecas.</p>



<p>―Perfectamente― murmuré sin saber qué se proponía.</p>



<p>―Íel, ¿te gustaría que tus mujercitas tuvieran estudios?― insistió mientras en la pantalla vi que entraba en mis finanzas: ―Sería bueno para poder explicar los consejos que te vamos a dar para que mantenernos no te cueste dinero.</p>



<p>―¿De qué coño hablas?― pregunté mientras observaba que a un ritmo vertiginoso se introducía en las bolsas de medio planeta.</p>



<p>Poniendo cara de niña buena, la pelirroja comentó:</p>



<p>―Sin otra cosa que hacer, aprendimos los rudimentarios esquemas con los que organizáis vuestro mundo y nos resultaría sencillo, transformarte en un hombre riquísimo sin dejar rastro alguno en sus ordenadores.</p>



<p>Estaba a punto de avisarles que no se pasaran cuando de pronto la impresora empezó a escupir papel. Al cogerlo, leí alucinado que en solo tres minutos maniobrando Ía había sido capaz de crearse un pasado tanto personal como académico y que sus nombres “legales” eran Ua Asasson e Ía Ielsson.</p>



<p>―Espero que no te moleste que me haya inspirado en vosotros para nuestros apellidos― comentó con una sonrisa de oreja a oreja.</p>



<p>―¿Hasta qué punto alguien podría descubrir el amaño?― preocupado pregunté.</p>



<p>―Nadie podrá nunca descubrirlo, me he ocupado de ello― soltando una carcajada, la puñetera cría respondió mientras seguía leyendo que mientras ella era la hija de un reverendo y de su mujer ambos ya fallecidos, Ua había pasado su infancia con sus abuelos en un pueblo perdido en las montañas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si ya de por sí eso era increíble, cuando sacó mi historial financiero no supe que decir ya que de alguna forma había conseguido multiplicar por cien mis inversiones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Chavala, me preocupa tanto dinero a mi nombre― comenté horrorizado por sus implicaciones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin dejar de reír, pidió que terminara de leer las últimas páginas impresas. Al echarles un vistazo, vi que eran los certificados de varias auditorias que había soportado en las que la Hacienda española había llegado a la conclusión de un origen legítimo de esos fondos.</p>



<p>―Estas auditorias que se remontan a más de diez años.</p>



<p>―¿Te parece poco? ¿Quieres que vaya más lejos?― susurró.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asombrado por lo sencillo que le había resultado meterse en los ordenadores de medio mundo, les pedí que no se pasaran ya que prefería mantener un perfil bajo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No te preocupes, mi amado Íel. Con nosotras velando por tus intereses, no tienes por qué preocuparte― la ahora pelirroja comentó e incrementando mi desconcierto, me informó que esa misma tarde podíamos ir a la embajada de Suecia a recoger sus pasaportes.</p>



<p>―¿Habláis sueco?― Tomasa que había permanecido en segundo plano preguntó, temiendo quizás que no lo hubiesen previsto. Para demostrar que era así nos echó una parrafada en vikingo, que por descontado queda que no entendimos.</p>



<p>Asumí cómo iba a cambiar mi ya acomodada existencia cuando le dije que era imposible que llegara a su cita ya que San José estaba a más de cinco horas de coche. Sin perder su sonrisa, Ua nos soltó:</p>



<p>―¿Nos vamos ya? Tenemos una avioneta esperándonos en Puerto Jimenez para llevarnos a la capital.</p>



<p>Dándolas por imposibles, no pregunté cómo lo habían conseguido ni cuánto les había costado y dirigiéndome a mi antigua empleada, susurré en su oído si alguna vez había ido a esa ciudad.</p>



<p>―Será mi primera vez― respondió mientras cogía el bolso.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_012_74ad.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 2&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Feb 2026 17:57:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
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					<description><![CDATA[2 Sin otra cosa qué hacer y mientras Tomasa metía la vajilla en el friegaplatos, decidí consultar en mi ordenador si alguien había denunciado la desaparición de esa crías. No quise llamar a Manuel, el policía. Preferí mirar si descubría algo en internet antes de ponerlas en bandeja de un desalmado que las reclamara como suyas. Curiosamente lo único que encontré fue una mención a la devastación sufrida en el bosque que los periodistas consideraban inexplicable y que buscando una razón sobre el origen de esa lengua de árboles quemados achacaban a la caída de un pequeño meteoro.&#160; &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Serán [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h1 class="wp-block-heading">2</h1>



<p>Sin otra cosa qué hacer y mientras Tomasa metía la vajilla en el friegaplatos, decidí consultar en mi ordenador si alguien había denunciado la desaparición de esa crías. No quise llamar a Manuel, el policía. Preferí mirar si descubría algo en internet antes de ponerlas en bandeja de un desalmado que las reclamara como suyas. Curiosamente lo único que encontré fue una mención a la devastación sufrida en el bosque que los periodistas consideraban inexplicable y que buscando una razón sobre el origen de esa lengua de árboles quemados achacaban a la caída de un pequeño meteoro.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Serán amarillistas― me dije viendo poco creíble esa explicación. Sospechando en cambio que lo ocurrido se debía deber al accidente de una avioneta cargada con drogas que las autoridades querían evitar dar a conocer. Mientras leía la noticia, pegada a mí, la puñetera chavala no me perdía ojo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mirándola, comenté que dado que se negaba a hablar debía al menos saber su nombre y por ello pegándome en el pecho, le dije que me llamaba Miguel. Tras repetírselo un par de veces y ver que no parecía entenderme, aproveché la llegada de la mulata con su cachorrito albino para acercándome a ella, repetir:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_027_c1a8.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Miguel, Tomasa. Tomasa, Miguel.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las rubias parecieron percatarse de lo que quería comunicarles y haciendo un esfuerzo fue la joven de mi empleada la que abriendo los ojos musitó algo parecido a “íel” y a “asa”. El aplauso de la mulata hizo que la mía lo intentara y por vez primera escuché que repetía “íel” y “asa”. Casi con el convencimiento que para esas criaturas esas dos palabras eran las primeras que pronunciaban, di por bueno que me llamaran así y posando mis manos sobre la que tenía a mi vera, quise saber su nombre. Al no dármelo, se me ocurrió decir mía. La preciosa bebita abrió sus labios y pegando la palma en su pecho repitió “ía”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alentado por ese gran paso, miré a su compañera y dando su lugar a la morena, la bauticé como tuya.</p>



<p>―Ua― musitó feliz de tener un nombre la jovencita.</p>



<p>Riendo a carcajadas, Tomasa puso su mano sobre mi pecho diciendo “Íel”, acto seguido tocó el suyo mientras decía “Asa” y posándola a continuación sobre los de las crías dijo sus nuevos apelativos “Ía” y “Ua”. Las desconocidas con alegría en su mirada la imitaron y alternando entre nosotros repitieron Íel, Asa, Ía y Ua.</p>



<p>Ya pudiendo diferenciarlas pedí a Ía que se acercara y dándole un abrazo le di la bienvenida a la que ya era su casa. La chavala debió de comprender al menos la esencia de mis palabras al reaccionar derramando una lágrima. Al repetir lo mismo con Ua, esta se mostró quizás más emocionada al sentir que era la primera vez que la abrazaba y posando su cara en mi pecho, comenzó a llorar.</p>



<p>―¿Tengo que ponerme celosa?― preguntó con dulzura la cuarentona mientras extendía sus brazos a Ía.</p>



<p>La criatura reaccionó igual que su compañera hundiendo la cara entre los hinchados pechos de la morera y sellando sin saberlo nuestro destino:</p>



<p>«Estas bebitas nos han adoptado como sus padres sin pedir nuestra opinión», sentencié observando la tierna escena preocupado, pero en absoluto molesto.</p>



<p>Nuestro siguiente problema vino al percatarnos de su cansancio e intentar que se acostaran en mi cama, ya que si bien eso nos resultó fácil tumbarlas al ver que nos levantábamos y las dejábamos solas, tanto Ía como Ua comenzaron a berrear temiendo quizás que las abandonáramos.</p>



<p>―Don Miguel, no nos queda más que acompañarlas mientras se duermen― murmuró indecisa por mi reacción mi cocinera.</p>



<p>Aceptando que era así, me quité los zapatos y me tumbé a un lado de la cama. Tomasa comprendió que le acababa de darle permiso de compartir mi cama y despojándose de sus sandalias, posó su cabeza en la almohada al otro extremo. Al acomodarnos, las dos albinas nos abrazaron y pegando sus cuerpos a los nuestros, sonrieron llenas de felicidad.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_040_3b24.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Patrón, ¿qué vamos a hacer si el malnacido que las ha tenido cautivas viene y quiere quitárnoslas?― preguntó llena de tristeza buscando mi apoyo.</p>



<p>Sin pensar detenidamente, repliqué:</p>



<p>―Por encima de mi cadáver, se las lleva. Somos una familia.</p>



<p>Comprendí el alcance de mi respuesta cuando con voz tímida, ella contestó:</p>



<p>―Don Miguel, a partir de ahora no me quejaré cuando me llame mujer.</p>



<p>Con esa sencilla pero emotiva frase, la atractiva cuarentona me dio a entender que se entregaba a mí y no queriendo rechazar su oferta, le pedí que intentara descansar y que al día siguiente tendríamos tiempo de hablar. En vez de hacerme caso, acunando a Ua, empezó a canturrear una nana que parecía compuesta exprofeso para la situación que nos encontrábamos:</p>



<p>Los pollitos dicen pío, pío, pío</p>



<p>cuando tienen hambre</p>



<p>cuando tienen frío.</p>



<p>La gallina busca el maíz y el trigo</p>



<p>les da la comida y les presta abrigo.</p>



<p>Bajo de sus alas, acurrucaditos</p>



<p>¡duermen los pollitos</p>



<p>hasta el otro día!</p>



<p>Con su voz dulce resonando en la habitación cerré los ojos mientras meditaba sobre como la llegada de esa dos linduras había trastocado tanto mi vida como la de mi fiel empleada y espoleado por la dulce melodía, me quedé dormido. Reconozco que descansé como un bendito hasta que bien entrada la noche sentí unas manos acariciándome.</p>



<p>Al abrir los ojos contemplé que las dos desconocidas habían conseguido no solo desnudarme sino también a la mulata y que no satisfechas con ello, recorrían con sus dedos nuestra piel. Sin sentirme culpable espié a Ua acariciando el pecho de Tomasa mientras Ía hacia lo mismo con el mío. Cuando de pronto sentí que unos pequeños filamentos que salían de sus uñas se hundían en mi piel. En mi interior asumí por vez primera que esas dos nenas no eran siquiera humanas, pero por inaudito que parezca no me espanté y completamente tranquilo me pregunté qué estaban haciendo y lo que es más importante, qué eran esas criaturas.</p>



<p>Girándome hacia la mulata, advertí que también ella se había despertado y que al igual que yo contemplaba con una calma extraña cómo los extraños apéndices de Ua se incrustaban en su pecho.</p>



<p>―Miguel― sollozó al sentir bajo su epidermis un raro pero encantador escozor.</p>



<p>No pude contestar a su petición de ayuda al experimentar el placer que las insólitas extensiones que salía de Ía estaban provocando en mí.</p>



<p>―Íel no te preocupes soy tu bebé― me pareció escuchar en mi cerebro: ―Estoy devolviéndote tus atenciones.</p>



<p>No me preguntes porqué la creí, pero lo cierto es que una felicidad sin igual se apoderó de mí y alzando la voz, pregunté a la mulata si ella estaba sintiendo lo mismo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_053_d140.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Ua está hurgando en mí, porque según ella necesito sus cuidados.</p>



<p>La ternura de su voz no pudo evitar que notara que estaba impregnada de deseo y alucinado admiré que tenía los pezones totalmente erectos.</p>



<p>―¿Qué le está haciendo?― comenté al ser que tenía esas incrustadas en mi pecho.</p>



<p>Nuevamente, me pareció escuchar su respuesta en mi mente.</p>



<p>―Mi hermana está reparando el aparato reproductor de su mujer para que pueda darle descendencia, mi Íel.</p>



<p>Intrigado en la naturaleza de esa ayuda, quise saber porque lo hacían y entonces ante mi sorpresa, Ía contestó:</p>



<p>―Fuimos creadas para cuidar de los “¿padres? ¿dueños?” – dudó al comunicarse: ―Esta tarde hemos perdido a nuestros antiguos “¿padres? ¿dueños?” – nuevamente titubeó: ―Pero la luz quiso que no tardáramos en encontrar sus sustitutos y que dándonos vuestro cuidado nos aceptarais como vuestras sanadoras.</p>



<p>Aturdido por sus palabras, pregunté que nos pedirían a cambio y entonces con una pícara sonrisa, ese bello ser respondió:</p>



<p>―Mi “¿padre? ¿dueño?” Ya lo sabes. Al igual que nuestros creadores sellaron el pacto con nuestra especie dándonos su esencia, tú firmaste nuestra entrega al regalarnos tu simiente.</p>



<p>―No hace falta que nos deis nada― contesté todavía pasmado al recordar la forma en que había actuado al ordeñarme.&nbsp;</p>



<p>―Íel, no lo entiendes. Cuidar de nuestros “¿padres? ¿dueños?” y obtener nuestro sustento de ellos forma parte de nuestra naturaleza ― con una seguridad aplastante replicó mientras deslizaba sus manos por mi pecho.</p>



<p>&nbsp;Al asumir que quería renovar su pacto miré a Tomasa y ésta sonriendo como si supiera lo que iba a suceder me pidió que diera de beber a nuestras niñas mientras azuzaba a Ua a acompañar a su casi gemela.&nbsp; Supe por la naturalidad con la que se tomaba el que esas dos bellezas se abalanzaran sobre mi miembro que su “sanadora” le había explicado telepáticamente la clase de sustento que nos iban a exigir y que ella había aceptado.</p>



<p>―¡Dios!― gemí al sentir dos lenguas recorriendo mi pene.</p>



<p>El ataque coordinado de las albinas despertó mi lujuria y fijándome en la humana que tenía a mi lado, comprobé que también ella estaba excitada.</p>



<p>―Mujer, dame un beso― pedí sin saber si me había sobrepasado.</p>



<p>Su respuesta no pudo ser más elocuente y reptando hacia mí, buscó mi boca con una pasión que desbordó mis previsiones y más cuando murmurando a mi oído, me informó que llevaba soñando hacerlo desde que había conocido a su hombre. El deseo que impregnaba su voz me dio la confianza de acariciar sus senos mientras en mi entrepierna las dos jóvenes pugnaban entre ellas en buscar su alimento. La mulata al sentir mis yemas recorriendo sus areolas no se lo pensó y alzándose sobre la cama, me dio de mamar. Ante mi sorpresa, sus negros cantaros se desbordaron llenando mi boca con su leche. El sabor dulzón de ese inesperado manjar avivó mi apetito y en plan desesperado me puse a ordeñarla.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_055_fff2.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Come mi niño, come de tu negra― musitó al reponerse de la impresión que también para ella era que sus tetas me pudiesen amamantar.</p>



<p>Sin hacer saber a nuestras sanadoras que habían cometido un error y que las humanas solo producían leche tras dar a luz, seguí recolectando son mi boca la láctea producción que manaba de sus tetas. Supe el placer que la proporcionaba al hacerlo cuando de improviso la sentí correrse y luciendo su alegría tras tantos años sin caricias, mi antigua cocinera y ahora pareja me agradeció el placer que la había brindado, acompañando a nuestras sanadoras en su misión. Tomasa nunca se imaginó al hundir mi pene en su garganta que al hacerlo estaba enseñando el camino a las dos crías y tras sacársela durante un instante para respirar, fue sustituida alternativamente por ellas, que impresionadas por ese novedoso método buscaron con mayor ahínco mi placer. No deseando que esta vez se desperdiciara nada de mi esencia, avisé a las chavalas de la cercanía de mi orgasmo y como dos cachorritas esperando que su dueño les diera de comer, aguardaron ansiosas que derramara su simiente sobre sus bocas sin moverse.</p>



<p>Riéndose de ellas, Tomasa les estaba explicando que pajeándome que con ese movimiento de muñeca podían acelerar la llegada de su sustento cuando de pronto me vi sumido en un orgasmo cómo nunca había sentido. La viuda al ver que mi polla explotaba repartió equitativamente entre ellas mi simiente. Las dos criaturas devoraron golosas mi ambrosia mientras su “¿madre? ¿dueña?” sonreía encantada con el pacto que nos uniría a ellas de por vida. Demostrando cómo había asumido su papel de protectora, esperó a que dejaran mi herramienta inmaculada para preguntar si seguían con hambre. Al contestar ellas afirmativamente con la cabeza, les informó que un hombre sano como yo era capaz de dar más de un biberón y que solo tenían que seguir lamiendo para que me recuperara.&nbsp;</p>



<p>Ía me miró alucinada y hundiendo sus dedos en mí, preguntó si yo estaba de acuerdo. Esa pregunta disparatada me hizo sospechar de un maltrato y en plan gallego, quise saber por qué cuestionaba las palabras de la mulata.</p>



<p>―El macho de la pareja bajo la cual vivimos amparadas nos tenía racionada su esencia y solo cuando veía que no podíamos aguantar más, accedía a proporcionárnosla.</p>



<p>Dando por sentado que, al limitarles el acceso a su sustento, ese capullo se aseguraba su fidelidad, respondí acariciándola mientras buscaba con la mirada el permiso de Tomasa:</p>



<p>―Conmigo, no tendréis ese problema. Cuando tengáis hambre, decídmelo e intentaré complaceros.</p>



<p>Turbada por mi respuesta, la chavalita se la debió de hacerle llegar a su compañera y ésta metiendo sus apéndices en mí, me hizo saber que siempre tenían hambre. Asumiendo que cualquier hombre estaría encantado de alimentarlas, les pedí que tuviesen cuidado a quien se lo pedían porque si se llegaba a saber su existencia era posible que las encerraran para someterlas a estudio. Mi sincera preocupación las indignó y a través de sus dedos, me hicieron saber que siempre me serían fieles y que les enfadaba que pudiese pensar tan mal de ellas.</p>



<p>―Cuando una sanadora es adoptada por una pareja, es de por vida. Nunca podríamos siquiera plantearnos buscar otro macho que nos alimente― protestó Ua con el completo acuerdo de la otra.</p>



<p>El cabreo de esas criaturas era tal que incluso perdieron las ganas de alimentarse y fue mi buena Tomasa la que ejerciendo de “¿madre? ¿dueña?” les pidió que se tranquilizaran porque mi intención al advertirlas del peligro era motivada al cariño que sentíamos por ellas.</p>



<p>―¿Cariño? No entiendo― asombrada preguntó Ía: ―¿No es eso una forma de amor?</p>



<p>No sé a cuál de nosotros le sorprendió más esa pregunta, pero fue la mulata la que respondió:</p>



<p>―¿Acaso dudáis que daríamos la vida por vosotras? ¿Qué clase de existencia habéis tenido que no creéis que alguien pueda amaros?</p>



<p>Apoyando sus palabras, comenté:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_068_445f.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Aunque no somos ni vuestros padres ni vuestros dueños, nuestro deber es protegeros y quereros. Ya os dije que no necesitábamos que nos dieseis nada a cambio y os pido que nos consideréis como de la familia.</p>



<p>―Íel, ¿por qué dices que no sois nuestros dueños? Fuimos creadas para sanar, no para ser amadas.</p>



<p>Comprendí que se consideraban unos robots incapaces de tener sentimientos y menos de provocar los mismos. No podía hablar sobre su origen al desconocer como habían llegado al mundo, pero convencido de que eran unas niñas indefensas y no unas máquinas, sin alzar la voz, les hice ver su error lanzando un órdago a la grande respecto a los sentimientos de la morena:</p>



<p>―Cuando Tomasa accedió a ser mi mujer, no significó que pasara a ser de mi propiedad, sino que se comprometía a compartir conmigo los años que nos quedan. A igual que no soy su dueño, tampoco lo soy de vosotras. Si permanece a mi lado es porque ella quiere. Lo mismo os pido. Aunque deseo de corazón que os quedéis y que nos dejéis cuidaros, será solo si voluntariamente accedéis. No me sirve, no nos sirve― rectifiqué― que lo hagáis obligadas por una normas que no conozco ni quiero conocer.</p>



<p>―Si no somos vuestras, no lo seremos de nadie― con lágrimas en los ojos respondió Ua.</p>



<p>―Mi amorcito― interviniendo, la morena le dijo: ―Que no seáis de nuestra propiedad no quiere decir que no seáis nuestras… para Miguel y para mí sois un par de mujercitas que queremos tener a nuestro lado, pero sin ataduras. Queremos que os sintáis libres y no esclavizadas.</p>



<p>Tratando de asimilar lo que acababa de oír, Ía murmuró sin levantar su mirada:</p>



<p>―Si para vosotros somos vuestras mujercitas, ¿podemos considerar a Íel nuestro hombre y a ti nuestra mujer?</p>



<p>Aunque había malinterpretado sus palabras, sonriendo, Tomasa contestó:</p>



<p>―Por supuesto, cariño. Seremos una familia.</p>



<p>―¡Qué raros sois los humanos!― sentimos ambos que exclamaban al unísono esas dos bellas criaturas mientras se lanzaban a nuestros brazos.</p>



<p>Descojonado por esa reacción, me puse a hacerles cosquillas. Las chavalitas se quedaron petrificadas al sentir que sus cuerpos reaccionaban y que eran incapaces de dejar de reír. Pero cuando la negra me imitó fue cuando totalmente confundida Ía me pidió a través de sus hebras que parara y que le explicara qué les estaba haciendo.</p>



<p>Por un momento, creí que me estaba tomando el pelo, pero al observar su mirada comprendí que jamás había sentido algo así y sin ocultar mi sorpresa, le pedí perdón si se había sentido molesta.</p>



<p>―Me ha resultado raro el no poder contener la risa― respondió alucinada: ―Era como si no fuera dueña de mis actos.</p>



<p>Asumiendo lo mucho que esas crías tenían que aprender, volví a hacérselas mientras le decía:</p>



<p>―Es un juego que los humanos aprendemos de niños y es otra forma de demostrarnos cariño.</p>



<p>Impactada, se echó a llorar. Al creer que me había pasado nuevamente me disculpé, pero entonces sonriendo me reconoció que su antiguo dueño nunca había jugado con ellas y que no sabía cómo hacerlo.</p>



<p>―Tú imítame― repliqué mientras me lanzaba sobre Tomasa.</p>



<p>La mulata no se esperaba mi traicionero ataque y menos que sumándose a él, las dos nenas se dedicaran a hacerla reír.</p>



<p>―¡Qué rápido aprendéis lo malo!― desternillada comentó mientras se revolvía contra todos.</p>



<p>Al sentir las manos de la mujer, instintivamente cambié de juego y la besé. Ella olvidándose de las criaturas respondió con pasión cuando forcé sus labios y metiendo su lengua en mi boca, me pidió que la amara y sintiendo entre su piernas mi erección, no se lo pensó dos veces. Tomando mi pene entre sus manos, se empaló. A pesar de la rapidez con la que se embutió mi miembro, pude sentir cada uno de sus pliegues forzándose a aceptar esa intromisión y comprendiendo que no estaba acostumbrada a ser amada, decidí esperar antes de abalanzarme sobre ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_099_a19e.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¡Dios mío!― sollozó la mulata al sentirse llena y con una mezcla se felicidad y de sorpresa volvió a rogarme que la tomara.</p>



<p>Lentamente, comencé a moverme disfrutando de la estrechez de su conducto. Al notar el vaivén de mis caderas, Tomasa me abrazó con sus piernas decidida a no dejar que me separara de ella.</p>



<p>―Disfruta y no pienses― susurré en su oído mientras lentamente iba incrementando el ritmo.</p>



<p>Las chavalas se habían quedado quietas. Y sin atreverse a intervenir,&nbsp; observaban como nuestras respiraciones y nuestros corazones se iban acelerando. Concentrado en la mulata, no me percaté que parecían deslumbradas al sentirse copartícipes del momento. Sin prestarles atención, me agaché sobre los pechos de Tomasa y comencé a mamar de ellos. El doble estímulo magnificó la calentura de la morena y completamente entregada, chilló de gozo.</p>



<p>―Mi amor, mi hombre, mi vida.</p>



<p>Su grito de felicidad me permitió seguir, sin asumir que con cada una de mis penetraciones disolvía el recuerdo de su infausto matrimonio.</p>



<p>―¡Qué bello es veros amando!― escuché que Ua decía sin perder detalle de lo que estábamos haciendo.</p>



<p>&nbsp;No caí en que esa exclamación llevaba implícita lo insólito que les resultaba el que dos seres pudieran dar y recibir placer al mismo tiempo. Centrado en lo que hacía profundicé en Tomasa con nuevas y continúas estocadas. Para entonces, los senos de mi recién estrenada pareja estaban en plena efervescencia y al no poder absorber toda su leche, pedí a las niñas que me ayudaran.</p>



<p>―¿Nos estás pidiendo que participemos?― preguntó Ía.</p>



<p>En vez de ser yo quien contestara, fue Tomasa la que lo hizo poniendo una de sus tetas a su disposición mientras decía:</p>



<p>―Sois nuestras mujercitas y nuestro amor debe ser también vuestro.</p>



<p>Indecisa, la joven acercó su boca al manantial en que se había convertido el pezón de la mujer e imitando la forma en que me había visto hacerlo, comenzó a mamar. La expresión de su cara reflejó su sorpresa al saborear ese blanco manjar y haciendo un gesto a su compañera, pidió que también ella lo probara. Ua titubeó antes de posar sus labios en la areola, pero en cuanto bebió las primeras gotas de leche humana, no se pudo reprimir y se lanzó a gozar de ese regalo. Tal era el hambre con el que las chiquillas competían por ese erecto botón que riendo les cedí el otro pecho y mientras mi pareja era dulcemente ordeñada por ellas, busqué con urgencia dar placer a la preciosa viuda. Sobrepasada por ese triple ataque, no tardó en gritar que nos amaba.</p>



<p>Su chillido me alertó de la cercanía de su orgasmo y queriendo compartir con ella el momento con fieras, pero dulces, estocadas incrementé mi acoso.</p>



<p>―Me corro― aulló al sentir que tras tantos años sola formaba parte de una familia y ante mis ojos y los de las dos nenas colapsó de gozo.</p>



<p>El clímax de Tomasa fue el acicate que me faltaba y olvidando que mi semen era el sustento de esos bellos seres, derramé mi esencia en ella. La negra al sentir en su vagina mis descargas se echó a llorar de alegría diciendo que por fin la había hecho mía. No creo que ni Ua ni Ía se dieran cuenta de lo que había sucedido al estar obsesionadas en que no se perdiera nada de la leche que seguía brotando sin parar de los pechos de la morena.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_129_d50d.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No puedo más― suspiró la cuarentona al sentir que el placer seguía asolando sus neuronas.</p>



<p>Las chavalas ni la oyeron e involuntariamente contribuyeron a que presa de un nuevo orgasmo Tomasa comenzara a retorcerse sobre las sábanas. Observando el ansia con el que mamaban, permití que saciaran su hambre, aunque con ello mi adorada mulata fuera pasto de las llamas de su propia calentura y solo cuando la vi desplomarse agotada, separándolas de los inacabables cantaros, les pedí que pararan.</p>



<p>Ambas se quejaron al verse despojadas de los senos de la viuda y sin dejar de mirarlos con genuino apetito, preguntaron el porqué. En sus caras adiviné lo que pasaba y riendo señalé que si seguían ordeñando a la mujer la matarían. Lo dije metafóricamente, pero ellas se lo tomaron de manera literal y olvidándose del hambre que sentían, introdujeron sus hebras en ella preocupadas.</p>



<p>Despelotado de risa viendo en sus rostros que no encontraban nada que sanar, les aclaré lo que pasaba y que había querido decir que la pobre Tomasa estaba cansada, pero que al igual que mi pene, los pechos de la morena siempre estarían para ellas.</p>



<p>Ua respiró aliviada, pero fue Ía la que venciendo su timidez comentó que las perdonáramos y que se habían dejado llevar por la sorpresa de que las hembras humanas también fueran capaces de derramar su esencia. Recibí a carcajadas sus palabras y abrazando a las chiquillas les dije que tenían mucho que aprender de la anatomía humana.</p>



<p>Sin entender mi sentido del humor, Ua protestó diciendo que para adoptar la forma humana habían tenido que conocerla y que nada de ella le era desconocido. Obviando la información que me acababa de dar, contesté que si tanto conocían como era posible que no supieran la función que en nuestra especie tenía la leche materna.</p>



<p>Mis palabras las dejaron conmocionadas y entablando un dialogo sordo entre ellas al que no tuve acceso, se debieron hacer la misma pregunta. Tan agotado como Tomasa miré mi reloj y viendo que eran las cuatro de la mañana, les rogué que descansaran y dejaran para mañana sus dudas.</p>



<p>―Amado Íel, ¿me permitirías ser quien se abrace a ti?― con ojos tiernos, susurró Ua en mi oído, temiendo quizás que no quisiera.</p>



<p>Enternecido por esa suplica, le di un azote mientras le decía:</p>



<p>―No te lo permito, te lo exijo mi amada Ua.</p>



<p>Extrañamente complacida con esa ruda caricia, la joven posando su cara en mi pecho cerró sus ojos mientras su compañera se tumbaba junto a la morena.</p>



<p>―¿Mañana podremos desayunar tu esencia?― escuché que me decía.</p>



<p>Pasando mi mano por su cintura, no contesté.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_108_9a3f.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Feb 2026 17:47:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[1 Hasta las narices de una vida llena de estrés decidí dar carpetazo a todo lo anterior y tras vender mi empresa, mi casa y mi coche, llegué al aeropuerto donde cogí el primer vuelo hacia Costa Rica. Con euros suficientes en mi cuenta bancaria para rehacer mi vida, me compré una finca muy cerca del Parque Nacional de Corcovado en la provincia de Puntarenas. Elegí ese sitio para retirarme con cuarenta años gracias a la belleza de su naturaleza y la bondad de sus gentes.&#160; Con una casa colonial y una playa semiprivada, la extensión de mi terreno no [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">1</h1>



<p>Hasta las narices de una vida llena de estrés decidí dar carpetazo a todo lo anterior y tras vender mi empresa, mi casa y mi coche, llegué al aeropuerto donde cogí el primer vuelo hacia Costa Rica. Con euros suficientes en mi cuenta bancaria para rehacer mi vida, me compré una finca muy cerca del Parque Nacional de Corcovado en la provincia de Puntarenas. Elegí ese sitio para retirarme con cuarenta años gracias a la belleza de su naturaleza y la bondad de sus gentes.&nbsp; Con una casa colonial y una playa semiprivada, la extensión de mi terreno no era mucha, pero si la suficiente para no tenerme que preocupar de los turistas y poder disfrutar así de mi auto impuesta soledad. Después de un matrimonio fallido, veía en ese paraíso el retiro merecido tras tantos años de esfuerzo. Con la única compañía de Tomasa, mi cocinera, una mulata más o menos de mi edad, mis días pasaban con pasmosa lentitud sin otra decisión que tomar que decidir que si me iba a la playa o al monte. Confieso a mis retractores que mi existencia era deliciosamente rutinaria. Desayunar, dar una vuelta a los alrededores o tumbarme al sol, comer, beberme cuatro cervezas bajo mi porche, cenar y la cama.</p>



<p>No echaba de menos Madrid, ni a los amigotes. Vivía para mí y nada más. Hasta que un día al volver de comprar comida y whisky en Puerto Jimenez, vi una humareda saliendo de mitad del bosque. Preocupado por si ese incendio pudiese llegar a los árboles de mi propiedad, fui a ver su origen. Al llegar a un pequeño promontorio, divisé una lengua de devastación en mitad de la nada.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_010_4996.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>«Qué raro», pensé al ver toda esa extensión de selva baja destrozada y temiendo que fuera producto de la mafia maderera, decidí no acercarme y comentárselo a Manuel, un conocido que era la máxima autoridad policial por esos rubros. Al llegar a casa lo llamé,&nbsp; pero no estaba. Por lo visto le habían avisado de un conato de incendio.</p>



<p>Asumiendo que era la misma humareda que había visto, mandé el tema a un rincón de mi cerebro.</p>



<p>―¿Qué me has preparado mujer?― pregunté a la cuarentona a pesar de las muchas veces que me había dicho que no me refiera a ella de esa forma. Según Tomasa, si alguien me oía podía pensar que nos unía algo más que una relación laboral.</p>



<p>―Calamares en salsa, patrón― respondió secretamente alagada, aunque nunca lo quisiera reconocer.</p>



<p>Sentándome a la mesa, observé el movimiento de su trasero mientras me servía esa delicia y por un momento, pensé que ante cualquier avance por mi parte esa monada de hembra no dudaría en caer en mis brazos. Viuda y sin hijos, para ella le había caído del cielo mi oferta de trabajo, ya que no tendría que preocuparse por pagar casa ni sustento al ir implícito en el puesto. Desde mi silla, recordé que el cura del lugar me la había presentado al preguntarle por alguien que se ocupara de la casa.&nbsp; Y lo fácil que había resultado mi convivencia con ella porque a pesar de estar solos, siempre había mantenido su lugar sin tomarse ninguna libertad o confianza fuera de la propia de alguien de servicio. Descendiente de esclavos, su ajetreada y dura vida no solo había forjado su carácter sino otras partes más evidentes de su anatomía. Sin un átomo de grasa, su cuerpo no parecía el de una mujer de cuarenta. Alta, delgada y con grandes tetas, me parecía imposible que no hubiese rehecho su vida tras tantos años sin marido. Las malas lenguas hablaban de que, escarmentada de un marido celoso y violento, había cerrado el capítulo de los hombres. Reconozco estar estaba encantado con ella, debido al carácter jovial y alegre que me demostraba día tras día esa mujer, carácter tan propio de las latinas y tan alejado del de mi ex. Hablando de Maria, a ella sí que no la echaba de menos. Sin desearla ningún mal, estaba feliz con que no fuese yo el que tuviese que soportar su mala leche y sus continuas depresiones.</p>



<p>«Ojalá le vaya bien con Pedro, aunque lo dudo», dije para mí dando un sorbo a mi cerveza al recordar que su traición, lejos de molestarme, me había aliviado dándome un motivo para romper una inercia que me tenía encadenado a un matrimonio sin futuro.</p>


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<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_015_30c0.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Volví a la realidad cuando la morena me puso el plato en frente. El olor era delicioso y su sabor más. Agradeciendo nuevamente el buen tino que había tenido al contratarla, di cuenta de esa ambrosia mientras escuchaba a Tomasa cantar en la cocina un bolero de los Panchos.</p>



<p>―Si tú me dices ven, lo dejo todo. Si tú me dices ven, será todo para ti. Mis momentos más ocultos, también te los daré, mis secretos que son pocos, serán tuyos también…</p>



<p>Dado el rumbo que habían tomado mis pensamientos, me pareció un premonición de lo que ocurriría si algún día le hacía una caricia y rehuyéndolos, preferí tomarme el café en el porche en vez de hacerlo en el comedor desde donde podía ver y oír a esa atractiva señora trajinando con las ollas para que a la hora de cenar todo estuviera listo.</p>



<p>Ya sentado en la mecedora que había instalado allí, me puse a observar la belleza de esa zona donde se mezclaba selva, playa y plataneros, y donde el verdor era la nota predominante en vez del dorado secarral que predominaba en mi Castilla natal. La fertilidad de esas tierras hacía más chocante la pobreza de sus gentes, pobreza alegre del que vivía el día a día sin mirar con desconfianza al futuro. Pensando en ello y recordando la fábula infantil, los europeos eran las hormigas del cuento mientras los costarricenses se los podía considerar las cigarras. Hasta el propio lema de país ratificaba mi opinión: “Pura vida”. Ese “pura vida” simboliza para los costarricenses la simplicidad con la que se tomaban su paso por este mundo, su amor por el buen vivir, la abundancia y exuberancia de sus tierras, la felicidad y el optimismo de sus gentes, pero sobre todo a su cultura que les permitía apreciar lo sencillo y natural.</p>



<p>«Hice cojonudamente viniendo a vivir aquí», sentencié mirando como en el horizonte se empezaba a formar unos nubarrones que no tardarían en aligerar su carga sobre mi finca.</p>



<p>Me seguía maravillando ese fenómeno meteorológico por el cual,&nbsp; en época de lluvias, todas las tardes de tres a cuatro la naturaleza riega sus dones sobre ese área, refrescando el ambiente y dando vida a su vegetación. Nuevamente, “pura vida”, medité mientras veía a Tomasa colocando un café recién hecho y un whisky con hielos sobre la mesita del porche.</p>



<p>―Va a diluviar― comenté a la mujer.</p>



<p>―Sí, patrón. Este año la cosecha va a ser buena. Debería ir pensando en contratar las cuadrillas antes que se comprometan con los vecinos, no vaya a ser que llegado el corte no haya nadie que la recoja.</p>



<p>Su consejo no cayó en saco roto, ya que estaba lleno de sentido común y más viniendo de una nativa de la zona que conocía perfectamente el uso y las costumbres de la Costa Rica rural. Sabiendo que además de cocinar me podía servir de consejera, le pedí que se sentara y me explicara con quien tenía que tratar.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_021_766a.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―El más fiable de los capataces es José, el matancero. Si llega a un acuerdo con él en las próximas dos semanas, podrá confiar que las pencas no se queden sin recolectar― me dijo mientras comenzaban a caer las primeras gotas.</p>



<p>Como conocía al sujeto, gracias a ser el dueño de la única carnicería del pueblo, no tuve que preguntar cómo contactar con él y anotándolo en mi cerebro, decidí que al día siguiente me pasaría por su local para tratar el tema. Para entonces, las gotas se habían convertido en un chubasco y sabiendo que la presencia de rayos no iba a tardar en llegar, le pedí que me trajera otro café para poder admirar desde ese privilegiado observatorio el espectáculo de luces y sonido que diariamente la naturaleza me regalaba. Tal y como me tenía acostumbrado, el chubasco no tardó en convertirse en tormenta tropical con murallas de agua cayendo mientras se oscurecía el día. Si Asterix o cualquiera de sus galos hubiera contemplado ese momento, a buen seguro hubiese temido que el cielo iba a caer sobre él al ver esa inmensa y brutal lluvia.</p>



<p>«Es impresionante», sentencié subyugado por ese prodigio tan raro y extraño para un castellano de pro: «En dos días, aquí llueve más que en un año en Segovia».</p>



<p>Estaba divisando a buen recaudo la escena cuando Tomasa volvió con el café, pero justo cuando iba a dármelo en la mano se quedó mirando a la plantación y me señaló la presencia de personas al borde de los plataneros. Tardé en unos segundos en localizar de quien hablaba y cuando lo hice me percaté que era dos mujeres completamente embarradas las que se dirigían hacia la casa.</p>



<p>―Deben ser turistas a las que la tormenta ha pillado dando un paseo― comenté sin salir del porche al no tener intención alguna de exponerme a los elementos y mojarme.</p>



<p>Mi cocinera, en cambio, previendo que iban a necesitar unas mantas con las que secarse corrió hacia el interior. Estaba observando las dificultades de una de ellas al caminar apoyada en la otra cuando de improviso tropezaron cayendo de bruces justo cuanto mi empleada volvía. Sin pensar en que nos íbamos a empapar, salimos a ayudarlas y envolviéndolas en las franelas, las llevamos hasta la casa.</p>



<p>Desde el primer momento, la joven que me tocó en suerte me sorprendió por liviana. Viendo los problemas tenía en mantenerse en pie, decidí tomarla en brazos y correr con ella hacia la seguridad que el techo de mi vivienda nos proporcionaba. El peso de la chavala me ayudó a hacerlo rápidamente. Estaba esperando que mi cocinera llegara con su compañera cuando caí en que, acurrucándose sobre mi pecho como un bebé, mi auxiliada gemía muerta de frio.</p>



<p>―Necesitan una ducha caliente― comenté a la mulata.</p>



<p>Tomasa me dio la razón y sin importarla llenar de barro el suelo que tan esmeradamente limpiaba a diario, entró a la casa. Todavía con la niña en brazos, la seguí por el pasillo mientras me envolvía una extraña satisfacción por haberla ayudado. Aduje esa sensación a mi vida solitaria y quizás por ello, no me percaté de la forma con la que se aferraba a mí. Ya en el baño, mi empleada había abierto la ducha mientras la cría que había ayudado se mantenía pegada a ella manteniendo el contacto con una mano sobre el hombro de la mulata. Tras verificar la temperatura, le pidió que pasara dentro, pero, tuvo que obligarla a ducharse. Por extraño que parezca, esa criatura temía alejarse de la mujer que la había salvado y a Tomasa no le quedó más remedio que meterse con ella.</p>



<p>―Patrón, le juro que luego limpio todo― dijo riendo al ver que el agua se desbordaba poniendo perdido la totalidad del baño.</p>



<p>No contesté al contemplar como el líquido iba despojando el barro que cubría el pelo de la recién llegada y que su melena era casi albina.</p>



<p>―Debe ser gringa― murmuró la negra al ver los ojos azules y la blancura de la joven que permanecía abrazada a ella sin moverse y sin colaborar en su propia limpieza.</p>



<p>Yo en cambio asumí que ambas eran nórdicas al vislumbrar de reojo que la joven que tenía en volandas tenía la misma clase de melena. El barro al desaparecer fue dejándonos observar sus ropas y mi turbación creció a pasos agigantados cuando ante mi mirada en vez de la típica vestimenta de los turistas, la joven llevaba una especie de mono casi trasparente.</p>



<p>«Menudo uniforme llevan», musité entre dientes al verificar que la otra iba vestida igual y que lejos de cubrirla, esa tela dejaba entrever unos juveniles pechos y un culito que haría las delicias de cualquier hetero.</p>



<p>Ya sin rastro de tierra en la primera, comprendí que era mi turno y sin soltar a la mía, entré en la ducha. El calor del agua cayendo por su cuerpo la hizo sollozar y dando la impresión de temer que la dejara sola se pegó todavía más a mí, mientras la mulata se llevaba a la compañera a su cuarto para prestarle algo de ropa.</p>


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<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_042_9d49.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tranquila, bonita― traté de tranquilizarla y asumiendo que no me entendía, intenté que mi tono fuera lo más suave posible.</p>



<p>La joven suspiró al sentir mis dedos entrelazándose en su pelo. Por un momento, me pareció el maullido de un gatito que hubiese perdido a su madre y quizás por ello, seguí susurrando en su oído mientras intentaba despojarla de los restos del barro que todavía llevaba incrustado en su melena. La angustia que mostró al intentar dejarla en pie me hizo saber que necesitaba el contacto y por ello manteniéndola entre mis brazos, usé una mano para levantarle la mejilla.</p>



<p>Sus ojos verdes abiertos de par en par daban a la expresión de su rostro una mezcla de miedo y agradecimiento vital, lo que curiosamente me alagó y acercando mis labios, le di un beso casto en la mejilla.&nbsp; Ese beso sin segundas intenciones, un mimo que bien podía haber sido de un padre con su retoño, la hizo llorar y como si para ella fuera algo necesario, volvió a abrazarse a mí con desesperación. Fue entonces cuando caí en su altura y en que a pesar de mi casi uno noventa, esa niña era de mi tamaño.</p>



<p>―No me voy a ningún sitio― murmuré alucinado de la dependencia que mostraba la criatura hacia su salvador.</p>



<p>Mis palabras consiguieron sosegarla y mirándome a los ojos, me regaló una sonrisa tan tierna como bella. Mi corazón comenzó a palpitar sin freno al advertir en mi interior que crecía un sentimiento protector que jamás había experimentado con nadie y un tanto azorado por ello, le pasé la esponja para que ella terminara de limpiarse. Comprendí que seguía en shock cuando no la tomó entre sus manos. Sin otro remedio que ser yo quien la aseara, comencé a pasársela por el cuello esperando que al verlo ella siguiera. Para mi sorpresa, al sentir mis dedos recorriendo su piel, lejos de mostrarse escandalizada, su mirada reflejó satisfacción y comportándose como un cachorrito al que la vida hubiese dejado huérfano, volvió a maullar suavemente mientras con la mirada me pedía que continuara. Sabiendo que era preciosa, un tanto cortado fui retirando la tierra de su ropa no fuera a que al contemplar su cuerpo me excitara. Por extraño que parezca y a pesar de reconocer que la chavala tenía un cuerpo impresionante, al recorrer sus pechos con la esponja solo pude pensar en cómo era posible que una tormenta le hubiese dejado tan desvalida y quizás por eso, no reparé en la reacción de sus pezones al tocarlos hasta que de sus labios salió un gemido que interpreté como deseo.</p>



<p>Preocupado de que viera en mis actos un intento de aprovecharme de ella retiré mis manos, pero entonces tomando la que seguía con la esponja, fue ella la que la volvió a colocarla sobre sus senos.</p>



<p>―Nena soy muy viejo para ti― susurré inexplicablemente contento al contemplar que lejos de rehuirme esa joven me rogaba con los ojos que la acariciara.</p>



<p>Todavía hoy me avergüenza reconocer que disfruté de sobremanera recorriendo con mis yemas su delicado cuerpo y más aún confesar que al posar mis manos sobre su trasero no pude evitar palpar discretamente la dureza de esa nalgas que el destino me había dado la oportunidad de tener entre las manos. Por raro que parezca, la desconocida no vio en ese gesto nada malo y meneando su culito, me dio la impresión de que deseaba que siguiera manoseándola. Afortunadamente un enano de mi interior me impidió cometer esa felonía y llamando a Tomasa, le pedí ayuda para secar a la pobre desdichada.</p>



<p>Mi empleada tardó casi medio minuto en llegar y cuando lo hizo casi me caigo de espaldas al contemplar que, cogida de la mano, llegaba con una valquiria que bien hubiera sido el impúdico sueño de cualquier vikingo. La belleza sin par de la joven con su pelo blanco ya seco cayendo por los hombros me impactó y más cuando advertí que únicamente llevaba puesta una camiseta.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_050_811b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Puedes ocuparte ahora de esta?― pregunté con los ojos fijos en los eternos muslos sin fin de la suya.</p>



<p>―Ojalá pudiera, pero es como una lapa― contestó quejándose que no la soltaba ni por un instante.</p>



<p>Sabiendo que la cría que tenía pegada actuaba igual, insistí diciendo que no era decente que un maduro como yo fuera el encargado de desnudarla. Dándome la razón, se acercó a nosotros con una toalla en las manos y comenzó a secarla. Viendo que estaba en buenas manos intenté irme a cambiar, pero entonces pegando un grito lleno de ansiedad, mi desconocida corrió a aferrarse a mí.</p>



<p>―Patrón, antes me pasó lo mismo. No pude retirarme ni un metro sin que se echara a llorar― comentó preocupada: ―Me da la impresión de que estás niñas se deben haber escapado de un maltratador y por ello ven en nosotros el sostén que necesitan para no volverse locas.</p>



<p>―¿Y qué hago? No me parece correcto desnudarla yo― casi gritando pregunté al saber que me estaba insinuado que al menos debía estar presente mientras le quitaba la ropa.</p>



<p>―Tenemos que hacerlo, patrón. Si quiere mire a otro lado, pero es necesario que no se vaya― dijo mientras le empezaba a desabrochar el mono.</p>



<p>Tal como me había pedido, giré la cabeza para no observar cómo la despojaba de esa indumentaria, temiendo una reacción normal de mis hormonas. Lo malo fue que, al quedarse desnuda, esa criatura albina buscó mi consuelo pegando su cara contra mi pecho. Al verlo, la mulata me informó que de nada servía haberla secado si me abrazaba con la ropa empapada y con una sonrisa un tanto picara, me pidió que me quitara la camisa. Como muchas veces me había visto en bañador, no me pareció inusual quedarme con el dorso desnudo en frente de ella y la obedecí despojándome de esa prenda sin esperar que, al ver mi pecho, la joven posara su cara en él,</p>



<p>―No quise decírselo antes, pero eso mismo hizo la mía. Ya verá cómo se tranquiliza al escuchar su respiración― comentó intrigada observando la escena.</p>



<p>Su predicción resultó acertada y tras unos momentos en los que no separó su rostro de mí, la chavala levantó su mirada y me sonrió antes de comenzar a acariciarme con sus dedos. Al fijarme en la cocinera, advertí que sabía por anticipado lo que iba a pasar y por ello, un tanto molesto pregunté qué más podía esperar de la desconocida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_069_d054.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Totalmente avergonzada, Tomasa me explicó que, al desnudarse para mudarse de ropa, su “niña” había reconocido su cuerpo con las manos antes de dejar que se pusiera algo.</p>



<p>―¿Me estás diciendo que tengo que dejar que “me reconozca”?― quise saber indignado y preocupado por igual.</p>



<p>―Le parecerá una locura, pero es como si en su desesperación estas nenas vean en el tacto una forma de comunicar su agradecimiento― contestó, pero al ver mi cara de espanto rápidamente aclaró que los mimos que la suya le había regalado no tenían una connotación sexual.</p>



<p>No teniendo claro como reaccionaria mi cuerpo ante unas caricias le pedí que dejara la camiseta que había traído para la muchacha y que me dejara solo, prometiendo que no me aprovecharía de la desgraciada.</p>



<p>―Patrón, no hace falta que me lo diga. Le conozco de sobra y sé que es un hombre bueno― dijo mientras desaparecía llevando su perrito faldero agarrada a su cintura.</p>



<p>Ya solo con la cría, intenté comunicarme con ella informando que me iba a desnudar, pero no conseguí sacarle palabra alguna y totalmente colorado, me quité el pantalón. La preciosa albina miró con curiosidad mis piernas y ante mi asombro comenzó a jugar con los pelos de mis muslos como si jamás hubiese sentido nada igual. Fue entonces cuando caí en que su coño estaba totalmente desprovisto de vello púbico y asumí que no solo habían estado en manos de un maltratador, sino también que eran miembros de una secta donde la norma era ir totalmente depilado.</p>



<p>Si ya de por sí eso era raro de cojones, al despojarme del calzón la cría observó mi virilidad y llevando sus yemas a ella, comenzó a palparla con un brillo lleno de curiosidad en su mirada. Se qué actué mal, no entendía su actitud interesada y a la vez fría, pero al sentir la forma en que examinaba mi prepucio y cómo retiraba el pellejo para descapucharlo, riendo pregunté si es que acaso nunca había visto la polla a un hombre. Demostrando con hechos que debía ser así, se agachó frente a mí y usando mi glande, recorrió la piel de sus mejillas con él sin ningún tipo de excitación.&nbsp; Contra mi voluntad, al ser objeto de ese extraño estudio, mi pene comenzó a crecer ante sus ojos. En vez de asustarla o preocuparle, vio en ese anómalo crecimiento algo que debía explorar y pasando sus yemas por mi escroto, se puso a palpar mis huevos mientras admiraba mi progresiva erección.</p>



<p>―Nena, no soy de piedra― comenté al ver que parecía atraída por la dureza que había adquirido cerrando sus dedos en mi extensión.</p>



<p>Mi tono debió de alertarla de que algo me pasaba e incorporándose, se puso a escuchar mi corazón pegando su oreja sobre mi pecho sin soltar su presa. La insistencia de la paliducha se incrementó al oírlo y luciendo una curiosidad insana, siguió meneando mi trabuco al comprobar que con ello se disparaba la velocidad mi palpitar sin que ello supusiera que se excitara. Nada en ella reflejaba ningún tipo de lujuria. Todo lo contrario, parecía un médico palpando a un paciente.</p>



<p>―¿Qué coño haces? No ves que si sigues voy a terminar corriéndome― tan excitado como asustado, murmuré tratando de adivinar en ella si se veía afectada por las caricias que me estaba brindando.</p>



<p>Juro que intenté calmar mi calentura aduciendo el comportamiento de la joven al desconocimiento, pero no pude hacer nada contra mi naturaleza y totalmente entregado permití que siguiera con su examen mientras clamaba al cielo que tuviese piedad de mí. Producto de su tozudez en averiguar qué era lo que le ocurría a mi cuerpo, con mayor energía, siguió erre que erre estudiando el fenómeno hasta que el conjunto de estímulos que poblaban mi cerebro dio como resultado mi eyaculación.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_095_a8a2.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;Asombrada al sentir mi simiente sobre su manos, lejos de compadecerse de su conejillo de indias, la desconocida hizo algo que me terminó de perturbar y es que, acercando sus dedos manchados con semen a su boca, probó su sabor. La expresión de su cara cambió de golpe al catar mi esencia e impulsada por un ansia inexplicable comenzó a lamerlos con desesperación. No contenta con ello, al terminar de devorar lo que había depositado en sus manos, se agachó a hacer lo mismo con las descargas que había caído al suelo, tras lo cual insatisfecha buscó en mi miembro cualquier resto que hubiera quedado en él.&nbsp; Lo más humillante de todo fue observar que una vez lo había dejado inmaculado, la joven se levantaba del suelo y abrazándome con ternura, me daba la sensación de que era el modo que tenía de agradecerme el regalo.</p>



<p>Aterrorizado por haberme dejado llevar y sintiendo que me había aprovechado de su inocencia, conseguí vestirme y olvidándome de que ella seguía desnuda, fui a buscar a Tomasa. Encontré a la mulata en una situación al menos embarazosa ya que al entrar en la cocina y mientras ella intentaba cocinar, su extraña desconocida estaba manoseándola sin disimulo.</p>



<p>―Patrón, desconozco que le ocurre a esta desgraciada, pero no deja de meterme mano― tan pálida como su partenaire comentó.</p>



<p>Sin revelar que había sido objeto de una paja de la recién llegada, me senté en una silla moralmente destrozado y más cuando al encontrarse con su compañera, mi desconocida regurgitó parte de mi semen en su boca.&nbsp; La expresión de esta al compartirle mi esencia fue algo inenarrable, ya que cerrando los ojos degustó con placer la ofrenda.</p>



<p>―Se nota que las pobrecillas tienen hambre― compadeciéndose de ellas, mi empleada masculló y sin caer en la verdadera naturaleza del alimento que estaban compartiendo, llenó dos platos con comida.</p>



<p>Las jóvenes nos miraron sin saber cómo actuar hasta que tomando un tenedor acerqué un trozo de la carne guisada a la boca de la cría que había venido conmigo. Esta al observar mi maniobra, abrió sus labios y la masticó como probando tanto su textura como su sabor. Tras tragar, volvió a abrirla esperando que siguiera dándole de comer mientras la otra rubia la imitaba mirando a mi empleada.</p>



<p>―Don Miguel, ¿qué clase de malvado las ha tenido retenidas hasta ahora? ¡No saben ni comer solas!― casi llorando, murmuró la mulata mientras llevaba un pedazo a la joven que como un pajarito en su nido pedía su sustento a su madre.</p>



<p>La certeza de que era así y que ambas habían tenido una existencia brutal hasta la fecha azuzó un sentimiento paterno que desconocía tener y dirigiéndome a las chavalas, les hice saber con tono dulce que sus padecimientos habían terminado y que nos ocuparíamos de ellas como si fueran nuestras hijas.</p>



<p>―Ya habéis escuchado a papá. Comed todo lo que tenéis en el plato y si al terminar os quedáis con hambre, no os preocupéis ¡mamá os pondrá más!― respondió la mulata mientras las acariciaba.</p>



<p>No supe si iba en guasa o si realmente sentía que éramos una pareja que las había adoptado, lo cierto es que no me molestó y, es más, aunque en ese momento no me diese cuenta, di por hecho que era así. Por ello al terminar de saciar su apetito, me pareció natural pedirle a Tomasa que cenara conmigo antes de llevar a las desconocidas, que seguían pegadas a nuestra vera, a descansar.</p>



<p>Mientras cenábamos por primera vez juntos, la cuarentona con su sentido práctico me preguntó dónde iban a dormir las niñas, ya que en la casa había dos camas, la suya que era individual mientras la mía era una King Size.</p>



<p>―Mañana compraré un par de ellas en el pueblo― respondí para acto seguida ofrecerme a dormir en el sofá.</p>



<p>&nbsp; La mulata enternecida con mi gesto tomó mi mano y la besó diciendo que no se había equivocado al suponer mi bondad. Acomplejado al recordar que me había corrido entre los dedos de una de las crías que había decidido cuidar, me quedé callado mientras se levantaba a recoger los platos.&nbsp;</p>



<p>«¿Que narices voy a decir cuando se dé cuenta de la clase de hombre que es su patrón?», me pregunté en completo silencio…</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/93423267/93423267_082_420d.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: “Una jovencita y sus problemas trastocaron mi vida FIN” (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Feb 2026 18:03:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[20 El castigo a Lidia se prolongó más del tiempo que habíamos previsto y por ello ya estábamos pensando en llamar la atención de María cuando el ruido de unos pasos por el pasillo nos informó que llegaban. Durante esos minutos, Elizabeth había intentado hacerme ver cómo debía comportarme con ellas para que aprovechar su estado anímico en nuestro favor, haciendo sobretodo hincapié en que debía “esperar”. Según había insistido la pelirroja, todos sus actos habían ido encaminados a que esas dos sintieran que yo era el juez al que debían rendir cuentas mientras ella había sido solo el instrumento [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h1 class="wp-block-heading">20</h1>



<p>El castigo a Lidia se prolongó más del tiempo que habíamos previsto y por ello ya estábamos pensando en llamar la atención de María cuando el ruido de unos pasos por el pasillo nos informó que llegaban. Durante esos minutos, Elizabeth había intentado hacerme ver cómo debía comportarme con ellas para que aprovechar su estado anímico en nuestro favor, haciendo sobretodo hincapié en que debía “esperar”. Según había insistido la pelirroja, todos sus actos habían ido encaminados a que esas dos sintieran que yo era el juez al que debían rendir cuentas mientras ella había sido solo el instrumento de mi justicia. Reconozco que en mi desconocimiento de las tácticas de interrogatorio que había usado solo había visto tortura y no lavado de cerebro. Por eso, cuando aparecieron por la puerta, me sorprendieron dos cosas. La primera fue que en sus miradas sus miedos se concentraran en mí y no en la americana: increíblemente ninguna de las dos era capaz de mirarme a la cara. Y la segunda, todavía más sorprendente: ¡que vinieran tomadas de la mano!</p>



<p>La sonrisa de la pecosa cuando le pidieron permiso para aproximarse me dejó de manifiesto que todo se estaba desarrollando según sus planes y por eso no me extrañó que les contestara que no era ella quien debía darlo sino yo. El nerviosismo de las dos se incrementó al oírlo y como si fuese algo que hubieran practicado, en perfecta sincronía, ambas empezaron a sollozar pidiendo que las perdonara y que estaban arrepentidas.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_012_48a6.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&#8211; ¡Mi hombre no os cree! Le habéis defraudado demasiadas veces-&nbsp; actuando de fiscal les recriminó mientras yo permanecía en silencio a su lado.</p>



<p>Tanto Lidia como María comprendieron que debían hacer algo más que lamentarse y por eso demostrando la forma en que esa brutal experiencia las había transformado, rogaron a la americana que volviera a azotarlas sin con ello conseguían que les diera mi perdón.</p>



<p>-No es así como debéis disuadirle y que os crea.</p>



<p>En su rostro leí desesperación y derrota. Sensaciones que se incrementaron cuando les exigió desnudarse. La rapidez con la que obedecieron despojándose de toda la ropa fue prueba de ello y antes de que me diese cuenta de cuál era la prueba a la que las iba a someter, abriendo un hueco en la cama, les ordenó que se tumbaran entre nosotros. Cumpliendo a raja tabla las directrices que Elizabeth me había dado, me mantuve inmóvil y eso me permitió reparar en que, por extraño que me pareciera en ese momento, los pezones de ambas lucían excitados mientras se encaramaban al colchón sin rozarnos.</p>



<p>Su indefensión se incrementó al no darles mayor detalle de lo que esperábamos de ellas y por eso tras unos segundos de incredulidad, Lidia se atrevió a preguntar cómo debía comportarse.</p>



<p>-Estando calladas hasta que se os de permiso de hablar- respondió sin apartar la vista de ellas.</p>



<p>Sintiendo nuestros ojos observándolas y sin pistas a qué se iban a enfrentar, su incomodidad se magnificó haciéndolas sentirse cada vez más desamparadas e incómodas.</p>



<p>«No entiendo a qué espera», me pregunté viendo que su turbación iba in crescendo con el paso del tiempo.</p>



<p>Supe el propósito de sus actos cuando nuevamente comenzaron a llorar implorando mi perdón. Entonces y solo entonces, su torturadora comentó:</p>



<p>-Por ahora, a mi hombre nada le hace suponer que habéis cambiado. Os sigue viendo como las dos hembras a las que me pidió educar. Unas perras sin corazón ni valores.</p>



<p>Derrumbándose, se abrazaron entre ellas. Al ser ese gesto el que estábamos esperando, desde ambos lados de la cama comenzamos a acariciarlas. En mi caso, fue el trasero el de la latina el que recibió mis mimos y su gritó de alegría coincidió con el de María al ser agasajado el suyo por la pecosa.</p>



<p>Tal y como había previsto Elizabeth, las dos buscaron nuestro contacto, pero se encontraron que estábamos ocupado besándonos entre nosotros. Impactadas y confusas, comprendieron que su papel se circunscribiría a recibir las migajas que les estuviésemos dispuestos a dar y eso lejos de calmarlas, aumentó la necesidad de sentir ese cariño que les estaba vedado.</p>



<p>-Por favor- sollozó Lidia separando las rodillas al sentir que profundizaba mis caricias jugueteando con una yema entre sus pliegues: -Necesito volver a ser princesa.</p>



<p>Imitándola, la cincuentona abrió sus piernas de par en par al notar que la americana le hundía un dedo en la vulva sin dirigirle una mirada mientras me besaba:</p>



<p>-Por dios, yo también quiero sentirme anciana- rugió notando la calentura que la dominaba y que amenazaba con hacerle explotar.</p>



<p>Obviando sus sentimientos, la pelirroja se giró hacia ellas y les dijo:</p>



<p>&#8211; ¿No veis que estoy amando a mi hombre? Quizás cuando terminemos y si estamos de humor, nos ocupemos de vosotras.</p>



<p>A ambas les costó digerir ese rechazo y durante unos instantes, se quedaron paralizadas sin saber cómo actuar hasta que me vieron llevar la boca a los pechos de la pecosa. Entonces y puede que movidas por su necesidad de aceptación, sin que tuviese que sugerirlo, se lanzaron a ayudarme. Compitiendo entre ellas, sus lenguas se ocuparon de lamer el clítoris de mi amada mientras yo seguía mordisqueando sus pezones.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_023_4a21.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Haciéndomelo saber, la americana rugió satisfecha:</p>



<p>-Amor mío, estas putas por fin han entendido lo que esperas de ellas.</p>



<p>Ese menosprecio no las retrajo y henchidas de nuevos ánimos, buscaron el placer de Elizabeth con sus bocas.</p>



<p>-Siente mi amor y déjate llevar- besándola de nuevo, susurré haciéndolas ver que para mí sus bocas eran meras herramientas.</p>



<p>El orgullo de la torturadora viendo el resultado del sufrimiento que les había infringido y el estímulo de las húmedas caricias que estaba recibiendo se sumaron amplificando sus sensaciones y de improviso todo su cuerpo se vio sacudido por un orgasmo brutal. El cual se vio prolongado en el tiempo cuando sus víctimas buscaron saciar la sed entre sus muslos.</p>



<p>-Alberto, ¡qué “lenguas” tienes! &#8211; gritó haciendo de nuevo referencia a que ambas solo eran el instrumento con el cual era yo quien la estaba amando.</p>



<p>No pude más que sonreír al advertir que tanto María como Lidia estaban intentando que no notáramos lo mucho que gozaban participando de nuestro cariño y por eso ninguna de las dos previó que las premiara con un azote mientras les daba permiso para sucumbir también ellas en el placer. Las dos arpías sintieron esa autorización como una orden y ante mis ojos un clímax no menos potente que el de la pecosa se apoderó de ellas.</p>



<p>Los gemidos que brotaron de sus gargantas mientras se despeñaban por el precipicio del placer impuesto que mis palabras habían abierto ante sus ojos me hicieron reír y hurgando en la humillación que sentían al saberse meros objetos de nuestra lujuria, exigí que lucieran sus traseros ante su dueño.&nbsp; La primera en hacerlo fue María, la cual, poniéndose a cuatro patas sobre las sabanas y de viva voz, me rogó que fuera ella el vientre en el que amara a Elizabeth. Cuando copiando a su antigua novia, Lidia expuso tanto su culo como su coño a mi merced, dudé en cual de esos cuatro agujeros saciar mi lujuria.</p>



<p>&nbsp;La espía, al contemplar mi indecisión, acudió en mi auxilio y tirando de la melena de María, llevó su cara entre las piernas diciendo:</p>



<p>-Hazme gozar mientras veo a mi hombre desvirgar a su juguete.</p>



<p>Curiosamente, la cincuentona no se sintió desplazada sino ansiosa y con una alegría difícil de entender, cedió su puesto a la hispana dedicándose por entero a lamer con la lengua el sexo de Elizabeth como si le fuera la vida en ello. Mientras a mis oídos llegaban las carcajadas de la pecosa, Lidia temblaba ante mí esperando que mi pene borrara para siempre esa sobrevalorada telilla.</p>



<p>Acercando el glande a los hinchados pétalos que daban entrada a su interior, comencé a jugar con ellos mientras le avisaba que se quedara quieta, porque era yo quién decidiría cuándo y cómo iba a desflorarla:</p>



<p>-Sé que no soy su princesa, sino una vagina de mi señor- sollozó sin moverse, pero mostrando con la respiración entrecortada la excitación que le dominaba.</p>



<p>Que se refiriera a ella como un pelele, una marioneta que podía usar para satisfacer mis necesidades, me enterneció y creyendo que no era el momento de disminuir la presión sobre ella, acaricié su pelo mientras le daba una lección de historia:</p>



<p>-Te equivocas. Un monarca está a servicio de su país y su razón de existir es procurar el bienestar de su pueblo. Si te tomo, será a condición que sigas siendo nuestra princesa y asumas que dedicarás tu existencia a darnos placer.</p>



<p>Mis palabras y el roce de mi pene entre los labios de su sexo la hicieron caer en el placer y mientras se corría gritó que su papel era entregarnos su vida:</p>



<p>&#8211; ¡Quiero ser su princesa y la de su pareja!</p>



<p>Con María dedicada en cuerpo y alma entre sus muslos, la pelirroja sonrió:</p>



<p>-No la hagas sufrir más y tómala en mi nombre.</p>



<p>La petición de Elizabeth no cayó en saco roto y tomando a la latina de la cintura, fui introduciendo mi pene en su interior hasta toparme con su virginidad:</p>



<p>-Te recuerdo que tienes prohibido moverte.</p>



<p>A pesar del sofoco, se mantuvo inmóvil. Eso permitió que mi glande entrara y saliera sin traspasar esa frontera:</p>



<p>-Mi señor, no quiero fallarle- chilló descompuesta al sentir que hasta la última célula de su ser se rebelaba y le pedía culminar su entrega.</p>



<p>Sabiendo la cercanía de su derrota y que esa criatura estaba abocada a desobedecerme, susurré en su oído que como princesa debía elegir entre servir a su patria o a nosotros.</p>



<p>&#8211; ¡A ustedes! &#8211; sollozó y echándose para atrás, mando al olvido el escollo que me impedía sumergir mi hombría en ella.</p>



<p>El lamento que resonó en la habitación fue más por haber traicionado los valores que la habían guiado tantos años que por el dolor y aun sabiéndolo, aguardé pacientemente a que terminara de digerir ambas pérdidas antes de comenzar a moverme. Ese desgarro físico y emocional comenzó a menguar oyendo que los lengüetazos de María eran premiados con gemidos y lentamente, la hispana comenzó a moverse mientras dos gruesas lágrimas caían por sus mejillas.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_041_f83b.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&#8211; ¿Qué le ocurre a nuestra princesa? – mirándola con ternura desde la almohada, me preguntó la pelirroja.</p>



<p>Aunque se había dirigido a mí, Lidia fue la que contestó:</p>



<p>-Lloro porque sé que no merezco que su hombre me dedique su cariño. He sido una perra sin alma y en vez de ponerme un bozal o darme una paliza, me premia haciéndome suya.</p>



<p>Despelotado de risa, aceleré el compás de mis caderas e incrementando la presión sobre ella, murmuré en su oído que, si tanto echaba de menos tener el trasero amoratado, solo tenía que pedirlo. Siendo una propuesta teórica no esperé que gritara:</p>



<p>-Mi culo necesita unas caricias que me hagan saber que me ha perdonado.</p>



<p>Mi primer azote no se hizo esperar, y tras él vino una serie rápida de nalgadas que se fueron alternando entre ambos cachetes mientras Lidia chillaba que no parara, que se los merecía. Tanto su ex pareja, como la americana se percataron de que sus alaridos no eran de dolor sino de placer y casi a la vez, me lo hicieron saber riéndose de ella.</p>



<p>-La perra sabe aullar- comentó María.</p>



<p>-Y está en celo- añadió Elizabeth, sonriendo.</p>



<p>Inesperadamente, o al menos para mí, la morenita tomó esos desaires como suyos y mientras intentaba seguir el ritmo que le marcaba, respondió:</p>



<p>-Estoy en celo y aúllo gracias a mi señor.</p>



<p>La humedad que facilitaba mis penetraciones fueron prueba de ello y poniendo mis manos en sus hombros, incrementé la virulencia de mi asalto con nuevas y salvajes embestidas. Incapaz de mantener el equilibrio, a la cría no le quedó otra que buscar apoyo en las caderas de la cincuentona y fue entonces cuando la pelirroja aprovechó para ordenar que hundiera la cara en la mujer. Por un momento, tanto ella como María se quedaron paralizadas y tuve que ser yo, con una dolorosa nalgada, el que preguntara si no habían oído a su dueña. Mi compañera de estudios, de nuevo, fue la primera en reaccionar y sin dejar de lamer el coño de quien la había torturado, usó sus manos para facilitar la entrada de la lengua de la latina en su interior.</p>



<p>-Parecemos una familia bien avenida- comenté al observar la escena donde mi amada recibía las caricias bucales de la madura, ésta las de Lidia y finalmente Lidia las de mi pene, empalándola.</p>



<p>Ese irónico comentario provocó que los cuerpos de nuestros juguetes se vieran inmersos en el placer y que ambas comprendieran que algo había cambiado en ellas. En esta ocasión, fue la morena la que lo exteriorizó:</p>



<p>-Ni anciana y ni princesa forman parte de su hogar. Solo somos dos mujeres necesitadas del cariño de sus dueños.</p>



<p>Cuando con voz dulce, la espía respondió que se equivocaba y que, por supuesto que como “mascotas” nuestras eran de la familia, las dos hembras se derrumbaron sobre las sábanas y gimiendo de gozo, liberaron su angustia corriéndose.</p>



<p>Ese orgasmo dio pie a Elizabeth a sustituir a Lidia entre mis piernas y tirándome sobre el colchón, tomó posesión de su hombre mientras las antiguas amantes se reconciliaban con un beso.</p>



<p>-Llévame al cielo, como tú solo sabes- rugió mi amada al empezar a cabalgar&#8230;</p>



<p>Prisionero de esos ojos verdes, obedecí&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">21</h1>



<p>Exhausto, pero contento, estaba descansando del combate cuando Elizabeth recibió el aviso que alguien había traspasado la verja de entrada. Como no esperaba ninguna visita, su preparación militar la hizo ponerse en movimiento y levantándonos de la cama, nos pidió que nos vistiéramos mientras sacaba del armario parte de su armamento. La dureza de su expresión me hizo recordar su profesión y por eso no pude negarme a coger el fusil de asalto que me entregó.</p>



<p>-Toma a nuestras niñas y llévatelas al bunker.</p>



<p>&#8211; ¿Qué ocurre?</p>



<p>-Nada bueno- sucintamente respondió mientras a nuestros oídos llegaba el sonido de una ráfaga de disparos.</p>



<p>Sabiendo que los que llegaban venían a matarnos, besé a la pelirroja y le pedí que, de llegar el caso, huyera sin mirar atrás, porque para mí ella era más importante que mi vida.</p>



<p>-Te veo cuando esto termine- acariciando mi mejilla, replicó mientras desaparecía corriendo por las escaleras.</p>



<p>Reconozco que me aterrorizó saber que seguramente no volvería a verla y por eso, sacando unas pistolas y dos granadas del armero, di las armas cortas a Lidia y a María, colgando las bombas de mano de mi cinturón. Acto seguido corrí hacía la instalación del sótano.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como no podía ser de otra forma, las dos mujeres me siguieron y en breves segundos, llegamos al lugar donde horas antes Elizabeth las torturó. Todavía el suelo estaba húmedo y al pasar por las jaulas, curiosamente, ambas sonrieron y murmuraron que su dueña no las defraudaría y conseguiría acabar con los sicarios. Sin compartir su seguridad, me quedé callado y cerré a cal y canto nuestro refugio mientras cogía el móvil y llamaba a mi contacto del CNI, por si podía acudir en nuestra ayuda. El teléfono de Manuel estaba desconectado, pero aun así dejé el mensaje mientras recordaba que la sala desde la que había visto a la pelirroja haciéndolas sufrir contaba con un sistema de vigilancia desde el cual podía conocer lo que ocurría en el exterior.</p>



<p>Por ello, corrí a ver en las pantallas cómo iba la escaramuza, pero sobre todo si la americana estaba a salvo. Reconozco que respiré brevemente al verla viva respondiendo al ataque con su fusil. Desgraciadamente, también comprobé que los sicarios encargados de darnos muerte eran muy superiores en número a los policías que nos defendían. En un silencio sepulcral, los tres ahí guarnecidos fuimos testigos de cómo iban cayendo uno a uno esos agentes de la ley a pesar del arrojo y la valentía que mostraron. Su jefa, la pelirroja que me había enamorado, no fue menos valiente y antes de ver cómo recibía un balazo en el pecho, se deshizo de al menos media docena de los atacantes.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_044_8507.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>La certeza de su muerte me destrozó y cogiendo la metralleta que me había dado, juré que vendería cara mi piel mientras por las pantallas veíamos que, habiendo vencido toda resistencia, los cinco miembros del cartel que seguían vivos comenzaban a revisar la casa en nuestra búsqueda.</p>



<p>Tanto la hispana como su compañera estaban llorando cuando nos localizaron y comenzaron a intentar tirar abajo la puerta acorazada que los daría acceso al refugio. Con el sonido de los golpes resonando en mis oídos, pedí a María que de caer tenía que ser ella la que protegiera a la activista.</p>



<p>-Al menos ella debe sobrevivir- añadí: &#8211; Es la esperanza de su pueblo.</p>



<p>No supe interpretar la cara de la cincuentona y menos preví que saliendo de la sala, nos dejara encerrados en ella mientras con paso cansino se acercaba a la puerta.</p>



<p>-Por favor, piénsatelo bien. Aunque nos traiciones te van a matar- le grité a través del intercomunicador viendo cómo se ponía a quitar los cerrojos que todavía resistían las embestidas de los sicarios.</p>



<p>-Lo sé- contestó abriendo la puerta.</p>



<p>Nuestros atacantes asumieron al igual que nosotros que la madura quería cambiar su vida por la nuestra y por eso al no ser un objetivo prioritario, pasaron en tromba al bunker. María esperó a que estuvieran todos para alzando el brazo, mostrar en su mano una de las granadas con la anilla quitada.</p>



<p>-Recordad que os he amado a los tres- consiguió gritar antes de que el artefacto que había robado de mi cinto explotara.</p>



<p>La detonación no solo acabó con ella y con nuestros enemigos, sino que momentáneamente me dejó sordo y por eso no pude escuchar los lamentos de Lidia mirando los restos de la mujer que había amado tantos años. Reconozco que tampoco necesité oírlos, y tomándola entre mis brazos, busqué el consuelo que necesitábamos ambos.</p>



<p>-Dieron su vida por nosotros, pero debemos seguir adelante- conseguí decir indemne físicamente, pero destrozado en mi interior.</p>



<p>Consciente de su martirio, seguía respirando y cogido de la mano de la hispana, salimos al exterior en el momento que Manuel Espina llegaba con refuerzos en un helicóptero. El burócrata al vernos a salvo, se acercó pidiéndome perdón por no haber oído el mensaje.</p>



<p>-Estás aquí- fue mi respuesta y dejando a mi acompañante en sus manos, fui en busca del cuerpo de mi pelirroja.</p>



<p>Con paso lento, recorrí los metros que me separaban de la columna donde la vi morir y al llegar ante ella, comencé a llorar recriminándola que no me hubiese hecho caso y no huyera.</p>



<p>-Soy difícil de matar- respondió abriendo los ojos.</p>



<p>La alegría que me embargó al ver que aun malherida seguía con vida me hizo pedir auxilio y con la ayuda de Manuel, la subimos al helicóptero. De camino al hospital, temí que cada respiración fuese su última y por eso cuando el equipo de urgencias se la llevó, caí derrumbado en un sillón de la sala de espera.</p>



<p>La operación duró seis horas, seis horas en las que el del CNI no se separó de mí, pero tampoco habló. Solo cuando el cirujano salió diciendo que había salido bien pero que seguía corriendo riesgo su vida, Manuel se atrevió a decir:</p>



<p>-No tendrás la suerte de que esa zorra sin escrúpulos se muera y por el modo en que te comportas, sé que serás su siguiente víctima. Solo espero que sigas mi consejo y le ates bien corto, no vaya a ser que encima decida torturarte haciéndote padre.</p>



<p>Cinco semanas después, estaba comiendo con Lidia en un restaurante cercano cuando desde la clínica nos avisaron que Elizabeth había recuperado la conciencia. Dejando la cuenta a uno de los guardaespaldas que nos había puesto la embajada de su país, corrimos a su encuentro.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Estás hecha una pena, pecosa- susurré en su oído nada más entrar a la habitación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su sonrisa no evitó que me percatara de lo mucho que le dolía el incorporarse y con ayuda de la hispana, conseguimos que se volviera a tumbar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Descansa&#8230; no entiendo por qué, pero Alberto quiere que le dures muchos años- con una ternura poco habitual en ella, Lidia comentó mientras acariciaba una de sus mejillas.</p>



<p>Sacando fuerzas, la pelirroja respondió:</p>



<p>&#8211; ¿Dónde os habéis dejado a mi anciana?</p>



<p>Ni yo ni la morena habíamos caído en que no sabía del sacrificio de María y por ello, sentándome a su lado se lo expliqué poniendo énfasis en las palabras con las que se despidió.</p>



<p>-Antes de irse, nos hizo saber que nos amaba.</p>



<p>Las lágrimas de sus mejillas me hicieron saber que ese sentimiento era mutuo y que por extraño que me resultara, la fría espía la iba a echar de menos. Que precisara de un largo rato para digerir el varapalo ratificó el cariño que había sentido por ella y solo cuando la enfermera comentó que debíamos dejarla descansar, preguntó que más había ocurrido.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_033_0a60.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Lidia, tomando el testigo, le informó que a raíz del ataque el ejército en pleno se había levantado y echando al presidente, le habían ofrecido el puesto.</p>



<p>-Por lo que presiento, no aceptaste- más que afirmar, Elizabeth preguntó.</p>



<p>Entonces y solo entonces, poniendo sus manos en la tripa, la morenita contestó:</p>



<p>-Mi país no es un sitio seguro donde Alberto pueda criar a sus hijos. Por eso, lo rechacé.</p>



<p>Girándose hacía mí, con la mirada, quiso que le confirmara la noticia.</p>



<p>-Te tienes que recuperar pronto. Vas a ser madre a través de esta zorrita y sin tu ayuda, no sabríamos cómo educar a nuestra hija para que no salga activista.</p>



<p>&#8211; ¿Va a ser niña? – esperanzada, preguntó.</p>



<p>-Eso espero y de ser así, se llamará Isabel.</p>



<p>Dos nuevas lagrimas brotaron de sus ojos, pero esta vez de alegría y sin dar tregua a la convaleciente, Lidia añadió:</p>



<p>-Lo que no te hemos contado es que mi hermano, que es ahora el presidente, nos ha prometido que va a cambiar la legislación permitiendo el poli amor. Así que cuando nazca Isabel, no solo llevará el apellido del padre y el mío sino también el tuyo.</p>



<p>-Isabel Burns Esparza Morales- musitó feliz mientras cerraba los ojos.</p>



<p>Que antepusiera los de ellas al Morales no me importó y viendo que se había quedado dormida, cogí de la cintura a la hispana urgiéndola a marchar:</p>



<p>-Señora embajadora, debemos dejar descansar a nuestra amada.</p>



<p>La pérfida morena, respondió:</p>



<p>&#8211; ¡No me rebajes! Para ti y para mi dueña, ¡soy princesa!</p>



<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; FIN &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/320/76658647/76658647_061_67b4.jpg" alt="" width="787" height="524"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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